Retrato con zapatos coherentes

?????????
Zapatos en una orilla del Danubio

No he estado allí, pero lo he sentido como si lo hubiera vivido. Esta colección de zapatos en bronce inmovilizados, como lo expresaba Rafael Alberti al pie del pie gastado de San Pedro, que simbolizan la barbarie nazi en Hungría (1944-1945), me sumen en un silencio sepulcral, porque se dice casi todo mediante una representación simbólica de aquellas personas judías, que por el mero hecho de serlo, se les despojaba de sus zapatos y caían fusilados al Danubio. Sus autores lo quieren recordar para que la historia no sea injusta con ellos, con sus antepasados, que fueron coherentes hasta el final.

Estamos viviendo momentos en los que la coherencia está en entredicho, porque lo que predomina es el símbolo marxiano tan excelentemente expresado por Groucho: estos son mis principios y si no te gustan tengo otros.

Y quizá sea el retrato de mi paisano y maestro, Antonio Machado (1), el que describe de forma maravillosa el mejor canto a la coherencia que he vivido a lo largo de mi densa experiencia vital, que releyéndolo una y mil veces, me muestran una forma de ser en el mundo muy real, cercana y atractiva para mí, en el nuevo viaje a alguna parte que he iniciado:

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Y recordando también al evangelista Marcos (6,11), quizá tenga que sacudir el polvo que quede en mis zapatos de cada día, por coherencia pura: “… les ordenó que nada tomasen para el camino sino un bastón solamente, no pan, no alforja, no calderilla en la faja; sino calzados con sandalias, y que no vistiesen dos túnicas. Y les decía: Dondequiera que entréis en una casa, quedaos allí hasta que salgáis de aquel lugar. Y si algún lugar no os acogiera, y no os escucharan, saliendo de allí sacudid el polvo de debajo de vuestros pies como testimonio contra ellos”.

Y hablaré, con más frecuencia que antes, con la persona de secreto que siempre va conmigo. Y caminaré con los zapatos coherentes que tanto aprecio.

Sevilla, 29/IX/2013

(1) Machado, Antonio (1912). El Liberal (1 de febrero de 1908, sin título). En Campos de Castilla. Retrato. Madrid: Renacimiento.

Ardiente im-paciencia

Allende2

El pasado 11 de septiembre, se cumplió el 40 aniversario de la muerte del presidente Allende, habiéndolo recordado de forma admirable Ricardo Lagos, el primer presidente en democracia después del golpe de estado de 1973, en un artículo «Allende y su ardiente paciencia«, del que recomiendo su atenta lectura. Conocí también esta expresión de Neruda, la ardiente paciencia, a través de una obra del mismo título, de Antonio Skármeta, cuando nos contaba historias maravillosas de Mario, el cartero que atendía, comprendía y utilizaba al poeta, porque “La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita”. Hoy, cuarenta años después, sigo necesitando la poesía de Neruda y he querido ofrecer un pequeño homenaje al presidente Allende, sobre todo porque sus palabras antes de morir me han marcado una vida: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

Lo he seguido sabiendo y practicando, sin ninguna duda.

Por una sola vez y sin que sirva de precedente, me separo unos segundos de Neruda, cuando pronunció una frase gloriosa al finalizar su discurso en el acto de entrega del Premio Nobel: «En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres». Hoy, no disfruto de ella en su expresión paciente, sino modulada por el prefijo negativo «im», con el significado que a través de los siglos conocemos: intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar. Reconozco que estoy instalado en ella, en la impaciencia ardiente.

Se ha producido un hecho muy relevante en mi vida al presentar la renuncia al cargo de Director General de Política Digital, por cinco razones que he escrito en un documento, PALABRAS PARA UNA RENUNCIA, que resumen mi ardiente im-paciencia, la de la persona de todos que soy y la de secreto, en una feliz acepción de Ortega y Gasset. Y creo con Neruda que llegará el día en que la Comunidad Autónoma consolide y practique una política digital, como las demás políticas, donde las tecnologías de la información y comunicación, al servicio integral e integrado de la ciudadanía mediante la praxis de la inteligencia pública digital que tantas veces he expuesto y defendido, permitan la equidad en la accesibilidad digital, pero en la relacion diaria con la Administracion, como es el ejemplo de la cita previa para el médico, la receta electrónica o la historia de salud digital, al alcance de todos los andaluces y andaluzas, que hay que extender a la actividad administrativa diaria, compartida, participativa y transparente hasta las últimas consecuencias.

Créanme que lo he pretendido, pero las circunstancias políticas actuales me han llevado a tomar la decisión anteriormente expuesta y, para quien lo quiera leer, razonada hasta sus últimas consecuencias.

Lo decía en este blog, en 2009, en un post –Paciencia y cerebro– cargado del principio de realidad respecto de la participacion del cerebro en esta operacion intranquila, cuando iba del timbo al tambo como hoy: «Y yendo de mis asuntos a mi corazón, repaso, por último, el Diccionario de la Legua Española (22ª edición), encontrándome con definiciones de paciencia (del latín patientia) de amplio calado cultural: capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse, capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas, facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho, lentitud para hacer algo, resalte inferior del asiento de una silla de coro, de modo que, levantado aquel, pueda servir de apoyo a quien está de pie, bollo redondo y muy pequeño hecho con harina, huevo, almendra y azúcar y cocido en el horno, y tolerancia o consentimiento en mengua del honor. De todas ellas, me quedo con una: saber esperar, aunque sea con ardiente paciencia (Neruda). Creo que la propia necesidad cerebral de autoformarse a lo largo de la vida, con más de cien mil millones de posibilidades (neuronas) de hacer cosas y sentir nuevas vibraciones de sentimientos y emociones, acotadas en el tiempo vital de cada persona, son un reflejo de que las estructuras del cerebro necesitan a veces esperar, con más o menos paciencia aprendida o inducida genéticamente, para que nos mostremos tal y como somos, para que alcancemos nuestros proyectos más queridos y deseados, porque oportunidades tenemos de forma personal e intransferible a través de una estructura que dignifica por sí mismo a cada ser humano: la corteza cerebral que venció al cerebro original de los reptiles, otorgándonos genéticamente la posibilidad de ser inteligentes».

En esta impaciencia ardiente me quedo hoy, con sentimientos y emociones que me permitan alcanzar proyectos más queridos y deseados, porque la inteligencia, el bien más querido que poseo, me permitirá dignificar estos momentos difíciles para que en un día no muy lejano, pueda y podamos recorrer como ciudadanos anónimos «la espléndida ciudad [la espléndida Comunidad, Andalucía…] que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres».

Sevilla, 15/IX/2013

NOTA: La fotografía está tomada de la siguiente URL: http://salvadorallende.blog.lemonde.fr/2011/06/07/