Érase una vez un cuento perdido…

Sevilla, 02022020

Cuando comencé a leer el artículo me parecieron mágicas sus palabras como entradilla: “Allí donde no hay literatura, donde el papel es imposible y los cuentos no tienen donde posarse, la voz es el único medio para hacer volar historias. Ana Cristina Herreros es la creadora de Libros de las Malas Compañías, una pequeña editorial que rescata los relatos perdidos de pequeñas comunidades de otros países para editar volúmenes cuyos beneficios se reinvierten en un proyecto cultural con ellos”.

Seguí leyendo esta microhistoria hasta el final y desde entonces no he abandonado la idea de compartirla en la Noosfera porque es una noticia amable en medio de tantas macrohistorias para no dormir que nos asaltan a diario por tierra, mar y aire. Me ha fascinado la historia de Ana Griott, cuyo verdadero nombre es Ana Cristina Herreros (León, 1965), “la editora, la emprendedora, la filóloga, la buscadora de oportunidades, de historias y la creadora de los Libros de las Malas Compañías, una pequeña editorial fundada en 2014 que, básicamente, publica lo que le da la gana “sin atender a mercados, sin imprimir en China”, nos recuerda. Ana no tiene cuento y, a la vez, los tiene todos”.

Ana Griott o Ana Cristina, tanto monta monta tanto, cuenta que “los niños de pequeñas aldeas africanas criados por sus abuelas tienen mayor esperanza de vida que los que crecen junto a sus madres. Sus abuelas no dan de comer porque no tienen leche, pero les alimentan con la confianza y la esperanza que dan los cuentos susurrados con cariño”.

Lo que me ha asombrado sobremanera es el epígrafe dedicado en el artículo a descifrar cómo los cuentos nos hacen iguales, una vez rastreados cuentos de todas las latitudes: “Al final los fantasmas de un esquimal son también los de un masái o un pigmeo, solo cambian sus disfraces. Los cuentos son un espejo donde reconocernos todos iguales con los matices efímeros que aporta el contexto. Por eso la esencia de nuestra especie no entiende de nacionalismos, razas ni fronteras. Esos cuentos son como los genes que se transmiten de generación en generación conservando la naturaleza que nos define y con pequeñas mutaciones que aportan diversidad y color pero sin restar talento. Genes que solo desaparecen si no encuentran un soporte vital para perpetuarse, como el papel de bosque sostenible de los libros de Ana Cristina Herreros, la voz que rescata los cuentos perdidos”.

He comprendido mejor que nunca cómo nació en las riberas del Tigris y del Éufrates, en la actual Iraq, el cuento de la creación del mundo y del hombre y la mujer, que se ha transmitido por abuelas y abuelos hasta nuestros días. Pensándolo bien…, es que es muy bello y sugerente: existe un versículo en el Génesis que ha marcado la existencia humana: el 1, 31. El narrador que recogió la tradición oral de la creación [un cuento pedido] agregó un adverbio hebreo no inocente: muy (meod). Mientras que en el relato de la creación, las sucesivas creaciones eran “solo” buenas, los cielos, la tierra, las aguas, los animales, las semillas, cuando se creó al hombre y a la mujer el texto hebreo recoge literalmente: “y vio Dios que muy bueno”. Es un cuento, a veces perdido, cuyos personajes han recorrido el mundo con botas de siete mil leguas…, porque los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Hablar, aprovechando además un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones.

Hasta hoy, recordando que para el personaje principal, Dios, la aparición de la mujer y el hombre fue un momento mágico en la creación del mundo. Y que se puso muy contento.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.