América, camisa blanca…

Probablemente habrá pasado desapercibida la noticia, pero las 78 mujeres demócratas que estuvieron presentes en el discurso de Trump ayer, miembros de la Cámara de Representantes y del Senado, quisieron expresar con su atuendo teñido de blanco un hecho muy importante en su historia frente a los desmanes de corte y confección del Presidente Trump, muy preocupado por el atuendo que deben llevar las mujeres de su equipo de desgobierno. ¿Por qué de blanco? Sencillamente porque el color blanco representaba el movimiento sufragista de principios del siglo XX en EEUU, cuando alcanzó su momento histórico inolvidable en 1919, al aprobar el Congreso la 19ª Enmienda a la Constitución de Estados Unidos, que determinaba que “ni los Estados Unidos ni ningún otro Estado deberá negar o limitar el derecho de los ciudadanos a votar por motivo de sexo”. Ratificada el 18 de agosto de 1920, la 19 enmienda se convirtió en ley nacional.

Siempre recuerdo a tal efecto de Trump una anécdota no inocente que nos ha legado la memoria histórica de los que se preocupan más de las apariencias que de las quintaesencias. Diógenes de Sínope, aquel filósofo que buscaba hombres por todas partes, prototipo de la escuela cínica y que aspiraba a ser todo un hombre, estaba un día en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Llevado a la telerrealidad que tanto gusta a Trump, le pasa lo mismo que a Diógenes de Sínope que dado su nivel cultural dudo que sepa quién es en la historia de la humanidad, a veces tan mal contada.

Vuelvo a escuchar una canción preciosa de Víctor Manuel y cantada por Ana Belén, España camisa blanca…, que habla de la simbología del color blanco como esperanza para un país que nacía en esos momentos a la auténtica democracia. Me gustaría dedicársela a Trump, que sé que no me estará escuchando, para que atienda otras voces de cómo hay que gobernar con un traje que no sea el del emperador del cuento de Andersen:

España camisa blanca de mi esperanza
reseca historia que nos abraza
con acercarse solo a mirarla,
paloma buscando cielos más estrellados
donde entendernos sin destrozarnos
donde sentarnos y conversar.

España camisa blanca de mi esperanza
la negra pena nos atenaza
la pena deja plomo en las alas
quisiera poner el hombro y pongo palabras
que casi siempre acaban en nada
cuando se enfrentan al ancho mar.

España camisa blanca de mi esperanza
a veces madre y siempre madrastra
navaja, barro, clavel, espada;
la muerte siempre presente nos acompaña
en nuestras cosas más cotidianas
y al fin nos hace a todos igual.

La letra se podría convertir en un himno cantado por las 78 representes demócratas que, de paso, sustituyendo España por América, que sería también un homenaje al mundo hispano en EEUU, que entiende muy bien estas palabras tan molestas para Trump. Porque es su lengua y las palabras que les quedan.

Sevilla, 1/III/2017

Enigma al trasluz, el andaluz

cernuda

Sombra hecha de luz,
que templando repele,
es fuego con nieve
el andaluz.

Enigma al trasluz,
pues va entre gente solo,
es amor con odio
el andaluz.

Oh hermano mío, tú.
Dios, que te crea,
será quién comprenda
al andaluz.

Luis Cernuda, El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947

Celebramos hoy el Día de los andaluces, de las andaluzas, el día de los que vivimos en Andalucía y respetamos su identidad, que llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él; que somos nobles porque sabemos perdonar y comprender tanto a los que nos ofenden con el paro y la corrupción que a veces no hay nada que perdonar. También, porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera.

Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, porque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

Con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra.

Sevilla, 28 de febrero de 2017, Día de Andalucía

Un Óscar llamado dignidad

Hace unas horas que hemos conocido el resultado de los Óscar de 2017, triunfando como ganadora una película, Moonlight, que en territorio Trump es un éxito sin precedentes, frente a la nominada oficial, La La Land. Dicen los medios periodísticos que cuenta la historia de Chiron, un joven afroamericano con una difícil infancia y adolescencia, que crece en una zona conflictiva de Miami. Es una historia muy habitual, por desgracia, que ocurre a personas a las que se llaman “diferentes” por pertenecer al mundo gay, siendo además de color negro, en América, que crecen en familias desestructuradas para consuelo de los de siempre y que es lo que quiere olvidar Trump a golpe de talonario y malas palabras por su doble moral, bailando con los Gobernadores americanos en la contrafiesta de los Óscar, como si lo que estaba pasando en el Dolby Theatre en Los Ángeles no fuera con ellos.

He recordado inmediatamente un artículo que publiqué en 2015, que llevaba por título “La dignidad de un niño gay” (que reproduzco a continuación), también americano, blanco, pero que simboliza a los que todos los días, en cualquier país del mundo, ganan el óscar a su triunfo diario para poder vivir dignamente, como deseaba Chiron, el protagonista de Moonlight, en los términos que escribí aquél día no tan lejano en el tiempo: “Este niño tan digno, que representa la situación de miles de niños y niñas singulares, en su universo arco iris de todos los días, necesita solo el reconocimiento de lo que es y de lo que siente, basado en el principio de normalidad. No por lo que tiene o le entrega la sociedad de consumo y mercado, tal como ya definía el lema singularidad en este país el Diccionario de Autoridades en 1739 [servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo], con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o mejor: lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución genética de su propia vida, que merece siempre el respeto de los demás para que este niño, símbolo de muchos niños y niñas del mundo, no tenga miedo de su futuro y que la gente lo integre como una persona más. Simplemente, porque les agrada estar con él y sin necesidad de ser noticia o que su foto sea incómoda para conciencias timoratas y farisaicas que controlan, a la americana, la ética de las redes sociales”.

Es lo que simboliza Chiron. Le acompañaremos en el cine y en la película de la vida, porque en este caso cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, como a todos los niños y niñas del mundo arcoiris que luchan a diario por ser y estar en un mundo diferente, de igualdad, integración y respeto, que un día deciden por sí mismos cómo van a ser, no dejando que otros decidan por ellos.

Sevilla, 27/II/2017

La dignidad de un niño gay

DIGNIDAD EN LA SINGULARIDAD

La doble moral americana no tiene límites. Esta noticia no es una más en la crónica de sucesos indeseables porque tiene un contenido especial, tal y como la hemos conocido en nuestro país a través del Huffington Post: “Cuando un niño tiene miedo de su futuro por ser homosexual es momento de detenernos, reflexionar y analizar si algo está fallando en nuestra sociedad. El 3 de julio, Humans of New York, un proyecto creado hace cinco años por el fotógrafo Brandon Stanton, publicó en su página de Facebook la fotografía de un niño llorando acompañada de la siguiente descripción: “Soy homosexual y me da miedo mi futuro y que no le agrade a las personas”.

El hecho se ha convertido en noticia porque la fotografía tuvo que ser subida dos veces en Facebook, ya que la primera vez fue eliminada por la red social debido a un “problema técnico” que habría dejado la publicación invisible por un tiempo, según informó The Telegraph. La doble moral en una sociedad que practica los vicios privados que se convierten en públicas virtudes, gracias al mercado de los sentimientos que se venden y pagan a cualquier precio, hace su aparición también en las redes sociales, porque estas noticias gráficas molestan en la sociedad del bienestar más que del bienser (perdón por el neologismo).

Nos permite, al menos, hacer hoy una reflexión: necesitamos cantar el elogio de la singularidad, tal y como lo escribí recientemente en este cuaderno de inteligencia digital que busca siempre islas desconocidas: “Creo que más que normalidad, habría que hablar de singularidad. Cuando pretendemos ajustarnos a patrones, la experiencia suele ser nefasta, porque dejamos a un lado la inteligencia, como primer distintivo humano que nos hace ser personas y de identidad intransferible y porque no existen dos iguales, por mucho que se empeñe la sociedad de mercado en pasarnos a todos por la máquina de conversión en personas-patrón-para-triunfar-en-el-mundo, empaquetándonos como producto expuesto para que lo compre el mejor postor en todos los ámbitos posibles. Pura mercancía”.

Este niño tan digno, que representa la situación de miles de niños y niñas singulares, en su universo arco iris de todos los días, necesita solo el reconocimiento de lo que es y de lo que siente, basado en el principio de normalidad. No por lo que tiene o le entrega la sociedad de consumo y mercado, tal como ya definía el lema singularidad en este país el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o mejor: lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución genética de su propia vida, que merece siempre el respeto de los demás para que este niño, símbolo de muchos niños y niñas del mundo, no tenga miedo de su futuro y que la gente lo integre como una persona más. Simplemente, porque les agrada estar con él y sin necesidad de ser noticia o que su foto sea incómoda para conciencias timoratas y farisaicas que controlan, a la americana, la ética de las redes sociales.

Sevilla, 9/VII/2015

El peso de las Administraciones, ¿lastra el dinamismo de Sevilla?

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Enigma al trasluz,
pues va entre gente solo,
es amor con odio
el andaluz.

Oh hermano mío, tú.
Dios, que te crea,
será quién comprenda
al andaluz.

Luis Cernuda (El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947)

Ayer se celebró la tercera sesión del Ciclo “Sevilla, a debate”, que actualmente se está desarrollando en Sevilla. Intervine en esta sesión como ponente, compartiendo la mesa con Alfonso Carnerero Parra y Rosa Madrid Racero, en su papel de moderadora e impulsora de ideas a tratar. Deseo poner a disposición de las personas que suben a este barco imaginario del blog, al modo que contó un día ya lejano Jose Saramago y que busca siempre islas desconocidas, el cuaderno de notas que utilicé durante la misma, para un tiempo concertado que no debería superar diez minutos. Es verdad que lo que allí ocurrió ya no se vuelve a repetir porque nadie se baña dos veces en el mismo río y porque en los tiempos modernos que vivimos todo fluye y casi nada permanece.

Aun así, adjunto mis notas, que se enriquecen con la posibilidad de poder ver en imágenes lo que allí pasó, gracias al trabajo de la Asociación “Iniciativa Sevilla Abierta”, organizadora del Ciclo, a quien agradezco una vez más la invitación para participar en la misma.

Luis Cernuda escribió en Desolación de la quimera (1956-1962) unos versos muy duros, cargados de dolor interno, dirigidos a sus paisanos de Sevilla donde nos decía que “… el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros”. Finalicé mi intervención con un pequeño homenaje a él leyendo el verso que inicia este post, veinticinco días después de que el Ayuntamiento de Sevilla, una Administración Local, hubiera soltado lastre… aprobando por unanimidad comprar su casa natal, con dinero público, sacándola del mercado inmobiliario para que pasara a ser patrimonio cultural del mundo, de este país, de su ciudad, de sus paisanos. Un buen ejemplo.

Sevilla, 21/II/2017

El arte de empezar

ITALO CALVINO

Debo a Ítalo Calvino el recuerdo sempiterno de su preciosa obra, El arte empezar y el arte de acabar, cuando me enfrento al fenómeno de la página en blanco o, como será esta tarde, el de una intervención pública, en el Ciclo “Sevilla, a debate”, que ya he comentado recientemente en este cuaderno de notas digitales. Ítalo Calvino es un referente para aprendices de escritor no inocente, como es mi caso. Nunca he olvidado unas palabras suyas cada vez que me enfrento a la realidad mágica de escribir un post en este cuaderno de inteligencia digital, encontradas en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (1).

Vuelvo a leer palabras de este blog que recuerdan el mensaje anterior, porque es fantástico. El secreto está en el arte de empezar y acabar cualquier camino deseado: podemos ir hacia muchos sitios, hacer cualquier cosa, intervenir en un Ciclo en Sevilla, pero lo importante es hacerlo de forma especial. Pero, ¿qué es el arte esencial? Todavía no se puede comprar en Amazon, porque afortunadamente su secreto, su esencia, no se encuentra en el mercado, es decir, todavía no se ha convertido en mercancía. Cuando comprendo el arte según la tercera acepción recogida en el Diccionario de la Real Academia Española, conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo, es imprescindible recurrir al conocimiento, aptitudes y actitudes personales para tenerlo presente en cada decisión a la hora de hacer camino al andar en cualquier ámbito de la vida, porque los preceptos y las reglas para hacer bien algo o de forma especial no se improvisan. El arte así entendido, como pasa con el campo, es solo para quien lo trabaja (por muy anarco que suene).

Les invito hoy, si están cerca del lugar de celebración o entrando en la Noosfera gracias al macrocosmos de internet, a estar presentes en este encuentro tan interesante, al menos para mí en estos momentos previos. ¿Saben por qué? Porque es el momento mágico de Calvino: páginas en blanco, intervención hoy en Sevilla, para escribir, comentar y compartir palabras especiales para nuestra vida, la de todos y, sobre todo, la de secreto, que a veces comienza y acaba cada día, que a veces sigue… para crear tejido crítico de lo que nos pre-ocupa [sic], sin que tengamos que esperar especialmente al compromiso de hoy, porque debería ser el de todos los días. Con arte esencial.

Sevilla, 20/II/2017

(1) Cobeña Fernández, J. A. (2014). ¿Por qué escribo?

NOTA: imagen recuperada de: http://lachachara.org/2013/06/propuestas-de-italo-calvino-para-la-literatura-del-siglo-xxi/

Sevilla, a debate / II. Hace falta construir teoría crítica sobre esta ciudad

sevila111

http://sevilla111.com/default.htm

E la nave va… Ya han pasado dos lunes y el debate sobre Sevilla está siendo una realidad incuestionable en esta actividad cultural tan necesaria para el presente y futuro de la ciudad. Tenemos el deber de construir teoría crítica sobre la realidad actual de Sevilla y su provincia, con apertura de miras y grandeza de visión no cateta sobre lo que de verdad nos pasa, aunque a veces tengamos que reconocer que no sabemos bien lo que nos pasa, ¿o sí? Contestar a estas preguntas del ciclo… es la cuestión, porque las respuestas no están en el viento.

El lunes 6 de febrero comenzó en esta ciudad un ciclo, “Sevilla, a debate’, organizado por la asociación Iniciativa Sevilla Abierta. El próximo lunes 20 de febrero, a las 20:00 horas, participo en la Sesión 3 del Ciclo, que lleva por título: ¿EL PESO DE LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS LASTRA EL DINAMISMO DE LA CIUDAD?, en el Salón de actos de la Fundación Cruzcampo, en Sevilla. Agradezco especialmente, una vez más, a Juan Luis Pavón Herrera, Fundador y Director en Sevilla World, la invitación para intervenir en este ciclo, que me ha ofrecido en nombre de Iniciativa Sevilla Abierta.

Es una pregunta muy sugerente y sobre la que sigo reflexionando en estos días preparatorios para mi intervención. Animo a quien lea esta convocatoria y esté interesado en asistir, que la entrada es libre hasta completar aforo. La organización del Ciclo desea que se confirme previamente la asistencia a cualquier sesión a la que deseen acudir, con el fin de que se pueda reservar asiento, escribiendo a la dirección de correo electrónico sevillaabierta@gmail.com. Recuerdan que el aforo es de 160 sillas.

La participación en este ciclo la considero como una forma de compromiso intelectual y social con todas las personas que pensamos que Sevilla tenemos que definirla más allá de su color especial y de su estereotipo de ciudad diferente, porque todos los días debemos buscar su mejor forma de ser y estar en el mundo y que de forma tan sabia dejó abierta Manuel Machado al cantar a Andalucía y caracterizar cada provincia, excepto Sevilla.

Lo escribí en 2006 en este cuaderno digital y sigo manteniendo viva la llama de la dignidad del compromiso intelectual, sobre todo porque no quiero participar en los silencios cómplices que nos rodean por todas partes en Sevilla, Andalucía, España y más allá de nuestro país. Reproduzco y comparto a continuación aquella reflexión, para que no se me olvide… ni siquiera un momento

El compromiso intelectual

Desde que tengo uso de razón científica me he preguntado muchas veces cómo puede poner uno su inteligencia al servicio de la humanidad, de las personas y situaciones sociales que necesitan atención humana en el pleno sentido de la palabra. También me he preguntado muchas veces en qué consiste el compromiso de los intelectuales con esta misma sociedad, no optando por posiciones políticas de partido, con militancia expresa. La verdad es que no he encontrado mucha literatura sobre el particular y, normalmente, son discursos muy elaborados que no están al alcance de todos los españoles, como diría el título de crédito del NODO al que recuerdo siempre en mis tardes de Madrid, pensando en Andalucía, de la que me sacaron sin muchas contemplaciones cuando solo tenía cuatro años.

Aproximarse a una definición de libro es imposible. Cualquier definición solo recoge la forma de establecer defensas innatas para protegerse de los ataques del enemigo, que desgraciadamente suele verse en todas partes sin que realmente existan. Como llevo tiempo pensando en esta realidad, el compromiso intelectual, ahí van unas cuantas reflexiones. La primera nace de la suerte de que una persona pueda plantearse el dilema en sí mismo, sin calificar esta “suerte” como lujo afrodisíaco: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera. Desgraciadamente. La pre-programación de la preconcepción, en clave aprendida del profesor Ronald Laing, es una tabula rasa sobre la que se elabora y encuaderna el libro de instrucciones de la vida. Y por lo poco que se sabe al respecto, quedan muchos años para descifrar el código vital, el llamado código genético de cada cual, personal e intransferible, mejor que el carnet de identidad al que lo hemos asociado culturalmente por la legislación vigente, mucho más atractivo que el de da Vinci, aunque ahora sea menos comercial. Afortunadamente. La niña que ayer corría despavorida por las playas palestinas, temblándole los labios, horrorizada con lo que había pasado con familiares y amigos, acababa de grabar imágenes para toda la vida. Su compromiso intelectual será siempre un interrogante y una dialéctica entre odio y perdón. A esto nos referíamos. La conclusión es que estamos mediatizados por nuestro programa genético y por nuestro medio social en el que crecemos. Todos somos “militantes” en potencia, con y sin carnet, dependiendo de sus aprendizajes para comprometernos con la vida. Militar en vida, esa es la cuestión.

La segunda vertiente a analizar es la del compromiso. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretándola como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamaba uso de razón científica, nos pasamos toda la vida decidiendo. Por eso nos equivocamos, a mayor gracia de Dios, como personas que habitualmente tenemos miedo a la libertad, acudiendo al Fromm que asimilé en mi adolescencia, pero que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos. Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada. Por eso me aproximé siempre a ella, porque me dejaban estar sin preguntarme nada. Intuían la importancia del descubrimiento de la respuestabilidad. Había inteligencia y compromiso activo. Seguro. Pero con un concepto equivocado como paso previo: la militancia de carnet. Craso error. Antes las personas, después la militancia. No al revés, que después vienen las sorpresas y las llamadas traiciones como crónicas anunciadas.

Una tercera cuestión en discusión se centra en el adjetivo del compromiso: intelectual y, hablando del grupo organizado o no, de los “intelectuales”. De este último grupo, líbrenos el Señor, porque suele ser el grupo humano más lejano de la sociedad sintiente, no la de papel cuché o la del destrozo personal televisivo. Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar eureka a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y “quesentir” diario (perdón por el neologismo). Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver, pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo.

Sevilla, 14/II/2017, enamorado de esta ciudad

NOTA: la imagen recuperada hoy de http://sevilla111.com/default.htm, a pesar del tiempo transcurrido desde su realización, es un símbolo de las muchas formas de ver Sevilla. Canal Sur daba la noticia en 2010, año de realización del proyecto, en los siguientes términos: “Meses de trabajo han dado como fruto la fotografía más grande del mundo. Una súper fotografía de 111 mil millones de píxeles, formada por 9.750 imágenes, tomadas a unos 60 metros de altura, desde el punto más alto de la famosa Torre Schindler en la Isla de la Cartuja. Como curiosidad, si imprimiéramos esta imagen ocuparía nada más y nada menos que 13.800 metros cuadrados, algo más que la superficie de dos campos de fútbol”.

Imprescindibles ocultos

Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles

Bertolt Brecht, Elogio a los combatientes

No necesitan muchos comentarios estas palabras. Quizá, solo cambiaría la palabra hombres por personas. En estos momentos de desconcierto existencial necesitamos personas buenas y mejores que ponen su inteligencia al servicio de los demás, cada una donde es, está, trabaja y vive, luchando contra la mediocridad, la tristeza y la tibieza, denunciando los silencios cómplices y rompiendo moldes a diario. Y debemos admirar y cuidar, sobre todo, a las personas que a través de su compromiso activo al servicio del interés general, se convierten en imprescindibles.

He visto la película Figuras ocultas, excelente, trayéndome a la memoria de secreto la vida de personas que están en el anonimato más terco y que son imprescindibles ocultos gracias a su inteligencia y a su conciencia de clase. En la película se resalta el papel estelar de tres mujeres afroamericanas, Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, que fueron pioneras en el mundo aeroespacial, gracias a su inteligencia matemática y a su conciencia de clase. Impecable en su trama, que desarrolla un guion basado en hechos reales.

Las tres protagonistas trabajaron en la división segregada de cálculo en el área oeste de Langley Research Center (NASA). Gracias a los cálculos matemáticos de Katherine Johnson, el coronel John Glenn se convirtió en el primer astronauta norteamericano en hacer una órbita completa de la Tierra. Dorothy Vaughan consiguió ser la primera supervisora de los servicios de IBM en la Agencia y Mary Jackson fue la primera mujer en ser ingeniera aeroespacial de Estados Unidos.

Cuando te recuerdan esta realidad histórica ejemplarizante, tomamos conciencia del valor de los talentos ocultos, que están muchas veces muy cerca de nosotros. Ha llegado el momento de hacerlos visibles, porque además los necesitamos para cambiar el mundo que, como se demuestra en la película, siempre es posible. En este caso, porque el parecido de las inteligencias imprescindibles con la realidad expuesta no es pura coincidencia.

Sevilla, 12/II/2017