Los nómadas buscamos siempre rincones de tranquilidad

Sevilla, 14/IV/2021, en el 90 aniversario de la proclamación de la Segunda República en este país, un día especial para los que amamos la “res publica”, la cosa pública, el interés general en beneficio de todos como ideología, nómadas redomados y, a veces, nadies, que hacemos un largo viaje en un mundo complejo y bastante desajustado, en medio de tumultos civilizados, entre claroscuros y la dura monotonía de los días que pasan, esperando siempre un nuevo despertar.

Así empezaba la canción de Franco Battiato, Nómadas (1987), que forma parte de la banda sonora de mi vida: Nómadas que buscan los ángulos de tranquilidad, / en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, / entre los claroscuros y la monotonía de los días que pasan. Lo he recordado al conocer la trayectoria última de una película multipremiada, Nomadland, recientemente estrenada en nuestro país, escrita y dirigida por Chloé Zhao(Pekín, 1982), con un guion basado en el libro País nómada. Supervivientes del siglo XXI (Nomadland: Surviving America in the Twenty-First Century) de Jessica Bruder, una historia que conmueve en tiempos en los que se nos aconseja, incluso prohíbe, hacer mudanzas. Battiato me susurraba a los oídos, en mis años jóvenes, algo transcendental en la vida de los nómadas de espíritu: Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo / la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino. / Bajo el tránsito de la aparente dualidad, / la lluvia de Septiembre despierta el vacío de mi cuarto / y los lamentos de la soledad aún se prolongan.

Con este estado de ánimo, me enfrento a la página en blanco en mi mente sobre el argumento de esta película, una historia sencilla de una mujer que abandona su pueblo para dirigirse con su furgoneta, de nombre Vanguardia, al oeste de Estados Unidos, en un viaje hacia ninguna parte o sí, hacia su persona de secreto. Franco Battiato lo cantaba así, como buen cantor, que no cantante (cantor es el que debe cantar y cantante el que puede, que no es lo mismo, como decía Facundo Cabral): Como un extranjero no siento ataduras del sentimiento, / y me iré de la ciudad, esperando un nuevo despertar. / Los viajantes van en busca de hospitalidad, / en pueblos soleados, en los bajos fondos de la inmensidad.

No debo ir al cine en estos momentos para verla en la gran pantalla, por prudencia benedictina, aunque por otra parte me entusiasma la idea de prepararme bien para conocer aspectos esenciales de la misma: argumento, personalidad de la directora y principales críticas. Cuando me acerco a Nomadland, me considero el protagonista de la última estrofa de la canción de Battiato, un forastero que busca el sentido de la vida, como un nómada impenitente en este loco mundo diseñado a veces por el enemigo: Forastero que buscas la dimensión insondable / la encontrarás fuera de la ciudad, al final de tu camino. Además, Ludovico Einaudi pone música a esta banda sonora tan especial de la película, que le agrega otra garantía de éxito y calidad más allá de los objetivos del mercado.

La sinopsis del libro original sobre el que está basado el guion de la película es de una atracción indudable: “Desde los campos de remolacha de Dakota del Norte hasta los campamentos de National Forest de California y el programa CamperForce de Amazon en Texas, los empleadores han descubierto un nuevo grupo de mano de obra de bajo costo, compuesto principalmente por temporeros estadounidenses adultos. Al descubrir que el Seguro Social se queda corto y ahogados por las hipotecas, decenas de miles de estas víctimas invisibles de la Gran Recesión se han echado a la carretera en vehículos recreativos, remolques de viaje y furgonetas, formando una creciente comunidad de nómadas: migrantes trabajadores que se autodenominan workampers. En un vehículo de segunda mano que bautiza «Van Halen», Jessica Bruder sale a la carretera para conocer a estos sujetos más de cerca. Acompañando a su irreprimible protagonista Linda May y a otras personas en la limpieza de inodoros de un campamento, en el escaneo de productos en un almacén, en reuniones en el desierto y en el peligroso trabajo de la cosecha de remolacha, Bruder relata una historia convincente y reveladora sobre el oscuro vientre de la economía estadounidense, que presagia el precario futuro que puede esperarnos a muchos más. Pero, al mismo tiempo, celebra la excepcional capacidad de recuperación y creatividad de estos estadounidenses que han renunciado al arraigo ordinario para sobrevivir. Como Linda May, que sueña con encontrar tierras en las que construir su propia casa sostenible «Earthship», son personas que no han perdido la esperanza”.

Estoy convencido de que la película me encantará y me servirá en mi largo camino existencial, como el de Ulises hacia Ítaca, aunque hoy por hoy, Nomadland, sea sólo una isla desconocida en el archipiélago ético de mi vida. ¡Ah, se me olvidaba! Nos seguiremos viendo en este camino nómada, porque cualquier parecido de la película con la realidad existencial retratada por Jessica Bruder, Chloé Zhao, cantada por Battiato e inspirada musicalmente por Ludovico Einaudi, ya no será una pura coincidencia.

SPOTIFY PLAYLIST – Nomadland Score: Ludovico Einaudi

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un nombre de vacuna del que quiero hoy acordarme

Sevilla, 13/IV/2021

Hoy me han vacunado contra la COVID-19, con un producto pionero en esta respuesta mundial a la pandemia, una vacuna que tiene nombre propio, tozinamerán, aunque es conocida a nivel mundial como la vacuna de Pfizer-BioNTech, que siempre se debería citar así, con un nombre en clave también, BNT162b2, que contempla las siglas de la empresa desarrolladora de la tecnología de este tipo de vacunas, BNT (BioNTech) , mientras que Pfizer ha sido el productor de la misma. Su característica fundamental es que es “una vacuna de ARN compuesta de ARNm con nucleósidos modificados que codifican la espícula viral del SARS-CoV-2, virus causal de la COVID-19. El ARN se encuentra encapsulado en nanopartículas lipídicas” (1). Pfizer venía trabajando desde 2018 junto a BioNTech con esta tecnología de ARN mensajero, pero aplicada a la vacuna de la gripe.

Creo que hoy me corresponde mostrar el agradecimiento en cadena hacia las personas, profesionales, investigadores e instituciones públicas y privadas nacionales e internacionales, Gobierno de España y a la Unión Europea, que han intervenido en esta cadena de valor público y de interés general circular para hacer posible esta vacuna y otras del mercado actual, llevando la protección preventiva y segura a millones de ciudadanos de este país y del mundo. En este sentido, quiero destacar respecto de la de Pfizer-BioNTech, la aportación científica mundial para contrarrestar la pandemia que ha hecho un matrimonio alemán, de origen turco, Uğur Şahin (1965, Alejandreta) y Özlem Türeci (1964, Lastrup​), fundadores de BioNTech, “hijos de inmigrantes turcos en Alemania. Şahin es hijo de un turco que trabajaba en una fábrica de Ford en Colonia. […] Sahin y Türeci son hijos de trabajadores de la primera generación de inmigrantes turcos invitados por Alemania, en un programa conocido como Gastarbeiter. Sahin se graduó en 1990 y trabajó en hospitales universitarios en Colonia y en el Hospital Universitario del Sarre (Universitätsklinikum des Saarlandes, en alemán) en la ciudad de Hamburgo donde conoció a Türeci durante el comienzo de su carrera académica. En 2001 crearon Ganymed Pharmaceuticals (GP) para desarrollar anticuerpos contra el cáncer pero Sahin nunca abandonó la investigación académica y la enseñanza. GP terminó siendo vendida a la empresa japonesa Astellas en 2016 por casi US$1,4 mil millones. Para entonces, el equipo de GP ya estaba ocupado construyendo BioNTech, fundada en 2008, en busca de una gama mucho más amplia de herramientas de inmunoterapia contra el cáncer” (2). Es una lección magistral de lo que aporta la migración, que no deberíamos olvidar.

Hemos comprobado que las ciencias adelantan que es una barbaridad, porque hace tan sólo un año, en el primer mes de la pandemia, escribía en este cuaderno digital que la ciencia resolvería el gravísimo problema que estábamos atravesando, recordando cómo el Sur, donde vivo, puede hacer preguntas a la ciencia a través de su expresión genuina del flamenco sabio y popular, poniendo como ejemplo una soleá preciosa cantada por Enrique Morente, Soleá de la ciencia, que publicó en una obra emblemática en su discografía bajo el título de “Morente sueña la Alhambra”, de la que transcribía la letra y su versión original, “como homenaje a un poeta de la vida corriente, cantor de los atardeceres y de la hora malva de Granada, una hora muy querida por Gabriel García Márquez, que amaba el flamenco y que llegó a decir que cuando El Lebrijano cantaba “se mojaba el agua”. La soleá cantada por Morente es un reflejo fiel de lo que supone la dialéctica del conocimiento de base y el de laboratorio, de la prisa existencial que teníamos en ese momento por solucionar la atención urgente al coronavirus, mirándole a la cara y pidiendo a la ciencia, tan presumida ella, que comprendiera desde el Sur cómo estábamos sufriendo sus efectos hasta que nos diera la mejor respuesta: Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Porque siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí.

Lo importante hoy, en el contexto que lo escribo, una vacunación entre millones en el mundo, es ilusionarnos con el saber compartido sobre la esencia de este palo y de estos avances científicos: interpretar los puntos cardinales de la existencia: la vida, el amor, el dolor y la muerte, desde la inteligencia del Sur, con la capacidad de hacer preguntas a la ciencia como solo Morente sabía cantarlo, con quejío en nombre de Andalucía. ​Hoy, también, porque desde esta tierra quiero dejar constancia del agradecimiento a la ciencia al haber comprendido con su investigación el dolor del mundo, no solo el mío, por esta trágica pandemia.

(1) Vacuna de Pfizer-BioNTech para la COVID-19 – Wikipedia, la enciclopedia libre

(2) BioNTech – Wikipedia, la enciclopedia libre

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La vida sigue siendo muy bella

No vivas en la tierra
como un inquilino
ni en la naturaleza
al modo de un turista
Vive en este mundo cual si fuera la casa de tu padre
Cree en los granos en la tierra, en el mar
pero ante todo en el hombre

Nazim Hikmet (1902-1963), Tal vez mi última carta a Mehmet [su hijo]

Sevilla, 12/IV/2021

Hace un año escribí en plena pandemia el último artículo de una segunda serie desde su inicio, bajo un hilo conductor, La ventana discreta, que en esta ocasión hacía referencia a algo muy importante: valorar la vida como algo muy bello. Nos hacía falta en aquellos días reforzar lo más importante que tenemos, la vida. El artículo lo incorporé a una publicación que se puede obtener en este blog con todos los artículos escritos hasta la desescalada de junio. La última frase de aquellas palabras tan necesarias, resume bien su contenido: “Hace tan solo dos mil quinientos años, existen vestigios escritos de que lo mejor que había ocurrido en aquellos días mágicos narrados en el Génesis fue la creación del ser humano rodeado de vida. Un adverbio, meod (muy), dejó claro para siempre que la existencia de los seres humanos justificaba por sí misma la creación del mundo, el evolucionismo o el punto alfa y omega de la vida. Son sólo creencias de siete días especiales, singulares, en los que había ocurrido algo muy bueno para la existencia humana, para cada uno con su cadaunada: darnos argumentos para comprender que a pesar de las dificultades que experimentamos en estos días difíciles de pandemia, la vida es muy bella”.

Vuelvo a publicarlo hoy de nuevo, porque no ha sufrido nada con el paso del tiempo. Cambia, todo cambia, es verdad, pero la dignidad del ser humano permanece siempre y una de nuestras obligaciones por ser inteligentes es buscar la felicidad a pesar de todo.

La ventana discreta / y 15. La vida es muy bella

Nunca tuvo un adverbio, muy, tanta importancia como ahora. Decir muy bella significa que por encima de todo es maravilloso vivir. Este adverbio tuvo siempre mucho valor para los pueblos ribereños del Tigris y Éufrates, en la actual Irak, porque allí nacieron los primeros relatos de la creación y en arameo decir “muy” significaba dar un valor transcendental a lo que sucede y a las cosas cotidianas que pasaban en su entorno, porque para ellos lo primero fue la experiencia vital y después la palabra que explicaba los hechos basados en lo que estaba pasando y seguían contado sus mayores de boca en boca.

Existe un versículo en el Génesis que ha marcado la existencia humana: el 1, 31. El narrador que recogió la tradición oral de la creación agregó un adverbio hebreo no inocente: muy (meod). Mientras que en el relato de la creación, las sucesivas creaciones eran “solo” buenas, los cielos, la tierra, las aguas, los animales, las semillas, cuando se creó al hombre y a la mujer el texto hebreo recoge literalmente: “y vio Dios que muy bueno”. En el énfasis del adverbio estaba la diferencia.

Leí hace ya muchos años un artículo del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado sobre el “viaje a las raíces del ser humano”, que me recordó este gran matiz, mucho más al fijar el objetivo principal de su proyecto “Génesis”: “volver a conectarnos con cómo era el mundo antes de que la humanidad lo dejase prácticamente irreconocible”. Sebastião Salgado inició en aquella época una obra encomiable. Ahora, en estos momentos de pandemia, sé que tendría la sensibilidad suficiente para encontrar y fotografiar algún lugar o momento de esta crisis que siguiera engrandeciendo la lectura laica del Génesis. Aunque sólo fuera para creer, en el desconcierto actual, que el ser humano es lo mejor que le ha podido ocurrir al mundo en siete días mágicos: algo muy bueno.

El secreto explicado anteriormente se hizo público: no hay nada más maravilloso que disponer de los cielos, de la tierra, las aguas, los animales, las semillas, porque todo significa vida. Pero hay algo especial en esta vida que la hace muy bella: las personas que pueblan la tierra, sin distinción de raza, credo o religión. En 2014, este fotógrafo de la vida, presentó en Madrid una exposición sobre 245 imágenes de aquella aventura, como resumen excelente de la experiencia, recogida en un reportaje que publicó el diario El País, Sebastião Salgado, Libro del Génesis, donde el autor, Jesús Ruiz Mantilla, explicaba el para qué de esta inmensa obra , donde contaba que Salgado había estado ocho años “recorriendo el planeta en busca, ni más ni menos, que del paraíso”: “¿Para qué? Para emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

La ciencia nos ha aportado datos para concluir que los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada para interpretar la belleza de la vida y las graves alteraciones de la misma. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones.

Algo tuvo que ocurrir en el nacimiento de la vida humana, transcendental y aún por descubrir, para que nuestros antepasados, a los que la ciencia sitúa en una primera referencia en Selam, la niña de Dikika, descubierta en el año 2000 en Dikika (Etiopía), comenzaran a caminar de forma bípeda y a desarrollar el cerebro, algo muy impresionante. La gran pregunta surge al saber que junto a los fósiles de Selam y de Lucy se encontraron también restos de hipopótamos y cocodrilos, lo que aventura pensar que Selam fue una niña muy feliz en un medio fértil y adecuado a sus necesidades. Algo tuvo que ocurrir, cuando sintieron la necesidad de salir de su tierra y de su parentela para buscar comida y una habitabilidad mayor. Para no amargarnos demasiado, desde el punto de vista científico y a las pruebas me remito, media un tiempo impresionante entre Selam (se confirma mediante pruebas científicas que cumpliría hoy tres millones, trescientos mil años) y los primeros antepasados nuestros, muy aventureros, hace doscientos mil años, que empezaron a crear el mundo habitado. He seguido de cerca siempre este descubrimiento para enlazar estas realidades. La diferencia del cerebro en ambos casos, las dos veces esqueletos de niñas, Selam y Lucy, no es tan evidente, si la comparamos con el paso de los millones de años. Ahí está la llave del secreto de esa niña a la que han puesto un nombre simbólico en territorio musulmán: Paz.

Hace tan solo dos mil quinientos años, existen vestigios escritos de que lo mejor que había ocurrido en aquellos días mágicos narrados en el Génesis fue la creación del ser humano rodeado de vida. Un adverbio, meod (muy), dejó claro para siempre que la existencia de los seres humanos justificaba por sí misma la creación del mundo, el evolucionismo o el punto alfa y omega de la vida. Son sólo creencias de siete días especiales, singulares, en los que había ocurrido algo muy bueno para la existencia humana, para cada uno con su cadaunada: darnos argumentos para comprender que a pesar de las dificultades que experimentamos en estos días difíciles de pandemia, la vida es muy bella.

Sevilla, 12/IV/2020

NOTA: letra de La vida es bella en la versión cantada por Andrea Bocelli:

Sí, sonríe, amor, así y pon tu mirada en mí.
Sí, con todas mis canciones
Repletas de emociones quiere el mundo verte sonreír

Tú, el cielo ves azul,
Tú, lo inundas con tu luz.
Hay millones de personas
Que no te decepcionan porque el mundo sueña como tú

Sí, sé fuerte como un rey
Y dulce como el estribillo de tantas canciones que yo canto por ti.

Y se te esconderá el dolor
Tras los mágicos rumores de tu vida alrededor.
Ven por tu calle entre la gente,
Baila enamoradamente como hacías para mí.

Y ahora sí, sonríe, amor, así,
Sé que me sorprenderé.
Y con todas mis canciones
Repletas de ilusiones das al mundo tu felicidad.

Tú, el cielo ves azul,
Tú, lo inundas con tu luz.
Y con todas mis canciones
Repletas de emociones das al mundo tu felicidad.

Sí, sé fuerte como un rey
Y piensa que la vida es bella igual que esa estrella que brilla para ti.

Ciao, emprende el vuelo ahora
Y si un día estás sola, contigo yo estaré.

¡Lo sé!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¿Embate definitivo o diálogo permanente, con seny, en Cataluña?

Sevilla, 11/IV/2021

Ha nacido una nueva palabra en el argot político catalán, embate, que ya está posicionándose en el ranking de los nuevos hilos conductores de la comunicación política en Cataluña que más pronto que tarde pasará a cuestión de Estado. La escuchamos por primera vez, recientemente, a raíz de “las negociaciones entre Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y la CUP para investir presidente de la Generalitat al vicepresidente del Govern, Pere Aragonès. El 26 de febrero, tan solo dos semanas después de las elecciones autonómicas, Sergi Sabrià, líder del equipo negociador de ERC, afirmó en Catalunya Ràdio: “Con la CUP hemos hablado de prepararnos para el embate definitivo y desbordar los límites autonómicos” (1).

¿Qué significa esta palabra? Mi apreciado Diccionario de Autoridades ya la definía bien en el siglo XVIII (RAE A, 1732, p. 384,1) : “El ímpetu y golpe de las olas del mar contra los peñascos, ocasionado de las olas del viento. Viene del verbo Batir”. En su segunda acepción, significa también “el viento fresco y suave, que suele correr en el Verano, y se experimenta más en las cercanías del mar”. Por último, hay una tercera acepción, que considero de gran interés, más cuando va a ser una palabra de uso cotidiano en los enfrentamientos políticos en Cataluña: “Se llaman [embates] por analogía las repentinas mudanzas, casos y reveses, oposiciones y contrariedades que se suelen experimentar en las cosas del mundo, en sus bienes y honores temporales”. Las tres acepciones, de forma escalonada, pueden ser un magnífico escenario para comprender la que se nos avecina en Cataluña y, probablemente en el Estado, con el “embate definitivo y desbordar los límites autonómicos”.

Podemos presumir que en primer lugar, pensando que a trancas y barrancas se constituya en un plazo breve de tiempo el próximo Govern, con mayoría independentista, todo será ímpetu y golpes de efecto continuos en sede parlamentaria de palabras en discursos y propuestas que sonarán como si se rompieran las olas contra los peñascos de la oposición, atendiendo a los vientos a favor que soplaran en las primeras sesiones. Después vendrá el principio de realidad freudiano que llevará el embate a suavizar la confrontación, como viento fresco y suave, para finalizar más pronto que tarde en repentinas mudanzas, casos y reveses, oposiciones y contrariedades, que se suelen experimentar en las cosas políticas de ese mundo catalán, en sus bienes y honores temporales dentro y fuera del Parlamento.

Todo terminará con la definición que está vigente en la actualidad en el diccionario de la RAE, en su segunda acepción y usado el término en sentido figurado: una acometida [política] impetuosa que, como ocurre en el mar, acabará volviendo a la normalidad democrática, porque no nos engañemos, mientras que el mundo sea mundo, será una terca realidad que volverán a Cataluña esas repentinas mudanzas y reveses políticos, oposiciones y contrariedades que se suelen experimentar en toda vida política que se precie de tal.

Mi sentido del embate ante la noticia es en el último sentido expuesto, porque creo que es cierto el desconcierto en el que nos estamos moviendo en la actualidad, que necesita con urgencia una reflexión urgente y amable en beneficio de todos. Lo he dicho en este cuaderno digital en varias ocasiones: nada catalán -por humano- me es ajeno y suspiro por una Cataluña integrada en España, cuestión que sigo defendiendo hoy con ardor guerrero y con la ardiente paciencia de Neruda. Lo pensaba en las recientes elecciones catalanas de febrero de este año. Vuelvo a leer una y otra vez el discurso dedicado a las floristas de La Rambla de Barcelona, que Federico García Lorca leyó en una cena en el hotel Majestic de esa ciudad, el 22 de diciembre de 1935, porque se estaba representando allí su obra “Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores”, junto a la compañía de Margarita Xirgu. Todo es un símbolo, pero se me antoja necesario pensar en Cataluña como una calle larga, una Rambla rodeada de flores, “que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros y antigua de sangre”. ¡Qué mejor reconocimiento a una extraordinaria Comunidad, con palabras de un andaluz universal que supo cantar la quintaesencia de un pueblo al que tanto amamos!

Parafraseando una frase de Gaudí en relación con un símbolo cultural muy querido en Cataluña, el trencadís, “A puñados se tienen que poner [las piezas rotas de cerámica], si no, no acabaremos nunca”, es decir, una forma de unir piezas rotas de cerámica de forma aleatoria, es urgente recordar de nuevo esta técnica catalana como metáfora, salvando lo que haya que salvar, para unir de una vez por todas a las partes implicadas en el proceso catalán e intentar buscar la mejor argamasa para unir piezas rotas hoy pero que en un futuro pueden brillar en todo su esplendor. Trencadís político en estado puro, porque si no, “no acabaremos nunca” con esta situación política de ruptura civil del pueblo catalán y, por extensión, de este pueblo con España, sin necesidad de “embates definitivos para desbordar los límites autonómicos”.

Vuelvo a insistir que Cataluña usa una palabra de forma cotidiana, seny, que deberíamos rescatar ahora más que nunca en su justo sentido y como seña de su identidad, tal y como lo he expuesto ya en este cuaderno digital en ocasiones anteriores al hablar de Cataluña. Mi formación en el ámbito de la filosofía está en deuda permanente con José Ferrater Mora, que ahora vuelvo a rescatar en lo afirmado por él en su obra Las formas de la vida catalana y referido a esta palabra: “El seny no excluye, sino que muchas veces postula, el atrevimiento y la osadía, todo lo que, desde cierto punto de vista, puede parecer insensato, pero que, visto desde el horizonte de la continuidad, se convierte en una actitud sensata. El auténtico seny no se limita a perseguir lo más accesible, las realidades cotidianas e inmediatas; el auténtico seny, podríamos decir el ideal del seny, es perseguir lo que es justo, conveniente y correcto, aunque esta persecución sea en algunos momentos la acción más insensata que se pueda imaginar”. Transcendental para comprender su auténtico significado hoy. Dice también Ferrater Mora que la escuela escocesa que ha estudiado el sentido común se centra en la concepción de Reid cuando afirma este autor que “hay un cierto grado de sentido que resulta necesario para convertirnos en seres capaces de leyes y de gobierno propio” (2). El antecedente del seny demuestra que este sentido (común) es como una especie de facultad regulativa que “nos permite fundar nuestros juicios sin caer en el escepticismo ni en el dogmatismo”.

Seny tiene su antónimo, rauxa, con una traducción impecable, arrebato: “La oposición entre ambos conceptos se populariza con Jaume Vicens Vives, quien escribe en Notícia de Catalunya, en 1954, que «Ser arrauxat es, precisamente, andar falto de seny, obedecer a impulsos emocionales, actuar según determinaciones repentinas. En estas circunstancias nos dejamos llevar por la pasión, sin sopesar las realidades ni mesurar sus consecuencias. Somos entonces los hombres de la llamarada y de las actitudes extremistas. Nuestro sentido de la ironía nos falla y salimos a la calle devorados por un exceso de presión sentimental. El arrauxament es la base psicológica de las acciones subversivas catalanas, la justificación histórica del todo o nada, la negación del ideal de compromiso y pacto dictada por la sensatez colectiva” (3).

¡Salud! -utilizando la palabra con la que García Lorca finalizó su discurso de Barcelona- para el pueblo catalán en momentos difíciles de la pandemia, para que su gobierno democrático nos una a partir de ahora en un proyecto común de convivencia pacífica, sin necesidad de embate alguno, a lo sumo demostración diaria de seny en estado puro para contrarrestar estos ataques de rauxa que ahora no son necesarios si existe voluntad de diálogo permanente.

(1) “El embate”, el nuevo mantra del nacionalismo catalán | Cataluña | EL PAÍS (elpais.com)

(2) Ferrater Mora, José (1980, 2ª ed.). Diccionario de Filosofía (4). Madrid: Alianza Editorial, pág. 2985.

(3) https://verne.elpais.com/verne/2017/10/10/articulo/1507620898_691178.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¿Existe el mundo al derecho?

Sevilla, 10/IV/2021

Lo decía Quevedo de forma muy gráfica en su poesía satírica: ¿no sabe que fue ese tiempo / aquel de Mari Castaña, / cuando los hombres pacían / y los jumentos hablaban? (en La hora de todos, 778, 73-6), es decir, el mundo al revés ha sido una obsesión humana desde que el mundo existe, empeñado en justificar lo injustificable del mundo al derecho en una contraposición compleja. Ha sido recientemente, veinticinco años son nada, cuando Eduardo Galeano sorprendió al mundo con una obra plagada de sátira, Patas arriba. El mundo al revés (1), nos plantea de nuevo esta dialéctica multisecular, con una pregunta inquietante para cualquier lector o lectora ávidos de la última noticia acerca del mundo al derecho, porque visto lo visto, es harto difícil de definir: ¿existe un mundo al derecho?

Para Galeano los identificadores del mundo al derecho, a título de ejemplo, están claros desde el principio: “El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian la naturaleza: la injusticia, dicen, es la ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de «la tasa natural de desempleo». Por ley natural, comprueban Richard Herrstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria”. Para empezar, honestidad, trabajo, escrúpulos y frugalidad, en el sentido más amplio de las palabras, son cuatro ejemplos de mundo al derecho que no de derechas, para no confundirnos, dado que ya se sabe que las ideologías no son inocentes ni todos decimos lo mismo.

Estamos viviendo días y meses de “nueva normalidad”, lo que muchos pueden entender como “el mundo al derecho”, porque lo que estamos pasando corresponde al mundo al revés, porque un virus mata a millones de personas y miles de millones corremos amedrentados a vacunarnos como consecuencia de algo que ha pasado en el mundo al revés y porque sabemos que nadie se libra de esta amenaza de un enemigo público número diecinueve, el coronavirus, dueño de ese mundo al revés que ahora nos paraliza por el miedo. Lo preocupante es saber quién tiene la patente de corso para definir y legislar en ese constructo aliado de “la nueva normalidad como consustancial con el mundo al derecho”, donde lo que ocurre a diario es que se desvía constantemente por atajos que llevan al mundo al revés con un gran dolor para la humanidad en general. Ejemplos tenemos a diario en la economía depredadora, la política mal entendida, la salud pública maltratada, la migración por geopolíticas insostenibles, millones de silencios cómplices, pobrezas severas, trato inhumano a millones de personas, siempre a los más débiles y guerras sin sentido.

“Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible”, decía el torero Rafael Guerra, Guerrita, con su sátira quevediana, si es que en algún momento nos atrevemos a definir ese modelo de mundo al derecho, aunque Galdeano nos hizo advertencias severas para saber abordarlo en las primeras clases de su escuela del mundo al revés: “La dictadura de la sociedad de consumo ejerce un totalitarismo simétrico al de su hermana gemela, la dictadura de la organización desigual del mundo. La maquinaria de la igualación compulsiva actúa contra la más linda energía del género humano, que se reconoce en sus diferencias y desde ellas se vincula. Lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. Lo que más me ha sorprendido es la clamorosa diferencia que expone entre ser o tener, dialéctica que ya aprendí a identificar con Erich Fromm y que ahora rescato en las palabras de Galeano: “Quien no tiene, no es: quien no tiene auto, quien no usa calzado de marca o perfumes importados, está simulando existir. Economía de importación, cultura de impostación: en el reino de la tilinguería [los tontos, bobos y simples], estamos todos obligados a embarcarnos en el crucero del consumo, que surca las agitadas aguas del mercado. La mayoría de los navegantes está condenada al naufragio, pero la deuda externa paga, por cuenta de todos, los pasajes de los que pueden viajar. Los préstamos, que permiten atiborrar con nuevas cosas inútiles a la minoría consumidora, actúan al servicio del purapintismo [actitud de aparentar] de nuestras clases medias y de la copianditis de nuestras clases altas; y la televisión se encarga de convertir en necesidades reales, a los ojos de todos, las demandas artificiales que el norte del mundo inventa sin descanso y, exitosamente, proyecta sobre el sur. (Norte y sur, dicho sea de paso, son términos que en este libro designan el reparto de la torta mundial, y no siempre coinciden con la geografía)“. Me atrevo a decir que con esta visión, definir qué significa el mundo al derecho es posible, porque lo que debe ser, debe ser y además es posible.

Me quedo con una frase preciosa de Galeano en mis primeros apuntes en este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, en una singladura diaria para comprender qué significa el mundo al derecho: “Lo mejor que el mundo [al derecho] tiene está en los muchos mundos que el mundo [al derecho] contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. Respetarlo todo es nuestra gran tarea de aprendizaje actual para vivir y construir diariamente un mundo al derecho, en el que cabemos todos, sin excepción alguna, por mucho que los diseñadores diarios del mundo al revés se empeñen en evitarlo. Lo dicho: lo que debe ser, debe ser y además es posible.

(1) Eduardo Galeano (1998). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Si el Salvador del Mundo levantara la cabeza…

Leonardo da Vinci [?], Salvator Mundi

Sevilla, 9/IV/2021

La historia del arte está llena de sorpresas y polémicas. Se ha conocido ahora con más detalle lo que ha ocurrido con el cuadro atribuido a Leonardo da Vinci, Salvator Mundi, pero que para los expertos del Museo del Louvre no es tal la autoría aunque sí reconocen la posible intervención profesional de su taller. La historia es breve pero rocambolesca. El cuadro se subastó en la galería Christie´s de New York, el 15 de noviembre de 2017 por 380 millones de euros, convirtiéndose en ese acto en el cuadro más caro de la historia del arte, siendo la única obra del pintor que se mantenía hasta esa fecha en manos privadas. Se ha sabido posteriormente que fue adquirido por el príncipe heredero saudí Mohamed Bin Salmán (MBS), que ha mantenido una disputa de Estados, simbolizada entre Riad y París, al haber sido excluido a última hora de la exposición sobre Leonardo que organizó en 2019 el Museo del Louvre con motivo del 500º aniversario de la muerte del gran pintor renacentista. Sorprende también conocer que este cuadro, fechado con aproximación entre 1490-1500, se había redescubierto en 2005 en muy mal estado, siendo adquirido por 1.175 dólares (unos 986 euros) por un marchante de arte de Nueva York que lo restauró en Estados Unidos.

En un interesante artículo publicado por el diario El País, La autoría del “Salvator Mundi”, un secreto de Estado, se analiza con detalle la intrahistoria de esta disputa que tiene matices geopolíticos de gran envergadura. El Salvator Mundi estaba dentro de una macrooperación de lavado histórico de culturas, salvando lo que haya que salvar, que es poco, al intentar Riad aproximar la cultura árabe y la occidental con la inclusión de esta pintura en la exposición anteriormente citada, pero a cambio de dádivas no muy claras: “Al comprar ese cuadro, un cuadro europeo, una imagen de Cristo, quería enviar [MBS] también un mensaje a Occidente demostrando su modernidad y occidentalización”, según Antoine Vitkine [periodista y autor del documental Da Vinci a subasta: la historia del Salvator Mundi]”, documental que se estrenará en Francia el próximo martes 13 de abril. ¿Qué hay detrás de esta operación? Parece ser que sólo el presidente francés Emmanuel Macron y el príncipe heredero saudí Mohamed Bin Salmán, tienen la respuesta que algún día se sabrá, pero que hoy permanece oculta. La principal es la más que dudosa autoría del cuadro que los expertos del Louvre, como se manifiesta anteriormente, no se la atribuyen a Leonardo da Vinci, aunque reconocen que la técnica utilizada procede de su taller.

Vídeo promocional de la Galería Christie´s, de la venta del Salvator Mundi

Este relato de película vuelve a plantearme la amarga historia de las religiones y las culturas que les son propias y agregadas a lo largo de los siglos. El “Salvador del Mundo”, que tiene nombre propio, Jesús de Nazareth, está inmerso de nuevo en una guerra política y económica de fondo, aunque oculta tras la magnificencia del gran pintor renacentista y su grandiosa obra, muy lejos de lo que significa la vida del personaje representado, al que recordamos todos los años en dos acontecimientos cruciales de su vida, el nacimiento y la muerte, para “salvar al mundo”. Es lo que comprendió un día su amigo Pedro, que le conocía bien y que Rafael Alberti lo sintetiza de forma magistral en un poema precioso que no olvido, Basílica de San Pedro (1), palabra a palabra, que nos ayuda a no confundir en momento alguno el valor y precio de Su mensaje:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?

Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Leonardo da Vinci [?], Salvator Mundi (detalle), hacia 1500, óleo sobre madera, 65,6 x 45,4 cm ©Wikimedia Commons/Getty Images / Léonard de Vinci

Si el Salvador del Mundo levantara la cabeza, observándonos cara a cara con la mirada que he recortado como precioso detalle del famoso cuadro, con lo que está pasando ahora en el mundo y con su precio de 380 millones de euros por su representación y efectos colaterales de su compraventa al mejor postor, en el Gran Mercado del Mundo, sentiría sin duda alguna lo que le sugería al oído el mismo Alberti en otras palabras inolvidables del libro citado: Confiésalo, Señor, solo tus fieles / hoy son esos anónimos tropeles / que en todo ven una lección de arte. / Miran acá, miran allá, asombrados, / ángeles, puertas, cúpulas, dorados… / y no te encuentran por ninguna parte (de Entro, Señor, en tus iglesias).

(1) Alberti, Rafael (1968). Roma, peligro para caminantes. México: Joaquín Mortiz.

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Van Gogh siempre es un vecino especial

Sevilla, 8/IV/2021

Esta mañana me he cruzado con la mirada inquietante de Van Gogh, en un retrato realizado sobre un cierre metálico de una cafetería y bar de copas en Sevilla, en un barrio próximo al mío. Inmediatamente, lo he recordado una vez más en este cuaderno digital porque su presencia siempre da un valor especial a estas páginas. Repaso algunas de las palabras que escribí en su momento y me reafirmo en todas ellas. Decía en 2015 que “siempre me ha sorprendido la pintura de Van Gogh, sus trazos finos y gruesos. En enero de 2005 finalicé la copia de un cuadro suyo, La cosecha (en La Crau), como primer trabajo del taller municipal de pintura en el que estaba inscrito ese año, pintado a propuesta mía por el recuerdo vivo de un libro precioso que tenía en mi biblioteca sobre el autor y publicado en 1990, año en el que se cumplía el centenario de su muerte y porque creí que era importante copiarlo en trazos que consideré siempre fáciles para un principiante. Craso error. Aquella sobrecubierta del libro, en la que figuraba también el cuadro, había sido clave para comprender mejor a este complejo artista, al que conocí a través del trigo cosechado en Arlés, el pajar, las escaleras, el carro central que tanto cuidé, un hombre con una horca y el fondo de montañas de colores púrpura y azul, el Montmajour, con un fondo turquesa de cielo bastante sobrecogedor”.

La cosecha, Van Gogh, 1888 / copia realizada por JA COBEÑA (octubre 2004-enero 2005)

Aquellas palabras surgieron porque en ese día había arrancado la hoja del almanaque de Taschen (un regalo muy especial) dedicado ese año a su obra pictórica y porque aparecía el 15 de junio ese cuadro, horas antes de que finalizara un día muy especial de homenaje personal a un pintor excepcional, mi maestro en una etapa muy importante de mi vida. Por ese motivo consideré que “debía escribir algunas palabras sobre este “vecino raro”, tal y como lo denominaban los habitantes próximos de Nuenen (Holanda), donde trabajó y vivió durante dos años el pintor y donde se tomó en noviembre de 2014 la iniciativa más cálida en relación con la celebración del 125 aniversario de su muerte, acaecida el 25 de julio de 1890. El cuadro recibe una mirada mía todos los días y recreo en él lo que sentí al pintarlo, resonando en mi persona de secreto lo que él opinó en su día sobre su obra original, pintada en una sola sesión, el 12 de junio de 1888: “El […] lienzo hace que desmerezca absolutamente todo el resto”, porque sabía que era de una complejidad técnica asombrosa y porque el verano, a diferencia de la primavera, no es fácil de representar. Es la primera vez que incorpora también a personas en esta serie y pretendió representar casi todas las fases de la cosecha. En la llanura de la Crau, en Arlés, donde está situada su pintura, decía que “no hay nada más que… infinitud y… eternidad”.

El primer carril bici fluorescente del mundo, en Nuenen. El cielo estrellado de Van Gogh sobre el asfalto.

Comprendí entonces y he comprendido hoy al ver el retrato de Van Gogh, el mensaje del pintor y su “rareza” en un mundo diseñado por el enemigo, a veces infinito y eterno, pero que él siempre intentó hacerlo más habitable y humano. Es lo que en el fondo y forma deseo pintar hoy y siempre, incluso con palabras. De nuevo, he pensado que sus vecinos “normales” han admitido su singularidad, invitándonos a recorrer en bicicleta un carril-bici en ese pueblo adoptivo, en un homenaje diario que simboliza el cielo estrellado al que tanto quiso.

Vincent Van Gogh, quien imaginaba sueños para después pintarlos para los demás en su mundo precioso de cielos estrellados, es recordado todos los días por sus paisanos y vecinos ocasionales de Nuenen (Holanda). También hoy, al pasear por un barrio de Sevilla, ciudad en la que Stefan Zweig afirmó que “se podía ser feliz”, el rostro de un vecino singular y especial , Vincent Van Gogh, me ha sugerido de nuevo que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, incluso en plena pandemia, sobre todo si es un camino iluminado por la dignidad de algunas estrellas, las que nos acompañan a diario como a él para pintar nuestros mejores sueños.

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Ahora, nos queda una tarea preciosa: tender puentes

Sevilla, 7/IV/2021

En una sociedad tan polarizada, en la que estamos viviendo en el último año de forma muy dura por la pandemia, siempre recuerdo la simbología del puente, desde sus orígenes arquitectónicos, como forma de establecer elementos de comprensión y diálogo entre las partes implicadas, las latentes y manifiestas, para que cualquier separación ideológica, personal, familiar o social atisben su fin inmediato. He escrito ya en este cuaderno digital sobre esta realidad de la función pontonera en la vida de cada uno y hoy me la ha recordado el cantor Miguel Poveda en una entrevista que recomiendo leer porque la cultura nos enseña todos los días aspectos muy interesantes en el escenario de cada teatro del mundo que es, al final, nuestra propia vida: “Me han enriquecido muchas músicas y lugares, y no me parece mala idea esto de tender puentes en un mundo en el que todo se está radicalizando tanto”, cuestión que está cuidando mucho ante el lanzamiento de su nuevo disco “Diverso”.

Por eso he vuelto a pensar hoy en los puentes, con una idea que aprendí un día de un ingeniero romano excelente, Cayo Julio Lácer, el autor material del puente de Alcántara (Al-Qantara, el puente), en Cáceres, al expresar de forma rotunda que “la grandeza misma del arte es superada por la grandeza de la obra (ars ubi materia vincitur ipsa sua). Sería una gran lección en estos días difíciles en los que la unión mundial es la fuerza principal contra el coronavirus, donde deberíamos todos, cada uno en su sitio y con su cadaunada, demostrar que la grandeza misma del diálogo, que también es arte, es superada por la grandeza del diálogo sincero y comprometido con lo diverso en el amplio sentido de la palabra, con lo singular, que también es apasionante. Empezando por la política profesional y la que cada uno practica como ciudadano, en su leal saber y entender, según nos enseñó Aristóteles y la cultura griega a la que tanto debemos.

Junto con el diálogo en la nueva normalidad, me gustaría hoy poner énfasis en la singularidad, porque creo que más que normalidad, habría que hablar de nueva singularidad. Cuando pretendemos ajustarnos a patrones, la experiencia suele ser nefasta, porque dejamos a un lado la inteligencia, como primer distintivo humano que nos hace ser personas y de identidad intransferible y porque no existen dos iguales, por mucho que se empeñe la sociedad de mercado en pasarnos a todos por la máquina de conversión en personas-patrón-para-triunfar-en-el-mundo, empaquetándonos como producto expuesto para que lo compre el mejor postor en todos los ámbitos posibles, sin aceptar nunca la diversidad de todos y de cada uno. Pura mercancía. Al final, se trata de dialogar con la vida desde nuestra singularidad y respetando la de los otros, tendiendo puentes, tal como ya definía el lema singularidad el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o lo que recibimos de nuestros padres y antepasados en la preciosa evolución de nuestra propia vida.

Puentes, puentes, puentes. Sería una buena forma de completar una nueva inscripción mundial para los derechos y deberes humanos compartidos ante una pandemia que ha hecho tantos estragos, donde se recogiera también las palabras que seguían al primer aserto comentado: “El ilustre Lácer, con divino arte, hizo el puente para que durase por los siglos en la perpetuidad del mundo”. O lo que sería lo mismo: los ilustres mandatarios mundiales, desde Oriente a Occidente, desde el Norte al Sur del Mundo, una vez demostrado que el diálogo supera el arte de hablar y callar, construyen la paz entre los pueblos para que dure por los siglos en la perpetuidad del pequeño mundo de cada uno y de la singularidad de todos. Ahora, para enfrenarnos de la forma más digna y efectiva posible, mediante el diálogo, a la pandemia que tanto nos está haciendo sufrir y que nos separa de la vida día a día.

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Algo “chocante” en la vacunación

Gobierno de España – Objetivos de la estrategia de vacunación

Sevilla, 6/IV/2021

Lo ha dicho Amós García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología y representante canario en la elaboración de la estrategia nacional, en relación con el retraso en la vacunación de la población entre 65 y 79 años, rango en el que me encuentro: “Desde luego, hay que proteger en primer lugar a la población mayor”, […] “Pero teníamos dosis de AstraZeneca que no se podían quedar en la nevera, había que avanzar en el proceso vacunal. El resultado es así, chocante”, admite”. Es verdad que en la primera impresión resulta bastante sorpresivo y extraño, “chocante” en una palabra, que la vacunación nos adelante por la derecha y la izquierda, a pesar de las explicaciones que se dan desde fuentes oficiales y profesionales, pero parece bastante injusto que este rango de edad que siempre se ha calificado de riesgo, se haya quedado atrás por culpa de casi todos: laboratorios, estrategias improvisadas, disparidad de criterios epidemiológicos, etc.


María y Federico, ¿Quién tiene la culpa?

Esta situación me recuerda siempre el estribillo de una canción de mi juventud, ¿Quién tiene la culpa?, de María y Federico: Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente, porque al final las responsabilidades se diluyen mientras nuestra generación ve cómo se llenan los vacunódromos -¡vaya neologismo!- de personas más jóvenes y muchas también del rango superior que quedaron rezagadas. No es por ellos, no, que bienvenidos sean al formar parte del club de los vacunados, sino que algo no ha funcionado bien para esta discriminación que se tilda, de forma eufemística, de “chocante”, como se puede comprobar en el gráfico siguiente:

Fuente: La vacunación, por franjas de edad, en cada Comunidad

En esta ardiente impaciencia sigo repasando las estrofas de aquella hermosa canción, para ver si la culpa de este retraso es porque las palomas sueñan ser águilas, las flores se mueren de espaldas o por la indiferencia que cierra los ojos ante la decencia y los abre grandes ante las apariencias. Quizá, la pregunta se pueda hacer también a quienes son responsables de que muchas veces perdamos la fe y las creencias por los días sucios y mentiras, por los grandes silencios cómplices en el hecho de que todavía no estemos vacunados. El problema es que, de nuevo, la respuesta está en el viento, que diría Bob Dylan, porque lo que suele pasar casi siempre es que ni yo, ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, somos responsables de este retraso. Y como siempre, la culpa de todo esto, la tiene la gente.

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Por si acaso

EVER GIVEN

Sevilla, 5/IV/2021

Si algo hemos aprendido a lo largo de esta larga y compleja pandemia es a utilizar con frecuencia la locución adverbial “por si acaso”, es decir, a actuar “en previsión de una contingencia”, con un ejemplo de la propia Real Academia Española de la Lengua: “hay que salir con tiempo, por si acaso”, que también se utiliza como locución conjuntiva: “fíjate bien en lo que dicen, por si acaso hay que replicarles”. Ha nacido un nuevo paradigma que se aplica a la vida ordinaria, cuando se analiza la dialéctica actual entre el célebre “just in time” (justo a tiempo) y el actual “just in cas” (por si acaso).

Recuerdo perfectamente cómo he explicado a mis alumnos, durante muchos años y en relación con la organización empresarial, el paradigma Just in Time (J.I.T.), nacido en Japón, en la fábrica Toyota exactamente, en el que lo primordial era atender la necesidad de suministro con la disponibilidad del mismo huyendo de los almacenamientos innecesarios como stock de suministros. Todo llega a tiempo para fabricar los productos o para entregarlos al cliente en el momento que se necesite hacerlo. Este paradigma se extendió de forma universal y su aplicación se ha llevado a cualquier terreno de la economía e incluso a todo tipo de actividades profesionales. He simplificado mucho esta breve introducción, pero hoy cobra especial relevancia por la aparición explosiva del nuevo paradigma Just in Case (J.I.C.), por si acaso, es decir, hay que tener en cuenta cualquier contingencia en cualquier terreno de la vida ordinaria, con especial relevancia en la economía.

Cuando nació el Justo a Tiempo no existía Amazon, por ejemplo y Toyota buscó una solución al Just in Case que estaba extendido por el mundo. Como hablamos mucho del mundo al revés, vuelve esta modalidad, porque al haberse incorporado el ciudadano normal al proceso de distribución, rivalizando con las grandes empresas que requieren suministro continuo de material, más allá de las automovilísticas, la realidad de los stocks y disponibilidad inmediata de cualquier producto cobra hoy especial relevancia. El ejemplo que hemos vivido recientemente con el buque portacontenedores Ever Given encallado en el canal de Suez, con 20.388 contenedores, nos ha permitido comprobar que el mundo ha temblado porque se ha roto tanto el Just in Time como el Just in Case, reforzando de forma espectacular este último paradigma, que ha entrado por la puerta grande de la economía durante la pandemia. Las consecuencias de esta contingencia marítima han llevado a una catástrofe mundial porque millones de suministros se han demorado para su entrega y disponibilidad inmediata, acarreando gravísimas consecuencias económicas a escala mundial, con una subida casi instantánea del precio del petróleo y sus derivados, como un ejemplo claro y contundente del efecto dominó que ha ocasionado.

Con lo expuesto anteriormente podemos imaginarnos que este mundo al revés debe ser la gran oportunidad de cambio de paradigma social que se oriente más a las necesidades básicas de la población, una vez visto lo visto, que nos obligó a mirar hacia China casi implorando que nos sirviera suministros sanitarios de primera necesidad dado que no disponíamos de ellos en nuestros almacenes, porque las prioridades habían sido otras y el Estado había descuidado el “por si acaso” (J.I.T.) de un mundo atacado por pandemias. ¿Desglobalización? Quizás sea el momento de ordenar la vida social y su malla productiva para poder declarar los productos de primera necesidad individual y colectiva y, por si acaso, preparar la producción y el tejido productivo declarando determinados bienes y servicios como Bienes de Interés General (B.I.G.), desarrollando por tanto el aparato legislativo y productivo que corresponda para garantizarlos ante cualquier contingencia social que surja, estando de acuerdo en que todo no se puede prever “por si acaso”, pero la gestión pública de riesgos debe cobrar protagonismo inmediato ante lo que está ocurriendo con la pandemia actual y su impacto económico y social en cadena.

Ya surgen voces de historiadores, científicos y autoridades económicas mundiales, que empiezan a reflexionar sobre este cambio de paradigma: “El historiador canadiense Quinn Slobodian, profesor del Wellesley College de Massachussets, que acaba de publicar en España su obra Globalistas. El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo (Capitán Swing) ve positivo un cambio hacia la producción just in case (por si acaso) en lugar del modelo actual de importación just in time (justo a tiempo), carente de almacenaje, seguido por industrias como la automovilística. El académico estadounidense cita como ejemplo el intento de la UE de crear una batería para coches eléctricos totalmente europea. “También podemos ver una versión de chovinismo económico en la resistencia a que empresas chinas como Huawei construyan redes 5G. Hay potencialmente algo bueno en estos desarrollos en el sentido de que el libre comercio ya no aparece como la única opción posible”, opina”.

Por si acaso, hay que reaccionar inmediatamente en todos los órdenes de la vida en lo que se llama la “nueva normalidad”. La geopolítica del coronavirus COVID-19 (porque hay que recordar que ya nos hemos enfrentado a otros), nos demuestra que casi ocho mil millones de personas que hoy poblamos el planeta Tierra, con un crecimiento demostrado cada 0,38 segundos, tenemos que abordar la nueva normalidad e integrarla sin un manual claro de supervivencia mientras no ganemos esta batalla por vivir la normalidad que siempre es cambiante. El principal problema está en nosotros, en ese conjunto de conocimiento de qué es lo que va a cambiar, la disciplina de adquirir nuevas formas de comportamiento ante los cambios de escenarios para vivir que se ordenen y, lo mejor de todo, educar la actitud para enfrentarnos a una nueva forma de ser y estar en el mundo. Sobre todo, porque ha nacido una estrella: la cultura del por si acaso en todos los órdenes de la vida.

Los 20.388 contenedores del buque Ever Given, que quedó encallado en el Canal de Suez durante bastantes días en la semanas pasadas, nos muestra al mundo que dentro de cada contenedor y sumándolos todos, llevaba millones de productos para entregarlos, just in time, a miles de fabricantes y millones de ciudadanos, españoles también por supuesto, que sin saberlo a ciencia cierta veían todo los días a un barco de nombre en inglés, sin traducir al español, que llevaba dentro determinados productos para cubrir sus necesidades diarias sin mentalidad por si acaso. Creo que esta experiencia nos demuestra que en Argentina y Venezuela fueron muy inteligentes cuando decidieron, hace ya muchos años, unir las tres palabras, por si acaso, en una sola porsiacaso, explicándonos el Diccionario de la Lengua Española en su última edición (2020), que es una alforja o saco pequeño en que se llevan las provisiones de viaje, aunque también es válida su utilización como “cualquier objeto u elemento que puede llegar a ser necesario en una circunstancia concreta o ante un imprevisto”. A partir de ahora, como metáfora, tendríamos que pensar en proveernos de porsiacasos para llevar en ellos las provisiones necesarias para el largo viaje de la vida. El Estado también, para atender inmediatamente el interés general de la ciudadanía.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.