Diario de mi zaratán / 3. Halcyon

Acelerador lineal Halcyon

Sevilla, 13/III/2026 – 08:02 UTC (CET+1)

Comenzó 2026 con una pregunta en mi persona de secreto que debo a Pablo Neruda, porque ante la realidad inexorable de mi zaratán declarado en una vida propia, sujeta a un calendario inexorable de días, meses y años, uno tras otro, sin parar y sin caminos intermedios, horas, minutos y segundos, uno tras otro también, perfectamente organizados y sincronizados, resonaba con fuerza en un ambiente festivo:  ¿Y cómo se llama ese mes / que está entre Diciembre y Enero? (Libro de las preguntas, capítulo XLVI).

La verdad es que en ese tránsito entre la cruda realidad de diciembre y la incertidumbre de enero, me sembraba dudas la rigidez del calendario gregoriano, porque caían sus hojas en una dialéctica de pasado y porvenir incierto. Es algo así como si la vida me permitiera parar el tiempo ante el vértigo de la cruda realidad. El calendario de mi vida se acababa de convertir en lo más íntimo de mi propia intimidad (San Agustín, dixit: intimior intimo meo). Quizás había llegado el momento de interpretar el tiempo fuera de su encorsetado cronograma y primar esta búsqueda de razones positivas para vivir cada segundo de cada día, de cada mes, para que parezca que el tiempo se detiene en un ciclo que sólo debería tener un nombre: felicidad. Neruda continúa en el capítulo citado con más preguntas, no pudiendo añadir más meses al calendario: ¿Por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
¿No te engañó la primavera
con besos que no florecieron?
Ahí estaba mi humilde respuesta a preguntas pertinentes: diciembre me había demostrado que mi zaratán estaba vivo, en fechas proclives para la felicidad. No quería en enero de 2026 que diciembre durara todo el año… La realidad es que cuando buscamos la felicidad desesperadamente, lo de menos es cuantificar el tiempo en horas y días, por ejemplo, cuando parece que se detiene “como si no pasara o se nos fuera casi sin darnos cuenta” en nuestra realidad más próxima.

Enero me trajo nuevas noticias: más analíticas, inicio de la terapia hormonal con una inyección con efectos para seis meses y algo muy importante y humano, conocer a mi oncólogo de cabecera que me acompañará en este proceso de vencer al zaratán durante cinco años. Más consultas de urología y el inicio de otra terapia farmacológica durante dos años en esta lucha sin cuartel. He recordado siempre a Josefito Figuraciones, el protagonista de El zaratán, cuando salía al campo a matar con su rodrigón y con todos los medios que podía, todo lo que se encontraba que tuviera un parecido con el zaratán que estaba alojado en el pecho de Cinta Marín, lagartos incluidos, calentureros, gañafotes y escarabajos que se iba encontrando, porque pensaba en el “don de la ubicuidad” que tenía el temido zaratán y que él no poseía. Había que matarlo como fuera y a modo de Persefito, llevarlo “arrastrado por todo el pueblo, como un trofeo, a su pobre y desvalida Cinta Marín”.

Quedaba comenzar con la radioterapia y allí me esperaba un ritual y una sorpresa. Respecto del ritual, sabía que tenía que respetar durante todo el proceso una dieta severa, acudir a Oncología Radioterápica del hospital público Virgen del Rocío, durante 23 días, cinco días a la semana, en sesiones muy breves. Preparar cada sesión bebiendo medio litro de agua, esperar la llamada mediante el “turnómetro”, letra-número-letra-número para salvar la confidencialidad, paso a Sala E, donde se aloja el acelerador lineal, colocación en la mesa, deslizamiento para comenzar la radiación dejando libre la cabeza para mejorar el enclaustramiento, música ambiente, cinco a ocho minutos de sesión y vuelta a la posición inicial para regresar a la cabina en la que te has liberado antes de la radiación de la ropa indicada y vuelves a vestirte. Siempre he dado las gracias a las personas que me han atendido y ayudado a colocarme bien en la mesa deslizante y levantarme una vez finalizada la sesión.

Mariposa en el techo de la sala de espera – Oncología Radioterápica HU Virgen del Rocío / JA COBEÑA

Algo que me ha conmovido diariamente es compartir la sala de espera con pacientes de diferentes patologías, algunos como la mía, con desplazamientos lejanos de la capital, pero todos allí sentados en formato escuela, contemplando a veces mariposas en el techo con sus trajes de fiesta y mostrando su libertad alada, esperando ser atendidos por profesionales y con medios muy sofisticados gracias al carácter público del Sistema Sanitario de Andalucía, lejos de la privatización progresiva al que lo lleva el Gobierno autonómico actual.

Habitualmente, en cada sesión está sintonizada una emisora con música y recuerdo perfectamente quién cantaba el primer día, Antonio José, andaluz por más señas, con una canción, Por mil razones, de letra metafórica en ese instante radioterápico:

Por mil razones 
Eres una de mis canciones
La que salva mis errores
La que a todas mis locuras dice: «Sí»

La sorpresa a la que me refería anteriormente fue descubrir el nombre del acelerador lineal en el que he entrado ya veinte días, faltando tres para terminar este ciclo. Se llama Halcyon, fabricado por la empresa estadounidense Varian, hoy formando parte de Siemens Healthineers, con una historia científica apasionante y cuya denominación hace referencia a Alcíone, hija de Eolo (dios de los vientos), y Ceix, rey de Tesalia, formaban una pareja feliz que se comparó con los dioses Zeus y Hera, lo que provocó su ira. Cuando Ceix murió en un naufragio, Alcíone se lanzó al mar por dolor, y los dioses los transformaron a ambos en aves (martines pescadores). Pasando por el túnel del tiempo, la leyenda mitológica descrita se interpretó como la realidad de un ave de nombre Alción, un martín pescador que pone sus huevos en nidos flotantes durante el solsticio de invierno, días Alción, tiempo en el que su padre Eolo calma los vientos para proteger a sus nietos. Todos los días, hoy mismo, he leído el nombre Halcyon en el arco superior, al desplazarse la mesa que me sustentaba en el acelerador lineal al entrar y salir del mismo.

Halcyon cumple su misión de ofrecerme paz y tranquilidad durante las sesiones descritas. Me protege diariamente, como martín pescador redivivo, de las inclemencias del mar proceloso de la vida, de un zaratán concreto al que hay que intentar vencer en su pertinaz existencia.

Cuando salía ayer de la Sala E, me detuve a leer atentamente un cartel informativo sobre la financiación de este acelerador lineal, mi Halcyon. Ha sido a través del Gobierno de España que aprobó el 27 de abril de 2021, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, recogiendo 110 inversiones y 102 reformas con un presupuesto de 140.000 millones de euros procedentes de fondos europeos, entre 2021 y 2026, sustentándose en cuatro ejes de transformación: la transición ecológica, la transformación digital, la cohesión social y territorial y la igualdad de género. A su vez se dividía en 10 políticas tractoras que recogen 30 componentes. Así pues, el Pacto por la ciencia y la innovación y refuerzo del Sistema Nacional de Salud fue la 6ª de las diez políticas tractoras y en ella se encontraba el componente 18 “Renovación y ampliación de las capacidades del Sistema Nacional de Salud”. Fruto de este Plan, concretamente del denominado INVEAT (Inversión en equipos de alta tecnología sanitaria en el Sistema Nacional de Salud), fue la entrada en funcionamiento en marzo de 2023 de este acelerador lineal en el Hospital Universitario Virgen del Rocío, donde me atienden actualmente, gracias a los fondos europeos, financiación que es justo y necesario por mi parte reconocer y agradecer al mismo tiempo, sobre todo porque hay que reforzar la creencia de que el mantenimiento del Estado de Bienestar es posible en nuestra Comunidad, con la ayuda de los fondos europeos, siempre que seamos conscientes de que uno de sus pilares básicos, el Sistema Sanitario Público de Andalucía, es necesario blindarlo de la estrategia de desmantelamiento progresivo que ha sufrido en esta legislatura.

Como se decía en los cines de sesión continua en Madrid, a los que yo asistía cuando era niño, en el momento final de proyectar cada tráiler, “próximamente en ese salón“, este diario de mi zaratán continuará vivo y próximamente podrán seguir leyéndolo en este cuaderno digital. Halcyon, con su buen hacer científico, quedará en mi alma de secreto, porque ahora, haciendo honor a su nombre, me aporta curación, tranquilidad y calma en el mar proceloso de la vida.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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