Entre la multitud, el ciudadano Jesús

Salustiano García, La Resurrección de Cristo. Entre la multitud solo estás Tú. Cartel anunciador de la Semana Santa 2024, en Sevilla

Cristo perdonaría a mis críticos, porque no saben lo que dicen / Salustiano García

Sevilla, 30/I/2024

El pasado sábado 27 de enero, se presentó oficialmente en la red “X” (anterior Twitter), por parte del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla, el cartel que anuncia la Semana Santa de Sevilla este año (#SSantaSevilla24), con un título genérico, La Resurrección de Cristo, pintado por Salustiano García (Sevilla, 1965), “en el que aparecen elementos como el sudario del Cristo de la @HdadCachorro y las potencias del Cristo de la Hermandad del Amor (@Hdad_Amor)”. Esta obra también lleva una leyenda demostrativa del mensaje implícito en su expresión pictórica por parte del autor: «Entre la multitud solo estás Tú”.

Efectivamente y muy lejos de la controversia que se ha suscitado en esta ciudad por los de siempre, los que se arrogan la defensa de «la Sevilla de toda la vida», sin mezcla de progreso alguno, sólo veo la representación del ciudadano Jesús, en una imagen actualizada para este siglo, resaltando que entre la multitud de líderes de la historia está Él, la hermosa leyenda del cuadro. Su representación en el cartel anunciador de la Semana Santa de este año en Sevilla, me parece adecuada, emitiendo mi opinión desde una perspectiva laica de esa Semana que denomino en mi persona de secreto como Semana Laica, recordando de nuevo lo que varias veces he escrito en este cuaderno digital que busca «semanas desconocidas», especialmente, cuando ocurre en la sacrosanta Sevilla. Personalmente, sigo admirando a los que leyendo a Machado comprenden bien unos versos revolucionarios, laicos: ¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar! O, ante esta representación de soledad humana, el que entrega su vida por la Humanidad. Soy consciente también de lo que significa para esta ciudad una Semana Santa, donde todo gira en torno a una explosión de sentimientos, afectos, olores, silencios, aceras laicas, las que ensalzó siempre la urbanista americana Janer Jacobs, como he escrito en diversas ocasiones sobre la realidad social de esta Semana especial, con una visión laica, en su significado más acorde con el vocabulario español: semana laica, es decir, independiente de cualquier organización o confesión religiosa (RAE). Vuelvo a leer detenidamente aquellos textos, en su contexto actual, actualizándolos en lo que considero que es necesario cambiar que, por cierto, es muy poco. O nada.

En 2006 escribí por primera vez sobre la visión laica de esta Semana Santa tan particular, en un momento especial de investigación porque estaba leyendo un libro extraordinario, “Sistemas emergentes”, de Steven Johnson (Turner-Fondo de Cultura Económica), que sigue teniendo una actualidad científica recomendable sobre todo para amantes de días y semanas laicas. Los sistemas sociales emergentes ratifican a diario, que incluso en las semanas laicas (cualquiera del año) la sociedad se organiza habitualmente en torno a lo que le interesa, es decir, dan lugar a comportamientos inteligentes. La que llaman algunos “la Sevilla de toda la vida” se organiza durante muchos días de las semanas “laicas” con las miras puestas en la “Semana Santa”, la única, la principal del año, la definitiva.

Vuelvo a constatar que el mundo solo tiene interés hacia adelante, sobre todo en semanas laicas, en las que estamos muy interesados los que no pertenecemos a lo que en esta ciudad se llama «la Sevilla de toda la vida». Los sistemas emergentes, de abajo hacia arriba, siguen marcando las pautas de comportamiento colectivo. Cada uno sabe de lo suyo. Las agencias de viaje, atómicas o digitales, han organizado tradicionalmente también las vacaciones de esta semana a lo laico, es decir, sin ferias ni festejos cristianos, judíos y musulmanes, preparando una escapada para compensar la fuerza de lo santo. La economía se adapta a esta realidad santa y hace su semana muy particular de mercado por tierra, mar y aire.

Me acuerdo también en estas fechas de las familias enteras procedentes de los barrios deshechos en Sevilla por el boom inmobiliario, que vuelven en esta Semana Santa a su lugar de origen para recuperar las señas de identidad que les arrancó la especulación y su pretendido por otros “mejor nivel de vida”, aunque hayan perdido el valor del contacto familiar y de la vida compartida en las aceras laicas, porque viven en estado de alerta en los nuevos adosados que ni siquiera tienen parroquia al lado, blindados por la inseguridad ciudadana, en una dialéctica permanente vivienda/murienda. Con la excusa de la “Semana Santa”, de su cofradía de toda la vida, de su “Señor o Señora de Sevilla”, vuelven para recuperar, aunque solo sean unas horas, sus tiendas, sus colegios, sus plazas, el uso íntimo de sus aceras de siempre, donde se hacía eso, vivir la vida dignamente. Es decir, sus días laicos, sus semanas laicas, donde solo tiene sentido ese Jesús de la agonía que era la fe de sus mayores, como decía Antonio Machado. Las aceras existen, en definitiva, para crear el “orden complejo” de la ciudad, como afirma Steven Johnson en el libro que comento más adelante.

Jane Jacobs, la autora de uno de los libros que supuso la revolución urbanística más importante en Estados Unidos, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas (1), que falleció en 2006 en Toronto (Canadá) a los 89 años, aportó una de las teorías más alentadoras sobre cómo se vive en las aceras de las ciudades, cuestión que en días laicos y santos pasa sin pena ni gloria en la vida ordinaria de los planificadores de la vida, sea cual sea su condición, pero que su mención científica sigue siendo un contrapunto impresionante ante la especulación actual inmobiliaria y urbana a todos los niveles. Su muerte fue una noticia amarga porque dejaba de estar en el mundo una de sus defensoras acérrimas, en clave positiva, que demostraba como acción posible la de la existencia de un urbanismo humanista, defensora del diseño y la construcción de los barrios en las ciudades que obedezca siempre a leyes sociales de convivencia y relación entre personas obligatoriamente obligadas a vivir en común y ser miembros de una entidad que ha cambiado el nombre identificador obligado por el nuevo lenguaje de género: la ciudadanía.

En la Semana Santa, las aceras de Andalucía funcionan como soporte de interacciones sociales viendo y sintiendo las procesiones. No digamos en Sevilla. Aunque desde la otra acera de la inteligencia digital conectiva siempre me ha encantado saber que Jesús de Nazareth, el Ciudadano Jesús, en su ataque continuo de humanidad, se cansaba y se dormía, porque estaba hecho polvo, en el cabezal del barco (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema (La Saeta, 1914), refiriéndose a una forma muy especial del cante andaluz (RAE: acción y efecto de cantar cualquier canto popular andaluz o próximo):

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

Volveré a leer en la próxima semana laica 2024, en Sevilla, pero como todas las demás, el libro de Steven Johnson, recuperado de mi biblioteca de cabecera, mi clínica del alma. Se me han vuelto a ocurrir muchas cosas tras la reflexión a la que me llevaron en su momento sus primeras páginas. Y con motivo de la controversia con el cartel anunciador de la Semana Santa de este año en Sevilla, deseo transformar esta semana santa de la fe de mis mayores (sic, según el calendario católico) en una semana normal, laica, reinterpretando -porque me duele- lo que ocurre a mi alrededor, que es bastante preocupante por los estragos humanos y económicos que está suponiendo el entorno mundial actual, incluida la trágica y dolorosa invasión de Ucrania o la guerra con toques genocidas en Gaza. Considero también que el subtítulo del libro sigue sin dejar tranquilo a nadie: “O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software”. Casi nada: la inteligencia, entendida como capacidad y adiestramiento para resolver los problemas de todos los días, compartida en un mundo laico que parece a veces diseñado por el enemigo. Inteligencia digital ahora a través de lo que se ha convertido en la gran ayuda para comunicarnos cuando en estos días de gran preocupación mundial y local, volvemos a pisar las aceras laicas de Jacobs, informados o no con los teléfonos inteligentes, ordenadores y tabletas, las radios y el mando del televisor o nuestra voz que, en algunas ocasiones, da órdenes a un asistente virtual que hace todo lo posible por entender lo que le estoy diciendo. Que tenga en cuenta mi dolor, ya es otra cosa, laica casi siempre, por cierto, aunque Stefan Zweig me recuerda siempre algo muy importante en el acontecer diario de esta sacrosanta ciudad: […] En Sevilla se puede ser feliz […] ¿No es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida? (2). Sonrisas y lágrimas en una semana laica, paseando por sus aceras íntimas.

Definitivamente, me quedo hoy pensando en la leyenda del cartel tan denostado por miles de personas, «Entre la multitud solo estás Tú”. Esa es la realidad histórica que deberíamos interpretar hoy, la del Ciudadano Jesús.

(1) Jacobs, Jane, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, 1961, pág. 50. Nueva York: Vintage.

(2) Zweig, Stefan, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia, 2015. Madrid: Sequitur.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Hay que levantar la nariz del papel para ver lo que no está bien visto

Sevilla, 29/I/2024

Como lector fiel de la obra excelente de Ítalo Calvino, he recordado hoy algo que completa el fenómeno de escribir, porque si importante es detenerse un momento ante la hoja en blanco y pensar que “es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (El arte de empezar y el arte de acabar), todavía más lo es cuando estamos  convencidos de que el escritor “tiene que levantar la nariz del papel”, sobre todo “para ver lo que no está bien visto. Si levantas la nariz del papel, puedes encontrarte con la leyenda que Goya escribió debajo de uno de sus grabados de la Guerra, allí donde dice: «No se puede mirar». O con esa otra inscripción que escribió debajo de una de las estampas del Cuaderno de la Inquisición, en la que se ve a un reo destrozado por el tormento: Por mover la lengua de otro modo. […] Mirar lo que no se puede ver. Ver lo que no está «bien visto». Porque está tapado, porque se oculta o se esconde. O porque resulta incómodo, molesto” (1). Decía Ítalo Calvino, sumido en una dialéctica muy interesante, algo que no olvido: “La discontinuidad entre la página escrita, fija y estable, y el mundo móvil y multiforme que hay fuera de la página nunca deja de sorprenderme: ¿qué pasa en el momento en que levanto la nariz de la página escrita y miro a mi alrededor, momento repetido innumerables veces a lo largo del día, tal vez el momento clave, el momento de la verdad”.

Lo manifestado anteriormente es lo que me viene sucediendo últimamente ante los noticiarios mundiales y locales. Ante este cúmulo de situaciones preocupantes y maldades de alto voltaje, compruebo una vez más que sólo me queda la palabra para reflexionar sobre lo que está pasando y estamos viendo todos los días, sobre todo para ver lo que no está bien visto, sabiendo el inmenso valor que tiene y lo importante que es su adecuado uso, no inocente casi siempre. Es preocupante la situación descrita porque temo un correlato fácil, el conformismo, expresado en el socorrido «¡yo, solo, qué puedo hacer. Nada!», si permito que cualquier acontecimiento o adversidad acceda a mi aliento, a mi ánimo, a mi alma humana y no nos deje ver más allá de nuestras narices, porque nos las levantamos y menos a la hora de pronunciarnos sobre eso que pasa a diario y no nos gusta.

El conformismo por desánimo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los tibios y tristes, mediocres en definitiva, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa?, que decíamos al principio. Ahí es donde hay que poner las barreras éticas de la vida digna para sí mismo y para todos. Es probable que aquí sí tenga sentido el uso ordinario de una frase sonora, permanecer inaccesibles al desaliento, como primer paso, porque el mercado actual puede comprarlo con facilidad. Basta tomar decisiones desde una torre de Manhattan, con una tableta digital o un teléfono inteligente, para hacer sufrir al mundo, quitándole el ánimo para seguir viviendo. Por tanto, hay que luchar para que esta realidad económica mundial, entre otras muchas, que a veces se convierten en guerras incomprensibles, no acceda a mi alma de secreto y a la de todos, porque deberíamos aprender a ser inaccesibles al desánimo colectivoal desaliento.

Ante la situación mundial más próxima, las guerras de Ucrania, que sufre horas de olvido en la actualidad y la de Israel en Gaza, con tanto crimen execrable, he recordado a Manuel Rivas en la Conferencia citada, Por una luciérnaga, porque trae a colación la necesidad del compromiso por parte de quienes escriben, club al que pertenezco llenando páginas de este cuaderno digital, incluso porque es una llamada de atención para levantar la nariz de esta página en blanco de hoy y contribuir de esta forma a parar las citadas guerras: “En una conferencia pronunciada en Múnich en 1976, con el título «La profesión de escritor», Canetti relató el hallazgo de una nota anónima fechada el 23 de agosto de 1939, justo una semana antes del estallido de la segunda Guerra Mundial. El texto era muy breve, casi telegráfico: «Ya no hay nada que hacer. Pero si de verdad fuese escritor, debería poder impedir la guerra». Canetti cuenta como, al principio, le irritó aquella nota. Hace falta ser pretencioso, venía a decir, he ahí alguien que sobrevaloraba de tal manera la condición de escritor que le otorgaba poderes tan excepcionales como el de impedir una guerra. «En los días que siguieron», cuenta Canetti, «me di cuenta asombrado de que la frase se negaba a abandonarme y acudía a mi todo el tiempo, y de que yo la cogía, la desmembraba, lanzándola lejos y volvía a recogerla, como si solo estuviese en mi poder encontrarle algún sentido».

Las palabras pueden y deben parar las guerras y conflictos armados, incluso todo lo que nos sucede a diario y no nos gusta. Desde las resoluciones últimas de la ONU, hasta esta pequeña reflexión, debemos tomar conciencia de que, al final, son sólo un conjunto de palabras las que contribuyen a la aproximación para acabar con tanto dolor humano, no sólo de las guerras, sino de cualquier dolor que nos rodea. Hablando se entiende la gente, el mundo. Ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a nuestra especie, aunque genere en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Haber escrito hoy estas líneas significa que lo hago como acto de militancia activa en el compromiso intelectual, por varias razones: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea como privilegiada zona de confort y mirar alrededor, que ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera por imperativos del mercado. Desgraciadamente. Además, porque al escribir se hace patente el compromiso con uno mismo y con los demás, fundamentalmente con los más desfavorecidos por la vida. Cuando tienes la “suerte” de conocer las interioridades del dilema al escribir, ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia de la Vida no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada o la de “los de abajo” que dicen ahora. La de los nadies organizados, también.

Finalizo por hoy, al escribir estas palabras de forma especial y levantando la nariz para ver lo que no nos gusta, aplicando el principio de realidad extrema, sabiendo que me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada, pero si le falta alma, no es nada: Y eso, quien lea hoy estas palabras notará si le falta algo o no a este mensaje implícito. Es lo que se llama corazón, alma o un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro o de su blog, más allá de las ideas que quiere contar. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “Esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión. De una forma especial y levantando la nariz del papel para ver lo que no está bien visto.

(1) Rivas, Manuel, Por una luciérnaga (La ecología de las palabras en el manuscrito de la tierra). Conferencia Spinoza, 2022.

 CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Ante lo que está pasando, ¿quién o qué anima al animador?

Julio Numhauser & Maciel Numhauser, Todo cambia

Sevilla, 25/I/2024

He abierto el periódico digital que hoy por hoy me merece gran respeto en este país, elDiario.es y he contabilizado algo que me ha desanimado bastante, porque de las diez primeras noticias de portada, las diez, sí, sí, las diez, entristecen el alma, son malas noticias en definitiva. Ante esta situación irrefutable, yo, que soy optimista en el sentido que describió hace ya muchos años Mario Benedetti, es decir, un ´optimista / es sólo un pesimista / bien informado´ (Rincón de haikus, 129), vuelvo a estremecerme ante lo que está pasando y estamos viendo, por aquí, allá y acullá, volviéndome a hacer hoy una gran pregunta existencial que ya me persigue casi a diario: ¿quién o qué anima al animador?, porque el vaso existencial del ánimo no está medio lleno o medio vacío, sino que rebosa ya de algo que está vinculado con la condición humana, el daño innecesario en cualquier parcela de la vida y, lo más grave, a los demás, caiga quien caiga, sin mezcla de compasión alguna.

En este contexto, he recuperado la lectura en mi método circular de repasar continuamente lo escrito en este cuaderno digital sobre mis principios éticos, porque no tengo otros, eligiendo hoy una reflexión que hice en 2022,´¿Quién anima al animador?´, que reproduzco de nuevo íntegramente, porque me consuela el alma, siguiendo al pie de la letra el cuidado de ella, que es el secreto de cualquier animador, porque animar es, sobre todo, ´dar vida al cuerpo, vivir, habitar, cobrar ánimo y esfuerzo, decidirse, determinarse a hacer o decir algo´ que nos permita mantener viva la esperanza de dar respuesta a los problemas de la vida, a sus continuas preguntas, a las malas noticias. En definitiva, cuidar el alma para saber vencer el desánimo.

¿Quién anima al animador?

La persona que anima es una especie en extinción, porque los agoreros mayores de este reino humano están haciendo continuamente de las suyas. Animar es un verbo que admite hasta diez acepciones, según el Diccionario de la lengua española (RAE): infundir vigor a un ser vivo, infundir ánimo o energía moral a alguien, incitar a alguien a una acción, dar vida o animación a una obra de arte, comunicar a una cosa inanimada vigor, intensidad y movimiento, dar movimiento, calor y vida a un concurso de gente o a un paraje; dicho del alma, dar vida al cuerpo, vivir, habitar, cobrar ánimo y esfuerzo, decidirse, determinarse a hacer o decir algo. Son diez interpretaciones que equivalen a una sola, de las que destaco una sobre las demás: animar es dar vida al cuerpo, vivir en definitiva. Cambiar todo lo que haya que cambiar.

Todo está cambiando en nuestras vidas porque hay muy pocas zonas que nos animen a habitar seguros y de forma estable en el microcosmos que nos rodea. La cantora Mercedes Sosa (cantante es el que puede y cantor el que debe, según Facundo Cabral), cantó Todo cambia (con letra y música del músico chileno Julio Numhauser, fundador de mi querido grupo Quilapayún) para animarnos a continuar siempre hacia adelante mediante su compromiso activo a través de la música, por ejemplo, habiéndolo grabado personalmente en la razón y en el corazón a lo largo de mi vida, en etapas que han quedado registradas en mi memoria de secreto, situada como estructura muy valiosa en una región profunda del cerebro, el hipocampo. La recuerdo en ocasiones como ésta porque era una auténtica animadora, infundiéndonos siempre ánimo o energía moral a todos: Cambia lo superficial / Cambia también lo profundo / Cambia el modo de pensar / Cambia todo en este mundo. Es bueno que como animadores hablemos de esto, por higiene mental, en el Club de las Personas Dignas, al que pertenezco, para reforzar las actitudes cotidianas en lo que vivimos, hacemos y sentimos, aunque reconozcamos que la situación de inmovilismo reaccionario nos hace daño, sabiendo que debemos compartir la realidad cambiante, por dura que sea, hasta que al animarnos y respetar a los que animan a los animadores, integremos en nuestra inteligencia de todos y en la de secreto, el hecho de que cambiar no es extraño…, porque no cambiamos el amor a lo que queremos, por mucho que nos cueste, porque somos coherentes, porque los principios permanecen, aunque tomemos conciencia plena de que para los Tristes y los Tibios, cada uno en su Club, tanto cambio no lleva a nada bueno. Y en los momentos difíciles que estamos atravesando, quizás se frotarán las manos, en su presunto triunfo anímico, porque piensan que estábamos advertidos. Me alegra pensar que así no será…, porque el cambio no es ya algo extraño en nuestras vidas: Lo que cambió ayer / Tendrá que cambiar mañana / Así como cambio yo / En esta tierra lejana // Cambia el rumbo el caminante / Aunque esto le cause daño / Y así como todo cambia / Que yo cambie no es extraño.

He dicho anteriormente que hay que respetar a los animadores frente a los agoreros mayores del reino que, instalados en su mediocridad eterna, no hacen nada más que cantar las desgracias propias y ajenas sin mezcla de cambio o progreso personal y social alguno. Es una especie en extinción, aunque el gran espectáculo del mundo continúe. Lo decía recientemente con motivo de la entrega del Óscar 2022 al mejor corto “animado”, El limpiaparabrisas, español por cierto, dirigido por Alberto Mielgo, una metáfora “animada” sobre el amor en tiempos revueltos, como primer motor que anima la vida, intentando responder en pocos minutos a la gran pregunta de la vida: ¿qué es el amor?: “La verdad es que todo se nubla en la mente y en el corazón cuando llueve y se moja el alma, que también sucede, siempre no a gusto de todos, pero tomando conciencia de que ese todo se puede limpiar también con el amor líquido del limpiaparabrisas de la vida, porque al final todo depende del color del cristal con el que se mira cada aquí y ahora de esa turbulenta forma de ser y estar en el mundo que cada uno vive. Juan Ramón Jiménez me lo enseñó hace ya muchos años, cada vez que traspasaba la cancela de su casa en Moguer, en la calle Nueva: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […] Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Como me pasa a mí hoy al ver en repetidas ocasiones el corto de Mielgo, con el color de cada plano, que llevan el alma dentro”.

Los animadores del reino practicamos la defensa a ultranza del “principio esperanza”, que he mantenido en mi vida y que he ido alimentando hasta hoy de lecturas ideológicas no inocentes. El éxito filosófico de Ernst Bloch, por ejemplo, con su teoría de ese “principio esperanza”, fue demostrarnos que tenemos que llegar a ser “ateos” por la gracia de Dios, es decir, hay que creer en la trascendencia de la vida sin un Trascendente alienador. Por ello, hay que rechazar de base la superstición y la mitología de la religión. Sólo así, el ser humano adquirirá su desarrollo pleno. En definitiva, permitirá regar con rocío, todos los días, las esperanzas legítimas que cada uno tiene, animarnos, en una palabra, dando respuesta a la pregunta profunda de Neruda, ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío? (Libro de las preguntas, IV), aprendiendo a ser felices cada día, una experiencia de esperanza en el amor, entre otras, como hambre cósmica en tiempos revueltos, aprendiendo de una vez por todas que animar nuestra vida y la de los demás es cosa de cuidar el alma, dando vida al cuerpo, vivir y habitar la vida. En definitiva, cobrar ánimo y esfuerzo, decidirse, determinarse a hacer o decir algo que nos permita mantener viva la esperanza de dar respuesta a los problemas de la vida, a sus continuas preguntas. Siendo así, que yo cambie no será ya extraño y como animador…, la verdad es que, hoy por hoy, me siento animado.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

A la gente no le gusta que uno tenga su propia fe

Si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, se calla la vida y la palabra. 

Sevilla, 24/I/2024

Estamos viviendo tiempos modernos y difíciles, donde la coherencia es a veces flor de un día, precisamente cuando necesitamos más que nunca mantenerla viva, porque sé que el amor y el sufrimiento siempre auna voluntades, tal y como lo cantaba excelentemente Quilapayún en su Cantata de Santa María de Iquique. Ante las guerras en muchas coordenadas mundiales y las más cercanas en nuestro país, según se entienda la palabra ´guerra´, como buenos entendedores que somos, que de todo hay en la viña del señor, debemos blindar nuestras mentes y corazones para salvaguardar la coherencia ética de cada uno ante tanto desvarío.

En este contexto, Paco Ibáñez, de cuyo nombre quiero acordarme hoy, me enseñó hace ya muchos años que a la gente no le gusta que uno tenga su propia fe, yo diría desde una perspectiva más laica todavía, que cada uno, cada una, tenga su propia creencia y la mantenga hasta el final de sus días, por pura coherencia, obstinación según Hesse o porque los principios éticos se defienden siempre, con ardor guerrero, porque no se tiene otros (por coherencia mínima). Repaso de nuevo la letra de la canción, La mala reputación, creada y cantada por Georges Brassens, porque es un himno a los inconformistas de corazón y mente, a los que no nos da todo igual, porque todos no son ni somos iguales, por mucho que los de siempre pretendan agruparnos a todos en un único rebaño y con pensamiento único:

En mi pueblo sin pretensión
Tengo mala reputación,
Haga lo que haga es igual
Todo lo consideran mal,
Yo no pienso pues hacer ningún daño
Queriendo vivir fuera del rebaño;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe.
Todos, todos me miran mal
Salvo los ciegos, es natural.

Cuando la fiesta nacional
Yo me quedo en la cama igual,
Que la música militar
Nunca me supo levantar.
En el mundo pues no hay mayor pecado
Que el de no seguir al abanderado;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe.
Todos me muestran con el dedo
Salvo los mancos, quiero y no puedo.

Si en la calle corre un ladrón
Y a la zaga va un ricachón
Zancadilla pongo al señor
Y aplastado el perseguidor
Eso sí que sí que será una lata
Siempre tengo yo que meter la pata;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe.
Todos tras de mí a correr
Salvo los cojos, es de creer.

No hace falta saber latín
Yo ya se cual será mi fin
En el pueblo se empieza a oír
Muerte, muerte al villano vil
Yo no pienso pues armar ningún lío
Con que no va a Roma el camino mío

No a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe

Todos, todos me miran mal
Salvo los ciegos, es natural

Escuchada esta canción de nuevo y leída con atención la letra original, en este tiempo de  deserciones ideológicas continuas y abandonos de barcos de compromiso social activo, vuelvo a tener fe en las personas que comparten esta forma de cantar permanentemente a la vida, porque nos da mucho a cambio del deber de entenderla, sabiendo que de este mundo casi todos sabemos poco, aunque “estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo” (así lo cantaban los cantores de Aguaviva, con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, a los que no olvido). Cantar sentimientos envueltos en palabras y melodías, es una excelente misión para alegrar cada segundo de la vida de cada uno, cada una, dándole sentido. Basta ahora un ejemplo muy enriquecedor, junto a la canción de Brassens interpretada de forma especial por Paco Ibáñez, al recordar también la letra de “Si se calla el cantor”, de Horacio Guarany (1972) e inmortalizada por Mercedes Sosa en mi banda sonora personal, porque sigue más presente que nunca en mi vida cantora:

Si se calla el cantor calla la vida
Porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, muere de espanto
La esperanza, la luz y la alegría.

Si se calla el cantor se quedan solos
Los humildes gorriones de los diarios.
Los obreros del puerto se persignan
Quién habrá de luchar por su salario.

Que ha de ser de la vida si el que canta
No levanta su voz en las tribunas
Por el que sufre, por el que no hay
Ninguna razón que lo condene a andar sin manta.

Si se calla el cantor muere la rosa
De qué sirve la rosa sin el canto.
Debe el canto ser luz sobre los campos
Iluminando siempre a los de abajo.

Que no calle el cantor porque el silencio
Cobarde apaña la maldad que oprime.
No saben los cantores de agachadas
No callarán jamás de frente al crimen.

Que se levanten todas las banderas
Cuando el cantor se plante con su grito
Que mil guitarras desangren en la noche
Una inmortal canción al infinito.

Si se calla el cantor calla la vida.

Por estas razones y en el afán de hoy, me basta escuchar a los cantores Paco Ibáñez, Horacio Guarany y Mercedes Sosa (Facundo Cabral afirmaba que cantante es el que puede cantar, mientras que cantor es el que debe cantar). Personalmente, creo que ante tanto grito estéril mundial, debía decir algo más valioso que el silencio, aunque sé que a la gente no le gusta que uno tenga su propia fe y que muchos, no todos, creen firmemente que todos no somos iguales. También sé que nos miran mal a los que pensamos así y que ante tanto desatino el canto debe ser luz sobre los campos iluminando siempre a los de abajo y que no calle el cantor, porque el silencio cobarde apaña la maldad que oprime. Estoy convencido de que si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, en nuestro país, en nuestra Comunidad, en nuestros entornos familiares, laborales y sociales, se calla la vida y la palabra.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Aún aprendo (ancora imparo)

Yo no creo en la edad.

Todos los viejos / llevan / en los ojos / un niño, / y los niños / a veces / nos observan / como ancianos profundos.

Pablo Neruda, Oda a la edad

Sevilla, 23/I/2024

Un dibujo de Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos (Francia), 1828), Aun aprendo, catalogado como autorretrato del pintor, utilizando lápiz negro sobre papel verjurado, agrisado, que figura en los fondos del Museo Nacional del Prado, representa de forma excelente la mejor actitud que se puede adoptar cuando llegamos a una ´matusalénica edad´, como la calificaba Mario Benedetti en su precioso poema, Como siempre. Esta obra no está expuesta, tal y como se informa en la página oficial del Museo Nacional del Prado, aunque sí se describe con el detalle siguiente: “Quizá sea este dibujo del Cuaderno de Burdeos I o Cuaderno G, titulado Aun aprendo, el que mejor sintetiza el espíritu de Goya en esos postreros años de su vida, realizado hacia 1825-28. De hecho, se ha convertido en una referencia recurrente en la historiografía de Goya, que ha querido ver en él un autorretrato simbólico en el que se expresa la voluntad inquebrantable de desarrollo personal que le llevó a continuar materializando sus nuevas ocurrencias en variados soportes. Si en ocasiones anteriores los viejos que aparecían en sus obras mostraban una visión negativa del paso del tiempo, en este dibujo se puede apreciar un significativo cambio de perspectiva, subrayado por el elocuente título de raíz clásica, acorde con el optimismo recobrado en Burdeos por Goya”.

Lo que ocurre durante la estancia del pintor en Burdeos, que efectivamente fue para él un rejuvenecimiento pleno en su vida personal y profesional, lo conocemos a través de Laurent Matheron, en la biografía publicada en 1858, en la que “recoge una anécdota que induce a considerar este dibujo, como ocurre con el resto de su producción, desde una óptica más melancólica. Narraba Matheron que, a poco de llegar el pintor a Burdeosle fue ya imposible salir sin la ayuda de su joven compatriota Brugada. Apoyándose en su brazo y por los sitios menos frecuentados probaba a marchar solo, pero eran inútiles sus esfuerzos; las piernas no le sostenían. Entonces exclamaba montando en cólera: -¡Qué humillación! ¡A los ochenta años me pasean como a un niño; es necesario que aprenda a andar!-. Buena parte de las interpretaciones del dibujo que aquí comentamos vienen condicionadas por los referentes visuales que Goya pudo haber conocido y utilizado. Según estos planteamientos, Goya habría sido un artista de extraordinaria cultura visual y literaria, conocedor de los clásicos latinos a través de las traducciones y de las fuentes emblemáticas del Renacimiento presentes en numerosos libros y estampas, que le habrían servido de punto de partida para elaborar este dibujo”.

Lo que más me interesa resaltar es el título de esta obra, Aun aprendo, que “tiene su origen en la sentencia utilizada por Platón y Plutarco: anchora imparo, mientras que la imagen de un viejo apoyado en dos bastones se ha relacionado con la estampa también llamada Anchora imparo grabada en 1536 por Girolamo Fagiuoli, en la que se representa a un anciano en el andador de un niño. En la primera mitad del siglo XVI era un lugar común representar a Cronos como a un anciano barbado, provisto de una túnica y apoyado en dos bastones con los que camina trabajosamente, tal y como aparece en una estampa de Marcantonio Raimondi (h. 1470/82-1527/34). Más cercana en el tiempo está la estampa de William Blake (1757-1827) que ilustraba el libro de Henry Fuseli Lectures on Painting, que Goya pudo conocer, y con la que Aun aprendo presenta ciertas similitudes formales. En ella se muestra a M. Angelo Bonarotti apoyado en un bastón, mirando penetrantemente al espectador, ante un fondo oscuro en el que se vislumbra el Coliseo de Roma. El lema de esta estampa es asimismo Ancora imparo, también aplicado al polifacético artista del Renacimiento en su biografía. En el dibujo Goya nos expresa en primer lugar la soledad del hombre en el tránsito de la vida, pero también el camino de la oscuridad hacia la luz, soberbiamente representada la primera con intensos trazos de lápiz litográfico sutilmente matizados con unas leves líneas oblicuas del rascador, apenas perceptibles, mientras que la luz se muestra con la propia blancura del papel. El inestable paso adelante, solo posibilitado por el sustento que le aportan los dos bastones que sujeta con unas manos, cuya cuidadosa representación permite apreciar la inflamación de las articulaciones producida por la artrosis, ayuda a expresar la fragilidad del anciano que necesita aprender de nuevo a caminar pese a la edad, del mismo modo que el niño ha de hacerlo en su infancia. El venerable rostro, circunscrito en una cabellera y una barba encrespadas y abundantes, muestra una mirada que, como en tantas obras de Goya, alberga el sentido final del dibujo. Los ojos cansados dejan entrever unas pupilas que, lejos de mirar al frente, lo hacen hacia un lado de modo melancólico. Se produce así una tensión entre el rumbo de sus pasos y su mirada lateral que, si queremos comprender el dibujo en clave de autorrepresentación, expresaría esa tensión entre las carencias de la vejez y la voluntad de continuar avanzando (Texto extractado de Matilla, J. M.: «Aun aprendo», en Matilla, J. M., Mena Marqués, M.: Goya: Luces y Sombras, 2012, pp. 314-317, n. 95)”.

¡Qué importante reflexión de Goya! Cuenta Irene Vallejo en una columna periodística, Aún aprendo, recogida en su obra El futuro recordado (1), que “Somos seres hambrientos. Hambrientos de justicia, de amor, de conocimiento. Ninguna de estas ansias tiene edad. Desde muy pequeños, los niños quieren averiguar las causas y los motivos de las cosas”, sus famosos y continuos “por qué?  “[…] La educación nace de un anhelo más profundo que el mero entrenamiento para trabajar… […] aprender es un placer inagotable y un vivero de salud. El griego Solón, uno de los Siete Sabios, fue tal vez el único poeta antiguo que se reveló contra la erosión de los años. Poseía el don del asombro y la curiosidad. Escribió: “Envejezco aprendiendo”. Siglos después, otro gran maestro lanzó el mismo mensaje. En uno de sus últimos dibujos, Goya retrató a un anciano encorvado -quizá el mismo- con barba blanca y dos bastones; sobre la imagen se lee: “Aun aprendo”. Solón y Goya sabían que la búsqueda jamás termina, ni aunque seas un genio en el umbral de la muerte”.

En roman paladino (Quiero fer una prosa en román paladino en el qual suele el pueblo fablar a su veçino…, Gonzalo de Berceo), lo he manifestado en alguna ocasión en este cuaderno digital: aún aprendo porque sólo sé que no sé nada. Sé, además, que el saber no ocupa lugar, pero tengo que reconocer que cada vez queda menos sitio en mi cerebro, aunque la ciencia, en la que creo firmemente, me dice que no es verdad, porque cien mil millones de neuronas están viajando constantemente en nuestra corteza cerebral para responder a un programa de vida genético que luego tiene que modularse con el medio en el que cada ser humano nace, crece, se multiplica y muere. La estructura del cerebro al nacer “ya está instalada” que diría Gary Marcus. Antes, incluso, de la mejor mudanza existencial que existe: nacer a la vida, en el esquema de frase del cómico americano Steven Wright, al afirmar que escribía un diario desde su nacimiento y como prueba de ello nos recordaba sus dos primeros días de vida: “Día uno: todavía cansado por la mudanza. Día dos: todo el mundo me habla como si fuera idiota”. Pero estamos obligatoriamente obligados a viajar constantemente hacia alguna parte, a seguir aprendiendo cada día, cada segundo de hálito vital. Hacia dónde, solo merece la pena (yo diría la alegría…) cuando es hacia adelante. Lo manifiesto así por coherencia con lo que yo vivo diariamente en una mudanza cerebral, personal e intransferible, como determinadas nieves: perpetua. Porque no lo sé todo, porque no tengo garantizado casi nada, porque cada vez voy más ligero de equipaje, porque no me gusta mirar atrás y menos con ira, porque este siglo tiene horizontes de grandeza que no coinciden con mis patrones de educación para ser un buen ciudadano, porque el trabajo público está cada vez más “tocado” respecto del bien común, porque se confunde habitualmente valor y precio, porque la ética está en horas bajas, porque el sufrimiento de las personas que quiero sigue haciéndome preguntas que no sé contestar, y porque constantemente me adelantan las personas maleducadas por la izquierda y por la derecha, en el pleno sentido de las palabras. A pesar de todo, les aseguro que aún aprendo.

(1) Vallejo, Irene, El futuro recordado, Zaragoza: Contraseña, 2020.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Una buena noticia: los super ricos quieren pagar más impuestos

Sevilla, 18/I/2024

Mi capacidad de sorpresa ante nuestro loco mundo al revés no tiene límites y en mis singladuras habituales para buscar islas desconocidas he localizado una organización sorprendente, Orgullosos de pagar más (Proud top ay more),  en la que en su página oficial dicen algo bien claro: ORGULLOSOS DE PAGAR MÁS. Nuestro mensaje en Davos es simple: Los líderes electos deben cobrarnos impuestos a nosotros, los super ricos. Estaríamos orgullosos de pagar más. A esta declaración de intenciones se une una carta abierta que reproduzco íntegramente por su contenido, digno de estudio y análisis pormenorizado ante su demanda mundial:

A los líderes mundiales reunidos en Davos:

Nos sorprende que no hayan respondido a una simple pregunta que venimos haciendo desde hace tres años: ¿cuándo gravarán la riqueza extrema? Si los representantes que lideran las principales economías del mundo no toman medidas para abordar el dramático aumento de la desigualdad económica, las consecuencias seguirán siendo catastróficas para la sociedad.

Nuestro impulso por impuestos más justos no es radical. Más bien, se trata de una demanda de retorno a la normalidad basada en una evaluación sobria de las condiciones económicas actuales. Somos las personas que invierten en startups, dan forma a los mercados bursátiles, hacen crecer negocios y fomentan el crecimiento económico sostenible. También somos las personas que más se benefician del statu quo. Pero la desigualdad ha llegado a un punto de inflexión, y su costo para nuestra estabilidad económica, social y ecológica es grave, y crece cada día. En resumen, necesitamos actuar ahora.

Nuestra petición es simple: les pedimos que nos cobren impuestos a nosotros, los más ricos de la sociedad. Esto no alterará fundamentalmente nuestro nivel de vida, ni privará a nuestros hijos, ni dañará el crecimiento económico de nuestras naciones. Pero convertirá la riqueza privada extrema e improductiva en una inversión para nuestro futuro democrático común.

La solución a esto no se puede encontrar en donaciones puntuales o en la filantropía; La acción individual no puede corregir el colosal desequilibrio actual. Necesitamos que nuestros gobiernos y nuestros líderes lideren. Por lo tanto, acudimos a ustedes de nuevo con la petición urgente de que actúen, unilateralmente a nivel nacional y juntos en el escenario internacional.

Cada momento de retraso afianza el peligroso statu quo económico, amenaza nuestras normas democráticas y pasa la pelota a nuestros hijos y nietos. No solo queremos que se nos cobren más impuestos, sino que creemos que se nos debe gravar más. Estaríamos orgullosos de vivir en países donde se espera esto, y orgullosos de los líderes electos que construyen un futuro mejor. Como los miembros más ricos de la sociedad, seríamos:

  • Orgullosos de pagar más para hacer frente a la desigualdad extrema.
  • Orgullosos de pagar más para ayudar a reducir el costo de vida de los trabajadores.
  • Orgullosos de pagar más para educar mejor a la próxima generación.
  • Orgullosos de pagar más por sistemas de salud resilientes.
  • Orgullosos de pagar más por una mejor infraestructura.
  • Orgullosos de pagar más por una transición ecológica.
  • Orgullosos de pagar más impuestos sobre nuestra riqueza extrema.

El valor de unos sistemas tributarios más justos debería ser evidente. Todos sabemos que la «economía del goteo» no se ha traducido en realidad. En cambio, nos ha dado salarios estancados, infraestructura en ruinas, servicios públicos deficientes y ha desestabilizado la institución misma de la democracia. Ha creado un sistema económico vergonzoso incapaz de proporcionar un futuro más brillante y sostenible. Estos desafíos solo empeorarán si no se aborda la desigualdad extrema de la riqueza.

La verdadera medida de una sociedad se puede encontrar, no solo en la forma en que trata a sus miembros más vulnerables, sino en lo que pide a sus miembros más ricos. Nuestro futuro es el orgullo fiscal o la vergüenza económica. Esa es la elección.

Les pedimos que den este paso necesario e inevitable antes de que sea demasiado tarde. Enorgulleced a vuestros países. Gravar la riqueza extrema.

Sinceramente,

El abajo firmante

En el kit de herramientas digitales para la campaña, con textos e imágenes para su divulgación, fundamentalmente en las redes sociales X, Facebook e Instagram, figura un texto e imagen de Brian Cox, actor ganador de un Emmy y un Globo de Oro, que he escogido para la imagen de cabecera de este artículo, con una declaración suya muy importante en este proyecto: “Estamos viviendo una segunda ‘Edad Dorada’. Los multimillonarios utilizan su extrema riqueza para acumular poder político e influencia, socavando al mismo tiempo la democracia y la economía mundial. Ya es hora de actuar. Si nuestros líderes se niegan a abordar esta concentración de dinero y poder, las consecuencias serán nefastas”.

Las personas interesadas en este movimiento pueden leer el informe oficial que en tal sentido han elaborado para esta ocasión especial, del que destaco sus aportaciones finales bajo el epígrafe ¿Esperanza – y Promesa?: “A pesar de las numerosas crisis que afligen a nuestro mundo, vivimos en una época de oportunidades. Y la esperanza. Como figura en este informe a través de la nueva encuesta a personas que tienen 1 millón de dólares y más, algunos de las personas más ricas del mundo comparten el deseo de millones de trabajadores comunes y corrientes de abordar la riqueza extrema. Hay un número creciente de actores públicos, influyentes, económicos y de la sociedad civil. actores que piden lo mismo y un reconocimiento de que el próximo gran desafío de nuestro tiempo puede estar pidiendo cuentas a las personas más ricas. 2024 es un año que podría pasar página para nuestra economía global y es un año que podría lograr un cambio político real en países de todo el mundo. Nuestras instituciones internacionales, grupos regionales y nuestros representantes electos a nivel nacional deben aprovechar esta oportunidad para conseguir que nuestras economías vuelvan a encarrilarse. A partir de una notoria falta de propuestas hace apenas cinco años, una nueva generación de economistas y profesores académicos han dado un paso al frente para revocar décadas de dogmas de goteo y han ofrecido una gran cantidad de mecanismos y propuestas para gravar a los más ricos. En octubre de 2023, en la inauguración de Informe Global sobre evasión fiscal, la principal recomendación del Observatorio Fiscal Europeo fue la introducción de un impuesto del 2 por ciento a los multimillonarios del mundo. Propuestas similares se han reflejado por otros en países y regiones de todo el mundo, ya sea el caso de Elizabeth Warren, sobre el Impuesto a los multimillonarios, la Ley OLIGARCA de los Millonarios Patrióticos o la Ley de la Comisión Europea, Iniciativa Ciudadana, que se centró en “gravar las grandes riquezas para financiar la transición ecológica y social”, demuestran que el cambio está en marcha. Estas propuestas están creando el espacio político para que esta cuestión crítica sea asumida por los líderes electos.

Este informe se centra finalmente en dos vías abiertas para abordar esta realidad de pago de impuestos por los más ricos, la acción que pueda llevar a cabo la ONU, a través de una resolución histórica que se aprobó el año pasado, que permita “comenzar a trabajar en una convención tributaria, “un organismo democrático globalmente inclusivo que ayudaría a establecer reglas y estándares tributarios. Este es el comienzo de un nuevo proceso que, en el largo plazo, ayudará a que los países rindan cuentas sobre lo que debería ser una práctica fiscal justa”. Siendo esto así, se indica que “La ruta más importante e inmediata para el cambio en 2024 es el G20. En diciembre de 2023 Brasil asumió la presidencia del G20 y confirmó su compromiso de abordar esta desigualdad. A través de la Vía de Finanzas y el grupo que trabaja en Tributación Internacional, existe una oportunidad real para poner los impuestos a los más ricos en el centro de las soluciones que pueden reducir la desigualdad. La presidencia brasileña del G20 debe garantizar que la Cumbre otorgue mandatos internacionales organizaciones para

– lanzar una nueva agenda para gravar a los más ricos, que garantice que se establezca una tributación mínima, introduciendo a nivel mundial una norma sobre riqueza y capital.

– abordar la competencia fiscal y detener la interminable carrera hacia el abismo.

– trabajar para poner fin a la evasión fiscal sobre la riqueza extraterritorial.

No faltan ideas, no faltan apoyos, no faltan expectativas o esperanzas. Nosotros esperamos que nuestros representantes electos conviertan esto en ambición política y luego en realidad. 250 millonarios declararon en Orgullosos de pagar más: “La verdadera medida de una sociedad se puede encontrar, no sólo en cómo trata a sus miembros más vulnerables, sino en lo que les pide a sus miembros más ricos. Nuestro futuro es de orgullo fiscal o de vergüenza económica. Esa es la elección”. Pedimos a nuestros líderes electos convertir esta elección en un sistema económico nuevo y más justo en 2024”.

Ayer pudimos comprobar de forma clara y rotunda dos posiciones contrarias, antagónicas, sobre la forma de analizar la situación económica mundial, la del presidente Milei, del que destaco una perla: “Lamentablemente, en las últimas décadas, motivado por algunos deseos biempensantes de querer ayudar al prójimo y por el deseo de pertenecer a una casta privilegiada, los principales líderes del mundo occidental han abandonado el modelo de la libertad por distintas versiones de lo que llamamos colectivismo”, justicia social en definitiva que no aporta nada al bienestar general y es “injusta porque el Estado se financia a través de impuestos y los impuestos se cobran de manera coactiva”, así como la de nuestro presidente Pedro Sánchez, cuando afirmó de forma rotunda que “Los españoles sabemos que las políticas neoliberales no funcionan, […] No compren los únicos postulados liberales que retratan al Estado como una entidad poco extractiva», defendiendo los pilares de la democracia, el orden internacional y el Estado de bienestar, porque sin ellos “los modelos de negocio colapsarían como un castillo de naipes”, en los que la colaboración público-privada es esencial, con un aviso importante: “Para aquellas empresas que quieren enriquecerse generando valor real y pagando su parte justa de impuestos, les damos la bienvenida con los brazos abiertos”.

Lo expuesto anteriormente refuerza de forma clara y rotunda lo manifestado en la carta abierta citada anteriormente, lanzada al mundo por los super ricos del globo terráqueo, unos 260 millonarios y multimillonarios de 17 países que tienen un mensaje simple para los líderes mundiales en Davos, antes de que sea demasiado tarde: estaríamos dispuestos a pagar más impuestos para «convertir la riqueza privada extrema e improductiva en una inversión para nuestro futuro democrático común», porque «La verdadera medida de una sociedad se puede encontrar, no solo en la forma en que trata a sus miembros más vulnerables, sino en lo que pide a sus miembros más ricos».

Para finalizar, no hay que olvidar que en el informe citado se expresa de forma rotunda que la riqueza extrema es un peligro real para la democracia: “Este se reflejó aún más en que el 72 por ciento de los encuestados [el trabajo de campo sobre el que se ha realizado el informe] creía que aquellos que poseen una extrema riqueza compran la influencia política, lo que demuestra el vínculo percibido entre la integridad de nuestros sistemas políticos y la desigualdad económica”. Un preocupante aviso para navegantes, sobre todo para los que buscamos islas desconocidas en este mundo al revés, habitadas por personas dignas que trabajan día a día en la construcción de un mundo mejor para todos, con una distribución justa, equitativa y saludable de la riqueza, protegida en democracia por el Estado de Bienestar.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

El amor mutuo puede ser infinito

Fotograma de La memoria infinita – En la imagen, Gustavo Góngora y Paulina Urrutia

Sevilla, 17/I/2024

Ayer vi en una sala comercial el documental La memoria infinita, unas horas después de haber publicado un artículo sobre ella, “La memoria infinita” permite olvidar el olvido, en el que a modo de premonición advertía que no era una película sólo para contarla y ya está, sino, sobre todo, para verla y sentirla. Así fue y por esta razón he elegido la mejor interpretación de este sentimiento que he encontrado hasta hoy, envolviendo emociones y a través de su directora Maite Alberdi, en un diario digital chileno, La Tercera, en una columna suya publicada el 8 de septiembre de 2023, El legado infinito, que reproduzco íntegro por el valor intrínseco de su contenido:

*No es sencillo aventurarse en la respuesta de por qué ´La memoria infinita´ ha batido récords históricos. Por qué llena salas y por qué se habla tanto de ella. Me encantaría decir que fue porque trabajamos años o podría hablar del camino que construí con las películas anteriores, o de su campaña, pero nada de eso justifica del todo el alcance que ha tenido. Pienso que la respuesta se acerca a algo mucho más simple.

El éxito de audiencias tiene que ver con la emoción, con lo que permanece en Augusto y en el espectador. Lo que queda es el amor, en un momento en el que ya no se habla de eso. Agradecemos ser testigos de un buen amor, de uno real, el de la Pauli y el Augusto, con todas sus dimensiones, no uno construido en Hollywood.

Augusto sabía lo que le pasaría y no tuvo miedo de que lo filmara. Nadie entendía por qué alguien que se preocupó de preservar la memoria, estaba dispuesto a registrar la forma en que la perdería. Tal vez para algunos, perder la memoria es perderlo todo. Pero muy por el contrario, Augusto se quedó con lo más importante. Sus memorias emotivas y sus emociones más profundas. Los datos se desdibujaron. Me he preguntado con esta película, de qué sirve tanta información. Augusto, un periodista que trabajaba con ella, que no olvidaría un hecho, los pierde. Pero jamás pierde su identidad, la encuentra en los libros, en sus amigos, en su casa, en sus emociones. El regalo de su testimonio habla de eso.

Él se encargó de dejarnos una lección aún más grande: lo único que queda marcado en el cuerpo a todo evento, son los dolores profundos, pero ante todo los amores más grandes. Esta es una película sobre la permanencia de lo que el cuerpo recuerda, no sobre el olvido. Vemos en Augusto una ternura a la que nos estábamos desacostumbrando. Nos enseñó las infinitas formas de preservar la memoria en todas las etapas de su vida, incluso cuando parecía perdida.

Finalmente, la película sienta un camino de cómo encontrar de nuevo la ternura que nos hacía tanta falta. De cómo abrazarnos. Y llega con una emoción que no sabemos dónde poner. Muchos me decían “no quiero verla, porque me da miedo ir a llorar”. Saliendo de una función, un supervisor que trabaja en el cine nos contaba entre risas que, en las salas, el equipo retira más pañuelitos de gente que ha llorado que pop corn [palomitas].

Lo que parece una anécdota divertida, tiene una pequeña pero importante verdad. Nos contaba que la gente llora -pero no de tristeza- y que se quedan quietos hasta al final de los créditos. Nos volvemos a conectar con nuestra memoria emocional. Y ese es el legado infinito de la historia de Augusto Góngora.

Vayan a verla. Es una lección maravillosa de amor mutuo y un homenaje implícito a las ideologías no inocentes, las que hacen que un mundo mejor sea posible, con una condición: olvidar el olvido, preservando siempre la memoria democrática de cada uno, cada una, de todos. Para comprender bien este mensaje, escucho de nuevo una canción inolvidable, ¿A dónde van?, que figura también en la banda sonora de la película. Me ayudan en esta ocasión sus primeras preguntas: ¿A dónde van las palabras que no se quedaron? / ¿A dónde van las miradas que un día partieron? / Acaso flotan eternas / Como prisioneras de un ventarrón / O se acurrucan entre las rendijas / Buscando calor // Acaso se van / ¿Y a dónde van? / ¿A dónde van?

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Los más capacitados

Sevilla, 16/I/2024

El Pleno del Congreso de los Diputados, en sesión extraordinaria que se celebra hoy en el Senado, acaba de debatir y aprobar por mayoría, excepto con la abstención de VOX, la tramitación directa y en lectura única de la Proposición de Reforma del artículo 49 de la Constitución, promovida por los grupos parlamentarios Popular y Socialista, y que tiene por objeto la «actualización en lenguaje y contenido», del artículo dedicado a los derechos y a la protección de las personas con discapacidad, tal y como se explica en la exposición de motivos. Con esta reforma se eliminarán de la Constitución los conceptos de «disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos», según la comunicación oficial del Congreso. De esta forma, “el jueves próximo debatirá el Pleno, en una única sesión, el texto y las enmiendas presentadas en su caso. Para su aprobación, y de acuerdo con el artículo 167 de la Constitución, deberá ser aprobado por una mayoría de tres quintos de los diputados. Alcanzada dicha mayoría, la iniciativa se remite al Senado para continuar su tramitación parlamentaria y donde también se exige la misma mayoría”.

La nueva redacción propuesta establece en su punto primero que «las personas con discapacidad ejercen los derechos previstos» en el Título I «en condiciones de libertad e igualdad reales y efectivas». También fija que «se regulará por ley la protección especial que sea necesaria para dicho ejercicio». Asimismo, el punto segundo define que «los poderes públicos impulsarán las políticas que garanticen la plena autonomía personal y la inclusión social de las personas con discapacidad, en entornos universalmente accesibles. Igualmente, fomentarán la participación de sus organizaciones, en los términos que la ley establezca. Se atenderán particularmente las necesidades específicas de las mujeres y los menores con discapacidad».

De acuerdo con la nota de prensa oficial, “La reforma planteada dice en su exposición de motivos que la Constitución «consagra la dignidad de la persona y el libre desarrollo de la personalidad como claves de bóveda de nuestro Estado social y democrático de Derecho» y que «una de las plasmaciones concretas de esta configuración es su artículo 49, dedicado específicamente a la protección de las personas con discapacidad», un precepto que «situó en su día a España en la vanguardia de la protección de este colectivo». Además, en la iniciativa se explica que en los últimos años, «la protección de las personas con discapacidad se ha visto impulsada por el Derecho Internacional», cuyo eje es la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad; que tanto la legislación estatal como autonómica se ha adaptado a dicha normativa internacional y que, paralelamente, «la sociedad civil articulada en torno a las personas con discapacidad ha venido planteando a los poderes públicos la necesidad de acomodar¿ el artículo ¿a la realidad social y a la normativa internacional». Por todo ello, concluye la exposición de motivos, «resulta necesario proceder a la reforma del artículo 49 de la Constitución, de manera que este precepto vuelva a ser referencia para la protección y promoción de los derechos de las personas con discapacidad en España».

En este contexto, publico de nuevo un artículo mío de opinión que apareció el 20 de agosto de 1977, Los más válidos, en la página de opinión en El Correo de Andalucía, un periódico muy valorado durante la Transición por su compromiso social activo en favor de la democracia naciente, porque cuarenta y seis años después creo que mantiene su fondo y forma en relación con el cambio propuesto respecto de las personas discapacitadas, donde sólo he cambiado la referencia a “hombres” que aparecía en el original, por “personas”, dado que aquella denominación genérica del ser humano era propia de la época.

Los más válidos

No es sólo problema de palabras … Fondo y forma se unen para cantar la validez de la vida, del mundo, de las personas. ¿Qué personas? Hoy hacemos presente a personas nuevas, más-válidas, sin problemas de rampas y ascensores, tómbolas y cupones, beneficencias y privilegios. ¿Por qué? Sencillamente porque queremos romper barreras múltiples y ofrecer un mundo nuevo, rico en humanidad, a todos aquéllos que hemos llamado siempre «disminuídos».

Pensemos, por ejemplo, en una mente que desde fuera es juzgada con términos críticos, pero que interiormente brinda un mundo feliz, desconocido, digno de respeto, más capacitada que muchas mentes «lúcidas» que elucubran a diario sobre el sentido de la vida. Quizá sean unos brazos inmóviles, pero en actitud permanente de abrazar con alegría cualquier iniciativa para vivir. Quizá sean unas piernas quietas, firmes, pero listas para abrirse camino en su realización personal. Mente, brazos y piernas, gritan justicia y no privilegios, igualdad de oportunidades y no favoritismos humillantes. En el fondo es porque hay un cerebro y un corazón que manifiestan tener conciencia de ser «más capaces» que muchos de los que de una forma u otra nacemos diariamente a la existencia consciente con todo nuestro ser «a punto».

La validez de un acto o de una persona no se puede medir por un patrón oficial. La axiología brinda un campo amplísimo de investigación y reflexión sobre los valores del hombre, mundo y trascendencia, pero la persona no puede ser reducida a un robot de actitudes conforme a los moldes que pide una determinada sociedad. Desde la más recalcitrante teoría geneticista, hasta la ambientalista más audaz, se nos ofrecen un sinfín de posibilidades para establecer causas y nomenclaturas sobre comportamientos humanos, sufriendo la tipología armónica de los seres vivos, las consecuencias de lo humanamente incomprensible a nivel bio-psico-sociológico. Surge así, entre otras, la imagen del “disminuido” clásico. Esta expresión define a una persona por determinados problemas físico-psíquicos que aparecen en su vida, pero no suele descifrar su mundo interior. Entre otras cosas, porque ese mundo, afortunadamente, sigue siendo patrimonio personal e intransferible. Este mundo «debajo de la piel», muestra paradójicamente la validez de un ser humano como los demás, de su mundo interior, de su persona de secreto, que ante las cortapisas y dificultades del mundo, crece, corre, piensa y abraza…, porque en lo más profundo de su ser piensa que es más capaz que los demás, al menos, igual que el otro. Quizá sea esta conciencia de igualdad la que un día venza la guerra de los términos y de las apreciaciones subjetivas. En el fondo, habrá sido un triunfo sobre el orgullo de la persona “sana y completa”.

El Correo de Andalucía, 20/VIII/1977

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/06/140602_opinion_discapacitados_felices_men

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“La memoria infinita” permite olvidar el olvido

Sevilla, 16/I/2024

Chile tiene en su memoria democrática cincuenta años de dolor dentro, desde que en 1973 sufriera un golpe de Estado cruento y desolador, con daños colaterales de todo tipo que hacen imposible su olvido. Precisamente, ahora, vuelve a nuestras pantallas de cine este recuerdo, en una película documental que refuerza la importancia de respetar siempre la memoria democrática de un país, de la que nosotros, en España, tampoco deberíamos estar tan lejos en determinadas ocasiones. Aprendí en su día de Eduardo Galeano que «no hay nada mejor que olvidar el olvido», recuperar de la mejor forma posible la memoria de un país, de su pasado: “Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión.

En este contexto, leo hoy la sinopsis de la película chilena ‘La memoria infinita’, estrenada la semana pasada en los cines comerciales de este país, multipremiada en encuentros internacionales de cinematografía en diferentes versiones, que describe a la perfección una obra suprema del cine documental de ese país, marcada por un compromiso social activo, no inocente: “La memoria infinita cuenta la conmovedora historia de amor de Augusto y Paulina, que han estado juntos y enamorados hace más de 25 años. Hace 8 años sus vidas cambiaron para siempre con el diagnóstico de Alzheimer de Augusto. En un relato sobre el recuerdo individual y colectivo, Augusto, quien fuera un destacado periodista cultural de la televisión chilena, y Paulina, reconocida actriz y ex ministra de cultura, dialogan entre la reconstrucción de la memoria e identidad, y a la vez mantienen vivo ese amor cómplice inquebrantable”.

No es una película para contarla y ya está, sino para verla y sentirla en su justo desarrollo argumental, llevándonos de la mano para comprender el ejemplar compromiso personal y profesional de sus protagonistas para cuidar la memoria histórica de su país, arrasada durante la dictadura de Pinochet y para que se olvide el olvido mediante la atención diaria a la memoria democrática infinita, que ahora puede salvar al pueblo chileno en términos de consolidación de la dignidad humana. Se está escribiendo mucho sobre la intrahistoria de esta película, pero quiero resaltar unas palabras del artículo publicado en el diario.es, Amor, enfermedad y memoria histórica en el conmovedor documental chileno que aspira al Oscar, por su contenido especial en relación con su producción y recorrido humano y político: “El inicio fue “la historia de amor”, pero los recuerdos de él [Augusto Góngora], su trabajo y “todo el material de su programa Teleanálisis” empezaron a salir en las grabaciones, y el tema de la memoria empezó a cobrar fuerza. Un trabajo que llega cuando se cumplen 50 años de aquel golpe de Estado. Paulina Urrutia y Maite Alberdi creen que en Chile se vivió un proceso de cambio justo cuando Augusto comenzó a contar de forma clandestina lo que ocurría: “Lo que pasaba no era un discurso oficial que todos viéramos. Era clandestino, se pasaban las cintas en mano. Tomó muchos años poder hablar sin miedo de ciertos temas en los canales oficiales, pero creo que el país se sintió con la libertad de comunicar abiertamente esa historia. La película habla también de este momento. Podemos hacer actos conmemorativos, pero si no recordamos el dolor de lo que nos pasó en el cuerpo con esas situaciones, nunca vamos a vivir realmente el duelo histórico y, por supuesto, se van a volver a repetir los hechos”. Paulina Urrutia recuerda una cita de Augusto para reforzar esta teoría, “la única manera de hacer memoria es con vocación de futuro” y añade que es una labor de todos que esa memoria no se pierda: “El ejercicio de la memoria, el recuperar nuestra historia, es un ejercicio permanente y es maravilloso cuando el arte toma parte de esa tarea que es una tarea ciudadana y una tarea de Estado”.

Con estas palabras reivindico en su fondo la persona y la obra política de Salvador Allende, porque quiero mantener viva su memoria en mi persona de secreto, que diría Ortega y Gasset, junto a la de todos, cuando seguimos defendiendo su presencia en nuestras vidas, como presidente, siempre presente en democracia, siempre. Me retiro a mi rincón de pensar y escucho la banda sonora de la película, grabando en mi memoria de hipocampo la letra de su melodía final, La danza de las libélulas, obra revisada especialmente por su compositor para esta delicada ocasión, Manuel García, chileno por más señas, con un mensaje implícito: Ahora parece que yo / debo mirar hacia el mar / descubrir la noche y su reflejo entre los botes / Mañana vas a encontrar una flor que te dejé / contra el pecho abrazarás su suave fuego / y en una danza sutil, libélulas del jardín / cruzarán el cielo de tus sentimientos. También, ¿A dónde van?, de Silvio Rodríguez. Es la oportunidad para no olvidar el olvido, para comprender junto a Galeano que «la memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

“Coherencia”, debería ser elegida palabra del año

Hermann Hesse (1877-1962)

Sevilla, 15/I/2024

Es curioso, pero en España la palabra “obstinación” (del latín, obstinatio, -onis) tiene mala prensa, como lo demuestra el recorrido histórico como lema de la lengua española, porque no ha tenido un significado amable a lo largo de los siglos, al ser aceptada de forma reiterada como pertinacia, porfía, así como terquedad en el ánimo y perseverancia en el error, con una deriva muy curiosa en referencia a su aplicación como forma de comportarse una persona, obstinarse, donde aflora un sesgo desde la creencia religiosa: “mantenerse en su resolución y tema, porfiar con necedad y pertinacia, sin vencerse a los ruegos y amonestaciones razonables. Y más propiamente se dice de los pecadores que se niegan a las persuasiones cristianas”, incluso “no escuchando la voz de la razón o de la virtud”, al menos desde que tenemos registros en los diccionarios de la lengua española, desde el siglo XVII y hasta nuestros días, relacionándola en una ocasión con la mitología, en la representación de esta palabra, tal y como lo describe el diccionario de Gaspar y Roig, en 1855, como “la hija de la Noche, una mujer con un clavo remachado en la nuca, una mano en un brasero ardiendo y que se apoya en la cabeza de un asno”. Quizás sea el diccionario de Zerolo, publicado en París en 1895, el que carga más las tintas sobre esta palabra en sus acepciones más negativas y radicales, en relación con la terquedad, sobre todo. No digamos con los sinónimos que ha incorporado a esta palabra, la versión reciente del diccionario (RAE, 2023), en la que aparecen también los siguientes para reforzar todavía más el mal cartel que arrastra a lo largo de la historia: pertinacia, tenacidad, porfía, firmeza, terquedad, tozudez, testarudez, empecinamiento, empeño, emberretinamiento y cabezonería.

A pesar de este sesgo histórico no inocente, he vuelto a entrar en mi clínica del alma, mi biblioteca, buscando un libro que me acompaña desde hace muchos años, Obstinación (1), de Hermann Hesse (1877-1962), Premio Nobel de Literatura en 1946, porque su prólogo y luego un capítulo homónimo dedicado a esa palabra, obstinación, traducida pobremente del alemán Eigensinn, me ha ayudado siempre a comprender qué significa defender mi sentido de la vida, mis valores, mis principios, la coherencia como virtud transcendental en la vida, en una época, como bien recordaba Groucho Marx, en la que lo que prima es una afamada sentencia que se le atribuye a él aunque de dudosa autoría a lo largo de su vida: Estos son mis principios. Si no gustan, tengo otros: “Una virtud hay que quiero mucho, una sola. Se llama obstinación [eigensinn]. Todas las demás, sobre las que leeremos en los libros y oímos hablar a los maestros, no me interesan. En el fondo se podría englobar todo ese sinfín de virtudes que ha inventado el hombre en un solo nombre. Virtud es: obediencia. La cuestión es a quién se obedece. La obstinación también es obediencia. Todas las demás virtudes, tan apreciadas y ensalzadas, son obediencia a las leyes dictadas por lo hombres. Tan sólo la obstinación no pregunta por esas leyes. El que es obstinado obedece a otra ley, a una sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al propio sentido”.

Estamos viviendo tiempos modernos en los que el valor de la palabra dada está en solfa, no digamos los principios y valores. Esa es la razón de por qué cobran más fuerza que nunca las reflexiones de Hesse sobre la obstinación, como virtud principal sobre todas las demás, porque nuestra vida sólo se debe regir por la obediencia a nuestro propio sentido. Esta virtud, junto a otras “verdaderas”, según él, “siempre molestan y suscitan odio. Véase Sócrates, Jesús, Giordano Bruno y todos los demás obstinados”. También explica que la palabra obstinación es áspera para algunos, razón para sustituirla por “carácter”, “personalidad” e incluso “originalidad”, sólo atribuible esta última, por ejemplo, a “artistas y gente estrambótica”. A partir de unir la palabra obstinación con terquedad, por si había alguna duda, desarrolla Hesse el significado de “sentido propio”, el que tiene cada piedra, cada brizna de hierba, cada flor, cada animal, que crecen viven, actúan y sienten según su propio sentido, porque todas las cosas del universo, hasta la más pequeña, tienen su “sentido propio”, llevan dentro su propia ley y la siguen absolutamente seguras e imperturbables”. Dicho esto, aborda la tragedia humana, porque “existen sobre la tierra solamente dos pobres seres malditos, a los que no está permitido seguir esa llamada eterna, y ser, crecer, vivir y morir como les ordena su sentido innato. Sólo el hombre y el animal domesticado por él están condenados a no seguir la voz de la vida y del crecimiento y de someterse a unas leyes establecidas por el hombre y, de vez en cuando, infligidas y modificadas también por él”.

A partir de aquí aparece la figura del “héroe”, la de aquellas personas que siguen su propio sentido y que sucumben por seguir su propia estrella, alejados del gregarismo impuesto por la sociedad en la que viven: “el héroe trágico, el obstinado, enseña a los millones de seres mediocres y cobardes que la desobediencia a las normas del hombre no es capricho brutal, sino lealtad a una ley mucho más alta, más sagrada”, porque el instinto gregario exige siempre adaptación y subordinación, ¡gran tarea para la mediocracia de hoy!, frente a lo que tiene el gran sentido de la vida para los obstinados y héroes. Es verdad que el enfoque de Hermann Hesse en estos contenidos aparece a veces como un ensalzamiento a ultranza del egoísmo e individualismo más radical que podamos pensar, pero hay que comprender bien qué significa en sus reflexiones el legítimo deseo de cada persona de unir destino y sentido de la propia vida, poniendo al dinero, por ejemplo, en su sitio, porque el motor que mueve la vida es la confianza en ese sentido de la vida, en los “para qué” vivimos: “El dinero y el poder y todas esas cosas por las que los hombres se torturan mutuamente y acaban por matarse a tiros tiene poco valor para quien se ha encontrado a sí mismo, para el obstinado. Éste sólo valora una cosa: la misteriosa fuerza en su interior, que le ordena vivir y ayuda a crecer”. Es verdad lo manifestado hasta aquí porque esa fuerza es la fuente de su vida y crecimiento, que no se mantiene, fomenta o profundiza con dinero y similares, ya que el dinero y el poder son invenciones de la desconfianza. Quien desconfía de la fuerza vital que cada persona tiene y, por tanto, carece de ella, debe compensarla con un sustituto, como es el poderoso caballero don dinero. El que confía en sí mismo y no desea nada más que su destino se manifieste dentro de sí mismo, rebajará estos sustitutos sobrevalorados y excesivamente caros a herramientas subordinadas. Para las personas obstinadas, su posesión y uso pueden ser convenientes, pero nunca esenciales.

Visto lo visto y leído lo leído, más allá de las interpretaciones de la lengua española de la palabra “obstinación”, me quedo con la de la palabra original en alemán, Eigensinn, como “la virtud de hacer caso solamente al propio sentido”, algo así como ser consecuente en la vida con lo que uno es, piensa y siente, tal y como lo intentó explicar Herman Hesse en su libro autobiográfico. En definitiva, “coherencia” en estado puro, nada más, incluso quedándonos con la brevedad de su significado actual en el diccionario de la lengua española: actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan.

(1) Hesse, Hermann, Obstinación. Escritos autobiográficos, Madrid: Alianza, 1979 (3ª ed.), p. 9 y 90-96. Traducción: Anton Dietrich.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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