La música vence a la guerra

La Orquesta Sinfónica de Kiev, dirigida por Luigi Gaggero, en la 35ª Cumbre de la OTAN en Madrid, celebrada el 29 de junio de 2022

Sevilla, 2/II/2023

Conocí la situación que atraviesa en la actualidad la Orquesta Sinfónica de Kiev, durante la Cumbre de la OTAN en Madrid, en el pasado mes de junio de 2022, en la que interpretaron, en un escenario artístico por excelencia, el Museo del Prado, la Sinfonía número uno, de Maksym Berezovsky (1770-1772), un compositor desconocido en nuestro acervo musical pero que fue discípulo del mismo maestro que tuvo Mozart, el padre Martini. Hoy he leído una reflexión magnífica de Jesús Ruíz Mantilla, El sonido de la esperanza, a quien sigo de cerca en el diario El País desde hace ya muchos años, para aprender de su maestría literaria, en la que afirma lo siguiente: “varios de los músicos acabaron llorando. Aparte del efecto que pudieran tener sobre ellos Goya, Velázquez, Murillo, Rubens, El Bosco o Tiziano, sintieron que toda la pesadilla que habían experimentado desde que en febrero Rusia invadió Ucrania revertía su sentido en un fin. Su propia lucha, su frente de instrumentos en vez de armas”. Fue una ocasión para descubrir, una vez más a lo largo de los siglos, que la música vence a la guerra. Hay que tener en cuenta algo importante que ha manifestado el responsable artístico de la orquesta: “Aunque los hombres no pueden abandonar el territorio, el Ministerio de Cultura ha entendido que el papel simbólico que juega la orquesta resulta fundamental. Es mejor que los músicos empuñen instrumentos en vez de armas y lo han comprendido perfectamente”.

En los próximos días, 9 a 11 de febrero, la Orquesta va a participar en el 39 Festival Internacional de Música de Canarias, en el que interpretarán obras que representan la identidad cultural de su país, según se puede leer en el programa oficial del evento. Han programado, junto con la obra anteriormente citada, la Sinfonía número uno, de Maksym Berezovsky, la presentación del Concierto para arpa y orquesta de Reinhold Glière, compuesto en 1938 por quien fuera maestro de Prokófiev y como tercera y última obra la Sinfonía número tres de Borís Liatoshinski (Yitomir, 1895-Kiev, 1968), que da sentido a su razón de ser y estar en el mundo en este momento por el título que el compositor dio a su obra: La paz vence a la guerra, de la que se conoce también algo que persigue a Ucrania desde hace tiempo, la sombra de Stalin porque obligó al compositor a cambiar el final de su Sinfonía, aunque la que van a interpretar en Canarias es la original, para dejar cada obra en su sitio. Es un pequeño detalle, pero muy significativo en relación con el momento actual que están viviendo estos músicos y sus familias y amigos.

El director actual de la orquesta, Luigi Gaggero, ha manifestado algo sobrecogedor: “Las circunstancias, con toda lógica, podrían llevar a pensar que tienen la cabeza en otro sitio. Todos los días reciben malas noticias por parte de sus familias y amigos, viven una pesadilla lejos de sus hogares; sin embargo, el grado de concentración en cada ensayo me resulta asombroso. Una auténtica lección, lo dan todo y llevan la música a su sentido más profundo, no el del simple entretenimiento, como muchas veces vemos en Occidente, sino al de aquel que nos hace ahondar en los secretos de la vida y la muerte”.

En la sinopsis oficial de la orquesta que ofrece la organización del Festival, se dice algo que resulta conmovedor en estos momentos de invasión de Ucrania: “Otra parte del trabajo de la Orquesta Sinfónica de Kiev son los proyectos para niños y jóvenes, que incluyen eventos interactivos, ensayos generales de libre acceso, espectáculos sinfónicos con animación audiovisual de arena. Además, el equipo de la orquesta involucra a los estudiantes para que se unan al ensemble, por lo que la Orquesta Sinfónica de Kiev se conoce como una orquesta «joven».

Cuando estamos asistiendo a un dolor mundial que se amplifica por días a través de las imágenes que recibimos a diario de la invasión de Ucrania, de los que huyen de guerras y luchas encarnizadas sin sentido alguno en otros lugares del mundo, he recordado los testimonios de músicos que están cerca de la alegría y del compromiso social activo, como era el caso de Mozart, al que tanto debo, o el de esta Orquesta Sinfónica de Kiev, pero también del dolor, como demostró el pianista salzburgués a lo largo de sus treinta y cinco años de vida, estrenando su ópera magna, La flauta mágica, en un teatro de barrio y no en los auspiciados por la Corte o la Iglesia, con quienes se enfrentó por su falta de sintonía con la vida real del pueblo austriaco o lo que sienten a diario estos músicos ucranianos al recordar a sus familias en un país devastado por la invasión. Abro imaginariamente mi clave y busco la inscripción pintada por Vermeer: Musica laetitiae comes, medicina dolorum, comprendiendo mejor que nunca que la música es compañera en la alegría, pero también medicina para el dolor. Ahora, escuchando a la Orquesta Sinfónica de Kiev, creyendo que la música puede vencer a la guerra. Compruébenlo en la segunda obra interpretada por la orquesta en el Museo del Prado, en el vídeo oficial que encabeza estas palabras, la Melodía en La menor de Myroslav Skoryk’s, a partir del minuto 9 y 14 segundos. Han pasado días desde que la interpretaron en aquél lugar mágico del Prado y no la olvido.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¿En qué nos fijamos, qué sentimos y qué música nos inspira, cuando miramos un cuadro?

El Bosco, El jardín de las delicias, 1490-1500 / Wifredo Lam, La silla, 1943

Sevilla, 31/I/2023

Anoche conocí una experiencia auspiciada por la Universidad Miguel Hernández de Elche, junto al Museo del Prado, en torno a las miradas diferentes de cada persona al mirar un cuadro, en concreto El Jardín de las delicias, de El Bosco (c.a. 1450-1516), una obra impresionante, tanto abierta como cerrada, al constar de tres tablas en su anverso que representan diferentes momentos de la Creación: el Paraíso, los llamados pecados carnales o jardín de las delicias y el resultado final de este relato: el Infierno, mientras que si se contempla cerrado mediante las dos tablas laterales, la representación corresponde al tercer día de la creación, resaltando el valor simbólico del número 3. Lo pude contemplar en un breve reportaje narrado por Carlos del Amor en el telediario 2 de la RTVE, con un título premonitorio: El Museo del Prado estudia en qué nos fijamos cuando miramos el Jardín de las Delicias o Qué miramos cuando miramos el jardín.

Mediante unas gafas especiales se van a estudiar las diferentes reacciones humanas ante lo que se mira en el cuadro, porque todos no miramos lo mismo. Dentro de dos meses se conocerán las conclusiones. Siendo una experiencia interesantísima se ha cruzado con un acontecimiento celebrado La Habana (Cuba) durante estos días, la presentación del proyecto “Jazz x Art” en el marco de la 38ª edición del Festival Jazz Plaza, por parte de Ted Nash, saxofonista, clarinetista, flautista, educador musical, fundador del Jazz Composers Collective y artista plástico nacido en Los Ángeles en 1960. Mediante este proyecto, Nash “ha reunido a una veintena de jóvenes estudiantes de la Escuela Nacional de Arte (ENA), con la colaboración de profesores de este centro docente de la isla, bajo una singular premisa: inspirarse en obras expuestas en el museo, para improvisar a partir de ellas y componer una obra musical”, eligiendo un escenario especial: el Museo Nacional de Bellas Artes, en La Habana, concretamente en su edificio de Arte Cubano.

Durante cinco días ha invitado a estos “alumnos” del taller dirigido por él a que de manera individual o en equipo, a recogeré y expresar sus emociones y la forma de llevar a su música todo lo que contemplaban en los diferentes cuadros del Museo, especialmente en la sala dedicada al pintor Wifredo Lam, en una exposición transitoria, Wifredo Lam indivisible: “por quien Nash no esconde su admiración— en las que muestran sus avances y reciben orientación del artista y otros profesores. Todo el ejercicio, por demás, está siendo grabado con la idea de que quede “constancia documental sobre cómo se hizo el taller y cómo resultó el proceso pedagógico y creativo”, de acuerdo con el músico”. De esta forma, el pasado sábado, 28 de enero, coincidiendo con el aniversario 170 del natalicio del héroe nacional cubano, José Martí, se celebró un concierto en el patio del museo en el que se presentaron los resultados del taller, coordinado por Nash y con una actuación suya junto a músicos cubanos, acompañados por Malpaso, una compañía de danza con “una coreografía inspirada en las piezas compuestas por los alumnos durante esta semana”.

Lo que más me ha interesado es las razones de Nash para llevar a cabo este proyecto: “una de las cosas más hermosas que tiene el jazz es que brinda a los músicos la oportunidad de conocerse mejor a sí mismos. Esa es una característica que lo hace muy especial. Es un viaje de autoconocimiento, a través del proceso de creación, de la improvisación como vía para hacer aflorar esa creatividad. A través del jazz tomamos algo de nuestra alma y lo compartimos con la gente —afirma—. Mi mayor esperanza es que, gracias a este proyecto, los estudiantes tengan realmente la oportunidad de conocer algo más de sí mismos y puedan descubrir todo lo que tienen en su interior. Y que al final de la semana puedan, además, presentarse ante otras personas, frente al público, y que esas personas conozcan de ellos a través de su música, de sus creaciones, de su improvisación”.

Verdaderamente son dos experiencias, una en Madrid y otra en La Habana, que persiguen lo mismo: qué vemos y sentimos al contemplar un cuadro, algo sobre lo que tratado en diversas ocasiones en este cuaderno digital para quien lo quiera leer de nuevo, unas reflexiones personales entre las que he elegido una, Cuando un cuadro habla y nos emociona, demostrativa de lo anteriormente expuesto. El jardín de las delicias, de El Bosco y las obras del Museo Nacional de las Bellas Artes en Cuba, han sido vistas, sentidas y se han convertido en fuente de inspiración humana y artística, en este último caso en alumnos y alumnas de la Escuela Nacional de Arte, bajo la dirección de Nash, tal y como lo expresaba de forma excelente una crónica del diario El País que se ha hecho eco hoy de este acontecimiento. “Yesiney Pérez, con el clarinete en la mano, se plantó frente a Paisaje de La Habana, de René Portocarrero; Gabriela Muriedas hizo lo propio con su trompeta ante Niños, de Fidelio Ponce de León; y Josué Borges improvisó sobre La silla de Lam. La sala de arte se llenó de música, de sentimiento, de colores y de corazón, y Nash, emocionado y convertido él mismo en alumno, acompañó a los jóvenes en su búsqueda. Una maravilla”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Hay que prestar especial atención a la atención

Sevilla, 17/I/2023

Nada es para siempre.

Por eso debemos estar atentos, listos para el cambio, preparados para toda circunstancia porque la vida es como es, no como debería ser.

Facundo Cabral, en No estás Deprimido, estás Distraído

Navegando por el mar proceloso de cada día, he descubierto un libro para llevar en la mochila virtual, mental por supuesto, para guiar los pasos a la próxima isla por descubrir en nosotros mismos, tantas veces recordada gracias a Jose Saramago en su Cuento de la isla desconocida. Se trata de una obra publicada hace tan solo unos días, en la editorial Península, con un título atractivo en sí mismo: El valor de la atención. Por qué nos la robaron y cómo recuperarla, escrito por Johann Hari, cuya sinopsis oficial nos orienta en su contenido: “La atención ha entrado en una profunda crisis. ¿Cuáles son los motivos?, ¿quién nos la está robando?, y, más importante aún, ¿cómo podemos recuperar nuestra capacidad de concentración? Un demoledor ensayo que indaga en una de las grandes epidemias del momento y en sus posibles soluciones. Según algunos de los últimos estudios publicados, los adolescentes solo son capaces de concentrarse en una tarea durante sesenta y cinco segundos, mientras que los adultos apenas pueden aguantar tres minutos. Como muchos de nosotros, Johann Hari es consciente del peligro que supone la omnipresencia de las pantallas, así como de esa imperiosa necesidad que nos asalta de pasar constantemente de un dispositivo a otro sin levantar la vista. Hoy en día, lograr el estado de concentración necesario para acometer labores intelectualmente complejas y exigentes es casi una quimera. Hari decidió entrevistar a los principales expertos en concentración humana para identificar las causas de esta crisis. En El valor de la atención desglosa los doce factores que la generaron –desde nuestra incapacidad de dejar fluir la mente hasta la contaminación en las ciudades–, y denuncia a las poderosas empresas que nos están robando el foco. Además, nos da las herramientas para entender la situación, defendernos y recuperar nuestra capacidad de vivir con atención”.

Tengo que reconocer que la atención es algo que, me preocupa dese hace ya muchos años, quizás porque estoy educado en la necesidad de admirarme de las personas y de casi todas las cosas, como tantas veces he explicado en este cuaderno digital. Siempre he sentido curiosidad por todo, en un mundo plagado de cotilleo y cotillas, aunque bautizado últimamente como “el universo del entretenimiento” donde todo cabe y en el que la cultura digna brilla por su ausencia. Siempre he sentido la necesidad de comprender qué es admirarse ante lo que ocurre en nuestras vidas, prestándole mucha atención, por muy intranscendente que sea o supuestamente inútil, algo que solo se consigue a través de la admiración, actitud que simbolizó para Aristóteles el comienzo de la filosofía, entendida como la capacidad que tiene el ser humano de admirarse de todas las cosas, de las personas, de sentir curiosidad diaria de por qué ocurren las cosas, de cómo pasa la vida, tan callando. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein panta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que la curiosidad sigue siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.

El placer de la atención, de la curiosidad sabia, no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas atentas, curiosas, la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada. Es lo que Hari ha manifestado para un artículo reciente, publicado en elDiario.es, en torno a su nueva obra: “Hay que entender que no tenemos que sentirnos mal porque nos cueste prestar atención. Tampoco si le ocurre a nuestros hijos. Ni ellos ni nosotros tenemos nada malo, tiene que ver con la forma en que vivimos. Si lo comprendemos, podemos empezar a reordenar las cosas”, anima, “hemos llegado hasta aquí sin ser conscientes de cómo nos iba a afectar”. Por ello, insiste en aprovechar la oportunidad que se abre: “Tenemos que decidir qué queremos y luchar por ello. Podemos hacer muchas cosas para defendernos”. “La atención es nuestro superpoder”.

Este mundo en el que vivimos, diseñado a veces por el enemigo, me recuerda una canción que recupero ahora de la banda sonora de mi vida, El tiempo que te quede libre, como homenaje a la atención que puede ser de aplicación selectiva para aquellas personas a las que queremos y que a veces hemos plagado de ausencias múltiples en la vida compartida, como el mejor ejemplo de la necesaria atención que debemos recuperar en nuestras vidas, de la que nos alejan intereses mercantiles no inocentes. Para devolverles, si es posible, la dedicación que merecen siempre durante todos los días y meses del año, durante toda la vida, conjugando todos los tiempos posibles del tiempo que nos queda libre para dedicarlo a la atención plena de él, de ella, de vosotros y… de ellos, de los que sabemos que más lo necesitan, porque muchas veces nos han pedido la atención, el tiempo al que se refiere la canción, a veces solo dos minutos o un minuto nada más: El tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí / a cambio de mi vida entera / o lo que me queda y que te ofrezco yo. // Atiende preferentemente / a toda esa gente que te pide amor; / pero el tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí. // No importa que sean dos minutos / o si es uno sólo, yo seré feliz; / con tal de que vivamos juntos / lo mejor de todo dedicado a mí. / El tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Música marrón, lofi o de baja frecuencia

Sevilla, 12/I/2023

Cuando estamos dispuestos a frecuentar permanentemente el futuro, “¡qué expresión más hermosa!”, que diría Pereira al Dr. Cardoso en la obra de Tabucchi, Sostiene Pereira, cuando su cuidador en la clínica talasoterápica de Parede, cerca de Lisboa, le recomendó que dejara de frecuentar el pasado, me doy de bruces con el mal llamado ruido marrón (brown noise), porque su denominación no es debido al color del ruido, sino “al sonido de los movimientos brownianos, identificados en 1827 por el botánico Robert Brown. Técnicamente son la versión estática de los ruidos blancos, pero con las notas de baja frecuencia aumentadas y las de alta frecuencia, menos agradables y con más capacidad de distracción, atenuadas. De esta manera se consigue contrarrestar la tendencia del oído a registrar con más fuerza las altas frecuencias” (1).

¿Qué está pasando en la sociedad para que tengamos que recurrir a estas soluciones digitales de alto consumo por parte de determinada población, cansada de tanto ruido externo, descontrolado y sin sentido alguno? Según el artículo citado anteriormente, “El brown noise es un sonido natural, más agradable para el oído humano que los ruidos blancos, más conocidos y estudiados. Por ejemplo, el ruido de una cascada de agua al caer, la lluvia intensa, o un río caudaloso. También podrían recordar un rugido lejano. Contiene todas las frecuencias del espectro, pero hace más énfasis en las bajas, por eso es menos agudo e irritante, y se percibe como agradable y relajante”.

Me ha llamado la atención algo que es recurrente en la comparación de este “ruido” con otros: se parece al ruido constante en la cabina de un avión, “tranquilo, sin estridencias” y para diferentes situaciones en las que Spotify es dueña y señora como plataforma de esta tipología, porque atiende a todo los gustos derivados de este modelo: trabajo, escritura, descanso, relax, entre otros. Siendo una realidad constatable el uso y consumo de esta música poco ruidosa, de baja frecuencia, conocida como música lofi (acrónimo de low fidelity), he escogido una muestra representativa hoy, en Youtube, lofi hip hop radio – beats to relax/study to, un canal en streaming Lofi Girl que “funciona como una playlist non stop de música lofi (acrónimo para low fidelity). Los ritmos son suaves, de hip hop, sin voces y optimizados para generar calma y concentración. El canal está ilustrado con un vídeo de una chica muy concentrada en su escritorio. A medida que avanza el día el paisaje cambia, un gato mueve la cola y Lofi Girl sigue escribiendo a buen ritmo, el que le marca la música. Su promesa es justo esa: trabajar con una música que proporciona una concentración absoluta”.

Como me preocupa todo lo relacionado con la inteligencia digital y el descubrimiento continuo de nuevas islas digitales desconocidas, me ha llamado la atención la referencia a una investigación llevada a cabo por la Universidad de Londres, que se cita también en el artículo al que he hecho referencia anteriormente, en un trabajo que he leído íntegro, Beats to Relax: Contradiction and Paradox in Lofi Hip Hop, donde “la etnomusicóloga Emma Winston observa que Lofi Girl es atractivo porque ofrece “intimidad y calma, y está diseñado para parecer analógico y antiguo, como de una época que nunca fue”. No hay presión por socializar, aunque en una pequeña ventana se pueden dejar ideas y comentarios, y también recibir respuestas. “La gran idea es escuchar y trabajar completamente solo, pero con la sensación de estar acompañado”, dice Winston, que lo considera una de las dos grandes paradojas de la música lofi, un género creado en internet “para los que buscan paz, pero no silencio”. La segunda contradicción es que este canal se ha saltado todos los mecanismos comerciales que sustentan el negocio de internet, pues su reproducción continua impide que YouTube ofrezca publicidad o contenidos que probablemente sacarían al usuario de su nirvana sonoro. Para Winston Lofi Girl es “un punto muerto” en la avalancha de contenidos que trastorna nuestra atención. La popularidad de los ruidos y la música para concentrarnos nos ponen ante el espejo: padecemos horror vacui y solo somos capaces de desconectar si podemos conectarnos a otra cosa”. En sus conclusiones dicen algo que considero relevante: “Una exploración del posicionamiento del lofi hip hop dentro de la mercantilización de la nostalgia también parece una dirección obvia en la que expandir nuestro trabajo, pero la complejidad que hemos descrito aquí de la relación del género tanto con la nostalgia como con las estructuras tradicionales de la industria musical, es una tarea mayor de lo que sentimos que es posible lograr en este documento. Principalmente, argumentamos aquí a favor de la profundidad musical y teórica del género, y exhortamos a musicólogos, etnomusicólogos, sociólogos y otros a tomarlo en serio y creer en su valor. También deseamos resaltar el potencial del lofi hip hop para cuestionar las tendencias de análisis existentes. Adam Harper señala que los estudios sobre la música en Internet suelen poner en primer plano una narrativa cuestionable de los efectos degenerativos de la tecnología digital, y puede darse el caso de que el mayor énfasis en la nostalgia restauradora en los géneros anteriores, que también lo describen Born y Haworth (2017: 636) como la “preocupación irónica y meta-reflexiva” de géneros como vaporwave (Harper, 2017: 95-96), contribuyen a ello. Lofi hip hop, sugerimos, rompe este modelo de análisis. Es tanto un producto como un escape de las presiones socioeconómicas; su significado se deriva tanto de la fantasía como de la realidad, abordados con igual sinceridad; se vive solo, pero se utiliza como medio de cuidado y conexión interpersonal; reconoce la pérdida de un pasado nunca experimentado o conocido, y se sumerge de manera reconfortante en ese pasado y su pérdida, reutilizándolo dentro del presente en lugar de usarlo para criticar conscientemente ese presente. Sugerimos que esto puede deberse a que la comunidad de lofi hip hop está compuesta principalmente por productores y oyentes demasiado jóvenes para recordar una época anterior a la Web 2.0; para ellos, la tecnología puede ser simplemente un aspecto axiomático de la normalidad por la que navegar, e incluso intentar aplicar una narrativa de degeneración a su experiencia es asumir un estado anterior del ser en el que ellos mismos son plenamente conscientes que nunca han experimentado y que nunca experimentarán. Los estudios contemporáneos de fandom, subcultura y escena no pueden simplemente ignorar este cambio en las experiencias vividas de la realidad ordinaria, y esperamos que este artículo pueda servir como una oportunidad para repensar y explorar temas en esta área desde un nuevo ángulo”.

Creo que hay pocas cosas nuevas bajo el sol, pero acercarnos a la música sé que ha sido siempre un refugio para almas inquietas. Recordar de nuevo que es compañera en la alegría y un remedio para el dolor, lo he reflejado en bastantes ocasiones en este blog. Últimamente, ofreciendo una playlist preparada por mí, Mozart: soñar despiertos – YouTube, en un artículo, Mozart nos ayuda a soñar despiertos en Navidad, para no estar solos, acompañados de Mozart en su trayectoria vital y soñar despiertos con él a través de composiciones magistrales, respetando su cronología de creación, en las que he seleccionado movimientos serenos, sobre todo andantes, andantinos y adagios, que inspiran tranquilidad, confianza y esperanza en cada presente y para animarnos a «frecuentar el futuro» más optimista, como pesimistas bien informados y compañeros de Pereira, el protagonista de la novela de Tabucchi en su difícil compromiso humano y social.

En aquella ocasión confesaba una debilidad a la hora de componer la lista de obras, playlist en términos actuales, que creé especialmente para una persona muy querida y que ocupa un lugar preferente en mi mente y en mi corazón, que ahora son dos, mis nietos, que deseo compartirla de nuevo con la Noosfera, la malla pensante y libre de la humanidad. Hago de nuevo esta declaración de principios porque elegí, mayoritariamente, movimientos de conciertos dirigidos por Nikolaus Harnoncourt, director alemán con alma austriaca que falleció en 2016 y que estudió de forma pormenorizada el contexto histórico, instrumental y musical del genio salzburgués, que siempre llevaba dentro su alma de niño. Junto al Concentus Musicus Wien, nos ofrece una selección de movimientos que suenan de forma diferente por su respeto histórico a la forma en que compuso Mozart estas obras y, en muchas ocasiones, con instrumentos del siglo XVIII, rescatados por Harnoncourt para no alterar la esencia de las partituras analizados compás a compás, frase a frase y en la partitura completa.

Estoy de acuerdo con la frase final del artículo citado: “La popularidad de los ruidos y la música para concentrarnos nos ponen ante el espejo: padecemos horror vacui y solo somos capaces de desconectar si podemos conectarnos a otra cosa”. Si Mozart, ante el ruido actual de todos los colores posibles, nos ayuda en los sueños para estar despiertos a través de la playlist citada, escogida de su obra magistral de niñez y juventud, comprobaremos que la música cumple una función social y reparadora de males humanos desde hace siglos. El ruido marrón de la música ya existía en su Viena natal y él lo sabía recoger en sus partituras.

(1) Qué es el ‘ruido marrón’ y por qué sirve para acallar nuestra mente | Ideas | EL PAÍS (elpais.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Las Niñas Cantoras de Viena serán las protagonistas del Concierto de Año Nuevo

Coro de Niñas de Viena, Die Wiener Chormädchen

Sevilla, 30/XII/2022

El próximo 1 de enero se celebrará la 83ª edición del Concierto del Año Nuevo en la Sala Dorada (Großer o Goldener Saal) del Musikverein, en Viena, que conozco bien, un edificio que me emocionó el día que traspasé su puerta de entrada en un concierto al que asistí en torno a la gran obra de Mozart. Este año figura como director invitado alguien muy respetado por la Filarmónica de Viena, Franz Welser-Möst, un Maestro austriaco que ya dirigió los conciertos de los años 2011 y 2013, con un constante reconocimiento por los miembros de la Filarmónica y que desde hace veinte años dirige la Orquesta de Cleveland (Ohio).

Como cuido mucho contextualizar lo que escribo, es importante conocer, de la fuente principal de la propia Filarmónica de Viena, la intrahistoria del concierto del año nuevo, que siempre ha pretendido dar una especial relevancia a la obra de la familia Strauss: “El primer Concierto de Año Nuevo tuvo lugar durante el capítulo más oscuro de la historia de Austria y de la Filarmónica de Viena. En medio de la barbarie, la dictadura y la guerra, en un momento de constante preocupación por la vida de los miembros y sus familias, la Filarmónica envió una señal ambivalente: los ingresos netos de un concierto dedicado a composiciones de la dinastía Strauß que se realizó el 31 de diciembre de 1939, fue donado en su totalidad a la campaña nacionalsocialista de recaudación de fondos «Kriegswinterhilfswerk» [una turbia campaña en favor de los alemanes más desfavorecidos]. El 1 de enero de 1941 se realizó una matiné de la Filarmónica titulada «Concierto de Johann Strauss». Teniendo lugar en medio de la guerra, muchos lo consideraron una expresión de la individualidad vienesa, pero también fue malinterpretado por la propaganda nacionalsocialista del «Großdeutscher Rundfunk». Clemens Krauss dirigió estos conciertos hasta el final de la guerra. En los años 1946 y 1947, Josef Krips (1902-1974) reemplazó a Krauss, quien regresó en 1948 después del final de su prohibición de dirigir durante dos años impuesta por los aliados, dirigiendo siete Conciertos de Año Nuevo más hasta 1954. Con la inesperada muerte de Clemens Krauss el 16 de mayo de 1954, la orquesta se enfrentó a un gran dilema para determinar su sucesor. Solo después de mucha deliberación, los miembros decidieron, poco antes del 1 de enero de 1955, confiar al concertino Willi Boskovsky la dirección artística de los Conciertos de Año Nuevo. Esta elección resultó ser un golpe de genio, ya que Boskovsky dirigió el concierto 25 veces, entre 1955 y 1979, dejando una impresión tan duradera que su renuncia constituyó el final de una era. En octubre de 1979, cuando Boskovsky se vio obligado a cancelar el Concierto de Año Nuevo de 1980 por motivos de salud, la Filarmónica hizo un cambio fundamental. La orquesta eligió a un director de renombre internacional, Lorin Maazel, quien dirigió los conciertos hasta 1986. Luego de esto, los músicos tomaron la decisión de seleccionar un director diferente cada año. Este nuevo formato comenzó con el inolvidable concierto de Herbert von Karajan en 1987” y así sucesivamente con la presencia de varios directores de orquesta de especial renombre hasta la elección de Franz Welser-Möst como director de este concierto del año nuevo 2023.

La gran novedad de este año, entre algunas obras que se tocarán por primera vez y elegidas por el director invitado, será la aparición conjunta en los Coros de las Niñas y Niños cantores de Viena, en el momento que la Filarmónica interprete la polca «Espíritus alegres», porque será la primera vez que las niñas intervengan en este Concierto del Año Nuevo, según informa RTVE en su página oficial dedicada a este evento: “Niños Cantores de Viena es un coro infantil de voces sopranos y altos. Es uno de los coros de niños más antiguos -desde 1296- y conocidos del mundo. Fue establecido en 1498 por Maximiliano I de Habsburgo (padre de Felipe I de Castilla el Hermoso), en la corte del Sacro Imperio en Viena. Tras la caída del imperio austro-húngaro, en 1920 el Coro de los Niños Cantores de Viena se convirtió en entidad privada no lucrativa. Y desde 2012 tiene su propia sala de conciertos: el MuTh (Música y Teatro). En 2023 este coro cumplirá su 525º aniversario. Actualmente en el Coro hay unos 100 niños de entre diez y catorce años de edad, divididos en cuatro grupos de concierto. Entre sus deberes están los servicios dominicales en la Capilla Imperial y otras apariciones oficiales, además de conciertos en Viena y en el extranjero. Cada corista dedica cada año un trimestre a giras por todo el mundo y participa en unas 80 actuaciones. Concilian su formación musical, estudios y tiempo libre, como internos en su exclusiva escuela del Palacio Augarten. Compartiendo terrenos y director artístico -Gerald Wirth- el Coro de Niñas de Viena (Die Wiener Chormädchen), se formó en 2004. Reúne a 30 chicas de entre ocho y quince años, que suelen interpretar canciones folclóricas tradicionales austriacas. El 1 de enero saldrán vestidas con inspiración marina por la diseñadora Eva Poleschinski”. Es un gesto que celebro y que es importante resaltar en una tradición tan conservadora como es la que observa siempre la Filarmónica de Viena.

El programa que se desarrollará en el Concierto, salvo cambios de última hora que se pueden verificar en la página oficial de la Filarmónica de Viena, es el siguiente:

PRIMERA PARTE

1 Eduard Strauss – ¿Quién baila? – Polca rápida op. 251

2 Josef Strauss – Poemas heroicos – Vals, op. 87

3 Johann Strauss II – El barón gitano – Cuadrilla, op. 422

4 Carl Michael Ziehrer – En una noche acogedora – Vals, op. 488 

5 Johann Strauss II – ¡Venid con alegría! – Polca rápida, op. 386

DESCANSO: se proyectará un documental que recordará que en 2023 se celebrará el 150 aniversario de la Exposición Universal de Viena, “que tuvo lugar del 1 de mayo al 2 de noviembre de 1873, modernizando la entonces capital del imperio austro-húngaro. Su lema fue «Cultura y Educación». Resultó una gran oportunidad de mostrar la industria, arte y desarrollo técnico de la época, para conmemorar el 25° aniversario de Francisco José I como Emperador”.

SEGUNDA PARTE

6 Franz von Suppè – Obertura de la opereta cómica «Isabella»

7 Josef Strauss – Perlas de amor – Vals de concierto, op. 39, al que acompañará el Ballet Estatal de Viena, que engloba los conjuntos de danza de la Ópera Estatal de Viena y de la Ópera Popular de Viena

8 Josef Strauss – Polca de Angélica – Polca francesa, op. 123

9 Eduard Strauss – Arriba y lejos – Polca rápida, op. 73 con el Ballet Estatal de Viena

10 Josef Strauss – Espíritus alegres – Polca francesa, op. 281 con los coros de las Niñas y los Niños Cantores de Viena

11 Josef Strauss – Para siempre – Polca rápida, op. 193

12 Josef Strauss – Jilgueros – Vals, op. 114

13 Josef Hellmesberger – Polca de las campanas y Galope del Ballet Excelsior

14 Josef Strauss – Allegro fantástico. Fantasía orquestal, anexo 26b

15 Josef Strauss – Vals de las Acuarelas, op. 258

Bises

16 Johann Strauss hijo – El golpe de los bandidos – Polca rápida, op. 378

Felicitación de Franz Welser-Möst y la Filarmónica por el Año Nuevo

17 Johann Strauss hijo – En el bello Danubio Azul – Vals, op. 314 con el Ballet Estatal de Viena

18 Johann Strauss padre – Marcha Radetzky, op. 228

Como exclamará el director del concierto junto a todos los músicos de la Filarmónica puestos en pie, desearé en ese momento, a todas las personas que leen este cuaderno digital, un ¡Feliz Año Nuevo!, que escucharemos en un perfecto alemán como Prosit Neujahr!. Después, ya se sabe, escucharemos atentamente En el bello Danubio Azul y seguiremos las órdenes de Franz Welser-Möst para tocar las palmas de forma ordenada en la Marcha Radetzky, con el compás y respeto que se exige en el concierto.

Las niñas del Coro de Niños Cantores de Viena verán cumplidos uno de sus sueños: que casi mil millones de personas vean como su canto nos puede acompañar siempre en la alegría y cómo nos consuela en momentos difíciles (musica laetitiae comes, medicina dolorum). Para ellas, para ellos, como niños y niñas del Coro, será una bella misión cumplida, nada más, en su candor de cada día.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Este libro puede ser un regalo con estela:

Ciudadano Jesús. Otra navidad es posible

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

«Milana bonita», dos palabras preciosas de un santo inocente (II)

Sevilla, 28/XII/2022

No es la primera vez que recuerdo estas palabras en el día de los Santos Inocentes, como lo expresaba hace un año tal día como hoy. En aquella ocasión, porque falleció en 2021 Mario Camus, director de una película de culto en el cine español, Los santos inocentes (1984), que no olvido en su fondo y forma, según la obra homónima de Miguel Delibes. De nuevo, me fijé también en un instrumento que formaba parte de la banda sonora de la película, el rabel, que quizás pasó desapercibido en su proyección cinematográfica, pero que simboliza como metáfora viva el mensaje cultural que aún queda en la España olvidada y vacía, en una región que he tenido la oportunidad este verano de conocerla mejor y así lo desarrollé en una serie dedicada especialmente a una tierra extraordinaria por su memoria histórica, Leyendo a Cantabria, interpretando de la mejor forma posible sus creencias y valores. 

«Milana bonita» ha dicho mucho a través de un santo inocente. El que quiera entender…, que entienda, en una novela y una película que, como pasa con las ideologías, nunca fueron inocentes.

Milana bonita, dos palabras para recordar a Mario Camus

Sevilla, 19/XI/2021

Ayer voló a su cielo particular Mario Camus, junto a su inseparable milana bonita, recordándonos que nos entregó un día ya lejano un regalo cinematográfico, Los santos inocentes, en el que él sabía lo que nos daba pero no lo que en verdad recibíamos, un fragmento de nuestra memoria histórica con el tiempo dentro. Aprendí a conocer nuestro triste pasado como país gracias a Miguel Delibes y a su versión llevada al cine de la mano magistral de Mario Camus.

En el día de los santos inocentes de 2019, escribí unas palabras de homenaje a este gran director, El rabel de los santos inocentes, resaltando también un instrumento ancestral cántabro, el rabel, porque ponía música a una historia conmovedora, con la sencillez de un alma inocente y bendita como la de su intérprete, Pedro Madrid, que nunca tuvo tiempo para ver la película porque la vida le exigía estar siempre presente en sus tareas cotidianas. Hoy, vuelvo a publicar aquellas palabras, porque creo que encierran en sí mismas el mejor homenaje póstumo que puedo ofrecer a Mario Camus. No está solo, porque cerca, muy cerca, le espera impaciente Azarías, junto a su querida milana bonita.

Muchas personas recordamos la película Los santos inocentes, dirigida por Mario Camus, basada en una obra homónima de Luis Delibes, a través de una frase icónica, ¡Milana bonita!, pronunciada de forma repetida con la voz profunda e inconfundible de Paco Rabal en su papel de Azarías. Lo que no recordará casi nadie es que la banda sonora de la película está interpretada por Pedro Madrid, un rabelista de Cantabria, un músico inocente de extracción rural, que no vio la película porque estaba dedicado en cuerpo y alma a su tierra, Polaciones, y a su parentela, nada más, muy lejos del bullicio mundano.

El rabel es un instrumento de cuerda frotada, tres cuerdas concretamente, que Pedro tocaba con destreza: “Éste -y muestra el que tiene en esos momentos en sus manos- está hecho de madera de tejo. Es un árbol milenario cargado de leyendas, pero es muy difícil encontrarlo. También los hago de serval, que es un árbol sagrado de los antiguos celtas” (1). Tiene raíces árabes, el rabáb, según el diccionario de la RAE: instrumento musical pastoril, pequeño, de hechura como la del laúd y compuesto de tres cuerdas solas, que se tocan con arco y tienen un sonido muy agudo. Desde 1505 tenemos registrada la existencia de este instrumento en el diccionario de Fray Pedro de Alcalá, matizada posteriormente en el de Autoridades, en 1737: “instrumento músico pastoril, de hechura como la del laúd”.

La aportación de Pedro Madrid a la película es un símbolo del argumento de la misma, porque desprende sabiduría rural a manos llenas, es decir, la exposición desnuda de las relaciones amo-sirviente durante la posguerra en España, donde el desprecio al que menos tiene y, además, te sirve, era una seña de identidad de la burguesía cortijera de la época. Delibes escribió una denuncia social descarnada, continua, en formato de novela, con una trama en la que los santos inocentes son aquellas personas que viven con dignidad el hecho de ser diferentes, singulares, casi sin darse cuenta, casi siempre ignorados por la sociedad.

Hoy, día de los santos inocentes, he recordado la película y un instrumento humilde, el rabel, tocado con destreza por Pedro Madrid, un gran desconocido para la historia de la música en este país. Lo escucho en los títulos de crédito de la película, llevándome en volandas como la grajilla de Azarías. Es solo un homenaje a su colaboración en la historia de la literatura y el cine en este país, en un día del calendario muy especial.

(1) https://elpais.com/diario/1985/09/06/ultima/494805604_850215.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Hoy es Navidad, la historia de una sorprendente concepción junto a la de un buen compañero

Georges de La Tour, El recién nacido (h. 1648, óleo sobre lienzo, 76 x 91 cm, Museo de Bellas Artes, Rennes)

Sevilla, 25 de diciembre de 2022

Tengo grabada en mi memoria de secreto la letra de un villancico muy popular que cantaba desde que era muy pequeño, como si nada, que decía: esta noche es nochebuena y mañana navidad, a la que seguía un deseo de José que no quiero repetir por más tiempo, por aquello de la bebida sin control: dame la bota María que me quiero emborrachar. Hoy, día de la navidad, que me gusta escribirla con minúscula para hablar de ella desde una perspectiva laica, creo que se recuerda en el mundo entero, de creencia cristiana, porque todo es debido a una historia de una sorprendente concepción junto a la de un buen compañero de una madre muy joven. Así lo he expresado en alguna ocasión en este cuaderno digital, comenzando por la interpretación laica de la sorprendente concepción de una mujer corriente, María, que da a luz un niño de nombre Jesús, acompañado por un buen hombre, José.

Para intentar comprender la intrahistoria de este día, vuelvo a contemplar hoy, de nuevo, el óleo de Georges de La Tour, El recién nacido, un pintor desconocido durante siglos para la historia del arte, porque busco comprender la sorprendente concepción de María, tal y como nos lo ha contado la historia sagrada. Sobrecoge el silencio y austeridad en este cuadro tan realista en los últimos años del pintor: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes“ (1). No hay vestigio alguno de collares o anillos, pedidos por José al platerillo de Alberti en un poema precioso, El platero, publicado en El alba del alhelí, que siempre he sentido como la gran paradoja de la creencia descreída en el dios que nos conmueve y en la Virgen, una mujer muy sencilla y confundida que solo acepta el regalo de un beso a su Niño, mucho más allá de medallas, collares y anillos, porque como estampa familiar nos puede servir para comprender la quintaesencia de la religión bien entendida.

A la Virgen, un collar
y al niño Dios, un anillo,
Platerillo,
no te los podré pagar,
¡Si yo no quiero dinero!
¿Y entonces qué? di.
Besar al niño es lo que yo quiero.
Besa, sí

En este cuadro, esta sencilla mujer no tiene casi nada, solo el regalo precioso del silencio sonoro de la noche y contemplando a su niño, fruto de una sorprendente concepción, en la que encontró, eso sí, a un gran compañero, José, al que también he reconocido siempre su difícil situación ante los demás descreídos y porque su papel en esta historia nunca ha pasado desapercibido en nuestras vidas y en nuestras fastuosas navidades blancas. José, el carpintero de Nazareth, siempre ocupó una segunda fila en una historia jamás contada bien. Era la pareja oficial de María, asunto que me ha emocionado en muchas ocasiones al describirse así, a pesar de que la historia lo ha encumbrado siempre a los altares. En el óleo de Georges de La Tour, no aparece José por ningún sitio porque realmente nunca fue protagonista de esta historia mágica, la sorprendente concepción de María. Todos comentaban siempre su silencio, aunque era un secreto a voces por la asunción de su papel en la historia difícil de María. Me gusta recordarlo despojado de su santidad, ocupando su sitio en la historia, básicamente como un hombre humilde, trabajador y bueno, con un profundo respeto a María, una persona que la historia ha colocado en un sitio muy especial difícilmente entendible si te falta la fe que nos enseñaron nuestros mayores, como le gustaba decir a Antonio Machado. Creo, sinceramente, que fue un buen compañero.

Escucho ahora a un compositor francés, Michel Corrette (1709-1795), un perfecto desconocido que ha supuesto un descubrimiento extraordinario en mi aprendizaje diario para interpretar dignamente sus partituras en clave y violín. Todo surgió al localizar en su ingente obra seis sinfonías dedicadas a la Navidad, preciosas, de las que quiero destacar hoy un movimiento en concreto: José es un buen compañero (Sinfonía III, Allegro), porque me permite contextualizar una historia de una persona que ha supuesto mucho para el devenir de la sociedad creyente, una historia, entre otras, que habla siempre de soledad y silencio ante la libre elección para la difícil tarea de vivir dignamente. Escuchándola, comprendo mejor que nunca la categoría humana de José, ignorado hasta por el evangelista Marcos: “Solo sabemos que en el capítulo 6, versículos 1 a 3 de su crónica de la muerte anunciada de Jesús (como buen periodista), dijo lo siguiente: “Se marchó [Jesús] de allí y vino a su tierra, y sus discípulos le acompañaban. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada; y decía: “¿De dónde le viene esto? y qué sabiduría es ésta que le ha sido dada ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, de Josét, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de él”. José solo ante el peligro. No aparecía por ningún sitio en la noticia contada por Marcos pero, dueño de su soledad y de sus silencios, siempre tuvo el sentido de la medida que tanto aprecio.

Correttte sabía lo que componía. José fue un buen compañero y Marcos lo entendió así. Por esta razón es sugerente intentar comprender que José admiraba a este narrador de la época, que contó cómo el emperador César Augusto quiso acabar de una vez por todas con alternativas a su poder corrupto, a través de un niño-ciudadano de su imperio, no empadronado, llamado Jesús, rey de los judíos, un revolucionario que no quiso ser emperador, que contaba cosas muy interesantes, que formó un gran equipo y que quería atender sobre todo a los más desprotegidos, a los engañados por el poder, a los nadies y a los desheredados. Y era una persona corriente, lo que suele poner muy nerviosos a los malos gobernantes: cuando se cansaba, dormía sobre el cabezal del barco, como nos lo contó hace ya muchos años un joven periodista de nombre Marcos. Mientras, José, un carpintero humilde, seguía trabajando en silencio. Es el José que todavía hoy tanto admiro. Esa es la navidad, con minúscula, que tanto aprecio. Y a María, por su soledad y también silencios, lo que pintó admirablemente George de la Tour.

Michel Corrette (1709-1795), José es un buen compañero (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía III, Allegro), interpretado por La Fantasía.

(1) https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/georges-de-la-tour/369d61b8-c430-4c43-9f51-8ed8995aa949

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Mozart nos ayuda a soñar despiertos en Navidad

MOZART: SOÑAR DESPIERTOS – YouTube

Sevilla, 21/XII/2022

Lo escribí en 2020 y lo repito hoy: la navidad que vengo denunciando desde hace años, tan cerca de la interpretación de mercado y tan lejos de su esencia histórica, es la que Gabriel García Márquez describía en un artículo extraordinario publicado en el diario El Pais, en 1980, como un tiempo en el que por la irrupción del poder del mercado lo que se celebra realmente es “[…] la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones” y donde es probable que los niños del mundo, por la presencia omnímoda de Papá Noel, pueden terminar “[…] por creer de verdad que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos”. Hace dos años estábamos intentando salir del túnel de la pandemia y hoy, en plena «normalidad» que se decía entonces, pero en un mundo al revés, la música puede ser compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum), tal y como aparece en la tapa de mi clave. Es por ello por lo que creo, de nuevo, que podría ser una oportunidad, entre otras, para conocer a Mozart en su trayectoria vital y soñar despiertos con él a través de composiciones magistrales, respetando su cronología de creación, en las que he seleccionado movimientos serenos, sobre todo andantes, andantinos y adagios, que inspiran tranquilidad, confianza y esperanza en cada presente y para animarnos a «frecuentar el futuro» más optimista, como pesimistas bien informados.

En aquella ocasión confesaba una debilidad a la hora de componer la lista de obras, playlist en términos actuales, que creé especialmente para una persona muy querida y que ocupa un lugar preferente en mi mente y en mi corazón, que ahora son dos, mis nietos, deseando compartirla de nuevo con la Noosfera, la malla pensante y libre de la humanidad. Hago de nuevo esta declaración de principios porque elegí, mayoritariamente, movimientos de conciertos dirigidos por Nikolaus Harnoncourt, director alemán con alma austriaca que falleció en 2016 y que estudió de forma pormenorizada el contexto histórico, instrumental y musical del genio salzburgués, que siempre llevaba dentro su alma de niño. De ahí la portada del disco que preside estas líneas. Junto al Concentus Musicus Wien, nos ofrece una selección de movimientos que suenan de forma diferente por su respeto histórico a la forma en que compuso Mozart estas obras y, en muchas ocasiones, con instrumentos del siglo XVIII, rescatados por Harnoncourt para no alterar la esencia de las partituras analizados compás a compás, frase a frase y en la partitura completa.

Incorporo también una breve descripción del año y motivo de su composición para contextualizar cada obra en el mundo interior de Mozart. Espero que disfruten con su música de sueños en tiempos tan convulsos como los actuales y les confieso otra debilidad personal: escuchar con cierto recogimiento el Adagio del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, compuesto en 1791 por Mozart, el último año de su vida, cuando tenía 35 años: Wolfgang Amadeus Mozart: Clarinet Concerto in A major, K.622. Es una versión que aprecio mucho, interpretada por la Iceland Symphony Orchestra, dirigida por Cornelius Meister y con la intervención de la clarinetista solista Arngunnur Árnadóttir. Para mí, una obra sublime que cierra esta lista elaborada para experimentar sueños diferentes en un tiempo complejo como el actual.

PLAYLIST: MOZART: SOÑAR DESPIERTOS

  1. Andante de la Sinfonía número 1, en Si bemol mayor, KV 16: https://youtu.be/NrLnuYvoiy8, que Mozart escribió en su viaje iniciático a Londres, junto a su padre, cuando sólo tenía 8 años (Ver El niño Mozart, artículo de mi blog).  
  2. Andante de la Sinfonía número 25, en Sol menor, KV 183, compuesta con 17 años y bajo la influencia de Haydn, utilizando en esta ocasión cuerdas con sordina: https://youtu.be/eDfEmlLCjdw, dirigida por Harnoncourt e interpretada por la Orquesta Concentus Musicus Wien. Es una obra muy querida por Harnoncourt y que cita de forma continua en sus conversaciones y obras musicales.
  3. Andantino del Concierto para flauta y arpa, KV 299 – 2nd mov., dirigiendo Harnoncourt al Concentus Musicus Wien. Esta obra fue escrita en París, en 1778, cuando Mozart contaba con 22 años. Fue un encargo del Duque de Guines, embajador de Francia en Inglaterra, que nunca pagó al compositor.
  4. Adagio non troppo del Concierto para oboe y orquesta, en Do mayor, KV 314, interpretado al oboe por Lucas Macías, oboísta valverdeño y bajo la dirección de Claudio Abbado. Lucas consiguió el Grammy de 2015 por esta grabación, exactamente el Premio Internacional de la Música Clásica. Este Concierto fue muy controvertido porque hay disparidad de opiniones musicales sobre su origen, dado que Mozart lo compuso, también con 22 años, para oboe y no para flauta como en un principio se creyó, dada la aversión a este instrumento.
  5. Adagio de la Sonata para piano número 12, en Fa mayor, KV 332, conocida como La Parisina número 4, por haberse escrito durante su estancia en París cuando tenía 22 años y en una etapa muy prolífica en su vida: https://youtu.be/Im_JIgP3fJg, interpretada por la excelente pianista Maria João Pires.
  6. Andante de la Sinfonía Concertante in Mi mayor, KV 364, compuesta en 1779 en Salzburgo, de vuelta de su viaje a París, con 23 años: https://youtu.be/5VsO9Ce-7_I, interpretada por el que considero el mejor violinista de los últimos treinta años: Itzhak Perlman, junto a Pinchas Zukerman, con la Orquesta Filarmónica de Israel dirigida por Zubin Mehta. Es maravilloso en este género Concertante, el diálogo que se establece entre los dos violines y la orquesta.
  7. Andante de la Sonata para 2 Pianos in Re mayor, KV 448, compuesta en Viena en 1781, con 25 años: https://youtu.be/ksUywh3vIgI interpretado por Martha Argerich y Alexandre Rabinovitch. En su estreno, Mozart la tocó junto a Josepha Auerhammer, el 23 de noviembre de 1781.
  8. Andante del Concierto para piano y orquesta, número 21, en Do mayor, KV 467: https://youtu.be/df-eLzao63I, interpretado por la pianista Alicia de Larrocha, junto a la Orquesta Inglesa de Cámara y dirigido por Sir Colin Davis. Esta obra la finalizó Mozart en Viena, el 9 de marzo de 1785, cuando tenía 29 años. Fue una obra exaltada por Albert Einstein en su riguroso estudio sobre Mozart.
  9. Adagio del Concierto para piano, número 23, KV 488: https://youtu.be/vne1E6VH23s, interpretado al piano por Mitsuko Uchida, bajo la dirección de Nikolaus Harnoncourt. Este concierto fue presentado por el autor en Viena, el 7 de abril de 1786, interpretado también por él en una Academia de Cuaresma de ese año, cuando tenía 30 años, con un éxito arrollador.
  10. Adagio del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, compuesto en 1791 por Mozart, el último año de su vida, cuando tenía 35 años: Wolfgang Amadeus Mozart: Clarinet Concerto in A major, K.622. Es una versión que aprecio mucho, interpretada por la Iceland Symphony Orchestra, dirigida por Cornelius Meister y con la intervención de la clarinetista solista Arngunnur Árnadóttir. Para mí, una obra sublime que cierra esta lista elaborada para experimentar sueños diferentes en un tiempo complejo como el actual.

– Guía de audición completa del Concierto (sobre todo, atención al Adagio)

K.622 0:00 – Allegro 0:27 – Adagio 12:58 – Rondo (Allegro) 20:07

– Ver: https://joseantoniocobena.com/2019/06/15/memorias-de-mozart/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Recuerda el theremín

Lydia Kavina al Theremín: tema principal de la banda sonora de la película Recuerda (Spellbound, Alfred Hitchcock, 1945), compuesta por Miklós Rózsa.

Sevilla, 18/XII/2022

En un programa musical de la televisión pública mostraron recientemente un instrumento bastante desconocido, el theremín, que tiene una larga e interesante historia detrás. ¿Quién es capaz de recordar que el mismo Lenin se quedó sorprendido al escuchar por primera vez, en 1922, hace ya un siglo, este instrumento salido de las manos de un compatriota suyo, Léon Theremin, físico, ingeniero electrónico y violonchelista, que asombró también a Albert Einstein en 1927 y que finalmente se patentó en 1928. Este instrumento no necesita contacto físico directo del intérprete sino sólo aproximación. El instrumento está formado por dos antenas metálicas que detectan la posición relativa de las manos del thereminista para controlar la frecuencia con una mano y la amplitud (volumen) con la otra. Las señales eléctricas del theremín se amplifican y se envían a un altavoz.

Una vez más, fue el cine el que amplificó el sonido especial de este instrumento a través de una película inolvidable, Recuerda (Spellbound, 1945), dirigida por Alfred Hitchcock, interpretada por Ingrid Berman y Gregory Peck en los papeles estelares, con una banda sonora (21 piezas), compuesta por Miklós Rózsa (1907-1995), compositor de música sinfónica y cinematográfica, que obtuvo en 1945 el Óscar a la mejor música de film dramático, en cuya banda sonora respondió a exigencias concretas de la producción comercial americana de la época y a las propias de Hitchcock: “En el caso concreto de “Spellbound”, dos son las indicaciones dadas por Hitchcock y Selznick [productor] que han trascendido: la de componer un gran tema de amor y la de escribir una música rara para ilustrar la dolencia psicológica del protagonista. Rózsa declaró haber comenzado su trabajo en la partitura por la célebre secuencia del sueño, aquella diseñada por otro gran ego, Salvador Dalí, por si fueran pocos los ya reunidos. Concebida la melodía principal que describía los tormentos de culpabilidad y el ambiente onírico apropiado, tan pertinente como pertinazmente caracterizada por el theremín, Rózsa pasó a escribir el tema de amor y tuvo la brillante idea de hacer que entre ambas melodías hubiera una coincidencia de notas más que suficiente para sugerir la inevitable relación causa-efecto de ambos elementos argumentales: Ingrid Bergman se enamora de Gregory Peck porque es un enfermo al que cree que sabrá curar y a su vez la enfermedad de Peck sólo podrá ser superada con grandes dosis de amor”.

Me ha interesado mucho el guion de esta película y cómo la banda sonora de Miklós Rózsa, se catalogó en su momento como revolucionaria “por ser una de las primeras en tratar de hacer visible musicalmente los aspectos psicológicos más abstractos y tormentosos de los personajes. Es cierto que Rózsa acertó plenamente a la hora de expresar con contundencia el poder desestabilizador del sentimiento de culpa mediante el inquietante sonido del theremín y es cierto también que su célebre tema de amor figura entre los más apreciados por el aficionado. Pero no podemos olvidar que la música de cine ya venía apoyando la caracterización de los rasgos psicológicos de los personajes desde su estandarización como herramienta narrativa. Lo que ocurre con “Spellbound” es que es una de las primeras películas en tratar abiertamente el tema del psicoanálisis. Hollywood empezaba a poner de moda los personajes atormentados, una estrategia que trasladaba el sempiterno enfrentamiento entre el Bien y el Mal (el héroe y el villano) al interior de la mente de un mismo personaje. En esto, el cine, como siempre, se dejó llevar por la influencia de otras artes, principalmente la novela y el drama teatral, géneros en los que se llevaba años aplicando esta exploración de los recovecos oscuros del alma humana, con resultados mucho más contundentes”.

El theremín lo he descubierto en una isla desierta, como reflejo de una sociedad atormentada por su propio ruido interno. Recordarlo hoy en este cuaderno digital es una obligación ética para quienes seguimos pensando que la música es compañera en la alegría y medicina cuando te duele el alma (musica laetitiae comes, medicina dolorum), leyenda clásica que figura también en la tapa de mi clave y que no olvido ni siquiera un momento. Nada más. Miklós Rózsa, a pesar de las exigencias del guion histórico de Hollywood, supo llevar a una melodía de amor (el tema principal de Recuerda), la mejor respuesta ante la locura humana de casi todos los días. Hitchcock hizo todo lo demás, que fue mucho.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cada persona tiene un sentido propio de la lluvia

Ludovico Einaudi – Petricor – Live In London 2016

Sevilla, 15/XII/2022

Nunca llueve a gusto de todos, porque creo que cada persona tiene un sentido propio de la lluvia. Lo he pensado así al leer una entrevista al naturalista Carlos de Hita, que ha publicado recientemente un libro especial, Sonidos del mundo, en el que manifiesta algo que me ha conmovido: “En el Amazonas es interesante el sonido de la lluvia. En la selva, cada árbol tiene su propio sonido de lluvia, cada planta, cada hoja. Cuando deja de llover, me quedo a dormir una noche entera en Belén de Pará [Brasil], cerca de la desembocadura del río Amazonas, y se produce algo maravilloso: en la oscuridad se levanta un clamor con un orden perfecto en la biofonía. Los insectos se distribuyen por capas, ocupando todos los estratos acústicos, de forma que las voces de las diferentes especies no interfieren unas con otras”.

Leyendo la entrevista citada, he recordado inmediatamente a un profesional de fotografiar instantes sagrados de la naturaleza, Sebastião Salgado, que junto a lo expuesto por Carlos de Hita, merecen un reconocimiento expreso al trabajo desarrollado por profesionales que han fotografiado o grabado instantes mágicos de la vida, incorporándolos a su paraíso particular que simboliza, al mismo tiempo, un homenaje a naturalistas en general, no inocentes por su ideología, que nos siguen aportando a diario imágenes, instantáneas y sonidos, para no olvidar que un día tuvimos que salir de un paraíso en el que muchos nacimos por tradición y creencia, para volver diariamente a él, como lo hizo Salgado, que salió a buscarlo en 2005 mediante instantes mágicos “paradisiacos” en su esencia, para “emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

La sinopsis oficial del libro de Carlos de Hita expone que “Este libro es la crónica sonora de un viajero. Durante años, el autor se ha movido por el mundo con un micrófono en la mano, a la escucha. De oídas, se podría decir. Desde este particular «punto de vista», los paisajes, tanto los naturales como los culturales, cuentan un relato diferente. En la tierra se hablan cientos de idiomas, se convoca a la oración de mil formas, cada cultura canta y ríe a su manera. En los paisajes culturales, el sonido dibuja los perfiles del horizonte. En el coro metálico de las campanas está el perfil sonoro de las ciudades; en las llamadas a la oración desde todo tipo de minaretes, las ondulaciones de los paisajes desérticos; en las trompas de los lamas, la profundidad de los valles del Himalaya. En la naturaleza, por otra parte, no hay dos lugares que suenen con la misma banda sonora, ni dos días en los que se repita el mismo concierto. Nadie sabe lo grande que es un volcán hasta que puede medir el volumen de sus estampidos. Ni cuántos son los habitantes de la selva hasta que escucha las voces que llegan desde los límites del horizonte sonoro, más allá de los árboles. Para quien viaja con el oído el crepitar de los anfibios y los insectos en la sabana africana, el lamento de las hienas o los gruñidos de los hipopótamos son el preámbulo a la propagación de los rugidos del león; el grito de alerta del sambar en la jungla, el aviso que precede a la llamada del tigre. El silencio, el telón de fondo contra el que se compone la música de la biodiversidad. No hay límites para esta banda sonora en la que la vida en la tierra se cuenta a sí misma con sus propias voces”.

Cuando lo que tenemos más a mano es el desarrollo del espíritu urbanita, en la vida ordinaria de cada uno, cada una, podemos recurrir a la biomímica, una forma de pedir prestados los sonidos y diseños principales de la naturaleza, que le pertenecen, para crear productos y procesos sostenibles en la «nueva normalidad». Una vez más, hago un sencillo homenaje a Jane Jacobs, una mujer extraordinaria, que solo quiso poner un grano de arena en su territorio americano para que las personas pudiéramos crecer con mejor calidad de vida. ¿Por qué? Porque la magia de las ciudades y de sus barrios, sus sonidos, en todo el país, viene siempre desde abajo, desde su historia pasada y presente, incluyendo biomímicos y biomímica, desde los encuentros ilusionados de personas que van y vienen alrededor de sus asuntos, sobre todo haciendo un uso íntimo de las aceras, acompañado todo de una sucesión de miradas hacia las pinturas murales del Gran Museo de la Vida que es Sevilla, escuchando sus mensajes ocultos, solo para encontrar una sonrisa en el rostro de su vida. Tal y como lo describió Stefan Zweig en esta ciudad, paseando por sus aceras, un día ya lejano o lo que me pasó a mí un día ya lejano como alumno de la Facultad de la Calle, por estar matriculado en la Universidad de la Vida. Los albores de Sevilla ofrecen siempre regalos inesperados, cuando en el paseo del amanecer claro y luminoso de esta ciudad encontré hace años unas palabras inolvidables en una pintura mural del Polígono de San Pablo (un barrio muy popular de esta ciudad), una obra esplendorosa del artista Eric Okdec, en la que decía: “biomímico no es cosechar los recursos de la naturaleza, pero el [sino} sentarse a sus pies como estudiantes”. Así escrito, sin modificar palabra alguna, porque el corchete es mío. Junto a este lema tan sorprendente, otra acepción no menos aleccionadora: biomímica es la práctica de pedir prestados los diseños principales de la naturaleza para crear más productos y procesos sostenibles. Maravilloso. En aquel caso, porque me recordó un sonido especial de Sevilla, el de un cantor ya fallecido, El Pali,  cuando cantaba en su silla querida, en una acera de Sevilla, algo que estremece: “Ya no pasan cigarreras / por la calle San Fernando / con flores en la cabeza / y los mantones bordaos. / ¡Ay, Sevilla de mi alma! / que lo estás perdiendo todo, / los niños en la plazuela / cuando jugaban al toro”. Sonidos del mundo, en Sevilla, nada más y que no vuelven.

Si a todo lo anterior le unimos cómo olemos el petricor, la “sangre de los dioses”, según su etimología, el olor de la lluvia, el que se desprende del suelo mojado por una lluvia fina, lo que de forma común llamamos “olor a tierra mojada” y que proviene, según lo han catalogado Isabel Joy Bear y R. G. Thomas, en un artículo publicado en la revista NatureNature of Argillaceous Odor (Naturaleza del olor arcilloso), como “[…] de un aceite exudado por ciertas plantas durante periodos de sequía”, que fundamentalmente se absorbe en la superficie de las rocas arcillosas, refrendado por un trabajo de investigación llevado a cabo posteriormente por científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en 2015, en el que se demostró mediante filmación con cámaras de última generación, cómo se introduce en el aire este olor que captamos los seres humanos. Las burbujas que se rompen en el aire son las que contienen la efervescencia de este olor que debido a sus múltiples componentes no se ha podido sintetizar y comercializar todavía, aunque una esencia parecida ya se comercializa en la India bajo el nombre de “Esencia de Lluvia”, porque la economía de mercado casi todo lo puede. No hay que olvidar que los geólogos citados anteriormente ya expusieron en su artículo de 1964 que el petricor era capturado para venderse, bajo el nombre de mitti ka attar (esencia de la tierra), en Uttar Pradesh (India).

El petricor auténtico es la combinación perfecta de la naturaleza para regalarnos su aroma natural que todavía no se envasa, afortunadamente, como el resultado de unir tres componentes esenciales en el momento de la lluvia: el ozono, que nos recuerda el olor del cloro, la geosmina, lo más parecido al moho húmedo y el petricor, que es fresco, dulce y suave, emitido principalmente por las rocas arcillosas. El ozono nos envía siempre olores, obedeciendo a su etimología, también el aroma de la tierra, la geosmina y, por último, el petricor (la sangre de los dioses) que destilan las rocas arcillosas, como mensaje de la naturaleza en otoño para que no la olvidemos y sigamos salvando el planeta. Me tranquiliza saber que el petricor en estado puro no se puede envasar para beneficio de unos pocos porque la naturaleza, tan sabia, nos lo regala cada vez que llueve de forma pausada junto a nosotros, sin nada a cambio o sí: probablemente, el respeto de no convertirlo en mercancía. Esa es su grandeza y la de Einaudi intentando captar su verdadera esencia, expresando su sonido, el que ha intentado captar siempre el naturalista Carlos de Hita, resumiéndolo todo en una frase preciosa: En la selva, cada árbol tiene su propio sonido de lluvia, cada planta, cada hoja, junto al petricor en su más pura esencia, cuando la lluvia no se ha convertido todavía en mercancía, cuando todo es biomímica pura.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Este libro puede ser un regalo con estela:

Ciudadano Jesús. Otra navidad es posible

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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