¡Preferiría no hacerlo!

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He repetido hasta la saciedad en este blog, que la lectura del relato de Herman Melville, Bartleby el escribiente, me sigue marcando en diferentes etapas de mi vida. Recuerdo en bastantes ocasiones la frase preferida de Bartleby, ante cualquier petición de su patrón: “preferiría no hacerlo”. Es muy difícil en la vida ordinaria, ante situaciones concretas, tomar este tipo de decisiones, sin llegar al absurdo del protagonista del relato citado, pero en muchas ocasiones habría que copiarle sin temor alguno.

Estamos asistiendo a un sinsentido político en el llamado “proceso” de Cataluña. Es una continua ceremonia de confusión que alimenta al Bartleby que casi todos llevamos dentro y estamos tentados de abandonar el barco en el que cada uno navega por los mares procelosos de la vida, ante un panorama muy desalentador desde la pertenencia democrática que cada uno tiene y defiende. Siendo una realidad que invade muchas personas de secreto, creo que hay que saber reaccionar a tiempo y permanecer en el barco, en plena tempestad, porque ahora es cuando más nos necesita la sociedad en general y la democracia en particular.

Lo difícil es practicar cómo hacerlo. Sin ánimo de dar lecciones a nadie, creo que estamos viviendo momentos especiales en los que se necesita hablar de compromiso activo en cada momento en el que lo requiera el guion catalán, que tanto nos preocupa. No es un problema que tienen que resolver “otros”, que también, porque son parte interesada, sino que, al convertirse en un problema de todos desde el punto de vista de ruptura constitucional, hay que defender la ley en terrenos selváticos, porque de lo contrario la independencia va a situarse en las repúblicas independientes de cada casa. Al tiempo.

El síndrome de Bartleby se une también al que sufrimos al tener la tentación de tirarnos del barco en el que navegamos a diario. El contexto de ruptura y alteración del orden democrático es propicio para este abandono de barcos de dignidad, en la búsqueda imposible de islas vírgenes de la condición humana. Cuando estamos ante momentos cruciales de compromiso activo como es el actual, sentimos con frecuencia algo que se puede convertir en un aforismo personal y transferible:

Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…

Como en todo aforismo, lo que expresa es objetivo, porque vivimos rodeados de deserciones de ideales y de compromisos sociales, representados en los famosos dichos “a mí que no me llamen” o “que lo resuelvan los verdaderos culpables”, como si lo que está ocurriendo no fuera también una responsabilidad “política” de todos en el sentido más pleno de la política activa. Es también inteligible (otra condición de todo aforismo), porque muchas personas que se mantenían hasta ahora en el puente de mando personal, político y profesional en el país y en la Cataluña, saben que es cierto solo con mirar a su alrededor. Y la dialéctica es obvia: barco y mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Es verdad, desgraciadamente, que cada uno está al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora. Unos en cruceros, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte con la fragilidad que le es propia, buscando islas desconocidas, que se encuentran.

Ojalá, cuando pase el 1 de octubre, nazca un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él:

Falta barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar…

Aunque en esta ocasión, como en todo aforismo, el pretexto haya sido un texto dentro de contexto. Hoy, debería nacer un nuevo Bartleby, eso sí, lleno de esperanza, que nos ayudara a dar un giro copernicano sobre determinadas realidades hirientes en nuestras vidas y que nos permitiera gritar dignamente a los cuatro vientos: ¡preferiría no escucharlo!, sin que ello nos arrojara al mar del desconsuelo. Y cambiar de canal de vida, si es posible.

Sinceramente, prefiero seguir en la lucha por la verdad buscada en común. En mi soledad sonora a veces, porque escuchar y saber determinadas cosas en estos días, sobre Cataluña, no debería ocupar lugares dignos en el cerebro. Pero el problema radica en que cada vez me queda menos sitio…

Sevilla, 26/IX/2017

3 comentarios en “¡Preferiría no hacerlo!

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