La Romanza de Salvador Bacarisse: música de fondo para un nuevo 20 de noviembre en libertad (IV)

Sevilla, 20/XI/2022

Si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, se calla la vida y la palabra. Hoy es un día muy especial para nuestro país, que no olvido: el 47º aniversario del fallecimiento de Franco, el dictador de este país que heló el corazón, durante muchos años, de una de las dos Españas. Como conocí bien lo ocurrido, vuelvo a publicar de nuevo las palabras que escribí hace cuatro años en este cuaderno digital, como pequeño homenaje a la memoria democrática de hombres y mujeres de este país que entregaron su vida durante la dictadura por la ansiada libertad para todos. Para que no se olvide y para lo que sirva, compartiéndolo en el club digital de las personas dignas, libres y buenas, en el buen sentido de la palabra «buenas», como lo aprendí en mis años jóvenes de Antonio Machado, un hombre bueno y ejemplo de lo que significa hoy día la dignidad del exilio interior, que también existe.

La Romanza de Salvador Bacarisse: música de fondo para un 20 de noviembre en libertad

Una romanza es una composición de aire tierno y sencillo, un aria que solo quiere transmitir sentimientos. Estos días estoy experimentando una emoción especial tocando en fase de aprendizaje la Romanza de Salvador Bacarisse, el segundo movimiento de su preciosa obra Concertino en La menor. Mis profesoras de piano y violín han hecho los arreglos necesarios porque la versión original de 1952 es para guitarra y orquesta. Creo que les ha quedado preciosa.

Navegando por la memoria, entre lo que somos, tenemos y hemos perdido, he recordado al pintor Joe Brainard porque encontró una fórmula maravillosa para navegar por ella, los Me acuerdo…”. Así es y hoy me he acordado de la persona que ha colgado en Youtube el vídeo de la cabecera de este post, cuando decía que “Con este vídeo, hago un pequeño y humilde homenaje a Bacarisse y a los que fueron víctimas de sus propios días, sobre todo, a los que tras perder la guerra, por si fuera poco, tuvieron que marcharse. Murieron, perdieron y se marcharon, la gran mayoría lo hizo para siempre, y nunca han tenido el reconocimiento que también ellos merecen. Jamás olvidemos la historia, y aprendamos siempre de ella. Es por eso que, sin demonizar ni buscar culpables, sólo emito un reflejo más de esa época que, espero, al menos nos haya servido para aprender y no volver a cometer los mismos errores nunca más. Sé que este es un tema no superado en España y tenemos que buscar todos los medios para que así sea. Han pasado más de ochenta años y no veo que haya habido un perdón de verdad. Sólo tratando esta época sin rencores podremos avanzar como sociedad, y este país podrá ser algo mucho mejor. Hay que encontrar algún nexo de unión, porque, aunque siempre existan divergencias políticas, la herida de la Guerra Civil española nunca se cierra porque nunca nadie parece querer curarla, sobre todo los que tan malamente nos gobiernan hoy día”.

Cuando toco de forma incipiente la Romanza en sus dos versiones, para piano y violín, con fallos lógicos por mi parte en su ejecución y en este momento de aprendizaje, siento estas palabras como si fueran la letra de esta composición que representa el dolor de la España que ha tenido helado el corazón durante muchos años. No me importa repetir los compases una y otra vez porque es una forma de comprender mejor qué quiso transmitir el autor en ellos. Ya la recordé el año pasado en este cuaderno digital, cuando dediqué unas palabras especiales a Ataúlfo Argenta, gran amigo de Bacarisse: “Buscando esta verdad de Ataúlfo Argenta, he seguido de cerca a Fernando Argenta en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. El mismo que él tenía hacia su padre cuando nos presentaba el Concertino para guitarra y orquesta en La menor, de Salvador Bacarisse (sobre todo su Romanza), nada apreciado por el Régimen franquista por su deriva republicana y que dirigió en un concierto memorable en París el día de su estreno [15-X-1953, París (Théátre des Champs-Élysées), interpretado por Narciso Yepes (guitarra) y L’Orchestre National, en un concierto publico organizado por la Radio Televisión Francesa)], del que guardo un recuerdo entrañable en mi memoria de hipocampo, de secreto. Escuchen esta versión de la Romanza con la pasión de Ataúlfo Argenta en su dirección musical.

Recientemente, he localizado un tesoro musical: la obra compilada de Salvador Bacarisse en la Fundación Juan March, con un prólogo emocionante de su único hijo, Salvador Bacarisse Cuadrado: “Yo me fui a vivir a Inglaterra pero mis padres siguieron en París, en el pisito del 7 de la rue Cassette que ocuparon más de treinta años. Cuando murió mi madre en 1976, trece años después que mi padre, yo quité el piso de la rue Cassette, y me llevé a Escocia todos los papeles y libros de mi padre. Desde aquel día permanecieron a salvo, y yo creía olvidados, hasta la fecha memorable en que llamó a la puerta de mi casa Emilio Casares, quien venía a pedirme autógrafos y otros materiales para una exposición de «La música en la Generación del 27» que estaba organizando y que tuvo lugar en Granada en julio de 1986. Esa exposición y el magnífico catálogo que publicó el Ministerio de Cultura fue el primer reconocimiento de aquellos músicos olvidados durante el franquismo, entre los que figuraba mi padre. En Granada, durante la exposición y hablando con Rodolfo Halffter, que había venido de Méjico, y con otros, decidí hacer lo que en realidad ya sabía que tenía que hacer: mandar los manuscritos de Salvador Bacarisse a su tierra, a España. Por muy hijo de francés, emigrado a España, que fuera mi padre, nunca se sintió sino español. Vivió treinta años en París, desarraigado y triste lejos de su querido Madrid”. Me ha permitido conocer su obra a través de esta publicación extraordinaria, que está al alcance de quien desee conocer de cerca a este gran compositor olvidado durante la dictadura franquista. Ha sido un hallazgo que me permitirá conocer a fondo a Bacarisse, en su vida y en su obra. En la Fundación está el legado completo del compositor, llevado a cabo por su hijo en 1987, que incluía todas las partituras que obraban en su poder.

Cuando comienzo hoy mi ensayo de violín, he sentido la necesidad de compartir este sentimiento de respeto y agradecimiento a un autor muy desconocido en su país, pero que tuvo el reconocimiento mundial fuera de él alternando su labor de composición y de dirección de orquesta con el trabajo que desarrolló en el exilio en París, en la Radiodifusión-Televisión Francesa, como productor de programas en español para Hispanoamérica.

No lo olvido…, en un día próximo de infeliz memoria. Para lo que sirva, compartiéndolo en el club de las personas dignas y libres de este país.

Sevilla, 17/XI/2018

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Pensemos menos (en la moda), repitamos más

Steven Pinker / Elizabeth Duval

Sevilla, 7/XI/2022

Paseando el sábado por las aceras de Sevilla, a las que la urbanista Jane Jacobs alababa en un texto suyo muy divulgado, “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1), encontré una frase sorprendente en un escaparate de una tienda de un modista español, con la figura enigmática de un psicólogo canadiense que he estudiado mucho desde hace ya bastantes años, Steven Pinker, en la que se resaltaba un mensaje importante: REPITE MÁS. PIENSA MENOS. Sé más viejo. La verdad es que me asombró ver una imagen de Pinker en una tienda de Adolfo Domínguez participando en una campaña publicitaria, aunque cuando he investigado el origen de la misma tengo que confesar que me ha parecido una buena idea, en su fondo y forma, digna de compartirla en la Noosfera, aunque tengo ciertos reparos al hacerlo respecto de un modista que tiene su precio, al que da suma importancia, por encima incluso del valor de esta campaña, por ejemplo, al pertenecer a la élite de una moda “cara” que ahora casi renuncia a ella. Espero que quien lea esta reflexión en alta letra sepa distinguir siempre valor y precio, a diferencia de lo que suele hacer habitualmente “todo necio”, haciendo caso de la advertencia ética de Antonio Machado incluso al acercarnos al mundo de la moda.

El propio Pinker lo comenta en un video promocional de la campaña, del que no he perdido detalle de su guion, con una entradilla muy sugerente: Dicen que pensar nos hace más libres. Según Steven Pinker, uno de los pensadores más influyentes de este siglo, no siempre es así: “Los ciclos de la moda se mueven bajos dos normas. La primera es: intenta parecerte a quienes tengan un poco más de prestigio que tú. Puede que un poco más ricos, más actuales, más conectados con las élites. Pero si estás arriba intenta no parecerte a los de abajo. Vivimos en una era en que los estilos de la élite son fáciles de replicar, porque los costes de producción son más baratos. Así, es muy fácil destacar para las personas que están arriba, porque todos quieren copiarles uy pueden permitírselo. Ser rico no te protege ante todos los demás que quieren imitarte, no es como hace un siglo cuando los ricos llevaban pieles y sedas y nadie se lo podía permitir. Ahora cualquiera puede permitirse comprar falsa seda y piel sintética. Lo que pasa entonces es que tenemos ciclos en la moda, en los que la gente quiere parecer que es alguien, que forman parte de la élite más alta, hasta que pasan a otra moda, una que los de abajo todavía no siguen y, así, se vuelve a repetir el ciclo en el que la gente de un nivel más abajo trata de imitarlos y la gente dos niveles más abajo trata de imitar a los de un nivel más arriba hasta que todo se filtra hasta llegar al público general. Después, los de arriba tienen que adoptar un estilo nuevo y vuelta a empezar. Esto puede ser un tipo de tiranía para ambas partes. Los de abajo siempre están buscando un referente al que parecerse para no ser demasiado humilde, o con poco estilo; los de arriba siempre desesperados para no parecerse al resto. Es demasiada energía mental, que estamos consumiendo constantemente. Pero podemos intentar buscar un equilibrio y no ser esclavos tanto de imitar a la gente por encima como de diferenciarnos de los demás. Puedes querer parecerte a un miembro funcional y atento de la sociedad, que te fijas en lo que todos visten, pero no puedes dejar que eso determine tu identidad, que borre tu individualidad o gaste toda tu energía mental. REPITE MÁS. PIENSA MENOS”. Y con una rúbrica final: Sé más viejo. ADOLFO DOMÍNGUEZ. Se cierra su referencia con las siguiente frase: Demasiado tiempo dedicado a decisiones irrelevantes. Demasiadas cosas en la cabeza. ¿Y si la ropa dejara de ser una de ellas?

Junto a esta exposición mediática de Pinker aparece también en la campaña la voz de una filósofa española muy joven, Elizabeth Duval, “una de las nuevas voces de la filosofía española”, que cree que “viviríamos mejor si no pensáramos en tantas cosas”. También desarrolla este pensamiento en plena campaña publicitaria, Pensar menos en lo que está de moda, en reinventarse cada día, en gustar a los demás. Liberar espacio para las cosas que importan. Repetir más la ropa que mejor te sienta por pura sostenibilidad: sostenibilidad mental: “Intento no tomar tantas pequeñas decisiones para poder centrarme en lo importante ¿No? A veces es inevitable la cantidad de decisiones que tienes que tomar. Hay casi una obligación, muchas veces, a estrenar ropa o no estar repitiendo prendas. Así que una decisión tan aparentemente libre incluso, cómo la decisión de qué voy a comer o la decisión de qué voy a ponerme, la decisión de la ropa, realmente tiene mucho de circulación en una esfera determinada de modos de existir y modos de vida que están determinados. Hay un componente en el que tengamos esas pequeñas decisiones para escoger o no cómo consumimos, yo creo que encasillados estamos siempre y que por más que lo intentemos sólo podemos conocer qué es lo que nos lleva a estar encasillados. No se trata tanto de agradar al grupo, como de ser consciente de que con la ropa, o con cualquier cuestión que tenga que ver con la apariencia, se están mandando mensajes o significado constantemente. REPITE MÁS. PIENSA MENOS”. Y otra vez la rúbrica final: Sé más viejo. ADOLFO DOMÍNGUEZ.

Son dos variaciones sobre el mismo tema, desde perspectivas de edad y conocimiento diferentes, pero que coinciden en dar a la ropa un valor relativo, porque hay que creer en la sostenibilidad mental sabiendo prescindir de gasto de energía mental aparentemente inútil. Al visualizar esta campaña en una acera de Sevilla y conocer posteriormente su mensaje de calado, he recordado que no hay nada nuevo bajo el sol, recordando una anécdota que he recogido en este cuaderno digital en diversas ocasiones y que hoy utilizo de nuevo como cierre de este artículo, con una campaña promocional de la dignidad humana, en una clave que ya tierne muchos años, incluso veinticinco siglos, no importándome para nada atribuirme hoy la firma de la campaña de Adolfo Domínguez. Soy viejo, que descubrí el sábado en una acera de Sevilla, a las que tanto amaba Jane Jacobs. Aquella campaña histórica de dignidad humana estuvo servida, porque estando un día Diógenes en los baños, al mismo tiempo que Aristipo de Cirene, el cirenaico, éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, porque dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Probablemente, Adolfo Domínguez no conozca esta historia de Diógenes de Sinope, cínico por definición, que pasó su vida buscando a personas de bien ante tanta mediocridad humana, al que nunca importó llegar a ser viejo aprendiendo de sus propios errores.

(1) Jacobs, Jane,  Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, 1961. Nueva York: Vintage, pág. 50.

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Ilse Bing y sus instantes con Leica

Ilse Bing, Autorretrato con Leica, 1931 – 26,5 × 30,7 cm. Colección de Michael Mattis y Judith Hochberg, Nueva York. © Estate of Ilse Bing. Photograph: Jeffrey Sturges.

Sevilla, 14/X/2022

Lo puse por escrito el pasado 6 de octubre, cuando desarrollé algo que me conmueve, el secreto mágico del instante, momento crucial que se ennoblece cuando ocurre en el mundo de la fotografía y del cine. Me refería entonces a una iniciativa cultural importante de la Fundación Juan March, una exposición con un título lleno de sugerencias,  Detente, instante. Una historia de la fotografía, en la que se “ensaya una de las historias posibles de la fotografía desde su nacimiento hacia 1840 hasta hoy. Sin intención exhaustiva, pues ninguna historia es una enciclopedia o un diccionario, propone un relato del medio a través de trescientas fotografías en una cuidadosa selección que ha partido del ojo original de quienes primero las reunieron y conservaron: sus coleccionistas. Las obras son copias de época procedentes de dos colecciones excepcionales, pioneras y complementarias: las que han reunido a lo largo de cuatro décadas Dietmar Siegert en Alemania y Enrique Ordóñez e Isabel Falcón en España”.

Hoy, encuentro de nuevo una isla desconocida en nuestro país, la obra fotográfica de Ilse Bing, que se muestra en todo su esplendor en una exposición que la Fundación Mapfre inauguró el pasado 23 de septiembre, con una sinopsis oficial que no deja lugar a muchas dudas históricas: “Ilse Bing (Fráncfort, 1899-Nueva York, 1998) nació en el seno de una familia judía acomodada. En 1929, y después de descubrir su vocación al preparar las ilustraciones para su tesis, abandonó la universidad para dedicarse por entero a la fotografía. Lo haría durante los siguientes treinta años, en una trayectoria artística y vital apasionante. En 1930 se trasladó a París, donde compaginó su dedicación al fotoperiodismo con trabajos personales, convirtiéndose en poco tiempo en una de las principales representantes de las tendencias renovadoras de la fotografía que surgían en la efervescencia cultural del París de aquellos años. Ante el avance del nazismo, en 1941 se exiló en Nueva York junto a su marido, el pianista Konrad Wolff. Dos décadas más tarde, a la edad de sesenta años, abandonó su trabajo como fotógrafa y dirigió su creatividad a las artes plásticas y la poesía hasta su fallecimiento, en 1998. La obra de Bing no puede ser adscrita a ninguno de los movimientos o tendencias de los que la artista se nutrió. Abarcó casi todos los géneros, desde la fotografía de arquitectura, el retrato, el autorretrato, los objetos cotidianos hasta el paisaje. La diversidad de estilos con la que lo hizo refleja su valiosa y personal interpretación de las diferentes propuestas culturales con las que se relacionó: la Bauhaus y la Nueva Objetividad de inspiración alemana, el surrealismo parisino y el dinamismo incesante de la metrópoli neoyorquina”. También es recomendable la lectura de un artículo publicado en la revista de la Fundación, Ilse Bing, que ayuda a conocer mejor la obra de esta insigne fotógrafa alemana, así como el folleto informativo, así como los textos de sala y cartelas de la citada exposición.

La exposición muestra 190 fotografías, a través de 10 secciones que hacen un recorrido cronológico y temático por su obra: “Descubriendo el mundo a través de una cámara: los inicios”, “La vida de las naturalezas muertas”, “El cuerpo danzado y sus circunstancias”, “Luces y sombras de la arquitectura moderna”, “El bullir de la calle: los años franceses”, “La seducción de la moda”, “Estados Unidos en dos etapas”, “Revelaciones de la autoimagen”, “Retrato del tiempo” y “Naturaleza en vivo”.

Un capítulo importante en su trayectoria vital y profesional fue el que dedicó a fotografiar su imagen a lo largo del tiempo, que también retrataba instantes de su alma de secreto: “A lo largo de su trayectoria, Ilse Bing reiteró el ejercicio de ir autorretratándose, normalmente en interiores con la intención de dejar testimonio de momentos específicos de su existencia. Con estas imágenes, la primera realizada con catorce años, en 1913, la artista se iba forjando una identidad como mujer emancipada e independiente en un tiempo en el que esto no era lo natural. No solo ella, también otras artistas y fotógrafas se mostraban ante el mundo con sus instrumentos de trabajo. Una de sus imágenes más populares en este sentido es Autorretrato con Leica, de 1931, en la que, mediante dos espejos, su rostro adquiere una dimensión doble mientras observa a través del visor, dejando al descubierto su mirada penetrante e inquisitiva”.

En este cuaderno digital he recogido muchas visitas a islas fotográficas desconocidas, con nombre de mujer: Lee Miller, Kati Horna, Judith Joy Ross, Tina Modotti y. ahora, Ilse Bing, entre otras. Cada una de ellas tiene sus características propias profesionales, pero todas reflejan el mismo hilo conductor: fueron mujeres que se comprometieron con instantes cruciales de sus vidas, en una Europa azotada por guerras y totalitarismos que hicieron sufrir a millones de personas, de los que lograron huir en alguna ocasión, pero que siempre llevaban dentro. Un detalle a destacar es que durante el tiempo que Ilse Bing vivió en París se negó a trabajar para revistas alemanas, dada su situación como exiliada por su creencia y ascendencia judía. Fueron mujeres empoderadas por una profesión que les permitía retratar la vida y las cadaunadas de cada persona presente en ellas, con desprecio en muchas ocasiones de una sociedad machista hasta la saciedad. Aunque en el caso de Ilse Bing, su cámara Leica conocía bien lo que sus ojos lograban captar en su alma y daban órdenes al cerebro para disparar en el instante justo que le hacía vivir algo diferente en la vida, aunque fuera sólo eso, un instante mágico, nada más, que entregaban a la posteridad para quien supiera apreciarlo y aprender de él.

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El secreto mágico del instante

Man Ray, Les Larmes [Las lágrimas], c.a. 1930. Plata en gelatina. Colección Dietmar Siegert ©Man Ray, VEGAP.

Cualquier instante de la vida humana / es nueva ejecución, con que me advierte / cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

Francisco de Quevedo, en A la brevedad de la vida.

Sevilla, 6/X/2022

Decían las “autoridades” de la época, recogidas concretamente en un Diccionario del siglo XVIII que aprecio mucho en mi quehacer diario, que “instante“ es “la más breve parte en que se divide el tiempo” y recoge palabras sabias de una “Autoridad”, Francisco de Quevedo, en un soneto precioso en su fondo y forma: Cualquier instante de la vida humana / es nueva ejecución, con que me advierte / cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana. Hay que tener en cuenta que en este Diccionario “se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases [sic] o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua”. Sabemos, entonces, qué es un instante en la trazabilidad de las palabras hasta hoy, que se define como “porción brevísima de tiempo”, lo que da lugar a las “instantáneas”, reproducciones inmediatas de lo que se ha recogido en un instante, algo tan cotidiano hoy a través del móvil, como rey de las instantáneas.

En este contexto, mañana se inaugura en Madrid, como una iniciativa cultural importante de la Fundación Juan March, una exposición con un título lleno de sugerencias,  Detente, instante. Una historia de la fotografía, en la que “ensaya una de las historias posibles de la fotografía desde su nacimiento hacia 1840 hasta hoy. Sin intención exhaustiva, pues ninguna historia es una enciclopedia o un diccionario, propone un relato del medio a través de trescientas fotografías en una cuidadosa selección que ha partido del ojo original de quienes primero las reunieron y conservaron: sus coleccionistas. Las obras son copias de época procedentes de dos colecciones excepcionales, pioneras y complementarias: las que han reunido a lo largo de cuatro décadas Dietmar Siegert en Alemania y Enrique Ordóñez e Isabel Falcón en España”. Asimismo, recomiendo la lectura del programa de mano del concierto que la Fundación ha preparado con motivo de la inauguración de esta exposición: «El Coro Nacional de España, con la dirección de Miguel Ángel García Cañamero y Jesús Campo Ibáñez al piano han elaborado un breve programa que lleva el título “Una muy breve historia coral”. Se trata de una sucinta historia de la música coral que discurre en paralelo a la descrita en la exposición. Asistiremos a una sucesión de “estampas musicales” que, a modo de instantáneas, encierran momentos concretos desde mediados del siglo XIX hasta el presente».

Esta exposición “presenta un panorama general histórico, geográfico y temático muy ambicioso. Esta historia comienza con la nueva mirada al mundo que significó la invención del medio y atraviesa la segunda mitad del siglo XIX, todo el XX y los inicios del XXI entre hallazgos, juego, conquistas y creación. En su final volvemos a encontrar aquella mirada del principio fluyendo en el presente, experimentando como entonces, reinterpretando visualmente el pasado y anticipando el futuro. En este relato, el público de la muestra –un público amplio, no solo especialistas o interesados en la fotografía– hallará un imponente friso histórico por el que transitar con la ayuda del trabajo de Irving Penn, Man Ray, Samuel Bourne, Sasha Stone, Jeff Wall, Cartier-Bresson, Arbus, Brassaï, Stieglitz, Fenton, Atget, Tillmans… Descubrirá también muchas imágenes –unas célebres, otras sorprendentemente desconocidas– ante las que correr el riesgo de detener el instante, como deseó Fausto, y dejar que la mirada se llene para siempre”.

En este cuaderno digital he dedicado muchas páginas a la magia de la imagen fotográfica. Están presentes imágenes de fotógrafos y fotógrafas excepcionales que han recogido instantes irrepetibles que forman parte de la memoria histórica del mundo y de este país: Man Ray, que he elegido como cabecera de este artículo y que figura en la exposición, Lee Miller, Kati Horna, Joy Ross, Robert Capa, Erich Lessing, Marc Riboud, Tina Modotti, Sebastião Salgado, entre otros y, aquí en España, Antoni Campañá y Ramón Masats , por su obra sorprendente de la España que nos helaba en un instante el corazón. También, recientemente, Emilio Morenatti, compartiendo con el mundo instantáneas inolvidables por el sufrimiento de la pandemia en nuestro país.

Como ocurre con las ideologías, las fotografías nunca son inocentes porque siempre hay un ojo humano detrás que ordena guardar instantes mágicos de la vida. Cuando conocí en 2016 el fallecimiento del fotógrafo francés Marc Riboud, que muchas personas recordarán por su famosa fotografía de la chica con la flor, por cierto, no inocente, la moviola de mi vida se paró en ese instante que llevaba el tiempo revolucionario dentro. Sé que el hilo conductor de la profesión de fotógrafo o fotógrafa, en todas las variaciones posibles de la profesión, tiene bastante que ver, nunca mejor dicho, con una frase de un especialista en los cuidados del ojo, del siglo XIII, Pietro Spanno, que llegó a ser Papa bajo el nombre de Juan XXI: “El ojo es un miembro noble, redondo y radiante. Ver es el paraíso del alma”. Ese es el secreto y la magia del ojo humano cuando ordena el clic que fija instantes especiales de la vida para la posteridad. Igual que cuando se fotografía el dolor o la muerte, muchas veces con alto riesgo personal de profesionales excelentes, comprometidos, facilitando imágenes recientes que desgraciadamente ya son habituales para el procesamiento de nuestra retina y que tanto nos hacen pensar, cumpliendo su función: detener el instante.

Con estas palabras “imaginarias”, que decía Nicanor Parra, sobre instantes reales, deseo hacer en estas páginas de cuaderno digital, una vez más, un reconocimiento expreso al trabajo desarrollado por profesionales que han fotografiado instantes mágicos de la vida incorporándolos a su paraíso particular que simboliza, al mismo tiempo, un homenaje a fotógrafas y fotógrafos de todo el mundo, no inocentes por su ideología, que nos siguen aportando a diario imágenes, instantáneas, para no olvidar que un día tuvimos que salir de un paraíso en el que muchos nacimos por tradición y creencia, para volver diariamente a él, aprendiendo de un fotógrafo excepcional, Sebastião Salgado, que salió a buscarlo en 2005 mediante instantes mágicos “paradisiacos” en su esencia, para “emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

Hay fotógrafos y fotógrafas que retratan almas especiales, en blanco y negro, como Ran May, Marc Riboud, Antoni Campañá, Ramón Masats o Sebastião Salgado, entre otros muchos, porque muchas veces estamos ciegos ante el color que dio al mundo la creación transcendental del hombre y la mujer, que tuvieron la oportunidad de ver durante un tiempo el paraíso de sus almas, a todo color. Gracias, hoy, a tantos profesionales anónimos que aun jugándose a diario la vida, como ocurre y pasará hoy en Ucrania sin ir más lejos, nos aportan tanta verdad a través de sus ojos, como aprendimos un día de Machado, ya que no son ojos porque los veamos, sino que son ojos porque a través de sus fotografías nos ayudan a ver instantes que se detienen en el tiempo que llevan dentro.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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