No olvido a Víctor Jara

VICTOR JARA

Te recuerdo Amanda / la calle mojada / corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel…

Hoy se cumplen 44 años del golpe de estado en Chile. Tengo asociado -en mi memoria de hipocampo- este día con la muerte de Víctor Jara, cuando yo llevaba un año trabajando en el Hospital Universitario San Pablo, en la antigua Base americana “San Pablo Frontera”, en septiembre de 1973, en unas condiciones difíciles para estar cerca de la vida y de la muerte de las personas que allí se atendían. Viví ese golpe ético con tan solo veintiséis años. Fueron días de contradicción interna porque recordaba a Víctor Jara en canciones protesta que me sabía de memoria y no comprendía por qué le habían asesinado de forma tan brutal. Además, con escasa información en un país que agonizaba en su dictadura feroz, que asimilaba personalmente de forma difícil en mis compromisos con la Universidad de Sevilla.

A lo largo de estos años he leído con especial atención numerosas referencias a la muerte de Víctor Jara, en el Estadio Nacional, que nunca olvidaré gracias a Costa Gavras, en su película desgarradora, Missing, que tantas veces he recordado, como acicate para que no abandone el compromiso con la ética social.

El 16 de septiembre de 1973, lo enterraron de forma humilde y clandestina gracias al aviso de una persona que descubrió su cadáver junto a la tapia del cementerio. Y el 5 de diciembre de 2009, volvió a recibir sepultura digna, en el mismo sitio de 1973, después de que exhumaran su cadáver de nuevo para poder certificar la violencia con la que actuaron los soldados y oficiales de Augusto Pinochet contra sus palabras, su testimonio de vida, su compromiso ético.

Cuarenta y cuatro años después, lo he acompañado por las calles de mi memoria de hipocampo, la de secreto, hasta depositarlo de nuevo en el mismo sitio que ha estado en estos cuarenta y cuatro años de mi vida, recordando su sonrisa, sus rizos, que tanto enfadaron al soldado que le golpeó brutalmente en el estadio, en una muerte lenta (1), porque era un cantante marxista-leninista (en interpretación celtibérica que tanto resonaba en mis oídos en aquella época y durante la famosa transición):

-¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda! -gritó el oficial.

Después, he buscado siempre a Víctor Jara a través de Quilapayún, conjunto con el que convivió durante años muy importantes de su vida. Y lo he vuelto a encontrar hoy, escuchando de nuevo canciones de compromiso para que mi memoria histórica no olvide nunca a Víctor Jara, sus palabras:

Levántate y mira la montaña
de donde viene el viento, el sol y el agua.
Tú que manejas el curso de los ríos,
tú que sembraste el vuelo de tu alma.

Levántate y mírate las manos
para crecer estréchala a tu hermano.
Juntos iremos unidos en la sangre
hoy es el tiempo que puede ser mañana.

Hoy, junto al golpe de estado en Chile, es un día cargado de recuerdos amargos para la humanidad, por el terrible atentado de las Torres Gemelas en 2001. Por esta razón, las palabras de Allende desde el Palacio de la Moneda en la capital, horas antes de su fallecimiento, sigo leyéndolas e interiorizándolas en muchas ocasiones en su sentido más positivo, a pesar de la tragedia popular que supuso el sangriento golpe militar dirigido por un general de cuyo nombre no quiero acordarme: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

Tenía necesidad de volver a compartirlo con la Noosfera, cambiando muy pocas cosas de lo que he escrito en anteriores ocasiones, porque es verdad que hoy es el tiempo que puede ser mañana, cuando las personas libres podamos pasear por las alamedas de libertad que proclamaba Allende, para construir una España mejor, sin fisura alguna. El que quiera entender que entienda, salvando lo que haya que salvar en todos y cada uno de los términos anteriormente expuestos. Porque solo necesitamos encontrar a quienes siembran el vuelo de nuestras almas.

Sevilla, 11/IX/2017

NOTA: la fotografía de Víctor Jara la recuperé el 6 de diciembre de 2009, de http://radionuevaaurora.files.wordpress.com/2007/09/056-victor-jara.jpg

(1) Délano, M. (2009, 6 de diciembre). La muerte lenta de Víctor Jara. El País, Domingo, pág. 12s.

La educación, ese claro objeto de deseo público

El mes de septiembre es propicio para recordarnos, después del paréntesis del verano, el comienzo de la vida ordinaria en clave académica, porque todo tiene su comienzo de curso, metafóricamente hablando. El ciclo completo educativo echa a rodar en este mes en torno a la educación global y deseo expresar mi claro objeto de deseo público y social en este país, que tantas vueltas ha dado a un modelo integral e integrado de educación, de Estado, sin que hoy en día se haya consensuado por las fuerzas políticas de turno.

Este país necesita con carácter de urgencia un pacto por la educación, que se convierta en prioridad política en el Congreso de los Diputados. Pasan los días, pasa la vida y a pesar de que me consta que se están llevando a cabo tareas parlamentarias en este sentido, tengo la percepción que no hay conciencia social de esta necesidad a través de participación urgente y masiva de la sociedad al respecto. Comienza un nuevo Curso y casi todo sigue igual. Ha sido en este contexto oscuro de deseo cuando he leído hoy un artículo extraordinario sobre la importancia de la escuela rural en nuestros días, Así enseñamos los maestros rurales en aulas que juntan a niños de entre 3 y 12 años, como ejemplo clarividente de qué se trata cuando hablamos de educación integral e integrada.

Tres palabras escritas en carteles sobre la alfombra en la que los niños se sientan a primera hora de la clase, “no, ¿por qué? y elegir”, resumen bien las expectativas educativas en este país, porque son cuestiones no imposibles para los niños de la escuela unitaria de San Miguel de Valero (Salamanca), que aprenden a tratar y responder en el contexto necesario: “No”, para que los niños sepan que nadie les obliga a participar en aquello que no desean, dentro o fuera de la escuela. “¿Por qué?”, para que los niños se esfuercen en conocer el origen de las cosas. Y “elegir”, para que conozcan la importancia de sus decisiones”. Entristece conocer que el cierre de escuelas rurales es una realidad inexorable en este país: “El cierre de una escuela rural duele, porque se pierde un lugar de referencia. Pero no olvidemos que el fin de estas escuelas es solo una metáfora de un sistema de administración política que apenas cree en el entorno rural. Se trata de un sistema que ha perdido de vista nuestra relevancia para el equilibro de todas las cosas: de la biodiversidad, de las aguas, de los alimentos, del aire, de la vida en su conjunto…”.

Me ha emocionado siempre la realidad de las escuelas unitarias, donde conviven niños y niñas de diversas edades y necesidades educativas, emocionales y sentimentales, recordando como si fuera ayer una película francesa estrenada en 2002, Ser y tener, que me pareció ejemplarizante en este sentido. Es un símbolo de lo que deberíamos asumir en la compleja realidad de la educación completa y pública en este país. Esas palabras, No, ¿Por qué? y Elegir, podrían ayudarnos a comprender mejor el problema que se debe atender con urgencia en el Congreso de los Diputados, que no es simple, pero sí un claro objeto de deseo público y social. No, a continuar con las leyes actuales como si no pasara nada. ¿Por qué?, para preguntarnos sin complejos por qué no se aborda con carácter prioritario su revisión completa y sin paliativos. Elegir, porque estamos en la cuenta atrás política de la legislatura para que alcance el mejor consenso posible de todas las fuerzas políticas del arco parlamentario, sin olvidar nunca el carácter público y equitativo que debe presidir cualquier decisión al respecto.

Sevilla, 10/IX/2017

Luar na Galiza / y 7. Santiago, abre España

Iniciamos el viaje a Santiago de Compostela en tren, abandonando por un día el papel de “volantista” que aclaraba en el primer post de esta serie, para contemplar por la ventanilla de nuestras vidas, en un viaje plácido, la quintaesencia de esta tierra conservadora de su tradición, de su cultura, de su amplio conocimiento del mundo, de sus viajeros hacia muchas partes. En el trayecto pensé muchas veces en una frase que a lo largo de su historia ha sufrido interpretaciones contrapuestas dependiendo de dónde se situaban las comas: Santiago, cierra, España, que casi siempre la hemos conocido tal y cómo lo escribieron e interpretaron Cervantes en el Quijote o el mismo Valle-Inclán en Luces de Bohemia.

La traducción correcta de la frase es la que justifica su origen, rememorando a Santiago Matamoros, en la Reconquista, como grito de guerra: Santiago (él ayuda a exterminar a los musulmanes), cierra (forma de interpretar que el ejército o las tropas están preparadas para atacar) y, por último, España, todas por separado, siendo la defensa e integridad de España la razón que justificaba la acción contra el mundo musulmán.

Sinceramente, no me gusta nada esta versión que muchos dan por auténtica, aunque es verdad que la he simplificado mucho para que se entienda bien lo que quiere decir. Me quedo hoy día con la que figura en el Quijote y la que nos aportó Valle-Inclán en Luces de Bohemia. El primero porque el diálogo entre el bueno de Sancho Panza y el Quijote no tiene desperdicio:

—Yo así lo creo —respondió Sancho— y querría que vuestra merced me dijese qué es la causa porque dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel San Diego Matamoros: «¡Santiago, y cierra España!». ¿Está por ventura España abierta y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta?

—Simplicísimo eres, Sancho —respondió don Quijote—, y mira que este gran caballero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo, especialmente en los rigurosos trances que con los moros los españoles han tenido, y, así, le invocan y llaman como a defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas veces le han visto visiblemente en ellas derribando, atropellando, destruyendo y matando los agarenos escuadrones; y desta verdad te pudiera traer muchos ejemplos que en las verdaderas historias españolas se cuentan» (1).

La segunda versión, porque la ideología estaba detrás de lo que quería decir un protagonista de la obra citada de don Ramón, Dório de Gádex (andaluz, por más señas), defendiendo el modernismo ante el integrismo del país: “Voy a escribir el artículo de fondo, glosando el discurso de nuestro jefe: “¡Todas las fuerzas vivas del país están muertas!”, exclamaba aun ayer en un magnífico arranque oratorio nuestro amigo el ilustre Marqués de Alhucemas. Y la Cámara, completamente subyugada, aplaudía la profundidad del concepto, no más profundo que aquel otro: “Ya se van alejando los escollos”. Todos los cuales se resumen en el supremo apostrofe: “Santiago y abre España, a la libertad y al progreso”.

En estas estábamos cuando llegó el tren a Santiago, ciudad asaltada por peregrinos de toda clase y color, que nos acompañaron en todo momento por la calle del Hórreo, hasta las calles Vilar y Franco que desembocan en la plaza del Obradoiro. Tremendo desencanto: el Pórtico de la Gloria no se puede ver por ningún sitio. Todo está en obras de restauración y limpieza. Andamios por allá y por acullá. Sólo se puede acceder a la catedral por dos sitios, con colas interminables: una para abrazar al santo y otra para visitar la catedral. Indescriptible las aglomeraciones, desconcierto y filas que me recordaban (con el debido respeto a los peregrinos de corazón y razón) a lo que llamaba Rafael Alberti, “anónimos tropeles de gente que en todo ven una lección de arte, pero a ti (Dios) no te ven por ningún sitio”. Desistimos de guardar las colas, porque nos gusta más bajar al río, que es lo que suplicaba San Pedro, sentado y en bronce inmovilizado, cuando preguntaba a Jesucristo por qué le besaban tanto los pies en la Basílica de su nombre (según Alberti).

MUSEO POVO GALEGO

Decidimos adentrarnos en el caso urbano, pasear por sus calles, peregrinos por allá y acullá siempre, tiendas de azabaches y plata, vieiras pintadas por doquier, hasta llegar al Museo del pueblo gallego, porque teníamos interés en cumplir un objetivo del viaje: conocer Galicia en su origen. Está ubicado en el antiguo convento de San Domingos de Bonaval, cerca de la Puerta del Camino por la que los peregrinos del camino francés acceden a la ciudad. Hicimos el recorrido completo por sus salas, subiendo y bajando por la preciosa escalera helicoidal de Domingo de Andrade, leímos cualquier rótulo siempre en gallego, porque la institución privada que lo sostiene desea que con este símbolo de la lengua única se comprenda bien cómo el idioma construye también la realidad de un pueblo, así como la relación que tiene con el resto de las lenguas romances. Nos llamó la atención que fuera una institución privada la titular del Museo, que no fuera público, pero así se escribe la historia de la cultura tantas veces en este país. Si se tiene en cuenta su objeto fundacional, el beneficio de la duda es más amplio todavía: estudio, promoción y difusión del patrimonio histórico-antropológico y de la cultura gallega en todos sus ámbitos. Diversidad, elementos que definen al pueblo gallego y objetos que los caracterizan, fueron tres ejes a contemplar en lo que allí se exponía. El mar, el campo, los oficios, su vinculación con la imprenta y la encuadernación a través de libros y prensa, los oficios urbanos, los otros oficios: cesteros y alfareros), sus trajes regionales, la música, la conformación de la sociedad gallega, su memoria y tradición, su hábitat y arquitectura urbana y rural. Completaba la exposición, detalles de su pintura representativa y muestras del arte religioso gallego.

De allí, pasando por el túnel del tiempo, nos trasladamos al Centro Gallego de Arte Contemporáneo, que ocupa un solar adjunto al Museo do Povo Galego, construido con un proyecto del arquitecto portugués Álvaro Siza Vieira, habiéndose recuperado también la huerta del convento para parque público de Santiago. Al entrar, nos encontramos con una grata sorpresa, porque era un artista andaluz, sevillano por más señas, Luis Gordillo, quien nos esperaba para mostrarnos su obra, bajo el título de Confesión General. Quisimos escucharlo en el audiovisual introductorio a la exposición y comprendimos bien el fondo y forma de su dilatada obra pictórica. Curiosamente, no la visité en Sevilla y ha sido Galicia la que me ha devuelto esta posibilidad.

LUIS GORDILLO

La confesión general de Gordillo es una retrospectiva, “comisariada por Juan Antonio Álvarez Reyes, director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla y Santiago Olmo, director del CGAC. Me pareció paradójico que la exposición es la primera muestra de Gordillo en Galicia y “permite realizar un recorrido por su trabajo desde las series de dibujos de raíz informalista de finales de los años cincuenta hasta las obras fotográficas y pictóricas en las que se emplea las lonas como soporte y las infografías como herramientas. Se trata de una retrospectiva clásica con numerosas obras inéditas o poco conocidas, especialmente dibujos, así como algunas obras en proceso que recrean el clima de su estudio”.

Recorrimos sus salas con detenimiento reverencial, intentando comprender la física y química de su obra, sus innumerables cabezas y caras, hilo conductor de su producción pictórica, su ciencia visual de las cosas, tal y como él las ve y las entrega, así como las anti-cosas, como el las denomina. Nos asombró su relación en las últimas décadas con la fotografía, a través de procesos que él denomina esquizofrenización del color, hasta la obra de nuestros días con utilización plena de base digital.

Volvimos a la Puerta del Camino, rodeados de peregrinos y peregrinas, pasamos de nuevo por colas interminables junto a la Catedral, nos abrimos paso a duras penas por la calle Vilar, llegamos a la Plaza de Galicia, donde el café Derby recordaba en sus sillas los rincones más sobrios los sueños de Valle-Inclán, enfilando finalmente la calle del Hórreo para tomar el tren de regreso a Cambados.

Regresamos unos días después a Sevilla no sin antes pasear unas horas por Pontevedra para conocer un espacio encantador como ciudad acogedora y cargada de historia reciente en la que la ciudad ha sufrido el proceso de industrialización de empresas contaminantes vinculadas con la madera y la celulosa, proceso reivindicativo que ha alcanzado logros importantes al lograr el desmantelamiento de la fábrica de maderas y el cese de actividad de la de celulosa programado para los primeros meses del año próximo.

En el camino de regreso, pasando por Tuy (Vigo), no he olvidado las últimas páginas del libro de Manuel Rivas que me ha servido de guía temporal para adentrarme en Galicia, dedicadas como símbolo de respeto a la memoria histórica de este pueblo. Lleva por título programático, Oración fúnebre por la orquesta del viento, que encontré un día en ese libro tan querido que me ha acompañado durante todo el viaje, muy interesante, sobre la tierra que vio nacer a Manuel Rivas y como un ejercicio entre lo local y lo universal. Es un texto que leyó el 22 de junio de 1999, en un acto de homenaje a los republicanos asesinados [sic, en el libro] en la villa de Tui en 1936, en el lugar donde los fusilaron y donde ese día se inauguró el monumento que figura al comienzo de este post. Lo leo con el respeto que me causa siempre cualquier referencia a lo sucedido en la guerra civil española, que no la comprendo, pero sobre la que busco interpretaciones históricas de gran valor y rigor científico. Todavía me siguen sobrecogiendo estas palabras de Rivas, que vuelvo a teclear ahora con nerviosismo y cierto dolor íntimo, para entregarlas a la Noosfera digna. Volviendo al Sur, que también existió en esos días tan dolorosos y que todavía existe hermanado mediante esta serie con Galicia, con su historia y con su memoria, deseando siempre que España se abra a la libertad, sin ira, libertad. Al progreso.

Oración fúnebre por la orquesta del viento

“Benditos los muertos
sobre los que cae la lluvia.”

Scott Fitzgerald, El Gran Gastby

Éste es un acto de justicia, de reparación histórica y también de valerosa inteligencia.
No podemos recuperar el tiempo.
No podemos volver atrás con la flecha del tiempo y reconstruir lo destruido, la realidad aterradora y maravillosa de las vidas rotas por la más terrible maquinaria del odio que asoló estas tierras.
Pero a la manera de los remos del arca, podemos avanzar proyectándonos hacia atrás.
Podemos imaginar las vidas cuando vivían antes de la tragedia.
El paisaje, incluso la luz de aquellos días está definido por el horror que vino.
Día sombríos, sórdidos, tenebrosos.
Pero en realidad eran días de verano.
Días luminosos del bajo Miño.
La bajada del río como un cine de color y hermosísimo.
Habría tensiones, conflictos, pero ellos y ellas conformaban una comunidad de esperanza, una república de sueños acumulados en años, siglos, de luchas y sacrificios.
Podemos imaginarlos construyendo el frágil sentido de la vida.
Levantándose, saludándose – ¡hola, buenos días! -, trabajando, enamorándose, haciéndose bromas o burlas, contándoles algún cuento a los hijos, acaso reflejando sus rostros felices de domingo en la orilla del río.
En esos momentos en los que la mirada humana, de la vida, es más hermosa que el mismísimo cielo.
Esa república de los sueños acumulados con luchas y sacrificios de siglos.
El frágil tejido de la vida.
Esa comunidad de esperanza.
Esa mirada.
Todo fue destruido.
Y hasta se destruyó el silencio que siguió porque en el silencio se escuchan los muertos y lo llenaron de calumnia, mentira, falsedad y miedo.
Hay una historia de una mujer que deja un instrumento de música en el ataúd de su hombre muerto, con un mensaje: Si quieres algo, llama.
Hoy podemos escuchar la orquesta de los muertos, de los asesinados, de los huidos, de los exiliados, de aquellos a los que secaron la vida por dentro aunque siguiesen vivos.
Esa tenaz orquesta, como viento que emana del corazón de la tierra, persistió así con la melodía de la libertad.
Si estamos aquí es porque la terrible maquinaria del odio y del miedo no pudo con la orquesta de viento de los muertos.
Y hoy, cuando se rehace laboriosamente la comunidad de la esperanza, debemos hacer un solemne llamamiento desde Tui: que desaparezcan de Galicia, de la nomenclatura de las calles, plazas e incluso colegios públicos los nombres de los verdugos de la historia. Y lo hacemos no por ninguna clase de revancha sino en nombre de la justicia y de la inteligencia.
Porque lo que debe honrar una democracia, una comunidad libre, es, en primer lugar, a aquellos que dieran su vida por la libertad.
Este monumento de Tui tiene el valor de los que los canteros llaman la piedra maestra.
Porque hay que cimentar la casa del futuro sobre el valor, sobre la decencia, sobre los mejores sueños de la humanidad, sobre la aristocracia del alma que fue lo que ellos representaban.
Hoy, delante de la escultura de Silverio, delante de esa piedra que hace vida, podemos decir que se cumplió la profecía: “Enterraron semilla”.
Sean mil veces benditos los muertos, bendita la tierra y bendita la lluvia y benditos vosotros que los hacéis florecer.

Sevilla, 3/IX/2017

(1) Cervantes, Miguel de (2004). Don Quijote de la Mancha. Edición del IV Centenario. Madrid: Real Academia Española, 2ª Parte, Capítulo LVIII, pág. 988s.

Luar na Galiza / 6. La última sonrisa del caos

FISTERRA

Fisterra / JA COBEÑA

Seguimos haciendo el “camino” por Galicia, en esta ocasión por la Costa da Morte. Tenía una razón de fondo: la expresión “nunca máis” perdura en el tiempo de las respuestas populares a situaciones incomprensibles. Es verdad, nunca máis debe resonar siempre ante las injusticias de este mundo diseñado a veces por el enemigo. Fisterra, Muxía y Camariñas eran tres puntos de interés en esta etapa. Eran bastantes kilómetros por recorrer en una sola etapa y solo quisimos aproximarnos a una expresión de la naturaleza que no nos defraudó ni en el fondo ni en sus formas. Las carreteras nos mostraron el verde “constancia” de Galicia, nunca mejor dicho en el año dedicado por Pantone a este color, su vegetación alterada por los eucaliptos, sus colores vivos en las casas azules, verdes y violetas de cada Concello, de cada parroquia, los sempiternos hórreos, los difíciles límites territoriales porque todo se une en una expresión de proximidad lejana entre parroquias.

Llegamos a Fisterra, el fin de la tierra española por Galicia, después de sentir el último abrazo de los pinos autóctonos. Es impresionante la aproximación al faro, presagiando que algo se oculta allí que se presentará ante nuestros ojos de forma descarnada, aunque no sean horas de luscofusco (crepúsculo). El camino estaba rodeado en sus arcenes por peregrinos de todo tiempo y lugar. Muchas preguntas me hago, con el debido respeto reverencial a quienes lo protagonizan, sin respuesta alguna. Cerca, en Serra, hay una placa dedicada a Camilo José Cela, con una frase programática: “Finisterre es la última sonrisa del caos del hombre asomándose al infinito”. Es verdad porque así lo sentí. Se sabe que en un chalé cercano recibió la noticia del Premio Nobel en 1989 mientras escribía páginas de Madera de boj, como una premonición existencial: “Ahora ya no es como antes, ahora la gente ha descubierto que la novela es un reflejo de la vida y la vida no tiene más desenlace que la muerte”.

Siguiendo la recomendación de Manuel Rivas, aparcamos el coche para hacer el camino del faro. Es un edificio que acoge, desde 1853, el faro que protege la Costa da Morte, donde se reconocen hoy en día centenares de naufragios, siendo recordado especialmente por el gravísimo incidente del Prestige que comenzó el 13 de noviembre de 2002. Se divisa desde 31 millas (57 kilómetros). He conocido posteriormente que existe un edificio anexo, llamado eufemísticamente La Vaca de Fisterra, que también entró en funcionamiento en el siglo XIX para los días en los que la niebla impedía ver la luz del faro, pero que ya no se utiliza. Emitía sonidos estridentes cada minuto. ¡Qué sugerente! ¡Estábamos en el Finis Terrae de los romanos, donde los fenicios ya habían estado! Paseamos de oriente a occidente y viceversa, asomándonos a los acantilados, para descubrir el Océano Atlántico en su dimensión más oculta. Silencio sepulcral, solo roto por las olas al romper en el acantilado.

No llegamos a un lugar emblemático de Fisterra próximo a Cabanas, un lugar aparentemente inacabado como la obra de Antonio López. Me refiero al cementerio marino del escultor pontevedrés César Portela, compuesto por 17 cubos de nichos en granito, desalineados, aprovechando los senderos existentes, sin alterar el paisaje. Es un homenaje explícito a cuantas personas han perdido la vida en esta Costa de agujas submarinas de piedra. Era importante recordarlo, porque todo no se puede ver en la vida.

NUNCA MAIS

Dirigimos posteriormente nuestros pasos a Muxía, porque tenía claro que le debía una presencia de respeto para repetir una y mil veces su “nunca máis” ante cualquier situación intolerable en la vida ordinaria. Accedimos al paseo marítimo, que nos recibió en una tarde de agosto muy plácida, con el mar calmo y aproximándose a su limpia playa con delicado oleaje, muy lejos de lo que supuso para este enclave marino el desastre del Prestige. En la página web del Concello había leído días antes que “Muxía es una de las primeras localidades que afrontó las consecuencias [de este desastre] en forma de chapapote primero y de marea blanca de voluntarios que vienen a ayudar, después”. En Muxía, triste recuerdo, se hacían encajes para el Titanic. Fatales coincidencias de la historia del mar.

Finalizamos el viaje en Camariñas, en busca del encaje perdido. Queríamos contemplar otra cara de la Costa da Morte, a través de una tradición que ha marcado épocas de gloria para este Concello. Contemplamos en directo cómo se trabaja el encaje de bolillos, con una demostración sencilla pero admirable. El puerto nos pareció especialmente bello y nos acompañó el viento que presagia siempre la forma de ser y estar en esta Costa. Comprendimos cómo ante situaciones difíciles de la vida, se entiende bien por qué hay que solucionarlas como haciendo encaje de bolillos.

Día especial. Regresamos a Cambados en silencio para intentar asimilar todo lo visto y no visto. Fue una lección espléndida de historia antigua y contemporánea. También, de la importancia que tiene la solidaridad humana. Comprendimos mejor que nunca la última sonrisa del caos cuando nos asomamos al infinito de la vida haciendo “camino” al andar, al viajar.

Sevilla, 1/IX/2017

NOTA: la imagen de Nunca mais se ha recuperado hoy de http://estaticos.elperiodico.com/resources/jpg/4/6/twitter-vuelve-reivindicar-nuncamais-1350403353064.jpg

Luar na Galiza / 5. Visita al hombre de pasado mañana

VALLE INCLAN

Imprescindibles. De tertulia con Valle-Inclán

Lo recordaba así, con palabras de Manuel Azaña al día siguiente de su entierro: “Él hubiese querido ser, no el hombre de hoy, sino el de pasado mañana”. Era un claro objeto de deseo en este viaje iniciático para conocer Galicia: visitar a Ramón María del Valle-Inclán en un lugar muy querido por él, a Pobra do Caramiñal, su Viana del Prior muy particular, donde pasó días inolvidables de su vida y donde escribió obras que todavía perduran en el corazón de los que aman la literatura de este país, tan poco delicado con la cultura en su sentido más puro. Allí se inspiró y escribió obras tan importantes como El pasajero, Cara de plata, Divinas palabras, Los cuernos de don Friolera, Tirano banderas y Luces de Bohemia, entre otras.

La llegada a Pobra do Caramiñal fue especial porque pudimos contemplar el paso de diversas agrupaciones de gaiteros al celebrarse en esos días las fiestas de agosto. Una expresión artística de primer orden en Galicia, con un sonido característico con reminiscencias celtas y que se ha recuperado de forma muy cuidada. Nos dirigimos a la Torre Bermúdez, un edificio del Renacimiento, con una intrahistoria familiar para don Ramón que refleja el sentimiento de afecto a su tierra, aunque no fuera el lugar de su nacimiento, en Vilanova de Arousa, pero sí por el amor que profesó siempre a este lugar cargado de sentimientos y emociones, de momentos de sosiego anímico y de turbación al tener que abandonarlo en un momento dado por su precaria situación económica, fijando su residencia en Villa Eugenia donde estaba el despacho “del desvanillo donde yo me retiraba a fumar la pipa y construir palacios”. Torre Bermúdez acoge hoy día el Museo dedicado a la memoria de Valle-Inclán, al que accedimos para visitarlo sin prisa alguna, en busca del tiempo perdido, intentando comprender bien la vida y obra de este representante de la Generación del 98, del que apenas escuché referencias literarias en mi educación madrileña.

Conserva manuscritos impecables, tales como el epistolario con Manuel Azaña, ediciones originales impresas de libros del artista, correspondencia con su gran amigo Victoriano García Martí, cartelería teatral y fotografías realizadas por el autor. Pudimos escuchar su voz y ver imágenes de su visita al estudio del pintor Julio Romero de Torres. Leímos con atención reverencial los paneles didácticos que resaltaban sus vicisitudes múltiples, personales y artísticas, que nos ayudó a comprender mejor su obra.

Me sobrecogió encontrar allí su primer libro publicado, Femeninas. Seis historias amorosas (1895), con notas manuscritas del autor, así como una edición especial firmada y numerada por el propio escritor de Sonatas. Memorias del Marqués de Bradomín (1928). Recorrimos los diferentes espacios del museo (salas) que enmarcan diferentes épocas y ambientes históricos y literarios del autor, con denominaciones muy queridas para él, Arousa (marco geográfico, comunitario y familiar del escritor), Bradomín (consagración a la estética modernista), Viana del Prior (espacios valleinclanianos de realidad y ficción literaria) y Max Estrella (etapa de consagración al esperpento).

Nos quedó clara la personalidad de Valle-Inclán en su evolución artística e ideológica, su continua búsqueda de identidad en viajes imposibles a una forma de vivir esperpéntica en realidades sociales tan contrapuestas como la gallega, cubana o castellana, con pronunciamientos a veces extremos que le proporcionaron vicisitudes y momentos muy difíciles en su vida ordinaria, personal y familiar. Desde la presidencia del sindicato obrero católico hasta la aproximación real a la República, permite hacer un recorrido existencial profundo en la figura controvertida de Valle-Inclán.

LA MALCASADA

Salimos del Museo con la impresión de que sabemos muy poco de la intrahistoria de autores que han aportado tanto a este país. Conociendo sus trayectorias vitales comprendemos mejor su obra. Y recuerdo, como ejemplo simbólico, su presencia en La malcasada, una película atrevida para la fecha de su estreno, 1926, donde se habla abiertamente del divorcio. En unos planos que se pueden ver en el Museo, aparecía Valle-Inclán junto a la actriz María Banquer posando para un cuadro en el estudio de Julio Romero de Torres. Pienso en lo que vino después y salgo de Pobla do Caramiñal con la impresión real de que don Ramón de Valle-Inclán era un hombre de pasado mañana, algo que suele ocurrir cuando te equivocas de siglo al crear vida y compromiso activo para luchar por un mundo mejor. Gran lección en Galicia.

Sevilla, 31/VIII/2017

NOTAS

1. El vídeo incorporado pertenece a la serie de RTVE, Imprescindibles, presentado en 2012 bajo el título De tertulia con Valle Inclán: “[…] protagonizado por el actor, periodista y escritor coruñés Xerardo Pardo de Vera, que da vida al creador de los esperpentos. Completan el reparto los actores Juan Diego, Juan Luis Galiardo, Javier Godino y Fátima Rey. El documental se centra en los personajes de ficción creados por Valle-Inclán. Ellos son los encargados de explicar la figura del genio, reflexionan sobre sus obras, comentan sus declaraciones, sus conferencias y exponen sus vivencias. Junto a estos actores, aparecen los escritores Suso del Toro, Manuel Rivas e Ignacio Amestoy, además de estudiosos de la figura de Valle-Inclán”.

2. La imagen se ha recuperado hoy de https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Banquer#/media/File:Valle-Incl%C3%A1n42.jpg . En ella figura Valle-Inclán, junto a la actriz María Banquer, en el estudio de Julio Romero de Torres.

Luar na Galiza / 4. El paisaje habla

SANTA MARINA DOZO
Santa Mariña Dozo – Cambados (Pontevedra) / JA COBEÑA

Rumbo a Galicia. Ya estábamos mentalizados en que nos aproximábamos a Galicia, con una lectura en paralelo, crítica, que conservaba en la mente unas palabras esclarecedoras de Manuel Rivas sobre su tierra querida: “El paisaje habla. Las cicatrices del paisaje, como ya dijo Freud, pueden explicar otros malestares, comenzando por el cultural”. Llevaba una idea en el equipaje mental de que Galicia ha sufrido mucho con decisiones políticas en los últimos treinta años que la han maltratado por tierra, mar y aire en su esencia conservadora, en el buen sentido de la palabra conservadora, es decir, que deseaba mantener viva su cultura y manifestaciones paisajísticas que la caracterizan. Conservarlas.

Lo hemos observado en los días que hemos recorrido Galicia de norte a sur y algo de oeste a este. Nos ha sorprendido, por ejemplo, la convivencia no pacífica de los eucaliptos con el pino autóctono, sabiendo que el eucalipto es el llamado “árbol del Estado”, como decía el sociólogo Mario Gaviria de la realidad eucaliptal de Huelva. Hemos pasado por carreteras donde se abrazaban las ramas de los árboles de un lado a otro y el omnipresente eucalipto desdibujaba imágenes preciosas que las conservamos en nuestra memoria de hipocampo.

Hicimos la entrada triunfal a Galicia por una autovía, espléndida, pero que nos hizo recordar inmediatamente como nos alejaba de la realidad de sus pueblos, tal y como los habíamos conocido en el viaje anterior, hace ya veintidós años. Es el tributo que pagamos para facilitar las comunicaciones, es indudable, pero una de las peculiaridades de esta tierra es el paisaje y el paisanaje. Habíamos salido del territorio abrupto de una parte de Castilla- León y entrábamos en una zona verde inmensa, donde sabemos que el agua es su principal aliado para manifestarse desde todas las perspectivas posibles. Estoy de acuerdo con Manuel Rivas en que, en este avance imparable de la llamada modernidad, es imprescindible trabajar siempre con consenso y, en relación con el viaje que nos ocupa, especialmente sobre la ordenación de los territorios, preservando aquello que mantiene una esencia y presencia cultural de siglos. Decía Rivas que en aquellos años de gobierno de don Manuel Fraga Iribarne, se debió trabajar con este espíritu de consenso para “Decidir lo que es sagrado. Lo que no se toca. Salvar algo.” Pero no fue así y Galicia es víctima ahora de muchas decisiones tomadas hace veinte años y más, que han condicionado su desarrollo.

Llegamos a Cambados, nuestro territorio provisional en Galicia, efímero, un lugar con encanto, que tiene una posición geográfica envidiable para disfrutar de un punto de encuentro para frecuentar zonas emblemáticas de esta Comunidad, que son siempre futuro para sus lugareños, no tanto para nosotros. Es la esencia que debemos respetar en el ciclo actual del llamado “turismo”, porque los que viajamos a estos lugares unos días, tenemos que saber respetar que aquella es su ciudad, su pueblo, y no tenemos derecho alguno a alterarlo con usos y costumbres que rompen muchos siglos de historia. Podemos disfrutar mucho más de aquello que nos rodea en el momento presente si se respeta su forma de expresarlo, vivirlo, hablarlo, sentirlo y compartirlo. Además, en su lengua, tan rica en palabras que simbolizan ideas muy complejas, pero que con una sola palabra traducen sentimientos y emociones que necesitamos otros, los visitantes, expresar con muchas palabras. Un ejemplo lo tenemos en palabras como saudade (nostalgia, añoranza, melancolía, fantasma del bien soñado (Rosalía de Castro), lembranza (recuerdo), enxebre (auténtico, puro, genuino), bolboreta (mariposa) luscofusco (momento del atardecer en el que oculta el sol), luar (resplandor de la luna) y tantas otras que he escuchado con veneración absoluta, casi con aprecio reverencial, que no miedo.

Cambados resume bien muchas historias de Galicia, la dualidad del señorío y de la plebe, las creencias y el pensamiento en otro más allá, la tierra y el mar. Las tres realidades que se convierten en una en esta villa, Fefiñáns, Cambados y San Tomé do Mar, reflejan a todas luces ese proceso necesario de integración y de convivencia durante siglos de la historia de Galicia. El Renacimiento italiano está presente en la plaza de Fefiñáns, donde es fácil transportarse con la imaginación al siglo XVI para contemplar la belleza arquitectónica del Palacio de Figueroa, en forma de pazo, incrustada en ella. Lugares de especial encanto son también el pazo de Ulloa, que al ser propiedad privada solo nos permitieron entrar en la capilla del mismo; la iglesia de San Benito, construida por el interés de un señor, eI Vizconde de Fefiñáns, don Gonzalo de Valladares, el Pazo de Montesacro y la capilla adjunta de la Virgen de la Valvanera, fruto del mestizaje logroñés en aquél Concello y, sobre todo, las ruinas de Santa Marina Dozo, construida sobre restos románicos del siglo XII.

Sobrecoge la entrada en estos restos arquitectónicos, porque avanzas hasta el ábside a través de sepulturas de todo tipo y linaje, a cielo descubierto. Álvaro Cunqueiro lo definió como “el más melancólico camposanto del mundo”. Indescriptibles son las sensaciones al caminar por aquellas ruinas, donde la imaginación vuela a cielos insospechados, permitidos in situ a través de las ruinas que quedan como símbolo para la posteridad. Avanzando por aceras en las que se alternaban casas y viñedos con su uva mágica, albariño, fuimos a visitar San Tomé, el pueblo marinero que se integró posteriormente en la denominación Cambados. Está visiblemente alterado por las construcciones recientes, pero mantiene todavía su sabor. Allí nos acercamos a las ruinas actuales de la torre de San Sadorniño, de la que he sabido que se cuidó en su estructura romana hasta el siglo XVIII, con una actuación precisa por los ataques de los Irmandiños, de los que he conocido su interesante historia de revuelta y gran guerra por algunos retazos históricos que explica Manuel Rivas en mi libro guía de este viaje. Me ha interesado mucho esta mención y estoy leyendo en la actualidad documentos al respecto para comprender mejor la quintaesencia gallega. Una vez más, se repite la dualidad Iglesia-Estado, presente en Cambados a lo largo de los siglos, con el apoyo de reyes y nobles. Y el pueblo marinero, plebeyo, siempre tan cerca, pero tan lejos.

Es verdad: el paisaje habla. El paisanaje…, también.

Sevilla, 29/VIII/2017

Luar na Galiza / 3. Como decíamos ayer… 

SALAMANCA

Iniciamos el camino a Galicia, que no a Santiago. Queríamos contemplar en este viaje especial otra cara, laica, de un pueblo desconocido por nosotros en su identidad más pura. Un camino largo que necesitó una parada programada en Salamanca, que nos recibió con un mural muy significativo. Es una ciudad para admirarla, nada más, en el sentido primigenio que dio Aristóteles a la palabra admiración, como palabra que define muy bien a la filosofía, como capacidad que tienen las personas para admirarse de todas las cosas. Pocas horas para contemplarla en sitios escogidos: San Esteban Monumental (Padres Dominicos), las dos catedrales y las Escuelas Mayores. Nada más.

Desde el teso de la feria, hemos contemplado durante noche y día las catedrales de Salamanca con un juego de colores maravilloso, al igual que la iglesia de San Esteban, cuya fachada nos impresionó por su majestuosidad renacentista-plateresca. Era la mirada simbólica del mural. La entrada al claustro sobrecoge por el silencio que experimentamos en él, paseando por sus pasillos peripatéticos, rodeados de arcos renacentistas que dan forma a los maineles con capiteles tallados con grutescos, monstruos, putti, etc.

Visitamos también los dos Capítulos, donde en el antiguo están enterrados dominicos que han aportado saber humano, sobre todo en torno a su Dios, tales como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Pedro de Sotomayor, entre otros. Subimos al claustro superior por la extraordinaria escalera de Soto, que fue quien la pagó, aunque es obra arquitectónica de Rodrigo Gil de Hontañón. Y pasamos a la Iglesia, de estilo gótico tardío, que nos ofreció la gran sorpresa en este viaje: la utilización de grandes espejos para contemplar el cielo de bóvedas, arcos apuntados, nervaduras y cruceros, con un detalle espectacular. Me llamó poderosamente la atención algo que descubrí en el fresco del coro, dedicado a la iglesia militante y triunfante, sobre todo la militante, representada por una mujer vestida de pontifical y subida a una carroza. A su lado está Santo Tomás de Aquino y avanzando junto a ella están las cuatro virtudes cardinales: prudencia, fortaleza, justicia y templanza. Curiosamente, la carroza atropella a los siete pecados capitales representados por animales: el oso (la ira), el avestruz (la gula), el pavo (la soberbia), el lobo (la avaricia), la cabra (la lujuria), el perro (la envidia) y la tortuga (la pereza). Me senté en un banco a reflexionar sobre aquella imagen de mujer triunfante en su militancia. No era para menos, porque cuando salíamos nos sentamos en el confesonario al que acudía Teresa de Jesús para encontrar un sentido a una idea que la perseguía a menudo: “No hay virtud de mujer que no se tenga por sospechosa”.

Nos trasladamos pensativos a las dos catedrales, la vieja y la nueva. Pudimos visitarlas por orden histórico, es decir, comenzando por la vieja, que también escondía sorpresas a estas alturas de mi vida. Espejos por allá, por acullá. Nos sorprendió su valor histórico y que pudiéramos contemplarla nueve siglos después del inicio de sus obras, porque la inteligencia eclesial del siglo XVI decidió mantenerla cuando comenzó la construcción de la catedral nueva. Me pareció maravilloso el cimborrio, datado en el siglo XII, con dos cúpulas distintas, la interior y la exterior, de una complejidad arquitectónica admirable. Nos sentamos a contemplar el retablo mayor, con 53 tablas admirables de la escuela renacentista italiana, atribuida a los hermanos Delli. Vuelve a primar el canto a la mujer representando las citadas tablas el ciclo completo de la vida de la Virgen María y de Jesucristo, desde el Nacimiento de la Virgen hasta el tránsito de la Madre de Cristo, todo acompañado de escenas de la vida de Jesús y rematadas por el magnífico Juicio Final. Se utiliza con frecuencia el color rosa, bajo la influencia de la escuela sienesa y florentina, mezclado con los detalles típicos de la pintura flamenca. Y me causó especial admiración la coronación del retablo con la representación del Juicio Final, en el que Jesucristo separa los buenos de los malos, que tanto ha perdurado hasta nuestros días en la religión católica, haciendo sufrir sin sentido alguno a tantas personas por la asunción del pecado. A la derecha de Cristo aparecen los salvados o buenos, vestidos de blanco y a su izquierda, desnudos, los condenados por ser malos. Lo de siempre, con un aviso para navegantes porque entre los malos, hay algún obispo o Papa. Para que no se olvide.

La catedral nueva se construyó porque la vieja era pequeña y no podía albergar bien los fieles que atraía sobre todo la Universidad. Pasamos a visitarla, contemplando una planta del gótico tardío y con actuaciones propias del barroco, como incrustadas en ella, dada la tardanza en culminar su obra, dos siglos concretamente, desde el XVI al XVIII. Nos recordó mucho la de Sevilla, por su planta y por su grandiosidad. Contemplé con admiración los dos órganos, restaurados en la actualidad, así como las numerosas capillas dedicadas en las naves laterales.

Por último, visitamos las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca, con su fachada plateresca en la que destaca un medallón que incluye la imagen de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, acompañados de un texto escrito en griego que simboliza muy bien la presencia regia en la universidad salmantina: “Los Reyes a la Universidad y la Universidad a los Reyes”. Pasamos al interior del claustro, con un interés manifiesto: visitar de nuevo el aula dedicada a Miguel de Unamuno (¡que inventen ellos!, frase sacada de contexto hasta nuestros días), antigua aula de Derecho canónico, sin despreciar las restantes en las que también entramos. El aula de la elocuencia, hoy llamada aula Dorado Montero dedicada al que fue profesor penalista de esta Universidad. También, el aula Francisco Salinas en honor al músico y catedrático contemporáneo de Fray Luis de León, quién le dedico la famosa Oda a Salinas; el aula Fray Luis de León, muy austera y que conserva el mobiliario original, presidida por una cátedra desde la que se dictaban las lecciones, vigas de madera que servían de pupitre y asiento a los estudiantes y unos asientos pegados a la pared que servían para la asistencia a las clases de los doctores o invitados ilustres como Carlos V y que, según dicen, en una ocasión escuchó una lección de Fray Francisco Vitoria.

ESCUELAS MAYORES

En el trayecto interior de las Escuelas Mayores, encontré una pintura realizada en un muro, con el corte clásico de la época, dedicada a Francisco Tomás y Valiente. Lo traigo a colación porque no lo pasé por alto. Me senté junto a una ventana del patio a contemplarlo, durante unos minutos, en la cuna de la sabiduría de este país y agradecerle su dedicación y entrega a la enseñanza universitaria hasta que la intransigencia de unos pocos, al ser asesinado por ETA en 1996, le privó de seguir viviendo apasionadamente, como él lo hacía.

Como decíamos ayer, recordando a Fray Luis de León, fue una parada técnica desde la perspectiva cultural para recobrar sentido a un viaje a Galicia diferente, especial, donde lo importante no era hacer turismo de siempre, sino recuperar el sentido de la vida a través de la naturaleza, es decir, cumplir con la máxima latina “gratia non datur, natura dispensatur” (la gracia nunca presupone lo que no la naturaleza no da), que en Salamanca sonaba aquél día de forma diferente: “quod natura non dat, Salmantica non praestat”. Galicia tampoco.

Sevilla, 27/VIII/2017