
Cien nombres tiene la luciérnaga, / pero ella ya no existe. / Solo queda el rumor de luz en el país invisible. Ese crimen, / la fábrica de no ser, / no es noticia. / Cien nombres tiene la luciérnaga, / cien sepulcros en la cripta / de un diccionario.
Manuel Rivas, O vagalume (La luciérnaga), en Lo que queda fuera
Sevilla, 5/X/2026 – 07:47 h CET (UTC+2)
En este mundo de turbación continua, estoy muy atento —como Diógenes con su linterna—, en la búsqueda de personas que aporten luz ante tanta tiniebla ideológica. En esta ocasión, vuelve a deslumbrarme el escritor gallego Manuel Rivas (A Coruña, 1957), a quien he dedicado bastantes artículos en este cuaderno digital, por su última obra, La revolución de las luciérnagas, con un subtítulo precioso, El derecho a soñar sin miedo, porque sigue aportando reflexiones que necesitamos como el comer, en este oscuro mundo al revés, porque denuncia el conformismo de las élites serviles, intelectuales y mediáticas, y desarma los negacionismos.
Por estas razones, leo con atención casi reverencial la sinopsis oficial que facilita la editora de su nueva obra: “Un indómito manifiesto de esperanza para enfrentarnos sin miedo al envite reaccionario. Como en la peor pesadilla de ciencia ficción, una maquinaria de hacer desesperar se ha hecho con el rumbo del planeta. Una apisonadora de aceleración retrógrada. La descivilización. La atmósfera se ha intoxicado con un «mal de aire», un pesticida del pensamiento, un herbicida de las palabras, un nuevo DDT con los ingredientes del Despotismo, la Depredación, y un Terror semántico que proclama «La guerra è bela!». ¿Dónde se han ido de vacaciones las conciencias. La revolución de las luciérnagas denuncia el conformismo de las élites serviles, intelectuales y mediáticas, y desarma los negacionismos. Las palabras quieren volver a escuchar y decir. Resistir ante este feísmo inmoral. Ejercer el derecho a soñar sin miedo. La humanidad comparte con la naturaleza una esperanza sostenible, un reducto sagrado: la pulsión creativa, germinal”.
Sé que para Manuel Rivas, las luciérnagas juegan un papel muy importante en este loco mundo y son protagonistas de la revolución pendiente que necesitamos para soñar despiertos. Lo demostró en una conferencia que recogí en este cuaderno digital en 2022, Por una luciérnaga (La ecología de las palabras en el manuscrito de la tierra) (1), que figura también en su libro Lo que queda fuera, que recomiendo para una lectura atenta de su fondo y forma: “Mi último libro, un poemario, se titula O que fica fóra (‘Lo que queda fuera’). De alguna forma, es una respuesta al síndrome más extendido de nuestro tiempo, dominado por el Tecnopoder y la superstición del «solucionismo tecnológico». Ese síndrome es conocido por las siglas FOMO, es decir, Fear of Missing Out. El miedo a quedarse fuera. Fuera de la Gran Cháchara. Fuera de juego. No estar a la última. En el fondo, pienso que ese síndrome puede ser la versión de un antiguo miedo. El miedo al abandono. Podríamos darle la vuelta y pensar que, justamente, lo más importante es «lo que queda fuera». Lo que no es efímero”.
Salvando lo que haya que salvar, hay una referencia expresa en la citada conferencia al valor natural e histórico de las luciérnagas, que ilumina una respuesta inteligente a lo que está pasando y estamos viendo a diario en nuestro país: “Pier Paolo Pasolini publicó en primera página del Corriere della Sera, el 1 de febrero de 1975, un artículo titulado «Il vuoto del potere» (‘El vacío del poder’), más conocido en el tiempo como «La scomparsa delle lucciole» (‘La desaparición de las luciérnagas’) en el que decía: «En los primeros años sesenta, a causa de la contaminación del aire y sobre todo en el campo, a causa de la contaminación del agua (los ríos azules y los arroyos transparentes), comenzaron a desaparecer las luciérnagas. El fenómeno fue fulminante y fulgurante. Tras unos pocos años ya no había luciérnagas. Son ahora un recuerdo, bastante desgarrador, del pasado». Hoy nos resulta excepcional. Es difícil imaginar que un diario importante de nuestro tiempo publicase un artículo así en lugar central en primera página. Pero lo que más nos conmueve es el carácter premonitorio. Lo podemos leer como un obituario. De las luciérnagas y de Pasolini. Un obituario en el que decía: «Yo, por más multinacional que sea, daría toda la Montedison por una luciérnaga». Parece una hipérbole, una boutade. Pero sabemos que en boca de Pasolini tiene el acento de la verdad. Una boca que no cotiza en el mercado. Sabemos que lo haría, que cambiaría un emporio por una luciérnaga. Per una lucciola. Con una luciérnaga en la palma de la mano, aseguró Juan Rulfo, los indígenas zapotecas de Oaxaca tenían luz suficiente para atravesar la noche. La luciérnaga Pasolini, el gran cineasta que iluminó tantas noches de la humanidad, se consideraba a sí mismo sobre todo un escritor. En vísperas de ser brutalmente asesinado, martirizado, en un descampado de Ostia, cercano a Roma, el 31 de octubre de 1975, había declarado en una entrevista: «En mi pasaporte figura simplemente escritor».
En la conferencia citada, que no olvido, agrega a continuación: «Hay una gran equivalencia entre la vida de los seres menudos y las palabras cuando van por libre. Son salvajes, sensoriales, excéntricas. Su hábitat es la orilla. En primera línea de riesgo. Como en la Comala de Juan Rulfo: «Allí donde se ventila la vida como si fuera un murmullo». Los pequeños seres y las palabras tienen algo muy importante en común. Avisan. son los primeros en detectar el «mal de aire». Esta, la de «mal de aire», es una expresión propia de la medicina popular para definir una dolencia, un malestar, una amenaza, que es a la vez ambiental y subjetiva, física y psíquica, exterior e interior. El «mal de aire» contemporáneo abarca el planeta. Con diferente intensidad, podemos decir que la tierra entera está en primera línea de riesgo. Los pequeños seres, como las luciérnagas, son los primeros en detectar y avisar cuando un «mal de aire» va tomando posesión. En la era Mayday, la de la emergencia ecológica, esos seres, insectos, anfibios, aves, constituyen la vanguardia de la red sensorial, transmiten información esencial en el manuscrito de la tierra».
Ese «mal de aire» lo sufren también las palabras cercanas a nuestra alma viviendo la situación anímica mundial en la actualidad, «sufren la contaminación, la corrosión, la depredación, la intoxicación, el olvido, la indiferencia y el odio que provocan los «herbicidas» del alma. La manipulación e incluso el terror semántico. Custodiar el sentido de las palabras es una prioritaria tarea ecológica sentipensante. Una manera de proteger lo que nombramos, de salvar la realidad».

En esa tarea estoy, a veces confundido, porque creo y siento que estoy “equivocado de siglo”, a pesar de que cada día que pasa frecuento el futuro, convencido de que el mundo sólo tiene interés hacia adelante. Por ello, la sensación que siento ahora al conocer esta nueva obra de Manuel Rivas, es que tengo que entender la revolución de las luciérnagas, a la naturaleza en estado puro, no contaminada, tan sabia ella, porque ofrecían luz a los indígenas zapotecas de Oaxaca, entregándoles luz suficiente para pasar la noche.
A la espera de leer el nuevo ensayo de Rivas con el detalle que merece, me quedo por ahora con sus últimas palabras en la conferencia citada, ante los múltiples porqués de lo que estamos viviendo en estos días de incertidumbre, por lo sucedido con el grave problema de la vivienda en nuestro país:
Un puñado de porqués. Un puñado de palabras. Una luciérnaga en la palma de la mano.
Es todo lo que tenemos para empezar.
Y no es poca cosa.
(1) Rivas, Manuel, Por una luciérnaga (La ecología de las palabras en el manuscrito de la tierra). Conferencia Spinoza, 2022.
oooOooo

🕵️♀️ Yo apoyo el periodismo que exige transparencia. 🔎 Conoce Civio: https://civio.es/ #TejeTuPropioAlgoritmo
IMPRESCINDIBLE – NUEVA CAMPAÑA: civio.es/perdiendo-amigos
oooOooo
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
¡Paz y Libertad!



















