Hoy recuerdo que un piano bombardeado en Hiroshima sigue teniendo alma

Sevilla, 6/VIII/2026 – 09:33 h CET (UTC+2)

Hoy se recuerda amargamente el ochenta y un aniversario del ataque nuclear a Hiroshima en 1945. En Nagasaki se repitió el ataque el día 9. Con este motivo tan especial y con profundo respeto a la memoria histórica y democrática mundial, vuelvo a recuperar las palabras que escribí en 2017 recordando un hecho insólito, la recuperación de un piano que fue testigo de aquella tragedia, entregándonos metafóricamente su alma, como la de los violines cuando nos entregan también su esencia a través de ella, como pieza clave de ese bello y frágil instrumento.

En estos momentos difíciles para la democracia mundial, vuelvo a escucharlo con una canción de fondo muy querida por el pueblo japonés, Furusato (El pueblo donde nací), porque nos recuerda que debemos volver cada día a nuestro rincón de paz. El piano, la intérprete, los niños y niñas que cantan y la propia canción tienen alma. Y ¿qué es el alma? No hace mucho tiempo, descubrí una respuesta a través de la literatura, en un libro precioso escrito por Mario Satz, “El alfabeto alado”: “Entre el alma humana y las mariposas existe un estrecho parentesco: lo que en una es oscilación y ascenso en las otras es aleteo y color. Aristóteles fue el primero en acuñar la palabra «psique» para designar ese nexo, y, tras él, poetas y pintores representaron el alma alada, frágil e inasible pero hermosa». Lo asombroso es que el piano de Hiroshima también tiene alma: oscilación y ascenso en sus notas, pero también aleteo y color.

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El piano de Hiroshima

Sevilla, 14/XII/2017

Hay noticias que pasan sin pena ni gloria a pesar de su trascendencia. El pasado domingo se entregó en Oslo el premio Nobel de la Paz a la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares. El día siguiente, se celebró un concierto en honor de los ganadores del premio Nobel en el que hubo un protagonista especial, un piano Yamaha superviviente del ataque nuclear de Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Me parece un homenaje con música a un hecho vergonzante para la humanidad y que pervive en la mente del pueblo japonés a pesar del tiempo transcurrido. Como testigo de cargo, el piano todavía mantiene niveles bajos de radiación y se observan en su lacado negro restos de cristales que saltaron por la onda expansiva de la bomba al estar en su radio de acción.

Creo que es una imagen preciosa para recordarnos algo que pervive a través de los siglos, como expresión de paz en momentos de sufrimiento para las personas: Musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor. Lo sigue siendo en ambos mensajes porque ese piano, testigo vivo de una historia que no se debería haber contado jamás, nos entrega alegría a través de composiciones interpretadas por manos maestras. Al mismo tiempo, es medicina para el dolor de la memoria no olvidada.

Mitsunori Yagawa (65 años) ha manifestado recientemente (1) que «Durante el bombardeo de Hiroshima, todo lo que había en los dos kilómetros de la zona cero fue quemado y destruido. Este piano estaba dentro de este límite y sobrevivió milagrosamente». Él ha restaurado el piano y ha tocado en innumerables conciertos por la paz.

El piano tiene un nombre propio: Hibakupiano (el piano bombardeado). Para que no lo olvidemos, aunque se esfuerza, en los conciertos actuales, en entregarnos algo que siempre lleva dentro desde su fabricación en 1938. Los supervivientes que estaban cerca del piano callan todavía hoy porque no quieren hablar de aquella desolación. Entre ellos, el padre de Mitsunori Yagawa. Pero él nos muestra a través de la música la otra cara del horror, con objeto de que no se repita esa página tan triste en la historia de la humanidad.

En el vídeo que encabeza este post, se interpretan en el piano Hibaku tres obras breves de Chopin y Teiichi Okano. Me he detenido en la última porque es una canción que todos los niños y niñas japoneses aprenden en la escuela pública. Se llama Furusato (el pueblo donde nací) y es sobrecogedor cómo las personas asistentes a este concierto acompañan a la pianista Aimi Kobayashi con una letra de recuerdos especiales para todos, cantando al mundo cómo debemos volver cada día a nuestro rincón de paz:

Perseguía conejos en aquella montaña.
Pescaba pececillos en aquel río.
Aún hoy retornan aquellos sueños.
No puedo olvidar mi pueblo natal.

Padre, madre, ¿se encuentran bien?
¿Estarán bien mis viejos amigos?
Hasta cuando la lluvia cae y el viento sopla,
afloran los recuerdos de mi pueblo natal.

Algún día, cuando haya hecho realidad mis sueños,
volveré.
Donde las montañas son verdes, a mi pueblo natal.
Donde las aguas son claras, a mi pueblo natal.

(1) https://www.clarin.com/mundo/piano-sobrevivio-bomba-atomica-hiroshima-sonara-manana-oslo_0_SyFTk65ZM.html

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Es verdad que esta España y yo, estamos obligatoriamente obligados a entendernos

[…] El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico.

De este mundo los dos sabemos poco.
Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo.

Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo

Sevilla, 4/VIII/2026 – 11:13 h CET (UTC+2)

He escrito bastantes veces, en este cuaderno digital, sobre algo que me preocupa en estos difíciles días para el país, porque mi generación sabe mucho de desconcierto existencial bajo el yugo de una dictadura, en la que teníamos claro que el país sólo tenía interés personal y social si iba hacia adelante, hacia la consolidación plena de la democracia. Ya la tenemos, sin lugar a dudas, pero malherida y en pleno ocaso mundial y nacional, lo que nos lleva a un nuevo desconcierto político en este país tan dual y cainita, trufado de corrupción reciente desde la izquierda, que tanto nos duele, aunque Terencio nos recuerde cada segundo vital que “nada humano nos es ajeno”.

Lo he manifestado públicamente en este cuaderno digital a lo largo de sus veinte años de amable existencia: en el álbum musical de mi vida ocupa un sitio privilegiado una canción muy breve interpretada por Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo, con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, que procuro aplicarla todos los días por su mensaje final. Estamos viviendo unos momentos dramáticos para el país, para su supervivencia democrática pura, por la corrupción en la cúpula directiva y algunos asociados, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) o la causa abierta contra el expresidente Zapatero, que afectan directamente a la credibilidad del Presidente del Gobierno, por razones obvias, por decirlo claramente y sin medias tintas.

Por esta situación, vemos inmerso el país en un desconcierto político mayúsculo, de consecuencias todavía desconocidas por el avance de las alianzas PP-VOX, pero que intuimos que no es para nada bueno. Por estas razones también, creo que los demócratas, sin excepción, estamos obligatoriamente obligados a entendernos: partidos políticos y ciudadanía, casi por igual, tanto monta monta tanto, porque frente a lo que está pasando, en democracia somos dueños de nuestro destino, algunos con más ensoñación democrática de su destino que otros, cada uno con su cadaunada, con su ideología y su búsqueda de puntos de encuentro, constitucionales por supuesto, para romper el bloqueo político actual, que se evidencia en el Congreso, que nos lleva al estancamiento insufrible en el que nos encontramos, por la obstrucción permanente de la oposición en su creencia lamentable de que el actual gobierno “no es legítimo” y corrupto.

Los más antiguos del lugar recordarán una preciosa canción de Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo, en sus estrofas finales sobre nuestro destino: “De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo”. En tal sentido, recuerdo lo que dijo el escritor Manuel Rivas en una columna del superdomingo electoral de mayo de 2019, en el diario El País, hablando de lo que hace verdaderamente daño a la política, nacional y europea: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.

Aquella canción nos dejaba inquietos ante el permanente mundo al revés, tan frecuente en nuestras vidas:

Ni yo tampoco entiendo si se me abre
el grifo y sale una bala tras otra
bala, si abro la puerta y se nos entra
el fusilado y cierro y se me queda
fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto
y nada, si miro al muro
y todavía distingo los boquetes

Todo lo que viene ocurriendo estos días atrás, trufado de continuos informes elaborados por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, bajo supervisión judicial, echan por tierra la ideología que la izquierda, representada en este caso por el PSOE, que estaba obligatoriamente obligado a proteger y defender siempre: prestar los mejores servicios públicos a la sociedad, de forma limpia y transparente, teniendo en cuenta -solo y exclusivamente- el interés general de la población a la que el gobierno constituido sirve, teniendo en cuenta sobre todo a los más débiles, a los que menos tienen, a los que no tienen trabajo, a los que necesitan estructuras sanitarias públicas saludables para vivir y llegar a ser mayores con todas las garantía sociales que ofrece el Estado de Bienestar.

Creer en el interés público, el general, en el que tanto insiste la Constitución actual, por encima del personal o el de partido con siglas concretas, es la única solución para caracterizar la dignidad de un partido político, en este caso el PSOE y por extensión a quien ostenta en nombre de ese partido la presidencia de este país, aunque siga personalmente creyendo en su limpieza ética de gobierno. Merece la pena que la izquierda se entienda urgentemente en este galimatías de corrupción, incluso con la aceptación de una convocatoria de nuevas elecciones para que el pueblo decida ante la situación actual insostenible, aunque nos duelan desde la izquierda los presagios de una llegada en tromba de la derecha ultramontana, porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasen las personas libres para construir una sociedad mejor. Palabras de Allende y ¿por qué no?, nuestras. Para quien las quiera seguir escuchando y practicando a pesar de todo. A mí, me quedan.

Las estructuras tradicionales de la política en este país a través del bipartidismo han desaparecido, por mucho que a algunos votantes les cueste creerlo. El multipartidismo ha venido para quedarse definitivamente en el Congreso y en el Senado. Tenemos que reconocer que de este mundo de la política de pactos, legítimos por supuesto, frente a sus detractores, sabemos poco, pero estamos aquí obligatoriamente obligados a entenderlo. Por encima de todo, amamos una política que no haga daño, “aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”. La izquierda constitucional está obligatoriamente obligada a entenderse por el bien de todos los ciudadanos que vivimos en este país tan heterogéneo por sus territorios, lenguas, creencias y culturas, y que, con el día a día de nuestro voto, aspiramos a vivir en paz en él y sin hacernos daño. 

¿Reflexión buenista de un optimista redomado? No, aplicación del principio de realidad de un pesimista bien informado (Benedetti, dixit) sobre lo que está ocurriendo y estamos viendo, con profundo dolor ideológico desde la izquierda digna.

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¡Paz y Libertad!

Hoy me acuerdo de un maestro que prometió a sus alumnos ver el mar, antes del 18 de julio de 1936

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo: ¡la gente va allí a bañarse! Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo de que me voy a ahogar.

Lucía Carranza, enero de 1936

Sevilla, 18 de julio de 2026, en el 90 aniversario del comienzo de la guerra civil en nuestro país 

El texto que figura en la cabecera de este artículo lo escribió Lucía Carranza, una alumna de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba (Burgos), en el cuaderno El MarVisión de unos niños que no lo han visto nunca, editado artesanalmente en enero de 1936. Si hoy lo rescato es para simbolizar de nuevo, con las palabras que aún nos quedan (Blas de Otero, dixit), un pequeño homenaje a las personas que sufrieron en nuestro país el escarnio de la guerra civil durante casi tres años y, posteriormente, durante casi cuarenta años de dictadura franquista, víctimas del mal llamado “glorioso alzamiento nacional”, que comenzó el 18 de julio de 1936 y que tristemente recordamos hoy, con un profundo respeto a la memoria histórica y democrática de este país.

Con este motivo, vuelvo a publicar hoy el núcleo principal del artículo que figura en este cuaderno digital desde el 8 de noviembre de 2023, con un título, En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible, que encierra en sus palabras un relato que sobrecoge y da a conocer razones de fondo para amar, 90 años después y con todas nuestras fuerzas, la democracia y no las guerras propiciadas por el fascismo y las ultraderechas de todo tipo.

Por mi aprecio y respeto a la memoria democrática de mi país, hoy me acompaña en la cabecera, como música de fondo, una obra preciosa de Salvador Bscarisse, Romanza, el segundo movimiento del Concertino para guitarra y orquesta en La menor, compuesta en 1952. Me conmueve y sobrecoge ante tanto ruido de la derecha extrema y ultraderecha en mi Comunidad, en mi país. Bacarisse la sufrió hasta su exilio en Francia durante la guerra civil, para nunca más volver, falleciendo en París en 1963. Tampoco lo olvido.

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En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible

En mi singladura diaria por el mar abierto de mi vida, he llegado a una isla desconocida por mí, la vida y obra de Antoni Benaiges Nogués, un maestro olvidado por la España que, todavía hoy, siempre hiela el corazón, que decía Antonio Machado, una persona de las imprescindibles de Bertolt Brecht, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente mediante este pequeño homenaje que deseo tributarle con palabras, que nos quedan, en este cuaderno digital, pero no sólo a él, sino a miles de maestros y maestras que fueron maltratados de mil formas indeseables, incluso con la muerte, durante la guerra civil y años posteriores de dictadura.

Esta localización extraordinaria la he podido llevar a cabo gracias al cine, ¡bendito cine!, a una película,  El maestro que prometió el mar, que se presentó en la Semana Internacional del Cine (SEMINCI), de Valladolid, en octubre pasado, dirigida por Patricia Font y cuya sinopsis ya es atractiva, de por sí, para almas inquietas: “Ariadna, descubre que su abuelo busca desde hace tiempo los restos de su padre, desaparecido en la Guerra Civil. Decidida a ayudarlo, viaja a Burgos, donde están exhumando una fosa común en la que podría estar enterrado. Durante su estancia allí, conocerá la historia de Antoni Benaiges, un joven maestro de Tarragona que antes de la guerra fue profesor de su abuelo. Mediante un innovador método pedagógico Antoni inspiró a sus alumnos y les hizo una promesa: llevarlos a ver el mar”, poniendo en valor la lucha de tantas familias que todavía buscan a sus familiares enterrados anónimamente en fosas comunes a lo ancho y largo de este país. He procurado buscar antecedentes históricos de esta historia verdadera, porque en esta ocasión cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, al estar basado el guion en la vida y obra de un maestro, nacido en un pueblo de Tarragona, Mont-roig del Camp, en 1903, que ejerció su preciosa tarea en un destino rural desde 1934, concretamente en la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, de infeliz memoria por su trágico fusilamiento, llevado a cabo el 25 de julio de 1936, recién iniciada la guerra civil, siendo enterrado en una fosa común que todavía no se ha podido localizar, para mayor escarnio de sus familiares y allegados más directos, así como para la memoria histórica y democrática de este país.

Gracias a la búsqueda citada, he localizado también una obra imprescindible para conocer detalles necesarios para comprender el alcance de la vida y obra de Antonio Benaiges, El maestro que prometió el mar, una publicación coordinada por Francesc Escribano, junto a textos de Francisco Ferrándiz y Queralt Solé, con trabajo de documentación y fotografías de Sergi Bernal, en una coedición llevada a cabo por las editoriales Blume y Ventall, que ha servido de base para el guion de la película, cuya sinopsis amplía la intrahistoria de esta vida ejemplar llevada al cine: “Antoni Benaiges, un maestro de Mont-roig del Camp, Tarragona, fue destinado a la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, en 1934. Gracias a una metodología de enseñanza pionera y revolucionaria para la época, basada en la participación activa de los niños y el uso de la imprenta, comenzó a transformar la vida de sus alumnos y la del pueblo. A finales de julio de 1936, el maestro desapareció. Durante más de 75 años, su trabajo y personalidad permanecieron en la intimidad del recuerdo de sus antiguos alumnos y su familia, hasta que, en agosto de 2010, a pie de fosa, un vecino de Bañuelos haría emerger la figura del maestro asesinado en 1936 y la conmovedora historia de una promesa que no se pudo cumplir. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos».

Me ha sobrecogido conocer algo que deseo compartir con quienes me acompañan a menudo en esta singladuras hacia islas desconocidas. Se trata del pequeño homenaje que el 18 de julio de 2021 se celebró en el cementerio de Bañuelos de Bureba, al levantarse un cenotafio, un pequeño monumento funerario dedicado a este maestro inolvidable, imprescindible, sin su cadáver, porque no se sabe dónde está, en un nicho en el que depositaron objetos y recuerdos actuales sobre su vida y obra, el guion de la película citada, por ejemplo y en el que sobre una lápida roja se colocó una inscripción que todavía, al escribirla, me emociona y conturba: “ANTONI BENAIGES NOGUÉS, MAESTRO DE NUESTRA ESCUELA.  Nos dejó ser niños, antes de ser hombres, nos enseñó el valor de la palabra, nos prometió el mar”.

Como una premonición de la censura que viene y que ya está presente en las ciudades y pueblos gobernados por la derecha y su más allá en este país, la ultraderecha intolerante por principio, esta historia real llevada a una producción teatral dirigida por Xavier Bobés y Alberto Conejero, El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, fue vetada durante el verano pasado por el alcalde de Briviesca (Burgos) del Partido Popular, recién formado el nuevo gobierno de la localidad, aludiendo a razones “económicas y técnicas”, cuando con el consistorio anterior todo habían sido facilidades para su representación. 

Para que no se olvide la maravillosa obra didáctica de Antoni Benaiges Nogués, ni siquiera un momento, hay que decirlo alto, claro y fuerte: estamos avisados.

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¡Paz y Libertad!

 

Romanza para un verano de 93 días, que entra hoy con música especial de fondo

Salvador Bscarisse, Romanza, segundo movimiento del Concertino para guitarra y orquesta en La menor, 1952 / Orquesta de la Universidad de Granada. Guitarra: Marcos Victora Wagner, 2011

Sevilla, 21/VI/2026 – 08:53 h CET (UTC+2)

Hoy comienza el solsticio (sol quieto) del verano en el hemisferio norte, a las 10 horas 24 minutos hora oficial peninsular, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional – Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible), que durará aproximadamente 93 días y 16 horas, y terminará el 23 de septiembre con el comienzo del otoño.

Como suelo hacer siempre en esta fecha, la uno a la celebración especial del Día Europeo de la Música. Desde hace años tengo asociada esta fecha con el recuerdo de una obra memorable de Salvador Bacarisse, el Concertino en La mayor, sobre todo en su sobrecogedor segundo movimiento, Romanza (con un tempo Andante), partitura completa que forma parte del legado de su obra a la Fundación Juan March, porque siempre me transmite paz en medio de tanta turbación y mudanzas del alma, sentimiento que deseo compartir hoy, de nuevo, con la Noosfera.

Siempre he pensado que la conjunción de esta llegada del verano y la celebración del día europeo de la música, ofrecen la oportunidad de creer que otro mundo es posible, sobre todo cuando se aúnan esfuerzos y voluntades en torno a la música en un tiempo tan abierto a la vida como es la estación del verano y con un denominador común sobre la ciclópea tarea de reconstruir permanentemente la vida en otro mundo diferente, que funciona al revés casi siempre. Como no podía ser de otra forma, he elegido hoy, de nuevo, una obra que conjugara estas realidades y que guardo en mi banda sonora vital y en páginas de este cuaderno digital: el Concertino citado, interpretado por primera vez por la Orquesta de la Radiotelevisión Francesa, actuando Narciso Yepes como solista a la guitarra y bajo la dirección de Ataúlfo Argenta. Lo he vuelto a escuchar con profundo respeto y admiración gracias al fondo que figura en la Fundación Juan March (1), como legado que su hijo cedió a la citada Fundación y al que se puede acceder para conocer en profundidad la vida en el exilio y la obra de Bacarisse. En concreto, en la página dedicada al fondo radiofónico en su etapa como productor en numerosos programas en lengua española de la RTF (Radiodiffusion-Télévision Française), A propósito de Salvador Bacarisse (1964). Programa-homenaje a Bacarisse con entrevistas a personalidades de la cultura. Presentador: Narcís Bonet”.

Como en aquella ocasión, reinterpreto hoy el título como Romanza para un verano de 93 días, que entra hoy con música especial de fondo, donde los sentimientos y emociones pueden volar muy alto, cambiando también lo que haya que cambiar. Eso espero en la esperanza de que creamos siempre en la forma de ser nuevas personas en España, también en política, acompañados por la música y cantando, como diría Alberti: Creemos el hombre nuevo cantando, / el hombre nuevo de España cantando, / el hombre nuevo del mundo cantando. / Canto esta noche de estrellas / en que estoy solo y desterrado. / Pero en la tierra no hay nadie / que esté solo si está cantando. […] Nada hay solitario en la tierra / creemos el hombre nuevo cantando. También, porque la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).

La Romanza tiene un tempo de andante (ejecutado con dulzura, poco a poco), al que he dedicado palabras llenas de sentimiento en este cuaderno digital, fundamentalmente en una modesta operación rescate de un músico excelente que tuvo que salir de España en condiciones lamentables con motivo de la guerra civil. Esta obra completa de Bacarisse, el Concertino en La menor, a través de sus tres movimientos, Entrada (Allegro), Romanza (Andante lento) y Scherzo (Allegretto), en su particella original para clavecín y orquesta (que conservo), me entrega siempre paz interior y me permite viajar por sueños posibles. Hoy, más que nunca, necesitamos escuchar romanzas, porque son composiciones de aire tierno y sencillo, que solo quieren transmitir sentimientos y paz interior.

Cada vez que me aproximo a esta partitura busco comprender mejor qué quiso transmitir el autor en ella. Hace años dediqué unas palabras especiales a Ataúlfo Argenta, gran amigo de Bacarisse y creo que me acerqué a su verdadero sentido: “Buscando esta verdad de Ataúlfo Argenta, he seguido de cerca a Fernando Argenta en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. El mismo que él tenía hacia su padre cuando nos presentaba el Concertino para guitarra y orquesta en La menor, de Salvador Bacarisse (sobre todo su Romanza), nada apreciado por el Régimen franquista por su deriva republicana y que dirigió en un concierto memorable en París el día de su estreno [15-X-1953, París (Théátre des Champs-Élysées), interpretado por Narciso Yepes (guitarra) y L’Orchestre National, en un concierto público organizado por la Radio Televisión Francesa)], del que guardo un recuerdo entrañable en mi memoria de hipocampo, de secreto”.

Recomendaba en aquella ocasión, como hago hoy de nuevo, que escuchen esta versión de la Romanza con la pasión de músicos muy jóvenes de la Orquesta de la Universidad de Granada, que recogen el testigo de lo que quiso transmitir Bacarisse desde el exilio en París. El Sur también existe en el Día Europeo de la Música a través de jóvenes intérpretes, el futuro musical y más amable de nuestra Comunidad y de nuestro País.

Guardo también en mi persona de secreto un tesoro musical: la obra compilada de Salvador Bacarisse en la Fundación Juan March, con un prólogo emocionante de su único hijo, Salvador Bacarisse Cuadrado, con quien tuve la oportunidad en 2018 de cruzar un mensaje en el que me autorizó a disponer de una copia del manuscrito original del Concertino para clavecín y orquesta, op. 72 bis (a través de la Fundación Juan March) y en los que me agradecía la cercanía a su padre: “Yo me fui a vivir a Inglaterra pero mis padres siguieron en París, en el pisito del 7 de la rue Cassette que ocuparon más de treinta años. Cuando murió mi madre en 1976, trece años después que mi padre, yo quité el piso de la rue Cassette, y me llevé a Escocia todos los papeles y libros de mi padre. Desde aquel día permanecieron a salvo, y yo creía olvidados, hasta la fecha memorable en que llamó a la puerta de mi casa Emilio Casares, quien venía a pedirme autógrafos y otros materiales para una exposición de “La música en la Generación del 27” que estaba organizando y que tuvo lugar en Granada en julio de 1986. Esa exposición y el magnífico catálogo que publicó el Ministerio de Cultura fue el primer reconocimiento de aquellos músicos olvidados durante el franquismo, entre los que figuraba mi padre. En Granada, durante la exposición y hablando con Rodolfo Halffter, que había venido de Méjico, y con otros, decidí hacer lo que en realidad ya sabía que tenía que hacer: mandar los manuscritos de Salvador Bacarisse a su tierra, a España. Por muy hijo de francés, emigrado a España, que fuera mi padre, nunca se sintió sino español. Vivió treinta años en París, desarraigado y triste lejos de su querido Madrid”.

Conocí su extensa y desconocida obra a través de esta publicación extraordinaria, que está al alcance de quien desee conocer de cerca a este gran compositor olvidado durante la dictadura franquista. Fue un hallazgo que me permitió acercarme a Bacarisse, a su vida y a su preciosa obra. En la Fundación está el legado completo del compositor, llevado a cabo por su hijo en 1987, que incluía todas las partituras que obraban en su poder.

Cuando escribo estas palabras, deseo compartir hoy, de nuevo, este sentimiento de respeto y agradecimiento a un autor muy desconocido en su querido país, pero que tuvo el reconocimiento mundial fuera de él alternando su labor de composición y de dirección de orquesta con el trabajo que desarrolló en el exilio en París, en la Radiodifusión-Televisión Francesa, como productor de programas en español para Hispanoamérica. Es la razón de por qué lo he buscado tantas veces en el fondo de programas de radio en los que trabajó Salvador Bacarisse.

Es necesario conocerlo y escucharlo, compartiéndolo de nuevo con el club virtual, con sede social en la Noosfera, de las personas dignas y libres. Disfruten de esta maravillosa composición en la celebración del Día Europeo de la Música, cuando entra el verano con el sol quieto (solsticio), que me sigue emocionando como la primera vez que decidí conservarla en mi memoria de secreto.

(1) El concierto fue emitido por la Radiodiffusion-Télévision Française en 1964, en un programa en homenaje a Bacarisse con el título “A propósito de Salvador Bacarisse (1964)”. Durante dos programas fue entrevistado Narciso Yepes y el Concertino en la menor fue emitido íntegro. Los dos programas completos están disponibles en la web de la Fundación en “Bacarisse y la radio”. No he podido localizar grabación alguna comercial de este evento y la referencia me ha sido proporcionada, amablemente, por la citada Fundación. De ahí la importancia de esta referencia, verdaderamente sobrecogedora, escuchando también a Narciso Yepes, su amigo e intérprete preferido y a quien dedicó Bacarisse esta obra excepcional.

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¡Paz y Libertad!

Hojas sueltas / 13. ¿Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia y los abre grandes a las apariencias?

¿Quién tiene la culpa si la paloma sueña ser águila?
¿Quién tiene la culpa de que la flor se muera de espaldas?
¿Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia y los abre grandes a las apariencias
?

Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente

María y Federico, ¿Quién tiene la culpa?

Sevilla, 20/VI/2026 – 09:24 h CET (UTC+2)

Leyendo estos días lo que está ocurriendo en relación con los migrantes en nuestro país, en Comunidades donde ha entrado en tromba VOX, con el consentimiento vergonzante del PP, que les niegan el pan y la sal no sólo a ellos sino a las ONG que los cuidan y protegen, la reacción insolidaria sobre el proceso de regularización iniciada en el país, con denuncias ante Tribunales para paralizarla, lo que está aprobando Europa sobre los centros de internamiento, así como las medidas represivas contra ellos, en general y en este mundo tan globalizado, pero al revés, resuena en mi persona de secreto una gran pregunta multisecular y muy actual, ¿quién tiene la culpa?, que necesita una respuesta urgente, porque está muy claro y lo estamos viendo a diario.

El nuevo imperialismo americano personalizado en Trump y su séquito político transfronterizo, el tecnofeudalismo con Musk a la cabeza y el neofascismo representado por las derechas vestidas con piel de cordero y ultraderechas, a escala mundial y local, son los responsables directos y verdaderos culpables del desastre humanitario al que estamos asistiendo a diario, también en nuestro país.

Por estas razones, publico hoy una “hoja suelta” de mi cuaderno digital, ¿Quién tiene la culpa?, publicada en 2022 porque, salvando lo que haya que salvar, no ha perdido actualidad alguna ni en su fondo ni en su forma, como nos lo recordó también el Papa León XIV, el pasado 11 de junio, en el “muelle de la vergüenza” de Arguineguín (Gran Canaria), de triste memoria, cuando dijo que «la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar la frontera».

Para que no se olvide, ni siquiera un momento. La culpa de todo lo expuesto, “no la tiene la gente”…, migrante o pobre, por supuesto.

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¿Quién tiene la culpa?

Sevilla, 27/VI/2022

La culpa de lo que pasó el viernes 24 de junio en Melilla, día fatídico en el que murieron 37 migrantes -sin certeza plena de lo que verdaderamente ha ocurrido-, que intentaban saltar la valla de Melilla, camino de un mundo mejor a iniciar en España, dicen que la tiene la mafia que trafica con seres humanos y los lleva a este callejón sin salida. No dispongo de toda la información que me permita evaluar lo ocurrido con objetividad plena, pero sobre el papel y las imágenes que hemos visto, las muertes, heridos y palizas por parte de la gendarmería marroquí en las proximidades de la frontera de Marruecos con en Melilla, tienen difícil justificación humana, razón por la cual se pide que desde instancias independientes se analice en profundidad lo ocurrido, sobre todo para que se instaure el modus operandi de los silencios cómplices a todos los niveles institucionales y sociales que podamos imaginar.

Los 133 migrantes que lograron cruzar esa valla maldita, de forma “irregular”, cuentan a través de las rejas del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), en Melilla, lo que llevan pasado desde hace años, deambulando por África desde sus orígenes subsaharianos, en busca de un lugar donde vivir dignamente. Con una frecuencia enfermiza volvemos a tratar diariamente del largo camino de los subsaharianos en búsqueda de una vida mejor. Lo que ha pasado con estas muertes y la llegada a Melilla de estos 133 migrantes, arrancan compasión y rabia por la injusticia mundial que abre cada día más la brecha de la existencia y convivencia entre los seres humanos. ¿Quién tiene la culpa? Desde luego, no sólo las mafias, ni la gente en general. Sobran las palabras. Quizá tengamos que acudir a la memoria de Augusto Monterroso para repetir a los cuatro vientos una idea que podría pasarnos por la cabeza ante tanta desgracia ajena: Cuando vemos sus caras de dolor en el CETI, no hay duda alguna de que “la injusticia humana todavía está allí”. Para que esta realidad nos obligue a vivir despiertos al verlos cara a cara.

Lo digo y seguiré diciendo mil veces si hace falta. Me niego a admitir que todos somos iguales respecto de la culpa original de lo que está ocurriendo. Ahora, la culpa de todo lo que se mueve en el mundo la tiene la guerra de Ucrania, como pantalla fácil para los hombres de negro que controlan el mundo. Mañana…, no sabemos. Tenemos un origen común, sin lugar a duda, una condición humana que compartimos, probablemente complicada y compleja, pero muchas personas, millones, no son culpables de nada, porque a esa señora, la culpa, nunca se la han presentado, ni se han quedado con su cara, no la conocen. Los migrantes, tampoco. Unos pocos, vinculados casi siempre a los fondos de inversión y que caben en un taxi, están decidiendo en este momento, en un piso de cualquier rascacielos de Manhattan, por ejemplo, cómo se reparte hoy la miseria del mundo y la respuesta es pulsar un botón para distribuirla, nada más. Esa acción no está al alcance de cualquiera y la mayoría silenciosa o ruidosa mundial no acaba de entender nunca por qué viniendo de donde venimos, ya sean creacionistas o evolucionistas, estamos alcanzando la más alta cota de la miseria actual. Y lo que es peor, con el solo esfuerzo de algunos que han demostrado hasta la saciedad que no son inocentes. De lo que estoy convencido es de que la culpa de todo esto no la tenemos ni yo, ni usted, ni el vecino, ni siquiera sus parientes, ni la gente común, mucho menos los nadies de Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida. Ni los migrantes que luchan por llegar a Europa en busca de un mundo mejor para ellos, con un recuerdo en el alma de los que han muerto el viernes en esta etapa de sus vidas jóvenes, llenas de ilusión por alcanzar sueños legítimos de una mínima dignidad humana.

NOTA: la imagen se recuperó de Decenas de inmigrantes entran en Melilla tras saltar la valla fronteriza | Actualidad

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Hojas sueltas / 10. Cabo Verde me enseñó la “realidad descalza” de los desheredados, a través de Cesária Évora

Cesária Évora, La ausencia

Sevilla, 16/VI/2026 – 08:52 h CET (UTC+2)

Hoy entrego a la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, una “hoja suelta” en la que ensalcé, en 2021, la vida y obra de la gran cantora caboverdiana Cesária Évora, porque ayer, visto lo visto en el Mundial, así como la presión mediática en sus días anteriores en torno a Cabo Verde, recordé su regalo a la vida para comprender mejor las ausencias, en un mundo tan sobrado, pero tan acostumbrado ya a vivir en medio de ausencias irreparables de valores.

Cabo Verde me recordó ayer a la gran voz de Cesária Évora, la gran cantora caboverdiana de la “realidad descalza”, como le gustaba a ella salir a los escenarios del mundo, con sus pies descalzos, en homenaje a los desheredados más próximos. Con esa evocación, a través de su hermosa canción “La ausencia”, me quedo. Su voz, hoy, me basta.

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Las ausencias se pueden pintar y cantar

Amalia Avia, La casa de Cristina, 1983, Óleo sobre tabla

Sevilla, 7/V/2021

Me pasa con frecuencia: tengo la sensación de que sólo sé que no sé nada. Me ha ocurrido con la obra preciosa de una pintora realista, Amalia Avia, nacida en Santa Cruz de la Zarza (Toledo) en 1930, que ayer conocí a través de Carlos del Amor, a quien agradezco siempre muchos descubrimientos de la intrahistoria de la cultura en este país. La sinopsis oficial de su obra pictórica es un exponente claro del hilo conductor de su vida proyectada en su forma de contemplarla, dibujarla y pintarla: “Su pintura realista, nunca hiperrealista, afronta temas preferentemente urbanos, sobre todo de Madrid, ciudad desde siempre adorada por la artista. Son calles, fachadas, comercios, garajes: lugares en general desgastados por el tiempo, en ocasiones viejos y desconchados, donde la pintora coloca su particular mirada. Sin mucha presencia del color, Amalia Avia hace la crónica en gris de una ciudad que se está perdiendo, rincones que todos vemos pero en los que a lo mejor no nos fijamos. De su pintura, inicialmente más social, han ido progresivamente desapareciendo las figuras humanas. También, en algunas épocas, han sido frecuentes los interiores. Camilo José Cela la denomina la pintora de las ausencias, la amarga cronista del «por aquí pasó la vida», y Francisco Nieva habla de una melancolía barojiana refiriéndose a su pintura. Sobre su obra han escrito, entre otros muchos, Camilo José Cela, Francisco Umbral, Francisco Nieva, Juan Manuel Bonet o Francisco Calvo Serraller. Por aquí pasó la vida marcando su amargura e inevitable huella de dolor». Llevaba “la herida de la pérdida con ella”.

Las ausencias son situaciones vitales que siempre me han ocupado y pre-ocupado [así, con guion] mucho, porque sé lo que significa la separatidad de personas y de casi todo, que tan magníficamente estudió Bowlby. Son las que más duelen en las reflexiones de nuestra persona de secreto. Ahora estamos viviendo una época especialmente compleja respecto de ausencias de todo tipo, políticas, éticas, ideológicas y de creencias. Necesitamos creer, tal y como lo aprendí hace muchos años de Ferrater Mora. Decía él que las personas necesitamos creer en alguien o algo, básicamente en cuatro pilares fundamentales que no se excluyen entre sí: sociedad, personas, naturaleza y Dios (o dioses), es decir, podemos optar por una de estas creencias, por varias o por todas. Pero lo que llevamos muy mal es la ausencia de todas o de cada una, hasta quedarnos sin nada ni nadie en quien creer, es decir, la negación absoluta de la razón que justifica todos nuestros actos o las relaciones personales y sociales.

Cesária Évora, la gran cantora caboverdiana de la “realidad descalza”, como le gustaba a ella salir a los escenarios del mundo, en homenaje a los desheredados más próximos, lanzando a los cuatro vientos estas palabras maravillosas de una canción inolvidable, La ausencia, nunca nos dejó tranquilos al escucharla porque justificaba con su ejemplo de vida y sus palabras la dignidad con la que podemos abordarla siempre. Lo expresaba de una forma especial, cuando pensaba que la ausencia era su soledad, quizás la nuestra, en el destino:

Si tan solo tuviera alas
para volar a través de la distancia
Si tan solo fuera una gacela
para correr sin cansancio alguno

Entonces, podría amanecer
en tu pecho
y nunca más la ausencia
sería nuestra realidad

Pero eso sólo sucede en mis pensamientos
en los que yo puedo viajar sin miedo
y mi libertad, la tengo
solo en mis sueños

[…]
Sin saber a dónde iluminar,
ni ningún lugar a dónde ir…

Ay soledad, es mi destino…
Ausencia…, ausencia

Hoy he unido a Amalia Avia y a Cesária Évora en torno a una realidad existencial que existe y nos hace sufrir mucho, las ausencias, como se ha podido constatar a lo largo de esta pandemia que nos asola y de la que ya hemos empezado a ver la luz al final del túnel con las vacunaciones masivas. Amalia pintó la realidad oscura de la vida, lo que se pierde muchas veces y pasa a la ausencia radical de la historia, que se puede contemplar en un magnífico portal web dedicado a su obra. Cesária cantó la esperanza que siempre existe al final de un camino. Hoy, no me queda nada más que darles las gracias porque aportaron un sentido a la vida en su obstinación artística, para demostrarnos que el arte y la cultura siempre nos pueden mostrar caminos de libertad, aunque sólo suceda en nuestros pensamientos, en los que podemos viajar sin miedo y aunque la libertad la tengamos sólo en nuestros sueños. Es lo que pensaba también Amalia Avia cuando pintaba a personas, edificios, calles o cosas en las que dejaba entrever que a pesar de las ausencias por allí pasó alguna vez la vida.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Recuerdo en esta campaña electoral que Federico García Lorca hablaba como socialista puro

Eduardo Ugarte (i), Pedro Salinas (c) y Federico García Lorca (d), delante del camión de La Barraca

El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta

Federico García Lorca, en Doña Rosita la soltera, o el lenguaje de las flores (1935)

Sevilla, 3/V/2026 – 12:40 h CET (UTC+2)

Como escuchaor de mi tierra, tengo que agradecer al cantor Miguel Poveda (sabiendo que cantor es el que debe y cantante el que puede hacerlo, diferencia clave para comprender el compromiso social de los artistas, tal y como aprendí en su día de Facundo Cabral), que me recuerde siempre su pasión por la vida y obra de Federico García Lorca, concretamente su Poema del Cante Jondo, así como la necesidad de rescatar en cada aquí y ahora, su vida y obra como la mejor expresión de que olvidamos el olvido de la memoria histórica y democrática de este país.

El poeta granadino, al igual que hace ahora Miguel Poveda como artista, defendió la necesidad de las expresiones de la cultura al alcance de todos, fundamentalmente de los que menos tienen, implicándose en el proyecto de La Barraca, durante el tiempo que fue posible hasta la llegada de la guerra civil. En una entrevista del 7 de abril de 1933 en el diario La Voz, García Lorca defendió que en los momentos tan críticos como los que vivía España, el teatro tenía el deber de afrontar los problemas sociales, porque la noción del arte por el arte ya resultaba insostenible. Y con respecto a su última obra, La Casa de Bernarda Alba, manifestó algo que no deberíamos olvidar: «Ahora estoy trabajando en una nueva comedia. Ya no será como las anteriores. Ahora es una obra en la que no puedo escribir nada, ni una línea, porque se han desatado y andan por los aires la verdad y la mentira, el hambre y la poesía. Se me han escapado de las páginas. Mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa. Ya lo tengo visto. Van dos hombres por la orilla de un río. Uno es rico, otro es pobre. Uno lleva la barriga llena, y el otro pone sucio el aire con sus bostezos. Y el rico dice: ‘¡Oh, qué barca más linda se ve por el agua! Mire, mire usted, el lirio que florece en la orilla.’ Y el pobre reza: ‘Tengo hambre, no veo nada. Tengo hambre, mucha hambre.’ Natural. El día que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la Humanidad. Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la Gran Revolución. ¿Verdad que estoy hablando en socialista puro?”.

Querido lector, querida lectora, ¿les suenan estas palabras, en el contexto actual de nuestro país, de nuestra Comunidad? Por si quedara alguna duda sobre la ideología de Garcia Lorca, tampoco olvido lo manifestado en una entrevista en el diario madrileño El Sol, fechada en 1934, en la que el poeta expresó claramente su posición: “Yo siempre soy y seré partidario de los pobres. Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada. Y hasta la tranquilidad de la nada se les niega”. Se refería concretamente a los nadies de siempre, que todavía existen por doquier, a los que dedicó Eduardo Galeano hace ya bastantes años unas palabras especiales, cargadas de un profundo significado: Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:Que no son, aunque sean. / Que no hablan idiomas, sino dialectos. / Que no profesan religiones, sino supersticiones. / Que no hacen arte, sino artesanía. / Que no practican cultura, sino folclore. / Que no son seres humanos, sino recursos humanos. / Que no tienen cara, sino brazos. / Que no tienen nombre, sino número. / Que no figuran en la historia universal, / sino en la crónica roja de la prensa local. // Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

Vemos a los nadies de hoy a diario, cerca, muy cerca, mucho más cerca de lo que creemos, en nuestro país, en nuestra Comunidad y surge la gran pregunta: ¿qué hacemos por ellos, por los migrantes, como un ejemplo paradigmático del mundo actual de nadies y que arrastra tanta hambre? Tristemente, poco, porque hay que reconocer que la Gran Revolución, con la que García Lorca soñaba, sigue sin llegar. Mientras, el hambre hace estragos, hambre de casi todo, incluso la de los hambrientos de paz que aspiran a la explosión espiritual más grande que jamás conoció la Humanidad. Son palabras de García Lorca que nos quedan, las de un socialista puro.

Me quedo ahora escuchando la interpretación de Miguel Poveda, ensalzando un poema de García Lorca, ¡Ay!, uno de sus poemas del cante jondo, junto a la guitarra espléndida de Jesús Guerrero, con una buena letra, breve, dos veces buena. Quizás entendamos mejor que nunca la frase enunciada anteriormente, “Yo siempre soy y seré partidario de los pobres. Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada. Y hasta la tranquilidad de la nada se les niega”: 

¡Ay!

El grito deja en el viento
una sombra de ciprés.

(Dejadme en este campo,
llorando.)

Todo se ha roto en el mundo.
No queda más que el silencio.

(Dejadme en este campo,
llorando.)

El horizonte sin luz
está mordido de hogueras.

(Ya os he dicho que me dejéis
en este campo,
llorando.)

Lo escribo, con alma, para lo que sirva en esta campaña electoral al Parlamento de Andalucía 2026, porque algunos, algunas, ¡ojalá fueron cientos de miles de andaluces y andaluzas!, soñamos con construir una Comunidad diferente, con un Gobierno diferente también: El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta. Palabras de Federico García Lorca, que hablaba en socialista puro.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Grándola, Vila Morena, cincuenta y dos años después, como si fuese ayer

José Zeca Afonso, Grándola, Vila Morena

En cada esquina, un amigo
En cada rostro, igualdad
Grândola, Vila Morena
Tierra de fraternidad

Sevilla, 25/IV/2026 – 09:08 h CET (UTC+2)

Una vez más, cuando llega el 25 de abril de cada año, no olvido estas palabras de Grândola, Vila Morena, cantada por Jose Zeca Afonso. Recuerdo como si fuese ayer la revolución de los claveles en Portugal. Es un día muy especial en mi agenda personal de asuntos importantes e inolvidables que, año tras año, he explicado en este cuaderno digital. Igualmente, porque tal día del calendario como hoy, fue para mí un día mágico en la historia de Andalucía, cuando presenté en el año 2000 el proyecto Diraya por primera vez, en sus primeros pasos como historia de salud del ciudadano en Andalucía, de base digital, para que siempre estuviera disponible, para quien la necesitara recuperar, escribir o estudiar en ella, como ya ocurre en la actualidad. Ha sido un viaje digital muy largo, hoy se cumplen veintiséis años desde su puesta en marcha, con muchas personas, profesionales extraordinarios y empresas tecnológicas, que han trabajado en este excelente proyecto para que sea una realidad casi mágica hoy día y con un claro beneficio propio y asociado con otros proyectos, como la receta electrónica o la gestión de la cita previa en Atención Primaria por Internet. Fue en un encuentro de directivos del Servicio Andaluz de Salud, en el Salón de Actos del recién inaugurado Hospital de Antequera, en el que se firmaba también el contrato-programa de aquél año, un formato nacido para la gestión que aún perdura como método incontestable en el Sistema Sanitario Público de Andalucía. En la diapositiva de presentación del proyecto incluí la imagen de un clavel, un símbolo portugués importante para representar la revolución digital que se presentaba en ese acto oficial.

Confieso que necesito leer con atención reverencial esta reflexión recurrente en torno a la revolución de los claveles en Portugal, junto a otro hecho importante en mi vida, porque también se celebra hoy la festividad de San Marcos, aunque siempre he preferido bajarlo de la peana y hablar de él como un joven de nombre Marcos, muy atrevido en tiempos de cólera social ante un revolucionario muy próximo a él. Para mí, un excelente periodista que contaba lo que interesaba en aquel momento a la gente, en la clave que aprendí de Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, cuando decía que “periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”.

No voy a descubrir hoy nada nuevo que no haya dicho en páginas especiales de este cuaderno digital, cerca de Marcos y Jose Zeca Afonso, pero quiero compartir de nuevo la lectura de palabras llenas de compromiso activo en mi alma, dado que cada año vivo este día de forma especial. En primer lugar, porque celebramos también el santo de nuestro hijo Marcos, no tanto por el olor de la santidad de su nombre sino porque su nombre programático, que ya he explicado otras veces en este cuaderno digital, me activa la memoria de hipocampo para recordar que poner el nombre no debe ser nunca una tarea inocente, sino un programa de vida que hay que cumplir. Marcos, un avezado “periodista” en tiempos de Jesús de Nazareth, hizo un trabajo encomiable: preparar las buenas noticias de un tal Jesús a pesar de hacer una maravillosa crónica de una muerte anunciada (lo que luego se llamó “evangelio”). También, del anuncio esperanzador de que el mundo podía cambiar, de que podemos ser diferentes, más siendo que teniendo: “Al apearlo de la peana santa, Marcos es hoy símbolo de revolución humana, de los que pensamos que todavía es posible ser personas en su real medida, la que cada uno desea a pesar de los pesares”. Marcos fue el intérprete directo y sincero de las historias que contaba Pedro sobre la amistad que tuvo con Jesús de Nazaret, y que le sobrecogió de tal forma que decidió grabarlas en su cerebro y transmitirlas boca a boca a toda aquella persona que quisiera escucharle, tal como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39). ¡Ay el drama de las fake news y máquinas de fango en la actualidad!

Es cierto que tal día como hoy, hace ya cincuenta y dos años, aprendimos de la revolución de los claveles que era verdad, que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Y que las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones: en 1974, tal día como hoy, 25 de abril, festividad de San Marcos, muchos portugueses pensaron en sus corazones que otro mundo era posible en su país y surgió la revolución de los claveles, con expresiones cantadas por Jose Zeca Afonso (Grândola, Vila Morena) de forma admirable:

“[…] en cada esquina, un amigo
en cada rostro, igualdad…

[…] El pueblo es quien más ordena”

No es una fecha inocente, como le ocurre siempre a las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el tu quiero y mi puedo que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. El pueblo es quien más ordena, es una estrofa preciosa de la canción cantada por Zeca. Lo recuerdo hoy porque lo aprendí de Marcos, del siglo I, en Galilea y de Jose Afonso, del siglo XX, en su pequeño rincón de Grândola.

En plena crisis mundial de guerras y de manifestaciones diarias de confusión de ideas y principios, siguen vivos hoy, cincuenta y dos años después, los recuerdos de lo que nos enseñó Portugal en su revolución y nos sigue enseñando hoy día en su acción política democrática, tan cercana y ejemplar (aunque con los últimos reveses electorales y la llegada en tromba de la ultraderecha también), de épocas en las que luchábamos como ellos por salir del túnel de la dictadura, sobre todo cuando escucho también una canción contemporánea de Luis Pastor, que me marcó desesperadamente, gracias a la composición de fondo creada por Mario Benedetti en su compromiso activo y porque ahora, más que nunca, ya no somos inocentes / ni en la mala ni en la buena / cada cual en su faena / porque en esto no hay suplentes:

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

Vamos juntos (Letras de emergencia, 1969-1973, Versos para cantar)

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

compañero te desvela
la misma suerte que a mí
prometiste y prometí
encender esta candela

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la muerte mata y escucha
la vida viene después
la unidad que sirve es
la que nos une en la lucha

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

algunos cantan victoria
porque el pueblo paga vidas
pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

Versión de Luis Pastor, Vamos juntos

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Recordando el 95 aniversario de la proclamación de la Segunda República en este país

El motor de una democracia es un pueblo educado

Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la Segunda República española

Sevilla, 14/IV/2026 – 13:19 h CET (UTC+2)

En mi compromiso existencial de olvidar el olvido, sobre todo para respetar la memoria democrática de este país, recuerdo que hoy se cumple el 95 aniversario de la proclamación de la Segunda República, en años complejos de nuestra historia, un día especial para los que amamos la “res publica”, la cosa pública, el interés general en beneficio de todos como ideología, nómadas redomados y, a veces, nadies, que hacemos un largo viaje en un mundo complejo y bastante desajustado, en medio de tumultos civilizados, entre claroscuros y la dura monotonía de los días que pasan, esperando siempre un nuevo despertar.

Así empezaba la canción de Franco Battiato, Nómadas (1987), que forma parte de la banda sonora de mi vida: Nómadas que buscan los ángulos de tranquilidad, / en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, / entre los claroscuros y la monotonía de los días que pasan. Battiato me susurraba a los oídos, en mis años jóvenes, algo transcendental en la vida de los nómadas de espíritu: Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo / la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino. / Bajo el tránsito de la aparente dualidad, / la lluvia de Septiembre despierta el vacío de mi cuarto / y los lamentos de la soledad aún se prolongan.

Con este estado de ánimo, me enfrento a la página en blanco en este recuerdo tan especial y sensible para nuestro país, junto a mi admirado Franco Battiato, que lo cantaba así, como buen cantor, que no cantante (cantor es el que debe cantar y cantante el que puede, que no es lo mismo, como decía Facundo Cabral): Como un extranjero no siento ataduras del sentimiento, / y me iré de la ciudad, esperando un nuevo despertar. / Los viajantes van en busca de hospitalidad, / en pueblos soleados, en los bajos fondos de la inmensidad.

En este largo viaje existencial que vivo apasionadamente, recuerdo también la última estrofa de la canción de Battiato, porque en el fondo soy un forastero que busca el sentido de la vida, como un nómada impenitente en este loco mundo diseñado a veces por el enemigo: Forastero que buscas la dimensión insondable / la encontrarás fuera de la ciudad, al final de tu camino.

Estoy convencido de que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, el hilo conductor de este cuaderno digital, un largo viaje existencial, como el de Ulises hacia Ítaca, aunque ahora, ante el resultado incierto de las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, mi recuerdo de lo que sucedió con la República en este país, hará pronto 90 años, sea a veces sólo una isla desconocida en el archipiélago ético de la sociedad española actual, que tanto olvida. De ahí mi humilde homenaje a la llegada de la Segunda República, como demócrata nómada inmerso en un largo viaje existencial.

Vuelvo a recordar la frase de D. Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la Segunda República, un hombre bueno, en el sentido puro de la palabra bueno, tal y como me lo enseñó hace ya bastantes años, D. Antonio Machado. Y los dos, con su compromiso especial para defender la educación como pilar básico de la democracia, para que en España fuéramos mejores ciudadanos y ciudadanas, tuvieron que morir alejados de su país, nómadas en el exilio, porque muchos no entendieron nada de lo que decían y escribían. Ni querían entender, ni lo entienden todavía hoy, en un aniversario tan especial.

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¡Paz y Libertad!

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2026 / 10. Hay que aunar voluntades hasta que la dignidad se haga costumbre

Con el amor y el sufrimiento se fueron aunando voluntades

Quilapayún, Cantata de Santa María de Iquique – Relato II

Sevilla, 9/IV/2026 – 08:00 h CET (UTC+2)

Estamos en la cuenta atrás de la decisión más importante de la democracia en Andalucía, elegir el próximo 17 de mayo el destino político de la Comunidad a través del Gobierno que se vote mediante las urnas y deberíamos tomar conciencia de que no hay tiempo que perder. Como las ideologías no son inocentes, tengo que manifestar que en mi caso crecí muy cerca de cantores, no cantantes, de este país y de Latinoamérica (cantante es el que puede cantar, mientras que cantor es el que debe cantar, según Facundo Cabral) y, sobre todo, de un grupo inolvidable, Quilapayún, junto a uno de sus fundadores, Víctor Jara. Me acompañaron y acompañan todavía hoy en mis creencias, valores y fortalecimiento de mi ideología e identidad política, en su sentido aristotélico.

En la banda sonora ideológica de mi vida suena todavía hoy, con más fuerza que nunca, la música y letra de fondo de Quilapayún en su memorable Cantata Popular de Santa María de Iquique, que tantas veces he citado en este cuaderno digital, porque ante la posibilidad de una transformación solidaria de mi Comunidad por un cambio de gobierno en las próximas elecciones de 17 de mayo, creo que puede ser una gran ayuda recordar la letra de esta cantata tan sobrecogedora, de la que siempre he destacado una frase que llevo grabada en mi corazón: con el amor y el sufrimiento se fueron aunando voluntades, perteneciente al Relato II de la Cantata, que emociona más cuando inmediatamente después escuchamos la preciosa canción “Vamos mujer”. Inolvidable.

Relato II

Se había acumulado mucho daño,
mucha pobreza, muchas injusticias;
ya no podían más y las palabras
tuvieron que pedir lo que debían.

A fines de mil novecientos siete
se gestaba la huelga en San Lorenzo
y al mismo tiempo todos escuchaban
un grito que volaba en el desierto.

De una a otra Oficina, como ráfagas,
se oían las protestas del obrero.
De una a otra Oficina, los Señores,
el rostro indiferente o el desprecio.

Qué les puede importar la rebeldía
de los desposeídos, de los parias.
Ya pronto volverán arrepentidos,
el hambre los traerá, cabeza gacha.

¿Qué hacer entonces, qué, si nadie escucha?
Hermano con hermano preguntaban.
Es justo lo pedido y es tan poco
¿tendremos que perder las esperanzas?

Así, con el amor y el sufrimiento
se fueron aunando voluntades,

en un solo lugar comprenderían,
había que bajar al puerto grande.

La cantata, aún pasando por el túnel del tiempo, resume muy bien el compromiso de mi recuerdo activo sobre la unidad popular democrática y el estado de vigilancia para cuidar la democracia en cada momento, situación que en este país y, ahora, en nuestra Comunidad, cobra una importancia extrema. Además, tampoco he olvidado algo que aprendí en plena pandemia a través del proyecto “El CANTO NO BASTARÁ”, junto al emblemático grupo Quilapayún, que se unieron en 2023 para conmemorar los 50 años del triunfo de la Unidad Popular. Sobre todo porque esta alianza soñaba con la unidad de la izquierda, en torno a un eslogan extraordinario y no inocente: ¡Pronto nos volveremos a encontrar. Hasta que la dignidad se haga costumbre! ¡Qué bien suenan estas palabras ante las elecciones al Parlamento de Andalucía, el próximo 17 de mayo!

La letra de la canción de despedida de la Cantata, en la versión auténtica de Luis Advis, su creador, tampoco la he olvidado en su fondo y forma. Escucharla de nuevo y, si es posible, en el contexto global de todo el relato, es el mejor homenaje que podemos hacer hoy a todas y cada una de las personas que luchamos en cualquier lugar del mundo por la libertad, la paz, la fraternidad y por la dignidad humana en todas las manifestaciones posibles «hasta que se haga costumbre». También, en nuestro país, en nuestra Comunidad Autónoma, porque lo necesitamos.

Ustedes que ya escucharon
la historia que se contó
no sigan allí sentados
pensando que ya pasó.
No basta sólo el recuerdo,
el canto no bastará.
No basta sólo el lamento,
miremos la realidad.

Quizás mañana o pasado
o bien, en un tiempo más,
la historia que han escuchado
de nuevo sucederá.
Es Chile un país tan largo,
mil cosas pueden pasar
si es que no nos preparamos
resueltos para luchar.
Tenemos razones puras,
tenemos por qué pelear.
Tenemos las manos duras,
tenemos con qué ganar.

Unámonos como hermanos
que nadie nos vencerá.
Si quieren esclavizarnos,
jamás lo podrán lograr.
La tierra será de todos
también será nuestro el mar.
Justicia habrá para todos
y habrá también libertad.
Luchemos por los derechos
que todos deben tener.
Luchemos por lo que es nuestro,
de nadie más ha de ser.

Así la deberíamos seguir recordando, ahora más que nunca, luchando unidos HASTA QUE LA DIGNIDAD SE HAGA COSTUMBRE en nuestro país, ahora en Andalucía con motivo de las próximas elecciones, para que esta realidad posible se instale en nuestras vidas, porque sé que es posible cuando con el amor y el sufrimiento se aúnan las voluntades políticas.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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