Ennio Morricone, el maestro imprescindible

Melodía principal de Cinema Paradiso

Sevilla, 17/V/2022

En esta ocasión y ante la página en blanco, voy a ir de mis asuntos a mi corazón, porque el viernes pasado se estrenó en este país una película especial, Ennio, el maestro, dirigida por Giuseppe Tornatore, el inolvidable director de Cinema Paradiso (1988), gran amigo del músico, que compuso una banda sonora inolvidable para su película emblemática y que forma parte del cine de culto mundial y, con bastante modestia lo digo, de la banda sonora de mi vida y de mi persona de secreto. Morricone había afirmado, más de una vez, que Tornatore era la única persona que podía hacer una película sobre él con todas las garantías de verdad cinematográfica. 

Ennio Morricone jamás pensó que la música sería su destino, aunque la profesión del padre, trompetista, le abrió desde pequeño un camino para saber qué era verdaderamente la música. Como se dice en los títulos de crédito de su tráiler oficial, la historia de su música es la historia de su vida, porque la hemos seguido escuchando durante toda la vida en momentos especiales de cada vida, de cada historia personal. Él pensó en sus primeros pasos como compositor que componer música de cine era una humillación y ese sentimiento de culpa lo venció poco a poco componiendo bandas sonoras inolvidables.

Personalmente, creo que la banda sonora de Cinema Paradiso es la mejor muestra de lo expuesto anteriormente. Recientemente, con motivo del fallecimiento del actor Jacques Perrin, que interpretaba en esta película el papel de Salvatore, de adulto, con el alma de Totó/Salvatore niño en su interior, escribí un artículo en el que lo recordaba con emoción por su papel en los planos finales, con una música envolvente de Morricone que no olvido. Salvatore aprendió que lo que hiciera en la vida tenía que amarlo y Totó/Salvatore lo comprendieron de forma especial cuando descubrieron, cada uno en su tiempo y en su momento, lo que Alfredo le había guardado en aquella caja metálica con un rollo de las escenas que la censura no le permitía proyectar en su amado Cinema Paradiso. Las lágrimas de Salvatore o Jacques Perrin, tanta monta, monta tanto, en las escenas finales de la película, no las he olvidado. Jacques Perrin se fue a su cielo particular en una búsqueda eterna de besos perdidos y acompañado por unos compases mágicos de Ennio Morricone. Fue una ocasión más de recordar el mundo mágico de esa gran película, porque todavía suenan en mi interior las palabras de Alfredo a Totó, Salvatore en la edad juvenil y adulta, en unas  escenas inolvidables, en las que Alfredo le aconseja que salga de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente José Saramago en su cuento «La isla desconocida»: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo.

Al título oficial de la película, Ennio, el maestro, le he agregado a la palabra “maestro” otra: “imprescindible”, que amo en su contenido, explicitado muchas veces en este cuaderno digital, que Bertolt Brecht desarrolló en Elogio a los combatientes: “Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles. Su contribución a la música, entendida como “compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum)”, a lo largo de su larga carrera como compositor, lo atestiguan, formando parte de la banda sonora de las vidas de muchas personas, engrandeciendo sus almas. Nuestras almas.

Gracias, Giuseppe Tornatore. Ennio Morricone, un maestro imprescindible, falleció el 7 de julio de 2020 y sus obras seguirán manteniendo y expresando siempre su dignidad personal y profesional. Ahora, al contemplar esta película de alguien en el que siempre confió sus recuerdos, estoy seguro de que seguirá poniendo música inolvidable a su cielo particular, en beneficio de todos.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Siempre es posible el amanecer de una era en España

Sevilla, 14/V/2022

La Filmoteca Española presentará el próximo 25 de junio un noticiario sonoro de la Fox Movietone News, que testimonia la alegría del cambio de Estado en España en abril de 1931, El amanecer de una nueva era en España, 1931, una auténtica revolución política en el país que no acabó felizmente. La película apareció en 2006 en Priego de Córdoba (Córdoba), en la casa de Francisco Adame, un amigo del presidente Niceto Alcalá-Zamora, que también era natural de esa localidad. En los tiempos que corren, donde el estado de ánimo de la ciudadanía es de desafección política y hartazgo de determinada política y sus acciones asociadas, es como si llegara viento fresco para “reparar”, valga la expresión, esta situación tan delicada.

Es un noticiario producido y rodado por la Fox Movietone, un estudio de Hollywood «que hablaba por sí mismo», según sus títulos de crédito, que recoge voces e imágenes inéditas de los primeros actos de la II República en 1931, abriendo un camino de noticiarios hablados que llega hasta nuestros días como nuestros actuales “informativos”, con una calidad impecable en la conjunción de imagen y sonido, ahora restaurado para un visionado perfecto. En sus títulos de crédito, a modo de presentación, figura esta dedicatoria: «La organización Fox Movietone News (Noticiario Fox Sonoro), se honra en ofrecer a la joven República Española y a los ilustres hombres que forman su Gobierno Provisional, esta recopilación de los hechos que pudo impresionar, acaecidos con motivo del cambio de Régimen y el histórico día 14 de abril de 1931 y durante los días posteriores a aquella fecha memorable». Hace doce años, así comentaba Francisco Durán, director del Patronato Niceto Alcalá-Zamora, el sorprendente hallazgo en Priego de Córdoba, : “Cuando se produjo el golpe de Estado, Alcalá-Zamora estaba fuera de España. Adame guardó algunos objetos de Alcalá-Zamora a instancias de éste. La película fue uno de ellos. La casa de Adame fue derribada hace tres meses. En la tercera planta y detrás de un armario, estaba la película». El Patronato informó en enero de 2014 del Índice de la película original, con una duración de 21 minutos y 30 segundos, rodada en 35mm., en Nitrato:

  1. Texto introductorio de la Fox sobre la II República.
  2. Los acontecimientos de la Puerta del Sol el 14 de abril, imágenes de la plaza y del balcón con diferentes personajes (del segundo 46” al 1’44”).
  3. Discurso de Niceto Alcalá-Zamora y Torres, presidente del Gobierno provisional (de 1’44” a 2’17”)
  4. Regreso de Ramón Franco del destierro: (2’17” al 2’57”) Hay un desfile de tropas y una breve intervención, en francés, del protagonista.
  5. “Socialistas y republicanos aclaman a sus leaders” (2’57” al 4’46”): Debe ser el acto de homenaje multitudinario a Pablo Iglesias, que se celebró a finales de abril. Imágenes de la concentración en la puerta del cementerio, con una intervención de Indalecio Prieto. Escenas de manifestantes y de un grupo de niños que canta la Internacional.
  6. Celebración en Madrid del 1º de mayo, hasta llegar al Parque real (Retiro) (4’46” al 8’43”) Escenas de la manifestación con Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto y Miguel de Unamuno. Encuentro en la presidencia del Gobierno con Niceto Alcalá-Zamora, que aparece en un balcón junto a otros ministros Fiesta popular con música de organillo.
  7. “Una gran victoria del feminismo en España” (8’43” al 13’23”) Toma de posesión de Victoria Kent como Directora General de Prisiones, con un discurso de Fernando de los Ríos y otro de ella.
  8. “Los bienes de la Corona de España declarados Bienes Nacionales” (13’23” al 17’23”) Entrega de la Casa de Campo al ayuntamiento de Madrid. Himno de Riego y revista de tropas Discursos de Indalecio Prieto y de Pedro Rico, alcalde de Madrid Desfile de banda militar.
  9. “El estado de sitio proclamado en Madrid” (17’23” al 18’38”) Quema de convento del 11 de mayo: tropas que custodian los edificios religiosos.
  10. “La República española amiga de los pueblos libres” (18’38” al 19’36”) Intervención de Salvador de Madariaga, Embajador de España en Washington.
  11. “Nuevo himno republicano” (19’36” hasta el final) Celebración en la plaza de toros Monumental de Madrid de un acto musical donde se presenta la propuesta de un nuevo himno republicano (con letra), compuesto por Dª Adela Anaya y su hermano, D. Francisco Ayala, autor de la letra.

Lo que me conmueve al ver estas imágenes del vídeo que adjunto es la alegría que se percibe en las palabras de Niceto Alcalá-Zamora, el bullicio de la gente arremolinada entorno a un líder y la participación de los niños cantando la Internacional. Es muy importante resaltar estos valores en los momentos actuales de ocaso de la democracia porque, a pesar de todo lo que ha ocurrido desde entonces, es necesario blindarla y preservarla siempre para dotar al país de un estado de convivencia pacífica necesario para todos. Por ello, creo siempre que es posible el amanecer de una nueva era en nuestro país.

Este año ya he escrito sobre algo que vuelvo a manifestar hoy con letras de oro: el cine es también memoria histórica, como este noticiario de la segunda república, en 1931. Lo decía al haber leído una crítica a la película premiada el pasado 12 de febrero con el Goya a la mejor película Iberoamericana, La cordillera de los sueños (2019), dirigida por Patricio Guzmán, a modo de veredicto: para no olvidar que el cine también es memoria histórica. Este blog tiene una seña de identidad muy clara y que he pretendido respetar a lo largo de más de sus dieciséis años de vida en la red de redes: buscar islas desconocidas a través de la inteligencia digital. La película de Guzmán es una isla desconocida para el gran público, sin menospreciar los premios entregados ayer básicamente al cine que se produce en este país. Es la última parte de una trilogía que comenzó con Nostalgia de la luz (2010), seguida de El botón de nácar (2015). Una muestra de esta navegación al desvío, por mi parte, es el artículo que escribí en 2015 sobre estas dos películas, Nostalgia de la dignidad, del que reproduzco pasajes de este reconocimiento personal que hice en su momento al director premiado anoche en la gala de los Goya.

Dije en aquél artículo que había leído una crónica de la 65ª edición de la Berlinale, en el diario El País, en la que se recogía una declaración del director de cine chileno Patricio Guzmán, acerca de un documental realizado en 2010, Nostalgia de la luz, que había tenido un recorrido tortuoso para su exhibición en España y en su televisión pública: “Siempre he tenido el sueño de hacer un filme sobre la falta de memoria de España. En especial, sobre el pacto de silencio que Felipe González inventó con el Ejército. Es un escándalo lo que pasó. La falta de memoria de España le ha quitado energía para jugar un rol importante en Europa. Sigue siendo un país secundario, cuando por elementos históricos y culturales debería estar en primera línea de la UE. Pero no sé dónde encontrar el dinero para ese proyecto. Y las televisiones no emiten documentales. Nostalgia de la luz fue cofinanciada por TVE hace cinco años y aún no lo han emitido… ni lo van a hacer”. Aquellas palabras de Patricio Guzmán no me dejaron tranquilo en aquella ocasión. Además, en el contexto de esa Berlinale, había presentado un nuevo documental, El botón de nácar, que seguía completando el homenaje a la historia dolorosa y reciente de Chile, junto a Nostalgia de la luz, porque no quería ocultar lo que había pasado en su país. Tengo un tremendo respeto a la historia y por eso me duele como a él que ahora se quiera olvidar oficialmente la etapa dolorosa de la dictadura hasta que la Transición consolidó la democracia en España. De ahí la importancia del Goya a Patricio Guzmán por su película final de la trilogía, La cordillera de los sueños.

Es cierto que en España se falta muchas veces al respeto de su memoria histórica. Me indigna que ahora se quieran quitar del imaginario social, histórico y político de nuestro país, las palabras izquierda o derecha, dictadura o represión fascista, cuando todo el mundo sabe qué se quiere decir con ellas. Falta hacer todavía un recorrido objetivo sobre el dolor de la izquierda española durante la dictadura (que tuve que vivir y sufrir), probablemente con la ayuda de Patricio Guzmán, aunque tengamos que utilizar medios de financiación popular como el crowdfunding, tal y como se financió en parte Nostalgia de la luz. En la sinopsis oficial de aquél documental precioso, El botón de nácar, se decía que simbolizaba la dualidad de la distancia “entre el cielo y la tierra, entre la luz del cosmos y los seres humanos y las misteriosas idas y vueltas que se crean entre ellos. En Chile, a tres mil metros de altura, los astrónomos venidos de todo el mundo se reúnen en el desierto de Atacama para observar las estrellas. Aquí, la transparencia del cielo permite ver hasta los confines del universo. Abajo, la sequedad del suelo preserva los restos humanos intactos para siempre: momias, exploradores, aventureros, indígenas, mineros y osamentas de los prisioneros políticos de la dictadura. Mientras los astrónomos buscan la vida extra terrestre, un grupo de mujeres remueve las piedras: busca a sus familiares”. Nada más, dije en aquella ocasión. Se trata también de la nostalgia de la dignidad que todavía algunas personas tenemos. Como la de Valentina, la hija de las estrellas, que “a pesar de ser hija de madre y padre desaparecidos, es el personaje más jubiloso de la película. Tiene una mirada serena que observa más lejos que nosotros. Sus abuelos la criaron y le enseñaron a observar el cielo. Desde que se dedica a la astronomía, ella supo que la materia de las estrellas es la misma materia de sus padres”.

Finalmente, La cordillera de los sueños pone bastantes cosas en su sitio, sobre todo en el pueblo chileno que sufrió la dictadura desde 1973: “En Chile, cuando el sol se levanta ha debido escalar colinas, paredes, cumbres, antes de alcanzar la última piedra de Los Andes. En mi país, la cordillera está en todos lados pero para los chilenos es tierra desconocida. Luego de haber ido al norte por Nostalgia de la luz y al sur por El botón de nácar, he querido filmar de cerca esta inmensa columna vertebral para develar los misterios, reveladores potentes de la historia pasada y reciente de Chile”. En el documental se dice algo que me impresiona escucharlo y leerlo con atención casi reverencial: “Durante todo el tiempo de la dictadura la cordillera ha permanecido en su lugar. Creo que la montaña es un testigo, los adoquines están aquí y están tallados con piedras de la cordillera. Aquí están grabados algunos de los nombres de las víctimas. Si pudiéramos traducir lo que dicen las piedras, hoy tendríamos las respuestas que no tenemos”.

Felicito siempre que puedo a Patricio Guzmán, por su compromiso activo a través del cine! Me alegra y reconforta desde una determinada ideología de izquierda, el reconocimiento que le hizo nuestro país, en febrero, en los premios Goya, porque debemos mucho al pueblo chileno por su acogida a los españoles en el exilio tras la guerra civil y la férrea dictadura que sufrimos años después. Gracias, a través de estas palabras, que aún nos quedan. Aquello fue una misión de amor por su parte, que no olvido en la memoria histórica de nuestro país.

Volviendo finalmente al Noticiario completo de la Fox Movietone News, El amanecer de una nueva era en España, 1931, que se presentará perfectamente restaurado el próximo 25 de mayo en la Filmoteca Española, sigo creyendo firmemente en que siempre es posible el amanecer de una nueva era en nuestro país, a pesar del hartazgo actual con determinadas políticas y políticos, porque todos no son iguales. Escuchar a Niceto Alcalá-Zamora, sentir la alegría que se percibe en sus palabras y en quienes las escuchan, disfrutar de la Casa de Campo como bien público en en el acto oficial de entrega al Ayuntamiento de Madrid de toda su extensión, el breve discurso de Victoria Kent, el bullicio de la gente arremolinada entorno a un líder y la participación de los niños cantando la Internacional, constituyen un documento gráfico y sonoro que no me deja indiferente ante la necesaria consolidación de la democracia en nuestro país, en sus valores de igualdad, fraternidad y libertad para todos. El cine, una vez más, vuelve a demostrar que también es memoria histórica, a la que hay que respetar siempre y no olvidarla jamás aunque sea a través del soñar despierto y hasta que amanezca una nueva era.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¡Enhorabuena de nuevo, Carla Simón!

Carla Simón

Sevilla, 29/IV/2022

Hoy se estrena en los cines de este país una película extraordinaria, Alcarrás, dirigida por Carla Simón, a quien he dedicado palabras de admiración en este cuaderno digital. Alcarràs se sigue considerando una obra maestra en su fondo y forma y vuelvo a publicar los dos artículos desde su debut con Verano 1993. A partir de hoy, se puede y se debe conocer esta película, porque transmite valores que el cine nos entrega de forma magistral en una obra que retrata también parte de la memoria histórica de este país. Mi enhorabuena de nuevo, Carla.

Sevilla, 17/II/2022

Aquella cara infantil, que figura más abajo, una mezcla de candidez y desafío, no la he olvidado. Pertenece a un plano de la película Verano 1993, dirigida por Carla Simón como opera prima, a la que dediqué en 2017 unas palabras especiales en este cuaderno digital que busca siempre islas desconocidas, como así fue al descubrir esta pequeña gran obra de Carla. Las reproduzco a continuación, porque fue para mí una experiencia maravillosa, como homenaje a Carla Simón y a todas las personas que como ella sufrieron la dureza del SIDA en una España que nos helaba por ello el corazón. Vi la película en el cine comercial y me entusiasmó. En febrero de 2018 volví a citarla en este cuaderno digital con motivo de la entrega de un premio Goya a la mejor dirección novel, como directora de esa preciosa película. Hoy, vuelvo a recuperar su nombre porque ayer le concedieron el Oso de Oro de la Berlinale 2022 por Alcarràs, una película que se aproxima al mundo rural, rodada en catalán y con actores no profesionales. Alcarràs es el segundo largometraje de Simón, que ya ganó el premio a la mejor ópera prima en el Festival de Berlín de 2017 con su obra ya citada, Verano 1993.

En la sinopsis oficial de la película se afirma que «después de ochenta años cultivando la misma tierra, la familia Solé se reúne para realizar juntos su última cosecha. En palabras de su directora: «Se trata de una historia sobre la pertenencia a una tierra, a un lugar. Un drama sobre las perpetuas tensiones generacionales, la superación de antiguas tradiciones y la importancia de la unidad familiar en tiempos de crisis». Carla vuelve a tocar asuntos del alma humana que es difícil trasladar al cine si no tienes una sensibilidad especial más allá de la técnica que se supone en una profesional de sus características. La Berlinale, que ya no premia en función del género, así lo ha reconocido.

Este premio merece la atención de sus compatriotas, en la clave que tantas veces he recordado de mi paisano Luis Cernuda: “el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros”. Lo he repetido hasta la saciedad en este cuaderno digital: debemos reconocer todo lo que a diario se hace bien en este país, porque necesitamos esos refuerzos positivos y más en los tiempos que corren. Con este reconocimiento cinematográfico a Carla Simón, recuerdo las palabras del cardiólogo Valentín Fuster, residente durante muchos años en América, que pronunció en 2013 durante una de sus múltiples visitas a España: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…” o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato de lo que hace mal este país, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…, si alguien nos representa con dignidad más allá de nuestras fronteras y alegrarnos por ello, rompiendo los silencios cómplices a los que estamos acostumbrados o a desprestigiar a quien tanto lucha por sus ideales y principios. Y comprobaremos que es verdad, que funcionan muchas cosas que aparentemente son de otro mundo pero que, gracias a una directora excepcional española, contribuimos a dignificar el país por un premio internacional de cine que debería causar la admiración necesaria y justa de todos, sin excepción alguna. Por ello, desde Andalucía, ¡enhorabuena, Carla Simón!

Verano 1952

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Me pasa con los estrenos cinematográficos como con los bestseller, que no les hago mucho caso, quizá porque huyo siempre de las razones del mercado y me dejo guiar más por sentimientos y emociones que por las inexorables leyes de la oferta y la demanda preconizadas por el capital. Me ha pasado recientemente con una película, Verano 1993, una ópera prima de la directora Carla Simón, autobiográfica y que cuenta una historia real de cómo vive el duelo una niña de seis años, por la muerte de los padres afectados por SIDA. Todo lo que he leído y visto en relación con este estreno me ha parecido extraordinario, pero todavía no he visto la película, aunque creo que la siento ya desde los títulos de crédito.

Existe una historia de España, contemporánea con los primeros años de la transición, que todavía no se ha escrito con el rigor que merece y, probablemente, porque no es rentable contarla, en un país descreído y desagradecido con sus propios aciertos y fracasos. Me refiero en concreto a la tragedia que sufrió el país en la década de los ochenta del siglo pasado, por la adicción de muchos jóvenes a las drogas y la aparición sorprendente del fenómeno SIDA. Se cumplió la ley del péndulo de Schopenhauer y cuando creíamos que lo teníamos todo con la libertad por bandera, gracias a la Transición, apareció un fenómeno terrible que sembró de dolor el país afectando, sobre todo, a una generación y a sus familias más directas, que comenzaba a despertar de un pasado terrible.

Todos tenemos un verano especial en nuestras vidas. El mío comenzó en 1952, en Madrid, días antes de cumplir los cinco años, en una España que helaba el corazón de muchos demócratas. Habíamos vivido en casa la guerra y el duelo por la muerte de mi padre en 1947, con secuelas importantes por las heridas en acto de guerra, que había que digerir como Dios le diera a entender a cada uno. Por eso comprendo bien estos personajes de película, al reproducir, salvando lo que haya que salvar, que solo hay un camino para entender lo que humanamente no hay por dónde cogerlo. Se trata exclusivamente de recibir amor, para ir cerrando poco a poco las tres heridas que a veces envuelven nuestra existencia, que describió Miguel Hernández de forma mágica: la del amor, la de la muerte, la de la vida.

Comprendo siempre por qué me atraen estas películas excelentes, incluso antes de verlas, porque como en este caso, su guion es lo más parecido a la vida real, a la vida misma. En el verano 2017, algunos, estamos obligatoriamente obligados a verla, aunque como decía el poeta malagueño Rafael Ballesteros, sigamos sin entender “si se me abre el grifo y sale una bala tras otra bala, si abro la puerta y se nos entra el fusilado y cierro y se me queda fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto y nada, si miro al muro y todavía distingo los boquetes”. Porque, es verdad, “De este mundo los dos sabemos poco. Y sin embargo, estamos aquí [como Carla] obligatoriamente obligados a entenderlo”.

Sevilla, 29/VII/2017

NOTA: la imagen última es un fotograma de la película “Verano 1993”, que se recuperó el 29/VII/2017de https://www.espinof.com/trailers/verano-1993-cartel-y-trailer-de-la-opera-prima-de-carla-simon

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En memoria de Jacques Perrin, «Salvatore» en Cinema Paradiso

Jacques Perrin

Melodía principal de Cinema Paradiso

Granada, 22/IV/2022

Es verdad que algo se muere en el alma cuando un actor como Jacques Perrin se va. En mi caso, porque no olvido su papel en Cinema Paradiso, interpretando a Salvatore Di Vita y dirigida por Giuseppe Tornatore o en Los chicos del coro,  dirigida por Christophe Barratier. Todavía suenan en mi interior las palabras de Alfredo a Totó, Salvatore en la edad juvenil y adulta, en unas  escenas inolvidables, en las que Alfredo le aconseja que salga de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente José Saramago en su cuento «La isla desconocida»: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo. Lo he recordado especialmente porque estamos viviendo unos días complejos en nuestro país y la principal tentación es aislarse cada uno en su zona de confort, la que nos da seguridad en tiempos revueltos, que no está en los mapas de supervivencia existencial, porque suele ser personal e intransferible. Es perfectamente comprensible esta actitud, aunque personalmente defiendo que la reconstrucción del país en estos momentos es tarea de todos. En lugar de volver a escuchar ¡que inventen otros!, puede ser peligroso pensar en algo así como ¡que reconstruyan otros!, como si esa acción patriótica, no delegable, no fuera asunto de cada uno, de todos.

Salvatore aprendió que lo que hiciera en la vida tenía que amarlo y Totó/Salvatore/Jacques Perrin lo comprendieron de forma especial cuando descubrieron, cada uno en su tiempo y en su momento, lo que Alfredo le había guardado en aquella caja metálica con un rollo de las escenas que la censura no le permitía proyectar en su amado Cinema Paradiso. Las lágrimas de Salvatore o Jacques Perrin, tanta monta, monta tanto, en las escenas finales de la película, no las he olvidado. Tampoco hoy, cuando he conocido que se ha ido a su cielo particular en una búsqueda eterna de besos perdidos.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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Sufriendo bajo la lluvia

Fotograma con la imagen de Jesús de Nazareth, en una procesión del Lunes Santo de 2022, tomado de Lunes Santo en Sevilla – Diario de Sevilla.

Sevilla, 13/IV/2022

Sé que lo que ocurrió el lunes pasado en esta sacrosanta ciudad, día “santo” por más señas, tiene múltiples interpretaciones y lecturas, manifestando desde este momento y a modo de declaración de principios, que las palabras que siguen las escribo con un profundo respeto reverencial a este tipo de manifestaciones religiosas. A pesar del tiempo inclemente, varias procesiones salieron bajo la amenaza de lluvia, lo que finalmente así ocurrió, ofreciendo espectáculos nada edificantes. Contaba una emisora de radio que dedica mucho tiempo a estas procesiones, que una banda de música de miembros muy jóvenes estuvo tocando continuamente durante unos minutos de lluvia hasta que les dijeron que dejaran de hacerlo. Ante la pregunta de por qué lo hacían, dijeron que se temían que si no tocaban ya no los “contratarían” para próximas salidas. Otra anécdota que contó fue a la puerta de la catedral, cuando una hermandad decidió regresar a su templo con la lluvia amenazante y la madre de una nazarena pequeña manifestó a una responsable de tramo que se iba a su casa, a lo que la “tutora procesional” respondió que “tenía que quedarse” a pesar de la que estaba cayendo. La madre, ni corta ni perezosa, le entregó la papeleta de sitio y el cirio, abandonando inmediatamente su fila. La verdad es que el espectáculo continuaba y estaba servido. Figuras de Jesús, María, Apóstoles, caladas hasta los huesos, tronos empapados, mantos de vírgenes chorreando, figuras encapotadas para preservarlas como podían del agua, búsqueda de refugios próximos, costaleros sufriendo lo indecible para aligerar el paso sin chicotá alguna, desbandada general, nazarenos y penitentes calados a pesar de sus túnicas de cierto abrigo, me llevan hoy al terreno de la reflexión sobre si todo eso era necesario, cuando se sabía a ciencia cierta lo que iba a ocurrir. Quizás es que “había que salvar la Semana Santa” como fuera y a cualquier precio.

Creo que el sufrimiento bajo la lluvia estaba servido y que se podía haber evitado. Desde todos los puntos de vista posibles, religiosos y culturales sobre todo, tenía que haber cundido la sensatez y prudencia para no haber propiciado esta situación que no es ejemplar precisamente. Algunas Hermandades han dado muestra de ello y lo sucedido debería meditarse para futuras salidas procesionales con el tiempo adverso. El patrimonio cultural de las cofradías es un bien común y de gran interés artístico que se debe proteger. Esas imágenes y la parafernalia asociada, chorreando agua, sufrirán lo ocurrido sin lugar a duda, y debería conocerse el resultado final de posibles deterioros para tranquilidad de quienes aman la cultura y la tradición de esta ciudad.

Vendría bien volver a hacer una reflexión sobre el ciudadano Jesús, al que ya he dedicado muchas páginas en este cuaderno digital, porque al fin y al cabo se trata de él en el fondo y forma de estas palabras. Estas manifestaciones artísticas están basadas en una tradición histórica sobre la muerte de Jesús de Nazareth, sobre todo, su pasión y muerte. Desde el Domingo de Ramos y hasta el de Resurrección, se condensa en una semana trágica la vida y obra de uno de los personajes imprescindibles de la Humanidad, que me gusta tratar como ciudadano Jesús. Lo dije el domingo pasado, cuando me refería a él, en su ataque continuo de humanidad, recogido así por los cronistas de la época, cuando se cansaba y se dormía, porque estaba hecho polvo, en el cabezal del barco (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema La Saeta: ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar!. Lo digo con un gran respeto a la fe de mis mayores, porque me impactó mucho verlo correr el lunes pasado hacia un templo que lo acogía por un tiempo, huyendo de la hermana agua, a la que tanto quería, incluso hasta andar sobre ella como si no pasara nada.

En este contexto, siempre recuerdo una película clásica sobre la vida de Jesús de Nazareth, El evangelio según San Mateo (1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini (1922-1975), que me sigue emocionando por su mensaje humano y tan cercano a la vida cotidiana de las personas, porque cuando llueve mi alma se moja como las demás. Pasolini hizo con esta película un cine diferente, singular, diverso: “Jesús (interpretado por Enrique Irazoqui) es mostrado continuamente caminando entre el desierto o entre pueblos en ruinas. Su mirada, como la de Pasolini, no evita a los leprosos ni a los cojos, sino que se detiene en ellos; la cámara, por su parte, se complace, por ejemplo, en la mano del mesías que acaricia los rostros marchitos de quienes acuden a él para encontrar salud. El contacto entre dos cuerpos alivia, de ahí la alegría del rostro de la adolescente María (Margherita Caruso) al ver regresar a José, al saber que, sin importar lo que digan los demás, él ha decidido estar con ella” (1). Me emocionó esta película cuando la vi de nuevo en Roma, sabiendo como sabía que aquella ciudad era un peligro para caminantes que hacen camino al andar. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Por ejemplo, sé que una obra reciente de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ha ganado el XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022, en un año en el que se cumple el centenario del nacimiento del director italiano, edición que servirá para conocerlo en profundidad.

En el fondo, estas palabras son un nuevo homenaje personal al cineasta italiano, del que tanto aprendí a comprender el valor de la vida alternativa, con la pasión dentro, como él la mostró en una obra también excelente, Teorema, tan incomprendida por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto, hasta el punto de haberse arrepentido de haberle entregado un premio por ella, en 1968, cuando descubrió cuál era su auténtico mensaje y no la posibilidad de que el Espíritu Santo entrase en cada uno de nosotros, que fue lo que constituyó el móvil del premio. Cuando se descubrió que Pasolini volaba más bajo que el espíritu, la institución se arrepintió y explicó a los cuatro vientos su voto. El anatema estaba servido. En definitiva muy poca gente había entendido el mensaje real de la película: no es necesario invocar a los espíritus para llenarse de amor en vida, cualquier amor. Desgraciadamente, no le salvó nunca su magistral interpretación laica de la vida del ciudadano Jesús de Nazareth, en su forma de leer para el siglo XX el evangelio según San Mateo. Quizás tampoco hoy día, en pleno siglo XXI, en un universo tan descreído y alejado del espíritu del bien humano, a pesar de que seguimos sufriendo mucho con la lluvia fina y pertinaz de la intolerancia y ausencia radical de valores que está cayendo, como símbolo de lo que ocurrió el lunes santo pasado, nunca a gusto de todos. Como la vida misma.

(1) https://cinedivergente.com/el-evangelio-segun-san-mateo/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El cine es ver caminar a Henry Fonda

Henry Fonda (Norman Thayer, Jr.), En el estanque dorado, 1981

Sevilla, 29/III/2022

Lo dijo el director de cine John Ford, que conocía muy bien a Henry James Fonda, respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?: «Es ver caminar a Henry Fonda».. Es verdad, en los días de resaca de la entrega de los premios Óscar al mérito cinematográfico, en su 94ª edición, que pasará a la posteridad como la del guantazo del actor Will Smith al presentador del acto, Chris Rock, por un chiste de mal gusto dirigido a su mujer, presente en el patio de butacas del Dolby Theatre de de Hollywood, necesitamos recuperar la esencia del cine y quedarnos con todo lo bueno que nos viene ofreciendo desde su creación. Ver caminar a Henry Fonda es el cine, no el incidente del domingo pasado, que empaña la trayectoria de una ceremonia en la que el gran actor americano recibió su primer Óscar, en 1982, por el papel inolvidable de Norman Thayer Jr. en El estanque dorado, película dirigida por Mark Rydell, basada en la obra de teatro de Ernest Thompson y coprotagonizada junto a Katherine Hepburn, quién también obtuvo la estatuilla dorada.

Anoche tuvimos la oportunidad de ver de nuevo esta película en la segunda cadena pública de la corporación RTVE, que cuarenta años después de su estreno en España, simboliza la magia del cine en todo su esplendor, porque ambas interpretaciones, las de Fonda y Hepburn, son impecables, sin quitar mérito alguno a Jane. El guion de la película es en el fondo y forma de la misma, salvando lo que haya que salvar, parte de la vida del actor y de su hija. Se sabe que Jane Fonda adquirió los derechos de la obra teatral de Ernest Thompson para llevarla al cine, el mejor sitio para aflorar la dolorosa relación con su padre desde que era pequeña, a modo de reconciliación, con un episodio que la alejó todavía más de la frialdad y lejanía que la trató desde siempre, mucho más cuando a ella y a su hermano Peter, con doce años ella y diez él, no les dijo la verdad sobre la muerte por suicidio de la madre de ambos, Frances Ford Seymour, la segunda esposa de Fonda en su larga vida matrimonial.

El guion está muy cuidado y la interpretación de Henry Fonda y su hija Jane, no le va a la zaga, junto a la de Katherine Hepburn, siendo inolvidables las últimas escenas en las que se recoge el momento del dolor profundo en el corazón de Norman, que le provoca que se desplome en el suelo, cuando su mujer, Ethel, abrazado a él le dice al oído:  “Estás a salvo, viejo cascarrabias y definitivamente seguirás molestando al pobre Charlie. Después del almuerzo, después de haber devorado todas esas fresas, nos dirigiremos a la carretera del casco antiguo. Hemos estado allí mil veces. Mil. Y lo recordarás todo. ¡Escúcheme, señor. Eres mi caballero de brillante armadura. No lo olvides. Vas a volver a subirte a ese caballo y yo estaré justo detrás de ti agarrándote fuerte y lejos vamos a ir, ir, ir!”. Un mensaje para caminantes de la vida que no olvido.

Anoche, volví a ver la película fijándome sobre todo en los detalles de la forma de caminar del actor para comprender la magia del cine sin palabras, así como de las expresiones faciales continuas que tanto caracterizaron a Fonda en su larga trayectoria cinematográfica. Él hizo el rodaje, afectado ya por una enfermedad de la que falleció meses después por un episodio coronario, cuando tenía 77 años. Creo que podemos afirmar que esta película fue su testamento cinematográfico, que abrochó con el reencuentro con su hija durante su rodaje, sobre todo –según cuenta Jane– cuando en dos momentos álgidos de la misma pregunta junto a su madre “por qué ese hijo de su madre nunca ha sido amigo mío”, refiriéndose a Norman, su padre, al que manifiesta posteriormente “quiero que seamos amigos” y, posteriormente, cuando por primera vez le dice “¡adiós Norman…, papá!”, fundiéndose en un abrazo que da sentido pleno a la película de su vida.

¿Qué es el cine, hoy? Todavía…, es ver a caminar a Henry Fonda por los senderos inescrutables de la vida, llorando a solas ante la proximidad de su hija, junto a su querida compañera de vida, cuando ya todo suena a despedida. Por esta vez, cualquier parecido con la realidad no ha sido pura coincidencia. Esa es la verdadera magia del cine y su historia.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un Óscar al Amor, en un corto español

Sevilla, 28/III/2022

Anoche recibió El limpiaparabrisas un Óscar al mejor corto animado, dirigido por Alberto Mielgo y producido por Leo Sánchez, a los que dediqué una palabras de reconocimiento en este cuaderno digital, el pasado martes 22 de marzo, como una auténtica premonición. Mi enhorabuena por este éxito internacional, porque como decía Luis Cernuda, “el trabajo humano, con amor hecho, merece el reconocimiento de los otros”.

Vuelvo a publicar íntegro el artículo citado, Un limpiaparabrisas para amar la vida. Es importante que este reconocimiento se divulgue en un país tan cainita y de olvidos cómplices, porque necesitamos reforzar la calidad humana y profesional de artífices diarios de la cultura como manifestación artística del conocimiento y de la esencia del ser humano. En este sentido, recuerdo siempre las palabras del cardiólogo catalán Valentín Fuster, residente durante desde hace muchos años en América, que pronunció en 2013 durante una de sus múltiples visitas a España: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…” o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato de lo que hace mal este país, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…, si alguien nos representa con dignidad más allá de nuestras fronteras y alegrarnos por ello, rompiendo los silencios cómplices a los que estamos acostumbrados o a desprestigiar a quien tanto lucha por sus ideales y principios. Y comprobaremos que es verdad, que se hacen muchas cosas muy bien en este país y que aparentemente son de otro mundo pero que, gracias a un director excepcional español, junto a un productor que arriesga capital y esfuerzo humano y profesional para alcanzar un objetivo tan bello, no confundiendo nunca valor y precio, contribuimos a dignificar el país por un premio internacional de cine, un Óscar, que debería causar la admiración necesaria y justa de todos, sin excepción alguna. Por ello, desde Andalucía también, ¡enhorabuena, Alberto Mielgo y Leo Sánchez!

Un limpiaparabrisas para amar la vida

En tiempos procelosos necesitamos más que nunca descubrir islas desconocidas que nos proporcionen paz y armonía interior. Tal es el caso de una película de animación, El limpiaparabrisas, que está nominada al Mejor Cortometraje de Animación, en la 94ª edición de los Premios Óscar 2022, que se celebrará el próximo domingo 27 de marzo en el Dolby Theatre de Hollywood, escrita, dirigida y diseñada por Alberto Mielgo, con una dilatada carrera en esta forma de animar la vida real, demostrado con los premios EMMY recibidos hasta esta realización y con la coproducción de su estudio PINKMAN.tv y el de Leo Sánchez. Hay que resaltar las ayudas públicas que ha recibido esta producción, entre las que destaca el ICEX, así como la Consejería de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid por medio de su oficina “Madrid Cultura y Turismo”, que ha apoyado y ayudado de una manera firme la promoción de este extraordinario proyecto.

Es un cortometraje de quince minutos de duración, con “una visión muy personal y particular sobre el Amor y las relaciones”, que arranca con una inquietante pregunta: ¿Qué es el amor? A partir de ella, un hombre, un autorretrato del director, en un restaurante y fumando de forma compulsiva, reflexiona sobre qué es el amor por medio de una sucesión de historias y situaciones personales transidas de incomunicación y silencios. En una entrevista realizada a Leo Sánchez, coproductor, se dice algo que me ha impactado porque, como tantas veces he escrito en este cuaderno digital, se observa que en cada plano del corto hay alma. A la pregunta de si se han utilizado actores reales, “porque la vida que transmiten los personajes es increíble, tienen alma…”, Leo Sánchez responde: “Depende en qué términos se vea, entiendo lo que quieres decir. Si la pregunta es que si se ha usado la técnica de “captura de movimiento” o rotoscopia o se ha grabado y se ha usado un filtro después…, rotundamente no. La película se ha animado de manera tradicional, hemos trabajado con animadores de la industria de animación tradicional del más alto nivel. Lo que pasa es que cuando estos animadores trabajan con un personaje cartoon es habitual que ellos mismos se graben para tenerlo como referencia, para observar los movimientos y expresiones. Después eso lo llevan al cartoon. Alberto Mielgo es muy meticuloso con sus referencias, él se graba y esas referencias se las pasa al animador que anima totalmente el personaje teniendo en cuenta esas referencias. La duda que te surge a ti, como a mucha otra gente, es porque hemos trabajado con personajes con proporciones humanas, porque es la estética que buscaba Alberto. Esto genera este punto muy afortunado que te lleva a preguntarte qué estás viendo realmente. Pero como te comentaba, al final ha sido un proceso muy tradicional”. Me ha quedado claro que tienen alma porque se ha intentado recuperar la vida interna de cada original humano y su circunstancia. Ese es su secreto.

Al final, pasando planos esclarecedores, suena una canción con un mensaje profundo: “Si no estás preparado para el amor ¿cómo puedes estarlo para la vida? Así que amemos libremente, amemos fuerte, amemos ahora. Porque pronto moriremos…”. A la pregunta del principio, “¿qué es el amor?”, el mismo hombre contesta con firmeza: “el amor es una sociedad secreta”. Una conversación de clientes de la cafetería, como un rumor,  cierra los planos finales del corto junto a los títulos de crédito: “te estás proyectando hacia delante, en vez de quedarte en la intersección. Sí, estoy de acuerdo, soy un desastre, porque estás en medio de la calle y cuando dejo de hacerlo, dejo de adivinar hacia dónde vamos, en lugar de vivir el momento… Las cosas se desenvuelven con mayor facilidad, es cuando realmente van como a mí me gusta”.

La verdad es que todo se nubla en la mente y en el corazón cuando llueve y se moja el alma, que también sucede, siempre no a gusto de todos, pero tomando conciencia de que ese todo se puede limpiar también con el amor líquido del limpiaparabrisas de la vida, porque al final todo depende del color del cristal con el que se mira cada aquí y ahora de esa turbulenta forma de ser y estar en el mundo que cada uno vive. Juan Ramón Jiménez me lo enseñó hace ya muchos años, cada vez que traspasaba la cancela de su casa en Moguer, en la calle Nueva: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […] Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Como me pasa a mí hoy al ver en repetidas ocasiones el corto de Mielgo, con el color de cada plano, que llevan el alma dentro.

NOTA: el corto que figura en la cabecera de estas palabras, es la versión censurada, sin subtítulos para su visualización en Youtube. La versión original, sin censura, se puede ver en https://youtu.be/i8MQl7vCkMQ. Para quien le interese, también se puede visualizar, doblado al castellano, hasta el 20 de abril de este año, en RTVE: Somos cine – El limpiaparabrisas (corto) (rtve.es)

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un limpiaparabrisas para amar la vida

Sevilla, 22/III/2022

En tiempos procelosos necesitamos más que nunca descubrir islas desconocidas que nos proporcionen paz y armonía interior. Tal es el caso de una película de animación, El limpiaparabrisas, que está nominada al Mejor Cortometraje de Animación, en la 94ª edición de los Premios Óscar 2022, que se celebrará el próximo domingo 27 de marzo en el Dolby Theatre de Hollywood, escrita, dirigida y diseñada por Alberto Mielgo, con una dilatada carrera en esta forma de animar la vida real, demostrado con los premios EMMY recibidos hasta esta realización y con la coproducción de su estudio PINKMAN.tv y el de Leo Sánchez. Hay que resaltar las ayudas públicas que ha recibido esta producción, entre las que destaca el ICEX, así como la Consejería de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid por medio de su oficina “Madrid Cultura y Turismo”, que ha apoyado y ayudado de una manera firme la promoción de este extraordinario proyecto.

Es un cortometraje de quince minutos de duración, con “una visión muy personal y particular sobre el Amor y las relaciones”, que arranca con una inquietante pregunta: ¿Qué es el amor? A partir de ella, un hombre, un autorretrato del director, en un restaurante y fumando de forma compulsiva, reflexiona sobre qué es el amor por medio de una sucesión de historias y situaciones personales transidas de incomunicación y silencios. En una entrevista realizada a Leo Sánchez, coproductor, se dice algo que me ha impactado porque, como tantas veces he escrito en este cuaderno digital, se observa que en cada plano del corto hay alma. A la pregunta de si se han utilizado actores reales, “porque la vida que transmiten los personajes es increíble, tienen alma…”, Leo Sánchez responde: “Depende en qué términos se vea, entiendo lo que quieres decir. Si la pregunta es que si se ha usado la técnica de “captura de movimiento” o rotoscopia o se ha grabado y se ha usado un filtro después…, rotundamente no. La película se ha animado de manera tradicional, hemos trabajado con animadores de la industria de animación tradicional del más alto nivel. Lo que pasa es que cuando estos animadores trabajan con un personaje cartoon es habitual que ellos mismos se graben para tenerlo como referencia, para observar los movimientos y expresiones. Después eso lo llevan al cartoon. Alberto Mielgo es muy meticuloso con sus referencias, él se graba y esas referencias se las pasa al animador que anima totalmente el personaje teniendo en cuenta esas referencias. La duda que te surge a ti, como a mucha otra gente, es porque hemos trabajado con personajes con proporciones humanas, porque es la estética que buscaba Alberto. Esto genera este punto muy afortunado que te lleva a preguntarte qué estás viendo realmente. Pero como te comentaba, al final ha sido un proceso muy tradicional”. Me ha quedado claro que tienen alma porque se ha intentado recuperar la vida interna de cada original humano y su circunstancia. Ese es su secreto.

Al final, pasando planos esclarecedores, suena una canción con un mensaje profundo: “Si no estás preparado para el amor ¿cómo puedes estarlo para la vida? Así que amemos libremente, amemos fuerte, amemos ahora. Porque pronto moriremos…”. A la pregunta del principio, “¿qué es el amor?”, el mismo hombre contesta con firmeza: “el amor es una sociedad secreta”. Una conversación de clientes de la cafetería, como un rumor,  cierra los planos finales del corto junto a los títulos de crédito: “te estás proyectando hacia delante, en vez de quedarte en la intersección. Sí, estoy de acuerdo, soy un desastre, porque estás en medio de la calle y cuando dejo de hacerlo, dejo de adivinar hacia dónde vamos, en lugar de vivir el momento… Las cosas se desenvuelven con mayor facilidad, es cuando realmente van como a mí me gusta”.

La verdad es que todo se nubla en la mente y en el corazón cuando llueve y se moja el alma, que también sucede, siempre no a gusto de todos, pero tomando conciencia de que ese todo se puede limpiar también con el amor líquido del limpiaparabrisas de la vida, porque al final todo depende del color del cristal con el que se mira cada aquí y ahora de esa turbulenta forma de ser y estar en el mundo que cada uno vive. Juan Ramón Jiménez me lo enseñó hace ya muchos años, cada vez que traspasaba la cancela de su casa en Moguer, en la calle Nueva: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […] Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Como me pasa a mí hoy al ver en repetidas ocasiones el corto de Mielgo, con el color de cada plano, que llevan el alma dentro.

NOTA: el corto que figura en la cabecera de estas palabras, es la versión censurada, sin subtítulos para su visualización en Youtube. La versión original, sin censura, se puede ver en https://youtu.be/i8MQl7vCkMQ. Para quien le interese, también se puede visualizar, doblado al castellano, hasta el 20 de abril de este año, en RTVE: Somos cine – El limpiaparabrisas (corto) (rtve.es)

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Recordando al músico de Venecia y al confinamiento por la COVID-19

Adagietto de la Sinfonía nº 5 de Gustav Mahler, en la Banda Sonora Original de Muerte en Venecia, 1971

Sevilla, 13/III/2022 – 13:00h CET

Para no ser mudos, hay que empezar por no ser sordos.

Eduardo Galeano

Esta noche, cuando el reloj marque las veinticuatro horas, se cumplirán dos años exactos de la entrada en vigor del confinamiento por la declaración del estado de alarma en el país, debido a la pandemia de la COVID-19. Hemos recorrido dos años muy difíciles y estamos constatando a diario que queda todavía mucho por reconstruir en el Estado y en el mundo en general, como consecuencia de la pandemia, agravado ahora todo por la invasión de Ucrania por si nos faltaba algo en este mundo al revés.

Por este motivo, vuelvo a compartir el artículo que publiqué ese día, 14 de marzo de 2020, El músico de Venecia y el coronavirus, cuando iniciábamos un camino hacia ninguna parte por el desconcierto mundial en el que nos movíamos a diario. Fue el comienzo de una larga serie de artículos que más adelante recopilé en una publicación transida de esperanza, La ventana discreta, en la que me asomaba a un mundo nuevo, lo que se dio en llamar “la nueva normalidad” y que justificaba así en el Prólogo: “Estamos viviendo momentos difíciles con la expansión del coronavirus y los blogueros también tenemos una responsabilidad social ante esta situación. Es un aviso para navegantes actuales la importancia que tiene estar bien informados, con una responsabilidad transcendental de los poderes públicos en este caso. Necesitamos disponer de un plan de comunicación a nivel de Estado mediante el que se pueda disponer de la información exacta, veraz y objetiva hasta los límites que sea necesario conocer sin mezcla de mentira alguna. ¡Es el interés general!, tan cuidado por nuestra Constitución. Es la mejor vacuna en estos momentos porque la proliferación de noticias, algunas de ellas falsas e interesadas, está creando un tejido crítico de alta preocupación y desasosiego”. Era un auténtico aviso para navegantes en una situación que se avecinaba como muy conflictiva y preocupante”

Leo el artículo citado y pienso que la cita de la literatura que figura al principio, sigue siendo una metáfora sobre la realidad de la vida de nuestros antepasados, que intentaron abordar épocas difíciles en las que el mal asolaba la humanidad y en las que se ha dejado para la posteridad un mensaje de la importancia de dar sentido a la vida, que es lo que más importa ante avisos tan importantes para navegantes, a pesar de lo que decía Groucho Marx con su sabiduría mordaz: “¿Por qué debería preocuparme de la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?”. De todas formas, en aquella ocasión tan dura y desconocida, planteé la opción de entrar en la clínica del alma de cada casa, la biblioteca, para refugiarnos en la literatura y en la música. Decía en aquella ocasión que “Hoy ya no se habla de ir a lazaretos sino de permanecer en nuestras casas el tiempo que sea necesario hasta que el coronavirus se dé por controlado y se autorice la vuelta a la vida normal, acompañados en el caso de Sevilla por su calor tradicional de primavera y verano, porque “aquí se puede ser feliz”. Así se expresaba Stefan Zweig en su visita a Sevilla en 1905, cuando comenzaba a despertar el siglo XX. Leo también con atención las páginas dedicadas a esta ciudad en un libro suyo muy interesante, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia (1), escritas por un joven de veinticuatro años, buscando rincones que ya conocía por la obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen. Aquello se justificaba porque Zweig escribió en aquella ocasión algo sorprendente para el alma de Andalucía y Sevilla: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”. Me acompañó también la música, en un “momento estelar de la humanidad” que sobrecogió a Zweig, la resurrección de Händel a través de su obra magna “El Mesías”, que sigo escuchando siempre con atención reverencial. Quizá me ayuda todos los días a comprender bien y en toda su extensión esa frase rotunda de Zweig, “aquí [en Sevilla] se puede ser feliz”, tras una experiencia de juventud en esta ciudad. Lo hago extensivo a un sueño que persigo como si fuera una realidad: aquí, en el lugar del mundo en que cada uno vive, se puede ser feliz.

Esta noche se cumplen dos años exactos de la entrada en vigor del estado de alarma y, como consecuencia de ello, de los confinamientos más extremos que ha conocido este país desde la guerra civil del siglo pasado. Durante este tiempo me he esforzado en conocer la verdad de lo que ha ocurrido con el objetivo de emitir juicios bien informados, lejos de músicos celestiales, como el de Venecia, que no han reconocido la gravedad de la epidemia en beneficio propio y lejos del interés general. El que quiera entender que entienda, porque hoy pocas palabras bastan.

(1) Zweig, Stefan (2015). De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur.

El músico de Venecia y el coronavirus

Fotograma de Muerte en Venecia, 1971

Sevilla, 14/III/2020

Una pregunta de Gustav von Aschenbach en Muerte en Venecia, la obra inolvidable de Thomas Mann, a un músico que pasa junto a él pidiendo la voluntad, “¿Por qué desinfectan Venecia?” y la respuesta a la misma, “Está indicado por el calor y el siroco”, me han recordado -en este confinamiento legal y preventivo que estamos viviendo- la necesidad de que conozcamos en cada momento la verdad de lo que está pasando con el coronavirus, tal y como lo vengo expresando los últimos días. La insistencia de Aschenbach, que no se cree lo que le ha dicho el músico, traduce la inquietud legítima que tenemos en la sociedad por saber la realidad de lo que nos rodea por muy cruda que sea.

“¿De manera que no hay ninguna epidemia en Venecia?”, pregunta Aschenbach. “¿Una epidemia?”, contesta el músico de manera desafiante. “¿Qué epidemia va a haber? ¿Es epidemia el siroco? ¿Acaso es una epidemia nuestra Policía? ¡Usted bromea! ¡Una epidemia! ¡No diga usted eso! Sólo se trata de una medida de previsión policial. ¿Entiende usted? Una disposición en vista del tiempo bochornoso”.

Salvando lo que haya que salvar hoy, podemos cambiar la palabra siroco por coronavirus o policía por el estado de alarma y el acto de previsión policial como una medida para evitar mayores contagios y de previsión para contener en lo posible males mayores. El escritor Gustav von Aschenbach, uno de los protagonistas de la obra de Thomas Mann, prefirió abrazar el amor cerca de Tadzio desoyendo todas las recomendaciones para preservar su salud en una ciudad donde el cólera indio hacía estragos.

Esta cita de la literatura que tanto nos ha hecho reflexionar, es una metáfora sobre la realidad de la vida de nuestros antepasados que han intentado abordar épocas difíciles en las que el mal ha asolado la humanidad y en las que se ha intentado dejar para la posteridad un mensaje de la importancia de dar sentido a la vida, que es lo que más importa ante avisos tan importantes para navegantes.

El confinamiento en las casas impuesto por el Estado puede ser una buena oportunidad para acudir a la literatura y encontrar en ella un remanso de paz en el rincón de pensar que cada uno elija libremente en su casa. Hoy ya no se habla de ir a lazaretos sino de permanecer en nuestras casas el tiempo que sea necesario hasta que el coronavirus se dé por controlado y se autorice la vuelta a la vida normal, acompañados en el caso de Sevilla por su calor tradicional de primavera y verano, porque “aquí se puede ser feliz”. Así se expresaba Stefan Zweig en su visita a Sevilla en 1905, cuando comenzaba a despertar el siglo XX. Leo también con atención las páginas dedicadas a esta ciudad en un libro suyo muy interesante, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia (1), escritas por un joven de veinticuatro años, buscando rincones que ya conocía por la obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen.

En estos días difíciles sigo leyendo a Stefan Zweig en la obra citada y sus palabras se graban en mi cerebro como el mejor bálsamo para tiempos complejos y de turbación: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”. Me acompaña también un “momento estelar de la humanidad” que sobrecogió a Zweig, la resurrección de Händel a través de su obra magna “El Mesías”, que escucho con atención reverencial. Quizá me ayude a comprender bien y en toda su extensión esa frase rotunda de Zweig, “aquí [en Sevilla] se puede ser feliz”, tras una experiencia de juventud en esta ciudad.

Con ella me quedo hoy a pesar de todo y porque necesito conocer la verdad de lo que está ocurriendo, lejos de músicos celestiales como el de Venecia que no la reconocen.

(1) Zweig, Stefan (2015). De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Prefiero escribir hoy sobre el acoso escolar en un patio del colegio

Sevilla, 25/II/2022

Me he acordado de Bartleby el escribiente cuando a casi cualquier petición respondía su lacónica frase “preferiría no hacerlo”, porque abordar el problema del acoso escolar (bullying) que existe en los patios de los colegios, que sufren muchos niños y niñas, es una cuestión que entristece el alma, que hace daños irreversibles en la mente de quienes lo sufren. Hoy lo hago, es decir, prefiero hacerlo, como acto solidario con miles de niños y niñas de este país que hoy mismo están sufriendo acoso escolar impresentable por parte de compañeros de clase o de escuela o instituto, amparados muchas veces por silencios cómplices colectivos. No olvido el ciberacoso, que también se produce en el patio virtual de internet.

La reflexión anterior la traigo a colación por el estreno en nuestro país de una película, Un pequeño mundo, candidata a los Premios Oscar 2022 por Bélgica, con guion y dirección de Laura Wandel, su primera obra cinematográfica que ya ha sido reconocida a nivel mundial y sobre la que ella explica, de forma muy acertada, el porqué de su argumento: “Escogí el colegio, y sobre todo el patio, porque es una micro-sociedad. El tema de la integración está en las escuelas. Me dediqué a observar patios durante varios meses antes de empezar a rodar y descubrí que existía la noción de territorio. En el patio, todo el mundo intenta ocupar su sitio. La infancia es la época de los primeros descubrimientos, cuando la vida y las relaciones son muy intensas. También es cuando diseñamos y construimos nuestro paisaje interior. Los primeros años de colegio influyen en ese paisaje, que a menudo determina nuestra opinión del mundo cuando somos adultos. Incluso más que aprender a leer y a escribir, exploramos las relaciones con los demás”. Es lo que Laura Wandel ha querido representar de forma excelente en su película y lo ha conseguido con creces a tenor de los reconocimientos recibidos de todo tipo.

Si tuviéramos que concretar el argumento de la película en una sola frase creo que podría servir la que sigue: “el miedo a salir al recreo”, porque ¿qué es lo que pasa por la mente de un niño o niña que se sienten acosados por sus compañeros de clase y de colegio, cuando corren de forma alocada al patio de recreo? Fundamentalmente miedo, a salir, a encontrarse con la burla despiadada, el insulto soez, el señalamiento por alguna singularidad que a los demás les sirve de disculpa para atacarle, por ejemplo unas simples gafas, ataques de palabra y obra sin defensa alguna, ni propia ni asociada, dejándose golpear muchas veces como única defensa para ver si así se cansan. Eso…, no ocurre casi nunca. Luego, nada más que silencios propios y asociados, cómplices, vergonzosos, sobre todo de quienes tienen el deber de proteger a estos niños y niñas zaheridos en su alma infantil. Lo he leído también en una crónica interesante de la película: “En un patio se desatan las relaciones de poder desde la infancia. En un patio hay violencia. Hay opresores y oprimidos. Un patio es, en resumen, una metáfora del mundo de los adultos que ocurre fuera”. Una metáfora del miedo que tiene un alcance desconocido en la vida de quienes sufren el acoso escolar de todo tipo.

La sinopsis oficial de la película es esclarecedora: «Nora entra en primaria cuando descubre el acoso que sufre su hermano mayor, Abel. Nora se debate entre su padre, que la anima a actuar, y su hermano, que le pide que guarde silencio. Un terrible conflicto de lealtad». El argumento es una metáfora del miedo que sufrimos todos los días al salir al patio de la vida, acosados permanentemente por tierra, mar y aire. Eduardo Galeano lo definió muy bien como “miedo global”, porque vivimos “en el tiempo del miedo”: Miedo a la soledad y miedo a la multitud. / Miedo a lo que fue. / Miedo a lo que será. / Miedo de morir. / Miedo de vivir. Lo que ocurre es que todavía es más grave este miedo en un alma infantil, porque el sufrimiento es inabordable por el propio devenir de su desarrollo infantil.

¿Qué hacer? Se nos ocurren siempre muchas respuestas pero la fundamental es no dejar pasar sin pena ni gloria este tipo de actuaciones y acabar de una vez por todas con los silencios cómplices. Denunciar siempre, callar nunca. Sobre todo, hay que trabajar sin descanso en los colegios introduciendo programas específicos para este tipo de acoso escolar. Por esta razón, destaco hoy la Guía Didáctica que proporciona la productora de la película, especialmente dedicada a trabajadores de los centros educativos, para llevar a cabo una experiencia junto a los alumnos en torno al hilo conductor de la película, su lenguaje cinematográfico y la temática en cuestión. Recomiendo su lectura porque es una oportunidad para no dejar pasar mucho tiempo para estar mejor informados y actuar, porque este acoso escolar de patio real y virtual, por el ciberacoso, está más cerca de nosotros de lo que a veces pensamos.

La función social del cine se hace grande y esplendorosa con esta película que se estrena hoy en España. Recuerdo que en 2018 visité una exposición en el espacio Caixaforum de Sevilla, dedicada a Cine y emociones. Un viaje a la infancia, organizada por la prestigiosa Cinémathèque française y la Obra Social “la Caixa”. En aquella ocasión se detallaba que a través del cine “se configura un retrato emocional de la niñez, a través de siete ámbitos que entrelazan películas y materiales de diversa índole para conformar ese retrato emocional”: “Alegría: muestra películas que reflejan el afán de los niños por aprender y por vivir, sus ganas de ser entendidos y protegidos y su capacidad para reinventar el mundo, una virtud que se olvida con el paso del tiempo pero que el cine es capaz de volver a activar. Rabia: explora los instantes de enfado y frustración que se viven durante la infancia, que quedan grabados en la memoria y que se reconocen al verlos en la pantalla. Risa: muestra cómo la risa de los niños en el cine se contagia a los espectadores, no solo por la ternura que provoca sino también por la identificación con la travesura, la situación inesperada o la invención de algo nuevo y disparatado. Lágrimas: la soledad, el abandono o el rechazo son algunos de los sentimientos tratados en este ámbito, como manifestaciones del sufrimiento infantil que generan en el espectador una sensación de dolor compartido. Miedo: explora los momentos de terror durante la infancia. El miedo puede ser producto de una fantasía, pero su efecto es real en estos pequeños y en quienes los miran desde la butaca. Valentía: recuerda que en la infancia se puede ser también el más valiente gracias a una energía que permite superar cada desafío que el camino plantea. Paradójicamente, el valor de los más pequeños enseña a los mayores que sus desafíos a veces no son tan difíciles de afrontar. Ilusión: el cine genera siempre fascinación en los espectadores. ¿Cómo se construye esa ilusión? ¿cómo la viven los niños cuando juegan a ser cineastas?”. Sentimientos y emociones que hay que cuidar siempre, especialmente en la vida infantil.

Es la magia del cine que hoy, con el estreno de Un pequeño mundo, nos invita a escribir una página nueva de solidaridad con los niños y niñas que sufren acoso escolar, para que vuelvan a sentir la alegría de vivir, su “afán por aprender y por vivir, sus ganas de ser entendidos y protegidos y su capacidad para reinventar el mundo, una virtud que se olvida con el paso del tiempo pero que el cine es capaz de volver a activar”. Para que no se olvide en nuestro Estado de derecho, ni siquiera un momento, con la defensa a ultranza de un principio del sistema educativo español, configurado de acuerdo con los valores de la Constitución y asentado en el respeto a los derechos y libertades reconocidos en Ella, según se recoge en la nueva Ley de Educación de nuestro país, entre otros, en su artículo 1. k), un principio que deberíamos grabar con letras de oro en nuestra mente para no olvidarlo jamás:  «la educación para la convivencia, el respeto, la prevención de conflictos y la resolución pacífica de los mismos, así como para la no violencia en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social, y en especial en el del acoso escolar y ciberacoso con el fin de ayudar al alumnado a reconocer toda forma de maltrato, abuso sexual, violencia o discriminación y reaccionar frente a ella».

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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