Necesitamos leer «El Principito», porque lo esencial sigue siendo invisible a los ojos

El Principito, hoy

Sevilla, 23/IV/2026

En el contexto de la celebración hoy del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, publico de nuevo la recopilación de los artículos que escribí en diciembre de 2025, El Principito, hoy, sobre la base de una obra emblemática homónima, El Principito, publicada en 1943 por Antoine de Saint-Exupèry, con una interpretación de su mensaje adaptada a las actuales circunstancias de nuestro complejo mundo al revés, respetando la óptica de este niño-hombrecito-príncipe, tanto monta-monta tanto, texto en el que proyecto mis razones pascalianas de la razón y del corazón al leerlo ya como «persona mayor», como le gustaba decir a nuestro pequeño héroe. 

Así lo explico en el primer capítulo, a modo de prólogo, Todos los mayores han sido primero niños, que reproduzco a continuación, porque ofrece la sinopsis de los que viene después, resaltando su hilo conductor, lo esencial es invisible a los ojos, sin dejar atrás otras valoraciones transcendentales, como la amistad, por ejemplo.

Espero que disfruten con su lectura como yo lo he sentido al escribirlo sobre páginas en blanco, donde he cuidado decir algo esencial, tal y como lo aprendí hace ya muchos años del maestro Ítalo Calvino en El arte de empezar y el arte de acabar. Además, es el mismo sentimiento que tengo hoy al compartirlo con la Noosfera, la malla pensante de la humanidad.

Todos los mayores han sido primero niños

«En la primera edición de El Principito, obra publicada en 1943 por Antoine de Saint-Exupéry, figuraba una dedicatoria que nunca me pasó desapercibida, «A Leon Werth: Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de entenderlo todo, hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Verdaderamente necesita consuelo. Si todas esas excusas no bastasen, bien puedo dedicar este libro al niño que una vez fue esta persona mayor. Todos los mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria: A LEON WERTH CUANDO ERA NIÑO«

Si recojo íntegra esta dedicatoria es porque pienso que en ella está la quintaesencia de esta obra, acusando una vez más la dificultad de escribir cuentos, para cualquier edad, como confesó en su día Juan Ramón Jiménez en su memorable Platero y yo, cuando afirmaba lo siguiente: «Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para… ¡qué sé yo para quién! …para quien escribimos los poetas líricos… Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien! Dondequiera que haya niños -dice Novalis-, existe una edad de oro. Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca. ¡Isla de gracia, de frescura y de dicha, edad de oro de los niños; siempre te halle yo en mi vida, mar de duelo; y que tu brisa me dé su lira, alta y, a veces, sin sentido, igual que el trino de la alondra en el sol blanco del amanecer! Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren. También habrá excepciones para hombres y para mujeres, etc.

Acuarela de Antoine de Saint-Exupéry, en El Principito, 1943, capítulo II

Si retomo hoy la lectura nueva de El Principitocomo persona mayor que recuerda que he sido niño, salvando la advertencia del autor, es porque sé que esta excelente obra, ha pasado a ser en 2025 de dominio público en este país, algo que me parece maravilloso al obtener la categoría de bien común de la humanidad, pasando de la salvaguarda de los derechos de autor a unos imaginarios derechos permanentes y universales de lectores y lectoras de la misma, así como de las posibles interpretaciones y publicaciones que se puedan hacer sobre ella. En tal sentido, me he propuesto escribir en mi cuaderno digital, como segunda razón y sabiendo que Antoine de Saint-Exupéry la escribió atendiendo a una petición de sus editores estadounidenses «que habían visto sus dibujos y le pidieron que escribiese un cuento de Navidad partiendo de ellos«, una serie de artículos durante la Navidad de este añoque respetaran la estructura y contenidos de esta novela corta, ¿cuento quizás?, desarrollada a través de 27 capítulos, con mi interpretación actualizada en 2025, de lo que el autor quiso dejar como legado de su alma inquieta a la Humanidad. 

Comienzo con estas palabras a volar de nuevo, como persona mayor, en búsqueda de un mundo mejor, acompañado por un pequeño príncipe aleccionador».

El Principito… andaluz

Una cosa más. Les animo a leer también un artículo que publiqué en 2021, El Principito… andaluz, en el que recogí el debate que suscitó en las redes sociales la publicación de este cuento, que presentó en Sevilla el Sindicato Andaluz de trabajadores (SAT), el 9 de mayo de 2017. Aquello fue una revolución mediática por su origen “sindical” que conmovía los cimientos de la “toda Sevilla” y por la novedad de comenzar a traducirse al “andaluz” un cuento de tan larga historia: “Os invitamos a la presentación del libro clásico de «Er Prinzipito» en su traducción al andaluz por el antropólogo Huan Porrah. Entendiendo que será una oportunidad única para poder disfrutar de la filosofía que emana el libro a través de nuestro idioma andaluz. Ô imbitamô a la presentasión der libro klásiko de «Er Prinzipito» en su tradusión a l’andalú po e l’antropólogo Huan PorrahArremetiendo ke será una oportuniá unika pa poé difrutá de la filosofía ke mana er libro a trabé de nuettro idioma andalú”. Les encantará leerlo.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La ley de regulación de la eutanasia, permitió ayer a Noelia Castillo ejercer un derecho individual respetado y respetable

Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar (Antonio Machado) / JA COBEÑA

Sevilla, 27/III/2026 – 07:30 h CET (UTC+1)

Noelia Castillo pudo ver cumplido ayer su derecho individual para morir, decisión tomada con la dignidad humana que ha demostrado para llevarla a cabo. Llegó la noticia a mi móvil y tengo que reconocer que me conmovió y conturbó, sin entrar en el incomprensible calvario sufrido por Noelia, casi dos años, por las interferencias legales llevadas a cabo por la Fundación Española de Abogados Cristianos en representación de su padre.

La democracia brilla en todo su esplendor cuando avanza en derechos y libertades individuales y colectivas que tienen fiel reflejo, finalmente, en leyes sustantivas del Estado. Es el caso de la eutanasia, entendida como un derecho individual. El 25 de junio de 2021 fue un día muy importante para la democracia española porque entró en vigor la Ley Orgánica 3/2021 de regulación de la eutanasia.

Soy especialmente sensible a esta realidad humana que tanto sufrimiento supone a las personas y a sus familias. Tengo presentes hoy a centenares de alumnas y alumnos a los que enseñé desde hace ya cincuenta años, que la eutanasia era una buena opción humana, la mejor decisión cuando el hecho de vivir en estadios permanentes de sufrimiento y dolor, sin esperanza alguna, deja de tener sentido. Les hablaba de la ética de situación, como resquicio ético para estos momentos vitales transcendentales, en un país en el que una gran parte de él tenía helado el corazón, jugándome el tipo porque los comisarios políticos del Régimen también asistían a clase camuflados.

Hago esta mención de mi intrahistoria, porque en aquellos años descubrí que era imprescindible abordar la ética de situación como guía y camino para el discernimiento humano más digno, de la que me enamoré para siempre, frente al dogmatismo de la Iglesia Católica que hacía estragos en este país. Aquellas clases del Profesor Häring [del que fui alumno en Roma durante un Curso académico impartido por él] me abrieron los ojos definitivamente sobre la importancia de hacer uso de la libertad en momentos transcendentales de la existencia, tanto en la vida como en la muerte. Me lo explicaba Häring en las clases y personalmente en su humilde habitación del Alfonsianum en Roma, porque había prestado servicios en la aviación alemana de Hitler, como capellán y en Rusia, donde aprendió que tenía que atender siempre a cualquier ser humano aplicando la ética de situación, fuera amigo o enemigo, actitud que le acarreó serios disgustos y la separación final de aquellos servicios militares por ser considerado persona non grata para el ejército alemán. El problema radicaba en que había contemplado mucha muerte indigna en directo y había tenido que ayudar a morir alejado del dogma católico que había aprendido y enseñado en su proceso de evolución ética. Häring sufrió mucho por sus actitudes éticas hasta su fallecimiento, sobre todo por el trato recibido por la iglesia oficial, a la que recordó que cuando era citado en Roma para justificar su doctrina de libertades, le recordaba algo tan grave como estar presente ante Hitler en un juicio sumarísimo. Häring me enseñó a defender la vida digna, en cualquier circunstancia, sin más limitación que la aplicación de la ética de situación en su defensa plena y con el amparo de la ley correspondiente.

La aprobación y entrada en vigor de la ley de regulación de la eutanasia tuvo un recorrido largo y lo verdaderamente lamentable es que esta tardanza legal no permitió que se llegara a tiempo para ayudar a miles de personas a morir dignamente por una elección personal que permite, como dijo Ramón Sampedro, en su obra Cartas desde el infierno, en 1996, antes de elegir una buena muerte ante tanto sufrimiento personal, que llevó a cabo mediante un suicidio asistido, con el auxilio de varias personas en enero de 1998: “No me guía otro interés que el de mostrar que la intolerancia del Estado y la religión son como una idea fija (…) Dejadme cruzar la línea, dejadme saltar”, en un acto de libertad plena para elegir la mejor muerte, sobre todo, la más digna.

En cualquier caso, la ley vigente de regulación de la eutanasia, permitió ayer a Noelia Castillo ejercer un derecho individual respetado y respetable, con todos los requisitos legales cumplidos. La democracia en nuestro país lo ha hecho finalmente posible. A pesar de las interferencias sufridas por Noelia para que desistiera de su decisión a lo largo de dos años, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, el Tribunal Supremo y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos han certificado finalmente que su vida le pertenecía únicamente a ella.

Monterroso y Galeano asumirían hoy las palabras de Felipe VI sobre los “muchos abusos” en la conquista de América

Augusto Monterroso / Eduardo Galeano

El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.

Eduardo Galeano, en Ser como ellos y otros artículos.

Sevilla, 19/III/2026 – 08:00 h UTC (CET+1)

Durante una visita a la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, que se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional desde el pasado 3 de diciembre de 2025 y próxima a clausurarse, el Jefe del Estado, Felipe VI, manifestó durante una conversación informal con el embajador de México en España, Quirino Ordaz, que “hubo mucho abuso” y “controversias éticas” en la colonización de América por parte de los conquistadores españoles: “Hay cosas que, cuando las estudiamos, las conocemos, dices: bueno, en nuestro criterio de hoy en día, con nuestros valores, pues obviamente no pueden hacernos sentir orgullosos, pero hay que conocerlo y en su justo contexto, no con excesivo presentismo moral, sino con un análisis objetivo y riguroso”.

Museo Arqueológico Nacional – Exposición sobre “La mujer en el México indígena”

Estas palabras han levantado una polvareda incomprensible en la derecha extrema y en la ultraderecha de este país, con frases como las del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, en total desacuerdo con lo expresado por el Rey, porque lo que había que respetar era el “legado español” en América y que “hacer ahora un examen en el siglo XXI de las cosas que ocurrieron en el siglo XV es un disparate”. Palabras seguidas por las de la presidenta de la Comunidad de Madrid, en su tono habitual, que se resume en las siguientes palabras como botón de muestra de su verborrea indigna: “Llegamos los de la cruz y pusimos un nuevo orden. Y, sobre todo, una forma de entender que la vida es sagrada y que había que civilizar y trasladarle al Nuevo Mundo una forma diferente de vivir. Es de lo que estoy muy orgullosa y he reivindicado siempre”. Hasta aquí los hechos, sin obviar el nuevo calificativo de desprecio absoluto al Rey, por parte de representantes de la ultraderecha, llamándole “Felpudo VI”.

Visto lo visto ante este ardor celtibérico y nacionalista casposo, hay que señalar que México ha reaccionado bien, entendiendo que estas palabras de Felipe VI significan un acercamiento a la petición de perdón que en 2019 pidió el expresidente mexicano López Obrador al rey, mediante una carta que no obtuvo respuesta.

Estos son los hechos que me han recordado a un escritor de la brevedad, Augusto Monterroso, maestro por excelencia en expresar la síntesis de la vida con sus palabras y prosa poética, a través de un relato que no olvido, El eclipse, que recojo hoy como símbolo de lo que verdaderamente ensombrece el furor actual de la Hispanidad en la conquista de América:

Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.

Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras o los aztecas en México. No les hacía falta la insolencia divina y humana del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos. Al buen entendedor, pocas palabras bastan, porque la inculturación es la que sabemos que ocurrió y no con las mejores artes por parte de la Corte y la Iglesia del siglo XV y siguientes, es decir, el proceso de integración de muchos territorios “conquistados” para la Hispanidad, en la cultura y en la sociedad de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con la que entró en contacto desde el descubrimiento de América por los españoles, cuando no se respetaron las culturas y creencias propias que ya estaban allí desde hacía muchos siglos antes de que llegara la evangelización a sus tierras y parentelas. También por reyes que asolaron tierras fértiles y con personas dentro.

Al final, un eclipse acabó con aquella aventura de Guatemala, por la insolencia del poder divino sobre el rey Sol de toda la vida. Nada que censurar hoy al comentario de Felipe VI, por tanto, adhiriéndonos, junto a este texto iluminador de Monterroso, a las bellas palabras de denuncia pública de Galeano, sobre una Hispanidad y Colonización de América muy mal entendidas.

(1) Galeano, Eduardo, Ser como ellos y otros artículos, 1992. México: Siglo XXI Editores.

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¡Paz y Libertad!

Diario de mi zaratán / 5. Pausa

Sonia Lafuente, patinadora olímpica

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Constantino Cavafis, Ítaca 

Sevilla, 15/III/2026 – 07:21 UTC (CET+1)

Estoy haciendo un camino muy largo para vencer a mi zaratán, una singladura ciclópea en su fondo y forma. Durante los fines de semana descanso de los ciclos semanales de radioterapia y hoy lo vivo de forma especial porque finalizo esta difícil etapa terapéutica la semana próxima.

Es verdad que siguiendo al pie de la letra a Cavafis, cada uno de nosotros nos podemos convertir en un Ulises redivivo y pensar que esta dura etapa que vivo en la actualidad es sólo eso, una etapa, un alto en un puerto hasta ahora desconocido, porque el viaje es muy largo: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca.

También acudo a Benedetti, tan presente en este diario, cuando hago esta pausa para escribir en este largo viaje ético a mi Ítaca particular, porque él siempre supo poner hermosura a la vertiente más triste de la vida, porque nos ofreció una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social con altura de miras éticas hacia la Ítaca de cada uno: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

Me acuerdo ahora de un conjunto madrileño de música indie, Izal, ya desaparecido, que lo cantaba extraordinariamente, acompañando una danza visible para quienes tienen los ojos abiertos para otear con dignidad el largo viaje ético hacia la Ítaca de cada uno, de cada una: Yo sólo pido pausa y tú me das ojos de huracán. / Yo sólo pido calma y tú haces espuma el agua del mar. / Sólo pido silencio y gritas que no digo la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / Yo sólo quiero pausa, tú rebobinar. / Yo sólo busco un ritmo lento, tú velocidad. / Yo sólo pido una dulce mentira, tú toda la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / ¿Tú qué sabrás? Si nunca nadaste en mis entrañas. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. Sonia Lafuente, patinadora olímpica, bailaba maravillosamente esta pausa necesaria, porque quizá, viéndola, la comprendemos mejor.

Es verdad que solo necesitamos hacer pausas de vez en cuando y no tanto rebobinar, porque no queremos perder el sentido de la vida. Es lo que Herman Hesse llamaba obstinación, una virtud, a la que admiraba mucho, una sola, porque es obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Fundamentalmente, algo que necesitamos con urgencia: cantarnos las verdades sobre lo que nos pasa, pisando las baldosas que vamos poniendo en nuestra vida a modo de solería, que es lo único que justifica nuestros actos éticos para no tener que llorar las mentiras. Sin prisa, con pausa, buscando con ética personal y de situación la Ítaca que todos tenemos derecho a soñar y alcanzar algún día. Aunque ahora tenga que luchar contra un zaratán, un cíclope con ojos de huracán, al que venceré si mi pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca mi espíritu y mi cuerpo. Porque ahora no olvido hacer una pausa ética cuando navego a diario hacia Ítaca, a la que tengo la legítima ilusión de llegar, aunque ahora viva encerrado en una jaula llamada zaratán.

Benedetti hace el resto, cuando leo y releo su mensaje: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

No lo olvido.

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¡Paz y Libertad!

María Magdalena fue una mujer envuelta en su melancolía

Teatre Nacional de Catalunya, María Magdalena

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Pablo Neruda, Me gustas cuando callas.

Sevilla, 25/I/2026 – 08:45 h UTC (CET+1)

María Magdalena es una mujer que sigue haciendo historia en la Humanidad, en una larga travesía desde que tuvimos conocimiento de su difícil existencia vital, real o no, pero contada siempre de forma no inocente. Si escribo hoy sobre ella, aunque ya la he citado muchas veces en este cuaderno digital, es porque la he recuperado en mi memoria de secreto al haberse estrenado el pasado 22 de enero, en el Teatro Nacional de Cataluña, una obra en torno a esa mujer excepcional, María Magdalena, con texto de Michael De Cock, dramaturgia de Carme Portaceli e Inés Boza, bajo la dirección de Carme Portaceli, cuya sinopsis oficial nos aproxima al hilo conductor de este abordaje teatral: “Miriam, una profesora, viaja de Bruselas a Barcelona para dar una conferencia sobre Magdalena. Deja atrás a su hija pequeña y toma la importante decisión de divorciarse de su marido. Cuando llega al aeropuerto de Barcelona, el taxista que la espera dice que es Jesús. Después de Mrs. Dalloway de Virginia Woolf y de Madame Bovary de Flaubert, Carme Portaceli y Michael De Cock se centran en el personaje de María Magdalena, el símbolo —con diferencia— de las mujeres borradas. Le dan la importancia que se merece, y que se merecen tantas y tantas mujeres, convirtiendo este relato bíblico en mágico”.

Estoy plenamente de acuerdo en la operación rescate de esta figura femenina tan controvertida. Personalmente, me llamó siempre la atención su silencio impregnado de melancolía, como he escrito en anteriores ocasiones en estas páginas digitales, rescatando igualmente a una pintora barroca, Artemisia Gentileschi, que comprendió el maltrato histórico y religioso dado a María Magdalena, representándola siempre envuelta en melancolía, a través de maravillosas pinturas.

En un artículo excelente publicado hoy en el diario.es sobre esta representación teatral tan necesaria y oportuna en los tiempos que corren, se afirma algo de importancia vital: “Maria Magdalena huye de las conclusiones unívocas. No hay una intención de sentar cátedra sobre nada, insisten las responsables. La obra no busca demostrar si la Magdalena fue o no prostituta, ni caer en revelaciones efectistas al estilo de El Código Da Vinci. Mientras Portaceli y De Cock preparaban el texto, tenían en mente una frase que en la Biblia pronuncia Poncio Pilato: Quod scripsi, scripsi. Lo que está escrito, está escrito. Frente a esa sentencia, Maria Magdalena propone un gesto radicalmente opuesto: reescribir, revisar, imaginar de nuevo. Porque poseer la narrativa es tener el poder”.

Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654): María Magdalena como la melancolía (Ca. 1622) – Museo de la Catedral de Sevilla, antes (izquierda) y después de la restauración en 2022 (derecha) / JA COBEÑA

Siento muy cerca a María Magdalena, porque una obra de Artemisia Gentileschi dedicada a ella, María Magdalena como la melancolía (ca. 1622), puedo contemplarla en la Catedral de Sevilla desde diciembre de 2022, siempre que necesite encontrarme con ella. Recuerdo que el comunicado oficial de la Catedral de Sevilla sobre este evento, informó que coincidiendo con el 400 aniversario de su ejecución, se había llevado a cabo una intervención en la pintura, habiéndose realizado «en los talleres del Museo Nacional del Prado por la restauradora Almudena Sánchez», que ha permitido «recuperar su aspecto original tal y como fue concebida ya que la composición fue alterada en fecha desconocida y transformada al añadir elementos ajenos a la obra y a la intención de la artista». Cuando la contemplé personalmente desde diferentes ángulos, comprendí perfectamente qué significaba el poder reparador de su melancolía. El cambio llevado a cabo en la restauración le había devuelto su aspecto original, que coincide con la copia que en la actualidad se puede contemplar en el Museo Soumaya (Ciudad de México) y que data de tres años después del original (ca. 1625), como detallé en el artículo en el que comenté la existencia del original de Sevilla y la copia, Artemisia Gentileschi pintó la melancolía, con las diferencias que con la restauración se han salvado, tal y como informaba oficialmente el comunicado citado de la Catedral: “la particularidad que presentaba esta obra radicaba en la presencia de un repinte antiguo, realizado con fines morales para ocultar el pecho y parte del hombro de la Santa con ánimo de lograr una imagen más púdica. Este fue el principal motivo por el que se decidió llevar a cabo la restauración de la obra, que tendría como finalidad la eliminación del repinte y la recuperación de la imagen original de María Magdalena tal y como fue concebida por su autora. Esta restauración se ha realizado en el Museo del Prado debido a que la obra llegó a dicha institución como préstamo para una futura exposición que no llego a realizarse. A pesar de ello se mantuvo el acuerdo de intervención en la pintura con el objetivo de eliminar el falso chal de gasa que cubría esa parte del cuerpo».

Como afirmé en el artículo de 2020 citado anteriormente, me consuela históricamente pensar que puedo estar cerca de Artemisia y María Magdalena, tanto monta monta tanto, habiendo comprendido siempre qué significa el poder reparador de su melancolía en tiempos tan difíciles, tan modernos.

Artemisia Gentileschi, Autorretrato como alegoría de la pintura, (Ca. 1638-1639) Palacio de Buckingham (Reino Unido)

La figura de María Magdalena fue muy querida por Artemisia, a la que llegó a representar en sus cuadros hasta en cuatro ocasiones (incluyendo también su cuestionada María Magdalena Penitente, ¿arrepentida o melancólica? Si tuviera que elegir entre sus interpretaciones de esta mujer, representada siempre como mujer sola y libre ante Jesús de Nazareth, me quedaría -por admiración y respeto a su obra melancólica- con la titulada María Magdalena en éxtasis, sola, sin ropajes especiales ni ungüento divino, de la que se ha conocido su existencia hace muy poco, concretamente en 2014, ya que solo se tenía una referencia de ella por una fotografía en blanco y negro tomada a principios del siglo XX, que se conservaba en el fondo artístico de un marchante de arte italiano. Más de ochenta años después, el óleo de 81 x 105 centímetros, descubierto en una colección antigua del sur de Francia, fue subastado por la Galería Sotheby’s, adjudicándose finalmente por 850.000 euros, cuando el precio de salida estaba entre 200.000 y 300.000 euros.

Artemisia Gentileschi, María Magdalena en éxtasis

El mensaje del cuadro no deja duda alguna sobre la autoría de Gentileschi y puedo dar la razón en este momento a la expresión ya citada de Víctor Hugo: la melancolía es la felicidad de estar triste, porque no creo tanto en la situación de éxtasis de la Magdalena como en la de su auténtica melancolía, es decir, un estado de soledad y tristeza que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Contemplando esta María Magdalena, suenan muy bien las palabras de Neruda en este recuerdo de hoy: Mariposa de sueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía.

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El Principito, hoy / 6. ¿Quién descifra el terrible enigma de la soledad humana?


Acuarela de Antoine de Saint-Exupéry, en El Principito, 1943, capítulo XV

Sevilla, 23/XII/2025 – 09:42 h UTC (CET+1)

Recuerdo hoy que el pasado 14 de diciembre me propuse escribir una serie de artículos durante esta Navidad, Año Nuevo y Reyes, respetando la estructura y contenidos de El Principito, una novela corta, ¿cuento quizás?, desarrollada a través de 27 capítulos, que ha pasado a ser de dominio público en nuestro país, con mi interpretación actualizada en 2025, de lo que el autor quiso dejar como legado de su alma inquieta a la Humanidad. 

Ha sido dicho y hecho, llegando hoy a la sexta entrega para contar en esta ocasión un viaje del principito muy largo, hasta visitar un planeta lejano, diez veces más grande, encontrando un habitante Anciano, así, con mayúscula, de profesión geógrafo, “un sabio que conoce dónde se encuentran los mares, los ríos, las ciudades, las montañas y los desiertos”. Esto ocurre en el capítulo XV, en el que el narrador desarrolla una experiencia llamativa sobre la importancia de dejar constancia en los libros sólo lo permanente en la naturaleza, no lo efímero.

Como profesional de la geografía, el Anciano tenía claro su cometido, es decir, lo que no debía anotar en su libro enorme ante las sucesivas preguntas del principito: “No es el geógrafo quien debe hacer el cómputo de las ciudades, de los ríos, de las montañas, de los mares, de los océanos y de los desiertos. El geógrafo es demasiado importante para ambular. No debe dejar su despacho. Pero recibe allí a los exploradores. Les interroga y toma nota de sus observaciones. Y si las observaciones de alguno le parecen interesantes, el geógrafo hace averiguaciones acerca de la moralidad del explorador”, persiguiendo siempre la verdad de lo que cuentan, es decir, la objetividad verdadera que requiere la ciencia: “un explorador que mintiera ocasionaría desbarajustes en los libros de geografía”. Moral intachable, sin fisura alguna.

En esta situación, el nuevo “explorador“, para el geógrafo Anciano, podía ofrecer datos de su planeta de origen para registrarlos, si respondían a la verdad, en el Libro Grande, siguiendo un protocolo riguroso, porque “los relatos de los exploradores se anotan con lápiz al principio. Para anotarlos con tinta se espera a que el explorador haya suministrado pruebas”. Ciencia, otra vez, en estado puro.

La situación más relevante se produce en el momento en el que el principito comienza a describir su planeta, sus volcanes, ¿la flor…?, porque, según el geógrafo, son los más valiosos de todos los libros. Nunca pasan de moda. Es muy raro que una montaña cambie de lugar. Es muy raro que un océano pierda su agua. “Escribimos cosas eternas”, pero llegado el momento de “registrar” la rosa, le manifiesta al principito que no puede anotarla porque las flores son “efímeras” o lo que es lo mismo, como aclaración, lo efímero significa “que está amenazado por una próxima desaparición”.

Gran desconcierto creó en el principito “explorador” esta afirmación rotunda, porque su querida flor ya sabe que es efímera “¡y sólo tiene cuatro espinas para defenderse contra el mundo! ¡Y la he dejado totalmente sola en mi casa!”. En este momento de turbación, recibe del geógrafo un sabio consejo, que vaya a visitar el planeta Tierra porque tiene “buena reputación”, iniciando un nuevo vuelo aunque no dejaba de pensar en su rosa “efímera”, indefensa, que nunca sería registrada en un libro grande de geografía porque le faltaba una cualidad indispensable: ¡ser eterna!

El principito llega de esta forma al planeta Tierra, descrito de forma muy breve en el capítulo XVI, que merece la pena recuperar íntegramente: “La Tierra no es un planeta cualquiera. Se cuentan allí ciento once reyes (sin olvidar, sin duda, los reyes negros), siete mil geógrafos, novecientos mil hombres de negocios, siete millones y medio de ebrios, trescientos once millones de vanidosos, es decir, alrededor de dos mil millones de personas grandes. Para daros una idea de las dimensiones de la Tierra os diré que antes de la invenciónde la electricidad se debía mantener, en el conjunto de seis continentes, un verdadero ejército de cuatrocientos sesenta y dos mil quinientos once faroleros. Vistos desde lejos hacían un efecto espléndido. Los movimientos de este ejército estaban organizados como los de un ballet de ópera. Primero era el turno de los faroleros de Nueva Zelanda y de Australia. Una vez alumbradas sus lamparillas, se iban a dormir. Entonces entraban en el turno de la danza los faroleros de China y de Siberia. Luego, también se escabullían entre los bastidores. Entonces era el turno de los faroleros de Rusia y de las Indias. Luego los de África y Europa. Luego los de América del Sur. Luego los de América del Norte. Y nunca se equivocaban en el orden de entrada en escena. Era grandioso. Solamente el farolero del único farol del Polo Norte y su colega del único farol del Polo Sur llevaban una vida ociosa e indiferente: trabajaban dos veces al año”.


Acuarela de Antoine de Saint-Exupéry, en El Principito, 1943, capítulo XVII

Menos mal que para aclarar esta descripción del planeta Tierra, encumbrando a los faroleros, los que lo iluminaban siempre con situación de continuidad, el narrador lo explica en el capítulo XVII con una cierta dosis de sarcasmo: “No he sido muy honesto cuando hablé de los faroleros. Corro el riesgo de dar una falsa idea de nuestro planeta a quienes no lo conocen. Los hombres ocupan muy poco lugar en la Tierra. Si los dos mil millones de habitantes que pueblan la Tierra se tuviesen de pie y un poco apretados, como en un mitin, podrían alojarse fácilmente en una plaza pública de veinte millas de largo por veinte millas de ancho. Podría amontonarse a la humanidad sobre la más mínima islita del Pacífico. Las personas grandes, sin duda, no os creerán. Se imaginan que ocupan mucho lugar. Se sienten importantes, como los baobabs. Les aconsejaréis, pues, que hagan el cálculo. Les agradará porque adoran las cifras. Pero no perdáis el tiempo en esta penitencia. Es inútil. Tened confianza en mí”.


Acuarela de Antoine de Saint-Exupéry, en El Principito, 1943, capítulo XVII

A partir de esta declaración de principios, nace un diálogo enigmático entre el principito y una serpiente, la única interlocutora que habita en la zona que visita el protagonista, un desierto en África. Con esta soledad sonora, asume dialogar con ella y pronuncia una frase con lógica humana, no así para el ofidio: “¿Dónde están los hombres? —prosiguió al fin el principito—. Se está un poco solo en el desierto. —Con los hombres también se está solo —dijo la serpiente. El principito la miró largo tiempo: —Eres un animal raro —le dijo al fin—. Delgado como un dedo… —Pero soy más poderoso que el dedo de un rey — dijo la serpiente”.

A pesar del desprecio hacia la serpiente, mostrado por el principito, negándole su poder y su incapacidad para viajar, ella muestra sus artes tentadoras, enroscándose alrededor del tobillo del visitante “como un brazalete de oro”, ofreciéndole una oferta especial: “A quien toco, lo vuelvo a la tierra de donde salió —dijo aún. Pero tú eres puro y vienes de una estrella… El principito, desconcertado, le dice a la serpiente que es “un animal raro, delgado como un dedo…”. La serpiente se apiada aparentemente de él, ofreciendo su interesada ayuda: “Me das lástima, tú, tan débil, sobre esta Tierra de granito. Puedo ayudarte si algún día extrañas demasiado tu planeta. Puedo…. —¡Oh! Te he comprendido muy bien—dijo el principito—, pero ¿por qué hablas siempre con enigmas? Yo los resuelvo todos —dijo la serpiente. Y quedaron en silencio”.

Enigmas sabios de un ofidio, experto en estrategias de embaucamiento interesado, porque sólo hacía enunciados de sentido artificiosamente encubierto, para que el encuentro con el principito, fuera difícil de entender o interpretar en su soledad sonora. La serpiente lo dejó plasmado en un aserto, anteriormente citado: es frecuente sentir la soledad interior porque “con los hombres también se está solo”. Terrible enigma para un principito bueno y… solo, entre dos mil millones de personas que habitaban el planeta Tierra en los años cuarenta del pasado siglo. Me sobrecoge pensar qué significa hoy el enigma de la soledad humana, enunciado por una serpiente, cuando a la hora de escribir estas palabras ya poblamos este planeta 8.265.627.300 personas.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

José y la sorprendente concepción de María

Georges de La Tour, El recién nacido (h. 1648, óleo sobre lienzo, 76 x 91 cm, Museo de Bellas Artes, Rennes)

Sevilla, 8/XII/2025 – 07:11 h (CET+1)

El origen católico de la creencia en la “Inmaculada Concepción”, que hoy celebra todo el país, sorprendentemente como fiesta nacional, tiene su origen en un dogma de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que se declaró así mediante la bula Ineffabilis Deus, de 8 de diciembre de 1854, promulgada por el papa Pío IX, donde se definió lo siguiente: “[…] Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho”.

Con estas amenazas de penas para las personas descreídas, eso sí, siempre con finezza vaticana, “siento de corazón” una vez más y para intentar comprender la intrahistoria católica de esta festividad, la necesidad de escribir sobre esta sorprendente fiesta nacional (vuelvo a repetirlo) en un país regido por una Constitución laica, donde en su artículo 16 dice textualmente algo que resalto en negrita, con la garantía de la libertad ideológica, religiosa y de culto que tenemos los ciudadanos de este país: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Dicho lo anterior, vuelvo a contemplar el óleo de Georges de La Tour, El recién nacido, un pintor desconocido durante siglos para la historia del arte, porque busco entender la sorprendente historia de la inmaculada concepción de María, más allá del dogma y de cómo nos lo ha contado la historia sagrada. 

Sobrecoge el silencio y austeridad en este cuadro tan realista en los últimos años del pintor, tal y como figuraba en la sinopsis de la exposición sobre este autor en 2016, en el Museo del Prado: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes“ (1). No hay vestigio alguno de collares o anillos, pedidos por José al “platerillo” de Rafael Alberti en un poema precioso, El platero, publicado en El alba del alhelí, que siempre he sentido como la gran paradoja de la creencia descreída en el dios que nos conmueve y en la Virgen María de mis mayores, una mujer muy sencilla y confundida que solo acepta el regalo de un beso a su Niño, mucho más allá de medallas, collares y anillos, porque como estampa familiar nos puede servir para comprender la quintaesencia de la religión bien entendida.

A la Virgen, un collar
y al niño Dios, un anillo,
Platerillo,
no te los podré pagar,
¡Si yo no quiero dinero!
¿Y entonces qué? di.
Besar al niño es lo que yo quiero.
Besa, sí

En este cuadro, esta sencilla mujer no tiene casi nada, solo el regalo precioso del silencio sonoro de la noche y contemplando a su niño, fruto de una sorprendente, continuada e inmaculada concepción, un paso más en su azarosa vida, al estar “preservada e inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano”, en la que encontró, eso sí, a un gran compañero, José, al que también he reconocido siempre su difícil situación ante los demás descreídos y porque su papel en esta historia nunca ha pasado desapercibido en nuestras vidas y en nuestras fastuosas navidades blancas. José, el carpintero de Nazareth, siempre ocupó una segunda fila en una historia jamás contada bien. Era la pareja oficial de María, asunto que me ha emocionado en muchas ocasiones al describirse así, a pesar de que la historia lo ha encumbrado siempre a los altares.

En el óleo de Georges de La Tour, no aparece José por ningún sitio porque realmente nunca fue protagonista de esta historia mágica, una parte importante en la historia de la sorprendente concepción de María. Todos comentaban siempre su silencio, aunque era un secreto a voces por la asunción de su papel en la historia difícil de María. Me gusta recordarlo despojado de su santidad, ocupando su sitio en la historia, básicamente como un hombre humilde, trabajador y bueno, con un profundo respeto a María, una persona que la historia ha colocado en un sitio muy especial difícilmente entendible si te falta la fe que nos enseñaron nuestros mayores, como le gustaba decir a Antonio Machado. Creo, sinceramente, que fue un buen compañero.

En este contexto de duda festiva, escucho de nuevo a un compositor francés, Michel Corrette (1709-1795), un perfecto desconocido que fue un descubrimiento extraordinario en mi aprendizaje diario para interpretar dignamente sus partituras en clave y violín. Todo surgió al localizar en su ingente obra seis sinfonías dedicadas a la Navidad, preciosas, de las que quiero destacar hoy un movimiento en concreto: José es un buen compañero (Sinfonía III, Allegro), porque me permite contextualizar una historia de una persona que ha supuesto mucho para el devenir de la sociedad creyente, una historia, entre otras, que habla siempre de soledad y silencio ante la libre elección para la difícil tarea de vivir dignamente. Escuchándola, comprendo mejor que nunca la categoría humana de José, ignorado hasta por el evangelista Marcos, porque sólo sabemos que en el capítulo 6, versículos 1 a 3 de su crónica de la muerte anunciada de Jesús (como buen periodista), dijo lo siguiente: “Se marchó [Jesús] de allí y vino a su tierra, y sus discípulos le acompañaban. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada; y decía: “¿De dónde le viene esto? y qué sabiduría es ésta que le ha sido dada ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, de Josét, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de él”. José ignorado en este relato de identidades y solo ante el peligro. José no aparecía por ningún sitio en la noticia contada por Marcos pero, dueño de su soledad y de sus silencios, siempre tuvo el sentido de la medida que tanto aprecio.

Correttte sabía lo que componía. José fue un buen compañero y Marcos lo entendió así. Por esta razón es sugerente intentar comprender que José admiraba a este narrador de la época, que contó cómo el emperador César Augusto quiso acabar de una vez por todas con alternativas a su poder corrupto, a través de un niño-ciudadano de su imperio, no empadronado, llamado Jesús, rey de los judíos, un revolucionario que no quiso ser emperador, que contaba cosas muy interesantes, que formó un gran equipo y que quería atender sobre todo a los más desprotegidos, a los engañados por el poder, a los nadies y a los desheredados. Y era una persona corriente, lo que suele poner muy nerviosos a los malos gobernantes: cuando se cansaba, dormía sobre el cabezal del barco, como nos lo contó hace ya muchos años ese joven periodista ya citado, de nombre Marcos. Mientras, José, un carpintero humilde, seguía trabajando en silencio, como el de María, un momento mágico que pintó admirablemente George de la Tour.

Michel Corrette (1709-1795), José es un buen compañero (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía III, Allegro), interpretado por La Fantasía.

(1) Museo del Prado – Georges de la Tour

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El Sistema Sanitario Público de Andalucía se derrumba y nosotros, críticos con la situación actual, ¿qué podemos hacer?

Presentación y debate de la Proposición de Ley, de iniciativa legislativa popular, de recuperación de los niveles de calidad del Sistema Sanitario Público en Andalucía – Parlamento de Andalucía – Pleno de 26 de noviembre de 2025

Sevilla, 3/XII/2025 – 16:34 h (CET+1)

El título de este artículo encierra un profundo desasosiego democrático por lo ocurrido ayer en el Parlamento de Andalucía, al quedar relegada al complejo trámite ordinario, la Proposición de Ley, de iniciativa legislativa popular, de recuperación de los niveles de calidad del Sistema Sanitario Público en Andalucía, que se aprobó por mayoría la semana pasada, mientras que 15 proyectos de ley del rodillo parlamentario del Partido Popular, van a toda máquina administrativa para que puedan ser aprobados en un plazo de tres meses, siempre antes y de forma calculada y no inocente, de la convocatoria de elecciones generales de Andalucía en 2026. Ayer se pudo tomar conciencia de esta estrategia, que personalmente no me asombra y sobre la que advertí en mi artículo del jueves pasado sobre esta ILP, al aprobarse la vía rápida para tramitar la futura Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación, y dos proyectos de ley para la creación de Colegios Profesionales: el de Psicopedagogía y el de Detectives Privados. Sin embargo, en la misma reunión, se ha apeado la citada Iniciativa Legislativa Popular del imprescindible trámite de urgencia en el momento parlamentario actual, lo que significa que se ha abierto el camino para que decaiga y entre en vía muerta con motivo de la citada convocatoria de elecciones generales en Andalucía. Y lo que le quedaría a la ILP es una vuelta a empezar en la próxima Legislatura.

Esta es la realidad pura y dura, de la crónica de una muerte anunciada de la citada ILP. Personalmente, la defenderé siempre, incluso en sus estertores administrativos y parlamentarios, pero ante lo sucedido ayer, la gran pregunta es ¿qué hacer?

Lo primero, denunciar por todos los medios posibles y por parte de la oposición, lo ocurrido sobre esta proposición de ley en el plazo de una semana, como ariete contra el Partido Popular en sede parlamentaria. El trámite ordinario escogido ya sabemos a dónde lleva, aunque creo que la palabra de denuncia en sede parlamentaria, que aún nos queda, recordando a Blas de Otero, se debe escuchar alto y fuerte, explicando a la ciudadanía todos los detalles de lo ocurrido.

En segundo lugar, hay que preparar un argumentario sólido, aprovechando íntegramente el texto de la ILP, enriqueciéndolo en lo que se pueda, para que forme parte inexcusable de los programas electorales de la izquierda, que ojalá fuera unida, para no ser vencida, ante las próximas elecciones en Andalucía, con un diseño de campaña donde la sanidad pública sea una piedra angular de la misma, buscando el voto oculto que hay que rescatar del Partido Abstencionista, que en las pasadas elecciones de 2022, “obtuvo” 2.647.810 votos, es decir el 41,64% del total del censo electoral.

En tercer lugar, hay que diseñar una campaña por parte de esa izquierda unida, sobre la pedagogía de la transformación integral de la sanidad pública en su situación actual de desmantelamiento no inocente, en una clara deriva de privatizaciones encubiertas, que solo se puede conseguir mediante el voto en las urnas en las próximas elecciones generales en Andalucía.

Todo lo demás son meras lamentaciones, “llantos y crujir de dientes”, que no llevan a ninguna parte. Por todo lo expuesto, hay que empezar ya a lanzar un proyecto conjunto, solidario y bien armado ideológicamente, de la transformación urgente de la situación actual del Sistema Sanitario Público de Andalucía. No todo es problema de financiación del Sistema, que también lo es, sino de construir y defender una ideología sólida que sustente el Estado de Bienestar en Andalucía, en concreto en el ámbito de la Sanidad Pública que ahora nos ocupa y preocupa, en beneficio constitucional del interés general de defensa de la salud de su población, sin excluir a nadie, sobre todo, a los nadies que tanto defendió siempre Eduardo Galeano.

Ante las próximas elecciones generales en Andalucía de 2026, hay que prepararse, ser consecuentes con la defensa de la sanidad pública y del Estado de Bienestar en general, tomar partido y no hacerlo de forma vergonzante, recordando lo que está sufriendo Andalucía por el desastre de su Sistema Sanitario Público. Esta Comunidad lo necesita. El que quiera entender, que entienda, porque nada de cuanto pueda suceder en la España y Andalucía futuras, sucederá “por acaso, ni será producto de la fatalidad”, sino por la “obra inteligente de los ciudadanos” de este país, en palabras de Gramsci, tomando partido y votando en beneficio de todos, no olvidando jamás a los nadies de Galeano, las nadies olvidadas en la detección del cáncer de mama, como está sucediendo ahora, como ejemplo vivo y reciente. Sin olvidar unos datos alarmantes, en la actualidad, tanto en la lista de espera de consultas externas, 852.859 pacientes, como en cirugía, 207.236, con un sumatorio total de 1.060.095 pacientes en una situación verdaderamente lamentable desde la perspectiva de servicios públicos de primera necesidad en el ámbito de salud, que no responden a garantías mínimas exigibles a un Estado de Bienestar.

Sabemos que todos los partidos políticos no son iguales, ni sus representantes tampoco. Ahí está el secreto de la elección, no inocente por cierto, indiferente tampoco, para transformar la política sanitaria actual en beneficio del interés general de todos los ciudadanos y ciudadanas de Andalucía. Tenemos un horizonte próximo, las elecciones generales en Andalucía, de alternancia en la defensa de la sanidad pública. Aprovechémoslo.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión

Sevilla, 1/XII/2025 – 07:43 h (CET+1)

Ayer volví a ver por enésima vez “Memorias de África”, porque sigo teniendo muy presente en mi vida la gran pregunta de Isak Dinesen (1885-1962), la autora de la obra homónima sobre la que está basada la película: “¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión”… en estos tiempos revueltos.

El pasado 17 de septiembre la vi de nuevo, con motivo del fallecimiento del gran actor Robert Redford, recordado siempre por películas de gran valor cinematográfico como Dos hombres y un destinoEl hombre que susurraba a los caballos o Memorias de África, que obtuvo siete premios Óscar en 1986. Quizá sea esta última la que tuve presente en ese momento tan especial por mi asociación mental de Redford junto a Meryl Streep y la extraordinaria banda sonora compuesta por John Barry, con un fondo musical excelente de Mozart. La química exhibida por la pareja formada por Streep y Redford, por entonces quizá los dos actores más aclamados en Hollywood, ha marcado una impronta inolvidable en muchas memorias de todos y en la de secreto. En la mía, también.

La banda sonora de la película, bajo la batuta de John Barry, sigue viva en mi discoteca de secreto, haciendo incursiones en la memoria de hipocampo que, como caballo de mar, sigue surcando historias de búsqueda de islas desconocidas para contarlas en este cuaderno digital. Lo que me sobrecoge verdaderamente es asociar siempre esta película y su trama con Mozart, a través de su maravilloso adagio compuesto para el Concierto para clarinete y orquesta (K. 622), acompañando los recuerdos de Karen. No desmerece esta puntualización, en absoluto, el tema nuclear que suena lentamente en los títulos de crédito que ayudan a comprender mejor los tesoros ocultos para el alma en Kenia. El segundo tema, se hace presente en momentos difíciles para la protagonista en su penoso matrimonio de conveniencia, salvado por un cazador profesional, Denys George Finch Hatton, un papel desempeñado de forma impecable por Redford.

W. A. Mozart: Adagio del Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Orquesta Sinfónica de Islandia / Oboe: Arngunnur Árnadóttir, Harpa Concert Hall – Reykjavík, 10 de septiembre de 2015

Memorias de África está asociada siempre, en mi vida, con Mozart, sin desmerecer el trabajo fantástico de John Barry. También, con la inteligencia humana, mientras escucho atentamente su banda sonora de hoy, de siempre. Vuelvo a recordar que la inteligencia, hoy por hoy, no tiene color. La conjunción de blancos, grises y algunas veces, negros, atribuida a las materias que conforman el cerebro, sigue dándonos muchos quebraderos de cabeza. Sobre todo, porque tenemos que estar muy agradecidos al continente africano y doloridos al mismo tiempo por la muerte letal que les rodea entre enfermedades (sida), esclavitud histórica y de nuevo cuño en pateras, guerras fratricidas y con una deuda histórica mundial.

Meryl Streep y Robert Redford interpretaron la conciencia del deber estar cinematográfico, a la perfección, en Memorias de África, recordando una reflexión que vuela sobre la película como hilo conductor, Estoy donde debo estar, que reproducía fielmente la que figuraba en el comienzo de la obra homónima de Isak Dinesen (1885-1962), seudónimo de la baronesa Karen Blixen, publicada en Dinamarca en 1937. Por la magia del cine, hoy lo he recordado de nuevo, dejándonos una pregunta en el aire que respiramos a diario y que nos ofrece seguridad y ligereza de corazón: ¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión.

Doscientos mil años de memoria de la inteligencia humana, desde el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia (1), nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de nuevo de Memorias de África, de la memoria de Mozart en su precioso adagio, de cómo nos contaron una bella historia Meryl Streep y Robert Redford, para que no olvidemos África y su alma, todavía desconocidas para muchos en diciembre de 2025.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, p. 15-28.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Eduardo Galeano nos lo recuerda en el Black Friday: “las cosas te compran”

Americanos, vienen a España gordos y sanos
Viva el tronío y viva un pueblo con poderío
Olé Virginia y Michigan
Y viva Texas que no está mal, […] no está mal.

Bienvenido Mr. Marshall (1953)

Sevilla, 27/XI/2025 – 07:55 h (CET+1)

Estamos inmersos ya en el Viernes Negro (Black Friday), como imperativo categórico del Gran Mercado Mundial. En este contexto creo que Eduardo Galeano tenía razón al describir el poder del consumo en el mundo al revés: «En esta civilización, donde las cosas importan cada vez más y las personas cada vez menos, los fines han sido secuestrados por los medios: las cosas te compran, el automóvil te maneja, la computadora te programa, la TV te ve. Globalización, bobalización. Hasta hace algunos años, el hombre que no debía nada a nadie era un virtuoso ejemplo de honestidad y vida laboriosa. Hoy, es un extraterrestre. Quien no debe, no es. Debo, luego existo». 

Millones de personas de este país esperan la celebración de una semana especial, mucho más allá del estricto viernes americano, el Black Friday circunscrito a mañana, un día particular, en una respuesta compulsiva para no perder la participación en la maratón particular y colectiva del consumo. Una americanada más.

Es curioso constatar cómo el Mercado [sic] crea su propio ecosistema a nivel mundial, para crear necesidad de consumo donde no existe la necesidad realmente. El síndrome de la última versión, en tecnología o en moda lista para llevar, por ejemplo, acaba haciendo estragos en las maltrechas economías de muchas familias, porque nos convencemos que lo último de lo último nos estaba esperando en la estantería comercial correspondiente en el Viernes Negro y que lo más barato hay que comprarlo con urgencia para “no ser tontos”, según el eslogan de turno.

Sé que estas reflexiones se pueden interpretar como una salida de tono sobre el principio de realidad de lo que está pasando y estamos viendo, pero sigo defendiendo que no es lo mismo valor que precio de lo que realmente necesitamos, como suele confundir todo necio (Antonio Machado, dixit). Además, la dignidad de la vida sencilla está por encima de las mercancías, que a toda costa intentan vendernos los nuevos Míster Marshall que merodean por nuestro país vestidos metafóricamente de negro, el color del viernes que intentan justificar como necesario para ser felices. Con su tronío y poderío.

Lo que no sé, tampoco, es si hoy día y como decía la canción de ¡Bienvenido Mr. Marshall!, o en una nueva versión, ¡Bienvenido Mr. Trump!, seguimos recibiendo a los americanos con alegría…, en este Black Friday redivivo, obviamente sin gritar a los cuatro vientos, ¡Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía! Lo que queda claro es que la globalización nos lleva a la bobalización, porque hasta hace algunos años, las personas que no debían nada a nadie eran un virtuoso ejemplo de honestidad y vida laboriosa: “Hoy, son extraterrestres. Quien no debe, no es. Debo, luego existo”. ¡Ay, si Descartes levantara la cabeza!

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