Agosto es Beñesmer

Rafael Alberti y Nuria Espert, Lanzarote 1979

Sevilla, 1/VIII/2022

Cuando comienza este mes siempre lo recuerdo, desde hace ya bastantes años, con la denominación «Beñesmer», con una traducción preciosa, «Luna de Agosto», como se conocía en la cultura guanche, porque «era la festividad más importante de los aborígenes guanches (Islas Canarias). Era la fiesta de la cosecha y el día central del año de magos. En él, los guanches ordenaban los asuntos materiales, y festejaban y veneraban las tradiciones culturales y espirituales. Era considerada como el «Año Nuevo Guanche», que coincidía con la recogida de la cosecha». Me parece extraordinaria esta celebración, porque crea una identidad del tiempo en una cultura muy desconocida, teniendo en cuenta que el Imperio Romano apartó todas las culturas existentes en el mundo y el emperador Augusto hizo una de las suyas estableciendo este mes con su nombre y dedicado a él. La Historia es implacable y como buscador de islas descononocidas, en las que suceden historias con minúsculas que engrandecen el alma humana, vuelvo a publicar el contenido que dediqué en 2020 a esta palabra guanche que tiene hoy un sentido pleno en momentos difíciles para el mundo en general. Espero que esta «luz de luna llena» de agosto no se apague en los días y meses venideros, porque el mundo necesita salir del túnel actual y emprender un nuevo camino con ilusiones temporales que lleven la luz de luna dentro.

Agosto 2020 / 1. Beñesmer

En la cultura guanche el mes de agosto se conocía como Beñesmer (Luna de Agosto). Dejamos por un momento la romanización del calendario, al haber dedicado este mes al emperador Octavio Augusto, que hizo lo indecible para que agosto no tuviera menos días que su antecesor, Julio, dedicado al emperador Julio César, porque entre emperadores estaba el juego, mejor dicho, el prestigio. Soy una persona enamorada de aquella tierra, Canarias, especialmente de Lanzarote, donde muchos veranos he recuperado su belleza lunar, su mar y su malpaís, algo tan contradictorio pero que César Manrique lo convirtió en algo muy bello. Recuerdo cómo Rafael Alberti expresó su impresión personal al describir aquella isla en una intervención inolvidable que hizo en 1979, en un acto cultural junto a Nuria Espert, en Los Jameos del Agua. Allí leyó un poema dedicado a César Manrique, que reproduzco íntegro por su belleza:

Lanzarote. Primera estrofa (31 de mayo de 1979) 

A César Manrique,
pastor de vientos y volcanes

Vuelvo a encontrar mi azul,
mi azul y el viento,
mi resplandor,
la luz indestructible
que yo siempre soñé para mi vida.

Aquí están mis rumores,
mis músicas dejadas,
mis palabras primeras mecidas de la espuma,
mi corazón naciendo antes de sus historias,
tranquilo mar, mar pura sin abismos.

Yo quisiera tal vez morir, morirme,
que es vivir más, en andas de este viento,
fortificar su azul, errante, con el hálito
de mi canción no dicha todavía.

Yo fui, yo fui el cantor de tanta transparencia,
y puedo serlo aún, aunque sangrando,
profundamente, vivamente herido,
lleno de tantos muertos que quisieran
revivir en mi voz, acompañándome.

Más no quiero morir, morir aunque lo diga,
porque no muere el mar, aunque se muera.
Mi voz, mi canto, debe acompañaros
más allá de las edades.

He venido a vosotros para hablaros y veros,
arenales y costas sin fin que no conozco,
dunas de lavas negras,
palmares combatidos, hombres solos,
abrazados de mar y de volcanes.

Subterráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo.
Siento que va a habitarme el fuego que os habita.

En 2014 publiqué un libro en este cuaderno digital,  La Tegala de Saramago, dedicado al premio Nobel portugués, que vivió hasta su fallecimiento en Tías (Lanzarote), en un lugar que visité días después de su ausencia definitiva de esa tierra volcánica en 2010. Saramago, desde su tegala particular, nos ha dejado un legado de compromiso literario inolvidable. ¿Por qué la tegala de Saramago? Sencillamente, porque a él le gustaba incardinarse en la tierra que le acogió en 1993, en cualquier tierra que le respetara, y la tegala es un lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro.

MESA DE TRABAJO SARAMAGO 2010
Mesa de trabajo de José Saramago, Tías (Lanzarote), agosto de 2010 / JA COBEÑA

Recuerdo como si fuera ayer la estancia en su biblioteca personal, que amablemente nos dejaron visitar. Su sencilla mesa de trabajo, unos libros con páginas marcadas por Pilar del Río, la manta roja de Ikea reposando en el brazo izquierdo del sillón que tantas veces lo acogió, diccionarios, bolígrafos, mapas, las mesas con correspondencia pendiente de responder, las estanterías llenas de escritura impresa facilitada por Saramago, traducida por Pilar del Río, en ese esfuerzo por entregarnos sus palabras a todas horas, para que todos lo comprendiéramos muy bien, levantándonos de cada suelo particular, en la interpretación de la ética que hizo en su momento López Aranguren, entendiendo la ética como el suelo firme en que se basan todas nuestras actitudes, la “solería” que vamos poniendo en nuestras personas de secreto a lo largo de la vida. Elefantes, libros, revistas, ediciones maravillosas de uno de mis libros preferidos: El cuento de la isla desconocida, que tantas veces regalo, incluso como ideario para familiares, amigos y funcionarios que compartieron responsabilidades públicas en mi vida profesional.

En este beñesmer recuerdo los que he vivido durante bastantes años en aquella tierra tan acogedora que no olvido. Hoy he unido dos mensajes esclarecedores de Alberti y Saramago en referencia a la cultura guanche respetada hasta nuestros días. También, la obra ciclópea de César Manrique que siempre respetó la trazabilidad histórica del pueblo guanche que le permitió hacer su beñesmer tan particular. He leído muchos cuadernos de Saramago, en formato atómico y digital. Mi aprecio por la isla de Lanzarote me ha llevado siempre a buscar en cada página escrita en ellos, lugares y menciones específicas a una isla que tanto respeto por la vida y obra de César Manrique, pastor de vientos y volcanes, omnipresente en cada paso que das por sus dunas de lava negra, en la acertada expresión que le regaló Rafael Alberti, en una visita que hizo a Manrique en su casa, hoy Museo, de Taro de Tahiche: He venido a vosotros para hablaros y veros, / arenales y costas sin fin que no conozco, / dunas de lavas negras, / palmares combatidos, hombres solos, / abrazados de mar y de volcanes.

NOTA: la imagen de Rafael Alberti y Nuria Espert se recuperó el 1 de agosto de 2020 de https://biosferadigital.com/noticia/pastor-de-vientos-y-volcanes-el-rastro-de-alberti

UCRANIA, ‘Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La maleta de Agustín Penón guarda el tránsito de la vida de García Lorca

La maleta de Penón / RTVE – DOCUMENTOS TV

Sevilla, 19/VII/2022

No he olvidado todavía la visita que hice en 2017 al Museo de la Ciudad de Antequera, donde contemplé la colección de cuadros de Cristóbal Toral (Torre Alháquime (Cádiz), 1940), que sobrecogen por su realismo trágico, siendo las maletas su hilo conductor: “La vida es tránsito. El hombre nace en un punto y desaparece en otro: el tránsito que hay en medio es lo que importa. Hay una mudanza constante en lo que hago, figuras que no se sabe si van, si vienen, si esperan» (1). Hoy la he recordado especialmente al leer atentamente el artículo de mi admirado Jesús Ruíz Mantilla, El dandi que se la jugó por Lorca en los años cincuenta, una bella historia que se debería conocer por todas las personas que aman la democracia y la memoria histórica de este país acerca de la vida, obra y muerte de Federico García Lorca. Fundamentalmente, porque ese “dandi”, de cuyo nombre quiero acordarme hoy, Agustín Penón Ferrer, luchó por algo que conmueve al conocerlo ahora con todo lujo de detalles, en un viaje realizado a Granada desde Nueva York, concretamente al Ayuntamiento de Fuente Vaqueros, en 1955, con un objetivo muy claro: que se abriera allí una casa museo para Federico García Lorca, donde nació en 1898 y que se le hiciera una estatua, con algo muy definitorio de su sentir democrático: que se llevara a cabo esta petición por suscripción popular exclusivamente. Agustín Penón estaba relacionado con la alta sociedad de Costa Rica, dado que su primo José Figueres Ferrer, era entonces presidente de Costa Rica, donde su familia había llegado al comienzo de la guerra civil en España.

La aventura democrática de Penón en plena dictadura franquista adquiere hoy especial importancia gracias a la investigación llevada a cabo por Juan Carlos García de Polavieja, según refiere Jesús Ruíz Mantilla: “He decidido dedicar parte de mi vida a que Penón sea más conocido”, asegura el investigador. En ello anda: recabando datos e impulsando a la vez un congreso sobre su figura que quedó suspendido en la pandemia y se celebrará este año en noviembre”, sobre el que estaré muy atento para descubrir nuevas islas desconocidas en el Universo Lorca. Hay que reconocer que la aventura de Penón ya fue tratada en su momento por Ian Gibson en su Diario de una búsqueda lorquiana (1955-1956) y, posteriormente, revisada y ampliada por Marta Osorio, en una publicación del año 2000 bajo el título Miedo, olvido y fantasía. Crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca (1955-1956), de lectura obligada para conocer en profundidad todo lo ocurrido en las gestiones realizadas por Penón en favor del reconocimiento de este país a la figura internacional de Federico García Lorca. Esta obra se completó a su vez por otra publicación posterior de la autora en 2015, El enigma de una muerte, donde se resaltan nuevos datos y la correspondencia comentada entre Emilia Llanos y Agustín Penón durante los años 1955-58, que se conserva en el archivo, que demuestran la importancia del trabajo que realizó este investigador a lo largo de su vida.

Aquél intento de Penón en 1955 quedó finalmente en nada y cada día que pase se sabrá más de lo que verdaderamente ocurrió con sus gestiones. Si lo traigo a colación hoy, recordando a Cristóbal Toral, es porque “La obra y la figura de Agustín Penón Ferrer es aún poco conocida, a pesar de lo que ha supuesto el resultado de la documentación que guardó en su famosa maleta”, cuenta Polavieja. La custodió William Layton y se convirtió en una especie de enigma casi de Grial para seguir el rastro lorquiano: “En ella había entrevistas, fotos, cartas, certificados oficiales e incluso algunos originales lorquianos que hemos podido conocer gracias a él”, asegura Polavieja, que lo contó en el documental La maleta de Penón. Otra vez el mundo sugerente de las maletas, tan respetadas por Toral, porque en ellas ve reflejado siempre el tránsito de la vida. En este caso, una que guarda el alma de Federico García Lorca.

Cristóbal Toral en su estudio de Toledo

Contemplo ahora una imagen de Toral en su estudio de Toledo, presidido por amplios ventanales discretos que aportan luz a su obra, caminando entre bocetos y sus sempiternas maletas, llevando una como para dar ejemplo de su eterno viaje hacia alguna parte. Figuran siempre en sus cuadros y esculturas recordándonos también la realidad de la soledad sonora que sienten muchas personas, básicamente mujeres y emigrantes, en sus diferentes viajes de vida. Principalmente, en el citado Museo, obras dedicadas a la mujer, siempre sola: “Trato mucho también el tema de la mujer. Mujeres en interiores de hoteles de no mucho tronío, frágiles, expuestas, con una sensualidad que las humaniza, solitarias… Interpreto esa soledad que existe, la sensación de tránsito. Me gustan las habitaciones de los hoteles, espacios de tránsito donde aparecen las maletas, las camas, las sábanas”.

Cristóbal Toral, Interior en penumbra, 1979-1980

Pienso ahora en las mujeres solas o mal acompañadas por la violencia en sus hogares que debe ser algo insoportable, mujeres a las que García Lorca cuidó tanto en su obra. Recuerdo que en la sinopsis de la obra de Cristóbal Toral, que figura en el museo, se dice textualmente y referido al periodo abierto sobre la mujer como hilo conductor de su obra en 1977, que aparece “siempre solitaria, despojada de toda algarabía, sola en su infinito silencio, como proclamando una identidad de origen y destino frente al cosmos. Distanciada, plena de pureza y sobriedad, rodeada de objetos banales, se funde y trasciende la soledad infinita del hombre”.

En mi tránsito particular, también hay una pequeña maleta que finalmente deshice en ese mismo año, 2017, después de haber viajado siempre conmigo, acompañándome como testigo muda en todas las mudanzas que he hecho incluso en tiempo de turbación. Hoy he vuelto a contemplarla a la luz de una ventana discreta, ahora decorada con sellos de hoteles ficticios en este viaje tan particular. En ella había recuerdos de mi infancia, cuadernos, lápices, dibujos, chapas con fotografías de ciclistas que me acompañaron a dar una imaginaria Vuelta a España en las aceras de Madrid, en el Retiro, construcciones modeladas a mano, notas del Cuadro de Honor, cartas, fotografías familiares, postales y recuerdos varios que guardo ahora en el corazón y en mis cajas de sueños 1 y 2.

Mi maleta de sueños

Me acuerdo… también, ahora, siguiendo la dinámica que aprendí en su día de Joe Brainard, de un discurso que me marcó mucho la vida cuando lo leí, con un título sugerente, La maleta de mi padre, de Orhan Pamuk, premio Nobel de Literatura en 2006, porque comprendí la metáfora de su discurso en el acto de recepción oficial del galardón, como homenaje a lo que su padre le entregó un día en una pequeña maleta que contenía su tránsito por la vida: “Recuerdo que, después de que mi padre se fuera, estuve unos días dando vueltas alrededor de la maleta sin tocarla. Conocía desde niño aquella maleta pequeña de cuero negro, sus cierres y sus esquinas redondeadas. Mi padre la usaba cuando salía a algún viaje breve o cuando quería llevar algún peso a su oficina. Me acordaba de que cuando era pequeño, después de que regresar de algún viaje, me gustaba abrir la maleta y revolver sus cosas y aspirar olores a colonia y a país extranjero que salían de su interior. Aquella maleta era un objeto conocido y atractivo que me traía muchos recuerdos del pasado y de mi infancia, pero ahora no podía ni tocarla. ¿Por qué? Por el misterioso peso de la carga que ocultaba en su interior, por supuesto” (2). Sin desvelar su contenido, les aseguro que tiene mucho que ver con el efecto balsámico de la literatura.

Una cosa más y muy importante para la memoria democrática de este país: la maleta de Penón está en Granada y allí se quedará por decisión de la familia de Marta Osorio que falleció en 2016, respetando la voluntad de la escritora granadina. El archivo que ella conservaba en su casa, incluida la famosa maleta, contiene toda la documentación que Penón pudo recopilar en su visita a Granada en 1955, que se prolongaría a lo largo de casi dos años. En el tránsito actual hacia el nuevo orden mundial, que más que orden es desorden, como ejemplo del auténtico mundo al revés explicado tantas veces en este cuaderno digital, puede ser aleccionador acercarse a estas maletas simbólicas de Penón, Toral y Pamuk. Si las contemplamos y abrimos, podemos encontrar allí respuestas al gran viaje de la vida, una oportunidad para intentar llenarlas ahora de aquello que nos puede acompañar todavía, aun yendo, como Antonio Machado, ligeros de equipaje, conversando con la persona de secreto que siempre va con nosotros. Les aseguro que quien escribe esto, solo espera hablar a Dios un día, dado que “mi soliloquio es plática con ese buen amigo que me enseñó el secreto de la filantropía”. Yendo, viniendo y esperando, como las figuras de Toral, en este difícil tránsito de la vida, especialmente trágico para Federico García Lorca, a quien con estas palabras demuestro que no olvido.

NOTA: la imagen de cabecera se ha recuperado hoy de El dandi que se la jugó por Lorca en los años cincuenta | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

(1) http://www.elcultural.com/revista/letras/Cristobal-Toral/6606

(2) Pamuk, O., La maleta de mi padre, 2007. Barcelona: Mondadori, p. 11-44.

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Cuando se confunde con Velintonia, la casa de Vicente Aleixandre, su valor y precio

Vicente Aleixandre en Velintonia, su casa en Madrid

Velintonia es de todos, de todos y de todos

Vicente Aleixandre

Sevilla, 14/VII/2022

Cuando contemplo cualquier mano, algo que me ocurre con frecuencia con las de mis nietos, recuerdo siempre un poema de Vicente Aleixandre, Mano entregada, que he utilizado en varias ocasiones, hace ya bastante tiempo, como mensaje en las felicitaciones de Navidad que mandaba imprimir de forma personalizada y artesanal, en una librería preciosa que había aquí en Sevilla, ya desaparecida desgraciadamente, con un nombre programático, Fernán Caballero:

Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta
su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso
insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca
el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa del amor hermoso.

Cuando paseo por Sevilla, procuro acercarme también a Aleixandre, sentándome cerca de él en su paseo, un homenaje de Sevilla a su obra, a un poeta sevillano como yo, pero con un paso fugaz por la ciudad que lo vi nacer al trasladarse la familia, cuando solo tenía dos años, por razones laborales a Málaga, ciudad a la que siempre homenajeó en su obra, en la que descubrió el sabor del mar durante sus nueve años de estancia familiar hasta el traslado a Madrid. Me detengo siempre a leer el poema que figura en un azulejo que hermosea la ciudad, un fragmento de En la plaza, porque es verdad todo lo que allí dice formando parte de su Historia del corazón:

Era una gran plaza abierta, y había allí olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.

Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.

Cuando he conocido hoy que Velintonia, la casa de Vicente Aleixandre en Madrid durante toda su vida adulta, desde 1927 y hasta su fallecimiento en 1984, sale a subasta pública por la cantidad exacta de 4.561.750 euros, he sentido un profundo dolor y la desazón por haber llegado hasta aquí esta ceremonia de confusión cultural, ante el cúmulo de despropósitos, públicos y privados, de las diferentes Administraciones y el poder omnipresente del poderoso caballero Don Dinero por parte de su reducida familia, así como la oscura “pertenencia” (por decirlo de alguna manera) de toda su obra escrita y determinados objetos personales, por parte de la familia del poeta Carlos Bousoño, ya fallecido. Todo lo contrario de lo que la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre viene haciendo desde hace muchos años, veintisiete en concreto, por su ingente labor para salvar el legado del poeta y el valor histórico de su casa.

Cuando he sabido que después de su fallecimiento hubo un proyecto, entre otros, de que la casa fuera adquirida con dinero público para que se destinara a un fin obviamente “poético”, como “La Casa de la Poesía” y que la Administración competente estimó que Madrid ya no necesitaba ese destino, porque ya había una en Getafe, vuelve la desazón a mi vida. Sin comentarios. Con la subasta anunciada, se confunde una vez más el valor y precio de la vida y obra de Vicente Aleixandre. Escribir hoy estas líneas es para ofrecerle un modesto homenaje desde su tierra de nacimiento fugaz, pero con un sentimiento de agradecimiento permanente a su vida y obra escrita a duras penas en Velintonia, en cuadernos muy cuidados, casi siempre de noche y acostado, por su delicada “salud de hierro”, como él mismo afirmaba en momentos de confidencias a medianoche. Su misión en la vida la reafirmó de forma muy clara cuando conoció que le habían otorgado el premio Nobel de Literatura en 1977: “El poeta está siempre formulando una pregunta y el lector siempre va a su vez manifestando una muda respuesta que percibe en su espíritu el escritor. Pues bien, el Premio Nobel, con su grandeza, ha significado para mí la respuesta simbólica de un mundo completo de lectores”.

RTVE Play Radio – Por tres razones- «Velintonia es de todos, de todos y de todos» 29/06/2021

Cuando finalizo la lectura de la noticia de la subasta de Velintonia, escucho el reportaje en el que su voz resuena más fuerte que el viento, que me embarga de nuevo. Velintonia fue siempre el refugio de su exilio interior, que acogió también a sus amigos del alma de la generación del 27 y los Novísimos, como maestro indiscutible. Ese es su valor, que no su precio. Estas palabras son mi “muda respuesta” a su obra, como él quería. Para mí queda muy claro que Velintonia, es de todos, de todos y de todos. Palabras de Aleixandre.

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Tú, ¿cómo te llamas?

Sevilla, 26/VI/2022

En la noche del viernes pasado sucedió algo que me conmovió. La persona con la que había vivido momentos personales y profesionales muy importantes en mi vida, María Teresa, me preguntó cómo me llamaba, con una mirada fija, intentando recuperar una identificación que ya no era posible. Estábamos celebrando su 90 cumpleaños, cumpledías o cumplevidas, tal y como se lo susurré al oído durante el encuentro, recordándole muchos momentos vividos en común. Su cerebro había perdido mi referencia y ya no recuperó mi identidad, aunque sé que allí estaba, alojada en algún lugar de su hipocampo particular, su memoria de secreto.

En este tipo de celebraciones puede pasar de todo, porque volvíamos a encontrarnos unas cuarenta personas que hacía casi cuarenta o cincuenta años, en algún caso, que no nos veíamos. Pueden inspirar la mejor película jamás soñada, con un guion inolvidable. Cada uno con su cadaunada personal, familiar, laboral y de patologías varias. Batallas, muchas batallas, se intentaron narrar en cada encuentro que se suele lo producir como cuando montábamos, de pequeños, en los coches de choque, porque cambiábamos de contertulio chocando entre nosotros casi sin darnos cuenta, con abrazos por detrás y llamadas de atención por delante con la pregunta de rigor: ¿te acuerdas de mí?, aunque en estos casos era sólo para centrar bien el encuentro, porque los años no pasan en balde y los recuerdos, que no sueños, recuerdos son. La mayoría eran antiguos alumnos y alumnas de mi etapa docente, a los que la vida les había cambiado poco o mucho su natural, dependiendo de su genética y experiencia vital. La verdad es que no hacían falta palabras, porque los sentimientos y las emociones estaban a flor de piel. Tenía razón Rafael Alberti cuando escribió aquel poema precioso sobre estas dos realidades tan humanas en la Canción 8, recogida en Baladas y canciones del Paraná: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón / Más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón, / Más que el viento. // El verso sin él no es nada. / Sólo verso. Este encuentro, si no hubiera tenido corazón hubiera sido sólo eso, un encuentro.

Los anfitriones que tenían la responsabilidad de acoger a la protagonista de la fiesta y a todos los participantes, lo hicieron en su casa, con un nombre especial, Casa de los Ángeles, porque ese es el nombre de los dos. Ángel y Ángela se multiplicaron, junto a otras personas comprometidas con este acto, para hacernos el encuentro amable, lleno de contenidos de amor y cercanía, con poemas, montajes fotográficos, versos, canciones, flores, regalos y fiesta final en torno al fuego, como símbolo de que lo necesitamos en su justa medida para mantener viva la llama de vivir apasionadamente. Todo ordenado y organizado para que no faltara nada, con la garantía de que a todos nos unía la razón de ser del encuentro: compartir con una persona querida el recorrido que cada uno había hecho junto a ella en los últimos cincuenta años, por diversos caminos, pero con un final que allí se palpaba al demostrarle que seguíamos cerca a pesar de las distancias que a cada uno, a cada una, impone la vida en muchas ocasiones.

En torno al fuego, entre otras intervenciones, dediqué personalmente unas palabras a María Teresa, escritas desde el corazón, como lo recomendaba hacer Rafael Alberti, diciéndole alto y claro que si tuviera que elegir en ese momento una palabra que resumiera mis sentimientos hacia ella, en una celebración tan especial como sus 90 cumpledías, siguiendo de cerca a Mario Benedetti en su interpretación del tiempo que lleva dentro cada persona en Como siempre, sería una que expresa lo que le debía desde que nos encontramos en este largo caminar de la vida: “gratitud”. Habían pasado cincuenta años desde que me invitó a compartir docencia en la Escuela en la que forjamos una amistad que es como la cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Continué diciéndole que la amistad es algo que aprendí precisamente de una persona de asamblea, el Eclesiastés, al que sé que conocía bien, porque teniendo la oportunidad ambos de experimentar algo tan preciado como el tiempo, sabíamos que al final lo que nos queda ante las preguntas de la vida sobre el presente y el futuro imperfectos, es el silencio que nos acompaña en la amistad, porque me consta que hemos aprendido que siempre es mejor caminar por la vida juntos que uno solo: si uno cae, siempre tendrá cerca alguien que lo levante. Por eso le di las gracias ante nuestro recorrido por la vida, por su amistad, porque los dos sabíamos que no había sido fácil llegar hasta este encuentro tan especial.

Siguiendo a Benedetti en su homenaje a los días que cumplimos a diario, le dije que sabía que al alcanzar los noventa años no se le notaban porque me constaba que entra a diario a averiguar la alegría del mundo, cuando intentan vencer aquellos que no aman la vida, “volando ella gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores”. También, porque sabía que había alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que su manantial mane amor sin miseria. En definitiva, le debía gratitud también por ser como es, con su conciencia del Norte desde el Sur, que nunca ha abandonado y que a mí me enseñó a amarlo a través de lugares muy queridos para ella.

También le dije que al estar en Huelva, en ese encuentro, un lugar del que siempre quiero acordarme, quería tener muy presente a Juan Ramón Jiménez, tan próximo, el poeta con el que compartí su casa de juventud en Moguer durante algún tiempo, preparando las clases que impartía en su querida Escuela, porque escribió unas palabras hace más de cien años que rescataba en ese momento en la celebración de su cumplevidas, concretamente en una bella introducción a su querido diario como poeta recién casado, recogidas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia Camprubí!-, una mujer extraordinaria, porque resumen perfectamente la atención que debemos prestar a cada día, espacio y tiempo en el que se desarrolla la vida personal e intransferible de cada uno: ¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura. El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!

Al finalizar mis palabras, volví a agradecerle que hace casi cincuenta años me acogiera en su vida como amigo del alma. Por ello, le expresé gratitud plena. Es verdad que esa noche, junto a ella, ese encuentro era una vida, la esencia misma de la vida, un sueño de felicidad al compartirlo con ella, especialmente, y con cuantas personas estaban allí, porque todos sabíamos que la queríamos y ella a nosotros. Le dije también que con ese espíritu y gracias a su vida ejemplar sabíamos que mañana, el día siguiente y frecuentando el futuro, tendríamos una visión especial de esperanza. Le prometí que cuidaríamos bien ese momento de gratitud que podía ser también mañana. Gratitud para ella, para todos los que estaban allí y para los ausentes que han formado parte de esta extensa amistad compartida y que, de alguna forma, estaban también allí. Le dije, por último, que se llevara el mejor beso y abrazo envueltos en amistad y amor. Le di un beso en la mejilla izquierda, en silencio.

Cuando iniciamos la despedida al finalizar el encuentro, junto a la puerta de aquella casa de ángeles, recogí del suelo una magnolia blanca, que confundí en un principio con una rosa, que me recordó una escena de Lo que el viento se llevó, porque todos los días no tenemos cerca la luz de la luna ni el aroma de las magnolias para seguir creciendo. Tomé conciencia otra vez de la pregunta de María Teresa aquella noche, que me conmovió tanto: tú, ¿cómo te llamas? La vida se había llevado mi nombre casi sin darnos cuenta, aunque me quedaba el aroma de aquella flor simbólica para frecuentar el futuro, para seguir viviendo.

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Setenta y cinco años persiguiendo sueños

Luz López y Mario Benedetti / Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez / Waldo Leyva

Sevilla, 7 de junio de 2022

Hoy cumplo setenta y cinco años, mucho tiempo si lo convierto en cumpledías, aunque prefiero esta última expresión siguiendo de cerca a Mario Benedetti en su poema “Como siempre”, en su fondo y forma, sentándome junto a él y sintiendo al mismo tiempo la influencia de Luz  López, su compañera de vida, recordándome también que ya he recorrido un camino vital de novecientos meses en mi cumpledías vital, más de media vida con María José, aplicando las palabras de su poema en primera persona, porque así lo he leído una y otra vez en lo más íntimo de mi propia intimidad agustiniana, adaptándolo a mi yo  y mis circunstancias, que diría Ortega y Gasset. Es verdad, porque esta matusalénica edad que alcanzo hoy “no se me nota cuando en el instante en que vencen los crueles entro a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. He alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que mi manantial mane amor sin miseria”. También vuelvo a tener presente a Juan Ramón Jiménez, tan próximo, el poeta con el que compartí su casa de juventud en Moguer durante algún tiempo, que escribió unas palabras hace más de cien años que rescato hoy en la celebración de mi cumplevidas, concretamente en una bella introducción a su querido diario (1), recogidas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia Camprubí!-, porque resumen perfectamente la atención que debemos prestar a cada día, espacio y tiempo en el que se desarrolla la vida personal e intransferible de cada uno y las compañeras de vida, por ejemplo Luz, Zenobia, Margarita y María José:

¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura.

El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!

En este contexto he recordado hoy también al poeta cubano Waldo Leyva, porque cuando cumplió setenta y cinco años intervino en Ciudad de México, el 13 de septiembre de 2018, en un encuentro cultural bajo la denominación Setenta y cinco años de perseguir el sueño, leyendo poemas escogidos de su espléndida obra poética, de la que destaco El rumbo de los días (2), que ganó en 2010 el X Premio Casa de América de Poesía Americana y de la que escribió el poeta brasileño Ledo Ivo la siguiente semblanza a modo de sinopsis del libro: “La mirada de Waldo Leyva (Cuba, 1943) no sólo contempla. Es una mirada que escucha los rumores de la vida y del mundo. Al mismo tiempo que alcanza las noches estrelladas y los días radiantes de Cuba, se extiende más allá de la frontera insular habitada por el eterno martilleo del mar. Un sentimiento amoroso del mundo, fundado en la solidaridad y en la fraternidad guía los pasos de este gran poeta viajero. Su poesía es ora clara como el agua más lípida, ora teñida de esa oscuridad que marca al ser nocturno y solitario. Sus secretos y misterios, sus sueños y deslumbramientos jamás lo separan de los otros hombres y de los otros paisajes, de la materialidad y la trascendencia que rigen el transcurrir de la vida. ¿Quién es este Waldo Leyva, con su poesía que torna espléndidos los seres y las cosas más simples, humildes y cotidianas, pan puesto en la mesa y aura permanente de amor? Es un amigo del mundo”.

Leyendo bastantes poemas de su trayectoria vital, he escogido uno que me ha tocado el alma que sueña, titulado Contra la desmemoria, dedicado a José Omar Torres, hermano:

Cantemos la canción de los soñadores,
que no nos detengan las espaldas que se alejan
ni los oídos que sólo quieren escuchar
el repetido canto de las sirenas;
por muy sólo que se anuncie el camino,
cantemos siempre la canción de los soñadores,
que el canto nos acompañe
con su melodía incorruptible.
El fin no es tocarlo sino perseguir el sueño.
Y si algún día, no quiero pensarlo,
nadie canta la canción de los soñadores
si alguna vez, no quiero imaginarlo,
sólo se escucha el alarido de las sirenas,
entonces yo, contra esa desmemoria,
seguiré cantando con mi torpe voz
y estoy seguro, eso quiero creer,
que alguien, cuyo recuerdo ignoro todavía,
se levantará de las aguas para sumarse al coro
y descubrir conmigo la canción de los soñadores.

En este cumpleaños, cumpledías y cumplevidas, sólo sé que he perseguido sueños que hoy no quiero olvidarlos, ni siquiera un momento, porque no quiero dejarme apesadumbrar por la desmemoria. Leo una y otra vez el poema de Waldo Leyva, precioso, porque no quiero dejar de soñar despierto como tantas veces he escrito en este cuaderno digital. Hoy, cuando cumplo setenta y cinco años persiguiendo sueños, quiero cantar la canción de los soñadores (Leyva), entrando a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores (Benedetti), porque sé que el día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Por esas razones, sueños en definitiva, sé que lo que aprendí un día ya lejano de Juan Ramón Jiménez, ¡Cuida bien, pues, este día!, es lo que me permite seguir viviendo, porque un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Sé que el fin no es tocarlos sino perseguir los sueños.

(1) Jiménez, Juan Ramón, Diario de un poeta recién casado (1916-1917), 2011. Madrid: Visor Libros.

(2) Leyva, Waldo, El rumbo de los días, 2010, Madrid: Visor Libros.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Cita con Saramago, buscando con él una isla, a veces habitada

Liberemos sin apuro la tierra donde ocurren milagros
como el agua, la piedra y la raíz.
Cada uno de nosotros es en este momento la vida.
Que eso nos baste.

José Saramago, En la isla a veces habitada

Sevilla, 27/V/2022

Ayer tuve un encuentro especial con Saramago, en un acto organizado por la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras y la Fundación Cajasol, enmarcado en unas Jornadas en torno a su figura, bajo la denominación de Saramago. Las huellas de la literatura, de sus obras, de su vida, como dejaron constancia de ello las cuatro personas que intervinieron en la mesa redonda convocada a tal efecto. Moderó la Mesa, con una introducción excelente, la escritora y directora del Centro Andaluz de las Letras, Eva Díaz, junto a Pilar del Río, viuda del escritor y presidenta de la Fundación José Saramago, Mercedes de Pablos, escritora y periodista, y Juan Pinilla, periodista, escritor y cantor, que cerró el acto con un poema que cantó y sirvió de hilo conductor en el acto, En la isla a veces habitada (1), citado por todos los componentes de la mesa en diferentes variaciones sobre el mismo poema:

En la isla a veces habitada de lo que somos,
hay noches, mañanas y madrugadas
en que no necesitamos morir.
En ese momento sabemos todo lo que fue y será.
El mundo se nos aparece explicado definitivamente
y entra en nosotros una gran serenidad,
y se dicen las palabras que la significan.
Levantamos un puñado de tierra
y la apretamos en las manos. Con dulzura.

Allí está toda la verdad soportable:
el contorno, la voluntad y los límites.
Podemos en ese momento decir que somos libres,
con la paz y con la sonrisa de quien se reconoce
y viajó alrededor del mundo infatigable,
porque mordió el alma hasta sus huesos.
Liberemos sin apuro la tierra donde ocurren milagros
como el agua, la piedra y la raíz.
Cada uno de nosotros es en este momento la vida.
Que eso nos baste.

Pilar del Río, presentó su nuevo libro, La intuición de la isla. Los días de José Saramago en Lanzarote, del que ya hice una referencia expresa en mi artículo del pasado miércoles, Intuición desde la tegala de Saramago, a modo de presentación del libro de Pilar del Río y que ya he empezado a leer apasionadamente. A continuación hizo su presentación Mercedes de Pablos, sobre un libro que recogerá un retrato más íntimo sobre el escritor, fruto de su conocimiento personal a lo largo de los años, y que llevará por título, Saramago, la altura del hombre, de publicación inminente. Finalmente, Juan Pinilla, con un gracejo especial de deslumbramiento por la vida y obra del premio Nobel, desde su niñez rediviva, contó cómo lo descubrió y por qué le dedica páginas especiales de la conjunción del su pensamiento y sentimiento, envueltos en palabras desde el corazón, en su libro publicación próxima, El Nobel de lo imposible.

Afortunadamente, la organización de estas jornadas ha proporcionado la retransmisión directa del encuentro citado y animo a contemplarlo y escucharlo para no contaminar nada de lo que allí ocurrió, con momentos mágicos como el cierre del encuentro con el cantor y miembro de la mesa, Juan Pinilla, que abrochó el acto con el cante de las palabras de Saramago en su precioso poema, que nos conmovió a todos y que supuso una bocanada de aire fresco y esperanza ante la situación maltrecha de este país en su deriva actual hacia mares procelosos de ocaso e indignidad democrática.

(1) Saramago, José, en Provavelmente alegría, 2014, 7ª ed., Lisboa: Fundación José Saramago.

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2.001 artículos, una odisea personal en el espacio digital

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Constantino Cavafis, Ítaca

Sevilla, 22/V/2022

Al alcanzar hoy el número de 2.001 artículos (post) publicados en este cuaderno digital desde diciembre de 2005, traigo a mi memoria de hipocampo el objetivo que ya pretendió Stanley Kubrick, en 1968, con su película, 2001: una odisea del espacio, cuando manifestaba que era “una experiencia no verbal: de dos horas y 19 minutos de película, en la que sólo hay un poco menos de 40 minutos de diálogo. Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Quise que la película fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al espectador a un nivel interno de conciencia como lo hace la música”. Salvando lo que haya que salvar, a lo largo de esta maravillosa experiencia he escrito millones de palabras, leídas a través de casi dos millones de visitas a este blog, desde su inicio el 11 de diciembre de 2005, pretendiendo siempre ser consecuente con su subtítulo, que sigue apareciendo desde su nacimiento, es decir, alcanzar con cada publicación un objetivo como resultado pretendido, al estilo Kubrick: buscar islas desconocidas todavía por descubrir en el sentido de “penetrar directamente en el subconsciente de cada persona, lector o lectora, con su carga emotiva y filosófica” en todos y cada uno de sus contenidos, con objeto de que cada artículo o post, fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al lector a un nivel interno de conciencia como lo hace la música, tantas veces citada y reproducida en textos y contextos diferentes. Lo que puedo asegurar hoy al hacer un alto en este camino digital, es que ha sido un viaje largo, una odisea, en el sentido más clásico del término, en su primera acepción aceptada por el Diccionario de la RAE: viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas, mis pre-ocupaciones (así, con guion), porque de todo hay en la viña del Señor de mis mayores, como cantaba mi paisano Antonio Machado, al que nunca he olvidado en esta bitácora o cuaderno de derrota, en lenguaje del mar.

Los que hemos optado por iniciar estos viajes a islas desconocidas, a lo largo de la vida y utilizando sólo la imaginación, sabemos que la recomendación a Ulises del viaje a Ítaca, según Constantino Cavafis, era una extraordinaria guía de viaje: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca. Después de estos casi diecisiete años de vida del blog, sólo sé que no sabemos lo que nos pasa y a la vuelta de cualquier viaje de norte a sur y de este a oeste en nuestro hemisferio particular e inquietante en esta etapa tan larga, concreta, viajando en “La isla desconocida”, la carabela metafórica de José Saramago en “El cuento de la isla desconocida”, protagonizado por el protagonista del mismo a modo del Ulises que casi todos llevamos dentro, puede que nos ocurra también como al protagonista de un poema de Ángel González, Los ilusos de Ulises, que tampoco olvido: Siempre, después de un viaje, / una mirada terca se aferra a lo que busca, / y es un hueco sombrío, una luz pavorosa / tan sólo lo que tocan los ojos del que vuelve. // Fidelidad, afán inútil. / ¿Quién tuvo la arrogancia de intentarte? / Nadie ha sido capaz / -ni aun los que han muerto- / de destejer la trama / de los días.

Hoy, al publicar el artículo 2.001, pienso que sigue existiendo el misterio de las trama de cada día, difícil de destejer. Yo he buscado entre las páginas de los poemas de Ángel González alguna solución a este dilema existencial y lo único que he encontrado en sus notas de viajero son unas referencias en su primera página de estas notas que también son inquietantes, referidas contextualmente a una visión de su estancia en Washington: Siempre es igual aquí el verano: / sofocante y violento. / Pero, / hace muy pocos años todavía / este paisaje no era así. Era / más limpio y apacible -me cuentan, / más apacible, más sereno. Cambiando lo que haya que cambiar, el misterio sigue estando en destejer la trama de cada día, de cada viaje hacia alguna parte. Algo que he procurado respetar al enfrentarme a la página en blanco en cada publicación en este blog, pretendiendo siempre ser fiel a Ítalo Calvino, para decir algo esencial. Probablemente, habría que editar urgentemente una nueva guía de viajes, la guía Cavafis, para aprender la clave de todo viaje que, en muchas ocasiones, es una mudanza al interior de nosotros mismos. Así lo aprendí hace ya muchos años en un viaje que inicié en la carabela “La isla desconocida”, como he contado anteriormente, porque Saramago la ofreció al mundo a modo de guía para navegantes inquietos, que recomiendo como cita encontrada en la guía de Cavafis, guía imprescindible para personas aventureras que necesitan encontrar islas desconocidas, siguiendo el cuaderno de bitácora del propio Saramago y escuchando la voz protagonista de una mujer admirable que aplica siempre el principio de realidad en su vida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”. Así empezó la aventura de este blog, el 11 de diciembre de 2005, en una declaración de principios que no he olvidado jamás: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma «Seis propuestas para el próximo milenio»: «…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial» (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)”.

La guía Cavafis me ofrece hoy claves importantes en sus versos finales para no equivocarme al continuar este viaje apasionante del blog, preparando siempre los avíos en tierra, antes de iniciar una nueva singladura, que no debo olvidar a pesar de este logro milenario: Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino. / Pero no tiene ya nada que darte. / Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. / Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas. Las de hoy, que también existen, las de siempre, abriendo una página de esta guía imaginaria de Cavafis redivivo, que no olvido: Que muchas sean las mañanas de verano / en que llegues -¡con qué placer y alegría!- / a puertos nunca vistos antes.

NOTA: la imagen de cabecera es un fotomontaje que he realizado sobre la portada de El cuento de la isla desconocida de José Saramago, en la versión en tailandés (เรื่องของเกาะที่ไม่รู้จัก), que pude tener en mis manos y hojear durante la visita a la biblioteca del premio Nobel en Tías (Lanzarote), en el mes de agosto de 2010, casi unos días después de su fallecimiento.

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Carmen Linares y María Pagés, hijas de la luz con el cante y el baile dentro

Carmen Linares y María Pagés, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022

Más el trabajo humano, / con amor hecho, merece la atención de los otros

Luis Cernuda, A sus paisanos, en La desolación de la quimera

Sevilla, 6/V/2022

En el año en el que se celebra el primer centenario del Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922, organizado por Federico García Lorca y Manuel de Falla, en nombre y representación del Centro Artístico de la ciudad, dos andaluzas de reconocido prestigio artístico, la cantaora Carmen Linares y la bailaora y coreógrafa María Pagés, recibieron ayer el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022. En el acta del jurado se dice textualmente que “La obra de Carmen Linares y María Pagés es parte de la genealogía del flamenco contemporáneo. Ambas, en sus disciplinas, han ensanchado el cante y el baile desde el respeto por la tradición, apostando por ampliar sus cauces expresivos, impulsando así el carácter universal de un extraordinario patrimonio cultural, popular y sensorial. Con voluntad de permanente exploración, su trabajo dota al flamenco de nuevas herramientas a la vez que amplifica el lenguaje de una manifestación cultural que vive un momento de esplendor y búsqueda de nuevos horizontes. Ambas creadoras despliegan en su trayectoria experiencias que reivindican el flamenco como uno de los géneros musicales más sugerentes de nuestro tiempo y un acontecimiento artístico perenne y único”. También se añade por parte de la Fundación, en la presentación de sus trayectorias artísticas, que “convertidas en dos de las figuras más importantes del flamenco de las últimas décadas, en Carmen Linares y María Pagés converge el espíritu de varias generaciones que, desde el respeto por la tradición y la hondura de las raíces del flamenco, han sabido modernizar y adaptar su esencia al mundo contemporáneo, elevándolo, aún más si cabe, a la categoría de arte universal. Con su labor, ambas han abierto caminos de repercusión no solo artística sino también social y se han convertido en ejemplo de trabajo, talento y dedicación para futuras generaciones”.

En el acto de Granada en 1922, la experiencia sentida por el público asistente al mismo, llevó a Federico García Lorca a escribir palabras muy bellas, nacidas en su alma de secreto por el placer de convertirnos en “escuchaores” de esa forma de cantar tan arraigada en el dolor del pueblo andaluz. Las palabras que siguen lo demuestran de forma fehaciente. En el concurso no podían participar profesionales del cante, solo aficionados, para promocionar esta forma de expresarse el pueblo andaluz desde su base popular. En aquella ocasión, el poeta granadino hizo la presentación oficial del Concurso, el 19 de febrero de 1922, en nombre del Centro Artístico de Granada, al que la prensa conocía también como la “Simpática Sociedad”, en el que figuraban también otros escritores y poetas contemporáneos, mediante una Conferencia que llevaba por título “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”, cuyas palabras finales no olvido: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”. Sé que mi deber como andaluz es convertirme en “escuchaor” de lo que Andalucía canta a través de su dolor, de su quejío, que también se expresa en el baile elegante que nos brinda siempre María Pagés, como “veedores” privilegiados de un arte que perdura a lo largo de los siglos.

Carmen Pacheco Rodríguez, Carmen Linares en honor a su lugar de nacimiento en Jaén, cantó en 1994 a Federico García Lorca, en sus Canciones populares antiguas. Es evidente que su forma de interpretar estas canciones tiene un sello especial en la voz y en la figura, así como en su alma de secreto. Por otra parte, en un dúo mágico, ver bailar a María Pagés es ver bailar a Andalucía a través de sus manos y brazos, como alguna vez ha explicado Víctor Ullate sobre esta excelente bailaora.

Lo he expresado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: los que vivimos en Andalucía y respetamos su identidad, que llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él, hemos aprendido a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante y al baile. Luis Cernuda hizo un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras, veedores y veedoras,  de todo lo que se canta y baila con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

Sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentroescuchaores y escuchaoras, veedores y veedoras,  por definición cuando el pueblo canta y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario, llevándolos a un baile posible para todos. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó Cernuda, nuestro paisano, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, al que escucho hoy en la voz de Carmen Linares, con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro (Ricardo Cantalapiedra), porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra, también expresado maravillosamente por María Pagés, es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años. Tal y como lo reconoció ayer la Fundación Princesa de Asturias al otorgar a la cantaora Carmen Linares y a la bailaora y coreógrafa María Pagés, el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022.

Me retiro de nuevo a mi rincón de pensar, acompañado por Federico García Lorca, Carmen Linares y María Pagés, como escuchaor de las canciones populares andaluzas tan queridas para el poeta granadino, así como veedor de María Pagés en su baile mágico, para que personalmente, con sus significantes y significados a través de la cultura, de sus quejíos, siga muy pendiente de Andalucía, sobre todo de la exclusión de los más débiles y la pobreza infantil en nuestra tierra que, ante las elecciones próximas de junio, tiene una oportunidad de constituirse siempre en alborada de la democracia en Andalucía, no en su ocaso.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Carmen Linares y María Pagés, Premio Princesa de Asturias de las Artes – Noticias – Área de Comunicación y Prensa – Fundación Princesa de Asturias (fpa.es)

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Hoy es un día especial para ganar la luz con el dolor de los ojos

He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

León Felipe, en El dolor (Ganarás la luz1975)

Sevilla, 1/V/2022

Dedicado de nuevo, en la celebración del Día Internacional del Trabajo, a todas las personas que crecimos con el mensaje bíblico de las primeras palabras de Dios sobre el trabajo humano, aquello de conseguir el pan con el sudor de la frente, para que comprendamos junto a León Felipe, de nuevo y con sus palabras llenas de exilio interior y físico, que una de sus razones laicas es que se puede ganar con el trabajo digno la luz para iluminar el sentido de nuestras vidas.

Vuelvo a publicar, contextualizándolas en la realidad actual, las palabras que he dedicado en años anteriores a esta celebración, porque hoy día siguen teniendo el mismo valor, es más, no sólo hoy por ser fiesta laboral nacional, sino porque cada día que pasa en cada hoja de calendario personal o familiar, sin que tengamos que esperar a celebrar nada, sí debemos recordar con cierta amargura la situación de miles de personas y hogares españoles que siguen en el paro y con un horizonte muy complicado para encontrar trabajo y la dignidad asociada. Los «nadies» de siempre, a los que definió magistralmente Eduardo Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida…

Las palabras que siguen, en un poema desgarrador de León Felipe, El dolor, tienen hoy un sentido especial en el contexto de la Reconstrucción del Mundo después de la terrible pandemia y por la invasión de Ucrania. Obviamente, por su alcance en miles de trabajadores, en este día tan especial, La lectura de este poema simboliza también el mejor homenaje a las personas que desean dar un nuevo sentido a la vida a través del trabajo digno, bien remunerado y desarrollado con todas las garantías de realización personal, más allá de reconocerse como «recursos humanos», tal y como nos recordaba Eduardo Galeano, porque somos seres humanos, mucho más que nadies que necesitan trabajar a diario. Con ojos que son fuentes del llanto y de la luz, muy lejos de la maldición bíblica.

El dolor

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube…
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre…

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

Todo lo expuesto tiene hoy un sentido especial, sin quitar un ápice de importancia a la luz que este tiempo tan complejo lleva dentro, cuando el trabajo de cada día, de cada uno, de todos, es digno. Ganar el pan con el sudor de nuestra frente ha sido el hilo conductor de las personas a lo largo de los años y todo por un «error humano». Así lo aprendió mi generación desde que tuvimos uso de razón. Dios lo tuvo claro desde el principio de los tiempos, porque frente a la creación de los cielos y la tierra, de los mares, que ya eran buenos por sí mismos, la del hombre vio que era muy buena, así como la de la mujer. Pero había un motivo que pesó mucho en la tradición oral de los pueblos ribereños, cerca del Tigres y del Éufrates y tenía que ver con una sospecha de ese Dios creador acerca de los problemas que podría tener el hombre si se quedaba solo cuando comenzaba a vivir. Y esa situación tan llamativa llevó a Dios a la creación de la mujer.

El problema vino después, cuando se quedaron solos los dos. Ahí comenzó la historia tan difícil del ser humano, la del dolor del mal hasta nuestros días. Al fin y al cabo, todo tiene que ver con la soledad cuando nos enfrentamos ante el bien y el mal: “por culpa de una serpiente comimos de la fruta prohibida y desde entonces hemos elaborado una macrohistoria de culpa y rescate que no nos deja vivir en paz. Y hemos grabado a fuego la responsabilidad transcultural de la mujer, del animal hembra en forma de serpiente, que echó a perder la vida tranquila en el paraíso: ¡mujer tenía que ser! El relato de la creación, en Génesis 3,1, deja bien claro el rol que iba a jugar en la historia de la humanidad la famosa serpiente porque “era el más astuto de los animales del campo que Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles el jardín?” Respondió la mujer a la serpiente: “Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Más del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.” Replicó la serpiente a la mujer: “De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día que comiéreis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”. Y la mujer comió el fruto de este árbol del medio del jardín y dio también a su marido. Y lo que descubrieron es que estaban desnudos ante la vida sin entender nada. Además, habría que ganar desde entonces el pan con el trabajo, con el sudor de la frente. A partir de ese relato, el enfado de Dios se hizo presente hasta nuestros días, incluído el trabajo humano considerado como «castigo divino». Por eso he leído tantas veces a León Felipe, porque necesito creer que puedo ganar la luz de la vida a través del dolor de mis ojos, incluso por el trabajo con amor hecho, como decía Luis Cernuda. El relato bíblico es eso, sólo un relato, porque en este Día Internacional del Trabajo, mis ojos son las fuentes «del llanto» por los desempleados del mundo y, «de la luz«, por los que luchan todos los días, los imprescindibles de Bertolt Brecht, por un trabajo digno para todos.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de México recuerda a León Felipe como símbolo del exilio español (eluniversal.com.mx).

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Una cita especial con Federico García Lorca

Federico García Lorca, escultura de Juan Antonio Corredor, situada en la Avenida de la Constitución, en la ciudad de Granada / JA COBEÑA

Granada, 21/IV/2022

Llevo a Federico García Lorca en mi memoria de hipocampo, la que me entrega siempre sentimientos y emociones especiales. Hoy, me he cruzado con él y le he prometido que volvería en unas horas para estar sentado a su lado, un rato, en su banco eterno de la Avenida de la Constitución, en Granada. Así ha sido y le he susurrado al oído que quería llevarme un recuerdo en el corazón de este encuentro en el que él ha sido el gran protagonista. Le he comentado que me acuerdo de su vida y obra muchas veces a lo largo de cada año y le he contado que escribo muchas páginas sobre aconteciimeintos preciosos de su vida en este cuaderno digital.

Él ha mantenido silencio y me ha contado en voz baja que se acuerda de la última vez que lo visité, aquí en Granada, el 25 de enero de 2017, porque sabía que tenía una deuda con él, entre otras muchas: visitarle en la casa de verano, en Huerta de San Vicente, 6. Se acordaba de que aquél día escribí unas palabras en su jardín, después de haber visitado las estancias (sabe que me encanta esta palabra) en las que él escribió, en el periodo 1926-1936, gran parte de su obra. Hemos comentado esta tarde cómo sentí algo especiaL al ver sus pinturas, por ejemplo la que le regaló Alberti como recuerdo del inicio de su amistad y otras entrañables en representación breve pero con sentido histórico para quien las quiera recordar ahora y siempre en la memoria de todos y en la de secreto. Dice que se emocionó cuando estuve cerca de su piano y cuando le conté que todos los lunes tocan para que no se apague su sonido, el que él obtenía de sus notas. Sabe también que me bastó ese detalle para recordar una visita breve, buena, que se convirtió aquél día en dos veces buena.

Detalle de la escultura de Federico García Lorca, obra de Juan Antonio Corredor, situada en la Avenida de la Constitución, en la ciudad de Granada / JA COBEÑA

Cuando veía hoy en sus manos, una obra muy querida por él, El Romancero gitano, ha venido a mi mente un recuerdo especial del encuentro en 2017: su preciosa mesa de escritorio, su «fábrica de versos», porque comprendi mejor que nunca sus palabras de compañía eterna: «Quiero dormir un rato, un rato, un minuto, un siglo; pero que todos sepan que no he muerto» (1). Es verdad, porque lo he sentido muy cerca. Es lo que me ha pasado hoy cuando me he sentado junto a él, en bronce inmovilizado, en un país ya libre, en una avenida de la Constitución que él siempre hubiera abrazado, Y le he puesto mi mano sobre las suyas, despidiéndome de este encuentro como si no hubiera pasado tiempo alguno. Para mí, porque no ha muerto, como él decía y porque sigue vivo en mi persona de secreto. Le he dicho que no lo olvido, en una fría tarde de su Granada querida. Su mirada lo decía todo.

(1) Gacela de la muerte oscura, en Diván del Tamarit, 1936.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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