Ernst Bloch: compañero en la esperanza

Cuando muere un filósofo, el hombre se resiente, Es como si la vida se robara sabiduría a si misma. La muerte de Ernst Bloch, nos obliga de una forma u otra a recordar algunas reflexiones suyas que aportan luz en el camino de búsqueda de la verdad a través de la esperanza.

Bloch, por encima de teorías y prácticas, es filósofo. Su espíritu abierto y en camino le hizo adoptar una postura de sabio ante el mundo pluriforme. Es hijo de su época y debido a su experiencia frente al irracionalismo, su filosofía se hace más auténtica, más veraz. En definitiva, su marxismo es muy puro, bien estructurado, enormemente esperanzador. Aquí radica la quintaesencia de su doctrina: concebir la esperanza como principio humano para vivir la trascendencia, es decir, la posibilidad permanente de que el hombre se realice plenamente en comunión.

Para esto es necesario, por encima de todo, vivir una fe secular. Con la fuerza del mensaje mesiánico que aporta el marxismo. Para Bloch, el primer fallo del marxismo llamado oficial radica en su negación de la religión como dínamis, como fuerza arrolladora que es capaz de saciar el hambre de realización personal que tiene todo hombre. Es un planteamiento idealista, pero quizá el único camino. Bloch insiste en la profundización del marxismo como idealismo impregnado de realidad, que llevará a la revolución social dentro de unos parámetros humanos, no estrictamente materiales. Planteamos así una perspectiva de futuro donde el hambre es el gran artífice del mundo, sirviéndose de la naturaleza, de los valores morales e incluso de la estética.

No debemos olvidar su conexión con el pensamiento de Lukács. La realidad analizada por Bloch no es un todo presente, ya hecho. Si existe la realidad es gracias a un proceso. Y si hay proceso, hay pasado, presente y futuro. Este futuro-presente es, para Bloch, la autoconciencia.

Esta realidad-futuro-presente es dialéctica y asume sus limitaciones propias. La filosofía sería la encargada de transformar el mundo de la dialéctica sujeto-objeto, llevando al hombre al autoconvencimiento de la necesidad de desaparición del proletariado: «La filosofía no puede realizarse sin la supresión del proletariado y el proletariado no puede autosuprimirse sin que se realice la filosofía».

En un mundo dominado por la economía, Bloch se admira del poder intelectual y cultural como agentes transformadores de la sociedad, donde el hombre, una vez más, es el centro por la asunción de su conciencia. Frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia del hombre, Bloch presenta a la conciencia individual del hombre como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, el hombre lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta «hambre cósmica» se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida: «La sustancia, la materia humana no está todavía ni determinada ni completa sino que se halla en un estado utópico abierto, un estado en el que todavía no ha aparecido su auto-identidad. Por consiguiente, no sólo el existente específico, sino toda la existencia dada y aún el mismo ser tiene márgenes utópicos que rodean la actualidad con posibilidades reales y positivas».

La esperanza surge al experimentar el hombre que si todavía no ha alcanzado el futuro, el presente no es el fin. Y el hecho de vivir éste no motiva al hombre para lograr la plenitud de su ser.

Esta hambre es impulso cósmico y la esperanza consiste en dejarse impregnar de este impulso. El hombre no acaba su existencia con la muerte. Aquí Bloch se separa una vez más del marxismo oficial. Argumenta que una lucha por un no existencial, no tendría sentido. Es necesaria, por tanto, la inmortalidad personal. El proceso de unión de almas cantará un día la sociedad sin clases, siempre y cuando el hombre no abandone la lucha en el sentido de que todo cuanto vivimos y experimentamos todavía no es la realización plena o el futuro aparentemente «utópico».

Toda esta apretada exposición de Bloch nos hace pensar en su experiencia «teológica» profunda. Una realización humana que grita autorrealización a su vez y comunión por la liberación personal en la consecución del futuro que es presente, es el mejor grito en defensa de un cristianismo serio y eficaz. Quizá sea éste el éxito filosófico de Bloch, demostrarnos que tenemos que llegar a ser «ateos» por la gracia de Dios, es decir, hay que creer en la trascendencia sin un Trascendente alienador. Por ello, hay que rechazar de base la superstición y la mitología de la religión. Sólo así, el hombre adquirirá su desarrollo pleno. En definitiva, será cumplir el mejor deseo de Dios: que el hombre sea feliz hoy, en experiencia de amor como hambre cósmica….

El Correo de Andalucía, 9/VIII/1977, pág. 3

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