Menores solos, no acompañados

 

MARCELINO

En estos días pasados, en los que hemos vivido emociones especiales en torno a las controvertidas peripecias éticas del Aquarius, se ha utilizado de forma machacona una frase que golpea cualquier conciencia: “a bordo viajaban más de cien menores solos, no acompañados”. He reflexionado mucho sobre esta realidad que se hizo patente a la hora de desembarcar en Valencia. La realidad de estos niños y niñas víctimas de su propio destino incierto, ante el silencio cómplice de muchos países y organismos internacionales, supone en sí misma un test de ética mundial.

Con este marco tan poco propicio para veleidades, he tenido la oportunidad de visitar una exposición en el espacio Caixaforum de Sevilla, dedicada a Cine y emociones. Un viaje a la infancia y organizada por la prestigiosa Cinémathèque française y la Obra Social “la Caixa”. Leo el programa con atención reverencial, donde se detalla que en la muestra “se configura un retrato emocional de la niñez, a través de siete ámbitos que entrelazan películas y materiales de diversa índole para conformar un retrato emocional de la niñez”:

  1. Alegría: muestra películas que reflejan el afán de los niños por aprender y por vivir, sus ganas de ser entendidos y protegidos y su capacidad para reinventar el mundo, una virtud que se olvida con el paso del tiempo pero que el cine es capaz de volver a activar.
  2. Rabia: explora los instantes de enfado y frustración que se viven durante la infancia, que quedan grabados en la memoria y que se reconocen al verlos en la pantalla.
  3. Risa: muestra cómo la risa de los niños en el cine se contagia a los espectadores, no solo por la ternura que provoca sino también por la identificación con la travesura, la situación inesperada o la invención de algo nuevo y disparatado.
  4. Lágrimas: la soledad, el abandono o el rechazo son algunos de los sentimientos tratados en este ámbito, como manifestaciones del sufrimiento infantil que generan en el espectador una sensación de dolor compartido.
  5. Miedo: explora los momentos de terror durante la infancia. El miedo puede ser producto de una fantasía, pero su efecto es real en estos pequeños y en quienes los miran desde la butaca.
  6. Valentía: recuerda que en la infancia se puede ser también el más valiente gracias a una energía que permite superar cada desafío que el camino plantea. Paradójicamente, el valor de los más pequeños enseña a los mayores que sus desafíos a veces no son tan difíciles de afrontar.
  7. Ilusión: el cine genera siempre fascinación en los espectadores. ¿Cómo se construye esa ilusión? ¿cómo la viven los niños cuando juegan a ser cineastas?

La cubierta de los tres barcos de la esperanza, Aquarius, Dattilo y Orione han sido un plató improvisado donde tripulantes y miembros de SOS Méditerranée y Médicos del Mundo, han podido vivir y sentir con estos niños y niñas, ya acompañados, todas las emociones descritas en esta exposición casual, pero de forma amplificada. Y con muchas más.

Lo he recordado y he hecho un ejercicio de niñez rediviva cuando al bajar las escaleras mecánicas para acceder a la exposición, me he encontrado con la mirada de Marcelino o Pablo Calvo, tanto monta, monta tanto, un héroe de mi infancia que me enseñó a comprender qué es la alegría, qué significa la rabia no contenida, cómo podemos reírnos hasta de nuestra sombra, cómo lloran los niños, a diferencia de las niñas, porque yo escucha siempre que “los niños no lloran”…; también, a sentir miedo en un entorno que no era de fantasía, a ser valiente ante los acosos escolares (hoy bullying) de mis compañeros y, sobre todo, a ilusionarme con cualquier cosa.

Aquella soledad acompañada de un niño del Sur en Madrid, la paliaba siempre mi querida maestra, Doña Antonia, a la que nunca olvido. Ella llenaba de afectos y sabiduría infinita (como su paciencia) la sede de la inteligencia de cada niña, de cada niño. También, la mía. Todo, en sus bolsillos, se convertía siempre en caramelos de infinitos colores. Jugábamos juntos, niñas y niños, en el patio trasero, donde en los momentos de aventuras incontroladas, poníamos una escalera de madera apoyada en el muro medianero y nos asomábamos –atemorizados- para escudriñar los rollos de película de la productora que lindaba con el Colegio, tirados en aquél otro patio, de mala manera, a la búsqueda de recortes que nosotros montábamos en las aceras vecinas con títulos de crédito muy particulares, a modo de estrellas del celuloide madrileño.

Imaginábamos aventuras muy particulares, como las que ocurrían en los patios de nuestras casas o en las aceras de nuestras calles queridas, hasta que una vez corrió la noticia de que se estaba haciendo el casting para la película “Marcelino, Pan y Vino”. Y mi familia me llevó (¡ay, el discreto encanto de la burguesía!), con mis seis años, a los estudios Chamartín y participé en aquella selección artificial en la que mi abuela me empujaba a la primera fila cuando pasaba la comitiva para la elección del futuro actor que interpretaría a Marcelino. No di la talla (Dios me recogió a tiempo…), pero conocí a Pablito Calvo, a José María Sánchez Silva, a Ladislao Vajda, el director, y todavía recuerdo el día del estreno de la película, subiendo al escenario del cine Coliseum, en la Gran Vía, dándonos un abrazo Pablito y yo y dedicándome José María su cuento, editado de forma muy cuidada. Aplausos. Fue una experiencia sobrecogedora, a mis seis años. A partir de aquel día, siempre busqué un amigo como Manuel, el imaginario compañero de Marcelino, un niño solo y acompañado.

Cuando me retiraba de aquella pantalla panorámica de acceso a la exposición, recordé junto a Marcelino lo que habían vivido recientemente los niños y niñas del Aquarius, Orione y Dattilo, cuando en su soledad sonora y acompañada pensaban que el carpe diem de aquellas escenas de película, en las tres cubiertas salvadoras, era lo más maravilloso que les podía ocurrir en ese momento.

Sevilla, 23/VI/2018

¿Qué comen los pobres en España?

MUJER Y GENERO

En la novela de Caballero Bonald, Dos días de setiembre, el señorito Don Andrés pregunta al tendero Ayuso si le podía decir qué comen los pobres, porque quiere organizar una comida de caridad a favor de ellos. Pero distinguiendo, “un poner: a este se le avisa para que vaya a la comida, a este no, y así. Porque pobres, lo que se dice pobres, vaya usted a saber”. Me pregunto hoy día, casi sesenta años después, qué ocurre en este país con las personas que siguen en riesgo de pobreza, donde la realidad cruda y dura de no poder comer carne, pollo o pescado al menos cada dos días, se ha convertido en un dato europeo para medir el indicador AROPE (At Risk Of Poverty and/or Exclusion) de riesgo de pobreza o exclusión social (según la estrategia Europa 2020). ¿Qué comen entonces los pobres en este país, si es que algo nos preocupa en este sentido? Porque hoy día conocemos bien la situación que atraviesan. Lo sabemos.

Todo esto lo traigo simbólicamente a colación porque hoy ha publicado el Instituto Nacional de Estadística la Encuesta de condiciones de vida (ECV) 2018, con datos tratados en 2017 y que se realiza desde 2004. Según el organismo oficial está basada en criterios armonizados para todos los países de la Unión Europea y su objetivo fundamental es disponer de una fuente de referencia sobre estadísticas comparativas de la distribución de ingresos y la exclusión social en el ámbito europeo. Asimismo, la realización de la ECV permite poner a disposición de la Comisión Europea un instrumento estadístico de primer orden para el estudio de la pobreza y desigualdad, el seguimiento de la cohesión social en el territorio de su ámbito, el estudio de las necesidades de la población y del impacto de las políticas sociales y económicas sobre los hogares y las personas, así como para el diseño de nuevas políticas.

Los datos que contiene el informe siguen siendo muy preocupantes, con un hilo conductor muy revelador de la situación real que atraviesa el país: el porcentaje de población en riesgo de pobreza se situó en el 21,6% (con datos de ingresos de 2016), frente al 22,3% del año anterior (con datos de ingresos de 2015). Es muy alarmante el grado de afectación de este dato en la población menor de 16 años.

TASA DE POBREZA ECV2017

Fuente: INE Encuesta de condiciones de vida 2018

Por otra parte, la situación económica de los hogares es otro dato relevante para considerar las condiciones reales de vida de la población española: “El 9,3% de los hogares españoles manifestó llegar a fin de mes con “mucha dificultad” en 2017. Este porcentaje fue 6,0 puntos inferior al registrado el año anterior. Por su parte, el 37,3% de los hogares no tuvo capacidad para afrontar gastos imprevistos, frente al 38,1% del año 2016. El 34,4% de los hogares no se pudo permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año. Este porcentaje fue 5,1 puntos inferior al registrado en 2016.

ECV2018-INE1

Fuente: INE Encuesta de condiciones de vida 2018

Otro dato alarmante es el referido a la actividad, donde el 44,6% de los parados estaba en riesgo de pobreza, frente al 13,1% de los jubilados.

ECV2018-INE2

Fuente: INE Encuesta de condiciones de vida 2018

Las condiciones de vida por Comunidades Autónomas es otro dato para tener en cuenta que muestra objetivamente el estado del arte en relación con los ingresos medios anuales, donde los más elevados (en 2016) se dieron en País Vasco (14.397 euros por persona), Comunidad Foral de Navarra (13.583) y Comunidad de Madrid (13.099). En sentido contrario, los ingresos medios anuales más bajos se registraron en Extremadura (8.250 euros por persona), Región de Murcia (8.702) y Canarias (8.863). Me duele especialmente la situación de Andalucía, que ocupa el 13º puesto de este ranking tan evidente de la situación que atraviesa la comunidad.

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Fuente: INE Encuesta de condiciones de vida 2018

Estos datos hay que correlacionarlos con los de tasas de riesgo de pobreza, donde las más elevadas se dieron en Extremadura (38,8%), Andalucía (31,0%) y Canarias (30,5%). Por su parte, Comunidad Foral de Navarra (8,3%), País Vasco (9,7%) y La Rioja (9,7%) presentaron las tasas de riesgo de pobreza más bajas. Vemos que Andalucía ocupa el segundo lugar de España, dato que deberíamos analizar en profundidad para que se plantearan políticas prioritarias en relación con el empleo, azote implacable en esta Comunidad.

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Fuente: INE Encuesta de condiciones de vida 2018

Por último, he entresacado también un gráfico por sí solo demostrativo de la situación de Andalucía en comparación con el resto del país, de sus condiciones de ¿vida? Está construido sobre datos de las llamadas dificultades económicas diarias, mensuales y anuales de los hogares en nuestra comunidad. Sobran comentarios y solo queda no seguir participando de silencios cómplices y divulgar estos datos a través de las redes sociales para que tome nota quien corresponda en este momento arbitrar las mejores soluciones posibles, porque todas las políticas no son iguales ni inocentes, ni los políticos tampoco.

ECV2018-INE5

Fuente: INE Encuesta de condiciones de vida 2018

He procurado sintetizar mucho los resultados de esta encuesta, pero es conveniente conocerlos en profundidad para objetivar nuestras reivindicaciones y para que las políticas económicas y sociales en nuestro país sea más justas. No debemos seguir preguntándonos simbólicamente, hoy día, sin hacer nada, qué es lo que comen los pobres en este país ante situaciones como estas. Porque las dudas de Don Andrés, uno de los protagonistas de la novela de Caballero Bonald, han dejado de existir hace ya mucho tiempo para quienes deseamos abordar esta situación de pobreza en España de forma digna y comprometernos con ella.

Sevilla, 21/VI/2018

NOTA: la imagen se recuperó el 11/X/2015 de: http://blogs.elpais.com/cosas-que-importan/2014/03/lo-que-queda-del-esp%C3%ADritu-del-45.html

Las bibliotecas pueden ser clínicas del alma

MANGUEL 1

He finalizado la lectura de un libro precioso de Alberto Manguel (1), Mientras embalo mi biblioteca, que pasa a formar parte de mis libros queridos. Sugiere muchas reflexiones de un calado excepcional, pero hoy quiero destacar una referencia concreta sobre el descubrimiento del arte de la lectura, que cobra especial relevancia en su puesto actual de director de la Biblioteca Nacional de Argentina: “El descubrimiento del arte de la lectura es íntimo, oscuro, secreto, casi imposible de explicar, semejante al enamoramiento, si me perdonan la comparación sentimental. Lo adquiere uno solo, por su cuenta, como una especia de epifanía, o tal vez por contagio, al confrontarse con otros lectores”.

La lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible porque, aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida.

En ese momento transcendental de descubrir el llamado “arte de leer”, es cuando cita Alberto Manguel la visita a Egipto del historiador Diodoro Sículo, en el siglo I a.C., en la que vio, en la entrada de las ruinas de una antigua biblioteca, la siguiente inscripción: “Clínica del alma”. Es verdad y como dice el autor, “tal vez esa pueda ser la aspiración definitiva de una biblioteca”. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a ellas (o a la nuestra); salvando lo que haya que salvar…, como cuando vamos al médico.

Sevilla, 19/VI/2018

(1) Manguel, Alberto (2017). Mientras embalo mi biblioteca. Madrid: Alianza Editorial.

Valencia, hoy, es Ítaca

AQUARIUS VALENCIA

Llegada del buque ‘Aquarius’ al puerto de Valencia. Mónica Torres EL PAÍS

Con este post quiero dejar constancia del agradecimiento a mi país, como ciudadano español, porque ha acogido a los migrantes que fueron rescatados del mar por la tripulación del Aquarius, por razones humanitarias. En estos días, tanto la tripulación como el personal sanitario a bordo que lo hicieron posible, han sido héroes anónimos en la narración de este duro relato, pero merecen mi reconocimiento público. También el de los tripulantes de los barcos salvadores y rescatadores en general, en el mar y en los puertos de Andalucía, que solo en un día han atendido a casi 1.000 migrantes rescatados en nuestras costas y sin tanto alcance mediático como el que ha tenido el Aquarius.

Y a los que lo seguirán haciendo…, ante un problema de Europa, del mal llamado Primer Mundo.

Estoy viendo las imágenes de la llegada, al puerto de Valencia, de la flotilla de la dignidad compuesta por tres barcos, Aquarius, Orione y Dattilo, que han trasladado a los 630 migrantes recogidos en el Mediterráneo en busca de cada Ítaca particular. Aquí recibirán el respeto a la dignidad humana con independencia de creencia, raza o religión. Vuelvo a leer el poema de Kavafis, Ítaca, y salvando lo que hay que salvar, comprendo mejor que nunca el viaje ilusionado de los 630 Ulises que viajan a bordo, cada uno, cada una, con su sueño particular tan legítimo como el de los demás:

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo. Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues – ¡con qué placer y alegría! – a puertos nunca vistos antes. Detente en los emporios de Fenicia y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de perfumes sensuales, cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. Ve a muchas ciudades egipcias a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Ítacas.

Hoy, Valencia es Ítaca y todos los migrantes a bordo del Aquarius, aunque su largo viaje no termine aquí, habrán comprendido que deben seguir teniendo a su Ítaca particular en la mente, no apresurando nunca el viaje para atracar donde la vida les brinde la mejor forma de ser y estar en el mundo. Porque entenderán que en la vida hay muchas Ítacas. Cuando estos migrantes sean mayores, atracaran en su mejor isla, ricos en dignidad humana sin tener que esperar que un nuevo puerto como el de Valencia o Ítaca hoy, les tenga que dar ya algo que han ganado con su propio esfuerzo personal e intransferible.

Sevilla, 17/VI/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://elpais.com/elpais/2018/06/17/album/1529229602_032148.html#foto_gal_1

La parábola del Aquarius

RESCATE DEL AQUARIUS

Rescate del Aquarius

Leyendo la triste historia de Mohamed, un niño a bordo del Aquarius de tan solo once años, nacido en Darfur (Sudán), he recordado cómo la solidaridad de determinadas personas permite que hoy se pueda escribir una nueva parábola digna sobre la atención a decenas de niños y niñas no acompañados, que navegan hacia España como tierra de acogida. En el Aquarius, han dado de beber a los sedientos, han vestido a centenares de inmigrantes, más de cien niños y niñas de todas las edades, con ropa necesaria, aunque los eritreos no hayan podido tomar su comida preferida, ziguiní, un ragut picante que hace mucho tiempo que no pueden llevarse a la boca. Han atendido a los enfermos y han hecho lo indecible por llamar a todos por su nombre, identificándolos como personas dignas, más allá de las pulseras de control.

Salvando lo que haya que salvar, escribí en 2006 un artículo sobre una acción solidaria de unos pescadores españoles que recogieron a unos migrantes eritreos, salvándoles de una muerte segura. He vuelto a leerlo y ha resonado de nuevo en mi interior el hilo conductor de aquellas palabras sobre una acción muy parecida a la que nos sobrecoge estos días en relación con el Aquarius.

El artículo llevaba un título programático, La parábola de los eritreos y solo hay que cambiar algunas palabras del texto, porque… el contexto de lo ocurrido es idéntico. Una lección de humanidad inolvidable para quien quiera conocer lo que ocurre todos los días en el Mediterráneo más severo con los que buscan vivir de forma digna en un mundo diferente al que conocen. Europa tiene que reaccionar ya, sin demora alguna, para fijar una política de cooperación ante un drama de estas características. Creo que en estos momentos no hacen falta ya más palabras.

Sevilla, 16/VI/2018

La parábola de los eritreos

Dedicado a los diez hombres buenos del pesquero “Francisco y Catalina”, así como a todas aquellas personas, cualquiera que haya sido su posición de compromiso (político, social, humanitario, solidario, comprensivo) en este conflicto, que han creído en que las actitudes de los diez tripulantes del barco salvador hacen más visible la realidad de la inteligencia social del ser humano.

Eran 51 personas embarcadas con rumbo a una isla desconocida. Se hicieron a la mar en una patera desvencijada, pero pintada con la dignidad de la esperanza, aprovechando la sabiduría de los expertos mayores de Eritrea que suelen mirar al mar con la nostalgia de los olvidados. Su navegación exquisita, inteligente, los dejaba a veces en el desamparo del mar abierto. Pasaban los días y no avistaban rastros humanos de supervivencia. Todo se agotaba. Hasta lo fundamental: la creencia en el otro más próximo. Cuando la desesperación era evidente, apareció un barco de bandera española, andaluza por más señas, acostumbrado a la pesca en caladeros ricos en desesperanza, alternativos, como salvadores de alta mar en los que la duda de hacerlo los sumergía en un mar de preguntas sobre lo complicado que va siendo ser buenos.

No lo pensaron mil veces, aunque sí novecientas noventa y nueve. ¡Los recogemos! ¡Nos llevaremos también la patera como ejemplo de la ética de arrastre de la vida, como símbolo de la miseria transportada a los mejores mundos posibles, con los cabos de la duda! Para que figure en el museo de la intolerancia. Y se lo comunicaremos a nuestros mayores en todos los sentidos. Y todos decían: ¿cómo os habéis complicado la vida de esta forma, si casi nadie se hubiera enterado?, o ¿no sabéis que hay traficantes de marineros que cierran sus operaciones en alta mar?, ¡en menudo lío nos habéis metido!, con un plural mayestático que podía alcanzar hasta el Vaticano. Todas las voces, a una, empezaron a buscar razones para abordar el problema que venía desde Malta, porque en un acto solidario donde los haya, las autoridades decían desde esa “isla conocida”, a los cuatro vientos y sin mucho escrúpulo, que “no podían admitir la entrada ilegal de 51 personas encontradas en alta mar”. Y los marineros, diez hombres buenos, comenzaron a llamar a todas partes, hasta que la conciencia se remueve y a nivel de Estado, el símbolo del puerto de Carboneras (Almería) actúa como revulsivo de una matrícula de decencia representada por diez personas, profesionales del mar que no dudaron en comprometerse con la vida.

Los eritreos, que eran mayoría, todos, subieron al barco. Fueron atendidos como personas, alimentados, admitidos como compañeros de un viaje a alguna parte. El Gobierno de España comenzó su tarea de atención diplomática porque Malta seguía en sus trece: “de quedarse aquí, nada de nada, porque la caridad bien entendida empieza por uno mismo”. Y comenzó el reparto: yo me quedo con doce, tú con cinco, aquél con otros cinco, aquellos otros con la mayoría, 29, respectivamente. La mercancía estaba adjudicada. Ya todos tranquilos, medallas por aquí y por allá y los eritreos preguntándose todavía qué Dios existe para que siendo tan visible su bondad, representada por los marineros del Francisco y Catalina, los tuvieran que separar, empaquetados, para vivir en el mundo mejor que soñaban cuando salieron de su país en busca de maravillas desconocidas. La gran enseñanza que nos han transmitido radica en su docilidad para ser transportados a un mundo ideal, a cualquier precio, porque seguir viviendo en el que lo hacían cotidianamente solo los llevaba a una muerte segura en vida. Esperando siempre que alguien, fundamentalmente bueno, los recoja y los atienda con caridad bien entendida. En tierra, mar ó aire. Eso sí, con una etiqueta en la espalda de cada uno: “¡Atención, mercancía muy frágil!”, que les asegure seguir viviendo en esta sociedad del bienestar ó malestar y de lectura sencillamente imposible.

Sevilla, 22/VII/2006

Nos “españamos” con las cosas que suceden en España

EL GRITO-MUNCH1
El grito

Sé que no existe ese verbo, “españarse”, en el Diccionario de la Lengua Española, pero habría que rescatarlo algún día. No es la primera vez que escribo sobre su significado y ante lo que ocurre a diario en este país, no cabe duda de que se justifica de forma sobrada la operación rescate para su uso cotidiano en nuestro lenguaje, porque es un verbo que tiene una larga historia fuera de nuestras fronteras y en referencia a este sacrosanto país. Conocí este verbo italiano, spagnarsi (espantarse, españarse en sentido literal), equivalente del verbo italiano spaventarsi, a través de un amigo calabrés, que me dio todo tipo de detalles sobre la utilización actual del mismo en la conversación ordinaria de su región, junto a otras palabras derivadas del español de uso común en la actualidad tales como addirizzari (aderezar), angarijari (haraganear), granatu (granado), posata (posada), scupetta (escopeta), entre otras. Spagnarsi (Españarse, literalmente, llenarse de España, de espanto) significa tener miedo, temer, espantarse y se atribuye al dominio español en el sur de Italia desde finales del siglo XV hasta principios del XIX.

La reacción contraria de un amplio sector de dirigentes políticos y de algún sector de la población en redes sociales, ante la acogida por razones humanitarias de los migrantes que viajan a bordo del Aquarius y de dos barcos de apoyo italianos, no es para quedarse impasibles como si no ocurriera nada en nuestro país, porque es para españarse. Sé que hoy entramos en un nirvana de ensueño con la inauguración del mundial de fútbol, que no se hablará durante un mes de otra cosa, pero la nave va en este país y tenemos que sacarlo adelante entre todos. También, lo ocurrido con el entrenador de la selección nacional es un ejemplo de cómo el mercado interfiere la sociedad y la controla a diario con su dinero y mercancías del todo vale. Y para terminar el día horribilis de ayer, la dimisión del ministro de cultura y deporte, que deja un poso de amargura ante la picaresca individual y coleciva que reflejó de forma extraordinaria Cervantes en su obra escrita y que perdura hasta nuestros días. Escaparse de las mal llamadas garras de Hacienda es un deporte nacional y el reconocimiento social del defraudador de impuestos, desde todas las escalas sociales imaginables, permeabiliza muchas capas también sociales. El que paga los impuestos es un tonto redomado y el que se escapa de ellos es un listo con todos los honores. Por si faltaba algo a esta desazón, sobrevuela también estos días la entrada inmediata en prisión de un exmiembro de la familia real, Iñaki Urdangarin, el consorte que no recordaba nada de lo que hizo mal, como si todo le fuera ajeno desde la ética personal y pública de la que debía haber hecho gala en todo momento.

Españarse, no es una ocurrencia de última hora. Volví a encontrarme con esta palabra en un libro autobiográfico que recoge estas vivencias italianas sobre España, Los hijos, de Gay Talese (1), en el que se cita expresamente este verbo, spagnarsi, y su contexto histórico en la voz de Don Achille, maestro y director de una escuela del sur de Italia, muy didáctico pero con un recuerdo pésimo de Fernando el Católico: “No debéis olvidar nunca -añadió- que nuestras antepasados de esta parte de Italia vivieron durante casi tres siglos y medio bajo gobernantes vinculados a la corona española. Exceptuando el breve reinado de la realeza austriaca a principios del siglo XVIII, e incluso el reinado más breve de los parientes de Napoleón Bonaparte en Nápoles a principios del siglo XIX, el sur de Italia estuvo gobernado por virreyes que eran miembros de las familias más nobles de España, casi todos los cuales habían venido a Nápoles después de haber servido en Roma como embajadores españoles ante el Papa. Esas autoridades españolas eran tan crueles que incluso nuestra palabra spagnarsi, que significa “tener miedo”, guarda relación con los españoles”.

Lo siento, pero en situaciones como las descritas anteriormente, me españo y me reafirmo en la urgencia de regenerar la ética multidimensional y aplicada en este país, para recuperar el suelo firme individual y colectivo que nos permita caminar por él, como raíz honrada que justifique la dignidad de todos los actos humanos. Tarea urgente del Gobierno de este país y de cada ciudadano y ciudadana en particular, de forma personal e intransferible, para no acabar españándonos todos con todos.

Sevilla, 14/VI/2018

(1) Talese, Gay (2014). Los hijos. Madrid: Alfaguara.

Aquarius, un barco que derrama lágrimas

A BORDO DEL AQUARIUS

Aquarius es un símbolo de las injusticias y desequilibrios sociales de la humanidad. Como le ocurría a Acuario, el héroe de la mitología griega, “las estrellas de la constelación de Acuario pueden conectarse de una forma alternativa, la cual muestra gráficamente un portador de agua corriendo mientras carga una vasija de la cual derrama agua”. En este caso tan sangrante, el barco fletado por Médicos sin Fronteras y SOS Mediterranée, con 629 migrantes a bordo (muchos enfermos, siete embarazadas, una decena de bebés y 123 niños y niñas no acompañados), derrama lágrimas de dolor ante la situación que está viviendo en su interior. Reconozco que al ver las imágenes que nos llegan del barco, se me han caído unas lágrimas, como le ocurriría a María Celeste, el mascarón de proa preferido de Neruda, que lloraba cada vez que el calor del fuego que ardía en la chimenea de su casa, en la Isla Negra, condensaba el vapor en sus ojos de cristal. Porque ante la indignidad y la vergüenza todo llora y nada permanece insensible y quieto.

Me alegra conocer la noticia de que el gobierno de España ha ofrecido un puerto seguro para que desembarquen estas personas con todas las garantías, por razones humanitarias, después del espectáculo ofrecido por Italia y Malta, así como por el silencio cómplice de Europa en general, sin disculpa alguna. Evidentemente, la acogida de migrantes es un problema de hondo calado político, porque todos los países que componen esta realidad que se llama Europa, están mirando de lado a esta situación que ha estallado ahora con la realidad del Aquarius.

En abril escribí un artículo en este cuaderno digital, Refugiados y migrantes, viajeros de la desesperación humana, un título que identifica perfectamente la situación de este barco que derrama hoy lágrimas en el Mediterráneo. Hacía una referencia a un informe magnífico elaborado por UNHCR, Desperate journeys, que recogía la situación actual más próxima a 31 de marzo de 2018, en la que se aprecia que España, junto a Italia y Grecia, es el país al que llegan un gran número de migrantes todavía, a través del Mediterráneo, con especial relevancia y por países de origen (por este orden), desde Marruecos, Argelia, Guinea Conakry, Costa de Marfil, Gambia, Siria, Camerún, Mali, otras nacionalidades subsaharianas y Guinea- Bissau. Hacen un total, desde enero de 2018, de 5.000 personas, 3.385 por mar y 1.615 por tierra, con una distribución proyectada (según datos de 2017) del 14% de niños, 9% de mujeres y 77% de hombres, no disponiéndose en la actualidad de un dato estremecedor en referencia a niños no acompañados y separados de sus padres.

Agregaba en aquella ocasión que los refugiados y migrantes son dos realidades sangrantes para nuestro país, con bases legales de atención diferentes, pero que confluyen en la capacidad de España para atender situaciones inhumanas que claman al cielo. Creo que no somos conscientes del sufrimiento que generan estos viajes desesperados hacia una realidad humana y social diferente, donde se pueda compartir segundos de vida digna. Para tranquilizar sus almas. Vivimos muy ajenos a estas situaciones reales y muy próximas, que utilizan un mar que cantamos históricamente como hermoso y tranquilo, en una contradicción memorable, que ha llevado a Joan Manel Serrat a cantar “Mediterráneo” con sumo cuidado y respeto reverencial a los migrantes y refugiados que pierden con frecuencia su vida en él, porque ese mar maravilloso se ha convertido en la sepultura de miles y miles de personas dignas que escapan también de sus países de origen, en un auténtico sinsentido. Además, porque los que mueren a cientos en ese mar ya no serán desgraciadamente caminos para nadie y tampoco le darán verde a los pinos ni amarillo a la genista.

No debemos olvidar a las personas que viajan en el Aquarius, ni siquiera un momento, en nuestra alma profunda y oscura, porque al conocer esta realidad tenemos ya en nuestra piel el sabor amargo del llanto eterno; las lágrimas de un barco que simboliza el mito de Acuario, que ahora viaja hacia alguna parte de este país, porque ha ofrecido un puerto seguro para acoger a las personas que viajan en él.

Sevilla, 12/VI/2018

NOTA: la imagen, que muestra a un rescatador del Aquarius con un bebé, se ha recuperado hoy de https://politica.elpais.com/politica/2018/06/12/actualidad/1528778012_823509.html

 

 

 

Ser es ser percibido (en Internet)

 

El mundo digital es inexorable. Solo somos en Internet si somos percibidos por los otros en cualquier soporte digital. He comprendido bien por qué Albert Manguel dice en una obra reciente, Mientras embalo mi biblioteca, que el obispo George Berkeley (1685-1753) es el autor del lema de la era electrónica: esse est percipi, es decir, soy alguien (desde la perspectiva estrictamente digital) si soy percibido. A él se debe la teoría inmaterialista, que explica muy bien en su obra Principios (I, 1-6): “Es ciertamente extraño que haya prevalecido entre los hombres la opinión de que casas, montes, ríos, en una palabra, cualesquiera objetos sensibles, tengan existencia real o natural distinta de la de ser percibidos por el entendimiento. […] Pues, ¿qué son los objetos mencionados sino las cosas que nosotros percibimos por nuestros sentidos, y qué otra cosa percibimos aparte de nuestras propias ideas o sensaciones? Examinando a fondo esta opinión que combatimos, tal vez hallaremos que su origen es, en definitiva, la doctrina de las ideas abstractas. Pues, ¿puede haber más flagrante abuso de la abstracción que el distinguir entre la existencia de los objetos sensibles y el que sean percibidos, concibiéndolos existentes sin ser percibidos? […] Todo el conjunto de los cielos y la innumerable muchedumbre de seres que pueblan la tierra, en una palabra, todos los cuerpos que componen la maravillosa estructura del Universo, sólo tienen substancia en una mente; su ser (esse) consiste en que sean percibidos (percipi) o conocidos”.

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares escribieron un cuento con ese título tan críptico, Esse est percipi, pero tan evidente en los tiempos digitales. He vuelto a leer un fragmento del mismo, ahora que comienza el Campeonato Mundial de Fútbol, en el que siento que no verlo me sitúa fuera del mundo digital, porque solo cuento como espectador de consumo:

[…] -Señor, ¿quién inventó las cosas? -atiné a preguntar.

-Nadie lo sabe. Tanto valdría pesquisar a quién se le ocurrieron primero las inauguraciones de escuelas y las visitas fastuosas de testas coronadas. Son cosas que no existen fuera de los estudios de grabación y de las redacciones. Convénzase, Domecq, la publicidad masiva es la contramarca de los tiempos modernos.

– ¿Y la conquista del espacio? -gemí.

-Es un programa foráneo, una coproducción yanqui-soviética. Un laudable adelanto, no lo neguemos, del espectáculo cientificista.

– Presidente, usted me mete miedo -mascullé, sin respetar la vía jerárquica-. ¿Entonces en el mundo no pasa nada?

– Muy poco -contestó con su flema inglesa-. Lo que yo no capto es su miedo. El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone.

– ¿Y si se rompe la ilusión? -dije con un hilo de voz.

-Qué se va a romper -me tranquilizó. Por si acaso, seré una tumba -le prometí-. Lo juro por mi adhesión personal, por mi lealtad al equipo, por usted, por Limardo, por Renovales.

-Diga lo que se le dé la gana, nadie le va a creer.  […]

EMOTICONES FACEBOOK

La verdad es que cuando acudimos a Facebook, Twitter o Instagram, entre otros recursos de identidad digital, buscamos apasionadamente emoticones sonrientes o con un dedo hacia arriba, cuando menos, para tomar conciencia de que no estamos solos. Porque necesitamos ser percibidos para ser alguien o alguno, que tanto da. En el próximo mundial de fútbol, sobrecogido porque si no lo veo no seré nadie, tomo conciencia de las palabras de Borges-Bioy: “El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone”. Porque, agrega: “No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”.

Es verdad, con una diferencia: ser digital es ser percibido (en Internet) y tomar conciencia de ello.

Sevilla, 11/VI/2018

Debemos alzar las palabras, no la voz

Éramos científicos, filósofos, cuentacuentos. Las preguntas buscaban respuestas y más preguntas. Encontrábamos nuestro lugar en el universo, pero limitábamos con imperios en guerra […] Durante miles de años las fronteras no dejaron de redefinirse. Nos gobernaron poderosos hombres como Ciro el grande de Persia, Alejandro Magno de Macedonia, el Imperio Maurya, Gengis Khan… y así uno tras otro. Siempre se derramaba sangre, y siempre había supervivientes. Porque todo se repite una y otra vez. Todo cambia, Parvana, las historias nos recuerdan eso.

Nurullah, padre de Parvana

En un país que empieza a vivir estos días una experiencia de oportunidades y sueños por alcanzar, debemos alzar las palabras, no la voz, porque “es la lluvia lo que hace crecer las flores, no los truenos”. Salvando lo que haya que salvar, lo he leído en un artículo precioso (1) sobre una película de animación, El pan de la guerra, que no ha entrado en los circuitos comerciales, porque su argumento no desata -desgraciadamente- pasión alguna. Nos sacia el entretenimiento del mercado puro y duro y las multinacionales del sector saben que con eso muchos millones de personas tienen bastante.

Me refiero a una película dirigida por Nora Twomey, cofundadora del estudio irlandés Cartoon Saloon, basada en una novela de Deborah Ellis y nominada a los Oscar 2018, que describe las desventuras de Parvana, una joven que lucha por sobrevivir en un Kabul bajo control talibán. Nos pilla muy lejos esa historia, pero no comprendemos que la historia de lo que allí ocurrió hace millones de años nos afecta en la actualidad, porque sus ancestros modelaron una forma de ser y estar en el mundo, muy actual y cercana.

El artículo es hermoso en su fondo y forma. Al menos, se rescata una forma de contar relatos mediante el cine animado de siempre: “En los últimos años, Saloon Cartoon se ha confirmado como el estudio de animación tradicional de más prestigio del mercado europeo. Y, sin embargo, todas sus películas hablan en pasado porque tienen el mismo propósito: recuperar y renovar. Traducir al audiovisual contemporáneo la tradición oral olvidada de culturas pretéritas. Films con vocación de cuento”.

Creo que necesitamos rescatar las historias de nuestros antepasados en este país, con el encanto que lo hacen en la citada película, tal y como lo explica el padre de Parva en las primeras escenas: “Las historias perduran en el corazón incluso cuando todos nos hemos ido. Nuestra gente lleva contándolas toda la vida, desde que éramos Partia y Jorasán. Una tierra partida por la cordillera del Hindu Kush, abrasada por la mirada ardiente del desierto del norte. Escombros chamuscados y cumbres congeladas”.

Parvana

Recuperar y renovar. Apenas tenemos espacios para hablar y contarnos cosas cuando nuestro corazón anonadado gime. En tiempos tan modernos de usar y tirar todo, viene bien intentar explorar estas experiencias, debiéndose hacer operaciones rescate de lo que decían y contaban nuestros antepasados sentados en las aceras de sus barrios. Un ejemplo vale a veces más que mil palabras. Recuerdo cómo la urbanista americana Jane Jacobs contaba en “Muerte y vida en las grandes ciudades americanas” la posibilidad de estudiar la complejidad creciente de las ciudades y cómo la creación de los barrios, antes de que estallara el boom inmobiliario, traducía comportamientos sociales de marcado interés. Basta analizar el comportamiento social de cualquier ciudad, la mía propia, Sevilla, para comprender correctamente las tesis de Jacobs en toda su extensión. La gran paradoja actual es que las agrupaciones de viviendas o “muriendas”, como las llamaba uno de mis maestros de juventud, ya no se desarrollan como fenómeno social de la complejidad social de unos grupos sociales, sino que se diseñan en gabinetes de estudio, muchas veces de especulación pura y dura, que obedece a otros patrones alejados de las tesis de Jacobs. La nostalgia de las familias sevillanas que solo vuelven a sus barrios de origen con motivo de las procesiones de Semana Santa, traduce muy bien el desencanto que podría producir a esta investigadora natural, sin formación académica especializada, el desmantelamiento de este fenómeno social de la vida en las aceras, habiendo sido defensora a ultranza de esta forma de convivencia: “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calle y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (2).

No digamos nada cuando esta realidad del silencio impuesto por las guerras y las bombas, como en Kabul o Siria, destroza cualquier capacidad de transmitir palabras a los demás, escucharlas y procurar conservarlas en lo más profundo del corazón. Necesitamos ver esta película, El pan de la guerra, para comprender que la historia merece un respeto reverencial por lo que han transmitido a través de los siglos nuestros antepasados. Con el compromiso social del cine, por ejemplo, con ejemplos tan maravillosos como la trayectoria profesional de este estudio irlandés, aunque seamos tan necios que, al no incluirla en los circuitos de distribución en todo el mundo, estemos confundiendo una vez más, como necios, que es lo mismo valor y precio.

Lo sintetiza muy bien el artículo citado: “Con la animación como herramienta, Cartoon Saloon vuelve a manifestarse como una alternativa de cada vez más calado al relato hegemónico estadounidense. Y, esta vez, transmite con una fuerza emocional irresistible el recado inaplazable que uno de sus personajes resume sucintamente: cuando todo vaya mal “alza las palabras, no la voz. Es la lluvia lo que hace crecer las flores, no los truenos”. Impecable, porque la historia siempre nos recuerda el misterio silencioso de las palabras que se quedan con nosotros.

Sevilla, 10/VI/2018

(1) https://www.eldiario.es/cultura/cine/guerra-animada-temporada-estrenado-cines_0_779372389.html

(2) https://joseantoniocobena.com/2006/04/29/las-aceras-de-jane-jacobs-in-memoriam/

Los cumpledías de Mario Benedetti

mario-benedetti

Reinterpreto el poema Como siempre, de Mario Benedetti, el día que cumplo ochocientos cincuenta y dos meses, aplicando sus palabras en primera persona, porque así lo he leído siempre. Es verdad, porque esta matusalénica edad no se me nota cuando en el instante en que vencen los crueles entro a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. He alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que mi manantial mane amor sin miseria.

Soy consciente de que los que me desean hoy un feliz cumpleaños es a veces injusto, porque he tenido la suerte de disfrutar de felices cumpledías, no olvidando tampoco que aunque nada me ha sido fácil en mi vida, eso mismo me ayuda hoy a afirmar mi bienaventuranza diaria.

Para mí no es novedad que mucha gente de este mundo me aprecie, pero sé distinguir muy bien quien me quiere de veras, aunque mi corazón sabe quién me quiere un poquito más que el mundo.

Son palabras que regalo a los que me felicitan por mi cumpledías diario, sintiéndome alguien especial el día que cumplo ochocientos cincuenta y dos meses, entrando a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias y desarbolando los nudosos rencores.

Como siempre

Aunque hoy cumplas
trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda y estés linda
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

Sevilla, 7/VI/2018