Hay que aprender de los destellos amables de la vida

Sevilla, 13/X/2024

Amo el cine. En los primeros días de este mes leí una crítica de Carlos Boyero, maestro en estas artes, sobre una película dirigida por Pilar Palomero, de título enigmático, Los destellos, una adaptación de un relato de Un corazón demasiado grande, de Eider Rodríguez, que me conmovió y conturbó, algo que le pasó a él y que contaba en breves palabras: “Ocurre con determinadas y escasas películas. Al menos, a mí. Y es que te transmiten hipnosis mientras que las ves y las escuchas, pero ese alboroto emocional que te provoca, esos personajes que no hablan demasiado de sus problemas ni son impúdicos, pero con los que tienes la impresión de haberlos conocido profundamente y que te han implicado en sus tristes circunstancias, permanecen incrustados en tu memoria y en tus sentimientos”.

Al verla y sentirla anoche, reconozco que me dejó tocado, que no hundido. La sinopsis oficial según Boyero, me había orientado sobre su hilo conductor: “Palomero utiliza virtuosamente la cámara, nada que ver con el exhibicionismo, para describir lo que ocurre en el corazón de esta gente, la implicación de una cría para conseguir que su madre, alguien que dispone de una pareja sólida, la ayude en cuerpo y alma y que la despedida de este mundo de su antiguo y desolado marido (no nos cuentan que pasó entre ellos, cuáles fueron las razones del naufragio, ni falta que hace) sea lo menos solitaria posible, que el terror y la devastación física y mental se vean atenuados por la cercanía de esa hija tan fiel, dulce, natural, pragmática y amada y de una antigua esposa con la que alguna vez debió de haber existido el esplendor en la hierba”.

No mucho más que decir, sólo sentir y reflexionar para hacer el mejor camino posible al andar por esta azarosa vida que compartimos la gente de bien y que amamos el cine, convencidos de que cualquier parecido con la realidad de lo que ayer vi, no es pura coincidencia con la forma de interpretar la vida algunas personas. Eso sí, con su sentimiento dentro. Y gracias a una dirección impecable de Pilar Palomero y a interpretaciones sublimes, destacando, por orden, las de Patricia López Arnaiz, Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista, en esta película, otorgada por el jurado oficial en el último Festival de Cine de San Sebastián, la de Antonio de la Torre y el encanto personal de Marina Guerola, expresado de forma magistral en un delicado baile entre padre e hija, abrazados, al son de A tu vera, cantada por Lola Flores.

Excelente película. No se la pierdan. El día después, el que siempre amó Benedetti, voy a mi clínica del alma, mi biblioteca, para leer un capítulo de Platero y yo, la obra sublime de Juan Ramón Jiménez, dedicado a la nostalgia, en uno de los mejores destellos corales, en familia, que pude contemplar y escuchar, extasiado, en esta película:

Platero, tú nos ves, ¿verdad? ¿Verdad que ves cómo se ríe en paz, clara y fría, el agua de la noria del huerto; cuál vuelan, en la luz última, las afanosas abejas en torno del romero verde y malva, rosa y oro por el sol que aún enciende la colina?

Platero, tú nos ves, ¿verdad?

¿Verdad que ves pasar por la cuesta roja de la Fuente vieja los borriquillos de las lavanderas, cansados, cojos, tristes en la inmensa pureza que une tierra y cielo en un solo cristal de esplendor?

Platero, tú nos ves, ¿verdad?

¿Verdad que ves a los niños corriendo arrebatados entre las jaras, que tienen posadas en sus ramas sus propias flores, liviano enjambre de vagas mariposas blancas, goteadas de carmín?

Platero, tú nos ves, ¿verdad?

Platero, ¿verdad que tú nos ves? Sí, tú me ves. Y yo creo oír, sí, sí, yo oigo en el poniente despejado, endulzando todo el valle de las viñas, tu tierno rebuzno lastimero…

La vida está hecha de detalles. Al menos es lo que ha intentado reflejar Pilar Palomero en esta preciosa película: “En este caso, sentía que el guion me pedía un lenguaje diferente, que se relacionaba con estar presente, con ver, con escuchar con los sentidos. Por eso los detalles o las pequeñas cosas son tan importantes aquí, porque te conectan con la vida. Son cuestiones que a menudo no percibimos y quería ponerlas de manifiesto a través de las imágenes, sin verbalizarlas. Era un gran reto, porque me exigía un tempo diferente para los planos, para su duración”.

Salí del cine con el mismo sentimiento de Boyero expresado en su crítica: “Volveré a ver esta película. Es de verdad. Es emocionante”. Es la pura verdad que tanto necesitamos, pequeños detalles que nos hagan la vida más amable, día a día.


CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN
: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Deberíamos ser muy prudentes con las celebraciones de la Fiesta Nacional de España, vinculadas todavía a la Hispanidad (II)

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921 – Ciudad de México, 2003 – Eduardo Galeano (Montevideo, 1940 -2015)

El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.

Eduardo Galeano, en Ser como ellos y otros artículos.

Sevilla, 12/X/2024 (actualizado del original publicado el 9/X/2024)

En el contexto de la Fiesta de la Hispanidad, que sigue de fondo manifiesto, aunque ya no oficial, de la Fiesta Nacional y en pleno debate sobre si los restos depositados en la Catedral de esta ciudad, pertenecen a Cristóbal Colón, en una investigación liderada por el catedrático de Medicina Legal, en la Universidad de Granada, José Antonio Lorente, vuelvo a publicar hoy un artículo mío reciente en la clave de la prudencia histórica que hay que observar en el llamado Descubrimiento de América.

Creo que sería conveniente abordar el redescubrimiento ético de la América actual, desde una perspectiva diferente desde nuestro país, con el hilo conductor de respeto reverencial a la memoria histórica y democrática de lo que verdaderamente ocurrió en aquel acontecimiento de repercusión mundial y con daños colaterales evidentes a lo largo de los siglos. Sobre todo, el papel que jugaron los poderes fácticos reales y gubernamentales de todo tipo, porque el “descubrimiento” allende los mares, no fue inocente en ningún momento.

Cuando nos aproximamos cada año a la celebración de la Fiesta Nacional de España, habiendo desaparecido en 1987 la unión anterior al Día de la Hispanidad, nuestro país debería ser muy prudente a la hora de tratar esta fiesta «nacional», rememorando épocas pasadas que no son precisamente encomiables. Sobre todo en aspectos triunfalistas y nacionalistas que nada tienen que ver con las culturas arrasadas en territorios “conquistados”, que ya estaban allí cuando llegaron nuestros antepasados en el siglo XV. Lo ocurrido recientemente con el litigio que arrastra en estos momentos la relación diplomática entre México y España, es una muestra de que deberíamos asumir las responsabilidades históricas sobre lo que allí ocurrió. Todavía resuenan en mi alma de secreto cómo se trató en este país al Papa Francisco cuando dirigió el 16 de septiembre de 2021, una carta a Monseñor Rogelio Cabrera López, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, con motivo del Bicentenario de la declaración de la Independencia del Pueblo Mexicano. La derecha cavernícola de este país, junto a la ultraderecha, se unieron en un ataque sin piedad a Francisco por lo expresado en la citada carta, donde lo único que se explicaba con detalle eran los hilos conductores de la misma: fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie.

Como es habitual en la diplomacia vaticana el lenguaje era exquisito y cuidado hasta la saciedad, la llamada “finezza vaticana”, aunque es bueno reconocer en este tiempo actual que se cometieron muchos errores durante la llamada “conquista de América”, a lo que Francisco llama “purificar la memoria”: “Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización. ¿Es malo y anticristiano o anticatólico, pedir perdón por los errores cometidos? El Rey Felipe VI debería tomar nota de la conducta de Francisco en torno a estas realidades. Además, él insistía en su misiva en que no hay que quedarse en el pasado sino frecuentar el futuro que nos llevará a sanar las heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias, y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos. Para mí, nada que objetar. También, abordaba la necesaria reafirmación de valores que identifican al Pueblo mexicano, –valores por los que tanto han luchado e incluso han dado la vida muchos de vuestros antecesores– como son la independencia, la unión y la religión.

La Hispanidad y sus celebraciones deberían revisarse a fondo con este espíritu. Un ejemplo claro nos lo ofrece Eduardo Galeano, a quien tanto admiro, que lo resumió bien en unas reflexiones suyas sobre el 12 de octubre, fecha que conmemoraremos el sábado próximo con fastos de todo tipo, militares también, por supuesto, de las que entresaco tres, con un epígrafe comúnCinco siglos de prohibición del arco iris en el cielo americano, cuando él sentía en su alma de secreto que en cada cita anual del 12 de Octubre, no hay nada que celebrar:

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.

Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.

Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.

***

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar («que deprendan fablar»). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental («mentally retarded») porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

***

Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo. El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:

– Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

Un ejemplo más de esta desafección sobre la celebración silenciosa o ruidosa, según se mire, de la Hispanidad, nos lo ofrece un gran escritor, Augusto Monterroso, maestro por excelencia en expresar la síntesis de la vida a través de sus palabras, a través de un relato que no olvido, El eclipse, que recojo hoy como símbolo de lo que verdaderamente ensombrece la Hispanidad:

Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.

Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras o los aztecas en México. No les hacía falta la insolencia divina y humana del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos. Al buen entendedor, pocas palabras bastan, porque la inculturación a la que se refería Francisco en la carta citada, es la que sabemos que ocurrió y no con las mejores artes por parte de la Iglesia del siglo XV y siguientes, es decir, el proceso de integración de muchos territorios “conquistados” para la Hispanidad, en la cultura y en la sociedad de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con la que entró en contacto desde el descubrimiento de América por los españoles, cuando no se respetaron las culturas y creencias propias que ya estaban allí desde hacía muchos siglos antes de que llegara la evangelización a sus tierras y parentelas. También por reyes que asolaron tierras fértiles y con personas dentro.

Al final, un eclipse acabó con aquella aventura de Guatemala, por la insolencia del poder divino sobre el rey Sol de toda la vida. Nada que celebrar hoy, por tanto, como pedía Galeano en sus bellas palabras de denuncia pública de una Hispanidad muy mal entendida. Francisco dio en 2021 una gran lección al mundo sobre lo que allí ocurrió, en México concretamente, casi un guion a seguir para reyes y gobernantes de este mundo al revés, purificando la memoria histórica de lo allí ocurrido: lo que hay que hacer con urgencia es fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie. Así, con todos y cada uno de los países que forman parte de la celebración encubierta del Día de la Hispanidad, sin dejar a ningún país “conquistado” atrás.

(1) Galeano, Eduardo, Ser como ellos y otros artículos, 1992. México: Siglo XXI Editores.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Petricor en Sevilla

Ludovico Einaudi – Petricor – Live In London 2016

Sevilla, 11/X/2024

En este cuaderno digital el agua tiene un sitio muy especial, sobre todo cuando nos situamos en la simbólica amura de babor, que no de estribor (al buen entendedor con pocas palabras basta), de la carabela imaginaria rotulada en blanco con un nombre sugerente, La isla desconocida, que me susurró un día ya lejano José Saramago, en la que viajo a través del papel o pantallas digitales en blanco o lleno de palabras, con alma también, desde hace ya casi diecinueve años, surcando mares procelosos en busca de islas desconocidas.

Hoy, es una realidad la presencia del «petricor» a través del agua que viene, muy cerca de nuestras vidas y de forma amable, frente a las amenazas de lluvias torrenciales en esta sacrosanta ciudad, con avisos de alarmas permanentes. Petricor no es la marca de un perfume de lujo, ni se la espera en los próximos años. Petricor puede vincularse etimológicamente a la fusión de dos palabras griegas, piedra (πέτρα) e icor (ἰχώρ), sangre de los dioses homéricos que destilan las piedras. Petricor no está en el Diccionario de la Lengua Española, lo que no quiere decir que no sea una palabra de utilización correcta, que proviene del ámbito científico al haber sido utilizada por primera vez en 1964 por dos geólogos australianos, Isabel Joy Bear y R. G. Thomas, en un artículo publicado en la revista NatureNature of Argillaceous Odor (Naturaleza del olor arcilloso).

Se puede definir como el olor que se desprende del suelo mojado por una lluvia fina, lo que de forma común llamamos “olor a tierra mojada” y que proviene, según los autores citados, como “[…] de un aceite exudado por ciertas plantas durante periodos de sequía”, que fundamentalmente se absorbe en la superficie de las rocas arcillosas. Un trabajo de investigación llevado a cabo posteriormente por científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en 2015, demostró mediante filmación con cámaras de última generación, cómo se introduce en el aire este olor que captamos los seres humanos. Las burbujas que se rompen en el aire son las que contienen la efervescencia de este olor que debido a sus múltiples componentes no se ha podido sintetizar y comercializar todavía, aunque una esencia parecida ya se comercializa en la India bajo el nombre de “Esencia de Lluvia”, porque la economía de mercado casi todo lo puede. No hay que olvidar que los geólogos citados anteriormente ya citaron en su artículo de 1964 que el petricor era capturado para venderse, bajo el nombre de mitti ka attar (esencia de la tierra), en Uttar Pradesh (India).

El petricor auténtico es la combinación perfecta de la naturaleza para regalarnos su aroma natural que todavía no se envasa, afortunadamente, como el resultado de unir tres componentes esenciales en el momento de la lluvia: el ozono, que nos recuerda el olor del cloro, la geosmina, lo más parecido al moho húmedo y el petricor, que es fresco, dulce y suave, emitido principalmente por las rocas arcillosas. El ozono nos envía siempre olores, obedeciendo a su etimología, también el aroma de la tierra, la geosmina y, por último, el petricor (la sangre de los dioses) que destilan las rocas arcillosas, como mensaje de la naturaleza en otoño para que no la olvidemos y sigamos salvando el planeta. Me tranquiliza saber que el petricor en estado puro no se puede envasar para beneficio de unos pocos porque la naturaleza, tan sabia, nos lo regala cada vez que llueve de forma pausada junto a nosotros, sin nada a cambio o sí: probablemente, el respeto de no convertirlo en mercancía. Esa es su grandeza y la de Einaudi intentando captar su verdadera esencia.

Tengo muy claro, al igual que Alberti, que el día que mi palabra se quede sola en la tierra, quiero que la lleven al mar que amo y que la dejen en la ribera, para que ese mar la recoja y la lleve hasta su alma secreta. Hoy, es mi mejor elogio del agua, con su petricor asociado, aprendido de Rafael Alberti, a quien tanto debo:

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera
.

Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra
.

¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla,
y sobre el ancla una estrella,
y sobre la estrella el viento,
y sobre el viento una vela!

NOTA: es interesante conocer el contexto artesanal e industrial del petricor en India: https://www.hindustantimes.com/more-lifestyle/mitti-attar-take-home-that-lush-smell-of-the-first-rain-trapped-in-a-bottle/story-rekOv9uFRO4g5pzDIW41dK.html

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UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Importante comunicado de la Asociación de Salud Mental de Andalucía, a la ciudadanía, sobre las prácticas en la salud mental

Comunicado de la Asociación Andaluza de Profesionales en la Salud Mental

Es el tiempo del miedo […] Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar. Miedo a la soledad y miedo a la multitud. Miedo a lo que fue. Miedo a lo que será. Miedo de morir. Miedo de vivir.

Eduardo Galeano, El miedo global, en  Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Sevilla, 10 de octubre de 2024, Día Mundial de la Salud Mental

Hoy se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. Con tal motivo, considero de especial interés público difundir el comunicado que la Junta Directiva de la Asociación Andaluza de Profesionales de la Salud Mental de Andalucía (AAN), a la que he pertenecido varias décadas hasta mi jubilación, quiere trasladar a la ciudadanía sobre las prácticas en salud mental.

Es un texto largo, que ellos justifican por la gravedad de la situación que estamos viviendo: “Estamos retrocediendo peligrosamente a una nueva época manicomial, aunque de una forma mucho más maquillada y sibilina. Ahora el Psiquiátrico está en la calle, se construye con la imposición del diagnóstico y se asegura con la prescripción de fármacos. Las personas sufren, pero no porque están «mal hechas». Sufren porque tienen problemas. Dificultades muy variadas y únicas que tienen que ver con su infancia, sus traumas, su precariedad, su soledad, su falta de perspectiva de futuro. Si desde ahí surge un problema clínico, es responsabilidad de los sistemas públicos de salud mental estar a la altura de sus necesidades. Callándoles con pastillas, anulándoles con un diagnóstico, encerrándoles en dispositivos y privándoles de derechos solo perpetuamos las políticas de exclusión manicomiales que confunden cuidar con controlar, que se olvidan de la gente y solo tratan cuerpos. Nos dedicamos a la salud mental porque nos gusta tratar con la gente, no porque queramos someterlas a tratamientos. Solo pedimos que las políticas de nuestra Comunidad nos permitan y nos ayuden a acompañar a las personas como se merecen”.

Recomiendo su lectura atenta, porque es la única forma de que podamos emitir juicios bien informados ante la realidad de la salud mental, que nos sirvan para tejer la necesaria y urgente malla crítica social sobre una realidad tan cercana, dolorosa y desconcertante, en este mundo al revés.

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UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La Fundación CIVIO es imprescindible en democracia

Fundación CIVIO

Sevilla, 9/X/2024

¿Qué hacer para blindar la democracia en nuestro país, en estos momentos tan difíciles y de desazón universal ante lo público? Existen muchos caminos y veredas, las de Antonio Machado por ejemplo, para trabajar sin descanso en el rearme ético de la democracia, en pleno ocaso por parte de las derechas variopintas y su más allá tan peligroso y dañino para la sociedad en general.

Hoy traigo a colación la difusión de una Fundación, CIVIO, de cuyo nombre me acuerdo siempre, que respeto y que ha acometido una transformación en su forma de comunicar qué objetivos pretende alcanzar a diario. Aprovechando un cambio en su portal web, CIVIO nos recuerda algo esencial, a modo de eslogan ético en su objetivo institucional: periodismo y acción para vigilar lo público, porque cada día, mejor dicho, cada segundo que pasa, la credibilidad del sector público y todo lo que abarca a través del Estado de Bienestar, está en tela de juicio permanente, unas veces por errores propios y otras por intencionalidad ajena en su acoso y derribo para que el sector privado instaure su imperio, con sus intereses manifiestos no inocentes, arrasando derechos históricos que tanto ha costado construir y defender. Así lo resumen para general conocimiento de su digna actividad: “En Civio trabajamos para que lo público sea realmente público. Queremos gobiernos e instituciones más transparentes y personas mejor informadas. Y lo hacemos a través del periodismo, la incidencia y la tecnología”.

En este contexto animo a quienes leen este cuaderno digital que conozcan esta Fundación y entren de lleno en sus proyectos para corroborar el excelente trabajo que desarrollan en muchos frentes de estricta “defensa de lo público“. Ellos lo manifiestan abiertamente: “Civio es una fundación independiente y sin ánimo de lucro. Y tu mejor aliada si también deseas gobiernos e instituciones más transparentes y personas mejor informadas sobre lo público, lo de todos. Hacemos periodismo riguroso y vigilante, influimos en quienes toman decisiones, y proponemos soluciones para mejorar lo común, lo colectivo. Sin afiliación partidista. Sin publicidad ni anunciantes. Siempre con acceso abierto y gratuito«.

A través de CIVIO podemos conocer sus investigaciones, sus herramientas para acceder a ayudas sociales, consultas de información compleja y su lucha incansable en relación con la imprescindible transparencia pública. Por lo anteriormente expuesto, es importante colaborar con esta Fundación para fortalecer la democracia, como socios quien pueda hacerlo o difundiendo día a día su trabajo bien hecho, que entregan cada día en su portal web, gratuitamente, sin confundir, como todo necio, valor y precio.

En democracia, siempre anhelamos andar caminos y abrir veredas para poder pasear con dignidad por avenidas de libertad, frente a caravanas de tristeza, soberbios y melancólicos borrachos de sombra negra, de tal forma que la defensa de lo público es lo que nos permite identificar a gentes que danzan o juegan, cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra. Nunca, si llegan a un sitio, preguntan a dónde llegan (Antonio Machado, dixit). Es lo que tiene amar lo público y exigir que Gobiernos, Administraciones y Organizaciones públicas, desempeñen sus funciones de forma correcta y digna en beneficio siempre del interés general, de base constitucional.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Deberíamos ser muy prudentes con las celebraciones de la Fiesta Nacional de España, vinculadas todavía a la Hispanidad

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921 – Ciudad de México, 2003 – Eduardo Galeano (Montevideo, 1940 -2015)

El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.

Eduardo Galeano, en Ser como ellos y otros artículos.

Sevilla, 8/X/2024

Cuando nos aproximamos cada año a la celebración de la Fiesta Nacional de España, habiendo desaparecido en 1987 la unión anterior al Día de la Hispanidad, nuestro país debería ser muy prudente a la hora de tratar esta fiesta «nacional», rememorando épocas pasadas que no son precisamente encomiables. Sobre todo en aspectos triunfalistas y nacionalistas que nada tienen que ver con las culturas arrasadas en territorios “conquistados”, que ya estaban allí cuando llegaron nuestros antepasados en el siglo XV. Lo ocurrido recientemente con el litigio que arrastra en estos momentos la relación diplomática entre México y España, es una muestra de que deberíamos asumir las responsabilidades históricas sobre lo que allí ocurrió. Todavía resuenan en mi alma de secreto cómo se trató en este país al Papa Francisco cuando dirigió el 16 de septiembre de 2021, una carta a Monseñor Rogelio Cabrera López, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, con motivo del Bicentenario de la declaración de la Independencia del Pueblo Mexicano. La derecha cavernícola de este país, junto a la ultraderecha, se unieron en un ataque sin piedad a Francisco por lo expresado en la citada carta, donde lo único que se explicaba con detalle eran los hilos conductores de la misma: fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie.

Como es habitual en la diplomacia vaticana el lenguaje era exquisito y cuidado hasta la saciedad, la llamada “finezza vaticana”, aunque es bueno reconocer en este tiempo actual que se cometieron muchos errores durante la llamada “conquista de América”, a lo que Francisco llama “purificar la memoria”: “Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización. ¿Es malo y anticristiano o anticatólico, pedir perdón por los errores cometidos? El Rey Felipe VI debería tomar nota de la conducta de Francisco en torno a estas realidades. Además, él insistía en su misiva en que no hay que quedarse en el pasado sino frecuentar el futuro que nos llevará a sanar las heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias, y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos. Para mí, nada que objetar. También, abordaba la necesaria reafirmación de valores que identifican al Pueblo mexicano, –valores por los que tanto han luchado e incluso han dado la vida muchos de vuestros antecesores– como son la independencia, la unión y la religión.

La Hispanidad y sus celebraciones deberían revisarse a fondo con este espíritu. Un ejemplo claro nos lo ofrece Eduardo Galeano, a quien tanto admiro, que lo resumió bien en unas reflexiones suyas sobre el 12 de octubre, fecha que conmemoraremos el sábado próximo con fastos de todo tipo, militares también, por supuesto, de las que entresaco tres, con un epígrafe comúnCinco siglos de prohibición del arco iris en el cielo americano, cuando él sentía en su alma de secreto que en cada cita anual del 12 de Octubre, no hay nada que celebrar:

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.

Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.

Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.

***

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar («que deprendan fablar»). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental («mentally retarded») porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

***

Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo. El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:

– Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

Un ejemplo más de esta desafección sobre la celebración silenciosa o ruidosa, según se mire, de la Hispanidad, nos lo ofrece un gran escritor, Augusto Monterroso, maestro por excelencia en expresar la síntesis de la vida a través de sus palabras, a través de un relato que no olvido, El eclipse, que recojo hoy como símbolo de lo que verdaderamente ensombrece la Hispanidad:

Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.

Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras o los aztecas en México. No les hacía falta la insolencia divina y humana del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos. Al buen entendedor, pocas palabras bastan, porque la inculturación a la que se refería Francisco en la carta citada, es la que sabemos que ocurrió y no con las mejores artes por parte de la Iglesia del siglo XV y siguientes, es decir, el proceso de integración de muchos territorios “conquistados” para la Hispanidad, en la cultura y en la sociedad de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con la que entró en contacto desde el descubrimiento de América por los españoles, cuando no se respetaron las culturas y creencias propias que ya estaban allí desde hacía muchos siglos antes de que llegara la evangelización a sus tierras y parentelas. También por reyes que asolaron tierras fértiles y con personas dentro.

Al final, un eclipse acabó con aquella aventura de Guatemala, por la insolencia del poder divino sobre el rey Sol de toda la vida. Nada que celebrar hoy, por tanto, como pedía Galeano en sus bellas palabras de denuncia pública de una Hispanidad muy mal entendida. Francisco dio en 2021 una gran lección al mundo sobre lo que allí ocurrió, en México concretamente, casi un guion a seguir para reyes y gobernantes de este mundo al revés, purificando la memoria histórica de lo allí ocurrido: lo que hay que hacer con urgencia es fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie. Así, con todos y cada uno de los países que forman parte de la celebración encubierta del Día de la Hispanidad, sin dejar a ningún país “conquistado” atrás.

(1) Galeano, Eduardo, Ser como ellos y otros artículos, 1992. México: Siglo XXI Editores.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Un año después, ¿qué responsabilidad tengo yo en los tribunales del olvido sobre lo que ocurre en Gaza?


Ausencia / Liuba María Hevia y Silvio Rodriguez

Sevilla, 7/X/2024

¿Y qué importancia tengo yo
en el tribunal del olvido?
¿Cuál es la representación
del resultado venidero?

[…]

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, LX

Un año después de escribir unas reflexiones sobre la guerra entre Hamás e Israel, cada uno con su irresponsabilidad a cuestas, vuelvo a hacerme estas preguntas de Neruda, cada vez que me enfrento ante situaciones clamorosas de olvidos y silencios cómplices asociados, en esta ocasión ante los tristes acontecimientos de la guerra entre Israel y Hamás, que se perpetúa en el tiempo, sobre todo cuando se utiliza la violencia con la población civil, anónima, sin culpa alguna, hasta límites insospechados, con cifras aterradoras: más de 42.000 personas fallecidas en Gaza, entre las que hay que contabilizar 17.000 niños y niñas, más de 11.000 mujeres, 10.000 desaparecidos y cerca de 100.000 personas heridas, algunas de ellas con lesiones graves, con secuelas tan lacerantes como son amputaciones de todo tipo.

Los silencios cómplices son una de las mayores amenazas para la democracia. Me refiero, concretamente, a los que siempre derivan en olvidos, respaldados además por tribunales especializados en apoyar el silencio injusto, países todopoderosos, para entendernos, del Este y del Oeste, del Norte y del Sur, de todas las latitudes, Señores y Señoras de Negro, Bancos Mundiales injustos por definición, Mercados Benefactores de las Guerras, gracias a sus mercancías preferidas, las armas mortíferas y cada vez más sofisticadas, todos ellos como pilares fundamentales que propician el ocaso de la democracia.

En los acontecimientos de la guerra actual citada, he recordado que esta situación tiene una larga historia, más de setenta y cinco años de sufrimiento del pueblo palestino, que se dice pronto, algo que nos debería llevar a olvidar el olvido de este territorio, como nos lo recordaba Eduardo Galeano en su lectura del mundo patas arribaal revés: “Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión.

Quienes seguimos con atención esta guerra tan desigual, como David y Goliath redivivos, tomamos conciencia de lo que significa permanecer callados o denunciar cada uno, cada una, de la mejor forma que pueda lo que estamos viendo y está pasando. De ahí la pregunta concreta de esta reflexión en alta voz un año después del comienzo de este sangrante conflicto armado: ¿qué responsabilidad sigo teniendo yo en los tribunales de los silencios y olvidos cómplices en este conflicto? Basta leer páginas de la historia de Israel y Palestina para tomar conciencia de cómo se propagan con silencios cómplices internacionales y de países limítrofes, noticias falsas o manipuladas sobre el delicado pasado que ha llenado páginas tristes de esta historia en territorios aparentemente lejanos, pero que hoy pueden trastocar el llamado orden mundial. Existen silenciadores diplomáticos que justifican el todo vale en tiempos de guerra y lo que menos importa es la población anónima a la que siempre le toca sufrir el eufemismo de los llamados «daños colaterales». Los tribunales del olvido abundan por doquier, justificando en estos momentos lo que no tiene nombre, por lo que creo que es urgente descubrirlos y desenmascararlos, porque hacen mucho daño a todo y a todos. Es una ocasión para reivindicar el papel que deben jugar las personas dignas ante esos tribunales del olvido. Más sangrante aún cuando se habla abiertamente de un genocidio puro y duro, con avales de organizaciones internacionales que así califican el comportamiento de Israel, que ha ido mucho más allá de lo que se presumía podía ocurrir en Gaza después de los terribles asesinatos por parte de Hamás hace hoy un año y sus daños colaterales: 1.200 personas asesinadas, 14.000 heridas y alrededor de 250 secuestradas. Otra ignominia no menos importante en esta guerra tan desequilibrada y devastadora.

Estoy convencido que la mejor respuesta ante estas preguntas de Neruda para salir de los silencios y olvidos cómplices, radica en rescatar las ideologías dignas, basadas en creencias, porque asistimos a una clamorosa ausencia de ellas en el mundo en general. Recuerdo una canción de mis años jóvenes, Ausencia, que cantaba María Dolores Pradera extraordinariamente bien, con sentimiento pleno, sobre todo su estribillo final: Ausencia / quiere decir olvido / Decir tinieblas, decir jamás / Las aves pueden volver al nido / Pero las almas no vuelven más. La ausencia de valores está configurando una forma de ser y estar en el mundo muy diferente a cuando están presentes en cada acto humano. Los echamos de menos y es un hilo conductor en la razón ética de las personas dignas. Es lo más parecido a la ausencia de seres queridos, familiares o amigos del alma, cuando se alejan de nosotros por razones físicas, psíquicas o sociales. También, cuando se constata el olvido palmario de las ideologías, de la conciencia de clase, incluso del sentimiento de pertenecer a un grupo social donde nos podemos entender mejor todos los que participan de una ideología que busca sólo el interés general. Es lo que está pasando en nuestra sociedad actual, que lo revestimos de palabras y frases eufemísticas tales como desafección, desencanto y desmovilización. Nada se puede ver afectado, encantado o movilizado, incluso la guerra de Israel y Hamás, también la de Ucrania, si no hay ideología o creencias, que José Ferrater Mora, de quien tanto aprendí, resumía en cuatro para entendernos: personas, naturaleza, sociedad o dios o dioses. Todas legítimas, todas accesibles, todas necesarias, todas imprescindibles como horizonte en la vida, atendiendo a la pregunta siguiente de Neruda, que reitero de nuevo, si somos capaces de dar respuesta digna al indeseable tribunal del olvido: ¿Cuál es la representación del resultado venidero? Porque lo dicho anteriormente vale cuando se trabaja, como el campo, en un frente popular y salvando siempre el interés general.

Hoy he recordado también a un cantor de mi juventud, Silvio Rodríguez, que me aportó ideología y compromiso en mi azarosa vida, bastante enfrentada al tribunal del olvido. Se trata de su canción Ausencia, que me compromete a seguir creyendo que “Hay ausencias que son como el olvido / que empolvan madrugadas y semillas / que se fueron perdidas en sus mares / donde nunca podrán hallar la orilla…”. Y sigue su canción de una forma que aclara definitivamente que decir olvido es decir ausencia de casi todo:

Hay ausencias que rozan con el alma,
mariposas celosas del espacio,
austeras prisioneras de las flores,
que te ponen su miel para los labios.

Ausencia, remoto fantasma que violas las puertas
que cantas, que gritas al cielo esa voz
que has llevado contigo
que escribes tú la canción que falta
que siempre nos recuerda la distancia

Hay ausencias gaviotas que te salvan
que desdeñan fronteras y estaciones,
que rondan las paredes, las palabras
dibujando la fe con sus creyones.

Hay ausencias que te hablan de un mañana,
que se tornan de todos los colores,
que te ponen el mundo en la ventana
y de esperanza llenan los balcones.

Ausencia, remoto fantasma
que violas las puertas, que cantas,
que gritas al cielo esa voz
que has llevado contigo,
que escribes tú la canción que falta
que siempre nos recuerdas la distancia

Lo escribí hace un año y constato que la historia se repite. La representación del resultado venidero, en relación con la guerra de Israel y Hamás, al no haber sido atacados de frente los silencios cómplices, el olvido y sus tribunales por doquier, nos demuestra que la población palestina anónima sin mezcla de Hamás alguna, seguirá sufriendo mucho si no hacemos a diario un esfuerzo especial por recobrar las ideologías que nos ayuden, de nuevo, a recuperar el sentido de la vida, porque sabemos que el olvido es siempre ausencia de alma, tinieblas, el jamás, sabiendo como sabemos que las aves pueden volver al nido, pero que las almas del auténtico pueblo palestino o las personas que han muerto por los ataques sorpresivos de Hamás, no vuelven más. Aunque hoy podamos escribir la canción que falta y que siempre nos permitirá recordar la distancia que nos separa todavía de la dignidad que toda persona merece. De lo que estoy convencido es de que si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano al revés, olvidándolo todo mediante ausencias y silencios cómplices, se calla la vida y la palabra. Las denuncias también, a los cuatro vientos.

La cruda realidad de las decenas de miles de personas que han fallecido durante este año en Gaza, denuncia las ausencias, que muchas veces son como el olvido, tal y como lo cantan, Liuba y Silvio Rodríguez.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

No sabemos qué significa África

Dipo Faloyin, África no es un país. Y otros estereotipos que debemos erradicar

Sevilla, 6/X/2024

Reconozco que pertenezco a una generación en la que África era sólo un continente que cantábamos de corrido en mi querido colegio del Sagrado Corazón de Jesús, en Madrid. Mi primera aproximación a ese territorio asombroso fue una frustración por no poder llevar una hucha del Día del Domund, al caer enfermo, que representaba una cabeza de un negro con una ranura en la cabeza para depositar la limosna correspondiente, después de hacerla sonar como un cascabel y repetir hasta la saciedad una frase que encerraba la clave de cómo Occidente, sobre todo la Iglesia, veía a África: ¡Por las misiones, por las misiones, por las misiones! La verdad es que recuerdo aquella hucha de cerámica descascarillada con miedo escénico, cuando la contemplaba de cerca en mi mesilla de noche, una cara muy seria, aunque ya sabía que los negros “no se reían nunca”, a tenor de la frase que se decía en mi casa del discreto encanto de la burguesía madrileña: como no cuides tu juguete, “te va a durar lo que la risa de un negro”. Sin comentarios.

En mi infancia en tierras de Castilla, no le iba a la zaga la representación de África a través del cine, de la mano de Víctor Mature y sus safaris escalofriantes. Además, en sesión continua, donde los negros siempre eran los servidores eternos, porteadores forzudos de los cazadores blancos. La dualidad de color no era inocente y el horror ante la diversidad estaba servido, con un claro vencedor en clave de género: el hombre blanco.

Lo expuesto anteriormente es un ejemplo breve de los estereotipos con los que hemos crecido en este país. Es lo que el periodista nigeriano, Dipo Faloyin, aborda en un libro publicado recientemente, África no es un país. Y otros estereotipos que debemos erradicaren el que explica que en África hay “1.400 millones de personas, más de 2.000 idiomas y 54 países separados, con sus propios deseos, esperanzas, sueños y direcciones diferentes”, junto con un canto a su continente: África es un mundo por descubrir día a día. Así lo explica él: “Si cerramos los ojos y pensamos en África, en el imaginario común existen dos ideas. La primera es la pobreza; la segunda, el safari. Y esas ideas responden a la visión del continente como una misión, como un lugar que necesita ser salvado o un lugar donde puedes interactuar con animales y, luego, salir. No se piensa como una realidad o como un lugar donde –también– pasan cosas mundanas como despertar, ir a la escuela, ir a trabajar, ir a un restaurante o incluso a un bar para reunirse con amigos. Esa es la diferencia fundamental. Porque cuando se escucha la palabra África, se piensa en causas, problemas, un lugar donde ocurre dolor y desastre. En ese sentido, África se convierte en una palabra que representa algo que no está basado en las vidas individuales de las personas. Y eso es lo que creo que debe cambiar”. Para conocer a fondo esta obra de Dipo Faloyin, recomiendo la lectura de la entrevista con él que se publicó recientemente en elDiario.es, porque es un revulsivo ante el comportamiento occidental con ese continente, desconocido por un teórico primer mundo, que lo ha esquilmado durante siglos y ha tratado a sus habitantes como esclavos casi siempre.

Cuando eliminé de mi vida determinados estereotipos de ceguera ante la negritud de la vida, descubrí algo maravilloso por lo que tenemos que estar muy agradecidos al continente africano y dolidos al mismo tiempo por los episodios letales que les rodean entre enfermedades mal atendidas, esclavitud histórica y de nuevo cuño en cayucos y pateras, guerras fratricidas y con una deuda histórica mundial sobre la que tantas veces he escrito en este cuaderno digital: “hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy se sabe que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado. Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (1)”.

Y una cosa más, transcendental para la Humanidad: el lenguaje nació en África, confirmándose por el descubrimiento del hueso hioides que facilita hablar, habiéndose dado este paso tan importante de la evolución humana en ese continente tan desconocido y al  que tanto debemos: Todavía recuerdo con asombro científico el momento histórico, concretamente en el año 2000, cuando se halló el esqueleto de una niña en Dokika (Etiopía), a la que pusieron por nombre Selam (Paz), confirmándose en ese momento mediante pruebas científicas que cumpliría hoy tres millones, trescientos mil años. Fue un descubrimiento extraordinario porque según manifestó Zeresenay Alemseged, paleoantropólogo etíope del Instituto Max-Planck de Leipzig, en Alemania: “son los restos más completos jamás encontrados hasta la fecha en la familia de los australopitecos”. El esqueleto se ha montó como un puzzle humano, pieza a pieza, hueso a hueso, desde su descubrimiento en el periodo comprendido entre 2000 y 2003, faltando sólo la pelvis, la zona baja de la espalda y parte de las extremidades. Esta niña, de unos tres años de edad, tendría una capacidad cerebral en torno a los 300 centímetros, mientras que la de nuestra especia ronda los 1.400 centímetros cúbicos. Comenzaba a desarrollarse el cerebro. Y lo que me llamó la atención cuando conocí este descubrimiento, desde la anatomía de estos fósiles, fue el hallazgo de un hueso, el hioides (1), auténtico protagonista de este hecho científico, porque su función está vinculada claramente a una característica de los homínidos: el hioides permite fosilizar el aparato fonador, es decir, hay una base para localizar la génesis del lenguaje, aunque tengamos que aceptar que el grito fuera la primera seña de identidad de los australopitecus afarensis.

África y nuestros antepasados en ese continente, nos enseñaron a hablar. Algo tuvo que ocurrir en el nacimiento de la vida humana, trascendental y aún por descubrir, para que nuestros antepasados, a los que en 2000 situamos en una primera referencia, Selam, la niña de Dikika, comenzaran a caminar de forma bípeda y a desarrollar el cerebro. La gran pregunta surge al saber que junto a los fósiles de Selam y de Lucy se han encontrado también restos de hipopótamos y cocodrilos, lo que aventura pensar que Selam fue una niña feliz en un medio fértil y adecuado a sus necesidades. Algo tuvo que ocurrir, cuando sintieron la necesidad de salir de su tierra y de su parentela para buscar comida y una habitabilidad mayor. Para no amargarnos demasiado, desde el punto de vista científico y a las pruebas científicas me remito, media un tiempo impresionante entre Selam y los primeros aventureros, hace doscientos mil años, que empezaron a crear el mundo habitado. La diferencia del cerebro no es tan evidente, si la comparamos con el paso de los millones de años. Ahí está la llave del secreto de esa niña a la que pusieron un nombre simbólico en territorio musulmán: Paz. ¡Qué paradoja actual! Además, también se sabe que la inteligencia humana y el lenguaje no tienen color. A pesar del tiempo transcurrido, millones de años, seguimos sin saber el significado de este hermoso continente. Esa es la cuestión que Dipo Faloyimn nos ayuda s despejar en su libro.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, p. 15-28.

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UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Sigo aprendiendo de Luis Cernuda su sentimiento de otoño en octubre

Luis Cernuda Bidón (Sevilla, 21 de septiembre de 1902 – Ciudad de México, 5 de noviembre de 1963) 

Sevilla, 5 de octubre de 2024, un día especial en el que dedico estas palabras a Loli, en el tercer aniversario de la entrada en su cielo particular

Frecuento la obra de Luis Cernuda, porque soy uno de “sus paisanos”, sevillanos por más señas, que cada día reconoce su trabajo con amor hecho, para curar su herida en el exilio, por el comportamiento que tenían con él algunos paisanos suyos (suponemos quienes eran), sentimiento que dejó escrito en Desolación de la quimera, con palabras cargadas con un dolor especial de su alma poética.

Es una de las razones por las que recurro siempre a determinados poetas, entre otras fuentes de inspiración -sobre todo a los que olvidaron durante la dictadura franquista, incluso mataron sin compasión alguna-, para interpretar la vida presente de forma diferente, porque muchas veces, en su cada día, lo que llamamos «vida» es sólo un ensayo personal y colectivo en el gran teatro del mundo y porque nos llevan de la mente, no sólo de la mano, a pensar en símbolos que nos ayudan a soñar en la libertad mental, lejos de la presión de los mercados, a abrir sueños. Conservo también en mi persona de secreto versos de Juan Ramón Jiménez, inquietantes, bajo el nombre de “Octubre”: Pensé arrancarme el corazón, y echarlo, / pleno de su sentir alto y profundo, / al ancho surco del terruño tierno, / a ver si con romperlo y con sembrarlo, / la primavera le mostraba al mundo / el árbol puro del amor eterno. Son palabras profundas que crean desasosiego ante lo que está pasando porque, a veces, lo que sentimos es que nuestro corazón, hecho trizas, puede servir a propios y extraños para descubrir una nueva semilla que transforme la sociedad a pesar de todo. Hecho trizas por la muerte de Loli, también.

Si vuelvo de nuevo a encontrarme hoy con Luis Cernuda en este quinto día de Octubre, en este tercer aniversario íntimo al que dedico estas palabras a una persona querida, mientras avanza el Otoño y como hago siempre a esta altura del año, es para conocer mejor qué pensaba mi “paisano” de este equinoccio, en su mente tan abierta a la vida. Abro Ocnos, título que encontró en Goethe, como “un personaje mítico que trenza los juncos que han de servir como alimento a su asno”, como símbolo del tiempo que todo lo consume, o del público igualmente inconsciente y destructor”, dedicando una reflexión intimista, la tercera, al otoño en su tierra, que la vuelvo a leer de forma pausada con la ilusión y expectativa de la primera vez, porque me aporta otra forma de vivir con encanto esta estación tan mágica y controvertida, enseñoreada por una palabra mágica, Octubre, el octavo mes del calendario romano, con una asignación ordinal y temporal diferente, desde hace muchos siglos, gracias a la “gracia” de la Iglesia de Roma:

Encanto de tus otoños infantiles, seducción de una época del año que es la tuya, porque en ella has nacido.

La atmósfera del verano, densa hasta entonces, se aligeraba y adquiría una acuidad a través de la cual los sonidos eran casi dolorosos, punzando la carne como la espina de una flor. Caían las primeras lluvias a mediados de septiembre, anunciándolas el trueno y el súbito nublarse del cielo, con un chocar acerado de aguas libres contra prisiones de cristal. La voz de la madre decía: “Que descorran la vela”, y tras aquel quejido agudo (semejante al de las golondrinas cuando revolaban por el cielo azul sobre el patio), que levantaba el toldo al plegarse en los alambres de donde colgaba, la lluvia entraba dentro de casa, moviendo ligera sus pies de plata con rumor rítmico sobre las losas de mármol.

De las hojas mojadas, de la tierra húmeda, brotaba entonces un aroma delicioso, y el agua de la lluvia recogida en el hueco de tu mano tenía el sabor de aquel aroma, siendo tal la sustancia de donde aquél emanaba, oscuro y penetrante, como el de un pétalo ajado de magnolia. Te parecía volver a una dulce costumbre desde lo extraño y distante. Y por la noche, ya en la cama, encogías tu cuerpo, sintiéndolo joven, ligero y puro, en torno de tu alma, fundido con ella, hecho alma también él mismo.

Al igual que el año pasado y el otro y el otro, cuando finalizo su lectura, recupero el sentimiento de otoño que tenía Cernuda, expresado también en otro poema con palabras bellas: Llueve el otoño aún verde como entonces / Sobre los viejos mármoles, / Con aroma vacío, abriendo sueños. / Y el cuerpo se abandona. Me consuela saber que puedo abrir sueños, abandonando todo lo que hoy nos sobra para comprenderlos este otoño, este quinto día de octubre tan especial para mí y que comienza hoy, porque el tiempo consume todo lo que ocurre y hay que saber alimentarlo, como sabía hacer Ocnos, el personaje mítico de Goethe que hace muchos años entusiasmó a Cernuda. También, a Juan Ramón Jiménez, cuando pensaba sembrar su corazón hecho trizas para que nacieran árboles puros del amor eterno.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Ochubre, ochubrio, ochubro, otubre, octubre, el mes del corazón dorado

Detalle del Retrato de don Juan Manuel. Retablo de la Virgen de la Leche. Catedral de Murcia.

A la piadosa luz de octubre vuelvo / y entre la tibia cuenca de mis manos / como un niño dormido mi corazón levanto. / Vivir es retornar a cada Octubre / para sentirse el corazón dorado.

Leopoldo de Luis, Poema de Octubre

Sevilla, 4/X/2024 / actualizado del original de 16/X/2023

Damos la razón al Quijote para comprender la razón de ser de este mes, en el que somos y estamos: ¡con la iglesia hemos dado, Sancho! Significante y significado están en juego, porque siempre hablamos de “estar en el mes de octubre”, sin deparar que la palabra ´octubre´ tiene una historia laica, como tantas otras, cuyo significado en roman paladino era muy claro: ochubre era el octavo mes del calendario romano, que comenzaba en marzo. La evolución en el tiempo, es decir siglos, sobre todo por el respeto al latín español consonántico por parte de los cuidadores de los cultismos en el Siglo de Oro, ha llevado a que hoy se sigan reconociendo las tres variaciones sobre el mismo lema, ochubreotubre y octubre, aunque los dos primeros, según el propio diccionario de la lengua española (RAE), están en desuso, manteniéndose hoy sólo como de uso correcto el tercer lema ´octubre´: Del lat. Octōber, -ris, derivado de octo ‘ocho’. Décimo mes del año, que tiene 31 días, sin más explicación histórica en sus raíces romanas. En relación con la acepción “otubre´, la Real Academia dice lo siguiente. “Se recomienda evitar su uso. La variante antigua otubre —en el diccionario desde 1803— hoy se considera vulgar (impropia del habla culta) y está marcada en el DLE como desusada”. Más interesante es revisar la utilización del lema ´ochubre” en el tesoro lexicográfico español, donde aparece en primer lugar en 1846, junto a dos lemas más, ´ochubrio´y ´ochubro´, con la misma acepción: Octubre, en el Nuevo diccionario de la lengua castellana, que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas […]. París, publicado por Vicente Salvá. Posteriormente y hasta llegar al diccionario de la Academia Usual, de 1992, última aparición de este lema en el diccionario de la lengua española de la RAE (según el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española), se mantuvo en los diccionarios de 1885, de Gaspar y Roig; de 1869, de Ramón Joaquín Domínguez; de 1970, del Suplemento del diccionario de la lengua española (RAE) y de 1984, en el diccionario Usual, también de la Real Academia Española de la Lengua. Finalmente y con este largo camino histórico y lexicográfico, octubre, hoy día, es el ´décimo´ mes del año, no el octavo, como su nombre indica, por la modificación que se introdujo en el llamado calendario gregoriano, promulgado en 1582 por el papa Gregorio XIII que, a su vez, modificó el existente hasta entonces, denominado calendario juliano, que introdujo Julio César en el año 46 a.C.

En este contexto, el infante de Castilla, don Juan Manuel (1282-1348), sobrino del rey Alfonso X el Sabio, que mandó escribir la Estoria de España, comenta en el capítulo ciento veinticuatro (CXXIIII) de la Crónica abreviada, una de sus versiones de la citada Estoria, transcribiendo de forma clara y concisa el origen e intrahistoria de la palabra ‘ochubre’ en el primitivo calendario: “por que los rromanos, quando conquerieron toda la tierra, pusieron le nombre ‘agosto’, que quier tanto dezir commo acrescentador; e al otro, setienbre, porque hera seteno del mes de março; e al otro ochubre por que hera ochauo; e noviembre por que era noveno; e al otro dezienbre por que hera dezeno del mes de março en que solian començar el anno segunt auedes oydo”. La justificación que narra el infante Juan Manuel de por qué el calendario romano constaba de diez meses, tiene un marcado interés de respeto a la naturaleza, porque en marzo se sale de un tiempo de mucho frío (la grant friura del ynvernio) y entra el calor (la grant calentura del verano). Bajo esta premisa, va desgranando posteriormente uno a uno la interpretación de cada mes, que en algunos casos es asombrosa, hasta llegar a octubre, vinculado estrictamente al mero orden cronológico del calendario romano, ´por que era ochavo´.

Procuro ser muy cuidadoso con las palabras que pienso y traslado al papel o a la pantalla en blanco, sobre todo cuando quiero decir algo ´especial´, recordando a Ítalo Calvino, en su arte de saber empezar y acabar en el momento mágico de escribir palabras, precisamente en la semana en la que se cumple el centenario de su nacimiento. No olvido tampoco que el 3 de octubre de 1714, “el rey Felipe V de España, sucesor del último monarca de la Casa de Austria y primer monarca Borbón en el trono español, firmó la cédula real para la constitución de la Real Academia Española (RAE) con una dotación de 60.000 reales anuales para la publicación de obras. El objetivo, recogido en el Estatuto Único, era “cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua Castellana, defenestrando los errores que, en sus vocablos, en sus formas de hablar o en su construcción, ha introducido la ignorancia”. Si recuerdo bien esta cita es porque propició que se editara por primera vez mi querido Diccionario de Autoridades, que tanto aprecio y aplico: “Entre 1726 y 1739, la RAE publica seis volúmenes en el que se recogen más de 69.000 acepciones. La diferencia respecto a otros diccionarios es la utilización de nombres relevantes de la literatura castellana (sobre todo del Siglo de Oro) para avalar las diferentes descripciones. Por ello, recibe el nombre de “Diccionario de Autoridades”. “Se han puesto los autores que ha parecido a la Academia han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia”, recoge el Prólogo del Tomo I del Diccionario. Lope de Vega, Luis de Bávia, Luis de Góngora, Santa Teresa de Jesús… son algunas de las firmas que, a través de ejemplos, referenció la RAE para explicar el significado de los más de 69.000 términos recopilados entre los seis volúmenes”. Extraordinario trabajo, que hoy disfrutamos las personas que amamos nuestra lengua.

Hoy, sólo he pretendido limpiar, fijar y dar esplendor a una palabra, octubre, tan aparentemente neutra, aunque no inocente, porque en estos momentos vivimos en ella y porque sólo me queda ella, la palabra en este aquí y en este ahora, en octubre, para expresar lo que pienso, siento y escribo, siguiendo muy de cerca a Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra.

Lo que está ocurriendo en este octubre tan especial, hoy mismo, sobre todo con la guerra de Israel y el brazo armado de Hamás en Gaza, también en Líbano, con otro brazo armado, Hezbolá, pero que lo están sufriendo centenares de miles de personas inocentes, trae a mi alma de secreto una sola palabra: ´paz´, porque en Andalucía somos escuchaores de esta palabra, nunca ´guerra´, que sólo pronunciarla o escribirla produce en sí misma un dolor inmenso. Es nuestra obligación ética en relación con la palabra ´paz´: fijarla, limpiarla y devolverle todo su esplendor. Este es hoy, en octubre, el octavo mes del año, mi mensaje especial.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad