Necesito leer “Nexus”, el nuevo ensayo de Yuval Noah Harari

Yuval Noah Harari, Nexus

Sevilla, 14/IX/2024

Ayer abandoné definitivamente el trasatlántico digital “X”, capitaneado por un peligroso líder, Elon Musk, convertido a la facción ultraderechista del mundo, para volver a mi patera de siempre: no tiene quilla, es insegura por definición y sólo depende de mi mente y mis brazos para navegar y tomar el rumbo adecuado en este mundo al revés. Lo he manifestado muchas veces en este cuaderno de inteligencia digital que busca islas desconocidas, porque pertenezco a una generación convencida de que todos no vamos en el mismo barco. Ese conformismo me rebela continuamente y prefiero el riesgo de navegar en patera surcando con mi ansiada libertad mares procelosos, algo en lo que se han convertido hoy las redes sociales.

Aprendí de Miguel Hernández, hace muchos años debido a mí matusalénica edad (que diría Benedetti), que para la libertad, sangro, lucho, pervivo, que para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos. Por ello creo que la gente de bien, frente a la gente de mal en las redes sociales, que son legión en el mundo, en nuestro país, en mi Comunidad, debemos crear, al igual que deseaba Miguel Hernández, futuras miradas, solidarias, respetuosas con los demás, dignas y luchadoras en favor de una democracia que proteja el bienestar para todos.

Estas son las razones para buscar conocimiento que me permita proteger valores inalienables y el nuevo libro de Yuval Noah Harari, Nexus, creo que lo ofrece por lo que he podido leer sobre él hasta ahora. Harari es un autor al que sigo desde la publicación de Sapiens, una obra magna. La sinopsis oficial ayuda a comprender el hilo conductor de la nueva obra: “En Nexus, Harari contempla a la humanidad desde la amplia perspectiva de la historia para analizar cómo las redes de información han hecho y deshecho nuestro mundo. Durante los últimos 100.000 años, los sapiens hemos acumulado un enorme poder. Pero, a pesar de todos los descubrimientos, inventos y conquistas, ahora nos enfrentamos a una crisis existencial: el mundo está al borde del colapso ecológico, abunda ladesinformación y nos precitamos hacia la era de la I.A. Con todo el camino andando, ¿por qué somos una especie autodestructiva? A partir de una fascinante variedad de ejemplos históricos, desde la Edad de Piedra, pasando por la Biblia, la caza de brujas de principios de la Edad Moderna, el estalinismo y el nazismo, hasta el resurgimiento del populismo en nuestros días, Harari nos ofrece un marco revelador para indagar en las complejas relaciones que existen entre información y verdad, burocracia y mitología, y sabiduría y poder. Examina cómo diferentes sociedades y sistemas políticos han utilizado la información para lograr sus objetivos e imponer el orden, para bien y para mal. Y plantea las opciones urgentes a las que nos enfrentamos hoy en día, cuando la inteligencia no humana amenaza nuestra propia existencia”.

En tiempos de polarización política, pensamiento único, deserciones políticas, corrupción, noticias falsas, desencanto con casi todo lo que se mueve, justificaciones imposibles, desafección del compromiso social y mala prensa del sector público, es fácil iniciar conversaciones en las que los que piensan de forma diametralmente opuesta a nuestras convicciones suelen rematar la faena dialógica diciendo con sonrisa sarcástica algo que me enerva: al fin y al cabo, da igual lo que estamos discutiendo porque estamos diciendo lo mismo. Por si había alguna duda sobre este aserto tan vano, agregan un estrambote final más impresentable todavía: es que todos vamos en el mismo barco. No. Hay que huir como de la peste de las personas que opinan de esta forma con maniobras envolventes, para agregarnos al Club de los Tibios, Tristes e Indignos, que todos los días fletan barcos de desencanto y conformismo, porque no soportan verte en la cola del Club que está siempre enfrente: el de las Personas Dignas, siempre abierto, sobre todo para los que navegan en patera, en mares sociales procelosos y no suelen tirarse al mar cuando la sociedad en general va a la deriva.

Me quedo hoy con la última frase de la citada sinopsis: “La información no es el principio activo de la verdad; tampoco una simple arma. Nexus explora el esperanzador término medio entre estos extremos”. Es lo que busco ahora a bordo de mi patera virtual.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El mar, la mar, ¡sólo la mar!, en un verano del joven Rafael Alberti

Sevilla, 13/VIII/2024

Un día trece de agosto y martes, me embarco imaginariamente en «La isla desconocida» y me caso de nuevo con la poesía de Rafael Alberti, al que tanto aprecio, como se puede comprobar buscando en este cuaderno digital mis reflexiones acerca de él, de su vida y obra. Por esta razón, vuelvo a publicar unas palabras que resumí en un artículo en agosto del año pasado, El verano, según el joven Alberti, porque una vez más descubro la profundidad del poeta gaditano a pesar de la aparente levedad en sus palabras.

Intentaré descubrir hoy, en un cine de verano imaginario, que la mar, ¡sólo la mar!, aunque no la vea aquí en Sevilla, es.

El verano, según el joven Alberti

Tenía tan solo 21 años cuando Rafael Alberti publicó, en 1924, Marinero en tierra, una de sus obras emblemáticas y por la que obtuvo el primer premio del Concurso Nacional de Literatura, en la modalidad de Poesía, en junio de 1925. En esta obra iniciática, excelente, figura un poema, Verano, que a pesar de su brevedad, dos veces buena, es de un calado especial, que hoy rescato del olvido para dar sentido a un verano complejo para la gobernabilidad del país:

—Del cinema al aire libre
vengo, madre, de mirar
una mar mentida y cierta,
que no es la mar y es la mar.

—Al cinema al aire libre,
hijo, nunca has de volver,
que la mar en el cinema
no es la mar y la mar es.

Es verdad que la aparente sencillez expresiva de Alberti en este poema no tiene nada que ver con su profundo mensaje, como bien se analiza en el Centro Virtual Cervantes cuando aborda la sinopsis de esta obra. “En lo que se refiere al lenguaje poético, la obra queda lejos de la espontaneidad irreflexiva. Muy al contrario, analizado en las sucesivas ediciones —y mudanzas— que Alberti revisó, Marinero en tierra es un conjunto ligado mediante un alto sentido de la madurez poética. Es Jesús Fernández Palacios quien destaca las virtudes del engranaje: «Desde “Sueño del marinero”, como prólogo en tercetos encadenados, pasando por los diez sonetos de la primera parte, las treinta y tres canciones de la segunda hasta los sesenta y cuatro poemas de la tercera —introducida esta última parte por una hermosa y alentadora carta de Juan Ramón Jiménez, fechada el 31 de mayo de 1925—, la obra entera se resume como un compendio de tradición y modernidad, donde se mezclan versos endecasílabos y alejandrinos con los de arte menor, las estrofas clásicas con las nuevas canciones, el lenguaje convencional con el experimental, los usos normales con los juegos de palabras, y las comparaciones más elementales con atrevidas, alógicas metáforas». («Marinero en tierra», Cuadernos Hispanoamericanos, n.º 485-486, nov.-dic. 1990, p. 288).

Verano, es la canción 22 en este poemario tan querido por mí y tantas veces leído y sentido. Creo que Juan Ramón Jiménez, cuando le escribió la carta entusiasta que se cita anteriormente, estaba convencido de la excelencia de las canciones a incorporar en la edición final de Marinero en tierra, tal y como lo expresaba con bellas y sentidas palabras, respetando la ortografía juanramoniana, dirigidas a su “querido amigo” Rafael Alberti: “[…] Las poesías de este libro -que yo había visto ya, el año pasado, en La verdad de nuestro fervoroso Juan Guerrero y en las copias que usted tuvo la bondad de enviarme para el primer – me sorprendieron de alegría; y sospechando que un brote así de una juventud poética no podía ser único, tenía grandes deseos de conocer el resto de sus canciones. No me había equivocado. Desde el arranque: … Y ya estarán los esteros rezumando azul de mar, hasta el final: Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar y dejadla en la ribera, la serie ésta del Puerto -que yo he elejido- es una orilla, igual que la de la bahía de Cádiz, de ininterrumpida oleada de hermosura, con una milagrosa variedad de olores, espumas, esencias y músicas. Ha trepado usted, para siempre, al trinquete del laúd de la belleza, mi querido y sonriente Alberti. La retama siempre verde de virtud es suya. Con ella, en grácil golpe, ha hecho usted saltar otra vez de la nada plena el chorro feliz y verdadero. Poesía «popular», pero sin acarreo fácil: personalísima; de tradición española, pero sin retorno innecesario: nueva; fresca y acabada a la vez; rendida, ájil, graciosa, parpadeante: andalucísima. ¡Bendita sea la Sierra de Rute, en donde la nostaljia de nuestro solo mar del sudoeste le ha hecho exhalar a usted, hiriéndole a diario con la espada de sal de su brisa, esa esquisita sangre evaporada! Le voy a decir a El Andaluz Universal que adelante un , paraque pueda lucir todavía en el aire lijero de esta goteante primavera, la tremolante cinta celeste y plata de su Marinerito”.

El poema Verano me ha recordado en este agosto presente el aviso clásico que figura a veces en los títulos de crédito de las películas, porque cualquier parecido de la mar en el cinema con la mar verdadera es sólo pura coincidencia: Al cinema al aire libre, / hijo, nunca has de volver, / que la mar en el cinema / no es la mar y la mar es. Al fin y al cabo como nos pasa en la vida diaria, cuando representamos determinados papeles en la película vital que, a veces, no es la verdadera vida, porque nuestra vida no es esa sino la que es. O lo que es lo mismo, cambiando lo que haya que cambiar en nuestra experiencia vital en cualquier forma que se exprese: los personajes y hechos retratados en esta película son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia. Es verdadera la reflexión de Alberti: en el cinema, la mar no es la mar, porque la mar es.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Crece el Club de los cretinos vivos

Andrés Rábago, El Roto

Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos.

John Keating (Robin Williams), en El club de los poetas muertos

Sevilla, 9/VIII/2024

El próximo domingo se cumple el décimo aniversario del fallecimiento del actor Robin Williams, que nunca olvido en su papel del profesor John Keating, en El Club de los poetas muertos. Las palabras que siguen las escribo a modo de pequeño homenaje dedicado a su memoria cinematográfica y a sus palabras sobre el carpe diem particular y, sobre todo, digno, que cada uno, cada una, vive a diario.

El problema radica, en la actualidad, en que necesitamos localizar a poetas muertos y vivos que nos ayuden a interpretar la vida porque, desgraciadamente, nos sobran personas cretinas vivas que la malogran a diario y hacen mucho daño a la sociedad, como mediocres aventajados que nos rodean por tierra, mar y aire, formando parte un nuevo Club, el de los cretinos vivos. Es un hecho, ya tratado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital, que la mediocracia se instala día a día en nuestras vidas. En este contexto, vuelvo a publicar hoy un artículo escrito en 2018, El club de los cretinos vivosque no necesita más actualización que la de Trump en estos momentos delicados para el bien común, para la democracia, como representante de la ultraderecha mundial, aunque sigue haciendo de las suyas, salvando lo que haya que salvar si identificamos a sus alumnos aventajados distribuidos por este loco mundo al revésincluyendo nuestro país, por supuesto. También, porque ya sabemos qué rumbo han tomado las derechas en nuestro «territorio patrio«, que les gusta decir a ellas de forma taimada, que se autoproclaman como “gente de bien”, sin rubor alguno, frente a la gente de mal, que somos para ellos el resto de la población. Han preferido la opción de un permanente «cretinismo enojado», como advirtió Manuel Rivas en la columna del artículo citado.

Pasen y lean aquellas palabras. Suenan de forma atronadora hoy, por la cretinez que nos invade. Estamos avisados. Además, deberíamos tomar conciencia de que la cita “carpe diem”, a secas, es incompleta. Le falta la segunda parte, esencial en sí misma, tal y como lo expresó el poeta romano Horacio (Venosa, Basilicata, 8 de diciembre de 65 a. C. – Roma, 27 de noviembre de 8 a. C), en su Oda (Carminum) I, 11, dedicada a Leucónoe: “Carpe diem, quam minimum credula postero” o lo que es lo mismo, Vive el día de hoy [Carpe diem]. Captúralo. No te fíes del incierto mañana.

El club de los cretinos vivos

Lo cretino, en ti, 
No excluye lo ruin. 

Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino. 

Así que eres en fin, 
Tan cretino como ruin.

Luis Cernuda, en La desolación de la quimera

La primera vez que el lema “cretino” dio el salto mortal del vocabulario médico al social en este país, en el que abunda esta especie irredenta, la he localizado en el Diccionario general y técnico hispanoamericano, elaborado por Manuel Rodríguez Navas y Carrasco (publicado en Madrid en 1918 por la editorial Cultura Hispanoamericana), como adjetivo y con dos significados: que padece cretinismo y como traducción del alemán kraftlos, imbécil. Desde ese año no se vuelve a mencionar esta segunda acepción en la lexicografía española y hay que esperar a la edición 18ª del Diccionario de la RAE, publicado en 1956, cuando se acepta también una segunda acepción como sentido figurado del citado adjetivo: estúpidonecio(que se puede usar también como sustantivo). Es un término independiente ya de su pasado como enfermedad, aunque es en la edición de 1983, del Diccionario manual e ilustrado de la RAE cuando se desarrolla por primera vez una segunda acepción en el lema “cretinismo”, entendiéndose (en sentido figurado y familiar) como estupidezidiotez y falto de talento

Sorprende constatar cuánto tiempo ha necesitado este vocablo para imponerse en la cultura española como voz de derecho en el uso del mismo y en su comprensión, cuando creo que tiene una vida muy dilatada en el tiempo, porque desde época inmemorial la existencia de cretinismo y sus correspondientes cretinos y cretinas han abundado por doquier. Es lo que me ha pasado al leer un artículo reciente de Manuel Rivas, La ola de cretinismo, que en su entradilla lo justifica de forma espléndida: “Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por la estupidez circundante”.  Es verdad que estamos rodeados de cretinismo galopante, de personas que pertenecen al Club de estúpidos, idiotas, imbéciles y faltos de talento (respetando las acepciones literales de la RAE nada más).

Dice Manuel Rivas en su artículo que “Existe un humorismo amoratado, viñetas que son puñetazos de luz, y ahí está El Roto, la mirada indómita, descerrajando lo que no se puede ver, desvelando lo que no está “bien visto”. Está El Roto y los rotos, los que se pelean contra las mordazas, legales o ilegales. Pero el cretinismo, y no hablo de la enfermedad, sino del talante estúpido, va ocupando espacio como pensamiento grosero, vociferante, pelotudo. Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por ese cretinismo circundante”. Da pánico contemplar lo que le pasa al mundo cada vez que Trump se pasea por él haciendo turismo cretino. O los aprendices de ellos que tenemos en nuestro país, que imitaron e intentan imitar a ciertos presidentes americanos (no me refiero a Obama), que poniendo los pies encima de la mesa y remedando su acento yanqui, se han vanagloriado de invadir y seguir invadiendo el mundo a cualquier precio, actitudes de las que el Sur paga siempre un precio muy alto.

Ante las noticias cretinas que recorren el mundo, solemos quedarnos muchas veces con el ojo amoratado y con el alma de color y dolor violeta, en un pantone moral como el que cita Rivas refiriéndose a lo que nos pasa cuando vemos las viñetas de El Roto. Estoy muy de acuerdo con los matices de cretinismo que analiza en su columna: “Ahora mismo no sabemos el rumbo que va a tomar la derecha, la vieja y la nueva, en España. Si va a recaer en un cretinismo enojado o abrirse a una inteligencia democrática y dialogante. En una época histórica muy amoratada, la descrita en La desintoxicación de Europa, Stefan Zweig se quejaba de una atmósfera en la que “tanto los individuos como los Estados parecen más bien dispuestos a odiarse mutuamente; la desconfianza mutua se revela infinitamente más fuerte que la confianza”.

En la confianza de luchar para ser más libres frente a los cretinos (serlo o no serlo, esa es la cuestión…), hay que identificarlos urgentemente para librarnos de ellos a la mayor brevedad posible. Estamos avisados, porque son legión. Ya los definió de forma magistral Luis Cernuda, un poeta vivo en mi corazón: Lo cretino, en ti, / No excluye lo ruin. / Lo ruin, en tu sino, / No excluye lo cretino. / Así que eres en fin, / Tan cretino como ruin (en La desolación de la quimera).

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¡Paz y Libertad!

Para la cultura guanche, Agosto es Beñesmer

Rafael Alberti y Nuria Espert, Lanzarote 1979

Sevilla, 8/VIII/2024

Me despido hoy de esta búsqueda de razones para vivir dignamente a través de la poesía social, en este mes de agosto, publicando de nuevo un artículo que cuando hago mi agosto particular, siempre lo recuerdo desde hace ya bastantes años, porque no olvido que agosto es «Beñesmer», con una traducción preciosa, «Luna de Agosto», tal y como se conocía en la cultura guanche, porque era la festividad más importante de los aborígenes de las Islas Canarias. Era la fiesta de la cosecha y el día central del año de magos. En él, los guanches ordenaban los asuntos materiales, y festejaban y veneraban las tradiciones culturales y espirituales. Era considerada como el «Año Nuevo Guanche», que coincidía con la recogida de la cosecha.

Esta tradición cultural me parece extraordinaria, junto a otras muchas de nuestro país en este mes de canícula especial, forzada a extremos difícilmente sostenibles por el cambio climático, porque crea una identidad del tiempo en una cultura muy desconocida, teniendo en cuenta que el Imperio Romano apartó e intentó fulminar todas las culturas existentes en el mundo, teniendo en cuenta, además, que el emperador Augusto hizo una de las suyas estableciendo este mes con su nombre y dedicado sólo por siempre y jamás a él. La Historia es implacable y como buscador incansable de islas desconocidas, en las que suceden historias con minúsculas que engrandecen el alma humana, vuelvo a publicar el contenido que dediqué en 2020 a esta palabra guanche, Beñesmer, que tiene hoy un sentido pleno en momentos difíciles para el mundo en generalEspero que esta «luz de luna llena» de agosto no se apague en los días y meses venideros, porque el mundo y este país en particular, necesitan salir del planificado ocaso de la democracia, para que podamos emprender un nuevo camino vital con ilusiones temporales que lleven la luz de luna dentro. En este mes, Beñesmer, con más razón todavía, respetando la cultura guanche.

Agosto 2020 / 1. Beñesmer

En la cultura guanche el mes de agosto se conocía como Beñesmer (Luna de Agosto). Dejamos por un momento la romanización del calendario, al haber dedicado este mes al emperador Octavio Augusto, que hizo lo indecible para que agosto no tuviera menos días que su antecesor, Julio, dedicado al emperador Julio César, porque entre emperadores estaba el juego, mejor dicho, el prestigio. Soy una persona enamorada de aquella tierra, Canarias, especialmente de Lanzarote, donde muchos veranos he recuperado su belleza lunar, su mar y su malpaís, algo tan contradictorio pero que César Manrique lo convirtió en algo muy bello. Recuerdo cómo Rafael Alberti expresó su impresión personal al describir aquella isla en una intervención inolvidable que hizo en 1979, en un acto cultural junto a Nuria Espert, en Los Jameos del Agua. Allí leyó un poema dedicado a César Manrique, que reproduzco íntegro por su belleza:

Lanzarote. Primera estrofa (31 de mayo de 1979) 

A César Manrique,
pastor de vientos y volcanes

Vuelvo a encontrar mi azul,
mi azul y el viento,
mi resplandor,
la luz indestructible
que yo siempre soñé para mi vida.

Aquí están mis rumores,
mis músicas dejadas,
mis palabras primeras mecidas de la espuma,
mi corazón naciendo antes de sus historias,
tranquilo mar, mar pura sin abismos.

Yo quisiera tal vez morir, morirme,
que es vivir más, en andas de este viento,
fortificar su azul, errante, con el hálito
de mi canción no dicha todavía.

Yo fui, yo fui el cantor de tanta transparencia,
y puedo serlo aún, aunque sangrando,
profundamente, vivamente herido,
lleno de tantos muertos que quisieran
revivir en mi voz, acompañándome.

Más no quiero morir, morir aunque lo diga,
porque no muere el mar, aunque se muera.
Mi voz, mi canto, debe acompañaros
más allá de las edades.

He venido a vosotros para hablaros y veros,
arenales y costas sin fin que no conozco,
dunas de lavas negras,
palmares combatidos, hombres solos,
abrazados de mar y de volcanes.

Subterráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo.
Siento que va a habitarme el fuego que os habita.

En 2014 publiqué un libro en este cuaderno digital,  La Tegala de Saramago, dedicado al premio Nobel portugués, que vivió hasta su fallecimiento en Tías (Lanzarote), en un lugar que visité días después de su ausencia definitiva de esa tierra volcánica en 2010. Saramago, desde su tegala particular, nos ha dejado un legado de compromiso literario inolvidable. ¿Por qué la tegala de Saramago? Sencillamente, porque a él le gustaba incardinarse en la tierra que le acogió en 1993, en cualquier tierra que le respetara, y la tegala es un lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro.

MESA DE TRABAJO SARAMAGO 2010
Mesa de trabajo de José Saramago, Tías (Lanzarote), agosto de 2010 / JA COBEÑA

Recuerdo como si fuera ayer la estancia en su biblioteca personal, que amablemente nos dejaron visitar. Su sencilla mesa de trabajo, unos libros con páginas marcadas por Pilar del Río, la manta roja de Ikea reposando en el brazo izquierdo del sillón que tantas veces lo acogió, diccionarios, bolígrafos, mapas, las mesas con correspondencia pendiente de responder, las estanterías llenas de escritura impresa facilitada por Saramago, traducida por Pilar del Río, en ese esfuerzo por entregarnos sus palabras a todas horas, para que todos lo comprendiéramos muy bien, levantándonos de cada suelo particular, en la interpretación de la ética que hizo en su momento López Aranguren, entendiendo la ética como el suelo firme en que se basan todas nuestras actitudes, la “solería” que vamos poniendo en nuestras personas de secreto a lo largo de la vida. Elefantes, libros, revistas, ediciones maravillosas de uno de mis libros preferidos: El cuento de la isla desconocida, que tantas veces regalo, incluso como ideario para familiares, amigos y funcionarios que en su día compartieron responsabilidades públicas en mi vida profesional.

En este beñesmer recuerdo los que he vivido durante bastantes años en aquella tierra tan acogedora que no olvido. Hoy he unido dos mensajes esclarecedores de Alberti y Saramago en referencia a la cultura guanche respetada hasta nuestros días. También, la obra ciclópea de César Manrique que siempre respetó la trazabilidad histórica del pueblo guanche que le permitió hacer su beñesmer tan particular. He leído muchos cuadernos de Saramago, en formato atómico y digital. Mi aprecio por la isla de Lanzarote me ha llevado siempre a buscar en cada página escrita en ellos, lugares y menciones específicas a una isla que tanto respeto por la vida y obra de César Manrique, pastor de vientos y volcanes, omnipresente en cada paso que das por sus dunas de lava negra, en la acertada expresión que le regaló Rafael Alberti, en una visita que hizo a Manrique en su casa, hoy Museo, de Taro de Tahiche: He venido a vosotros para hablaros y veros, / arenales y costas sin fin que no conozco, / dunas de lavas negras, / palmares combatidos, hombres solos, / abrazados de mar y de volcanes.

NOTA: la imagen de Rafael Alberti y Nuria Espert se recuperó el 1 de agosto de 2020 de https://biosferadigital.com/noticia/pastor-de-vientos-y-volcanes-el-rastro-de-alberti

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¡Paz y Libertad!

Recordar siempre a Miguel Hernández, en una cárcel de agosto, es un deber de amor y respeto

Josefina Manresa y Miguel Hernández, 1937

Recordar a Miguel Hernández es un deber de España, un deber de amor.

Pablo Neruda

Sevilla, 6/VIII/2024

En mi singladura actual, buscando a poetas que me acompañen en la mejor interpretación posible de lo que está pasando y estamos viendo a diario, me vuelvo a encontrar con Miguel Hernández, como deber de amor, siguiendo la recomendación de Pablo Neruda, porque lo recuerdo con frecuencia. Lo hago con profundo respeto y muestra de ello es que hace un año escribí una reflexión sentida que vuelvo a publicar hoy, disfrutando de la obra de este gran poeta, fuera ya del mercado intelectual puro y duro desde el 1 de enero de 2023, al haber pasado al dominio público, entendido por la UNESCO como “patrimonio común de la humanidad”. ¡Qué oportunidad para disfrutar del conocimiento libre, conectivo y compartido!

Lo reproduzco tal cual, porque la obra de Miguel Hernández permanece intacta, aún pasando por el túnel del tiempo, cuando se la respeta y ama, algo que debería ser consustancial con la memoria democrática de España, un deber de este país al recordarlo. También, cuando lo hacemos junto a Josefina Manresa, su leal y fiel compañera, que nadie como él supo amarla desde una cárcel de agosto: “Amor: aleja mi ser / de sus primeros escombros, / y edificándome, dicta / una verdad como un soplo // Después del amor, la tierra. / Después de la tierra, todo”.

Miguel Hernández nos dejó su palabra desde una cárcel de agosto

Sevilla, 5/VIII/2023

En el mes de agosto de este año, en el que ha pasado a ser de dominio público la obra de Miguel Hernández, deseo recordar un poema suyo precioso, Después del amor, escrito entre 1938 y 1941 durante su estancia en la cárcel, aunque fue publicado póstumamente por primera vez en 1958, en Cancionero y romancero de ausencias. Hoy, comparto con la malla pensante de la humanidad, porque es el lugar donde debe estar, fuera del mercado, un poema que nos dejó para que siempre lo cuidáramos con esmero, lejos de mercancías, dictaduras y ultraderechas que no entienden de amor, pero sí de odio:

No pudimos ser. La tierra
no pudo tanto. No somos
cuanto se propuso el sol
en un anhelo remoto.
Un pie se acerca a lo claro.
En lo oscuro insiste el otro.
Porque el amor no es perpetuo
en nadie, ni en mí tampoco.
El odio aguarda su instante
dentro del carbón más hondo.
Rojo es el odio y nutrido.
El amor, pálido y solo.

Cansado de odiar, te amo.
Cansado de amar, te odio.

Llueve tiempo, llueve tiempo.
Y un día triste entre todos,
triste por toda la tierra,
triste desde mí hasta el lobo,
dormimos y despertamos
con un tigre entre los ojos.

Piedras, hombres como piedras,
duros y plenos de encono,
chocan en el aire, donde
chocan las piedras de pronto.

Soledades que hoy rechazan
y ayer juntaban sus rostros.
Soledades que en el beso
guardan el rugido sordo.
Soledades para siempre.
Soledades sin apoyo.

Cuerpos como un mar voraz,
entrechocado, furioso.

Solitariamente atados
por el amor, por el odio,
por las venas surgen hombres,
cruzan las ciudades, torvos.

En el corazón arraiga
solitariamente todo.
Huellas sin compaña quedan
como en el agua, en el fondo.
Sólo una voz, a lo lejos,
siempre a lo lejos la oigo,
acompaña y hace ir
igual que el cuello a los hombros.

Sólo una voz me arrebata
este armazón espinoso
de vello retrocedido
y erizado que me pongo.

Los secos vientos no pueden
secar los mares jugosos.
Y el corazón permanece
fresco en su cárcel de agosto
porque esa voz es el arma
más tierna de los arroyos:

«Miguel: me acuerdo de ti
después del sol y del polvo,
antes de la misma luna,
tumba de un sueño amoroso».

Amor: aleja mi ser
de sus primeros escombros,
y edificándome, dicta
una verdad como un soplo.

Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, todo.

Me ha emocionado leerlo de forma pausada, para intentar comprender la profundidad de su mensaje, dando rienda suelta a las emociones y sentimientos, sobre todo a estos últimos que son los que permanecen en el alma humana. Y me quedo con los versos finales, una premonición para los que hacemos camino al andar en un mundo al revés, en el que algunos se empeñan en recordarnos que el amor no es perpetuo / en nadie, ni en mí tampoco. / El odio aguarda su instante / dentro del carbón más hondo. / Rojo es el odio y nutrido. / El amor, pálido y solo. Esa es la razón de la búsqueda de razones para vivir en la vida, en la que el amor es lo único que le da especial sentido a la existencia, aunque a veces esté, como nos lo recordaba Miguel, pálido y solo:

Amor: aleja mi ser
de sus primeros escombros,
y edificándome, dicta
una verdad como un soplo.

Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, todo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad!

Gabriel Celaya y su poesía, un arma cargada de futuro en el presente agosto (II)

Gabriel Celaya (1911-1991)

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse
.

Gabriel Celaya, La poesía es un arma cargada de futuro, 1955.

Sevilla, 5/VIII/2024

Otra vez recurro a la poesía de Gabriel Celaya, donde me refugié hace tan sólo unos días, en momentos especiales ante lo que sucede en este país, que afecta al interés general de la ciudadanía, porque ante tanta mediocridad y mentira, ya no se espera nada personalmente exaltante.

Hace un año escribí el artículo que sigue, como un homenaje explícito a la persona y obra de Gabriel Celaya. Hoy, vuelvo a publicarlo porque no ha perdido ni un ápice de su actualidad ética, porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno
. Es verdad, que estamos tocando el fondo.

Gabriel Celaya y su poesía, un arma cargada de futuro en el presente agosto

Agosto sigue muy presente en la memoria histórica y democrática de la cultura. Un ejemplo lo tenemos en Miguel Hernández, cuando impartió una conferencia en el Ateneo de Alicante, el 21 de agosto de 1937, con el título  “La poesía como un arma”, que suponía una elocuente declaración de principios: “La poesía es para mí una necesidad y escribo porque no encuentro remedio para no escribir. La sentí, como sentí mi condición de hombre, y como hombre la conllevo, procurando a cada paso dignificarme […]. En la guerra, la escribo como un arma, y en la paz será un arma también, aunque reposada” (1). Si traigo a colación esta cita es porque hoy quiero dedicar unas palabras especiales a la poesía social de Gabriel Celaya, simbolizada en el poema La poesía es un arma cargada de futuro, publicado en 1955 (2), que se considera prototipo de ella, denostado muchas veces por algunas voces críticas, pero alabado en numerosas ocasiones por quienes se han acercado y se acercan hoy a él salvando su texto y contexto personal y social:

Cuando ya no se espera nada personalmente exaltante,
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
con un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades,
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo de prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse
.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía–herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

La verdad es que sobrecoge la lectura de este poema, en un género literario que muchos consideran inútil, porque para ellos es una mera contemplación burguesa de lo que está pasando, a través de bellas palabras, pero sin mezcla de compromiso personal y social alguno, aunque personalmente comprendo muy bien y comparto abiertamente la tesis mantenida en el tiempo, que expresó de forma magistral Nuccio Ordine, sobre la utilidad de lo aparentemente inútil, a lo largo de sus obras más significativas.

Es verdad, también, que la poesía no sólo es un arma de futuro, sino de presente, que puede y debe transformar la sociedad a través de la palabra, que en definitiva puede ser “útil” en el mundo actual frente al estereotipo que se le cuelga muchas veces de “inútil”. Luis García Montero, poeta y escritor al que aprecio y admiro, lo resumió perfectamente en un artículo que no olvido (3): “Por respeto a la poesía, debemos negarnos a que se convierta en una carta blanca para decir o escribir tonterías. Se puede estar en contra de la hostilidad de John Locke contra la poesía, sin caer en la trampa de despreciar lo útil. Me parece más interesante afirmar, contra los gobernadores y los buitres del negocio, que la poesía es tan útil como la ciencia o la técnica. El asunto no es superficial. Está en juego el espacio del saber democrático. El libro de Nuccio Ordine [La utilidad de lo inútil] da suficientes datos para abandonar la vieja polémica entre letras, ciencias y técnica. Es una inercia reaccionaria el desprecio de las ciencias y las letras. Conviene tenerlo claro para afirmar después que es también muy reaccionario despreciar el saber humanístico. Estamos hablando de cosas decisivas, como los programas de estudio, las universidades y la educación”. Queda claro en estos momentos tan delicados en el país, por el desprecio a la cultura y la censura galopante que ejercen las derechas, de teórico centro y ultras, autodenominadas “gentes de bien”, ante el resto, el populacho, que somos según ellos millones y, por supuesto, gente de mal: la poesía debe ser un arma para transformar el presente, que construye el mejor futuro de un país.

Entiendo así, mejor que nunca, las palabras de Celaya en el poema citado hoy como ejemplo: Maldigo la poesía concebida como un lujo / cultural por los neutrales / que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. / Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse, porque su poesía No es una poesía gota a gota pensada. / No es un bello producto. No es un fruto perfecto. / Es algo como el aire que todos respiramos / y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos. / Son palabras que todos repetimos sintiendo / como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. / Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. / Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos. Así lo dejó escrito y así lo comparto, para el presente y para la posteridad, una sucesión de presentes útiles.

(1) cargada_bague_PASAVENTO_2017_V5_N2.pdf (uah.es)

(2) Celaya, Gabriel,  (1969), en Cantos íberosPoesías completas, Madrid: Aguilar, 1969.

(3) La utilidad de lo inútil por Luis García Montero (infolibre.es)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Blas de Otero y la palabra que nos queda en agosto de 2024

¿Qué iba a haber escrito desde mi vida? Demasiado he hecho. Queramos o no, el hoy inmediato y el mañana es del pueblo.

Blas de Otero, en una carta dirigida a Vicente Aleixandre en 1955.

Sevilla, 3/VIII/2024

En estos primeros días de agosto me refugio en la poesía porque está elaborada con palabras, que es de lo poco que nos queda como algo personal e intransferible, en el proceso de creación desde el cerebro de cada uno, cada una.

Si a alguien le debo la localización de este refugio anímico es al poeta Blas de Otero, de quien aprendí el valor laico de la palabra, porque en mi infancia en tierras de Castilla, me enseñaron sólo su valor sagrado, en un juego de palabras bastante enrevesado para un niño: el Verbo se hizo Carne. Así, sin más explicaciones, porque todo era un asunto de fe.

Por estas razones, vuelvo a publicar hoy el artículo que el año pasado dediqué a un poeta especial, Blas de Otero y la palabra que le quedaba en agosto de 1955, porque él me enseñó el auténtico valor de la palabra, sobre todo en tiempos difíciles como los actuales, tan maltratada, ninguneada, manipulada, adulterada y utilizada de forma violenta contra todo el que no piensa de forma uniforme, mediocre, capitalista, dictatorial o… fascista, por resumirlo en una palabra. Sobre todo, porque aprendí de él algo que me impactó mucho cuando dijo que, ante las adversidades de su vida, “yo no me desanimo y llegaré a la muerte deshecho pero no vencido”. Hermosas palabras, que en mí quedan.

Blas de Otero y la palabra que le quedaba en agosto de 1955

Buscando islas desconocidas en este mes de agosto tan especial, he encontrado una carta del poeta Blas de Otero (Bilbao, 1916 – Majadahonda, Madrid, 1979) dirigida a Vicente Aleixandre, el 18 de agosto de 1955, que me ha parecido una lección histórica de importancia capital para conocer a este poeta, con una trazabilidad familiar muy compleja y desde el punto de vista existencial también, con pérdida de fe incluida:

Querido Vicente: Te escribo esta carta aunque me da vueltas la cabeza, pero estoy tan solo que necesito hablar con alguien y creo que mejor que contigo… Por eso tu carta me hizo como siempre mucha compañía y además el regalo que me anuncias, yo sé que tú me has visto bien aunque yo me enseño tan poco y por eso lo que escribas estará bien y lo de menos es el estilo que es tan puro («buen sentido…») como he visto en el de Hidalgo. Pero pasa luego que la vida, no acabo de poder con ella, no me tengo a mí mismo, esta es la verdad y encima han sucedido tantas cosas, y las verdaderas son las que no sabe nadie no las que dicen. Pero tú ya sabes que yo no me desanimo y llegaré a la muerte deshecho pero no vencido. Yo no miento pero mi libro que quieren darlo en «Cantalapiedra» no sé qué hacer no me considero al nivel de mi palabra, ojalá fuese cierto lo que en este sentido dicen. Lo de menos es que los poemas sean regulares para mí, pero es lo que publiqué, no para otros, pero la conciencia es cada vez mayor, me está resultando ya monstruosa. ¿Qué iba a haber escrito desde mi vida? Demasiado he hecho. Queramos o no, el hoy inmediato y el mañana es del pueblo. Yo no escogí mi sitio de nacimiento y luego toda esta España, la de los periódicos y la censura que no es broma en mi caso y el no tener ahora un medio de vida todavía, ni la mujer, pero así es más bonito, lo que hace falta es que tenga fuerzas que vencimiento jamás lo tendré. Perdona todo esto, Vicente. Es para ti, claro, por eso lo he hecho. No sé qué contarte de otras cosas, ahora no tengo ganas.

Un fuerte abrazo

Blas

Dámaso no me envió el libro, será el verano, ya lo recibiré.

En el contexto de su situación personal, en una revolución interior constante hacia la poesía social, cuando dice “Cantalapiedra” se refiere a su obra Pido la paz y la palabra, que se publicó ese año, 1955, en Ediciones Cantalapiedra, en Torrelavega (Santander), siendo la palabra lo único que de verdad le quedó siempre y que tan maravillosamente nos legó en un poema de este libro que no olvido,  En el principio, que he citado en numerosas ocasiones en este cuaderno digital: 

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Al leer varias veces la carta dirigida a su amigo del alma, Vicente Aleixandre, he comprendido mejor que nunca este poema tantas veces citado por mí y que permanece intacto en mi persona de secreto. Aún así, he querido compartirlo hoy de nuevo, comprendiendo la soledad sonora de Blas de Otero: ¿Qué iba a haber escrito desde mi vida? Demasiado he hecho. Queramos o no, el hoy inmediato y el mañana es del pueblo. Para que no se olvide, en momentos de turbación política, ni siquiera un momento, siguiendo sus pasos cuando decía que “yo no me desanimo y llegaré a la muerte deshecho pero no vencido”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Una noche de agosto, según Platero y él, Juan Ramón Jiménez (II)


Portada de la primera edición de Platero y yo, 1914

Sevilla, 2/VIII/2024

Dedicado a mis nietos, Adrián y Alejandro, a los que tanto quiero.

Publiqué este artículo el año pasado. Vuelvo a hacerlo hoy, sin tocar nada, dejándolo tal cual, como aprendí de Juan Ramón Jiménez cuando hablaba de las rosas, porque así son ellas. Además, lo reproduzco hoy respetando el hilo conductor de transmitir una idea circular en este blog, desde su primer día de vida literaria, utilizando de nuevo aquellas palabras que debo a otro premio Nobel de Literatura, Orham Pamuk, cuando afirmó que “escribir es como cavar un pozo con una aguja”, salvando lo que debo salvar, simplemente por la actualización temporal, aspecto de forma que no de fondo, recordando a José Manuel Blecua, ex director de la RAE, cuando dijo en una ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. En esta ocasión, lo hago copiando de Juan Ramón Jiménez, porque forma parte de mis principios y, si no gustan, no tengo otros, separándome por un momento de mi admirado Groucho Marx. En un tiempo en el que se arrojan valores por la ventana desde nuestro desvencijado vehículo vital, vuelvo a hacer una declaración de principios sobre por qué escribo en este blog, en una etapa de jubilación en la que sigo asumiendo, cada día que pasa, que lo nuestro es pasar, con ardiente impaciencia personal y social, sabiendo que ahora tengo un compromiso intelectual con la sociedad en la que vivo. A veces, siguiendo tan solo la ruta de un pájaro herido, leyendo de nuevo a Juan Ramón Jiménez para no sentirme así, por no vivir así, perdido. Gracias anticipadas, querido lector, querida lectora, si está interesado o interesada en leer unas palabras necesarias en mi vida, casi imprescindibles para seguir escribiendo y viviendo.

Platero y yo está grabado a fuego en mi alma de secreto, porque sigue siendo un libro para personas mayores, como Juan Ramón Jiménez explicaba en su advertencia al público lector, a los hombres que lean este libro para niños, asumiendo por mi parte que es un libro escrito también para adultos, sobre todo para los que todavía llevamos con orgullo un niño dentro, tal y como lo describía también Saramago en ocasiones especiales: «siempre he llevado dentro al niño que fui», aunque la confesión final en este aviso de Juan Ramón es para tenerla en cuenta: Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren. También habrá excepciones para hombres y para mujeres, etc.

En cualquier caso, deberíamos leer Platero y yo con frecuencia, yo lo hago, para comprender bien que las palabras pueden ayudarnos a entender que otro mundo es posible, tal y como lo expresó Juan Ramón Jiménez tan cerca de Platero, dejándonos llevar por el niño que fuimos o que seguimos siendo.

Por esta razón y siguiendo la estela de una generación de poetas en torno al año 1927, del siglo pasado, a la que me he aproximado desde que comenzó agosto en mi patera particular, que cuando llueve mucho en la alta mar de la vida, se moja y se hunde como las demás, he abierto Platero y yo por su capítulo 66, porque recuerdo que hablaba de fuego en el mes de agosto, en Lucena, no muy lejos de Moguer, con el candor de las palabras en este libro de niños, niñas y mayores de cualquier género, asunto que tampoco pasa por alto en este capítulo, al comentar con cierto encanto y desdén, quién podría ser su pirómano imaginario, alguien con la figura afeminada de Pepe el Pollo, un Oscar Wilde moguereño, famoso personaje real en el pueblo, cuyos bolsillos reventaban de largas cerillas de Gibraltar

LXVI

Fuego en los montes

¡La campana gorda!… Tres…, cuatro toques… ¡Fuego!

Hemos dejado la cena, y, encogido el corazón por la negra angostura de la escalerilla de madera hemos subido, en alborotado silencio afanoso, a la azotea.

…¡En el campo de Lucena! grita Anilla, que ya estaba arriba, escalera abajo, antes de salir nosotros a la noche… ¡Tan, tan, tan, tan! Al llegar afuera—¡qué respiro!—, la campana limpia su duro golpe sonoro y nos amartilla a los oídos y nos aprieta el corazón.

—Es grande, es grande… Es un buen fuego…

Sí. En el negro horizonte de pinos, la llama distante parece quieta en su recortada limpidez. Es como un esmalte negro y bermellón, igual a aquella Caza, de Piero di Cosimo, en donde el fuego está pintado sólo con negro, rojo y blanco puros. A veces brilla con mayor brío otras, lo rojo se hace casi rosa, del color de la luna naciente… La noche de agosto es alta y parada, y se diría que el fuego está ya en ella para siempre, como un elemento eterno… Una estrella fugaz corre medio cielo y se sume en el azul, sobre las Monjas… Estoy conmigo…

Un rebuzno de Platero, allá abajo, en el corral, me trae a la realidad… Todos han bajado… Y en un escalofrío, con que la blandura de la noche, que ya va a la vendimia, me hiere, siento como si acabara de pasar junto a mí aquel hombre que yo creía en mi niñez que quemaba los montes, una especie de Pepe el Pollo—Oscar Wilde moguereño—, ya un poco viejo, moreno y con rizos canos, vestida su afeminada redondez con una chupa negra y un pantalón de grandes cuadros en blanco y marrón, cuyos bolsillos reventaban de largas cerillas de Gibraltar…

El verano suele ser una estación propicia para leer todo aquello que acumulamos a lo largo del año con la excusa de no disponer de tiempo suficiente en otras estaciones… Volver a leer libros que marcan nuestras vidas, como puede ser “Platero y yo”. Estoy muy de acuerdo con Alberto Manguel en su reflexión acerca de la ocasión que nos brinda el verano para leer sin reloj, para reencontrarnos con situaciones especiales que podemos rememorarlas después: “los libros de nuestras vacaciones llevan consigo, quizás más que cualquier otro, trazas de memoria: de amistades perdidas, de juegos extraños, de adultos que en el recuerdo son inconcebiblemente jóvenes, de habitaciones que no eran nuestras. Sobre todo, memorias de olores y perfumes: de hierba recién cortada, helado de vainilla, loción a leche coco, aire salado, sudor limpio en sábanas recién planchadas, fresas silvestres tibias, cloro, salchichas asadas, zumo de limón, juguetes de caucho que han estado demasiado tiempo al sol. Y sobre todo, el olor del papel barato de los libros de bolsillo, leídos al sol y salpicados de agua de mar”.


Piero di Cosimo, Una escena de caza (ca. 1494-1500), Museo de Arte Metropolitano de Nueva York

Un detalle último. He observado con atención reverencial el cuadro La caza, de Piero di Cosimo, identificado hoy día como Una escena de caza, que cita Juan Ramón Jiménez en el capítulo dedicado al fuego en los montes. Es una metáfora de la vida muy actual, porque los protagonistas, personas de todo tipo y con actitudes muchas veces aberrantes respecto de los animales, ¡es la historia de la humanidad!, están “a lo suyo”, cazándolos a palo limpio, mientras que el bosque arde como si no pasara nada: “el fuego está pintado sólo con negro, rojo y blanco puros”, decía Juan Ramón Jiménez, tan cerca de su querido Platero. Una metáfora muy actual en nuestro mundo al revés, en el que cada uno pinta el cambio climático como le va, algunos y algunas como si no fuera con ellos la cosa, al igual que la realidad que pintó di Cosimo hace ya tanto tiempo. Por eso, las palabras del poeta suenan como una premonición para el siglo XXIpara este mes de agosto de 2023: La noche de agosto es alta y parada, y se diría que el fuego está ya en ella para siempre, como un elemento eterno…

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UCRANIA, GAZA Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Me acuerdo de Federico García Lorca, que nos regaló sus cantos nuevos de agosto

Si se calla el cantor calla la vida
Porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, muere de espanto
La esperanza, la luz y la alegría.

Horacio Guaraní, Si se calla el cantor, 1972

Sevilla, 1/VIII/2024

El año pasado, tal día como hoy, recordé a un poeta que cuida mi alma de secreto. Verán. En Vega de Zujairapedanía de Pinos Puente (Granada), Federico García Lorca escribió un poema, Cantos nuevos, en agosto de 1920, con tan sólo veinte años, que vuelvo a leer hoy de nuevo (lo hago frecuentemente) para encontrar sentido a un presente complejo en el país:

Agosto de 1920 

(Vega de Zujaira)

Dice la tarde:
¡tengo sed de sombra! .
Dice la luna: yo, sed de luceros .
La fuente cristalina pide labios
y suspiros el viento.

Yo tengo sed de aromas y de risas.
Sed de cantares nuevos
sin lunas y sin lirios,
y sin amores muertos.

Un cantar de mañana que estremezca
a los remansos quietos
del porvenir. Y llene de esperanza
sus ondas y sus cienos.

Cantar sin carne lírica que llene
de risas el silencio.
(Una bandada de palomas ciegas
lanzadas al misterio).

Un cantar luminoso y reposado,
pleno de pensamiento,
virginal de tristeza y de angustias
y virginal de ensueños.

Cantar que vaya al alma de las cosas
y al alma de los vientos
y que descanse al fin en la alegría
del corazón eterno.

De este poema, analizo lo que para mí es lo mejor, para quedarme con ello, porque “tengo sed”, como le ocurría al poeta querido, de un cantar de mañana que estremezca / a los remansos quietos / del porvenir. Y llene de esperanza / sus ondas y sus cienos. / Un cantar luminoso y reposado, / pleno de pensamiento, / virginal de tristeza y de angustias / y virginal de ensueños. Lo manifiesto así porque estamos en un momento político en el país muy especial, extremadamente complejo, que necesita una respuesta convincente para todas las personas que conformamos el “pueblo español”, donde radica la soberanía según la Constitución, sin excepción alguna, pero sobre todo para quienes cuidamos nuestro voto día a día para avanzar en progreso democrático y en un entorno de libertades, buscando siempre el blindaje político del Estado de Bienestar en beneficio del interés general.

Me gustaría y sueño con ello, que en este mes que comienza hoy se dilucidara la situación delicada de Cataluña, que se calmara la permanente confrontación política y que se cuidara la convivencia ciudadana, que nos permita como país seguir paseando por alamedas de igualdad, libertad y justicia, que vaya al alma de las cosas y al alma de los vientos, para que podamos, más pronto que tarde, descansar al fin en la alegría del corazón eterno.

Al fin y al cabo, es lo que nos recuerda Federico García Lorca en su cantar de agosto que, para mí, sigue siendo de una novedad y urgencia extrema: Un cantar de mañana que estremezca / a los remansos quietos / del porvenir. Y llene de esperanza / sus ondas y sus cienos. Gracias, también, por recordarnos que lo importante es ir al alma de las cosas y al alma de los vientos.

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UCRANIA, GAZA Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Siempre recurro a Ángel González

Sevilla, 31/VII/2024

El poeta Ángel González está muy presente en este cuaderno digital, porque me identifico con él en su forma de interpretar la vida a través de una poesía no inocente. En el ecuador de la canícula, recurro de nuevo a su vida y obra, inseparables, en un viaje especial veraniego hacia alguna parte, porque siempre me ofrece una lectura realista de la vida y de su país, el mío, con profunda desazón en muchas ocasiones, aunque aportando siempre luz, vida y fuego en la penumbra del alma.

Con profundo respeto, me aproximo a su breve autobiografía, que no olvido, como tampoco lo hago del retrato conmovedor de mi paisano Antonio Machado: “Nací en Oviedo en 1925. El escenario y el tiempo que corresponden a mi vida me hicieron testigo –antes que actor- de innumerables acontecimientos violentos: revolución, guerra civil, dictaduras. Sin salir de la infancia, en muy pocos años, me convertí, de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía. Regreso, casi viejo, a los orígenes, súbdito de nuevo de la misma Corona. Zarandeado así por el destino, que urdió su trama sin contar nunca mi voluntad, me resigné a estudiar la carrera de Leyes, que no me interesaba en absoluto pero que tampoco contradecía la costumbre, casi norma de obligado cumplimiento (“todo español es licenciado en Derecho mientras no se demuestre lo contrario”), a la que se sometían en su mayor parte los jóvenes de mi edad y de mi clase social –clase media, transformada en mi caso, como consecuencia de la guerra civil, en muy mediocre. Larga y prematuramente adiestrado en el ejercicio de la paciencia y en la cuidadosa restauración de ilusiones sistemáticamente pisoteadas, me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros, y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora de la metonimia y de la reticencia. Si acabé escribiendo poesía fue, antes que por otras razones, para aprovechar las modestas habilidades adquiridas por el mero acto de vivir. Pero yo hubiese preferido ser músico –cantautor de boleros sentimentales- o tal vez pintor. Fui, en cambio, funcionario público. En 1970 vine por vez primera a América –México y EE. UU.-, y empecé a quedarme por ese continente a partir de 1972 (profesor visitante en las universidades de New México, Utah, Maryland y Texas). En la actualidad, enseño literatura española contemporánea en la Universidad de New México”.

Quizás comprendo mejor su intrahistoria íntima cuando me acerco también a su otra forma de identificarse en la vida, en su soledad sentida, ideológica, sobre todo cuando lo expresa con la fuerza de sus palabras repasando un calendario existencial, como me pasa a mí hoy, en el día que finaliza julio: “Aquí, Madrid, mil novecientos / cincuenta y cuatro: un hombre solo / Un hombre lleno de febrero, / ávido de domingos luminosos, / caminando hacia marzo paso a paso, / hacia el marzo del viento y de los rojos / horizontes —y la reciente primavera / ya en la frontera del abril lluvioso… / —Aquí, Madrid, entre tranvías / y reflejos, un hombre: un hombre solo. / —Más tarde vendrá mayo y luego junio, / y después julio y, al final, agosto—. / Un hombre con un año para nada / delante de su hastío para todo” (1).

Al final de nuestro acontecer diario, inexorable, siempre viene agosto, aunque a diferencia de lo que expresa Ángel no me encuentro solo a pesar de mi matusalénica edad, como decía Benedetti, porque soy un hombre, es verdad, con un año más, eso sí, delante de una esperanza en todo, que no hastío. La soledad que siento es más en la vertiente ideológica, porque es verdad que cuando se intenta vivir con la coherencia del sentimiento y conciencia de clase al lado, ambas realidades existenciales a la vez, es más difícil encontrar a las personas que desean vivir y expresar lo mismo conmigo, contigo, con ellas y ellos. A pesar de tener que asumir, como siempre, el principio de realidad, me reafirmo en lo he dicho anteriormente: no me siento con hastío para todo, porque leyendo de nuevo a Ángel González, llego a un soneto precioso, Donde pongo la vida pongo el fuego (2), grabado en mi memoria de secreto, porque sin salir nunca de su infancia se convirtió “de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía”. Zarandeado siempre por el destino, que urdió su trama sin contar nunca con su voluntad:

Donde pongo la vida pongo el fuego
De mi pasión volcada y sin salida.
Donde pongo el amor, toco la herida.
Donde dejo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
Vuelvo a empezar sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
No me doy por vencido, y sigo, y juego

Lo que me queda: un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.
Pero nunca o amor, la fe segura:
Jamás o llanto, pero mi fe es fuerte.


La vuelvo a leer varias veces, para convencerme de que mi fe es fuerte, porque a veces, en la vida, sale amor al siempre va y porque sé que el verano en el que estamos instalados, avanza para unirnos y para que tengamos fe en que, de esta forma, jamás seremos vencidos…, ni estaremos solos.

(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra. Barcelona: Planeta-Seix Barral, 2018, p. 16.

(2) González, Ángel, Ibidem, p. 128.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad!