Sevilla, 3/IV/2026 – 07:25 h CET (UTC+2) – Actualizado de una versión anterior
Corría el año del Mayo francés del 68, en el pasado siglo. Con veintiún años navegué por primera vez hacia Italia en un “Canguro Bianco” de la Compañía Traghetti Sardi, consorciada con la naviera española Ybarra, viajando en la clase más popular de poltronas, en un barco presentado como uno de los más confortables en el mar por su sistema automático de estabilizadores. Atravesando de noche el peligroso Golfo de León me llevó desde Barcelona a Génova, para llegar finalmente en tren a Milán y Brescia, donde viví seis meses, muy cerca de Sirmione sul Garda, la residencia clásica del poeta Catulo. Fue precisamente en Brescia donde compré un libro de Juan Ramón Jiménez en italiano, Siviglia (Sevilla), dedicado a una ciudad que amaba desde su infancia, “como soy de Moguer y de Sevilla, canto mis ilusiones por seguidillas” llegó a escribir, que me acompañó como libro de cabecera aquellos meses separado de mi tierra y de mi parentela.
En ese libro, en el que leí por primera vez en italiano la poesía y prosa poética de Juan Ramón Jiménez, descubrí un poema dedicado a la madrugada de Viernes Santo, breve y bueno, que no olvido en este viernes de una semana, para mí, laica:
…Sobre las calles que huelen a cera, sobre las azoteas con macetas, se va viendo una luz de plata y en el fresco y puro azul matutino, aún negro, se oyen volar palomas que no se ven.
Intuyo que estas palabras las sintió con la proximidad de la Giralda, a la que definió en este pequeño libro como ingrávida y transparente al despertar el día:
Por la mañana, el aire puro sevillano, la Giralda ingrávida, transparente -menos aún o más que de cristal- está todavía desnuda como en la noche. Una mujer desnuda que sintiera, de pronto, su desnudez. ¡qué alegre y atropellada, cantando al sol primero, en su risueño despertar de primavera, sobre el panorama rubio de su visión!
Este libro, Sevilla, que conservo cuidadosamente en mi biblioteca, mi clínica de mi alma, lo dedicó a su hermana Ignacia y sus hijos. Fue editado en 1965, en Milán, por la Editrice Nuova Accademia. Lo mantengo como “oro en paño”, porque descubrirlo en un quiosco de prensa en Brescia, regentado curiosamente por una familia sevillana en el exilio, me ofreció en aquella lejanía la compañía de esta ciudad, Sevilla, a la que tanto quiero. Junto a los poemas en prosa citados, siempre leí una y otra vez De la guía celeste, porque apoyado en el poeta Villasandino, llega a decir que en la primavera universal, suele el Paraíso descender hasta Sevilla:
“El Paraíso: Paraje breve e infinito, «lyndo syn comparación» —Villasandino—, trasunto fiel de la ciudad terrena —conocida bien del viajero— de Sevilla, «briosa ciudat extraña» —Autor citado—. Sito exactamente en el lugar del cielo que corresponde, con su azul, a dicha ciudad «claridat e luz de España» —Autor citado—. En la primavera universal suele El Paraíso descender hasta Sevilla».
Comprendo perfectamente que en aquellos años contemporáneos, Stefan Zweig escribiera algo que me conmueve todavía al recordarlo: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades pueden ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así”. Él, que también escribió que “en Sevilla se podía ser feliz” a pesar de sus miserias, comprendió junto a Juan Ramón Jiménez su vanidad, porque quien no la ha visto, no puede comprender lo maravillosa que es y no es capaz de reprochársela porque “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”.
Son palabras de Juan Ramón Jiménez y Stefan Zweig, dedicadas a Sevilla, donde en estos días sus calles huelen a cera y azahar, recordando su luz de plata, su sonrisa en el rostro de la vida y la fe de sus mayores en una Semana Santa o Laica muy particular.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Leonardo da Vinci, Il Cenacolo (1495-1498), fragmento en el que aparecen por este orden Judas, Pedro y Juan.
Sevilla, 2/IV/2026, Jueves Santo (publicado anteriormente / actualizado) – 09:02 h CET (UTC+2)
A pesar del tiempo transcurrido, Judas, y lo que representa, sigue vivo entre nosotros y recobrando cada día que pasa más actualidad, al recordar en este jueves “santo” o laico, según se mire, una pregunta histórica inquietante: ¿acaso soy yo, el que traiciona a personas próximas en nuestras vidas o a las que debo respeto, cuando sé que lo sucedido es verdad de antemano, participando en silencios cómplices de todo tipo?
Desde una perspectiva laica, hoy es un día para no recordar en ciertos relatos históricos sobre la vida apasionante de un líder carismático, Jesús de Nazareth, al que profeso admiración, al visualizarse también la de un traidor de nombre Judas, un enemigo contemporáneo suyo, amante de silencios cómplices como personaje miserable y mediocre, de libro, que tanto detesto. Hoy he vuelto a identificarlo para quedarme con su cara, por lo que simboliza, en una obra maestra que no olvido, La Última Cena (Il Cenacolo), pintada de forma magistral por Leonardo da Vinci, obra que se conserva con celo reverencial en la iglesia de Santa María delle Grazie en Milán desde el siglo XV.
Jesús lo dijo de forma directa y escueta, según nos lo cuenta el joven periodista Marcos (Mc. 14, 17-21) en aquellas horas previas a su detención y muerte: “Y al atardecer, llega él con los Doce. Y mientras comían recostados, Jesús dijo: “Yo os aseguro que me entregará uno de vosotros, que come conmigo”. Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: “¿Acaso soy yo?”. Él les dijo: “Uno de los Doce que moja conmigo en el plato. Porque el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquél por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!”.
Leonardo da Vinci captó aquellas palabras de forma magistral, pintando a dos de los apóstoles que ya habían demostrado su lealtad, Simón Pedro y Juan junto a Judas, el tesorero del grupo, que no soltaba la bolsa con el dinero por el que vendería a Jesús, teóricamente su amigo, con un gesto de cierta sorpresa, algo muy clásico en los miserables y mediocres de hoy. Lo refrendaría poco tiempo después el beso a Jesús como señal para su detención, que el joven Marcos lo narró con alma periodística (Mc. 14, 43-46): “Todavía estaba hablando, cuando de pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. El que le iba a entregar, les había dado esta contraseña: “Aquél a quien yo dé un beso, ése es, préndedle y llevadle con cautela”. Nada más llegar, se acerca a él y le dice: “¡Rabbí (Maestro)!”, y le besó. Ellos le echaron mano y le prendieron”.
Estaban avisados y ya lo comentó Juan con detalle en su evangelio (Jn 12,1-8), cuando afirmó que Judas se quedaba con el oro destinado a los pobres: «Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde se encontraba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le ofrecieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: “¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?”. -No decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella-. Jesús dijo: “Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis».
Judas es un prototipo de persona que perdura a día de hoy. Era todo un clásico, tradicional por antonomasia, conocido como Iscariote, nacido en Kariot, un entorno conservador al sur de Judea, lo que no le supuso problema alguno de conciencia en la traición a Jesús, que ya lo conocía bien por alguna que otra fechoría económica durante el tiempo que pasaron juntos y porque no supo apreciar nunca el valor de la lealtad y la amistad honrada y verdadera.
La historia de la literatura en relación con Judas no ha perdido tampoco el tiempo, incluso para buscar una posible justificación a su infamia. Es lo que propuso Jorge Luis Borges con un cuento inquietante y metafórico, Tres versiones de Judas, donde expone lo que un autor de principio de siglo, Nils Runeberg, intentó desarrollar en una publicación de 1904, Cristo y Judas, con un epígrafe inquietante: No una cosa, todas las cosas que la tradición atribuye a Judas Iscariote son falsas. No acabó bien su autor a pesar de su esfuerzo por justificar lo que no había por donde cogerlo. Creo que el papel de Judas en la historia no merece muchas explicaciones. No supo apreciar lo que le ofreció un gran amigo y, además, no aprendió nada con él. Sólo quería mantener su puesto de tesorero del grupo de Jesús y traicionarle por treinta monedas entregadas por la Autoridad Competente de su tierra, religiosa por supuesto, confundiendo una vez -como todo necio- valor y precio. Nada más y nada menos, porque como tantas veces ha ocurrido en la historia, ocurre hoy y ocurrirá en el futuro, están más cerca de nosotros de lo que creemos. Ante las situaciones difíciles de la vida, los nuevos Judas, como salvadores mayores del Reino del Mundo y de este País, harán como el protagonista del cuento de Borges: intentar justificar lo injustificable, argumentando que no una cosa, todas las cosas que la tradición atribuye alos traidores integrales, son falsas.
Para que todo lo anterior no se nos olvide en este jueves santo y laico a la vez, cuando la dura realidad es que, a pesar de esos nuevos Judas que pululan por el mundo, seguimos teniendo muchos pobres y nadies entre nosotros, a las que personas anónimas, como casi siempre, les ofrecen en vida todo lo que tienen, sin nada a cambio, aunque sabemos que incluso llegan a entregarles sus vidas. Las palabras en clave de Jesús en Betania, ante Judas, nos lo recuerda con la calidad que nuestros mayores han protegido siempre la tradición oral hasta nuestros días. Lo que es incontestable es que los nuevos Judas están mucho más cerca de nosotros de lo que a veces pensamos. Leonardo da Vinci dio fe de ello, por los siglos de los siglos. Amén.
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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Dentro de una hora y cuarto, aproximadamente, los cuatro astronautas de la misión Artemisa II, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, viajarán hacia la Luna, durante diez días, en una misión que dará una vuelta a nuestro satélite en la primera misión lunar tripulada después de más de medio siglo. Con tal motivo y con la ardiente impaciencia de este acontecimiento espacial y a la espera de sus resultados en beneficio de la humanidad, publico de nuevo el post que escribí en 2022, Hijos de la Luna, como homenaje a un inquietante deseo humano multisecular de descubrir este fascinante satélite natural de la Tierra.
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Hijos de la Luna
Sevilla, 29/VIII/2022, a las 14:33, hora peninsular en la que estaba previsto el despegue de la primera misión del proyecto Artemis de la NASAque, finalmente, ha sido abortado y programado de nuevo su lanzamiento hasta el 2 de septiembre.
Hoy estaba previsto el despegue a las 14:33, hora peninsular española, de la primera misión del Programa Artemis, bautizado así por la hermana gemela del dios Apolo en la mitología griega. Por un problema de última hora, ha sido abortado el lanzamiento y programado de nuevo para el 2 de septiembre. El objetivo final, según la NASA, es llevar “a la primera mujer y a la primera persona no blanca” a la Luna dentro de tres años.
Curiosamente, el próximo 1 de septiembre, se cumplen 120 años del estreno de una película mítica de la historia del cine, Viaje a la Luna, dirigida por Georges Méliès, que no tuvo mucho éxito en el citado estreno por “su duración”, ¡algo más de quince minutos!, aunque después de una presentación concienzuda de la citada proyección alcanzó un éxito sin precedentes entre los feriantes, como reconoció siempre Méliès. Supuso el éxito del cine que contaba cosas que interesaban en aquellos años dorados de Julio Verne, historias que gustaban a los espectadores. Alcanzó un éxito rotundo, tanto en Europa como en Estados Unidos. Unos años antes, ya había rodado un corto, La Luna a un metro (1898), que no era más que la adaptación de un espectáculo que apreciaba sobremanera el teatro mágico de Robert Houdin, llevado a término en su obra Las caras de la Luna o las desventuras de Nostradamus (1891), al que profesaba admiración en su componente mágica.
La misión no tiene por ahora un componente humano, ni mágico, como el que nos deslumbró en 1902 y 1969, sino que solo es un viaje de prueba que durará 42 días y la nave espacial Orion hará un viaje de ida y vuelta a la Luna con tres maniquíes a bordo, como ensayo general de las futuras misiones Artemis II, que repetirá un viaje similar con cuatro astronautas en 2024, y Artemis III, que se posará sobre el satélite en 2025 como fecha estimada en el citado programa Artemis. Entre los objetos que lleva a bordo Orion está la reproducción de un fotograma de la película de Méliès, Viaje a la Luna, citada anteriormente, que ha sido donada por la Agencia Espacial Europea (ESA).
Esta historia actual del programa Artemis no creo que repita el éxito de lo contado por Méliès y por la llegada del primer hombre a la Luna de 1969. Me ha interesado conocer a fondo el guion de esta película mítica porque nos permite vislumbrar qué es lo que verdaderamente se quería contar con aquel invento científico de tan larga duración y qué es lo que se quería decir en una película muda donde la imagen valía mucho más que mil palabras. El argumento se centra en contar la historia de seis valientes astronautas que viajan en una cápsula espacial de la Tierra a la Luna, trama que tenía su inspiración obvia en las obras de “De la Tierra a la Luna”, de Julio Verne (1865) y “El primer hombre en la Luna” de H. G. Wells (1901).
Su implicación en el rodaje fue tan alta que él mismo figuraba como actor, en el papel del Profesor Barbarrevuelta, que junto a otros astronautas, Victor André, Henri Delannoy, Farjaux Kelm, Brunnett, Bluette Bernon, se enfrentan a una truculenta historia presentada por una voz en “off”: “Hoy tenemos el privilegio de acudir a una reunión extraordinaria de los miembros del Instituto de Astronomía Incoherente”. ¿Ocuparía hoy la NASA este lugar como metáfora en un mundo acuciado por sus deudas y pobreza severa, ante los gastos que suponen estos proyectos científicos? A través de dieciocho planos secuenciales se desarrolla el argumento en el que el escepticismo es total a excepción del ilusionado Profesor Barbarrevuelta o Georges Méliès, como queramos llamarlo. Después viene la construcción de la nave y el cañón que la dispara, el lanzamiento grotesco y la llegada a la Luna que consiste en atravesar su ojo derecho, que ha hecho icónico el cartel de presentación de la película. Después se suceden múltiples aventuras con la población selenita hasta que finalmente regresan a Tierra con un selenita cautivo y los aventureros son recibidos con todos los honores y medallas con forma de Luna. Finalmente, se levanta una estatua a Barbarrevuelta, en la que aparece pisoteando la cabeza de la Luna, figurando en su pedestal un rótulo que no tiene desperdicio: El trabajo todo lo supera.
Una vez más, cualquier parecido de Viaje a la Luna con la realidad actual es pura coincidencia. ¿O no?, porque las metáforas están servidas. Al buen entendedor de este lanzamiento de hoy pocas palabras basta, porque cuando en 2025 llegue hasta la luna la primera mujer y de tez no blanca, puede que la Luna siga queriendo ser madre, una mujer también, sin saber que hacer con un niño de piel, como cantaba Mecano en aquellos años hermosos de la Transición española. Preocupada, también, por el sufrimiento en el planeta Tierra, sobre todo de sus niños y niñas de piel. De lo que estoy seguro es de que en las noches / que haya luna llena / será porque el niño / esté de buenas; / y si el niño llora / menguará la luna / para hacerle una cuna. Será lo más humano que habré escuchado nunca, aunque no figure esta canción entre los objetos que contemple llevar Orion de la NASA, tan cuidadosa ella.
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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la Plaza Nueva.
Federico García Lorca, en Semana Santa en Granada.
Sevilla, 1/IV/2026 – 07:44 h CET (UTC+2)
Vuelvo a publicar hoy un hallazgo conmovedor que hice en 2023 desde mi perspectiva laica de la Semana Santa, unas palabras en prosa de Federico García Lorca, entre la escasa obra que nos legó en este género. Se trata de unas “impresiones” sobre la Semana Santa en Granada (1), la ciudad que tanto amó y que tan mal lo trató. He vuelto a leerlas, descubriendo nuevas formas de comprender el alma secreta del poeta. Las comparto hoy de nuevo porque necesito su compañía en este mundo al revés, turbulento y descreído, tan falto de horizontes próximos de grandeza democrática y ciudadana. Sobre todo, porque en plena Semana Santa, atento a las palabras del poeta, estoy lejos del“tumulto barroco de la universal Sevilla”.
Semana Santa en Granada
El viajero sin problemas, lleno de sonrisas y gritos de locomotoras, va a las fallas de Valencia. El báquico, a la Semana Santa de Sevilla. El quemado por un ansia de desnudos, a Málaga. El melancólico y el contemplativo, a Granada, a estar solo en el aire de albahaca, musgo en sombra y trino de ruiseñor que manan las viejas colinas junto a la hoguera de azafranes, grises profundos y rosa de papel secante que son los muros de la Alhambra.
A estar solo. En la contemplación de un ambiente lleno de voces difíciles, en un aire que a fuerza de belleza es casi pensamiento, en un punto neurálgico de España donde la poesía de meseta de San Juan de la Cruz se llena de cedros, de cinamomos, de fuentes, y se hace posible en la mística española ese aire oriental, ese ciervo vulnerado que asoma, herido de amor, por el otero.
A estar solo, con la soledad que se desea tener en Florencia; a comprender cómo el juego de agua no es allí juego como en Versalles, sino pasión de agua, agonía de agua.
O para estar amorosamente acompañado y ver cómo la primavera vibra por dentro de los árboles, por la piel de las delicadas columnas de mármoles, y cómo suben por las cañadas arrojando a la nieve, que huye asustada, las bolas amarillas de los limones.
El que quiera sentir junto al aliento exterior del toro ese dulce tictac de la sangre en los labios, vaya al tumulto barroco de la universal Sevilla; el que quiera estar en una tertulia de fantasmas y hallar quizá una vieja sortija maravillosa por los paseíllos de su corazón, vaya a la interior, a la oculta Granada. Desde luego, se encontrará el viajero con la agradable sorpresa de que en Granada no hay Semana Santa. La Semana Santa no va con el carácter cristiano y anti espectacular del granadino. Cuando yo era niño, salía algunas veces el Santo Entierro; algunas veces, porque los ricos granadinos no siempre querían dar su dinero para este desfile.
Estos últimos años, con un afán exclusivamente comercial, hicieron procesiones que no iban con la seriedad, la poesía de la vieja Semana de mi niñez. Entonces era una Semana Santa de encaje, de canarios volando entre los cirios de los monumentos, de aire tibio y melancólico como si todo el día hubiera estado durmiendo sobre las gargantas opulentas de las solteronas granadinas, que pasean el Jueves Santo con el ansia del militar, del juez, del catedrático forastero que las lleve a otros sitios. Entonces toda la ciudad era como un lento tiovivo que entraba y salía de las iglesias sorprendentes de belleza, con una fantasía gemela de las grutas de la muerte y las apoteosis del teatro. Había altares sembrados de trigo, altares con cascadas, otros con pobreza y ternura de tiro al blanco: uno, todo de cañas, como un celestial gallinero de fuegos artificiales, y otro, inmenso, con la cruel púrpura, el armiño y la suntuosidad de la poesía de Calderón.
En una casa de la calle de la Colcha, que es la calle donde venden los ataúdes y las coronas de la gente pobre, se reunían los «soldaos» romanos para ensayar. Los «soldaos» no eran cofradía, como los jacarandosos «armaos» de la maravillosa Macarena. Eran gente alquilada: mozos de cuerda, betuneros, enfermos recién salidos del hospital que van a ganarse un duro. Llevaban unas barbas rojas de Schopenhauer, de gatos inflamados, de catedráticos feroces. El capitán era el técnico de marcialidad y les enseñaba a marcar el ritmo, que era así: «porón…, ¡chas!», y daban un golpe en el suelo con las lanzas, de un efecto cómico delicioso. Como muestra del ingenio popular granadino, les diré que un año no daban los «soldaos» romanos pie con bola en el ensayo, y estuvieron más de quince días golpeando furiosamente con las lanzas sin ponerse de acuerdo. Entonces el capitán, desesperado, gritó: «Basta, basta; no golpeen más, que, si siguen así, vamos a tener que llevar las lanzas en palmatorias», dicho granadinísimo que han comentado ya varias generaciones.
Yo pediría a mis paisanos que restauraran aquella Semana Santa vieja, y escondieran por buen gusto ese horripilante paso de la Santa Cena y no profanaran la Alhambra, que no es ni será jamás cristiana, con ta-ta-chín de procesiones, donde lo que creen buen gusto es cursilería, y que sólo sirven para que la muchedumbre quiebre laureles, pise violetas y se orinen a cientos sobre los ilustres muros de la poesía. Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la Plaza Nueva.
Porque así será perfecta su primavera de nieve y podrá el viajero inteligente, con la comunicación que da la fiesta, entablar conversación con sus tipos clásicos. Con el hombre océano de Ganivet, cuyos ojos están en los secretos lirios del Darro; con el espectador de crepúsculos que sube con ansias a la azotea; con el enamorado de la sierra como forma sin que jamás se acerque a ella; con la hermosísima morena ansiosa de amor que se sienta con su madre en los jardinillos; con todo un pueblo admirable de contemplativos, que, rodeados de una belleza natural única, no esperan nada y sólo saben sonreír.
El viajero poco avisado encontrará con la variación increíble de formas, de paisaje, de luz y de olor la sensación de que Granada es capital de un reino con arte y literatura propios, y hallará una curiosa mezcla de la Granada judía y la Granada morisca, aparentemente fundidas por el cristianismo, pero vivas e insobornables en su misma ignorancia.
La prodigiosa mole de la catedral, el gran sello imperial y romano de Carlos V, no evita la tiendecilla del judío que reza ante una imagen hecha con la plata del candelabro de los siete brazos, como los sepulcros de los Reyes Católicos no han evitado que la media luna salga a veces en el pecho de los más finos hijos de Granada. La lucha sigue oscura y sin expresión… ; sin expresión, no, que en la colina roja de la ciudad hay dos palacios, muertos los dos: la Alhambra y el palacio de Carlos V, que sostienen el duelo a muerte que late en la conciencia del granadino actual.
Todo eso debe mirar el viajero que visite Granada, que se viste en este momento el largo traje de la primavera. Para las grandes caravanas de turistas alborotadores y amigos de cabarets y grandes hoteles, esos grupos frívolos que las gentes del Albaycín llaman «los tíos turistas», para ésos no está abierta el alma de la ciudad.
(1) García Lorca, Federico, Semana Santa en Granada, en Otras impresiones y paisajes. Obras completas, I (19ª edición), Madrid: Aguilar, p. 941-944, 1995.
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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas.
Jacobs, Jane, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, 1961.
Sevilla, 31/III/2026 – 12:06 CET (UTC+2)
Una vez más, utilizo la escritura circular, porque lo que escribo en este cuaderno digital siempre está alineado con mis principios y, a diferencia del famoso aserto de Groucho Marx, si no gustan no tengo otros. Por este motivo, hoy, en plena Semana Santa según el calendario gregoriano, me referiré a ella, con profundo respeto reverencial a la fe de mis mayores, como la Semana Laica, recordando de nuevo lo que varias veces he escrito en este cuaderno digital que busca «islas desconocidas», cuando vivimos una semana singular en este país y, especialmente, en Sevilla.
Personalmente, sigo admirando a las personas que cuando leen a Antonio Machado comprenden bien unos versos revolucionarios suyos, laicos: ¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar!. Soy consciente también de lo que significa para esta ciudad la Semana Santa, donde todo gira en torno a una explosión de sentimientos, emociones, afectos, olores, silencios, aceras laicas, con el denominador común de economía emergente, como he escrito en diversas ocasiones sobre la realidad social de esta Semana especial, con una visión laica, en su significado más acorde con el vocabulario español: semana laica, es decir, semana independiente de cualquier organización o confesión religiosa (RAE). Vuelvo a leer detenidamente aquellos textos, en su contexto actual, actualizándolos en lo que considero que es necesario cambiar que, por cierto, es muy poco. O nada.
En 2006 escribí por primera vez sobre la visión laica de esta Semana Santa tan particular, en un momento especial de investigación porque estaba leyendo un libro extraordinario, “Sistemas emergentes”, de Steven Johnson (Turner-Fondo de Cultura Económica), que sigue teniendo una actualidad científica recomendable sobre todo para amantes de días y semanas laicas. Los sistemas sociales emergentes ratifican a diario, que incluso en las semanas laicas (cualquiera del año) la sociedad se organiza habitualmente en torno a lo que le interesa, es decir, dan lugar a comportamientos inteligentes. La que llaman algunos “la Sevilla de toda la vida” se organiza durante muchos días de las semanas “laicas” con las miradas puestas en la “Semana Santa”, la única, la Mayor, la principal del año, la “grande”, la definitiva.
A pesar de este contexto social y religioso, vuelvo a constatar que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, sobre todo en semanas laicas, en las que estamos muy interesados los que no pertenecemos a lo que en esta ciudad se llama «la Sevilla de toda la vida». Los sistemas emergentes, de abajo hacia arriba, siguen marcando las pautas de comportamiento colectivo. Cada uno sabe de lo suyo y muchas personas organizan tradicionalmente también los días de asueto de esta semana a lo laico, es decir, sin ferias ni festejos cristianos, judíos y musulmanes, preparando una escapada para compensar la fuerza de lo santo. La economía se adapta a esta realidad santa y hace su semana muy particular de mercado por tierra, mar y aire.
Me acuerdo también en estas fechas, de lo que he escrito en este cuaderno digital sobre las familias enteras, procedentes de los barrios deshechos en Sevilla por el boom inmobiliario, hoy víctimas de la gentrificación pura y dura, que vuelven en esta Semana Santa a su lugar de origen para recuperar las señas de identidad que les arrancó la especulación y su pretendido -por otros no inocentes-“mejor nivel de vida”, aunque hayan perdido el valor del contacto familiar y de la vida compartida en las aceras laicas de su barrio de siempre, porque viven en estado de alerta en los nuevos adosados o en bloques verticales, blindados ante la inseguridad ciudadana, en una dialéctica permanente vivienda/murienda. Con la excusa de la “Semana Santa”, de su cofradía de toda la vida, de su “Señor o Señora de Sevilla”, vuelven a los barrios que los vieron nacer, para recuperar, aunque solo sean unas horas, sus tiendas, sus colegios, sus plazas, el uso íntimo de sus aceras de siempre, donde se hacía eso, vivir la vida dignamente. Es decir, sus días laicos, sus semanas laicas, donde solo tiene sentido “ese Jesús de la agonía que era la fe de sus mayores”, como decía Antonio Machado. Las aceras existen, en definitiva, para crear el “orden complejo” de la ciudad, como afirma Steven Johnson en el libro que comento más adelante.
Jane Jacobs, la autora de uno de los libros que supuso la revolución urbanística más importante en Estados Unidos, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas (1), que falleció en 2006 en Toronto (Canadá) a los 89 años, aportó una de las teorías más alentadoras sobre cómo se vive en las aceras de las ciudades, cuestión que en días laicos y santos pasa sin pena ni gloria en la vida ordinaria de los planificadores de la vida, sea cual sea su condición, pero que su mención científica sigue siendo un contrapunto impresionante ante la especulación actual inmobiliaria y urbana a todos los niveles. Su muerte fue una noticia amarga porque dejaba de estar en el mundo una de sus defensoras acérrimas, en clave positiva, que demostraba como acción posible la de la existencia de un urbanismo humanista, defensora del diseño y la construcción de los barrios en las ciudades que obedezca siempre a leyes sociales de convivencia y relación entre personas obligatoriamente obligadas a vivir en común y ser miembros de una entidad que ha cambiado el nombre identificador obligado por el nuevo lenguaje de género: la ciudadanía.
En la Semana Santa, las aceras de Andalucía funcionan como soporte de interacciones sociales viendo y sintiendo las procesiones. No digamos en Sevilla. Aunque desde la otra acera de la inteligencia digital conectiva siempre me ha encantado saber que Jesús de Nazareth, en su ataque continuo de humanidad, se cansaba y se dormía, porque estaba hecho polvo, en el cabezal del barco (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema (La Saeta, 1914), refiriéndose a una forma muy especial del cante andaluz (RAE: acción y efecto de cantar cualquier canto popular andaluz o próximo):
¡Cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía, que echa flores al Jesús de la agonía, y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar! ¡No puedo cantar, ni quiero a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en el mar!
Volveré a leer en esta semana laica, como todas las demás, el libro de Steven Johnson, recuperado de mi biblioteca de cabecera, mi clínica del alma. Se me han vuelto a ocurrir muchas cosas tras la reflexión a la que me llevaron en su momento sus primeras páginas. Y con motivo de esta cita puntual, deseo transformar esta semana santa de la fe de mis mayores (sic, según el calendario católico, gregoriano por más señas) en una semana normal, laica, reinterpretando -porque me duele- lo que ocurre a mi alrededor, que es bastante preocupante por los estragos humanos y económicos que está suponiendo el entorno mundial actual, incluida la trágica y dolorosa invasión de Ucrania, la guerra latente en Gaza o la de Irán. Por no hablar del trumpismo que nos asola, por tierra, mar y aire. Considero también que el subtítulo del libro de Johnson sigue sin dejar tranquilo a nadie: “O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software”. Casi nada: la inteligencia, entendida como capacidad y adiestramiento para resolver los problemas de todos los días, compartida en un mundo laico que parece a veces diseñado por el enemigo. Inteligencia digital ahora a través de lo que se ha convertido en la gran ayuda para comunicarnos cuando en estos días de gran preocupación mundial, volvemos a pisar las aceras laicas de Jacobs, informados o no con los teléfonos inteligentes, ordenadores y tabletas, las radios y el mando del televisor o nuestra voz que, en algunas ocasiones, da órdenes a un asistente virtual que hace todo lo posible por entender lo que le estoy diciendo. Que tenga en cuenta mi dolor, ya es otra cosa, laica casi siempre, por cierto, aunque Stefan Zweig me recuerda siempre algo muy importante en el acontecer diario de esta sacrosanta ciudad: […] En Sevilla se puede ser feliz […] ¿No es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida? (2). Sonrisas y lágrimas en una Semana Laica, paseando por las aceras íntimas de Sevilla.
(1) Jacobs, Jane, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, 1961, pág. 50. Nueva York: Vintage.
(2) Zweig, Stefan, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia, 2015. Madrid: Sequitur.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
“Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”
¡Ay de los indecisos a la hora de votar! En estos días preelectorales he vuelto a leer de nuevo una publicación que hice en 2019 en este cuaderno digital, bajo el título BREVIARIO DE ELECCIONES GENERALES 2019, una recopilación de artículos escritos sobre la primera campaña de elecciones generales que hubo ese año, para un país tan necesitado de campañas útiles y clarificadoras para la ciudadanía. El Prólogo del mismo lo traigo a colación hoy de nuevo porque nos ayudará en la antesala de las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, el próximo 17 de mayo, para comprender en su fondo y forma la justificación de entrega a la Noosfera de estas palabras escritas con alma y porque, salvando lo que haya que salvar del texto y su contexto actual, tiene un objetivo muy claro: que el tejido crítico pre-electoral, tan dañado en la actualidad, crezca en razonamientos para participar activamente en esta campaña electoral y en su momento transcendental que es el depósito del voto responsable en la urna correspondiente.
El principio de confianza que otorga cada persona a través del voto es muy importante, como le decía Quinto Tulio Cicerón, a su hermano Marco, en Breviario de campaña electoral: “Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”.
Gracias anticipadas por comprender este mensaje y por navegar conmigo en la amura de babor (no inocente) de «La isla desconocida», el barco imaginario de Saramago que nos ayuda siempre a salir de nosotros mismos para compartir la vida con los demás, sabiendo que nada humano y político nos es ajeno. Necesitamos movilizar a centenares de miles de electores indecisos en un momento tan delicado para Andalucía, por el avance calculado de la derecha extrema y ultra, dispuestas a demoler sin compasión alguna el Estado de Bienestar.
Hace más de dos mil años, Quinto Tulio Cicerón escribió un breviario para la campaña electoral (Commentariolum Petitionis) (1), en la que su hermano Marco aspiraba al consulado de la república de Roma, en el año 63 antes de Cristo, que finalmente ganó compartiéndolo con Gayo Antonio. Su gobierno, colegiado, duraba solo un año, alternándolo cada mes y asumiendo la más alta magistratura civil y militar. Es un libro precioso que sigue vivo en su fondo y forma, salvando lo que hoy haya que salvar (mutatis mutandis) en el contexto actual de las elecciones generales de 2019. Las consideraciones que contiene son perfectamente aplicables en estos tiempos tan modernos, porque tiene un hilo conductor entretejido en tres grandes principios que debía atender el candidato Marco: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y “ésta es Roma”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”.
En este marco histórico, actualizado, he recopilado unas consideraciones (en el sentido etimológico de breviario, epítome o consideraciones breves) ya publicadas en mi blog, El mundo sólo tiene interés hacia adelante, bajo el epígrafe de “Elecciones generales 2019”, una serie de once artículos publicados entre febrero y marzo de 2019, en el que he tratado a modo de breviario de campaña electoral, asuntos muy relevantes a tener en cuenta por los partidos políticos en liza y por sus líderes, con un hilo conductor ideológico y de creencia situado en la izquierda, no inocente, en la amura de babor de la embarcación imaginaria de Saramago en su “Cuento de la isla desconocida”. El breviario de campaña electoral que público recoge los siguientes principios: la construcción de grandes alamedas de libertad para que puedan pasear por ellas las personas libres, la dignidad de la izquierda por encima de todo y la elaboración de programas ajustados al principio de realidad; el aviso claro de que el Partido Abstencionista prepara ya su campaña, la defensa del sufragio de las personas discapacitadas y la imprescindible austeridad del gasto en las campañas electorales; la presencia en las mismas de los jóvenes como claro objeto de deseo electoral, la verdad política en los programas electorales y el aviso sobre un enemigo político que acecha siempre: la corrupción de la mente; la declaración prioritaria de políticas sociales y la ética del voto que, como la palabra, siempre nos queda”.
Como en aquella ocasión, animo a leer de nuevo estas reflexiones, a modo de breviario urgente para una campaña electoral transcendental para nuestra Comunidad, para que el partido o coalición que triunfe refuerce los valores esenciales de la socialdemocracia, que defienda los pilares básicos del Estado de Bienestar, dando sentido a la vida “política”, en el sentido más puro del término. Lo necesitamos como agua de mayo, nunca mejor dicho, para recuperar serenidad suficiente que nos permita vivir con la libertad a la que aspiran las personas dignas. Esta es la razón que puede llevar a muchas personas indecisas a votar, como acto supremo en democracia, confiando en candidaturas dignas, porque todas no son iguales. Así lo decía Quinto a su hermano mayor Marco Tulio Cicerón en el breviario de referencia, frase que debería ser el hilo conductor de toda campaña electoral digna: “Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”. Porque los ciudadanos responsables, es verdad, importamos mucho en esta campaña próxima. Igualmente, los indecisos. También, los más de dos millones de electores que se abstuvieron de votar. Para que no se olvide esta cifra tan preocupante.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Rótulo de la calle Andalucía amarga, en el barrio de El Cerro del Águila, en Sevilla, al que tanto amó Salvador Távora (Sevilla, 1930-2019)
No te creas si te dicen que ya no sufre mi pueblo, porque aunque los pobres [andaluces] reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro.
Ricardo Cantalapiedra (los corchetes son míos)
Sevilla, 30/III/2026 – 07:34 h UTC (CET+2)
La abrumadora realidad social de cerca de dos millones de personas, en Andalucía, que viven en exclusión social y que supone el 23,1% de su población total, debería ocupar un lugar preferente en los programas electorales de las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, por parte de los partidos progresistas que defienden y desean dar soluciones urgentes a esta problemática tan preocupante, en beneficio del interés general de los que menos tienen, los nadies, en estos momentos de elecciones en Andalucía.
En este contexto electoral, hay que recordar que en enero de este año se presentó, en esta ciudad, el último Informe FOESSA 2025 sobre Exclusión y Desarrollo Social en Andalucía, en el que se informaba que cerca de dos millones de andaluces, uno de cada cuatro, viven en exclusión social y 400.000 hogares, tras pagar vivienda y suministros, quedan por debajo del umbral de pobreza severa. En el citado encuentro, Daniel Rodríguez de Blas, coordinador del estudio, manifestó que “Estamos construyendo una sociedad desigual, vamos a encontrar hoy un informe en el que la exclusión social desgraciadamente se va consolidando como elemento de esta grave estructura”.
El informe recoge los resultados de la Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales llevada a cabo en 2024, que se exponen sucintamente a través de su resumen ejecutivo, que transcribo a continuación en su análisis contextual y en las conclusiones que se derivan de su contenido. En el citado informe se presentan los resultados para Andalucía “desde una perspectiva evolutiva —a partir de los periodos 2018, 2021 y 2024— y comparada con la situación que se observa en el conjunto de España. La senda de recuperación de la economía que se inicia tras la crisis de la COVID-19 deja entrever en el conjunto del Estado efectos ambivalentes en lo que a los procesos de integración y exclusión social se refiere. Las mejoras registradas una vez superada la pandemia se difuminan en gran medida cuando se compara la situación actual con la que existía en 2018, al constatarse un importante retroceso del espacio de la integración plena y, en paralelo, un aumento de las situaciones de integración precaria, así como un ligero incremento en los niveles de exclusión social, un fenómeno que afecta en 2024 a casi el 20% de la población española. En Andalucía, que partía de una situación sumamente parecida a la del conjunto del Estado en 2018, los datos que aquí se presentan muestran un deterioro evidente: retrocede fuertemente el espacio de la integración plena, aumenta en contrapartida el alcance de la integración precaria y crece la exclusión social, tanto en su manifestación moderada como, especialmente, en su forma más severa. Además, y a diferencia de lo sucedido en el conjunto del Estado, no puede hablarse de una clara recuperación con respecto a 2021, salvo en las situaciones más severas de exclusión social, que sí experimentan una mejoría durante el periodo más reciente. En consecuencia, cabría hablar de un claro proceso de cronificación y profundización de la exclusión social en el contexto andaluz, donde un elevado porcentaje de la población —el 23,1%— no recibe beneficios de las mejoras macroeconómicas y cuya situación de exclusión social va más allá de la coyuntura socioeconómica, asentándose como una cuestión estructural. Se advierte, en paralelo, una tendencia hacia un modelo de integración precaria, con una población cada vez más susceptible de verse afectada por problemas en distintos ámbitos esenciales de la vida cotidiana como la vivienda, la salud, o el ejercicio efectivo de los derechos políticos, entre otros”.
Porcentaje de población de Andalucía, en situación de exclusión social y exclusión severa, en los años 2018-2022-2024
A partir de este análisis de contexto, se presentan las siguientes conclusiones, recomendando por mi parte la lectura obligada del informe para conocimiento objetivo de los resultados del mismo, extractando lo que aprecio como datos de especial interés público que no se deberían olvidar en los programas electorales progresistas:
Descienden fuertemente las situaciones de integración plena y aumenta la exclusión social severa: “De acuerdo con los datos de la EINSFOESSA en 2024 el 39,7% de la población andaluza disfruta de una situación de integración plena, el 37,2%, se encuentra en situación de integración precaria, un 12,9% está en exclusión modera da y el 10,2% de la población se halla en situación de exclusión social severa. Considerada en su conjunto, la exclusión social alcanza al 23,1% de la población andaluza, lo que significa que más de dos de cada diez personas residentes en este territorio —o, en términos absolutos, cerca de dos millones de personas— enfrentan procesos de exclusión social de diverso grado”.
Las situaciones de exclusión en el eje político y de ciudadanía (participación política, educación, vivienda y salud) son las que más crecen, y afectan al 46,7% de la población andaluza: “Los datos […] ponen de relieve que el 28,4% de la población en Andalucía está afectada por algún problema de exclusión social en el eje económico, el 46,7% lo está en el eje político y de ciudadanía y un 13,7% presenta situaciones carenciales en el eje relacional. En términos comparativos, las problemáticas de exclusión relacionadas con el eje económico y el eje relacional se encuentran más extendidas en Andalucía que en España, con una brecha de 5,7 y 4,2 puntos porcentuales, respectivamente. En cambio, la afectación del eje político y de ciudadanía presentan un alcance similar en ambos territorios”.
Se duplica el porcentaje de quienes acumulan problemáticas en cuatro o más dimensiones de la vida cotidiana y crece fuertemente la exclusión en la dimensión de la vivienda, que afecta a casi una de cada cuatro personas: “en 2024, casi cuatro de cada diez personas residentes en Andalucía no presentan problemas de exclusión social en ninguna de las ocho dimensiones analizadas [empleo, consumo, participación política, educación, vivienda, salud, conflicto y aislamiento social]; en el otro extremo encontramos que el 9,4% de la población acumula problemas en cuatro o más dimensiones. La proporción de personas que acumulan problemáticas en un mayor número de dimensiones prácticamente se ha duplicado desde 2018, cuando alcanzaba al 4,8% de la población andaluza. Atendiendo, por otro lado, al alcance de la exclusión social en cada una de estas dimensiones, los resultados de la encuesta muestran que la dimensión en la que una mayor proporción de la población andaluza presenta problemas de exclusión social es la de la vivienda (23,8%), seguida de la del empleo (20,1%), la educación (18,9%) y la salud (18,1%)”.
Las dificultades económicas para acceder a medicamentos o tratamientos médicos, los gastos excesivos de vivienda y la inestabilidad laboral grave son los problemas más frecuentes y afectan a más del 10% de la población de Andalucía Además de las distinta: “las situaciones carenciales más frecuentes en Andalucía, con una prevalencia superior al 10%, son tres: las dificultades económicas para comprar medicamentos y seguir tratamientos médicos (afectan al 15,9% de la población andaluza), los gastos excesivos de vivienda (11,7%) y la inestabilidad laboral grave de la persona que encabeza el hogar (10,1%). En base a estos datos, puede afirmarse que la exclusión social en Andalucía se relaciona principalmente con las dificultades económicas para ejercer derechos sociales, como son el acceso a la salud y a una vivienda, y con las problemáticas para acceder a un empleo de calidad”.
Los grupos sociales más afectados por la exclusión social: personas en hogares encabezados por alguien que busca empleo y en hogares en situación de pobreza severa: “los perfiles o grupos sociales más afectados por la exclusión en Andalucía son dos: las personas en hogares encabezados por alguien que busca empleo (el 85,4% de todas las personas en estos hogares se encuentran en situación de exclusión social) y las que pertenecen a un hogar en situación de pobreza severa (83%)”.
La exclusión crece entre la población de nacionalidad extranjera y entre los hogares sin ingresos o con ingresos solo por protección social: “en los últimos seis años el alcance de la exclusión social se ha ampliado de manera muy significativa entre la población en hogares encabezados por alguien con nacionalidad extranjera (la exclusión pasa de afectar al 35% de estas personas en 2018, al 51,6% en 2024) y entre las personas en hogares que no cuentan con ningún tipo de ingresos o solo con ingresos procedentes de la protección social (del 29,1% al 44,5%). También aumenta durante este periodo, en más de 10 puntos porcentuales, la incidencia de la exclusión entre las personas en hogares encabezados por alguien con estudios primarios, en hogares en situación de pobreza, pero no severa, entre las personas que conforman un hogar unipersonal y entre las que viven en hogares en zonas rurales”.
Crecen las dificultades para acceder a la vivienda y aumentan las situaciones de exclusión residencial: “en Andalucía en torno al 23% de la población (23,8%) y de los hogares (23,2%) se encuentran afectados por algún problema de exclusión social en la dimensión de la vivienda. Las tasas que resultan para el conjunto del Estado, con un 24,2% y 22,4% de la población y los hogares respectivamente en esa situación, sitúan a Andalucía dentro de unos niveles de exclusión en la dimensión de la vivienda muy similares a los del conjunto de España. No obstante, partiendo de una situación más favorable en 2018, el incremento en el porcentaje de población y hogares afectados por problemáticas en esta dimensión ha sido mayor en la comunidad autónoma (ha crecido en 7,5 puntos entre la población y en 5,4 puntos entre los hogares, que contrasta con el incremento de 4,2 puntos, para ambos casos, registrados en España)”.
El mercado de trabajo se recupera, pero mantiene algunas sombras: “los datos ponen de manifiesto que, en 2024, las situaciones de exclusión social en el ámbito del empleo afectan al 21,6% de los hogares y al 20,1% de la población andaluza. Frente al conjunto del Estado, la tasa de exclusión social en la dimensión del empleo en Andalucía es 8,1 puntos porcentuales superior en el caso de la población y 6,1 puntos más elevada, en el caso de los hogares”.
Se reduce el alcance de la pobreza y crece el acceso al IMV [Ingreso Mínimo Vital]: “Desde 2021, la tasa de riesgo de pobreza de la población andaluza se ha ido reduciendo de forma paulatina, pasando del 32,3% al 29,2% entre 2021 y 2024. Si se compara con lo que sucede en el conjunto de España, puede decirse que la proporción de población afectada es mucho más elevada en Andalucía que en el conjunto del Estado, donde la tasa de riesgo de pobreza es diez puntos menor y alcanza al 19,7% de la población. Además, desde 2021 la evolución a la baja es algo más constante en España y, de hecho, la tasa de riesgo de pobreza registrada en 2024 es la más reducida desde 2018. La tasa de pobreza severa ha seguido una línea similar y ha caído entre 2021 y 2024 del 15,9% al 12,8%. Desde la perspectiva comparada, cabe señalar que la proporción de personas afectadas por la pobreza severa es también más elevada en Andalucía que en España —casi un 50% más alta— y no puede decirse que en este periodo la brecha que separa a Andalucía del resto de España se haya reducido, puesto que la tendencia de evolución ha sido parecida en los dos territorios”.
Aumentan los problemas de exclusión social en el eje relacional, si bien Andalucía presenta niveles comparativamente bajos de discriminación percibida: “en Andalucía el 16,2% de los hogares se encuentran afectados por problemas de exclusión en el eje relacional. Dentro de este eje, el 9,9% de los hogares presentan problemas ligadas a la dimensión del conflicto social y un 9,3%, dificultades relativas al aislamiento social. Andalucía presenta una situación más desfavorable que la que se observa a nivel estatal, ya que la incidencia dentro de este eje, así como en cada una de sus dimensiones, es superior. Desde una perspectiva evolutiva los datos de 2024 ponen de manifiesto que la incidencia de la exclusión en el eje relacional se sitúa por encima de la registrada en 2018, de tal manera que, en estos seis últimos años, los hogares afectados por estos problemas habrían pasado del 7,3% a un 16,2%”.
Uno de cada cinco hogares andaluces tiene problemas de exclusión en la dimensión de la salud: “En Andalucía, el 18,1% de la población y el 19,9% de los hogares se encuentran en 2024 afectados por algún problema de exclusión social en la dimensión de la salud. Comparativamente, las cifras para el conjunto del Estado son más bajas: un 14,8% de la población y un 15,2% de los hogares. Esta diferencia sitúa a Andalucía en un nivel de exclusión de la salud significativamente superior a la media nacional, con una evolución también más desfavorable desde 2018”.
En el mes de diciembre de 2025 publiqué también un artículo en este cuaderno digital sobre el IX Informe FOESSA, 2025, sobre exclusión y desarrollo social en España, recogiendo un dato sobrecogedor: 2,5 millones de los jóvenes viven en situación de exclusión social, de los cuales 1,2 millones en exclusión severa, que «en comparación con el periodo anterior a la pandemia, indica que el número de jóvenes en situación de exclusión ha aumentado en la actualidad en 309.000 personas, mientras que quienes se encuentran en exclusión severa han crecido en 169 mil», junto a otras realidades sociales avaladas con datos que se deberían tener en cuenta con carácter de urgencia para garantizar las políticas correspondientes que solventen el drama de las desigualdades sociales en nuestro país. Escribí que el Informe «advierte sobre un proceso inédito de fragmentación social en España en el que se contrae la clase media. Estamos ante una encrucijada. Podemos seguir por el camino actual, el del individualismo, la desigualdad y la insostenibilidad. O elegir un cambio de rumbo valiente para una sociedad fundamentada en el cuidado mutuo, la justicia y la responsabilidad compartida”. Ahora, nos enfrentamos a estos resultados contextuales, circunscritos a nuestra Comunidad, en los que visto y leído lo expuesto se deduce claramente que los datos son alarmantes.
Es muy importante como deber ciudadano y partidos políticos progresistas, leer este Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en Andalucía 2025, sobre todo aquellas páginas que llaman la atención por los datos que ofrecen. No deseo abrumar con gráficos y datos prolijos, sino inducir a su consulta directa en el informe, en función de los intereses de cada persona o institución concernidas. Lo expuesto anteriormente sólo es a modo de introducción breve para facilitar la comprensión global del informe. Lo que es indudable es que es imprescindible conocer los datos expuestos para poder emitir juicios bien informados sobre la exclusión social y desarrollo en nuestra Comunidad, a través de una fuente solvente y ética, demostrada a lo largo de los años. Lo digo una vez más: ahí están los datos anteriormente señalados, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país, en mi Comunidad Autónoma. Personalmente, lo tengo claro: compartir estos datos para poder emitir juicios bien informados, como afirmaba anteriormente, porque sólo con un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, se pueden aprobar leyes y disposiciones con urgencia para solucionar esta situación, transformando la sociedad española para avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas también, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies.
Ya están convocadas las elecciones al Parlamento de Andalucía. Será la ocasión de emitir nuestro voto, a través de análisis y juicios bien informados, que permitan transformar Andalucía y salir de estos continuos números rojos que tanto daño hacen a los que menos tienen. Los datos expuestos llevan a denunciar una conclusión muy preocupante: Andalucía experimenta un “claro proceso de cronificación y profundización de la exclusión social en el contexto andaluz, donde un elevado porcentaje de la población —el 23,1%— no recibe beneficios de las mejoras macroeconómicas y cuya situación de exclusión social va más allá de la coyuntura socioeconómica, asentándose como una cuestión estructural”.
Lo expuesto anteriormente son botones de muestra nada más, que se pueden conocer con detalle en el Informe FOESSA citado, pero que en el contexto actual electoral deberían contemplarse en los diferentes programas de los partidos progresistas en liza, porque no son inocentes ni iguales. Es una oportunidad extraordinaria para saber quién está cerca de esta realidad y presenta la mejor forma de abordarla con carácter de urgencia y con prioridad absoluta. Son cifras que sonrojan a cualquiera que considere la dignidad humana como la representación más importante en vida, porque los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están presentes en estos informes, que a muy pocos les preocupan y que pocos partidos los representan, porque todos no son ni somos iguales. Tampoco lo olvidaré a la hora de votar el próximo 17 de mayo, navegando en mi patera ética por la memoria histórica de Sevilla, con sus barrios muy pobres, de Andalucía, con tantas localidades presas de rentas muy bajas, paro galopante y barrios vergonzantes, protagonistas de unas listas de pobreza y exclusión social que conmueven mi alma política y solidaria.
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🕵️♀️ Yo apoyo el periodismo que exige transparencia. 🔎 Conoce Civio: https://civio.es/ #TejeTuPropioAlgoritmo
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco… Después, suele faltar barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar…
Sevilla, 29/III/2026 – 09:35 h CET (UTC+2)
Es comprensible que exista un descrédito generalizado de la política y de los políticos que la llevan a cabo, pero los árboles impiden ver a veces el bosque y no es justo generalizar sin compasión sobre la llamada “clase” política. El hartazgo es evidente, pero es imprescindible separar la paja del heno como nos enseñaron hace ya muchos años, unos en el lenguaje del campo puro y duro, otros en la doctrina oficial de la Iglesia, ahora aplicado a la política en general.
Siendo una verdad incuestionable, ¿por qué es necesario acabar con análisis totalitarios y absolutistas de los casos de corrupción, en los que no se salva nada ni nadie, porque se dice que “la política es así, al final todos son iguales”. Creo que por higiene mental es imprescindible diagnosticar bien la situación y colaborar en la reconstrucción de la democracia día a día, mucho más en un país tan cartesiano y dual para todo lo que se hace visible “políticamente hablando” en el día a día. Ese fue mi empeño en lo que escribí en 2022 sobre la búsqueda de antónimos de la palabra «ocaso» aplicada a la democracia, teniendo muy presente una canción de Pablo Milanés, Proposiciones, en una estrofa de su letra aplicada en esta “circunstancia” que convive con “mi yo” de cada día: Propongo compartir lo que es mi empeño / Y el empeño de muchos que se afanan / Propongo, en fin tu entrega apasionada / Cual si fuera a cumplir mi último sueño.
Vivimos un momento electoral en Andalucía, que exige mucho rigor en la toma de decisiones que facilita la democracia y no todos los programas políticos son iguales, ni los políticos que los ejecutan tampoco. Ser de derechas, centro o izquierda, también del arriba o abajo actual, en este país, parece que imprime carácter hasta que la muerte te separe y está mal visto socialmente que haya alternancia en la pertenencia a un determinado partido o a otro. Es verdad que aparentemente parece una gran contradicción estar defendiendo un día los valores de la socialdemocracia más exigente y al otro los del liberalismo más feroz. Normalmente pasa porque las ideologías son un flanco muy débil en nuestro país, dado que los partidos no han estado muy finos a la hora de aceptar militantes en sus filas y la formación en la «creencia» en sus idearios brilla muchas veces por su ausencia. Esta es una realidad que hay que aceptar, pero lo que no es normal es que haya unos desplazamientos de pertenencia a partidos o de votos, tan agresivos, como a los que estamos asistiendo en la actualidad. El llamado voto de castigo existe, pero deja detrás una gran incógnita: ¿se conocían bien las ideologías y los programas de los partidos a los que se han votado con anterioridad?, ¿se puede cambiar tan fácilmente de chaqueta por los errores de determinados miembros de un partido?, ¿se conocía bien el ideario de un programa, más allá de acciones concretas de algunos representantes eximios del mismo?
Indiscutiblemente, todos los partidos no son iguales, ni tampoco las personas que los representan. Tampoco somos iguales los electores. Basta conocer la trayectoria histórica de los partidos que han existido en los casi cincuenta años de democracia en este país, para no dejar duda alguna que no es lo mismo la historia de la derecha o del centro que la de la izquierda, por mucho que se quiera generalizar sin compasión alguna en análisis que no resisten el más mínimo juicio de valor crítico. Todos no han sido iguales, luego todos no son iguales ahora si se respeta la historia y este aserto se debería defender por la militancia más activa de cada partido. Se ha tenido que hacer un camino político al andar que es de bien nacido reconocerlo y pregonarlo para que no haya duda alguna sobre su legitimidad. El tratamiento de la memoria histórica y democrática de este país es una cuestión recurrente que no sólo hay que aplicar al tiempo de la guerra civil y sus daños colaterales, sino también en cada momento actual, porque la memoria histórica integra también el ayer del país y su proyección en la vida de cada persona que lo integra. Y todos los partidos no han tratado igual a Andalucía a lo largo de su reciente historia política, cuestión que no se debería olvidar nunca.
Andalucía ha sido una experiencia especial a lo largo de esta etapa democrática. Se critica duramente que la izquierda haya estado gobernando durante treinta y siete años en esta Comunidad hasta que pasó a la oposición en 2018, pero fue la decisión de los andaluces y algunos de sus representantes, sin más paliativos. Vino la alternancia y hay que acatarla sin más porque ese es el gran secreto de la democracia, el respeto casi reverencial al voto de cada elector. En democracia éstas son las reglas del juego, aunque a determinadas personas nos duela vivir determinados triunfos políticos porque las políticas que se llevan a cabo no respetan el interés general de todos los andaluces, sin dejar a nadie atrás. Siempre recuerdo lo que viví personalmente en 2018, en la etapa previa a las elecciones en Andalucía, una sensación de deserción casi colectiva del electorado de izquierdas, lo que se llama técnicamente “abstención”, cambiando lo que haya que cambiar, a través de un aforismo personal y transferible:
Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…
Anteriormente, ya lo había sufrido en las elecciones de 2012, momento crucial en el que nació este aforismo personal, aprovechando el texto dentro del contexto que se aconseja en todo aforismo: “Era objetivo, porque asistí a deserciones de todo tipo de la izquierda ante lo que podía pasar el 25 de marzo de 2012. Era inteligible, porque muchas personas que se mantenían en el puente de mando personal, político y profesional, sabían que era cierto solo con mirar a su alrededor. Y la dialéctica era obvia: o barco o mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Era verdad, desgraciadamente, que cada uno estaba al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora, llamémosla hoy, partido. Unos en cruceros, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte, buscando islas desconocidas, que se encuentran. Y pasadas esas fechas críticas, nació un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él:
Falta barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar…
Se aproximan fechas críticas para nuestra Comunidad. Votar o no votar no debe ser la cuestión. Hay que votar, sin duda alguna y a quienes representen mejor los objetivos que tenemos como personas y como grupos insertos en una sociedad muy concreta. Todos los partidos no son iguales, ni las personas que los representan tampoco. Leamos los programas, asistamos a las presentaciones de los mismos, conozcamos a sus líderes, hablemos con la gente más próxima y tomemos nota. La lista de los proyectos políticos también la debemos hacer nuestra, no solo la que figura en unas siglas. Es probable que tomando conciencia de que tenemos que trabajar unidos para defender esa acción política diaria del partido al que voto, empecemos a ver las cosas de diferente forma, porque el empoderamiento, es decir, la capacidad para conocer lo que está sucediendo y participar posteriormente en las decisiones informadas para alcanzar los objetivos trazados, ya no es algo que corresponde solo a los demás sino a nosotros mismos. Es obvio que todos no somos iguales ni vamos en el mismo barco a la hora de votar. Me asombra para bien, ver todos los días a muchas personas que viajamos en la vida en patera, mientras otros nos saludan desde su crucero de lujo, saludándonos desde la popa y diciéndonos incluso adiós. La verdad es que no es lo mismo, porque todos no son ni somos iguales.
Los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están siempre en su sitio y pocos partidos los representan, porque todos no son ni somos iguales. Tampoco lo olvidaré a la hora de votar el próximo 17 de mayo, navegando en mi patera ética por la memoria histórica y democrática de Andalucía. Llegado a puerto, la amarraré al noray ético de mi vida, que también existe. Hasta el próximo viaje político hacia alguna parte, en beneficio siempre del interés general, a pesar de su fragilidad extrema. Esa es la quintaesencia del voto y su estela a lo largo de una legislatura. No lo olvido. No lo olviden. No lo olvidemos, aunque muchos sí lo hagan, a pesar de todo.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Sigo muy pre-ocupado (así, con guion) con las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía. En este contexto, recurro habitualmente a mi clínica del alma, es decir, a mi biblioteca, para intentar reabsorber lo que detesto, cada día más, como corrupción de la mente y su impacto en la democracia actual. De esta forma, doy la razón a José Manuel Blecua, exdirector de la Real Academia Española (RAE), cuando dijo en cierta ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Es verdad y entre mis libros más queridos en la actualidad está uno del filósofo y paisano Emilio Lledó, Sobre la educación, en el que figura un artículo precioso, Juan de Mairena, una educación para la democracia, en el que hace una advertencia sobrecogedora sobre la corrupción de la mente: “Sorprende que con el enorme y tal vez desmesurado retumbar de las noticias sobre corrupción, no se haya entrevisto la peor de las corrupciones, mucho más grave aún que la de la supuesta apropiación de bienes ajenos o la utilización de la venta de los bienes públicos para engordar los privados. Me refiero a la corrupción de la mente, a la continua putrefacción de la conciencia debida, entre otras monstruosidades de degeneración mental, a la manipulación informativa. Estas corrupciones no son instantáneos desenfoques de la visión. Al cabo del tiempo esos manejos en nuestras inermes neuronas acaban por distorsionarlas, desorientarlas y dislocarlas. Difícilmente podrán hacer ya una sinapsis, una conexión pertinente y correcta” (1).
El daño al denominado principio de confianza debida en democracia representativa, es un ejemplo muy clarificador de la corrupción mental por la manipulación informativa que se pueda recoger en letra impresa en los programas políticos y en las intervenciones públicas de sus líderes en mítines, tertulias, comparecencias en ruedas de prensa y en mensajes explícitos en redes sociales, como podemos constatar ya en la etapa preelectoral en la que estamos inmersos. La manipulación permanente mediante compromisos falsos acaba “distorsionando, desorientando y dislocando” las creencias de los votantes. Es por lo que en pleno retiro voluntario pido a los partidos políticos que se presenten a estas elecciones, con profundo respeto ciudadano, que se ponga una especial atención a no corromper la mente de las personas que pertenecemos al club ciudadano de las personas dignas, que somos millones en este país y, por implicación actual, en esta Comunidad. Estamos acostumbrados a votar sin conocer con detalle el contenido de los programas políticos y luego vienen los escándalos farisaicos cuando denunciamos que no se cumplen determinados aspectos de los mismos, porque lo que allí se prometía no era verdad, se falseaba su auténtica razón de ser y estar en el programa político correspondiente. Es imprescindible conocerlos al detalle con anterioridad al voto, para conocer la posibilidad real de cumplimiento de su verdad o mentira intrínseca, pero también es verdad que acusan un desgaste en su formulación, porque la participación real e identitaria en la redacción de los mismos, casi siempre es delegada en las siglas y en representantes que desconocemos. Las nuevas tecnologías y las redes sociales pueden y, sobre todo, deben tener ahora un papel fundamental en estas formulaciones, es decir, en la participación real y efectiva de los militantes y de los llamados “simpatizantes” o personas en general con creencias en la redacción de los programas políticos correspondientes.
En el marco de lo expuesto anteriormente sobre corrupción de la mente, hago de nuevo una llamada de atención a los partidos de izquierda, pero también a todos los que participen en los próximos comicios, que lo harán gracias a la democracia, porque hasta que cambien las leyes actuales hay que blindar la defensa constitucional actual de la democracia representativa, que la participación de la ciudadanía debe cuidar hasta extremos insospechados. Para ello, es necesaria la educación en valores ciudadanos, que no se improvisan sino que son el resultado de una educación personal, familiar y social, constantes en el tiempo. Por extensión, educación política. La participación ciudadana, organizada, es la respuesta, pero dejando abierta la posibilidad de generar liderazgos que arrastren conciencias humanas bien informadas, a veces en minorías o mayorías silenciosas o ruidosas, que después se llamarán votos. La educación política es la única fuerza capaz de contener la corrupción política de la mente.
Comprendo muy bien por qué Emilio Lledó adjunta una referencia de Juan de Mairena, el heterónimo de Antonio Machado, al texto recogido al comienzo de estas palabras: “Por debajo de lo que se piensa está lo que se cree, como si dijéramos en una capa más honda de nuestro espíritu. Hay personas [hombres, en el original] tan profundamente divididas consigo mismo, que creen lo contrario de lo que piensan. Y casi —me atrevería a decir— es ello lo más frecuente. Esto debieran tener en cuenta los políticos. Porque lo que ellos llaman opinión es más complejo y más incierto de lo que parece. En los momentos de los grandes choques que conmueven fuertemente la conciencia de los pueblos se producen fenómenos extraños de difícil y equívoca interpretación: súbitas conversiones, que se atribuyen a interés personal, cambios inopinados de pareceres, que se reputan insinceros, posiciones inexplicables, etc. Y es que la opinión muestra en su superficie muchas prendas que estaban en el baúl de las conciencias”.
En los momentos que vivimos de tanta corrupción mental, nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerden que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (2). También sé que me queda la palabra (Blas de Otero, dixit), en momentos difíciles para la democracia en nuestro país, ahora en mi Comunidad.
El contrato social de cada ciudadano con la política que impera nos recuerda la conveniencia de estar vacunados contra la epidemia de intromisión en nuestra inteligencia social, que también existe. Comprendo mejor que nunca la reflexión de Emilio Lledó que abre estas palabras y que tampoco olvido: Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia. Creo que ha llegado el momento deentrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario, por tanto, comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. Ya lo dijo el torero El Guerra, andaluz de Córdoba por más señas: lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.
Todo lo expuesto anteriormente es válido cuando estamos convencidos de que lo más importante en la sociedad es perseguir el interés general frente al individual y que la corrupción política es el enemigo público número uno a combatir, porque cuando entra en la sociedad no deja títere con cabeza, todo se corrompe y nos lleva a un conformismo terrible, unido a la terrible desafección política. La tentación es huir hacia adelante, hacia ninguna parte, pero hay que vencerla, porque queramos o no, necesitamos defender la democracia como la mejor forma de compartir la vida. Ante la decepción por lo que ocurre con la situación política actual en el país en determinados partidos políticos de ultraderecha o liberales extremos, con sus representantes incluidos obviamente, es posible que caigamos en la tentación de acudir a Góngora para que nos explique hoy esta situación a través de su famosa letrilla rediviva, «Ándeme yo caliente, ríase la gente»: Cuando cubra las montañas / De blanca nieve el enero, / Tenga yo lleno el brasero / De bellotas y castañas, / Y quien las dulces patrañas / Del Rey que rabió me cuente, / Y ríase la gente. […] Busque muy en hora buena / El mercader nuevos soles; / Yo conchas y caracoles / Entre la menuda arena, / Escuchando a Filomena (3) / Sobre el chopo de la fuente, / Y ríase la gente. Porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible, por mucho que ante la falta de ética personal y colectiva, con su poso político correspondiente, determinados partidos políticos quieran normalizar lo indeseable en términos individuales y sociales, para convertirlo todo en un barrizal y en un auténtico mundo al revés sin contrato social alguno, que lleva irremisiblemente al ocaso de la democracia, sin mezcla de bien común o interés general alguno.
(1) Lledó, Emilio (2018). Sobre la educación. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, p. 127.
(2) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.
(3) “Filomena” era la denominación de “la hembra del ruiseñor” en tiempos de Góngora (ver el Diccionario de Francisco Sobrino, 1705), en el Diccionario nuevo de las lenguas española y francesa. Bruselas: Francisco Foppens, p. 182,3).
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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar (Antonio Machado) / JA COBEÑA
Sevilla, 27/III/2026 – 07:30 h CET (UTC+1)
Noelia Castillo pudo ver cumplido ayer su derecho individual para morir, decisión tomada con la dignidad humana que ha demostrado para llevarla a cabo. Llegó la noticia a mi móvil y tengo que reconocer que me conmovió y conturbó, sin entrar en el incomprensible calvario sufrido por Noelia, casi dos años, por las interferencias legales llevadas a cabo por la Fundación Española de Abogados Cristianos en representación de su padre.
La democracia brilla en todo su esplendor cuando avanza en derechos y libertades individuales y colectivas que tienen fiel reflejo, finalmente, en leyes sustantivas del Estado. Es el caso de la eutanasia, entendida como un derecho individual. El 25 de junio de 2021 fue un día muy importante para la democracia española porque entró en vigor la Ley Orgánica 3/2021 de regulación de la eutanasia.
Soy especialmente sensible a esta realidad humana que tanto sufrimiento supone a las personas y a sus familias. Tengo presentes hoy a centenares de alumnas y alumnos a los que enseñé desde hace ya cincuenta años, que la eutanasia era una buena opción humana, la mejor decisión cuando el hecho de vivir en estadios permanentes de sufrimiento y dolor, sin esperanza alguna, deja de tener sentido. Les hablaba de la ética de situación, como resquicio ético para estos momentos vitales transcendentales, en un país en el que una gran parte de él tenía helado el corazón, jugándome el tipo porque los comisarios políticos del Régimen también asistían a clase camuflados.
Hago esta mención de mi intrahistoria, porque en aquellos años descubrí que era imprescindible abordar la ética de situación como guía y camino para el discernimiento humano más digno, de la que me enamoré para siempre, frente al dogmatismo de la Iglesia Católica que hacía estragos en este país. Aquellas clases del Profesor Häring [del que fui alumno en Roma durante un Curso académico impartido por él] me abrieron los ojos definitivamente sobre la importancia de hacer uso de la libertad en momentos transcendentales de la existencia, tanto en la vida como en la muerte. Me lo explicaba Häring en las clases y personalmente en su humilde habitación del Alfonsianum en Roma, porque había prestado servicios en la aviación alemana de Hitler, como capellán y en Rusia, donde aprendió que tenía que atender siempre a cualquier ser humano aplicando la ética de situación, fuera amigo o enemigo, actitud que le acarreó serios disgustos y la separación final de aquellos servicios militares por ser considerado persona non grata para el ejército alemán. El problema radicaba en que había contemplado mucha muerte indigna en directo y había tenido que ayudar a morir alejado del dogma católico que había aprendido y enseñado en su proceso de evolución ética. Häring sufrió mucho por sus actitudes éticas hasta su fallecimiento, sobre todo por el trato recibido por la iglesia oficial, a la que recordó que cuando era citado en Roma para justificar su doctrina de libertades, le recordaba algo tan grave como estar presente ante Hitler en un juicio sumarísimo. Häring me enseñó a defender la vida digna, en cualquier circunstancia, sin más limitación que la aplicación de la ética de situación en su defensa plena y con el amparo de la ley correspondiente.
La aprobación y entrada en vigor de la ley de regulación de la eutanasia tuvo un recorrido largo y lo verdaderamente lamentable es que esta tardanza legal no permitió que se llegara a tiempo para ayudar a miles de personas a morir dignamente por una elección personal que permite, como dijo Ramón Sampedro, en su obra Cartas desde el infierno, en 1996, antes de elegir una buena muerte ante tanto sufrimiento personal, que llevó a cabo mediante un suicidio asistido, con el auxilio de varias personas en enero de 1998: “No me guía otro interés que el de mostrar que la intolerancia del Estado y la religión son como una idea fija (…) Dejadme cruzar la línea, dejadme saltar”, en un acto de libertad plena para elegir la mejor muerte, sobre todo, la más digna.
En cualquier caso, la ley vigente de regulación de la eutanasia, permitió ayer a Noelia Castillo ejercer un derecho individual respetado y respetable, con todos los requisitos legales cumplidos. La democracia en nuestro país lo ha hecho finalmente posible. A pesar de las interferencias sufridas por Noelia para que desistiera de su decisión a lo largo de dos años, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, el Tribunal Supremo y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos han certificado finalmente quesu vida le pertenecía únicamente a ella.