Viernes laico con Bach

Sigo con mis ensayos de violín y esta mañana de viernes laico he tocado el décimo movimiento de la cantata Hertz und Mund und Tat und Leben (El corazón y la boca, y las obras y la vida), BWV 147, escrita por Johann Sebastian Bach durante su primer año en Weimar (Alemania). Lleva por título Jesus bleibet meine Freude, Jesús sigue siendo mi alegría, todo un símbolo en un día en el que, para la Semana Santa (que no Laica), es de tristeza profunda por el recuerdo histórico de la muerte de Jesús de Nazareth. Con todo mi respeto a esta creencia.

La toco de forma todavía imperfecta en un compás 9/8, moderato, con múltiples tresillos que exigen un movimiento especial del arco, mientras sigo con palabras esta maravillosa composición, intentando comprender el alcance que tienen hoy, respetando también el contexto en que Bach la escribió en compases maravillosos, poniendo música a un texto no propio, del poeta luterano Martin Jahn, pero ensalzado a los cielos por su maestría indiscutible:

Jesús sigue siendo mi alegría,
consuelo y bálsamo de mi corazón.
Jesús me defiende de toda pena.
Él es la fuerza de mi vida,
el gozo y el sol de mis ojos,
el tesoro y la delicia de mi alma;
por eso no quiero a Jesús
fuera de mi corazón y de mi vista.

Es un Viernes Laico junto a Bach. Nada más. Comprendo mejor que nunca por qué Harnoncourt, que dirige esta obra en el vídeo que acompaña a estas palabras, miraba siempre al cielo con su expresiva mirada inolvidable, deletreando este maravilloso movimiento. Lo escribí en 2016, en una fecha próxima a su fallecimiento: “En una entrevista con motivo de su 85 cumpleaños, ante la pregunta sobre la composición que le gustaría escuchar cuando estuviera próxima su partida de este mundo, afirmó después de sus famosos silencios el nombre del coral de Bach, que resume su vida de respeto reverencial a uno de sus maestros preferidos: “Vor deinen Thron tret’ ich hiermit” (Con esto me presento ante tu trono). Mirando a Dios como solo él sabía hacerlo, a sus músicos, a su querido público” (1). Porque Jesús era su alegría.

Sevilla, 14/IV/2017

(1) https://joseantoniocobena.com/2016/03/07/harnoncourt-miro-siempre-al-cielo/

Emma Watson, Bella sin Bestia

Siempre he creído que toda versión de un cuento es mejor que la anterior

Gabriel García Márquez, Doce cuentos peregrinos

El viernes pasado se estrenó en España La bella y la bestia, en una versión de personajes reales, que se ha considerado como uno de los estrenos mundiales de mayor relevancia en los últimos tiempos. Algo pasa en esta sociedad que acoge los cuentos reinterpretados por la factoría Disney con un interés especial digno de estudio. En 1991 tuvo un éxito sin precedentes la versión primera animada, con una banda sonora que todavía persiste en musicales y que resuena en nuestros oídos de forma machacona por lanzamientos medidos de la discográfica de turno. Las cosas de Disney no son relatos inocentes y mucho menos éste. La historia de príncipes convertidos en ejes del mal o al revés, con ternura interior en búsqueda de su amada de sueños para llevarla a una vida principesca que le permita olvidar su origen de pobreza, ha perdurado a lo largo de los siglos y en casi todas las culturas que en el mundo han sido. En la era Trump es necesario volver a recordar que bellas y bestias existen por doquier y lo único que hay que hacer en convertirlas en carne y hueso para que parezcan más reales exportándolo al mundo mundial. Eso sí, pasando por taquilla siempre porque no hay que olvidar que son pura mercancía, muy alejado todo de la realidad terca de la vida.

Todo lo que  cuento anteriormente tiene un sentido para mí especial, porque sorprendentemente la protagonista de este remake es Emma Watson, ¿una Bella con Alma?, a la que dediqué en 2014 un post en este cuaderno digital porque me gustó mucho el discurso que pronunció el 20 de septiembre de ese año, como embajadora de buena voluntad de ONU Mujeres, lanzando la campaña HeForShe (Ellos por Ellas), acerca de la imperiosa necesidad de creer que otro mundo es posible cuando los hombres y mujeres deciden trabajar en común con el respeto a la igualdad íntegra en la vida diaria. Lo reproduzco íntegro, porque no merece más comentario que reflexionar sobre todas y cada una de sus frases y pasar a la acción, cada uno, cada una, donde crea que puede aportar más a este cambio de aplicación concreta de la inteligencia personal e intransferible a una forma diferente de ser hoy niña o niño, mujer u hombre en el mundo, sin necesidad de reinterpretar cuentos según Disney que no son precisamente los que se leen al amor de la lumbre:

“Hoy estamos lanzando una campaña que se llama “HeForShe”.

Acudo a ustedes porque necesito su ayuda. Queremos poner fin a la desigualdad de género, y para hacerlo, necesitamos que todas y todos participen.

Se trata de la primera campaña de este tipo en las Naciones Unidas: queremos tratar de mover a todos los hombres y los jóvenes que podamos para que sean defensores de la igualdad de género. Y no sólo queremos hablar de esto, queremos asegurarnos de que sea algo tangible.

Fui nombrada hace seis meses, y cuanto más he hablado sobre el feminismo, tanto más me he dado cuenta de que la lucha por los derechos de las mujeres se ha vuelto con demasiada frecuencia un sinónimo de odiar a los hombres. Si hay algo de lo que estoy segura es que esto no puede seguir así.

Para que conste, la definición de feminismo es: “La creencia de que los hombres y las mujeres deben tener derechos y oportunidades iguales. Es la teoría de la igualdad política, económica y social de los sexos”.

Empecé a cuestionar los supuestos de género a los ocho años, ya que no comprendía por qué me llamaban “mandona” cuando quería dirigir las obras de teatro que preparábamos para nuestros padres, pero a los chicos no se les decía lo mismo.

También a los 14, cuando algunos sectores de la prensa comenzaron a sexualizarme.

A los 15, cuando algunas de mis amigas empezaron a dejar sus equipos deportivos porque no querían tener aspecto “musculoso”.

Y a los 18, cuando mis amigos varones eran incapaces de expresar sus sentimientos.

Decidí que era feminista, y eso me pareció poco complicado. Pero mis investigaciones recientes me han mostrado que el feminismo se ha vuelto una palabra poco popular.

Aparentemente me encuentro entre las filas de aquellas mujeres cuyas expresiones parecen demasiado fuertes, demasiado agresivas, que aíslan, son contrarias a los hombres y, por ello, no son atractivas.

¿Por qué resulta tan incómoda esta palabra?

Nací en Gran Bretaña y considero que lo correcto es que como mujer se me pague lo mismo que a mis compañeros varones. Creo que está bien que yo pueda tomar decisiones sobre mi propio cuerpo. Creo que es correcto que haya mujeres que me representen en la elaboración de políticas y la toma de decisiones en mi país. Creo que socialmente se me debe tratar con el mismo respeto que a los hombres. Por desgracia, puedo afirmar que no hay ningún país del mundo en el que todas las mujeres puedan esperar que se les reconozcan estos derechos.

Por el momento, ningún país del mundo puede decir que ha alcanzado la igualdad de género.

Considero que estos son derechos humanos, pero sé que soy una afortunada. Mi vida ha sido muy privilegiada porque mis padres no me quisieron menos por haber nacido mujer; mi escuela no me impuso límites por el hecho de ser niña. Mis mentores no asumieron que yo llegaría menos lejos porque algún día pueda tener una hija o un hijo. Esas personas fueron las embajadoras y los embajadores de la igualdad de género que me permitieron ser quien soy hoy. Aunque no lo sepan ni lo hayan hecho voluntariamente, son las y los feministas que estan cambiando el mundo hoy en día. Y necesitamos más personas como ellas y ellos.

Y si la palabra todavía resulta odiosa, piensen que lo importante no es la palabra sino la idea y la ambición que la respalda. Porque no todas las mujeres han gozado de los mismos derechos que yo. De hecho, las estadísticas demuestran que muy pocas los han tenido.

En 1995, Hilary Clinton pronunció en Beijing un famoso discurso sobre los derechos de la mujer. Me entristece ver que muchas de las cosas que quería cambiar todavía son realidad.

Lo que más me impresionó fue que sólo el 30 por ciento de su público eran hombres. ¿Cómo podemos cambiar el mundo si sólo la mitad de éste se siente invitado o bienvenido a participar en la conversación?

Hombres: aprovecho esta oportunidad para extenderles una invitación formal. La igualdad de género también es su problema.

Porque, hasta la fecha, he visto que la sociedad valora mucho menos el papel de mi padre como progenitor, aunque cuando era niña yo necesitaba su presencia tanto como la de mi madre.

He visto a hombres jóvenes que padecen una enfermedad mental y no se atreven a pedir ayuda por temor a parecer menos “machos”. De hecho, en el Reino Unido el suicidio es lo que más mata a los hombres de entre 20 y 49 años de edad, mucho más que los accidentes de tránsito, el cáncer o las enfermedades coronarias. He visto hombres que se han vuelto frágiles e inseguros por un sentido distorsionado de lo que es el éxito masculino. Los hombres tampoco gozan de los beneficios de la igualdad.

No es frecuente que hablemos de que los hombres están atrapados por los estereotipos de género, pero veo que lo están. Y cuando se liberen, la consecuencia natural será un cambio en la situación de las mujeres.

Si los hombres no necesitaran ser agresivos para ser aceptados, las mujeres no se sentirían obligadas a ser sumisas. Si los hombres no tuvieran la necesidad de controlar, las mujeres no tendrían que ser controladas.

Tanto los hombres como las mujeres deberían sentir que pueden ser sensibles. Tanto los hombres como las mujeres deberían sentirse libres de ser fuertes. … Ha llegado el momento de percibir el género como un espectro y no como dos conjuntos de ideales opuestos.

Si dejamos de definirnos unos a otros por lo que no somos, y empezamos a definirnos por lo que sí somos, todas y todos podremos ser más libres, y es de esto que se trata HeForShe. Se trata de la libertad.

Quiero que los hombres acepten esta responsabilidad, para que sus hijas, sus hermanas y sus madres puedan vivir libres de prejuicios, pero asimismo para que sus hijos tengan permiso de ser vulnerables y humanos ellos también, que recuperen esas partes de sí mismos que abandonaron y alcancen una versión más auténtica y completa de su persona.

Ustedes se estarán preguntando: ¿Quién es esta chica de Harry Potter? ¿Y qué hace en un estrado de las Naciones Unidas? Es una buena pregunta, y créanme que me he estado preguntando lo mismo. No sé si estoy capacitada para estar aquí. Sólo sé que este problema me importa. Y quiero que las cosas mejoren.

Y, a causa de todo lo que he visto, y porque se me ha dado la oportunidad, creo que es mi deber decir algo. El estadista inglés Edmund Burke afirmó: “Todo lo que se necesita para que triunfen las fuerzas del mal es que suficientes personas buenas no hagan nada”.

En mi nerviosismo por este discurso y en mis momentos de dudas, me he dicho con firmeza: si no lo hago yo, ¿quién?; y si no es ahora, ¿cuándo? Si ustedes sienten dudas similares cuando se les presentan oportunidades, espero que estas palabras puedan resultarles útiles.

Porque la realidad es que si no hacemos nada, tomará 75 años —o hasta que yo tenga casi 100— para que las mujeres puedan esperar recibir el mismo salario que los hombres por el mismo trabajo. Quince millones y medio de niñas serán obligadas a casarse en los próximos 16 años. Y con los índices actuales, no será sino hasta el año 2086 cuando todas las niñas del África rural podrán recibir una educación secundaria.

Si crees en la igualdad, podrías ser uno de esos feministas involuntarios de los que hablé hace un momento. Y por eso te aplaudo.

Nos cuesta conseguir una palabra que nos una, pero la buena noticia es que tenemos un movimiento que nos une. Se llama HeForShe. Los invito a dar un paso adelante, a que se dejen ver, a que se expresen: a que sean “él” para “ella”. Y pregúntense: si no lo hago yo, ¿quién? Si no es ahora, ¿cuándo?

Muchas gracias”.

Sevilla, 21/III/2017

¿Existe Política Digital en el Sistema Nacional de Salud?

MASTER TIC

Intervine el viernes pasado en el MÁSTER EN DIRECCIÓN DE SISTEMAS Y TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LAS COMUNICACIONES PARA LA SALUD, que se desarrolla en la Escuela Nacional de Sanidad bajo el auspicio del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y la Sociedad Española de Informática de la Salud (SEIS), con la presentación de una cuestión que me ocupa y preocupa desde hace ya muchos años: ¿Existe Política Digital en el Sistema Nacional de Salud?. Llevaba además un subtítulo imprescindible para comprender en profundidad lo que allí expuse con la brevedad que impone una clase integrada en el programa: Hacia un nuevo paradigma tecnológico de carácter público y estratégico.

Agradecí la oportunidad que me brinda la organización del Master para participar en una actividad docente que tanto añoro y que considero imprescindible en la formación continua de profesionales que trabajan diariamente en el ámbito de la aplicación de las TIC en el amplio espectro de la salud. Desde el principio declaré dos hilos conductores de la intervención. En primer lugar, tenía la posibilidad de decirlo todo y de la mejor forma posible, pero el fenómeno de comenzar la clase es siempre dialéctico por la posibilidad que existe siempre de decir todo o nada, aunque lo importante es decir algo especial y de carácter estratégico. En segundo lugar, porque me sitúo en el espectro de personas que quieren construir teoría crítica en este país, en este ámbito concreto y tan atractivo de Política Digital con mayúsculas, no solo para declarar meras opiniones sino principios paradigmáticos de ciencia y teoría crítica que permitan construir una malla creadora que debata hasta la saciedad estos principios, incluso para que se pueda llegar a formular “opiniones sistematizadas” en feliz expresión del Profesor y Maestro, Gustavo Bueno.

Nadie se baña dos veces en el mismo río y lo que allí ocurrió no se volverá a repetir en su texto y contexto. Por esta razón subo a este cuaderno digital y a las redes sociales mi intervención, con objeto de que sirva para la co-creación de teoría crítica de Política Digital, que deben llevar a cabo Gobiernos Digitales en este país, tanto a nivel de Estado como en todas las Comunidades Autónomas. Es una forma de desarrollar también el compromiso intelectual al que estamos obligados en determinados momentos profesionales de la vida, que no solo debe servir para cambiar la ordenación y organización política digital en este ámbito, sino sobre todo para transformarla.

Salí de la Escuela Nacional de Sanidad con la ilusión de seguir colaborando en este tipo de acciones educativas y sociales, de amplio perfil transformador. Los profesionales que estuvieron allí eran los destinatarios legítimos de aquellas palabras cargadas de ética pública digital, que también existe. En un espacio y tiempo públicos y con visión también pública por mi parte de lo que debemos transformar con urgencia en este país, atendiendo al interés general. La respuesta a la pregunta que planteé como hilo conductor de la intervención no está en el viento. Rotundamente, no existe Política Digital desarrollada por el Gobierno correspondiente en este país, tanto con rango de Estado como su aplicación concreta en el ámbito de la salud. De ahí la urgencia en plantear debates y encuentros profesionales en este escenario tan enriquecedor para el desarrollo de la inteligencia pública digital de la que por empoderamiento podemos beneficiarnos todos.

Sevilla, 20/III/2017

Samuel, de apellido Kabamba

yassine-chouati-welcome Yassine Chouati, Welcome (2016)

Se ha confirmado que el niño que apareció muerto en una playa de Barbate el pasado 27 de enero, se llamaba Samuel, hijo de Aimé Kabamba, filiación que se ha demostrado por la prueba de ADN a la que se ha sometido quien decía ser el padre del niño, naturales de la República Democrática del Congo. Tras esta gestión, el cadáver de Samuel será repatriado a su país natal, del que nunca debería haber salido en las condiciones que lo hicieron su madre y él, habiendo fallecido ambos en la dura travesía hacia un mundo mejor que creían que se iniciaba en el Sur de España.

Le dediqué unas palabras de cercanía y dolor el pasado 30 de enero, cuando se supo que se había encontrado el cuerpo de este niño, recordando lo que sucedió meses atrás con otro niño, Aylan, en una fotografía que conmovió al mundo: “Parece como si tuviéramos integrada la muerte de los que siguen buscando un mundo diferente atravesando el mar que separa Marruecos de España. Todo parece…, que si procedía la embarcación del Cabo Espartel (Tánger), que si venían unos cinco ocupantes, que si el cadáver parece ser de un niño de cinco a siete años…, que probablemente se llamaba Samuel, hijo de Veronique, naturales de la República del Congo, que tampoco ha aparecido desde que naufragaron a mediados de este mes, muy cerca de la costa de Cádiz”.

Tengo grabadas en el corazón de mi persona de secreto la experiencia que tuve el verano pasado cuando asistí a la inauguración de una exposición del artista plástico marroquí, Yassine Chouati, por el tratamiento que daba al problema de las dos orillas que han protagonizado la muerte de Samuel y su madre, junto a otros emigrantes. Lo dije en aquél momento, refiriéndome a uno de los tres espacios que presentó, denominado “Welcome”: “Este espacio sitúa al espectador en el estrecho de Gibraltar, donde las imágenes que se contemplan en los cuadros recogen el sentimiento de pérdida de identidad del fenómeno migratorio, porque en esa dura travesía en busca de la dignidad, se pierde casi todo, incluso lo más preciado del ser humano, la vida. Pretende que nos demos de bruces con esa realidad, tan cerca de Andalucía, como aviso para navegantes de la dignidad, para que interpretemos qué significa partir a pesar de todo, dejando atrás lo que nos pertenece, casa, tierra y parentela en un éxodo redivivo. La gran pregunta que flota en el ambiente de la primera sala es si es posible adentrarnos en el significado de lo que vemos, es decir, dejarnos intranquilos en la búsqueda de identidad de objetos perdidos por la indignidad que sufren personas que están mucho más cerca de nosotros de lo que creemos”.

No he querido olvidar este momento al conocer la noticia de la confirmación de paternidad de quien sabía que Samuel era su hijo por un detalle: el abrigo marrón que todavía llevaba cuando fue rescatado en una playa andaluza y deseo compartirlo con los que hacen camino conmigo al andar, mientras me dirijo al Club (todavía virtual) de las Personas Dignas al que me honro pertenecer, para compartir el silencio activo frente al cómplice.

Los silencios cómplices del mundo deben ser denunciados todos los días y también los pequeños silencios en los que podemos participar a diario si no somos capaces de solidarizarnos de forma activa con los que tanto sufren. Lo merecen hoy Samuel y Veronique, su madre.

Sevilla, 6/III/2017

NOTA DE INTERÉS CULTURAL: Yassine Chouati expone su obra desde el pasado viernes, en el Espacio Laraña de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, que permanecerá abierta hasta el 16 de marzo, en una exposición con un hilo conductor de compromiso activo: Partir para contar. Es importante verla, sentirla y compartirla.

Justa y Rufina

rufina

Las he contemplado de cerca en la exposición comisariada por Gabriele Finaldi, director de la National Gallery, que la Fundación Fondo de Cultura de Sevilla (Focus) ofrece en Sevilla en el Hospital de los Venerables hasta el próximo 2 de abril, retratadas de forma especial por dos paisanos y artistas de su tierra, Velázquez y Murillo, juntas por primera vez gracias a la cooperación de dos instituciones, una andaluza y otra americana, que han permitido este encuentro en su ciudad de nacimiento. De forma consciente me he acercado a ellas para comprender su historia, apeándolas personalmente de su santidad y queriendo entender el porqué de su veneración en esta sacrosanta ciudad.

Todo lo que he leído y que no acepta la trazabilidad histórica de su origen trianero o sus martirios prolongados, me sugiere una forma de acercarme a ellas de forma diferente, mucho más humana y menos transcendental. Se puede aceptar por la tradición oral que Justa y Rufina eran hermanas, que vivían en Híspalis y que pertenecían a una familia alfarera, sin concretar que fuera Triana en un principio su lugar de nacimiento. ¿Qué fue antes, Triana o el alfar? A los efectos ejemplares no me importa esta ausencia de la pertenencia a una de las dos “Sevilla” que tanto pesan en el corazón dual de esta tierra. Eran tiempos imperiales, romanos, de convivencia cristiana con deidades de diverso cuño y donde era complicado exteriorizar las creencias sin un seguidismo ciego del poder. Con sus consecuencias del compromiso activo, sobre todo para los cristianos de fe firme.
Probablemente, no estaban de acuerdo con aceptar la obligación de seguir las fiestas romanas a ciegas y esto supuso un gran problema de convivencia en su barrio, llegando a un tratamiento vejatorio por su singularidad. Todo lo demás, es pura tradición y subida a los altares de dos mujereas sencillas que en el barroco se ensalzaron de forma espectacular.

Esta historia sencilla era la que tenían en su persona de secreto Velázquez y Murillo cuando la retrataron para la posteridad. Sus pinceles trasladaron al óleo lo que habían escuchado a sus padres sobre ellas desde su infancia en Sevilla, porque había pasado de abuelos a hijos y nietos la tradición oral de los martirios atribuidos al imperio romano y que habían sufrido por su pertinaz fe estas dos mujeres sevillanas, alfareras y de firme convicción cristiana.
Las he contemplado un tiempo y he querido vivir esta experiencia de sencillez que me transmitían con su mirada. Tres pinturas excelentes, de dos maestros especiales. Ambas, están felices estos días y desde el año pasado en Sevilla, porque comparten espacio de exposición de su vida, de su historia, interpretada por dos maestros del barroco sevillano.

Esa es la razón de por qué hoy pensamos muchas veces que otra otra forma de comprender el mundo de la santidad es posible, porque el que aprendimos a vivir con justificaciones creacionistas se agota por horas. Y eso que cuando era pequeño me encantaba Peter Pan, aquél defensor acérrimo del mundo de nunca jamás. O Jesús de Nazaret, cuando se dormía en el cabezal del barco por lo cansado que estaba…, no por sus milagros, tal y como nos lo comentaba en un directo increíble el joven periodista Marcos. O Rafael Alberti, que me recuerda siempre que cuando se abre el debate de pensamiento y sentimiento, hay que escuchar siempre el corazón, sencillamente porque es más fuerte que el viento.

Volviendo a la exposición, dentro de un mes volverán a separarse estas dos mujeres, porque ésta es la realidad de los tiempos modernos. Rufina, según Velázquez, se queda en Sevilla y Justa, según Murillo, regresa a Dallas en Texas, dejando atrás a Sevilla, Triana y, ambas, una historia que se nos escapa de las manos y quizá del pensamiento lógico, aunque no del corazón. De las dos, me quedo con la mirada penetrante de Rufina, según Murillo y Velázquez, en eso coinciden, porque te miran directamente a los ojos, como comprendiendo lo que significa la memoria histórica de esta ciudad para que algún día entendamos su verdad dual. Aunque Rufina, según Murillo, se marche otra vez tan lejos…

Sevilla, 5/III/2017

NOTA: la imagen de Santa Rufina se ha recuperado hoy de: https://velazquezmurillosevilla.com/obras/#jp-carousel-209

América, camisa blanca…

Probablemente habrá pasado desapercibida la noticia, pero las 78 mujeres demócratas que estuvieron presentes en el discurso de Trump ayer, miembros de la Cámara de Representantes y del Senado, quisieron expresar con su atuendo teñido de blanco un hecho muy importante en su historia frente a los desmanes de corte y confección del Presidente Trump, muy preocupado por el atuendo que deben llevar las mujeres de su equipo de desgobierno. ¿Por qué de blanco? Sencillamente porque el color blanco representaba el movimiento sufragista de principios del siglo XX en EEUU, cuando alcanzó su momento histórico inolvidable en 1919, al aprobar el Congreso la 19ª Enmienda a la Constitución de Estados Unidos, que determinaba que “ni los Estados Unidos ni ningún otro Estado deberá negar o limitar el derecho de los ciudadanos a votar por motivo de sexo”. Ratificada el 18 de agosto de 1920, la 19 enmienda se convirtió en ley nacional.

Siempre recuerdo a tal efecto de Trump una anécdota no inocente que nos ha legado la memoria histórica de los que se preocupan más de las apariencias que de las quintaesencias. Diógenes de Sínope, aquel filósofo que buscaba hombres por todas partes, prototipo de la escuela cínica y que aspiraba a ser todo un hombre, estaba un día en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Llevado a la telerrealidad que tanto gusta a Trump, le pasa lo mismo que a Diógenes de Sínope que dado su nivel cultural dudo que sepa quién es en la historia de la humanidad, a veces tan mal contada.

Vuelvo a escuchar una canción preciosa de Víctor Manuel y cantada por Ana Belén, España camisa blanca…, que habla de la simbología del color blanco como esperanza para un país que nacía en esos momentos a la auténtica democracia. Me gustaría dedicársela a Trump, que sé que no me estará escuchando, para que atienda otras voces de cómo hay que gobernar con un traje que no sea el del emperador del cuento de Andersen:

España camisa blanca de mi esperanza
reseca historia que nos abraza
con acercarse solo a mirarla,
paloma buscando cielos más estrellados
donde entendernos sin destrozarnos
donde sentarnos y conversar.

España camisa blanca de mi esperanza
la negra pena nos atenaza
la pena deja plomo en las alas
quisiera poner el hombro y pongo palabras
que casi siempre acaban en nada
cuando se enfrentan al ancho mar.

España camisa blanca de mi esperanza
a veces madre y siempre madrastra
navaja, barro, clavel, espada;
la muerte siempre presente nos acompaña
en nuestras cosas más cotidianas
y al fin nos hace a todos igual.

La letra se podría convertir en un himno cantado por las 78 representes demócratas que, de paso, sustituyendo España por América, que sería también un homenaje al mundo hispano en EEUU, que entiende muy bien estas palabras tan molestas para Trump. Porque es su lengua y las palabras que les quedan.

Sevilla, 1/III/2017

Un Óscar llamado dignidad

Hace unas horas que hemos conocido el resultado de los Óscar de 2017, triunfando como ganadora una película, Moonlight, que en territorio Trump es un éxito sin precedentes, frente a la nominada oficial, La La Land. Dicen los medios periodísticos que cuenta la historia de Chiron, un joven afroamericano con una difícil infancia y adolescencia, que crece en una zona conflictiva de Miami. Es una historia muy habitual, por desgracia, que ocurre a personas a las que se llaman “diferentes” por pertenecer al mundo gay, siendo además de color negro, en América, que crecen en familias desestructuradas para consuelo de los de siempre y que es lo que quiere olvidar Trump a golpe de talonario y malas palabras por su doble moral, bailando con los Gobernadores americanos en la contrafiesta de los Óscar, como si lo que estaba pasando en el Dolby Theatre en Los Ángeles no fuera con ellos.

He recordado inmediatamente un artículo que publiqué en 2015, que llevaba por título “La dignidad de un niño gay” (que reproduzco a continuación), también americano, blanco, pero que simboliza a los que todos los días, en cualquier país del mundo, ganan el óscar a su triunfo diario para poder vivir dignamente, como deseaba Chiron, el protagonista de Moonlight, en los términos que escribí aquél día no tan lejano en el tiempo: “Este niño tan digno, que representa la situación de miles de niños y niñas singulares, en su universo arco iris de todos los días, necesita solo el reconocimiento de lo que es y de lo que siente, basado en el principio de normalidad. No por lo que tiene o le entrega la sociedad de consumo y mercado, tal como ya definía el lema singularidad en este país el Diccionario de Autoridades en 1739 [servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo], con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o mejor: lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución genética de su propia vida, que merece siempre el respeto de los demás para que este niño, símbolo de muchos niños y niñas del mundo, no tenga miedo de su futuro y que la gente lo integre como una persona más. Simplemente, porque les agrada estar con él y sin necesidad de ser noticia o que su foto sea incómoda para conciencias timoratas y farisaicas que controlan, a la americana, la ética de las redes sociales”.

Es lo que simboliza Chiron. Le acompañaremos en el cine y en la película de la vida, porque en este caso cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, como a todos los niños y niñas del mundo arcoiris que luchan a diario por ser y estar en un mundo diferente, de igualdad, integración y respeto, que un día deciden por sí mismos cómo van a ser, no dejando que otros decidan por ellos.

Sevilla, 27/II/2017

La dignidad de un niño gay

DIGNIDAD EN LA SINGULARIDAD

La doble moral americana no tiene límites. Esta noticia no es una más en la crónica de sucesos indeseables porque tiene un contenido especial, tal y como la hemos conocido en nuestro país a través del Huffington Post: “Cuando un niño tiene miedo de su futuro por ser homosexual es momento de detenernos, reflexionar y analizar si algo está fallando en nuestra sociedad. El 3 de julio, Humans of New York, un proyecto creado hace cinco años por el fotógrafo Brandon Stanton, publicó en su página de Facebook la fotografía de un niño llorando acompañada de la siguiente descripción: “Soy homosexual y me da miedo mi futuro y que no le agrade a las personas”.

El hecho se ha convertido en noticia porque la fotografía tuvo que ser subida dos veces en Facebook, ya que la primera vez fue eliminada por la red social debido a un “problema técnico” que habría dejado la publicación invisible por un tiempo, según informó The Telegraph. La doble moral en una sociedad que practica los vicios privados que se convierten en públicas virtudes, gracias al mercado de los sentimientos que se venden y pagan a cualquier precio, hace su aparición también en las redes sociales, porque estas noticias gráficas molestan en la sociedad del bienestar más que del bienser (perdón por el neologismo).

Nos permite, al menos, hacer hoy una reflexión: necesitamos cantar el elogio de la singularidad, tal y como lo escribí recientemente en este cuaderno de inteligencia digital que busca siempre islas desconocidas: “Creo que más que normalidad, habría que hablar de singularidad. Cuando pretendemos ajustarnos a patrones, la experiencia suele ser nefasta, porque dejamos a un lado la inteligencia, como primer distintivo humano que nos hace ser personas y de identidad intransferible y porque no existen dos iguales, por mucho que se empeñe la sociedad de mercado en pasarnos a todos por la máquina de conversión en personas-patrón-para-triunfar-en-el-mundo, empaquetándonos como producto expuesto para que lo compre el mejor postor en todos los ámbitos posibles. Pura mercancía”.

Este niño tan digno, que representa la situación de miles de niños y niñas singulares, en su universo arco iris de todos los días, necesita solo el reconocimiento de lo que es y de lo que siente, basado en el principio de normalidad. No por lo que tiene o le entrega la sociedad de consumo y mercado, tal como ya definía el lema singularidad en este país el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o mejor: lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución genética de su propia vida, que merece siempre el respeto de los demás para que este niño, símbolo de muchos niños y niñas del mundo, no tenga miedo de su futuro y que la gente lo integre como una persona más. Simplemente, porque les agrada estar con él y sin necesidad de ser noticia o que su foto sea incómoda para conciencias timoratas y farisaicas que controlan, a la americana, la ética de las redes sociales.

Sevilla, 9/VII/2015