En ausencia de Basilio Martín Patino

Cuando alcanzamos una determinada edad, somos más sensibles a las ausencias de personas que por una razón u otra, han significado algo o mucho en nuestras vidas. Es el caso de Basilio Martín Patino, posiblemente un gran desconocido para las generaciones actuales, pero que para la mía, en concreto, fue un referente para identificar señas de identidad de la ansiada libertad cósmica, polivalente, en este país. Lo conocí a través de una gran película, Nueve cartas a Berta, que comienza con una cita inolvidable de Antonio Machado: «Esta es la historia de un español que quiere vivir, y a vivir empieza». Era lo que me pasaba a mí, alma inquieta hasta la muerte, porque en 1966 me aproximaba a la mayoría de edad, algo que soñaba como mágico para tomar las riendas de mi azarosa vida.

He recogido un fragmento de la crítica de la película que hizo la revista Fotogramas en enero de 1966, que me parece muy interesante sin olvidar el contexto que en una ocasión le recuerda a Lorenzo (el protagonista), su padre (falangista de pro), sobre las dos Españas, donde una helaba el corazón: “(…) Basilio Martín Patino ha hendido de tal forma en esa carne de su generación universitaria, que no sólo ha logrado su propósito, sino que su obra quedará como una auténtica vivisección de su época y sus gentes. El filme de Basilio Martín Patino que tal vez esté divorciado de eso que aquí llaman espectáculo, supone, por el contrario, un ejercicio moderno, escrito con gran belleza, al que podemos considerar como el análisis de una vida –mejor, de muchas vidas-. La rabia del autor está metida aquí en muchas cosas, pero también el dolor y la tristeza. Y será difícil que alguien que haya vivido, aunque sea de lejos, los problemas de los universitarios “de provincia”, no quede conmovido ante este verdadero espectáculo que se nos ofrece repleto de aciertos cinematográficos”.

Seguí de cerca su obra cinematográfica y procuré no “perderme” ninguna película de este excelente director, que hizo siempre películas no inocentes, en el sentido que tantas veces he defendido en este blog y aprendido del escritor neo-marxista George Lukács, precisamente en los años setenta del siglo pasado sobre la destrucción de la razón, es decir, el irracionalismo desde Schelling hasta Hitler. Es una filosofía de la historia muy aguda y crítica, centrada en un argumento harto expresivo: «no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola» (1).

He recordado con estas palabras la realidad del tiempo y de quienes son sus protagonistas o estrellas invitadas, alguna vez, en la vida de cada persona. Cuando no encontramos respuestas ante la realidad de la muerte, siempre recuerdo la de una persona simbólica, el Eclesiastés, que ante tres preguntas claves sobre la vida, ¿qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué saca cualquier persona de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de los animales desciende hacia abajo, a la tierra? y, por último, ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?, solo da una respuesta en el capítulo siguiente. Primero, la respuesta está en el silencio de Dios, porque ese capítulo 3 de las preguntas, acaba de forma contundente para los que defienden creencias teístas: las respuestas no las vamos a conocer nunca porque “[Dios] también ha puesto el afán en sus corazones, sin que el hombre llegue [nunca] a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin” (Eclesiastés 3, 11). Y sigue el capítulo 4 con una explicación preciosa: hablemos de amistad, porque la solución está en creer en ella, dado que si es auténtica es como la cuerda de tres hilos, que nunca se puede romper. Porque si te caes, siempre habrá alguien cerca para levantarte. De cualquier caída, de cualquier derrota, de cualquier ausencia. Hoy, la de Basilio Martín Patino.

Sevilla, 13/VIII/2017

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4s.

Van Gogh: estrella invitada

Cuando era pequeño y soñaba como pequeño, me impresionaba leer en perfecto inglés la referencia a la estrella invitada (guest star) en aquellas películas americanas de la sesión continua habitual del cine Tívoli, local refrigerado, que hacía más llevaderas las tardes de verano en Madrid, con visita al ambigú en los descansos para probar helados de la selecta nevería de la que disponía aquel cine en concreto. Me lo ha recordado simbólicamente el anuncio del estreno de una película asombrosa, Loving Van Gogh, que veremos muy pronto en los cines de este país, porque el pintor holandés es la auténtica estrella invitada en un papel estelar, valga la redundancia, que explico más adelante.

He leído con pasión las referencias técnicas de la película porque supone una revolución espectacular en el cine animado, que se traduce en una obra ciclópea en la que han intervenido más de ciento veinte artistas bajo la dirección de la pintora polaca Dorota Kobiela y su pareja, el cineasta Hugh Wlchman, que han pintado al óleo durante cinco años de preparación de la película, más de ciento veinte obras de Van Gogh, reflejadas en 62.450 fotogramas y 12 pinturas al óleo cada segundo, que dan vida a la trama argumental de la película, extraída de la lectura de más de ochocientas cartas del pintor.

Ocho personajes de Van Gogh han cobrado vida propia en esta obra maravillosa, formando parte de su reparto: Douglas Booth como Armand Roulin, Jerome Flynn (Dr. Gachet), Saoirse Ronan (Marguerite Gachet), Helen McCrory (Louise Chevalier), Chris O’Dowd (Postman Roulin), John Sessions (Pere Tanguy), Eleanor Tomlinson (Adeline Ravoux) y Aidan Turner como Boatman, todos ellos pintados y animados especialmente para esta película.

LA COSECHA-JA COBENA
La cosecha. Copia del original de Van Gogh, 1888 / JA COBEÑA

Paseando hoy por un barrio de mi memoria he recordado que en enero de 2005 finalicé la copia de un cuadro suyo, La cosecha (en La Crau), como primer trabajo del taller en el que estaba inscrito ese año, pintado a propuesta mía por el recuerdo vivo de un libro precioso que tenía en mi biblioteca sobre el autor y publicado en 1990, año en el que se cumplía el centenario de su muerte y porque creí que era importante copiarlo en trazos que consideré siempre fáciles para un principiante. Craso error. Aquella sobrecubierta del libro, en la que figuraba también el cuadro, había sido clave para comprender mejor a este complejo artista, al que conocí a través del trigo cosechado en Arlés, el pajar, las escaleras, el carro central que tanto cuidé, un hombre con una horca y el fondo de montañas de colores púrpura y azul, el Montmajour, con un fondo turquesa de cielo bastante sobrecogedor. Lo he visto en el tráiler y me ha emocionado, porque sé lo que escribió él al contemplarlo como obra inacabada de una sola sesión, el 12 de junio de 1888: “El […] lienzo hace que desmerezca absolutamente todo el resto”, porque sabía que era de una complejidad técnica asombrosa y porque el verano, a diferencia de la primavera, no es fácil de representar. Es la primera vez que incorpora también a personas en esta serie y pretendió representar casi todas las fases de la cosecha. En la llanura de la Crau, en Arlés, donde está situada su pintura, decía que “no hay nada más que… infinitud y… eternidad”.

El gran director japonés Kurosawa ya se aproximó en 1990, con animación y financiación americana, a la pintura de Van Gogh, con su extraordinaria película Sueños, concretamente en el quinto, dedicado a los cuervos e interpretada por Martin Scorsese como Vincent van Gogh: “Un estudiante de arte se encuentra dentro del mundo vibrante y a veces caótico dentro de la pintura de Van Gogh, donde conoce al artista en un campo y conversa con él. El estudiante, en un momento determinado, pierde el rastro del artista (quien pierde una oreja y se acerca al final de su vida) y viaja a través de otras obras tratando de encontrarlo. La pintura de Van Gogh “Campos de trigo con cuervos” resulta ser un elemento importante en este sueño. Además, Kurosawa escogió como música de fondo el preludio N.º 15 en Re bemol mayor del compositor polaco Frédéric Chopin”.

CARRIL BICI FLUORESCENTE
El primer carril bici fluorescente del mundo, en Nuenen. El cielo estrellado de Van Gogh sobre el asfalto.

Espero la película con la ilusión que contaba al principio en mis citas con estrellas invitadas por el cine Tívoli de Madrid. En esta ocasión, una muy especial, Vincent Van Gogh, quien imaginaba sueños para después pintarlos para los demás en su mundo precioso de cielos estrellados, recordados hoy de forma asombrosa por sus paisanos ocasionales de Nuenen (Holanda).

Sevilla, 11/VIII/2017

Vergüenza ajena como exfuncionario

FORGES

Hemos sido noticia otra vez los funcionarios, no por su trabajo digno diario, mayoritario, en todo el país, sino por algo por lo que he sentido vergüenza ajena al escucharlo. Ha sucedido en el Ayuntamiento de Ponteareas (Pontevedra) el pasado lunes, donde se ha aprobado en Pleno un acuerdo, con los votos de BNG, PSdeG-PSOE y Riada do Tea, mediante el cual se incentiva la efectiva asistencia y permanencia en el trabajo -a la que se destina el 70% de lo que se abonará en concepto de productividad- “cuando el personal municipal realice el noventa por ciento de la jornada máxima semanal vigente en el Concello en cada momento”.

La interpretación popular es inmediata: se va a premiar al personal funcionario por ir a trabajar, porque hacerlo por trabajar mejor para salvaguardar el interés general sin pérdida de tiempo alguno, a través de objetivos públicos alcanzados, por ejemplo, es harina de otro costal. Me parece inconcebible el procedimiento y daña a la imagen del funcionariado en general, cuyo trabajo es encomiable de forma mayoritaria. Cantidad de tiempo presencial versus calidad en el logro de objetivos públicos al servicio del interés general, en estado puro.

Con esta decisión damos pábulo a la concepción extendida a nivel popular sobre funcionarios y funcionarias de este país, altivos, que he recordado en varias ocasiones en este blog: “A Blanca, la protagonista de una novela entrañable de Antonio Muñoz Molina, En ausencia de Blanca, no le gustaba pronunciar la palabra “funcionario”, aludiendo a Mario, su marido. Cuando Blanca quería referirse a las personas que más detestaba, las rutinarias, las monótonas, las incapaces de cualquier rasgo de imaginación, decía: “son funcionarios mentales”. Cuando en una ocasión vi aquel chiste de Forges, brillante humorista español, en el que aparecían tres presuntos funcionarios echados hacia atrás en sus sillones, con las manos cruzadas en la nuca y diciendo: “se me abren las carnes cada vez que me dicen que me tengo que ir de vacaciones…”, me pregunté el porqué de estas interpretaciones de la calle. Sin comentarios. Pasados los años, ocupando ahora un puesto de responsabilidad en el ámbito de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación en el ámbito económico-financiero, me gustaría retomar aquellas consideraciones desde la perspectiva de asunción de responsabilidades de un funcionario que no sabe muchas cosas que los ciudadanos y ciudadanas de este país sospechan en la relación con la Administración andaluza”.

Lo digo hoy como exempleado público, porque he crecido junto a la reiterada referencia a Larra, ¡vuelva usted mañana!, en todos los años de dedicación plena a la función pública: educativa, sanitaria y tributaria, construyendo día a día y, en contrapartida, lo que llamaba “segundos de credibilidad pública”. Me ha pesado mucho la baja autoestima, ¿larriana?, que se percibe en el seno de la Administración Pública por una situación vergonzante que muchas veces no coincide con la realidad, porque desde dentro de la misma Administración hay manifestaciones larvadas, latentes y manifiestas (valga la redundancia) de un “¡hasta aquí hemos llegado!” por parte de empleadas y empleados públicos excelentes, que tienen que convivir a diario con otras empleadas y empleados públicos que reproducen hasta la saciedad a Larra (a veces, digitalizado) y que hacen polvo la imagen auténtica y verdadera que existe también en la trastienda pública. Y muchas empleadas y empleados públicos piensan que la batalla está perdida, unos por la llamada “politización” de la función pública, olvidando por cierto que la responsabilidad sobre la Administración Pública es siempre del Gobierno correspondiente, y otros porque piensan que el actual diseño legislativo de la función pública acusa el paso de los años y que la entrada en tromba de las diferentes Administraciones Públicas de las Comunidades Autónomas, obligan a una difícil convivencia de la legislación sustantiva sobre el particular con las llamadas “peculiaridades” de cada territorio autónomo”.

Espero que las aguas vuelvan a su cauce, aunque como exfuncionario no piense que sé cosas que los ciudadanos normales ni sospechan, porque lo que si sé es que por noticias como la del Ayuntamiento de Ponteareas, el mal ya está hecho de nuevo.

Sevilla, 9/VIII/2017

El #VerdeConstancia

Desde el mes pasado estamos viendo a diario un anuncio en TV promovido por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), que lanza el color #VerdeConstancia, “porque el verde esperanza de toda la vida se queda en desear que las cosas pasen, mientras que el #VerdeConstancia es de hacer, hacer y hacer hasta que pasan”. Recomienda que utilicemos los hashtag #VerdeConstancia y #CONSTRUYE, porque cuantas más cosas se construyan en la vida, menos espacio se dejará a las drogas.

Es curioso constatar que en diciembre de 2016 se presentó el color del año 2017, el verde Greenery, por parte de Pantone y con tal motivo escribí en este cuaderno digital unas palabras dedicadas a la importancia del color en nuestras vidas, Por el color del Pantone, porque todo depende siempre del color del cristal por el que se mire. Lo he vuelto a leer y quiero compartirlo de nuevo con la Noosfera, recordando especialmente unas palabras de ese texto y en este contexto: “Me ha llamado la atención cómo se construye todo en el ecosistema de mercado en el que estamos instalados malgré tout (a pesar de todo). Esta declaración internacional inundará de verde Greenery todo lo que se mueve en el mundo y que se ha elegido de forma no inocente, atendiendo las palabras de presentación de Leatrice Eiseman, Directora Ejecutiva del Pantone Color Institute: “Greenery irrumpe con fuerza en 2017 y nos ofrece la confianza que anhelamos en el tumultuoso contexto social y político en el que vivimos. Al satisfacer nuestro deseo creciente por re-juvenecer, re-vitalizar y unir, Greenery simboliza la re-conexión que buscamos con la naturaleza, con nosotros mismos y con un sentido más amplio de nuestras vidas”. El prefijo “re” es el que verdaderamente marcará la tendencia, poniendo color a nuestras vidas, la de todos y la de secreto. Según ellos, utilizando el plural mayestático, una re-volución de mercado en toda regla”.

Me gustaría colaborar con esta campaña agregando el contexto de este artículo y por el valor que encierra la citada campaña en sí misma, que me gustaría que se viviera con la intensidad que Juan Ramón Jiménez supo siempre valorar el que era su color preferido, el amarillo, que siempre impregnó, a lo largo de su vida, los “barrios de su memoria”, en expresión suya muy feliz.

Sevilla, 6/VIII/2017

Por el color del Pantone

greenery

Conservo en mi biblioteca, como oro en paño, un libro precioso que recopila un hilo conductor cromático en la obra de Juan Ramón Jiménez, que lleva un título programático: Por el cristal amarillo. Era el color preferido del poeta y casi todo lo que escribió y vivió lo inundó de amarillo en lo que él llamaba sabiamente “barrios de la memoria”. La cancela de su casa en la calle Nueva marcó su elección cromática para siempre: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […]”.

No olvido estas palabras entrañables del poeta de Moguer, lugar que tanto quiero -con la luz dentro- y que no olvido por todo lo que me entregó en una época de mi vida. He recordado este libro porque se ha anunciado hace unos días el color oficial del año próximo, el GREENERY, declarado por Pantone (15-0343) y que marcará tendencia en todas las variantes cromáticas de la vida. Me ha llamado la atención cómo se construye todo en el ecosistema de mercado en el que estamos instalados malgré tout (a pesar de todo). Esta declaración internacional inundará de verde Greenery todo lo que se mueve en el mundo y que se ha elegido de forma no inocente, atendiendo las palabras de presentación de Leatrice Eiseman, Directora Ejecutiva del Pantone Color Institute: “Greenery irrumpe con fuerza en 2017 y nos ofrece la confianza que anhelamos en el tumultuoso contexto social y político en el que vivimos. Al satisfacer nuestro deseo creciente por re-juvenecer, re-vitalizar y unir, Greenery simboliza la re-conexión que buscamos con la naturaleza, con nosotros mismos y con un sentido más amplio de nuestras vidas”. El prefijo “re” es el que verdaderamente marcará la tendencia, poniendo color a nuestras vidas, la de todos y la de secreto. Según ellos, utilizando el plural mayestático, una re-volución de mercado en toda regla.

La mercadotecnia sabe introducir sus productos, sabiendo de antemano que nada es inocente. Así nos lo hacen creer. El color elegido para 2017 reconoce la fuerza expresiva del Greenery en todos los aspectos de nuestra vida diaria, “y lo vemos en la planificación urbana, la arquitectura, el estilo de vida y las opciones de diseño en todo el mundo. Greenery siempre ha estado en la periferia, pero ahora pasa al primer plano, y ya es un tono omnipresente en todo el mundo”. Una campaña publicitaria en toda regla que marcará tendencia cromática en el mundo de todos de cada persona.

Vuelvo a leer algunas reflexiones de Juan Ramón Jiménez en torno a su color preferido, el de su persona de secreto, muy cerca de lo que veía por el cristal amarillo de su querida cancela de la calle Nueva en Moguer: “Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Nada que ver con lo que será la revolución de Greenery en el supermercado grotesco del primer mundo, porque el negro de la realidad actual de los que sufren es el color predominante, por mucho que le pese a Pantone en su proyecto para 2017. Al final, es verdad: todo depende del color del cristal por el que se contempla la vida.

Sevilla, 12/XII/2016

Hoy sabemos más por qué somos violentos

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Cuando era pequeño crecí cerca de Mickey Mouse, Minnie Mouse, Pluto y Goofy. Los dibujé mil veces. Me parecían muy humanos e inteligentes, porque vivían como yo, más o menos. Además, hablaban, lloraban y amaban. Pero nunca supe que no me separaba mucho de la forma de ser de Mickey o Minnie en el mundo actual, porque la ciencia ha alcanzado resultados muy brillantes en la etología cerebral: ya se sabe que el 99% de los 28.000 genes humanos tiene su homólogo en el genoma del ratón. Y poco a poco nos vamos adentrando en el conocimiento aplicado de estas investigaciones al cerebro humano.

Siendo esto así, estoy a la que salta -científicamente hablando- sobre todo lo que se mueve en laboratorios del cerebro con la ayuda del mundo digital. Hoy he conocido una publicación en la revista Neuron, con un título apasionante Social Control of Hypothalamus-Mediated Mal Aggression, todavía en arte y ensayo científicos con ratones, pero que nos ofrece una idea fantástica de los avances en la investigación mundial de las estructuras y funcionamiento del cerebro. En este caso, “Los científicos trastearon en el cerebro de estos ratones hasta dar con un pequeño grupo de neuronas en el que se localiza su particular míster Hyde, unas células que al activarse desatan un inédito comportamiento agresivo y violento. Y los investigadores, de la Universidad de Stanford, activaron estas neuronas una y otra vez en distintos contextos para conocer las raíces de los ataques de ira y los estallidos de violencia incontrolada que, aseguran, pueden tener implicaciones para los humanos” (1).

Hace diez años abordé en este blog una explicación divulgativa de la estructura cerebral que protagoniza este avance científico, el hipotálamo, en el contexto de poner al alcance de muchas personas el conocimiento del funcionamiento del cerebro, compuesto por estructuras que llamaba simbólicamente “de mercado”, al compararlas con ciruelas (hipotálamo), guisantes (pituita), almendras (amígdalas), nueces (tálamo) y castañas (doble hemisferio cerebral). En este caso, el hipotálamo, lo situaba, como su propio nombre indica, “bajo la cama nupcial, la habitación reservada, que así llamábamos al tálamo”: “Esta estructura cerebral, en su clave etimológica pura, participa en la regulación del sistema neurovegetativo y endocrino. Es otra “tarjeta” neuronal (a modo informático) que cuando se estropea (no funciona bien) acarrea muchísimos problemas a las personas. Y lo peor es que no existen todavía recambios de piezas originales, solo tratamientos -reparaciones- paliativos. El hipotálamo, del tamaño de una ciruela pequeña (seguimos en la cocina de la inteligencia…), compuesto por diversos núcleos interrelacionados entre sí, es responsable de una central química más alojada en el cerebro, en su zona central. Controla el equilibrio del agua en el cuerpo, provoca la sensación de hambre o de inapetencia, regula la temperatura corporal (sobre todo la emocional), regula el sueño, también las hormonas, casi todas las “reacciones” emocionales asociadas a conductas de hiperexcitación o de depresión, la expresión de la libido, y lleva a feliz término el largo viaje que necesita el olfato. Una joya, en definitiva. Y nosotras y nosotros, sin saberlo”.

Vuelvo a la investigación anunciada por los científicos de la Universidad de Stanford, una vez descrita de forma sencilla la estructura cerebral de nombre “hipotálamo”. En ratones aislados se ha demostrado que activar un centro neuronal de unas 50.000 neuronas, lleva de forma incuestionable a estos ratones a mostrar una agresividad que va más allá de la ya conocida de defensa de su territorio: “Pero los niveles de rabia que provocaron los científicos van más allá de lo esperable: además de contra otros machos, cargaban contra objetivos a los que jamás atacan, como su reflejo en el espejo, guantes de laboratorio y hembras, incluso estando castrados. Todo por culpa de un minúsculo grupo de unas 50.000 neuronas en el hipotálamo, “una aguja en un pajar” comparadas con los 80 millones que tiene el cerebro del ratón, según lo explica el líder de este experimento, Nirao Shah, en una región que desempeña un papel en muchas actividades controladas por hormonas como la alimentación, el miedo y la actividad sexual”. Además, algo muy importante para la investigación de la agresividad de género, esta reacción no se da en las hembras.

Pero lo verdaderamente sorprendente en esta investigación ha sido descubrir que cuando este centro neuronal se activa en ratones socializados con otros, la situación cambia radicalmente, es decir, “Nos sorprendió mucho que la convivencia social de los machos reprimiera su agresividad cuando entraban en otro territorio masculino: estos varones socializados no atacaron cuando les estimulamos este centro cerebral”, señala Shah, destacando que el principal hallazgo de su trabajo es que el contexto social y la experiencia pueden anular ese resorte de violencia. “Dicho de otro modo, al pensar si en lo relativo a la agresión masculina se nace o se hace, nuestro estudio muestra que se hace, porque este aspecto puede dominar y sobreponerse a la naturaleza del circuito neuronal para frenar la agresión”, resume el investigador de Stanford. Los ratones acostumbrados a convivir demostraron ser más dóciles, pero cuando bloquearon su capacidad de percibir las feromonas que secretan sus congéneres volvieron a ser igualmente violentos”.

Queda mucho por investigar en la aplicación de estos descubrimientos en el cerebro humano, pero es algo que me preocupa desde hace ya muchos años porque estoy convencido que conocer bien las estructuras cerebrales y su funcionamiento, resolverá muchos problemas que estamos viviendo hoy desconsoladamente en relación con la violencia de género. Así lo escribía ya en este blog en 2007, Cerebro y género: mitos a desmontar, cuando adquirí el compromiso de desarrollar teoría crítica sobre la relación de cerebro y género: “Cuando inicié esta serie de artículos, sabía que era una aventura apasionante, sobre todo porque responde a una razón muy clara: sabemos muy poco de la inteligencia del hombre y casi nada de la inteligencia de la mujer. Además, podía ser una contribución para que aprendiéramos, de forma compartida, hombres y mujeres de buena inteligencia (aprendimos a decir solo “de buena voluntad”, junto con la paz de los hombres como curiosa paradoja…), las últimas razones de las conductas cerebrales que después las reproducen hombres y mujeres, con expresión desajustada. De esta forma, pensé, podríamos acabar con la frase más repulsiva en la conducta de los hombres y fabricada por la inteligencia de algunos, de muchos: mujer tenías que ser. Nunca más, al menos en nuestro entorno, porque sabemos que las cosas no son así. Para esto puede servir este artículo, otros: comentarlo, pasarlo, divulgarlo, criticarlo, pero con una idea común: contribuir a reforzar la verdad del cerebro en el ser humano, como el principio de todas sus acciones”.

MICKY MINNIE

Como ya afirmé en 2006 en relación con la sorprendente noticia de que el Instituto Allen de Ciencias del Cerebro había finalizado la secuenciación del mapa genético del cerebro del ratón, a través de un atlas tridimensional, de utilización gratuita en Internet, en el que se muestra qué genes se activan en las neuronas en cada área del cerebro, somos, en definitiva, más libres, porque nos conocemos mejor, a través del descubrimiento de las verdaderas causas de la salud y la enfermedad. Gracias a proyectos cuya base científica nació hace ya diez años en un pequeño ratón de la factoría Allen, que siempre estará cerca, paradojas de la vida, de la humanidad y de la genética de los que conocí hace muchos años, de nombre Mickey o Minnie, porque ambos tienen mucho que aportar todavía como especie al mundo de la investigación cerebral. Ellos, tal y como los recuerdo, no eran violentos. Probablemente, porque compartían todo y nunca se sentían solos.

Sevilla, 5/VIII/2017

NOTA: la imagen del hipotálamo se recuperó el 24 de abril de 2007, de MedlinePlus

(1) https://elpais.com/elpais/2017/07/28/ciencia/1501231524_675955.html

El futuro está detrás, el pasado delante

AIMARA

La cultura aimara, población del altiplano andino radicada en Bolivia, Perú, Argentina y Chile, tiene una característica antropológica que todavía se sigue investigando por su peculiar forma de comprender el futuro, que siempre está detrás de cada persona, entre otras manifestaciones sociales, así como el pasado, que siempre está delante. Nada que ver con nuestra forma de entender y expresar el futuro, que siempre lo comprendemos como situado delante de nosotros, nunca detrás. Igual que el pasado, que siempre está detrás de nuestras vidas.

Me llama la atención esta forma de proceder en la vida que mantiene el pueblo aimara después de miles de años, cuestión que me apasiona porque nada es inocente en las acciones humanas. Los aimaras no comprenden el futuro porque solo saben lo que está ocurriendo, que es presente y los sucesivos presentes conforman el pasado, que se sabe como se desarrolló, pero nunca pueden hablar de futuro, sencillamente porque es algo que no existe, no ha llegado todavía y no se sabe lo que es porque permanece oculto según su experiencia multisecular.

El futuro aimara no existe, porque sus creencias están basadas alrededor del sol, que todos los días sale o no, sin que necesiten predecir que saldrá. El sol no falla nunca porque, aunque no salga algún día, saben todos que está oculto por alguna razón, pero allí está, no necesita futuro. Además, en Bolivia se han recogido en su Constitución estos principios porque cada año que nace es para entregar prosperidad al pueblo aimara. Ese es su futuro. Saben que el Tata-Inti (dios sol) o la Pachamama (la madre tierra), son los núcleos existenciales de la vida aimara, su presente que se forja en un pasado milenario. Todas las ceremonias se inician siempre mirando hacia arriba, hacia el sol, nunca a un futuro desconocido sino a lo que alumbra la vida encadenada de presentes y para ser todos los días más felices.

Esta realidad aimara me ha recordado un cuento de Augusto Monterroso, El eclipse, donde se narra una artimaña de sabiduría futurible por parte del protagonista del cuento:

Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.

Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras. No les hacía falta la insolencia del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos.

Para pensarlo hoy, inexcusablemente, para aprender de errores propios y ajenos. Una cosa más, que diría Steve Jobs para finalizar este relato. Entre tanta búsqueda de lo desconocido, he encontrado unas palabras sorprendentes en lenguaje aimara: Tanta sarañani. Me ha impresionado su significado en nuestra lengua celtibérica y obligada a conocer a los indígenas aimaras, que acusa tanto cansancio para narrar los desastres presentes: iremos juntos. A buscar el pasado presente que nos lleva al precioso futuro innecesario de los aimaras.

Sevilla, 4/VIII/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.elintra.com.ar/salta/2010/10/20/kollas-instan-modificar-nombres-apellidos-espanol-quechua-aymara-39065.html

Como lanchas a la deriva

AI WEIWEI

Es curioso. Iniciamos un mes con muchas posibilidades de acercarnos al mar, probablemente el mismo al que también vemos casi todos los días del año en operaciones de rescate de lanchas de migrantes a la deriva, cada vez más precarias para los que menos tienen, con la sensación de que son noticias recurrentes que cada vez impresionan menos por su cotidianidad. Pero sin ánimo de dar el día a nadie, hoy me ha sobrecogido una noticia del artista y activista chino Ai Weiwei, al vivir una experiencia especial, personal y real, subiéndose a una lancha a la deriva, para intentar comprender qué sienten los refugiados o migrantes que realizan estos viajes hacia alguna parte.

Lleva unos años volcado en la comprensión mundial de un fenómeno, el eterno éxodo de los refugiados de cualquier clase, que retorna de vez en cuando a nuestras vidas de salón, en función de crisis políticas y sociales de menor o mayor alcance. Lo delicado del asunto es que son recurrentes estos episodios de dolor ajeno, que no se acaban de erradicar por las autoridades y gobiernos correspondientes, que son los que tienen en sus manos profundas responsabilidades sobre ello, con independencia del consabido recurso a la condición humana del malser (perdón por el neologismo) y malestar de muchas personas, que todos llevamos dentro.

He leído en un artículo que publica hoy El País que “Ai está en este momento concentrado en su trabajo sobre la crisis de los refugiados en Europa y en todo el mundo. Montó un taller en Lesbos (Grecia), llenó de chalecos salvavidas el Konzerthaus de Berlín, cubrió de lanchas neumáticas el Palazzo Strozzi de Florencia, y poco antes de viajar a Buenos Aires ha sabido que su documental centrado en este asunto, Human Flow, competirá este año en la sección oficial del festival de Venecia” (1).

Es posible que la solución ética esté en emular a Ai y ponernos en el lugar de los refugiados e intentar comprender sus vivencias, buscando cada uno su forma de colaborar con este desastre de tan variadas raíces inhumanas. Hoy, me refugio en mi patera vital, sin quilla, que tantas veces cito en este blog y que suele ir a la deriva cuando vamos del corazón a nuestros asuntos personales y sociales, porque nos sentimos solos en un mundo diseñado por el enemigo de la concordia (¡qué palabra tan bonita!) humana.

Como he escrito recientemente en una reflexión íntima, Los que vamos en patera, tiene sentido solidario con estas realidades de refugiados, de cualquiera que busca refugio en espacios más amables de la vida, seguir viajando en las pateras éticas que hacen singladuras difíciles y comprometidas con la sociedad que menos tiene, con un cuaderno de derrota (en lenguaje del mar) que lleva a localizar las islas desconocidas que tanto amaba Jose Saramago: si no salimos de nosotros mismos, nunca nos encontraremos. Lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba su cuento de la isla desconocida, buscando siempre puertas de compromiso más que las de regalos o peticiones sin causa, viajando en pateras de dignidad, aunque vayamos muchas veces a la deriva de la vida.

Sevilla, 1/VIII/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de
https://mundo.sputniknews.com/cultura/201510261052928660/

(1) https://elpais.com/cultura/2017/07/31/actualidad/1501528717_257443.html