Fallecieron en el accidente de trenes sin poder decirnos adiós

W.A. Mozart, Lacrimosa, en Réquiem

Te marchaste sin decirnos adiós / Yo sé que tú no pudiste decirnos adiós / 
¿No sabes tú que tampoco / nosotros hemos podido / decirte adiós? /
Tiempos malditos y tristes / en los que hasta un triste adiós / hay sombras que lo prohíben.

Rafael Alberti, Canción 55, Baladas y canciones del Paraná (1953-1954)

Sevilla, 30/X/2026 – 10:25 h CET (UTC+1)

En el segundo día de luto oficial, he recordado a Rafael Alberti cuando escribió desde el exilio en Argentina, la letra de una canción llena de sentimiento, Te marchaste sin decirnos adiós, transida de dolor, que resuena en mi persona de secreto casi a diario en estos días tristes por el accidente gravísimo de los trenes de alta velocidad en Urda (Toledo). Hablamos de una nueva tragedia de la alta velocidad ferroviaria, de dimensiones extremas, 69 fallecidos en el momento de escribir estas líneas, más de cien heridos de diversa consideración y hasta cerca de cuatrocientos viajeros y tripulaciones de ambos trenes que sufren ya el daño psicológico del estrés postraumático, como poco.

En el caso de los fallecidos, sus familias, amigos y compañeros de trabajo no han podido decirles adiós, poniéndome modestamente en la piel de ellos por el triste duelo que están viviendo todavía por las características especiales que han rodeado a este trágico accidente, del que todavía se desconoce, en profundidad, qué ocurrió exactamente y sus numerosos porqués.

Escuchando ahora a Mozart, en la composición de su forma de ver el fenómeno de la muerte a través de los compases finales del Introito en el famoso Réquiem premonitorio, que se inicia con las palabras lacrimosa dies illa, podemos entender las palabras a las que pone música en el dolor: solo son días de lágrimas para las familias que sufren la terrible ausencia de sus parientes más cercanos, así como las de los heridos todavía ingresados, más la afectación psicológica de los que sobrevivieron a este accidente, dejando abiertas las creencias de cada uno en este momento de duelo para comprender el día después de la forma más humana posible.

También, son días muy dolorosos para los profesionales sanitarios, integrantes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, protección civil, Cruz Roja, personal de las diferentes administraciones públicas, ciudadanos anónimos de las localidades próximas al lugar del accidente, sin dejar a nadie atrás, que han atendido de forma heroica a todos, hasta el último suspiro en algunos casos, en su silencio doloroso y soledad acompañada.

Decía Alberti en el prólogo del libro que recoge la canción citada, entre otras, que “[…] como por transparencia, entrelazados al río y raro paisaje que las provocan, se ven latir en ellas todos los años de dolor y nostalgia que andan dentro de mí, al mismo ritmo de la sangre; porque yo no podré cantar ya nunca dividiendo en dos partes el correr de mi vida; aquí, de este lado, lo sereno, luminoso, optimista, y de este otro, lo dramático, oscuro, triste, todo lo señalado por los signos crueles de mi tiempo. Por esta causa son así, no de otro modo». Me ocurre hoy lo mismo. No puedo estar tan tranquilo con lo que está sucediendo, porque al escribir hoy siento el dolor de lo que está ocurriendo y no puedo escribir solo sobre lo sereno, luminoso u optimista, porque estas ausencias y el dolor colectivo por lo que ha sucedido, me llegan a lo más profundo de mi corazón.

En este desconcierto mundial en el que estamos instalados, nos queda la palabra y hoy quiero dedicarla a estas personas que han fallecido sin que hayamos podido decirles adiós, comenzando obviamente por sus familiares más allegados. También, para reivindicar con todas mis fuerzas que el mejor homenaje que podemos hacerles hoy, más allá de silencios oficiales, banderas a media asta, corbatas y trajes negros, crespones también negros y funerales de Estado en su día, es urgir a nuestros gobernantes para que se trabaje con urgencia en el esclarecimiento de los hechos y se inicien inmediatamente los trabajos de auditoría integral de la red ferroviaria española, no sólo la alta velocidad.

No es el momento de jugar con las cifras para utilizarlas como arma arrojadiza en la disputa política, mucho más por el momento preelectoral que vive el país, pero es obligado, por transparencia y dignidad pública, que se sepa la verdad de lo ocurrido a la mayor brevedad ética posible. La evaluación de carácter público proporciona siempre juicios bien informados. ¡Es el interés general de todos, no la economía de algunos!, en un nuevo grito reivindicativo y viral sin necesidad de escuchar otra vez a los asesores de Clinton, Trump y Asociados, que son bastantes, según se mire, con acólitos muy cercanos en nuestro país.

Desde Andalucía sabemos expresar esta soledad acompañada de dolor compartido y de forma muy especial. Lo decía recientemente en estas páginas al referirme a una soleá cantada por Enrique Morente, Soleá de la ciencia: Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Porque siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí, que viene bien recordar en estos momentos, pero haciéndola extensiva no solo a la ciencia que tanto necesitamos en la actualidad, por lo sucedido en Urda (Toledo), sino como grito reivindicativo hacia los poderes fácticos del mundo, los Gobiernos y Hombres de Negro que manejan los hilos de las marionetas mundiales a través del poderoso caballero don dinero, con arrogancia, altanería y prepotencia. Presumen que tienen el conocimiento y el dinero y nosotros no acabamos de comprenderlo así, con preguntas que hoy no tienen todavía respuesta, porque teniendo en sus manos las grandes soluciones a los problemas actuales del mundo, guerras, hambre y pobreza, no nos “comprenden” en nuestra soledad (soleá) y sufrimiento diario.

Creo que ante lo sucedido, debo recordar de nuevo la estrofa final de la canción 55 de Alberti, escrita desde la orilla del dolor y sufrimiento de la lejanía de su querida tierra y océano del Sur: Tiempos malditos y tristes / en los que hasta un triste adiós / hay sombras que lo prohíben.

Necesitaba compartir estas palabras con la Noosfera, entidad virtual que ya definió hace más de cien años Teilhard de Chardin, en su planteamiento revolucionario del origen y futuro del ser humano, como malla pensante de cerebros cuya cualidad principal es la inteligencia compartida, entendida como la capacidad que tenemos las personas de resolver los problemas que más nos preocupan a diario y que tiene especial sentido cuando frecuentamos, en tiempos difíciles, el futuro ético y responsable con el quiero, puedo y debo de cada uno, de todos, sin excepción alguna.

NOTA: el vídeo recoge una grabación del Réquiem de W. A. Mozart, en concreto de la parte final del Introito, Lacrimosa, interpretado en el Festival de Salzburgo por la Ensemble Music Aeterna, el 23 de julio de 2017, bajo la dirección de Teodor Currentzis y con la intervención de Anna Prohaska (soprano), Katharina Magiera (contralto), Mauro Peter (tenor), and Tareq Nazmi (bajo).

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

A la gente no le gusta que uno piense en libertad y tenga su propia fe

Si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, se calla la vida y la palabra / JA COBEÑA.

Sevilla, 19/X/2026 – 08:15 h CET (UTC+2)

Publico hoy, sin tocarlo porque así fue escrito, un artículo que forma parte de las páginas de este cuaderno digital desde 2024, en un momento político muy delicado para este país siempre tan dual y cainita, en el que no gusta a determinadas personas que uno tenga su propia fe en la socialdemocracia y la mantenga con coherencia, porque impera «el todo vale», la mediocracia, el gobierno mediocre al fin, que cuando tiene poder puede hacer daño a muchas personas.

Como afirmo en el artículo adjunto, repaso hoy de nuevo con mi yo y mi circunstancia a cuestas, la letra de la canción, La mala reputación, creada y cantada por Georges Brassens, porque es un himno a los inconformistas de corazón y mente, a los que no nos da todo igual, porque todos no son ni somos iguales, por mucho que los de siempre, que sabemos quienes son y a qué partidos pertenecen, pretendan agruparnos a todos en un único rebaño y con pensamiento único, porque si algo debe morir para ellos es la inteligencia y la dignidad de la lucha colectiva, en socialdemocracia, por un mundo mejor en beneficio de todos.

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Estamos viviendo tiempos modernos y difíciles, donde la coherencia es a veces flor de un día, precisamente cuando necesitamos más que nunca mantenerla viva, porque sé que el amor y el sufrimiento siempre auna voluntades, tal y como lo cantaba excelentemente Quilapayún en su Cantata de Santa María de Iquique. Ante las guerras en muchas coordenadas mundiales y las más cercanas en nuestro país, según se entienda la palabra ´guerra´, como buenos entendedores que somos, que de todo hay en la viña del señor, debemos blindar nuestras mentes y corazones para salvaguardar la coherencia ética de cada uno ante tanto desvarío.

En este contexto, Paco Ibáñez, de cuyo nombre quiero acordarme hoy, me enseñó hace ya muchos años que a la gente no le gusta que uno tenga su propia fe, yo diría desde una perspectiva más laica todavía, que cada uno, cada una, tenga su propia creencia y la mantenga hasta el final de sus días, por pura coherencia, obstinación según Hesse o porque los principios éticos se defienden siempre, con ardor guerrero, porque no se tienen otros (por coherencia mínima). Repaso de nuevo la letra de la canción, La mala reputación, creada y cantada por Georges Brassens, porque es un himno a los inconformistas de corazón y mente, a los que no nos da todo igual, porque todos no son ni somos iguales, por mucho que los de siempre pretendan agruparnos a todos en un único rebaño y con pensamiento único:

En mi pueblo sin pretensión
Tengo mala reputación,
Haga lo que haga es igual
Todo lo consideran mal,
Yo no pienso pues hacer ningún daño
Queriendo vivir fuera del rebaño;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe.
Todos, todos me miran mal
Salvo los ciegos, es natural.

Cuando la fiesta nacional
Yo me quedo en la cama igual,
Que la música militar
Nunca me supo levantar.
En el mundo pues no hay mayor pecado
Que el de no seguir al abanderado;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe.
Todos me muestran con el dedo
Salvo los mancos, quiero y no puedo.

Si en la calle corre un ladrón
Y a la zaga va un ricachón
Zancadilla pongo al señor
Y aplastado el perseguidor
Eso sí que sí que será una lata
Siempre tengo yo que meter la pata;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe.
Todos tras de mí a correr
Salvo los cojos, es de creer.

No hace falta saber latín
Yo ya se cual será mi fin
En el pueblo se empieza a oír
Muerte, muerte al villano vil
Yo no pienso pues armar ningún lío
Con que no va a Roma el camino mío

No a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe

Todos, todos me miran mal
Salvo los ciegos, es natural

Escuchada esta canción de nuevo y leída con atención la letra original, en este tiempo de  deserciones ideológicas continuas y abandonos de barcos de compromiso social activo, vuelvo a tener fe en las personas que comparten esta forma de cantar permanentemente a la vida, porque nos da mucho a cambio del deber de entenderla, sabiendo que de este mundo casi todos sabemos poco, aunque “estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo” (así lo cantaban los cantores de Aguaviva, con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, a los que no olvido). Cantar sentimientos envueltos en palabras y melodías, es una excelente misión para alegrar cada segundo de la vida de cada uno, cada una, dándole sentido. Basta ahora un ejemplo muy enriquecedor, junto a la canción de Brassens interpretada de forma especial por Paco Ibáñez, al recordar también la letra de “Si se calla el cantor”, de Horacio Guarany (1972) e inmortalizada por Mercedes Sosa en mi banda sonora personal, porque sigue más presente que nunca en mi vida cantora:

Si se calla el cantor calla la vida
Porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, muere de espanto
La esperanza, la luz y la alegría.

Si se calla el cantor se quedan solos
Los humildes gorriones de los diarios.
Los obreros del puerto se persignan
Quién habrá de luchar por su salario.

Que ha de ser de la vida si el que canta
No levanta su voz en las tribunas
Por el que sufre, por el que no hay
Ninguna razón que lo condene a andar sin manta.

Si se calla el cantor muere la rosa
De qué sirve la rosa sin el canto.
Debe el canto ser luz sobre los campos
Iluminando siempre a los de abajo.

Que no calle el cantor porque el silencio
Cobarde apaña la maldad que oprime.
No saben los cantores de agachadas
No callarán jamás de frente al crimen.

Que se levanten todas las banderas
Cuando el cantor se plante con su grito
Que mil guitarras desangren en la noche
Una inmortal canción al infinito.

Si se calla el cantor calla la vida.

Por estas razones y en el afán de hoy, me basta escuchar a los cantores Miguel Poveda, Paco Ibáñez, Horacio Guarany y Mercedes Sosa (Facundo Cabral afirmaba que cantante es el que puede cantar, mientras que cantor es el que debe cantar). Personalmente, creo que ante tanto grito estéril mundial y la desunión de la izquierda en nuestro país, debía decir hoy algo más valioso que el silencio, aunque sé que a la gente no le gusta que uno tenga su propia fe y que muchos, no todos, creen firmemente que todos no somos iguales. También sé que nos miran mal a los que pensamos así y que ante tanto desatino el canto debe ser luz sobre los campos iluminando siempre a los de abajo y que no calle el cantor, porque el silencio cobarde apaña la maldad que oprime. Estoy convencido de que si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, en nuestro país, en nuestra Comunidad, en nuestros entornos familiares, laborales y sociales, se calla la vida y la palabra.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Recuerdo, en esta etapa preelectoral, que Federico García Lorca hablaba y escribía como un socialista puro

Eduardo Ugarte (i), Pedro Salinas (c) y Federico García Lorca (d), delante del camión de La Barraca

El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta

Federico García Lorca, en Doña Rosita la soltera, o el lenguaje de las flores (1935)

Sevilla, 18/X/2026 – 09:34 h CET (UTC+2)

Siempre respeto el principio de “esperanza democrática”, a pesar de la turbación política que vive el país en esta etapa preelectoral, que aconseja no hacer mudanzas del alma, según aprendí del gran principio ignaciano. Verán por qué, dado que yo no tengo la esperanza muerta en mi lucha por un mundo mejor para todos.

En este contexto y como escuchaor de lo que pasa en mi país en estos días previos a las elecciones generales, tengo que agradecer al cantor Miguel Poveda (sabiendo que cantor es el que debe cantar y cantante el que puede hacerlo, diferencia clave para comprender el compromiso social de los artistas, tal y como aprendí en su día de Facundo Cabral), que me recuerde siempre su pasión por la vida y obra de Federico García Lorca, concretamente su Poema del Cante Jondo, así como la necesidad de rescatar en cada aquí y ahora, su vida y obra como la mejor expresión de que olvidamos el olvido de la memoria histórica y democrática de este país.

El poeta granadino, al igual que hace ahora Miguel Poveda como artista, defendió siempre las expresiones de la cultura al alcance de todos, fundamentalmente de los que menos tienen, implicándose en el proyecto de La Barraca, durante el tiempo que fue posible hasta la llegada de la guerra civil.

En una entrevista del 7 de abril de 1933 en el diario La Voz, García Lorca defendió que en los momentos tan críticos como los que vivía España, el teatro tenía el deber de afrontar los problemas sociales, porque la noción del arte por el arte ya resultaba insostenible. Y con respecto a su última obra, La Casa de Bernarda Alba, manifestó algo que no deberíamos olvidar: «Ahora estoy trabajando en una nueva comedia. Ya no será como las anteriores. Ahora es una obra en la que no puedo escribir nada, ni una línea, porque se han desatado y andan por los aires la verdad y la mentira, el hambre y la poesía. Se me han escapado de las páginas. Mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa. Ya lo tengo visto. Van dos hombres por la orilla de un río. Uno es rico, otro es pobre. Uno lleva la barriga llena, y el otro pone sucio el aire con sus bostezos. Y el rico dice: ‘¡Oh, qué barca más linda se ve por el agua! Mire, mire usted, el lirio que florece en la orilla.’ Y el pobre reza: ‘Tengo hambre, no veo nada. Tengo hambre, mucha hambre.’ Natural. El día que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la Humanidad. Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la Gran Revolución. ¿Verdad que estoy hablando en socialista puro?”.

Querido lector, querida lectora, ¿les suenan estas palabras, en el contexto político actual de nuestro país? Por si quedara alguna duda sobre la ideología de Garcia Lorca, tampoco olvido lo manifestado en una entrevista en el diario madrileño El Sol, fechada en 1934, en la que el poeta expresó claramente su posición: “Yo siempre soy y seré partidario de los pobres. Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada. Y hasta la tranquilidad de la nada se les niega”. Se refería concretamente a los nadies de siempre, que todavía existen por doquier, a los que dedicó Eduardo Galeano hace ya bastantes años unas palabras especiales, cargadas de un profundo significado: Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:/ Que no son, aunque sean. / Que no hablan idiomas, sino dialectos. / Que no profesan religiones, sino supersticiones. / Que no hacen arte, sino artesanía. / Que no practican cultura, sino folclore. / Que no son seres humanos, sino recursos humanos. / Que no tienen cara, sino brazos. / Que no tienen nombre, sino número. / Que no figuran en la historia universal, / sino en la crónica roja de la prensa local. // Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

Vemos a los nadies de hoy a diario, cerca, muy cerca, mucho más cerca de lo que creemos, en nuestro país, en nuestra Comunidad de Andalucía y surge la gran pregunta: ¿qué hacemos por ellos, por los inmigrantes, como un ejemplo paradigmático del mundo actual de nadies y que arrastra tanta hambre? Tristemente poco, porque hay que reconocer que la Gran Revolución, con la que García Lorca soñaba, sigue sin llegar. Mientras, el hambre hace estragos, hambre de casi todo, incluso la de los hambrientos de paz que aspiran a la explosión espiritual más grande que jamás conoció la Humanidad. Son palabras de García Lorca que nos quedan, las de un socialista puro.

Me quedo ahora escuchando la interpretación de Miguel Poveda, ensalzando un poema de García Lorca, ¡Ay!, uno de sus poemas del cante jondo, junto a la guitarra espléndida de Jesús Guerrero, con una buena letra, breve, dos veces buena. Quizás entendamos mejor que nunca la frase enunciada anteriormente, “Yo siempre soy y seré partidario de los pobres. Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada. Y hasta la tranquilidad de la nada se les niega”: 

¡Ay!

El grito deja en el viento
una sombra de ciprés.

(Dejadme en este campo,
llorando.)

Todo se ha roto en el mundo.
No queda más que el silencio.

(Dejadme en este campo,
llorando.)

El horizonte sin luz
está mordido de hogueras.

(Ya os he dicho que me dejéis
en este campo,
llorando.)

Escribo estas palabras con alma, para lo que sirva en la próxima campaña electoral al Congreso y Senado de este país, porque algunos, algunas, ¡ojalá fueron cientos de miles de votantes de izquierdas!, soñamos con construir un país diferente, con un Gobierno progresista también, aunque tengamos que aplicar con urgencia el principio esperanza, porque el más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta. Palabras de Federico García Lorca, que hablaba en socialista puro.

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oooOooo

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Tres años después, ¿qué responsabilidad tengo yo en los tribunales del olvido de Gaza?

Ausencia / Liuba María Hevia y Silvio Rodriguez

Sevilla, 9/X/2026 – 09:22 h CET (UTC+2)

¿Y qué importancia tengo yo
en el tribunal del olvido?
¿Cuál es la representación
del resultado venidero?

[…]

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, LX

Tres años después de escribir por primera vez, en este cuaderno digital, unas reflexiones sobre la guerra entre Hamás e Israel, cada uno con su irresponsabilidad y crueldad a cuestas, en el caso de Hamás tras los ataques del 7 de octubre de 2023 contra Israel, que causaron más de 1.200 muertos y 251 secuestrados, de los que 168 sobrevivierony el resto perecieron, con una respuesta desproporcionada, letal y de guerra mortífera por parte de Israel, vuelvo a hacerme estas preguntas de Neruda cada vez que me enfrento ante situaciones clamorosas de olvidos y silencios cómplices asociados, en esta ocasión ante los tristes acontecimientos de esta guerra, que se perpetúa en el tiempo por los acuerdos tomados para “finalizarla” bajo los auspicios de Trump. Sobre todo, cuando se utiliza la violencia con la población civil, anónima, sin culpa alguna, hasta límites insospechados, con cifras aterradoras: más de 74.200 personas “fallecidas” como eufemismo de la realidad de asesinatos generalizados en Gaza, entre las que hay que contabilizar alrededor de 20.000 niños y niñas, más de 11.000 mujeres, 14.000 desaparecidos y cerca de 176.000 personas heridas, algunas de ellas con lesiones muy graves, con secuelas tan lacerantes como amputaciones de todo tipo, junto a casi 2.000.000 de gazatíes desplazados una y otra vez hacia ninguna parte segura.

Los silencios cómplices son una de las mayores amenazas para la democracia. Me refiero, concretamente, a los que siempre derivan en olvidos, respaldados además por tribunales omnipotentes especializados en apoyar el silencio injusto, países todopoderosos, para entendernos, del Este y del Oeste, del Norte y del Sur, de todas las latitudes, Señores y Señoras de Negro, Bancos Mundiales injustos por definición, Mercados Benefactores de las Guerras, gracias a sus mercancías preferidas, las armas mortíferas y cada vez más sofisticadas, todos ellos como pilares fundamentales que propician el ocaso de la democracia.

En los acontecimientos de la guerra citada, he recordado que esta situación tiene una larga historia, más de setenta y ocho años de sufrimiento del pueblo palestino, que se dice pronto, algo que nos debería llevar a olvidar el olvido de este territorio, como nos lo recordaba Eduardo Galeano en su lectura del mundo patas arriba, al revés: “Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión.

Quienes hemos seguido con atención esta guerra tan desigual, falsamente finalizada y olvidada a la hora de escribir estas líneas, como un símbolo de David y Goliat redivivos, tomamos conciencia de lo que significa permanecer callados o denunciar cada uno, cada una, de la mejor forma que pueda lo que estamos viendo y está pasando. De ahí la pregunta concreta de esta reflexión en alta voz tres años después del comienzo de este sangrante conflicto armado: ¿qué responsabilidad sigo teniendo yo en los tribunales de los silencios y olvidos cómplices en este conflicto? 

Basta leer páginas de la historia de Israel y Palestina para tomar conciencia de cómo se propagan con silencios cómplices internacionales y de países limítrofes, noticias falsas o manipuladas sobre el delicado pasado que ha llenado páginas tristes de esta historia en territorios aparentemente lejanos, pero que hoy sabemos que han trastocado el llamado “orden mundial”. Existen líderes mundiales, silenciadores diplomáticos y políticos, también en nuestro país, que han justificado y justifican todavía hoy el todo vale en tiempos de guerra y lo que menos importa es la población anónima a la que siempre le toca sufrir el eufemismo de los llamados «daños colaterales». Los tribunales del olvido abundan por doquier, justificando en estos momentos lo que no tiene nombre, por lo que creo que es urgente descubrirlos y desenmascararlos, porque hacen mucho daño a todo y a todos. Eso es lo que podemos hacer a diario en el boca a boca de denuncia, recordando lo sucedido.

Este tercer aniversario nos puede servir para reivindicar el papel que deben jugar las personas dignas ante esos tribunales del olvido. Más sangrante aún cuando se habla abiertamente de un genocidio puro y duro, con avales de organizaciones internacionales que así calificaron y se siguen reafirmando sobre el comportamiento de Israel, que ha ido mucho más allá de lo que se presumía podía ocurrir en Gaza después de los terribles asesinatos por parte de Hamás hace hoy tres años y sus daños colaterales. Otra ignominia no menos importante en esta guerra tan desequilibrada y devastadora.

Estoy convencido que la mejor respuesta ante estas preguntas de Neruda para salir de los silencios y olvidos cómplices, radica en rescatar las ideologías dignas, basadas en creencias, porque asistimos a una clamorosa ausencia de ellas en el mundo en general. La ausencia de valores está configurando una forma de ser y estar en el mundo muy diferente a cuando están presentes en cada acto humano. Los echamos de menos y es un hilo conductor en la razón ética de las personas dignas. Es lo más parecido a la ausencia de seres queridos, familiares o amigos del alma, cuando se alejan de nosotros por razones físicas, psíquicas o sociales. También, cuando se constata el olvido palmario de las ideologías, de la conciencia de clase, incluso del sentimiento de pertenecer a un grupo social donde nos podemos entender mejor todos los que participan de una ideología que busca sólo el interés general. Es lo que está pasando en nuestra sociedad actual, que lo revestimos de palabras y frases eufemísticas tales como desafección, desencanto y desmovilización. Nada se puede ver afectado, encantado o movilizado, incluso la guerra de Israel y Hamás, también la de Ucrania, si no hay ideología o creencias, que José Ferrater Mora, de quien tanto aprendí, resumía en cuatro para entendernos: personas, naturaleza, sociedad o dios o dioses. Todas legítimas, todas accesibles, todas necesarias, todas imprescindibles como horizonte en la vida, atendiendo a la pregunta siguiente de Neruda, que reitero de nuevo, si somos capaces de dar respuesta digna al indeseable tribunal del olvido: ¿Cuál es la representación del resultado venidero? Porque lo dicho anteriormente vale cuando se trabaja en un frente popular y salvando siempre el interés general.

Hoy he recordado a un cantor de mi juventud, Silvio Rodríguez, que me aportó ideología y compromiso en mi azarosa vida, bastante enfrentada al tribunal del olvido. Se trata de su canción Ausencia, que me compromete a seguir creyendo que “Hay ausencias que son como el olvido / que empolvan madrugadas y semillas / que se fueron perdidas en sus mares / donde nunca podrán hallar la orilla…”. Y sigue su canción de una forma que aclara definitivamente que decir olvido es decir ausencia de casi todo:

Hay ausencias que rozan con el alma,
mariposas celosas del espacio,
austeras prisioneras de las flores,
que te ponen su miel para los labios.

Ausencia, remoto fantasma que violas las puertas
que cantas, que gritas al cielo esa voz
que has llevado contigo
que escribes tú la canción que falta
que siempre nos recuerda la distancia

Hay ausencias gaviotas que te salvan
que desdeñan fronteras y estaciones,
que rondan las paredes, las palabras
dibujando la fe con sus creyones.

Hay ausencias que te hablan de un mañana,
que se tornan de todos los colores,
que te ponen el mundo en la ventana
y de esperanza llenan los balcones.

Ausencia, remoto fantasma
que violas las puertas, que cantas,
que gritas al cielo esa voz
que has llevado contigo,
que escribes tú la canción que falta
que siempre nos recuerdas la distancia

Lo escribí hace tres años y constato que la historia se repite. La representación del resultado venidero, en relación con la guerra de Israel y Hamás, al no haber sido atacados de frente los silencios cómplices, el olvido y sus tribunales de ese olvido por doquier, nos demuestra que la población palestina anónima sin mezcla de Hamás alguna, seguirá sufriendo mucho si no hacemos a diario un esfuerzo especial por recobrar las ideologías que nos ayuden, de nuevo, a recuperar el sentido de la vida, porque sabemos que el olvido es siempre ausencia de alma, tinieblas, el jamás, sabiendo como sabemos que las aves pueden volver al nido, pero que las almas del auténtico pueblo palestino o las personas que han muerto por los ataques sorpresivos de Hamás, no vuelven más. Aunque hoy podamos escribir la canción que falta y que siempre nos permitirá recordar la distancia que nos separa todavía de la dignidad que toda persona merece.

De lo que estoy convencido es de que si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano al revés, olvidándolo todo mediante ausencias y silencios cómplices, se calla la vida y la palabra. Las denuncias también, a los cuatro vientos.

La cruda realidad de las decenas de miles de personas que han sido asesinadas durante estos años en Gaza, las que han resultado heridas o sufren desplazamientos hacia ninguna parte en su propia tierra, denuncia las ausencias, que muchas veces son como el olvido, tal y como lo cantan, Liuba y Silvio Rodríguez. Mi compromiso hoy es claro y rotundo ante las preguntas de Neruda: olvidar el olvido de lo que está pasando y seguimos viendo a diario, horrorizados, en Gaza, participando en los trabajos de denuncia local y global, en la medida que cada uno, cada una, podemos y debemos seguir haciendo para no olvidar al pueblo palestino. Llamando al genocidio de Israel por su nombre, tres años después, sin camuflaje lingüístico alguno.

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¡Paz y Libertad!

Escuchaores de la alboreá democrática, del amanecer diario, que no es poco

Exoesqueletos pediátricos, desarrollados en España por Marsi Bionics

Sevilla, 29/IX/2026 – 18:50 h CET (UTC+2)

En el amanecer diario, que no es poco, propicio para la búsqueda del verdadero sentido de la vida y la ciencia al servicio de las personas, reconozco que suelo ir de mi corazón a mis asuntos, también al revés, yendo del timbo al tambo en este complejo mundo, tal y como aprendí de Gabriel García Márquez en sus cuentos peregrinos.

En esta ocasión, como escuchaor andaluz de pura cepa (Antonio Mairena, dijo), empeñado en continuar con la búsqueda de islas desconocidas que muestren una realidad feliz de la vida, frente al capitalismo feroz, convencido de que otro mundo es posible para todos, sobre todo para los que sufren a diario las limitaciones del mero hecho de vivir, he encontrado dos realidades positivas llevadas a cabo por humanos, frente a la explosión de la inteligencia artificial que nos rodea por tierra, mar y aire, en su vertiente del mal, que tanto daño puede llegar a hacer a la Humanidad.

La primera realidad, se refiere a la investigación en relación con el primer exoesqueleto pediátrico del mundo para uso y movilidad personal, para asistir a los niños y niñas con trastornos del neurodesarrollo, Explorer, desarrollado por una empresa española, Marsi Bionics, que “permite a los pequeños caminar por entornos cotidianos, como el parque, la calle o el colegio, proporcionándoles mayor independencia, movilidad y confianza, y fomentando su participación e integración social. Un dispositivo que evoluciona con su propio crecimiento, abarcando un rango de edad aproximado desde los 2 hasta los 17 años”. Como expresan también en su portal web, es “una solución innovadora para que el niño pueda moverse libremente en su día a día, imita el funcionamiento del músculo natural y es una tecnología segura y validada en diferentes estudios clínicos en colaboración con el Hospital Niño Jesús, Hospital Gregorio Marañón, Hospital La Paz, y Hospital 12 de Octubre”, en Madrid.

La segunda “isla desconocida” descubierta en esta singladura tan especial, es la técnica en los trasplantes que evita el rechazo y prescinde de medicamentos, reduciendo la inmunosupresión necesaria después de un trasplante. Se está llevando a cabo por dos médicos del Hospital Universitario La Paz, en Madrid, Francisco Hernández-Oliveros, cirujano pediátrico, jefe de Sección de Trasplante Pediátrico y responsable del grupo de investigación en Malformaciones Congénitas y Trasplante de IdiPAZ y Antonio Pérez Martínez, jefe del Servicio de Hemato-Oncología Pediátrica, del hospital citado, que dirige un grupo de investigación centrado en trasplante hematopoyético y terapia celular. Una entrevista publicada el pasado 22 de septiembre por elDiario.es, que he leído con la atención que merece, ayuda a comprender el alcance extraordinario de esta investigación.

Una reflexión más, para reforzar el amanecer de cada día, como lo he demostrado anteriormente en el proceso de búsqueda del bien humano, que no es poco. En una grabación muy querida por mí, donde hace ya bastantes años procuraba aprender a conocer todos los “palos” de la A a la Z para ser un buen “escuchaor” flamenco, me sobrecogió siempre una alboreá cantada a dúo por María “La Perrata” y Juan Peña “El Lebrijano”, un romance morisco, de Gerineldo, que estremece a cualquiera, donde la melodía melismática (a cada sílaba le corresponde más de una nota) se hace presente en la alboreá, la alborada, el cante por excelencia en las mañanas de las bodas gitanas, tan próxima a los cantes por soleá:

«Dónde está la novia
novia tan bonita
estaba cortando rosas
por la mañanita»

Aprendí, como escuchaor, qué significa la alboreá, el canto cuando amanece la mañana. Tampoco he olvidado la Soleá de la ciencia, cantada magistralmente por Enrique Morente, que decía así:

Presumes que eres la ciencia
Yo no lo comprendo así
Cómo siendo tú la ciencia
No me has comprendido a mí
.

Sale el sol y da en el cristal
Cuando no quebranta el vidrio
¿Qué es lo que va a quebrantar?

Los pajarillos y yo
Nos levantábamos a un tiempo
Ellos le cantan al alba
Y yo alegro mis sentimientos

Para qué tanto llover
Mis ojitos tengo secos
De sembrar y no coger

Enrique Morente, Soleá de la ciencia

Las dos realidades científicas expuestas anteriormente, demuestran que si estamos abiertos a la vida, en el amanecer diario, que no es poco, podemos descubrir que la ciencia ha comprendido, sin paliativos, el dolor del ser humano, facilitando la vida en todas sus dimensiones posibles. Maravillosos resultados, sabiendo que los pajarillos y yo /
nos levantamos a un tiempo / ellos
le cantan al alba / y yo alegro mis sentimientos
.

NOTA: la canción de Enrique Morente forma parte del disco Morente sueña la Alhambra. Letra y Música: Popular, adaptadas por Enrique Morente. Voz: Enrique Morente. Guitarra: Tomatito. Producido por: Enrique Morente. Tomatito aparece por cortesía de Universal Music Spain, SL.

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Otoño 2026 / y 6. La generación Cafrune: aquí, allí y allá

Jorge Cafrune (1937-1978)

Sevilla, 26/IX/2026 – 08:58 h CET (UTC+2)

Pertenezco a la generación que oía diariamente, en mis años jóvenes, al cantor argentino Jorge Cafrune, solo o acompañado por la tutela del Régimen, sobre todo una canción, No soy de aquí ni soy de allá:

No soy de aquí ni soy de allá
No tengo edad ni porvenir
Y ser feliz es mi color de identidad

Cantábamos con coros llenos de alegría por alcanzar la libertad en un país imposible. Hoy, cuando finalizo esta serie dedicada a Ángel González, abro el libro de sus poemas dedicados a los Otoños y leo el último dedicado a la identidad libertaria, Aquí o allí, como un testamento vital al formar parte de su último libro:

Quién es el que está aquí, y dónde:
¿dentro o fuera?

¿Soy yo el que siente y el que da sentido
al mundo?
¿O es el secreto corazón del mundo
-remoto, inaccesible-
el que me da sentido a mí?

Qué lejos siempre entonces ya de todo,
incluso de mí mismo;
qué solo y qué perdido yo,
aquí o allí.

Ángel González (1925-2008)

No la toco ni la interpreto más, porque así es la poesía de Ángel González, su vida. Un ejemplo para no olvidarlo. Vuelvo a escuchar a Cafrune porque me sirve para seguir luchando por la libertad compartida no siendo de aquí o de allá, solo y perdido en un mundo diseñado por el enemigo, siguiendo la palabra sabia de Juan Cobos Wilkins, un poeta entrañable que conoce bien el corazón de la tierra, de este loco mundo al revés.

Gracias por haberme acompañado hasta aquí, lector, lectora, en este otoño, caminando hacia un desconocido allá, el secreto corazón del mundo.

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Otoño 2026 / 5. Resquicios de melancolía

Joan Manuel Serrat, Balada de otoño, 1969

Sevilla, 25/IX/2026 – 08:48 h CET (UTC+2)

Otoño es una estación propicia para la melancolía. Estudié esta realidad psicológica durante mis años de juventud, donde la vivía como algo muy distante en el tiempo. Hice trabajos de investigación sobre esa realidad que va y viene muchas veces a lo largo de la vida. La pérdida de la luz, cada día un minuto por hora, hace que el tiempo de esplendor lumínico se acorte y todo se prepara para recibir el invierno y su cruda realidad.

El otoño de nuestras vidas es un libro escrito en la memoria de secreto. Decir otoño es decir algo que solo se aprende de la naturaleza: las hojas caen, el frío aparece como por ensalmo, el tiempo se acorta para disponer de luz aunque la llevemos dentro y la lluvia aparece y se ausenta peligrosamente a capricho del cambio climático ordenado por el ser humano.

Ángel González cuenta que nació en 1925: “El escenario y el tiempo que corresponden a mi vida me hicieron testigo de innumerables acontecimientos violentos: revolución, guerra civil, dictaduras. En muy pocos años me convertí, de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía. Regreso, casi viejo, a los orígenes, súbdito de nuevo de la misma Corona. Me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros, y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora, de la metonimia y de la reticencia. Si acabé escribiendo poesía fue, para aprovechar las modestas habilidades adquiridas por el mero acto de vivir”. Quizá, al leer su poema Estampa de invierno, formando parte de uno de sus Otoños, comprendo perfectamente que su memoria esté desquiciada:

Mientras yo en mi yacija como es debido yazgo
arropado en las mantas y las evocaciones
de días más luminosos y clementes,
por no sé qué resquicio de mi ventana entra
un cuchillo de frío,
un gris galgo de frío
que se afana en mis huesos con furia roedora.

No es de ahora, ese frío.
Viene desde muy lejos:
de otras calles vacías y lluviosas,
de remotas estancias en penumbra
pobladas sólo por suspiros,
de sótanos sombríos
en cuyos muros reverbera el miedo.

(En un lugar distante,
trizó una bala
el luminoso espejo de aquel sueño,
y alguien gritaba aquí, a tu lado.
Amanecía.)

No.
No está desajustada la ventana;
la que está desquiciada es mi memoria.

Hoy, en mi otoño particular, he recordado también las ventanas desvencijadas de mi vida y me he dado cuenta de que el frío que ha entrado en determinados momentos y que he pasado en algunos otoños vividos, son los de la soledad sonora que rodea nuestros pasos, poniendo a funcionar la moviola de la intrahistoria de cada uno. Sobre todo la de aquella absurda guerra civil que tanto afectó a mi familia. La que recordaba perfectamente Ángel González en su trayectoria vital, en este poema.

No ha sido fácil en este país haber vivido una conversión, no paulina en la forma de ser y estar en el mundo, siendo sucesivamente súbditos de un rey, ciudadanos de una república y, finalmente, objetos de una tiranía. Memoria, bendita memoria que se abre hueco a veces en el canto triste de la melancolía.

A pesar de todo, hoy ha amanecido para otoñar de la mejor manera, muy cerca de Ángel González, que no es poco.

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Otoño 2026 / 2. Cuando venimos de los álamos

Myriane Bourgeois, canta “De los álamos vengo, madre”, compuesta por Joaquín Rodrigo, en “Cuatro madrigales amatorios”. Piano: Jean-François Grondin

Sevilla, 22/IX/2026 – 07:14 h CET (UTC+2)

El otoño nos prepara para recibir el invierno con toda su crudeza, con la doble cara del dios Jano. Es la antesala de la pérdida de la luz convirtiendo las sombras y grises en un testigo implacable de lo que viene. En Sevilla casi no existe el otoño. Verano e invierno se estrechan la mano día a día y miran de reojo a un otoño que casi hermanan con calor y frío sin pasos intermedios, sin confundirlo con la tibieza apocalíptica: “puesto que no estás ni frío ni caliente sino tibio estoy para vomitarte de mi boca” (Ap. 3, 14-16), una cita matemática (número pi) que no se olvida, sin lugar a duda, que son solo palabras puestas en la boca del dios de los creyentes.

Mientras, leo a Ángel González en su tercer poema de Otoños, Casi invierno:

Alamedas desnudas,
mi amor se vino al suelo.
Verdes vuelos, velados
por el leve amarillo
de la melancolía, 
grandes hojas de luz,
días caídos
de un otoño abatido por el viento.

¿Y me preguntas hoy por qué estoy triste?

De los álamos vengo.

El otoño anuncia siempre los grises del invierno, mirando por el retrovisor del tiempo el color de las tres estaciones anteriores. En esta antesala del invierno, en pleno otoño, constatamos que muchas veces somos ciegos al color, no por una enfermedad, la acromatopsia, sino porque nos acostumbramos a vivir en blanco y negro, como si el color o la alegría no hubiera llegado a nuestras vidas. Cuando era niño, viviendo en una sociedad de eternos grises (incluido el uniforme de la policía…), no había nada que me hiciera disfrutar más que cuando entraba al cine de sesión continua en Madrid y anunciaban en pantalla que la película que íbamos a ver era en “color por tecnicolor”. Era una forma de interpretar la vida de forma diferente.

El otoño hace que, a veces, decaiga el ánimo. La tristeza de Ángel González cuando venía de los álamos tenía una explicación, que leí recientemente en palabras de su esposa, Susana Rivera, cuando afirmaba que la referencia a los álamos no era ni a los que había conocido en New México o los de su tierra, en el Paseo de los Álamos de Oviedo. Eran los que “[…] se imaginaba cuando escuchaba a Victoria de los Ángeles cantar, «De los álamos vengo madre, de ver como los menea el viento…». Ponía ese disco en momentos muy especiales, muchas veces amanecimos escuchándolo”.

De los álamos, vengo, madre. De los álamos, vengo, madre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De los álamos, vengo, madre. De los álamos, vengo, madre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De los álamos de Sevilla, de ver a mi linda amiga, de ver a mi linda amiga. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De los álamos, vengo, madre. De los álamos, vengo, madre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre (1).

Y me consuela saber que los álamos queridos por Ángel González estaban en Sevilla, porque su quintaesencia figuraba en un poema popular anónimo recopilado por Juan Vázquez, un extremeño muy vinculado al movimiento renacentista de Sevilla, donde falleció en 1563, en una obra que llevaba por título Recopilación de sonetos y villancicos a cuatro y cinco voces (Sevilla, 1560). “De los álamos vengo madre…”, una canción cantada por villanos, es decir, un villancico, figuró siglos más tarde como cuarto madrigal amatorio compuesto por el maestro Joaquín Rodrigo, respetando la melodía original que había escuchado durante su estancia en París hacia finales de los años treinta.

Otoño, desde los álamos de Sevilla en la Alameda de Hércules, el jardín público más antiguo de Europa, ¿me preguntas hoy por qué estoy triste?

(1) Letra original: http://cristobaldemorales.net/medios/repertorio/alamos_vengo_madre

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Es un deber andaluz recordar a Blas Infante en el 90 aniversario de su fusilamiento

Monumento dedicado a Blas Infante, en el lugar de su fusilamiento (Gota de Leche), en la madrugada del 11 de agosto de 1936 / JA COBEÑA

Sevilla, 11/VIII/2026 – 13:13 h CET (UTC+2)

Luis Cernuda escribió un poema durante su exilio en México, 1936, dedicado a un antiguo soldado de la Brigada Lincoln, que guardo en mi memoria de secreto, donde decía lo siguiente: recuérdalo tú, recuérdalo a otros, que hoy quiero cumplir al pie de la letra al recordar a Blas Infante, Padre de la Patria Andaluza, reconocido como tal por el Parlamento de Andalucía en abril de 1983, al cumplirse en la madrugada de este día el noventa aniversario de su fusilamiento por orden gubernamental, militar por supuesto y sin juicio previo, dados sus antecedentes políticos, veinticuatro días después del inicio de la guerra civil española, el 18 de julio de 1936. Cuatro años después, se dictó una condena a muerte en su contra «por haberse significado como propagandista para la constitución de un partido andalucista o regionalista andaluz». 

1936

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,
cuando asqueados de la bajeza humana,
cuando iracundos de la dureza humana:
este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

[…]

Con tal motivo, hemos ido esta mañana mi compañera de vida y yo a rendirle un modesto homenaje en el monumento construido en su memoria histórica y democrática, en la zona conocida como la Gota de Leche, en Sevilla capital, donde fue fusilado sin más contemplaciones. Hemos puesto una rosa roja a sus pies y junto a las voces de Rocío Jurado y Joan Manuel Serrat, hemos cantado al unísono el Himno de Andalucía:

La bandera blanca y verde
vuelve, tras siglos de guerra,
a decir paz y esperanza,
bajo el sol de nuestra tierra.

¡Andaluces, levantaos!
¡Pedid tierra y libertad!
¡Sea por Andalucía libre,
España y la Humanidad!

Los andaluces queremos
volver a ser lo que fuimos
hombres de luz que a los hombres,
alma de hombres les dimos.

¡Andaluces, levantaos!
¡Pedid tierra y libertad
¡Sea por Andalucía libre,
España y la Humanidad!

Hemos contemplado su figura y he adquirido el compromiso de volver a leer su obra emblemática, El ideal andaluz, para no olvidar lo que defendió durante tantos años y que tanto ha supuesto hasta alcanzar la plena autonomía andaluza.

Rocío Jurado y Joan Manuel Serrat cantan el Himno de Andalucía, durante la Gala conmemorativa desde Almería, con motivo del Día de Andalucía, el 28 de febrero de 1996, emitida por Canal Sur

En un día como hoy deseo recordar algo por lo que trabajó incansablemente Blas Infante hasta su ignominiosa muerte y que Luis Cernuda lo recogió de forma extraordinaria en unos versos inolvidables: Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro. Creo que no todos, como se traduce hoy por la alianza de PP y VOX, un partido -este último- que reniega de Blas Infante, con las últimos acusaciones de islamismo radical por si faltaba algo de lo que acusar hoy al padre de la patria andaluza. Esta apreciación de algunos y no todos no era inocente para Cernuda porque él, mejor que nadie, sabía del comportamiento de sus paisanos en muchas manifestaciones sociales, culturales y políticas, porque todos los andaluces no somos iguales: «Más el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros» (A sus paisanos, en La desolación de la quimera).

Somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, al recordar hoy lo sucedido a Blas Infante, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, porque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos, como Manuel Gerena me enseñó personalmente en un poema suyo muy querido. Con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro. Como Blas Infante lo detalló como sueño hecho realidad en su ideal andaluz. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra.

Detalle del Monumento dedicado a Blas Infante / JA COBEÑA

Son mis principios andaluces y no tengo otros. Son mi ideal andaluz. Es verdad, porque Andalucía es un sueño que varios andaluces, todavía hoy y con la que está cayendo, llevamos con su luz y su tiempo dentro. Blas Infante merecía hoy nuestro respeto y recuerdo. También, porque deseábamos cumplir el mandato de Luis Cernuda: lo sucedido a Blas Infante, recuérdalo tú, recuérdalo a otros.

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Hoy recuerdo que un piano bombardeado en Hiroshima sigue teniendo alma

Sevilla, 6/VIII/2026 – 09:33 h CET (UTC+2)

Hoy se recuerda amargamente el ochenta y un aniversario del ataque nuclear a Hiroshima en 1945. En Nagasaki se repitió el ataque el día 9. Con este motivo tan especial y con profundo respeto a la memoria histórica y democrática mundial, vuelvo a recuperar las palabras que escribí en 2017 recordando un hecho insólito, la recuperación de un piano que fue testigo de aquella tragedia, entregándonos metafóricamente su alma, como la de los violines cuando nos entregan también su esencia a través de ella, como pieza clave de ese bello y frágil instrumento.

En estos momentos difíciles para la democracia mundial, vuelvo a escucharlo con una canción de fondo muy querida por el pueblo japonés, Furusato (El pueblo donde nací), porque nos recuerda que debemos volver cada día a nuestro rincón de paz. El piano, la intérprete, los niños y niñas que cantan y la propia canción tienen alma. Y ¿qué es el alma? No hace mucho tiempo, descubrí una respuesta a través de la literatura, en un libro precioso escrito por Mario Satz, “El alfabeto alado”: “Entre el alma humana y las mariposas existe un estrecho parentesco: lo que en una es oscilación y ascenso en las otras es aleteo y color. Aristóteles fue el primero en acuñar la palabra «psique» para designar ese nexo, y, tras él, poetas y pintores representaron el alma alada, frágil e inasible pero hermosa». Lo asombroso es que el piano de Hiroshima también tiene alma: oscilación y ascenso en sus notas, pero también aleteo y color.

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El piano de Hiroshima

Sevilla, 14/XII/2017

Hay noticias que pasan sin pena ni gloria a pesar de su trascendencia. El pasado domingo se entregó en Oslo el premio Nobel de la Paz a la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares. El día siguiente, se celebró un concierto en honor de los ganadores del premio Nobel en el que hubo un protagonista especial, un piano Yamaha superviviente del ataque nuclear de Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Me parece un homenaje con música a un hecho vergonzante para la humanidad y que pervive en la mente del pueblo japonés a pesar del tiempo transcurrido. Como testigo de cargo, el piano todavía mantiene niveles bajos de radiación y se observan en su lacado negro restos de cristales que saltaron por la onda expansiva de la bomba al estar en su radio de acción.

Creo que es una imagen preciosa para recordarnos algo que pervive a través de los siglos, como expresión de paz en momentos de sufrimiento para las personas: Musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor. Lo sigue siendo en ambos mensajes porque ese piano, testigo vivo de una historia que no se debería haber contado jamás, nos entrega alegría a través de composiciones interpretadas por manos maestras. Al mismo tiempo, es medicina para el dolor de la memoria no olvidada.

Mitsunori Yagawa (65 años) ha manifestado recientemente (1) que «Durante el bombardeo de Hiroshima, todo lo que había en los dos kilómetros de la zona cero fue quemado y destruido. Este piano estaba dentro de este límite y sobrevivió milagrosamente». Él ha restaurado el piano y ha tocado en innumerables conciertos por la paz.

El piano tiene un nombre propio: Hibakupiano (el piano bombardeado). Para que no lo olvidemos, aunque se esfuerza, en los conciertos actuales, en entregarnos algo que siempre lleva dentro desde su fabricación en 1938. Los supervivientes que estaban cerca del piano callan todavía hoy porque no quieren hablar de aquella desolación. Entre ellos, el padre de Mitsunori Yagawa. Pero él nos muestra a través de la música la otra cara del horror, con objeto de que no se repita esa página tan triste en la historia de la humanidad.

En el vídeo que encabeza este post, se interpretan en el piano Hibaku tres obras breves de Chopin y Teiichi Okano. Me he detenido en la última porque es una canción que todos los niños y niñas japoneses aprenden en la escuela pública. Se llama Furusato (el pueblo donde nací) y es sobrecogedor cómo las personas asistentes a este concierto acompañan a la pianista Aimi Kobayashi con una letra de recuerdos especiales para todos, cantando al mundo cómo debemos volver cada día a nuestro rincón de paz:

Perseguía conejos en aquella montaña.
Pescaba pececillos en aquel río.
Aún hoy retornan aquellos sueños.
No puedo olvidar mi pueblo natal.

Padre, madre, ¿se encuentran bien?
¿Estarán bien mis viejos amigos?
Hasta cuando la lluvia cae y el viento sopla,
afloran los recuerdos de mi pueblo natal.

Algún día, cuando haya hecho realidad mis sueños,
volveré.
Donde las montañas son verdes, a mi pueblo natal.
Donde las aguas son claras, a mi pueblo natal.

(1) https://www.clarin.com/mundo/piano-sobrevivio-bomba-atomica-hiroshima-sonara-manana-oslo_0_SyFTk65ZM.html

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