La cultura Disney, no inocente, cumple cien años

Sevilla, 21/XI/2023

Desde que era niño, haciendo las cosas de niño y pensando también como un niño, he vivido de cerca la cultura Disney en todas sus proyecciones posibles. He dibujado todos los protagonistas de mis años de infancia, con especial atención al pato Donald, Mickey Mouse, Minnie Mouse, Pluto y Goofy, imágenes que guardo en mi memoria de hipocampo. Es verdad que mí personaje preferido era Peter Pan, el de Disney (1953) y su mundo de nunca jamás. Este año, se cumple el centenario del nacimiento de esta factoría de sueños y deseos no inocentes, fundada en 1923 por Walt Disney junto a su hermano Roy, celebrándolo con la presentación de una nueva película, Wish. El poder de los deseos, rodada con tecnología de última generación, con algún guiño a las anteriores, en la que han intentado hacer un repaso visual a su intrahistoria y que, leyendo entre líneas, se puede atisbar en su sinopsis oficial: ”En Wish: El poder de los deseos, Asha, una optimista con mucho ingenio, pide un deseo tan potente que le responde una fuerza cósmica, una pequeña bola de energía ilimitada llamada Estrella. Juntas, Asha y Estrella se enfrentan a un imponente enemigo, el Rey Magnífico, gobernante de Rosas, para salvar a su comunidad y demostrar que cuando la voluntad de una persona conecta con la magia de las estrellas, pueden ocurrir cosas maravillosas. Con las voces en versión original de la actriz ganadora del Premio de la Academia,Ariana DeBose como Asha, Chris Pine como Magnífico y Alan Tudyk como Valentino (la cabra favorita de Asha), la película está dirigida por el ganador del Óscar, Chris Buck (Frozen. El reino del hielo, Frozen II) y FawnVeerasunthorn (Raya y el último dragón), producida por Peter Del Vecho (Frozen. El reino del hielo, Frozen II) y coproducida por Juan Pablo Reyes (Encanto). Jennifer Lee (Frozen. El reino del hielo, Frozen 2) es la productora ejecutiva y Lee y Allison Moore (Night Sky, Manhunt) son las guionistas del proyecto. Con canciones originales de la cantante y compositora nominada al Grammy, Julia Michaels y del productor/compositor/músico ganador del Grammy, Benjamin Rice, además de música del compositor Dave Metzger”.

El hilo conductor, una vez más, el poder de los deseos y cómo interviene la magia de una estrella para conseguirlos, frente al poder omnímodo de un rey malvado, porque de ellas, las estrellas, vienen casi siempre las soluciones a los grandes problemas de la vida, establece una dialéctica rey malo/ heroína buena, con la ayuda misteriosa de una estrella. Esto sucede porque los humanos no podemos hacer las cosas bien solos, lo que nos lleva a analizar este relato con detalle, para dejar a cada personaje en su sitio en este loco mundo, porque el mundo real no funciona así, a pesar de que la película se anuncia como portadora de “una historia que lleva un siglo esperando a ser contada”. Ha pasado ese siglo y visto lo visto, los reyes siguen estando desnudos, a la manera de Andersen, dejando mucho que desear en algunos casos; las princesas de toda la vida, que lo consiguen todo aunque vengan de extracción social pobre, ya no son tales, porque la mujeres han dado pasos de gigante por sí mismas, gracias a sus creencias de empoderamiento y no a Disney, huyendo despavoridas de esta representación sempiterna de la mujer “princesa rescatada”, de ese nombre; los sueños ya no necesitan de estrella alguna para ser alcanzados y para encontrar el auténtico sentido de la vida no es necesario seguir llamando a las puertas del castillo del rey, de cualquier patriarca, sobre todo a la de los regalos para ser felices, porque el secreto está en buscarnos a nosotros mismos para saber quiénes somos.

Exactamente, lo que nos recomendó José Saramago en su “Cuento de la isla desconocida”, donde la mujer que zurcía en palacio cerca del filósofo del rey, sabía cuál era la fórmula mágica para ser felices y dignos en la vida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

Un día, hace ya muchos años, a modo de una película íntima, sin factoría Disney alguna que me alumbrara la vida, decidí ampliar el horizonte de miras de este cuaderno de bitácora, con nuevas y blancas letras: cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas… Es lo que hicieron los protagonistas del cuento de Saramago al finalizar su microhistoria y, quizá, la tuya y la mía, la vuestra, queridos tripulantes digitales: “Después, apenas el sol acabó de nacer, el hombre y la mujer fueron a pintar en la proa del barco, de un lado y de otro, en blancas letras, el nombre que todavía le faltaba a la carabela. Hacia la hora del mediodía, con la marea, La Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la búsqueda de sí misma”.

Les aseguro que, con profundo respeto a las historias de Disney, convertidas en guiones no inocentes para aprehender la vida, cualquier parecido de lo que he contado en este cuaderno digital, con la realidad de sus casi dieciocho años de vida, no es pura coincidencia. Sólo me viene a la cabeza, en el momento de escribir estas líneas, una petición a la vida, un “deseo”: ojalá llegue el día en el que se pueda rodar una película sobre el cuento de Saramago, como guion mágico, lejos de Disney, que nos permita descubrir la principal isla desconocida que existe en elmundo, la que cada persona lleva dentro, para que se cumpla el deseo más digno de cada uno, cada una, con sus cadaunadas: ser felices, sin estrellas que nos digan lo que tenemos que hacer en los momentos más difíciles, cuando en la penumbra vital hacemos camino al andar.

Es verdad lo que decía al principio: cuando era un niño, hacía las cosas de niño y me aferraba en algunas ocasiones a Peter Pan, tan niño como yo, porque deseaba ser como él y no crecer en un mundo al revés, de cartón piedra, diseñado por el enemigo (o por la factoría Disney, la de toda la vida). Era mi deseo (wish) íntimo, sin estrella alguna que iluminara este sentimiento, que todavía perdura en mi niñez rediviva.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

La Romanza de Salvador Bacarisse, música de fondo para un nuevo 20 de noviembre en libertad (V)

Sevilla, 20/XI/2023

Hoy, 48 años después de la muerte del dictador, de cuyo nombre no quiero acordarme ahora, se hace pública la composición del nuevo GOBIERNO DEMOCRÁTICO de este país, Gobierno Legítimo, con mayúsculas, a pesar de los esfuerzos de las derechas y su más allá (por su amplio espectro) para impedirlo de todas las formas posibles. La democracia ha triunfado una vez más y se abre un periodo de esperanza fundada en el progreso del país de la mano de un Gobierno que afianzará los derechos y libertades de todos, sin excepción.

Es una ocasión especial que no quiero perder en esta escritura circular y diaria que vuelco en este cuaderno digital, porque estoy convencido de que si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, también en nuestro país, se calla la vida y la palabra. Repito que hoy es un día muy especial para España, que no olvido al cumplirse el 48º aniversario del fallecimiento de Franco, el dictador de este país que tuvo helado el corazón, durante muchos años, de una de sus dos Españas.

Como conocí bien lo ocurrido, al ser una persona que nació sólo ocho años después de finalizar la guerra civil, pero no sus daños colaterales, vuelvo a publicar hoy las palabras que escribí hace cinco años en este cuaderno digital, al igual que en años anteriores, como pequeño homenaje a la memoria histórica de hombres y mujeres de este país que entregaron su vida durante la dictadura por la ansiada libertad para todos. Para que no se olvide y para lo que sirva, mucho más indicado hoy por lo que está ocurriendo estos días en relación con el clamor insaciable de las derechas para demoler el gobierno votado en la sede del pueblo, el Congreso, compartiéndolo en el club digital de las personas dignas, libres y buenas, en el buen sentido de la palabra «buenas», como lo aprendí en mis años jóvenes de Antonio Machado, un hombre bueno y ejemplo de lo que significa hoy día la dignidad del exilio interior, que también existe y en el que, a veces, seguimos viviendo, siendo consecuentes con una ideología pre-ocupada (así, con guion) por el ansiado bienestar personal y social de todos.



La Romanza de Salvador Bacarisse: música de fondo para un 20 de noviembre en libertad

Una romanza es una composición de aire tierno y sencillo, un aria que solo quiere transmitir sentimientos. Estos días estoy experimentando una emoción especial tocando en fase de aprendizaje la Romanza de Salvador Bacarisse, el segundo movimiento de su preciosa obra Concertino en La menor. Mis profesoras de piano y violín han hecho los arreglos necesarios porque la versión original de 1952 es para guitarra y orquesta. Creo que les ha quedado preciosa.

Navegando por la memoria, entre lo que somos, tenemos y hemos perdido, he recordado al pintor Joe Brainard porque encontró una fórmula maravillosa para navegar por ella, los Me acuerdo…”. Así es y hoy me he acordado de la persona que ha colgado en Youtube el vídeo de la cabecera de este post, cuando decía que “Con este vídeo, hago un pequeño y humilde homenaje a Bacarisse y a los que fueron víctimas de sus propios días, sobre todo, a los que tras perder la guerra, por si fuera poco, tuvieron que marcharse. Murieron, perdieron y se marcharon, la gran mayoría lo hizo para siempre, y nunca han tenido el reconocimiento que también ellos merecen. Jamás olvidemos la historia, y aprendamos siempre de ella. Es por eso que, sin demonizar ni buscar culpables, sólo emito un reflejo más de esa época que, espero, al menos nos haya servido para aprender y no volver a cometer los mismos errores nunca más. Sé que este es un tema no superado en España y tenemos que buscar todos los medios para que así sea. Han pasado más de ochenta años y no veo que haya habido un perdón de verdad. Sólo tratando esta época sin rencores podremos avanzar como sociedad, y este país podrá ser algo mucho mejor. Hay que encontrar algún nexo de unión, porque, aunque siempre existan divergencias políticas, la herida de la Guerra Civil española nunca se cierra porque nunca nadie parece querer curarla, sobre todo los que tan malamente nos gobiernan hoy día”.

Cuando toco de forma incipiente la Romanza en sus dos versiones, para piano y violín, con fallos lógicos por mi parte en su ejecución y en este momento de aprendizaje, siento estas palabras como si fueran la letra de esta composición que representa el dolor de la España que ha tenido helado el corazón durante muchos años. No me importa repetir los compases una y otra vez porque es una forma de comprender mejor qué quiso transmitir el autor en ellos. Ya la recordé el año pasado en este cuaderno digital, cuando dediqué unas palabras especiales a Ataúlfo Argenta, gran amigo de Bacarisse: “Buscando esta verdad de Ataúlfo Argenta, he seguido de cerca a Fernando Argenta en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. El mismo que él tenía hacia su padre cuando nos presentaba el Concertino para guitarra y orquesta en La menor, de Salvador Bacarisse (sobre todo su Romanza), nada apreciado por el Régimen franquista por su deriva republicana y que dirigió en un concierto memorable en París el día de su estreno [15-X-1953, París (Théátre des Champs-Élysées), interpretado por Narciso Yepes (guitarra) y L’Orchestre National, en un concierto publico organizado por la Radio Televisión Francesa)], del que guardo un recuerdo entrañable en mi memoria de hipocampo, de secreto. Escuchen esta versión de la Romanza con la pasión de Ataúlfo Argenta en su dirección musical.

Recientemente, he localizado un tesoro musical: la obra compilada de Salvador Bacarisse en la Fundación Juan March, con un prólogo emocionante de su único hijo, Salvador Bacarisse Cuadrado: “Yo me fui a vivir a Inglaterra pero mis padres siguieron en París, en el pisito del 7 de la rue Cassette que ocuparon más de treinta años. Cuando murió mi madre en 1976, trece años después que mi padre, yo quité el piso de la rue Cassette, y me llevé a Escocia todos los papeles y libros de mi padre. Desde aquel día permanecieron a salvo, y yo creía olvidados, hasta la fecha memorable en que llamó a la puerta de mi casa Emilio Casares, quien venía a pedirme autógrafos y otros materiales para una exposición de «La música en la Generación del 27» que estaba organizando y que tuvo lugar en Granada en julio de 1986. Esa exposición y el magnífico catálogo que publicó el Ministerio de Cultura fue el primer reconocimiento de aquellos músicos olvidados durante el franquismo, entre los que figuraba mi padre. En Granada, durante la exposición y hablando con Rodolfo Halffter, que había venido de Méjico, y con otros, decidí hacer lo que en realidad ya sabía que tenía que hacer: mandar los manuscritos de Salvador Bacarisse a su tierra, a España. Por muy hijo de francés, emigrado a España, que fuera mi padre, nunca se sintió sino español. Vivió treinta años en París, desarraigado y triste lejos de su querido Madrid”. Me ha permitido conocer su obra a través de esta publicación extraordinaria, que está al alcance de quien desee conocer de cerca a este gran compositor olvidado durante la dictadura franquista. Ha sido un hallazgo que me permitirá conocer a fondo a Bacarisse, en su vida y en su obra. En la Fundación está el legado completo del compositor, llevado a cabo por su hijo en 1987, que incluía todas las partituras que obraban en su poder.

Cuando comienzo hoy mi ensayo de violín, he sentido la necesidad de compartir este sentimiento de respeto y agradecimiento a un autor muy desconocido en su país, pero que tuvo el reconocimiento mundial fuera de él alternando su labor de composición y de dirección de orquesta con el trabajo que desarrolló en el exilio en París, en la Radiodifusión-Televisión Francesa, como productor de programas en español para Hispanoamérica.

No lo olvido…, en un día próximo de infeliz memoria. Para lo que sirva, compartiéndolo en el club de las personas dignas y libres de este país.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

Un Gran Concierto de Mozart ante el Gran Desconcierto Político en este país

Fotocomposición con la portada de la partitura original del Gran Concierto para clavecín o pianoforte, W.A. Mozart (1782), KV 414 / JA COBEÑA

Alza las palabras, no la voz. Es la lluvia lo que hace crecer las flores, no los truenos

En El pan de la guerra, 2018.

Sevilla, 13/XI/2023

La verdad es que estamos viviendo días muy desconcertantes en este país, instalado en el insulto y descalificaciones gruesas permanentes de los que no piensan igual, de la derecha en concreto y su más allá, que existen y ahí están, saltándose a la torera cualquier resquicio de comprensión y respeto hacia los demás, que somos más de doce millones de votantes que representamos los que al final, con nuestros votos respaldamos la democracia representativa y constitucional, aunque algunas de las decisiones finales que se han tomado por la llamada izquierda o bloque progresista no acaben de gustarnos a todos por igual. Pero la situación no va de gustos sino de llevar al país al progreso y a la eliminación de las barricadas y de su dualismo y cainismo sempiterno como señas de identidad de estas dos Españas que se intentan resucitar por algunos.

En este contexto, cuando me enfrento esta mañana a la pantalla en blanco, vuelve a sonar en mi conciencia la voz de Ítalo Calvino, en su conferencia malograda por su fallecimiento repentino antes de pronunciarla en Estados Unidos, en 1985, El arte de empezar y el arte de acabar, sabiendo que si sigo al pie de la letra su recomendación a la hora de escribir, tengo la oportunidad cada día de decir todo o nada, pero de los que se trata es de que me esfuerce en decir algo especial. Y lo especial hoy es que intentemos escribir palabras concertantes, con el espíritu de Mozart a la hora de escribir la partitura de este Gran Concierto para clavecín o fortepiano (KV 414), compuesto en 1782, que me rodea a diario a modo de banda sonora permanente en mis oídos, porque figura como imagen principal de la portada de la partitura de este concierto, en las cortinas de la habitación desde la que escribo a diario páginas en este cuaderno digital.

Nuestras Autoridades, que dieron sentido en el siglo XVIII al primer diccionario de la lengua castellana, permitieron que la Real Academia española de la Lengua publicara entre 1726 y 1739 suprimer repertorio lexicográfico, en que se explicaba el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las frases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua», lo que se conoce como el Diccionario de autoridades, “pensando que una lengua necesita contar con una norma culta sustentada en el uso de los mejores escritores (aquellos que, como se advierte en el prólogo, a juicio de la Academia «han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia: conociéndose por ellos su buen juicio, claridad y proporción, con cuyas autoridades están afianzadas las voces», si bien se puntualiza que «no por esta razón se dexan de citar otros [autores], para comprobar la naturaleza de la voz, porque se halla en Autor nacional, sin que en estas voces sea su intento calificar la autoridad por precisión del uso, sino por afianzar la voz»)”. He querido recurrir hoy a esta fuente, para alejar la palabra “concierto” de los llamados “adoctrinamientos” que utiliza la llamada “gente de bien”, frente a los que nos tildan de “gente de mal” en casi todas sus intervenciones. Es precisamente en su primera edición cuando el diccionario citado dice que “concierto”, en su primera acepción significa  “ajuste, pacto, convenio, tratado hecho de acuerdo y consentimiento de ambas partes, sobre alguna cosa”, pero cobra más valor aún cuando acudimos a la segunda, al decir textualmente que “vale también buena orden, disposición y método en el modo de hacer y ejecutar alguna cosa”, citando expresamente en su referencia a una autoridad más allá de toda sospecha, Fray Luis de León, cuando afirmó algo que se olvida casi siempre a la hora de enfrentarnos a conciertos de la vida ordinaria y, ahora, al concierto político y de Estado: “Dicen que no hablo en romance, porque no hablo desatadamente y sin orden, y porque pongo en las palabras concierto, y las escojo, y les doy su lugar (De los nombres de Cristo, 3, Proemium, 1583)”.

Daniel Barenboim – Concierto para piano, número 12 in La Mayor K. 414: I. Allegro

Por lo expuesto anteriormente y con el Gran Concierto de Mozart de fondo, el nº 12, KV 414, creo que ahora y siempre debemos recuperar todos los esfuerzos posibles para lograr componer un Gran Concierto Político en este país, que permita buen orden, así como buena disposición y método en el modo de hacer y ejecutar la política en la actualidad, siguiendo de cerca a Fray Luis de León, sin hablar desatadamente y sin orden, poniendo todos las palabras como una partitura imaginaria del Gran Concierto de nuestras vidas, haciendo un esfuerzo por escoger las mejores, sin insultar o descalificar por principio a nadie, dándoles su lugar, porque afortunadamente, en ese principio, aún nos quedan, recordando a Blas de Otero en Pido la paz y la palabra (1955), que yo, hoy, también las proclamo alzando esa palabra, no la voz, porque es la lluvia lo que hace crecer las flores, no los truenos:

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Valeria Castro, ´chiquita´ y muy grande al mismo tiempo

Sevilla, 9/XI/2023

La música es una de las grandes pasiones culturales que cuidan mi alma, porque sé que siempre es compañera en la alegría, pero también medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum), incluso para comprender el sinsentido de las guerras actuales, en Palestina y Ucrania, a la que no olvido, junto a las intestinas de la política nacional cuando ésta carece de altura de miras, no inocente por cierto, tal y como lo estamos viviendo estos días en este país como consecuencia de la traída y llevada amnistía, sin que se explique bien y se comprenda su verdadero alcance democrático. En este contexto, vuelvo hoy a ella a través del descubrimiento, esa es la misión de este cuaderno digital, de una cantante ´chiquita´, debido a su nacimiento en la isla de la Palma, que así se identifica también a esta preciosa isla, muy bonita y que conozco bien, cuyo nombre, Valeria Castro (La Palma, 1999), se va a escuchar a escala internacional, próximamente, con motivo de la ceremonia de la entrega de los premios Grammy en esta ciudad, el próximo 16 de este mes, al estar nominada a uno de estos premios, concretamente el Grammy Latino a mejor canción de cantautor por ´La raíz´, canción que preside estas palabras, como homenaje a su tierra ´chiquita´, a la que nunca ha renunciado en su fondo y forma.

Así se presentaba en 2021 en una entrevista en la revista ´Vogue´, con palabras que enmarcan perfectamente su vida y su obra, respetando siempre sus raíces: ´Nací en La Palma, que es una de las islas menores de Canarias, y es también por eso mi sentimiento de pequeñita. Saber de dónde vienes, cuando se trata de un sitio pequeño, es saber también que tienes que crecer desde más abajo. Empecé estudiando en una escuela de música de allí y, si no hubiese crecido ahí, quizás mi amor por la música no sería el que es hoy. Empezar con 4 años a tocar el piano y cantar fue clave, la infancia es una etapa muy bonita para desarrollar esas pasiones y que luego duren, ojalá, siempre´.

Valeria Castro ha crecido junto a la música en sus más diversas manifestaciones, baile, guitarra, piano y canto, faceta esta última que le permitió con tan sólo 18 años, entrar a formar parte de la discográfica multinacional ‘Warner Music’, presentándose en el mundo musical con un proyecto de homenaje a canciones de las décadas de 1990 y 2000, junto a su guitarrista y violinista, Alberto Torres. Dos años más tarde, la discográfica lanzó un disco, ´Chiquita´, con seis temas entre los que destaca ‘Ay, amor’, una canción que critica la hipocresía frente a la inmigración, junto a otras composiciones que mezcla ´talento y ternura´, tal y como la ha definido a ella  Alejandro Sanz, mentor también de su meteórica carrera artística, ‘Culpa’, ‘Cómo te voy a olvidar’, ‘La corriente’, ‘Cuídate’ y ‘Guerrera’, siempre con el hilo conductor de la sororidad y su proximidad a las mujeres que sufren violencia de género y que junto a su madre y abuela, constituyen su inspiración más directa a la hora de componer y cantar sus propias canciones.

Respetando esta trayectoria vital, me ha interesado conocer la letra de la canción nominada al premio Grammy citado, La raíz, porque refleja el respeto que debemos sentir siempre por nuestras raíces humanas, con sus sentimientos y emociones, porque hay que escucharla siempre con el corazón, más fuerte que el viento, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de Rafael Alberti, aplicado a los versos, en su Canción 8, recogida en Baladas y canciones del ParanáSentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón / Más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón, / Más que el viento. // El verso sin él no es nada. / Sólo verso. O lo que es lo mismo: La raíz, sin corazón, no es nada. Solo una canción.

Todo se inunda y piensas que nunca
Toca la bala en tu pecho y asusta
Y todo parece que en unos meses
Sigues pensando en que igual es tu culpa

Y tú mirando a todos lados por si alguien ha llorado
Y tus ojitos tan mojados no han secado
Y tú que tanto te mereces, no todos permanecen
Y no por ello no amanece, no florece

Pasó lo que tenía que pasar
Y no pienso hacer nada más
Más que quedarme aquí
Cuidándola

Pasó lo que tenía que pasar
Y no pienso hacer nada más
Más que quedarme aquí
Cuidando la raíz
Cuidando la raíz
Cuidándola

Y aunque a veces llores, tienen las flores
Que tener agua aunque no sea la justa
Y es recurrente al lado de tu frente
Unos ojitos que piden disculpas

Y tú que siempre has intentado tener tanto cuidado
Con lo que estaba cerca pero no en tu mano
Y tú tendrías que ver el alma que tiene tu garganta
Que solo así se aprende a ver el mar en calma

Pasó lo que tenía que pasar
Y no pienso hacer nada más
Más que quedarme aquí
Cuidándola

Pasó lo que tenía que pasar
Y no pienso hacer nada más
Más que quedarme aquí
Cuidando la raíz
Cuidando la raíz
Cuidándola

Pasó lo que tenía que pasar
Y no pienso hacer nada más
Más que quedarme aquí
Cuidándola

Pasó lo que tenía que pasar
Y no pienso hacer nada más
Más que quedarme aquí
Cuidando la raíz
Cuidando la raíz

Cuidando la raíz (cuidando, ay cuidándola)
Cuidando la raíz (cuidando, ay cuidándola)
Cuidando la raíz (cuidando, ay cuidándola)
Cuidando la raíz (cuidando, ay cuidándola)
Cuidando la raíz (cuidando, ay cuidándola)
Cuidando la raíz (cuidando, ay cuidándola)
Cuidándola

Valeria Castro va a estar en esta ciudad, pendiente de su nominación junto a otros cantautores de mucho prestigio. No sabemos qué pasará la semana próxima, pero de lo que estoy convencido es de que a ella sólo le basta su raíz, cuidándola día a día, como siempre, su mejor premio, porque siempre ha intentado, en una adaptación personal que hago de la letra propuesta al Grammy, tener cuidado con lo que estaba cerca pero no en su mano / porque es consciente del alma que tiene su garganta / porque solo así se aprende a ver el mar en calma // Pasará lo que tenga que pasar / Sé que no piensa hacer nada más / más que quedarse cuidando… su raíz.

Con estas palabras, sólo he querido cuidar las raíces ´chiquitas´ de su vida y de su extraordinaria obra, en un mundo tan alejado de estas cuestiones. Nada más. Para lo que sirva, Valeria.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Hay que doler de la democracia, para que llueva a cántaros

Sevilla, 11/X/2023

Cuando era joven y hacía las cosas de joven, dejando atrás las cosas de niños, en la clave que aprendí del creacionismo paulino, seguía de cerca, en una de las dos Españas, al cantor Pablo Guerrero, porque puso su alma de secreto y la de todos en una canción, A cántaros (1972), que se convirtió en un himno motivador para los que vivíamos preocupados por el presente y futuro de este país, ya en los estertores de la dictadura. De ahí una de las muestras de mi respeto casi reverencial a la memoria democrática de este territorio hispánico tan dual y cainita, en una canción emblemática para después de una guerra y un tiempo de dolor y silencios.

Recuerdo perfectamente cómo nos reuníamos grupos de jóvenes de aquella época y cantábamos al unísono las palabras de Pablo Guerrero, porque era verdad, teníamos que salir del túnel de la dictadura, tenía que llover, además a cántaros, que no era cualquier cosa en su significado más profundo. Necesitábamos que lloviera esperanza como gotas de rocío que regaran cada segundo de presente y futuro en nuestras vidas. He vuelto a escuchar hoy a Pablo Guerrero, acompañado de Luis Pastor, Lourdes Guerra, Cristina Lliso, Olga Manzano, Ismael Serrano, Olga Román, Manuel Cuesta y Álvaro Urquijo, amigos y amigas a los que me uno, porque estamos convencidos de que todavía hoy tiene que volver a llover democracia en este país, junto al agua real secuestrada por el cambio climático como una de las peores intervenciones humanas en la naturaleza, sabiendo que hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que llover a cántaros:

Tú y yo, muchacha, estamos hechos de nubes pero, ¿quién nos ata? Dame la mano y vamos a sentarnos bajo cualquier estatua. Que es tiempo de vivir y de soñar y de creer que tiene que llover a cántaros. Estamos amasados con libertad, muchacha, pero, ¿quién nos ata? Ten tu barro dispuesto, elegido tu sitio, preparada tu marcha. Hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que llover a cántaros. Ellos seguirán dormidos en sus cuentas corrientes de seguridad. Planearán vender la vida y la muerte y la paz. ¿Le pongo diez metros, en cómodos plazos, de felicidad? Pero tú y yo sabemos que hay señales que anuncian que la siesta se acaba. Y que una lluvia fuerte, sin bioenzimas, claro, limpiará nuestra casa. Hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que llover a cántaros.

Sigo dando vueltas a una frase que me costó trabajo comprender en su justo sentido: hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que llover a cántaros. Cincuenta y un años después de haberla escuchado por primera vez, suena en mi memoria de hipocampo, en mi persona de secreto, como si fuera ayer, aunque sigo convencido, muchos días y años después, por mi matusalénica edad, que diría Benedetti, que en estos momentos complejos en un país convulso, es tiempo de vivir y de soñar y de creer que tiene que volver a llover a cántaros. Estamos amasados con libertad, pero, ¿quién nos ata? Preparemos el barro dispuestos, elegidos nuestros sitios, donde quiera que seamos y estemos,  preparada nuestra marcha. Hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que volver a llover a cántaros. Ellos seguirán dormidos en sus cuentas corrientes de seguridad. Planearán vender la vida y la muerte y la paz. ¿Le pongo diez metros, en cómodos plazos, de felicidad? Pero tú y yo, ellos, nosotros y vosotros, demócratas convencidos, sabemos que hay señales que anuncian que la siesta del conformismo se acaba. Y que una lluvia fuerte, sin bioenzimas, claro, limpiará nuestra casa, nuestro país. Hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que volver a llover a cántaros.

Es verdad: cada día tengo más claro que la democracia hay que dolerla, para creer que es posible que en nuestro país vuelva a llover a cántaros. Sin ese dolor, es difícil comprender qué significa ser demócrata de por vida, una creencia que facilita vivir con una ideología, no inocente, para transformar la sociedad, no sólo cambiarla. Siempre, a favor de los más débiles, de los nadies, de los que más son pero menos tienen. Su felicidad en democracia, que también es la nuestra, no se puede vender por metros, en cómodos plazos, tal y como nos lo enseñó Pablo Guerrero.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¡Bienhallado, Miguel Ríos, gracias por haber estado aquí!

Fotocomposición del concierto / JA COBEÑA

¡Buenas noches, bienvenidos / Hijos del rock and roll / Os saludan los aliados de la noche // Bienvenidos al concierto / Gracias por estar aquí / Vuestro impulso nos hará seres eléctricos!

Miguel Ríos, Bienvenidos

Sevilla, 18/IX/2023

A sus setenta y nueve años, Miguel Ríos, un trabajador de la música no inocente, cantor de profesión, que no sólo cantante (tal y como lo aprendí de Facundo Cabral, porque sabe que debe cantar como saben hacerlo los cantores, con ideología dentro, frente a los cantantes, que sólo pueden cantar), demostró el sábado pasado en esta ciudad que su forma de interpretar la vida a través del rock nunca muere. Fui al concierto que ofreció junto a su excelente banda, con motivo de su 40 aniversario sobre los escenarios, celebrando la presentación en sociedad de una banda sonora, mítica, Rock & Ríos, que sigue sonando con idéntica calidad después de cuarenta años. Cuando apareció en el escenario con su saludo multisecular, ¡Bienvenidos al concierto, gracias por estar aquí, vuestro impulso nos hará seres eléctricos!, me sonó igual que cuando lo escuché por primera vez en el antiguo estadio del Recreativo de Huelva, hace cuarenta años, saludándome en el siglo pasado como amigo de la noche. Fueron dos horas y media, ininterrumpidas, sin descanso posible, en un clima propicio para poner en funcionamiento miles de moviolas personales e intransferibles, donde cada uno, cada una, rememoró los años jóvenes de Cliff Richard también, una canción que tampoco he olvidado a pesar del tiempo transcurrido.

La verdad es que fue un reencuentro emotivo por diversas razones. El público asistente era de una edad media-alta, no nos engañemos, aunque cubiertos del tupido velo de un dicho popular: los rockeros nunca mueren. Personalmente, no me considero como tal, pero en 1983 vivíamos en este país una oleada de libertad, sin ira, libertad, que nos llevaba en volandas junto a Miguel Ríos, aunque no fuera de mi cuerda musical. Aquél recibimiento, aquella bienvenida, me sonó igual el pasado sábado, con cuarenta años más, una matusalénica edad que diría Benedetti. Miguel demostró que sigue con la misma fuerza vital e ideológicamente sin cambiarse la chaqueta, algo milagroso en los tiempos que corren, que expresó en vivo y en directo cuando le dio la vuelta a la roja –¡qué casualidad!– que había llevado a lo largo del concierto y la enseñó plagada, en el envés, de cabezas cadavéricas, mostrando cómo el tiempo pasa para todos, sin piedad, viviendo en determinados momentos sólo la espera del tiempo en el día después o en cuarenta años después que es lo mismo, tempus fugit.

Me sentí muy cerca de él cuando cantó El río, acompañada por Rocío Márquez, cantora de Huelva (otra vez Facundo Cabral), a la que admiro en mi persona de secreto por su arte inconfundible y porque tengo el honor de haber siso profesor de su padre en mis años jóvenes (de tal palo tal astilla) y ahora me devolvía sin saberlo un recordatorio a través de su hija junto a Miguel: Yo recuerdo aquel día / Que nos fuimos a bañar / Aquel agua tan fría / Y tu forma de nadar / En el río aquel / Tú y yo y el amor / Que nació de los dos. En mi caso, junto a mi compañera de singladura vital, cuarenta años después también, recordando un baño en el océano, cambiando lo que hay que cambiar, tal y como lo conté en este cuaderno digital un día ya lejano, con un título para mí inolvidable: Memoria de desván.

Cuarenta años después, al igual que el rotundo motivo declarado del concierto de Miguel Ríos, entoné bajito en la grada en la que lo contemplaba, una estrofa de los compases finales de El río, acompañado por Miguel y Rocío, como si fuera ayer (los corchetes son míos): Allí nada ha cambiado / Nuestro río [océano] sigue igual / Con sus aguas tan claras / Que se pierden en ese mar / En el río [océano] aquél / Tú y yo y el amor / Que nació de los dos.

¡Hasta pronto, Miguel Ríos, gracias por haber estado aquí, en Sevilla! Tu impulso nos devuelve las ganas de vivir como seres eléctricos, digitales, en un mundo nuevo, desconocido en el después de hace tan sólo cuarenta años. Tu Fundación cultural y social, con el objetivo encomiable de devolver a la sociedad aquello que la sociedad te ha dado, algo que te honra, es tu mejor estela. Por ese motivo, gracias de nuevo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

En tiempos de turbación necesitamos la autenticidad de la izquierda

Sevilla, 15/IX/2023

Frente al ideario ignaciano de la santa prudencia, siempre me ha gustado contradecirlo en este mundo al revés, defendiendo el principio de que todo cambia, siguiendo al pie de la letra la canción fantástica de Julio Numhauser (fundador de mi querido grupo Quilapayún), que la grabé en mi razón y en mi corazón, en etapas muy difíciles de este país arrasado por el virus del odio y de las dos Españas. Creo, por tanto, que se deben hacer mudanzas del alma cada vez que sea necesario, por ejemplo hoy, en nuestro actual presente: Cambia lo superficial / Cambia también lo profundo / Cambia el modo de pensar / Cambia todo en este mundo. En este marco ideológico he encontrado en este aquí y ahora clásico, hic et nunc, una sabia respuesta en esta película que se estrena hoy en España, El sol del futuro, dirigida por Nanni Moretti, director italiano que nos tiene acostumbrados a contemplar la vida desde una perspectiva irónica y atrevida cuando menos, con un sesgo ideológico no inocente, de izquierdas siempre.

Para salvar lo que hay que salvar de forma antecedente y no arruinar la película, acudo a la sinopsis oficial de la distribuidora en España: “Giovanni, un reconocido realizador italiano, está a punto de empezar a rodar una película política. Pero entre su matrimonio en crisis, la situación de su coproductor al borde de la bancarrota y una industria cinematográfica en pleno cambio, ¡todo parece estar en su contra! Giovanni, siempre al borde del precipicio, tendrá que volver a pensar su forma de hacer las cosas si quiere que su pequeño mundo tenga un futuro brillante”. Aquí es donde comienza la magia de este director con una larga trayectoria cinematográfica que nunca dejó indiferente a las personas que quisimos conocerlo a fondo. En esta ocasión, lo que me ha interesado es la lectura de su pasado desde la perspectiva de los setenta años, porque la historia no se hace con suposiciones…, sino con hechos, que son los verdaderos amores de nuestra vida y no solo las buenas razones, que también.

Moretti expresa en su película el dolor que siente por la pérdida de identidad de la izquierda y diferentes secuencias que he conocido de esta película así lo aseveran. Como bien se afirma en la crítica del elDiario.es, en un artículo interesante, “Moretti ha forjado una filmografía crítica con la izquierda. Suya es aquella frase mítica de “D’Alema, di algo de izquierdas” que suena en Abril mientras su protagonista ―de nuevo un álter ego de él mismo que se llama como él― ve un debate del líder de izquierda contra Berlusconi. En El sol del futuro firma una fábula que es casi una utopía comunista, llena de música italiana, donde suena Franco Battiato y donde se defiende el cine en salas ―hay bofetón a Netflix― y la responsabilidad del cineasta en cada plano que elige, en una hilarante escena donde Moretti detiene un rodaje de un joven director para debatir sobre cómo va a rodar una muerte. El cineasta presentó el filme en el pasado Festival de Cannes, y allí explicaba que creía que a la izquierda le venía bien repensar en sus principios. “Creo que algunos años en la oposición le harán bien a la izquierda en Italia, y creo que así logrará reencontrar parte de su identidad perdida. La derecha en el Gobierno se está comportando como se comporta un partido de derecha. Hace su trabajo. Lo importante es que el partido de izquierdas vuelva a ser de izquierdas”, dijo con claridad ante un reducido grupo de periodistas”.

Quien siga de cerca la lectura de las páginas de este diario digital sabe que amo a Italia sobre muchas cosas, admirando también su forma de hacer cine. Roma, como dijo Rafael Alberti admirablemente en un poema inolvidable, me entregó hace ya muchos años y mientras que viví allí, a cambio de mis penas, tanto como yo dejé para tenerla. No la olvido.

Una vez más, acudiré esta tarde para vivir su película a una sala cinematográfica, a las que tanto defiende Moretti ante las plataformas que lo invaden todo, en un guiño mordaz en esta película refiriéndose, por ejemplo, a Netflix, por la forma de producir y lanzar al consumo voraz del cine, no el suyo precisamente, que no cae en saco roto ante quien siga de cerca el guion de esta interesante película. Es la razón de por qué quiero ver a danzar a Moretti bailando la canción de Franco Battiato homónima, Quiero verte danzar, cuando decía en sus deliciosas estrofas: Yo quiero verte danzar como los Derviche Tourners (Derviches giróvagos) / que giran sobre la espina dorsal al son de los cascabeles del Kathakali / Y gira todo en torno a la estancia mientras se danza, danza. / Y gira todo en torno a la estancia mientras se danza...

Después de este danzar en torno a lo que está ocurriendo en nuestro país, me quedo con la frase de Moretti citada anteriormente, pronunciada durante su estancia en Cannes con motivo de la presentación de su película y refiriéndose a la situación actual en su país con un gobierno de ultraderecha, que se comporta como tal: “Lo importante es que el partido de izquierdas vuelva a ser de izquierdas”, dijo con claridad ante un reducido grupo de periodistas”, algo que me suena muy bien en los momentos actuales de nuestro país, donde el futuro gobierno de coalición, amparado por más de doce millones de votantes, debería “volver “ a ser de izquierdas, aunque todo cambie en este país, sabiendo que en el alma de sus votantes hay un mensaje que no deben olvidar: no cambia mi amor / Por más lejos que me encuentre / Ni el recuerdo ni el dolor / De mi pueblo y de mi gente.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Frente al ademán impasible de la derecha, aún nos queda la Internacional

LA INTERNACIONAL, coro de Quilapayún con la Orquesta Sinfónica de Chile dirigida por Sergio Ortega

Sevilla, 13/IX/2023

Leyendo hoy un artículo de Íñigo Sáez de Ugarte en elDiario.es, Aznar, impasible el ademán, he recordado inmediatamente un artículo que publiqué en 2017, en momentos difíciles para este país, Impasible el “alemán”, cuando se estaban celebrando las primarias en el PSOE para la secretaría general del partido y en las que, finalmente, resultaría vencedor Pedro Sánchez, casualmente y no de forma inocente actual presidente “legítimo” en funciones en este país, frente a la inspiradora maestra del derrocamiento de su rival en octubre de 2016, Susana Díaz, de cuyo nombre preferiría no haberme acordado hoy, hecho sobre el que también escribí largo y tendido en este cuaderno digital en aquellos momentos de autos. Sí hay que señalar, por mucho que nos duela a los demócratas, que desde la perspectiva de unos próceres del socialismo en este país, se intenta volver hoy casi a la casilla de salida de aquellos meses en los que la izquierda socialista dio un giro copernicano hacia una supuesta moderación que, en el fondo y forma, fue algo impresentable desde una ideología digna de izquierdas, permitiendo con su abstención el gobierno de derechas, aunque la realidad de hoy es bien diferente, avalada por más de doce millones votos que han confiado en que el nuevo gobierno sea fundamentalmente “rojo”, junto a la escala cromática de la izquierda y del nacionalismo democrático  en general, y no de color azul y verde, atendiendo a los resultados de las elecciones generales del pasado mes de julio.

Además de lo anterior, la derecha hizo ayer, a través del expresidente Aznar, un anuncio apocalíptico para el que tenía un bálsamo de Fierabrás extraordinario y no menos impresentable, como podemos leer en el artículo citado: “Impasible el ademán, el expresidente pintó un panorama tétrico. Alertó sobre la defunción de España y, por tanto, exigió una respuesta en la calle a la altura de los riesgos. “Son tiempos dramáticos porque existe un riesgo cierto existencial para la continuidad de España como nación”, dijo. La ruptura de España y de sus instituciones, que la derecha lleva anunciando de forma reiterada desde hace una década, vuelve a cernirse sobre todos. ¿Hasta qué punto reclamó Aznar una especie de insurrección general contra el enemigo? Afirmó que “nadie puede quedarse al margen” en esta misión. Es lógico que pida refuerzos. Si la cosa es tan grave, no se va a solucionar con ruedas de prensa de Cuca Gamarra. “Creo que España acumula energía cívica, institucionalidad y masa crítica nacional para impedir que este proyecto de disolución nacional se consume”, continuó. Es difícil saber qué quiere decir con eso de “masa crítica nacional” si antes había mencionado la energía. Hay que confiar en que no esté pensando en una reacción en cadena nuclear […] Hay que decir de nuevo ¡basta ya! (el grito contra ETA desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco). España no puede volver y no va a volver a un sistema basado en la exclusión, en el sectarismo ni en la destrucción programada de la nación”.

Frente a ese cara al sol redivivo de la nostalgia golpista, impasible el ademán de Aznar y lo que representa en el actual Partido Popular, tiene sentido volver a citar por mi parte aquél artículo de 2017, escrito en el contexto de un giro copernicano del PSOE al recuperar Pedro Sánchez la Secretaría General del partido con todas las bendiciones democráticas que hoy se requiere para adquirir la legitimidad secuestrada, en su caso, en 2016, con apoyo explícito de las fuerzas vivas de este país, medios de comunicación incluidos como el diario “El País, conocedoras de aquella letra inconfundible del “Cara al sol” y con clamorosos y vergonzantes silencios cómplices.

Al leer el artículo citado, Impasible el “alemán”, el que quiere entender que entienda. Creo que lo dejé bastante claro en aquella ocasión y si algo debo destacar hoy es lo que señalé al finalizar aquél artículo: “Sé lo que dice la canción [la Internacional] y se puede ajustar como justicia, no ajustamiento, a la situación actual en el mundo [en nuestro país], que todavía es posible cambiarlo a pesar de los agoreros mayores del Reino de la Tibieza y de la Tristeza, [asentados en la derecha ultramontana], que existir…, existen. Hay dos estrofas que me sigue ilusionando cantarlas y vivirlas con especial ilusión, sobre todo con el coro de Quilapayún en la octava de 50 aniversario del golpe de estado en Chile, que tanto aprecio: El día que el triunfo alcancemos / ni esclavos ni dueños habrá / los odios que al mundo envenenan / al mundo se extinguirán // El hombre del hombre es hermano / derechos iguales tendrán / la tierra será el paraíso / patria de la humanidad. No me pasa con lo que he contado de mi canto a un “alemán” desconocido, impasible y que como la música militar nunca me supo levantar”. Tampoco hoy, por cierto, porque frente al ademán impasible de la derecha y su grito «¡basta ya!», del que se han apropiado de forma indebida y descontextualizada, no de forma inocente, para sacar a su gente a la calle, aún nos queda la palabra y el canto, en las casas y en la calle también, si hace falta, de la dignidad humana y democrática que nos ofrece la Internacional.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Con la ayuda de maestros se escribe la historia

Sevilla, 12/IX/2023

He conocido la reciente presentación mundial de la película Maestro, una biografía cinematográfica especialmente delicada de uno de mis maestros musicales, Leonard Bernstein, fundamentalmente en mis años jóvenes por la composición de la banda sonora de West Side Story, al que vamos a poder conocer mejor en una faceta humana, familiar y bisexual, profunda, con el hilo conductor de su controvertido matrimonio con la actriz costarricense-chilena, Felicia Montealegre, en una biopic en sentido estricto, con un guion compartido con Josh Singer, dirigida e interpretada magistralmente en su papel estelar por Bradley Cooper, producida por Martin Scorsese, Steven Spielberg y Todd Phillips, además del mismo Cooper. Como carta de presentación, ya se espera de ella sólo su excelencia en su proyección mundial, tal y como se ha reconocido en su reciente participación en la 80ª Mostra de Venecia, junto a otras 22 películas, a pesar de no haber obtenido los preciados galardones de este preciado Festival de Cine.

Según Fotogramas, en una crítica que estimo como excelente, “El guion que Cooper coescribe junto a Josh Singer –coautor también de los libretos de ‘Spotlight’ y ‘Los archivos del pentágono’– presenta a Bernstein como una figura marcada por un claroscuro existencial: un hombre tocado por el encanto personal y el talento artístico, pero atormentado por un miedo feroz a la soledad. Y lo extraordinario es que el personaje sale del paso sin ser sometido al juicio moral del cineasta, quien contempla las taras de Bernstein –su narcisismo, sus adicciones, su permanente inconformismo, su dificultad para el compromiso sentimental– como cualidades inherentes a la naturaleza humana, algo que ya afloraba en la notable ‘Ha nacido una estrella’. De hecho, la propensión del Cooper-actor a ocupar el centro no solo de las escenas sino también de los encuadres demuestra que la modestia puede no ser la cualidad más determinante de la personalidad del Cooper-cineasta. […] Transitando desde el debut de Bernstein como director de la Orquesta Sinfónica de Nueva York, el 14 de noviembre de 1943, hasta la vejez del personaje, la película ofrece un deslumbrante viaje estético por el cine americano de la segunda mitad del siglo XX. En su tramo inicial, filmado en blanco y negro, Cooper –con la colaboración del director de fotografía Matthew Libatique– homenajea la heterodoxia del clasicismo de Hollywood que tomó forma con el estreno de ‘Ciudadano Kane’ de Orson Welles en 1941. Entre sus suntuosos travellings, sus majestuosos besos a contraluz y sus veloces diálogos, ‘Maestro’ logra capturar el romanticismo de una era, la de la inmediata posguerra, en la que Estados Unidos navegaba entre el ardiente deseo de celebrar la vida y la imposición de un régimen patriarcal conservador. Y, por si lo anterior no fuera suficiente, en su salto a la década de 1970, la película entabla un diálogo con los cineastas del Nuevo Hollywood para explorar, cámara en mano, el arduo camino hacia la plenitud artística y la libertad sexual del protagonista”.

Una vez más, nada humano me es ajeno, según Terencio, incluso si viene de mis maestros, en este caso Leonard Bernstein, al que siempre he profesado admiración artística. El cine tampoco es ajeno en mi vida y si tuviera que preguntar en ocasiones como esta de Maestro, ¿qué es el cine?, acudiría de forma veloz a lo que manifestó en una ocasión el afamado director John Ford, que conocía muy bien a Henry James Fonda, respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?: “Es ver caminar a Henry Fonda”. Lo mismo que hoy podría afirmarse por la interpretación tan alabada de Bradley Cooper en su papel de Bernstein, al contemplar como caminaba realmente por los senderos inescrutables de la vida, con una íntima banda sonora especial, dirigida por él, preguntando qué significa el número dos en su azarosa vida junto a su querida compañera sentimental, Felicia Montealegre, cuando ya todo sonaba a despedida por la muerte de ella. Por esta vez, cualquier parecido con la realidad de la vida no será pura coincidencia. Esa es la verdadera magia del cine y su historia. Y Maestro no se queda atrás, porque en esta ocasión el cine es admirar la interpretación magistral de Bradley Cooper en el papel de Leonard Bernstein.

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Mozart admiraba a Benda

G. A. Benda, ca. 1751. Wikimmedia Commons

Sevilla, 14/VIII/2023

En un verano de Sevilla, muy particular, porque hace mucho calor como en otros muchos lugares del planeta, de forma exponencial en cuanto a las subidas del termómetro por el traído y llevado cambio climático, algo innegable a pesar de sus detractores y negacionistas de nuevo cuño político de derechas, vivimos una situación «acalorada» que muchas veces nos obliga a ir del timbo al tambo en el acontecer diario, lo que nos permite también interpretar la vida a través de la cultura. Leyendo hoy con atención reverencial la información que me ofrece semanalmente la Fundación Juan March, he descubierto algo que me ha sorprendido sobre el compositor Mozart, a quien manifiesto siempre mi respeto como maestro musical, como se puede constatar en numerosas páginas de este cuaderno digital.

Me refiero concretamente a la admiración que profesaba el maestro de Salzburgo al compositor checo Georg Anton Benda (1722–1795), que nació en Benátky nad Jizerou, cerca de Praga, muy cuidadoso del llamado estilo sentimental (Empfindsamkeit) y por sus obras melodramáticas inspiradas en sus estancias profesionales en Francia e Italia. Creo que es muy interesante conocer el círculo de amigos de Mozart para conocer cómo era él y como componía escuchando la obra excelsa de Benda. También me ha interesado conocer la vinculación de Benda con la familia Bach, en concreto con Carl Philipp Emanuel Bach, porque sus conciertos para clave «materializan una interpretación de la estética sentimental muy similar a la de Carl Philipp, que, a su vez, es heredera de la tradición clavecinística de su padre [Johann Sebastian Bach].

¿Cuándo se produjo el encuentro personal de Benda con Mozart?: «En la primavera de 1778, Benda renunció temporalmente a su cargo como máximo responsable de la actividad musical de Friedenstein a causa de la tensión que se había generado entre él y Schweitzer, el compositor titular de la Seylersche Schauspiel-Gesellschaft. Dada su nueva popularidad, Benda pensó que podría encontrar fácilmente un puesto en cualquier otro lugar y emprendió un viaje que lo llevó, primero, a Hamburgo, donde volvió a encontrarse con Carl Philipp Emanuel Bach, y, luego, a Viena. Sus obras habían sido representadas con éxito en el Burgtheater de la capital austríaca, por entonces conocido como Teutschen Nationaltheater, así que empezó a promocionarse en la ciudad. Rivalizó con Mozart en el nombramiento como compositor de óperas y singspiele nacionales, aunque ambos reconocían mutuamente su excelencia musical. El salzburgués, por ejemplo, le confesó a su padre por carta el 12 de noviembre de 1778 que sentía una profunda admiración por sus melodramas Medea y Ariadna auf Naxos«.

Recomiendo la lectura del artículo citado, Benda, el compositor admirado por Mozart, porque hay matices que conviene contextualizar plenamente para entender esta admiración mutua. Lo comentaba al principio de estas palabras, que siempre pretenden decir algo esencial: ir del timbo al tambo nos lleva, a veces, a conocer grandes obras maestras de la música clásica. En este caso la de un amigo de Mozart, porque me agrada compartir con la Noosfera este encuentro y para que lo conozca escuchando sus excelentes composiciones que, en plena canícula, nos acompañan para dar calor, también, al alma humana.

Lo decía de forma excelente Rafael Alberti: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón / Más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón, / Más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso. O lo que es lo mismo hoy: la música sin sentimiento es eso, sólo música. Benda lo confirmó siendo fiel a su estilo sentimental, del que fue un auténtico maestro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!