Agosto 2020 / 6. La Pasionaria y Sara Montiel

SARA MONTIEL
Canta, Sara Montiel

Sevilla, 6/VIII/2020

El azar, que no la necesidad, me llevó anoche a conocer una historia singular de este país durante la dictadura. Se trataba de la relación de La Pasionaria con Sarita Montiel, dos iconos contrapuestos pero que tuvieron la oportunidad de encontrarse durante una turné en 1965 en el Teatro Real en Moscú, a la que siguió otras en Gorki y Leningrado. Al morir su madre durante su estancia en Moscú, Sara encargó a La Pasionaria que le guardara las joyas que había dejado en el hotel, porque camino del Kremlin para recibir una distinción las autoridades rusas de la época fletaron un avión especial para que volviera a España y así poder asistir al entierro de su madre. Estas cosas pasaban en los años de hierro de la dictadura, aunque la verdad es difícil conocerla en sus aspectos más íntimos. Decían las malas lenguas que la autorización de la presencia de la cantante en Moscú era a cambio del petróleo ruso. Es cierto que Sarita Montiel había dado claras muestras de su libertad absoluta en la forma de proceder tanto personal como artística y aunque vivía en pecado para el Régimen, era difícil declararle una guerra abierta porque la relación con el director Anthony Mann, coautor del pecado por casarse con él “por lo civil” y no por la Iglesia, era un representante de la América de Eisenhower, a la que el gobierno de Franco estaba muy agradecido. Siempre, vicios privados, públicas virtudes del Régimen.

En el reportaje que ayer dedicó la 1 a Sarita Montiel, pudimos ver a la hija de la Pasionaria, Amaya, cómo cantaba La Violetera delante de la artista y escuchar anécdotas muy curiosas contadas por Lola, la nieta de Dolores Ibárruri, así como la acogida que hicieron a Sarita en Moscú los exiliados españoles durante el tiempo en el que actuó allí, con amplio eco en la prensa de la época. En ese momento, fui a mi discoteca histórica y recuperé un disco de la susodicha Sarita, que compré en 1976, cuando vivía en Roma, a una familia judía rusa que apostada junto a otras de la misma nacionalidad en la entrada del mercadillo de Porta Portese, cerca del Trastévere, vendía todas las pertenencias que tenían en su vivienda en Rusia, antes de viajar a Roma como punto intermedio  con objeto de obtener el dinero suficiente que les permitiera seguir su éxodo familiar hacia Estados Unidos. El disco es una joya fonográfica por su fondo y forma. A mí me trajo la oportunidad de rescatar un objeto que para ellos no significaba nada, pero que en mi estancia en Roma me traía un recuerdo de mi país cargado de simbolismo. Por un puñado de liras, Sarita Montiel volvía a España. Aunque hablamos de mundos opuestos, también les compré dos LP de vinilo de Madama Butterfly, de Giacomo Puccini, en una versión de la discográfica oficial rusa Melodía, aunque es verdad que la discoteca íntima de esta familia judía, allí presente y en venta, sorprendería al musicólogo más inquieto.

 

MADAMA BUTTERFLY

Giacomo Puccini, Madama Butterfly

Sarita Montiel o María Antonia Abad y Madama Butterfly o Cio-Cio San, tanto monta monta tanto, fueron rescatadas en un acto de respeto a un recuerdo de este país hacia una mujer libre por un lado y por el contenido atrevido del libreto y la obra musical de la ópera de Puccini, por otro, en la que Butterfly ofrece un canto a la vida digna a través de su hijo llamado Dolor. Como la vida misma, eran muy controvertidas ambas protagonistas que, un día ya lejano, fueron recogidas a tiempo como salvoconducto para que una familia judía (allí estaban todos, desde los abuelos a los nietos), pudieran también encontrar su libertad añorada después de un largo exilio. No lo olvido. Tampoco, que el poeta zamorano León Felipe fue quién enseñó a Sara a leer, escribir, escoger lecturas y hablar en público durante el tiempo que ambos compartieron en México. Ella nunca lo olvidó tampoco.

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.