La democracia y la esperanza han derrotado a ETA

PRINCIPIO ESPERANZA

He leído el último comunicado de ETA en el que anuncia su disolución. Quiero quedarme con este punto final porque ha triunfado en democracia el principio esperanza del que hablé en un artículo que escribí el 23 de marzo de 2006, cuando solo faltaban tres horas para que se iniciara un alto el fuego de ETA. Entresaco de aquella reflexión algunas ideas que mantienen hoy vigencia plena. Cambio solo tiempos de verbos porque entonces hablaba sobre todo de futuro y hoy, afortunadamente, lo convierto en presente. Cambio de texto y contexto.

Desde que tuve conocimiento de aquella noticia del alto el fuego, sentí la necesidad de aprovechar este foro para contribuir, con mi ilusión personal y mi creencia en el ser humano como factor determinante, a que la paz fuera posible en Euskadi y en los sentimientos y emociones del pueblo español en general y vasco, en particular. A pesar del sufrimiento de casi 900 víctimas, a lo largo de 50 años de desesperanza real, dura, triste, desgarradora, espantosa, en todos sus términos. A pesar de los que tuvieron que incorporar a su vida diaria la rutina de cualquier protección, incluso la más dura: la de sacar fuerzas de flaqueza para seguir viviendo.

Hoy, desde el momento de la difusión del comunicado de disolución, he escuchado voces de toda procedencia y color, posicionándose sobre el anuncio de ETA. En casi todas las intervenciones públicas que he escuchado he podido apreciar una tímida creencia sobre la auténtica razón de ser del comunicado. Y he recordado cómo hace doce años se hablaba, en todas las acepciones posibles, del término esperanza. Efectivamente, era tiempo de esperanza que, con el anuncio definitivo de hoy, se sella como un recurso muy importante en democracia. Aprendí de Ernst Bloch y así lo escribí hace muchos años, que el gran valor de la esperanza es el ofrecimiento de ser activos en la búsqueda de lo que deseamos, porque lo que esperamos todavía no ha llegado y, además, nos interesa, nos hace libres. En cualquier nivel, en cualquier proyecto, en cualquier deseo: frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia del hombre, Bloch presenta a la conciencia individual de cada persona como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, cada persona lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta “hambre cósmica” se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida. Es como la ilusión que yo tenía cuando era niño y construía los juguetes en mi pensamiento hasta que llegaba el día señalado y lo alcanzaba. Vivimos en momentos en los que manifestamos siempre que tenemos hambre de paz.

Un escritor del que aprendo permanentemente el lenguaje de la concisión, autor del cuento más breve del mundo, Augusto Monterroso, lo diría así: cuando despertamos, después de conocer la disolución de ETA, la esperanza estaba allí… La realidad actual en España nos permite creer en que la paz duradera, ahora, sí es posible. Porque la esperanza, junto a la democracia, han derrotado a ETA.

Sevilla, 3/V/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado de https://elpais.com/elpais/2016/02/15/opinion/1455542289_018135.html

Contra determinados hechos reales no valen determinados argumentos legales

PROTESTA EN PAMPLONA

Concentración de este viernes ante el Palacio de Justicia de Pamplona

Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio
Abate Dinouart. Principio 1º, necesario para callar.

Hoy no me callo. Lo aprendí en latín: contra facta non valent argumenta, contra hechos no valen argumentos, pero hasta un cierto punto (placet, iuxta modum). En un Estado de Derecho, el poder judicial tiene un espacio sagrado que le confiere la Constitución española, aunque no le libra de la discrepancia democrática en su forma de proceder cada día. La sentencia última emitida ayer por la Audiencia Provincial de Navarra (me niego a ponerle el sobrenombre de los culpables directamente implicados), demuestra que hay unos hechos que se juzgan y que, por razones estrictamente jurídicas, se tipifican de una forma que no se comprende por la ciudadanía, porque contra determinados hechos ocurridos, tal y como se han podido ver, no valen determinados argumentos jurídicos. No se falta al respeto de la sentencia si se discrepa de ella o ¿es que ha enloquecido la ciudadanía al estimar de forma masiva que la sentencia tiene un error craso de interpretación de lo ocurrido?

Ante estas situaciones en las que explota el poder popular y se echa a la calle como recurso urgente contra lo que se aprecia como manifiestamente injusto, hay que reflexionar en la medida de lo posible y considerar que la única vía que queda para abordar esta cuestión tan lacerante, la valoración de una sentencia como manifiestamente injusta, es armarse de valores democráticos y ejercer el rol de ciudadanos y ciudadanas hasta las últimas consecuencias. Contra sentencias vividas como injustas, más democracia.

¿Qué hacer ante estas situaciones? Primero, protestar hasta la saciedad, no permanecer callados en silencios cómplices, ocupando espacios públicos de todo tipo, sin más violencia que la de la palabra herida, porque contra determinados hechos reales no valen determinados argumentos legales. Es muy difícil recurrir solo a la técnica jurídica del ámbito penal para hacer distinciones nada sutiles de orfebrería jurídica entre abuso, agresión y violación, porque lo malo de todo esto no es solo lo que se ve en minutos de vídeo, sino lo que hay detrás de todas las secuencias, una violencia ilegítima de hombres mal-educados [sic] para ser ciudadanos, en el sentido más profundo del término educación (la mala, hasta límites insospechados de consentimiento familiar y social, con el aplauso inclusive de muchas personas que jalean estas conductas impresentables), contra una mujer que en una noche de fiesta se adentra con ellos en un portal con un reparto desproporcionado de roles. Es sorprendente que sea ahora la víctima casi la culpable de la “normalidad” de lo allí ocurrido, porque como no hay escenas llamativas de legítima defensa, lo lógico es pensar que aquello se consintió, con resultados -eso sí- desproporcionados y de ahí la leve condena, porque al final “no era para tanto”. Lamentable y de ahí la indignación popular.

En segundo lugar, creo que hay que poner en marcha la división acorazada de la democracia que consiste en desplegar todos los recursos jurídicos disponibles en el Estado de Derecho actual para que instancias superiores valoren de nuevo lo que ocurrió esa fatídica noche de julio de 2016. Contra aquellos hechos no valen solo unos argumentos que, hoy, son solo parciales y eso me reconforta porque mi Estado de Derecho, lo afirmo de nuevo, permite que la sentencia se recurra ante todas las instancias posibles hasta que se llegue al final que siempre se sueña cuando somos demócratas: que se imparta justicia hasta las últimas consecuencias y que se proteja hasta el final al más débil, que en este caso es una chica de dieciocho años, con nombre y apellidos, ciudadana que merece todo nuestro respeto y a la que debemos amparar mañana, tarde y noche de cada día, porque representa a millones de mujeres españolas que desean vivir y caminar por la calle sin temor alguno a sufrir abusos, a ser agredidas o, desgraciadamente, violadas sin consideración alguna a su No.

En tercer lugar, hay que cambiar muchas cosas en este país, para que los hechos sujetos a sentencia no se repitan con la facilidad que ocurre ahora. Me refiero a que se debe firmar un Pacto de Estado para que la educación para la ciudadanía vuelva a las aulas de las que nunca tenía que haber salido. ¡Qué fracaso en democracia desalojar de las aulas la educación en valores humanos, en el comportamiento sexuado, en la relación limpia entre niños y niñas, adolescentes, jóvenes y así, sucesivamente, hasta el final del ciclo vital humano!

Necesitamos también, leyes urgentes que amparen hasta la saciedad la tipificación penal a favor de las víctimas de estos hechos y si hay que cambiarlas, que el Congreso de los Diputados se ponga a la tarea sin dilación alguna. Sin más espera, porque la víctima de estos hechos lamentables de Pamplona, en representación de todas las mujeres que sufren a diario cualquier tipo de abuso, agresión o violación, lo merece.

Sevilla, 27/IV/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.diariodenavarra.es/multimedia/galerias-imagenes/navarra/2018/04/27/concentracion-este-viernes-ante-palacio-justicia-pamplona-inigo-gonzalez.html

 

 

 

Vicios privados, públicas virtudes: el mito del eterno retorno

PANAL DE ABEJAS1

La Presidenta de la Comunidad de Madrid ha dimitido. Buscamos ejemplaridad a marchas forzadas. Hace tanto daño público la política corrupta ejercida por personas conocidas y anónimas, que acusamos cansancio ético porque estamos rodeados. Hace ocho años escribí el post que sigue, con un título aparentemente cinematográfico, Vicios privados, públicas virtudes, aunque ya advierto que en este caso cualquier parecido con la realidad de lo allí expuesto y hoy vivido y sentido, no es pura coincidencia. Cuando vivía en Roma, ciudad que siempre es un peligro para caminantes sensatos, vi durante muchos meses el cartel de la película con este título y no lo he olvidado. Tal cual.

El hartazgo de determinadas actitudes políticas hace estragos en democracia y no me resisto a seguir defendiendo a capa y espada la honradez de miles de personas que ejercen la política dignamente, aunque la condición humana, que no me es ajena, se aproxima con demasiada frecuencia a estos precipicios de indignidad. Todas las personas que ejercen la política, no son iguales. No hace falta dar nombres, porque nos hemos quedado con la cara de los que ocupan el desgraciado ranking de la indignidad. Pero necesitamos protegernos de este maremoto político con olas de corrupción que nos sobrepasan en el acontecer diario.

Vuelvo a publicar aquellas palabras, a las que no quito punto o coma de la época en que se escribió, porque es también lo que sucede en la actual, salvando lo que haya que salvar. La última frase, mezcla de enigma y desasosiego social, sigue teniendo gran valor en el momento actual: “Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Bernardo de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado“.

Al fin y al cabo, muchas personas acaban mirando sin pestañear a la mujer del César.

Sevilla, 25/IV/2018

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VICIOS PRIVADOS, PÚBLICAS VIRTUDES

Para los que pertenecemos a la generación en la que sabemos que todavía, en tiempo de crisis, nos queda la palabra, escribo este post como microacto solidario para romper silencios cómplices, conformistas, acerca de personas y situaciones que sufren en democracia: niños amenazados por la larga sombra de la pederastia en la Iglesia y fuera de ella, personas que ejercen la política y son honrados, porque no todos son iguales, jueces dignos como Garzón y otros muchos como él preocupados para que no que pase sin pena ni gloria el dolor que perdura por los efectos de la Guerra Civil, y mujeres al borde de la muerte física, psíquica y social porque existen hombres e instituciones que no aceptan que desarrollen su inteligencia en libertad.

Un gran panal, atiborrado de abejas
que vivían con lujo y comodidad,
mas que gozaba fama por sus leyes
y numerosos enjambres precoces,
estaba considerado el gran vivero
de las ciencias y la industria.

Bernardo de Mandeville (1670 (?)-1733), El panal rumoroso: o la redención de los bribones

Desde la ventana del autobús 881, en Roma, veía en 1976 el cartel de la película de Miklós Jancsó que llevaba este título. El cine que la proyectaba estaba a solo unos metros de la Ciudad del Vaticano (¡qué paradoja!) y, una y otra vez, la he recuperado en mi memoria de hipocampo en estos últimos días de desasosiego ético nacional e internacional, con las noticias de la pederastia en la Iglesia, la trama de corrupción Gürtel, el proceso abierto contra el juez Garzón y el azote de la violencia de género, por poner ejemplos reales. La tentación inmediata es agregarnos inmediatamente al grupo de opinión mayoritaria de este país alejado de la teoría crítica constructiva y ver siempre en los otros lo que no somos capaces de integrar como una realidad de la condición humana que hay que saber enjuiciar con frialdad para no cometer errores dogmáticos e inquisidores, y para no caer, obviamente, en el determinismo cruel del mal y del bien necesarios, propugnado ya en el siglo XVIII por Bernardo de Mandeville, en un poema “anónimo” que publicó en 1714 (1), que formaba parte de un libro titulado The Fable of the Bees: or Private Vices, Public Benefits (La fábula de las abejas: Vicios Privados, Públicos Beneficios):

… empeñados por millones en satisfacerse
mutuamente la lujuria y vanidad.
… Los abogados, cuyo arte se basa
en crear litigios y discordar los casos,
… Deliberadamente demoraban las audiencias,
para echar mano a los honorarios;
… Los médicos valoraban la riqueza y la fama
más que la salud del paciente marchito
… Y la misma Justicia, célebre por su equidad,
aunque ciega, no carecía de tacto;
su mano izquierda, que debía sostener la balanza,
a menudo la dejaba caer, sobornada con oro
… El curioso resultado es que mientras
cada parte estaba llena de vicios,
sin embargo todo el conjunto era un Paraíso.

Este espectáculo, al que asistimos como testigos de cargo casi siempre, al grito de los tahúres de Mandeville, «¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez»!, traduce la realidad cruel de una sociedad que está tocada en su alma. No nos engañemos. Mientras que la preocupación social más extendida del triunfo a toda costa y la exigencia de la felicidad como derecho constitucional siga campando en el terreno de la violencia reactiva, porque la llamada crisis de valores, de la que todo el mundo habla pero que casi nadie concreta, no acaba de analizarse con el rigor y urgencia que necesita, es muy difícil exigir de los demás la ejemplaridad, sin que empiece la auténtica conversión por uno mismo.

Vicios privados y públicas virtudes, es una expresión que va más allá del título de una película, porque la trasciende y recoge una realidad notoria en la sociedad actual. En un Estado de derecho debemos confiar siempre en la Justicia para abordar los delitos privados y públicos. Pero la solución está también y, básicamente, en otro ámbito: en la generación de responsabilidades públicas y privadas, individuales y colectivas, basadas en dos grandes principios, el del conocimiento y el de la libertad. Conocimiento, para saber por qué ocurren las cosas, por qué debemos recurrir siempre a la inteligencia para resolver conflictos, con su gran carga de sentimientos y emociones a la que siempre está ligada. Y, por supuesto, la libertad para educarla en el sentido más pleno del término. Educación y saber ser y estar en clave de ciudadanía, son dos grandes principios que necesitan ser reforzados y blindados a marchas forzadas en nuestro país, en todos los niveles sociales posibles. De esta forma, sabremos analizar mejor, con humildad, por qué el ser humano es capaz de practicar la violencia con los niños, robar dinero público, quitar legitimidad a un juez o hacer daño a una mujer, de muchas formas, sin caer tampoco en el diseño de un mundo feliz que no existe de forma global, aunque sí individual para quien se lo propone, sin necesidad de dioses o de la fatal aceptación del mal como “semilla” necesaria del bien, volviendo a Mandeville, al intervenir esos dioses salvadores (de cualquier tipología) que citaba anteriormente, para poner orden en un mundo tan enloquecido:

Pero, ¡oh, dioses, qué consternación!
¡Cuán grande y súbito ha sido el cambio!
Los tribunales quedaron ya aquel día en silencio,
porque ya muy a gusto pagaban los deudores.
… Quienes no tenían razón enmudecieron,
… con lo cual nada podía medrar menos
que los abogados en un panal honrado.
… La Justicia, no siendo ya requerida su presencia,
con su séquito y pompa se marchó.
Abrían el séquito los herreros con cerrojos y rejas,
luego los carceleros, torneros y guardianes.
… Todos los ineptos, o quienes sabían
que sus servicios no eran indispensables se marcharon;
no había ya ocupación para tantos.
… ¡Contemplad ahora el glorioso panal, y ved
cómo concuerdan honradez y comercio!

Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado.

Sevilla, 11/IV/2010

(1) García-Trevijano, Carmen (1994). El reverso de la utopía. Actualidad de «la fabula de las abejas» de Bernardo de Mandeville. Psicología Política, 9, 7-20.

NOTA: La imagen utilizada en este post fue recuperada el 10 de abril de 2010 de: http://www.infoagro.com/noticias/2008/5/1458_agricultura_abre_plazo_solicitar_ayudas_al_fomento.asp

25 de abril: en cada esquina, un amigo y en cada rostro, igualdad

Cuando llega el 25 de abril de cada año, no olvido estas palabras de Grândola, Vila Morena, cantada por Zeca (Jose) Afonso. Recuerdo como si fuese ayer la revolución de los claveles en Portugal. Es un día muy importante en mi agenda personal de asuntos importantes, que año tras año he explicado en este cuaderno especial. Necesito leer con atención reverencial esta reflexión junto a otro hecho importante en mi vida, porque también se celebra hoy la festividad de San Marcos, aunque siempre he preferido bajarlo de la peana y hablar de él como un joven atrevido en tiempos de cólera. Para mí, un excelente periodista, Marcos, que contaba lo que interesaba en aquel momento a la gente, en la clave que aprendí de Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, cuando decía que “periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”.

Abro unas páginas especiales de este cuaderno digital, cerca de Marcos y Jose Afonso, para compartir la lectura de palabras llenas de compromiso activo en mi alma:

Cada año vivo este día de forma especial. En primer lugar, porque celebramos el santo de nuestro hijo Marcos, no tanto por el olor de la santidad de su nombre sino porque su nombre programático, que ya he explicado otras veces en este cuaderno digital, me activa la memoria de hipocampo para recordar que poner el nombre no debe ser nunca una tarea inocente, sino un programa de vida que hay que cumplir. Marcos, un avezado “periodista” en tiempos de Jesús de Nazareth, hizo un trabajo encomiable: preparar las buenas noticias de un tal Jesús a pesar de hacer una maravillosa crónica de una muerte anunciada (lo que luego se llamó “evangelio”), de que el mundo podía cambiar, de que podemos ser diferentes, más siendo que teniendo: “Al apearlo de la peana santa, Marcos es hoy símbolo de revolución humana, de los que pensamos que todavía es posible ser personas en su real medida, la que cada uno desea a pesar de los pesares”. Marcos fue el intérprete directo y sincero de las historias que contaba Pedro sobre la amistad que tuvo con Jesús de Nazaret, y que le sobrecogió de tal forma que decidió grabarlas en su cerebro y transmitirlas boca a boca a toda aquella persona que quisiera escucharle, tal como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39).

En segundo lugar, porque tal día como hoy, hace ya cuarenta y cuatro años, aprendimos de la revolución de los claveles que era verdad, que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Y que las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones: “En 1974, tal día como hoy, 25 de abril, festividad de San Marcos, muchos portugueses pensaron en sus corazones que otro mundo era posible en su país y surgió la revolución de los claveles, con expresiones cantadas por Jose Afonso (Grândola, Vila Morena) de forma admirable:

 “en cada esquina, un amigo
en cada rostro, igualdad…”

No es una fecha inocente, como le ocurre siempre a las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el tu quiero y mi puedo que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. El pueblo es quien más ordena, Marcos, otra estrofa preciosa de la canción cantada por Zeca. Lo recuerdo hoy porque yo lo aprendí de Marcos, del siglo I, en Galilea y de Jose Afonso, del siglo XX, en su pequeño rincón de Grândola.

Así lo viví, vivo y viviré; así lo cuento.

Sevilla, 25/IV/2018

Contra Todo Esto, solo nos queda la Dignidad y la Vergüenza Activa

CONTRA TODO ESTO1

Cada día que pasa suelo hacer la lista de la indignidad cercana, la que me rodea sin contemplaciones. Es una lista de Todo Esto, que recuerda a Todo Aquello, porque de aquellos polvos vienen ahora estos lodos. Sufro mucho con esta situación porque viví en la época de la no Transición del Régimen Anterior, es decir, Todo Aquello, sintiendo algo más que desasosiego, porque ahora tengo que poner nombre a Todo Esto que me rodea, que tengo que identificar bien, avanzando en desfiladeros existenciales en zona comanche permanente, sin la valentía e intrepidez aprendidas en mi niñez rediviva del General Custer o Errol Flynn (tanto monta, monta tanto), en los que de manera arrogante y sin despeinarse avanzaba con su Séptimo de Caballería para deshacerse de Caballo Loco o Víctor Mature (otra vez, tanto monta, monta tanto). La vida es una película que forma parte de la filmoteca particular, que nunca tiene problema de espacio de almacenamiento gracias al maravilloso cerebro. Gratis total. Es lo que nos diferencia del mercantilismo de los necios, porque no confundimos valor y precio.

Estando en estas cuitas, me he acordado de nuevo de un amigo virtual, de nombre Manuel (Rivas), a modo del que yo descubrí cuando era niño a través de Marcelino, Pan y Vino o Pablito Calvo (nada, que no hay manera, tanto monta o monta tanto), también de nombre Manuel, cuando de forma especial hablaba con él: “En sus juegos, Marcelino siempre contaba con un personaje invisible. Este personaje era el primer niño que él había visto en su vida. Ocurrió una vez que una familia que se trasladaba de un pueblo a otro fue autorizada por el padre Superior a acampar cerca del convento para poder suministrarse de agua y otras cosas que necesitaba. lba con la familia el menor de sus hijos, que se llamaba Manuel, y allí conoció por primera vez Marcelino a un semejante suyo de parecida edad. No había vuelto a olvidar a aquel niño con el que apenas si había cambiado algunas palabras durante el juego. Desde entonces, Manuel estaba siempre a su lado en la imaginación y era tal la realidad con que Marcelino le veía, con su flequillo rubio sobre los ojos y las respingadas naricillas nada limpias, que llegaba a decirle: Bueno, Manuel, quítate de ahí; ¿no ves que me estás estorbando?”

He vuelto a encontrar en mi vida real a Manuel (Rivas), a través de su última obra, Contra Todo Esto. Un manifiesto rebelde, que he comenzado a leer con ilusión para encontrar respuesta a Todo Esto que nos Rodea. A él le debo esta reflexión de hoy, porque la dignidad ya no debe esperar más ante Todo lo que está ocurriendo. Él lo explica muy bien y en esa tarea estoy. Me ha dicho que “en la Oficina de Todo Esto, un concierto de manos muy visibles, hábiles en lo suyo como croupiers en el casino de Todo Esto, componen la gran mano invisible que mueve los hilos y toca teclas para mantener Todo Esto”.

Y repaso la lista de Todo Esto que me deja por unos minutos con cierto sigilo, hasta que pueda leerla con el detalle y compromiso que me anima a seguir perteneciendo al Club de las Personas Dignas y con Vergüenza Activa. También, para que la difunda a todos sus miembros porque es una tarea urgente, porque “la vergüenza, me dice, “abre paso a la esperanza, porque no se espera y hay que arrancársela de los brazos al conformismo”:

Todo Esto es descivilización.
Todo Esto es retroceso y rearme.
Todo Esto es la producción de miedo para poner en cuarentena derechos y libertades.
Todo Esto es la sustracción de la democracia.
Todo Esto es la producción de grietas de desigualdad.
Todo Esto es el desmantelamiento de los espacios comunes.
Todo Esto es la producción del odio hacia el otro, al diferente.
Todo Esto es el machismo como sistema.
Todo Esto es la guerra contra la naturaleza y la caza de los ecologistas.
Todo Esto es la domesticación intelectual.
Todo Esto es la indiferencia y el cinismo.
Todo Esto es paraísos fiscales, corrupción sistémica, una mezcla de la economía gris y la criminal.
Todo Esto es la creciente mercantilización y burocratización de la enseñanza.
Todo Esto es desmemoria, o peor aún, contramemoria.

Me siento en un rincón del Club de las Personas Dignas (y con Vergüenza) y comienzo a leer su libro, un manual necesario en Tiempos de Crisis, porque la dignidad y la vergüenza me ayudan a comprender que una transformación de Todo Esto es posible. Gracias a Manuel Rivas, mi amigo visible, dándole vueltas a la cabeza y al alma porque no olvido algo que escribí hace ya unos años en mi cuaderno de secreto: una persona digna es un ejemplo siempre de seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse, es decir, manifiesta pureza, honestidad y recato; se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente.

Sevilla, 21/IV/2018

 

Refugiados y migrantes, viajeros de la desesperación humana

UNHCR

Como pequeño homenaje a los tripulantes del barco de Proactiva Open Arms retenido en Sicilia durante días y ya liberado, así como a los voluntarios de Andalucía que en su momento fueron detenidos por actuar solidariamente en Lesbos, con acusaciones graves de delitos de organización criminal a personas y ONG´s, a las que solo les ha preocupado recoger en el mar a las personas que buscan una vida digna que no pueden encontrar en sus países de origen. Para que no mueran en el Mediterráneo, en estos viajes desesperados, a veces, a ninguna parte.

El jueves pasado me impactó una imagen reveladora e íntima de un grafiti, Personas refugiadas, ¡Bienvenidas!, en una acera de la Sevilla vieja, recordando las de Jane Jacobs, que me devolvió al principio de realidad de migrantes y refugiados, por sus viajes desesperados a alguna parte: “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1). Me pre-ocupó [sic] de nuevo, aunque es noticia diaria en los informativos del primer mundo. Hoy, he querido conocer a fondo la situación actual en nuestro entorno, obteniendo datos objetivos y contrastados como paso fundamental para emitir juicios bien informados.

REFUGIADOS

Sevilla, 12 Abril 2018 / Grafiti con plancha troquelada, junto a la muralla de la Macarena / JA COBEÑA

He localizado un informe magnífico elaborado por UNHCR, Desperate journeys, que recoge la situación actual más próxima a 31 de marzo de 2018, en la que podemos apreciar que España, junto a Italia y Grecia, es el país al que llegan un gran número de migrantes todavía, a través del Mediterráneo, con especial relevancia y por países de origen (por este orden), desde Marruecos, Argelia, Guinea Conakry, Costa de Marfil, Gambia, Siria, Camerún, Mali, otras nacionalidades subsaharianas y Guinea- Bissau. Hacen un total, desde enero de 2018, de 5.000 personas, 3.385 por mar y 1.615 por tierra, con una distribución proyectada (según datos de 2017) del 14% de niños, 9% de mujeres y 77% de hombres, no disponiéndose en la actualidad de un dato estremecedor en referencia a niños no acompañados y separados de sus padres.

Son dos realidades sangrantes para nuestro país, la de los migrantes y la de los refugiados, con bases legales de atención diferentes, pero que confluyen en la capacidad de este país para atender situaciones inhumanas que claman al cielo. Creo que no somos conscientes del sufrimiento que generan estos viajes desesperados hacia una realidad humana y social diferente, donde se pueda compartir segundos de vida digna. Para tranquilizar sus almas. Vivimos muy ajenos a estas situaciones reales y muy próximas, que utilizan un mar que cantamos históricamente como hermoso y tranquilo, en una contradicción memorable, que llevó a Joan Manel Serrat a cantar “Mediterráneo”, desde la tragedia de Alepo en Siria, con sumo cuidado y respeto reverencial a los migrantes y refugiados que pierden con frecuencia su vida en él, porque ese mar maravilloso se ha convertido en la sepultura de miles y miles de refugiados que escapan también de sus países de origen, en un auténtico sinsentido. Además, porque los que mueren a cientos en ese mar ya no serán desgraciadamente caminos para nadie, tampoco le darán verde a los pinos ni amarillo a la genista.

Lo dije en 2016, en un artículo solidario con la tragedia de Alepo, que vuelvo a reivindicar hoy con la misma fuerza: “Quizá solo nos queden unas palabras, que nos permitan recordar una estrofa de la canción [Mediterráneo] que todavía me estremece pensando en Alepo, dejándonos solos con nosotros mismos y como asumiendo en el “yo” mayestático una cierta responsabilidad sobre lo que está pasando en esta guerra [en Siria] tan absurda: “Yo, que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno / que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul / para que pintes de azul sus largas noches de invierno. / A fuerza de desventuras, tu alma es profunda y oscura”. Como la de la madre e hija, eritreas, que figuran en la portada del informe de la Agencia para los Refugiados de Naciones Unidas, citado anteriormente y que encabeza este artículo, que miran con profunda tristeza su realidad tan cercana y tan viva. Para que no los olvidemos, ni siquiera un momento, en nuestra alma profunda y oscura, porque al conocer esta realidad tenemos en nuestra piel el sabor amargo del llanto eterno.

Sevilla, 19/IV/2018

(1) Jacobs, Jane (1961), Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, Nueva York: Vintage, pág. 50.

El sueño de Martin Luther King sigue vivo: más unidad, más igualdad, más democracia

A las seis de la tarde y un minuto de hoy, sonarán todas las campanas de Memphis, 39 veces, los años que tenía Luther King cuando fue asesinado tal día como hoy, a esa hora exacta, sin compasión alguna. Su sueño de libertad sigue vivo y sin cumplirse plenamente en Estados Unidos y en este mundo tan altivo. No quiero recordar hoy solo su muerte sino el legado que nos dejó en el discurso que se conoce por las palabras I have a dream (Tengo un sueño), que pronunció el 28 de agosto de 1963 en los escalones del monumento a Lincoln en Washington D.C., que nos permite en 2018 seguir creyendo que los sueños y las utopías pueden ser una meta por alcanzar por millones de personas de bien que poblamos el planeta. Cada uno, cada una, en su pequeño mundo, porque no todos somos iguales desde nuestra forma de ser y estar en el mundo, como se puede demostrar por los desequilibrios sociales escandalosos que nos rodean de paro y corrupción, sin ir más lejos también en España, en nuestra Comunidad, siendo mínimamente sensibles con la realidad más próxima que nos sitia, a veces, de forma descarnada.

Con esta visión, quiero creer que es posible construir otro mundo más habitable “para ser”, dando la vuelta a la realidad que se proyecta todos los días en la clave “para tener”. He repasado este cuaderno y he recuperado las palabras que dediqué a Martin Luther King en 2013 con motivo de la celebración del 50 aniversario del discurso anteriormente citado, recordando un artículo en el diario El País, Sueños y utopías, escrito por Antoni Gutiérrez-Rubí, que no he olvidado desde entonces. Sobre todo, porque me recordó que el compromiso personal con la ética personal y colectiva debe estar activo siempre para no hacernos partícipes de los silencios cómplices que tanto abundan en la actualidad. Decía su autor, en referencia al discurso de Luther King que: “Esas 1.666 palabras sacudieron a la sociedad mundial con tres principios: más unidad, más igualdad, más democracia. Los mismos que cien años antes, a mediados de junio de 1858, en la Convención Republicana de Springfield que le postularía como candidato a senador por el Estado de Illinois, Abraham Lincoln transmitió en su memorable discurso: “Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie”. La política como utopía necesaria y, en consecuencia, que debe ser posible y realizable. La utopía como proyecto”.

Es verdad que la clave de lo que leí aquél 21 de agosto de 2013 estaba en una frase concreta y con una carga de realidad que todavía me conmueve hoy: “Cincuenta años después, su discurso es parte de la cultura universal. Trasciende el contexto y la historia concreta, para situarse en un plano moral y se transforma en imperecedero e inagotable. Cincuenta años después, la política −en particular en nuestra realidad más próxima− se ha desgajado de la palabra que emociona, que interpreta y proyecta, que acoge y proclama. El descrédito de la política es triple: no tiene sueños que se conviertan en retos, no defiende utopías que comprometan a la acción y no encuentra las palabras que conmuevan y promuevan los cambios colectivos: aquellos que son mucho más que la suma de los individuales”.

Efectivamente, estamos instalados en una profunda crisis política y, aún peor, en una profunda crisis democrática. Nos falta emoción, para convertir los sueños en realidades confortables, muy sencillas, por otra parte, sin depender de entornos meramente materiales. Pero lo peor es que nos falta la palabra, aquella que conmueve y promueve los cambios personales y colectivos, revoloteando en nuestros alrededores una palabra terrible: la desafección. A la persona política, al cambio democrático con representación en Partidos, a casi todo.

Cinco años después de aquella reflexión sigo teniendo hoy un sueño: que la situación política de nuestro país sea realmente una oportunidad para cambiar primero y aunar, después, muchas voluntades, tal y como lo aprendí de la mano de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique, porque esta acción unitaria solo se hace posible a través del amor y el sufrimiento, cuando se hacen necesarios para tomar conciencia de que no podemos avanzar en un mundo como el actual, pendientes de que Mr. Trump tome decisiones de Estado en nuestro nombre. O que el Presidente actual en nuestro país interprete las necesidades de este Estado solo a su imagen y semejanza. Sueño también con recuperar alma. Además, como he escrito en otras ocasiones, nos falta alma y cuando falta alma, falta la vida. Da casi todo igual. ¡Qué paradoja!, porque ya no hace falta eso: tiempo para vivir dignamente.

Vuelvo otra vez a mi hombre de secreto, que no el de todos, a reflexionar la frase que regaló en una ocasión el escritor Lobo Antunes en el acto de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara (México), en noviembre de 2008, transfiriendo una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…

Hoy, gracias a Martin Luther King, sus palabras suenan mejor que nunca: necesitamos más unidad, más igualdad y más democracia, más alma en definitiva, porque parafraseando una frase de Lincoln muy querida para él, “Una casa [España, Cataluña, Andalucía] dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie”. Sería una forma de agradecer de forma expresa su compromiso activo, su legado maravilloso en un día de vida más que de muerte, de sueños, que merece la pena recordar con respeto y admiración.

¡Gracias por haber compartido aquél sueño, Martin Luther King! Con profundo respeto.

Sevilla, 4/IV/2018

Nuevo aspecto, nuevo compromiso

A lo largo de los doce años de vida de este blog he cambiado en varias ocasiones su aspecto (look) y forma de acceder a él en su planteamiento técnico (feel). Presento ahora un nuevo tema para ponerlo a disposición de quienes leen este cuaderno de inteligencia digital, de nombre muy simple, 20 17, con nuevas funcionalidades agregadas por elección personal: nuevo motor de búsqueda, nuevo tipo de letra más clara, traductor servido por la tecnología de Google y un reproductor de música que inauguro con una obra preciosa de Alessandro Marcello interpretada por un músico excepcional andaluz que nos hace soñar escuchando su forma de tocar el oboe, natural de Valverde del Camino (Huelva), sobre el que he escrito en varias ocasiones en este blog. Escucharlo es una delicia y es una forma de sentir la música como compañera en la felicidad de leer y en aquellos momentos en que necesitemos encontrar paz interior.

La imagen de cabecera, El Cuarto Estado, de Giuseppe Pellizza da Volpedo (1901), no es una elección inocente. Ya lo había señalado en un post en el que utilicé esta imagen, En caminar juntos está el secreto, que reproduzco a continuación como nuevo hilo conductor de este cuaderno digital que busca siempre islas desconocidas. Espero que lo disfruten conmigo y con todas las personas que se acercan a hojear estas páginas especiales.

Sevilla, 2/IV/2018

En caminar juntos está el secreto

EL CUARTO PODER
Giuseppe Pellizza da Volpedo (1901). El Cuarto Estado.

Lo ideal sería caminar en un estado en el cual la mente, el cuerpo y el mundo están alineados, como si fueran tres personajes que por fin logran mantener una conversación, tres notas que de pronto alcanzan un acorde.

Rebecca Solnit, Wanderlust. Una historia del caminar.

Siempre me ha sorprendido el cuadro “El Cuarto Estado”, al que hizo tan famoso la película “Novecento” de Bertolucci. Lo contemplé a diario en los meses que duró la promoción de la película, cuando vivía en Roma en 1976, a través de las ventanillas de los autobuses 881 y 62, camino de mi Facultad. Descubrí entonces que en caminar juntos está el secreto de la vida.

Hoy, he leído un artículo precioso de presentación de un libro sugerente por su título: “Wanderlust. Una historia del caminar”, de Rebecca Solnit: “Desde las primeras páginas de Wanderlust, eché a andar y ya no paré. Atravesé paisajes salvajes, acompañando a los pioneros de la caminata dos siglos atrás, aquellos que inauguraron la idea romántica y todavía vigente del paseo como liberación y como experiencia estética, y que acabaron cuestionando la propiedad privada (las puertas al campo, para nada metafóricas). Párrafo tras párrafo incursioné con ellos en bosques y desiertos, ascendí montañas por primera vez pisadas, y acabé regresando a las ciudades, las grandes ciudades donde el caminar es una forma de resistencia frente al urbanismo sin escala humana y contra el “¿te gusta conducir?”; una oportunidad para provocar esos cruces imprevisibles que enriquecen la vida urbana contra quienes intentan regularla y vigilarla; una forma de ejercer ciudadanía y reapropiarnos del espacio público en la línea de lo que ya leímos antes en Mike Davis o Manuel Delgado” (1).

Antonio Machado también es un referente en mi vida, en un poema que nunca olvido, sobre todo cuando reconozco errores en mi vida de todos y en la secreto, así como cada vez que me levanto después de una caída: “Caminante, son tus huellas /el camino, y nada más / caminante, no hay camino: / se hace camino al andar. / Al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante, no hay camino, / sino estelas en la mar”.

Vuelvo al Cuarto Estado. Me sobrecoge la fuerza de un camino de reivindicación pacífica que se traduce en las expresiones de la cabecera de esta marcha en la que hay una clara necesidad de hablar por parte de la mujer que lleva al niño en su brazo derecho y con la mano izquierda desea reforzar su pensamiento y sentimiento de clase en su marcha proletaria. Necesitaríamos hoy más que nunca estudiar a fondo este cuadro, que simboliza algo que es imprescindible en tiempos de regeneración ética. Al igual que nos recomendó hace siglos el Eclesiastés, lo mejor es caminar juntos para avanzar en progreso social cundo no entendemos nada de lo que está ocurriendo, porque si caemos o nos frustramos diariamente, entendiendo que la responsabilidad de la corrupción social no es solo del Estado, siempre tendremos alguien al lado que nos levante. La experiencia histórica así lo había entendido: el bienestar social, incluso los proyectos políticos compartidos, pueden llegar a ser como cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Incluso un cuarto poder, cuando el legislativo, el ejecutivo y el judicial, dejan de funcionar democráticamente.

Sevilla, 29/IV/2015

(1) Rosa, Isaac (2015, 27 de abril). Buena gente que camina. Babelia (El País).

Semana Laica en Sevilla y el cante digno del pueblo andaluz

Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas.

Jacobs, Jane (1961), Muerte y vida en las grandes ciudades americanas

Dicen los profesionales de esta celebración que todo va muy bien este año en la Semana Santa de Sevilla, aunque sigo admirando a los que leyendo a Machado comprenden bien unos versos revolucionarios, laicos: ¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar! Soy consciente de lo que significa para esta ciudad una Semana como la que ya estamos viviendo en sus primeros días, donde todo gira en torno a una explosión de sentimientos, afectos, olores, silencios, aceras laicas y lo que algunos llaman “sevillanía” en estado puro. Hace ya muchos años que escribo en este cuaderno digital sobre la realidad social de esta Semana especial, con una visión laica, en su significado más acorde con el vocabulario español: semana laica, es decir, independiente de cualquier organización o confesión religiosa (RAE). Vuelvo a leer detenidamente aquellos textos, en su contexto actual, actualizándolo en lo que considero que es necesario cambiar que, por cierto, es muy poco. O nada.

En aquellos días de 2006, en los que escribí por primera vez sobre la visión laica de esta Semana Santa tan particular, estaba leyendo un libro extraordinario, “Sistemas emergentes”, de Steven Johnson (Turner-Fondo de Cultura Económica), que sigue teniendo una actualidad científica recomendable sobre todo para amantes de días y semanas laicas. Los sistemas sociales emergentes ratifican a diario, que incluso en las semanas laicas (cualquiera del año) la sociedad se organiza habitualmente en torno a lo que le interesa, es decir, dan lugar a comportamientos inteligentes. La que llaman algunos “la Sevilla de toda la vida” se organiza durante muchos días de las semanas “laicas” con las miras puestas en la “Semana Santa”, la única, la principal del año, la definitiva, la que propicia cartelería indicativa como la que conocí hace muchos años en un pueblo del Aljarafe, en una pizarra “dedicada”, que decía en su fecha exacta: “faltan 264 días para el Rocío”. Y cada día, con tiza y borrador, se dibujaba de forma humilde la cuenta atrás de la alegría…

SISTEMAS EMERGENTES

Vuelvo a constatar que el mundo solo tiene interés hacia adelante, sobre todo en semanas laicas, en las que estamos muy interesados los que no pertenecemos “a la Sevilla de toda la vida”. Los sistemas emergentes, de abajo hacia arriba, siguen marcando las pautas de comportamiento colectivo. Cada uno sabe de lo suyo. Las agencias de viaje, atómicas o digitales, organizan también esta semana a lo laico, es decir, sin ferias ni festejos cristianos, judíos y musulmanes, preparando una escapada para compensar la fuerza de lo santo. El azahar de Sevilla actúa como feromona atrayente para distribuir trabajos muy bien estandarizados. Sin tocar a quienes organizan el mayor espectáculo del mundo, los de toda la vida, porque los de abajo conocen su misión. Tienen oficio. La música sacra de las bandas que han estado preparando sus salidas en semanas laicas, para la Semana Santa, actúa de catalizador para conducir a las masas que se trasladan en clave de “bulla” hacia alguna parte, llevando en volandas a las Señoras o Señores de Sevilla.

Me acuerdo en estas fechas de las familias enteras procedentes de los barrios deshechos en Sevilla por el boom inmobiliario, que vuelven en esta Semana Santa a su lugar de origen para recuperar las señas de identidad que les arrancó la especulación y su pretendido por otros “mejor nivel de vida”, aunque hayan perdido el valor del contacto familiar y de la vida compartida en las aceras laicas, porque viven en estado de alerta en los nuevos adosados que ni siquiera tienen parroquia al lado, blindados por la inseguridad ciudadana, en una dialéctica permanente vivienda/murienda. Con la excusa de la “Semana Santa”, de su cofradía de toda la vida, de su “Señor o Señora de Sevilla”, vuelven para recuperar, aunque solo sean unas horas, sus tiendas, sus colegios, sus plazas, el uso íntimo de sus aceras de siempre, donde se hacía eso, vivir la vida dignamente. Es decir, sus días laicos, sus semanas laicas, donde solo tiene sentido ese Jesús de la agonía que era la fe de sus mayores, como decía Antonio Machado. Las aceras existen, en definitiva, para crear el “orden complejo” de la ciudad, como afirma Steven Johnson en el libro que comento más adelante.

Jane Jacobs, la autora de uno de los libros que ha supuesto la revolución urbanística más importante en Estados Unidos, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, que falleció en 2006 en Toronto (Canadá) a los 89 años, aportó una de las teorías más alentadoras sobre cómo se vive en las aceras de las ciudades, cuestión que en días laicos y santos pasa sin pena ni gloria en la vida ordinaria de los planificadores de la vida, sea cual sea su condición, pero que su mención científica sigue siendo un contrapunto impresionante ante la especulación actual inmobiliaria y urbana a todos los niveles. Su muerte fue una noticia amarga porque dejaba de estar en el mundo una de sus defensoras acérrimas, en clave positiva, que demostraba como acción posible la de la existencia de un urbanismo humanista, defensora del diseño y la construcción de los barrios en las ciudades que obedezca siempre a leyes sociales de convivencia y relación entre personas obligatoriamente obligadas a vivir en común y ser miembros de una entidad que ha cambiado el nombre identificador obligado por el nuevo lenguaje de género: la ciudadanía.

En la Semana Santa, las aceras de Andalucía funcionan como soporte de interacciones sociales viendo las procesiones. No digamos en Sevilla. Aunque desde la otra acera de la inteligencia digital conectiva siempre me ha encantado saber que Jesús de Nazareth, en su ataque continuo de humanidad, se cansaba y se dormía, porque estaba hecho polvo, en el cabezal del barco (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema (La Saeta, 1914), refiriéndose a una forma muy especial del cante andaluz (RAE: acción y efecto de cantar cualquier canto popular andaluz o próximo):

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

En silencio y lejos de estas aceras atestadas de gente por doquier. Comprendiendo el valor de cada día laico y lo que cuesta vivir tranquilo con uno mismo, sabiendo que muchos pertenecen ya al Club de las Personas Dignas. El que permite que juntos, desde la base, sigamos construyendo una nueva forma de ser en el mundo, en cada segundo, minuto, hora, día, semana y acera, laicos por supuesto.

Continúo con la lectura del libro de Steven Johnson, recuperado e mi biblioteca de cabecera. Se me han vuelto a ocurrir muchas cosas tras la reflexión a la que me llevaron en su momento sus primeras páginas. Y con motivo de esta cita puntual, deseo transformar este Lunes Santo (sic, según el calendario católico) en un día normal, laico, reinterpretando -porque me duele- lo que ocurre a mi alrededor, que es bastante preocupante según cuenta el barómetro último de febrero de 2018 elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en referencia a la situación de Cataluña, las pensiones, el paro que nos asola en estos días en Andalucía y la corrupción omnipresente. Es que el subtítulo del libro sigue sin dejar tranquilo a nadie: “O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software”. Casi nada: inteligencia digital como capacidad y adiestramiento para resolver los problemas de todos los días, compartida en un mundo laico que parece a veces diseñado por el enemigo.

Sevilla, 26/III/2018, Lunes Laico

¿Día Mundial del Agua?: la respuesta está en la naturaleza


Comité en Defensa del Agua y de la Vida. Ecofondo.

Yo era la que más corría
y a todas partes llegaba
y de verde se vestía
lo que a mi paso quedaba;
todos me quieren tener
pero muy pocos me cuidan
y eso que soy el secreto,
el secreto de la vida.

Jorge Velosa, Las adivinanzas del jajajajay

Hoy se celebra el Día Mundial del Agua. Según Naciones Unidas, “más de 663 millones de personas viven sin suministro de agua potable cerca de su hogar, lo que les obliga a pasar horas haciendo cola o trasladándose a fuentes lejanas, así como a hacer frente a problemas de salud debido al consumo de agua contaminada”. El hilo conductor de esta celebración se centra este año en algo que deberíamos preservar también en este país: la respuesta está en la naturaleza.

“La celebración de este año se centra en explorar cómo la naturaleza puede ayudarnos a superar los desafíos que plantea el agua en el siglo XXI.
Los problemas medioambientales, junto con el cambio climático, provocan las crisis asociadas a los recursos hídricos que ocurren en todo el mundo. Las inundaciones, sequías y la contaminación del agua se agravan con la degradación de la cubierta vegetal, los suelos, los ríos y los lagos. Cuando descuidamos los ecosistemas, dificultamos el acceso a los recursos hídricos, imprescindibles para sobrevivir y prosperar.

Las soluciones naturales pueden dar respuesta a muchos de los desafíos relacionados con el agua. Queda mucho por hacer para implantar las infraestructuras ecológicas y armonizarlas con las tradicionales allí donde sea posible. Plantar bosques, reconectar los ríos con las llanuras aluviales y restaurar los humedales devolverá el equilibrio al ciclo del agua, además de mejorar la salud pública y los medios de vida. El Objetivo de Desarrollo número 6, Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos, incluye una meta de reducir a la mitad la proporción de agua dilapidada y aumentar su reciclaje”.

Contribuyo de nuevo en esta celebración anual, publicando un post que escribí en octubre de 2014, porque se debe prestar atención a un bien preciado y necesario sobre el que deberíamos hacernos la pregunta de los peces jóvenes en la parábola de Foster Wallace: “¿qué… es el agua?, más allá de lo que apenas percibimos todos los días sobre ella cuando la utilizamos casi sin darnos cuenta. Porque es el secreto de la vida.

Sevilla, 22/III/2018

DIA MUNDIAL DEL AGUA1

¿De quién es el agua?

Deberíamos prestar más atención al agua y a sus dueños actuales. Quizá nos puede servir ahora una reflexión muy curiosa que utilizó David Foster Wallace al comenzar el discurso que dirigió a la promoción de graduados del Kenyon College en 2005, con una pequeña parábola: «Buenos días, chicos. ¿Qué tal está el agua?». Los dos peces jóvenes siguen nadando y al cabo de un rato uno de ellos mira al otro y le pregunta, «¿Qué demonios es el agua?».

Álvaro Marcos, que reflexiona en un artículo reciente publicado en El estado mental, sobre atención y dignidad en un mundo complejo, sobre “peces”, me ha llevado de la mano a prestar atención hoy al agua, porque “aprender a pensar y a vivir una vida compasiva (y, por extensión, “digna”) conlleva preservar “el grado de (auto)consciencia suficiente para elegir a qué prestamos atención y decidir cómo construimos significado a partir de la experiencia”, instando a no perder nunca de vista todo aquello que, si bien esencial, de puro ubicuo se torna transparente hasta hacerse invisible, de modo que hace falta recordarse, una y otra vez: “esto es agua, esto es agua”. Porque “la verdadera libertad requiere atención, y consciencia, y disciplina, y ser capaz de preocuparse por otras personas, y de cuidarlas y sacrificarse por ellas de mil maneras casi imperceptibles y muy poco atractivas, cada día”. ¿La alternativa a este esfuerzo?: “la inconsciencia, la configuración por defecto, la ‘carrera de ratas’, la sensación continua y punzante de haber tenido y haber perdido algo infinito”.

Poniendo especial atención en relación con las cosas públicas de estos días, he conocido recientemente la situación que se ha creado en la provincia de Huelva con la gestión del agua. La noticia no podía ser más explícita: “Se acabó la tregua. Los más de 50 alcaldes integrados en Giahsa, la entidad de agua de la mancomunidad de municipios onubense Mas, han apercibido a Aqualia, la empresa adjudicataria de la mayoría de servicios privatizados en Huelva, de que han observado indicios “de conductas desleales que pudieran ser sancionables en vía administrativa o penal”. Es el paso previo a convertir el expediente en denuncia por incumplimiento de la Ley de Defensa de la Competencia y posibles “prácticas corruptas”.

Creo que estamos ante un modelo de privatización de la gestión del agua que sobrepasa muchas líneas rojas en relación con derechos de la ciudadanía en relación con recursos naturales de imprescindible uso por parte de las personas en su vida diaria. La jurisprudencia nacional e internacional defiende a todas luces el agua como derecho humano esencial: “La Asamblea General de Naciones Unidas, aprobó el 28 de julio de 2010, en su sexagésimo cuarto período de sesiones, una resolución que reconoce al agua potable y al saneamiento básico como derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos”. Al ser un recurso público que nos lo ofrece la naturaleza, su auténtica dueña, se debe garantizar su gestión pública, sin ninguna duda, debiéndose alejar de toda privatización pura y dura como está ocurriendo en la actualidad, trocándose un derecho vital en pura mercancía. Se debería abrir un debate al respecto en el marco de lo que denomino segunda transición para declarar de forma contundente y nítida el derecho constitucional de acceso al agua potable con garantías públicas de acuerdo con los protocolos aprobados por organismos internacionales en los que participa nuestro país.

He escrito en bastantes ocasiones sobre el agua en este blog, decantándome siempre por su declaración como derecho fundamental en el acceso a la misma: Agua y cerebro, Arqueología subacuática… del cerebro y El aquí y ahora del agua, como textos fundamentales. Destaco sobre todo el pronunciamiento de su vinculación con el cerebro y con las decisiones que puede tomar gracias al agua, que lo hace inteligente entre otras funciones. Fue una experiencia maravillosa el que incluyeran una en 2008 una referencia mía al respecto en la exposición de motivos que sustentaba el articulado reformatorio de la constitución nacional de Colombia a fin de consagrar el derecho al agua potable como fundamental y otras normas concordantes con tal declaración para ser sometido a la consideración del pueblo colombiano mediante referendo constitucional: “Esta mágica sustancia es vida, simboliza vida. Sin ella no existiríamos y no podríamos estar en comunicación. Podemos afirmar que somos la inteligencia del agua. Como lo expresa el profesor español, José Antonio Cobeña, autor del libro La Inteligencia Digital: “Existe una realidad irrefutable en el ser humano: su cuerpo está compuesto en un 60 por ciento de agua, el cerebro de un 70 por ciento, la sangre en un 80 por ciento y los pulmones en un 90 por ciento. Si se provocara un descenso de tan sólo un 2% de agua en el cuerpo se comenzaría a perder momentáneamente la memoria y de forma general se descompensaría el mecanismo de relojería corporal. Todo lleva a una reflexión muy importante: el agua nos permite ser inteligentes. Y la disponibilidad del líquido elemento en el planeta que habitamos es la siguiente: hay 1.400 millones de kilómetros cúbicos de agua, de los cuales el 97 por ciento es agua salada. Del 3 por ciento restante de agua dulce, tres cuartas partes corresponden a agua congelada en los Polos o a recursos inaccesibles que, por lo tanto, tampoco se pueden beber. Eso nos deja a los humanos cerca de un uno por ciento del total de agua en la Tierra para usar. Es decir, existe una descompensación en la situación y disponibilidad del uno por ciento mágico que permite desarrollar la inteligencia, todos los días”.

El texto para la reforma de la Constitución de Colombia fue avalado por 2.039.812 firmas, reconocidas oficialmente por la Registraduría Nacional del Estado Civil, aunque finalmente no prosperó, después de un debate parlamentario de 2010. Deberíamos aprender de todas formas de lo que otros países han reivindicado de forma excelente, porque el agua es un patrimonio público que no debería entregarse nunca al mercado. La necesaria revisión de la Constitución actual en España puede ser un momento crucial para incluir este derecho al acceso al agua, de forma explícita mediante un artículo concreto, como derecho humano esencial de los españoles y así se debería declarar para defender también su gestión pública en el denominado ciclo completo del agua.

También lo afirma Álvaro Marcos en su artículo: “Y es que preguntarse por la importancia de la atención viene a ser como preguntarse por la importancia de la importancia: algo que parece una perogrullada y, por eso mismo –como sucede con todas las aparentes perogrulladas-, un ejercicio extremadamente sano y revelador”. En este caso la atención sobre el agua, que además se convierte ahora en un asunto relevante, nadando -como estamos- en la mediocridad de los olvidos. Porque hay que recordar que el agua es el secreto de la vida. Porque la Verdad, según Foster Wallace, “Tiene que ver con el verdadero valor de la verdadera educación, que no va de notas ni de obtener títulos y sí simplemente de estar atento, atento a lo que de verdad es muy real y fundamental, a lo que está tan escondido, incluso a la vista de todos, que tenemos que seguir recordándonos una y otra vez:

«Esto es el agua»
«Esto es el agua»

Sevilla, 2/X/2014

NOTA: el video que figura al comienzo de este post es un video promocional del Referendo por el Agua en Colombia. Comité en Defensa del Agua y de la Vida, recuperado el 2 de octubre de 2014 de Ecofondo: <a href="http://www.ecofondo.org.co/videos.php?