El Sur de mi memoria

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¿Qué podemos amar que no sea una sombra?
Adelaida García Morales, El Sur

Se ha publicado recientemente una novela (nouvelle) que cuenta la historia final de Adelaida García Morales, la autora de un libro muy querido por mí, El Sur, que me ha acompañado durante muchos años por su belleza intrínseca y porque en el fondo me cuestionaba siempre mi desarraigo de esta tierra durante la infancia en Madrid. Lo que me ha conmocionado es conocer ahora que antes de fallecer en septiembre de 2014, solicitó en el Ayuntamiento de Dos Hermanas (Sevilla) cincuenta euros para poder ir en autobús a Madrid a ver a su hijo. Creo que no los consiguió perdida en la maraña de gestiones administrativas que tenía que hacer yendo de una oficina a otra. Todo un símbolo de la destrucción de un ser humano extraordinario, que aportó a la sociedad española diez libros, pero que como ocurre con los mandamientos, se encierran en uno solo: El Sur.

Ella dijo hace ya muchos años que le interesaban particularmente los personajes marginales, no porque fueran más interesantes, simplemente porque le atraían con más fuerza. Quiso vivir siempre en la otra orilla de los reconocimientos y oropeles, marginada, con muchos altibajos emocionales y sentimentales. Pasó al mayor de los olvidos, como suele pasar en este país con todo aquél que es diferente o triunfa en cualquier ámbito de la vida, cumpliéndose así el oráculo de uno de los pecados capitales por excelencia de los españoles: la envidia.

La fascinación por El Sur, en mi memoria de secreto, era por la búsqueda imaginaria de mi padre, como le ocurría, aunque en otro plano existencial, a Adriana (Estrella, en la película homónima), la protagonista de la novela, que antes de ser publicada se llevó al cine como película admirable, dirigida por Víctor Erice, que tampoco se prodigó mucho, pero excelente profesional del celuloide. Los dos, casi contemporáneos en edad, que no en sabiduría, conociendo su extraordinaria calidad humana y artística, compartíamos una búsqueda de la verdad en nuestros padres, porque las cosas no suceden como por arte de magia, sino por razones de la vida que a veces la razón no conoce, dejando un legado al corazón, una tarea de reconocimiento a lo largo de la vida, muy difícil de desentrañar.

Siento que Sevilla, la tierra que tanto amó Adelaida García Morales, no le tendiera la mano en el momento que necesitó ayuda, aunque desconozco la verdad de lo que ocurrió en aquél encuentro con la Administración. Leyenda, bulo o realidad, solo hubieran bastado cincuenta euros para devolverle sentido a un viaje hacia alguna parte, Madrid, para ver a su hijo, posiblemente para contarle que no podía más y que no quería seguir viviendo en el Sur al que tanto quiso. Comprendo perfectamente que Elvira Navarro haya escrito una novela de denuncia, Los últimos días de Adelaida García Morales (1), al menos para que tomemos conciencia de que las personas que se dedican a la cultura, al arte, suelen malvivir en la mayoría de las ocasiones. No porque un día necesiten cincuenta euros para vivir dignamente, como símbolo, sino por el desagradecimiento social y, sobre todo, por el olvido.

Sevilla, 27/IX/2016

(1) Navarro, Elvira (2016). Los últimos días de Adelaida García Morales. Barcelona: Literatura Random House.

Esperando a nuestro Godot político

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Se han celebrado ya las elecciones en Galicia y País Vasco y… no hay nada nuevo que celebrar, porque seguimos esperando a nuestro Godot político que sabemos que no está en los cielos, ya que ni siquiera se asaltan para reducir la espera. Como si no hubiera pasado nada, todos podemos ser hoy en España como Vladimir y Estragón, los dos vagabundos de la famosa obra de Samuel Beckett, que seguimos esperando a un tal Godot político que según dicen los viejos políticos del lugar ni existe ni se le espera.

Pertenezco a una generación que lleva mucho tiempo esperando a ese tal Godot, que durante muchos años nos intentaron convencer que era lo más parecido a Dios, pero que luego algunos descubrimos que era un ser imaginario que no existía en la realidad terca de cada día. Por ese motivo lo he recordado hoy, porque en la situación política actual podemos caer en la tentación de creer que necesitamos un Godot para salvarnos o por lo menos para que nos lleve por el buen camino político en nuestro país.

Pero Godot no existe, ni se le espera, aunque algún líder se empeñe todavía en demostrarnos que hoy todavía no viene, como cualquier Ernst Bloch aficionado, pero mañana sí, sabiendo de antemano que es mentira. Pero ya lo he manifestado en varias ocasiones en este blog: si en política, determinados políticos de siempre dijeran alguna vez la verdad, mentirían. Porque sigo defendiendo que todos no son iguales, con perdón de Godot si es que existe.

Me voy a la cuarta pared, a la que pertenezco desde siempre y leo un párrafo inicial de la obra citada de Samuel Beckett, para ambientar humildemente el escenario de representación en el gran teatro del mundo en el que cada uno desempeña un papel: Un camino en el campo. Un árbol. De tarde (Primer acto). Como la vida misma, nada más, porque todos seguimos esperando a un tal Godot, político por más señas, que en verdad no existe. Y asalto el escenario para decir a los principales actores políticos de hoy que no somos vagabundos o ignorantes, que hemos votado ya dos veces, que ya está bien, que por qué no se sientan a dialogar y a comprender que en la nueva mesa política tiene que estar la mayoría que ha salido en las urnas, variopinta, diversa, abierta, dialogante, soñadora (¿por qué no?), realista, atenta a los que menos tienen, que marquen prioridades políticas que forjarán el presente y el futuro de este país en ámbitos tan delicados como la educación, la salud, los servicios sociales, la economía social y distributiva. Que tenemos prisa personal y social legítima. Que se den cuenta de que todos no somos iguales y que eso se nota en los votos emitidos. Porque, de verdad, el nuevo Godot político ni existe, ni se le espera, por mucho que se empeñen en demostrarnos lo contrario.

Sevilla, 26/IX/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://asbarez.com/App/Asbarez/eng/2012/04/Waiting-for-Godot-1.jpg

No debemos olvidar a Alepo

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Sé que es difícil comprender la situación que atraviesa esta ciudad siria que ha dejado de tener relevancia en los noticiarios habituales, porque nos hemos acostumbrado a conocer su tragedia tras tragedia en una ruleta rusa de muerte sin sentido. No alcanzo a comprender cómo no es posible finalizar esta guerra absurda, como todas, a no ser que solo sea una guerra cosmética donde lo que solo importa es mantener la imagen de la necesaria dialéctica buenos/malos sin saber nunca donde están unos u otros, para que acabemos enloqueciendo todos.

¿Qué interese ocultos hay detrás o delante? He leído explicaciones de todo tipo, interesadas casi siempre porque nada es inocente en Alepo, todavía menos en Siria como Estado estratégico que para unos es aliado, entiéndase Rusia e Irán y para otros, Estado necesario para contener al ISIS que está por todas partes, donde Estados Unidos se hace fuerte liderando otro frente liberador, mientras que la maquinaria mortífera de la guerra hace su agosto, su septiembre y todo el calendario anual para justificar sus cuentas de resultados incluso con bombas de fósforo. Pero sobre Alepo llueve muerte hasta diluviar fuego casi todos los días y no comprendo cómo los organismos internacionales de todo cuño no hacen un frente común para detener esta locura de responsabilidad mundial.

¡Qué podemos hacer desde Sevilla o desde otros puntos de la geografía mundial! Todo lo que no nos gusta casi siempre está lejos, Alepo también, pero la realidad es que podemos denunciar por todos los medios posibles que la situación no puede continuar así ni un día más. Mientras, hay que ayudar desde organizaciones que todavía tienen el valor de estar allí prestando ayuda imprescindible, vital, tales como Médicos sin Fronteras, ACNUR, Cruz Roja y otras muchas organizaciones que con una generosidad sin límite arriesgan todos los días sus propias vidas, que también nos deberían conmover. También denunciando la situación desde las redes sociales para inundar el mundo de culpa para quienes tienen  la posibilidad real de solucionarlo y, también, de solidaridad hacia las que ya no tienen nada, ni siquiera esperanza para seguir viviendo, porque saben que en el Mediterráneo, por ejemplo, ya nadie canta sus excelencias para llegar al primer mundo.

Comprendí la semana pasada por qué Juan Manuel Serrat decía que ya no le apetecía cantar “Mediterráneo” porque se ha convertido en la sepultura de miles y miles de refugiados que escapan también de Alepo en un auténtico sinsentido. Además, porque los que mueren a cientos en ese mar ya no serán desgraciadamente caminos para nadie, tampoco le darán verde a los pinos ni amarillo a la genista. Quizá solo nos queden unas palabras, que nos permitan recordar una estrofa de la canción que todavía me estremece pensando en Alepo, dejándonos solos con nosotros mismos y como asumiendo en el “yo” mayestático una cierta responsabilidad sobre lo que está pasando en esta guerra tan absurda: “Yo, que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno / que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul / para que pintes de azul sus largas noches de invierno. / A fuerza de desventuras, tu alma es profunda y oscura”. Como la de los niños de Alepo que nos miran en este artículo y que tanto me ha impactado.

Sevilla, 25/IX/2016

NOTA: la imagen ha sido recuperada hoy de: https://es.wikipedia.org/wiki/Alepo

Cuestión de detalles

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Sigo manteniendo la ilusión de escribir y hablar bien, cada día mejor, cuidando todos los detalles para que todo lo que escriba y hable sea especial, no trivial y, sobre todo, no inocente. Lo vivo como un compromiso activo de mejora continua para buscar la verdad objetiva de lo que pienso y siento cada día. Más todavía cuando lo que escribo lo publico en algunas ocasiones en la noosfera, gracias al maravilloso mundo digital que nos rodea, entregándolo a los demás, que merecen siempre un trato diferente y singular. Es una forma de respetar a toda persona que me lee y escucha, una forma simbólica de agradecimiento por dedicar tiempo personal e intransferible a entablar una relación fugaz o permanente conmigo – ¿quién sabe? -, quizá por compromiso o por mera diversión, en una dialéctica permanente, como aprendí de Pascal cuando adquiríamos por razón de edad el compromiso de vivir apasionadamente.

He seguido de cerca a maestros de la literatura ética, entre los que sobresale Gabriel García Márquez porque amaba los detalles. Quizá era la única forma de sustentar su realismo mágico, para que se comprendiera bien su forma de escribir y de hablar sobre la verdad de la vida con un español de Colombia precioso, musical, con lemas de comprensión bellísima. Lo comprobaba hoy en un artículo de Javier Lafuente en el diario El País, La pasión por el detalle del cronista Gabo, que me ha acercado todavía más a él, de quien sigo aprendiendo todos los días como ya he manifestado en alguna ocasión en este blog. Cuenta la extraordinaria aventura de la periodista Luzángela Artega cuando fue enviada muy cerca de Gabo, para ayudarle en los primeros borradores de la obra que se publicaría después bajo el título de Noticia de un secuestro. Necesitaba conocer todos los detalles de lo que había pasado en un hecho real que iba a tratar, que no se escapara nada que pudiera interesar al lector, sobre todo para no faltar a la verdad de lo ocurrido: “Necesitaba ambientar lo que le contaban, lo de afuera, confirmar hasta el último detalle, saber cuánto frío hacía, los semáforos que había, las balas que disparaban, quería saberlo absolutamente todo”.

Doy muchas vueltas a lo que escribo y siempre me hago una pregunta de principiante, ¿por qué escribo? Busco los detalles de cualquier acontecimiento, por pequeño que sea, para no alterar la realidad, aunque después lo envuelva en la belleza que brinda la palabra, pero la obsesión por no dañar lo ocurrido es una necesidad ética de situación que me lleva a cuidar hasta el último detalle de texto y contexto. José Manuel Blecua, exdirector de la Real Academia Española de la Lengua, decía que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Me pasa con García Márquez. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial en un mundo sin detalles, vuelvo a copiar una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras para explicar los detalles de la vida. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…, buscando detalles para ser más felices y entregárselos a los demás a través de la palabra escrita o hablada, un pormenor, una parte o fragmento de algo, según la RAE, a lo que llamamos verdad, que suele estar siempre atrás, en la trastienda de nuestra existencia.

Sevilla, 26/IX/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://static.iris.net.co/semana/upload/images/2014/4/17/384136_174058_1.jpg

Donde Luis Cernuda nació

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Casa natal de Luis Cernuda, en calle Acetres, 6 (Sevilla) / JA COBEÑA

…Mas el trabajo humano
Con amor hecho, merece la atención de los otros…

Luis Cernuda, A sus paisanos

Acabo de firmar en la plataforma digital Change.org una petición promovida por la Asociación de Defensa del Patrimonio de Andalucía (ADEPA), para que la Junta de Andalucía declare la casa natal de Luis Cernuda como Bien de Interés Cultural. El año pasado escribí en este sentido un post, que adjunto a continuación, en el que mostraba mi asombro por haber descubierto una realidad dolorosa en mis paseos matutinos de entonces, por la ciudad de sus sueños: “porque donde hoy habita el olvido de Sevilla es en la casa donde nació Luis Cernuda, que está en venta al mejor postor, sin que se atisbe el rescate digno por parte de organizaciones públicas de su ciudad natal. Soy consciente de que la cultura es la pariente pobre de la situación económica actual y la que está sobrellevando como puede la crisis económica y, sobre todo, de ideas, en la ciudad de sus paisanos”. Por ello, me alegra saber que se ha iniciado un camino para que con la declaración de su casa natal como BIC, la cultura triunfe en un mundo de mercancías.

El pasado 21 de septiembre lo leía en la edición digital de El País: “Es una casa poetizada. En ella se ha trasvasado poéticamente la infancia y la adolescencia del autor con más proyección de la generación del 27. Ahí descubrió la poesía, la música, la aparición del tiempo y el desconocido mundo de la homosexualidad”, apunta Rogelio Reyes, catedrático emérito de la Universidad de Sevilla y miembro de la asociación. “Lo interesante sería que las administraciones la adquirieran y rehabilitaran de forma respetuosa, sin desnaturalizar la casa, desde la que también se plasma en su obra una geografía sentimental del entorno”, señala Reyes, que fue presidente de la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras”.

Tal y como él lo pidió a sus paisanos, hoy, siguiendo la estela de sus palabras, la casa donde nació Luis Cernuda, con amor tratada por sus paisanos, merece ahora la atención de Sevilla. Firma, si quieres estar cerca de Cernuda y su estela, en la plataforma citada y el poeta será conocido todavía más si algún día las personas que lo admiran pudieran atravesar el zaguán de Acetres, 6 para ver una vela echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtre tamizada la luz del mediodía y donde una estrella destaque sus seis puntas de paño rojo. También, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, que se agrupen las matas floridas de adelfas y azaleas. Y el sonido del agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá, en el fondo del agua, unos peces escarlata que pueden nadar otra vez con inquieto movimiento. Como a él le gustaría volver a la casa que le vio nacer y crecer para entregarnos palabras y libertad envuelta en ellas.

Sevilla, 24/IX/2016

PALABRAS DEL AMANECER / 4. Donde Luis Cernuda nació…

Mas no todos igual trato me dais,
Que amigos tengo aún entre vosotros,
Doblemente queridos por esa desusada
Simpatía y atención entre la indiferencia.

Luis Cernuda, A sus paisanos

No me hubiera gustado descubrir esta situación en paseos matutinos por la ciudad de sus sueños, porque donde hoy habita el olvido de Sevilla es en la casa donde nació Luis Cernuda, que está en venta al mejor postor, sin que se atisbe el rescate digno por parte de organizaciones públicas de su ciudad natal. Soy consciente de que la cultura es la pariente pobre de la situación económica actual y la que está sobrellevando como puede la crisis económica y, sobre todo, de ideas, en la ciudad de sus paisanos.

He recordado una y mil veces las palabras que nos dedicó hace muchos años, transidas de dolor por el trato recibido por parte de los sevillanos de pro y que las tengo grabadas a fuego en mi persona de secreto:

Mas el trabajo humano
Con amor hecho, merece la atención de los otros.

He visitado recientemente la cristalería “Valeriano Díaz”, que finaliza su estancia desde 1917 en la casa de Cernuda, llena de cachivaches arriba y abajo, pero que conserva en sus muros, en su patio, en su galería interior, un sabor de realidades y deseos de supervivencia en lo más profundo del ser humano sensible con la cultura y con el patrimonio literario de uno de sus hijos que nunca pudo ser pródigo en su tierra. Al entrar, cerré los ojos y vi la vela echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. También, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, que estaban agrupadas las matas floridas de adelfas y azaleas. Y el sonido del agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá, en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento.

Aunque me consta que hablar de estas realidades no es políticamente correcto en tiempos de turbación, tan revueltos, me gustaría hacer llegar a cuantas personas quieren a este poeta universal un llamamiento para unirnos en un frente cultural, como le gustaría a él nombrarlo, para intentar buscar una solución de mercado, pero sin tratamiento de mercancía pura y dura, a esta venta de un lugar que debería habilitarse como sede permanente, sobre todo sencilla y digna, de su obra y vida.

Porque siguiendo la estela de sus palabras, la casa donde nació Luis Cernuda, con amor tratada por sus paisanos, merece ahora la atención de Sevilla.

Sevilla, 18/V/2015

Alalá, en la calle de la utopía

Somos tristeza / por eso la alegría / es una hazaña
Mario Benedetti, Rincón de Haikus (132)

Ayer asistí a un estreno muy especial y esperado por mi parte, en calidad de presentación mundial, de un documental de largo metraje, Alalá, dirigido por Remedios Malvárez, en el contexto de la XIX edición de la Bienal de Flamenco que se celebra en la actualidad en Sevilla. Cuando conocí el cartel promocional del documental, dije que se acercaba “el momento de compartir Alegría, alalá en lenguaje caló, en la clave que expresó Mario Benedetti: “Defender la alegría como una bandera… como un principio / como un destino… como una certeza… como un derecho…”. Es un proyecto de cine social, un documental comprometido con causas que se pueden ganar y que los de siempre dan siempre por perdidas, llevado a cabo por Producciones Singulares, con la colaboración de la Fundación Alalá entre otras instituciones, recordándome el espíritu y la obra de Costa Gavras o Bertrand Tavernier en películas sublimes y mágicas de profundas raíces sociales”. El afamado director francés siempre ha hablado de su compromiso con la sociedad a través del cine, dejándonos muestras de ello en películas tan extraordinarias como “Hoy comienza todo”. Anoche lo recordé especialmente, porque Remedios Malvárez sigue su estela.

El gran acierto del documental es que durante los 78 minutos de proyección he estado presente en las Tres Mil Viviendas, un barrio muy conocido en Sevilla por las duras etiquetas sociales que le asigna siempre el primer mundo, guiado por la cámara dirigida por la mirada no inocente de Remedios Malvárez a quien conozco gracias a una experiencia anterior con su corto “Silencio”. He recorrido sus calles, acompañado siempre de Caracafé, director de la escuela de Arte del barrio y artífice del desarrollo de los sueños que hoy pueden tener muchos niños y niñas que viven allí sus pequeñas vidas, por el respeto reverencial a sus almas gitanas, a las profesoras de cante y baile y al profesor de percusión, entre otros colaboradores. También he entrado en algunas casas de los que menos tienen, aunque las he visto llenas de vida, de la forma de entender la alegría permanente en su vida. Lo cuenta Caracafé cuando, aunque fuera de noche, su padre los sacaba de la cama para celebrar la llegada de unas personas a las que había que ofrecer todo. Además, con alegría, con alalá.

He contemplado qué supone para esos niños y niñas disponer de una escuela de arte, guitarras, trajes de gitana y zapatos de baile alineados para unos pies que saben bailar descalzos, tal y como como han aprendido a andar por la vida los antepasados de su etnia gitana. También hemos ido a un mercadillo y nos hemos sentado alrededor de una mesa muy sencilla de un bar del barrio, en el que Raimundo Amador ha dejado con la boca abierta a dos alumnos de Caracafé que lo contemplaban con admiración reverencial, escuchándole tocar la guitarra y sus palabras cargadas de identidad agradecida hacia el que es y será su barrio querido de la infancia. Me ha mostrado que siempre es posible la integración de otras razas, en una lección magistral de los que menos tienen y para los que siempre somos “primos”.

Cuando se aproximaba el final de la película, llegó al barrio Arcángel, un artista de la palabra cantada con sentimiento, que dijo cosas tan importantes como que esos niños tenían que ser primeros personas libres, con conocimiento, independientemente de que llegaran a ser artistas o no, porque el flamenco era su vehículo de libertad de la que les llevaba de la mano un guía espiritual extraordinario, de nombre “flamenco” y…“Caracafé”. En ese momento, apareció un plano muy rápido, en el que figuraba una placa de la calle Utopía, en un barrio tan alejado aparentemente de ella. Yo no lo creo así, porque me parece una experiencia ciclópea la que se está llevando a cabo allí, en las tres mil formas de vivir la alalá, la alegría que tanto desconocemos en su esencia. Por eso, Alalá es una hazaña, tal y como lo aprendí un día ya lejano de Mario Benedetti, que tanto la cantó.

En las Tres mil Viviendas hay personas singulares y una productora singular ha fotografiado sus vidas y les ha puesto animación de cine, no por lo que tienen o les ha entregado la sociedad de consumo y mercado, sino porque la singularidad es una identidad, tal y como la definía el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución de nuestra propia vida. Es fácil comprobarlo viendo el documental, divulgando su precioso contenido, una obra hecha con pensamiento y sentimiento, para que se escuche siempre el corazón y resuene mucho más fuerte que el viento. Libre solo el corazón, más que el viento (Rafael Alberti).

Sevilla, 23/IX/2016

Yo no me callo

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Fotograma de La lengua de las mariposas (1999)

En un Estado de Derecho, como el nuestro, hay que mostrar respeto reverencial a la justicia y sus actos. Sin lugar a dudas, pero en ese mismo Estado de Derecho, también es justo y necesario hablar claramente en voz alta sobre valoraciones de lo que está ocurriendo, para que las escuchen personas dignas que las quieran escuchar, no solo opinar sobre el desconocimiento objetivo de la realidad, porque no quiero otorgar con silencios cómplices supuestas veracidades en tiempos revueltos en los que se encausan personas, cargos políticos sin excepción alguna y con los que en algún momento he compartido tiempo, espacio y responsabilidades públicas, como es mi caso, sin avergonzarme por ello. Parto de un principio básico: todos no son ni somos iguales ante la maledicencia y la tergiversación de determinados hechos como comento a continuación.

Me refiero concretamente al escrito de acusación del fiscal perteneciente a la Delegación de Sevilla de la Fiscalía especial contra la corrupción y la criminalidad organizada, hecho público el pasado 15 de septiembre, en relación con la pieza separada de las DP 174/11 del Juzgado de Instrucción nº 6 de Sevilla (Procedimiento Abreviado nº 133/2016, Diligencias Previas: 6645/2015), comúnmente conocido como “caso de los ERE”. He leído con atención las cuarenta páginas del escrito, de las que 36 páginas se dedican a detallar los hechos acaecidos, en las que se acusa a 26 altos cargos de la Junta de Andalucía, incluidos dos expresidentes, hasta llegar a la calificación de los mismos como “constitutivos de un delito continuado de prevaricación de los artículos 404 y 74 en relación de concurso medial con un delito continuado de malversación del artículo 432,1º y 2º y del art. 74, todos del Código Penal en su redacción vigente al tiempo de cometerse todos los hechos”. Asimismo, responden criminalmente conforme al art. 28 del Código Penal, del delito continuado de prevaricación como autores, los 26 altos cargos que se citan y del delito continuado de malversación, solo 18. Recae sobre los primeros una pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de 10 años y, sobre los 18 citados en relación el delito de malversación, pena de prisión de 8 y 6 años, con inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena e inhabilitación absoluta por tiempo de 20 años. Por último, en el escrito se recoge que los autores del delito de malversación responderán solidariamente de la devolución a la Hacienda Pública andaluza del total de los créditos destinados a la concesión de las ayudas sociolaborales por parte de la Dirección General de Trabajo y Seguridad Social de la Consejería de Empleo en el periodo 2000 a 2010 del programa 31L y 22E, elevándose la citada cantidad total a 741.596.545 euros.

Esta es la síntesis fría del escrito citado, al que debemos respeto constitucional en su formulación jurídica, aunque no quiero quedarme callado en aspectos de fondo que creo conocer bien por haber trabajado en la Junta de Andalucía como funcionario de a pie y alto cargo en tres etapas, en las que he compartido con los altos cargos encausados otras responsabilidades públicas en parte del tiempo político que se contempla en el escrito. Por esta razón, me resisto a admitir que los 26 son iguales en relación con las duras acusaciones vertidas en el escrito, porque no es así, ni por razón de cargo ni por las diferentes formas de haber desempeñado sus responsabilidades. Creo que las personas dignas comprenden bien quién ha tenido responsabilidades políticas directas en este caso, diferenciándose de las meramente competenciales que les han afectado y creo que sé de lo que estoy hablando, así como de los que de forma flagrante y sin escrúpulos han llevado a cabo actuaciones nada ejemplares, impresentables y punibles sin duda alguna. Pero meter en el saco a todo el mundo por igual es manifiestamente injusto, porque conozco bien a la mayoría de los encausados y mantengo hoy por hoy que son personas dignas, que han trabajado de forma muy solvente y con gran dedicación a la función pública, con altura de miras y gran generosidad personal y familiar.

Los Presidentes encausados han sido mis Presidentes y les debo respeto y consideración. Reconozco que he podido criticar de forma constructiva en algún momento determinadas actuaciones suyas de pasividad en torno a este caso, como corresponde admitir cuando se trabaja en la cresta de la ola casi todos los días y porque la acción política no es uniforme ni lineal cuando se vive hasta las últimas consecuencias. No pertenezco a partido alguno y eso me ha dado en mis cargos “políticos” un margen de maniobra de libertad en la palabra, decisión y acción que tengo que reconocer que nunca se alteró ni sufrió merma alguna por indicaciones superiores y que todo el mundo entiende a lo que me refiero. Es decir, no había en la Junta un mantra de corrupción generalizada que nos llevara a todos a prevaricar y malversar por definición, como algunos podrán deducir de lo expuesto en el escrito del fiscal, haciéndolo extensivo a toda la Junta de Andalucía. Si esto es así, igual ocurrió en las Consejerías directamente afectadas por el caso de los ERE, entre las que se encontraba la de Economía y Hacienda en una primera etapa y de Hacienda y Administración Pública después, a las que pertenecí desde 2004 a 2013 y donde se trabajaba con dignidad y respeto al interés general.

Mis Consejeros en esta última etapa están encausados y, además, José Antonio Griñán fue también mi Presidente y el de todos, como Manuel Chaves, con lo que simbolizan para esta Comunidad Autónoma y en su proyección al Estado. Siento gran tristeza por ello, por lo que representan y por su etapa final humana y política, con un silencio sepulcral y de frío marmóreo por parte de su propio partido y no digamos nada hacia los que se pueden considerar políticos militantes de segunda fila o afines del mismo. También, por otros muchos silencios cómplices, soledad institucional y por los enfrentamientos finales entre sí de varios encausados que, hasta el momento de autos, mantenían una relación excelente. Nunca he tenido la percepción ni noticia alguna de que en su gestión hubiera atisbos de prevaricación y, mucho menos, de malversación, al igual que respecto de la Consejería de Economía y Hacienda, después de Hacienda y Administración Pública, en la que, como decía anteriormente, compartí responsabilidades directamente durante parte del tiempo público de los hechos narrados, hasta que decidí renunciar a mi alto cargo en septiembre de 2013 por razones de ardiente im-paciencia [sic] ante tanto desmán y que publiqué en aquellas fechas para conocimiento general de la ciudadanía, a quien me he debido siempre.

Por todos los motivos expuestos, no quiero callarme en estos tiempos difíciles, de tanta desazón, como los lugareños de las últimas escenas de una película extraordinaria, La lengua de las mariposas, presa del terror de la indecencia, con silencio cómplice, ante la cordada de personas dignas, que han actuado en su mayoría respetando el interés público. Perdonen, de verdad, mi tristeza y comprendo que muchas personas pensarán que todo son palabras, pero creo que es lo único que nos queda en un mundo diseñado a veces por el enemigo que se agazapa en la maleza de las mercancías, de la indecencia y no en el vergel de los derechos y deberes públicos. Pienso que los 250.000 empleados públicos de la Junta de Andalucía y los altos cargos que la dirigen, merecen el reconocimiento diario de su trabajo leal y sincero, al servicio del interés general. Deseo otorgar a todos, siempre, el principio de confianza. Es indudable que se han cometido errores de importancia extrema en el caso de los ERE, pero quiero resaltar que no se debe generalizar ni extender esta mancha concreta y acotada de corrupción política y administrativa como si afectara a toda la Junta de Andalucía. Tampoco, a la mayor parte de los altos cargos encausados. Pero la justicia, como la nave de Fellini, va… y ya falta mar para los que se quieren arrojar, cada día más, del barco de la indecencia, acompañados por Verdi con su fuerza del destino hacia alguna parte de la verdad. Porque la verdad existe, por mucho que a veces nos cueste encontrarla.

Sevilla, 22/IX/2016

José Antonio Cobeña Fernández

Exsecretario general del Servicio Andaluz de Salud (2000-2004), exdirector general de Tecnologías para Hacienda y la Administración Electrónica (2010-2012) y exdirector general de Política Digital (2012-2013), en la Junta de Andalucía.