Antónimos para el ocaso de la democracia / 4. Despertar

Le somneil, fotografía de Man Ray en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry y Germaine Huguet, 1937

Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.

Antoine de Saint Exupéry,
en Terre des Hommes, 1939

Sevilla, 10/V/2022

Despertar es preguntar a la vida. Ante el ocaso de la democracia, acudo de nuevo al despertar de la misma, como revulsivo del mal sueño que estamos viviendo en la actualidad, en un contexto histórico concreto, hace más de dos mil años, en el que Quinto Tulio Cicerón escribió un breviario para la campaña electoral (Commentariolum Petitionis (1), en la que su hermano Marco aspiraba al consulado de la república de Roma, en el año 63 antes de Cristo, que finalmente ganó compartiéndolo con Gayo Antonio. Su gobierno, colegiado, duraba solo un año, alternándolo cada mes y asumiendo la más alta magistratura civil y militar. Es un libro precioso que sigue vivo en su fondo y forma, salvando lo que hoy haya que salvar (mutatis mutandis) en el contexto actual de las próximas elecciones en Andalucía. Las consideraciones que contiene son perfectamente aplicables en estos tiempos de ocaso de la democracia, porque tiene un hilo conductor entretejido en tres grandes principios que debía atender el candidato Marco, en el que proyecto un nuevo modelo de líderes políticos en liza: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y debía saber que “ésta es Roma”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”. Roma, en un ocaso histórico que hoy nos sirve de ejemplo.

He recordado el contexto anterior porque, en 2019, recopilé unas consideraciones ya publicadas en este cuaderno digital en el sentido etimológico de breviario, epítome, consideraciones breves, bajo el epígrafe de “Elecciones generales 2019”, una serie de once artículos publicados entre febrero y marzo de 2019, en los que traté, a modo de breviario de campaña electoral, asuntos muy relevantes a tener en cuenta por los partidos políticos en liza y por sus líderes, con un hilo conductor ideológico y de creencia situado en la izquierda, no inocente, en la amura de babor de la embarcación imaginaria de Saramago en su Cuento de la isla desconocida. El breviario de campaña electoral que publiqué recogía los siguientes principios para despertar a la democracia, que hoy reproduzco de nuevo a modo de antónimos del ocaso de la democracia al que estamos asistiendo en una ceremonia continua de confusión política y de silencios cómplices: la construcción de grandes alamedas de libertad para que puedan pasear por ellas las personas libres, la dignidad de la izquierda por encima de todo y la elaboración de programas ajustados al principio de realidad; el aviso claro de que el Partido Abstencionista prepara ya su campaña, la defensa del sufragio real y efectivo de las personas discapacitadas y la imprescindible austeridad del gasto en las campañas electorales; la presencia en las mismas de los jóvenes como claro objeto de deseo electoral, la verdad política en los programas electorales y el aviso sobre un enemigo político que acecha siempre: la corrupción de la mente; la declaración prioritaria de políticas sociales y la ética del voto que, como la palabra, siempre nos queda.

Animo a leer de nuevo estas reflexiones, a modo de breviario urgente para una campaña electoral transcendental para nuestro país, aunque radica ahora su foco en Andalucía, el próximo 19 de junio, para que pueda normalizarse la vida “política” en el sentido más puro del término y quedarse anclada al despertar continuo de la democracia. Lo necesitamos como agua de mayo, nunca mejor dicho, para recuperar serenidad suficiente que nos permita vivir con la libertad a la que aspiran las personas dignas en una democracia digna y clara. ¿Saben por qué? Porque los principios expuestos anteriormente, como alborada, principios, oripandó o despertar, como antónimos del ocaso en el que está instalada la democracia, puede llevar a muchas personas indecisas a votar, como acto supremo en democracia, confiando en candidaturas dignas, porque todas no son iguales. Así lo decía Quinto a su hermano mayor Marco Tulio Cicerón en el breviario de referencia: “Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”. Porque los ciudadanos, es verdad, responsables, importamos mucho. Es el auténtico secreto de la democracia, la identidad del pueblo en ella, el que decide y vota, sin el que esta parte de la bella palabra “democracia” no es nada. Anna Applebaum, en «El ocaso de la democracia» lo avisa: «Los líderes despóticos no llegan solos al poder; lo hacen aupados por aliados políticos, ejércitos de burócratas y unos medios de comunicación que les allanan el camino y apoyan sus mandatos. Asimismo, los partidos nacionalistas y autoritarios que han ido tomando relevancia en las democracias modernas ofrecen unas perspectivas que benefician exclusivamente a sus partidarios, permitiéndoles alcanzar unas cotas de riqueza y poder inigualables». En su libro, «retrata a los nuevos defensores de las ideas antiliberales y denuncia cómo estas élites autoritarias utilizan las teorías de la conspiración, la polarización política, el terrorífico alcance de las redes sociales e incluso el sentimiento de nostalgia para destruirlo todo y redefinir nuestra idea de nación». Leerlo es contribuir a conocer qué es lo que está pasando en la actualidad y una forma de ser conscientes de cómo podemos defender los valores democráticos por encima de todo. Estamos avisados. De despertar a la democracia se trata.

Pablo Neruda hizo una vez una pregunta inquietante, que recogió en su Libro de las preguntas, la XVI, que decía: “¿Es verdad que en el hormiguero los sueños son obligatorios?”. Creo que sí, así como el despertar de los mismos, proponiendo de nuevo en este cuaderno digital una respuesta solidaria a su pregunta a modo de fábula: estamos obligatoriamente obligados a soñar en nuestras ciudades y barrios hormigueros para que el viaje de la democracia sea siempre hacia alguna parte feliz de nuestra existencia, porque tenemos un recurso que intentan controlar como mercancía los hombres de negro (dueños del Gran Supermercado del Mundo), que se llama inteligencia emergente que despierta ante ese ocaso que nos invade y que convierte todo en mercancía. Debemos conocerla bien y compartirla juntos con «tu puedo y mi quiero» de cada día, porque forma parte de nosotros desde el momento precioso en el que nacemos y porque nos acompaña siempre como lo más íntimo de nuestra propia intimidad, para ayudarnos a resolver los problemas diarios de la vida en el despertar continuo de la democracia, yendo juntos, compañeros. Cuando soñamos despiertos, que también es posible, compañeros.

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

(1) Cicerón, Quinto Tulio (1993). Breviario de campaña electoral. Barcelona: Quaderns Crema.

NOTA: la imagen es un fragmento de una fotografía de Man Ray, Le somneil, realizada en 1937 y en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry (esposa-rosa del autor de El principito, tan de actualidad siempre) y Germaine Huguet, que figuraba en el programa oficial de una exposición sobre El surrealismo y el sueño, celebrada en Madrid, en 2014 en el Museo Thyssen-Bornemisza.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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