Mascarones y mascaronas de proa

MASCARONES DE PROA LIBRO

Sevilla, 28/VII/2020

Hoy hace un año que publiqué Mascarones de proa, un homenaje a la vida y obra de Pablo Neruda, como recopilación de la serie que escribí en julio de 2019 en torno a los juguetes más grandes y más queridos por el poeta. Vuelvo a entregarlo a la Noosfera, con objeto de facilitar de nuevo su lectura de forma homogénea y para que se pueda descargar libremente al ponerse a disposición universal y gratuita de quien lo quiera leer en el contexto de este verano y atendiendo al hilo conductor que expreso en el Prólogo:

“Un marinero en tierra ama el mar a su forma y manera porque no lo conoce bien. Eso no significa que no lo admire profundamente porque sé que las personas somos capaces de admirarnos de todas las cosas. También de los mascarones y mascaronas de proa y popa, como símbolos extraordinarios de determinadas embarcaciones antiguas, que daban brillo y esplendor a significantes de quienes surcaban los mares del mundo. Pablo Neruda amaba estas piezas marítimas, formando parte esencial de su casa en Isla Negra, en su amado Chile. Para él eran solo juguetes grandes.

Dicen los sabios del lugar y del tiempo marítimo que los mascarones de proa pretendían siempre calmar la ira divina a través de figuras amables que estaban autorizadas a romper continuamente las olas sin descanso alguno. Iban por delante, sin complejos, abriendo surcos marítimos en viajes apasionantes cuando, sobre todo, buscaban islas desconocidas. Voy a surcar también diversos mares de vida a través de ríos que buscan siempre el mar para culminar viajes fascinantes. Para mí, el más importante de todos: el de la palabra que nos queda a través del tiempo.

Todos llevamos un niño o una niña dentro. Neruda sabía que sus mascarones, los juguetes más grandes de su casa, le acompañaban siempre para seguir contándoles historias increíbles vividas durante sus singladuras azarosas: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.

Volvamos a entrar en su casa de Isla Negra. Neruda nos espera siempre con ardiente paciencia.

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Los mascarones de proa by José Antonio Cobeña Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en www.joseantoniocobena.com.

La ventana discreta

LA VENTANA DISCRETA

Sevilla, 6/VII/2020

Publico hoy mi libro LA VENTANA DISCRETA, una recopilación de los artículos que he escrito en este blog a lo largo del estado del alarma decretado por la pandemia de la COVID-19. Sigo manteniendo mi compromiso de no entrar en el mercado cultural en su lado más complejo y entregarlo a la Noosfera  sin contraprestación económica alguna, entendida como la malla pensante que recubre el mundo y que descubrí en mis años jóvenes de lecturas complejas como eran las de Teilhard de Chardin, comprometiéndome personalmente desde entonces con un aserto que aprendí del paleontólogo francés: el mundo sólo tiene interés hacia adelante.

Adelanto el Prólogo como anticipo de una lectura que servirá como reflexión ética de un tiempo complejo en el que hemos tenido la oportunidad de hacernos muchas preguntas antes de salir del túnel. Algunas respuestas las he encontrado en este largo camino y he decidido compartirlas de nuevo, sólo con la contraprestación soñada del respeto a lo escrito y la lectura de cada artículo al azar o por necesidad. El índice ofrece la oportunidad de elegir la lectura más adecuada para el momento más oportuno, con objeto de crear tejido crítico de pensamientos y sentimientos, porque de lo que estoy convencido es que ningún artículo es inocente y nunca pretendí que así lo fueran.

La lectura de algunos artículos pueden acompañarla con la audición de obras que forman parte de la banda sonora de mi vida. Creo que disfrutarán mucho escuchando a compositores excelentes que abarcan varios siglos de creación musical inolvidable, Mozart, Bach, Bacarisse, directores de orquesta, así como cantoras y cantores que nos ilusionaron alguna vez con su forma de transformar la vida: Pavarotti, Dalla, Pablo Milanés, Luis Eduardo Aute, Juan Manuel Serrat, Quilapayún, Víctor Jara, Julio Numhauser, Mercedes Sosa, Bob Dylan, Leonard Cohen, Ennio Morricone, John Williams, Josep Vincent, Itzhak Perlman, Arngunnur Árnadótir, Enrique Morente, Nicola Piovani, Teodor Currentzis, Samuel Barber y Stravinsky, entre otros. Los elegí porque he querido ser consecuente con el hilo conductor de la música entendida siempre como compañera en la alegría y medicina para el dolor  (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).

Gracias anticipadas por su audición y lectura acompañada.

Prólogo

El libro que tiene ante sus ojos tiene un texto y contexto, con temporalidad cerrada, porque son casi cien mil palabras escritas e hilvanadas durante el estado de alarma con motivo de la pandemia en España del coronavirus COVID-19, que comenzó el 14 de marzo de 2020 y que finalizó el 20 de junio del mismo año. Han sido casi cien días naturales que han pasado como si fueran cien años, con daños colaterales tan importantes como las vidas de miles de pacientes que finalmente fallecieron en condiciones muy dolorosas para ellos, sus familiares y amigos y, obviamente, para todos los profesionales sanitarios que los atendieron con una entrega ejemplar.

En este contexto decidí ponerme a escribir como compromiso intelectual por la terrible pandemia, incluso días antes de que se declarara el estado de alarma: “Estamos viviendo momentos difíciles con la expansión del coronavirus y los blogueros también tenemos una responsabilidad social ante esta situación. Es un aviso para navegantes actuales la importancia que tiene estar bien informados, con una responsabilidad transcendental de los poderes públicos en este caso. Necesitamos disponer de un plan de comunicación a nivel de Estado mediante el que se pueda disponer de la información exacta, veraz y objetiva hasta los límites que sea necesario conocer sin mezcla de mentira alguna. ¡Es el interés general!, tan cuidado por nuestra Constitución. Es la mejor vacuna en estos momentos porque la proliferación de noticias, algunas de ellas falsas e interesadas, está creando un tejido crítico de alta preocupación y desasosiego”. Era un auténtico aviso para navegantes en una situación que se avecinaba como muy conflictiva y preocupante.

Así fue y así intenté escribir con un hilo conductor en cada post: nos quedaba la palabra. Si, además, podía aportar un rictus de esperanza a la situación que se nos vino encima como si fuera una erupción volcánica de miedo y desconcierto, mucho mejor. Comencé con una serie, con un post diario, denominada “Una quincena especial”, porque así lo decía el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19: “La duración del estado de alarma que se declara por el presente real decreto es de quince días naturales”. Quince días que se fueron alargando finalmente hasta casi cien (99 exactamente), con prórrogas que llevaron a la Política, ¡qué gran palabra!, a una situación calamitosa y muy poco ejemplar por parte de algunos partidos (todos no son iguales), por la falta de entendimiento en momentos tan transcendentales para el país.

Esta serie la inicié justificando por qué escribía en concreto durante la primera quincena natural del estado de alarma: “Lo primero que quiero publicar es la razón de por qué escribo. En esta ocasión cobra especial interés porque así intercambiamos valores culturales e intelectuales en momentos de crisis de salud pública, que se vuelcan en cada palabra de este cuaderno porque la escritura tampoco es inocente, como casi todo en la vida. Son señas de identidad y de principios que conviene conocer antes de abordar esta singladura de quince días en la que, a modo de aviso para navegantes, sigo al pie de la letra una consigna de José Saramago en su “Cuento de la isla desconocida” en un tiempo en el que no se deben hacer mudanzas físicas aunque sí psíquicas y sociales: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

En vista de las sucesivas prórrogas, decidí continuar con una segunda serie a la que titulé “La ventana discreta”. Seguíamos confinados y era necesario continuar con el espíritu y la letra de la tarea iniciada en la primera serie, no desfalleciendo en el empeño de aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, como aquellos protagonistas de Santa María de Iquique a los que cantaba maravillosamente Quilapayún en una canción que nunca he olvidado. Así presentaba la serie cuando comenzaba la segunda quincena de confinamiento, con un título también esperanzador, La ventana discreta, “a modo de perspectiva esperanzadora sobre la situación que estamos viviendo en cada “carpe diem” particular. Necesitamos abrir ventanas metafóricas que permitan contemplar la vida de otra forma, porque es una oportunidad única de recuperar diálogo interior con nuestra persona de todos y, sobre todo, con la de secreto. Durante estos días es probable que nos sintamos a veces solos ante el peligro, en silencio, pero permitiéndonos algo muy importante: reflexionar, reflexionar y reflexionar, pasar a la acción, porque las ventanas de la vida ofrecen siempre oportunidades. Parando un momento. Las ventanas nos invitan a contemplar de forma diferente lo que antes pasaba desapercibido: la ciudad tranquila, la llegada de la primavera, más pájaros, más vida, aunque sintamos muchas veces el vértigo existencial legítimo. Necesitamos fijar la mirada en lo que auténticamente merece la pena, es decir, levantarnos desde nuestra perspectiva ética e iniciar un camino de compromiso personal y social para cambiar ese horizonte cerrado, clásico, que en el tiempo anterior, al que llamamos pasado, no nos ha llevado a veces a ninguna parte”.

Había pasado ya un mes y las perspectivas no eran halagüeñas. Todo dejaba entrever que el confinamiento era una forma muy acertada de contener el virus y la tercera quincena era la crónica de un nuevo confinamiento anunciado. Es verdad que había una inquietud que se revestía de palabras especiales: bajar la curva, alcanzar la meseta, doblegar al virus y vencerlo, con prudencia, mucha prudencia y esperanza fundada en las mediadas que se estaban tomando, tan desconcertantes a veces. De esta forma, enfoqué una tercera serie, no numerada, en términos de búsqueda de la mejor salida posible a esta situación. Es lo que he denominado en el índice, Hacia la nueva normalidad, porque es un constructo que nos llenó de esperanza cuando apareció por primera vez, literalmente así, en el periódico oficial del Estado.

En esta recta final, que se alargaba mucho más tiempo del previsto inicialmente por la prisa existencial que nos entró a todos para salir del túnel, había que escribir, en la medida de los posible y sin faltar nunca al principio de realidad que todos teníamos que asumir, sobre la reconstrucción del país y con una mirada más ambiciosa todavía, sobre la reconstrucción del mundo, porque todo lo humano nos pertenece, con independencia de dónde vivamos: “Necesitamos pensar ya en la Reconstrucción del Mundo para poder reconstruir España. Así de claro y contundente. Es difícil salir de este túnel amargo de la COVID-19 sin una visión estratégica de alcance planetario que siente las bases para establecer un nuevo orden mundial político y económico para salvaguardar la salud pública, económica y democrática del planeta Tierra. Las soluciones que hasta ahora cohesionaban el mundo declarándolo una aldea común ya no valen y los ordenadores portátiles de los hombres de negro han comenzado a cerrarse masivamente sin capacidad de reinicio alguno. Eso sí, habiendo salvado previamente la totalidad del dinero invertido, dejando a millones de ciudadanos y Estados a su “mala” suerte. En este contexto, he recordado como tarea preparatoria un cuento precioso de Jorge Luis Borges, El Congreso, que ya he comentado una vez en este cuaderno digital, porque traduce una realidad existencial del devenir del mundo en el que todos estamos ahora obligatoriamente obligados a comprenderlo para entendernos mejor. Leerlo es casi una obligación de Estado.

Con la lectura del cuento de Borges, les dejo, no sin antes decir que en esta serie innominada escribí 54 post que junto a los anteriores, suman un total de 88, hasta que llegó la jornada mágica del 21 de junio de 2020, en la que finalizaba el estado de alarma y comenzaba el tiempo nuevo de la nueva normalidad. Ese día quise resumir con un título programático un final digno para este tiempo de espera y esperanza, Romanza para un tiempo nuevo, porque en ese día confluían tres hechos relevantes, interrelacionados entre sí en el calendario, no por azar sino por necesidad: “Comienza una etapa novedosa de normalidad, después de un estado de alarma que ha durado casi cien días, entra el verano por la puerta grande y se celebra el Día Europeo de la Música, como me ha recordado hoy de forma espléndida la Fundación Juan March, a la que sigo en su devenir diario desde que descubrí que era depositaria de una obra memorable de Bacarisse, el Concertino en La mayor, sobre todo en su sobrecogedor segundo movimiento, al que denominó Romanza. Creo que la conjunción de las tres realidades expuestas, ofrecen hoy la oportunidad de creer que otro mundo es posible, sobre todo cuando se aúnan esfuerzos y voluntades en torno a la música en un tiempo tan abierto a la vida como es la estación del verano y con un denominador común sobre la ciclópea tarea de reconstruir la vida en otro mundo diferente. Como no podía ser de otra forma he elegido una obra que conjugara estas realidades: el Concertino citado, interpretado por la orquesta de la Radiotelevisión francesa, actuando Narciso Yepes como solista a la guitarra y bajo la dirección de Ataúlfo Argenta”.

Hemos entrado de lleno en la nueva normalidad, aprendiendo a cuidar y cuidarnos con medidas de autoprotección y respeto a la vida de los demás. Eso espero en la esperanza de que a partir de hoy creemos en la forma de ser nuevas personas en España cantando, como diría Rafael Alberti en un contexto tan difícil como tuvo que vivir y al que aportó también esperanza: Creemos el hombre nuevo cantando, / el hombre nuevo de España cantando, / el hombre nuevo del mundo cantando. / Canto esta noche de estrellas / en que estoy solo y desterrado. / Pero en la tierra no hay nadie / que esté solo si está cantando. […] Nada hay solitario en la tierra / creemos el hombre nuevo cantando. También, porque la música ha demostrado durante el estado de alarma y el confinamiento subsiguiente que es compañera en la alegría y medicina para el dolor (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN

José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de los artículos de este libro; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

José Saramago, diez años después

LA TEGALA DE SARAMAGO 2020

Sevilla, 18/VI/2020

Hoy se cumplen diez años del fallecimiento de José Saramago, en Tías (Lanzarote), una isla que amo y en la que he vivido muchas experiencias inolvidables. Como la admiración y el respeto hacia él se demuestran también escribiendo con alma sobre su obra, entrego de nuevo a la Noosfera un libro que publiqué en 2014 en este cuaderno digital, LA TEGALA DE SARAMAGO, en homenaje permanente a él, en el que recopilé todas las referencias al autor a lo largo de los primeros ocho años de vida de mi blog. He escrito varios artículos, posteriormente, sobre este autor que tanto aprecio, que se pueden localizar a través del buscador incorporado a este blog, como homenaje continuo a su vida y obra. Un ejemplo clarificador fue la publicación de un post muy significativo en 2018, Saramago, veinte años después, volvió a Sevilla, con motivo de un acto promovido por el Consulado de Portugal en Sevilla y la Fundación Saramago, con la colaboración del Centro de Estudios Andaluces y del Centro Andaluz de las Letras, con motivo de la celebración del día de la lectura en Andalucía en ese año.

La convivencia en este tiempo del título y subtítulo de este cuaderno de bitácora/derrota, en lenguaje del mar, es decir, El mundo sólo tiene interés hacia adelante/Cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, simboliza muy bien el hilo conductor que intenté tejer en el libro. El Prólogo y el epílogo, descubren la quintaesencia que intento transmitir.

De nuevo, gracias anticipadas por su lectura, aunque sería maravilloso que quien lo lea se quede navegando virtualmente en el sitio que reservo siempre en la amura de babor de “La isla desconocida”, como homenaje permanente a un hombre y a una mujer que un día se atrevieron a iniciar la mejor singladura de sus vidas, tal y como él nos lo cuenta en su maravilloso Cuento de la isla desconocida, que tanto aprecio.

Algunos enlaces web del libro, con el paso de los años, están rotos y ya no se puede acceder a ellos. Pido disculpas, pero la realidad tan frágil de Internet y la fugacidad de ideas e imágenes en red nos hacen pagar este tributo. Aún así, mantengo el texto tal y como lo publiqué porque nadie se baña dos veces en el mismo río e incluso las ideas cambian, aunque reconozco aquí y ahora que los principios expuestos en el libro son los que tengo y además no tengo otros. Es solo un aviso para navegantes.

Adelanto la lectura del Prólogo, que reproduzco a continuación, para quien tenga a bien iniciar esta singladura que -estoy seguro- no le va a defraudar:

jose-saramago

LA TEGALA DE SARAMAGO

Prólogo

Necesitamos salir de nosotros mismos. Este aserto lo aprendí de José Saramago, cuando tuve la gran oportunidad de leer su cuento maravilloso, muy breve, El cuento de la isla desconocida, que me acompaña desde 1998 en mi vida de todos y en la de secreto. Si a esta realidad ética le uno el descubrimiento de Teilhard en 1962, dejándome una huella indeleble, en su declaración de que el mundo solo tiene interés hacia adelante, es fácil comprender la quintaesencia de este nuevo libro, que recopila determinados post que escribí en los últimos años a la sombra de la tegala de Saramago.

Siempre he tenido muy presente a este autor en mi quehacer diario. Las personas que me aprecian, saben bien que ha sido un regalo constante en sus vidas, porque las páginas de aquél pequeño cuento, todavía me siguen ofreciendo oportunidades de reinterpretarlas todos los días desde la tegala de Saramago como “lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro…”.

Escribiendo y leyendo de nuevo las páginas que siguen, que ya fueron escritas en su momento, que también puede ser en el hoy mío y en el de cada lector o lectora de esta nueva entrega a la Noosfera, doy un paso más en conocer ese niño que cada uno lleva dentro, el mío, el tuyo, el de todos y todas, desde el compromiso adquirido un día para navegar en “La Isla desconocida”, aunque Groucho Marx, con su especial gracejo, interpretó esta necesidad suplicando que lo buscaran inmediatamente [al niño], cuando el comentario general es que la torpeza de estar y ser en la vida, su razón de ser, se conoce y se sufre a veces desde que somos pequeños:

“- ¡Hasta un niño de cuatro años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cuatro años, a mí me parece chino“

Estoy muy agradecido a Saramago, por su testimonio permanente, que resalto especialmente en la última entrega de la serie que le dediqué en torno a su tegala particular, cuando probablemente observa desde no se sabe qué sitio del Cielo, cómo desde Roma se reinterpreta su vida y su obra, sin com-pasión [sic] alguna.

Prefiero quedarme con un mensaje del cuento tanta veces citado, donde pone en boca de una persona muy humilde, la limpiadora del palacio del rey, un gran secreto para ser más felices cada día, todos los días: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

Sevilla, 10 de marzo de 2014

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

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Los sueños de Marcos

MARCOS 1986

Sevilla, 26/IV/2020

Al igual que pasa en la celebración clásica de los santos, las publicaciones también pueden tener su octava. En este caso, ayer, festividad de San Marcos evangelista, vio la luz una publicación nueva, Los sueños de Marcos, que pongo a disposición de la Noosfera desde hoy mismo y de la que publico a continuación un extracto del prólogo:

“Este libro recoge una selección de artículos publicados en mi blog, El mundo solo tiene interés hacia adelante, en los que mi hijo, nuestro hijo, de nombre Marcos, ha estado presente a lo largo de sus casi quince años de vida. Todo empezó en diciembre de 2005 y así lo expuse en la declaración de principios que publiqué el primer día de vida de este cuaderno digital: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago [en El cuento de la isla desconocida] será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)”.

De alguna forma deseo devolver a Marcos, después de este tiempo pasado, el agradecimiento por haberme animado a emprender esta tarea que a día de hoy supone haber publicado más de mil cuatrocientos artículos o posts, en el lenguaje propio de este tipo de comunicación social. En aquel momento hice un contrato social con Jose Saramago, cuando acompañado por mi hijo Marcos elegí el dominio que me abría el cuaderno digital al universo entero. Fundamentalmente, porque no quería que fuera inocente, como no lo es ideología alguna de este mundo en danza perpetua, deseoso de seguir buscando islas desconocidas, una vez tomada la decisión de acudir solamente a las puertas de las decisiones y de los compromisos, no a las de regalos o a las de peticiones, que me permitieran como al protagonista de su cuento de la isla desconocida, descubrir junto a la sencillez de una mujer de la limpieza qué significado tiene salir de nosotros mismos para encontrarnos”.

Espero que disfruten con la lectura de las páginas que vuelven a estar presentes en la malla pensante mundial a través de la Noosfera (del griego “nóos” inteligencia y “sfaíra” (1), esfera: conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, aceptada desde 1984), como tercer nivel o tercera capa envolvente (piel pensante) de las otras dos: la geosfera y la biosfera. Traigo a colación esta referencia porque es la quintaesencia de este blog, con un título programático: El mundo solo tiene interés hacia adelante, ahora mucho más valioso como aserto en tiempos de coronavirus.

En un libro recopilatorio de artículos de Tom Wolfe, El periodismo canalla y otros artículos, encontré en 2001 una referencia a Teilhard de Chardin (a quien debo mi interés manifiesto por el cerebro desde 1964 y que preside diariamente este cuaderno digital), que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia”. Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”. La cita es lo suficientemente expresiva de lo que Teilhard intentó transmitir a la humanidad a pesar del maltrato que sufrió por la Autoridad competente del momento, tanto científica, como ética y, por supuesto religiosa. Todo tiene interés si el mundo frecuenta el fututo yendo siempre hacia adelante.

Este libro recopilatorio se lo debía a Marcos. El llamado “dominio” del blog, igualmente. Sus sueños compartidos a lo largo de su vida también merecían este reconocimiento, porque he aprendido de él que soñar nos permite siempre crear cuando estamos despiertos.

NOTA: la imagen fue tomada por el autor en Benalmádena (Málaga), en agosto de 1986.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Mascarones de proa

MASCARONES DE PROA LIBRO

En la sección de Páginas de este blog, publico hoy en formato libro, Mascarones de proa, la serie que he escrito a lo largo de este mes de julio, con objeto de facilitar su lectura de forma homogénea y para que se pueda descargar libremente al ponerse a disposición universal y gratuita de la Noosfera, la malla de cerebros pensantes que habitan en el planeta.

Como afirmo en el Prólogo, “Un marinero en tierra ama el mar a su forma y manera porque no lo conoce bien. Eso no significa que no lo admire profundamente porque sé que las personas somos capaces de admirarnos de todas las cosas. También de los mascarones y mascaronas de proa y popa, como símbolos extraordinarios de determinadas embarcaciones antiguas, que daban brillo y esplendor a significantes de quienes surcaban los mares del mundo. Pablo Neruda amaba estas piezas marítimas, formando parte esencial de su casa en Isla Negra, en su amado Chile. Para él eran solo juguetes grandes.

Dicen los sabios del lugar y del tiempo marítimo que los mascarones de proa pretendían siempre calmar la ira divina a través de figuras amables que estaban autorizadas a romper continuamente las olas sin descanso alguno. Iban por delante, sin complejos, abriendo surcos marítimos en viajes apasionantes cuando, sobre todo, buscaban islas desconocidas. Voy a surcar también diversos mares de vida a través de ríos que buscan siempre el mar para culminar viajes fascinantes. Para mí, el más importante de todos: el de la palabra que nos queda a través del tiempo.

Todos llevamos un niño o una niña dentro. Neruda sabía que sus mascarones, los juguetes más grandes de su casa, le acompañaban siempre para seguir contándoles historias increíbles vividas durante sus singladuras azarosas: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.

Entremos en su casa de Isla Negra. Neruda nos espera siempre con ardiente paciencia.

Sevilla, 28/VII/2019

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Las mujeres que escriben son de letras tomar

FERIA DEL LIBRO 2018

Mujeres de letras tomar

Parece que hoy he encontrado el eslabón perdido con la Feria del Libro del año pasado, en un día que estoy preparando la visita al espacio en el que se celebra la de este año. Tiene un título programático, Mujeres de letras tomar, como hilo conductor de la Feria, que me parece paradigmático en los momentos actuales y que enlaza con el artículo que escribí el día después de la Feria anterior, en un pequeño homenaje que hice a las mujeres que escriben y que son de letras tomar.

Esta tarde quiero encontrarme con dos mujeres a las que he dedicado palabras de reconocimiento en este blog a lo largo del año, Carmen de Burgos y Luisa Carnés, no olvidando nunca a otras dos que me han marcado pasajes especiales de mi intrahistoria, María Teresa León y Zenobia Camprubí, como se puede comprobar repasando algunas hojas de este cuaderno de ayuda para encontrar escritoras olvidadas por culpa de nuestra desmemoria histórica.

Sevilla, 12/V/2018

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Son imprescindibles las mujeres que escriben

Creo que a María Teresa León apenas se la conoce en España, no más allá de haber compartido una larga vida con Rafael Alberti. Ayer, en la Feria del Libro de Sevilla, la vi en muchos mostradores de librerías que enseñaban sus cartas de identidad, entre las que se encontraban las portadas de varios libros de y sobre María Teresa León. Me alegré al reencontrarme con ella, haciéndose justicia al rescatarla del olvido porque creo que, al igual que el título de un libro sobre el que escribí en este cuaderno digital en 2007, las mujeres que escriben (y leen) son peligrosas imprescindibles, es más, han aportado y aportan una riqueza incuestionable a la literatura.

PALABRAS CONTRA EL OLVIDO

Conocí más de cerca a María Teresa León durante mi estancia en Roma en 1976, cuando vivía junto a Rafael Alberti en Via Garibaldi, 88, en el Trastévere, no a ella directamente sino a la persona que la cuidaba en los primeros atisbos de la enfermedad que la alejaría después del mundo real. Supe de sus viajes en tren hacia Milán, para que atendieran su situación compleja. Aun así, tengo que reconocer que solo conocía bien a Alberti, pero María Teresa fue un descubrimiento que tardé muchos años en atender y leer con el detalle y respeto que mereció siempre.

Hay una anécdota en mi historia reciente que me ha marcado mucho, porque quizá fue una forma simbólica de devolver a María Teresa León lo que este país le había robado durante muchos años, por el exilio y algo más duro todavía, el olvido. Sucedió en una gran superficie localizada en Sevilla capital. Había ofertas de libros con precios de saldo y cerca de la caja donde me situé para pagar me encontré con una torre de diez libros iguales de María Teresa León, Memorias de la melancolía, a un euro el ejemplar. Los compré todos con gran asombro de la cajera que, entre productos frescos de diverso origen, se encontró de pronto con diez libros iguales, una mercancía casi desconocida, sobre los que me pidió una sencilla explicación por aquella forma de proceder. No conocía a la autora y aproveché para explicarle quién era y la melancolía que me producía verla en aquella situación. Fue una operación rescate in extremis como pequeño homenaje de respeto y para sacarla del olvido. A día de hoy, solo conservo un ejemplar, porque los nueve restantes los regalé a personas que aprecio y que saben tratar bien a María Teresa. Es verdad, salvando las distancias obviamente, que se volvió a reproducir en mí una memoria de la melancolía.

TRECE CUENTOS

En este contexto, he leído hoy un artículo precioso, Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida (1), que me ha parecido fascinante y que ha dejado al descubierto la ignorancia que tenemos en este país sobre la pléyade de mujeres escritoras que fueron silenciadas durante el régimen franquista. Me emociona conocer esta operación rescate de mujeres que escribieron maravillosamente bien, pero desde el exilio en el mayor número de casos. Luisa Carnés escribió dos obras señeras, de alto voltaje político, Tea Rooms y Trece cuentos, que por lo narrado en el artículo parecen apasionantes. Leerlas será el mejor homenaje a esta mujer, olvidada durante tantos años de desidia y desprecio a las mujeres escritoras de este país durante la posguerra y pertenecientes también a la denominada Generación del 27.

Al igual que los santos, la Feria del Libro de este año, que se clausuró ayer, tiene también su octava y este pequeño homenaje es como poner un broche de oro personal a este acontecimiento literario en esta ciudad, que tanto aportó para el controvertido descubrimiento de América y que todavía está por descubrir en su realidad actual. Mujeres escritoras, como Zenobia Camprubí, María Teresa León, Simone de Beauvoir y Luisa Carnés, entre otras muchas, merecen nuestro aprecio y respeto todos los días, porque sencillamente lo dedicamos hoy, especialmente, a sus libros.

Baste un ejemplo final de lo que escribí en 1976 sobre una mujer escritora citada anteriormente, Simone de Beauvoir, después de un análisis de su magnífica obra El segundo sexo, ignorada en España en los años de autos por su texto y contexto: “Es indudable que el análisis de Simone de Beauvoir sobre la infancia, no pasa de ser un análisis monocolor de su infancia, que era también la infancia de la época, década de los años diez y veinte del Siglo XX. Paradójicamente, acepto que muchas reflexiones de ella podrían aplicarse a décadas posteriores, donde la educación sexual (no olvidemos que es su preocupación fundamental en esta obra) ha brillado por su ausencia. Hoy, asistimos a un momento diferente, donde los jóvenes han hecho periclitar el edificio clásico de las inhibiciones y frustraciones sexuales. Bastaría citar el fenómeno registrado en Italia, con la publicación del libro “Porci con le ali”, donde Rocco y Antonia viven una experiencia sexo-política muy similar y donde el vocabulario utilizado para sus expresiones dialécticas, desde el principio y hasta el fin del libro, darían que pensar incluso a Simone. Junto a esta realidad, la formación real hoy es una formación de la calle, de los diferentes clubes, de la filmografía, donde el lenguaje desenfadado manifiesta un epifenómeno muy curioso: la insatisfacción por saturación (…). El problema radicó en que la lectura de “El segundo sexo”, a escondidas, por ser manzana prohibida, facilitó un curso acelerado de formación y de satisfacción de curiosidad, con todos los problemas que podría acarrear a las mujeres lectoras. Hoy, su obra, aporta datos de interés a nivel histórico, pero cualquier manual o revista “avanzada” abre ya los ojos a muchas realidades. Aun así, hay que reconocer la valiente realización de Simone de Beauvoir, su desesperada lucha por encontrar su libertad…” (2). También, lo que aportó a los hombres y mujeres de muchas épocas, lectores y lectoras de relatos basados en la libertad intelectual, la que amó María Teresa León, a quien tanto aprecio.

Sevilla, 29/V/2017

(1) Franch, Ignasi (2017, 28 de mayo). Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida.
(2) Cobeña, J.A. (1976). La personalidad frustrada de Simone de Beauvoir. Trabajo de doctorado realizado en mayo de 1976, en Roma (sin publicar).

Mis principios digitales

REVOLUCION DIGITAL

Estos son mis principios: si no le gustan tengo otros

Groucho Marx

Se acerca la nueva campaña electoral y es el momento de recordar a los grandes partidos algunos principios digitales, con carácter indicativo y no exhaustivo, que me gustaría que se tuvieran presentes en sus programas. Soy consciente de que la participación popular es muy limitada en la configuración actual de los partidos políticos en nuestro país, pero estamos obligatoriamente obligados, como ciudadanos, a expresar en la Noosfera los principios digitales que se deberían contemplar en la próxima legislatura.

He estado revisando mis últimas aportaciones en este blog y he decidido recopilarlas en una publicación, Principios de política digital, en una nueva lectura contextualizada en el momento político actual, porque a diferencia de la célebre frase de Groucho Marx que encabeza este post y que ha hecho historia, hoy puedo decir que estos son mis principios digitales y si no les gustan…, no tengo otros. La política de salón y bar es muy cómoda, pero prefiero expresar a los cuatro vientos digitales lo que creo que debería tenerse en cuenta en programas políticos que quieran ser respetuosos con la revolución digital en la que estamos inmersos.

Además, estoy convencido de que las ideologías digitales tampoco son inocentes, como no lo son los bits. Por ello, el hilo conductor de las reflexiones que figuran a continuación demuestra que no todo vale en el mundo digital, porque también tiene un trasfondo ideológico. La separación entre mercancías y derechos/deberes digitales establecen la delgada línea roja para comprender bien los axiomas éticos digitales. El principio de equidad en el acceso a las tecnologías de la información y comunicación, básicamente en los derechos y deberes sociales, es un principio estrella que se debería exigir en cualquier programa político con base digital, pero no todas las organizaciones partidistas lo asumen como elemento garantista fundamental y de cohesión social.

Espero que sirva como una aportación a la situación política actual, junto a otras que invito a leer de nuevo y que hice ya hace unos años en referencia al Gobierno Electrónico, Abierto, en Andalucía, porque es un momento que podemos convertir en apasionante si todos nos comprometemos a construir el país desde el puesto que ocupa cada uno en la sociedad.

Gracias anticipadas por si tú o usted, lector o lectora, pasas/a al compromiso activo digital a través de este mensaje explícito.

Sevilla, 16/V/2016

NOTA: la imagen se recuperó el 26 de abril de 2016 de: http://cik.zonalibre.org/

LICENCIA CC

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es

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Retratos pintados con palabras

ANTONIO MACHADO1
Joaquín Sorolla, Antonio Machado, 1917

Hoy entrego a la Noosfera, la malla pensante del mundo digital, un nuevo libro, RETRATOS PINTADOS CON PALABRAS, recopilando en este caso los post dedicados a personas que marcan una impronta en la vida, que son necesarias y, a veces, imprescindibles. Una vez más, agradezco su lectura, aunque el prólogo y el epílogo, centran como siempre mis objetivos al pintar estos retratos.

Sevilla, 14/IV/2014

El libro se distribuye bajo una Licencia Creative Commons 4.0 Internacional, basada en una obra centrada en el blog www.joseantoniocobena.com, en los términos que figuran al finalizar un adelanto del Prólogo que reproduzco a continuación:

Prólogo

Pintar retratos con palabras es una oportunidad para recuperar sentimientos y emociones de la intrahistoria de determinadas personas, como las que figuran a continuación, en la clave del que escribió magistralmente Antonio Machado, así como en la interpretación dada por Bertolt Brecht de las personas que he pintado especialmente en mi blog desde 2005, cambiando el término “hombre” por “personas”: hay personas que luchan un día y son buenas, otras luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenas, pero están las que luchan toda la vida, y esas son las imprescindibles.

Es muy importante que sean retratos del corazón, tal y como lo recogía el lema “retrato”, en el tesauro de Baltasar Henríquez, en 1679, primer documento en el que figura esta acepción para la posteridad del español, sabiendo que las palabras van a estar presentes siempre en la paleta lexicográfica de este libro:

RETRATO-HENRIQUEZ
HEN B 1679 (Pág: 396,2)

y que nunca más se volverá a recuperar, quedando en el día de hoy sólo varias acepciones que desde 1788 fueron enriqueciendo esta forma de comprender qué significaba retratar a alguien, aunque en la actualidad se mantiene un lema de resultados más pobres en nuestro lenguaje diario:

RETRATO-TERREROS
TER M 1788 (Pág: 368,2)

El Diccionario de mayor divulgación del español, de la Real Academia Española, recoge a partir de 1869 (RAE U 1869 (Pág: 681,1) una acepción extraordinaria de retrato, descripción de la figura y carácter de alguna persona, que ya se ha mantenido hasta nuestros días, enriqueciéndola, en la última edición oficial de 2001: descripción de la figura y carácter, o sea, de las cualidades físicas o morales de una persona, aunque habiendo perdido aquella referencia tan magistral a la que hacíamos referencia al comienzo de este prólogo, es decir, los retratos del corazón.

¿Por qué doy tanta importancia a la palabra y a cómo se pueden pintar retratos con ella? Fundamentalmente, porque no hay nada más humano que la palabra, mucho más cuando en el mundo actual es de las pocas cosas que nos quedan en nuestro interior sin tener que comprarlas a cualquier precio, es decir, podemos librarlas -si queremos- de convertirlas en mercancía, porque la palabra “es un producto de la evolución humana que solo se encuentra en las personas, como resultado de un trabajo de relojería suiza en el cerebro, porque estamos programados para hablar, desde nuestra concepción. Así lo analicé en un post que escribí en este cuaderno, ¿Por qué hablan las personas?, el 13 de abril de 2008: “Sin lugar a dudas, entre otras razones entrelazadas entre sí, por culpa de FoxP2, el gen que, con un juego de palabras más o menos acertado, mejor se expresa. El cerebro vuelve a maravillarnos de nuevo hoy, a través del conocimiento científico del gen FoxP2, que me permite volver a centrar el foco de interés cerebral en la génesis y desarrollo de la habilidad del lenguaje humano, gracias a la expresión correcta y ordenada de este gen”. Y citaba también a Gary Marcus, “que está en los cielos de la investigación actual más solvente, mi autor de los últimos meses, por su interesante aportación a la investigación del cerebro desde la genética, con una reflexión impresionante: “lo que hace interesantes a los humanos no es el hecho de las palabras en sí mismas, sino poder aprender y crear nuevas palabras” .

Espero que este libro sirva a las personas que buscan islas desconocidas en los demás, porque es el auténtico camino para retratar con la inteligencia y las palabras las cualidades que hacen que nuestra especie sea tan extraordinaria al comprender que por encima de todo nos queda la palabra, tal como lo aprendí de Blas de Otero haciendo camino al andar en mi vida, pintando retratos en mi blog:

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Sevilla, abril de 2014

Licencia de Creative Commons
Retratos pintados con palabras by Jose Antonio Cobeña Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://www.joseantoniocobena.com.

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CARTAS DE QUINCE LINEAS1

– Cartas de quince líneas

LA TEGALA DE SARAMAGO2

La tegala de Saramago

PALABRAS DE HIPOCAMPO2

Palabras de hipocampo

ORIGEN Y FUTURO ETICA CEREBRAL2

Origen y futuro de la ética cerebral

Cartas de quince líneas

MEMORIA DE HIPOCAMPO

Entrego hoy a la Noosfera un nuevo libro, CARTAS DE QUINCE LINEAS, recopilando en este caso las cartas que a lo largo de los años he escrito en mi blog. Como siempre, agradezco su lectura, aunque el prólogo y el epílogo, centran bien mis aspiraciones al escribirlas.

Sevilla, 21/III/2014

El libro se distribuye bajo una Licencia Creative Commons 4.0 Internacional, basada en una obra centrada en el blog www.joseantoniocobena.com, en los términos que figuran al finalizar un adelanto del Prólogo que reproduzco a continuación:

Prólogo

Decía Cicerón que en algún momento hay que decir las cosas tal y como son, a pesar de que se demuestre siempre que cuando las personas están ausentes se puede escribir mejor, porque las cartas no se ruborizan, las personas sí. Este es uno de los tres epígrafes de un libro extraordinario de Mario Benedetti, Buzón de tiempo. Es verdad que estamos viviendo una época en que los buzones de cartas ya figuran como piezas decorativas del mobiliario urbano, habiendo perdido el encanto que en su tiempo tuvieron, cuando, en mi caso, me dirigía a ellos para echar una carta, casi siempre desde mi persona de secreto, probablemente pensando también en ese momento que tenía que transcurrir un tiempo inquietante hasta que fuera leída, porque iniciaba un viaje hacia alguna persona, hacia alguna parte. No sabía, a veces, cómo iba a ser interpretada. Yo sí conocía cómo la había escrito y su calidad intrínseca.

El libro que tienes en tu pantalla, no tanto en tus manos, quizá sí en tu dedo índice (dedo maestro en la revolución digital, tal y como lo concibió en su momento Steve Jobs), recopila las cartas que he guardado en mi blog durante muchos años, siendo su fondo y forma el que tanto he defendido a lo largo de mi vida: el mundo sólo tiene interés hacia adelante. Y es curioso constatar que las cartas tienen su valor cuando miramos hacia atrás, porque se escribieron en un momento determinado y por una determinada razón, es decir, escribimos desde dentro, como acusaban a Juan Ramón Jiménez en su etapa de persona que no entendía casi nadie.

A la hora de escribir estas cartas, jugó un papel muy importante la memoria de hipocampo, tantas veces citadas en mi blog y que resumo en un post escrito en 2010: “Hace ya mucho tiempo, se descubrió en un país de nunca jamás, una palabra sorprendente, porque el rey del cerebro (así lo llamaban los habitantes del lugar) no sabía cómo explicarla: emocionentes. Solo se conocía una muy parecida: inteligentes, pero era cierto que tendría que salir a cabalgar en un curioso equino cerebral, el hipocampo (caballo encorvado, caballito del mar) [en la imagen de la portada], que juega un papel tan importante en la carrera de la vida humana, para susurrar a este pequeño corcel, en sus oídos, que hay que identificar bien el largo camino de la memoria. Cabalgando despacio, porque el rey entendió que era posible conocerle bien y saber qué papel tan trascendental juega en la vida de cada una, de cada uno”.

Las cartas suelen respetar siempre su intrahistoria, el momento exacto en que fueron escritas: “Son cosas que ocurren cuando guardamos la vida, las pequeñas cosas que has apreciado y que después han sido el futuro, en cajas de cartón piedra, en un trastero, como un símbolo, pero que no deben detener el tiempo de existir, en su caso, el tiempo de escribir”. Me encanta escribirlas, aunque ya depende de un teclado como es el caso del momento en que estoy escribiendo este prólogo. Ya no se utiliza el cálamo en sus distintas versiones, pero lo importante no es centrarse en el medio con el que se escriben, dependiendo del túnel del tiempo, sino en su fondo, porque las palabras que dan forma de carta, responden a una determinada inteligencia, a una forma de entender la vida y sus cosas, traduciendo probablemente sentimientos y emociones.

Las que figuran a continuación, excepto algunos artículos de contexto, tenían una exigencia de la revista dominical en las que se publicaron o, al menos, enviaba para que fueran publicadas y, en su caso, elegidas como la carta de la semana: no debían sobrepasar quince líneas, muy lejos todavía de la maravillosa concreción que aprendí en su momento de Monterroso, aunque en este caso se refiriera al arte del relato.

Son muy variados los temas tratados, pero todos están salpicados del principio de realidad que motivó escribirlas, porque la lectura de cada número semanal, deparaba una fuente de inspiración maravillosa, sobre todo cuando se trataba de personas que decían o hacían algo especial en la vida, escribiendo de antemano páginas de sus personas de secreto y de todos. Aquello que decían era un motivo más que suficiente para escribir sobre ello, dando mi punto de vista. Nada más. Aunque pensé muchas veces que cuando se leyeran, sus palabras podían ruborizar al lector, situándome frente a Cicerón, como hoy puede ocurrir contigo, lector o lectora de las mismas.

Ahí radicaba el secreto de su escritura, porque no son inocentes. Como las ideologías, tal y como lo escribí en el artículo dedicado a Benedetti: […] El cerebro, en sí mismo, no se ruboriza. Solo pide auxilio a los sentimientos cuando la maquinaria perfecta cerebral atisba el sufrimiento humano. Y siempre queda el buzón de tiempo […]”.

Sevilla, 21 de marzo de 2014

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La tegala de Saramago

jose-saramago

Hoy publico un nuevo libro, LA TEGALA DE SARAMAGO, en homenaje permanente al escritor José Saramago, en el que he recopilado todas las referencias al autor, a lo largo de los ocho años de vida de mi blog. La convivencia en este tiempo del título y subtítulo de este cuaderno de bitácora/derrota, en lenguaje del mar, es decir, El mundo sólo tiene interés hacia adelante/Cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, simboliza muy bien el hilo conductor que he intentado tejer en este libro. El Prólogo y el epílogo, descubren la quintaesencia que intento transmitir.

Gracias anticipadas por su lectura, aunque sería maravilloso que te quedaras navegando siempre en el sitio que tienes reservado en la amura de babor de “La isla desconocida”, como homenaje permanente a un hombre y a una mujer que un día se atrevieron a iniciar la mejor singladura de sus vidas.

Sevilla, 12/III/2014

El libro se distribuye bajo una Licencia Creative Commons 4.0 Internacional, basada en una obra centrada en el blog www.joseantoniocobena.com, en los términos que figuran al finalizar un adelanto del Prólogo que reproduzco a continuación:

Prólogo

Necesitamos salir de nosotros mismos. Este aserto lo aprendí de José Saramago, cuando tuve la gran oportunidad de leer su cuento maravilloso, muy breve, El cuento de la isla desconocida, que me acompaña desde 1998 en mi vida de todos y en la de secreto. Si a esta realidad ética le uno el descubrimiento de Teilhard en 1962, dejándome una huella indeleble, en su declaración de que el mundo solo tiene interés hacia adelante, es fácil comprender la quintaesencia de este nuevo libro, que recopila determinados post que escribí en los últimos años a la sombra de la tegala de Saramago.

Siempre he tenido muy presente a este autor en mi quehacer diario. Las personas que me aprecian, saben bien que ha sido un regalo constante en sus vidas, porque las páginas de aquél pequeño cuento, todavía me siguen ofreciendo oportunidades de reinterpretarlas todos los días desde la tegala de Saramago como “lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro…

Escribiendo y leyendo de nuevo las páginas que siguen, que ya fueron escritas en su momento, que también puede ser en el hoy mío y en el de cada lector o lectora de esta nueva entrega a la Noosfera, doy un paso más en conocer ese niño que cada uno lleva dentro, el mío, el tuyo, el de todos y todas, desde el compromiso adquirido un día para navegar en “La Isla desconocida”, aunque Groucho Marx, con su especial gracejo, interpretó esta necesidad suplicando que lo buscaran inmediatamente [al niño], cuando el comentario general es que la torpeza de estar y ser en la vida, su razón de ser, se conoce y se sufre a veces desde que somos pequeños:

“- ¡Hasta un niño de cinco años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cinco años, a mí me parece chino“

Estoy muy agradecido a Saramago, por su testimonio permanente, que resalto especialmente en la última entrega de la serie que le dediqué en torno a su tegala particular, cuando probablemente observa desde no se sabe qué sitio del Cielo, cómo desde Roma se reinterpreta su vida y su obra, sin com-pasión [sic] alguna.

Prefiero quedarme con un mensaje del cuento tanta veces citado, donde pone en boca de una persona muy humilde, la limpiadora del palacio del rey, un gran secreto para ser más felices cada día, todos los días: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

Sevilla, 10 de marzo de 2014

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PALABRAS DE HIPOCAMPO

El buzón del tiempo me permite ahora cumplir con objetivos que debo a la Noosfera. En esta ocasión, publico un nuevo libro, PALABRAS DE HIPOCAMPO, que tiene alma, tal como la he entendido siempre y como la he ido compartiendo durante toda mi vida, en unas palabras que pinté en 2008: “cuando falta alma, falta la vida. Da casi todo igual. ¡Qué paradoja!, porque ya no hace falta eso: tiempo. Y me vuelvo a mi hombre de secreto, a reflexionar la frase que regaló Lobo Antunes en el acto de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara (México), en 2008, transfiriendo una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…”.

El libro, que puede/s bajártelo también desde aquí, se distribuye bajo una Licencia Creative Commons 4.0 Internacional, basada en una obra centrada en el blog www.joseantoniocobena.com, en los términos que figuran al finalizar un adelanto del Prólogo que reproduzco a continuación:

Prólogo
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Nos queda la palabra. Nos queda porque tenemos una estructura en el cerebro, el hipocampo, que permite alojarlas para después representarlas de muchas formas. Las palabras de este libro, que las he buscado apasionadamente en mi hipocampo, son bocetos y pinturas de relatos cortos, largos o simplemente letras dibujadas a modo de palabras que pertenecen a mi persona de secreto.

Deseo compartirlas mediante este libro. He dedicado un tiempo a mi memoria para ordenar experiencias y vivencias de lo vivido lejano o a corto plazo, pero siempre cumpliendo con la coherencia de un archivo ordenado por el suelo firme que he procurado cuidar al máximo, la ética personal e intransferible que hay que seguir memorizando y guardando todos los días porque en cualquier momento hay que aplicarla.

Hay una intención no inocente, porque los relatos, cartas y artículos que figuran a continuación, publicados ya en mi blog, son un homenaje continuo a la palabra, porque hace muchos años se nos dotó de una capacidad evolutiva que nos permitió pronunciarlas y guardarlas.

Hoy abro esta caja de secretos, de palabras ordenadas y entrelazadas entre sí. Parcialmente, desde luego, pero con la ilusión de que quien quiera leerlas sepa interpretarlas con la profundidad que en su momento se vivieron antes de escribirlas. Esa es la maravilla de cada hipocampo, personal e intransferible, como el tuyo, lector o lectora, porque “cabalgando despacio es posible que podamos conocerle bien y saber qué papel tan trascendental juega en la vida de cada una, de cada uno”.

Sevilla, en el mes de marzo de 2014.

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OFEC

Los sueños se cumplen y hoy lo demuestro publicando un nuevo libro, Origen y futuro de la ética cerebral mediante este medio tan extraordinario como es Internet, que se puede conseguir pulsando también aquí, una entrega no situada en el mercado del libro, sino en la inteligencia libre, colectiva y conectiva que da valor a la vida, no confundiendo nunca valor y precio.

Sevilla, 18/II/2014

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Origen y futuro de la ética cerebral por José Antonio Cobeña Fernández se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional

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