Un lápiz de carpintero

EL LAPIZ DEL CARPINTERO

La realidad inteligente, sí señor. Todos soltamos un hilo, como los gusanos de seda. Roemos y nos disputamos las hojas de morera, pero ese hilo, si se entrecruza con otros, puede hacer un hermoso tapiz, una tela inolvidable…

Manuel Rivas, El lápiz del carpintero

Algo está ocurriendo esta semana en mi memoria de secreto, porque todos los caminos por los que transito, yendo del timbo al tambo (como decía García Márquez en sus cuentos peregrinos), se cruzan en un denominador común bien señalizado: el respeto hacia la memoria histórica de este país, en los momentos cruciales de la guerra civil en el siglo pasado, en sus antecedentes políticos, históricos y en sus consecuentes sociales de dolor y sufrimiento.

He buscado en la caja donde guardo recuerdos de lo vivido lejano y he encontrado una foto de mi padre en el frente de Extremadura en 1938, a sus veinte años, unos meses antes de resultar herido de gravedad y de arrastrar una minusvalía motora y acústica hasta su muerte a los veintisiete años, como consecuencia del bombardeo de la aviación republicana en Cabeza del Buey (Badajoz). No he podido interpretarla nunca. Precisamente, por no haber podido cruzar ninguna palabra con él, me permito darle las gracias por posar con la arrogancia y frescura de quien no entendía nada de lo que estaba pasando pero que lo tenía que pasar desgraciadamente para que la historia lo interpretara un día de forma ecuánime, con un fondo en el color sepia de la cerrazón de unos y otros.  También, porque cuando respetamos la memoria histórica podemos ejercer el perdón con conocimiento y libertad. Estoy convencido que perdonar es comprender y a veces se comprende tanto que no hay nada que perdonar.

En este contexto anímico, esta mañana me he encontrado en una de las aceras de esta ciudad (las que amaba Jane Jacobs) un lápiz de carpintero, usado, hecho en España, de nombre “Carpintero”, en cursiva dorada, fabricado por Molin (Spain). Lo he asociado inmediatamente con el que conservo todavía sin haberle sacado punta alguna (desde el punto de visto físico, no intelectual y sentimental), que regalaban con la primera edición de un libro maravilloso de mi querido maestro Manuel Rivas, El lápiz del carpintero, una obra que ocupa un lugar preferente en las estanterías de mi biblioteca de toda la vida, en una sección que lleva por título: Libros para llevarse a una isla desconocida y desierta.

Rápidamente he ido al capítulo 5 del libro y he vuelto a leer, al menos tres veces, aquellas andanzas del pintor que había conseguido un lápiz de carpintero en la cárcel de la Falcona, en Santiago de Compostela, cuando su amigo Marcial Villamor, sindicalista y carpintero, se lo regaló, un lápiz de su oficio, antes de que lo mataran los paseadores que iban de caza a aquella prisión. Ese lápiz había pasado por muchas manos obreras y comprometidas y él pudo sustituir la teja con la que habitualmente pintaba por ese lápiz maravilloso en sus resultados, que más adelante explica con lujo de detalles Manuel Rivas.

Sobrecoge el entorno que crea el autor para describir cómo cuenta el pintor a sus compañeros de la Falcona lo que ha pintado en el cuaderno y donde todos están representados, es decir, quién era quién de los que estaban allí dibujados en su particular Pórtico de la Gloria. Con su lápiz de carpintero en la oreja, aplanado para no hacer daño, les explica el retrato que ha hecho de cada uno. Casal, exalcalde de Santiago de Compostela, era ahora Moisés; Pasín, miembro del sindicato ferroviario, era San Juan Evangelista. El teniente Martínez pasaba a ser San Pablo, a pesar de sus antecedentes como carabinero y concejal republicano. Y dos viejos encarcelados que les acompañaban en aquella ocasión “eran los ancianos que estaban arriba, en el centro, con el organistrum, en la orquesta del Apocalipsis. Y a Dombodán, joven e inocente, le dijo que era un ángel que tocaba la trompeta. Finalmente, otro testigo de aquella escena sobrecogedora, Da Barca, asumió en el dibujo del pintor un papel enigmático, el del profeta Daniel, que es el único “que sonríe con descaro en el Pórtico de la Gloria”.

PORTICO DE LA GLORIA

No sé qué se ha pintado con el lápiz que he encontrado esta mañana en la calle. Lo que puedo asegurar es que la moviola de los últimos días de mi vida ha comenzado a proyectar en mi persona de secreto imágenes dibujadas por el lápiz de Manuel Rivas, comprendiendo mejor que nunca que se debe recuperar la dignidad intacta de los que luchan todos los días por alcanzar en beneficio de todos, por interés general, un mundo mejor. Los llamados imprescindibles, según Bertolt Brecht. También, he dibujado simbólicamente la militancia en el Club de las Personas Dignas, al que pertenecen millones de personas en este país, que debe ser escuchada siempre para la toma de decisiones de la sociedad organizada, de las minorías silenciosas, de los portavoces de los que menos tienen, de los que luchan hasta el final sin bajarse de las pateras de la vida, alejadas de barcos repletos de gente que disfrutan en cruceros inútiles el dolce far niente pero que no aportan nada a la sociedad. Los que escuchan La Internacional y siguen vibrando al cantarla, sabiendo lo que dicen, formando parte del grupo que estaba en la Falcona, intentando comprender lo que les decía aquel día el pintor, como protagonistas del Pórtico de la Gloria retratados con un humilde lápiz de carpintero.

Es posible que hoy pudiera dibujarse de nuevo otro Pórtico de la Dignidad, con otros rostros anónimos que luchan por la libertad de todos, con un lápiz rojo de nombre “Carpintero”, en cursiva dorada, fabricado por Molin (Spain). Lo importante es que pensemos que todo es posible en la realidad inteligente, en el mundo de internet, en la Noosfera de las Personas Dignas, mucho más universal y accesible por equidad porque “Todos soltamos un hilo, como los gusanos de seda. Roemos y nos disputamos las hojas de morera, pero ese hilo, si se entrecruza con otros, puede hacer un hermoso tapiz, una tela inolvidable…”, que podemos dibujar siempre incluso con un lápiz olvidado y rojo, de carpintero.

Sevilla, 24/V/2017

Impasible el “alemán”

El día que el triunfo alcancemos
ni esclavos ni dueños habrá
los odios que al mundo envenenan
al mundo se extinguirán

El hombre del hombre es hermano
derechos iguales tendrán
la tierra será el paraíso
patria de la humanidad.

La Internacional (fragmento)

En mi colegio se cantaba el Cara al sol con una rutina que hoy me sobrecoge al recordarlo, pero yo no era consciente de lo que significaba en el fondo y forma de la época y, menos todavía, de lo que quería decir su letra. Sorprendentemente, supe muchos años después que el edificio de mi colegio, durante la guerra civil, fue incautado por la FAI y que instalaron allí un Ateneo Libertario. Si aquellas paredes hablaran, estoy seguro que la Internacional sonaría ante la atenta mirada de la familia de Dª Antonia, mi querida maestra en todos lo órdenes de la vida, que siempre tuvo compasión con lo ocurrido en aquellos años tan difíciles, porque sabía que los milicianos que estaban enfrente (vivían en la otra acera de la calle Narváez, muy cerca de mi casa) les habían perdonado la vida al conocer que en aquél colegio, antes de la confiscación, se había dado acogida por igual a las niñas y niños más desfavorecidos del barrio, sin recursos. Fueron las mujeres del edificio donde vivía la familia dueña del Colegio las que al conocer que se querían llevar detenido a D. Fernando, el marido de mi maestra, contestaron con gran entereza: ¡de ninguna manera, a Don Fernando no se lo llevan ustedes! Los milicianos se fueron y no volvieron más.

He recordado muchos años después, cuando dejé las cosas de niño, que en un determinado momento al cantar el Cara al sol, todos gritábamos al unísono una frase sin sentido alguno, “impasible el alemán”, cuando lo que dice textualmente es impasible el ademán, y están presentes en nuestro afán. Afortunadamente, nunca me dio por aprender aquella letra que de forma subliminal cantábamos a voz en grito perfectamente formados, que no uniformados, en el patio de mi colegio.

Siempre he dicho que menos mal que Dios me recogió a tiempo para no seguir aquella senda que nunca más he vuelto a pisar…, haciendo camino al andar. Entre comuniones, confirmaciones y demás actos de fe del discreto encanto de la burguesía madrileña, aquella canción tan confesional del régimen, se fue diluyendo en mi memoria de secreto como un azucarillo en el café de Levante libertario que a veces frecuentamos en la vida.

Traigo a colación esta reflexión, salvando lo que hay que salvar necesariamente, al escuchar de nuevo estos días La Internacional, canción emblemática de la Internacional Socialista, que tanto asusta a los de siempre y casi despreciada por los que antes estaban en el barco donde siempre se tocaba emulando a la orquesta del Titanic. Estoy convencido de que muchos de los que escuchan ahora la canción, solo oyen estrofas sin comprender bien la letra y estribillos que, para mí, tienen un profundo significado histórico. Más o menos lo que me pasaba a mí con el “alemán”, que allí no estaba. No me atrevería decir lo mismo de los que la cantan ahora, porque presupongo que la conocen bien, al menos en su ritual actual.

Su letra, nacida en el contexto de las revoluciones laborales del último cuarto del siglo XIX, es del escritor francés Eugène Pottier, miembro de la Comuna de París, “un movimiento revolucionario que fue brutalmente reprimido durante la Semana Sangrienta. Lo escribió tras estos hechos que le obligaron a huir de una sentencia de muerte, primero a Gran Bretaña y luego a Estados Unidos” (1). La música se compuso en 1888 por Pierre Degeyter a petición de un coro de trabajadores de Lille (Francia) llamado La Lyre des Travailleurs.

Hay varias versiones de la letra, ajustada siempre a quien la utiliza como santo y seña partidista. La que se ha escuchado estos días, cantada por los fieles a la candidatura en primarias de Pedro Sánchez, como cierre de todos sus actos, es la siguiente, que transcribo por respeto a su contenido actual (2):

Arriba los pobres del mundo
en pie los esclavos sin pan
alcémonos todos al grito
¡Viva la Internacional!

Removamos todas las trabas
Que oprimen al proletario
Cambiemos al mundo de base
Hundiendo al imperio burgués.

Agrupémonos todos
en la lucha final
y se alzan los pueblos
por la Internacional.

Agrupémonos todos
en la lucha final
y se alzan los pueblos con valor
por la Internacional.

El día que el triunfo alcancemos
ni esclavos ni dueños habrá
los odios que al mundo envenenan
al mundo se extinguirán

El hombre del hombre es hermano
derechos iguales tendrán
la tierra será el paraíso
patria de la humanidad.

Agrupémonos todos
en la lucha final
y se alzan los pueblos
por la Internacional.

Agrupémonos todos
en la lucha final
y se alzan los pueblos con valor
por la Internacional.

Sé lo que dice la canción y se puede ajustar como justicia, no ajustamiento, a la situación actual en el mundo, que todavía es posible cambiarlo a pesar de los agoreros mayores del Reino de la Tibieza y de la Tristeza, que existir existen. Hay dos estrofas que me sigue ilusionando cantarlas y vivirlas con especial ilusión, sobre todo con el coro de Quilapayún, a los que tanto aprecio: El día que el triunfo alcancemos / ni esclavos ni dueños habrá / los odios que al mundo envenenan / al mundo se extinguirán // El hombre del hombre es hermano / derechos iguales tendrán / la tierra será el paraíso / patria de la humanidad. No me pasa con lo que he contado de mi canto a un “alemán” desconocido, impasible y que como la música militar nunca me supo levantar.

Es verdad, todas las canciones que se convierten en himnos, no son iguales. Hay que seguir luchando por un mundo sin esclavitud de ningún género, para que el odio sofisticado no sea el hilo conductor de la vida, porque somos hermanos en la existencia que a cada uno le toca vivir y porque hay que preservar la tierra para que sea siempre un Paraíso y Patria de la humanidad. Un sueño…, internacional.

Sevilla, 23/V/2017

(1) http://verne.elpais.com/verne/2017/05/22/articulo/1495444756_897089.html

(2) http://web.psoe.es/ambito/alpedrete/docs/index.do?action=View&id=99429

Algo más que primarias

PRIMARIAS PSOE

Sigo muy de cerca el proceso de primarias en el PSOE. Creo que, como ciudadano político -en el sentido etimológico más puro de ambas palabras, casi una tautología- hay que hacerlo, porque cuando nos pre-ocupa (así, con guion) el presente y futuro de este país, tomamos conciencia de que el resultado de la elección final no es lo mismo en todos los casos. Soy una persona que cree en algo esencial para la persona de secreto y la de todos: el mundo solo tiene interés hacia adelante, tal y como se titula este blog. Por cierto, de forma no inocente en todos los órdenes de la vida.

He leído los programas/propuestas (1) que se han presentado por los tres líderes en liza y aunque, cuando se examinan con detalle, podemos resaltar determinados aspectos positivos en todos, es importante destacar la visión de conjunto del contenido de cada uno y, sobre todo, cómo se han preparado, cuál ha sido el índice de participación interna y externa en la elaboración de los mismos y qué resultados se pretenden alcanzar por su impacto político y social, más allá de una mera cuestión procedimental e interna de partido. Al menos, de lo que he podido tener noticias a través de las páginas oficiales de las candidaturas o por las redes sociales asociadas. Como testigo diario del procedimiento llevado a cabo y a título personal, tengo que reconocer que el presentado por el equipo de Pedro Sánchez, no por cantidad de páginas, sino por la calidad de las mismas, ofrece una cohesión de principios de regeneración política para el presente y el futuro del partido –in crescendo– que va más allá de meras declaraciones de principios. La metodología expositiva del texto de Pedro Sánchez ayuda didácticamente a contextualizar la situación actual de una sociedad que exige cambios urgentes, pero analizando bien que los problemas que hay en España y en Europa, concretamente, no nacieron ayer, sino que son el resultado de políticas desacertadas y propiciadas de forma brutal por el capitalismo liberal. El apartado 1º es clarificador al respecto: “Este documento plantea la estrategia del socialismo democrático español para los próximos lustros. Es un documento que ha sido abierto al debate y las aportaciones de la militancia, a los sectores sociales que durante décadas han confiado en el papel transformador del PSOE, y a la juventud, que exige a la política nuevos horizontes. Surge en un tiempo de convulsiones en el que la reconstrucción de la cohesión de los socialistas exige un debate de ideas urgente y reclamado por la militancia sobre la redefinición del proyecto del PSOE y de la socialdemocracia”. Es decir, asume que hay que hablar de estrategia, procesos y resultados. Y lo hace.

No obstante, las propuestas de Patxi López abordan cuestiones muy comprometedoras y atrayentes, socialmente hablando, al tener en cuenta conceptos tan actuales como vivir en una “modernidad líquida”, instalada en un cambio frenético y continuo, el ajuste de la economía a estrictas reglas de la democracia y no al revés, la revolución digital y su impacto en el ámbito laboral, el proyecto de activación vital de los jóvenes o la atención preferente hasta su desaparición de la nueva clase social que nace por el humillante precariado. Además, creo que hay un hilo conductor en este programa de López que lo ennoblece: el esfuerzo de integración de todas las candidaturas en el día después. Eso le honra.

Sobre el texto apresurado de Susana Díaz, mantengo que es el que denota, más que los otros dos, que es solo una declaración de principios, con una falta de análisis riguroso en el texto y contexto de antecedentes y consecuentes de lo que expone a través de cinco grandes líneas directrices. Quizá se refrenda este apresuramiento en la forma de abordar las conclusiones y propuestas finales de su documento en solo dos páginas y media, de forma telegramática en una cuestión, medidas para un nuevo partido, que declara expresamente al abordar este final sintético y que señalarlo así lo considero de especial relevancia.

Es importante hacer esta maniobra de aproximación a los diferentes contenidos de los tres programas y/o propuestas porque, aunque no milite en el partido de referencia, repito que estoy muy pre-ocupado [sic] con los antecedentes y el resultado final que se vaya a producir en estas primarias ya que, en política, ni todos los partidos, ni todos los líderes, son iguales. Además, porque como ciudadano político (es la segunda vez que lo afirmo etimológicamente hablando), me decanto por la implantación, seguimiento y evaluación de la socialdemocracia y su adecuación al principio de realidad social en el mundo, en Europa y, concretamente, en España, por cercanía de identidad de Estado, porque hoy por hoy es el fundamento social que permite que se apliquen de forma más rotunda los principios de igualdad, solidaridad y participación equitativa mediante la defensa del bien común. Estos son mis principios al respecto y no tengo otros, a diferencia del célebre aserto de Groucho Marx, aunque no gusten a una mayoría de este país.

He leído recientemente en un libro clarificador de Josep Borrell, Los idus de octubre, que la socialdemocracia tiene que enfrentarse en el momento actual a cinco retos, enmarcados en la doctrina de Alain Bergounioux en La revue socialiste: la construcción de nuevos compromisos para regular los conflictos sociales, la sostenibilidad del desarrollo y su integración en todas las políticas sociales, las políticas socialdemócratas porque no pueden ser eficaces sin una dimensión europea, resolver el problema de las identidades nacionales y, en quinto lugar, adaptar la organización de los partidos socialistas a la innegable y puesta en cuestión de las democracias representativas. Estoy totalmente de acuerdo con este planteamiento ordenado de ideas que se deben convertir en praxis social de amplio espectro.

Creo que con este enfoque último se puede deducir que el resultado mañana de las primarias no nos debería dar igual, porque está en juego una nueva forma de abordar la situación política del presente y futuro del país que, en legítima competencia con otras ideologías políticas, puede vislumbrar una forma diferente de avance social transformador e ilusionante.

En conclusión: todos los líderes de estas primarias no son iguales. Sus propuestas programáticas, tampoco. En cualquier caso, el resultado lo decidirán sus militantes, aunque los observadores -como meros ciudadanos políticos- seguiremos de cerca esta recta final con legítima pre-ocupación y con la esperanza de que se produzca, en un plazo breve de tiempo, un avance sustancial en la transformación social de España.

Sevilla, 20/V/2017

(1) Programas/propuestas de las candidaturas de Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López

(2) NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.psoe.es/

Los niños y las niñas de Murillo

MURILLO

Bartolomé Esteban Murillo, Niño asomado a la ventana (1675)

Las palabras que siguen es un pequeño homenaje personal en el tiempo preparatorio de la celebración del Cuarto centenario del nacimiento de Murillo en la ciudad de Sevilla. Recoge una constante en su obra pictórica, la que dedicó a los niños y niñas de Sevilla que menos tenían, frente a ángeles imposibles e inalcanzables que también pintó, que hoy son vistos por millones de personas en el mundo en museos de diversas localizaciones geográficas donde la obra de Murillo se contempla con admiración y respeto. Como este niño sevillano que sonríe asomado a una ventana de libertad y que tanto admiro.

Esta mañana estuve contemplando el monumento dedicado a Murillo en la Plaza del Museo, viéndole rodeado de una alfombra de flores de jacarandá, muy cerca de un lugar mágico, la sala V del Museo de Bellas Artes, donde he recordado algo que me causó una gran impresión en una visita que hice en 2015. En aquella ocasión, tuve una experiencia extraordinaria, porque un cuentacuentos estaba enseñando a niños y niñas de dos años, con arte excelso, el pequeño secreto de la Virgen de la Servilleta. Al terminar su intervención magistral, en breves minutos doblemente buenos, les entregó unas hojas con trazos del cuadro explicado, para que los colorearan con lápices multicolores de cera. Y comenzaron a dar color a una obra que previamente ya les habían presentado en clase sus maestras, sus maestros, en el buen sentido de la palabra maestra, maestro.

MUSEO BELLAS ARTES SEVILLA
Niños y niñas ante la Virgen de la Servilleta – Museo de Bellas Artes / Fotografía del autor

Fue un momento mágico y estaba convencido de que Murillo disfrutó aquel día de forma especial, porque solo buscaba encontrar en las madres presentes su papel de vírgenes anónimas y el rostro saliente de todos y cada uno de los niños pintores, como el de la servilleta, aunque tendría que pensar detenidamente de qué forma podría pintar también a las niñas como nuevas protagonistas de sus cuadros, en una revolución de género que nunca pudo imaginar. Fui testigo directo de cómo una abuela le explicaba a su nieta que la Virgen era una madre buena. Se hizo un silencio sonoro y se despidieron del pintor. La niña, mirando hacia atrás, buscaba la servilleta original de la que le había hablado el cuentacuentos porque por más que miraba el cuadro de Murillo no la veía por ninguna parte. Solo a su abuela, en su papel maravilloso de madre que está en la tierra, con ella en brazos. Ocurrió en minutos algo especial: en esa ocasión eran los niños y niñas de Sevilla los que pintaban a Murillo, cuando él pintó como ningún otro artista de la época a los niños como centro de atención especial en su obra.

Es maravilloso contemplar un lienzo que está lejos de nuestro país, Niño asomado a la ventana, que simboliza algo muy importante: probablemente era un niño pobre, como tantos miles que había en Sevilla en aquella época, pero asomado a un mundo diferente a través de una ventana liberadora. Así lo he pensado y así lo transmito.

Cuando me alejaba de la mirada de Murillo, en bronce inmovilizado, en una obra realizada en 1864 por el escultor madrileño Sabino de Medina, en la que se representa al pintor de pie sobre un estrado de mármol donde sostiene una paleta y un boceto -¿de un niño o una niña de Sevilla?-, he recordado también la situación de pobreza de niños de Andalucía en general y en Sevilla en particular, en el momento actual, según el informe último sobre el Estado de la Pobreza en Andalucía 2016, en el que se afirma que “Uno de los colectivos más afectados por la pobreza es los niños y niñas de nuestra comunidad. A pesar de haber descendido en un año, 4 puntos, el 48,1% de los menores de 18 años en Andalucía aún se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social. La Comunidad se encuentra muy lejos de poderse comparar con la tasa nacional, 34,4%23. Andalucía es la segundad comunidad con la tasa de pobreza infantil más alta de España, por detrás de Ceuta. Andalucía es la región con mayor número de niños viviendo en hogares con baja intensidad de trabajo, en total 18,8%; en 2014 el porcentaje se situaba en 24,2%, mejorando 5,4 puntos. El 9,8% de los menores andaluces de 18 años vive en hogares con carencias materiales severas, frente al 9,1% de los menores españoles. En 2014, en Andalucía el dato era de 10,1% y en España del 9,5%. En este aspecto ambos datos se mantienen muy próximos, no sucediendo lo mismo en la tasa de pobreza ni en el BITH [Población con baja intensidad de trabajo por hogar]” (1).

Obviamente, he pensado que Murillo, cuatrocientos años después de su nacimiento, volvería a pintar hoy con carácter preferente a los niños y niñas de Sevilla con pobreza visible e invisible, que todavía existen, a los que siempre quiso dedicar una parte muy importante de su obra, como homenaje a los que menos tienen, a los invisibles para los que tienen todo, para que comprendamos que hay que fijar prioridades al recordarlo ahora en ceremonias y festejos especiales. Para que no olvidemos su mensaje pictórico ni siquiera un momento. Para que todos los niños y todas las niñas que viven en Andalucía, puedan asomarse ya a las ventanas de dignidad personal que solo existen en las grandes alamedas de libertad.

Sevilla, 18/V/2017

(1) Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza, EAPN-A (2016). Estado de Pobreza en Andalucía. 2016.

El sueño de poner una librería

FERIA DEL LIBRO 2017

Raúl Guridi, Leer es ver más allá de las páginasCartel de la Feria del Libro. Sevilla 2017

No olvido los tres sueños de Guido Orefici, el protagonista de La vida es bella: distinguir el norte del sur (que también existe); leer a Schopenhauer, por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida y, en tercer lugar, poner una librería. De todo hizo un arte para vivir, para enseñar a leer las señales de la vida, porque hablar es solo cosa de personas. Leer, igual de bello. Pero primero hay que “poner”, después “abrir”, porque creo que hay que poner cada cosa en su sitio. Me gusta mucho el lema “poner”, cuando se refiere a un negocio tan peculiar como es una librería. Poner, según la 13ª acepción de la RAE, es: “Establecer, instalar. Puso un negocio”, ponerse en ello, dedicarse plenamente a algo, mientras que “abrir”, según la 15ª acepción de la RAE significa: “Dar principio a las tareas, ejercicios o negocios propios de instituciones o establecimientos políticos, administrativos, científicos, literarios, artísticos, comerciales o industriales. Abrir las Cortes, la Universidad, un teatro, un café”. Luego primero se pone, después se abre. No es lo mismo.

Se acerca la Feria del Libro en Sevilla, que está puesta desde el 18 al 28 de este mes en la Plaza Nueva. Tiene un lema precioso: Leer es ver más allá de las páginas. Siento siempre algo especial cuando se acercan estos días porque perteneciendo al mundo digital, siento cierta debilidad por los libros atómicos. Tengo que reconocer que me marcó mucho en mi infancia la librería “Lino” en la calle Narváez, en Madrid. Lino te atendía de forma correcta, educada, sin descomponer su figura de librero/papelero al alternar dos negocios en uno: vendía libros y objetos de papelería, sobre todo, escolar. Tuvo visión de futuro cuando lo “puso”, como intuyendo lo que venía después. Siendo niño recuerdo sus consejos recorriendo el pasillo estrecho detrás del mostrador, rodeado de estanterías de madera inundadas del olor profundo de las gomas Milán. Sobre todo, el olor inigualable a papel, que no tiene parangón. Salía siempre de allí cono chiquillo con zapatos/libros/cuadernos nuevos. No he olvidado nunca a Lino, siempre impecable y con sus gafas redondas de sabio despistado.

Es una oportunidad para acercarme de nuevo a los libros, sabiendo de antemano que nada es inocente en este negocio. Lo que sí tengo claro es que, gracias a libreros a libreras, seguimos ilusionados en conocer bien a autores que nos devuelven muchas veces la razón de existir o ser, aunque la dialéctica que viven las librerías con la competencia del mundo digital abre una nueva forma de adquirir este conocimiento. Lo leía recientemente en la revista “Mercurio”, de este mes (191, 2017), en una entrevista a Lola Larumbe, propietaria de una librería también muy querida para mí, la Alberti, como se la conoce coloquialmente en Madrid. Ante la pregunta de cómo se puede convencer al lector para que acuda más a las librerías y menos a esas plataformas de Internet que sirven tan eficazmente, Lola responde: “Es una cuestión de principios. Si no vivimos con unos principios, apaga y vámonos. Nuestra actitud ha de ser activa y combativa. Si no quieres subempleos, sueldos mínimos, contratos basura, no puedes engordar ese sistema. Como nuestro poder político es muy pequeño, hay que consumir responsablemente, es casi la única arma”.

Un gran debate está en medio de esta situación, aunque siempre creo que hay elementos de convergencia muy claros. La librería que es atendida por profesionales del libro, te ofrece un asesoramiento personal e intransferible, en espacios de diálogo responsable que no encuentras en Internet, donde lo probable es que la orientación de compra sea por opiniones de servicio, pero difícilmente de contenidos. Es lo que Lino hacía muy bien cuando yo era un niño, porque hablaba con él (como librero) como niño, pensaba como niño, razonaba con él como niño. Ahora, que he dejado las cosas de niño, busco siempre profesionales en este sector, en una ciudad como Sevilla que es más de bares que de librerías. La próxima Feria del Libro, será una ocasión formidable para coger la linterna de Diógenes y buscar libreros y libreras para una nueva forma de descubrir la vida pasada, presente y futura a través de algunos libros. Los que nunca se olvidan, porque hubo siempre una persona detrás que, como Lino, te habló de su quintaesencia, no de los fárragos en los que los sume el mercado. Sencillamente, porque siempre te ayudan a comprender que leer consiste en ver más allá de las páginas de un libro…

Sevilla, 16/V/2017

Los Idus del PSOE, según Borrell

IDUS DE OCTUBRE

He leído con prisa existencial el libro que acaba de publicar Josep Borrell, Los Idus de Octubre (1), a quien admiro desde hace muchos años, porque estoy muy pre-ocupado [sic] por lo que pasa en este país y en mi Comunidad Autónoma, Andalucía. Me considero una persona con visión de Estado, de espíritu y obra constitucionalista, porque todo lo que es humano no me es ajeno, a pesar de mis debilidades digitales, que haberlas, haylas. No voy a desvelar aquí el hilo conductor del libro en su fondo y forma, pero sí quiero compartir con la Noosfera más cercana mis impresiones de la lectura del mismo.

Para empezar, admiro la forma didáctica de Borrell para explicar hasta el misterio del Espíritu Santo si se lo propusiera, que ya es decir. Es la primera vez que he comprendido bien el mes de octubre de 2016, mes horribilis donde los haya, que me supuso una fractura en mi persona de secreto y en la de todos en relación con la prensa escrita, concretamente con mi lejanía del periódico El País, por la forma tan chapucera de inclinar la balanza de forma descarada, por la posición que tomó en el conflicto del partido socialista, donde el director no se cortó ni un pelo a la hora de insultar a Pedro Sánchez: “un insensato sin escrúpulos que no duda en destruir el partido”. Ancho y pancho se quedó en su editorial de 1 de octubre de 2016, con esta máxima de almanaque.

Pero lo que verdaderamente me ha gustado de la lectura del libro ha sido el hilo conductor en el abordaje de la crisis histórica de la socialdemocracia que va más allá de las guerras intestinas del partido socialista. Con la maestría que le caracteriza, la Introducción es más larga de lo habitual, pero imprescindible para comprender la quintaesencia del libro. Abordar de forma directa, didáctica repito, asuntos tan cruciales como la realidad política mundial, la socialización de la política, la falta de verdad en el seno del partido socialista en España, las razones de por qué hay que escribir sobre esta situación, que despacha en una frase rotunda: porque obliga a pensar, atreviéndose a decirlo en alta voz a un país que le gusta más la opinión que la teoría crítica (Gustavo Bueno, dixit); las mentiras de la operación Frankenstein, que la explica con detalles casi escabrosos, la necesaria integración de ideas, personas e instituciones [sic], finalizando estas palabras introductorias con el abordaje de la madre de todas las batallas: la crisis mundial de la socialdemocracia más allá de nuestra fronteras también, porque España no es el ombligo del mundo, así como la toma de posición es ante la obligada transformación del mundo que habitamos, en el que la socialdemocracia tendrá que integrar junto a lo económico y social, los recursos naturales que por si no nos hemos dado cuenta todavía se agotan, haciendo que el mundo sufra mucho por esta amenaza silente pero que está ahí.

El capítulo dedicado al relato de la crisis también es muy clarificador por razón de texto y contexto. Es bueno que alguien alce la voz en el seno del partido socialista para decir que el emperador (llámese así hoy al presidente Zapatero), no estuvo a la altura de las circunstancias en los albores de la traída y llevada crisis, es decir, no llevaba puesto ningún traje que representara la auténtica socialdemocracia y acabó alineándose con las exigencias del mercado. Esto es así, por mucho que nos quieran vender otra moto política y ahí está para demostrarlo el cénit del desencanto expresado de forma esplendorosa por el movimiento 15M. Ayuda a comprenderlo bien el relato cronológico de la crisis del PSOE, muy sintético, pero sumamente clarificador.

Mención aparte tiene la contextualización de la crisis narrada anteriormente, que tiene también sus razones de texto y contexto en la cercana Europa y su correlato en España. Dedica un capítulo completo al análisis técnico de lo que le ocurrió al único y primer secretario general del partido, “condicionado y cuestionado” hasta la saciedad en las entrañas directivas del partido, que fue elegido por el voto directo de sus militantes, con un título que no tiene desperdicio y del que no adelanto nada para no caer en los cebos tan típicos de la televisión rosa (o azul, según se mire).

Con la socarronería que caracteriza a Borrell se detiene a explicar en el capítulo 4, una expresión de la sabiduría popular: “nunca digas nunca jamás porque nunca siempre pasa, ni digas hasta siempre porque siempre nunca llega”. Efectivamente, Borrell dice al respecto que “Los “nunca jamás” abundan demasiado, devalúan el valor de los compromisos electorales y desacreditan el ejercicio de la actividad política. Será “nunca” salvo que las circunstancias digan otra cosa. Entonces más vale no decir “nunca”; porque al final los ciudadanos acaban creyendo que, una vez elegidos, los “políticos” hacen los que les da la gana con sus votos”. Comprendo mejor que nunca, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su propia carne el gran político canadiense Michael Ignatieff, en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”.

En el capítulo siguiente he leído con curiosidad política de un ciudadano de a pie, lo ocurrido en la semana trágica de autos y que da sentido pleno al título del libro, sin olvidar en ningún momento una frase que pronunció él y que sintetizaba bien lo ocurrido: “Si eso hubiera sido un golpe de Estado, lo habría organizado un sargento chusquero”. Al buen entendedor con pocas palabras basta. La verdad es que me ha entristecido conocer con detalle todo lo ocurrido en esa semana de autos y concretamente el desarrollo esperpéntico del Comité Federal de 1 de octubre, con situaciones surrealistas y poco aleccionadoras para el común de los normales.

Donde me he detenido a leer con interés pleno este libro ha sido en el apartado que dedica a la cuestión catalana y la plurinacionalidad del Estado. Tengo que reconocer que no es fácil comprender bien el alcance del problema actual en Cataluña y creo sinceramente que estas páginas me han ayudado a trazar una línea delgada roja con las meras opiniones que todos los días se ofrecen al mejor postor. Es necesario abordar el problema urgentemente, pero con visión de Estado, donde hay un hilo conductor de imprescindible análisis y consenso: la reforma constitucional en el abordaje de la ordenación y organización de los territorios que componen el mosaico de la nación española. Es muy interesante su lectura y sin que sea obviamente palabra de Dios, sí es una forma de aproximarse con rigor al problema, porque ofrece garantías democráticas y sin mezcla de interés partidista alguno. Ponernos de acuerdo en qué entendemos por “nación” se convierte así en un asunto de Estado y la revisión constitucional al respecto es el auténtico camino para resolver la situación actual en la que nos encontramos.

Estoy de acuerdo con Borrell cuando al finalizar el libro se enfrenta a la famosa pregunta que ha traspasado los siglos: ¿qué hacer? En este caso, con la socialdemocracia en la situación actual. Plantea cinco retos siguiendo la doctrina de Alain Bergounioux, en La revue socialiste: construcción de nuevos compromisos para regular los conflictos sociales, la sostenibilidad del desarrollo y su integración en todas las políticas sociales, las políticas socialdemócratas no pueden ser eficaces sin una dimensión europea, resolver el problema de las identidades nacionales y, en quinto lugar, adaptar la organización de los partidos socialistas a la innegable y puesta en cuestión de las democracias representativas.

Para terminar este breve análisis, desde la perspectiva de un ciudadano que milita política y exclusivamente en el compromiso social diario que acoge el Club de las Personas Dignas, he comprendido bien las dificultades para resolver un conflicto ad hominem en el que se situó el partido socialista obrero español desde comienzos de 2016, en un trilema [sic] del que no era posible escapar salvo que se pidiera ayuda a Antony Blake, uno de los mejores escapistas de España: liderar la hipotética formación de un Gobierno alternativo al del PP, dejarle gobernar en minoría o provocar las terceras elecciones. Se resolvió en los IDUS de octubre: la abstención para facilitar el Gobierno de Rajoy, porque… el No era finalmente un Sí.

Y concluye con un aserto impecable: hace falta aplicar el principio de realidad ante la situación actual de la socialdemocracia, pero hay que ser audaces ante un futuro desconocido, con dos grandes vectores de transformación: la digitalización económica y social, que comparto plenamente por oficio y beneficio, así como la lucha contra el cambio climático que según los de siempre parece solo capricho de Al Gore y sus secuaces. Si no se abordan con urgencia, las desigualdades seguirán creciendo y los pescadores de ríos revueltos seguirán haciendo su año completo sin compasión alguna. Incluidos los que están cerca de idus de octubre de 2016 y sus consecuencias, que analiza didácticamente Borrell.

Es bueno leer libros como este, porque ayudan a comprender qué pasa en España, sobre todo porque no sabemos lo que nos pasa, tal y como expresaba de forma muy lúcida José Ortega y Gasset en Esquema de las crisis, que luego formó parte de su curso En torno a Galileo, de 1933: “No sabemos lo que nos pasa, y esto es precisamente lo que nos pasa, no saber lo que nos pasa”. Para que no lo olvidemos, ni siquiera un momento.

Sevilla, 15/V/2017

(1) Borrell Fontelles, Josep (2017). Los idus de octubre. Madrid: LOS LIBROS DE LA CATARATA.

Ciberataques y tecnologías de doble uso

Estamos viviendo unas horas difíciles en el mundo digital por los ciberataques de los últimos días. Los detractores de las tecnologías digitales quieren hacer su mayo recordándonos a los tecnófilos la célebre frase de Al Gore: ya lo habíamos avisado. Es verdad que estamos ante un escenario sobrecogedor por el impacto mediático, tampoco inocente, que ha tenido el ciberataque global de rasonware, en el que España ha sufrido un daño importante en algunas empresas de presencia internacional.

Tampoco hay que minimizar el impacto desde un punto de vista policial, tal y como ha manifestado en las últimas horas el director de la Europol: “ataque sin precedentes” hasta ahora por el alcance que ha tenido, en localizaciones tan sensibles como la de los hospitales británicos afectados.

Es verdad todo lo expuesto anteriormente, pero hay que analizar algo muy importante en lo que he tenido siempre un foco gerencial: la gestión de riesgos digitales. Nuestro país es muy dado a acordarse de Santa Bárbara solo cuando truena. Lo he vivido durante muchos años como administrador público en el Sistema Sanitario Público de Andalucía y muchas veces hablar de la gerencia de riesgos era como clamar en el desierto. El riesgo digital es hoy día uno más, pero nada despreciable, porque en cuestión de segundos y si no hay una gestión estratégica corporativa de amplio espectro, se puede dar al traste con años de gestión adecuada, con una pérdida de datos verdaderamente calamitosa. Hablo de gestión del riesgo antecedente, corporativa, con dimensión estratégica y no de gestión del riesgo consecuente, un problema en el que cada unidad directiva o centro de gestión pública tiene que buscarse la vida como pueda.

Lo viví de forma muy preocupante en mi etapa como Director General de Política Digital en la Junta de Andalucía, casi como una obsesión. La gestión de riesgos digitales nunca puede ser una decisión en relación con la gestión de la demanda de los más preocupados o interesados en este problema, sino una oferta garantizada de carácter estratégico, corporativo y sin exclusión alguna. Hablar de centros de gestión de redundancia, gestión de la recuperación y, sobre todo, de la gestión del riesgo antecedente, en alta disponibilidad, en todos los frentes técnicos que existen, es una responsabilidad pública ineludible. La gestión del riesgo antecedente nunca es cara, es obligada, una inversión en definitiva y con retorno seguro. Lo caro es quedarse quieto ante estos actos recordatorios de lo que un día puede pasarnos, sin exclusión alguna, si no estamos preparados y en estado de alerta permanente ante ciberataques de amplio espectro como el que acabamos de sufrir en organizaciones muy conocidas del país.

Sabemos desde el comienzo de la revolución digital que las tecnologías son siempre de doble uso. Muchas veces lo he explicado en este blog, con ejemplos clarificadores y con reflexiones desde la perspectiva de administrador público en el ámbito general y digital. Estoy convencido que los ordenadores, el software y el hardware inventados por el cerebro humano, es decir, el conjunto de tecnologías informáticas que son el corazón de las máquinas que preocupan y mucho a Nicholas Carr, por ejemplo, de forma legítima y bien fundamentada, permiten hoy creer que llegará un día en este “siglo del cerebro”, no mucho más tarde, en que sabremos cómo funciona cada milésima de segundo, y descubriremos que somos más listos que los propios programas informáticos que usamos a diario en las máquinas que nos rodean, porque estoy convencido de que la inteligencia digital desarrolla sobre todo la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, sobre todo cuando seamos capaces de dar respuesta desde la gestión de riesgos digitales a la dialéctica infernal del doble uso de la informática, es decir, la utilización de los descubrimientos electrónicos para tiempos de guerra y no de paz, como en el caso de los drones o de la fabricación de los chips que paradójicamente se usan lo mismo para la consola PlayStation que para los misiles Tomahawk. Ese es el principal reto de la inteligencia.

El problema enunciado de lo que ha ocurrido con el ciberataque global del viernes pasado no es sólo de corte tecnológico, sino más bien humano, en el pleno sentido del término, siendo conveniente analizarlo en profundidad, porque no está tan lejos de nosotros, de nuestro país, de nuestra Administración, de nuestras casas, de nuestros perfiles digitales. En un contexto de efectos incalculables, quiero reforzar hoy más que nunca la teoría crítica digital de que las tecnologías y las comunicaciones tienen que planificarse y gestionarse de forma estratégica y con carácter prioritario en la Administración Pública, como garantía de un Estado de derecho y constitucional en relación con la relación que establecen los ciudadanos con cualquier Administración Pública, porque la condición humana, simbolizada en hackers, crackers y demás figuras antológicas, o en cualquier funcionario desencantado como en el caso de Wikileaks, puede entregar a intereses espurios, más o menos oscuros, la quintaesencia de las personas, su confidencialidad o la privacidad del Estado de derecho. Así de claro.

Pero ¿cómo ponemos puertas al campo digital? Desde hace muchos años, vengo defendiendo la necesidad de gestionar los riesgos digitales desde una vertiente muy profesionalizada en la Administración Pública. En 2000, en una presentación que llevé a cabo en las Jornadas de Informática Sanitaria de Andalucía, partía de un análisis que ya había lanzado al mundo Nicholas Negroponte y que hoy cobra especial actualidad: “La próxima década será testigo de un sinnúmero de casos de abusos de los derechos de propiedad intelectual y de invasión de nuestra intimidad. Habrá vandalismo digital, piratería del software y robo de información” (El mundo digital). Y allí planteé que se pueden adoptar dos decisiones estratégicas al respecto: la primera, la propugnada ya por Groucho Marx en Una noche en la ópera, cuando vende una póliza a un maletero del barco, que no cubre nada…, en una escena hilarante que siempre perdió fuerza ante la del camarote. Es decir, la cobertura del riesgo consecuente, como actitud tan castiza en España, a la que hacía alusión anteriormente: sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, doblando el papel de la póliza que cubre algún riesgo y olvidándonos de su gestión proactiva:

– O.B. DRIFTWOOD (Groucho Marx): Fíjese en ese guardabarros, está completamente abollado. Tendrá que pagarlo, amigo. ¿Qué número tiene usted?, ¡el 32, eh…! ¿Está asegurado? ¿Que si tiene seguro?
– C.: No señor
– O.B. DRIFTWOOD (G.M.): Es usted el hombre al que andaba buscando. Llevo aquí una póliza que le protegerá contra todo accidente imprevisto. Por ejemplo, pierde una pierna y nosotros le ayudamos a encontrarla y solo le costará… ¿Qué lleva usted ahí? ¡un dólar!, ¡suya es la póliza!

La segunda, la profesionalización de la planificación estratégica de la política y gestión de riesgos digitales, como dos escenarios que tienen que estar esencialmente diferenciados y que están obligatoriamente obligados a entenderse. La gestión de riesgos digitales es una función especializada dentro de la Administración Pública que tiene como objetivo gestionar globalmente la protección de los Sistemas y Tecnologías de la Información y Comunicación, en su relación con los ciudadanos y en aplicación estricta de los marcos legales actualmente establecidos. Además, los criterios clave de selección para el modelo organizativo a aplicar se pueden sintetizar en que todas las funciones se tienen que centralizar estratégicamente en el Estado (Esquema Nacional de Seguridad), agrupando responsabilidades orientadas a procesos, en la aplicación práctica descentralizada en cada Comunidad Autónoma, Diputación y Municipio, y con una gestión estratégica bajo el concepto de “Separación de Responsabilidades” (“Separation of Duties – quien administra/gestiona no opera”).

¿Estaremos ya viviendo la plenitud de una nueva ciencia de la inestabilidad, del riesgo, en el marco científico que ya expuso en su tiempo Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química en 1977? Es el saber de la persona instruida lo que la libera, mediante la gestión del conocimiento, lo que permite desdramatizar las planificaciones, programaciones, ejecuciones y evaluaciones de la organización llamada Administración o empresa, porque vivimos en un mundo contingente, caótico, inseguro, cambiante, complejo, inestable e incierto, es decir, en un universo de riesgo, tanto en azar como en necesidad. La inteligencia creadora es la que da forma al saber, es decir, damos un voto de confianza al ser humano frente a los factores y medios de producción tradicionales. El capital y la producción, no son la quintaesencia de las organizaciones. Queda una gran tarea en la Administración Pública, que pasa indefectiblemente por crear una nueva cultura directiva y organizativa ante el riesgo de azar y de no-azar, de la protección de datos de carácter personal, o quizá también reinventando la propia Gerencia de Riesgos, a través de un nuevo paradigma científico, estando muy atentos al discurso mundial que se abre en la actual incertidumbre y ante la necesidad de no estar ajenos a la realidad del año actual y venideros. Los seres humanos seguimos siendo los propios gestores de nuestro futuro, con la ayuda de las nuevas tecnologías: el saber, hoy, sigue siendo el único recurso significativo (Drucker).

El esperpento de la inteligencia americana, que tanto sabe de riesgos digitales, por lo que ocurrió en Wikileaks en 2010 como ejemplo vergonzante, que solo se puede entender en la clave anteriormente expuesta, es una lección histórica para aprender de errores. Y para no volver a cometerlos en lugares más cercanos de lo que muchas veces creemos. A Groucho, solo deberíamos recordarlo por su excepcional sentido del humor inteligente. No por su sentido práctico y muy extendido, más lo que parece, de cobertura del riesgo antecedente y consecuente mediante acciones que no sirven para nada. Como su famosa póliza de un dólar. Gestionando el riesgo digital, sobre todo, por medio de políticas públicas digitales que gestionen directivos y empleados públicos forjados en ética pública digital, no solo transfiriendo esta responsabilidad de Estado a programas informáticos muy sofisticados y máquinas complejas. Otra vez más, no confundiendo, como todo necio, valor y precio.

Sevilla, 14/V/2017