Ojalá descubramos en 2021 los mapas del alma y del tiempo

Eduardo Galeano (1940.2015)

Sevilla, 2/I/2021

El principio esperanza de Ernst Bloch puede ser un buen hilo conductor del año que estrenamos ayer. Más importante aún es descubrir los mapas del alma y del tiempo porque nos reconfortarán en momentos difíciles, sobre todo a los nadies. Eduardo Galeano nos lo recuerda en unas palabras preciosas que reproduzco íntegras a continuación, en este cuaderno de derrota, en lenguaje marino, pronunciadas al recibir el Premio Stig Dagerman, en Suecia, el 12 de septiembre de 2010, porque nos ayudarán a descubrir el alma en mapas, a modo de islas desconocidas todavía sin descubrir. Sobre todo, porque iniciamos la singladura compleja de 2021, un tiempo con el alma dentro.

Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser solidario y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

En aquél acto leyó algunos relatos breves de un libro muy querido por él, El libro de los abrazos, aunque no he podido identificar cuáles fueron. A modo de búsqueda incesante por mi ardiente impaciencia, he elegido el primero, El Mundo, porque quizá sea una tarea apasionante identificar en los mapas del alma, en este tiempo de coronavirus, a las personas que son “fueguito” en sus vidas. Veamos por qué:

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
– El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Hoy he comprendido por qué Galeano recibió ese premio. Me he acercado a él y me ha encendido la luz que necesito ahora para descubrir mejor los mapas de mi tiempo y de mi alma. Le estoy muy agradecido. Esa es la razón de por qué comparto ahora su palabra.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Eduardo Galeano, la voz de América Latina – Blog (edufors.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.