Los sentidos de las noches de agosto, según Vicente Aleixandre

Vicente Aleixandre

Sevilla, 6/VIII/2023

No es la primera vez que me aproximo a la obra de mi paisano Vicente Aleixandre en este cuaderno digital, al que dediqué en febrero un pequeño homenaje, Vicente Aleixandre vuelve a Ibiza desde Sevilla, en relación con su publicación emblemática, Historia del corazón, por una experiencia inolvidable durante mi estancia en la isla, al comprar un ejemplar “perdido y robado” en un mercadillo muy famoso en el mundo jipi, que devolví inmediatamente a su legítima dueña, la Biblioteca Pública Insular, de donde nunca debió salir, para que los niños y niñas, jóvenes y personas mayores, en Ibiza, puedan leer a este autor extraordinario a través de una obra simbólica y de una calidad excepcional, que vuelve a esa tierra preciosa desde la ciudad en que nació y para tener un sitio en sus estanterías de uso público.

En este recorrido que estoy haciendo, día a día, de los recuerdos y semblanzas sobre este mes, por parte de poetas que figuran en mi biblioteca mental, he elegido hoy uno escrito por Aleixandre, Agosto (1), dedicado a las noches de este mes tan romano y laico, donde destaco la belleza de sus palabras hilvanadas en torno a un hecho: la noche tiene sentidos, aunque no lo sepamos descubrir a tiempo porque el mundo entero es ciego. Recomiendo su lectura atenta y pausada, porque quizás, después de asimilar bien lo que expresa con maravillosas palabras, descubramos que las noches de este mes pueden proporcionarnos algo más que oscuridad, sobre todo para quienes tienen los ojos bien abiertos, sabiendo de su generosidad, porque desde el momento que la contemplamos fijamente, todo el espacio partido está para mí, para nosotros. Late su corazón porque su sangre está viva, erguida.

Agosto

Plantada, la noche existe.
Vientos de mar sin esfuerzo.
Cuajante, estrellas resulta
–signos de amor– y luceros.
Luceros, noche, centellas
se ven partirte del cuerpo.
La noche tiene sentidos.
¿Qué buscas? Se te ven bellos
desplantes a solas; alzas
tu forma, cristales negros,
que chocan de fe y de luces
contra las brisas, enteros.
Rotunda afirmas la vida
tuya, noche, aquí en secreto:
secreto que está callado
porque el mundo entero es ciego:
que tú lo gritas, la noche,
te vendes, ¡te das!, en sueltos
ademanes sin frontera
para los ojos abiertos.
Todo el espacio partido
está para mí. Te encuentro
feliz y cierta, carente
ya de flojos, torpes lienzos,
liberales los sentidos,
los pulsos altos, enteros,
cuajante la forma impura
sin compasión, bajo el cielo,
y en la abierta sombra mate
tu sangre, erguida, latiendo.

Para finalizar estas palabras, un nuevo deseo para Ibiza, como un ejemplo nada más,  acompañado por las noches de agosto de Aleixandre, acá y acullá. Espero que en las noches de este mes, tan especiales desde que comienzan a ser una realidad cósmica tras sus famosas puestas de sol, los lugareños y turistas sepan apreciar los sentidos descritos por Aleixandre y se conviertan en una historia inolvidable en el corazón de cada persona que deseen contemplarlas de forma diferente, porque ellas afirman, rotundas, su propia vida, aunque el mundo entero esté hoy ciego.  

(1) Aleixandre, Vicente, Ámbito, Madrid: Visor, 1976, pág. 61.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Miguel Hernández nos dejó su palabra desde una cárcel de agosto

Josefina Manresa y Miguel Hernández, 1937

Recordar a Miguel Hernández es un deber de España, un deber de amor.

Pablo Neruda

Sevilla, 5/VIII/2023

En el mes de agosto de este año, en el que ha pasado a ser de dominio público la obra de Miguel Hernández, deseo recordar un poema suyo precioso, Después del amor, escrito entre 1938 y 1941 durante su estancia en la cárcel, aunque fue publicado póstumamente por primera vez en 1958, en Cancionero y romancero de ausencias. Hoy, comparto con la malla pensante de la humanidad, porque es el lugar donde debe estar, fuera del mercado, un poema que nos dejó para que siempre lo cuidáramos con esmero, lejos de mercancías, dictaduras y ultraderechas que no entienden de amor, pero sí de odio:

No pudimos ser. La tierra
no pudo tanto. No somos
cuanto se propuso el sol
en un anhelo remoto.
Un pie se acerca a lo claro.
En lo oscuro insiste el otro.
Porque el amor no es perpetuo
en nadie, ni en mí tampoco.
El odio aguarda su instante
dentro del carbón más hondo.
Rojo es el odio y nutrido.
El amor, pálido y solo.

Cansado de odiar, te amo.
Cansado de amar, te odio.

Llueve tiempo, llueve tiempo.
Y un día triste entre todos,
triste por toda la tierra,
triste desde mí hasta el lobo,
dormimos y despertamos
con un tigre entre los ojos.

Piedras, hombres como piedras,
duros y plenos de encono,
chocan en el aire, donde
chocan las piedras de pronto.

Soledades que hoy rechazan
y ayer juntaban sus rostros.
Soledades que en el beso
guardan el rugido sordo.
Soledades para siempre.
Soledades sin apoyo.

Cuerpos como un mar voraz,
entrechocado, furioso.

Solitariamente atados
por el amor, por el odio,
por las venas surgen hombres,
cruzan las ciudades, torvos.

En el corazón arraiga
solitariamente todo.
Huellas sin compaña quedan
como en el agua, en el fondo.
Sólo una voz, a lo lejos,
siempre a lo lejos la oigo,
acompaña y hace ir
igual que el cuello a los hombros.

Sólo una voz me arrebata
este armazón espinoso
de vello retrocedido
y erizado que me pongo.

Los secos vientos no pueden
secar los mares jugosos.
Y el corazón permanece
fresco en su cárcel de agosto
porque esa voz es el arma
más tierna de los arroyos:

«Miguel: me acuerdo de ti
después del sol y del polvo,
antes de la misma luna,
tumba de un sueño amoroso».

Amor: aleja mi ser
de sus primeros escombros,
y edificándome, dicta
una verdad como un soplo.

Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, todo.

Me ha emocionado leerlo de forma pausada, para intentar comprender la profundidad de su mensaje, dando rienda suelta a las emociones y sentimientos, sobre todo a estos últimos que son los que permanecen en el alma humana. Y me quedo con los versos finales, una premonición para los que hacemos camino al andar en un mundo al revés, en el que algunos se empeñan en recordarnos que el amor no es perpetuo / en nadie, ni en mí tampoco. / El odio aguarda su instante / dentro del carbón más hondo. / Rojo es el odio y nutrido. / El amor, pálido y solo. Esa es la razón de la búsqueda de razones para vivir en la vida, en la que el amor es lo único que le da especial sentido a la existencia, aunque a veces esté, como nos lo recordaba Miguel, pálido y solo:

Amor: aleja mi ser
de sus primeros escombros,
y edificándome, dicta
una verdad como un soplo.

Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, todo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Agosto, en los inviernos chilenos de Pablo Neruda

Pablo Neruda

Sevilla, 4/VIII/2023

En un mundo al revés, lleno de contrapuntos diarios, he escogido hoy un soneto de Pablo Neruda como muestra de un derecho propio y maravilloso de la naturaleza, como es el invierno en estas fechas en Chile. Así lo interpretaba, cargado de sentimiento hacia la naturaleza de su país (soneto LXXIV, en Cien sonetos de amor):

El camino mojado por el agua de Agosto
brilla como si fuera cortado en plena luna,
en plena claridad de la manzana,
en mitad de la fruta del otoño.

Neblina, espacio o cielo, la vaga red del día
crece con fríos sueños, sonidos y pescados,
el vapor de las islas combate la comarca,
palpita el mar sobre la luz de Chile.

Todo se reconcentra como el metal, se esconden
las hojas, el invierno enmascara su estirpe
y sólo ciegos somos, sin cesar, solamente.

Solamente sujetos al cauce sigiloso
del movimiento, adiós, del viaje, del camino:
adiós, caen las lágrimas de la naturaleza.

Este maravilloso mundo al derecho, cuando se respeta la naturaleza, nos muestra una forma de aprehender la vida con sus contrapuntos. Ahora, en Chile, disfrutan de un tiempo ligado per se al invierno, como fenómeno natural en un país en el que ayer se alcanzaron 37ºC, un episodio de calor inédito que muestra a las claras qué está pasando con el cambio climático, ante el negacionismo que acompaña si piedad alguna al ocaso de la democracia, cubriendo de mentiras este mundo al revés. La noticia en prensa era así de inquietante: “Hubo un tiempo en Buenos Aires e incluso Santiago de Chile en que el frío podía ser algo más que una molestia. Eso ya es parte del pasado. Lo inédito y a la vez inquietanteviene de la mano de un calor en invierno, lo que es una contradicción a los que los especialistas comienzan a acostumbrarse. De hecho, el pasado martes se registraron 30ºc en la capital argentina, el valor más alto desde que el Servicio Meteorológico Nacional registra a diario las variaciones climáticas. Habría que remontarse a 1942 para encontrar un caso aproximado: 24,6 ºC. La localidad chilena de Vicuña, en la cordillera de la región de Coquimbo, a unos 450 kilómetros al norte de Santiago, anotó el mismo martes 37 ºC, la cifra más alta desde 1951. En varias ciudades uruguayas se registraron el miércoles temperaturas similares”.

Ante este fenómeno imparable del cambio climático, es probable que Neruda no hubiera podido realizar ahora estas afirmaciones tan bellas de su país, porque sus caminos no están ya mojados por el agua de agosto, por la pertinaz sequía que les invade, ya que no pueden brillar como si fueran cortados por la luna. Neblinas, espacios o cielos, no pueden ahora crecer con fríos sueños, sonidos y pescados. Tampoco el vapor de las islas combate ahora la comarca, ni palpita el mar sobre la luz de Chile. Es verdad que en el invierno chileno se esconden las hojas, porque la naturaleza es sabia en el florecer de la vida, atentos a lo que pase en esta realidad, que aquí en España o allá en Chile está avisando a un terco mundo que no quiere enterarse de lo que está pasando. Lleva razón el poeta cuando afirma que ciegos somos, sujetos al cauce sigiloso del movimiento, adiós, del viaje, del camino: / adiós, caen las lágrimas de la naturaleza. No porque lluevan ahora estas lágrimas, que no ocurre, sino porque la naturaleza tampoco lo puede expresar así por la pertinaz sequía que azota a este mundo al revés y porque está muy triste, empeñada en que la comprendamos y respetemos de una vez por todas, para que de verdad lo entendamos los humanos.

Me queda la palabra de Neruda en este verano/invierno dual, porque hasta que no se demuestra lo contrario, no detecto movimiento alguno en el cambio poético. Lo expresado por él, cuando lo escribió para el presente suyo y para la posteridad, nos sigue ayudando hoy a interpretar, lo que de verdad nos está pasando.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Para inspirarme en agosto, nadie mejor que Ángel González

Ángel González

Sevilla, 3/VIII/2023

Leía hace unos días, en una guía de viajes de Asturias, que la lectura de La Regenta de Leopoldo Alas Clarín, una obra que ya conocía y que figura en mi clínica del alma, mi querida biblioteca, me podía inspirar para conocer esta “región plural” a través de la literatura, recomendándola en primer lugar, entre otras. Es verdad que en ella se hace un retrato intimista de su capital, Oviedo, a través de una denominación, Vetusta, elección no inocente para trazar el hilo conductor de su magna obra. Siendo verdad que es una obra siempre recomendable, situada en el contexto histórico de esta ciudad a finales del siglo XIX, saltó en ese momento en mi mente un autor nacido en esa ciudad, el poeta Ángel González, muy presente en este cuaderno digital a lo largo de los años. Es por ello que hoy recurro a él en un viaje especial hacia alguna parte, porque siempre me ofrece una lectura realista de la vida y de su país, el mío, con profunda desazón en muchas ocasiones, aunque aportando siempre luz, vida y fuego en la penumbra del alma. Probablemente, me ayude a conocer mejor su querida región, contada y cantada de forma especial por el poeta de corazón andaluz Pedro Garfias, nacido en Salamanca, hijo de un onubense y una sevillana, en una composición excelsa, muy querida por la llamada “izquierda” de esa Comunidad: Asturias si yo pudiera / Si yo supiera cantarte / Asturias verde de montes / Y negra de minerales / Yo soy un hombre del sur / Polvo, sol, fatiga y hambre / Hambre de paz y horizontes / Hambre / Bajo la piel resecada / Ríos solidos de sangre / Y el corazón asfixiado […]. Hoy, otro hombre del sur, busca aprehenderla de la mejor posible.

Después de un profundo respiro, me detengo en una breve autobiografía de González: “Nací en Oviedo en 1925. El escenario y el tiempo que corresponden a mi vida me hicieron testigo –antes que actor- de innumerables acontecimientos violentos: revolución, guerra civil, dictaduras. Sin salir de la infancia, en muy pocos años, me convertí, de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía. Regreso, casi viejo, a los orígenes, súbdito de nuevo de la misma Corona. Zarandeado así por el destino, que urdió su trama sin contar nunca mi voluntad, me resigné a estudiar la carrera de Leyes, que no me interesaba en absoluto pero que tampoco contradecía la costumbre, casi norma de obligado cumplimiento (“todo español es licenciado en Derecho mientras no se demuestre lo contrario”), a la que se sometían en su mayor parte los jóvenes de mi edad y de mi clase social –clase media, transformada en mi caso, como consecuencia de la guerra civil, en muy mediocre. Larga y prematuramente adiestrado en el ejercicio de la paciencia y en la cuidadosa restauración de ilusiones sistemáticamente pisoteadas, me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros, y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora de la metonimia y de la reticencia. Si acabé escribiendo poesía fue, antes que por otras razones, para aprovechar las modestas habilidades adquiridas por el mero acto de vivir. Pero yo hubiese preferido ser músico –cantautor de boleros sentimentales- o tal vez pintor. Fui, en cambio, funcionario público. En 1970 vine por vez primera a América –México y EE. UU.-, y empecé a quedarme por ese continente a partir de 1972 (profesor visitante en las universidades de New México, Utah, Maryland y Texas). En la actualidad, enseño literatura española contemporánea en la Universidad de New México”.

Lo he entendido mejor cuando también me he acercado a otra forma de identificarse en la vida, en su soledad sentida, ideológica, sobre todo cuando lo expresa con la fuerza de sus palabras: “Aquí, Madrid, mil novecientos / cincuenta y cuatro: un hombre solo / Un hombre lleno de febrero, / ávido de domingos luminosos, / caminando hacia marzo paso a paso, / hacia el marzo del viento y de los rojos / horizontes —y la reciente primavera / ya en la frontera del abril lluvioso… / —Aquí, Madrid, entre tranvías / y reflejos, un hombre: un hombre solo. / —Más tarde vendrá mayo y luego junio, / y después julio y, al final, agosto—. / Un hombre con un año para nada / delante de su hastío para todo” (1).

Al final de nuestro acontecer diario, inexorable, siempre viene agosto, donde somos y estamos ahora, aunque a diferencia de lo que expresa Ángel no me encuentro solo a pesar de mi matusalénica edad, como decía Benedetti, porque soy un hombre, es verdad, con un año más, delante de una esperanza en todo. La soledad que siento es más en la vertiente ideológica, porque es verdad que cuando se intenta vivir con la coherencia del sentimiento de clase al lado, es más difícil encontrar a las personas que desean vivir lo mismo. A pesar de ello, no me siento con hastío para todo, porque leyendo de nuevo a Ángel González, llego a un soneto precioso, Donde pongo la vida pongo el fuego (2), grabado en mi memoria de secreto, porque sin salir nunca de su infancia se convirtió “de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía”. Zarandeado siempre por el destino, que urdió su trama sin contar nunca con su voluntad:

Donde pongo la vida pongo el fuego
De mi pasión volcada y sin salida.
Donde pongo el amor, toco la herida.
Donde dejo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
Vuelvo a empezar sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
No me doy por vencido, y sigo, y juego

Lo que me queda: un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.
Pero nunca o amor, la fe segura:
Jamás o llanto, pero mi fe es fuerte.


La vuelvo a leer varias veces, para convencerme de que mi fe es fuerte, porque a veces, en la vida, sale amor al siempre va y porque sé que el verano en el que estamos instalados, avanza para unirnos y para que tengamos fe en que, de esta forma, jamás seremos vencidos…, ni estaremos solos.

(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra. Barcelona: Planeta-Seix Barral, 2018, p. 16.

(2) González, Ángel, Ibidem, p. 128.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!       

Federico García Lorca nos entregó sus cantos nuevos de agosto

Federico García Lorca

Si se calla el cantor calla la vida
Porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, muere de espanto
La esperanza, la luz y la alegría.

Horacio Guaraní, Si se calla el cantor, 1972

Sevilla, 1/VIII/2023

En Vega de Zujaira, pedanía de Pinos Puente (Granada), Federico García Lorca escribió un poema, Cantos nuevos, en agosto de 1920, con tan sólo veinte años, que vuelvo a leer hoy de nuevo para encontrar sentido a un presente complejo en el país:

Agosto de 1920

(Vega de Zujaira)

Dice la tarde:
¡tengo sed de sombra! .
Dice la luna: yo, sed de luceros .
La fuente cristalina pide labios
y suspiros el viento.

Yo tengo sed de aromas y de risas.
Sed de cantares nuevos
sin lunas y sin lirios,
y sin amores muertos.

Un cantar de mañana que estremezca
a los remansos quietos
del porvenir. Y llene de esperanza
sus ondas y sus cienos.

Un cantar luminoso y reposado,
pleno de pensamiento,
virginal de tristeza y de angustias
y virginal de ensueños.

Cantar sin carne lírica que llene
de risas el silencio.
(Una bandada de palomas ciegas
lanzadas al misterio).

Cantar que vaya al alma de las cosas
y al alma de los vientos
y que descanse al fin en la alegría
del corazón eterno.

De este poema, analizo lo que para mí es lo mejor para quedarme con ello, porque “tengo sed”, como le ocurría al poeta querido, de un cantar de mañana que estremezca / a los remansos quietos / del porvenir. Y llene de esperanza / sus ondas y sus cienos. / Un cantar luminoso y reposado, / pleno de pensamiento, / virginal de tristeza y de angustias / y virginal de ensueños. Lo manifiesto así porque estamos en un momento político de proyecto de gobierno para un país, muy especial, que necesita una respuesta convincente para todas las personas que conformamos el “pueblo español”, donde radica la soberanía según la Constitución, sin excepción alguna, pero sobre todo para quienes hemos votado por un progreso y entorno de libertades, en una búsqueda de blindaje político del Estado de Bienestar.

Me gustaría y sueño con ello, que en este mes que comienza hoy se dilucidara ese futuro gobierno de progreso, que nos permita como país seguir paseando por alamedas de libertad, que vaya al alma de las cosas y al alma de los vientos, para que podamos, más pronto que tarde, descansar al fin en la alegría del corazón eterno.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Elogio de las viajeras olvidadas en Andalucía

Katharine Lee BatesAndalucía en la historia

Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Sevilla, 31/VII/2023

En plena canícula, en la que toman un protagonismo especial los libros de viaje, he arribado a una isla desconocida, en un dosier dedicado a los viajeros en Andalucía, que documenta la verdadera historia de una fascinación que ha permanecido oculta durante siglos: el papel que muchas mujeres viajeras aportaron para que se tuviera una visión diferente de esta tierra, contrapintoresca, un neologismo creado por Alberto Egea Fernández-Montesinos, profesor titular de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla, expuesto de forma exhaustiva en el artículo que ha publicado recientemente en la revista Andalucía en la historia, con un título programático y esclarecedor: Viajeras olvidadas en Andalucía.

¿Qué se entiende por lo contrapintoresco? En palabras del profesor Egea Fernández-Montesinos, “podríamos definir lo contrapintoresco como un enfoque alternativo que contraviene o cuestiona los estereotipos fijados por anterioridad por otros viajeros, en este caso en el discurso literario e historiográfico sobre Andalucía. Mediante este neologismo ilustro diversos ejemplos en los que ciertas escritoras intentan esquivar tópicos trillados para presentar otros ejemplos de realidades más cercanas”. Es verdad y a mí me ha ocurrido en mi incursión en libros de viaje del siglo XIX, sobre todo leyendo a Washington Irving y Richard Ford, que la visión de Andalucía estaba trufada de típìcos tópicos, que aportaban poco al conocimiento profundo de esta maravillosa tierra andaluza, pero que blindaron una serie de estereotipos vergonzantes que han llegado hasta nuestros días, como manifiesta este autor: “ellos [refiriéndose a Washington Irving, Richard Ford y Karl Baedecker] sembraron una serie de prejuicios y lugares comunes sobre Andalucía que llegan hasta nuestros días y cuya persistencia, como bien apunta un científico, es más difícil de desintegrar que un átomo”.

A través de los estereotipos clásicos sobre bandolerismo, gitanos, mendigos, hospedería, viandas y la malhadada “indolencia”, el profesor Egea traza una semblanza breve, pero dos veces buena desde el punto de vista crítico, sobre lo que ha llegado hasta nuestros días y lo que estas viajeras intentaron reflejar de experiencias concretas, vividas en vivo y en directo, alejadas de cualquier subjetividad, algo muy propio desde la perspectiva canónica de los viajeros de toda la vida, que es lo que imponía el mercado en aquella época aunque nos parezca altamente curioso. A través de autoras como Matilda Betham-Edwards y Louise ChandlesMoulton, cuestionando la denominada “peligrosidad del país”, se dibuja de forma más amable y objetiva la amplia literatura recogida sobre el bandolerismo, andaluz por más señas, que en el caso concreto de esta última, en relación con la visión ofrecida al respecto por Washington Irving sobre la “la omnipresencia del bandolerismo en España”, que “aquel que aquello afirmó, no es más que un calumniador”.

Sobre marginados, mendigos y gitanos, me ha llamado la atención lo expuesto por el profesor Egea en relación con lo manifestado sobre esta realidad por la autora americana Katharine Lee Bates, que más allá del estereotipo y pintoresquismo, se centra sobre todo en sus problemas sociales, “abordando episodios de su lucha diaria. De hecho, más que quedarse en lo anecdótico, Bates se intenta acercar a este pueblo visitando sus barrios y participando de sus condiciones de vida, sus comidas y sus relaciones familiares”, comentando sobre el origen de su marginación y proponiendo ciertas soluciones “para resolver lo que ella considera falta de integración social”.

Cuando abordan la realidad retratada de forma muy negativa por los viajeros clásicos en relación con los hospedajes y alimentación, también se vuelve a destacar la “otra visión” más amable y también objetiva a su vez, de las viajeras citadas, destacando de nuevo la aportada por Katharine Lee Bathes, que se esfuerza por conocer el idioma en el que se habla, fuente de muchas incomprensiones viajeras, así como las expresiones más cercanas al pueblo, destacando su experiencia en Córdoba por la hospitalidad recibida y por la calidad del alojamiento que disfrutó, por ejemplo, frente a viajeros clásicos que aconsejaban en sus libros “que no durmieran jamás” en esta ciudad. La omnipresente olla en el amor de la lumbre no era para ellas algo a denostar sin más, sino una realidad cultural a la hora de abordar el encuentro familiar y laboral, así como el menaje utilizado por todos los comensales.

También se aborda en este artículo algo que es un clásico estereotipo para Andalucía, su indolencia. Las autoras citadas se esforzaron en destacar, en su viaje por Andalucía, la laboriosidad de hombres y mujeres en el campo, de sol a sol, que se resume en lo que aportó Emmeline Stuart-Wortley, cuando afirmó que “la mujer parece muy trabajadora en estas latitudes”, algo que se ratifica posteriormente por Nina Murdoch en palabras rotundas frente a los clásicos estereotipos: “las mujeres trabajadoras de Andalucía son sus heroínas calladas y sublimes”. Una vez más, Katharine Lee Bathes, reconociendo sus prejuicios, es capaz de cambiar su percepción esta realidad en su viaje por España: “Pudimos reformar nuestro concepto sobre el español para admitir que se trataba de gentes con un vigor natural y una marcada laboriosidad”. Susan Hale lo manifestó de forma rotunda y así lo recoge el profesor Egea en su artículo: “En resumen, ¡ya estábamos en Andalucía! Andalucía, la región del romance y el sol, la región más bonita de España […] Los andaluces combinan la ligereza y el disfrute de su clima con el saber vivir, la luz y el dolce far niente. Aquí la vida es un placer y sus modales son exquisitos”.

En el contexto anterior, no olvido hoy al finalizar estas palabras, lo que ya he expresado tantas veces en este cuaderno digital, en relación con lo manifestado por Stefan Zweig en su visita a Sevilla en 1905 (1), recogida en un libro precioso de viajes, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia, porque me parece maravilloso constatar el aprecio a esta región, a esta ciudad en concreto, destacando sus inmensos valores y la calidad cultural en la vida de los andaluces, abordando también sus claroscuros alejados de tópicos infundados: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades puedes ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así”. Y nos une a Salzburgo, a Mozart, declarando a ambas «ciudades gemelas». Cuando avanza en este hermanamiento (que alguna vez habría que honrar), aborda una cuestión dolorosa en la historia de Sevilla: “La vida parece tener aquí un ritmo más veloz, y las personas la sangre más viva; en ningún lugar hay más estómagos hambrientos que en Andalucía y, aun así, Sevilla brilla con su portentoso colorido, resplandece de alegría y nos saluda con miles de banderas. Aquí se puede ser feliz”. Una reflexión que bordea los típicos tópicos de esta ciudad pero que resuena todavía en julio de 2023, cuando sabemos que Andalucía, junto a su belleza natural, también arrastra una situación de exclusión y pobreza severa, como contrapunto que no se debe olvidar en viajes de ensalzamiento a ninguna parte.

NOTA IMPORTANTE: Para completar lo expuesto anteriormente y por si alguna persona está interesada en conocer con detalle a Katharine Lee Bartes, recomiendo la lectura de su obra Rutas y caminos españoles, a la que se puede acceder en la siguiente dirección electrónica: https://traduccioneseditoriales.wordpress.com/2018/11/24/traduccion-de-la-obra-inedita-spanish-highways-and-byways-de-katharine-lee-bates/, sitio de traducción, excelente, del profesor Alberto Egea Fernández-Montesinos.

(1) Zweig, Stefan, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur, 2015.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La amistad verdadera es como una cuerda de tres hilos, que no es fácil romper

Sevilla, 30/VII/2023

Hoy se celebra con carácter internacional el Día de la Amistad, declarado así por la Asamblea General de la ONU, el 3 de mayo de 2011, porque “nuestro mundo hace frente a muchos desafíos, crisis y fuerzas divisorias —pobreza, violencia, violaciones de los derechos humanos— que amenazan la paz, la seguridad, el desarrollo y la armonía social entre los pueblos del mundo y dentro de sí mismos. Para abordar estos problemas, es necesario atajar las causas que los provocan, fomentando y defendiendo la solidaridad, que puede manifestarse de muchas maneras, como por ejemplo, la amistad. A través de la amistad, cultivando los lazos de la camaradería y fortaleciendo la confianza, podemos contribuir a los cambios fundamentales y necesarios para alcanzar una estabilidad duradera, tejer una red de apoyo social que nos proteja a todos y generar pasión por lograr un mundo mejor, todos unidos por el bien común”.

Es también muy importante conocer sus antecedentes porque en tiempos de guerras, como en la actualidad, debemos realzar los logros de la Comunidad internacional sobre la unión de naciones en proyectos como el que se conmemora hoy: “La Asamblea General designó en 2011 el Día Internacional de la Amistad con la idea de que la amistad entre los pueblos, los países, las culturas y las personas puede inspirar iniciativas de paz y presenta una oportunidad de tender puentes entre las comunidades. Para conmemorar el Día Internacional de la Amistad, la ONU alienta a los gobiernos, las organizaciones internacionales y los grupos de la sociedad civil a celebrar eventos, actividades e iniciativas que contribuyan a los esfuerzos de la comunidad internacional para promover un diálogo entre civilizaciones, solidaridad, comprensión mutua y reconciliación. La resolución (A/RES/65/275) pone un especial énfasis en la importancia de implicar a los jóvenes y a los futuros líderes en actividades comunitarias encaminadas a fomentar la inclusión de las distintas culturas y el respeto entre ellas, promoviendo a la vez la comprensión internacional y el respeto de la diversidad. El Día Internacional de la Amistad es una iniciativa que se remonta y parte de la propuesta hecha por la UNESCO tratada y aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1997 (A/RES/52/13), que definió la Cultura de Paz como un conjunto de valores, actitudes, y conductas que rechazan la violencia y procuran prevenir los conflictos, abordando las causas profundas con el objetivo de resolverlos. Dos años después se adoptaría la Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz (A/RES/53/243), la cual estableció 8 líneas de acción que las naciones, organismos y personas pueden emprender para que prevalezca una cultura de paz”.

Estoy convencido de que no se puede desarrollar una amistad en quienes no conocen qué significa en la vida, más allá de los intereses de mercado y así, escalando posiciones, no se pueden comprender los Tratados de Amistad entre naciones, cuando algunas no saben lo que significan a nivel político nacional e internacional, aunque también existen. En tiempos laicos, en los que las amistades verdaderas se forjan a lo largo de la vida, sé que se acaban bifurcando muchas veces por caminos inescrutables, como lo aprendí hace años en libros católicos, donde a las grandes preguntas de la vida la recomendación sabia del Eclesiastés no dejaba duda alguna. Era una persona muy vinculada a las asambleas humanas, a las democracias auténticas, cuando hacía tres preguntas esenciales en busca del sentido de la vida, de la felicidad para ser y estar en ella (Eclesiastés, 3, 1-22): ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué saca el hombre de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de la vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de la bestia desciende hacia abajo, hacia la tierra? y, por último, ¿quién guiará al hombre a contemplar lo que ha de suceder después de él?

A día de hoy, con todo mi respeto a las teóricas grandes respuestas de la humanidad, entre las que incluyo a la ONU,  la única respuesta que me sigue pareciendo coherente es la del propio Eclesiastés, un auténtico líder de las asambleas, que no respondió a las cuestiones anteriores en el Libro, en su capítulo 3, porque sinceramente no lo podía hacer, sino que inicia la mejor respuesta a continuación, en el capítulo 4: hay que hacer camino al andar y aprender una gran respuesta provisional en la vida: es mejor caminar con otros, porque si nos caemos siempre habrá alguien que te levante, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos: jamás se puede romper: “más valen dos personas que una sola, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo, pues si cayeren, una levantará a la otra; pero ¡ay de la persona sola que se cae!, que no tiene quien la levante. Si dos se acuestan, tienen calor; pero la persona sola ¿cómo se calentará? Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper”. Es lo que perdura todavía hoy y desde hace ya muchos siglos en la tradición oral de abuelos a nietos, de padres a hijos, desde que se sentaban en la orilla del Tigris y Éufrates al caer la tarde, a la hora malva mágica que tanto gustaba a Gabriel García Márquez. Su autor, no lo olvidemos, tenía un nombre inconfundible ya citado, Eclesiastés, una persona de comunidad, en el capítulo 4, para que no nos dediquemos sólo a atrapar vientos buscando la ansiada felicitad, con mayor sentido aun cuando nos preocupa que sea para todos a través de la amistad, que es lo más importante.

Todo lo manifestado anteriormente me lleva a recordar hoy una canción de Joan Manuel Serrat, que cantaba también en mis años jóvenes, Decir amigo, que he vuelto a tararear hoy: Decir amigo es decir lejos y antes fue decir adiós. Y ayer y siempre lo tuyo nuestro y lo mío de los dos. Decir amigo se me figura que decir amigo es decir ternura. Dios y mi canto saben a quien nombro tanto. Se puede definir la amistad de forma más grandilocuente, incluso con ensayos enciclopédicos, pero prefiero esta sencillez de sentimientos y emociones cantadas por Serrat en referencia a esta realidad humana, que no me es ajena y que defiendo tanto. Escalarla ante las naciones es tarea de todos y ese es el fin de este día, recordarnos la importancia de la amistad como auténtico hilo conductor de las personas que habitan en las naciones que componen este loco mundo al revés en el que vivimos a diario, entre enemigos, a pesar de todo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

En Liérganes escribí mi última postal a mano

Reverso (izquierda) y anverso (abajo, derecha), de la postal citada / JA COBEÑA

Sevilla, 29/VII/2023

Hace un año escribí, tal día como hoy, un artículo, Las postales deberían volver este verano, recordando el micromundo de ese medio de comunicación que se hacía imprescindible en la sociedad del siglo pasado, nunca mejor dicho, sobre todo cuando llegaba el verano y viajábamos, por las vacaciones regladas, a los lugares de siempre o, en algún caso, a sitios buscados especialmente para la celebración de algo, buscando tarjetas postales desesperadamente para sorpresa de los receptores de estas misivas especiales, a los que también les llegaba un mensaje escondido y sin palabras «En este lugar me acordé de ti, de vosotros», antes de que llegara el boom de las jarras, imanes y llaveros de toda la vida, serigrafiando el mercado nuestros sentimientos y emociones «por un puñado de euros», convirtiendo todo en mercancía. En ese artículo citaba la referencia a uno anterior que escribí en plena pandemia, en julio de 2020, en el que desarrollé una metáfora antecedente, Las postales eran para el verano, como aquellas bicicletas famosas de Fernando Fernán Gómez, de feliz memoria.

Dicho y hecho. El año pasado cumplí ese compromiso y escribí desde Liérganes, en Santander, un lugar mágico donde los haya, una postal con el ritual de toda la vida: compra de la tarjeta en un estanco, junto al sello dentado de época dedicado a San Fermín 2022 (ya autoadhesivo, sin necesidad de humedecerlo con la lengua), bolígrafo y la brevedad del mensaje a escribir impuesta por el reverso de siempre, necesariamente a la izquierda y sin comer espacio a la dirección perfectamente alineada a la derecha, como mandaban los cánones, con las siguientes palabras escritas a mano: «Liérganes, 16 -8-22: Recordando viejos tiempos en los que se escribían sensaciones, emociones y se expresaban con palabras, que así no se las lleva el viento. Todo muy atómico, nada digital…».

Hoy, vuelvo a rescatar aquel texto íntegro de julio de 2020, porque deseo que no se quede en el recuerdo nostálgico de esas tarjetas mágicas, sino en un compromiso que podríamos adoptar en el ecuador de este verano tan especial, enviando postales de nuevo a las personas que apreciamos y queremos. Les aseguro que voy a hacerlo nuevamente, utilizando los medios habituales para tal menester: tarjeta postal, bolígrafo y sello, tan queridos por mí. Sobre todo, porque al escribirlas a mano, recordaré la caligrafía, esas “bonitas letras” que me enseñó a dibujarlas sobre el papel pautado mi querida maestra, Doña Antonia, a las que tantas veces he recordado en estas páginas y a la que debo tanto en mi niñez rediviva.

Lo aprendí hace tiempo: “El manuscrito tiene una característica evidente, comparado con la máquina de escribir o la pantalla: la individualidad. La letra de una persona es algo exclusivo, como sabe bien el amante que reconoce ya desde el sobre una carta de su amada…” (1). Es lo que probablemente intentó explicarnos Gabriel García Márquez, hace ya muchos años, sobre el realismo mágico de sus palabras manuscritas, aunque él las escribiera con una máquina de escribir clásica que quizás superaba con creces la letra creada por la bola de tungsteno de su bolígrafo BIC de turno. Pero ese realismo tan personal probablemente estaba allí, muy pendiente de su mano creadora, al igual que estaba en mi infancia más próxima. Como para él lo estaba en la carta comunicando la pensión al coronel Buendía, que tanto esperó, mucho menos importante que lo que nos sucede en el día a día, cuando vamos como él del timbo al tambo de nuestras vidas. Algo parecido en este verano tan especial en nuestras vidas en el que, probablemente, recibir una postal de alguien que conocemos y queremos nos alegrará ese momento mágico, casi atemporal, que García Márquez siempre retrataba de forma magnífica, dando sentido a nuestras vidas.

Anverso y reverso de la primera tarjeta postal de la historia – 1 de octubre de 1869

Las postales eran para el verano

No es por pura nostalgia, que también (siendo sincero), sino porque en este verano tan especial es necesario recordar aquellas pequeñas cosas que hicieron felices, por definición, a millones de personas a partir del 1 de octubre de 1869, día en la que consta fehacientemente que se envió “la que se considera la primera postal de la historia. Viajó de la localidad austríaca de Perg a la de Kirchdorf, y tardó solo un día en llegar. El mensaje era breve y de carácter personal: el emisor preguntaba al receptor si le gustaría visitarlo”.

He leído con atención reverencial un artículo sorprendente sobre la historia de las tarjetas postales, Las postales no se inventaron para mandar saludos, sino para ahorrar costes, muy ilustrativo para conocer cómo y cuándo comenzaron a enviarse millones de tarjetas postales a lo largo de ciento cincuenta años de su historia. Si alguna palabra puede resumir qué es lo que reflejaba esta nueva forma de relacionarse las personas, era la concisión. Cuando se concibió como medio de comunicación, la economía global estaba presente en su formato: pequeña, formato homogéneo porque era impresa por el Estado, incluido el sello, no llevaba sobre y era de formato abierto que cualquiera podía leer, es decir, una auténtica revolución para la época que se podía resumir en una frase publicitaria: todo en uno. Se compraba, se escribía con brevedad obligada y se enviaba, tres pasos obligados pero que simplificaban de forma sorprendente el rito de escribir cartas, cada día más complejo en su fondo y forma.

Las tarjetas postales han formado parte de nuestras vidas. Recuerdo ahora cuando vivía en Roma y enviaba postales a mi familia y amigos, porque descubrí otra realidad que con el paso del tiempo ha evolucionado: la compra de los sellos. En Italia se rotulaban los estancos como “Sali, Francobolli e Valori Bollati”, sales, sellos y papel timbrado, porque la sal fue un monopolio del Estado hasta 1973, con una larga historia desde el Imperio Romano. Sorpresas que me daba la vida en el viaje de una postal hacia alguna parte. De todas formas, nada cómo las postales que cuando era un niño escribía a la empleada de hogar que trabajaba en mi casa de Madrid, Marina, que me dictaba lo que quería decir, con palabras de amor, a su querido Juanito, que trabajaba como emigrante en Suiza, concretamente en Biel-Bienne. Eran textos imposibles, clásicos populares, con la entradilla clásica: “Espero que al recibo de ésta estés bien, nosotros bien gracias a Dios”. Yo avisaba a Marina que no me quedaba espacio para lo fundamental, pero ella se conformaba con que su novio supiera interpretar lo que una pareja en posturas imposibles y con el texto que figuraba en el anverso de aquella postal en blanco y negro, tan edulcorada, quería transmitir al receptor de la misma: “Tú eres mi destino y mi estrella, yo por ti todo lo cambiara” [sic], que no lograba entender en el tiempo verbal que utilizaba, pero que hacía todavía más imposible su comprensión. Lo de menos era lo que escribía con tanto primor y en letra inglesa en nombre de Marina a su novio, sino lo que ella quería que entendiera en palabras de toda la vida. Así, muchas veces durante años de la dura emigración española y que ahora olvidamos con tanta insensatez.  Las tarjetas postales fueron un salvoconducto para expresar sentimientos y emociones de lo que se veía y se quería teletransportar al receptor de turno, en “color por technicolor” y con pocas palabras, en una España que abusaba mucho del blanco y negro, como el de la postal imposible de Marina.

Las tarjetas postales han caído en desuso y han sido sustituidas por las redes sociales. Tenían su estación por excelencia, el verano y viajes conmemorativos. Ahora, en cualquier época del año existen mil formas de enviar imágenes y palabras que dejan atrás a un medio que fue revolucionario en su época y que tenía su encanto y su factor sorpresa. Su concisión, llena casi siempre de sentimientos y emociones, lo decía todo, con un secreto a voces que se esperaba con la ilusión de lo desconocido: alguien se había acordado de nosotros y se había molestado en dar varios pasos por mí, por nosotros: elegir la tarjeta, escribirla, ponerle el sello (con lengua o esponja mojada) y echarla al buzón.

Para no olvidarlo hoy, en tiempos difíciles, porque el texto era casi lo de menos. Yo sabía que la persona que me la envió en alguna ocasión, al escogerla entre miles de postales posibles,  pensaba de mí que yo era su destino y su estrella y que por mí, todo lo cambiaría.

NOTA: la imagen, que recoge el anverso y reverso de la primera tarjeta postal de la historia, se recuperó el 12 de julio de 2020 de: https://www.ausstellung-postkarte.de/

(1) Millán, José Antonio (2015, 22 de octubre). El misterio de las palabras. El País.com.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La música nos acompaña en tiempos de turbación y mudanzas políticas

W. A. Mozart: Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Orquesta Sinfónica de Islandia / Oboe: Arngunnur Árnadóttir, Harpa Concert Hall – Reykjavík, 10 de septiembre de 2015

Sevilla, 28/VII/2023

No existe la seguridad existencial plena, porque no vivimos en una burbuja de paz imposible, situación ante la que surgen dos preguntas inquietantes: ¿qué debemos hacer y cómo debemos vivir? Este mundo al revés, que no nos gusta, es una realidad que nos acompaña a menudo en nuestro caminar diario, que es nuestro vivir, a veces, junto al desencanto. Tengo presente en esta reflexión a Max Weber, porque ayudó a sus contemporáneos a comprender qué significaba el desencantamiento del mundo o la sacralización de la razón, tal y como lo analizó en una conferencia paradigmática, La ciencia como vocación, muy actual en su fondo y forma: “La intelectualización y racionalización crecientes no significan, pues, un creciente conocimiento general de las condiciones generales de nuestra vida. Su significado es muy distinto; significan que se sabe o se cree que en cualquier momento en que se quiera se puede llegar a saber que, por tanto, no existen en torno a nuestra vida poderes ocultos o imprevisibles, sino que, por el contrario, todo puede ser dominado mediante el cálculo y la previsión. Pero esto significa el desencantamiento del mundo. A la inversa del salvaje, aún creyente en la existencia de tales poderes, nosotros no tenemos que valernos de medios que obren efectos mágicos para controlar a los espíritus. O incitarlos a la piedad. Esto es algo que se puede lograr por medio de la técnica y la previsión. He ahí, en esencia, el significado de la intelectualización”. Pero plantea una pregunta de difícil respuesta hoy día: “¿Cuál es el sentido actual de la ciencia como vocación? La respuesta más acertada es la de Tolstoi, contenida en las siguientes palabras: La ciencia carece de sentido, puesto que no tiene respuesta para las únicas cuestiones que nos importan, las de qué debemos hacer y cómo debemos vivir. Sería vano discutir el hecho de que, en realidad, la ciencia no responde a tales cuestiones. El meollo del problema está, sin embargo, en que no ofrece ninguna respuesta y en que no contribuye, en definitiva, a plantear adecuadamente tales cuestiones”.

El desencanto merodea por nuestro cerebro y pretende alojarse en él por mucho tiempo. Frente a ello, hoy nos agarramos como a un clavo ardiendo, a Dios, a la naturaleza, a la sociedad o a las personas (las creencias imprescindibles para todo ser humano, según Ferrater Mora), en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, para justificar nuestras acciones, olvidando que nuestra gran máquina de la verdad, nuestro cerebro, la sede de la inteligencia, guarda el secreto ancestral de por qué existe el bien o el mal, por qué actuamos de una forma u otra y por qué caemos en el desencanto de vivir. Maravillosa aventura para dejar de lado, definitivamente, el drama (¡con perdón!) de la serpiente malvada, tal como se recogió en las famosas diez líneas del libro del Génesis, en la tríada serpiente/Adán/Eva, que son “la quintaesencia de una religión que ha dado vueltas al mundo y ha construido patrones de conducta personal y social. Y cuando crecemos en inteligencia y creencias, descubrimos que las serpientes no hablan, pero que su cerebro permanece en el ser humano como primer cerebro, el reptiliano, “restos” de un ser anterior que conformó el cerebro actual. Convendría profundizar por qué nuestros antepasados utilizaron este relato “comprometiendo” al más astuto de los animales del campo [en un enfoque básicamente machista de la ética del cerebro humano]. Sabemos que el contexto en el que se escriben estos relatos era cananeo y que en esta cultura la serpiente reunía tres cualidades extraordinarias: “primero, la serpiente tenía fama de otorgar la inmortalidad, ya que el hecho de cambiar constantemente de piel parecía garantizarle el perpetuo rejuvenecimiento. Segundo, garantizaba la fecundidad, ya que vive arrastrándose sobre la tierra, que para los orientales representaba a la diosa Madre, fecunda y dadora de vida. Y tercero, transmitía sabiduría, pues la falta de párpados en sus ojos y su vista penetrante hacía de ella el prototipo de la sabiduría y las ciencias ocultas. (…) (1).

Todo lo anterior me ha llevado a buscar paz interior ante tanto desconcierto, refugiarme en la música y recordar a una oboísta nacida en Islandia, Arngunnur Árnadóttir, sobre la que escribí en los primeros días de la desescalada de la pandemia, en 2020, porque la música me acompañó siempre junto a la palabra, compañera infatigable en tiempos difíciles, a través de la lectura y escritura. También, Mozart. Hoy, deseo reencontrarme con una lectura amable y esperanzadora de la vida desde Islandia, en una orquesta del Norte de Europa, de un país frío, pero con una interpretación impecable del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, de Mozart, en el que el segundo movimiento, Adagio, suena excelentemente bien en el clarinete de Arngunnur Árnadóttir, que citaba anteriormente, una profesora muy joven de la Orquesta Sinfónica de Islandia, bajo la dirección de Cornelius Meister. También porque me da el calor humano que tanto necesito, descubriendo una vez más el poder de la inteligencia musical de acuerdo con la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, a quien tanto tiempo de investigación he dedicado en mi vida personal y profesional. Árnadóttir es también escritora y poeta, es decir, a ella también le queda la palabra.

Mozart componía estas partituras como homenaje siempre a una persona. En este caso, fue dedicada a su amigo Anton Stadler (1753-1812), compañero en la logia masónica a la que pertenecía el compositor y gran virtuoso en la orquesta de Viena por la forma de tocar el clarinete tenor (corno di bassetto), cuyo sonido se ha logrado alcanzar en los que se fabrican en la actualidad por la incorporación de llaves adicionales. Si he elegido de nuevo esta obra maravillosa de Mozart para buscar salidas en el actual valle del desencanto social, compuesta el mismo año de su fallecimiento, cuando tenía 35 años, se debe a una razón que conocí hace tiempo por una referencia de Arturo Reverter en una obra que guardo en mi maleta de libros elegidos (2), que siempre tengo preparada por lo que algún día pudiera ocurrir al viajar hacia una isla desconocida: «El corazón de la obra es el sublime Adagio […], aunque para algunos autores -Massin- lo que prevalece en definitiva es el optimismo: el músico ha salido victorioso de una lucha en la que ha debido vencer, en esta última parte de su vida, numerosos peligros de todo tipo». Toda una declaración de principios musicales.

Si quieren desconectar de la información tóxica que nos invade en este tiempo de turbación, aunque tengamos que adentrarnos a veces por los valles del desencanto de la vida, escuchen conmigo este Adagio según la guía de audición que figura más adelante, porque creo que comprenderán mejor que nunca que la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor:

Guía de audición del Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Harpa Concert Hall, Reykjavík, 10 de septiembre de 2015

– Allegro 0:27

– Adagio 12:58

– Rondo (Allegro) 20:07

Es difícil añadir palabras a estos momentos mágicos. Solo el consuelo de que en el momento después, el de Benedetti cuando decía «[…] de todos modos preparamos / la boca por si vuela un beso / y si no vuela siempre queda / uno que emerge del olvido» (3), me queda otro guion que hoy quiero seguir al pie de la letra, unas palabras preciosas de Blas de Otero en su poema «En el principio», para pensar en quienes han perdido la vida en la lucha diaria por sobrevivir en este mundo al revés. Y en quienes pierden a diario la voz en la maleza, quedándose en la cunetas de los diferentes valles del desencanto que existen en la actualidad, porque me permite comprender mejor a los que sufren la sed, el hambre; también, en lo duro que es pensar que lo que creemos que es nuestro luego resulta ser nada, porque se siegan a menudo las sombras en silencio cuando en estos días de terremoto político casi a diario he abierto muchas veces los ojos para ver el rostro puro y terrible de mi patria, abriendo al mismo tiempo los labios hasta desgarrármelos pidiendo unión y donde confieso que solo he tenido el consuelo de saber que solo me queda la palabra. Y Mozart. Hoy, desde la lejana Islandia, Arngunnur Árnadóttir, localizada en islas desconocidas del consuelo humano a través de la música, que también existen.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Estereotipo machista 4: “¡mujer tenías que ser!”

(2) Reverter, A. Mozart (discografía recomendada y obra completa comentada (2ªed.), (1999). Barcelona: Península, p. 91.

(3) Benedetti, Mario, El Después, en Biografía para encontrarme, 2011. Madrid: Alfaguara.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Nada humano, en este mundo al revés, me es ajeno

RTVE – Túnez, un infierno para los migrantes

Sevilla, 27/VII/2023

Anoche, después de semanas centrado en lo que está ocurriendo en nuestro país, me enfrenté a una noticia dolorosa en sí misma, el problema de la migración subsahariana a su paso por Túnez, en las proximidades con la frontera de Libia. Eran imágenes desgarradoras, de personas, unas tras otras, que llegaban exhaustas a la frontera supuestamente liberadora, una muralla más en un viaje por el desierto casi a ninguna parte, a los que la policía fronteriza tunecina les daba agua con una pequeña botella, apenas para enjuagarse la boca, desplomándose probablemente para morir allí mismo, en una imagen verdaderamente triste y acusadora de un mundo al revés. Una vez más, sentí que nada humano me es ajeno y tengo que reconocer que me deja sin palabras al acercarme hoy a esta página en blanco, recordando a Cremes, el protagonista de una obra del dramaturgo Terencio, El enemigo de sí mismo, cuando pronuncia una frase inolvidable, profunda, que no ha perdido su frescura a pesar de los siglos que han transcurrido desde que se escribió en un texto y contexto muy concretos: Hombre soy; nada humano me es ajeno.

En este reportaje ofrecido por el Telediario2 de la televisión pública (RTVE), apareció la imagen más triste y desgarradora (a partir del minuto 13), de un padre junto a su hijo, sobre la arena del desierto, en medio de la nada, “junto a los restos de una botella de plástico”, ya fallecidos por la tragedia de migrar hacia un mundo teóricamente más justo. Desde anoche no la he podido retirar de mi retina y miles de preguntas se agolpan en mi cerebro, alrededor siempre de las búsqueda de porqués de muy difícil respuesta. Quizás, la constatación de que vivimos en un mundo al revés, es la única que me permite tomar conciencia de la urgente lucha por devolver ese mundo al derecho, darle materialmente la vuelta, cada uno desde donde puede y debe hacerlo. Es lo que siento de fondo cuando me doy cuenta de que lo que ha sucedido en nuestro país el pasado domingo de elecciones generales, es decir, frenar con votos la lectura perversa y torticera que hacen los partidos de derechas extrema y ultra, de la realidad de la migración en nuestras costas y territorio español, blindando con un gobierno progresista la acogida en nuestro país de estas personas migrantes, que lo merecen todo desde la óptica del Estado de Bienestar Solidario, también para ellos. Anoche, comprendí mejor que nunca que todas las políticas migratorias no son iguales. Las de los gobiernos progresistas estarán siempre cerca de las personas más vulnerables, en este caso de las que salen de sus tierras y de su parentela en búsqueda de un mundo mejor y posible, ante un presente en sus países de origen que no les ofrecen nada para vivir dignamente.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!