
Emilio Lledó, Necesidad de la literatura
Sevilla, 17/VIII/2026 – 12:31 h CET (UTC+2)
En pleno ferragosto y como tantas veces lo deseo, he vuelto a encontrarme con Emilio Lledó, al que tanto admiro y aprecio, a través de una obra suya publicada en 2025, Necesidad de la literatura, ilustrada de forma muy cuidada por Eugenia Ábalos, que recoge tres ensayos suyos, sobre la literatura, cultura y libertad de expresión, ya publicados como artículos en el diario El País en 2002, 2010 y 2007, respectivamente.
La pequeña referencia a título de sinopsis de la editora, Nórdica, nos adelanta el hilo conductor de los mensajes que contiene: “La lectura, los libros, son el más asombroso principio de libertad y fraternidad. Un horizonte de alegría, de luz reflejada y escudriñadora, nos deja presentir la salvación, la ilustración, frente al trivial espacio de lo ya sabido, de las aberraciones mentales a las que acoplamos el inmenso andamiaje de noticias, siempre las mismas, porque es siempre el mismo nuestro apelmazado cerebro. Los libros nos dan más, y nos dan otra cosa. En el silencio de la escritura cuyas líneas nos hablan, suena otra voz distinta y renovadora. En las letras de la literatura entra en nosotros un mundo que, sin su compañía, jamás habríamos llegado a descubrir […]”. Fascinante, en un mundo diseñado por Trump y seguidores mediocres, ciegos al color de la vida.
También me ha llamado la atención la “perpetuidad” de este libro planteada por Cristina Ros, en un artículo a modo de crítica literaria sobre esta publicación, Emilio Lledó, los libros y la lectura como principio de libertad, que se publicó en elDiario.es el 5 de julio de 2025, que me sigue admirando por mi dialéctica, frente al mercado, de la obra escrita al servicio de la Noosfera, en gratuidad plena, cuestión no baladí que he planteado en este cuaderno digital a lo largo de los veinte años de vida: “En la decisión de publicar estos artículos en forma de libro hay, por parte de Nórdica, una demostración de esa apuesta por el formato tradicional. ¿Qué sentido tiene, si no, editar en papel unos textos que se pueden leer en abierto? Frente a la gratuidad –que habría que matizar: pagamos la línea de Internet, la electricidad, el aporte electrónico, quizá la suscripción al periódico–, el libro en papel ofrece otro tipo de lectura, más pausada, en otro contexto. Seleccionar estos artículos, sacarlos de la nube, es también una forma de revalorizarlos, de decirle al lector que esto de aquí merece la pena y no hay que dejar que caiga en el olvido. Además, con las ilustraciones de Eugenia Ábalos (Mendoza, Argentina, 1977), el texto se enriquece: los libros-ideas como pájaros que vuelan libres, las semillas y los árboles como metáfora del cultivo de sí, del saber que se asienta poco a poco”.
En los momentos que vivimos nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerden que la palabra escrita o hablada es un medio político inalienable (todo es política, como decía ayer), para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, nuestras creencias, por qué no nuestro descanso legítimo, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor tan apreciado: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (1). Además, cuando la deja reflejada en un texto para la posteridad, llamémoslo libro, alcanza la cumbre de la perfección humana.
Gracias, Maestro Lledó, por esta obra, para mí magnífica, que nos permite sobrevolar la mediocridad que nos asola a diario en plena canícula de 2026, porque lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud. Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir (Jorge Wagensberg, Aforismos)
(1) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.
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