¡Preferiría no bajarme… del barco político!

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El espectáculo que estamos viviendo estos días en relación con la elección de la Presidencia de la Junta de Andalucía, refleja la “altura” política de los dirigentes que pugnan por hacerse con el gobierno de esta Comunidad. Lo sucedido con los documentos cruzados de los denominados “acuerdos”, teledirigidos desde los aparatos centrales de los partidos en liza como un desprecio manifiesto a los dirigentes de los mismos en esta Comunidad, que luego se anuncian y reinterpretan de mil formas posibles, reflejan también la frase gloriosa de Groucho Marx en relación con sus principios: no hay que preocuparse, porque si no gustan hay otros.

He repetido hasta la saciedad en este blog y lo vuelvo a hacer hoy, que la lectura del relato de Herman Melville, Bartleby el escribiente, me sigue marcando en diferentes etapas de mi vida. Recuerdo en bastantes ocasiones la frase preferida de Bartleby, ante cualquier petición de su patrón: “preferiría no hacerlo”. Es muy difícil en la vida ordinaria, ante situaciones concretas, tomar este tipo de decisiones de mantenernos o no en el barco político correspondiente, sin llegar al absurdo del protagonista del relato citado, pero en muchas ocasiones tenemos la tentación de copiarle sin rubor alguno.

La situación política del país, en general, y de la Comunidad Autónoma de Andalucía, en particular, es una continua ceremonia de confusión que alimenta al Bartleby que casi todos llevamos dentro y estamos tentados de abandonar el barco en el que cada uno navega por los mares procelosos de la vida, ante un panorama muy desalentador desde la pertenencia democrática que cada uno tiene y defiende. Siendo una realidad que invade muchas personas de secreto, creo que hay que saber reaccionar a tiempo y permanecer en el barco, en plena tempestad, porque ahora es cuando más nos necesita la sociedad en general y la democracia en particular.

Lo difícil es practicar cómo hacerlo. Sin ánimo de dar lecciones a nadie, creo que estamos viviendo momentos especiales en los que se necesita hablar de compromiso activo en cada momento en el que lo requiera el guion político que corresponde ahora en Andalucía, que tanto nos preocupa, como en su momento escribí sobre el proceso catalán.

El síndrome de Bartleby se une también al que sufrimos al tener la tentación de tirarnos del barco en el que navegamos a diario. El contexto político actual, con el gran triunfo en Andalucía del partido abstencionista, es propicio para este abandono de barcos de dignidad, en la búsqueda imposible de islas vírgenes de la condición humana. Cuando estamos ante momentos cruciales de compromiso activo como es el actual, sentimos con frecuencia algo que se puede convertir en un aforismo personal y transferible:

Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…

Como en todo aforismo, lo que expresa es objetivo, porque vivimos rodeados de deserciones de ideales y de compromisos sociales, representados en los famosos dichos “a mí que no me llamen” o “que lo resuelvan los verdaderos culpables”, como si lo que está ocurriendo no fuera también una responsabilidad “política” de todos en el sentido más pleno de la política activa. Es también inteligible (otra condición de todo aforismo), porque muchas personas que se mantenían hasta ahora en el puente de mando personal, político y profesional en el país, saben que es cierto solo con mirar a su alrededor. Y la dialéctica es obvia: barco y mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Es verdad, desgraciadamente, que cada uno está al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora. Unos en cruceros, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte con la fragilidad que le es propia, buscando islas desconocidas, que se encuentran.

Ojalá, nazca un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él:

Falta barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar… del desencanto y de la desafección política

Aunque en esta ocasión, como en todo aforismo, el pretexto haya sido un texto dentro de contexto. Hoy, debería nacer un nuevo Bartleby, eso sí, lleno de esperanza, que nos ayudara a dar un giro copernicano sobre determinadas realidades hirientes en nuestras vidas y que nos permitiera gritar dignamente a los cuatro vientos: ¡preferiría no bajar del barco político!, sin que ello nos arrojara al mar del desconsuelo. Y cambiar de canal de vida, si es posible.

Sinceramente, prefiero seguir en la lucha por la verdad desnuda y buscada en común. En mi soledad sonora a veces, porque escuchar y saber determinadas cosas en estos días, no debería ocupar lugares dignos en el cerebro. Pero el problema radica en que cada vez me queda menos sitio…

Sevilla, 9/I/2019

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