Las palabras siempre vienen detrás

hechos son amores

No he olvidado estas palabras de Benedetti en Revolución es participación (1): “La imaginación popular corre junto con los hechos, casi podemos decir que los hechos mismos son imaginativos, porque los hechos, mucho más que las palabras, son los que van abriendo caminos nuevos; los hechos empecinados y tenaces, fueron siempre y son ahora, la vanguardia de una transformación profunda. Las palabras vienen siempre detrás para explicarnos; incluso para explicar por qué se olvidaron de anunciarlos”.

En estos días del terremoto político en Andalucía suenan con gran fuerza en mi interior, incluso volviendo a recordar un refrán de mi infancia: hechos son amores y no buenas razones. Los hechos políticos verdaderos son los que abren siempre caminos nuevos, porque el ejemplo de lo que sucede en beneficio de todos es lo que convence de verdad a la ciudadanía. Lo que ocurre es que casi siempre invertimos los términos en política y se suele hablar más que demostrar lo que verdaderamente convence, es decir, los hechos verdaderos y constatables. Tenía razón Michael Ignatieff, el candidato a la presidencia de Canadá, cuando afirmaba que “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”, pero este “amor”, la verdad, hay que asumirlo siempre.

El problema en estos días es que la izquierda sigue empecinada en no hablar de lo que ha sucedido en Andalucía, del fracaso político real y constatable. Mucho mejor sería, incluso por higiene mental de izquierdas, analizar en profundidad los hechos que han llevado a esta situación que ahora incluso busca gente para ocupar el muro de las lamentaciones, constatándose en estos días terribilis que ya falta mar para acoger a los que se están tirando del barco político correspondiente, tocado y hundido. Y lo que está pasando es que la desmovilización de la izquierda es total, porque se ha vaciado su alma política. Y hay que mirar hacia atrás sin ira, para seguir aprendiendo de los errores. El escritor portugués Lobo Antúnes lo comentó una vez y se me ha quedado grabado para siempre. Era una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo con una aguja, es decir, los equivocados, los fracasados temporalmente, debemos buscar de nuevos hechos, amores, que nos lleven a abrir caminos ilusionantes por las grandes alamedas políticas de una sociedad diferente, instalada en la libertad, donde puedan pasear por ellas las personas libres. Aunque tengamos que mirar de forma obligada hacia atrás para analizar en profundidad qué ha pasado y corregir los errores, para que las nuevas ilusiones encuentren las mejores palabras que anunciar.

Será la única forma de hacer justicia a lo ocurrido en Andalucía, porque podremos por fin justificar con palabras los hechos que hoy, por silencios cómplices y vergonzantes de la izquierda, por el absentismo galopante de más de dos millones, seiscientos mil electores en potencia, nos atenazan y nos dejan mudos. La revolución conlleva siempre participación y presencia.

Es verdad, hechos son amores votados y no buenas razones, porque las palabras deben venir siempre detrás para explicar todo, incluso para decir claro y alto por qué no se ha justificado la derrota de la izquierda en el momento oportuno. Por mucho que nos duela hacerlo.

Sevilla, 13/I/2019

NOTA: la imagen se ha recuperado de https://youtu.be/Z7YdxHDpFcU

(1) Benedetti, Mario (1973). Terremoto y después. Montevideo: Arca.

¡Preferiría no bajarme… del barco político!

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El espectáculo que estamos viviendo estos días en relación con la elección de la Presidencia de la Junta de Andalucía, refleja la “altura” política de los dirigentes que pugnan por hacerse con el gobierno de esta Comunidad. Lo sucedido con los documentos cruzados de los denominados “acuerdos”, teledirigidos desde los aparatos centrales de los partidos en liza como un desprecio manifiesto a los dirigentes de los mismos en esta Comunidad, que luego se anuncian y reinterpretan de mil formas posibles, reflejan también la frase gloriosa de Groucho Marx en relación con sus principios: no hay que preocuparse, porque si no gustan hay otros.

He repetido hasta la saciedad en este blog y lo vuelvo a hacer hoy, que la lectura del relato de Herman Melville, Bartleby el escribiente, me sigue marcando en diferentes etapas de mi vida. Recuerdo en bastantes ocasiones la frase preferida de Bartleby, ante cualquier petición de su patrón: “preferiría no hacerlo”. Es muy difícil en la vida ordinaria, ante situaciones concretas, tomar este tipo de decisiones de mantenernos o no en el barco político correspondiente, sin llegar al absurdo del protagonista del relato citado, pero en muchas ocasiones tenemos la tentación de copiarle sin rubor alguno.

La situación política del país, en general, y de la Comunidad Autónoma de Andalucía, en particular, es una continua ceremonia de confusión que alimenta al Bartleby que casi todos llevamos dentro y estamos tentados de abandonar el barco en el que cada uno navega por los mares procelosos de la vida, ante un panorama muy desalentador desde la pertenencia democrática que cada uno tiene y defiende. Siendo una realidad que invade muchas personas de secreto, creo que hay que saber reaccionar a tiempo y permanecer en el barco, en plena tempestad, porque ahora es cuando más nos necesita la sociedad en general y la democracia en particular.

Lo difícil es practicar cómo hacerlo. Sin ánimo de dar lecciones a nadie, creo que estamos viviendo momentos especiales en los que se necesita hablar de compromiso activo en cada momento en el que lo requiera el guion político que corresponde ahora en Andalucía, que tanto nos preocupa, como en su momento escribí sobre el proceso catalán.

El síndrome de Bartleby se une también al que sufrimos al tener la tentación de tirarnos del barco en el que navegamos a diario. El contexto político actual, con el gran triunfo en Andalucía del partido abstencionista, es propicio para este abandono de barcos de dignidad, en la búsqueda imposible de islas vírgenes de la condición humana. Cuando estamos ante momentos cruciales de compromiso activo como es el actual, sentimos con frecuencia algo que se puede convertir en un aforismo personal y transferible:

Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…

Como en todo aforismo, lo que expresa es objetivo, porque vivimos rodeados de deserciones de ideales y de compromisos sociales, representados en los famosos dichos “a mí que no me llamen” o “que lo resuelvan los verdaderos culpables”, como si lo que está ocurriendo no fuera también una responsabilidad “política” de todos en el sentido más pleno de la política activa. Es también inteligible (otra condición de todo aforismo), porque muchas personas que se mantenían hasta ahora en el puente de mando personal, político y profesional en el país, saben que es cierto solo con mirar a su alrededor. Y la dialéctica es obvia: barco y mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Es verdad, desgraciadamente, que cada uno está al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora. Unos en cruceros, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte con la fragilidad que le es propia, buscando islas desconocidas, que se encuentran.

Ojalá, nazca un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él:

Falta barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar… del desencanto y de la desafección política

Aunque en esta ocasión, como en todo aforismo, el pretexto haya sido un texto dentro de contexto. Hoy, debería nacer un nuevo Bartleby, eso sí, lleno de esperanza, que nos ayudara a dar un giro copernicano sobre determinadas realidades hirientes en nuestras vidas y que nos permitiera gritar dignamente a los cuatro vientos: ¡preferiría no bajar del barco político!, sin que ello nos arrojara al mar del desconsuelo. Y cambiar de canal de vida, si es posible.

Sinceramente, prefiero seguir en la lucha por la verdad desnuda y buscada en común. En mi soledad sonora a veces, porque escuchar y saber determinadas cosas en estos días, no debería ocupar lugares dignos en el cerebro. Pero el problema radica en que cada vez me queda menos sitio…

Sevilla, 9/I/2019

Un regalo de Melchor: la verdad desnuda

cernuda

Me acuerdo… que Luis Cernuda lo escribió magistralmente recordando a sus reyes magos. En concreto, a Melchor: “[…] Espera los momentos más dulces, cuando el alma regale / La gracia, y el cuerpo sea el fin risueño, hermoso e ignorante. / Abandonad el oro y los perfumes, que el oro pesa y los aromas aniquilan. / Adonde brilla desnuda la verdad nada se necesita”.

El regalo que espero, de verdad, es que 2019 sea un año donde brille, sobre todo, la verdad desnuda, porque es lo que nos hace más libres y que podamos compartirla también en este país tan dual, donde fácilmente se hiela el corazón a personas dignas, sin compasión alguna.

Sevilla, 6/I/2019

Balance

mario-benedetti

En el sillón tranquilo de balance
en la recuperada mecedora
qué he de hacer sino balancearme
los racimos las nubes las ideas se mecen
se mecen los desastres cavilosos
hago balance pendular de vida
y el dividendo es una duda fértil
que mece sus motivos y argumento
en el sillón tranquilo de balance

en el sillón tranquilo de balance
en la reminiscente mecedora
qué más puedo emprender que sopesarme
llenar a plenitud los dos platillos
de la vieja balanza sin que sobren
los esplendores ni las cortedades
para evaluar añicos y bosquejos
y sopesar pesar balancearme
en el sillón tranquilo de balance

en el sillón tranquilo de balance
en la perseverante mecedora
qué puedo hacer sino desnivelarme
o nivelarme a costa del espacio
donde posibles y arduos se columpian
o se fugan dejándonos a solas
¿habrá que esperar pues así meciéndonos
a los apoderados de la muerte
en el sillón tranquilo de balance?

En Sevilla, recordando a Mario Benedetti en su poema Balanceos, en A titulo de inventario, el 31 de diciembre de 2018 y haciendo también el balance del año…

Canción triste de la izquierda, hoy, en Andalucía

[…] sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos.

Mario Benedetti, en el Soneto del pensamiento

¿Qué pasa en la izquierda de Andalucía? Hablo en presente porque creo que es necesario hacer un examen profundo de la situación actual de la denominada “izquierda” (para entendernos) y no quedarnos solo en lanzar ataques furibundos sobre todo el espectro del centro y de las derechas, como una mal entendida defensa para justificar lo ocurrido el pasado 2 de diciembre. La democracia nos enseña que hay que respetar de forma casi reverencial el resultado de las urnas. Otra cosa es conformarnos con lo ocurrido y dejar que todo siga igual. Decían los clásicos que evaluar es emitir juicios bien informados. Salvo error por mi parte en el rastreo técnico que he efectuado para evaluar lo ocurrido con la izquierda, creo que todavía no se ha hecho un examen a fondo de las circunstancias de texto y contexto en torno a las pasadas elecciones. La crisis de la izquierda data ya de hace varios años, quizá demasiados, donde se han ignorado continuamente las señales de falta de identidad de la militancia activa y pasiva en torno al espectro de la denominada izquierda. Lo ocurrido el día 2 en las pasadas elecciones al Parlamento de Andalucía ha sido la crónica de un desastre anunciado por el rebosamiento de la grave fractura de la izquierda en Andalucía. ¿Por qué un absentismo de la izquierda tan abrumador y lejano del derecho a votar?

¿Razones? Muchas y de variadas procedencias, pero la más importante es la falta de identidad de creencia en la ideología que debería sustentar la opción citada. Muchas veces he indicado en este blog que las ideologías no son inocentes, ninguna de ellas, pero ahora me centro en la izquierda (para seguir entendiéndonos). Todo lo que no sea cuidar la razón de por qué somos, existimos y vivimos dignamente, por medio de la política entendida en su justo sentido aristotélico, de la defensa de la ciudadanía en sus derechos y deberes, como garantía de la democracia, que solo se consigue a través de los programas políticos convincentes (que no todos son iguales y es donde la izquierda debe mostrar siempre su sensibilidad especial hacia todas las personas por justicia social y principios de equidad en la accesibilidad a la dignidad humana para todos, sin excepción alguna), es participar en conformismo diletante que es lo peor que le puede ocurrir a la izquierda (para entendernos de nuevo). Y la izquierda, digámoslo sin tapujos, se ha instalado en ese conformismo atroz. Decía en tal sentido Lukács, mi maestro en el neomarxismo de juventud, que “no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1). Las razones de la izquierda deben ser expuestas siempre de forma muy clara y de la forma más homogénea posible, impulsando sobre todo la transformación social, no solo los cambios, cuidando con esmero a los más débiles para alcanzar entre todos otro mundo posible. La fractura de la izquierda no ha hecho otra cosa en los últimos años que entorpecer con su división esta noble tarea de transformación. Así de claro y alto.

Además, me preocupa mucho el conformismo de la izquierda en Andalucía, que se extiende como una mancha de aceite. El conformismo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los mediocres, tibios y tristes, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa de la izquierda está fatal. Pero ¿qué es la cosa?, ¿su cosa, nuestra cosa?

La cosa de la izquierda es la vida misma, con su parafernalia personal e intransferible en cada persona que vive rodeada de cosas que cosifican, es decir, a la corta, más que a la larga, reducen a la condición de cosa a las personas. Porque ahí radica su peligro extremo: reducen a las personas a una cosificación inaceptable por medio del conformismo brutal que nos invade y que suele diseñarse muy bien por el enemigo, un artista de la mercancía política en hipermercados de la indignidad y de su economía propia y asociada. Muchas veces he ensalzado la figura de Papageno, el protagonista de la ópera de Mozart, La flauta mágica, porque su profesión es un modelo a seguir en muchas ocasiones para los inconformistas de cuna: encantador de pájaros, aunque no sepamos casi nunca a qué tipo de pájaros, con perdón, tenemos que encantar. Cada uno que lo aplique a quien corresponda.

Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo y sentimiento de clase no importaba sentirse parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de sus “utopías”, como los de siempre -para tranquilizar sus conciencias- han llamado y quieren seguir llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general y de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero).

La izquierda necesita gritar a los cuatro vientos que hasta aquí hemos llegado en este país, que la izquierda tiene que organizarse urgentemente, olvidar rencillas y disputas cortesanas, y dedicarse a formar una alternativa de progreso y cambio que devuelva a través del Gobierno y del Congreso, del Parlamento de Andalucía en estos momentos, el sentido de la vida y de la dignidad humana a todo el país y a la Comunidad Autónoma de Andalucía por extensión, sobre todo a millones de personas que malviven por el paro y que a pesar de todo piensan que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar. Los agoreros mayores del reino piensan que fuera de la derecha y de la ultraderecha ahora no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad.

Ha llegado el momento de actuar. Con independencia de lo que puedan hacer los partidos de izquierda o de abajo, los de toda la vida al final, en la resaca de lo ocurrido el pasado 2 de diciembre, deberíamos aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, desde las bases ciudadanas de la izquierda popular, para luchar por un futuro digno, propio y ajeno, como aprendimos de la voz de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique y que no me avergüenza citarla todavía hoy. Deberíamos celebrar encuentros en la calle, tomarla en el sentido más democrático del término, inundar las redes de mensajes solidarios de la izquierda digna, publicar artículos en blogs y mensajes cortos en redes sociales, plantear debates en el tejido asociativo en el que estemos insertos, estar presentes en todos los medios de comunicación y celebrar actos en la Universidad, entre otras muchas actividades, para demostrar y demostrarnos que todavía hay una solución a la gobernabilidad de este país y de esta Comunidad sin tener que esperar pacientemente y en silencio cómplice a que todo siga discurriendo con conformismo indigno.

Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para esta Comunidad, para este país, en definitiva, porque el problema de la izquierda activa es general. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra.

La izquierda, unida, jamás será vencida. Quizá sea la única forma de entonar a partir de ahora una canción alegre de la izquierda en Andalucía. Como la de Quilapayún.

Sevilla, 28/XII/2018

NOTA: el vídeo se ha recuperado hoy de: https://www.youtube.com/watch?v=LWlkWPXfvXc

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4 s; Cobeña Fernández, J.A. (1977). Necesidad de crisis y necesidad de religación. El Correo de Andalucía, 12/VII/1977, pág. 3; Cobeña Fernández, J.A. El cerebro necesita ideología, cada día: https://joseantoniocobena.com/2012/03/19/el-cerebro-necesita-ideologia-cada-dia/.

Al Jesús desconocido

RESCATE OPEN ARMS1

Dedicado a todas las personas que respetan al ciudadano Jesús, hoy y siempre.

Mientras estaba esperando en la calle a su familia, sintió bastante desasosiego al ver la ciudad llena de símbolos de Navidad. Hablaba frecuentemente con amigos del sentido de estos días en charlas interminables y casi siempre finalizaban con un sentimiento de soledad al tomar conciencia de que al analizar estas fiestas en profundidad tenía una sensación parecida a los que gritaban a Pablo en el Areópago de Atenas: “¿Qué querrá decir este charlatán?” Y otros: “Parece ser un predicador de realidades o divinidades extranjeras”. La realidad es que lo único que deseaba era dar sentido a unos días especiales que poco a poco van siendo dominados por la economía de mercado, por la sociedad de consumo. ¡Es la economía, estúpido!, gritaban a su alrededor.

Pasados unos días, unos cuantos lugareños le llevaron a un lugar tranquilo, sin llegar a ser nunca el rincón de pensar, lejos del areópago virtual en el que se ha convertido el mundo, para decirle lo siguiente: “¿Podemos saber cuál es esa reflexión sobre estos días que tú expones? Pues te oímos decir cosas extrañas, escribes cosas raras para los tiempos que corren y querríamos saber qué es lo que significan”. La verdad es que muchos ciudadanos de esta ciudad imaginaria en ninguna otra cosa pasaban el tiempo sino en decir u oír la última novedad o cotilleo digital.

Ya reunidos de nuevo y armado de valor y ardor guerrero les dijo:

“Veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, vuestros belenes, he encontrado uno en el que estaba grabada esta inscripción: «Al Jesús desconocido» Recuerdo que el Dios que decís que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por mano de hombres, ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas. Dicen que Él creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros: “Porque somos también de su linaje”. Si somos, pues, del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano. Eso dicen los más respetuosos con la divinidad”.

Esta última idea les molestó mucho y se acabó la reunión en un silencio profundo. Algunos comprendieron el mensaje implícito de sus palabras en la Navidad de 2018. Otros se fueron huyendo como de la peste y lo divulgaron por las redes sociales. Se quedó pensando que tal y como se leía en los títulos de crédito finales de las películas de su infancia rediviva, cualquier parecido de aquellas palabras con la realidad de lo aquí ocurrido en la Navidad actual no era pura coincidencia.

Sevilla, 23/XII/2018

NOTA: la imagen de la tripulación del “Open Arms”, durante las tareas de rescate de 307 personas, el viernes 21 de diciembre de 2018 frente a las costas libias, se ha recuperado hoy de https://elpais.com/politica/2018/12/22/actualidad/1545496688_708877.html?rel=mas

El aleluya de Mozart (II)

Todos los años, cuando se acercan estas fechas festivas en torno a una historia que perdura a lo largo de los siglos, la de un niño Jesús proletario, como le gustaba decir a José Saramago, suelo escribir unas palabras que envuelven otras que he escrito en este cuaderno digital en torno a la Navidad. Es mi forma de entender un regalo y su estela, dedicado a las personas que me acompañan en este viaje digital y humano.

En este sentido he querido recuperar hoy unas palabras escritas el año pasado y que deseo recuperar por mi proximidad a Mozart, al que sigo de cerca en mi formación musical actual, intentando comprender lo que soñó al reinterpretar una palabra mágica y su contenido desarrollado en una partitura asombrosa. El aleluya (¡Alabad a Dios!) final de Mozart sigue muy presente en nuestras vidas…, en su música, aunque se ignore que cierra una composición con un libreto esperanzador, donde cada uno, cada una, debe buscar el día amigo que brilla, para que sobrevenga la esperada tranquilidad que necesitamos hoy más que nunca:

Regocijaos, alegraos,
¡oh vosotras, almas felices!
cantando dulces cánticos.
Respondiendo a vuestros cánticos,
los cielos se unirán a mí.

El día amigo brilla,
ahora que tormentas y nubes han huido.
Una inesperada tranquilidad ha sobrevenido para el justo.
En todas partes reinaba la oscura noche,
pero finalmente se alzan felices
incluso los que tenían temores,
regocijándose en la venturosa aurora
y ofreciendo a manos llenas
guirnaldas y lirios.

Tú, corona de las vírgenes,
danos la paz,
mitiga la congoja
que hace suspirar al corazón.

¡Aleluya!

El maestro austriaco siempre apreció con respeto reverencial la música de Haendel. En 1777, bastantes años después del fallecimiento del músico alemán, el compositor Georg Vogler enseñó por primera vez su oratorio El Mesías, a Mozart, en Mannheim, aunque la historia ha demostrado que fue el barón Gottfried van Swieten quien puso un gran empeño en que Haendel fuera conocido y respetado en Viena, entregando varias partituras de Haendel a Mozart con objeto de que las estudiara y preparara una versión actualizada de las mismas. Entre ellas se encontraba la de El Mesías, a la que incorporaría instrumentos más sofisticados que los utilizados por Haendel, tanto en viento como en metales. Así fue y en 1789 se publicó la citada versión reorquestada (KV 572).

Mozart había publicado en Milán, en 1773, una composición muy hermosa con libreto de da Ponte, el motete Exsultate, jubilate (KV 165), que finalizaba con un movimiento final dedicado a una palabra que es el hilo conductor de la Navidad, Aleluya. Escucho muchas veces esta obra cantada de forma asombrosa por Aksel Rikkvin y es todavía más sorprendente el cuidado extremo que tuvo en la revisión de El Mesías de Haendel en esta parte fundamental de la misma. La humildad del compositor austriaco se muestra en todo su esplendor en la partitura de la versión que hizo sobre el maravilloso Mesías de Haendel. Dos formas de interpretar el Aleluya y una sola forma de componer con una espiritualidad incontestable.

En estos días, en los que el mundo se distrae con los recuerdos de aquel acontecimiento que encumbró al Mesías prometido después de su nacimiento, como una de las historias mejor contadas de la humanidad, he querido recordar al compositor de Salzburgo, por la forma de transmitir a través de la música la belleza de la vida que nace en cada momento feliz, que solo se entiende cuando nos proponemos vivir apasionadamente las experiencias del afán de cada día, de cada carpe diem, sin que tengamos que recurrir a la Navidad para experimentarlo ocasionalmente.

¡Aleluya!

Sevilla, 20/XII/2018

Quiero a la Constitución como para leerla cada noche

. FALTA MAR

Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio…

Mario Benedetti, Te quiero sin mirar atrás

Mañana cumple nuestra Constitución cuarenta años, recordando fechas inolvidables al ser aprobada por las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978, ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de 1978, y sancionada por S.M. el Rey ante las Cortes el 27 de diciembre de 1978.

La Constitución es la base de la identidad del Estado. Así lo vivo y así lo he expresado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Es uno de mis principios políticos como ciudadano demócrata en tiempos muy modernos, de turbación, en los que siempre he creído que se pueden hacer mudanzas intelectuales. Además, si no gustan en la actualidad a muchos recién llegados a la política activa o a los pasados de rosca, que haberlos haylos, lo siento porque no tengo otros (a diferencia del gran aserto de Groucho Marx). Para ello, vuelvo a leer reflexiones mías elaboradas y dedicadas a Aristóteles en el rincón de pensar, que nos dejó un tratado de Política con mayúsculas, gran ausente en estos tiempos de cólera independentista y desconcierto andaluz. He vuelto a leer el libro tercero de esta magna obra, que se refiere a la relación del Estado con los ciudadanos y, más en concreto, a la teoría de los gobiernos y de la soberanía, porque recordaba que en ese texto se encontraba una frase que habría que grabar en el Congreso con letras de oro: a la constitución es a la que debe atenderse [siempre] para resolver sobre la identidad del Estado.

No hay que despreciar el contexto en la que lo escribe: “Pero admitamos que el mismo lugar continúa siendo habitado por los mismos individuos. Entonces ¿es posible sostener, en tanto que la raza de los habitantes sea la misma, que el Estado es idéntico, a pesar de la continua alternativa de muertes y de nacimientos, lo mismo que se reconoce la identidad de los ríos y de las fuentes por más que sus ondas se renueven y corran perpetuamente? ¿O más bien debe decirse que sólo los hombres subsisten y que el Estado cambia? Si el Estado es efectivamente una especie de asociación; si es una asociación de ciudadanos que obedecen a una misma constitución, mudando esta constitución y modificándose en su forma, se sigue necesariamente, al parecer, que el Estado no queda idéntico; es como el coro que, al tener lugar sucesivamente en la comedia y en la tragedia, cambia para nosotros, por más que se componga de los mismos cantores. Esta observación se aplica igualmente a toda asociación, a todo sistema que se supone cambiado cuando la especie de combinación cambia también; sucede lo que con la armonía, en la que los mismos sonidos pueden dar lugar, ya al tono dórico, ya al tono frigio. Si esto es cierto, a la constitución es a la que debe atenderse para resolver sobre la identidad del Estado. Puede suceder por otra parte, que reciba una denominación diferente, subsistiendo los mismos individuos que le componen, o que conserve su primera denominación a pesar del cambio radical de sus individuos” (1).

Salvando lo que haya que salvar, mutatis mutandis, es impecable el análisis. Todo cambia y nada permanece (panta rei), siguiendo el adagio de Heráclito de Éfeso. Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y quesentir (perdón por el neologismo) de todos los días. En España, ante la realidad de Cataluña, hemos reaccionado tarde y mal, agarrándonos a la Constitución como un clavo ardiendo, en lugar de entenderla como un noray al que se deben asegurar los cabos cuando llegamos de la alta mar de los conflictos o del que hay que quitarlos para poder navegar en mares abiertos de libertad. Y la historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, incluso las Constituciones, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río o en el mismo mar. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos. Es verdad, porque si comprendiéramos estas palabras excelentes de Aristóteles en su tratado más político, pueden cambiar las asociaciones de ciudadanos (el que quiera entender que entienda), las Comunidades, la Constitución, pero hay un magma que aglutina todo, la propia Constitución, que es a la que debe atenderse siempre para resolver sobre la identidad del Estado. Aunque haya un cambio, incluso radical, de los individuos y las organizaciones en las que se integran, que son los que componen el Estado.

Lo sucedido el pasado domingo en las elecciones de Andalucía son un reflejo de la imprescindible transformación social que necesitamos abordar para reforzar el sentido del voto constitucional ante la clamorosa ausencia en las urnas de más de dos millones de electores andaluces. Sin votos la democracia se debilita hasta extremos inconcebibles porque algo pasa en nuestra sociedad para que haya esta deserción de participar en la ceremonia democrática por excelencia a través del voto personal e intransferible. O la realidad del voto del desencanto que ha canalizado Vox con sus artes marciales.

Finalmente, vuelvo a analizar también unas palabras esclarecedoras de lo anteriormente expuesto, que se encuentran también en el referido capítulo IV del libro tercero de Política: “todas las constituciones hechas en vista del interés general, son puras, porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal de los gobernantes, están viciadas en su base, y no son más que una corrupción de las buenas constituciones; ellas se aproximan al poder del señor sobre el esclavo, siendo así que la ciudad no es más que una asociación de hombres libres”. Dicho queda por Aristóteles hace muchos siglos y por Baltasar Gracián después: lo breve, si bueno, dos veces bueno.

Es verdad, quiero a la Constitución como para leerla cada noche. No lo olvido en el marcapáginas del libro de mi vida. El país, nuestra Comunidad debe aspirar siempre a ser una asociación de personas libres articulada por la Constitución.

Sevilla, 5 de diciembre de 2018, un día antes del 40 cumpleaños feliz de la Carta Magna que permite aunar el amor y el sufrimiento de millones de ciudadanos y ciudadanas en este país tan necesitado de señas de identidad de Estado que se articulen a través de la Constitución.

NOTA: la imagen que encabeza este post es mía, tomada en Punta Calero (Lanzarote) en agosto de 2010.

(1) Aristóteles. Política · libro tercero. Del Estado y del ciudadano. Teoría de los gobiernos y de la soberanía. Del reinado.

La jornada de reflexión hermosea la democracia

ENCRUCIJADA

Hoy estamos viviendo la jornada de reflexión en Andalucía ante las elecciones al Parlamento de la Comunidad Autónoma que se celebrarán mañana. Me he detenido a leer con detalle las diferentes modalidades del lema “reflexión” y sus derivados en el Diccionario de Autoridades que tanto aprecio y en su contexto he descubierto una palabra vinculada con el adverbio de modo “reflexivamente” que recupero para festejar esta jornada. Se trata del verbo “hermosear” que vinculo hoy a la democracia porque ésta se hermosea con la reflexión que podemos llevar a cabo antes de acudir al acto de votar. Votar enriquece la democracia, la hermosea que decían los clásicos, porque mediante el voto responsable se considera y se da una segunda oportunidad a nuestro acto de decidir porque, en definitiva, se piensa más cuidadosamente todo.

Así reflexionaban nuestros antepasados del siglo XVIII en este país y así lo recogió el Diccionario de Autoridades (1734) para la posteridad, enriqueciendo ese acto tan sencillo, aparentemente, de reflexionar. La calidad intrínseca que contiene el verbo hermosear también lo recoge el citado diccionario con una acepción preciosa: “Hacer vistosa, perfecta y hermosa una cosa”. Quizá está ahí su encanto, porque si reflexionamos hoy sobre lo que va a ocurrir mañana a través de mi voto responsable, con sus consecuencias obvias, hacemos vistosa, perfecta y hermosa la democracia.

Para que no se olvide ni siquiera un momento en esta jornada tan vistosa de reflexión.

Sevilla, 1/XII/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/04/10/inmigracion-y-nuevas-encrucijadas-como-ser-profeta-en-un-mundo-diverso

Elecciones en Andalucía: el Partido Abstencionista

ABSTENCION

Si hay algo que me preocupa en las elecciones de Andalucía es la abstención en su fondo y forma. Los datos de las últimas elecciones en 2015 fueron ya muy preocupantes porque quien ganó en Andalucía fue la abstención: un 36,6% del censo de votantes o lo que es lo mismo, 2.266.104 votantes no fueron a las urnas a depositar su voto. Es una cifra para reflexionar porque el triunfador relativo, el Partido Socialista, obtuvo el 35,41% del censo, con un total de 1.411.278 votos, casi un millón de personas menos de los que se abstuvieron en aquella ocasión.

Creo que tenemos el deber de votar en esta ocasión transcendental para Andalucía. Sabemos lo que queremos y a través de los programas conocemos quién habla de lo de siempre sin aportar nuevas ideas y proyectos y quién desea transformar honradamente Andalucía, que tanta atención necesita en sus puntos más débiles: paro, ética política y atención preferente a la educación, salud y servicios sociales.

Con ocasión de las elecciones generales al Congreso en 2016 escribí un artículo con el hilo conductor de la abstención, El Partido Abstencionista, en el que también analicé su proyección en Andalucía: “¿Desencanto, pasotismo, irresponsabilidad? Muchas preguntas deberíamos hacernos por parte de todos, empezando por los círculos familiares, laborales y de amigos más próximos, porque la realidad es muy terca y la abstención está más cerca de todos de lo que parece y pensamos. Los datos de Andalucía son también escalofriantes: 1.998.217 de personas, presuntas implicadas, que no han votado, lo que supone también un 31,8 % del censo electoral. Contra hechos no valen argumentos y la realidad es que en estas elecciones quien ha perdido es la democracia como cultura política inherente a la ciudadanía. Algo grave está pasando en este país y en esta Comunidad Autónoma, entre otras, cuando se está dando este espectáculo antidemocrático, vuelvo a repetir, en el sentido etimológico del término “democracia”, porque si los que alardean de que “no son políticos” y no están de acuerdo con la política tal y como está y se ejerce, existe la posibilidad de hacerlo en blanco, pero no renunciar a un derecho de participar y a un deber inherente a todo ciudadano responsable”.

Los datos arrojan un dato preocupante: en torno a dos millones de votantes andaluces no suelen participar en los comicios, ni generales ni autonómicos. Hoy día los necesitamos porque lo único que puede aunar voluntades en la participación democrática mediante la inserción en la urna del sobre verde. Es la única forma que ofrece la democracia de poder transformar lo que no nos está haciendo bien alguno, pensando en uno mismo y en los demás.

A diferencia de lo que decía Groucho Marx, tengo unos principios sobre la abstención y si no gustan ya digo alto y claro desde este foro que no tengo otros. Lo repetiré una y mil veces y antes del día de reflexión vuelvo a pronunciarme sobre esta realidad social, la abstención, que tanto daño hace al progreso de la democracia y por extensión, ahora, a esta Comunidad Autónoma: “Creo que estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversas razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota.

La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Y la libertad, sin ira, libertad, para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio.

En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco o verde, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no”.

Lo que no se comprende, aunque sea legítima, es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que el país o la Comunidad Autónoma, Andalucía en concreto en este aquí y ahora, viaje posiblemente hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos.

Sevilla, 30/XI/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.0800flor.net/wp-content/uploads/2012/10/la-foto-2.png