Acoger al ruiseñor siberiano, una metáfora sobre los prejuicios humanos

Sevilla, 22/I/20223

Podría pasar la noticia sin pena ni gloria, pero me ha sorprendido conocer que el ruiseñor siberiano, concretamente el coliazul, ha sido localizado en España, concretamente en dos lugares, Huesca y Albacete, siendo una rareza ornitológica, porque la elección de esta ruta migratoria para su invernación es una gran sorpresa para los investigadores. La noticia en sí me ha llevado de la mente a una metáfora recurrente cada vez que me aproximo a este pequeño pájaro, que demuestra ahora, de forma sorprendente, su capacidad de vuelo en grandes distancias para alejarse del frío siberiano y buscar calor en nuestro país, a pesar de su fragilidad, a modo de una metáfora propiciatoria sobre el comportamiento humano, sobre los prejuicios, sobre la migración mal entendida.

Hace tan sólo un año, me aproximé también a un acontecimiento ligado al mundo de los ruiseñores a través de un artículo, No matar a los ruiseñores (ni a los gorriones), que he vuelto a leer atentamente. Se trataba de una noticia que había saltado a todos los medios de comunicación, porque Matar a un ruiseñor había sido elegido, por parte de los lectores y críticos de The New York Times, el mejor libro escrito de los últimos 125 años. La novela de la escritora americana Harper Lee resultó elegida entre 125 libros de todos los géneros, con motivo del aniversario del suplemento Book Review del citado periódico. Una vez más, esta novela mostró que a pesar del paso de los años desde su publicación en 1960, no había perdido interés por su contenido plagado de matices éticos, sociales y humanos. Lo demuestra el hecho de que en esta convocatoria se habían propuesto hasta 125 libros de todo tipo de géneros, ensayos, biografías o novelas, participando 67 países y más de 50 estados (América). La obra obtuvo el Premio Pulitzer en el año siguiente de su publicación. Como anécdota interesante en su forma, que no en el fondo de la novela, es que la traducción del título de la obra “Matar a un ruiseñor” (To Kill a Mockingbird) no es correcta, porque el pájaro que trata en ella es concretamente un cenzontle común o sinsonte, un ave nativa de América del Norte, América Central y el Caribe, pero no un ruiseñor. Ambas aves cantan especialmente bien, son de tamaño parecido aunque de costumbres diferentes y quizás sea el canto en ambas una de sus señas de identidad y proximidad cantora más reconocible.

El argumento de la novela es de sobra conocido y en el artículo citado lo desarrollé brevemente para quien lo quiera consultar. El momento mágico de la comparación con esta pequeña ave, es cuando la niña, Scout, le dice a su padre que exponer a Boo Radley, su salvador en un momento comprometido del argumento, al escrutinio público de un juicio le causaría gran perjuicio, algo que «sería como matar un ruiseñor», haciendo referencia a un consejo dado por el mismo Atticus [su padre] en el que decía que matar ruiseñores, que solo cantan y no hacen daño, es un acto malvado” (1).

Al saber que este pequeño pájaro coliazul está invernando con nosotros, vuelvo a pensar que cualquier parecido con la realidad actual social en muchas de sus manifestaciones no es pura coincidencia. La trazabilidad ética de Matar a un ruiseñor sigue manteniendo su interés en relación con posturas actuales frente a los juicios precipitados que hacemos a diario, matando a ruiseñores a diestro y siniestro. Comprendo perfectamente que Matar a un ruiseñor siga siendo elegida como una obra extraordinaria. La película que se hizo sobre su fondo argumental tampoco la olvido. Tampoco la escena en que Atticus (Gregory Peck) explica a su hijo Jem a Scout y un amigo, Walter, que no se deben matar a los ruiseñores porque “no hacen otra cosa que cantar para regalarnos el oído, no picotean en los sembrados, no entran en los graneros para comerse el trigo, no hacen más que cantar con todas sus fuerzas para alegrarnos”. El que quiera entender que entienda, aunque yo lo comprendí muy bien el día que conocí a Pardal, un niño-gorrión, pequeño como el ruiseñor, que estaba asombrado con su profesor republicano porque un día le dijo que podría ver la lengua de las mariposas con el microscopio que esperaban con ardiente impaciencia de los de la Instrucción Pública, con la voz inconfundible de Fernando Fernán Gómez en el papel de su maestro, Don Gregorio: “[…] una trompeta enroscada como un muelle de reloj. Si hay una flor que la atrae, la desenrolla y la mete en el cáliz para chupar. Cuando lleváis el dedo humedecido a un tarro de azúcar, ¿a que sentís ya el dulce en la boca como si la yema fuese la punta de la lengua? Pues así es la lengua de la mariposa” (2). Y aquel niño, como un gorrión, tuvo siempre envidia de las mariposas: “Qué maravilla. Ir por el mundo volando con esos trajes de fiesta…”. Así, ensimismado con la vida, hasta que un día el maestro, Don Gregorio, desaparece en una cordada de presos durante la guerra civil española, a los que incluso él insulta y tira piedras por el sinsentido de la vida, por tanto silencio cómplice que nos asola ¡Qué paradoja tan cercana!

Ejemplar de ruiseñor coliazul fotografiado el 29 de diciembre de 2022, en Sasa del Abadiado (Huesca)

Hoy comprendo mejor que nunca que no hay que matar a los ruiseñores, ni a los gorriones, porque es una maravilla de la naturaleza saber que uno de su especie, el coliazul, ha hecho un largo viaje hasta nuestro país para buscar protección del frío y del duro invierno siberiano. Es una metáfora migratoria que llevada al género humano se convierte en toda una lección. Un detalle curioso es que sé que se llevan bien con las mariposas, esas que vuelan por el mundo con traje de fiesta. Me retiro ahora, una vez más, a mi rincón de pensar y escucho la canción de Joan Manuel Serrat, Como un gorrión, que tanto me aportó en mi vida joven, porque soy consciente, todavía hoy, lo que significaba aquello que cantaba para quien lo quisiera escuchar: “nació libre como el viento, / no tiene amo ni patrón / y se mueve por instinto / como un gorrión”, como el coliazul siberiano, por ejemplo. Con el estribillo de la vida que cada uno pone a su verdad verdadera. Por ejemplo, la de Papageno, el protagonista de “La flauta mágica” de Mozart, encantador de pájaros, sin ir más lejos o… sí, para tutearnos con las nubes mientras lo permita el cambio climático. Como un ruiseñor, como un coliazul o como un gorrión.

Canto del ruiseñor

(1) Matar un ruiseñor – Wikipedia, la enciclopedia libre

(2) Rivas, Manuel, La lengua de las mariposas, en ¿Qué me quieres, amor?, 1999. Madrid: Alfaguara.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Noticias verdaderas de 2022, en la televisión pública

El actor Luis Tosar ha puesto voz a 2022 en el resumen de Telediario

Al comenzar este año, deseo expresar mi reconocimiento y agradecimiento expreso a la radiotelevisión pública de este país, que me viene acompañando a lo largo de mi vida y, concretamente, a Carlos del Amor, un digno representante suyo, guionista y director del resumen del Telediario 2022, a quien tanto respeto y aprecio. Frente a las fake news (noticias falsas) que nos asolan y minan la democracia, es un magnífico resumen de noticias verdaderas de una televisión pública al servicio de la ciudadanía.

Sevilla, 4/I/2023

José Sacristán puso voz a 2019, José Coronado a 2020 y Blanca Portillo a 2021. En esta ocasión ha sido de nuevo un actor, Luis Tosar, quien ha representado al año 2022, con un guion escrito para este nuevo “informe anual”, denominado “resumen de Telediario de RTVE” y dirigido al mismo tiempo por mi admirado Jefe Adjunto del Área de Cultura del Telediario de TVE, Carlos del Amor, sólo con “noticias verdaderas” e iniciando el documental con una metáfora que recomiendo ver en su contexto y pensar en ella: “la Paz se ha jubilado”, así como dos hechos reales en un encuentro ficcionado, el de Francisco, un paciente atendido en ese año por el Hospital Carlos Haya [del Sistema sanitario Público de Andalucía], en Málaga, al que por un grave accidente de automóvil salvaron la vida en una operación extraordinaria de corazón, y el del actor que cuenta cómo fue su experiencia aquejado de COVID, de la que logró salvar su vida, con un canto a la sanidad pública: “gracias a la sanidad pública, que es un tesoro que tenemos en este país, que hay que cuidarlo, que hay que cuidarlo…”.

Creo que unas frases de Luis Tosar/2022, delante del Guernica de Picasso (Museo Reina Sofía, Madrid), elegido como fondo no inocente de este documento televisivo, resumen perfectamente su hilo conductor: “Ponerse delante del Guernica es comprender que hay cosas que no cambian. Errores que se repiten, lágrimas que no dejan de derramarse. La guerra. La guerra. Maldita palabra con la que pasaré a la posteridad. Seré siempre el año de la guerra. Después de una pandemia, una guerra. El hombre sigue matando en nombre de no sé qué. De más poder, de más territorio… De más, siempre más”, nos dejó como mensaje inolvidable este año tan complejo y dramático para todo el mundo, desde que en una fecha fatídica, 24 de febrero de 2022, comenzó la invasión de Ucrania. Sonaron sus palabras de forma especial con ese fondo sobrecogedor del Guernica y todavía resuenan en mi persona de secreto: “Empezaron a caer bombas como las que cayeron en Guernica y a las puertas de Europa asististeis a una danza de dolor”, con la bailaora María Pagés acompañando sus palabras con una danza de expresión plena del dolor humano, Escuchando al Guernica, porque aunque todo cambia “nunca cambian las caras de quien sufre”. Hubo una mención especial al bombardeo del Teatro Dramático en Mariúpol, el 16 de marzo, del que hice una referencia especial en este cuaderno digital, en un artículo en el que recogí un dato escalofriante porque murieron más de trescientas personas, a pesar de que ya se había advertido que albergaba únicamente población civil, mujeres, ancianos y en su mayoría niños, hecho que se había divulgado pintando en grandes letras de color blanco la palabra “niños”, en ruso (дети), en la explanada delantera del edificio para que se pudiera identificar bien en el caso de un bombardeo programado sobre la ciudad. A Rusia le daba y le sigue dando igual todo. Por ejemplo, la navidad es una palabra vacía allí, en Ucrania.

Hubo una mención especial a la violencia machista, al drama de las muertes de mujeres, esposas y madres, por el mero hecho de serlo y dejar de ser ante determinados hombres su propiedad privada, con un lamento vivo por una realidad objetiva, porque “En España, más de 40 mujeres han muerto a manos de monstruos”, “Mujeres con nombre y con historia. Desde María del Carmen, de 71 años, a Claudia, con 17. El horror de todos los años, ante el que hay que seguir gritando”. Luis Tosar o el año 2022, tanto monta monta tanto, hizo muchas preguntas bajo una única introducción: ¿Cómo es posible…?, desgranando cuestiones muy espinosas para la conciencia humana: el talibanismo actual,  la represión en Irán, el atentado contra Salman Rushdie, los miles de obreros muertos en las obras del Mundial de Qatar o el silencio cómplice ante los 23 fallecidos en el intento de saltar la valle de Melilla.

Luis Tosar o 2022, recordó algo muy importante: en este año ha nacido Damián en la República Dominicana que hacía el habitante ocho mil millones del planeta, algo verdaderamente asombroso que plantea retos muy importantes ante el crecimiento de la malla humana en el mundo, como por ejemplo el maltrato a la Naturaleza, tan sabia ella: menos agua, más calor, incendios letales, menos árboles, menos especies animales, más soledad en definitiva aunque sea paradójico. El resumen de noticias verdaderas frente al imperio de las falsas, algo que ennoblece a la televisión pública, también puso el foco en el año político horribilis que se ha vivido en el Congreso de los Diputados y en el Senado. “El tono siguió siendo bronco en ocasiones, irrespetuoso. Vergonzoso me atrevería a decir, en el lugar en el que se deberían encontrar respuestas”, comentó Tosar antes de dar paso a algunas de las frases más polémicas que se escucharon en las cámaras baja y alta durante 2022.

Luis Tosar dijo que le había tocado representar “un año con cara de malo”, aunque también incorporó a su mensaje muchas cosas buenas que han ocurrido y que se han hecho bien en el país: el descubrimiento por parte de científicos españolas de las células malignas que se desprenden del cáncer y la sincronización de un grupo de médicos para salvar a un niño de dos años. Nos dijo también que en su año se vendieron un 25% más de libros que en 2021: “Se lee más. Eso es una muy buena noticia, porque la sinrazón se puede curar leyendo. Bien que le hace falta a muchos y a muchas que tienen en la cultura de los creadores un enemigo”, iniciando un recorrido fúnebre por las personas que fallecieron a lo largo del año y que representaban muy bien el mundo del deporte, la cultura y la sociedad en general. También tuvo palabras precisas y emocionantes sobre la retirada de Joan Manuel Serrat, porque nos enseñó la importancia de “las pequeñas cosas” y de un himno que sigue sonando en la memoria histórica de nuestro país: Mediterráneo. Igualmente, recordó la ausencia sentida de Pablo Milanés o la de Jesús Quintero, porque según leímos, el silencio lloró a su dueño”.

Nos indicó Luis Tosar/2022 algo de mucha entidad: el tiempo, que no nos sobra en la actualidad, ayuda a distinguir lo importante de lo trascendente. Se despidió con un mensaje esperanzador: “Yo me voy, pero empieza un nuevo año en el que todo volverá a estar por hacer. Será un año que empieza en guerra, pero ojalá, y este es mi último deseo, sea paz la palabra que lo termine definiendo”. Nos invitó a recordar una palabras del poeta José Hierro, de su soneto “Vida”: Después de todo, todo ha sido nada, / a pesar de que un día lo fue todo. / Después de nada, o después de todo / supe que todo no era más que nada. En unos de los escenarios escogidos del Museo Reina Sofía, uno de sus vetustos pasillos, el año 2022, en la persona de Luis Tosar, nos invitó a escuchar el Nocturno número 20 de Frédéric Chopin, interpretado por la pianista ucraniana Sonya Zholobova, que tuvo que salir de Ucrania en el mes de febrero de 2022, refugiándose en el mundo más libre, recordando algo que me sobrecogió porque esta obra inolvidable de Chopin fue la que tocó Wladyslaw Szpilman, superviviente del Holocausto, en la última transmisión en directo de la radio polaca en septiembre de 1939.

Me he retirado a mi clínica del alma, mi biblioteca, para leer de forma pausada y en silencio el soneto de José Hierro, Vida, citado por Luis Tosar sólo en su primera estrofa. Lo he leído completo y es verdad que todo no es más que nada en nuestro loco mundo, para sentir la vida digna:

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito ¡Todo!, y el eco dice ¡Nada!
Grito ¡Nada!, y el eco dice ¡Todo!
Ahora sé que la nada lo era todo.
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

«Milana bonita», dos palabras preciosas de un santo inocente (II)

Sevilla, 28/XII/2022

No es la primera vez que recuerdo estas palabras en el día de los Santos Inocentes, como lo expresaba hace un año tal día como hoy. En aquella ocasión, porque falleció en 2021 Mario Camus, director de una película de culto en el cine español, Los santos inocentes (1984), que no olvido en su fondo y forma, según la obra homónima de Miguel Delibes. De nuevo, me fijé también en un instrumento que formaba parte de la banda sonora de la película, el rabel, que quizás pasó desapercibido en su proyección cinematográfica, pero que simboliza como metáfora viva el mensaje cultural que aún queda en la España olvidada y vacía, en una región que he tenido la oportunidad este verano de conocerla mejor y así lo desarrollé en una serie dedicada especialmente a una tierra extraordinaria por su memoria histórica, Leyendo a Cantabria, interpretando de la mejor forma posible sus creencias y valores. 

«Milana bonita» ha dicho mucho a través de un santo inocente. El que quiera entender…, que entienda, en una novela y una película que, como pasa con las ideologías, nunca fueron inocentes.

Milana bonita, dos palabras para recordar a Mario Camus

Sevilla, 19/XI/2021

Ayer voló a su cielo particular Mario Camus, junto a su inseparable milana bonita, recordándonos que nos entregó un día ya lejano un regalo cinematográfico, Los santos inocentes, en el que él sabía lo que nos daba pero no lo que en verdad recibíamos, un fragmento de nuestra memoria histórica con el tiempo dentro. Aprendí a conocer nuestro triste pasado como país gracias a Miguel Delibes y a su versión llevada al cine de la mano magistral de Mario Camus.

En el día de los santos inocentes de 2019, escribí unas palabras de homenaje a este gran director, El rabel de los santos inocentes, resaltando también un instrumento ancestral cántabro, el rabel, porque ponía música a una historia conmovedora, con la sencillez de un alma inocente y bendita como la de su intérprete, Pedro Madrid, que nunca tuvo tiempo para ver la película porque la vida le exigía estar siempre presente en sus tareas cotidianas. Hoy, vuelvo a publicar aquellas palabras, porque creo que encierran en sí mismas el mejor homenaje póstumo que puedo ofrecer a Mario Camus. No está solo, porque cerca, muy cerca, le espera impaciente Azarías, junto a su querida milana bonita.

Muchas personas recordamos la película Los santos inocentes, dirigida por Mario Camus, basada en una obra homónima de Luis Delibes, a través de una frase icónica, ¡Milana bonita!, pronunciada de forma repetida con la voz profunda e inconfundible de Paco Rabal en su papel de Azarías. Lo que no recordará casi nadie es que la banda sonora de la película está interpretada por Pedro Madrid, un rabelista de Cantabria, un músico inocente de extracción rural, que no vio la película porque estaba dedicado en cuerpo y alma a su tierra, Polaciones, y a su parentela, nada más, muy lejos del bullicio mundano.

El rabel es un instrumento de cuerda frotada, tres cuerdas concretamente, que Pedro tocaba con destreza: “Éste -y muestra el que tiene en esos momentos en sus manos- está hecho de madera de tejo. Es un árbol milenario cargado de leyendas, pero es muy difícil encontrarlo. También los hago de serval, que es un árbol sagrado de los antiguos celtas” (1). Tiene raíces árabes, el rabáb, según el diccionario de la RAE: instrumento musical pastoril, pequeño, de hechura como la del laúd y compuesto de tres cuerdas solas, que se tocan con arco y tienen un sonido muy agudo. Desde 1505 tenemos registrada la existencia de este instrumento en el diccionario de Fray Pedro de Alcalá, matizada posteriormente en el de Autoridades, en 1737: “instrumento músico pastoril, de hechura como la del laúd”.

La aportación de Pedro Madrid a la película es un símbolo del argumento de la misma, porque desprende sabiduría rural a manos llenas, es decir, la exposición desnuda de las relaciones amo-sirviente durante la posguerra en España, donde el desprecio al que menos tiene y, además, te sirve, era una seña de identidad de la burguesía cortijera de la época. Delibes escribió una denuncia social descarnada, continua, en formato de novela, con una trama en la que los santos inocentes son aquellas personas que viven con dignidad el hecho de ser diferentes, singulares, casi sin darse cuenta, casi siempre ignorados por la sociedad.

Hoy, día de los santos inocentes, he recordado la película y un instrumento humilde, el rabel, tocado con destreza por Pedro Madrid, un gran desconocido para la historia de la música en este país. Lo escucho en los títulos de crédito de la película, llevándome en volandas como la grajilla de Azarías. Es solo un homenaje a su colaboración en la historia de la literatura y el cine en este país, en un día del calendario muy especial.

(1) https://elpais.com/diario/1985/09/06/ultima/494805604_850215.html

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Ciudadano Jesús. Otra navidad es posible

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Recuerda el theremín

Lydia Kavina al Theremín: tema principal de la banda sonora de la película Recuerda (Spellbound, Alfred Hitchcock, 1945), compuesta por Miklós Rózsa.

Sevilla, 18/XII/2022

En un programa musical de la televisión pública mostraron recientemente un instrumento bastante desconocido, el theremín, que tiene una larga e interesante historia detrás. ¿Quién es capaz de recordar que el mismo Lenin se quedó sorprendido al escuchar por primera vez, en 1922, hace ya un siglo, este instrumento salido de las manos de un compatriota suyo, Léon Theremin, físico, ingeniero electrónico y violonchelista, que asombró también a Albert Einstein en 1927 y que finalmente se patentó en 1928. Este instrumento no necesita contacto físico directo del intérprete sino sólo aproximación. El instrumento está formado por dos antenas metálicas que detectan la posición relativa de las manos del thereminista para controlar la frecuencia con una mano y la amplitud (volumen) con la otra. Las señales eléctricas del theremín se amplifican y se envían a un altavoz.

Una vez más, fue el cine el que amplificó el sonido especial de este instrumento a través de una película inolvidable, Recuerda (Spellbound, 1945), dirigida por Alfred Hitchcock, interpretada por Ingrid Berman y Gregory Peck en los papeles estelares, con una banda sonora (21 piezas), compuesta por Miklós Rózsa (1907-1995), compositor de música sinfónica y cinematográfica, que obtuvo en 1945 el Óscar a la mejor música de film dramático, en cuya banda sonora respondió a exigencias concretas de la producción comercial americana de la época y a las propias de Hitchcock: “En el caso concreto de “Spellbound”, dos son las indicaciones dadas por Hitchcock y Selznick [productor] que han trascendido: la de componer un gran tema de amor y la de escribir una música rara para ilustrar la dolencia psicológica del protagonista. Rózsa declaró haber comenzado su trabajo en la partitura por la célebre secuencia del sueño, aquella diseñada por otro gran ego, Salvador Dalí, por si fueran pocos los ya reunidos. Concebida la melodía principal que describía los tormentos de culpabilidad y el ambiente onírico apropiado, tan pertinente como pertinazmente caracterizada por el theremín, Rózsa pasó a escribir el tema de amor y tuvo la brillante idea de hacer que entre ambas melodías hubiera una coincidencia de notas más que suficiente para sugerir la inevitable relación causa-efecto de ambos elementos argumentales: Ingrid Bergman se enamora de Gregory Peck porque es un enfermo al que cree que sabrá curar y a su vez la enfermedad de Peck sólo podrá ser superada con grandes dosis de amor”.

Me ha interesado mucho el guion de esta película y cómo la banda sonora de Miklós Rózsa, se catalogó en su momento como revolucionaria “por ser una de las primeras en tratar de hacer visible musicalmente los aspectos psicológicos más abstractos y tormentosos de los personajes. Es cierto que Rózsa acertó plenamente a la hora de expresar con contundencia el poder desestabilizador del sentimiento de culpa mediante el inquietante sonido del theremín y es cierto también que su célebre tema de amor figura entre los más apreciados por el aficionado. Pero no podemos olvidar que la música de cine ya venía apoyando la caracterización de los rasgos psicológicos de los personajes desde su estandarización como herramienta narrativa. Lo que ocurre con “Spellbound” es que es una de las primeras películas en tratar abiertamente el tema del psicoanálisis. Hollywood empezaba a poner de moda los personajes atormentados, una estrategia que trasladaba el sempiterno enfrentamiento entre el Bien y el Mal (el héroe y el villano) al interior de la mente de un mismo personaje. En esto, el cine, como siempre, se dejó llevar por la influencia de otras artes, principalmente la novela y el drama teatral, géneros en los que se llevaba años aplicando esta exploración de los recovecos oscuros del alma humana, con resultados mucho más contundentes”.

El theremín lo he descubierto en una isla desierta, como reflejo de una sociedad atormentada por su propio ruido interno. Recordarlo hoy en este cuaderno digital es una obligación ética para quienes seguimos pensando que la música es compañera en la alegría y medicina cuando te duele el alma (musica laetitiae comes, medicina dolorum), leyenda clásica que figura también en la tapa de mi clave y que no olvido ni siquiera un momento. Nada más. Miklós Rózsa, a pesar de las exigencias del guion histórico de Hollywood, supo llevar a una melodía de amor (el tema principal de Recuerda), la mejor respuesta ante la locura humana de casi todos los días. Hitchcock hizo todo lo demás, que fue mucho.

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Platero y Eo, dos burros que nos muestran el descarnado enigma de la vida

Sevilla, 17/XII/2022

De una forma u otra Platero está muy presente en mi vida. Cuando llega la navidad sé que para este burro mágico era una forma de comprender que era algo que pertenecía sobre todo a los felices, como bien contaba Juan Ramón Jiménez en el capítulo dedicado a la Navidad (CXVI) en esta maravillosa elegía andaluza, cuya lectura casi recuerdo de forma íntegra cuando llegan estos días de forzados recuerdos, donde Platero sigue trotando libremente en mi memoria de hipocampo, agregando años a su vida real en la mente sana de los que apreciamos conocerlo tal y como era, porque no nos importa seguir siendo niños sin Nacimiento, como los de Juan Ramón, Ciento ocho años después de la primera publicación, parcial, de “Platero y yo”, al que siempre quería agregar capítulos el poeta de Moguer, lo traigo a este cuaderno digital porque ese burro de color de plata, pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos, con unos espejos de azabache de sus ojos, que son duros cual dos escarabajos de cristal negro, es y será siempre el gran embajador mundial de ese pueblo precioso, que me entregó su alma secreta durante años. Como conozco bien Moguer, abro ahora el libro y sigo andando de forma imaginaria por la calle de la Ribera, interpretando los sentimientos de Juan Ramón ante la casa que lo vio nacer, cuando invitaba a Platero a que mirara por la cancela la verja de madera, negra por el tiempo…, intentando compartir con él, como solo él sabía hacerlo, una buena noche para ser feliz.

En este contexto apareció ayer por un camino de mi vida, Eo, un burro muy especial, cuya historia contada en una película homónima polaca dirigida por Jerzy Skolimowski, ha merecido el premio del jurado del Festival de Cine de Cannes en su 75ª edición, celebrada el mes de mayo pasado, entre otros importantes reconocimientos y cuya sinopsis oficial no deja lugar a dudas de su interés más allá del espíritu cinematográfico, porque retrata la vida animal tan alejada aparentemente, solo aparentemente, de sentimientos y emociones humanas: “El mundo es un lugar misterioso, sobre todo visto a través de los ojos de un animal. En su camino, EO, un asno gris de ojos melancólicos, se topa con buena gente y otra no tan buena, conoce la alegría y la pena, y la rueda de la fortuna transforma, según el momento, su buena suerte en desastre, y su desdicha en felicidad inesperada. Pero nunca, en ningún momento, perderá la inocencia. Premio del Jurado en el festival de Cannes 2022 y candidata a los Oscar por Polonia, la película participa en Sección Oficial de la Seminci 2022. Ofrece una visión de la Europa moderna a través de los ojos de un burro. Emocionante y poética fabula contra la violencia, el maltrato animal y la ausencia absoluta de toda humanidad. Dirigida y coescrita por el veterano cineasta polaco Jerzy Skolimowski, premiado también en el festival de Cannes por “Trabajo clandestino” y “El grito”, y protagonizada por Isabelle Huppert (“Elle”, “La pianista”), una de actrices más relevantes y respetadas del panorama cinematográfico”.

Estoy convencido de que Platero y Eo son dos buenos compañeros de viaje para los que seguimos pensando que la elegía de Juan Ramón Jiménez es un libro escrito para adultos, sobre todo para los que todavía llevan con orgullo un niño dentro, tal y como lo describía Saramago en ocasiones especiales: «siempre he llevado dentro al niño que fui», al igual que ha pretendido hacerlo Jerzy Skolimowski con su película. Deberíamos leer este cuento con frecuencia para comprender bien que las palabras pueden ayudarnos a entender que otro mundo es posible, tal y como lo expresó Juan Ramón Jiménez tan cerca de Platero, dejándonos llevar por el niño que fuimos o que seguimos siendo. Igualmente, Eo puede ser un recordatorio de estas buenas intenciones, porque su director, que no su amo, creo que ha pretendido dar rienda suelta a las vivencias, quizás sin conocerlas en toda su profundidad, de las palabras introductorias de la afamada elegía de Juan Ramón: “Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para… ¡qué sé yo para quién! …para quien escribimos los poetas líricos… Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien! Dondequiera que haya niños -dice Novalis-, existe una edad de oro. Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca. ¡Isla de gracia, de frescura y de dicha, edad de oro de los niños; siempre te halle yo en mi vida, mar de duelo; y que tu brisa me dé su lira, alta y, a veces, sin sentido, igual que el trino de la alondra en el sol blanco del amanecer! Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren. También habrá excepciones para hombres y para mujeres, etc.”.

Palabras de Juan Ramón Jiménez y escenas de Skolimowski que quizás sean la excepción del poeta. The End.

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Pico Reja, la verdad que la desmemoria esconde

Sevilla, 12/XII/2022

Vivo a sólo tres kilómetros de Pico Reja (cementerio de San Fernando), un lugar que no debería haber existido, «la mayor fosa común abierta en Europa occidental desde Srebrenica (Bosnia y Herzegovina)», una realidad histórica que me conturba y conmueve. «Con dos tercios de la superficie excavada, ya han sido exhumados un total de 4.453 individuos de los que 869 corresponderían al perfil de víctimas de la represión franquista», según informa la página oficial de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que comenzó en enero de 2020 los trabajos en este enterramiento ilegal con víctimas del franquismo, que «en las investigaciones previas –tanto desde el punto de vista documental como arqueológico– citaban 1.103 personas inhumadas en el enterramiento ilegal entre julio y agosto de 1936. Y sumaban al menos dos víctimas sepultadas entre los años 38 y 39, […] Las cifras, a fecha de febrero de 2022, son contundentes. Como resumen, en el espacio intervenido hasta ahora (68%) se han recuperado un total de 4.453 individuos de los que 869 corresponderían al perfil de víctimas de la represión franquista. Los restantes, 3.584 individuos, son fruto de una actividad funeraria normalizada». Hay que señalar que esta intervención profesional se está llevando a cabo por la Sociedad de Ciencias Aranzadi y está promovida por el Ayuntamiento de Sevilla, junto a la participación del Gobierno de España, Junta de Andalucía y la Diputación de Sevilla.

Ahora, se nos ofrece la oportunidad de conocer bien lo ocurrido en Pico Reja a través de un documental necesario para poner muchas cosas y personas en su sitio. El título, Pico Reja, la verdad que la tierra esconde, es en sí mismo representativo de lo que a lo largo de una hora y media se narra con detalle, con una codirección impecable de Arturo Andújar y Remedios Malvárez, persona esta última a la que conozco y respeto por su excelente trabajo profesional llevado a cabo en los últimos años y a la que he citado en este cuaderno digital con ocasión de la realización del documental Alalá, que tantas almas conmovió. La sinopsis oficial sobre Pico Reja no deja lugar a dudas sobre su objetivo: “La apertura de la fosa común Pico Reja del cementerio de Sevilla da pie a este documental con intervenciones de Rocío Márquez y Antonio Manuel Rodríguez que reflexionan sobre la memoria histórica, la represión franquista y la España actual. En el cementerio de Sevilla sigue cerrada en 2020 la fosa común de Pico Reja, que se estima que puede albergar a más de 2000 víctimas civiles de la represión franquista. En esta película la apertura de la fosa nos lleva a través de su propia historia (incluso descubriendo nuevos hechos no documentados) en un relato enraizado en el presente que se entreteje, además, con el encuentro entre la cantaora Rocío Márquez y el poeta Antonio Manuel Rodríguez para crear un cante al respecto. Un profundo análisis del pasado que sirve también para comprender el presente de un país aún con muchas deudas pendientes con la memoria de los represaliados y con la historia”.

Recomiendo que se contemple y asuma este documental como un compromiso de la necesidad de estar bien informados para emitir juicios sobre la memoria histórica de este país por los hechos ocurrido en la guerra civil del siglo pasado, que suena tan lejos, pero que está tan cerca cuando contemplamos con sensibilidad y respeto lo que aquí se muestra: la verdad que la tierra y la desmemoria no inocente esconden. Si se quiere completar esta información, también es de sumo interés escuchar con atención el PODCAST | Pico Reja: autopsia de una masacre ocultada, en el que Juan Luis Sánchez, periodista, cofundador y subdirector de eldiario.es, desarrolla un trabajo espléndido informativo “de la mano de Carmen Ibáñez”, en el que habla con “Juan Manuel Guijo, director de la excavación, antropólogo forense con una larga trayectoria de trabajo en fosas comunes en Andalucía; y con Emilia Rivero, que entró en Pico Reja en abril y será una de las arqueólogas que cierren la fosa”.

La entrada en vigor de la Ley de Memoria Democrática en esta legislatura, rescata una acción de Estado justa y necesaria en democracia. También, la de respeto a cientos de miles de personas que murieron en la guerra civil y años posteriores por el mero hecho de pensar y obrar de forma diferente a los golpistas y que merecieron siempre ser reconocidos por la memoria histórica de este país tan dual y cainita. Es justo decir ahora que la memoria democrática necesitaba ser amparada mediante una Ley como la que, afortunadamente y por dignidad humana, entró en vigor el 21 de octubre de este año y que nos permite intentar “cerrar una deuda de la democracia española con su pasado y fomentar un discurso común basado en la defensa de la paz, el pluralismo y la condena de toda forma de totalitarismo político que ponga en riesgo el efectivo disfrute de los derechos y libertades inherentes a la dignidad humana”. Como demócrata, deseo expresar con estas palabras mi agradecimiento al poder legislativo de este país. Nada más y para que no se olvide lo sucedido en Pico Reja, un ejemplo entre otros muchos, de aquella guerra civil tan injusta e inhumana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Ciudadano Jesús. Otra navidad es posible

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Víctor Erice, treinta años después, que no son nada para su cine

El regreso de Víctor Erice con ‘Cerrar los ojos’ (rtve.es)

Sevilla, 9/XII/2022

Casi sin darme cuenta voy formando poco a poco una coalición de determinadas personas mayores y me detengo a leer sus obras, contemplar sus cuadros o ver sus películas. Sobre todo, los escucho. Me pasó anoche al volver a reencontrarme con el director de cine Víctor Erice, cos sus 82 años, transmitiéndonos con sus palabras parte de su vida, que ahora se va a ver reflejada posiblemente con su nueva película, Cerrar los ojos, una historia sobre la memoria y la identidad, actualmente en rodaje, trabajando de forma incansable en lo que él llama “el arte popular del siglo XX”, el cine y su proyección en salas dedicadas exclusivamente a ello, tan vacías hoy por la competencia de las plataformas digitales. Aquellos antiguos espacios servían para contemplar “museos de la vida”, de muchas vidas sobre personas que sobre el escenario de su acontecer diario sólo hacen algo importante: sobrevivir. Nunca nos sentíamos solos.

Carlos del Amor nos deleitó en el Telediario2 (RTVE) con una semblanza muy cuidada, llena de afecto a Erice, porque en un minuto y cincuenta y siete segundos logró transmitirnos algo importante: su mirada, “una mirada inquieta, la mirada de alguien tímido que disfruta poco con las entrevistas”, sabiendo que “para Erice el cine bebe más de la pintura que de cualquier otro arte”. En el tiempo veloz de la entrevista televisiva citada, Víctor Erice tenía prisa para continuar con el rodaje. Carlos del Amor la finaliza con unas palabras bellísimas: “no se puede llegar tarde al lugar en el que durante tanto tiempo se le ha estado esperando”.

Treinta años después de su maravillosa película “El sol del membrillo”, he vuelto a reencontrarme con él, leyendo las palabras de homenaje que le dediqué en 2016 en este cuaderno digital, El color de la vida, bajo la sombra de un gran pintor, Antonio López, a quien tanto aprecio. Les dejo con ellos.

El color de la vida

Todo depende del color del cristal con el que se mire cada momento de la vida. Recuerdo siempre la puerta de acceso al patio interior de la Casa-Museo de Juan Ramón Jiménez, en Moguer (Huelva), que inspiró un libro precioso y bastante desconocido en nuestro país, Por el cristal amarillo y que tanto me ayudaba en la preparación de mis clases en Huelva. O la insignificancia de ese cristal en la isla de los ciegos al color, que magistralmente describió Oliver Sacks en un libro que leo con frecuencia y que lleva ese nombre descriptivo.

Comento estas vivencias porque anoche contemplé, como aprendí de mi maestro Antonio López, la película que dirigió Víctor Erice, El sol del membrillo, sobre el desarrollo contemplativo e inacabado siempre de una obra del pintor manchego, respetuosa con el devenir real del color del membrillo. Es una película de culto y respeto al devenir de la vida, sobre todo hoy cuando estamos inmersos en la dialéctica vida atómica-vida digital.

La cámara de Javier Aguirresarobe, excepcional, nos ayuda a contemplar segundo a segundo el devenir de la vida que necesita su tiempo, tal y como nos lo describió hace ya muchos años el Eclesiastés. Tiempo atómico y tiempo digital. Es verdad, vanidad de vanidades, todo vanidad…

En homenaje a Antonio López, al que vuelvo siempre cuando voy de mi corazón a mis asuntos o del timbo al tambo, en expresión excelente de García Márquez, adjunto a continuación uno de los artículos que escribí en 2014, con ocasión de la obra permanentemente inacabada de este pintor de la realidad y el deseo, porque nunca nos podemos bañar dos veces en el mismo río, ni contemplar la vida con un cristal de color perpetuo.

Sevilla, 21/V/2016

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Antonio López, un pintor especial

FAMILIA REAL ANTONIO LOPEZ

Antonio López, Retrato de la familia de Juan Carlos I Juanma Cuéllar

Siento que Antonio López tenga que justificarse tantas veces sobre su obra inacabada. Lo sigo de cerca desde hace muchos años y siempre me ha sorprendido su realismo mágico a la hora de llevar al lienzo sus impresiones de la vida, tal y como es. Lo ha dicho recientemente con cierta sorna: “No piensen que soy un vago”, refiriéndose a los veinte años que ha empleado (nunca diría “tardado”) en finalizar un cuadro de la familia real, por encargo de Patrimonio Nacional.

El cuadro inacabado, como casi toda la pintura de Antonio López, según su concepción del arte, se presenta hoy oficialmente en el Palacio Real de Madrid y a partir del jueves 4 de diciembre podrá ser contemplado por el público junto a 113 obras dentro de la exposición El retrato en las colecciones reales. De Juan de Flandes a Antonio López. Es muy sugerente la situación, porque cuando contemplamos a esta familia según Antonio López, ya no es la misma que posó, dando razón al filósofo presocrático que afirmó que nadie se baña dos veces en el mismo río. Es lo que pensará Juan Carlos I al contemplarlo por primera vez, una vez finalizado, con un detalle pictórico que no se le debería pasar por alto. En los últimos momentos, Antonio López ha incorporado un reflejo solar que entra por la izquierda del retrato de medidas considerables (3 por 3,39 metros), dándole una fuerza especial con el paso del tiempo.

He escrito sobre Antonio López varias veces en este cuaderno digital y siempre recordando su obra inacabada, porque me ha pasado lo mismo con un dibujo que inicié en 2005 y sobre el que el 3 de julio de 2006 escribí lo siguiente: “Ayer sentí la necesidad de retomar la copia que estoy haciendo de un dibujo de Antonio López que me fascinó desde que conocí su existencia. Es una instantánea de la casa de su tío Antonio López Torres, en Tomelloso (Ciudad Real), que juega admirablemente con la luz a pesar de los claroscuros del conjunto y que está fechada en 1972-1975, como muestra de su laborioso realismo onírico. Trabajé mucho las tulipas de la lámpara, el cableado difuso de la pared, la puerta abierta, el negro distante del mueble platero y la difícil composición geométrica de la solería de las habitaciones contiguas. Desde hace un año y tres meses no he vuelto a coger el lápiz, la regla para medir las proporciones de cada loseta, la goma impertérrita, el papel de seda que cubre el dibujo en potencia, hecho con dedicación para mi hijo Marcos, al que quiero ofrecerle un trabajo concienzudo, serio, trazado en horas de dedicación a él, como símbolo de una vida llena de contrapuntos diarios por la propia contradicción de vivir contracorriente, pero con pasos hacia delante, tal y como los dibuja Antonio López en el paso firme de su tío Antonio” (1).

Miguel Delibes le dedicó en cierta ocasión unas palabras llenas de ternura, en torno la figura de su tío, el del dibujo mío inacabado: “¿Qué admirar más en Antonio? ¿Su persona o su obra? Su bondad, la modestia machadiana de su aliño indumentario, su humildad creadora, su absorbente profesionalidad, el afán de apartarse, de desplazar sobre otros su valía.

«Mi tío Antonio, el de Tomelloso, ese sí que sabe».

Tenía esta obsesión. Los elogios dedicados a él los aplicaba a su tío, con quien de niño mezcló los primeros colores. Él era solamente un copiador, un aprendiz. No era tarea fácil sacarle de su juicio. Él pintaba, sí, pero el genio era su tío. Y su tío, el de Tomelloso, era realmente un talento natural, pero Antonio era el maestro”.

Antonio López es un pintor especial, refugiado siempre en su forma de comprender el tiempo. Así lo definí en alguna ocasión, en una carta que guardo con especial aprecio, refiriéndome también a otra obra inacabada por mi parte: “Como su nombre, todo es sencillo en él: su pintura realista, la escultura viva hasta la muerte, los dibujos en blanco y negro, gracias a su tío maestro de Tomelloso. Su forma de ver la vida a través del color del membrillo, paciente hasta la extenuación para que no se escape nada de lo rutinario, de lo cotidiano que verdaderamente es porque está ahí, pendiente de que alguien lo capte.

Antonio López, trabajador del arte, ha dicho en esta etapa de su vida que ahora es más libre que cuando era joven, que le ha costado mucho llegar a algo parecido a la estima por la vida y por él mismo, que el camino ha sido complicado y que ha sido doloroso hacerse a sí mismo. Una persona de alma grande, en un modo de vivir y ser muy sencillo. Como una pintura inacabada para mí, que inicié en 2005, una copia de sus lirios y hojas verdes en un patio muy particular, que no pretenden decir nada más que sus pinceles pintan la vida con un realismo mágico que no te permiten perder detalle alguno de lo que pasa, de lo que ocurre, de lo que las personas sienten. Sencillez y maestría en estado puro».

Hoy en día, con unos retoques para perfeccionar el resultado final, el dibujo del tío de Antonio López ya está colgado en la casa de Marcos, sin finalizar, casi en borrador, aunque con los trazos ya definidos en la composición final. He preferido que sea así, porque el alma de este dibujo ya no es la misma que cuando se inició esta maravillosa aventura de copiar a un maestro. El cuadro de los lirios, siguen en trazos con apenas color. Antonio López, un pintor inacabado, me lo ha recordado en el silencio muchas veces. No es que seamos vagos, es que el tiempo huye irremediablemente a veces (tempus fugit), se lleva el alma de un determinado día y ya no podemos detenerlo para aprehenderlo y llevarlo a una paleta de colores.

Volviendo a Miguel Delibes, me ha fascinado siempre la anécdota sobre su busto en bronce que realizó Antonio López y le entregó en octubre de 2011, que él contó con el gracejo que siempre le acompañaba en recuerdos íntimos. Como también tardaba, estaba ávido de la última noticia sobre su busto. Encontrándose con un amigo común de Valladolid, Antonio Piedra, le sonsacó información, para que le informara de alguna forma cómo estaba en las manos de Antonio López, cuándo podría ver “su cabeza”, si se parecía, si era un trabajo importante para Antonio López, etc. y cuándo la podría ver finalizada. Ante tanta insistencia y después de varios rodeos, “Antonio Piedra, que mantenía una actitud reverencial, de respeto hacia el pintor-escultor, emitió un levísimo cloqueo y se diría, por sus ademanes y la exageración de su rostro, por la manera de abrir la boca, un poco exagerada, que iba a pronunciar un largo discurso, pero dijo simplemente:

– Estás hablando, la verdad”.

Hoy, salvando lo que hay que salvar, ante el cuadro ya finalizado de la familia real, quizá podríamos decir: “Están unidos…”, aunque con la socarronería típica de los borbones, Juan Carlos I ya ha dejado clara su valoración: “Estamos todos como éramos hace 20 años». Es verdad, aunque no quiero olvidar la luz especial que entra por la izquierda del cuadro…, la que a última hora ha incorporado Antonio López, el pintor sin prisas, atento a lo que pasa en la sociedad actual.

Sevilla, 3/XII/2014

(1) Cobeña Fernández, J.A., Antonio López

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Isabel Santaló, una artista en el olvido

Isabel Santaló, Autorretrato, años 50 / Cartel promocional del documental.

Sevilla, 19/XI/2022

El presente es muy invasivo, exige mucha atención, […] borra todo lo demás, lo apaga todo, ha dicho el pintor Antonio López, a quien tanto admiro, en el documental, que siempre mostró gran respeto por la obra de la pintora cordobesa Isabel Santaló (Córdoba, 1923), nombre artístico de Isabel Martínez Ruiz, que ahora se la recuerda de forma muy especial a través de un documental que se estrenará el próximo 25 de noviembre, La visita y un jardín secreto, dirigido por Irene M. Borrego, una sobrina alejada de ella un tiempo por imposición de su entorno y porque su tía era considerada “el personaje maldito de la familia”. Carlos del Amor expuso en el Telediario 2, del pasado 17 de noviembre, en una semblanza suya escrita con gran delicadeza de espíritu, algo habitual en él, que “El olvido es un lugar habitable o pisable. El olvido puede ser un modesto piso en el que los recuerdos flotan en silencio como motas de polvo casi invisibles. El olvido es una pared llena de alcayatas donde un día hubo cuadros. El olvido es convivir con lo que fuimos sin que nadie sepa que lo fuimos. A la artista Isabel Santaló la atropelló el olvido”.

En un Cuaderno de Arte del Ateneo de Madrid, publicado por la Editora Nacional en 1958, Caballero Bonald escribió unas páginas a modo de catálogo, Isabel Santaló o «la moral construida», con motivo de una exposición de su obra en la Sala del Prado, del Ateneo de Madrid, del 12 al 26 de mayo de 1958, que me ha parecido de sumo interés rescatar hoy del olvido para compartirlo con la Noosfera, porque nos ayudará a comprender mejor la vida y obra de esta pintora olvidada, ¡una más!, en este país tan desmemoriado siempre de su historia, de forma no inocente. Sus palabras finales son un mensaje muy profundo sobre la quintaesencia de la obra de Isabel Santaló: “Todo lo que es Isabel está reproducido, inscrito en su pintura, abasteciéndola de moral, por así decirlo, y justificando incluso la buena ley de sus posibles equivocaciones. Porque su pintura, habla con palabras reales y también habla con palabras soñadas. Esos toros de nocturna tragedia, esas cabezas ciegas que no miran a parte alguna, esos colores que ya son sólo formas, ¿no sobreviven acaso como turbias transfiguraciones de la realidad, como deformadas memorias del sueño? Decía Stendhal —y recordaba Baudelaire— que «la pintura no es más que moral construida». Y eso es, en definitiva, lo que pretenden ser los cuadros de Isabel Santaló. Que ya es un ambicioso programa”. Sus cuadros hablan de ella y así lo entendió Caballero Bonald: “Isabel Santaló ha trabajado mucho y delante de mucha soledad, de una soledad febril, casi avarienta, poblada de contradictorios imperativos, de entrañables callejones sin salida. Isabel Santaló ha vivido sus cuadros cada mañana, soñándolos desde mucho antes de realizarlos, sin darse demasiada cuenta de ello, viéndose materialmente reproducida en cada pincelada, retratándose ella misma a través de una larga serie de adivinaciones y de súbitas consecuencias creadoras”.

Vuelvo a recordar la frase de Antonio López, como voz en off autorizada en este documental: El presente es muy invasivo, exige mucha atención, […] borra todo lo demás, lo apaga todo…”. Sólo he pretendido localizar hoy, en este presente tan complejo, a una persona que vive en una isla desconocida, una artista que merece todo nuestro respeto en la historia oscura de olvidos en nuestro país.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ángela Álvarez, con 95 años, cumplió su sueño en los Grammy Latino

Ángela Álvarez, Ansias locas, en el disco homónimo.

Sevilla, 18/XI/2022

Es de bien nacidos ser agradecidos, se dice en nuestro lengua española a través de varios continentes. Anoche se cumplió un sueño dorado de la cantora cubana Ángela Álvarez a sus 95 años, al recibir la “premiación” a la Mejor Nueva Artista, en la vigesimotercera entrega de los Grammy Latino, junto con la cantante mejicana Silvana Estrada, compitiendo con artistas de tan sólo 17 años y en la que también hay que destacar los cuatro Grammy recibidos por Rosalía y su obra reciente Motomami. Todo un símbolo si, además, cuenta con un solo disco en su haber, Ángela Álvarez, publicado precisamente hace tan sólo un año. La intrahistoria de Ángela es una concatenación de sueños cumplidos desde que salió de Cuba para poder reunirse con sus cuatro hijos que ya habían abandonado con anterioridad la isla hacia Miami, en 1962, en la Operación Peter Pan auspiciada por Estados Unidos. Aunque logró salir de la isla tres meses después, el reagrupamiento con sus hijos no fue fácil: “Sin saber hablar inglés, tuvo que aceptar los trabajos que podía conseguir: recogiendo tomates en el campo o limpiando oficinas por las noches”. Unos años más tarde y gracias a la mediación del presidente de México, Adolfo López Mateos, logró que su marido saliera también de la isla para unirse al fin toda la familia en México.

He encontrado una referencia espléndida de su azarosa vida en la BBC, de la que entresaco algunas líneas de gran interés humano, una isla desconocida en el pleno sentido de la palabra isla. Gracias al actor Andy García y a su documental, Miss Angela, su gran figura humana saltó al mundo, junto a su primer concierto multitudinario en el teatro Avalon de Los Ángeles, patrocinado también por el actor cubano. Ángela no ha olvidado nunca a su amada isla: “Yo nunca he vuelto. Yo quiero guardar en mi corazón y en mi mente lo que yo dejé. Yo no sé cómo estará. Ya realmente familia íntima mía, ya no están en Cuba. Entonces, yo no quiero ir. Yo le he compuesto a Cuba muchos cantos, pensando en mi isla tan linda». Canciones como «Un canto a mi Cuba», «Romper el yugo» («Oh, Dios eterno, tiende tu mano, ayuda a Cuba a renacer, calma la ira, aplaca el odio, dale al cubano la libertad»), «Añoranzas», “Ansias locas”, “Camino sin rumbo”, inspirada en la muerte de su marido en 1977 y “En mi jardín”, dedicada también a su hija María que también falleció por la misma causa. Estoy de acuerdo con el comentario de la entrevista citada de la BBC, porque resume muy bien el sentido más profundo del premio recibido: “Así, el disco puede oírse como la obra musical que es, pero también como una suerte de diario sentimental de su autora”. Así se premia no sólo una irrupción en el mundo de la música latina, sino toda su vida y sueños cumplidos.

Creo que Ángela Álvarez merece este reconocimiento como homenaje también a su “abuelidad”, una realidad “latina” que merece siempre un reconocimiento y “premiación” en su fondo y forma de expresar la verdad verdadera de la vida. Este término nació en Argentina y allí se ha reconocido un indicador científico, el índice de abuelidad, que tanta información ha dado sobre la identificación genética de los bebés robados durante la dictadura militar, sin olvidar nunca el papel jugado por las Abuelas de Mayo en sus reivindicaciones históricas y ejemplares, que por sí mismas eran un ejemplo andante de la abuelidad elevada hasta sus últimas consecuencias. La abuelidad femenina necesita un reconocimiento mundial por preservar, junto a la tradición oral multisecular de la abuelidad masculina en las genealogías, el trabajo silencioso y bien hecho en el seno de las familias, siendo su saber hacer diario un valor incalculable cuando el núcleo familiar se desestructura para siempre, causando un dolor irreparable para cada miembro de la misma y que sólo ellas han sabido reparar en muchas ocasiones a lo largo de los siglos. Siempre me ha llamado la atención científica la realidad dolorosa de cómo la abuelidad ha atendido la separatidad que sufren muchos niños de sus padres, tan magníficamente estudiada por John Bowlby. Gracias a los abuelos, muchos niños y niñas, como los hijos de Ángela Álvarez, salen adelante desde el punto de vista afectivo después de haber sido separados de sus padres, gracias a que los abuelos siempre han estado allí. Hablaré en su momento de una realidad científica que perdura en nuestra sociedad, la separatidad humana, fuente de mucho dolor para la migración y los refugiados, por ejemplo, que asolan cada día a este mundo al revés.

Dicho lo anterior, creo que junto a Andy García, hay un cooperante necesario en su éxito actual, su nieto Carlos José Álvarez, músico, compositor y contrapunto de la abuelidad de Ángela Álvarez, como gran artífice de su “reciente carrera musical”, pidiéndole que recuperara sus cuadernos donde a lo largo de la vida había ido haciendo anotaciones de sus canciones. De sus páginas salieron las quince canciones de su “primer y único” disco, Ángela Álvarez, aunque hay bastantes canciones más que también se publicarán. Me quedo ahora escuchando “Ansias locas”, porque en un mundo tan cicatero con los sueños, Ángela Álvarez cree en el de aprender a querer a pesar de todo: “Tú me enseñaste a soñar / Tú me enseñaste a sentir / ansias locas de querer / ansias locas de besar / Yo contigo lo aprendí”.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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¿Estamos donde debemos estar?

Isak Dinesen (1885-1962)

Sevilla, 16/XI/2022

Han pasado muchos años desde que escuché una frase en la película “Memorias de África” (1985), “Estoy donde debo estar”, que no he olvidado y que reproducía fielmente la que figuraba en el comienzo de la obra homónima de Isak Dinesen (1885-1962), seudónimo de la baronesa Karen Blixen, publicada en Dinamarca en 1937: “Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías. La situación geográfica y la altitud se combinaban para formar un paisaje único en el mundo. No era ni excesivo ni opulento; era el África destilada a seis mil pies de altura, como la intensa y refinada esencia de un continente. Los colores eran secos y quemados, como los colores en cerámica. Los árboles tenían un follaje luminoso y delicado, de estructura diferente a la de los árboles de Europa; no crecían en arco ni en cúpula, sino en capas horizontales, y su forma daba a los altos árboles solitarios un parecido con las palmeras, o un aire romántico y heroico, como barcos aparejados con las velas cargadas, y los linderos del bosque tenían una extraña apariencia, como si el bosque entero vibrase ligeramente. Las desnudas y retorcidas acacias crecían aquí y allá entre la hierba de las grandes praderas, y la hierba tenía un aroma como de tomillo y arrayán de los pantanos; en algunos lugares el olor era tan fuerte que escocía las narices. Todas las flores que encontrabas en las praderas o entre las trepadoras y lianas de los bosques nativos eran diminutas, como flores de las dunas; tan sólo en el mismísimo principio de las grandes lluvias crecía un cierto número de grandes y pesados lirios muy olorosos. Las panorámicas eran inmensamente vacías. Todo lo que se veía estaba hecho para la grandeza y la libertad, y poseía una inigualable nobleza. La principal característica del paisaje y de tu vida en él era el aire. Al recordar una estancia en las tierras altas africanas te impresiona el sentimiento de haber vivido durante un tiempo en el aire. Lo habitual era que el cielo tuviera un color azul pálido o violeta, con una profusión de nubes poderosas, ingrávidas, siempre cambiantes, encumbradas y flotantes, pero también tenía un vigor azulado, y a corta distancia coloreaba con un azul intenso y fresco las cadenas de colinas y los bosques. A mediodía el aire estaba vivo sobre la tierra, como una llama; centelleaba, se ondulaba y brillaba como agua fluyendo, reflejaba y duplicaba todos los objetos, creando una gran Fata Morgana. Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: ‘Estoy donde debo estar’».

He respetado el contexto de la frase citada porque responde a algo que necesitamos experimentar en la vida, la conciencia de la pertenencia al lugar y el sitio en el que vivimos, somos y estamos, algo mucho más profundo que el mero sentimiento. Es lo que aprendí cuando era joven en relación con la diferencia entre sentimiento y conciencia de clase, que no es lo mismo cuando lo aplicas a una determinada ideología, de clase, obviamente, no inocente. Esta dialéctica vital es la que me ha recordado hoy la frase de Isak Dinesen en Memorias de África, porque el drama vital está servido cuando no estamos donde debemos estar y, además, nos conformamos con el status quo de nuestra existencia, como si estuviéramos predestinados a ello. El conformismo, que tanto detesto y que puede llegar a modular nuestra ideología de clase, que también existe, es el enemigo público número uno de la vida, porque nunca avanzaremos en asumirlo, quedándonos afincados en meros sentimientos de quietud ante todo, que no es lo mismo, porque son estados pasajeros, nada más, que se olvidan con una frecuencia meridiana y no permanecen en nuestras personas de secreto, menos en la de todos. Cualquier compromiso humano brilla por su ausencia. No ocurre con la conciencia de clase, con una ideología detrás, porque toda la vida se circunscribirá a ella, fundamentalmente porque estaremos siempre donde debemos estar y no desubicados en todo lo que nos rodea, personas incluidas. Esa es y no otra, la auténtica razón de nuestra felicidad o infelicidad vital. Creo que he comprendido de nuevo a Isak Dinesen cuando, rememorando su experiencia biográfica en África, sabía elevar su mirada interior porque “Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: Estoy donde debo estar”. Meryl Streep y Robert Redford interpretaron esta conciencia del deber estar, a la perfección, en Memorias de África. Por la magia del cine, hoy lo he recordado de nuevo, dejándonos una pregunta en el aire que respiramos a diario y que nos ofrece seguridad y ligereza de corazón: ¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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