II Curso de verano para entender el mundo al revés / 2. Hay que priorizar respuestas de Estado a las condiciones de vida de los nadies

Eduardo Galeano

El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Sevilla, 2/VII/2022

Al igual que ocurrió en el Curso anterior, comenzó oficialmente ayer con un ritual muy sencillo pero aleccionador en la sesión inaugural. Seguía presidiendo el aula virtual una imagen de Eduardo Galeano y todos los matriculados, en libertad, sin burocracia alguna, leímos en silencio un poema muy querido por él para comprender mejor la realidad de la condiciones de vida de muchas personas que habitan en el mundo al revés, un lugar común de los nadies, en los que las condiciones de vida digna son muy difíciles:

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer,
ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

Los asistentes a esta escuela lo tenemos claro, en palabras de Galeano, como alumnos de una contraescuela necesaria: “La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos, a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos”. Después, nos han dicho que sigue siendo condición indispensable para participar en este II Curso leer de nuevo Patas arriba. La escuela del mundo al revés, porque si no será muy difícil comprender el hilo conductor de todos los asuntos que se van a tratar en un análisis comparado con la realidad actual, fundamentalmente porque cualquier dato a tener en cuenta antes, durante y después de cada clase, deberá evocar siempre alguna página del libro, sobre todo algún contenido del plan de estudios en sus diferentes epígrafes: educando con el ejemplo, los alumnos, curso básico de injusticia, curso básico de racismo y de machismo, cátedras del miedo: la enseñanza del miedo, la industria del miedo y clases de corte y confección: cómo elaborar enemigos a medida. Seminario de ética, con trabajos prácticos: cómo triunfar en la vida y ganar amigos, así como lecciones contra los vicios inútiles. Clases magistrales de impunidad y modelos para estudiar: la impunidad de los cazadores de gente, la de los exterminadores del planeta y la impunidad del sagrado motor. Pedagogía de la soledad: lecciones de la sociedad de consumo y curso intensivo de incomunicación, para terminar con la contraescuela, que también existe: traición y promesa del milenio y el derecho al delirio.

Inmediatamente después nos pusimos manos a la obra y siguiendo las indicaciones de la tutora de este año, escogimos entre todos la noticia del día o de la semana que más nos hubiera impactado desde la perspectiva del mundo al revés, debiendo tener especial cuidado en su vertiente aplicada a nuestro país. Hubo inmediatamente un acuerdo unánime sobre la noticia a tratar de nuevo, publicada el miércoles pasado y referida a los resultados definitivos, publicados por el INE, de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2021, sobre la que hay que destacar que el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social (nueva definición) aumentó al 27,8%, desde el 27,0% de 2020 y que el 8,3% de la población se encontraba en situación de carencia material y social severa, frente al 8,5% del año anterior. Para ser objetivos, había que trabajar básicamente sobre la Nota de Prensa oficial del INE, señalando aquellos aspectos que después se debían resaltar en este Curso. Este trabajo personal durante la clase es el que quiero compartir hoy, facilitando obviamente el documento oficial completo que se debe enriquecer con las consultas técnicas que se consideren oportunas.

Es muy importante considerar un detalle técnico de la encuesta que tiene unas derivadas muy claras en los resultados obtenidos y que creo conveniente conocer. Se trata de la nueva definición de la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social, AROPE; (por sus siglas en inglés, At Risk Of Poverty or social Exclusion), «que se creó en 2010 a efectos de medir la pobreza relativa en Europa ampliando el concepto de la tasa de riesgo de pobreza, que solo contempla los ingresos. La tasa AROPE se ha venido construyendo con la unión de la población que se encuentra en riesgo de pobreza, o con carencias materiales o con baja intensidad en el empleo. En 2021 se ha introducido un cambio metodológico que ha afectado a dos de sus tres dimensiones. Así, la tasa AROPE (nueva definición 2021) se define como aquella población que está al menos en alguna de estas tres situaciones:
riesgo de pobreza (no cambia su definición con respecto al indicador antiguo), carencia material y social severa, y baja intensidad en el empleo (nueva definición 2021). Por tanto, en el indicador nuevo se han modificado dos de sus tres componentes, en concreto
la ‘carencia material severa’, que es sustituida por la ‘carencia material y social severa’ y la
‘baja intensidad en el empleo’».

Para que se comprenda bien estos cambios y no abrumar con datos, expongo a continuación los resultados obtenidos en la encuesta en los que se analiza la actualización de la tasa AROPE:

Fuente: Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2021,

Por mi parte, dado el contexto estival en el que nos encontramos, señalo a continuación unos datos que reflejan la situación de dificultad económica actual de los hogares españoles, con cifras que sobrecogen, especialmente cuando me detengo a analizar algunos resultados en mi Comunidad Autónoma, Andalucía, siempre por encima de la media, punto crítico del debate del grupo de la clase virtual porque participamos (imaginariamente) alumnos y alumnas de diversa Comunidades:

Fuente: Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2021

Deseo resaltar también los cambios introducidos en la tasa AROPE enunciada anteriormente, en relación con el segundo indicador, la carencia material y social severa, «que se calcula de forma separada para cada miembro del hogar. Este nuevo indicador se construye con 13 componentes, de los cuales siete se definen a nivel de hogar y seis son personales, diferentes para cada miembro del hogar. Una persona está en situación de carencia material y social severa si padece al menos siete de las 13 limitaciones que forman la lista, definidos a nivel de hogar:

  • No puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año.
  • No puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días.
  • No puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada.
  • No tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos.
  • Ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, comunidad…) o en compras a plazos en los últimos 12 meses.
  • No puede permitirse disponer de un automóvil.
  • No puede sustituir muebles estropeados o viejos.

    Los seis primeros ya figuraban en la lista anterior y se ha añadido el último. En cambio, desaparecen de la lista de carencias la disponibilidad de teléfono, televisor o lavadora, una vez contrastada su poca utilidad para explicar situaciones de privaciones materiales. Por su parte, los seis nuevos conceptos definidos a nivel de persona son:
  • No puede permitirse sustituir ropa estropeada por otra nueva.
  • No puede permitirse tener dos pares de zapatos en buenas condiciones.
  • No puede permitirse reunirse con amigos/familia para comer o tomar algo al menos una vez al mes.
  • No puede permitirse participar regularmente en actividades de ocio.
  • No puede permitirse gastar una pequeña cantidad de dinero en sí mismo.
  • No puede permitirse conexión a internet.

    En el caso de los menores de 16 años no se dispone de los seis conceptos enumerados anteriormente a nivel de persona. Para estos menores los valores de esos elementos se imputan a partir de los valores recogidos para los miembros de su hogar con 16 o más años.

Sólo un dato más en relación con la población en riesgo de pobreza, que mide fundamentalmente la desigualdad, porque «no mide pobreza absoluta, sino cuántas personas tienen ingresos bajos en relación al conjunto de la población. En 2021 (teniendo en cuenta los ingresos de 2020) el porcentaje de población con ingresos por debajo del umbral de riesgo de pobreza (la llamada tasa de riesgo de pobreza) se situó en el 21,7% de la población residente en España, frente al 21,0% del año anterior».

Fuente: Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2021

Visto lo visto, una vez más y con cierto dolor existencial, volví ayer al libro de Galeano que nos sirve de guía y propuse la siguiente referencia para el trabajo de hoy, porque cuando nos enfrentamos a esta cruda realidad de nuestros compatriotas o mis paisanos andaluces, como ciudadanos más desfavorecidos en el país, sus palabras introductorias a la asistencia a este Curso de verano son inolvidables y rasgan el alma humana: “Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia. ¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela”.

Es la que busco hoy habiéndome matriculado en este II Curso, a modo de contraescuela, que espero me ayude a seguir soñando que otro mundo al derecho es posible. Me quedo ahora con una frase preciosa de Galeano en mis primeros apuntes en este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, en una singladura diaria para comprender qué significa un posible mundo al derecho: “Lo mejor que el mundo [al derecho] tiene está en los muchos mundos que el mundo [al derecho] contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. Respetarlo todo es nuestra gran tarea de aprendizaje actual para vivir y construir diariamente un mundo al derecho, en el que cabemos todos, sin excepción alguna, por mucho que los diseñadores diarios del mundo al revés se empeñen en evitarlo.

Ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país. Personalmente, lo tengo claro: compartir con datos, que sólo con un gobierno pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, que dicte leyes con urgencia para solucionar esta situación transformando la sociedad española, podremos avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida expuestas anteriormente, que afectan a millones de ciudadanos en este país, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies. Hay que decirlo alto y claro y escribirlo con negrita, como acabo de hacer. Lo decía también hace dos años en este cuaderno digital con motivo de la aprobación del Ingreso Mínimo Vital (IMV): “ […] viene a dar respuesta constitucional a derechos fundamentales en términos de equidad en el acceso a un ingreso económico para determinadas personas y familias que permitirá atender la pobreza estructural del país como itinerario de reconocimiento del conjunto de derechos y deberes constitucionales que ayuden a la población a salir de esta situación con un trabajo digno y bien remunerado: “El Ingreso Mínimo Vital es toda una política social que se engarza alrededor de una prestación, de forma que, más allá de la ayuda monetaria incluye estrategias de inclusión, en coordinación con las comunidades autónomas y los ayuntamientos, que permitan a las personas en vulnerabilidad transitar a una situación mejor. Los beneficiarios contarán con incentivos a la contratación y también se creará un “Sello Social” para las empresas que les ofrezcan formación y empleo”. La palabra “itinerario” me parece excelente porque este reconocimiento es un kilómetro cero para ayudar a salir de la situación de pobreza y no para instalarse en ella en régimen permanente de subsidio. Ese es su gran reto […] porque el ingreso mínimo vital es, fundamentalmente, un ingreso para permitir, a toda la población española, alcanzar la entrada en el itinerario de la dignidad constitucional expresada en sus derechos fundamentales y, concretamente en el recogido en el artículo 35 de la Carta Magna: 1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

Queda claro que el mundo al revés no es inocente y debemos denunciarlo para construir uno nuevo, porque nuestra fuerza es la esperanza, que debe regarse todos los días con rocío, el del conocimiento y la libertad, como respuesta firme a lo que fue en su momento una pregunta inquietante de Neruda: ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío?

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

II Curso de verano para entender el mundo al revés / 1. Introducción

Sevilla, 1/VII/2022

Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Hoy, me he vuelto a asomar a la ventana de Alicia y me he dado cuenta de que lo que veo y siento es el mundo en su aquí y ahora en el que me ha tocado vivir. Reconozco que entenderlo, es harina de otro costal, porque casi todo está patas arriba: la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.. siendo esta realidad así, es verdad que desde hace unos días me recuerdan que está abierta la matrícula de la II edición del Curso de Verano en la Escuela del Mundo al Revés y, al igual que hice el año pasado y sin pensármelo dos veces, he decidido matricularme de nuevo, porque tal y como sigue la “cosa”, sigo sin entender casi nada de lo que está pasando, aunque muchos me siguen advirtiendo que lo que pasa es que no sabemos en el fondo lo que nos pasa y que me tengo que convencer de que “estoy obligatoriamente obligado a entenderlo”, como aprendí en mis años jóvenes del poeta malagueño Rafael Ballesteros: El tema 83, la democracia, / el ácido sulfúrico, los ceros, / el tacón, las hambres, el casamiento orgánico. / De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí / obligatoriamente obligados a entenderlo. La verdad es que ese aserto sigue sin solucionarme nada, probablemente porque soy un inconformista de cuidado o un pesimista bien informado. Vuelve a convocarse con matrícula gratuita y con asistencia obligada. Se vuelve a utilizar como libro de texto de referencia el mismo del curso pasado, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, de Eduardo Galeano, autor que sigo admirando por sus lecciones de ética mundana para nuestros días, a pesar del tiempo que ha transcurrido desde que lo escribió, en las postrimerías del siglo pasado. Han vuelto a insistirme en la unidad de información de la Escuela que es imprescindible llevarlo siempre encima para comprender bien el sentido de cada clase. Ni que decir tiene que desde el curso pasado, es uno de mis libros de cabecera.

Una vez realizada la matrícula virtual, he vuelto a abrir el libro por su primer capítulo, leyendo sin pestañear su primer apartado: Educando con el ejemplo: “La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos, a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos”. La verdad es que para volver a empezar este II Curso, no está mal recordar este discurso, porque tengo que confesar que algo así me pasa casi todos los días, porque el mundo está trastocado y en permanente mudanza por tierra, mar y aire, desoyendo a San Ignacio sobre lo que se debe hacer en tiempos de turbación.

A continuación, aborda varios epígrafes de marcado interés: los modelos de éxito, los alumnos y un curso básico de injusticia. Tres maniobras de aproximación al mundo al revés, a título de ejemplo, que una vez leídas me siguen sobresaltando hoy, si cabe, mucho más que ayer, quizá por aquello del inconformismo crónico que padezco. Sobre los modelos de éxito arrancaba su análisis con una introducción contundente: “El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian la naturaleza: la injusticia, dicen, es la ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de «la tasa natural de desempleo». Por ley natural, comprueban Richard Herrstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria”.

Cuando trata el epígrafe de los alumnos, otra vez vuelve a la carga para describir cómo es el mundo de muchos niños de hoy, es decir, su mundo al revés: “Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños”. La verdad es que esta visión descarnada me servía para darme cuenta de que hay personas en el mundo que siguen pre-ocupadas (así, con guion) con lo que pasa en el mundo o en mi barrio más próximo. Describía, uno tras otro, ejemplos de lo que pasa a los niños del mundo, que puede ser hoy lo que les ocurre a muchos niños y niñas aquí en Sevilla, en la barriada del Vacie o en las Tres Mil Viviendas, en el Polígono Sur, en Amate y en Los Pajaritos: “Entre los niños que viven prisioneros de la opulencia y los que viven prisioneros del desamparo, están los niños que tienen bastante más que nada, pero mucho menos que todo. Cada vez son menos libres los niños de clase media. Que te dejen ser o que no te dejen ser: ésa es la cuestión, supo decir Chumy Chúmez, humorista español. A estos niños les confisca la libertad, día tras día, la sociedad que sacraliza el orden mientras genera el desorden”.

El tercer epígrafe, dedicado al curso básico de injusticia, me conmueve en una de sus primeras líneas, como si lo leyera por primera vez: “La dictadura de la sociedad de consumo ejerce un totalitarismo simétrico al de su hermana gemela, la dictadura de la organización desigual del mundo. La maquinaria de la igualación compulsiva actúa contra la más linda energía del género humano, que se reconoce en sus diferencias y desde ellas se vincula. Lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. Lo que más me sorprende en esta lectura iniciática fue la clamorosa diferencia que expone entre ser o tener, dialéctica que ya aprendí a identificar con Erich Fromm y que intenté rescatar entonces en las palabras de Galeano: “Quien no tiene, no es: quien no tiene auto, quien no usa calzado de marca o perfumes importados, está simulando existir. Economía de importación, cultura de impostación: en el reino de la tilinguería [los tontos, bobos y simples], estamos todos obligados a embarcarnos en el crucero del consumo, que surca las agitadas aguas del mercado. La mayoría de los navegantes está condenada al naufragio, pero la deuda externa paga, por cuenta de todos, los pasajes de los que pueden viajar. Los préstamos, que permiten atiborrar con nuevas cosas inútiles a la minoría consumidora, actúan al servicio del purapintismo [actitud de aparentar] de nuestras clases medias y de la copianditis de nuestras clases altas; y la televisión se encarga de convertir en necesidades reales, a los ojos de todos, las demandas artificiales que el norte del mundo inventa sin descanso y, exitosamente, proyecta sobre el sur. (Norte y sur, dicho sea de paso, son términos que en este libro designan el reparto de la torta mundial, y no siempre coinciden con la geografía)“. Una anécdota que cuenta Galeano en este epígrafe me pareció de un simbolismo práctico como la vida misma: “Existe un solo lugar donde el norte y el sur del mundo se enfrentan en igualdad de condiciones: es una cancha de fútbol de Brasil, en la desembocadura del río Amazonas. La línea del ecuador corta por la mitad el estadio Zerâo, en Amapá, de modo que cada equipo juega un tiempo en el sur y otro en el norte”.

Hechas estas lecturas de nuevo, por mi urgencia vital en este momento, iniciando el mes de Julio que se estrena hoy de forma muy especial, sigo pensando que el mundo al revés que vivimos cada día se entiende mejor cuando tomamos conciencia de que tenemos un problema económico muy grave en el país, que viene de antiguo, los daños colaterales de la pandemia que subsisten, a la que se agrega ahora la invasión de Ucrania, la crisis energética de efectos incalculables, el paro galopante, el mal comportamiento de los políticos, así como los problemas derivados de esta situación que son muchos; la sanidad pública cada vez más asfixiada en profesionales, la inversión y dotación económica insuficiente para casi todo lo que se mueve, problemas de pobreza severa y otros de variada índole social; la situación de los jóvenes, cuya horquilla de fracaso social es cada vez más alarmante; también, la falta de conciencia ciudadana ante lo que está ocurriendo y, por último, la realidad alarmante de la eterna dialéctica entre educación pública y concertada, con gran menoscabo de la primera, cuando invertir en educación es la garantía de nuestro futuro y de la construcción del mundo al derecho.

Vuelvo a matricularme en esta segunda edición manteniendo la urgencia vital para intentar convivir con el mundo al revés que tanto me desconcierta, aunque sigo reconociendo que el Curso es muy difícil de entender y asimilar, sobre todo porque estoy plenamente de acuerdo con la descripción del mundo al revés que hace Galeano, aunque en el momento de escribir el libro no atisbaba muchas salidas a la situación descrita. Fundamentalmente, porque ya lo había comentado en este cuaderno digital en varias ocasiones, cuando personalmente decía que él “nos invitó hace ya veintidós años a entrar en la escuela de ese mundo tan opresivo para personas que buscan otra forma de ser y estar en el mundo de todos y lo sintetizó en unas palabras, Si Alicia volviera,  que no olvido: “Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies” (1).

Ha pasado el tiempo y vuelvo a tener la necesidad de acudir a una formación “reglada” en este ámbito, porque todos los días asisto al gran teatro del mundo al revés por doquier que, sinceramente, me cuesta mucho entender y además con la sensación de que cabemos en un taxi los que vivimos esta realidad y no queremos hacer una huida ciega hacia adelante. La única forma de hacerlo es acudir ahora a un II Curso de verano sobre esta realidad y no perder una sola clase. Hoy, como en otras ocasiones y como se puede comprobar en este cuaderno digital, me he vuelto a asomar a la ventana de Alicia y me he dado cuenta de que lo que veo y siento es el mundo al revés en su aquí y ahora en el que me ha tocado vivir. Reconozco que entenderlo es harina de otro costal, porque casi todo está patas arriba. Esa es la razón por la cual he buscado en la oferta veraniega de formación a distancia y virtual una segunda edición del Curso de verano para entender el mundo al revés. Lo necesito y deseo compartir la asistencia.

Sé que la dignidad humana que lleva a la libertad personal y colectiva del mundo al derecho, es un camino a recorrer durante toda la vida y ahora, en este verano, en este Curso anunciado. Esa es la cuestión, como le pasaba al protagonista de la famosa obra de teatro de Fernando Fernán Gómez, Las bicicletas son para el verano, salvando lo que haya que salvar, aunque no podamos a veces tenerlas en este mundo al revés (cada uno que imagine la suya en el decorado que viva…), porque las guerras, las faltas de acuerdo, la pandemia, la desafección ideológica y política, el paro galopante, la pobreza severa de muchas personas, el desencanto estructural del país y la ausencia clamorosa de valores, no nos permiten comprarlas y disfrutarlas en el momento deseado y deseante que tanto añoraba Luisito, el protagonista de aquella hermosa película de igual nombre. Incluso para ir, cada día y de forma imaginaria, a las clases anunciadas en este interesante II Curso de Verano, que todavía, me dicen, tiene algunas plazas libres. Lo necesito, como el comer, para seguir viviendo.

(1) Eduardo Galeano, Si Alicia volviera, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 1998. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Podemos ser leedores del baile flamenco

Seises, Festival Grec, Barcelona, 2 de julio de 2022

Israel Galván baila como respira, aunque a veces nos preguntemos si no se le para el corazón en el fondo de un remate

Georges Didi-Huberman, El bailaor de soledades

Sevilla, 28/VI/2022

Hace tan sólo unos meses escribía en este cuaderno digital sobre una realidad preciosa relacionada con el flamenco, la de los escuchaores, algo que resalté al cumplirse este año, en el próximo mes de junio, el centenario del primer Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922, organizado por Federico García Lorca y Manuel de Falla, en nombre y representación del Centro Artístico de la ciudad. Con tal motivo quise hacer un pequeño homenaje a una experiencia sentida por el público asistente al mismo, que García Lorca llevó a versos nacidos en su alma de secreto por el placer de convertirnos en “escuchaores” de esa forma de cantar tan arraigada en el dolor del pueblo andaluz. En dicho concurso no podían participar profesionales del cante, solo aficionados, para promocionar esta forma de expresarse el pueblo andaluz desde su base popular. Federico García Lorca hizo la presentación oficial del Concurso el 19 de febrero de 1922 en nombre del Centro Artístico de Granada, al que la prensa conocía también como la “Simpática Sociedad”, en el que figuraban también otros escritores y poetas contemporáneos, mediante una Conferencia que llevaba por título “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”, cuyas palabras finales no olvido: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”. Sé que mi deber como andaluz es convertirme en “escuchaor” de lo que Andalucía canta a través de su dolor, de su quejío.

En este contexto y cumpliendo con la misión de este cuaderno digital, descubrir islas desconocidas que nos llenen el alma de paz interior, transformando la sociedad hacia un mundo mejor, deseo compartir hoy, como leedor y escuchaor de lo que Andalucía baila desde la raíz de flamenco, porque podemos hacerlo desde una perspectiva entusiasta del trabajo de cada día, una vida, lo que sabe hacer y transmitir esta tierra. Efectivamente, ha ocurrido al leer una aventura apasionante que está preparando el bailaor Israel Galván, aquí en Sevilla, un espectáculo con un nombre vinculado íntimamente a esta ciudad y a sus creencias religiosas, Seises:La obra que ahora presenta surge de un movimiento de pies que Galván registra, o más bien ‘roba’, de esos diez niños vestidos con mallas, pantalones abombados, chaquetillas y sombreros aplumados, que tres veces al año realizan, en la Catedral de Sevilla, una danza sacra que tiene su origen en el siglo XV: los Seises. La obra, que se estrena este sábado 2 de julio en el Festival Grec, cuenta además con los más de treinta niños que conforman el coro de L’Escolanía de Montserrat” (1).

Convertirnos en leedores de la vida, al ser amantes de la lectura, según lo expresaba Francisco Sobrino en su Diccionario de 1705, nos hace posible comprenderla en su sentido más pleno. He leído que la música que entreteje su espectáculo está centrada en el músico italiano Domenico Scarlatti y en el Padre Soler, junto a un clavecín que acompaña sus pasos, su taconeo blando sobre un colchón, una nueva forma de transmitir lo que se siente al zapatear sin ruidos añadidos, una nueva forma de expresar el flamenco y “escucharlo” y «leerlo» a través de sus silencios: “En la obra comienzo con un calzado de los Seises y cuando me pongo las botas prefiero bailar en un colchón. Además, no quería pisar la música de Scarlatti. Quería que Scarlatti se me metiera dentro del cuerpo y que la música estuviese sin que yo hiciese ruido”, explica sobre esta obra en la que el músico italiano es medular. Scarlatti formó parte de la corte española de Fernando VI, a la que llegaría en 1729, justamente cuando el entonces infante contrajo matrimonio con la portuguesa Bárbara de Braganza en Sevilla. Momento en que el italiano conocería la música popular andaluza. “En aquellos entonces no había flamenco, pero su música está influenciada por la música de aquí, me recuerda mucho al rajeao de una guitarra. Tiene un ritmo y un aire que me recuerdan al flamenco, más incluso que el piano español o el bolero. Es más jondo. Dicen que Scarlatti se inspiró en los gitanos para su música, eso está escrito. Y yo, cuando veo a la Uchi [bailaora gitana, del elenco del espectáculo] bailar su música, cómo la coge ella a través de los movimientos flamencos que vienen de su familia, ves que casa fácil, natural. Y me digo, “ahí está la prueba de que Scarlatti vio a los gitanos”, explica Galván que ha realizado una selección de piezas del italiano donde “se ven esos acentos, ritmos de bulerías, de solea, de tango”, y sobre las que Galván baila como “un muñequito de reloj”. “Luego está la música del Padre Soler que es más hipnótica, pero es que Scarlatti parece un guitarrista de Jerez”, concluye”.

Sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro, escuchaores y escuchaoras, leedores y leedoras, por definición cuando el pueblo canta, baila y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó Cernuda, nuestro paisano, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, al que escucho, leo y veo hoy, con atención reverencial, para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro (Ricardo Cantalapiedra), porque el quejío del flamenco, como escuchaor y leedor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años, en aquel concurso de cante jondo de 1922.

Hoy, como leedor del nuevo espectáculo de Israel Galván, Seises, que se estrenará el próximo sábado en el Festival Grec, sentiré de nuevo las palabras de García Lorca que permanecen vivas, como si no hubieran pasado cien años desde que las pronunciara en un día inolvidable, situándolas en el contexto actual: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Barcelona [Granada, en el original] la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”, que Israel Galván y su Compañía presentan. Te lo agradezco, porque como andaluz, nos ayudas a seguir siendo un enigma precioso al trasluz de tu baile. Como leedor empedernido, sé que el filósofo francés Georges Didi-Huberman, dijo de ti en su obra El bailaor de soledades que bailas como respiras, “aunque a veces nos preguntemos si no se te para el corazón en el fondo de un remate”, partiendo de un hecho irrefutable, las soledades del barroco y las soleares del flamenco, porque cuando Israel Galván baila nos ofrece sus propias soledades, como otras tantas paradojas de la vida, de tal forma que su soledad sonora llega a cada una de las nuestras.

(1) El bailaor Israel Galván ensaya entre talleres de chapa y pintura (eldiario.es). Magnífico artículo que considero imprescindible leer como leedores de la vida y su cultura.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Guerras con nombres

Sevilla, 25/VI/2022

Cuando estamos asistiendo a guerras de todo tipo a pesar de que se camuflan con eufemismos imposibles de cosmética guerrera, como está ocurriendo en Ucrania, el cine sale en ayuda de la sociedad civil con películas como la que se ha estrenado esta semana en Filmin, Guerra sin nombre, una película del género documental, de Bertrand Tavernier y Patrick Rotman sobre el trauma de la guerra de Argelia, que cumple ahora 30 años desde que se rodó y presentó en sociedad. Lo he conocido a través de un artículo excelente en el diario El País, “Guerra sin nombre, el documental de Tavernier para saber más de Argelia”, dedicado a este acontecimiento desde el más digno respeto a la memoria histórica de esta guerra, con nombre, que tanto aprecio. Para nosotros, una lección, visto lo visto con lo que ocurrió en la guerra civil española de 1936 y sus consecuencias, en una dura batalla hasta hoy mismo por recuperar la memoria histórica que suele taparse a diario recurriendo a la Transición, en silencios cómplices impresentables.

Tavernier, una vez más, tal y como lo he ido incorporando a la quintaesencia de este cuaderno digital, hace de su cine un auténtico alegato continuo en defensa de los valores éticos y humanos en la sociedad, para que nunca se olviden. En esta película, busca la reparación histórica de Francia ante una guerra con nombre, a pesar de los esfuerzos institucionales para que no se la llame así, porque es “Un monumento antibelicista de primer orden porque sus testigos directos revelan que de la guerra, con sus aventuras, sus misiones, su compañerismo y sus uniformes, solo se sale con los pies por delante o con secuelas irreparables. Según el informe del veterano historiador Benjamin Stora, presentado a Emmanuel Macron en enero de 2021, hubo en torno a medio millón de muertos. Tras 130 años de dominio francés, la guerra de Argelia dejó heridas que aún siguen abiertas”, a pesar de que a muchos no les preocupe cerrarlas nunca, utilizando siempre artificios lingüísticos para no llamar nunca las cosas por su nombre, como maniobra perfecta de la mediocracia en pleno apogeo en el mundo, en Europa, Francia y España, sin ir más lejos.

La película de Tavernier es aparentemente larga, cuatro horas, aunque el tiempo no agota nunca tanto dolor contenido y revelado en planos extraordinarios que cumplen la misión de trasladar exactamente lo que pensaban de ella sus auténticos protagonistas, los reclutas, jóvenes franceses que junto a otras participantes, hasta alcanzar un número aproximado de tres millones de combatientes, lucharon hacia ninguna parte durante los ocho años de la guerra. El entrevistador, Patrick Rotman, pregunta y los jóvenes responden, así como determinados mandos ante sucesos que no tienen justificación alguna, mientras Tavernier hace el resto dejándonos hace treinta años un testimonio transcendental para la posteridad. Lo más importante es, como se afirma en el artículo citado, es que “La película se propone no juzgar y lo consigue dando voz al último eslabón de la cadena de siempre. Aquí no hay espacio para altos funcionarios, políticos o historiadores. Los únicos testimonios que importan son los de quienes estuvieron en primera línea del frente”.

Bertrand Tavernier nos enseñó a lo largo de su carrera cinematográfica algo muy importante, en cada día comienza todo, tal y como lo expresé en un artículo el año pasado, un día después de su fallecimiento. Ahora, con el estreno en España de Guerra sin nombre, podemos volver a experimentar lo que ha expresado varias veces en estas páginas sobre el director francés y su cine de compromiso social activo y militante: “El cine de calidad nunca es inocente, porque es la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Cuando vemos una película contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando encontramos las mejores historias, un gran corazón late, se alarma, va más despacio, sale de la sala cinematográfica con el deseo de seguir creyendo en un mundo diferente que todavía es posible. Todos los rostros miran en la misma dirección. Este impulso es el que aspiramos a que nos acompañe siempre, porque es el que nos permite descubrir y alimentar cualquier microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película de Tavernier [el guion de Dominique Sampiero], aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor digno que nos conmueve, es decir, que nos perturba, inquieta, altera, que nos provoca situaciones placenteras que consuelan a nuestra persona de secreto con fuerza y eficacia, afectando de lleno los sentimientos y emociones. Al fin y al cabo, porque aspiramos siempre a descubrir nuestra mejor historia”.

Las palabras finales sobre esta película en el diario El País, resumen perfectamente lo que he querido decir hoy a los cuatro vientos de la Noosfera, “Guerra sin nombre es una película fundamental dentro de la relación entre cine y memoria. Una investigación fascinante y la demostración de cómo el documental rompe los límites del periodismo en su búsqueda de la verdad. Cuando se estrenó, en febrero de 1992 en la Berlinale, el tabú y el silencio seguían instalados en la sociedad francesa. Su contribución fue decisiva para deshacer ese nudo y llamar a la guerra de Argelia por su nombre”. ¡Ojalá nos ocurra algo así en esta país para llamar a la Guerra Civil por su nombre! Lo he recordado especialmente al escribir en 2015 sobre otro director de cine, Patricio Guzmán, cuando el cine se convierte en el gran testigo de la memoria histórica y en nuestro país se siente todos los días la nostalgia de la dignidad por el trato que se da a nuestra memoria histórica de una guerra civil con nombre: “Dije en aquél artículo que había leído una crónica de la 65ª edición de la Berlinale, en el diario El País, en la que se recogía una declaración del director de cine chileno Patricio Guzmán, acerca de un documental realizado en 2010, Nostalgia de la luz, que había tenido un recorrido tortuoso para su exhibición en España y en su televisión pública: “Siempre he tenido el sueño de hacer un filme sobre la falta de memoria de España. En especial, sobre el pacto de silencio que Felipe González inventó con el Ejército. Es un escándalo lo que pasó. La falta de memoria de España le ha quitado energía para jugar un rol importante en Europa. Sigue siendo un país secundario, cuando por elementos históricos y culturales debería estar en primera línea de la UE. Pero no sé dónde encontrar el dinero para ese proyecto. Y las televisiones no emiten documentales. Nostalgia de la luz fue cofinanciada por TVE hace cinco años y aún no lo han emitido… ni lo van a hacer”. Aquellas palabras de Patricio Guzmán no me dejaron tranquilo en aquella ocasión. Además, en el contexto de esa Berlinale, había presentado un nuevo documental, El botón de nácar, que seguía completando el homenaje a la historia dolorosa y reciente de Chile, junto a Nostalgia de la luz, porque no quería ocultar lo que había pasado en su país. Tengo un tremendo respeto a la historia y por eso me duele como a él que ahora se quiera olvidar oficialmente la etapa dolorosa de la dictadura hasta que la Transición consolidó la democracia en España. De ahí la importancia del premio de anoche con su película final de la trilogía, La cordillera de los sueños.

Tavernier me ha llevado siempre a sus películas navegando cerca de mi patera existencial que, a modo de islas desconocidas, me ha permitido desembarcar en ellas junto a mi alma de secreto. Hoy, con Guerra sin nombre ha ocurrido lo mismo. Por ello, mi gratitud plena por lo que representa en el cine mundial, porque directores y directoras como él se atreven a rodar las mejores películas de la vida a pesar de nuestro empeño de no querer llamar a determinados sucesos por su nombre. Tengo muy claro en mi ideario particular que las guerras siempre tienen nombres y apellidos, los de sus responsables. Nunca hay que olvidarlo y, menos, borrarlo de nuestra memoria histórica.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

De nombre Juan o Juana

Pedro Pablo Rubens (1610 – 1612), San Juan Evangelista / Museo del Prado

Sevilla, 24/VI/2022

Dedicado de nuevo (ya lo hice el año pasado), a las personas que llevan el nombre de Juan o Juana, en sus diferentes versiones, vinculados al Bautista o al Apóstol, como símbolo de una tradición multisecular que se perdió hace ya muchos años, cuando se decidía en el seno de cada familia el nombre de los hijos e hijas porque era un programa o proyecto de vida, es decir, el nombre encerraba en sus letras y grafía una historia que siempre se debía contar. Llevaban con mucho orgullo su nombre, su Vida. Era un momento apasionante que daba pleno sentido a la vida propia y a la de los demás.

Me imagino a los abuelos y abuelas sentados hace miles de años en las orillas de los ríos Tigris y Éufrates, en la actual Irak, preparando el gran acontecimiento del nacimiento de los nuevos descendientes de sus familias, porque los nombres que debían llevar no eran inocentes sino un programa de vida a través de la genealogía. Me parece una aventura extraordinaria que se debería rescatar como lección de la historia para cada uno, para todos. Hace bastantes años, concretamente el 22 de octubre de 1984, publiqué un artículo, Poner el nombre, en un periódico muy querido, “La Noticia de Huelva”, que rescato hoy en su contenido y contexto plenos, porque refleja lo que sigo pensando después de casi treinta y ocho años, en un día inolvidable: el nacimiento de nuestro hijo, al que pusimos un nombre especial, Marcos.

Hoy, el día del nombre Juan, bastante más extendido de lo que parece y alejado en una corriente laica del “santo” Juan (Bautista o Apóstol), convive con otros miles de nombres a pesar de su significado histórico extraordinario por lo que supuso para quienes lo adoptaron en familia como identidad para toda la vida. Juan era el testimonio vivo de un niño o de una niña que “tenían el corazón cerca de los que menos tienen”, porque Dios era miseri-cordioso con esa familia (así se escribía en hebreo, Yohanan) y siempre “estaría cerca de ellos” porque era su protector. Además, para los que conocieron a Juan el Evangelista, sabían que Jesús de Nazareth lo identificó siempre muy bien y le puso un sobrenombre, Hijo del Trueno, por su ímpetu juvenil. Para los que difundieron la crónica del Bautista, saben que el nombre significó mucho en su vida, porque fue grande ante el Señor, que lo protegió siempre (de ahí su nombre), no bebió vino ni licor, estaba lleno de un espíritu nuevo, con una misión de vida especial: hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos.

Impecables proyectos de vida de unos niños y niñas de nombre Juan o Juana, que todavía hoy siguen siendo necesarios e imprescindibles.

Poner el nombre

Es grandioso el ser humano. Tiene una historia digna de ser recordada en sus «momentos» más transcendentales. Poner nombre a los seres vivientes fue el punto de partida de una historia mal contada en nuestra infancia. Verán. En el relato de la experiencia humana del pueblo de Israel, que buscaba entenderse a sí mismo, haciéndose las preguntas de siempre: ¿de dónde venimos, hacia dónde vamos y quiénes somos?, que luego sería recogida por el cronista de la época, se citaba como responsabilidad única e irrepetible en el hombre [sentido filosófico del ser humano] la de poner nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo. Y cuando creyó que ya conocía todo sin necesidad de nada y de nadie, tuvo la oportunidad de dar el mejor nombre para la mejor mujer: Eva, porque «era la madre de todos los vivientes».

Casi siempre ha pasado desapercibido este relato bíblico en beneficio de la maléfica manzana o serpiente. Tamaño descuido ha incidido sobremanera en el entendimiento de los nombres, en la despreocupación de sus contenidos, en aras de una simbología de la época. Y hoy día, que todos reclamamos a gritos «llamar a las cosas por su nombre», en expresión popular, tenemos la gran oportunidad de rescatar el sentido primigenio de aquel hombre de la historia. Adán, que gozó de un privilegio que hoy exigimos por derecho propio. Mucho más en los momentos actuales de vanguardismo y progresía mal digerida, donde damos nombre a los niños que vienen en aras de una «moda» o como resultado de la última campaña de la revista para los padres que premia los más originales. Si importante es poner nombre a las cosas, mucho más lo es ponerlo a las personas. Y aquí nos vamos a detener. Hasta hace pocos años, cumplir con el santoral era rito imprescindible que sellaba el ciclo nacimiento, nombre de santo, juzgado, bautizo. María y José han inundado la geografía española en un “alarde” de originalidad. Francisco y Fernando han sido casi siempre de segunda división, necesitaban el guion de la época siempre que daba al nombre compuesto un «orden» preestablecido.

Francisco y José Antonio hay muchos en los años cuarenta. El régimen anterior se cuidaba también de bautizar a los niños de la posguerra. María y José se compraban por veinte duros o «la voluntad» para poner «cristianos» a los niños africanos del «Domund». La preocupación de quedar «moros» era y es una pesadilla para determinadas familias. Muchos padres se han perpetuado a través del nombre de los hijos. Muchos actores, actrices, reyes, futbolistas, toreros, jefes de estado, patronos y patronas se perpetúan a diario en los libros de registro de los Palacios de Justicia. Sin dificultades. Pero una oleada progresista que avanza de forma imparable asalta los juzgados, sobre todo, poniendo nombres que no vienen en el santoral y que se encargan de sugerir el «bautismo» de siempre. No es extraño ver mezclada a Soraya con una «María» que dulcifica el atrevimiento o un Aitor de sobrenombre José. Por no hablar de la «moda» de Iván, Israel, Teseo, Víctor, Antígona, Sonia o la Tamara/Tais de turno, que hacen las delicias del lugar en clave Peñafiel/Hola, Nueva/Ola/«La Revista».

Aunque tengamos que ser respetuosos con la época, no hay más remedio que reconocer que la acción actual de poner nombre a las personas no tiene que ver absolutamente nada con el mandato para Adán. Esa gran oportunidad de hacer de cada nombre un programa (así lo vive el pueblo de Israel), se perdió en los fuegos fatuos de la historia. Nuestros antepasados ponían los nombres a sus hijos de acuerdo con un programa «dialogado» con el Dios de la época, es decir, en los hijos se quería proyectar un deseo compartido por el amor. Si a un niño hebreo se le pone Rafael (en hebreo Rafá-El), no es por agradecimiento al arcángel de moda, sino porque Dios ha sido como una «medicina» para la pareja. Si una niña se llama Ruth, será como homenaje a la amistad de todos. Cada vez que cojamos en brazos, por ejemplo, a Ruth, «nuestra amiga», recordaremos el programa para ella: nos comprometemos en la amistad, no necesitamos sacralizar el nombre. Esas eran las vivencias del pueblo hebreo. Cada nombre un programa, cada hijo/a un proyecto de vida enmarcado en el símbolo de cómo le llamamos.

Nuestra cultura actual vive muy lejos de esta realidad, pero sería importante recuperar estos valores históricos, para encontrar nuevos significados a la creación en general. A mí siempre me ha gustado sobremanera la historia de una pareja bíblica que se plantea el nombre como respuesta a una experiencia de crisis «matrimonial». Elcaná y Ana son la pareja feliz, son capaces de compartir el amor junto con una mujer más, aprobada por el rito de la época: Peninná. Es más, debido a la esterilidad de Ana, Elcaná se vuelca sobre Peninná «porque le da hijos». Ana se esconde por los rincones llorando su esterilidad y Elcaná la busca en el mejor acto de amor de la historia: «No llores mujer, porque mi amor es mejor que diez hijos…» Se unen, conociéndose, naciendo un niño con nombre de agradecimiento, Samuel, que en hebreo significa: «pedido a Dios». El nombre cobra tanta importancia como cumplir posteriormente con el rito: se había pedido un hijo y nace. Todo lo demás refuerza la importancia del acto: hay que llevar en agradecimiento un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino. Para rematar la fiesta, como hacemos por aquí, porque todo es importante en la viña del Señor. Samuel siempre será un acto de afirmación, de fidelidad progresista de una pareja revolucionaria en su época que, entre otras cosas, supo llamar al niño por su «nombre».

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El desarrollo de los Servicios Sociales en Andalucía: un deber político urgente ante la nueva legislatura

Índice de Desarrollo de los Servicios Sociales 2021Informe de Valoración del Desarrollo de los Servicios Sociales por Comunidades Autónomas 2021

Sevilla, 23/VI/2022

Ayer se publicó el Índice de Desarrollo de los Servicios Sociales que elabora anualmente la Asociación Estatal de Directoras y gerentes de Servicios Sociales, correspondiente a 2021, que se viene publicando anualmente desde 2012, cumpliendo este año su décimo aniversario. En este índice se hace balance de cómo han evolucionado los Servicios Sociales en una década en la que han ocurrido dos acontecimientos de indudable importancia y repercusión crítica: el descalabro económico que se inició en 2009, “con los grandes recortes presupuestarios que se prolongaron hasta 2014, y la gran crisis provocada por el covid19 en 2020 y 2021”. Según la citada Asociación , el resultado ha sido el siguiente:

Ordenación del Sistema: todas las Comunidades tiene Ley de nueva generación, salvo Madrid, que está en fase avanzada de elaboración. En 2011 sólo 11 Comunidades tenían Ley. Así mismo, si en 2011 eran 5 las Comunidades que tenían Catálogo de Servicios Sociales, en 201 son 9. Y frente a las 2 Comunidades con planificación estratégica en 2011, son 11 en 2021. 

Relevancia económica. Se incrementa un 26,2% el gasto por habitante y año (350 € en 2019 / 446,9 en 2020), así como 0,28 puntos porcentuales la significación sobre el PIB (1,60% en 2011 / 1,88% en 2020). Pero se reduce en 0,36 puntos el porcentaje del presupuesto que las Administraciones Públicas (Comunidades Autónomas y Entidades Locales) destinan a servicios sociales (8,14% en 2011 / 7,78% en 2020). Cada vez es mayor el porcentaje de financiación local y menor la autonómica sobre el gasto total en servicios sociales. Si en 2012 esta proporción era 83,3% CCAA y 14,6 EELL, en 2020 pasa a ser 69,4% CCAA y 30,6% EELL. 

Prestaciones y servicios. Mejoran la mayor parte de los indicadores de cobertura, destacando la ratio de profesionales por habitante en las estructuras básicas (pasando de un profesional por cada 3.765 habitantes, de media, en 2012, a uno por cada 2.064 en 2021), y las plazas de alojamiento para personas sin hogar (34,5 por cada 100.000 habitantes en 2011, 41,2 en 2020). En el resto el incremento es reducido, como las plazas residenciales de financiación pública para personas mayores (2,37% en 2011 / 2,70% en 2020) o la ayuda a domicilio (4,4% en 2011 / 5,1% en 2020). Hay incluso indicadores que empeoran en esta década: la intensidad de la Ayuda a Domicilio (19,3 horas de media mensual en 2011 / 17,8 en 2020) o los acogimientos familiares a menores sobre el total de acogimientos (60,4% en 2011 / 50,1% en 2020).

Si importantes son los resultados en el ámbito estatal y las consiguientes comparaciones entre Comunidades, quiero detenerme especialmente en el Informe de Valoración del Desarrollo de los Servicios Sociales por Comunidades Autónomas, 2021, por su especial incidencia en lo que ha sucedido en Andalucía y como una oportunidad para que desde el nuevo Gobierno y la oposición se trabaje ante sus resultados para plantear las mejores respuestas posibles. Siguiendo con los parámetros expuestos anteriormente como resumen general, la evolución del Índice DEC Andalucía 2’12-2021 obtiene una calificación global de DÉBIL (dec, 5,15), suponiendo una tendencia de contención, estable, al ocupar el puesto nº 11 en la clasificación de las Comunidades Autónomas en el desarrollo de su Sistema de Servicios Sociales: “Su puntuación global se mantiene estable respecto a la anterior aplicación, todavía una décima por debajo del nivel alcanzado en 2017”.

Según el Informe y en relación con el primer parámetro citado, reconocimiento de reconocimiento de derechos y ordenación del Sistema, hay que recordar que “la Ley de 2016 y su planificación supusieron un importante avance para el Sistema Público de Servicios Sociales en Andalucía. Pero la falta de aprobación del Catálogo cuatro años después, penaliza este apartado del Índice y le impide mejorar su clasificación. En cuanto a la relevancia económica. “aunque las Administraciones Públicas de Andalucía siguen reduciendo la relevancia económica de sus servicios sociales, en términos absolutos el gasto corriente por habitante y año aumentó un 6,74% en 2020 (401,36 €) respecto a 2019 (375,99 €), que sigue por debajo de la media estatal (446,93 €). Con un incremento de 28 décimas respecto al año anterior, el porcentaje que supone el gasto de la Comunidad y de las Entidades Locales en servicios sociales respecto al PIB regional alcanzó el 2,26% en 2020, superando el de años anteriores, manteniéndose por encima de la media estatal (1,88%), como ocurre de manera sistemática”.

Otro apartado importante es el porcentaje del gasto en servicios sociales que realiza la Junta de Andalucía y las Entidades Locales (EE.LL.) de Andalucía, porque aunque “es superior a la media estatal (+0,28 puntos), registra un fuerte descenso de 1,83 puntos en 2020 (8,06%) respecto al año anterior (desciende en 2020 1,83 puntos respecto al año anterior (9,89%). La Junta de Andalucía aporta el 71% del presupuesto total de los servicios sociales en esa Comunidad, mientras que el 29% restante corresponde a las Entidades Locales de su territorio. Unos porcentajes muy parecidos a los que se registran, como media, a nivel estatal, aunque la significación del presupuesto de la Junta es 1,9 puntos superior y, en consecuencia, la de las Entidades Locales 1,9 puntos menos”.

Asimismo, hay cuatro aspectos importantes en la cobertura efectiva de prestaciones y servicios, en los que destaca Andalucía:

– La cobertura de su red de servicios sociales comunitarios, con un profesional por cada 1.810 habitantes, cuando la media estatal es de uno por cada 2.064.

– La Atención a la Dependencia, con una puntuación de 7,5 puntos en la Escala del Observatorio de la Dependencia, la tercera más alta de todas las Comunidades.

– La cobertura del Servicio de Ayuda a Domicilio, del que se benefician en Andalucía el 6,8% de las personas mayores de 65 años, frente al 5,1% de media estatal.

– El Servicio de Teleasistencia, que alcanza al 15,3% de las personas mayores de 65 años (10,0% de media estatal).

Sin embargo, hay que señalar también los principales déficits de cobertura:

– La cobertura de sus Rentas Mínimas de Inserción, que solo alcanzaban al 5,4% de la población bajo el umbral de la pobreza en Andalucía, frente al 9,0% de media estatal.

– Las plazas residenciales de financiación pública para personas mayores de 65 años, con una cobertura del 1,96%, frente a 2,65% de media estatal.

– Las plazas de acogida para mujeres víctimas de violencia de género, con 7,1 plazas por cada 100 mujeres con orden de protección en Andalucía (11,4 de media estatal).

– Las plazas de alojamiento para personas sin hogar, con 25 plazas por cada 100.000 habitantes en Andalucía, frente a 41,2 de media estatal.

Creo que lo expuesto anteriormente son datos fiables para comenzar a diseñar, Gobierno y Oposición, una agenda de atención urgente y prioritaria a los Servicios Sociales en Andalucía, constatándose también que es un problema de Estado, porque las desigualdades entre Comunidades son clamorosas, tal y como se puede analizar con detalle en los índices citados. Se deberían abordar con carácter de urgencia también, normas sustantivas que establezcan índices mínimos de atención inexcusables para salvaguardar el interés general en los servicios sociales del país.  

Una vez más y visto lo expuesto en los dos informes de referencia, vuelvo a reivindicar mi sueño de que es posible transformar la sociedad andaluza, no sólo cambiarla, estando muy cerca de los nadies de Galeano, en particular, a los que no olvido, así como de la lucha por un mundo y un país mejor. Lo digo porque creo que entre todos podemos construir una sociedad mejor, sin excluir a nadie en esta preciosa tarea, en la que los servicios sociales atienden a los que más lo necesitan, en un equilibrio digno de salvaguarda del interés general. Los déficits sociales señalados, entre otros muchos, son un test para comprobar dónde estamos y qué debemos hacer. Ya no hay excusas.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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Saramago ha estado hoy presente en el Congreso de los Diputados

Nada está definitivamente perdido, las victorias se parecen mucho a las derrotas en que ni una ni otras son definitivas

José Saramago, 1998

Sevilla, 22/VI/2022

En la sesión de control del Congreso de los Diputados, el presidente ha citado hoy a José Saramago cuando el debate se centraba en lo ocurrido el domingo en las elecciones al Parlamento de Andalucía, al obtener el Partido Popular una victoria aplastante, mayoría absoluta, derrotando a la izquierda global: “La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva”. No he podido localizar con exactitud dónde pronunció o escribió esta frase Saramago, porque la única referencia más próxima de la que dispongo en este momento es la manifestación siguiente: “Nada está definitivamente perdido, las victorias se parecen mucho a las derrotas en que ni una ni otras son definitivas”, publicada en La Gaceta de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, el 7 de junio de 1998 (1). Lo importante es quedarse con el fondo de los expresado por el autor.

En la mediocridad habitual de esta sede maestra de la democracia, el Parlamento, estas palabras dan un valor especial al debate, porque tienen un sello garantista del poder de la palabra, viniendo de una persona comprometida con la política desde su espacio como escritor, en su esencia, no sólo porque provengan del aura mágica del premio Nobel recibido, que también. La esencia de la cita utilizada por el presidente está localizada en el capítulo dedicado al “compromiso intelectual” del libro referenciado, como seña de identidad de Saramago. Sus pronunciamientos nunca fueron inocentes y como dice al autor de la recopilación de sus palabras, “su pensamiento y sus juicios se desenvolvieron sobre intereses muy amplios, por lo general, dirigidos a procurar desentrañar los mecanismos del poder, el deterioro de las democracias, la hegemonía de la economía capitalista sobre la política o la causa de las desigualdades”.

Como también dijo Saramago en A Capital, en Lisboa, el 5 de noviembre de 1997, “En mi caso, el ciudadano prevalece sobre el escritor. A mí me interesa preguntarme qué es lo que me preocupa”. Es lo que vengo haciendo humildemente y desde hace muchos años en este cuaderno digital, cuando utilizo la palabra descompuesta en dos, pre-ocupación, es decir, con guion, dando prioridad diaria a lo que de verdad debe ocuparme por encima de todas las cosas en mi rol actual de ciudadano de a pie. Ahora, intentar asimilar la derrota de la izquierda en Andalucía con lo que ello supone y la abstención galopante que ha llevado a más de dos millones y medio de andaluces a no votar. Vuelvo a Saramago y leo de nuevo su extraordinario Ensayo sobre la lucidez, para intentar comprender que es una novela política desde su primera frase: “Mal tiempo para votar…”, una reflexión muy actual sobre el ocaso de la democracia, que es lo peor que le puede pasar a un pueblo, a pesar de que se intente demostrar desde el día uno de la victoria política correspondiente que todo sigue igual, como si no hubiera pasado nada. Eso es lo que me enerva y me lleva a seguir pre-ocupado con los resultados del pasado domingo.

Agradezco a Saramago seguir ayudándome a superar el duelo de la pérdida de la necesaria transformación política y social en Andalucía, sabiendo que hoy ha estado presente en el Congreso de los Diputados, que falta hace. Como decía recientemente en este cuaderno digital,  vuelvo a mi rincón de pensar y leer, para intentar colaborar en el resurgimiento de la ideología de izquierda en Andalucía, que nos permita volver a creer que unidos por la ideología común política, que nos permita vencer políticamente, porque estamos convencidos de que es posible transformar la sociedad, no sólo cambiarla, estando muy cerca de los nadies de Galeano, en particular, a los que no pienso olvidar, así como de la lucha por un mundo mejor, en el que superemos este momento gris y amargo en el que la desolación y el abandono del barco de la izquierda pretenden imponerse. Lo hago porque creo que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas de Andalucía por donde pasarán las personas con ideología de izquierda que colaboren a construir una sociedad mejor, sin excluir a nadie en esta preciosa tarea. También, porque “Nada está definitivamente perdido, las victorias se parecen mucho a las derrotas en que ni una ni otras son definitivas”.

(1) Gómez Aguilera, Fernando, José Saramago en sus palabras, 2010, Madrid: Alfaguara, p. 469.

ucrania, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Teatro de barrio, un libro especial

Sevilla, 21/VI/2022

Ha ocurrido algo especial en mi vida con mi libro Teatro de barrio, publicado en 1987, al volver a encontrarlo en una plataforma de compraventa por internet, con la siguiente descripción:

Teatro de barrio – obra en 19 artículos de José Antonio Cobeña – 1987 – firma de autor – Imprenta Jiménez, S.L. – Huelva . Se terminó de imprimir el día 24 de junio de 1987 – 73 páginas, libro numerado con número 00088, buen estado de libro, libro muy raro.

Una persona cercana me alertó de que había localizado este libro, “muy raro”, según el vendedor, en una búsqueda habitual. Desde que lo supe he tenido interés por hacerme de nuevo con él y así lo he llevado a cabo, hojeándolo hoy de nuevo con mis manos cuando ha vuelto a su casa, a la clínica del alma, mi biblioteca, treinta y cinco años después de haber salido de ella para volar a otro mundo posible de la amistad envuelta en agradecimiento. El interés por recuperarlo estribaba en que estaba dedicado a una persona que conocía bien en aquella época y porque figuraba en la citada plataforma una imagen con la dedicatoria perfectamente legible, aunque he preferido borrar ahora el nombre del destinatario por razones obvias:

A…, que minuto a minuto participó en este proyecto, ofreciendo profesionalidad e ideas… Gracias. Huelva, 24.6.87.

Este hecho me movió a recuperarlo para intentar volver a la privacidad con la que entregué el libro a su destinatario, para preservar la protección de un dato de identificación personal que para mí tiene su importancia. Al verlo en esta situación digital, perdido en la Noosfera, he recordado algo que no olvido en relación con los regalos: “Sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido”, unas palabras de Antonio Porchia que vuelven a tener importancia en mi vida al pasar al terreno de las preguntas en torno a qué habrá pasado a la persona a la que se lo dediqué, para que ya no esté en su poder y figure como mercancía en una plataforma digital de compraventa.

Lo que me queda es algo importante: el valor de la palabra, porque esta dedicatoria encierra una aventura que ya tuve oportunidad de explicar cuando publiqué por primera vez este libro en este cuaderno digital y porque esa persona fue muy importante por su trabajo en ella, algo que quise expresarle dedicándole unas palabras especiales: “minuto a minuto participó en este proyecto, ofreciendo profesionalidad e ideas… Gracias”. Esa aventura, llamada Teatro de barrio, figura detallada entre las obras publicadas y de libre acceso en este cuaderno digital desde 2007, cuando anuncié que ya estaba disponible para su descarga en la clave de este cuaderno digital: compartir con la Noosfera el conocimiento en libertad y sin razones de mercado. El libro lo edité con esmero en 1987, con un nombre muy sugerente, Teatro de barrio, que explico en su breve introducción. Creo que es una oportunidad de hacer justicia a la intrahistoria, también breve, de una aventura ideológica que murió por dos razones fundamentales: la soledad de la libertad que navega en mares procelosos de mercado y porque la independencia –en clave marxiana- no tiene precio, ¡pero cuesta tanto…! Es un homenaje a las personas que con gran generosidad fueron compañeras y compañeros de un viaje hacia alguna parte, aunque algunas y algunos perdieran en ese momento la aguja de marear.

El libro recoge la experiencia de cuatro meses de colaboración en la página 3 de Opinión, durante el último trimestre de 1984 y enero de 1985, en un periódico de Huelva, La Noticia, a través de un hilo conductor, «La flauta mágica», la famosa ópera de Mozart, en homenaje al giro copernicano que él imprimió a la existencia culta de la época, en un esfuerzo encomiable por vibrar con el pueblo auténtico, en la espera/esperanza de ver cantado y representado el amor sencillo de cada día. El libro se puede obtener en formato .pdf , de fácil lectura e impresión, con un tamaño reducido de 14,8×21 cm (A5-medio folio), editado con fuente «garamond», del cuerpo 12, en homenaje al tipógrafo Claude Garamond nacido en París en 1490, siglo que abrió la inteligencia por el conocimiento escrito de lo que sucedía en el mundo a través de los libros. Como en todas y cada una de las publicaciones de este blog, con más de dos mil artículos publicados en la actualidad, en sus diecisiete años de vida, mantengo la protección ética para que este libro se pueda copiar, distribuir y comunicar públicamente, bajo tres condiciones amparadas por la licencia de Creative Commons: Reconocimiento, para que se reconozcan los créditos de la obra de la manera especificada por el autor o el licenciador (pero no de una manera que sugiera que tiene su apoyo o apoyan el uso que hace de su obra); No comercial, para que no se pueda utilizar esta obra para fines comerciales y Sin obras derivadas, para que no se pueda alterar, transformar o generar una obra idéntica.

Algo muy importante a destacar es que el libro tiene un Prólogo excelente, escrito por Juan Cobos Wilkins (En el corazón de la tierra, libro y película, entre otras muchas obras relevantes), poeta y escritor muy próximo a la realidad de Riotinto, en Huelva, que configura las mejores páginas de esta obra, desde la concha del apuntador de un teatro de barrio muy particular. Su obra literaria ha consolidado en estos treinta y cinco años desde aquella colaboración una forma de entender el oficio de escritor desde una larga y alta atalaya de conocimiento sintiente. Por todo lo expuesto anteriormente, mis palabras introductorias en el libro, Antes del estreno…, cobran hoy un sentido muy especial cuando las vuelvo a leer tras la operación rescate de un libro presentado en Internet como “muy raro”, en argot bibliográfico, porque el libro es de todos. La dedicatoria…, que vuelve a casa, todavía más:

Antes del estreno…

«Teatro de barrio» es el resultado de una reflexión vinculada a la existencia del periódico «La Noticia de Huelva». A lo largo de cuatro meses del año 1984, aparecieron diecinueve artículos bajo el título genérico de «La flauta mágica», en homenaje al giro copernicano que Mozart imprimió a la existencia culta de la época, en un esfuerzo encomiable por vibrar con el pueblo auténtico, en la espera/esperanza de ver cantado y representado el amor sencillo de cada día.

No hubiera sido posible escribir en clave mozartiana sin la vivencia, también diaria, de aquel periódico querido. Esta publicación quiere ser un homenaje a cuantas personas se esforzaron en el cada día de su aparición, porque en toda representación teatral o publicación diaria lo importante es el esfuerzo conjuntado, «sinfónico», de los que hacen posible la lectura de la partitura, en este caso, en clave de esperanza y creencia en el hombre, la sociedad y la naturaleza”. Huelva, 30 de abril de 1987.

Escribiendo estas palabras he recordado también mi viaje a Viena en 2007, a través de la mirada de Papageno en su puerta del teatro sobre el río Viena, mi querido Teatro de barrio, libro en cuya contraportada figuraba Papageno, como homenaje a este protagonista excelso de La flauta mágica, sintiéndose cómplice del movimiento de la Secesión,  A cada época su arte, al arte su libertad, situado personalmente a escasos metros de su deteriorada figura, cubierto de plumas y con su inseparable jaula para meter/sacar los pájaros encantados sin saber nunca a qué tipo de pájaros –uccellaci o uccellini, pasolinianos- se estaba refiriendo en su larga andanza desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Lo contemplé durante bastantes minutos y cerrando los ojos imaginé el día del estreno de su maravillosa ópera, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de su fallecimiento, dirigiéndola en un teatro muy sencillo, de un barrio alejado del Anillo Real y de la Iglesia Oficial de Viena. Así, hasta contemplarlo hoy de nuevo, cuando vuelve a su casa en Sevilla.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Una campaña electoral muy particular / 9. ¿Es posible aplicar la teoría de la navaja de Ockham? y 10. ¿Qué hay de verdad en los programas políticos?

Selección, por relevancia política, de los programas oficiales de cinco partidos y una coalición, entre las veintisiete candidaturas proclamadas

Sevilla, 17/VI/2022

Finalizo esta serie dedicada a las elecciones al Parlamento de Andalucía con dos planteamientos importantes: rescatar la teoría de la navaja de Ockham (Guillermo de Ockham, (ca. 1280/1288-1349), aplicada en este momento al voto político en las próximas elecciones en Andalucía, porque hay que “rasurar las barbas de la indecencia política” que nos invade, al igual que hizo Ockham con las de Platón y su complejo mundo. La formulación sencilla de esta teoría proclama que la solución más simple sobre lo que está pasando en política es la correcta, es decir, se sabe que se están cometiendo errores concretos sobre la sana política y éstos son los que hay que erradicar, porque sabemos quiénes los cometen y, además, nos hemos quedado con la cara de sus representantes. ¿Quién lo debe hacer? Aplicando la navaja de Ockham, el partido que erradique en su programa las prácticas destructivas de la correcta política, en la que ocupa un papel estelar la corrupción.

Aporto en este artículo un dato muy importante extraído del último barómetro elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), correspondiente al mes de abril de 2022, que ha contemplado una pregunta que considero de sumo interés para su análisis y toma de consideración por quien corresponda a la hora de aplicar la navaja de Ockham en política. La formulación era la siguiente: ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero? (RESPUESTA ESPONTÁNEA). (MULTIRRESPUESTA). He tomado en consideración sólo las diez primeras respuestas de un total de 71, porque creo que representan bien el estado anímico de la Nación y porque porcentualmente hablando son muy significativas. Queda claro que un gran problema es el de la política actual, no sólo la crisis económica o el paro, porque de las diez respuestas, tres de ellas, referidas a asuntos políticos, suman un total del 42,9%, es decir, ocuparían el segundo puesto en esta clasificación estadística al darles un tratamiento homogéneo. Es muy significativo el resultado porque en política en este país no se salva nadie, ni el Gobierno y partidos o políticos concretos/as, ni los problemas políticos en general y, tampoco, el mal comportamiento de los/as políticos/as. La verdad es que es un resultado lamentable, que debería hacernos reflexionar ante las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, concretamente el 19 de junio.

El segundo artículo plantea algo sustancial con este momento político electoral: el conocimiento a fondo, antecedente al acto de votar, de los programas políticos de los partidos, federaciones y coaliciones que se presentan a estas elecciones, para conocer con detalle qué pretenden cambiar o, mejor todavía, transformar en la sociedad para que sea más justa y equitativa, respetando siempre el interés general. Parto de la aplicación en este momento electoral de un principio de realidad: estamos instalados en las falsas noticias, falsas declaraciones, acusaciones falsas y así sucesivamente sin solución de continuidad, que se amplifican en las redes sociales de cualquier marca, contaminadas por la mentira despiadada. Ante la próxima campaña electoral en Andalucía, acudo a una de mis preguntas habituales en este cuaderno digital que busca encontrar islas desconocidas en la política verdadera: ¿los programas políticos tendrían que incorporar en sus índices, la llamada de atención sobre la ficción que encierran en sí mismos? 

Si nos dijeran la verdad mentirían”, escribí después de las elecciones generales en España en diciembre de 2015 y finalizaba con una reflexión sobre la que vuelvo a hacer ahora una operación rescate para comprobar si a través de mis palabras encuentro sentido a esta verdad que nos corroe en la película real del día a día: “El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era”.

Para acabar, gracias sinceras de nuevo por haber llegado hasta aquí. Leídos por mi parte los programas citados, algunos en muy pocos minutos por su escasa consistencia, me reafirmo en algo que he manifestado ya en esta serie: los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están siempre en su sitio y pocos partidos los representan y escriben sobre ellos, porque todos no son ni somos iguales. Tampoco lo olvidaré a la hora de votar el próximo 19 de junio, navegando en mi patera ética por la memoria histórica de Andalucía. Llegado a puerto, la amarraré al noray ético de mi vida, que también existe. Hasta el próximo viaje hacia alguna parte de la nueva política, que espero con la ardiente paciencia de Neruda a pesar de su fragilidad extrema.

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 9. ¿Es posible aplicar la teoría de la navaja de Ockham?

Sevilla, 1/VI/2022

Instalados en el mundo de la complejidad líquida, donde todo cambia en segundos, incluso el pensamiento crítico, es conveniente rescatar la teoría de la navaja de Ockham (Guillermo de Ockham, (ca. 1280/1288-1349), aplicada en este momento al voto político en las próximas elecciones en Andalucía, porque hay que rasurar las barbas de la indecencia política que nos invade, al igual que hizo Ockham con las de Platón y su complejo mundo. La formulación sencilla de esta teoría proclama que la solución más simple sobre lo que está pasando en política es la correcta, es decir, se sabe que se están cometiendo errores concretos sobre la sana política y éstos son los que hay que erradicar, porque sabemos quiénes los cometen y, además, nos hemos quedado con la cara de sus representantes. ¿Quién lo debe hacer? Aplicando la navaja de Ockham, el partido que erradique en su programa las prácticas destructivas de la correcta política, en la que ocupa un papel estelar la corrupción. Es verdad que cualquier elector puede pensar que todos los partidos son iguales y sus representantes también, pero las hipótesis de creencias para decidir sobre la elección más justa, debe ser la más simple: votar a aquellos que practican continuamente la verdad política, porque existen, salvaguardando el interés general. Llegados a este punto, habría que seguir de cerca a Einstein sobre su posicionamiento ante la navaja de Ockham, puesto que elegir lo más simple en política no significa que haya que emitir juicios no bien informados a través del voto: “A duras penas se puede negar que el objetivo supremo de toda teoría es convertir los elementos básicos en simples y tan pocos como sea posible, pero sin tener que rendirse a la adecuada representación de un solo dato de la experiencia. Simple, pero no más simple” (1).

La situación descrita anteriormente la conocemos bien y la describí en el segundo artículo de esta serie, dedicado a las ideologías, donde afirmaba que lo que verdaderamente es un clamor popular, como analizaba recientemente a tenor de los últimos resultados del Barómetro del CIS en abril de este año, es que hay un denominador común de desconcierto ciudadano ante el desencanto por hechos irrefutables de corrupción política y por el paro galopante que sigue sufriendo esta Comunidad y que sobre todo afecta a los jóvenes. Ante este panorama tan complejo y preocupante, es necesario reflexionar en voz alta sobre las actuaciones que pueden ayudar a despejar las incógnitas electorales que nos abruman en estos días que anteceden al 19 de junio de 2022. Hay que considerar, en primer lugar, una base política, como ciudadanos de a pie, como punto de partida para preparar un voto razonable y que lo sustente. Se resume en una sola palabra, ideología, porque cuando existe la ideología, que forja siempre una creencia, la política se hace virtud ciudadana, porque es consecuente, porque somos ciudadanos políticos, en la clave que enseñó Aristóteles. Las ideologías no son inocentes, como tantas veces he explicado en este blog al acudir a lo manifestado en tal sentido por Georg Lukács. Solo me refiero en la situación actual a las ideologías democráticas, las que pueden considerarse por su contenido de respeto a las personas y a la sociedad en general, en el largo camino que existe desde la izquierda a la derecha del arco político actual. Las ideologías son soportadas por las creencias, algo simple, pero no más simple, siguiendo a Einstein.

En este contexto, el último barómetro elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), correspondiente al mes de abril, ha contemplado una pregunta que considero de sumo interés para su análisis y toma de consideración por quien corresponda a la hora de aplicar la navaja de Ockham en política. La formulación era la siguiente: ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero? (RESPUESTA ESPONTÁNEA). (MULTIRRESPUESTA). He tomado en consideración sólo las diez primeras respuestas de un total de 71, porque creo que representan bien el estado anímico de la Nación y porque porcentualmente hablando son muy significativas. Queda claro que un gran problema es el de la política actual, no sólo la crisis económica o el paro, porque de las diez respuestas, tres de ellas, referidas a asuntos políticos, suman un total del 42,9%, es decir, ocuparían el segundo puesto en esta clasificación estadística al darles un tratamiento homogéneo. Es muy significativo el resultado porque en política en este país no se salva nadie, ni el Gobierno y partidos o políticos concretos/as, ni los problemas políticos en general y, tampoco, el mal comportamiento de los/as políticos/as. La verdad es que es un resultado lamentable, que debería hacernos reflexionar ante las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, concretamente el 19 de junio.

Todo, al final, es cuestión de principios, como he manifestado en ocasiones anteriores al respecto. A diferencia de la famosa frase atribuida dudosamente a Groucho Marx, “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”, siempre escribo y no me escondo sobre mis principios éticos para vivir dignamente, interpretando la política e intentando transformar la sociedad salvando siempre el interés general. Si estos principios ideológicos no gustan a los demás, no tengo otros. Así de simple, pero no más simple. Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo, conciencia y sentimiento de clase no nos importaba sentirnos parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de nuestras «utopías», como la de los ideólogos de siempre, porque para tranquilizar sus conciencias han llamado y siguen llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, la de los “comunistas”, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general, de los nadies de Eduardo Galeano, de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero). Esa ideología es la que hay que recuperar en beneficio de todos, la que permita devolver el interés de vivir a los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida. Si se consigue con una ideología concreta, porque todas no son iguales, podremos ser felices por nuestra responsabilidad electoral llevada a feliz término a través del voto. Aplicando la teoría de la navaja e Ockham, es decir, decidiendo de forma responsable sobre la elección más justa el próximo 19 de junio, que debe ser la más simple: votar a aquellos que practican continuamente la verdad política, porque existen, salvaguardando el interés general en beneficio de todos. Así de simple.

(1) Einstein, A. (1934), On the Method of Theoretical Physics. Philosophy of Science, 1, 163-169.

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / y 10. ¿Qué hay de verdad en los programas políticos?

Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad

Michael Ignatieff, Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política

Sevilla, 2/VI/2022

En el último artículo de esta serie parto de un principio de realidad: estamos instalados en las falsas noticias, falsas declaraciones, acusaciones falsas y así sucesivamente sin solución de continuidad, que se amplifican en las redes sociales de cualquier marca, contaminadas por la mentira despiadada. Ante la próxima campaña electoral en Andalucía, acudo a una de mis preguntas habituales en este cuaderno digital que busca encontrar islas desconocidas en la política verdadera: ¿los programas políticos tendrían que incorporar en sus índices, la llamada de atención sobre la ficción que encierran en sí mismos? Vuelvo a leer una obra de Vargas Llosa que leí en 2016, La verdad de las mentiras, para comprobar si a través de la palabra literaria puedo encontrar la verdad que no encuentro en la realidad política actual: la ficción literaria, dice él, es por sí sola “una acusación terrible contra la existencia bajo cualquier régimen o ideología: un testimonio llameante de sus insuficiencias, de su ineptitud para colmarnos. Y, por lo tanto, un corrosivo permanente de todos los poderes, que quisieran tener a los hombres satisfechos y conformes. Las mentiras de la literatura, si germinan en libertad, nos prueban que eso nunca fue cierto. Y ellas son una conspiración permanente para que tampoco lo sea en el futuro”. No es que Vargas Llosa sea santo de mi devoción, pero suelo separar en mi vida la paja del heno sin demonizar a nadie, porque nada humano me es ajeno. Incluso el neoliberalismo, para analizarlo y denunciar sus pies de barro cuando tiene poco que ofrecer a los que menos tienen.

Si nos dijeran la verdad mentirían”, escribí después de las elecciones generales en España en diciembre de 2015 y finalizaba con una reflexión sobre la que vuelvo a hacer hoy una operación rescate para comprobar si a través de mis palabras encuentro sentido a esta verdad que nos corroe en la película real del día a día: “El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era”.

Necesitamos leer programas que contengan verdad verdadera que emerja sobre todas las querellas más o menos criminales en torno a las personas que trabajan en política y elaboran programas electorales, porque muchas personas están convencidas de que en política se miente continuamente: “los políticos, mienten más que hablan” y sus programas, en campaña electoral, dan buena fe de ello. Es una realidad flagrante, que solo se puede combatir si el poder político en todas sus escalas se instala de una vez por todas en la verdad, teniendo una clave machadiana contundente al respecto: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”. La izquierda lo sabe y en la próxima campaña debería dar ejemplo segundo a segundo de que se instala definitivamente en la verdad política, en la credibilidad, no en la ficción política, meramente literaria, de la que hablábamos anteriormente y que también existe.

En el contexto expuesto anteriormente y para que se aplique el principio de realidad sobre las verdades políticas, adjunto los programas de los cinco partidos y una coalición con más posibilidades de obtener escaños en el Parlamento de Andalucía para gobernar en la próxima legislatura, sin interpretación alguna por mi parte para no contaminar a quien lea estas reflexiones “políticas”, figurando por estricto orden alfabético de su denominación o siglas: Adelante AndalucíaCiudadanosPor AndalucíaPartido PopularPSOE-A y VOX, aunque conviene recordar que todavía quedan por conocer bien los programas de los restantes partidos federaciones y coaliciones, veintidós, que suman en total veintisiete candidaturas electorales, con diferente presencia en las ocho provincias andaluzas. De todas formas, me van a permitir que exprese algo muy claro en relación con mis principios porque, de verdad, no tengo otros, a diferencia del eufemismo de Groucho Marx: todos los programas no son iguales, ni todos respetan el interés general, con especial atención al Estado de Bienestar o, dicho de forma más cercana, a la Comunidad Andaluza del Bienestar. Por tanto, creo que es una obligación ética leerlos en todas y cada una de sus páginas para poder emitir un voto bien informado. Las razones múltiples que me llevan a esta reflexión final están expuestas en los nueve artículos anteriores.

Gracias sinceras por haber llegado hasta aquí. Leídos por mi parte los programas citados, algunos en muy pocos minutos por su escasa consistencia, me reafirmo en algo que he manifestado ya en esta serie: los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están siempre en su sitio y pocos partidos los representan y escriben sobre ellos, porque todos no son ni somos iguales. Tampoco lo olvidaré a la hora de votar el próximo 19 de junio, navegando en mi patera ética por la memoria histórica de Andalucía. Llegado a puerto, la amarraré al noray ético de mi vida, que también existe. Hasta el próximo viaje hacia alguna parte de la nueva política, que espero con la ardiente paciencia de Neruda a pesar de su fragilidad extrema.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Una campaña electoral muy particular / 7. La corrupción de la mente daña de forma irreversible a la democracia y 8. Es hora de reivindicar el deber de los deberes humanos

Emilio LLedó

Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente.

Emilio Lledó

Sevilla, 16/VI/2022

Hoy, en plena campaña electoral en Andalucía, se presentan dos personas imprescindibles, como “modelos políticos” en el sentido más puro de lo que es ser político en el mundo actual. En el primer artículo, centro la reflexión en la corrupción de la mente, algo que también ocurre en política, citando al filósofo y paisano Emilio Lledó, autor de un libro, Sobre la educación, en el que figura un artículo precioso, Juan de Mairena, una educación para democracia, en el que hace una advertencia sobrecogedora sobre la corrupción de la mente: “Sorprende que con el enorme y tal vez desmesurado retumbar de las noticias sobre corrupción, no se haya entrevisto la peor de las corrupciones, mucho más grave aún que la de la supuesta apropiación de bienes ajenos o la utilización de la venta de los bienes públicos para engordar los privados. Me refiero a la corrupción de la mente, a la continua putrefacción de la conciencia debida, entre otras monstruosidades de degeneración mental, a la manipulación informativa. Estas corrupciones no son instantáneos desenfoques de la visión. Al cabo del tiempo esos manejos en nuestras inermes neuronas acaban por distorsionarlas, desorientarlas y dislocarlas. Difícilmente podrán hacer ya una sinapsis, una conexión pertinente y correcta”.

Todo lo que expresa Emilio Lledó sobre la corrupción, es aplicable a la política actual, obviamente. El contrato social de cada ciudadano con la política que impera nos recuerda la conveniencia de estar vacunados contra la epidemia de intromisión en nuestra inteligencia social, que también existe, porque la mente sufre con esta falta de ejemplaridad por la corrupción política. Comprendo mejor que nunca la reflexión de Emilio Lledó que abre estas palabras y que tampoco olvido: Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia. Creo que ha llegado el momento de entrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario, por tanto, comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. Ya lo dijo el torero El Guerra: lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

En el segundo artículo, octavo de la serie, abordo algo que me obsesiona desde antiguo, el cumplimiento de los deberes sociales, no sólo de la exigencia de los derechos. En este caso, sabiendo que es urgente tomar conciencia de nuestros deberes políticos como ciudadanos del mundo y de esta Comunidad, en los términos propuestos de fondo y forma en la Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas, que se cita en el artículo, porque tenemos la oportunidad en estas elecciones al Parlamento de Andalucía de tomar conciencia de que todo lo político, en el sentido más puro del término, también nos pertenece, al ser estos deberes y obligaciones políticas una dimensión humana primordial como miembros de la aldea global en la que vivimos, somos y estamos cada día de nuestra vida.

Así lo presentó José Saramago en uno de los discursos pronunciados con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1998, refiriéndose al 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, lo siguiente: “Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden. El primer deber será exigir que esos derechos sean no sólo reconocidos sino también respetados y satisfechos. No es de esperar que los Gobiernos realicen en los próximos cincuenta años lo que no han hecho en estos que conmemoramos. Tomemos entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la palabra y la iniciativa. Con la misma vehemencia y la misma fuerza con que reivindicamos nuestros derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo comience a ser un poco mejor”.

El Preámbulo de la citada Carta, a título de marco reflexivo, que se desarrolla en sus veintitrés declaraciones, debería ser un horizonte por contemplar a la hora de introducir el voto en la urna el próximo 19 de junio, tan cerca ya, porque el voto debe llevar dentro una parte muy importante de responsabilidad política ciudadana, como deberes que son propios y no sólo responsabilidad política del Gobierno correspondiente. La razón es humana, personal e intransferible en su esencia y no tiene color. Sí, por el contrario, ideología y se aloja en personas. Ya ha demostrado la historia de forma suficiente que “ninguna ideología es inocente”, como señaló Lukács y tantas veces he citado en este cuaderno digital.

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 7. La corrupción de la mente daña de forma irreversible a la democracia

Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente.

Emilio Lledó

Sevilla, 28/V/2022

Sigo muy pre-ocupado (así, con guion) con las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía. En este contexto, recurro habitualmente a mi clínica del alma, es decir, a mi biblioteca, para intentar reabsorber lo que detesto, y cada día más, como corrupción de la mente y su impacto en la democracia actual. Entre mis libros más queridos en la actualidad está uno del filósofo y paisano Emilio Lledó, Sobre la educación, en el que figura un artículo precioso, Juan de Mairena, una educación para democracia, en el que hace una advertencia sobrecogedora sobre la corrupción de la mente: “Sorprende que con el enorme y tal vez desmesurado retumbar de las noticias sobre corrupción, no se haya entrevisto la peor de las corrupciones, mucho más grave aún que la de la supuesta apropiación de bienes ajenos o la utilización de la venta de los bienes públicos para engordar los privados. Me refiero a la corrupción de la mente, a la continua putrefacción de la conciencia debida, entre otras monstruosidades de degeneración mental, a la manipulación informativa. Estas corrupciones no son instantáneos desenfoques de la visión. Al cabo del tiempo esos manejos en nuestras inermes neuronas acaban por distorsionarlas, desorientarlas y dislocarlas. Difícilmente podrán hacer ya una sinapsis, una conexión pertinente y correcta” (1).

El daño al denominado principio de confianza debida en democracia representativa, es un ejemplo muy clarificador de la corrupción mental por la manipulación informativa que se pueda recoger en letra impresa en los programas políticos y en las intervenciones públicas de sus líderes en mítines, debates, tertulias, comparecencias en ruedas de prensa y en mensajes explícitos en redes sociales, como podemos constatar ya en la etapa preelectoral en la que estamos inmersos. La manipulación permanente mediante compromisos falsos acaba “distorsionando, desorientando y dislocando” las creencias de los votantes. Es por lo que en pleno retiro voluntario pido, con profundo respeto ciudadano, que se ponga una especial atención a no corromper la mente de las personas que pertenecemos al club ciudadano de las personas dignas, que somos millones en este país. Estamos acostumbrados a votar sin conocer con detalle el contenido de los programas políticos y luego vienen los escándalos farisaicos cuando denunciamos que no se cumplen determinados aspectos de los mismos, porque lo que allí se prometía no era verdad, se falseaba su auténtica razón de ser y estar en el programa político correspondiente. Es imprescindible conocerlos al detalle con anterioridad al voto, para conocer la posibilidad real de cumplimiento de su verdad o mentira intrínseca, pero también acusan un desgaste en su formulación, porque la participación real e identitaria en la redacción de los mismos, casi siempre es delegada en las siglas y en representantes que desconocemos. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben y pueden tener ahora un papel fundamental en estas formulaciones, es decir, en la participación real y efectiva de los militantes y de los llamados “simpatizantes” o personas en general con creencias en la redacción de los programas políticos correspondientes.

En el marco de lo expuesto anteriormente sobre corrupción de la mente, hago de nuevo una llamada de atención a los partidos de izquierda sobre todo, pero también a todos los que participen en los próximos comicios, que lo harán gracias a la democracia, porque hasta que cambien las leyes actuales hay que blindar la defensa constitucional actual de la democracia representativa que la participación de la ciudadanía debe cuidar hasta extremos insospechados. Para ello, es necesaria la educación en valores ciudadanos, que no se improvisan sino que son el resultado de una educación personal, familiar y social, constantes en el tiempo. Por extensión, educación política. La participación ciudadana, organizada, es la respuesta, pero dejando abierta la posibilidad de generar liderazgos que arrastren conciencias humanas bien informadas, a veces en minorías o mayorías silenciosas o ruidosas, que después se llamarán votos. La educación política es la única fuerza capaz de contener la corrupción política de la mente.

Comprendo muy bien por qué Emilio Lledó adjunta una referencia de Juan de Mairena, el heterónimo de Antonio Machado, al texto recogido al comienzo de estas palabras: “Por debajo de lo que se piensa está lo que se cree, como si dijéramos en una capa más honda de nuestro espíritu. Hay personas [hombres, en el original] tan profundamente divididas consigo mismo, que creen lo contrario de lo que piensan. Y casi -me atrevería a decir- es ello lo más frecuente. Esto debieran tener en cuenta los políticos. Porque lo que ellos llaman opinión es más complejo y más incierto de lo que parece. En los momentos de los grandes choques que conmueven fuertemente la conciencia de los pueblos se producen fenómenos extraños de difícil y equívoca interpretación: súbitas conversiones, que se atribuyen a interés personal, cambios inopinados de pareceres, que se reputan insinceros, posiciones inexplicables, etc. Y es que la opinión muestra en su superficie muchas prendas que estaban en el baúl de las conciencias”.

En los momentos que vivimos de tanta corrupción mental, nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerden que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (2).

El contrato social de cada ciudadano con la política que impera nos recuerda la conveniencia de estar vacunados contra la epidemia de intromisión en nuestra inteligencia social, que también existe. Comprendo mejor que nunca la reflexión de Emilio Lledó que abre estas palabras y que tampoco olvido: Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia. Creo que ha llegado el momento de entrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario, por tanto, comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. Ya lo dijo el torero El Guerra: lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

Todo lo expuesto anteriormente es válido cuando estamos convencidos de que lo más importante en la sociedad es perseguir el interés general frente al individual y que la corrupción política es el enemigo público número uno a combatir, porque cuando entra en la sociedad no deja títere con cabeza, todo se corrompe y nos lleva a un conformismo terrible. La tentación es huir hacia adelante, hacia ninguna parte, pero hay que vencerla, porque queramos o no, necesitamos defender la democracia como la mejor forma de compartir la vida. Ante la decepción por lo que ocurre con la situación política actual en el país en determinados partidos políticos de ultraderecha o liberales extremos, con sus representantes incluidos obviamente, es posible que caigamos en la tentación de acudir a Góngora para que nos explique hoy esta situación a través de su famosa letrilla rediviva, «Ándeme yo caliente, ríase la gente»: Cuando cubra las montañas / De blanca nieve el enero, / Tenga yo lleno el brasero / De bellotas y castañas, / Y quien las dulces patrañas / Del Rey que rabió me cuente, / Y ríase la gente. […] Busque muy en hora buena / El mercader nuevos soles; / Yo conchas y caracoles / Entre la menuda arena, / Escuchando a Filomena (1) / Sobre el chopo de la fuente, / Y ríase la gente. Porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible, por mucho que ante la falta de ética personal y colectiva, con su poso político correspondiente, determinados partidos políticos quieran normalizar lo indeseable en términos individuales y sociales, para convertirlo todo en un barrizal y en un auténtico mundo al revés sin contrato social alguno, que lleva irremisiblemente al ocaso de la democracia, sin mezcla de bien común o interés general alguno.

(1) Lledó, Emilio (2018). Sobre la educación. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, p. 127.

(2) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.

(3) “Filomena” era la denominación de “la hembra del ruiseñor” en tiempos de Góngora (ver el Diccionario de Francisco Sobrino (1705), en el Diccionario nuevo de las lenguas española y francesa. Bruselas: Francisco Foppens, p. 182,3).

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 8. Es hora de reivindicar el deber de los deberes humanos

Saramago, megáfono en mano, se dirige a un grupo de manifestantes encerrados en 2001 en el patio de la Universidad de Sevilla en protesta por la Ley de Extranjería / EFE

Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden.

José Saramago, en un discurso pronunciado con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1998

Sevilla, 30/V/2022

Desde la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, han pasado 73 años de reivindicación permanente de derechos humanos, pero muy poco se ha hecho en relación con los deberes asociados a ellos como lo más íntimo de su propia intimidad, que también existen. Cuando se aproximan las elecciones generales al Parlamento de Andalucía, que se celebrarán el próximo 19 de junio, creo que también hay que tomar conciencia de nuestros deberes políticos como ciudadanos del mundo y de esta Comunidad, en los términos propuestos de fondo y forma en la Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas que se expone a continuación, porque todo lo político, en el sentido más puro del término, también nos pertenece, al ser una dimensión humana primordial como miembros de la aldea global en la que vivimos, somos y estamos cada día de nuestra vida.

José Saramago manifestó en uno de los discursos pronunciados con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1998, refiriéndose al 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, lo siguiente: “Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden. El primer deber será exigir que esos derechos sean no sólo reconocidos sino también respetados y satisfechos. No es de esperar que los Gobiernos realicen en los próximos cincuenta años lo que no han hecho en estos que conmemoramos. Tomemos entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la palabra y la iniciativa. Con la misma vehemencia y la misma fuerza con que reivindicamos nuestros derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo comience a ser un poco mejor”.

La propuesta formulada en 2016 por la Universidad Nacional Autónoma de México, la Fundación José Saramago y la World Future Society (Capítulo México) señaló, entre otras cuestiones que se pueden consultar en el documento que recoge la propuesta de aprobarse a escala mundial una Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas, una serie de preguntas cruciales que necesitan urgente respuesta política de Estado y de cada ciudadano en particular, cada uno en su nivel de responsabilidades: “¿A qué estamos obligados para con nosotros mismos y con quienes nos sobrevendrán, los sujetos y organizaciones de nuestro tiempo? ¿Qué deben hacer además de afirmar sus innegables derechos, los grupos económico-empresariales, las asociaciones civiles, las comunidades religiosas, los medios de comunicación, los partidos políticos o los individuos concretos que habitan la tierra? Más allá de desesperanzas y posibilidades particulares de realización, ¿a qué debiéramos estar obligados cada uno de nosotros, en función de nuestras circunstancias, capacidades y posibilidades, para con nosotros mismos, con los demás, con nuestra comunidad, con nuestro sistema de gobierno o con el espacio que habitamos? Que alguien o muchos lo sepan, no es suficiente para lograr acciones en la dirección correcta. Es necesario decirlo, postularlo, comprometerlo, para que las cosas empiecen a marchar en tal sentido. Así como desde hace años se viene pregonando la necesidad de que cada cual se asuma como sujeto pleno de derechos y sea capaz de entenderlos y ejercerlos, así también se hace necesario, a través de un ejercicio de educación cívica, hablar de los deberes y las obligaciones que tales titularidades imponen. Este es, finalmente, el objeto de esta propuesta: ayudarnos a tomar consciencia de que nuestra condición humana pasa, desde luego, por la plena titularidad de los derechos que hemos admitido como innatos a todos los seres humanos, pero también por la aceptación de deberes, obligaciones y responsabilidades para con nosotros mismos y para con los demás”.

En este contexto, expongo a continuación el contenido del Preámbulo de la citada Carta, a título de marco reflexivo, con objeto de que se considere en la totalidad de sus veintitrés declaraciones a la hora de introducir el voto en la urna de las próximas elecciones generales al Parlamento de Andalucía, porque el voto debe llevar dentro una parte muy importante de responsabilidad política ciudadana, como deberes que son propios y no sólo responsabilidad política del Gobierno correspondiente. La razón es humana, personal e intransferible en su esencia y no tiene color. Sí, por el contrario, ideología y se aloja en personas. Ya ha demostrado la historia de forma suficiente que “ninguna ideología es inocente”, como señaló Lukács y tantas veces he citado en este cuaderno digital. Y la ideología simbolizada en programas políticos ha perdido su inocencia de base. Pero eso no es “malo”, para que nos entendamos. Perder la inocencia para ser responsable, es “bueno”. Y ser responsable conlleva, por un lado, conocer la “cosa” política (programa, por ejemplo…), en su doble proyección de derechos y deberes, es decir, el contenido auténtico y ético de la acción y, además, ser libre para decidir a través de unos votos y asumir “deberes políticos” como ciudadanos que cuidan la cosa pública (res publica).

Personalmente, suscribo la Carta en todos y cada uno de sus términos, con la ardiente paciencia de Neruda en la espera a que esta Carta tenga el respaldo legal suficiente para que nos comprometa a todos, después de un recorrido iniciado en 2018, cuando a través de la iniciativa descrita anteriormente, inspirada por Saramago en su discurso del premio Nobel, fue presentada al Secretario General de la ONU, António Guterres, a la Comisión de Derechos Humanos y debatida con los embajadores iberoamericanos ante la ONU, recibiendo desde entonces adhesiones internacionales de todo tipo.

Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas

Preámbulo

Considerando que los derechos humanos son la mayor conquista jurídica y social de nuestro tiempo para garantizar la dignidad de todas las personas sin distinción alguna de sus condiciones individuales, sociales o culturales,

Considerando la necesidad de reconocer la emergencia de nuevos derechos así como de realizar una lectura actualizada, intergeneracional, relacional y solidaria de los mismos que enfatice debidamente su función social,

Reiterando que los principales obligados al cumplimiento de los derechos humanos son los Estados nacionales y los organismos internacionales y regionales,

Subrayando la importancia de que todos los individuos y las organizaciones cumplan también con tales derechos,

Atendiendo a las crecientes desigualdades y violaciones a los derechos humanos y a las dificultades de alcanzar las metas planteadas para lograr el desarrollo armónico de la humanidad en su conjunto,

Entendiendo que la Declaración Universal de los Derechos Humanos dispone en su artículo 29 que todas las personas deben cumplir con sus deberes jurídicos respecto a sus comunidades,

Asumiendo que en el cumplimiento de los deberes jurídicos no se agotan las posibilidades de alcanzar el pleno desarrollo de las personas, siendo las obligaciones éticas igualmente indispensables para el sostenimiento de las instituciones democráticas y el Estado de derecho,

Admitiendo la necesidad de que la totalidad de los individuos y organizaciones sociales en que éstos decidan participar deben cumplir sus deberes jurídicos y obligaciones éticas, sin que en ningún caso su incumplimiento pueda servir de pretexto para que el Estado se exima de sus propias obligaciones,

Reconociendo que las personas y los distintos actores sociales pueden tener por su poder, capacidad o función social, diferentes grados de responsabilidad en su contribución a las condiciones de garantía del disfrute de derechos por parte de todos.

NOTA: la imagen se ha recuperado de El diario oficial del Vaticano carga contra el «extremista antirreligioso» José Saramago (20minutos.es)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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