Máquina para las niñas y los niños (Children´s Machine)

Vuelve otra vez Nicolás Negroponte, a quien profeso admiración, a demostrar que sigue empeñado en cumplir un compromiso anunciado hace meses: que las niñas y los niños más desfavorecidos del Universo puedan acceder a las nuevas tecnologías de la información y comunicación, a un precio simbólico y con un medio versátil y adecuado a las contingencias de la pobreza. Se trata de la “máquina para los niños” ó 2B1, verde y blanca, del tamaño de un cuaderno, que saldrá el próximo año a la venta a un precio de 140 dólares. Sigue siendo un precio muy competitivo, aunque los mal pensados dirán a los cuatro vientos que en muy pocos meses ya lo han subido de precio, al haberse anunciado como el ordenador de los 100 dólares. Será resistente, ligero y de bajo consumo y permitirá navegar por Internet mediante dos pequeñas antenas. Además, tendrá una batería que podrá ser recargada con un pedal conectado al aparato. Negroponte insiste mucho en que éste es un proyecto educativo, no un proyecto informático de portátiles. Esa es la clave. 

Estos ordenadores, que dignificarán la ignorancia que genera la pobreza, rompiendo la temida brecha digital o el nuevo analfabetismo relacional, tienen características sorprendentes. Como se detalla en la noticia aparecida en el diario El País, de hoy: “presentarán una interfaz adaptada para el uso educativo. Carecerán de disco duro para reducir el peso y el precio, aunque tendrán una pantalla TFT de 20 centímetros, con una resolución de 1200 por 900 píxeles. Incorporará una pequeña memoria de 128 megabytes de RAM y 512 megabytes de memoria flash. Contará con cámara, micrófono y altavoces integrados y tres puertos USB. Además, el 2B1 se podrá utilizar como e-book (libro electrónico). El terminal tendrá una vida estimada de cinco años (…) y contará con un teclado hermético adaptado a los caracteres tipográficos de cada país. Dos pequeñas antenas a cada lado de la pantalla permitirán el acceso a redes inalámbricas (wi-fi) con un alcance mayor al de los portátiles normales. El teclado permite una doble opción donde los chicos podrán escribir y dibujar. La clavija del micro acepta otros dispositivos caseros, de manera que el usuario podrá enchufarlo y convertir el terminal en termómetro u osciloscopio. El aparato, construido por Quanta Computers y Red Hat, será rígido, con una carcasa de plástico de dos milímetros de grosor (a diferencia de los 1,3 milímetros normales) e incorporará parachoques interiores. Además, incluirá un software de sonido (Csound), muy versátil. Las baterías no contendrán metales pesados tóxicos y permitirán recargarlo con fuentes de energía alternativas”.

Todo un reto para Negroponte, el Instituto Tecnológico de Massachussets y para todos aquellos que siguen creyendo en la bondad de las tecnologías y cómo pueden convertirse en un instrumento de liberación personal y colectiva, al generar conocimiento como fuente suprema de la libertad y responsabilidad. Comprendo mejor que nunca una frase que me acompaña desde 1986, cuando la descubrí en boca de su autor, Negroponte, donde se hace explícita la capacidad inherente a la inteligencia digital: Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital.

Sevilla, 30/VIII/2006

La respuesta ya no está en el viento

Bob Dylan vuelve. Ha escogido para su nuevo álbum un título con reminiscencias cinematográficas de gran calado: Tiempos Modernos, aquella prodigiosa película que toda buena cinéfila ó presunto cinéfilo sabe valorar en su justa medida. Pero mi recuerdo no va hoy por esos derroteros. He recordado a Dylan por aquella hermosa letra de su canción, inolvidable: Soplando en el viento (Blowin´in the wind):

¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre antes de que le llaméis hombre?
¿Cuántos mares tiene que surcar la paloma blanca antes de poder descansar en  la arena?
Sí, ¿y cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón antes de que sean  prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

Sí, ¿y cuánto tiempo tiene un hombre que mirar hacia arriba antes de que pueda ver el cielo?
Sí, ¿y cuántos oídos tiene que tener un hombre para que pueda oír a la gente gritar?
Sí, ¿y cuántas muertes se aceptarán, hasta que se sepa que ya ha muerto demasiada gente?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

Sí, ¿y cuántos años puede existir una montaña antes de ser bañada por el mar?
Sí, ¿y cuántos años deben vivir algunos antes de que se les conceda ser libres?
Sí, ¿y cuántas veces puede un hombre volver la cabeza fingiendo no ver lo que ve?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

cuando he conocido que el Profesor Stephen Hawking se ha decantado por una respuesta muy optimista –de las 25.000 que obtuvo- a la pregunta del millón de dólares que lanzó al ciberespacio en los primeros días de Julio del año en curso: ¿cómo sobrevivirá la especie humana los próximos 100 años? La solución escogida confía en el ser humano. Prodigioso. Queda claro que la respuesta no es inocente y alberga una gran esperanza respaldada por un sabio no distraído, sino pre-ocupado por el sentido de la vida y su futuro. La respuesta está en las personas. Así de expeditivo. Y la ha dado un internauta muy particular, Semi-Mad Scientist (científico casi loco), tal y como lo recoge como reportaje muy impactante el diario El País, en su edición de 24 de agosto de 2006: “el caos no es algo nuevo, sino que “ha estado con nosotros desde hace mucho tiempo”, y que, a pesar de todo, el ser humano ha logrado sobrevivir. Afirma que somos una especie que siempre se ha adaptado y que seguiremos haciéndolo. Aunque reconoce que ahora hay peligros nuevos e identifica tres amenazas graves: una guerra nuclear, una catástrofe biológica y el cambio climático. Está convencido de que “los recursos que tenemos ahora probablemente no existirán en 100 años”, pero añade que “tampoco existían en el siglo pasado”. El científico casi loco sostiene que si Europa sobrevivió a la peste negra del siglo XIV, que se llevó por delante a un tercio de la población, el ser humano logrará superar cualquier catástrofe que pueda ocurrir. Después, él mismo se interroga sobre su optimismo: “¿Que por qué tengo está fe en la humanidad? Porque debo tenerla. (..) Creo tan firmemente que sobreviviremos como que el sol saldrá mañana”. Si no hay fe en la supervivencia, no puede haberla en nada más, concluye”.

La respuesta, decididamente, ya no está en el viento. Desde aquél aprendizaje ilusionante de 1972, donde todos los progresistas tarareábamos la canción de Dylan, han pasado 34 años, en el convencimiento de que merecía la pena luchar por dar respuesta a aquellas preguntas tan llenas de interés en un país que buscaba la libertad deseperadamente. Aunque sigamos preguntándonos con una actualidad rabiosa cómo podemos responder aquellas nueve cuestiones a las que seguimos obligatoriamente obligados a atender a pesar del tiempo transcurrido. Aunque cuestionemos, cada vez más, el porqué de la separación entre las personas, barrios, y naciones del planeta Tierra en estos tiempos modernos, más o menos como el protagonista de la película del mismo nombre (estrenada hace setenta años) y cuya sinopsis nos recuerda la respuesta del científico casi loco que ha entusiasmado a Hawking: “un obrero de la industria del acero acaba perdiendo la razón, extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje de su trabajo. Después de pasar un tiempo en el hospital recuperándose, al salir es encarcelado por participar en una manifestación, en la que se encontraba por casualidad. En la cárcel, también sin pretenderlo, ayuda a controlar un motín por lo que gana su libertad. Una vez fuera de la cárcel reemprende la lucha por la supervivencia, lucha que compartirá con una joven huérfana que conoce en la calle”. Fe en la supervivencia.

Por primera vez, en homenaje a Chaplin, Dylan y Hawking, cualquier parecido con la realidad actual ya no es tampoco pura coincidencia.

Sevilla, 26/VIII/2006

Mozart, lloraría…

El artículo de Ángeles Caso contra la piratería (Magazine, 16/VII/2006), me ha traído un recuerdo de ayer, junto a unos grandes almacenes, donde el top-manta estaba presente a través de la mano de obra barata, probablemente de los que malviven en la idea buena de conocernos, personas de otros países que son carne de cañón para las redes mafiosas, a las que no vemos pero que se lucran con las ventas de piratería musical pura y dura, con compradores que se arremolinan paradójicamente alrededor de las sábanas blancas, que son recogidas con maestría absoluta, por las cuatro esquinas, cuando la policía está cerca.

Todos los vendedores son protagonistas de una canción triste, en este caso de Sevilla. Y ponen en sus manos la interpretación más dura del sinsentido del robo intelectual a mano armada, con la colaboración de aquellos que todo lo justifican, pero en la seguridad de que si alguien, alguna vez, les intentara copiar sus ocurrencias caería sobre ellos el insulto más procaz y el peso de la ciudad sin ley. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Y todavía no ha llegado este fenómeno a la música clásica, como consuelo de tontos. Mozart, desde donde quiera que esté, lloraría en su papel de Papageno, el protagonista por excelencia de “La Flauta mágica”, porque no sabría como encantar a pájaros que no hay por donde cogerlos…

Enviado a “Magazine” el 16/VII/2006

Superman vuelve

Cuando sabíamos todos que la Liga de la Justicia, a la que perteneció Superman, continuaba desactivada y que el terrorismo sigue campando por sus respetos,  hemos conocido a través de las Fuerzas Planetarias del Consumo que Superman vuelve para intentar salvarnos del peor enemigo (Magazine, 9/VII/2006). Creo que es una sabia estrategia americana, subliminal, ante el desastre de Irak, para intentar recuperar al reportero del Daily Planet, a ver si con sus poderes sobrenaturales, puede interpretar en claves periodísticas el libro de instrucciones de lo que pasa a nivel internacional para alcanzar una nueva estabilidad mundial.

Es curioso constatar cómo de forma recurrente necesitamos al héroe para que reinterprete la vida. No sé lo que ocurrirá con este Superman redivivo, pero todo apunta a que seguiremos intentando traducir los signos de los tiempos con la búsqueda de salvadores de la humanidad. Mientras, seguiremos huyendo de la auténtica pregunta interior que nos hace ser supermujeres y superhombres (en clave de superman) cuando la respondemos: ¿quién nos llevará de la mano, en el día a día, para agregar segundos de existencia mejor y más feliz? Si fuéramos más sensatos, no correríamos a las taquillas de “Superman vuelve”, porque allí no está la respuesta. Tampoco en el viento. Sólo, en el encuentro con la realidad de lo que somos, aunque los “supermanes” de nuevo cuño se asomen alguna vez por las ventanas de las dudas que todos llevamos dentro para intentar echarnos una mano.

Carta enviada a “Magazine el 9/VII/2006

Noche en Lusitania

Durante unos días he experimentado sensaciones históricas de la condición humana que supera fronteras y tiempos modernos. El pasado 11 de agosto, asistí al estreno de la obra “Viriato Rey”, de João Osorio de Castro, en el teatro romano de Mérida, donde pude compartir vivencias con la cercanía del expresidente de Portugal, Mario Soares y de muchas personas que en su condición de espectadores buscaban el paralelismo del sinsentido de las guerras ante los poderosos, como recogía una noticia de agencia (EFE) del día siguiente: “Roma y sus malas artes doblegaron de nuevo a Viriato en Mérida, pero no lograron aplacar el ansia de tregua, diálogo y paz del héroe lusitano que consiguió dejar una estela de esperanza en la condición humana, pese a las marchas triunfales de los vencedores”.

Suena como muy actual este mensaje y la representación dejó en el auditorio sensaciones suficientes para la reflexión en tiempos de guerra. Los cuarenta y cinco actores mostraron un esfuerzo especial para hacer llegar el teatro clásico a la experiencia sentida y vivida en el cada día que nos acompaña. La escena inicial, donde la desnudez de la verdad y de la inocencia de la niña-guerrero deja paso a lo largo de la obra, al auténtico amor y a la carga que supone la lealtad, culmina con un final de la más pura tragedia romana al uso.

Estuve muy expectante con la aparición de un amigo de juventud, Roberto Quintana, en el papel de Quinto Servilio Cepión, cónsul romano, embaucador, que supo comprar lealtades y traiciones, anulando tratados de paz con risa sardónica: Roma no paga a traidores. Me gustó mucho su interpretación, aunque sentí no poder saludarle al finalizar la representación. Roberto me trajo muchos recuerdos, sobre todo cuando compartía con él ilusiones, proyectos de vida y algún que otro reparto teatral.

Me impresionó la participación de la mujer en la gran obra de Viriato. Así lo simboliza el autor de la obra, João Osorio: “Un coro de mujeres lusitanas, presente durante toda la obra, apoyará el combate de Viriato, aprobando o condenando el comportamiento de los distintos personajes, comentando la esperanza que otorgan los dioses con sus treguas o el temor de los inminentes infortunios que deben afrontar además de un justo elogio a la mujer en su abnegada tarea de “compañera del hombre”.

Viriato lo intentó. Roma lo impidió. La inocencia se inmoló. ¿Por qué? La respuesta quedó clara y evidente, en una noche lusitana: la paz nunca será posible mientras suenen cerca las marchas de los supuestos triunfadores.

Gocé con el espectáculo. Así lo pedía el autor en sus palabras de presentación. 

Sevilla, 14/VIII/2006

El cedro del Líbano

Hace muchos años leí con sumo interés un texto del libro de Ezequiel (Ez 31, 1-18), en el Antiguo Testamento, que encumbraba de forma prodigiosa el cedro del Líbano, como ejemplo controvertido y alegórico del orgullo de Egipto, de cualquier mandatario mundial asimilado al Faraón del libro profético, y anunciaba cómo podía llegar el día en que el Señor Yahvéh podía castigar la maldad del Faraón asimilada a un árbol gigante y desmedido que no ha lugar frente a Él. Hoy he vuelto a leerlo, de forma pausada, para contextualizarlo en la actual guerra abierta con Israel, para no andarnos por sus ramas. El texto decía así:

«¿A quién compararte en tu grandeza?
Mira: a un cedro del Líbano
de espléndido ramaje,
de fronda de amplia sombra
y de talla elevada.
Entre las nubes despuntaba su copa.
Las aguas le hicieron crecer,
el abismo le hizo subir,
derramando sus aguas
en torno a su plantación,
enviando sus acequias
a todos los árboles del campo.
Por eso su tronco superaba en altura
a todos los árboles del campo,
sus ramas se multiplicaban,
se alargaba su ramaje,
por la abundancia de agua que le hacía brotar.
En sus ramas anidaban
todos los pájaros del cielo,
bajo su fronda parían
todas las bestias del campo,
a su sombra se sentaban numerosas naciones.
Era hermoso por su talle,
por la amplitud de su ramaje
porque sus raíces se hundían
en aguas abundantes.»

Los cinco versículos finales, son un símbolo de lo que la tradición ha querido reflejar sobre la historia de esta realidad bíblica, donde todo son palabras de acogida, mestizaje, pluralidad de culturas, sintetizadas en la siguiente expresión. “Y a su sombra habitaban muchas naciones”. La realidad de hoy es terca y contumaz. Entre la cerrazón de Hezbolá y la ley del talión de Israel, con el coro a tres voces diferentes, de Estados Unidos, Siria e Irán, se está destrozando segundo a segundo la convivencia pacífica de familias enteras, sobre todo niñas y niños libaneses de religión cristiana que nunca más volverán a leer y escuchar de sus mayores las maravillas de las bodas de Caná, donde el martes pasado murieron de forma incomprensible 52 personas, la mayoría de ellas niñas y niños (15 discapacitados) en busca de un refugio seguro y que a través de la televisión pudimos contemplar como funeral mundial por el fracaso del diálogo, sin capacidad de que la sombra del cedro los cobije más, a pesar de que la tradición les decía que se multiplicaban sus ramas, que todas las aves del cielo podían caber en su ramaje y, sobre todo, que a su sombra se podían sentar todas las niñas y niños del mundo como símbolo de una nación que solo desea la paz.

El mismo profeta, Ezequiel, interpretando la voz de Yahvéh dice en el mismo capítulo: cuidado con lo que le puede pasar al Faraón, hoy simbolizado en cualquier poder maltratador, porque los que se han refugiado en la sombra del cedro malinterpretando las palabras de Dios y de las personas, acaban “como el común de los hombres” porque los extranjeros, los más bárbaros entre las naciones, le han talado y derribado. Creo que así se entiende mejor el contenido de la letra de su himno,  que contempla esta realidad como pueblo, porque “su cedro y su orgullo, son símbolo eterno”.

Sevilla, 6/VIII/2006

Pausa del natural color

Cuando comienzan las vacaciones, la primera experiencia que suelo vivir es la de entrar en situación de pausa: laboral, horaria, profesional, pero no mental y, desde luego, no existencial. Es una época extraordinaria para echar a volar la inteligencia y dejarla hacer y deshacer en el mundo de secreto que todos llevamos dentro del cerebro. Desde el 29 de julio no había tecleado una sola letra para este cuaderno, aunque puedo asegurar que en el vuelo anillado de parte de mi inteligencia, determinadas neuronas (marcadas ó anilladas virtualmente) han decidido agruparse para actuar y hacer recorridos ó vuelos muy interesantes. Pero yo había aprendido del Diccionario de Autoridades (1737) un contexto de la palabra pausa que me agrada recordar en estas circunstancias: “sabía por experiencia que le duraba poco esta pausa del natural color y desamparo de los sentidos”. Dicho y hecho.

He iniciado, por ejemplo, la tarea de recopilación de fuentes primarias y secundarias sobre la inteligencia digital. Sigo muy pendiente de aquel compromiso con la malla pensante formada por personas cercanas a Internet, que siguen ilusionadas en adquirir conocimiento sobre esa maravilla de tan poco peso físico a la que llamamos cerebro y a su expresión más humana, en todos los sentidos: la inteligencia creadora ayudada por los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. Estoy fascinado con los avances científicos que se producen casi cada segundo vital. Me ha impresionado el estado del arte sobre el mapa cerebral en formato de atlas que ya está a disposición de estudiosos, entre los que me encuentro, para conocer mejor las similitudes de enfermedades y éxitos humanos, comparando más de siete mil muestras tomadas entre voluntarios que han cedido su forma de ser cerebral para el beneficio de la humanidad, en los últimos diez años y facilitando un fondo de 40 billones de datos. Se encuentra en la Universidad de California, en el Laboratorio de Neuroimagen, donde se están llevando a cabo los avances más espectaculares en el mapeado de las funciones y estructura del cerebro, a través de algoritmos computacionales y de imagen por ordenador. El atlas resultante se ha constituido a través de mapas informatizados que muestran los planos del cableado y los circuitos de las neuronas, la psicología, la bioquímica y la biología molecular de las estructuras y las funciones cerebrales. Es una maravillosa y potente herramienta para descifrar los misterios del cerebro, ayudar al tratamiento de las enfermedades mentales y potenciar la digitalización de algunas formas de actuar de la inteligencia humana y animal.

También he verificado el grado de avance en el conocimiento de la corteza cerebral. Según fuentes acreditadas en 2005, “durante los próximos dos años, los científicos de ambas organizaciones trabajarán a la par utilizando la enorme capacidad de cómputo de la supercomputadora eServer Blue Gene de IBM a fin de crear un modelo detallado de los circuitos de la neocorteza, la parte más grande y más compleja del cerebro humano. Ampliando el proyecto para modelar otras áreas del cerebro, los científicos esperan con el tiempo poder construir un modelo exacto y basado en computación del cerebro completo. Relativamente poco es lo que en realidad se sabe sobre el funcionamiento del cerebro. Utilizando el modelo digital, los científicos realizarán simulaciones del cerebro basadas en computación a nivel molecular, para echar luz sobre procesos internos tales como el pensamiento, la percepción y la memoria. Los científicos también esperan poder conocer cómo y por qué ciertos microcircuitos funcionan mal en el cerebro, como sucede en alteraciones psiquiátricas como el autismo, la esquizofrenia y la depresión”. Creo que se abren unas posibilidades que obligan a estar muy cerca de estas realidades auspiciadas por IBM y la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL) bajo la denominación científica de Proyecto Blue Brain (Cerebro azul). El proyecto intentará en palabras del doctor Henry Markran, director del Laboratorio de Circuitos Neuronales integrado en el Instituto de Mente y Cerebro de la EPFL, “hacer una réplica en software de una columna de la neocorteza. La neocorteza constituye aproximadamente el 85% de la masa total del cerebro humano y se le atribuye responsabilidad por las funciones cognitivas del lenguaje, el aprendizaje, la memoria y el pensamiento complejo. Una réplica exacta de la columna de la neocorteza es el primer paso esencial para simular el cerebro completo y también brindará el enlace entre los niveles genéticos, moleculares y cognitivos de la función cerebral. En fases siguientes del proyecto, se ampliará la simulación para incluir circuitos de otras regiones del cerebro y, con el tiempo, del cerebro completo”.

En tercer lugar, asisto como espectador e investigador a la demostración científica mundial en los progresos para imitar las funciones del cerebro, destacando sobre todas el vuelco en relación con la regeneración de las neuronas, dando al traste con lo investigado hasta hace solo dos años. Se demuestra, por otra parte, que la estructura del cerebro es relativamente simple, porque a diferencia de las computadoras, cambian de manera constante sus conexiones para modificar la forma en que procesan la información: “Ahora tenemos microscopios que pueden ver conexiones individuales entre neuronas. Hemos podido determinar que el cerebro puede retraer conexiones y fabricar otras nuevas en pocos minutos”, dice el profesor de bioingeniería de la Universidad de Stanford, Kwabena Boahen. Eso permite explicar cómo unos dos kilos de neuronas, dentro de la caja mágica de un cerebro tipo humano, pueden concretar todas las operaciones vinculadas al pensamiento humano. Boahen cree que previos intentos para crear inteligencia artificial han fracasado porque los científicos no tomaron en cuenta esa extraordinaria flexibilidad del cerebro. “Con el fin de lidiar con la complejidad, necesitamos determinar cómo hacer que las cosas se conecten”, dice. Su solución es crear chips que puedan reprogramarse en respuesta a la información que reciben. Como neuronas en el cerebro, deben eliminar viejas conexiones y crear nuevas de acuerdo con las necesidades. A diferencia del cerebro, los chips no cambian sus conexiones, se basan en un itinerario para seleccionar información y decidir qué curso seguir. El primer producto del laboratorio de Boahen es un chip retinomórfico, que está siendo sometido actualmente a una serie de pruebas. El chip contiene unos seis mil fotorreceptores y cuatro mil conexiones de nervios sintéticos. Su tamaño es de una octava parte de la retina humana. Además, consume solo 0.06 vatios de energía. Una computadora digital, en contraste, usa un millón de veces más energía que un cerebro humano. “Hacer prótesis neurales requiere que igualemos la eficacia del cerebro, no solo su actuación”, dice Boahen. Un chip de ese tipo podría ser colocado dentro de un ojo en uno o dos años, dice, luego de que los ingenieros logren resolver algunos problemas, como la fabricación de una “interfaz” eficaz y una fuente compacta de energía.

En definitiva, se trata de imitar de la mejor forma posible lo que alcanzamos a ver en el laboratorio de la vida y para ello tenemos que conocer antes cómo funciona el cerebro, diagramándolo. Y eso es lo que Bruce McCormick, director y profesor emérito del Laboratorio Neurológico de la Universidad Texas A&M, espera crear usando una cámara microscópica denominada Tomografía del Tejido Cerebral. El aparato rebana tejido del cerebro de una rata usando un cuchillo de diamante, lo ilumina con un rayo láser, registra una imagen con una cámara digital y almacena los datos en un disco duro. El dispositivo puede recoger detalles aun más pequeños que los de una neurona individual. Y la información visual es luego reconstruida para crear un modelo tridimensional del cerebro. “Ahora podemos hacer la tomografía del cerebro de una rata en menos de un mes”, dice McCormick. Pero el cerebro humano es mil quinientas veces más grande que el cerebro de una rata, y contiene cien billones de conexiones. Por lo tanto, el Laboratorio Neurológico enfrenta grandes desafíos. El equipo del laboratorio requiere desarrollar programas que puedan registrar los grandes volúmenes de información visual desde todos los ángulos. La intención es completar un mapa del cerebro humano en 20 años.

Ray Kurzweil, un investigador de inteligencia artificial, que ha publicado recientemente un libro muy polémico, La singularidad está cerca, ha afirmado que “dentro de 30 años, posiblemente antes, tendremos todos los datos sobre el cerebro humano y estaremos en condiciones de crear sistemas que podrán emularlo”. Añade en este sentido: “se creará una inteligencia superior. Un ordenador es más rápido que el cerebro humano en algunas cosas, pero lo difícil es que tenga la riqueza, sutileza y profundidad de nuestro pensamiento. Para lograrlo será clave el software de la inteligencia, basado en la ingeniería inversa, que copia el funcionamiento del cerebro humano. Nuestros circuitos cerebrales son tridimensionales y se basan en unas complejísimas conexiones. Escaneando el cerebro podremos crear una réplica, y usando circuitos artificiales tridimensionales de nanotubos (tubos microscópicos) podremos imitar su funcionamiento y crear una inteligencia artificial avanzada. El profesor norteamericano Andreas Nowatzyk ya trabaja en un proyecto para copiar el cerebro de un ratón. Es un primer paso para lo que vendrá luego”. Para Kurzweil, “la Singularidad es un concepto que acuñó en los años 50 John Von Newmann, uno de los padres de la cibernética, para referirse al impacto que tendría el desarrollo tecnológico sobre el futuro. También es un término que en matemáticas significa infinito. En el libro hablo del cambio crucial y profundo que representará la unión de la inteligencia artificial y la humana. Será una ruptura en la historia”.

Sigo creyendo que este siglo será el siglo del cerebro y acompañadas estas investigaciones de los avances espectaculares en genómica, se conocerá con gran detalle cómo funciona el cerebro, en salud y enfermedad y, por tanto, la conducta humana, sana y enferma, aunque el carácter irrepetible de la circunstancialidad que modela las conductas de acuerdo con patrones sociales, nunca llegará a reproducirse en el laboratorio, simplemente por un principio presocrático muy radical desde el punto de vista científico y de autor conocido, Heráclito de Éfeso: nadie se baña dos veces en el mismo río…, de la vida personal e intransferible. Aunque creo firmemente que la ciencia nos permitirá cruzarlo para ir siempre hacia adelante.

Sevilla, 5/VIII/2006