Agosto 2020 / 7. Principios de realidad y confianza ante la COVID-19

Sevilla, 8/VIII/2020

Si aplicamos el principio de realidad a lo que está ocurriendo en nuestro país, nos enfrentamos hoy a noticias cada vez más alarmantes, de las que entresaco una que produce bastante desasosiego: España es ya el país que acumula más contagios en Europa. Para aplicar el principio de realidad ante esta situación, es obligado tomar como referencia el último informe del Ministerio de Sanidad realizado el 6 de agosto de 2020 a las 14:00h, basado en “el análisis de los casos de COVID-19 notificados a la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE) a partir del 11 de mayo de 2020, debido a la entrada en vigor de la nueva Estrategia de Vigilancia y Control en la fase de transición de la pandemia de COVID-19, a través de la plataforma SiViES (Sistema para la Vigilancia en España), que gestiona el Centro Nacional de Epidemiología conforme a los criterios establecidos en el protocolo de vigilancia en cada momento. Este informe refleja la información suministrada por las CCAA a la RENAVE”.

En este análisis se constatan 17 hallazgos, de los que destaco 14 que considero personalmente de mayor interés general:

  1. En el análisis de los casos notificados a la RENAVE con fecha de inicio de síntomas y fecha de diagnóstico posterior al 10 de mayo, y hasta las 14:00 h del 6 de agosto de 2020, se identifican 75.146 casos de COVID-19 en España. Un 5,4 % de los casos han sido hospitalizados, un 0,4% han sido admitidos en UCI y un 0,4% han fallecido.
  2. La mayor proporción de casos de COVID-19 se producen en el grupo de 15 a 59 años (69% del total).
  3. A nivel nacional, la incidencia acumulada de COVID-19 ha experimentado un aumento significativo del 24% desde la semana 29 (13-19 julio) a la semana 30 (20-26 julio) y del 17% desde ésta a la semana 31 (27 julio -2 agosto). El incremento se observa en todos los grupos de edad, y es relativamente mayor, entre las semanas 30 y 29, en los menores de 15 años, y en las dos últimas semanas, en los mayores de 69 años y en los menores de 15 años.
  4. Por CCAA, se observan una mayor razón de tasa acumulada en Asturias, Baleares, Madrid y Murcia, entre las semanas 30 y 29, y en Asturias, Cantabria, Castilla y León, Extremadura, Madrid y Melilla, entre las semanas 31 y 30.
  5. La evolución diaria de los casos y las hospitalizaciones de COVID-19 muestra una tendencia descendente hasta el 14-15 de junio. Desde mediados de junio, se aprecia un aumento en el número de casos, en las hospitalizaciones a partir de primeros de julio, y en los ingresos en UCI y defunciones a partir de la última semana de julio.
  6. El 49% de los casos de COVID-19 son mujeres y la mediana de edad de los casos es de 38 años, siendo mayor en mujeres que en hombres (39 vs 38 años).
  7. Con respecto a la distribución por sexo y edad de la población española, los casos de COVID-19, están sobrerrepresentados en las mujeres de 15-39 años y en las mayores de 84 años. La presentación de casos de COVID-19 en menores de 15 años de ambos sexos es relativamente baja.
  8. El 98% de los diagnósticos se realizaron con técnicas de PCR.
  9. Un 40% no refería contacto conocido con un caso diagnosticado de COVID-19. https://joseantoniocobena.com/2007/10/28/blogs-y-mision-cientifica/
  10. El ámbito más frecuente de exposición se da en el entorno del domicilio (30%).
  11. Un 7% de los casos son personal sanitario o sociosanitario. siendo significativamente mayor este porcentaje entre las mujeres que entre los hombres (10% vs 4%). El 71% del personal sanitario con COVID-19 notificado desde el 11 de mayo son mujeres.
  12. El porcentaje de casos importados es de 1,7%.
  13. En el análisis del tiempo transcurrido entre los distintos eventos, se observa que la mediana de tiempo entre el inicio de síntomas y el primer contacto con el sistema sanitario es de 2 días (RIC: 1-5 días), hasta el diagnóstico es de 3 (RIC: 1-5) y hasta el aislamiento de 1 días (RIC 0-3).
  14. Se estima una mediana de 3 contactos (RIC 1-5) identificados por caso.

De los datos anteriores se deduce que estamos ante una escalada importante en los rebrotes identificados, de los que se deduce que la población juvenil está seriamente representada, con una incidencia cada vez más alta según los datos de las dos últimas semanas en la población de menores de 15 años. Hasta el 14-15 de junio hubo una incidencia a la baja en todo el país, invirtiéndose esta realidad en las hospitalizaciones a partir de primeros de julio, y en los ingresos en UCI y defunciones a partir de la última semana de julio.

En relación a la afectación actual de los rebrotes de la pandemia por sexo y edad, llama la atención el dato de que los casos de COVID-19, están sobrerrepresentados en las mujeres de 15-39 años y en las mayores de 84 años.

Es importante resaltar que un porcentaje ya muy alto, 98%, los diagnósticos se realizan ya con técnicas de PCR. Es preocupante, por otra parte, que hay un hallazgo que crea bastante desconcierto porque el rastreo se complica, abriendo paso a la transmisión comunitaria: un 40% no refería contacto conocido con un caso diagnosticado de COVID-19.

Es importante resaltar también el dato de que el ámbito más importante de transmisión es el domicilio de las personas analizadas, es decir, el retorno de los lugares en los que probablemente se ha infectado cada persona transmisora abre la puerta a la transmisión familiar y comunitaria. Este dato debería llevar a una reflexión profunda de los jóvenes que frecuentan más las salidas y la movilidad diaria, volviendo luego a sus casas y transmitiendo comunitariamente el virus.

Por último, en este análisis ultrarrápido de divulgación de los hallazgos más importantes, hay que señalar el escaso impacto de los casos importados que alcanza la cifra de 1,7.

Reflejado este principio de realidad, me queda rescatar de nuevo el principio de confianza que debemos depositar en la información oficial que se puede verificar a diario en el portal específico del Ministerio de Sanidad en este ámbito de pandemia. Me ratifico en lo que ya escribí en la antesala de la declaración del estado de alarma el 14 de marzo de este año, en un post específico sobre este amargo asunto, Defendamos el principio de confianza en la sanidad pública: Es imprescindible en estos días estar atentos a lo que se nos comunica sobre el brote de coronavirus en el país. Recuerdo en estos momentos unas palabras de Mónica Bradford, directora ejecutiva de la revista Science, premio Príncipe de Asturias de Comunicación en 2007, sobre el papel que debe desempeñar la ciencia a la hora de transmitir datos científicos, que me enseñó en un determinado momento la importancia de saber comunicarlos a través de un blog como éste: “[…] Sin buenos comunicadores para ayudar a informar sobre lo que nos dicen los datos científicos, la sociedad sería más vulnerable a tomar decisiones malinformadas” (1). De ahí la responsabilidad de los poderes públicos al respecto o de espacios de divulgación social como son hoy los medios de comunicación social, blogs y redes sociales”.

Como decía entonces y sólo han transcurrido casi seis meses, quiero defender, una vez más, el principio de confianza en la sanidad pública. A pesar de los males que sigue sufriendo desde tiempo atrás, es innegable lo que hacen todos los días sus profesionales para atender a la población que la elige como principal recurso de atención a su salud. Fundamentalmente, la de aquellos que menos tienen y que gracias a un Sistema Público tienen garantizada la atención en cualquier caso. Ahora es cuando debemos defender de forma coordinada la importancia de nuestra contribución con impuestos al sostenimiento de estos servicios públicos y a la denuncia sin compasión alguna de la economía sumergida que pasa de largo en este tipo de contribución constitucional, legal y obligada”.

Después de la tempestad ha venido una relativa calma, llamada “nueva normalidad” que, por lo que estamos viendo a diario, está durando muy poco en determinados lugares de este país. Ahora toca trabajar sin descanso en unión y acatando las pautas de comportamiento social responsable ante una pandemia que nos afecta a todos, sin excepción alguna, sin olvidar que miles de profesionales del Sistema Nacional de Salud están siempre dispuestos a entregar lo mejor que tienen, conocimiento, aptitudes y actitudes, de forma heroica y con una generosidad extrema en muchas ocasiones, para mitigar un virus desbordante y del que todavía se sigue sabiendo más bien poco, para atacarlo con la rotundidad que todos esperamos que se alcance, en su fase actual y futura, en el menor plazo de tiempo posible.

El principio de realidad y de confianza, juntos, nos obligan a ser responsables de forma individual y comunitaria a tenor de lo que a cada uno le toca responder ante esta pandemia. Ya no valdrán aplausos a los profesionales, en los que decimos a boca llena  que confiamos pero no respetamos, sino sólo y exclusivamente pedir perdón y asumir la culpa que a cada uno corresponda de forma vergonzante si volvemos a las andadas. Seguimos confundidos muchos si creemos que la solución a esta pandemia es cuestión sólo del Gobierno correspondiente.

Quiero destacar por último que me adhiero a la “evaluación independiente e imparcial, por un panel de expertos internacionales y nacionales”, sobre la gestión del coronavirus en España, que ha propuesto un grupo de prestigiosos científicos e investigadores españoles, según una carta publicada el pasado 6 de agosto en la prestigiosa revista The Lancet. Esta investigación debe centrarse “en las actividades del Gobierno central y de los gobiernos de las 17 comunidades autónomas”, y debe incluir “tres áreas: gobernanza y toma de decisiones, asesoramiento científico y técnico, y capacidad operativa”. Una evaluación objetiva y veraz permite siempre emitir juicios bien informados en beneficio del interés general. Fundamentalmente, para reforzar también el principio de confianza en las decisiones públicas gubernamentales que se toman en estos momentos difíciles de rebrotes de la COVID-19.

(1) https://joseantoniocobena.com/2007/10/28/blogs-y-mision-cientifica/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Agosto 2020 / 6. La Pasionaria y Sara Montiel

SARA MONTIEL
Canta, Sara Montiel

Sevilla, 6/VIII/2020

El azar, que no la necesidad, me llevó anoche a conocer una historia singular de este país durante la dictadura. Se trataba de la relación de La Pasionaria con Sarita Montiel, dos iconos contrapuestos pero que tuvieron la oportunidad de encontrarse durante una turné en 1965 en el Teatro Real en Moscú, a la que siguió otras en Gorki y Leningrado. Al morir su madre durante su estancia en Moscú, Sara encargó a La Pasionaria que le guardara las joyas que había dejado en el hotel, porque camino del Kremlin para recibir una distinción las autoridades rusas de la época fletaron un avión especial para que volviera a España y así poder asistir al entierro de su madre. Estas cosas pasaban en los años de hierro de la dictadura, aunque la verdad es difícil conocerla en sus aspectos más íntimos. Decían las malas lenguas que la autorización de la presencia de la cantante en Moscú era a cambio del petróleo ruso. Es cierto que Sarita Montiel había dado claras muestras de su libertad absoluta en la forma de proceder tanto personal como artística y aunque vivía en pecado para el Régimen, era difícil declararle una guerra abierta porque la relación con el director Anthony Mann, coautor del pecado por casarse con él “por lo civil” y no por la Iglesia, era un representante de la América de Eisenhower, a la que el gobierno de Franco estaba muy agradecido. Siempre, vicios privados, públicas virtudes del Régimen.

En el reportaje que ayer dedicó la 1 a Sarita Montiel, pudimos ver a la hija de la Pasionaria, Amaya, cómo cantaba La Violetera delante de la artista y escuchar anécdotas muy curiosas contadas por Lola, la nieta de Dolores Ibárruri, así como la acogida que hicieron a Sarita en Moscú los exiliados españoles durante el tiempo en el que actuó allí, con amplio eco en la prensa de la época. En ese momento, fui a mi discoteca histórica y recuperé un disco de la susodicha Sarita, que compré en 1976, cuando vivía en Roma, a una familia judía rusa que apostada junto a otras de la misma nacionalidad en la entrada del mercadillo de Porta Portese, cerca del Trastévere, vendía todas las pertenencias que tenían en su vivienda en Rusia, antes de viajar a Roma como punto intermedio  con objeto de obtener el dinero suficiente que les permitiera seguir su éxodo familiar hacia Estados Unidos. El disco es una joya fonográfica por su fondo y forma. A mí me trajo la oportunidad de rescatar un objeto que para ellos no significaba nada, pero que en mi estancia en Roma me traía un recuerdo de mi país cargado de simbolismo. Por un puñado de liras, Sarita Montiel volvía a España. Aunque hablamos de mundos opuestos, también les compré dos LP de vinilo de Madama Butterfly, de Giacomo Puccini, en una versión de la discográfica oficial rusa Melodía, aunque es verdad que la discoteca íntima de esta familia judía, allí presente y en venta, sorprendería al musicólogo más inquieto.

 

MADAMA BUTTERFLY

Giacomo Puccini, Madama Butterfly

Sarita Montiel o María Antonia Abad y Madama Butterfly o Cio-Cio San, tanto monta monta tanto, fueron rescatadas en un acto de respeto a un recuerdo de este país hacia una mujer libre por un lado y por el contenido atrevido del libreto y la obra musical de la ópera de Puccini, por otro, en la que Butterfly ofrece un canto a la vida digna a través de su hijo llamado Dolor. Como la vida misma, eran muy controvertidas ambas protagonistas que, un día ya lejano, fueron recogidas a tiempo como salvoconducto para que una familia judía (allí estaban todos, desde los abuelos a los nietos), pudieran también encontrar su libertad añorada después de un largo exilio. No lo olvido. Tampoco, que el poeta zamorano León Felipe fue quién enseñó a Sara a leer, escribir, escoger lecturas y hablar en público durante el tiempo que ambos compartieron en México. Ella nunca lo olvidó tampoco.

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Agosto 2020 / 5. Tiempo para leer y cambiar nuestra forma de viviri

CLAUDIA DURASTANTI

Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio

Abate Dinouart. Principio 1º, necesario para callar.

Sevilla, 5/VIII/2020

Si algo nos regala el verano es tiempo para leer, sabiendo de antemano que los libros pueden cambiar nuestra vida. Agradezco esta realidad tan próxima al acercarme hoy a una publicación muy reciente, La extranjera, la primera novela de la escritora ítalo-americana Claudia Durastanti, hija de padres mudos, que me ha sorprendido desde la primera línea al leer hoy un excelente artículo que se ha publicado sobre ella, en uno de mis referentes bibliográficos, Librotea, “el recomendador de libros”. Todo lo que se cuenta allí es sobrecogedor, desde la realidad de la mudez extrema de sus padres, hasta cómo la propia vida se convierte a veces en el mejor hilo conductor de una novela que tiene también visos de ensayo sobre una realidad muy desconocida, el mundo mudo, en este caso el de sus padres. También, cómo la lectura puede cambiar nuestra vida. También, cuando escribimos sobre la realidad mágica de vivir.

Es una casualidad, de las que te ofrece la vida a diario, que hace tan sólo unos días pude ver de nuevo una película, La familia Bélier, que en su momento aprecié por su contenido, también relacionado con la dialéctica que se produce en una familia de cuatro miembros en la que tres son mudos, los padres de la protagonista y su hermano, viviendo en un mundo muy cerrado, rural. En esta realidad familiar y social, sobresale una cualidad de la única persona que escucha y habla, Paula, porque tiene habilidades extraordinarias para cantar como los ángeles, creando el problema sempiterno de la separatidad, es decir, la separación de los padres y del micromundo de la sordera individual y colectiva, realidad que a todos hace sufrir, porque la separación física y temporal de la hija, único nexo de unión con el mundo “normal”, se esfuma por segundos.

Soy lector asiduo de ensayos, más que de ficción, pero me gusta mucho la combinación de ensayo y novela como es este caso, porque la vida responde a estas dos formas de expresarse el alma humana: “Si La extranjera es precisamente eso, una novela, es fruto de un proceso que le llevó a combinar la experiencia personal y la reflexión con la narrativa, pero no era el plan inicial. “Al principio pensaba que estaba escribiendo un ensayo sobre el lenguaje, la mudez y las migraciones, aspectos que rodean superficialmente la historia de mis padres”, explica. “Me asustaba que el material autobiográfico fuese demasiado candente, arriesgado, abierto a malinterpretaciones y que no pudiese manejarlo, tanto por razones estilísticas como personales. Pero un día leí un poema de Emily Dickinson: “Después de un gran dolor, la sensación de orden”. De repente, lo tenía delante: el asunto no era distanciarme de mí misma y mi historia personal, sino también sobre la forma artística, la forma de una vida. ¿Cuál es el mejor género para recolectar una vida? Así que comencé a mezclar cosas, la cercanía y la distancia, la novela y el ensayo”.

En tiempos de coronavirus, es una suerte encontrar esta joya autobiográfica sobre la mudez funcional extrema en un mundo de hablantes sin saber a veces lo que decimos y cómo lo decimos. Sobre todo cuando tenemos que aprender a callar, cuando lo nuestro, paradójicamente y como seres humanos, es hablar, siguiendo un manual que aprecio mucho, El arte de callar (1), no de estar mudo, a través de sus 14 principios entre los que hoy resalto el 14º y último: “El silencio es necesario en muchas ocasiones, pero siempre hay que ser sincero; se pueden retener algunos pensamientos, pero no debe disfrazarse ninguno. Hay formas de callar sin cerrar el corazón; de ser discreto, sin ser sombrío y taciturno; de ocultar algunas verdades sin cubrirlas de mentiras”. En definitiva, cuido mi alma leyéndolo de nuevo para animarme en estos días tan difíciles pero que nos brindan una oportunidad preciosa de leer y entrar en las clínicas del alma, las bibliotecas. Es verdad que agosto es un tiempo para leer y cambiar nuestra forma de vivir con los silencios cuando no tenemos algo más valioso que decir sin estar mudos.

(1) Dinouart, Joseph Antoine (2003). El arte de callar. Madrid: Siruela, p. 53 (4ª ed.).

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Agosto 2020 / 4. El traje nuevo del rey

ANDERSEN SPIELBERG

Sevilla, 4/VIII/2020

Cuentan que el Rey emérito ya no está en España. Se ha ido después de haberlo consultado con su espejo. Es una noticia de un calado excepcional porque compromete muchas cosas, fundamentalmente la Constitución, al tocar de lleno a la Jefatura del Estado, de la que se debe esperar siempre no heroicidades sino la máxima ejemplaridad en todos los ámbitos de la vida real. Correrán ríos de tinta para analizar todo lo ocurrido, verdaderamente lamentable, pero cada uno tiene una parte en la responsabilidad de analizarlo como es debido.

En este contexto, he vuelto a abrir un libro al que tengo especial aprecio, un cuento de Andersen, El traje nuevo del emperador, pero interpretado y leído por actores que son amigos de Steven Spielberg. Hace ya muchos años conocí una experiencia dirigida por este afamado director, el proyecto Starbright (hoy Starlight), del que aprendí muchas cosas. Pero sobre todo me llamó la atención la publicación de un cuento, El traje nuevo del emperador (1), editado por la Fundación del mismo nombre y con el prólogo de Spielberg, que servía para financiar una parte de los gastos de los diferentes proyectos de la Fundación, que recomiendo leer en su versión al castellano y por sus magníficas ilustraciones. Suelo leerlo a menudo, sobre todo para refrescar siempre una recomendación del reconocido director: ¡Cuidado con los tejedores espabilados!

Hojeándolo con atención, he vuelto a leer la interpretación que del mismo hace la actriz Geena Davis, dedicado especialmente al espejo imperial [o real], que en estos momentos reales creo que ha tenido un papel decisivo:

“Soy PERFECTO

No bromeo, soy perfectísimo. Reflejo las cosas exactamente como son. Soy incapaz de cometer un error.

Es cierto que el emperador y yo hemos discutido a menudo por unos cuantos kilos o por la progresiva extensión de su calva, pero por lo general termina aceptando mi punto de vista. Por esta razón me había divertido tanto con la farsa de los tejedores. Estaba seguro de que una vez que el emperador se contemplara en mi luna el día de la gran prueba final vería la verdad: los ladrones quedarían en evidencia, y al final todos nos desternillaríamos de risa.

Pero no: el emperador se plantó delante de mí y nos miramos el uno al otro. Con los ojos buscaba el reflejo de su persona, pero no podía dejar de mirar los de sus consejeros, que seguían el “ensayo general” desconcertados. Estoy convencido de que Su Majestad vio lo que yo, sin dejar lugar a dudas, reflejaba: un emperador prácticamente desnudo, enmarcado en un espejo; un par de nerviosos “tejedores”; el transparentemente siniestro primer ministro, y todo el cabeceo aprobatorio de la corte imperial de tontos.

Sin embargo, no dijo esta boca es mía. Nadie dijo una palabra. Yo casi me hago añicos por la frustración. Había creído que el emperador era un hombre sensato.

¡Por mi gloria! ¿Es que no se daba cuenta?

Parece ser que no. Muchas veces, los “tejedores” más próximos son los que menos ayudan a ser uno mismo, por muy perfectos que sean. Hasta que un día cualquiera, en un momento especial, un niño o una persona, incluso un juez, da igual que sea mujer u hombre, nos desmontan todos los esquemas de la rutina diaria y salta la posibilidad de ser otros, porque son los que de verdad creen en personas que suelen ir desnudas por el mundo con la obsesión de vivir la perfección apasionadamente, convencidos de que llevan incluso ropa de emperadores, reyes o reinas, cosidos puntada a puntada por modistos o tejedores -supuestamente imparciales- que se refugian en ellos y son incapaces de decir la verdad de lo que está pasando a quienes cosen. Sobre todo, porque son profesionales de la farsa a cualquier precio y de los silencios cómplices.

Así lo leí un día ya lejano y así lo he contado hoy, con un problema serio a diferencia de cómo finalizaban los cuentos en mi infancia: colorín, colorado, este cuento real no se ha acabado.

(1) The Starbright Foundation (1998). El traje nuevo del emperador. Barcelona: Ediciones B.

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Agosto 2020 / 3. Consternado y conturbado

Basta poco, apenas unos centímetros, un descuido, una palmadita en la espalda, un saludo más efusivo, una risa inocente, un apretón de manos… Todo se detendrá de nuevo.

Sevilla, 3/VIII/2020

Hubiera preferido, como Bartleby el escribiente, no hacerlo. Escribir hoy de nuevo sobre las últimas noticias de comportamientos de jóvenes en relación con el coronavirus, me han consternado y llenado de turbación. Han sido dos noticias en el fin de semana pasado que reflejan una situación muy preocupante en este país, sobre todo desde la perspectiva de una persona que ha vivido la transición de una dictadura a una democracia y donde el mejor termómetro social es evaluar hoy, con una perspectiva de los cuarenta y cinco años transcurridos, la educación integral de los habitantes de este país.

Son dos botones de muestra, pero suficientes para justificar mi consternación. El primero ha ocurrido en Barcelona, ¡Barcelonavirus!, gritaba uno de sus protagonistas. La noticia destacaba una frase estremecedora en boca de una joven sin ataduras ni complejos: “Sinceramente, los muertos me dan igual”. Decenas de jóvenes se saltan en la playa de Barcelona la prohibición de hacer botellón y alegan desconocimiento o falta de alternativas”. Leer el artículo estremece el alma humana y obliga a una reflexión seria y meditada sobre qué está pasando con los jóvenes en este país, porque se puede generalizar a tenor de las noticias en casi todas las Comunidades Autónomas sobre comportamientos faltos de civismo y respeto a lo sucedido con la pandemia hace tan sólo unos días. Avanzar en la lectura del artículo es significativo de lo que está pasando: “La joven, diseñadora gráfica y a la que acompañaban siete amigos con edades de entre 25 y 40 años, argumentaba que “después de tantos meses encerrados” la responsabilidad no podía volver a recaer sobre ellos. “Que lo asuman los políticos”, insistía. Entre las más de 44.000 vidas que, según los cálculos de EL PAÍS, ha segado la pandemia en España, la joven reconoció que no hay la de ningún familiar suyo. “Ley de vida. Sé que es duro lo que digo. Pero es lo que pienso”. Este julio, 107 personas han muerto por la covid-19 en Cataluña”.

La segunda noticia recoge lo sucedido en Torremolinos (Málaga) hace varias semanas pero que ha saltado a los medios de comunicación social ayer por su difusión en las redes sociales: “La policía investiga a un chiringuito de Torremolinos donde un DJ escupió alcohol a los asistentes. El público bailaba sin mascarillas y sin distancia de seguridad”. No había lugar a dudas sobre lo sucedido allí porque fueron centenares de jóvenes los protagonistas, que se pudo ver de forma viral a través de las redes sociales: “Elevado sobre una tarima, sin camiseta ni mascarilla, un joven bebe a morro de una botella de Jägermeister y, acto seguido, escupe el trago sobre las numerosas personas que bailan a su alrededor. Poco después, les ofrece pequeños tragos pasando la misma botella. Son las imágenes pertenecientes a una sesión de música electrónica de un club de playa de Torremolinos (Málaga) que este sábado se difundieron por redes sociales”. Son 22 segundos inquietantes que causan una profunda consternación, a pesar de que el dúo de DJ que actuaba allí haya pedido disculpas que ya no valen para casi nada.

Son dos botones de muestra nada más, pero a lo largo del fin de semana todos los informativos han recogido múltiples espectáculos de jóvenes saltándose a la torera cualquiera de las indicaciones sobre el comportamiento ciudadano y responsable que se espera de la población en general en estos momentos. La vacuna para atacar frontalmente el coronavirus llegará y todos tan contentos, pero para la falta de educación responsable de miles y miles de jóvenes a lo largo y ancho de este país, es decir, lo que está ocurriendo y que todos estamos viendo casi en tiempo real no se cura con una vacuna de educación en vena, dado que estas manifestaciones son el fruto de varias generaciones que han crecido en la falta de valores en el espectro más amplio de conductas que podamos imaginar. Es verdad que nunca se debe generalizar, pero lo que estamos viendo no es una noticia anecdótica, sino que está llevando al país a un nuevo confinamiento moral que no hay por dónde cogerlo.

Me siento consternado en el sentido profundo de la palabra tal y como se recogió por primera vez en el Diccionario de Autoridades publicado en 1729: “Atemorizado, asombrado, perturbado y espantado”. Cualquiera de las cuatro acepciones refleja bien mi estado de ánimo. Tanto que hemos luchado por la instauración de la democracia a lo largo de los últimos cuarenta y cinco años para recoger hoy lo mal sembrado. También conturbado, atendiendo las ricas acepciones de las Autoridades citadas, porque estoy inquieto, conmovido, confundido y desasosegado, provocando todo ello una mudanza cerebral muy importante aunque siga escuchando la recomendación piadosa de San Ignacio en estos tiempos de coronavirus. Cada día que pasa estoy más convencido de que soy pesimista en el sentido más profundo del término que aprendí del haiku 123, precioso, escrito por Benedetti en 1999 (1): Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado.

El pasado 26 de julio escribí unas palabras en este cuaderno digital, ¿Por qué los jóvenes ningunean la COVID-19, en un sentido parecido al de hoy, con el agravante de que ya hemos escuchado una frase escalofriante que hiela el corazón: “Sinceramente, los muertos me dan igual” y creo que sobrepasa cualquier posibilidad de comprensión por razón de edad o estado anímico de una juventud muy golpeada en este país por las diferentes crisis que arrastramos hace ya muchos años, básicamente la del paro juvenil.

¿Responsables?, todos, en mayor o menor medida, porque en última instancia el voto depositado en las urnas es lo que permite constituir Gobiernos que, en primera instancia, es responsabilidad personal e intransferible de las personas que los votan y alcanzan la mayoría correspondiente desde 1978. Tenemos lo que votamos y eso nunca hay que olvidarlo. Lo decía en el artículo citado del pasado 26 de julio. “La primera respuesta es una aclaración como punto de partida: no todos los jóvenes actúan así, pero si muchos, me atrevo a decir que miles repartidos por todo el país y a las pruebas de imágenes y datos de contagio me remito. Creo que la principal causa de esta actitud tan generalizada es de base educacional en el amplio espectro de la palabra, es decir, la recibida en sus casas, colegios públicos y privados, institutos y Universidades. También, la que corresponde a la sociedad en general. La educación se considera en muchos ámbitos una inutilidad total, porque de personas educadas no se ha hecho el mundo, dicen algunos, como si la educación fuera solo una actitud formal, que también lo es, sino el fondo en el que se sustentan todos los actos humanos, que llega a ser ética a modo de solería que vamos poniendo en nuestra vida sobre la que pisamos y justificamos todos los actos humanos responsables.

La ausencia de valores, la explosión diaria del consumo en una economía alocada de mercado, el síndrome de la última versión que tantos estragos causa en la juventud porque de todo lo que tengo no tengo lo último de lo último y sin ello no soy nada, las influencias de los “influencers” que casi siempre es consumo puro y duro individual y, además, del caro, así como los estragos del paro juvenil y la corrupción pública y privada, unido todo ello al hastío y a la desafección política generalizada, son una mezcla explosiva de tener o intentar tener y no de ser, lo que justifica que para dos días que vamos a vivir vivamos solo el presente, en un “carpe diem” inverso, porque se entiende al revés de su significado, es decir, vivamos hoy pase lo que pase, porque el mañana no me importa nada. Vivir al día, a la intemperie de la vida, sin preocuparse de nadie y de nada, caiga quien caiga, porque a muchos jóvenes les da absolutamente igual, llámese abuelos, abuelas, personas mayores en general, familia, amigos, compañeros de trabajo, personal sanitario y de servicios que están en alta disponibilidad, incluso cuando esos miles de jóvenes provocadores de contagios se ponen a la cola de los PCR, con mucho miedo dentro del cuerpo, como si ellos no hubieran hecho o provocado nada”. “Sinceramente, los muertos me dan igual”, vuelve a resonar en persona de secreto.

Una vez más reitero lo ya expuesto en artículos anteriores: “¿Qué hacer ante el ninguneo de los jóvenes al coronavirus? No hay bálsamos de Fierabrás para una cura de urgencia, sino la urgente necesidad de que los Gobiernos responsables, es decir, el Estado y las Comunidades Autónomas, en sus respectivos ámbitos de actuación, elaboren un Plan Urgente de Actuación, que pasa inexcusablemente por establecer unas pautas de actuación claras, concisas y contundentes para contener no al virus sino estas actitudes irresponsables de jóvenes de muy mala educación en su sentido más profundo, no en cuanto a las formas, que también, sino sobre todo a su fondo. Urgen campañas publicitarias de educación para la salud en tiempos de coronavirus, vigilancia epidemiológica visible, así como información pública diaria de evaluación y resultados fiables que refuercen las actitudes de los jóvenes que actúan adecuadamente y de forma responsable”.

NOTA: el vídeo formó parte de una campaña publicitaria de carácter público, Happy Hour?, que se inició en el mes de mayo en la Región del Véneto, en Italia. Las echo de menos en este país.

(1) Mario (2001). Rincón de haikus. Madrid: Visor Libros.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Agosto 2020 / 2. La guía Cavafis

GUIA CAVAFIS

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Constantino Cavafis, Ítaca 

Sevilla, 2/VIII/2020

Antes de la pandemia, en este país se viajaba mucho durante este mes, en idas y venidas impensables. Los que hemos optado por iniciar otro tipo de viajes a islas desconocidas, a lo largo del año y utilizando sólo la imaginación, sabemos que la recomendación a Ulises del viaje a Ítaca, según Constantino Cavafis, era una extraordinaria guía de viaje: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca.

Lo que pasa es que en los momentos actuales de desconcierto viral, sólo sabemos que no sabemos lo que nos pasa y a la vuelta de cualquier viaje de norte a sur y de este a oeste en nuestro hemisferio particular e inquietante en esta etapa tan larga, protagonizado por el Ulises que casi todos llevamos dentro, puede que nos ocurra como al protagonista de un poema de Ángel González, Los ilusos de Ulises, que tampoco olvido: Siempre, después de un viaje, / una mirada terca se aferra a lo que busca, / y es un hueco sombrío, una luz pavorosa / tan sólo lo que tocan los ojos del que vuelve. // Fidelidad, afán inútil. / ¿Quién tuvo la arrogancia de intentarte? / Nadie ha sido capaz / -ni aun los que han muerto- / de destejer la trama / de los días.

En agosto sigue existiendo el misterio de las trama de cada día, difícil de destejer. Yo he buscado entre las páginas de los poemas de Ángel González alguna solución a este dilema existencial y lo único que he encontrado en sus notas de viajero son unas referencias en su primera página de estas notas que también son inquietantes, referidas contextualmente a una visión de su estancia en Washington: Siempre es igual aquí el verano: / sofocante y violento. / Pero, / hace muy pocos años todavía / este paisaje no era así. Era / más limpio y apacible -me cuentan, / más apacible, más sereno. Así creíamos vivir antes de la pandemia, pero no era verdad, como no lo era la realidad de Washington que experimentó Ángel González: Desde sus pedestales, / los Padres de la Patria contemplan desdeñosos / el corruptor efecto de los días / sobre la gloria que ellos acuñaron. / Ya no son más que piedra o bronce, efigies, / perfiles en monedas, tiempo ido / igual que sus vibrantes palabras, convertidas / en letra muerta que decora / los mármoles solemnes en su honor erigidos. Cambiando lo que haya que cambiar, el misterio sigue estando en destejer la trama de cada día, de cada viaje hacia alguna parte.

Probablemente, habría que editar urgentemente una nueva guía de viajes, la guía Cavafis, para aprender la clave de todo viaje que, en muchas ocasiones, es una mudanza al interior de nosotros mismos. Así lo aprendí hace ya muchos años en un viaje que inicié en el velero “La isla desconocida”, que me mostró José Saramago a modo también de guía para navegantes inquietos, que recomiendo como cita encontrada en la guía de Cavafis, guía imprescindible para personas aventureras que necesitan encontrar islas desconocidas, siguiendo el cuaderno de bitácora del propio Saramago y escuchando la voz protagonista de una mujer admirable que aplica siempre el principio de realidad en su vida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Tenemos una oportunidad de viajar de forma diferente en este agosto 2020 tan especial, porque hay que tener claro un destino sorprendente en la nueva normalidad, cada uno la suya, pero necesitamos tiempo y no apresurar este viaje que debe ser siempre hacia alguna parte, cada uno la suya. La guía Cavafis nos da claves importantes en sus versos finales para no equivocarnos al preparar en estos primeros días de agosto los avíos en tierra, antes de iniciar una singladura que no deberíamos olvidar nunca: Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino. / Pero no tiene ya nada que darte. / Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. / Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas. Las de hoy, que también existen, las de siempre, abriendo una página de esta guía imaginaria que no olvido: Que muchas sean las mañanas de verano / en que llegues -¡con qué placer y alegría!- / a puertos nunca vistos antes.

NOTA: la imagen de cabecera es un fotomontaje que he realizado sobre la portada de El cuento de la isla desconocida de José Saramago, en la versión en tailandés (เรื่องของเกาะที่ไม่รู้จัก), que pude tener en mis manos y hojear durante la visita a la biblioteca del premio Nobel en Tías (Lanzarote), en el mes de agosto de 2010.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Agosto 2020 / 1. Beñesmer

ALBERTI NURIA ESPERT 1979

Sevilla, 1/VIII/2020

En la cultura guanche el mes de agosto se conocía como Beñesmer (Luna de Agosto). Dejamos por un momento la romanización del calendario, al haber dedicado este mes al emperador Octavio Augusto, que hizo lo indecible para que agosto no tuviera menos días que su antecesor, Julio, dedicado al emperador Julio César, porque entre emperadores estaba el juego, mejor dicho, el prestigio. Soy una persona enamorada de aquella tierra, Canarias, especialmente de Lanzarote, donde muchos veranos he recuperado su belleza lunar, su mar y su malpaís, algo tan contradictorio pero que César Manrique lo convirtió en algo muy bello. Recuerdo cómo Rafael Alberti expresó su impresión personal al describir aquella isla en una intervención inolvidable que hizo en 1979, en un acto cultural junto a Nuria Espert, en Los Jameos del Agua. Allí leyó un poema dedicado a César Manrique, que reproduzco íntegro por su belleza:

Lanzarote. Primera estrofa (31 de mayo de 1979) 

A César Manrique,
pastor de vientos y volcanes

Vuelvo a encontrar mi azul,
mi azul y el viento,
mi resplandor,
la luz indestructible
que yo siempre soñé para mi vida.

Aquí están mis rumores,
mis músicas dejadas,
mis palabras primeras mecidas de la espuma,
mi corazón naciendo antes de sus historias,
tranquilo mar, mar pura sin abismos.

Yo quisiera tal vez morir, morirme,
que es vivir más, en andas de este viento,
fortificar su azul, errante, con el hálito
de mi canción no dicha todavía.

Yo fui, yo fui el cantor de tanta transparencia,
y puedo serlo aún, aunque sangrando,
profundamente, vivamente herido,
lleno de tantos muertos que quisieran
revivir en mi voz, acompañándome.

Más no quiero morir, morir aunque lo diga,
porque no muere el mar, aunque se muera.
Mi voz, mi canto, debe acompañaros
más allá de las edades.

He venido a vosotros para hablaros y veros,
arenales y costas sin fin que no conozco,
dunas de lavas negras,
palmares combatidos, hombres solos,
abrazados de mar y de volcanes.

Subterráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo.
Siento que va a habitarme el fuego que os habita.

En 2014 publiqué un libro en este cuaderno digital,  La Tegala de Saramago, dedicado al premio Nobel portugués, que vivió hasta su fallecimiento en Tías (Lanzarote), en un lugar que visité días después de su ausencia definitiva de esa tierra volcánica en 2010. Saramago, desde su tegala particular, nos ha dejado un legado de compromiso literario inolvidable. ¿Por qué la tegala de Saramago? Sencillamente, porque a él le gustaba incardinarse en la tierra que le acogió en 1993, en cualquier tierra que le respetara, y la tegala es un lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro.

MESA DE TRABAJO SARAMAGO 2010

Mesa de trabajo de José Saramago, Tías (Lanzarote), agosto de 2010 / JA COBEÑA

Recuerdo como si fuera ayer la estancia en su biblioteca personal, que amablemente nos dejaron visitar. Su sencilla mesa de trabajo, unos libros con páginas marcadas por Pilar del Río, la manta roja de Ikea reposando en el brazo izquierdo del sillón que tantas veces lo acogió, diccionarios, bolígrafos, mapas, las mesas con correspondencia pendiente de responder, las estanterías llenas de escritura impresa facilitada por Saramago, traducida por Pilar del Río, en ese esfuerzo por entregarnos sus palabras a todas horas, para que todos lo comprendiéramos muy bien, levantándonos de cada suelo particular, en la interpretación de la ética que hizo en su momento López Aranguren, entendiendo la ética como el suelo firme en que se basan todas nuestras actitudes, la “solería” que vamos poniendo en nuestras personas de secreto a lo largo de la vida. Elefantes, libros, revistas, ediciones maravillosas de uno de mis libros preferidos: El cuento de la isla desconocida, que tantas veces regalo, incluso como ideario para familiares, amigos y funcionarios que compartieron responsabilidades públicas en mi vida profesional.

En este beñesmer recuerdo los que he vivido durante bastantes años en aquella tierra tan acogedora que no olvido. Hoy he unido dos mensajes esclarecedores de Alberti y Saramago en referencia a la cultura guanche respetada hasta nuestros días. También, la obra ciclópea de César Manrique que siempre respetó la trazabilidad histórica del pueblo guanche que le permitió hacer su beñesmer tan particular. He leído muchos cuadernos de Saramago, en formato atómico y digital. Mi aprecio por la isla de Lanzarote me ha llevado siempre a buscar en cada página escrita en ellos, lugares y menciones específicas a una isla que tanto respeto por la vida y obra de César Manrique, pastor de vientos y volcanes, omnipresente en cada paso que das por sus dunas de lava negra, en la acertada expresión que le regaló Rafael Alberti, en una visita que hizo a Manrique en su casa, hoy Museo, de Taro de Tahiche: He venido a vosotros para hablaros y veros, / arenales y costas sin fin que no conozco, / dunas de lavas negras, / palmares combatidos, hombres solos, / abrazados de mar y de volcanes.

NOTA: la imagen de Rafael Alberti y Nuria Espert se ha recuperado hoy de https://biosferadigital.com/noticia/pastor-de-vientos-y-volcanes-el-rastro-de-alberti

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Todo pasa y todo queda

Sevilla, 31/VII/2020

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Antonio Machado, Proverbios y Cantares (XXIX)

 

Finaliza Julio y agregamos días a una sensación que todos estamos experimentando en mayor o menor medida: llevamos un año complicado en la más alta extensión de la palabra y no sabemos cuánto camino nos queda por recorrer todavía en esta incertidumbre inquietante. Quizá nos puede ayudar en estos tiempos tan difíciles recordar a Antonio Machado, una vez más, en algunos de sus proverbios y cantares que, gracias a Serrat, los reconocemos agrupados a su libre albedrío: Todo pasa y todo queda, / pero lo nuestro es pasar, / pasar haciendo caminos, / caminos sobre la mar (XLIV). Estos meses atrás han sido una oportunidad para enfrentarnos a nuestra persona de secreto, la única forma de pensar si este mundo del coronavirus y yo estamos obligatoriamente obligados a entendernos, quizás con la recomendación continua de Machado: Nunca perseguí la gloria, / ni dejar en la memoria / de los hombres mi canción; / yo amo los mundos sutiles, / ingrávidos y gentiles, / como pompas de jabón (I). Creo que no estamos en la posición de amor perdido a los mundos sutiles y esta pandemia nos ha enseñado a cuestionar muchos objetivos de vida, de tener frente a ser.

Me gusta verlos pintarse / de sol y grana, volar / bajo el cielo azul, temblar / súbitamente y quebrarse… / Nunca perseguí la gloria (I). Los llamados mundos sutiles o inútiles para muchos son los que verdaderamente tienen su sentido en estos momentos: ¿Dónde está la utilidad / de nuestras utilidades? / Volvamos a la verdad: / vanidad de vanidades (XXVII). Quizá sea la estrofa siguiente la que marca el camino a seguir de ahora en adelante y que no sea sólo una parte de una canción tarareada: Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; / caminante, no hay camino, / se hace camino al andar (XXIX). Es verdad, porque deberíamos aprender de esta gran lección de la pandemia que hay caminos, autopistas de peaje caro en la vida, que nunca más deberíamos volver a transitar: Al andar se hace camino / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante no hay camino / sino estelas en la mar (XXIX).

El mejor festival de música de este verano debería llevar esta entradilla en los programas recuperados en los móviles, ya que hemos comenzado a darnos cuenta de que el papel puede ser transmisor también de virus, sobre todo el ideológico: Hace algún tiempo en ese lugar / donde hoy los bosques se visten de espinos / se oyó la voz de un poeta gritar / “Caminante no hay camino, / se hace camino al andar…”.  Golpe a golpe, verso a verso, golpes en el alma como los que hemos recibido en estos días pasados y que no deberíamos olvidar en su parte amable de descubrimiento y creación interior.

Serrat, en su oficio de cantor que no cantante (decía Facundo Cabral que cantor es el que debe y cantante el que puede), introdujo en su letra unas palabras de reconocimiento a Machado, con una enseñanza muy dura: el compromiso vital e intelectual casi siempre pasa factura cuando lo entregas a los que menos tienen y para construir un mundo mejor para todos: Murió el poeta lejos del hogar. / Le cubre el polvo de un país vecino. / Al alejarse le vieron llorar. / Caminante no hay camino, se hace camino al andar…” . Golpe a golpe, verso a verso.

Si el coronavirus nos impide vivir con tranquilidad en el mundo que queremos, si la vida es compleja para protegernos de sus ataques, si la normalidad no es tal, sabemos qué es lo que tenemos que hacer a través de los últimos versos de la canción, escritos por Serrat: Cuando el jilguero no puede cantar. / Cuando el poeta es un peregrino, / cuando de nada nos sirve rezar. / “Caminante no hay camino, / se hace camino al andar…”. Golpe a golpe, verso a verso.

Voy de mis asuntos a mi corazón ahora, a mi clínica del alma, mi biblioteca, para buscar un libro precioso que me aportó en su momento la mejor respuesta de una pregunta obligada al escribir estas líneas: Para qué la poesía, de Juan Cobos Wilkins, al que sabe que aprecio desde que nos conocimos en 1982, en Huelva, con el agradecimiento expreso por todo lo que aprendí de él y sigo conservando en mi memoria de hipocampo. El libro es un homenaje sentido del olvido, la incapacidad de comunicación y la metáfora como salvación, con el que consiguió el XVI Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja. En él se hacen muchas referencias a la vida: desvivir, revivir, convivir: conmorir con todo eso, lo de siempre, sobrevivir y vivir: eso invisible que le sucede a otros. Después, preguntas que preparan la respuesta de para qué la poesía, para justificar por qué el cerebro necesita poesía, cada día. Y la mejor respuesta, la vuelvo a encontrar al final de sus versos: para sanar, para vivir…, aunque ahora sea golpe a golpe, verso a verso.

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Sólo hablaré de su tilde

CABECERA DE BLOG

Sevilla, 30/VII/2020

La Real Academia de la Lengua Española se enzarza a veces en discusiones que pueden parecer bizantinas en su celo por fijar, brillar y dar esplendor a cada una de las palabras que conforman nuestro Diccionario. Ocurre desde hace diez años con la palabra “solo” que, con la que está cayendo, suena a debate cortesano en relación con el dilema de si debe llevar acento (tilde diacrítica) o no. Han corrido ríos de tinta en uno y otro sentido y autores afamados muy diversos se han atrincherado en la salvaguarda de mantener la tilde, contra viento y marea académica, cuando es adverbio.

En mi caso, soy un hombre con una tilde pegada a mi vida, en la letra “ñ” y tengo que reconocer que salvo por la complejidad de la fonética fuera de este país, nunca se ha discutido la conveniencia o no de su utilización. Quiero decir, que respeto la historia y permanencia de las tildes porque, entre otras muchas razones, la llevo puesta. En el caso que nos ocupa hoy, la palabra “solo”, siempre he sabido distinguir cuándo la lleva o no, sencillamente sabiendo diferenciar cuándo se utiliza como adverbio o adjetivo. Siempre he puesto la tilde en el caso de que fuera adverbio, nunca como adjetivo. Pero en la Ortografía de la lengua española, la Real Academia aborda esta cuestión en un apartado de técnica lingüística, La tilde diacrítica en el adverbio solo y en los pronombres demostrativos, en el que se dice textualmente que la palabra solo, tanto cuando es adverbio como cuando es adjetivo “[…] son voces que  no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación”, acompañando esta manifestación rotunda con explicaciones de difícil comprensión, por lo menos para usuarios comunes del idioma.

Siempre he escrito la palabra sólo, con acento, cuando es adverbio. El título de este blog, El mundo sólo tiene interés hacia adelante, reproduce lo que aprendí hace ya muchos años de las traducciones del francés seulement, que no tenía ese problema, porque quiero enfatizar que el mundo solamente tiene interés cuando avanza, no que “tiene interés cuando está solo”. Siempre lo he tenido muy claro y la verdad es que se ha creado un mar de confusiones desde hace diez años, en 2010, fecha en la que comenzó la polémica. Varios siglos atrás, el Diccionario de Autoridades, publicado en 1739, explicaba con la erudición característica de quienes justificaban el uso de las palabras de la época, que tilde es “La virgulita o nota que se pone sobre alguna letra, para significar abreviatura en la voz, o distinguirla de otras, o distinguir el acento”. Esta última acepción es la que nos ocupa hoy.

Con perdón, no soy capaz de quitar en mi memoria de secreto y de todos, en mi hipocampo, la grabación perfecta de la tilde en un aserto que también me ha acompañado siempre en una frase lapidaria: Sólo sé que no sé nada, porque no es que una persona tome conciencia de que está solo y de pronto se da cuenta de que no sabe nada, sino que tiene constancia en su vida de que no sabe nada de ella y que todo lo que la rodea no le ha enseñado nada. No quiero imaginarme la que formaría Platón, si le quitaran todas las tildes en griego cuando pronunció el contenido de esta frase en la Apología de Sócrates: Este hombre, por una parte, cree que sabe algo, mientras que no sabe [nada]. Por otra parte, yo, que igualmente no sé [nada], tampoco creo [saber algo] ([…] ἀλλʼ οὗτος μὲν οἴεταί τι εἰδέναι οὐκ εἰδώς, ἐγὼ δέ, ὥσπερ οὖν οὐκ οἶδα, οὐδὲ οἴομαι).

Es que no es lo mismo. Lo dijo Cervantes hace ya muchos años: que “se cumpliera todo al pie de la letra, sin que falte tilde alguna”. Lo dice una persona como yo, a modo de érase un hombre a una tilde pegado y que, por cierto, sólo sabe que no sabe nada, sabiendo (eso sí) que el mundo sólo (con tilde) tiene interés hacia adelante.

 

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Dignitas

ANTES DE TI MOZART

Sevilla, 29/VII/2020

El cine es un medio extraordinario para crear conciencia y tejido crítico social sobre muchos asuntos de la vida ordinaria. Cumple una función cultural y social muy importante. Anoche repusieron una película que se ha presentado siempre como una historia de amor (lo es), Antes de ti, que tiene un hilo conductor muy profundo: la eutanasia en su sentido más exquisito de amor y respeto a la vida digna. Está basada en un best seller de Jojo Moyes, que se ha tratado siempre como un film edulcorado, pero creo que es justo y necesario que se reconozca que aborda también un problema que no acabamos de asumir con normalidad absoluta: la elección de una muerte digna por parte del protagonista, un joven que es atropellado por una moto y queda tetrapléjico por una lesión medular, frustrando plenamente su vida personal y profesional.

En España tenemos una muestra cinematográfica que conmovió a muchos patios de butacas y salas de estar, no sé si de ser, no hace tantos años. Me refiero a la película “Mar adentro”, basada en un hecho real, la muerte asistida de Ramón Sampedro hace ya 22 años, derecho sobre el que ya había reflexionado previamente en su obra Cartas desde el infierno, en 1996, antes de elegir una buena muerte ante tanto sufrimiento personal: “No me guía otro interés que el de mostrar que la intolerancia del Estado y la religión son como una idea fija (…) Dejadme cruzar la línea, dejadme saltar”.

El 11 de febrero pasado sentí una emoción especial al conocer que el Congreso de los Diputados había “tomado en consideración” la proposición de ley para regular la eutanasia, con el siguiente resultado: 201 votos a favor, 140 votos en contra y 2 abstenciones y, por tanto, se comenzaba “a tramitar la ley orgánica de regulación de la eutanasia que presentó el Grupo Parlamentario Socialista [el 24 de enero de 2020]. Este es el primer paso del procedimiento legislativo, que continuará con la apertura del plazo para presentar enmiendas”, según recoge la nota de prensa del Congreso. Creo que ha sido un hecho memorable en este país, después de un recorrido tortuoso de esta proposición de ley, tal y como lo recordaba en mi post anterior dedicado a la eutanasia y publicado en este medio el 6 de abril de 2019. Desgraciadamente, el proceso del coronavirus ha ralentizado de nuevo su tramitación parlamentaria, pero de momento está blindado el procedimiento legal y en la fase de presentación de enmiendas al articulado en el seno de la Comisión de Justicia del Congreso.

Soy especialmente sensible a esta realidad humana que tanto sufrimiento supone a las personas y a sus familias. Tengo presentes hoy a miles de alumnas y alumnos a los que enseñé que la eutanasia era una buena opción humana, la mejor decisión cuando el hecho de vivir en estadios permanentes de sufrimiento y dolor, sin esperanza alguna, deja de tener sentido. Les hablaba de la ética de situación, como resquicio ético para estas situaciones, en un país en el que una gran parte de él tenía helado el corazón, jugándome el tipo porque los comisarios políticos del Régimen también asistían a clase camuflados: “Hago esta mención de mi intrahistoria porque en aquellos años descubrí que era imprescindible abordar la ética de situación como guía y camino para el discernimiento humano más digno, de la que me enamoré para siempre, frente al dogmatismo de la Iglesia Católica que hacía estragos en este país. Aquellas clases del Profesor Häring [del que fui alumno durante un Curso impartido por él] me abrieron los ojos definitivamente sobre la importancia de hacer uso de la libertad en momentos transcendentales de la existencia, tanto en la vida como en la muerte. Me lo explicaba Häring en las clases y en su humilde habitación del Alfonsianum en Roma, porque había prestado servicios en la aviación alemana de Hitler, como capellán y en Rusia, donde aprendió que tenía que atender siempre a cualquier ser humano aplicando la ética de situación, fuera amigo o enemigo, actitud que le acarreó serios disgustos y la separación final de aquellos servicios militares por ser considerado persona non grata para el ejército alemán. El problema radicaba en que había contemplado mucha muerte indigna en directo y había tenido que ayudar a morir alejado del dogma católico que había aprendido y enseñado en su proceso de evolución ética. Häring sufrió mucho por sus actitudes éticas hasta su fallecimiento, sobre todo por el trato recibido por la iglesia oficial, a la que recordó que cuando era citado en Roma para justificar su doctrina de libertades le recordaba algo tan grave como estar presente ante Hitler en un juicio sumarísimo. Häring me enseñó a defender la vida digna, en cualquier circunstancia, sin más limitación que la aplicación de la ética de situación en su defensa plena y con el amparo de la ley correspondiente” (1).

Estas reflexiones ya las he hecho anteriormente en este cuaderno digital, pero he considerado que debía rescatarlas hoy. Más pronto que tarde, ya no hará falta recurrir a la ética de situación vergonzante y oculta, porque la libre elección de morir dignamente estará regulada legalmente en este país, esperemos que a muy corto plazo. Literalmente, lo único que pretende esta ley es “legislar para respetar la autonomía y voluntad de poner fin a la vida de quien está en una situación de enfermedad grave e incurable, o de una enfermedad grave, crónica e invalidante, padeciendo un sufrimiento insoportable que no puede ser aliviado en condiciones que considere aceptables. Con ese fin, la ley regula y despenaliza la eutanasia en determinados supuestos, definidos claramente, y sujetos a garantías suficientes que salvaguarden la absoluta libertad de la decisión, descartando presión externa de cualquier índole” (2).

Ha sido un recorrido largo y lo verdaderamente lamentable es que no se ha llegado a tiempo para ayudar a miles de personas a morir dignamente por una elección personal que permite, como decía Sampedro, cruzar la línea de la intransigencia, saltar…, en un acto de libertad plena para elegir la mejor muerte, sobre todo, la más digna. Anoche, en un plano casi final de la película se podía leer el membrete de la carta que recibe el protagonista, Dignitas, porque había elegido una muerte digna. Dignitas es un grupo suizo “que ayuda y asiste a morir, con la asistencia de médicos y enfermeras calificados, a personas con enfermedad terminal y enfermedades graves físicas y mentales. Además proporciona el suicidio asistido para personas con plenas facultades mentales que deben someterse a un informe médico riguroso preparado por un psiquiatra, que establecerá la condición del paciente, aspectos todos ellos requeridos por la legislación y la Corte Federal de Suiza” (3).

Afortunadamente, cualquier parecido de la película de anoche con la realidad, ya no será en los próximos meses en nuestro país una pura coincidencia. Mientras, escucho con veneración una versión muy premiada del concierto para oboe y orquesta de Mozart (KV 314), bajo la dirección de Claudio Abbado y con la interpretación como solista de oboe del valverdeño Lucas Macías, recogido en su primer movimiento en planos especiales en la película, recordando cómo la pareja protagonista intenta con la música dar un sentido a sus vidas, porque es compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum). Una gran lección que no olvido.

(1) https://joseantoniocobena.com/2019/04/06/eutanasia-y-muerte-digna/

(2) Proposición de ley orgánica de regulación de la eutanasia, Exposición de motivos, p. 2.

(3) http://www.dignitas.ch/

 
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