Cambridge Analytica o la mal llamada “culpa digital”

CAMBRIDGE ANALYTICA

Cada vez que recorre el mundo la mal llamada “culpa digital”, la sociedad tiembla ante lo que nos temíamos que un día no lejano podría ocurrir por el mal uso de las tecnologías digitales. Lo que ha sucedido con Cambridge Analytica es una muestra de que la responsabilidad siempre es de las personas, directivos o determinados gobiernos [sic] que dirigen estas actuaciones con la ayuda de las tecnologías, pero por este orden y no al revés. Corremos el riesgo de demonizar los avances digitales, extraordinarios, de los que hacemos uso a diario, pero hay que tener cuidado con los análisis que a bote pronto inundan las redes culpabilizando de todos los males al mundo digital. La tentación del síndrome Al Gore, de que “ya estábamos avisados”, es un señuelo que lanzan los hipócritas analógicos que pertenecen, como ya he dicho muchas veces, al Club de los Tristes, Tibios y Mediocres (digitales, por supuesto).

Hay que defender en estos momentos tan delicados los beneficios del mundo digital. Es verdad que lo ocurrido con el efecto Trump, en torno a las malas prácticas de Cambridge Analytica o de los ciberataques rusos al Partido Demócrata, sobrecoge a cualquier persona digna, porque los millones de datos, supuestamente confidenciales, maltratados por máquinas dirigidas por seres humanos, no lo olvidemos, han logrado resultados que estamos sufriendo a escala mundial. Pero ante este tipo de actuaciones, solo queda que las autoridades correspondientes depuren responsabilidades hasta las últimas consecuencias, llegando hasta las entrañas digitales, por supuesto, de lo ocurrido, aunque se llamen Facebook, Twitter, Washapp, Telegram, Instagram o cualquiera otra red de alcance mundial. Es urgente dar soporte a la ciudadanía con leyes reguladoras de la actividad digital de amplio espectro que blinden la dignidad humana. También, urgir la declaración de transparencia radical de cualquier soporte digital, sin necesidad de tanta letra pequeña que casi siempre se ignora, incluso voluntariamente con un clic suicida de “acepto”.

Soy un defensor a ultranza del mundo digital y mi trayectoria profesional así lo avala. En el libro que publiqué en 2007, Inteligencia Digital. Introducción a la Noosfera digital, ya alertaba de esta oportunidad histórica en la vida de las personas que pueblan la Noosfera. En esa ocasión, definí la inteligencia digital a través de cinco acepciones: 1. destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaz de ella. 2. capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. 3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. 4. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. 5. capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso. Esta última acepción es la que quiero resaltar hoy, pero íntimamente unida a las cuatro anteriores. No lo olvidemos.

Hace falta ética digital, es decir actuar conforme a la solería de actos humanos inteligentes con soporte TIC que son los que justifican todos los actos humanos, el sustento de la vida, de una persona, de una organización o de un Estado, con perspectiva digital. Las ideologías digitales tampoco son inocentes, como no lo son los bits. La separación entre mercancías y derechos/deberes digitales establecen la delgada línea roja para comprender bien los axiomas éticos digitales. El principio de equidad en el acceso a las tecnologías de la información y comunicación, básicamente en los derechos y deberes sociales, es un principio estrella que se debería exigir en cualquier programa político con base digital, pero no todas las organizaciones partidistas lo asumen como elemento garantista fundamental y de cohesión social.

Además, introduzco ahora una observación con amplia visión de Estado (digital, por supuesto). Estas situaciones descritas en torno a Cambridge Analytica y otras muchas en referencia a problemas digitales de profundo calado individual y social, se deben abordar desde la adecuada gestión de riesgos digitales que emana de políticas digitales que aprueban normas de derecho internacional, europeo y del Estado español, mediante las trasposiciones necesarias. Desde hace muchos años, vengo defendiendo la necesidad de gestionar los riesgos digitales desde una vertiente muy profesionalizada en la Administración Pública. En 2000, en una presentación que llevé a cabo en las Jornadas de Informática Sanitaria de Andalucía, partía de un análisis que ya había lanzado al mundo Nicholas Negroponte y que hoy cobra especial actualidad: “La próxima década será testigo de un sinnúmero de casos de abusos de los derechos de propiedad intelectual y de invasión de nuestra intimidad. Habrá vandalismo digital, piratería del software y robo de información” (El mundo digital). Y allí planteé que se pueden adoptar dos decisiones estratégicas al respecto: la primera, la propugnada ya por Groucho Marx en Una noche en la ópera, cuando vende una póliza a un maletero del barco, que no cubre nada…, en una escena hilarante que siempre perdió fuerza ante la del camarote. Es decir, la cobertura del riesgo consecuente, como actitud tan castiza en España, a la que hacía alusión anteriormente: sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, doblando el papel de la póliza que cubre algún riesgo y olvidándonos de su gestión proactiva:

– O.B. DRIFTWOOD (Groucho Marx): Fíjese en ese guardabarros, está completamente abollado. Tendrá que pagarlo, amigo. ¿Qué número tiene usted?, ¡el 32, eh…! ¿Está asegurado? ¿Que si tiene seguro?
– Maletero: No señor
– O.B. DRIFTWOOD (G.M.): Es usted el hombre al que andaba buscando. Llevo aquí una póliza que le protegerá contra todo accidente imprevisto. Por ejemplo, pierde una pierna y nosotros le ayudamos a encontrarla y solo le costará… ¿Qué lleva usted ahí? ¡un dólar!, ¡suya es la póliza!

La segunda, la profesionalización de la planificación estratégica de la política y gestión de riesgos digitales, como dos escenarios que tienen que estar esencialmente diferenciados y que están obligatoriamente obligados a entenderse. La gestión de riesgos digitales debería ser una función especializada dentro de la Administración Pública que tiene como objetivo gestionar globalmente la protección de los Sistemas y Tecnologías de la Información y Comunicación, en su relación con los ciudadanos y en aplicación estricta de los marcos legales actualmente establecidos. Además, los criterios clave de selección para el modelo organizativo a aplicar se pueden sintetizar en que todas las funciones se tienen que centralizar estratégicamente en el Estado (Esquema Nacional de Seguridad), agrupando responsabilidades orientadas a procesos, en la aplicación práctica descentralizada en cada Comunidad Autónoma, Diputación y Municipio, y con una gestión estratégica bajo el concepto de “Separación de Responsabilidades” (“Separation of Duties – quien administra/gestiona no opera”).

¿Estaremos ya instalados y viviendo la plenitud de una nueva ciencia de la inestabilidad, del riesgo digital, en el marco científico que ya expuso en su tiempo Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química en 1977? Es el saber de la persona instruida lo que la libera, mediante la gestión del conocimiento, lo que permite desdramatizar las planificaciones, programaciones, ejecuciones y evaluaciones de la organización llamada Administración o empresa, porque vivimos en un mundo contingente, caótico, inseguro, cambiante, complejo, inestable e incierto, es decir, en un universo de riesgo, tanto en azar como en necesidad. La inteligencia creadora es la que da forma al saber, es decir, damos un voto de confianza al ser humano frente a los factores y medios de producción tradicionales. El capital y la producción no son la quintaesencia de las organizaciones. Desde la perspectiva de Política Digital de Estado, queda una gran tarea a desarrollar en la Administración Pública, que pasa indefectiblemente por crear una nueva cultura directiva y organizativa ante el riesgo digital de azar y de no-azar, de la protección de datos de carácter personal, o quizá también reinventando la propia Gerencia de Riesgos, a través de un nuevo paradigma científico, estando muy atentos al discurso mundial que se abre en la actual incertidumbre y ante la necesidad de no estar ajenos a la realidad del año actual y venideros. Los seres humanos seguimos siendo los propios gestores de nuestro futuro, con la ayuda de las nuevas tecnologías: el saber, hoy, sigue siendo el único recurso significativo (Drucker). Inteligencia digital en estado puro.

Estoy convencido que los ordenadores, el software y el hardware inventados por el cerebro humano, es decir, el conjunto de tecnologías informáticas que son el corazón de las máquinas que preocupan y mucho a tecnófobos como Nicholas Carr, de forma legítima y bien fundamentada, permiten hoy creer que llegará un día en este “siglo del cerebro”, no mucho más tarde, en que sabremos cómo funciona cada milésima de segundo, y descubriremos que somos más inteligentes que los propios programas informáticos o redes que usamos a diario en las máquinas que nos rodean, porque estoy convencido de que la inteligencia digital desarrolla sobre todo la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, sobre todo cuando seamos capaces de superar la dialéctica infernal del doble uso de la informática, es decir, la utilización de los descubrimientos electrónicos para tiempos de guerra y no de paz, como en el caso de los drones o de la fabricación de los chips que paradójicamente se usan lo mismo para la consola Play Station que para los misiles Tomahawk. Ese es el principal reto de la inteligencia digital al abordar de forma racional la auténtica gestión de riesgos digitales, consustancial con su propio desarrollo.

Sevilla, 21/III/2018

Ciberataques y tecnologías de doble uso

Estamos viviendo unas horas difíciles en el mundo digital por los ciberataques de los últimos días. Los detractores de las tecnologías digitales quieren hacer su mayo recordándonos a los tecnófilos la célebre frase de Al Gore: ya lo habíamos avisado. Es verdad que estamos ante un escenario sobrecogedor por el impacto mediático, tampoco inocente, que ha tenido el ciberataque global de rasonware, en el que España ha sufrido un daño importante en algunas empresas de presencia internacional.

Tampoco hay que minimizar el impacto desde un punto de vista policial, tal y como ha manifestado en las últimas horas el director de la Europol: “ataque sin precedentes” hasta ahora por el alcance que ha tenido, en localizaciones tan sensibles como la de los hospitales británicos afectados.

Es verdad todo lo expuesto anteriormente, pero hay que analizar algo muy importante en lo que he tenido siempre un foco gerencial: la gestión de riesgos digitales. Nuestro país es muy dado a acordarse de Santa Bárbara solo cuando truena. Lo he vivido durante muchos años como administrador público en el Sistema Sanitario Público de Andalucía y muchas veces hablar de la gerencia de riesgos era como clamar en el desierto. El riesgo digital es hoy día uno más, pero nada despreciable, porque en cuestión de segundos y si no hay una gestión estratégica corporativa de amplio espectro, se puede dar al traste con años de gestión adecuada, con una pérdida de datos verdaderamente calamitosa. Hablo de gestión del riesgo antecedente, corporativa, con dimensión estratégica y no de gestión del riesgo consecuente, un problema en el que cada unidad directiva o centro de gestión pública tiene que buscarse la vida como pueda.

Lo viví de forma muy preocupante en mi etapa como Director General de Política Digital en la Junta de Andalucía, casi como una obsesión. La gestión de riesgos digitales nunca puede ser una decisión en relación con la gestión de la demanda de los más preocupados o interesados en este problema, sino una oferta garantizada de carácter estratégico, corporativo y sin exclusión alguna. Hablar de centros de gestión de redundancia, gestión de la recuperación y, sobre todo, de la gestión del riesgo antecedente, en alta disponibilidad, en todos los frentes técnicos que existen, es una responsabilidad pública ineludible. La gestión del riesgo antecedente nunca es cara, es obligada, una inversión en definitiva y con retorno seguro. Lo caro es quedarse quieto ante estos actos recordatorios de lo que un día puede pasarnos, sin exclusión alguna, si no estamos preparados y en estado de alerta permanente ante ciberataques de amplio espectro como el que acabamos de sufrir en organizaciones muy conocidas del país.

Sabemos desde el comienzo de la revolución digital que las tecnologías son siempre de doble uso. Muchas veces lo he explicado en este blog, con ejemplos clarificadores y con reflexiones desde la perspectiva de administrador público en el ámbito general y digital. Estoy convencido que los ordenadores, el software y el hardware inventados por el cerebro humano, es decir, el conjunto de tecnologías informáticas que son el corazón de las máquinas que preocupan y mucho a Nicholas Carr, por ejemplo, de forma legítima y bien fundamentada, permiten hoy creer que llegará un día en este “siglo del cerebro”, no mucho más tarde, en que sabremos cómo funciona cada milésima de segundo, y descubriremos que somos más listos que los propios programas informáticos que usamos a diario en las máquinas que nos rodean, porque estoy convencido de que la inteligencia digital desarrolla sobre todo la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, sobre todo cuando seamos capaces de dar respuesta desde la gestión de riesgos digitales a la dialéctica infernal del doble uso de la informática, es decir, la utilización de los descubrimientos electrónicos para tiempos de guerra y no de paz, como en el caso de los drones o de la fabricación de los chips que paradójicamente se usan lo mismo para la consola PlayStation que para los misiles Tomahawk. Ese es el principal reto de la inteligencia.

El problema enunciado de lo que ha ocurrido con el ciberataque global del viernes pasado no es sólo de corte tecnológico, sino más bien humano, en el pleno sentido del término, siendo conveniente analizarlo en profundidad, porque no está tan lejos de nosotros, de nuestro país, de nuestra Administración, de nuestras casas, de nuestros perfiles digitales. En un contexto de efectos incalculables, quiero reforzar hoy más que nunca la teoría crítica digital de que las tecnologías y las comunicaciones tienen que planificarse y gestionarse de forma estratégica y con carácter prioritario en la Administración Pública, como garantía de un Estado de derecho y constitucional en relación con la relación que establecen los ciudadanos con cualquier Administración Pública, porque la condición humana, simbolizada en hackers, crackers y demás figuras antológicas, o en cualquier funcionario desencantado como en el caso de Wikileaks, puede entregar a intereses espurios, más o menos oscuros, la quintaesencia de las personas, su confidencialidad o la privacidad del Estado de derecho. Así de claro.

Pero ¿cómo ponemos puertas al campo digital? Desde hace muchos años, vengo defendiendo la necesidad de gestionar los riesgos digitales desde una vertiente muy profesionalizada en la Administración Pública. En 2000, en una presentación que llevé a cabo en las Jornadas de Informática Sanitaria de Andalucía, partía de un análisis que ya había lanzado al mundo Nicholas Negroponte y que hoy cobra especial actualidad: “La próxima década será testigo de un sinnúmero de casos de abusos de los derechos de propiedad intelectual y de invasión de nuestra intimidad. Habrá vandalismo digital, piratería del software y robo de información” (El mundo digital). Y allí planteé que se pueden adoptar dos decisiones estratégicas al respecto: la primera, la propugnada ya por Groucho Marx en Una noche en la ópera, cuando vende una póliza a un maletero del barco, que no cubre nada…, en una escena hilarante que siempre perdió fuerza ante la del camarote. Es decir, la cobertura del riesgo consecuente, como actitud tan castiza en España, a la que hacía alusión anteriormente: sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, doblando el papel de la póliza que cubre algún riesgo y olvidándonos de su gestión proactiva:

– O.B. DRIFTWOOD (Groucho Marx): Fíjese en ese guardabarros, está completamente abollado. Tendrá que pagarlo, amigo. ¿Qué número tiene usted?, ¡el 32, eh…! ¿Está asegurado? ¿Que si tiene seguro?
– C.: No señor
– O.B. DRIFTWOOD (G.M.): Es usted el hombre al que andaba buscando. Llevo aquí una póliza que le protegerá contra todo accidente imprevisto. Por ejemplo, pierde una pierna y nosotros le ayudamos a encontrarla y solo le costará… ¿Qué lleva usted ahí? ¡un dólar!, ¡suya es la póliza!

La segunda, la profesionalización de la planificación estratégica de la política y gestión de riesgos digitales, como dos escenarios que tienen que estar esencialmente diferenciados y que están obligatoriamente obligados a entenderse. La gestión de riesgos digitales es una función especializada dentro de la Administración Pública que tiene como objetivo gestionar globalmente la protección de los Sistemas y Tecnologías de la Información y Comunicación, en su relación con los ciudadanos y en aplicación estricta de los marcos legales actualmente establecidos. Además, los criterios clave de selección para el modelo organizativo a aplicar se pueden sintetizar en que todas las funciones se tienen que centralizar estratégicamente en el Estado (Esquema Nacional de Seguridad), agrupando responsabilidades orientadas a procesos, en la aplicación práctica descentralizada en cada Comunidad Autónoma, Diputación y Municipio, y con una gestión estratégica bajo el concepto de “Separación de Responsabilidades” (“Separation of Duties – quien administra/gestiona no opera”).

¿Estaremos ya viviendo la plenitud de una nueva ciencia de la inestabilidad, del riesgo, en el marco científico que ya expuso en su tiempo Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química en 1977? Es el saber de la persona instruida lo que la libera, mediante la gestión del conocimiento, lo que permite desdramatizar las planificaciones, programaciones, ejecuciones y evaluaciones de la organización llamada Administración o empresa, porque vivimos en un mundo contingente, caótico, inseguro, cambiante, complejo, inestable e incierto, es decir, en un universo de riesgo, tanto en azar como en necesidad. La inteligencia creadora es la que da forma al saber, es decir, damos un voto de confianza al ser humano frente a los factores y medios de producción tradicionales. El capital y la producción, no son la quintaesencia de las organizaciones. Queda una gran tarea en la Administración Pública, que pasa indefectiblemente por crear una nueva cultura directiva y organizativa ante el riesgo de azar y de no-azar, de la protección de datos de carácter personal, o quizá también reinventando la propia Gerencia de Riesgos, a través de un nuevo paradigma científico, estando muy atentos al discurso mundial que se abre en la actual incertidumbre y ante la necesidad de no estar ajenos a la realidad del año actual y venideros. Los seres humanos seguimos siendo los propios gestores de nuestro futuro, con la ayuda de las nuevas tecnologías: el saber, hoy, sigue siendo el único recurso significativo (Drucker).

El esperpento de la inteligencia americana, que tanto sabe de riesgos digitales, por lo que ocurrió en Wikileaks en 2010 como ejemplo vergonzante, que solo se puede entender en la clave anteriormente expuesta, es una lección histórica para aprender de errores. Y para no volver a cometerlos en lugares más cercanos de lo que muchas veces creemos. A Groucho, solo deberíamos recordarlo por su excepcional sentido del humor inteligente. No por su sentido práctico y muy extendido, más lo que parece, de cobertura del riesgo antecedente y consecuente mediante acciones que no sirven para nada. Como su famosa póliza de un dólar. Gestionando el riesgo digital, sobre todo, por medio de políticas públicas digitales que gestionen directivos y empleados públicos forjados en ética pública digital, no solo transfiriendo esta responsabilidad de Estado a programas informáticos muy sofisticados y máquinas complejas. Otra vez más, no confundiendo, como todo necio, valor y precio.

Sevilla, 14/V/2017

España Inteligente (Smart Spain)

He leído y analizado con atención preferente la experiencia Smart Nation implantada en Singapur en 2014 y con tres áreas de actuación de importancia extrema: la atención a los mayores, la movilidad urbana y la seguridad de los datos. Creo que es un ejemplo a seguir -salvando lo que haya que salvar- en la implantación de políticas digitales a nivel de Estado para convertir a España en una nación inteligente y, por extensión, en Comunidades Autónomas Inteligentes, perfectamente conectadas entre sí a través de ecosistemas digitales de amplio espectro. Es una oportunidad histórica que no debe esperar más tiempo para ser considerada cuestión o problema de Estado en nuestro país, sin fisura alguna y, probablemente, donde se podría mostrar que la cohesión territorial es más posible partiendo de esta concepción de inteligencia conectada y auspiciada por el Gobierno digital correspondiente.

Es asombroso constatar cómo lo que aquí se vive como un auténtico problema, en Singapur se considera una oportunidad. Me refiero por ejemplo al envejecimiento de la población, porque son conscientes con este programa de Smart Nation que las tecnologías van a ser el gran aliado para atender la demanda imparable de servicios de salud y dependencia que esta realidad mundial inexorable necesita atender con carácter de urgencia. Y esta realidad se hace patente, obviamente, si se atiende también de forma intensiva y por inmersión digital a su contrario existencial, a la educación en todos sus niveles, dotándola de medios digitales y programas curriculares donde la programación informática sea materia troncal desde la enseñanza primaria. Razón digital: la preparación masiva en ingeniería informática y ramas afines como la bioingeniería serán piezas clave en el tratamiento del envejecimiento poblacional y en sus antecedentes laborales y profesionales, porque se podrá intervenir digitalmente de forma antecedente y no solo consecuente, como hacemos habitualmente y solo con medios atómicos.

Para que se entienda bien esta cuestión, basta un ejemplo en el campo de la salud. Una historia de salud, digitalizada y tratada como dato masivo por el servicio público correspondiente, podría ser programada para ser atendida con medios digitales en ámbitos tan necesarios como dietas, rehabilitación en casa, aviso farmacológico, calendarios vacunales, visitas médicas virtuales, que permitirían desarrollar miles de aplicaciones informáticas para ser usadas mediante el teléfono inteligente y su proyección en televisiones también dotadas de la inteligencia necesaria para interrumpir un programa cuando esté indicado tomar un medicamento o irse a descansar. Una cuestión importante y nada baladí: debería ser una política digital de Estado porque las economías y beneficios de escala serían espectaculares.

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http://www.smartnation.sg/

La tecnología informática es cara cuando solo se desarrolla por y para “exquisitos” digitales, que permite la proliferación descontrolada de chiringuitos digitales de amplio espectro, que suelen crecer como por esporas y, muchas veces, con intereses ocultos y mediocres. Cuando tiene vocación de servicio público, los costes se abaratan espectacularmente y los beneficios son extraordinariamente masivos. Es lo que diferencia una nación inteligente, Smart Nation, de otra que no lo es, porque en definitiva es una cuestión de tener muy clara la diferencia que existe entre políticas de inversión ética digital y las de gasto no controlado ni ético desde una perspectiva digital, como he abordado tantas veces en este cuaderno de inteligencia digital.

En un país tan descreído y autosuficiente como el nuestro, donde rápidamente juzgamos estas experiencias como de ciencia ficción, se debería atender el ejemplo de Singapur para extraer de él aquello que nos puede ser útil, porque “nosotros también podemos inventar” o copiar dignamente lo que hacen bien otros. Puede que con esta actitud entendamos mejor por qué nos deben preocupar los resultados del informe PISA en España y Andalucía. Singapur, es todo un ejemplo y la experiencia tan novedosa de lo que pueden hacer los niños y las niñas allí, mediante el programa Smart Nation, lo confirma. Quizá comprendamos mejor también las palabras de Tan Kok Yam, responsable gubernamental del programa Smart Nation, al querer convertir Singapur en “un lugar donde las ideas se hagan realidad en el menor tiempo posible”. Porque debería haber “prisa digital” atendida por el Gobierno correspondiente, obviamente.

Sevilla, 13/XII/2016

DATOS PÚBLICOS MASIVOS / 3. Transparencia, ese claro objeto de deseo

La política digital transparente es aquella que transmite las acciones de gobierno de forma “clara, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad”, tal y como define la Real Academia Española la cualidad de transparente, es decir, la transparencia. Es verdad, porque el marco en el que se tiene que desenvolver la política digital de los Gobiernos progresistas que la desarrollen, es el de la transparencia que se comprende en sí misma, que algunos viven (sin hacer esta política) como un castigo divino, cuando debía ser la quintaesencia de esta acción política que ahora nos ocupa en esta serie. No solo es el resultado final de un camino legal, que también lo es, sino una actitud política de gobernanza que ampara los datos públicos masivos que posee en sus servidores gracias a la interrelación con la ciudadanía, a quien sirve y de la que se retroalimenta. La transparencia no es solo el objeto de una ley o un portal específico, sino una actitud pública mantenida en el tiempo, para que la accesibilidad a los datos digitales sea una constante en alta disponibilidad, gracias a una clara y rotunda política digital de carácter sustantivo, con visión de Estado y con una proyección hacia el Estado de las Autonomías, cruzada permanentemente por una transversalidad digital de amplio espectro que solo se consigue con políticas y estrategias digitales progresistas, avanzadas, que trabajan siempre en clave de interoperabilidad integral, sin fronteras atómicas que lo impidan.

Entiéndase esta última expresión como la infraestructura digital instalada en la actualidad a lo largo y ancho del país, que no implantada, por las diferentes Administraciones, con idénticas finalidades, pero que forman una torre de babel digital de imposible interrelación y acceso. No solo es un claro derroche de dinero público, sino algo mucho peor. Se dilapida cada segundo la interrelación e interoperabilidad de datos masivos compartidos y transparentes que podrían suponer una información y servicios a la ciudadanía de un valor incalculable y solo porque no se toman medidas de política digital compartida, sustantiva, desde la perspectiva legal. Es lo que permitiría llevar a cabo la evaluación de las políticas públicas por parte de la ciudadanía, entendida como la capacidad que tiene y se le transfiere mediante empoderamiento digital para emitir juicios bien informados. Así aprendí de Carol Weiss (1) la importancia y transcendencia de la evaluación de los programas y las políticas públicas cuando tienen un marco de transparencia esencial que se encuentra en los datos públicos masivos que obran en su poder, llamado “servidores oficiales”.

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Fundación Civio

La transparencia está íntimamente unida al empoderamiento digital, entendido como “capacidad que tienen los Gobiernos y las Administraciones Públicas para transferir conocimiento y poder digital a la ciudadanía, a sus empleados públicos y a las empresas del sector TIC” a través del tratamiento adecuado y transparente de los datos públicos masivos. Lo comentaba recientemente en este cuaderno digital: sueño con el día en que se declare una estrategia digital de Estado y se nombre un alto cargo del rango que decidió el gobierno de Obama en 2008, tanto a nivel de Estado como en su proyección de las Comunidades Autónomas, que permita conformar un Consejo Interterritorial Digital que ejecute la estrategia digital, con visión política y respaldo necesario para la toma de decisiones en este ámbito de urgencia vital en nuestro país, como ya he expuesto en otras ocasiones. Es lo que posibilita realmente la transparencia, que no es un asunto estrictamente digital, pero que está indisolublemente unido a ella porque la necesita en su excelente estado del arte actual, a través de las TIC y sus instrumentos estrella como la telefonía inteligente y medios de comunicación integral como las actuales redes sociales, sin ir más lejos.

La política digital en relación con la transparencia es un asunto de Estado, no una cuestión baladí protagonizada solo por los amantes de las tecnologías de la información y comunicación. Tampoco, por los que se ajustan, porque no queda más remedio, a cumplir con la Ley 19/2013, de transparencia, acceso a la información pública y del buen gobierno, o las ya publicadas al respecto en diferentes Comunidades Autónomas, sin disponer de las infraestructuras digitales necesarias para garantizarla hasta sus últimas consecuencias. Además, cuando sustenta las políticas sociales por excelencia, educación, salud, dependencia, entre otras, se troca en un asunto que nos pertenece a todos, sin excepción y sin fronteras atómicas. Por ello, el marco de la política digital de transparencia no es un asunto tecnológico sino constitucional, como declarativo de derechos y deberes fundamentales que se digitalizan y se deben dar a conocer y tratar como información básica y especializada, a desarrollar y publicar por la Administración en formatos adecuados, interoperables y abiertos, que siempre depende del Gobierno correspondiente. En cualquier caso, nunca es inocente en su planteamiento tecnológico, que debe ser dirigido siempre por la política digital definida por el citado Gobierno.  Esa es su gran fortaleza en el argumentario que mantengo en este blog: elevar la política digital a asunto de Estado, máxime cuando tiene que atender a realidades tan inexorables como la salud y la enfermedad o los servicios sociales, para que se puedan compartir hasta la saciedad los datos públicos masivos que generan. O el emprendimiento en la reutilización de los datos públicos masivos que pone a disposición de la ciudadanía el Gobierno digital correspondiente, empoderando a la ciudadanía para que los conozca y trate, aunque hoy todavía lo sigamos viviendo, desgraciadamente, como un horizonte lejano, a pesar de las leyes existentes.

Un ejemplo de transparencia que tiene el sustento de los datos públicos masivos, vale más que mil palabras. Sé que el Presupuesto del Estado y de las Comunidades Autónomas maneja términos diseñados a veces por el enemigo, pero conozco casos muy emblemáticos y didácticos para comprenderlo. Pongo el ejemplo del trabajo que realiza actualmente en España la Fundación Civio con algunas Comunidades Autónomas que se están situando cada vez más en clave de Gobiernos abiertos y transparentes, a través de la herramienta basada en la aplicación de los Presupuestos Abiertos de Aragón que Aragón Open Data ha abierto al uso público y que recomiendo analizar con detalle respecto de Andalucía, por ejemplo, donde se muestra y demuestra con creces que cuando hay voluntad política de difundir un Presupuesto es posible hacerlo. Se analiza la distribución del presupuesto regional en España durante los años 2006 al 2015, pudiéndose observar tanto el gasto presupuestado total, como el presupuesto por habitante. Se pueden ver las cantidades por área funcional, como por ejemplo Sanidad, referidas a cada región o a todo el territorio nacional. Conozco a David Cabo, trabajador incansable a favor del conocimiento accesible y libre, Patrono Fundador y Director de la Fundación, porque en su momento trabajé con mucha ilusión por incorporar esta herramienta en Andalucía, solución que finalmente no se llevó a cabo, con gran decepción por mi parte.

Creo que se comprende bien por qué la transparencia basada en los datos públicos masivos correctamente utilizados, se convierte en un claro objeto de deseo que se puede alcanzar si se implantara en este país una política digital con visión de Estado y con una proyección democrática y de coparticipación en el ecosistema público digital de las Comunidades Autónomas.

Sevilla, 11/XI/2016

(1) Weiss, C.H. (1998). Evaluation. Methods for studying programs and policies. New Jersey: Prentice Hall.

Heridas, no vencidas

Vamos del timbo al tambo digital, en expresión feliz de García Márquez, pero nos encontramos siempre con situaciones atómicas que entristecen el alma buena de las personas, convirtiéndose en un realismo trágico de difícil explicación. He leído hoy un reportaje estremecedor en el diario El País sobre la reparación de vidas rotas en mujeres maltratadas. Es escalofriante darse de bruces con una realidad que asola el país. El año pasado, 123.275 mujeres acudieron a la justicia por el maltrato de sus compañeros o ex-compañeros, por llamarlos de alguna forma. Se dictaron 24.679 órdenes de protección que equivalen a un 59,1% de las solicitadas. Todavía más sangrante es el dato revelador del estado de agresividad de género actual al constatarse que una de cada ocho mujeres en España ha sufrido violencia física, sexual o ambas causada por sus parejas o ex parejas, según los datos recogidos en la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer de 2015 (Ministerio de Sanidad, en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas).

Charo Noguera ha estado una semana en un centro de víctimas de violencia de género y narra una experiencia de claroscuros muy inquietante. Es incomprensible que este país haya abandonado la asignatura de educación para la ciudadanía, por ejemplo, como un remedio eficaz a corto, medio, largo plazo para enseñar a los niños y a las niñas que existen modelos de convivencia muy amplios en nuestra sociedad para vivir en común y sin hacernos daño. Aquel Real Decreto de 2006, desgraciadamente derogado, decía cosas tan interesantes como éstas: “El comienzo de la adolescencia es una etapa de transición en la que se modifican las relaciones afectivas. Los preadolescentes se inician en una socialización más amplia, de participación autónoma en grupos de iguales, asociaciones diversas, etc. Conviene preparar la transición a la enseñanza secundaria y al nuevo sistema de relaciones interpersonales e institucionales que suponen una participación basada en la representación o delegación y que requiere un entrenamiento, y esta área es un ámbito privilegiado para ello”.

Se enseñaba a ser responsables integrando conocimiento y libertad. Nada más y nada menos. Para ser educadas y educados en valores ciudadanos y en el respeto a los derechos de las personas en diversidad, que no son a veces cómo nosotros esperamos que sean. Fundamentalmente, porque me gusta vivir mi vida, guardándome mi miedo y mi ira, en libertad y con los demás. Sin más mentira, en paz, partiendo de lo personal y del entorno más próximo: la identidad, las emociones, el bienestar y la autonomía personal, los derechos y responsabilidades individuales, la igualdad de derechos y las diferencias. Es decir, de la identidad y las relaciones personales se pasa a la convivencia, la participación, la vida en común en los grupos próximos, en la vida de pareja.

MACROENCUESTA VIOLENCIA GENERO 2015

Macroencuesta de Violencia contra la Mujer de 2015

Volvemos a la realidad actual añorando la citada asignatura de educación para vivir en común. Sigo leyendo el reportaje constatando que el anonimato es norma fundamental en este tipo de centros de acogida. Pero escuchar a la residente 311, “una mujer menuda y vivaracha” decir de forma rotunda y a los cuatro vientos “estoy herida, pero no vencida”, abre una puerta a la creencia de que otro mundo debe ser posible para las mujeres que sufren este mal endémico y merecen ser felices. Una gran lección.

Sevilla, 25/VII/2016

Empoderamiento digital

Nunca es mal año por mucho trigo. Soy consciente de que a veces trabajamos en las llamadas causas perdidas, como determinados abogados de lo imposible, pero creo que ejemplos como el de la persuasión tecnológica del gobierno digital auspiciado por el presidente Obama, es una llamada al orden digital de los gobiernos en los diferentes mundos existentes en este planeta, entre los que se encuentra España. Por esta razón, vuelvo a hablar de empoderamiento digital como acción prioritaria de un Gobierno Digital Abierto.

He escrito muchas veces en este blog sobre empoderamiento digital, pero nunca es mal año digital por mucho hablar de ello. Vuelve a abrirse una oportunidad en relación con el nuevo Gobierno que se pueda fraguar por el consenso. Podrían copiar de Obama y de la Directora de Tecnología del Gobierno de Estados Unidos, Megan Smith, por el cumplimiento de un objetivo estratégico claro, entre otros: el empoderamiento digital de la ciudadanía, para poder obtener resultados evidentes y claros sobre aquello que en su toma de posesión le pidió de forma concreta el Presidente: “utilizar el poder de los datos, la innovación y la tecnología para ayudar a los americanos”.

Empoderamiento digital significa “capacidad que tienen los Gobiernos y las Administraciones Públicas para transferir conocimiento y poder digital a la ciudadanía, a sus empleados públicos y a las empresas del sector TIC”. Sueño con el día en que se declare una estrategia digital de Estado y se nombre un alto cargo del rango que decidió el gobierno de Obama, tanto a nivel de Estado como en su proyección de las Comunidades Autónomas, que conformen un Consejo Interterritorial Digital que ejecute la estrategia digital, con visión política y respaldo necesario para la toma de decisiones en este ámbito de urgencia vital en nuestro país, como ya he expuesto en otras ocasiones.

Somos ya digitales en un mundo digital por excelencia, que nos puede hacer la vida más amable en todas las visiones posibles que podamos tener de la vida, desde una perspectiva de nueva revolución digital que supere con creces a la industrial que tanto ha beneficiado ya a la humanidad. Por esta razón, creo que la política digital es un asunto de Estado, no una cuestión baladí protagonizada solo por los amantes de las tecnologías de la información y comunicación. Además, cuando sustenta las políticas sociales por excelencia, se troca en un asunto que nos pertenece a todos, sin excepción.

El marco de la política digital no es un asunto tecnológico sino constitucional. Esa es su gran fortaleza en el argumentario que mantengo en este blog de elevarla a asunto de Estado, máxime cuando tiene que atender a realidades tan inexorables como la salud y la enfermedad o los servicios sociales. O el emprendimiento, empoderando a la ciudadanía, aunque hoy lo sigamos viviendo, desgraciadamente, como un horizonte lejano.

Sevilla, 29/VI/2016

Mis principios digitales

REVOLUCION DIGITAL

Estos son mis principios: si no le gustan tengo otros

Groucho Marx

Se acerca la nueva campaña electoral y es el momento de recordar a los grandes partidos algunos principios digitales, con carácter indicativo y no exhaustivo, que me gustaría que se tuvieran presentes en sus programas. Soy consciente de que la participación popular es muy limitada en la configuración actual de los partidos políticos en nuestro país, pero estamos obligatoriamente obligados, como ciudadanos, a expresar en la Noosfera los principios digitales que se deberían contemplar en la próxima legislatura.

He estado revisando mis últimas aportaciones en este blog y he decidido recopilarlas en una publicación, Principios de política digital, en una nueva lectura contextualizada en el momento político actual, porque a diferencia de la célebre frase de Groucho Marx que encabeza este post y que ha hecho historia, hoy puedo decir que estos son mis principios digitales y si no les gustan…, no tengo otros. La política de salón y bar es muy cómoda, pero prefiero expresar a los cuatro vientos digitales lo que creo que debería tenerse en cuenta en programas políticos que quieran ser respetuosos con la revolución digital en la que estamos inmersos.

Además, estoy convencido de que las ideologías digitales tampoco son inocentes, como no lo son los bits. Por ello, el hilo conductor de las reflexiones que figuran a continuación demuestra que no todo vale en el mundo digital, porque también tiene un trasfondo ideológico. La separación entre mercancías y derechos/deberes digitales establecen la delgada línea roja para comprender bien los axiomas éticos digitales. El principio de equidad en el acceso a las tecnologías de la información y comunicación, básicamente en los derechos y deberes sociales, es un principio estrella que se debería exigir en cualquier programa político con base digital, pero no todas las organizaciones partidistas lo asumen como elemento garantista fundamental y de cohesión social.

Espero que sirva como una aportación a la situación política actual, junto a otras que invito a leer de nuevo y que hice ya hace unos años en referencia al Gobierno Electrónico, Abierto, en Andalucía, porque es un momento que podemos convertir en apasionante si todos nos comprometemos a construir el país desde el puesto que ocupa cada uno en la sociedad.

Gracias anticipadas por si tú o usted, lector o lectora, pasas/a al compromiso activo digital a través de este mensaje explícito.

Sevilla, 16/V/2016

NOTA: la imagen se recuperó el 26 de abril de 2016 de: http://cik.zonalibre.org/

LICENCIA CC

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Diraya, mejor que Riwaya

Se acerca el decimosexto aniversario de un día mágico en la historia de Andalucía, el próximo 25 de abril, porque ese día se presentó en 2000 el proyecto Diraya por primera vez, en sus primeros pasos como historia de salud del ciudadano en Andalucía, de base digital, para que siempre estuviera disponible, para quien la necesitara recuperar, escribir o estudiar en ella, como ya ocurre en la actualidad. Ha sido un viaje digital muy largo, con muchas personas, profesionales extraordinarios, que han trabajado en este excelente proyecto para que sea una realidad casi mágica hoy día y con un claro beneficio propio y asociado con otros proyectos, como la receta electrónica o la gestión de la cita previa por Internet. Fue en un encuentro de directivos del Servicio Andaluz de Salud, en el Salón de Actos del recién inaugurado Hospital de Antequera, en el que se firmaba también el contrato-programa de aquél año, un formato nacido para la gestión que aún perdura como método incontestable en el Sistema Sanitario Público de Andalucía.

Reconozco que fue un momento emocionante. Era un día especial porque también recordé el aniversario de la revolución de los claveles, con una canción emblemática en clave de revolución, Grândola, Vila Morena, de Jose Zeca Afonso, casi como una premonición de lo que iba a ser Diraya en Andalucía, una auténtica revolución de derechos y deberes sanitarios de la ciudadanía con una base digital incuestionable e imprescindible.

Se presentó el proyecto y el significado de Diraya, “conocimiento” en árabe, porque nos hace más libres, frente a Riwaya que significa “transmisión”, en una dialéctica que debería marcar una impronta en la historia de este grandioso proyecto. ¿Por qué este nombre? En esos días estaba leyendo un libro muy interesante sobre el médico de Cámara cordobés Averroes, junto con otros de clara inspiración informática, en la búsqueda de razones de la razón y del corazón para justificar la implantación de nuevos sistemas digitales en el Sistema Sanitario Público de Andalucía, de amplio espectro y con respeto reverencial al interés general. Y en aquella lectura sobre Averroes, descubrí el valor de la dialéctica en el vuelo de su inteligencia que es el que nos enseña aprender a aprender: es más importante trabajar en el conocimiento (diraya) que progresa, que estar viviendo permanentemente de la tradición (riwaya). Así lo expresaba Dominique Urvoy, en su libro “Averroes”: ”bajo la estabilidad social del cuerpo de los ulemas se manifestaban tensiones, crujidos, que explican la insatisfacción de Averroes ante la orientación ideológica predominante en al-Ándalus durante su juventud, y su opción decisiva a favor de una reforma que, ante todo, se concibe como el resultado del uso de la razón. Tanto más cuanto que, nos dice su biógrafo más próximo a él en el tiempo, Ibn al-Abb¬ar, se sentía más inclinado hacia el conocimiento (diraya) que hacia la simple transmisión (riwaya)” (1).

Fue un momento mágico. Diraya simbolizaba algo trascendental para Andalucía con la ayuda de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), sin las que hubiera sido imposible acometer una aventura tan apasionante. Creímos en ello y el resultado hoy es excelente. Todos los ciudadanos y ciudadanas de Andalucía forman parte de Diraya, como un todo digital. Es lo que deseo seguir manteniendo como llama viva: las TIC pueden ser el instrumento imprescindible para hacer habitable el mundo digital en lo que somos, estamos y existimos. Averroes lo vio claro en al-Ándalus hace ya muchos siglos: el conocimiento (diraya), es decir, la inteligencia digital, es lo único que nos hace libres y es más importante protegerlo en términos de educación permanente y liberadora que seguir creyendo en la pura tradición por transmisión (riwaya). Esa fue su gran lección de progreso y cambio que he querido recordar hoy, como muestra inteligente de que otro Gobierno, digital por supuesto, es posible.

Sevilla, 17/IV/2016

(1) Urvoy, Dominique (1998), Averroes. Madrid: Alianza, pág. 43.

 

Política Digital / 7: Y una cosa más…

ONE MORE THING

Hay un momento mágico en las keynotes de Apple, que hizo célebre Steve Jobs, cuando el CEO correspondiente pronuncia la siguiente frase con fondo de pantalla en negro y azul: “One more thing…” (Y una cosa más…). He recordado estas palabras de gran trasfondo digital al finalizar esta serie con un post dedicado a la ética digital, que también existe. Realidad inexorable que debe estar presente en la Política Digital (sí, sí, con mayúscula), que debería estar muy cerca de la Presidencia del Gobierno correspondiente.

Siempre me ha gustado asimilar la ética a la solería de nuestras casas. Así lo aprendí del profesor López-Aranguren hace ya muchos años, cuando comparaba la ética al suelo firme que justifica todos los actos humanos a lo largo de la vida: es la “raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida”. Y es verdad, porque la ética no debería estar sometida a la moda o al mercado, como una mercancía más, como sucede ahora, porque bien entendida es una actitud permanente ante la vida personal y social, pública y privada, sostenida en el tiempo que corresponda vivir a cada uno, es decir, una forma de vida. Indudablemente, a observar también por el Gobierno Digital que corresponda.

Estas reflexiones deberían incorporarse en los programas políticos concretos y factibles de los partidos que deben implantar un Gobierno Digital en los términos que vengo planteando en esta serie, es decir, que como tampoco es inocente, son aquellos que podemos identificar bien porque se comprometen con la ética en todos sus niveles, con la transparencia, porque todos los partidos políticos no son iguales. Quien defiende el mercado puro y duro, la austeridad, los recortes y abrocharse permanentemente el cinturón, digital por supuesto, defiende normalmente las mercancías en todos los niveles de la vida y la ética no suele aparecer por ningún sitio, porque compromete y mucho. Además, suele convivir mal con el capital. Es más, no se pueden diseñar programas políticos éticos, si no se conoce qué significa esa palabra en las vidas de los que los diseñan.

El objeto principal de la ética digital de carácter público es respetar el interés general digital de los ciudadanos, distinguiendo “mercancía” de “valores y derechos humanos” digitales, que se instrumenta por el Gobierno Digital y Abierto correspondiente, mediante la Administración, no al revés, con carácter unificado y no estrictamente disperso en los diferentes departamentos ministeriales e instituciones públicas instrumentales. Además, inteligencia y ética digital son indisolubles, porque son las bases humanas para ser y estar en el mundo de una forma diferente gracias a las tecnologías de la información y comunicación. ¿Por qué? Porque la inteligencia digital es la capacidad que tenemos los seres humanos para adquirir destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación; capacidad para recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de las TIC; capacidad para resolver problemas o para elaborar productos y servicios que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural y factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través todo ello de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

Una pregunta de ética digital muy importante, que todavía no tiene respuesta pública alguna, es en qué se gasta el dinero público digital en nuestro país, tanto a nivel de Gobierno central como de Comunidades Autónomas. Los presupuestos del Estado y de las Comunidades Autónomas, que contemplan gasto digital de todo tipo y con una dispersión abrumadora, son ya un reflejo de la gestión ética de los poderes públicos y creo que, en general, no estamos muy encima de su elaboración, aprobación y ejecución final. No digamos de su evaluación tanto formativa (a diario) como sumativa (final). ¿No deberíamos conocer exactamente en qué se gasta el dinero público en gestión pública digital?.

La inteligencia pública digital, como ya expliqué en el post Política Digital / 2. Vocabulario propio, que trasciende los actos individuales como consecuencia de las políticas que se ejecutan en la Administración correspondiente, mediante ordenación y organización administrativa de corte digital, necesita la ética como suelo firme que justifique todos sus actos políticos. Tenemos un ejemplo reciente en la publicación de dos Leyes (39/2015 y 40/2015) que ordenan y organizan parcialmente la Administración digital, aunque no sean un ejemplo desde la perspectiva de Gobierno Digital al trocear de nuevo la visión de marco unificado legal que tendría que respetarse desde una perspectiva de política digital de amplio espectro.

Escribo con frecuencia sobre inteligencia digital aplicada. Es lo más preciado que tenemos como seres humanos: la inteligencia que se desarrolla a lo largo de la vida en nuestro cerebro, que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, lo que llamaba anteriormente “solería” de nuestra vida, o “lamas de parqué” en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Además, con proyección específica en el mundo real en el que vivimos, en la inteligencia digital. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso, que ya desarrollé en mi libro Origen y futuro de la ética cerebral, donde justifico nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio digital y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo.

One more thing…: la ética digital también existe, aunque a diferencia de las sorpresas de Apple, que con todos los respetos son siempre mercancía, no se compra ni se vende, sino que conforma el suelo firme digital de un Gobierno, de su política digital y de la protección y empoderamiento de derechos y deberes digitales de los ciudadanos. Todos somos iguales ante la ley y el derecho, no ante el mercado, afortunadamente. Recordarlo, se convierte en un refuerzo para nuevas creencias, fundamentalmente porque necesitamos la ética digital como una nueva forma de vida, tal y como la definió excelentemente el profesor López-Aranguren en su famoso tratado de Ética, publicado en 1958, “raíz de la que brotan todos los actos humanos”. Ahora, como solería digital, hecha en España y Andalucía, como raíz de la que brotan todos los actos políticos digitales.

Sevilla, 12/IV/2016

 

Política Digital / 6. Como el grafeno, nos cambiará la vida

Es verdad. Si analizáramos en profundidad una correcta política digital, llevada a cabo por el Gobierno Digital y Abierto correspondiente, la vida de hoy y del futuro nos podría cambiar definitivamente integrando las tecnologías de la información y comunicación, obedeciendo a los parámetros enunciados a lo largo de esta serie que inicié el pasado 20 de marzo, dedicada a una forma diferente de ver y hacer una determinada política, pero que está inserta de forma consustancial en el mundo en que vivimos, estamos y somos. Sería necesaria la aplicación de Política Digital en sentido estricto, para salvaguardar sobre todo el principio de equidad en la accesibilidad a los productos y servicios digitales, traspasando fronteras trasnochadas en el mundo actual.

Necesitamos declarar las proposiciones decentes digitales para avanzar en una sociedad más justa para todos. Escuchamos todos los días noticias que reflejan un mundo hecho polvo en búsqueda permanente de paz política e interior. Faltan proposiciones compartidas para aunar esfuerzos y voluntades a través del amor y el sufrimiento, como aquellos habitantes ejemplares de Santa María de Iquique.

Pablo Milanés lo sintetizó muy bien en una canción muy corta, porque lo bueno, si breve, dos veces bueno: Proposiciones. No hacen falta ya muchas palabras para compartir este empeño de compartir ilusión por cambiar aquello que no nos hace felices, por mucho que el mercado se empeñe en convencernos que la felicidad es tener y no ser. Es más fácil estar atentos a disfrutar esta jornada, sin ir más lejos, inquietando el gusto de los demás a través de los sentidos, compartir mensajes que entusiasmen a los demás, sobre todo a los que están más cerca, lanzándonos por caminos y veredas anunciando que otro mundo digital es posible en España, porque la primavera llega siempre, de forma puntual, haciendo nuestro el crisol de esta morada.

Si estamos atentos a una correcta implantación de políticas digitales que representen un marco unificado y transversal a todas las vertientes de un programa general de gobierno, estamos ofreciendo nuevas posibilidades de que la inteligencia digital, con base científica, ofrezca resultados excelentes a corto, medio y largo plazo, a coste razonable porque se aplican nuevas fórmulas de planificación y programación digital que rompen los modelos actuales sustituyéndolos por nuevos sistemas de información y nuevas plataformas digitales de amplio espectro que superan barreras territoriales sin que por ello sufran las autonomías en tiempo real. El tiempo digital no es el tiempo autonómico, por ejemplo, ni tampoco el político. Una perfecta sincronización en la prestación de servicios digitales interoperables en materias tan sustantivas como la educación, salud o servicios sociales, redundaría en beneficios sociales de amplio espectro y a costes mucho más reducidos que los actuales, en un plazo de tiempo muy razonable por el rápido despliegue que permiten hoy las TIC.

Ya lo he manifestado en el post dedicado a resolver las bases de la dialéctica digital existente entre inversión y gasto. Si lleváramos a cabo en un tiempo record, que se puede hacer, una auditoría digital de la planificación y programación digital existente en el país, en áreas tan sensibles como las enunciadas anteriormente, educación, salud y servicios sociales, sin olvidar la industria en general, así como el gasto que soportan en la actualidad, se produciría una auténtica revolución digital que tendría que liderar el Gobierno Digital y Abierto correspondiente, pero con profunda participación social de científicos, empresas TIC y organizaciones de base digital. Quedaría al descubierto el innecesario y vergonzante gasto digital que está soportando el país, sin horizonte de contención alguna, cuando hay respuestas eficaces y eficientes al respecto, como ya he enumerado en post anteriores.

Es verdad. Una correcta política digital nos puede cambiar la vida. La he comparado hoy como la revolución del grafeno que todavía está por llegar definitivamente. Me ha parecido extraordinario escuchar atentamente al Premio Nobel de Física 2010 Konstantín Novosiólov, porque la construcción del mundo que predice es de corte digital al servicio de la sociedad pero con el apoyo indefectible de la investigación científica, que es la que debe soportar cualquier política digital en su core más profundo. Gracias a las TIC, que han contribuido de forma sustancial al espectacular salto científico del silicio al grafeno, se están construyendo las respuestas próximas a los avances científicos sobre cristales bidimensionales, entre los que se encuentra el grafito, que permitirá llevar a cabo grandes avances sociales.

Lo importante es la actitud política al respecto. No vale solo la buena voluntad advenediza del cortoplacismo. Es importante reflexionar que la política digital es cuestión de muchos esfuerzos que ponen en común un objetivo, con la sabia humildad científica de Novosiólov: construir un mundo digital que sirva al bienestar de la humanidad, sin excepción alguna pero con especial atención a los más débiles, aunque sepamos de antemano que los bits no son entes morales, como nos recordaba Negroponte en sus primeros años de investigación digital: “Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital”. Es lo que no debería olvidar nunca un buen político digital. Como si fuéramos a cumplir el último sueño…

Sevilla, 11/IV/2016