En memoria de Patricio Guzmán, director de cine chileno

Sevilla, 16/IX/2026 – 09:43 h CET (UTC+2)

Ayer falleció Patricio Guzmán, excelso director de cine chileno, que está muy presente en este cuaderno digital. Siempre me he referido a él ensalzando su compromiso político a través del cine. Por esta razón ética, he elegido un artículo que publiqué en 2022, Voy y vuelvo en un país imaginario, que rescato como homenaje a su trayectoria cinematográfica, porque resume muy bien qué significaba para él el cine documental.

Si recuerdo hoy con dolor la muerte de Patricio Guzmán, que tanto quiso a su país, es porque para mí Chile ha sido desde el terrible golpe de Estado de 1973, un modelo imaginario como país imaginario para alcanzar las libertades imaginarias que todo ser humano aspira a alcanzar un día…, imaginario también. Es así porque cada día voy y vuelvo a mi país imaginario, con el que sueño todos los días, la España de las libertades imaginarias, que también existen y por las que debemos seguir luchando en pleno ocaso de la democracia.

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Voy y vuelvo en un país imaginario

Sevilla, 25/IX/2022

Una noticia reciente sobre el director de cine chileno Patricio Guzmán, del que ya he hablado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital, porque le admiro y respeto, aprendiendo de él su pasión por el compromiso “político” en el sentido más puro de la acción política transformadora, incluso sin carné de afiliación a unas siglas determinadas, es decir, por ideología pura y dura, me ha llevado a conocer de nuevo el sentir popular de Chile como pueblo imaginario en un país imaginario, con resonancias de un gran poeta chileno, Nicanor Parra, de cuyo nombre quiero acordarme hoy nuevamente.

Yendo del timbo al tambo, como le gustaba decir a Gabriel García Márquez, vuelvo a encontrar una referencia imaginaria en momentos difíciles para el mundo. Recuerdo hoy que en 2018 falleció a los 103 años, en su querida tierra chilena, Nicanor Parra, el antipoeta al que dediqué en 2014 unas palabras en este cuaderno digital que busca islas desconocidas de compromiso activo. Hoy, mejor que nunca, comprendo las palabras que un día ya lejano, dando gracias a la vida, le dedicó a su hermana Violeta Parra, cuando falleció en 1967: Pero yo no confío en las palabras / ¿Por qué no te levantas de la tumba / A cantar / a bailar / a navegar / En tu guitarra? // Cántame una canción inolvidable / Una canción que no termine nunca / Una canción no más / una canción / Es lo que pido. Cuando asistimos a diario a noticias tristes para el mundo de la libertad viva, me acerco de nuevo a Nicanor Parra en la montaña rusa en la que siempre estuvo instalado, dando gracias a la vida, que nos ha dado y sigue dando tanto.

Lo anteriormente expuesto viene a mi memoria porque Nicanor Parra, el poeta que mejor describió al hombre imaginario, al que se recuerda en este país por haber recibido el Premio Cervantes en 2011, me permitió volver a la lectura compleja de la antipoesía que representa, comprometido sobre todo con la contradicción de la vida, porque para él es una fuerza que le permite seguir viviendo, conduciendo su viejo coche del pueblo (Volkswagen), camino de un lugar que muy querido para él: Las Cruces. Y esa forma de pensar, de transgredir la vida instalada, me sorprendió siempre, tanto como el crucifijo que preside el salón principal de la biblioteca que lleva su nombre en la Universidad Diego Portales, con una inscripción memorable escrita a mano en un cartel rutinario, “Voy y vuelvo”, en un permanente tobogán de emociones y sentimientos imaginarios, porque lo imaginario sólo existe en el alma y porque de la ilusión también se vive:

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

Patricio Guzmán ha retratado en “Mi país imaginario”, su nuevo documental, la revolución feminista que llevó a la victoria a Gabriel Boric, actual presidente de Chile, como “secuela apócrifa de ‘La batalla de Chile’, donde cuenta los movimientos que cambiaron el país en los últimos años”. El artículo, excelente, que he leído en elDiario.es sobre esta obra de Patricio Guzmán, refleja la mejor sinopsis del documental que podamos soñar: “En Mi país imaginario todos los testimonios son de ellas. De las mujeres que salieron a la calle, que revolucionaron el país, que pidieron tomar la decisión sobre sus cuerpos y sus elecciones. No hay ningún hombre que hable a cámara. Hace tiempo que en Chile las mujeres se organizaron muy bien políticamente. Empezando por las mujeres que protestaron contra los desaparecidos, y a partir de ahí el papel de la mujer nunca dejó de estar presente. Y bueno, ahora estamos con la cuestión de volver a reconstruir Chile, de volver a hacer que las dos grandes corrientes se unan o al menos se toleren o que trabajen juntas para construir en el futuro de Chile”, dice Guzmán, que cree que ese futuro pasa por las mujeres y que confía en que “se va a conseguir”. Pero lo que verdaderamente me ha conmovido son sus palabras sobre lo que él entiende como cine documental, del que Mi país imaginario es una nueva entrega extraordinaria: “El cine documental es una especie de caja de resonancia del pasado más reciente para proyectarlo hacia el futuro. El cine documental nos coloca frente a nuestros problemas grandes que tenemos como país, como personas, como grupo. El documental es una opinión muy personal de cada uno de nosotros y queda guardado para siempre en la memoria chilena. La gente se olvida de las películas de ficción, pero los documentales quedan ahí, machacando siempre”.

Patricio Guzmán recibió este año el premio Goya a la mejor película Iberoamericana, La cordillera de los sueños (2019), a modo de veredicto: para no olvidar que el cine también es memoria histórica. ¡Enhorabuena, de nuevo, por tu compromiso activo a través del cine! Me alegra y reconforta desde una determinada ideología de izquierda, el reconocimiento que te hizo nuestro país el pasado mes de febrero, que tanto debe al pueblo chileno por vuestra acogida a los españoles en el exilio tras la guerra civil y la férrea dictadura que sufrimos años después. Gracias, a través de estas palabras, que aún nos quedan. Aquello fue una misión de amor, que no olvido en la memoria histórica de nuestro país, imaginario también.

Para mí, Chile es un modelo imaginario como país imaginario para alcanzar las libertades imaginarias que todo ser humano aspita a alcanzar un día…, imaginario también. Es así porque cada día voy y vuelvo a mi país imaginario, con el que sueño todos los días, la España de las libertades imaginarias, que también existen.

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¡Paz y Libertad!

“¡Están aquí!”, un documental del Festival de Venecia que denuncia al ICE de Trump

Un avión que deporta inmigrantes en EEUU / Mostra Cinematográfica de Venecia

Sevilla, 12/IX/2026 – 10:56 h CET (UTC+2)

El pasado 8 de septiembre, se proyectó en la Mostra Cinematográfica de Venecia, en la sección “Venecia Abierta – Fuera de concurso”, un corto-documental de 25 minutos, They’re Here (Están aquí), codirigido por Laura Poitras, Premio Oscar y León de Oro d’Oro en 2022 con All the Beauty and the Bloodshed y por Rachel Lauren Mueller, documentalista y periodista de investigación con trabajos publicados en el New York Times y transmitidos por PBS y Al Jazeera.

El corto muestra imágenes inéditas de la intervención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU (ICE) en Minneapolis, en enero de este año. La sinopsis oficial facilitada por la Mostra, nos permite conocer que “They’re Here es una obra de terror que cuenta la historia de Edén Villa (nombre ficticio) y algunos residentes anónimos de Minneapolis, comprometidos a escapar y oponerse a la ocupación paramilitar de su ciudad. Bajo el signo del cine distópico, They’re Here está ambientado en un escenario invernal en el que agentes enmascarados secuestran a niños, los residentes se ven obligados a viajar escondidos en los maleteros, los prisioneros encadenados son cargados en aviones ante los ojos de los turistas y los ciclistas monitorean los movimientos de una fuerza invasora”. Más interesante todavía es conocer un comentario de las directoras sobre el corto: “Nuestro enfoque cinematográfico nace de un vídeo de diez segundos encontrado en la red: una idílica escena invernal con árboles nevados junto al sonido de gritos: «¡Quédense dentro! ¡Cierren las puertas! ¡Estoy aquí!”. Los monstruos no se ven, pero las voces evocan todo el terror: es a la vez un horror y un documental escalofriante. Con nuestra película queríamos transmitir una sensación similar. Como periodistas, asistimos horrorizados por la normalización de la violencia de Estado. En los Estados Unidos, ahora está a la orden del día que la policía fronteriza, con la cara cubierta, secuestre a niños y realice ejecuciones a plena luz del día. Creemos que el cine puede descartar este sentido de inevitabilidad. Las imágenes de resistencia y redención muestran que la historia aún no está escrita y que la violencia no siempre triunfa”.

He podido conocer más detalles de la proyección inaugural del documental, gracias a una crónica excelente, publicada por elDiario.es, El terror de las deportaciones del ICE sacude Venecia en solo 25 minutos, que recomiendo leer con la atención que merece.

Lo he manifestado en ocasiones anteriores cuando he hablado del cine de compromiso social, como es el caso de este documental. Existe un determinado cine de calidad que nunca es inocente. No he olvidado cómo me han conmovido determinadas películas que conservo en mi filmoteca cerebral. Recuerdo ahora Hoy empieza todo, excelente película de Bertrand Tavernier, donde pude constatar que el cine, en realidad, no es cine, sino la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando encontramos las mejores historias, un gran corazón late, se alarma, va más despacio, sale de la sala cinematográfica con el deseo de seguir creyendo en un mundo diferente que todavía es posible. Todos los rostros miran en la misma dirección. Este impulso es el que aspiramos a que nos acompañe siempre, porque es el que nos permite descubrir y alimentar cualquier microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película de Tavernier, Dominique Sampiero, aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor digno que nos conmueve, es decir, que nos perturba, inquieta, altera, que nos provoca situaciones placenteras que consuelan a nuestra persona de secreto con fuerza y eficacia, afectando de lleno los sentimientos y emociones.

Por estas razones, caminar en paralelo con la Historia, negándola, es condenarnos en vida a no resurgir de las cenizas y, lo que es peor, a obviar la realidad de que el ave fénix existe. Además, cuando lo hacemos con las personas más próximas, escribimos casi sin darnos cuenta la crónica de una muerte personal y social anunciada. Estamos avisados por Eduardo Galeano: la memoria está en el aire que respiramos; y ella, desde el aire, nos respira. Recordar hoy a las víctimas del ICE financiado por Trump contra los inmigrantes latinoamericanos, tal y como se muestra en They’re Here (Están aquí), nos debe conducir a no olvidarlas, porque esa historia narrada en el documental se repite todos los días en la América de Trump y no debe quedar impune: ”¿La historia se repite? ¿O se repite sólo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla? 

Este documental no es una historia muda: “Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa” (1). Lo recuerdo una vez más, para que no se olvide ni siquiera un momento.

(1) Galeano, Eduardo (1998). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI de España.

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¡Paz y Libertad!

¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión en nuestra memoria de secreto

Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: estoy donde debo estar.

Isak Dinesen (seudónimo de la baronesa danesa Karen Blixen), en su obra cumbre, Memorias de África (1937)

Sevilla, 31/VIII/2026 – 17:42 h CET (UTC+2)

Amo el cine y ayer volví a ver por enésima vez “Memorias de África”, como si fuera la primera vez, porque sigo teniendo muy presente en mi vida la gran pregunta de Isak Dinesen (1885-1962), la autora de la obra homónima sobre la que está basada la película, que me permite contextualizarla hoy en este loco mundo al revés en el que vivimos a diario, en pleno ocaso de la democracia: “¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión”… en estos tiempos revueltos.

Isak Dinesen (1885-1962)

El 17 de septiembre del año pasado, la vi de nuevo, con motivo del fallecimiento del gran actor Robert Redford, recordado siempre por películas de gran valor cinematográfico como Dos hombres y un destinoEl hombre que susurraba a los caballos o Memorias de África, que obtuvo siete premios Óscar en 1986. Quizá sea esta última la que aquel día tuve presente en ese momento tan especial, por mi asociación mental de Redford junto a Meryl Streep y la extraordinaria banda sonora compuesta por John Barry, con un fondo musical excelente de Mozart. La química exhibida por la pareja formada por Streep y Redford, por entonces quizá los dos actores más aclamados en Hollywood, ha marcado una impronta inolvidable en muchas memorias de todos y en la de secreto. En la mía, también.

La banda sonora de la película, bajo la batuta de John Barry, sigue viva en mi discoteca de secreto, haciendo incursiones en la memoria de hipocampo que, como caballo de mar, sigue surcando historias de búsqueda de islas desconocidas para contarlas en este cuaderno digital. Lo que me sobrecoge verdaderamente es asociar siempre esta película y su trama con Mozart, a través de su maravilloso adagio compuesto para el Concierto para clarinete y orquesta (K. 622), acompañando los recuerdos de Karen. No desmerece esta puntualización, en absoluto, el tema nuclear que suena lentamente en los títulos de crédito que ayudan a comprender mejor los tesoros ocultos para el alma en Kenia. El segundo tema, se hace presente en momentos difíciles para la protagonista en su penoso matrimonio de conveniencia, salvado por un cazador profesional, Denys George Finch Hatton, un papel desempeñado de forma impecable por Redford.

W. A. Mozart: Adagio del Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Orquesta Sinfónica de Islandia / Oboe: Arngunnur Árnadóttir, Harpa Concert Hall – Reykjavík, 10 de septiembre de 2015

Memorias de África está asociada siempre, en mi vida, con Mozart, sin desmerecer el trabajo fantástico de John Barry. También, con la inteligencia humana, mientras escucho atentamente su banda sonora de hoy, de siempre. Vuelvo a recordar que la inteligencia, hoy por hoy, no tiene color. La conjunción de blancos, grises y algunas veces, negros, atribuida a las materias que conforman el cerebro, sigue dándonos muchos quebraderos de cabeza. Sobre todo, porque tenemos que estar muy agradecidos al continente africano y doloridos al mismo tiempo por la muerte letal que les rodea entre enfermedades (sida), esclavitud histórica y de nuevo cuño en pateras, guerras fratricidas y con una deuda histórica mundial.

Meryl Streep y Robert Redford interpretaron la conciencia del deber estar cinematográfico, a la perfección, en Memorias de África, recordando una reflexión que vuela sobre la película como hilo conductor, Estoy donde debo estar, que reproducía fielmente la que figuraba en el comienzo de la obra homónima de Isak Dinesen (1885-1962), seudónimo de la baronesa Karen Blixen, publicada en Dinamarca en 1937. Por la magia del cine, hoy lo he recordado de nuevo, dejándonos una pregunta en el aire que respiramos a diario y que nos ofrece seguridad y ligereza de corazón: ¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión.

Doscientos mil años de memoria de la inteligencia humana, desde el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia (1), nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de nuevo de Memorias de África, de la memoria de Mozart en su precioso adagio, de cómo nos contaron una bella historia Meryl Streep y Robert Redford, para que no olvidemos África y su alma, todavía desconocidas para muchos en agosto de 2026.

No olvido el papel estelar de Meryl Streep y lo que significa en la intrahistoria del cine. Lo dijo el director de cine John Ford, que conocía muy bien a Henry James Fonda, respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?: “Es ver caminar a Henry Fonda”. Hoy, me atrevería a decir, emulando humildemente al gran director americano, ídolo de mi infancia, que “el cine es el semblante de Meryl Streep”, en el sentido que el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí, da al lema “semblante”: «La representación exterior en el rostro de algún interior afecto del ánimo, […] de lo que se siente en el corazón» (RAE A, 1739). Quizá ha sido uno de los elementos humanos principales para haberle otorgado en 2023 el Premio Princesa de Asturias de las Artes, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia. A lo largo de cinco décadas, Meryl Streep ha desarrollado una carrera brillante encadenando interpretaciones en las que da vida a personajes femeninos ricos y complejos, que invitan a la reflexión y a la formación del espíritu crítico del espectador. La honestidad y responsabilidad en la elección de sus trabajos, al servicio de narrativas inspiradoras y ejemplarizantes, traspasan la pantalla y los escenarios con una impecable técnica interpretativa, armada únicamente con su gestualidad, voz y mirada. Activista incansable a favor de la igualdad, con su talento y rigor ha posibilitado que diferentes generaciones disfruten de interpretaciones inolvidables, conquistando el respeto que este gran arte merece”.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, p. 15-28.

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¡Paz y Libertad!

Sigue creciendo de forma alarmante el club de los cretinos vivos

Lo cretino, en ti, 
No excluye lo ruin. 

Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino. 

Así que eres en fin, 
Tan cretino como ruin.

Luis Cernuda, en La desolación de la quimera

Sevilla, 21/VII/2026 – 14:14 h (CET+2)

Hoy hace setenta y cinco años que nació el gran actor Robin Williams (1951-2014). El mundo cinematográfico lo recuerda especialmente y, en mi caso, con expresa gratitud por todo lo que aprendí de él, sobre todo en una película de culto, “El club de los poetas muertos”, que también recuerdo a continuación a modo de metáfora existencial para estos tiempos revueltos. Lo que es indudable es que el actor está muy presente en este cuaderno digital.

En este largo y ya cálido verano, frente al negacionismo climático que nos rodea, busco refugio ideológico en la poesía útil para transformar este loco mundo al revés, siendo una de las razones por las que no olvido a Robin Williams en su papel del profesor John Keating, en “El Club de los poetas muertos”, en una secuencia inolvidable a través de sus palabras y rodeado por sus queridos alumnos: “Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos”.

Las palabras que siguen las escribo a modo de pequeño homenaje dedicado a su memoria cinematográfica y a sus palabras sobre el “carpe diem” particular y, sobre todo, digno, que cada uno, cada una, vive a diario, rodeados de mediocridad creciente. El problema radica, en la actualidad, en que necesitamos localizar a poetas muertos y vivos que nos ayuden a interpretar la vida porque, desgraciadamente, nos sobran personas cretinas vivas que la malogran a diario y hacen mucho daño a la sociedad, como mediocres aventajados que nos rodean por tierra, mar y aire, formando parte un nuevo Club, el de los cretinos vivos. Es un hecho irrefutable, ya tratado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital, que la mediocracia se instala día a día en nuestras vidas

En este contexto, vuelvo a publicar hoy un artículo escrito en 2018, El club de los cretinos vivosque no necesita más actualización que la de Trump y sus secuaces, en estos momentos delicados para el bien común, para la democracia, como representante de la ultraderecha mundial, aunque sigue haciendo de las suyas, salvando lo que haya que salvar si identificamos a sus alumnos aventajados distribuidos por este loco mundo al revésincluyendo nuestro país, por supuesto. También, porque ya sabemos qué rumbo han tomado las derechas en nuestro «territorio patrio«, que les gusta decir a ellas de forma taimada, que se autoproclaman como “gente de bien”, sin rubor alguno, frente a la gente de mal, que somos para ellos el resto de la población. Han preferido la opción de un permanente «cretinismo enojado», como advirtió Manuel Rivas en la columna del artículo citado a continuación, La ola de cretinismo, que nos invade por tierra, mar y aire.

Pasen y lean aquellas palabras. Suenan de forma atronadora hoy, por la cretinez que nos invade. Estamos avisados. Además, deberíamos tomar conciencia de que la cita “carpe diem”, a secas, es incompleta. Le falta la segunda parte, esencial en sí misma, tal y como lo expresó el poeta romano Horacio (Venosa, Basilicata, 8 de diciembre de 65 a. C. – Roma, 27 de noviembre de 8 a. C), en su Oda (Carminum) I, 11, dedicada a Leucónoe: “Carpe diem, quam minimum credula postero” o lo que es lo mismo, Vive el día de hoy [Carpe diem]. Captúralo. No te fíes del incierto mañana. 

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El club de los cretinos vivos

Sevilla, 08/08/2025

La primera vez que el lema “cretino” dio el salto mortal del vocabulario médico al social en este país, en el que abunda esta especie irredenta, la he localizado en el Diccionario general y técnico hispanoamericano, elaborado por Manuel Rodríguez Navas y Carrasco (publicado en Madrid en 1918 por la editorial Cultura Hispanoamericana), como adjetivo y con dos significados: que padece cretinismo y como traducción del alemán kraftlos, imbécil. Desde ese año no se vuelve a mencionar esta segunda acepción en la lexicografía española y hay que esperar a la edición 18ª del Diccionario de la RAE, publicado en 1956, cuando se acepta también una segunda acepción como sentido figurado del citado adjetivo: estúpidonecio (que se puede usar también como sustantivo). Es un término independiente ya de su pasado como enfermedad, aunque es en la edición de 1983, del Diccionario manual e ilustrado de la RAE cuando se desarrolla por primera vez una segunda acepción en el lema “cretinismo”, entendiéndose (en sentido figurado y familiar) como estupidezidiotez y falto de talento

Sorprende constatar cuánto tiempo ha necesitado este vocablo para imponerse en la cultura española como voz de derecho en el uso del mismo y en su comprensión, cuando creo que tiene una vida muy dilatada en el tiempo, porque desde época inmemorial la existencia de cretinismo y sus correspondientes cretinos y cretinas han abundado por doquier. Es lo que me ha pasado al leer un artículo reciente de Manuel Rivas, La ola de cretinismo, que en su entradilla lo justifica de forma espléndida: “Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por la estupidez circundante”.  Es verdad que estamos rodeados de cretinismo galopante, de personas que pertenecen al Club de estúpidos, idiotas, imbéciles y faltos de talento (respetando las acepciones literales de la RAE nada más).

Dice Manuel Rivas en su artículo que “Existe un humorismo amoratado, viñetas que son puñetazos de luz, y ahí está El Roto, la mirada indómita, descerrajando lo que no se puede ver, desvelando lo que no está “bien visto”. Está El Roto y los rotos, los que se pelean contra las mordazas, legales o ilegales. Pero el cretinismo, y no hablo de la enfermedad, sino del talante estúpido, va ocupando espacio como pensamiento grosero, vociferante, pelotudo. Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por ese cretinismo circundante”. Da pánico contemplar lo que le pasa al mundo cada vez que Trump se pasea por él haciendo turismo cretino. O los aprendices de ellos que tenemos en nuestro país, que imitaron e intentan imitar a ciertos presidentes americanos (no me refiero a Obama), que poniendo los pies encima de la mesa y remedando su acento yanqui, se han vanagloriado de invadir y seguir invadiendo el mundo a cualquier precio, actitudes de las que el Sur paga siempre un precio muy alto.

Ante las noticias cretinas que recorren el mundo, solemos quedarnos muchas veces con el ojo amoratado y con el alma de color y dolor violeta, en un pantone moral como el que cita Rivas refiriéndose a lo que nos pasa cuando vemos las viñetas de El Roto. Estoy muy de acuerdo con los matices de cretinismo que analiza en su columna: “Ahora mismo no sabemos el rumbo que va a tomar la derecha, la vieja y la nueva, en España. Si va a recaer en un cretinismo enojado o abrirse a una inteligencia democrática y dialogante. En una época histórica muy amoratada, la descrita en La desintoxicación de Europa, Stefan Zweig se quejaba de una atmósfera en la que “tanto los individuos como los Estados parecen más bien dispuestos a odiarse mutuamente; la desconfianza mutua se revela infinitamente más fuerte que la confianza”.

En la confianza de luchar para ser más libres frente a los cretinos (serlo o no serlo, esa es la cuestión…), hay que identificarlos urgentemente para librarnos de ellos a la mayor brevedad posible. Estamos avisados, porque son legión. Ya los definió de forma magistral Luis Cernuda, un poeta vivo en mi corazón: Lo cretino, en ti, / No excluye lo ruin. / Lo ruin, en tu sino, / No excluye lo cretino. / Así que eres en fin, Tan cretino como ruin (en La desolación de la quimera).

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¡Paz y Libertad!

Hoy me acuerdo de un maestro que prometió a sus alumnos ver el mar, antes del 18 de julio de 1936

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo: ¡la gente va allí a bañarse! Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo de que me voy a ahogar.

Lucía Carranza, enero de 1936

Sevilla, 18 de julio de 2026, en el 90 aniversario del comienzo de la guerra civil en nuestro país 

El texto que figura en la cabecera de este artículo lo escribió Lucía Carranza, una alumna de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba (Burgos), en el cuaderno El MarVisión de unos niños que no lo han visto nunca, editado artesanalmente en enero de 1936. Si hoy lo rescato es para simbolizar de nuevo, con las palabras que aún nos quedan (Blas de Otero, dixit), un pequeño homenaje a las personas que sufrieron en nuestro país el escarnio de la guerra civil durante casi tres años y, posteriormente, durante casi cuarenta años de dictadura franquista, víctimas del mal llamado “glorioso alzamiento nacional”, que comenzó el 18 de julio de 1936 y que tristemente recordamos hoy, con un profundo respeto a la memoria histórica y democrática de este país.

Con este motivo, vuelvo a publicar hoy el núcleo principal del artículo que figura en este cuaderno digital desde el 8 de noviembre de 2023, con un título, En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible, que encierra en sus palabras un relato que sobrecoge y da a conocer razones de fondo para amar, 90 años después y con todas nuestras fuerzas, la democracia y no las guerras propiciadas por el fascismo y las ultraderechas de todo tipo.

Por mi aprecio y respeto a la memoria democrática de mi país, hoy me acompaña en la cabecera, como música de fondo, una obra preciosa de Salvador Bscarisse, Romanza, el segundo movimiento del Concertino para guitarra y orquesta en La menor, compuesta en 1952. Me conmueve y sobrecoge ante tanto ruido de la derecha extrema y ultraderecha en mi Comunidad, en mi país. Bacarisse la sufrió hasta su exilio en Francia durante la guerra civil, para nunca más volver, falleciendo en París en 1963. Tampoco lo olvido.

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En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible

En mi singladura diaria por el mar abierto de mi vida, he llegado a una isla desconocida por mí, la vida y obra de Antoni Benaiges Nogués, un maestro olvidado por la España que, todavía hoy, siempre hiela el corazón, que decía Antonio Machado, una persona de las imprescindibles de Bertolt Brecht, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente mediante este pequeño homenaje que deseo tributarle con palabras, que nos quedan, en este cuaderno digital, pero no sólo a él, sino a miles de maestros y maestras que fueron maltratados de mil formas indeseables, incluso con la muerte, durante la guerra civil y años posteriores de dictadura.

Esta localización extraordinaria la he podido llevar a cabo gracias al cine, ¡bendito cine!, a una película,  El maestro que prometió el mar, que se presentó en la Semana Internacional del Cine (SEMINCI), de Valladolid, en octubre pasado, dirigida por Patricia Font y cuya sinopsis ya es atractiva, de por sí, para almas inquietas: “Ariadna, descubre que su abuelo busca desde hace tiempo los restos de su padre, desaparecido en la Guerra Civil. Decidida a ayudarlo, viaja a Burgos, donde están exhumando una fosa común en la que podría estar enterrado. Durante su estancia allí, conocerá la historia de Antoni Benaiges, un joven maestro de Tarragona que antes de la guerra fue profesor de su abuelo. Mediante un innovador método pedagógico Antoni inspiró a sus alumnos y les hizo una promesa: llevarlos a ver el mar”, poniendo en valor la lucha de tantas familias que todavía buscan a sus familiares enterrados anónimamente en fosas comunes a lo ancho y largo de este país. He procurado buscar antecedentes históricos de esta historia verdadera, porque en esta ocasión cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, al estar basado el guion en la vida y obra de un maestro, nacido en un pueblo de Tarragona, Mont-roig del Camp, en 1903, que ejerció su preciosa tarea en un destino rural desde 1934, concretamente en la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, de infeliz memoria por su trágico fusilamiento, llevado a cabo el 25 de julio de 1936, recién iniciada la guerra civil, siendo enterrado en una fosa común que todavía no se ha podido localizar, para mayor escarnio de sus familiares y allegados más directos, así como para la memoria histórica y democrática de este país.

Gracias a la búsqueda citada, he localizado también una obra imprescindible para conocer detalles necesarios para comprender el alcance de la vida y obra de Antonio Benaiges, El maestro que prometió el mar, una publicación coordinada por Francesc Escribano, junto a textos de Francisco Ferrándiz y Queralt Solé, con trabajo de documentación y fotografías de Sergi Bernal, en una coedición llevada a cabo por las editoriales Blume y Ventall, que ha servido de base para el guion de la película, cuya sinopsis amplía la intrahistoria de esta vida ejemplar llevada al cine: “Antoni Benaiges, un maestro de Mont-roig del Camp, Tarragona, fue destinado a la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, en 1934. Gracias a una metodología de enseñanza pionera y revolucionaria para la época, basada en la participación activa de los niños y el uso de la imprenta, comenzó a transformar la vida de sus alumnos y la del pueblo. A finales de julio de 1936, el maestro desapareció. Durante más de 75 años, su trabajo y personalidad permanecieron en la intimidad del recuerdo de sus antiguos alumnos y su familia, hasta que, en agosto de 2010, a pie de fosa, un vecino de Bañuelos haría emerger la figura del maestro asesinado en 1936 y la conmovedora historia de una promesa que no se pudo cumplir. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos».

Me ha sobrecogido conocer algo que deseo compartir con quienes me acompañan a menudo en esta singladuras hacia islas desconocidas. Se trata del pequeño homenaje que el 18 de julio de 2021 se celebró en el cementerio de Bañuelos de Bureba, al levantarse un cenotafio, un pequeño monumento funerario dedicado a este maestro inolvidable, imprescindible, sin su cadáver, porque no se sabe dónde está, en un nicho en el que depositaron objetos y recuerdos actuales sobre su vida y obra, el guion de la película citada, por ejemplo y en el que sobre una lápida roja se colocó una inscripción que todavía, al escribirla, me emociona y conturba: “ANTONI BENAIGES NOGUÉS, MAESTRO DE NUESTRA ESCUELA.  Nos dejó ser niños, antes de ser hombres, nos enseñó el valor de la palabra, nos prometió el mar”.

Como una premonición de la censura que viene y que ya está presente en las ciudades y pueblos gobernados por la derecha y su más allá en este país, la ultraderecha intolerante por principio, esta historia real llevada a una producción teatral dirigida por Xavier Bobés y Alberto Conejero, El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, fue vetada durante el verano pasado por el alcalde de Briviesca (Burgos) del Partido Popular, recién formado el nuevo gobierno de la localidad, aludiendo a razones “económicas y técnicas”, cuando con el consistorio anterior todo habían sido facilidades para su representación. 

Para que no se olvide la maravillosa obra didáctica de Antoni Benaiges Nogués, ni siquiera un momento, hay que decirlo alto, claro y fuerte: estamos avisados.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

 

Con gratitud plena, los cumpledías de Mario Benedetti están presentes hoy en mi vida, como siempre

mario-benedetti
Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1929 – Montevideo, Uruguay, 2009)

Dedicado especialmente a todas las personas que hoy se acordarán de mí por mi cumpledías. También, a los que me acompañan sin descanso alguno, día a día y de una forma u otra, en este largo y complejo desfiladero vital.

A todos y a todas, les entrego hoy estas palabras de agradecimiento, un regalo con estela y profunda gratitud (1).

Sevilla, 7/VI/2026 – 08:14 h CET (UTC+2) / Actualizando la hoja suelta original de 7 de junio de 2021

Mi infancia son recuerdos de mi nacimiento, tal día como hoy, hace setenta y nueve años, en una calle de Sevilla, Jesús del Gran Poder, en un edificio cargado de historia (todavía en pie), porque se construyó en el siglo XIX sobre el solar que quedó al derribarse, después de la desamortización de Mendizábal, el Colegio de la Purísima Concepción regentado por los Jesuitas y que hacía esquina con la calle Becas, edificio en el que se alojaba también un cine de verano con nombre programático: Ideal.

Tengo solo vagos recuerdos de aquellos primeros años, antes de viajar a Madrid como niño del Sur, para quedarme allí durante bastante tiempo y sin volver más a esta tierra que me vio nacer. Así empezaban unos apuntes de la autobiografía que comencé a escribir en 2014, Cinema Ideal, que abandoné unos meses después porque sentí el vértigo del rabino jasidista, Bunam de Przysucha, que intuyó la dificultad de escribir algo sobre el hombre, que fuera convincente y tuviera fronteras: al calibrar la «locura» de su empresa dijo: «Pensaba escribir un libro cuyo título seria «Adán», que habría de tratar del hombre entero. Pero luego reflexioné y decidí no escribirlo». Calibré mi locura y decidí no escribirla.

Hago esta reflexión hoy porque el título que escribí en aquellos días era, en el fondo, un homenaje a una película que me ha marcado para siempre: Cinema Paradiso. Mi vida ha sido también una película sin fin, de muchos géneros en uno solo: vivir apasionadamente. Me sentí reflejado en la misma de principio a fin, por el amor al cine, porque siendo muy niño hacía mis propias películas con dibujos animados, impregnándolos en aceite que, una vez secos, los unía y pasaba por rodillos laterales de un escenario, también hecho a mano, para imprimirles movimiento a demanda. Más o menos, observando aquel descubrimiento mágico con la cara de Totó, mi querido protagonista de la película de verdad, que sigue presente en la imagen de la portada de este cuaderno digital. También, porque seguí siempre el consejo de su gran amigo Alfredo cuando decía a ese niño que amaba tanto el cine, mi alter ego, que debía salir de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente Jose Saramago en su cuento “La isla desconocida”. En aquella escena memorable de la estación, Alfredo, ya ciego por el incendio del cine, le dice en un susurro inolvidable a Totó: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo: hagas lo que hagas, ámalo.

En este contexto de visita al alma de secreto, repasando en mi matusalénica edad lo que he hecho, amándolo, reinterpreto de nuevo el poema Como siempre, de Mario Benedetti, el día que cumplo veintiocho mil ochocientos treinta y cinco días, aplicando sus palabras en primera persona, porque así lo he leído siempre en lo más íntimo de mi propia intimidad. Es verdad, porque esta matusalénica edad no se me nota cuando en el instante en que vencen los crueles entro a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. He alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que mi manantial mane amor sin miseria.

Soy consciente de que los que me desean hoy un feliz cumpleaños es a veces injusto, porque he tenido la suerte de disfrutar de felices cumpledías, no olvidando tampoco que aunque nada me ha sido fácil en mi vida, eso mismo me ayuda hoy a afirmar mi bienaventuranza diaria.

Para mí no es novedad que mucha gente de este mundo me aprecie, pero sé distinguir muy bien quien me quiere de veras, aunque mi corazón sabe quién me quiere un poquito más que el mundo.

Son palabras que regalo a los que me felicitan por mi cumpledías diario, sintiéndome alguien especial el día que cumplo novecientos cuarenta y ocho meses, otra versión de cumpledías acumulados, entrando a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias y desarbolando los nudosos rencores.

Como siempre

Aunque hoy cumplas
trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda y estés linda
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

Gracias por haber llegado hasta aquí en la lectura de estas palabras, que aún me quedan, tal y como aprendí de Blas de Otero. Para mí, el mejor regalo hacia ti, lector o lectora, como símbolo de mi gratitud plena.

(1) Cobeña Fernández, José Antonio (1987). La estela del regalo, en Teatro de barrio. Huelva, pág. 99.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La política elige al que la ama

Ettore Scola (1931-2016)

Sevilla, 15/V/2026 – 12:14 h (CET+2)

El hombre es un animal político, en palabras de Aristóteles, aserto que no aceptan los que proclaman a los cuatro vientos que no son políticos, especie en expansión desgraciadamente. Pero es verdad que las personas somos animales políticos, para actualizar el lenguaje filosófico al de género. Si esto es así, que lo es, representa la vida en todas y cada una de sus manifestaciones. Si esto es así, que de nuevo repito que lo es, podemos deducir que la vida política también elige al que la ama.

El fondo y forma de esta frase tan maravillosa, la vida elige a quien la ama, es la que pronunció de forma callada la Mamma ante una pregunta que le hace su hijo Antonio (Marcello Mastroianni), el protagonista de Maccheroni junto a Robert (Jack Lemmon), sobre el futuro de su amigo, en una película excelente de Ettore Scola, director fallecido en 2016, que se comprometió precisamente con la vida neorrealista, no solo italiana, tal y como es y sin aderezo alguno.

Así lo contaba el director español Fernando León de Aranoa, en un artículo publicado en el diario El País el 22 de enero de 2016, en memoria de este director italiano: “Su hijo [Antonio], con una manguera en la mano que mueve arriba y abajo empapándolo todo, y conjurando así de paso cualquier atisbo de solemnidad, traduce: “La muerte en sí no existe. ¿Acaso borra lo que un hombre ha hecho en vida? ¿Borra sus méritos, su legado? No. Así que… Muerte, ¿qué eres? No eres nada. Te gustaría ser tan importante como la Vida. Pero la Vida dura una vida, amiga mía. Y tú, Muerte, solo duras un instante, el instante en el que llegas”.

He pensado por un momento que la política también elige al que la ama, cuando la decencia es ideología estructural de la persona en su vertiente aristotélica en estado puro. En estos días, los líderes políticos de esta Comunidad, que tienen la responsabilidad (conocimiento de la situación más libertad de decidir) de alcanzar la Presidencia del Gobierno el próximo 17 de mayo, deberían pensar que la política solo elige al que la ama y no se aprovecha de ella. Eso es lo que esperamos cariacontecidos las personas de buena fe política que hemos crecido con conciencia de clase más que con sentimiento de ella. La conciencia permanece, pero el sentimiento suele morir porque es pasajero.

Antonio lo tenía claro: si la vida elige al que la ama, la muerte no existe, es decir, si la política elige al que la ama, el fracaso político en sí mismo no existe. ¿Acaso borra lo que un hombre político puede hacer en vida, durante una legislatura? ¿Borra sus méritos, su legado, su trabajo bien hecho, que siempre merece la atención de los otros, como nos recordaba admirablemente Luis Cernuda cuando se dirigía con estas palabras a sus paisanos sevillanos? No. Así que… Fracaso político, ¿qué eres? No eres nada. Te gustaría ser tan importante como la Política o Vida de conciencia de clase. Pero la auténtica Política dura una Vida, amiga mía. Y tú, Muerte/Fracaso Político, solo duras un instante, el instante en el que llegas.

Es curioso, pero fue la muerte paradójica de Ettore Scola la que me entregó en su día estas palabras, que rescato hoy para seguir comprendiendo que quien ama la vida comprende por qué un día nacimos y fuimos lanzados al mundo, probablemente solos, para ser personas con vida política, la que nos enseñó Aristóteles, para amarla apasionadamente. Y exigirla en ocasiones especiales, como las que estamos viviendo en nuestro Comunidad ante las elecciones al Parlamento de Andalucía, en concreto a quienes tienen y tendrán la responsabilidad de ejercerla dignamente. Porque la política solo elige a quien la ama como la propia vida.

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Elecciones al Parlamento de Andalucía 2026 / 14. Otra Andalucía es posible. Ha llegado la hora

Sevilla, 13/IV/2026 – 07:26 h CET (UTC+2)

Tengo grabadas en mi persona de secreto las escenas del reloj en El último tren de Gun Hill o de Solo ante el peligro. Son momentos estelares que han marcado la historia del cine, que podemos traer a nuestra realidad presente, salvando lo que haya que salvar, acosados por un clima preocupante cuando se conoce con datos la información diaria sobre esta Comunidad, por ejemplo en relación con los problemas de pobreza severa y exclusión social o las insufribles listas de espera en la sanidad pública que afectan a más de un millón de andaluces y andaluzas, por mucho que el gobierno actual tape esta realidad y se olvide de ella.

Las escenas citadas de películas inolvidables muestran que siempre llegan las horas límites. Matt Morgan (Kirk Douglas) esperó seis horas interminables para levantarse ante el silencio cómplice de un pueblo, Gun Hill. En el segundo recuerdo cinematográfico, todo se centra en la llegada del tren de mediodía, donde Will Kane (Gary Cooper) se encuentra en la soledad más absoluta para enfrentarse a cuatro pistoleros, ante un nuevo silencio cómplice de otro pueblo, Hadleyville. Tramas parecidas, realidades compartidas, soledad pareja, compromisos personales, pero siempre una actitud digna de admiración ante silencios y miedos cómplices. 

Siguiendo en clave cinematográfica, cualquier parecido con la realidad de decir ¡hasta aquí hemos llegado!, en Andalucía, con un reloj histórico actual e implacable por medio, no es pura coincidencia. Es una metáfora sobre la necesidad urgente de levantarnos como andaluces, haciendo caso de la letra del himno de la Comunidad, porque ha llegado la hora de hacerlo, dado que la cuenta atrás temporal actual exige tensión y acción respecto de una respuesta activa. Sobran las otras escenas, que no me interesan, porque solo me quedo con las de la tensión y espera activa ante el reloj existencial en beneficio del interés general.

No existen bálsamos de Fierabrás, ni recetas escritas para abordar fácilmente esta situación, pero creo que el trabajo celular de construcción y regeneración ética de cada ciudadano por sí mismo u organizado en tejidos sociales de carácter público y privado, es una respuesta imprescindible. Y votar, porque recuerdo que ha llegado la hora de levantarse y ponerse a trabajar por una Andalucía diferente, limpia sobre todo de corrupción en cualquier grado que se dé y volcada en dar o devolver trabajo a quien no lo tiene, empezando por los más necesitados, así como tomar decisiones para solucionar los problemas estructurales descritos anteriormente y que sufre esta Comunidad en estos momentos.

Ahora se abre una etapa muy importante para Andalucía, con las próximas elecciones al Parlamento el 17 de mayo. La cuenta atrás para trabajar sin descanso por y para Andalucía ya ha comenzado, es decir, ha llegado la hora de participar y decidir por nosotros mismos y junto a los representantes políticos elegidos democráticamente en las urnas, mientras no cambiemos las reglas de juego democrático. 

No estamos solos ante el peligro del desencanto y la desafección política en Andalucía. Somos miles de personas las que pensamos que otra Andalucía es posible. Ha llegado la hora de lograrlo mediante nuestro voto el próximo 17 de mayo.

Himno de Andalucía

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Elecciones al Parlamento de Andalucía 2026 / 13. La gracia, en política, aporta la gran belleza de la duda

Paolo Sorrentino, La grazia (2025), 82º Festival de Venecia

Sevilla, 12/IV/2026 – 08:10 h CET (UTC+2)

He visto recientemente una gran película con texto y contexto político, La gracia. La belleza de la duda, respetando el título original. Otra vez el cine cumpliendo, afortunadamente, una función social, didáctica y ejemplarizante, a través de una película italiana, dirigida por Paolo Sorrentino, “un elogio de la política en tiempos de crisis”, como leí en una crítica constructiva en elDiario.es, que abrió el pasado 82º Festival de Venecia.

La sinopsis oficial creo que sólo introduce el verdadero hilo conductor de la película, la política útil y benefactora para la sociedad a la que debe servir: “Mariano De Santis, Presidente (ficiticio) de la República italiana, es un veterano político demócrata, humanista y cristiano, pero de repente comienza a dudar sobre varias importantes decisiones que debe tomar, en especial sobre si aprueba o no una ley de eutanasia, planteándose un gran dilema moral”. Una vez vista y con especial atención a sus frases y diálogos no inocentes, refuerzo mi principio sobre la utilidad y necesidad de la buena política en democracia, a pesar de las dudas profundas que envuelven muchas veces la toma de decisiones de sus dirigentes.

Si comienzo hoy con una visión “cinematográfica” de lo que está pasando y estamos viendo actualmente en este país y en mi Comunidad, en el plano político, la primera reflexión en la proximidad de las elecciones del 17 de mayo, es que casi todo sigue igual, las derechas ultramontanas insultando y echando la culpa de todo lo que ocurre al presidente del Gobierno, en un negacionismo brutal de lo que significa la buena política, junto a una realidad flagrante, la de la izquierda cada vez más desunida, sin tomar conciencia, faltando al respeto de sus votantes, de que próximamente, “puede ser vencida” y con un denominador común: los y las protagonistas de la política indecente son el fiel reflejo de una máxima latina que aprendí en mis años jóvenes universitarios: gratia non datur, natura dispensatur o lo que es mismo en roman paladino (que decía Berceo), la gracia no presupone lo que la naturaleza no da, es decir, antes que ser buen político o buena política, por decreto, hay que ser buena persona, para entendernos todos, porque la gracia no es un bien infuso. Gracia entendida en este caso tal y como se asume por la iglesia católica: favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de salvación. O lo que es lo mismo, otra vez: cualidad de buena persona y digna que determinados políticos y políticas creen que la naturaleza les ha concedido desde su nacimiento, por la gracia divina, sin mezcla alguna de educación política y digna, en su sentido más extenso.

Vivimos en el reino de la mediocridad y a esta corriente se apuntan los y las políticas que no acaban de entender su verdadera función, no asumiendo el gran principio latino expuesto anteriormente: la gracia no presupone lo que la naturaleza de cada uno, de cada una, no le ha dado a lo largo de la vida, entendida esta “naturaleza” como educación política integral e integrada, para empezar, como simples ciudadanos de a pie. Como decía Jorge Wagensberg (Aforismos), “lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud. Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir”. Un político o una política, mediocres, malas personas, porque la gracia no presupone en ellos lo que la naturaleza no les ha dado, pueden hacer sufrir mucho a este país, a esta Comunidad, a la democracia en general. Seguimos estando avisados.

Recuerdo de nuevo al excelente escritor Manuel Rivas, ya citado en esta serie, cuando en el periodo preelectoral de 2019 decía: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”. Efectivamente, que determinados políticos y políticas no hagan daño, porque su desvergüenza no la puede suplir la gracia divina, tan creyentes ellos.

Mientras que la nave política va… (Fellini, dixit) en nuestro país, en nuestra Comunidad, gracias, grazie tante Sorrentino, por enseñarnos que otro mundo político es posible, teniendo en cuenta palabras muy bellas de tu extraordinaria película: Dios hace las preguntas, pero no da las respuestas, la gracia es la belleza de la duda, todo se reduce a una pregunta: ¿de quién son nuestros días?, “le preocupa demasiado la verdad”, dirigiéndose el Papa negro a su amigo, el presidente De Santis, recomendándole vivir el presente porque el pasado es historia y el futuro es incertidumbre o una reflexión sobre la incoherencia ética: no es fácil estar a la altura de nuestros principios. Es verdad, porque la gracia es la gran belleza de la duda. En política, también.

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Cuando nos faltan las pequeñas y simples cosas

Amaia Romero interpreta ‘Las simples cosas’, en Amarga Navidad

Sevilla, 4/IV/2026 – 14:18 h CET (UTC+2)

Anoche salí sobrecogido y pensativo de mi cinema paradiso habitual, al finalizar la proyección de la última película de Pedro Almodóvar, Amarga Navidad, en la que el director manchego vuelve a profundizar en asuntos personales de hondo calado existencial. Me gustó mucho y sentí el dolor que encerraba el hilo conductor de su guion, cantado por la voz cálida de Amaia Romero, versionando con su gusto habitual un clásico de Chavela Vargas, Las simples cosas:

Uno se despide
Insensiblemente
De pequeñas cosas
Lo mismo que un árbol
En tiempo de otoño
Se queda sin hojas

Al fin, la tristeza es la muerte lenta
De las simples cosas
Esas cosas simples
Que quedan doliendo
En el corazón

Uno vuelve siempre a los viejos sitios
Donde amó la vida
Y entonces comprende cómo están ausentes
Las cosas queridas

Por eso, muchacha, no partas ahora
Soñando el regreso
Que el amor es simple
Y a las cosas simples las devora el tiempo

Uno vuelve siempre
A los viejos sitios
Donde amó la vida

Como dice la canción, uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida. He abierto este cuaderno digital por el año 2017, porque recuerdo un post que escribí en memoria del “cantor” Daniel Viglietti, Cuando nos faltan las pequeñas cosas, como homenaje a las “pequeñas cosas, aparentemente simples, que amamos a lo largo de la vida”, cantadas admirablemente por Joan Manuel Serrat.

Conocí a Daniel Viglietti en 1969, un referente de mi universo musical, a través de Víctor Jara, por la letra de una canción, A desalambrar, que resuena muchas veces en mi cerebro de secreto, recordando con cierta nostalgia cómo enseñaba a mis alumnos y alumnas, a descifrar su letra en tiempos de la dictadura franquista: 

Yo pregunto a los presentes
si no se han puesto a pensar
que esta tierra es de nosotros
y no del que tenga más.Yo pregunto si en la tierra
nunca habrá pensado usted
que si las manos son nuestras
es nuestro lo que nos den.¡A desalambrar, a desalambrar!
que la tierra es nuestra,
tuya y de aquel,
de Pedro, María, de Juan y José.Si molesto con mi canto
a alguien que ande por ahí
le aseguro que es un gringo
o un dueño del Uruguay.

He vuelto a escuchar ese dúo fantástico y ejemplar, Viglietti-Serrat, cantando Aquellas pequeñas cosas, las simples ahora de Chavela Vargas, Amaia Romero y las de Pedro Almodóvar, porque en Amarga Navidad muestra su desnudez vital extrema en cada plano con excelente color, nunca inocente.

Resuenan hoy en mi interior, ambas canciones, volviéndome a reencontrar con Joan Manuel Serrat y sus palabras sobre el hombre nuevo, el canto nuevo, el mundo nuevo, la sociedad nueva, la política nueva, gracias a lo que dibujó con palabras Daniel Viglietti y que Serrat cantó junto a él con su compromiso habitual. Son pequeñas cosas que me enseñó también Serrat, en momentos transcendentales para desalambrar este país, que era conveniente valorarlas en su justo sentido: Uno se cree / Que las mató / El tiempo y la ausencia. / Pero su tren / Vendió boleto / De ida y vuelta. Palabras cantadas también por Viglietti, que tanto agradezco hoy recordando su ausencia en momentos especiales de este país, para desalambrarlo del neofascismo que nos rodea, aunque ahora esta realidad y lo que está pasando y estamos viendo a diario, no nos permitan disfrutar de las pequeñas cosasQue nos dejó un tiempo de rosas / En un rincón, / En un papel / O en un cajón.

Y en este rincón de pensar y meditar sobre las cosas pequeñas y simples, que / el viento arrastra allá o aquí / que te sonríen tristes y / nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve, confieso que a veces me quedo llorando —como finaliza la cancióncuando haciendo un alto en el complejo camino de la vida, nadie me ve

Es la razón y no otra de por qué vuelvo siempre a los viejos sitios donde amé la vida.

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