El negacionismo carga de ideología la negación sistemática de la realidad y verdad del cambio climático

Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Sevilla, 29/VII/2026 – 08:50 h CET (UTC+2)

Ante la tragedia de los incendios que asolan nuestro país, vuelvo a escribir hoy sobre el temido “negacionismo”, en este caso del cambio climático, una realidad abrumadora que me ocupa y pre-ocupa (con guion, no inocente), actualizando reflexiones anteriores recogidas en este cuaderno digital. Pero, ¿qué significa “negacionismo” en general, en 2026? Para empezar a emitir juicios bien informados sobre esta palabra tan contaminada, nada mejor que conocer lo que dice al respecto el Diccionario de la Lengua Española (RAE), en la edición del Tricentenario y en su actualización de 2024, que define el “negacionismo” (1) como una “actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes, especialmente el holocausto”.

El lema se incorporó en la vigésimo tercera edición, correspondiente a 2014. Aborda una realidad sin paliativos, que sobrevuela todos los días sobre nuestras vidas y que da pavor: la vinculación con un hecho histórico tan lacerante como el exterminio de los judíos por el nazismo, quizás para que se comprenda bien desde su raíz la intrahistoria de este fenómeno tan en boga en este tiempo de guerras tan cruentas y genocidas como en Gaza, ¡qué dura realidad inversa actual con el pueblo gazatí, ya olvidada!, trumpismo negacionista en ámbitos tan delicados como el cambio climático, las vacunas, fundamentalmente desde la pandemia del coronavirus, así como la desafección política generalizada que niega el valor demostrado de la democracia como realidad y verdad inexorable, a lo que hay que añadir la marabunta de la ultraderecha experta en negacionismos de casi todo lo que se mueve a nuestro alrededor y no les gusta, negando por sistema tanto la realidad como la verdad. También se utiliza en este ámbito tratado, la palabra “negacionista” como adjetivo y con el siguiente significado: “Perteneciente o relativo al negacionismo. Partidario del negacionismo”.

Asimismo, el buscador urgente de dudas (Fundéu RAE), explica como extensión del lema en el DLE, que este lema “normalmente se ha empleado en relación con el Holocausto y puede aplicarse también, como extensión de este sentido, a la negación de otros hechos que no son necesariamente históricos, en particular científicos, como ocurre con el cambio climático”.

Aunque efectivamente el término es de uso relativamente reciente, la realidad que transmite es muy antigua, casi como la vida misma, a través de la dialéctica histórica y científica del creacionismo y del evolucionismo, por ejemplo. Sé que nos adentramos en terrenos pantanosos, pero conviene que hablemos de ello para no seguir participando de silencios cómplices que no ayudan a nadie. También es conveniente que no se asimile el término “negacionista” con el de “negación” a secas, porque la carga ideológica que lleva ser “negacionista” no es lo mismo que “negar” algo sin más, que tiene sobre todo un sesgo psicológico de amplio espectro, es decir, la negación se trata como mecanismo de defensa del yo. Sabemos que las ideologías no son inocentes y el negacionismo como tal actitud tiene un componente grupal sobre todo, más que el de la mera negación que casi siempre es una actitud individual. En este sentido creo que es importante señalar la distinción que establece el antropólogo Didier Fassin (2) entre “negación”, definida como «la observación empírica de que la realidad y la verdad son negados», y “negacionismo”, que él define como «una posición ideológica a través de la cual el sujeto reacciona sistemáticamente contra la realidad y la verdad».

La dialéctica expuesta coopta un nuevo término, denialismo, a tener en cuenta en este preocupante debate, caracterizado por la negación de la realidad y de la verdad porque se convierten en algo incómodo para la conducta humana. Uno de sus mejores exponentes ha sido Edward Skidelsky, académico de filosofía de Universidad de Exeter, que ha sugerido que la palabra denial (negación) “puede tener sus orígenes en el antiguo sentido de deny, relativo a rechazar (como cuando el apóstol Pedro negó a Jesús), cuyo antecedente más reciente proviene del sentido freudiano de negar como un rechazo a aceptar una verdad dolorosa o humillante. Escribió: «Una acusación de “negación” es seria, pues implica ya sea deshonestidad deliberada o autoengaño. La cosa negada es, por inferencia, tan obviamente cierta que el negador debe actuar motivado por la perversidad, malicia o ceguera obstinada». Sugiere que, por la introducción de la etiqueta «negacionista» en áreas profundas de debate histórico o científico, «uno de los grandes logros de la Ilustración -la liberación de la investigación científica e histórica del dogma- es silenciosamente revertida», y que debiese ser motivo de preocupación para las personas de mente liberal (3).

El negacionismo climático, que tanto se escucha hoy en relación con los incendios letales de nuestro país, es un ejemplo claro de la negación por antonomasia de la realidad científica, que además causa graves daños a la Humanidad. Podemos poner muchos ejemplos de la actualidad, pero he escogido una exposición científica divulgativa que me parece aclarar de fondo y forma qué significa en la actualidad el negacionismo que nos asola por tierra, mar y aire. Me refiero a un artículo que publicó Mark Hoofnagle en 2009, doctor en Fisiología por la Universidad de Virginia y experto en denialismo, describiendo el negacionismo como «el empleo de tácticas retóricas para dar la apariencia de argumento o debate legítimo, cuando en realidad no lo hay». Es el proceso que funciona usando una o más de las siguientes cinco tácticas con el fin de mantener la apariencia de una controversia auténtica (4):

1. Teoría de conspiración. Desestimar la información o la observación sugiriendo que los rivales participan en «una conspiración para esconder la verdad».

2. Falacia de evidencia incompleta. Seleccionar un artículo aislado apoyando su idea, o usar artículos obsoletos, defectuosos o desacreditados para hacer parecer la postura opuesta como si estos apoyaran sus ideas en una investigación débil.

3. Expertos falsos. Pagarle a un experto en el campo, o en otra área, para que dé evidencia de apoyo o credibilidad.

4. Cambiar las reglas. Desestimar la evidencia presentada en respuesta a una afirmación en específico, solicitando continuamente otra pieza de evidencia.

5. Otras falacias lógicas. Usualmente, una o más falsas analogías, tales como argumento ad consequentiam (los prejuicios cognitivos), falacia del hombre de paja (nunca se toca el argumento de fondo), o red herrings (maniobras de distracción).

El debate actual en torno al negacionismo, no se debe plantear como ciencia sí o no, en clave negacionista, porque es erróneo y conduce a ninguna parte. El debate se centra en el poder actual de los medios de comunicación intervenidos por el capital y las tecnologías de la información, en su exponente tan preocupante de redes sociales no inocentes, para contaminar y manipular a sus seguidores de forma violenta e intrusiva en lo más preciado que tiene, el cerebro, es decir, la sede del comportamiento humano y su forma de actuar ante el cambio climático, por ejemplo, las vacunas o el ocaso de la democracia. También en la salud y en la enfermedad. Creo que hay que hacer un esfuerzo en estos días por romper las barreras del conocimiento humano y dejarse llevar por lo que la ciencia nos demuestra a diario y de forma amable y didáctica a través de investigaciones dignas.

Hay que descubrir urgentemente a los negacionistas de nuevo cuño, que nos rodean a diario. Conocemos sus tácticas y frente a ellos debemos unirnos para defender la verdad del principio de realidad, apoyándonos en las evidencias científicas, como ocurre por ejemplo con el cambio climático, que ya expuse en 2021 y lo ratifica día a día la investigación científica. Son peligrosos porque normalmente son un ejército de mediocres, a los que he descrito ya en múltiples ocasiones en este cuaderno digital. Ya sabemos que no es lo mismo negar una verdad, que cargar esta negación de ideología, porque tendrá un significado muy diferente. No lo olvidemos: “negación”, es “la observación empírica de que la realidad y la verdad son negados», y “negacionismo” es «una posición ideológica a través de la cual el sujeto reacciona sistemáticamente contra la realidad y la verdad». No es lo mismo. El negacionismo es un gran aliado del mundo al revés, al que he dedicado una serie en este cuaderno que busca islas desconocidas de felicidad legítima para todos. Recomiendo su lectura, porque el negacionismo encuentra su verdadero caldo de cultivo en su expresión continua en un mundo al revés que suele estar diseñado por los negacionistas de la Vida. Sólo hay que recordar la sistemática negación de la realidad y la verdad que los negacionistas difunden a través de las falsas noticias, bulos y contaminación indigna y perversa de todo lo que nos sucede a diario y que a ellos les agrada en su ideología de que cuanto peor esté el mundo al revés, mejor para ellos.

Estamos avisados de nuevo.

NOTA: la imagen de cabecera se ha recuperado de Consejos para hablar con negacionistas sin perder la razón (rtve.es)

(1) REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. <https://dle.rae.es; [29/07/2026].

(2) Didier Fassin, When bodies remember: experiences and politics of AIDS in South Africa, Volume 15 of California Series in Public AnthropologyUniversity of California Press, 2007, p. 115.

(3) Skidelsky, Edward (27 de enero de 2010). «Words that think for us: The tyranny of denial»

(4) Mark Hoofnagle (11 de marzo de 2009). «Climate change deniers: failsafe tips on how to spot them»The Guardian.

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¡Paz y Libertad!

El recuerdo democrático que no cesa / y 3. Las nanas de la cebolla y un juguete para Manuel Miguel Hernández Manresa

Carrito original para Manolillo, segundo hijo de Miguel Hernández y Josefina Manresa, construido en la cárcel de Ocaña, en 1941, con la ayuda de un compañero

Sevilla, 28/VII/2026 – 16:06 h CET (UTC+2)

Esta visita íntima al Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa, me permitió recordar y conocer determinados detalles de los últimos años compartidos al finalizar la guerra, así como las dolorosas consecuencias para ellos y para Manuel Miguel, el segundo hijo con sólo tres años de vida al morir el poeta, hijo muy querido después del fallecimiento, con sólo diez meses, de su primer hijo, Manuel Ramón. A Manuel Miguel fue a quien el poeta dedicó sus famosas Nanas de la cebolla desde la cárcel y a quien le construyó un carro de madera que pude contemplar en una vitrina del Museo. Me sobrecogió.

Entré en la quinta sala con cierto desasosiego, porque lo sucedido con el poeta fue una ignominia en su fondo y forma, un fiel retrato de las consecuencias del golpe de Estado del 1936, sus terribles ajustes de cuentas al finalizar la guerra y su proyección implacable en la dictadura. Se ha comentado en algún lugar que esta sala está dedicada al “poeta mártir”, bajo el protagonismo de su Cancionero y Romancero de Ausencias (1939-41). Fue una etapa durísima para Miguel, Josefina, los hijos de ambos y, obviamente, para sus familias.

Identificación personal de Miguel Hernández en el Reformatorio donde falleció en 1942

Así presenta la sala el programa de visita: “Con el final de la guerra civil, Miguel comienza un dramático vía crucis carcelario. Sin embargo, ni la prisión, ni su delicado estado de salud, merman su esperanza por un mundo mejor. Así lo transmite a Josefina y a su hijo en diversas cartas”. Pude contemplar la recreación de una lúgubre celda similar a la que ocupó en Rosal de la Frontera (Huelva), aunque no he logrado borrar de mi mente la visita que me permitieron hacer en los años ochenta del pasado siglo, a la que ocupó en los sótanos del Ayuntamiento de Galaroza, también en Huelva, en su periplo hasta su encarcelamiento en Huelva capital, tras su triste detención en su huida a Portugal. Como se recoge en el programa citado, la cárcel, tras serle conmutada la pena de muerte, “sirvió al poeta para escribir algunos de sus más hermosos versos, como Nanas de la cebolla”:

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Pasé finalmente a la última sala, en este encuentro fugaz pero eterno, por los recuerdos en la lucha por la democracia que, como el rayo, no cesan todavía hoy, espacio que explica en un clima de presente y futuro, por qué debía realizar la visita, su auténtico sentido. El legado de Miguel Hernández y Josefina Manresa, muy cuidado por los herederos, acabó finalmente en la Diputación de Jaén en 2012, tras múltiples vicisitudes en la tierra de origen del poeta, siendo Quesada un lugar digno para no olvidar la memoria democrática de una vida entregada a la lucha por un mundo mejor.

Mi agradecimiento es pleno. En la sala pude hojear publicaciones diversas del poeta y sobre su obra poética en general. Una sala llena de luz y vida. Como muestra, la posibilidad de escuchar sentado en cubos mágicos, diversas interpretaciones musicales de poemas del poeta, que forman parte de la banda sonora de nuestro país, por mucho que les pese a algunos. Elegí, con los auriculares bien ajustados para no perder nota y letra alguna, un poema interpretado por Joan Manuel Serrat, Hijo de la luz y de la sombra, que me sumió en un silencio atronador:

Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
seguiremos besándonos en el hijo profundo.
Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,
se besan los primeros pobladores del mundo.

Eres la noche esposa,
eres la noche esposa,
yo soy el mediodía.
Eres la noche esposa,
yo soy el mediodía.

Me despedí en esta visita con gratitud plena, porque es un museo que hay que visitar para vivir una experiencia inolvidable de respeto a la memoria histórica y democrática de nuestro país. Gracias a Miguel Hernández y Josefina Manresa, creo que soy mejor persona y que luchar incansablemente por un mundo mejor es posible para curar las tres heridas de todos, la de la vida, la de la muerte, la del amor.

Gracias, lector, lectora, por acompañarme en esta experiencia vital, una isla desconocida si no salimos de nosotros mismos para encontrarla, a pesar de todo.

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El recuerdo democrático que no cesa / 2. Josefina Manresa, esposa y musa

Descripción de Josefina Manresa por parte del poeta / Museo Miguel Hernández- Josefina Manresa / Quesada (Jaén)

Satélite de ti, no haga otra cosa,
si no es una labor de recordarte.
¡Date presa de amor, mi carcelera!

Miguel Hernández: estrofa final del primer poema, entregado en mano, a Josefina Manresa, a modo de declaración de su amor hacia ella.

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Sevilla, 27/VII/2026 – 20:19 h CET (UTC+2)

Si hubo alguien que marcó la vida y obra de Miguel Hernández, fue sin lugar a dudas una mujer extraordinaria, Josefina Manresa, cuya descripción demuestra con creces el sentimiento y reconocimiento del poeta hacia ella:

Tus señas particulares son: pelo largo, hecho un puro anillo y negro, negro como un rincón de noche, su piel pálida y graciosa, su boca demuestra una mujer de mucha voluntad y es fina y bien recortada, su nariz copiada de Venus y sus ojos profundos y pensativos y guapos en medio de dos cejas como dos puñaladas de carbón fino.

Dejando atrás su vida iniciática en la poesía, entré en la tercera sala del Museo, dedicada exclusivamente al poeta enamorado, respetando su infancia rural, una obra suya emblemática, El rayo que no cesa (enero 1936) y su controvertida estancia en Madrid desde su llegada en 1931, donde se produce la transformación ideológica tanto personal como literaria, alejándose de su arraigo literario y de creencias religiosas aprehendidas de su amigo del alma, Ramón Sijé, seudónimo de José Marín Gutiérrez, uno de los componentes del grupo que se reunía en la tahona de su amigo Carlos Fenoll, en Orihuela.

Las relaciones que establece con artistas contemporáneos, Vicente Aleixandre, Pablo Neruda, Luis Cernuda, Juan Ramón Jiménez, que elogió favorablemente en febrero de 1936, El rayo que no cesa y José María de Cossío, entre otros, que le acerca al mundo de los toros, así como la amistad estrecha con la pintora Maruja Mallo, le permiten descubrir nuevas proyecciones personales, literarias y poéticas. Me emocionó ver la dedicatoria de Cernuda, en su libro “La realidad y el deseo”, en mayo de 1936. Quizás fue un gran revulsivo para él la muerte de su gran amigo Ramón Sijé, al que dedicó la famosa elegía, que personalmente recuerdo siempre con especial emoción y sentimiento, creyendo que este hecho marcó un antes y un después en su compromiso social, llevándolo a límites ideológicos insospechados. La escalera de pared que se expone en la sala, junto al rótulo de la plaza con el nombre de su gran amigo, muerto para él “como del rayo”, simboliza algo importante en su vida: hay que olvidar el olvido de quienes amamos y un día desaparecen de nuestra vida, pero no de nuestra alma de secreto. Es lo que eleva, tramo a tramo, nuestro espíritu.

De allí pasé a la sala cuarta del Museo, dedicada a su obra “Viento del pueblo”, que demuestra el giro copernicano que Miguel Hernández supo dar a su vida, interpretando la fuerza que imprimió en su persona el viento del pueblo, sus demandas democráticas. Fueron unas vivencias vinculadas con el inicio de la guerra civil, que le sorprendió en Madrid, siendo el comienzo de una colaboración directa con la causa republicana. Esta compleja situación la puso en conocimiento de Josefina Manresa diez días después de iniciarse el golpe militar: “Mi muy querida Josefina mía […] ha habido días en los que no he podido salir a la calle de los tiroteos que había en todo Madrid”.

El “poeta del pueblo” se hace muy presente en todos los frentes republicanos y así se le reconoce en la prensa tan leída por los milicianos y milicianas implicados en la defensa de la democracia.

Durante la guerra civil, la presencia de Miguel Hernández en la prensa fue determinante en su compromiso social con las libertades. Fue un excelente periodista en el frente, donde ya era conocido en su trayectoria poética, en revistas tales como La Gaceta Literaria, Estampa, Cruz y Raya y Caballo verde, entre otras.

Considero por último, en estas reflexiones sobre esta sala del Museo, que es imprescindible recordar que Miguel Hernández fue enviado a Jaén como Jefe del Altavoz del Frente Sur republicano, siendo una publicación suya en un periódico del Partido Comunista, El Altavoz del Frente, en su número 1, un poema, Aceituneros, que para Jaén y nuestra Comunidad Autónoma tiene un valor incalculable. Contemplé con respeto reverencial esta imagen del poema:

En ese momento recordé con especial afecto la versión de Jarcha. No la olvido, porque forma parte de la banda sonora de mi vida. Alguna lágrima me recordó momentos transcendentales para preservar la democracia en nuestro país. Me sentí más cerca que nunca de Miguel Hernández y de su sufrimiento humano hasta la muerte, compartido con Josefina Manresa.

Personalmente, escucho con frecuencia la voz de Miguel Hernández, en el único archivo sonoro que se conserva, que invito a escucharla de nuevo, en una grabación realizada por Alejo Carpentier en París en 1937, cuando Miguel iba camino de Moscú. El poema que recita es la “Canción del esposo soldado», publicado primero en El mono azul y después en Viento del pueblo, dedicado a su compañera de vida, Josefina Manresa, embarazada de su hijo Manuel Ramón.

Canción del esposo soldado

He poblado tu vientre de amor y sementera,

he prolongado el eco de sangre a que respondo, 

y espero sobre el surco como el arado espera:

he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos. 

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,

tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos 

de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado;

temo que te me rompas al más leve tropiezo, 

y a reforzar tus venas con mi piel de soldado 

fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,

te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. 

Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, 

ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho, 

sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa, 

te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho 

hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa

mi frente, que no enfría ni aplaca tu figura,

te acercas hacia mí como una boca inmensa

de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera;

aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, 

y defiendo tu vientre de pobre que me espera, 

y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado, 

envuelto en un clamor de victoria y guitarras

y dejaré a tu puerta mi vida de soldado

sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.

Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,

y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo

cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas, 

y tu implacable boca de labios indomables,

y ante mi soledad de explosiones y brechas

recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.

Y al fin en un océano de irremediables huesos

tu corazón y el mío naufragarán, quedando

una mujer y un hombre gastados por los besos.

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El recuerdo democrático que no cesa / 1. Quesada o Jándula

Imagen representativa del Museo dedicado a Rafael Zabaleta y Miguel Hernández-Josefina Manresa, en Quesada (Jaén) / JA COBEÑA

Miguel estaría hoy muy orgulloso de volver a esta tierra y quedarse para siempre

Palabras de Lucía Izquierdo, nuera de Miguel Hernández, acerca del Acuerdo de los herederos del poeta con la Diputación Provincial de Jaén, al adquirir esta institución, en 2012, la titularidad del legado hernandiano, compuesto por más de 5.400 registros entre manuscritos, poemas, objetos personales y cartas del poeta a amigos y familiares.

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Sevilla, 26/VII/2026 – 16:29 h CET (UTC+2)

Siento la necesidad de compartir con la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, unos recuerdos que no cesan en mi alma democrática, de Miguel Hernández y Josefina Manresa. En este contexto, he cumplido un sueño al visitar recientemente un lugar, Quesada, recuperado ahora como Jándula, el epicentro de una obra ciclópea de David Uclés, La península de las casas vacías, que estoy leyendo poco a poco, porque son setecientas páginas que necesitan reposo anímico para interiorizarlas y sentirlas como propias, en la clave de respeto a la memoria democrática de la guerra civil en este país. Más pronto que tarde, publicaré en este cuaderno digital mis reflexiones sobre esta obra encomiable.

He ido a Quesada (Jaén), buscando un encuentro personal con la vida y obra del poeta del pueblo y de su fiel compañera de vida, a pesar de momentos turbulentos en su relación como pareja, como lo demuestra una carta mecanografiada que leí durante mi visita a la exposición permanente sobre el poeta en Jaén capital, dirigida en 1936 al padre de Josefina, explicando su separación temporal “por cosas de muy poca importancia” y buscando una reconciliación con ella, si todavía “no estuviera comprometida con otro hombre” y “estuviera dispuesta a continuar su amistad de mujer conmigo”. Nada humano le fue ajeno y deseo resaltar que este documento, junto con otros de marcado interés memorialístico sobre Miguel Hernández, los pude contemplar en la exposición permanente citada anteriormente, dedicada al poeta en el Centro Cultural Baños Árabes, en Jaén capital, para difundir la memoria y obra del poeta oriolano.

Imagen de Miguel Hernández, obtenida en la exposición permanente sobre el poeta en el Centro Cultural Baños Árabes – Jaén

Miguel Hernández está muy presente en este cuaderno digital y seguirá ocupando un sitio preferido por mí, la amura de babor de esta carabela imaginaria que me enseñó a pilotar José Saramago, hace ya muchos años, en la que navego diariamente para buscar islas desconocidas. Por las razones expuestas, Quesada no es un lugar cualquiera. Allí nació en 1916 Josefina Manresa y fue determinante este hecho para recuperar parte del legado de Miguel Hernández, desde la firma en 2012 del convenio auspiciado por la Diputación Provincial de Jaén con los herederos del poeta, incorporándolo al edificio que nació como sede de la importante obra artística del pintor quesadeño Rafael Zabaleta, dedicando un espacio especial a la vida y obra de Miguel Hernández y a su querida compañera de vida y muerte, Josefina Manresa.

En la planta sótano, la exposición de gran parte del legado de Miguel Hernández y celosamente cuidado por Josefina Manresa, se distribuye en seis salas, vinculadas cinco de ellas a sus obras principales, de las que en esta entrega voy a adentrarme en la segunda, sin dejar atrás la sala de recepción y acogida, informando sobre la importancia del autor y su evolución personal y literaria a través de etapas cronológicas, siempre vinculadas a sus libros. Allí me senté en una obra escultórica muy simbólica, un banco-libro, representando su obra emblemática “El rayo que no cesa”, concretamente en la página que sirve de asiento, en la que figura un fragmento del poema “Menos tu vientre”. Contemplé de esta forma un audiovisual breve y dos veces bueno sobre la poesía del poeta, tocando de cerca palabras muy sentidas y cercanas;

Menos tu vientre
todo es confuso.

Menos tu vientre 
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.

La segunda sala está dedicada al poeta pastor, centrada en su primera publicación, Perito en Lunas (enero 1933), destacando la poesía de adolescencia, versos herméticos de inspiración pastoril y religiosa, así como la conjunción de naturaleza e inocencia. Resalta aspectos fundamentales de su infancia y adolescencia, su entorno familiar en Orihuela (Alicante), junto con su primer viaje a Madrid, que supuso un giro copernicano en su vida y obra.

Hasta aquí mi primera entrega en esta serie, confesando que el día anterior a mi visita en Quesada, viví una experiencia dolorosa en la visita a la Catedral de Jaén, al contemplar en el crucero central del altar mayor cuatro lápidas verticales donde figuran con nombres y apellidos todos los reverendos sacerdotes y coadjutores, también un obispo, de la provincia de Jaén, que según reza el texto que encabeza esta relación, situado en la lápida del lado del “evangelio” del altar mayor, “fueron asesinados en la revolución marxista. Julio de 1936 a Marzo de 1939”.

Catedral de Jaén

Es incomprensible que con la vigente Ley de Memoria Democrática, todavía se puedan mostrar estos vestigios de parte sobre lo ocurrido, no respetando páginas imprescindibles que ordenan en el objeto y finalidad de la Ley, la recuperación, salvaguarda y difusión de la memoria democrática, entendida ésta como conocimiento de la reivindicación y defensa de los valores democráticos y los derechos y libertades fundamentales a lo largo de la historia contemporánea de España, con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales: “Asimismo, es objeto de la ley el reconocimiento de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de pensamiento u opinión, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, la Guerra de España y la Dictadura franquista hasta la entrada en vigor de la Constitución Española de 1978, así como promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva, adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre la ciudadanía y promover lazos de unión en torno a los valores, principios y derechos constitucionales. Se repudia y condena el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura franquista, en afirmación de los principios y valores democráticos y la dignidad de las víctimas. Se declara ilegal el régimen surgido de la contienda militar iniciada con dicho golpe militar y que, como consecuencia de las luchas de los movimientos sociales antifranquistas y de diferentes actores políticos, fue sustituido con la proclamación de un Estado Social y Democrático de Derecho a la entrada en vigor de la Constitución el 29 de diciembre de 1978, tras la Transición democrática”.

Creo que esta consideración anterior, refleja mi sentir de respeto democrático en el encuentro imaginario con Miguel Hernández y Josefina Manresa en Quesada, que ha tenido un sentido especial. Estamos avisados con lo que está ocurriendo por parte de los acuerdos PP-VOX para derogar la la citada Ley cuando sea posible a nivel nacional. Mientras, se llevará a cabo la citada derogación de las leyes autonómicas de memoria democrática en los gobiernos ya constituidos con ambos partidos. A pesar de esta dura realidad, nos queda algo grandioso en democracia, la palabra de denuncia, tal y como aprendí en un día ya lejano de Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra. Hoy, la mía, compartiendo con la Humanidad mi encuentro con el poeta del pueblo y su gran compañera de vida y muerte, en condiciones lamentables. Para que no lo olvidemos, ni siquiera un momento.

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¡Paz y Libertad!

¡Santiago, abre los ojos de España para defender las libertades y el progreso!

Sevilla, 25/VII/2026, festividad del Apóstol Santiago – 09:02 h CET (UTC+2) – Actualizado del original publicado el 25/VII/2022.

Utilizo con frecuencia la escritura circular y repasando hoy este cuaderno digital, he recordado un artículo que escribí en 2022 sobre el apóstol Santiago, del que se celebra hoy en España su santo y patronazgo estatal, que conserva en esencia todo su valor y análisis de contexto social en el momento de escribirlo.

Vuelvo a publicarlo, convencido hoy más que nunca de que España, como el mundo, sólo tiene interés hacia adelante, siempre y cuando permanezca abierta a la libertad y progreso veinticuatro horas al día, los siete días de la semana, sin descanso alguno, con los ojos democráticos bien abiertos, como hermosa tarea del sentir democrático y progresista de un país que cuida siempre a los que menos tienen, a los tratados despóticamente a veces y desgraciadamente como nadies y extranjeros. A los que la derecha taimada y ultraderecha, tanto monta-monta tanto, descalifica de base en su argumentario de defensa de la “prioridad nacional”.

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¡Santiago, abre España a la libertad y al progreso!

En 2017 visité Galicia y su ciudad emblemática, Santiago de Compostela,  contemplándola desde el primer momento como una representación obvia de una tierra conservadora de su tradición, de su cultura, de su amplio conocimiento del mundo, de sus viajeros hacia muchas partes. En aquella visita pensé en una frase que a lo largo de su historia ha sufrido interpretaciones contrapuestas, dependiendo de dónde se situaban las comas y la ideología al interpretarla, porque nunca fue una frase inocente: ¡Santiago, cierra, España!, que casi siempre la hemos conocido tal y cómo lo escribieron e interpretaron Cervantes en Don Quijote de la Mancha o el mismo Valle-Inclán en Luces de Bohemia, aunque sin entrar nunca en su verdadero contenido histórico y muy lejos de unirlo a la tradición jacobea. La traducción correcta de la frase es la que justifica su origen, rememorando a Santiago Matamoros, en la Reconquista, como grito de guerra: Santiago (él ayuda a exterminar a los musulmanes), cierra (forma de interpretar que el ejército o las tropas están preparadas para atacar) y, por último, España, todas las palabras por separado, siendo la defensa e integridad de España la razón que justificaba la acción contra el mundo musulmán. Así, durante muchos siglos porque Santiago Apóstol es el patrón de este país, aunque mucho podemos decir los ciudadanos como marineros demócratas del mismo.

Sinceramente, no me gusta nada esta versión que muchos dan por auténtica, aunque es verdad que la he simplificado mucho para que se entienda bien lo que quiere decir. Me quedo hoy día con la que figura en Don Quijote de la Mancha y la que nos aportó Valle-Inclán en Luces de Bohemia. El primero porque el diálogo entre el bueno de Sancho Panza y el Quijote no tiene desperdicio:

—Yo así lo creo —respondió Sancho— y querría que vuestra merced me dijese qué es la causa porque dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel San Diego Matamoros: «¡Santiago, y cierra España!». ¿Está por ventura España abierta y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta?

—Simplicísimo eres, Sancho —respondió don Quijote—, y mira que este gran caballero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo, especialmente en los rigurosos trances que con los moros los españoles han tenido, y, así, le invocan y llaman como a defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas veces le han visto visiblemente en ellas derribando, atropellando, destruyendo y matando los agarenos escuadrones; y desta verdad te pudiera traer muchos ejemplos que en las verdaderas historias españolas se cuentan (1).

La segunda versión, porque la ideología estaba detrás de lo que quería decir un protagonista de la obra citada de don Ramón, Dório de Gádex (andaluz, por más señas), defendiendo el modernismo ante el integrismo del país, decía exactamente: “Voy a escribir el artículo de fondo, glosando el discurso de nuestro jefe: «¡Todas las fuerzas vivas del país están muertas!», exclamaba aun ayer en un magnífico arranque oratorio nuestro amigo el ilustre Marqués de Alhucemas. Y la Cámara, completamente subyugada, aplaudía la profundidad del concepto, no más profundo que aquel otro: «Ya se van alejando los escollos». Todos los cuales se resumen en el supremo apostrofe: “Santiago y abre España, a la libertad y al progreso”. Bastante disgusto costó a Valle-Inclán esta interpretación de la falta de libertad en este país.

En aquél viaje a Galicia en 2017 no vi a Santiago Apóstol por ninguna parte. A través de las calles del Hórreo, Vilar y Franco, fuimos a la plaza del Obradoiro, encontrándonos con un tremendo desencanto artístico: la policromía del Pórtico de la Gloria no se podía contemplar en su justo sentido porque todo estaba en obras de restauración y limpieza. Andamios por allá y por acullá. Sólo se podía acceder a la catedral por dos sitios, con colas interminables: una para abrazar al santo [sic] y otra para visitar la catedral. Indescriptibles eran las aglomeraciones, desconcierto y filas, que me recordaban (con el debido respeto a los peregrinos de corazón y razón) lo que llamaba Rafael Alberti, “anónimos tropeles de gente que en todo ven una lección de arte, pero a ti (Dios) no te ven por ningún sitio”. Desistimos de guardar las colas, porque nos gusta más bajar al río, que es lo que suplicaba San Pedro, sentado y en bronce inmovilizado, cuando preguntaba a Jesucristo por qué le besaban tanto sus pies gastados en la Basílica de su nombre (según Alberti), porque al fin y al cabo es lo nuestro (2):

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?

Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Creo que a Santiago, su fiel amigo, después llamado apóstol por la Iglesia Católica de Roma, así como a su compañero Pedro, les diría Jesucristo lo que a nadie le diría, que escribía también Alberti en el poema citado anteriormente, Entro Señor en tus iglesias, en su obra Roma, peligro para caminantes, porque que no sé si a estas alturas de la vida, pasaría lo mismo al andar por las calles de Santiago de Compostela para poder abrazarlo y verlo de nuevo.

Me sigue agradando la interpretación de la frase de Valle Inclán, al recordarla hoy de nuevo, ¡Santiago, abre España a la libertad y al progreso!, porque en estos tiempos convulsos necesitamos creer que es urgente abrir los ojos más que nunca, para defender las libertades y progresos de este país, ante el flagrante ocaso de la democracia.

(1) Cervantes, Miguel de (2004), Don Quijote de la Mancha, 2004. Edición del IV Centenario. Madrid: Real Academia Española, 2ª Parte, Capítulo LVIII, pág. 988s.

(2) Alberti, Rafael, Basílica de San Pedro, en Roma, peligro para caminantes, 1968. México: Joaquín Mortiz.

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¡Paz y Libertad!

En Quesada (Jaén), junto a Miguel Hernández y Josefina Manresa, como un deber de amor

Josefina Manresa y Miguel Hernández, 1937

Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor.

Pablo Neruda, en una carta escrita en París, en octubre de 1960, para conmemorar el 50 aniversario del nacimiento del poeta.

Quesada (Jaén), 23/VII/2026 – 22:07 h (CET+2)

Hoy he cumplido un sueño: estar muy cerca de Josefina Manresa y Miguel Hernández, en su museo de Quesada, sede también de la extraordinaria obra artística del pintor quesadeño Rafael Zabaleta. Mi alma sabe, a pesar de mis silencios, cómo recuerdo la vida y obra del poeta del pueblo, junto a la presencia de Josefina Manresa, su amada compañera de vida, muchas veces ausente por mandato imperativo del Régimen. Este cuaderno digital es testigo de este diálogo buscado y respetado.

Hoy, en este contexto tan especial, he recordado expresamente un poema suyo de juventud, A mi alma, porque en mi senectud me veo reflejado en él:

Murmuran que hablo muy poco, alma, los que nada saben de nuestros largos coloquios.

Me han regalado una publicación hermosa, Miguel Hernández. Brevísima antología poética, que agradezco, editada por la Diputación de Jaén en 2022, con motivo del 80 aniversario de la muerte del poeta.

En los próximos días publicaré una serie para compartir con la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, mis reflexiones sobre este encuentro, recuperando la memoria histórica de Miguel Hernández, tan necesaria hoy ante el ocaso de la democracia en nuestro país.

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¡Paz y Libertad!

Sigue creciendo de forma alarmante el club de los cretinos vivos

Lo cretino, en ti, 
No excluye lo ruin. 

Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino. 

Así que eres en fin, 
Tan cretino como ruin.

Luis Cernuda, en La desolación de la quimera

Sevilla, 21/VII/2026 – 14:14 h (CET+2)

Hoy hace setenta y cinco años que nació el gran actor Robin Williams (1951-2014). El mundo cinematográfico lo recuerda especialmente y, en mi caso, con expresa gratitud por todo lo que aprendí de él, sobre todo en una película de culto, “El club de los poetas muertos”, que también recuerdo a continuación a modo de metáfora existencial para estos tiempos revueltos. Lo que es indudable es que el actor está muy presente en este cuaderno digital.

En este largo y ya cálido verano, frente al negacionismo climático que nos rodea, busco refugio ideológico en la poesía útil para transformar este loco mundo al revés, siendo una de las razones por las que no olvido a Robin Williams en su papel del profesor John Keating, en “El Club de los poetas muertos”, en una secuencia inolvidable a través de sus palabras y rodeado por sus queridos alumnos: “Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos”.

Las palabras que siguen las escribo a modo de pequeño homenaje dedicado a su memoria cinematográfica y a sus palabras sobre el “carpe diem” particular y, sobre todo, digno, que cada uno, cada una, vive a diario, rodeados de mediocridad creciente. El problema radica, en la actualidad, en que necesitamos localizar a poetas muertos y vivos que nos ayuden a interpretar la vida porque, desgraciadamente, nos sobran personas cretinas vivas que la malogran a diario y hacen mucho daño a la sociedad, como mediocres aventajados que nos rodean por tierra, mar y aire, formando parte un nuevo Club, el de los cretinos vivos. Es un hecho irrefutable, ya tratado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital, que la mediocracia se instala día a día en nuestras vidas

En este contexto, vuelvo a publicar hoy un artículo escrito en 2018, El club de los cretinos vivosque no necesita más actualización que la de Trump y sus secuaces, en estos momentos delicados para el bien común, para la democracia, como representante de la ultraderecha mundial, aunque sigue haciendo de las suyas, salvando lo que haya que salvar si identificamos a sus alumnos aventajados distribuidos por este loco mundo al revésincluyendo nuestro país, por supuesto. También, porque ya sabemos qué rumbo han tomado las derechas en nuestro «territorio patrio«, que les gusta decir a ellas de forma taimada, que se autoproclaman como “gente de bien”, sin rubor alguno, frente a la gente de mal, que somos para ellos el resto de la población. Han preferido la opción de un permanente «cretinismo enojado», como advirtió Manuel Rivas en la columna del artículo citado a continuación, La ola de cretinismo, que nos invade por tierra, mar y aire.

Pasen y lean aquellas palabras. Suenan de forma atronadora hoy, por la cretinez que nos invade. Estamos avisados. Además, deberíamos tomar conciencia de que la cita “carpe diem”, a secas, es incompleta. Le falta la segunda parte, esencial en sí misma, tal y como lo expresó el poeta romano Horacio (Venosa, Basilicata, 8 de diciembre de 65 a. C. – Roma, 27 de noviembre de 8 a. C), en su Oda (Carminum) I, 11, dedicada a Leucónoe: “Carpe diem, quam minimum credula postero” o lo que es lo mismo, Vive el día de hoy [Carpe diem]. Captúralo. No te fíes del incierto mañana. 

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El club de los cretinos vivos

Sevilla, 08/08/2025

La primera vez que el lema “cretino” dio el salto mortal del vocabulario médico al social en este país, en el que abunda esta especie irredenta, la he localizado en el Diccionario general y técnico hispanoamericano, elaborado por Manuel Rodríguez Navas y Carrasco (publicado en Madrid en 1918 por la editorial Cultura Hispanoamericana), como adjetivo y con dos significados: que padece cretinismo y como traducción del alemán kraftlos, imbécil. Desde ese año no se vuelve a mencionar esta segunda acepción en la lexicografía española y hay que esperar a la edición 18ª del Diccionario de la RAE, publicado en 1956, cuando se acepta también una segunda acepción como sentido figurado del citado adjetivo: estúpidonecio (que se puede usar también como sustantivo). Es un término independiente ya de su pasado como enfermedad, aunque es en la edición de 1983, del Diccionario manual e ilustrado de la RAE cuando se desarrolla por primera vez una segunda acepción en el lema “cretinismo”, entendiéndose (en sentido figurado y familiar) como estupidezidiotez y falto de talento

Sorprende constatar cuánto tiempo ha necesitado este vocablo para imponerse en la cultura española como voz de derecho en el uso del mismo y en su comprensión, cuando creo que tiene una vida muy dilatada en el tiempo, porque desde época inmemorial la existencia de cretinismo y sus correspondientes cretinos y cretinas han abundado por doquier. Es lo que me ha pasado al leer un artículo reciente de Manuel Rivas, La ola de cretinismo, que en su entradilla lo justifica de forma espléndida: “Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por la estupidez circundante”.  Es verdad que estamos rodeados de cretinismo galopante, de personas que pertenecen al Club de estúpidos, idiotas, imbéciles y faltos de talento (respetando las acepciones literales de la RAE nada más).

Dice Manuel Rivas en su artículo que “Existe un humorismo amoratado, viñetas que son puñetazos de luz, y ahí está El Roto, la mirada indómita, descerrajando lo que no se puede ver, desvelando lo que no está “bien visto”. Está El Roto y los rotos, los que se pelean contra las mordazas, legales o ilegales. Pero el cretinismo, y no hablo de la enfermedad, sino del talante estúpido, va ocupando espacio como pensamiento grosero, vociferante, pelotudo. Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por ese cretinismo circundante”. Da pánico contemplar lo que le pasa al mundo cada vez que Trump se pasea por él haciendo turismo cretino. O los aprendices de ellos que tenemos en nuestro país, que imitaron e intentan imitar a ciertos presidentes americanos (no me refiero a Obama), que poniendo los pies encima de la mesa y remedando su acento yanqui, se han vanagloriado de invadir y seguir invadiendo el mundo a cualquier precio, actitudes de las que el Sur paga siempre un precio muy alto.

Ante las noticias cretinas que recorren el mundo, solemos quedarnos muchas veces con el ojo amoratado y con el alma de color y dolor violeta, en un pantone moral como el que cita Rivas refiriéndose a lo que nos pasa cuando vemos las viñetas de El Roto. Estoy muy de acuerdo con los matices de cretinismo que analiza en su columna: “Ahora mismo no sabemos el rumbo que va a tomar la derecha, la vieja y la nueva, en España. Si va a recaer en un cretinismo enojado o abrirse a una inteligencia democrática y dialogante. En una época histórica muy amoratada, la descrita en La desintoxicación de Europa, Stefan Zweig se quejaba de una atmósfera en la que “tanto los individuos como los Estados parecen más bien dispuestos a odiarse mutuamente; la desconfianza mutua se revela infinitamente más fuerte que la confianza”.

En la confianza de luchar para ser más libres frente a los cretinos (serlo o no serlo, esa es la cuestión…), hay que identificarlos urgentemente para librarnos de ellos a la mayor brevedad posible. Estamos avisados, porque son legión. Ya los definió de forma magistral Luis Cernuda, un poeta vivo en mi corazón: Lo cretino, en ti, / No excluye lo ruin. / Lo ruin, en tu sino, / No excluye lo cretino. / Así que eres en fin, Tan cretino como ruin (en La desolación de la quimera).

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¡Paz y Libertad!

El objeto del Gobierno, más allá del Mundial de Fútbol 2026, debe ser la felicidad de este país

Constitución de 1812. Artículo 13 (Facsímil)

Sevilla, 20/VII/2026 – 10:38 h CET (UTC+2)

La victoria de España ayer en el Mundial de Fútbol 2026, hizo felices a millones de ciudadanos y ciudadanas de este país. Es una realidad irrefutable, pero pasajera como emoción que es. El sentimiento de felicidad es harina de otro costal. He escrito en muchas ocasiones, en este cuaderno digital, sobre la gran tarea de la inteligencia humana: aprender a ser felices. En esta ardua tarea estoy desde que descubrí las posibilidades innatas y adquiridas que nos ofrece la inteligencia creadora de felicidad (no Amazon, ni las redes sociales contaminadas por la tecnocracia), de cada una, de cada uno, para lograr este fascinante cometido, con una protección garantizada por el llamado Estado de Bienestar, como su denominador común.

La felicidad dejó de ser un proyecto personal y social inocente desde el momento que supimos, como personas, que teníamos que convivir en proyectos vitales diferentes, bajo gobiernos diferentes, porque todos no son iguales ni facilitan esa felicidad de la misma forma, desde la salvaguarda de la equidad social en todas las manifestaciones posibles. Por tanto, ser ciudadanas, ciudadanos o tener educación para ser ciudadanas o ciudadanos, es la verdadera cuestión: hay que aprender a ser felices. Ese fue el gran proyecto de Educación para la Ciudadanía en nuestro país, desde 2006, que fue finalmente derogado por la derecha ultramontana, a partir de 2012, acusado falsamente de “adoctrinamiento ideológico”.

La gran tarea de la inteligencia es desarrollar actos felices en la vida diaria y ordinaria, al introducirnos en los vericuetos de la sociedad justa y feliz: conocimiento de las utopías para mejorar el mundo y cómo se puede alcanzar la felicidad personal y política, siendo un exponente de ello la frase resumen de la Constitución de 1812, que decía: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación”. Ser felices debe ser un proyecto común: construir una “Casa” común, asumir la compasión y la solidaridad como actitudes proactivas para sentirnos protagonistas de un gran proyecto humano que trascienda situaciones que no permiten ver más allá de nuestras realidades personales, familiares y sociales. En definitiva, ser muchas veces voces de los que no tienen voz, de los nadies.

Junto a la inteligencia, también hay que reconocer los sentimientos y las emociones, como la eclosión auténtica de una correcta vida afectiva, feliz en definitiva para los ciudadanos y ciudadanas de este país. Las emociones son manifestaciones pasajeras del alma humana, a diferencia de los sentimientos, que son estados afectivos estables y permanentes. En política se debe dar un paso más, siguiendo siempre a Aristóteles, porque no es lo mismo tener sentimiento que conciencia de clase. Va un abismo y así le pasa a la izquierda lo que le pasa.

En los tiempos que corren, no vendría mal recuperar en el seno de la memoria constitucionalista y democrática de este país, el artículo anteriormente citado de la Constitución de 1812, la Pepa, la primera que fue promulgada en España: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bien estar de los individuos que la componen”, promulgada el 19 de marzo de ese año y derogada dos años después, el 4 de mayo de 1814. Lo necesitamos, bajo los parámetros del llamado Estado de Bienestar, que vuelvo a rescatar hoy como claro objeto implícito del deseo político para nuestro país, más allá de estas fechas deportivas tan especiales. ¡Ojalá fuera así! Para que no se olvide…, ni siquiera un momento, en beneficio del “bien estar” de todos, sin dejar a nadie atrás. Palabras de una Constitución.

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¡Paz y Libertad!

Hoy me acuerdo de un maestro que prometió a sus alumnos ver el mar, antes del 18 de julio de 1936

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo: ¡la gente va allí a bañarse! Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo de que me voy a ahogar.

Lucía Carranza, enero de 1936

Sevilla, 18 de julio de 2026, en el 90 aniversario del comienzo de la guerra civil en nuestro país 

El texto que figura en la cabecera de este artículo lo escribió Lucía Carranza, una alumna de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba (Burgos), en el cuaderno El MarVisión de unos niños que no lo han visto nunca, editado artesanalmente en enero de 1936. Si hoy lo rescato es para simbolizar de nuevo, con las palabras que aún nos quedan (Blas de Otero, dixit), un pequeño homenaje a las personas que sufrieron en nuestro país el escarnio de la guerra civil durante casi tres años y, posteriormente, durante casi cuarenta años de dictadura franquista, víctimas del mal llamado “glorioso alzamiento nacional”, que comenzó el 18 de julio de 1936 y que tristemente recordamos hoy, con un profundo respeto a la memoria histórica y democrática de este país.

Con este motivo, vuelvo a publicar hoy el núcleo principal del artículo que figura en este cuaderno digital desde el 8 de noviembre de 2023, con un título, En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible, que encierra en sus palabras un relato que sobrecoge y da a conocer razones de fondo para amar, 90 años después y con todas nuestras fuerzas, la democracia y no las guerras propiciadas por el fascismo y las ultraderechas de todo tipo.

Por mi aprecio y respeto a la memoria democrática de mi país, hoy me acompaña en la cabecera, como música de fondo, una obra preciosa de Salvador Bscarisse, Romanza, el segundo movimiento del Concertino para guitarra y orquesta en La menor, compuesta en 1952. Me conmueve y sobrecoge ante tanto ruido de la derecha extrema y ultraderecha en mi Comunidad, en mi país. Bacarisse la sufrió hasta su exilio en Francia durante la guerra civil, para nunca más volver, falleciendo en París en 1963. Tampoco lo olvido.

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En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible

En mi singladura diaria por el mar abierto de mi vida, he llegado a una isla desconocida por mí, la vida y obra de Antoni Benaiges Nogués, un maestro olvidado por la España que, todavía hoy, siempre hiela el corazón, que decía Antonio Machado, una persona de las imprescindibles de Bertolt Brecht, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente mediante este pequeño homenaje que deseo tributarle con palabras, que nos quedan, en este cuaderno digital, pero no sólo a él, sino a miles de maestros y maestras que fueron maltratados de mil formas indeseables, incluso con la muerte, durante la guerra civil y años posteriores de dictadura.

Esta localización extraordinaria la he podido llevar a cabo gracias al cine, ¡bendito cine!, a una película,  El maestro que prometió el mar, que se presentó en la Semana Internacional del Cine (SEMINCI), de Valladolid, en octubre pasado, dirigida por Patricia Font y cuya sinopsis ya es atractiva, de por sí, para almas inquietas: “Ariadna, descubre que su abuelo busca desde hace tiempo los restos de su padre, desaparecido en la Guerra Civil. Decidida a ayudarlo, viaja a Burgos, donde están exhumando una fosa común en la que podría estar enterrado. Durante su estancia allí, conocerá la historia de Antoni Benaiges, un joven maestro de Tarragona que antes de la guerra fue profesor de su abuelo. Mediante un innovador método pedagógico Antoni inspiró a sus alumnos y les hizo una promesa: llevarlos a ver el mar”, poniendo en valor la lucha de tantas familias que todavía buscan a sus familiares enterrados anónimamente en fosas comunes a lo ancho y largo de este país. He procurado buscar antecedentes históricos de esta historia verdadera, porque en esta ocasión cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, al estar basado el guion en la vida y obra de un maestro, nacido en un pueblo de Tarragona, Mont-roig del Camp, en 1903, que ejerció su preciosa tarea en un destino rural desde 1934, concretamente en la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, de infeliz memoria por su trágico fusilamiento, llevado a cabo el 25 de julio de 1936, recién iniciada la guerra civil, siendo enterrado en una fosa común que todavía no se ha podido localizar, para mayor escarnio de sus familiares y allegados más directos, así como para la memoria histórica y democrática de este país.

Gracias a la búsqueda citada, he localizado también una obra imprescindible para conocer detalles necesarios para comprender el alcance de la vida y obra de Antonio Benaiges, El maestro que prometió el mar, una publicación coordinada por Francesc Escribano, junto a textos de Francisco Ferrándiz y Queralt Solé, con trabajo de documentación y fotografías de Sergi Bernal, en una coedición llevada a cabo por las editoriales Blume y Ventall, que ha servido de base para el guion de la película, cuya sinopsis amplía la intrahistoria de esta vida ejemplar llevada al cine: “Antoni Benaiges, un maestro de Mont-roig del Camp, Tarragona, fue destinado a la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, en 1934. Gracias a una metodología de enseñanza pionera y revolucionaria para la época, basada en la participación activa de los niños y el uso de la imprenta, comenzó a transformar la vida de sus alumnos y la del pueblo. A finales de julio de 1936, el maestro desapareció. Durante más de 75 años, su trabajo y personalidad permanecieron en la intimidad del recuerdo de sus antiguos alumnos y su familia, hasta que, en agosto de 2010, a pie de fosa, un vecino de Bañuelos haría emerger la figura del maestro asesinado en 1936 y la conmovedora historia de una promesa que no se pudo cumplir. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos».

Me ha sobrecogido conocer algo que deseo compartir con quienes me acompañan a menudo en esta singladuras hacia islas desconocidas. Se trata del pequeño homenaje que el 18 de julio de 2021 se celebró en el cementerio de Bañuelos de Bureba, al levantarse un cenotafio, un pequeño monumento funerario dedicado a este maestro inolvidable, imprescindible, sin su cadáver, porque no se sabe dónde está, en un nicho en el que depositaron objetos y recuerdos actuales sobre su vida y obra, el guion de la película citada, por ejemplo y en el que sobre una lápida roja se colocó una inscripción que todavía, al escribirla, me emociona y conturba: “ANTONI BENAIGES NOGUÉS, MAESTRO DE NUESTRA ESCUELA.  Nos dejó ser niños, antes de ser hombres, nos enseñó el valor de la palabra, nos prometió el mar”.

Como una premonición de la censura que viene y que ya está presente en las ciudades y pueblos gobernados por la derecha y su más allá en este país, la ultraderecha intolerante por principio, esta historia real llevada a una producción teatral dirigida por Xavier Bobés y Alberto Conejero, El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, fue vetada durante el verano pasado por el alcalde de Briviesca (Burgos) del Partido Popular, recién formado el nuevo gobierno de la localidad, aludiendo a razones “económicas y técnicas”, cuando con el consistorio anterior todo habían sido facilidades para su representación. 

Para que no se olvide la maravillosa obra didáctica de Antoni Benaiges Nogués, ni siquiera un momento, hay que decirlo alto, claro y fuerte: estamos avisados.

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¡Paz y Libertad!

 

Sobre el fútbol, ¡disculpen mi ignorancia!

Diego Armando Maradona (1960-2010)

Maradona cobró mucho y mucho pagó, cobró mucho por las piernas, pagó con el alma.

Eduardo Galeano, en El fútbol a sol y sombra

Sevilla, 17/VII/2026 – 08:00 h CET (UTC+2)

Tengo que reconocer que mi ignorancia sobre el fútbol es supina. Ahora y con motivo del Mundial 2026, mis nietos me dan una clase diaria de nombres de jugadores del equipo de España, cómo juegan, bien o mal según ellos, con un pronóstico inapelable: España ganará este Mundial, lo que supondrá, según me informan también, que podrán lucir una segunda estrella dorada de cinco puntas en su camiseta. Lo dicho, lección diaria, ante un fenómeno deportivo que seduce a millones de seguidores que encuentran en el fútbol un sentido a sus vidas. Y la FIFA haciendo caja, con pausas de hidratación no inocentes.

En este contexto, recuerdo unas palabras que escribí en noviembre de 2020 en una fecha simbólica para aficionados a este deporte, porque había fallecido Diego Armando Maradona. Voy a utilizar hoy el hilo conductor de aquellas palabras, porque siguen vivas en mi persona de secreto. Verán por qué.

Cuentan los sabios del lugar que en cierta ocasión preguntaron a Jorge Luis Borges qué opinaba acerca de Maradona, a lo que el escritor -argentino como él- respondió: ¡Disculpen mi ignorancia! Cuando se lo contaron al jugador, hizo una jugada verbal perfecta y le devolvió la ironía de origen preguntando en qué equipo de fútbol jugaba Borges. Al escritor, todo lo relacionado con el fútbol lo sacaba de sus casillas: “La idea que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible”. No llego a ese extremo de juicio, pero tengo que reconocer que el fútbol no me apasiona, aunque me asombra el seguimiento que tiene por millones de personas y el dinero que mueve, con frases de asombro vinculadas casi siempre a las cifras astronómicas derivadas de la “compraventa” de jugadores en los mejores mercados del mundo. Me reafirmo, una vez más, en el aserto machadiano de que “todo necio confunde valor y precio”.

Tengo que reconocer que este deporte, junto a la música militar, nunca me supo levantar. Soy respetuoso con la vida y milagros del jugador y mucho más desde conocí aquel año la ausencia a su cielo particular. No me gustan los panegíricos sobre él, que se prodigan todavía hoy por tierra, mar y aire, donde se envuelve con palabras elogiosas su enorme capacidad para hacer magia con el balón, aunque de su auténtico persona de secreto sepamos poco. Así ha sido, hasta que un día se cruzó determinada condición humana en su vida, con el sobrenombre de adicción en sus variadas versiones, convirtiendo su figura en una máscara que escondía su verdadera condición humana, a la que siempre respeto por su base existencial y dado que nada humano me es ajeno.

Volviendo a Borges, recuerdo ahora que escribió en 1967 un cuento junto a Adolfo Bioy Casares con un título críptico, Esse est percipi (Ser es ser percibido, en Crónicas de Honorio Bustos Domecq), pero evidente en nuestros tiempos modernos y de coronavirus. He vuelto a leer un fragmento del mismo: “El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone”. Porque, agrega: “No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”.

Reconozco que soy un espectador ignorante del fútbol. Ya lo decía Hans Magnus Enszerberger, cuando hablaba de la ciudadanía “ignorante y molesta”, al referirse a las personas alejadas de las tecnologías de la información y comunicación, que no es mi caso, aunque hace ya mucho tiempo que entré -a juicio de muchas personas- en el colectivo de ovejas descarriadas de lo que está pasando y están viendo a través del fútbol: ¿No te has enterado? ¡Ha muerto Maradona! Hoy, por ejemplo, ¿No te has enterado de qué equipos van a jugar la final del Mundial 2026?

Soy consciente de que Maradona ya no está con nosotros, en medio de estadios vacíos y ligas imposibles. Seguimos ensalzando el gran espectáculo de su fútbol en un mundo que ya no es lo que era, porque Maradona fue una ilusión colectiva cuando los estadios representaban un género dramático, donde unos ganaban y otros perdían, con gran dolor de Borges. Ahora, todo es diferente en un mundo totalmente al revés, pero siempre nos quedarán los sueños mágicos de Maradona en la malla pensante de la humanidad. O los de Messi, Mbappé, o según mis nietos, los de Unai Simón, Cucurella, Oyarzábal o ¡cómo no!, Lamine Yamal, entre otros.

De verdad, recordando a Borges, ¡disculpen mi ignorancia futbolera!

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