Ludovico Einaudi, un músico “clásico” y muy popular (y II)

Dedicado de nuevo, con agradecimiento y afecto especial, a Adrián, Alejandro, Vanessa y Marcos.

Sevilla, 26/IX/2022

Anoche asistí al concierto de Ludovico Einaudi en nuestra ciudad, en un entorno con historia, la Plaza de España, una construcción ciclópea del gran arquitecto Aníbal González, que ya roza el siglo de presencia continua en esta ciudad “en la que se puede ser feliz”, que decía Stefan Zweig al pasear por sus calles y plazas. Si algo me llamó la atención y «me hizo feliz» fue contemplar la tipología del público asistente, familias completas, con una mezcla de personas jóvenes y mayores que asistían a un concierto de un músico que fusiona las composiciones clásicas con la electrónica, si hace falta, respetando el ritmo moderno de cuerdas hasta notas inverosímiles de obtener mediante la cuerda frotada de un violín y un violonchelo. Creo que las tres mil personas que llenaban el aforo preparado para tal actuación, sin una silla libre, organizado por ICÓNICA FEST, demostró con creces que cuando finalizó Einaudi su concierto, junto a los tres músicos que le acompañaron de forma magistral, tuvimos todos la percepción de que el gran aserto de la música clásica, musica laetitiae comes, medicina dolorum (la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor), se había hecho realidad en un sitio emblemático de la ciudad, la querida y nunca bien ponderada Plaza de España.

Interpretaron obras de su producción más reciente, Underwater (Bajo el agua), que ya presenté en mi artículo del pasado 24 de septiembre, iniciando el concierto sin mediar palabra con el público asistente, porque lo que pretendió durante las dos horas del concierto y consiguió, era que hablaran sus manos sobre su piano, un fantástico Stainway & Sons, como no podía ser menos para esta ocasión, manos que observé detenidamente en los planos que nos ofrecían las dos pantallas gigantes junto al escenario. Comenzó con Atoms, de Underwater, completándolo después con Wind Song, Natural Lights, Rolling Like a Ball, Swordfish y Flora. Junto a Federico Mecozzi al violín y Redi Hasa al violoncello, interpretó Low Mist, L’Origine Nascota y Fly, donde se incorporó la percusión y electrónica de Francesco Arcuri. Walk y Fossils, completaron esta parte del concierto en conjunto, deleitándonos Einaudi con su archifamoso Divenire, una de sus obras emblemáticas para todas las edades. Continuó el concierto con Luminous, por donde empezó, con el telón de fondo de la presentación en esta gira mundial de su nueva obra, Underwater, seguida de Experience, finalizando en un bis muy especial con Bajo el Agua, (Underwater), sus últimas palabras a través de sus manos.

Plano del escenario del concierto de Ludovico Einaudi, en la Plaza de España (Sevilla), unos minutos antes de comenzar. Su piano está en el centro de la imagen / JA COBEÑA

A pesar de que la noche era gélida, de forma sorprendente en esta ardiente ciudad, sabía que las composiciones de este álbum reciente están muy cerca de la nueva interpretación de la naturaleza como la casa de todos que hay que cuidar. Este estío ha sido especial con sus cosas de calentamiento global, como efecto fundamental del cambio climático, aunque todos podemos contribuir con actitudes diferentes ante esta realidad tan desconcertante pero tan real como la vida misma. Por esta razón, cuando en la recta final del concierto atacó los primeros compases de Nuvole Bianche (Nubes Blancas), cerré los ojos y recordé cómo Einaudi sabe estar cerca de las personas jóvenes para ofrecerles el mejor acompañamiento posible en medio de tempestades diversas y de ahí su éxito entre este público tan heterogéneo como el que ayer estaba a mi alrededor en su concierto. Sé que las Nubes Blancas de Ludovico Einaudi están de fondo, para tranquilizar, más que la conciencia, el alma. Lo recomiendo. En mi memoria de hipocampo recordé en simultáneo una interpretación de esta preciosa canción acompañando a la cantante italiana Alessia Tondo, en la que utiliza el dialecto salentino que se habla en El Salento, comarca formada por la extremidad sudeste de la región italiana de Apulia, conocida como el «tacón» de Italia. Es un ejemplo de cómo sabe estar cerca, con su música, de los jóvenes del mundo, orgulloso de que hayan enriquecido su partitura con una canción de amor. El texto dice lo siguiente, que pueden escuchar en el vídeo que encabeza esta actuación, porque cumplí rigurosamente con lo que nos pidieron cuando nos acomodaron en nuestros asientos de Tribuna, “estaba prohibido hacer fotografías y vídeos durante la actuación”, lo que me impidió obtener una imagen del concierto en vivo para traerla a estas páginas. Ver a Einaudi junto a Alessia Tondo significa mucho más que mil palabras imaginarias.

Está bien, déjala dormir,
Ahora ella no lo puede entender,
No, no le hables,
¿Por qué ya no siente su corazón?
El viento tampoco me dice demasiado,
Ahora no puedo entenderlo,
Duerme, duerme y no desea,
no le gusta más éste corazón.
Cuatro vientos y yo sueño solo,
Mis notas ya no tienen fortuna.
Déjame dormir nuevamente,
Déjame morir primero, que esta alma sin amor, no, no la puedes ayudar.
Pasa el tiempo y no me habla
Pasa el tiempo y no me dice nada
Así que ya sabes lo que quería,

Lo que nos pasa
Todavía te siento acá,
Solo si tú puedes, no, solo si tú quieres vuelve conmigo,
Y si quieres mi corazón, éste sigue aquí simplemente cierra los ojos y lo encontrarás.
Canto y pienso en ti
Suspiro y lloro
Ya no tengo tu amor
Tu fuiste mi bien

El viento me dejó solo
Con el tiempo debe regresar
Déjame sufrir solo
Déjame olvidar primero
Mi alma va donde quiere, deja que lo haga.
Pasa el tiempo y no me escucha
Pasa el tiempo y no me dice nada
No te detengas ahora,
Solo, solo debo quedarme
Deja que entre el sol
Debo quedarme bajo el sol
No te detengas ahora
Ella ya no puede amarme
Pasa el tiempo y no habla
Pasa el tiempo y no dice nada
Así que ya sabes lo que quería

Lo que nos pasa
Todavía te siento acá
Solo si tú puedes, no, solo si tú quieres vuelve conmigo
Y si quieres mi corazón, éste sigue aquí, simplemente cierra los ojos y lo encontrarás.
Canto y pienso en ti
Suspiro y lloro
Ya no tengo tu amor
Tu fuiste mi bien.

Escúchenla y vean el vídeo las veces que estimen necesario. Es maravilloso hacerlo en este tiempo de turbación y mudanzas. Es una representación real de la música clásica de fusión de Ludovico Einaudi y cómo la aman los jóvenes del mundo, en estado puro.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ludovico Einaudi sueña bajo el agua (I)

Dedicado con agradecimiento y afecto especial, a Adrián, Alejandro, Vanessa y Marcos.

Sevilla, 24/IX/2022

Mañana me encontraré con Ludovico Einaudi aquí en Sevilla, presentando su última obra, Underwater (Bajo el agua), unas composiciones que nacieron durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19, en su residencia del Piamonte italiano. Nos mostrará que sabe “capturar el alma de las personas”, como ha manifestado frecuentemente en esta gira por el mundo, interpretando las doce canciones que conforman este álbum de sueños, un solo de piano que recupera su esencia como músico, recordando que su última obra en este estilo la hizo hace veinte años, con un nombre propio: Giorni (Días): Luminous, Rolling Like a Ball, Indian Yellow1, Flora, Natural Light, Almost June, Swordfish, Wind Song, Atoms, Temple White, Nobody Knows y Underwater (Luminoso, Rodando como una pelota, Amarillo indio 1, Flora, Luz natural, Casi junio, Pez espada, Canción del viento, Átomos, Blanco del templo, Nadie lo sabe y Bajo el agua). En su gira actual está acompañado por tres músicos excelentes: Federico Mecozzi (violín), Redi Hasa (violoncello) y Francesco Arcuri (electrónica y percusión). Estas incorporaciones instrumentales las hará en su interpretación de conocidas obras anteriores de su repertorio, porque “Bajo el agua” es siempre un encuentro a solas con el piano.

Ludovico Einaudi explica que el disco tiene su interpretación interna en el título, Bajo el agua, a modo de metáfora, como una “expresión de una dimensión muy fluida, sin interferencias del exterior”. Mañana será también una metáfora su concierto, cuando a la hora en que dé comienzo ya se sabrán los primeros resultados de las elecciones generales que se celebran en su país, con una clara tendencia alcista de la ultraderecha. Me consta que proviene de una familia con una trayectoria antifascista de renombre, al ser él nieto de un expresidente de la República italiana, Luigi Numa Lorenzo Einaudi (Carrú, 24 de marzo de 1874 – Roma, 30 de octubre de 1961), sintiendo que un músico debe manifestar su ideología cuando lo considere oportuno: “Estoy muy preocupado por el ascenso de la extrema derecha en Italia y en todas partes, así es. Personalmente, no quiero involucrarme con personas que no me agradan en absoluto. Estoy tratando de expresar mis ideas y visiones a través de mi música hasta que sea posible” (1). Dicho queda.

Underwater (Bajo el agua)

El compositor Einaudi está presente en este cuaderno digital, como no podía ser menos, por su persona de todos y por la de secreto, hasta en nueve ocasiones por orden cronológico: Nubes blancas, pero no sólo en Navidad, Einaudi se lamenta en el Ártico, Cosas de estío / 8. Calentamiento global, cambio climático y efecto invernadero, (I y II). Petricor de Otoño, Los árboles aprender a darnos corazón y vida, Cuando en lo alto está la vida, Los nómadas buscamos siempre rincones de tranquilidad y En tiempos de turbación se premian las mudanzas. Son variaciones esenciales sobre diversos temas de Einaudi, siempre, aunque reflejé bien mi respeto a su música cuando escribí en estas páginas en 2021, en plena pandemia, con el mismo telón de fondo que Einaudi, sobre la excelente película Nomadland, expresando que “Cuando me acerco a Nomadland, me considero el protagonista de la última estrofa de la canción de Battiato, un forastero que busca el sentido de la vida, como un nómada impenitente en este loco mundo diseñado a veces por el enemigo: Forastero que buscas la dimensión insondable / la encontrarás fuera de la ciudad, al final de tu camino. Además, Ludovico Einaudi pone música a esta banda sonora tan especial de la película, que le agrega otra garantía de éxito y calidad más allá de los objetivos del mercado”.

Mañana asistiré al concierto de sus últimas composiciones, acompañando también en mi alma de secreto por Franco Battiato, que me susurrará al oído que escuche atentamente a Einaudi, porque somos nómadas de espíritu, recordándome que como ellos sólo soy un “Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo / la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino. / Bajo el tránsito de la aparente dualidad, / la lluvia de Septiembre despierta el vacío de mi cuarto / y los lamentos de la soledad aún se prolongan”. En esta ocasión y de aquí en adelante, ya nada será igual si sabemos soñar, bajo el agua, en compañía de Ludovico Einaudi.

(1) Ludovico Einaudi: “Como artista siempre tienes que crear tus propias reglas” (diariodejerez.es)

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Carla Simón es una mariposa blanca

El cine tiene el poder de reparar lo que falta

Carla Simón

Sevilla, 16/IX/2022

No es la primera vez que dedico unas palabras de reconocimiento a Carla Simón, una directora de cine especial que ha alcanzado en estos días su máximo esplendor ante el mundo al haber sido propuesta para representar a España en los Óscar 2023, con su preciosa película Alcarrás, camino que ya recorrió cuando representó también a nuestro país en los Óscar de 2018 con su ópera prima Verano 1993, una joya cinematográfica que me entusiasmó por su profundo contenido autobiográfico. El plano de aquella cara infantil, representando a Carla cuando era una niña, una mezcla de candidez y desafío, no la he olvidado. Ver y asimilar Verano 1993 fue para mí una experiencia maravillosa, como homenaje a Carla Simón y a todas las personas que como ella sufrieron la dureza del SIDA en una España que nos helaba por ello el corazón. Vi la película en el cine comercial y me entusiasmó. En febrero de 2018 volví a citarla en este cuaderno digital con motivo de la entrega de un premio Goya a la mejor dirección novel, como directora de esa preciosa película. También me acerqué a ella cuando le concedieron el Oso de Oro de la Berlinale 2022 por Alcarràs, una película que se aproxima al mundo rural, rodada en catalán y con actores no profesionales. Alcarràs fue el segundo largometraje de Simón, que ya ganó el premio a la mejor ópera prima en el Festival de Berlín de 2017 con su obra ya citada, Verano 1993. Ahora le deseo lo mejor porque lo merece.

Siendo verdad todo lo anterior, hoy quiero acercarme a Carla con mi cazamariposas de cuando era un niño, que no solía utilizar porque me divertía más cogerlas cuando se posaban, observar con cara de asombro el polvillo multicolor en mis dedos y lo mejor de todos, echarlas de nuevo al vuelo. Todo ha ocurrido cuando he conocido que ha participado en la Jornada de los autores del Festival de Venecia, el pasado 3 de septiembre, con un cuento precioso filmado por ella como regalo especial para su hijo Manel, Carta a mi madre para mi hijo, un cortometraje escrito y dirigido por Carla, digno de ser admirado por quienes reconocemos el cine como un gran aliado para transformar también el mundo al revés. No es que ella sepa mucho de su madre, ni la pudo sentir de cerca en sus años en los que la necesitó más, en una separatidad insoportable. Ella, con su dura realidad infantil, quiere explicarle a su hijo quién fue la abuela que no conocerá. Mediante este corto y cuento a su vez, intenta reconstruir una imagen de ella, la mejor imagen para entregársela a su hijo.  

Esta isla desconocida la descubrí en un artículo en elDiario.es, escrito con sensibilidad extrema: “Cuando le llegó la propuesta, enmarcada dentro de los cortos que produce la marca Miu y en los que han trabajado directoras como Agnes Varda o Lucrecia Martel, a las que Carla Simón admira, ella estaba embarazada de su primer hijo. Aceptó el reto y decidió escribir una delicada reflexión sobre la maternidad y la ausencia. Recurre por primera vez a lo simbólico, pero siempre con esa mirada que la caracteriza y que emociona. Un cuento a ritmo de Lole y Manuel que comienza con ella posando desnuda, tomándose las mismas fotografías que tiene de su madre. Simón le regala a su hijo unos recuerdos inventados por ella, porque “esa memoria familiar que falta, cuando no se tiene, hay que inventarla para contarnos a nosotros mismos”, cuenta Simón desde Venecia con el pequeño Manel a escasos metros” Y encontré allí mi respeto infantil y adulto a las mariposas, esos seres alados a los que también he dedicado bastantes páginas en este cuaderno digital.

Lole y Manuel forman parte de la banda sonora de esta película, interpretando Un cuento para mi niño, una canción preciosa y delicada, como eran ellos en sus años felices. Leer su letra reconforta en estos tiempos tan modernos, pero tan difíciles.

Érase una vez, una mariposa blanca
que era la reina de todas las mariposas del alba,
se posaba en los jardines,
entre las flores más bellas,
y le susurraba historias al clavel y a la violeta.

Feliz la mariposilla, presumidilla y coqueta,
parecía una flor de almendro
mecida por brisa fresca…
más llegó un coleccionista, mañana de primavera,
y sobre un jazmín en flor,
aprisionó a nuestra reina
la clavó con alfileres, entre cartulinas negras,
y la llevó a su museo de breves bellezas muertas,
las mariposas del alba lloraban por la floresta.

Sobre un clavel se posó, una mariposa blanca
y el clavel se molestó,
blanca la mariposa y rojo el clavel,
rojo como los labios de quién yo se
rojo como los labios de quién yo se.
Jardines,
entre las flores más bellas,
y le susurraba historias al clavel y a la violeta.

Feliz la mariposilla, presumidilla y coqueta,
parecía una flor de almendro
mecida por brisa fresca…
y llegó un coleccionista, mañana de primavera,
y sobre un jazmín en flor,
aprisionó a nuestra reina
la clavó con alfileres, entre cartulinas negras,
y la llevó a su museo de breves bellezas muertas,
las mariposas del alba lloraban por la floresta.

Sobre un clavel se posó, una mariposa blanca
y el clavel se molestó,
blanca la mariposa y rojo el clavel,
rojo como los labios de quién yo se
rojo como los labios de quién yo se.

Carla puede ser hoy esa mariposilla blanca, a la que deseo que la vida le devuelva el sentido para ser feliz junto a Manel, su hijo, que ahora nos acompaña desde los primeros planos de una película corta, pero densa y aleccionadora en su sentido más profundo. No le faltarán abuelos, ni bisabuelos, ni tíos, como escribe su madre en un cuaderno de notas para él. He entendido bien el cuento: érase una vez una niña, Carla, que soñó ser una mariposilla blanca, una mariposa del alba muy especial, para posarse siempre cerca de su hijo para susurrarle historias sobre su vida.

Deseo manifestar hoy a Carla mediante estas palabras que me ha gustado mucho su cuento y sé que esperaba que alguien le respondiera a su deseo en la película. He comprendido lo que le cuenta a su hijo, que hace cine para poder “inventarle e inventarme” o que puede que lo haga “porque no quieres morir” y me ha inspirado escribir un cuento para mis nietos que comiencen como la canción de Lole y Manuel, Érase una vez, un mariposa blanca / que era la reina de todas las mariposas del alba, / se posaba en los jardines, / entre las flores más bellas, / y le susurraba historias al clavel y a la violeta. Después, les contaré mi historia. Gracias, Carla, porque eres una mariposa blanca del alba, imprescindible, que sabes volar sobre el negro ocaso actual de cada día.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Leyenda en Cantabria / 3. Castro Urdiales, la cuna de Ataúlfo Argenta

Ataúlfo Argenta, en Castro Urdiales (Cantabria) / JA COBEÑA

Sevilla, 2/IX/2022

Ya lo expliqué sucintamente en el artículo de presentación de esta serie: quería estar cerca de Ataúlfo Argenta, excelente pianista y director de orquesta natural de Castro Urdiales y al que admiro desde mi infancia, recordando todavía como si fuera ayer el día que conocí su fallecimiento cerca de Madrid, ciudad en la que yo vivía en aquellos años de mi infancia. Le he seguido de cerca durante muchos años y todavía resuena en mi alma de secreto la Romanza de Salvador Bacarisse, el segundo movimiento de su preciosa obra Concertino en La menor, que tuvo el valor de dirigir el día de su estreno en París, en 1953, en plena dictadura. Se lo agradecí personalmente al pie de su estatua. Cuento como anécdota de aquel día que durante el tiempo que estuve cerca del director de orquesta tan querido por mí, en el que tomé bastantes fotografías de la escultura que figura en la Plaza de los Jardines, una paloma permaneció posada, impertérrita, en su cabeza, sin querer abandonarle, algo que interpreté como una metáfora de su libertad tan ansiada y por la que fue maltratado por la dictadura incluso a la hora de explicar su fallecimiento tan controvertido en las cercanías de Madrid, concretamente en Los Molinos, situación que comenté en 2017, en un artículo que llevaba por título La verdad sobre Ataúlfo Argenta.

Fue la primera visita a aquella ciudad tan representativa de Cantabria. Sentí muy de cerca su obra artística, como compositor y director de orquesta, pero sobre todo su compromiso ideológico hasta la muerte, como republicano por ideología. Otro motivo que me llevó hasta allí era visualizar directamente lo que durante tantos años sólo he podido contemplar en mi casa, en un grabado al aguatinta, sin fecha, de Venancio Arribas, con una vista espléndida de la Iglesia de Santa María de la Asunción y el Castillo, éste último no visitable en la actualidad. La iglesia es un ejemplo excelente de la mejor representación del gótico en Cantabria. En su interior contemplamos en la capilla Carasa el cuadro de Zurbarán, el Cristo de la Agonía, que también cuenta con su vinculación, una vez más, con Andalucía, al haber sido trasladada allí desde su ubicación anterior, la capilla “denominada de los Amoroses, familia de ricos comerciantes castreños que mantuvo relaciones con Andalucía. Estos contactos permitirían la llegada a Castro Urdiales del cuadro y su posterior instalación en la capilla de los Amoroses. No obstante, también existe una leyenda que explica su llegada a Castro Urdiales de forma sobrenatural. Según dicha leyenda, un día estalló una gran tormenta que puso en peligro unas naves castreñas que se encontraban faenando en busca de ballenas. Ante el temor de que la tempestad pudiera hacerles naufragar, los navegantes comenzaron a implorar con sus rezos que ésta cesara. Al poco tiempo amainó el temporal y fue entonces cuando los marineros, sorprendidos, encontraron flotando sobre el mar un lienzo con la imagen de Cristo que se dirigía hacia Castro Urdiales mostrándoles el rumbo a seguir. Tras llegar a puerto, la obra fue recogida y trasladada a la iglesia de Santa María. Este cuadro, aunque carece de firma, ha sido atribuido a Francisco de Zurbarán, quien durante los años en que vivió en Sevilla pintó numerosos crucificados, si bien fueron pocos los que firmó o fechó, tal y como ocurre en el caso que nos ocupa” (1).

En la fuente consultada sobre el Cristo de Zurbarán, se dice textualmente que “Este cuadro, aunque carece de firma, ha sido atribuido a Francisco de Zurbarán, quien durante los años en que vivió en Sevilla pintó numerosos crucificados, si bien fueron pocos los que firmó o fechó, tal y como ocurre en el caso que nos ocupa”. Andalucía y Cantabria volvían a estar unidas en su historia. Continuando con la visita, lo que quizás me sorprendió más fue la imagen de Santa María con el Niño, la Virgen Blanca, que apareció emparedada en febrero de 1955, siendo una obra excelente que data del siglo XIII. Junto a ella estaban también unas tallas de los Reyes Magos, datadas en este caso en el siglo XIV. La visita exterior nos devolvió al Cantábrico y entendimos por qué aquello era el sitio ideal para una fortaleza tanto para el cuerpo como para el espíritu.

El encuentro con Ataúlfo Argenta fue muy especial. Recordé allí todas las vivencias que desde pequeño tengo sobre este gran director de orquesta. Llegué a la Plaza de los Jardines y allí pude contemplarlo en 360 grados, con la sempiterna paloma sobre su cabeza. Es una estatua de pie, en bronce, obra de Rafael Huerta Celaya, que se inauguró en 1961. A sus pies figura una placa con un poema de Gerardo Diego, Argenta, Castro Urdiales, aunque probablemente a Argenta no le gustaran estas palabras de un autor muy cercano a la dictadura.

Una y mil veces resuena en mi persona de secreto la Romanza del Concertino en La menor, de Salvador Bacarisse, que dirigió por primera vez Ataúlfo Argenta en su estreno en París, en 1953, interpretado por la orquesta de la Radiotelevisión francesa y tocando Narciso Yepes como solista a la guitarra. Lo he vuelto a escuchar con profundo respeto y admiración gracias al fondo que figura en la Fundación Juan March, como legado que su hijo cedió a la citada Fundación y al que se puede acceder para conocer en profundidad la vida en el exilio y la obra de Bacarisse. En concreto, en la página dedicada al fondo radiofónico en su etapa como productor en numerosos programas en lengua española de la RTF (Radiodiffusion-Télévision Française).

También recordé el inmenso legado de su hijo Fernando, al que califiqué como “un clásico muy popular” en un artículo que le dediqué en este cuaderno digital el día después de su fallecimiento, ocurrido en Madrid el 3 de diciembre de 2013, que tanto hizo para que los niños y niñas de este país descubrieran y amaran la música clásica. He admirado siempre a Fernando Argenta, por el trabajo encomiable que ha desarrollado a lo largo de su vida y de la forma tan didáctica que lo presentó en sociedad, para que este país saliera de su penumbra extrema y comenzara a conocer y sentir la música clásica a través de programas memorables en radio y televisión, Clásicos populares y El conciertazo, aunque él amaba sobre todo su radio, la nacional de España, llegando a afirmar con cierta sorna que «A los que trabajamos en radio no nos deberían poner cara jamás». Aprendí mucho de Fernando en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. Delante del monumento a su padre, sentí que hay tiempo de vivir y tiempo de morir. Tiempo de agradecer, sobre todo, por la forma alegre de vivir la vida que mostró siempre Fernando, con una música muy especial, por la forma de contar los despistes existenciales de su padre, el gran Ataúlfo Argenta, demostrando que le seguía de cerca cuando dijo, con su gracejo habitual, cómo sería un posible epitafio al final de su vida: «No tengo el ingenio de Groucho Marx, pero sería algo así como “Vaya un despiste que tuve cuando morí”. Así era Fernando Argenta, maestro para muchos clásicos populares.

Hice varias instantáneas de Argenta en aquel momento mágico, rodado curiosamente de muchos niños y niñas a los que tanto amaba su hijo, tomando conciencia de que el encuentro con él fue una excelente ocasión para agradecer siempre su presencia en mi vida. Después, quisimos completar la visita a Castro Urdiales con un reconocimiento a su enclave histórico romano, llamado Flaviógriva, pero como nos ha pasado con numerosos centros culturales de especial relevancia en Cantabria, estaba cerrado por obras de rehabilitación. De todas formas, desde el castillo pudimos comprender perfectamente el eslogan que ha caracterizado a esta Comunidad desde hace bastantes años, cuando contemplamos el mar Cantábrico que nos rodeaba con el vuelo incesante de gaviotas: allí estaba la Cantabria infinita, hermanada con Andalucía. También, el Argenta infinito.

(1) Cristo de la Agonía. Iglesia de Santa María de Castro Urdiales,  Aula de patrimonio cultural. Universidad de Cantabria, 2010.

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Leyenda en Cantabria

El hombre pez, en Liérganes – Escudo oficial de Cantabria – Fuente en Limpias, presidida por el Lábaro Cántabro

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.

José Hierro, en Alegría

Sevilla, 27/VIII/2022

Inicio hoy una serie dedicada a mi última singladura cerca del mar Cantábrico, en busca de islas desconocidas de una Comunidad Autónoma de cuyo nombre quiero acordarme hoy: Cantabria. La he titulado “Leyenda en Cantabria”, respetando el significado de la palabra “leyenda” que se mantuvo durante siglos en España, la “acción de leer”, porque he querido leer con objetividad plena la historia de una Comunidad que aprecio por diversas razones que explico más adelante. También, obviamente, porque existen leyendas en ella, según la acepción de esta palabra que se introdujo por primera vez en el Diccionario de la lengua castellana de la Real Academia Española, en su duodécima edición, en 1884: “relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos”, siendo la historia apasionante del Lábarus Cántabrus, la del Cristo de Limpias, las de sus innumerables cuevas con sus historias dentro, la Virgen de la Bien Aparecida, en Ampuero, o la del hombre pez de Liérganes, muestras objetivas de esta acepción, entre otras, de indudable interés en la Comunidad, algunas de ellas muy vinculadas con Andalucía.

Además, existen motivos en mi vida más que suficientes para acometer esta tarea de reflejar en palabras los sentimientos y emociones que he vivido a lo largo de mi estancia allí. La primera razón estriba en mi apellido, porque Cobeña es una localidad cántabra que conozco, cerca de Potes, que demuestra que la toponimia tiene mucho que decir sobre mis orígenes. En esa tarea estoy, en una investigación en marcha sobre la genealogía de un apellido que tiene algo diferencial, la “ñ”, tan común en esta Comunidad, algo que facilita el trabajo científico por la formas en que esa letra llegó a consolidarse en el abecedario castellano, agradeciéndole una vez más a Gabriel García Márquez su ardiente defensa ante una polémica decisión de la Comunidad Económica Europea en la década de 1990, que afortunadamente nunca llegó a mal término: “Es escandaloso, por decir lo menos, que la Comunidad Económica Europea se haya atrevido a proponer a España la eliminación de la letra eñe de nuestro alfabeto, y peor aún, sólo por consideraciones de comodidad comercial. Los autores de semejante abuso y de tamaña arrogancia deberían saber que la eñe no es una antigualla arqueológica, sino todo lo contrario: un salto cultural de una lengua romance que dejó atrás a las otras al expresar con una sola letra un sonido que en otras lenguas romances sigue expresándose todavía con dos letras. Por consiguiente, lo lógico no es que España tenga que renunciar a nada menos que a una de las letras de su propio nombre, sino que otras lenguas del paraíso europeo se modernicen con la adopción de la eñe”. Cantabria presume a diario de incorporar en su toponimia numerosas localidades que tiene la letra “ñ” dentro. Entre sus localidades, Cobeña, cerca de Potes, muy cerca de Lebeña, sin olvidar a Oreña.

Otra razón importante para justificar esta singladura literaria es descubrir a fondo el motivo de por qué está tan unida Cantabria con Andalucía y, concretamente, con mi ciudad natal, Sevilla. El escudo oficial, aprobado por la Ley 9, de 22 de diciembre de 1984, del Escudo de la Comunidad Autónoma de Cantabria, según normas heráldicas, muy controvertidas en la actualidad por la defensa de la identidad de la Comunidad a través del lábaro cántabro, recoge en su primer cuartel “la común tradición del emblema de la conquista de Sevilla, símbolo de ocho siglos de la actividad mejor definidora de la Cantabria marítima”. Asimismo, en la norma reguladora se expone que “El escudo de Cantabria es de forma cuadrilonga, con la punta redondeada de estilo español y el campo cortado. En campo de azur, torre de oro almenada y mazonada, aclarada de azur, diestrada de una nave natural que con la proa ha roto una cadena que va desde la torre al flanco derecho del escudo. En punta, ondas de mar de plata y azur”. En definitiva, la torre almenada representa la Torre del Oro, con una nave que rompe una cadena, reproduciendo el emblema de la conquista de Sevilla por marinos cántabros al servicio del rey Fernando III de Castilla en 1248. Simboliza la gesta militar llevada a cabo el 3 de agosto de ese año por la armada de la Hermandad de las Cuatro Villas al mando del almirante Ramón de Bonifaz, cuyas naves lograron romper la gruesa cadena que cerraba el paso por el río Guadalquivir y que dejó expedita la incursión al resto de la flota cristiana en busca ya del puente de barcas que unía Sevilla y Triana, que también se fracturó ese mismo día”.​ Tengo que decir que me interesaba conocer a fondo esa historia, porque mi apellido estaba en juego, sabiendo hoy como sé, después de mi investigación, que ese rey de Castilla fue el que conquistó también Córdoba en 1235, hecho en el que hubo un protagonista destacado, Álvaro Colodro, natural de Cobeña (en Madrid, en la actualidad), la localidad homónima a la de Cantabria, en proceso también de estudio y que me ha llevado a confirmar la hipótesis de que descendientes de Álvaro Colodro de Cobeña se asentaron por regalías en la provincia de Córdoba, a partir del siglo XIII y concretamente en Cabra, a comienzos del siglo XVI, donde he documentado la existencia de mis antepasados, estando en proceso de obtención de datos anteriores de mi apellido allí en los siglos XIV y XV, emparentados con la familia Colodro y Colodrero.

La tercera razón estaba vinculada con Castro Urdiales porque quería estar cerca de Ataúlfo Argenta, director de orquesta natural de aquella tierra y al que admiro desde mi infancia, recordando todavía como si fuera ayer el día que conocí su fallecimiento cerca de Madrid, ciudad en la que yo vivía en aquellos años de mi infancia. Le he seguido de cerca durante muchos años y todavía resuena en mi alma de secreto la Romanza de Salvador Bacarisse, el segundo movimiento de su preciosa obra Concertino en La menor, que tuvo el valor de dirigir el día de su estreno en París, en 1953, en plena dictadura. Se lo agradecí personalmente al pie de su estatua.

En este contexto, inicié mi incursión de leyenda en una pequeña localidad, Limpias, en la zona oriental de la Comunidad Cántabra. Probablemente, con el sentir de un soneto de José Hierro, Alegría, porque amaba a Santander aunque no fue su cuna, pero si su dolor eterno por ideología.

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era la alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
(Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía.)

Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.

La imagen de cabecera simboliza algo que me ha interesado descubrir leyendo a Cantabria: el hombre pez, en Liérganes y el escudo oficial de Cantabria, dos realidades que unen Andalucía con Cantabria, cada una en su tiempo y en su momento, Cádiz y Sevilla, respectivamente. También, un manantial de Limpias, presidido por el Lábaro Cántabro, que se reivindica desde hace tiempo como la identidad real de esta Comunidad. Tres realidades que tienen una “leyenda” dentro. Sobre todo, una “acción de leer”, digna y en su sentido primigenio, de una tierra preciosa.

NOTA: las imágenes han sido tomadas por el autor.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

No le toquéis ya más, que así es Cinema Paradiso

Imagen de Cinema Paradiso, en la que figuran Totó (dcha.) y Alfredo (izqda.), el proyeccionista

Melodía principal de Cinema Paradiso

Sevilla, 5/VIII/2022

Ha saltado a los medios de comunicación social de todo el planeta, la noticia de que se está trabajando en la producción y rodaje de una miniserie que ampliará el guion de Cinema Paradiso, a cargo del director de la misma, Giuseppe Tornatore, como guionista también, que constará de seis capítulos y que tiene previsto su estreno en 2023. Inmediatamente, he recordado un breve poema de Juan Ramón Jiménez, que muchas veces se ha escrito mal, cambiando el género de la primera parte del verso (en negrita, correcto): No le toquéis ya más, que así es la rosa (en Piedra y cielo, 1919). Creo que es un error histórico porque el valor de la película persiste en el tiempo, con un reconocimiento continuo tal y como permanece en la mente de todas las personas que amamos el cine. Siguiendo al poeta de Moguer, no hay que tocar la película más, porque ya se hizo antes del estreno, reduciendo el metraje de la misma para contentar al mundo comercial del cine, consiguiendo finalmente que se la reconociera como una auténtica obra de arte, un capolavoro, dicho en un perfecto italiano.

Cinema Paradiso es la rosa que cita Juan Ramón, en su desnudez extrema, para simbolizar el valor de la poesía, tal y como se fijó finalmente en la entrega al mundo para su disfrute. Desconozco las razones de fondo que tiene Tornatore para acometer esta empresa de ampliación de contenidos sobre la película original, habiendo manifestado Marco Belardi, el nuevo productor de la serie, que “Será la misma historia que la película pero de una forma extendida y con varios hilos narrativos diferentes”. Presumo que el mercado cinematográfico está detrás y lo probable es que se esté confundiendo ya el valor y el precio de la película, que probablemente será una oferta más, una mercancía, en las plataformas streaming a nivel mundial, sólo eso.

Treinta y cuatro años después de su estreno, no conocemos todavía los guiones que está preparando Giuseppe Tornatore. Personalmente, creo que hay que seguir el patrón de Juan Ramón Jiménez, pero aplicado a la película: No le toquéis ya más, que así es Cinema Paradiso. En tal sentido, Ricardo Gullón, fiscal, crítico literario, novelista y gran amigo del poeta, decía en un comentario a este poema precioso de Juan Ramón Jiménez que “[…] se desconoce que el propio poeta, comentando sus versos, aclaró que si tal decía, era «después de haber tocado el poema hasta la rosa». Sin duda, quiso expresar con estas palabras su aspiración difícil a la «perfección viva», a la perfección conseguida sin forzar las cosas, arduamente, más sin llegar al punto de frialdad que delata lo yerto, lo agotado y sin vida. En el empeño por conseguir una poesía perfectamente desnuda, Juan Ramón ha ido renunciando tanto al soporte sentimental como al artificio retórico. A propósito de su obras, es sobremanera adecuado el término desnudez: progresivamente fue despojándola de los usuales ropajes, mitificando su concepto, y también identificándose apasionadamente con ella”. Esta reflexión de Gullón se puede aplicar perfectamente a Cinema Paradiso, porque la película, tal y como se conoce actualmente, ha tocado “hasta la rosa”, en su “perfección viva”, en sus mensajes, tantas veces recogidos en este cuaderno digital; sin forzar el guion, tocando la sensibilidad de cada espectador hasta extremos insospechados. Cada vez que veo la película descubro nuevas palabras, nuevos planos que me conmueven y conturban. Es una película desnuda, cuando se la descubre tal y como es la rosa que contiene.

Ante lo expuesto anteriormente, he escogido un artículo, He vuelto a entrar en el Cinema Paradiso, entre los veintidós que he dedicado a Cinema Paradiso y su universo emocionente [sic] a lo largo de la vida de este cuaderno digital, porque dejándolo como está, sin tocarlo, descubro hoy de nuevo que así es su rosa íntima, la del mensaje que entregó al mundo en 1988 su director Giuseppe Tornatore y que supuso tanto para mí, en mi persona de secreto, desde que la vi y sentí por primera vez. Insisto por ello que no lo toquen ya más, que así es Cinema Paradiso.

He vuelto a entrar en el Cinema Paradiso

Sevilla, 6/VIII/2021

En septiembre de 2019 cambié la imagen de cabecera de este cuaderno digital por un fragmento de la escultura de Canova, Las Tres Gracias, porque siempre me ha impactado su belleza sobre mármol de Carrara, con una expresión de encanto y alegría entre las tres cárites mitológicas griegas, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente hoy: EufrósineAglaya y Thalia o lo que es lo mismo: Alegría, Belleza y Abundancia, respectivamente, porque las necesitamos tener presentes en nuestras vidas. Dos años después, que no han sido anónimos, cambio de nuevo la imagen que representa temporalmente el blog, recurriendo a una que ya ha estado presidiendo estas palabras en años anteriores, la sonrisa de asombro de Totó junto al proyeccionista, Alfredo, una pareja que nunca he olvidado en la película de mi vida y como homenaje a una que me ha marcado para siempre: Cinema Paradiso. Entro decidido para contemplar en este mes de agosto las proyecciones mejores de mi existencia.

Mi vida ha sido también una película sin fin, de muchos géneros en uno solo: vivir apasionadamente. Me sentí reflejado en Cinema Paradiso de principio a fin, por el amor al cine, porque siendo muy niño hacía mis propias películas con dibujos animados en papel, impregnándolos en aceite que, una vez secos, los unía y pasaba por rodillos laterales de un escenario, también hecho a mano, para imprimirles movimiento a demanda, iluminados por una bombilla incandescente. Más o menos, observando aquel descubrimiento mágico con la cara de Totó, mi querido protagonista de la película de verdad, que he recogido en la imagen que preside estas líneas. También, porque seguí siempre el consejo de su gran amigo Alfredo cuando decía al niño que amaba tanto el cine, que debía salir de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente Jose Saramago en su cuento homónimo, “La isla desconocida”. En aquella escena memorable de la estación, Alfredo, ya ciego por el incendio del cine, le dice en un susurro inolvidable a Totó: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo: hagas lo que hagas, ámalo.

Tampoco he olvidado, nunca, el Cinema Ideal de mi infancia, un cine de verano situado en la calle Jesús del Gran Poder, aquí en Sevilla, del que solo escuchaba las bandas sonoras de las películas desde el balcón de la casa donde nací, que daba a la calle Becas, en el que, entre barrotes, imaginaba historias preciosas con sólo cuatro años. Pasado el tiempo, he comprendido muy bien el consejo de Alfredo, porque siempre he procurado amar todo lo que he hecho. Ahora, pienso también en los momentos difíciles que he vivido en esta larga vida, quizá por la especial sensibilidad que se ha creado por la pandemia creando anticuerpos para el dolor y la aflicción. Como contrapunto, mi amor al cine me devuelve también a mi Cinema Ideal tan particular, un recuerdo de películas inolvidables de Spielberg, entre las que destaco por su lección histórica nacida en su corazón y en su alma judía, La lista de Schindler. Aunque parezca mentira, no me quiero quedar con el dolor de su argumento de fondo, sino con el tema principal de la banda sonora de la misma, compuesta por John Williams, de la que inserto hoy en este post una interpretación memorable, al violín, de su gran amigo de vida y creencias, Itzhak Perlman, uno de los mejores violinistas de la historia de la música que aún comparte vida con nosotros. Escucharlo y sentirlo al mismo tiempo nos permite comprender que, efectivamente, el hombre, si quiere, no es un lobo para el hombre, porque todo lo humano no nos es ajeno (Terencio), es más, nos pertenece.

Les confieso que hablar de Cinema Paradiso y La lista de Schindler es, en el fondo de estas palabras, un homenaje a su obra musical en el mundo del cine, a través de dos bandas sonoras memorables compuestas por Ennio Morricone y John Williams, respectivamente. El pasado año recibieron el Premio Princesa de Asturias de las Artes y el acta del jurado decía textualmente que “[…] Dotados de una inconfundible personalidad, entre sus obras se encuentran algunas de las composiciones musicales más icónicas del séptimo arte, que ya forman parte del imaginario colectivo. Williams y Morricone muestran un dominio absoluto tanto de la composición como de la narrativa, aunando emoción, tensión y lirismo al servicio de las imágenes cinematográficas. Sus creaciones llegan incluso a transformarlas y trascenderlas, sosteniéndose por sí mismas como magníficas obras sinfónicas que se encuentran entre el repertorio habitual de las grandes orquestas. Todo ello los convierte en dos de los compositores vivos más venerados en todo el mundo”. Morricone falleció el 7 de julio de 2020 y sus obras mantuvieron y expresaron siempre su dignidad personal y profesional. Ahora, estoy seguro que seguirá poniendo música inolvidable a su cielo particular.

Cuando salgo de mi imaginario Cinema Ideal y entro hoy en el auténtico y renovado Cinema Paradiso, no olvido las palabras de Alfredo a Totó, porque nos pueden ayudar en este mes de agosto para salir de la zona de dolor, que no confort, por la pandemia y sus daños colaterales, cada uno con los suyos, de la forma más digna posible: hagamos lo que hagamos, amémoslo porque el viaje de la reconstrucción personal, de nuestras familias, del país, de nuestras ciudades y barrios es ahora tarea de todos, para amarlo sin excepción alguna y sin dejar a nadie atrás.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Valldemossa y el más allá de un encuentro real

Lang Lang , Preludio en Re mayor, Op. 28: No. 15, Gota de Lluvia, interpretado en un piano Steinway & Sons Spirio, el 28 de agosto de 2019

… y la experiencia de la vida nos enseña que allí donde no se puede vivir en paz con nuestros semejantes, no existe admiración poética ni goces artísticos capaces de llenar el abismo que se abre en el fondo de nuestra alma.

George Sand, Un invierno en Mallorca

Sevilla, 2/VIII/2022

Uno de los privilegios que me ha ofrecido la vida es conocer un pueblo mallorquín, Valldemossa, un claro objeto de deseo cultural que vi cumplido en el verano de 2016. Ayer volví a ver algunas de sus calles con motivo de la visita de la familia real, con el Rey Felipe VI a la cabeza, recordándome cada plano del reportaje vivencias inolvidables de rincones con encanto de ese pequeño municipio, una antigua alquería en el Valle de Muza (de ahí su nombre), conocido mundialmente por haber albergado en el siglo XIX al compositor polaco Fréderic Chopin y a su pareja de entonces, George Sand (seudónimo de su auténtico nombre y género, Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant), pero muy volcado hoy al turismo sacrificando su silencio de día para recibir el ruido del mundo, tan contradictorio con el espíritu monástico del que hacen gala sus habitantes a través de Chopin. George Sand vivió junto a Chopin una arriesgada aventura de amor en Mallorca en las postrimerías del siglo XIX, concretamente desde el 15 de diciembre de 1838 al 11 de febrero de 1839, unos años después de la desamortización de la Cartuja de Valldemossa, donde finalmente se hospedaron. 

En aquella visita anunciada de 2016 y antes de asistir al concierto programado en el homenaje anual a Chopin, estando cerca del lugar donde vivió días muy difíciles, recogidos en una obra de George Sand, que recomiendo especialmente, Un invierno en Mallorca (1), visitamos la Fundación Cultural Coll Bardolet, donde se exponen pinturas del pintor catalán que da nombre a la entidad, Josep Coll Bardolet, que cedió a Valldemossa, lugar donde vivió más de 60 años. Su obra es un canto permanente a la naturaleza, la tradición y el amor a la vida. Aquella noche musical, el protagonista era un pianista coreano de fama internacional, Kung-Woo Paik (Seúl, 1946), reconocido intérprete de la obra de Chopin y que pude corroborarlo durante el concierto que ofreció en la Cartuja, junto a la celda donde el compositor polaco escribió diversas obras, ya citadas en la serie que escribí sobre aquel viaje hacia una isla desconocida para mí y que se puede leer de nuevo en este cuaderno digital. El ambiente para componer el maravilloso Scherzo número 3, entre otras obras suyas, que interpretó Paik con manos maestras de setenta años, lo imaginé en el contexto de su duro invierno de 1883-1884 en aquella Cartuja tan fría, desamortizada, que le prestó acogida después de haber sido expulsado de mala manera de su residencia anterior.

Paik salió de la celda de Chopin, convertida en un camerino muy especial con motivo del concierto, para subir al pequeño estrado que habían habilitado junto a ella y después de los aplausos de bienvenida se situó a duras penas ante el piano Steinway & Sons preparado para la ocasión, que tocaría maravillosamente segundos después, con una iluminación muy doméstica, porque a petición del intérprete tuvieron que localizar en la casa aledaña a la Cartuja unas lámparas de pie para iluminar su teclado, en una imagen que se comenta por sí sola y que Paik no entendía por mucho que los organizadores del concierto se esforzaran en solucionarlo de forma artesanal y doméstica, poco profesional. Aquí en este país, resolvemos siempre estas situaciones diciendo que “son cosas del directo” o “caprichos de artistas” [literal, aquel día], pero fue una situación lamentable. Sobre todo, porque conservaba en mi mente el relato de George Sand, la pareja sentimental de Chopin, sobre la celda que habitaron y donde “el enfermo”, que nunca fue citado por su nombre, buscaba en la composición diaria la comprensión de su mundo de secreto tan singular, donde unas gotas de lluvia podía elevarlas a los cielos de la música, como ocurrió en un Preludio muy conocido, homónimo (op. 28, 15). Sentí la soledad en aquel ambiente monástico y comprendí cómo Frédéric y George podían considerar la compañía que les ofrecieron desde el primer momento el boticario, el sacristán y María Antonia, una especie de ama de llaves que solo quería reconocimiento por su asistencia, sin interés económico alguno.

Las palabras anteriores son recuerdos de Valldemossa, más allá del paseo real de ayer tarde, en una estancia plebeya, pero que fue para nosotros de un encanto especial, aunque al finalizar aquella jornada nos devolviera este pueblo-alquería al principio de realidad de cada día, con preguntas que leí en el libro de Sand antes de viajar a Mallorca: “¿Por qué viajar cuando no se está obligado a hacerlo? […] Es que no se trata tanto de viajar como de partir. ¿Quién de nosotros no tiene algún dolor que olvidar o algún yugo que sacudir?”. Efectivamente, un viaje siempre es un punto de partida para vivir nuevas experiencias, ir hacia alguna parte…, a un lugar escondido en el alma. Y esta razón de partir fue la que me impulsó a buscar aquel año en Mallorca algo más que viajar a cualquier precio, su valor intrínseco, algo que Chopin, junto a George Sand encontró en aquella isla, en aquella Cartuja, entregando al mundo obras inolvidables compuestas en su pianino Pleyel, “llegado en el mejor estado posible a pesar del mar y del mal tiempo, y de la aduana de Palma…”, que “llenaba la bóveda elevada y resonante de la celda con un sonido magnífico”, tales como algunos de sus Preludios entre los que destaca el llamado “Gota de Lluvia” (op. 28, No. 15), la segunda Balada en fa mayor op. 38, el tercer Scherzo en do sostenido menor op. 39 y una de las Polonesas, la op. 40. En cuanto al preludio Gota de Lluvia, Sand escribió sobre el compositor: “[…] Mientras tocaba el piano tuvo un sueño en el que se vio a sí mismo ahogado en un lago y grandes gotas de agua helada caían de forma regular sobre su pecho. Cuando le hice escuchar el sonido de las gotas de lluvia que, de verdad, estaban cayendo desde el tejado, rítmicamente, negó haberlas oído. Se enfadó mucho de que yo lo interpretara como la muestra de un sonido imitativo. Protestó con toda su fuerza -y tenía razón- contra la puerilidad de dicha imitación auditiva. Su genio estaba lleno de misteriosos sonidos de la naturaleza, pero transformados en sublimes equivalencias musicales en su pensamiento pero no a través de imitaciones sin originalidad de los sonidos reales».

Mas allá del paseo real de ayer, que como la música militar nunca me sabe levantar, recordé palmo a palmo el que realizamos aquella tarde por el pueblo-alquería, acompañados en cada puerta por un azulejo distinto dedicado a Santa María Thomàs, con textos que exaltan siempre la protección de cada casa y de cada familia. Después del concierto, salimos de aquella Cartuja tan lúgubre pero con el buen sabor de boca de las obras interpretadas por Paik, encontrándonos con una experiencia desoladora, porque el pueblo entero estaba cerrado, solo había calles solas y en completo silencio, sin posibilidad alguna de poder comentar en algún sitio acogedor la gran interpretación de Paik, con el que me hubiera gustado compartir su estancia en la celda de Chopin, más allá del actual reclamo turístico, sobre todo en un lugar que le ofreció una digna estancia en tiempos revueltos y cómo se había sentido al tocar los aspergios continuos del Scherzo 3, que según todas las fuentes oficiales fue compuesto en 1839 por Chopin en el “pianino” Pleyel [sic, en el libro original de Sand] que tanto trabajo había costado trasladar desde París hasta aquél lugar tan inhóspito en aquellos años del siglo XIX y … en aquel verano en Mallorca, en 2016.

Me imagino que cuando anoche desapareciera de aquel entorno maravilloso la caravana real, el preludio de Chopin Gota de Lluvia sonaría en sus calles para quien quisiera escucharlo, porque él todavía estaba allí para recordarnos que, cuando no se puede vivir en paz con nuestros semejantes, hay que saber llenar los abismos en nuestras almas mediante la admiración poética y los goces artísticos. Palabras de la plebeya George Sand junto a Chopin, en Valldemossa, más allá de una visita real.

(1) Sand, George, Un invierno en Mallorca, 1975. Palma de Mallorca: Ediciones La Cartuja.

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Sí, me preocupa lo que puede llegar a este país

Fotograma del anuncio Prohibido bajar los brazos

Sevilla, 28/VII/2022

Llevo escuchando y viendo determinados mensajes publicitarios en las últimas semanas, no inocentes, junto a imágenes muy cuidadas desde la perspectiva subliminal, que deseo compartir en una reflexión sobre las fronteras actuales de la ética de la comunicación social. He elegido tres muestras de anuncios y una última de cierre. Leer estos guiones y visualizarlos junto a las imágenes que las acompañan, cuestión imprescindible para entender mi mensaje hoy, pueden ayudarnos a comprender que algo no funciona en este país de bares, que no de librerías.

Si vas a darle una vuelta a todo, decide tú la dirección.

Responde con total libertad, ¿dónde te ves en cinco años?, ¿crees en el amor para toda la vida? La pandemia te ha hecho más distante, ¿superhéroe favorito?, ¿cuáles son tus puntos fuertes?, ¿y los débiles?, ¿qué es para ti el éxito?, ¿qué es el arte?, ¿dónde irías si pudieras volar? Defínete en una frase, ¿cómo definirías el color dorado?, ¿estás pensando en dar un giro a tu vida? Si vas a darle a una vuelta a todo, decide tú la dirección. Si fueras un animal, ¿cuál serías? (todo ello acompañado por la canción “Territory“, interpretada por The Blaze).

Aquí, ahora y así.

Mensaje a…: Necesito que me escuches, necesito unas vacaciones, no necesito irme muy lejos de aquí, lo que necesito es irme muy lejos de ti, no necesito tu pesimismo, ni tus dudas, ni tus miedos. Han sido dos años muy duros y ahora necesito tu lado bueno. Ahora necesito estar con la gente que quiero, que me ayude a creer en mí; ahora necesito y comer cosas buenas que me hagan feliz. Inspírame a probar cosas nuevas, necesito un cambio, deja de decirme que vendrán tiempos mejores (suena de fondo una canción, Aquí, ahora y así…, escrita por Rigoberta Bendini e interpretada por Santi Balmes). El tiempo que nos ha tocado vivir es mi vida y ahora sé cómo quiero vivirla (cierra este guion una frase en off: enviar este mensaje a mí mismo).

Prohibido bajar los brazos.

Hoy ha sido un día duro y he estado trabajando como un perro. Hoy ha sido un día duro, debería estar durmiendo como un tronco. Pero cuando llego a casa veo que las cosas que haces harán que me sienta bien. Sabes que trabajo todo el día para ganar dinero con el que comprarte cosas. Y merece la pena sólo por oírte decir que vas a dármelo todo. Es por eso que me encanta llegar a casa, porque cuando te pillo a solas sabes que me siento bien. Cuando estoy en casa todo parece estar bien, cuando estoy en casa sintiendo que me abrazas fuerte. Hoy ha sido un día duro y he estado trabajando como un perro. Hoy ha sido un día duro, debería estar durmiendo como un tronco. Pero cuando llego a casa junto a ti veo que las cosas que haces harán que me sienta bien.

Tengo que declarar ya que estos mensajes los he escogido de tres campañas de compañías cerveceras en este verano: El Águila, Estrella Damm y Estrella Galicia, aunque hay más donde escoger en un despliegue mediático sin precedentes, donde beber es algo bueno, que nos ayuda a alcanzar metas. Inquietantes campañas, inquietantes textos, inquietantes imágenes, que resumen bien lo que la última empresa quiso explicar previamente a sus clientes, según afirmó antes de la campaña Santiago Miguélez, director de Marketing Iberia de Hijos de Rivera, con motivo del lanzamiento de la acción Que hable la cerveza: “Hemos querido que nuestro mensaje llegue primero a nuestros consumidores habituales, a quienes piden una Estrella Galicia en su bar de siempre. Es nuestra forma de mostrarles todo lo que hemos aprendido de ellos: que por muy difíciles que se pongan las cosas, nunca hay que bajar los brazos”. Sobran palabras: ha hablado la cerveza.

Decía al principio que había elegido cuatro muestras. La cuarta es para cerrar esta reflexión de verano, porque ante lo expuesto con técnicas subliminales y directas en muchos casos, no olvidando especialmente el mensaje “que hable la cerveza”, me quedo muy pre-ocupado (con guion) con tanto consumo de alcohol y con el señuelo de los protagonistas de los anuncios que he desarrollado al comienzo de estas líneas: Si vas a darle una vuelta a todo, decide tú la dirección, Aquí, ahora y así y Prohibido bajar los brazos. Me refiero a la campaña de Vodafone, Non ti preoccupare, “no te preocupes” en italiano, que viene a decir que no hay que preocuparse por nada, porque con ellos todo es más fácil y todo está resuelto no sólo en el mundo de la comunicación. La canción de fondo, Arriva, arrriva, de Filipo María Armeni (Z100), un auténtico éxito de los 90, hilo conductor del anuncio, lo deja bien claro: Llega, llega, lo que tiene que llegar,  no te preocupes, no te preocupes // Lo que se supone que tiene que llegar, no llega. Preocúpate entonces, preocúpate.

Obviando la cerveza, que personalmente no quiero que me hable, quiero seguir pre-ocupado (con guion), es decir, ocupado con carácter preferente en seguir luchando por un mundo diferente, transformando día a día aquello que no me gusta, las pequeñas cosas, sabiendo que lo que tiene que llegar, que siempre deseo que sea lo mejor para todos, debe ser un motivo de pre-ocupación a la hora de tomar decisiones bien informadas, en el aquí y ahora de cada uno y sin bajar los brazos ni siquiera un momento. Lo mismo que dicen los anuncios, pero sin gota alguna de alcohol, en un ejemplo claro de ética 0/0. Eso sí, pre-ocupado con el ocaso de la democracia en este país, sumido en una borrachera de ideologías y creencias cada día más evidente.

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Colombina y su cancionero musical para el siglo XXI

Sevilla, 24/VII/2022

No todo es un mundo al revés. También existe una Academia del Placer, aquí en Sevilla, la ciudad en la que Stefan Zweig decía que «se podía ser feliz». Surcando mares en una búsqueda incesante de islas desconocidas, la misión clara de este cuaderno digital, he descubierto una de calidad excepcional. Me refiero a la publicación de un disco compacto, Colombina. Música para los Duques de Medina Sidonia, elaborado y configurado por el consort sevillano Accademia del Piacere, conjunto de cámara vinculado siempre al Renacimiento, que tiene al frente al violagambista Fahmi Alqhai, sevillano de cuna aunque de madre palestina y padre sirio, en una selección hermosa de obras del Cancionero Musical de la Colombina: “una de las colecciones de polifonía más relevantes del siglo XV. Sus 95 piezas conforman el corpus polifónico más antiguo del repertorio español, siendo la mayoría obras profanas (salvo doce piezas religiosas, dos en francés, cuatro sin texto y una instrumental). El compositor predominante es Juan de Triana, aunque también contiene composiciones de otros autores de renombre como Johannes Cornago, Johannes de Urrede y Johannes Ockeghem”.

De la selección ofrecida en esta publicación, hay un homenaje explícito al músico sevillano Juan de Triana y es una oportunidad de conocer bien la música que amenizaba la alta sociedad de esta ciudad en el siglo XV, capital comercial europea y, para muchos, la puerta de América. La Biblioteca Colombina conserva como oro en paño este Cancionero Musical, “preservado gracias al celo bibliófilo del hijo de Cristóbal Colón, Hernando, que lo adquirió en 1534, fue manuscrito muy probablemente en la opulenta capilla del Duque de Medina Sidonia, y es testimonio de la gran Sevilla de la era colombina”.

Me refugio ahora en mi clínica del alma para escuchar una de las obras qua aparecen en Colombina, Que bonito niño chiquito, estudiando también la historia del convento de San Pedro de Alcántara, un lugar muy desconocido en esta sacrosanta ciudad, que ha elegido Fahmi Alqhai como un lugar preferente para interpretar obras de música antigua con un valor añadido excelente del barroco, que fue fundado en el siglo XVII para uso de la Orden de Frailes Menores Descalzos de San Francisco. Lo visitaré pronto para intentar comprender lo que Fahmi Alqhai ha descubierto en la iglesia de este convento hasta llegar allí para grabar este precioso disco.

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Cuando solo nos cuentan penas, podemos ser también escuchaores de la alegría

Pepe y su nieta, María José Llergo

A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía.

Federico García Lorca, extracto de la presentación oficial en 1922, en Granada, del l Concurso de Cante Jondo.

Sevilla, 22/VII/2022

Ya he hablado recientemente en este cuaderno digital de algo que nos caracteriza en Andalucía: somos escuchaores del dolor, algo que significa una seña de identidad importante de esta tierra tan bella, que también existe. Cuando estamos recibiendo minuto a minuto noticias alarmantes sobre todo lo que se mueve y que nos complican la vida por segundos, como escuchaor de esta tierra he recordado unas estrofas de unas sevillanas que sabe cantar cualquier andaluz que se precie de serlo, porque también podemos ser escuchaores de la alegría, No me cuentes penas, de Los amigos de Gines, porque pertenecen al patrimonio cultural de Andalucía, aunque como lo definía bien Cernuda los andaluces seamos a veces “enigmas al trasluz”, palabras que recogí este año en un artículo en homenaje a la cantora cordobesa María José Llergo, como escuchaora de su abuelo: De penitas y alegrías, están llenos los caminos / Están llenos los caminos / De la gente que al pasar / Va marcando su destino / No me cuentes penas / Cuéntame alegrías / Que yo a nadie le cuento / Las penitas mías // Yo me quiero divertir, hasta el día en que me muera / Porque la vida es mentira / Un engaño, una quimera / No me cuentes penas / Cuéntame alegrías”.

Amigos de Gines, No me cuentes penas

He sintetizado diversas estrofas de la primera parte que he escuchao, por enésima vez, de unas sevillanas realistas y muy acordes con la realidad actual, salvando lo que haya que salvar, que decían los clásicos (mutatis mutandis). Reinterpretando esta letra y llevándola a la realidad actual de este país, de esta Comunidad, tomo conciencia de que no sé lo que nos debemos unos a otros o a la sociedad en general, con sentimiento de clase o al menos tomando conciencia de que nada que sea humano me es ajeno, siguiendo al pie de la letra la máxima de Terencio, aunque es verdad que por el mero hecho de vivir estamos cumplíos, volcados en un mundo diseñado a veces por el enemigo: “barquitos veleros / Que se cruzan por el río / No me cuentes penas / Cuéntame alegrías / Que yo a nadie le cuento / Las penitas mías / Caminante del camino, aunque mires hacia atrás / El caminito perdío / Ya no lo vuelves a andar”. Vuelvo a afirmar una vez más, que suelo viajar en patera, con una fragilidad extrema, en una cáscara de nuez golpeada permanentemente por la vida.

Es verdad, porque a veces es muy difícil volver a encontrar el camino que hemos perdido con tanta tragedia a nuestro alrededor, el que queríamos recorrer con alguien o algunos muy queridos, por mucho que la mercadotecnia nos lleve a olvidarlo o que los sucesos de los últimos años nos hayan llevado a un túnel de difícil salida. Como escuchaor privilegiado en esta tierra, sé cómo termina la sevillana expuesta y, hoy la canto bajito: No me cuentes penas / Cuéntame alegrías / Que yo a nadie le cuento / Las penitas mías.

Sé también que mi deber como andaluz es convertirme en “escuchaor” de lo que Andalucía canta a través de su dolor, de su quejío. También, de su alegría en sus “alegrías”, un palo precioso lleno de encanto y felicidad a raudales, sabiendo que incluso detrás de unas sevillanas se esconde el dolor de un pueblo. Cuando Federico García Lorca hizo la presentación oficial en 1922, hace ya cien años, del l Concurso de Cante Jondo del que haya constancia escrita, organizado por Falla y por él en Granada, en nombre del Centro Artístico de Granada, al que la prensa conocía también como la “Simpática Sociedad”, en el que figuraban también otros escritores y poetas contemporáneos, pronunció una Conferencia que llevaba por título “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”, cuyas palabras finales no olvido: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”.

La palabra “escuchador” [escuchaor] ya figuraba en el Diccionario de Autoridades (RAE A, 1732), en el siglo XVIII, tan querido por mí en el trabajo diario de escribir con alma, para encontrar sentido a las palabras que utilizamos en nuestra forma de escribir y hablar a diario, con la siguiente definición: “El que oye con atención y escucha lo que otros hablan y dicen”. Ya se hace la observación no inocente de que “tiene poco o raro uso”, porque escuchar, lo que se dice escuchar, es una práctica poco común desde el principio de los siglos. En la actualidad, la Real Academia de la Lengua (Edición del Tricentenario, actualización de 2021) recoge este lema con la siguiente descripción, muy escueta por cierto, como si no tuviera la mayor importancia: “Que escucha”. Lo más curioso es que en Andalucía sí ha tenido siempre un sentido muy especial, vinculada al flamenco, porque una cosa es cantar y tocar la guitarra, cantaores y cantaoras, así como guitarristas y, otra, escuchar, por parte de los escuchaores o escuchaoras, como le gustaba decir a Antonio Mairena: ¨[…]  la actitud experimental , la búsqueda, la inquietud y la curiosidad, son cualidades imprescindibles para ser y hacer flamenco. La cantaora y el bailaor, la guitarrista o el fotógrafo que intenta captar el duende inaprensible, así como el oyente o escuchaor -que diría Antonio Mairena- buscan -o deberían buscar- no salir indemnes de la experiencia. Quiero decir con ello que el flamenco no resbala por la piel, sino que la modifica para siempre. Es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación del impacto” (1).

Quizás, hoy, tenga que escuchar también a Antonio Machado para comprender que se hace camino al andar cuando dejamos huellas, porque al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. El problema radica en que, verdaderamente, no hay camino, sino estelas en la mar, viajando en barquitos veleros o pateras que se cruzan por el río de la vida. A veces, por caminitos o mares procelosos, perdíos, por los que no podemos volver a pisar o navegar. Algo se podría arreglar si los informadores mayores del Reino nos contaran no solo penas sino también, y de vez en cuando, alguna alegría, porque yo a nadie le cuento / Las penitas mías, aunque sé, tal y como lo aprendí con Federico García Lorca, que el cante de esta tierra es un inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y porque también me he emocionado hoy con una sevillana lejana que ha venido a mi mente por un camino perdío.

(1) Ordóñez Eslava, Pedro, Flamenco y vanguardia. En un instante, un quejío y un anhelo, en Andalucía en la historia, 74, 2022, p. 41.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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