Saramago, veinte años después, volvió a Sevilla

CUADERNO NOBEL… tras un día, otro viene, y lo que ayer fue duda hoy se convierte en certeza.

José Saramago, Cuadernos de Lanzarote II

El miércoles pasado, Saramago volvió a Sevilla. Fue en el Consulado General de Portugal, en un acto promovido por el citado Consulado y la Fundación Saramago, con la colaboración del Centro de Estudios Andaluces y del Centro Andaluz de las Letras, con motivo de la celebración del día de la lectura en Andalucía en el día de hoy. Las intervenciones sucesivas de los ponentes, con firma incluida del acuerdo del cónsul general de Portugal y de la presidenta de la Asociación Feria del Libro de Sevilla, para que el año próximo se dedique a Portugal como país invitado, dejaron su poso de profundo respeto a la vida y obra de Saramago, destacando por su profundidad, desde mi humilde punto de vista, las palabras de Juan José Téllez, porque se preocupó de destacar en todo momento la fina sensibilidad del autor hacia los más desfavorecidos y al cumplimiento inexorable, actual, de sus “profecías” sobre lo que podría ocurrir en el mundo actual.

DIA LECTURA ANDALUCIA

Efectivamente, la certeza llegó. Pilar del Río nos acercó a la realidad del descubrimiento del cuaderno del año del Nobel escrito en 1998, convirtiéndose hoy en un libro con nombre propio. Nos habló del primer registro y del último de este diario escondido en la memoria del ordenador. El primero, ya lo conocía por haberlo recogido en toda su extensión como un aviso para navegantes, en Cuadernos de Lanzarote II, contando lo que había ocurrido en su jardín en una noche de viento infernal y cómo, a la mañana siguiente, se preocupó de enderezar un pino tres palmos más alto que él, que lo veía sufrir a la hora de mantenerse en pie. Lo socorrió como solo él sabía hacerlo, pensando siempre en el más allá del tiempo. Lo salvó ese día y nos contaba que “anduve reviéndome en mi obra durante todo el día”, más o menos cómo lo hizo en su trayectoria como escritor, reviéndose en sus obras durante todos los días de su vida por coherencia intelectual y como persona pre-ocupada por los demás. Lo hacía y lo sigue haciendo en nuestras almas “como un niño que hubiera conseguido atarse los zapatos por primera vez”.

Tengo bastante avanzada la lectura del cuaderno del año del Nobel, pero recordando una anécdota que contó Pilar en el citado acto, he leído el último registro del diario de 1998 que refleja la humanidad inmensa del escritor. Es la historia de la compra de unos calcetines, donde cuenta la sorpresa de un cliente anónimo en unos grandes almacenes cuando lo descubre agachado y localizando sus peúgas (calcetines, en portugués), preguntándole si ese hombre en esa postura era José Saramago, a lo que respondió: “Sí, soy yo”. “Eso me parecía -ha dicho- , pero como lo he visto aquí solo…”. Él cuenta, en esa aventura en El Corte Inglés de Callao, en Madrid, por más señas, que lo que verdaderamente había desconcertado a este señor no era que estuviera solo en esos menesteres, sino que “un Premio Nobel de literatura estuviera comprando calcetines como cualquier mortal, sin contar, por lo menos, con la ayuda de dos secretarios y la protección de cuatro guardaespaldas. Y encima en una postura tan poco digna”.

Así finaliza este diario anunciado en 2001 por el propio Saramago. Vuelvo a leer el epílogo de Cuadernos de Lanzarote II y allí descubro de nuevo los motivos de permanecer oculto el Cuaderno de 1998, el Sexto en concordia: “Y si el Sexto Cuaderno no llegó a ver la luz del día y permaneció agarrado al disco duro del ordenador, fue sólo porque, envuelto de repente en mil obligaciones y compromisos, todos urgentes, todos imperativos, todos inaplazables, se me quebró el ánimo y también la paciencia para para revisar y corregir las doscientas páginas en las que se habían acogido las ideas, los hechos e igualmente las emociones con que el año 1998 me benefició y alguna vez me agredió”.

De todas formas, lo que me sobrecogió del acto en el Consulado General de Portugal fue una anécdota que contó Pilar sobre el origen del libro más polémico de Saramago. Contó que paseando los dos en Sevilla por la calle Sierpes, se volvió Saramago hacia el célebre quiosco de Curro situado en la zona de La Campana y allí vio escritas unas palabras que luego dieron el título a una obra preciosa: El evangelio según Jesucristo. Bendito momento para Sevilla, justo es recordarlo, a la que volvió el miércoles pasado para recordarnos que lo que ayer fue duda hoy se convierte en certeza, intentando comprender el final de aquella obra nacida curiosamente en esta tierra cuando Dios decía: “[…]: Hombres, perdonadle [a Jesús], porque él no sabe lo que hizo. Luego se fue muriendo en medio de un sueño, estaba en Nazareth y oía que su padre le decía, encogiéndose de hombros y sonriendo también, Ni yo puedo hacerte todas las preguntas, ni tú puedes darme todas las respuestas”.

Salí del Consulado en silencio pensando en estas palabras en esta ciudad iluminada para la Navidad, recordando al niño Jesús proletario que Saramago describía en sus pequeñas memorias, porque él estaba conmigo, al igual que me acompañaba durante muchos años Manuel, el amigo imaginario de Marcelino, Pan y Vino: “En ese tiempo, los Reyes Magos todavía no existían (o soy yo quien no se acuerda de ellos), ni existía la costumbre de montar belenes con la vaca, el buey y el resto de la compañía. Por lo menos en nuestra casa. Se dejaba por la noche el zapato (“el zapatinho”) en la chimenea, al lado de los hornillos de petróleo, y a la mañana siguiente se iba a ver lo que el Niño Jesús habría dejado. Sí, en aquel tiempo era el Niño Jesús quien bajaba por la chimenea, no se quedaba acostado en la paja, con el ombligo al aire, a la espera de que los pastores le llevasen leche y queso, porque de esto, sí, iba a necesitar para vivir, no del-oro-incienso-y-mirra de los magos, que, como se sabe, solo le trajeron amargores para la boca. El Niño Jesús de aquella época era un niño Jesús que trabajaba, que se esforzaba por ser útil a la sociedad, en fin, un proletario como tantos otros”.

No lo olvido en este encuentro imaginario en Sevilla, veinte años después. Gracias José Saramago, porque a través de la lectura de tu obra a lo largo de los años, vuelvo a comprender mejor en esta Navidad de 2018 que yo no puedo hacerle todas las preguntas a ese niño divino de mi infancia, ni él puede darme todas las respuestas para que otro mundo sea posible. Por mucho que me duela. Aunque pensándolo bien y como reconoce la sabiduría popular, la dignidad humana siempre acaba triunfando en las respuestas a la vida, porque tras un día, otro viene, y lo que ayer fue duda hoy se convierte en certeza.

Sevilla, 16 de diciembre de 2018, Día de la Lectura en Andalucía.

Bach, Richter… y las mudanzas de mi cerebro

 

Estoy ensayando en el clave un fragmento del Concierto de Brandenburgo número 3, obra excelsa de Bach, a quien me acerco con respeto reverencial en este tiempo de turbación y revelándome con el consejo ignaciano de no hacer mudanzas ahora. Estoy apesadumbrado con el resultado de las elecciones del pasado 2 de diciembre porque la fragmentación política no creo que nos lleve a nada bueno, sobre todo cuando a las nuevas compañías de transporte especializadas en mudanzas políticas, las escucho acercarse a los centros de poder con exclamaciones que hacen temblar los cimientos de la cordura, pendientes del contrato del siglo. De un lado y de otro, de arriba y de abajo, de derecha y de izquierda, todas, sin excepción alguna.

He acudido a mi memoria de secreto, a mi biblioteca neuronal, como clínicas del alma y he vuelto a leer una reflexión que hice hace ya diez años sobre las mudanzas del cerebro, mío, tuyo, de él o de ella, nuestro, vuestro o de ellos o ellas. No borro palabra alguna de aquel momento de mudanza interna porque me sirve en su totalidad, con una novedad: leerla acompañado por Bach y Karl Richter, maestros en la forma de acercarme cada día a la música, como en este caso, a través de la Tocata y fuga en Re menor, BWV 565. Richter me parece un prodigio como ser humano que amaba la música sobre todas las cosas y su fallecimiento repentino en 1981, cuando solo tenía 54 años, nos privó de seguir escuchando su asombrosa forma de interpretar y dirigir, sobre todo los seis conciertos de Brandenburgo que todavía hoy me sobrecogen al escucharlos, verlos y sentirlos.

Decía ayer que “Las mudanzas han sido una constante en mi vida, porque he aceptado siempre con buen talante que en la vida se producen variaciones del estado que tienen las cosas, pasando a otro diferente en lo físico u lo moral (Diccionario de Autoridades, RAE, 1734). Las he vuelto a revivir al leer una frase de un cómico americano Steven Wright, al afirmar que escribía un diario desde su nacimiento y como prueba de ello nos recordaba sus dos primeros días de vida: “Día uno: todavía cansado por la mudanza. Día dos: todo el mundo me habla como si fuera idiota”. Es una frase que simboliza muy bien las múltiples veces que hacemos mudanza en el cerebro porque cambiamos o nos cambian la vida (el estado que tienen las cosas) muchas veces a lo largo de la vida. Y el cerebro lo aguanta todo y…, lo guarda también. Es una dialéctica permanente entre plasticidad cerebral y funcionamiento perfecto del hipocampo (como estructura que siempre está “de guardia” en el armario de la vida).

Por otra parte, he escuchado muchas veces la frase ignaciana “en tiempo de turbación no hacer mudanza”, en una interpretación ascética de la frónesis (prudencia) griega, de la prudencia como madre de la sabiduría. Ahora bien, ¿qué es turbación?, ¿algo estático o dinámico?, ¿azar o necesidad?, es decir, ¿nos mudamos todos los días o no? La respuesta no está en el viento y el contrato de la perfecta mudanza lo administra segundo a segundo la inteligencia, como capacidad de resolver diariamente los problemas comunes y específicos de cada ser humano, en la búsqueda incesante del bienestar y bien-ser. En definitiva, ética de la felicidad, ética neuronal, porque en una danza admirable -una mu-danza perpetua-, cien mil millones de neuronas están viajando constantemente en nuestra corteza cerebral para responder a un programa de vida genético que luego tiene que modularse con el medio en el que cada ser humano nace, crece, se multiplica y muere. La estructura del cerebro al nacer “ya está instalada” que diría Gary Marcus. Antes, incluso, de la mejor mudanza existencial que existe: nacer a la vida, en el esquema de Wright. Pero estamos obligatoriamente obligados a viajar constantemente hacia alguna parte. Hacia dónde solo merece la pena (yo diría la alegría…) cuando es hacia adelante. Lo manifiesto así por coherencia con lo que yo vivo diariamente en una mudanza cerebral, personal e intransferible, como determinadas nieves: perpetua. Porque no lo sé todo, porque no tengo garantizado casi nada, porque cada vez voy más ligero de equipaje, porque no me gusta mirar atrás y menos con ira, porque este siglo tiene horizontes de grandeza que no coinciden con mis patrones de educación para ser un buen ciudadano, porque el trabajo público está cada vez más “tocado” respecto del bien común, porque se confunde habitualmente valor y precio, porque la ética está en horas bajas, porque el sufrimiento de las personas que quiero sigue haciéndome preguntas que no sé contestar, y porque constantemente me adelantan las personas maleducadas por la izquierda y por la derecha, en el pleno sentido de las palabras.

¿Pesimista? No, optimista bien informado sobre la turbación. Y no quiero pasar como un idiota por la vida. Ya sé que el saber sobre las mudanzas tampoco ocupa lugar [en el cerebro]. Pero, aunque no lo haya anotado Steven Wright en su diario para esta ocasión, en mi 26.901º día de existencia [actualizado a 13/XII/2018], ¡me queda ya tan poco sitio!… “.

Para quedarme más tranquilo ante tanta turbación, he recordado también que Adán y Eva no fueron expulsados…, sino que se mudaron a otro Paraíso. Quizá es lo que necesito hacer hoy escuchando, viendo y sintiendo el mensaje de Richter y Bach que comparto con la noosfera, la malla pensante digital de la que ya hablaba hace más de un siglo Pierre Teilhard de Chardin, a quien debo una de mis mudanzas interiores más llena de turbación.

Sevilla, 13/XII/2018

Vox populi o la voz del pueblo andaluz

ELECCIONES ANDALUCIA 2018

Aquella tarde romana de 15 de diciembre de 1976 hice cola en el consulado de España en Roma para votar a favor del referéndum para la reforma política, habiendo escuchado días antes en mi radiocasete Grundig una canción que servía de sintonía nacional para promover la participación en un hecho histórico y que marcó el inicio de una etapa democrática extraordinaria para unir las dos Españas. Aquella canción era Habla, pueblo, habla, con un mensaje que todavía mantengo vivo en estos momentos andaluces en el que suena una determinada vox populi, que ha entrado en tromba en el escenario político de Andalucía.

Habla pueblo habla
Tuyo es el mañana
Habla y no permitas
Que roben tu palabra

Habla pueblo habla
Habla sin temor
No dejes que nadie
Apague tu voz

Habla pueblo habla
Este es el momento
No escuches a quien diga
Que guardes silencio

Habla pueblo habla
Habla pueblo sí
No dejes que nadie
Decida por ti

Cuarenta y dos años después el pueblo andaluz ha hablado a través de las urnas en las elecciones del pasado 2 de diciembre, pero también ha callado con una abstención clamorosa, 2.602.456 electores. Hoy, en la cola de la vida diaria, me he preguntado qué pasa en Andalucía para que más de dos millones y medio de andaluces no hablen si suyo es también el mañana, si con su silencio permiten que otros sean los que intenten solucionar sus problemas o agravarlos, según se mire; si cientos de miles pueden apagar la voz de sus deseos legítimos pero no expresados mediante el voto, porque se guarda silencio de cuatro años, porque al final varios millones de andaluces y andaluzas deciden por ellos.

Me preocupa la aparición de Vox, pero más el silencio de la vox de millones de andaluces que no han votado. Lo que pasa es que no sabemos lo que nos pasa cuando Andalucía no habla. ¿Nos preocupa? No me extraña la sorpresa del éxito de Vox, el partido del que tanto hablamos desde que conocimos los resultados del día 2 y cuando tomamos conciencia del millonario silencio de la abstención, por desafección política, cansancio, desencanto, acción voluntaria a sabiendas de lo que se hace al no acudir a las urnas o por la ausencia ética y de convicción en la trayectoria histórica anterior de los partidos en liza. Todo se debería examinar con lupa en beneficio de la democracia andaluza.

Sinceramente, echo de menos cantar a los cuatro vientos Habla, Andalucía, Habla, recordando aquella fría tarde romana de 1976, en la que soñaba con tiempos de democracia y libertad. No lo olvido en estos momentos de turbación y de necesarias mudanzas del alma.

Sevilla, 11/XII/2018

 

 

¿Es humana la inteligencia artificial de las máquinas?

SCIENCE ALPHAZERO

El viernes pasado saltó al mundo un artículo muy interesante publicado en la prestigiosa revista Science, en el que se explica que una máquina, AlphaZero, juega por primera vez sola, de forma independiente, sin tediosos aprendizajes previos: “De cero (de ahí su nombre), sin ayuda ni ejemplos de jugadores reales. En otras ocasiones, el ordenador aprendía porque lo alimentaban con todo el conocimiento humano, millones de jugadas y ejemplos reales, y a partir de ahí el cerebro de silicio elegía las mejores estrategias. Deep Blue venció así a Kaspárov. Y AlphaGo venció así a Lee Sedol. Pero AlphaZero aprende de sí mismo y en apenas un puñado de horas; tan solo le explican las reglas del juego y a partir de ahí ha sido capaz de convertirse en el mejor jugador de todos los tiempos en estas tres disciplinas” (1).

La frase que verdaderamente me ha conmovido es la conclusión a la que ha llegado AlphaZero después de asombrar al mundo con sus capacidades: el conocimiento humano es un lastre, revolucionando por ahora tres mundos muy concretos: al ajedrez convencional, el shogi y el go. Teníamos noticias de este aserto de una máquina altiva a través de la publicación que a tal efecto se llevó a cabo por la división de Google Deep Mind en octubre de 2017, en la que ya se hacían afirmaciones de este gran calado.

Científicos especializados en inteligencia artificial ponen ribetes de acero a estas experiencias, sobre todo porque están desarrolladas en ámbitos muy determinados y concretos donde las reglas del juego están muy claras: al final siempre hay que vencer al rey, por ejemplo, en el ajedrez y porque el tablero en el que se desarrolla el juego es siempre el mismo. Si cambiara el tamaño, dicen los creadores de AlphaZero, sería un desastre para la inteligencia de la máquina todopoderosa que ahora hace estragos. Es una inteligencia que no admite cambios ni sobresaltos, donde la inteligencia humana puede hacer florituras impensables. Afortunadamente.

Decía Hipócrates (Cos, 460 a.C.-Larisa, 377 a.C.) en un libro precioso,  Sobre la enfermedad sagrada (Perì hierēs nousou),  que “El hombre debería saber que del cerebro, y no de otro lugar vienen las alegrías, los placeres, la risa y la broma, y también las tristezas, la aflicción, el abatimiento, y los lamentos. Y con el mismo órgano, de una manera especial, adquirimos el juicio y el saber, la vista y el oído y sabemos lo que está bien y lo que está mal, lo que es trampa y lo que es justo, lo que es dulce y lo que es insípido, algunas de estas cosas las percibimos por costumbre, y otras por su utilidad…Y a través del mismo órgano nos volvemos locos y deliramos, y el miedo y los terrores nos asaltan, algunos de noche y otros de día, así como los sueños y los delirios indeseables, las preocupaciones que no tienen razón de ser, la ignorancia de las circunstancias presentes, el desasosiego y la torpeza. Todas estas cosas las sufrimos desde el cerebro”.

Después de veinticinco siglos hemos llegado a dar al cerebro la dimensión digital a través de la inteligencia humana, la única capaz de resolver problemas mucho más complejos de los que resuelve hoy AlphaZero. Fundamentalmente, porque la inteligencia digital nos permite resolver problemas diarios con la ayuda de las tecnologías de la información y comunicación, cuando sabemos distinguir bien que pueden ser en algún caso de doble uso, porque no son inocentes. Que el cerebro humano, a través de la inteligencia y de la palabra, es el gran artífice para encontrar respuestas a través de Internet, como expuse en 2006 en un post dedicado al siglo XXI, como el siglo del cerebro: “Este cuaderno, que poco a poco se va configurando, tiene su razón de ser en el cerebro, donde se instala la inteligencia digital y donde está su primer motor inmóvil que permite desde la preconcepción desarrollar capacidades fabulosas de ser en el mundo. Lo que pasa es que siempre se trabaja en la actualidad con una mala noticia: no sabemos casi nada de lo que pasa en la caja fantástica a la que llamamos “cerebro”. De todas formas, hemos comenzado una aventura fascinante porque en este rincón del mundo vamos a hacer un esfuerzo por democratizar lo que vamos sabiendo del mismo y lo vamos a poner a disposición de la comunidad red. Seguro que entre todos vamos a tejer una malla de conocimiento en todas sus posibles manifestaciones. Llegará el día que podamos abrir categorías y páginas (en lenguaje bloguero) divulgativas, especializadas, de investigación democratizada y no solo de la élite del poder que da siempre el conocimiento, con objeto de hacer un homenaje permanente al auténtico patrimonio de la humanidad todavía por descubrir. Cien mil millones de posibilidades (neuronas) para grabar acontecimientos vitales, diferentes, que caracterizan a cada ser humano, me parece algo sorprendente. También, ilusionante”.

Es maravilloso el trabajo que realizan los científicos del proyecto AlphaZero porque nos permiten ser optimistas en el conocimiento profundo del funcionamiento del cerebro, de sus aciertos y de sus errores y, sobre todo, de por qué enferma, con todo lo que supone la enfermedad mental hoy en todas y cada una de sus manifestaciones. Sé que es una cita clásica en este blog, pero siempre la recuerdo para que no olvide la quintaesencia del ser humano, sobre todo la de los que menos tienen, aunque posean el tesoro más preciado de la humanidad: el cerebro humano:  “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital” (Negroponte). Sin olvidar tampoco el mensaje preciso y precioso de Hipócrates de Cos que citaba anteriormente y que todavía hoy resuena en mi mente como algo transcendental en su contenido explícito a través de palabras, que aún nos quedan.

Las máquinas tienen que seguir aprendiendo de los diseños humanos, por mucho que AlphaZero piense que el conocimiento humano es un lastre para ella. Es lo que, en un lenguaje muy cercano, de andar por casa, nos cantaba Enrique Morente en su soleá de la ciencia: Presumes que eres la ciencia /Yo no lo comprendo así / Cómo siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí.

Sevilla, 9/XII/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://science.sciencemag.org/content/362/6419

(1) Salas, Javier (2018, 7 de diciembre). Una máquina se enseña a sí misma a ganar en todo, elpais.com

 

Quiero a la Constitución como para leerla cada noche

. FALTA MAR

Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio…

Mario Benedetti, Te quiero sin mirar atrás

Mañana cumple nuestra Constitución cuarenta años, recordando fechas inolvidables al ser aprobada por las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978, ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de 1978, y sancionada por S.M. el Rey ante las Cortes el 27 de diciembre de 1978.

La Constitución es la base de la identidad del Estado. Así lo vivo y así lo he expresado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Es uno de mis principios políticos como ciudadano demócrata en tiempos muy modernos, de turbación, en los que siempre he creído que se pueden hacer mudanzas intelectuales. Además, si no gustan en la actualidad a muchos recién llegados a la política activa o a los pasados de rosca, que haberlos haylos, lo siento porque no tengo otros (a diferencia del gran aserto de Groucho Marx). Para ello, vuelvo a leer reflexiones mías elaboradas y dedicadas a Aristóteles en el rincón de pensar, que nos dejó un tratado de Política con mayúsculas, gran ausente en estos tiempos de cólera independentista y desconcierto andaluz. He vuelto a leer el libro tercero de esta magna obra, que se refiere a la relación del Estado con los ciudadanos y, más en concreto, a la teoría de los gobiernos y de la soberanía, porque recordaba que en ese texto se encontraba una frase que habría que grabar en el Congreso con letras de oro: a la constitución es a la que debe atenderse [siempre] para resolver sobre la identidad del Estado.

No hay que despreciar el contexto en la que lo escribe: “Pero admitamos que el mismo lugar continúa siendo habitado por los mismos individuos. Entonces ¿es posible sostener, en tanto que la raza de los habitantes sea la misma, que el Estado es idéntico, a pesar de la continua alternativa de muertes y de nacimientos, lo mismo que se reconoce la identidad de los ríos y de las fuentes por más que sus ondas se renueven y corran perpetuamente? ¿O más bien debe decirse que sólo los hombres subsisten y que el Estado cambia? Si el Estado es efectivamente una especie de asociación; si es una asociación de ciudadanos que obedecen a una misma constitución, mudando esta constitución y modificándose en su forma, se sigue necesariamente, al parecer, que el Estado no queda idéntico; es como el coro que, al tener lugar sucesivamente en la comedia y en la tragedia, cambia para nosotros, por más que se componga de los mismos cantores. Esta observación se aplica igualmente a toda asociación, a todo sistema que se supone cambiado cuando la especie de combinación cambia también; sucede lo que con la armonía, en la que los mismos sonidos pueden dar lugar, ya al tono dórico, ya al tono frigio. Si esto es cierto, a la constitución es a la que debe atenderse para resolver sobre la identidad del Estado. Puede suceder por otra parte, que reciba una denominación diferente, subsistiendo los mismos individuos que le componen, o que conserve su primera denominación a pesar del cambio radical de sus individuos” (1).

Salvando lo que haya que salvar, mutatis mutandis, es impecable el análisis. Todo cambia y nada permanece (panta rei), siguiendo el adagio de Heráclito de Éfeso. Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y quesentir (perdón por el neologismo) de todos los días. En España, ante la realidad de Cataluña, hemos reaccionado tarde y mal, agarrándonos a la Constitución como un clavo ardiendo, en lugar de entenderla como un noray al que se deben asegurar los cabos cuando llegamos de la alta mar de los conflictos o del que hay que quitarlos para poder navegar en mares abiertos de libertad. Y la historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, incluso las Constituciones, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río o en el mismo mar. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos. Es verdad, porque si comprendiéramos estas palabras excelentes de Aristóteles en su tratado más político, pueden cambiar las asociaciones de ciudadanos (el que quiera entender que entienda), las Comunidades, la Constitución, pero hay un magma que aglutina todo, la propia Constitución, que es a la que debe atenderse siempre para resolver sobre la identidad del Estado. Aunque haya un cambio, incluso radical, de los individuos y las organizaciones en las que se integran, que son los que componen el Estado.

Lo sucedido el pasado domingo en las elecciones de Andalucía son un reflejo de la imprescindible transformación social que necesitamos abordar para reforzar el sentido del voto constitucional ante la clamorosa ausencia en las urnas de más de dos millones de electores andaluces. Sin votos la democracia se debilita hasta extremos inconcebibles porque algo pasa en nuestra sociedad para que haya esta deserción de participar en la ceremonia democrática por excelencia a través del voto personal e intransferible. O la realidad del voto del desencanto que ha canalizado Vox con sus artes marciales.

Finalmente, vuelvo a analizar también unas palabras esclarecedoras de lo anteriormente expuesto, que se encuentran también en el referido capítulo IV del libro tercero de Política: “todas las constituciones hechas en vista del interés general, son puras, porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal de los gobernantes, están viciadas en su base, y no son más que una corrupción de las buenas constituciones; ellas se aproximan al poder del señor sobre el esclavo, siendo así que la ciudad no es más que una asociación de hombres libres”. Dicho queda por Aristóteles hace muchos siglos y por Baltasar Gracián después: lo breve, si bueno, dos veces bueno.

Es verdad, quiero a la Constitución como para leerla cada noche. No lo olvido en el marcapáginas del libro de mi vida. El país, nuestra Comunidad debe aspirar siempre a ser una asociación de personas libres articulada por la Constitución.

Sevilla, 5 de diciembre de 2018, un día antes del 40 cumpleaños feliz de la Carta Magna que permite aunar el amor y el sufrimiento de millones de ciudadanos y ciudadanas en este país tan necesitado de señas de identidad de Estado que se articulen a través de la Constitución.

NOTA: la imagen que encabeza este post es mía, tomada en Punta Calero (Lanzarote) en agosto de 2010.

(1) Aristóteles. Política · libro tercero. Del Estado y del ciudadano. Teoría de los gobiernos y de la soberanía. Del reinado.

La jornada de reflexión hermosea la democracia

ENCRUCIJADA

Hoy estamos viviendo la jornada de reflexión en Andalucía ante las elecciones al Parlamento de la Comunidad Autónoma que se celebrarán mañana. Me he detenido a leer con detalle las diferentes modalidades del lema “reflexión” y sus derivados en el Diccionario de Autoridades que tanto aprecio y en su contexto he descubierto una palabra vinculada con el adverbio de modo “reflexivamente” que recupero para festejar esta jornada. Se trata del verbo “hermosear” que vinculo hoy a la democracia porque ésta se hermosea con la reflexión que podemos llevar a cabo antes de acudir al acto de votar. Votar enriquece la democracia, la hermosea que decían los clásicos, porque mediante el voto responsable se considera y se da una segunda oportunidad a nuestro acto de decidir porque, en definitiva, se piensa más cuidadosamente todo.

Así reflexionaban nuestros antepasados del siglo XVIII en este país y así lo recogió el Diccionario de Autoridades (1734) para la posteridad, enriqueciendo ese acto tan sencillo, aparentemente, de reflexionar. La calidad intrínseca que contiene el verbo hermosear también lo recoge el citado diccionario con una acepción preciosa: “Hacer vistosa, perfecta y hermosa una cosa”. Quizá está ahí su encanto, porque si reflexionamos hoy sobre lo que va a ocurrir mañana a través de mi voto responsable, con sus consecuencias obvias, hacemos vistosa, perfecta y hermosa la democracia.

Para que no se olvide ni siquiera un momento en esta jornada tan vistosa de reflexión.

Sevilla, 1/XII/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/04/10/inmigracion-y-nuevas-encrucijadas-como-ser-profeta-en-un-mundo-diverso

Elecciones en Andalucía: el Partido Abstencionista

ABSTENCION

Si hay algo que me preocupa en las elecciones de Andalucía es la abstención en su fondo y forma. Los datos de las últimas elecciones en 2015 fueron ya muy preocupantes porque quien ganó en Andalucía fue la abstención: un 36,6% del censo de votantes o lo que es lo mismo, 2.266.104 votantes no fueron a las urnas a depositar su voto. Es una cifra para reflexionar porque el triunfador relativo, el Partido Socialista, obtuvo el 35,41% del censo, con un total de 1.411.278 votos, casi un millón de personas menos de los que se abstuvieron en aquella ocasión.

Creo que tenemos el deber de votar en esta ocasión transcendental para Andalucía. Sabemos lo que queremos y a través de los programas conocemos quién habla de lo de siempre sin aportar nuevas ideas y proyectos y quién desea transformar honradamente Andalucía, que tanta atención necesita en sus puntos más débiles: paro, ética política y atención preferente a la educación, salud y servicios sociales.

Con ocasión de las elecciones generales al Congreso en 2016 escribí un artículo con el hilo conductor de la abstención, El Partido Abstencionista, en el que también analicé su proyección en Andalucía: “¿Desencanto, pasotismo, irresponsabilidad? Muchas preguntas deberíamos hacernos por parte de todos, empezando por los círculos familiares, laborales y de amigos más próximos, porque la realidad es muy terca y la abstención está más cerca de todos de lo que parece y pensamos. Los datos de Andalucía son también escalofriantes: 1.998.217 de personas, presuntas implicadas, que no han votado, lo que supone también un 31,8 % del censo electoral. Contra hechos no valen argumentos y la realidad es que en estas elecciones quien ha perdido es la democracia como cultura política inherente a la ciudadanía. Algo grave está pasando en este país y en esta Comunidad Autónoma, entre otras, cuando se está dando este espectáculo antidemocrático, vuelvo a repetir, en el sentido etimológico del término “democracia”, porque si los que alardean de que “no son políticos” y no están de acuerdo con la política tal y como está y se ejerce, existe la posibilidad de hacerlo en blanco, pero no renunciar a un derecho de participar y a un deber inherente a todo ciudadano responsable”.

Los datos arrojan un dato preocupante: en torno a dos millones de votantes andaluces no suelen participar en los comicios, ni generales ni autonómicos. Hoy día los necesitamos porque lo único que puede aunar voluntades en la participación democrática mediante la inserción en la urna del sobre verde. Es la única forma que ofrece la democracia de poder transformar lo que no nos está haciendo bien alguno, pensando en uno mismo y en los demás.

A diferencia de lo que decía Groucho Marx, tengo unos principios sobre la abstención y si no gustan ya digo alto y claro desde este foro que no tengo otros. Lo repetiré una y mil veces y antes del día de reflexión vuelvo a pronunciarme sobre esta realidad social, la abstención, que tanto daño hace al progreso de la democracia y por extensión, ahora, a esta Comunidad Autónoma: “Creo que estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversas razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota.

La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Y la libertad, sin ira, libertad, para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio.

En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco o verde, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no”.

Lo que no se comprende, aunque sea legítima, es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que el país o la Comunidad Autónoma, Andalucía en concreto en este aquí y ahora, viaje posiblemente hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos.

Sevilla, 30/XI/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.0800flor.net/wp-content/uploads/2012/10/la-foto-2.png

La estela de Bertolucci

EL CUARTO PODER
Giuseppe Pellizza da Volpedo (1901). El Cuarto Estado.

Hoy ha fallecido Bernardo Bertolucci, un director de cine extraordinario, que recuerdo en muchos momentos de mi vida por su trayectoria fílmica llena de contenidos aleccionadores. Varias veces lo he citado en este cuaderno digital y en este día de ausencia he elegido un artículo que escribí en 2015, En caminar juntos está el secreto, porque recoge una imagen que figura ya de forma constante e icónica en la cabecera de este blog, muy querida por él y que eligió para la promoción de su película “Novecento”. Es una forma viva de agradecer lo aprendido de él, destacando sobre todo la dialéctica del mundo fascista y el comunista, la derecha y la izquierda, el conformismo y el inconformismo, los de arriba y los de abajo, en lenguaje político actual.

También, porque sigo creyendo que en caminar juntos está el secreto.

Sevilla, 26/XI/2018

En caminar juntos está el secreto

Lo ideal sería caminar en un estado en el cual la mente, el cuerpo y el mundo están alineados, como si fueran tres personajes que por fin logran mantener una conversación, tres notas que de pronto alcanzan un acorde.

Rebecca Solnit, Wanderlust. Una historia del caminar.

Siempre me ha sorprendido el cuadro “El Cuarto Estado”, al que hizo tan famoso la película “Novecento” de Bertolucci. Lo contemplé a diario en los meses que duró la promoción de la película, cuando vivía en Roma en 1976, a través de las ventanillas de los autobuses 881 y 62, camino de mi Facultad. Descubrí entonces que en caminar juntos está el secreto de la vida.

Hoy, he leído un artículo precioso de presentación de un libro sugerente por su título: “Wanderlust. Una historia del caminar”, de Rebecca Solnit: “Desde las primeras páginas de Wanderlust, eché a andar y ya no paré. Atravesé paisajes salvajes, acompañando a los pioneros de la caminata dos siglos atrás, aquellos que inauguraron la idea romántica y todavía vigente del paseo como liberación y como experiencia estética, y que acabaron cuestionando la propiedad privada (las puertas al campo, para nada metafóricas). Párrafo tras párrafo incursioné con ellos en bosques y desiertos, ascendí montañas por primera vez pisadas, y acabé regresando a las ciudades, las grandes ciudades donde el caminar es una forma de resistencia frente al urbanismo sin escala humana y contra el “¿te gusta conducir?”; una oportunidad para provocar esos cruces imprevisibles que enriquecen la vida urbana contra quienes intentan regularla y vigilarla; una forma de ejercer ciudadanía y reapropiarnos del espacio público en la línea de lo que ya leímos antes en Mike Davis o Manuel Delgado” (1).

Antonio Machado también es un referente en mi vida, en un poema que nunca olvido, sobre todo cuando reconozco errores en mi vida de todos y en la secreto, así como cada vez que me levanto después de una caída: “Caminante, son tus huellas /el camino, y nada más / caminante, no hay camino: / se hace camino al andar. / Al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante, no hay camino, / sino estelas en la mar”.

Vuelvo al Cuarto Estado. Me sobrecoge la fuerza de un camino de reivindicación pacífica que se traduce en las expresiones de la cabecera de esta marcha en la que hay una clara necesidad de hablar por parte de la mujer que lleva al niño en su brazo derecho y con la mano izquierda desea reforzar su pensamiento y sentimiento de clase en su marcha proletaria. Necesitaríamos hoy más que nunca estudiar a fondo este cuadro, que simboliza algo que es imprescindible en tiempos de regeneración ética. Al igual que nos recomendó hace siglos el Eclesiastés, lo mejor es caminar juntos para avanzar en progreso social cundo no entendemos nada de lo que está ocurriendo, porque si caemos o nos frustramos diariamente, entendiendo que la responsabilidad de la corrupción social no es solo del Estado, siempre tendremos alguien al lado que nos levante. La experiencia histórica así lo había entendido: el bienestar social, incluso los proyectos políticos compartidos, pueden llegar a ser como cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Incluso un cuarto poder, cuando el legislativo, el ejecutivo y el judicial, dejan de funcionar democráticamente.

Sevilla, 29/IV/2015

(1) Rosa, Isaac (2015, 27 de abril). Buena gente que camina. Babelia (El País).

¿Cuál es la verdad sobre Gibraltar?


Leyendo el contenido de la comparecencia ayer del presidente Sánchez acerca de los tres acuerdos fundamentales a los que se ha llegado sobre la futura relación con Gibraltar de España, el Reino Unido y la Unión Europea con motivo del Brexit, recordé que cuando era niño y trataba las cosas de niños, cantaba en mi colegio de forma desaforada a veces, una canción sobre Gibraltar, de la que no entendía nada, a pesar de los esfuerzos del profesor de formación política, fundamentalmente porque la letra era infumable para un niño del sur afincado en Madrid y viviendo en su nada discreto encanto de la burguesía.

El presidente dijo exactamente que con el acuerdo de última hora “En primer lugar, hemos logrado una declaración conjunta del Consejo Europeo y la Comisión Europea en el marco del acuerdo de retirada que descarta que el artículo 184 [del documento de acuerdo para la salida de Reino Unido de la Unión Europea] sea aplicable al contenido de la relación en el ámbito territorial. En segundo lugar, el Gobierno británico reconoce por escrito esta cuestión. Y en tercer lugar, el Consejo Europeo y la Comisión Europea refuerzan la posición de España, como nunca había estado, de cara a las negociaciones futuras”. También, informó que el acuerdo incluía una Declaración de los Veintisiete y de la Comisión, de que cualquier negociación futura sobre Gibraltar tendrá que contar con el visto bueno previo de España.

Aprendí en mi cancionero de después de la guerra que Gibraltar era la punta amada de nuestra nación y de todo español, que a mi Patria le robaron tierra hispana del Peñón y que sus rocas “hoy hollaron con el asta de un extraño pabellón”. Atacábamos la canción en el patio del colegio de Madrid recordando que sonaban los clarines y el redoble del tambor, que por todos los confines se oía el grito de que Gibraltar sea español. No entendíamos nada de lo que seguíamos cantando a tontas y a locas: que si había que ir adelante por España, que si en Rusia ya triunfó “mi División” y que no había sido bastante hazaña “si es inglesa la bandera del Peñón”. Seguía una frase incomprensible entonces y ahora, absolutamente lamentable en tiempos de paz: “¡A la lid! ¡Con valor! ¡Empuñemos de nuevo el fusil! ¡A luchar!, ¡Con valor!, que en tus rocas sabremos morir”.

Me sobrecoge recordar estas estrofas lamentables. Tendría yo unos ocho años cuando cantábamos una y otra vez esta canción sin sentido. Y cuando ya era adolescente y pensaba como adolescente, apareció en nuestras vidas José Luis y su guitarra con otra soflama sobre Gibraltar en la que nos daba la tabarra con una clase de historia infumable pero muy apropiada para la época de la que no me explico como hemos salido adelante y sin aparentes daños mentales y sociales colaterales. Su canción Gibraltar tenía un estribillo cansino en medio de una acelerada clase de historia celtibérica: “Esta es la verdad, la pura verdad, esta es la verdad sobre Gibraltar: 1704, el mes de julio una gran flota viene, suena el cañón y al archiduque Carlos le rinde nuestra gente, pero no a los ingleses el peñón. Esta es la verdad, la pura verdad, esta es la verdad sobre Gibraltar. Unos años más tarde, por un tratado hacemos concesiones en Gibraltar dándole a los ingleses varias atribuciones, pero sin posesión territorial. Esta es la verdad, la pura verdad, esta es la verdad sobre Gibraltar. Han pasado los años por el peñón y la bandera inglesa ondea al sol, más a pesar de todo, el mundo no ha olvidado que Gibraltar será siempre español. Esta es la verdad, la pura verdad, esta es la verdad sobre Gibraltar. No tienen razón, bien lo sabe dios, no tienen razón, Gibraltar español”.

España ha cambiado mucho afortunadamente pero cada vez que tiemblan los cimientos de Gibraltar se acude al españolismo más rancio y de última hora. La relación con Gibraltar se tiene que cuidar con esmero, minuto a minuto, día a día, porque es un balón de oxígeno laboral para el llamado Campo de Gibraltar. Esa debe ser una de las razones de su rescate español in extremis en estos momentos, porque tampoco es ejemplo en su faceta de paraíso fiscal. Se necesita, ahora y siempre, alta diplomacia, alta sensatez política para seguir trabajando en una convergencia de este territorio que tiene una historia llena de sobresaltos por la cerrazón humana al entendimiento entre naciones.

La verdad es que agradeceríamos que, al menos, por una vez en la vida, supiéramos la verdad, la pura verdad, sobre Gibraltar.

Sevilla, 25/XI/2018

 

Ser o no ser tóxico, esa es la cuestión

El Diccionario Oxford ha declarado “tóxico” como la palabra del año 2018, en todas sus acepciones. Se veía venir desde hace tiempo, tal y como lo analicé en un artículo que publiqué en este cuaderno digital hace exactamente diez años, Cerebros tóxicos o tosigosos. Lo vuelvo a publicar haciendo las actualizaciones oportunas, escasas, porque creo que sigue teniendo actualidad plena. Es verdad que tal y como está la cosa, en ser o no ser tóxico está la cuestión.

Cerebros tóxicos o tosigosos

Dice la Real Academia que tóxico [tósigo], que proviene del griego τοξικόν φάρμακον, es un adjetivo que se define como “perteneciente a un veneno o toxina”. Su origen no es inocente porque “tósigo” es el veneno que emponzoñaba las flechas. Y para colmo y remate, “tosigoso” es otro adjetivo contundente, obviamente relacionado con el anterior, porque es su fundamento etimológico: envenenado, emponzoñado. Es decir, un cerebro tosigoso es un cerebro envenenado, emponzoñado. ¿A qué viene este comienzo tan bravío en un cuaderno de derrota [solo admitida por mí en el lenguaje marinero] como éste?

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Voy a dar las explicaciones necesarias. Vivimos tiempos en los que es difícil moverse en tareas de identificación de cerebros sanos. Se habla mucho de varios mundos felices, de conquistas exitosas a cualquier precio, de felicidad envasada de mil formas, pero la realidad es que vivimos muy pre-ocupados [sic] con otra realidad bien distinta: proliferan los cerebros malvados y, sobre todo, tóxicos, que nos complican la vida hasta límites insospechados. En el trabajo, jefas y jefes, tosigosos; en la familia, parejas y parientes de diversos grados, también tosigosos; amigas, amigos, aún más tosigosos si cabe y, por proximidad en el calendario electoral, políticos tosigosos. Ante la necesidad de identificarlos de forma correcta y rápida, he pensado que vendría bien hacer un pequeño manual de primeros auxilios para identificar los cerebros tóxicos, las personas tosigosas, que envenenan sus alrededores, dándonos cuenta en la mayor parte de las ocasiones y amargándonos la vida, casi siempre.

1. La tela de araña o el arte de hacer la vida imposible a los demás

Una característica común, para empezar, es su estrategia querulante: tejen una tela de araña a su alrededor en la que solemos caer atrapados, porque la vida les corresponde vivirla solo a ellos y porque se hacen portavoces de las quejas de los demás para “solucionarlas”. Suelen tener el discreto encanto de la atracción ¿fatal?, porque enmascaran bien sus auténticas intenciones. Sucede cuando vislumbramos que alguna persona, en cualquier rol que ocupe, nos a-tosiga (¿recuerda la etimología de tóxico?): nos envenena paulatinamente. Primer indicador, porque trabajan normalmente a largo plazo, como el trabajo que realizan las arañas en sus telas transparentes y de dibujos insólitos. Pero cuando te quieres dar cuenta, ya estás en el interior de sus cerebros fruto del tósigo, del veneno que emponzoña sus flechas preferidas: palabras, miradas y gestos de cualquier tipo, fabricadas siempre en el interior de sus estructuras cerebrales. Es decir, son enemigos de cuidado. He leído recientemente un artículo sobre psicología laboral, centrado en los “jefes nocivos que irradian malestar” (1), donde entre los estresores más importantes que se identifican en un estudio de gran interés científico, Informe Cisneros VI, la mala calidad de management (jefe) alcanza un porcentaje muy relevante entre los analizados: el 45,70%, solo superado por el clima laboral deteriorado. El paso a la identificación de “mobbing” (acoso laboral de superiores y compañeros, y del “burnout” (síndrome del trabajador carbonizado o achicharrado) está dado, así como el nacimiento del neomanagement, como forma de dirigir organizaciones y personas mediante la continua destrucción de los recursos humanos, del clima laboral y del entorno organizativo (2).

En la Administración Pública, que conozco de primera mano y en la que he trabajado durante más de treinta años, también ocurren estos fenómenos y, lógicamente, por extrapolación también está afectada por los estilos tosigosos de dirección: narcisista (siempre busca subordinados que no le hagan sombra), psicópata (luce sus encantos y embauca a los más débiles para destruirlos después, paulatinamente) y paranoide (atento a cualquier movimiento de los subordinados, desconfiando de todo y de todos), que derivan en dos actitudes amenazantes, tosigosas: autoritarismo a ultranza o consentidores de todo para que nuca se le pueda recriminar nada pero donde el clima laboral se acaba haciendo irrespirable y las consecuencias en relación con la salud mental acaban siendo desastrosas. Las flechas tosigosas del jefe han hecho diana.

Traigo a colación una tabla interesante para comprender el clima tóxico laboral en este país, publicado en la última Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo. 2015 6ª EWCS – España, por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT):

ECTE 2015 TABLA 10

2. La negación de la recompensa (a veces, de la existencia)

Nuestro cerebro está preparado para trabajar básicamente en el modo placer, bienestar, bienser (si se pudiera decir así), por decirlo de alguna forma. No va a bien al cerebro trabajar en modo dolor, malestar, malser. Además, nuestros circuitos cerebrales han evolucionado para superar las malas pasadas del cerebro antiguo, el reptiliano, de autodefensa continua con agresividad latente y manifiesta porque no sabemos por dónde nos pueden dar un palo. Y claro, ante cerebros tóxicos, tosigosos, reverdecen viejas conductas ancestrales que nos hacen sufrir, y mucho. El cerebro necesita siempre recompensas al tremendo desgaste que sufre cada segundo para tenerlo todo a punto. Y los cerebros de los contrarios, tosigosos, saben de esta debilidad innata en el cerebro humano, también en el suyo. Y las recompensas se sustraen permanentemente para causar dolor crónico. Bastaría hacer un pequeño recorrido por los cerebros de los más próximos en nuestras vidas de diario, para no complicárnosla más, para identificar a aquellos cerebros que nos sustraen el placer de las recompensas por lo que decimos, hacemos y vivimos en cualquier situación humana. Porque, casi siempre, eso es lo único que sabemos hacer, que hemos aprendido mejor o peor y es lo que de verdad proyecta nuestras personas de secreto. Si ni siquiera eso se reconoce, no me extraña nada que mueran mujeres casi a diario, que muchas personas trabajadoras vuelvan a sus casas hechas polvo por sus relaciones laborales con compañeros y jefes, y las amistades se rompan por palabras emponzoñadas porque los que están cerca tienen cerebros tosigosos, que lanzan flechas envenenadas a diario casi sin darnos cuenta. Porque son también narcisistas, psicópatas o paranoides.

3. La negación de la inteligencia (de todas las inteligencias)

Existen también cerebros tóxicos que destrozan la inteligencia en general y la inteligencia social, en particular, aquella que comprende la capacidad de autoconocimiento de quién soy y cómo me relaciono con los demás, configurándonos como zombis reales, de carne y hueso cuando se niega mediante malas artes. Son los peores, porque son los que no paran hasta destruir a sus contrarios definitivamente. Y de esta forma comienza el largo camino de laminación personal. Aparecen los primeros síntomas de libro (somatizaciones, estrés, depresión, ansiedad, abatimiento total, pérdida de autoestima en la representación diaria en el gran teatro del mundo personal y asociado) y comienza el ciclo de la puerta giratoria de centros de salud, centros especializados de salud mental y hospitales, con el gran asociado de ganancia secundaria que se llama “baja laboral”. ¡Conseguido!, dicen estos cerebros de la miseria humana. Menos mal que se conoce muy bien el daño en determinadas estructuras cerebrales que se produce por mor de estas situaciones, donde juegan un papel trascendental el cortisol y la adrenalina, agentes transmisores de carga positiva para el cerebro, sobre los que ya he hablado en varios posts de este cuaderno y a los que remito para su lectura atenta. La vida emocional se va al traste porque es muy difícil contrarrestar tanto veneno si no estamos preparados para ello y acompañados sobre todo de un adecuado apoyo social.

4. ¿Qué hacer? (sin acudir a Lenin)

Pensar fríamente que hay que desenmascarar a estos cerebros, donde quiera que estén, con denuncias privadas y públicas, porque es enfermizo que se tengan contemplaciones con ellos. Existen en un Estado de derecho, como el de España, medidas laborales, judiciales e incluso, de salud pública, para erradicar estas situaciones que hacen tanto daño a muchas personas anónimas. Acudir también a profesionales de la salud mental. Sigo defendiendo, por tanto, la teoría de la construcción del cerebro feliz, cuando afirmaba recientemente que “es probable que cambie nuestra actitud ante la vida sabiendo que depende muchas veces de procesos en la neurotransmisión que, si los conocemos bien, podemos autojustificar las reacciones del periodista holandés que no gustaba a Van Gaal [contratóxico: siempre positivo, nunca negativo]: “Tengo la impresión que la próxima vez que nos comamos una almendra, vamos a tener una sensación (¿emoción, sentimiento?) diferente de lo que hacemos. Probablemente, porque la amígdala cerebral de cada una, de cada uno [estructura cerebral con forma de almendra], ha mandado unas señales neurológicas diciendo a la corteza cerebral que ya sabe por qué está sintiendo algo especial. Misión cumplida”. Hoy, de forma especial, porque ya sé que muchas veces no se puede controlar de forma autónoma la actitud positiva o negativa ante la vida propia o asociada, maravillándonos de dos pequeñas estructuras, del tamaño de una almendra, las amígdalas cerebrales, que me proporcionan un bien-estar o un bien-ser (perdón por el neologismo), que el cerebro se encarga de tratarlo para que cada persona sea más inteligente en el acontecer diario, con sus cadaunadas, de cada una, de cada uno, de todos”.

En definitiva: sabemos que podemos identificar y desenmascarar los cerebros tosigosos, porque sabemos algo más sobre sus comportamientos. Nos hemos “quedado con sus cerebros” y sabemos dónde y cómo viven. Creo, sinceramente, que hemos dado los primeros pasos para editar un manual, una guía rápida, para identificar y erradicar a los cerebros tosigosos que pululan por nuestros alrededores. Por nuestro (clásico) bien, por nuestra salud mental, por nuestra propia y merecida felicidad personal y social. Por ética social, propagada hoy mediante inteligencia digital. Porque, ¡ya está bien!

Sevilla, 18/XI/2018

NOTA: La fotografía se recuperó de http://img100.imageshack.us/img100/3733/01pg4.jpg, el 25 de enero de 2008

(1) Ferrado, M. L. (2007, 12 de enero). Jefes nocivos que irradian malestar. El País, Salud (Mensual de biomedicina y calidad de vida), 1-4.
(2) Piñuel, I. (2004). Neomanagement. Jefes tóxicos y sus víctimas. Madrid: El País Aguilar.