El tabique transparente: septum pellucidum

Cada vez que se difunde la noticia de una mujer que muere como consecuencia de la intervención violenta de su pareja, en todas las manifestaciones posibles, vuelvo a rescatar el compromiso de analizar el cerebro desde la perspectiva de género, es decir, intentar profundizar en el conocimiento diferencial de estructuras cerebrales que refuerzan el comportamiento positivo ó negativo de hombres y mujeres y traducen la diversidad de conductas teniendo como origen la diversidad cerebral. El fin es claro: intentar buscar los orígenes de esta flagrante división perceptiva y conductual que aboca a la destrucción sistemática del otro. La etiología de estas muertes femeninas está alojada en el cerebro humano. Ahí está el reto de aprehender las conductas agresivas que desembocan en muertes violentas como la que ocurrió el jueves pasado en Callosa d´Én Sarrià (Alicante), incrementando la cifra terrible hasta 45 mujeres asesinadas a manos de los llamados hombres de sus vidas (más bien, de sus muertes).

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Figura 1: Localización anatómica del septum pellucidum (sección medio-sagital).

Hoy voy a adentrarme en una zona central del cerebro, de interconexión entre los dos hemisferios cerebrales, para descubrir el tabique translúcido, transparente, el septum pellucidum (del latín septum (saepire), valla, tabique y pellucidum ó per-lucidum, translúcido), membrana de forma triangular, situada entre los fascículos (fibras nerviosas con un mismo origen, trayecto y terminación) y cuerpo del fórnix (estructura cerebral en forma de bóveda que facilita la interconexión neuronal de fibras entre el hipotálamo y el hipocampo, a través suya) por abajo y el cuerpo calloso por encima y delante, como se puede observar en la figura 1. Para que se entienda bien, el cerebro normal tiene dos partes iguales (hemisferios), conectados por fibras nerviosas (cuerpo calloso) y están separados por espacios llenos de fluido (ventrículos I y II). Estos dos ventrículos tienen divisores, tabiques transparentes ó translúcidos, entre ellos (septum pellucidum) y contienen, en condiciones normales, un fluido claro, el líquido cefalorraquídeo, junto a los otros dos ventrículos (cuatro en total), cuyo volumen total en niñas y niños es de 40-60 cm3 y en adultos 120-140 cm3, de los cuales 20-30 cm3 corresponden a los ventrículos laterales citados, separados por el citado septum pellucidum.

Esta estructura está compuesta en determinadas personas y neonatos de dos láminas separadas por una cavidad, denominada cavum septi pellucidi, también conocida en la literatura científica como quinto ventrículo que se prolonga hacia atrás por el cavum Vergae, que es muy importante detectar bien y hacer el seguimiento preciso durante la concepción del nuevo ser para hacer los despistajes necesarios que comprometen la salud y la enfermedad (1). Este último es conocido también como cavum fornicis, cavum psalterii, Verga’s ventricule o sexto ventrículo, teniendo sus limites en el splenium (parte posterior) del cuerpo calloso y en las bases de los fórnix y, en la zona ventral, en la comisura del fórnix. Es importante saber que cada lámina participa en la acción cotidiana de los ventrículos laterales, estando rodeadas de células ependimarias en su cara ventricular y de piamadre en su cara medial. A su vez, están recubiertas de fibras neurales con una fina capa de sustancia gris externa y de una capa interna de sustancia blanca. Se estudia hoy en profundidad en la práctica clínica.

Desde la perspectiva de género, se sabe que el cavum Vergae y el cavum septum pellucidum son más frecuentes en la mujer que en el hombre, y en el feto, indistintamente, se puede observar mediante técnicas ultrasónicas no invasivas (2) permitiendo clasificaciones y mapas de neuroimagen.

Las funciones principales del septum pellucidum (sin cavum) consisten en facilitar la integración y sincronización sensorial, es decir, determinar cómo nuestros cuerpos procesan la información que recibimos de nuestros sentidos y cómo actuamos en consecuencia, de forma ordenada; también, la planificación motora, construir actos inteligentes y desarrollar correctamente las actividades académicas, habla y lenguaje, y habilidades sociales y de comunicación de alto orden. Una función principal consiste en “proteger” las funciones del nervio óptico, por lo que la malformación o la ausencia de esta estructura pueden derivar en una hipoplasia del nervio óptico con las consecuencias que se han explicado anteriormente. Últimamente, se están investigando también las causas de la explosión de la ira, mediante la estimulación de esta estructura. No es de extrañar al formar parte del sistema límbico y compartir estructuras y aferencias del caballo encorvado y de las amígdalas cerebrales. Estructura compleja y preparada desde antiguo para vivir las emociones apasionadamente y en libertad.

En realidad, la ausencia patológica del septum pellucidum está asociada fundamentalmente a la displasia septoóptica (DSO) o Síndrome de Morsier: “Es una entidad neurológica descrita en 1956 por de Morsier, en la cual se presenta alteración de las estructuras de la línea media especialmente la tríada de: a. Ausencia o hipoplasia del septum pelucidum, b. Hipoplasia de uno o ambos nervios ópticos, c. Alteración variable de la función hipotálamo-hipofisiaria. Se trata de una entidad infrecuente y de etiología poco clara en la que predomina la hipótesis genética. No se conoce el mecanismo de transmisión hereditaria pero se han descrito casos en hermanos y se ha cartografiado un posible gen responsable en los brazos cortos del cromosoma 3 (3p21.2-p21.1). Algunas de las variantes de displasia septoóptica asociadas a ectopia del lóbulo posterior de la hipófisis y heterotopias periventriculares tienen una base genética común relacionada con una mutación heterocigótica del gen HESX1.4”.

En la actualidad, se está trabajando en la atención a una enfermedad clasificada como “rara” con afectación del septum pellucidum, la holoprosencefalia, que consiste en “una serie de anomalías congénitas (que está presente desde el nacimiento) cerebrales y del macizo facial, que se generan en estadios muy tempranos del desarrollo, en las primeras semanas de la vida intrauterina, cuando la placa neural se pliega sobre sí misma y forma el tubo neural. Las alteraciones cerebrales son el resultado de un fallo en la diferenciación y separación o hendidura del prosencéfalo o cerebro anterior, que dará lugar a los hemisferios cerebrales y a los ventrículos laterales, estructuras que en condiciones normales están relacionadas pero son independientes”.

Queda mucho por investigar en esta estructura cada vez más sorprendente por los resultados que se obtienen en laboratorios de neuroimagen. Se abren muchas posibilidades en los avances que se producen en la investigación del genoma humano, dado que las implicaciones de la gestación en el desarrollo del septum pellucidum son una garantía para la investigación en neuroembriología, dado que hoy día, el uno por ciento de la población, puede sufrir malformaciones en la estructura analizada ó pasar a la difícil línea delgada roja de las enfermedades raras. Es una enfermedad que compromete a hombres y mujeres, en identidad responsable ante el crecimiento de una nueva vida humana fruto de la concepción compartida.

Algo supimos de estas enfermedades a través de la película Rocky V, cuando a Rocky Balboa le diagnostican una patología severa (encefalopatía pugilística) relacionada con el septum pellucidum. Entonces nadie deparó que la ciencia seguía buscando razones científicas para abordar una patología que ocasiona daños irreparables, aún cuando nos llame la atención poderosamente que su actividad frenética (la del septum) es causa segura de actitudes airadas o de esquizofrenia que empuje hasta la muerte. Se sabe que los boxeadores profesionales desarrollan el cavum en su encéfalo, como en el caso de Rocky Balboa, por recibir traumas a repetición. Igualmente, se trabaja en la hipótesis de que las niñas y niños que se mecen en los brazos o en la cuna con demasiada fuerza pueden desarrollar el cavum con las consecuencias que brevemente se han detallado anteriormente.

También se han llevado a cabo investigaciones en la asociación del cavum septum pellucidum (CSP) a los trastornos de estrés postraumático, enfermedad vinculada sobre todo a las personas que han participado en guerras desde todas las perspectivas posibles. Me sobrecogió el artículo que a tal efecto se publicó en la revista Neuroanatomy, en 2004 (3), en el que narran las consecuencias de la guerra en Bosnia y Herzegovina, en un hombre que sufría el síndrome de desorden por estrés postraumático (PTSD) y que desarrolló el cavum con las consecuencias que podemos imaginar.

Hasta aquí el análisis de contextos, pero no la razón última de esta estructura, tarea en la que las neurociencias tienen mucho que decir todavía.

Sevilla, 1/VII/2007

(1) Althuser, M. (2007). Ultrasonographic diagnosis of anomalies of septum pellucidum, JBR–BTR, 90, 21s.
(2) Duque, J.E., Vera, A. (2006). Human Cavum Septum Pellucidum. Acta Neurol. Colomb. 22, 323-327.
(2) Filipovic, B., Jovic, N. y Filipovic, B. (2004). Large cavum septum pellucidum associated with posttraumatic stress disorder: a case report, Neuroanatomy, Volume 3, 12–14. (http://www.neuroanatomy.org/2004/012_014.pdf).