La ley de Crosby

Cuando comunico y emito ideas, recuerdo siempre la denominada «ley de Crosby», elaborada por John Crosby, crítico televisivo del «New York Herald Tribune»: «cuanto más importante sea el argumento de un periodista o locutor micrófono en mano, tanto menor es la influencia que se ejerce sobre el individuo lector o telespectador».

Es verdad. Desde un punto de vista social, la saturación de mensajes que provocan al hombre implicando su yo, ha tocado techo en determinados ambientes, siendo muy bajo el nivel de respuesta en la audiencia. De hecho, la noticia más trivial alcanza, a veces, un ámbito mucho más amplio que la «noticia comprometedora».

¿Inhibición, evasión o diversión? No, más bien saturación y erosión de vida auténtica por fraude en la comunicación. Una prensa, radio y televisión que durante muchos años ha utilizado argumentos huecos e intrascendentes, ha preparado un camino difícil para un nuevo rostro de seriedad y autenticidad en la noticia, en el artículo o en el mensaje.

La imagen y la lectura fácil han entrado hasta ahora en los hogares «como Pedro por su casa». Era la cotidianidad. Es lógico pensar que en esta «nueva época», necesitamos de una transformación urgente de los medios de comunicación social, para imprimir a las rotativas, micrófonos e imágenes, un espíritu de lucha y autenticidad labrado en argumentos importantes que refuten la ley de Crosby.

La renovación requiere elección, donde siempre se prescinde de algo. Una época de crisis como la nuestra, que sitúa al hombre en continuas encrucijadas, necesita hilos conductores claves para llevar a ese hombre a una existencia auténtica prescindiendo de los famosos cortocircuitos de la mentira hecha noticia. Y estos hilos conductores podrían ser prolongación de mensajes emitidos y transmitidos en una constante de libertad, claridad y honradez.

Quizá esta continuidad de la noticia seria y veraz podría influir positivamente sobre la masa. Además, el momento histórico que atravesamos es el más propicio para la verdad. El agotamiento y la saturación del hombre occidental manifestado en su cansancio de vida, reclaman urgentemente argumentos importantes que den sentido a su vida. Por ello, ojalá se pudiera proclamar pronto a los cuatro vientos esta noticia: «para general conocimiento del hombre actual, la ley de Crosby ha quedado derogada».

El Correo de Andalucía, 9/VIII/1977, pág. 3

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