Cosas de estío / 4. Días largos, sol quieto

Sevilla, 13/VII/2020 / 2ª. edición

Todos los veranos me refugio unos días en la obra de Pablo Neruda. Este año vuelvo a leer la publicación que el verano pasado dediqué a los juguetes grandes más queridos del autor chileno, sus mascarones y mascaronas de proa y popa, que de todo hay en su casa de Isla Negra. En aquella ocasión recordaba en el Prólogo de Mascarones de proa, que los sabios del lugar y del tiempo marítimo suelen decir que “los mascarones de proa pretendían siempre calmar la ira divina a través de figuras amables que estaban autorizadas a romper continuamente las olas sin descanso alguno. Iban por delante, sin complejos, abriendo surcos marítimos en viajes apasionantes cuando, sobre todo, buscaban islas desconocidas. Voy a surcar también diversos mares de vida a través de ríos que buscan siempre el mar para culminar viajes fascinantes. Para mí, el más importante de todos: el de la palabra que nos queda a través del tiempo”.

En estos días largos y de sol quieto, conviene recordar también que todos llevamos un niño o una niña dentro. Neruda sabía que sus mascarones, los juguetes más grandes de su casa, le acompañaban siempre para seguir contándoles historias increíbles vividas durante sus singladuras azarosas: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.

Entremos en su casa de Isla Negra, saludando hoy a María Celeste, a quien tanto quería y que no podía verla llorar. Neruda nos espera siempre con ardiente paciencia para comprender sus lágrimas.

Cosas de estío / 4. Días largos, sol quieto

El estío tiene estas cosas: disponemos de más luz porque el sol se queda quieto a mediodía (solsticio, sol quieto) y nos entrega más luminosidad para contemplar la vida de otras formas. El pasado 3 de julio, fue el día en el que la Tierra estuvo este año más lejos del Sol, como una contradicción astrológica que impresiona, cuando tanto tenemos que agradecerle por su quietud. Es el día del afelio, que nos recuerda la recurrencia de otro fenómeno, el perihelio, que nos acerca con sigilo al Sol, en momentos del invierno en los que tanto necesitamos disponer de luz.

Más o menos es lo que nos ocurre en la vida ordinaria, cuando hay días que lo vemos todo más claro y, otros, solo vemos la oscuridad del túnel, con un problema añadido: todo es aleatorio y no responde a la sincronización orbital y científica del fenómeno astrológico. Ésta es la razón principal para valorar en términos de oportunidad vital disponer de días más largos por el regalo de un astro quieto.

Decía Neruda que “A plena luz de sol sucede el día, / el día sol, el silencioso sello / extendido en los campos del camino. / Yo soy un hombre luz, con tanta rosa, / con tanta claridad destinada / que llegaré a morirme de fulgor”.  Este precioso poema, El Sol, me recuerda en este estío tan especial para el país que hay que agregar luz a la patria en tiempos revueltos, como ciudadano de a pie que solo camina a veces en la más profunda oscuridad: “Otra vez, ya se sabe, y para siempre / sumo y agrego luz al patriotismo: / mis deberes son duramente diurnos: / debo entregar y abrir nuevas ventanas, / establecer la claridad invicta / y aunque no me comprendan, continuar / mi propaganda de cristalería”.

¡Qué tarea política tan hermosa para un ciudadano que ama su ciudad, cumplir con sus deberes diurnos, a plena luz del día, aprovechando el estío, tiempo de luz porque el sol se queda quieto durante mucho tiempo, abriendo ventanas para la libertad, muy comprometido con la propaganda de cristalería por donde pasan rayos de luz teñidos de colores! Es verdad que a veces nos encarga la vida tareas casi imposibles, a personas que aparecemos en el mundo como “enlutados de origen”, sin luz, según Neruda: “A veces pienso imitar la humildad / y pedir que perdonen mi alegría / pero no tengo tiempo: es necesario / llegar temprano y correr a otra parte / sin más motivo que la luz de hoy, / mi propia luz o la luz de la noche: / y cuando ya extendí la claridad / en ese punto o en otro cualquiera / me dicen que está oscuro en el Perú, / que no salió la luz en Patagonia”.

Comprendo a Neruda, mucho más cuando sé que le gustaba contemplar los ojos de María Celeste, su mascarón de proa preferido, que lloraba cada vez que el calor del fuego que ardía en la chimenea de su casa, en la Isla Negra, condensaba el vapor en sus ojos de cristal. Que sonreía siempre cuando llegaba el sol. Hoy, en un día largo y con un sol quieto, no quiero que los tristes y tibios de siempre perdonen mis sueños y mi utopía, porque no tengo tiempo. La luz de este solsticio, con el sol quieto pero generoso, me ofrece la posibilidad de llegar temprano y correr a otra parte sin más motivo que aprovechar la claridad del día, sabiendo que se rumorea que está oscuro en este país, que no sale la luz en Andalucía.

Le pido a Neruda que me acompañe con sus versos, porque “Hoy, este abierto mediodía vuela / con todas las abejas de la luz: / es una sola copa la distancia, / al territorio claro de mi vida”.  Es verdad: son las cosas del estío, en días largos gracias a un sol que se queda quieto para que podamos disfrutar de los territorios claros de nuestra vida.

Sevilla, 11/VII/2018

Cosas de estío / 3. ¡Atiende a la música!

Sevilla, 11/VII/2020 / 2ª. edición

¡Atiende la música! Durante los últimos años he seguido de cerca esta recomendación, aprendiendo a tocar el violín, el piano y el clavecín, compañeros inseparables en cada curso académico, intentando aprender la técnica depurada que hay detrás de cada instrumento. Repasando con atención este cuaderno digital, se puede comprobar que en numerosas ocasiones hago referencia a la música como una proyección de la inteligencia que cuida, sobre todo, el alma humana.

Cuando escribí hace dos años el post que sigue a estas líneas, acababa de leer un libro muy didáctico de Nuccio Ordine, Clásicos para la vida, que venía a reforzar mi admiración aristotélica por los autores clásicos, presocráticos incluidos, en un arco temporal que alcanza bastantes siglos. Siguiendo a Shakespeare, soy un hombre que tengo música, que he ordenado a lo largo de la vida mi banda sonora, compuesta para una película jamás filmada aunque siempre se ha grabado en directo. Lo que tengo que reconocer es que la música que escuché por primera vez en determinados momentos de mi existencia, cuando la recupero, es posible que ya no suene igual, porque nadie se baña dos veces en el mismo río y la  música que estaba presente en aquél río que me hizo feliz o me entristeció. de todo hay en la viña del Señor, no suena siempre igual.

Lo verdaderamente importante es estar atento a ella, porque es compañera en los momentos de felicidad y amiga inseparable en la tristeza. De eso no tengo la menor duda. 

Cosas de estío / 3. ¡Atiende la música!

He finalizado la lectura de un libro de Nuccio Ordine, Clásicos para la vida, en este estío tan especial. En general es una propuesta para configurar una pequeña biblioteca ideal que no deja indiferente a nadie. Hoy, vuelvo a leer un clásico para no olvidar, El mercader de Venecia, de William Shakespeare, en un pasaje seleccionado por el autor, que me parece útil en cualquier estación del año: ¡Atiende a la música!: “El hombre que no tiene música en sí mismo y no se mueve por la concordia de dulces sonidos está inclinado a traiciones, estratagemas y robos; las emociones de su espíritu son oscuras como la noche, y sus afectos, tan sombríos como el Érebo: no hay que fiarse de tal hombre. ¡Atiende a la música!”. La obra de Shakespeare es un tratado contra la usura y la defensa de los valores humanos. Venecia representa hoy al mercado controlado por los hombres de negro, incapaces de poner música en vida alguna.

En cualquier estío tenemos la oportunidad de disponer de más tiempo libre que en los restantes meses del año. Son sus “cosas”. La música es una oportunidad para reencontrarnos con nosotros mismos y disfrutar de los placeres del alma que nos proporciona cuando pertenecemos al Club de las Personas Dignas. Este país no se caracteriza por el amor a la música porque no se educa para conocerla y amarla. Si, además, es clásica, hay muchas posibilidades de que la ignoremos por mero desconocimiento o desprecio, con una gran responsabilidad pública al respecto por su silencio institucional cómplice. Tener música es disponer de un bagaje diferente para ser y estar en el mundo.

Lo he manifestado en varias ocasiones en este cuaderno digital: admiro el simbolismo de la música. Cada día descubro un mundo nuevo al aproximarme al teclado o al arco y mástil del violín, para conocer mejor su alma. Es una experiencia única que me regala la vida y en la que estoy inmerso por los sentimientos y emociones que me ofrece. He descubierto la riqueza sonora del clave, el instrumento tan querido por Bach y Mozart en sus años de éxito sonoro, asimilando a diario algo que ha perdurado a través de los siglos: Musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor.

Ordine termina este breve pasaje de Shakespeare citando obras que le conmueven el alma, porque atendiendo la música se puede buscar “la esencia de la vida en aquellas actividades que pueden ennoblecer el espíritu, que pueden ayudarnos a hacernos mejores, que privilegian la esencia sobre la apariencia, el ser sobre el tener”, citando finalmente a Franco Battiato, que figura curiosamente en un puesto especial de la banda sonora de mi vida, cuando buscaba comprender qué nos quería decir en aquella enigmática canción que llevaba un título programático “Centro de gravedad permanente” y que cantábamos en casa cuando nuestro hijo apenas sabía hablar pero sí cantar su estribillo famoso. Para que no cambie, con el aprendizaje de mi vida, atento a la música, lo que ahora pienso sobre la dignidad de la vida, de las cosas de estío, de la gente…, defendiendo el anhelado centro de gravedad permanente.

Sevilla, 8/VII/2018

Cosas de estío / 2. Una visita a Dar al-Imara

ESTRELLAS DE OCHO PUNTAS

Sevilla, 9/VII/2020 / 2ª. edición

Por segunda vez acudo a una zona de Sevilla que tiene un encanto especial. Te sumerge en una cultura que te sorprende en el entorno del Alcázar y aunque han pasado dos años desde que escribí las palabras que siguen, las leo de nuevo como si fuera la primera vez. Comprendo mejor que nunca lo que Stefan Zweig pensaba de Sevilla, recordando su paso por la civilización árabe, de la que aprendimos a lo largo de muchos siglos “el arte de vivir” (De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia). Más allá de los grandes edificios, Zweig se detuvo en detallar una realidad del legado árabe: las casas y su distribución exterior e interior, con la incorporación sevillana de ventanas y balcones “rompiendo las paredes cerradas de los árabes”, llenando de luz las estancias. Fachadas de colores claros, puertas (abiertas, a falta de recelo y desconfianza), pasillos con azulejos, patios, flores, fuentes, “incluso en la judería”, cerca de la casa natal de Murillo. Él dejó escrito que en Sevilla “se podía ser feliz”. En tiempos de coronavirus, eso me basta.

Cosas de estío / 2. Una visita a Dar al-Imara

El pasado 29 de junio, recién iniciado el estío, se difundió una noticia asombrosa para Sevilla, al haberse confirmado mediante la prueba del carbono 14 que los restos arqueológicos recién descubiertos en el Patio de Banderas, anexo al Alcázar de Sevilla, eran del siglo XI y que pertenecen a la Dar-al-Imara, zona que se creía perdida. Este descubrimiento nos permite comenzar a describir cómo vivía el rey poeta Al-Mutamid. Así lo había soñado hace ya muchos años y este descubrimiento me ha permitido compartir ese sueño hoy, en una “mañanica” del estío en Sevilla, un pueblo que según Mutamid “transmite nobleza”.

Sucedió la semana pasada en la Casa del Gobernador Al-Mutamid, del Palacio de la Bendición (Dar al-Imara) en Sevilla o lo que es lo mismo, los Reales Alcázares. Lo recordaba por la lectura de un libro que me introdujo hace ya muchos años en la cultura árabe, Azafrán (1), que me enseñó a descifrar el lenguaje de los símbolos que se muestran en los azulejos que cubren una faja de la fachada de ese hermoso palacio. La geometría que muestran a la perfección, se encuentra en las estrellas centrales de ocho puntas que figuran por doquier en el citado paño, en octógonos perfectos compuestos por dos cuadrados. Estos, reflejan la importancia de los edificios de base cuadrada que representan la estabilidad tanto terrenal como cósmica: “De la prolongación hacia el infinito de las líneas de esta estrella van surgiendo otras de distintos tamaños que además configuran otros cuerpos que podríamos juzgar de menor importancia, pero sin los cuales no se reproducirían periódicamente los principales”.

Recuerdo que, para apreciar bien esta constelación, había que dar unos pasos atrás para tener una perspectiva más amplia de este maravilloso mensaje de la interdependencia para realzar la unión cósmica. Y había que volver al sitio descrito anteriormente, tan cercano que se podría tocar para creer su mensaje, porque este plano tan cercano de las líneas que se observan en las múltiples estrellas y octógonos, nos ayuda a comprender que son posibles distintos caminos para llegar a cualquier punto del paño de azulejos, simbolizando la realidad de las más variadas interpretaciones para alcanzar la comprensión de la vida. Las preguntas en Azafrán las recuerdo de forma emocionada: “¿Quiere esto decir que se puede alcanzar un objetivo desde muy diversos puntos? ¿O que la verdad se esconde entre diversas perspectivas? Muchos son los senderos”.

La faja de azulejos me propuso un mensaje: los seres humanos nos necesitamos con orden y concierto y necesitamos la libertad de estas líneas múltiples de azulejos que podemos dibujar en nuestra vida a la medida de cada uno, de cada una.

Salí de Dar al-Imara con la lección aprendida. Mis antepasados árabes me recuerdan hoy que lo que allí hicieron era una oportunidad para ser más libres, en una representación preciosa de la representación del cosmos. Cosas de este estío en Sevilla, en un palacio de la bendición en el que Mutamid habitó cerca de las estrellas de los azulejos que todavía hoy me emocionan y al que cantó en su destierro en Agmat, cerca de Marrakech:

“El palacio de Al Mubarak (“de la Bendición”) llora sobre las huellas de Ibn Abbad / como llora sobre las de las gacelas y los leones / Su Al Turayyá [sala de las Pléyades] llora y sus estrellas ya no están sumergidas por las lluvias vespertinas y matinales producidas por las Pléyades… Quisiera saber si pasaré todavía otra noche teniendo delante y detrás de mí un jardín y un estanque. Sobre una tierra que hace crecer los olivos, que transmite nobleza y en la que se arrullan las palomas y gorgojean los pájaros…”.

Sevilla, 7/VII/2018

(1) García Marín, José Manuel (2005). Azafrán. Barcelona: Roca Editorial de Libros.

Cosas de estío / 1. Tener un verano en un lugar

Sevilla, 8/VII/2020 / 2ª edición

Hace dos años escribí una serie dedicada al Estío, en el que destacaba la necesidad de un lugar para el recuerdo de veranos mágicos en el que la vida nos cambió la forma de ser y estar en el mundo. Algo así nos pasa este verano lleno de incertidumbres pese a que intentamos todos los días incorporarnos al constructo de la nueva normalidad, sin tener claro si alguna vez llegamos a vivir en situaciones normales. Creo que no ha perdido su valor intrínseco, porque mis principios son los que son y si no gustan siento decir que no tengo otros, a diferencia de Groucho Marx. En algún caso abordaban situaciones de contexto del citado año, 2018, pero no rompen el hilo conductor al publicarlos ahora: “tener estío” tiene que ser siempre, necesariamente en un lugar. Cada uno, cada una, tiene el suyo y ahí está la maravilla de la singularidad humana y de las cadaunadas. Incluso, en un “nuevo estío” tan peculiar como el de este año, para adaptarnos al signo de los tiempos y buscar el auténtico sentido de lo que nos pasa.

Antonio de Nebrija, andaluz universal, recogió por primera vez el vocablo Estío, en su Vocabulario Español-Latino editado en Salamanca en 1495 (c.a.), con dos acepciones de esta palabra exacta con su correspondencia latina: parte del año (estas-estatis) y tener en lugar (estivo). También, una tercera acepción derivada de las anteriores, estival (estivalis): cosas de estío. La riqueza de nuestro lenguaje ya la tenemos fijada y con limpieza y esplendor desde el siglo XV. Seis siglos después, inicio hoy una serie de artículos sobre las cosas del verano, porque es una estación que el Diccionario de Autoridades (que tanto aprecio), en el siglo XVII, reconocía ya en Europa como el “tiempo más apacible y suave”, sobre todo por “las mañanicas”.

Dicho y hecho. Por las mañanicas me pongo a escribir sobre cosas de esta estación, que solo ocurren o se han encontrado en ella y, sobre todo, porque pasan en un determinado lugar, acepción que ha perdurado a lo largo de los siglos porque “tener estío” tenía que ser necesariamente en un lugar. Lo descubrió de forma magistral Antonio Machado en un poema, Noche de verano, en el que une el estío a un lugar querido en su melancólico estío: Es una hermosa noche de verano. / Tienen las altas casas / abiertos los balcones / del viejo pueblo a la anchurosa plaza. / En el amplio rectángulo desierto, / bancos de piedra, evónimos y acacias / simétricos dibujan / sus negras sombras en la arena blanca. / En el cénit, la luna, y en la torre, / la esfera del reloj iluminada. / Yo en este viejo pueblo paseando / solo, como un fantasma.

Sé que hoy tengo noche, que no mañana, balcones abiertos, situación que solo se produce en esta parte del año, evónimos y acacias en todo su esplendor para hacer las sombras más bellas de la luna siempre negras. Y la vida nos lleva a veces a pasear solos en lugares concretos en verano, como fantasmas, buscando cosas que pasan sin saber lo que nos pasa en un lugar próximo y cercano. Y me pongo a pensar en unos ojos que me recuerdan noches de verano, escuchando a Paco Ibáñez en una interpretación de un poema precioso de Machado en la que por una vez se siente acompañado.

Sevilla, 6/VII/2018

La ventana discreta

LA VENTANA DISCRETA

Sevilla, 6/VII/2020

Publico hoy mi libro LA VENTANA DISCRETA, una recopilación de los artículos que he escrito en este blog a lo largo del estado del alarma decretado por la pandemia de la COVID-19. Sigo manteniendo mi compromiso de no entrar en el mercado cultural en su lado más complejo y entregarlo a la Noosfera  sin contraprestación económica alguna, entendida como la malla pensante que recubre el mundo y que descubrí en mis años jóvenes de lecturas complejas como eran las de Teilhard de Chardin, comprometiéndome personalmente desde entonces con un aserto que aprendí del paleontólogo francés: el mundo sólo tiene interés hacia adelante.

Adelanto el Prólogo como anticipo de una lectura que servirá como reflexión ética de un tiempo complejo en el que hemos tenido la oportunidad de hacernos muchas preguntas antes de salir del túnel. Algunas respuestas las he encontrado en este largo camino y he decidido compartirlas de nuevo, sólo con la contraprestación soñada del respeto a lo escrito y la lectura de cada artículo al azar o por necesidad. El índice ofrece la oportunidad de elegir la lectura más adecuada para el momento más oportuno, con objeto de crear tejido crítico de pensamientos y sentimientos, porque de lo que estoy convencido es que ningún artículo es inocente y nunca pretendí que así lo fueran.

La lectura de algunos artículos pueden acompañarla con la audición de obras que forman parte de la banda sonora de mi vida. Creo que disfrutarán mucho escuchando a compositores excelentes que abarcan varios siglos de creación musical inolvidable, Mozart, Bach, Bacarisse, directores de orquesta, así como cantoras y cantores que nos ilusionaron alguna vez con su forma de transformar la vida: Pavarotti, Dalla, Pablo Milanés, Luis Eduardo Aute, Juan Manuel Serrat, Quilapayún, Víctor Jara, Julio Numhauser, Mercedes Sosa, Bob Dylan, Leonard Cohen, Ennio Morricone, John Williams, Josep Vincent, Itzhak Perlman, Arngunnur Árnadótir, Enrique Morente, Nicola Piovani, Teodor Currentzis, Samuel Barber y Stravinsky, entre otros. Los elegí porque he querido ser consecuente con el hilo conductor de la música entendida siempre como compañera en la alegría y medicina para el dolor  (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).

Gracias anticipadas por su audición y lectura acompañada.

Prólogo

El libro que tiene ante sus ojos tiene un texto y contexto, con temporalidad cerrada, porque son casi cien mil palabras escritas e hilvanadas durante el estado de alarma con motivo de la pandemia en España del coronavirus COVID-19, que comenzó el 14 de marzo de 2020 y que finalizó el 20 de junio del mismo año. Han sido casi cien días naturales que han pasado como si fueran cien años, con daños colaterales tan importantes como las vidas de miles de pacientes que finalmente fallecieron en condiciones muy dolorosas para ellos, sus familiares y amigos y, obviamente, para todos los profesionales sanitarios que los atendieron con una entrega ejemplar.

En este contexto decidí ponerme a escribir como compromiso intelectual por la terrible pandemia, incluso días antes de que se declarara el estado de alarma: “Estamos viviendo momentos difíciles con la expansión del coronavirus y los blogueros también tenemos una responsabilidad social ante esta situación. Es un aviso para navegantes actuales la importancia que tiene estar bien informados, con una responsabilidad transcendental de los poderes públicos en este caso. Necesitamos disponer de un plan de comunicación a nivel de Estado mediante el que se pueda disponer de la información exacta, veraz y objetiva hasta los límites que sea necesario conocer sin mezcla de mentira alguna. ¡Es el interés general!, tan cuidado por nuestra Constitución. Es la mejor vacuna en estos momentos porque la proliferación de noticias, algunas de ellas falsas e interesadas, está creando un tejido crítico de alta preocupación y desasosiego”. Era un auténtico aviso para navegantes en una situación que se avecinaba como muy conflictiva y preocupante.

Así fue y así intenté escribir con un hilo conductor en cada post: nos quedaba la palabra. Si, además, podía aportar un rictus de esperanza a la situación que se nos vino encima como si fuera una erupción volcánica de miedo y desconcierto, mucho mejor. Comencé con una serie, con un post diario, denominada “Una quincena especial”, porque así lo decía el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19: “La duración del estado de alarma que se declara por el presente real decreto es de quince días naturales”. Quince días que se fueron alargando finalmente hasta casi cien (99 exactamente), con prórrogas que llevaron a la Política, ¡qué gran palabra!, a una situación calamitosa y muy poco ejemplar por parte de algunos partidos (todos no son iguales), por la falta de entendimiento en momentos tan transcendentales para el país.

Esta serie la inicié justificando por qué escribía en concreto durante la primera quincena natural del estado de alarma: “Lo primero que quiero publicar es la razón de por qué escribo. En esta ocasión cobra especial interés porque así intercambiamos valores culturales e intelectuales en momentos de crisis de salud pública, que se vuelcan en cada palabra de este cuaderno porque la escritura tampoco es inocente, como casi todo en la vida. Son señas de identidad y de principios que conviene conocer antes de abordar esta singladura de quince días en la que, a modo de aviso para navegantes, sigo al pie de la letra una consigna de José Saramago en su “Cuento de la isla desconocida” en un tiempo en el que no se deben hacer mudanzas físicas aunque sí psíquicas y sociales: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

En vista de las sucesivas prórrogas, decidí continuar con una segunda serie a la que titulé “La ventana discreta”. Seguíamos confinados y era necesario continuar con el espíritu y la letra de la tarea iniciada en la primera serie, no desfalleciendo en el empeño de aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, como aquellos protagonistas de Santa María de Iquique a los que cantaba maravillosamente Quilapayún en una canción que nunca he olvidado. Así presentaba la serie cuando comenzaba la segunda quincena de confinamiento, con un título también esperanzador, La ventana discreta, “a modo de perspectiva esperanzadora sobre la situación que estamos viviendo en cada “carpe diem” particular. Necesitamos abrir ventanas metafóricas que permitan contemplar la vida de otra forma, porque es una oportunidad única de recuperar diálogo interior con nuestra persona de todos y, sobre todo, con la de secreto. Durante estos días es probable que nos sintamos a veces solos ante el peligro, en silencio, pero permitiéndonos algo muy importante: reflexionar, reflexionar y reflexionar, pasar a la acción, porque las ventanas de la vida ofrecen siempre oportunidades. Parando un momento. Las ventanas nos invitan a contemplar de forma diferente lo que antes pasaba desapercibido: la ciudad tranquila, la llegada de la primavera, más pájaros, más vida, aunque sintamos muchas veces el vértigo existencial legítimo. Necesitamos fijar la mirada en lo que auténticamente merece la pena, es decir, levantarnos desde nuestra perspectiva ética e iniciar un camino de compromiso personal y social para cambiar ese horizonte cerrado, clásico, que en el tiempo anterior, al que llamamos pasado, no nos ha llevado a veces a ninguna parte”.

Había pasado ya un mes y las perspectivas no eran halagüeñas. Todo dejaba entrever que el confinamiento era una forma muy acertada de contener el virus y la tercera quincena era la crónica de un nuevo confinamiento anunciado. Es verdad que había una inquietud que se revestía de palabras especiales: bajar la curva, alcanzar la meseta, doblegar al virus y vencerlo, con prudencia, mucha prudencia y esperanza fundada en las mediadas que se estaban tomando, tan desconcertantes a veces. De esta forma, enfoqué una tercera serie, no numerada, en términos de búsqueda de la mejor salida posible a esta situación. Es lo que he denominado en el índice, Hacia la nueva normalidad, porque es un constructo que nos llenó de esperanza cuando apareció por primera vez, literalmente así, en el periódico oficial del Estado.

En esta recta final, que se alargaba mucho más tiempo del previsto inicialmente por la prisa existencial que nos entró a todos para salir del túnel, había que escribir, en la medida de los posible y sin faltar nunca al principio de realidad que todos teníamos que asumir, sobre la reconstrucción del país y con una mirada más ambiciosa todavía, sobre la reconstrucción del mundo, porque todo lo humano nos pertenece, con independencia de dónde vivamos: “Necesitamos pensar ya en la Reconstrucción del Mundo para poder reconstruir España. Así de claro y contundente. Es difícil salir de este túnel amargo de la COVID-19 sin una visión estratégica de alcance planetario que siente las bases para establecer un nuevo orden mundial político y económico para salvaguardar la salud pública, económica y democrática del planeta Tierra. Las soluciones que hasta ahora cohesionaban el mundo declarándolo una aldea común ya no valen y los ordenadores portátiles de los hombres de negro han comenzado a cerrarse masivamente sin capacidad de reinicio alguno. Eso sí, habiendo salvado previamente la totalidad del dinero invertido, dejando a millones de ciudadanos y Estados a su “mala” suerte. En este contexto, he recordado como tarea preparatoria un cuento precioso de Jorge Luis Borges, El Congreso, que ya he comentado una vez en este cuaderno digital, porque traduce una realidad existencial del devenir del mundo en el que todos estamos ahora obligatoriamente obligados a comprenderlo para entendernos mejor. Leerlo es casi una obligación de Estado.

Con la lectura del cuento de Borges, les dejo, no sin antes decir que en esta serie innominada escribí 54 post que junto a los anteriores, suman un total de 88, hasta que llegó la jornada mágica del 21 de junio de 2020, en la que finalizaba el estado de alarma y comenzaba el tiempo nuevo de la nueva normalidad. Ese día quise resumir con un título programático un final digno para este tiempo de espera y esperanza, Romanza para un tiempo nuevo, porque en ese día confluían tres hechos relevantes, interrelacionados entre sí en el calendario, no por azar sino por necesidad: “Comienza una etapa novedosa de normalidad, después de un estado de alarma que ha durado casi cien días, entra el verano por la puerta grande y se celebra el Día Europeo de la Música, como me ha recordado hoy de forma espléndida la Fundación Juan March, a la que sigo en su devenir diario desde que descubrí que era depositaria de una obra memorable de Bacarisse, el Concertino en La mayor, sobre todo en su sobrecogedor segundo movimiento, al que denominó Romanza. Creo que la conjunción de las tres realidades expuestas, ofrecen hoy la oportunidad de creer que otro mundo es posible, sobre todo cuando se aúnan esfuerzos y voluntades en torno a la música en un tiempo tan abierto a la vida como es la estación del verano y con un denominador común sobre la ciclópea tarea de reconstruir la vida en otro mundo diferente. Como no podía ser de otra forma he elegido una obra que conjugara estas realidades: el Concertino citado, interpretado por la orquesta de la Radiotelevisión francesa, actuando Narciso Yepes como solista a la guitarra y bajo la dirección de Ataúlfo Argenta”.

Hemos entrado de lleno en la nueva normalidad, aprendiendo a cuidar y cuidarnos con medidas de autoprotección y respeto a la vida de los demás. Eso espero en la esperanza de que a partir de hoy creemos en la forma de ser nuevas personas en España cantando, como diría Rafael Alberti en un contexto tan difícil como tuvo que vivir y al que aportó también esperanza: Creemos el hombre nuevo cantando, / el hombre nuevo de España cantando, / el hombre nuevo del mundo cantando. / Canto esta noche de estrellas / en que estoy solo y desterrado. / Pero en la tierra no hay nadie / que esté solo si está cantando. […] Nada hay solitario en la tierra / creemos el hombre nuevo cantando. También, porque la música ha demostrado durante el estado de alarma y el confinamiento subsiguiente que es compañera en la alegría y medicina para el dolor (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN

José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de los artículos de este libro; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

En memoria de Ennio Morricone

ENNIO MORRICONE

Sevilla, 6/VII/2020

Ha fallecido hoy Ennio Morricone en Roma, su ciudad natal, a los 91 años. He citado muchas veces en este blog a este maravilloso compositor, recientemente el pasado 7 de junio, como homenaje a una película inolvidable, Cinema Paradiso, así como a su banda sonora compuesta por Morricone, por lo que significan ambas para la historia del cine. En el post de referencia, Cinema Ideal, que vuelvo a publicar de nuevo, canto su excelencia, así como el reconocimiento en este país al compositor italiano por la entrega, junto a John Williams, del Premio Princesa de Asturias de las Artes 2020.

El acta del jurado decía textualmente que “[…] Dotados de una inconfundible personalidad, entre sus obras se encuentran algunas de las composiciones musicales más icónicas del séptimo arte, que ya forman parte del imaginario colectivo. Williams y Morricone muestran un dominio absoluto tanto de la composición como de la narrativa, aunando emoción, tensión y lirismo al servicio de las imágenes cinematográficas. Sus creaciones llegan incluso a transformarlas y trascenderlas, sosteniéndose por sí mismas como magníficas obras sinfónicas que se encuentran entre el repertorio habitual de las grandes orquestas. Todo ello los convierte en dos de los compositores vivos más venerados en todo el mundo”.

En el hilo conductor de las palabras que siguen se guarda el aprecio y admiración hacia Ennio Morricone. Sus obras mantuvieron y expresaron siempre su dignidad personal y profesional. Ahora, podrá poner música inolvidable a su cielo particular.

CINEMA IDEAL

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Dedicado especialmente a todas las personas que hoy se acordarán de mí. A los que me siguen en este desfiladero digital. A los que aman el cine y sus bandas sonoras, incorporándolas a la vida.

Sevilla, 7/VI/2020

Mi infancia son recuerdos de mi nacimiento, tal día como hoy, hace setenta y tres años, en una calle de Sevilla, Jesús del Gran Poder, en un edificio cargado de historia porque se construyó en el siglo XIX sobre el solar que quedó al derribarse, después de la desamortización de Mendizábal, el Colegio de la Purísima Concepción regentado por los Jesuitas y que hacía esquina con la calle Becas, edificio en el que se alojaba también un cine de verano con nombre programático: Ideal.

Tengo solo vagos recuerdos de aquellos primeros años, antes de viajar a Madrid como niño del Sur, para quedarme allí durante bastante tiempo y sin volver más a esta tierra que me vio nacer. Así empezaban unos apuntes de la autobiografía que comencé a escribir en 2014, que abandoné unos meses después porque sentí el vértigo del rabino jasidista, Bunam de Przysucha, que intuyó la dificultad de escribir algo sobre el hombre que fuera convincente y tuviera fronteras: al calibrar la «locura» de su empresa dijo: «Pensaba escribir un libro cuyo título seria «Adán», que habría de tratar del hombre entero. Pero luego reflexioné y decidí no escribirlo». Calibré mi locura y decidí no escribirla.

Hago esta reflexión hoy porque el título que escribí en aquellos días era, en el fondo, un homenaje a una película que me ha marcado para siempre: Cinema Paradiso. Mi vida ha sido también una película sin fin, de muchos géneros en uno solo: vivir apasionadamente. Me sentí reflejado en la misma de principio a fin, por el amor al cine, porque siendo muy niño hacía mis propias películas con dibujos animados, impregnándolos en aceite que, una vez secos, los unía y pasaba por rodillos laterales de un escenario, también hecho a mano, para imprimirles movimiento a demanda. Más o menos, observando aquel descubrimiento mágico con la cara de Totó, mi querido protagonista de la película de verdad, que he recogido en la imagen que preside estas líneas. También, porque seguí siempre el consejo de su gran amigo Alfredo cuando decía al niño que amaba tanto el cine, que debía salir de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente Jose Saramago en su cuento “La isla desconocida”. En aquella escena memorable de la estación, Alfredo, ya ciego por el incendio del cine, le dice en un susurro inolvidable a Totó: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo: hagas lo que hagas, ámalo.

No he olvidado, nunca, el Cinema Ideal de mi infancia, del que solo escuchaba las bandas sonoras de las películas desde el balcón que daba a la calle Becas, en el que, entre barrotes, imaginaba historias preciosas de cuatro años. Pasado este tiempo, he comprendido muy bien el consejo de Alfredo, porque siempre he procurado amar todo lo que he hecho. Ahora, pienso también en los momentos difíciles que he vivido en esta larga vida, quizá por la especial sensibilidad que se ha creado por la pandemia creando anticuerpos para el dolor y la aflicción. Mi amor al cine me devuelve también a mi Cinema Ideal tan particular, un recuerdo de películas inolvidables de Spielberg, entre las que destaco por su lección histórica nacida en su corazón y en su alma judía, La lista de Schindler. Aunque parezca mentira, no me quiero quedar con el dolor de su argumento de fondo, sino con el tema principal de la banda sonora de la misma, compuesta por John Williams, de la que inserto hoy en este post una interpretación memorable, al violín, de su gran amigo de vida y creencias, Itzhak Perlman, uno de los mejores violinistas de la historia de la música que aún comparte vida con nosotros. Escucharlo y sentirlo al mismo tiempo nos permite comprender que, efectivamente, el hombre, si quiere, no es un lobo para el hombre, porque todo lo humano no nos es ajeno, es más, nos pertenece.

Se acerca el “The End” de estas líneas. Les confieso que hablar de Cinema Paradiso y La lista de Schindler ha sido, en el fondo de estas palabras, un homenaje a su obra musical en el mundo del cine, a través de dos bandas sonoras memorables compuestas por Ennio Morricone y John Williams, respectivamente. El pasado viernes recibieron el Premio Princesa de Asturias de las Artes. El acta del jurado dice textualmente que “[…] Dotados de una inconfundible personalidad, entre sus obras se encuentran algunas de las composiciones musicales más icónicas del séptimo arte, que ya forman parte del imaginario colectivo. Williams y Morricone muestran un dominio absoluto tanto de la composición como de la narrativa, aunando emoción, tensión y lirismo al servicio de las imágenes cinematográficas. Sus creaciones llegan incluso a transformarlas y trascenderlas, sosteniéndose por sí mismas como magníficas obras sinfónicas que se encuentran entre el repertorio habitual de las grandes orquestas. Todo ello los convierte en dos de los compositores vivos más venerados en todo el mundo”.

En este momento tan crucial, cuando he tenido la oportunidad de decir todo o nada de mis 73 años recién estrenados, me van a permitir una debilidad cinematográfica también. Me refiero al síndrome de Errol Flynn, un gran actor de mi infancia madrileña, que me ha acompañado a lo largo de mi azarosa vida. He avanzado muchas veces por desfiladeros existenciales que están situados en zona comanche permanente, pero sin la valentía e intrepidez aprendidas en mi niñez rediviva del General Custer o Errol Flynn (tanto monta, monta tanto), en los que de manera arrogante y sin despeinarse, con la botonadura reluciente y sin una mota de polvo en su traje y botas de montar, avanzaba este último con su Séptimo de Caballería para deshacerse de Caballo Loco o Víctor Mature (otra vez, tanto monta, monta tanto), sabiendo, eso sí, que al final del desfiladero podía estar siempre Olivia de Havilland (Beth) para fundirse en un abrazo eterno y casto, como si no pasara nada, que arrancaba aplausos eternos en el patio de butacas del Cinema Paradiso de mi infancia. Lo de menos era ya el final desastroso de la película, de cuyo nombre no quiero acordarme, en un país que estaba necesitado de escenas edulcoradas y de cartón piedra.

Sinceramente, les confieso que, a diferencia del clásico aviso en los títulos de crédito de antes, cualquier parecido de lo aquí contado con la realidad de lo que he visto y vivido en la película de mi vida, no ha sido una pura coincidencia.

THE END

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La otra mirada

RAMON MASATS

Ramón Masats, Mercado de San Antonio (detalle). Barcelona 1955

Sevilla, 4/VII/2020

Ocurrió en el informativo de la noche. El presentador comentó que se había inaugurado una exposición retrospectiva en Madrid sobre el fotógrafo Ramón Masats. Pasaron rápidamente fotografías icónicas de este profesional que tanto nos ha contado sobre la historia de España en la posguerra. Fui rápidamente al ordenador, recuperé la emisión del citado informativo y capturé una instantánea de la fotografía mágica en los minutos finales, en los que pude captar la imagen de esta niña, que se me antojaba desde que la vi como perteneciente a una de las dos Españas de Machado. Esta imagen está incluida en la exposición Ramón Masats Visit Spain, que puede verse dentro de la programación de PHotoESPAÑA en el espacio Tabacalera de Madrid hasta el 12 de octubre.

La colección lleva un título que tampoco es inocente: “Entre 1955 y 1965 Ramón Masats recorre la geografía de España con su cámara y una obsesión en su cabeza: retratar los tópicos con los que la cultura oficial, bendecía los valores patrios. Iniciaba entonces su carrera como colaborador de varias publicaciones, y este viaje le permitió el desarrollo de un trabajo innovador que revolucionó el triste panorama de la fotografía oficial, todavía enredada en su dependencia de los cánones estéticos que el orden clásico
imponía a la nueva disciplina. En el tiempo, el trabajo de Masats coincide con el fin de la autarquía del Régimen de Franco y con la apertura diseñada por el gobierno con la creación del Ministerio de Información y Turismo (1951), y el Plan Nacional de Turismo
(1953). Visit Spain fue ese primer mensaje que utilizó la propaganda oficial”. De ahí el título de la exposición.

Sorprende la imagen, titulada Mercado de San Antonio, Barcelona 1955, porque aparecen hombres en torno a unas mesas con libros, probablemente dentro de la lonja, en la que aparecen hombres, solo hombres, hojeando libros apilados sobre las mesas de tijera, humildes, sencillas, con libros de títulos desconocidos. Deducimos que era domingo, porque se aprecia que iban vestidos “de ese día” y porque se sabe que en este mercado los domingos lo dedicaban a la compraventa de libros, cromos y cuentos: “También se incorporarían libreros y coleccionistas los domingos dando origen al Mercado Dominical de Sant Antoni. Hoy es un mercado especializado en libros nuevos y antiguos y coleccionismo tradicional de postales, sellos o revistas y donde también encontrarás todo tipo de oferta vinculada a nuevas aficiones y colecciones como los cromos, los videojuegos o las películas” (1). Una imagen que captó con su magia tan particular Masats, fotógrafo de la verticalidad, en la que entraba en plano la niña sentada en un banquillo, con un cuento en las manos, pulcramente vestida (de domingo) y con la mirada fija en la cámara, posando para la posteridad del país.

KOWASA PORTADA

Era otra mirada, inocente mirada, con el mensaje directo de Machado aunque ella no lo supiera: “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve”. Al verla ayer, sentí que me miraba aquella España de mi niñez madrileña, como si quisiera interrogarme sobre qué estamos haciendo en la actualidad, alejándonos cada vez más de la educación y la cultura, como si fuéramos en este aquí y ahora los mayores que estaban a su espalda, hojeando libros, ajenos a lo que estaba sintiendo ella, distraídos de la vida. Como ocurre con las ideologías, las fotografías nunca son inocentes porque siempre hay un ojo humano detrás que ordena. Me pasó cuando supe del fallecimiento del fotógrafo francés Marc Riboud en 2016, que muchas personas recordarán por su famosa fotografía de la chica con la flor, por cierto, no inocente. He conocido el hilo conductor de su profesión, por una frase de un especialista en los cuidados del ojo, del siglo XIII, Pietro Spanno, que llegó a ser Papa bajo el nombre de Juan XXI: “El ojo es un miembro noble, redondo y radiante. Ver es el paraíso del alma”. Ese es el secreto y la magia del ojo humano cuando ordena el clic que fija momentos especiales de la vida para la posteridad. Igual que cuando se fotografía el dolor o la muerte, muchas veces con alto riesgo personal de profesionales excelentes, comprometidos, facilitando imágenes recientes que desgraciadamente ya son habituales para el procesamiento de nuestra retina y que tanto nos hacen pensar, cumpliendo su función.

MARC RIBOUD

Dije algo en aquella ocasión que recupero ahora en mi rincón de ver la fotografía de Masats: hay fotógrafos y fotógrafas que retratan almas especiales, en blanco y negro, como Marc Riboud,  Robert Capa, Kati Horna, Sebastião Salgado o Ramón Masats, ¿por qué no?, que valoramos hoy de forma especial porque muchas veces estamos ciegos ante el color que dio al mundo la creación transcendental del hombre y la mujer, que tuvieron la oportunidad de ver durante un tiempo el paraíso de sus almas. Gracias, hoy, a ellos y a tantos profesionales anónimos que aun jugándose a diario la vida nos han aportado y entregan tanta verdad a través de sus ojos, como aprendimos un día de Machado, ya que no son ojos porque los veamos, sino que son ojos porque a través de sus fotografías nos ayudan a contemplar y amar mejor la vida. Ya lo dijo en una ocasión Marc Riboud: “Sólo miran bien los niños: son inocentes y miran excitados, con atención, no son intelectuales”.

NOTA: la imagen de Marc Riboud se recuperó el 31 de agosto de 2016: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/31/actualidad/1472636848_761527.html

(1) https://www.mercatdesantantoni.com/es/quien-somos.htmlhttps://www.mercatdesantantoni.com/es/quien-somos.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

 

El teletrabajo ha venido para quedarse / 4. Estadísticas actuales en España

TELETRABAJO INE 1

El teletrabajo en España y la UE antes del COVID-19

Sevilla, 3/VII/2020

Es importante conocer a fondo la realidad social de la implantación del teletrabajo en nuestro país a través de fuentes fiables. He acudido a la fuente estadística oficial del país el Instituto Nacional de Estadística, donde se puede analizar entre numerosos documentos el que han elaborado didácticamente en relación con el teletrabajo en España, El teletrabajo en España y la UE antes del COVID-19: “Con motivo de la crisis provocada por la pandemia del COVID-19 y la declaración del estado de alarma, muchas empresas y trabajadores han cambiado de forma súbita las condiciones en las que desarrollan su trabajo. Entre estos ocupan un lugar destacado aquéllos que ahora desempeñan sus funciones desde sus hogares en lo que comúnmente se conoce como trabajo a distancia. Si bien no se dispone actualmente de información sobre la población en esta circunstancia, se ofrecen aquí datos que pueden dar a entender la magnitud del cambio. Los datos más recientes sobre este fenómeno provienen de las variables de la submuestra de la Encuesta de Población Activa, 2019. Fuente: Eurostat, Encuesta de población activa. EPA, Encuesta sobre el equipamiento y uso de TIC en los hogares y Encuesta sobre el uso de TIC y comercio electrónico en las empresas)”.

Las afirmaciones sintéticas del documento son relevantes ante la situación actual:

  • Según la Encuesta de Población Activa, en 2019 continúa la moderada tendencia al alza de las personas que trabajan desde casa. Tanto de las que lo hacen normalmente (o más de la mitad de los días) que ha pasado del 4,3% al 4,8%, como la de las que lo hicieron ocasionalmente, que ha aumentado del 3,2% al 3,5%.
  • La proporción de ocupados que trabajan normalmente desde casa es más alta en Principado de Asturias (6,6%), Illes Balears (5,8%) y Galicia (5,5%). Y más baja en Región de Murcia (4,0%), Comunidad Foral de Navarra (3,9%) y La Rioja (3,6%).
  • Como trabajo ocasional desde casa, el dato es mayor en la ciudad autónoma de Ceuta (6,6%), Illes Balears (5,0%) y Aragón (4,9%). Y menor, en Cantabria (2,5%), La Rioja (2,4%) y Canarias (2,2%).
  • Aunque el porcentaje de ocupados que trabajan desde casa es mayor que el de ocupadas (4,9% frente a 4,7%, como trabajo habitual, y 4,0% frente a 2,9%, como trabajo ocasional), en algunas regiones el porcentaje de mujeres supera al de hombres. Concretamente, en Principado de Asturias, las que trabajan desde casa más de la mitad de los días son el 7,1% del total. Y en la ciudad autónoma de Ceuta, las que lo hacen ocasionalmente son el 8,0%.
  • El porcentaje de ocupados que normalmente realizan trabajo desde el domicilio en la Unión Europea es más alto que en España en numerosos países. Destacan en este aspecto Países Bajos (14,0%), Finlandia (13,3%) y Luxemburgo (11,0%). Entre los trabajadores por cuenta propia, estos representan el 46,4% total en Finlandia, el 44,5% en Países Bajos y el 43,6% en Austria. Todos ellos porcentajes muy superiores al de España, que apenas supera el 15%.
  • En casi todos los países, hay más mujeres que hombres que trabajan normalmente desde casa. En la Eurozona, el porcentaje es del 6,1% de mujeres frente al 5,5% de hombres.

TELETRABAJO INE 2

  • Una tendencia común que se observa en todos los países es el incremento del porcentaje de empleados conforme aumenta la edad. En el caso de España, entre los 15 y 24 años, los que trabajan desde casa representan solo un 1,8% del total; entre los 25 y 54, la cifra sube al 7,7%; y entre los de 55 años o más se sitúa en el 8,4%.
  • Atendiendo al tipo de hogar, los hogares formados por algún adulto viviendo en pareja con hijos registran el porcentaje más alto de trabajadores desde casa (9,3%), seguidos de los formados por un adulto con hijos (8,5%), los de parejas sin hijos (8,3%) y un adulto sin hijos (8,1%). La pauta es similar entre los tipos de hogar dentro de la eurozona, aunque siempre con valores más altos. En media, casi el doble de hogares que en España tienen algún ocupado que trabaja desde casa.

Finaliza este breve análisis con datos referidos a empresas que facilitan conexión móvil a internet a sus empleados y al uso de tecnología en los hogares, destacando en este último punto que “En España, el 80,9% de los hogares con al menos un miembro de 16 a 74 años dispone de algún tipo de ordenador (de sobremesa, portátil, tablet…) en 2019. Además, el 91,4% de los hogares tienen acceso a internet, frente al 86,4% del año anterior, y de estos, casi la totalidad (el 99,7%, 15 millones de hogares) disponen de acceso a internet por banda ancha (fibra óptica o red de cable, ADSL, telefonía móvil 3G o 4G…). Las viviendas que no disponen de Internet señalan como principales motivos de tal situación los siguientes: porque no necesitan internet (75,5%), por falta de conocimientos para usarlo (51,3%) y por los altos costes del equipo (28,0%)”.

Recientemente, se ha publicado también una estadística de la evolución del teletrabajo en España por EPDATA-Europa Press, que recoge datos actualizados a 13 de abril de 2020, soportados por los datos que aporta oficialmente el Instituto Nacional de Estadística (INE), fuente fiable y que he podido verificar accediendo a su página web correspondiente. Son interesantes porque respeta una serie iniciada en 2006 y se pueden establecer análisis que aportan datos esclarecedores sobre una realidad, la del trabajo a distancia mediante teletrabajo, que se ha podido experimentar exponencialmente en muchos hogares durante el confinamiento decretado por el estado de alarma.

También he verificado los datos de un artículo reciente elaborado por el Banco de España, El teletrabajo en España, que “analiza el potencial de esta forma de trabajo en España, así como la capacidad de diferentes colectivos sociodemográficos para beneficiarse de ella. Según la Encuesta de Población Activa, el porcentaje de ocupados que, al menos ocasionalmente, trabajan desde su residencia ascendía al 8,3 % en 2019, lo que representa un crecimiento de 2,4 puntos porcentuales desde 2009. Por tipo de ocupación, el trabajo a distancia es más frecuente entre los autónomos, en las empresas pequeñas y entre las ocupaciones cualificadas. Por otra parte, todavía es una forma de trabajar poco utilizada en algunas ramas de actividad que podrían haberse visto favorecidas por los nuevos avances tecnológicos, como las manufacturas, la Administración Pública, el transporte y el almacenamiento, las actividades administrativas, el comercio y otros servicios”.  Recomiendo su lectura atenta y detallada porque utiliza una fuente casi exclusiva, el INE, en la cohorte de diez años, referidos concretamente al periodo 2009-2019. Sirva como muestra de su interés el siguiente gráfico sobre la evolución del teletrabajo en el periodo citado:

TELETRABAJO INFORME BE 2020 1

Destaco del trabajo realizado por EPDATA las cifras que ofrecen mayor valor social como hallazgos clave en esta nueva forma de prestar el trabajo a distancia. El estudio comienza con el análisis de la evolución del número de ocupados que teletrabajan de forma habitual u ocasional en España, donde se aprecia que “alrededor de un 8,3% de los ocupados en España realizan teletrabajo, ya sea de forma ocasional o más de la mitad de los días que trabajó, según los datos aportados por el INE. Esta cifra contrasta con la de 2006, cuando era el 5,2% de los trabajadores los que realizan este tipo de prácticas”. Tomando en consideración los catorce años transcurridos, se observa un incremento muy pobre en la implantación real y efectiva del teletrabajo,  a pesar de la evolución de las TIC en el sector empresarial, lo que traduce un problema de ausencia de estrategia pública digital para llevar a cabo este tipo de implantación junto a otras de enorme interés público.

TELETRABAJO EPDATA INE 2020

Tal y como se detalla en el informe, “En números absolutos, alrededor de 951.000 personas realizaron teletrabajo más de la mitad de los días que trabajó mientras que 688.700 lo hizo de forma ocasional, frente a los 19 millones de ocupados que registraba España en 2019”.

TELETRABAJO EPDATA INE 4

Se aborda a continuación un dato que me ha resultado sorprendente por razón de la edad de las personas analizadas: “Por edad, el grupo que más realiza teletrabajo es el de ocupados entre 55 y más años, con un 9,9% de los trabajadores de este colectivo. El que menos, los jóvenes de 16 a 24 años, con un 2,1% de los ocupados”. ¡Qué sorpresa, cuando todos esperábamos que la revolución digital la lideraran los jóvenes!, aunque tiene una razón clara y muy objetiva: el altísimo desempleo juvenil en el país. El informe del Banco de España destaca en este sentido que “Por tipo de trabajador, una vez que se tienen en cuenta las características de la actividad laboral, el trabajo no presencial es más habitual entre personas de entre 35 y 65 años y entre trabajadores con formación universitaria”, es decir, vuelve a insistir en que, sorprendentemente, el teletrabajo no acaba de estar implantado suficientemente entre la población laboral más joven.

TELETRABAJO EPDATA INE 2020 2

Complementa la información estadística anterior, los datos que facilita el informe del Banco de España, al profundizar sobre las características sociodemográficas del teletrabajo en España (1), con datos concretos sobre edad y sexo, entre otras que se pueden analizar con detalle consultando el documento:

TELETRABAJO INFORME BE 2020 2

El informe EPDATA trata a continuación de los ocupados con posibilidad de teletrabajar, destacando que “Un total de 4.405.320 personas disponen de la opción de teletrabajo en España, lo que supone únicamente el 22,3% del total de población ocupada, que en 2019 ascendió a 19.779.300 personas, si bien el porcentaje varía notablemente según las distintas ocupaciones, según un análisis realizado por Randstad”.

En este caso, “Así, del total de profesionales que disponen de la opción de teletrabajo en España, el 49,8% corresponde a técnicos y profesionales científicos e intelectuales (2.194.300), seguidos a distancia de contables, administrativos y otros empleados de oficina, que suman el 20% del total de profesionales que pueden optar a esta modalidad de trabajo (890.930)”.

Por último, recojo dos tratamientos parejos pero con matices, en referencia al teletrabajo según Comunidades Autónomas, con el decalaje cronológico de ambos estudios, más amplio el de EPDATA, aunque con más detalle el del Banco de España, que figura a continuación:

TELETRABAJO INFORME BE 2020 3

Según el estudio EPDATA, “Por comunidades autónomas, las que cuentan con mayor número de trabajadores con opción a teletrabajo y están por encima de la media nacional son la Comunidad de Madrid, con el 28% del total de trabajadores de toda España con opción a teletrabajar, seguida de Cataluña (25,1%), País Vasco (24,5%), Navarra (23%) y Asturias (22,4%)”.

TELETRABAJO EPDATA INE 2020 3

Como proyección estadística de gran interés general he analizado también los datos aportados por el informe del Banco de España en relación con la descripción de ocupados con teletrabajo y ocupados que podrían teletrabajar, por Comunidades Autónomas (2019):

TELETRABAJO INFORME BE 2020 5

Por considerarlo de sumo interés como propuesta, incluyo a continuación un gráfico del informe del Banco de España sobre “propuesta de empleos que podrían realizarse desde casa”:

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Quizá sea el último gráfico a incluir en este post el que refleje bien lo que sería un antes y un después del teletrabajo si se implantara legalmente en España en todo los ámbitos posibles. Es importante señalar el papel que juega en esta proyección la Administración Pública:

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Son breves pinceladas de aproximación objetiva a la situación actual del teletrabajo en España, donde se observa que llevamos bastante retraso en la implantación de las diversas modalidades de trabajo a distancia, con una ausencia clamorosa de legislación al respecto, más significativo aún si lo relacionamos con la situación actual del teletrabajo en Europa y en el Mundo en general.  Lo que no olvido, más allá de nuestras fronteras, es el esfuerzo que el presidente Obama realizó desde 2010, coincidiendo con mi actividad profesional en aquél año en el ámbito digital,  para implantar el teletrabajo en el sector federal de EE.UU., porque estaba convencido de que él era el primer teletrabajador del país, un Teletrabajador en Jefe, porque “trabajaba desde su casa”. Quiso que “en la medida de lo posible todos los empleados del gobierno de Estados Unidos trabajaran desde casa. El ímpetu original fue el temor a que dejara de funcionar el gobierno debido a la pandemia de gripe aviar. Desde ese momento, actos de terrorismo, eventos causados por el clima inclemente y otras amenazas de pandemia han recordado repetidamente a los líderes del gobierno la necesidad del teletrabajo como piedra angular de su estrategia de continuidad de operaciones. Impulsó la promulgación de legislación federal sobre teletrabajo” (2). Desplazó la conversación relacionada con teletrabajo “más allá de la continuidad de operaciones, planteándola como estrategia para mejorar la conciliación entre la vida laboral y personal, atraer y retener talento, y medir el rendimiento del empleado por resultados más que por presencia. El resultado fue que en diciembre de 2010, ambas cámaras del Congreso, con apoyo de demócratas y republicanos, aprobaron la Ley de Promoción y Desarrollo del Teletrabajo (TEA) que fue sancionada como ley por el Presidente. Un ejemplo a seguir en el sector público.

NOTA: la imagen primera se ha recuperado del documento del INE, elaborado recientemente en relación con el teletrabajo en España: El teletrabajo en España y la UE antes del COVID-19.

(1) FUENTE: Instituto Nacional de Estadística (Encuesta de Población Activa, microdatos de la submuestra anual de 2019). NOTA: Para identificar el teletrabajo, se utiliza la pregunta «¿Trabajó en su domicilio en las cuatro últimas semanas? (posibilidad prevista en acuerdo de trabajo)». Las opciones de respuesta son las siguientes: «Más de la mitad de los días que trabajó», «Ocasionalmente» o «Ningún día».

(2) https://joseantoniocobena.files.wordpress.com/2020/06/trabajar-en-cualquier-momento-y-en-cualquier-lugar.pdf, p. 46.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El teletrabajo ha venido para quedarse / 3. En la Administración Pública es urgente su implantación legal

TRABAJO PRESENCIAL TELETRABAJO

Sevilla, 2/VII/2020

El pasado 4 de mayo se firmó el Acuerdo por la Ministra de Política Territorial y Función Pública y los representantes de las organizaciones sindicales CSIF, UGT, CCOO y CIG, sobre medidas organizativas en el marco del Plan de Transición hacia una nueva normalidad, en el que recogía en su apartado 4, expresamente, la necesidad de un abordaje regulativo inmediato del teletrabajo: “Dado que las modalidades de trabajo no presenciales se han revelado como un instrumento esencial para la continuidad en la prestación de los servicios, y para alcanzar un marco mínimo común en la Administración General del Estado que las regule, se convocará a las organizaciones sindicales de la Mesa General antes referida, a los efectos de constituir un grupo de trabajo de cara al desarrollo normativo de las mismas”.

Según lo expuesto en las reflexiones anteriores de esta serie, los fundamentos de hecho y de derecho del teletrabajo y otras formas de trabajo a distancia son una realidad incuestionable que necesita una respuesta de estrategia pública digital, porque todas las modalidades de este trabajo tienen un eje central soportado por el teletrabajo en el sentido preconizado por la OIT, en el que se define el teletrabajo/TICtrabajo móvil (T/TICM) como el uso de tecnologías de la información y las comunicaciones –como teléfonos inteligentes, tabletas, portátiles y ordenadores de sobremesa– para trabajar fuera de las instalaciones del empleador. En el proyecto de Ley de trabajo a distancia de este país, actualmente en fase de participación pública en el procedimiento de elaboración, se define “Teletrabajo” como “aquel trabajo que se lleva a cabo mediante el uso exclusivo o prevalente de medios y sistemas informáticos, telemáticos y de telecomunicación”. Es evidente que el hilo conductor y la base sobre la que se sustenta este tipo de trabajo son las TIC en todas y cada una de sus manifestaciones.

A lo largo de estos últimos años he publicado muchos artículos en este blog sobre la imprescindible necesidad pública y de interés general de que el Estado proclame una estrategia pública digital que permita la transformación digital del país, así como de la Administración Pública. Si se aprovecha esta oportunidad del teletrabajo, que ha venido para quedarse, como vengo manifestando en esta serie, la implantación del teletrabajo y otras formas de trabajo a distancia en el sector público, al igual que se ha desarrollado una normativa en el proyecto de Ley en fase de audiencia y participación pública, habrá que abordarla en un desarrollo especial para este sector, pero donde la intervención del Estado podría ser una oportunidad para ordenar y organizar adecuadamente la estrategia pública digital de amplio espectro que explico a continuación. Si no es así, es probable que se digitalice el desorden público en la ordenación y organización de los procedimientos administrativos a tratar mediante el teletrabajo y otras modalidades de trabajo a distancia, porque no es lo mismo ordenar el Gobierno digital que la Administración Pública de base electrónica. Antecedente, el Gobierno y, consecuente, la Administración. Nunca al revés.

En definitiva, creo que ha llegado el momento de proclamar la transformación urgente del Gobierno actual al uso en Gobierno Digital, para que se puedan aplicar políticas digitales de amplio espectro, tal y como he ido desarrollando a lo largo de los últimos años en este blog, siendo la regulación del teletrabajo una oportunidad de abordaje de este cambio copernicano en la Administración. Sería extraordinario comenzar a tejer tejido crítico en este momento digital porque hay razones suficientes de urgencia política en un mundo que cada día se mueve más en torno a la transformación digital de todos los ecosistemas en los que vivimos, estamos y, sobre todo, somos. Además, la pandemia nos ofrece lecciones de oportunidades y fortalezas extraordinarias si se evalúa lo que se ha vivido en la Administración Pública porque se ha demostrado fehacientemente que si el trabajo estaba bien organizado en la Administración que ha habilitado el teletrabajo, los resultados han sido extraordinarios, pero si no era así, el resultado ha dejado mucho que desear porque la pandemia ha dejado ver el traje nuevo de la emperatriz, es decir, una Administración con graves carencias tecnológicas, de equipamientos, infraestructuras, redes y controles cibernéticos, donde los funcionarios han tenido que poner en muchos casos el hilo y ovillo digital, porque no había equipos para todos, tanto ordenadores, tabletas como teléfonos móviles o redes con suficiente potencia como para poder trabajar de forma correcta, pagando en bastantes ocasiones cada funcionario el coste del consumo de red, de sus propios teléfonos y el uso de instalaciones y equipos telemáticos privados.

Creo que se puede comprender mi obstinación, en el más correcto sentido de la palabra y tal como la aprendí hace ya muchos años en un libro precioso de Herman Hesse, Obstinación, en torno a esa excelente virtud, entendida como la obediencia a una sola ley, la que lleva al propio sentido (digital, por supuesto). Esta iniciativa digital que propongo como iniciativa de carácter público, debe contemplar todos los medios y protagonistas de la transformación digital del trabajo en el sector público, comenzando por el teletrabajo porque es una realidad que se ha impuesto ahora de forma contundente, por azar y necesidad. Los empleados públicos deben dejar de ser “ignorantes molestos” en estos momentos en los que han resultado tan afectados, porque ha llegado la hora de abordar una realidad caleidoscópica tal y como se puede entrever en el proyecto de Ley de trabajo a distancia, tantas veces nombrado en los últimos días en este blog, porque todo lo que se refleja allí tiene cabida en una nueva regulación del trabajo a distancia, es decir, del teletrabajo como base operacional y tecnológica del desempeño en el sector público, sin excepción alguna. Tiene sentido cuando se abordan estos asuntos digitales de gran calado estratégico, porque estamos ante una oportunidad de empoderamiento de los empleados públicos, imprescindible para una transformación digital urgente en la que estamos ya instalados. Podría ser una especie de estructura de Estado, obstinada, respetando la necesaria oportunidad política en este momento crucial del país, cuando hay que declarar una nueva estrategia digital de Estado y del Gobierno correspondiente.

En mi publicación de 2016, Principios de política digital, detallé de forma didáctica y divulgativa los grandes principios de política digital aplicada con visión de Estado, desde diversas perspectivas: el respeto reverencial a un vocabulario digital propio (que hay que conocer en términos tan novedosos como empoderamiento digital, inteligencia digital o equidad digital, entre otros muchos, porque sin lenguaje digital propio es difícil articular diálogo digital al respecto) y su presencia en programas electorales; aclarar definitivamente la diferencia existente entre inversión y gasto digital, que tanto se ha confundido en tiempos de crisis, encubriendo la ineficacia e ineficiencia del Estado y de las diferentes Administraciones Públicas); declarar el empoderamiento digital rompiendo la cuarta pared, sabiendo que las tecnologías inteligentes son para las personas, no solo para las cosas, abrir el mundo de la investigación, desarrollo e innovación digital a supuestos como el grafeno, a título de ejemplo y que nos cambiará la vida, para abordar la revolución digital, pendiente, en España, cuando el Gobierno actual solo ha podido hacer un breve camino desde su proclamación y su desempeño en una tragedia que nos ha asolado llamada COVID-19.

Soy consciente de las prioridades políticas actuales derivadas de la pandemia y de la urgente necesidad de la reconstrucción del país, básicamente en su recuperación económica de amplio espectro, la generación de empleo y el blindaje constitucional de derechos y deberes sociales referidos a educación, salud (tan evidente después de lo sucedido) y atención social, sobre todo de los que menos tienen, del envejecimiento y en la realidad inexorable de la dependencia. Pero la realidad digital está ahí, cada día más presente en nuestras vidas, siendo lo más íntimo de nuestra propia intimidad (según el aserto agustiniano) a través de instrumentos digitales tan útiles e imprescindibles ya como los teléfonos inteligentes, tabletas, portátiles y televisiones inteligentes e interactivas. También, de las diversas modalidades del trabajo a distancia, soportado básicamente por el teletrabajo, como se ha podido demostrar de forma fehaciente durante el estado de alarma.

Vivimos en un mundo digital, tal y como lo aprendí hace casi veinticinco años de Nicholas Negroponte, que me abrió una perspectiva diferente de la vida, aunque siempre estuve de acuerdo con él en un aserto irreversible, para poner cada cosa en su sitio y no se nos suban las tecnologías de la información y comunicación a la cabeza: “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital”.

Se trata de reconocer que somos ya digitales en un mundo digital por excelencia, que nos puede hacer la vida más amable en todas las situaciones vitales que podamos imaginar y desde una perspectiva de nueva revolución digital que supere con creces a la industrial que tanto ha beneficiado ya a la humanidad. Por esta razón, creo que la política digital es un asunto de Estado, no una cuestión baladí protagonizada solo por los amantes de las tecnologías de la información y comunicación. Además, cuando sustenta las políticas sociales por excelencia, se troca en un asunto que nos pertenece a todos, sin excepción. El marco de la política digital no es un asunto tecnológico sino constitucional. Esa es su gran fortaleza al elevarla a asunto de Estado, máxime cuando tiene que atender a realidades tan inexorables como la salud y la enfermedad o los servicios sociales.

Las tecnologías de la información y comunicación no son inocentes, como no lo son las ideologías políticas subyacentes en su implantación, que no mera instalación tecnológica. Sabia distinción que se constituye en un elemento de gran interés público en la construcción de un nuevo paradigma público de carácter digital y que si no se tiene en cuenta en relación con el teletrabajo se puede repetir de nuevo: hay que implantar el teletrabajo, no solo instalar equipos informáticos en la casa o espacio elegido libremente por el empleado público. Necesitamos definir los sistemas y aparatos políticos digitales que permitan la toma de decisiones públicas de gran relevancia social, preservando el interés general como raíz de la que deben nacer todos los actos digitales que nazcan en la sabia política digital del Gobierno digital correspondiente. Expresarlo así en la exposición de Motivos y en el articulado de una Ley de trabajo a distancia en el sector público, sería una forma de mostrar un aviso para navegantes digitales en el país, porque saldremos beneficiados todos, empleados públicos y ciudadanía, porque su hilo conductor será exclusivamente el interés general digital. Es evidente que habrá que abordar cambios en el actual Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público (TREBEP), aunque en su artículo 14 ya se recoge en la enumeración de los derechos individuales de los empleados públicos los referidos a la intimidad y desconexión digital: “14. j bis) A la intimidad en el uso de dispositivos digitales puestos a su disposición y frente al uso de dispositivos de videovigilancia y geolocalización, así como a la desconexión digital en los términos establecidos en la legislación vigente en materia de protección de datos personales y garantía de los derechos digitales”.  Igualmente, se tendrá que incorporar algún artículo en los principios de conducta recogidos en el artículo 54 del actual TREBEP y revisar algunos de los allí expuestos, con independencia de que habrá que establecer las concordancias generales necesarias del citado TREBEP con el texto definitivo que resulte del actual proyecto de ley de trabajo a distancia, en lo que sea de aplicación.

Por último, aprecio hablar de ética digital de carácter público en el teletrabajo, que también existe, como la que se podría desarrollar en una norma de trabajo a distancia en el sector público. Su objeto principal es respetar el interés general digital de los empleados públicos, distinguiendo “mercancía” de “valores y derechos humanos” digitales, el ámbito público y el ámbito privado, porque en su desarrollo conviven el espacio, tiempo y dinero privados al servicio del espacio, tiempo y dinero públicos, que se ordena por el Gobierno Digital y Abierto correspondiente, mediante la Administración, no al revés, con carácter unificado y no estrictamente disperso en los diferentes departamentos ministeriales e instituciones públicas instrumentales. Además, inteligencia y ética digital son indisolubles, porque son las bases humanas para ser y estar en el mundo de una forma diferente gracias a las tecnologías de la información y comunicación. ¿Por qué? Porque la inteligencia digital es la capacidad que tenemos los seres humanos para adquirir destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación; capacidad para recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de las TIC; capacidad para resolver problemas o para elaborar productos y servicios que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural y factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través todo ello de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. Y todo esto se debe tener en cuenta en el teletrabajo, porque allí sucede.

Estoy convencido de que miles de empleados públicos esperan como agua de mayo la implantación inmediata del teletrabajo y otras modalidades del trabajo a distancia. Son los que creen en la función que se les ha asignado, tanto de forma presencial como telemática y porque les pre-ocupa [así, con guion] diariamente hacer las cosas bien, en edificios públicos o en su casa, con convencimiento pleno construido por el conocimiento, las aptitudes y las actitudes públicas y privadas que cada empleado público tiene, para que no se resienta nunca el servicio público, el interés general, el que preocupa de verdad a las personas a las que se deben en su sencilla o compleja función pública, digital también, por supuesto.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El teletrabajo ha venido para quedarse / 2. Participando, nos quedará siempre la palabra

PARTICIPACION PUBLICA

Sevilla, 1/VII/2020

Es una realidad palpable que el teletrabajo ha venido para quedarse en el mundo laboral de este país y con carácter absolutamente prioritario. Con tal motivo, hoy deseo abordar un aspecto normativo en relación con el trabajo a distancia, como constructo que engloba el teletrabajo, que se está tramitando por la vía de urgencia, habilitada por el Consejo de Ministros celebrado el pasado martes 23 de junio. Es un impulso político muy importante que refuerza los trámites legales del proyecto de Ley de trabajo a distancia, presentado por el Ministerio de Trabajo y Economía Social. Un dato palpable es que hoy sigue abierto el plazo para participar en el procedimiento de Audiencia e información pública sobre dicho proyecto, que finaliza el próximo 7 de julio, habiéndose puesto a disposición de las personas y organizaciones interesadas tanto el texto del Anteproyecto de Ley de trabajo a distancia como la Memoria del análisis de impacto normativo. Es importante señalar que los trámites de audiencia e información pública tienen por objeto recabar la opinión de los ciudadanos titulares de derechos e intereses legítimos afectados por un proyecto normativo ya redactado, directamente o a través de las organizaciones o asociaciones que los representen, así como obtener cuantas aportaciones adicionales puedan realizar otras personas o entidades.

Ante lo expuesto anteriormente, es muy importante conocer con detalle el texto del proyecto, que se estructura en cuatro capítulos, una disposición transitoria y cuatro disposiciones finales. Lo aconsejable es su lectura detallada y completa, pero anticipo un resumen de sus líneas fundamentales.

La exposición de motivos del proyecto de ley es una guía muy interesante de lo que se desarrolla después de forma pormenorizada, iniciando la misma con una declaración de principios: “La presente ley tiene por objeto la regulación del trabajo a distancia y el establecimiento de derechos y garantías de las personas que realizan trabajo a distancia. Es una norma cuya necesidad y oportunidad resulta, en este momento, indiscutible. De un lado, el desarrollo de las tecnologías de la información ha facilitado las formas de trabajo alternativas a las estrictamente presenciales, lo que se ha reflejado en una tendencia al incremento del trabajo a distancia, siquiera de forma parcial, particularmente en la forma de teletrabajo. Ciertamente, no todo el trabajo a distancia es teletrabajo ni todo el teletrabajo es a distancia, pero en atención a las circunstancias que actualmente concurren es razonable llegar a la conclusión de que el auge reciente del trabajo a distancia se ha producido como consecuencia del teletrabajo, y también es previsible que sea en el ámbito del teletrabajo en el que siga creciendo el volumen del trabajo a distancia”. Si lo destaco especialmente es porque es muy interesante el marco en el que se recoge la realidad laboral del teletrabajo, en el sentido de que es una de las modalidades del trabajo a distancia, no la única. De otro lado, la crisis sanitaria derivada del Covid-19 ha hecho que el trabajo a distancia se mostrara como el mecanismo más eficaz para asegurar el mantenimiento de la actividad durante la pandemia y para garantizar la prevención frente al contagio. Durante la crisis sanitaria no solo se ha reforzado la tendencia a la normalización del trabajo a distancia que ya se anticipaba con anterioridad a la misma, sino que incluso su utilización se ha llegado a configurar como preferente, tanto en España como en otros países de nuestro entorno. La crisis sanitaria, en consecuencia, ha permitido advertir no solo las potencialidades, sino también los retos y los peligros de una forma de trabajo que hasta ahora ha sido peculiar en nuestro país, pero que probablemente no lo será tanto a partir de ahora.

Es importante destacar de nuevo que este proyecto de ley es muy ambicioso e intenta dar respuesta social a la realidad global del trabajo a distancia, aún reconociendo que ha sido la realidad del teletrabajo, en su sentido estricto, el que ha dado sentido a esta realidad como consecuencia de la pandemia de la COVID-19. Esta visión amplificada es la que se recoge en el cuerpo dispositivo cuando se detallan las definiciones que desarrollan el trabajo a distancia, en el Artículo 2:

“A los efectos de lo establecido en esta ley, se entenderá por:

1.”Trabajo a distancia”: aquel trabajo que se presta en el domicilio de la persona trabajadora o en el lugar libremente elegido por esta, durante toda su jornada o parte de ella, de modo no ocasional.
2.”Teletrabajo”: aquel trabajo que se lleva a cabo mediante el uso exclusivo o prevalente de medios y sistemas informáticos, telemáticos y de telecomunicación.
3.”Trabajo presencial”: aquel trabajo que se presta en el centro de trabajo o en el lugar determinado por la empresa.
4.”Trabajo a distancia ocasional”: aquel trabajo que se presta en el domicilio de la persona trabajadora o en el lugar libremente elegido por esta, durante toda su jornada o parte de ella, de modo ocasional, en los términos establecidos en el capítulo IV de la presente ley”.

Es muy importante valorar esta clasificación porque la terminología es a veces confusa al referirnos al teletrabajo como un todo. Es una oportunidad del legislador de clarificar las diferentes opciones de una realidad insoslayable que ya citaba en el post anterior sobre la realidad física y sociológica de qué se entiende por un centro de trabajo porque la empresa, más que un lugar es el centro de una actividad, en tanto no tiene necesariamente un espacio o centro de trabajo cuando toda su actividad está mediatizada por instrumentos tecnológicos, informáticos y/o comunicacionales (TICs) (1).

Sin entrar en el detalle normativo del articulado, sí quiero destacar las líneas estratégicas del texto sometido ahora al trámite de audiencia. La respuesta tímida al trabajo a distancia que se señala en el artículo 13 del Estatuto de los Trabajadores, se refuerza en esta Ley porque reconoce que “puede tener ventajas para la empresa, para la persona trabajadora e incluso para la sociedad. Es una forma de trabajo que supone un ahorro de tiempo, que puede contribuir a la lucha contra la contaminación y que puede tener virtualidad incluso para revitalizar los núcleos de población rural. Por otro lado, el trabajo a distancia plantea numerosos retos y problemas, a los que debe dar cumplida respuesta la normativa española, de un modo detallado y comprometido. Es necesario en este momento un esfuerzo normativo de mayor entidad, que establezca claramente los límites del ejercicio del trabajo a distancia pero que también le permita desplegar todas sus posibilidades”.

Es muy interesante el articulado dedicado a las limitaciones horarias que deben fijarse en el trabajo a distancia así como la desconexión digital real y efectiva: “Uno de los principales retos a los que se enfrenta el trabajo a distancia está relacionado con los tiempos de trabajo y descanso. La cuestión del tiempo de trabajo y del derecho a la desconexión adquiere una dimensión especial en el caso de las personas que desarrollan trabajo a distancia, porque la posibilidad de flexibilidad horaria y la propia naturaleza del trabajo a distancia hace que los límites entre la vida profesional y la vida personal a veces se desdibujen”. En este sentido valoro extraordinariamente que se haga mención al informe elaborado por la OIT y EUROFOUND, que citaba en mi post anterior con el que abría esta serie, porque es fundamental que la ley ponga ribetes de acero en la separación real y efectiva de la vida personal y la vida profesional: “La presente ley pretende de este modo evitar los peligros de una forma de trabajo en cualquier tiempo y en cualquier lugar (lo que se ha dado en llamar “smart working”) que, como cualquier otra forma de trabajo, debe respetar la normativa sobre tiempo de trabajo y el derecho a la desconexión de las personas trabajadoras tal y como se establece en el Informe de la OIT – Eurofound “Working anytime, anywhere: the effects on the world of work”.

El derecho a la intimidad durante o con motivo del trabajo a distancia tiene un tratamiento muy interesante y prioritario en el proyecto de ley: “En este sentido, el control intensivo y permanente de la actividad de la persona trabajadora atenta al derecho a su intimidad, por desproporcionado (por todas, Sentencia del Tribunal Constitucional 98/2000, de 10 de abril) y, por tanto, no podrá utilizarse tampoco en el trabajo a distancia”, es decir, “los mecanismos de control tecnológico de la actividad laboral deben respetar los tres condicionantes de idoneidad, necesidad y proporcionalidad”.

Se dedica también un apartado específico a la retribución y la compensación económica, porque el trabajo a distancia presenta rasgos particulares de gran interés: “Las retribuciones mínimas garantizadas en nuestro ordenamiento, el salario mínimo profesional regulado en el artículo 27 del Estatuto de los Trabajadores y los salarios profesionales fijados por convenio colectivo, están fijados conforme a parámetros temporales. En tal sentido, la aplicación de la fórmula de retribución por unidad de obra no puede derivar en la exigencia de resultados que no se pueden alcanzar dentro del tiempo establecido para ello, riesgo que es particularmente elevado en el trabajo a distancia cuando no hay personas que desarrollen presencialmente una actividad equivalente a la de la persona que trabaja a distancia. En consecuencia, aunque el establecimiento de retribuciones conforme a resultados es una posibilidad legítima, es necesario que se garantice una retribución mínima en atención al tiempo trabajado”.

También se aborda una realidad que ha quedado al descubierto durante el estado de alarma, sobre todo en las personas que han efectuado teletrabajo con medios tecnológicos informáticos, telemáticos y de telecomunicaciones porque, en la mayor parte de los casos, se han utilizado los medios citados de los propios trabajadores: equipos, teléfonos personales, conexiones de fibra, etc.: “la presente ley establece que es la empresa la que debe hacerse cargo de los medios y de los gastos vinculados al desarrollo del trabajo a distancia, como establece el Acuerdo marco europeo de teletrabajo de 2002. Por un lado, mediante la dotación a la persona que trabaja a distancia de todos los medios necesarios para la prestación de servicios; por otro, a través de la obligada compensación total a ésta por los gastos, tanto directos como indirectos, que se ocasionaran como consecuencia de esta modalidad de trabajo. La referencia a los gastos indirectos incluye, en esta ley, la parte proporcional de los gastos de uso y consumo en que incurriera la persona trabajadora o de cualquier otro que pudiera tener como consecuencia del trabajo, efectuándose una llamada a la negociación colectiva para que establezca mecanismos de compensación tasados, que en cualquier caso deben garantizar que se produce la total compensación de todos los gastos”.

No descuida el proyecto de ley las obligaciones preventivas que tienen que asumir las empresas en relación con el trabajo a distancia: “tienen el mismo alcance que en trabajo presencial, si bien es evidente que existen una serie de particularidades o dificultades añadidas. Concurren, de un lado, riesgos específicos y diferenciados, como los derivados del sedentarismo y el uso intensivo de pantallas de visualización, o las condiciones de aislamiento y el uso de dispositivos digitales, que pueden derivar en la actualización de riesgos psicosociales, incluyendo el estrés tecnológico o las adicciones tecnológicas. La empresa, en consecuencia, debe considerar la especial incidencia de las condiciones particulares de la prestación de servicios a distancia, tanto en la evaluación de riesgos a realizar, como en las medidas específicas a desarrollar. Adquiere, además, particular relevancia, la lucha contra el acoso, por sus mayores dificultades de prevención y control y por sus rasgos particulares (ciberacoso). De otro lado, si el trabajo se desarrolla en el domicilio particular de la persona trabajadora o en otros lugares que requieran un tratamiento similar, la presente ley establece las garantías exigibles para que la empresa acceda al lugar donde se presta el trabajo a domicilio a efectos de cumplir sus obligaciones preventivas”. Aborda problemáticas nada desdeñables, tanto la ergonomía doméstica al servicio del trabajo a distancia, en cualquiera de sus modalidades, como el riesgo del ciberacoso al trabajar durante muchas horas en la red.

La protección de los derechos colectivos es otra realidad tratada en el proyecto tantas veces citado, porque el síndrome de aislamiento social que puede producir el teletrabajo, por ejemplo, debe cuidarse al máximo: “Es un reto complejo porque las condiciones de aislamiento en que se desarrolla el trabajo a distancia pueden dificultar la integración de la persona trabajadora con el resto de la plantilla y, con ello, su implicación y participación activa en las acciones de dimensión colectiva. Esta ley pretende garantizar la comunicación entre la persona trabajadora a distancia con la representación unitaria y sindical y también con el resto de la plantilla, así como promover la implicación de la negociación colectiva con la persona trabajadora a distancia y con el trabajo a distancia”.

Por último, se trata un asunto complejo que tiene diversas formas de abordaje: la conciliación de responsabilidades y con el cuidado de menores y personas dependientes, introduciéndose una serie de cautelas para evitar perpetuar roles de cuidados si es utilizado mayoritariamente por las mujeres:

“Primero, el derecho al trabajo a distancia para el ejercicio de derechos de conciliación se establece como una prioridad frente a otras personas que también solicitaran desarrollar su trabajo a distancia, pero su contenido y alcance se mantiene en el espacio configurado por el artículo 34.8 del Estatuto de los Trabajadores. El espacio más adecuado para que el trabajo a distancia tenga virtualidad en el ámbito de los cuidados es el de la negociación colectiva, y es ella la que debe quedar configurada de modo que no perpetúe roles de cuidado.

Segundo, en aplicación del citado artículo 34.8 del Estatuto de los Trabajadores, pero también del 26 de la Ley de Prevención, la presente ley hace expresa referencia a la posibilidad de que el trabajo a distancia sea un mecanismo para facilitar el ejercicio de la lactancia natural.

Tercero, en esta ley también se contempla el derecho a trabajar a distancia en caso de fuerza mayor familiar, cuando resultara indispensable la presencia de la persona trabajadora. La fuerza mayor familiar es un supuesto que no ha sido hasta ahora objeto de atención por la normativa española, pese a que tanto la Directiva 96/34, de permisos parentales, como la Directiva 2010/18, también de permisos parentales, y la actualmente vigente Directiva 2019/1158 de conciliación (artículo 7) establecen la obligación de que los Estados Miembros configuren mecanismos que permitan atender la fuerza mayor familiar”.

En este contexto, se configura expresamente el derecho de la persona trabajadora a distancia a que se respeten sus derechos de conciliación: “Esta previsión es necesaria, precisamente, porque debemos descartar, por errónea, la idea de que el tiempo de trabajo y el tiempo del cuidado pueden ser simultáneos. En consecuencia, deben garantizarse a las personas trabajadoras a distancia los mismos derechos de conciliación (incluyendo permisos y derechos de adaptación) que se reconocen a las personas trabajadoras presenciales”.

A modo de conclusión general ante lo expuesto anteriormente, es urgente la participación pública en este momento de la publicación de este proyecto de Ley, con objeto de que el texto definitivo recoja todas aquellas observaciones y expectativas ciudadanas, fundamentadas en la situación real de las diferentes formas de llevar a cabo el trabajo a distancia en la nueva normalidad. En los próximos días dedicaré un post específico a la proyección de esta Ley en el ámbito de la Administración Pública, destacando en este momento el Acuerdo que se firmó el pasado 4 de mayo por la Ministra de Política Territorial y Función Pública y los representantes de las organizaciones sindicales CSIF, UGT, CCOO y CIG que forman parte de la Mesa General de Negociación de la Administración General del Estado prevista en el artículo 36.3 del TREBEP, sobre medidas organizativas en el marco del Plan de Transición hacia una nueva normalidad. En su punto 4 se dice textualmente que “Dado que las modalidades de trabajo no presenciales se han revelado como un instrumento esencial para la continuidad en la prestación de los servicios, y para alcanzar un marco mínimo común en la Administración General del Estado que las regule, se convocará a las organizaciones sindicales de la Mesa General antes referida, a los efectos de constituir un grupo de trabajo de cara al desarrollo normativo de las mismas”. Es urgente abordar esta situación pero desde una perspectiva estratégica digital de Estado para la Administración Pública.

PARTICIPACION PUBLICA

(1) https://joseantoniocobena.com/2020/06/28/el-teletrabajo-ha-venido-para-quedarse-1-estrategia-digital-de-estado/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.