La jornada de reflexión hermosea la democracia y el voto

ENCRUCIJADA

Pensaba lo mismo hace tan solo un mes, con ocasión de las elecciones generales en este país y vuelvo a suscribir el contenido de lo que he escrito en reiteradas ocasiones en este cuaderno de bitácora que guardo a buen recaudo en el cuarto de derrota personal, utilizando el lenguaje del mar. Todo tiene su tiempo y su momento, respetando el fondo y la forma de una reflexión del Eclesiastés (Qohélet) al decirnos alto y claro que tenemos hasta 27 oportunidades para disfrutar de un regalo llamado tiempo a lo largo de la vida: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz.

Ahora agrego dos más, el tiempo de reflexionar y el de votar en las elecciones municipales y europeas: “Me he detenido a leer con detalle las diferentes modalidades del lema “reflexión” y sus derivados en el Diccionario de Autoridades que tanto aprecio y en su contexto he descubierto una palabra vinculada con el adverbio de modo “reflexivamente” que recupero para festejar esta jornada. Se trata del verbo “hermosear” que vinculo hoy a la democracia porque ésta se hermosea con la reflexión que podemos llevar a cabo antes de acudir al acto de votar. Votar enriquece la democracia, la hermosea que decían los clásicos, porque mediante el voto responsable se considera y se da una segunda oportunidad a nuestro acto de decidir porque, en definitiva, se piensa más cuidadosamente todo.

Así reflexionaban nuestros antepasados del siglo XVIII en este país y así lo recogió el Diccionario de Autoridades (1734) para la posteridad, enriqueciendo ese acto tan sencillo, aparentemente, de reflexionar. La calidad intrínseca que contiene el verbo hermosear también lo recoge el citado diccionario con una acepción preciosa: “Hacer vistosa, perfecta y hermosa una cosa”. Quizá está ahí su encanto, porque si reflexionamos hoy sobre lo que va a ocurrir mañana a través de mi voto responsable, con sus consecuencias obvias, hacemos vistosa, perfecta y hermosa la democracia.

Para que no se olvide ni siquiera un momento en esta jornada tan vistosa de reflexión”.

Sevilla, 25/V/2019

NOTA: la imagen se ha recuperó el 1 de diciembre de 2018 de http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/04/10/inmigracion-y-nuevas-encrucijadas-como-ser-profeta-en-un-mundo-diverso

¡Busquen a un niño o a una niña en el Congreso!

Hoy es un día muy importante para la democracia de este país, al constituirse el Congreso de los Diputados en su XIII Legislatura y vuelvo a recordar algo que aprendí hace ya muchos años de unas palabras de Nicholas Negroponte, en un libro de consultoría en estrategia digital (1) que me ha acompañado durante años de vida profesional, porque necesitamos a los niños y a las niñas para solucionar problemas complejos de la vida: “Mi consejo para cualquier directivo no-digital (es decir, la mayoría de los directivos actuales) es que no deben tener en cuenta a su departamento de informática y lo que deben hacer es “contratar a un niño”. Lo decía en 1998 en referencia a que el mundo tecnológico lo iban a dirigir en un futuro no lejano los niños porque influyen en el mercado, marcan tendencias y en última instancia “tenemos que aprender de ellos”.

La cita del libro citado anteriormente, que me regalaron en una magnífica conferencia de Punset a la que asistí hace ya muchos años, la he asociado siempre a la genialidad de Groucho Marx, en aquella frase gloriosa en Sopa de ganso en una reunión memorable de la Cámara de Diputados de Freedonia: “¡Hasta un crío de cuatro años sería capaz de entender esto!… Búsqueme un crío de cuatro años, a mí me parece chino“. Es lo que tendría que gritar hoy la gente rodeando el Congreso de los Diputados, porque están obligatoriamente obligados a entenderse, cuando les parece chino el diálogo de sordos en el que están instalados en el multipartidismo político. La situación política de este país les debería llevar a comprender que el resultado de las urnas es un mandato explícito para que se busquen acuerdos de gobierno y legislatura que… hasta un niño o una niña de cuatro años son capaces de entenderlo.

Sevilla, 21/V/2019

(1) Downes, Larry y Mui, Chunka (1999). Aplicaciones asesinas. Estrategias digitales para dominar el mercado. Harvard Business School Press: Boston (Massachusetts). El título, que se antoja como imposible, ha intentado respetar el del original en inglés, aunque hubiera sido más correcto el de Desarrollos devastadores. Recomiendo consultar el constructo “aplicación asesina” (killer app) en el mundo digital, para comprender bien su significado exacto.

El entusiasmo de los que tenemos el alma alada

ALMA ALADA

Desde que Manuel Rivas me orientó una lectura urgente para almas aladas, El alfabeto alado, tengo una deuda con él, porque algo me ha pasado que me recuerda con ardiente impaciencia que debo leer el libro de Mario Satz, mucho más cuando descubro un resumen apresurado del mismo, programático para almas entusiasmadas: “Entre el alma humana y las mariposas existe un estrecho parentesco: lo que en una es oscilación y ascenso en las otras es aleteo y color. Aristóteles fue el primero en acuñar la palabra psique para designar ese nexo, y, tras él, poetas y pintores representaron el alma alada, frágil e inasible pero hermosa. Hoy es la fotografía la que documenta la vida de estos espléndidos insectos, cuya milagrosa existencia muestra a su vez cuán volátil y extraordinaria es la vida humana. Breves e intensos, los relatos que Mario Satz reúne en este bellísimo libro dan cuenta de las aventuras y desventuras de esas joyas aladas que han dado lugar a tantos mitos, leyendas y fábulas dignos de ser recordados” (1).

Es verdad. En tiempos modernos es difícil reconocer el papel tan importante que juega la filosofía para comprender qué está pasando en el mundo actualmente. Mi alma alada de aprendiz de filósofo que hace camino al andar, me ha llevado a mi biblioteca de secreto para volver a leer un diálogo precioso de Platón, Fedro, a ver si soy capaz de entender este loco mundo en el que me ha tocado vivir. Y he localizado un pasaje que nunca he olvidado para comprender la locura de vivir entusiasmado, dentro del texto y contexto de la alegoría del carro alado, donde se explica que el alma humana es el auriga que tira de dos caballos, uno de ellos bueno y el otro, malo: “Cómo es el alma, requeriría toda una larga y divina explicación; pero decir a qué se parece, es ya asunto humano y, por supuesto, más breve. Podríamos entonces decir que se parece a una fuerza que. como si hubieran nacido juntos, lleva a una yunta alada y a su auriga. Pues bien, los caballos y los aurigas de los dioses son todos ellos buenos, y buena su casta, la de los otros es mezclada. Por lo que a nosotros se refiere, hay, en primer lugar, un conductor que guía un tronco de caballos y, después, estos caballos de los cuales uno es bueno y hermoso, y está hecho de esos mismos elementos, y el otro de todo lo contrario, como también su origen. Necesariamente. pues, nos resultará difícil y duro su manejo” (2).

En el contexto anterior es donde radica el significado profundo de Platón, al referirse al alma alada: “Por eso, es justo que solo la mente del filósofo sea alada, ya que, en su memoria y en la medida de lo posible, se encuentra aquello que siempre es y que hace que, por tenerlo delante, el dios sea divino. El varón, pues, que haga uso adecuado de tales recordatorios, iniciado en tales ceremonias perfectas, sólo él será perfecto. Apartado, así, de humanos menesteres y volcado a lo divino, es tachado por la gente como de perturbado, sin darse cuenta de que lo que está es “entusiasmado” (3).

Vivir entusiasmado es “estar en lo divino”, “estar poseído por alguna divinidad”, de acuerdo con la etimología griega del verbo “enthousiasmós”. Nuestro Diccionario de la Lengua Española, en su actualización de 2018, lo carga de sentido actual en las acepciones primera, segunda y tercera del lema “entusiasmo”: “1. m. Exaltación y fogosidad del ánimo, excitado por algo que lo admire o cautive; 2. m. Adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño; 3. m. Inspiración divina de los poetas antiguos y de los profetas. Además, como soy un inconformista pleno con lo que ocurre en este mundo y no me gustan muchas cosas de lo que ocurre a diario en él, es decir, como me perturban muchas cosas de lo que pasa, sin saber por qué pasan muchas cosas, quiero recordar el sentido del “enamoramiento” de la vida junto a las personas que más amo, alzando el vuelo continuamente para ver más allá de mi pequeño micromundo, leyendo otra vez a Platón, en Fedro: “Y aquí es, precisamente, a donde viene a parar todo ese discurso sobre la cuarta forma de locura, aquella que se da cuando alguien contempla la belleza de este mundo, y, recordando la verdadera, le salen alas y, así alado, le entran deseos de alzar el vuelo, y no lográndolo, mira hacia arriba como si fuera un pájaro, olvidado de las de aquí abajo y dando ocasión a que se le tenga por loco. Así que, de todas las formas de «entusiasmo», es ésta la mejor de las mejores, tanto para el que la tiene, como para el que con ella se comunica; y al partícipe de esta manía, al amante de lo bello, se le llama enamorado” (4).

Vuelvo otra vez a mi hombre de secreto, que no el de todos, para reflexionar la frase que regaló en una ocasión el escritor Lobo Antunes en el acto de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara (México), en noviembre de 2008, transfiriendo una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana, alada, que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, entusiasmados con nuestras almas aladas.

Sevilla, 19/V/2019

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://binged.it/2HpRw2j 

(1) http://www.acantilado.es/catalogo/el-alfabeto-alado/
(2) Platón (1986). Diálogos III (Fedón, Banquete, Fedro). Madrid: Gredos, p. 345.
(3) Platón, Ibidem, p. 352.
(4) Platón, Ibidem, p. 35

El rabioso tiempo real

RABIOSO TIEMPO REAL

El rabioso tiempo real es una locución que utilizábamos con frecuencia en mi dilatada experiencia directiva sobre estrategias públicas digitales. Sobre todo, en las estrategias de salud digital porque de lo que trata es de atender la vida de cada persona en situación de salud y enfermedad. Nos iba la vida, en su sentido más literal, en que todo funcionara a la perfección, el hardware y el software de la historia de salud digital y, obviamente, en las telecomunicaciones que pretendían salvar el rabioso tiempo real.

El adjetivo “rabioso” es de dudosa utilización en esta locución y siempre me ha llamado la atención, porque estaba convencido de que era una situación de “vehemencia” para que todo funcionara a la perfección y cuando se necesitaba, no tanto de las restantes explicaciones que recoge el Diccionario de la lengua española acerca del lema “rabioso”, en su actualización de 2018, de difícil encaje en esta interpretación de la locución digital expuesta: 1. adj. Que padece rabia. U. t. c. s.; 2. adj. Colérico, enojado, airado; 3. adj. Vehemente, excesivo, violento.

Me quedo con la acepción de vehemencia porque de lo que se trata es del tiempo real como la vida misma. Esta es una de las aportaciones maravillosas del mundo digital en el que vivimos, estamos y somos. No hablamos, por tanto, de tiempo que padece rabia, tiempo colérico, enojado, airado, excesivo o violento. Sí, de tiempo real, vehemente, porque nos va la vida en ello. Hoy queremos tener todas las cosas en el momento y véase la proliferación del mercado en Internet. Pero, si de lo que se trata es de nuestra vida, sobre todo en etapas de enfermedad, no tanto de salud, aunque nos preocupa que todo ocurra en el instante que necesitamos algo o alguien, el rabioso tiempo real es imprescindible que funcione a la perfección en el mundo digital. Existe inteligencia digital y tecnología más que suficientes para que lo podamos exigir a las autoridades políticas que gobiernen en cada momento. Es un problema de inversión y no tanto de gasto.

En el mundo digital en el que vivimos, en rabioso tiempo real, nos tenemos que enfrentar de una vez por todas a esta pregunta de rabiosa actualidad, si nos instalamos en el mundo de ciudadanos rabiosos, tal y como lo explicaba muy bien Mario Vargas Llosa en un artículo dedicado a los ciudadanos rabiosos, en el que explica el nacimiento de esta locución, Wutbürger, que quiere decir “ciudadano rabioso”. ¿Inversión o gasto digital? Ya lo escribí (con rabia digital, que también existe), en su momento, en este cuaderno digital, cuando dediqué una serie a la Política Digital de Estado: “Esta es la pregunta del millón de dólares para muchos descreídos digitales, que ya han resuelto determinados responsables TIC, políticos y técnicos, que aun conociendo la realidad digital en España miran para otro lado y con gran desparpajo vergonzante tienen respuesta a la misma: gasto y solo gasto. Pero esto no es así y no es verdad para los que conocemos la realidad del gasto público digital en España desde hace muchos años, porque es un clamor entre los profesionales del sector que en España se gasta mucho en soluciones digitales de software y, sobre todo, hardware, con una proliferación de chiringuitos digitales, porque no se toman medidas contundentes y claras para contenerlo con soluciones tecnológicas de reutilización de software y consolidación de centros de procesos de datos, por ejemplo, que supondrían ahora una inversión inicial pero que contendría el gasto a muy corto plazo”.

Para ello es necesario que de una vez por todas se eleven estas decisiones a rango de política digital (rabiosa) llevada a cabo por un Gobierno Digital fuerte, bien armado, con altura de miras y dependiente directamente de la presidencia del Gobierno, para abordar con carácter inmediato una revolución digital en este país, con altura de miras y que suponga un beneficio a corto plazo, tanto cualitativo, como cuantitativo, con una estrategia digital declarada con disposiciones de carácter sustantivo que se pueda proyectar luego en las Comunidades Autónomas que respeten en determinados artículos las peculiaridades de cada una, pero nunca permitiendo la falta de equidad en la accesibilidad digital a los recursos públicos.

Esta política digital acabaría con las tómbolas digitales de recursos financieros, subvenciones, Fondos FEDER, financiación de planes y proyectos sin mezcla de beneficio alguno, sin orden ni concierto en muchas ocasiones por controles políticos no inocentes, solo para exquisitos digitales o buscadores digitales de última hora, que no benefician ni buscan el interés general digital que debería perseguir su finalidad pública implícita. También con los miles de chiringuitos digitales montados e instalados, que no implantados, por todo el país, bajo el eslogan de que “a mí que no me llamen”, despreciando casi siempre el buen hacer digital de los otros. Otro gallo cantaría si pudiéramos conocer de una vez por todas los extraordinarios recursos digitales que ya existen tanto en software y hardware pagados con dinero público, de todo el país, y se pudiera disponer de ello a modo de Repositorio Común Digital, por imperativo legal y “rabioso”, por supuesto, no por mera discrecionalidad, con plena disponibilidad para las Administraciones Públicas, como está ya legislado de forma tímida todavía y que tan poco caso se le hace.

Tengo la respuesta muy clara a la pregunta formulada: inversión cualitativa y cuantitativa, inversión urgente para controlar urgentemente también el gasto digital actual. Si hubiera política digital administrada por un Gobierno Digital a nivel de Estado, con proyección legal a las Comunidades Autónomas que serían participantes activas en el desarrollo de esta nueva política, podríamos abordar con carácter inmediato una auditoría para conocer, una vez más con urgencia, la situación digital del país, desoladora por supuesto desde la perspectiva de gasto público nacional y territorial, para que se pudieran tomar medidas urgentes de contención del mismo en reutilización del software y consolidación masiva de infraestructuras digitales, por un efecto inversor inmediato que supondría taponar la hemorragia económica de gasto TIC que se está produciendo todos los días. Acciones que llevarían a clausurar de forma inmediata tómbolas y chiringuitos digitales extendidos por todo el país.

La catetez digital, que también existe, nos lleva a situaciones pintorescas de despreciar casi siempre lo que los demás hacen bien y con soluciones digitales a veces de más calidad que las nuestras. Pero nos puede la trinchera de la autonomía mal entendida y lo de los demás, en principio, es para no fiarse mucho. No digamos nada, si el Estado o esa Comunidad la preside otro partido político. Las TIC no son inocentes, pero permiten practicar ética digital de una gran calidad cuando garantizan la equidad en la accesibilidad a servicios públicos digitales a través de algo tan sencillo y al alcance toda la ciudadanía como un teléfono, instrumento revolucionario para obtener bienestar social o el mando a distancia del televisor inteligente. Eso sí, a precios razonables y que respondan al rabioso- tiempo real que nos rodea.

Sabemos, por desgracia, que todo necio digital, confunde hasta la saciedad, valor y precio. Ese es el auténtico problema de fondo del rabioso tiempo real como derecho ciudadano en el mundo digital. Todo lo dicho anteriormente, es de rabiosa actualidad, por supuesto. Está pasando y, a veces, no lo estamos viendo ni disfrutando porque algunos desprecian la atención pública digital al rabioso tiempo real de la vida y, sobre todo, aplicado al interés general de la ciudadanía en su intramundo de educación, salud y atención permanente a personas mayores, que se debería llevar a cabo con preferencia absoluta sobre el interés no inocente del mercado (digital. por supuesto).

Sevilla, 16/V/201

Se nos ha muerto, como del rayo, Alfredo Pérez Rubalcaba

ALFREDO PEREZ RUBALCABA

He dejado pasar unos días desde que tuve la primera noticia del ictus que sufrió el pasado miércoles Alfredo Pérez Rubalcaba y que finalmente no pudo superar. La verdad es que el país se ha volcado en el reconocimiento amable hacia una persona que fue casi todo en el partido socialista. Por algo será. No lo conocí personalmente, pero le he seguido atentamente, a lo largo de los años, en el camino político que hizo al andar sin volver la vista atrás. Hizo una política digna, amable, con las personas que comprendieron su forma de ser y estar en el mundo, humilde, sobre todo.

Del Ciudadano Alfredo recuerdo muchas cosas que me enseñaron a comprender la política como servicio al interés general de la ciudadanía por encima de todas las cosas. Él, mejor que nadie, conocía bien la química del ser humano, la condición humana según André Malraux. Porque el laboratorio de la vida le permitía entrar y salir diariamente en la sala de los microscopios del departamento de ética política.

Es muy normal y lo hemos podido presenciar en estos días de duelo, que los panegíricos afloran casi por ensalmo. Es muy común en la clase política realizar maniobras de aproximación a las personas que mueren en pleno ciclo vital y ensalzarlos cuando no lo hicieron en vida, incluso cuando los han maltratado de palabra y obra hasta límites insoportables. Llevo muy mal estos duelos vacíos y sin sentido. Pero la condición humana es así. Malraux lo dejó escrito.

Las personas que quiero saben que siempre comento la muerte como una pregunta en vida de muy difícil respuesta, como a otras cuestiones que nos ocupan y pre-ocupan [sic] todos los días. Ante esta situación siempre recuerdo la voz de la experiencia histórica de una persona de comunidad, de nombre Eclesiastés, que tuvo que enfrentarse al auténtico problema de la muerte, que en el fondo es un problema de cómo comprendemos y valoramos el tiempo. Y he encontrado en él una sabia respuesta ante la ausencia del compañero Alfredo.

En la vida hay tiempo para casi todo, porque todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, matar, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra, y paz. Ante este panorama complejo, cuando se aproxima la realidad de la muerte, todo se encierra en tres preguntas fundamentales sobre el factor tiempo en vida:

– ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿Qué saca cualquier persona de todo su fatigoso afán bajo el sol?

– ¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de los animales desciende hacia abajo, a la tierra?

– ¿Quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?

No conocemos las respuestas, cuestión que nos deja solos ante el peligro de un mundo diseñado muchas veces por el enemigo. Para los que buscamos desesperadamente comprender estas ausencias sin el apoyo de Dios, el Eclesiastés nos dejó una clave maravillosa que enmarca una respuesta posible: caminar juntos buscando la felicidad y hablar de Alfredo con entusiasmo, de sus cosas, de su forma de hacer política, de su visión de Estado por encima de todas las cosas políticas, de cómo nos enseñó a amar por encima de todo, en su Cielo Político tan particular, incluso de forma que no todo el mundo comprende: “más valen dos personas que una sola, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo, pues si cayeren, una levantará a la otra; pero ¡ay de la persona sola que se cae!, que no tiene quien la levante. Si dos se acuestan, tienen calor; pero la persona sola ¿cómo se calentará?”. Todo es más sencillo así, porque la amistad entre personas que admiran la política y a los políticos honestos que hacen camino ético al andar, es como la cuerda de tres hilos, que no es fácil romper.

Sevilla, 12/V/2019

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://aniversario.elpais.com/alfredo-perez-rubalcaba/

La luz malva de las seis de la tarde

LA HORA MALVA

…Me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer…

Gabriel García Márquez,  Vivir para contarla, pág. 367

La lectura de un artículo publicado hoy en el diario El País, A la luz malva de las seis en Cartagena de Indias. En busca de los escenarios reales y literarios de Gabriel García Márquez en la ciudad colombiana, cinco años después de su muerte, me ha llevado de la mente y de la mano a unas palabras que dediqué en 2016, en este sentido, a mi querido maestro Gabriel García Márquez, en el segundo aniversario de su fallecimiento en Ciudad de México.

Vuelvo a leerlas detenidamente, porque me muevo fácilmente entre la hora malva tan querida por Gabo y la hora azul de todos los días, que tanto aprecio (aunque no es lo mismo…). Quizá porque tengo grabadas en mi alma de aprendiz de escritor las palabras que publiqué en aquel post de mayo de 2016, tan cercanas hoy.

La hora malva

El pasado sábado [21 de mayo de 2016] se celebró un acto conmemorativo del segundo aniversario del fallecimiento de Gabriel García Márquez, en Cartagena de Indias (Colombia), para recibir las cenizas del escritor, a su querida hora malva, porque allí nacería de nuevo un sentimiento de leer con pasión a Gabo, para que lo contáramos los que aún vivimos. Es curioso, porque vivimos a diario con el sobresalto de noticias que se generan en un mundo diseñado a veces por el enemigo y precisamente este sábado lo había recordado, sin conocer el encuentro citado, yendo del timbo al tambo de la vida de secreto, como tantas veces en mi caminar diario.

Gabriel García Márquez, mi querido Gabo, me ha recordado también hoy la necesidad de volver a leer su prólogo de Doce cuentos peregrinos  -obra que recomendaré siempre para las mesillas de noche de las personas que me acompañan en nuestra “Isla Desconocida”-, una obligación ética al escribir palabras que se entregan a los demás, cuando se navega en los mares procelosos atómicos y digitales de la turbación ignaciana. Hoy, cuando retomo -no sin dificultades anímicas- esta bendita y sacrosanta ob-ligación [sic, con guión] de escribir apasionadamente para la Noosfera, resuenan sus palabras con una fuerza especial: “Aquí está, listo para ser llevado a la mesa después de tanto andar del timbo al tambo peleando para sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”.

Es verdad. Aquí estará listo el post de hoy, para ser llevado a tu mesa, cuando voy permanentemente de mi corazón a mis asuntos, del timbo al tambo particular, personal e intransferible. Cerebro y corazón, básicamente el cerebro, para los que nos acercamos con tanto respeto a él, que nos recuerda permanentemente su papel estelar en la vida, porque diversas estructuras cerebrales todavía atómicas hacen posible escribir la historia jamás contada de vivir de forma controlada para no ir del timbo al tambo. A ser posible, para garantizar que se camina en la búsqueda de asuntos importantes para la felicidad. Y estos días que pasan, pero que en algunas y algunos se quedan, estamos viviendo momentos trascendentales para cada persona, para la sociedad, para la política del país, para la ciudadanía, para las familias, para las amigas y amigos a los que queremos, con los que estamos obligatoriamente obligados a vivir, estar y, lo más difícil, ser.

En la hora malva de Gabo, comprendo bien un mensaje implícito: somos peregrinos en un camino hacia alguna parte, aunque a veces vayamos del timbo al tambo, como desorientados por la incertidumbre de lo que nos pasa en la vida, para comprender lo que solo se puede alcanzar en una disciplina de silencio y de encuentro con nosotros mismos, para responder a situaciones, preguntas y fracasos humanos y sociales que no alcanzamos a entender nunca.

Por eso doy vueltas a mi corazón, a mis asuntos. Porque no todos vamos en el mismo barco, porque suelo decir que navego casi siempre en patera, al lado de algún barco fletado para orientar a la “Isla Desconocida”, una patera sin quilla pero con Norte. Un barco en el que me suelo sentar en la amura de babor ideológico al que tanto quiero, porque no todas las ideologías son iguales, porque tampoco todas y todos somos iguales, porque no me da lo mismo lo que pasa cada día. Porque no todo es mercancía y mercado. Porque no hay que confundir valor y precio. No es lo mismo, no es lo mismo…

Lleva razón Gabriel García Márquez en su prólogo: el que lea este post (por qué no este cuento) sabrá qué hacer con él. Como me pasa a mí al escribirlo. Porque la perspectiva del tiempo es lo que permite poner cada cosa en su sitio y hacer, de vez en cuando, una parada en la posada más querida. Como ha hecho él en Cartagena de Indias. Como peregrino de la felicidad. De la vida. A la hora malva del alma.

Sevilla, 5/V/2019

El saber no ocupa lugar, pero cada vez tengo menos sitio

CEREBRO PROF TOGA UCLA

Me lo repetían sin cesar mis profesores cuando era un niño y pensaba y actuaba como un niño: el saber no ocupa lugar, pero a estas alturas de la vida de persona mayor cada vez tengo menos sitio en mi cerebro, sobre todo cuando tienes que asimilar noticias como las que se han difundido los últimos días, en diferentes medios de comunicación, en referencia a Dios, el cerebro y la inteligencia humana. No es un problema de espacio sino de asimilación real y efectiva de la evolución humana y de la velocidad de vértigo que lleva.

La primera noticia era clara y concisa: “Dios no nos ha creado a nosotros: los humanos hemos creado a Dios”, como resumen de una entrevista al genetista Ginés Morata, miembro de la Royal Society del Reino Unido y de la Academia Nacional de Ciencias de EE UU. No es una sorpresa para mí, porque ya he escrito en numerosas ocasiones en este blog sobre la dialéctica creacionismo versus evolucionismo, decantándome claramente sobre este último que respeta las creencias del ser humano a lo largo de los siglos, en la larga senda de la vida durante millones de años que va desde alfa hasta omega, es decir, desde el origen hasta el futuro del ser humano, que antes solo se refería al “hombre”.

La segunda noticia era también sorprendente, escuchando a la primatóloga Jane Goodall, en un vídeo educativo: “En fin, sabéis que hemos creado cohetes capaces de llegar hasta Marte y soltar un pequeño robot que se dedica a dar vueltas por el planeta rojo para hacer fotos. Hemos visto las fotos, y aunque antes pensábamos que podía haber vida tal como la conocemos en ese planeta, nos hemos dado cuenta de que no. Si habéis visto las fotos, no dan muchas ganas de vivir allí. ¿No es raro que la criatura más inteligente que ha caminado sobre la faz de la Tierra esté destruyendo su único hogar? Tenemos intelecto, pero en realidad no somos tan inteligentes. Hemos perdido la sabiduría. Tomamos decisiones basándonos en: “¿Cómo me ayuda esto a mí, a mi familia, ahora, en la próxima junta de accionistas, en mi siguiente campaña política?”. Y no pensamos en cómo nuestras decisiones afectarán a las generaciones futuras. Me parece que hay una desconexión entre este cerebro tan listo y el amor y la compasión, el corazón humano. Y estoy convencida de que solo podemos alcanzar nuestro potencial humano cuando la cabeza y el corazón están en armonía”.

Cuando era joven y pensaba las cosas de joven, descubrí a un pensador que ha sido un maestro de vida y al que he dedicado la quintaesencia de este blog, Pierre Teilhard de Chardin, fundamentalmente porque comprendí bien la ardua tarea de desentrañar el recorrido que va desde el alfa de la vida humana hasta su omega, como complementario. Así lo he descrito en artículos de este cuaderno digital que desarrollé bajo el epígrafe de El punto omega, a través de doce entregas que definen bien mi posición teórica y práctica al respecto. El comienzo de aquél camino intelectual era un presagio de lo que desarrollé posteriormente y que invito a leer con la pasión que lo escribí en aquel momento: “Era la una y media de la madrugada. Fue un momento sobrecogedor, difícil de explicar. La última frase del libro “Origen y futuro del hombre”, de Josef Vital Kopp, era un homenaje a cuarenta años de permanencia en algún lugar oculto de mi cerebro, después de aquella primera lectura y análisis en 1966, de meses de estudio hasta que la Autoridad competente me recomendó que no investigara tanto sobre Teilhard de Chardin, porque era una persona que había muerto como había vivido: solo, equivocado de siglo, contraviniendo las teorías de la creación, reviviendo las teorías darwinistas en una nueva interpretación de raíces dudosas acerca de la creación y la evolución de las especies. Desde la portada, pasando por el índice y por mis propias anotaciones, pasaron imágenes y secuencias extraordinarias para un joven de dieciocho años que había descubierto que otro mundo era posible. Y he vuelto a leer página a página al autor que interpretando a Teilhard de Chardin me llevó de la mano (creo que también de la inteligencia) a descubrir una interpretación del mundo que se simboliza en la cabecera de este diario digital: el mundo sólo tiene interés hacia adelante (Tientsin, 1923, recogida en sus Lettres de voyage, 1923-1939)”.

Posteriormente, me fascinó siempre el mundo críptico del cerebro, al que he dedicado muchos años de investigación y al que sigo mostrando un respeto reverencial. Obviamente, a la inteligencia en todas sus manifestaciones, pero con una idea clara: es la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas. Hoy, en el mundo digital en el que estamos instalados, para resolver esos problemas con la ayuda de las tecnologías de la información y de la comunicación. Este blog es una muestra nada más del fascinante mundo del cerebro en el que he intentado divulgar el conocimiento de sus maravillosas estructuras que nos permiten tomar decisiones a diario, para bien o para mal, esa es la cuestión.

La grandeza del ser humano radica en demostrar a través de la inteligencia que lo biológico (la biosfera) solo tiene sentido cuando va hacia adelante y se completa en la malla pensante de la humanidad, en la malla de la inteligencia (la Noosfera). En definitiva, la tesis fundamental de Teilhard radicaba en llevar al ánimo de los seres humanos la siguiente investigación: estamos “programados” para ser inteligentes. Para los investigadores y personas con fe, la posibilidad de conocer el cerebro es una posibilidad ya prevista por Dios y que se “manifiesta” en estos acontecimientos científicos. Para los agnósticos y escépticos, la posibilidad de descubrir la funcionalidad última del cerebro no es más que el grado de avance del conocimiento humano debido a su propio esfuerzo, a su autosuficiencia programada. in lugar a dudas, entre otras razones entrelazadas entre sí, por culpa de FoxP2, el gen que, con un juego de palabras más o menos acertado, mejor se expresa. El cerebro vuelve a maravillarnos de nuevo hoy, a través del conocimiento científico del gen FoxP2, que me permite volver a centrar el foco de interés cerebral en la génesis y desarrollo de la habilidad del lenguaje humano, gracias a la expresión correcta y ordenada de este gen.

En definitiva, a pesar el poco sitio que me queda en el cerebro, la ciencia me dice que no es verdad porque cien mil millones de neuronas están viajando constantemente en nuestra corteza cerebral para responder a un programa de vida genético que luego tiene que modularse con el medio en el que cada ser humano nace, crece, se multiplica y muere. La estructura del cerebro al nacer “ya está instalada” que diría Gary Marcus. Antes, incluso, de la mejor mudanza existencial que existe: nacer a la vida, en el esquema de frase del cómico americano Steven Wright, al afirmar que escribía un diario desde su nacimiento y como prueba de ello nos recordaba sus dos primeros días de vida: “Día uno: todavía cansado por la mudanza. Día dos: todo el mundo me habla como si fuera idiota”. Pero estamos obligatoriamente obligados a viajar constantemente hacia alguna parte. Hacia dónde solo merece la pena (yo diría la alegría…) cuando es hacia adelante. Lo manifiesto así por coherencia con lo que yo vivo diariamente en una mudanza cerebral, personal e intransferible, como determinadas nieves: perpetua. Porque no lo sé todo, porque no tengo garantizado casi nada, porque cada vez voy más ligero de equipaje, porque no me gusta mirar atrás y menos con ira, porque este siglo tiene horizontes de grandeza que no coinciden con mis patrones de educación para ser un buen ciudadano, porque el trabajo público está cada vez más “tocado” respecto del bien común, porque se confunde habitualmente valor y precio, porque la ética está en horas bajas, porque el sufrimiento de las personas que quiero sigue haciéndome preguntas que no sé contestar, y porque constantemente me adelantan las personas maleducadas por la izquierda y por la derecha, en el pleno sentido de las palabras.

Y en mi evolución de pensamiento no creacionista he recordado que Adán y Eva no fueron expulsados…, sino que se mudaron a otro Paraíso para buscar la felicidad humana. Quizá es lo que necesito hacer hoy ante la sensación de que cada vez me queda menos sitio en mi cerebro para comprender lo que pasa en el mundo próximo y lejano de cada uno, que comparto con la noosfera, la malla pensante digital de la que ya hablaba hace más de un siglo Pierre Teilhard de Chardin, a quien debo una de mis mudanzas interiores más llena de turbación.

Sevilla, 2/V/2019

Nota: la imagen la obtuve en 2007 por cortesía del Prof. Arturo Toga, neurólogo en la Universidad de California, de Los Ángeles (LONI), y director del Centro para la biología computacional, cuando publiqué mi libro: Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital. Esta imagen del cerebro humano utiliza colores y formas para demostrar diferencias neurológicas entre dos personas.

¡Adelante, el pueblo unido jamás será vencido!

La ardiente paciencia que aprendí de Neruda ha encontrado al final de las elecciones generales un resultado que responde a mis principios éticos para vivir dignamente, interpretando la política que transforma la sociedad, sabiendo que, si no gustan a los demás, no tengo otros. Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia rediviva en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo y sentimiento de clase no nos importaba sentirnos parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importa hoy, con el triunfo electoral de la izquierda, que los que no están en este espacio ético se burlen de nuestras “utopías”, como los de siempre y para tranquilizar sus conciencias han llamado y quieren seguir llamando a toda pre-ocupación [así, con guion] por los demás desde las políticas de izquierda, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general y de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero, que poderoso caballero es).

Vuelvo a escuchar a Quilapayún, que ocupa un puesto estelar en la banda sonora de mi vida, escuchando un himno precioso, El pueblo unido, jamás será vencido, con una letra que resume muy bien el triunfo de la izquierda en estas elecciones generales, que se resume en una frase programática: será mejor la vida que vendrá a conquistar nuestra felicidad. Sinceramente, lo necesitamos.

El pueblo unido, jamás será vencido, / el pueblo unido jamás será vencido…

De pie, cantar / que vamos a triunfar. / Avanzan ya / banderas de unidad. / Y tú vendrás / marchando junto a mí / y así verás / tu canto y tu bandera florecer. / La luz / de un rojo amanecer / anuncia ya / la vida que vendrá. / De pie, luchar / el pueblo va a triunfar. / Será mejor / la vida que vendrá / a conquistar / nuestra felicidad / y en un clamor / mil voces de combate se alzarán, / dirán / canción de libertad, / con decisión / la patria vencerá. / Y ahora el pueblo / que se alza en la lucha / con voz de gigante / gritando: ¡adelante!

El pueblo unido, jamás será vencido, / el pueblo unido jamás será vencido…

Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para el país. Ahora toca complicarnos la vida para salvar el interés general y sus prioridades: el empleo para todos lo que permanecen en vida laboral activa, la educación y salud, públicas, por supuesto, la ordenación y organización del territorio que sume las peculiaridades de cada comunidad autónoma que conforma el caleidoscopio nacional, la urgente atención al cambio climático y la atención a las personas mayores, sus pensiones, su dependencia, incluyendo el ocaso de la vida, el bien morir si es necesario. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra, porque hay tajo para todos. La responsabilidad es colectiva no solo de los que nos representan políticamente en el partido triunfador en estas elecciones y la de sus posibles y necesarios asociados. El éxito de la izquierda es, como lo que ocurre con el campo, para quienes lo trabajan sin descanso. Merece la pena, porque en la izquierda digna se sabe que cuesta mucho esfuerzo personal y colectivo mantener abiertas las grandes alamedas por donde pasan las personas libres y felices para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra.

Sevilla, 29/IV/2019

NOTA: el vídeo se ha recuperado hoy de: https://youtu.be/LWlkWPXfvXc

La hora de los indecisos

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Dice el Diccionario de Autoridades que indecisión es la “falta de determinación o resolución en alguna materia que se controvierte”. El adjetivo “indeciso” viene a cerrar el círculo del desasosiego ético por excelencia en dos acepciones del citado diccionario: “no decidido o resuelto”, aunque “vale también, dudoso o indeterminado en lo que se debe hacer”. Hoy, el día de las elecciones generales de 2019 en este país, estamos en la cuenta atrás a la hora que escribo este artículo para el cierre de las urnas a las 20:00 horas. La situación política de España es de tal transcendencia que hoy es el Día [así, con mayúscula] de los que deciden en democracia en el acto más significativo de la misma, la emisión del voto.

Es urgente tomar decisiones a la hora de votar. Depositar nuestra decisión política en las urnas es imprescindible para el buen gobierno del país, con determinación o resolución en el partido que se elige a través de sus legítimos representantes. Más preocupante es cuando a la indecisión se une la tibieza política, que ya he comentado en otras ocasiones en este cuaderno digital: Dios lo tuvo claro hace ya centenares de años, tal y como nos lo transmitió el Apocalipsis, en versículos fáciles de recordar (número pi): conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca (Ap. 3, 14-16). Así de claro, sin tapujos.

Tengo grabadas también en mi persona de secreto las escenas de la cuenta atrás del reloj, en El último tren de Gun Hill o en Solo ante el peligro. Son momentos estelares que han marcado la historia del cine, que podemos traer a nuestra realidad presente, salvando lo que haya que salvar, en un día tan especial como hoy. Son escenas de hora límite. Hoy buscaré una vez más, esperando a las 20:00 horas, cuando se cierren las urnas, las razones que todos deseamos tener para escudriñar mejor el revés y el derecho de nuestra vida política, solos y solas ante el peligro del silencio cómplice de determinadas personas (todos no somos iguales), por la indecisión paralizante y por el absentismo clamoroso y dañino en momentos cruciales de la democracia en este país, en las elecciones generales. De ahí la importancia de votar con determinación, resolución, decisión y convencimiento, alejados del oscuro objeto de la indecisión o del absentismo.

Sevilla, 28/IV/2019

 

 

La jornada de reflexión hermosea la democracia

ENCRUCIJADA

Estoy en mi rincón de pensar y leo de nuevo un artículo que publiqué el año pasado, cuando reflexionábamos sobre el voto en las elecciones de Andalucía. Suscribo su contenido sin quitar nada, solo actualizar su tiempo y su momento: “Me he detenido a leer con detalle las diferentes modalidades del lema “reflexión” y sus derivados en el Diccionario de Autoridades que tanto aprecio y en su contexto he descubierto una palabra vinculada con el adverbio de modo “reflexivamente” que recupero para festejar esta jornada. Se trata del verbo “hermosear” que vinculo hoy a la democracia porque ésta se hermosea con la reflexión que podemos llevar a cabo antes de acudir al acto de votar. Votar enriquece la democracia, la hermosea que decían los clásicos, porque mediante el voto responsable se considera y se da una segunda oportunidad a nuestro acto de decidir porque, en definitiva, se piensa más cuidadosamente todo.

Así reflexionaban nuestros antepasados del siglo XVIII en este país y así lo recogió el Diccionario de Autoridades (1734) para la posteridad, enriqueciendo ese acto tan sencillo, aparentemente, de reflexionar. La calidad intrínseca que contiene el verbo hermosear también lo recoge el citado diccionario con una acepción preciosa: “Hacer vistosa, perfecta y hermosa una cosa”. Quizá está ahí su encanto, porque si reflexionamos hoy sobre lo que va a ocurrir mañana a través de mi voto responsable, con sus consecuencias obvias, hacemos vistosa, perfecta y hermosa la democracia.

Para que no se olvide ni siquiera un momento en esta jornada tan vistosa de reflexión”.

Sevilla, 27/IV/2019

NOTA: la imagen se ha recuperó el 1 de diciembre de 2018 de http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/04/10/inmigracion-y-nuevas-encrucijadas-como-ser-profeta-en-un-mundo-diverso