8 de marzo: el día malva

JACARANDA10

Jacarandá

…Me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer…

Gabriel García Márquez, Vivir para contarla, pág. 367

Hoy es un día malva, el color que recorrerá las grandes calles y avenidas de libertad de nuestro país, celebrando el Día de la Mujer, mostrando ese color en todas sus variantes a quienes saben apreciarlo en su pleno sentido, a los que no son ciegos a cualquier color de la vida. Hoy cobra un sentido especial porque recuerda el color internacional del movimiento por la igualdad de derechos en una de sus interpretaciones históricas, el color que las sufragistas estadounidenses adoptaron como uniforme en la marcha de Washington a favor de la Enmienda por la Igualdad de Derechos en 1978. También, probablemente, como homenaje a las 129 trabajadoras que se declararon en huelga y que murieron en 1908 en el incendio provocado por el dueño de la fábrica donde trabajaban, la Cotton New York, cuando trataban telas de color violeta.

Es curioso constatar cómo el mercado controla también este color, que el año pasado pudimos comprobarlo a través de la multinacional del color de nombre Pantone, con una tonalidad específica, el ultra violet (Pantone, 18-3838), declarado oficialmente el color de 2018. Recuerdo cómo lo presentaba oficialmente al mundo la vicepresidenta de la compañía, Laurie Pressman, que lo justificó para “evocar un estilo de contracultura, el agarre de la originalidad, el ingenio, el pensamiento visionario que nos dirige hacia el futuro”. La justificación de esta elección no tuvo desperdicio: “Vivimos en tiempos complejos. Vemos el miedo de ir hacia delante y cómo la gente está reaccionando a ese miedo” y “es de los más complejos porque coge dos sombras que parecen diametralmente opuestas, como el azul y el rojo, y las une para crear algo nuevo”. Tiene el matiz “ultra”, es decir, va más allá del violeta tendiendo más al azul, “lo que habla de la cualidad espiritual de la conciencia”. Mercado, puro mercado.

Personalmente, estoy mucho más cerca del color malva que simboliza la lucha por la igualdad como hilo conductor de las manifestaciones que se llevarán a cabo hoy y confieso que no me dejo intimidar por el ultra violet del mercado cromático del mundo, porque estoy muy agradecido a disponer de ojos que ayudan a mi cerebro a interpretar el color de la vida, cualquiera que sea y, hoy, el violeta de las sufragistas que hicieron posible un Día Internacional de la Mujer o el de las telas que manejaban las 129 mujeres que murieron quemadas en el incendio provocado por el director de la fábrica donde trabajaban como respuesta a la huelga que protagonizaron. También, porque aprendí algo muy importante que decía Antonio Machado, El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve. Como también decía Juan Ramón Jiménez, no quiero algo más del color con el que distingo la belleza de la vida con mis propios ojos, porque con lo que veo habitualmente no me quedo contento.

Gabriel García Márquez, mi querido Gabo, que amaba la hora malva sobre muchas otras cosas, me ha recordado también hoy la necesidad de volver a leer su prólogo de Doce cuentos peregrinos -obra que recomendaré siempre para las mesillas de noche de las personas que me acompañan en esta “Isla Desconocida”-, una obligación ética al escribir palabras que se entregan a los demás, cuando se navega en los mares procelosos atómicos y digitales de la turbación ignaciana. Hoy, cuando retomo -no sin dificultades anímicas- esta bendita y sacrosanta ob-ligación [sic, con guion] de escribir apasionadamente para la Noosfera, resuenan sus palabras con una fuerza especial: “Aquí está [su libro, Doce cuentos peregrinos], listo para ser llevado a la mesa después de tanto andar del timbo al tambo peleando para sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”. Como las que crea el mundo actual a la mujer que lucha dignamente a diario, sola o acompañada, por querer vivir dignamente su hora malva del alma.

En momentos en los que en un día tan especial como hoy hay que estar muy cerca de la mujeres que sufren violencia de género, les dejo con John Denver y con Ainhoa Arteta, porque en la canción de Annie podemos entender bien que cuando un hombre y una mujer no se comprenden, puede surgir el diálogo a través de la palabra hecha música, con expresiones tan bellas como las que contiene esta canción, tal y como la compuso Denver en 1974 y la siente todavía hoy Arteta, una mujer que ha renacido de sus cenizas, cantada por ella en homenaje a un amigo personal que murió hace unos años y que creyó en su voz cuando solo tenía dieciocho años, entregándole su dinero ahorrado para que pudiera aprender técnica de voz en Italia, sin contraprestación alguna. Un hombre bueno que la acompaña siempre en su persona de secreto: Ven y déjame amarte / deja que te ofrezca mi vida. / Déjame ahogarme en tu sonrisa, / déjame morir en tus brazos. / Déjame reposar a tu lado, / déjame estar siempre contigo. / Ven, déjame amarte, / ven y ámame otra vez. Una buena noticia.

Sevilla, 8/III/2019