“¡Están aquí!”, un documental del Festival de Venecia que denuncia al ICE de Trump

Un avión que deporta inmigrantes en EEUU / Mostra Cinematográfica de Venecia

Sevilla, 12/IX/2026 – 10:56 h CET (UTC+2)

El pasado 8 de septiembre, se proyectó en la Mostra Cinematográfica de Venecia, en la sección “Venecia Abierta – Fuera de concurso”, un corto-documental de 25 minutos, They’re Here (Están aquí), codirigido por Laura Poitras, Premio Oscar y León de Oro d’Oro en 2022 con All the Beauty and the Bloodshed y por Rachel Lauren Mueller, documentalista y periodista de investigación con trabajos publicados en el New York Times y transmitidos por PBS y Al Jazeera.

El corto muestra imágenes inéditas de la intervención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU (ICE) en Minneapolis, en enero de este año. La sinopsis oficial facilitada por la Mostra, nos permite conocer que “They’re Here es una obra de terror que cuenta la historia de Edén Villa (nombre ficticio) y algunos residentes anónimos de Minneapolis, comprometidos a escapar y oponerse a la ocupación paramilitar de su ciudad. Bajo el signo del cine distópico, They’re Here está ambientado en un escenario invernal en el que agentes enmascarados secuestran a niños, los residentes se ven obligados a viajar escondidos en los maleteros, los prisioneros encadenados son cargados en aviones ante los ojos de los turistas y los ciclistas monitorean los movimientos de una fuerza invasora”. Más interesante todavía es conocer un comentario de las directoras sobre el corto: “Nuestro enfoque cinematográfico nace de un vídeo de diez segundos encontrado en la red: una idílica escena invernal con árboles nevados junto al sonido de gritos: «¡Quédense dentro! ¡Cierren las puertas! ¡Estoy aquí!”. Los monstruos no se ven, pero las voces evocan todo el terror: es a la vez un horror y un documental escalofriante. Con nuestra película queríamos transmitir una sensación similar. Como periodistas, asistimos horrorizados por la normalización de la violencia de Estado. En los Estados Unidos, ahora está a la orden del día que la policía fronteriza, con la cara cubierta, secuestre a niños y realice ejecuciones a plena luz del día. Creemos que el cine puede descartar este sentido de inevitabilidad. Las imágenes de resistencia y redención muestran que la historia aún no está escrita y que la violencia no siempre triunfa”.

He podido conocer más detalles de la proyección inaugural del documental, gracias a una crónica excelente, publicada por elDiario.es, El terror de las deportaciones del ICE sacude Venecia en solo 25 minutos, que recomiendo leer con la atención que merece.

Lo he manifestado en ocasiones anteriores cuando he hablado del cine de compromiso social, como es el caso de este documental. Existe un determinado cine de calidad que nunca es inocente. No he olvidado cómo me han conmovido determinadas películas que conservo en mi filmoteca cerebral. Recuerdo ahora Hoy empieza todo, excelente película de Bertrand Tavernier, donde pude constatar que el cine, en realidad, no es cine, sino la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando encontramos las mejores historias, un gran corazón late, se alarma, va más despacio, sale de la sala cinematográfica con el deseo de seguir creyendo en un mundo diferente que todavía es posible. Todos los rostros miran en la misma dirección. Este impulso es el que aspiramos a que nos acompañe siempre, porque es el que nos permite descubrir y alimentar cualquier microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película de Tavernier, aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor digno que nos conmueve, es decir, que nos perturba, inquieta, altera, que nos provoca situaciones placenteras que consuelan a nuestra persona de secreto con fuerza y eficacia, afectando de lleno los sentimientos y emociones.

Por estas razones, caminar en paralelo con la Historia, negándola, es condenarnos en vida a no resurgir de las cenizas y, lo que es peor, a obviar la realidad de que el ave fénix existe. Además, cuando lo hacemos con las personas más próximas, escribimos casi sin darnos cuenta la crónica de una muerte personal y social anunciada. Estamos avisados por Eduardo Galeano: la memoria está en el aire que respiramos; y ella, desde el aire, nos respira. Recordar hoy a las víctimas del ICE financiado por Trump contra los inmigrantes latinoamericanos, tal y como se muestra en They’re Here (Están aquí), nos debe conducir a no olvidarlas, porque esa historia narrada en el documental se repite todos los días en la América de Trump y no debe quedar impune: ”¿La historia se repite? ¿O se repite sólo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla? 

Este documental no es una historia muda: “Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa” (1). Lo recuerdo una vez más, para que no se olvide ni siquiera un momento.

(1) Galeano, Eduardo (1998). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI de España.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La fuerza de la razón debería seguir viva en Chile, 53 años después del golpe de Estado

Salvador Allende y su esposa, Tencha Bussi, en 1971, junto a sus nietas Marcia Tambutti (izquierda de la imagen) y Maya Fernández (derecha)

Sevilla, 11/IX/2026 – 08:31 h CET (UTC+2)

Sigo cuidando la memoria democrática universal, la de mi país, hoy la de Chile, a pesar del cambio político por la llegada a la presidencia del ultraderechista José Antonio Kast, porque proteger esa memoria es el ancla del futuro democrático que demandan nuestros pueblos. Con tal motivo, cumplo un compromiso como español, ciudadano del mundo, que admira al pueblo chileno, utilizando los términos que figuraban en el compromiso final de la carta «Compromiso: Por la democracia, siempre», que no olvido, firmada en 2023, en el 50 aniversario del fatídico golpe de Estado en Chile, por el presidente Gabriel Boric, junto a otros cuatro expresidentes chilenos, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos Escobar, Michelle Bachelet Jeria y Sebastián Piñera Echenique, en la que hicieron una reflexión profunda y breve sobre los 50 años del golpe de Estado que puso fin al Gobierno de Salvador Allende y que dio inicio a la triste, injusta y malévola dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Para el nuevo presidente no hay nada que celebrar, por lo que ya ha manifestado sobre la agenda oficial de ese día, que será ordinaria, sin celebración especial, duelo oficial o acto institucional alguno que recuerde el golpe de estado del general Pinochet, el 11 de septiembre de 1973. Como mucho, ese día se podrá dar una “intencionalidad” especial a la misa que se celebra todos los viernes: “Si alguien pide que la misa matinal que se oficia en La Moneda ese viernes tenga una intención especial, no hay inconveniente. Cada viernes se celebra una liturgia y no vemos inconvenientes en que se rece ese día; sin embargo, nuestras oraciones están dirigidas al Chile presente y al Chile que viene”, expresó”. Tristes palabras para los demócratas chilenos, en una jornada en la que se debería recordar la memoria histórica del golpe de estado de 1973.

Escudo de Armas de la República de Chile

A pesar de estos reveses antidemocráticos, pasan los años y la frase Por la razón o la fuerza sigue siendo, curiosamente, el lema nacional de la República de Chile, que conmemora hoy el 53º aniversario del golpe de Estado de 1973, recordado año tras año en este cuaderno digital, respetando la memoria democrática de ese país. Este lema es la traducción del latín aut consilio aut ense (por consejo o por espada) que respeta la tradición del pueblo chileno, reflejada en la descripción oficial del Escudo de Armas del país, que “presenta una estrella de plata de cinco picos al centro de un campo cortado, azul turquí el superior y rojo el inferior, y su forma es la fijada por el modelo oficial aprobado por decreto de Guerra 2.271 de 4 de septiembre de 1920, conforme a la ley, y el cual, además, tiene por timbre un plumaje tricolor de azul turquí, blanco y rojo; por soportes un huemul rampante a su derecha y un cóndor a su izquierda en la posición que fija ese modelo, coronado cada uno de estos animales con una corona naval de oro; y por base un encaracolado cruzado por una cinta con el lema «Por la razón o la fuerza», todo en conformidad al referido modelo”. Esto es así porque, según las disposiciones vigentes, “los emblemas nacionales, reciben la influencia en su uso que la costumbre del pueblo le impone, lo que hace necesario reglar y orientar dicho uso”.

Si he comenzado hoy el día con este recuerdo de lo sucedido en 1973 en Chile, es para resaltar el esfuerzo democrático en el citado país reforzando la importancia del imperio de la razón sobre la sinrazón de la fuerza, resumido en la propuesta que el expresidente Gabriel Boric hizo durante la campaña presidencial de 2021 que lo llevó finalmente al poder, cambiar el lema nacional por la “La fuerza de la razón”, más acorde con los principios democráticos que se vivían en ese momento en el país, porque “la costumbre del pueblo lo impone”: “Yo lo único que cambiaría sería, quizás, el lema del escudo. En vez de Por la razón o la fuerza, creo que sería mejor hablar Por la fuerza de la razón, que nos identifica más en estos tiempos, aunque quizás a José Antonio Kast [líder del Partido Republicano, de derechas] no le guste”. Era un aviso para navegantes democráticos en Chile.

Desde 1812 quedó fijado este lema por el pueblo chileno, que compartía con otro de cabecera en su escudo, que era un símbolo que conserva hoy su sentido primigenio aunque desapareciera del escudo de armas actual: Post tenebras lux (Después de las tinieblas, la luz). ¡Qué premonición para un futuro mejor! Es lo que el pueblo chileno, con memoria democrática, ha defendido a lo largo de 53 años después del terrible golpe de Estado de 1973. Va en su ADN ideológico de progreso y democracia. Lo proclamó Salvador Allende hace ya 53 años, en momentos terribles para su país, representando al Frente Popular, del que nunca se avergonzó, cuando la derecha hizo estragos por doquier por el golpe de Estado: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

En este sueño de pasear, de verdad, por las grandes alamedas de libertad en cualquier lugar del mundo, también en nuestro país, las palabras de Salvador Allende cobran una importancia especial cuando asistimos al ocaso de la democracia en Chile, en nuestro país, en un clima de polarización enferma, donde expresarse en libertad cuesta cada día más. En estos momentos, es muy difícil dialogar sin insultos y descalificaciones en cualquier ámbito, con un ambiente crispado vaya donde vayas, estés donde estés. 

Por todo lo expuesto anteriormente, recuerdo de nuevo a Chile y cuido la democracia dondequiera que esté presente. Ha costado muchos años reconstruir Chile, su democracia, pero la ultraderecha ha llegado al poder, borrando la memoria democrática del país. No lo olvidemos, cuidando sobre todo la memoria histórica, algo que nuestro país debe hacerlo día a día, en democracia, siempre.

Una cosa más, para terminar, que nos obliga a cuidar la memoria democrática de este mundo al revés. No debemos olvidar tampoco lo sucedido hace veinticinco años en la Torres Gemelas, en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, como hoy, que marcó un antes y un después en la democracia mundial y donde el terrorismo pasó a ocupar todas las cabeceras de los medios de comunicación del globo terráqueo. A partir de ese día, ya nada sería igual y veinticinco años después seguimos viviendo con dolor y espanto aquellas imágenes irrepetibles del derrumbamiento de las famosas torres y creo que de una forma de ser y estar en el mundo por parte de sus pobladores. Para que tampoco se olvide en los cuidados especiales, intensivos, urgentes, necesarios e imprescindibles que necesita en estos momentos la democracia mundial y, obviamente, la de nuestro país. Estoy convencido de que la fuerza de la razón, no al revés, es la que consolida la democracia ante cualquier amenaza. Estamos avisados.

Quilapayún, El pueblo unido jamás será vencido

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¡Paz y Libertad!

Que todo en belleza acabe / y 7. Martínez Montañés, el escultor de la fragancia perdida

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, c.a. 1635, Juan Martínez MontañésMuseo del Prado / Flores de azahar

Sevilla, 8/IX/2026 – 08:25 h CET (UTC+2)

Esta serie llega hoy a su fin, con una historia “cazada” en Sevilla y contada por mí en 2021, una vez más descubierta a través de la lectura de un texto de Eduardo Galeano, “El escultor”, que conmueve hoy como si el artista jienense de cuna y sevillano de corazón, Juan Martinez Montañés, estuviera ahora mismo entre nosotros, sus “paisanos” de espíritu.

Si algo importante he aprendido con la belleza final de esta historia narrada por Galeano, es que Juan Martinez Montañés esculpió cada vez que pudo la fragancia perdida de Sevilla, en su sentido más profundo. Hoy, esta ciudad, por su conversión en un parque temático por el turismo mal entendido, junto a la gentrificación del centro histórico, ha perdido su esencia, en una ciudad en la que el gran escritor Stefan Zweig dijo, hace más de un siglo, que “en ella se podía ser feliz”: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”.

Martínez Montañés habría esculpido hoy su felicidad y belleza plenas. Para ayer, hoy y mañana, para siempre.

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El buscador de historias / y 7. Martínez Montañés, el escultor de la fragancia perdida

Sevilla, 30/VIII/2021

Finalizo hoy esta búsqueda de historias de la mano y letra de Eduardo Galeano, de la mejor forma que podía hacerlo, paseando por Sevilla y recordando a Juan Martínez Montañés, un escultor inolvidable en torno a la imaginería católica de esta sacrosanta ciudad. Leyendo las páginas finales de su libro El cazador de historias, llegué a una que tenía que ver con este escultor, que reproduzco para no alterar su sentido, en su forma y fondo. Además, salvando lo que haya que salvar, es un pequeño homenaje a una persona que quiso regalar a Sevilla lo mejor que sabía hacer, esculpir la madera, en una época de pandemia por la peste que asolaba la ciudad y que ahora, al leer estas bellas palabras de Galeano, sabemos que desde donde quiera que esté volvería a hacerlo por esta ciudad a la que tanto amó. Leer esta historia, El escultor, conmueve hoy como si él estuviera ahora mismo entre nosotros, sus “paisanos” de espíritu:

En mayo de 1649, Sevilla perdió el aroma que siempre le había dado fama y consuelo.
Olía a muerte la ciudad de los azahares.
Atacada por la peste, la gente abría zanjas donde echarse a morir y los naranjos daban lástima en lugar de flores.
El escultor Juan Martínez Montañés, que a lo largo de sus muchos años había creado los Cristos y los santos de los templos sevillanos, quiso esculpir la fragancia perdida.
A esa tarea dedicó toda la energía que le quedaba, noche tras noche, día tras día.
Y tallando flores murió.
Dicen que Sevilla resucitó porque él ofreció en sacrificio la poca vida que le quedaba. Y dicen que sus flores, las nacidas de sus manos, limpiaron el aire de la ciudad muribunda
.

Es la mejor forma de finalizar esta serie dedicada a buscar historias en islas desconocidas. La maestría de Galeano nos ha traído a Sevilla para recordarnos al niño protagonista de su introducción a la historia del arte, cuando cenando con Nicole y con Adoum, hablaron de un escultor que trabajaba un día rodeado de niños, porque todos los niños del barrio son sus amigos: ”Un buen día la alcaldía le encargó un gran caballo para una plaza de la ciudad. Un camión trajo al taller el bloque gigante de granito. El escultor empezó a trabajarlo, subido a una escalera, a golpes de martillo y cincel. Los niños lo miraban hacer. Entonces los niños partieron, de vacaciones, rumbo a la montaña o el mar. Cuando regresaron, el escultor les mostró el caballo terminado. Y uno de los niños, con los ojos muy abiertos, le preguntó: Pero… ¿cómo sabías que adentro de aquella piedra había un caballo?» (1).

En definitiva, al igual que le ocurría a Miguel Ángel con el mármol de sus bellas esculturas, lo que hizo Martínez Montañés con su ofrenda a Sevilla, en momentos tan difíciles de pandemia, fue quitar la madera sobrante a las flores de azahar que ya estaban dentro de ella. De esta forma, esculpió también para su ciudad de acogida su fragancia perdida. Para ayer, hoy y mañana, para siempre.

(1) Galeano, Eduardo, en Días y noches de amor y de guerra, 2005. Madrid: Siglo XXI de España.

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¡Paz y Libertad!

Que todo en belleza acabe / 6. La ropa nunca debería ser un trapo, sino la segunda piel

Sevilla, 7/IX/2026 – 08:43 h CET (UTC+2)

Entre las historias “cazadas” y narradas por Eduardo Galeano en el libro (1) que elegí en la serie de 2021, hay una que titula El tejedor, que considero de importancia plena al constatarse hoy día una realidad, la compra compulsiva de ropa en las tiendas físicas y virtuales, como si fueran un filón inagotable.

En este contexto, comparto hoy algo que comprendí perfectamente al leer esta historia de Galeano, porque la ropa nunca debería ser considerada como trapos sino como la segunda piel. Valoraríamos entonces qué importancia tiene respetar qué significado tiene, quiénes están detrás de cada ropa que nos ponemos y cómo las etiquetas de fabricación y origen, China, Bangladesh, Vietnam, Pakistán, y Myanmar (Birmania), entre otros muchos países, delatan qué está pasando en el mundo de la confección lista para llevar, sin tener en cuenta en qué condiciones laborales y con qué materias primas se han fabricado.

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El buscador de historias / 6. La ropa nunca debería ser un trapo

Sevilla, 29/VIII/2021

En medio de tanta confusión con la moda de vestir, los y las “influencers”, campañas publicitarias de cada estación y desfiles de modistos y modistas de todo tipo, así como las grandes tiendas virtuales, he encontrado una historia de Galeano que me ha encantado y que hoy quiero compartir con el resto de buscadores del mundo. Él le puso un título en principio aséptico, El tejedor, aunque todo lo que escribe nunca es inocente. Vean por qué:

“En Oaxaca, en el taller de Remigio Mestas, se aprende que la ropa está viva.

Hay curiosos que se asoman atraídos por la hermosura de los huipiles, los rebozos y los paños, pero ese no es más que el punto de partida de un hondo espacio de encuentro.

Remigio, indio zapoteca, ha organizado un grupo de tejedores de las diversas comunidades mexicanas, que tejiendo recuperan sus raíces y su orgullo:

La ropa no es un trapo-, dice Remigio, y explica que las ropas de vestir tienen espíritu y trasmiten energía, cuando son nacidas de manos amantes.

La buena tela te dice: soy tu segunda piel.

Y para comprobar que no miente, basta con tocar cualquiera de sus obras”.

Me he sumergido en el mundo de Remigio, maestro textilero, para conocer con detalle su ingente obra cultural y me he quedado con una idea que repite sin cesar: las personas que tejen la ropa en la Asociación de Hermanos de Hebra, fundada por él, tienen una genética que les hace idear y amar lo que hacen, con proyectos tan interesantes como el denominado “Telares que retoñan”. Hoy he comprendido que, efectivamente, la ropa nunca debería ser considerada como trapos sino como la segunda piel. Valoraríamos entonces qué importancia tiene respetar qué significado tiene, quiénes están detrás de cada ropa que nos ponemos y cómo las etiquetas de fabricación y origen delatan qué está pasando en el mundo de la confección lista para llevar.

He leído la etiqueta de mi camiseta y he visto que está hecha en Myanmar (Birmania). La han fabricado máquinas sin alma, pero con personas que dan a un botón para que en una cadena de producción llegue hasta mi cuerpo, por un miserable salario y en jornadas laborables interminables. No tengo conciencia de su valor humano. Este es el motivo de haber compartido hoy esta historia, para que nos ayude a aprender, de una vez por todas, a comprender que cada cosa que nos ponemos o calzamos deberían ser siempre una segunda piel.

Cuando Remigio Mestas explica que en una tela aparece una balsa, que llevan también unas iniciales, sabe que la ha confeccionado la familia Palafox. Incluso si no lleva estas iniciales, el identificador de la familia desde sus ancestros es la balsa con pescadores. No hace falta nada más. Cuando alguien se pone su ropa sabe que tiene alma y una larga historia familiar detrás. Además, la ropa, los tintes y la confección son artesanales de principio a fin. Esa ropa está hecha por manos amantes, tienen espíritu y transmiten energía. No es lo mismo, no es lo mismo que la realidad de la confección actual. La familia Palafox plasma en sus telas sus protecciones, sus dioses, su medio ambiente, desde hace miles de años. Viven en San Mateo del Mar (Tehuantepec), donde confeccionan auténticas obras de arte. Es impresionante escucharle decir que después de dieciocho años de trabajo en la Hermanos de Hebras, han logrado que el trabajo tenga una remuneración justa, tanto para el artesano como para el consumidor, así como cuidar la calidad en todas las fases de confección de cada pieza. La constancia y lo justo son la clave de su éxito.

Otro mundo por descubrir por nuestra parte es el universo de los colores de sus ropas, porque en el Textil Oaxaqueño existen tres colores fundamentales: la grana cochinilla, que se usa en comunidades zapotecas, mixtecas, tacuates; el azul añil, de la familia de la leguminosa, presente en mucha de la indumentaria tradicional del Estado; y el caracol [violeta], que es uno de los colores más importantes en el mundo y en Oaxaca también, sobre todo en la costa chica y en la parte del istmo. El caracol se obtiene de un molusco que hay en los pueblos chontales de huatulco, algunos zapotecos y mixtecos de la costa de Puerto Ángel, y rumbo a Pinotepa Nacional.

Me despido por hoy de Galeano y de Remigio Mestas, agradeciéndoles que con su compañía haya descubierto de nuevo el valor auténtico de la ropa, el valor de su circulo sostenible y del respeto a la cultura y la dignidad de los pueblos artesanos desde su genética. Ha sido extraordinario entrar hoy en su tienda de la dignidad textil, de su arte, en el centro de Oaxaca, con un nombre de profundo respeto a los antepasados: Los baúles de Juana Cata. Volveré de nuevo para conocer a fondo sus huipiles, rebozos y paños, ropas que dignifican al ser humano de Oaxaca o de cualquier lugar del mundo dónde sus ropas viajan, como segunda piel, hacia alguna parte de la dignidad humana.

(1) Galeano, Eduardo. El cazador de historias, 2016. Madrid: Siglo XXI.

NOTA: la imagen se recuperó de El hilo continuo: La conservación de las tradiciones textiles de Oaxaca (d2aohiyo3d3idm.cloudfront.net)

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¡Paz y Libertad!

Que todo en belleza acabe / 5. Un niño llamado Nemo

Winsor Mc CayLittle Nemo in Slumberland, 1905

Sevilla, 6/IX/2026 – 10:05 h CET (UTC+2)

Hoy busco belleza en el mundo de los sueños estando muy despierto, contrastando dos historias de niños inquietos, Nemo y Diego, muy diferentes, pero dando un valor extraordinario a la contada por Eduardo Galeano, El mar, sin dejar atrás a Nemo: “Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura”.

Sólo pudo salir de aquella mudez extrema, cuando pronunció una frase esencial: ¡ayúdame a mirar! La naturaleza libre, no contaminada, es quien entrega su hermosura al niño que sólo quiere una cosa: mirar, al igual que nos sucede con muchas imágenes de nuestra vida en las que sólo viéndolas valen más que mil palabras. Lo que ocurre es que muchas veces necesitamos ayuda, como Diego, para saber que está pasando y estamos viendo. Es lo que quiero transmitir, junto a Galeano, al escribir esta serie: buscar historias durante unos días, para dar un sentido a la vida, para que todo en belleza acabe, si es posible. Soñar creando, porque los ojos, cuando están cerrados, preguntan.

Man Ray, Sueño, 1937

«Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.» Antoine de Saint Exupéry, Terre des Hommes, 1939 (2)

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El buscador de historias / 5. Un niño llamado Nemo

Sevilla, 28/VIII/2021

Salí muy temprano a buscar la historia de hoy, acompañado por Galeano, deteniéndome en una profecía vinculada a un protagonista de principios de siglo XX, el pequeño Nemo, que no hay que confundir con el protagonista de Pixar, con su encanto particular. La historia, que se llamaba “Profecías” era así:

¿Quién fue el que mejor retrató el poder universal, con un siglo de anticipación?
No fue un filósofo, ni un sociólogo, ni un politólogo.
Fue un niño llamado Nemo, que allá por 1905 publicaba sus aventuras, dibujadas por Windsor Mc Cay, en el diario New York Herald.
Nemo soñaba el futuro.
En uno de sus sueños más certeros llegó hasta Marte.
Ese desdichado planeta estaba en manos del empresario que había aplastado a sus competidores y ejercía el monopolio absoluto.
Los marcianos parecían tontos, porque hablaban poco y poco respiraban.
Nemo supo por qué: el amo de Marte se había hecho dueño de las palabras y del aire.
Las claves de la vida., las fuentes del poder.

Me interesó mucho esta historia, su texto y contexto, porque el mensaje era profundo. ¿Quién daba vida a Nemo? Un historietista -¡qué palabra tan bonita!- estadounidense, Winsor Mc Cay, con un papel relevante en la historia universal del cómic, autor del clásico Little Nemo in Slumberland (El pequeño Nemo en el País de los sueños), que abriría el camino al cine de animación e inspiraría entre otros autores al mismo Walt Disney: “Little Nemo in Slumberland está considerada una de las obras clásicas del cómic de todos los tiempos. Cada página de la serie corresponde a un sueño del niño Nemo –»nadie», en latín–, y tiene una estructura recurrente: en todas las páginas, en una pequeña viñeta del ángulo inferior derecho, Nemo despierta; la página siguiente, sin embargo, retoma el sueño donde había quedado la noche anterior, lo que confiere a la serie una estructura folletinesca que permite introducir numerosos personajes secundarios y mostrar un mundo de los sueños (Slumberland) de una gran riqueza narrativa. Por la importancia que concede a lo onírico, se ha relacionado la obra de Mc Cay con movimientos culturales posteriores, como el surrealismo o la literatura del absurdo. […] Su obra pone en escena arquitecturas fantásticas, elementos decorativos inspirados en el art nouveau, así como faunas y floras imaginarias, en un inacabable derroche de imaginación.

Quise conocer también el argumento de la serie dibujada por Mc Cay: El protagonista del cómic era un niño llamado Nemo -«nadie», en latín-, y cada página dominical de la serie correspondía a un sueño suyo. El protagonista despertaba siempre en la última viñeta de la página, a veces entre llantos, cayendo de la cama, o debiendo ser atendido por sus padres. Los sueños de Nemo, sin embargo, tenían continuidad narrativa, lo que daba a la serie una estructura folletinesca muy adecuada para introducir numerosos personajes secundarios y mostrar un mundo de los sueños (Slumberland) de una gran riqueza narrativa. Al comienzo de esta serie, visita a Nemo en sus sueños un emisario del rey Morfeo, con la orden de llevarle al País de los Sueños, donde deberá convertirse en compañero de juegos de la Princesa (cuyo nombre no se menciona en el cómic). Lo consigue, tras muchas vicisitudes, pero entonces su sueño es interrumpido por la aparición de un extraño personaje, Flip, que lleva un sombrero de copa con la frase «Wake Up» («Despierta») escrita en él. Desde entonces, Flip se convierte en el principal antagonista de Nemo, pues, sólo con verle, manda al protagonista de vuelta a la prosaica realidad. Flip termina convirtiéndose en un compañero algo gamberro de Nemo, y aparecen otros personajes secundarios, como el Doctor Píldora, el Imp, el Niño Caramelo y Santa Claus, además de los anteriormente citados.

Conocido el contexto de esta serie, lo que verdaderamente me llamó la atención fue la profecía que encierra esta historieta. Creo que hoy más que nunca nos suena Marte como un planeta bastante cercano, sus hipotéticos dueños y el gran vencedor de la batalla por adueñarse de su territorio, así como el resultado: el dueño de los dueños se había apropiado también del habla de los marcianos y del aire, las claves de la vida, las fuentes del poder. El que quiera entender que entienda, pero visto lo visto recientemente con el gran espectáculo del mundo orbital y marciano, habrá que estar pendientes para que no se vuelva a repetir la historia. Lo analicé en un  artículo recientesobre el insultante turismo espacial y la imprescindible perspectiva orbital.

Mientras leía lo que me indicaba Galeano, recordé otra historia suya, El mar (1), en el que el protagonista, el pequeño Diego, descubrió el mar y ante tanta inmensidad y fulgor, el niño se quedó mudo de hermosura y cuando al fin pudo hablar de nuevo, pidió a su padre una sola cosa: que lo ayudara a mirar:

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
—¡Ayúdame a mirar!

La diferencia entre la primera historia y la segunda estriba en que el poder omnímodo de quienes lo detentan de forma espuria, es capaz de quitar la palabra a las personas e incluso el aire que respiran, convirtiendo ese sueño en una realidad anunciada por un profeta niño. En el caso del pequeño Diego, la naturaleza libre es quien entrega su hermosura al niño que sólo quiere una cosa: mirar, al igual que nos sucede con muchas imágenes de nuestra vida en las que sólo viéndolas valen más que mil palabras. El problema siempre es el mismo a lo largo de la Historia: todo necio confunde siempre valor y precio.

Al igual que el pequeño Nemo, tenemos un derecho barato que es soñar despiertos, creando historias imaginables e incluso reales como la vida misma. Vivo rodeado de personas que sueñan con un mundo diferente, porque no les gusta el actual, porque hay que cambiarlo. A mí me gusta ir más allá, es decir, el mundo hay que transformarlo. Pero surge siempre la pregunta incómoda, ¿cómo?, si las eminencias del lugar, cualquier lugar, dicen que eso es imposible, una utopía, un desiderátum, como si ser singular fuera un principio extraterrestre, un ente de razón que no tiene futuro alguno. No me resigno a aceptarlo y por esta razón sigo yendo con frecuencia de mi corazón y sueños a mis asuntos, del timbo al tambo, como decía García Márquez en sus cuentos peregrinos. En el caso del pequeño Diego, la naturaleza libre es quien entrega su hermosura al niño que sólo quiere una cosa: mirar, al igual que nos sucede con muchas imágenes de nuestra vida en las que sólo viéndolas valen más que mil palabras. El problema siempre es el mismo a lo largo de la Historia: todo necio confunde siempre valor y precio. como Diógenes personas con las que compartir formas diferentes de ser y estar en el mundo, que sean capaces de ilusionarse con alguien o por algo. De buscar historias junto a Galeano durante unos días, para dar un sentido a la vida. De soñar creando, porque los ojos, cuando están cerrados, preguntan.

NOTA: la imagen de cabecera es una fotocomposición formada por la imagen de la izquierda, una reproducción de la obra de McCay editada por Norma Editorial y la de la derecha, una reproducción recuperada en 2021 de 7-Winsor-McCay.jpg (2499×2076) (animationstudies.org).

(1) Galeano, Eduardo, El libro de los abrazos, 1993. Madrid: Siglo XXI de España.

(2) La fotografía, que lleva por título «Sueño», fue realizada por Man Ray en 1937 y aparecen en ella Consuelo de Saint-Exupéry (esposa-rosa del autor de El principito) y Germaine Huguet.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Que todo en belleza acabe / 4. Abracadabra

Abracadabra, en Preceptos Médicos, de Serenus Sammonicus

Tengo las manos vacías / de tanto dar sin tener; / pero las manos son mías

Dos escaleras de vidrio yo llevo en mi corazón / por una suben las penas, por otra baja el dolor

Soleá de Triana

Sevilla, 5/IX/ 2026 – 10:29 h CET (UTC+2)

Como “escuchaor” de lo que sucede en mi tierra (Antonio Mairena, dixit), también de lo que pasa fuera y estamos viendo a diario, este artículo de la serie primitiva lo escribí en 2021, siguiendo instrucciones de Eduardo Galeano: “intento mirar el universo por el ojo de la cerradura, desde lo pequeñito, lo que puede parecer insignificante. Cada historia es una baldosita cuyo color se incorpora al gran mosaico de la historia que entre todos hacemos cada día, aunque no lo sepamos”.

Es lo que hago a diario en este cuaderno digital y hoy rescato una historia preciosa, no olvidando que procuro cada día, si es posible, que todo en belleza acabe, “enviando mi fuego hasta el final” (abracadabra).

Pasen y lean.

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El buscador de historias / 4. Abracadabra

Sevilla, 27/VIII/2021

Cuando me enfrento hoy al fenómeno de la hoja en blanco en esta serie, recuerdo especialmente a Eduardo Galeano, durante una entrevista en este país, cuando dijo que cada día “intento mirar el universo por el ojo de la cerradura, desde lo pequeñito, lo que puede parecer insignificante. Cada historia es una baldosita cuyo color se incorpora al gran mosaico de la historia que entre todos hacemos cada día, aunque no lo sepamos”. Es la gran misión de los buscadores de historias y el motor que ayuda a localizar y compartir experiencias ajenas que pueden ser útiles en la sociedad de lo inútil. Hoy abordo la historia de cómo Galeano compendió la palabra mágica de nuestros cuentos y juegos infantiles, Abracadabra, que para él era algo más que un simple juego de letras.

Luis Caballero, Soleá de Triana

Conocí a través de D. Pedro Laín Entralgo, a quien seguí muy de cerca en mis años jóvenes siguiendo las indicaciones de una persona a la que estoy muy agradecido, el profesor Diego Gracia Guillén, una reflexión muy interesante sobre una conmovedora soleá (Soleá de Triana) que había oído cantar cierta noche de San Silvestre y luego enseñó a José Menese, que finaliza así: «Tengo las manos vacías / de tanto dar sin tener; / pero las manos son mías». Me sorprendió, un día ya lejano, encontrar de nuevo estas palabras en un artículo publicado por Eduardo Galeano el 17 de marzo de 2006, en el que rememoraba la celebración del Día del Liberado, en homenaje a los desaparecidos por la dictadura uruguaya en el pasado siglo,  ensalzando la memoria de la dignidad y la dignidad de la memoria, con un título que justifica hoy mi búsqueda de historias, Abracadabra, en el que explica lo siguiente: “Tarde o temprano nosotros, caminantes, seremos caminados, caminados por los pasos de después, así como nuestros pasos caminan, ahora, sobre las huellas que otros pasos dejaron. Ahora que los dueños del mundo nos están obligando a arrepentirnos de toda pasión, ahora que tan de moda se ha puesto la vida frígida y mezquina, no viene nada mal recordar aquella palabrita que todos aprendimos en los cuentos de la infancia, abracadabra, la palabra mágica que abría todas las puertas, y recordar que abracadabra significa, en hebreo antiguo: “Envía tu fuego hasta el final”.

Si me detengo precisamente en este discurso, leyéndolo hasta el final y recordando al profesor Laín Entralgo, es porque Galeano tiene también tiene un recuerdo especial hacia Andalucía, en unas emocionantes palabras de aquella soleá preciosa: “Porque en las horas más difíciles, en aquellos tiempos enemigos, en los años de mugre y miedo de la dictadura militar, ellos supieron vivir para darse y se dieron enteros, se dieron sin pedir nada a cambio, como si viviendo cantaran aquella antigua copla andaluza que decía, y dice todavía, y por siempre dice: «Tengo las manos vacías, …pero las manos son mías”. Magnífica referencia a la manera de sentir la vida el pueblo andaluz.

Efectivamente, me consta que Galeano, cada vez que pudo, citó Abracadabra en textos y contextos diferentes. En Los hijos de los días (1), dedica una reflexión profunda sobre el viaje de esta palabra a través de la historia: “En el año 208, Serenus Sammonicus escribió en Roma un libro, Asuntos secretos, donde revelaba sus descubrimientos en el arte de la sanación. Este médico de dos emperadores, poeta, dueño de la mejor biblioteca de su tiempo, proponía, entre otros remedios, un infalible método para evitar la fiebre terciana y espantar la muerte: había que colgarse al pecho una palabra y protegerse con ella noche y día. Era la palabra Abracadabra, que en hebreo antiguo quería decir, y sigue diciendo: Envía tu fuego hasta el final”.

Su amor a esta palabra queda reflejado de nuevo en un discurso que pronunció en el Obelisco de Montevideo, en el cierre de la campaña contra la ley de impunidad, la noche del 20 de octubre de 2009: “Yo suelo invocar una palabra, una palabra mágica, una palabra abrepuertas, que es, quizá, la más universal de todas. Es la palabra abracadabra, que en hebreo antiguo significa: envía tu fuego hasta el final. A modo de homenaje a todos los fuegos caminantes, que van abriendo puertas por los caminos del mundo, la repito ahora: Caminantes de la justicia, portadores del fuego sagrado, ¡abracadabra, compañeros!”.

Galeano me ha llevado de la mano a verificar la verdadera historia de esta palabra acudiendo a la obra de Serenus Sammonicus, en la que aparece por primera vez en documento escrito esta palabra cabalística, Abracadabra, comprobando que se trata de Preceptos Médicos, en la que se dice textualmente en el capítulo LII dedicado a la fiebre terciana que “La fiebre que los griegos llaman hmitritaion [terciana] es más peligrosa. El nombre griego de esta fiebre no se ha traducido al latín, ya sea porque la genialidad de esta lengua se opone a ella, o porque los padres y las madres, por temor a traer mala suerte a sus hijos, no se han atrevido a ponerle un nombre. Escriba en una hoja de papel ABRACADABRA; luego repita esta palabra tantas veces como letras haya en la palabra, pero cada vez quitando una letra, de modo que el conjunto tenga forma de cono. Hecho esto, cuelgue la hoja de papel alrededor del cuello del paciente con un hilo de lino”.

Hoy, leyendo de nuevo a Galeano, he recordado otra estrofa de la Soleá de Triana, que recordó en aquella conmemoración de la libertad en Montevideo, para comprender bien cómo podemos enviar fuego de vida hasta el final de nuestros días, en su interpretación de Abracadabra, en una dialéctica posible para convertirnos en fuegos caminantes en otro mundo posible: “Dos escaleras de vidrio yo llevo en mi corazón / por una suben las penas por otra baja el dolor”, que nos deberían ayudar a ser siempre solidarios y tener las manos vacías de tanto dar sin tener, pero sabiendo siempre que las manos son las nuestras, la tuya y la mía. Abracadabra nos suena hoy como la gran oportunidad de abrir puertas en este mundo hostil, sabiendo también que como “caminantes, seremos caminados, caminados por los pasos de después, así como nuestros pasos caminan, ahora, sobre las huellas que otros pasos dejaron”.

NOTA: La imagen de cabecera figura en una nota a pie de página, en el libro citado, sobre el precepto dedicado a la fiebre terciana, explicando la palabra ABRACADABRA, cuyas letras se podían ordenar de las dos formas. Esta figura se compone principalmente de las letras de la palabra ABRACA, igual que ABRACAX, porque se creía que era el más antiguo de los dioses, siendo ella misma referida como una especie de divinidad (véase en Préceptes médicaux de Serenus Sammonius (texte bilingue) (remacle.org).

(1) Galeano, Eduardo. Los hijos de los días, 2012. Madrid: Siglo XXI de España.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

EDUCO informa: alrededor de 1,2 millones de estudiantes en situación de vulnerabilidad (54,7 %) queda fuera del sistema de becas y ayudas en España

Vuelta al cole, ¿vuelta al comedor? Informe sobre el acceso escolar en España 2026

Sevilla, 4/IX/2026 – 12:24 h CET (UTC+2)

La ONG Educo, a la que sigo de cerca en sus actuaciones benefactoras en este país, en el ámbito, entre otros, de la realidad de los comedores escolares en España, tratado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital, ha presentado un nuevo informe Vuelta al cole, ¿vuelta al comedor? Informe sobre el acceso escolar en España 2026, donde según su resumen ejecutivo oficial, «analiza la situación del comedor escolar en España a partir de los datos más recientes sobre acceso, cobertura, ayudas económicas y precios. Sus resultados muestran que, pese a los avances registrados en los últimos años, el sistema actual sigue dejando fuera una parte importante de la infancia y la adolescencia, especialmente a quienes viven en situación de vulnerabilidad y al
alumnado de educación secundaria obligatoria». El comedor escolar «es mucho más que un servicio de alimentación. Forma parte de la jornada educativa y, cuando cuenta con recursos y condiciones adecuadas, puede contribuir al bienestar, la protección, el aprendizaje, la convivencia y la participación de niñas, niños y adolescentes», tal y como se ha manifestado siempre en informes anteriores.

El inform recoge los principales hallazgos encontrados en el estudio llevado a cabo, referidos al Curso 2024/2025, destacando una realidad cuantitativa muy significativa: «2.567.858 niñas, niños y adolescentes utilizan el comedor escolar en España, el 40,03 % del alumnado matriculado en las etapas analizadas, desde Educación Infantil hasta
Educación Secundaria Obligatoria. Es decir, cuatro de cada diez estudiantes acceden al comedor escolar. Sin embargo, esta media estatal oculta grandes diferencias según la etapa educativa, la titularidad de los centros y la comunidad autónoma de residencia. El uso del comedor disminuye a medida que avanza la trayectoria educativa. Mientras que en el primer ciclo de educación infantil utiliza el comedor más del 70 % del alumnado, en educación primaria lo hace aproximadamente la mitad. La situación cambia de forma muy acusada en la ESO. En los centros públicos, solo el 3,03 % del alumnado accede al comedor, frente al 28,21 % en los centros concertados y privados. Esta diferencia de 25,18 puntos porcentuales es la mayor registrada entre las diferentes etapas analizadas».

Los datos anteriores descubren la desigualdad en el uso del comedor que tiene una relación directa con ls dispomibilidad, con un grave desequilibrio en favor de los centros concertados y privados: «En los centros públicos que imparten ESO, únicamente el 18,44 %
dispone de comedor escolar, frente al 75,79 % de los centros concertados y privados. Esta carencia en educación secundaria pública constituye una barrera estructural que limita las posibilidades de acceso durante una etapa educativa obligatoria y decisiva para el desarrollo de la adolescencia.

También se abordan las barreras económicas como determinantes de esta situación tan preocupante: «En España, el 33,8 % de la población menor de 18 años se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Para una familia formada por dos personas adultas y dos menores situadas en el umbral de riesgo de pobreza, el coste anual del comedor para sus dos hijas o hijos supondría, como mínimo, el 7,6 % de sus ingresos anuales. Este esfuerzo aumenta en los hogares con menores ingresos o con un mayor número de hijos e hijas que utilizan el servicio.

Ante lo expuesto anteriormente, se refuerza todavía más algo que es el hilo conductor de la acción educativa en EDUCO: «Las becas y ayudas al comedor son actualmente el
principal instrumento para reducir estas barreras. La inversión pública alcanzó los 659,4 millones de euros en el curso 2024/2025, un 2,6 % más que el curso anterior. Asimismo, entre 2019/2020 y 2024/2025, la inversión por estudiante pasó de 43,21 a 102,79 euros, un incremento del 137,9 %, superior al aumento del precio medio del comedor en el mismo periodo. No obstante, el aumento de la inversión no ha resuelto los problemas de cobertura ni garantiza la gratuidad efectiva para las familias que más lo necesitan. Las ayudas alcanzaron al 15,30 % del alumnado, una proporción muy inferior al 33,8 % de niños, niñas y adolescentes en riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE). De acuerdo con la estimación realizada, alrededor de 1,2 millones de estudiantes en situación de vulnerabilidad (54,7 %) quedarían fuera del sistema de becas y ayudas.

Los datos expuestos llevan a urgir a las autoridades educativas de este país a implantar un modelo universal que garantice el comedor para todo el alumnado, lo que » exige avanzar hacia la universalidad y la gratuidad, en el marco del derecho a la educación. El informe estima que ofrecer gratuitamente el comedor escolar al alumnado de educación infantil,
primaria, educación especial y ESO tendría un coste anual de 6.165,9 millones de euros, equivalente al 0,37 % del PIB español. Con este incremento, el gasto público en educación en España pasaría del 4,34 % al 4,71 % del PIB, acercándose a la media europea del 4,65 % en 2023. Esta estimación evidencia que avanzar hacia un comedor escolar universal y gratuito supone un esfuerzo relevante, pero asumible dentro del conjunto de la inversión
pública en educación y protección social. Además de su impacto sobre la alimentación, esta medida contribuiría a reducir desigualdades, reforzar la equidad educativa y garantizar que el tiempo de mediodía sea un espacio de cuidado, bienestar y aprendizaje para toda la infancia».

Los datos reflejados en el informe correspondientes a la realidad de los comedores escolares en Andalucía, la Comunidad por la que lucho y pervivo, que decía Antonio Machado, Quizás sea el gráfico siguiente el que refleja la realidad más dura para el país y, en este caso, para Andalucía, donde se aprecia el gran desajuste que se produce entre el porcentaje de alumnado en riesgo de pobreza o exclusión social y porcentaje de alumnado beneficiario de becas y ayudas al comedor, por Comunidad Autónoma:

Finalmente, el in forme culmina con conclusiones y recomendaciones que recomiendo leer íntegramente, destacando en este momento dos esenciales, «los resultados del informe apuntan a una conclusión clara. Mientras el acceso al comedor escolar dependa de la etapa educativa, de la titularidad del centro, del territorio y de la renta de las familias, seguirá siendo una oportunidad para algunos niños, niñas y adolescentes y una barrera para otros. Reconocer el comedor escolar como parte del derecho a la educación implica garantizar que ninguna niña ni ningún niño quede fuera por motivos económicos, por la falta
de plazas o por la ausencia de infraestructura en su centro». La segunda recomendación que destaco es que hay que impulsar definitivamente «políticas de mirada amplia y estratégica que reconozcan el comedor escolar como parte del derecho a la educación, dejando atrás la concepción de servicio complementario. Esto se debe concretar garantizando que pasa a formar parte del proyecto educativo, y por tanto que todo el
alumnado pueda disfrutar del comedor escolar, y asegurando que es un espacio de aprendizaje, protección, alimentación saludable y bienestar. Este camino implica garantizar la infraestructura necesaria y que no haya barreras económicas para el acceso: poner las bases hacia la universalización, y mientras tanto establecer sistemas de becas y ayudas robustos que aseguren que ningún niño, niña o adolescente en situación de vulnerabilidad
se queda fuera del comedor escolar».

Para que no se olvide: más de dos millones y medio de niños y niñas de nuestro país, en riesgo de pobreza y exclusión, merecen nuestra atención, la que corresponda a cada uno, porque hoy, sin esperar a mañana, es una obligación ética dar visibilidad a esta situación y denunciarla, ofreciendo alternativas. Fundamentalmente, porque existe otra forma de atender esta situación tan dolorosa e inhumana y porque es un deber hacerlo y una responsabilidad pública del Gobierno correspondiente. El dato es escalofriante: 1,2 millones de estudiantes en situación de vulnerabilidad (54,7 %) queda fuera del sistema de becas y ayudas o lo que es lo mismo, 1.200.000 niños y niñas seguirán este curso escolar, tan próximo, sin disfrutar de un derecho combinado de educación y alimentación necesarias para desarrollar una vida digna.

NOTA PARA LECTORES Y LECTORAS DE ESTE ARTÍCULO: si te preocupa la situación descrita, divúlgala. La acción ciudadana de conocer datos reales, verdaderos, sobre lo que está pasando y estamos viendo, es la que permite emitir juicios bien informados que sirvan para la transformación social en nuestro país. Eduardo Galeano nos lo recordó hace ya muchos años: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Gracias por haber llegado hasta aquí.

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¡Paz y Libertad!

Que todo en belleza acabe / 3. Todos somos extranjeros en la Aldea Mundial

El Faro de Ceuta

Tu dios es judío, tu música es negra, tu coche es japonés, tu pizza es italiana, tu gas es argelino, tu café es brasileño, tu democracia es griega, tus números son árabes, tus letras son latinas.

Yo soy tu vecino. ¿Y tú me llamas extranjero?”

Eduardo Galeano, Extranjero, en El cazador de historias.

Sevilla, 4/IX/2026 – 09:20 h CET (UTC+2)

Hoy abordo un problema real y muy actual en nuestro país por la tragedia de Ceuta, con muertes incluidas, la llegada de migrantes como denuncia de que el mundo se rompe por sus costuras de pobreza, marginación, persecuciones, paro, hambre y hastío. El tercer artículo de esta serie, publicado en 2021, sirvió de base al que escribí recientemente en este cuaderno digital, Todos somos extranjeros y migrantes en la Aldea Mundial.

Lo vuelvo a publicar hoy, en su versión de agosto de 2026, porque la actualidad es terca y a pesar de haber transcurrido cinco años de aquél artículo de denuncia, la situación se ha agravado en nuestro país y en el mundo, porque nos invade una ola de neorracismo y de rechazo a todo “extranjero” no turista, que busque un horizonte de su vida en nuestra tierra para quedarse en ella, sólo por el hecho de una calificación sospechosa de “irregular” por su forma de entrar en nuestro territorio, extranjero a palo seco, invasor, aprovechado, sin pensar que las leyes internacionales humanitarias los protegen hasta límites insospechados y que estamos obligados a respetarlas por imperativo legal.

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Todos somos extranjeros y migrantes en la Aldea Mundial

Tomé nota hace años de la frase de Eduardo Galeano y no la he olvidado. Buscando historias propias y asociadas junto a él, en mi calidad de averiguador de la vida digna, tal y como lo pensaban los mayas, encontré una de título muy breve, Extranjero, que me suena muy próxima en estos días de la tragedia humana por la entrada masiva de migrantes en Ceuta. Me refiero a la que este autor, al que tanto aprecio, cuenta en una experiencia personal, probablemente durante su estancia en Barcelona como consecuencia de su exilio:

“En un periódico del barrio de Raval, en Barcelona, una mano anónima escribió:

Tu dios es judío, tu música es negra, tu coche es japonés, tu pizza es italiana, tu gas es argelino, tu café es brasileño, tu democracia es griega, tus números son árabes, tus letras son latinas.

Yo soy tu vecino. ¿Y tú me llamas extranjero?”

Creo que sobran palabras para demostrar que una cosa es ser extranjero y otra muy diferente sentirlo como algo propio en esta aldea global en la que hemos convertido el mundo al revés. Por si nos quedaba alguna duda, todavía es más lacerante opinar sobre los extranjeros como diablos responsables de los males de este mundo o de este país, como si se tratara del Infierno de Dante y Ceuta también es parte de este mundo.

Es Galeano el que reflexiona de nuevo sobre esta realidad en El diablo es extranjero (1), en una historia con nombre propio que no admite paliativos:

El culpómetro indica que el inmigrante viene a robarnos el empleo. Y el peligrosímetro lo señala con luz roja. Si el intruso, el venido de afuera, es joven y pobre y no es blanco, está condenado a primera vista por indigencia o inclinación al caos o portación de piel. Pero si no es joven ni pobre, ni oscuro, de todos modos merece la malvenida porque ha venido a trabajar el doble a cambio de la mitad.

El pánico a la pérdida del empleo es uno de los miedos más poderosos en estos tiempos del mundo gobernado por el miedo.

Y la verdad es que el inmigrante está siempre situado a primera mano, ahí no más, a la vista, a la hora de encontrar culpables del desempleo, de la inseguridad y de otras muchas temibles desgracias.

Antes Europa derramaba sobre el mundo, sobre el mundo entero: soldados, presos, campesinos muertos de hambre… que eran protagonistas de las aventuras coloniales y han pasado a la historia como mensajeros de Dios. Era la civilización lanzada al rescate de la barbarie.

Ahora el viaje ocurre al revés. Eso quiere ser la invasión de los invadidos. Los que llegan o intentan llegar desde el sur al norte son protagonistas de las desventuras coloniales que pasan a la historia como mensajeros del Diablo. Es la barbarie lanzada al asalto de la civilización.

Tenemos a miles de “migrantes” en Ceuta, por llamarlos así de una forma digna, porque mejor es no recordar ahora los calificativos que se publican a diario, casi siempre vejatorios como personas. Llegaron a Ceuta el pasado 30 de julio, cada uno como pudo y con mil historias detrás. Creo que deberíamos hablar con ellos “de extranjeros a extranjeros”, buscar las mejores atenciones humanas posibles, con respeto al Derecho Internacional que los protege, porque de eso sabemos mucho a través de la Historia, que -por cierto- se nos olvida en este país muy pronto.

Como decía Galeano, los humanitos somos contradicciones que caminan, extranjeros de cuerpo y alma, en cualquier lugar o en alguna parte de la gran Aldea Global en la que se ha convertido el mundo al revés en el que vivimos. Lo que les puedo asegurar es que detesto el culpómetro y el peligrosímetro hacia los extranjeros, hacia los migrantes que permanecen hoy en Ceuta, porque reconozco que también lo soy en este mundo al revés diseñado a veces por el enemigo.

(1) Galeano, Eduardo. Espejos. Una historia casi universal, 2008. Madrid: Siglo XXI España.

NOTA: la imagen de cabecera se recuperó el 21 de agosto de 2026, de El Faro de Ceuta

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Que todo en belleza acabe / 2. Las huellas que no se borran

Sevilla, 3/IX/2026 – 17:42 h CET (UTC+2)

Continúo hoy con la serie iniciada ayer, abordando una realidad incuestionable en nuestra vida, las huellas vitales, porque todo lo ocurrido no se borra en nuestro cerebro, un disco duro con una capacidad sólo limitada por el tiempo que cada uno viva hasta la muerte o por borrados no queridos por accidentes o problemas de salud mental, entre otras causas vitales.

Galeano plantea cuestiones existenciales de calidad indudable, en torno a lo que denomino “huellas vitales”, porque nuestras vidas no deben ser “travesía de la nada o pasos de nadie o del olvido”, donde el amor y el dolor nos enseñan a comprender y querer el camino humano de cada uno, de cada una, que recorremos todos los días y que nunca es indiferente, porque queda grabado para siempre en nuestro cerebro. Sin olvidar su impacto en nuestros sentimientos y emociones.

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El buscador de historias / 2. Las huellas que no se borran

Sevilla, 25/VIII/2021

Esta es una historia breve y dos veces buena de Galeano en el libro de mi cabecera en estos días (1), de una sola palabra en su título, Huellas, donde el amor y el dolor tienen un protagonismo especial:

El viento borra las huellas de las gaviotas.
Las lluvias borran las huellas de los pasos humanos.
El sol borra las huellas del tiempo.
Los cuentacuentos buscan las huellas de la memoria perdida, el amor y el dolor, que no se ven, pero no se borran.

Es lo que nos dejó escrito, para demostrarnos que hemos nacido para caminar y volar, para contar nuestros viajes particulares buscando historias propias o asociadas, porque somos pies y bocas del tiempo y porque nuestros pensamientos, deseos y sueños también pueden volar si nos deja hacerlo la propia vida. Su mensaje es claro y circular: los años son los que vuelan, porque nosotros permanecemos un tiempo, el de cada uno, porque cada día tiene su afán y cada tiempo su momento, sabiendo como sabemos y nos lo transmitieron los sabios del lugar histórico de cada cual que, vanidad de vanidades, todo es vanidad, porque somos los pies y bocas del tiempo, porque de tiempo somos y sabemos que nos habla: Los pies del tiempo caminan en nuestros pies. A la corta o a la larga, ya se sabe, los vientos del tiempo borrarán las huellas. ¿Travesía de la nada, pasos de nadie? Las bocas del tiempo cuentan el viaje (2). Sólo sabemos que el amor y el dolor permanecen en «nuestro» tiempo.

Hablando de huellas siempre resuena Antonio Machado en mi memoria de hipocampo, como un referente en mi caminar diario, en un poema que nunca olvido, sobre todo cuando reconozco errores en mi vida de todos y en la de secreto, así como cada vez que me levanto después de una caída, una decepción o un fracaso: “Caminante, son tus huellas /el camino, y nada más / caminante, no hay camino: / se hace camino al andar. / Al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante, no hay camino, / sino estelas en la mar” (Proverbios y Cantares (XXIX). También recuerdo unas palabras de Rebecca Solnit, “Lo ideal sería caminar en un estado en el cual la mente, el cuerpo y el mundo estén alineados, como si fueran tres personajes que por fin logran mantener una conversación, tres notas que de pronto alcanzan un acorde” (Wanderlust. Una historia del caminar), sobre todo para hacernos más fácil este deambular por la vida no de forma lineal sino yendo muchas veces del timbo al tambo.

¿Será que lo que traducen mis huellas en mi caminar diario, es que mi fin es mi principio y mi principio mi fin? Este palíndromo ha recorrido siglos desde el aserto presocrático del “todo fluye, nada permanece”, entregado a la posteridad por Heráclito de Éfeso. Es la circularidad vital como hilo conductor de las personas que solemos caminar volviendo sólo la vista atrás para ver la senda que nunca se ha de volver a pisar, aunque descubramos con el tiempo que solo hay camino siguiendo las estelas de la mar. O cruzando ríos que van a dar a esa mar, por sitios que nunca van a ser los mismos cuando se vuelven a cruzar. Esta es la razón que justifica el mito del eterno retorno simbolizado en esta frase enigmática: mi fin es el principio y mi principio mi fin. Lo conocía por haber escuchado hace muchos años un rondó de Guillaume de Machaut (Ca. 1370), Ma fin est mon commencement, que todavía resuena en territorios lejanos.

Esas huellas de caminos que nunca más he de volver a pisar es lo que cantó excelentemente Leonard Cohen en Steer Your Way, cuando decía: Dirige tu camino a través de las ruinas del altar y el centro comercial, dirige tu camino a través de las fábulas de la Creación y la Caída, dirige tu camino más allá de los Palacios y elévate por encima de la podredumbre, año tras año, mes a mes, día a día, pensamiento a pensamiento. Es la tarea que cuido todos los días, porque si no, creo que es difícil avanzar en la creencia de que otro mundo es posible, buscando también historias de cuentacuentos, porque sé que buscan las huellas de la memoria perdida, el amor y el dolor, que no se ven, pero no se borran.

Galeano no se equivocó al escribir esta preciosa historia, porque me enseña que mi vida no debe ser travesía de la nada o pasos de nadie o del olvido, donde el amor y el dolor me han enseñado a comprender y querer el camino humano, que no me es indiferente y que recorro todos los días.

(1) Galeano, Eduardo. El cazador de historias, 2016. Madrid: Siglo XXI.

(2) Galeano, Eduardo. Tiempo que dice, en Bocas del tiempo, 2004. Madrid: Siglo XXI.

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Que todo en belleza acabe / 1. Caminantes del mundo

Que en belleza camine.
Que haya belleza delante de mí
y belleza detrás
y debajo
y encima
y que todo a mi alrededor sea belleza
a lo largo de un camino de belleza
que en belleza acabe.

Eduardo Galeano, Quise, quiero, quisiera, del «Canto de la noche», del pueblo navajo, en «El cazador de historias»

Sevilla, 2/IX/2026 – 09:07 h CET (UTC+2)

Vuelvo a publicar a partir de hoy, una serie que escribí en 2021, con el título de El buscador de historias, que hace honor al subtítulo de este blog, Cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, siempre con el viento a favor del mensaje principal de El cuento de la isla desconocida, de José Saramago.

He cambiado el título en esta ocasión, porque la quintaesencia de lo que escribí entonces y reproduzco hoy, es esa cuestión, resumida en cinco palabras que sintetizan mi hilo conductor vital en estos momentos: que todo en belleza acabe.

Confieso que necesito compartirlo en un mundo al revés, lleno de fealdad, que pone en peligro la democracia, el bienestar y la felicidad legítima de todos.

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El buscador de historias / 1. Caminantes del mundo

Sevilla, 24/VIII/2021

Inicio hoy una nueva serie, El buscador de historias, inspirada en una obra póstuma de Eduardo Galeano, El cazador de historias, que su editorial de cabecera, Siglo XXI, cuidó con él hasta el último detalle, pero sobre la que decidió esperar el mejor momento para publicarla en 2016, dado el delicado estado de salud del escritor que falleció en 2015. Creo que es un auténtico testamento espiritual en el que a través de innumerables historias nos entrega su alma convertida en palabras recogidas en cuatro capítulos de su vida, «Molinos de tiempo», «Los cuentos cuentan», «Prontuario» y «Quise, quiero, quisiera», que agrupan palabras sentidas y sintientes para él y para todos, en un ejemplo de su generosidad literaria y de compromiso activo a través de la palabra. El último, «Quise, quiero, quisiera», corresponde al poema navajo que escogió personalmente para abrochar su obra, con tres tiempos verbales que encierran en sí mismos toda su vida y que he elegido para abrir el largo caminar de estas líneas.

La sinopsis oficial del libro nos deja algunas pistas sobre lo manifestado anteriormente: “El siglo XXI no está resultando ser un gran siglo. Los abusos de un sistema formado por ricos cada vez más ricos y jodidos muy jodidos están a la orden del día. Siguen soñando las pulgas con comprarse un perro y los nadies con salir de pobres. En esta obra, que terminó un año antes de morir, Eduardo Galeano sale a cazar en esa jungla para mostrarnos con crudeza, con humor, con ternura, el mundo en que vivimos, desnudando ciertas realidades que, pese a estar al alcance de la mano, no todos llegan a ver. Pero, como sugiere su título, El cazador de historias devela también al narrador que acecha detrás de todos los relatos. Y así, aunque siempre fue reticente a hablar de sí mismo, Galeano cierra este libro con un puñado de bellas y poderosas historias que sorprenden tanto porque ofrecen pistas de su biografía, de sus años de infancia y juventud, de los primeros viajes por América Latina, de las personas que marcaron su vida y su escritura, porque expresan sus ideas sobre la muerte. Lejos de cualquier lamento, con el puro impulso de la curiosidad y la imaginación, se pregunta cómo será el final, qué deseos, afectos o necesidades aparecerán entonces. Eduardo Galeano creó una obra que no pasó inadvertida, que culmina con este libro. Varias generaciones la han leído con fruición y seguramente seguirán haciéndolo, porque algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende”.

Con este espíritu que arde en mi vida, inicio esa serie deteniéndome en un relato, Las Estrellas, del que he escogido sus palabras finales, porque representan lo que me ha sucedido a lo largo de la vida, fundamentalmente porque soy un caminante del mundo. Es más, incluso en algunas orillas he decidido iniciar singladuras para buscar islas desconocidas, algo que vengo haciendo en los últimos veinte años en este cuaderno de bitácora digital. Nadie mejor que Galeano para hacer este camino o singladura, tanto monta monta tanto, cuando pasado el ecuador de este verano tan especial nos acercamos a una estación que suele inspirar también mi alma de secreto y, a veces, la de todos. Otoño.

Aquella historia de la tribu Pawnee contada por Galeano, junto al río Platte, un río que baña tres estados americanos, Colorado, Wyoming y Nebraska, permitió descubrir creencias sobre el origen de la vida a través de las estrellas del amanecer y del atardecer, que no son las mismas y cómo al intentar su encuentro la luna les jugó una mala pasada. A pesar de todo siguieron en su empeño, consiguiendo finalmente abrazarse hasta confundirse entre ellas. De ahí nació nuestra historia humana de encuentros, desencuentros y guerras, hasta que un día descubrimos que esa era nuestra tarea diaria, caminar por este mundo hasta conseguir lo que pasó con nuestras estrellas guía. Algo precioso:

A orillas del río Platte, los indios pawnees cuentan el origen.
Jamás de los jamases se cruzaban los caminos de la estrella del atardecer y la estrella del amanecer.
Y quisieron conocerse.
La luna, amable, las acompañó en el camino del encuentro, pero en pleno viaje las arrojó al abismo, y durante varias noches se rio a carcajadas de ese chiste.
Las estrellas no se desalentaron. El deseo les dio fuerzas para trepar desde el fondo del precipicio hasta el alto cielo.
Y allá arriba se abrazaron con tanta fuerza que ya no se sabía quién era quién.
Y de ese abracísimo brotamos nosotros, los caminantes del mundo
.

Los pawnee tienen una historia que conviene conocer con detalle. He leído estos días bastantes reseñas de ellos y he comprobado cómo sufrieron la huella del hombre blanco: “Dicen, y he escuchado de viva voz, que los primeros Pawnees llegados a Oklahoma murieron de melancolía, de la tristeza más profunda de abandonar la tierra que los amamantó, más importante aún, los Hopis, por ejemplo, llegaron a la actual Arizona tras un conjunto de migraciones y quehaceres más que fantásticos y mitológicos. Los Pawnees, rompen la regla. Ellos bajaron de las estrellas, y es a ellas a donde retornan cuando mueren. Cuando Tirawa, dios supremo, decidió ponerlos en la tierra los bajó directamente a lo que hoy en día es Nebraska: su tierra sagrada par excellence. Por ello, cuando partieron hacia esa otra tierra desconocida por mandato y amenaza del gobierno, estaban acongojados al ver que no volverían a su cuna natal. No fue un viaje fácil, sino terrible. Mucha gente iba a pie, otros en tren hacinados como judíos en la Alemania nazi. Mucha gente murió en el trayecto” (1).

Me considero caminante del mundo aunque sé que gran parte de mi recorrido se ilumina por las estrellas, gracias al abrazo que en un momento determinado de la Historia decidieron hacer algo importante en favor del mundo descreído. En este camino, he escogido un libro para orientarme: Cuentos de los indios Pawnee, que he leído atentamente, dedicado a un Jefe Solitario, donde la madre ocupó un papel muy especial en su vida: “Jefe Solitario era hijo del jefe de la banda Kit-ke-kahk’-i. Su padre murió cuando el muchacho era muy niño, apenas de un año de edad. Hasta que fue lo bastante mayor como para ir a la guerra, su madre se ocupó de su manutención cultivando maíz, judías y calabazas. Ella enseñó al muchacho muchas cosas, y le aconsejó acerca de cómo vivir y cómo actuar para tener éxito en la vida: “Cuando llegues a ser un hombre, recuerda que es su ambición la que hace al hombre. Si sales de campaña, no te vuelvas cuando hayas andado parte del camino, sino continúa hasta que llegues a donde te diriges, y entonces regresa. Si yo pudiera vivir para verte hecho un hombre… Quiero que te conviertas en un gran hombre. Quiero que pienses en los duros momentos que hemos atravesado. Ten piedad de la gente que es pobre, porque nosotros también hemos sido pobres y la gente ha tenido piedad de nosotros” (2).

Creo que he comprendido por qué Eduardo Galeano se detuvo a reflexionar sobre la bella historia de las estrellas y su abrazo, contada por los Pawnees. Fundamentalmente, porque de allí nacimos nosotros y porque sé, como él, que “las palabras caminan latiendo” en un mundo que sólo tiene interés hacia adelante, explorando su belleza en un camino que en belleza acabe.

(1) Consideraciones Filosóficas sobre los Pawnee. (mec.es)

(2) Bird Grinnell, George, Cuentos de los indios Pawnee, 1986, Madrid: Miraguano.

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