¡Hola, Andalucía, España, Mundo!

Sevilla, 27/V/2020

Estamos iniciando un nuevo viaje en nuestras vidas a través de la desescalada y hacia la nueva normalidad en un nuevo orden o desorden mundial, según se mire. Ya nada es y será igual en nuestras vidas singulares, mejor que ordinarias, porque nosotros tampoco somos ya los mismos. La vida es un viaje hacia alguna o ninguna parte, según lo planteemos a lo largo de nuestro caminar mundano. En este cuaderno de bitácora, también llamado a veces de derrota, en lenguaje del mar, controlando siempre la aguja de desvío, he mencionado de forma reiterada la importancia de comprender nuestra vida como un largo viaje a islas desconocidas, aunque el secreto radique en conocernos primero a nosotros mismos, saliendo de nosotros y atendiendo siempre la recomendación de Saramago a través de su heterónimo literario, la mujer de la limpieza en el palacio del rey, en su precioso cuento de la isla desconocida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Llegados a este punto de la desescalada, haciendo acopio de avíos en tierra para navegar de nuevo, he recordado un documental que se estrenó el 9 de enero de 2020, ¡Hola, mundo!, como una premonición de lo que íbamos a necesitar solo casi cinco meses después, quizá como símbolo de que es probable que tengamos que dar un giro copernicano a nuestras vidas, salvando lo que haya que salvar, en este viaje que iniciamos hacia lo desconocido por las secuelas de la pandemia. La historia que cuenta el documental es muy interesante porque “nació con la idea de dar argumentos a todos aquellos que quieren viajar en familia pero no se atreven. Bien por miedos propios o por el peso del entorno. Queríamos ofrecer algunas certezas, eliminar ciertos miedos y regalar algunos consejos. Según fue tomando forma el proyecto, pasó de ser un documental eminentemente viajero a uno en el que se hablaba de algo más: la importancia de los primeros años para la vida de un ser humano. Así, el viaje pasaba a ser un hilo conductor”. El viaje que iniciamos en la desescalada va a ser también, en muchas ocasiones, un viaje en familia, como si lo hiciéramos por primera vez ante un mundo desconocido.

Ahora, atendiendo a las recomendaciones que Pablo Neruda y Saramago han hecho siempre sobre la atención que debemos prestar al niño que siempre llevamos dentro, es probable que comprendamos la importancia de cualquier viaje en nuestras vidas, más si lo concebimos como dirigido hacia alguna parte, extrayendo desde las primeras imágenes aquellas reflexiones necesarias para un buen viajero en la vida. Necesitamos en estos momentos refuerzos positivos después de un desgaste evidente por lo vivido durante el estado de alarma, porque ya nada es igual que antes y porque no existen guías para este tipo de viajes que no preocupan al mercado turístico sino solo al justo, digno y solidario.

El hilo conductor del documental es lo importante al aplicar el principio de realidad en la situación actual: los primeros pasos por la nueva vida, marcarán el resto del camino (la cursiva es mía). Construiremos un mundo mejor si organizamos bien nuestro próximo viaje cuando finalice el estado de alarma y busquemos el mejor destino para viajar no solos, sino acompañados y juntos ante el peligro de no soñar despiertos o de no vivir unidos.

NOTA: recomiendo leer las notas del documental en la dirección web: https://youtu.be/rGSLv0PjgF0, donde se ofrece información del proyecto “Algo que recordar”. La voz en off de Alejandro Sanz, siempre reconocible, aporta un plus de creatividad y compromiso, porque con la música que lleva dentro nos llena de alegría en la felicidad y, otras veces, de consuelo en momentos difíciles.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La ciencia garantiza también las pensiones

Sevilla, 26/V/2020

Lo decía ayer el ministro de ciencia e innovación, Pedro Duque, contestando en una entrevista muy interesante a una pregunta que debería estar presente en cualquier cuestionario actual de economía de Estado: “Habla de la escasez de recursos de la ciencia y la investigación, ¿es el momento para revertir esta situación?”, a la que el ministro Duque responde con una proyección que valoro profundamente: “Estoy convencido de que esta es la única decisión inteligente que se puede tomar en cuanto al fomento de la investigación y desarrollo en España. Espero que no haya nadie que no haya entendido que con el doble de innovación podemos pagar las pensiones a medio plazo. La innovación es la base para tener márgenes en las empresas y estar por delante del mercado, y a su vez para que sus trabajadores tengan sueldos cercanos a los que tienen en Centroeuropa, y eso además implica que puedan contribuir a la Seguridad Social y poder pagar las pensiones de nuestros jubilados. No podemos pretender que el sistema de bienestar español pueda ser sostenible si no invertimos en conocimiento e innovación. Las empresas tienen que exportar producto de alto valor añadido, y eso no sale de otro sitio que no sea de la innovación y de la aplicación de la ciencia básica y de la transferencia de conocimiento”.

Creo que un DAFO (análisis de debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades) ultrarrápido de esta epidemia, nos abre un capítulo muy esperanzador en relación con las oportunidades y fortalezas que nos brinda la situación actual de descalabro económico y científico, donde ha quedado clara y manifiesta la dependencia vergonzante de la investigación, innovación y desarrollo en España respecto de otros países, que se ha tenido que buscar fuera para dar respuesta a situaciones extremas en las que, paradójicamente, ha aflorado de forma esplendorosa la inteligencia de un gran sector de profesionales, que estaba oculta y trabajando en muchos casos en áreas de innovación estratégica para el Estado con sueldos miserables y en perpetua economía precaria.

Me ha parecido un gran logro un ejemplo que ya funciona en este país en relación con la Oficina de Compra Pública Innovadora, “un método cercano a los programas aeroespaciales, por el que los poderes públicos compran el primer prototipo de algo prometedor. Esa compra pública de innovación revierte en unos servicios públicos más eficientes, y a la industria le favorece porque le ayuda a dar el último empujón de innovación para la conversión de la idea en un producto. Lo estamos relanzando y estamos creando programas de este tipo que no existían. Se trata de tener un primer cliente ancla, que en este caso es el Estado, que además se beneficia con una propiedad compartida de los derechos generados de propiedad intelectual. Al Estado le costaría un poco menos comprar más de este producto y la empresa puede venderlo con beneficio. Estamos en buen camino, aunque creo que esta crisis tiene que ayudarnos a acelerar esta evolución y que llegue a los Presupuestos generales. Es importante que todo el mundo lo entienda, pero sobre todo que ningún elector achaque a su partido un fallo por utilizar algo de dinero en ciencia e innovación y no a arreglar los problemas de hoy”.

Me detengo en esta experiencia, implantada en nuestro país en 2018, al ser la Compra Pública de Innovación (CPI) una herramienta para fomentar la innovación desde el sector público, concretamente a través de la adquisición de soluciones innovadoras o de soluciones en fase de desarrollo. La Oficina de Compra Pública Innovadora (OCPI), cuyo objetivo es, esencialmente, impulsar la CPI en la modalidad de Compra Pública Precomercial (CPP) se cofinancia a través de los fondos FEDER: “A través de este instrumento, el CDTI [Centro de Desarrollo Tecnológico Industrial] adquirirá servicios de I+D que puedan resultar en prototipos de primeros productos o servicios, en forma de series de prueba, tecnológicamente innovadores y que satisfagan necesidades públicas. El prototipo que en su caso se desarrolle, será cedido a la Administración Pública española que esté interesada en el mismo y pueda proporcionar el entorno real necesario para validar la tecnología propuesta. El prototipo deberá utilizarse exclusivamente para validar tecnología, sin fines comerciales posteriores”. Se puede acceder en su portal web específico a las subvenciones a proyectos de I+D y de Inversión para hacer frente a la emergencia sanitaria declarada por la enfermedad COVID-19, como ejemplo de la inversión científica actual en términos de oportunidades de investigación.

Como un ejemplo vale más que mil palabras, es interesante dar a conocer una experiencia concreta de una empresa sevillana, Airvant Mediciones Ambientales, S.L., que ayer se reunió por videoconferencia con el Ministro Duque, para explicarle el desarrollo de un proyecto, denominado PREVENZAL, financiado por su Ministerio a través del Centro de Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), empresa pública ya citada y dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, que generará puestos de trabajo y cotizaciones a la Seguridad Social, beneficiando a los pensionistas de hoy y de mañana, como ejemplo claro de que con ocasión de la pandemia de la COVID-19, se puede innovar y crear un nuevo tejido empresarial en beneficio de todos.

Aprovecho el fondo y forma de esta reflexión como un pequeño homenaje a la visión estratégica de Bill Gates, al cumplirse hoy 25 años de la publicación de un memorándum interno a su empresa (Microsoft), con un título premonitorio, El maremoto Internet, donde detallaba su visión en torno al fenómeno mundial de las tecnologías de la información y comunicación, que se ha hecho viral, nunca mejor dicho, en todos los supuestos que se contemplaban en aquel documento: “Internet es el desarrollo singular más importante que llega después de que el PC de IBM fue presentado en 1981. Es incluso más importante que la llegada de la interfaz gráfica del usuario (GUI) […] Internet es un maremoto. Cambia las reglas”.

El ejemplo de los hiperenlaces, que también los citaba en el documento, es una muestra de ello y al utilizarlos y compartirlos hoy con la Noosfera, he sentido la necesidad de agradecer lo que queda en el fondo y forma de estas palabras que escribo ahora, con la emoción de un usuario de la innovación que, hace ya veinticinco años, determinados científicos pusieron en marcha, con todo su empeño en avanzar y justificar que el mundo solo tiene interés hacia adelante y que la sociedad es una red tupida de relaciones humanas, políticas y comerciales, como bien preconizó el ministro Castells en una publicación estelar, La galaxia Internet (1), en la que irónicamente nos anunciaba algo importante: “Existen malas noticias para los que sólo quieren vivir su vida: si no nos relacionamos con las redes, las redes si se relacionan con nosotros. Mientras queramos seguir viviendo en sociedad, en este tiempo y en este lugar, tenemos que tratar con la sociedad red. Porque vivimos en la galaxia Internet”.

Sinceramente, creo que las propuestas planteadas desde el Ministerio de Ciencia e Innovación garantizan una determinada inversión pública en ciencia, en todas y cada una de sus proyecciones prioritarias que se deben marcar en una estrategia del Estado del Bienestar, pero queda mucho por hacer. El Estado tiene que plantear con urgencia una inversión pública revolucionaria y transformadora en ciencia y tecnología, en sus bases de investigación, innovación y desarrollo, así como en la proyección nacional e internacional de sus resultados. La pandemia ha mostrado las debilidades del Estado en muchos recursos públicos que se han tenido que buscar fuera, generando un gasto insoportable, solo gasto, cuando con una buena previsión e inversión científica se podría haber generado un tejido empresarial innovador, joven, atractivo para estudiantes recién egresados de la Universidad e instituciones científicas del país que ahora, por miles, trabajan fuera de España, en una sangría de conocimiento de la que vamos a tardar muchos años en recuperarnos. No olvidemos las palabras de Manuel Castells: vivimos en una sociedad red llena de oportunidades. Aprovechémoslas. El ejemplo de la empresa sevillana es un claro exponente de que también podemos inventar e innovar nosotros. Los mayores lo agradecemos ya, olvidando el sentido controvertido de la frase de Unamuno, “Que inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones”, porque pensamos que inventando nosotros se beneficiará probablemente el mundo en general y los pensionistas, en particular, en el presente y futuro de este país que envejece por días, una cuestión de Estado que, en beneficio de todo el país, no se debe olvidar ni siquiera un momento.

(1) Castells, Manuel (2001). La Galaxia Internet. Barcelona: Areté.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

En el alma enferma de Alzheimer, siempre hay espacio para la música

 

Sevilla, 25/V/2020

El 12 de octubre de 1986 se inauguró el Suntory Hall de Tokyo, una de las salas de conciertos más importantes del mundo. Recordarlo hoy se debe a que ayer encontré en un muro de un amigo entrañable, en Facebook, un vídeo en el que aparecía el director de orquesta japonés Seiji Ozawa, junto a Zubin Mehta, en un concierto que celebraba el 30 aniversario de la citada inauguración, donde el director japonés volvió a subir al estrado, pero ya aquejado de la enfermedad de Alzheimer, en un gesto maravilloso de reconocimiento y respeto a su persona por parte de Zubin Mehta, dirigiendo ambos a la Filarmónica de Viena.

Viendo a Ozawa, he recordado una anécdota que leí hace unos años, escrita con gran sensibilidad por Félix de Azúa en el diario El País, en el que contaba que durante una de las conversaciones que mantuvo Ozawa con el gran escritor Haruki Murakami, durante su convalecencia por una implacable enfermedad de esófago que sufrió el director japonés en 2010, “surgió la historia de cuando Ozawa fue a Milán invitado por Pavarotti para dirigir Tosca en La Scala. Lo consultó con Karajan, uno de sus maestros, y este se llevó la batuta a la cabeza: “¡Es una locura! ¡Un suicidio! ¡Ni se te ocurra!”. Ozawa, sin embargo, consideró peor contrariar a Pavarotti. Y allí dirigió Tosca en 1980. Su mujer acababa de tener un crío y no pudo acompañarle, pero consciente de la barbarie de los occidentales, su madre acudió para cocinarle platos japoneses. El día del estreno recibió un colosal abucheo. Le afectó porque estaba habituado al público de Boston, de Nueva York, de Viena, que es un público educado. Se sintió insultado por aquellos xenófobos, más parecidos a los del fútbol que a los de la ópera, que no toleraban a un asiático en “su” repertorio verdiano. El abucheo desapareció a los pocos días y al final la orquesta del teatro le dedicó una ovación. Lo más bonito es que su madre, presente el día del estreno, incapaz de concebir semejante grosería, creyó que eran gritos de entusiasmo y estaba muy contenta. Cuenta Ozawa que no pudieron hacerle entender lo que era un abucheo. La mujer carecía de espacio en el alma para aprehender una práctica tan mezquina y analfabeta”. En tiempos de coronavirus, comprendo muy bien que cada vez me queda menos espacio en el alma para aprehender el cerrilismo celtibérico en los comportamientos antisociales y antipolíticos de nuestro país, aunque reconozco que también siento esa amarga sensación cuando me refiero, por igual, al escaso espacio disponible en mi cerebro cuando me dicen que el saber no ocupa lugar. ¿Qué saber para qué alma?

Ozawa tiene el espacio musical intacto en su cerebro dañado por el Alzheimer. Ha gozado siempre de una espléndida memoria fotográfica para alojar en su cerebro las partituras más complejas con solo visualizarlas una vez. También en su alma de director de orquesta. En el concierto citado, que se celebró el 1 de octubre de 2016, Mehta invitó a Seiji Ozawa a que le acompañara en la tercera parte del mismo, dedicada a Johann Strauss hijo, en concreto en la dirección de la Tritsch-Tratsch-Polka, op. 214. Es prodigioso el comportamiento de Ozawa dando las entradas a profesores expertos de diversas secciones de la Filarmónica de Viena, a la que ya había dirigido en el concierto de año nuevo de 2002 y de la que es, desde 2010, miembro honorario de la misma. Sin dejar atrás a Zubin Mehta, que está muy cerca de Ozawa en cada movimiento y dándole un papel estelar en el concierto. Almas gemelas con mucho espacio todavía en su inteligencia musical para enseñar a todos que otro mundo es posible. ¡Qué gran lección!

Gracias, Rafael.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

¡Estoy contigo, todo saldrá bien y no quiero que te sientas sola!

Sevilla, 24/V/2020

Quiero decirlo alto y claro: ¡Estoy contigo, todo saldrá bien y no quiero que te sientas sola! No es solo una exclamación publicitaria sino un deseo personal y colectivo de las personas que pertenecemos al Club Virtual de Personas Dignas, al conocer que desde el inicio del confinamiento, se han recibido ya 19.000 peticiones de ayuda a los servicios de atención a mujeres víctimas de violencia de género.

En este sentido, el Ministerio de igualdad ha elaborado un plan de contingencia contra la violencia de género ante la crisis derivada del covid-19, dado que “en sus múltiples manifestaciones es una grave vulneración de derechos humanos que se ejerce en cualquier contexto político y social, como parte estructural de la discriminación histórica hacia las mujeres. La Organización Mundial de la Salud reconoce además (28 de marzo de 2020) que la violencia hacia las mujeres es el mayor problema de salud pública global, acentuándose su prevalencia en tiempos de emergencia, incluyendo cuando se producen graves epidemias”. Debería hacernos reflexionar esta última frase: la violencia hacia las mujeres es el mayor problema de salud pública global. Por extensión, también la que probablemente están sufriendo sus hijos.

TODOSALDRA BIEN1

Invito a conocer con detalle el resumen ejecutivo publicado por el Ministerio, citado anteriormente, en el que se pueden conocer con detalle y de forma directa las dos fases que contempla:

1ª fase: Se adoptan medidas focalizadas en reforzar las actuaciones que ya se desarrollan de manera normalizada en el ámbito de la violencia de género en el entorno de la pareja y expareja, así como en relación a otras formas de violencia machista, como la violencia sexual, declarando servicio esencial todos los servicios de violencia contra las mujeres (incluidos los servicios de trata y explotación sexual). En esta fase se han desarrollado además otras nuevas medidas adaptadas a la dificultad añadida que supone para las mujeres víctimas de violencia de género la situación de confinamiento.

2ª fase: Se adoptan también medidas adicionales que amplían la primera fase, mediante un Plan de Acción Urgente para víctimas de trata, explotación sexual y para mujeres en contexto de prostitución.

Me ha llamado la atención una medida específica en el entorno de la pareja o expareja y en relación a otras violencias de género, como la violencia sexual, a través de la publicación de una “Guía de actuación para mujeres que estén sufriendo violencia de género en situación de permanencia domiciliaria derivada del estado de alarma por COVID-19”, porque junto a otras medidas que ya se venían atendiendo, ésta se centra específicamente en el tiempo que dure el estado de alarma. El mensaje introductorio es una declaración de principios que no deberíamos olvidar en esta actuación solidaria y responsable contra esta violencia en tiempos de confinamiento: “La violencia de género no es un problema privado, es una violación de derechos humanos que incumbe a toda la sociedad, especialmente a los poderes públicos. Por eso, en esta situación de estado de alarma, con las dificultades que añade el aislamiento en los hogares y el cierre de muchos servicios, desde el Ministerio de Igualdad queremos informar a todas las mujeres que puedan estar viviendo estas situaciones de violencia de las acciones de prevención y respuesta frente a la violencia de género que siguen en marcha, especialmente si se trata de situaciones de emergencia”.

Queda mucho por hacer y cada uno, cada una, en la medida de sus posibilidades debemos actuar con los medios que tenemos, propagando sobre todo la información objetiva y veraz como mejor contribución para salir adelante en este espacio de vida irrespirable que en el que se convierte el hogar de mujeres que sufren violencia de género. Diecinueve mil peticiones de ayuda durante el tiempo transcurrido en el estado de alarma, debería hacernos reflexionar sobre qué podemos hacer cada uno por separado y todos juntos también, para ayudar a erradicar esta lacra social que tanto nos debería conmover para estar cerca de estas mujeres que nunca se deberían sentir solas. Menos, en el tiempo actual de confinamiento forzado.

La mejor forma de colaborar también con este plan es emitir juicios bien informados. Es el sentido de este post y su contenido con referencias oficiales específicas, en el que lo que llamo responsabilidad social se debe traducir en respuestas sociales, como resultado de la dialéctica continua que debemos mantener entre el conocimiento de lo que está pasando realmente en este ámbito triste de la sociedad y la libertad para llevarlas a cabo. Esa es la cuestión.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Leer a Alberto Manguel bien vale una suscripción

Sevilla, 23/V/2020

En el mes de mayo de 1976 acudí una mañana al quiosco que estaba situado en la esquina de la Vía del Corso con el corso Vittorio Emmanuele, en Roma, para comprar el diario El País que acababa de iniciar su andadura en España, concretamente el 6 de mayo de ese año, casi en los primeros días de su nuevo despertar democrático. Lo hice con la ilusión de encontrar en sus páginas una bocanada de aire fresco en días muy difíciles casi a seis meses de la muerte de Franco. Leer aquellas páginas me devolvían la ilusión de recuperar libertades que en España no eran fáciles de conseguir, viviendo además la experiencia romana de vivir allí y caminar por sus grandes avenidas de libertad, con el peligro, a veces, para caminantes, como bien había aprendido de la experiencia de Rafael Alberti en esa Ciudad. Una experiencia, Urbi et Orbi, para quien la vive apasionadamente.

Cuarenta y cuatro años después, casi en el mismo día y hora en la que compraba aquel periódico y que me permitía una vez a la semana mi frágil economía de estudiante, me encuentro con el dilema de que si quiero seguir leyendo artículos en el diario El País, después de haber accedido a diez lecturas gratuitas durante este mes, tengo que pagar una suscripción que se ofrece con varias opciones y que se justifica por la dirección del periódico porque “El momento actual ha demostrado, más que nunca, la importancia de estar bien informado. Detrás de cada noticia, está el trabajo de todo un equipo de periodistas que velan por traerte una cobertura rigurosa y amplia. Esto no sería posible sin el apoyo de nuestros lectores, que hacen que EL PAÍS sea una realidad”. Escueto mensaje para quien lo quiera comprender así. Tengo una relación contradictoria con el periódico desde hace años, aunque no quiero confundir nunca la dirección editorial del mismo con algunos de sus periodistas de plantilla y colaboradores esporádicos, porque sería injusto meter a todos en el mismo saco de dudas éticas. Poderoso caballero es don dinero y este periódico también tiene sus deudas y avisos de sus fiadores, como todos los demás, aunque el patio de su casa sea muy particular. Siguiendo a Plauto y a Gracián, al buen entendedor con pocas palabras basta.

Al hablar de librerías, confieso que tengo grabada en mi memoria de secreto una secuencia de la película La vida es bella, que he reproducido recientemente en este cuaderno digital y que hoy vuelvo a rescatar por su fondo y forma en relación con el compromiso social y cultural de abrir una librería. Me refiero a Guido Orefice, el protagonista de esa excelente película, por su ilusión de poner una librería (que también tuve yo en una época de mi vida), que le jugaría al final una mala pasada por la invasión nazi en Italia, teniendo que explicar a su hijo Josué, de nombre hebreo, qué cartel van a poner en su librería para prohibir determinadas entradas como la que han leído al detenerse en un escaparate para ver un posible regalo para su madre: prohibida la entrada a hebreos y perros. Quitando hierro a la dramática situación que está viviendo con su hijo, Guido lo resuelve con una respuesta genial:

Josué: – Pero nosotros dejamos entrar a todo el mundo en la librería.

Guido: – ¡No, mañana mismo también pondremos un cartel! A ver dime algo que te caiga mal.

Josué: – Las arañas. ¿Y a ti?

Guido – ¡A mí, los visigodos! A partir de mañana vamos a poner un cartel que diga. “prohibida la entrada a las arañas y a los visigodos”. Me tienen frito los visigodos. Se acabó.

Guido era un judío pobre que tenía tres ilusiones en su vida humilde: abrir una librería, comprender bien a Schopenhauer (por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida) y saber distinguir el norte del sur (que también existe). Todo quedaría en nada excepto su dignidad humana y el ejemplo para su hijo en el campo de concentración, sin libros ya, casi sin nada. Al inteligente, poco, que decía Plauto.

Esta mañana, al iniciar el día con la lectura de las cabeceras democráticas de este país, porque toda la prensa no es igual, encontré un artículo de mi gran maestro Alberto Manguel dedicado a las librerías de su vida y a su proyección excelsa, la profesión de libreros. Además, tenía el artículo una entradilla muy sugerente: “Antes de dirigir la Biblioteca Nacional de Argentina o de escribir “Una historia de la lectura”, Alberto Manguel fue un librero adolescente con dos funciones: pasar el plumero a los libros para conocer bien el fondo y leer para Borges, ya ciego. Lo cuenta en este artículo”. Tuve una sensación agridulce porque durante los días pasados ya me había salido de forma reiterada el aviso de que si quería seguir leyendo artículos seleccionados tenía que suscribirme, pero mi satisfacción ha sido plena cuando, con el miedo en el cuerpo por si saltaba el aviso emergente, he comprobado que podía leerlo completo con la admiración de siempre hacia este autor al que sigo desde hace ya muchos años, aprendiendo de él el amor a las librerías y a la profesión de libreros, que con la que está cayendo abren librerías de nuevo, siguen leyendo y recomendando a Schopenhauer y saben distinguir perfectamente autores del norte y del Sur, que también existen. ¿Un regalo de El País o de Manguel, en tiempos de confinamiento?

Probablemente, dependiendo del medio por el que accedo a la lectura de El País, ordenador de mesa, tableta o móvil, me queda todavía alguna oportunidad de acceso gratuito que no he perdido, como la lectura del artículo de Manguel, situación que en su fondo y forma lo he considerado como un regalo de la vida. No creo que me vuelva a ocurrir y he pensado que seguir leyendo a Alberto Manguel bien merece una suscripción, como a mí me mereció la pena y alegría contradictorias lo que sentí al comprar ese querido periódico un día ya lejano en Roma, al igual que merecería también una misa si fuera por conquistar París, su ciudad tan querida durante años, con su libertad, igualdad y fraternidad como lecciones aprendidas en libros para distribuir ahora, en las desescaladas, por librerías de todo el mundo.

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Mayo fue antes Bona Dea, una diosa buena

BONA DEA

Sevilla, 22/V/2020

La cultura nos ayuda a interpretar la historia, aprender de ella y saber, por ejemplo, por qué este mes se llama Mayo. Siguiendo su trazabilidad cronológica, nos podemos retrotraer hasta el calendario ático en el que se denominaba Targelión, porque en este mes se celebraban las Targelias, unas fiestas dedicadas a los dioses Apolo y Artemisa. Posteriormente, según el calendario romano, este mes se denominó Maia o Bona Dea, hija de Fauno y diosa de la fertilidad, la castidad y la salud. Probablemente, deriva de Maia la actual denominación del quinto mes del año según el calendario gregoriano.

Analizando la mitología romana, cuando Hércules regresaba de Iberia con el ganado robado a Gerión, se detuvo al pie de Aventino para beber en una de las fuentes, “pero lo hizo alejado de Carmenta que, con las otras mujeres de Roma, estaba celebrando el ritual en honor a Bona Dea, un rito del que se excluyeron a los hombres” (1). Me ha llamado poderosamente la atención conocer que “Bona Dea era una diosa enigmática y poderosa y, sobre todo, era la diosa de las mujeres y los hombres tenían que respetar su culto, pero no eran admitidos, hecho absolutamente único en la cultura machista romana. El misterio del culto, alimentado por la exclusión de los hombres, también se tiñe de magia para la dimensión suburbana de la frecuentación; el ara de la diosa estaba en una silva en la que había una cueva y un manantial, como en los santuarios oraculares arcaicos, lo que revela el poder de los vaticinios entre las prerrogativas de Bona Dea, que también tenía entre sus denominaciones la de Fatua. Deidad de la fertilidad, de la tierra, de la mujer y diosa saludable y beneficiosa, Bona Dea fue venerada en muchos lugares, tanto públicos como privados; el número y la variedad de sus epíclesis: Agrestis, Hygia, Nutrix, Pagana, Oclata destacan la versatilidad de sus aspectos y la fácil asimilación con las deidades preexistentes del mundo de la curación”.

Es interesante conocer la historia para comprender el alcance de los nombres que se dio a todo lo que nos rodea. Ya he escrito en este cuaderno digital que antes de la palabra existió la experiencia de la vida en el reconocimiento de todo lo que rodeaba a cada persona, visión transcendental del valor de la palabra cuando en relación con la creación del hombre y la mujer vio Dios que era muy bueno lo que había ocurrido frente a las restantes creaciones, los cielos, la tierra, las aguas, los animales y las semillas, que solo eran creaciones buenas: “Nunca tuvo un adverbio, muy, tanta importancia como ahora. Decir muy bella significa que por encima de todo es maravilloso vivir. Este adverbio tuvo siempre mucho valor para los pueblos ribereños del Tigris y Éufrates, en la actual Irak, porque allí nacieron los primeros relatos de la creación y en arameo decir “muy” significaba dar un valor transcendental a lo que sucede y a las cosas cotidianas que pasaban en su entorno, porque para ellos lo primero fue la experiencia vital y después la palabra que explicaba los hechos basados en lo que estaba pasando y seguían contado sus mayores de boca en boca”.

Quiero quedarme hoy con la constatación histórica de cómo nuestros antepasados buscaron siempre amparo ante la enfermedad, acercándose a la diosa Bona Dea, por lo que se comentaba boca a boca en Roma, por ejemplo, en relación con la curación. Han pasado miles de años y seguimos buscando todavía la curación, bajando del pedestal a quien debe proporcionarnos esa curación, la ciencia, la Buena Ciencia, a la que solo pedimos ahora que, como hizo Enrique Morente en su soleá de la ciencia, Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Cómo siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí, comprenda -al curarnos con sus resultados- los difíciles momentos que estamos atravesando. Porque Enrique Morente también cantaba hacia atrás, buceando en la historia del ser humano, deseando que la emociones y las pulsiones pudieran comprender “la ciencia” del bien y del mal, de la enfermedad y las pandemias, en un mes de mayo que nos recuerda que una vez, hace ya muchos siglos, se llamó el mes de la Diosa Buena, de la curación.

(1) https://www.romeandart.eu/es/arte-mito-bona-dea.html

NOTA: la imagen de la Bona Dea (fechada aproximadamente en la mitad de siglo III d.C.), se ha recuperado hoy de http://www.bertolamifinearts.com/blog/2016/12/13/il-ritorno-della-bona-dea/ y es muy interesante la transcripción que figura en la inscripción de su base: “Ex visu iussu Bonae Deae/sacr(um)/Callistus Rufinae n(ostrae) actor”, que quiere decir: “Callistus, esclavo dependiente de Rufina, en calidad de abogado o tesorero (¿), ha dedicado esta estatua a la Bona Dea, respondiendo a una petición que le hizo ella misma, que se le apareció en un sueño”. La fecha de la estatua no es la original porque se ha datado sobre la base de la cabeza que figura en la actualidad, al aparecer decapitada y ser sustituida la original probablemente por la de Tranquilina (225-244 d.C.), emperatriz romana, esposa del emperador Gordiano III.

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¡Hagas lo que hagas, ámalo!

Sevilla, 21/V/2020

Se habla mucho en estos días de la reconstrucción urgente del país, con sede política en el Congreso de los Diputados, a través de una Comisión nombrada a tal efecto. Mientras que se aborda esa tarea necesaria, viendo lo que estamos viendo de espectáculo poco edificante, pienso que como ciudadanos tenemos la obligación ética de aportar nuestro grano de arena en esta reconstrucción, saliendo de la zona de confinamiento en la que estamos viviendo y que, si todo va bien en el proceso de desescalada, pronto tendremos que abandonar para asumir la vuelta a la normalidad pasada, presente y futura, que de todo habrá de aquí en adelante.

En la maravillosa película Cinema Paradiso, hay unas escenas inolvidables en las que Alfredo aconseja a Totó que salga de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente Jose Saramago en su cuento “La isla desconocida”: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo. Lo he recordado especialmente porque estamos viviendo unos días complejos en nuestro país y la principal tentación es aislarse cada uno en su zona de confort, la que nos da seguridad en tiempos revueltos, que no está en los mapas de supervivencia existencial, porque suele ser personal e intransferible. Es perfectamente comprensible esta actitud, aunque personalmente defiendo que la reconstrucción del país en estos momentos es tarea de todos. En lugar de volver a escuchar ¡que inventen otros!, puede ser peligroso pensar en algo así como ¡que reconstruyan otros!, como si esa acción patriótica, no delegable, no fuera asunto de cada uno, de todos.

Creo mucho en la literatura y escritura circular, igual que la economía más avanzada hoy en relación con el cambio climático, aunque me separe siempre de aquella frase del asesor de Clinton, ¡es la economía, idiota!, que la elevó a un cielo muy particular y del que me siento muy alejado. Quiero decir con exactitud que, personalmente, vuelvo a leer libros de autores muy queridos y a repasar escritos míos que me pueden aportar de nuevo ganas de vivir y de compromiso activo. Creo que como ya manifesté hace años en este cuaderno digital, es imprescindible en esta fase de la desescalada salir de la zona de confinamiento en la que estamos instalados en este momento y pasar a la acción de participación social, cada uno donde mejor sepa o pueda hacerlo para reconstruir el país, su ciudad, su barrio, en la medida de nuestras posibilidades. Lo que es seguro es que debemos hacerlo, porque tenemos un recurso que si estamos atentos todavía no controla ni la mercadotecnia mundial ni los hombres de negro, nuestra inteligencia, que es la única responsable de interpretar el cuaderno de instrucciones para actuar en la vida en momentos difíciles como los que estamos viviendo. Además, no existen todavía dos cuadernos humanos iguales. De ahí nuestra responsabilidad individual y colectiva, tal y como la explico más adelante.

Desde mi punto de vista hay un modo de participar socialmente en procesos de construcción individual y colectiva del mundo que nos rodea ante situaciones límite como la que nos ocupa ahora por la pandemia, que es lo que se llama habitualmente “compromiso intelectual”, sobre el que ya he escrito en otras ocasiones en este blog y que no se refiere al mundo de sabios alejados de la realidad sino a la responsabilidad intelectual que tenemos todos, reafirmándome hoy en lo dicho anteriormente, respetando tres argumentos fundamentales para complicarnos la vida (si me permiten la expresión) de alguna forma digna:

1º. El primero nace de la suerte de que una persona pueda plantearse el dilema en sí mismo, sin calificar esta “suerte” como lujo afrodisíaco: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo tranquilo que nos rodea en la zona de confort y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera. Desgraciadamente. La pre-programación de la preconcepción, en la clave que aprendí hace ya muchos años del profesor Ronald Laing, es una tabula rasa sobre la que se elabora y encuaderna el libro de instrucciones de la vida. Nuestro compromiso intelectual será siempre un interrogante y una dialéctica entre acción o silencio cómplice. La conclusión es que estamos mediatizados por nuestro programa genético y por nuestro medio social en el que crecemos. Todos somos “militantes” en potencia, con y sin carné, dependiendo de nuestros aprendizajes para comprometernos con la vida. Militar en vida, esa es la cuestión. Mucho más en estos momentos tan difíciles y complejos.

2º. La segunda vertiente a analizar es la del compromiso activo. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretándola como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamaba uso de razón científica, nos pasamos toda la vida decidiendo. Por eso nos equivocamos, a mayor gracia de Dios, como personas que habitualmente tenemos miedo a la libertad, acudiendo al escritor Erich Fromm que asimilé en mi adolescencia, pero que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos. Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso (engagement) o diversión (divertissement), en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas, centro y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada. Por eso me aproximé siempre a ella, porque me dejaban estar sin preguntarme nada. Intuían la importancia del descubrimiento de la respuestabilidad. Había inteligencia y compromiso activo. Seguro. Pero con un concepto equivocado como paso previo: la militancia de carné. Craso error. Antes las personas, después la militancia. No al revés, que después vienen las sorpresas y las llamadas traiciones como crónicas de deserciones anunciadas o de supuestos “militantes” que ante cualquier problema se tiran al mar desde el barco de las dificultades (a veces creo que falta mar para atender tanto náufrago…), aunque luego se compruebe con bastante desazón que falta barco para recoger a tantas personas que se tiraron de él en momentos de crisis, despreciando la obligación ética de permanecer en cubierta hasta el último momento del compromiso activo.

3º. Una tercera cuestión en discusión se centra en un adjetivo del compromiso, el “intelectual” y, hablando del grupo organizado o no, de los “intelectuales”. De este último grupo, líbrenos el Señor, porque suele ser el grupo humano más lejano de la sociedad sintiente, no la de papel cuché o la del destrozo personal televisivo. Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar ¡eureka! a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima, su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario.

Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona” que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, es decir, que podemos serlo todos, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos o peor tratados por la sociedad en un determinado momento político o social, como el que nos asola en estos momentos por la pandemia del coronavirus, desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Véase ya el espectáculo bochornoso de las llamadas “colas del hambre”. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver, pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en venta en el mercado mundial de la indignidad.

Al tiempo, aunque no olvido las palabras de Alfredo a Totó para salir ahora de la zona de confinamiento, que no confort, de la forma más digna posible: hagas lo que hagas, ámalo porque el viaje de la reconstrucción personal, de nuestras familias, del país, de nuestras ciudades y barrios es tarea de todos, para amarla sin excepción alguna y sin dejar a nadie atrás

NOTA: para activar los subtítulos en español, en el vídeo de cabecera, hay que pulsar en Subtítulos. Merece la pena escuchar atentamente el diálogo. Impecable.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

 

¡Cuidemos bien este día!

DIARIO DE UN POETA RECIEN CASADO

Sevilla, 20/V/2020

En plena desescalada, donde cada segundo es necesario para ganar terreno al coronavirus 19, he recordado unas palabras preciosas de Juan Ramón Jiménez, poeta que tanto admiro, a modo de introducción a su querido diario (1), recogidas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia!-, porque resumen perfectamente el cuidado extremo que debemos observar con nuestras responsabilidades individuales y colectivas en estos tiempos difíciles:

¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura.

El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!

Es difícil encontrar un prontuario de cómo actuar de forma responsable en tiempos de coronavirus, pero estas palabras de Juan Ramón Jiménez descubren todos los ámbitos de la vida de cada persona que ahora, más que nunca, deberíamos tener en cuenta mediante actos responsables, personales e intransferibles. Cada día encierra todas las realidades y todas las variedades de la existencia, proyectadas en tres situaciones que nos llenan de esperanza en momentos que necesitamos reforzar ilusiones y oportunidades para seguir adelante: crecer caminando siempre hacia adelante, actuar siempre de forma saludable que ennoblezca cada acto humano y descubrir la belleza de la hermosura de todo aquello que se hace bien respondiendo a la ética personal y colectiva, atendiendo al suelo firme (la solería de nuestra vida) que justifica todos los actos humanos.

Este principio de realidad freudiano nos permite a su vez reflexionar sobre lo que ha ocurrido hasta ayer con esta pandemia, algo más que un mal sueño, mientras que no se sabe cómo será el mañana. Juan Ramón Jiménez aborda esta dialéctica con una recomendación muy sabia: si hoy hacemos bien las cosas encomendadas en este plan de salida escalonado del estado de alarma, puede convertirse el tiempo transcurrido hasta ayer en un sueño y cada mañana en una visión de esperanza. Esa es la razón y no otra, de cuidar bien de hoy, de este día mío, que es también tuyo, de los demás. De todos.

(1) Jiménez, Juan Ramón, Diario de un poeta recién casado (1916-1917), 2011. Madrid: Visor Libros.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Obama, a jóvenes graduados: seremos el viento que os empuje

BARAK OBAMA

Sevilla, 19/V/2020

En un mundo azotado por la COVID-19, en el que acusamos cada día con más intensidad los efectos del estado de alarma, por las consecuencias del confinamiento y el proceso de desescalada, es como un bálsamo escuchar palabras esperanzadoras de políticos de la talla del expresidente de los EE. UU., Barack Obama. Ha sido con ocasión de un acto de graduación virtual debido a las circunstancias excepcionales que vivimos por la pandemia, celebrado el pasado sábado 16 de mayo en una ceremonia para graduados de colegios y universidades históricamente para personas de raza negra, conocidas allí históricamente con las siglas HBCU (Historically Black Colleges and Univesities: Facultades y Universidades Históricamente Negras).

He localizado una traducción del discurso y lo he leído ya varias veces porque, salvando lo que haya que salvar, como siempre, descubro entrelíneas un mensaje muy claro y esperanzador para los jóvenes del mundo, sobre todo los que no olvidan la memoria histórica de su país y de su pasado. Creo que divulgarlo es como una bocanada de aire fresco en estos difíciles momentos y porque nos ayuda a dar sentido a la juventud de nuestro país que está a punto de finalizar sus estudios, si a los que nos corresponde hacerlo, sin excepción alguna, somos el viento que los empuje. También porque nos ofrece ilusión para instalarnos en el progreso, en el nuevo futuro, aunque ya no deba ser lo que fue porque necesitamos transformarlo en beneficio de todos.

Discurso del expresidente Barack Obama a jóvenes graduados de las HBCU

Hola a todos. Felicitaciones a las clases de las HBCU de 2020. Michelle y yo estamos muy orgullosos de ustedes.

Graduarse en la Universidad es un gran logro bajo cualquier circunstancia. Y muchos de ustedes lucharon mucho para llegar aquí. Ustedes navegaron por clases difíciles y en desafíos fuera del aula. Muchos de ustedes tuvieron que esforzarse para pagar la matrícula. Y algunos de ustedes son los primeros en sus familias en alcanzar este hito.

Entonces, incluso si la mitad de este semestre se gastó en Zoom University, te has ganado este momento. Deberías estar muy orgulloso. Todos los que te apoyaron en el camino están orgullosos de ti: padres, abuelos, profesores, mentores, tías, tíos, hermanos, hermanas, primos, primos segundos, primos de los que ni siquiera estás seguro son primos. Muéstrales algo de gratitud hoy.

Ahora, sé que este no es el comienzo que ninguno de ustedes realmente imaginó. Porque si bien nuestras HBCU son conocidas principalmente por una educación basada en el rigor académico, la comunidad y un propósito superior, también saben cómo aparecer en público. Nadie brilla tanto como un senior en el patio en primavera, por ejemplo la Springfest en escuelas como Howard y Morehouse y ahora es el momento en que puedes presumir un poco de tus cosas. Y sé que en tiempos normales, rivales como Grambling and Southern, Jackson State y Tennessee State, podrían levantar algunas cejas al compartir una ceremonia de graduación.

Pero estos no son tiempos normales. Se te pide que encuentres tu camino en un mundo en medio de una pandemia devastadora y una recesión terrible. El momento no es el ideal. Y seamos honestos: una enfermedad como esta solo destaca las desigualdades subyacentes y las cargas adicionales que las comunidades negras han tenido que enfrentar históricamente en este país. Lo vemos en el impacto desproporcionado de Covid-19 en nuestras comunidades, tal como lo vemos cuando un hombre negro sale a correr, y algunas personas sienten que pueden detenerse y preguntarle y dispararle si no se somete a su interrogatorio.

Injusticia como esta no es nueva. Lo nuevo es que gran parte de su generación se ha dado cuenta del hecho de que el statu quo necesita ser reparado; que las viejas formas de hacer las cosas no funcionan; y que no importa cuánto dinero ganes si todos a tu alrededor están hambrientos y enfermos; que nuestra sociedad y democracia solo funcionan cuando pensamos no solo en nosotros mismos, sino en los demás.

Más que nada, esta pandemia ha roto completamente el telón sobre la idea de que muchos de los responsables saben lo que están haciendo. Muchos de ellos ni siquiera fingen estar a cargo.

Si el mundo va a mejorar, dependerá de ti. Con todo de repente sintiendo lo que está en juego, este es tu momento para aprovechar la iniciativa. Ya nadie puede decirte que deberías esperar tu turno. Ya nadie puede decirte «así es como siempre se ha hecho». Más que nunca, este es tu momento: el mundo de tu generación para moldear.

Al asumir esta responsabilidad, espero que seas valiente. Espero que tengas una visión que no esté nublada por el cinismo o el miedo. Como jóvenes afroamericanos, habéis estado expuestos, antes que algunos, al mundo tal como es. Pero como jóvenes graduados de HBCU, vuestra educación también les ha mostrado el mundo como debería ser.

Muchos de ustedes podrían haber asistido a cualquier escuela en este país. Pero elegiste una HBCU específicamente porque te ayudaría a sembrar semillas de cambio. Decidiste seguir los valientes pasos de las personas que sacudieron el sistema en su núcleo: íconos de derechos civiles como Thurgood Marshall y Dr. King, narradores de historias como Toni Morrison y Spike Lee. Decidiste estudiar medicina en Meharry e ingeniería en NC A&T, porque quieres liderar y servir.

Y estoy aquí para decirte que hiciste una gran elección. Ya sea que te des cuenta o no, tienes más hojas de ruta, más modelos a seguir, más recursos que la generación de derechos civiles. Tienes más herramientas, tecnología y talentos que mi generación. Ninguna generación ha estado mejor posicionada para ser guerreros por la justicia y rehacer el mundo.

Ahora, no voy a decirte qué hacer con todo ese poder que está en tus manos. Muchos de ustedes ya lo están usando muy bien para crear cambios. Pero déjame ofrecerte tres consejos mientras continúas tu viaje.

Primero, asegúrate de ubicarte en comunidades reales con personas reales, trabajando siempre que puedas a nivel de base. La lucha por la igualdad y la justicia comienza con la conciencia, la empatía, la pasión, incluso la ira justa. No te actives solo en línea. El cambio requiere estrategia, acción, organización, marcha y votación en el mundo real como nunca antes. Nadie está mejor posicionado que esta clase de graduados para llevar ese activismo al siguiente nivel. Y desde abordar las disparidades de salud hasta luchar por la justicia penal y los derechos de voto, muchos de ustedes ya lo están haciendo. Seguid adelante.

Segundo, no puedes hacerlo solo. Un cambio significativo requiere aliados en una causa común. Como afroamericanos, estamos particularmente en sintonía con la injusticia, la desigualdad y la lucha. Pero eso también debería hacernos más vivos a las experiencias de otros que han sido excluidos y discriminados.

Entonces, en lugar de decir: «¿Qué hay para mí?» o «¿Qué hay para mi comunidad? y para hablar con todos los demás, «defiende y únete a todos los que están luchando, ya sean inmigrantes, refugiados, pobres de las zonas rurales, la comunidad LGBT, trabajadores de bajos ingresos de todos los orígenes, mujeres que a menudo están sujetas a su propia discriminación. y cargas y no recibir igual salario por igual trabajo; presta atención a las personas ya sean blancas o negras o asiáticas o latinas o nativas americanas. Como Fannie Lou Hamer dijo una vez, «nadie es libre hasta que todos sean libres».

Y en los grandes objetivos inconclusos en este país, como la justicia económica y ambiental y la atención médica para todos, una gran mayoría está de acuerdo en los extremos. Es por eso por lo que las personas con poder seguirán intentando dividirte por los medios. Así no cambia nada. Obtiene un sistema que cuida a los ricos y poderosos y a nadie más. Así que expande tu imaginación moral, construye puentes y haz crecer a tus aliados en el proceso de lograr un mundo mejor.

Y finalmente, como graduado de HBCU, debes recordar que eres heredero de una de las tradiciones más orgullosas de Estados Unidos. Lo que significa que ahora, todos, sois modelos a seguir, les guste o no. Tu participación en esta democracia, tu coraje para defender lo que es correcto, tu disposición a forjar coaliciones: estas acciones hablarán mucho de ti. Y si estás inactivo, eso también hablará mucho de ti. No solo a los jóvenes que vienen detrás de ti, sino también a tus padres, a tus compañeros y al resto del país. Necesitan ver vuestro liderazgo: ustedes son las personas a las que hemos estado esperando.

Ese es el poder que tienes. El poder de brillar intensamente por la justicia, la igualdad y la alegría. Te has ganado tu título. Y depende de ti usarlo. Muchos de nosotros creemos en ti. ¡Estoy tan orgulloso de ti! Y cuando te propongas cambiar el mundo, seremos el viento a tu espalda.

Felicidades Clase de 2020, y que Dios los bendiga a todos.

NOTA: la imagen se ha recuperado de https://misspolitica.com/discurso-de-barack-obama/

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¡Hemos aplaudido, quedad en buena hora!

GRACIAS2

Sevilla, 18/V/2020

En una obra de Terencio, El Eunuco (161 a.C.), la frase final es recordada siempre como uno de los orígenes de los aplausos en la cultura occidental, puesta en boca de Fedria: Ya no queda nada por hacer; caminad vosotros por aquí. (A los espectadores: Vosotros quedad en buena hora, ¡y aplaudid! (¡Valete et plaudite!). Quizá sea el momento de intercambiar las palabras y decir: ¡hemos aplaudido, quedad en buena hora vosotros, profesionales que habéis atendido a los pacientes de coronavirus! Además, a diferencia de lo narrado finalmente en la obra de Terencio, nos queda a todos mucho por hacer.

Dos mil años después, el aplauso se fijó y dio esplendor en nuestro país, en el extraordinario Diccionario de Autoridades (RAE A 1726, pág. 341,1), como “contento y complacencia general, manifestada con palabras, júbilos y otras manifestaciones exteriores de saltos y palmadas, aprobando o alabando alguna cosa”, que en el devenir del país (DLE, edición del Tricentenario, última actualización de 2019) ha quedado hoy reconocido como “acción o efecto de aplaudir”, entendido este verbo como “palmotear en señal de aprobación o entusiasmo y celebrar a alguien o algo con palabras u otras demostraciones”, solo en dos escuetas acepciones. Me quedo con el detalle del diccionario de Autoridades, porque simboliza muy bien hoy lo que hemos querido expresar con aplausos de millones de personas, todos los días desde el inicio del estado de alarma, a las 20:00 horas.

El aplauso nació en el teatro y ahora, en el gran teatro del mundo, lo hemos recuperado como complacencia general, con millones de palmadas, para agradecer a los profesionales sanitarios – sobre todo- su titánico esfuerzo por salvar vidas todos los días, en alta disponibilidad, junto a profesionales de todo tipo que han coadyuvado a esta atención integrada a pacientes afectados por el coronavirus.

Leí en cierta ocasión una frase del comediante, actor, autor y crítico social estadounidense George Carlin: “¿Quién decide cuándo deben cesar los aplausos? Parece una decisión grupal y todo el mundo empieza a decirse a sí mismo, al mismo tiempo, ¡bien, ya es suficiente!”, que me ha llevado ahora a muchas reflexiones. Creo que lo que ha ocurrido con la concentración de aplausos todos los días y a la misma hora, desde el comienzo del estado de alarma, es una realidad de contagio social, ascendente y descendente, más potente que el propio coronavirus. Todas las personas que hemos aplaudido hemos proyectado en las palmadas la solidaridad ante el miedo a lo desconocido, reforzando con los aplausos el comportamiento de quienes han tenido la enorme responsabilidad de actuar con su conocimiento, habilidades y actitudes ante el drama que estábamos viviendo todos. Hemos sabido agradecerlo desde el más puro anonimato. Ahora silenciamos los aplausos porque solo se debe dejar de aplaudir cuando como en el arte de callar no se tiene algo que decir mas valioso que el silencio. Además, predicando todos con el ejemplo.

Es verdad. La ciencia y los profesionales van venciendo a la pandemia y la función dolorosa está acabando en esta larga, profunda y dolorosa representación diaria en el gran teatro del mundo. Pero estamos avisados de que esta obra puede volver a representarse en cualquier momento. ¡Ojalá que no tengan que decirnos los coregos de turno, a través de las redes sociales, que aplaudamos de nuevo porque lo mucho que teníamos que hacer con nuestra responsabilidad ciudadana, preservando siempre el interés general, ha fallado!

A diferencia del final de la obra de Terencio, queda mucho por hacer. No lo olvidemos, sobre todo en esta desescalada, porque es verdad que ahora estamos en la mejor hora.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.