Un sentimiento especial al escribir sobre una tarjeta kalamkari

Tarjeta de papel kalamkari, elaborado por mujeres artesanas en Anantapur, estado de Andhra Pradesh (India), en un proyecto de comercio justo de la Fundación Vicente Ferrer.

A mis amados les dejo las cosas pequeñas; las cosas grandes son para todos

Rabindranath Tagore, Pájaros perdidos, 178.

Sevilla, 27/I/2023

Dedicado a María José, como siempre…

Hoy he vivido una experiencia especial al escribir a mano sobre un papel kalamkari, elaborado artesanalmente en la India, de donde he recibido una muestra fehaciente de este arte milenario, concretamente del Estado de Andhra Pradesh. Es una tarjeta de papel reciclado, estampado con la técnica Kalamkari, realizada con sellos de madera o con cálamos, que se usa indistintamente sobre tejidos y papel: “En los tiempos remotos, grupos de cantantes, músicos y pintores, los chitrakattis, iban de pueblo en pueblo relatando las grandes epopeyas de la mitología hinduista. A medida que desarrollaban la historia, ilustraban su cuento con la ayuda de grandes piezas de telas pintadas en el mismo lugar con medios rudimentarios y tinturas vegetales. Este es el origen de los primeros kalamkari. También encontramos en los templos hinduistas grandes tableros de Kalamkari que representaban episodios de la mitología india quizá con la misma función que los capiteles en las catedrales cristianas” (1). Las artesanas que elaboran en la actualidad estas tarjetas como la mía, trabajan en el taller de Bukaraya Samudram, una localidad de la India, en el distrito de Anantapur, estado de Andhra Pradesh, en un proyecto solidario de comercio justo patrocinado y cuidado con esmero por la Fundación Vicente Ferrer, a la que tanto admiro y aprecio.

El término Kalamkari tiene su etimología en la palabra turca y griega “Kalam”, Cálamo (en griego, κάλαμος), aunque unidas en hindi, Kalam (pluma) y Kari (arte), expresan el utensilio principal que se utilizaba hace más de 3.000 años en la pintura con tintes vegetales, la caña hueca que da forma final a su trabajo tras los 23 pasos que necesita la elaboración del producto artesano. Al abrir el sobre que contiene la tarjeta, he sentido algo especial, porque estaba ante el papel en blanco, decorado en su anverso como mensaje principal de respeto a la naturaleza, a la vida, aunque lo importante es escribir hoy sobre ese papel tejido, tan especial y simbólico, teniendo presente lo que expresó admirablemente Platón en su obra Fedro, en la que narra una historia preciosa sobre la dialéctica de la palabra escrita, contada por Sócrates, entre un dios antiguo Teut, que se dice que inventó la escritura y el rey de Tebas, Tamus. Un día “Teut se presentó al rey y le mostró las artes que había inventado, y le dijo lo conveniente que era difundirlas entre los egipcios. El rey le preguntó de qué utilidad sería cada una de ellas, y Teut le fue explicando en detalle los usos de cada una; y según que las explicaciones le parecían más o menos satisfactorias, Tamus aprobaba o desaprobaba. Dícese que el rey alegó al inventor, en cada uno de los inventos, muchas razones en pro y en contra, que sería largo enumerar. Cuando llegaron a la escritura dijo Teut:

– “¡Oh rey! Esta invención hará a los egipcios más sabios y servirá a su memoria; he descubierto un remedio contra la dificultad de aprender y retener.

– Ingenioso Teut –respondió el rey–, el genio que inventa las artes no está en el mismo caso que el sabio que aprecia las ventajas y las desventajas que deben resultar de su aplicación. Padre de la escritura y entusiasmado con tu invención, le atribuyes todo lo contrario de sus efectos verdaderos. Ella sólo producirá el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; confiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu. Tú no has encontrado un medio de cultivar la memoria, sino de despertar reminiscencias; y das a tus discípulos la sombra de la ciencia y no la ciencia misma. Porque, cuando vean que pueden aprender muchas cosas sin maestros, se tendrán ya por sabios, y no serán más que ignorantes, en su mayor parte, y falsos sabios insoportables en el comercio de la vida (Platón, Fedro, 274c-277a)».

Leyendo de nuevo estas palabras de Platón y observando mi escritura manual en la tarjeta kalamkari, he recordado inmediatamente la importancia que daba a la caligrafía mi maestra de la infancia rediviva, Doña Antonia, entendida de acuerdo con la definición de la RAE (del gr. καλλιγραφία), como el “arte de escribir con letra bella y correctamente formada, según diferentes estilos” y en su segunda acepción, como el “conjunto de rasgos que caracterizan la escritura de una persona, de un documento, etc.”. Las letras que se utilizan hoy en el mundo digital distan mucho de aquellas que se escribían con letra bella y correctamente formada, aunque en el fondo traducen la misma problemática que exponía magistralmente Platón, en boca de Sócrates: por sí mismas, no dicen nada, porque necesitan, sobre todo, conocer bien a quien las escribe, cuestión ésta no inocente en el mundo digital donde el anonimato es el rey. Continuaba diciendo Sócrates: “Lo que una vez está escrito rueda de mano en mano, pasando de los que entienden la materia a aquellos para quienes no ha sido escrita la obra, sin saber, por consiguiente, ni con quién debe hablar, ni con quién debe callarse. Si un escrito se ve insultado o despreciado injustamente, tiene siempre necesidad del socorro de su padre, porque por sí mismo es incapaz de rechazar los ataques y de defenderse”.

Al escribir hoy, a mano, unas palabras sobre la tarjeta kalamkari, que han elaborado unas mujeres artesanas en la India, gracias a la Fundación Vicente Ferrer, entregándome un soporte especial, he recuperado en mi persona de secreto algo que aprendí también hace ya bastante tiempo: “El manuscrito tiene una característica evidente, comparado con la máquina de escribir o la pantalla: la individualidad. La letra de una persona es algo exclusivo, como sabe bien el amante que reconoce ya desde el sobre una carta de su amada…” (2). Es lo que probablemente intentó explicarnos Gabriel García Márquez, hace ya muchos años, sobre el realismo mágico de sus palabras manuscritas, aunque él las escribiera con una máquina de escribir clásica que quizás superaba con creces la letra creada por la bola de tungsteno de su bolígrafo BIC de turno. Pero éste probablemente estaba allí, muy pendiente de su mano creadora, al igual que estaba en mi infancia más próxima. Como para él lo estaba de la carta comunicando la pensión al coronel Buendía, que tanto esperó, mucho menos importante que lo que nos sucede en el día a día, cuando vamos como él del timbo al tambo de nuestras vidas.

Si hoy les contado esta historia es porque el significado profundo de kalamkari es ese, el arte de contar historias, como hacían los antepasados en India, artistas en artes varias que, al finalizar sus actuaciones, desenrollaban lienzos de tela para pintar las historias que contaban por los caminos, ante quienes los querían escuchar. En un mundo tan superficial y vacío como en el que vivimos a diario, estas pequeñas cosas son las que, como bien recomendaba Tagore como “pájaro perdido”, debemos entregarlas a las personas que apreciamos, “a nuestros amados” decía él, tal y como lo tradujo con gran sensibilidad Zenobia Camprubí, siempre tan cerca de Juan Ramón Jiménez. A los demás…, sé que sólo les bastan las grandes.

(1) Kalamkari – Wikipedia, la enciclopedia libre

(2) Millán, José Antonio (2015, 22 de octubre). El misterio de las palabrasEl País.com.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Ayer comprendí, en Sevilla, la melancolía de Artemisia Gentileschi

Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654): María Magdalena como la melancolía (Ca. 1622) – Museo de la Catedral de Sevilla, antes (izquierda) y después de la reciente intervención (derecha).

Sevilla, 15/I/2023

El pasado 23 de diciembre comenté en este cuaderno digital la presentación que en ese día se hizo en la Catedral de Sevilla, de obra de Artemisia Gentileschi, María Magdalena como melancolía (ca. 1622), que según el comunicado oficial de la Catedral de Sevilla, «coincidiendo con el 400 aniversario de su ejecución», se ha llevado a cabo una intervención en la pintura», habiéndose realizado «en los talleres del Museo Nacional del Prado por la restauradora Almudena Sánchez», que ha permitido «recuperar su aspecto original tal y como fue concebida ya que la composición fue alterada en fecha desconocida y transformada al añadir elementos ajenos a la obra y a la intención de la artista».

En el mes de julio del año pasado escribí en este cuaderno digital mi desconcierto por no haber podido contemplar esta obra en una visita que realicé a la Catedral, porque sabía que figuraba en su fondo pictórico y sin haber podido obtener información precisa sobre su destino actual: «Ayer visité de nuevo la Catedral de esta ciudad, maravillosa obra de arte en su texto y contexto, aunque sé que no es inocente y que la cultura árabe respiraba por los poros pétreos de su imponente estructura. Llevaba un objetivo muy claro que ya presenté en el artículo que dediqué a la pintora Artemisia Gentileschi en 2020, en unos días en los que reflexionaba sobre la melancolía, una realidad manifiesta en la salida del túnel de la pandemia: “Me consuela históricamente pensar que podré visitar aquí, en Sevilla, a Artemisa y María Magdalena, tanto monta monta tanto, habiendo comprendido qué significa el poder reparador de su melancolía”. Llegó ese día y nada más entrar por la espléndida puerta de San Miguel, pregunté al guía si en la ruta establecida en la visita podríamos contemplar el cuadro de Artemisia Gentileschi, María Magdalena como la melancolía, que era para mí un claro objeto de deseo, una obra tan admirada por mí pero contemplada sólo sobre el papel, nada más. Mi decepción fue enorme cuando me dijo que no y, además, que no estaba actualmente en el Museo de la Catedral, por haber sido cedida temporalmente a una exposición, concretamente en el Museo del Prado. Cuando salimos contacté de nuevo con la información de la Catedral y la respuesta fue difusa, dejándome en una incertidumbre que me ha llevado a escribirles un mensaje para garantizar dónde está el cuadro y cuándo se podrá ver de nuevo en la sede la Catedral».

Afortunadamente, ayer visité a Artemisia Gentileschi en su enclave actual y pude contemplar con gran emoción y sentimiento de cercanía a la excelsa pintora barroca después del proceso de restauración citado. Comprendí su melancolía. El cambio le ha devuelto su aspecto original que coincide con la copia que en la actualidad se puede contemplar en el Museo Soumaya (Ciudad de México) y que data de tres años después del original (ca. 1625), como detallé en el artículo en el que comenté la existencia del original de Sevilla y la copia, con las diferencias que con la restauración se han salvado, tal y como informa oficialmente el comunicado de la Catedral: “la particularidad que presentaba esta obra radicaba en la presencia de un repinte antiguo, realizado con fines morales para ocultar el pecho y parte del hombro de la Santa con ánimo de lograr una imagen más púdica. Este fue el principal motivo por el que se decidió llevar a cabo la restauración de la obra, que tendría como finalidad la eliminación del repinte y la recuperación de la imagen original de María Magdalena tal y como fue concebida por su autora. Esta restauración se ha realizado en el Museo del Prado debido a que la obra llegó a dicha institución como préstamo para una futura exposición que no llego a realizarse. A pesar de ello se mantuvo el acuerdo de intervención en la pintura con el objetivo de eliminar el falso chal de gasa que cubría esa parte del cuerpo. La restauración comenzó el día 10 de 0ctubre de 2022 y finalizó el 13 de diciembre, justamente en los días previos a su traslado a la Catedral de Sevilla».

Como afirmé en el artículo de 2020 citado anteriormente, «me consuela históricamente pensar que [desde hoy] podré visitar aquí, en Sevilla, a Artemisia y María Magdalena, tanto monta monta tanto«, habiendo comprendido ayer, cuando acudí a la cita puntual con la pintora, qué significa el poder reparador de su melancolía en tiempos tan difíciles, tan modernos.

Artemisia Gentileschi pintó la melancolía

Artemisia Gentileschi, Autorretrato como alegoría de la pintura, (Ca. 1638-1639) Palacio de Buckingham (Reino Unido)

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Pablo Neruda, Me gustas cuando callas

Sevilla, 16/VII/2020

La cultura en este blog va por barrios. La melancolía, también. A Mozart, melancólico por naturaleza propia, le entusiasmó la idea de estrenar su preciosa y enigmática ópera La flauta mágica en un teatro de barrio de Viena, la ciudad de los palacios reales. He escrito bastante sobre esta “debilidad ética” de Mozart poco tiempo antes de fallecer muy joven. Hoy, la cultura en este cuaderno digital va por la pintura y por la melancolía. Verán. Les presento en esta ocasión a una pintora barroca extraordinaria, Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654), que he procurado conocer en profundidad a través de la historia del arte y de biógrafos solventes. Hay un motivo que me ha impulsado a conocer con detalle a esta pintora y ha sido la elección de una obra de la misma en la exposición que actualmente se está desarrollando en el Museo del Prado bajo un título muy sugerente, Reencuentro, con motivo de la reapertura de sus salas el pasado 6 de junio y que se mantendrá abierta hasta el 13 de septiembre, reubicando más de 190 piezas que evocan la museografía existente cuando el Prado abrió sus puertas por primera vez.  En esta colección se presenta una obra de Artemisia Gentileschi, Nacimiento de San Juan Bautista (ca. 1635), en el que se representa a San Juan, desnudo, atendido por un grupo de mujeres. Salvo error por mi parte, es la única obra de una mujer pintora que se recoge en esta muestra tan especial. De ahí que me llamara tanto la atención.

Me interesó esta obra porque desde hace tiempo estaba estudiando la presencia de Artemisia Gentileschi en España y, concretamente, en Sevilla, con una obra enigmática, María Magdalena como la melancolía,  que me consta que era muy querida por su autora por su identificación con ella como mujer “pecadora” (?) que sufrió mucho en su vida ajetreada y singular aunque ha sido muy maltratada por la historia y por la Iglesia oficial. Artemisia sufrió un triste episodio de juventud, concretamente la violación cuando solo tenía 17 años, en 1612, por parte del mentor propuesto por su padre, Agostino Tassi (1566-1644), ya que al ser mujer no podía cursar los estudios oficiales de pintura en las Academias correspondientes, solo para hombres, lo que propició un juicio promovido por su padre, muy estudiado, que ganó y que se puede conocer con detalle en una obra muy interesante dedicada a esta pintora (1).

Esta pintura se encuentra en la actualidad en el Museo de la Catedral de Sevilla, considerándose el original de las dos versiones que existen en la actualidad con el mismo título, siendo la segunda versión la que se encuentra en el Museo Soumaya de Ciudad de México, como segunda interpretación de la melancolía de María Magdalena, no una copia, cuestión que hoy es el eje de este artículo.

Artemisia Gentileschi, María Magdalena como la melancolía / Detalle (Ca. 1622 Museo de la Catedral de Sevilla
Artemisia Gentileschi, María Magdalena como la melancolía / Detalle (Ca. 1625) Museo Soumaya (Ciudad de México)

Las principales diferencias entre las dos obras estriban en que la pintura original, la que se encuentra en la catedral de Sevilla, sufrió una intervención de la censura por haberla considerado con graves faltas de recato. Pruebas radiográficas han demostrado que se cubrió el hombro y el pecho izquierdos con un lienzo en el que se aprecia el cambio de color en la zona agregada por la censura: “Este último cuadro [el que está en Sevilla] es el original, y el otro, que se encuentra en el museo Soumaya en la ciudad de México, es una copia de la misma época. Pero es evidente que la copia revela que el original fue intervenido después de ser copiado, para que pudiese entrar sin escándalo en los recintos sagrados. En efecto, radiografías de la pintura muestran que el ropaje fue ampliado para cubrir lo que la Iglesia consideraba indecente y lujurioso. Lo más interesante es que, muy probablemente, fue la misma Artemisia quien pintara la copia hacia 1622, antes de que el comprador del cuadro, el duque de Alcalá y virrey de Nápoles, se llevara el cuadro [original] a su colección (según lo explica la historiadora Mary D. Garrard en su libro Artemisia Gentileschi around 1622: The shaping and reshaping of an artistic identity, Oakland, University of California Press, 2001). Seguramente tuvo una nueva encomienda de pintar a una Magdalena melancólica, y por ello copió ella misma su obra primera. La obra fue a dar, no se sabe cómo, a una colección privada en Lyon; después fue adquirida por Carlos Slim para el Soumaya” (2).

En el establecimiento de las diferencias entre ambas obras, me ha gustado mucho la reflexión localizada al respecto en el documento citado anteriormente: “Se cree que la copia de la Magdalena melancólica fue hecha por la misma Artemisia porque en ella la santa tiene un rostro diferente; un copista normalmente hubiese copiado los rasgos originales, sin crear un personaje nuevo, con la cara más redonda, la nariz más puntiaguda, la boca más curvada hacia abajo y los ojos más grandes con párpados pesados. La primera Magdalena tiene una actitud soñadora y sensual; en la copia su rostro es adusto y desconsolado. Las dos caras de la melancolía que pintó Artemisia reflejan posiblemente su propia experiencia como “pecadora”, ya que sufrió de muy joven una violación y tuvo que enfrentar un largo y penoso juicio promovido por su padre contra el violador que se negó a casarse con ella”.

He profundizado en conocer cómo llegó a Sevilla el cuadro de “María Magdalena como Melancolía”. Varios estudios coinciden en la trazabilidad histórica del mismo desde la compra hasta su llegada a la catedral, es decir, que la pintura pertenecía a la colección de Fernando Enríquez-Afán de Ribera y Téllez-Girón (1583-1637), III duque de Alcalá de los Gazules, V marqués de Tarifa, VI conde de Los Molares y virrey de Nápoles (1629-1631), años en los que coincidió con Artemisia Gentileschi en la citada ciudad. Se sabe que la obra llegó a la catedral procedente de la Casa de Pilatos, donde atesoraba el virrey de Nápoles un importante fondo artístico de pinturas y antigüedades. Como dato curioso, esta obra aparecía en el inventario como “una Magdalena sentada en una silla durmiendo sobre el brazo”. Nada más.

Estamos viviendo una etapa muy alargada en el tiempo en torno a la melancolía y podemos incluso dar la razón a Víctor Hugo cuando decía que la melancolía era la felicidad de estar triste. La melancolía es un talante, una forma de ser talantoso o no. El adjetivo “talantoso” es el claro exponente de lo que queremos decir cuando una persona tiene talante, es decir, se asegura que la persona está de buen humor o semblante. Y aquí es donde quería llegar: al humor o semblante. Ya lo decía Nebrija y el Padre Alcalá en sus Vocabularios y acertaban en su análisis, porque, al final, de humores se trata cuando hablamos de talante. La melancolía o el humor proveniente de la bilis negra (eso significa la conjunción de las dos palabras de raíz griega, “melan” (negra) y “colía” (bilis) es en definitiva un estado de humor anímico. La visión clásica de la melancolía se encuadra en la teoría de los cuatro humores, “adoptada por los filósofos y físicos de las antiguas civilizaciones griega y romana. Desde Hipócrates, la teoría humoral fue el punto de vista más común del funcionamiento del cuerpo humano entre los físicos europeos hasta la llegada de la medicina moderna en el siglo XIX. En esencia, esta teoría mantiene que el cuerpo humano está lleno de cuatro sustancias básicas, llamadas humores, cuyo equilibrio indica el estado de salud de la persona. Así, todas las enfermedades y discapacidades resultarían de un exceso o un déficit de alguno de estos cuatro humores. Estos fueron identificados como bilis negra [melancolía], bilis, flema y sangre. Tanto griegos y romanos como el resto de posteriores sociedades de Europa occidental que adoptaron y adaptaron la filosofía médica clásica, consideraban que cada uno de los cuatro humores aumentaba o disminuía en función de la dieta y la actividad de cada individuo. Cuando un paciente sufría de superávit o desequilibrio de líquidos, entonces su personalidad y su salud se veían afectadas”.

La melancolía se entiende popularmente y según la RAE, en una primera acepción como «Estado anímico permanente, vago y sosegado, de tristeza y desinterés, que surge por causas físicas o morales, por lo general de leve importancia». Cuando deriva hacia una enfermedad, la cuarta acepción del Diccionario de la lengua española la define como «Estado patológico caracterizado por una depresión profunda acompañada de diversas alteraciones físicas y de comportamiento». La melancolía que retrató a la perfección Artemisia Gentileschi corresponde al primer sentimiento expresado y sentido a nivel popular, pero que suele remitir una vez pasado un tiempo de aceptación del hecho causante y el duelo correspondiente. Casi siempre deja huella y hay que aprender a vivir con ese estado de humor o de ánimo. En ocasiones deriva en una patología que necesita atención profesional para salir de ella.

En este contexto y a pesar del dolor interno que experimentó Artemisia por la violación sufrida, dedicó su obra a ensalzar la figura de la mujer representándola con gran coraje y valor, siendo la obra titulada Judit decapitando a Holofernes la que se considera más icónica de la venganza que quiso expresar por la citada violación. Junto a esta obra, en muchas otras figura siempre el protagonismo de la mujer a través de acciones y expresiones muy sorprendentes para la época en las que las pintó. Mujeres, siempre, que actúan solas o en común reivindicando su papel en la historia, alejadas de elementos sacros y con un viso laico de pintura reivindicativa rompiendo el canon de la época.

La investigadora principal de la obra de Artemisia Gentileschi, Mary Garrad, sintetiza en la dedicatoria de su libro Artemisia Gentileschi. The Image of the Female Hero in Italian Baroque Art (1989), lo que significa esta artista en el devenir de los siglos: “Este libro está dedicado al tema tratado en él, Artemisia Gentileschi, artista prima inter pares, con admiración, gratitud y afecto”. Fue el primer texto académico que abordó con objetividad plena la vida y obra de la excelsa pintora.

En cualquier caso, la figura de María Magdalena fue muy querida por Artemisia, a la que llegó a representar en sus cuadros hasta en cuatro ocasiones (incluyendo también su cuestionada María Magdalena Penitente, ¿arrepentida o melancólica?) Si tuviera que elegir entre sus interpretaciones de esta mujer, representada siempre como mujer sola y libre ante Jesús de Nazareth, me quedaría -por admiración y respeto a su obra melancólica- con la titulada María Magdalena en éxtasis, sola, sin ropajes especiales ni ungüento divino, de la que se ha conocido su existencia hace muy poco, concretamente en 2014, ya que solo se tenía una referencia de ella por una fotografía en blanco y negro tomada a principios del siglo XX que se conservaba en el fondo artístico de un marchante de arte italiano. Más de ochenta años después, el óleo de 81 x 105 centímetros, descubierto en una colección antigua del sur de Francia, fue subastado por la Galería Sotheby’s, adjudicándose finalmente por 850.000 euros, cuando el precio de salida estaba entre 200.000 y 300.000 euros.

El mensaje del cuadro no deja duda alguna sobre la autoría de Gentileschi y puedo dar la razón en este momento a la expresión ya citada de Víctor Hugo: la melancolía es la felicidad de estar triste, porque no creo tanto en la situación de éxtasis de la Magdalena como en la de su auténtica melancolía, es decir, un estado de soledad y tristeza que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Contemplando esta María Magdalena, suenan muy bien las palabras de Neruda en este momento: Mariposa de sueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía.

Artemisia Gentileschi, María Magdalena en éxtasis

Un detalle de última hora nos puede dar una idea de la importancia mundial de esta pintora barroca. El pasado 8 de julio, Google dedicó su doodle del día a Artemisia Gentileschi, recordando el 427 aniversario de su nacimiento. Millones de personas abrieron su sesión con una recreación del autorretrato que encabeza estas líneas y tuvieron la oportunidad de conocerla gracias al mágico mundo de Internet. ¡Feliz coincidencia y homenaje implícito!

Me consuela históricamente pensar que podré visitar aquí, en Sevilla, a Artemisia y María Magdalena, tanto monta monta tanto, habiendo comprendido qué significa el poder reparador de su melancolía.

(1) Gentileschi, Artemisia (Edición de Eva Menzio). Cartas precedidas de las actas del proceso por estupro, 2016. Madrid: Anaya (Cuadernos de Arte Cátedra).

(2) https://www.letraslibres.com/mexico-espana/artemisia-y-la-melancolia

NOTA: la imagen de cabecera es una fotocomosici realizada por el autor

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio

Sevilla, 26/XII/2022

Dedicado a Joan Manuel Serrat, a quien tanto debo.

Cuando el viernes pasado se despedía Joan Manuel Serrat de los escenarios, algo que siento aunque sé que él nos quedará para siempre en nuestra alma de secreto, formando parte indeleble de la banda sonora de nuestras vidas, comenzaron a sonar en mi cerebro, como por ensalmo, las canciones suyas que me han marcado a lo largo de muchos años, reconociendo que me ha pasado algo similar a cuando deseo contar las estrellas del firmamento, porque siempre me dejo alguna atrás. De todas formas, no sé la razón profunda de mi memoria de hipocampo en ese momento crucial, pero de pronto empecé a recordar golpe a golpe, verso a verso, como diría Antonio Machado, una de sus hermosas canciones, Sinceramente tuyo, de su álbum Cada loco con su tema (1983), formando parte de una declaración del cantor a modo de principios, que susurré de corrido, en voz queda, como si tuviera una necesidad imperiosa y vital de recordarla y proclamarla a los cuatro vientos y sin respiro:

No escojas sólo una parte, tómame como me doy, entero y tal como soy, no vayas a equivocarte. Soy sinceramente tuyo, pero no quiero, mi amor, ir de visita por tu vida vestido para la ocasión. Preferiría con el tiempo reconocerme sin rubor. Cuéntale a tu corazón que existe siempre una razón escondida en cada gesto. Del derecho y del revés uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Y no es prudente ir camuflado eternamente por ahí ni por estar junto a ti ni para ir a ningún lado. No me pidas que no piense en voz alta por mi bien, ni que me suba a un taburete si quieres, probaré a crecer. Es insufrible ver que lloras y yo no tengo nada que hacer. Cuéntale a tu corazón que existe siempre una razón escondida en cada gesto. Del derecho y del revés, uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto. Nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio.

Apeando la canción de géneros y tratamientos personales, es decir, salvando lo que haya que salvar, descubro de nuevo que su hilo conductor es un verso atribuido a Antonio Machado, del que no localizo su autoría, pero impecable como él, Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio, que es una de las mejores declaraciones de principios de esta realidad que nos mueve y conmueve, la verdad verdadera, aunque Machado lo explicó muy bien en un proverbio inolvidable: La verdad es lo que es, y sigue siendo la verdad aunque se piense al revés.

En este contexto recuerdo que los atenienses contemporáneos de Platón corrían todos los días hacia el areópago, ávidos siempre de la última noticia, aunque tenían un principio de confianza, envidiable hoy, que consistía en que sabían a ciencia cierta que todo lo que allí se anunciaba y comentaba era verdad (alétheia, en estado puro). Habían aprendido de Parménides, a distinguir la verdad de la simple opinión. Recuerdo esta lección histórica y de corte presocrático en los momentos actuales, en los que cualquier noticia se propaga de forma viral, aunque sea el mayor de los bulos o la mayor de las mentiras jamás contada, algo extensible a todos los órdenes de la vida, personales, familiares, profesionales y sociales. Basta que se programe en los robots de Facebook o Twitter el seguimiento jerárquico de determinadas tendencias en rabioso tiempo real, trending topics, para convertirlas en el mantra de credibilidad mundial para un mundo descreído, que se manifiesta incluso en muy pocos caracteres y que pueden hundir el mundo si seguimos por estos derroteros, incluso nuestras vidas, en lo más íntimo de nuestra propia intimidad, en cualquier relación personal sin ir más lejos, como la que narra Serrat en su canción, por ejemplo.

Atravesamos momentos de desconcierto mundial, verdaderamente lamentables, porque quienes propagan estas noticias, a diferencia de los atenienses en el areópago, están convencidos de antemano que poseen la verdad absoluta desde su móvil inteligente y les importa un bledo otro gran aserto de Machado sobre la búsqueda ávida de la misma en el areópago de la vida: ¿Tú verdad? No, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela. No digamos el de Parménides: Es justo que lo aprendas todo, tanto el corazón imperturbable de la persuasiva verdad como las opiniones de los mortales, en las cuales no hay creencia verdadera (Sobre la Naturaleza).

Esta es la razón de por qué con la letra de una canción de Serrat ejemplifico el agradecimiento personal como ciudadano de a pie en un mundo al revés, a su obra íntegra basada en la verdad de su canto, porque él debía hacerlo frente a otros cantantes que solo pueden llevarlo a cabo, porque no es lo mismo poder que deber, dado que su canto tampoco es inocente. Entre poder y deber está la cuestión y Serrat siempre lo tuvo claro. Gracias por habernos dado tanto, por habernos enseñado a comprender que del derecho y del revés uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto. Nunca es triste la verdad, porque lo que no tiene es remedio.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Este libro puede ser un regalo con estela:

Ciudadano Jesús. Otra navidad es posible

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La Sorprendente Concepción

Georges de La Tour, El recién nacido (h. 1648, óleo sobre lienzo, 76 x 91 cm, Museo de Bellas Artes, Rennes)

Sevilla, 8/XII/2022

Sorprende que en un país objetivamente muy descreído e inmerso en problemas muy graves, sigamos experimentando la laicidad y el correlato de aconfesionalidad como palabras huecas en millones de conciencias a pesar de lo propugnado en el artículo 16 de la Constitución. Hoy se celebra el día de la Inmaculada Concepción, festividad vinculada a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, cuando la regresión de las creencias religiosas tiene cada año un crecimiento galopante en el Estado y el Artículo 16 de la Constitución vigente expresa la voluntad de un pueblo: “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos […] Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Lo sorprendente es que una fiesta eminentemente religiosa, sin más sesgos, se eleve a la categoría de fiesta nacional, pasando a ser uno de los pilares del “puente” de Diciembre. Estremece saber, además, que el origen de esta festividad tiene un carácter bélico, además de religioso, por su vinculación con el Milagro en la batalla de Empel, hecho acaecido entre el 7 y 8 de diciembre de 1585, fecha que supone la raíz de la proclamación de la Inmaculada Concepción como patrona de los Tercios españoles y actual infantería española.

Para mí, casi todo lo expuesto me sugiere preguntas, que ya he ido desgranando en estas páginas digitales a lo largo de casi diecisiete años, fundamentalmente porque sigo esperando una respuesta del dios en el que creo, como nos lo recordaba Alberti en su precioso poema “Entro Señor en tus iglesias”, para decirme lo que posiblemente a nadie le diría, aunque sé a ciencia cierta que su corazón anonadado gime ante esta desbandada de sus “fieles”, cada vez menos según los datos oficiales del país. También, por lo que transmite en su poema El platero, publicado en El alba del alhelí, que siempre he sentido como la gran paradoja de la creencia descreída en el dios que nos conmueve y en la Virgen, una mujer muy sencilla y confundida que solo acepta el regalo de un beso a su Niño, mucho más allá de medallas, collares y anillos, porque como estampa familiar nos puede servir para comprender la quintaesencia de la religión bien entendida.

Hoy, vuelvo a contemplar de nuevo el óleo de Georges de La Tour, El recién nacido, un pintor desconocido durante siglos para la historia del arte, porque busco comprender la intrahistoria de María, la madre de Jesús, como nos lo ha contado la historia sagrada. Sobrecoge el silencio y austeridad en este cuadro tan realista en los últimos años del pintor: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes“ (1). No hay vestigio alguno de collares o anillos, pedidos por José al platerillo de Alberti. Sin nada, solo con el regalo precioso del silencio sonoro de la noche y contemplando a su niño, fruto de una sorprendente concepción, en la que encontró, eso sí, a un gran compañero, José, al que también he reconocido siempre su difícil situación ante los demás descreídos y porque su papel en esta historia nunca ha pasado desapercibido en nuestras vidas y en nuestras navidades y fastuosas blancas. José, el carpintero de Nazareth, siempre ocupó una segunda fila en una historia jamás contada bien. Era la pareja oficial de María, asunto que me ha emocionado en muchas ocasiones al describirse así, a pesar de que la historia lo ha encumbrado siempre a los altares. En el óleo de Georges de La Tour, no aparece José por ningún sitio porque realmente nunca fue protagonista de esta historia mágica, la sorprendente concepción de María. Todos comentaban siempre su silencio.

Michel Corrette (1709-1795), José es un buen compañero (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía III, Allegro), interpretado por La Fantasía.

(1) https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/georges-de-la-tour/369d61b8-c430-4c43-9f51-8ed8995aa949

Los ciudadanos nunca fueron ignorantes molestos para Hans Magnus Enzensberger

Sevilla, 29/XI/2022

Uno de los referentes intelectuales durante los últimos años de mi vida profesional fue el polifacético pensador alemán Hans Magnus Enzensberger, que falleció la semana pasada en su país natal a los 93 años de edad. Lo descubrí en su vertiente crítica del mundo digital, pero cargado de razones existenciales para desarrollar tejido crítico necesario en esta revolución digital tan controvertida hoy.

Como homenaje personal, justo y necesario, porque siempre le admiré en mi caminar diario como maestro intelectual, vuelvo a publicar hoy un artículo que le dediqué en 2015 en este cuaderno digital, Los ciudadanos no son ignorantes molestos, porque resume bien esa admiración aristotélica sobre una persona enciclopédica, extraordinaria e imprescindible, que tanto ha entregado al mundo de la cultura y del ensayo.

Lo dije en aquel artículo y lo vuelvo a repetir hoy, al recordar aquel “descubrimiento”, un artículo suyo publicado en Revista de Occidente, El evangelio digital, que me conmocionó en momentos transcendentales de mi carrera pública digital, fundamentalmente porque hacía una defensa de la ciudadanía tildada presuntamente de “ignorante”, que volvió a rescatar en su obra Reflexiones del señor Z, “sobre todo por las precauciones que hay que tomar en la llamada sociedad de la información y del conocimiento, así como por lo que fabrican algunos intelectuales a través de los departamentos de tonterías [sic], que incluso algunas pueden ser digitales por el uso y abuso desordenado de medios electrónicos (teléfonos inteligentes, tabletas, televisión, etc.)”.

Aprendí mucho de su sabiduría infinita y me ayudó a comprender la quintaesencia de los albores de la revolución digital en el Sistema Sanitario Público de Andalucía. No lo he olvidado y su ausencia me duele especialmente.

Los ciudadanos no son ignorantes molestos

En 2001 ya lo expuse en un momento especial en mi vida profesional: “No pertenezco a la legión de embajadores del tratamiento de la informática como los proclamadores de la buena nueva digital, del evangelio digital, en frase de Hans Magnus Enzensberger, aquellos que declaran a los ciudadanos como ignorantes molestos. No soy tampoco vendedor de cajas de trucos pragmáticas, en expresión del mismo autor. No me gustan las brechas digitales… Lo que he venido haciendo desde que tengo uso de razón es buscar sentido a la vida cualquiera que sea la posición que se ocupa en ese momento en el vivir diario”.

Hoy, he vuelto a encontrarme con Enzensberger, en una entrevista realizada por el maestro Juan Cruz, que he leído varias veces porque me ha vuelto a sorprender su frescura mental cuando ya ha alcanzado 87 años de experiencia vital, en el marco temporal de la publicación de su último libro, Reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes.

Han pasado catorce años y he recordado de forma entrañable un artículo suyo publicado en Revista de Occidente, El evangelio digital, que me conmocionó en momentos transcendentales de mi carrera pública digital, fundamentalmente porque hacía una defensa de la ciudadanía tildada presuntamente de “ignorante”, que ha vuelto a rescatar en el libro citado, sobre todo por las precauciones que hay que tomar en la llamada sociedad de la información y del conocimiento, así como por lo que fabrican algunos intelectuales a través de los departamentos de tonterías [sic], que incluso algunas pueden ser digitales por el uso y abuso desordenado de medios electrónicos (teléfonos inteligentes, tabletas, televisión, etc.): “Sí, en ese sentido hay una parte reaccionaria del señor Z. Naturalmente estos aparatos no le gustan: no tiene móvil, lo rechaza, por tanto no tiene Twitter, ¡no, por favor, qué horror! En él hay todos los aspectos: el sabio, pero también el provocador, el gurú, el payaso… ¡Sí, está entre Sócrates y Jeff Koons! [risas]. Y sí, esta es una enciclopedia que alerta contra la estupidez humana. Pero tengo la cortesía de escribir libros breves; creo que es más amable que imponerle al público libros de mil páginas”.

Indiscutiblemente, hay que leer entre líneas estas afirmaciones sin darles patente de corso, porque es indudable que no dice tonterías de intelectual de tres al cuarto. Me ha preocupado siempre su reflexión acerca de que a veces digitalizamos tantos procesos humanos que se llega a considerar a los ciudadanos como ignorantes molestos por el mundo analógico en el que creemos que están instalados, pasando a formar parte del macromundo de torpes digitales. En todo se debe marcar siempre una delgada línea roja, sobre todo cuando la equidad digital sigue siendo una quimera en la sociedad actual donde se están tomando decisiones desde determinados centros de poder digital, por personas que caben en un taxi (digital, por supuesto) y que pueden llegar a afectar a la quintaesencia del ser humano (1). 

Juan Cruz aborda con delicadeza una cuestión esencial para una persona de tan dilatada vida intelectual, con la prevención digital que tanto lo ha caracterizado. Su protagonista, el señor Z, “dice que la avalancha de información se evaporará. Y añade que “existe vida más allá de los medios”. Ante esta observación, Enzensberger se muestra en estado puro: “Yo también digo que en este momento todos los medios hablan de la digitalización y predicen que todo ha de ser digital. ¡Abajo con el papel, es demasiado analógico! No estoy de acuerdo: yo como analógicamente, duermo analógicamente… Este es un sistema analógico. La rodilla es analógica, la lengua no es un ordenador. ¡No hay que exagerar con lo digital, no es la solución de todo! Los industriales dicen que hay que digitalizar lo más posible, porque hay capacidad de reducir el tamaño de las máquinas… ¿No te parece que se muere también analógicamente, no digitalmente?”.

Con esta reflexión, he vuelto a pensar en el maravilloso avance de la sociedad digital, aquél mundo que preconizó Negroponte y que ha aportado a la humanidad avances tan espectaculares. Pero voy a leer con intención sana este nuevo libro de un autor que hace casi quince años me creó una inquietud razonable sobre el progreso digital, porque lo que verdaderamente me preocupa es que todo esté tan maravillosamente bien planificado desde la revolución digital, superando incluso a la industrial, que lo único que sobra realmente es la persona “ignorante molesta” a la que no se le suelen ocurrir las tonterías de los intelectuales altaneros a los que critica Enzensberger.

Sevilla, 17/V/2015

(1) Morozov, Evgeny (2015, 16 de mayo). Siervos y señores de Internet, El País.com. Artículo extraordinario que demuestra que Internet tampoco es inocente.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Los museos deberían ser espacios de cuidados y bienestar

The Box, Anthony Luvera, Museo de las personas sin hogar, MOH

Sevilla, 11/X/2022

El próximo 23 de octubre se va a celebrar en Madrid, en la sede del Museo Thyssen-Bornemisza, el Museo de Todos, como expresa su eslogan, un encuentro sobre Educación + cuidados, destinado a profesionales de la educación en museos, que busca reflexionar en torno a la idea de los museos y de la cultura como espacios de cuidados y de bienestar para las personas y las comunidades, con preguntas muy importantes: ¿Qué papel juegan la cultura y los museos en el bienestar de las comunidades y las personas? ¿Cómo y desde dónde se establecen las relaciones entre comunidades y museos? ¿Es el museo un espacio para los cuidados? ¿Los cuidados son también cultura? En este ámbito de investigación, el Museo “pretende abrir una conversación en torno a la idea de la cultura y de los museos como “espacios de cuidados” y a cómo, desde esta óptica, se establecen relaciones entre los diferentes agentes”.

Entre los ponentes figuran dos de especial interés, Jessica y Matthew Turtle, cofundadores del MOH (Museo de las personas sin hogar), con sede en Londres, a los que he deseado conocer más detenidamente por un proyecto de marcado interés social. Este Museo está configurando un fondo nacional para personas sin hogar, preservando y compartiendo historias de personas sin hogar, pobreza y acción social, con un objetivo muy claro: luchar contra la injusticia, llevando a cabo investigaciones y haciendo campaña por el cambio que necesita la sociedad. Sus investigaciones y campañas independientes influyen en los legisladores y en el campo de las personas sin hogar para realizar cambios en las políticas y prácticas. Un ejemplo claro es el proyecto, Los extremos de la pandemia, en el que se cuenta la historia de lo que sucedió a las personas en el extremo más crítico de la sociedad en 2020 y 2021, compartiendo mapas de historias, visualizaciones de datos, líneas de tiempo y, lo que es más importante, extractos de testimonios de la vida real de la época.

Lo que ha ocurrido con la pandemia y los daños colaterales asociados, que todavía estamos sufriendo, merecen la atención especial en este Museo, a través de lo que ellos llaman “una historia visual” que no se debe olvidar, porque “cuenta la historia de lo que sucedió a las personas en el extremo más crítico de la sociedad. Es una historia que se compartió con más de 1000 personas como parte de nuestro Museo Secreto a fines de 2021. Incluye mapas de historias, visualizaciones de datos, líneas de tiempo y, lo que es más importante, extractos de testimonios de la vida real de la época. En última instancia, refleja una historia contada por personas que trabajan y viven con la desigualdad y se organizan para cambiarla. Son diferentes a los titulares que podrías haber visto. Aunque algunos políticos y formuladores de políticas tuvieron mucho que decir en 2020 sobre atraer a la gente, la imagen real es mucho más compleja y estratificada. Lo que descubrirá aquí no es lo que sucedió con las organizaciones benéficas más grandes o la versión gubernamental “oficial”. En cambio, encontrará lo que sucedió desde la perspectiva de los organizadores de base y desde el punto de vista de las personas sin hogar, sin filtros. En el centro de esta historia visual se encuentran los objetos y sus historias, recopilados de personas afectadas por la falta de vivienda y personas en primera línea. Nuestro trabajo sobre la historia de las personas sin hogar nos ha dicho que esta versión de los hechos es la que a menudo se deja fuera de los libros de historia”.

Lo que me ha impresionado es la secuencia de imágenes de objetos de la pandemia que simbolizan el sufrimiento que llevan dentro. He escogido una, La caja (de cartón), que según el autor de la foto y su mensaje, Anthony Luvera, “simboliza la generosidad de la comunidad. Eso es lo que hace. Simboliza eso. Porque fue la generosidad de la comunidad. No la de las autoridades locales. No fue la caridad. Fue la comunidad, y eso es lo que trajo y nos unió a todos. Entonces, creo que también trae, para mí, unión». Sobran más palabras.

El encuentro del Thyssen-Bornemisza me parece un acontecimiento digno de mención, respeto y divulgación máxima de la sociedad. Visto lo visto y sentido, crear un Museo de los Nadies en nuestro país es una necesidad social, para que se tome conciencia de que los pobres están muy cerca de nosotros, porque incluso lo somos también a veces cada uno de nosotros, sobre todo cuando no confundimos valor y precio, como todo necio, siguiendo de cerca a Antonio Machado. Un patrono de excelencia, respetando su memoria, sería Eduardo Galeano, porque ayudaría a elegir las mejores historias visuales y objetos de los llamados Nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida. que pasarían directamente al fondo histórico del mismo, para que no lo olvidáramos nunca después de volverlos a ver en ese Museo, en una visita guiada por la conciencia y dignidad humana.

Lo expuesto anteriormente me ha recordado un artículo de Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura en 2006, Una mirada a mis fuentes de inspiración, en el que explica de forma minuciosa, cómo se fraguó una novela que ha tenido luego su proyección en un museo de Estambul que conserva su título: El museo de la inocencia (1), un Museo de cuidados y bienestar. Una de sus fuentes, que me llamó poderosamente la atención, es la que él cataloga como 12, que he escogido porque aborda otra realidad museística que siempre me llenó de emoción cuando lo leí: la creación de un Museo de los Sentimientos: “Spoerri [artista suizo de origen rumano] dijo que una de las fuentes de inspiración para su Museo de los sentimientos en Colonia fue el Museo Frederic Marès de Barcelona. El protagonista de mi novela, Kemal Basmacı, visitó la “planta superior de horquillas, pendientes, naipes, llaves, abanicos, frascos de perfume, pañuelos, broches, collares, bolsos y pulseras” de este museo, y después yo también fui en numerosas ocasiones. Igual que mi novela y mi museo muestran una profunda influencia de Proust, Joseph Cornell, Tolstói, Nabokov, Borges y el Museo Bagatti Valsecchi de Milán, debo aprovechar esta ocasión para dar las gracias y honrar a Frederic Marès”. El Museo de la Inocencia se presenta con palabras muy atrayentes: “La novela [del mismo nombre], que trata sobre el amor, está ambientada entre 1974 y principios de los 2000, y describe la vida en Estambul entre 1950 y 2000 a través de recuerdos y flashbacks centrados en dos familias: una rica y otra de clase media baja. El museo presenta lo que los personajes de la novela usaron, vistieron, escucharon, vieron, coleccionaron y soñaron, todo meticulosamente dispuesto en cajas y vitrinas. No es imprescindible haber leído el libro para disfrutar del museo, como tampoco es necesario haber visitado el museo para disfrutar plenamente del libro. Pero quienes hayan leído la novela comprenderán mejor las muchas connotaciones del museo, y quienes hayan visitado el museo descubrirán muchos matices que se habían perdido al leer el libro. La novela se publicó en 2008 y el museo abrió sus puertas en la primavera de 2012”.

Una última propuesta. En la puerta de un hipotético nuevo Museo de los Nadies y en la página principal de su sede en Internet, deberían figurar unas palabras excepcionales de Eduardo Galeano (2) para identificar mejor a los visitantes, probablemente porque podríamos dejar allí bastantes historias reales de nuestras vidas, como pobres de solemnidad ética:

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.

Pobres, lo que se dicen pobres, son los que no saben que son pobres.

Entrar allí, sería la visita más importante de nuestras vidas a un Museo, jamás contada. Podríamos salir ligeros de equipaje, dejando allí en depósito historias y objetos reales de nuestras vidas por si fueran útiles para los demás. Sería una misión preciosa en un Museo de Cuidados y Bienestar, que falta nos hace. Fundamentalmente, porque puede cuidar el alma.

(1) Pamuk, Orhan, El museo de la inocencia, 2011. Barcelona: DeBolsillo – Penguin Random House Grupo Editorial.

(2) Galeano, Eduardo, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 1998. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Pasolini y su aviso sobre el neofascismo que nos rodea

Sevilla, 28/VIII/2022

Creo, ahora más que nunca, que hay que armarse ideológicamente ante el fascismo que nos rodea en el ocaso de la democracia, cuestión a la que he dedicado muchas páginas en este cuaderno digital. Con motivo de la celebración del centenario del nacimiento del poeta, escritor y cineasta Pier Paolo Pasolini, al que profeso admiración desde hace ya muchos años, se están publicando nuevas ediciones de su obra y ensayos de gran valor para no olvidar su contribución en la lucha por un mundo mejor, a través de una ideología de izquierda que nunca ocultó. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Además, una obra de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ganadora del XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022, en un año en el que se ha cumplido ya el centenario del nacimiento del director italiano, como decía anteriormente, se ha convertido en una edición especialmente interesante para conocerlo en profundidad, algo que es de agradecer en estos tiempos tan especiales y revueltos por el ocaso de la democracia.

Entre las obras publicadas en torno a este centenario, he elegido hoy una que resume muy bien su concepción del antifascismo, El fascismo de los antifascistas, porque trata de forma sorprendente y de plena actualidad, cómo se amplia cada vez más el círculo del fascismo, haciendo una llamada de atención sobre algo que está ocurriendo en la actualidad en nuestro país, porque también podemos encontrar fascismo en diferentes círculos de la sociedad, incluso en las capas liberales, algunas de falsa izquierda, ultraderecha y capitalistas “apolíticos” que tanto atosigan al mundo. Hay que tener en cuenta que en esta obra se recogen artículos y entrevistas que van de 1962 a 1975, año en el que Pasolini murió asesinado en la playa de Ostia, muy cerca de Roma. De ahí su sorprendente actualidad. La sinopsis oficial del libro deja claro estos planeamientos anteriores: “La reflexión sobre el fascismo y su evolución histórica recorre toda la obra de Pasolini: este volumen recoge algunos de sus textos más significativos escritos sobre el tema entre septiembre de 1962 y febrero de 1975. En ellos Pasolini advierte contra una nueva forma de fascismo, más sutil e insidiosa, entendida “como normalidad, como codificación del trasfondo brutalmente egoísta de una sociedad”. Es el sistema de consumo, que desde los años sesenta se encarga de la homologación cultural de todos los países: un poder sin rostro, sin camisa negra y sin fez, pero capaz de moldear vidas y conciencias. Más de cuarenta años después, estas intervenciones mantienen intacta su fuerza crítica, lo que nos permite captar algunos de los rasgos más profundos del mundo actual”.

Recomiendo, sobre todo, la lectura del artículo que da nombre a esta recopilación, El fascismo de los antifascistas, porque las personas que siguen de cerca a Pasolini lo recordarán publicado en Escritos corsarios, como rúbrica del artículo que apareció el 16 de julio de 1974 en Il Corriere della Sera bajo el título de “Abramos un debate sobre el caso Pannella”, un líder del Partido Radical que mantuvo una huelga de hambre, entre otras muchas, para defender determinadas exigencias políticas y ante la que la reacción del espectro político fue de un conformismo y frialdad marmórea que todavía hoy sobrecoge al leerlo. Fascismo puro, incluso de la presunta izquierda y de la trasnochada democracia cristiana, amparada por el Vaticano, obviamente, por hablar de extremos, de acuerdo con su planteamiento: “[…] hace tiempo que los católicos se olvidaron de que son cristianos”, dice exactamente Pasolini. Hay que señalar que Marco Pannella fue un activista político de renombre en los años setenta y cuando se publicó el artículo era presidente del Partido Radical, iniciando una de sus huelgas de hambre por convicción ideológica, que pedía en concreto cuatro cosas que vistas hoy eran de una “normalidad democrática” digna de encomio, aunque todo el mundo le diera la espalda aquél año. La primera, que la televisión pública italiana diera un cuarto hora a la Liga Italiana del Divorcio (LID) para exponer su proyecto y otro tiempo idéntico a un líder, un teólogo benedictino, para que los católicos votasen libremente a favor del divorcio: en segundo lugar, que el presidente de la República recibiera a representantes de su partido y de la Liga citada anteriormente; la tercera, que el parlamento italiano tomase en consideración la proposición de ley socialista sobre el derecho al aborto y, por último, que los propietarios el periódico Il Messaggero, aseguraran una información laica y el derecho a la información de las minorías laicas. Ante estas “peticiones” la respuesta global fue el silencio cómplice tanto de la derecha como de la izquierda. De ahí la lección de Pasolini pidiendo intervenir, sobre todo a la izquierda, porque el fascismo también existe en el antifascismo, constituyendo un neofascismo que da miedo. Estamos avisados en nuestro país, por ejemplo.

La Nota al texto del libro no deja dudas sobre la concepción de fascismo y neofascismo por parte del autor de las entrevistas y artículos: “Pasolini utiliza el término “fascismo” para referirse al fascismo tradicional y “arqueológico” del ventenio mussoliniano, así como al fascismo “nominal y artificial” de ciertos sectores juveniles de los años setenta, hasta la identificación del nuevo fascismo con la “prepotencia del poder” propia de la civilización de consumo, capaz de modificar el país de manera aún más profunda que el régimen del Duce. A esto hay que sumarle un fascismo “como normalidad, como codificación […] del fondo brutalmente egoísta de una sociedad” que se presenta como antifascismo pero que, en el fondo, se muestra cómplice con la “manipulación artificial de las ideas con las que el neocapitalismo está modelando su nuevo poder”. A más de cuarenta años de distancia, estas reflexiones mantienen intacta toda su fuerza crítica y su capacidad descriptiva, y permiten vislumbrar, aunque sea todavía in nuce, muchas de las características más profundas de la Italia actual”.

El libro se lee con avidez en la búsqueda de respuestas actuales a lo que está pasando y estamos viendo ante nuestros ojos. Es una pequeña joya que cumple su misión en estos tiempos revueltos, porque nos avisa sobre la realidad flagrante del neofascismo de nuevo cuño, pero muy cerca de nosotros en determinado espectro político del país. Lo dicho: estamos avisados, estoy avisado, escribiendo hoy estas palabras y recordando muchas suyas, porque es lo que nos queda, tal y como lo aprendí también de Blas de Otero: Si he perdido la vida, el tiempo, todo / lo que tiré, como un anillo, al agua, / si he perdido la voz en la maleza, / me queda la palabra.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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Antónimos para el ocaso de la democracia / 1. Alborada

Luis Cernuda

Vivir siempre así. Que nada, ni el alba, ni la playa, ni la soledad fuesen tránsito para otra hora, otro sitio, otro ser. ¿La muerte? No. La vida todavía, con un más acá y un más allá, pero sin remordimientos ni afanes. Y entre antes y luego, como entre sus dos valvas la perla, este momento irisado y perfecto. Ahora.

Luis Cernuda, en Alborada en el Golfo

Sevilla, 5/V/2022

Estoy conturbado y consternado ante el ocaso de la democracia que percibo en nuestro país. No hay que ser Einstein para darnos cuenta de que algo está pasando en relación con la democracia en este país al revés, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies, que diría Eduardo Galeano. Por esta imperiosa razón categórica busco palabras que, respecto de otra, expresen una idea opuesta o contraria, antónimos de la palabra “ocaso”, para construir a partir de hoy y hasta el día de la elecciones en Andalucía, el domingo 19 de junio, palabras que contrarresten la palabra “ocaso”, que desde el Diccionario de Autoridades, que tanto aprecio, se conoce bien con una acepción alejada de la astronómica, al ocultarse o ponerse el sol: “se toma muchas veces por la muerte”.

Quiero comenzar esta serie con un antónimo, la palabra “alborada”, porque es preciosa en su origen y llevada al terreno de la democracia todavía más. En vez de decir “el ocaso de la democracia”, prefiero decir hoy “la alborada de la democracia”, entendida esta palabra en su significante actual como “período que transcurre desde que empieza a aparecer en el horizonte la luz del día hasta que sale el Sol, composición poética o musical que expresa sentimientos relacionados con la llegada del día y el repique de campanas o música que se toca al amanecer”. El Diccionario de Autoridades lo resumió en 1726 en una frase preciosa: “Aquel tiempo en el que empieza a amanecer o a descubrirse la primera luz del día”. Todas ellas son acepciones llenas de júbilo y esperanza hacia algo nuevo que acontece a diario, frente al ocaso que la naturaleza nos enseña también día a día.

Ante el ocaso de la democracia que he descrito recientemente en este cuaderno digital, deseo rescatar hoy este antónimo, alborada, que dignifica la democracia, siempre que respetemos su sentido primigenio, es decir, una realidad social que se construye cada día al igual que “empieza a amanecer o a descubrirse la primera luz de cada día”. En este sentido, estoy convencido de que la democracia hay que cuidarla cada día y con tres pilares de cuidados básicos que he reiterado en muchas ocasiones en este cuaderno digital: el primero, participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota, sabiendo que las ideologías no son inocentes y que todos los partidos no son lo mismo. De ahí la necesidad de recurrir a una información veraz y objetiva de los programas y del conocimiento de los líderes que los representan, con objeto de que cada persona pueda emitir juicios bien informados, no sólo en el momento de introducir el voto en la urna, sino también en la convivencia diaria, huyendo de silencios cómplices, en una permanente alborada democrática. El segundo pilar se centra en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en libertad de conciencia y acto del día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Libertad, porque es lo más preciado de lo que dispone el ser humano cada día en la tarea diaria de entrar en ella. Finalmente, el tercer pilar nos obliga a pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con el voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político de la democracia, como el campo, es para quien la trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. En definitiva, lo que planteo es una alborada democrática, vigilante y continua.

El ocaso de la democracia que estamos viviendo cada día que pasa en nuestro país, no resbala por mi piel, sino que está modificando mi vida actual para animarme a luchar por compartir la alborada que la democracia lleva dentro. Para mí es una acaricia que recibo todos los días, lo que me lleva a hacer hoy una exaltación de su impacto en beneficio del interés general, el de todos sin dejar a nadie atrás. De acuerdo con Cernuda, la alborada hay que entenderla como “la vida todavía, con un más acá y un más allá, pero sin remordimientos ni afanes”. Una alborada democrática, vigilante y continua. Ahora.

Nikolái Rimski-Kórsakov, Capricho español, Op. 34, 1887, Orquesta de la Universidad de Vermont. Cinco movimientos: Alborada, Variaciones, Alborada, Escena y canto gitano, y Fandango asturiano.
UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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Para la libertad, hoy es un día especial porque aún tenemos la vida


José «Zeca» Afonso

Para la libertad sangro, lucho, pervivo. / Para la libertad, mis ojos y mis manos, / como un árbol carnal, generoso y cautivo, / doy a los cirujanos. // Retoñaran aladas de savia sin otoño, / reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida; / porque soy como el árbol talado que retoño: / aún tengo la vida.

Miguel Hernández, Para la libertad

Sevilla, 25/IV/2022, día de san Marcos evangelista y 48º aniversario de la «revolución de los claveles» en Portugal.

Dedicado, como siempre y de forma especial a nuestro hijo Marcos

Cada año me aproximo en este día a la página en blanco de este cuaderno digital como si fuera la primera vez y recurro a la escritura circular y al respeto a la memoria histórica en mi vida, porque para mí existen dos razones fundamentales para no olvidar el significante y significado recurrente en este día, siendo la primera su carácter “santo”, la celebración de la festividad de san Marcos, aunque siempre me gusta hablar de él como el joven periodista que nos transmitió su visión de cómo era Jesús de Nazaret, bajándole de la peana tradicional. La segunda, desde la perspectiva más laica posible, la del aniversario de la revolución de los claveles en Portugal, en 1974, a través de una canción que no olvido, Grándola, Vila Morena, cantada por Jose Zeca Afonso, porque la transformación de aquella sociedad anquilosada e instalada en la dictadura fue verdadera y porque demostró que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones, aunando voluntades. Aquella canción sonó de una forma especial a a las 00.20 horas del día 25 de abril de 1974 en el programa radiofónico Limite,  como segunda y última señal para dar comienzo al movimiento revolucionario en Portugal.

Esta fecha no es inocente en ambos casos, como ocurre siempre con las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el “tu quiero y mi puedo” que nos enseñó Mario Benedetti y que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. Nuestro hijo Marcos lleva ese nombre porque cuando nació tuvimos presente la interesante vida de su homónimo galileo, aquél amigo y admirador de Jesús de Nazaret, al que le gustaban sus detalles humanos de proximidad a las personas más necesitadas de todo, los nadies de su época, siempre dispuesto a atender a quien lo necesitara, aunque estuviera muy cansado y se durmiera sobre el cabezal del barco (así nos lo ha contado), considerando que su vida y obras eran una gran noticia para el mundo por su marcado interés general. Para mí, un excelente periodista, que contaba lo que interesaba en aquel momento a la gente, en la clave que aprendí de Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, cuando decía que “periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”. Nos hacía ilusión contárselo a Marcos cuando lo pudiera comprender y así lo hicimos, para que siempre fuera portador de las mejores noticias de libertad y democracia a pesar de estar viviendo muchas veces en un mundo al revés, que tan admirablemente describe Eduardo Galeano.

La letra de aquella canción, Grándola, Vila Morena, que vuelve a sonar hoy en mi memoria de hipocampo, puede ser un perfecto guion para entender bien su significado a través de algunas de sus estrofas:

En cada esquina un amigo, en cada rostro igualdad. Maravillosa letra para componer canciones para después de las guerras particulares. Marcos creció de la mano de soledades sonoras, porque la revolución silenciosa debe seguir adelante en el primer mundo. Sigue el cuadro del niño, el fusil y el clavel en su habitación de sueños y trabajo, como mensaje subliminal de que hay que estar cerca de quienes aportan a la sociedad amistad e igualdad, siempre con letra y música de fondo interpretada por Jose Zeca Afonso.

A la sombra de una encina de la que yo no sabía su edad: estas palabras nos sirvieron para comprender a Marcos, su forma de ser, sus sueños, su auténtica personalidad, sabiendo que el compromiso de la encina es dar corazón porque moldea la vida. Su nombre fue un compromiso para el proyecto que más ha ordenado nuestra forma de ser y estar en el mundo, cuando solo tenía segundos de vida real, porque queríamos que él fuera siempre un programa de vida compartida en la cultura de Marcos, aquel cronista del siglo I después de Cristo que nos contó de forma admirable cosas de Jesús de Nazareth, tal y como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: «Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso» (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39). Cosas de un ciudadano especial y tan humano que a veces le vencía el cansancio y se dormía apoyado en el cabezal del barco, como dije anteriormente, soñando que otro mundo era posible. Nos contó cosas de un ser que sigue dando que hablar a las multitudes que siguen creyendo en las revoluciones que permiten a cada persona ser feliz con sus proyectos particulares de vida sin estar mediatizados por el consumo de turno. 

El pueblo es quien más ordena, dice también la canción revolucionaria y siempre se lo hemos recordado a Marcos, tal y como nos lo transmitió aquél joven llamado Marcos, del siglo I que vivía en Galilea y Jose Zeca Afonso en su pequeño rincón de Grándola, bastante avanzado el siglo XX. No lo olvidamos en pleno siglo XXI, cuando la democracia sufre en varios frentes de convivencia por el odio que algunos se empeñan en instalar en nuestra forma de vida. De ahí la necesidad de recordar lo que nos puede mantener vivos y despiertos en democracia (de otra forma no es posible) después de tantos siglos.

Hoy, sigo pensando a estas alturas del siglo y saliendo el mundo como puede de pandemias y guerras, que aquél chico tan atrevido, de nombre Marcos, nos dejó palabras escritas sobre la maledicencia y sus portavoces, pronunciadas por su amigo Jesús ante un pobre paralítico indefenso y porque a él lo consideraban un impostor, que leyéndolas de nuevo hoy las considero de un calado excepcional: ¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? (Marcos 2,8), para que no las olvidemos ni siquiera un momento. Aquella revolución que estaba viviendo Marcos y que le costó la vida a su amigo le sobrecogió y hoy nos viene muy bien recordarlo, cuando la democracia en este país corre un riesgo alarmante de perder el control de la convivencia pacífica, por determinados pensamientos en corazones de personas que están muy lejos de la democracia y su aplicación en la vida ordinaria. Creo que al buen entendedor que debe proteger la libertad y la democracia, con pocas palabras basta y este día, tan especial, escuchando también y atentamente a Miguel Hernández, nos ayuda a entender que para la libertad sangramos, luchamos y pervivimos por una razón fundamental: aún tenemos la vida.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Lectura infinita en el Día del Libro, libertad asegurada

Federico García Lorca junto a su hermana Isabel, con un libro en sus manos (1914) / Archivo Fundación Federico García Lorca – Centro Federico García Lorca

Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva.

Irene Vallejo, en Manifiesto por la lectura

Sevilla, 23/IV/2022, Día Internacional del Libro

Hoy se celebra, con una proyección mundial, el Día Internacional del Libro. En este sentido vuelvo a publicar una de mis últimas aportaciones al inmenso placer de la lectura, Lectura infinita, libertad asegurada, porque contiene una declaración de principios sobre el arte de leer. Ayer, cuando visitaba en Granada la exposición El dibujo «La vista y el tacto» (ca. 1929-30) de Federico García Lorca, en en el Centro que lleva su nombre, contemplé ediciones preciosas de sus obras y volví a encontrarme con una fotografía suya que ya he publicado en varias ocasiones en este cuaderno digital y que hoy he elegido de nuevo para representar el hilo conductor de estas palabras.

Federico García Lorca, detalle de La vista y el tacto (ca. 1929-30)

Esta imagen la comprendí mejor en el contexto de las vitrinas que recogían su obra en torno a su dibujo, que explicaba así lo allí expuesto: «La vista y el tacto (ca. 1929-30), proyecto que parte del dibujo del mismo título de Federico García Lorca, supone un nuevo acercamiento interdisciplinar del archivo del poeta al público, entendido el primero como un magma que cristaliza y se disuelve en contacto con obras ajenas al mismo, textos que lo invocan, estéticas que lo atraviesan, o que parecen ser predichas desde la obra del poeta. El dibujo La vista y el tacto (1929-30) ha servido como guía para cruzar el archivo y reunir los documentos del legado que se exponen en esta exposición, en los que la imagen literaria de los textos convive con texturas, gestos, manos que se entrecruzan, temperaturas, escalofríos, abrazos o nebulosas». Es lo que siento hoy de nuevo al contemplar a Federico leyendo un libro junto a su hermana Isabel.

Junto a la imagen de Federico García Lorca, que tan cerca he estado de él estos días en Granada, incorporo también una rosa, a modo de regalo virtual a las personas que lean estas palabras que, afortunadamente, aún nos quedan. Estoy convencido de que la lectura hay que cuidarla cada día porque ella nos cuida y nos salva.

Lectura infinita, libertad asegurada

La Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura, dependiente del Ministerio de Cultura y Deportes, presentó el 23 de diciembre del año pasado el nuevo Plan de Fomento de la Lectura 2021- 2024, con un lema, Lectura infinita, que tiene como principal objetivo “incrementar los índices de lectura en nuestro país y contribuir a resituar el hecho lector más allá de un instrumento de ocio, reconociendo la lectura como un vehículo fundamental para la salud, el aprendizaje, la cohesión social y la economía digital”. El documento, de 61 páginas, aborda en su prólogo qué significa la necesidad de leer, con una frase de José Jiménez Lozano, ganador del Premio Cervantes 2002, en la que se explica en pocas palabras la urgencia de la lectura: “Se puede tener gusto por la lectura o no, pero leer no es una cuestión de gusto o afición, sino una necesidad verdadera y solo necesitamos percatarnos de ella”. Continúa expresando que la lectura “completa la vida de las personas por tratarse de un acto que proporciona un espacio personal para la evasión, la transformación y el enriquecimiento del individuo, aportándole paz mental y abriéndole la puerta a nuevos mundos, personas e ideas con los que poder crear un diálogo íntimo. La lectura agiliza además la actividad cerebral, puesto que requiere de una concentración y atención que estimula la capacidad cognitiva del individuo, creando nuevas conexiones neuronales y contribuyendo a prevenir enfermedades degenerativas. Lo defiende así Irene Vallejo, en su obra Manifiesto por la lectura, que ya he comentado en este cuaderno digital: “los libros ofrecen un gimnasio asequible y barato para la inteligencia en todas las edades, y tan solo por ese motivo sería aconsejable incluirlos desde la más temprana infancia y mantenerlos a lo largo de la vida” o cuando hace un canto precioso a la lectura: “Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva. Los libros nos recuerdan, serenos y siempre dispuestos a desplegarse ante nuestros ojos, que la salud de las palabras enraíza en las editoriales, en las librerías, en los círculos de lecturas compartidas, en las bibliotecas, en las escuelas. Es allí donde imaginamos el futuro que nos une”.

¿Cómo se va a abordar este Plan? El documento responde a esta pregunta con 12 desafíos, que enumero a continuación sin dejar ninguno atrás: Pacto por la Lectura, Hacia una nueva narrativa. También eso es lectura, Redefinir el Observatorio de la Lectura y el Libro, Mejorar los índices de lectura. Aquí se lee, Promover la igualdad en el acceso a la lectura. Lectura al alcance de todos, Dotar de prestigio a la lectura. ¿Por qué leer?, Mostrar la bibliodiversidad. Mil lecturas, un lector, Dotar de prestigio a la creación literaria. ¿De dónde salen los libros?, Visibilizar la lectura como motor para la innovación y el conocimiento, Comunicar para fomentar, Internacionalización: traspasar fronteras y La lectura y la Agenda 2030.

Asimismo, estos desafíos se desarrollarán a través de 11 programas y líneas de actividades, que abordan acciones concretas: Pacto por la lectura, Leer es crecer, Leo porque quiero, Leo contigo, Dime qué lees, Quiero más libros, Lectura sin fronteras, Aprendo leyendo, Creo lectores, Leo donde quiero,  Lectura sostenible. A partir de aquí, el Plan incorpora algo que valoro mucho, la evaluación del mismo, que permitirá el análisis y mejora continuada del proyecto. 

Este Plan cuenta también con un incremento de 4,9 millones de euros anuales en el Presupuesto de 2022, que se suman a las líneas preexistentes y que alcanzan una cifra global de 39,6 millones de euros hasta el año 2024. Finalmente, en el Epílogo, ofrece diez claves a modo de acróstico del Plan. PACTAS LEES: Pacto. El fomento de la lectura como un empeño colectivo que contribuya a resituar al hecho lector más allá de un instrumento de ocio; Aproximación a un nuevo concepto de lectura. Elaboración de una nueva narrativa sobre qué es lectura y su impacto en la vida de las personas y en la sociedad; Contamos con lectores en nuestro país. En España sí se lee. Fomentar la lectura en positivo; Toda lectura comienza en la creación. Estatuto del artista; Alianzas múltiples que vinculen a organizaciones y empresas que no estén especializadas en este campo y multipliquen el impacto de la actividad de fomento de la lectura; Sin fronteras en la lectura. Proyección internacional, con especial atención a América Latina; La investigación y el estudio generadores del capital de conocimiento sobre la lectura. Redefinición del Observatorio de la Lectura y el Libro; Especial apuesta por la innovación. Laboratorios ciudadanos; Extender la lectura en el campo. Afrontar el reto del fomento de la lectura en la España vaciada; Sostenibilidad y lectura. Leer para cumplir con 2030.

Como símbolo de la velocidad que se quiere imprimir a este Plan para huir de los miedos característicos de este tipo de abordajes administrativos, se recogen diez desafíos rápidos para dar inmediata visibilidad al mismo: Diseño de la identidad corporativa, el espacio web 3.0 y puesta en marcha de las redes sociales, Definición de la figura de la Adhesión, Redacción del Decálogo de la Lectura, Redefinición del Observatorio de la Lectura y el Libro, Desarrollo de laboratorios ciudadanos, Desarrollo de un Plan de Evaluación, Firma de convenios con instituciones colaboradoras para el establecimiento de alianzas, Inclusión en el Foro «Cultura y Ruralidades» de una convocatoria específica de fomento de la lectura, Organización de un congreso anual sobre fomento de la lectura y, por último, Establecimiento de Puntos para el reciclaje de libros.

Animo a leer el Plan y a divulgarlo. Los libros tienen algo especial, estremecen el alma. Me lo ha recordado recientemente la escritora Irene Vallejo (anteriormente citada) en un libro que es una pequeña joya literaria, Manifiesto por la lectura (1), en uno de sus capítulos caligráficos dedicado al estremecimiento de agua, trayendo a colación unas palabras de Federico García Lorca en el contexto de la alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, un discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros en el mes de septiembre de 1931, sobre el que ya he tratado algunos de sus párrafos, en varias ocasiones, en este cuaderno digital: “Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia” (2).

(1) Vallejo, Irene, Manifiesto por la lectura, 2020. Madrid: Siruela.

(2) Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros. Discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931) / Federico Garcia Lorca | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (cervantesvirtual.com)

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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