Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, c.a. 1635, Juan Martínez Montañés, Museo del Prado / Flores de azahar
Sevilla, 8/IX/2026 – 08:25 h CET (UTC+2)
Esta serie llega hoy a su fin, con una historia “cazada” en Sevilla y contada por mí en 2021, una vez más descubierta a través de la lectura de un texto de Eduardo Galeano, “El escultor”, que conmueve hoy como si el artista jienense de cuna y sevillano de corazón, Juan Martinez Montañés, estuviera ahora mismo entre nosotros, sus “paisanos” de espíritu.
Si algo importante he aprendido con la belleza final de esta historia narrada por Galeano, es que Juan Martinez Montañés esculpió cada vez que pudo la fragancia perdida de Sevilla, en su sentido más profundo. Hoy, esta ciudad, por su conversión en un parque temático por el turismo mal entendido, junto a la gentrificación del centro histórico, ha perdido su esencia, en una ciudad en la que el gran escritor Stefan Zweig dijo, hace más de un siglo, que “en ella se podía ser feliz”: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”.
Martínez Montañés habría esculpido hoy su felicidad y belleza plenas. Para ayer, hoy y mañana, para siempre.
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El buscador de historias / y 7. Martínez Montañés, el escultor de la fragancia perdida
Sevilla, 30/VIII/2021
Finalizo hoy esta búsqueda de historias de la mano y letra de Eduardo Galeano, de la mejor forma que podía hacerlo, paseando por Sevilla y recordando a Juan Martínez Montañés, un escultor inolvidable en torno a la imaginería católica de esta sacrosanta ciudad. Leyendo las páginas finales de su libro El cazador de historias, llegué a una que tenía que ver con este escultor, que reproduzco para no alterar su sentido, en su forma y fondo. Además, salvando lo que haya que salvar, es un pequeño homenaje a una persona que quiso regalar a Sevilla lo mejor que sabía hacer, esculpir la madera, en una época de pandemia por la peste que asolaba la ciudad y que ahora, al leer estas bellas palabras de Galeano, sabemos que desde donde quiera que esté volvería a hacerlo por esta ciudad a la que tanto amó. Leer esta historia, El escultor, conmueve hoy como si él estuviera ahora mismo entre nosotros, sus “paisanos” de espíritu:
En mayo de 1649, Sevilla perdió el aroma que siempre le había dado fama y consuelo. Olía a muerte la ciudad de los azahares. Atacada por la peste, la gente abría zanjas donde echarse a morir y los naranjos daban lástima en lugar de flores. El escultor Juan Martínez Montañés, que a lo largo de sus muchos años había creado los Cristos y los santos de los templos sevillanos, quiso esculpir la fragancia perdida. A esa tarea dedicó toda la energía que le quedaba, noche tras noche, día tras día. Y tallando flores murió. Dicen que Sevilla resucitó porque él ofreció en sacrificio la poca vida que le quedaba. Y dicen que sus flores, las nacidas de sus manos, limpiaron el aire de la ciudad muribunda.
Es la mejor forma de finalizar esta serie dedicada a buscar historias en islas desconocidas. La maestría de Galeano nos ha traído a Sevilla para recordarnos al niño protagonista de su introducción a la historia del arte, cuando cenando con Nicole y con Adoum, hablaron de un escultor que trabajaba un día rodeado de niños, porque todos los niños del barrio son sus amigos: ”Un buen día la alcaldía le encargó un gran caballo para una plaza de la ciudad. Un camión trajo al taller el bloque gigante de granito. El escultor empezó a trabajarlo, subido a una escalera, a golpes de martillo y cincel. Los niños lo miraban hacer. Entonces los niños partieron, de vacaciones, rumbo a la montaña o el mar. Cuando regresaron, el escultor les mostró el caballo terminado. Y uno de los niños, con los ojos muy abiertos, le preguntó: Pero… ¿cómo sabías que adentro de aquella piedra había un caballo?» (1).
En definitiva, al igual que le ocurría a Miguel Ángel con el mármol de sus bellas esculturas, lo que hizo Martínez Montañés con su ofrenda a Sevilla, en momentos tan difíciles de pandemia, fue quitar la madera sobrante a las flores de azahar que ya estaban dentro de ella. De esta forma, esculpió también para su ciudad de acogida su fragancia perdida. Para ayer, hoy y mañana, para siempre.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Entre las historias “cazadas” y narradas por Eduardo Galeano en el libro (1) que elegí en la serie de 2021, hay una que titula El tejedor, que considero de importancia plena al constatarse hoy día una realidad, la compra compulsiva de ropa en las tiendas físicas y virtuales, como si fueran un filón inagotable.
En este contexto, comparto hoy algo que comprendí perfectamente al leer esta historia de Galeano, porque la ropa nunca debería ser considerada como trapos sino como la segunda piel. Valoraríamos entonces qué importancia tiene respetar qué significado tiene, quiénes están detrás de cada ropa que nos ponemos y cómo las etiquetas de fabricación y origen, China, Bangladesh, Vietnam, Pakistán, y Myanmar (Birmania), entre otros muchos países, delatan qué está pasando en el mundo de la confección lista para llevar, sin tener en cuenta en qué condiciones laborales y con qué materias primas se han fabricado.
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El buscador de historias / 6. La ropa nunca debería ser un trapo
Sevilla, 29/VIII/2021
En medio de tanta confusión con la moda de vestir, los y las “influencers”, campañas publicitarias de cada estación y desfiles de modistos y modistas de todo tipo, así como las grandes tiendas virtuales, he encontrado una historia de Galeano que me ha encantado y que hoy quiero compartir con el resto de buscadores del mundo. Él le puso un título en principio aséptico, El tejedor, aunque todo lo que escribe nunca es inocente. Vean por qué:
“En Oaxaca, en el taller de Remigio Mestas, se aprende que la ropa está viva.
Hay curiosos que se asoman atraídos por la hermosura de los huipiles, los rebozos y los paños, pero ese no es más que el punto de partida de un hondo espacio de encuentro.
Remigio, indio zapoteca, ha organizado un grupo de tejedores de las diversas comunidades mexicanas, que tejiendo recuperan sus raíces y su orgullo:
–La ropa no es un trapo-, dice Remigio, y explica que las ropas de vestir tienen espíritu y trasmiten energía, cuando son nacidas de manos amantes.
–La buena tela te dice: soy tu segunda piel.
Y para comprobar que no miente, basta con tocar cualquiera de sus obras”.
Me he sumergido en el mundo de Remigio, maestro textilero, para conocer con detalle su ingente obra cultural y me he quedado con una idea que repite sin cesar: las personas que tejen la ropa en la Asociación de Hermanos de Hebra, fundada por él, tienen una genética que les hace idear y amar lo que hacen, con proyectos tan interesantes como el denominado “Telares que retoñan”. Hoy he comprendido que, efectivamente, la ropa nunca debería ser considerada como trapos sino como la segunda piel. Valoraríamos entonces qué importancia tiene respetar qué significado tiene, quiénes están detrás de cada ropa que nos ponemos y cómo las etiquetas de fabricación y origen delatan qué está pasando en el mundo de la confección lista para llevar.
He leído la etiqueta de mi camiseta y he visto que está hecha en Myanmar (Birmania). La han fabricado máquinas sin alma, pero con personas que dan a un botón para que en una cadena de producción llegue hasta mi cuerpo, por un miserable salario y en jornadas laborables interminables. No tengo conciencia de su valor humano. Este es el motivo de haber compartido hoy esta historia, para que nos ayude a aprender, de una vez por todas, a comprender que cada cosa que nos ponemos o calzamos deberían ser siempre una segunda piel.
Cuando Remigio Mestas explica que en una tela aparece una balsa, que llevan también unas iniciales, sabe que la ha confeccionado la familia Palafox. Incluso si no lleva estas iniciales, el identificador de la familia desde sus ancestros es la balsa con pescadores. No hace falta nada más. Cuando alguien se pone su ropa sabe que tiene alma y una larga historia familiar detrás. Además, la ropa, los tintes y la confección son artesanales de principio a fin. Esa ropa está hecha por manos amantes, tienen espíritu y transmiten energía. No es lo mismo, no es lo mismo que la realidad de la confección actual. La familia Palafox plasma en sus telas sus protecciones, sus dioses, su medio ambiente, desde hace miles de años. Viven en San Mateo del Mar (Tehuantepec), donde confeccionan auténticas obras de arte. Es impresionante escucharle decir que después de dieciocho años de trabajo en la Hermanos de Hebras, han logrado que el trabajo tenga una remuneración justa, tanto para el artesano como para el consumidor, así como cuidar la calidad en todas las fases de confección de cada pieza. La constancia y lo justo son la clave de su éxito.
Otro mundo por descubrir por nuestra parte es el universo de los colores de sus ropas, porque en el Textil Oaxaqueño existen tres colores fundamentales: la grana cochinilla, que se usa en comunidades zapotecas, mixtecas, tacuates; el azul añil, de la familia de la leguminosa, presente en mucha de la indumentaria tradicional del Estado; y el caracol [violeta], que es uno de los colores más importantes en el mundo y en Oaxaca también, sobre todo en la costa chica y en la parte del istmo. El caracol se obtiene de un molusco que hay en los pueblos chontales de huatulco, algunos zapotecos y mixtecos de la costa de Puerto Ángel, y rumbo a Pinotepa Nacional.
Me despido por hoy de Galeano y de Remigio Mestas, agradeciéndoles que con su compañía haya descubierto de nuevo el valor auténtico de la ropa, el valor de su circulo sostenible y del respeto a la cultura y la dignidad de los pueblos artesanos desde su genética. Ha sido extraordinario entrar hoy en su tienda de la dignidad textil, de su arte, en el centro de Oaxaca, con un nombre de profundo respeto a los antepasados: Los baúles de Juana Cata. Volveré de nuevo para conocer a fondo sus huipiles, rebozos y paños, ropas que dignifican al ser humano de Oaxaca o de cualquier lugar del mundo dónde sus ropas viajan, como segunda piel, hacia alguna parte de la dignidad humana.
(1) Galeano, Eduardo. El cazador de historias, 2016. Madrid: Siglo XXI.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Hoy busco belleza en el mundo de los sueños estando muy despierto, contrastando dos historias de niños inquietos, Nemo y Diego, muy diferentes, pero dando un valor extraordinario a la contada por Eduardo Galeano, El mar, sin dejar atrás a Nemo: “Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura”.
Sólo pudo salir de aquella mudez extrema, cuando pronunció una frase esencial: ¡ayúdame a mirar! La naturaleza libre, no contaminada, es quien entrega su hermosura al niño que sólo quiere una cosa: mirar, al igual que nos sucede con muchas imágenes de nuestra vida en las que sólo viéndolas valen más que mil palabras. Lo que ocurre es que muchas veces necesitamos ayuda, como Diego, para saber que está pasando y estamos viendo. Es lo que quiero transmitir, junto a Galeano, al escribir esta serie: buscar historias durante unos días, para dar un sentido a la vida, para que todo en belleza acabe, si es posible. Soñar creando, porque los ojos, cuando están cerrados, preguntan.
Man Ray, Sueño, 1937
«Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.» Antoine de Saint Exupéry, Terre des Hommes, 1939 (2)
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El buscador de historias / 5. Un niño llamado Nemo
Sevilla, 28/VIII/2021
Salí muy temprano a buscar la historia de hoy, acompañado por Galeano, deteniéndome en una profecía vinculada a un protagonista de principios de siglo XX, el pequeño Nemo, que no hay que confundir con el protagonista de Pixar, con su encanto particular. La historia, que se llamaba “Profecías” era así:
¿Quién fue el que mejor retrató el poder universal, con un siglo de anticipación? No fue un filósofo, ni un sociólogo, ni un politólogo. Fue un niño llamado Nemo, que allá por 1905 publicaba sus aventuras, dibujadas por Windsor Mc Cay, en el diario New York Herald. Nemo soñaba el futuro. En uno de sus sueños más certeros llegó hasta Marte. Ese desdichado planeta estaba en manos del empresario que había aplastado a sus competidores y ejercía el monopolio absoluto. Los marcianos parecían tontos, porque hablaban poco y poco respiraban. Nemo supo por qué: el amo de Marte se había hecho dueño de las palabras y del aire. Las claves de la vida., las fuentes del poder.
Me interesó mucho esta historia, su texto y contexto, porque el mensaje era profundo. ¿Quién daba vida a Nemo? Un historietista -¡qué palabra tan bonita!- estadounidense, Winsor Mc Cay, con un papel relevante en la historia universal del cómic, autor del clásico Little Nemo in Slumberland (El pequeño Nemo en el País de los sueños), que abriría el camino al cine de animación e inspiraría entre otros autores al mismo Walt Disney: “Little Nemo in Slumberland está considerada una de las obras clásicas del cómic de todos los tiempos. Cada página de la serie corresponde a un sueño del niño Nemo –»nadie», en latín–, y tiene una estructura recurrente: en todas las páginas, en una pequeña viñeta del ángulo inferior derecho, Nemo despierta; la página siguiente, sin embargo, retoma el sueño donde había quedado la noche anterior, lo que confiere a la serie una estructura folletinesca que permite introducir numerosos personajes secundarios y mostrar un mundo de los sueños (Slumberland) de una gran riqueza narrativa. Por la importancia que concede a lo onírico, se ha relacionado la obra de Mc Cay con movimientos culturales posteriores, como el surrealismo o la literatura del absurdo. […] Su obra pone en escena arquitecturas fantásticas, elementos decorativos inspirados en el art nouveau, así como faunas y floras imaginarias, en un inacabable derroche de imaginación.
Quise conocer también el argumento de la serie dibujada por Mc Cay: El protagonista del cómic era un niño llamado Nemo -«nadie», en latín-, y cada página dominical de la serie correspondía a un sueño suyo. El protagonista despertaba siempre en la última viñeta de la página, a veces entre llantos, cayendo de la cama, o debiendo ser atendido por sus padres. Los sueños de Nemo, sin embargo, tenían continuidad narrativa, lo que daba a la serie una estructura folletinesca muy adecuada para introducir numerosos personajes secundarios y mostrar un mundo de los sueños (Slumberland) de una gran riqueza narrativa. Al comienzo de esta serie, visita a Nemo en sus sueños un emisario del rey Morfeo, con la orden de llevarle al País de los Sueños, donde deberá convertirse en compañero de juegos de la Princesa (cuyo nombre no se menciona en el cómic). Lo consigue, tras muchas vicisitudes, pero entonces su sueño es interrumpido por la aparición de un extraño personaje, Flip, que lleva un sombrero de copa con la frase «Wake Up» («Despierta») escrita en él. Desde entonces, Flip se convierte en el principal antagonista de Nemo, pues, sólo con verle, manda al protagonista de vuelta a la prosaica realidad. Flip termina convirtiéndose en un compañero algo gamberro de Nemo, y aparecen otros personajes secundarios, como el Doctor Píldora, el Imp, el Niño Caramelo y Santa Claus, además de los anteriormente citados.
Conocido el contexto de esta serie, lo que verdaderamente me llamó la atención fue la profecía que encierra esta historieta. Creo que hoy más que nunca nos suena Marte como un planeta bastante cercano, sus hipotéticos dueños y el gran vencedor de la batalla por adueñarse de su territorio, así como el resultado: el dueño de los dueños se había apropiado también del habla de los marcianos y del aire, las claves de la vida, las fuentes del poder. El que quiera entender que entienda, pero visto lo visto recientemente con el gran espectáculo del mundo orbital y marciano, habrá que estar pendientes para que no se vuelva a repetir la historia. Lo analicé en un artículo recientesobre el insultante turismo espacial y la imprescindible perspectiva orbital.
Mientras leía lo que me indicaba Galeano, recordé otra historia suya, El mar (1), en el que el protagonista, el pequeño Diego, descubrió el mar y ante tanta inmensidad y fulgor, el niño se quedó mudo de hermosura y cuando al fin pudo hablar de nuevo, pidió a su padre una sola cosa: que lo ayudara a mirar:
Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: —¡Ayúdame a mirar!
La diferencia entre la primera historia y la segunda estriba en que el poder omnímodo de quienes lo detentan de forma espuria, es capaz de quitar la palabra a las personas e incluso el aire que respiran, convirtiendo ese sueño en una realidad anunciada por un profeta niño. En el caso del pequeño Diego, la naturaleza libre es quien entrega su hermosura al niño que sólo quiere una cosa: mirar, al igual que nos sucede con muchas imágenes de nuestra vida en las que sólo viéndolas valen más que mil palabras. El problema siempre es el mismo a lo largo de la Historia: todo necio confunde siempre valor y precio.
Al igual que el pequeño Nemo, tenemos un derecho barato que es soñar despiertos, creando historias imaginables e incluso reales como la vida misma. Vivo rodeado de personas que sueñan con un mundo diferente, porque no les gusta el actual, porque hay que cambiarlo. A mí me gusta ir más allá, es decir, el mundo hay que transformarlo. Pero surge siempre la pregunta incómoda, ¿cómo?, si las eminencias del lugar, cualquier lugar, dicen que eso es imposible, una utopía, un desiderátum, como si ser singular fuera un principio extraterrestre, un ente de razón que no tiene futuro alguno. No me resigno a aceptarlo y por esta razón sigo yendo con frecuencia de mi corazón y sueños a mis asuntos, del timbo al tambo, como decía García Márquez en sus cuentos peregrinos. En el caso del pequeño Diego, la naturaleza libre es quien entrega su hermosura al niño que sólo quiere una cosa: mirar, al igual que nos sucede con muchas imágenes de nuestra vida en las que sólo viéndolas valen más que mil palabras. El problema siempre es el mismo a lo largo de la Historia: todo necio confunde siempre valor y precio. como Diógenes personas con las que compartir formas diferentes de ser y estar en el mundo, que sean capaces de ilusionarse con alguien o por algo. De buscar historias junto a Galeano durante unos días, para dar un sentido a la vida. De soñar creando, porque los ojos, cuando están cerrados, preguntan.
(1) Galeano, Eduardo, El libro de los abrazos, 1993. Madrid: Siglo XXI de España.
(2) La fotografía, que lleva por título «Sueño», fue realizada por Man Ray en 1937 y aparecen en ella Consuelo de Saint-Exupéry (esposa-rosa del autor de El principito) y Germaine Huguet.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Abracadabra, en Preceptos Médicos, de Serenus Sammonicus
Tengo las manos vacías / de tanto dar sin tener; / pero las manos son mías
Dos escaleras de vidrio yo llevo en mi corazón / por una suben las penas, por otra baja el dolor
Soleá de Triana
Sevilla, 5/IX/ 2026 – 10:29 h CET (UTC+2)
Como “escuchaor” de lo que sucede en mi tierra (Antonio Mairena, dixit), también de lo que pasa fuera y estamos viendo a diario, este artículo de la serie primitiva lo escribí en 2021, siguiendo instrucciones de Eduardo Galeano: “intento mirar el universo por el ojo de la cerradura, desde lo pequeñito, lo que puede parecer insignificante. Cada historia es una baldosita cuyo color se incorpora al gran mosaico de la historia que entre todos hacemos cada día, aunque no lo sepamos”.
Es lo que hago a diario en este cuaderno digital y hoy rescato una historia preciosa, no olvidando que procuro cada día, si es posible, que todo en belleza acabe, “enviando mi fuego hasta el final” (abracadabra).
Pasen y lean.
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El buscador de historias / 4. Abracadabra
Sevilla, 27/VIII/2021
Cuando me enfrento hoy al fenómeno de la hoja en blanco en esta serie, recuerdo especialmente a Eduardo Galeano, durante una entrevista en este país, cuando dijo que cada día “intento mirar el universo por el ojo de la cerradura, desde lo pequeñito, lo que puede parecer insignificante. Cada historia es una baldosita cuyo color se incorpora al gran mosaico de la historia que entre todos hacemos cada día, aunque no lo sepamos”. Es la gran misión de los buscadores de historias y el motor que ayuda a localizar y compartir experiencias ajenas que pueden ser útiles en la sociedad de lo inútil. Hoy abordo la historia de cómo Galeano compendió la palabra mágica de nuestros cuentos y juegos infantiles, Abracadabra, que para él era algo más que un simple juego de letras.
Luis Caballero, Soleá de Triana
Conocí a través de D. Pedro Laín Entralgo, a quien seguí muy de cerca en mis años jóvenes siguiendo las indicaciones de una persona a la que estoy muy agradecido, el profesor Diego Gracia Guillén, una reflexión muy interesante sobre una conmovedora soleá (Soleá de Triana) que había oído cantar cierta noche de San Silvestre y luego enseñó a José Menese, que finaliza así: «Tengo las manos vacías / de tanto dar sin tener; / pero las manos son mías». Me sorprendió, un día ya lejano, encontrar de nuevo estas palabras en un artículo publicado por Eduardo Galeano el 17 de marzo de 2006, en el que rememoraba la celebración del Día del Liberado, en homenaje a los desaparecidos por la dictadura uruguaya en el pasado siglo, ensalzando la memoria de la dignidad y la dignidad de la memoria, con un título que justifica hoy mi búsqueda de historias, Abracadabra, en el que explica lo siguiente: “Tarde o temprano nosotros, caminantes, seremos caminados, caminados por los pasos de después, así como nuestros pasos caminan, ahora, sobre las huellas que otros pasos dejaron. Ahora que los dueños del mundo nos están obligando a arrepentirnos de toda pasión, ahora que tan de moda se ha puesto la vida frígida y mezquina, no viene nada mal recordar aquella palabrita que todos aprendimos en los cuentos de la infancia, abracadabra, la palabra mágica que abría todas las puertas, y recordar que abracadabra significa, en hebreo antiguo: “Envía tu fuego hasta el final”.
Si me detengo precisamente en este discurso, leyéndolo hasta el final y recordando al profesor Laín Entralgo, es porque Galeano tiene también tiene un recuerdo especial hacia Andalucía, en unas emocionantes palabras de aquella soleá preciosa: “Porque en las horas más difíciles, en aquellos tiempos enemigos, en los años de mugre y miedo de la dictadura militar, ellos supieron vivir para darse y se dieron enteros, se dieron sin pedir nada a cambio, como si viviendo cantaran aquella antigua copla andaluza que decía, y dice todavía, y por siempre dice: «Tengo las manos vacías, …pero las manos son mías”. Magnífica referencia a la manera de sentir la vida el pueblo andaluz.
Efectivamente, me consta que Galeano, cada vez que pudo, citó Abracadabra en textos y contextos diferentes. En Los hijos de los días (1), dedica una reflexión profunda sobre el viaje de esta palabra a través de la historia: “En el año 208, Serenus Sammonicus escribió en Roma un libro, Asuntos secretos, donde revelaba sus descubrimientos en el arte de la sanación. Este médico de dos emperadores, poeta, dueño de la mejor biblioteca de su tiempo, proponía, entre otros remedios, un infalible método para evitar la fiebre terciana y espantar la muerte: había que colgarse al pecho una palabra y protegerse con ella noche y día. Era la palabra Abracadabra, que en hebreo antiguo quería decir, y sigue diciendo: Envía tu fuego hasta el final”.
Su amor a esta palabra queda reflejado de nuevo en un discurso que pronunció en el Obelisco de Montevideo, en el cierre de la campaña contra la ley de impunidad, la noche del 20 de octubre de 2009: “Yo suelo invocar una palabra, una palabra mágica, una palabra abrepuertas, que es, quizá, la más universal de todas. Es la palabra abracadabra, que en hebreo antiguo significa: envía tu fuego hasta el final. A modo de homenaje a todos los fuegos caminantes, que van abriendo puertas por los caminos del mundo, la repito ahora: Caminantes de la justicia, portadores del fuego sagrado, ¡abracadabra, compañeros!”.
Galeano me ha llevado de la mano a verificar la verdadera historia de esta palabra acudiendo a la obra de Serenus Sammonicus, en la que aparece por primera vez en documento escrito esta palabra cabalística, Abracadabra, comprobando que se trata de Preceptos Médicos, en la que se dice textualmente en el capítulo LII dedicado a la fiebre terciana que “La fiebre que los griegos llaman hmitritaion [terciana] es más peligrosa. El nombre griego de esta fiebre no se ha traducido al latín, ya sea porque la genialidad de esta lengua se opone a ella, o porque los padres y las madres, por temor a traer mala suerte a sus hijos, no se han atrevido a ponerle un nombre. Escriba en una hoja de papel ABRACADABRA; luego repita esta palabra tantas veces como letras haya en la palabra, pero cada vez quitando una letra, de modo que el conjunto tenga forma de cono. Hecho esto, cuelgue la hoja de papel alrededor del cuello del paciente con un hilo de lino”.
Hoy, leyendo de nuevo a Galeano, he recordado otra estrofa de la Soleá de Triana, que recordó en aquella conmemoración de la libertad en Montevideo, para comprender bien cómo podemos enviar fuego de vida hasta el final de nuestros días, en su interpretación de Abracadabra, en una dialéctica posible para convertirnos en fuegos caminantes en otro mundo posible: “Dos escaleras de vidrio yo llevo en mi corazón / por una suben las penas por otra baja el dolor”, que nos deberían ayudar a ser siempre solidarios y tener las manos vacías de tanto dar sin tener, pero sabiendo siempre que las manos son las nuestras, la tuya y la mía. Abracadabra nos suena hoy como la gran oportunidad de abrir puertas en este mundo hostil, sabiendo también que como “caminantes, seremos caminados, caminados por los pasos de después, así como nuestros pasos caminan, ahora, sobre las huellas que otros pasos dejaron”.
NOTA: La imagen de cabecera figura en una nota a pie de página, en el libro citado, sobre el precepto dedicado a la fiebre terciana, explicando la palabra ABRACADABRA, cuyas letras se podían ordenar de las dos formas. Esta figura se compone principalmente de las letras de la palabra ABRACA, igual que ABRACAX, porque se creía que era el más antiguo de los dioses, siendo ella misma referida como una especie de divinidad (véase en Préceptes médicaux de Serenus Sammonius (texte bilingue) (remacle.org).
(1) Galeano, Eduardo. Los hijos de los días, 2012. Madrid: Siglo XXI de España.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
La ONG Educo, a la que sigo de cerca en sus actuaciones benefactoras en este país, en el ámbito, entre otros, de la realidad de los comedores escolares en España, tratado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital, ha presentado un nuevo informe Vuelta al cole, ¿vuelta al comedor? Informe sobre el acceso escolar en España 2026, donde según su resumen ejecutivo oficial, «analiza la situación del comedor escolar en España a partir de los datos más recientes sobre acceso, cobertura, ayudas económicas y precios. Sus resultados muestran que, pese a los avances registrados en los últimos años, el sistema actual sigue dejando fuera una parte importante de la infancia y la adolescencia, especialmente a quienes viven en situación de vulnerabilidad y al alumnado de educación secundaria obligatoria». El comedor escolar «es mucho más que un servicio de alimentación. Forma parte de la jornada educativa y, cuando cuenta con recursos y condiciones adecuadas, puede contribuir al bienestar, la protección, el aprendizaje, la convivencia y la participación de niñas, niños y adolescentes», tal y como se ha manifestado siempre en informes anteriores.
El inform recoge los principales hallazgos encontrados en el estudio llevado a cabo, referidos al Curso 2024/2025, destacando una realidad cuantitativa muy significativa: «2.567.858 niñas, niños y adolescentes utilizan el comedor escolar en España, el 40,03 % del alumnado matriculado en las etapas analizadas, desde Educación Infantil hasta Educación Secundaria Obligatoria. Es decir, cuatro de cada diez estudiantes acceden al comedor escolar. Sin embargo, esta media estatal oculta grandes diferencias según la etapa educativa, la titularidad de los centros y la comunidad autónoma de residencia. El uso del comedor disminuye a medida que avanza la trayectoria educativa. Mientras que en el primer ciclo de educación infantil utiliza el comedor más del 70 % del alumnado, en educación primaria lo hace aproximadamente la mitad. La situación cambia de forma muy acusada en la ESO. En los centros públicos, solo el 3,03 % del alumnado accede al comedor, frente al 28,21 % en los centros concertados y privados. Esta diferencia de 25,18 puntos porcentuales es la mayor registrada entre las diferentes etapas analizadas».
Los datos anteriores descubren la desigualdad en el uso del comedor que tiene una relación directa con ls dispomibilidad, con un grave desequilibrio en favor de los centros concertados y privados: «En los centros públicos que imparten ESO, únicamente el 18,44 % dispone de comedor escolar, frente al 75,79 % de los centros concertados y privados. Esta carencia en educación secundaria pública constituye una barrera estructural que limita las posibilidades de acceso durante una etapa educativa obligatoria y decisiva para el desarrollo de la adolescencia.
También se abordan las barreras económicas como determinantes de esta situación tan preocupante: «En España, el 33,8 % de la población menor de 18 años se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Para una familia formada por dos personas adultas y dos menores situadas en el umbral de riesgo de pobreza, el coste anual del comedor para sus dos hijas o hijos supondría, como mínimo, el 7,6 % de sus ingresos anuales. Este esfuerzo aumenta en los hogares con menores ingresos o con un mayor número de hijos e hijas que utilizan el servicio.
Ante lo expuesto anteriormente, se refuerza todavía más algo que es el hilo conductor de la acción educativa en EDUCO: «Las becas y ayudas al comedor son actualmente el principal instrumento para reducir estas barreras. La inversión pública alcanzó los 659,4 millones de euros en el curso 2024/2025, un 2,6 % más que el curso anterior. Asimismo, entre 2019/2020 y 2024/2025, la inversión por estudiante pasó de 43,21 a 102,79 euros, un incremento del 137,9 %, superior al aumento del precio medio del comedor en el mismo periodo. No obstante, el aumento de la inversión no ha resuelto los problemas de cobertura ni garantiza la gratuidad efectiva para las familias que más lo necesitan. Las ayudas alcanzaron al 15,30 % del alumnado, una proporción muy inferior al 33,8 % de niños, niñas y adolescentes en riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE). De acuerdo con la estimación realizada, alrededor de 1,2 millones de estudiantes en situación de vulnerabilidad (54,7 %) quedarían fuera del sistema de becas y ayudas.
Los datos expuestos llevan a urgir a las autoridades educativas de este país a implantar un modelo universal que garantice el comedor para todo el alumnado, lo que » exige avanzar hacia la universalidad y la gratuidad, en el marco del derecho a la educación. El informe estima que ofrecer gratuitamente el comedor escolar al alumnado de educación infantil, primaria, educación especial y ESO tendría un coste anual de 6.165,9 millones de euros, equivalente al 0,37 % del PIB español. Con este incremento, el gasto público en educación en España pasaría del 4,34 % al 4,71 % del PIB, acercándose a la media europea del 4,65 % en 2023. Esta estimación evidencia que avanzar hacia un comedor escolar universal y gratuito supone un esfuerzo relevante, pero asumible dentro del conjunto de la inversión pública en educación y protección social. Además de su impacto sobre la alimentación, esta medida contribuiría a reducir desigualdades, reforzar la equidad educativa y garantizar que el tiempo de mediodía sea un espacio de cuidado, bienestar y aprendizaje para toda la infancia».
Los datos reflejados en el informe correspondientes a la realidad de los comedores escolares en Andalucía, la Comunidad por la que lucho y pervivo, que decía Antonio Machado, Quizás sea el gráfico siguiente el que refleja la realidad más dura para el país y, en este caso, para Andalucía, donde se aprecia el gran desajuste que se produce entre el porcentaje de alumnado en riesgo de pobreza o exclusión social y porcentaje de alumnado beneficiario de becas y ayudas al comedor, por Comunidad Autónoma:
Finalmente, el in forme culmina con conclusiones y recomendaciones que recomiendo leer íntegramente, destacando en este momento dos esenciales, «los resultados del informe apuntan a una conclusión clara. Mientras el acceso al comedor escolar dependa de la etapa educativa, de la titularidad del centro, del territorio y de la renta de las familias, seguirá siendo una oportunidad para algunos niños, niñas y adolescentes y una barrera para otros. Reconocer el comedor escolar como parte del derecho a la educación implica garantizar que ninguna niña ni ningún niño quede fuera por motivos económicos, por la falta de plazas o por la ausencia de infraestructura en su centro». La segunda recomendación que destaco es que hay que impulsar definitivamente «políticas de mirada amplia y estratégica que reconozcan el comedor escolar como parte del derecho a la educación, dejando atrás la concepción de servicio complementario. Esto se debe concretar garantizando que pasa a formar parte del proyecto educativo, y por tanto que todo el alumnado pueda disfrutar del comedor escolar, y asegurando que es un espacio de aprendizaje, protección, alimentación saludable y bienestar. Este camino implica garantizar la infraestructura necesaria y que no haya barreras económicas para el acceso: poner las bases hacia la universalización, y mientras tanto establecer sistemas de becas y ayudas robustos que aseguren que ningún niño, niña o adolescente en situación de vulnerabilidad se queda fuera del comedor escolar».
Para que no se olvide: más de dos millones y medio de niños y niñas de nuestro país, en riesgo de pobreza y exclusión, merecennuestra atención, la que corresponda a cada uno, porque hoy, sin esperar a mañana, es una obligación ética dar visibilidad a esta situación y denunciarla, ofreciendo alternativas. Fundamentalmente, porque existe otra forma de atender esta situación tan dolorosa e inhumana y porque es un deber hacerlo y una responsabilidad pública del Gobierno correspondiente. El dato es escalofriante: 1,2 millones de estudiantes en situación de vulnerabilidad (54,7 %) queda fuera del sistema de becas y ayudas o lo que es lo mismo, 1.200.000 niños y niñas seguirán este curso escolar, tan próximo, sin disfrutar de un derecho combinado de educación y alimentación necesarias para desarrollar una vida digna.
NOTA PARA LECTORES Y LECTORAS DE ESTE ARTÍCULO: si te preocupa la situación descrita, divúlgala. La acción ciudadana de conocer datos reales, verdaderos, sobre lo que está pasando y estamos viendo, es la que permite emitir juicios bien informados que sirvan para la transformación social en nuestro país. Eduardo Galeano nos lo recordó hace ya muchos años: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Gracias por haber llegado hasta aquí.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Tu dios es judío, tu música es negra, tu coche es japonés, tu pizza es italiana, tu gas es argelino, tu café es brasileño, tu democracia es griega, tus números son árabes, tus letras son latinas.
Yo soy tu vecino. ¿Y tú me llamas extranjero?”
Eduardo Galeano, Extranjero, en El cazador de historias.
Sevilla, 4/IX/2026 – 09:20 h CET (UTC+2)
Hoy abordo un problema real y muy actual en nuestro país por la tragedia de Ceuta, con muertes incluidas, la llegada de migrantes como denuncia de que el mundo se rompe por sus costuras de pobreza, marginación, persecuciones, paro, hambre y hastío. El tercer artículo de esta serie, publicado en 2021, sirvió de base al que escribí recientemente en este cuaderno digital, Todos somos extranjeros y migrantes en la Aldea Mundial.
Lo vuelvo a publicar hoy, en su versión de agosto de 2026, porque la actualidad es terca y a pesar de haber transcurrido cinco años de aquél artículo de denuncia, la situación se ha agravado en nuestro país y en el mundo, porque nos invade una ola de neorracismo y de rechazo a todo “extranjero” no turista, que busque un horizonte de su vida en nuestra tierra para quedarse en ella, sólo por el hecho de una calificación sospechosa de “irregular” por su forma de entrar en nuestro territorio, extranjero a palo seco, invasor, aprovechado, sin pensar que las leyes internacionales humanitarias los protegenhasta límites insospechadosy que estamos obligados a respetarlaspor imperativo legal.
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Todos somos extranjeros y migrantes en la Aldea Mundial
Tomé nota hace años de la frase de Eduardo Galeano y no la he olvidado. Buscando historias propias y asociadas junto a él, en mi calidad de averiguador de la vida digna, tal y como lo pensaban los mayas, encontré una de título muy breve, Extranjero, que me suena muy próxima en estos días de la tragedia humana por la entrada masiva de migrantes en Ceuta. Me refiero a la que este autor, al que tanto aprecio, cuenta en una experiencia personal, probablemente durante su estancia en Barcelona como consecuencia de su exilio:
“En un periódico del barrio de Raval, en Barcelona, una mano anónima escribió:
Tu dios es judío, tu música es negra, tu coche es japonés, tu pizza es italiana, tu gas es argelino, tu café es brasileño, tu democracia es griega, tus números son árabes, tus letras son latinas.
Yo soy tu vecino. ¿Y tú me llamas extranjero?”
Creo que sobran palabras para demostrar que una cosa es ser extranjero y otra muy diferente sentirlo como algo propio en esta aldea global en la que hemos convertido el mundo al revés. Por si nos quedaba alguna duda, todavía es más lacerante opinar sobre los extranjeros como diablos responsables de los males de este mundo o de este país, como si se tratara del Infierno de Dante y Ceuta también es parte de este mundo.
Es Galeano el que reflexiona de nuevo sobre esta realidad en El diablo es extranjero (1), en una historia con nombre propio que no admite paliativos:
El culpómetro indica que el inmigrante viene a robarnos el empleo. Y el peligrosímetro lo señala con luz roja. Si el intruso, el venido de afuera, es joven y pobre y no es blanco, está condenado a primera vista por indigencia o inclinación al caos o portación de piel. Pero si no es joven ni pobre, ni oscuro, de todos modos merece la malvenida porque ha venido a trabajar el doble a cambio de la mitad.
El pánico a la pérdida del empleo es uno de los miedos más poderosos en estos tiempos del mundo gobernado por el miedo.
Y la verdad es que el inmigrante está siempre situado a primera mano, ahí no más, a la vista, a la hora de encontrar culpables del desempleo, de la inseguridad y de otras muchas temibles desgracias.
Antes Europa derramaba sobre el mundo, sobre el mundo entero: soldados, presos, campesinos muertos de hambre… que eran protagonistas de las aventuras coloniales y han pasado a la historia como mensajeros de Dios. Era la civilización lanzada al rescate de la barbarie.
Ahora el viaje ocurre al revés. Eso quiere ser la invasión de los invadidos. Los que llegan o intentan llegar desde el sur al norte son protagonistas de las desventuras coloniales que pasan a la historia como mensajeros del Diablo. Es la barbarie lanzada al asalto de la civilización.
Tenemos a miles de “migrantes” en Ceuta, por llamarlos así de una forma digna, porque mejor es no recordar ahora los calificativos que se publican a diario, casi siempre vejatorios como personas. Llegaron a Ceuta el pasado 30 de julio, cada uno como pudo y con mil historias detrás. Creo que deberíamos hablar con ellos “de extranjeros a extranjeros”, buscar las mejores atenciones humanas posibles, con respeto al Derecho Internacional que los protege, porque de eso sabemos mucho a través de la Historia, que -por cierto- se nos olvida en este país muy pronto.
Como decía Galeano, los humanitos somos contradicciones que caminan, extranjeros de cuerpo y alma, en cualquier lugar o en alguna parte de la gran Aldea Global en la que se ha convertido el mundo al revés en el que vivimos. Lo que les puedo asegurar es que detesto el culpómetro y el peligrosímetro hacia los extranjeros, hacia los migrantes que permanecen hoy en Ceuta, porque reconozco que también lo soy en este mundo al revés diseñado a veces por el enemigo.
(1) Galeano, Eduardo. Espejos. Una historia casi universal, 2008. Madrid: Siglo XXI España.
NOTA: la imagen de cabecera se recuperó el 21 de agosto de 2026, de El Faro de Ceuta
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Continúo hoy con la serie iniciada ayer, abordando una realidad incuestionable en nuestra vida, las huellas vitales, porque todo lo ocurrido no se borra en nuestro cerebro, un disco duro con una capacidad sólo limitada por el tiempo que cada uno viva hasta la muerte o por borrados no queridos por accidentes o problemas de salud mental, entre otras causas vitales.
Galeano plantea cuestiones existenciales de calidad indudable, en torno a lo que denomino “huellas vitales”, porque nuestras vidas no deben ser “travesía de la nada o pasos de nadie o del olvido”, donde el amor y el dolor nos enseñan a comprender y querer el camino humano de cada uno, de cada una, que recorremos todos los días y que nunca es indiferente, porque queda grabado para siempre en nuestro cerebro. Sin olvidar su impacto en nuestros sentimientos y emociones.
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El buscador de historias / 2. Las huellas que no se borran
Sevilla, 25/VIII/2021
Esta es una historia breve y dos veces buena de Galeano en el libro de mi cabecera en estos días (1), de una sola palabra en su título, Huellas, donde el amor y el dolor tienen un protagonismo especial:
El viento borra las huellas de las gaviotas. Las lluvias borran las huellas de los pasos humanos. El sol borra las huellas del tiempo. Los cuentacuentos buscan las huellas de la memoria perdida, el amor y el dolor, que no se ven, pero no se borran.
Es lo que nos dejó escrito, para demostrarnos que hemos nacido para caminar y volar, para contar nuestros viajes particulares buscando historias propias o asociadas, porque somos pies y bocas del tiempo y porque nuestros pensamientos, deseos y sueños también pueden volar si nos deja hacerlo la propia vida. Su mensaje es claro y circular: los años son los que vuelan, porque nosotros permanecemos un tiempo, el de cada uno, porque cada día tiene su afán y cada tiempo su momento, sabiendo como sabemos y nos lo transmitieron los sabios del lugar histórico de cada cual que, vanidad de vanidades, todo es vanidad, porque somos los pies y bocas del tiempo, porque de tiempo somos y sabemos que nos habla: Los pies del tiempo caminan en nuestros pies. A la corta o a la larga, ya se sabe, los vientos del tiempo borrarán las huellas. ¿Travesía de la nada, pasos de nadie? Las bocas del tiempo cuentan el viaje (2). Sólo sabemos que el amor y el dolor permanecen en «nuestro» tiempo.
Hablando de huellas siempre resuena Antonio Machado en mi memoria de hipocampo, como un referente en mi caminar diario, en un poema que nunca olvido, sobre todo cuando reconozco errores en mi vida de todos y en la de secreto, así como cada vez que me levanto después de una caída, una decepción o un fracaso: “Caminante, son tus huellas /el camino, y nada más / caminante, no hay camino: / se hace camino al andar. / Al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante, no hay camino, / sino estelas en la mar” (Proverbios y Cantares (XXIX). También recuerdo unas palabras de Rebecca Solnit, “Lo ideal sería caminar en un estado en el cual la mente, el cuerpo y el mundo estén alineados, como si fueran tres personajes que por fin logran mantener una conversación, tres notas que de pronto alcanzan un acorde” (Wanderlust. Una historia del caminar), sobre todo para hacernos más fácil este deambular por la vida no de forma lineal sino yendo muchas veces del timbo al tambo.
¿Será que lo que traducen mis huellas en mi caminar diario, es que mi fin es mi principio y mi principio mi fin?Este palíndromo ha recorrido siglos desde el aserto presocrático del “todo fluye, nada permanece”, entregado a la posteridad por Heráclito de Éfeso. Es la circularidad vital como hilo conductor de las personas que solemos caminar volviendo sólo la vista atrás para ver la senda que nunca se ha de volver a pisar, aunque descubramos con el tiempo que solo hay camino siguiendo las estelas de la mar. O cruzando ríos que van a dar a esa mar, por sitios que nunca van a ser los mismos cuando se vuelven a cruzar. Esta es la razón que justifica el mito del eterno retorno simbolizado en esta frase enigmática: mi fin es el principio y mi principio mi fin. Lo conocía por haber escuchado hace muchos años un rondó de Guillaume de Machaut (Ca. 1370), Ma fin est mon commencement, que todavía resuena en territorios lejanos.
Esas huellas de caminos que nunca más he de volver a pisar es lo que cantó excelentemente Leonard Cohen en Steer Your Way, cuando decía: Dirige tu camino a través de las ruinas del altar y el centro comercial, dirige tu camino a través de las fábulas de la Creación y la Caída, dirige tu camino más allá de los Palacios y elévate por encima de la podredumbre, año tras año, mes a mes, día a día, pensamiento a pensamiento. Es la tarea que cuido todos los días, porque si no, creo que es difícil avanzar en la creencia de que otro mundo es posible, buscando también historias de cuentacuentos, porque sé que buscan las huellas de la memoria perdida, el amor y el dolor, que no se ven, pero no se borran.
Galeano no se equivocó al escribir esta preciosa historia, porque me enseña que mi vida no debe ser travesía de la nada o pasos de nadie o del olvido, donde el amor y el dolor me han enseñado a comprender y querer el camino humano, que no me es indiferente y que recorro todos los días.
(1) Galeano, Eduardo. El cazador de historias, 2016. Madrid: Siglo XXI.
(2) Galeano, Eduardo. Tiempo que dice, en Bocas del tiempo, 2004. Madrid: Siglo XXI.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Que en belleza camine. Que haya belleza delante de mí y belleza detrás y debajo y encima y que todo a mi alrededor sea belleza a lo largo de un camino de belleza que en belleza acabe.
Eduardo Galeano, Quise, quiero, quisiera, del «Canto de la noche», del pueblo navajo, en «El cazador de historias»
Sevilla, 2/IX/2026 – 09:07 h CET (UTC+2)
Vuelvo a publicar a partir de hoy, una serie que escribí en 2021, con el título de El buscador de historias, que hace honor al subtítulo de este blog, Cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, siempre con el viento a favor del mensaje principal de El cuento de la isla desconocida, de José Saramago.
He cambiado el título en esta ocasión, porque la quintaesencia de lo que escribí entonces y reproduzco hoy, es esa cuestión, resumida en cinco palabras que sintetizan mi hilo conductor vital en estos momentos: que todo en belleza acabe.
Confieso que necesito compartirlo en un mundo al revés, lleno de fealdad, que pone en peligro la democracia, el bienestar y la felicidad legítima de todos.
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El buscador de historias / 1. Caminantes del mundo
Sevilla, 24/VIII/2021
Inicio hoy una nueva serie, El buscador de historias, inspirada en una obra póstuma de Eduardo Galeano, El cazador de historias, que su editorial de cabecera, Siglo XXI, cuidó con él hasta el último detalle, pero sobre la que decidió esperar el mejor momento para publicarla en 2016, dado el delicado estado de salud del escritor que falleció en 2015. Creo que es un auténtico testamento espiritual en el que a través de innumerables historias nos entrega su alma convertida en palabras recogidas en cuatro capítulos de su vida, «Molinos de tiempo», «Los cuentos cuentan», «Prontuario» y «Quise, quiero, quisiera», que agrupan palabras sentidas y sintientes para él y para todos, en un ejemplo de su generosidad literaria y de compromiso activo a través de la palabra. El último, «Quise, quiero, quisiera», corresponde al poema navajo que escogió personalmente para abrochar su obra, con tres tiempos verbales que encierran en sí mismos toda su vida y que he elegido para abrir el largo caminar de estas líneas.
La sinopsis oficial del libro nos deja algunas pistas sobre lo manifestado anteriormente: “El siglo XXI no está resultando ser un gran siglo. Los abusos de un sistema formado por ricos cada vez más ricos y jodidos muy jodidos están a la orden del día. Siguen soñando las pulgas con comprarse un perro y los nadies con salir de pobres. En esta obra, que terminó un año antes de morir, Eduardo Galeano sale a cazar en esa jungla para mostrarnos con crudeza, con humor, con ternura, el mundo en que vivimos, desnudando ciertas realidades que, pese a estar al alcance de la mano, no todos llegan a ver. Pero, como sugiere su título, El cazador de historias devela también al narrador que acecha detrás de todos los relatos. Y así, aunque siempre fue reticente a hablar de sí mismo, Galeano cierra este libro con un puñado de bellas y poderosas historias que sorprenden tanto porque ofrecen pistas de su biografía, de sus años de infancia y juventud, de los primeros viajes por América Latina, de las personas que marcaron su vida y su escritura, porque expresan sus ideas sobre la muerte. Lejos de cualquier lamento, con el puro impulso de la curiosidad y la imaginación, se pregunta cómo será el final, qué deseos, afectos o necesidades aparecerán entonces. Eduardo Galeano creó una obra que no pasó inadvertida, que culmina con este libro. Varias generaciones la han leído con fruición y seguramente seguirán haciéndolo, porque algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende”.
Con este espíritu que arde en mi vida, inicio esa serie deteniéndome en un relato, Las Estrellas, del que he escogido sus palabras finales, porque representan lo que me ha sucedido a lo largo de la vida, fundamentalmente porque soy un caminante del mundo. Es más, incluso en algunas orillas he decidido iniciar singladuras para buscar islas desconocidas, algo que vengo haciendo en los últimos veinte años en este cuaderno de bitácora digital. Nadie mejor que Galeano para hacer este camino o singladura, tanto monta monta tanto, cuando pasado el ecuador de este verano tan especial nos acercamos a una estación que suele inspirar también mi alma de secreto y, a veces, la de todos. Otoño.
Aquella historia de la tribu Pawnee contada por Galeano, junto al río Platte, un río que baña tres estados americanos, Colorado, Wyoming y Nebraska, permitió descubrir creencias sobre el origen de la vida a través de las estrellas del amanecer y del atardecer, que no son las mismas y cómo al intentar su encuentro la luna les jugó una mala pasada. A pesar de todo siguieron en su empeño, consiguiendo finalmente abrazarse hasta confundirse entre ellas. De ahí nació nuestra historia humana de encuentros, desencuentros y guerras, hasta que un día descubrimos que esa era nuestra tarea diaria, caminar por este mundo hasta conseguir lo que pasó con nuestras estrellas guía. Algo precioso:
A orillas del río Platte, los indios pawnees cuentan el origen. Jamás de los jamases se cruzaban los caminos de la estrella del atardecer y la estrella del amanecer. Y quisieron conocerse. La luna, amable, las acompañó en el camino del encuentro, pero en pleno viaje las arrojó al abismo, y durante varias noches se rio a carcajadas de ese chiste. Las estrellas no se desalentaron. El deseo les dio fuerzas para trepar desde el fondo del precipicio hasta el alto cielo. Y allá arriba se abrazaron con tanta fuerza que ya no se sabía quién era quién. Y de ese abracísimo brotamos nosotros, los caminantes del mundo.
Los pawnee tienen una historia que conviene conocer con detalle. He leído estos días bastantes reseñas de ellos y he comprobado cómo sufrieron la huella del hombre blanco: “Dicen, y he escuchado de viva voz, que los primeros Pawnees llegados a Oklahoma murieron de melancolía, de la tristeza más profunda de abandonar la tierra que los amamantó, más importante aún, los Hopis, por ejemplo, llegaron a la actual Arizona tras un conjunto de migraciones y quehaceres más que fantásticos y mitológicos. Los Pawnees, rompen la regla. Ellos bajaron de las estrellas, y es a ellas a donde retornan cuando mueren. Cuando Tirawa, dios supremo, decidió ponerlos en la tierra los bajó directamente a lo que hoy en día es Nebraska: su tierra sagrada par excellence. Por ello, cuando partieron hacia esa otra tierra desconocida por mandato y amenaza del gobierno, estaban acongojados al ver que no volverían a su cuna natal. No fue un viaje fácil, sino terrible. Mucha gente iba a pie, otros en tren hacinados como judíos en la Alemania nazi. Mucha gente murió en el trayecto” (1).
Me considero caminante del mundo aunque sé que gran parte de mi recorrido se ilumina por las estrellas, gracias al abrazo que en un momento determinado de la Historia decidieron hacer algo importante en favor del mundo descreído. En este camino, he escogido un libro para orientarme: Cuentos de los indios Pawnee, que he leído atentamente, dedicado a un Jefe Solitario, donde la madre ocupó un papel muy especial en su vida: “Jefe Solitario era hijo del jefe de la banda Kit-ke-kahk’-i. Su padre murió cuando el muchacho era muy niño, apenas de un año de edad. Hasta que fue lo bastante mayor como para ir a la guerra, su madre se ocupó de su manutención cultivando maíz, judías y calabazas. Ella enseñó al muchacho muchas cosas, y le aconsejó acerca de cómo vivir y cómo actuar para tener éxito en la vida: “Cuando llegues a ser un hombre, recuerda que es su ambición la que hace al hombre. Si sales de campaña, no te vuelvas cuando hayas andado parte del camino, sino continúa hasta que llegues a donde te diriges, y entonces regresa. Si yo pudiera vivir para verte hecho un hombre… Quiero que te conviertas en un gran hombre. Quiero que pienses en los duros momentos que hemos atravesado. Ten piedad de la gente que es pobre, porque nosotros también hemos sido pobres y la gente ha tenido piedad de nosotros” (2).
Creo que he comprendido por qué Eduardo Galeano se detuvo a reflexionar sobre la bella historia de las estrellas y su abrazo, contada por los Pawnees. Fundamentalmente, porque de allí nacimos nosotros y porque sé, como él, que “las palabras caminan latiendo” en un mundo que sólo tiene interés hacia adelante, explorando su belleza en un camino que en belleza acabe.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Es el tiempo del miedo […] Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar. Miedo a la soledad y miedo a la multitud. Miedo a lo que fue. Miedo a lo que será. Miedo de morir. Miedo de vivir.
Eduardo Galeano, El miedo global
Sevilla, 1/IX/2026 – 11:22 h CET (UTC+2)
Me preocupa el sufrimiento humano en sus múltiples manifestaciones y lo que está pasando y estamos viendo a diario en el mundo y en nuestro país, son una clara muestra del dolor humano sin límites de edad, raza o creencias. Sobre todo, el sufrimiento de los nadies.
¿Quién no ha visto alguna vez en su vida el cuadro de Munch más robado en la historia de la cleptomanía pictórica, El grito, en cualquiera de sus versiones? Me ha impresionado siempre esta expresión del grito que, según el artista, surgió como reflejo plástico de lo que escribió en su diario personal hacia 1892: Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.
En este contexto de un loco mundo al revés en el que estamos viviendo día a día, donde apenas podemos gritar nuestro dolor interno, nuestra angustia vital, es una realidad incuestionable que la gran damnificada, en millones de personas de todo el planeta, es la salud mental, la hija pobre del Estado de Bienestar, a tenor de la atención pública que se le presta en la actualidad. La revista PNAS publicó en 2023 un artículo muy interesante, Global trends in emotional distress (Tendencias mundiales en la angustia emocional), en el que se demostraba científicamente que la angustia vital se había incrementado en todo el mundo durante la última década, concretamente desde la gran crisis económica de 2009 hasta 2021, dando lugar a que las personas con pocos recursos sufren más un empeoramiento de esta vivencia, atribuible obviamente a las sucesivas crisis económicas, la pandemia de la COVID-19 y el aislamiento que ha generado soledad no deseada.
El resumen de lo analizado en esta publicación expone lo siguiente: “En este estudio, examinamos la angustia emocional utilizando datos de encuestas representativas anuales de 1,53 millones de personas encuestadas en 113 países entre 2009 y 2021. Los participantes informaron si habían experimentado preocupación, tristeza, estrés o ira durante gran parte del día anterior. Las estimaciones dentro del país mostraron que la prevalencia de sentimientos de angustia emocional aumentó del 25 al 31 % entre 2009 y 2021, y aquellos con bajos niveles de educación e ingresos experimentaron los mayores aumentos de angustia. A nivel mundial, el período pandémico se caracterizó por un aumento inicial de la angustia en 2020 seguido de una recuperación en 2021”.
Lo que interesa resaltar fundamentalmente en este estudio, es conocer con detalle qué ha significado el estrés emocional, la angustia vital, en los encuestados: “La angustia se evaluó utilizando cuatro ítems que preguntaban si los participantes experimentaron diferentes sentimientos negativos el día anterior: estrés, preocupación, tristeza e ira. Estos elementos se alinean con los componentes más destacados de la angustia emocional que se evalúan típicamente, que incluyen ansiedad, depresión e ira. Primero se pidió a los participantes que “piensen en el día de ayer, desde la mañana hasta el final del día. Piensa dónde estabas, qué estabas haciendo, con quién estabas y cómo te sentías”. Luego se les preguntó a los participantes: «¿Experimentó los siguientes sentimientos durante GRAN PARTE DEL DÍA, ayer?» e indicaron si experimentaron cada emoción (codificados como 1 = sí y 0 = no). Las puntuaciones se escalaron como porcentaje de las puntuaciones máximas posibles (POMP) para obtener una puntuación que indica el porcentaje de sentimientos angustiantes experimentados (que van de 0 a 100%)”.
Igualmente, se exponía el alcance de la muestra del estudio en relación con los participantes en el mismo: “Gallup encuestó a 1,76 millones de personas de 165 países entre 2009 y 2021. La población objetivo de la Encuesta mundial de Gallup (GWP) es la población civil no institucionalizada del mundo, de 15 años o más. Se utilizó la marcación aleatoria de dígitos de una lista de números de teléfono representativos a nivel nacional para realizar encuestas telefónicas en países donde la cobertura telefónica representa al menos el 80% de la población. Las encuestas se administraron en persona en regiones con cobertura telefónica menos extensa, incluida la mayor parte de Asia, Medio Oriente y África. Durante la pandemia, se realizaron entrevistas telefónicas en la mayoría de las naciones. En todos los países, los hogares se seleccionaron al azar y se encuestaron aproximadamente 1.000 personas cada año. Las naciones se incluyeron en nuestros análisis si los datos estaban disponibles para más de la mitad de las oleadas de encuestas entre 2009 y 2021, incluso durante la pandemia. Esto produjo un tamaño de muestra de 1.527.616 personas de 113 países”. Asimismo, el estudio ofrece información detallada de cada uno de estos pasos dados para la obtención de los resultados.
Desde mis años jóvenes, la llamada angustia vital ha sido claro objeto de estudio en la filosofía existencial y en la psicología y psiquiatría humanista y también existencial. He estudiado en profundidad esta realidad humana en mis años de investigación profesional, porque he creído que era algo que ocurría a diario en la vida ordinaria de las personas, marcando una hoja de ruta preocupante en el acontecer diario de cada persona. Desde aquellas incursiones universitarias hasta el análisis de esta realidad existencial que detalla el estudio citado, han pasado muchos años y la realidad es que el estrés emocional, en sus variadas manifestaciones, se ha recrudecido a nivel mundial. Con independencia de la influencia que tuvo la pandemia en su primer año de presencia efectiva en la vida de millones de personas, ha sido curioso constatar que no ha sido la principal causa de ese estrés emocional progresivo en la población mundial, porque se supo reaccionar adecuadamente y de forma generalizada. Lo que ha resultado importante constatar en la correlación de causas en la década analizada, expresado en los siguientes términos: “Sobre los motivos de la tendencia negativa de la salud mental en todo el planeta, Daly [uno de los firmantes del estudio] cree que “pueden influir muchos factores que varían por países y periodos”. Entre otras cosas, el investigador apunta a las consecuencias de la crisis financiera de 2008, que provocó “inseguridad laboral y problemas de deuda en mucha gente”, y a la inestabilidad política en muchos lugares del mundo. Daly menciona también la “preocupación por el declive de la cohesión social en algunas naciones, reflejada en aislamiento y soledad que pueden contribuir a la sensación de angustia”. Por último, el investigador señala al posible papel del “entorno tecnológico, con el incremento asociado de información, demandas de productividad o comparación con los demás” como otra fuente de malestar, y reconoce que la mayor conciencia de los problemas de salud mental puede estar visibilizando problemas que antes ya existían aunque no se midiesen”.
Ante lo expuesto con crudeza en este estudio panorámico mundial, surge la gran pregunta: ¿preocupa a las autoridades mundiales y a las de nuestro país, directamente involucradas en las políticas sociales del planeta, la angustia vital mundial que se está viviendo en la actualidad? Una vez más, estamos avisados, aunque con una mirada cercana a nuestra realidad más próxima en nuestro país, sabemos, objetivamente, que la salud mental sigue siendo la pariente pobre del Sistema Nacional de Salud y, por extensión, de los Sistemas Sanitarios Públicos de las Comunidades Autónomas, obviamente en Andalucía. El miedo a vivir sobrevuela sobre nuestras cabezas con resultados muy preocupantes para la sociedad, de ahí la urgencia para que se tomen las medidas adecuadas de Estado de Bienestar ante el Estado de Malestar que impera a nuestro alrededor.
En este contexto, quiero hacer hoy una reflexión especial sobre esta angustia de vivir, que no es inocente porque se propaga a diario en el ocaso de la democracia, auspiciada por los personajes siniestros que difunden continuamente miedo y desesperanza sobre todo lo que se mueve en nuestro país, a través de noticias manipuladas, redes sociales mentirosas, políticos y partidos impresentables. Muchos de sus protagonistas son mediocres de profesión y lo repito hoy de nuevo hasta la saciedad: lo que representan sólo es mediocridad de mediocridades, porque (casi) todo es mediocridad. Lo que proclaman estos agoreros mayores de su reino, es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda y hacen sufrir a muchas personas de buena fe y voluntad. Lo digo una y mil veces: los mediocres que operan el miedo están haciendo de cada día su día, su mes, su año, de forma silenciosa. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres!, porque no quiero seguir con angustia vital, además de pandemias, guerras incomprensibles y bancarrotas en cadena por la eterna avaricia de los más poderosos. Es probable que los mediocres y profesionales del miedo salgan huyendo para esconderse en paraísos sin ética alguna, no sólo fiscales, porque no soportan dignidad alguna que les pueda hacer sombra, si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, hacedores de miedo, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan.
Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna, que azuza el miedo continuamente, el efecto halo que rodea a la angustia vital. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social del miedo instaurado por mediocres y la mediocridad que los acompaña siempre, convirtiéndose casi sin darnos cuenta en sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos de esperanza en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.
Lo que de verdad temo en este contexto de angustia vital generalizada es tener miedo a perder la libertad, no el que aprendí de Erich Fromm, en su precioso libreo El miedo a la libertad, que guardo en mi clínica del alma, sobre todo en un texto introductorio de este libro, presentado bajo el epígrafe de “El discurso de Dios al hombre”, que corresponde a la Oratio de hominis dignitate, un texto de Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494) que recoge en las 900 Tesis (Conclusiones Filosóficas Cabalistas y Teológicas) que presentó a la Iglesia de Roma en 1486, en las que buscaba una confluencia sincrética entre diversas creencias y postulados religiosos de la época, con una trazabilidad importante de filósofos y teólogos latinos y árabes. Es importante conocer este contexto histórico, que le costó finalmente la excomunión al poner al hombre (como ser humano primigenio) en un puesto muy importante en la vida humana gracias a su libertad. Tras este breve análisis, comprendo mucho mejor por qué Fromm lo eligió como texto introductorio de su libro, de su miedo personal a la libertad y por qué ha pasado a la posteridad como el Manifiesto del Renacimiento:
“No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obtengas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás —de acuerdo con la decisión de tu voluntad— regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas”.
Igualmente, tengo miedo a no comprender bien qué quiso exponer Eduardo Galeano en su declaración del miedo global (1), fundamentalmente porque en él se dice algo verdaderamente sobrecogedor y porque reconozco que lo que está pasando y estamos viendo, por ejemplo en Ucrania, en Irán, da miedo, sintetizado en uno de sus versos: Las armas tienen miedo a la falta de guerra y un corolario anterior: Los militares tienen miedo a la falta de armas, porque la realidad es que estamos viviendo en un mundo al revés presidido por el miedo interesado que muchos meten en nuestras vidas:
Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados. La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas. Las armas tienen miedo a la falta de guerra. Es el tiempo del miedo. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. Miedo a los ladrones y miedo a la policía. Miedo a la puerta sin cerradura. Al tiempo sin relojes. Al niño sin televisión. Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar. Miedo a la soledad y miedo a la multitud. Miedo a lo que fue. Miedo a lo que será. Miedo de morir. Miedo de vivir.
Lo más trágico que dice Galeano es tener “miedo de vivir”, la auténtica angustia vital. Es verdad que en su ocaso actual, la democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir que estamos muy preocupados por la angustia vital mundial y que en España es una realidad que debemos atender de forma urgente. Estamos avisados y el estudio analizado hoy lo corrobora.
(1) Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 1998. Madrid: Siglo XXI Editores de España.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: estoy donde debo estar.
Isak Dinesen (seudónimo de la baronesa danesa Karen Blixen), en su obra cumbre,Memorias de África (1937)
Sevilla, 31/VIII/2026 – 17:42 h CET (UTC+2)
Amo el cine y ayer volví a ver por enésima vez “Memorias de África”, como si fuera la primera vez, porque sigo teniendo muy presente en mi vida la gran pregunta de Isak Dinesen (1885-1962), la autora de la obra homónima sobre la que está basada la película, que me permite contextualizarla hoy en este loco mundo al revés en el que vivimos a diario, en pleno ocaso de la democracia: “¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión”… en estos tiempos revueltos.
Isak Dinesen (1885-1962)
El 17 de septiembre del año pasado, la vi de nuevo, con motivo del fallecimiento del gran actor Robert Redford, recordado siempre por películas de gran valor cinematográfico como Dos hombres y un destino, El hombre que susurraba a los caballos o Memorias de África, que obtuvo siete premios Óscar en 1986. Quizá sea esta última la que aquel día tuve presente en ese momento tan especial, por mi asociación mental de Redford junto a Meryl Streep y la extraordinaria banda sonora compuesta por John Barry, con un fondo musical excelente de Mozart. La química exhibida por la pareja formada por Streep y Redford, por entonces quizá los dos actores más aclamados en Hollywood, ha marcado una impronta inolvidable en muchas memorias de todos y en la de secreto. En la mía, también.
La banda sonora de la película, bajo la batuta de John Barry, sigue viva en mi discoteca de secreto, haciendo incursiones en la memoria de hipocampo que, como caballo de mar, sigue surcando historias de búsqueda de islas desconocidas para contarlas en este cuaderno digital. Lo que me sobrecoge verdaderamente es asociar siempre esta película y su trama con Mozart, a través de su maravilloso adagio compuesto para el Concierto para clarinete y orquesta (K. 622), acompañando los recuerdos de Karen. No desmerece esta puntualización, en absoluto, el tema nuclear que suena lentamente en los títulos de crédito que ayudan a comprender mejor los tesoros ocultos para el alma en Kenia. El segundo tema, se hace presente en momentos difíciles para la protagonista en su penoso matrimonio de conveniencia, salvado por un cazador profesional, Denys George Finch Hatton, un papel desempeñado de forma impecable por Redford.
W. A. Mozart: Adagio del Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Orquesta Sinfónica de Islandia / Oboe: Arngunnur Árnadóttir, Harpa Concert Hall – Reykjavík, 10 de septiembre de 2015
Memorias de África está asociada siempre, en mi vida, con Mozart, sin desmerecer el trabajo fantástico de John Barry. También, con la inteligencia humana, mientras escucho atentamente su banda sonora de hoy, de siempre. Vuelvo a recordar que la inteligencia, hoy por hoy, no tiene color. La conjunción de blancos, grises y algunas veces, negros, atribuida a las materias que conforman el cerebro, sigue dándonos muchos quebraderos de cabeza. Sobre todo, porque tenemos que estar muy agradecidos al continente africano y doloridos al mismo tiempo por la muerte letal que les rodea entre enfermedades (sida), esclavitud histórica y de nuevo cuño en pateras, guerras fratricidas y con una deuda histórica mundial.
Meryl Streep y Robert Redford interpretaron la conciencia del deber estar cinematográfico, a la perfección, en Memorias de África, recordando una reflexión que vuela sobre la película como hilo conductor, Estoy donde debo estar, que reproducía fielmente la que figuraba en el comienzo de la obra homónima de Isak Dinesen (1885-1962), seudónimo de la baronesa Karen Blixen, publicada en Dinamarca en 1937. Por la magia del cine, hoy lo he recordado de nuevo, dejándonos una pregunta en el aire que respiramos a diario y que nos ofrece seguridad y ligereza de corazón: ¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión.
Doscientos mil años de memoria de la inteligencia humana, desde el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia (1), nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de nuevo de Memorias de África, de la memoria de Mozart en su precioso adagio, de cómo nos contaron una bella historia Meryl Streep y Robert Redford, para que no olvidemos África y su alma, todavía desconocidas para muchos en agosto de 2026.
No olvido el papel estelar de Meryl Streep y lo que significa en la intrahistoria del cine. Lo dijo el director de cine John Ford, que conocía muy bien a Henry James Fonda, respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?: “Es ver caminar a Henry Fonda”. Hoy, me atrevería a decir, emulando humildemente al gran director americano, ídolo de mi infancia, que “el cine es el semblante de Meryl Streep”, en el sentido que el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí, da al lema “semblante”: «La representación exterior en el rostro de algún interior afecto del ánimo, […] de lo que se siente en el corazón» (RAE A, 1739). Quizá ha sido uno de los elementos humanos principales para haberle otorgado en 2023 el Premio Princesa de Asturias de las Artes, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia. A lo largo de cinco décadas, Meryl Streep ha desarrollado una carrera brillante encadenando interpretaciones en las que da vida a personajes femeninos ricos y complejos, que invitan a la reflexión y a la formación del espíritu crítico del espectador. La honestidad y responsabilidad en la elección de sus trabajos, al servicio de narrativas inspiradoras y ejemplarizantes, traspasan la pantalla y los escenarios con una impecable técnica interpretativa, armada únicamente con su gestualidad, voz y mirada. Activista incansable a favor de la igualdad, con su talento y rigor ha posibilitado que diferentes generaciones disfruten de interpretaciones inolvidables, conquistando el respeto que este gran arte merece”.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL