Para que se olvide el olvido de la muerte del estudiante Javier Verdejo, en los albores de la Transición

Si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que han pasado y pasan en nuestro mundo cotidiano al revés, se calla la vida y la palabra.

Sevilla, 24/III/2026 – 08:00 h CET (UTC+1)

Estamos viviendo tiempos políticos en los que la derecha extrema y la ultraderecha (tanto monta, monta tanto), están ocupadas en la derogación por decreto de las diferentes leyes autonómicas de memoria histórica y democrática. Por esta razón, como ciudadano que profeso respeto reverencial a la vigente Ley de Memoria Democrática, considero una obligación ética inexcusable recordar a Javier Verdejo, un joven almeriense estudiante de Biología en la Universidad de Granada, militante de la Joven Guardia Roja de España (PTE), de tan solo 19 años, que murió el 14 de agosto de 1976, por un disparo de un guardia civil mientras escapaba al ser sorprendido en El Zapillo, un barrio de Almería capital, mientras realizaba una pintada con letras mayúsculas, en rojo, que sólo pudo llevar a cabo hasta la letra “T”, de una frase que comenzaba por la palabra “PAN T”… y que pretendía acabar con una frase reivindicativa y aleccionadora: PAN, TRABAJO Y LIBERTAD.

Pintada incompleta de Javier Verdejo, que le supondría la muerte por un disparo de un guardia civil, el 14 de agosto de 1976, en el barrio El Zapillo (Almería capital)

Este hecho tan luctuoso, calificado por muchos especialistas como asesinato puro y duro, se va a recordar especialmente por la Universidad de Granada, en el 50 aniversario de su muerte, con un acto de homenaje el próximo 8 de abril, en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias, junto a una Exposición sobre el significado de la lucha por la democracia llevada a cabo por Javier Verdejo y la Universidad de Granada en su lucha antifranquista, organizada por la Asociación por la Memoria Histórica del Partido del Trabajo de Andalucía y de la Joven Guardia Roja, con la colaboración del Decanato de la Facultad de Ciencias de la UGR, la Cátedra de Memoria Democrática de la Universidad de Almería y la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, que permanecerá abierta desde el 18 de marzo al 16 de abril.

Cumplo hoy una misión democrática al escribir estas palabras en memoria de Javier Verdejo y de las personas que como él lucharon por la recuperación de la democracia en este país a costa de sus propias vidas, porque merecen nuestro respeto hoy y siempre, aunque hayan pasado 50 años desde el momento trágico en el que Javier perdió la vida con tan sólo 19 años.

Con estas palabras declaro mi incondicional apoyo a la vigente Ley de Memoria Democrática, como ciudadano político, que cuido la democracia de este país y su memoria, así como la de mi Comunidad Autónoma, mi ciudad y mi barrio, como tantas veces he escrito en este cuaderno digital. Considero imprescindible volver a leer hoy esta Ley, porque son páginas imprescindibles que ordenan en su objeto y finalidad la recuperación, salvaguarda y difusión de la memoria democrática, entendida ésta como conocimiento de la reivindicación y defensa de los valores democráticos y los derechos y libertades fundamentales a lo largo de la historia contemporánea de España, con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales: “Asimismo, es objeto de la ley el reconocimiento de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de pensamiento u opinión, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, la Guerra de España y la Dictadura franquista hasta la entrada en vigor de la Constitución Española de 1978, así como promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva, adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre la ciudadanía y promover lazos de unión en torno a los valores, principios y derechos constitucionales. Se repudia y condena el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura franquista, en afirmación de los principios y valores democráticos y la dignidad de las víctimas. Se declara ilegal el régimen surgido de la contienda militar iniciada con dicho golpe militar y que, como consecuencia de las luchas de los movimientos sociales antifranquistas y de diferentes actores políticos, fue sustituido con la proclamación de un Estado Social y Democrático de Derecho a la entrada en vigor de la Constitución el 29 de diciembre de 1978, tras la Transición democrática”.

Con este recuerdo activo de lo que supuso y supone todavía hoy la muerte de Javier Verdejo, para reforzar la memoria democrática de este país, recojo a continuación unas palabras de Eduardo Galeano (1940-2015), imprescindibles para comprender su profundo significado (1): “Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión para que no la olvidemos ni siquiera un momento.

Por todo lo expuesto, declaro formalmente que si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que han pasado y pasan en nuestro mundo cotidiano al revés, se calla la vida y la palabra. En el afán de hoy, me basta. Personalmente, creo que hoy tenía que decir algo más valioso que el silencio… y el olvido.

(1) Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, Madrid: Siglo XXI Editores de España, 1998.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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