Sheila Blanco canta a las poetas del 27

Sevilla, 8/III/2021

Para completar hoy mi participación activa en la celebración del Día Internacional de la Mujer, deseo compartir el descubrimiento de una isla desconocida, la voz de Sheila Blanco, a la que identifiqué en la banda sonora del documental emitido anoche por TVE2, Las sinsombrero, en su tercera entrega, formando parte de un proyecto muy interesante que conviene seguir con atención y respeto histórico.

Sheila, pianista, compositora y cantante, “ha convertido en canciones una selección de poemas de las mejores autoras de la Generación del 27, acompañándose únicamente por un piano, poniendo voz y ritmo a los versos de las poetas Carmen Conde, Ernestina de Champourcin, Concha Méndez, Elisabeth Mulder, Pilar de Valderrama, Margarita Ferreras, Josefina Romo Arregui y Dolores Catarinéu, “interpretando una música que ahonda en las emociones que impregnan sus poemarios y que abordan temas universales, personalizados en las vidas de cada poeta como son el amor, el dolor, el exilio, la belleza, la pena, el remordimiento”.

La canción que pueden escuchar junto a estas palabras es la musicalización del poema de Josefina Romo Arregui (Madrid, 1913 – 1979), Pétalos. Quiero besarte la risa, en una interpretación delicada y de gran belleza musical, para demostrar de forma fehaciente que “sin ellas, las poetas, la historia no está completa”, en todas y cada una de las vertientes que podamos imaginar, sobre todo la del respeto del papel de la mujer en la historia de la cultura en nuestro país, tan olvidado y oculto siempre. Sheila manifiesta que “En la persona de Josefina se aúnan la sensibilidad, la capacidad de trabajo y las ansias por conocer el mundo. Se doctoró con premio extraordinario en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid y llegó a impartir clase en la Universidad de NYC y más tarde en Connecticut, al ocupar la Cátedra de Lenguas Románicas y Clásicas. Fundó y dirigió durante 10 años los famosos Cuadernos Literarios, además de impartir conferencias por tres continentes y publicar diversos poemarios y ensayos. Con 19 años escribió su poemario inaugural, La peregrinación inmóvil, cuyo título es ya toda una declaración de intenciones. Es este un poemario experimental y onírico con poemas preciosistas como este “Pétalos. Quiero besarte la risa” que me enamoró desde la primera lectura. La música que le he compuesto intenta subrayar la belleza de la sencillez del poema”.

Quiero besarte la risa
y sus notas cristalinas;
colgándome de los labios
parecerán campanillas;
quiero besarte la luz
que brota de tus pupilas.
¿Cómo será fría o cálida?
¿Lo mismo que cuándo miras?
Sueño mi beso estuviera
lejos del radio en que gira
lo que es, pues yo quisiera
bajo la noche tranquila
besarte lo que ninguno
hasta hoy te besaría.

En La peregrinación inmóvil, 1932.

Creo que es una oportunidad para disfrutar de un canto a la vida, un símbolo de lo que significa compartir palabras que envuelven la razón de ser de una mujer muy desconocida que a través de la poesía nos entrega hoy la belleza de la vida y su difícil peregrinar en ella. Gracias en este aquí y ahora a la generación de las sinsombrero, a Josefina, a Sheila.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada

Lo que aprendimos de Alicia

Ilustración original de “Alicia en el País de las Maravillas”, de sir John Tenniel, en el capítulo ‘Una merienda de locos”

Sevilla, 8/III/2021, en el Día Internacional de la Mujer

Delphine de Vigan es una escritora francesa que ha publicado recientemente en nuestro país una novela aleccionadora, Las gratitudes, en la que plantea algo que olvidamos con frecuencia: saber distinguir qué significa “dar las gracias” a diferencia de “agradecer”, porque mientras que en la primera reacción humana el acto suele ser casi automático, sin ninguna carga afectiva, en la segunda manifestación interpersonal se contrae algo más importante que la emoción puntual, un sentimiento, una deuda con la persona a la que le manifestamos nuestro agradecimiento más allá de las palabras rituales y automáticas, que se mantiene en el tiempo con actitudes de cercanía y de compromiso interpersonal activo: “¿Os habéis preguntado alguna vez cuántas veces en la vida habéis dado realmente las gracias? Unas gracias sinceras. La expresión de vuestra gratitud, de vuestro agradecimiento, de vuestra deuda” (1).

En este Día Internacional de la Mujer, quiero agradecer a la vida, por escrito, mi experiencia personal con el ejemplo de una protagonista de un cuento, una niña llamada Alicia, en su país de las maravillas, a la que agradezco hoy todo lo aprendido de su ejemplo a lo largo de los años, a través de la lectura madura de su historia narrada por Lewis Carroll, estando de acuerdo con lo que Juan Ramón Jiménez escribía en el Prólogo de su precioso libro “Platero y yo”: “Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para… ¡qué sé yo para quién! …para quien escribimos los poetas líricos… Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien! […] Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren. También habrá excepciones para hombres y para mujeres, etc.”.

En el mundo al revés en el que vivimos a diario y que me tiene últimamente tan ocupado y desconcertado, pienso que siendo adulto leí siempre, con alma de niño, el libro de Alicia en el país de las maravillas, porque era una isla espiritual en la que podía vivir como Juan Ramón Jiménez pensaba en ese prólogo que nunca he olvidado: “Dondequiera que haya niños -dice Novalis-, existe una edad de oro. Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca”. Esa es la razón clara de por qué aprendí tantas cosas, siempre, de una niña fantástica, Alicia, un ejemplo para saber qué es el silencio y comprender la quintaesencia de la palabra en una frase enigmática del sombrerero: “Comienza por el principio y cuando termines de hablar…¡te callas!”, si es que no tengo algo mejor que decir que el silencio, tal y como hizo Alicia.

Es lo que comprendí en ella cuando “sentada con los ojos cerrados, casi se creía en el país de las maravillas, aunque sabía que sólo tenía que abrirlos para que todo se transformara en obtusa realidad”. Supe más tarde que aquello se llamaba el principio de realidad, en un diálogo sublime con el sombrerero: “Pero un sueño no es la realidad (Alicia). Y, ¿quién te dice cuál es cuál? (Sombrerero). Pero lo que tengo que reconocerle a la niña Alicia es algo muy importante en la vida, algo que utilicé muchas veces en mis presentaciones y conferencias profesionales: saber dónde tenemos que ir en cada momento de la vida, para no correr el riesgo de perdernos, aunque hablara en algunas ocasiones de estrategias digitales públicas que afectaban a millones de personas en Andalucía y que se tenían que desarrollar con espacio, dinero y tiempo…, públicos:

  • “ ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
  • Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato.
  • No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
  • Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -dijo el Gato.
  • … siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.
  • ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato- si caminas lo suficiente!”

Supe, llegado al ecuador de la vida, que había que estar a veces loco para seguir luchando contracorriente en la vida, frecuentando experiencias personales y laborales en las que me podían decir ¿qué hace un chico como tú en un sitio como éste?, ¡hay que estar loco! Lo descubrí, siguiendo al pie de la letra unas palabras de Alicia:

  • “Hasta ahora no he tomado nada -protestó Alicia en tono ofendido-, de modo que no puedo tomar más.
  • Quieres decir que no puedes tomar menos -puntualizó el Sombrerero-. Es mucho más fácil tomar más que nada.
  • Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca.
  • Oh, eso no lo puedes evitar. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
  • ¿Cómo sabes que yo estoy loca?
  • Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí”.

Escucho a diario la utilización despectiva del adjetivo “loco” en locuciones diarias a nuestro alrededor del tipo “tal o cual persona está loca” por lo que piensa, escucha, dice y escribe. Lo descubrí también en Federico García Lorca, en unas palabras pronunciadas en un acto con estudiantes de la Universidad de Madrid, en 1934, presentando unos versos del poeta chileno Pablo Neruda, cuando les decía lo siguiente: “Yo os aconsejo oír con atención a este gran poeta y tratar de conmoveros con él cada uno a su manera. La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay en la verdadera poesía, un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, que muchos matan para colocarse el odioso monóculo de la pedantería libresca y sin el cual es imprudente vivir”.

La locura no es una señora con un gorro de puntas de las que cuelgan cascabeles, en un nuevo acto machista por asignación de este rol pérfido a la mujer. La locura puede ser entendida en su sentido más noble como la capacidad de alternar la crudeza de la vida diaria, el mundo al revés, con el bienestar personal, mediante “lecturas especiales/ideales” de lo que está ocurriendo (2), aunque si la naturaleza humana no responde a las necesidades diarias, la gracia nunca puede presuponer lo que naturaleza no da (gratia non datur, natura dispensatur). El famoso cuento del violín, escrito por Federico el Grande, lo resume muy bien: la vida me pide, a veces, que toque el violín solo con tres cuerdas, luego con dos, luego con una [cada una, cada uno que ponga otro nombre a las cuerdas de su locura…], pero los resultados son obvios, la locura crece:

Os pido, si os place, que este cuento
Os enseñe, queridos amigos,
Que por grande que sea el talento
El arte no se basta sin los medios

Así lo he vivido y así lo cuento, aunque les aseguro que cualquier parecido de lo que le sucedía a Alicia con mi realidad nunca ha sido una pura coincidencia. De ahí mi agradecimiento como deuda, tal y como lo comentaba al principio de estas líneas, gracias a lo que una niña maravillosa me ha enseñado a lo largo de mi vida, encerrado algunas veces en una isla espiritual, desconocida para muchos, la que buscaba apasionadamente también, hace un siglo, un niño andaluz como yo llamado Juan Ramón Jiménez.

(1) De Vigan, Delphine, Las gratitudes, Barcelona: Anagrama, 2021

(2) Alberto Manguel publicó en 2006 un libro muy interesante, Nuevo elogio de la locura (Barcelona: Lumen), que nos ayuda a comprender al lector ideal de la vida, junto a otras muchas definiciones: “Robinson Crusoe no era un lector ideal. Lee la Biblia para hallar respuestas. Un lector ideal [de lecturas especiales] lee para encontrar preguntas” (los corchetes son míos).

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Un Goya para cuando se lleva el alma en un bolsillo

Sevilla, 7/III/2021

Anoche se reconoció el excelente trabajo del cine iberoamericano, en este caso con la fusión de Colombia y España, con la entrega de un Goya a una película dirigida por Fernando Trueba, El olvido que seremos, sobre la que publiqué el año pasado una reseña envuelta en palabras de Antonio Machado y Jorge Luis Borges. La ceremonia fue austera y respetuosa con la situación actual de la pandemia, con momentos brillantes como los del homenaje al mundo de los profesionales sanitarios como servidores públicos, por la presencia de una enfermera, Ana María Ruíz, creadora de la biblioteca del hospital de campaña de Ifema, que expresó algo importante: “Gracias al colectivo sanitario al que pertenezco y del que me siento tremendamente orgullosa, nuestros pacientes reciben cuidados y atención. Porque la cura no siempre es posible, pero sí lo son la compañía y el consuelo. Esta compañía y este consuelo suele tener un poder especial cuando proviene de los libros, de la música, de la danza y del cine; en definitiva: de la culturay como entregadora de una estatuilla a la mejor película, Las niñas, todo un símbolo del papel de la mujer en el mundo actual, en representación de todos los sanitarios que han prestado servicios esenciales a las personas que han sufrido el azote del coronavirus. También, por el recuerdo al director inolvidable Luis García Berlanga en el centenario de su nacimiento y la entrega del Goya de Honor a Ángela Molina, que pronunció unas palabras llenas de sentido y sensibilidad, como marca de su casa interior: “Recibo el premio con alegría porque sois vosotros, mis compañeros de profesión, los que os habéis acordado de mí. Tenemos que improvisar puentes que ninguna pandemia pueda arrebatarnos. […] Siempre os estaría hablando de España y de su gente, esa gente que le gusta darse, buena, leal, amiga en las horas difíciles que necesita vivir para querer y querer para vivir. Doy gracias al cine. Tal vez la vida se parezca al cine porque no disfrutamos sin los demás.

La cultura se enriqueció ayer con esta ceremonia. Agradezco, por tanto, que la Academia del Cine apueste por continuar con el espectáculo cinematográfico desde todas las ópticas posibles. También, a Antonio Banderas y María Casado, resaltando cómo el actor malagueño ha dado continuidad a la cultura en Andalucía, en su tierra natal, Málaga, al dar vida de nuevo al antiguo cine Pascualini, en una sede con 104 años de historia en la ciudad, rememorando lo sucedido en el querido Cinema Paradiso de tan feliz memoria para todos y, especialmente, para los que aman lo que hacen, cine, para hacer la vida más amable a las personas que aman la película real de sus vidas.

Vuelvo a publicar el artículo citado, Cuando guardamos el alma en un bolsillo, porque todas y cada una de sus palabras ya eran un homenaje anticipado a lo que ocurrió anoche con la entrega de un Goya a la mejor película iberoamericana. Todo un símbolo para no olvidar, siendo y estando en un mundo tan conflictivo como el actual, pero que sigue posibilitando que todos podamos guardar nuestra alma en el bolsillo más querido de nuestra vida. En aquél momento no había leído el libro, aunque días después lo compré y devoré en un abrir y cerrar de ojos. También del alma.

Cuando guardamos el alma en un bolsillo

Ha sido una experiencia especial, de las que estremece la vida, porque he vuelto a descubrir el alma de una persona en su bolsillo. Me ocurrió por primera vez el día que supe que en un viejo abrigo de Antonio Machado, que le daba calor en el frío febrero de 1939 en Colliure, unos días antes de su triste fallecimiento en el exilio, guardaba en uno de sus bolsillos un papel arrugado con tres anotaciones a lápiz: “Ser o no ser…”, una cuarteta a Guiomar (de Otras canciones a Guiomar, a la manera de Abel Martín y Juan de Mairena, corregida así: “Y te daré mi canción: / Se canta lo que se pierde / con un papagayo verde / que la diga en tu balcón”) y un verso suelto: “Estos días azules y este sol de la infancia…”. Lo descubrió su hermano José, unos días después del fallecimiento de su madre y de su hermano Antonio. Tres reflexiones rotas, inacabadas, por una vida compleja por razón de ideología y compromiso social, que simbolizan una forma de ser y estar en el mundo como persona digna.

La segunda experiencia y que motiva estas palabras escritas hoy con el vértigo que siento siempre ante la página en blanco, es el descubrimiento de una historia que merece ser leída con detalle a través de un extenso artículo del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, protagonizada por una nota encontrada en el bolsillo de la chaqueta de su padre, el doctor y activista de derechos humanos Héctor Abad Gómez, el día que lo asesinaron (probablemente a manos de paramilitares), el 25 de agosto de 1987, en la calle Argentina de Medellín (Colombia), donde figuraba un poema de Borges, tal y como lo describió meses después en el Magazín Dominical de El Espectador. Fue el momento en el que dijo que el poema era de Borges. Lo que sucedió después, a lo largo de los años, es una historia muy larga de contar que propició la publicación de un libro, El olvido que seremos (1), que a su vez ha sido la base del guion de una película dirigida por Fernando Trueba y que ha sido seleccionada en la 73ª edición del Festival de Cannes, aunque no ha podido celebrarse el pasado mes de mayo por la pandemia mundial. Esta concatenación de hechos es muy sugerente, a modo de una novela no de ficción, sino de realismo mágico y trágico colombiano que tan bien trató siempre Gabriel García Márquez, aunque en esta ocasión con visión plena y triste de una gran realidad vivida y sentida en primera persona por Héctor Abad Faciolince.

EL OLVIDO QUE SEREMOS

El poema atribuido desde el primer momento a Borges, lo tiene grabado el autor del artículo en su mente y muestra de su creencia en la auténtica autoría, tan controvertida después, es que sirvió como epitafio en la tumba de su padre, recogiendo las iniciales JLB que recordaba haber visto en aquella nota que encontró en el bolsillo de su padre: “[…]el poema ahora también está impreso en mi memoria y espero recordarlo hasta que mis neuronas se desconfiguren con la vejez o con la muerte”:

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres, y que no “.

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte, y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso, con esperanza, en aquel hombre

que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo
esta meditación es un consuelo.

Primero, le puso un título, Epitafio, hasta que con el paso de los años en el largo camino por demostrar la autoría de Jorge Luis Borges, apasionante, supo que su verdadero título era “Aquí. Hoy”. No he leído el libro que narra estos acontecimientos a modo de autobiografía novelada en tiempos de aquel suceso, solo algunas reseñas, entre las que escojo la de mi maestro, Manuel Rivas: “No sé si un libro puede cambiar la vida, pero sí que puede alterar tu reloj biológico. […] Me mantuvo en vigilia toda la noche. Es un libro con boca. La boca inolvidable de la gran literatura que ha sobrevivido a la extinción de las palabras”. Tampoco he visto la película, obviamente. Pero siento como si leyera hoy los versos de Machado y Borges, en primera persona y en directo, comprendiendo que el alma puede quedarse en el bolsillo de una chaqueta como si fuera el mejor lugar para una gran compañera en el camino de la vida: la dignidad del olvido. En el caso del padre de Héctor Abad Faciolince, muriendo también como Machado en soledad sonora, pero sin abandonar el precioso retrato de la dignidad: Y cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar.

Porque es verdad: desde hoy mismo ya somos el olvido que seremos y podemos guardarlo dignamente, como el alma, en nuestro bolsillo más querido.

NOTA: la imagen se ha recuperó el 6 de junio de 2020 de https://www.las2orillas.co/el-olvido-que-seremos-llega-a-cannes/

(1) Abad Faciolince, H. (2017). El olvido que seremos. Madrid: Alfaguara.

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El maletín de García Lorca y su sueño de las manzanas

Tomoko Yoneda, de la serie ‘El sueño de las manzanas. F.G.L. Briefcase El maletín de Federico García Lorca, 2020.

Sevilla, 6/III/2021

El macrocosmos de la cultura está haciendo una esfuerzo prodigioso para acercarla todos los días a la ciudadanía que la esperan con ardiente paciencia, tal y como nos lo recomendó Neruda. Una manifestación de esta situación plausible es la exposición que ofrece la Fundación MAPFRE en estos días, en Madrid, sobre la obra de la fotógrafa japonesa Tomoko Yoneda, que tiene una virtud incontestable por el hilo conductor de la muestra: hacer visible lo que la sociedad arrincona como invisible por su desprecio memorable de la memoria histórica.

En la presentación de la exposición, su comisario, Paul Wombell, afirma que “En sus retratos de hermosos paisajes e interiores de edificios vacíos, la fotógrafa evoca el espíritu de acontecimientos anteriores. Sus temas principales son la memoria y cómo la historia, tanto personal como política, define el presente”. La frase final de estas palabras, bajo el epígrafe “La imagen residual”, define bien la vida y obra cultural de Yoneda: “La filósofa política Hannah Arendt ha escrito que en los tiempos modernos los seres humanos vivimos entre el pasado y un futuro incierto y debemos aprender a pensar de manera diferente sin recurrir a los modos de pensamiento más tradicionales. Sus textos han sido una gran influencia para la fotógrafa. Al igual que Arendt, Yoneda pide al espectador que mire más profundamente mientras ella crea nuevas imágenes fotográficas capaces de sugerir un futuro diferente”.

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Tomoko Yoneda, de la serie ‘El sueño de las manzanas. Colina. Vista de la ubicación del cerro del Mosquito, batalla de Brunete, España, 2019.

Lo que he podido ver de la exposición me parece bellísimo y transido en bastantes ocasiones de un dolor pleno dentro de las imágenes que reflejan aquello que pasó y hoy no queremos recordarlo. He leído todas las cartelas de las diferentes salas y me he detenido en una por su proximidad a nuestro país, a su cultura de amor y muerte, El sueño de las manzanas, un encargo de la Fundación MAPFRE a la fotógrafa de una nueva serie sobre la Guerra Civil y la figura de Federico García Lorca, representando escenarios de las batallas del Jarama y Brunete, el maletín del poeta y el mono azul que llevaba con orgullo militante durante su participación activa en “La Barraca”, con las siguientes palabras que evocan un poema precioso de García Lorca, Gacela de la muerte oscura:

“Yoneda recorre los campos de batalla de la guerra civil española, desde Granada hasta los enclaves donde tienen lugar las batallas del Jarama y de Brunete en las afueras de Madrid, en las que lucharon y murieron los integrantes de la Brigada Abraham Lincoln que atravesaron el Atlántico para apoyar la causa republicana. En la lucha feroz que se libra alrededor del cerro del Mosquito a principios de julio de 1937, mueren Jack Shirai, único brigadista estadounidense conocido de origen japonés, y el comandante afroamericano Oliver Law. La otra muerte a la que alude Yoneda en estas fotografías es el asesinato a manos de soldados del bando nacional del poeta, dramaturgo y director de teatro Federico García Lorca, acaecido en Granada un año antes. Yoneda fotografía diversos objetos y el mono azul que García Lorca lleva durante su recorrido por distintas provincias con el grupo de teatro La Barraca representando obras del repertorio clásico español. Con su mezcla de formas teatrales populares y experimentales y sus referencias a la cultura y los mitos andaluces, García Lorca desafía la ortodoxia de la representación teatral para crear el teatro de lo imposible (2019-2020 – Copias cromogénicas).

Tomoko Yoneda, de la serie “El sueño de las manzanas”. El mono de Lorca en La Barraca, 2020.

He abierto mi libro de poemas de García Lorca por la página dedicada a su gacela de la muerte oscura y he querido ver la obra de Yoneda en las palabras del poeta, imaginándome por unos momentos qué llevaría Lorca en aquél maletín en momentos cruciales de su vida y lo que vivía en su alma de secreto con su mono azul de compromiso activo con la cultura republicana, creando “el teatro de lo imposible” para algunos, pero posible para él.

Quiero dormir el sueño de las manzanas,
alejarme del tumulto de los cementerios.
Quiero dormir el sueño de aquel niño
que quería cortarse el corazón en alta mar.

No quiero que me repitan
que los muertos no pierden la sangre;
que la boca podrida sigue pidiendo agua.

No quiero enterarme
de los martirios que da la hierba,
ni de la luna con boca de serpiente
que trabaja antes del amanecer.

Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto;
que hay un establo de oro en mis labios;
que soy el pequeño amigo del viento Oeste;
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas
.

Cúbreme por la aurora con un velo,
porque me arrojará puñados de hormigas,
y moja con agua dura mis zapatos
para que resbale la pinza de su alacrán.

Porque quiero dormir el sueño de las manzanas
para aprender un llanto que me limpie de tierra;
porque quiero vivir con aquel niño oscuro
que quería cortarse el corazón en alta mar.

Carlos Cano, Gacela de la muerte oscura (Federico García Lorca)

Por ahora, no necesito nada más que dormir el sueño de las manzanas, comprendiendo mejor que nunca y gracias ahora a Tomoko Yaneda, las palabras premonitorias del poeta en su sueño de lo posible y cantado por Carlos Cano: “Quiero dormir un rato, / un rato, un minuto, un siglo; / pero que todos sepan que no he muerto; / que hay un establo de oro en mis labios”. También, soñar un momento sobre el contenido de su maletín, conteniendo libros imaginarios para sus sueños de persona libre y solidaria.

(1) García Lorca, Federico, Diván del Tamarit – 1936, en Poesía completa. Madrid: Galaxia Gutenberg, 2011

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¡Dejemos el pesimismo para tiempos mejores!

Sevilla, 5/III/2021

Esta frase del título de las palabras de hoy, que todavía me quedan, la leí en una obra de Eduardo Galeano que suelo repasar con frecuencia: Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Cuenta el escritor uruguayo que “alguien, quién sabe quién”, la escribió al pasar, en un muro de la ciudad de Bogotá. Como alumno matriculado en esa escuela, sé que esa frase está incrustada en un capítulo que ayuda a entender ese mundo al revés que tanto sorprende a diario, de cuyo nombre quiero hoy acordarme: La contraescuela. Traición y promesa del fin del milenio.

En este contexto, he recordado que hace cuarenta y cuatro años publiqué un artículo en la página de opinión de un periódico de Sevilla muy combativo en la Transición, El Correo de Andalucía (7/VIII/1977), que llevaba por título Un profeta para una pintada, que reproduzco a continuación, sobre la importancia de escribir grafitis en paredes desconocidas, a modo de páginas en blanco, sobre el desencanto existencial ante el mundo al revés, algo que traduce la expresión que encabeza hoy estas líneas.

“Padecemos un fenómeno alarmante: ausencia y fuga de profetas. Casi sin darnos cuenta, el mundo asiste a un espectáculo desenfrenado de comunicación de masas donde cualquier grito de denuncia es sofocado con insistencia machacona por aquellos «a quienes corresponde». Siempre queda en el aire un sector de los que tienen que callar por desgaste multisecular. He aquí la necesidad del profeta, de hombres y mujeres auténticos que hablen en lugar de otros, de los que no se erigen detentadores de todos los poderes a costa del propio ser humano, pero que conoce la vida en profundidad y grita en favor del que se siente sofocado.

Y su ausencia se nota. El grupo, el equipo, el partido, la confesión religiosa y así sucesivamente, sacrificando a menudo a los profetas, incluso a sus profetas, por un prurito de nombre, de clase, grupo o ideología compacta. Este ha sido el «milagro español» durante muchos años: fuga de cerebros, y por qué no, fuga de profetas, fuga de inteligencia y de voluntad, de corazón. Y el país lo nota.

No hace muchos días, vi una pintada en una calle céntrica de Sevilla que me recordó esta ausencia. Decía más o menos así: «A los de vida destrozada, ¿quién los reivindica?». Es verdad. Durante la última oleada electoral este grito hecho partido no se ha escuchado, porque los de «vida destrozada» comprenden un grupo amplísimo de mujeres y hombres que combaten diariamente a vida o muerte por la existencia. Es una neurosis de conflicto crónica y crítica, donde no hay tiempo para organizarse, porque la desconfianza en el propio ser humano es su mejor bandera.

Hubo ya un rabino jasidista, Bunam de Przysucha, que intuyó la dificultad de escribir algo sobre el hombre que fuera convincente y tuviera fronteras. Al calibrar la «locura» de su empresa dijo: «Pensaba escribir un libro cuyo título seria «Adán», que habría de tratar del hombre entero. Pero luego reflexioné y decidí no escribirlo». Quizá sea ésta una razón metafórica inconsciente para no atender al interrogante de la pintada, porque indudablemente el parafraseado cuestiona la esencia humana y puede «amargar la existencia» a más de uno: «pensé un día reivindicar y decidí no hacerlo». Es el momento álgido: o profecía, o silencio culpable. Sin comentarios.

Afortunadamente, la ciudad va quedando más limpia. Pero, por favor, ésta pintada que no se borre. Puede ser que algún profeta se haga presente y se quede entre nosotros…”.

Al intentar buscar salidas a mi asombro actual ante la continua manifestación de acciones y palabras del mundo al revés, cuando casi todo está patas arriba, he recordado estas palabras escritas cuando era joven y pensaba y actuaba como joven, en una etapa crucial en nuestras vidas, porque comenzábamos en este país a reconstruirlo al derecho, no al revés, a la izquierda y menos a la derecha, con la ilusión paradójica de dejar el pesimismo para tiempos mejores. Les aseguro que es la palabra que me queda hoy en mi alma desconchada como la pared de la pintada, la de un pesimista que, según Benedetti, no es más que un optimista bien informado (1).

(1) Benedetti, Mario (2001). Haiku 123 en Rincón de haikus. Madrid: Visor Libros.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Está abierta la matrícula en la escuela del mundo al revés

Desde el punto de vista de sus vecinos del pueblo de Cardona, el Toto Zaugg, que andaba con la misma ropa en verano y en invierno, era un hombre admirable:

El Toto nunca tiene frío -decían.

Él no decía nada. Frío tenía: lo que no tenía era un abrigo.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Sevilla, 4/III/2021

A mi matusalénica edad, que diría Benedetti, he decidido matricularme en la escuela del mundo al revés, porque tal y como está la cosa me convenzo, cada día más, que no entiendo casi nada de lo que pasa, aunque muchos me adviertan que lo que pasa es que no sabemos lo que nos pasa y que me tengo que convencer de que “estoy obligatoriamente obligado a entenderlo”, como aprendí en mis años jóvenes del poeta malagueño Rafael Ballesteros. La verdad es que ese aserto no me soluciona nada, probablemente porque soy un inconformista de cuidado. En el acto de la matrícula (gratuita, por cierto) me han indicado un libro de texto muy interesante, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, de Eduardo Galeano, autor que siempre he admirado por sus lecciones de ética mundana. Me han dicho que es imprescindible llevarlo siempre encima para comprender bien el sentido de cada clase. ¿Se convertirá en un libro de cabecera?

Dicho y hecho. Abro el libro por su primer capítulo, para ir calentando motores, leyendo sin pestañear su primer apartado: Educando con el ejemplo: “La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos, a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos”. La verdad es que para empezar no está mal el discurso, porque tengo que confesar que algo así me pasa casi todos los días, porque el mundo está trastocado y en permanente mudanza por tierra, mar y aire.

A continuación aborda varios epígrafes de marcado interés: los modelos de éxito, los alumnos y un curso básico de injusticia. Son tres maniobras de aproximación al mundo al revés, a título de ejemplo, que una vez leídas me han sobresaltado aún más, quizá sea por aquello del inconformismo crónico que padezco. Sobre los modelos de éxito arranca su análisis con una introducción contundente: “El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian la naturaleza: la injusticia, dicen, es la ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de «la tasa natural de desempleo». Por ley natural, comprueban Richard Herrstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria”.

Cuando trata el epígrafe de los alumnos, otra vez vuelve a la carga para describir cómo es el mundo de muchos niños de hoy, es decir, su mundo al revés: “Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños”. La verdad es que esta visión descarnada me sirve para darme cuenta de que hay personas en el mundo que siguen pre-ocupadas (así, con guion) con lo que pasa en el mundo o en mi barrio más próximo. Describe, uno tras otro, ejemplos de lo que pasa a los niños del mundo, que puede ser hoy lo que les ocurre a muchos niños y niñas aquí en Sevilla, en la barriada del Vacie o en las Tres Mil Viviendas, en el Polígono Sur, en Amate y en Los Pajaritos: “Entre los niños que viven prisioneros de la opulencia y los que viven prisioneros del desamparo, están los niños que tienen bastante más que nada, pero mucho menos que todo. Cada vez son menos libres los niños de clase media. Que te dejen ser o que no te dejen ser: ésa es la cuestión, supo decir Chumy Chúmez, humorista español. A estos niños les confisca la libertad, día tras día, la sociedad que sacraliza el orden mientras genera el desorden”.

El tercer epígrafe, dedicado al curso básico de injusticia, me ha conmovido en una de sus primeras líneas: “La dictadura de la sociedad de consumo ejerce un totalitarismo simétrico al de su hermana gemela, la dictadura de la organización desigual del mundo. La maquinaria de la igualación compulsiva actúa contra la más linda energía del género humano, que se reconoce en sus diferencias y desde ellas se vincula. Lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. Lo que más me ha sorprendido es la clamorosa diferencia que expone entre ser o tener, dialéctica que ya aprendí a identificar con Erich Fromm y que ahora rescato en las palabras de Galeano: Quien no tiene, no es: quien no tiene auto, quien no usa calzado de marca o perfumes importados, está simulando existir. Economía de importación, cultura de impostación: en el reino de la tilinguería [los tontos, bobos y simples], estamos todos obligados a embarcarnos en el crucero del consumo, que surca las agitadas aguas del mercado. La mayoría de los navegantes está condenada al naufragio, pero la deuda externa paga, por cuenta de todos, los pasajes de los que pueden viajar. Los préstamos, que permiten atiborrar con nuevas cosas inútiles a la minoría consumidora, actúan al servicio del purapintismo [actitud de aparentar] de nuestras clases medias y de la copianditis de nuestras clases altas; y la televisión se encarga de convertir en necesidades reales, a los ojos de todos, las demandas artificiales que el norte del mundo inventa sin descanso y, exitosamente, proyecta sobre el sur. (Norte y sur, dicho sea de paso, son términos que en este libro designan el reparto de la torta mundial, y no siempre coinciden con la geografía)“. Una anécdota que cuenta Galeano en este epígrafe me parce de un simbolismo práctico como la vida misma: “Existe un solo lugar donde el norte y el sur del mundo se enfrentan en igualdad de condiciones: es una cancha de fútbol de Brasil, en la desembocadura del río Amazonas. La línea del ecuador corta por la mitad el estadio Zerâo, en Amapá, de modo que cada equipo juega un tiempo en el sur y otro en el norte”.

El mundo al revés que vivimos es que tenemos un problema económico muy grave en el país, que viene de antiguo, la irrupción brutal de la COVID-19, el paro galopante, el mal comportamiento de los políticos, del rey emérito y su cohorte, así como los problemas derivados de esta situación que son muchos; la sanidad pública cada vez más asfixiada en profesionales, la inversión y dotación económica insuficiente para casi todo lo que se mueve, problemas de pobreza severa y otros de variada índole social; la situación de los jóvenes cuya horquilla de fracaso social es cada vez más alarmante; también, la falta de conciencia ciudadana ante lo que está ocurriendo y, por último, la realidad alarmante de la eterna dialéctica entre educación pública y concertada, con gran menoscabo de la primera, cuando invertir en educación es la garantía de nuestro futuro.

Acabo por hoy, aunque reconozco que el Curso se está poniendo muy difícil de entender y asimilar, sobre todo porque estoy de acuerdo con la descripción del mundo al revés que hace Galeano, aunque no atisbo muchas salidas a esta situación. Ya lo comenté en este cuaderno digital el año pasado, porque él “nos invitó hace ya veintidós años a entrar en la escuela de ese mundo tan opresivo para personas que buscan otra forma de ser y estar en el mundo de todos y lo sintetizó en unas palabras, Si Alicia volviera,  que no olvido: “Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies” (1).

Hoy, me he vuelto a asomar a la ventana de Alicia y me he dado cuenta de que lo que veo y siento es el mundo en su aquí y ahora en el que me ha tocado vivir. Reconozco que entenderlo, es harina de otro costal, porque casi todo está patas arriba.

(1) Eduardo Galeano (1998). Si Alicia volviera, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ejemplaridad pública, ética y real

Sevilla, 3/III/2021

Estamos viendo que una institución reverencial de la Constitución, la Corona, está en sus horas más bajas, porque no pasa un día sin que nos enteremos de noticias nada ejemplares de quienes detentan poderes fácticos en la monarquía, en un neoabsolutismo moderno y real (nunca mejor dicho) que deja bastante que desear. El pueblo, una vez más, espera siempre actitudes ejemplares de sus gobernantes, en este caso del rey emérito y asociados, también de la familia real actual, aunque las actitudes propias ejemplares sean muchas veces harina de otro costal (que por ahí deberíamos empezar a manejar la cosa).

¿Qué significa ser ejemplar? Llama la atención que en este país no se introdujo la palabra “ejemplar” hasta el siglo XVIII, como adjetivo, con una sola palabra para definirla: edificativo, según el diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana […], tomo segundo (1767), de Esteban de Terreros y Pando, publicado en Madrid por la Viuda de Ibarra, en 1787. Ser edificativo quiere decir que una persona “conmueve y excita al seguimiento de una virtud”. Es verdad que en el lenguaje ordinario que pudieron recogerla “las autoridades académicas” del siglo XVIII, no lo hicieron en este afamado siglo y sí en un diccionario de la lengua española usual, no de autoridad en el siglo XIX, lo que nos lleva a deducir que no era algo que preocupara de verdad a la población en general, menos a las monarquías y a los poderes absolutos. Aparece por primera vez, como adjetivo, en el diccionario de la lengua castellana editado en Madrid por la Real Academia Española, (5ª edición), por la Imprenta Real (sin comentarios), en 1817. Se definía como “lo que da buen ejemplo y, como tal, es digno de proponerse por dechado para la imitación a otros” (imitazione dignus, ad virtutem provocans), que en principio sonaba muy bien, quizá mejor como máxima de un taco de almanaque de la época.

También sorprende que el lema “ejemplaridad”, adjetivo que recogía “la calidad de ejemplar”,  no apareciera hasta la edición del diccionario de la Real Academia publicado en 1925. Estas disquisiciones sólo pretender contextualizar un hecho claro: los adjetivos “ejemplar” y “ejemplaridad” no pertenecían al lenguaje común de este país y su clamorosa ausencia en el argot académico traducía algo muy claro: estas palabras no se suponían de los reyes y gobernantes, a diferencia del valor de los soldados que eran casi siempre ejemplares para los demás.

Entre “edificativo” y “lo que da buen ejemplo y, como tal, es digno de proponerse por dechado para la imitación a otros”, anda la cosa de lo ejemplar y la ejemplaridad asociada. Así de sencillo y así de complejo a la vez, aunque de lo que sí estamos convencidos es que lo que ha pasado en la historia en reiteradas ocasiones, con muchas Coronas, es que todo el mundo sabía identificar qué personajes reales iban desnudos -de ahí el cuento de Andersen- ante los ojos pasmados de todos los que habían escuchado que el emperador llevaba un traje nuevo en su desfile ético por el mundo (el que quiera entender que entienda), también por este país y a lo largo de los siglos. Los silencios cómplices y los miedos reverenciales hicieron el resto, a lo largo de la historia, porque ya se sabía desde antiguo que “del Rey, abajo, ninguno”.

Voy a mi rincón de pensar y vuelvo a leer unas reflexiones sobre la ejemplaridad pública, escritas por el filósofo Javier Gomá, sabiendo que es un desiderátum de cualquier persona “la propuesta de perfección”, para sí mismos y a la hora de analizar la de los demás, porque “[…] la perfección no existe en nuestro mundo imperfecto en el modo que existe una cosa o una persona. Su modo de ser es ideal y su residencia habitual está domiciliada en la conciencia de los ciudadanos, desde donde sugiere orientaciones, ilumina la experiencia individual y moviliza el deseo” (palabras escritas por el autor en el décimo aniversario de la publicación de “Ejemplaridad pública” (2009-2019)”.

Lo he manifestado ya en ocasiones anteriores al referirme en este cuaderno digital a la lamentable y nada ejemplar situación regia en este país: “Muchas veces, los “tejedores” más próximos [del Rey] son los que menos ayudan a ser uno mismo, por muy perfectos que sean los reyes (al buen entendedor en este país con pocas palabras basta, porque de todo hay en en esa viña del Señor). Hasta que un día cualquiera, en un momento especial, un niño, el del cuento de Andersen citado anteriormente o el de cuatro años que Groucho Marx buscaba apasionadamente para resolverle un gran problema (“¡hasta un niño de cuatro años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cuatro años, a mí me parece chino“) o cualquier persona digna, incluso un juez, da igual que sea mujer u hombre, nos desmontan todos los esquemas de la rutina diaria y salta la posibilidad de que podamos ser otros, verdaderos ciudadanos ejemplares, porque son los que de verdad denuncian a personas que suelen ir desnudas por el mundo con la obsesión de vivir la perfección apasionadamente, convencidos de que llevan incluso ropa de emperadores, reyes o reinas, cosidos puntada a puntada por modistos o tejedores -supuestamente imparciales- que se refugian en ellos y son incapaces de decir la verdad de lo que está pasando a quienes cosen. Sobre todo, porque son profesionales de la farsa a cualquier precio y de los silencios cómplices.

Hay que empezar como Diógenes a buscar a un Rey auténtico y a una familia real ejemplar. Ya sabemos que lo “normal” es buscar el Norte De La Ejemplaridad en un mapa ético, que nos lleve a identificar y denunciar la dialéctica “vicios privados, públicas virtudes”, un nicho que cada vez ocupa más gente de todo tipo. Lo demás consiste en tener cada día más claro que la ejemplaridad ética empieza por uno mismo para poder exigirla a los demás, aunque es verdad que lo que estamos viviendo en la actualidad, en relación con el rey emérito y asociados, no es edificativo, es decir, no nos “conmueve” ni “excita al seguimiento de una virtud”. Lo que tenemos claro por ahora es que la ejemplaridad pública y ética de los Reyes y de quienes nos gobiernan, tiene domiciliada su residencia habitual en la conciencia de los ciudadanos. Eso nos basta.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El problema con el que vivimos a diario

Sevilla, 2/III/2021

Las artes siempre han sido fundamentales para la experiencia americana. Provocan el pensamiento, cambian nuestra forma de pensar y dan forma a cómo definimos nuestra narrativa como país.

Presidente Barack Obama, 2018

Recibo con frecuencia información de la Fundación Obama y en esta ocasión me he detenido en una referencia sobre el respeto al arte, en general, que siempre manifestó el expresidente durante su mandato en la Casa Blanca, porque me ha devuelto una esperanza viva sobre lo que podrá ocurrir ahora con la nueva presidencia en Estados Unidos. Ha sido una sensación especial al leer que el 15 de julio de 2011, la activista Ruby Bridges se reunió con el presidente Barack Obama en la Casa Blanca y mientras veía la pintura de Norman Rockwell, titulada El problema con el que vivimos todos, en una exposición temporal de junio a octubre de 2011 en un pasillo próximo al ala oeste, junto al despacho oval, el presidente le dijo: “Creo que es justo decir que si no hubiera sido por ustedes, tal vez no estaría aquí y no estaríamos mirando este cuadro juntos”. 

El problema con el que vivimos todos (The Problem We All Live With, 1963) es una pintura de Norman Ropckwell que es considerada un icono del Movimiento por los Derechos Civiles en los Estados Unidos. Representa a Ruby Bridges, una niña afroamericana de seis años, de camino a la Escuela Primaria William Frantz, un centro público para blancos, el 14 de noviembre de 1960, durante la crisis de segregación escolar de Nueva Orleans que, de forma sorprendente, fue publicada por primera vez en las páginas centrales de la revista Look, el 14 de enero de 1964. Debido a las amenazas de violencia en su contra, Ruby es escoltada por cuatro agentes federales, a los que no se les reconoce expresamente, distinguiéndose bien una pared con un insulto racial a modo de grafiti, “Negro” y las letras “KKK” (un grupo supremacista de infeliz memoria) y un tomate estrellado contra la pared.  La pintura es un óleo sobre lienzo (91 cm. X 150 cm.), que se encuentra en la actualidad en el Museo Norman Rockwell, donde se puede analizar esta obra con detalle y conocer también la historia de la niña que sirvió de modelo para el cuadro, Lynda Jean Gunn, que falleció en 2019.

Observando detenidamente el cuadro, me ha parecido una experiencia que deberíamos compartir en su fondo y forma, por el significado y significante de la cultura, como es este caso, en el que una obra de arte puede mostrarnos el compromiso social de una generación como la de Ruby Bridges que durante su primer año en la escuela para blancos de Nueva Orleans, siempre estuvo sola porque los padres de sus compañeros y compañeras, blancos, nunca quisieron que compartieran espacio, tiempo y dinero, públicos, junto a ella. Una lección que el presidente Obama no olvidó durante su etapa presidencial. ¡Qué ejemplo ante lo que vino después en esa Casa Blanca, más bien Negra por todo lo ocurrido en la era Trump!, aunque el paso firme de Ruby, una niña negra vestida de blanco impoluto, nos alimente hoy el alma para seguir avanzando siempre hacia un futuro mejor para todos, como así fue en aquellos tiempos difíciles, porque está demostrado que el mundo sólo tiene interés hacia adelante. No hay que olvidar que la incomprensión ante la dignidad humana sigue siendo un problema con el que desgraciadamente seguimos viviendo a diario. Esa es la razón de por qué debemos frecuentar el futuro, como le recomendó un día el Dr. Cardoso a Pereira, el protagonista inolvidable y excelso que nos presentó hace ya bastantes años, a través de la literatura, el escritor Antonio Tabucchi, para provocarnos el pensamiento, cambiar nuestra forma de pensar y dar forma a la narrativa diaria de nuestra azarosa vida.

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Si leemos libros, el país avanza en el pensamiento libre y objetivo

Sevilla, 1/III/2021

Se ha presentado recientemente el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2020, elaborado por CONECTA para la Federación de Gremios de Editores de España, con el patrocinio de CEDRO y en colaboración con el Ministerio de Cultura y Deporte, que nos facilita información importante sobre la lectura en nuestro país en 2020, un año muy especial por la pandemia sufrida. En mi caso, que me considero un filobiblion, es decir, una persona que ama los libros, es fácil entender que me interese especialmente conocer estos datos y divulgarlos porque pienso que un país que lee avanza siempre hacia la libertad de pensamiento y conductas asociadas.

Decía Richard de Bury, el autor de un libro publicado en el siglo XIV, cuyo título descriptivo enuncia lo que recogen sus páginas escritas en latín,  Filobiblión. Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros, que “La verdad que triunfa sobre todas las cosas —que vence al rey, al vino y a las mujeres, que se considera sagrada y se honra antes que la amistad, que es camino sin retorno y vida sin fin, que el santo Boecio considera triple en pensamiento, discurso y escritura— parece seguir siendo más útil, fructífera y obtiene mayores ganancias en los libros. Porque el significado de la voz perece con el sonido. La verdad latente en la mente es la sabiduría que se esconde, el tesoro que no se ve, pero la verdad que brilla en los libros desea manifestarse con fuerza a través de cada sentido. Enaltece la vista cuando es leída, al oído cuando se escucha, y además al tacto cuando se somete a la transcripción, encuadernación, corrección y conservación. La verdad escrita de los libros, no transitoria, sino permanente, se ofrece a sí misma para ser observada, y por medio de las esférulas permeables de los ojos, que pasan por el vestíbulo de la percepción y las cortes de la imaginación, entra en la cámara del intelecto, tomando su lugar en el diván de la memoria, donde engendra la verdad eterna de la mente” (1).

El barómetro citado resalta las siguientes conclusiones, bajo un denominador común: el confinamiento tuvo un efecto positivo sobre los índices de lectura en nuestro país, que crecieron a lo largo de 2020 con el siguiente detalle:

  • El porcentaje de lectores de libros que leen al menos una vez a la semana alcanzó el 52,7%, en 2020 y llegó a un máximo histórico del 57% durante el confinamiento.
  • El tiempo dedicado a la lectura también se ha incrementado, pasa de 6 horas y 55 minutos antes del confinamiento a 7 horas y 25 minutos, a finales de 2020. Durante el confinamiento alcanzó las 8 horas y 25 minutos semanales.
  • Al 81% de los lectores, la lectura les ha ayudado a “llevar mejor la situación durante el confinamiento”.
  • El 68,8% de los españoles mayores de 14 años leyó libros a lo largo de 2020. Un 64% tiene la lectura como una actividad de ocio, en su tiempo libre. Un 23,1% lee por trabajo o estudios. El 36% de la población no lee nunca o casi nunca libros.
  • El incremento en el número de lectores por ocio en tiempo libre ha sido generalizado en todas las comunidades autónomas. Cataluña y Andalucía han sido las que mayor incremento han registrado: 2,3 puntos.
  • La lectura de libros en formato digital sigue creciendo, el 30,3% de los españoles mayores de catorce años leen en este formato, al menos una vez al trimestre.
  • Un 51,7% de los españoles compraron libros (no de texto) en 2020, un 1,3% más que en 2019. La librería tradicional se mantiene como principal canal para la compra y crece en 2020.
  • Se ha incrementado la proporción de quienes pagan por los libros electrónicos (39,8%), pero la mayoría sigue descargándoselos gratuitamente.
  • La lectura en niños es generalizada, pero se ha registrado una caída de casi 10% en los hogares donde se les lee a los menores de 6 años. A partir de los 15 años se reduce notablemente la proporción de lectores frecuentes en tiempo libre.
  1. Por el confinamiento y las restricciones de movilidad desciende al 23,2% el porcentaje de población que fue a la biblioteca.

El informe en general es de enorme interés, pero he destacado cinco conclusiones por su impacto real en la vida diaria de los ciudadanos y ciudadanas de este país:

  1. En primer lugar, porque aun destacándose el incremento de lectores frecuentes, que ascendió a un 52,7% de la población, con un ascenso leve sobre 2019, la realidad es -aaunque con tendencia a la baja- que un 36% de la población española continúa sin leer libros, cuestión bastante preocupante.
  2. Es indudable que el confinamiento tuvo un efecto positivo sobre los índices de lectura en nuestro país. La nube de palabras jerarquizadas que se recogen en la imagen correspondiente a este punto, traduce muy bien la realidad de la verdadera aportación de la lectura durante este tiempo de confinamiento tan difícil y prolongado en el tiempo: entretenimiento (99%), desconexión (97%), relajación (93%), tranquilidad (90%), ánimo positivo (83%), alegría (67%), entusiasmo (66%), fuerza mental (63%) e ilusión (63%).
  3. He señalado el incremento en el número de lectores por ocio en tiempo libre, generalizado en todas las comunidades autónomas, habiendo sido Cataluña y Andalucía las Comunidades que mayor incremento han registrado un incremento de 2,3 puntos sobre 2019, aunque siento el puesto que ocupa todavía mi Comunidad, Andalucía, el decimoquinto, con un 59,03% de lectores en la Comunidad, estando la media en España en un 64%, lo que se traduce a que el 40,97% de la población andaluza no lee por ocio en tiempo libre.
  4. Me ha llamado la atención el dato de que un 51,7% de los españoles compraron libros (no de texto) en 2020, un 1,3% más que en 2019 y que la librería tradicional se mantiene como principal canal para la compra, creciendo de nuevo en 2020 a pesar del confinamiento en 3,6 puntos, alcanzando un 71,1% sobre el total de canales de compra, seguido por Internet con un 38,4%.
  5. Por último, un dato esperanzador: la lectura infantil se mantiene en valores muy elevados, aunque desciende la lectura a los más pequeños, los menores de 6 años, cuestión que debería preocuparnos en estos momentos.  Hay un ligero incremento de 1,6 puntos en la proporción de niños de 6 a 9 años que leen libros que no son de texto.

Lo he manifestado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: el arte de leer es bello. La lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible, porque aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida.

En un país de bares, como España, que no de librerías, la lectura no es una tarea habitual. La mercadotecnia se ha apropiado del aserto de Gracián, lo bueno si breve dos veces bueno, dando igual la calidad de lo breve. La mensajería instantánea, donde WhatsApp, Telegram, Facebook o Twitter se ha convertido en un claro exponente de la brevedad, así como los tuits, se han apropiado de la lectura por excelencia en los micromundos personales y de redes sociales. En un modo de vivir tan rápido como el actual, la lectura pausada y continua es un estorbo para muchas personas, donde el libro supone además un reto casi inalcanzable para el interés humano de supervivencia diaria.

Con los datos expuestos anteriormente, se hace imprescindible proclamar la necesidad de la lectura como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer siendo mayores, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (2).

(1) De Bury, Richard. Filobiblión. Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros. Madrid: Anaya, 1995.

(2) Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7.

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Hay que recordar a los que no recibirán el 28 de febrero la Medalla de Andalucía

Eduardo Galeano y Luis Cernuda

Sevilla, 27/II/2021

Andalucía, ya se sabe, es el Norte de España; pero no la busquéis en parte alguna, porque no estará allí. Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro.

Luis Cernuda (Sevilla, 1902 – Ciudad de México, 1963), en José Moreno Villa o los andaluces en España.

Este país es muy dado a entregar medallas, situación en la que salvando lo que haya que salvar, no suelen estar todos los que son ni probablemente, en determinadas ocasiones, son todos los que están. Tengo que reconocer que las medallas, al igual que la música militar, nunca me supieron levantar y todavía recuerdo como si fuera ayer, el grito unánime “Te damos una medalla con tal de que te vayas”, que repetíamos sin cesar en una manifestación en los años finales de la dictadura franquista, prohibida por supuesto, contra un prócer de la sociedad sevillana. En este contexto, me he acordado especialmente de los nadies en Andalucía, tan lejos de medallas, a los que dedicó el poeta uruguayo Eduardo Galeano unas palabras hermosas en un poema profundo, Los nadies, como reconocimiento a su ausencia de todos los merecidos reconocimientos humanos y sencillos que tendrían que tener en el mundo actual:

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer,
ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

En este momento tan difícil de la pandemia, quiero hacer una mención especial a todas las personas que lo están pasando mal en Andalucía por la enfermedad, familiares y amigos incluidos; a todos los profesionales públicos en salud y enfermedad que prestan sus servicios esenciales, durante la pandemia, cuidando y protegiendo el interés general de la ciudadanía, que no recibirán “medalla” alguna, pero que se merecen todo nuestro reconocimiento en alta disponibilidad, las veinticuatro horas del día y, obviamente, a los que por su situación de pobreza extrema están afectados ahora doblemente por un doble virus, el del coronavirus y el de la desigualdad, como bien lo ha expresado el informe de Oxfam Internacional, de enero de 2021, El virus de la desigualdad. Cómo recomponer un mundo devastado por el coronavirus a través de una economía equitativa, justa y sostenible: “La actual crisis ha puesto al descubierto nuestra fragilidad colectiva, así como la incapacidad de nuestra economía, profundamente desigual, de beneficiar al conjunto de la sociedad. No obstante, también nos ha enseñado que la acción de los Gobiernos es vital para proteger nuestra salud y nuestros medios de vida. De repente, se ha demostrado que es posible poner en marcha políticas transformadoras que antes de la crisis eran impensables. No hay vuelta atrás. No podemos volver a donde estábamos. En lugar de ello, la ciudadanía y los Gobiernos deben responder a la urgente necesidad de construir un mundo más justo y sostenible”.

Concretamente, en Andalucía, la situación es la siguiente según la ha facilitado también un informe de la citada Organización, Superar la pandemia, reducir la desigualdad. Cómo hacer frente a la crisis sin repetir errores, en relación con la pobreza relativa en nuestro país:

Los datos son escalofriantes: antes de la COVID-19 el porcentaje de pobreza relativa en Andalucía era del 31% del total de la población, exactamente afectaba a 2.643.858 personas, incrementándose en 271.467 personas después de la primera ola, sumando en la actualidad casi tres millones de personas, es decir, un total de 2.915.325. Estos datos tienen bastante que ver con los recogidos en el informe de la EAPN (European Anti Poverty Network), en su sección de España, publicado en julio de 2020 con un título sobrecogedor, El paisaje del abandono. La pobreza severa en España, contemplando unas conclusiones generalistas que son aplicables en su totalidad a la situación de Andalucía, con un matiz diferenciador, la pobreza severa, que agrava la situación actual en España y, obviamente, en nuestra Comunidad.

Entresaco de las citadas conclusiones las que considero de mayor interés, aunque referidas en el estudio a 2018 pero con el tratamiento de aproximación a la realidad actual por la pandemia al haber sido publicado en julio de 2020, recomendando -como hago siempre- la consulta directa del documento para salvar la objetividad y veracidad del dato que tratamos:

1. En 2018, el 9,2 % de la población total, es decir, unos 4,29 millones de personas, están en pobreza severa. Si en el año 2008 había un total de 3,41 millones de personas en pobreza severa, en la actualidad, entonces, hay unas 880.000 personas más [por la pandemia] que al inicio del período. El impacto negativo del coronavirus, sin precedentes en la economía española, obliga a considerarlos como un mínimo.

2. En términos territoriales, destacan las altas cifras de Canarias, Región de Murcia, Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura, con porcentajes que oscilan entre el 13 % y el 16 % del total de su población. En valores absolutos, Andalucía agrupa a algo más de 1,1 millones de personas en pobreza severa; le siguen la Comunidad de Madrid, la Comunidad Valenciana y Cataluña con cifras entre 420.000 y 510.000 personas.

3. No hay diferencias por sexo, y la pobreza severa es más elevada entre los niños, niñas y adolescentes (NNA), y los adultos jóvenes. Por una parte, el 12,4 % de las personas de 18 años o menos están en pobreza severa, cifra que contrasta con el 9,7 % entre las personas adultas y el 4,3 % entre aquellas de 65 o más años.

4. La tasa de pobreza severa para las personas españolas es del 7 %, del 25,4 % para las provenientes del resto de países de la UE, y del 28,2 % para aquellas cuyo origen son países exteriores a la Unión Europea. Estas cifras no significan que la mayoría de las personas que están en pobreza severa sean extranjeras; por el contrario, el 74,1 % son españolas.

5. El 5,4 % de las personas ocupadas está en pobreza severa —unas 100.000 personas—. . La mera existencia de este valor muestra la escasa calidad de algunos empleos. Por otra parte, una de cada cuatro personas en paro (24,5 %) también está en pobreza severa. Por otra parte, el 30,3 % de las personas en pobreza severa que tienen más de 15 años tienen un empleo. Cuando se trata de luchar contra la pobreza, es cierto que para no ser pobre hay que tener un trabajo, pero la inversa es falsa: se puede conseguir un trabajo y ser pobre e, incluso, trabajar y ser muy pobre.

6. Respecto a la calidad de la vivienda se analizan la disponibilidad de luz natural, la falta de espacio en la vivienda, la capacidad para sustituir los muebles viejos o estropeados, la capacidad para mantener la vivienda con una temperatura adecuada y la existencia de goteras, humedades o podredumbre. Todos estos problemas afectan a porcentajes de población en pobreza severa que pueden llegar a ser hasta siete veces más elevados que los medidos entre el resto de la población.

7. La pobreza severa tiene consecuencias enormes sobre la vida de las personas y limita seriamente su capacidad de integración social. Por otra parte, estas consecuencias se han incrementado notablemente en estos años.

8. El análisis de género muestra una gran igualdad para la mayoría de las variables estudiadas, y una tendencia clara a un mayor porcentaje de hombres que de mujeres en pobreza severa en el resto de las variables. Éstos datos contrastan con lo que muestran los datos sobre tasas de riesgo de pobreza, en los cuales la situación es la inversa y las tasas de mujeres tienden a ser más elevadas. En este sentido, cuando se trata de analizar la pobreza severa, las mujeres parecen resistir mejor su desplazamiento a las situaciones más extremas.

9. El último capítulo se dedica a definir a partir de los datos un perfil de las personas en pobreza severa, que resulta muy distinto al que se intenta imponer desde determinados centros de interés. De los datos objetivos se desprende que la gran mayoría de la población en pobreza severa está constituida por personas españolas, muchas de ellas con un nivel educativo medio o alto, en todo caso, más que suficiente para obtener un empleo digno, y, además, con trabajo. En otras palabras, son personas que han hecho los deberes pero que permanecen encerradas en una estructura social que no les permite desarrollarse.

Llegados a este punto es importante señalar qué ha supuesto una medida del Gobierno actual en relación con la pobreza relativa y severa de este país, entre otras de indudable repercusión social, ERTES, subsidios y demás. Me refiero en concreto al Ingreso Mínimo Vital (IMV), que viene a aliviar esta situación descrita anteriormente y que según el informe del Ministro de Inclusión y Seguridad Social, en su comparecencia en el Congreso en diciembre de 2020, su grado de ejecución era el siguiente: en los seis primeros meses desde su aprobación legal se habían recibido en el Ministerio más de un millón de solicitudes, de las cuales se han aprobado casi quinientas mil que afectaban a unos 160.000 hogares, resultado beneficiados menores hasta un 47% del total anterior. El gasto hasta final de año se había elevado a 508 millones de euros.

Siendo cierto y objetivo lo anteriormente expuesto, es importante resaltar una última reflexión recogida en el informe de Oxfam, Superar la pandemia, reducir la desigualdad. Cómo hacer frente a la crisis sin repetir errores, citado anteriormente y presentado en enero de este año: Pese a su anuncio en primavera [de 2020], el Ingreso Mínimo Vital ha tenido un impacto limitado en la reducción de la desigualdad en España. A las dificultades de su implementación se añade el bajo porcentaje de potenciales beneficiarios que han podido acceder a este tipo de protección. Según estimaciones del ministro, a finales de 2020 sólo 160.000 hogares, de los 850.000 previstos, accedieron a esta ayuda. De haberse desarrollado en su totalidad durante el segundo semestre del año, el Ingreso Mínimo Vital habría reducido en 0,5 puntos el índice de Gini, salvando de la pobreza a 277.000 personas, y reduciendo la pobreza severa en 230.000 personas”. Es interesante, igualmente, repasar una a una las recomendaciones últimas del Informe, porque contribuyen a construir una sociedad mejor en nuestro país.

Mediante estas palabras he querido rendir un homenaje de denuncia activa ante los Gobiernos correspondientes del Estado y Comunidades Autónomas, sobre la dura realidad de los nadies de este país. de esta tierra, en el Día de Andalucía, que nos recordaba Galeano que existen en cualquier lugar del mundo actual: los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada, los ningunos, los ninguneados y muriendo la vida:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

O en las estadísticas oficiales, sin valor alguno para muchas personas que deciden cómo, cuándo y por qué se puede ser feliz en esta tierra, aunque así lo creía Stefan Zweig la primera vez que puso su pie en Sevilla. O cuando nuestro querido poeta Luis Cernuda, escribía de forma prodigiosa una frase que no olvido nunca: “Andalucía, ya se sabe, es el Norte de España; pero no la busquéis en parte alguna, porque no estará allí. Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.