Antónimos para el ocaso de la democracia / 1. Alborada

Luis Cernuda

Vivir siempre así. Que nada, ni el alba, ni la playa, ni la soledad fuesen tránsito para otra hora, otro sitio, otro ser. ¿La muerte? No. La vida todavía, con un más acá y un más allá, pero sin remordimientos ni afanes. Y entre antes y luego, como entre sus dos valvas la perla, este momento irisado y perfecto. Ahora.

Luis Cernuda, en Alborada en el Golfo

Sevilla, 5/V/2022

Estoy conturbado y consternado ante el ocaso de la democracia que percibo en nuestro país. No hay que ser Einstein para darnos cuenta de que algo está pasando en relación con la democracia en este país al revés, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies, que diría Eduardo Galeano. Por esta imperiosa razón categórica busco palabras que, respecto de otra, expresen una idea opuesta o contraria, antónimos de la palabra “ocaso”, para construir a partir de hoy y hasta el día de la elecciones en Andalucía, el domingo 19 de junio, palabras que contrarresten la palabra “ocaso”, que desde el Diccionario de Autoridades, que tanto aprecio, se conoce bien con una acepción alejada de la astronómica, al ocultarse o ponerse el sol: “se toma muchas veces por la muerte”.

Quiero comenzar esta serie con un antónimo, la palabra “alborada”, porque es preciosa en su origen y llevada al terreno de la democracia todavía más. En vez de decir “el ocaso de la democracia”, prefiero decir hoy “la alborada de la democracia”, entendida esta palabra en su significante actual como “período que transcurre desde que empieza a aparecer en el horizonte la luz del día hasta que sale el Sol, composición poética o musical que expresa sentimientos relacionados con la llegada del día y el repique de campanas o música que se toca al amanecer”. El Diccionario de Autoridades lo resumió en 1726 en una frase preciosa: “Aquel tiempo en el que empieza a amanecer o a descubrirse la primera luz del día”. Todas ellas son acepciones llenas de júbilo y esperanza hacia algo nuevo que acontece a diario, frente al ocaso que la naturaleza nos enseña también día a día.

Ante el ocaso de la democracia que he descrito recientemente en este cuaderno digital, deseo rescatar hoy este antónimo, alborada, que dignifica la democracia, siempre que respetemos su sentido primigenio, es decir, una realidad social que se construye cada día al igual que “empieza a amanecer o a descubrirse la primera luz de cada día”. En este sentido, estoy convencido de que la democracia hay que cuidarla cada día y con tres pilares de cuidados básicos que he reiterado en muchas ocasiones en este cuaderno digital: el primero, participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota, sabiendo que las ideologías no son inocentes y que todos los partidos no son lo mismo. De ahí la necesidad de recurrir a una información veraz y objetiva de los programas y del conocimiento de los líderes que los representan, con objeto de que cada persona pueda emitir juicios bien informados, no sólo en el momento de introducir el voto en la urna, sino también en la convivencia diaria, huyendo de silencios cómplices, en una permanente alborada democrática. El segundo pilar se centra en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en libertad de conciencia y acto del día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Libertad, porque es lo más preciado de lo que dispone el ser humano cada día en la tarea diaria de entrar en ella. Finalmente, el tercer pilar nos obliga a pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con el voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político de la democracia, como el campo, es para quien la trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. En definitiva, lo que planteo es una alborada democrática, vigilante y continua.

El ocaso de la democracia que estamos viviendo cada día que pasa en nuestro país, no resbala por mi piel, sino que está modificando mi vida actual para animarme a luchar por compartir la alborada que la democracia lleva dentro. Para mí es una acaricia que recibo todos los días, lo que me lleva a hacer hoy una exaltación de su impacto en beneficio del interés general, el de todos sin dejar a nadie atrás. De acuerdo con Cernuda, la alborada hay que entenderla como “la vida todavía, con un más acá y un más allá, pero sin remordimientos ni afanes”. Una alborada democrática, vigilante y continua. Ahora.

Nikolái Rimski-Kórsakov, Capricho español, Op. 34, 1887, Orquesta de la Universidad de Vermont. Cinco movimientos: Alborada, Variaciones, Alborada, Escena y canto gitano, y Fandango asturiano.
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Para la libertad, hoy es un día especial porque aún tenemos la vida


José «Zeca» Afonso

Para la libertad sangro, lucho, pervivo. / Para la libertad, mis ojos y mis manos, / como un árbol carnal, generoso y cautivo, / doy a los cirujanos. // Retoñaran aladas de savia sin otoño, / reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida; / porque soy como el árbol talado que retoño: / aún tengo la vida.

Miguel Hernández, Para la libertad

Sevilla, 25/IV/2022, día de san Marcos evangelista y 48º aniversario de la «revolución de los claveles» en Portugal.

Dedicado, como siempre y de forma especial a nuestro hijo Marcos

Cada año me aproximo en este día a la página en blanco de este cuaderno digital como si fuera la primera vez y recurro a la escritura circular y al respeto a la memoria histórica en mi vida, porque para mí existen dos razones fundamentales para no olvidar el significante y significado recurrente en este día, siendo la primera su carácter “santo”, la celebración de la festividad de san Marcos, aunque siempre me gusta hablar de él como el joven periodista que nos transmitió su visión de cómo era Jesús de Nazaret, bajándole de la peana tradicional. La segunda, desde la perspectiva más laica posible, la del aniversario de la revolución de los claveles en Portugal, en 1974, a través de una canción que no olvido, Grándola, Vila Morena, cantada por Jose Zeca Afonso, porque la transformación de aquella sociedad anquilosada e instalada en la dictadura fue verdadera y porque demostró que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones, aunando voluntades. Aquella canción sonó de una forma especial a a las 00.20 horas del día 25 de abril de 1974 en el programa radiofónico Limite,  como segunda y última señal para dar comienzo al movimiento revolucionario en Portugal.

Esta fecha no es inocente en ambos casos, como ocurre siempre con las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el “tu quiero y mi puedo” que nos enseñó Mario Benedetti y que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. Nuestro hijo Marcos lleva ese nombre porque cuando nació tuvimos presente la interesante vida de su homónimo galileo, aquél amigo y admirador de Jesús de Nazaret, al que le gustaban sus detalles humanos de proximidad a las personas más necesitadas de todo, los nadies de su época, siempre dispuesto a atender a quien lo necesitara, aunque estuviera muy cansado y se durmiera sobre el cabezal del barco (así nos lo ha contado), considerando que su vida y obras eran una gran noticia para el mundo por su marcado interés general. Para mí, un excelente periodista, que contaba lo que interesaba en aquel momento a la gente, en la clave que aprendí de Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, cuando decía que “periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”. Nos hacía ilusión contárselo a Marcos cuando lo pudiera comprender y así lo hicimos, para que siempre fuera portador de las mejores noticias de libertad y democracia a pesar de estar viviendo muchas veces en un mundo al revés, que tan admirablemente describe Eduardo Galeano.

La letra de aquella canción, Grándola, Vila Morena, que vuelve a sonar hoy en mi memoria de hipocampo, puede ser un perfecto guion para entender bien su significado a través de algunas de sus estrofas:

En cada esquina un amigo, en cada rostro igualdad. Maravillosa letra para componer canciones para después de las guerras particulares. Marcos creció de la mano de soledades sonoras, porque la revolución silenciosa debe seguir adelante en el primer mundo. Sigue el cuadro del niño, el fusil y el clavel en su habitación de sueños y trabajo, como mensaje subliminal de que hay que estar cerca de quienes aportan a la sociedad amistad e igualdad, siempre con letra y música de fondo interpretada por Jose Zeca Afonso.

A la sombra de una encina de la que yo no sabía su edad: estas palabras nos sirvieron para comprender a Marcos, su forma de ser, sus sueños, su auténtica personalidad, sabiendo que el compromiso de la encina es dar corazón porque moldea la vida. Su nombre fue un compromiso para el proyecto que más ha ordenado nuestra forma de ser y estar en el mundo, cuando solo tenía segundos de vida real, porque queríamos que él fuera siempre un programa de vida compartida en la cultura de Marcos, aquel cronista del siglo I después de Cristo que nos contó de forma admirable cosas de Jesús de Nazareth, tal y como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: «Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso» (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39). Cosas de un ciudadano especial y tan humano que a veces le vencía el cansancio y se dormía apoyado en el cabezal del barco, como dije anteriormente, soñando que otro mundo era posible. Nos contó cosas de un ser que sigue dando que hablar a las multitudes que siguen creyendo en las revoluciones que permiten a cada persona ser feliz con sus proyectos particulares de vida sin estar mediatizados por el consumo de turno. 

El pueblo es quien más ordena, dice también la canción revolucionaria y siempre se lo hemos recordado a Marcos, tal y como nos lo transmitió aquél joven llamado Marcos, del siglo I que vivía en Galilea y Jose Zeca Afonso en su pequeño rincón de Grándola, bastante avanzado el siglo XX. No lo olvidamos en pleno siglo XXI, cuando la democracia sufre en varios frentes de convivencia por el odio que algunos se empeñan en instalar en nuestra forma de vida. De ahí la necesidad de recordar lo que nos puede mantener vivos y despiertos en democracia (de otra forma no es posible) después de tantos siglos.

Hoy, sigo pensando a estas alturas del siglo y saliendo el mundo como puede de pandemias y guerras, que aquél chico tan atrevido, de nombre Marcos, nos dejó palabras escritas sobre la maledicencia y sus portavoces, pronunciadas por su amigo Jesús ante un pobre paralítico indefenso y porque a él lo consideraban un impostor, que leyéndolas de nuevo hoy las considero de un calado excepcional: ¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? (Marcos 2,8), para que no las olvidemos ni siquiera un momento. Aquella revolución que estaba viviendo Marcos y que le costó la vida a su amigo le sobrecogió y hoy nos viene muy bien recordarlo, cuando la democracia en este país corre un riesgo alarmante de perder el control de la convivencia pacífica, por determinados pensamientos en corazones de personas que están muy lejos de la democracia y su aplicación en la vida ordinaria. Creo que al buen entendedor que debe proteger la libertad y la democracia, con pocas palabras basta y este día, tan especial, escuchando también y atentamente a Miguel Hernández, nos ayuda a entender que para la libertad sangramos, luchamos y pervivimos por una razón fundamental: aún tenemos la vida.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Lectura infinita en el Día del Libro, libertad asegurada

Federico García Lorca junto a su hermana Isabel, con un libro en sus manos (1914) / Archivo Fundación Federico García Lorca – Centro Federico García Lorca

Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva.

Irene Vallejo, en Manifiesto por la lectura

Sevilla, 23/IV/2022, Día Internacional del Libro

Hoy se celebra, con una proyección mundial, el Día Internacional del Libro. En este sentido vuelvo a publicar una de mis últimas aportaciones al inmenso placer de la lectura, Lectura infinita, libertad asegurada, porque contiene una declaración de principios sobre el arte de leer. Ayer, cuando visitaba en Granada la exposición El dibujo «La vista y el tacto» (ca. 1929-30) de Federico García Lorca, en en el Centro que lleva su nombre, contemplé ediciones preciosas de sus obras y volví a encontrarme con una fotografía suya que ya he publicado en varias ocasiones en este cuaderno digital y que hoy he elegido de nuevo para representar el hilo conductor de estas palabras.

Federico García Lorca, detalle de La vista y el tacto (ca. 1929-30)

Esta imagen la comprendí mejor en el contexto de las vitrinas que recogían su obra en torno a su dibujo, que explicaba así lo allí expuesto: «La vista y el tacto (ca. 1929-30), proyecto que parte del dibujo del mismo título de Federico García Lorca, supone un nuevo acercamiento interdisciplinar del archivo del poeta al público, entendido el primero como un magma que cristaliza y se disuelve en contacto con obras ajenas al mismo, textos que lo invocan, estéticas que lo atraviesan, o que parecen ser predichas desde la obra del poeta. El dibujo La vista y el tacto (1929-30) ha servido como guía para cruzar el archivo y reunir los documentos del legado que se exponen en esta exposición, en los que la imagen literaria de los textos convive con texturas, gestos, manos que se entrecruzan, temperaturas, escalofríos, abrazos o nebulosas». Es lo que siento hoy de nuevo al contemplar a Federico leyendo un libro junto a su hermana Isabel.

Junto a la imagen de Federico García Lorca, que tan cerca he estado de él estos días en Granada, incorporo también una rosa, a modo de regalo virtual a las personas que lean estas palabras que, afortunadamente, aún nos quedan. Estoy convencido de que la lectura hay que cuidarla cada día porque ella nos cuida y nos salva.

Lectura infinita, libertad asegurada

La Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura, dependiente del Ministerio de Cultura y Deportes, presentó el 23 de diciembre del año pasado el nuevo Plan de Fomento de la Lectura 2021- 2024, con un lema, Lectura infinita, que tiene como principal objetivo “incrementar los índices de lectura en nuestro país y contribuir a resituar el hecho lector más allá de un instrumento de ocio, reconociendo la lectura como un vehículo fundamental para la salud, el aprendizaje, la cohesión social y la economía digital”. El documento, de 61 páginas, aborda en su prólogo qué significa la necesidad de leer, con una frase de José Jiménez Lozano, ganador del Premio Cervantes 2002, en la que se explica en pocas palabras la urgencia de la lectura: “Se puede tener gusto por la lectura o no, pero leer no es una cuestión de gusto o afición, sino una necesidad verdadera y solo necesitamos percatarnos de ella”. Continúa expresando que la lectura “completa la vida de las personas por tratarse de un acto que proporciona un espacio personal para la evasión, la transformación y el enriquecimiento del individuo, aportándole paz mental y abriéndole la puerta a nuevos mundos, personas e ideas con los que poder crear un diálogo íntimo. La lectura agiliza además la actividad cerebral, puesto que requiere de una concentración y atención que estimula la capacidad cognitiva del individuo, creando nuevas conexiones neuronales y contribuyendo a prevenir enfermedades degenerativas. Lo defiende así Irene Vallejo, en su obra Manifiesto por la lectura, que ya he comentado en este cuaderno digital: “los libros ofrecen un gimnasio asequible y barato para la inteligencia en todas las edades, y tan solo por ese motivo sería aconsejable incluirlos desde la más temprana infancia y mantenerlos a lo largo de la vida” o cuando hace un canto precioso a la lectura: “Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva. Los libros nos recuerdan, serenos y siempre dispuestos a desplegarse ante nuestros ojos, que la salud de las palabras enraíza en las editoriales, en las librerías, en los círculos de lecturas compartidas, en las bibliotecas, en las escuelas. Es allí donde imaginamos el futuro que nos une”.

¿Cómo se va a abordar este Plan? El documento responde a esta pregunta con 12 desafíos, que enumero a continuación sin dejar ninguno atrás: Pacto por la Lectura, Hacia una nueva narrativa. También eso es lectura, Redefinir el Observatorio de la Lectura y el Libro, Mejorar los índices de lectura. Aquí se lee, Promover la igualdad en el acceso a la lectura. Lectura al alcance de todos, Dotar de prestigio a la lectura. ¿Por qué leer?, Mostrar la bibliodiversidad. Mil lecturas, un lector, Dotar de prestigio a la creación literaria. ¿De dónde salen los libros?, Visibilizar la lectura como motor para la innovación y el conocimiento, Comunicar para fomentar, Internacionalización: traspasar fronteras y La lectura y la Agenda 2030.

Asimismo, estos desafíos se desarrollarán a través de 11 programas y líneas de actividades, que abordan acciones concretas: Pacto por la lectura, Leer es crecer, Leo porque quiero, Leo contigo, Dime qué lees, Quiero más libros, Lectura sin fronteras, Aprendo leyendo, Creo lectores, Leo donde quiero,  Lectura sostenible. A partir de aquí, el Plan incorpora algo que valoro mucho, la evaluación del mismo, que permitirá el análisis y mejora continuada del proyecto. 

Este Plan cuenta también con un incremento de 4,9 millones de euros anuales en el Presupuesto de 2022, que se suman a las líneas preexistentes y que alcanzan una cifra global de 39,6 millones de euros hasta el año 2024. Finalmente, en el Epílogo, ofrece diez claves a modo de acróstico del Plan. PACTAS LEES: Pacto. El fomento de la lectura como un empeño colectivo que contribuya a resituar al hecho lector más allá de un instrumento de ocio; Aproximación a un nuevo concepto de lectura. Elaboración de una nueva narrativa sobre qué es lectura y su impacto en la vida de las personas y en la sociedad; Contamos con lectores en nuestro país. En España sí se lee. Fomentar la lectura en positivo; Toda lectura comienza en la creación. Estatuto del artista; Alianzas múltiples que vinculen a organizaciones y empresas que no estén especializadas en este campo y multipliquen el impacto de la actividad de fomento de la lectura; Sin fronteras en la lectura. Proyección internacional, con especial atención a América Latina; La investigación y el estudio generadores del capital de conocimiento sobre la lectura. Redefinición del Observatorio de la Lectura y el Libro; Especial apuesta por la innovación. Laboratorios ciudadanos; Extender la lectura en el campo. Afrontar el reto del fomento de la lectura en la España vaciada; Sostenibilidad y lectura. Leer para cumplir con 2030.

Como símbolo de la velocidad que se quiere imprimir a este Plan para huir de los miedos característicos de este tipo de abordajes administrativos, se recogen diez desafíos rápidos para dar inmediata visibilidad al mismo: Diseño de la identidad corporativa, el espacio web 3.0 y puesta en marcha de las redes sociales, Definición de la figura de la Adhesión, Redacción del Decálogo de la Lectura, Redefinición del Observatorio de la Lectura y el Libro, Desarrollo de laboratorios ciudadanos, Desarrollo de un Plan de Evaluación, Firma de convenios con instituciones colaboradoras para el establecimiento de alianzas, Inclusión en el Foro «Cultura y Ruralidades» de una convocatoria específica de fomento de la lectura, Organización de un congreso anual sobre fomento de la lectura y, por último, Establecimiento de Puntos para el reciclaje de libros.

Animo a leer el Plan y a divulgarlo. Los libros tienen algo especial, estremecen el alma. Me lo ha recordado recientemente la escritora Irene Vallejo (anteriormente citada) en un libro que es una pequeña joya literaria, Manifiesto por la lectura (1), en uno de sus capítulos caligráficos dedicado al estremecimiento de agua, trayendo a colación unas palabras de Federico García Lorca en el contexto de la alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, un discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros en el mes de septiembre de 1931, sobre el que ya he tratado algunos de sus párrafos, en varias ocasiones, en este cuaderno digital: “Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia” (2).

(1) Vallejo, Irene, Manifiesto por la lectura, 2020. Madrid: Siruela.

(2) Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros. Discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931) / Federico Garcia Lorca | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (cervantesvirtual.com)

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¿Quién anima al animador?

Julio Numhauser & Maciel Numhauser, Todo cambia

Sevilla, 04/IV/2022

La persona que anima es una especie en extinción, porque los agoreros mayores de este reino humano están haciendo continuamente de las suyas. Animar es un verbo que admite hasta diez acepciones, según el Diccionario de la lengua española (RAE): infundir vigor a un ser vivo, infundir ánimo o energía moral a alguien, incitar a alguien a una acción, dar vida o animación a una obra de arte, comunicar a una cosa inanimada vigor, intensidad y movimiento, dar movimiento, calor y vida a un concurso de gente o a un paraje; dicho del alma, dar vida al cuerpo, vivir, habitar, cobrar ánimo y esfuerzo, decidirse, determinarse a hacer o decir algo. Son diez interpretaciones que equivalen a una sola, de las que destaco la última sobre las demás: animar es dar vida al cuerpo, vivir en definitiva. Cambiar todo lo que haya que cambiar.

Todo está cambiando en nuestras vidas porque hay muy pocas zonas que nos animen a habitar seguros y de forma estable en el microcosmos que nos rodea. La cantora Mercedes Sosa (cantante es el que puede y cantor el que debe, según Facundo Cabral), cantó Todo cambia (con letra y música del músico chileno Julio Numhauser, fundador de mi querido grupo Quilapayún) para animarnos a continuar siempre hacia adelante mediante su compromiso activo a través de la música, por ejemplo, habiéndolo grabado personalmente en la razón y en el corazón a lo largo de mi vida, en etapas que han quedado registradas en mi memoria de secreto, situada como estructura muy valiosa en una región profunda del cerebro, el hipocampo. La recuerdo en ocasiones como ésta porque era una auténtica animadora, infundiéndonos siempre ánimo o energía moral a todos: Cambia lo superficial / Cambia también lo profundo / Cambia el modo de pensar / Cambia todo en este mundo. Es bueno que como animadores hablemos de esto, por higiene mental, en el Club de las Personas Dignas, al que pertenezco, para reforzar las actitudes cotidianas en lo que vivimos, hacemos y sentimos, aunque reconozcamos que la situación de inmovilismo reaccionario nos hace daño, sabiendo que debemos compartir la realidad cambiante, por dura que sea, hasta que al animarnos y respetar a los que animan a los animadores, integremos en nuestra inteligencia de todos y en la de secreto, el hecho de que cambiar no es extraño…, porque no cambiamos el amor a lo que queremos, por mucho que nos cueste, porque somos coherentes, porque los principios permanecen, aunque tomemos conciencia plena de que para los Tristes y los Tibios, cada uno en su Club, tanto cambio no lleva a nada bueno. Y en los momentos difíciles que estamos atravesando, quizás se frotarán las manos, en su presunto triunfo anímico, porque piensan que estábamos advertidos. Me alegra pensar que así no será…, porque el cambio no es ya algo extraño en nuestras vidas: Lo que cambió ayer / Tendrá que cambiar mañana / Así como cambio yo / En esta tierra lejana // Cambia el rumbo el caminante / Aunque esto le cause daño / Y así como todo cambia / Que yo cambie no es extraño.

He dicho anteriormente que hay que respetar a los animadores frente a los agoreros mayores del reino que, instalados en su mediocridad eterna, no hacen nada más que cantar las desgracias propias y ajenas sin mezcla de cambio o progreso personal y social alguno. Es una especie en extinción, aunque el gran espectáculo del mundo continúe. Lo decía recientemente con motivo de la entrega del Óscar 2022 al mejor corto “animado”, El limpiaparabrisas, español por cierto, dirigido por Alberto Mielgo, una metáfora “animada” sobre el amor en tiempos revueltos, como primer motor que anima la vida, intentando responder en pocos minutos a la gran pregunta de la vida: ¿qué es el amor?: “La verdad es que todo se nubla en la mente y en el corazón cuando llueve y se moja el alma, que también sucede, siempre no a gusto de todos, pero tomando conciencia de que ese todo se puede limpiar también con el amor líquido del limpiaparabrisas de la vida, porque al final todo depende del color del cristal con el que se mira cada aquí y ahora de esa turbulenta forma de ser y estar en el mundo que cada uno vive. Juan Ramón Jiménez me lo enseñó hace ya muchos años, cada vez que traspasaba la cancela de su casa en Moguer, en la calle Nueva: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […] Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Como me pasa a mí hoy al ver en repetidas ocasiones el corto de Mielgo, con el color de cada plano, que llevan el alma dentro”.

Los animadores del reino practicamos la defensa a ultranza del “principio esperanza”, que he mantenido en mi vida y que he ido alimentando hasta hoy de lecturas ideológicas no inocentes. El éxito filosófico de Ernst Bloch, por ejemplo, con su teoría de ese “principio esperanza”, fue demostrarnos que tenemos que llegar a ser “ateos” por la gracia de Dios, es decir, hay que creer en la trascendencia de la vida sin un Trascendente alienador. Por ello, hay que rechazar de base la superstición y la mitología de la religión. Sólo así, el ser humano adquirirá su desarrollo pleno. En definitiva, permitirá regar con rocío, todos los días, las esperanzas legítimas que cada uno tiene, animarnos, en una palabra, dando respuesta a la pregunta profunda de Neruda, ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío? (Libro de las preguntas, IV), aprendiendo a ser felices cada día, una experiencia de esperanza en el amor, entre otras, como hambre cósmica en tiempos revueltos, aprendiendo de una vez por todas que animar nuestra vida y la de los demás es cosa de cuidar el alma, dando vida al cuerpo, vivir y habitar la vida. En definitiva, cobrar ánimo y esfuerzo, decidirse, determinarse a hacer o decir algo que nos permita mantener viva la esperanza de dar respuesta a los problemas de la vida, a sus continuas preguntas. Siendo así, que yo cambie no será ya extraño y como animador…, la verdad es que, hoy por hoy, me siento animado.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Palabras para Alejandro

Caetano Veloso, Alexandre, en Livro, 1997

Sevilla, 30/III/2022

Hoy, hace tan sólo unos minutos, ha nacido en el mes del dios Marte, Alejandro, mi segundo nieto, con un nombre de raíz griega, el defensor del hombre, en mi mejor traducción a través de dos palabras que se unen para reforzar el mensaje que lleva dentro, αλέξειν (aléxein, defender, proteger, repeler, infinitivo) y ἀνδρός (andrós, del varón, genitivo). Junto a Adrián, el primero, nacido en 2020, conforman una prolongación de la genealogía del apellido Cobeña, con unas raíces profundas en Andalucía, desde Córdoba la llana, cuando en el siglo XIII, un almorávide natural de Cobeña, Álvaro Colodro, de cuyo nombre quiero acordarme hoy especialmente, se descolgó por la muralla que protegía la Córdoba mora, iniciándose con ese acto la reconquista de la ciudad por el ejército del rey Fernando III. Allí quedó para la posteridad el topónimo Cobeña y las familias de Colodro y sus acompañantes en el asalto se quedaron en la provincia y otros pueblos de Andalucía, por las regalías del rey, hasta nuestros días, pasando el apellido Cobeña de generación en generación hasta el nacimiento hoy de Alejandro, porque salvando lo que haya que salvar, ha nacido en Sevilla “Alejandro de Cobeña”, como se decía entonces. Su segundo apellido, Rodríguez de la Paz, también lleva dentro algo muy importante para su vida: transmitir la paz en su entorno, el equilibrio que siempre hay que buscar en el largo camino vital de cada persona. Al fin y al cabo, siempre recordará que su nombre significa “defensor de las personas, del ser humano”, para llevarlos a la paz, estando cerca de ella.

Si el fenómeno de la hoja en blanco es siempre una aventura hacia lo desconocido, escribir sobre el nacimiento de Alejandro me obliga a recordar una vez más las palabras que escribió Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar). Efectivamente, lo que quiero decir es algo que muestre la fuerza de la palabra ante un acontecimiento de tanta belleza humana, la máxima expresión de la vida. Alejandro, al igual que pasó en 2020 cuando nació su hermano Adrián, viene al mundo en un momento muy difícil, pero con todas las oportunidades de ser feliz. Nace rodeado de afecto y cercanía familiar, en un centro sanitario público, atendido de forma especial por profesionales del Sistema Sanitario Público de Andalucía que ennoblecen mediante su trabajo serio y riguroso, el servicio que prestan a la ciudadanía presidido por la salvaguarda del interés general.

Alejandro, como nombre, tiene un recorrido histórico extraordinario, centrado en la figura del rey de reyes, Alejandro Magno, de cuna macedonia, cuya historia narra de forma especial el cantor brasileño Caetano Veloso, cuando incluyó la canción Alexandre, dedicada a Alejandro Magno, en su álbum Livro, publicado en 1997 y que hoy me gustaría susurrar al oído de Alejandro niño:

Él nació en el mes del león, su madre una bacante
y el rey su padre, un conquistador tan valiente
que el príncipe adolescente pensó que ya no quedaría nada
para, si llegara a ser Rey, conquistar por sí solo.
Pero muy pronto resultó ser un niño extraordinario:
el cuerpo de bronce, los ojos color lluvia y el pelo color sol

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Eligió su caballo porque parecía indomable.
Y le puso el nombre Bucéfalo al dominarlo
para júbilo, asombro y escándalo de su propio padre
que contrató para su preceptor a un sabio de Estagira
cuya cabeza sostiene aún hoy Occidente.
El nombre Aristóteles – nombre Aristóteles- se repetiría
desde entonces hasta nuestros tiempos y más allá.
Él enseñó al joven Alejandro a sentir la filosofía
para que más que fuerte y valiente llegara a ser sabio también

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

De niño, sorprendió a visitantes importantes.
bienvenidos como embajadores del Imperio Persa,
pues los recibió en ausencia de Felipe con gestos elegantes
de los que el rey, su propio padre, no sería capaz.
Pronto estaría al lado de Felipe en el campo de batalla
y marcaría su nombre en la historia entre los grandes generales

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Con Hefestión, su querido amigo,
su bien en la paz y la guerra,
corrió en honor a Patroclo
– los dos cuerpos desnudos —
junto a la tumba de Aquiles, el héroe enamorado, el amor.
En la gran batalla de Queronea, Alejandro destruía
la sagrada comisaría de Tebas, llamada invencible.
A los dieciséis años, sólo dieciséis años, así ya exhibía
toda la amplitud de la luz de su genio militar.
Olimpia incitaba al niño dorado a afirmarse
si Felipe dejaba a la familia de la madre de otro hijo de los suyos postularse.

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Hecho rey a los veinte años
convirtió a Macedonia,
que era un reino periférico, llamado bárbaro,
en el este del helenismo y de los griegos, su futuro, su sol.
El gran Alejandro Magno, Alejandro Magno
conquistó Egipto y Persia,
fundó ciudades, cortó el nudo gordiano, fue grande;
se embriagó de poder, alto y profundo, fundando nuestro mundo,
fue generoso y malvado, magnánimo y cruel;
se casó con una persa, mezclando razas, nos cambió tierra, cielo y mar
murió muy joven, pero antes se impuso del Punjab a Gibraltar.

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Me encantaría quedarme con palabras como “niño extraordinario, el cuerpo de bronce, los ojos color lluvia y el pelo color sol” para explicárselas una a una a nuestro nieto. Siguiendo el hilo conductor de la canción, me gustaría decirle también al oído que Alejandro tuvo un maestro de vida, el filósofo Aristóteles, del que yo aprendí lo que sé hoy para comprender la vida. Le diré, junto a su hermano, los dos sentados en mis rodillas, como hacían los abuelos en las orillas del Tigris y del Éufrates, hace ya muchos siglos, que el hombre, en el sentido global de la persona humana, es “el único ser capaz de admirarse de todas las cosas” y que ese es el fundamento de la filosofía: ”su propio padre / contrató como su preceptor a un sabio de Estagira / cuya cabeza sostiene aún hoy Occidente. / El nombre Aristóteles se repetiría / Desde entonces hasta nuestros tiempos y más allá / Él enseñó al joven Alejandro a sentir la filosofía / para que más que fuerte y valiente llegara a ser sabio también”. No se puede decir o cantar mejor. Aseguro que le enseñaré a sentir la filosofía para que llegue a entender bien qué significa ser sabio en la vida.

Le diré también que Alejandro Magno cultivó la amistad desde que era muy pequeño, con un amigo muy querido, inseparable, de nombre Hefestión, su bien en la paz y la guerra y le enseñaré que junto a la defensa de las personas, como dice su nombre, debe ser también el defensor del amor. Le contaré que con tan sólo veinte años, el rey Alejandro convirtió a Macedonia, que era un reino periférico, llamado bárbaro, en el este del helenismo y de los griegos, su futuro, su sol. Que fundó muchas ciudades, que deshizo el nudo gordiano y que fue muy grande. Que al casarse con una mujer persa, mezcló razas olvidando la hegemonía griega. Que fue capaz de cambiar la faz de la tierra, del cielo y del mar.

Tengo una cosa más que contarle y creo que fundamental: que siendo rey Alejandro, fundó la maravillosa Biblioteca de Alejandría, la ciudad en Egipto que lleva su nombre hasta nuestros días. Le explicaré con detalle cómo se creó la Biblioteca, que llegó a albergar más de 450.000 papiros, cuidados con esmero por Demetrio de Falero, Calímaco o Apolonio de Rodas y cuyo objetivo era recopilar todas las obras del ingenio humano, de todas las épocas y todos los países que debían ser incluidas en una colección inmortal para la posterioridad. Le diré que los libros serán muy importantes en su vida y que su biblioteca personal y familiar serán siempre su clínica del alma.

Alejandro, mi nieto nacido hoy, junto a su hermano Adrián, unen dos culturas milenarias, la griega y la romana. Adrián, Adriano, sabemos que fue un vecino de Itálica, majestuosa ciudad romana, hace ya muchos años y probablemente encontramos su mejor sentido de vida, su programa, cuando acudo a mi rincón de pensar y escojo un libro precioso, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, muy bien tratado en su traducción por Julio Cortázar, en el que recorro una trayectoria apasionante de un niño de un pueblo cercano a Sevilla, que llegó a ser emperador y que entregó al mundo el espíritu de la libertad para ser diferentes en un mundo a veces diseñado por el enemigo, bellamente expresado en unas palabras llenas de encanto y de alma: “Mínima alma mía, tierna y flotante / huésped y compañera de mi cuerpo / descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, / donde habrás de renunciar a los juegos de antaño”. De Alejandro, macedonio y griego, rey y faraón también, ya lo hemos contado y cantado casi todo.

Finalizo estas palabras con el estribillo adaptado de la canción de Caetano Veloso, Alexandre, a la que pongo hoy música casi celestial mirando a mi nieto, un niño extraordinario, el cuerpo de bronce, los ojos color lluvia y el pelo color sol:

Alejandro,
de Vanesa y Marcos el niño nació, pero él aprenderá
que sus padres son un rayo de sol que hoy viene del cielo

Creo que he sido fiel a mi compromiso crónico con Ítalo Calvino al escribir estas palabras. Lo que les puedo asegurar es que hoy, ante la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles, sólo he intentado decir algo de Alejandro, también de Adrián, de sus padres, de la abuelidad, de una manera especial.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Hoy, día de San José, es siempre todavía

Georges de la Tour (1593- 1652), La Aparición del ángel o El Pensamiento o Sueño de San José, hacia la primera mitad del siglo XVII.

Sevilla, 19 de marzo de 2022, festividad de San José

Llevo un nombre no inocente en la España que nací, una fusión de José y Antonio, de feliz memoria por sus orígenes, los nombres de mi padre y padrino, respectivamente. No supe, hasta que dejé de hacer las cosas de niño, que esa fusión se pretendía justificar en la época de la dictadura con un falangista de pro, José Antonio Primo de Rivera, pero eso es harina de otro costal en el discreto encanto de la burguesía madrileña en el que crecí. Hoy, festividad de San José, según el santoral católico, apostólico y romano, tomo conciencia de que este hoy es siempre si atendemos al hecho de la celebración del recuerdo de una persona que tuvo un papel muy importante en los relatos ancestrales de la humanidad y que varias veces he hablado de él en este cuaderno digital, porque -la verdad sea dicha- es un personaje muy curioso.

Personalmente, cada año me aproximo a su realidad humana para intentar comprender este relato que, humanamente hablando, es difícil de entender y explicar. De ahí haber elegido hoy este proverbio de Antonio Machado, Hoy es siempre todavía, tan escueto, tan profundo, porque la historia de mi nombre y su celebración durante setenta y cuatro años me demuestra que cada hoy es un paso más en el camino de siempre, en el cada día de mi vida. Desde aquel edulcorado San José con su vara de nardo en la mano derecha, de mi niñez rediviva, estático y mudo, al que ahora muestro en mi alma de secreto como un ayo –más o menos con mi edad, como lo representa Georges de la Tour– o tal y como lo sintió y escribió Teresa de Jesús en su Libro de la Vida (6, 6-8): “a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas [las peticiones], y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra -que como tenía nombre de padre siendo ayo, le podía mandar-, así en el Cielo hace cuanto le pide”. José, el carpintero de Nazareth, siempre ocupó una segunda fila en la historia más sorprendente y jamás contada bien. Era la pareja oficial de María, asunto que me ha emocionado en muchas ocasiones al describirlo así, a pesar de que la historia lo ha encumbrado siempre a los altares.

Georges de La TourEl recién nacido (1648, óleo sobre lienzo, 76 x 91 cm, Museo de Bellas Artes, Rennes)

Lo he sentido así contemplando una vez más tres óleos de Georges de La Tour, El pensamiento o sueño de San José, El recién nacido y San José carpintero, atendiendo a la trayectoria vital del protagonista del relato histórico sobre José. En el primer óleo, aparece maravillosamente reflejada la humanidad plena de José, su desconcierto existencial. En el segundo, en pleno nacimiento de Jesús, no aparece José por ningún sitio porque realmente nunca fue protagonista presencial de esta historia mágica, probablemente porque asumió como nadie el papel de “ayo”, tal y como se recoge en el tercer óleo, enseñándole a su “hijo” el trabajo de carpintero. En estos cuadros sobrecoge el silencio y la austeridad tan bellamente retratadas por el pintor: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes” (1). Sin medallas, sin atributos laicos ni sacros. Sin collares o anillos. Sin nada, solo con el regalo precioso del silencio sonoro de la noche y contemplando a un niño que José intentaba querer como suyo, siendo sólo ayo, rodeado de confusión y misterio.

Georges de la Tour (1593- 1652), San José carpintero, hacia 1642 – 1644.

La palabra “ayo” ha evolucionado también con el paso de los tiempos, aunque su significado profundo se ha mantenido siempre en el terreno de la responsabilidad en el ámbito de la educación: persona encargada en las casas principales de custodiar niños o jóvenes y de cuidar de su crianza y educación. José se transforma así en un educador nato, aunque desde el principio sólo correspondía su estatus a las clases sociales altas, hasta que Teresa de Jesús lo apea de su santa peana. Su papel en la historia sempiterna, de siempre, en el santoral, me parece sorprendente, como lo era para Teresa de Jesús, porque como cuidador de una mujer y de un niño de nombre Jesús, de una prudencia benedictina, un compañero de vida, un artesano carpintero, era tenido en cuenta por Dios ya que le atendía siempre en todas sus peticiones, con especial relevancia en el espectro de su santoral querido, que era amplio: “Procuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que podía, más llena de vanidad que de espíritu, queriendo se hiciese muy curiosamente y bien, aunque con buen intento. […] Paréceme, ha algunos años, que cada año en su día le pido una cosa y siempre la veo cumplida. Si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío. […] Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. En especial personas de oración siempre le habían de ser aficionadas, que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los Ángeles, en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a san José por lo bien que les ayudó en ello. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro, y no errará en el camino” (6,7).

He querido hoy resaltar la figura de José de Nazareth de nuevo, como protagonista de un relato multisecular, dueño de sus silencios, aunque fuera un secreto a voces la asunción de su papel en la historia difícil de María y en la suya propia. Como he manifestado en otras ocasiones, me gusta recordarlo despojado de su santidad, ocupando su sitio en la historia, básicamente como un hombre humilde, trabajador y bueno, con un profundo respeto a María, una persona que la historia ha colocado en un sitio muy especial difícilmente entendible si te falta la fe que nos enseñaron nuestros mayores, como le gustaba decir a Antonio Machado. Creo, sinceramente, que fue un buen compañero. Hoy, comprendo mejor que nunca las palabras de Teresa de Jesús en el libro de su vida dedicadas a las personas que deberían ser “aficionadas” a San José: “no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos”.

Michel Corrette (1709-1795), José es un buen compañero (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía III, Allegro), interpretado por La Fantasía.

Hoy, festividad de San José, es siempre todavía. Para mí, queda demostrado que José fue un buen compañero de María. Como a Santa Teresa, a mí eso me basta.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La invasión de Ucrania nos está enfermando el alma

Albert György, Melancolía o El vacío del alma, 2012 – Muelle de Mont Blanc, Ginebra (Suiza)

Sevilla, 12/III/2022

… nos están enfermando el alma y nos están dejando sin casa: aquella casa que el mundo quiso ser cuando todavía no era.

Eduardo Galeano, en Patras arriba. La escuela del mundo al revés

En los primeros días de la creación, supe hace ya muchos años que la tierra estaba “hueca y vacía”. La verdad es que pasaron casi desapercibidas en mi vida estas dos realidades, pero en este tiempo de controversia permanente, con una invasión en Ucrania que nos conmueve a diario, son dos palabras que vuelven a tener una importancia transcendental. En aquél relato mágico del Génesis, la deidad correspondiente solucionó el problema de la oquedad y el vacío creando lo que le pareció “muy bueno”, el ser humano, a diferencia de los cielos y tierra, por ejemplo, que sólo eran creaciones “buenas”. Ese adverbio, muy, puso al ser humano en un sitio especial y así lo han contado durante miles de años los abuelos a sus nietos, en las orillas del Tigris y el Éufrates, en el actual Iraq, desde que la escritura nos lo recuerda en relatos que ya tienen más de 2.700 años.

Ha pasado mucho tiempo, pero estamos viviendo la invasión de Ucrania, para dejarla hueca y vacía en un alarde de imperialismo sin límites, un símbolo de profundo calado existencial. En este contexto, he recordado que el año pasado visité el Museo Nacional Reina Sofía, prácticamente vacío, en una visita fugaz a Picasso a través de su obra magna, Guernica, ante la que me detuve escudriñando cada centímetro de una pintura que considero prodigiosa, por su simbolismo y por lo que supone reflexionar sobre ella, en vivo y en directo, después de su azaroso viaje por el mundo. En la ida y vuelta por las salas del surrealismo, bastante huecas y vacías, hice la parada obligada ante esta sorprendente manifestación de dolor y rabia por lo acontecido no sólo en Guernica, sino en todo el país, aunque la frágil memoria histórica que nos embarga lo olvide a pasos agigantados, provocando en mi alma un duro vacío difícil de explicar. Una situación que ahora, con la realidad de Ucrania, se hace más cercana todavía.

Salvando lo que haya que salvar, lo que quiero demostrar es que lo más preocupante ante lo que está pasando en Ucrania y estamos viendo casi minuto a minuto, es constatar el vacío de valores humanos en el Primer Mundo, en las grandes potencias occidentales, para comprenderlo en su justo sentido, porque aunque vivamos en ese mal llamado «primer mundo», no somos conscientes de que nuestra vida se vacía de valores y esperanza, porque la convivencia es cada día más difícil, dado que lo que acusa el vacío es el alma humana que se consuela a duras penas con su soledad de nuevos ricos o complejos imperialistas como los de Putin. En las clases finales de Eduardo Galeano en su escuela del mundo al revés, aborda unas lecciones de la sociedad de consumo y un curso intensivo de incomunicación, que ahora sufrimos por ejemplo por los acontecimientos de Ucrania, con una reflexión impecable, que leo una y mil veces en esta ardiente impaciencia ante la crisis mundial que se avecina y la escasez de todo que nos rodea por las esquinas del consumo, simbolizado en los elevados precios de las energías y las posibles estanterías vacías en comercios y superficies de todo tipo, es decir la manifestación palpable de que la tierra se queda poco a poco “hueca y vacía”, sin que se aviste un dios que vuelva a recordarnos que lo mejor que tiene el mundo son las personas que lo pueblan: “Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los oídos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta. Los presidentes de los países del sur que prometen el ingreso al Primer Mundo, un acto de magia que nos convertía a todos en prósperos miembros del reino del despilfarro, deberían ser procesados por estafa y por apología del crimen. Por estafa, porque prometen lo imposible. Si todos consumiéramos como consumen los exprimidores del mundo, nos quedaríamos sin mundo. Y por apología del crimen: este modelo de vida que se nos ofrece como un gran orgasmo de la vida, estos delirios del consumo que dicen ser la contraseña de la felicidad, nos están enfermando el alma y nos están dejando sin casa: aquella casa que el mundo quiso ser cuando todavía no era”.

Galeano lo confirma: este loco mundo, con Putin ahora al frente como protagonista indeseable, está enfermando nuestra alma y nos están dejando sin casa, con un sentimiento permanente de oquedad y vacío. Además, esta transformación existencial me lleva a escribir estas palabras con lo poco que me queda de esa alma vacía. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado de nuevo una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo del alma con una aguja, intentando salir como podemos del vacío y oquedad que nos rodea ahora, con la invasión de Ucrania como lección a aprender en un burdo mundo al revés, en el que constatamos que la izquierda está a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

Si Alicia renaciera en este mundo al revés

lustración original de “Alicia en el País de las Maravillas”, de sir John Tenniel, en el capítulo ‘Una merienda de locos”.

Sevilla, 8/III/2022, en el Día Internacional de la Mujer

Cuando en este Día Internacional de la Mujer, los ojos se nos llenan de lágrimas al ver caminar a miles de mujeres junto a sus hijos, por las gélidas carreteras de Ucrania, en búsqueda de un mundo mejor, bajo el rugido infernal de los bombardeos y disparos descontrolados, he recordado el pensamiento de Eduardo Galeano sobre la niña Alicia para presentarnos su escuela del mundo al revés: Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies (1). Ya estamos en el año veintidós de este milenio y las palabras de Galeano suenan igual cuando asistimos como espectadores impávidos a esta masacre de Ucrania, donde miles de mujeres simbolizan el largo camino que todavía les queda para su reconocimiento en términos de igualdad ante la vida y para alcanzar la paz de género, que también existe. Ellas con sus hijos y sus maridos al frente. Como siempre, en otras guerras.

En este Día Internacional de la Mujer, quiero agradecer a la vida, por escrito, mi experiencia personal con el ejemplo de una protagonista de ese cuento, una niña llamada Alicia, en su país de las maravillas, a la que agradezco hoy todo lo aprendido de su ejemplo a lo largo de los años, a través de la lectura madura de su historia narrada por Lewis Carroll, estando de acuerdo con lo que Juan Ramón Jiménez escribía en el Prólogo de su precioso libro “Platero y yo”: “Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para… ¡qué sé yo para quién! …para quien escribimos los poetas líricos… Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien! […] Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren. También habrá excepciones para hombres y para mujeres, etc.”. Porque Alicia, como mujer, nos introduce en un largo camino para comprender el papel de ser humano cuando tiene que enfrentarse a la realidad de la vida.

En el mundo al revés en el que vivimos a diario y que me tiene últimamente tan ocupado y desconcertado, pienso que siendo adulto leí siempre, con alma de niño, el libro de Alicia en el país de las maravillas, porque era una isla espiritual en la que podía vivir como Juan Ramón Jiménez pensaba en ese prólogo que nunca he olvidado: “Dondequiera que haya niños -dice Novalis-, existe una edad de oro. Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca”. Esa es la razón clara de por qué aprendí tantas cosas, siempre, de una niña fantástica, Alicia, un ejemplo para saber qué es el silencio y comprender la quintaesencia de la palabra en una frase enigmática del sombrerero: “Comienza por el principio y cuando termines de hablar…¡te callas!”, si es que no tengo algo mejor que decir que el silencio, tal y como hizo Alicia.

Es lo que comprendí en ella cuando “sentada con los ojos cerrados, casi se creía en el país de las maravillas, aunque sabía que sólo tenía que abrirlos para que todo se transformara en obtusa realidad”. Supe más tarde que aquello se llamaba el principio de realidad, en un diálogo sublime con el sombrerero: “Pero un sueño no es la realidad (Alicia). Y, ¿quién te dice cuál es cuál? (Sombrerero). Pero lo que tengo que reconocerle a la niña Alicia es algo muy importante en la vida, algo que utilicé muchas veces en mis presentaciones y conferencias profesionales: saber dónde tenemos que ir en cada momento de la vida, para no correr el riesgo de perdernos, aunque hablara en algunas ocasiones de estrategias digitales públicas que afectaban a millones de personas en Andalucía y que se tenían que desarrollar con espacio, dinero y tiempo…, públicos:

  • “ ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
  • Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato.
  • No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
  • Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -dijo el Gato.
  • … siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.
  • ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato- si caminas lo suficiente!”

Supe, llegado al ecuador de la vida, que había que estar a veces loco para seguir luchando contracorriente en la vida, frecuentando experiencias personales y laborales en las que me podían decir ¿qué hace un chico como tú en un sitio como éste?, ¡hay que estar loco! Lo descubrí, siguiendo al pie de la letra unas palabras de Alicia:

  • “Hasta ahora no he tomado nada -protestó Alicia en tono ofendido-, de modo que no puedo tomar más.
  • Quieres decir que no puedes tomar menos -puntualizó el Sombrerero-. Es mucho más fácil tomar más que nada.
  • Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca.
  • Oh, eso no lo puedes evitar. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
  • ¿Cómo sabes que yo estoy loca?
  • Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí”.

Escucho a diario la utilización despectiva del adjetivo “loco” en locuciones diarias a nuestro alrededor del tipo “tal o cual persona está loca” por lo que piensa, escucha, dice y escribe. Lo descubrí también en Federico García Lorca, en unas palabras pronunciadas en un acto con estudiantes de la Universidad de Madrid, en 1934, presentando unos versos del poeta chileno Pablo Neruda, cuando les decía lo siguiente: “Yo os aconsejo oír con atención a este gran poeta y tratar de conmoveros con él cada uno a su manera. La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay en la verdadera poesía, un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, que muchos matan para colocarse el odioso monóculo de la pedantería libresca y sin el cual es imprudente vivir”.

La locura no es una señora con un gorro de puntas de las que cuelgan cascabeles, en un nuevo acto machista por asignación de este rol pérfido a la mujer. La locura puede ser entendida en su sentido más noble como la capacidad de alternar la crudeza de la vida diaria, el mundo al revés, con el bienestar personal, mediante “lecturas especiales/ideales” de lo que está ocurriendo (2), por ejemplo lo que está pasando en Ucrania y estamos viendo, aunque si la naturaleza humana no responde a las necesidades diarias, la gracia nunca puede presuponer lo que naturaleza no da (gratia non datur, natura dispensatur). El famoso cuento del violín, escrito por Federico el Grande, lo resume muy bien: la vida me pide, a veces, que toque el violín solo con tres cuerdas, luego con dos, luego con una [cada una, cada uno que ponga otro nombre a las cuerdas de su locura…], pero los resultados son obvios, la locura crece:

Os pido, si os place, que este cuento
Os enseñe, queridos amigos,
Que por grande que sea el talento
El arte no se basta sin los medios

Así lo he vivido y así lo cuento, aunque les aseguro que cualquier parecido de lo que le sucedía a Alicia con mi realidad nunca ha sido una pura coincidencia. De ahí mi agradecimiento como deuda, tal y como lo comentaba al principio de estas líneas, gracias a lo que una niña maravillosa me ha enseñado a lo largo de mi vida, encerrado algunas veces en una isla espiritual, desconocida para muchos, la que buscaba apasionadamente también, hace un siglo, un niño andaluz como yo llamado Juan Ramón Jiménez.

Es verdad que si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. En marzo de 2022, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies. Sería la visión de una gran mujer, tal y como nos lo cuenta la historia y para aprender siempre de ella.

(1) Galeano, Eduardo, Si Alicia volviera, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España, 1998.

(2) Alberto Manguel publicó en 2006 un libro muy interesante, Nuevo elogio de la locura (Barcelona: Lumen), que nos ayuda a comprender al lector ideal de la vida, junto a otras muchas definiciones: “Robinson Crusoe no era un lector ideal. Lee la Biblia para hallar respuestas. Un lector ideal [de lecturas especiales] lee para encontrar preguntas” (los corchetes son míos).

UCRANIA, ¡Paz y libertad!

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Nueva alocución para recibir con esperanza un año nuevo

Ángel González

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

Ángel González, en Alocución a las veintitrés

Sevilla, 31/XII/2021

En unos días de discursos inocuos de Reyes, Barones y Presidentes de Comunidades Autónomas, Ángel González nos ofrece una visión personal de la vida en una alocución de fin de año cargada de historia reciente en este país y en el mundo que nos rodea, salvando lo que haya que salvar. Lleva por título “Alocución a las veintitrés” (1). Hoy, cuando quedan muy pocas horas para que finalice un año complejo, para olvidarlo, vuelvo a leerla detenidamente porque siempre calma mi ardiente paciencia y conmueve mi alma de secreto.

Lo decía el año pasado a estas alturas del calendario: estas palabras de Ángel González son un símbolo de lo que a veces no queremos ver aunque es evidente lo que está pasando, aplicando el principio de realidad de Freud cuando finaliza este año. Las preguntas serias son las que enuncia metafóricamente el poeta: ¿quién se dirige a quién? ¿quién, con poder suficiente, sean reyes, presidentes o ministros, se dirige así a sus subordinados con un discurso paradigmático de doble moral? ¿lo pronuncian solo los políticos o todas las personas que no quieren ver lo que miramos todos, solo por ejercer cierta prepotencia sobre los demás? ¿afecta solo a los de arriba o solo a los de abajo, a los de izquierdas o a los de derechas? ¿a todos?

Alocución es un discurso o razonamiento breve por lo común y dirigido por un superior a sus inferiores, secuaces o súbditos [sic, según la RAE]. Lo que sí tengo claro es que cuando cambie el año, suenen las campanadas y nos enfrentemos a las uvas, esta alocución va a ser un revulsivo a las veinticuatro horas para que aprendamos del valor de la libertad de la palabra de ciudadanos imperfectos que aún nos queda en tiempos difíciles de coronavirus y que, afortunadamente, no está a la venta en Amazon ni en los mercados porque, seamos sinceros, interesa escucharla solo a unos pocos. Porque nos ofrece, entre otras muchas cosas, tener fe en ella aunque la terca realidad nos complique a veces la vida. Porque ahí está, a pesar de que algunos ciudadanos perfectos sólo ven el mundo del nunca jamás en todo lo que les rodea, sin mezcla de esperanza alguna.

ALOCUCIÓN A LAS VEINTITRÉS

Ciudadanos perfectos a estas horas,
honorables cabezas de familia
que lleváis a los labios vuestra servilleta
antes de pronunciar las palabras rituales
en acción de gracias por la abundante cena:

vuestra responsabilidad de sólidos pilares
de la civilización y de Occidente,
del consumo de bicarbonato sódico
y del paternalismo hacia la servidumbre,
exige de vuestra parte
cierta ignorancia de hechos también ciertos,
un esfuerzo final en bien de todos,
la tozuda incomprensión de algunas realidades,
la fe más meritoria, en resumen,
que consiste en no creer en lo evidente.

Yo podría jurar que la tierra está fija
–ya lo juré otras veces–
y que el sol gira en torno a ella;
yo podría negar que la sangre circula
–lo seguiré negando, si hace falta–
por las venas del hombre; yo podría
quemar vivo a quien diga lo contrario
–lo estoy quemando ahora–.

No es que sean importantes los asuntos
objeto de polémica:
lo importante es la rígida
firmeza en el error.
Pues las mentiras viejas se convierten
en materia de fe, y de esa forma
quien ose discutirnos
debe afrontar la acusación de impío.
Con esto, y una buena cosecha de limones,
y la ayuda impagable de nuestros coaligados,
podemos esperar algunos lustros
de paz como ésta de hoy,
en una noche semejante a ésta de hoy,
tras una cena lo mismo que ésta de hoy.

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra, 2018. Barcelona: Austral, p. 176s.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La navidad de los nadies, según Eduardo Galeano

[…] Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
[…]

Eduardo Galeano, Los nadies

Sevilla, 24/XII/2021 (el original fue publicado el 22/XII/2019)

Desde que conocí el poema de Eduardo Galeano, he comprendido la profundidad de sus palabras en referencia a los nadies en su mundo de sueños, de días mágicos, de espera en la buena suerte, aunque cuando llega el momento ansiado de aproximarse al día mágico de la suerte constaten que todo sigue igual, que nada cambia en la vida. La lotería, la noche de paz, la fiesta de fin de año, el día de los Reyes Magos, con el ritual de la buena suerte en la sacrosanta Navidad, son solo momentos prefabricados para que los nadies descubran que no son dueños de nada, que siguen siendo ningunos y ninguneados por la vida.

Galeano expone un catálogo de etiquetas sociales a título de ejemplo, para reconocer a los nadies, demostrando que estamos profundamente equivocados al ignorar a determinadas personas dignas en su forma de ser y sentir diferente porque, aparentemente, tienen menos aunque más son. Bastaría repasar las etiquetas que ponemos a las personas cercanas para descubrir que las estamos calificando a veces como nadies. Esta Navidad podría ser diferente si repasáramos este cuestionario ético y descubriéramos que determinados nadies próximos son alguien o algunos en nuestras vidas.

Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer,
ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones, ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

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