Elecciones al Parlamento de Andalucía 2026 / 14. Otra Andalucía es posible. Ha llegado la hora

Sevilla, 13/IV/2026 – 07:26 h CET (UTC+2)

Tengo grabadas en mi persona de secreto las escenas del reloj en El último tren de Gun Hill o de Solo ante el peligro. Son momentos estelares que han marcado la historia del cine, que podemos traer a nuestra realidad presente, salvando lo que haya que salvar, acosados por un clima preocupante cuando se conoce con datos la información diaria sobre esta Comunidad, por ejemplo en relación con los problemas de pobreza severa y exclusión social o las insufribles listas de espera en la sanidad pública que afectan a más de un millón de andaluces y andaluzas, por mucho que el gobierno actual tape esta realidad y se olvide de ella.

Las escenas citadas de películas inolvidables muestran que siempre llegan las horas límites. Matt Morgan (Kirk Douglas) esperó seis horas interminables para levantarse ante el silencio cómplice de un pueblo, Gun Hill. En el segundo recuerdo cinematográfico, todo se centra en la llegada del tren de mediodía, donde Will Kane (Gary Cooper) se encuentra en la soledad más absoluta para enfrentarse a cuatro pistoleros, ante un nuevo silencio cómplice de otro pueblo, Hadleyville. Tramas parecidas, realidades compartidas, soledad pareja, compromisos personales, pero siempre una actitud digna de admiración ante silencios y miedos cómplices. 

Siguiendo en clave cinematográfica, cualquier parecido con la realidad de decir ¡hasta aquí hemos llegado!, en Andalucía, con un reloj histórico actual e implacable por medio, no es pura coincidencia. Es una metáfora sobre la necesidad urgente de levantarnos como andaluces, haciendo caso de la letra del himno de la Comunidad, porque ha llegado la hora de hacerlo, dado que la cuenta atrás temporal actual exige tensión y acción respecto de una respuesta activa. Sobran las otras escenas, que no me interesan, porque solo me quedo con las de la tensión y espera activa ante el reloj existencial en beneficio del interés general.

No existen bálsamos de Fierabrás, ni recetas escritas para abordar fácilmente esta situación, pero creo que el trabajo celular de construcción y regeneración ética de cada ciudadano por sí mismo u organizado en tejidos sociales de carácter público y privado, es una respuesta imprescindible. Y votar, porque recuerdo que ha llegado la hora de levantarse y ponerse a trabajar por una Andalucía diferente, limpia sobre todo de corrupción en cualquier grado que se dé y volcada en dar o devolver trabajo a quien no lo tiene, empezando por los más necesitados, así como tomar decisiones para solucionar los problemas estructurales descritos anteriormente y que sufre esta Comunidad en estos momentos.

Ahora se abre una etapa muy importante para Andalucía, con las próximas elecciones al Parlamento el 17 de mayo. La cuenta atrás para trabajar sin descanso por y para Andalucía ya ha comenzado, es decir, ha llegado la hora de participar y decidir por nosotros mismos y junto a los representantes políticos elegidos democráticamente en las urnas, mientras no cambiemos las reglas de juego democrático. 

No estamos solos ante el peligro del desencanto y la desafección política en Andalucía. Somos miles de personas las que pensamos que otra Andalucía es posible. Ha llegado la hora de lograrlo mediante nuestro voto el próximo 17 de mayo.

Himno de Andalucía

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¡Paz y Libertad!

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2026 / 13. La gracia, en política, aporta la gran belleza de la duda

Paolo Sorrentino, La grazia (2025), 82º Festival de Venecia

Sevilla, 12/IV/2026 – 08:10 h CET (UTC+2)

He visto recientemente una gran película con texto y contexto político, La gracia. La belleza de la duda, respetando el título original. Otra vez el cine cumpliendo, afortunadamente, una función social, didáctica y ejemplarizante, a través de una película italiana, dirigida por Paolo Sorrentino, “un elogio de la política en tiempos de crisis”, como leí en una crítica constructiva en elDiario.es, que abrió el pasado 82º Festival de Venecia.

La sinopsis oficial creo que sólo introduce el verdadero hilo conductor de la película, la política útil y benefactora para la sociedad a la que debe servir: “Mariano De Santis, Presidente (ficiticio) de la República italiana, es un veterano político demócrata, humanista y cristiano, pero de repente comienza a dudar sobre varias importantes decisiones que debe tomar, en especial sobre si aprueba o no una ley de eutanasia, planteándose un gran dilema moral”. Una vez vista y con especial atención a sus frases y diálogos no inocentes, refuerzo mi principio sobre la utilidad y necesidad de la buena política en democracia, a pesar de las dudas profundas que envuelven muchas veces la toma de decisiones de sus dirigentes.

Si comienzo hoy con una visión “cinematográfica” de lo que está pasando y estamos viendo actualmente en este país y en mi Comunidad, en el plano político, la primera reflexión en la proximidad de las elecciones del 17 de mayo, es que casi todo sigue igual, las derechas ultramontanas insultando y echando la culpa de todo lo que ocurre al presidente del Gobierno, en un negacionismo brutal de lo que significa la buena política, junto a una realidad flagrante, la de la izquierda cada vez más desunida, sin tomar conciencia, faltando al respeto de sus votantes, de que próximamente, “puede ser vencida” y con un denominador común: los y las protagonistas de la política indecente son el fiel reflejo de una máxima latina que aprendí en mis años jóvenes universitarios: gratia non datur, natura dispensatur o lo que es mismo en roman paladino (que decía Berceo), la gracia no presupone lo que la naturaleza no da, es decir, antes que ser buen político o buena política, por decreto, hay que ser buena persona, para entendernos todos, porque la gracia no es un bien infuso. Gracia entendida en este caso tal y como se asume por la iglesia católica: favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de salvación. O lo que es lo mismo, otra vez: cualidad de buena persona y digna que determinados políticos y políticas creen que la naturaleza les ha concedido desde su nacimiento, por la gracia divina, sin mezcla alguna de educación política y digna, en su sentido más extenso.

Vivimos en el reino de la mediocridad y a esta corriente se apuntan los y las políticas que no acaban de entender su verdadera función, no asumiendo el gran principio latino expuesto anteriormente: la gracia no presupone lo que la naturaleza de cada uno, de cada una, no le ha dado a lo largo de la vida, entendida esta “naturaleza” como educación política integral e integrada, para empezar, como simples ciudadanos de a pie. Como decía Jorge Wagensberg (Aforismos), “lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud. Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir”. Un político o una política, mediocres, malas personas, porque la gracia no presupone en ellos lo que la naturaleza no les ha dado, pueden hacer sufrir mucho a este país, a esta Comunidad, a la democracia en general. Seguimos estando avisados.

Recuerdo de nuevo al excelente escritor Manuel Rivas, ya citado en esta serie, cuando en el periodo preelectoral de 2019 decía: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”. Efectivamente, que determinados políticos y políticas no hagan daño, porque su desvergüenza no la puede suplir la gracia divina, tan creyentes ellos.

Mientras que la nave política va… (Fellini, dixit) en nuestro país, en nuestra Comunidad, gracias, grazie tante Sorrentino, por enseñarnos que otro mundo político es posible, teniendo en cuenta palabras muy bellas de tu extraordinaria película: Dios hace las preguntas, pero no da las respuestas, la gracia es la belleza de la duda, todo se reduce a una pregunta: ¿de quién son nuestros días?, “le preocupa demasiado la verdad”, dirigiéndose el Papa negro a su amigo, el presidente De Santis, recomendándole vivir el presente porque el pasado es historia y el futuro es incertidumbre o una reflexión sobre la incoherencia ética: no es fácil estar a la altura de nuestros principios. Es verdad, porque la gracia es la gran belleza de la duda. En política, también.

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Cuando nos faltan las pequeñas y simples cosas

Amaia Romero interpreta ‘Las simples cosas’, en Amarga Navidad

Sevilla, 4/IV/2026 – 14:18 h CET (UTC+2)

Anoche salí sobrecogido y pensativo de mi cinema paradiso habitual, al finalizar la proyección de la última película de Pedro Almodóvar, Amarga Navidad, en la que el director manchego vuelve a profundizar en asuntos personales de hondo calado existencial. Me gustó mucho y sentí el dolor que encerraba el hilo conductor de su guion, cantado por la voz cálida de Amaia Romero, versionando con su gusto habitual un clásico de Chavela Vargas, Las simples cosas:

Uno se despide
Insensiblemente
De pequeñas cosas
Lo mismo que un árbol
En tiempo de otoño
Se queda sin hojas

Al fin, la tristeza es la muerte lenta
De las simples cosas
Esas cosas simples
Que quedan doliendo
En el corazón

Uno vuelve siempre a los viejos sitios
Donde amó la vida
Y entonces comprende cómo están ausentes
Las cosas queridas

Por eso, muchacha, no partas ahora
Soñando el regreso
Que el amor es simple
Y a las cosas simples las devora el tiempo

Uno vuelve siempre
A los viejos sitios
Donde amó la vida

Como dice la canción, uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida. He abierto este cuaderno digital por el año 2017, porque recuerdo un post que escribí en memoria del “cantor” Daniel Viglietti, Cuando nos faltan las pequeñas cosas, como homenaje a las “pequeñas cosas, aparentemente simples, que amamos a lo largo de la vida”, cantadas admirablemente por Joan Manuel Serrat.

Conocí a Daniel Viglietti en 1969, un referente de mi universo musical, a través de Víctor Jara, por la letra de una canción, A desalambrar, que resuena muchas veces en mi cerebro de secreto, recordando con cierta nostalgia cómo enseñaba a mis alumnos y alumnas, a descifrar su letra en tiempos de la dictadura franquista: 

Yo pregunto a los presentes
si no se han puesto a pensar
que esta tierra es de nosotros
y no del que tenga más.Yo pregunto si en la tierra
nunca habrá pensado usted
que si las manos son nuestras
es nuestro lo que nos den.¡A desalambrar, a desalambrar!
que la tierra es nuestra,
tuya y de aquel,
de Pedro, María, de Juan y José.Si molesto con mi canto
a alguien que ande por ahí
le aseguro que es un gringo
o un dueño del Uruguay.

He vuelto a escuchar ese dúo fantástico y ejemplar, Viglietti-Serrat, cantando Aquellas pequeñas cosas, las simples ahora de Chavela Vargas, Amaia Romero y las de Pedro Almodóvar, porque en Amarga Navidad muestra su desnudez vital extrema en cada plano con excelente color, nunca inocente.

Resuenan hoy en mi interior, ambas canciones, volviéndome a reencontrar con Joan Manuel Serrat y sus palabras sobre el hombre nuevo, el canto nuevo, el mundo nuevo, la sociedad nueva, la política nueva, gracias a lo que dibujó con palabras Daniel Viglietti y que Serrat cantó junto a él con su compromiso habitual. Son pequeñas cosas que me enseñó también Serrat, en momentos transcendentales para desalambrar este país, que era conveniente valorarlas en su justo sentido: Uno se cree / Que las mató / El tiempo y la ausencia. / Pero su tren / Vendió boleto / De ida y vuelta. Palabras cantadas también por Viglietti, que tanto agradezco hoy recordando su ausencia en momentos especiales de este país, para desalambrarlo del neofascismo que nos rodea, aunque ahora esta realidad y lo que está pasando y estamos viendo a diario, no nos permitan disfrutar de las pequeñas cosasQue nos dejó un tiempo de rosas / En un rincón, / En un papel / O en un cajón.

Y en este rincón de pensar y meditar sobre las cosas pequeñas y simples, que / el viento arrastra allá o aquí / que te sonríen tristes y / nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve, confieso que a veces me quedo llorando —como finaliza la cancióncuando haciendo un alto en el complejo camino de la vida, nadie me ve

Es la razón y no otra de por qué vuelvo siempre a los viejos sitios donde amé la vida.

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No olvido la ejemplaridad de Jesús de Nazaret, según Pier Paolo Pasolini

Primer plano de Jesús de Nazaret (Enrique Irazoqui), en Il vangelo secondo Mateo (1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini

Sevilla, 4/IV/2026 – 07:06 h CET (UTC+2) – Actualizado

Las manifestaciones artísticas en procesiones y oficios varios, en esta Semana tan especial, Santa para algunos, Laica para otros, están basadas en una tradición histórica sobre la pasión y muerte de un personaje histórico, Jesús de Nazareth. Desde el Domingo de Ramos y hasta mañana, el de Resurrección, se condensa en una semana trágica la vida y obra de uno de los personajes imprescindibles de la Humanidad, que me gusta tratar como ciudadano Jesús. Lo escribí el martes pasado, cuando me refería a él, en su ataque continuo de humanidad, recogido así por los cronistas de la época, cuando se cansaba y se dormía en el cabezal del barco porque estaba hecho polvo, (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema La Saeta: ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar! Lo digo con un gran respeto a la fe de mis mayores.

En este contexto, también es verdad que recuerdo siempre una película clásica y de culto sobre la vida de Jesús de Nazareth, El evangelio según Mateo (Il vangelo secondo Mateo, 1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini (1922-1975), que me sigue emocionando en el recuerdo personal, transferible hoy, por su mensaje humano y tan cercano a la vida cotidiana de las personas. Pasolini hizo con esta película un cine diferente, singular, diverso: “Jesús (interpretado por Enrique Irazoqui) es mostrado continuamente caminando entre el desierto o entre pueblos en ruinas. Su mirada, como la de Pasolini, no evita a los leprosos ni a los cojos, sino que se detiene en ellos; la cámara, por su parte, se complace, por ejemplo, en la mano del mesías que acaricia los rostros marchitos de quienes acuden a él para encontrar salud. El contacto entre dos cuerpos alivia, de ahí la alegría del rostro de la adolescente María (Margherita Caruso) al ver regresar a José, al saber que, sin importar lo que digan los demás, él ha decidido estar con ella” (1). José demostró siempre que fue un gran compañero.

Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta

Me emocionó esta película cuando la vi de nuevo en Roma en 1976, sabiendo como sabía que aquella ciudad era un peligro para caminantes (Alberti, dixit) que hacen camino al andar. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Por ejemplo, sé que una obra espléndida de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ganadora del XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022, el año en el que se cumplía el centenario del nacimiento del director italiano, sirve para conocerlo en profundidad, como “último profeta”. Hay que leerla en estos días santos o laicos, según se crean, sientan o miren.

En el fondo, estas palabras son un nuevo homenaje personal al cineasta italiano, del que tanto aprendí a comprender el valor de la vida alternativa y de compromiso político y social, con la pasión dentro (nunca mejor dicho), como él la mostró en una obra también excelente, Teorema, tan incomprendida por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto, hasta el punto de haberse arrepentido de haberle entregado un premio por ella, en 1968, cuando descubrió cuál era su auténtico mensaje y no la posibilidad de que el Espíritu Santo entrase en cada uno de nosotros, que fue lo que constituyó el móvil del premio. Cuando se descubrió que Pasolini volaba más bajo que el espíritu, la institución se arrepintió y explicó a los cuatro vientos su voto. El anatema estaba servido. En definitiva muy poca gente había entendido el mensaje real de la película: no es necesario invocar a los espíritus para llenarse de amor en vida, cualquier amor. 

Desgraciadamente, no le salvó nunca su magistral interpretación laica de la vida del ciudadano Jesús de Nazareth, en su forma de leer para el siglo XX el evangelio según Mateo. Quizás tampoco hoy día, en pleno siglo XXI, en un universo tan descreído y alejado del espíritu del bien humano, a pesar de que seguimos sufriendo mucho con la intolerancia y ausencia radical de valores que nos asola a diario.

Comprendo hoy, mejor que nunca, unas palabras de Pasolini que no olvido, hilo conductor de su gran película: “Me interesa el extremismo de Cristo, su modo tajante de cerrarse en banda, su radicalismo total y absoluto. Cristo perdona fácilmente los pecados individuales, pero es intransigente con los sociales”. Palabra de Pasolini.

(1) https://cinedivergente.com/el-evangelio-segun-san-mateo/

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¡Paz y Libertad!

Artemisa nos convertirá en hijos de la luna

Luna quieres ser madre
y no encuentras querer
que te haga mujer;
dime, luna de plata,
qué pretendes hacer
con un niño de piel.

Mecano, Hijo de la Luna

Sevilla, 1/IV/2026 – 23:09 h CET (UTC+2)

Dentro de una hora y cuarto, aproximadamente, los cuatro astronautas de la misión Artemisa II, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, viajarán hacia la Luna, durante diez días, en una misión que dará una vuelta a nuestro satélite en la primera misión lunar tripulada después de más de medio siglo. Con tal motivo y con la ardiente impaciencia de este acontecimiento espacial y a la espera de sus resultados en beneficio de la humanidad, publico de nuevo el post que escribí en 2022, Hijos de la Luna, como homenaje a un inquietante deseo humano multisecular de descubrir este fascinante satélite natural de la Tierra.

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Hijos de la Luna

Sevilla, 29/VIII/2022, a las 14:33, hora peninsular en la que estaba previsto el despegue de la primera misión del proyecto Artemis de la NASA que, finalmente, ha sido abortado y programado de nuevo su lanzamiento hasta el 2 de septiembre.

Hoy estaba previsto el despegue a las 14:33, hora peninsular española, de la primera misión del Programa Artemis, bautizado así por la hermana gemela del dios Apolo en la mitología griega. Por un problema de última hora, ha sido abortado el lanzamiento y programado de nuevo para el 2 de septiembre. El objetivo final, según la NASA, es llevar “a la primera mujer y a la primera persona no blanca” a la Luna dentro de tres años.

Curiosamente, el próximo 1 de septiembre, se cumplen 120 años del estreno de una película mítica de la historia del cine, Viaje a la Luna, dirigida por Georges Méliès, que no tuvo mucho éxito en el citado estreno por “su duración”, ¡algo más de quince minutos!, aunque después de una presentación concienzuda de la citada proyección alcanzó un éxito sin precedentes entre los feriantes, como reconoció siempre Méliès. Supuso el éxito del cine que contaba cosas que interesaban en aquellos años dorados de Julio Verne, historias que gustaban a los espectadores. Alcanzó un éxito rotundo, tanto en Europa como en Estados Unidos. Unos años antes, ya había rodado un corto, La Luna a un metro (1898), que no era más que la adaptación de un espectáculo que apreciaba sobremanera el teatro mágico de Robert Houdin, llevado a término en su obra Las caras de la Luna o las desventuras de Nostradamus (1891), al que profesaba admiración en su componente mágica.

La misión no tiene por ahora un componente humano, ni mágico, como el que nos deslumbró en 1902 y 1969, sino que solo es un viaje de prueba que durará 42 días y la nave espacial Orion hará un viaje de ida y vuelta a la Luna con tres maniquíes a bordo, como ensayo general de las futuras misiones Artemis II, que repetirá un viaje similar con cuatro astronautas en 2024, y Artemis III, que se posará sobre el satélite en 2025 como fecha estimada en el citado programa Artemis. Entre los objetos que lleva a bordo Orion está la reproducción de un fotograma de la película de Méliès, Viaje a la Luna, citada anteriormente, que ha sido donada por la Agencia Espacial Europea (ESA).

Esta historia actual del programa Artemis no creo que repita el éxito de lo contado por Méliès y por la llegada del primer hombre a la Luna de 1969. Me ha interesado conocer a fondo el guion de esta película mítica porque nos permite vislumbrar qué es lo que verdaderamente se quería contar con aquel invento científico de tan larga duración y qué es lo que se quería decir en una película muda donde la imagen valía mucho más que mil palabras. El argumento se centra en contar la historia de seis valientes astronautas que viajan en una cápsula espacial de la Tierra a la Luna, trama que tenía su inspiración obvia en las obras de “De la Tierra a la Luna”, de Julio Verne (1865) y “El primer hombre en la Luna” de H. G. Wells (1901).

Su implicación en el rodaje fue tan alta que él mismo figuraba como actor, en el papel del Profesor Barbarrevuelta, que junto a otros astronautasVictor André, Henri Delannoy, Farjaux Kelm, Brunnett, Bluette Bernon, se enfrentan a una truculenta historia presentada por una voz en “off”: “Hoy tenemos el privilegio de acudir a una reunión extraordinaria de los miembros del Instituto de Astronomía Incoherente”. ¿Ocuparía hoy la NASA este lugar como metáfora en un mundo acuciado por sus deudas y pobreza severa, ante los gastos que suponen estos proyectos científicos? A través de dieciocho planos secuenciales se desarrolla el argumento en el que el escepticismo es total a excepción del ilusionado Profesor Barbarrevuelta o Georges Méliès, como queramos llamarlo. Después viene la construcción de la nave y el cañón que la dispara, el lanzamiento grotesco y la llegada a la Luna que consiste en atravesar su ojo derecho, que ha hecho icónico el cartel de presentación de la película. Después se suceden múltiples aventuras con la población selenita hasta que finalmente regresan a Tierra con un selenita cautivo y los aventureros son recibidos con todos los honores y medallas con forma de Luna. Finalmente, se levanta una estatua a Barbarrevuelta, en la que aparece pisoteando la cabeza de la Luna, figurando en su pedestal un rótulo que no tiene desperdicio: El trabajo todo lo supera.

Una vez más, cualquier parecido de Viaje a la Luna con la realidad actual es pura coincidencia. ¿O no?, porque las metáforas están servidas. Al buen entendedor de este lanzamiento de hoy pocas palabras basta, porque cuando en 2025 llegue hasta la luna la primera mujer y de tez no blanca, puede que la Luna siga queriendo ser madre, una mujer también, sin saber que hacer con un niño de piel, como cantaba Mecano en aquellos años hermosos de la Transición española. Preocupada, también, por el sufrimiento en el planeta Tierra, sobre todo de sus niños y niñas de piel. De lo que estoy seguro es de que en las noches / que haya luna llena / será porque el niño / esté de buenas; / y si el niño llora / menguará la luna / para hacerle una cuna. Será lo más humano que habré escuchado nunca, aunque no figure esta canción entre los objetos que contemple llevar Orion de la NASA, tan cuidadosa ella.

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Chaplin y su beso final…, inolvidable, de película

Luces de la ciudad (1931)

Escribo porque solamente modificando la realidad puedo soportarla, […] escribo para ser feliz.

Orhan Pamuk, en el discurso del acto de entrega del Premio Nobel de Literatura 2006

Sevilla, 23/III/2026 – 07:02 h UTC (CET+1)

Escribí en este blog en 2022 que el cine era ver caminar a Henry Fonda, afirmación atribuida a John Ford, aunque quien me conoce sabe que también ensalzo a los cielos cinematográficos a Errol Flynn, un gran actor de mi infancia madrileña, que me ha acompañado a lo largo de mi azarosa vida, en competencia legítima con Charles Chaplin. He avanzado muchas veces por desfiladeros existenciales que están situados en zona comanche o sioux permanente, pero sin la valentía e intrepidez aprendidas en mi niñez rediviva del General Custer o Errol Flynn (tanto monta, monta tanto), en los que de manera arrogante y sin despeinarse, con la botonadura dorada reluciente y sin una mota de polvo en su traje y botas de montar, avanzaba con su Séptimo de Caballería para deshacerse de Caballo Loco o Víctor Mature (otra vez, tanto monta, monta tanto), sabiendo, eso sí, que al final del desfiladero podía estar siempre Beth (Olivia de Havilland), para fundirse en un abrazo eterno y casto, como si no pasara nada, que arrancaba aplausos eternos en el patio de butacas del Cinema Paradiso de mi infancia, el Cine Ideal en Sevilla o en el famoso Tívoli, en el Madrid de mis años jóvenes. Lo de menos era ya el final desastroso de la película, de cuyo nombre no quiero acordarme, en un país que estaba necesitado de escenas edulcoradas y de cartón piedra, porque lo importante era y será que nunca hay que rendirse ante la adversidad de la indignidad humana.

Lo de Chaplin es harina de otro costal. Si escribo hoy estas líneas es para decir algo especial, consejo recibido de Ítalo Calvino que no olvido, aunque confieso que lo hago porque escribiendo soy feliz (Orhan Pamuk, dixit), con la ayuda de un excelente artículo que he leído en mi apreciado elDiario.es, recordando una película de Chaplin, Luces de la ciudad, estrenada en 1931, considerando que contiene en su banda sonora una canción, La violetera, de autoría española que hizo famosa Chaplin en esta película muda, aunque se le entendía todo…, regalándonos el mejor final de la historia del cine, abierto todavía hoy para la mejor interpretación posible de cada espectador. Esa es la quintaesencia del cine y la maestría de Chaplin.

Cartel publicitario de Luces de la ciudad (1931)

El amor casi imposible de un vagabundo (Charles Chaplin) y una vendedora de flores (Virginia Cherrill), ciega por más señas, aboca a un final sorprendente y abierto, como a veces ocurre en la vida, donde ojos que ven y no sienten se encargan de poner final a lo que interpretan a diario de forma aviesa, aunque cualquier parecido con la realidad no sea pura coincidencia.

El cine de Chaplin me asombró desde mi pequeñez extrema y prueba de ello es que recuerdo que siendo adolescente, esta escena final me hizo llorar en silencio y sin que nadie me viera en mi querido cine madrileño de sesión continua. ¿Amor imposible? No, amor verdadero. No lo olvido, porque me quedó grabado para siempre, en mi memoria de hipocampo, un beso inolvidable, de película. Verdadero.

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Diario de mi zaratán / 2. Refugio

Sevilla, 12/III/2026 – 07:42 h UTC (CET+1)

Se acercaba la Navidad después de identificar mi zaratán y junto al héroe del relato homónimo de Juan Ramón Jiménez, Josefito Figuraciones, rememoré las andanzas de otro niño, el Principito, porque creí que era importante rescatar la quintaesencia de lo narrado por Antoine de Saint-Exupèry, sobre todo porque la acción ocurre en un desierto, como a veces es el mundo que nos rodea, con soluciones para comprender lo que nos pasa que sólo lo sabe explicar bien un niño. Así nació un pequeño libro que publiqué en enero, El Principito, hoy, con una interpretación de su mensaje adaptada a las actuales circunstancias de nuestro complejo mundo al revés, respetando la óptica de este niño-hombrecito-príncipe, tanto monta-monta tanto, texto en el que proyecto mis razones pascalianas de la razón y del corazón al leerlo ya como «persona mayor», como le gustaba decir a nuestro pequeño héroe, afectada por una situación especial.

Asumí algunas ideas del Principito como propias en este momento delicado de mi vida, que confieso han sido, por este orden, las siguientes: todos los mayores han sido primero niños (algo que no olvido), hay que juzgar por actos, no por palabras, es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que a los demás, ¿quién descifra el terrible enigma de la soledad humana? y, sobre todas, una fundamental en mi vida actual: lo esencial es invisible a los ojos.

En este tiempo de silencio, junto a la realidad “principesca”, rescaté también los consejos de un gran director de cine, Costa-Gavras, que figuran en un libro suyo íntimo, Ve adonde sea imposible llegar, en el que narra a modo de memorias las vicisitudes de su larga carrera cinematográfica, que tanto admiro, porque nunca ha sido inocente. Pero siendo sincero, mi refugio en él, con mi zaratán a cuestas, ha sido para leer apasionadamente una obra conmovedora, Le dernier souffle (El último suspiro), en su edición original francesa, escrita por Claude Grange y Régis Debray (¡ay la revolución de los años jóvenes!), que inspiró la última película de este director, de título homónimo.

¿Por qué esta lectura conjunta? Lo explico a continuación, porque resultaba atractivo para mi persona de secreto que Costa-Gavras se inspirara, en el título de sus memorias, en un escritor griego, como él, Nikos Kazantzakis, extrayendo un diálogo de su personalísima Carta a Greco, en el que le pide al pintor, dirigiéndose a él como “abuelo amado”, que le dé una orden para centrar su azarosa vida, que recibe en los siguientes términos: “Llega hasta donde puedas”. El consejo no llegó a estremecer el corazón del peticionario y vuelve a pedir al abuelo una orden “más difícil, más cretense”, resonando a partir de ese momento “una voz hecha para ordenar y que hacía temblar el aire”: “¡Llega hasta donde no puedas!”.

De esta forma, estas palabras de espíritu cretense, son para mí el hilo conductor de sus memorias, leyéndolas con fruición desde que escuché una intervención suya en el Festival de Cine de San Sebastian, en 2024, con motivo de la presentación de su última película ya citada, El último suspiro, en la que manifestó que “el cine es un espectáculo que busca generar emociones en el espectador, luego a partir de esas emociones éste puede llevar a cabo una reflexión o no, pero en todo caso el cine no está para impartir doctrina”, a lo que agregó: “Yo nunca podría rodar una película sobre algo que me resultara indiferente. Cuando he intentado hacerlo, he desistido y he abandonado el proyecto. Rodar una película es como vivir una historia de amor, hay que hacerlo hasta el final. A mis 91 años y con la muerte asomando en el horizonte es normal que a menudo me pregunte: ¿cómo acabará todo esto? ¿Cuando llegue el momento seré presa del terror o podré acabar mis días con dignidad?”.

Ese día tendrá un sentido especial haber recorrido su vida con aquella orden de su abuelo amado como hilo conductor, recordando a Kazantzakis, porque ha ido hasta adonde ha podido llegar, aunque pareciera imposible. Costa-Gavras lo explica muy bien en sus Memorias, cuando afirma que en su mayo francés de 1968, que vivió en vivo y en directo, escuchó, entre otros muchos eslóganes, uno que decía “sé realista, haz lo imposible”, lo que le recordó la frase de Kazantzakis, Ir adonde resulta imposible llegar: “Durante mi época de estudiante, me había hecho reflexionar mucho por la dureza de su significado. Para mí cobró sentido en París al leer esta otra frase: “No quiero ser el más fuerte, ni el más rico, ni el más guapo, ni el más grande. Quiero ser diferente”.

Leí también, como he manifestado anteriormente, la obra francesa de Grange y Debray, El último suspiro, después de haber visto la película, que me emocionó especialmente, con su hilo conductor vital, declarado por Costa-Gavras. La sinopsis oficial es escueta, para no interferir las emociones y sentimientos del espectador: «En una suerte de diálogo filosófico, el doctor Augustin Masset y el célebre escritor Fabrice Toussaint debaten sobre la vida y la muerte… Una vorágine de encuentros en los que el médico es el guía y el escritor, su pasajero, conducido a confrontar sus propios miedos y angustias… Una danza poética en la que cada paciente es un compendio de emociones, risas y lágrimas… Un viaje al corazón palpitante de nuestras vidas».

Una cosa más. Costa-Gavras se despidió en su comparecencia oficial de presentación de su película en el Festival de San Sebastián, estrenada en 2024, dejando un mensaje aleccionador: “Buena parte de ese vivir de espaldas a la muerte está motivado por nuestra educación religiosa. Las religiones nos invitan a resignarnos ante el sufrimiento, pero sufrir es algo obsceno, no hay nada de bueno en ello. Sufrir es lo peor de la vida y del mismo modo que ya hay métodos para que las mujeres puedan parir sin sufrir, debería implementarse algo parecido en medicina paliativa […] Sea cual sea nuestro estado físico, yo creo que nunca hay que rendirse, merece la pena luchar hasta el final”. Una vez más, sintió profundamente, al pronunciar estas palabras, aquella orden del “abuelo amado”, según Kazantzakis: ve adonde sea imposible llegar. Mejor todavía, lo leído en dos pancartas del Mayo francés, como si fuera dos órdenes en su vida: “Sé realista, haz lo imposible” y “No quiero ser el más fuerte, ni el más rico, ni el más guapo, ni el más grande. Quiero ser diferente”.

En estos momentos tan especiales de mi vida, quiero seguir descubriendo lo esencial de lo que me sucede, para que no sea invisible a mis ojos, así como ser realista y luchar contra el zaratán, para vencerlo, algo a lo que aparentemente parece imposible llegar. Lucharé, aplicando siempre el principio freudiano de realidad. Al fin y al cabo, un refugio para mi persona de secreto.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Estamos solos ante el peligro del totalitarismo y tecnofeudalismo mundial

Gary Cooper, Solo ante el peligro, 1952

Sevilla, 9/II/2026 – 14:43 h UTC (CET+1)

Los que hemos crecido en torno a películas de culto como El último tren de Gun Hill y Solo ante el peligro, recordamos con precisión de reloj suizo las esperas interminables con ardiente impaciencia, de Matt Morgan (Kirk Douglas) o Will Kane (Gary Cooper), en escenas de cuenta atrás horaria de estación de tren, en el “salvaje Oeste”, que nunca he olvidado. Cuando cada día vuelvo de mi corazón a mis asuntos y salgo del andén de espera vital donde siempre me acuerdo de esos relojes famosos, sigo buscando las razones que todos deseamos tener para escudriñar mejor el revés y el derecho de nuestras vidas, solos muchas veces ante el peligro y con el riesgo de que llegue a hora exacta el último tren de Gun Hill… o Hadleyville, que siempre llegan, gracias a personas que como Morgan o Kane, saben esperar horas interminables para levantarse ante el silencio cómplice de determinados gobiernos, países y personas —todos no somos iguales— en las diferentes situaciones de desectructuración democrática que estamos atravesando, por obra y gracia de los nuevos emperadores y gobiernos autocráticos, así como por el tecnofeudalismo representado por personajes como Elon Musk (dueño y señor de X) o Pavel Durov (gran jefe de Telegram), al ver cómo han reaccionado ante las manifestaciones del presidente de nuestro país, Pedro Sánchez, efectuadas la semana pasada en el World Governments Summit en Dubái: “las redes sociales, por desgracia, se han convertido en una suerte de salvaje Oeste, de Estado fallido«, ya que hay aplicaciones que «dan refugio a actividades criminales, de pornografía, de violencia».

Como reacción desmedida y no inocente, Elon Musk, le ha insultado llamándole “sucio”, acusándolo también de ser “un tirano y un traidor al pueblo de España», por su propuesta legislativa de limitación de edad de 16 años, para poder acceder a las redes sociales, decisión legislativa que se llevará mañana al Consejo de Ministros, con el fin de obligar a las plataformas digitales a implementar sistemas efectivos de verificación de edad: “Vamos a devolver las redes sociales a esa tierra prometida que nunca debieran haber abandonado», ha manifestado el presidente Sánchez.

En el caso de Durov, hay que destacar la respuesta el día siguiente a las palabras de Sánchez en Dubái, con un mensaje precisamente no “telegramático” a los usuarios de Telegram, nunca mejor dicho, centrado en un hilo conductor: “El gobierno de Pedro Sánchez está impulsando nuevas regulaciones peligrosas que amenazan vuestras libertades en internet”, a lo que el presidente Sánchez ha respondido que “Esta semana ha pasado un cosa inédita en nuestras democracias y es que un tecno oligarca se ha colado en el teléfono de millones de ciudadanos españoles para decirles lo que tienen que pensar«.

Salvando lo que haya que salvar, al buen entendedor con pocas palabras basta para levantarse ante el silencio cómplice de determinadas personas, tecnooligarcas y gobiernos (todos no somos iguales), por su contribución al ocaso de la democracia de alcance mundial y, por supuesto, en nuestro país. Lo que es evidente es que estamos solos ante el peligro del totalitarismo y tecnofeudalismo de oligarcas digitales, que llevan la cola del traje nuevo del emperador Trump, a sabiendas de que como pasa en el cuento de Andersen, el rey va desnudo de ética política, en un silencio cómplice clamoroso e irresponsable a escala mundial.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Manuel Rivas me descubrió la fragilidad cinematográfica de Oliver Laxe, director de ‘Sirāt’

Sevilla, 26/I/2026 – 16:39 h UTC (CET+1)

En estos días aciagos para el país, han pasado sin pena ni gloria las dos nominaciones de la película Sirāt a los Óscar 2026, dirigida por Oliver Laxe, como mejor película internacional y mejor sonido, tras el tradicional anuncio de la Academia de Hollywood. La trayectoria cinematográfica de Laxe la descubrí en 2019, a través del escritor Manuel Rivas. En ese tempo vital, conocerlo me devolvió la ilusión por romper silencios, al leer una columna suya de cuyo título quiero acordarme hoy: Toda la fragilidad del mundo, dedicada a este director gallego nacido en París (1982), que sigue haciendo cine de compromiso activo, que tanto aprecio: “Escribo sobre fragilidad después de conversar con Oliver Laxe. Él me habló de “cine frágil”. Y la palabra no se me va de la cabeza. La fragilidad de lo que surge fuera de un previsible canon comercial. Del cine indómito, no clonado, también en peligro de extinción. Pero “frágil” tiene un doble sentido. Un cine que quiere ser arte y no se sonroja al decirlo, no para idolatrar al “arte”, sino como “tabla de salvación”, como una “isla de lo sagrado”. Y lo consigue. Sus películas parecen filmadas en vidrio. Frágiles y duras. El vidrio solo se puede cortar bien con la punta del diamante. Sus personajes son también frágiles, muy humanos, pero con un nimbo que trasciende, con “un no sé qué de eterno”, que decía Van Gogh. Humildes y sublimes. Lo eran en Todos vós sodes capitáns (2010) y Mimosas (2016), premiadas en el Festival de Cannes, y lo son en especial en O que arde, la película que se estrena en España en estas fechas”. Podría agregar hoy Sirāt (2025), de la que tanto se habla hoy, mucho más desde las candidaturas citadas de los Óscar 2026, cuya sinopsis presentada en 2025 ayuda a comprender hoy su alcance: “El título de la catarsis colectiva con la que España se postula este año que viene a los Oscar corresponde al de una palabra en el Corán que hace referencia a un estrecho puente entre el paraíso y el infierno. Sirat invoca, por tanto, la senda que un padre transita en un viaje por el desierto junto a su hijo para buscar a su primogénita, desaparecida en una rave en Marruecos. Pero también la experiencia sensorial que experimenta la audiencia en la liturgia de la sala a oscuras. Humanista, introspectiva, hipnótica, política, cruda y salvaje, esta road movie coronada en Cannes con el Premio del Jurado recurre a un granuloso 16 milímetros para retratar la aridez de esta travesía por el duelo y a una banda sonora de música tecno para inducir el trance”.

Sigo pensando que todo es frágil en un mundo que se rompe a pedazos, se “derrumba”, mientras que algunos seguimos soñando con un mundo mejor para todos (Casablanca, dixit, ya que hablamos de cine). Y sé que este loco mundo no está hecho para las personas de alma frágil, que no tiene que ver nada con la frase hecha de “seres de piel fina”, que tanto incomoda a los que hacen de la mala educación su bandera de personas hechas y derechas. Lo dice Rivas de forma magistral: “Lo duro es constatar tanto espacio de fragilidad. La fragilidad en que vive gran parte de la infancia, con hambre y enfermedades de la edad de la peste. La fragilidad de tantas personas que viven al día. La fragilidad de los que tienen que alquilar su trabajo por horas y a un precio irrisorio, digamos un dólar por hora, sean las manos en talleres sórdidos o el cerebro para los gigantes tecnológicos. La fragilidad máxima de los inmigrantes y refugiados en ruta, en pateras por mar o siguiendo los osarios que jalonan los desiertos. La fragilidad de las periodistas que apuestan la cabeza por contar la verdad en la geografía del miedo, donde gobierna el neofeudalismo y la economía criminal”.

La palabra “fragilidad” es ambigua en el diccionario de la Real Academia Española, tomada como “cualidad de frágil”, entendiendo frágil en sus cuatro acepciones, siempre como adjetivos: “1. Quebradizo, y que con facilidad se hace pedazos; 2. Débil, que puede deteriorarse con facilidad. Tiene una salud frágil; 3. Dicho de una persona: Que cae fácilmente en algún pecado, especialmente contra la castidad; 4. Caduco y perecedero. Tiene una historia, como palabra, muy vinculada a la moral más estricta y caduca que podamos pensar, como lo atestigua su primera aparición en el Diccionario de Autoridades en 1732: “En lo moral se toma por la propensión que la naturaleza humana tiene en caer en lo malo”. Sin comentarios.

Todo es frágil en un mundo que se rompe a pedazos. Y este loco mundo no está hecho para las personas de alma frágil, que no tiene que ver nada con la frase hecha de “seres de piel fina” que tanto incomoda a los que hacen de la mala educación su bandera de personas hechas y derechas.

DEDICATORIA MANUEL RIVAS
Dedicatoria personal de Manuel Rivas, en su obra ¿Qué me quieres, amor?

Vuelvo a la lectura de libros útiles, que me reconforta en medio de tanta fragilidad. Abro, no por casualidad, las primeras páginas de un libro de Manuel Rivas que tengo como de cabecera, ¿Qué me quieres amor? y me recreo viendo y leyendo de nuevo su dedicatoria, en una visita a Sevilla en 2016, con una propuesta deslumbrante para tiempos frágiles: puso título a un libro que tengo que escribir sin falta, Por el derecho a soñar, que no olvido a pesar de la fragilidad que me rodea y que, a veces, me destroza el alma. Es la fragilidad artística que muestra Oliver Laxe en Sirāt, oscarizada ya in pectore, haciendo honor a su título, porque la vida es sólo un camino, un largo puente hacia la mejor vida en vida o hacia la eternidad soñada.

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UCRANIA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El discreto encanto de los negativos de la vida

Sergio Larraín, La Novia / Mascarona de Neruda en su casa de Isla Negra (Chile)

Sevilla, 16/I/2026 – 10:12 h UTC (CET+1)

Dedicado al fotógrafo chileno Sergio Larraín, que admiro, con motivo de la exposición “Sergio Larrain. El vagabundo de Valparaíso. Chile”, que se verá en la sede de Foto Colectania en Barcelona del 22 de enero al 24 de mayo. Lo escribo en estos días de ardiente impaciencia nerudiana, que siento así por la sorprendente, dolorosa e incomprensible llegada de la ultraderecha al gobierno absoluto de Chile.

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En estos primeros días del año, he vuelto a valorar la importancia de discernir lo positivo de lo negativo en el acontecer diario, intentando dar color a la vida, buscar vasos medio llenos más que medio vacíos, huyendo de la acromatopsia (ceguera al color) social que nos invade por culpa del nuevo emperador, Donald Trump. En definitiva, intento saber “revelar” mentalmente y poner color a los “negativos” diarios que nos ofrece este mundo al revés en el que nos toca vivir.

Los que nacimos en blanco y negro (grises incluidos) y pasamos poco a poco al color por tecnicolor, conocemos bien el discreto encanto de los negativos. Cuando era niño me asombraba lo que ocurría con los carretes de una vieja máquina Agfa que rodaba por casa. El asombro fue mucho mayor cuando pasamos al color, porque era sorprendente obtener unas copias que reproducían fielmente lo que verdaderamente pasó en el momento de fotografiar a personas, paisajes o cosas. Era el realismo mágico de la vida que siempre tenía su valor porque veíamos finalmente el positivo después de una espera inquietante por el revelado que permitía finalmente ordenar y guardar las fotografías seleccionadas, cosa que difícilmente ocurre ahora con la revolución digital.

También me acuerdo, siguiendo la concatenación de los “me acuerdo” de Joe Brainard (1), del patio de mi colegio en Madrid, de aquella escalera mágica de madera que nos permitía contemplar a través del muro medianero que separaba el colegio de la distribuidora de películas contigua, los miles de fotogramas tirados al suelo, de forma desordenada, que podíamos recuperar con mil artimañas de niñez para intentar montar una película imposible, uniendo fotograma con fotograma al trasluz, como suele pasar en la vida real. De alguna forma, queríamos escudriñar los rollos de película de la productora, a la búsqueda de recortes que nosotros montábamos de forma imaginaria en las aceras vecinas con títulos de crédito muy particulares, a modo de estrellas del celuloide madrileño. Yo me convertía en Totó durante ese tiempo, el protagonista maravilloso de Cinema Paradiso, contemplando los cortes obtenidos de la censura y señalados en el visionado con trozos de papel que insertaba en el rollo y que le dejaba ver el proyeccionista una vez cortados, su gran amigo Alfredo.

Lo que me ha pasado por la cabeza en estos momentos mágicos de cada “revelado” personal, lo explicaba muy bien Guillermo Altares en 2009, comentando el libro de Brainard, Me acuerdo, como si fuesen los diferentes “negativos” de la vida: “Algunos Me acuerdo son pedazos inocentes de memoria, otros escarban en las partes ocultas de nuestras vidas, algunos tienen sabor, olor, luz, algunos son crepúsculos dorados y otros amaneceres tristes, muchos ni siquiera sabemos dónde han estado escondidos, los hay que son como las magdalenas proustianas y aparecen a borbotones. (¿En el fondo qué es En busca del tiempo perdido si no un gigantesco Me acuerdo?), pero todos ellos son importantes, todos ellos son nosotros. Los Me acuerdo son algo que tenemos que tal vez hayamos perdido, pero que hemos recuperado” (2).

Todo lo anterior viene a cuento porque vuelvo a abrir con profundo respeto (casi reverencial) una de mis cajas de sueños, numeradas, donde me encuentro con centenares de negativos de la gran película de mi vida, una historia jamás contada. Los negativos me impiden ver en directo lo que guardan y digo en el proceso de “descubrir” este tesoro que tiene todo el encanto -a modo de pecio- de ser, quizás, páginas muy importantes de mi vida. En esta fase, he recordado una película de Michelangelo Antonioni (¡ay, el cine!), Blow-up, o Deseo de una mañana de verano (1966), que en el año de su estreno, en plena juventud, me impresionó mucho dejándome la huella de preguntas inquietantes.

La película está basada en el relato de Julio Cortázar, Las babas del diablo, publicado en Las armas secretas, inspirado también por una experiencia parisina que le cuenta el excelente fotógrafo chileno Sergio Larraín a Cortázar y que Antonioni convirtió finalmente en el guion de la película; “En las redacciones periodísticas europeas se codean cuando ven entrar a Larraín: “Ese es el chileno de la Magnum, el fotógrafo de Blow-up”. Los fotógrafos de la agencia Magnum (la legendaria cooperativa fundada por Robert Capa y Henri Cartier-Bresson) no eran coquetos fotógrafos de moda, como el de la película de Antonioni. Eran los que mostraban al mundo lo que era imprescindible ver: las guerras, la miseria, la otra cara de la noticia. Pero eran épocas de leyendas, y la historia de Larraín daba de sobra para la leyenda” (3). Es el recuerdo imborrable que tengo de Larraín al volver a contemplar las fotografías de un libro suyo precioso, Una casa en la arena, tan querida por Neruda, viendo la imagen de la mascarona La Novia, para que la contemple durante mucho tiempo y comprender mejor su piel de cáscaras y pétalos, rota, como la describió Neruda: La intemperie le rompió la piel en fragmentos o cáscaras o pétalos. Le agrietó el rostro. Le rompió las manos. Le trizó los redondos acariciados hombros. Acariciados por la borrasca y por el viaje. Su mirada penetrante sigue a la espera de palabras bellas para contrarrestar su sufrimiento en el mar, su eterno silencio. Nuestro eterno silencio.

El hilo conductor de la película se desarrolla en la ampliación de una fotografía obtenida por un fotógrafo profesional en el Maryon Park de Londres, una escena impactante y una trama por descubrir de muchas formas posibles, cuya trazabilidad se puede analizar de forma detallada en un artículo, Blow UP – Michelangelo Antonioni (Análisis en profundidad), que desgrana el argumento antecedente y consecuente de la película y que recomiendo en una atenta lectura, para no descubrir ahora, nunca mejor dicho, el discreto encanto de un revelado de película y de sus sucesivas ampliaciones (blow-up en estado puro).

Vuelvo a mi caja de sueños que contiene centenares de negativos, para repasar una vida llena de blanco y negro en mi infancia y de un inmenso color después, fundamentalmente porque nunca quise ser ciego al color, como pasaba a los habitantes de las dos islas de la Micronesia, Pingelap y Pohnpei, que nos dio a conocer Oliver Sacks en un libro precioso, La isla de los ciegos al color. La vida es algo más que el blanco y negro, que los grises, porque el cerebro está preparado para interpretar todos los matices cromáticos de la vida sin dejar ninguno atrás, la vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a veces a una fotografía o película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, recuperando esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Hasta que un día revelamos los negativos de nuestra vida, guardados con esmero en una caja de sueños, devolviéndoles la vida real que contienen en su discreto encanto del color o del blanco y negro, según la luz del momento, sabiendo en nuestra persona de secreto que tienen el tiempo dentro.

(1) Brainard, Joe (2009). Me acuerdo. Madrid: Sexto Piso.

(2) Altares, Guillermo (2009, 28 de marzo), Cuando un recuerdo es algo que tenemosEl País (Babelia), p. 8.

(3) https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-187760-2012-02-17.html

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