La Liga Santander, donde la cuestión es ser y ser percibido

LIGA SANTANDER 2019

Sevilla, 16/VIII/2019

Siempre que comienza la Liga me acuerdo de Jorge Luis Borges, porque nombrarle el fútbol era sacarle inmediatamente de sus casillas: “La idea que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible”. No llego a ese extremo de juicio, pero tengo que reconocer que el fútbol no me apasiona, aunque me asombra el seguimiento que tiene por millones de personas y el dinero que mueve, con frases de asombro vinculadas casi siempre a las cifras astronómicas derivadas de la compraventa de jugadores en los mejores mercados del mundo. Asistimos estupefactos al baile de miles de millones de euros o dólares, pero la nave felliniana, alocada, sigue surcando los mares procelosos del poderoso caballero don dinero.

CRONICAS HONORIO BUSTOS DOMECQ

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares escribieron en 1967 un cuento con un título críptico, Esse est percipi (Ser es ser percibido, en Crónicas de Honorio Bustos Domecq), pero evidente en nuestros tiempos modernos y digitales, por supuesto. He vuelto a leer un fragmento del mismo, ahora que comienza la Liga, Santander, ¡ojo al apellido!…, hoy concretamente, en la que siento que no verla mediante mi presencia real o virtual me sitúa fuera del mundo, porque solo cuento como espectador ignorante. Ya lo decía Hans Magnus Enzesberger, cuando hablaba de la ciudadanía “ignorante y molesta”, al referirse a las personas alejadas de las tecnologías de la información y comunicación, que no es mi caso, aunque a partir de hoy entro -a juicio de muchas personas- en el colectivo de ovejas descarriadas de lo que está pasando y están viendo a través del fútbol: ¡lo que me estoy perdiendo!:

[…] -Señor, ¿quién inventó las cosas? -atiné a preguntar.

-Nadie lo sabe. Tanto valdría pesquisar a quién se le ocurrieron primero las inauguraciones de escuelas y las visitas fastuosas de testas coronadas. Son cosas que no existen fuera de los estudios de grabación y de las redacciones. Convénzase, Domecq, la publicidad masiva es la contramarca de los tiempos modernos.

– ¿Y la conquista del espacio? -gemí.

-Es un programa foráneo, una coproducción yanqui-soviética. Un laudable adelanto, no lo neguemos, del espectáculo cientificista.

– Presidente, usted me mete miedo -mascullé, sin respetar la vía jerárquica-. ¿Entonces en el mundo no pasa nada?

– Muy poco -contestó con su flema inglesa-. Lo que yo no capto es su miedo. El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone.

– ¿Y si se rompe la ilusión? -dije con un hilo de voz.

-Qué se va a romper -me tranquilizó. Por si acaso, seré una tumba -le prometí-. Lo juro por mi adhesión personal, por mi lealtad al equipo, por usted, por Limardo, por Renovales.

-Diga lo que se le dé la gana, nadie le va a creer. […]

A los que no nos gusta el fútbol nos amenaza la soledad humana y digital durante la temporada futbolística. Por ejemplo, tengo que estar atento durante la semana, a partir de hoy mismo, a qué partido se juega en Sevilla capital para poder moverme de forma lógica por los alrededores de los estadios de fútbol, porque el furor de equipo me sobrecoge durante horas en todas y cada una de sus manifestaciones. También, a la programación del fútbol en las televisiones públicas y privadas, porque las parrillas están al servicio del deporte denominado “rey”. El problema es que necesitamos recuperar el sentido exacto del título del cuento de Borges y Bioy Casares: necesitamos ser percibidos en casa, en el trabajo, en la calle, más allá del fútbol. Necesitamos ser percibidos para ser alguien o alguno, que tanto da.

En la Liga que acecha en pocas horas, porque si no la veo no seré nadie (a pesar de los esfuerzos de Movistar, Orange y Mediaset), tomo conciencia de las palabras de Borges-Bioy: “El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone”. Porque, agrega: “No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”.

Es verdad, con una diferencia: ser persona humana o digital es ser percibido (en el Mundo o en Internet) y tomar conciencia de ello ¡Qué dilema ante la Liga Santander que acecha desesperadamente, con la División Acorazada Mediática “Guzmán el Bueno”!, que avanza inexorablemente, sin rubor alguno.

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

El azul del sueño, de los pájaros, de los cuentos, del amor, del cielo…

Sevilla, 15/VIII/2019

He visitado recientemente la exposición de Caixaforum, en Sevilla, que lleva por título Azul: el color del Modernismo, con una presencia real de la obra de Rubén Darío que “desde tierras americanas, se inspiraba en la poesía francesa para escribir, en 1888, el libro Azul…, de influencia decisiva en los modernistas. En esta obra describe el azul como “el color del sueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y del firmamento” (1). Se exponen 72 obras procedentes del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) y de los Museos de Arte e Historia de Ginebra (Suiza), el Thyssen de Madrid, el Palacio Real de El Pardo o de las colecciones de BBVA, Banco Sabadell o la propia Caixa con su fondo de Anglada Camarasa.

La exposición es muy interesante por su hilo conductor, que se presenta en sus propias palabras: “El color azul define el carácter espiritual y estético del arte de entre siglos, representa un vínculo poético entre los fenómenos de la naturaleza y los estados anímicos. Las obras modernistas se llenan de paisajes crepusculares, de cielos a medianoche, de parajes montañosos, de playas y de mares, pero también de escenas cotidianas y de retratos que emplean una gran variedad de azules para manifestar el misterio o el subconsciente”.

EL CUENTO AZUL

Lo he comprendido bien en el detalle de una obra que me ha llamado poderosamente la atención: El cuento azul, de Josep María Tamburini i Dalmau, una obra que se conserva por Patrimonio Nacional en el Palacio Real de El Pardo en Madrid y que obtuvo en la exposición de Barcelona de 1898 el Premio extraordinario de la Reina Regente. He recogido tres fragmentos del cuadro y paso tiempo indefinido contemplando los rostros de los tres personajes de la obra. Precioso relato pictórico para dejar volar los pájaros azules que tenemos a veces en la cabeza. En síntesis, cómo se transmite un cuento, cómo se percibe y cómo se interpreta con sentimientos y emociones. La expresión de la niña es bellísima, inquietante y evocadora.

EL CUENTO AZUL1

Pero donde he creído entrever el poder del color azul en la mente humana ha sido en la nueva lectura del cuento El pájaro azul, de Rubén Darío, que reproduzco a continuación, para dejar volar la mente y comprender bien la santa locura del amor azul, que también existe y que permeabiliza la exposición. Es una interesante lectura para el ferragosto español.

EL PÁJARO AZUL, Rubén Darío

París es teatro divertido y terrible. Entre los concursantes al café Plombier, buenos y decididos muchachos -pintores, escultores, escritores, poetas; sí, ¡todos buscando el viejo laurel verde!-, ninguno más querido que aquel pobre Garcín, triste casi siempre, buen bebedor de ajenjo, soñador que nunca se emborrachaba, y, como bohemio intachable, bravo improvisador.

En el cuartucho destartalado de nuestras alegres reuniones, guardaba el yeso de las paredes, entre los esbozos y rasgos de futuros Clays, versos, estrofas enteras escritas en la letra echada y gruesa de nuestro amado pájaro azul.

El pájaro azul era el pobre Garcín. ¿No sabéis por qué se llamaba así? Nosotros le bautizamos con ese nombre.

Ello no fue un simple capricho. Aquel excelente muchacho tenía el vino triste. Cuando le preguntábamos por qué cuando todos reíamos como insensatos o como chicuelos, él arrugaba el ceño y miraba fijamente el cielo raso, nos respondía sonriendo con cierta amargura.

-Camaradas: habéis de saber que tengo un pájaro azul en el cerebro, por consiguiente…

Sucedía también que gustaba de ir a las campiñas nuevas, al entrar la primavera. El aire del bosque hacía bien a sus pulmones, según nos decía el poeta.

De sus excursiones solía traer ramos de violetas y gruesos cuadernillos de madrigales, escritos al ruido de las hojas y bajo el ancho cielo sin nubes. Las violetas eran para Nini, su vecina, una muchacha fresca y rosada que tenía los ojos muy azules.

Los versos eran para nosotros. Nosotros los leíamos y los aplaudíamos. Todos teníamos una alabanza para Garcín. Era un ingenuo que debía brillar. El tiempo vendría. Oh, el pájaro azul volaría muy alto. ¡Bravo!, ¡bien! ¡Eh, mozo, más ajenjo!

Principios de Garcín:

De las flores, las lindas campánulas.

Entre las piedras preciosas, el zafiro.

De las inmensidades, el cielo y el amor: es decir,

las pupilas de Nini.

Y repetía el poeta: “Creo que siempre es preferible la neurosis a la imbecilidad”.

***

A veces Garcín estaba más triste que de costumbre.

Andaba por los bulevares; veía pasar indiferente los lujosos carruajes, los elegantes, las hermosas mujeres. Frente al escaparate de un joyero sonreía; pero cuando pasaba cerca de un almacén de libros, se llegaba a las vidrieras, husmeaba, y al ver las lujosas ediciones, se declaraba decididamente envidioso, arrugaba la frente, para desahogarse volvía el rostro hacia el cielo y suspiraba. Corría al café en busca de nosotros, conmovido, exaltado, casi llorando, pedía un vaso de ajenjo y nos decía:

-Sí, dentro de la jaula de mi cerebro está preso un pájaro azul que quiere su libertad…

***

Hubo algunos que llegaron a creer en un descalabro de razón.

Un alienista a quien se le dio noticias de lo que pasaba, calificó el caso como una monomanía especial. Sus estudios patológicos no dejaban lugar a duda.

Decididamente, el desgraciado Garcín estaba loco.

Un día recibió de su padre, un viejo provinciano de Normandía, comerciante en trapos, una carta que decía lo siguiente, poco más o menos:

“Sé tus locuras en París. Mientras permanezcas de ese modo, no tendrás de mí un solo sou. Ven a llevar los libros de mi almacén, y cuando hayas quemado, gandul, tus manuscritos de tonterías, tendrás mi dinero.”

Esta carta se leyó en el Café Plombier.

-¿Y te irás?

-¿No te irás?

-¿Aceptas?

-¿Desdeñas?

¡Bravo Garcín! Rompió la carta y soltando el trapo a la vena, improvisó unas cuantas estrofas, que acababan, si mal no recuerdo:

¡Sí, seré siempre un gandul,
lo cual aplaudo y celebro,
mientras sea mi cerebro
jaula del pájaro azul!

Desde entonces Garcín cambió de carácter. Se volvió charlador, se dio un baño de alegría, compró levita nueva, y comenzó un poema en tercetos titulados, pues es claro: El pájaro azul.

Cada noche se leía en nuestra tertulia algo nuevo de la obra. Aquello era excelente, sublime, disparatado.

Allí había un cielo muy hermoso, una campiña muy fresca, países brotados como por la magia del pincel de Corot, rostros de niños asomados entre flores; los ojos de Nini húmedos y grandes; y por añadidura, el buen Dios que envía volando, volando, sobre todo aquello, un pájaro azul que sin saber cómo ni cuándo anida dentro del cerebro del poeta, en donde queda aprisionado. Cuando el pájaro canta, se hacen versos alegres y rosados. Cuando el pájaro quiere volar abre las alas y se da contra las paredes del cráneo, se alzan los ojos al cielo, se arruga la frente y se bebe ajenjo con poca agua, fumando además, por remate, un cigarrillo de papel.

He ahí el poema.

Una noche llegó Garcín riendo mucho y, sin embargo, muy triste.

***

La bella vecina había sido conducida al cementerio.

-¡Una noticia! ¡una noticia! Canto último de mi poema. Nini ha muerto. Viene la primavera y Nini se va. Ahorro de violetas para la campiña. Ahora falta el epílogo del poema. Los editores no se dignan siquiera leer mis versos, vosotros muy pronto tendréis que dispersaros. Ley del tiempo. El epílogo debe titularse así: “De cómo el pájaro azul alza el vuelo al cielo azul”.

***

¡Plena primavera! Los árboles florecidos, las nubes rosadas en el alba y pálidas por la tarde; ¡el aire suave que mueve las hojas y hace aletear las cintas de los sombreros de paja con especial ruido! Garcín no ha ido al campo.

Hele ahí, viene con traje nuevo, a nuestro amado Café Plombier, pálido, con una sonrisa triste.

-Amigos míos, ¡un abrazo! Abrazadme todos, así, fuerte; decidme adios, con todo el corazón, con toda el alma… El pájaro azul vuela.

Y el pobre Garcín lloró, nos estrechó, nos apretó las manos con todas sus fuerzas y se fue.

Todos dijimos: Garcín, el hijo pródigo, busca a su padre, el viejo normando. Musas, adios, adiós, Gracias. ¡Nuestro poeta se decide a medir trapos! ¡Eh! ¡Una copa por Garcín!

***

Pálidos, asustados, entristecidos, al día siguiente, todos los parroquianos del Café Plombier que metíamos tanta bulla en aquel cuartucho destartalado nos hallábamos en la habitación de Garcín. Él estaba en su lecho, sobre las sábanas ensangrentadas, con el cráneo roto de un balazo. Sobre la almohada había fragmentos de masa cerebral. ¡Qué horrible!

Cuando, repuestos de la primera impresión, pudimos llorar ante el cadáver de nuestro amigo, encontramos que tenía consigo el famoso poema. En la última página había escritas estas palabras: Hoy, en plena primavera, dejó abierta la puerta de la jaula al pobre pájaro azul.

¡Ay, Garcín, cuántos llevan en el cerebro tu misma enfermedad!

***

Salí de la exposición con el firme compromiso de escribir sobre esta experiencia de los sentidos, pensando en los tres personajes del cuento azul de Tamburini y en el pájaro azul de Rubén Darío, para comprender mejor el Modernismo en su azul complejo, tan actual, tan vivo. El azul del sueño, de los pájaros, de los océanos, del amor, del cielo.

Como en el final de los mejores relatos, así lo he vivido y así lo cuento.

 
(1) https://caixaforum.es/es/sevilla/fichaexposicion?entryId=876368

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

De Palma del Río (Córdoba) y Macharaviaya (Málaga) a Silicon Valley (California)

DESCUBRIDORES DE CALIFORNIA

Sevilla, 13/VIII/2019

No sé si en los anales históricos se ha hablado alguna vez de unos acontecimientos históricos que les voy a contar, como testigos de primer orden del mundo digital en el que estamos instalados, para hacer justicia con unos sucesos que personalmente desconocía en mi formación digital y que deben ser reconocidos como relevantes en la historia de España. Se trata, en primer lugar, de un personaje nacido en Macharaviaya (Málaga), D. José de Gálvez y Gallardo, cuya biografía de detalla en el portal web del Ayuntamiento de esta pequeña localidad de la Axarquía y que recojo en sus palabras exactas: “Don José de Gálvez (1729-1787) fue un afamado abogado que, de alcalde de Casa y Corte, pasó a ser Visitador General de la Nueva España y Ministro del Consejo de Indias. Su actividad honda y reformista se desarrolla en dos escenarios: en México como Visitador y en España como Ministro de Estado del Despacho Universal. A la Nueva España fue con amplias facultades, con objetivos muy concretos, especialmente tocante a la real hacienda. Saneó las arcas públicas, combatió el fraude y el contrabando, corrigió los fallos de las aduanas de Veracruz y Acapulco, estancó el tabaco, e impuso nuevos impuestos aumentando notablemente las rentas reales. Otro aspecto de su misión se centró en el ejército y las defensas. Organizó a la tropa y promovió la creación en el norte de presidios y la nueva demarcación de la Comandancia General de las Provincias Internas”.

Una de las misiones más importantes que desarrolló fue “el Plan para la erección del gobierno y Comandancia General que comprende la península de California y provincias de Sinaloa, Sonora y Nueva Vizcaya (1768), cuya principal medida (la comandancia general) fue puesta en marcha tras su elección como Ministro de Indias. El resultado más trascendental de esta expedición de Gálvez fue la organización de la Santa Expedición, enviada a San Diego y a Monterrey para frenar los avances rusos en el Pacífico Norte. Organizada con dos barcos, al mando de los capitanes Juan Pérez y Miguel del Pino, y de dos partidas terrestres, bajo el mando del gobernador Gaspar de Portolá y Junípero Serra, los expedicionarios llegaron a San Diego en 1769, e iniciaron la colonización de la Alta California. Los preparativos de la jornada marítima se realizaron en el puerto de San Blas de Nayarit, fundado por José de Gálvez en el transcurso de su visita al Noroeste” (1).

A él se debe la consolidación del descubrimiento de California, aunque ya se conocía los antecedentes de estas acciones, dos siglos antes, a través del marino y explorador Juan Rodríguez Cabrillo (¿1498-1500?, andaluz también nacido en la Villa de Palma, hoy ciudad de Palma del Río, Reino de Córdoba en la antigua Castilla, fallecido frente a la costa del sur de California el 3 de enero de 1543. Realizó una de las primeras expediciones europeas de la costa oeste de América del Norte al servicio de la Corona Española, navegando cerca de la costa del actual estado de California: “El 28 de septiembre de 1542, Cabrillo encuentra un “puerto muy bueno y seguro”: acaba de descubrir la Bahía de San Diego, a la que nombra San Miguel en honor al santo del día. Seis días después continúa su viaje de exploración en aguas desconocidas para los europeos. El 6 de octubre está en San Pedro (Puerto de Los Ángeles) y el 9 en Santa Mónica; ambas poblaciones forman hoy día parte de la Ciudad metropolitana de Los Ángeles”.

Estas expediciones son bastante desconocidas en la historia de nuestro país y en el ámbito de la llamada conquista de América, con sus claroscuros históricos. Me ha sorprendido conocer esta realidad con detalle y he pensado inmediatamente en el recorrido que estas acciones españolas han supuesto en el desarrollado y floreciente mundo digital. Es justo reconocer hoy que la acción descubridora llevada adelante por dos andaluces, Juan Rodríguez Cabrillo y José de Gálvez y Gallardo, en dos periodos diferentes del descubrimiento de California, han permitido que podamos compartir hoy los grandes avances científicos en sistemas y tecnologías de la información y comunicación, que tanto aportan al bienestar humano. Silicon Valley es una muestra de ello. Las consultas que se están efectuando hoy a través de Google, empresa situada en Mountain View, Wikipedia en San Francisco o mediante la utilización de la tecnología de Apple, radicada en Cupertino, todas con sede central en California, atestiguan este reconocimiento histórico hacia dos andaluces que merecen ser recordados a través de la memoria histórica en sus viajes descubridores hacia un lugar de transcendental importancia para el mundo digital actual.

(1) Texto extraído de la fuente siguiente: http://mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=galvez-y-gallardo-jose-de

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Las personas deben ser el eje de la investidura para la presidencia del Gobierno de España

MARIA ZAMBRANO

Sevilla, 11/VIII/2019

Estamos viviendo la cuenta atrás para la próxima sesión de investidura para la presidencia del Gobierno de España, según lo previsto en el artículo 99 de la Constitución española, estando en este momento situados en el apartado 4 del citado artículo: “Si efectuadas las citadas votaciones no se otorgase la confianza para la investidura, se tramitarán sucesivas propuestas en la forma  prevista en los apartados anteriores”, es decir, “[1…] el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno. 2. El candidato propuesto conforme a lo previsto en el apartado anterior expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara. 3. Si el Congreso de los Diputados, por el voto de la mayoría absoluta de sus miembros, otorgare su confianza a dicho candidato, el Rey le nombrará Presidente. De no alcanzarse dicha mayoría, se someterá la misma propuesta a nueva votación cuarenta y ocho horas después de la anterior, y la confianza se entenderá otorgada si obtuviere la mayoría simple”.

Ahora, cuando escribo estas líneas, estamos en el día 21 del plazo de dos meses que figura en el artículo 99. 5: “Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso”. Quedan exactamente 39 días para resolver esta cuestión de Estado y la preocupación ciudadana crece por momentos, porque hay un sentir popular al que se debería prestar especial atención por los actuales representantes políticos: no se deben repetir las elecciones generales.

He escrito recientemente dos artículos en relación con la situación transitoria actual de base constitucional, Obligatoriamente obligados a entenderse y El acuerdo programático de izquierda para un próximo Gobierno en España: ¡es el interés general! Hoy, escribo el tercero, bajo la responsabilidad ciudadana que me otorga la Constitución al haber emitido un voto con la idea de que haya Gobierno inmediatamente y de acuerdo con los plazos legales previstos en la Constitución. Con ardiente im-paciencia [sic], separándome de Neruda solo por unas horas, en las que se puede perder la paciencia ética de la espera y esperanza política. Lo he recordado hoy cuando pronunció una frase gloriosa al finalizar su discurso en el acto de entrega del Premio Nobel: “En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres”. Hoy, no disfruto de ella en su expresión paciente, sino modulada por el prefijo negativo “im”, con el significado que a través de los siglos conocemos: intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar. Reconozco que estoy instalado en ella, en la impaciencia ardiente.

Para armar las ideas a transmitir en esta ocasión, he acudido a un texto precioso de María Zambrano, una andaluza excepcional natural de Vélez-Málaga, de lectura imprescindible, en un libro escrito en 1958 fuera de España por su ideología republicana, Persona y Democracia (1), donde analiza la responsabilidad de cada persona en democracia, que me ha parecido de una actualidad rabiosa.

La primera cuestión es recordar a los politólogos y políticos en general, obligatoriamente obligados a entenderse y que participan en dimes y diretes de la próxima investidura, que la democracia es la sociedad española en la actualidad “en la cual no solo es permitido, sino exigido, ser persona”, tal y como lo define María Zambrano en el libro citado (p. 183). No se debería olvidar esta cuestión porque no hablamos de la definición clásica de “gobierno del pueblo”, porque ser persona, es pertenecer a un pueblo concreto, trascendiéndolo. Cuando se habla de empleo, sanidad, dependencia y educación, deberían pensar los artífices de los posibles pactos de investidura o los acuerdos programáticos que procedan, que para ser personas en este país democrático hay que tener empleo, servicios de salud personalizados, servicios sociales que atiendan los procesos de dependencia humana y acceso universal, obligatorio y gratuito a la reina de la democracia, la educación universal y estructurada desde la etapa infantil hasta la universitaria.

María Zambrano lo explica de forma muy clara y contundente: “Y si alguna vez, realmente, desaparecieran las clases sociales, solo podría suceder en virtud de que se hubiese llegado a vivir desde el ser persona del todo, de que esa realidad de la persona hubiese invadido, por decirlo así, toda el área de la realidad humana. De no ser así, las clases [sociales] nacerán y renacerán, una y otra vez. Más, en cambio, si el ser persona es lo que verdaderamente cuenta, no sería tan nefasto el que hubiese diferentes clases, pues por encima de su diversidad, y aún en ella, sería visible la unidad del ser persona, del vivir personalmente. Se trata, pues, de que la sociedad sea adecuada a la persona humana: su espacio adecuado y no su lugar de tortura” (p. 187).

La sociedad española tiene un futuro en manos de los representantes políticos actuales, en la dialéctica expresada: si los ciudadanos y ciudadanas del país se tienen en cuenta como personas en un acuerdo programático de Gobierno seguro, como los puertos, España será un espacio adecuado de empleo, sanidad pública, educación universal y gratuita, y atención cuidada a la dependencia en todas y cada una de sus manifestaciones. Y millones de personas de este país deberían dejar de sufrir los problemas de paro y sociales de todo tipo que inundan las estadísticas españolas del dolor humano.

Solo nos quedan 39 días para vivirlo o no. Lo he aprendido de María Zambrano, cuando justifica por qué escribió ese precioso libro: que se dé nuevamente en este pequeño planeta, en este país, “un triunfo glorioso de la Vida” por el solo hecho de ser personas.

 

(1) Zambrano, María. Persona y democracia, 2019. Madrid: Alianza Editorial.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

 

 

 

El acuerdo programático de izquierda para un próximo Gobierno en España: ¡es el interés general!

Sevilla, 1/VIII/2019

En estos días tan aciagos, en los que vamos del timbo al tambo político (como decía García Márquez sobre algunos días de su existencia), he recordado una frase que se repetía de forma machacona en la campaña presidencial de Clinton, de 1992, para que se instalara en los cerebros de la ciudadanía americana y, por extensión, mundial, hasta nuestros días: “¡es la economía, estúpido!” (the economy, stupid), ¡esa es la solución! Nada más. Y a estas alturas de la situación política del país, decepcionado mayoritariamente por lo ocurrido en la sesión de investidura del pasado 25 de julio, de cuya fecha no quiero acordarme, estamos ya en el filo cortante de la navaja, de la existencia, sin saber si hay camino hacia alguna parte, desconcertados a todos los niveles que alcanza el entendimiento político. Lo que debería resonar ahora en nuestros oídos, mucho más fuerte que el viento, es esta idea cargada de sentimiento y pensamiento: el acuerdo programático de izquierda para un próximo Gobierno en España, ¡es el interés general! Por este motivo, no quiero callarme en estos tiempos difíciles, de tanta desazón, como los lugareños de las últimas escenas de una película extraordinaria, La lengua de las mariposas, presa del terror de la indecencia, con silencio cómplice, ante la cordada de personas dignas, que piensan de forma diferente, que creen por encima de todo en el interés público, general, que preconiza siempre la Constitución que nos une.

Personalmente, con la sombra de aquella enigmática frase de Lenin, ¿qué hacer?, en la que crecí en tiempos de una España difícil, creo que cada persona puede en su pequeña persona de secreto, sola o acompañada, trabajar por otro país mejor a través de un Gobierno imprescindible, porque es posible, sin esperar que el telediario, las noticias a través de diferentes medios, o las opiniones de barra de café, vengan a solucionar los problemas acuciantes que atraviesan España, Andalucía, las familias andaluzas. Pero ¿qué hacer? He leído la carta que Pedro Sánchez Pérez-Castejón, en su calidad de Secretario General del Partido Socialista Obrero Español, envió ayer a los militantes de su Partido, donde habla de los seis ejes de actuación que presentó en su discurso de investidura el martes pasado: empleo de calidad, transformación digital de la economía, transición ecológica, feminismo, justicia social y voluntad de cohesionar España dentro de una Europa unida. Para empezar creo que hay un planteamiento serio sobre la mesa para aunar esfuerzos y voluntades en el denominado Acuerdo Programático de Gobierno que permita obtener los votos necesarios para que se constituya el Gobierno más adecuado de izquierda. Las carteras ministeriales serán siempre un asunto posterior.

Lo han dicho en todos los medios de comunicación social del país: el Gobierno no se irá de vacaciones porque España tiene en estos momentos un problema muy serio, dado que hay que formar un Gobierno antes del 23 de septiembre, no a cualquier precio, con objeto de que no se vuelvan a convocar elecciones generales. Ocupo desde hace muchos años un sitio en la amura de babor de “La Isla Desconocida”, el barco imaginario de José Saramago para los que amamos los cuentos de las islas desconocidas, saliendo de nosotros mismos para estar siempre con los demás, defendiendo la vida digna de todos y, sobre todo, la de los que menos tienen. Escribo porque me queda la palabra en un momento transcendental para este país para conformar un Gobierno de progreso y porque creo que a través de ella, la palabra, podemos crear un Partido de Personas Dignas, virtual en este momento, pero que podría llegar a ser algo más, con un objetivo también muy claro: acabar con silencios cómplices que se visibilizan de forma dramática con la abstención de votos de determinada izquierda desunida en el Congreso de los Diputados, que impidió la investidura de Pedro Sánchez, el candidato designado por el Rey para formar un Gobierno a la mayor brevedad posible. Si nos lo proponemos con la dignidad de cada una, de cada uno, que tanto amo, venceremos. Dignidad de la izquierda, por encima de todo.

Las elecciones generales del pasado 28 de abril ya han pasado y necesitamos gritar a los cuatro vientos que hasta aquí hemos llegado en este país, que la izquierda tiene que organizarse urgentemente, olvidar rencillas y disputas cortesanas, y dedicarse a formar una alternativa de progreso y cambio que devuelva a través del Gobierno y del Congreso el sentido de la vida y de la dignidad humana a todo el país y sobre todo a millones de personas que malviven por el paro, por el dolor de la pobreza y que a pesar de todo piensan que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar. Los agoreros mayores del reino piensan que fuera de la derecha no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad.

Ha llegado el momento de actuar. Con independencia de lo que puedan hacer definitivamente los partidos de izquierda o de abajo, los de toda la vida al final, con el Acuerdo Programático de Gobierno para la nueva Legislatura, deberíamos aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, desde las bases ciudadanas de la izquierda popular, para luchar por un futuro digno, propio y ajeno, como aprendimos de la voz de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique y que no me avergüenza citarla todavía hoy. Deberíamos celebrar encuentros en la calle, tomarla en el sentido más democrático del término, inundar las redes de mensajes solidarios de la izquierda digna, publicar artículos en blogs y mensajes cortos en redes sociales, plantear debates en el tejido asociativo en el que estemos insertos, estar presentes en todos los medios de comunicación y celebrar actos en la Universidad Pública y en la Universidad de las Aceras y de las Calles que tanto amaba la urbanista Jane Jacobs, entre otras muchas actividades, para demostrar y demostrarnos que todavía hay una solución a la gobernabilidad de este país sin tener que esperar pacientemente y en silencio cómplice al mes de septiembre desde las zonas de confort. Hay que romper definitivamente con el mantra de la crónica de una falta de entendimiento crónico de la izquierda. Es imprescindible la movilidad popular y las redes sociales son esenciales para organizarnos y encontrarnos en lugares abiertos, en la Noosfera (la piel pensante que envuelve el mundo), para demostrar que otro país es posible.

¿Qué hacer? Creer en el interés público, el general, en el que tanto insiste la Constitución actual, por encima del personal o el de partido con siglas concretas: es la única solución, aunque haya que cambiar cuestiones vitales en el desarrollo actual de la misma, porque si nos podemos salvar todos, siempre será mejor que uno solo, o unos pocos, sobre todo aquellos que mueven los hilos de la marioneta mundial de la economía de mercado, a través del rating, de las primas de riesgo, de los bancos malos de remate, etcétera, etcétera. Solidaridad frente a codicia. Interés público, general, para salvar la situación del empleo, de la educación, salud y servicios sociales para todos los que lo necesiten, no solo para los que puedan acceder a ellos con privilegios o porque puedan pagarlos. En definitiva, frente a los mercados implacables, simbolizado en aquellas palabras de la campaña de Clinton y sus adláteres actuales, hay que gritar muy fuerte: “Es el diálogo, el interés público”. Sin más. Y sin insultar como lo hicieron ellos, como lo hacen todavía en el momento actual, creyendo que la malla mundial de personas que habitan el planeta Tierra o, por extensión, España, es tonta. O estúpida, como creían en 1992 y creen muchos todavía hoy.

En estos tiempos tan modernos, rescato a Chaplin y vuelvo siempre a mi rincón de pensar y de escuchar la banda sonora de mi vida, con una fuerte carga ideológica porque la música tampoco es inocente al igual que las ideologías, según Lukács. Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para este país. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasen las personas libres para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra. Para quien la quiere seguir escuchando y practicando a pesar de todo.

 

 CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Soñar es crear despiertos

EL SUENO

Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.

Antoine de Saint Exupéry, Terre des Hommes, 1939

Sevilla, 31/VII/2019

El neurocientífico Mariano Sigman decía recientemente que mientras dormimos “[…] el cerebro ni se apaga ni trabaja a media máquina. Al contrario, funciona a pleno consumiendo tanta energía como durante la vigilia. Y muchas historias sugieren que el sueño es de hecho una usina creativa”. La palabra usina se utiliza en Argentina con un sentido más acotado que en España, que interpretamos como fábrica, aunque conviene leer con precisión su significado según nos enseña el diccionario de la Real Academia Española, que tiene un sentido más profundo relacionado con el cerebro y derivado de la palabra francesa “usine”: “Instalación industrial importante, en especial la destinada a producción de gas, energía eléctrica, agua potable, etc.”. Es un término utilizado frecuentemente en Latinoamérica, sobre todo en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Perú.

Es verdad. El cerebro no “duerme” sino que se organiza de nuevo durante el sueño, dejando fluir escenas preciosas o tristes para nuestra vida, mientras que los millones de neuronas trabajan de forma armónica para reagruparse por estructuras mientras dormimos: amígdalas, hipocampo, córtex y el resto de las estructuras cerebrales preparan el cerebro para su “encendido” general al despertarnos. Los resultados cada mañana son mágicos e impredecibles.

La magia de soñar despiertos o dormidos, es una realidad cerebral que no está en el mercado ni podemos comprar en Amazon en oferta prime. La tiene de fábrica (nunca mejor dicho) cada ser humano, aunque el desarrollo de las diferentes estructuras cerebrales no es inocente y la preparación para el sueño confortable o no, a lo largo de la vida, es cooperante necesario para cada persona. Es una singularidad humana por excelencia y la dificultad estriba en saber contar o narrar el sueño de cada uno, de cada una. Me parece una cualidad humana fascinante.

Hace unos años pudimos ver una campaña en televisión de Lotería y Apuestas del Estado (Sociedad Mercantil Estatal adscrita al Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas de España), pagada con dinero público y que curiosamente intentaba convencernos de una realidad tergiversada por la crisis de valores que atraviesa la sociedad actual. La campaña tenía una idea fuerza que machaconamente se repetía en cada spot: no tenemos sueños baratos. Nos transmitía un mensaje directo, no subliminal, porque comprando La Primitiva se pueden cumplir los sueños caros, en una descarada declaración de principios y de valores sobre la que ya nos alertaba Machado al recordarnos algo proverbial: todo necio confunde valor y precio.

¿Soñar creando es caro? No, todo es ponerse en determinados momentos de la vida consciente (el sueño inconsciente es harina de otro costal humano, sin acudir necesariamente a las interpretaciones de Freud), cuando nos hacemos con las riendas de nuestros valores y los echamos a volar despiertos. En este sentido vuelvo a mi museo de sueños queridos viendo la fotografía que encabeza estas palabras, realizada por Man Ray, en 1937, a la que tituló Sueño, en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry (esposa-rosa del autor de El principito, tan de actualidad siempre) y Germaine Huguet. Pertenece a esa colección de imágenes que cada uno lleva en su cerebro de secreto, que no necesitan comentarios especiales, porque siempre se asocian a experiencias personales e intransferibles, aunque observándola con detalle sobrecoge la posición de los párpados de ambas mujeres, los labios entreabiertos de Germaine como queriendo decir algo bello, que sugieren un sueño reparador en un momento preciso en la vida de cada una.

Saco una bella lección. En estos momentos de contexto complejo para todos, sin excepción, hay que mirar la excelente fotografía de Ray con atención preferente y aprender a cerrar los ojos ante aquello que no nos proporciona bienestar alguno, buscar un rincón de paz en la vida particular de cada uno y soñar de forma consciente, como lo hacen estas mujeres, sin esperar al sueño de la noche, que casi siempre se queda en el olvido. O al sueño caro al que nos invitaba el spot citado y de forma no inocente.

Me acuerdo…, emulando a Joe Brainard, de que en 2015 leí un artículo en una revista de la Fundación Vicente Ferrer, sobre las fábricas de sueños en India, formando parte de su cultura desde hace más de cien años a través de la industria del cine. La pregunta del millón de dólares es obvia: ¿por qué se denominan así y perviven todavía hoy de esta forma?: “Al público indio le apasionan las películas espectaculares y fantásticas: películas que tienen poco en común con el día a día de la mayoría de la población. Lo cuenta Álvaro Enterría en el libro “La india por dentro”: “Una vez un amigo mío me dijo que no le gustaba el cine occidental: para ver un mundo realista ya tenía el mundo normal. El cine indio fabrica sueños”.

Una última reflexión, de economía circular y de bajo coste, por cierto: es conveniente soñar junto a la persona que queremos, porque la felicidad es mayor, al trenzarse el amor como una cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Y en este tiempo de campaña de lotería que anima a soñar en cosas caras, a tener y no a ser, quiero probar de nuevo las sensaciones que me proporciona contemplar una y otra vez esta bella fotografía. Es lo que tiene no confundir, como todo necio, el valor y precio de este tipo de sueños que, digan lo que digan los demás, no es caro.

La vida sigue siempre dispuesta a ofrecernos miles de oportunidades para creer que todavía es posible ser y estar en el mundo de otra forma, soñando despiertos, porque deseamos cambiar aquello que no nos hace felices, que mina a diario la persona de todos o la de secreto que llevamos dentro. El cine de mi infancia contemplaba siempre descansos pero, cuando soñamos, la vida no se detiene sino que solo esperamos, mientras caminamos, que se cumplan los deseos irrefrenables de alcanzar resultados pretendidos. Descansar en este verano tan prometedor y controvertido desde la vertiente política que tanto nos afecta es, a veces, despertar a nuevas experiencias de lo que está por venir, donde cualquier parecido con la realidad, a diferencia de lo que ocurre con las películas, no es pura coincidencia, sino el fruto de un sueño realizado, porque es legítimo que así sea. Como en el campo, los sueños realizados son solo para quienes los trabajan.

Tenemos un derecho barato que es soñar despierto, creando historias imaginables e incluso reales como la vida misma. Vivo rodeado de personas que sueñan con un mundo diferente, porque no les gusta el actual, porque hay que cambiarlo. A mí me gusta ir más allá, es decir, el mundo hay que transformarlo. Pero surge siempre la pregunta incómoda, ¿cómo?, si las eminencias del lugar, cualquier lugar, dicen que eso es imposible, una utopía, un desiderátum, como si ser singular fuera un principio extraterrestre, un ente de razón que no tiene futuro alguno. No me resigno a aceptarlo y por esta razón sigo yendo con frecuencia de mi corazón y sueños a mis asuntos, del timbo al tambo, como decía García Márquez en sus cuentos peregrinos, buscando como Diógenes personas con las que compartir formas diferentes de ser y estar en el mundo, que sean capaces de ilusionarse con alguien o por algo. De soñar creando, porque los ojos, cuando están cerrados, preguntan.

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Donde pongo la vida pongo el fuego

ANGEL GONZALEZ

Sevilla, 27/VII/2019

Ángel González escribió estas bellas palabras (1) en un soneto inolvidable para momentos difíciles. Tengo que reconocer que lo que sucedió el pasado jueves en el Congreso de los Diputados y Diputadas me dejó tocado, pero no hundido: otra vez la izquierda desunida que, así, siempre será vencida.

Abro el libro donde creo que está la clave de lo que me pasa y leo de nuevo, con emoción reverencial, un soneto precioso grabado en mi memoria de secreto, escrito por Ángel González, que sin salir nunca de su infancia se convirtió “de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía”. Zarandeado siempre por el destino, que urdió su trama sin contar nunca con su voluntad:

Donde pongo la vida pongo el fuego
De mi pasión volcada y sin salida.
Donde pongo el amor, toco la herida.
Donde dejo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
Vuelvo a empezar sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
No me doy por vencido, y sigo, y juego

Lo que me queda: un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.
Pero nunca o amor, la fe segura:
Jamás o llanto, pero mi fe es fuerte.

La vuelvo a leer varias veces, para convencerme de que mi fe es fuerte, porque a veces, en la vida, sale amor al siempre va y porque sé que la primavera avanza para unirnos y para que tengamos fe en que, de esta forma, jamás seremos vencidos.

(1) González, Ángel. Palabra sobre palabra. Barcelona: Planeta-Seix Barral, 2018, p. 128.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: https://elpais.com/cultura/2018/01/11/actualidad/1515698954_706494.html

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Obligatoriamente obligados a entenderse

[…] El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico.

De este mundo los dos sabemos poco.
Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo.

Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo

La izquierda desunida siempre será vencida. Lo vimos ayer en el espectáculo del Congreso de los Diputados. Lo he escrito en bastantes ocasiones en este blog y a diferencia de lo que decía de forma sabia y metafórica Groucho Marx, recurro a mis principios porque no tengo otros. En el álbum musical de mi vida ocupa un sitio privilegiado una canción muy breve interpretada por Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo, con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, que procuro aplicarla todos los días por su mensaje final. Ha finalizado un largo proceso electoral de casi cinco años, con un acelerón último en los meses de abril y mayo de este año, que muestra de forma clarividente que todos, sin excepción, estamos obligatoriamente obligados a entendernos: partidos políticos y ciudadanía, casi por igual, tanto monta monta tanto, porque los votos son de los ciudadanos que votan. Pretendemos, con nuestro voto, ser dueños de nuestro destino, algunos con más ensoñación democrática de su destino que otros.

Los más antiguos del lugar recordarán esa preciosa canción sobre nuestro destino, interpretada por Aguaviva y sus estrofas finales: “De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo”. Decía Manuel Rivas en su columna del domingo electoral de 26 de mayo, en el diario El País, hablando de lo que hace verdaderamente daño a la política, nacional y europea, que “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.

Aquella canción nos dejaba inquietos ante el permanente mundo al revés, tan frecuente en nuestras vidas:

Ni yo tampoco entiendo si se me abre
el grifo y sale una bala tras otra
bala, si abro la puerta y se nos entra
el fusilado y cierro y se me queda
fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto
y nada, si miro al muro
y todavía distingo los boquetes

A casi veinticuatro horas de la votación de investidura de ayer, tenemos que reconocer que de este mundo de la política de pactos sabempoco, pero estamos aquí obligatoriamente obligados a entenderlo. Por encima de todo, amamos una política que no haga daño, “aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”. Y, sobre todo, al estar viviendo en una democracia representativa, ahora toca a los políticos tomar la responsabilidad de entenderse entre ellos. Están obligatoriamente obligados a hacerlo. La izquierda sabe que hay una palabra mágica que no hay que traicionar: unidad. Eso sí, sin esperar milagros, porque es suficiente con que la política no haga daño a nadie que es el principal milagro, terrenal y cercano.

Sevilla, 26/VII/2019

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Mascarón de proa / y 14. La Micaela

LA MICAELA-MARÍA CELESTE

La Micaela (izda.), acompañada de La María Celeste y La Marinera de la Rosa, en Isla Negra

Sevilla, 25 /VII/2019

Abordo el último post de esta serie comentando la existencia de una mascarona de proa de nombre asombroso, La Micaela, el último que incorporó a su colección de Isla Negra, en 1964, aunque tengo que aclarar que Neruda tenía más mascarones en su casa que no he detallado, sí nombrado, en esta serie: El Gran Jefe Comanche, el Pirata Drake, El Armador, La Sin Nombre y algún otro mascarón o mascarona no comentados por el poeta. ¿Los abandono a su suerte? No, porque estoy convencido que tienen historias admirables detrás, sobre todo después de leer atentamente la elegía “A una estatua de proa” (Canto General XIV, El gran Océano, XV), que describe a la perfección lo que sentía Neruda en relación con sus “juguetes grandes”, con bellísimas palabras envueltas en tristeza y lamentación, comprendiendo la intrahistoria de cada uno, de cada una, de todos y todas, siempre desde su amura de babor en tierra:

En las arenas de Magallanes te recogimos cansada
navegante, inmóvil
bajo la tempestad que tantas veces tu pecho dulce
y doble
desafió dividiendo en sus pezones.

Te levantamos otra vez sobre los mares del Sur,
pero ahora
fuiste la pasajera de lo oscuro, de los rincones,
igual
al trigo y al metal que custodiaste
en alta mar, envuelta por la noche marina.

Hoy eres mía, diosa que el albatros gigante
rozó con su estatura extendida en el vuelo,
como un manto de música dirigida en la lluvia
por tus ciegos y errantes párpados de madera.

Rosa del mar, abeja más pura que los sueños,
almendrada mujer que desde las raíces
de una encina poblada por los cantos
te hiciste forma, fuerza de follaje con nidos,
boca de tempestades, dulzura delicada
que iría conquistando la luz con sus caderas.

Cuando ángeles y reinas que nacieron contigo
se llenaron de musgo, durmieron destinados
a la inmovilidad con un honor de muertos,
tú subiste a la proa delgada del navío
y ángel y reina y ola, temblor del mundo fuiste.
El estremecimiento de los hombres subía
hasta tu noble túnica con pechos de manzana,
mientras tus labios eran oh dulce! humedecidos
por otros besos dignos de tu boca salvaje.

Bajo la noche extraña tu cintura dejaba
caer el peso puro de la nave en las olas
cortando en la sombría magnitud un camino
de fuego derribado, de miel fosforescente.
El viento abrió en tus rizos su caja tempestuosa,
el desencadenado metal de su gemido,
y en la aurora la luz te recibió temblando
en los puertos, besando tu diadema mojada.

A veces detuviste sobre el mar tu camino
y el barco tembloroso bajó por su costado,
como una gruesa fruta que se desprende y cae,
un marinero muerto que acogieron la espuma
y el movimiento puro del tiempo y del navío.
Y sólo tú entre todos los rostros abrumados
por la amenaza, hundidos en un dolor estéril,
recibiste la sal salpicada en tu máscara,
y tus ojos guardaron las lágrimas saladas.
Más de una pobre vida resbaló por tus brazos
hacia la eternidad de las aguas mortuorias,
y el roce que te dieron los muertos y los vivos
gastó tu corazón de madera marina.

Hoy hemos recogido de la arena tu forma.
Al final, a mis ojos estabas destinada.
Duermes tal vez, dormida, tal vez has muerto,
muerta:
tu movimiento, al fin, ha olvidado el susurro
y el esplendor errante cerró su travesía.
Iras del mar, golpes del cielo han coronado
tu altanera cabeza con grietas y rupturas,
y tu rostro como una caracola reposa
con heridas que marcan tu frente balanceada.

Para mí tu belleza guarda todo el perfume,
todo el ácido errante, toda su noche oscura.
Y en tu empinado pecho de lámpara o de diosa,
torre turgente, inmóvil amor, vive la vida.
Tú navegas conmigo, recogida, hasta el día
en que dejen caer lo que soy en la espuma.

La Micaela fue la última mascarona que adquirió Neruda, en 1964, para completar su colección de mujeres que navegaban siempre con él, “recogidas, hasta el día en que dejen caer lo que soy en la espuma”, aunque por el contexto histórico de sus azarosas vidas agradezcan ahora la presencia entre ellas del Gran Jefe Comanche, hecho de sequoia roja, como bien decía de él el propio Neruda: “Lo cierto es que nunca desarrugó el ceño: que con arco, hacha, cuchillón y ademán es el valiente entre mis desarmadas doncellas del mar”.

La última en llegar a mi casa (1964) fue la Micaela. Es corpulenta, segura de sí misma, de brazos colosales. Estuvo, después de sus travesías, dispuesta en un jardín, entre las chacarerías- Allí perdió su condición navegativa, se despojó del enigma que ciertamente tuvo (porque lo trajo de los embarcaderos) y se transformó en terrestre pura, en mascarona agrícola. Parece llevar en sus brazos no el regalo del crepúsculo marino sino una brazada de manzanas y repollos. Es silvestre.

Ha sido una experiencia preciosa subirme a la amura de babor de “La Isla Desconocida” para elegir la mascarona de proa incardinada en el bauprés del velero soñado por Saramago, que me ayuda a cumplir todos los días la misión encomendada con la lectura de su “Cuento de la Isla Desconocida”, porque todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas, aunque sea la mujer del cuento, la limpiadora convertida hoy en mascarona de proa, la que conoce mejor que nadie lo que de verdad significa buscar islas desconocidas y gritarlo a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

THE END

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Mascarón de proa / 13. El manuscrito de Una casa en la arena 

MANUSCRITO UNA CASA EN LA ARENA

Sevilla, 24/VII/2019

La verdad es que me impresionó conocer que los dos cuadernos manuscritos de Una casa en la arena, el mejor registro oficial de los mascarones y mascaronas de proa y popa de Neruda, están en España, depositados en la Real Academia Española, en el legado correspondiente al académico Antonio Rodríguez-Moñino (rehabilitado por el gobierno franquista para impartir docencia y acceder a la Real Academia Española por sus antecedentes republicanos), a quien se los regaló el poeta, fechado en París, el 25 de noviembre de 1965, con el siguiente texto y su impecable caligrafía de tinta verde: “Estos dos cuadernos son el manuscrito original de Una casa en la arena, que dedico a mi gran amigo Antonio Rodríguez Moñino, a quien me une toda una época de grandes alegrías y dolores mortales”.

En el detalle de los manuscritos, según se puede consultar en la ficha técnica correspondiente de la RAE, se pueden identificar las páginas dedicadas a los mascarones en los dos cuadernos, con la siguiente disposición general de los textos:

Una casa en la arena [Manuscrito] / Pablo Neruda– , 1965
2 v. ; 23 x 17 cm

Autógrafo en dos “caderno de desenho para fins didáticos” de la marca “Minerva”

Incluye: Carta impresa de Pablo Neruda dirigida a Antonio Rodríguez-Moñino, indicándole que le envía este manuscrito

Contiene: Cuaderno 1: El mar. – Laënnec, 19-III-65 ; Estas arenas de granito amarillo son privativas…. – 20-III-65 ; Nadie conoce apenas o todos conocen en vilo… ; Piedras, peñas, peñascos… tal vez fueron segmentos del estallido…. – Laënnec, 21-III-65 ; Ceremonia. – Laënnec, 23 marzo 1965 ; La bandera. – Marzo 22 ; El ancla. – 22 Marzo ; El locomóvil ; La sirena. – 22-III-65 ; La María celeste ; La Micaela. – 23-III-65 ; El gran jefe comanche. – 23-III-65 ; La Cymbelina. – 23-III-65 ; La bonita. – Las Palmas, 28-III-65 / Pablo Neruda.

Cuaderno 2: Dedicatoria a Antonio Rodríguez-Moñino. – París, 25-Noviembre-1965 ; La casa en la arena ; El pueblo. – 25-III-65 ; El pueblo ; Los nombres. – 26-III-65 ; La medusa. – 27-III-65 ; El armador. – Las Palmas, 27-III-65 ; La señalada. – 28-III-65 ; Amor para este libro. – 1-Abril-65 / Pablo Neruda

En el primer cuaderno tít. autógrafo de Pablo Neruda en la cubierta.: “Desde Montevideo al Havre” y en el segundo: “Una casa en la arena”

Manuscritos, con bolígrafo en tinta azul y roja

Leo con respeto reverencial que los escribió en “dos cuadernos de dibujo para fines didácticos, de la marca Minerva”, en tinta azul y roja, situándolos en tiempo y espacio muy concretos, detalle que me ha descubierto localizaciones precisas de sus recuerdos, iniciándolos en el viaje de Montevideo al Havre, después en el tiempo detenido en Laënnec (Lyon) y breves incursiones en Las Palmas, escritos a partir de 19 de marzo de 1965 y hasta 1 de abril del mismo año.

Ceremonia, La Sirena, La María Celeste, La Micaela, La Sirena, El Gran Jefe Comanche, La Cymbelina, La Bonita (éste escrito en Las Palmas), La Medusa, El Armador (de nuevo en Las Palmas) y una incógnita que no he podido descifrar, La Señalada, son recuerdos que he vivido directamente al escribir sobre ellos. ¿La Señalada era otra mascarona? Es una duda que tengo que despejar. Algún día visitaré la Real Academia Española y consultaré los originales. Por ahora, sé que La Micaela fue la última mascarona de proa que añadió a su colección de Isla Negra en 1964.

Junto a La Sin Nombre, La Separada es un reto por descubrir. Apasionante lo aprendido y lo que queda por aprender.

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