«¡Arriba Tutto!» nos muestra que la vida puede ser bella

¿Dónde está el niño que yo fui, / sigue adentro de mí o se fue? / ¿Sabe que no lo quise nunca / y tampoco me quería? / ¿Por qué anduvimos tanto tiempo / creciendo para separarnos? / ¿Por qué no morimos los dos / cuando mi infancia se murió? / ¿Y si el alma se me cayó / por qué me sigue el esqueleto?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, capítulo 44 (XLIV)

Sevilla, 25/X/2026 – 14:22 h CET (UTC+1)

Ayer fui al cine, un lugar que amo desde mi infancia en Madrid, a modo de cinema paradiso permanente en mi vida, para ver una película, ¡Arriba Tutto!, que me interesó desde que la presentaron en el último Festival de San Sebastián, por las manifestaciones que hizo en aquél espacio su guionista, director e intérprete principal, José Mota y porque sobrevolaba en mi mente el recuerdo extraordinario de La vida es bella. Las publicó la Academia de Cine y para no tergiversar el fondo y forma de la película, las recojo en este artículo, al que sólo voy a agregar algunas consideraciones sobre mi interpretación de un visionado atento a cada plano, a sus diálogos, a su banda sonora, por mí sentido e interiorizado en mi persona de secreto, que mediante estas palabras pasan a ser a mi persona de todos, como diría Ortega y Gasset. Tengo que hacer en este momento una declaración de mi admiración por este tipo de películas, que transmiten mensajes muy positivos para hacer camino al andar en la vida, con sus contrariedades permanentes, con risas y lágrimas, sin olvidar nunca al niño o niña que todos llevamos dentro.

A continuación, me remito ahora a las palabras pronunciadas por José Mota, en la presentación citada de la película en el Festival de San Sebastián de este año: «Llegar al Festival de San Sebastián con Arriba Tutto, de la mano de Televisión Española, supone para mí mucho más que presentar una película. Es la culminación de un sueño largamente acariciado y la emoción de compartir, en uno de los grandes templos de nuestro cine, una historia nacida de una convicción profundamente personal: que el humor no es únicamente una forma de entretenimiento, sino también una manera de mirar el mundo, de comprender al otro y de resistir frente a la adversidad. Arriba Tutto nos traslada a 1905 para contarnos la historia de un cómico ambulante que cree en una hermosa utopía: que la comedia puede cambiar el mundo. En una época marcada por las desigualdades sociales, los odios y las amenazas de guerra, este hombre defiende el humor como un arma pacífica capaz de unir a quienes piensan, sienten o viven de manera diferente. Esa forma luminosa de entender la existencia se la transmite a su hijo Michi, un niño de siete años fascinado por la mirada de su padre. Él le concede el más alto título al que, según sus principios, puede aspirar un ser humano: el de caballero de la comedia. Y le hace prometer que, allí donde la vida lo lleve, defenderá el humor, la ternura y la capacidad de hacer reír como una forma de dignidad. Pero la tragedia irrumpe cuando su padre muere tratando de salvar de las llamas su legado: una obra titulada El caballero de la comedia, donde había reunido todo cuanto pensaba sobre el humor y la vida. Con el paso de los años, Michi se aleja de aquella promesa y se convierte en un hombre oscuro, herido y desconectado de su propia esencia. Será entonces cuando el niño que fue regrese para acudir en su ayuda. Ese niño interior, todavía puro, valiente y fiel a la palabra dada, intentará rescatar al adulto en el que se ha convertido y recordarle quién era antes de que el dolor, el miedo y la decepción le hicieran olvidarse de sí mismo. Esta película nace de una pregunta que, de un modo u otro, todos nos hacemos alguna vez: ¿qué queda de nosotros cuando perdemos el vínculo con el niño que fuimos? Creo profundamente que en esa infancia permanecen nuestra verdad, nuestra capacidad de asombro y aquello que un día prometimos ser. Volver a ella no significa vivir en el pasado, sino encontrar una tabla de salvación cuando la vida nos acerca al abismo. Presentar Arriba Tutto en San Sebastián es compartir una declaración de amor al humor, al cine y a quienes todavía creen que una sonrisa puede derribar muros. Gracias a Televisión Española por acompañarnos en esta aventura y al Festival por permitir que aquel sueño de un cómico ambulante encuentre hoy una pantalla desde la que seguir defendiendo su utopía».

Me emociona leer una y otra vez estas palabras, en un momento muy delicado que atraviesa este país ante el gran día de la democracia por la posibilidad de emitir nuestros votos en las urnas, en las elecciones generales del próximo 29 de noviembre. Hoy, en el que el Club Virtual de los Tibios, Tristes y Mediocres, donde siempre hay largas colas para inscribirse, frente a las del Club Virtual de las Personas Dignas, con cientos de miles de personas que sueñan inscribirse en él, resuenan con fuerza las palabras de José Mota: «el humor no es únicamente una forma de entretenimiento, sino también una manera de mirar el mundo, de comprender al otro y de resistir frente a la adversidad». Ideología al fin y al cabo, con el adoctrinamiento que lleva dentro en su justa medida de expresión libre, porque todo es política, mostrando dos realidades que la derecha extrema con piel de cordero y la ultraderecha quieren eliminar en nuestro país a través de un plumazo, Boletín Oficial del Estado incluido, si hace falta cuando lleguen al poder, tan magníficamente tratado y criticado en la película desde un humor satírico, por supuesto, a pesar de que a muchos no les guste que recurra a las páginas negras de la memoria histórica y triste de la guerra civil en nuestro país.

José Mota muestra de forma no inocente en la película que el Humorismo puede salvar a la Humanidad, porque la vida merece ser vivida de forma amable, con risas si hace falta en algún momento de tensión, porque no están reñidas estas realidades vitales, dolor y humor, como contrapuntos diario. También nos muestra una hermosa utopía, que la comedia puede salvar el mundo: «En una época marcada por las desigualdades sociales, los odios y las amenazas de guerra, este hombre defiende el humor como un arma pacífica capaz de unir a quienes piensan, sienten o viven de manera diferente». Y el ejemplo de vida de un cómico ambulante hasta la muerte, es el mejor regalo que se puede hacer a un hijo, de nombre Michi, que en una ceremonia inolvidable, le nombra «caballero de la comedia». Todo lo que viene después hay que ir al cine para descubrirlo y guardarlo en el corazón.

Me he puesto a leer de forma imaginaria el libro tan querido para padre e hijo en la película, El caballero de la comedia, porque en este mundo tan cercano a guerras y conflictos, insultos a la vida y a la muerte, guerras fratricidas para ver quien es el mejor postor político ante el pueblo desconcertado, olvidando siempre que un día fuimos niños y sólo sabíamos jugar a las guerras con espadas de madera y pistolas de plástico, deberíamos recuperar los niños y niñas que fuimos y que aún tienen un sitio especial en nuestro cerebro, porque al final de cada día pensábamos siempre en la utopía necesaria de descubrir, poco a poco, que que la vida era, es y será tan bella como queramos construirla a diario y en beneficio de todos. Como decía José Mota, utilizando el argumento de la película, «ese niño interior, todavía puro, valiente y fiel a la palabra dada, intentará rescatar al adulto en el que se ha convertido y recordarle quién era antes de que el dolor, el miedo y la decepción le hicieran olvidarse de sí mismo».

Es verdad que esta película nace de una pregunta que, de un modo u otro, todos nos hacemos alguna vez en nuestra vida: ¿qué queda de nosotros cuando perdemos el vínculo con el niño que fuimos? Para que no se olvide, ni siquiera un momento, Pablo Neruda nos ayuda hoy a recordarlo: ¿Dónde está el niño que yo fui, / sigue adentro de mí o se fue? //¿Por qué anduvimos tanto tiempo / creciendo para separarnos? / ¿Por qué no morimos los dos / cuando mi infancia se murió? / ¿Y si el alma se me cayó / por qué me sigue el esqueleto?

Una vez leídos con atención los títulos finales de crédito, acompañado por una canción preciosa cantada por Rozalén, Canto de los que quedan, que forma parte de la banda sonora excelente de esta película, salí del cine en un silencio atronador, convencido de que tengo que alzar la voz para decir la verdad de lo que está pasando y estamos viendo, como me grita a voces mi niño de secreto. Inolvidable la letra, música y voz de esta canción.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Correos merece como institución pública y ante las elecciones generales, el mismo respeto que Mario, el cartero de Neruda

Sevilla, 8/X/2026 – 13:55 h CET (UTC+2)

Si la literatura nos enseña las mejores claves para interpretar la vida diaria, a veces a través de metáforas, sé que el escritor chileno Antonio Skármeta lo expresó de forma maravillosa en una obra, Ardiente paciencia, adaptada más tarde en un guion impecable para una película inolvidable, El cartero (de Pablo Neruda), rodada en una playa especial de una isla de nombre Pozzo Vecchio, conocida desde entonces como Playa del cartero, situada en Procida (Nápoles), donde se rodó una de sus escenas de más intensidad humana, en la que el cartero Mario (Massimo Troisi) y Beatriz (Mariagrazia Cucinotta) se encuentran por primera vez y se enamoran, lo que le presta un efecto halo especial.

Recuerdo también el canto a la vida ante los silencios cómplices en las dictaduras de cualquier origen que hizo Antonio Skármeta en esa película de fuerte carga ideológica, que me impactó mucho en su día y todavía hoy al recordarla. Mario Jiménez, el cartero preferido de Neruda, aporta a la vida su deseo de aprender del maestro lo que le enseña en el terreno de la metáfora, valora el amor con la experiencia de Beatriz y lo que supone poner el nombre de Pablo Neftalí a su hijo, en homenaje a quien le llevaba siempre puntualmente las cartas hasta que se trunca su oficio de entregas por culpa del golpe de estado de Pinochet, cuando rodean la casa del escritor, donde apoyaba su antigua bicicleta. Recurre finalmente a la transmisión oral para contarle a Neruda lo que no le puede entregar en modo texto. Una gran metáfora, que tanto gustaban a Mario, el cartero, que recordé ayer cuando el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, volvió a la carga para sembrar dudas conspiranoicas muy graves sobre el voto por correo, en las próximas elecciones generales, fundamentalmente por el comportamiento de su personal directivo: “Confío plenamente en los carteros, en los empleados públicos, no confío en los directivos de Correos. Pero no es que no confíe yo, es que no confía la justicia. El expresidente de Correos y la señora Leire están investigados por, entre otras cosas, intentar extorsionar a jueces, fiscales, periodistas y otros ciudadanos». Sorprende, por cierto, que Feijóo ponga en marcha esta máquina de fango, cuando él fue presidente de esta institución desde el 18 de mayo de 2000 hasta el 18 de enero de 2003, y que como empresa pública merece hoy y siempre todo el principio de confianza ciudadana en su larga trayectoria de servicio público, 310 años hasta hoy, transformada en Sociedad Estatal Correos y Telégrafos. Su visión actual es ser “una empresa de referencia en el sector logístico y un instrumento del Estado para prestar Servicios de Interés Económico General, con especial atención a los servicios de proximidad, inclusión social e integración territorial, a través del uso eficiente y sostenible de una red estratégica con capacidad de adaptar sus servicios, en un mundo en constante transformación, a las nuevas necesidades de la ciudadanía mediante soluciones digitales, innovadoras y sostenibles con el fin de mejorar la resiliencia económica y social del país y su compromiso de proteger el medioambiente”.

En este contexto, no olvido que en la campaña electoral de 2023, dijo algo verdaderamente impresentable e insultante para los profesionales de Correos: “Le pido a los carteros que trabajen mañana, tarde y noche, y aunque no tengan los refuerzos suficientes que sepan que custodian algo sagrado”, seguido de un mensaje perturbador: “Les pido, con independencia de sus jefes, que repartan todos los votos”. Bulos históricos, a sabiendas del daño que hacen quienes los transmiten y divulgan a través de medios de comunicación y redes sociales, porque se extienden como una mancha de aceite: «calumnia, que algo queda». Los profesionales de Correos no necesitan estas recomendaciones, ni estas advertencias sobre los directivos de la organización en la que trabajan, cuando menos maliciosas, porque son profesionales de altura, a los que conozco bien por mis años de trabajo en la Administración Pública, donde siempre encontré en ese Organismo un apoyo incondicional a los servicios públicos. Todavía recuerdo el convenio firmado en los años noventa del pasado siglo entre Correos y el Servicio Andaluz de Salud (SAS), para que toda la cartería y paquetería de este Organismo, que utilizaba información sensible que debía estar amparada por la legislación vigente de protección de datos personales, se atendiera corporativamente, con beneficios económicos de ahorros importantes de dinero público, así como de seguridad jurídica en los envíos y recepción de documentos oficiales. Inmediatamente, la Administración de la Junta de Andalucía en su totalidad, suscribió un concierto similar en beneficio del interés general. Puedo asegurar que esta acción pública nunca la he olvidado, llevada a cabo por directivos de ambas instituciones.

De nuevo, ante la inquietud sobre lo que pueda ocurrir el próximo 29 de noviembre, me separo unos segundos de Neruda, cuando pronunció una frase gloriosa al finalizar su discurso en el acto de entrega del Premio Nobel de Literatura en 1971: «En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres». Hoy, no disfruto de ella en su expresión paciente, sino modulada por el prefijo negativo «im», exactamente como “ardiente im-paciencia”, con el significado que a través de los siglos conocemos: intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar. Reconozco que estoy instalado en ella, en la impaciencia ardiente, en esta recta final antes del Día de la Democracia, a través del voto, el próximo 29 de noviembre, porque este país se juega el progreso como Estado de Bienestar o el regreso a las cavernas junto a la pérdida masiva de libertades y conquistas sociales.

Reitero alto y claro que los profesionales de Correos, en toda su extensión, no necesitan estas observaciones de Feijóo sobre el personal directivo, porque conocen muy bien su trabajo y saben lo que hacen legalmente día a día. El proceso electoral del voto por correo está sustentado y tutelado por la legislación vigente y aunque ha estado y sigue estando salpicado de la maledicencia actual en relación con manifestaciones impresentables de líderes de la derecha extrema y ultraderecha, que intentan convencer a la ciudadanía de que no vote por correo, estoy convencido de que no interferirán de hecho sobre la continuidad digna de utilización de este recurso democrático habilitado por la legislación electoral vigente.

La metáfora de Skármeta, en su ardiente paciencia, muestra qué papel pueden llegar a jugar los directivos y profesionales de Correos en la vida diaria de los ciudadanos y ciudadanas de este país, dignificando esta profesión. Estas palabras simbolizan su excelente desempeño profesional, que llevarán siempre mi reconocimiento y agradecimiento expreso por su trabajo bien hecho. Estoy convencido de que llegado el caso, ¡ojalá no ocurra!, los trabajadores y personal directivo de esta empresa pública, carteros y carteras de este país para entender esta metáfora, emularían lo que hizo Mario con Pablo Neruda, si no pudieran entregarnos las cartas y los documentos tan esperados, transmitiéndonos de forma oral los mejores mensajes que necesitáramos recibir. Esa es la auténtica metáfora de su valía profesional. ¿Saben por qué? Porque nunca se podrá sustituir el encanto de la espera de mensajes llenos de esperanza, cargados de derechos y deberes, como en este caso la documentación completa para votar, entregados por manos humanas de Correos, un “instrumento del Estado” como ejemplo del mejor servicio público que debemos proteger.

En el día después de las votaciones, a pesar de la mala política de algunos líderes actuales, siempre habrá personas que esperarán sin descanso a su cartero o cartera de siempre o tramitarán documentos ante profesionales de esta empresa pública para recibir palabras que nacen del alma, metáforas, que nunca se podrán empaquetar o ensobrar como si fueran una triste mercancía. Les felicitaremos, de nuevo, por su trabajo bien hecho.

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¡Paz y Libertad!

El conformismo y la mediocracia política, cómplices del problema de la vivienda en nuestro país

Sevilla, 3/X/2026 – 09:14 CET (UTC+2)

Cartel en la manifestación de ayer, en Sevilla, en defensa del derecho constitucional a la vivienda “digna y adecuada” / JA COBEÑA

Ayer fue un día terrible (terribilis) para la democracia en nuestro país, obviamente para Andalucía. La vivienda se ha convertido en murienda (perdón por el neologismo) para millones de personas, pero el Congreso, la Casa del Pueblo según la Constitución, ¡qué paradoja!, pegó un portazo a las tres de la tarde, a las ciudadanas y ciudadanos vulnerables que esperaban un respiro o la asequibilidad económica, nada más, por la aprobación de dos decretos que llegaban tarde, pero que si se convalidaban, hubieran permitido ver la luz al final del túnel del principal problema del país, según todas las encuestas sociales.

La decepción por la derrota, en sede parlamentaria, fue generalizada para quienes esperábamos un resultado diferente. Pero no fue así. Estoy convencido, junto a Manuel Rivas, de que no hay que esperar de la política que haga milagros, pero lo único que pido “es que no haga daño”, convencido plenamente de que estamos rodeados de políticos aliados con la mediocracia, que ataca a la democracia por tierra, mar y aire. Rentismo y protección al todopoderoso caballero Don Dinero, hicieron su trabajo, con el runrún de las derechas cavernícolas, que ya conocemos: el que pueda hacer, que haga.

No me lo pensé dos veces y ayer tarde me incorporé a la manifestación del Sindicato de Inquilinas y otras organizaciones, con miles de jóvenes (¡qué maravilla!) y mayores, para acompañarles en sus justas reivindicaciones. Las dos horas y media del trayecto a pie desde Las Setas, lugar donde siguen acampados en frágiles tiendas de campaña, hasta San Telmo, la sede del gobierno andaluz, me sirvieron para reflexionar sobre el fondo y forma del artículo 47 de la Constitución, tan lejos de los “lanzamientos” injustificados de familias que por múltiples razones tienen que abandonar sus “muriendas” porque la democracia no es capaz de ofrecer soluciones a problemas vitales de primera necesidad en relación con alquileres y compras asequibles de viviendas para vivir dignamente y no para morir en el empeño, constitucional por cierto.

Artículo 47 – Constitución española

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

Cartel en la acampada reivindicativa de Las Setas, Sevilla – 2/10/2026 / JA COBEÑA

Por las razones expuestas, retomo un hilo conductor de este cuaderno digital, el conformismo y la mediocracia actual, con escritura circular, porque sufro mucho ante el conformismo social que percibo en la sociedad en la que afortunadamente vivo, “afortunado” por disfrutar de una casa, pero acordándome de los miles de jóvenes y mayores que gritaban ayer clamando por viviendas, no muriendas, asequibles para todos.

Acampada reivindicativa en Las Setas, Sevilla – 2/10/2026 / JA COBEÑA

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Hay que desenmascarar a los conformistas y mediocres

Il conformista, Alberto Moravia / Bernardo Bertolucci / Fotocomposición: JA COBEÑA

Estamos asistiendo impertérritos a la implantación de un conformismo personal y social plano de gran parte de la sociedad, ante todo lo que está pasando en estos momentos tan duros y extraños derivados de la gestión política en nuestro país. Junto a una gran aliada, la mediocridad, se han instalado en nuestras vidas. Me preocupa mucho esta situación, porque traduce una enfermedad social de consecuencias trágicas, que deberíamos atender con urgencia si queremos ofrecer un horizonte claro de presente y futuro a las personas que queremos y a las que forman parte del denominado interés general constitucional y político en su sentido más primigenio.

El conformismo fue tratado históricamente el siglo pasado por la literatura y el cine asociado a ella, fuentes que me permitieron conocer, en mis años jóvenes, su cara más cruel y amarga. Me refiero a la obra Il conformista, de Alberto Moravia (Roma, 1927-1990) y a la película homónima, dirigida por el gran cineasta italiano Bernardo Bertolucci (Parma, 1941 – Roma, 2018). Moravia publicó esta obra en 1.951 y refleja en ella su sentir político como una proclama muy dura contra el fascismo. Bertolucci, atraído por el compromiso intelectual y político de Moravia, la llevó al cine en una producción a la americana, en 1970, con el apoyo de la Paramount, obteniendo un resultado extraordinario en la historia del cine europeo e italiano por la adaptación de esta novela a la gran pantalla.

Si lo traigo a colación hoy es porque creo que el conformismo, como fenómeno social emergente, hay que denunciarlo a los cuatro vientos, por la parálisis y desafección ética en el país de todo lo que tiene que ver con la política, porque es una lacra social de consecuencias inimaginables, sobre todo porque camina de la mano de la mediocridad, que nos ataca por tierra, mar y aire, tal y como lo he manifestado ya en muchas ocasiones en este cuaderno digital, que procuro por todos los medios posible que no sea ni conformista ni mediocre.

Estoy de acuerdo con lo expuesto en un artículo muy interesante sobre la película de Bertoluccci, que trata sobre los errores en el doblaje de esta película, probablemente no inocentes, que leí hace ya bastante tiempo, porque “[…] si El conformista es un film tan profundo es por la suma de capas e influencias que lo componen: mezcla de géneros cinematográficos, la melodía de la banda sonora y sus variaciones en clave humorística, obra de Georges Delerue, las múltiples referencias literarias, incluidos los mitos de la caverna y Edipo, la recreación histórica y la fotografía diseñada por otro artista precoz, Vittorio Storaro—, ingredientes que el director consigue armonizar”.

Precisamente, el mito platónico de la caverna, magistralmente tratado por Bertolucci, es algo que hay que rescatar hoy porque es el análisis de la realidad de las sombras que pasan ante miles de personas que estamos recluidos a veces en nuestras propias cavernas, sin poder ver la realidad de lo que está pasando realmente fuera para interpretarlo de la forma más crítica y certera posible, situación que sabe aprovechar muy bien el pensamiento único de determinados partidos que están siempre bordeando la democracia auténtica, en una conversión totalitaria que da escalofríos escucharlos. Lo más duro que asumí de aquella película, a mi edad juvenil y de marcado sesgo revolucionario, era una frase del protagonista, Marcelo Clerici cuando se incorpora a la OVRA (Organización para la Vigilancia y la Represión del Antifascismo) y después de escuchar ejemplos de cómo se puede entender esta militancia por parte de su amigo invidente, Ítalo Montanari, él manifiesta agradecido que ha entendido perfectamente la equivalencia entre un hombre “normal” y un “perfecto fascista”. Conformismo y mediocridad en estado puro.

Tal y como lo he manifestado en ocasiones anteriores y leyendo las últimas noticias de nuestro país, de Andalucía, en relación con el drama del acceso imposible a las viviendas o al desahucio (lanzamiento en argot jurídico) de personas y familias vulnerables), he recordado también ante esta situación descrita a Mario Benedetti, porque escribió en Testigo de uno mismo (1) un soneto del pensamiento, precioso, que leyéndolo de nuevo me ha pre-ocupado (así, con guion), sobre todo por la segunda estrofa: sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos. Cuando preguntamos a nuestro alrededor ¿cómo va la cosa? lo habitual es que te respondan siempre ¿no lo ves? ¡fatal! Y la cosa es un constructo universal que tiene nombres y apellidos de casi todo lo que se mueve. De ahí al conformismo más activo solo hay un paso. No hay pensamiento, aliento, espera, ni preguntas para saber por dónde va la cosa de los vientos del Sur, que también existe y me preocupa mucho esta situación en Andalucía, que se extiende como una mancha de aceite. El conformismo y su gran compañera de viaje, la mediocridad, hacen estragos allí donde nacen, se desarrollan y mueren, porque se instalan en el confort de los tibios y tristes, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa?

La cosa es la vida misma, con su parafernalia personal e intransferible en cada persona que vive rodeada de cosas que cosifican, es decir, a la corta, más que a la larga, reducen a la condición de cosa a las personas. Porque ahí radica su peligro extremo: reducen a las personas a una cosificación inaceptable por medio del conformismo brutal que nos invade y que suele diseñarse muy bien por el enemigo, un artista de la mercancía política en hipermercados de la indignidad y de su economía propia y asociada. Muchas veces he ensalzado la figura de Papageno, el protagonista de la ópera de Mozart, La flauta mágica, porque su profesión es un modelo a seguir en muchas ocasiones para los inconformistas de cuna: encantador de pájaros, aunque no sepamos casi nunca a qué tipo de pájaros, con perdón, tenemos que encantar. Cada uno que lo aplique a quien corresponda.

Dice Mario Benedetti más adelante en el mismo soneto citado: la mente se acostumbra a ese vacío / no sabe ya de nortes ni de sures / no sabe ya de invierno ni de estío. Es verdad, porque el conformismo lleva a un electroencefalograma plano de la inteligencia que inhibe para tomar conciencia de que el Sur también existe, como nos pasa con el conformismo en esta tierra de maría santísima, donde nos acaba dando igual el calor que el frío. Lo que ocurre es que cuando se decide salir del conformismo que nos invade, el pensamiento, acostumbrado al vacío, huye de ángeles y tahúres y busca desesperadamente la noche, para pensar en esta tierra…, a troche y moche. ¡Menos mal! Moravia, Bertolucci y Benedetti han dicho algo que nos puede remover hoy las conciencias y no olvido.

Existen personas que ejercen profesiones arriesgadas, que aprecio mucho, nada conformistas y que me han acompañado siempre en el silencio activo que sabe cuidar la persona de secreto que hay en mi vida: determinadas personas que ejercen determinados puestos arriesgados en las salas de máquinas de las embarcaciones y las que no acostumbran a salir de la contramina, como metáfora aplicable al tema tratado hoy sobre el conformismo y la mediocridad, una vez que el ascensor tipo jaula los deja en el trabajo de cada día, en el corazón de la tierra. Son profesiones modélicas para los que perteneciendo a mi Club de las Personas Dignas tienen que tomar una decisión muy importante en situaciones de turbulencias sociales, en estos momentos difíciles para las creencias personales, profesionales y sociales de todo tipo. Fundamentalmente, porque ahora toca abandonar temporalmente la sala de máquinas y la contramina para pasar a una acción en cubierta o a cielo abierto, urgente y necesaria, para estar cerca de los que quieren abandonar el puente de mando de las embarcaciones laborales y políticas o la zona de dirección de los yacimientos de dignidad privada y pública que tan necesarios son en estos momentos, para convencerles que merece la pena seguir luchando por aquellos valores en los que han creído hasta ahora y que en los momentos difíciles es cuando hay que dar la talla ética que tanto se ha defendido con anterioridad al fracaso o a la pérdida de confianza de los demás en nuestra persona pública o de secreto, en nuestras decisiones, hayan sido o no acertadas. Es decir, una declaración de guerra total ante los conformistas y mediocres y las organizaciones que los representan.

Escucho a diario que ya no se puede hacer nada, que todos los políticos son iguales, que al final lo que vale es el dinero que tengas a mano, que el mundo no tiene solución, que la crisis actual va a acabar con las ilusiones legítimas de todos. Conformismo puro y duro que detesto. Y no es verdad que tengamos que estar en actitud paciente o conformista sobre estos juicios de valor, que tengamos que resignarnos a renunciar a ideologías que permiten a personas dignas estar cerca de los demás, de aquellos que menos tienen, de los que luchan por el estado del bien-ser y del bien-estar, por el trabajo bien hecho, el diario, el que puede ser más gris en determinados momentos; por ejemplo, por los que defienden que el trabajo en la Administración Pública tiene que respetar el tiempo, el espacio y el dinero público de principio a fin de jornada, pensando siempre en la persona como ciudadano al que se debe orientar todo lo que se hace en la Administración como acción basada estrictamente en el interés público.

Porque nada ni nadie es inocente. Todo tiene una razón de ser y ahora es necesario subir a cubierta y al cielo abierto para gritar a los cuatro vientos que somos necesarios para transformar el mundo, cada uno donde está en la actualidad, con un trabajo celular, ejemplar, allí donde vive o trabaja cada uno o cada una, porque la solución no viene, seguro, de Trump o de los oligarcas tecnológicos, ni de la Unión Europea, o del Banco Central Europeo, o de la presidenta Úrsula von der Leyen (presidenta de la Comisión Europea), por poner un ejemplo muy actual. Es más probable que la salida a la crisis actual que arrastramos desde hace ya muchos años y agudizada ahora por el ocaso generalizado de la democracia, sea una realidad si prosperamos en plantar cara a la desazón que embarga a muchas personas, porque a las personas que pertenecemos al Club de las Personas Dignas nos interesa ahora dejar temporalmente esas salas de máquinas en las que hemos trabajado durante tanto tiempo o en las contraminas de la sociedad, de los trabajos o de las familias, para gritar a los cuatro vientos, a cielo abierto, que tenemos que seguir luchando para recuperar la dignidad de personas en el silencio o ruido de cada día, el de cada uno, el de cada una, y que sabemos dónde está la clave: en el trabajo serio y callado, coherente, de principio a fin, ejemplar, sobre todo. También, en descubrir y desenmascarar las maniobras oscuras de los conformistas y mediocres.

Sin esperar que vengan los demás a solucionarnos los problemas que nos rodean y, para decirlo bien alto y claro, porque todos no somos iguales. Porque solo debe existir esta igualdad ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social [ante la crisis… de la vivienda (el corchete es mío)], como dice el Artículo 14 de la Constitución. Aunque dentro de unos días, cuando la mar esté en calma y la dirección de la mina no tenga más sobresaltos, tengamos que volver con la cabeza bien alta a la contramina o a la sala de máquinas en la que tanto nos gusta trabajar, para seguir navegando y cavando en la igualdad que tanto necesitamos todos, sin excepción alguna. De lo contrario sucederá lo que ya nos advirtió Benedetti sobre los peligros del conformismo y la mediocridad:  la mente se acostumbra a ese vacío / no sabe ya de nortes ni de sures / no sabe ya de invierno ni de estío. 

(1) Benedetti, Mario (2014, 2º ed.). Testigo de uno mismo. Madrid: Visor Libros, pág. 122.

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¡Paz y Libertad!

Otoño 2026 / 3. Ciegos al color de la vida

ERICH LESSING
Julie Andrews, junto a su hija, en un descanso del rodaje de “Sonrisas y Lágrimas” / Erich Lessing

¿Ciego a qué?
No a la luz:
a la vida.

Ángel González, en Otoños y otras luces. I. Ciego

Sevilla, 23/IX/2026 – 07:27 h CET (UTC+2)

El Otoño llegó esta madrugada, puntual como siempre, una estación de colores ocres, verdes apagados, hojas caídas, tonos cambiantes, casi todo ocre: “¿De cuándo ese carmín que fue violeta?, ¿De dónde el oro que era ocre hace un instante?”. Ángel González lo recuerda en su cuarto poema, Ciego, como si todo lo envolviera la acromatopsia (1), que solo afecta a los seres humanos. Lo aprendí leyendo a Oliver Sacks, tan presente siempre en este cuaderno digital, porque esta enfermedad real es la ceguera del color, que no permite agregar color a la óptica de la vida. Todo se ve siempre de color gris. En su magnífico libro La isla de los ciegos al color (2), descubrí que existe un lugar en el mundo, en dos islas de la Micronesia, Pingelap y Pohnpei, donde se concentra esta enfermedad, donde todo se ve siempre de color gris, que permiten “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.

Hoy, recordando a Sacks de nuevo, pienso que el poema de Ángel González, extiende geográficamente, por todo el mundo, la ceguera a la vida:

¿Ciego a qué?
No a la luz:
a la vida.

¿Sordo a qué?
No al sonido:
a la música.
Abre los ojos,
oye:
nada ve,
nada escucha.

Como si al mundo entero
una nevada súbita
lo hubiese recubierto
de silencio y blancura.

Confieso que he vivido una experiencia extraordinaria, simbólica, de lo que significa el paso del blanco y negro al color, en el contexto del libro citado de Oliver Sacks y tras la lectura meditada del poema de Ángel González. Ocurrió cuando contemplé en una ocasión una foto en blanco y negro del fotógrafo Erich Lessing en pleno rodaje de la película “Sonrisas y lágrimas”, porque la vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y lágrimas permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada. Esa es la auténtica obra maestra, el extraordinario guion que está detrás, que nos entrega Lessing con la instantánea asociada de su cámara cerebral”. Me sigue impresionando esa fotografía en blanco y negro de Julie Andrews, que reproduzco en la cabecera de este artículo. Y pienso que Lessing quiso dejar para la posteridad la impronta real de la sonrisa en esa relación madre-hijo, en la lectura de una carta quizás imposible, como homenaje a esta necesidad, dado que en su caso, tuvo que emigrar desde Viena a Palestina a los 16 años, por la ocupación de Hitler, arrancándolo de su familia más cercana. Cuando regresó a Viena, en 1947, su madre ya había fallecido en el campo de concentración de Auschwitz.

En el mundo al revés en el que estamos instalados, sólo queda en este Otoño de 2026, abrir los ojos, oír el paso de la vida, sin ver nada, sin escuchar nada, tal y como nos lo enseñó Ángel González: Como si al mundo entero / una nevada súbita / lo hubiese recubierto / de silencio y blancura. La única forma de contemplar dignamente en este otoño, la realidad de la vida.

(1) Acromatopsia: ceguera del color, enfermedad que no permite agregar a la óptica de la vida el color. Todo se ve siempre de color gris. 

(2) Sacks, O., La isla de los ciegos al color. Barcelona: Anagrama, 1999.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

En memoria de Patricio Guzmán, director de cine chileno

Sevilla, 16/IX/2026 – 09:43 h CET (UTC+2)

Ayer falleció Patricio Guzmán, excelso director de cine chileno, que está muy presente en este cuaderno digital. Siempre me he referido a él ensalzando su compromiso político a través del cine. Por esta razón ética, he elegido un artículo que publiqué en 2022, Voy y vuelvo en un país imaginario, que rescato como homenaje a su trayectoria cinematográfica, porque resume muy bien qué significaba para él el cine documental.

Si recuerdo hoy con dolor la muerte de Patricio Guzmán, que tanto quiso a su país, es porque para mí Chile ha sido desde el terrible golpe de Estado de 1973, un modelo imaginario como país imaginario para alcanzar las libertades imaginarias que todo ser humano aspira a alcanzar un día…, imaginario también. Es así porque cada día voy y vuelvo a mi país imaginario, con el que sueño todos los días, la España de las libertades imaginarias, que también existen y por las que debemos seguir luchando en pleno ocaso de la democracia.

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Voy y vuelvo en un país imaginario

Sevilla, 25/IX/2022

Una noticia reciente sobre el director de cine chileno Patricio Guzmán, del que ya he hablado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital, porque le admiro y respeto, aprendiendo de él su pasión por el compromiso “político” en el sentido más puro de la acción política transformadora, incluso sin carné de afiliación a unas siglas determinadas, es decir, por ideología pura y dura, me ha llevado a conocer de nuevo el sentir popular de Chile como pueblo imaginario en un país imaginario, con resonancias de un gran poeta chileno, Nicanor Parra, de cuyo nombre quiero acordarme hoy nuevamente.

Yendo del timbo al tambo, como le gustaba decir a Gabriel García Márquez, vuelvo a encontrar una referencia imaginaria en momentos difíciles para el mundo. Recuerdo hoy que en 2018 falleció a los 103 años, en su querida tierra chilena, Nicanor Parra, el antipoeta al que dediqué en 2014 unas palabras en este cuaderno digital que busca islas desconocidas de compromiso activo. Hoy, mejor que nunca, comprendo las palabras que un día ya lejano, dando gracias a la vida, le dedicó a su hermana Violeta Parra, cuando falleció en 1967: Pero yo no confío en las palabras / ¿Por qué no te levantas de la tumba / A cantar / a bailar / a navegar / En tu guitarra? // Cántame una canción inolvidable / Una canción que no termine nunca / Una canción no más / una canción / Es lo que pido. Cuando asistimos a diario a noticias tristes para el mundo de la libertad viva, me acerco de nuevo a Nicanor Parra en la montaña rusa en la que siempre estuvo instalado, dando gracias a la vida, que nos ha dado y sigue dando tanto.

Lo anteriormente expuesto viene a mi memoria porque Nicanor Parra, el poeta que mejor describió al hombre imaginario, al que se recuerda en este país por haber recibido el Premio Cervantes en 2011, me permitió volver a la lectura compleja de la antipoesía que representa, comprometido sobre todo con la contradicción de la vida, porque para él es una fuerza que le permite seguir viviendo, conduciendo su viejo coche del pueblo (Volkswagen), camino de un lugar que muy querido para él: Las Cruces. Y esa forma de pensar, de transgredir la vida instalada, me sorprendió siempre, tanto como el crucifijo que preside el salón principal de la biblioteca que lleva su nombre en la Universidad Diego Portales, con una inscripción memorable escrita a mano en un cartel rutinario, “Voy y vuelvo”, en un permanente tobogán de emociones y sentimientos imaginarios, porque lo imaginario sólo existe en el alma y porque de la ilusión también se vive:

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

Patricio Guzmán ha retratado en “Mi país imaginario”, su nuevo documental, la revolución feminista que llevó a la victoria a Gabriel Boric, actual presidente de Chile, como “secuela apócrifa de ‘La batalla de Chile’, donde cuenta los movimientos que cambiaron el país en los últimos años”. El artículo, excelente, que he leído en elDiario.es sobre esta obra de Patricio Guzmán, refleja la mejor sinopsis del documental que podamos soñar: “En Mi país imaginario todos los testimonios son de ellas. De las mujeres que salieron a la calle, que revolucionaron el país, que pidieron tomar la decisión sobre sus cuerpos y sus elecciones. No hay ningún hombre que hable a cámara. Hace tiempo que en Chile las mujeres se organizaron muy bien políticamente. Empezando por las mujeres que protestaron contra los desaparecidos, y a partir de ahí el papel de la mujer nunca dejó de estar presente. Y bueno, ahora estamos con la cuestión de volver a reconstruir Chile, de volver a hacer que las dos grandes corrientes se unan o al menos se toleren o que trabajen juntas para construir en el futuro de Chile”, dice Guzmán, que cree que ese futuro pasa por las mujeres y que confía en que “se va a conseguir”. Pero lo que verdaderamente me ha conmovido son sus palabras sobre lo que él entiende como cine documental, del que Mi país imaginario es una nueva entrega extraordinaria: “El cine documental es una especie de caja de resonancia del pasado más reciente para proyectarlo hacia el futuro. El cine documental nos coloca frente a nuestros problemas grandes que tenemos como país, como personas, como grupo. El documental es una opinión muy personal de cada uno de nosotros y queda guardado para siempre en la memoria chilena. La gente se olvida de las películas de ficción, pero los documentales quedan ahí, machacando siempre”.

Patricio Guzmán recibió este año el premio Goya a la mejor película Iberoamericana, La cordillera de los sueños (2019), a modo de veredicto: para no olvidar que el cine también es memoria histórica. ¡Enhorabuena, de nuevo, por tu compromiso activo a través del cine! Me alegra y reconforta desde una determinada ideología de izquierda, el reconocimiento que te hizo nuestro país el pasado mes de febrero, que tanto debe al pueblo chileno por vuestra acogida a los españoles en el exilio tras la guerra civil y la férrea dictadura que sufrimos años después. Gracias, a través de estas palabras, que aún nos quedan. Aquello fue una misión de amor, que no olvido en la memoria histórica de nuestro país, imaginario también.

Para mí, Chile es un modelo imaginario como país imaginario para alcanzar las libertades imaginarias que todo ser humano aspita a alcanzar un día…, imaginario también. Es así porque cada día voy y vuelvo a mi país imaginario, con el que sueño todos los días, la España de las libertades imaginarias, que también existen.

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¡Paz y Libertad!

“¡Están aquí!”, un documental del Festival de Venecia que denuncia al ICE de Trump

Un avión que deporta inmigrantes en EEUU / Mostra Cinematográfica de Venecia

Sevilla, 12/IX/2026 – 10:56 h CET (UTC+2)

El pasado 8 de septiembre, se proyectó en la Mostra Cinematográfica de Venecia, en la sección “Venecia Abierta – Fuera de concurso”, un corto-documental de 25 minutos, They’re Here (Están aquí), codirigido por Laura Poitras, Premio Oscar y León de Oro d’Oro en 2022 con All the Beauty and the Bloodshed y por Rachel Lauren Mueller, documentalista y periodista de investigación con trabajos publicados en el New York Times y transmitidos por PBS y Al Jazeera.

El corto muestra imágenes inéditas de la intervención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU (ICE) en Minneapolis, en enero de este año. La sinopsis oficial facilitada por la Mostra, nos permite conocer que “They’re Here es una obra de terror que cuenta la historia de Edén Villa (nombre ficticio) y algunos residentes anónimos de Minneapolis, comprometidos a escapar y oponerse a la ocupación paramilitar de su ciudad. Bajo el signo del cine distópico, They’re Here está ambientado en un escenario invernal en el que agentes enmascarados secuestran a niños, los residentes se ven obligados a viajar escondidos en los maleteros, los prisioneros encadenados son cargados en aviones ante los ojos de los turistas y los ciclistas monitorean los movimientos de una fuerza invasora”. Más interesante todavía es conocer un comentario de las directoras sobre el corto: “Nuestro enfoque cinematográfico nace de un vídeo de diez segundos encontrado en la red: una idílica escena invernal con árboles nevados junto al sonido de gritos: «¡Quédense dentro! ¡Cierren las puertas! ¡Estoy aquí!”. Los monstruos no se ven, pero las voces evocan todo el terror: es a la vez un horror y un documental escalofriante. Con nuestra película queríamos transmitir una sensación similar. Como periodistas, asistimos horrorizados por la normalización de la violencia de Estado. En los Estados Unidos, ahora está a la orden del día que la policía fronteriza, con la cara cubierta, secuestre a niños y realice ejecuciones a plena luz del día. Creemos que el cine puede descartar este sentido de inevitabilidad. Las imágenes de resistencia y redención muestran que la historia aún no está escrita y que la violencia no siempre triunfa”.

He podido conocer más detalles de la proyección inaugural del documental, gracias a una crónica excelente, publicada por elDiario.es, El terror de las deportaciones del ICE sacude Venecia en solo 25 minutos, que recomiendo leer con la atención que merece.

Lo he manifestado en ocasiones anteriores cuando he hablado del cine de compromiso social, como es el caso de este documental. Existe un determinado cine de calidad que nunca es inocente. No he olvidado cómo me han conmovido determinadas películas que conservo en mi filmoteca cerebral. Recuerdo ahora Hoy empieza todo, excelente película de Bertrand Tavernier, donde pude constatar que el cine, en realidad, no es cine, sino la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando encontramos las mejores historias, un gran corazón late, se alarma, va más despacio, sale de la sala cinematográfica con el deseo de seguir creyendo en un mundo diferente que todavía es posible. Todos los rostros miran en la misma dirección. Este impulso es el que aspiramos a que nos acompañe siempre, porque es el que nos permite descubrir y alimentar cualquier microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película de Tavernier, Dominique Sampiero, aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor digno que nos conmueve, es decir, que nos perturba, inquieta, altera, que nos provoca situaciones placenteras que consuelan a nuestra persona de secreto con fuerza y eficacia, afectando de lleno los sentimientos y emociones.

Por estas razones, caminar en paralelo con la Historia, negándola, es condenarnos en vida a no resurgir de las cenizas y, lo que es peor, a obviar la realidad de que el ave fénix existe. Además, cuando lo hacemos con las personas más próximas, escribimos casi sin darnos cuenta la crónica de una muerte personal y social anunciada. Estamos avisados por Eduardo Galeano: la memoria está en el aire que respiramos; y ella, desde el aire, nos respira. Recordar hoy a las víctimas del ICE financiado por Trump contra los inmigrantes latinoamericanos, tal y como se muestra en They’re Here (Están aquí), nos debe conducir a no olvidarlas, porque esa historia narrada en el documental se repite todos los días en la América de Trump y no debe quedar impune: ”¿La historia se repite? ¿O se repite sólo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla? 

Este documental no es una historia muda: “Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa” (1). Lo recuerdo una vez más, para que no se olvide ni siquiera un momento.

(1) Galeano, Eduardo (1998). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI de España.

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¡Paz y Libertad!

¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión en nuestra memoria de secreto

Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: estoy donde debo estar.

Isak Dinesen (seudónimo de la baronesa danesa Karen Blixen), en su obra cumbre, Memorias de África (1937)

Sevilla, 31/VIII/2026 – 17:42 h CET (UTC+2)

Amo el cine y ayer volví a ver por enésima vez “Memorias de África”, como si fuera la primera vez, porque sigo teniendo muy presente en mi vida la gran pregunta de Isak Dinesen (1885-1962), la autora de la obra homónima sobre la que está basada la película, que me permite contextualizarla hoy en este loco mundo al revés en el que vivimos a diario, en pleno ocaso de la democracia: “¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión”… en estos tiempos revueltos.

Isak Dinesen (1885-1962)

El 17 de septiembre del año pasado, la vi de nuevo, con motivo del fallecimiento del gran actor Robert Redford, recordado siempre por películas de gran valor cinematográfico como Dos hombres y un destino, El hombre que susurraba a los caballos o Memorias de África, que obtuvo siete premios Óscar en 1986. Quizá sea esta última la que aquel día tuve presente en ese momento tan especial, por mi asociación mental de Redford junto a Meryl Streep y la extraordinaria banda sonora compuesta por John Barry, con un fondo musical excelente de Mozart. La química exhibida por la pareja formada por Streep y Redford, por entonces quizá los dos actores más aclamados en Hollywood, ha marcado una impronta inolvidable en muchas memorias de todos y en la de secreto. En la mía, también.

La banda sonora de la película, bajo la batuta de John Barry, sigue viva en mi discoteca de secreto, haciendo incursiones en la memoria de hipocampo que, como caballo de mar, sigue surcando historias de búsqueda de islas desconocidas para contarlas en este cuaderno digital. Lo que me sobrecoge verdaderamente es asociar siempre esta película y su trama con Mozart, a través de su maravilloso adagio compuesto para el Concierto para clarinete y orquesta (K. 622), acompañando los recuerdos de Karen. No desmerece esta puntualización, en absoluto, el tema nuclear que suena lentamente en los títulos de crédito que ayudan a comprender mejor los tesoros ocultos para el alma en Kenia. El segundo tema, se hace presente en momentos difíciles para la protagonista en su penoso matrimonio de conveniencia, salvado por un cazador profesional, Denys George Finch Hatton, un papel desempeñado de forma impecable por Redford.

W. A. Mozart: Adagio del Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Orquesta Sinfónica de Islandia / Oboe: Arngunnur Árnadóttir, Harpa Concert Hall – Reykjavík, 10 de septiembre de 2015

Memorias de África está asociada siempre, en mi vida, con Mozart, sin desmerecer el trabajo fantástico de John Barry. También, con la inteligencia humana, mientras escucho atentamente su banda sonora de hoy, de siempre. Vuelvo a recordar que la inteligencia, hoy por hoy, no tiene color. La conjunción de blancos, grises y algunas veces, negros, atribuida a las materias que conforman el cerebro, sigue dándonos muchos quebraderos de cabeza. Sobre todo, porque tenemos que estar muy agradecidos al continente africano y doloridos al mismo tiempo por la muerte letal que les rodea entre enfermedades (sida), esclavitud histórica y de nuevo cuño en pateras, guerras fratricidas y con una deuda histórica mundial.

Meryl Streep y Robert Redford interpretaron la conciencia del deber estar cinematográfico, a la perfección, en Memorias de África, recordando una reflexión que vuela sobre la película como hilo conductor, Estoy donde debo estar, que reproducía fielmente la que figuraba en el comienzo de la obra homónima de Isak Dinesen (1885-1962), seudónimo de la baronesa Karen Blixen, publicada en Dinamarca en 1937. Por la magia del cine, hoy lo he recordado de nuevo, dejándonos una pregunta en el aire que respiramos a diario y que nos ofrece seguridad y ligereza de corazón: ¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión.

Doscientos mil años de memoria de la inteligencia humana, desde el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia (1), nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de nuevo de Memorias de África, de la memoria de Mozart en su precioso adagio, de cómo nos contaron una bella historia Meryl Streep y Robert Redford, para que no olvidemos África y su alma, todavía desconocidas para muchos en agosto de 2026.

No olvido el papel estelar de Meryl Streep y lo que significa en la intrahistoria del cine. Lo dijo el director de cine John Ford, que conocía muy bien a Henry James Fonda, respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?: “Es ver caminar a Henry Fonda”. Hoy, me atrevería a decir, emulando humildemente al gran director americano, ídolo de mi infancia, que “el cine es el semblante de Meryl Streep”, en el sentido que el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí, da al lema “semblante”: «La representación exterior en el rostro de algún interior afecto del ánimo, […] de lo que se siente en el corazón» (RAE A, 1739). Quizá ha sido uno de los elementos humanos principales para haberle otorgado en 2023 el Premio Princesa de Asturias de las Artes, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia. A lo largo de cinco décadas, Meryl Streep ha desarrollado una carrera brillante encadenando interpretaciones en las que da vida a personajes femeninos ricos y complejos, que invitan a la reflexión y a la formación del espíritu crítico del espectador. La honestidad y responsabilidad en la elección de sus trabajos, al servicio de narrativas inspiradoras y ejemplarizantes, traspasan la pantalla y los escenarios con una impecable técnica interpretativa, armada únicamente con su gestualidad, voz y mirada. Activista incansable a favor de la igualdad, con su talento y rigor ha posibilitado que diferentes generaciones disfruten de interpretaciones inolvidables, conquistando el respeto que este gran arte merece”.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, p. 15-28.

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¡Paz y Libertad!

Sigue creciendo de forma alarmante el club de los cretinos vivos

Lo cretino, en ti, 
No excluye lo ruin. 

Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino. 

Así que eres en fin, 
Tan cretino como ruin.

Luis Cernuda, en La desolación de la quimera

Sevilla, 21/VII/2026 – 14:14 h (CET+2)

Hoy hace setenta y cinco años que nació el gran actor Robin Williams (1951-2014). El mundo cinematográfico lo recuerda especialmente y, en mi caso, con expresa gratitud por todo lo que aprendí de él, sobre todo en una película de culto, “El club de los poetas muertos”, que también recuerdo a continuación a modo de metáfora existencial para estos tiempos revueltos. Lo que es indudable es que el actor está muy presente en este cuaderno digital.

En este largo y ya cálido verano, frente al negacionismo climático que nos rodea, busco refugio ideológico en la poesía útil para transformar este loco mundo al revés, siendo una de las razones por las que no olvido a Robin Williams en su papel del profesor John Keating, en “El Club de los poetas muertos”, en una secuencia inolvidable a través de sus palabras y rodeado por sus queridos alumnos: “Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos”.

Las palabras que siguen las escribo a modo de pequeño homenaje dedicado a su memoria cinematográfica y a sus palabras sobre el “carpe diem” particular y, sobre todo, digno, que cada uno, cada una, vive a diario, rodeados de mediocridad creciente. El problema radica, en la actualidad, en que necesitamos localizar a poetas muertos y vivos que nos ayuden a interpretar la vida porque, desgraciadamente, nos sobran personas cretinas vivas que la malogran a diario y hacen mucho daño a la sociedad, como mediocres aventajados que nos rodean por tierra, mar y aire, formando parte un nuevo Club, el de los cretinos vivos. Es un hecho irrefutable, ya tratado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital, que la mediocracia se instala día a día en nuestras vidas. 

En este contexto, vuelvo a publicar hoy un artículo escrito en 2018, El club de los cretinos vivos, que no necesita más actualización que la de Trump y sus secuaces, en estos momentos delicados para el bien común, para la democracia, como representante de la ultraderecha mundial, aunque sigue haciendo de las suyas, salvando lo que haya que salvar si identificamos a sus alumnos aventajados distribuidos por este loco mundo al revés, incluyendo nuestro país, por supuesto. También, porque ya sabemos qué rumbo han tomado las derechas en nuestro «territorio patrio«, que les gusta decir a ellas de forma taimada, que se autoproclaman como “gente de bien”, sin rubor alguno, frente a la gente de mal, que somos para ellos el resto de la población. Han preferido la opción de un permanente «cretinismo enojado», como advirtió Manuel Rivas en la columna del artículo citado a continuación, La ola de cretinismo, que nos invade por tierra, mar y aire.

Pasen y lean aquellas palabras. Suenan de forma atronadora hoy, por la cretinez que nos invade. Estamos avisados. Además, deberíamos tomar conciencia de que la cita “carpe diem”, a secas, es incompleta. Le falta la segunda parte, esencial en sí misma, tal y como lo expresó el poeta romano Horacio (Venosa, Basilicata, 8 de diciembre de 65 a. C. – Roma, 27 de noviembre de 8 a. C), en su Oda (Carminum) I, 11, dedicada a Leucónoe: “Carpe diem, quam minimum credula postero” o lo que es lo mismo, Vive el día de hoy [Carpe diem]. Captúralo. No te fíes del incierto mañana. 

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El club de los cretinos vivos

Sevilla, 08/08/2025

La primera vez que el lema “cretino” dio el salto mortal del vocabulario médico al social en este país, en el que abunda esta especie irredenta, la he localizado en el Diccionario general y técnico hispanoamericano, elaborado por Manuel Rodríguez Navas y Carrasco (publicado en Madrid en 1918 por la editorial Cultura Hispanoamericana), como adjetivo y con dos significados: que padece cretinismo y como traducción del alemán kraftlos, imbécil. Desde ese año no se vuelve a mencionar esta segunda acepción en la lexicografía española y hay que esperar a la edición 18ª del Diccionario de la RAE, publicado en 1956, cuando se acepta también una segunda acepción como sentido figurado del citado adjetivo: estúpido, necio (que se puede usar también como sustantivo). Es un término independiente ya de su pasado como enfermedad, aunque es en la edición de 1983, del Diccionario manual e ilustrado de la RAE cuando se desarrolla por primera vez una segunda acepción en el lema “cretinismo”, entendiéndose (en sentido figurado y familiar) como estupidez, idiotez y falto de talento. 

Sorprende constatar cuánto tiempo ha necesitado este vocablo para imponerse en la cultura española como voz de derecho en el uso del mismo y en su comprensión, cuando creo que tiene una vida muy dilatada en el tiempo, porque desde época inmemorial la existencia de cretinismo y sus correspondientes cretinos y cretinas han abundado por doquier. Es lo que me ha pasado al leer un artículo reciente de Manuel Rivas, La ola de cretinismo, que en su entradilla lo justifica de forma espléndida: “Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por la estupidez circundante”.  Es verdad que estamos rodeados de cretinismo galopante, de personas que pertenecen al Club de estúpidos, idiotas, imbéciles y faltos de talento (respetando las acepciones literales de la RAE nada más).

Dice Manuel Rivas en su artículo que “Existe un humorismo amoratado, viñetas que son puñetazos de luz, y ahí está El Roto, la mirada indómita, descerrajando lo que no se puede ver, desvelando lo que no está “bien visto”. Está El Roto y los rotos, los que se pelean contra las mordazas, legales o ilegales. Pero el cretinismo, y no hablo de la enfermedad, sino del talante estúpido, va ocupando espacio como pensamiento grosero, vociferante, pelotudo. Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por ese cretinismo circundante”. Da pánico contemplar lo que le pasa al mundo cada vez que Trump se pasea por él haciendo turismo cretino. O los aprendices de ellos que tenemos en nuestro país, que imitaron e intentan imitar a ciertos presidentes americanos (no me refiero a Obama), que poniendo los pies encima de la mesa y remedando su acento yanqui, se han vanagloriado de invadir y seguir invadiendo el mundo a cualquier precio, actitudes de las que el Sur paga siempre un precio muy alto.

Ante las noticias cretinas que recorren el mundo, solemos quedarnos muchas veces con el ojo amoratado y con el alma de color y dolor violeta, en un pantone moral como el que cita Rivas refiriéndose a lo que nos pasa cuando vemos las viñetas de El Roto. Estoy muy de acuerdo con los matices de cretinismo que analiza en su columna: “Ahora mismo no sabemos el rumbo que va a tomar la derecha, la vieja y la nueva, en España. Si va a recaer en un cretinismo enojado o abrirse a una inteligencia democrática y dialogante. En una época histórica muy amoratada, la descrita en La desintoxicación de Europa, Stefan Zweig se quejaba de una atmósfera en la que “tanto los individuos como los Estados parecen más bien dispuestos a odiarse mutuamente; la desconfianza mutua se revela infinitamente más fuerte que la confianza”.

En la confianza de luchar para ser más libres frente a los cretinos (serlo o no serlo, esa es la cuestión…), hay que identificarlos urgentemente para librarnos de ellos a la mayor brevedad posible. Estamos avisados, porque son legión. Ya los definió de forma magistral Luis Cernuda, un poeta vivo en mi corazón: Lo cretino, en ti, / No excluye lo ruin. / Lo ruin, en tu sino, / No excluye lo cretino. / Así que eres en fin, / Tan cretino como ruin (en La desolación de la quimera).

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Hoy me acuerdo de un maestro que prometió a sus alumnos ver el mar, antes del 18 de julio de 1936

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo: ¡la gente va allí a bañarse! Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo de que me voy a ahogar.

Lucía Carranza, enero de 1936

Sevilla, 18 de julio de 2026, en el 90 aniversario del comienzo de la guerra civil en nuestro país 

El texto que figura en la cabecera de este artículo lo escribió Lucía Carranza, una alumna de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba (Burgos), en el cuaderno El Mar, Visión de unos niños que no lo han visto nunca, editado artesanalmente en enero de 1936. Si hoy lo rescato es para simbolizar de nuevo, con las palabras que aún nos quedan (Blas de Otero, dixit), un pequeño homenaje a las personas que sufrieron en nuestro país el escarnio de la guerra civil durante casi tres años y, posteriormente, durante casi cuarenta años de dictadura franquista, víctimas del mal llamado “glorioso alzamiento nacional”, que comenzó el 18 de julio de 1936 y que tristemente recordamos hoy, con un profundo respeto a la memoria histórica y democrática de este país.

Con este motivo, vuelvo a publicar hoy el núcleo principal del artículo que figura en este cuaderno digital desde el 8 de noviembre de 2023, con un título, En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible, que encierra en sus palabras un relato que sobrecoge y da a conocer razones de fondo para amar, 90 años después y con todas nuestras fuerzas, la democracia y no las guerras propiciadas por el fascismo y las ultraderechas de todo tipo.

Por mi aprecio y respeto a la memoria democrática de mi país, hoy me acompaña en la cabecera, como música de fondo, una obra preciosa de Salvador Bscarisse, Romanza, el segundo movimiento del Concertino para guitarra y orquesta en La menor, compuesta en 1952. Me conmueve y sobrecoge ante tanto ruido de la derecha extrema y ultraderecha en mi Comunidad, en mi país. Bacarisse la sufrió hasta su exilio en Francia durante la guerra civil, para nunca más volver, falleciendo en París en 1963. Tampoco lo olvido.

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En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible

En mi singladura diaria por el mar abierto de mi vida, he llegado a una isla desconocida por mí, la vida y obra de Antoni Benaiges Nogués, un maestro olvidado por la España que, todavía hoy, siempre hiela el corazón, que decía Antonio Machado, una persona de las imprescindibles de Bertolt Brecht, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente mediante este pequeño homenaje que deseo tributarle con palabras, que nos quedan, en este cuaderno digital, pero no sólo a él, sino a miles de maestros y maestras que fueron maltratados de mil formas indeseables, incluso con la muerte, durante la guerra civil y años posteriores de dictadura.

Esta localización extraordinaria la he podido llevar a cabo gracias al cine, ¡bendito cine!, a una película,  El maestro que prometió el mar, que se presentó en la Semana Internacional del Cine (SEMINCI), de Valladolid, en octubre pasado, dirigida por Patricia Font y cuya sinopsis ya es atractiva, de por sí, para almas inquietas: “Ariadna, descubre que su abuelo busca desde hace tiempo los restos de su padre, desaparecido en la Guerra Civil. Decidida a ayudarlo, viaja a Burgos, donde están exhumando una fosa común en la que podría estar enterrado. Durante su estancia allí, conocerá la historia de Antoni Benaiges, un joven maestro de Tarragona que antes de la guerra fue profesor de su abuelo. Mediante un innovador método pedagógico Antoni inspiró a sus alumnos y les hizo una promesa: llevarlos a ver el mar”, poniendo en valor la lucha de tantas familias que todavía buscan a sus familiares enterrados anónimamente en fosas comunes a lo ancho y largo de este país. He procurado buscar antecedentes históricos de esta historia verdadera, porque en esta ocasión cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, al estar basado el guion en la vida y obra de un maestro, nacido en un pueblo de Tarragona, Mont-roig del Camp, en 1903, que ejerció su preciosa tarea en un destino rural desde 1934, concretamente en la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, de infeliz memoria por su trágico fusilamiento, llevado a cabo el 25 de julio de 1936, recién iniciada la guerra civil, siendo enterrado en una fosa común que todavía no se ha podido localizar, para mayor escarnio de sus familiares y allegados más directos, así como para la memoria histórica y democrática de este país.

Gracias a la búsqueda citada, he localizado también una obra imprescindible para conocer detalles necesarios para comprender el alcance de la vida y obra de Antonio Benaiges, El maestro que prometió el mar, una publicación coordinada por Francesc Escribano, junto a textos de Francisco Ferrándiz y Queralt Solé, con trabajo de documentación y fotografías de Sergi Bernal, en una coedición llevada a cabo por las editoriales Blume y Ventall, que ha servido de base para el guion de la película, cuya sinopsis amplía la intrahistoria de esta vida ejemplar llevada al cine: “Antoni Benaiges, un maestro de Mont-roig del Camp, Tarragona, fue destinado a la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, en 1934. Gracias a una metodología de enseñanza pionera y revolucionaria para la época, basada en la participación activa de los niños y el uso de la imprenta, comenzó a transformar la vida de sus alumnos y la del pueblo. A finales de julio de 1936, el maestro desapareció. Durante más de 75 años, su trabajo y personalidad permanecieron en la intimidad del recuerdo de sus antiguos alumnos y su familia, hasta que, en agosto de 2010, a pie de fosa, un vecino de Bañuelos haría emerger la figura del maestro asesinado en 1936 y la conmovedora historia de una promesa que no se pudo cumplir. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos».

Me ha sobrecogido conocer algo que deseo compartir con quienes me acompañan a menudo en esta singladuras hacia islas desconocidas. Se trata del pequeño homenaje que el 18 de julio de 2021 se celebró en el cementerio de Bañuelos de Bureba, al levantarse un cenotafio, un pequeño monumento funerario dedicado a este maestro inolvidable, imprescindible, sin su cadáver, porque no se sabe dónde está, en un nicho en el que depositaron objetos y recuerdos actuales sobre su vida y obra, el guion de la película citada, por ejemplo y en el que sobre una lápida roja se colocó una inscripción que todavía, al escribirla, me emociona y conturba: “ANTONI BENAIGES NOGUÉS, MAESTRO DE NUESTRA ESCUELA.  Nos dejó ser niños, antes de ser hombres, nos enseñó el valor de la palabra, nos prometió el mar”.

Como una premonición de la censura que viene y que ya está presente en las ciudades y pueblos gobernados por la derecha y su más allá en este país, la ultraderecha intolerante por principio, esta historia real llevada a una producción teatral dirigida por Xavier Bobés y Alberto Conejero, El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, fue vetada durante el verano pasado por el alcalde de Briviesca (Burgos) del Partido Popular, recién formado el nuevo gobierno de la localidad, aludiendo a razones “económicas y técnicas”, cuando con el consistorio anterior todo habían sido facilidades para su representación. 

Para que no se olvide la maravillosa obra didáctica de Antoni Benaiges Nogués, ni siquiera un momento, hay que decirlo alto, claro y fuerte: estamos avisados.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

 

Con gratitud plena, los cumpledías de Mario Benedetti están presentes hoy en mi vida, como siempre

mario-benedetti
Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1929 – Montevideo, Uruguay, 2009)

Dedicado especialmente a todas las personas que hoy se acordarán de mí por mi cumpledías. También, a los que me acompañan sin descanso alguno, día a día y de una forma u otra, en este largo y complejo desfiladero vital.

A todos y a todas, les entrego hoy estas palabras de agradecimiento, un regalo con estela y profunda gratitud (1).

Sevilla, 7/VI/2026 – 08:14 h CET (UTC+2) / Actualizando la hoja suelta original de 7 de junio de 2021

Mi infancia son recuerdos de mi nacimiento, tal día como hoy, hace setenta y nueve años, en una calle de Sevilla, Jesús del Gran Poder, en un edificio cargado de historia (todavía en pie), porque se construyó en el siglo XIX sobre el solar que quedó al derribarse, después de la desamortización de Mendizábal, el Colegio de la Purísima Concepción regentado por los Jesuitas y que hacía esquina con la calle Becas, edificio en el que se alojaba también un cine de verano con nombre programático: Ideal.

Tengo solo vagos recuerdos de aquellos primeros años, antes de viajar a Madrid como niño del Sur, para quedarme allí durante bastante tiempo y sin volver más a esta tierra que me vio nacer. Así empezaban unos apuntes de la autobiografía que comencé a escribir en 2014, Cinema Ideal, que abandoné unos meses después porque sentí el vértigo del rabino jasidista, Bunam de Przysucha, que intuyó la dificultad de escribir algo sobre el hombre, que fuera convincente y tuviera fronteras: al calibrar la «locura» de su empresa dijo: «Pensaba escribir un libro cuyo título seria «Adán», que habría de tratar del hombre entero. Pero luego reflexioné y decidí no escribirlo». Calibré mi locura y decidí no escribirla.

Hago esta reflexión hoy porque el título que escribí en aquellos días era, en el fondo, un homenaje a una película que me ha marcado para siempre: Cinema Paradiso. Mi vida ha sido también una película sin fin, de muchos géneros en uno solo: vivir apasionadamente. Me sentí reflejado en la misma de principio a fin, por el amor al cine, porque siendo muy niño hacía mis propias películas con dibujos animados, impregnándolos en aceite que, una vez secos, los unía y pasaba por rodillos laterales de un escenario, también hecho a mano, para imprimirles movimiento a demanda. Más o menos, observando aquel descubrimiento mágico con la cara de Totó, mi querido protagonista de la película de verdad, que sigue presente en la imagen de la portada de este cuaderno digital. También, porque seguí siempre el consejo de su gran amigo Alfredo cuando decía a ese niño que amaba tanto el cine, mi alter ego, que debía salir de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente Jose Saramago en su cuento “La isla desconocida”. En aquella escena memorable de la estación, Alfredo, ya ciego por el incendio del cine, le dice en un susurro inolvidable a Totó: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo: hagas lo que hagas, ámalo.

En este contexto de visita al alma de secreto, repasando en mi matusalénica edad lo que he hecho, amándolo, reinterpreto de nuevo el poema Como siempre, de Mario Benedetti, el día que cumplo veintiocho mil ochocientos treinta y cinco días, aplicando sus palabras en primera persona, porque así lo he leído siempre en lo más íntimo de mi propia intimidad. Es verdad, porque esta matusalénica edad no se me nota cuando en el instante en que vencen los crueles entro a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. He alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que mi manantial mane amor sin miseria.

Soy consciente de que los que me desean hoy un feliz cumpleaños es a veces injusto, porque he tenido la suerte de disfrutar de felices cumpledías, no olvidando tampoco que aunque nada me ha sido fácil en mi vida, eso mismo me ayuda hoy a afirmar mi bienaventuranza diaria.

Para mí no es novedad que mucha gente de este mundo me aprecie, pero sé distinguir muy bien quien me quiere de veras, aunque mi corazón sabe quién me quiere un poquito más que el mundo.

Son palabras que regalo a los que me felicitan por mi cumpledías diario, sintiéndome alguien especial el día que cumplo novecientos cuarenta y ocho meses, otra versión de cumpledías acumulados, entrando a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias y desarbolando los nudosos rencores.

Como siempre

Aunque hoy cumplas
trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda y estés linda
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

Gracias por haber llegado hasta aquí en la lectura de estas palabras, que aún me quedan, tal y como aprendí de Blas de Otero. Para mí, el mejor regalo hacia ti, lector o lectora, como símbolo de mi gratitud plena.

(1) Cobeña Fernández, José Antonio (1987). La estela del regalo, en Teatro de barrio. Huelva, pág. 99.

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