El trencadís político en Cataluña

PARQUE GUELL

Sevilla, 19/X/2019

La rosa mudable, encerrada en la melancolía del Carmen granadino, ha querido agitarse en su rama al borde del estanque para que la vean las flores de la calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre: Rambla de Barcelona.

Federico García Lorca, A las floristas de La Rambla de Barcelona

Parafraseando una frase de Gaudí en relación con el trencadís, “A puñados se tienen que poner [las piezas rotas de cerámica], si no, no acabaremos nunca”, es decir, una forma de unir piezas rotas de cerámica de forma aleatoria, es urgente utilizar esta técnica como metáfora, salvando lo que haya que salvar, para unir de una vez por todas a las partes implicadas en el proceso catalán e intentar buscar la mejor argamasa para unir piezas rotas hoy pero que en un futuro pueden brillar en todo su esplendor. Trencadís político en estado puro, “porque si no, no acabaremos nunca con esta situación política de ruptura civil del pueblo catalán y, por extensión, de este pueblo con España.

He dedicado varios artículos en este cuaderno digital a la situación de Cataluña y siempre los he escrito en el ánimo ce construir y de no seguir echando leña al fuego, acción de la que tenemos políticos expertos en este país, auténticos pirómanos políticos sin mezcla de recato alguno para salvar esta ruptura de la gran vasija democrática catalana que, aun haciéndose añicos a veces, siempre se puede reconstruir con todas sus piezas aunque ya no todo sea lo mismo. Por esa razón aludo a algo autóctono, propio del arte en Cataluña, el trencadís, porque aprovecha hasta la última pieza rota de objetos anteriores para construir obras artísticas donde destaca la policromía de miles de piezas rotas que, en sí mismas y por separado no son nada, pero unidas por una argamasa especial, podría llamarse seny, las deja fijas para admiración de quienes las aprecian en su justo sentido.

Escribí hace dos años, en plena crisis de la declaración unilateral de independencia que “Cataluña necesita recuperar la seña de identidad del seny. Mi formación en el ámbito de la filosofía está en deuda permanente con José Ferrater Mora, que ahora rescato en lo afirmado por él en su obra Las formas de la vida catalana y referido a esta palabra: “El seny no excluye, sino que muchas veces postula, el atrevimiento y la osadía, todo lo que, desde cierto punto de vista, puede parecer insensato, pero que, visto desde el horizonte de la continuidad, se convierte en una actitud sensata. El auténtico seny no se limita a perseguir lo más accesible, las realidades cotidianas e inmediatas; el auténtico seny, podríamos decir el ideal del seny, es perseguir lo que es justo, conveniente y correcto, aunque esta persecución sea en algunos momentos la acción más insensata que se pueda imaginar”. Transcendental para comprender su auténtico significado hoy. Dice también Ferrater Mora que la escuela escocesa que ha estudiado el sentido común se centra en la concepción de Reid cuando afirma este autor que “hay un cierto grado de sentido que resulta necesario para convertirnos en seres capaces de leyes y de gobierno propio” (1). El antecedente del seny demuestra que este sentido (común) es como una especie de facultad regulativa que “nos permite fundar nuestros juicios sin caer en el escepticismo ni en el dogmatismo”.

Seny tiene su antónimo, rauxa, con una traducción impecable, arrebato. Leí hace unos días una referencia a esta dialéctica que me pareció extraordinariamente clarificadora en estos momentos: “La oposición entre ambos conceptos se populariza con Jaume Vicens Vives, quien escribe en Notícia de Catalunya, en 1954, que «Ser arrauxat es, precisamente, andar falto de seny, obedecer a impulsos emocionales, actuar según determinaciones repentinas. En estas circunstancias nos dejamos llevar por la pasión, sin sopesar las realidades ni mesurar sus consecuencias. Somos entonces los hombres de la llamarada y de las actitudes extremistas. Nuestro sentido de la ironía nos falla y salimos a la calle devorados por un exceso de presión sentimental. El arrauxament es la base psicológica de las acciones subversivas catalanas, la justificación histórica del todo o nada, la negación del ideal de compromiso y pacto dictada por la sensatez colectiva” (2).

Hay que recuperar sentido común, seny, para contrarrestar lo que está ocurriendo en estos días después de la publicación de la sentencia condenatoria de líderes políticos en Cataluña. No perdamos tiempo. Nos queda esa palabra para comprender que a través de ella nos podemos convertir en seres capaces de leyes y gobiernos propios. Todos, incluso más allá de Cataluña, sabiendo que el trencadís político, facilitado por la argamasa del seny, es la única vía de salida a un conflicto muy grave y que afecta a todo el territorio de un país llamado España.

 

NOTA: la imagen del Teatro Griego o Plaza de la Naturaleza del Parque Güell, en Barcelona, ha sido recuperada hoy de: https://parkguell.barcelona/es/el-park-guell/espacios-emblematicos/teatro-griego

(1) Ferrater Mora, José, Diccionario de Filosofía (4). Madrid: Alianza Editorial, 1980 (2ª ed.), pág. 2985.

(2) https://verne.elpais.com/verne/2017/10/10/articulo/1507620898_691178.html

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