Elecciones en Andalucía: una ocasión excelente para recuperar ideologías y ética pública

ELECCIONES ANDALUCIA

Pensar y votar de forma responsable es a veces un asunto de locos. Los inadaptados. Los rebeldes. Los problemáticos. Los que no encajan en ningún sitio. Aquellos que ven las cosas de otra manera. No siguen las reglas. Y no tienen ningún respeto por seguir pensando y haciendo solo lo establecido. Puedes citarlos, puedes no estar de acuerdo con ellos, puedes glorificarlos o vilipendiarlos pero la única cosa que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Ellos impulsan la humanidad hacia adelante, porque el mundo solo tiene interés cuando va así, hacia adelante. Y mientras algunos les ven como locos, nosotros vemos genios. Porque la gente que está lo suficientemente loca como para pensar que con su voto pueden cambiar el mundo, Andalucía, son los que logran hacerlo. Piensa… y vota de forma diferente.

José Antonio Cobeña. Votar diferente

Ha comenzado hoy la campaña de las elecciones al Parlamento de Andalucía. Recupero a continuación los artículos que a tal efecto he escrito recientemente mediante una serie, con objeto de tomar partido -nunca mejor dicho- participando activamente mediante el compromiso intelectual y de vida, que también existen, utilizando un medio tan maravilloso como es la palabra, que todavía nos queda, así como los hechos que son amores y no solo buenas razones.

Incluyo como novedad los programas políticos de los partidos con posible presencia en el nuevo Parlamento de Andalucía que salga de las urnas (por orden alfabético), con objeto de que se conozcan bien sus objetivos y la ideología implícita o explícita, porque partimos de la base de que ninguno es inocente, pero no todos transforman de la misma forma la sociedad, porque todos no son iguales:

Ciudadanos
Izquierda Unida-Los Verdes-Convocatoria por Andalucía
Partido Andalucista
Partido Popular
Partido Socialista
Podemos
Unión Progreso y Democracia

Es la hora de elegir y de depositar el voto, no solo de echarlo en la urna. No desperdiciemos esta ocasión de votar diferente.

Sevilla, 6/III/2015

ELECCIONES EN ANDALUCÍA

La tómbola política

ELECCIONES ANDALUCIA
El ideal democrático es la fe, continuamente puesta a prueba, en que los hombres y mujeres corrientes puedan elegir adecuadamente a aquellos que van a gobernar en su nombre, y en que aquellos que elijan puedan gobernar con justicia y compasión.

Michael Ignatieff, Fuego y cenizas

Lo escucho todos los días: ¿a quién voto o votamos? La pérdida de ideologías nos está llevando a una situación complicada, porque se están perdiendo los referentes políticos que hasta ahora marcaban el espectro de partidos en España. La situación social de corrupción política y descrédito de los partidos, el paro estructural o la irrupción de Podemos, con unos votos multitudinarios de castigo, que no de ideologías o creencias de base estructurada, de personas desencantadas con sus siglas de origen o por situaciones muy difíciles personales e intransferibles que nadie atiende, están poniendo las cosas muy difíciles para votar partidos que tengan la mayoría necesaria para desarrollar sus programas y avanzar en nuevos modelos sociales de convivencia humana, que de eso se trata. Es una realidad insoslayable la fragmentación social y, por tanto, de los votos.

Pero la política no es la tómbola del cubo, donde se juega a ganar o perder, casi da lo mismo. La política bien entendida es el arte de cambiar la sociedad para prosperar en derechos y deberes, sin convertirlos en mercancía; ir hacia adelante siempre, sin mirar hacia atrás y, si se hace, solo para no volver a pisar la senda de los fracasos. Por eso es importante prepararnos para depositar el voto en las próximas elecciones andaluzas, como primer test del estado del arte político en este país tan desdoblado en cuitas que no interesan a casi nadie.

Soy consciente de que no existe bálsamo de Fierabrás político, ahora que se cita tanto al desconocido Quijote, pero no sería malo reflexionar sobre determinados principios ideológicos para aclarar la situación actual, donde parto de la base de que los partidos no son todos iguales y, por extensión, los políticos tampoco.

En primer lugar, estoy convencido de que en democracia, la política es necesaria, es más, imprescindible. Un país tan visceral como España, necesita la armadura política para garantizar la democracia, a través de partidos políticos de diverso espectro, porque ahí está el secreto de las democracias que en el mundo han sido desde su nacimiento en Grecia, es decir, su pluralidad. Hay que avanzar urgentemente en cambios, sin lugar a dudas, pero no renunciar a principios democráticos que todavía están en partidos que hicieron posible la Transición y que por abandonar la formación permanente en su ideología, que está muy bien que no sea inocente, andan dando tumbos en busca de salvadores patrios. A diferencia de lo que dijo de forma sarcástica Groucho Marx, si se tienen principios y no gustan a los demás partidos, hay que luchar por ellos de forma convincente, porque no se tienen otros. Que quede claro: ideología, ideología e ideología.

En segundo lugar, la democracia necesita organizarse a través de referentes políticos a los que se han llamado “partidos”. No existe duda alguna de que actualmente están en crisis, pero no en sí mismo, sino en la forma de llevar a cabo su organización actual, donde el ideario deja mucho que desear, abandonado en los laureles de frases bien construidas pero con pérdida absoluta de la identidad de origen, que es el aspecto diferencial para defender a capa y espada que todos no son iguales, sin actitudes vergonzantes. Además, la incorporación a los mismos, ha olvidado el filtro de la ideología, porque se han abandonado las creencias. El todo vale o todos valen, es decir, lo cuantitativo frente a lo cualitativo, ha sido letal para todos los partidos, sin excepción.

También, hay que considerar la objetividad de los programas. Comprendo que Julio Anguita fue un martillo pilón con su famosa frase “programa, programa y programa”, pero llevaba razón. Estamos acostumbrados a votar sin conocer con detalle el contenido de los programas políticos y luego vienen los escándalos farisaicos cuando denunciamos que no se cumplen determinados aspectos de los mismos. Es imprescindible conocerlos al detalle con anterioridad al voto, para conocer su posibilidad real de cumplimiento, pero también acusan un desgaste en su formulación, porque la participación real e identitaria en la redacción de los mismos, casi siempre es delegada en las siglas y en representantes que desconocemos. Las nuevas tecnologías y las redes sociales tienen ahora un papel fundamental en estas formulaciones, es decir, en la participación real y efectiva de los militantes y de los llamados “simpatizantes” o personas en general con creencias.

Asimismo, es necesaria la democracia representativa que cuida hasta el extremo la participación de la ciudadanía. Para ello, es necesaria la educación en valores ciudadanos, que no se improvisan sino que son el resultado de una educación personal, familiar y social. Por extensión, educación política. El asamblearismo permanente, para pedir permiso y opinión para todo, es inviable en una democracia de praxis. La participación ciudadana, organizada, sí es la respuesta, pero dejando abierta la posibilidad de generar liderazgos que arrastren conciencias humanas bien informadas, a veces en minorías o mayorías silenciosas o ruidosas, que después se llamarán votos.

Creo que se entiende que la política no es una tómbola. No “echamos” un voto, sino que “depositamos” la confianza plena en la ideología, programa y personas que me representan políticamente a través de un papel que deja de ser un papel desde el momento que lo introduzco en la urna y se convierte en un refuerzo para que el programa del partido que voto se pueda llevar a cabo íntegramente, porque lo conozco, creo firmemente en él, lo defiendo públicamente y colaboro con mi ejemplo personal, familiar y social en su implantación diaria.

Los andaluces, las andaluzas, tenemos ahora la palabra: ideología, ideología e ideología, quedando claro que nunca es inocente, ni debe serlo. Creo, sinceramente, que otra Andalucía es posible: ha llegado la hora.

Sevilla, 5/II/2015

Elecciones en Andalucía (I). Ideología, ideología e ideología.

IDEOLOGIA

Estamos viviendo momentos transcendentales para Andalucía. Las elecciones de Marzo suponen un test para medir la madurez democrática en nuestra Comunidad, en un año especialmente complejo por las citas electorales que ya están programadas. Va a ser una oportunidad para calibrar la oferta política actual ante el panorama preocupante que nos ofrecen las encuestas en relación con la fragmentación posible de los votos.

Nadie niega que el bipartidismo tiene sus horas contadas. La irrupción de nuevos partidos en el amplio espectro de izquierda y centro-derecha, supone una realidad insoslayable de ampliación del abanico de respuestas múltiples a los problemas actuales, aunque hay un denominador común de desconcierto ciudadano ante el desencanto por hechos irrefutables de corrupción y por el paro galopante que sufre esta Comunidad y que sobre todo afecta a los jóvenes.

Ante este panorama tan complejo y preocupante, es necesario reflexionar en voz alta sobre las actuaciones que pueden ayudar a despejar las incógnitas electorales que nos abruman en estos días que anteceden al 22 de marzo de 2015. Hay que considerar, en primer lugar, una base política, como ciudadanos de a pie, como punto de partida para preparar un voto razonable y que lo sustente. Se resume en una sola palabra, ideología, porque cuando existe la ideología, que forja siempre una creencia, la política se hace virtud ciudadana, porque es consecuente, porque somos ciudadanos políticos, en la clave que enseñó Aristóteles. Las ideologías no son inocentes, como tantas veces he explicado en este blog. Solo me refiero en la situación actual a las ideologías democráticas, las que pueden considerarse por su contenido de respeto a las personas y a la sociedad en general, en el largo camino que existe desde la izquierda a la derecha del arco político actual.

La ideología es una proyección fantástica de la inteligencia, entendida ésta como la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, gran objetivo de la política a través de programas electorales. La inteligencia que vehiculizamos a través de la ideología podemos llamarla inteligencia social o inteligencia política, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo que nos rodea y cómo se reacciona ante estos momentos electorales donde se decide cómo se van a abordar los problemas reales y actuales en Andalucía, a través de los programas de los partidos que participen en esta primera etapa anual de participación ciudadana.

El cerebro necesita claridad conceptual, ideología, para comprender lo que ocurre y ahí está la clave de la no inocencia. Mientras unos o muchos entorpecen el conocimiento de la verdadera dimensión social de lo que ocurre, otros desean introducir cordura en la comprensión y vías de salida a la misma. Es decir, la ideología que está detrás de los partidos no es inocente y el cerebro necesita ordenar ideas fundamentales para llegar a caracterizar el pensamiento y proyectarlo en la realidad social económica, educativa, de salud y bienestar social que cada persona debe elegir para ser y existir todos los días, de acuerdo con el programa político que mejor responde a la ideología de cada persona, a su creencia. Así lo ha fijado, limpiado y dado esplendor a través del lema ideología, el Diccionario de la Lengua Española, en su segunda acepción (texto en cursiva). Por algo será. Y los Gobiernos, los partidos, los representantes políticos lo saben, es decir, tampoco son inocentes y no vale cualquier respuesta a las ideas fundamentales, mediante el voto, en unas elecciones, porque todos no son ni somos iguales en Andalucía. Afortunadamente.

Sevilla, 8/II/2015

Elecciones en Andalucía (II). Todos no son (ni somos) iguales.

NORAY
Noray en Puerto Calero (Lanzarote). Foto del autor

“A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…
Después, suele faltar barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar…”

Es comprensible que exista un descrédito generalizado de la política y de los políticos que la llevan a cabo, pero los árboles impiden ver a veces el bosque y no es justo generalizar sin compasión sobre la llamada “clase” política. El hartazgo es evidente, pero es imprescindible separar la paja del heno como nos enseñaron hace ya muchos años, unos en el lenguaje del campo puro y duro, otros en la doctrina oficial de la Iglesia.

¿Por qué es necesario acabar con análisis totalitarios de los casos de corrupción? Porque por higiene mental es imprescindible diagnosticar bien la situación y colaborar en la reconstrucción de la democracia día a día, mucho más en un país tan cartesiano y dual para todo lo que se hace visible en el día a día.

Vivimos unos momentos que exigen mucho rigor en la toma de decisiones que facilita la democracia y no todos los programas políticos son iguales, ni los políticos que los ejecutan tampoco. Ser de derechas, centro o izquierda, también del arriba o abajo actual, en este país, parece que imprime carácter hasta que la muerte te separe y está mal visto socialmente que haya alternancia en la pertenencia a un determinado partido o a otro. Es verdad que aparentemente parece una gran contradicción estar defendiendo un día los valores de la socialdemocracia más exigente y al otro los del liberalismo más feroz. Normalmente pasa porque las ideologías son un flanco muy débil en nuestro país dado que los partidos no han estado muy finos a la hora de aceptar militantes en sus filas y la formación en sus idearios brilla muchas veces por su ausencia. Esta es una realidad que hay que aceptar pero lo que no es normal es que haya unos desplazamientos de pertenencia a partidos o de votos, tan agresivos, como a los que estamos asistiendo en la actualidad. El llamado voto de castigo existe, pero deja detrás una gran incógnita: ¿se conocían bien los programas de los partidos a los que se han votado?, ¿se puede cambiar tan fácilmente de chaqueta por los errores de determinados miembros de un partido?, ¿se conocía bien el ideario de un programa, más allá de acciones concretas de algunos representantes eximios del mismo?

Indiscutiblemente, todos los partidos no son iguales, ni las personas que los representan. Basta conocer la trayectoria histórica de los partidos que han existido en los últimos casi cuarenta años de democracia en este país, que ahora se quiere olvidar de un plumazo bajo la denominación de casta, para no dejar duda alguna que no es lo mismo la historia de la derecha o del centro que la de la izquierda, por mucho que se quiera generalizar sin compasión alguna en análisis que no resisten el más mínimo juicio de valor crítico. Todos no han sido iguales, luego todos no son iguales ahora si se respeta la historia y este aserto se debería defender por la militancia más activa de cada partido. Se ha tenido que hacer un camino político al andar que es de bien nacido reconocerlo y pregonarlo para que no haya duda alguna sobre su legitimidad.

Andalucía ha sido una experiencia especial a lo largo de esta etapa democrática. Se critica duramente que la izquierda haya estado gobernando durante más de treinta años y que lo siga haciendo en la actualidad, pero ha sido la decisión de los andaluces, sin más paliativos. En democracia éstas son las reglas del juego. Que esta situación haya permitido que la izquierda se haya dormido en los laureles no es discutible pero cada vez que se ha pulsado el voto andaluz la respuesta a favor de la izquierda ha sido mayoritaria, en algunos casos de forma abrumadora. Es de suponer que la decisión mayoritaria ha querido tener un gobierno que defienda valores sociales de forma contundente, donde la educación, la salud y los servicios sociales, incluyendo la atención más cercana a la dependencia, primen sobre otros.

Viví en 2012, en la etapa previa a las elecciones en Andalucía, una sensación de deserción casi colectiva que la he recordado ahora, cambiando lo que haya que cambiar, a través de un aforismo personal y transferible:

Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…

Y hacía la siguiente reflexión aprovechando el texto dentro del contexto que se aconseja en todo aforismo: “Era objetivo, porque asistí a deserciones de todo tipo ante lo que podía pasar el 25 de marzo de 2012. Era inteligible, porque muchas personas que se mantenían en el puente de mando personal, político y profesional, sabían que era cierto solo con mirar a su alrededor. Y la dialéctica era obvia: barco y mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Era verdad, desgraciadamente, que cada uno estaba al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora. Unos en cruceros, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte, buscando islas desconocidas, que se encuentran. Y pasadas esas fechas críticas, nació un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él:

Falta barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar…”

Se aproximan fechas críticas para nuestra Comunidad. Votar o no votar no debe ser la cuestión. Hay que votar, sin duda alguna y a quienes representen mejor los objetivos que tenemos como personas y como grupos insertos en una sociedad muy concreta. Todos los partidos no son iguales, ni las personas que los representan tampoco. Leamos los programas, asistamos a las presentaciones de los mismos, conozcamos a sus líderes, hablemos con la gente más próxima y tomemos nota. La lista de los proyectos políticos también la debemos hacer nuestra, no solo la que figura en unas siglas. Es probable que tomando conciencia de que tenemos que trabajar unidos para defender esa acción política diaria del partido al que voto, empecemos a ver las cosas de diferente forma, porque el empoderamiento, es decir, la capacidad para conocer lo que está sucediendo y participar posteriormente en las decisiones informadas para alcanzar los objetivos trazados, ya no es algo que corresponde solo a los demás sino a nosotros mismos.

Es obvio que todos no somos iguales ni vamos en el mismo barco a la hora de votar. Me asombra para bien, ver todos los días a muchas personas que viajamos en la vida en patera, mientras otros nos saludan desde su crucero de lujo, saludándonos desde la popa y diciéndonos incluso adiós. Es que no es lo mismo.

Sevilla, 9/II/2015

Elecciones en Andalucía (III). Evaluar los programas políticos.


Fundación Civio

Evaluar es emitir juicios bien informados. Así aprendí de Carol Weiss (1) la importancia y transcendencia de la evaluación de los programas y las políticas públicas. No existe esta cultura en España y a nivel de ciudadanía somos muy tolerantes con este tipo de actividad que es fundamental para ponderar qué ha hecho el partido al que se ha votado y cómo ha desarrollado los compromisos adquiridos en relación con las elecciones de 2012 en Andalucía.

Muchas personas pensarán que ya no es el momento de volver a leer los programas para evaluarlos. Craso error en una democracia, ya que no se suele hacer balance final de Legislatura de forma didáctica por parte de cada partido, en plaza pública, para que se entienda perfectamente por cualquier persona interesada en el empoderamiento ciudadano, que permita tomar decisiones bien informadas de cara a las próximas elecciones.

He vuelto a leer por enésima vez los programas de los tres partidos representados de forma activa hasta Enero de 2015 en el Parlamento de Andalucía (IULV-CA, PP y PSOE), de los que facilito la descarga, con un problema claro: el Acuerdo por Andalucía firmado en abril de 2012 por el PSOE Andalucía e IULV-CA, fue una novedad programática sobrevenida no avalada directamente por la ciudadanía, que sí lo hizo en los programas de cada partido. Es importante esta matización porque el Acuerdo de la izquierda [sic, aunque ahora se quiera ignorar este término, en actitud vergonzante] supuso un mar de dudas para los votantes de ambos partidos y sería ahora una buena ocasión para evaluarlo con lupa y sacar conclusiones bien informadas.

La metodología es clara: transparencia al poder en las políticas y programas políticos a examen, tanto formativo (día a día), como sumativo (final), por ejemplo al finalizar esta Legislatura. Si nos atenemos al índice del Acuerdo de Gobierno, las once piedras angulares del mismo son las que se deberían evaluar oficialmente, enmarcadas en los que he llamado programas nativos electorales, con metodologías muy sencillas como las que ya expuse en el post otra Andalucía es posible: ha llegado la hora:

1. El empleo, prioridad de la política andaluza.
2. Renovación de nuestra economía: hacia un modelo de desarrollo más sostenible y solidario.
3. Avanzar en Democracia.
4. Sostenibilidad y cohesión territorial.
5. Educación pública, democrática y de calidad.
6. Defensa de nuestro sistema público de salud.
7. Andalucía diversa, inclusiva e integradora.
8. Andalucía para todas las personas en igualdad de oportunidades.
9. Andalucía diálogo corresponsable, serio y activo con el Gobierno de España desde la defensa del Estatuto de Autonomía para Andalucía.
10. Andalucía una región fuerte en Europa.
11. Compromisos Legislativos.

Si este análisis se contrasta posteriormente con los programas nativos de ambos partidos, saldría un puzle de interés relevante, para constatar si mi voto ha sido útil para llevar a cabo los compromisos de legislatura, cada uno en la posición de gobierno en que se encuentre. Esta evaluación nos permitiría emitir un voto bien informado en las próximas elecciones andaluzas, cuando conozcamos los nuevos programas y podamos contratarlos con los anteriores para asegurar la continuidad de la ideología implícita en los mismos. Todo lo demás es carne de tertulianos que tanto proliferan en los medios de comunicación de nuestro espectro televisivo y de radio, es decir, solo opinadores (perdón por el neologismo) mayores del reino sin mezcla a veces de teoría crítica alguna.

Sevilla, 11/II/2015

(1) Weiss, C.H. (1998). Evaluation. Methods for studying programs and policies. New Jersey: Prentice Hall.

Elecciones en Andalucía (IV). Campañas dignas y austeras.

GASTO ELECTORAL1

Orden de 28 de enero de 2015, por la que se fijan las cantidades de las subvenciones por gastos electorales y el límite de los mismos para las elecciones al Parlamento de Andalucía a celebrar el día 22 de marzo de 2015.

Se acercan tiempos de campañas electorales. Si ya hemos reflexionado sobre ideologías, la no igualdad en las responsabilidades políticas y sobre la evaluación de los programas de acción política como marco de referencia para una legislatura, deseo abordar ahora el gasto de las campañas, que tienen un contexto público y privado de importancia extrema en tiempo de crisis, es más, ejemplarizante.

En primer lugar, por responsabilidad pública y privada. La política no gana siempre por tener un partido más dinero que otros, fundamentalmente por el respeto a las ideologías cuando son consecuentes y por la situación de contexto económico en el que se encuentra ahora la Comunidad. Sería irresponsable hacer una exhibición de medios en un tiempo revuelto por la traída y llevada crisis, por la corrupción y por el gasto público no controlado ni evaluado, cuando existen hoy alternativas de foros públicos y privados que con un gasto digno pueden albergar encuentros multitudinarios.

En segundo lugar, es el tiempo de utilizar de forma genérica las tecnologías de la información y comunicación, que supone un ahorro espectacular en el poder de convocatoria de las campañas de cada partido. Es una realidad social que el analfabetismo tecnológico se está alejando de Andalucía y solo un sector reducido de personas mayores que pertenecen a la generación atómica, no digital, podría verse más afectada, aunque siempre he pensado que todo abuelo o toda abuela siempre tiene nietos o nietas que les pueden explicar todo lo que ocurra en la etapa de campaña electoral en Andalucía, sin que se pierdan casi nada por carencia de medios.

En tercer lugar, porque la política tiene que recuperar espacios personales de encuentro, presenciales y virtuales, que se formen en la presentación en sociedad de la dignidad personal de los máximos representantes políticos que son candidatos a entrar en el gobierno de Andalucía, donde destaque sobre todo su ilusión por regenerar la vida política con efectos ejemplarizantes y escuchando a la ciudadanía, donde una vez más las tecnologías de la información y comunicación juegan un papel esencial y estelar en términos de transparencia cuando se presenten los programas. Si se hace así, el gasto en las campañas en estas elecciones que ya están detrás de la puerta, puede ser un revulsivo para los llamados a votar de forma responsable, porque se apreciará y mucho que el poderoso caballero don dinero, “que quebranta cualquier fuero”, ya no es imprescindible para ganar votos. Fundamentalmente, porque la ciudadanía dejará de ser tratada como mercancía y porque la transparencia no es un portal web sino una actitud política que se mantiene en el tiempo y respeta a las personas en derechos y deberes políticos de participación ciudadana en el gobierno de la Comunidad. Ahora, en la presentación de los programas electorales.

Defiendo, sobre todo, la regeneración en los encuentros personales, en el boca a boca celular de la realidad social en la que se mueven las ideologías de las personas que van a ser candidatos y candidatas a presidir el gobierno andaluz, de sus programas, aunque todavía tengamos que contemplar listas cerradas por imperativo categórico legal. Una buena célula hace un tejido, un órgano y un sistema. Si se respeta esta cadena política digna y ética con ayuda de las TIC, estoy seguro que todo el mundo percibirá que la campaña electoral ha merecido la pena. Un político digno “es un ejemplo siempre de seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse, es decir, manifiesta pureza, honestidad y recato; se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente”. Así lo he escrito en este cuaderno al referirme a las personas dignas, porque creo en ellas, en cualquier sitio que ocupen en la sociedad actual.

Lo más caro es la dignidad política, por mucho que a algunos la desprecien. Si se une a la austeridad, el triunfo ético de la campaña estará asegurado. Esa es la cuestión, porque las campañas electorales nunca son inocentes.

Sevilla, 12/02/2015

Tiempo de proposiciones.

Propongo compartir lo que es mi empeño
Y el empeño de muchos que se afanan
Propongo, en fin tu entrega apasionada
Cual si fuera a cumplir mi último sueño

Pablo Milanés, Proposiciones

Necesitamos declarar las proposiciones decentes para avanzar en una sociedad más justa para todos. Escuchamos todos los días noticias que reflejan un mundo hecho polvo en búsqueda permanente de paz política e interior. Faltan proposiciones compartidas para aunar esfuerzos y voluntades a través del amor y el sufrimiento, como aquellos habitantes ejemplares de Santa María de Iquique.

Pablo Milanés lo sintetizó muy bien en una canción muy corta, porque lo bueno, si breve, dos veces bueno. No hacen falta ya muchas palabras para compartir este empeño de compartir ilusión por cambiar aquello que no nos hace felices, por mucho que el mercado se empeñe en convencernos que la felicidad es tener y no ser. Es más fácil estar atentos a disfrutar esta jornada, sin ir más lejos, inquietando el gusto de los demás a través de los sentidos, compartir mensajes que entusiasmen a los demás, sobre todo a los que están más cerca, lanzándonos por caminos y veredas anunciando que otro mundo es posible, porque la primavera llega siempre, de forma puntual, haciendo nuestro el crisol de esta morada.

Como si fuéramos a cumplir el último sueño…

Sevilla, 19/II/2015

Vota diferente

Sobre una idea forjada en un anuncio inolvidable de Apple publicado en 1997, ante unas elecciones transcendentales en Andalucía, el próximo 22 de marzo.

Pensar y votar de forma responsable es a veces un asunto de locos. Los inadaptados. Los rebeldes. Los problemáticos. Los que no encajan en ningún sitio. Aquellos que ven las cosas de otra manera. No siguen las reglas. Y no tienen ningún respeto por seguir pensando y haciendo solo lo establecido. Puedes citarlos, puedes no estar de acuerdo con ellos, puedes glorificarlos o vilipendiarlos pero la única cosa que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Ellos impulsan la humanidad hacia adelante, porque el mundo solo tiene interés cuando va así, hacia adelante. Y mientras algunos les ven como locos, nosotros vemos genios. Porque la gente que está lo suficientemente loca como para pensar que con su voto pueden cambiar el mundo, Andalucía, son los que logran hacerlo. Piensa… y vota de forma diferente.

Sevilla, 3/III/2015

El cerebro digital es digno

En estos días han saltado a la palestra las personas indignadas, a través de la revolución digital, en la que me encuentro ya instalado al pertenecer al club de las personas dignas, no así al de las indiferentes, conformistas y tibias. Las tecnologías de la información y de la comunicación están haciendo su mayo muy particular, como instrumentos de relación, colaboración, cooperación y, sobre todo, de participación activa. Es decir, inteligencia digital en estado puro. Esta es la nueva realidad social, digital por cierto, que tenemos que aceptar de una vez por todas.

Y es incuestionable la posición que juega el cerebro en esta acción, propiciando inteligencia para actuar contra el conformismo establecido, con la ayuda de las tecnologías de la información y comunicación, sabiendo que hay varias proyecciones inteligentes para acudir a plazas públicas y comunicar al mundo mundial que algo se mueve en una sociedad que acusa signos de tristeza, indiferencia, conformismo y tibieza.

¿Qué es un cerebro digital digno, que posibilita la inteligencia digna? Hay muchas formas de abordar esta pregunta, pero ofrezco tres respuestas:

1. Una estructura muy compleja que aporta alma a la sociedad indigna, con su acción celular (noosférica), alternativa y creadora, haciéndose visible mediante teoría y acción crítica, con utilización plena de la inteligencia digital, entendida como la capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

2. Una estructura de sentimiento y emociones que permite despertar a las preguntas de la vida, las de la ciencia de la vida, a través de la indignidad que subleva, revisando el porqué de todas las cosas, con utilización plena de la inteligencia digital, entendida como la capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para el contexto comunitario o cultural en el que vive cada persona, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

3. Una estructura que permite la imaginación para dar respuestas eficaces a los problemas diarios de las personas, con utilización plena de la inteligencia digital compartida/conectiva, entendida como factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, cuando están al servicio de la ciudadanía.

Porque cuando falta alma, falta la vida. Da casi todo igual. Y el cerebro digital digno no se conforma con ello, integrándose a partir de ese momento en el Club de la Personas Dignas.

Sevilla, 21/V/2011

Vicios privados, públicas virtudes

Para los que pertenecemos a la generación en la que sabemos que todavía, en tiempo de crisis, nos queda la palabra, escribo este post como microacto solidario para romper silencios cómplices, conformistas, acerca de personas y situaciones que sufren en democracia: niños amenazados por la larga sombra de la pederastia en la Iglesia y fuera de ella, personas que ejercen la política y son honrados, porque no todos son iguales, jueces dignos como Garzón y otros muchos como él preocupados para que no que pase sin pena ni gloria el dolor que perdura por los efectos de la Guerra Civil, y mujeres al borde de la muerte física, psíquica y social porque existen hombres e instituciones que no aceptan que desarrollen su inteligencia en libertad

PANAL DE ABEJAS

Un gran panal, atiborrado de abejas
que vivían con lujo y comodidad,
mas que gozaba fama por sus leyes
y numerosos enjambres precoces,
estaba considerado el gran vivero
de las ciencias y la industria.

Bernardo de Mandeville (1670 (?)-1733), El panal rumoroso: o la redención de los bribones

Desde la ventana del autobús 881, en Roma, veía en 1976 el cartel de la película de Miklós Jancsó que llevaba este título. El cine que la proyectaba estaba a solo unos metros de la Ciudad del Vaticano (¡qué paradoja!) y, una y otra vez, la he recuperado en mi memoria de hipocampo en estos últimos días de desasosiego ético nacional e internacional, con las noticias de la pederastia en la Iglesia, la trama de corrupción Gürtel, el proceso abierto contra el juez Garzón y el azote de la violencia de género, por poner ejemplos reales. La tentación inmediata es agregarnos inmediatamente al grupo de opinión mayoritaria de este país alejado de la teoría crítica constructiva y ver siempre en los otros lo que no somos capaces de integrar como una realidad de la condición humana que hay que saber enjuiciar con frialdad para no cometer errores dogmáticos e inquisidores, y para no caer, obviamente, en el determinismo cruel del mal y del bien necesarios, propugnado ya en el siglo XVIII por Bernardo de Mandeville, en un poema “anónimo” que publicó en 1714 (1), que formaba parte de un libro titulado The Fable of the Bees: or Private Vices, Public Benefits (La fábula de las abejas: Vicios Privados, Públicos Beneficios):

… empeñados por millones en satisfacerse
mutuamente la lujuria y vanidad.
… Los abogados, cuyo arte se basa
en crear litigios y discordar los casos,
… Deliberadamente demoraban las audiencias,
para echar mano a los honorarios;
… Los médicos valoraban la riqueza y la fama
más que la salud del paciente marchito
… Y la misma Justicia, célebre por su equidad,
aunque ciega, no carecía de tacto;
su mano izquierda, que debía sostener la balanza,
a menudo la dejaba caer, sobornada con oro
… El curioso resultado es que mientras
cada parte estaba llena de vicios,
sin embargo todo el conjunto era un Paraíso.

Este espectáculo, al que asistimos como testigos de cargo casi siempre, al grito de los tahúres de Mandeville, «¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez»!, traduce la realidad cruel de una sociedad que está tocada en su alma. No nos engañemos. Mientras que la preocupación social más extendida del triunfo a toda costa y la exigencia de la felicidad como derecho constitucional siga campando en el terreno de la violencia reactiva, porque la llamada crisis de valores, de la que todo el mundo habla pero que casi nadie concreta, no acaba de analizarse con el rigor y urgencia que necesita, es muy difícil exigir de los demás la ejemplaridad, sin que empiece la auténtica conversión por uno mismo.

Vicios privados y públicas virtudes, es una expresión que va más allá del título de una película, porque la trasciende y recoge una realidad notoria en la sociedad actual. En un Estado de derecho debemos confiar siempre en la Justicia para abordar los delitos privados y públicos. Pero la solución está también y, básicamente, en otro ámbito: en la generación de responsabilidades públicas y privadas, individuales y colectivas, basadas en dos grandes principios, el del conocimiento y el de la libertad. Conocimiento, para saber por qué ocurren las cosas, por qué debemos recurrir siempre a la inteligencia para resolver conflictos, con su gran carga de sentimientos y emociones a la que siempre está ligada. Y, por supuesto, la libertad para educarla en el sentido más pleno del término. Educación y saber ser y estar en clave de ciudadanía, son dos grandes principios que necesitan ser reforzados y blindados a marchas forzadas en nuestro país, en todos los niveles sociales posibles. De esta forma, sabremos analizar mejor, con humildad, por qué el ser humano es capaz de practicar la violencia con los niños, robar dinero público, quitar legitimidad a un juez o hacer daño a una mujer, de muchas formas, sin caer tampoco en el diseño de un mundo feliz que no existe de forma global, aunque sí individual para quien se lo propone, sin necesidad de dioses o de la fatal aceptación del mal como “semilla” necesaria del bien, volviendo a Mandeville, al intervenir esos dioses salvadores (de cualquier tipología) que citaba anteriormente, para poner orden en un mundo tan enloquecido:

Pero, ¡oh, dioses, qué consternación!
¡Cuán grande y súbito ha sido el cambio!
Los tribunales quedaron ya aquel día en silencio,
porque ya muy a gusto pagaban los deudores.
… Quienes no tenían razón enmudecieron,
… con lo cual nada podía medrar menos
que los abogados en un panal honrado.
… La Justicia, no siendo ya requerida su presencia,
con su séquito y pompa se marchó.
Abrían el séquito los herreros con cerrojos y rejas,
luego los carceleros, torneros y guardianes.
… Todos los ineptos, o quienes sabían
que sus servicios no eran indispensables se marcharon;
no había ya ocupación para tantos.
… ¡Contemplad ahora el glorioso panal, y ved
cómo concuerdan honradez y comercio!

Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado.

Sevilla, 11/IV/2010

(1) García-Trevijano, Carmen (1994). El reverso de la utopía. Actualidad de «la fabula de las abejas» de Bernardo de Mandeville. Psicología Política, 9, 7-20.

NOTA: La imagen utilizada en este post fue recuperada el 10 de abril de 2010 de: http://www.infoagro.com/noticias/2008/5/1458_agricultura_abre_plazo_solicitar_ayudas_al_fomento.asp

Todas las revoluciones tienen su octava

CLAVEL EQUIVOCO
Clavel equívoco

Han pasado unos días sin pasear por las calles virtuales de Grándola, vila morena. Y es verdad que ese día, 25 de abril, tuve un recuerdo para la revolución de los claveles, también para Marcos, aquél joven propagador de buenas noticias (que tanta falta hace…), lo que luego se llamó “evangelio” y, lógicamente, para nuestro hijo al que decidimos ponerle un nombre programático, de los que no se deben olvidar nunca por lo que significan. Hoy me lo ha vuelto a recordar un amigo virtual en la Noosfera, eraser, al que gusta pasear también por calles revolucionarias, cuidadoso de cualquier detalle digital que conmueva conciencias adormecidas. Gracias eraser, porque ese recuerdo marquiano, ¿se podría decir así?, nos une a personas que no nos adormece el estado actual de la cuestión de vivir, existir, ser ó estar, ser ó tener. Es verdad: Marcos ó José Afonso.

Y Marcos, que después la Iglesia oficial lo declaró “santo”, a su pesar, me permite recordarlo en su octava, tal y como se decía en mi casa madrileña cuando el discreto encanto de la burguesía se había olvidado felicitar a alguien y pretendía siempre llegar a tiempo. Probablemente, porque no lo sentían de verdad. Al apearlo de la peana santa, Marcos es hoy símbolo de revolución humana, de los que pensamos que todavía es posible ser personas en su real medida, la que cada uno desea a pesar de los pesares. Es probable que a partir de este sentimiento de pertenencia, ya no necesitemos octavas, porque si la revolución interior siempre está viva, porque no nos deja estar tranquilos en el conformismo, no hace falta institucionalizarla. Se vive día a día. Sin octavas.

Sevilla, 2/V/2009

Puentes para la franja de Gaza

BARENBOIM-SAID

Desde que comenzó la invasión de la franja de Gaza estoy intranquilo por coherencia con la perspectiva ética digital que propugno, en el sentido de que la Noosfera, de la que formo parte activa mediante este cuaderno, no debe quedarse tranquila en este caso con la mera visualización de imágenes dantescas, en aquel escenario, transmitidas de forma puntual por las agencias de información. Y he recordado la simbología del puente, desde sus orígenes arquitectónicos, como forma de establecer elementos de comprensión y diálogo entre las partes implicadas, las latentes y manifiestas, para que este duro proceso atisbe su fin inmediato.

Desde nuestras posiciones a distancia el conflicto no pasa a veces de ser una mera noticia, luctuosa por supuesto, pero como algo lejano sobre lo que como ciudadanos nuestra implicación parece algo imposible. Pero no es así. Todo es desproporcionado, simbolizado en la lucha permanente entre David y Goliath. Y el mundo calla. Callamos casi todas, casi todos.

Lo verdaderamente curioso es que tenemos ejemplos extraordinarios de activismo pro-diálogo de Palestina e Israel, tales como el esfuerzo del director Barenboim, a través de la Fundación Barenboim-Said, para aunar esfuerzos en diseñar puentes entre jóvenes músicos judíos y palestinos, con la orquesta “West-Eastern Diván”. Los esfuerzos diplomáticos, múltiples, que desde hace años se llevan a cabo para desterrar el principio bíblico acerca de que los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz. La perspectiva de bloqueo y descalificación mundial en relación con cualquier atisbo terrorista, lleve la marca que lleve. Pero, de nuevo vuelve la guerra abierta, con resultados de muerte física, psicológica y social, de un millón y medio de personas que malviven en la franja de Gaza.

Por eso he pensado en los puentes, con una idea que aprendí un día de un ingeniero romano excelente, Cayo Julio Lácer, el autor material del puente de Alcántara, en Cáceres, al expresar de forma rotunda que “la grandeza misma del arte es superada por la grandeza de la obra (ars ubi materia vincitur ipsa sua). Sería una gran lección en estos días, que el mundo cercano y lejano al Oriente en guerra demostrara que la grandeza misma del diálogo, que también es arte, es superada por la grandeza del diálogo sincero y comprometido con la justicia y el derecho internacional en el escenario palestino-israelí. Por esa gran obra.

Puentes, puentes, puentes. Sería una buena forma de completar una nueva inscripción mundial para los derechos humanos compartidos que recogiera también las palabras que seguían al primer aserto comentado: “El ilustre Lácer, con divino arte, hizo el puente para que durase por los siglos en la perpetuidad del mundo”. O lo que sería lo mismo: los ilustres mandatarios israelíes y palestinos, una vez demostrado que el diálogo supera el arte de hablar y callar, construyen la paz entre los dos pueblos para que dure por los siglos en la perpetuidad de su pequeño mundo.

Sevilla, 10/I/2009

¡Siente la realidad (ó un pobre) en su mesa!


Fotograma de Plácido (1961, Luis García Berlanga), recuperado de http://www.kane3.es/radio/la-radio-en-navidad.php, el 30 de diciembre de 2008.

El 30 de marzo de 2008 escribí un post (Plácido…, Azcona), en homenaje a Rafael Azcona, guionista al que he seguido de cerca por su buen saber y hacer cinematográfico, interpretando la vida real, sin muchas concesiones y que falleció el 23 de marzo de 2008. A punto de finalizar el año, vuelvo a recordar siempre la película que marcó mi infancia en tierras de Castilla, Plácido (Siente un pobre en su mesa, su título original), porque me ayuda a comprender mejor los fastos navideños que nunca me supieron levantar, al igual que la música militar que cantaba Paco Ibáñez.

En aquella película “el guión no tenía desperdicio y Azcona lo sabía. Con motivo de la promoción de las ollas Cocinex, la burguesía -donde reside la clave del dinero y el buen hacer- se puede llevar a casa por una noche a grandes artistas, como el lote de “la más prometedora promesa de nuestro cine, Maruja Collado y el niño cantor Paquito Yepes”. Además, por la buena causa de “cene con un pobre”, la gente de clase media y alta puede elegir entre los ancianos del asilo o los pobres de la calle. Y se retransmite en directo una cena en la casa de la presidenta de la Comisión de Damas que es la que organiza esta campaña “de maravillosa hermandad, de magnífica caridad o de hondo significado, que une a pobres y a ricos en todos los hogares de la ciudad”. Inconmensurable. Tan real como la vida misma”.

Y en aquella ocasión, aprovechando la dolorosa ausencia de un maestro del cine de autor, comprometido con la vida y la muerte, con la auténtica Navidad de cualquier año, reflexionaba que “hoy, pueden cambiar los actores, el decorado, incluso los pobres, y seguro que no habrá problema alguno de patrocinadores. Menos, probablemente, la nueva clase de nuevas ricas y de nuevos ricos que asola el país, en todas las proyecciones de supuesta riqueza posible, dispuestos a sentar a los nuevos pobres en sus mesas, como maravillosa y nueva hermandad, pero sin que cambie un ápice su patrimonio mental, personal, familiar y social, asentado todo en la falta de educación ciudadana y en la mayor de las pobrezas: la autosuficiencia basada en el des-conocimiento [sic]. Pero Rafael Azcona, desde donde quiera que esté, puede volver a escribir un guión utilizando el mismo discurso porque la doble moral sigue campando por sus respetos. Digo moral y no ética, porque esta última sigue, con perdón, sin saberse qué es, como gran desconocida que fundamenta todos los actos humanos, constituyéndose en el suelo firme de la vida, la solería de nuestra existencia. Berlanga y Azcona lo resumieron maravillosamente en la letra desgarradora y trucada (¿dónde estaba el censor de turno?) del villancico final de la película: en esta tierra nunca ha habido caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá. Y no se puede andar por la vida sin suelo, aunque los Plácidos de turno tengan que escenificar, a veces, que la felicidad está en los plazos interminables que hay que pagar para tener una vida sobre ruedas. Porque, para ser, ¡eso es otra cosa!”.

Ahora, paso la página de mi al-manaque [el clima, en árabe) particular, a pocas horas de finalizar el que llamaban ¡feliz 2008!, hace solo 365 días, para constatar que las imágenes de Gaza, con la muerte y desolación por doquier, la recesión crítica ó el contador incesante de muertes de mujeres por violencia de género, en nuestro educado país para la ciudadanía, solo arrancan, a veces, frases parecidas a las que pronunciaba el matrimonio que en Plácido le había tocado un pobre, además enfermo, “con la sutileza no confesable del cambio de las sábanas “buenas” por las “corrientes” para depositar al pobre enfermo -acogido como rey por un día- que encima se muere y que en aquella corrosiva película arrancaba frases corales de este tenor: «Con lo bien que iba la campaña, ¡qué fatalidad!»”. Puede que se deba al cambio climático, de cada al-manaque [sic] particular, al llegar el 31 de diciembre, en todos los sentidos.

Sevilla, 30/XII/2008

El Niño Jesús proletario

Dedicado especialmente a las personas que, como me pasa a mí cuando llega la Navidad, nos miramos a nosotros mismos y a nuestro alrededor, y nos preguntamos muchas cosas. Nada más.


Escenarios en Palestina, durante la preparación del rodaje de El evangelio según Mateo (Pier Paolo Pasolini, Il vangelo secondo Mateo, 1964)

Cuando finalizaba el verano, leí unas páginas excelentes de “pequeñas memorias”, escritas por José Saramago (1), que me sirvieron para pensar y soñar en una Navidad verdadera. Ahora, en estos días cercanos a la Navidad real de 2008, las he recordado de nuevo y las incorporo a este cuaderno para que tengan un lugar preferente durante estos días, dedicadas a cuantas personas me acompañan en esta singladura digital:

“En ese tiempo, los Reyes Magos todavía no existían (o soy yo quien no se acuerda de ellos), ni existía la costumbre de montar belenes con la vaca, el buey y el resto de la compañía. Por lo menos en nuestra casa. Se dejaba por la noche el zapato (“el zapatinho”) en la chimenea, al lado de los hornillos de petróleo, y a la mañana siguiente se iba a ver lo que el Niño Jesús habría dejado. Sí, en aquel tiempo era el Niño Jesús quien bajaba por la chimenea, no se quedaba acostado en la paja, con el ombligo al aire, a la espera de que los pastores le llevasen leche y queso, porque de esto, sí, iba a necesitar para vivir, no del-oro-incienso-y-mirra de los magos, que, como se sabe, solo le trajeron amargores para la boca. El Niño Jesús de aquella época era un niño Jesús que trabajaba, que se esforzaba por ser útil a la sociedad, en fin, un proletario como tantos otros”.

El Niño Jesús proletario, el Niño Jesús de Saramago, es una imagen muy próxima a la realidad de la memoria histórica del acontecimiento que ahora, paradójicamente, justifica fiestas por doquier. Hace veinticuatro años, escribí un artículo para un periódico, que titulé “Ciudadano Jesús”, recopilado posteriormente en mi libro “Teatro de barrio”, en el que analizaba las grandes contradicciones de estas fechas y del que entresaco algunas reflexiones que siguen teniendo actualidad absoluta: “todo este montaje «dorado» se debe a que unos cronistas del siglo quinto antes de Cristo, comenzaron a tomar apuntes de un hecho sociológico interesante en sí mismo: el empadronamiento y, en un momento dado de la historia, el ordenado por el emperador romano César Augusto. José y María de Nazareth, ciudadanos responsables, buenos demócratas en su sentido primigenio, acuden a empadronarse a Belén, en hebreo «casa del pan», y allí, fuera del drama que siempre nos han pintado del rechazo a la familia «sagrada», al no encontrar sitio en la posada porque estaba hasta los topes, debido al empadronamiento masivo, se le cumplen los días a María, «estaba cumplida», y nace Jesús, niño-ciudadano, en el acto de empadronamiento de sus padres. María estaba loca de contenta por las cosas «maravillosas» que los pastores decían del «niño». Había también por allí una profetisa anciana de nombre Ana, que conocía muy bien a la gente del Templo, y hablaba a todo el mundo de las cosas del niño. Y Jesús comenzó su vida normal, creciendo en todos los sentidos. El cronista de la época ha sido muy escueto en sus manifestaciones, pero constituyen en sí mismas un dato muy importante para la humanidad: es necesaria la revolución en las épocas de estancamiento social, de aburguesamiento en todos los sentidos”.

Y finalizaba el artículo con unas palabras que sigo suscribiendo de forma íntegra y que después de tantos años podrían ser anunciadas a los cuatro vientos como avisos para navegantes digitales pre-ocupados [sic, con guión] con un Niño Jesús proletario que no está en los cielos…: “Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del mensaje del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio humano suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero. Porque nuestro sistema democrático vigente debe mucho al ciudadano Jesús, sobre todo a su actitud ante la necesidad de cambiar una sociedad tranquilizada con el bienestar codificado por las multinacionales de la alegría navideña”.

Vuelvo a abrir el libro de las pequeñas memorias de Saramago por las páginas 107 y 108, buscando el final de esta microhistoria navideña del Nobel portugués. Y no me sorprende su reflexión de cierre y recuerdo de aquellos días: la ansiada presencia de los ángeles, una recreación de sus mayores, a los que nunca divisó en su cocina real, aunque los adultos que le rodeaban en aquella Nochebuena se empeñaban en demostrar que “lo sobrenatural, además de existir de verdad, lo teníamos dentro de casa”. Y Saramago niño, incluso ya mayor, aún dejándose llevar por el niño que siempre fue, nunca los vio, “ni uno como muestra”, porque el Niño Jesús que llevaba dentro estaba en otras cosas más mundanas, yendo del corazón a sus asuntos proletarios…. Los que un día, no muy lejano, atendería como compromisos sociales el Niño-Ciudadano Jesús.

Sevilla, 21/XII/2008

(1) Saramago, J. (2008). Las pequeñas memorias. Madrid: Punto de Lectura, p. 107.