Un beso controvertido

EL BESO3

Ayer se difundió al mundo el fallecimiento del supuesto protagonista del beso icónico fotografiado por Alfred Eisenstaedt, en Times Square, el 14 de agosto de 1945. Muchas personas han pretendido defender en América su protagonismo en la foto de este beso, aunque todo apunta al final a dos con cierta relevancia histórica después de las investigaciones llevadas a cabo. Da igual, al final, porque lo que simbolizaba tenía un gran valor para época de autos: el final de la II Guerra mundial, a través del rendimiento de Japón y la celebración explosiva de este acontecimiento por parte de Estados Unidos.

Pero aquello fue algo más que un beso, analizándolo en el texto y contexto de hoy. La auxiliar de dentista que aparece en la foto, una austriaca judía exiliada en 1939 junto a parte de su familia en América, manifestó en cierta ocasión que aquello no era un beso de amor: “Era simplemente alguien celebrando. No fue un momento romántico”. La BBC (1), entidad a la que profeso un gran respeto manifestó en 2016 que “la revista Time, matriz de Life que cerró en 2000, publicó en 2014 un artículo sobre la historia de la foto. “Mucha gente ve la foto como algo más que una muestra bastante pública de acoso sexual, algo no muy digno de celebración”, escribió la revista”.

El mundo ya no es, afortunadamente, lo que era. Hemos avanzado en la crítica social de este tipo de comportamientos, aunque todavía queda mucho por hacer. Celebremos hoy la paz exclusivamente, aunque las reivindicaciones en defensa de la mujer permitan, en este aquí y ahora, analizar esta foto desde otra perspectiva. Lo doloroso, de verdad, es no recordar los millones de personas inocentes que perdieron la vida en una guerra absurda y de los que nunca supimos nada porque la memoria histórica es muy frágil para estos recuerdos y sus silencios cómplices. Nunca fueron noticia como la foto de Life.

Sevilla, 19/II/2019

(1) https://www.bbc.com/mundo/noticias-37333728

El libro verde del conductor negro, en un país ciego al color

GREEN BOOK

Tony “Lip” Vallelonga (Viggo Mortensen) y Don Shirley (Mahershala Alí), en Green Book (2018)

El Dr. Don Shirley lo dice en la película “Green Book” a su fiel y controvertido escudero y conductor blanco: “No se gana con violencia, Tony, se gana cuando… mantienes tu dignidad. La dignidad siempre prevalece. Y esta noche, por tu culpa, no lo hicimos” (1). Es el hilo conductor de la trama interna de esta entrega americana al mundo comercial del cine. Se trata de la dignidad humana que atraviesa todos los siglos, pero que se tuvo que emplear a fondo en la segregación racial americana. Dignidad de dignidades, solo buscaban los negros la dignidad, a pesar de que tuvieran que viajar con la insoportable levedad del Libro Verde para Conductores Negros.

Tony representa el principio de realidad que tanto tememos en nuestras vidas y que se instala en ella con bastante frecuencia. Vivimos en un mundo de personas solas, que solo hablan con ellas mismas, lo vemos por la calle con el disimulo que hoy ofrecen los teléfonos inteligentes para este menester: “[…] El mundo está lleno de gente solitaria que teme dar el primer paso”.

El relato completo de Green Book es muy interesante y no inocente. Narra las vivencias reales de un músico afroamericano, Don Shirley, que tuvo una vida azarosa por cuna y color de piel. Fue un músico extraordinario que un día decidió viajar a un mundo casi imposible en su propio país, el Sur de América del Norte, para ofrecer conciertos con su Trío a blancos ricos y nada respetuosos con el color de la piel del artista. Se viven diversos episodios donde se palpa la transformación ideológica del conductor y guardaespaldas de Shirley, Tony Vallelonga, quien no comprende el porqué de este viaje hacia ninguna parte según él, tal y como lo expresa uno de los componentes de los músicos del famoso Trío, de nombre ruso, Oleg: “¿Me preguntaste una vez [Tony], por qué el Doctor Shirley hace esto? Te lo diré. Porque el genio no es suficiente. Se necesita valor para cambiar los corazones de la gente”.

THE GREEN BOOK

La contradicción de Shirley es constante en un mundo americano del Sur que es incapaz de aceptar la diversidad racial: “¡Sí, vivo en un castillo! Tony. ¡Solo! Y los blancos ricos me pagan por tocar el piano para ellos, porque los hace sentir cultos. Pero tan pronto como me bajo del escenario, vuelvo a ser sólo otro negro para ellos. Porque esa es su verdadera cultura. Y yo sufro ese desaire solo, porque no soy aceptado por mi propia gente, ¡porque yo tampoco soy como ellos! Así que, si no soy lo suficientemente negro, y si no soy lo suficientemente blanco, y si no soy lo suficientemente hombre, entonces…, dime Tony, ¿qué soy?

Tony descubre el alma blanca de un hombre negro, porque le enseña a decir cosas preciosas a su mujer que está muy lejos. Le asombra cómo toca el piano y descubre que a Shirley le enseñó a tocar el piano su madre, en una pequeña espineta, viajando por circuitos imposibles de Florida. En una ocasión -le cuenta- un hombre que le había escuchado le ofreció la oportunidad de estudiar en el Conservatorio de Música de Leningrado, siendo el primer negro que aceptaban allí. Aprendió a tocar, básicamente, música clásica, interpretando a compositores de la talla de Brahms, Franz Liszt, Beethoven, Chopin…, “todo lo que siempre quise tocar”. Pero el poderoso caballero don dinero de las compañías discográficas, la suya en concreto, Cadence, le aconsejó que tocara otras cosas más populares.  La todopoderosa América de los años sesenta no aceptaría nunca que un músico negro tocara música clásica, sino la que le adjudicaban como algo suyo, el jazz: “Querían convertirme en otro “animador de color”. Ya sabes, del tipo que fuma mientras toca, pone un vaso de güisqui en su piano y luego se queja porque no es respetado como Arthur Rubinstein”.

Tony, admirador de Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, a los que no había escuchado nunca Shirley (aparentemente), creía que hubiera sido un gran error continuar con su carrera de corte clásico, algo que Shirley no comprendía para nada: “¿Un error? ¿Interpretando la música en la que estuve entrenando toda mi vida para tocar?, a lo que responde asombrado Tony: “¿Entrenado? Qué eres, ¿una foca? A la gente le encanta lo que haces. Cualquiera puede sonar como Beethoven o Joe Pan o los otros tipos que dijiste. Pero tu música, lo que tú haces… Sólo tú puedes hacerlo”. Shirley da las gracias a Tony por su cumplido, pero le manifiesta que “No todo el mundo puede tocar a Chopin… no”.


Lullaby of Birdland, de la banda sonora de Green Book (The Don Shirley Trio) – Kris Bowers

Tengo que confesar que no conocía a Don Shirley, pero sí a los cantantes de la época a los que admiraba Tony “Lip”, el pendenciero conductor cuentista y admirador progresivo de su pasajero negro en un coche azul de ensueño, en un país ciego al color negro.

¡Ay, América de Trump! Próximamente, seguiré escribiendo en este salón virtual… sobre el impacto de esta película en mi vida, convencido de la importancia extrema de la dignidad humana, de que los solitarios deben dar de una vez por todas el primer paso en cualquier momento complicado de la vida, de que lo fundamental en tiempos revueltos de la política es cambiar corazones sin violencia y de que es necesario descubrir el alma blanca que está detrás de todas las personas que pasan cerca de nuestras vidas. Aunque muchas veces no sepamos por qué pasan o qué nos pasa. Mientras, escucho a Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, cantantes de mi infancia rediviva. Y a Don Shirley, porque era un pianista magnífico del que todavía puedo seguir aprendiendo muchas cosas.

Sevilla, 17/II/2019

(1) Las frases, con ligeros cambios, las he recuperado de http://frasesdecineparaelrecuerdo.blogspot.com/2019/02/frases-pelicula-green-book-peter-farrelly.html

Elecciones generales: necesitamos abrir grandes alamedas de libertad

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Salvador Allende y su esposa, Tencha Bussi, en 1971 junto a sus nietas Marcia Tambutti y Maya Fernández (1)

Acabo de leer esta noticia en El País: “O Frente Popular o Partido Popular”. El PP plantea la campaña electoral como una batalla entre dos frentes: la suma con Ciudadanos y Vox frente al PSOE, Podemos, “independentistas y batasunos”. Pablo Casado ha asegurado este viernes que no pretende llamar al “voto del miedo”, pero el próximo 28 de abril, ha insistido, se elegirá entre “el amigo de Torra o el que ya tiene preparado el artículo 155 en Cataluña”, sin límite de tiempo, nombrando a los consellers desde el Gobierno central y ampliándolo a todas las competencias autonómicas, ha precisado”. En tiempos modernos de silencios cómplices es necesario, hoy más que nunca, rescatar ideología y creencias de que otra España es posible para salir urgentemente de la mediocridad política que nos invade ante el ejercicio de la política del miedo y de trincheras. Todos los políticos no son iguales y sé quienes están por la labor de resolver problemas de la ciudadanía y del andar día a día por grandes alamedas de libertad. Lo dijo Salvador Allende hace ya muchos años en momentos terribles para su país, representando al Frente Popular, del que nunca se avergonzó, cuando la derecha hizo estragos por doquier: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

He crecido con el desgarro de aquella noticia del golpe de estado en el momento que ocurrió, en mis años jóvenes; he grabado a fuego en mi cerebro las últimas palabras de Allende desde el Palacio de la Moneda, examinándolas todas y quedándome con todo lo bueno que hay en ellas; he seguido de cerca a los embajadores de la cultura chilena en el exilio, el grupo Quilapayún, aprendiendo con ellos que el pueblo unido jamás será vencido y que con el amor y el sufrimiento se aúnan las voluntades para construir un mundo mejor, como clamaban a su cielo particular en la cantata de Santa María de Iquique. También sé que, para pasear por las grandes alamedas como personas libres, tenemos que juntar las manos con las de otros para abrir murallas reales y virtuales.

No he olvidado nunca las palabras de Allende y con esta breve reflexión quiero contribuir a no participar en los silencios cómplices de los olvidos, ilusionándome con amores y no solo buenas razones de participación social constructiva de quienes piensan y trabajan por una España diferente, en la que tengamos cabida todos, aunque tengamos que modificar antes que después la Constitución para que podamos integrar territorios diferentes y que necesitan una autoafirmación de su entidad histórica, sin que por ello se tenga que desmembrar el país. Entenderemos hoy, mejor que ayer, que España necesita una revolución social para no olvidar unas palabras paradigmáticas de Mario Benedetti en Revolución es participación, para alejar definitivamente el fantasma dañino de la abstención en las próximas elecciones generales (2): “La imaginación popular corre junto con los hechos, casi podemos decir que los hechos mismos son imaginativos, porque los hechos, mucho más que las palabras, son los que van abriendo caminos nuevos; los hechos empecinados y tenaces, fueron siempre y son ahora, la vanguardia de una transformación profunda. Las palabras vienen siempre detrás para explicarnos; incluso para explicar por qué se olvidaron de anunciarlos”. Impecable.

Creo que somos millones de personas las que deberíamos movilizarnos ya en este país para llenar las grandes alamedas de libertad de nuestros pueblos y ciudades, desafiando desde este preciso momento, de forma pacífica, pues nos queda todavía la palabra, a quienes avisan a navegantes descreídos que viene el monstruo político del Frente Popular, al que tanto respeto tal y como lo concibo: una ideología, no inocente, que persigue resolver los problemas de vivir a diario, como individuos y en comunidad, en todos los frentes posibles, pero con prioridades centradas en la salud pública universal, la educación pública universal, la atención a servicios sociales públicos universales de dependencia e inclusión social y el hilo conductor de la vida digna: el trabajo remunerado de forma decente que permita a cada ciudadano recibir la contraprestación dineraria por el trabajo bien hecho. Con el adjetivo “universal” siempre presente, reiterativo, para no excluir nunca a los más débiles, a los que menos tienen.

Será la única forma de que, como personas libres pertenecientes al Frente Popular de la Dignidad Humana, podamos construir una sociedad española mejor. Es lo que no he olvido del mensaje esperanzador y paradójico de Salvador Allende.

Sevilla, 16/II/2019

(1) La imagen se recuperó el 11 de septiembre de 2018 de: http://allendemiabueloallende.cl/

(2)Benedetti, Mario (1973). Terremoto y después. Montevideo: Arca.

Me quedo con Vosotros

Hace exactamente una semana, lo más importante de aquella noche de la entrega de los Goya 2019 comenzó con Rosalía, que pintó un Goya especial con su quietud inquieta. Una versión propia a capela, con mucho encanto, de una canción que entusiasmó a este país hace ya muchos años y que recuerdo especialmente en una versión adaptada por Manu Chao y la interpretación festivalera de Los Chunguitos. Ese momento mágico unió a millones de españoles escuchando asombrados la voz cálida de Rosalía, acompañada por el coro joven del Orfeón Catalàn y El Guincho, diciéndonos cosas al oído que todavía nos gusta escuchar, a pesar del tiempo transcurrido.

 Si me das a elegir / Entre tú y la riqueza / Con esa grandeza / Que lleva consigo, ay amor / Me quedo contigo

Es curioso que el protagonista de la canción, pregunta cosas muy interesantes, porque sin ideas las personas somos personas perdidas, porque podemos confundir valor y precio. Pero Rosalía no había hecho nada más que empezar y la canción seguía por sus derroteros históricos y actuales, en su texto y contexto, como los aforismos.

 Si me das a elegir / Entre tú y la gloria / Pa que hable la historia de mi / Por los siglos, ay amor / Me quedo contigo

En los tiempos que corren es asombroso rescatar una posibilidad de vuelo libre para llegar al olvido de tanto que nos hace sufrir. La falsa gloria no sirve para nada. El tarareo salía solo, aunque con un fondo de karaoke lleno de sentimiento.

Si me das a elegir / me quedo contigo / Porque me he enamorado / Y te quiero y te quiero / Y solo deseo / Estar a tu lado / Soñar con tus ojos / Besarte los labios

Y llega el punto álgido del enamoramiento que tanto se bailó en la década de los ochenta. A pesar de Los Chunguitos.

Pues me he enamorado / Y te quiero y te quiero / Y sólo deseo / Estar a tu lado / Soñar con tus ojos / Besarte los labios / Sentirme en tus brazos / Que soy muy feliz

Si me das a elegir / Entre tú y ese cielo / Donde libre es el vuelo / Para ir a otros nidos, ay amor / Me quedo contigo

Y vuelta a las ideas de libertad, creencia y vuelo, en una canción que presumía de ser bailable y sin mucho sentido. Pero no, porque en la versión de Manu Chao se cantaba que sin ideas somos personas perdidas. ¡Qué bien suena en el 2019, en un país descreído! Ya lo decía el sabio Enrique Morente en su Soleá de la ciencia, cantada con alma: Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Cómo siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí.

Si me das a elegir / Entre tú y mis ideas / Que yo sin ellas / Soy un hombre perdido, ay amor / Me quedo contigo

Y Rosalía, tan serena, nos deja un mensaje perturbador: necesitamos ideas para no perdernos en un tiempo muy moderno, compromiso activo y no pereza, enamorarnos de la vida y de determinadas personas que son maravillosas (cada uno elige a quien cree que es mejor, con asuntos tan interesantes como soñar con unos ojos preciosos y unos labios para besar y mucho), sin abandonar las ideas propias y asociadas para que este mundo lleve las historias de cada uno por los siglos. Y Rosalía, con su quietud inquieta nos recordaba al final:

Sentirme en tus brazos / Que soy muy feliz

Después vino otro momento mágico, la intervención del actor de “Campeones” Jesús Vidal, premio Goya al mejor actor revelación, que habló como los ángeles. No tengo nada más que decir, solo recoger sus palabras y aprender de su dignidad personal maravillosa a través de tres palabras que nos recordó: inclusión, diversidad y visibilidad.

Definitivamente / si me dan a elegir / entre vosotros y mis ideas, / Rosalía y Jesús, / yo sin ellas soy un hombre perdido. / Me quedo con Vosotros…

Sevilla, 10/II/2019

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos “españamos” con las cosas que suceden en España (II)

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El grito

Acabo de leer las noticias políticas de España en varios periódicos digitales y me sobrecogen, mejor dicho, me “españan”, sobre todo las de la derecha cerril y ultramontana, en un mar revuelto de insultos y descalificaciones a diestra y siniestra, ignorando que el diálogo con Cataluña debe llevarse hasta el final político que marca la Constitución, sin tener que judicializarse todo por definición, en una proclamación urgente y permanente de la separación de poderes.

Vuelvo a leer un artículo que escribí el año pasado sobre este verbo italiano, spagnarsi, porque me permite reescribir aquellas palabras cambiando hoy lo que hay que cambiar. Sé que no existe ese verbo, “españarse”, en el Diccionario de la Lengua Española, pero habría que rescatarlo algún día. No es la primera vez que escribo sobre su significado y ante lo que ocurre a diario en este país, no cabe duda de que se justifica de forma sobrada la operación rescate para su uso cotidiano en nuestro lenguaje, porque es un verbo que tiene una larga historia fuera de nuestras fronteras y en referencia a este sacrosanto país. Conocí este verbo italiano, spagnarsi (espantarse, españarse en sentido literal), equivalente del verbo italiano spaventarsi, a través de un amigo calabrés, que me dio todo tipo de detalles sobre la utilización actual del mismo en la conversación ordinaria de su región, junto a otras palabras derivadas del español de uso común en la actualidad tales como addirizzari (aderezar), angarijari (haraganear), granatu (granado), posata (posada), scupetta (escopeta), entre otras. Spagnarsi (Españarse, literalmente, llenarse de España, de espanto) significa tener miedo, temer, espantarse y se atribuye al dominio español en el sur de Italia desde finales del siglo XV hasta principios del XIX.

Españarse, no es una ocurrencia de última hora. Hace algunos años volví a encontrarme con esta palabra en un libro autobiográfico que recoge estas vivencias italianas sobre España, Los hijos, de Gay Talese (1), en el que se cita expresamente este verbo, spagnarsi, y su contexto histórico en la voz de Don Achille, maestro y director de una escuela del sur de Italia, muy didáctico pero con un recuerdo pésimo de Fernando el Católico: “No debéis olvidar nunca -añadió- que nuestras antepasados de esta parte de Italia vivieron durante casi tres siglos y medio bajo gobernantes vinculados a la corona española. Exceptuando el breve reinado de la realeza austriaca a principios del siglo XVIII, e incluso el reinado más breve de los parientes de Napoleón Bonaparte en Nápoles a principios del siglo XIX, el sur de Italia estuvo gobernado por virreyes que eran miembros de las familias más nobles de España, casi todos los cuales habían venido a Nápoles después de haber servido en Roma como embajadores españoles ante el Papa. Esas autoridades españolas eran tan crueles que incluso nuestra palabra spagnarsi, que significa “tener miedo”, guarda relación con los españoles”.

Lo siento, pero en situaciones políticas como las que estamos viviendo estos días, me españo y me reafirmo en la urgencia de regenerar la ética multidimensional y aplicada en este país, para recuperar el suelo firme individual y colectivo que nos permita caminar por él, como raíz honrada que justifique la dignidad de todos los actos humanos. Tarea urgente del Gobierno de este país, de todos los políticos y de cada ciudadano y ciudadana en particular, de forma personal e intransferible, para no acabar españándonos todos con todos.

Sevilla, 8/II/2019

(1) Talese, Gay (2014). Los hijos. Madrid: Alfaguara.

Me disgusta la democracia cuando calla

Estamos viviendo momentos transcendentales en este país, en el que parece que la democracia calla, aunque cuando lo hace… me disgusta, recordando los contrarios del poema precioso de Pablo Neruda, Me gustas cuando callas. Salvando lo que haya que salvar, cada estrofa se podría asimilar al amor profundo, la creencia en la vida democrática y el disgusto por su silencio. Tengo la sensación de que hay un silencio aterrador, desesperado, cómplice, a la hora de defender la democracia, controlada por el poder del dinero, que siempre ha sido y es un poderoso caballero.

Asistimos incólumes a las bravatas de Trump, al drama humano en Venezuela y otras partes del mundo, al dolor de los migrantes que caminan hacia ninguna parte, al paro estructural, a la abstención clamorosa en los procesos de elecciones, como ha ocurrido recientemente en Andalucía; a la fragmentación territorial y política de este país que lo hace cada vez más ingobernable y con avisos para navegantes de la derecha cerril que a la memoria histórica hacia las personas que murieron de mala forma en la guerra civil se la denomina “gasto en desenterrar huesos”. Y la democracia calla, no va a las urnas.

La estrofa final del poema me inspira su contrario aplicándolo a la democracia, un amor verdadero: Me [disgustas] cuando callas porque estás como ausente. / Distante y dolorosa como si hubieras muerto. / Una palabra entonces, una sonrisa bastan. / Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Solo recupero la alegría de vivir en un día cualquiera como hoy cuando, gracias a seres humanos, a millones de seres anónimos que se esfuerzan diariamente por hacer la vida más amable y digna a los demás, constato que podemos sacar a la democracia de su silencio, de su ausencia, de su distancia, de su dolor, porque creo entonces que otro mundo es posible. Y comienzo a estar alegre, alegre de que no sea cierto su silencio.

Sevilla, 6/II/2019

NOTA: en el vídeo, Víctor Jara interpreta el Poema 15 del libro de Pablo Neruda Veinte poemas de amor y una canción desesperada, publicado en 1924. Esta canción pertenece al disco sencillo Venían del desierto, en su cara B, publicado en 1972 y que pertenecía al álbum El derecho de vivir en paz lanzado el año anterior.

Yo no pido

A estas alturas de la película de mi vida, no pido casi nada, recordando a Pablo Milanés. Me ha emocionado escuchar a su hija, Haydée Milanés, cantando esta canción preciosa junto a Pablo y Fito Páez. Mientras la escucho, tarareo en voz baja que yo no pido que en este mundo tan convulso me bajen estrellas azules; solo pido que mi espacio se llene con la luz que necesito para seguir viviendo. Yo no pido que me firmen papeles grises para seguir convencido de lo que el mundo necesita, el respeto a las personas dignas, el amor distribuido. Solo pido que los demás quieran las palomas que suelo mirar.

De lo pasado no voy a negar casi nada, convencido de que el futuro mejor algún día llegará y del presente, qué me importa la gente si es que siempre van a hablar (mal, por supuesto). Solo pido que la utopía de un mundo mejor, en este aquí y ahora, siga llenando este minuto -en el que escribo- de razones para respirar. No necesito que la vida me complazca y tampoco pido que se niegue, que no hable por hablar.

Aunque lo necesito, yo no pido que la utopía de ese mundo mejor me baje una estrella azul, solo pido que mi espacio compartido con las personas que quiero se llene con su luz.

Sevilla, a 2 de febrero de 2019, horas antes de estar cerca de Pablo Milanés, a quien tanto aprecio y no olvido. A quien no pido nada, porque todo es agradecimiento hacia él en la intrahistoria de mi memoria de hipocampo.

Úbeda: abierta por obras

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Retablo de la escopeta (Iglesia de San Lorenzo, Úbeda). Juan Vida, Bernardino Sánchez Bayo y Heli García.

Hice caso a la recomendación de Antonio Muñoz Molina (1): “Si un amigo visitara Úbeda y solo pudiera llevarlo a un sitio, le daría un paseo desde el mirador de San Lorenzo hasta el del Salvador por el contorno de la muralla, porque la vista del valle del Guadalquivir es memorable”. Así fue y es el mejor resumen de mi visita reciente a esta preciosa ciudad renacentista. Eso hicimos, pero en el contexto de la infancia del escritor, visitando su querida Plaza de San Lorenzo, donde se ubica su casa natal y la iglesia del mismo nombre, con una historia reciente que me sobrecogió. La visita al mirador vino después, como colofón de una aventura inolvidable. El azul absoluto que según Muñoz Molina se divisa desde el mirador, se convirtió esa mañana en gris pleno por el azar del dios tiempo.

Tuvimos la oportunidad de visitar la iglesia de San Lorenzo, en restauración continua, una experiencia extraordinaria llevada a cabo por la Fundación Huerta de San Antonio (FHsA), que se ha salvado de su ruina definitiva gracias al esfuerzo de personas entusiastas y comprometidas con la cultura abierta de una ciudad. El lema “San Lorenzo, abierto por obras”, no es inocente y representa el hilo conductor de su actividad actual: “Todas las actuaciones de la FHsA están englobadas bajo el epígrafe «Abierto por obras», fruto de la colaboración con la Fundación Catedral de Santa María de Vitoria, cuyo espíritu es el de compartir el conocimiento generado por un patrimonio considerado universal. Así sucede con todas las intervenciones de restauración llevadas a cabo en la Iglesia de San Lorenzo, como es la recuperación del alfarje del siglo XIV o las catas arqueológicas realizadas para conocer su historia”.

El Retablo de la escopeta, que preside el Presbiterio de San Lorenzo, es una obra reciente (2018), coral, de Juan Vida, Bernardino Sánchez Bayo y Heli García, que utiliza de forma alegórica el esquema compositivo del cuadro de Tiziano sobre el martirio de San Lorenzo. El soldado-cazador (autorretrato de Juan Vida), la estatua del general Saro a modo de representación franquista y las figuras de los otros dos autores del cuadro emergiendo de un huerto como guiño irónico a la película Amanece que no es poco, bajo la presidencia de una hoguera aludiendo sin ambages a San Lorenzo, nos llevan de la mano a un surrealismo puro en un templo en el que el dios de Alberti quizá conteste con alma humana a la pregunta de un turista descreído: “dime a lo que a nadie le dirías cuando tu corazón anonadado gime…”, tal y como nos lo contó en Roma, peligro para caminantes.

El gris absoluto que envolvía la Sierra Mágina en mi visita a Úbeda me recordaba el sentimiento de García Márquez cuando nos explicaba qué significaba en su vida la hora malva de Cartagena de Indias: “Me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer…” (2). Yendo de un lado a otro del Mirador situado en la iglesia de San Lorenzo y escuchando atentamente las explicaciones sobre la historia de esa maravillosa aventura laica y cultural, comprendí también a Gabo en su eterno ir del timbo al tambo de la vida “peleando para sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”. Pasé de la historia renacentista de los diseños de Vandelvira en la Úbeda de toda la vida, con su magnificencia de autor reflejada en iglesias y palacios, a los restos arqueológicos de una iglesia desacralizada que mostraba su voluntad de estar abierta a la ciudadanía en su obra permanente. Imaginé por unos instantes que San Lorenzo, encumbrado hoy en la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares, volvería encantado a su hogar primitivo, humilde, a su hornacina del barrio querido de Antonio Muñoz Molina, de donde nunca debería haber salido.

Lo que constaté es que Úbeda es preciosa… cuando está abierta por obras.

Sevilla, 30/I/2019

(1) https://elviajero.elpais.com/elviajero/2016/05/05/actualidad/1462440053_872414.html
(2) García Márquez, Gabriel (2014). Vivir para contarla. Barcelona: Random House.

El sueño de Martin Luther King sigue vivo en su Día: más unidad, más igualdad, más democracia

Hoy se celebra en Estados Unidos el Día de Martin Luther King, convirtiéndose en un día festivo al celebrar la fecha de su nacimiento, el 15 de enero de 1929, que según la tradición americana debe coincidir siempre con el tercer lunes de cada año. Muchas veces he citado a Luther King en estas hojas de cuaderno digital que registra, sobre todo, la aproximación a islas desconocidas, es decir, lugares donde todavía es posible descubrir que otro mundo es posible. Por esta razón, vuelvo a publicar hoy un artículo que escribí el año pasado por un recuerdo de su persona, muy especial. Siempre es actual su ejemplo porque fue y sigue siendo una persona necesaria e imprescindible.

Con profundo respeto y para que no se olvide.

Sevilla, 21/I/2019

El sueño de Martin Luther King sigue vivo: más unidad, más igualdad, más democracia

A las seis de la tarde y un minuto de hoy, sonarán todas las campanas de Memphis, 39 veces, los años que tenía Luther King cuando fue asesinado tal día como hoy, a esa hora exacta, sin compasión alguna. Su sueño de libertad sigue vivo y sin cumplirse plenamente en Estados Unidos y en este mundo tan altivo. No quiero recordar hoy solo su muerte sino el legado que nos dejó en el discurso que se conoce por las palabras I have a dream (Tengo un sueño), que pronunció el 28 de agosto de 1963 en los escalones del monumento a Lincoln en Washington D.C., que nos permite en 2018 seguir creyendo que los sueños y las utopías pueden ser una meta por alcanzar por millones de personas de bien que poblamos el planeta. Cada uno, cada una, en su pequeño mundo, porque no todos somos iguales desde nuestra forma de ser y estar en el mundo, como se puede demostrar por los desequilibrios sociales escandalosos que nos rodean de paro y corrupción, sin ir más lejos también en España, en nuestra Comunidad, siendo mínimamente sensibles con la realidad más próxima que nos sitia, a veces, de forma descarnada.

Con esta visión, quiero creer que es posible construir otro mundo más habitable “para ser”, dando la vuelta a la realidad que se proyecta todos los días en la clave “para tener”. He repasado este cuaderno y he recuperado las palabras que dediqué a Martin Luther King en 2013 con motivo de la celebración del 50 aniversario del discurso anteriormente citado, recordando un artículo en el diario El País, Sueños y utopías, escrito por Antoni Gutiérrez-Rubí, que no he olvidado desde entonces. Sobre todo, porque me recordó que el compromiso personal con la ética personal y colectiva debe estar activo siempre para no hacernos partícipes de los silencios cómplices que tanto abundan en la actualidad. Decía su autor, en referencia al discurso de Luther King que: “Esas 1.666 palabras sacudieron a la sociedad mundial con tres principios: más unidad, más igualdad, más democracia. Los mismos que cien años antes, a mediados de junio de 1858, en la Convención Republicana de Springfield que le postularía como candidato a senador por el Estado de Illinois, Abraham Lincoln transmitió en su memorable discurso: “Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie”. La política como utopía necesaria y, en consecuencia, que debe ser posible y realizable. La utopía como proyecto”.

Es verdad que la clave de lo que leí aquél 21 de agosto de 2013 estaba en una frase concreta y con una carga de realidad que todavía me conmueve hoy: “Cincuenta años después, su discurso es parte de la cultura universal. Trasciende el contexto y la historia concreta, para situarse en un plano moral y se transforma en imperecedero e inagotable. Cincuenta años después, la política −en particular en nuestra realidad más próxima− se ha desgajado de la palabra que emociona, que interpreta y proyecta, que acoge y proclama. El descrédito de la política es triple: no tiene sueños que se conviertan en retos, no defiende utopías que comprometan a la acción y no encuentra las palabras que conmuevan y promuevan los cambios colectivos: aquellos que son mucho más que la suma de los individuales”.

Efectivamente, estamos instalados en una profunda crisis política y, aún peor, en una profunda crisis democrática. Nos falta emoción, para convertir los sueños en realidades confortables, muy sencillas, por otra parte, sin depender de entornos meramente materiales. Pero lo peor es que nos falta la palabra, aquella que conmueve y promueve los cambios personales y colectivos, revoloteando en nuestros alrededores una palabra terrible: la desafección. A la persona política, al cambio democrático con representación en Partidos, a casi todo.

Cinco años después de aquella reflexión sigo teniendo hoy un sueño: que la situación política de nuestro país sea realmente una oportunidad para cambiar primero y aunar, después, muchas voluntades, tal y como lo aprendí de la mano de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique, porque esta acción unitaria solo se hace posible a través del amor y el sufrimiento, cuando se hacen necesarios para tomar conciencia de que no podemos avanzar en un mundo como el actual, pendientes de que Mr. Trump tome decisiones de Estado en nuestro nombre. O que el Presidente actual en nuestro país interprete las necesidades de este Estado solo a su imagen y semejanza. Sueño también con recuperar alma. Además, como he escrito en otras ocasiones, nos falta alma y cuando falta alma, falta la vida. Da casi todo igual. ¡Qué paradoja!, porque ya no hace falta eso: tiempo para vivir dignamente.

Vuelvo otra vez a mi hombre de secreto, que no el de todos, a reflexionar la frase que regaló en una ocasión el escritor Lobo Antunes en el acto de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara (México), en noviembre de 2008, transfiriendo una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…

Hoy, gracias a Martin Luther King, sus palabras suenan mejor que nunca: necesitamos más unidad, más igualdad y más democracia, más alma en definitiva, porque parafraseando una frase de Lincoln muy querida para él, “Una casa [España, Cataluña, Andalucía] dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie”. Sería una forma de agradecer de forma expresa su compromiso activo, su legado maravilloso en un día de vida más que de muerte, de sueños, que merece la pena recordar con respeto y admiración.

¡Gracias por haber compartido aquél sueño, Martin Luther King! Con profundo respeto.

Sevilla, 4/IV/2018

2019: una odisea de Andalucía

manuscrito odisea

Manuscrito de la Odisea

¿Quién va a negar a estas alturas de la película política española que 2019 es, en principio, una odisea en Andalucía? Recomponiéndonos poco a poco del terremoto reciente desde la perspectiva electoral, asistimos a un momento crucial para el comienzo de una odisea en el sentido más clásico del término, en cualquiera de las dos acepciones aceptadas por el Diccionario de la RAE: viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas y favorables al viajero o sucesión de peripecias, por lo general desagradables, que le ocurren a alguien.

Traigo a mi memoria de hipocampo el objetivo que ya pretendió Stanley Kubrick, en 1968, con su película, 2001: una odisea del espacio, cuando manifestaba que era “una experiencia no verbal: de dos horas y 19 minutos de película, en la que sólo hay un poco menos de 40 minutos de diálogo. Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Quise que la película fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al espectador a un nivel interno de conciencia como lo hace la música”.

Me quedo con la idea de que ahora lo que hace falta son amores del Gobierno correspondiente y no solo buenas razones, tal y como he escrito recientemente en este cuaderno de “derrota” (en lenguaje marino), porque nos pesa mucho el subconsciente y necesitamos, sobre todo, que la política convertida en “amores” concretos nos alcance, como decía Kubrick, para que pase como con la música, algo que lo he podido experimentar casi a diario: que los hechos verdaderos de los compromisos políticos que se descubren con una legislación adecuada y garantista estén con nosotros, acompañándonos en la alegría y ayudándonos a resolver los problemas de la vida diaria difícil desde cualquier perspectiva de la existencia (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).

El desconcierto ahora es importante en Andalucía, porque se acaba una larga etapa socialista en la que se han asentado la democracia y sus contrarios también, porque es la condición humana. Queda todavía mucho por analizar y sacar las conclusiones más acertadas para corregir todos los errores cometidos. Es una tarea ciclópea que debe abordar inmediatamente la izquierda andaluza de forma integral e integrada. Los que vienen, entran en terreno desconocido que pretenden explorar con auditorías integrales. A diferencia también de la película de Kubrick, hace falta mucho diálogo centrado en una piedra angular: respetar el interés general de la ciudadanía, del pueblo, de la gente. Y con la sombra de aquella enigmática frase de Lenin, ¿qué hacer?, en la que crecí en tiempos de una España difícil, creo que cada líder político llamado a poder presidir Andalucía, como símbolo de la auténtica democracia, debe iniciar y mantener diálogos permanentes para llegar a consensos que permitan iniciar la legislatura con acuerdos viables y representativos de una Andalucía diferente. De esta forma, cada persona, sola o acompañada, siguiendo el ejemplo de sus políticos de cabecera o sensatos hasta límites insospechados, podrá trabajar por otra Andalucía mejor, porque es posible, dialogando sin límite alguno, sin esperar que el telediario, las noticias a través de diferentes medios, o las opiniones de barra de café, vengan a solucionar los problemas acuciantes que atraviesan España, Andalucía, las familias andaluzas concretamente, por hablar de lo más próximo en el espacio y tiempo postelectoral. Pero ¿qué hacer ante tamaña odisea?, porque es donde se distingue principalmente que, en la odisea política, todos no son o somos iguales.

Lo escribí ya en 2012, casi antes de ayer, al comienzo de la crisis que estamos arrastrando hasta hoy: “Lo primero, tomar conciencia de que no existen recetas maravillosas, ni bálsamos de Fierabrás, para luchar contra los molinos de viento que azotan la economía doméstica, para empezar, pero no de la misma forma a todos, es decir, hay que tomar conciencia de que universalizar la bondad o la maldad, la riqueza o la pobreza, no es el camino a andar. Nunca, nunca, porque la realidad es personal e intransferible, siendo la responsabilidad personal primero y la colectiva después, en todos los casos, la que nos permitirá salir del fango económico y financiero en el que estamos instalados. Hay que recuperar de forma urgente, casi crítica, la lucha por los valores fundamentales de las personas, cada uno en su sitio, ya seamos ciudadanos de a pie o administradores públicos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, con ejemplos muy sencillos, de las pequeñas cosas de cada día: honradez en el cumplimiento de los deberes personales, familiares y laborales, hasta en sus últimas consecuencias, los deberes derivados del cumplimiento del trabajo bien hecho, no chapucero, tan habitual ya; los deberes fiscales, plantando cara ante el escaqueo fiscal, colectivo, como por ejemplo el fraude del IVA, en una pregunta instalada en la sociedad civil y admitida como normal: ¿factura con IVA o sin IVA?; plantar cara a los alardes de cómo engañar a la Hacienda Pública, porque la sangría del empleo sumergido hunde de forma comparativa a las personas dignas, que trabajan muy bien todos los días, pero que asisten a un continuo espectáculo de café para todos y de servicios sociales, sanitarios y educativos que no se financian de aire sino que necesitan de la participación económica ciudadana, cuando algunas personas no los merecen, porque no participan para nada en la construcción social de una familia, trabajo, barrio o comunidad mejor, a través de los impuestos, sino que asiste desde su sillón particular al diseño de un mundo imposible, sencillamente porque no existe. Eso sí, porque solucionarlo es la responsabilidad de otros, siempre”. Es donde se distingue principalmente que en la odisea política todos no son o somos iguales.

Y ante un programa de gobierno de consenso, tal y como lo han ordenado las urnas, surge una pregunta obvia: ¿tengo yo que hacer algo en esta situación o sigo confiando en que esta situación la resuelvan solo los políticos, los de arriba?, ¿no tendré yo alguna parte de esa responsabilidad en lo que está pasando por acción u omisión? ¿Qué hacer? Para empezar, exigir este diálogo, pero de forma celular, activa y ejemplar, con generosidad absoluta y amplitud de miras hacia los que tienen la mayor pobreza que existe: no ser dueños de su inteligencia para pedir, denunciar y obtener lo que es legítimo para ser personas, para exigir ese diálogo de nuestros mayores políticos a los que hemos confiado nuestro voto. Porque si hay dignidad personal y colectiva, pública y privada, habrá trabajo, control de la corrupción, programas políticos sensatos y que den respuesta a las problemáticas sociales actuales, dado que las ideologías y las economías no son inocentes y los Gobiernos tampoco. Hay que tener claro también y defenderlo a los cuatro vientos que no todos somos o son iguales en el Gobierno y que no se debe confundir valor y precio, como hace todo necio. Lo que hay que hacer con urgencia es desenmascarar a las personas indignas, cualquiera que sea el lugar que ocupen en la sociedad, arriba o abajo, en la derecha, en el centro o en la izquierda de cada persona.

¿Qué hacer? Creer en el interés público, el general, en el que tanto insiste la Constitución actual, por encima del personal o el de partido con siglas concretas: es la única solución, aunque haya que cambiar cuestiones vitales en el desarrollo actual de la misma, porque si nos podemos salvar todos, siempre será mejor que uno solo, o unos pocos, sobre todo aquellos que mueven los hilos de la marioneta mundial de la economía de mercado, a través del rating, de las primas de riesgo, de los bancos malos de remate, etcétera, etcétera. Solidaridad frente a codicia. Interés público, general, para salvar la situación del empleo, de la educación, salud y servicios sociales para todos los que lo necesiten, no solo para los que puedan acceder a ellos con privilegios o porque puedan pagarlos. Es donde se distingue principalmente que, en la odisea política, todos no son o somos iguales.

En definitiva, frente a los mercados implacables, simbolizado en aquellas palabras de la campaña de Clinton y sus adláteres actuales, ”¡Es la economía, idiota”!, hay que gritar muy fuerte: “¡Es el diálogo, el interés público!”. Sin más. Y sin insultar como lo hicieron ellos, como lo hacen todavía en el momento actual, creyendo que la malla mundial de personas que habitan el planeta Tierra o, por extensión, España o Andalucía, es tonta. O estúpida, como creían en 1992 y creen muchos todavía hoy. Colaborando todos como si fuéramos grandes hermanos de esta aventura tan especial que se inicia ahora en Andalucía.

Es donde se distingue principalmente que, en la odisea política, todos no son o somos iguales.

Sevilla, 20/I/2019

NOTA: imagen recuperada hoy de un manuscrito de la Odisea en https://es.wikipedia.org/wiki/Odisea