El peso de las Administraciones, ¿lastra el dinamismo de Sevilla?

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Enigma al trasluz,
pues va entre gente solo,
es amor con odio
el andaluz.

Oh hermano mío, tú.
Dios, que te crea,
será quién comprenda
al andaluz.

Luis Cernuda (El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947)

Ayer se celebró la tercera sesión del Ciclo “Sevilla, a debate”, que actualmente se está desarrollando en Sevilla. Intervine en esta sesión como ponente, compartiendo la mesa con Alfonso Carnerero Parra y Rosa Madrid Racero, en su papel de moderadora e impulsora de ideas a tratar. Deseo poner a disposición de las personas que suben a este barco imaginario del blog, al modo que contó un día ya lejano Jose Saramago y que busca siempre islas desconocidas, el cuaderno de notas que utilicé durante la misma, para un tiempo concertado que no debería superar diez minutos. Es verdad que lo que allí ocurrió ya no se vuelve a repetir porque nadie se baña dos veces en el mismo río y porque en los tiempos modernos que vivimos todo fluye y casi nada permanece.

Aun así, adjunto mis notas, que se enriquecen con la posibilidad de poder ver en imágenes lo que allí pasó, gracias al trabajo de la Asociación “Iniciativa Sevilla Abierta”, organizadora del Ciclo, a quien agradezco una vez más la invitación para participar en la misma.

Luis Cernuda escribió en Desolación de la quimera (1956-1962) unos versos muy duros, cargados de dolor interno, dirigidos a sus paisanos de Sevilla donde nos decía que “… el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros”. Finalicé mi intervención con un pequeño homenaje a él leyendo el verso que inicia este post, veinticinco días después de que el Ayuntamiento de Sevilla, una Administración Local, hubiera soltado lastre… aprobando por unanimidad comprar su casa natal, con dinero público, sacándola del mercado inmobiliario para que pasara a ser patrimonio cultural del mundo, de este país, de su ciudad, de sus paisanos. Un buen ejemplo.

Sevilla, 21/II/2017

El arte de empezar

ITALO CALVINO

Debo a Ítalo Calvino el recuerdo sempiterno de su preciosa obra, El arte empezar y el arte de acabar, cuando me enfrento al fenómeno de la página en blanco o, como será esta tarde, el de una intervención pública, en el Ciclo “Sevilla, a debate”, que ya he comentado recientemente en este cuaderno de notas digitales. Ítalo Calvino es un referente para aprendices de escritor no inocente, como es mi caso. Nunca he olvidado unas palabras suyas cada vez que me enfrento a la realidad mágica de escribir un post en este cuaderno de inteligencia digital, encontradas en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (1).

Vuelvo a leer palabras de este blog que recuerdan el mensaje anterior, porque es fantástico. El secreto está en el arte de empezar y acabar cualquier camino deseado: podemos ir hacia muchos sitios, hacer cualquier cosa, intervenir en un Ciclo en Sevilla, pero lo importante es hacerlo de forma especial. Pero, ¿qué es el arte esencial? Todavía no se puede comprar en Amazon, porque afortunadamente su secreto, su esencia, no se encuentra en el mercado, es decir, todavía no se ha convertido en mercancía. Cuando comprendo el arte según la tercera acepción recogida en el Diccionario de la Real Academia Española, conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo, es imprescindible recurrir al conocimiento, aptitudes y actitudes personales para tenerlo presente en cada decisión a la hora de hacer camino al andar en cualquier ámbito de la vida, porque los preceptos y las reglas para hacer bien algo o de forma especial no se improvisan. El arte así entendido, como pasa con el campo, es solo para quien lo trabaja (por muy anarco que suene).

Les invito hoy, si están cerca del lugar de celebración o entrando en la Noosfera gracias al macrocosmos de internet, a estar presentes en este encuentro tan interesante, al menos para mí en estos momentos previos. ¿Saben por qué? Porque es el momento mágico de Calvino: páginas en blanco, intervención hoy en Sevilla, para escribir, comentar y compartir palabras especiales para nuestra vida, la de todos y, sobre todo, la de secreto, que a veces comienza y acaba cada día, que a veces sigue… para crear tejido crítico de lo que nos pre-ocupa [sic], sin que tengamos que esperar especialmente al compromiso de hoy, porque debería ser el de todos los días. Con arte esencial.

Sevilla, 20/II/2017

(1) Cobeña Fernández, J. A. (2014). ¿Por qué escribo?

NOTA: imagen recuperada de: http://lachachara.org/2013/06/propuestas-de-italo-calvino-para-la-literatura-del-siglo-xxi/

Sevilla, a debate / II. Hace falta construir teoría crítica sobre esta ciudad

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http://sevilla111.com/default.htm

E la nave va… Ya han pasado dos lunes y el debate sobre Sevilla está siendo una realidad incuestionable en esta actividad cultural tan necesaria para el presente y futuro de la ciudad. Tenemos el deber de construir teoría crítica sobre la realidad actual de Sevilla y su provincia, con apertura de miras y grandeza de visión no cateta sobre lo que de verdad nos pasa, aunque a veces tengamos que reconocer que no sabemos bien lo que nos pasa, ¿o sí? Contestar a estas preguntas del ciclo… es la cuestión, porque las respuestas no están en el viento.

El lunes 6 de febrero comenzó en esta ciudad un ciclo, “Sevilla, a debate’, organizado por la asociación Iniciativa Sevilla Abierta. El próximo lunes 20 de febrero, a las 20:00 horas, participo en la Sesión 3 del Ciclo, que lleva por título: ¿EL PESO DE LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS LASTRA EL DINAMISMO DE LA CIUDAD?, en el Salón de actos de la Fundación Cruzcampo, en Sevilla. Agradezco especialmente, una vez más, a Juan Luis Pavón Herrera, Fundador y Director en Sevilla World, la invitación para intervenir en este ciclo, que me ha ofrecido en nombre de Iniciativa Sevilla Abierta.

Es una pregunta muy sugerente y sobre la que sigo reflexionando en estos días preparatorios para mi intervención. Animo a quien lea esta convocatoria y esté interesado en asistir, que la entrada es libre hasta completar aforo. La organización del Ciclo desea que se confirme previamente la asistencia a cualquier sesión a la que deseen acudir, con el fin de que se pueda reservar asiento, escribiendo a la dirección de correo electrónico sevillaabierta@gmail.com. Recuerdan que el aforo es de 160 sillas.

La participación en este ciclo la considero como una forma de compromiso intelectual y social con todas las personas que pensamos que Sevilla tenemos que definirla más allá de su color especial y de su estereotipo de ciudad diferente, porque todos los días debemos buscar su mejor forma de ser y estar en el mundo y que de forma tan sabia dejó abierta Manuel Machado al cantar a Andalucía y caracterizar cada provincia, excepto Sevilla.

Lo escribí en 2006 en este cuaderno digital y sigo manteniendo viva la llama de la dignidad del compromiso intelectual, sobre todo porque no quiero participar en los silencios cómplices que nos rodean por todas partes en Sevilla, Andalucía, España y más allá de nuestro país. Reproduzco y comparto a continuación aquella reflexión, para que no se me olvide… ni siquiera un momento

El compromiso intelectual

Desde que tengo uso de razón científica me he preguntado muchas veces cómo puede poner uno su inteligencia al servicio de la humanidad, de las personas y situaciones sociales que necesitan atención humana en el pleno sentido de la palabra. También me he preguntado muchas veces en qué consiste el compromiso de los intelectuales con esta misma sociedad, no optando por posiciones políticas de partido, con militancia expresa. La verdad es que no he encontrado mucha literatura sobre el particular y, normalmente, son discursos muy elaborados que no están al alcance de todos los españoles, como diría el título de crédito del NODO al que recuerdo siempre en mis tardes de Madrid, pensando en Andalucía, de la que me sacaron sin muchas contemplaciones cuando solo tenía cuatro años.

Aproximarse a una definición de libro es imposible. Cualquier definición solo recoge la forma de establecer defensas innatas para protegerse de los ataques del enemigo, que desgraciadamente suele verse en todas partes sin que realmente existan. Como llevo tiempo pensando en esta realidad, el compromiso intelectual, ahí van unas cuantas reflexiones. La primera nace de la suerte de que una persona pueda plantearse el dilema en sí mismo, sin calificar esta “suerte” como lujo afrodisíaco: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera. Desgraciadamente. La pre-programación de la preconcepción, en clave aprendida del profesor Ronald Laing, es una tabula rasa sobre la que se elabora y encuaderna el libro de instrucciones de la vida. Y por lo poco que se sabe al respecto, quedan muchos años para descifrar el código vital, el llamado código genético de cada cual, personal e intransferible, mejor que el carnet de identidad al que lo hemos asociado culturalmente por la legislación vigente, mucho más atractivo que el de da Vinci, aunque ahora sea menos comercial. Afortunadamente. La niña que ayer corría despavorida por las playas palestinas, temblándole los labios, horrorizada con lo que había pasado con familiares y amigos, acababa de grabar imágenes para toda la vida. Su compromiso intelectual será siempre un interrogante y una dialéctica entre odio y perdón. A esto nos referíamos. La conclusión es que estamos mediatizados por nuestro programa genético y por nuestro medio social en el que crecemos. Todos somos “militantes” en potencia, con y sin carnet, dependiendo de sus aprendizajes para comprometernos con la vida. Militar en vida, esa es la cuestión.

La segunda vertiente a analizar es la del compromiso. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretándola como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamaba uso de razón científica, nos pasamos toda la vida decidiendo. Por eso nos equivocamos, a mayor gracia de Dios, como personas que habitualmente tenemos miedo a la libertad, acudiendo al Fromm que asimilé en mi adolescencia, pero que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos. Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada. Por eso me aproximé siempre a ella, porque me dejaban estar sin preguntarme nada. Intuían la importancia del descubrimiento de la respuestabilidad. Había inteligencia y compromiso activo. Seguro. Pero con un concepto equivocado como paso previo: la militancia de carnet. Craso error. Antes las personas, después la militancia. No al revés, que después vienen las sorpresas y las llamadas traiciones como crónicas anunciadas.

Una tercera cuestión en discusión se centra en el adjetivo del compromiso: intelectual y, hablando del grupo organizado o no, de los “intelectuales”. De este último grupo, líbrenos el Señor, porque suele ser el grupo humano más lejano de la sociedad sintiente, no la de papel cuché o la del destrozo personal televisivo. Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar eureka a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y “quesentir” diario (perdón por el neologismo). Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver, pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo.

Sevilla, 14/II/2017, enamorado de esta ciudad

NOTA: la imagen recuperada hoy de http://sevilla111.com/default.htm, a pesar del tiempo transcurrido desde su realización, es un símbolo de las muchas formas de ver Sevilla. Canal Sur daba la noticia en 2010, año de realización del proyecto, en los siguientes términos: “Meses de trabajo han dado como fruto la fotografía más grande del mundo. Una súper fotografía de 111 mil millones de píxeles, formada por 9.750 imágenes, tomadas a unos 60 metros de altura, desde el punto más alto de la famosa Torre Schindler en la Isla de la Cartuja. Como curiosidad, si imprimiéramos esta imagen ocuparía nada más y nada menos que 13.800 metros cuadrados, algo más que la superficie de dos campos de fútbol”.

Imprescindibles ocultos

Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles

Bertolt Brecht, Elogio a los combatientes

No necesitan muchos comentarios estas palabras. Quizá, solo cambiaría la palabra hombres por personas. En estos momentos de desconcierto existencial necesitamos personas buenas y mejores que ponen su inteligencia al servicio de los demás, cada una donde es, está, trabaja y vive, luchando contra la mediocridad, la tristeza y la tibieza, denunciando los silencios cómplices y rompiendo moldes a diario. Y debemos admirar y cuidar, sobre todo, a las personas que a través de su compromiso activo al servicio del interés general, se convierten en imprescindibles.

He visto la película Figuras ocultas, excelente, trayéndome a la memoria de secreto la vida de personas que están en el anonimato más terco y que son imprescindibles ocultos gracias a su inteligencia y a su conciencia de clase. En la película se resalta el papel estelar de tres mujeres afroamericanas, Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, que fueron pioneras en el mundo aeroespacial, gracias a su inteligencia matemática y a su conciencia de clase. Impecable en su trama, que desarrolla un guion basado en hechos reales.

Las tres protagonistas trabajaron en la división segregada de cálculo en el área oeste de Langley Research Center (NASA). Gracias a los cálculos matemáticos de Katherine Johnson, el coronel John Glenn se convirtió en el primer astronauta norteamericano en hacer una órbita completa de la Tierra. Dorothy Vaughan consiguió ser la primera supervisora de los servicios de IBM en la Agencia y Mary Jackson fue la primera mujer en ser ingeniera aeroespacial de Estados Unidos.

Cuando te recuerdan esta realidad histórica ejemplarizante, tomamos conciencia del valor de los talentos ocultos, que están muchas veces muy cerca de nosotros. Ha llegado el momento de hacerlos visibles, porque además los necesitamos para cambiar el mundo que, como se demuestra en la película, siempre es posible. En este caso, porque el parecido de las inteligencias imprescindibles con la realidad expuesta no es pura coincidencia.

Sevilla, 12/II/2017

La casa de lecturas

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Cuando se cierran librerías “se pierden miles de posibilidades de encontrarse con la realidad de la página escrita, no en blanco, participar en miles de historias que enriquecen las propias, se desvanecen miles de posibilidades de decir “gracias, por encontrarte [al autor, al librero, a la librera]” y las miles de historias quedan en la memoria de secreto de cada lector, de cada lectora… lamiendo sus conciencias”.

José A. Cobeña, Benditas librerías

Reconozco que siento una debilidad especial hacia las librerías, las casas de lecturas, aquél sueño que tantas veces cito de Guido Orefici (el protagonista de La vida es bella) al querer abrir una, en tiempos revueltos para su país, junto a otros dos: distinguir el norte del sur y leer a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida. Ayer me lo recordó la lectura de un artículo (1) sobre la librería Rafael Alberti, en Madrid, afortunadamente abierta, que conocí personalmente en tiempos también revueltos de este país recién iniciada la transición, cuando estaba al frente de ese gran proyecto Enrique Lagunero, gran amigo del poeta. Conservo todavía un cenicero que podías comprar en aquella época, diseñado por el propio Alberti.

Las librerías son casa de lectura, donde si encuentras una librera como Lola Larumbe, tienes garantizadas sus dos pasiones: compartir la lectura y el placer de la amistad. Es difícil encontrar ya libreros profesionales, porque lo que abunda y crecen como esporas son los vendedores de libros, que hoy atienden esta sección y mañana pueden pasar a otra sin que se sonroje nadie al respecto, salvando el principio mercantilista del todo vale si sabes vender. Pero vender libros es otra cosa. Así lo he entendido siempre y en el artículo que cito se transmite muy bien: “Si existiera una escuela para aprender a ser librero, Lola Larumbe debería ser su jefa de estudios. En ella se concentran todas aquellas virtudes que un buen librero debe conservar: disposición, amabilidad, conocimiento, sentido crítico, paciencia, inteligencia. Lola recomienda libros como el doctor receta medicamentos, con la exacta convicción de que lo que proponen a sus pacientes-clientes-lectores tiene la extraordinaria cualidad de salvar y animar vidas”.

Esta relación entre personas que se establece entre lector y librero o librera, necesitadas ambas de la pasión por la lectura, en una casa especial, no se puede dar en la relación digital entre lector y proveedor. Es la parte más humana de la lectura cuando se busca el placer de leer, compartir lo leído y la amistad de quien se llega a convertir en un gran amigo, en una gran amiga. Exactamente eso, que no pasa en la compra directa de libros digitales. En Internet no me conocen bien, solo analizan mis preferencias que ellos convierten en tendencias, mediante el análisis predictivo. Pero las personas necesitamos respuestas casi siempre a preguntas y situaciones personales que los sistemas informáticos ni sospechan y que solo las encontramos en libros excelentes a modo de islas desconocidas que profesionales como Lola Larumbe nos ayudan a encontrar.

Sevilla, 4/II/2017

(1) Espinosa de los Monteros, María Jesús (2017, 3 de febrero). “Los libros nos protegen de lo que pasa ahí fuera”. Babelia, El País.com.

SEVILLA, A DEBATE

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El próximo lunes 6 de febrero comienza “Sevilla, a debate’, un ciclo organizado por la asociación Iniciativa Sevilla Abierta. Participo en él en la Sesión 3 del Ciclo, que lleva por título: ¿EL PESO DE LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS LASTRA EL DINAMISMO DE LA CIUDAD?, el lunes 20 de febrero, a las 20:00 horas, en el Salón de actos de la Fundación Cruzcampo, en Sevilla. Agradezco especialmente a Juan Luis Pavón Herrera, Fundador y Director en Sevilla World, la invitación para intervenir en este ciclo, que me ha ofrecido en nombre de Iniciativa Sevilla Abierta.

Es una pregunta muy sugerente y sobre la que estoy reflexionando en estos días preparatorios para mi intervención. Animo a quien lea esta convocatoria y esté interesado en asistir, que la entrada es libre hasta completar aforo. La organización del Ciclo desea que se confirme previamente la asistencia a cualquier sesión a la que deseen acudir, con el fin de que se pueda reservar asiento, escribiendo a la dirección de correo electrónico sevillaabierta@gmail.com. Recuerdan que el aforo es de 160 sillas.

La participación en este ciclo la considero como una forma de compromiso intelectual y social con todas las personas que pensamos que Sevilla tenemos que definirla más allá de su color especial y de su estereotipo de ciudad diferente, porque todos los días debemos buscar su mejor forma de ser y estar en el mundo y que de forma tan sabia dejó abierta Manuel Machado al cantar a Andalucía y caracterizar cada provincia, excepto Sevilla.

Lo escribí en 2006 en este cuaderno digital y sigo manteniendo viva la llama de la dignidad del compromiso intelectual, sobre todo porque no quiero participar en los silencios cómplices que nos rodean por todas partes en Sevilla, Andalucía, España y más allá de nuestro país. Reproduzco y comparto a continuación aquella reflexión, para que no se me olvide… ni siquiera un momento

El compromiso intelectual

Desde que tengo uso de razón científica me he preguntado muchas veces cómo puede poner uno su inteligencia al servicio de la humanidad, de las personas y situaciones sociales que necesitan atención humana en el pleno sentido de la palabra. También me he preguntado muchas veces en qué consiste el compromiso de los intelectuales con esta misma sociedad, no optando por posiciones políticas de partido, con militancia expresa. La verdad es que no he encontrado mucha literatura sobre el particular y, normalmente, son discursos muy elaborados que no están al alcance de todos los españoles, como diría el título de crédito del NODO al que recuerdo siempre en mis tardes de Madrid, pensando en Andalucía, de la que me sacaron sin muchas contemplaciones cuando solo tenía cuatro años.

Aproximarse a una definición de libro es imposible. Cualquier definición solo recoge la forma de establecer defensas innatas para protegerse de los ataques del enemigo, que desgraciadamente suele verse en todas partes sin que realmente existan. Como llevo tiempo pensando en esta realidad, el compromiso intelectual, ahí van unas cuantas reflexiones. La primera nace de la suerte de que una persona pueda plantearse el dilema en sí mismo, sin calificar esta “suerte” como lujo afrodisíaco: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera. Desgraciadamente. La pre-programación de la preconcepción, en clave aprendida del profesor Ronald Laing, es una tabula rasa sobre la que se elabora y encuaderna el libro de instrucciones de la vida. Y por lo poco que se sabe al respecto, quedan muchos años para descifrar el código vital, el llamado código genético de cada cual, personal e intransferible, mejor que el carnet de identidad al que lo hemos asociado culturalmente por la legislación vigente, mucho más atractivo que el de da Vinci, aunque ahora sea menos comercial. Afortunadamente. La niña que ayer corría despavorida por las playas palestinas, temblándole los labios, horrorizada con lo que había pasado con familiares y amigos, acababa de grabar imágenes para toda la vida. Su compromiso intelectual será siempre un interrogante y una dialéctica entre odio y perdón. A esto nos referíamos. La conclusión es que estamos mediatizados por nuestro programa genético y por nuestro medio social en el que crecemos. Todos somos “militantes” en potencia, con y sin carnet, dependiendo de sus aprendizajes para comprometernos con la vida. Militar en vida, esa es la cuestión.

La segunda vertiente a analizar es la del compromiso. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretándola como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamaba uso de razón científica, nos pasamos toda la vida decidiendo. Por eso nos equivocamos, a mayor gracia de Dios, como personas que habitualmente tenemos miedo a la libertad, acudiendo al Fromm que asimilé en mi adolescencia, pero que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos. Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada. Por eso me aproximé siempre a ella, porque me dejaban estar sin preguntarme nada. Intuían la importancia del descubrimiento de la respuestabilidad. Había inteligencia y compromiso activo. Seguro. Pero con un concepto equivocado como paso previo: la militancia de carnet. Craso error. Antes las personas, después la militancia. No al revés, que después vienen las sorpresas y las llamadas traiciones como crónicas anunciadas.

Una tercera cuestión en discusión se centra en el adjetivo del compromiso: intelectual y, hablando del grupo organizado o no, de los “intelectuales”. De este último grupo, líbrenos el Señor, porque suele ser el grupo humano más lejano de la sociedad sintiente, no la de papel cuché o la del destrozo personal televisivo. Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar eureka a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y “quesentir” diario (perdón por el neologismo). Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver, pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo.

Sevilla, 1/II/2017

NOTA: la imagen recuperada hoy de http://sevilla111.com/default.htm, a pesar del tiempo transcurrido desde su realización, es un símbolo de las muchas formas de ver Sevilla. Canal Sur daba la noticia en 2010, año de realización del proyecto, en los siguientes términos: “Meses de trabajo han dado como fruto la fotografía más grande del mundo. Una súper fotografía de 111 mil millones de píxeles, formada por 9.750 imágenes, tomadas a unos 60 metros de altura, desde el punto más alto de la famosa Torre Schindler en la Isla de la Cartuja. Como curiosidad, si imprimiéramos esta imagen ocuparía nada más y nada menos que 13.800 metros cuadrados, algo más que la superficie de dos campos de fútbol”.

Cuando muere un niño subsahariano…

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desgraciadamente ya no es noticia, porque llegó tarde y no permitió al mundo conocerla a tiempo de reflexionar en el acto, ni ocupar titulares de periódicos, muy enfrascados en Trump y en sus órdenes ejecutivas impresentables: “El cuerpo sin vida de un niño inmigrante de origen subsahariano de unos seis años ha sido hallado en una playa de Barbate (Cádiz) por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”. Parece como si tuviéramos integrada la muerte de los que siguen buscando un mundo diferente atravesando el mar que separa Marruecos de España. Todo parece…, que si procedía la embarcación del Cabo Espartel (Tánger), que si venían unos cinco ocupantes, que si el cadáver parece ser de un niño de cinco a siete años…, que probablemente se llamaba Samuel, hijo de Veronique, naturales de la República del Congo, que tampoco ha aparecido desde que naufragaron a mediados de este mes, muy cerca de la costa de Cádiz.

He recordado a través del nombre de este niño la historia bíblica de Samuel, como una lección en defensa de la mujer y, en el fondo, de su historia. Me refiero al relato de Elcaná y Ana, en el primer libro de Samuel, en el mal llamado Antiguo Testamento, porque podría ser actual si tuviéramos la oportunidad de leerlo con visión de género compartido. Hay un momento muy emocionante, cuando Elcaná ve a su otra mujer llorando por los rincones porque no puede tener hijos, es decir, porque no cumple su misión, lo que hoy justifica simbólicamente cualquier marginación, sin interferir la historia real de España. En un gesto sin precedentes, en el contexto social y religioso en el que vivían, dice: ¿Por qué lloras, Ana, no vale mucho más nuestro amor que muchos hijos? Y nació su hijo, Samu-el, “pedido a Dios”, en hebreo, a pesar de que un sacerdote cercano creía que estaba ebria “porque, habitualmente, no decía nada”. Elcaná fue un hombre colaborador, rompedor de barreras multiseculares, que enseña a los hombres de hoy que Ana es capaz de dejar de llorar si le damos su sitio, si saliendo de su tierra y de su parentela como Veronique puede alcanzar la ansiada felicidad humana. Sin ayuda de Dios. Con la nueva visión de los que permiten que la mujer se incorpore a la vida diaria y a un mundo mejor con igual derecho que cualquier hombre, a pesar de que algunas leyes, las costumbres, las creencias y determinados hombres se lo estén robando.

Todo parece…, pero la realidad es muy dura. Ocurrió el viernes pasado por la mañana y la Subdelegación del Gobierno lo comunicó ayer a la agencia Efe, es decir, dos días después del hallazgo. Parece incomprensible no haberlo difundido antes. Cuando muere un niño subsahariano o cualquier niño que huye del horror humano, muere parte de la sociedad insensible con esta dura realidad de desarraigo total, a la que hay que seguir prestando toda la atención posible.

No sabemos nada más de ese niño, ni de Veronique, su madre. Parece que venía con sus padres a buscar un mundo mejor que el que tenían de origen. Parece que buscaban cosas humanas y solo quedan preguntas por contestar. ¿Por qué ha muerto este niño y, posiblemente, su madre? Escribí sobre esta triste realidad en 2008, con motivo de la muerte en el mar de 15 sin papeles subsaharianos, entre ellos nueve niños de entre 12 meses y nueve años, cuando sus padres solo buscaban la felicidad humana, cosas humanas, en una patera [isla] desconocida, viajando hacia Andalucía…, porque probablemente en esta Comunidad está ya entreabierta alguna puerta para el compromiso de acogerlos con el calor humano que necesitan.

Todo parece…, pero lo que es cierto es que cualquier parecido con la realidad es una fatal coincidencia que nos debería obligar, desde la ética personal y colectiva, a no olvidarlo ni siquiera un momento. Cada uno, cada una, en lo que cualquier dios o lo aprendido en la vida le permita comprender y hacer para que lo que ha sucedido con Samuel no vuelva a ocurrir nunca más. Ni nada que se le parezca.

Sevilla, 30/I/2017

NOTA: la imagen de la playa El Roqueo, donde al parecer ha aparecido el cuerpo de este niño, se ha recuperado hoy paradójicamente de http://www.cadizturismo.com/playas/cadiz/el-roqueo/?set_language=en