El futuro ya no es lo que era…, en Andalucía, en España

EL ROTO EL PAIS 20052018

Andalucía es para mí un claro objeto de deseo. El año 2018 se viene y se va y no le volveremos a ver más, como canta el villancico sobre la nochebuena, sin necesidad de que pidamos bota alguna a María para emborracharnos de mercado y sobrellevar la pesadumbre que señalaba en el artículo citado como objeto claro de mi deseo para esta tierra andaluza en relación con nuestro pasado, presente y futuro político, cuando se aproximaban las elecciones de 2 de diciembre pasado. Ahora, esperamos la llegada de 2019 como agua de enero, aunque lleno de incertidumbres porque siguiendo el gran aserto de Paul Valéry, el futuro para este país, para Andalucía, ya no es lo que era, ¿o sí?

Los elementos de contexto de pesadumbre y desconcierto no son privativos de este país, sino que estamos asistiendo a una ceremonia mundial de incertidumbre que ya presagiaba Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química en 1977, cuando defendía que estamos instalados en la inestabilidad, afirmación derivada de su actividad científica. Ya lo vaticinó también Heráclito de Éfeso, muchos siglos antes, en su clásico discurso sobre “todo fluye, nada permanece”, pero sin que todavía se hubiera impregnado del magma de la miseria social, cuando la ausencia de democracia tomó el control férreo del rumbo social de la humanidad. Por cierto, sin enterarse la Iglesia a lo largo de los siglos de lo que en realidad le pasaba al mundo inestable, al interpretar que aquello era la constatación más plena de que hay tiempo de todo en la existencia y que la precariedad de precariedades es solo precariedad total. O lo que es lo mismo, vanidad de vanidades, todo es vanidad.

Pienso muchas veces en ello a través de mi memoria de secreto. “¿Qué vida es esta? Precariedad de precariedades, todo es precariedad. La precariedad es la anti-dignidad en estado puro, porque no se tiene nada por la vía del derecho o del deber, sino como préstamo y a voluntad de la autoridad competente (sin suponer que tenga por ahora tics militares). Estoy convencido de que falta la autoridad ética suficiente en quienes tienen que ejercerla y se legisla de una forma que no es tolerable para muchas personas de este país, refiriéndome en concreto y para que se entienda bien, como un ejemplo entre otros, a la situación de paro y trabajos en precario que asolan el país. Cualquier respeto a la política está también en precario, porque casi nadie se fía del orden y poder político establecido, porque lo único a lo que se puede acceder, salvo honrosas excepciones, es a un trabajo que no tiene correspondencia casi nunca con los conocimientos o títulos universitarios que se posean y por tolerancia de una legislación complaciente. Lo que ocurre con el trabajo precario es solo una manifestación de la precariedad que se extiende como una gota de agua o un mar en el que falta “majestad ética ejemplar” para exigir la obediencia debida en todos los órdenes de la vida”.

Ya lo decía anteriormente: precariedad de precariedades, todo es precariedad. Falta ejemplaridad política y eso es lo que nos pasa, como siglos atrás pasaba con la falta de Majestad de los Reyes, como analiza el Diccionario de Autoridades el término “precariedad”, tal y como se entendía en el siglo XVIII en este país: “Que el respeto de los Consejos se apoya en la Majestad de los Reyes, y es el espíritu que los anima, que cuando esta falta, como sucedía en aquella ocasión, era precaria cualquier obediencia”.

De ahí a la obediencia precaria universal en todo lo que se mueve, solo hay un paso. El que quiera entender que entienda en el contexto político actual. Estamos avisados por la Historia y por El Roto, aunque recuerdo siempre a Mercedes Sosa cantando en Todo cambia que Cambia el rumbo el caminante / Aunque esto le cause daño / Y así como todo cambia / Que yo cambie no es extraño. No es lo mismo, no es lo mismo.

Sevilla, 30/XII/2018

NOTA: la viñeta de El Roto se publicó en el diario El País, el 20/V/2018