Sevilla, 31/X/2025 – 09:01 h (CET+1) / Actualizado a las 12:00 h
Se aproxima el 50 aniversario de la muerte de Franco y de la llegada de la democracia a nuestro país. Lo viví en primera persona en mis años jóvenes, jugándonos el tipo por la represión franquista. Por este motivo recuerdo una canción interpretada por Raimon (Xàtiva, 1940), Yo vengo de un silencio, que cumple también cincuenta años y que escuchábamos en catalán en círculos cerrados, perseguida por el Régimen, pero que trascendía la férrea censura de la época.
Vuelvo a escucharla, poniendo la moviola que me ha traído a mi persona de secreto cada palabra y estrofa de esta bella canción. La comparto hoy con la Noosfera democrática, la malla pensante de la humanidad, en momentos muy complejos y preocupantes por el ocaso de la democracia que alienta la derecha extrema y la ultraderecha confesa de este país.
Yo vengo de un silencio antiguo y muy largo de gente que va alzándose desde el fondo de los siglos, de gente que llaman clases subalternas, yo vengo de un silencio antiguo y muy largo.
Yo vengo de las plazas y de las calles llenas de niños que juegan y de viejos que esperan, mientras hombres y mujeres están trabajando en los pequeños talleres, en casa o en el campo.
Yo vengo de un silencio que no es resignado, de donde empieza la huerta y acaba el secano, de esfuerzo y blasfemia porque todo anda mal: quien pierde los orígenes pierde identidad.
Yo vengo de un silencio antiguo y muy largo, de gente sin místicos ni grancapitanes, que viven y mueren en anonimato, que en frases solemnes no han creído nunca.
Yo vengo de una lucha que es sorda y constante, yo vengo de un silencio que romperá la gente que ahora quiere ser libre y que ama la vida, que exige las cosas que le han negado.
Yo vengo de un silencio antiguo y muy largo, yo vengo de un silencio que no es resignado, yo vengo de un silencio que la gente romperá, yo vengo de una lucha que es sorda y constante.
Raimon hizo de su vida un canto permanente y comprometido con la sociedad. No olvido las palabras que pronunció en el discurso de investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante, en 2011: “Mi deseo de libertades y la lucha por conseguirlas, el gusto por la música y por la poesía fueron previos a mi decisión de hacer de mi canto vida y de mi vida canto».
Recordarlo en estos días como un homenaje más, también, al pueblo valenciano, por la terrible Dana del año pasado, es un acto de justicia, porque al pie de la letra de su canción, los familiares de los fallecidos vienen de un silencio institucional que han roto en nombre de las víctimas, porque aman la vida, porque exigen las responsabilidades de los que las niegan a diario.
Igualmente y porque vengo de un silencio histórico y democrático, escribo también estas líneas con motivo de la conmemoración hoy, en nuestro país, del día de recuerdo y homenaje a todas las víctimas del golpe militar del 18 de julio de 1936, la Guerra Civil y la Dictadura franquista, una fecha establecida por la Ley 20/2022, de Memoria Democrática.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
Maria Bertomeu Soria, La María, cantando “Mon Vetlatori” en su intervención ayer en el homenaje a las víctimas de la Dana / elDiario.es
Sevilla, 30/X/2025 – 12:30 h (CET+2)
En el funeral laico celebrado ayer en Valencia, en homenaje a los 237 fallecidos por la Dana en octubre de 2024, en el que tres familiares intervinieron para exponer sus vivencias de duelo por lo sucedido, surgió la mejor respuesta a un testigo allí presente, en segunda fila, el presidente Carlos Mazón, a quien no querían ver allí de ninguna de las maneras, por ser un responsable directo de tanta tragedia. La protagonizó Virginia Ortiz Riquelme, prima de Juan Alejandro Ortiz, víctima de la dana, y vecina de Letur (Albacete): «Las inundaciones son el fenómeno natural que más muertes provoca, pero no fue el fenómeno el causante de la catástrofe que hemos sufrido. Es el que omite su deber a sabiendas de que su omisión puede suponer la pérdida de vidas humanas, quien comete el acto primigenio que deriva en sus muertes».
No hizo falta más palabras en un acto tan emotivo y digno. Yo tampoco quiero empañarlas con las mías. Sólo me van a permitir que reproduzca a continuación la voz de una cantora valenciana muy joven, Maria Bertomeu Soria, La María, como Virginia, que intervino también en el acto, dejando un mensaje con su canción, Mon Vetlatori, con letra de Antonio Hurtado Cerdá y de ella, de cómo cada velatorio es algo personal e intransferible de difícil comprensión para quienes no saben escuchar el dolor del alma humana.
Reproduzco a continuación esta canción interpretada durante el acto de ayer, que tras su intervención en un programa de “La Revuelta”, el 4 de noviembre de 2024, pocos días después de la gran tragedia de la Dana, conmoviendo a la audiencia, se convirtió desde ese día en un gran himno que, desde entonces y hasta el acto de ayer, es recordado siempre por los afectados en general por la Dana. También, transcribo del valenciano lo cantado por La María, para facilitar la intelección de su mensaje:
MON VETLATORI (Romanç 4: de mort) – MI VELATORIO (Romance 4: de la muerte)
En la plaza hablan que te han visto cantar
No
No
En el cielo te han pedido
Con flores le han vestido
Los cabellos rizados
Que moría por ver
El cielo dibuja nubes
Que quieren llorar
Y viñas madurar
Hay estrellas en el cielo
Que lloran esperando
Esperando tu compás
En la plaza hablan que te han visto cantar
Espinitas en el corazón
Espinitas en el corazón
NOTA: el vídeo de cabecera se ha recuperado hoy de elDiario.es.
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El presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, en la comparecencia en sede parlamentaria, el 15 de noviembre de 2024
Sevilla, 29/X/2025 – 08:48 h (CET+1)
Hoy tendrá lugar el homenaje a las víctimas de la DANA, que presidirán SS.MM. los Reyes, en el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe de Valencia, cuando se cumple el primer aniversario de la catástrofe. Es un acto de Estado que remueve conciencias públicas y privadas ante el desastre ocurrido, pero que necesita también exigir la asunción de responsabilidades públicas de todo tipo por lo ocurrido. Por esta razón he recordado, olvidando el olvido, una secuencia temporal de esta tragedia, porque me parece simbólica y representativa del despropósito continuado en el tiempo y hasta hoy, por la falta de esa asunción de responsabilidades por parte del Presidente de la Generalitat Valenciana, enmarcadas en lo ocurrido en la DANA.
¡Qué escándalo supuso, por ejemplo, la comparecencia del presidente de la Generalitat Valenciana, en sede parlamentaria, el 15 de noviembre de 2024, al no explicar lo que de verdad había pasado por la DANA desde el 29 de octubre en su Comunidad! Así, de forma continuada, ha ido tejiendo su tesis exculpatoria personal e institucional. Su reflexión principal en aquella comparecencia lamentable fue que había fallado de forma generalizada el “sistema”, sin concretar nada ni asumir responsabilidad personal e institucional alguna, solo “errores” y alguna disculpa genérica, derivando de forma manifiesta la responsabilidad de la tragedia al Gobierno central, un clásico popular aquellos días, nunca mejor dicho, que tenía dos responsables claros: el Presidente, Pedro Sánchez y la todavía Ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera.
La hemeroteca oficial de les Corts Valencianes permite leer desde aquella fecha docenas de folios exculpatorios de cómo había actuado el Gobierno valenciano con Mazón al frente, en su lectura cansina de datos enrevesados, mentiras y medias verdades, con distribución no inocente de culpables ajenos a su Gobierno, de todo lo que le había rodeado en estos trágicos días, sin cambiar el rictus a pesar de haberse contabilizado ya 217 fallecidos y 16 desaparecidos desde aquel fatídico 29 de octubre.
Lejos de optar por una obligada dimisión por tanta incompetencia, con resultado de muerte de muchas personas que, probablemente, podría haber sido mucho menos trágico si se hubieran tomado decisiones acertadas, Mazón sigue a día de hoy al frente del Gobierno valenciano, habiendo creado en un visto y no visto una vicepresidencia, militar por supuesto, que tuvo la responsabilidad de la reconstrucción de las zonas afectadas, una macrocartera para coordinar infraestructuras, economía, medio ambiente y emergencias. Desgraciadamente, se sabe hoy que del dinero destinado a tal fin solo se ha ejecutado, hasta el día de este aniversario, un 26% de los 2.364 millones de euros destinados a tal fin de reconstrucción.
A Mazón lo que le faltó decir aquél día y creo que mantiene hasta hoy, es que la culpa de todo lo que pasó en la DANA “la tuvo la gente”, ante tanto silencio cómplice y falta de asunción de responsabilidades públicas personales e institucionales. Es verdad que todo pasa, pero no todo queda, porque lo nuestro es pasar, dado que la culpa de todo lo que ha pasado por la DANA en Valencia, nos dicen sus responsables directos, no la tienen ellos, sino “otra gente”, en concreto el Gobierno central, en la persona del presidente y una Ministra, Teresa Ribera, así como instituciones meteorológicas de ámbito nacional, como cantaban María y Federico en mi juventud, cuando se preguntaban quién tiene la culpa de la “indiferencia que cierra los ojos para la decencia y los abre grandes a las apariencias; de la fe perdida, de los días sucios y de las mentiras; de que no cambie nada y tener las manos frías y gastadas; de este gran silencio”, o de que haya habido tantas personas fallecidas”:
“Quién tiene la culpa si la paloma sueña ser águila.
Quién tiene la culpa de que la flor se muera de espaldas. Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia y los abre grandes a las apariencias.
Estribillo Ni yo ni usted encia, militar por supuesto, la tiene la gente. (BIS)
Quién tiene la culpa de la fe perdida, de los días sucios y de las mentiras. Quién tiene la culpa que no cambie nada y tener las manos frías y gastadas.
Estribillo Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente (BIS)
Quién tiene la culpa de este gran silencio. Quién tiene la culpa de que yo esté muerto…
Estribillo Ni yo, ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente (BIS).
Creo que la culpa de todo lo ocurrido a la hora de atender la DANA que venía y sobre la que las autoridades competentes ya habían efectuado los avisos oportunos de sus posibles consecuencias, “de todo eso”, la tuvo la planificación pésima de las emergencias en la Comunidad Valenciana y su desastrosa organización, desde su Presidente, como responsable máximo, hasta todos los que le siguieron en silencios y ausencias múltiples.
Hoy, día del homenaje a las víctimas, podríamos recordar de nuevo, con dolor de alma y corazón, la canción de María y Federico de mi juventud, que yo cantaba con ardor guerrero, con una estrofa final diferente y cambiando también el estribillo final, aunque tengamos que asumir la parte de responsabilidad que como ciudadanos nos toca cuando callamos ante determinados silencios cómplices a la hora de exigir las responsabilidades pertinentes:
Quién tiene la culpa de este gran silencio en Valencia. Quién tiene la culpa de que 229 personas hayan fallecido.
Estribillo Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo lo ocurrido, no la tuvo la gente (BIS).
Lo que hoy sabemos a ciencia cierta es que cuando el Gobierno de Mazón mandó la alerta máxima a los móviles, a las 20:11 del 29 de octubre de 2024, al menos 156 personas habían fallecido ya y otras 37 estaban en situación crítica. Probablemente, la jueza de Catarroja, Nuria Ruiz Tobarra, titular del Juzgado de Instrucción número 3, con su trabajo jurídico incansable e impecable, ayudará pronto a identificar a los culpables de tanto dolor, de tantas muertes, por una dejación lamentable de responsabilidades públicas. Ella tiene muy claro que la culpa de todo lo ocurrido en la DANA valenciana…, no la tuvo la gente.
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Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980 – María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025
NOTA: por un error en la edición cronológica de este artículo, vuelvo a publicarlo hoy, aunque ya apareció en su fecha original, 14 de octubre. Disculpen esta incidencia.
Sevilla, 14/X/2025 – 14:05 h (CET+2)
He leído con atención casi reverencial la carta abierta que ha dirigido Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980, a María Corina Machado, que ha recibido el correspondiente a este año. Reproduzco a continuación el texto completo, en el que coincido plenamente por la denuncia que hace por las maniobras de aproximación al presidente Trump, con el broche puesto al enviarle un mensaje ese día tan especial, en el que le manifestaba que cuenta con él para conquistar la libertad de Venezuela (la negrita es mía). Es muy importante leer esta carta, porque a través de sus palabras se puede comprender bien el significado actual de ese Premio, entregado a la opositora venezolana, tan codiciado por el emperador Trump, el Presidente de la Paz, tal y como se presenta desde la Casa Blanca.
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Carta abierta de Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980, a María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025
Te envío el saludo de Paz y Bien que tanto necesita la humanidad y los pueblos que viven en la pobreza, conflictos, guerras y hambre. Esta carta abierta es para expresarte y compartir algunas reflexiones.
Me sorprendió tu designación como Premio Nobel de la Paz que te otorgara el Comité Nobel. Me vino a la memoria las luchas contra las dictaduras en el continente y en mi país bajo dictaduras militares que soportamos desde 1976 hasta 1983 y resistimos las cárceles, torturas y el exilio con miles de desaparecidos, niños secuestrados y desaparecidos y los vuelos de la muerte de los cuales soy un sobreviviente.
En 1980 el Comité Nobel me otorga el Premio Nobel de la Paz. Han pasado 45 años y continuamos trabajando al servicio de los más pobres y junto a los pueblos latinoamericanos. En nombre de todos ellos asumí esa alta distinción, no por el Premio en sí, sino por el compromiso junto a los pueblos compartiendo las luchas y esperanzas para construir un nuevo amanecer. La Paz se construye día a día y debemos ser coherentes entre el decir y el hacer.
A mis 94 años continúo siendo un aprendiz de la vida y me preocupa tu postura y decisiones sociales y políticas. Por lo tanto, te envío estas reflexiones.
El gobierno venezolano es una democracia con sus luces y sombras. Hugo Chávez marcó el camino de libertad y soberanía del pueblo y luchó por la unidad continental; fue un despertar de la Patria Grande. Estados Unidos lo atacó permanentemente, no puede permitir que ningún país del continente salga de su órbita y la dependencia colonial, continúa sosteniendo que América Latina es su “patrio trasero”. El bloqueo a Cuba por los EEUU durante más de 60 años es un ataque a la libertad y derecho de los pueblos. La resistencia del pueblo cubano es un ejemplo de dignidad y fortaleza.
Me sorprende cómo te aferras a los Estados Unidos y debes saber que no tiene aliados, ni amigos, sólo tiene intereses. Las dictaduras impuestas en América Latina fueron instrumentadas por sus intereses de dominación destruyendo la vida y organización social, cultural y política de los pueblos que luchan por su libertad y autodeterminación. Los pueblos resistimos y luchamos por el derecho a ser libres y soberanos y no colonias de los EEUU.
El gobierno de Nicolás Maduro vive bajo la amenaza y el bloqueo de los Estados Unidos, el bloqueo; basta tener presente las fuerzas navales en el Caribe y el peligro de invasión a tu país. No has dicho una palabra o apoyas la injerencia de la gran potencia contra Venezuela. El pueblo venezolano está listo para enfrentar la amenaza.
Corina, te pregunto: ¿por qué llamaste a los EEUU para que invada Venezuela? Al recibir el anuncio que te otorgaron el Premio Nobel de la Paz, se lo dedicaste a Trump, agresor a tu país, mintiendo y acusando a Venezuela de ser narcotraficante, mentira semejante a la de George Bush que acusó a Sadam Husein de tener “armas de destrucción masiva”, pretexto para invadir Irak y saquearla provocando miles de víctimas, mujeres y niños. Estuve al final de la guerra en Bagdad, en el hospital pediátrico, y pude ver la destrucción y muertes por aquellos que se proclaman los defensores de la libertad. La peor de las violencias es la mentira.
No olvides Corina que Panamá fue invadido por los EEUU provocando muertes y destrucción para capturar un ex aliado, el general Noriega. La invasión dejó 1.200 muertes en Los Chorrillos. Hoy, EEUU pretende apoderarse nuevamente del Canal de Panamá. Es una larga lista de intervenciones y dolor en América Latina y el mundo por parte de EEUU. Aún continúan abiertas las Venas de América Latina, como dice Eduardo Galeano.
Me preocupa que no hayas dedicado el Nobel a tu pueblo y sí al agresor de Venezuela. Creo Corina que tienes que analizar y saber dónde estás parada, si eres una pieza más del coloniaje de EEUU sometida a sus intereses de dominación, lo que nunca puede ser para el bien de tu pueblo. Como opositora al gobierno de Maduro, tu posturas y opciones generan mucha incertidumbre, recurres a lo peor cuando pedís que EEUU invada Venezuela.
Lo importante es tener presente que construir la Paz requiere mucha fuerza y coraje en bien de tu pueblo, que conozco y quiero profundamente. Donde antes había chabolas en los cerros sobreviviendo en la pobreza e indigencia hoy hay viviendas dignas, salud, educación y cultura. La dignidad del pueblo no se compra ni se vende.
Corina, como dice el poeta: Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Ahora tienes la posibilidad de trabajar para tu pueblo y construir la Paz, no provocar mayor violencia. Un mal no se resuelve con otro mal mayor, solo tendremos dos males y nunca la solución del conflicto.
Abre tu mente y corazón al diálogo, al encuentro de tu pueblo, vacía el cántaro de la violencia y construye la Paz y unidad de tu pueblo para que entre la luz de la libertad e igualdad.
(Buenos Aires, 12 de octubre de 2025)
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Este año se ha cumplido el 30º aniversario de la conferencia sobre El fascismo eterno (1), que Umberto Eco pronunció en la Universidad de Columbia (Nueva York, en abril de 1995, en conmemoración de la liberación de Europa), en la que presentó al mundo democrático 14 identificadores inequívocos del fascismo, que en este momento crucial de desajustes mundiales de todo tipo, con especial afectación de los nadies defendidos por Eduardo Galeano, conviene recordar y recuperar para estar bien informados en pleno ocaso de la democracia, con personajes tan nefastos como Trump, Putin, Milei, entre otros muchos, entre los que se encuentran líderes de la ultraderecha y su más allá en nuestro país, de cuyo nombre no quiero expresamente acordarme hoy al escribir estas líneas.
En este contexto, la lectura hoy de un artículo en el diario El País, Fascistas, me ha resultado muy didáctica y suficientemente clarificadora para comprender bien el significado de la ola de neofascismo que nos invade por tierra, mar y aire, teniendo en cuenta lo escrito sobre antifascismo por uno de mis maestros durante mi etapa universitaria en Italia, Umberto Eco, de quien conservo, entre otras publicaciones suyas y como oro en paño, una que me acompañó siempre en la elaboración de mi Tesis de Licenciatura y Doctorado, Come si fa una tesi de laurea (2).
Hoy, muchos años después, vuelvo a leer la conferencia citada, El fascismo eterno, al conocer los resultados de las elecciones en Argentina, tomando conciencia de que la larga sombra del fascismo trumpiano está invadiendo el nuevo orden de la geopolítica mundial. Por esta razón, deseo más que nunca asimilar los 14 identificadores del fascismo eterno, Ur-fascismo, proporcionados por Eco, para ajustarlos a la realidad política mundial y de España en particular, porque estamos avisados sobre el ocaso de la democracia y el resurgimiento del eterno fascismo y sus múltiples manifestaciones.
Acudo a lo leído hoy en el artículo periodístico citado porque en pocas palabras se resumen muy bien esos catorce identificadores descritos magistralmente por Eco, aunque creo obligado recordar algo muy importante que dijo Eco en aquella conferencia, con carácter previo a la presentación de los identificadores citados: “Tales características no pueden reunirse en un sistema; muchas se contradicen entre sí y son típicas de otras formas de despotismo o fanatismo. Pero es suficiente que una de ellas se presente para hacer que se forme una nebulosa fascista”. Es muy importante esta aclaración antes de pasar a la descripción de los identificadores que figuran en el artículo de El País citado anteriormente: “El primero es el “culto a la tradición”, que no es lo mismo que aceptar las tradiciones o incluso defenderlas, sino más bien venerarlas; el segundo es “el rechazo de la modernidad” y del racionalismo; el tercero es la entrega absoluta a la acción y el desprecio del intelectual; el cuarto es la negación de la crítica: cualquier desacuerdo es traición; el quinto es el miedo a lo diferente; el sexto consiste en aprovechar la frustración social, especialmente la de las clases medias que se sienten desplazadas; el séptimo es convencer del supuesto privilegio de pertenencia a una nación o territorio a quienes carecen o han sido despojados de identidad social; el octavo es un permanente error de cálculo sobre los enemigos, que son “siempre demasiado fuertes y al mismo tiempo demasiados débiles”; el noveno es una concepción de la vida como guerra permanente; el décimo es una suerte de “elitismo popular” que lleva al desdén hacia cualquiera que sea percibido como subalterno. […] El undécimo rasgo es el de pretendido heroísmo; el decimosegundo, el machismo; el decimotercero, el “populismo cualitativo de la televisión o internet, en el que la respuesta emotiva de un grupo seleccionado de ciudadanos puede presentarse y ser aceptada como voz del pueblo”. Lo vemos todos los días en X, por ejemplo, cuyo dueño, Elon Musk, es también el que más seguidores tiene. El decimocuarto indicador del Ur-fascismo, el último, está relacionado con el anterior y es precisamente el “uso de una neolengua”: el trampolín cotidiano de políticos populistas, predicadores y gurús de la autoayuda”.
Impecable descripción. Ahora sólo falta asimilarla, buscar las mejores muestras de que el fascismo está latente y manifiesto en lo que está pasando y estamos viendo a diario a través de los señores de negro, ultraderechistas por más señas, que hacen y deshacen el mundo a su antojo, lo que nos demostrará que treinta años después el Ur-Fascismo, el fascismo eterno, según Umberto Eco, está más presente que nunca en nuestras vidas. Estamos avisados de nuevo, porque la “nebulosa fascista” es una realidad manifiesta que sobrevuela ya sobre nuestro acontecer diario.
(1) Eco, Umberto, Cinque scritti morali, Milano: Bompiani, 1997.
(2) Eco, Umberto, Come si fa una tesi de laurea, Milano: Bompiani, 1977.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Byung-Chul Han, durante su discurso en el acto de entrega de premios Princesa de Asturias 2025 – RTVE
Sevilla, 26/X/2025 – 07:50 h (CET+1)
Como no podía ser menos por mi admiración del filósofo coreano Byung-Chul Han, mostrada en la pequeña serie de artículos publicados en este cuaderno digital en días anteriores, a modo de homenaje personal al recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, publico a continuación el discurso que pronunció el viernes pasado en el acto oficial de entrega de premios Princesa de Asturias 2025.
“Majestades, Altezas Reales, dignísimas autoridades, distinguidos premiados, señoras y señores.
Es para mí un gran honor, a la par que una inmensa alegría, recibir tan alta distinción en esta histórica ciudad de Oviedo.
En la Apología, el famoso diálogo de Platón, cuando Sócrates expone su propia defensa después de haber sido condenado a muerte, explica cuál es la misión del filósofo. La función del filósofo consistiría en agitar a los atenienses y despertarlos, en criticarlos, irritarlos y recriminarlos, igual que un tábano pica y excita a un noble caballo cuya propia corpulencia lo vuelve pasivo, y así lo espolea y estimula. Sócrates compara a ese caballo con Atenas.
Yo soy filósofo. Como tal, he interiorizado esta definición socrática de la filosofía. También mis textos de crítica social han causado irritación, sembrando nerviosismo e inseguridad, pero al mismo tiempo han desadormecido a muchas personas. Ya con mi ensayo La sociedad del cansancio traté de cumplir esta función del filósofo, amonestando a la sociedad y agitando su conciencia para que despierte. La tesis que yo exponía es, efectivamente, irritante: la ilimitada libertad individual que nos propone el neoliberalismo no es más que una ilusión. Aunque hoy creamos ser más libres que nunca, la realidad es que vivimos en un régimen despótico neoliberal que explota la libertad. Ya no vivimos en una sociedad disciplinaria, donde todo se regula mediante prohibiciones y mandatos, sino en una sociedad del rendimiento, que supuestamente es libre y donde lo que cuenta, presuntamente, son las capacidades. Sin embargo, la sensación de libertad que generan esas capacidades ilimitadas es solo provisional y pronto se convierte en una opresión, que, de hecho, es más coercitiva que el imperativo del deber. Uno se imagina que es libre, pero, en realidad, lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar. Ese colapso se llama burnout. Somos como aquel esclavo que le arrebata el látigo a su amo y se azota a sí mismo, creyendo que así se libera. Eso es un espejismo de libertad. La autoexplotación es mucho más eficaz que ser explotado por otros, porque suscita esa engañosa sensación de libertad.
También he señalado en varias ocasiones los riesgos de la digitalización. No es que esté en contra de los smartphones ni de la digitalización. Tampoco soy un pesimista cultural. El teléfono inteligente puede ser una herramienta utilísima. No habría problema si lo usáramos como instrumento. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos de los smartphones. Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés. No es que el smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos productos suyos. Muchas veces sucede que el ser humano acaba convertido en esclavo de su propia creación. Las redes sociales también podrían haber sido un medio para el amor y la amistad, pero lo que predomina en ellas es el odio, los bulos y la agresividad. No nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía. Tampoco estoy en contra de la Inteligencia Artificial. Puede ser muy útil si se emplea para fines buenos y humanos. Pero también con la Inteligencia Artificial existe el enorme riesgo de que el ser humano acabe convertido en esclavo de su propia creación. La Inteligencia Artificial puede ser empleada para manejar, controlar y manipular a las personas. Por eso, la tarea acuciante de la política sería controlar y regular el desarrollo tecnológico de manera soberana, en lugar de simplemente seguirle el paso. La tecnología sin control político, la técnica sin ética, puede adoptar una forma monstruosa y esclavizar a las personas.
Últimamente he reflexionado mucho sobre la creciente pérdida de respeto en nuestra sociedad. Hoy en día, en cuanto alguien tiene una opinión diferente a la nuestra, lo declaramos enemigo. Ya no es posible un discurso sobre el que se base la democracia. Alexis de Tocqueville, autor de un famoso libro sobre la democracia estadounidense, ya sabía que la democracia necesita más que meros procedimientos formales, como son las elecciones y las instituciones. La democracia se fundamenta en lo que en francés se llamamoeurs, es decir, la moral y las virtudes de los ciudadanos, como son el civismo, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto. No hay lazo social más fuerte que el respeto. Sin moeurs, la democracia se vacía de contenido y se reduce a mero aparato. Incluso las elecciones degeneran en un ritual vacío cuando faltan estas virtudes. La política se reduce entonces a luchas por el poder. Los parlamentos se convierten en escenarios para la autopromoción de los políticos. Y el neoliberalismo ha creado ya una gran cantidad de perdedores. La brecha social entre ricos y pobres se sigue agrandando cada vez más. El miedo a hundirse socialmente afecta ya a la clase media. Precisamente estos temores son los que lanzan a la gente hacia los brazos de autócratas y populistas.
Creemos que la sociedad en la que vivimos hoy es más libre que nunca. En cualquier ámbito de la vida, las opciones son infinitas. También en el amor, gracias a las aplicaciones de citas. Todo está disponible al instante. El mundo se asemeja a un gigantesco almacén donde todo se vuelve consumible. El infinite scroll promete información ilimitada. Las redes sociales facilitan una comunicación sin límites. Gracias a la digitalización, estamos interconectados, pero nos hemos quedado sin relaciones ni vínculos genuinos. Lo social se está erosionando. Perdemos toda empatía, toda atención hacia el prójimo. Los arrebatos de autenticidad y creatividad nos hacen creer que gozamos de una libertad individual cada vez mayor. Sin embargo, al mismo tiempo, sentimos difusamente que, en realidad, no somos libres, sino que, más bien, nos arrastramos de una adicción a otra, de una dependencia a otra. Nos invade una sensación de vacío. El legado del liberalismo ha sido el vacío. Ya no tenemos valores ni ideales con que llenarlo.
Algo no va bien en nuestra sociedad.
Mis escritos son una denuncia, en ocasiones muy enérgica, contra la sociedad actual. No son pocas las personas a las que mi crítica cultural ha irritado, como aquel tábano socrático que picaba y estimulaba al caballo pasivo. Pero es que, si no hay irritaciones, lo único que sucede es que siempre se repite lo mismo, y eso imposibilita el futuro. Es cierto que he irritado a la gente. Pero, afortunadamente, no me han condenado a muerte, sino que hoy soy honrado con la concesión de este bellísimo premio. Se lo agradezco de todo corazón. Muchísimas gracias”.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
AMAMA Sevilla [Asociación de mujeres con cáncer de mama]
Sevilla, 25/X/2025 – 18:37 h (CET+2)
Mañana se ha convocado por AMAMA Sevilla [Asociación de mujeres con cáncer de mama], una concentración ciudadana, para denunciar la situación de mujeres afectadas por fallos del programa de detección precoz del cáncer de mama, en el Sistema Sanitario Público de Andalucía.
Mañana estamos convocadas todas las personas que de una forma u otra nos solidarizamos con estas pacientes, por su sufrimiento en una eterna espera de atención a situaciones de riesgo extremo para su salud, por fallos en el programa que nunca se tendrían que haber producido.
A día de hoy, seguimos sin conocer oficialmente qué ha pasado realmente y eso es muy grave, en definitiva, no se ha informado nada sobre el verdadero alcance del problema. Con esta situación tan dolorosa y extrema, seguimos recibiendo avisos de lo que está pasando, estamos viendo y, también, sufriendo, por el mal funcionamiento del Sistema Sanitario Público de Andalucía. Es hora de actuar en defensa de los servicios sanitarios públicos, sin más demora. Una buena forma de activar la crítica constructiva y solidaria, es participar en una denuncia constante y activa como puede ser la concentración de mañana, facilitar los datos objetivos y reales de lo que está pasando, de boca en boca, por lamentables que sean, utilizando también las redes sociales, para que todos podamos emitir juicios bien informados sobre esta realidad tan preocupante en el país y, obviamente, en Andalucía, que nos lleven a denunciar estas situaciones y actuar en consecuencia. Lo merecen las mujeres afectadas ahora por los gravísimos fallos de información en el seguimiento riguroso de las situaciones declaradas como dudosas en el cribado de cáncer de mama.
Mañana, nos vemos a las 12:00 horas, en la puerta principal del Palacio de San Telmo, sede de la presidencia del Gobierno andaluz. Miles de pacientes que sufren esta situación lamentable de desatención en el programa de detección precoz del cáncer de mama, esperan que las acompañemos en estos momentos tan difíciles para ellas.
José Antonio Cobeña Fernández
Exsecretario general del Servicio Andaluz de Salud
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Hoy recibe el filósofo coreano Byung-Chul Han, el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, fecha en la que finalizo este homenaje personal que le ofrezco desde el pasado miércoles en este cuaderno digital, eligiendo hoy una reflexión mía sobre este autor, ya publicada anteriormente en este cuaderno digital, en torno a una obra suya emblemática,”No-cosas. Quiebras en el mundo de hoy”, en la que deja claro que estamos en la era de la transición de las cosas a las no-cosas, entendido este trasvase como las informaciones que nos ofrecen las cosas, el teléfono inteligente, por ejemplo, porque al final es lo que determinan el mundo en que vivimosy somos.
El teléfono ha dejado de ser una “cosa”, que también lo es, para pasar a ser una puerta abierta, en alta disponibilidad, las 24 horas del día, porque nos facilita “no-cosas” muy importantes, traducidas en información de todo tipo, incluso el mundo de la desinformación total garantizada, interesada y no inocente, convirtiéndose en un propulsor de bulos y falsas noticias de muy bajo coste y accesible para millones de usuarios. Distinguir la realidad de la ficción interesada, en las cosas como el teléfono inteligente que cada persona lleva encima, que proporcionan no-cosas, es la gran cuestión a debatir en este tiempo tan moderno, errático, confuso e injusto.
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¿Principio de realidad o de ficción?, esa es la cuestión digital
Sevilla, 17/VII/2022
Las personas que hemos crecido en la dictadura de este país en el siglo pasado, somos víctimas de la aplicación en nuestra educación del principio de ficción, a través de un relato de cómo era el país y no dejando opción alguna a su realidad histórica reciente, sobre todo la de la guerra civil y sus daños colaterales que han sido muchos. Todo ello arropado por el nacional catolicismo que nos invadía por tierra, mar y aire, en el que predominaba un principio del Catecismo Ripalda: fuera de la Iglesia no hay salvación (extra ecclesia nulla salus). En estos días, en los que se ha aprobado en el Congreso de los Diputados la Ley de Memoria Democrática, después de un recorrido parlamentario muy tortuoso, vuelvo a tomar conciencia sobre un problema que atenaza a la sociedad de nuestro país, no inocente por cierto, en el que cada vez toma más carta de naturaleza la necesidad de recurrir al principio de realidad a pesar de los esfuerzos por parte del capital de invadir nuestras conciencias con cosas que nos produzcan placer, tocando de cerca las emociones diarias, no los sentimientos, que son ámbitos psicológicos muy diferentes porque las primeras, las emociones, son estados pasajeros de bienestar, pero de usar y tirar, que es lo que interesa al poderoso caballero Don Dinero y sus secuaces, mientras que los sentimientos son estados afectivos permanentes que nos pueden acompañar toda la vida. De ahí a crear teoría de ficción sólo hay un paso y por eso en España la venta de libros e información de ficción sobrepasa de forma alarmante al de la realidad que se escribe en libros de ensayo.
Todo lo anterior lo explico de forma breve, aunque muy grabada a fuego en mi persona de secreto, porque sigo de cerca desde hace algún tiempo al filósofo surcoreano y arraigado en Alemania desde su juventud, de nombre casi imposible, Byung-Chul Han, que desde hace años está publicando libros para ayudarnos a comprender el mundo desde el ensayo de divulgación, aplicando siempre el principio de realidad, muy patente en su última obra, No-cosas. Quiebras en el mundo de hoy, en el que deja claro en su prólogo que estamos en la era de la transición de las cosas a las no-cosas, entendido este trasvase como las informaciones que nos ofrecen las cosas, como el teléfono inteligente, por ejemplo, porque al final es lo que determinan el mundo que vivimos. Y si hay un protagonista que gana por goleada en el top-star de las no-cosas, ese es el smartphone, que incluso ha desplazado como término a la traducción lógica para que lo entendamos todos, donde la brecha digital está garantizada. Se sitúa en vanguardia no porque sea una cosa, que también lo es, sino porque nos facilita no-cosas muy importantes, traducidas en información de todo tipo, incluso el mundo de la desinformación total garantizada, interesada y no inocente.
La consecuencia de todo ello es la infomanía, nos volvemos infómanos y fetichistas de la información y los datos, de lo que está pasando continuamente a nuestro alrededor. Además, la informatización del mundo convierte las cosas en infómatas, como intenta demostrar desde hace ya más de diez años el llamado “Internet de las cosas”, que yo rebautizaba en mis intervenciones públicas oficiales en el “Internet para las personas”, porque ya atisbaba que algo no iba bien en el mundo digital que frecuentaba a diario. Un ejemplo claro es Alexa, un gran hermano que “sabe” todo sobre nuestra vida, sobre nuestras “rutinas”, con una sola voz, ¡Alexa!, para ofrecernos cualquier información, aunque no se sabe nunca a qué precio de tráfico de datos personales.
Hay reflexiones en su último libro que deberían intranquilizarnos en un nuevo orden mundial, tan falto de aplicación del principio de realidad frente al de ficción permanente: “Hoy llevamos el smartphone a todas partes y delegamos nuestras percepciones en el aparato. Percibimos la realidad a través de la pantalla. La ventana digital diluye la realidad en información, que luego registramos. No hay contacto con cosas.Se las priva de su presencia. Ya no percibimos los latidos materiales de la realidad. La percepción se torna luz incorpórea. El smartphone irrealiza el mundo. Las cosas no nos espían. Por eso tenemos confianza en ellas. El smartphone, en cambio, no solo es un infómata, sino un informante muy eficiente que vigila permanentemente a su usuario. Quien sabe lo que sucede en su interior algorítmico se siente con razón perseguido por él. Él nos controla y programa. No somos nosotros los que utilizamos el smartphone, sino el smartphone el que nos utiliza a nosotros. El verdadero actor es el smartphone. Estamos a merced de ese informante digital, tras cuya superficie diferentes actores nos dirigen y nos distraen”.
Volviendo al terreno de las cosas y a la sumisión que ideológicamente nos embargaba en nuestra educación de juventud, nos damos cuenta de que la historia se repite: “Cada dominación tiene su particular devoción. El teólogo Ernst Troeltsch habla de “los cautivadores objetos devocionales de la imaginación popular”. Estabilizan la dominación al hacerla habitual y anclarla en el cuerpo. Ser devoto es ser sumiso. El smartphone se ha establecido como devocionario del régimen neoliberal. Como aparato de sumisión, se asemeja al rosario, que es tan móvil y manejable como el gadget digital. El like es el amén digital. Cuando damos al botón de “Me gusta”, nos sometemos al aparato de la dominación”.
Finalizo con el hilo conductor que exponía al principio. No estamos en tiempos para la lírica ni para la literatura de ensayo. Libros como el expuesto tienen una repercusión muy limitada, porque es una cosa llamado ensayo que obliga a cuestionarnos todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Si con la lectura de estas líneas consigo que la Noosfera a la que se entrega este artículo, se detiene un momento a pensar en lo que dice un filósofo preocupado por interpretar la vida de la mejor forma posible, comprenderemos mejor la sinopsis oficial de su último libro: “Hoy en día, el mundo se vacía de cosas y se llena de información inquietante como voces sin cuerpo. La digitalización desmaterializa y descorporeíza el mundo. En lugar de guardar recuerdos, almacenamos inmensas cantidades de datos. Los medios digitales sustituyen así a la memoria, cuyo trabajo hacen sin violencia ni demasiado esfuerzo. La información falsea los acontecimientos. Se nutre del estímulo de la sorpresa. Pero este no dura mucho. Rápidamente sentimos la necesidad de nuevos estímulos, y nos acostumbramos a percibir la realidad como una fuente inagotable de estos. Como cazadores de información, nos volvemos ciegos ante las cosas silenciosas y discretas, incluso las habituales, las menudas y las comunes, que no nos estimulan, pero nos anclan en el ser”.
No lo olvidemos: más que el Internet de las Cosas y No-Cosas, deberíamos profundizar científicamente en el Internet para las Personas. Ahí reside la dialéctica expuesta: ¿principio de realidad o de ficción?, porque esa es la verdadera cuestión desde la ética digital, que también existe.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
El segundo artículo de este pequeño homenaje personal, publicado en el mes de enero de este año en este cuaderno digital, se centra en otro hilo conductor de su obra, el abordaje de una “sociedad cansada” y la búsqueda de respuestas a este fenómeno acuciante, porque “detecta que en las últimas décadas se ha producido en nuestras sociedades occidentales avanzadas un cambio de paradigma y que la anterior sociedad disciplinaria –basada en imperativos y prohibiciones externos– ha pasado a ser una sociedad del rendimiento, en la que los individuos se afanan por explotarse a sí mismos. Si antiguamente el quebrantamiento de la norma acarreaba el castigo, ahora el incumplimiento del anhelo provoca frustración”.
Abordar este nuevo paradigma es un reto ético y existencial. De ahí la importancia que otorgo a sus planteamientos filosóficos, en los que aplica siempre el principio de realidad freudiano sobre lo que está pasando y estamos viendo a diario. En la identificación urgente del sentimiento o de la conciencia de “clase cansada” o no, está la cuestión de dar la mejor respuesta a este enemigo público número uno de la democracia.
La locución verbal coloquial “estar cansado o cansada” hace estragos en nuestro país. Yo, tú, él, ella, nosotros, nosotras, vosotros, vosotras, ellos y ellas, demostramos a diario que no falta nadie para participar en el mantra que se propaga a diario con una etiqueta a modo de locución también: estamos cansados y todos formamos parte de la sociedad del cansancio. En este contexto, sigo compartiendo con la Noosfera las tesis del filósofo coreano Byung-Chul Han, casi un clásico popular ya en este cuaderno digital, en esta ocasión haciendo referencia a una publicación suya, La sociedad del cansancio, emblemática e iniciática en su trayectoria de conocimiento compartido, ahora en torno a este espinoso asunto.
Como suelo hacer habitualmente para no caer en espóiler, utilizo la sinopsis oficial de la obra para dar a conocer su hilo conductor: “La sociedad del cansancio puede considerarse una de las obras más emblemáticas de Byung-Chul Han. En ella, con una visión casi profética, se presentan los grandes temas que el filósofo surcoreano desarrollaría luego durante más de una década, alcanzando celebridad mundial. En conmemoración de toda esa trayectoria filosófica, y por su rotunda actualidad, volvemos a presentar ahora esta obra en una nueva traducción. Byung-Chul Han detecta que en las últimas décadas se ha producido en nuestras sociedades occidentales avanzadas un cambio de paradigma y que la anterior sociedad disciplinaria –basada en imperativos y prohibiciones externos– ha pasado a ser una sociedad del rendimiento, en la que los individuos se afanan por explotarse a sí mismos. Si antiguamente el quebrantamiento de la norma acarreaba el castigo, ahora el incumplimiento del anhelo provoca frustración. Cifrar la plenitud personal y el sentido de la vida en la incesante autoexigencia de rendir cada vez más conlleva como resultados culturales la nivelación de todas las diferencias, el infierno de lo igual y la pura positividad. Como consecuencias psicológicas acarrea cansancio, aburrimiento e indiferencia y como secuelas psiquiátricas ocasiona diversos síndromes: de hiperactividad, impaciencia, desatención y agotamiento. De este modo, el precio vital exige la renuncia al ánimo festivo, a la pura celebración de la vida”.
Para comprender desde el principio el significante y significado del cansancio humano, Byung-Chul Han presenta en el Prólogo un prototipo histórico: Prometeo extenuado: “EL mito de Prometeo se podría reinterpretar como una escenificación de la estructura psíquica del hombre contemporáneo: un sujeto que, viéndose forzado a aportar rendimiento, se inflige violencia y guerrea contra sí mismo. Aunque este sujeto forzado a aportar rendimiento se figura que es libre, lo cierto es que, en realidad, está tan encadenado como Prometeo. Un águila devora su hígado, el cual se va reproduciendo constantemente conforme es devorado. Esa águila es el alter ego del sujeto contemporáneo, y este guerrea contra aquel. Si lo pensamos así, la relación entre Prometeo y el águila es una relación del sujeto consigo mismo, una relación de autoexplotación. En principio, el hígado sería un órgano insensible, pero aquí sí sufre un dolor, que es el cansancio. Es seguro que a Prometeo, como sujeto que se explota a sí mismo, lo acometerá una fatiga infinita. Prometeo es el arquetipo de la sociedad del cansancio”.
Lo verdaderamente sorprendente viene a continuación en este prólogo: “En su críptico relato «Prometeo», Kafka hace una interesante relectura del mito: «Los dioses se cansaron. Las águilas se cansaron. La herida, de cansancio, se cerró». Kafka está pensando aquí en un cansancio curativo, en un agotamiento que no abre heridas, sino que las cierra. La herida, de cansancio, se cerró. Inspirado por esa misma idea, también este ensayo es una invitación a meditar sobre una fatiga lenitiva: un agotamiento que no es la irritada extenuación que nos entra cuando nos ensoberbecemos desaforadamente, sino la sana lasitud que nos sobreviene cuando deponemos cordialmente nuestro ego”.
Lo que me preocupa de verdad es la somatización hasta límites enfermizos, de esta manifestación humana, fabricada por un mundo que agota al más listo de la clase, porque cada día hay que tener más y más y poseer la última versión de todo, aunque de verdad no se comprenda nada de lo que está pasando y así, miles de veces, hasta la extenuación. El filósofo coreano nos invita a tomar conciencia del “desacuerdo” íntimo con lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, que nos cansa por su tozudez, siendo curiosamente el verdadero motor para salir de ese cansancio cansino, que nos lleva a actuar para vencer las situaciones sociales que ocasionan este mal físico, psíquico y social.
Un ejemplo de la justificación del “cansancio de clase” mal entendido lo conocí de forma sorprendente hace casi cincuenta años, durante una larga estancia en Italia. Personalmente, ya era consciente de que la tecnificación prometeica estaba jugando malas pasadas al ser humano, porque su secreto más íntimo se resistía a ser calculado a nivel de computadoras. También recuerdo a este propósito mi experiencia en el Hospital Psiquiátrico de Racconigi (Cuneo), pueblo italiano que me enseñó mucho sobre los problemas últimos de la enfermedad mental. Allí tuve la oportunidad de conectar con un eminente neuropsiquiatra turinés, profesor mío, que había trabajado en varios centros psiquiátricos de Turín y Cuneo. En una conversación inolvidable, salpicada de anécdotas escalofriantes, me recordó la realidad del Hospital de lvrea (Turín), un centro psiquiátrico famoso. Este pueblo «vivía» en torno a la fábrica «Olivetti», multinacional en aquella época que fabricaba máquinas de escribir y calculadoras electrónicas. El diez por ciento de los enfermos allí ingresados procedía de la fábrica, en concreto, de un departamento dedicado a la elaboración completa de un determinado tipo de calculadora. El esfuerzo que se exigía al trabajador era tal, azuzado por el famoso acicate del “tú puedes”, que no era raro acabar tarde o temprano en el hospital. Las preguntas que podemos hacemos a tenor de los hechos, afloran casi sin damos cuenta. ¿Es justo que se sacrifiquen cerebros humanos y familias enteras, en aras de alcanzar los mil objetivos que el trabajo o el mercado nos anuncia cada día? Esta anécdota de Olivetti e Ivrea, muy simbólica en el momento actual de la inteligencia artificial, que no deja de ser importante, es un pequeño botón de muestra de la «locura», de los cansancios patológicos que crea la sociedad actual por el atosigamiento continuo del tener frente al ser. Ante esta realidad, ¿debemos seguir aceptando de forma impasible este sinsentido?
Elaborar un esquema electrónico podía costar la vida y el cerebro a trabajadores de Olivetti, porque su cansancio no tenía límite, había que producir a cualquier precio y coste humano, pero elaborar la conducta de personas “cansadas” a través de los programas informáticos, puede llevar a la humanidad, a la sociedad del cansancio, a enfermedades mentales y sociales de todo tipo, mucho más grave cuando estas situaciones provocan discriminaciones terribles en una sociedad ya cansada, que no sabe reaccionar ante el poderoso caballero don dinero o don prestigio, para mí simbolizado perfectamente en aquella pancarta de los universitarios de Padua (Italia), en los años setenta del pasado siglo, que decía así: «Los hijos de los ricos siempre están cansados, pero los hijos de los pobres siempre están locos».
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Las personas pueden actuar porque pueden esperar. No se puede recomenzar sin esperanza. […] Quien no sueña hacia delante, con la mente puesta en el futuro, no se atreve a recomenzar. Sin el espíritu de la esperanza, la actividad se reduce a mero hacer o resolver problemas.
Byung-Chul Han, El espíritu de la esperanza.
Sevilla, 22/X/2025 – 12:22 h (CET+2)
El próximo viernes 24 de octubre se celebrará en el Teatro Campoamor de Oviedo, la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias, entre los que se encuentra el de Comunicación y Humanidades 2025, concedido el pasado mes de mayo al filósofo coreano, nacionalizado alemán, Byung-Chul Han (Seúl, 1959), sobre el que he escrito once artículos en este cuaderno digital, aprendiendo de su forma de abordar problemáticas del mundo actual, digital por supuesto, con una fuerte raíz filosófica.
La Fundación promotora de estos premios, difundió el acta del jurado que acordó «conceder el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025 al pensador alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han por su brillantez para interpretar los retos de la sociedad tecnológica. Su obra revela una capacidad extraordinaria para comunicar de forma precisa y directa nuevas ideas en las que se recogen tradiciones filosóficas de Oriente y Occidente. El análisis de Han resulta sumamente fértil y proporciona explicaciones sobre cuestiones como la deshumanización, la digitalización y el aislamiento de las personas. Su mirada intercultural arroja luz sobre fenómenos complejos del mundo contemporáneo y ha encontrado un amplio eco entre público de diversas generaciones».
Vuelvo a frecuentar la lectura de sus libros, así como los artículos citados y publicados en este cuaderno digital, referidos a su obra literaria, entre los que he elegido tres, que vuelvo a publicar hasta el día del evento citado. El primero, hoy, por lo que aporta y significa para el mundo actual, porque vivimos en el tiempo del miedo ante lo que está pasando y estamos viendo en un nuevo orden mundial presidido por el emperador Trump.
Para comenzar, vuelvo a leer su libro El espíritu de la esperanza, destacando una frase suya que deseo compartir hoy de nuevo a modo de hilo conductor de su obra: “Las personas pueden actuar porque pueden esperar. No se puede recomenzar sin esperanza. El espíritu de la esperanza inspira para actuar. Infunde una pasión por lo nuevo. De este modo, la acción pasa a ser una pasión. Quien no sueña hacia delante, con la mente puesta en el futuro, no se atreve a recomenzar. Sin el espíritu de la esperanza, la actividad se reduce a mero hacer o resolver problemas” (p. 64).
Necesitamos revitalizar el “principio esperanza“, uno fundamental en el que creo firmemente porque, a diferencia del famoso aserto de Groucho Marx, si no gusta no tengo otro tan relevante como él en este tiempo tan trascendental para la humanidad.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. […] Es el tiempo del miedo.
Eduardo Galeano, El miedo global, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.
Sevilla, 14/I/2025
En democracia no deberíamos tener miedo de recordar, ni de decir lo que pensamos en defensa de un mundo mejor para todos, sobre todo para los nadies, por temor a censuras o ataques despiadados en redes sociales, pero comparto con Galeano su convencimiento de que vivimos con miedo. Ante esta realidad inexorable, mi búsqueda incesante del sentido esperanzador de la vida, a lo que Hermann Hesse llamaba obstinación, me ha llevado a una lectura anunciada el pasado mes de septiembre, en este cuaderno digital, del libro del filósofo coreano Byung-Chul Han, El espíritu de la esperanza. Contra la sociedad del miedo (1), en el que aborda tres proyecciones concretas de la citada esperanza, como acción, conocimiento y forma de vida. Sigo de cerca a este autor, en singladuras que surcan los mares procelosos en los que estamos obligatoriamente obligados a navegar a diario, cada uno como puede, en mi caso en una patera existencial, sin quilla, junto a cruceros y yates del Gran Mercado Capitalista Mundial, alimentado por las derechas y su más allá, de Norte a Sur y de Este al Oeste, que viajan hacia ninguna parte.
Estoy avisado por Eduardo Galeano del “miedo de vivir”, a perder el principio de tener esperanza en vivir y compartir un mundo mejor y nuevo. Es verdad que en su ocaso actual la democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. De Byung-Chul Han aprendí en su obra La tonalidad del pensamiento, a valorar la esperanza como principio ético para obviar a diario el miedo de soñar y vivir despierto: «Sólo a través de la esperanza recuperaremos una vida que sea algo más que mera supervivencia. Sólo la esperanza amplia el horizonte de lo que tiene sentido, lo que vuelve a avivar la vida, a darle alas, a inspirarla. Sólo la esperanza nos brinda futuro» (2). En El espíritu de la esperanza, nos muestra en su sinopsis oficial lo que significa su visión de esta virtud revolucionaria en un mundo cada vez más hostil: «De la desesperación más profunda nace también la esperanza más íntima. La esperanza nos lanza hacia lo desconocido, nos pone camino de lo nuevo, de lo que jamás ha existido. Guerras, migraciones masivas, atentados, catástrofes climáticas, crisis y pandemias: escenarios apocalípticos muy diversos nos confrontan con una inminente amenaza de hundimiento y extinción. Y mientras vamos de catástrofe en catástrofe, nuestra verdadera vida se asfixia y se ve reducida a una pura supervivencia. Sin embargo, la esperanza nos abre tiempos futuros y espacios inéditos, en los que entramos soñando. Es toda una manera de existir, que no resulta de hechos dados, sino que posibilita nuevos acontecimientos precisamente cuando más imposibles parecerían. […] En el espíritu humano anida la capacidad de hacer fecundo lo más yermo. Precisamente en los escenarios más desoladores el espíritu es capaz de remover ese viento que nos trae aires de esperanza».
Ánimo a compañeros y compañeras de esta singladura virtual, lectores y lectoras de estas páginas, a leer este libro, a modo de carta de navegación o cuaderno de “derrota” en el lenguaje del mar, sentados de forma no inocente en la amura de babor de la carabela imaginaria de Saramago en su precioso cuento “La isla desconocida”. En mi lectura actual, he subrayado una frase de Byung-Chul Han, que deseo compartir hoy a modo de hilo conductor de su obra: “Las personas pueden actuar porque pueden esperar. No se puede recomenzar sin esperanza. El espíritu de la esperanza inspira para actuar. Infunde una pasión por lo nuevo. De este modo, la acción pasa a ser una pasión. Quien no sueña hacia delante, con la mente puesta en el futuro, no se atreve a recomenzar. Sin el espíritu de la esperanza, la actividad se reduce a mero hacer o resolver problemas” (p. 64). Es lo que pienso cada día cuando leo las palabras de Teilhard de Chardin que justifican el nacimiento de este blog, un cuaderno digital que se abrió por primera vez hace ya diecinueve añoscon un título especial: El mundo sólo tiene interés hacia adelante, palabras escritas por Teilhard en Tientsin, en 1923 y recogidas en sus Lettres de voyage, 1923-1939. No las olvido.
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