HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE(VIII) Una obrera del arte: Kati Horna

KATI HORNA
Kati Horna en el estudio de József Pécsi en Budapest en un retrato atribuido a Robert Capa (1)

La actitud permanente de aprender es la que nos posibilita conocer a personas extraordinarias, anónimas en la mayor parte de los casos, pero que han contribuido a mantener vivas las imágenes de este país en un momento muy doloroso, la guerra civil. Y la historia hay que conocerla, sobre todo para no volver a repetirla, como en este caso. Esta reflexión la hago al conocer la vida y obra de una mujer Kati Horna (Szilasbalhási, Hungría, 1912 / México, 2000), fotógrafa anarquista, de la que se recupera ahora su obra gráfica más significativa y se pone a disposición de quien quiera seguir aprendiendo de la trayectoria de personas que aportan vida, siendo solo eso, obreras de la vida. O del arte, como en este caso.

Esta fotógrafa “Difuminó el rastro de sus primeros trabajos durante años, se mostró esquiva o directamente contraria a la realización de exposiciones, entrevistas o publicaciones, renunció con firmeza al mercado y en general a cualquier actividad que tuviera que ver con la promoción de su obra. Por el contrario, afirmó con rotundidad a lo largo de toda su vida, que su oficio de fotógrafa era una misión, sus fotos un instrumento útil y ella misma una obrera del arte” (2).

La exposición retrospectiva que se ha inaugurado en París, en el Jeu de Paurne en colaboración con el Museo Amparo de Puebla (México), recoge por primera vez en Europa su itinerario personal a través de su obra gráfica: sus primeros pasos en Budapest, París (1933-1937), España y la guerra civil (1937-1939), París (1939) y México. También se ha editado un libro con bastantes fotografías suyas y artículos de Péter Baki, Jean-François Chevrier, Estrella de Diego, Norah Horma, Juan Manuel Bonet junto a los comisarios de la exposición, Ángeles Alonso Espinosa y José Antonio Rodríguez. España también ha aportado fotografías a la exposición del fondo existente en el Centro Documental de la Memoria Histórica, ubicado en Salamanca, que contiene las 272 fotografías referidas a la guerra civil que fueron compradas a la autora.

La historia archivística de estas fotografías realizadas en España, nos ha permitido saber que la mayor parte de su trabajo en el periodo 1937-1939 “se quedó en España al ser derrotada la República, probablemente esté disperso o destruido. Sin embargo, según declaraciones de la autora, logró llevar en su exilio una pequeña caja de hojalata con una selección de negativos tomados durante la contienda. Durante los cuarenta años siguientes no quiso hacer uso de ese material, por la convicción de que debía ser devuelto y utilizado por el pueblo español. El 12 de mayo de 1983, la serie fotográfica sobre la Guerra Civil, fue ofertada al Estado Español por la fotógrafa que residía entonces en México [se incorporó al Centro Documental de la Memoria Histórica el 7 de noviembre de 1983]. En 2002 se publicó el catálogo de las fotografías, realizado por Blanca Desantes Fernández”. Las fotografías “son un excelente reportaje de gran calidad artística sobre la contienda civil española durante los años 1937 y 1938, tanto en los frentes como en la retaguardia, especialmente de testimonios de la vida de la población civil durante la tragedia bélica. Son fotos poco conocidas pues quedaron fuera de los circuitos internacionales de distribución”.

Kati Horna colaboró en diversas revistas anarquistas como ‘Libre Studio’, ‘Mujeres Libres’, ‘Tierra y Libertad’, ‘Tiempos Nuevos’ y ‘Umbral’, de la que fue redactora gráfica y donde conoció a José Horna, su esposo, pintor español que también colaboró en la mencionada publicación.

Invito a contemplar diez fotografías extraordinarias de Kati Horna, de las cuales tres son del tiempo que dedicó a España, durante la guerra civil, extraídas del álbum que dedicó a España, realizado por petición expresa del gobierno republicano entre 1937 y 1939, en una mezcla muy interesante de surrealismo y fotoreportaje.

Merece la pena verlas y agradecer que se mantenga viva la realidad de la España que nos heló el corazón y que ella retrató magistralmente, porque gracias a los trabajos de una obrera del arte hoy podemos seguir valorando mediante imágenes el sinsentido de una guerra que solo aportó dolor y sufrimiento.

Ella cumplió una misión, sus fotos son hoy un instrumento útil y ella misma nos aportó el hilo conductor de su vida, lejos de la realidad del mercado, siendo solo una obrera del arte, porque no le preocupó nunca hacer un agosto especial con su obra gráfica, es decir, no confundió tampoco valor y precio, en un proverbio especial que cantó Antonio Machado por esos campos de Dios como contemporáneo suyo en una de las dos Españas que ella conoció muy bien, a quien estoy seguro que le hubiera gustado hacerle un retrato para la posteridad democrática en un blanco y negro muy especial, tan serio él, utilizando solo gelatino-bromuro de plata seca.

Sevilla, 29/VIII/2014

(1) Martín, Alberto (2014, 28 de agosto). Un puzle en el tiempo y el espacio. El País (Babelia).
(2) Ibídem.

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE (VII) Una reflexión política ejemplar: Michael Ignatieff

MICHAEL IGNATIEFF

…pensemos en la política como una llamada que nos empuja hacia adelante, siempre hacia adelante, como una estrella que nos guía… Aquellos de nosotros que respondimos a la llamada sabemos que el éxito o el fracaso importan menos que el hecho de haber respondido…

Michael Ignatieff, Fuego y cenizas

El hombre es un lobo para el hombre (Homo homini lupus). Aprendí este principio social de Hobbes y no lo he olvidado nunca, porque lleva una parte de razón. Solo es necesario leer estos días las principales noticias del mundo bélico y político que nos rodea para comprender bien este aserto. En este contexto, he leído un libro reciente de Michael Ignatieff, Fuego y cenizas (1), que no me ha dejado indiferente, que puede hacernos comprender que el hombre también puede ser un cordero para el hombre. Lo he vuelto a leer hasta en dos ocasiones porque me han impactado sus reflexiones acerca de la experiencia política que vivió en su país natal, Canadá, desde 2008 a 2011, liderando la oposición y con una clara opción a gobernar ese país como Primer ministro. Un profesor universitario en Harvard que es captado para iniciar una carrera política implacable, tal y como nos la narra él en sus reflexiones cargadas sobre todo de sentimientos y emociones, éxitos y fracasos, fuego y cenizas…

El libro es excelente y lo recomiendo sin ninguna duda, porque es bueno e higiénico leerlo con detenimiento en cualquier posición que uno ocupe en la sociedad como ciudadano. Da igual, porque es importante conocer cómo todos los políticos no son iguales y cómo existen también políticos dignos, por mucho que en este país cueste creerlo, visto el panorama actual, aunque personalmente no pertenezca a este club del desencanto permanente.

Tengo la tentación de hacer una reflexión pormenorizada en este post sobre sus principales puntos de vista, una vez culminada la experiencia y no con éxito político, indudablemente, aunque sí ético. Por ello, solo voy a subrayar varias puntualizaciones de los tres primeros capítulos, con objeto de que si interesa su contenido iniciático, se pueda acometer la lectura completa del libro sin adelantar las claves subjetivas que puedo introducir sobre el mismo.

1ª. El ideal democrático es la fe, continuamente puesta a prueba, en que los hombres y mujeres corrientes puedan elegir adecuadamente a aquellos que van a gobernar en su nombre, y en que aquellos que elijan puedan gobernar con justicia y compasión.

Es una declaración de principios, en toda regla, en el primer capítulo. Ignatieff habla de creencia en los procesos democráticos para elegir personas, de forma abierta (adecuadamente) a los que se traslada un poder mediante empoderamiento compartido y que mediante esta confianza transmitida, a veces fe ciega, se actúe dando a cada uno lo suyo y sintiendo de verdad lo que siente la ciudadanía de a pie. Por ello, es urgente transformar los procesos democráticos de elección de candidatos y las votaciones consiguientes, porque ya no funciona el sistema actual.

2ª. Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad.

Comienzo con la que me ha parecido el hilo conductor de todo lo que narra el autor. Es escalofriante el poder de esta reflexión, porque es una realidad ciudadana que emerge sobre todas las querellas más o menos criminales en torno a las personas que trabajan en política, porque muchas personas están convencidas de que en política se miente continuamente: “los políticos, mienten más que hablan”. Es una realidad flagrante, que solo se puede combatir si el poder político en todas sus escalas se instala una vez por todas en la verdad, teniendo una clave machadiana contundente al respecto: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”. Así de sencillo, pero así de difícil en la situación actual. Muchos siglos antes, un tal Jesús de Nazareth ya lo había declarado con contundencia: “La verdad os hará libres (Jn, 8,32)”.

3ª. La pregunta de por qué quieres ser un político significa en realidad por quién quieres serlo.

Sin lugar a duda, establece una jerarquía de intereses generales de la ciudadanía, en política, sobre los particulares. Ahí estriba el secreto de esta reflexión sobre la ambición política, de tanta actualidad en este país con los casos de corrupción que todos los días saltan a la luz pública. En el caso de Ignatieff, él reconoce el error de no haber dado la respuesta correcta en su momento, porque fundamentalmente lo hizo para homenajear a sus padres, un interés legítimo, pero equivocado. No vale solo la estirpe o experiencias anteriores de tu familia, de amigos, de camaradas, de compañeros y compañeras, porque en política hay que ganarse todos los días los votos de forma certera, es decir, con la verdad por delante, y ya hemos dejado constancia de que no es precisamente la verdad la flor que adorna la política hoy en día. El tuvo también un gran maestro, que preservó el interés general de los canadienses, Pierre Trudeau, primer ministro en una etapa floreciente del partido de Ignatieff, porque sabía por qué y por quienes estaba en política. Es probable que intentara sacarse la espina del fallido nombramiento de su padre como Gobernador general, por parte de Trudeau, que llenó de desolación su casa, aunque él lo transmita como una de las mejores lecciones de su padre, al confiarle que esa experiencia, el fracaso, era lo mejor que le había ocurrido en su vida. Toda una premonición.

4ª La política se desarrolla bajo la mirada de Fortuna, una diosa caprichosa.

Aquí hace una digresión aprendida en la Academia a través de Maquiavelo, llena de interés. Piensa que las aptitudes para entender la Fortuna pueden aprenderse pero no enseñarse, porque hay un factor en política, el tiempo, donde todo es imprevisible: “Un intelectual puede estar interesado en las ideas y las políticas en sí mismas, pero el interés de un político reside exclusivamente en saber si el tiempo para una determinada idea ha llegado o no. Cuando llamamos a la política el arte de lo posible nos referimos a lo que es posible aquí y ahora” (hic et nunc). Ya lo dijo Harold Macmillan en su momento, cuando le preguntaron cuál era la parte más difícil de su trabajo: “Los acontecimientos, querido, los acontecimientos”. Precisamente, en el capítulo dedicado a Fortuna, recoge un aspecto de transparencia nada desdeñable, referido al pasado de cada político y cómo se interpreta normalmente por la oposición, en un trabajo sucio que hay que cuestionar siempre, ante una “investigación de oposición” casi siempre torticera y fuera de contexto. Esa situación también está tocada por la diosa caprichosa Fortuna. Otra vez aparece la verdad, como auténtica vía para hacer política de altura, con visión, no de salón, aunque estas situaciones de combate total solo tiene un fin correcto: ganar la pelea, porque la buena o mala fe en política, al final, no cuentan. Terrible reflexión.

De aquí en adelante, se abordan temas de un interés excelente, tales como la necesidad de entender al público, la dialéctica del dinero y el lenguaje, la responsabilidad y la representación, el derecho a ser escuchado, la identificación de los enemigos y adversarios, las reflexiones sencillas de un taxista y la llamada, con unas palabras mágicas de Max Weber. Impecables reflexiones para alcanzar un grado de conocimiento de la política desde la óptica de una persona que estuvo a punto de ser Primer ministro pero que la diosa Fortuna no lo acompañó en el momento y sitio oportunos.

Dice Ignatieff, reinterpretando una frase de Ernest Renan, que la democracia es un “plebiscito diario” mediante el que evalúas “cómo te mira la gente en la calle, como te saludan cuando les estrechas la mano, cómo reaccionan cuando atraviesas el pasillo del avión buscando tu sitio”. Y hace hincapié en la necesidad de que en política siempre haya un hilo conductor como pregunta permanente: ¿cómo cree Vd. que lo estoy haciendo?. Y que sirvan para algo estas respuestas de forma directa, no solo a través de las encuestas.

Para finalizar estas breves reflexiones voy a utilizar unas palabras de Ignatieff, sin reinterpretación alguna, que me han parecido excelentes. Espero que sirvan de acicate para animarte/animarle a comprar el libro y leerlo sin desmayo, para comprender mejor la política y a quienes la desempeñan. Estoy convencido que saldrá fortalecido o fortalecida como persona ante el desafío de la política, que es más cercana a nosotros de lo que a veces creemos, porque “Los ciudadanos saben la diferencia entre alguien que busca su aprobación y alguien que busca su respeto. No siempre tienes que ser popular para tener éxito. No necesitas gustar a tu gente, pero su respeto es esencial. Deben notar que eres una persona íntegra y que estás esforzándote por ellos”.

Sevilla, 25/VIII/2014

(1) Ignatieff, Michael (2014). Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política. Madrid: Taurus.
La fotografía de Michael Ignatieff está tomada de la siguiente URL: http://blogs.elpais.com/.a/6a00d8341bfb1653ef017d3dff73be970c-pi

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE (VI) Una viñeta ejemplar: El Roto

EL ROTO1
Viñeta de El Roto. El País, 31 de julio de 2014

A veces vale más una imagen que mil palabras. Me suele pasar con las viñetas de El Roto, normalmente cargadas de denuncia expresa a través de sus dibujos descarnados, teñidos en ocasiones de rojo. Esta es de una dureza especial, programática en el mes de agosto, porque nos recuerda aquella expresión de Groucho cuando deseaba que parasen el mundo para bajarse de él. Cambiar de conciencia, ahí es nada o todo, porque es muy difícil mantener la que tenemos en la actualidad ante lo que está pasando a nuestro alrededor, si no queremos permanecer quietos en un silencio cómplice vergonzante.

Muchos interrogantes abre esta imagen, pero deseo reivindicar la permanencia en la buena conciencia de cada uno, porque de la mala ya procuramos librarnos con más frecuencia de la que pensamos. Pero ¿a qué llamamos “conciencia”? El Diccionario de la RAE nos ofrece hasta cinco acepciones, todas ellas de interés público: propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta, conocimiento interior del bien y del mal, conocimiento reflexivo de las cosas, actividad mental a la que solo puede tener acceso el propio sujeto y, la más profesional: acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.

La que hemos introyectado desde la infancia es, probablemente, la segunda, porque decimos que “la tenemos” cuando creemos saber discernir el bien del mal, es decir, siempre con una carga ética fruto de la historia de todos y la de cada uno. Creo que la última es mucho más cercana en la actualidad, porque tener conciencia es saber que estamos en un mundo determinado, del que probablemente deseamos salir haciendo autostop en la carretera de cada vida. O al que nos lleva la desilusión de cada día, situación de la que deberíamos aprender para no tratar la conciencia como mercancía alojada en el hipermercado mundial de la ética a la carta, sino como un derecho que coincide con la primera acepción de la RAE, que es la experiencia de muchas personas convertida en un lema: que no me roben esta propiedad del espíritu de cada persona de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta a lo largo de la vida.

Quizá nos ayude a cambiar la conciencia la conversión en consciencia, porque es el momento en que nos enfrentamos con la realidad de la estructura cerebral que nos permite conocernos a nosotros mismos para tomar la mejor decisión –en conciencia- a la que nos invita El Roto y sobre la que ya escribí en 2008 en este cuaderno de inteligencia digital, de forma expresa (La consciencia, según Eric Kandel), haciendo una manifestación sincera de algo que desconocemos: “Aún no sabemos qué es la consciencia. Ahora comprendemos sólo del 15% al 20% del cerebro. Hemos progresado mucho, y no se resolverá en menos de cien años. Cuando yo empecé en los cincuenta, teníamos el 5%. Parecía un sueño imposible. Según mi filosofía, uno debiera tener sueños imposibles sólo si supone que los va a transformar en posibles. Dedicarse a sueños imposibles que uno sabe que no son realizables es perder el tiempo” (1). De esta forma se expresaba el Nobel de Medicina, Eric Kandel, en una entrevista que mantuvo en Viena el pasado 16 de julio [de 2008], con motivo de su incorporación al Instituto de Ciencias y Tecnología de Austria, su país natal”.

Hoy, más que nunca, comprendo perfectamente la ilusión científica, convertida en sueño realizable, de Eric Kandel al calcular el reto científico del descubrimiento real de la conciencia/consciencia humana, porque también lo viví de forma contemporánea a él (2): “Avanzando en esta reflexión crítica, me he encontrado con una anotación mía, de hace treinta y ocho años, sobre esta frase de corte teilhardiano: “Así en el cosmos entero, el lado exterior material, el único que la ciencia suele tomar en consideración, está acompañado de un lado interior consciente, las más de las veces oculto”. Y escribo así: “esta frase resume todo lo dicho anteriormente”. Es verdad, porque lo oculto es lo que apasiona menos en la verdad científica. Aunque a mí me supuso poner en crisis la razón de la razón y la del corazón en una dialéctica pascaliana que permite hoy la realidad de una enorme pre-ocupación (así escrito) sobre el lado interior del cerebro y de su máxima expresión comprensiva y de aprehensión a través de la inteligencia. Y culmina esta teoría en una definición apasionante, también subrayada: la consciencia es una propiedad cósmica de intensidad variable, que podemos seguir a través de todos los grados ascendentes de crecimiento de la vida, hasta el pensar reflejo del hombre”. Una maravilla.

Sevilla, 23/VIII/2014

(1) Rudich, J. (2008, 17 de julio). “¡Ya he logrado comprender el 15% del cerebro!”, El País, p. 44.
(2) http://www.joseantoniocobena.com/?p=88

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE (V) El ejemplo de una paloma equivocada

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo,
que la noche la mañana.
Se equivocaba.

Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama).

Rafael Alberti, La paloma, en Entre el clavel y la espada (1941)

Acabo de leer las noticias del día y he recordado este maravilloso poema de Rafael Alberti, Se equivocó la paloma, en una interpretación para hoy mismo. Lo que ocurre a diario muestra un mundo en permanente confusión, aquí y allá, con daños y duelos diferentes, pero siempre con los interrogantes de una paloma confundida. Para personas que muchas veces pensamos que nos hemos equivocado de siglo al nacer e intentar vivir en otro mundos posible, no el del nunca jamás de Peter Pan, volver a leer pausadamente el poema de Alberti y escuchar la versión tan querida para mí de Serrat, sobre la primitiva del compositor argentino Carlos Guastavino, nos llena de interrogantes positivos que debemos despejar.

Por ejemplo, buscar los roles que nos corresponden y ser consecuentes con nuestra persona de secreto, pero sin renunciar a lo que cada uno tiene que hacer en la vida, para no equivocarnos. Es probable que si crecemos en valores, el mar seguirá siendo mar y la noche…, noche, aunque a veces tengamos que dormir en orillas que no nos corresponden, porque otros se han ido por las ramas.

El problema radica en que estamos viviendo momentos muy difíciles para hacer distinciones tan finas y al final…, mucha gente cree que todos somos iguales. Pero no es así. Todavía hay personas que son capaces de hacer reflexiones como las de Alberti y componer partituras para despejar esa confusión tan vigente hoy.

Es probable que haya palomas que ya no se equivocan, porque han aprendido de sus propios errores. Son las que vuelan alto y son capaces de estar por encima de lo que ocurre a los seres humanos. A cada uno lo suyo, aunque creo que todos estamos convencidos de que las palomas son el símbolo de la paz para las personas de bien, que somos multitud a pesar de que algunos se encarguen de ignorarlo. Aunque a veces se equivoquen y confundan -desgraciadamente para Andalucía- el sur con el norte, tan frío él…

Sevilla, 19/VIII/2014

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE (IV) El ejemplo de Princesa

PRINCESA
M.MORENO/ATLAS (2)

Hacer el agosto significa hacer buen negocio: “Antiguamente se decía hacer su agosto y su vendimia. Se cita en La gitanilla, de Cervantes: «Y así granizaron sobre ella (sobre Preciosa) cuartos, que la vieja no se daba manos a cogerlos. Hecho, pues, su agosto y su vendimia, repicó Preciosa sus sonajas…» (1). Pero pretendo que hagamos un agosto diferente, basado en derechos y deberes, porque es una oportunidad para pensar de otra forma, para cambiar, no confundiendo nunca valor y precio de las cosas, que deben estar al servicio de la inteligencia de las personas, sin atisbo alguno de mercancía.

Hoy he conocido otra historia que tiene lugar en agosto, con una protagonista de nombre Princesa. Una historia bien diferente porque se trata de una bebé rescatada en Tarifa, que se encontraba sola, sin familia alguna, en una lancha de juguete roto, en un escenario nada acogedor para ella, como un Moisés redivivo. Poco se sabe de quién es, porque al parecer sus padres quedaron en tierra después de mantener una trifulca con la gendarmería marroquí. Ella ha viajado sola hacia un nuevo mundo, en una paradoja sin sentido: “En la agrupación local de la Cruz Roja de Tarifa entró con fiebre (38,5 grados). Una enfermera le suministró Apiretal, un antipirético infantil, en pleno puerto. Luego durmió en una bañera, arropada por una manta. Desde las once de la mañana hasta las cinco de la tarde ni pestañeó. Tiene cinco dientes y unos ojos negros muy vivos que lo escudriñan todo. La chiquilla quedó al cuidado de María Ángeles, una voluntaria de Sevilla, de 33 años, madre de dos hijos. Cuenta «con el vello de punta» y con la niña en brazos, que la policía esperará a que sus padres la reclamen. Entretanto, su destino más probable es un centro de internamiento de extranjeros” (2).

Princesa es un claro ejemplo de la desesperación en la que se encuentran miles de subsaharianos que quieren cambiar sus vidas. Más de mil cien inmigrantes ya han entrado por Tarifa en lanchas de juguete, aprovechando la mar en calma de estos días y la buena temperatura durante la noche. Salvando las distancias y la dureza de estos viajes hacia alguna parte, se repite la situación ya muy conocida en las costas del sur de este país así como en Canarias. Recuerdo la avalancha de cayucos en 2006. En aquella ocasión escribí lo siguiente: “Nunca habíamos hablado tanto de los cayucos, esas embarcaciones de la esperanza, de la miseria, de las frustraciones. Han sido los auténticos protagonistas del verano, llegando a las Islas Afortunadas, las Canarias, por oleadas, en un viaje a lo vagamente conocido por las parabólicas de Senegal. Y lo cotidiano ha sido ver como saltaban a la teórica libertad de un puerto canario, desde el barco paradójico “Esperanza del Mar”, abrazándose a una cruz roja como misión imposible, en el silencio de los muertos y desaparecidos”.

Cayucos o lanchas, ¡qué más da para retratar la miseria de estas situaciones límite! Princesa ha llegado a España, probablemente el sueño de sus padres y compatriotas, donde voluntarios de Cruz Roja van a ofrecerle todo el cariño del mundo. Pero ella, con sus inmensos ojos negros, nos lanza un mensaje de súplica para los que no tienen nada, ni siquiera dónde estar y ser personas, porque sus viviendas en el país de origen son solo muriendas…, por poner un amargo ejemplo.

En el post que citaba anteriormente, que en realidad era una carta protesta enviada a un periódico para su publicación, describía la amargura de estos viajes: “¿Qué son los cayucos?: dicen los expertos que son embarcaciones en las que durante la travesía de su vida aprenden a no hablar al llegar a España, a no mirarse a la cara, porque durante siete días, que es lo que dura el viaje descarnado, solo pueden mirar hacia adelante, siempre en la misma postura, todos juntos, hacinados, para ver si el Teide, España y Europa los acoge en su misteriosa holgura de riqueza y libertad. Ser o tener, esa es su cuestión. Hasta que un día los encontramos en un semáforo, en nuestros viajes cotidianos, donde los pañuelos a un euro pueden servirnos para justificar sus lágrimas cuando nos miramos de frente, entonces sí, cara a cara”.

La soledad de Princesa en alta mar, con menos de un año, ha sido atendida por sus compatriotas para devolverla a una vida nueva. Luego, unas personas admirables, funcionarios públicos de seguridad, salvamento marítimo y salud, así como voluntarios de la Cruz Roja, han hecho lo que debemos hacer como país sensible con estas situaciones tan dramáticas.

Creo que merece, cuando pasen los años y donde quiera que esté, que alguien pudiera decirle aquellas hermosas palabras del protagonista de La vida es bella, Guido Orefice, a la mujer que amaba: ¡Buenos días, princesa!…, para quitarle de su cabeza recuerdos amargos de su niñez tan difícil en este viaje a Tarifa. Estoy seguro que sería una imagen de un mundo más justo, equitativo y saludable.

Sevilla, 13/VIII/2014

(1) Iribarren, José Mª (1996). El porqué de los dichos. Gobierno de Navarra. Departamento de Educación, Cultura, Deporte y Juventud (9ª ed.).
(2) Precedo, José (2014, 13 de agosto). Princesa, la bebé que llegó sola a Tarifa. El País, 10.

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE (III) El ejemplo de un gran actor: Robin Williams

Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos.

Carpe diem. Siempre he valorado esta expresión, recordada de forma especial en una excepcional película, El Club de los poetas muertos, protagonizada por Robin Williams, actor inolvidable para muchas personas que se identificaron con un profesor especial, John Keating, interpretado de forma magistral por él. Hoy hemos recibido una noticia triste, su fallecimiento en la residencia ya habitual de San Francisco, probablemente cansado de vivir a pesar de él mismo, de su carpe diem particular, sabiendo que ha hecho felices a muchas personas con sus interpretaciones mágicas de actor comprometido con guiones especiales capaces de transmitir sentimientos y emociones diferentes.

Aquella película hizo historia en mi vida. La recuerdo en todos sus planos principales, destacando sobre todo los momentos estelares de la forma de entender la vida el profesor Keating y transmitirla a los demás, fundamentalmente a sus cuatro alumnos especiales por su condición de seguidores de un gran maestro. Desde el comienzo de la película, un nuevo profesor iba a cambiar la vida de alumnos en la mejor tradición de maestría de la vida, que tanto he valorado siempre en mis profesores de diferentes ciclos vitales, tanto académicos como profesionales, porque todos no han sido iguales. Mi maestra especial, Dª Antonia, me enseñó, por ejemplo, la primera versión del carpe diem infantil casi en un alma adulta, que siempre recuerdo de forma entrañable. Cuidó mucho mis sueños en paraísos perdidos, porque mi vida pequeña no daba para más, porque para ella era muy importante cada momento mío, en definitiva mi tiempo…

Era lo que John Keating/Robin Williams intentaba transmitir a sus alumnos desde la primera clase: que amaran el tiempo real de cada uno, cada momento, porque nada se repite, porque nadie se baña dos veces en el mismo río. A través de la poesía, porque siempre que se crea y piensa en algo, se puede dar el énfasis que cada persona necesita en su momento personal e intransferible y así se rompen esquemas. Esa es su verdadera razón, que Juan Ramón Jiménez también nos transmitió de forma excelente: amor y poesía, cada día.

Además, la libertad debe estar presente en esta acción poética. Él se lo enseñó a los cuatro alumnos que copiaron su experiencia vital: crear un nuevo Club de los poetas muertos, amando la transgresión de la vida cuando sus pilares se tambalean, tal y como está sucediendo en la actualidad. Ellos decidieron apostar por la libertad personal y colectiva frente a los cuatro pilares de su colegio: tradición, honor, disciplina y excelencia.

El desenlace de la película es conocido y doloroso. Al final, como a casi todas las personas que introducen cambios en la vida, en la sociedad, se las expulsa de la misma, con silencios cómplices. No es de extrañar que todos los alumnos firmaran la expulsión del profesor Keating. Un final, salvando lo que hay que salvar, que tiene un parecido extraordinario con los planos finales de La lengua de las mariposas, en el momento que los alumnos tiran piedras a su profesor, D. Gregorio, que tanta felicidad les había proporcionado, en un silencio cómplice desolador ante la cordada de presos.

Y al final de la película de su vida, podríamos gritar a los cuatro vientos las palabras coreadas por sus alumnos subidos en los pupitres: “Oh capitán, mi capitán”, mejor hoy “Oh, Robin, nuestro Robin”. Y el actor, en su carpe diem actual seguro que volverá a respondernos generosamente “gracias chicos, gracias”.

The end.

Sevilla, 12/VIII/2014

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE (II) El ejemplo de Laura López

Mientras que todo el país está pendiente hoy de la controvertida llegada a Madrid del sacerdote infectado de ébola, un grupo de voluntarios españoles ha viajado el martes pasado en sentido contrario hacia Sierra Leona, con el objetivo de levantar un hospital en Kenema, al constituirse como un centro de referencia en el tratamiento de esta enfermedad “pues buena parte de los contagios se producen en esta zona, conocida como “el triángulo del ébola”, situada muy cerca de la frontera con Guinea y Liberia” (1).

Lo he conocido por el reportaje excelente publicado ayer en El País, Mamá, me voy a luchar contra el ébola, que sobrecoge por la calidad humana que transmite a través de doce personas (delegados especialistas) que componen la Unidad de Respuesta de Emergencia de Cruz Roja Española, dispuestas a entregar días de su vida en beneficio de los que menos tienen y además sufren enfermedades como ésta, tan desconocida y de efectos tan letales cuando no se atiende en su primer estadio.

Laura López, enfermera de Mislata (Valencia), una persona anónima más -entre otras- hasta ayer, sintetiza muy bien esa entrega desinteresada, cargada de responsabilidad e incertidumbre: “No es miedo, tengo respeto. Bueno, en realidad sí tengo miedo, pero es más bien miedo a perder la concentración. Somos humanos y aquí no hay margen de error”.

En pleno debate sobre la oportunidad del traslado a España del sacerdote Miguel Pajares, creo que es justo destacar esta acción llena de encomio protagonizada por un grupo de personas que han dejado atrás su situación personal en España infinitamente más cómoda y viajan en este mes de agosto al corazón del ébola, desafiando situaciones complejas en cualquier vertiente que se analice. Una gran lección, digna de amplificarse mediante todos los medios en momentos en los que necesitamos identificar acciones ejemplarizantes ante tanta corrupción institucional y personal.

Podemos hacer un agosto personal e intransferible diferente, simbolizado por el respeto que manifiesta Laura López a realidades tan duras como las que van a atender en Kenema. Con su silencio activo, motivador y ejemplarizante, junto al de sus compañeros –sin dejar a nadie atrás- en este viaje hacia alguna parte. Nada más.

Sevilla, 7/VIII/2014

(1) Naranjo, José (2014, 6 de agosto). Mamá, me voy a luchar contra el ébola. El País.

Elogio de lo sublime

EL SUENO
«Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.»
Antoine de Saint Exupéry, Terre des Hommes, 1939 (1)

Es necesario hablar de lo sublime. Me lo ha recordado la lectura de un magnífico artículo de opinión, Atrévete a sentir, publicado en el diario El País, el pasado 19 de julio. Todo es tan lineal y superficial que hablar de personas y realidades sublimes “provoca escepticismo o sarcasmo”. Pero existen.

La ramplonería manifiesta que nos invade hace muy difícil hacer sitio a lo sublime, entendido como lo define excelentemente la Real Academia Española: “Se dice especialmente de las concepciones mentales y de las producciones literarias y artísticas o de lo que en ellas tiene por caracteres distintivos grandeza y sencillez admirables. Se aplica también a las personas. Orador, escritor, pintor sublime”. Personas sublimes son aquellas que tienen una forma de pensar llena de grandeza y sencillez, admirables para los demás, que necesitamos encontrar a pesar de la dificultad simbolizada en Diógenes: buscamos personas sublimes, es más, las necesitamos localizar con urgencia ante tanta mediocridad.

Nos sobran objetos sublimes, frente a cualidades de personas con sublimidad ética sobre todo. Tanta noticia de la peor factura humana que podemos conocer, tanta guerra, corrupción política y la ausencia sistemática de valores en todos los órdenes de la vida, hacen que proclamemos la necesidad urgente de encontrar personas con perfiles sublimes.

¿Cómo podemos rescatar esta búsqueda urgente de grandeza y sencillez admirables? Creo que sólo existe un camino: los ideales, las ideologías, como marco que posibilita el desarrollo de personas sublimes, que hacen que el mundo sea más respirable para todos, porque engrandecen cada segundo humano. Un gesto de educación ciudadana hoy lo consideramos como algo excepcional, que nos llama la atención, porque traduce una posibilidad de ser sublimes. Lo refleja muy bien el autor de esta reflexión que comento: “Una sociedad sin ideal –y lo sublime es una forma de ideal- está condenada fatalmente a no progresar, a repetirse y a la postre a retroceder”.

Estamos viviendo momentos muy difíciles en nuestro país. Necesitamos hoy más que nunca, sin esperar a que terminen las “vacaciones” (metafóricamente hablando), ordenar y organizar la búsqueda de lo sublime en política, por este orden, legitimando mediante ordenamiento jurídico en todos los frentes necesarios, básicamente los que protegen derechos fundamentales, la nueva forma de organizarse el Estado aunque haya que “tocar” la Constitución, única vía para solucionar los graves problemas actuales de la forma de organizarse territorialmente y financieramente en España, con los desajustes clamorosos que existen en la atención urgente a los citados derechos fundamentales, entre los que se encuentra inexcusablemente el del empleo remunerado dignamente.

Sublime no es una palabra más del diccionario, difícil de entender en sí misma. Lo sublime se encuentra en aquellas personas que creen en la verdad, en que la vida es bella y se comprometen a hacerla bella todos los días, para sí mismos y para los demás. Además, porque lo sienten así, ante tantos aguafiestas de turno que se jactan en gritar a los cuatro vientos, sin hacer nada en este ámbito, que “eso es puro idealismo”. Pero ¿qué es lo auténtico?, ¿lo que tenemos y vivimos a diario, lo que leemos tristemente en las portadas de los periódicos, lo que nos transmiten tertulianos de tres al cuarto en las televisiones existentes en el país?

Necesitamos trabajar en esta línea de búsqueda de lo sublime, descubrir que existen personas en nuestro país que elaboran y transmiten conceptos y conductas que tienen por caracteres distintivos grandeza y sencillez admirables, no inocentes por supuesto: “En suma, grandes pensamientos (nobleza) y grandes sentimientos (entusiasmo)». Y anunciar a los cuatro vientos, que otro mundo es posible, incluso el microcosmos en el que vivimos todos los días, porque podemos pensar y sentir, afortunadamente, sin que tengamos que entrar en grandes superficies a comprarlo. Porque no es una mercancía, sino un derecho y un deber: “Kant dio el lema a la modernidad, ese “atrévete a pensar” (sapere aude) que todavía nos guía. Ahora nos convendría una exhortación pareja a dejarnos conmover, con entusiasmo crítico y bienhumorado, por todo lo grande, noble y hermoso de este mundo. El nuevo lema saldría de una ligera modificación del anterior, que no deroga sino complementa. Y sería sencillamente: “Atrévete a sentir”. Quizá, también, «atrévete a soñar».

Sevilla, 29/VII/2014

(1) Soñar en la Navidad: http://www.joseantoniocobena.com/?p=3334

El verano de Platero

Este año se celebra el centenario de la publicación de “Platero y yo”, libro que hay que leer en muchas ocasiones respetando la advertencia de su autor a quienes lo hagan, porque hay que recordar que se escribió para ¿niños?:

Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para… ¡qué sé yo para quién! …para quien escribimos los poetas líricos… Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien!

Dondequiera que haya niños -dice Novalis-, existe una edad de oro. Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca.

¡Isla de gracia, de frescura y de dicha, edad de oro de los niños; siempre te halle yo en mi vida, mar de duelo; y que tu brisa me dé su lira, alta y, a veces, sin sentido, igual que el trino de la alondra en el sol blanco del amanecer!

Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren. También habrá excepciones para hombres y para mujeres, etc.

El verano suele ser una estación propicia para leer todo aquello que acumulamos a lo largo del año con la excusa de no disponer de tiempo suficiente en otras estaciones… Volver a leer libros que marcan nuestras vidas, como puede ser “Platero y yo”. Estoy muy de acuerdo con Alberto Manguel en su reflexión acerca de la ocasión que nos brinda el verano para leer sin reloj, para reencontrarnos con situaciones especiales que podemos rememorarlas después: “los libros de nuestras vacaciones llevan consigo, quizás más que cualquier otro, trazas de memoria: de amistades perdidas, de juegos extraños, de adultos que en el recuerdo son inconcebiblemente jóvenes, de habitaciones que no eran nuestras. Sobre todo, memorias de olores y perfumes: de hierba recién cortada, helado de vainilla, loción a leche coco, aire salado, sudor limpio en sábanas recién planchadas, fresas silvestres tibias, cloro, salchichas asadas, zumo de limón, juguetes de caucho que han estado demasiado tiempo al sol. Y sobre todo, el olor del papel barato de los libros de bolsillo, leídos al sol y salpicados de agua de mar”.

He abierto “Platero y yo” por la página dedicada al verano y me he dejado llevar por una narración que nos transporta a Moguer, tal y como lo hemos conocido con la gran ausencia de ese burro “pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos”:

El verano

Platero va chorreando sangre, una sangre espesa y morada, de las picaduras de los tábanos. La chicharra sierra un pino, que nunca llega… Al abrir los ojos, después de un inmenso sueño instantáneo, el paisaje de arena se me torna blanco, frío en su ardor, como fósil espectral.

Están los jarales bajos constelados de sus grandes flores vagas, rosas de humo, de gasa, de papel de seda, con las cuatro lágrimas de carmín; y una calina que asfixia, enyesa los pinos chatos. Un pájaro nunca visto, amarillo con lunares negros, se eterniza, mudo, en una rama.

Los guardas de los huertos suenan el latón para asustar a los rabúos, que vienen, en grandes bandos celestes, por naranjas… Cuando llegamos a la sombra del nogal grande rajo dos sandías, que abren su escarcha grana y rosa en un largo crujido fresco. Yo me como la mía lentamente, oyendo, a lo lejos, las vísperas del pueblo. Platero se bebe la carne de azúcar de la suya como si fuese agua.

No le quito ni pongo una coma, porque así es Juan Ramón Jiménez. Y Moguer, la luz con el tiempo dentro.

Sevilla, 13/VII/2014

No es bueno que el hombre esté solo

hombre pensando

Así lo aprendió mi generación desde que tuvimos uso de razón. Dios lo tuvo claro desde el principio de los tiempos, porque frente a la creación de los cielos y la tierra, de los mares, que ya eran buenos por sí mismos, la del hombre vio que era muy buena, así como la de la mujer. Pero había un motivo que pesó mucho en la tradición oral de los pueblos ribereños, cerca del Tigres y del Éufrates y tenía que ver con una sospecha de ese Dios creador acerca de los problemas que podría tener el hombre si se quedaba solo cuando comenzaba a vivir. Y esa situación tan llamativa llevó a Dios a la creación de la mujer.

El problema vino después, cuando se quedaron solos los dos. Ahí comenzó la historia tan difícil del ser humano, la del dolor del mal hasta nuestros días. Al fin y al cabo, todo tiene que ver con la soledad cuando nos enfrentamos ante el bien y el mal: “por culpa de una serpiente comimos de la fruta prohibida y desde entonces hemos elaborado una macrohistoria de culpa y rescate que no nos deja vivir en paz. Y hemos grabado a fuego la responsabilidad transcultural de la mujer, del animal hembra en forma de serpiente, que echó a perder la vida tranquila en el paraíso: ¡mujer tenía que ser! El relato de la creación, en Génesis 3,1, deja bien claro el rol que iba a jugar en la historia de la humanidad la famosa serpiente porque “era el más astuto de los animales del campo que Dios había hecho. Y dijo a la mujer: “¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles el jardín?” Respondió la mujer a la serpiente: “Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Más del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.” Replicó la serpiente a la mujer: “De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día que comiéreis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”. Y la mujer comió el fruto de este árbol del medio del jardín y dio también a su marido. Y lo que descubrieron es que estaban desnudos ante la vida sin entender nada” (1).

El relato anterior corresponde a la tradición cananea acerca de la creación del mundo. El evolucionismo no entra en estos detalles, porque su punto de partida es otro, pero he querido comenzar con este relato tan clásico porque coincide en su base de constatación histórica con lo que pasaba hace millones de años con la situación de los hombres solos.

Es curioso saber que las personas no quieren estar solas consigo mismas. Un artículo publicado recientemente en la revista Science, viene a confirmarlo: ““Nuestra investigación”, dicen Wilson y sus colegas de Virginia y Harvard, “muestra que la mayor parte de la gente prefiere estar haciendo algo —incluso dañarse a sí mismos— que no hacer nada o sentarse en soledad con sus pensamientos” (2). Los 11 experimentos muestran de distintas formas que los participantes, antes de quedarse solos consigo mismos, prefieren escuchar música, navegar por la Red o mandar mensajes de móvil. Incluso recibir una desagradable descarga eléctrica y largarse a su casa antes de que pasen los 10 minutos”. Se supone que nuestros antepasados preferían seguir cazando ininterrumpidamente, andar por caminos angostos y agotarse en nuevas experiencias guerreras y artesanales, antes que quedarse parados y solos, aunque la investigación actual confirma que a los chimpancés les gusta estar solos. Un contradiós científico para los creacionistas: “por mucho que nos empeñemos, no les gusta conversar. Pasa como en los tiempos que corren, donde en todos los terrenos sociales, políticos, empresariales, universitarios, familiares, nos esforzamos en hablar porque nos aterra la soledad. Quizá porque cuando el chimpancé dio el salto a la humanización se dio cuenta de que después de tantos años era necesario un primer motor inmóvil (Aristóteles), algunos lo llaman Dios o deidad, que justificara la puesta en marcha de la maquinaria del mundo y que permitiera a las células controladas por el cerebro articular sonidos estructurados de necesidad y deseo consciente para que nos entendiéramos. La experiencia de Atlanta refuerza una tesis emocionante. Si algo califica de humanidad a la mujer y al hombre es la capacidad de comunicarse. A pesar de los tiempos que corren que incluso nos impiden mirarnos a la cara para decirnos algo” (3).

El problema actual radica en que nos da miedo quedarnos con la mente en blanco, necesitando continuamente cine, televisión, telefonía móvil videojuegos, salir de compras, trabajo frenético, etc., algo que el cerebro no puede controlar fácilmente, es decir, se necesita estar haciendo siempre algo ante el miedo de encontrarnos con nosotros mismos, el horror del vacío existencial: “El primer autor del estudio no cree que ese horror al vacío sea una consecuencia del ritmo frenético de la sociedad actual o la seducción incesante de las novedades tecnológicas. Más bien piensa que esa interminable sucesión de innovaciones técnicas son una consecuencia de nuestra sed natural de actividad. Primero fue el horror al vacío, y después vino Whatsapp a paliarlo. Antes había libros y punto de cruz para la misma función”.

El verano es una oportunidad para experimentar estos resultados de soledad odiada. La estadística es muy terca y muchas parejas suelen llegar a su final en esta estación, porque se encuentran en una situación de desocupación que las deja temporalmente solas ante su propio peligro, que cada uno conoce bien. También, para encontrar sentido ante la mente en blanco, una experiencia inolvidable cuando nos ayuda a ser mejores, porque iniciamos probablemente un viaje interior sobre una bicicleta imaginaria para ir a alguna parte en este verano. Y no hay que confundir hacer algo con estar con alguien. Ahí está la diferencia en el miedo a la soledad, a pesar del Génesis, porque es muy bueno que las personas, a veces, estén solas…

Sevilla, 8/VII/2014

(1) http://www.joseantoniocobena.com/?p=290
(2) Sampedro, Javier (2014, 3 de julio). A solas con sus pensamientos. El País.
(3) http://www.joseantoniocobena.com/?p=66