La Navidad según Gabriel García Márquez

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Sevilla, 12/XII/2019

En los días previos de la Navidad de 2019 no he olvidado todavía el artículo que Gabriel García Márquez publicó en el diario El País, el 24 de diciembre de 1980, que llevaba un título harto preocupante: Estas navidades siniestras. Es verdad que hacía un retrato demoledor de la celebración de la navidad en los países latinoamericanos, pero salvando lo que haya que salvar, sigue teniendo vigencia absoluta en nuestro país.

Comenzaba de forma implacable: “Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tantos estruendos de cometas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca distancia de donde había nacido, unos mil años antes, el rey David. 954 millones de cristianos creen que ese niño era Dios encarnado, pero muchos lo celebran como si en realidad no lo creyeran”.

El artículo sigue describiendo una realidad irrefutable: la navidad ha perdido su relato histórico para dar paso a la interpretación de una historia brillante por parte del mercado americano. García Márquez reconoce que la navidad latinoamericana era de factura española, con su candidez sencilla y fea a veces: “Antes, cuando sólo teníamos costumbres heredadas de España, los pesebres domésticos eran prodigios de imaginación familiar. El niño Dios era más grande que el buey, las casitas encaramadas en las colinas eran más grandes que la virgen, y nadie se fijaba en anacronismos: el paisaje de Belén era completado con un tren de cuerda, con un pato de peluche más grande que un león que nadaba en el espejo de la sala, o con un agente de tránsito que dirigía un rebaño de corderos en una esquina de Jerusalén. Encima de todo se ponía una estrella de papel dorado con una bombilla en el centro, y un rayo de seda amarilla que había de indicar a los Reyes Magos el camino de la salvación. El resultado era más bien feo, pero se parecía a nosotros, y desde luego era mejor que tantos cuadros primitivos mal copiados del aduanero Rousseau”.

Después analiza el desplazamiento de los regalos del día de Reyes por los del día 25 de diciembre a través de Santa Claus, Papá Noel, San Nicolás y otras metamorfosis imposibles de impecable factura gringa, nórdica o inglesa: “Todo aquello cambió en los últimos treinta años, mediante una operación comercial de proporciones mundiales que es al mismo tiempo una devastadora agresión cultural. El niño Dios fue destronado por el Santa Claus de los gringos y los ingleses, que es el mismo Papa Noel de los franceses, y a quienes todos conocemos demasiado. Nos llegó con todo: el trineo tirado por un alce, y el abeto cargado de juguetes bajo una fantástica tempestad de nieve. En realidad, este usurpador con nariz de cervecero no es otro que el buen San Nicolás, un santo al que yo quiero mucho porque es el de mi abuelo el coronel, pero que no tiene nada que ver con la Navidad, y mucho menos con la Nochebuena tropical de la América Latina”.

Finaliza el artículo con palabras muy duras afirmando que la fiesta de la Navidad “[…] es la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones”. Y continúa con una premonición a modo de profecía, dado que los niños del mundo pueden terminar “[…] por creer de verdad que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos”.

En este contexto recuerdo siempre la película que marcó mi infancia en tierras de Castilla, Plácido (Siente un pobre en su mesa, su título original), dirigida por Luis G. Berlanga, porque me ayuda a comprender mejor los fastos navideños que nunca me supieron levantar, al igual que la música militar que cantaba Paco Ibáñez o la navidad contada por Gabriel García Márquez. En aquella película el guion no tenía desperdicio y Rafael Azcona lo sabía. Con motivo de la promoción de las ollas Cocinex, la burguesía -donde reside la clave del dinero y el buen hacer- se puede llevar a casa por una noche a grandes artistas, como el lote de “la más prometedora promesa de nuestro cine, Maruja Collado y el niño cantor Paquito Yepes”. Además, por la buena causa de “cene con un pobre”, la gente de clase media y alta puede elegir entre los ancianos del asilo o los pobres de la calle. Y se retransmite en directo una cena en la casa de la presidenta de la Comisión de Damas que es la que organiza esta campaña “de maravillosa hermandad, de magnífica caridad o de hondo significado, que une a pobres y a ricos en todos los hogares de la ciudad”. Inconmensurable. Tan real como la vida misma.

Aprovechando la dolorosa ausencia de un maestro del cine de autor, Azcona, comprometido con la vida y la muerte, con la auténtica Navidad de cualquier año, publiqué en 2008 que “hoy, pueden cambiar los actores, el decorado, incluso los pobres, y seguro que no habrá problema alguno de patrocinadores. Menos, probablemente, la nueva clase de nuevas ricas y de nuevos ricos que asola el país, en todas las proyecciones de supuesta riqueza posible, dispuestos a sentar a los nuevos pobres en sus mesas, como maravillosa y nueva hermandad, pero sin que cambie un ápice su patrimonio mental, personal, familiar y social, asentado todo en la falta de educación ciudadana y en la mayor de las pobrezas: la autosuficiencia basada en el des-conocimiento [sic]. Pero Rafael Azcona, desde donde quiera que esté, puede volver a escribir un guion utilizando el mismo discurso porque la doble moral sigue campando por sus respetos. Digo moral y no ética, porque esta última sigue, con perdón, sin saberse qué es, como gran desconocida que fundamenta todos los actos humanos, constituyéndose en el suelo firme de la vida, la solería de nuestra existencia. Berlanga y Azcona lo resumieron maravillosamente en la letra desgarradora y trucada (¿dónde estaba el censor de turno?) del villancico final de la película: en esta tierra nunca ha habido caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá.

Canté este villancico en muchas navidades blancas y con noches de paz y de amor sin darme cuenta de lo que decía. García Márquez tenía razón.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Realmente, mañana será otro día

Sevilla, 11/XII/2019

Se han cumplido en estos días 80 años del estreno en Estados Unidos de la película Lo que el viento se llevó, que llegó a España diez años más tarde por imperativo del Régimen, ante la lascivia pertinaz [sic] de la protagonista. A pesar de la férrea censura de la época, no hemos olvidado la frase final pronunciada por Scarlett O´Hara como un símbolo de lo que está ocurriendo estos días en este país, “realmente, mañana será otro día”, porque estamos viviendo una película política que en términos de la época es para mayores (3R), con reparos y a un paso de declararse gravemente peligrosa (4) para la democracia constitucional. El viento se ha llevado ya muchas ilusiones y expectativas políticas si nos atenemos a los resultados electorales de los últimos años, pero mañana puede ser otro día muy importante para el país. Hoy termina la ronda que efectúa el Rey con los representantes políticos en el Congreso de los Diputados y de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 99.1 de la Constitución, propondrá un candidato o candidata para presidir el Gobierno: “Después de cada renovación del Congreso, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno”. Realmente, nunca mejor dicho, mañana puede ser otro día.

Este país necesita con urgencia absoluta estabilizar la legislatura con un Gobierno que responda a las expectativas legítimas de todos los ciudadanos que habitan en el Estado. Ya han corrido ríos de tinta sobre lo que se debe hacer con carácter inmediato en grandes áreas de responsabilidad política, que nunca es inocente y que obliga ahora a establecer un gobierno de coalición por razones obvias de segmentación política en el Congreso y en el Senado. ¿Podemos hacer algo los ciudadanos de a pie? No olvido lo que Scarlett O´Hara se preguntaba también en esos momentos finales de la película más famosa de todos los tiempos: ¿qué puedo hacer yo?

Ya lo he manifestado de forma alta y clara en este blog, en repetidas ocasiones: “¿tengo yo que hacer algo en esta situación o sigo confiando en que esta situación la resuelvan solo los políticos, los de arriba?, ¿no tendré yo alguna parte de esa responsabilidad en lo que está pasando por acción u omisión? ¿Qué hacer? Para empezar, exigir diálogo político sin descanso alguno, pero de forma celular, activa y ejemplar, con generosidad absoluta y amplitud de miras hacia los que tienen la mayor pobreza que existe: no ser dueños de su inteligencia para pedir, denunciar y obtener lo que es legítimo para ser personas, para exigir ese diálogo de nuestros mayores políticos a los que hemos confiado nuestro voto. Porque si hay dignidad personal y colectiva, pública y privada, habrá trabajo, control de la corrupción, programas políticos sensatos y que den respuesta a las problemáticas sociales actuales, dado que las ideologías y las economías no son inocentes y los Gobiernos tampoco. Hay que tener claro también y defenderlo a los cuatro vientos que no todos somos o son iguales en el Gobierno en la calle más próxima y que no se debe confundir valor y precio, como hace todo necio. Lo que hay que hacer con urgencia es desenmascarar a las personas indignas, cualquiera que sea el lugar que ocupen en la sociedad, arriba o abajo, en la derecha, en el centro o en la izquierda de cada persona”.

Sinceramente, confío en que mañana, realmente, pueda ser otro día para este país.

 
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

El síndrome Greta

GRETA THUNBERG

Sevilla, 8/XII/2019

Greta es un nombre que resuena en la filmoteca de mi vida. Cuando era pequeño y soñaba como pequeño, siempre se recordaba en casa a una excelente actriz sueca, Greta Garbo, de la que se contaban maravillas: que si era enigmática, que nunca reía, que interpretaba la mujer misteriosa tal y como se podrá contemplar próximamente en la Fundación Juan March por la reposición de una película interpretada por Greta Garbo (La Divina), Bajo la máscara del placer, estrenada en 1925, en una de sus primeras apariciones cinematográficas en plena euforia del cine mudo de contenido reivindicativo: “Al finalizar la Primera Guerra Mundial, Viena se ha convertido en una ciudad que esconde, tras una fachada de lujo y elegancia, una realidad de barrios enteros sumidos en la miseria. Es en uno de estos barrios donde las jóvenes Greta y Maria tratan, cada una a su manera, de escapar del hambre y la pobreza”. Todo un símbolo de una joven de nombre Greta, nacida en Suecia.

Hoy está presente en nuestras vidas una nueva Greta, de apellido Thunberg, que también sale de su familia y de su parentela para transmitir al mundo que tenemos que buscar una nueva vida luchando contra el cambio climático, en una actitud ejemplar para todas las personas de buena voluntad que quieran comprenderla. Todo el mundo habla de ella y la mercadotecnia sobre el cambio climático no pierde el tren de la popularidad en esa mezcla de todo vale con tal de vender productos a cualquier precio. Siempre confundiendo valor y precio.

Intento comprender el mensaje alto y claro de Greta Thunberg, sin disimular nunca su síndrome de Asperger. El pasado viernes participó con otros jóvenes activistas en una rueda de prensa en Madrid con motivo de la celebración de la COP25, en la que resaltó la importancia en que todo el mundo se ponga a trabajar ya en luchar contra el cambio climático porque es una realidad inexorable: “Creo y espero de todo corazón que la COP25 lidere y llegue a algo concreto y que produzca más concienciación de la población en general, y que los responsables políticos se den cuenta de la crisis climática, porque actualmente creo que no son conscientes de la magnitud que tiene”.

Admiro a Greta por su valentía y arrojo, transmitiendo también un mensaje sobre su propio síndrome de Asperger, que científicamente está encuadrado dentro del trastorno del espectro autista, de acuerdo con la última clasificación internacional de enfermedades (DSM-V). En este sentido, hay un pronunciamiento científico y diferenciador entre Autismo y Asperger, en el sentido de que teniendo ambos síndromes denominadores comunes de alteración social y de lenguaje (que deben ser examinados siempre de forma individual), en el síndrome de Asperger existe en relación con la alteración social un interés social (que no existe en el autismo) pero con falta de habilidades sociales y con limitaciones en el lenguaje porque es directamente pragmático, no estructurales como ocurre con el Autismo. Greta ha desarrollado un lenguaje de comunicación en relación con el cambio climático excelente que se va enriqueciendo día a día y que defiende con el ardor guerrero que refleja en su expresión facial tan criticada por sus detractores que no entienden casi nada de lo que está pasando. Una gran lección que tampoco deberíamos olvidar.

Nos está permitido soñar, como tantas veces he manifestado en este blog. Hoy lo hago con Greta Garbo, Greta Thunberg, ambas suecas, ambas “divinas”, ambas soñadoras, ambas portadoras de un síndrome de mujeres valientes, enigmáticas, cargadas de palabras que denuncian el amargo silencio de ser diferentes a la hora de enfrentarse a la vida y para comprender un mundo diseñado a veces por el enemigo, aunque todavía su cambio (no climático), es posible.

NOTA: La imagen se ha recuperado hoy de https://www.teenvogue.com/story/attacks-greta-thunberg-climate-deniers

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Sigo queriendo a la Constitución como para leerla cada noche

FALTA MAR

Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio…

Mario Benedetti, Te quiero sin mirar atrás

Sevilla, 6 de Diciembre de 2019, Día de la Constitución

La Constitución es como el noray para barcos que se amarran a él para asegurar su permanencia en el puerto con todas las garantías, sobre todo para protegerlos de oleajes procelosos como los de la vida misma. Es un símbolo que me emociona siempre y los observo en mis incursiones en puertos seguros cada vez que recalo en ellos con mi “Isla Desconocida” que, un día ya lejano, me regaló José Saramago en un cuento inolvidable.

Hoy, cuando se cumple el 41 aniversario de nuestra Constitución, vuelvo a utilizar las palabras que me quedan en mi persona de secreto y en la de todos, escritas el año pasado recordando este día tan especial para la convivencia de este país. La Constitución se aprobó por las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978, ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de 1978, y sancionada por S.M. el Rey ante las Cortes el 27 de diciembre de 1978.

La Constitución es la base de la identidad del Estado. Así lo vivo y así lo he expresado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Es uno de mis principios políticos como ciudadano demócrata en tiempos muy modernos, de turbación, en los que siempre he creído que se pueden hacer mudanzas intelectuales. Además, si no gustan en la actualidad a muchos recién llegados a la política activa o a los pasados de rosca, que haberlos haylos, lo siento porque no tengo otros (a diferencia del gran aserto de Groucho Marx). Para ello, vuelvo a leer reflexiones mías elaboradas y dedicadas a Aristóteles en el rincón de pensar, que nos dejó un tratado de Política con mayúsculas, gran ausente en estos tiempos de cólera independentista y desconcierto andaluz. He vuelto a leer el libro tercero de esta magna obra, que se refiere a la relación del Estado con los ciudadanos y, más en concreto, a la teoría de los gobiernos y de la soberanía, porque recordaba que en ese texto se encontraba una frase que habría que grabar en el Congreso con letras de oro: a la constitución es a la que debe atenderse [siempre] para resolver sobre la identidad del Estado.

No hay que despreciar el contexto en la que lo escribe: “Pero admitamos que el mismo lugar continúa siendo habitado por los mismos individuos. Entonces ¿es posible sostener, en tanto que la raza de los habitantes sea la misma, que el Estado es idéntico, a pesar de la continua alternativa de muertes y de nacimientos, lo mismo que se reconoce la identidad de los ríos y de las fuentes por más que sus ondas se renueven y corran perpetuamente? ¿O más bien debe decirse que sólo los hombres subsisten y que el Estado cambia? Si el Estado es efectivamente una especie de asociación; si es una asociación de ciudadanos que obedecen a una misma constitución, mudando esta constitución y modificándose en su forma, se sigue necesariamente, al parecer, que el Estado no queda idéntico; es como el coro que, al tener lugar sucesivamente en la comedia y en la tragedia, cambia para nosotros, por más que se componga de los mismos cantores. Esta observación se aplica igualmente a toda asociación, a todo sistema que se supone cambiado cuando la especie de combinación cambia también; sucede lo que con la armonía, en la que los mismos sonidos pueden dar lugar, ya al tono dórico, ya al tono frigio. Si esto es cierto, a la constitución es a la que debe atenderse para resolver sobre la identidad del Estado. Puede suceder por otra parte, que reciba una denominación diferente, subsistiendo los mismos individuos que le componen, o que conserve su primera denominación a pesar del cambio radical de sus individuos” (1).

Salvando lo que haya que salvar, mutatis mutandis, es impecable el análisis. Todo cambia y nada permanece (panta rei), siguiendo el adagio de Heráclito de Éfeso. Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y quesentir (perdón por el neologismo) de todos los días. En España, ante la realidad de Cataluña, hemos reaccionado tarde y mal, agarrándonos a la Constitución como un clavo ardiendo, en lugar de entenderla como un noray al que se deben asegurar los cabos cuando llegamos de la alta mar de los conflictos o del que hay que quitarlos para poder navegar en mares abiertos de libertad. Y la historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, incluso las Constituciones, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río o en el mismo mar. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos. Es verdad, porque si comprendiéramos estas palabras excelentes de Aristóteles en su tratado más político, pueden cambiar las asociaciones de ciudadanos (el que quiera entender que entienda), las Comunidades, la Constitución, pero hay un magma que aglutina todo, la propia Constitución, que es a la que debe atenderse siempre para resolver sobre la identidad del Estado. Aunque haya un cambio, incluso radical, de los individuos y las organizaciones en las que se integran, que son los que componen el Estado.

Finalmente, vuelvo a analizar también unas palabras esclarecedoras de lo anteriormente expuesto, que se encuentran también en el referido capítulo IV del libro tercero de Política: “todas las constituciones hechas en vista del interés general, son puras, porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal de los gobernantes, están viciadas en su base, y no son más que una corrupción de las buenas constituciones; ellas se aproximan al poder del señor sobre el esclavo, siendo así que la ciudad no es más que una asociación de hombres libres”. Dicho queda por Aristóteles hace muchos siglos y por Baltasar Gracián después: lo breve, si bueno, dos veces bueno.

Es verdad, quiero a la Constitución como para seguir leyéndola cada noche. No la olvido en el marcapáginas que utilizo en el libro de mi vida. El país, Cataluña, nuestra Comunidad, debe aspirar siempre a ser una asociación de personas libres articulada por la Constitución.

NOTA: la imagen que encabeza este post es mía, tomada en Punta Calero (Lanzarote) en agosto de 2010.

(1) Aristóteles. Política · libro tercero. Del Estado y del ciudadano. Teoría de los gobiernos y de la soberanía. Del reinado.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

José fue un buen compañero

EL RECIEN NACIDO-LA TOUR

Georges de La Tour, El recién nacido (1648, óleo sobre lienzo, 76 x 91 cm, Museo de Bellas Artes, Rennes)

Sevilla, 4/XII/2019

Se acerca la Navidad y el fasto asociado. En mi caso, cada año es una oportunidad para reflexionar sobre una historia, la de José, María y Jesús, que tiene más de dos mil años de antigüedad y que ha inspirado momentos transcendentales en la historia en general y de las artes en particular. Me refiero en esta ocasión a la música, que hoy quiero simbolizar a través de un compositor francés, Michel Corrette (1709-1795), un perfecto desconocido, pero que ha supuesto un descubrimiento extraordinario en mi aprendizaje diario para tocar el clave y el violín e interpretar dignamente sus partituras.

Todo ha surgido al localizar en su ingente obra seis sinfonías dedicadas a la Navidad, preciosas, de las que quiero destacar hoy dos movimientos en concreto: Adán fue un pobre hombre (Sinfonía I, Allegro) y José es un buen compañero (Sinfonía III, Allegro), porque me permiten contextualizar una historia de hombres (en el genérico griego, hoy personas) que han supuesto mucho para el devenir de la humanidad, unas historias que hablan siempre de soledad y silencio ante la libre elección para la difícil tarea de vivir dignamente.

La historia de Adán, el pobre hombre de Corrette que lo lleva al cuarto y último movimiento de su primera Sinfonía, después de títulos sugerentes de los tres restantes movimientos, A la llegada de la Navidad (Moderato), El Rey de los Cielos acaba de nacer (Andante) y He aquí el día solemne (Moderato), por este orden, es una historia contradictoria que siempre me ha fascinado. Entre pobres hombres [sic] y buenos compañeros [sic] anda el juego. Veamos por qué.

Michel Corrette (1709-1795), Adán fue un pobre hombre (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía I, Allegro), interpretado por La Fantasía.

En relación con Adán, ¿un pobre hombre?, la historia nos lo ha recordado siempre como la causa de todos los males de la humanidad. Así lo he interpretado a lo largo de mi vida al analizar la reacción de Adán y Eva en el Paraíso: “Durante muchos siglos, la respuesta [ante la causa del Mal] solo la sabía Dios y cuando tuvimos la oportunidad de haberla conocido, eso sí, cuando Dios hubiera querido, a Adán y Eva no se les ocurrió mejor idea que mudarse de sitio, recordando unas palabras que escribí en este cuaderno de derrota (en argot marinero) en 2007: “Adán y Eva… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Esta frase forma parte de una campaña publicitaria de una empresa que vende productos para exterior en el mundo. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primera fase de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta al mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo. Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso”. Juzguemos todos lo ocurrido.

Hoy, nos agarramos como a un clavo ardiendo, a Dios, a la naturaleza, a la sociedad o a las personas (Ferrater Mora), en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, para justificar nuestras acciones, olvidando que nuestra gran máquina de la verdad, nuestro cerebro, guarda el secreto ancestral de por qué existe el bien o el mal y de por qué actuamos de una forma u otra. Maravillosa aventura para dejar de lado, definitivamente, el drama (¡con perdón!) de la serpiente malvada, tal como se recogió en las famosas diez líneas del libro del Génesis, en la tríada serpiente/Adán/Eva, que son “la quintaesencia de una religión que ha dado vueltas al mundo y ha construido patrones de conducta personal y social. Y cuando crecemos en inteligencia y creencias, descubrimos que las serpientes no hablan, pero que su cerebro permanece en el ser humano como primer cerebro, “restos” de un ser anterior que conformó el cerebro actual. Convendría profundizar por qué nuestros antepasados utilizaron este relato “comprometiendo” al más astuto de los animales del campo [en un enfoque básicamente machista de la ética del cerebro humano]. Sabemos que el contexto en el que se escriben estos relatos era cananeo y que en esta cultura la serpiente reunía tres cualidades extraordinarias: “primero, la serpiente tenía fama de otorgar la inmortalidad, ya que el hecho de cambiar constantemente de piel parecía garantizarle el perpetuo rejuvenecimiento. Segundo, garantizaba la fecundidad, ya que vive arrastrándose sobre la tierra, que para los orientales representaba a la diosa Madre, fecunda y dadora de vida. Y tercero, transmitía sabiduría, pues la falta de párpados en sus ojos y su vista penetrante hacía de ella el prototipo de la sabiduría y las ciencias ocultas. (…) (1).

Michel Corrette (1709-1795), José es un buen compañero (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía III, Allegro), interpretado por La Fantasía.

El caso de José, un buen compañero, es también un hecho que nunca ha pasado desapercibido en nuestras vidas y en nuestras navidades blancas. José, el carpintero de Nazareth, siempre ocupó una segunda fila en la historia más maravillosa jamás contada bien. Era la pareja oficial de María, asunto que me ha emocionado en muchas ocasiones al describirlo así, a pesar de que la historia lo ha encumbrado siempre a los altares. Recuerdo en este momento el óleo de Georges de La Tour, El recién nacido, un pintor desconocido durante siglos para la historia del arte, donde no aparece José por ningún sitio porque realmente nunca fue protagonista de esta historia mágica. Sobrecoge el silencio y austeridad en este cuadro tan realista en los últimos años del pintor: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes. Sin medallas, sin atributos laicos ni sacros. Sin collares o anillos. Sin nada, solo con el regalo precioso del silencio sonoro de la noche y contemplando a su niño”.

El silencio permanente de José es un secreto a voces de la asunción de su papel en la historia difícil de María. Me gusta recordarlo despojado de su santidad, “ocupando su sitio en la historia, básicamente como un hombre humilde, trabajador y bueno, con un profundo respeto a María, una persona que la historia ha colocado en un sitio muy especial difícilmente entendible si te falta la fe que nos enseñaron nuestros mayores, como le gustaba decir a Antonio Machado”. Creo que fue un buen compañero.

Escucho ahora a Corrette y comprendo mejor que nunca el difícil papel de Adán en la historia de la humanidad y la categoría humana de José, ignorado hasta por el evangelista Marcos: “Solo sabemos que en el capítulo 6, versículos 1 a 3 de su crónica de la muerte anunciada de Jesús (como buen periodista), dijo lo siguiente: “Se marchó [Jesús] de allí y vino a su tierra, y sus discípulos le acompañaban. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada; y decía: “¿De dónde le viene esto? y qué sabiduría es ésta que le ha sido dada ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, de Josét, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de él”. José solo ante el peligro.

Adán se mudó un buen día de Paraíso porque no entendió la pregunta del dios desconocido y José no aparecía por ningún sitio en la noticia contada por Marcos pero, dueño de su soledad y de sus silencios, siempre tuvo el sentido de la medida que tanto aprecio. En esta Navidad laica de 2019, me gusta pensar en estas personas, en su verdad verdadera, en su humanidad, porque me ayudan a comprender unas historias casi siempre muy mal contadas. Correttte sabía lo que componía.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Estereotipo machista 4: “¡mujer tenías que ser!”

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Valor y precio en el traductor ético de secreto

BLACK FRIDAY

Sevilla, 3/XII/2019

Hemos salido del Black Friday como cada cual ha podido, casi todos con daños colaterales de consumo; quizá hemos pasado de puntillas por el Cyber Monday, que este año ha atacado como si fuera la División Acorazada Guzmán el Bueno y, para agotar el presupuesto, tan mermado ya, hemos llegado hoy a una prolongación del Black Friday con aviso de cartelería en negro porque es uno de los últimos días de este festival de consumo, con un final críptico: hasta agotar existencias, quizá porque el Mercado se compadece de los pobres consumidores y les da una última oportunidad.

Este mes y el que viene nos queda cantar a coro Silent Night, quizá algún que otro Happy Birthday y, para finalizar el año, Happy New Year. Por no decir cómo nos inquietan las Last Minute Deals (ofertas de última hora) de cada día, de cada minuto, de cada segundo, que nos dejan inquieta el alma o la moral por el síndrome de la última versión o del último precio más barato, con el sentimiento de culpa porque no lo he sabido localizar a tiempo. Vamos, un no parar para el traductor virtual y ético que todos llevamos dentro.

Vivimos inmersos en la mercadotecnia pura y dura de factura americana casi siempre. Importamos usos y costumbre del otro lado del Atlántico con una facilidad pasmosa, sobre todo de América del Norte. La Real Academia Española no da abasto con la incorporación paulatina de los anglicismos (yo diría mejor, americanismos) que acaban imponiéndose poco a poco en nuestro cerebro y en el traductor ético que todos llevamos dentro, porque casi todo es consumo.

Ante esta situación de emergencia ética, no olvido una reflexión magistral de Antonio Machado, que deberíamos rescatar en silencio, ante el último segundo antes de comprar algo promovido por el mercado con un vocabulario imposible: Todo necio confunde valor y precio (Proverbios y cantares, LXVIII). Cuando volvamos a las prisas diarias, al estrés puro y duro, finalicen las compras de tantos días americanos y tomemos el control de nuestra vida, nos daremos cuenta de que nos pasa algo de lo que me ocurría a mi cuando era niño: los Reyes Magos de Oriente me traían el caballo de cartón y, pasados unos días, ya no tenía gracia montarme muchas veces en él. Me iba a la habitación a escribir de nuevo a un rey desconocido que me permitiera ser feliz todos los días, porque tenerlo (el juguete…) me permitía comprobar que ya se me había escapado la ilusión por la montura del equino. Y así desde entonces, buscando por todas partes la forma de disfrutar los placeres basados en bienes básicos, necesarios y en personas cercanas bajo la forma de familia, compañeras y compañeros de trabajo, amigos, proveedores conocidos y respetados (en clave de valor) o lo que algunos llaman placeres inútiles, frente a lo que me ofrecen los bienes de consumo (puro precio y mercado).

Tengo activada siempre la traductora ética ante el consumo, por mucho que se empeñen el Black Friday o el Cyber Monday y sus secuaces en hacerme feliz para siempre con la oferta de última hora. En este contexto, hago ahora una última reflexión, que no oferta, barata por cierto: es conveniente soñar junto a las personas que queremos, porque la felicidad es mayor, al trenzarse el amor como una cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Y en este tiempo de campaña de lotería que anima a soñar en cosas caras, a tener y no a ser, quiero probar de nuevo las sensaciones que me proporciona estar atento ante la dialéctica valor/precio de las cosas pequeñas, las que tanto amaba Rabindranath Tagore para regalar a las personas mediante el símbolo de un pájaro perdido.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

¡Bienvenido, Black Friday! (II)

Americanos, vienen a España gordos y sanos
Viva el tronío y viva un pueblo con poderío
Olé Virginia y Michigan
Y viva Texas que no está mal, […] no está mal.

Bienvenido Mr. Marshall (1953)

Sevilla, 29/XI/2019

Como dije hace un año…

Mientras más de dos millones de personas esperaban el sábado pasado un día particular, sin ningún color especial, para poder alimentarse con dignidad durante varias semanas, sin americanismo alguno, gracias a la solidaridad ciudadana con el Banco de Alimentos en todo el país, otros millones importan una iniciativa, Black Friday, en una respuesta compulsiva para no perder la maratón particular del consumo.

Es curioso constatar cómo el Mercado [sic] crea su propio ecosistema a nivel mundial, para crear necesidad de consumo donde no existe la necesidad realmente. El síndrome de la última versión, en tecnología o en moda lista para llevar, porque nos convencemos que lo último de lo último nos estaba esperando en la estantería correspondiente un día como hoy y que lo más barato hay que comprarlo con urgencia para “no ser tontos”, según el eslogan de turno, acaba haciendo estragos en las maltrechas economías de muchas familias.

Sé que estas reflexiones se pueden interpretar como una salida de tono sobre el principio de realidad de lo que está pasando y estamos viendo, pero sigo defendiendo que no es lo mismo valor que precio de lo que realmente necesitamos, como suele confundir todo necio. Además, la dignidad de la vida sencilla está por encima de las mercancías, que a toda costa intentan vendernos los nuevos Míster Marshall que merodean por nuestro país vestidos curiosamente de negro, el color del viernes que intentan justificar como necesario para ser felices. Con su tronío y poderío, porque España… ya sabemos que no es de librerías.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

¡No pongáis vuestras manos o voces sobre Bella Ciao o El pueblo unido, jamás será vencido!

La generación en la que algunos de sus miembros pusieron en su momento sus sucias manos sobre Mozart (1), está viviendo momentos muy difíciles en este país. Crecieron en las mieles de la primera transición, donde sus padres pusieron mucho empeño en cambiar las cosas para que cambiaran de verdad y pudiéramos vivir en democracia. Algunos ya se lavaron las manos y decidieron comprometerse en la búsqueda de futuro marcado por el bienestar común, propiciado por la aprobación de la Constitución en 1978 y por las llamadas políticas de izquierdas a partir de 1982, con la entrada triunfal del partido socialista en el Gobierno. Otros, siguen tocando pianos políticos irreales y de difícil factura social y así va la cosa.

En la banda sonora de cualquier persona de izquierda suenan estas canciones de una forma especial. Si escribo hoy estas líneas es debido a la utilización torticera actual de estas canciones, sus letras y su música. Por una parte, por el mercado puro y duro, que las incluye como banda sonora de películas o música para escuchar a cualquier precio o, por otra, por partidos políticos que entonan estribillos tergiversados del tipo “la derecha unida jamás será vencida”, descontextualizándolas de su auténtico sentido primigenio.

Me revelo contra este imperio del mercado y de la política cutre que maltrata señas de identidad que no les corresponden. Confundir valor y precio es muy mal asunto porque se montan ceremonias de confusión en las que se diluye la maledicencia de los valores casi sin darnos cuenta. Creo que ambas canciones merecen el respeto reverencial de su contexto histórico por lo que significan. En el caso de Bella Ciao, porque es “una canción popular cantada por los simpatizantes del movimiento partisano italiano durante la Segunda Guerra Mundial, cuando luchaban contra las tropas fascistas y nazis. La propagación de «Bella ciao», durante la Resistencia está documentada y parece circunscribirse sobre todo en la región de Emilia Romana, entre los Apeninos boloñeses y las zonas de la República partisana de Montefiorino (sobre los Apeninos de Módena) (2).

Una mattina mi sono svegliato,
o bella, ciao! bella, ciao! bella, ciao, ciao, ciao!
Una mattina mi sono svegliato,
e ho trovato l’invasor.

O partigiano, portami via,
o bella, ciao! bella, ciao! bella, ciao, ciao, ciao!
O partigiano, portami via,
ché mi sento di morir.

E se io muoio da partigiano,
o bella, ciao! bella, ciao! bella, ciao, ciao, ciao!
E se io muoio da partigiano,
tu mi devi seppellir.

E seppellire lassù in montagna,
o bella, ciao! bella, ciao! bella, ciao, ciao, ciao!
E seppellire lassù in montagna,
sotto l’ombra di un bel fior.

Tutte le genti che passeranno,
o bella, ciao! bella, ciao! bella, ciao, ciao, ciao!
Tutte le genti che passeranno,
Mi diranno, Che bel fior!

È questo il fiore del partigiano,
o bella, ciao! bella, ciao! bella, ciao, ciao, ciao!
È questo il fiore del partigiano, morto per la libertà!

 

La canción El pueblo unido, jamás será vencido, es una canción protesta chilena popularizada por el conjunto Quilapayún, que tantas veces he citado en este blog: “El título de la canción estaría inspirado en la frase del líder político colombiano Jorge Eliécer Gaitán pronunciadas en un discurso en la década de 1940, siendo popularizada por manifestantes de la Unidad Popular durante el gobierno socialista del presidente chileno Salvador Allende a comienzos de la década de 1970. Según el propio Sergio Ortega Alvarado, éste compuso la canción inspirándose inicialmente en un joven que gritó la conocida frase mientras él se dirigía caminando a su casa, en Santiago de Chile, en junio de 1973. La canción fue grabada por primera vez en Chile en 1973 durante un masivo concierto de Quilapayún en la Alameda de Santiago,​ sólo tres meses antes del Golpe de Estado de Augusto Pinochet que derrocó a Allende y dio inicio al periodo de dictadura militar. Poco antes de dicho concierto, Salvador Allende había nombrado a Sergio Ortega Alvarado como Embajador Cultural del gobierno de la Unidad Popular, cargo que compartió por un breve tiempo con Víctor Jara, quien fue asesinado días después del Golpe Militar” (3).

El pueblo unido, jamás será vencido,
el pueblo unido jamás será vencido…
el pueblo unido jamás será vencido…
el pueblo unido jamás será vencido…

De pie, cantar
que vamos a triunfar.
Avanzan ya
banderas de unidad.
Y tú vendrás
marchando junto a mí
y así verás
tu canto y tu bandera florecer.
La luz
de un rojo amanecer
anuncia ya
la vida que vendrá.

De pie, luchar
el pueblo va a triunfar.
Será mejor
la vida que vendrá
a conquistar
nuestra felicidad
y en un clamor
mil voces de combate se alzarán,
dirán
canción de libertad,
con decisión
la patria vencerá.

Y ahora el pueblo
que se alza en la lucha
con voz de gigante
gritando: ¡adelante!

El pueblo unido, jamás será vencido,
el pueblo unido jamás será vencido…

La patria está
forjando la unidad.
De norte a sur
se movilizará
desde el salar
ardiente y mineral
al bosque austral
unidos en la lucha y el trabajo
irán,
la patria cubrirán.
Su paso ya
anuncia el porvenir.

De pie, cantar
el pueblo va a triunfar.
Millones ya,
imponen la verdad,
de acero son
ardiente batallón,
sus manos van
llevando la justicia y la razón.
Mujer,
con fuego y con valor,
ya estás aquí
junto al trabajador.

Y ahora el pueblo
que se alza en la lucha
con voz de gigante
gritando: ¡adelante!

El pueblo unido, jamás será vencido,
el pueblo unido jamás será vencido…

No es lo mismo cantar estas canciones, conociendo su letra y contexto histórico, que parafrasearlas con letras imposibles y muy lejos de su verdadero significado. No es lo mismo. Así lo he sentido y así lo he contado para quien lo quiera compartir en estos momentos de confusión de ideologías y principios éticos para personas dignas. Menos, cuando se adultera todo a cualquier precio.

(1) Vicent, Manuel (1980, 22 de marzo). No pongas tus sucias manos sobre Mozart. Triunfo, p. 28 (http://www.triunfodigital.com/mostradorn.php?año=XXXIII&num=895&imagen=28&fecha=1980-03-22).
(2) https://es.wikipedia.org/wiki/Bella_ciao
(3) https://es.wikipedia.org/wiki/El_pueblo_unido_jamás_será_vencido

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

No estáis solas

NO ESTOY SOLA

Sevilla, 25/XI/2019

Hoy se celebra el Día Internacional contra la Violencia de Género y no es un día más, como otra celebración cualquiera de las que llenan el calendario actual, sino un día en el que se nos pide como ciudadanos de a pie que reflexionemos sobre lo que está ocurriendo en este país ante una realidad que nos asola. La única forma de empezar a tomar conciencia de la gravedad de la situación arranca con la imperiosa necesidad de que tengamos una información adecuada, justa y veraz. He podido leer hoy el análisis preparado por el diario El País con motivo de la celebración de este Día, del que recomiendo su atenta lectura, así como de la página oficial de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, donde las cifras son alarmantes en su medida exacta si se consulta su Portal Estadístico.

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Fuente: Delegación del Gobierno para la Violencia de GéneroPortal Estadístico

En la actualidad, se está llevando a cabo una campaña contra la violencia de género a nivel de Estado, dirigida a la población general, con el lema “No estoy sola”, que “tiene como objetivo lanzar un mensaje de apoyo y de confianza hacia las instituciones claves en el acompañamiento hacia las mujeres que están sufriendo violencia de género en el entorno íntimo. Los recursos y organismos especializados –ámbito social y sanitario- son fundamentales para que las víctimas puedan dar el paso en el proceso de reparación. Especialmente son recursos que juega un papel crucial durante las fases de cambio en las que se tienen que tomar decisiones que afectan de forma trascendental a la vida y seguridad de las mujeres. La ruptura del silencio y la ruptura de la relación de violencia sólo será posible si existe un entorno profesional especializado, de confianza y seguridad absoluta para las mujeres (En la lucha contra la violencia de género, #NoEstoySola)”.

Tenemos responsabilidades públicas y personales que tenemos que asumir sin más dilación. Todos los días, ante la gravedad de la situación, deben ser días contra la violencia de género. Las cifras son aterradoras y es importante estar atentos siempre a los canales oficiales y públicos de información para que no se adulteren contenidos de lo que ocurre en este ámbito así como ante noticias que no responden a la verdad social de lo que ocurre en este ámbito social. También, para que la contaminación política que niega esta realidad se pueda contrarrestar con datos reales, objetivos y veraces.

Contra hechos violentos…, no valen solo argumentos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

En memoria de Asunción Balaguer

Sin título

María Lavalle y Asunción Balaguer

Sevilla, 23/XI/2019

Hoy ha fallecido Asunción Balaguer, la compañera fiel de Paco Rabal, a los 94 años de edad. Hasta que cumplió 90 años, trabajó en el teatro, que era su gran pasión de vida relegada a un segundo plano hasta que falleció su marido, Paco Rabal.

La recuerdo siempre con la dignidad, de mujer y actriz, presente en cada una de sus palabras. Esa fue la razón de que le dedicara un artículo hace ya cuatro años en este blog, Los ejes de mi vida, que recupero hoy como homenaje a su memoria como persona y actriz:

Es demasiado aburrido
seguir y seguir la huella
andar y andar los caminos
sin nada que me entretenga

Atahualpa Yupanqui, Los ejes de mi carreta

Cuando contemplé la cara amable de Asunción Balaguer en la promoción de su próxima intervención en el Teatro de La Abadía, en Madrid, dando la réplica a María Lavalle en Atahualpa y los ejes de una vida, dirigida por Jaime Chávarri, recordé inmediatamente la vida compartida con Paco Rabal, en la que estuvo siempre en un segundo plano dejando pasar su persona de secreto, de actriz, como otras tantas mujeres que estuvieron a la sombra de las vidas profesionales de hombres denominados ilustres, cuando ellas podían haber alumbrado la sociedad por ellas mismas, con su saber ser y estar en la vida desde diferentes perspectivas personales y profesionales. Nunca se escribirá lo suficiente sobre esta realidad en la que la mujer ha entregado una vida artística, como Asunción, rescatada ahora a la mayor gloria de la diosa vida.

Me gustó mucho el título de esta representación en homenaje a Atahualpa Yupanqui, que me ha acompañado siempre en la banda sonora de mi vida. La sinopsis del espectáculo es fiel reflejo de una vida apasionada y de emociones sentidas y, lo que es mejor, transmitidas: “La tensión dramática de Atahualpa, los ejes de una vida está señalada por los avatares de una vida que se identifica con una condición humana sobria de ornamentos materiales como rica en poesía e interrogantes filosóficos. El andar por distintos rumbos del continente americano y del mundo le fueron dejando canciones que están unidas a su vida, entre ellas, emblemáticas, son las que refieren exilios. También encuentros significativos como el que tuvo con Edith Piaf que le abrió las puertas de París y el reconocimiento general. La puesta en escena trata de marcar la evolución dramática de una obra que estableció pautas extraordinarias en la canción del siglo XX y que se proyecta a la actualidad con sorprendente eficacia. Su contenido interpela nuestra existencia y nuestro presente histórico. La combinación de actriz, cantante y músicos va ambientada con proyección de imágenes y sonidos que pretenden ante el público dar presencia a distintos momentos de la vida de Atahualpa Yupanqui”.

A veces…, nos llaman abandonados si no engrasamos los ejes de nuestras vidas. Por ejemplo, he recordado uno en especial, personal, el de la docencia. Fue cuando entrevisté en Huelva a Paco Rabal en 1980, en una semana de cine social que celebrábamos en aquellos años de consolidación de la democracia, en mi etapa de director de la Escuela de Trabajo Social. Proyectamos una película en 16 milímetros con nuestros propios medios, El “Ché” Guevara (1968), interpretada por él, que Paco recordaba bien no tanto por su calidad, porque reconocía que no era una joya de la cinematografía, rodada con escasos medios en Italia, sino por su contenido ideológico, donde el Ché merecía ser tratado con calidad personal y testimonial. Nos sirvió aquel encuentro para reforzar el compromiso social en el contexto del activista argentino de razón y cubano de corazón, que era el objetivo de aquella semana cultural abierta a todo el público de Huelva, porque pensábamos en aquel año que esta provincia descubridora necesitaba la educación y la cultura en todos los niveles para seguir descubriéndose a sí misma, como eje engrasado de su futuro. Paco estuvo genial contando mil y una anécdotas de su compromiso activo a través del cine, las peripecias del rodaje con su sempiterno macuto cargado de piedras, respondiendo con ejemplos vitales que supimos comprender sin esfuerzo alguno.

Mientras, Asunción estaba en casa, probablemente en el Arroyo de la Plata, esperando como siempre el regreso plácido y triunfal de Paco, a quien tanto amaba. Por eso la he recordado especialmente, por su ejemplo de vida, que debemos rescatar para fijarlo y darle el esplendor que merece, porque es demasiado aburrido seguir y seguir la huella, andar y andar los caminos sin nada que nos entretenga, reinterpretando ahora a Atahualpa Yupanqui y comprendiendo su mensaje para ahora y siempre: “No necesito silencio; yo no tengo en qué pensar. Tenia… pero hace tiempo… ¡ahora, ya no pienso más!”

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.