Gloria Fuertes, poetisa de guardia

GLORIA FUERTES

A esta isla que soy, si alguien llega,
que se encuentre con algo es mi deseo
–manantiales de versos encendidos y
cascadas de paz es lo que tengo–

Gloria Fuertes, Isla ignorada (1950)

Suelo volver, de vez en cuando, de mis asuntos a mi corazón. Hace tan solo unos días crucé mi mirada con la de Gloria Fuertes, en un dibujo troquelado en negro con fondo dorado y sobre una pared blanca, cubierta de cal, del Colegio Público “José María del Campo”, en el barrio de Triana, en Sevilla. Sentí una emoción especial, como si fuera una deuda moral hacia ella porque en el año del centenario de su nacimiento no la había recordado en este cuaderno digital en busca de islas desconocidas, quizá “ignoradas”, como ella las llamaba en su primera obra poética. Quien no la conozca bien puede recurrir a su propia autobiografía, en la que mediante sencillas palabras traza un hilo conductor vital, siempre buscando paz interior y exterior, incluso cuando quiso ir a la guerra civil para pararla, prestando un servicio especial a las niñas y niños de España y del Mundo, a las mujeres y hombres de España y del Mundo, porque ella era y sigue siendo nuestra poetisa de guardia:

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.

Es verdad, porque ella, en su isla ignorada, era gloria bendita…

Sevilla, 24/X/2017

NOTA: la fotografía está tomada por mí el 15 de octubre de 2017, en una pared pública de un Colegio Público, donde ella estaba de guardia permanente…, sin descanso alguno para almas desconocidas e inquietas.

La Constitución es la base de la identidad del Estado

FALTA MAR

En tiempos de turbación, en los que siempre he creído que se pueden hacer mudanzas intelectuales, he vuelto a leer a Aristóteles, que nos dejó un tratado de Política con mayúsculas, gran ausente en estos tiempos de cólera independentista. He vuelto a leer el libro tercero de esta magna obra, que se refiere a la relación del Estado con los ciudadanos y, más en concreto, a la teoría de los gobiernos y de la soberanía, porque recordaba que en ese texto se encontraba una frase que habría que grabar en el Congreso con letras de oro: a la constitución es a la que debe atenderse [siempre] para resolver sobre la identidad del Estado.

No hay que despreciar el contexto en la que lo escribe: “Pero admitamos que el mismo lugar continúa siendo habitado por los mismos individuos. Entonces ¿es posible sostener, en tanto que la raza de los habitantes sea la misma, que el Estado es idéntico, a pesar de la continua alternativa de muertes y de nacimientos, lo mismo que se reconoce la identidad de los ríos y de las fuentes por más que sus ondas se renueven y corran perpetuamente? ¿O más bien debe decirse que sólo los hombres subsisten y que el Estado cambia? Si el Estado es efectivamente una especie de asociación; si es una asociación de ciudadanos que obedecen a una misma constitución, mudando esta constitución y modificándose en su forma, se sigue necesariamente, al parecer, que el Estado no queda idéntico; es como el coro que, al tener lugar sucesivamente en la comedia y en la tragedia, cambia para nosotros, por más que se componga de los mismos cantores. Esta observación se aplica igualmente a toda asociación, a todo sistema que se supone cambiado cuando la especie de combinación cambia también; sucede lo que con la armonía, en la que los mismos sonidos pueden dar lugar, ya al tono dórico, ya al tono frigio. Si esto es cierto, a la constitución es a la que debe atenderse para resolver sobre la identidad del Estado. Puede suceder por otra parte, que reciba una denominación diferente, subsistiendo los mismos individuos que le componen, o que conserve su primera denominación a pesar del cambio radical de sus individuos” (1).

Salvando lo que haya que salvar, mutatis mutandis, es impecable el análisis. Todo cambia y nada permanece (panta rei), siguiendo el adagio de Heráclito de Éfeso. Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y quesentir (perdón por el neologismo) de todos los días. En España, ante la realidad de Cataluña, hemos reaccionado tarde y mal, agarrándonos a la Constitución como un clavo ardiendo, en lugar de entenderla como un noray al que se deben asegurar los cabos cuando llegamos de la alta mar de los conflictos o del que hay que quitarlos para poder navegar en mares abiertos de libertad. Y la historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, incluso las Constituciones, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río o en el mismo mar. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos. Es verdad, porque si comprendiéramos estas palabras excelentes de Aristóteles en su tratado más político, pueden cambiar las asociaciones de ciudadanos (el que quiera entender que entienda), las Comunidades, la Constitución, pero hay un magma que aglutina todo, la propia Constitución, que es a la que debe atenderse siempre para resolver sobre la identidad del Estado. Aunque haya un cambio, incluso radical, de los individuos y las organizaciones en las que se integran, que son los que componen el Estado.

Finalmente, vuelvo a analizar también unas palabras esclarecedoras de lo anteriormente expuesto, que se encuentran también en el referido capítulo IV del libro tercero de Política: “todas las constituciones hechas en vista del interés general, son puras, porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal de los gobernantes, están viciadas en su base, y no son más que una corrupción de las buenas constituciones; ellas se aproximan al poder del señor sobre el esclavo, siendo así que la ciudad no es más que una asociación de hombres libres”. Dicho queda por Aristóteles hace muchos siglos y por Baltasar Gracián después: lo breve, si bueno, dos veces bueno.

Sevilla, 22/X/2017, en el día después de la puesta en marcha de lo dictado en el artículo 155 de la Constitución Española.

(1) Aristóteles. Política · libro tercero. Del Estado y del ciudadano.
Teoría de los gobiernos y de la soberanía. Del reinado
.

NOTA: la fotografía que encabeza este post es mía, tomada en Punta Calero (Lanzarote) en agosto de 2010.

¡Qué grande es el cine!

A través de estas palabras quiero ofrecer un pequeño homenaje a los hermanos Lumière, los creadores del cine, tanto de las máquinas que lo hacían posible como su hilo conductor: contar historias de la mejor forma posible. Hoy se estrena en España una película, Lumière ¡comienza la aventura!, que he conocido en detalle a través de su director, Thierry Frémaux, como homenaje explícito sobre la realidad social que quisieron transmitir al mundo. Su cine fue una ventana para contemplar la historia real de lo que pasaba en la sociedad humana. Ese fue su éxito, más allá de la técnica que en aquellos años hay que reconocer que fue impecable y revolucionaria.

Me consta que Frémaux admira a un director de mi filmoteca de secreto, Bertrand Tavernier. Para mí es una garantía su obra de unir pequeños cortos de los hermanos Lumière, sabiendo que Tavernier lo inspira. Me explico. El cine de calidad nunca es inocente. No he olvidado cómo me han conmovido determinadas películas. Recuerdo ahora Hoy empieza todo, excelente película de Tavernier, donde pude constatar que el cine, en realidad, no es cine, sino la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando encontramos las mejores historias, un gran corazón late, se alarma, va más despacio, sale de la sala cinematográfica con el deseo de seguir creyendo en un mundo diferente que todavía es posible. Todos los rostros miran en la misma dirección. Este impulso es el que aspiramos a que nos acompañe siempre, porque es el que nos permite descubrir y alimentar cualquier microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película de Tavernier, aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor digno que nos conmueve, es decir, que nos perturba, inquieta, altera, que nos provoca situaciones placenteras que consuelan a nuestra persona de secreto con fuerza y eficacia, afectando de lleno los sentimientos y emociones. Al fin y al cabo, porque aspiramos siempre a descubrir nuestra mejor historia.

Iré a ver la aventura real de los hermanos Lumière, sobre todo a sentirla, porque hoy más que nunca necesitamos constatar que cualquier parecido con la dura realidad que se proyecta e instala en la sociedad y en la vida de cada uno, muchas veces, a diferencia de las películas, no es pura coincidencia.

¡Gracias, hermanos Lumière!

Sevilla, 20/X/2017

No olvido que Andalucía está muy presente en Cataluña

LA NOVENA PROVINCIA

En 2010 se publicó en la Revista “Andalucía en la Historia”, un dossier muy interesante sobre la emigración de andaluces a Cataluña, de imprescindible lectura, que constituyen en la actualidad casi una novena provincia de Andalucía, una realidad a la que en estos días no se le está dando la importancia que tiene, con un silencio clamoroso desde las altas instancias de la política y sociedad andaluza. Escribo estas palabras como una expresión cercana a casi un millón de andaluzas y andaluces que viven en la actualidad en Cataluña y que tienen alma andaluza, porque deseo que no se sientan desamparados de una tierra que los vio nacer a muchos de ellos y a la que quieren por encima de nacionalismos e independentismos alejados de la Constitución.

Cataluña fue un refugio en el siglo pasado para miles de familias andaluzas que en la posguerra tuvieron que emigrar desde Andalucía en busca de un mundo mejor, cargados de sufrimientos y con desgarros de sus ciudades y pueblos de origen porque aquí en el Sur no se podía vivir. Más de quince mil inmigrantes del silencio cómplice fueron expulsados desde Cataluña a sus pueblos andaluces de origen, durante los años negros (1948-1957), hecho histórico documentado que no se debería olvidar nunca. Fueron a buscarse la vida y crear áreas residenciales pobladas de andaluces donde se intentó y consiguió crear un hábitat propicio para personas desarraigadas de sus lugares y familias de origen. Y Cataluña los recibió con brazos abiertos y pudieron crear allí familias arraigadas en aquella tierra, unos para quedarse definitivamente y otros para volver cuando su vida laboral finalizaba allí y podían tomar un nuevo rumbo con las jubilaciones en empresas radicadas en Cataluña.

Es por este motivo por el que los quiero recordar especialmente en estos momentos difíciles que estamos viviendo en Cataluña. Creo que en el ecosistema andaluz en Cataluña se reproducirá perfectamente la fractura social que se está creando en aquel territorio, pero con un marcador diferente. La emigración enseña a ser ciudadanos del mundo y derriba fronteras y murallas ficticias, tal y como he recordado en artículos anteriores sobre este doloroso proceso de Cataluña. Es incomprensible que ahora se sientan atrapados en la declaración unilateral de independencia los emigrantes andaluces y las nuevas generaciones nacidas allí, pero con antepasados de esta Comunidad, porque su alma es andaluza y saben mejor que nadie lo que es tener que atravesar fronteras e iniciar nueva vida plagada de desarraigos. Esta novena provincia no tiene la facilidad de trasladarse a Andalucía de nuevo, siguiendo la estela de muchas empresas que se están marchando diariamente de aquella tierra buscando seguridad política y jurídica. La mayor parte de las andaluzas y andaluces en Cataluña son trabajadores asalariados que dependen de empresas radicadas ahora allí. Creo sentirme cerca de la preocupación que deben tener ahora porque son conscientes que el éxodo comienza con traslados institucionales, pero al final acabarán con traslados forzosos por el clima irrespirable que se podrá llegar a tener allí y que ojalá no se llegue a instalar allí nunca.

En ellos debemos pensar y trasladarles nuestra solidaridad actual. En primer lugar, transmitiéndoles desde el Sur que confíen en la democracia del Estado de Derecho, porque es fuerte cuando está arropada por la Constitución. En segundo lugar, decirles que, aunque es legítimo pensar en el retorno de algunos a Andalucía llegado el momento de establecerse la hipotética independencia, no abandonen precipitadamente su lugar de vida actual hasta que la situación se aclare definitivamente. En tercer lugar, la Junta de Andalucía debería preparar un efecto retorno por si, llegado el caso, miles de andaluzas y andaluces tuvieran que volver a sus lugares de origen porque allí, en Cataluña, fuera difícil seguir tejiendo sus vidas o por si los traslados laborales tuvieran que tutelarse, con responsabilidad de Estado y Comunidad Autónoma de Andalucía para proteger el interés general y para garantizar derechos y deberes laborales que nunca se debería olvidar. Para que no se sientan olvidados ni solos.

Sevilla, 18/X/2017

Fuegos, ¡nunca más!

Las imágenes de Galicia ardiendo me han turbado. Cuando Galicia se quema, algo de nuestra alma se quema. No es un eslogan sino una realidad. Solo hace dos meses que he visitado esa Comunidad, iluminada por la luna, Luar na Galiza (Resplandor de la luna en Galicia), tal y como la he imaginado siempre. Quise conocer otra tierra gallega, no la que se aprecia cuando solo eres volantista, tal y como llama Manuel Rivas a los conductores que visitan Galicia en coche y no pueden contemplarla a un lado y a otro de su campo de visión, de su belleza natural y verde constancia que la invade por todas partes. Es verdad, me pasó a mí en esos días por la red de carreteras de Galicia, porque cuando iba preocupado por su trazado, un stop o un cambio de sentido, no podía apreciar bien los cruceiros o lo que Rivas narra como “una hermosa cruz de piedra y las espinas del Cristo, también de piedra”.

O TEU MONTE

He vuelto a leer un poema de Rosalía de Castro, Negra sombra (Follas Novas, 1880), de contenido espiritual gallego y universal, ante el dilema existencial que se instala en nuestra persona de secreto cuando asistimos a acontecimientos como los de Galicia, una sombra negra del fuego que nos asombra:

Cuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras,
al pie de mis cabezales,
vuelves haciéndome burla.

Cuando imagino que te has ido,
en el mismo sol te me muestras,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que sopla.

Si cantan, eres tú que cantas,
si lloran, eres tú que lloras,
y eres el murmullo del río
y eres la noche y eres la aurora.

En todo estás y tú eres todo,
para mí y en mí misma moras,
no me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.

He recordado cómo se abrazaban los árboles en las carreteras comarcales, rodeándonos de derecha a izquierda y al revés durante muchos kilómetros, uniendo parroquias entre sí, en el viaje maravilloso que hicimos con un luar espléndido desde Fisterra a Muxía y Camariñas. Ahora, en el Sur de Galicia, sobre todo, solo se han abrazado para morir en la hoguera de la sinrazón humana, dejándonos cicatrices del paisaje que explican muchos malestares, incluso el social, como nos recuerda Freud. Negra sombra que nos asombra.

Sevilla, 17/X/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://artabra21.blogspot.com.es/2017/10/lumes-nunca-mais-concentracion-en.html

Cataluña digital

CATALUNYA DIGITAL

Ha saltado a los medios de comunicación la realidad política independentista digital de Cataluña. No nos debe asombrar este proceso porque el mundo digital ofrece hoy posibilidades imaginativas para crear estrategias digitales de amplio espectro. Llevo años escribiendo en este blog sobre el déficit español de estrategias digitales con visión de Estado, sin que se vea atisbo alguno de que algún día salte al Congreso de los Diputados como una necesidad de obligada atención política. Lo contrario es esperar que un día podamos asistir a un golpe de estado, digital por supuesto, que también existen.

No me ha sorprendido conocer el avance de Cataluña en este sentido porque el proceso de independencia era un escenario óptimo para establecer bases sólidas estratégicas digitales que den soporte a la llamada por ellos República de Cataluña. Ahora bien, el fin no justifica los medios, máxime cuando el fin está trenzado de caminos ilegales de múltiple espectro. El camino tomado por este proceso digital hace añicos la supuesta protección de datos de carácter personal, por mucho que seamos mal pensados y tomemos conciencia paulatina que la privacidad actual en nuestro país es un sueño de oro en el mundo digital actual.  Pero en democracia las leyes están para cumplirlas y existen varias en España, empezando por la propia Constitución como ley suprema, que protege estas experiencias que van más allá de lo tolerable.

El Estado español no debe sorprenderse de lo que se comenta estos días en los foros nacionales e internacionales sobre el gobierno digital en la sombra que ya funciona en Cataluña. Fundamentalmente, porque no está preparado para contrarrestar esta corriente digital de amplio espectro. Tecnología existe en la actualidad para aburrirse y también podemos hacer en cualquier momento declaraciones unilaterales de independencia digital basadas en ella, aunque la realidad en democracia sea otra, porque el proceso digital de cualquier estrategia digital de Estado (llámese en este ejemplo, de República) debe pasar por el proceso de ordenación+organización digital, para que tenga todas las garantías democráticas de un Estado de derecho.  He manifestado en muchas ocasiones en este blog que en el Estado Digital no se debe organizar nada que no esté previamente ordenado, para salvar grandes principios en democracia, como son los de participación, comunicación y declaración legal de derechos y deberes digitales en cada asunto que se trate desde esta perspectiva de gobierno y gobernanza. De lo leído hasta ahora, la participación ciudadana en el proyecto no aparece por ningún sitio.

Es muy interesante lo que ocurre en la actualidad en Estonia, sin lugar a duda alguna, pero no confundamos el análisis situacional ni la ética de Estado que siempre debe estar detrás en cada realidad en la que se quiera aplicar la estrategia digital modelo. Las tecnologías pueden ser en determinados momentos de doble uso. La inteligencia pública digital desarrolla sobre todo la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, sobre todo cuando seamos capaces de dar respuesta desde la gestión de riesgos digitales a la dialéctica infernal del doble uso de la informática, es decir, la utilización de los descubrimientos electrónicos para tiempos de guerra y no de paz, como en el caso de los drones o de la fabricación de los chips que paradójicamente se usan lo mismo para la consola PlayStation que para los misiles Tomahawk. El que quiera entender que entienda. Ese es el principal reto de la inteligencia de los gobiernos digitales correspondientes y creo que debemos estar muy atentos a esta realidad tan próxima en Cataluña. Aunque el Estado español, por desgracia, esté tan ajeno de esa realidad política digital que debería ser elemento estratégico básico en el Gobierno actual y en la Constitución a revisar. Tiempo al tiempo.

Sevilla, 14/X/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://politica.elpais.com/politica/2017/10/13/actualidad/1507916636_098849.html

La cuenta atrás

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Estamos viviendo días especiales en este país tan contradictorio. El lunes próximo, a las 10:00 horas, finaliza el plazo dado por el Gobierno español al presidente del Gobierno catalán para que explique qué dijo exactamente el pasado martes en un pleno inolvidable y en referencia a la declaración unilateral de independencia, con la finalidad de que se pueda despejar definitivamente una incógnita sustancial del trabalenguas libertario que ha dado la vuelta al mundo. La situación actual es de urgencia ideológica y de compromiso activo para salir de este clima irrespirable que atenaza a este país desde hace unos meses, fundamentalmente porque hemos entrado en una espiral involutiva, en la que se echa en falta la alta política con visión de Estado, en el que todos no somos iguales a la hora de asumir derechos y deberes políticos, ciudadanos y porque no podemos permanecer callados ante determinados silencios cómplices.

Tengo grabadas en mi persona de secreto las escenas del reloj en El último tren de Gun Hill o en Solo ante el peligro. Son momentos estelares que han marcado la historia del cine, que podemos traer a nuestra realidad presente, salvando lo que haya que salvar, acosados por un clima irrespirable al conocer la información diaria sobre Cataluña, en relación con la declaración unilateral de independencia bajo la forma de República Catalana. Son escenas de hora límite.

En estos casos, cualquier parecido con la realidad de decir hasta aquí hemos llegado, con un reloj histórico actual por medio, no es pura coincidencia. Es una metáfora sobre la necesidad urgente de levantarnos como ciudadanos españoles de hecho y de derecho, porque ha llegado la hora de hacerlo, dado que la cuenta atrás temporal actual exige tensión y acción respecto de una respuesta activa. Sobran otras escenas, que no me interesan, porque solo me quedo con las de la tensión y espera activa ante el reloj. No existe bálsamo de Fierabrás, ni recetas escritas para abordar fácilmente esta situación en Cataluña, pero creo que el trabajo celular de construcción y regeneración ética de cada ciudadano por sí mismo u organizado en tejidos sociales de carácter público y privado es una respuesta imprescindible para consolidar la malla territorial que conforma el país. Y recuerdo: ha llegado la hora de levantarse y ponerse a trabajar por un país diferente, digno, sin fronteras y murallas interiores, comprometido con el respeto a la Constitución en su redacción actual, susceptible de cambios urgentes porque así se constata cada día que pasa, mirando siempre hacia adelante.

Hay que cambiar la Constitución para reforzar, sobre todo, los derechos fundamentales actuales, dando una vuelta de tuerca al reconocimiento de los mismos con acciones programáticas, constitucionales, que avalen las políticas a ejecutar. Me refiero concretamente a los marcos presupuestarios macroeconómicos que deben declarar de forma contundente las prioridades de Estado: educación, salud y atención social a los más desprotegidos de derechos fundamentales y a poner a cada poder en su sitio. Creo en el federalismo estatal, que abriría muchas posibilidades para asumir realidades tan complejas como la de Cataluña y País Vasco. Por tanto, se debería abrir un debate al respecto que culminara en el Congreso de los Diputados y en el Senado, que tienen mucho que decir en este momento. Para empezar, no deberían cerrar estos días mirando solo la cuenta atrás del reloj desde fuera, sino mantener algo que es definitorio en el mundo digital en el que vivimos: la alta disponibilidad, veinticuatro horas al día trabajando por este país, los trescientos sesenta y cinco días del año. España, con su democracia representativa, lo necesita.

Sevilla, 13/X/2017