¿A quién preocupa la angustia vital en nuestro país y a escala mundial?

Edvard Munch, El grito, 1893

Es el tiempo del miedo […] Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar. Miedo a la soledad y miedo a la multitud. Miedo a lo que fue. Miedo a lo que será. Miedo de morir. Miedo de vivir.

Eduardo Galeano, El miedo global

Sevilla, 1/IX/2026 – 11:22 h CET (UTC+2)

Me preocupa el sufrimiento humano en sus múltiples manifestaciones y lo que está pasando y estamos viendo a diario en el mundo y en nuestro país, son una clara muestra del dolor humano sin límites de edad, raza o creencias. Sobre todo, el sufrimiento de los nadies.

¿Quién no ha visto alguna vez en su vida el cuadro de Munch más robado en la historia de la cleptomanía pictórica, El grito, en cualquiera de sus versiones? Me ha impresionado siempre esta expresión del grito que, según el artista, surgió como reflejo plástico de lo que escribió en su diario personal hacia 1892: Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.

En este contexto de un loco mundo al revés en el que estamos viviendo día a día, donde apenas podemos gritar nuestro dolor interno, nuestra angustia vital, es una realidad incuestionable que la gran damnificada, en millones de personas de todo el planeta, es la salud mental, la hija pobre del Estado de Bienestar, a tenor de la atención pública que se le presta en la actualidad. La revista PNAS publicó en 2023 un artículo muy interesante, Global trends in emotional distress (Tendencias mundiales en la angustia emocional), en el que se demostraba científicamente que la angustia vital se había incrementado en todo el mundo durante la última década, concretamente desde la gran crisis económica de 2009 hasta 2021, dando lugar a que las personas con pocos recursos sufren más un empeoramiento de esta vivencia, atribuible obviamente a las sucesivas crisis económicas, la pandemia de la COVID-19 y el aislamiento que ha generado soledad no deseada.

El resumen de lo analizado en esta publicación expone lo siguiente: “En este estudio, examinamos la angustia emocional utilizando datos de encuestas representativas anuales de 1,53 millones de personas encuestadas en 113 países entre 2009 y 2021. Los participantes informaron si habían experimentado preocupación, tristeza, estrés o ira durante gran parte del día anterior. Las estimaciones dentro del país mostraron que la prevalencia de sentimientos de angustia emocional aumentó del 25 al 31 % entre 2009 y 2021, y aquellos con bajos niveles de educación e ingresos experimentaron los mayores aumentos de angustia. A nivel mundial, el período pandémico se caracterizó por un aumento inicial de la angustia en 2020 seguido de una recuperación en 2021”.

Lo que interesa resaltar fundamentalmente en este estudio, es conocer con detalle qué ha significado el estrés emocional, la angustia vital, en los encuestados: “La angustia se evaluó utilizando cuatro ítems que preguntaban si los participantes experimentaron diferentes sentimientos negativos el día anterior: estrés, preocupación, tristeza e ira. Estos elementos se alinean con los componentes más destacados de la angustia emocional que se evalúan típicamente, que incluyen ansiedad, depresión e ira. Primero se pidió a los participantes que “piensen en el día de ayer, desde la mañana hasta el final del día. Piensa dónde estabas, qué estabas haciendo, con quién estabas y cómo te sentías”. Luego se les preguntó a los participantes: «¿Experimentó los siguientes sentimientos durante GRAN PARTE DEL DÍA, ayer?» e indicaron si experimentaron cada emoción (codificados como 1 = sí y 0 = no). Las puntuaciones se escalaron como porcentaje de las puntuaciones máximas posibles (POMP) para obtener una puntuación que indica el porcentaje de sentimientos angustiantes experimentados (que van de 0 a 100%)”.

Igualmente, se exponía el alcance de la muestra del estudio en relación con los participantes en el mismo: “Gallup encuestó a 1,76 millones de personas de 165 países entre 2009 y 2021. La población objetivo de la Encuesta mundial de Gallup (GWP) es la población civil no institucionalizada del mundo, de 15 años o más. Se utilizó la marcación aleatoria de dígitos de una lista de números de teléfono representativos a nivel nacional para realizar encuestas telefónicas en países donde la cobertura telefónica representa al menos el 80% de la población. Las encuestas se administraron en persona en regiones con cobertura telefónica menos extensa, incluida la mayor parte de Asia, Medio Oriente y África. Durante la pandemia, se realizaron entrevistas telefónicas en la mayoría de las naciones. En todos los países, los hogares se seleccionaron al azar y se encuestaron aproximadamente 1.000 personas cada año. Las naciones se incluyeron en nuestros análisis si los datos estaban disponibles para más de la mitad de las oleadas de encuestas entre 2009 y 2021, incluso durante la pandemia. Esto produjo un tamaño de muestra de 1.527.616 personas de 113 países”. Asimismo, el estudio ofrece información detallada de cada uno de estos pasos dados para la obtención de los resultados.

Desde mis años jóvenes, la llamada angustia vital ha sido claro objeto de estudio en la filosofía existencial y en la psicología y psiquiatría humanista y también existencial. He estudiado en profundidad esta realidad humana en mis años de investigación profesional, porque he creído que era algo que ocurría a diario en la vida ordinaria de las personas, marcando una hoja de ruta preocupante en el acontecer diario de cada persona. Desde aquellas incursiones universitarias hasta el análisis de esta realidad existencial que detalla el estudio citado, han pasado muchos años y la realidad es que el estrés emocional, en sus variadas manifestaciones, se ha recrudecido a nivel mundial. Con independencia de la influencia que tuvo la pandemia en su primer año de presencia efectiva en la vida de millones de personas, ha sido curioso constatar que no ha sido la principal causa de ese estrés emocional progresivo en la población mundial, porque se supo reaccionar adecuadamente y de forma generalizada. Lo que ha resultado importante constatar en la correlación de causas en la década analizada, expresado en los siguientes términos: “Sobre los motivos de la tendencia negativa de la salud mental en todo el planeta, Daly [uno de los firmantes del estudio] cree que “pueden influir muchos factores que varían por países y periodos”. Entre otras cosas, el investigador apunta a las consecuencias de la crisis financiera de 2008, que provocó “inseguridad laboral y problemas de deuda en mucha gente”, y a la inestabilidad política en muchos lugares del mundo. Daly menciona también la “preocupación por el declive de la cohesión social en algunas naciones, reflejada en aislamiento y soledad que pueden contribuir a la sensación de angustia”. Por último, el investigador señala al posible papel del “entorno tecnológico, con el incremento asociado de información, demandas de productividad o comparación con los demás” como otra fuente de malestar, y reconoce que la mayor conciencia de los problemas de salud mental puede estar visibilizando problemas que antes ya existían aunque no se midiesen”.

Ante lo expuesto con crudeza en este estudio panorámico mundial, surge la gran pregunta: ¿preocupa a las autoridades mundiales y a las de nuestro país, directamente involucradas en las políticas sociales del planeta, la angustia vital mundial que se está viviendo en la actualidad? Una vez más, estamos avisados, aunque con una mirada cercana a nuestra realidad más próxima en nuestro país, sabemos, objetivamente, que la salud mental sigue siendo la pariente pobre del Sistema Nacional de Salud y, por extensión, de los Sistemas Sanitarios Públicos de las Comunidades Autónomas, obviamente en Andalucía. El miedo a vivir sobrevuela sobre nuestras cabezas con resultados muy preocupantes para la sociedad, de ahí la urgencia para que se tomen las medidas adecuadas de Estado de Bienestar ante el Estado de Malestar que impera a nuestro alrededor.

En este contexto, quiero hacer hoy una reflexión especial sobre esta angustia de vivir, que no es inocente porque se propaga a diario en el ocaso de la democracia, auspiciada por los personajes siniestros que difunden continuamente miedo y desesperanza sobre todo lo que se mueve en nuestro país, a través de noticias manipuladas, redes sociales mentirosas, políticos y partidos impresentables. Muchos de sus protagonistas son mediocres de profesión y lo repito hoy de nuevo hasta la saciedad: lo que representan sólo es mediocridad de mediocridades, porque (casi) todo es mediocridad. Lo que proclaman estos agoreros mayores de su reino, es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda y hacen sufrir a muchas personas de buena fe y voluntad. Lo digo una y mil veces: los mediocres que operan el miedo están haciendo de cada día su día, su mes, su año, de forma silenciosa. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres!, porque no quiero seguir con angustia vital, además de pandemias, guerras incomprensibles y bancarrotas en cadena por la eterna avaricia de los más poderosos. Es probable que los mediocres y profesionales del miedo salgan huyendo para esconderse en paraísos sin ética alguna, no sólo fiscales, porque no soportan dignidad alguna que les pueda hacer sombra, si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, hacedores de miedo, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan.

Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna, que azuza el miedo continuamente, el efecto halo que rodea a la angustia vital. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social del miedo instaurado por mediocres y la mediocridad que los acompaña siempre, convirtiéndose casi sin darnos cuenta en sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos de esperanza en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.

Lo que de verdad temo en este contexto de angustia vital generalizada es tener miedo a perder la libertad, no el que aprendí de Erich Fromm, en su precioso libreo El miedo a la libertad, que guardo en mi clínica del alma, sobre todo en un texto introductorio de este libro, presentado bajo el epígrafe de “El discurso de Dios al hombre”, que corresponde a la Oratio de hominis dignitate, un texto de Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494) que recoge en las 900 Tesis (Conclusiones Filosóficas Cabalistas y Teológicas) que presentó a la Iglesia de Roma en 1486, en las que buscaba una confluencia sincrética entre diversas creencias y postulados religiosos de la época, con una trazabilidad importante de filósofos y teólogos latinos y árabes. Es importante conocer este contexto histórico, que le costó finalmente la excomunión al poner al hombre (como ser humano primigenio) en un puesto muy importante en la vida humana gracias a su libertad. Tras este breve análisis, comprendo mucho mejor por qué Fromm lo eligió como texto introductorio de su libro, de su miedo personal a la libertad y por qué ha pasado a la posteridad como el Manifiesto del Renacimiento:

No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obtengas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás —de acuerdo con la decisión de tu voluntad— regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas”.

Igualmente, tengo miedo a no comprender bien qué quiso exponer Eduardo Galeano en su declaración del miedo global (1), fundamentalmente porque en él se dice algo verdaderamente sobrecogedor y porque reconozco que lo que está pasando y estamos viendo, por ejemplo en Ucrania, en Irán, da miedo, sintetizado en uno de sus versos: Las armas tienen miedo a la falta de guerra y un corolario anterior: Los militares tienen miedo a la falta de armas, porque la realidad es que estamos viviendo en un mundo al revés presidido por el miedo interesado que muchos meten en nuestras vidas:

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerra.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones y miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura.
Al tiempo sin relojes.
Al niño sin televisión.
Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar.
Miedo a la soledad y miedo a la multitud.
Miedo a lo que fue.
Miedo a lo que será.
Miedo de morir.
Miedo de vivir.

Lo más trágico que dice Galeano es tener “miedo de vivir”, la auténtica angustia vital. Es verdad que en su ocaso actual, la democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir que estamos muy preocupados por la angustia vital mundial y que en España es una realidad que debemos atender de forma urgente. Estamos avisados y el estudio analizado hoy lo corrobora. 

(1) Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 1998. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

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¡Paz y Libertad!

Hojas sueltas / 10. Cabo Verde me enseñó la “realidad descalza” de los desheredados, a través de Cesária Évora

Cesária Évora, La ausencia

Sevilla, 16/VI/2026 – 08:52 h CET (UTC+2)

Hoy entrego a la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, una “hoja suelta” en la que ensalcé, en 2021, la vida y obra de la gran cantora caboverdiana Cesária Évora, porque ayer, visto lo visto en el Mundial, así como la presión mediática en sus días anteriores en torno a Cabo Verde, recordé su regalo a la vida para comprender mejor las ausencias, en un mundo tan sobrado, pero tan acostumbrado ya a vivir en medio de ausencias irreparables de valores.

Cabo Verde me recordó ayer a la gran voz de Cesária Évora, la gran cantora caboverdiana de la “realidad descalza”, como le gustaba a ella salir a los escenarios del mundo, con sus pies descalzos, en homenaje a los desheredados más próximos. Con esa evocación, a través de su hermosa canción “La ausencia”, me quedo. Su voz, hoy, me basta.

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Las ausencias se pueden pintar y cantar

Amalia Avia, La casa de Cristina, 1983, Óleo sobre tabla

Sevilla, 7/V/2021

Me pasa con frecuencia: tengo la sensación de que sólo sé que no sé nada. Me ha ocurrido con la obra preciosa de una pintora realista, Amalia Avia, nacida en Santa Cruz de la Zarza (Toledo) en 1930, que ayer conocí a través de Carlos del Amor, a quien agradezco siempre muchos descubrimientos de la intrahistoria de la cultura en este país. La sinopsis oficial de su obra pictórica es un exponente claro del hilo conductor de su vida proyectada en su forma de contemplarla, dibujarla y pintarla: “Su pintura realista, nunca hiperrealista, afronta temas preferentemente urbanos, sobre todo de Madrid, ciudad desde siempre adorada por la artista. Son calles, fachadas, comercios, garajes: lugares en general desgastados por el tiempo, en ocasiones viejos y desconchados, donde la pintora coloca su particular mirada. Sin mucha presencia del color, Amalia Avia hace la crónica en gris de una ciudad que se está perdiendo, rincones que todos vemos pero en los que a lo mejor no nos fijamos. De su pintura, inicialmente más social, han ido progresivamente desapareciendo las figuras humanas. También, en algunas épocas, han sido frecuentes los interiores. Camilo José Cela la denomina la pintora de las ausencias, la amarga cronista del «por aquí pasó la vida», y Francisco Nieva habla de una melancolía barojiana refiriéndose a su pintura. Sobre su obra han escrito, entre otros muchos, Camilo José Cela, Francisco Umbral, Francisco Nieva, Juan Manuel Bonet o Francisco Calvo Serraller. Por aquí pasó la vida marcando su amargura e inevitable huella de dolor». Llevaba “la herida de la pérdida con ella”.

Las ausencias son situaciones vitales que siempre me han ocupado y pre-ocupado [así, con guion] mucho, porque sé lo que significa la separatidad de personas y de casi todo, que tan magníficamente estudió Bowlby. Son las que más duelen en las reflexiones de nuestra persona de secreto. Ahora estamos viviendo una época especialmente compleja respecto de ausencias de todo tipo, políticas, éticas, ideológicas y de creencias. Necesitamos creer, tal y como lo aprendí hace muchos años de Ferrater Mora. Decía él que las personas necesitamos creer en alguien o algo, básicamente en cuatro pilares fundamentales que no se excluyen entre sí: sociedad, personas, naturaleza y Dios (o dioses), es decir, podemos optar por una de estas creencias, por varias o por todas. Pero lo que llevamos muy mal es la ausencia de todas o de cada una, hasta quedarnos sin nada ni nadie en quien creer, es decir, la negación absoluta de la razón que justifica todos nuestros actos o las relaciones personales y sociales.

Cesária Évora, la gran cantora caboverdiana de la “realidad descalza”, como le gustaba a ella salir a los escenarios del mundo, en homenaje a los desheredados más próximos, lanzando a los cuatro vientos estas palabras maravillosas de una canción inolvidable, La ausencia, nunca nos dejó tranquilos al escucharla porque justificaba con su ejemplo de vida y sus palabras la dignidad con la que podemos abordarla siempre. Lo expresaba de una forma especial, cuando pensaba que la ausencia era su soledad, quizás la nuestra, en el destino:

Si tan solo tuviera alas
para volar a través de la distancia
Si tan solo fuera una gacela
para correr sin cansancio alguno

Entonces, podría amanecer
en tu pecho
y nunca más la ausencia
sería nuestra realidad

Pero eso sólo sucede en mis pensamientos
en los que yo puedo viajar sin miedo
y mi libertad, la tengo
solo en mis sueños

[…]
Sin saber a dónde iluminar,
ni ningún lugar a dónde ir…

Ay soledad, es mi destino…
Ausencia…, ausencia

Hoy he unido a Amalia Avia y a Cesária Évora en torno a una realidad existencial que existe y nos hace sufrir mucho, las ausencias, como se ha podido constatar a lo largo de esta pandemia que nos asola y de la que ya hemos empezado a ver la luz al final del túnel con las vacunaciones masivas. Amalia pintó la realidad oscura de la vida, lo que se pierde muchas veces y pasa a la ausencia radical de la historia, que se puede contemplar en un magnífico portal web dedicado a su obra. Cesária cantó la esperanza que siempre existe al final de un camino. Hoy, no me queda nada más que darles las gracias porque aportaron un sentido a la vida en su obstinación artística, para demostrarnos que el arte y la cultura siempre nos pueden mostrar caminos de libertad, aunque sólo suceda en nuestros pensamientos, en los que podemos viajar sin miedo y aunque la libertad la tengamos sólo en nuestros sueños. Es lo que pensaba también Amalia Avia cuando pintaba a personas, edificios, calles o cosas en las que dejaba entrever que a pesar de las ausencias por allí pasó alguna vez la vida.

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Hojas sueltas / 4. Cuando un zapatero opina más arriba de las sandalias, recuerda una sentencia de Apeles

Nino Pisano, Apeles

Sevilla, 31/V/2026 – 09:16 h CET (UTC+2)

Visto lo visto y oído lo oído sobre la situación política de nuestro país, he elegido hoy una “hoja suelta” de mi cuaderno digital que cobra ahora especial relevancia. Se trata de un artículo que escribí en 2009 sobre un diálogo imposible entre Apeles de Cos (352-308 a. C.), pintor oficial de Alejandro Magno, y un zapatero muy observador de lo auténtico. Ayer lo cité también, pero hoy me refiero a él en un contexto diferente.

Salvando lo que haya que salvar, creo que su lectura en estos momentos cruciales para el país, puede servirnos para comprender el fondo de esta leyenda griega, resumida en una locución a lo largo de los siglos: un zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias, que hoy resuena más fuerte que nunca aún perdiendo su raíz latina: Ne supra crepidam sutor judicaret.

Al buen entendedor con pocas palabras basta o lo que es lo mismo en “roman paladino”: ¡zapatero, a tus zapatos!, el lenguaje de Berceo (Quiero fer una prosa en román paladino, / en la cual suele el pueblo fablar a su vecino).

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El orgullo de Apeles (parábola actual)

Sevilla, 13/IX/2009

Cuentan las buenas lenguas, ¡menos mal en los tiempos que corren!, que Apeles de Cos, era un pintor griego, muy protegido por Alejandro Magno, del que no conocemos obra alguna que podamos valorar, pero que era reconocido en el orbe mundial por su “gracia” especial para reflejar la realidad griega en sus obras. Y cuentan también que una vez pronunció una frase, quizá impertinente, pero que dejaba ver a través de sus pinceles su auténtica persona de secreto: Ne supra crepidam sutor judicaret: el zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias. ¡Valiente atrevimiento el del zapatero! Todo, porque contemplando un día una obra suya, ya había mostrado su insolencia al hacerle un comentario, a priori constructivo, sobre un fallo en el diseño de las sandalias del cuadro. Apeles, todo orgullo, corrigió el fallo. Y cuando pensó que el zapatero ya no hablaría más, ¡zás!, vuelta a empezar. Ya no solo estaba el fallo en las sandalias, dijo el humilde zapatero, sino también en la forma de las piernas pintadas en el cuadro. No sabemos si siguió opinando sobre otras zonas del cuerpo pintado por Apeles, ante su monumental enfado. Solo que le espetó la enigmática frase que después ha derivado en otra más popular: Ne supra crepidam sutor judicaret.

Ya sabemos. Cuando se emite un juicio sobre los demás, hay que ser cautos porque Apeles hay en todas partes, zapateros también, y es probable que debamos mirar antes a nuestros pies para que no se descubra la debilidad de nuestro cerebro. Ya comprendo mejor la frase popular: ¡zapatero, a tus zapatos!, porque de piernas, brazos y cabezas mal pintados, en el ámbito político, andamos sobrados todos.

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¡Paz y Libertad!

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2026 / 18. Defendamos el claro objeto del sueño andaluz

Galileo en prisión. Detalle de la obra atribuida a Murillo o su taller (ca. 1643), cuando estaba en posesión de Jules van Belle, Roulers, Belgium (1)

Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro.

Luis Cernuda, en José Moreno Villa o los andaluces en España (1931)

Sevilla, 17/IV/2026 – 08:53 h CET (UTC+2)

Hoy dedico esta reflexión electoral a las personas que piensan que Andalucía puede cambiar e iniciar un camino diferente, nuevo e ilusionante a través de las elecciones próximas del 17 de mayo. No sé si tú, lector o lectora de estas palabras, tienes la misma sensación que yo, pero estando tan cerca estas elecciones, fecha histórica en cualquier calendario democrático, no se aprecian movimientos especialmente reivindicativos de la participación popular en este proceso electoral, como si se hubiera instalado en Andalucía una santa indiferencia, cansancio y desafección política de dimensiones incalculables, ante problemas sociales de tanta envergadura como la situación actual de desmantelamiento de la sanidad pública, a través de esperas imposibles en atención primaria, especializada y quirúrgica, no digamos en salud mental, los de la educación también pública en todos sus niveles, afectando también al universitario con la entrada en vigor de la reciente y preocupante Ley Universitaria para Andalucía, por no olvidar la ardiente impaciencia de miles de personas afectadas por discapacidades, la pobreza severa y exclusión social, el paro real y las dificultades extremas para acceder a alquileres razonables de viviendas.

Se podría decir en términos fellinianos e la nave va, y no su antónimo, e pur niente si muove (y, sin embargo, nada se mueve), como fiel reflejo de la realidad actual. En este contexto, cuenta una leyenda que una pintura atribuida a Murillo o a su entorno (1), Galileo en prisión, captó perfectamente esta expresión tan atrevida del movimiento revolucionario de la Tierra que descubrió Galileo (eppur si muove) y así lo dejó pintado en una esquina del citado cuadro y que alguien se encargó de ocultar, probablemente los que introducían la palabra nada en cada paso de su vida, porque preferían que todo siguiera igual. Es muy preocupante esta situación, porque en unas elecciones se trata, nada más y nada menos, que de posibilitar cambios imprescindibles en la forma de hacer política en Andalucía y debería interesar tanto a la ciudadanía y a quienes gobiernan habitualmente, como a la oposición que hasta ahora se ha enfrentado, con escaso éxito, al rodillo de la mayoría del partido gobernante, el Partido Popular, en el Parlamento andaluz.

El hartazgo por corrupción de determinados líderes políticos ha hecho estragos en los últimos años de la vida política de este país y la falta de ejemplaridad política también. He comprendido el sentido de la frase repetida en muchas ocasiones por Michael Ignatieff, el candidato malogrado a primer ministro de Canadá, en su experiencia política desde 2008 a 2011, liderando la oposición y con una clara opción a gobernar ese país: nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad. Ahí está parte de la cuestión actual a la que se debe enfrentar cualquier político, por el hartazgo ante tanto mandatario instalado en la mentira. Es escalofriante el poder de esta reflexión, porque es una realidad ciudadana que emerge sobre todas las querellas más o menos criminales en torno a las personas que trabajan en política, porque muchas personas están convencidas de que en política se miente continuamente: “los políticos, mienten más que hablan”. Es una realidad flagrante, que solo se puede combatir si el poder político en todas sus escalas se instala de una vez por todas en la verdad, teniendo una clave machadiana contundente al respecto: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”. Así de sencillo, pero así de difícil en la situación actual, porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión con retranca gallega de fondo que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era.

Basta un ejemplo para certificar este pacto de silencio cómplice que existe en la actualidad. Nos sentimos muy poco concernidos con los programas políticos que se presentarán oficialmente dentro de unos días, porque con independencia de que deban obedecer a las ideologías que inspiran cada partido político, la participación ciudadana universal debería ser un primer mandamiento de la ética política actual: qué piensa, desea, valora, opina y necesita decir la ciudadanía, para ser escuchada en clave de empoderamiento compartido.

Sabemos por el último barómetro elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), correspondiente al mes de marzo de 2026, que ante la pregunta ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero? (RESPUESTA ESPONTÁNEA). (MULTIRRESPUESTA), los datos recogidos fueron los siguientes:

Fuente: Centro de Investigaciones Sociológicas – Barómetro Marzo 2026

He tomado en consideración sólo las diez primeras respuestas de un total de 58, porque creo que representan bien el estado anímico de la Nación y por extensión lógica el de Andalucía, dado que —porcentualmente hablando— son muy significativas en el momento político que está atravesando el país y nuestra Comunidad. Queda claro que un gran problema es el de la percepción y valoración ciudadana de la política actual, no sólo la crisis económica o el paro, porque de las diez respuestas, tres de ellas, referidas a asuntos políticos, suman un total del 26,4%, es decir, ocuparían el primer puesto en esta clasificación estadística al darles un tratamiento homogéneo, desplazando al primer problema de la vivienda, con un 24,3% del total. Es muy significativo el resultado porque en política, en este país, no se salva nadie, ni el Gobierno y partidos o políticos concretos/as, ni los problemas políticos en general y, tampoco, el mal comportamiento de los/as políticos/as. La verdad es que es un resultado lamentable, que debería hacernos reflexionar ante las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía.

Es una breve reflexión en la antesala de las elecciones andaluzas y tengo que afirmar de nuevo que se nos presenta una nueva oportunidad para generar cambios copernicanos en nuestra Comunidad mediante el voto. Lo he afirmado en diversas ocasiones en este cuaderno digital, en esta serie, y no me cansaré de repetirlo: ante este panorama tan complejo y preocupante, es necesario reflexionar en voz alta sobre las actuaciones que pueden ayudar a despejar las incógnitas electorales que nos abruman en estos días que anteceden al 17 de mayo.

Hay que considerar, en primer lugar, una base política, como ciudadanos de a pie, como punto de partida para preparar un voto razonable y que lo sustente. Se resume en una sola palabra, ideología, porque cuando existe la ideología, que forja siempre una creencia, la política se hace virtud ciudadana, porque es consecuente, porque somos ciudadanos políticos, en la clave que enseñó Aristóteles. Las ideologías no son inocentes, como tantas veces he explicado en este blog. Solo me refiero en la situación actual a las ideologías democráticas, las que pueden considerarse por su contenido de respeto a las personas y a la sociedad en general, en el largo camino que existe desde la izquierda a la derecha del arco político actual.

La ideología es una proyección fantástica de la inteligencia, entendida ésta como la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, gran objetivo de la política a través de programas electorales. La inteligencia que vehiculizamos a través de la ideología podemos llamarla inteligencia social o inteligencia política, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo que nos rodea y cómo se reacciona ante estos momentos electorales donde se decide cómo se van a abordar los problemas reales y actuales en Andalucía, a través de los programas de los partidos que participen en esta primera etapa anual de participación ciudadana.

El cerebro necesita claridad conceptual, ideología, para comprender lo que ocurre y ahí está la clave de la no inocencia. Mientras unos o muchos entorpecen el conocimiento de la verdadera dimensión social de lo que ocurre, otros desean introducir cordura en la comprensión y vías de salida a la misma. Es decir, la ideología que está detrás de los partidos no es inocente y el cerebro necesita ordenar ideas fundamentales para llegar a caracterizar el pensamiento y proyectarlo en la realidad social económica, educativa, de salud y bienestar social que cada persona debe elegir para ser y existir todos los días, de acuerdo con el programa político que mejor responde a la ideología de cada persona, a su creencia. Así lo ha fijado, limpiado y dado esplendor a través del lema ideología, el Diccionario de la Lengua Española, en su segunda acepción (texto en cursiva). Por algo será. Y los Gobiernos, los partidos, los representantes políticos lo saben, es decir, tampoco son inocentes y no vale cualquier respuesta a las ideas fundamentales, mediante el voto, en unas elecciones, porque todos no son ni somos iguales en Andalucía.

Afortunadamente, creo que podemos creer en el futuro de Andalucía con el voto próximo, porque e pur si muove, como el mejor homenaje que podemos ofrecer a nuestro pintor universal, Murillo. Sin escondernos en la esquina del cuadro actual andaluz que pintan ahora, con escaso éxito, los gobernantes y agoreros de turno.

(1) Fahie, J. J., Memorials of Galileo (1564–1642). London: Leamington, 1929, p. n85.

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¡Paz y Libertad!

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2026 / 12. La izquierda andaluza, digna y unida, no será vencida

Giuseppe Pellizza da Volpedo (1901). El Cuarto Estado.

Sevilla, 11/IV/2026 – 08:21 h CET (UTC+2)

Siempre me ha sorprendido el cuadro “El Cuarto Estado”, al que hizo tan famoso la película “Novecento” de Bertolucci. Lo contemplé a diario en los meses que duró la promoción de la película, cuando vivía en Roma en 1976, a través de las ventanillas de los autobuses 881 y 62, camino de mi Facultad. Descubrí entonces que en caminar juntos, con conciencia de clase, está el secreto de la vida.

Caminar juntos en política también es imprescindible. Cuando tenemos por delante el momento sublime de tomar decisiones en política, depositar el voto responsable en las urnas, también es la ocasión de hacerlo para consolidar el Estado del Bienestar. El 17 de mayo, en Andalucía, tenemos la oportunidad democrática de demostrarlo, porque todos los partidos no piensan lo mismo y lo más peligroso es que en plena mediocracia, el gobierno de los mediocres, algunos partidos alcanzarán el poder para hacer daño a la democracia y desunir al pueblo. Estamos avisados.

Ya se sabe, por ejemplo, que en las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, el 17 de mayo, concurrirán veintisiete partidos políticos, de todo tipo, algunos con nombres desconcertantes y preocupantes como «Escaños en blanco para dejar escaños vacíos», junto con tres coaliciones, haciendo un total de treinta formaciones políticas, habiéndose registrado oficialmente como partidos en la Junta Electoral de Andalucía. Este es el panorama electoral para el próximo 17 de mayo en Andalucía, pero hoy quiero manifestar alto y claro mi pre-ocupación (con guion) con el avance real de la derecha extrema y la ultraderecha de nuestro país, obviamente la de nuestra Comunidad.

En este blog he escrito en bastantes ocasiones sobre el drama de la desunión de la izquierda que, para quienes hemos luchado y cantado lo contrario, es una realidad vergonzante en este país, en mi Comunidad, a pesar de los esfuerzos de algunos líderes por unir fuerzas de izquierda ante las elecciones generales y autonómicas que correspondan. Sé, también, que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo y conciencia de clase no importaba sentirse parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas, que no ocultaban tampoco sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de sus «utopías», como “los de siempre”, para tranquilizar sus conciencias, han llamado y siguen llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general y de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero).

Ante este drama y visto lo visto en las últimas elecciones de Extremadura, Aragón y Castilla y León, y ante las próximas elecciones en Andalucía, creo que la izquierda debe alzar la voz y gritar a los cuatro vientos que hasta aquí hemos llegado en este país, en Andalucía, que tiene que organizarse urgentemente, olvidar rencillas y disputas cortesanas, y dedicarse a formar una alternativa de progreso y cambio que devuelva a través del Gobierno, del Congreso, del Senado y del Parlamento andaluz, en el contexto electoral actual, el sentido de la vida y de la dignidad humana a todo el país y a mi Comunidad, sobre todo a millones de personas que malviven por la pobreza severa y exclusión social, por las insufribles listas de espera en la atención especializada y quirúrgica de la sanidad pública o la situación dramática de los miles de mujeres afectadas por los fallos en el programa de detección del cáncer de mama, por la imposibilidad de acceder a alquileres dignos de viviendas, no digamos a la propiedad, las listas de espera también en las prestaciones sociales para las personas mayores con dependencia y que, a pesar de todo, piensan de forma ingenua, porque no les queda otra, que un día no muy lejano se resolverán sus dramáticas situaciones personales y familiares. Mientras, los agoreros mayores del reino de nuestro país, de mi Comunidad, piensan que fuera de la derecha no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad.

Creo que ha llegado el momento de actuar. Con independencia de lo que puedan hacer los partidos de izquierda o de abajo, los de toda la vida al final, deberíamos aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, desde las bases ciudadanas de la izquierda popular, para luchar por un futuro digno, propio y ajeno, como muchos aprendimos de la voz de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique y que no me avergüenza citarla todavía hoy, como hacía recientemente en este cuaderno digital. Deberíamos celebrar encuentros en la calle, tomarla en el sentido más democrático del término, inundar las redes de mensajes solidarios de la izquierda digna, publicar artículos en blogs y mensajes en redes sociales, plantear debates en el tejido asociativo en el que estemos insertos, estar presentes en todos los medios de comunicación y celebrar actos en la Universidad, ¡ay, sus silencios cómplices!, entre otras muchas actividades, para demostrar y demostrarnos que todavía hay una solución a la gobernabilidad de este país, de Andalucía ante las próximas elecciones, sin tener que esperar pacientemente y en silencio cómplice a no se sabe cuándo y qué permitiría la urgente reunificación de la izquierda. Es imprescindible la movilización social y las redes sociales son esenciales para organizarnos y encontrarnos en lugares abiertos, en la Noosfera (la piel pensante que envuelve el mundo), para demostrar que otro país y otra Andalucía es posible. Por mi parte, porque comparto con Luis Cernuda la definición de esta tierra como un sueño que los andaluces llevamos «dentro».

Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras de unidad popular en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para este país, para mi Comunidad, ante las próximas elecciones del 17 de mayo. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena, porque si la izquierda digna y unida adquiere fortaleza electoral que se convierta en votos, permitirá que mucho más temprano que tarde, se abran las grandes alamedas por donde pasen las personas libres para construir una sociedad mejor. Palabras de Salvador Allende y ¿por qué no?, también nuestras.

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¡Paz y Libertad!

¿Acaso soy yo? Una pregunta de Judas, inquietante y muy actual

Leonardo da Vinci, Il Cenacolo (1495-1498), fragmento en el que aparecen por este orden Judas, Pedro y Juan.

Sevilla, 2/IV/2026, Jueves Santo (publicado anteriormente / actualizado) – 09:02 h CET (UTC+2)

A pesar del tiempo transcurrido, Judas, y lo que representa, sigue vivo entre nosotros y recobrando cada día que pasa más actualidad, al recordar en este jueves “santo” o laico, según se mire, una pregunta histórica inquietante: ¿acaso soy yo, el que traiciona a personas próximas en nuestras vidas o a las que debo respeto, cuando sé que lo sucedido es verdad de antemano, participando en silencios cómplices de todo tipo?

Desde una perspectiva laica, hoy es un día para no recordar en ciertos relatos históricos sobre la vida apasionante de un líder carismático, Jesús de Nazareth, al que profeso admiración, al visualizarse también la de un traidor de nombre Judas, un enemigo contemporáneo suyo, amante de silencios cómplices como personaje miserable y mediocre, de libro, que tanto detesto. Hoy he vuelto a identificarlo para quedarme con su cara, por lo que simboliza, en una obra maestra que no olvido, La Última Cena (Il Cenacolo), pintada de forma magistral por Leonardo da Vinci, obra que se conserva con celo reverencial en la iglesia de Santa María delle Grazie en Milán desde el siglo XV.

Leonardo da Vinci, Il Cenacolo (1495-1498)

Jesús lo dijo de forma directa y escueta, según nos lo cuenta el joven periodista Marcos (Mc. 14, 17-21) en aquellas horas previas a su detención y muerte: “Y al atardecer, llega él con los Doce. Y mientras comían recostados, Jesús dijo: “Yo os aseguro que me entregará uno de vosotros, que come conmigo”. Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: “¿Acaso soy yo?”. Él les dijo: “Uno de los Doce que moja conmigo en el plato. Porque el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquél por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!”.

Leonardo da Vinci captó aquellas palabras de forma magistral, pintando a dos de los apóstoles que ya habían demostrado su lealtad, Simón Pedro y Juan junto a Judas, el tesorero del grupo, que no soltaba la bolsa con el dinero por el que vendería a Jesús, teóricamente su amigo, con un gesto de cierta sorpresa, algo muy clásico en los miserables y mediocres de hoy. Lo refrendaría poco tiempo después el beso a Jesús como señal para su detención, que el joven Marcos lo narró con alma periodística (Mc. 14, 43-46): “Todavía estaba hablando, cuando de pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. El que le iba a entregar, les había dado esta contraseña: “Aquél a quien yo dé un beso, ése es, préndedle y llevadle con cautela”. Nada más llegar, se acerca a él y le dice: “¡Rabbí (Maestro)!”, y le besó. Ellos le echaron mano y le prendieron”.

Estaban avisados y ya lo comentó Juan con detalle en su evangelio (Jn 12,1-8), cuando afirmó que Judas se quedaba con el oro destinado a los pobres: «Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde se encontraba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le ofrecieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: “¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?”. -No decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella-. Jesús dijo: “Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis».

Judas es un prototipo de persona que perdura a día de hoy. Era todo un clásico, tradicional por antonomasia, conocido como Iscariote, nacido en Kariot, un entorno conservador al sur de Judea, lo que no le supuso problema alguno de conciencia en la traición a Jesús, que ya lo conocía bien por alguna que otra fechoría económica durante el tiempo que pasaron juntos y porque no supo apreciar nunca el valor de la lealtad y la amistad honrada y verdadera.

La historia de la literatura en relación con Judas no ha perdido tampoco el tiempo, incluso para buscar una posible justificación a su infamia. Es lo que propuso Jorge Luis Borges con un cuento inquietante y metafórico, Tres versiones de Judas, donde expone lo que un autor de principio de siglo, Nils Runeberg, intentó desarrollar en una publicación de 1904, Cristo y Judas, con un epígrafe inquietante: No una cosa, todas las cosas que la tradición atribuye a Judas Iscariote son falsas. No acabó bien su autor a pesar de su esfuerzo por justificar lo que no había por donde cogerlo. Creo que el papel de Judas en la historia no merece muchas explicaciones. No supo apreciar lo que le ofreció un gran amigo y, además, no aprendió nada con él. Sólo quería mantener su puesto de tesorero del grupo de Jesús y traicionarle por treinta monedas entregadas por la Autoridad Competente de su tierra, religiosa por supuesto, confundiendo una vez -como todo necio- valor y precio. Nada más y nada menos, porque como tantas veces ha ocurrido en la historia, ocurre hoy y ocurrirá en el futuro, están más cerca de nosotros de lo que creemos. Ante las situaciones difíciles de la vida, los nuevos Judas, como salvadores mayores del Reino del Mundo y de este País, harán como el protagonista del cuento de Borges: intentar justificar lo injustificable, argumentando que no una cosa, todas las cosas que la tradición atribuye a los traidores integrales, son falsas.

Para que todo lo anterior no se nos olvide en este jueves santo y laico a la vez, cuando la dura realidad es que, a pesar de esos nuevos Judas que pululan por el mundo, seguimos teniendo muchos pobres y nadies entre nosotros, a las que personas anónimas, como casi siempre, les ofrecen en vida todo lo que tienen, sin nada a cambio, aunque sabemos que incluso llegan a entregarles sus vidas. Las palabras en clave de Jesús en Betania, ante Judas, nos lo recuerda con la calidad que nuestros mayores han protegido siempre la tradición oral hasta nuestros días. Lo que es incontestable es que los nuevos Judas están mucho más cerca de nosotros de lo que a veces pensamos. Leonardo da Vinci dio fe de ello, por los siglos de los siglos. Amén.

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¡Paz y Libertad!

Sé que la primavera está abierta a mi espera, alta la fe y el corazón dispuesto

Cristóbal ToralLa nueva inquilina, 1982

Escribo porque solamente modificando la realidad puedo soportarla, […] escribo para ser feliz.

Orhan Pamuk, en el discurso del acto de entrega del Premio Nobel de Literatura 2006

Sevilla, 21/III/2026 – 07:11 h CET (UTC+1)

Somos inquilinos de la vida porque sé lo que es esperar, esperar, esperar… El inquietante óleo del pintor gaditano Cristóbal Toral, La nueva inquilina, me lo recuerda siempre. Admiro la vida en esta espera urgente, ligero de equipaje y apoyado en el buzón del tiempo, aunque en la memoria de hipocampo mantengo vivo el mensaje de su obra, que justifica hoy la realidad de las maletas imaginarias y reales que me han acompañado a lo largo de esperas diversas en mi vida. Porque todo es tránsito y porque siempre hay en ellas, tan presentes en las obras de Toral, un misterioso peso de la carga que se suele ocultar en su interior. La dialéctica maleta-espera está servida.

He aprendido a conocer todavía más mi persona de todos que, según Ortega y Gasset, convive a diario con la de secreto. Es la razón por la que acudo en este incesante ir y venir del timbo al tambo de la vida, expresión que tanto gustaba a Gabriel García Márquez, a buscar refugio en un poema precioso de Ángel González, Sé lo que es esperar, situándome una vez más en el punto de partida de la dualidad espera y esperanza, ahora y mi caso, en tiempos de una enfermedad grave:

Sé lo que es esperar:
¡esperé tantos
días y tantas cosas en mi vida!
Los inviernos tediosos esperando,
los veranos, bajo el sol,
esperando,
el luminoso y amarillo otoño
—bella estación para esperar—
e incluso
la primavera abierta a toda espera
más próxima que nunca a realizarse,
me han visto inútilmente,
pero firme,
tenaz, ilusionado,
en el lugar y la hora de la cita,
alta la fe y el corazón en punto.

Alta la fe y el corazón
dispuesto,
igual que tantas veces, aquí sigo,
en la esquina del tiempo
—vendrá pronto—
tras un limpio cristal de sol, de lluvia o de aire,
acodado en el claro mirador
de los vientos,
mientras pasan y pasan los meses y los días.

Hace 49 años publiqué en un periódico muy avanzado ideológicamente en tiempos de la transición en Andalucía, en mi ciudad concretamente, un artículo sobre un pensador, Ernst Bloch, con motivo de su fallecimiento y porque había trabajado profundamente sobre el principio esperanza como motor de la vida, análisis filosófico que siempre me interesó mucho. Personalmente, estaba situado en la espera cósmica de la transformación del mundo que comenzábamos a experimentar en este país. He leído de nuevo aquellas palabras, de las que entresaco las que hoy pueden dar sentido a la espera aunque hayan pasado y pasado tantos meses y días de mi vida, con un cambio obligado al cambiar el sustantivo filosófico “hombre” por “persona” (en cursiva): “Bloch, por encima de teorías y prácticas, es filósofo. Su espíritu abierto y en camino le hizo adoptar una postura de sabio ante el mundo pluriforme. Es hijo de su época y debido a su experiencia frente al irracionalismo, su filosofía se hace más auténtica, más veraz. En definitiva, su marxismo es muy puro, bien estructurado, enormemente esperanzador. Aquí radica la quintaesencia de su doctrina: concebir la esperanza como principio humano para vivir la trascendencia, es decir, la posibilidad permanente de que la persona se realice plenamente en comunión. […] En un mundo dominado por la economía, Bloch se admira del poder intelectual y cultural como agentes transformadores de la sociedad, donde la persona, una vez más, es el centro por la asunción de su conciencia. Frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia de las personas, Bloch presenta a la conciencia individual de la persona como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, cada persona lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta «hambre cósmica» se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida. […] La esperanza surge al experimentar la persona que si todavía no ha alcanzado el futuro, el presente no es el fin. Y el hecho de vivir éste no motiva a la persona para lograr la plenitud de su ser. […] Esta hambre es impulso cósmico y la esperanza consiste en dejarse impregnar de este impulso”.

Aquellas lecturas me prepararon para la espera más próxima que nunca a realizarse. También, los que me rodean me han visto inútilmente, pero firme, tenaz, ilusionado, en el lugar y la hora de la cita, alta la fe y el corazón en punto. Ahora, cuando se atisba una salida pautada a mi proceso de zaratán (cáncer), que no es el fin (en la clave de Bloch), mantengo alta la fe y el corazón, dispuesto, igual que tantas veces, aquí sigo, en la esquina del tiempo —vendrá pronto— tras un limpio cristal de sol, de lluvia o de aire, acodado en el claro mirador de los vientos, mientras pasan y pasan los meses y los días.

En este mundo de tránsito, he buscado con gran interés en mi biblioteca una obra que me marcó mucho la vida cuando la leí, La maleta de mi padre, de Orhan Pamuk, premio Nobel de Literatura en 2006, porque comprendí la metáfora de su discurso en el acto de recepción oficial del galardón, como homenaje a lo que su padre le entregó un día en una pequeña maleta que contenía su tránsito por la vida: “Recuerdo que, después de que mi padre se fuera, estuve unos días dando vueltas alrededor de la maleta sin tocarla. Conocía desde niño aquella maleta pequeña de cuero negro, sus cierres y sus esquinas redondeadas. Mi padre la usaba cuando salía a algún viaje breve o cuando quería llevar algún peso a su oficina. Me acordaba de que cuando era pequeño, después de que regresar de algún viaje, me gustaba abrir la maleta y revolver sus cosas y aspirar olores a colonia y a país extranjero que salían de su interior. Aquella maleta era un objeto conocido y atractivo que me traía muchos recuerdos del pasado y de mi infancia, pero ahora no podía ni tocarla. ¿Por qué? Por el misterioso peso de la carga que ocultaba en su interior, por supuesto”.

Lo manifesté anteriormente: en la vida todo es tránsito y espera, aunque sé que la primavera que comenzó ayer está abierta a mi particular espera, alta la fe y el corazón dispuesto.

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¡Paz y Libertad!

En el día de mi santo, recuerdo siempre que José fue un buen compañero

Georges de la Tour (1593- 1652), San José carpintero, hacia 1642 – 1644

Sevilla, 19 de marzo de 2026, festividad de San José – 09:43 h UTC (CET+1)

El calendario gregoriano, vigente en la actualidad, nos recuerda hoy la celebración de un santo importante para la creencia católica, apostólica y romana, San José, aunque hoy, en mi caso y por llevar su nombre, vuelve a ser una oportunidad para reflexionar sobre una historia inseparable, la de José, María y Jesús, que tiene más de dos mil años de antigüedad y que ha inspirado momentos transcendentales en la historia de la humanidad en general y de las artes en particular. Me refiero en esta ocasión a la música que ensalza la dignidad de José, que hoy quiero simbolizar a través de un compositor francés, Michel Corrette (1709-1795), un perfecto desconocido, pero que supuso en su día un descubrimiento extraordinario en mi aprendizaje diario para tocar el clavecín y el violín e interpretar dignamente sus partituras. Igualmente, a la obra encomiable del pintor Georges de la Tour (1593-1652), en torno a la figura del carpintero José.

Todo surgió en 2019 al localizar en la ingente obra musical de Corrette seis sinfonías dedicadas a la Navidad, preciosas, de las que quiero destacar hoy dos movimientos en concreto: Adán fue un pobre hombre (Sinfonía I, Allegro) y José es un buen compañero (Sinfonía III, Allegro), porque me permitió contextualizar una historia de hombres (en el genérico griego, hoy personas) que han supuesto mucho para el devenir de la humanidad, unas historias que hablan siempre de soledad y silencio ante la libre elección para la difícil tarea de vivir dignamente. La historia de Adán, el pobre hombre de Corrette que lo lleva al cuarto y último movimiento de su primera Sinfonía, después de títulos sugerentes de los tres restantes movimientos, A la llegada de la Navidad (Moderato), El Rey de los Cielos acaba de nacer (Andante) y He aquí el día solemne (Moderato), por este orden, es una historia contradictoria que siempre me ha fascinado. Entre pobres hombres [sic] y buenos compañeros [sic] anda a veces el juego de la historia. Veamos por qué.

Michel Corrette (1709-1795), Adán fue un pobre hombre (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía I, Allegro), interpretado por La Fantasía.

En relación con Adán, ¿un pobre hombre?, la historia nos lo ha recordado siempre como la causa de todos los males de la humanidad. Así lo he interpretado a lo largo de mi vida al analizar la reacción de Adán y Eva en el Paraíso: “Durante muchos siglos, la respuesta [ante la causa del Mal] solo la sabía Dios y cuando tuvimos la oportunidad de haberla conocido, eso sí, cuando Dios hubiera querido, a Adán y Eva no se les ocurrió mejor idea que mudarse de sitio, recordando unas palabras que escribí en este cuaderno de derrota (en argot marinero) en 2007: “Adán y Eva… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Esta frase forma parte de una campaña publicitaria de una empresa que vende productos para exterior en el mundo. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primera fase de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta por el mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo. Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso”. Podemos juzgar así todo lo ocurrido.

Michel Corrette (1709-1795), José es un buen compañero (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía III, Allegro), interpretado por La Fantasía.

El caso de José, un buen compañero, es también un hecho que nunca ha pasado desapercibido en nuestras vidas y en nuestra celebración anual de la navidad y el día de su santo. José, el carpintero de Nazareth, siempre ocupó una segunda fila en la historia más maravillosa jamás contada bien. Era la pareja oficial de María, asunto que me ha emocionado en muchas ocasiones al describirlo así, a pesar de que la historia lo ha encumbrado siempre a los altares. Recuerdo en este momento el óleo de Georges de La Tour, El recién nacido, un pintor desconocido durante siglos para la historia del arte, donde no aparece José por ningún sitio porque realmente nunca fue protagonista de esta historia mágica. Sobrecoge el silencio y austeridad en este cuadro tan realista en los últimos años del pintor: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes. Sin medallas, sin atributos laicos ni sacros. Sin collares o anillos. Sin nada, solo con el regalo precioso del silencio sonoro de la noche y contemplando a su niño”.

El silencio permanente de José es un secreto a voces de la asunción de su papel en la historia difícil de María. Me gusta recordarlo despojado de su santidad, ocupando su sitio en la historia, básicamente como un hombre humilde, trabajador y bueno, con un profundo respeto a María, una persona que la historia ha colocado en un sitio muy especial difícilmente entendible si te falta la fe que nos enseñaron nuestros mayores, como le gustaba decir a Antonio Machado. Además, creo que fue un buen compañero.

Escucho ahora a Corrette y comprendo mejor que nunca el difícil papel de Adán en la historia de la humanidad y la categoría humana de José, ignorado hasta por el evangelista Marcos. Solo sabemos que en el capítulo 6, versículos 1 a 3 de su crónica de la muerte anunciada de Jesús (como buen periodista), dijo lo siguiente: “Se marchó [Jesús] de allí y vino a su tierra, y sus discípulos le acompañaban. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada; y decía: “¿De dónde le viene esto? y qué sabiduría es ésta que le ha sido dada ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, de Josét, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de él”. José, siempre solo ante el peligro.

Adán, se mudó un buen día de Paraíso porque no entendió la pregunta del dios desconocido y José no aparecía por ningún sitio en la noticia contada por Marcos pero, dueño de su soledad y de sus silencios, siempre tuvo el sentido de la medida que tanto aprecio. En este día de mi «santo», me gusta pensar en estas personas, en su verdad verdadera, en su humanidad, porque me ayudan a comprender unas historias casi siempre muy mal contadas. Corrette sabía lo que componía. También, Georges de la Tour…, lo que pintaba para la posteridad.

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El Principito, hoy / 3. Hay que juzgar por actos, no por palabras

Acuarela de Antoine de Saint-Exupéry, en El Principito, 1943, capítulo VI

Sevilla, 17/XII/2025 – 12:08 h (CET+1)

Hoy nos adentramos en los sentimientos del principito, con claves muy claras en los capítulos VI, VII y VIII del libro, que oscilan entre la melancolía, tristeza y el fracaso de un amor no correspondido. Sobre las dos primeras, el principito confiesa algo esencial: “Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol”. En su caso, habitando en un pequeño asteroide, sólo tenía que mover la silla cuarenta y tres veces para asistir a sucesivas puestas de sol de igual número.

Sumido aparentemente en este estado de ánimo, el principito revela un secreto al narrador, “largo tiempo meditado en silencio”: “Si un cordero come arbustos, come también flores”, incluso con espinas. El narrador, ocupado en la reparación de su avión, no da crédito a esta sorprendente pregunta, dando respuestas de “personas mayores”, que sólo tratan de cosas serias, a juicio del principito, que se toma la vida muy en serio: “Las espinas no sirven para nada; son pura maldad de las flores”. Esta respuesta encolerizó al hombrecito príncipe, que lanzó un discurso cargado para él de razones irreprochables: “Hace millones de años que las flores fabrican espinas. Hace millones de años que los corderos comen igualmente las flores. ¿Y no es serio intentar comprender por qué las flores se esfuerzan tanto en fabricar espinas que no sirven nunca para nada? ¿No es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es más serio y más importante que las sumas de un Señor gordo y rojo? ¿Y no es importante que yo conozca una flor única en el mundo, que no existe en ninguna parte, salvo en mi planeta, y que un corderito puede aniquilar una mañana, así, de un solo golpe, sin darse cuenta de lo que hace? ¿Esto no esimportante? Enrojeció y agregó: si alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas. Se dice: «Mi flor está allí, en alguna parte…». Y si el cordero come la flor, para él es como si, bruscamente, todas las estrellas se apagaran. Y esto, ¿no es importante?”. La verdad es que el mensaje es una metáfora del amor, sin cursilería alguna, porque cuando se descubre uno, su individualidad exige protección y defensa a toda costa. No es cuestión de ciencia de hombres grandes o mayores, sino de conciencia, de sentimiento, un estado afectivo duradero. En pocas palabras, el amor no es flor de un día…, a pesar de las espinas, que haberlas, haylas.

Acuarela de Antoine de Saint-Exupéry, en El Principito, 1943, capítulo VII

No se trata en estos artículos de hacer un mero comentario de texto, sino contextualizar en 2025 los mensajes del autor de El Principito, salvando lo que haya que salvar en un mundo al revés de determinados mayores, ante la frescura de un hombrecito pequeño, textualmente bautizado como el principito. Por esta razón, la continuidad del relato en el último capítulo analizado hoy, con una lectura de un hombre mayor, como es mi caso, la considero como una oportunidad más que me da la vida para descubrir su verdadero sentido, lo que Herman Hesse llamaba “obstinación”, algo que busco siempre con ilusión y especial empeño.

Todo comienza recuperando el sentido de una flor hermosa, observando nuestro héroe pequeño su despertar, pidiendo el riego como desayuno diario, justo y necesario. A partir de ese momento, también descubre en esa flor amada una auténtica feria de vanidades, autosuficiencia y una especial tiranía: “De este modo, el principito, a pesar de la buena voluntad de su amor, pronto dudó de ella. Había tomado en serio palabras sin importancia y se sentía muy desgraciado. No debí haberla escuchado —me confió un día—; nunca hay que escuchar a las flores. Hay que mirarlas y aspirar su aroma. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no podía gozar con ello. La historia de las garras, que tanto me había fastidiado, debe de haberme enternecido…”.

A continuación es donde se aborda el hilo conductor de estos primeros días de convivencia del narrador aviador con nuestro principito, que ya lo he hecho amigo en mi vida, agradeciéndole una lección aprendida: “No supe comprender nada entonces. Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Me perfumaba y me iluminaba. ¡No debí haber huido jamás! Debí haber adivinado su ternura, detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias!Pero yo era demasiado joven para saber amar” (la cursiva es mía).

Continuará. Mientras, procuraré no olvidar que hay que juzgar por actos, no por palabras.

Acuarela de Antoine de Saint-Exupéry, en El Principito, 1943, capítulo VIII

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El principito, hoy / 2. La importancia de ser de otro planeta, un asteroide por más señas

El principito sobre el asteroide B 612. Acuarela de Antoine de Saint-Exupéry, en El Principito, 1943, capítulo III

Sevilla, 16/XII/2025 – 09:55 h (CET+1)

Los capítulos III, IV y V de El Principito nos invitan a conocer la procedencia del hombrecito, un asteroide, también pequeño como él, concretamente el B 612, identificado así por el narrador, por su vinculación histórica a “las personas grandes”, a las que sólo les preocupan los números: “las personas grandes aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan jamás sobre lo esencial. Jamás os dicen: «¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?». En cambio, os preguntan: «¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?». Solo entonces creen conocerle. Si decís a las personas grandes: «He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el tejado…», no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: «He visto una casa que vale cien mil francos». Entonces exclaman: «¡Qué hermosa es!».

No se debe olvidar este aviso para aviadores o navegantes imaginarios: las personas grandes sólo aman las cifras, nunca preguntan por lo esencial. Es el momento en el que el narrador hace una confesión transcendental para comprender su mensaje en esta novela: “Pero, claro está, nosotros, que comprendemos la vida, nos burlamos de los números. Hubiera deseado comenzar esta historia a la manera de los cuentos de hadas. Hubiera deseado decir: «Había una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo…». Para quienes comprenden la vida habría parecido mucho más cierto. Pero no me gusta que se lea mi libro a la ligera. ¡Me apena tanto relatar estos recuerdos!…”.

Precisamente es en este momento crucial cuando aparece la quintaesencia de esta obra, la valoración de la amistad, en una transmisión de su magia tan necesaria para las personas grandes, mayores. Para los que envejecemos, también: “Hace ya seis años que mi amigo se fue con su cordero. Si intento describirlo aquí es para no olvidarlo. Es triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo. Y puedo transformarme como las personas grandes, que no se interesan más que en las cifras”.

Avanzando en su lectura, descubrimos que el narrador recurre a lo que sabe hacer bien para no olvidar a sus pequeño amigo: “Por eso he comprado una caja de colores y de lápices. Es penoso retomar el dibujo, a mi edad, cuando no se han hecho más tentativas que la de la boa cerrada y la de la boa abierta, a la edad de seis años. Trataré, por cierto, de hacer los retratos lo más parecidos posible. Pero no estoy del todo seguro de lograrlo. Unos dibujos salen bien y otros no. Me equivoco también un poco en la talla. Aquí el principito es demasiado alto. Allá es demasiado pequeño”. Lo importante es no olvidarlo.

El capítulo V lo dedica el narrador a alertarnos sobre algo sorprendente: el drama de los baobabs, que comienza como preocupación por su tamaño para alimentar a su cordero, porque los baobabs, “antes de crecer, son muy pequeñitos”, pero si no se atiende su desarrollo se convierten en un peligro. Una metáfora que se explica más adelante, en un diálogo aleccionador atendiendo a su contenido: “En efecto, en el planeta del principito había, como en todos los planetas, hierbas buenas y hierbas malas. Por consiguiente, de buenas semillas salían buenas hierbas y de las semillas malas, hierbas malas. Pero las semillas son invisibles; duermen en el secreto de la tierra, hasta que un buen día una de ellas tiene la fantasía de despertarse. Entonces se alarga extendiendo hacia el sol, primero tímidamente, una encantadora ramita inofensiva. Si se trata de una ramita de rábano o de rosal, se la puede dejar que crezca como quiera. Pero si se trata de una mala hierba, es preciso arrancarla inmediatamente en cuanto uno ha sabido reconocerla. En el planeta del principito había semillas terribles… como las semillas del baobab. El suelo del planeta está infestado de ellas. Si un baobab no se arranca a tiempo, no hay manera de desembarazarse de él más tarde; cubre todo el planeta y lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño y los baobabs son numerosos, lo hacen estallar. “Es una cuestión de disciplina, me decía más tarde el principito. Cuando por la mañana uno termina de arreglarse, hay que hacer cuidadosamente la limpieza del planeta. Hay que dedicarse regularmente a arrancar los baobabs, cuando se les distingue de los rosales, a los cuales se parecen mucho cuando son pequeñitos. Es un trabajo muy fastidioso pero muy fácil». Y un día me aconsejó que me dedicara a realizar un hermoso dibujo, que hiciera comprender a los niños de la tierra estas ideas. “Si alguna vez viajan, me decía, esto podrá servirles mucho. A veces no hay inconveniente en dejar para más tarde el trabajo que se ha de hacer; pero tratándose de baobabs, el retraso es siempre una catástrofe. Yo he conocido un planeta, habitado por un perezoso que descuidó tres arbustos…”Siguiendo las indicaciones del principito, dibujé dicho planeta. Aunque no me gusta el papel de moralista, el peligro de los baobabs es tan desconocido y los peligros que puede correr quien llegue a perderse en un asteroide son tan grandes, que no vacilo en hacer una excepción y exclamar: «¡Niños, atención a los baobabs!» Y sólo con el fin de advertir a mis amigos de estos peligros a que se exponen desde hace ya tiempo sin saberlo, es por lo que trabajé y puse tanto empeño en realizar este dibujo. La lección que con él podía dar, valía la pena. Es muy posible que alguien me pregunte por qué no hay en este libro otros dibujos tan grandiosos como el dibujo de los baobabs. La respuesta es muy sencilla: he tratado de hacerlos, pero no lo he logrado. Cuando dibujé los baobabs estaba animado por un sentimiento de urgencia”.

La metáfora está servida. Las malas hierbas, las apariencias engañosas ante las que hay que estar atentos, el cuidado del planeta como una tarea diaria de disciplina, porque cuando las hierbas son pequeñas, tanto las de los baobabs como las de las rosas, apenas se distinguen, lo que lleva a situaciones de contemporización y postergación de las acciones dignas, siempre urgentes para la sociedad, para luego no arrepentirnos por dejaciones y silencios cómplices.

Los baobabs. Acuarela de Antoine de Saint-Exupéry, en El Principito, 1943, capítulo V

Estamos avisados por el principito, porque cuando la maledicencia crece, el planeta Tierra sufre mucho. Esa es en la razón de por qué el narrador hace suyo un sentimiento del principito: «¡Niños, y no tan niños, atención a los baobabs!». De ahí nació un dibujo del narrador que sigo contemplando a diario, aunque tengo que confesar que hace muchos años leí un cuento senegalés, La princesa, el baobab y los cauris, traducido del wolof, que me deja muchas dudas en mi mente sobre la bondad de lo que los baobabs entregan a la humanidad. El que quiera entender que entienda. He vuelto a leerlo, porque cantaba las excelencias de sus hojas y su sombra, sin haber entendido en aquella ocasión por qué los despreciaba el Principito. Y con el corazón de niño que siempre fui, he comprendido que hay que saber buscar el sentido a la complejidad de la vida, montados en los caballos de mar de nuestros cerebros (hipocampos), que vuelan hacia el sol, aunque al igual que Groucho, en cualquier caso, siga necesitando localizar a un niño de cuatro años para entender los asuntos de la vida, de la muerte, de sus luces y sombras, que a todos -a veces- nos siguen pareciendo cuentos escritos en chino, wolof, francés o en mi idioma, en el amanecer hoy de un día normal en Sevilla, un pequeño lugar del planeta Tierra… o en el asteroide B 612, tan querido para el Principito, un héroe atemporal e imaginario en 2025.

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