A Guernica, por un vado de arena / 6. La casa de Víctor Hugo

Cuando dormitamos a la orilla del mar
Todo mece y acaricia el oído;
El ruido del viento sobre las olas,
El ruido de las olas sobre las rocas;
Oímos, a través de nuestros sueños,
Los lejanos cantos de los marinos.

Víctor Hugo, Pasaia, 1843

CASA VICTOR HUGO2

Museo Víctor Hugo, Pasai Donibane / JA COBEÑA

Pasajes de San Juan (Pasai Donibane, en euskera), siempre es un claro objeto de deseo por su belleza paisajística, pero había un objetivo claro en este viaje: conocer la casa en la que estuvo unos días Víctor Hugo en 1843, durante un viaje a los Pirineos. Tomó unas notas muy precisas sobre su estancia en este lugar romántico, junto con unos dibujos a pluma, que deseaba que formaran parte de un libro que nunca llegó a publicar al tener que regresar de forma urgente a París por el fallecimiento trágico de su hija Léopoldine de solo 19 años. Tras su muerte, se publicó el libro deseado bajo el título De viaje, Alpes y Pirineos.

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Pasai Donibane / JA COBEÑA

Nunca he olvidado el discurso que pronunció en la Asamblea Legislativa unos años después, el 14 de enero de 1850, acerca de una proposición de ley mediante la cual y con el pretexto de organizar la libertad de enseñanza, se establecía, en realidad, el monopolio de la instrucción pública en favor del clero. Es un discurso impecable, pero me ha llamado siempre la atención las palabras pronunciadas sobre la realidad de España, que conocía bien por su estancia durante dos años en Madrid, en el contexto de un ataque demoledor contra el partido católico: “España, soberbiamente dotada, que había recibido de los romanos su primera civilización y de los árabes la segunda y de la Providencia y a pesar vuestro todo un mundo, AMÉRICA. España ha perdido todo gracias a vosotros, gracias a vuestro yugo embrutecedor, un yugo de degradación y de reblandecimiento. España ha perdido el secreto de la potencia que los romanos le habían enseñado, el genio de las artes que había bebido de los árabes, el mundo que Dios le había dado: En cambio de todo esto que vosotros le habéis hecho perder, ella ha recibido de vosotros mismos: la Inquisición, que ha quemado sobre las hogueras o sofocado en las prisiones cinco millones de hombres”. “Leed la historia. La inquisición que exhumaba a los muertos para quemarlos como heréticos. La inquisición declaraba a los hijos de heréticos hasta la segunda generación, infames e indignos de cualquier honor público, exceptuando solamente a aquellas que habían denunciado al padre, la inquisición que, mientras yo hablo, tiene todavía en la biblioteca vaticana los manuscritos de galileo encerrados y sellados con el sello del índice”. Finalizó su intervención con una frase categórica, que ennoblece su vida y su obra: “Vosotros no queréis el progreso. Tendréis la Revolución Social”. Nos suena.

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Museo Víctor Hugo, Pasai Donibane / JA COBEÑA

Subimos a las habitaciones en las que vivió un tiempo Víctor Hugo y contemplé desde el balcón del comedor una panorámica inolvidable de las casas colindantes, Pasajes de San Pedro y la desembocadura al Cantábrico del río Oyarzun. Leí unas palabras suyas en una de las habitaciones: “El niño (…) va y viene todo el día, ríe, llena la casa…, por la noche le oigo murmurar suavemente mientras las cuatro mujeres lo duermen con una canción”. Todo ordenado y con posibilidades de sentirte próximo en su tiempo y en su alma de escritor.

Pasajes Donibane es un lugar encantador. Pasear por la calle Donibane, larga y estrecha, es una experiencia inolvidable, disfrutando de su zona más ancha y abierta al puerto, la plaza de Santiago, con un conjunto de casas marineras muy bien conservadas. Allí cerca me encontré con una fotografía mural preciosa de la que tomé la siguiente instantánea:

IMAGEN DONIBANE KALEA

Víctor Hugo resonaba en mi mente y recordé al abandonar aquel lugar mágico una intervención suya en la Asamblea, el 9 de julio de 1849, que tiene una actualidad inquietante para los que enarbolan los silencios cómplices en el momento actual del país: “[…] el pueblo, señores, tiene el instinto de la verdad, como tiene el instinto de lo justo, y en cuanto se serena es el buen sentido mismo, la luz penetra en su inteligencia; al mismo tiempo la fraternidad práctica, la fraternidad que no se decreta, la fraternidad que no se escribe sobre las tapias, la fraternidad que nace del fondo de las cosas y de la identidad real de los destinos humanos, empieza a germinar lo mismo en el alma del rico que en el alma del pobre; por todas partes, arriba y abajo, se inclinan los unos hacia los otros, con esa inexplicable sed de concordia que señala el fin de las disensiones civiles (Sí, sí)”. Fue un discurso excelente de Víctor Hugo sobre la miseria, en favor de la proposición de M. de Melun, para el nombramiento de una Comisión de 30 miembros de la Asamblea Legislativa para preparar y examinar las leyes relativas a los socorros populares. Fue aprobada por unanimidad.

VENTANA DONIBANE KALEA

Ventana, Donibane Kalea / JA COBEÑA

En aquella ocasión, Víctor Hugo dijo “Yo soy de aquellos que piensan y afirman que se puede destruir la miseria”. No lo olvido.

Sevilla, 1 /IX/2018

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