Las elecciones europeas deberían garantizar que la política no haga daño a nadie

Elecciones europeas

Sevilla, 6/VI/2024

No espero milagros en las elecciones europeas del próximo domingo, en las que elegiremos los 720 diputados que formarán parte del Parlamento Europeo, que representan a cerca de 450 millones de habitantes en este territorio, en mi convencimiento de que no existen políticas inocentes, neutras, porque siempre llevan ideología dentro y todas no son iguales. Personalmente, defiendo la política del socialismo democrático que garantice las bases del Estado de Bienestar, que no todos los partidos defienden en sus programas, mucho menos en la situación actual de polarización política llevada hasta las últimas consecuencias por las máquinas de fango que manejan a su antojo las derechas de este país y de Europa, en su amplio espectro de siglas, junto a sus aparatos mediáticos apoyados por el poderoso caballero don dinero.

Sólo en los gobiernos democráticos, sobretodo en los de la izquierda de este país y ahora, por el contexto electoral, en Europa, es donde se hace posible la transformación de la sociedad de la mejor forma posible, por su capacidad legislativa, donde hay una palabra mágica que no hay que traicionar: unidad y consenso para no ser vencidos. Eso sí, sin esperar milagros, porque es suficiente con que la política no haga daño a nadie, ahora en Europa, que es el principal ´milagro´, terrenal y cercano, como decía mi admirado escritor Manuel Rivas en su columna del domingo electoral europeo, de 26 de mayo de 2019, en el diario El País, cuando hablaba de lo que hace verdaderamente daño a la política, nacional y europea: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.

Personalmente, no espero milagros en la nueva Legislatura de la Unión Europea, que salga de las urnas democráticas, pero sí la continuidad del blindaje del Estado de Bienestar Europeo, que garantice la solidaridad económica que tanto bien hace a nuestro país desde hace décadas y que tanto he defendido a lo largo de los años de vida de este cuaderno digital, sólo posible a través de un gobierno en la Unión que frecuente un presente y un futuro más amables para el territorio sobre el que tiene responsabilidades públicas de gran calado institucional, sin discriminación alguna, pero con la imprescindible salvaguarda de la equidad en todo los terrenos posibles, sin dejar a nadie atrás, fundamentalmente a los que menos tienen, a los nadies señalados y defendidos por Eduardo Galeano, como los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida…  

Igualmente y como utopiano de pura cepa, sigo pensando que las ideologías progresistas son las que seguirán marcando el curso de la historia, frecuentando el futuro, tal y como lo expresó de forma excelente el filósofo George Lukács en El asalto a la razón: “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

La mediocracia, es decir, el gobierno de los mediocres, está haciendo estragos por donde pasa y ya está instalada también en Europa como actitud política, siendo conscientes del daño que hace, atendiendo a lo expuesto por Jorge Wagensberg en un aforismo que no olvido, en el que decía que lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud, dado que todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir. Por esta razón concreta y visto lo visto con las derechas y ultraderechas europeas y nacionales, cerriles y mediocres por definición, me corresponde como ciudadano que defiende el Estado de Bienestar Europeo a ultranza, para todos y sin discriminación alguna, descubrir y desenmascarar las maniobras oscuras de la mediocracia con poder, especialistas en hacer daño, sin esperar que vengan los demás a solucionarnos los problemas que nos rodean y, para decirlo bien alto y claro, porque todos no somos iguales y porque estoy convencido de que la política europea no debería hacer daño a nadie. Sólo debe existir esta igualdad ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, como dice el Artículo 14 de nuestra Constitución. Aunque dentro de unos días, cuando la mar política tras las elecciones europeas esté en calma y la dirección de la mina democrática en la que vivimos no sufra más sobresaltos, tengamos que volver con la cabeza bien alta a la contramina o a la sala de máquinas en la que tanto nos gusta trabajar a los utopianos, para seguir navegando y cavando en la igualdad que tanto necesitamos todos para alcanzar la libertad, sin excepción alguna. De lo contrario sucederá lo que ya nos advirtió Benedetti sobre los peligros del conformismo y la mediocridad: sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos // la mente se acostumbra a ese vacío / no sabe ya de nortes ni de sures / no sabe ya de invierno ni de estío (2).

Ante lo anteriormente expuesto, comprendo mejor que nunca lo manifestado por Manuel Rivas en 2019, en un contexto idéntico al del próximo domingo electoral: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.

(1) Lukács, G, El asalto a la razón, Barcelona: Grijalbo, pág. 5. 1976.

(2) Benedetti, Mario, Soneto del pensamiento, en Testigo de uno mismo. Madrid: Visor Libros, pág. 122, 2014 (2ª ed.).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Piedad Bonnett nos ha enseñado que las cicatrices son las costuras de la memoria

Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951)

Sevilla, 4/VI/2024

En 2021 publiqué en este cuaderno digital unos versos sobrecogedores de la escritora y poeta colombiana Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951), extraídos de un poema, Cicatrices (1), con motivo de la celebración del Acto de Estado de Reconocimiento y Memoria a todas las Víctimas del Terrorismo, celebrado el 11 de marzo del citado año en el Palacio Real de Madrid, en el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo, recordando también a todas las personas que de una forma u otra lo han sufrido durante tantos años en nuestro país y con una fecha de referencia: el 11 de marzo de 2004, día del atentado de Atocha:

No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.

Si las recupero hoy en este artículo, es a modo de pequeño homenaje a esta escritora colombiana por haber obtenido ayer el XXXIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, concedido por la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional, conjuntamente. En unas bellas palabras del poema citado, se recuerda lo que significan las cicatrices del terrorismo, por lo que representan como historia puntual en la vida de quienes lo han sufrido, aunque también pretenden simbolizar un fin de algo que pasó. Sin embargo, hay algo que perdura en el tiempo a modo de costuras de la memoria, que nos sana dañándonos, en una contradicción existencial que nos hace sufrir mucho. El tiempo, que huye a veces, nos permite recordar siempre las heridas del terrorismo, de cualquier acto -en definitiva- que prive la vida de los demás en nombre de nada y de nadie.

En el acto citado, envuelto con los versos de Piedad Bonnett, hubo momentos especiales que, transidos de la música y la danza, dejaron un recuerdo imborrable de cómo la cultura sana cuando la contemplamos como compañera de situaciones difíciles, para curar heridas también aunque dejen siempre cicatrices. Mas allá de los discursos, música y representaciones oficiales, quise reflejar en breves palabras el mensaje anterior sobre las costuras de la memoria, a través de la música interpretada por la Orquesta Nacional de España, dirigida por David Afkham, de una obra excelente como Lacrimosa, del Réquiem por Doña Bárbara de Braganza, reina de España, de José de Nebra (1758), con la participación del Coro Nacional de España.

Quizás, el momento más emocionante fue la actuación de Rubén Olmo, director del Ballet Nacional de España, como coreógrafo e intérprete de la danza “Resurgir del ave fénix”, con la música de fondo de “Amorosa”, una melodía vasca preciosa que forma parte de las “Diez melodías vascas”, de Jesús Guridi, interpretada también por la Orquesta Nacional de España. Vuelvo a ver aquellas imágenes, guardadas en mi memoria de secreto, sobretodo el gesto de dolor permanente de Rubén Olmo, en la interpretación maravillosa del ave fénix y sus sombras, blanco sobre negro, que sabe resurgir de las cenizas en las que nos convierte a veces la vida. Inolvidable su proyección al dolor humano por los actos de terrorismo.

Hoy, junto a la satisfacción por haber otorgado este país a Piedad Bonnett el XXXIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2024, comprendo mejor que nunca sus hermosas palabras: Las cicatrices, pues, son las costuras / de la memoria, / un remate imperfecto que nos sana / dañándonos. A ellas me debo ahora y siempre para respetarlas como ciudadano que ama la unidad y la paz en nuestro país. También, su memoria democrática.

(1) Bonnett, Piedad, Cicatrices, en Explicaciones no pedidas, Madrid: Visor de Poesía, 2011.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

Jamás desaparece lo que nunca se va de nuestras vidas

Sevilla, 2/VI/2024

Estamos viviendo en momentos decisivos y de continua mudanza del alma, en la historia de nuestro país, por qué no del mundo que nos rodea, en los que necesitamos aferrarnos a creencias, las que por ejemplo aprendí en su día del filósofo español en el exilio, José Ferrater Mora y a las que tantas veces he recurrido en este cuaderno digital, recogidas en un libro precioso, El hombre en la encrucijada. Él decía que necesitamos tener creencias, que no podemos vivir sin ellas, y a lo largo de las páginas del libro citado expone su tesis existencial, demostrando que el mundo ha evolucionado hacia adelante gracias a que nuestros antepasados y muchas personas contemporáneas han tenido y tienen creencias en cuatro ámbitos, juntas o por separado da igual, de una forma u otra, da igual, pero siempre relacionadas con las Personas, la Naturaleza, Dios/dioses o la Sociedad. Así durante muchos siglos. Las necesitamos y juntándolas cuando nos juntamos sabemos que podemos hacer camino al andar, porque con el amor y el sufrimiento se aúnan las voluntades, tal y como aprendí también de la Cantata de Santa María de Iquique. Puede ser una buena forma de encontrarnos cara a cara con el niño o niña creyente que fuimos, que nunca partió, que nunca se fue, y que nunca debemos abandonar para resolver el enigma de vivir dignamente.   

En un mundo con carencia de valores humanos, reivindico una vez más las creencias, que día a día los envuelven, porque soy consciente de que si se tienen, nunca desaparecen si no las olvidamos. Si creemos en el ser humano, las personas, porque nunca nos son ajenas, siguiendo a Terencio, sin dejar de lado a la Naturaleza, a la Sociedad o a Dios o dioses, encontramos el sentido de la vida, porque así nos lo ha contado la historia a lo largo de los siglos, en la interpretación más libre y progresista de la Creación, cuando Dios, después de haber creado los cielos, la tierra, toma conciencia de que la creación del hombre y de la mujer era muy bueno (qué importante el adverbio “muy”, meod en hebreo), sobre lo escuetamente “bueno” de todo lo demás creado, según el relato cananeo transmitido de padres a hijos por los siglos de los siglos.

En este contexto, he recordado que hace dos años compartí con la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, que no me es ajena, el hallazgo de una isla desconocida, que es la misión principal de este cuaderno digital, una obra que según mi leal saber y entender debíamos escuchar y ensalzar en este tiempo tan complejo y lleno de sobresaltos del alma humana. Se trataba de una publicación musical llevada a cabo por el cantor Antonio Orozco (cantante es el que puede y cantor, el que debe hacerlo, que no es lo mismo, según Facundo Cabral), gestada a lo largo de dos largos años, que narra la vida de otro cantor José Mercé, con un título en caló, El Oripandó, el sol, el amanecer de cada día, que el propio Mercé interpreta de forma muy sentida, con una canción que sobresale sobre las demás y con un título siempre sugerente: Jamás desaparece lo que nunca parte, dedicada a su hijo, que falleció cuando tenía tan solo 14 años, por un problema congénito de corazón.

Aquél día de 2022, me quedé con la letra y música de la canción guía de este proyecto de vida de Mercé, Jamás desaparece lo que nunca parte, porque estoy de acuerdo con algo muy importante para caminar despiertos en este mundo tan desabrido y lleno de sobresaltos cada día: jamás desaparece lo que nunca se va de nuestras vidas o lo que es lo mismo, jamás desaparecen nuestras creencias cuando nunca se olvidan:

Día y noche rugía
El fuego encendido de un sol que no mira
Del cielo el desprecio de un fin que avecina
La siembra y la ruina de un Dios que no afina

Duelo y enjambre de espinas
Cruzando el umbral de la puerta encendida
Haciendo del aire una amarga salida
Regando de nardos la calle sin vida

El juez cerró lo nuestro
La sala se apagó
No queda nadie

El baile se termina
Y el dragón se lo llevó
Y ahora arde

Y ahora arde
El tímido consuelo ahora arde
Ahora arde
La fe destartalada y el recuerdo arde

Un despertar bajo nía
Y un rumbo trenzado con almas vacías
Las niñas los palios que aguantan la rima
Y el mundo despierta con cruel letanía

Sentencia sostenida
Y el ángel susurró: ¡Que empiece el baile!
Lánguida sonrisa emocionada por saber que a veces aire

Y ahora aire
Sabiendo que mi todo está en el aire
Ahora aire
Jamás desaparece lo que nunca parte
Ahora aire

Si hoy he recordado de nuevo a José Mercè, es porque lo he escuchado hace unos minutos en una intervención personal suya en televisión, en la que ha pronunciado de nuevo esta frase mágica, tan sentida por la pérdida de su hijo: Jamás desaparece lo que nunca parte. Las personas que vivimos en Andalucía respetamos su identidad flamenca y a sus cantoras y cantores, porque llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él, aprendiendo cada día a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante. Luis Cernuda hizo un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos. Creencia en las personas, porque nunca nos son ajenas.

Lo he manifestado muchas veces en estas páginas digitales: el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. Recordar hoy a Mercé me ayuda una vez más a comprender el dolor actual de esta tierra como un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años, en el primer concurso de cante jondo celebrado en 1922: «A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos». 

Es lo que Mercé me ha recordado de nuevo y lo he llevado a mi terreno de creencias, con profundo respeto hacia él: jamás desaparecen los valores y creencias cuando nunca se van de nuestras vidas.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!