El Amaneser ladino

Sevilla, 25/II/2021

Kuando muncho escurese es para amanecer (Cuando mucho oscurece es para amanecer)

Esta frase figura en la cabecera del suplemento del periódico Salom, Amaneser, en ladino (también conocido como djudezmo), que se publica en Turquía desde 2005 y que se puede leer cada día gracias a internet. Es de una comprensión fácil porque se utiliza el español tardío medieval que se hablaba en el siglo XV, momento histórico en que se decretó la expulsión de España, la Sefarad bíblica para los judíos, por parte de los Reyes Católicos, concretamente en 1492.

El ladino, según la Real Academia Española, deriva del latín latinus y en su acepción octava se asimila a una variedad del español, el judeo-español, como “perteneciente o relativo a las comunidades sefardíes; también, como perteneciente o relativo al judeo-español y como una variedad del español que hablan los sefardíes, principalmente en Israel, Asia Menor, el norte de África y los Balcanes, caracterizada por conservar muchos rasgos del castellano anterior del siglo XVI”.

Recientemente, ha saltado a la Noosfera gracias a las redes sociales, concretamente en un twit de la Embajada de España en Turquía, en la conmemoración del Día Internacional del Ladino, que se celebró el pasado 21 de febrero y que decía lo siguiente:

Keridos amigos i amigas de la Komunidad Sefaradi. Para mi es una grande onor i un privilejio de pueder adresarme a vozotros en una data tan importante komo la de oy.

Devesh de saver ke muestra ambasada es la suya i estamos a sus dispozision para lo ke tienen de menester.

Ha sido una forma sorprendente de divulgar una lengua, el ladino, muy desconocida en todo el mundo pero que ya se habla por centenares de miles de personas. Ha despertado mucho interés, sobre todo en quienes hablamos el español, habiendo sido reconocido incluso por la Real Academia Española, mediante la aprobación el 3 de octubre de 2019, por unanimidad, de un proyecto que posibilitaba la constitución de una Academia de Judeoespañol en Israel.

Para conocer bien el texto y contexto de esta lengua ladina, también conocida como judeo-española (lingua djudeo-espanyola), recomiendo consultar un portal especializado, Sefardiweb, “una web académica, producto del proyecto de investigación Los sefardíes ante sí mismos y sus relaciones con España, que se desarrolla desde 2006 dentro del Grupo de Investigación de Patrimonio y Culturas Populares (GIAP) del Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC en Madrid. En Sefardiweb pueden encontrarse, además de información sobre el Proyecto y sus participantes, sus resultados y actividades, varios recursos útiles para los investigadores, para la docencia y para los interesados en la cultura sefardí en general. Entre los recursos disponibles están: Información general sobre los sefardíes, su lengua y su cultura un directorio de especialistas en estudios sefardíes y de grupos de investigación dedicados a este tema, un listado de tesis doctorales sobre cultura sefardí inéditas o en curso de realización, una base de datos de Bibliografía comentada de estudios sobre los sefardíes, en la cual se pueden realizar búsquedas por autor, título, año de publicación o tema (palabras-clave en español o en inglés), una base de datos Quién es quién en la literatura en ladino, con información bio-bibliográfica sobre los principales autores que han escrito en judeoespañol entre los siglos XVIII y XXI. En ella pueden hacerse búsquedas por nombres, lugares y palabras clave, una base de datos de Corresponsales de Ángel Pulido, con datos extraídos de sus dos libros Los israelitas españoles y el idioma castellano Españoles sin patria y la raza sefardí. una base de datos de Informantes sefardíes en encuestas de campo, con nombres e información de los depositarios de la literatura sefardí de transmisión oral que transmitieron su rico patrimonio cultural a los estudiosos que les encuestaron, materiales: enlaces a repositorios con documentos sefardíes, tutoriales y materiales didácticos sobre temas sefardíes, una guía para aprender a transcribir textos aljamiados de los siglos XVIII al XX, una sección de audio y vídeo sefardíes y, por último, una sección con otros enlaces de interés.

En un momento histórico en el que el español se habla ya por parte de más de seiscientos millones de personas en todo el mundo, quiero hacer un pequeño homenaje de restauración histórica a un pueblo judeocristiano que fue injustamente maltratado por la historia de este país. Es importante constatar el auge de esta lengua y cómo se observa que es muy bien tratada en otras culturas. Hay que reconocer que España devolvió el estatus social a los sefardíes, con su lengua ladina, mediante la Ley 12/2015, de 24 de junio, en materia de concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España.

Los objetivos del proyecto Los sefardíes ante sí mismos y sus relaciones con España, son los siguientes: la edición y estudio de textos sefardíes en judeoespañol de los siglos XVIII al XXI, tanto impresos como manuscritos, tanto aljamiados como en grafía latina, como una forma de recuperar el patrimonio cultural de una lengua en peligro de desaparición; el análisis, a través de los textos, de la cultura desarrollada en la diáspora sefardí, tanto en Turquía y los Balcanes como en el Norte de África y en los países de América y Europa que desde el siglo XIX recibieron migrantes sefardíes; el estudio de las relaciones culturales entre los sefardíes y España a partir del siglo XIX, las relaciones de las élites culturales sefardíes con España y la construcción de la imagen de los sefardíes en la literatura y la prensa españolas de los siglos XIX y XX; el estudio del proceso de memorialización y preservación del pasado histórico sefardí, a través de la creación literaria actual en judeoespañol, los libros de memorias, biografías, autobiografías y novelas autobiográficas; la pervivencia de la literatura tradicional sefardí de transmisión oral (cuentos tradicionales, romances, canciones, refranes, etc.), su preservación y reinterpretación en distintos contextos hasta la actualidad y contribuir al conocimiento y difusión de la cultura de la diáspora sefardí a través de publicaciones, congresos, exposiciones, conferencias, cursos de especialización y recursos en línea (páginas web, contribuciones a repositorios digitales)”. 

También recomiendo el acceso a la revista científica Sefarad publicada por el CSIC, editada en el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo del CCHS, que publica artículos originales y reseñas de filología y crítica textual de la Biblia Hebrea (y sus versiones antiguas y comentarios); filología y lingüística de las lenguas hebrea y aramea; historia y cultura de los judíos en España; y lengua y literatura, historia y producción cultural de los sefardíes.

Por último y desde el punto de vista de divulgación cultural veraz y objetiva, considero de interés general la lectura de un artículo reciente, El trezoro de la lingua djudeo-espanyola: qué es el ladino y por qué se parece tanto al español, publicado en Verne (El País), donde se puede conocer bastantes detalles de históricos y actuales de esta lengua tan cercana a nosotros. Por último, como botón de muestra de su existencia real en el mundo, adjunto algunos titulares que se publican hoy en la versión ladina del periódico turco Salom Gazetesi, tan lejos, tan cerca: Despues del Dia Internasyonal del Ladino-Estanbol, Los orijines de un sityo de vacansas o Saver es bueno. Leerlos es un placer para comprender todo lo que nos une como lengua común. Una maravilla. Compruébenlo como el mejor homenaje que podemos hacer hoy para salvar la memoria histórica de un pueblo judeo-cristiano español en permanente diáspora. Es verdad que hoy tiene un sentido especial su eslogan de cabecera en Amaneser y lo comprendemos bien en momentos tan delicados como los de la pandemia actual: kuando muncho escurese es para amanecer (cuando mucho oscurece es para amanecer). ¡Paz! (Salom) ¡Qué sabia es la historia de nuestras palabras!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un niño que lee mueve el mundo

Paul Gauguin (Paris, 1848-Atuana,1903). El escultor Jean Paul Aubé y su hijo Emilio, 1882

Sevilla, 23/II/2021

Me atrevo a decir que un niño o una niña que leen las páginas de un libro son capaces de mover el mundo, atendiendo al símil del efecto mariposa. Me lo ha recordado un libro precioso, Una historia de la lectura, de Alberto Manguel, en la cuidada edición que regalé a mi hijo hace ya muchos años, de la editorial Lumen (Randon House Mondadori). Me acerco todos los días a su biblioteca y recuerdo todavía aquella página 44, en la que aparecía una pintura de Gauguin, con un detalle especial: un niño leyendo, Emilio, el hijo del pintor, junto al escultor Jean-Paul Aubé, su amigo y benefactor. Sobre la reseña del cuadro aparecía una frase mágica que es la que no he olvidado: todo lector se convierte en el único habitante de un mundo imaginario. En el ángulo inferior derecho del cuadro hay una dedicatoria en francés, de Gauguin a su amigo Jean Paul Aubé, escrita a mano, con plumilla y tinta negra: “Tu mano utiliza la herramienta, aunque el trabajo ardiente / modelando a su vez risas y llantos, / anima a voluntad mujeres y flores / y doblega a los condenados bajo el talón del Dante”. La firma junto a su mujer, Mette-Sophie Gad. Que su hijo leyera tampoco era inocente.

Aquellas primeras páginas me enseñaron, de la mano de Manguel la importancia de la lectura en los primeros años de la vida, donde llega a afirmar que “Tal vez podría vivir sin escribir. No creo que pudiera vivir sin leer. La lectura -descubrí- precede a la escritura. Una sociedad puede existir -muchas, de hecho, existen- sin escribir, pero ninguna sin leer” (1). De todo lo que escribe sobre la lectura se desprende su arte para vivir, para enseñar a leer las señales de la vida, porque hablar es solo cosa de personas. Leer, igual de bello. Es una maravilla constatar que estamos preparados desde la preconcepción y a través del cerebro, para leer, cuando todo está conjuntado para comenzar a unir letras y grabarlas con unas determinadas formas en el cerebro. Agregando, además, sentimientos y emociones en relación con lo que nuestro cerebro lee, como lo transmite su hijo Emilio, pintado amorosamente y con gran delicadeza por Gauguin, probablemente como símbolo de agradecimiento a su amigo por haberlo acogido en su casa en momentos difíciles de su vida.

La lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible, porque aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es personal e irrepetible. Nadie se baña dos veces en el mismo libro. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida. Tenía razón la escritora uruguaya Ida Vitale, Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2018, cuando nos enseñó el valor de la lectura: hay libros que nos tienen en cuenta; ven en nosotros lo que de nosotros ignoramos. Descubrirlos es un placer verdadero. Preciosas palabras, que aún nos quedan.

Contemplado el cuadro de Gauguin y escribiendo estas palabras, he recordado unas palabras de José Manuel Blecua, exdirector de la RAE, cuando afirmaba que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, siguiendo fielmente a Ítalo Calvino en su arte de empezar y acabar al escribir sobre una página en blanco, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, que llevamos siempre un niño dentro tal y como me lo enseñó Pablo Neruda, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, contemplando hoy a un niño que lee, porque el libro que tiene en sus manos lo tiene a él en cuenta, como único habitante en su mundo imaginario, al que mueve en los sueños creadores de millones de niños felices e infelices del mundo, a pesar de todo.

(1) Manguel, Alberto. Una historia de la lectura. Barcelona: Randon House Mondadori, 2005, p. 35.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El Congreso dignifica hoy la democracia en España

Sevilla, 23 de febrero de 2021

Hace cuarenta años que tal día como hoy viví uno de los momentos más trágicos de mi existencia como ciudadano de este país, al conocer el golpe de estado en el Congreso de los Diputados. Cuarenta años después vivimos con el llamado principio de normalidad una sesión ordinaria en el Congreso, demostrando de la forma más ejemplar posible que la democracia en este país es una realidad que nos honra a todos los que amamos vivir en paz gracias a ella.

En un ejercicio de reconocimiento democrático a este aniversario tan especial, recojo a continuación la agenda completa del Parlamento para hoy, en la que figura también, a las 13:00 horas, la celebración de un acto oficial del 40 aniversario en el Salón de los Pasos Perdidos: “El Congreso de los Diputados ha organizado un acto con motivo del 40 aniversario del 23 de febrero de 1981, presidido por Su Majestad el Rey, Felipe VI, y que tendrá lugar a partir de las 13,00 horas en el Salón de Pasos Perdidos. La presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, recibirá a S.M. el Rey en la Carrera de San Jerónimo junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la presidenta del Senado, Pilar Llop; el presidente del Tribunal Constitucional, Juan José González Rivas; y el presidente del Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes. S.M. el Rey, acompañado de los representantes de las altas instituciones del Estado, accederá al Palacio por la Puerta de los Leones y se dirigirá al Escritorio del Reloj para saludar a los invitados: los ponentes de la Constitución, los vicepresidentes del Gobierno, el líder del partido mayoritario de la oposición, los miembros de la Mesa del Congreso de los Diputados y portavoces de los grupos parlamentarios. Una vez en el Salón de Pasos Perdidos, la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, abrirá el acto y, tras su intervención, tomará la palabra S.M. el Rey”.

Agenda

23 de Febrero de 2021

09:30 Ponencia del Proyecto de Ley por la que se modifica el texto refundido de la Ley de Sociedades de Capital, aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/2010, de 2 de julio, y otras normas financieras, en lo que respecta al fomento de la implicación a largo plazo de los accionistas en las sociedades cotizadas.  Sala Miquel Roca I Junyent
10:00 Comisión de Hacienda. Acuerdo sobre la celebración de la comparecencia de la Ministra de Hacienda. Comparecencia del Director General de la Agencia Estatal de la Administración Tributaria (AEAT)Ver directo.  Sala Prim
10:00 Mesa del Congreso.  Sala Mariana Pineda
11:00 Ponencia del Proyecto de Ley Orgánica de protección integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia.  Sala José Pedro Pérez-Llorca Rodrigo
11:00 Comisión Constitucional. Debate y votación de Proposiciones no de Ley. Ver directo.  Sala Ernest Lluch
11:00 Ponencia de la Proposición de Ley Orgánica de derogación del artículo 315 apartado 3 del Código Penal.  Sala Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón
11:30 Comisión de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Comparecencias. 11:30 h. Andrés Rodríguez Amayuelas, Presidente de la Coordinadora de ONGD. 12:30 h. Marta Blanco, Presidenta de CEOE Internacional. 13:30 h. Jesús Gallego García, Secretario de Política Internacional de la Comisión Ejecutiva Confederal de UGT. Ver directo.  Sala Cánovas
11:30 Junta de Portavoces.  Sala Constitucional
11:30 Ponencia de la Proposición de Ley por la que se modifica la Ley 20/2011, de 21 de julio, del Registro Civil.  Sala Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón
12:00 Mesa y Portavoces de la Comisión de Educación y Formación Profesional.  Sala Manuel Fraga Iribarne
12:00 Ponencia del Proyecto de Ley de cambio climático y transición energética.  Sala Jordi Solé Tura
13:00 Acto con motivo del 40 aniversario del 23 de febrero de 1981. Más informaciónVer directoLengua de signos/ Subtitulado.  Salón de Pasos Perdidos (Palacio)
13:30 Mesa y Portavoces de la Comisión de Justicia.  Sala Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón
13:45 Ponencia para el estudio de las consecuencias derivadas de la salida del Reino Unido de la Unión Europea el 1 de febrero de 2020 y la futura relación con dicho Estado. Acuerdos sobre comparecencias solicitadas.  Sala SERT
16:00 Sesión Plenaria. Toma en consideración de Proposiciones de Ley. Proposiciones no de Ley. Mociones consecuencia de interpelaciones urgentes. Más informaciónVer directo.  Hemiciclo

Sobran palabras y basta constatar la saludable actividad democrática en el Congreso para comprobar que este país necesita reforzar la creencia en la Constitución que nos une. Personalmente, la quiero como para seguir leyéndola cada noche, como mi libro favorito, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio, comprendiendo así un poema de Benedetti, “Te quiero sin mirar atrás”: Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio… No la olvido hoy, abriendo el libro de mi vida por un marcapáginas muy especial y sin mirar atrás.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La mediocridad se ha instalado en nuestras vidas

Lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud.

Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir.

Jorge Wagensberg, Aforismos

Sevilla, 22/II/2021

Al ir del timbo al tambo en nuestra vida, algo que frecuentaba García Márquez y que cita expresamente en sus Cuentos peregrinos, nos encontramos con una frecuencia desaforada a una legión de personas mediocres que lo inundan todo por tierra, mar y aire. He escrito en reiteradas ocasiones sobre esta perversidad social y vuelvo hoy a tratarlo porque el mundo camina por derroteros mediocres, a través de determinados políticos mediocres (no todos son iguales) que gobiernan creyendo que lo están haciendo muy bien, en un acusado efecto Dunning-Kruger que supone para ellos mismos creer que lo saben todo sin tener en muchas ocasiones idea de casi nada. Es un mal endémico que hace estragos en cualquier estamento social, no sólo en la política, que acaba afectando a todos los órdenes de la vida.

Este escalafón tan alto de la mediocridad hace que las personas que la practican en general crean que lo que hacen es siempre lo correcto, sobreestimando su conocimiento, sus habilidades y sus actitudes, en una tríada conductual que da pánico. También, tienen una incapacidad metafísica que les impide reconocer que los demás pueden hacer algo bien y, por último, son incapaces de reconocer de alguna manera que casi todo en su vida es una gran mentira y que son extremadamente insuficientes, es decir, mediocres en estado puro.

El efecto citado de Dunning-Kruger se denomina así en honor a sus descubridores, Dastin Dunning y Justin Kruger, investigadores de la Universidad de Cornell (EEUU), que publicaron un estudio al respecto en el Journal of Personality and Social Psychology, en diciembre de 1999, partiendo de una hipótesis que ya había anunciado Darwin varios siglos atrás: “la ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento”. Es verdad, porque las personas mediocres suelen ser ignorantes en casi todo lo que dicen y tocan. Los dos investigadores exponen en su trabajo científico que las personas tienden a tener puntos de vista excesivamente favorables de sus habilidades en muchos ámbitos sociales e intelectuales, porque las personas que no están calificadas en estos campos sufren una doble carga: no sólo llegan a conclusiones erróneas y toman decisiones desafortunadas, sino que su incompetencia es tal que les roba la capacidad metacognitiva para darse cuenta de lo que les ocurre.

La mediocridad centrada en el discurso de la ignorancia elevada a categoría suprema y omnisciente me sigue preocupando mucho y cada día que pasa y vemos lo que nos rodea, más todavía por “[…] la situación actual del país y la mediocridad que nos invade en todos los ámbitos posibles, aquí, allá, acullá. He reflexionado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital sobre esta lacra social, porque constato que estamos instalados en el reino de la mediocridad. Por esta razón, no hay tiempo que perder y hay que desenmascarar a los mediocres con urgencia vital, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en todos los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son personas de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia”.

Lo repito hoy hasta la saciedad: mediocridad de mediocridades, (casi) todo es mediocridad. Casi todo es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. Lo digo una y mil veces: los mediocres están haciendo de cada día su día, su mes, su año, de forma silenciosa. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra, si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan. Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social de la mediocridad y sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.

Me reafirmo en la siguiente actitud proactiva contra la mediocridad: busquemos la nueva linterna de Diógenes para poder encontrar personas dignas, aunque hay que tener claro que no está en los catálogos del mercado, porque no es mercancía, sino en nuestra conciencia individual y social de pertenencia a una ideología de clase, no inocente, que luche por un mundo que merezca la pena vivirlo y compartirlo de la forma más digna posible. Vuelvo a leer ahora un libro que me ayuda a comprender lo que está ocurriendo con esta plaga tan peligrosaMediocracia. Cuando los mediocres toman el poder, una reflexión seria y fundamentada sobre esta plaga del siglo XXI, que se ha hecho fuerte y pretende tomar el gobierno universal de todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Su autor es Alain Deneault, filósofo y escritor, profesor de Sociología en la Universidad de Québec y director del programa del Collège international de philosophie de París. El libro es recomendable para almas inquietas y que estén saturadas de la mediocridad que ha instalado sus bases en nuestros entornos más cercanos. La sinopsis del libro nos aclara su hilo conductor: “Si los de arriba no cuestionan ni imaginan nada, ¿a qué podemos aspirar? El político ambivalente afín a progresistas y conservadores; el profesor de universidad que ya no investiga, sino que rellena formularios burocráticos; el reportero que encubre los escándalos fiscales y hace ruido en la prensa amarillista o el artista revolucionario, pero subvencionado… El rigor y la exigencia han dejado paso al esquema carente de referentes que inspira esta crítica mordaz. Da igual si es el ámbito político, académico, jurídico, cultural o mediático: se mire por donde se mire, se constata el triunfo de lo mediocre. El autor analiza con un estilo ingenioso cómo las aspiraciones mediocres que invaden la sociedad no dan como resultado sino ciudadanos también mediocres”. Todo muy medido, donde las personas somos a veces maniquíes que como el rey del cuento de Andersen vamos desnudos ante la intemperie de la mediocridad imperante, mucho más cerca de nosotros de lo que realmente pensamos. Estamos avisados.

NOTA: La rebelión de los maniquíes | Love Valencia

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Las luceras y lazos de Ishbiliya (Sevilla)

Sevilla, 21/II/2021

La noticia ha saltado a los medios de comunicación como un gran descubrimiento arqueológico: durante las obras de remodelación de un bar clásico en Sevilla, Giralda, en la calle Mateos Gago (antigua Borceguinería), muy cerca de la catedral actual, construida sobre la gran mezquita almohade, han salido a la luz restos de un hamán (baño) almohade del siglo XII, que se conserva bastante bien después de nueve siglos de presencia real en Sevilla. Según afirma el arqueólogo responsable de los trabajos de recuperación y consolidación, “Lo más importante es que hemos constatado que el baño estaba pintado por completo, de arriba abajo, y con una decoración geométrica de gran calidad. Los dibujos son en almagra [pigmento rojizo] sobre blanco y se han conservado grandes fragmentos en bóvedas y paredes. Este es el único baño islámico que nos ha llegado con una decoración integral, hasta ahora solo se conocían ejemplos con pinturas en los zócalos” (1).

Una de las características de este hamán es la profusión de luceras o claraboyas, ochenta y ocho,  por las que entraba la luz, destacando la forma estrellada de ocho puntas aunque también se encuentran otras cuatro formas más, sirviendo a la vez de respiraderos de cada sala. También de los lazos en almagra, las denominadas pinturas de lacería que no son frecuentes en este tipo de construcciones árabes. En este bar he estado disfrutando algunas veces de su concepto clásico de “lugar de encuentro amable” en Sevilla, de los que retrataba de forma extraordinaria Stefan Zweig en su visita a esta ciudad en la primavera de 1915. Lo que no sabía es que me he sentado bajo las cúpulas ocultas de la sala templada (conservando el nombre romano: tepidarium), la que está en la entrada principal, por la calle Mateos Gago, así como en la sala contigua que correspondía a la sala fría (frigidarium), quedando detrás de la barra antigua y de la cocina (antes de la remodelación actual), algunos vestigios de la sala caliente (caldarium)y la entrada real de los baños, que se hacía por la calle Don Remondo, salvando un gran desnivel hasta acceder a estas instalaciones almohades.

Cuando he contemplado las luceras de ocho puntas he recordado unas líneas de un libro con encanto, Azafrán (2), que me enseñaron a comprender la cultura árabe y lo que simbolizaban las mismas al encontrarse en múltiples objetos decorativos, resaltando sobre todo en los azulejos y luceras: “Repara en que hay una estrella central de ocho puntas, un octógono compuesto por dos cuadrados; el cuadrado es estable, prueba de ello es que las edificaciones tienen su base cuadrada. Representa, pues, la estabilidad tanto terrenal como cósmica y, la unión con otro en forma de octógono, la armonía en ambos planos. […] Ya esta perspectiva debe hacernos sospechar que nada carece de valor y que cumple su objetivo definido. Si trasladamos esta concepción de las cosas, por analogía, a la naturaleza, veremos que, si bien los animales son seres inferiores al hombre, no podríamos vivir sin ellos e igual pasa con los vegetales o con el agua. No hay nada en la naturaleza que no merezca ser respetado”.

Si se observan las pinturas, vemos lazos y, sobre todo, líneas que se cruzan y es probable que sea una sola línea interminable que rodea a las estrellas (las luceras), como indicando el camino a seguir en la vida. Otra vez vuelvo a mi antigua lectura y encuentro allí una explicación: “¿Quiere esto decir que se puede conseguir alcanzar un objetivo desde muy diversos puntos? ¿O que la verdad se esconde entre diferentes perspectivas? Muchos son los senderos”.

Dentro de unos días se abrirá de nuevo el bar Giralda que lucirá resplandeciente con este descubrimiento. Me llevaré allí dos libros: Azafrán, para interpretar bien el entorno almohade en Ishbiliya y el De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia (3), de Stefan Zweig, en el que que dedican unas páginas a Sevilla. Uno y otro me permitirán adentrarme en un mundo que no debo olvidar porque de la cultura árabe sigo aprendiendo muchas cosas, entre ellas que, visitando de nuevo el hamán de Mateos Gago, necesitamos amar la Naturaleza por encima de muchas cosas y que aquí se puede ser feliz, tal y como lo entendió Zweig al poner su pie por primera vez en esta tierra tan cargada de historia, comprendiendo ahora la vanidad de esta ciudad, porque quien no la ha visto, no ha visto lo maravillosa que es. Zweig lo resumió de forma preciosa: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”.

Agradezco hoy que las luceras y los lazos de este hamán de Ishbiliya, nos regalen este fragmento de su historia, para que en estos momentos tan difíciles podamos ser más felices interpretando su mensaje, su forma de construir y pintar la belleza de la vida, arrancando una sonrisa en el rostro de nuestras vidas.

(1) Las obras de un bar de Sevilla desvelan un baño islámico del siglo XII decorado en su totalidad | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

(2) García Marín, Juan Manuel. Azafrán. Barcelona: Roca editorial, 2005 (2ª ed.), p. 61.

(3) Zweig, Stefan. De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur, 2015.

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¿Qué significa ser antisocial?

Sevilla, 20/II/2021

Anoche estuve viendo durante unos minutos las graves algaradas callejeras en Barcelona y Valencia con motivo del encarcelamiento del rapero Hasél y a mi mente vino una catarata de preguntas del porqué de estas actitudes tan agresivas en jóvenes y menores, que representan tanto odio, hasta extremos verdaderamente preocupantes. ¿Qué está pasando en la sociedad para que haya este tipo de altercados en la calle? ¿Es sólo un problema de hartazgo social de una juventud sin salida en miles de casos? ¿Qué papel juegan las redes sociales en este tipo de convocatorias para defender la libertad de expresión, como hilo conductor del odio? Ya no nos partimos de risa sino de odio, aplicando el principio de realidad en esos jóvenes tan agresivos, que según los informativos y la propia policía provienen de grupos antisistema, de movimientos independentistas, de la ultraderecha y de radicales de izquierda de todo tipo, es decir, del conjunto del desencanto juvenil organizado en redes sociales sin mezcla de bien y horizonte alguno, utilizando solamente la radicalización de una emoción transitoria, a modo de conciencia de clase, por la falta de libertad que controla exclusivamente el Sistema o el Orden Establecido.

Sé que el problema es complejo y que requiere un análisis profundo y de cabeza fría, para no dejarse llevar por lo primero que se escucha y se ve en los informativos y en variados medios de comunicación que, por cierto, nunca son inocentes en la forma de comunicar lo que pasa en este país, recordando siempre una frase que leí en 2014 en un artículo de Juan Cruz, citando a Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica, diario romano por excelencia, en una intervención suya ante estudiantes españoles en la Escuela de Periodismo de EL PAÍS: “Periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”, de una forma especial, con compromiso social y navegando el desvío que nos impone la vida a cada uno.

Afirmo una vez más que nada de lo que se ve y cuenta es inocente y quien lo cuenta tampoco, como no lo son las ideologías de cualquier tipo que están detrás de estos fenómenos de masas donde la razón pública del interés general debe presidir cualquier información. Como tantas veces lo he escrito en este cuaderno digital, lo comprendí muy bien, en su aplicación a la vida de cada uno y de todos, el día que leí unos párrafos inolvidables de Lukács, en El asalto a la razón: “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

Se ha publicado recientemente un libro en nuestro país, Antisocial (2), que analiza el poder de las redes sociales en Estados Unidos, aunque su autor da la impresión de que ocurriendo ahora lo que está ocurriendo con ellas, a él que no le llamen desde la ortodoxia americana para explicar lo inexplicable: “Marantz encarna todo lo que odia la extrema derecha pero se codeó tres años con sus gurús, que le confiaron sus técnicas para emponzoñar la red con mentiras y hacer avanzar sus intereses. Sí había aún alguna duda, el asalto al Capitolio rompió definitivamente el sueño de las redes sociales como portadoras de democracia y verdad a los rincones más oscuros del planeta. Más bien está siendo lo contrario. En un apasionante relato a ratos espeluznante, Marantz disecciona cómo ha ocurrido. Y no apunta sólo a los ultras, sino también a Silicon Valley, los nuevos guardianes de la información que rehúyen sus responsabilidades. Incluso al periodismo convencional que, aturdido por sus penurias económicas y su pérdida de autoridad, se deja arrastrar por el peligroso juego de la viralidad (3).

Soy un bloguero en la actualidad, que intenta mostrar la realidad tal y como lo es, amplificada automáticamente en Twitter y Facebook, aunque también participo del gran principio de Lukács: no hay ideología inocente en este blog y en sus post, pero lo que está pasando en la trastienda de las grandes plataformas de redes sociales es una encrucijada social de enorme interés general que debo atender desde mi ética personal e intransferible. En el fondo, los jóvenes de Cataluña y Valencia que anoche manifestaban su odio ante las fuerzas de seguridad, bancos y todo lo que representaba de alguna forma el Sistema, lo interpretaban en la calle siguiendo al pie de la letra los mensajes del manual breve para antisistemas y desencantados globales que acababan de leer en sus móviles ante un grito coral muy claro: defendamos la libertad de expresión. Las redes sociales no son inocentes y ahora están recogiendo la manipulación constante de lo que éstas han sembrado durante muchos años siguiendo la propuesta impresentable del “todo vale” y “no pongamos puertas al campo”.

Me parece extraordinariamente duro contemplar cómo estos jóvenes se parten de odio sin control, partiendo de la base de que no sólo los ultras, sino también Silicon Valley, donde residen “los nuevos guardianes de la información que rehúyen sus responsabilidades” a diario con el socorrido lema para tibios y mediocres de “a mí que no me llamen”, controlan a su antojo y sin supervisión alguna el mundo alegal de las redes, incluso ayudados en muchas ocasiones por un periodismo amarillo que, como decía anteriormente, está “aturdido por sus penurias económicas y su pérdida de autoridad”, dejándonos todos arrastrar por el peligroso juego de la viralidad, que es, en definitiva, el que mueve el dinero de los hombres de negro a nivel mundial.

La sinopsis oficial del libro no tiene desperdicio: “Una crónica profundamente inmersiva de cómo los empresarios de Silicon Valley se propusieron crear un Internet libre y democrático y cómo los cínicos propagandistas de la extrema derecha explotaron esa libertad para impulsar estos extremismos en la masa social. Marantz explora dos mundos: el de los emprendedores de las redes sociales, que con ingenuidad y una imprudente ambición, cambiaron los medios tradicionales de recibir y transmitir información; y el de «los intrusos»: conspiradores, supremacistas blancos y trolls nihilistas, que se han hecho expertos en el uso de redes sociales para promover su corrosiva agenda”.

Lo verdaderamente preocupante es que lo antisocial no sólo es eso. Es el dolor de millones de jóvenes que saben de verdad lo que les pasa, porque el mundo, con su sociedad concreta y el orden establecido que le corresponde, tal y como está montado en la actualidad, les da la espalda. A partir de ahí, los intereses espurios de millones de mediocres, inundan las redes de mensajes troleados que aparentan la verdad absoluta, pero que son tan solo una manipulación más de sus conciencias. La irresponsabilidad, entonces, está servida, aunque desde Silicon Valley o Wall Street miren para otro lado, partiéndose de risa y contemplando cómo millones de jóvenes de todo el mundo se parten de odio. Como dice Marantz en su libro, el auténtico problema es que “los señores del extremo social” les han secuestrado la conversación diaria, teledirigida por un grupo no inocente de fanáticos, personas de mala fe y nihilistas de todo cuño que aprovechan las vulnerabilidades múltiples del Sistema y de las redes sociales sobre las que casi siempre soportan su forma de hacer política. Luego pasa lo que pasa y cómo nos lo cuentan. Esa es la cuestión.

(1) Lukács, G. El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 5, 1976.

(2) Marantz, A. Antisocial. Madrid: Capitán Swing, 2021.

(3) Andrew Marantz: “Twitter creó el monstruo de Trump y ahora se desentiende” (lavanguardia.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Decir Marte es decir Bradbury

Prólogo manuscrito de Borges, a la edición de Crónicas marcianas (1955)

Sevilla, 19/II/2021

Los marcianos existen y somos nosotros. Esta frase enigmática resumen bien la filosofía implícita de Ray Bradbury (Waukegan, Illinois, 1920) sobre el planeta rojo, tan de moda en estos días en los que una nave americana ha amartizado en él con gran éxito, en una misión de la NASA cuyo objetivo es encontrar rastros de vida microbiana de hace miles de millones de años. ¿Perseverancia humana, como el nombre de la misión espacial o intrepidez marciana, sustituyendo a la palabra miedo de Bradbury? Borges lo explicó muy bien en el prólogo a la primera edición de Crónicas marcianas en español, en 1955, en la editorial Minotauro: “ya el Renacimiento observó, por boca de Giordano Bruno y de Bacon, que los verdaderos antiguos somos nosotros y no los hombres del Génesis o de Homero… ¿Qué ha hecho este hombre de Illinois me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad?”. En 2012, la ausencia de este escritor, maestro de la ficción interplanetaria, dejó huérfanos a quienes intentaban responder a una pregunta multisecular: ¿la condición marciana, si es que existe, sería diferente a la humana? Inquietante pregunta para los que nos preocupa indagar sobre la traída y llevada condición de las personas en el planeta Tierra, porque después de muchos siglos seguimos constatando que no nos llevamos demasiado bien unos con otros, incluso habiendo mirado durante tantos años a los Cielos para responder a preguntas tan concretas como la expuesta anteriormente.

Tengo que reconocer que la ficción planetaria nunca me supo levantar al igual que la música militar, porque de Bradbury sigo admirando -sobre todo- una obra vinculada con la existencia de los libros y su mensaje multisecular, Fahrenheit 451, tan recordada siempre y que se hizo muy popular a través de la excelente versión cinematográfica de François Truffaut. Pero al César lo que es del César y a la NASA lo que es de Marte, porque ayer consiguió amartizar una nave espacial en una operación interplanetaria sin precedentes. Afortunadamente, ya no hay bomberos que apaguen el incendio del alma de quienes leen, aunque hay otros bomberos actuales, pirómanos virtuales, que incendian las redes con falsas noticias y bulos sin com-pasión (así) alguna.

Borges planteó en su Prólogo a Crónicas marcianas interrogantes muy serios sobre la experiencia marciana: “Los marcianos, que al principio del libro son espantosos, merecen su piedad cuando la aniquilación los alcanza. Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo -que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena”. Es quizás , la tercera expedición, la que todavía puede inquietarnos más al estar cada día más próximo el desembarco de un o una astronauta en Marte: “Acaso La tercera expedición es la historia más alarmante de este volumen. Su horror (sospecho) es metafísico; la incertidumbre sobre la identidad de los huéspedes del capitán John Black insinúa incómodamente que tampoco sabemos quiénes somos ni cómo es, para Dios, nuestra cara. Quiero asimismo destacar el episodio titulado El marciano, que encierra una patética variación del mito de Proteo”.

Borges explicó con cierto sarcasmo el término cienciaficción (sciencefiction), aunque el simbolismo de la realidad marciana, tanto para Bradbury como para Borges, es parecida: la condición humana ya venía de lejos. ¿De Marte? Probablemente, porque como decía Tom, el hijo querido de La Farge y Anna (tercera expedición), querido en Tierra y soñado en Marte: “cuando no se puede tener la realidad, bastan los sueños”, es decir, imitar a Proteo, el dios del mar, descrito por Homero en La Odisea como ‘anciano hombre del mar’ (halios geron) y pastor de las manadas de focas de Poseidón, cuya principal virtud era ver a través de las profundidades y de predecir el futuro, aunque en un mitema familiar a varias culturas, cambiaba de forma para evitar tener que hacerlo, contestando sólo a quien era capaz de seguirlo a través de sus metamorfosis. Predecir el futuro o no, sabiendo eso sí cuál es la condición humana, tanto en la Tierra, en Marte o la separación de los Cielos sumeroacádicos que contaban los ancianos de Mesopotamia, en las riberas del Tigris y del Éufrates, a los nietos sentados en sus piernas y con la mirada puesta siempre en la Tierra. Soñar despiertos, esa ha sido siempre la cuestión.

El amartizaje de ayer ha sido otro pequeño paso del hombre, de la mujer y un gran paso de la Humanidad, para intentar descifrar quienes somos, cuál es nuestra condición, aunque Bradbury ya nos avisó a tiempo: los marcianos existen y somos nosotros. Es nuestra condición o el natural, carácter o genio de cada persona, tal y como lo aprendí del profesor Vinaty, un francés muy particular, en la Universidad romana de la que fui alumno durante un tiempo marciano, en el pleno sentido del adjetivo tan bien tratado por Bradbury.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Bonhams : BORGES (JORGE LUIS) Autograph manuscript, signed (“Jorge Luis Borges”), of his Prologue to Ray Bradbury’s Martian Chronicles, 1955

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Mendel y su amor a los libros

Sevilla, 18/II/2021

Leer es un arte y una pasión que alumbra la vida. Federico García Lorca me enseñó a amar la lectura y a valorar el significado de tener un libro en las manos: Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? ¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras” (1).

Con este eco lorquiano, he recordado que guardo en mi biblioteca de secreto una obra preciosa de Stefan Zweig, Mendel, el de los libros (2), un autor al que me he referido en diversas ocasiones en este cuaderno digital, sobre todo porque dijo en su visita a Sevilla en la primavera de 1905 que aquí se podía ser feliz, a pesar de la pobreza que estaba presente en esta semblanza que tiene ya más de cien años y que también denunció. En este cuento de Zweig, citado por Irene Vallejo en su excelente publicación, El infinito en un junco, recoge una cita al finalizar su obra que dice textualmente: “Los libros se escriben para unir, por encima del propio aliento, a todos los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido”.

Es verdad que en tiempos de coronavirus la lectura es un gran bálsamo ante el desconcierto vital que está suponiendo esta situación sobrevenida. He vuelto a leer el cuento de Zweig y sigo descubriendo en él elementos de enseñanza profunda sobre el comportamiento humano en sociedad, sobre todo cuando sufre individual y colectivamente y se necesita alguna explicación que pueda estar en los libros: “En Jakob Mendel, aquel pequeño librero de viejo de Galitzia [Polonia], contemplé por primera vez, siendo joven, el vasto misterio de la concentración absoluta, que hace tanto al artista como al erudito, al verdadero sabio como al loco de remate, esa trágica felicidad y desgracia de la obsesión completa”. Jacob Mendel era un judío de Galitzia, que solo confiaba su concentración a la lectura de los libros, porque fuera de ellos casi nada existe: “Dejando a un lado los libros, aquel hombre singular no sabía nada del mundo, pues todos los fenómenos de la existencia sólo comenzaban a ser reales para él cuando se vertían en letras, cuando se reunían en un libro y, como quien dice, se habían esterilizado”.

La guerra en 1915 le jugó una mala pasada, al ser detenido por sospechoso ruso que campaba libremente por Viena, porque su origen suponía un peligro público para Austria, sin que aquello lo pudiera comprender en el interrogatorio al que fue sometido el día que lo detuvieron en el café Gluck y acabara unos días después en un campo de concentración de prisioneros civiles rusos cerca de Komorn, sin poder leer al haberse roto sus gafas, su único medio de conexión con el mundo exterior de su vida: “Dejando a un lado los libros, aquel hombre singular no sabía nada del mundo, pues todos los fenómenos de la existencia sólo comenzaban a ser reales para él cuando se vertían en letras, cuando se reunían en un libro y, como quien dice, se habían esterilizado”.

La señora que cuidaba los aseos de la cafetería Gluck era la memoria viva de lo que había pasado con Jakob Mendel, el de los libros. Ella cuenta en primera persona su liberación del campo de concentración y su regreso a su adorada mesa con tapa de mármol del café Gluck: “Un día, Jesús, María y José, no puedo creer lo que ven mis ojos, se abre la puerta, ya sabe usted, de refilón, tan sólo una rendija, como solía abrir el siempre, y el pobre señor Mendel entra en el café dando un tropezón. Llevaba puesto un raído capote militar lleno de zurcidos, y en la cabeza algo que alguna vez debió de ser un sombrero, uno que habrían tirado. No tenía cuello de camisa, y parecía la muerte, con el rostro y el pelo grises, y tan flaco que daba lástima. Pero entra, directo, como si nada hubiera ocurrido. No pregunta nada, no dice nada. Va hacia su mesa, allí, y se quita el abrigo, pero no como en otro tiempo, con agilidad y sin esfuerzo, sino respirando con dificultad. Aquella vez no traía ningún libro. Se limita a sentarse y no dice nada. Tan sólo clava la vista ante él con los ojos vacíos por completo, resecos. Sólo poco a poco, cuando le llevamos todo el paquete con los escritos que habían llegado para él desde Alemania, se puso de nuevo a leer. Pero ya no era el mismo”.

Tanto dolor por aquél trato inhumano ya no le permitió a Mendel volver a ser quien era: “Y en la memoria de Mendel, en aquel teclado único del conocimiento, las teclas, a su regreso, estaban atascadas. Cuando de vez en vez alguien venía a recabar información , él se quedaba sentado, inmóvil, agotado, y ya no comprendía con exactitud, no oía bien, y olvidaba lo que le habían dicho. Mendel ya no era Mendel, como el mundo ya no era el mundo”.

Aquella mujer que limpiaba los aseos y que vio por última vez a Mendel el de los libros, que durante veinticinco años le había cepillado el abrigo y le había cosido los botones y que le había visto por última vez antes de morir en la puerta del café Gluck, al que había vuelto en un regreso furtivo, me ha recordado a la limpiadora del cuento de la isla desconocida de José Saramago, porque los libros nos hacen salir de nosotros mismos para conocer el mundo: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Es lo que comprendieron los dos protagonistas junto a Mendel de una historia mágica y sorprendente sobre la lectura, sobre todo la señora Sporschil, al haberse quedado con el libro que había dejado en su mesa Mendel el día que lo echaron definitivamente del café Gluck por robar panecillos para comer, porque no tenía dinero para pagarlos, y que le creaba mala conciencia a ella: “Quédeselo tranquila. A nuestro viejo amigo Mendel le habría encantado que al menos una entre los muchos miles de personas que le deben un libro aún se acuerde de él. Después me marché y sentí vergüenza frente a aquella anciana y buena señora que, de una manera ingenua y sin embargo verdaderamente humana, había sido fiel a la memoria del difunto. Pues ella, aquella mujer sin estudios, al menos había conservado el libro para acordarse mejor de él. Yo, en cambio, me había olvidado de Mendel el de los libros durante años. Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para unir, por encima del propio aliento, a todos los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido”.

Muchos años después de conocer a Mendel he ido a buscarlo de nuevo, al igual que aquel personaje del relato de Zweig intentaba recordarlo en sitio habitual, porque en estos momentos de pandemia, un azote mundial, necesito buscar refugio en los libros: “Veinte años después había ido a parar de nuevo a su cuartel general, el café Gluck, en la parte alta de la Alserstraße. Jakob Mendel. ¿Cómo había podido olvidarle? Era impensable. Durante tanto tiempo. A aquel ser humano de lo más particular, a aquel hombre legendario. A aquel peculiar portento universal, famoso en la universidad y en un círculo reducido y respetuoso… Cómo había podido olvidarle, a él, el mago, el corredor de libros que, imperturbable, se sentaba allí día tras día, de la mañana a la noche. Símbolo del conocimiento. ¡Gloria y honra del café Gluck!”.

(1) Federico García Lorca (1931), en la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros.

(2) Zweig, Stefan (2009). Mendel, el de los libros. Barcelona: Acantilado

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Joan Margarit o la dignidad de no asustarnos de nuestro destino

Miguel Poveda canta a Joan Margarit – Telediario RTVE / 16/II/2021

Sevilla, 17/II/2021

No me gustan los panegíricos ni los efluvios cantores cuando una persona nos deja para siempre. Ayer falleció el poeta Joan Margarit, no conocido por mí como merece, pero le tengo un gran respeto a su vida y obra poética y arquitectónica, aunque no se sabe bien cual fue antes. Anoche, intenté seguir de cerca la letra de su poema No te veré más (1) que interpretó excelentemente el cantor Miguel Poveda, con el sentimiento que le caracteriza, como cierre de las noticias del día en el informativo de la noche de RTVE, la televisión pública que, una vez más, tuvo altura de miras en su edición y realización:

Es la piel violeta de una noche
Que dejamos pendiente.
Tu silencio suena como un saxo
De oro negro al fondo de los días sin ti.
Como jadea en tu pecho el contrabajo,
Y el flanco cálido de oscuridad
Que por siempre soñaré avanzando
Con mi mano lenta hacia ti.
Músicos en la penumbra, instrumentos de oro
En las bocas lilas: ya, la vida
Nunca más me devolverá lo que me he jugado
En tu cuerpo desnudo desde que fuiste una fiesta
Sólo queda, al piano, un negro ciego,
Nuestro amor.
Toca solo en este poniente de oscuridad
Y mi sueño se adormece en sus dedos.

Bellas palabras para un triste momento. Sólo recuerdo ahora las respuestas que dio en 2019 a Babelia, dos semanas después de recibir el prestigioso Premio Cervantes, porque sintetizaba muy bien su pensamiento y sentimiento, donde siguiendo a Rafael Alberti descubrí aquel día que escuchaba siempre al corazón, porque en esa dialéctica sabía que era más fuerte que el viento. Él dijo que lo que le hizo querer ser poeta fue el amor, porque “con 17 años me enamoré de una chica y le escribí el único poema mío que me sé de memoria (y el único que nunca he recitado ni recitaré en público). Que le hubiera gustado escribir, como poema ajeno, Un español habla de su tierra, de Luis Cernuda. Que le hubiera gustado ser Neruda, de joven, porque “me influyó tanto que, si me descuido, se me come y dejo de existir como poeta”. Sorprendentemente y ante la pregunta “De no haber tenido la arquitectura como oficio y la poesía como vocación, ¿qué habría sido usted?”, contestó de forma tajante: “¡Nada! Me temo que un vago, un mendigo o un aprovechado”. Confesó que utilizaría como autorretrato Les feuilles mortes, cantada por Yves Montand y que tarareó en ese momento: “Oh! je voudrais tant que tú te souviennes”. Pensaba que “todo lo social está sobrevalorado. Lo único que tiene verdadero valor es lo individual, lo personal, lo secreto”. Y también respondió a una pregunta, entre otras, que cobra hoy plena actualidad: “¿Una solución para el problema catalán? Tengo 81 años y ya no veré esa solución… Cuando dos discuten, tiene más culpa el que más poder tiene. Dicho esto, ni los políticos catalanes ni los españoles han hecho nada durante años para que pudiera solucionarse”.

Este retrato de Margarit me parece entrañable y esclarecedor. Seguiré leyendo con respeto su obra porque es el mejor homenaje que le puedo hacer a partir de ahora, sabiendo que no le veremos más pero que lo recordaremos siempre. Sobre todo por su concepto de la dignidad: “Por lo que a mí respecta, en este otro exilio que es, por su propia naturaleza, la etapa final larga o corta de la vida, siento que yo soy mi propio interlocutor. Ahora, ya no se está a tiempo de improvisar, debo haber hablado ya, desde hace mucho tiempo, con los sabios antiguos o modernos para que, efectivamente, y en muchas ocasiones a través de mis propios poemas, pueda reencontrarme conmigo mismo en el territorio de la dignidad. La dignidad de no asustarme de mi destino” (2).

(1) Margarit, Joan (2003). Poesía amorosa completa. Madrid: Hiperión.

(2) Joan Margarit, del epílogo a No estaba lejos, no era difícil, Visor libros, col. Palabra de honor, Madrid, 2011.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Cuando en lo alto está la vida

[…] con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con su gesta invasora
el norte es el que ordena 
[…]

Mario Benedetti, El Sur también existe

Sevilla, 16/II/2021

En este tiempo tan difícil y complejo, con tantos interrogantes abiertos porque cuando creíamos tener todas las respuestas de la vida, el coronavirus nos cambió casi todas las preguntas, he recordado con altura de miras un poema de mi juventud, Enuma Elish (Cuando en lo alto), en escritura acádica, que simbolizaba la relación que la humanidad ha tenido siempre con la naturaleza, con el cielo y la tierra. El orden y el caos están representados de forma magistral en este poema escrito en el siglo séptimo antes de Cristo, en unas tablillas halladas en las ruinas de la biblioteca de Asurbanipal (669 a. C. – 627 a. C.), en Nínive, que yo intentaba descifrar en mis años jóvenes aprendiendo los caracteres sumeroacádicos como la antesala del hebreo puro. En aquél tiempo no se escribía o dibujaba nada que no se hubiera experimentado antes y los mayores de cada comunidad supervisaban los mensajes que mantenían siempre frescos en su memoria y que algunos amanuenses trasladaban a tablillas de barro. Era una especie de auditoría del principio de confianza en la palabra.

Recuerdo como si fuera ayer cuando aprendí a descifrar el famoso trigrámmaton (núcleo de tres letras básicas en toda palabra hebrea), que según mi profesor era la quintaesencia de la palabra, porque cuando se sabía descomponer la grafía de ese trazo imposible (para algunos) en hebreo, mejor que en el arameo de los masoretas porque incorporaba vocales que hacían más fácil su intelección, ya sabías casi todo de lo que cualquier palabra quería representar. Y es verdad, porque una de las primeras palabras que aprendí a identificar fue “casa”, en hebreo “בת” (que se lee “bet”, de derecha a izquierda), donde si la observan detenidamente, la oquedad de ambas letras me dejó claro que antes fueron las experiencias sumero-acádicas del hueco, posiblemente en las riberas del Tigris y del Éufrates (Mesopotamia), de la acogida (sin puertas), que después se expresó mediante la maravillosa palabra “casa”. También aprendí el alefato o abecedario hebreo, por ser la letra “a” (alef), la que da comienzo al mismo. Verdaderamente fascinante para respetar la historia sana de las experiencias y palabras de los que nos anteceden (personas sanas, no tóxicas o tosigosas, nunca mejor dicho).

Las dos palabras, Enuma Elish, que después se hilvanaron en el tiempo con Berechit bará en hebreo, En el principio, como comienzo del relato del Génesis, traducen la preocupación humana constante por comprender la vida a través de la tierra, los cielos, el aire y el mar, sumiéndonos a lo largo de los siglos en una gran contradicción porque no se han cuidado bien y hoy nos encontramos con el cambio climático como la expresión más rotunda del maltrato que estamos dando a los cielos, la tierra, el aire y las aguas de los mares y océanos contaminados. Es lo que nos ha intentado explicar de forma muy gráfica y durante muchos años, el gran fotógrafo brasileño, Sebastião Salgado, que salió a buscar lo que había en lo alto del Enuma Elish y del Génesis, en 2005 para “emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

Esta reflexión viene a colación ahora por el último libro de Bill Gates, que se publica hoy por la editorial Penguin Random House en veinte países bajo el título “Cómo evitar un desastre climático”, en el que el autor establece un plan amplio, práctico y accesible sobre cómo el mundo puede llegar a cero emisiones de gases de efecto invernadero a tiempo para evitar una catástrofe climática. La editorial presenta el libro con las siguientes palabras: “Bill Gates ha pasado una década investigando las causas y efectos del cambio climático. Con la ayuda de expertos en los campos de la física, la química, la biología, la ingeniería, las ciencias políticas y las finanzas, se ha centrado en lo que se debe hacer para detener el deslizamiento del planeta hacia cierto desastre ambiental. En este libro, no solo explica por qué debemos trabajar hacia emisiones netas cero de gases de efecto invernadero, sino que también detalla lo que debemos hacer para lograr este objetivo profundamente importante”. También “Nos da una descripción clara de los desafíos que enfrentamos. Basándose en su comprensión de la innovación y lo que se necesita para introducir nuevas ideas en el mercado, describe las áreas en las que la tecnología ya está ayudando a reducir las emisiones, dónde y cómo se puede hacer que la tecnología actual funcione de manera más eficaz, dónde se encuentran las tecnologías innovadoras, dónde es necesario desarrollar tecnologías punta y quién está trabajando en estas innovaciones esenciales. Finalmente, presenta un plan práctico y concreto para lograr el objetivo de cero emisiones, sugiriendo no solo las políticas que los gobiernos deberían adoptar, sino lo que nosotros, como individuos, podemos hacer para que nuestro gobierno, nuestros empleadores y nosotros mismos seamos responsables de esta empresa crucial”.

Einaudi se lamenta en el Ártico – “El mundo sólo tiene interés hacia adelante…”, Pierre Teilhard de Chardin (joseantoniocobena.com)

Escuchando a Ludovico Einaudi en su interpretación personal e intransferible de su obra de compromiso social activo, Elegía por el Ártico, , es imprescindible que recordemos hoy el esfuerzo de nuestros antepasados por intentar comprender el lado más brillante de la creación de los cielos, la tierra, el mar, el aire y el agua, como suelo firme de nuestra existencia. Depende de nosotros respetarlos y hacerlos viable para que esta generación y las que sigan después puedan disfrutar de un mundo más accesible y amable para todos. Estamos avisados, porque ellos nos transmitieron el lenguaje del respeto a la Naturaleza, porque “en lo alto” está la vida, cada uno con su ideología no inocente y que nos siguen aportando a diario vestigios para no olvidar que un día tuvimos que salir de un paraíso en el que muchos nacimos por tradición y creencia, para volver diariamente a él, a veces perdidos y solos.

NOTA: La imagen es de elaboración propia, que recoge dos portadas de libros, el primero sobre el poema Enuma elish,  de Lluís Feliu Mateu, publicado en la editorial Trotta y el segundo, el referenciado en las líneas anteriores y escrito por Bill Gates. La imagen central se desarrolla en el post No vamos todos en el mismo barco y corresponde al documental In the same boat (En el mismo barco), que resume en su título una idea muy brillante del ecologismo actual de vanguardia, del sociólogo Zygmunt Bauman:  “ya estamos todos en el mismo barco, pero lo que nos falta son los remos y los motores que puedan llevar este barco en la dirección correcta”.

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