Soy un hombre lleno de febrero

OFICINA EN UNA CIUDAD PEQUENA

Sevilla, I/II/2020

Comienza hoy un mes rutilante y soy consciente de que estoy lleno de febrero. Lo aprendí en su día de Ángel González:

[…] Un hombre lleno de febrero,
ávido de domingos luminosos,
caminando hacia marzo paso a paso,
hacia el marzo del viento y de los rojos
horizontes —y la reciente primavera
ya en la frontera del abril lluvioso…
[…]

Un hombre solo vive esta experiencia en Madrid, en 1954, de nombre Ángel González (1). El problema es que a veces, en Sevilla, en 2020, se encuentra uno solo en un mundo diseñado por el enemigo, como aprendí también, en su día, del poeta Juan Cobos Wilkins. Leo las noticias de hoy y entre coronavirus, Brexit, la rebelión del campo con sus razones de la razón más que del corazón, Davos, la hija de Le Pen en su visita a España sin saber nunca qué es lo que se le ha perdido aquí (VOX sí), subidas sorprendentes de temperaturas que tienen algo que ver con el cambio climático y así, entre otras alegrías de las que no quiero acordarme, intento comprender cómo puedo llenar de sentido este mes que celebra la purificación, Februa, también Februarius, el festival romano de la purificación, más tarde incorporado a las Lupercales, que se celebraba desde antiguo el día 15 del mes romano. Fue el dios romano Februus el que centró su interés en la purificación para expiar las equivocaciones humanas, tratadas siempre de forma errónea, con perdón, como “pecados” y sus consecuencias.

Sigo leyendo a Ángel González para salir de este mar de dudas existenciales y creo que me da un salvoconducto para transitar por días venideros caminando hacia Marzo paso a paso:

[…] —Más tarde vendrá mayo y luego junio,
y después julio y, al final, agosto—.

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.

Quiero pensar hoy que tengo por delante un mes y un año para todo, aunque pese mucho el hastío que suelo vivir en lo más profundo de mi ser, porque soy un optimista bien informado que, sinceramente, no es más que la forma de convivir a diario con la razón de ser, en lo más íntimo de mi propia intimidad, un pesimista existencial, tal y como lo aprendí del haiku 123, precioso, escrito por Benedetti (2) en 1999: Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado. Entre pesimismo y optimismo, la duda está servida al comenzar la purificación de febrero. Esa es la cuestión.

NOTA: la imagen es de E. Hopper, 1953, Oficina en una ciudad pequeña

(1) González A. Palabra sobre palabra. Barcelona: Planeta (Seix Barral), 2018 (6ª imp.)
(2) Benedetti M. Rincón de haikus. Madrid: Visor Libros.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.