No sabemos qué significa África

Dipo Faloyin, África no es un país. Y otros estereotipos que debemos erradicar

Sevilla, 6/X/2024

Reconozco que pertenezco a una generación en la que África era sólo un continente que cantábamos de corrido en mi querido colegio del Sagrado Corazón de Jesús, en Madrid. Mi primera aproximación a ese territorio asombroso fue una frustración por no poder llevar una hucha del Día del Domund, al caer enfermo, que representaba una cabeza de un negro con una ranura en la cabeza para depositar la limosna correspondiente, después de hacerla sonar como un cascabel y repetir hasta la saciedad una frase que encerraba la clave de cómo Occidente, sobre todo la Iglesia, veía a África: ¡Por las misiones, por las misiones, por las misiones! La verdad es que recuerdo aquella hucha de cerámica descascarillada con miedo escénico, cuando la contemplaba de cerca en mi mesilla de noche, una cara muy seria, aunque ya sabía que los negros “no se reían nunca”, a tenor de la frase que se decía en mi casa del discreto encanto de la burguesía madrileña: como no cuides tu juguete, “te va a durar lo que la risa de un negro”. Sin comentarios.

En mi infancia en tierras de Castilla, no le iba a la zaga la representación de África a través del cine, de la mano de Víctor Mature y sus safaris escalofriantes. Además, en sesión continua, donde los negros siempre eran los servidores eternos, porteadores forzudos de los cazadores blancos. La dualidad de color no era inocente y el horror ante la diversidad estaba servido, con un claro vencedor en clave de género: el hombre blanco.

Lo expuesto anteriormente es un ejemplo breve de los estereotipos con los que hemos crecido en este país. Es lo que el periodista nigeriano, Dipo Faloyin, aborda en un libro publicado recientemente, África no es un país. Y otros estereotipos que debemos erradicaren el que explica que en África hay “1.400 millones de personas, más de 2.000 idiomas y 54 países separados, con sus propios deseos, esperanzas, sueños y direcciones diferentes”, junto con un canto a su continente: África es un mundo por descubrir día a día. Así lo explica él: “Si cerramos los ojos y pensamos en África, en el imaginario común existen dos ideas. La primera es la pobreza; la segunda, el safari. Y esas ideas responden a la visión del continente como una misión, como un lugar que necesita ser salvado o un lugar donde puedes interactuar con animales y, luego, salir. No se piensa como una realidad o como un lugar donde –también– pasan cosas mundanas como despertar, ir a la escuela, ir a trabajar, ir a un restaurante o incluso a un bar para reunirse con amigos. Esa es la diferencia fundamental. Porque cuando se escucha la palabra África, se piensa en causas, problemas, un lugar donde ocurre dolor y desastre. En ese sentido, África se convierte en una palabra que representa algo que no está basado en las vidas individuales de las personas. Y eso es lo que creo que debe cambiar”. Para conocer a fondo esta obra de Dipo Faloyin, recomiendo la lectura de la entrevista con él que se publicó recientemente en elDiario.es, porque es un revulsivo ante el comportamiento occidental con ese continente, desconocido por un teórico primer mundo, que lo ha esquilmado durante siglos y ha tratado a sus habitantes como esclavos casi siempre.

Cuando eliminé de mi vida determinados estereotipos de ceguera ante la negritud de la vida, descubrí algo maravilloso por lo que tenemos que estar muy agradecidos al continente africano y dolidos al mismo tiempo por los episodios letales que les rodean entre enfermedades mal atendidas, esclavitud histórica y de nuevo cuño en cayucos y pateras, guerras fratricidas y con una deuda histórica mundial sobre la que tantas veces he escrito en este cuaderno digital: “hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy se sabe que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado. Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (1)”.

Y una cosa más, transcendental para la Humanidad: el lenguaje nació en África, confirmándose por el descubrimiento del hueso hioides que facilita hablar, habiéndose dado este paso tan importante de la evolución humana en ese continente tan desconocido y al  que tanto debemos: Todavía recuerdo con asombro científico el momento histórico, concretamente en el año 2000, cuando se halló el esqueleto de una niña en Dokika (Etiopía), a la que pusieron por nombre Selam (Paz), confirmándose en ese momento mediante pruebas científicas que cumpliría hoy tres millones, trescientos mil años. Fue un descubrimiento extraordinario porque según manifestó Zeresenay Alemseged, paleoantropólogo etíope del Instituto Max-Planck de Leipzig, en Alemania: “son los restos más completos jamás encontrados hasta la fecha en la familia de los australopitecos”. El esqueleto se ha montó como un puzzle humano, pieza a pieza, hueso a hueso, desde su descubrimiento en el periodo comprendido entre 2000 y 2003, faltando sólo la pelvis, la zona baja de la espalda y parte de las extremidades. Esta niña, de unos tres años de edad, tendría una capacidad cerebral en torno a los 300 centímetros, mientras que la de nuestra especia ronda los 1.400 centímetros cúbicos. Comenzaba a desarrollarse el cerebro. Y lo que me llamó la atención cuando conocí este descubrimiento, desde la anatomía de estos fósiles, fue el hallazgo de un hueso, el hioides (1), auténtico protagonista de este hecho científico, porque su función está vinculada claramente a una característica de los homínidos: el hioides permite fosilizar el aparato fonador, es decir, hay una base para localizar la génesis del lenguaje, aunque tengamos que aceptar que el grito fuera la primera seña de identidad de los australopitecus afarensis.

África y nuestros antepasados en ese continente, nos enseñaron a hablar. Algo tuvo que ocurrir en el nacimiento de la vida humana, trascendental y aún por descubrir, para que nuestros antepasados, a los que en 2000 situamos en una primera referencia, Selam, la niña de Dikika, comenzaran a caminar de forma bípeda y a desarrollar el cerebro. La gran pregunta surge al saber que junto a los fósiles de Selam y de Lucy se han encontrado también restos de hipopótamos y cocodrilos, lo que aventura pensar que Selam fue una niña feliz en un medio fértil y adecuado a sus necesidades. Algo tuvo que ocurrir, cuando sintieron la necesidad de salir de su tierra y de su parentela para buscar comida y una habitabilidad mayor. Para no amargarnos demasiado, desde el punto de vista científico y a las pruebas científicas me remito, media un tiempo impresionante entre Selam y los primeros aventureros, hace doscientos mil años, que empezaron a crear el mundo habitado. La diferencia del cerebro no es tan evidente, si la comparamos con el paso de los millones de años. Ahí está la llave del secreto de esa niña a la que pusieron un nombre simbólico en territorio musulmán: Paz. ¡Qué paradoja actual! Además, también se sabe que la inteligencia humana y el lenguaje no tienen color. A pesar del tiempo transcurrido, millones de años, seguimos sin saber el significado de este hermoso continente. Esa es la cuestión que Dipo Faloyimn nos ayuda s despejar en su libro.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, p. 15-28.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Sigo aprendiendo de Luis Cernuda su sentimiento de otoño en octubre

Luis Cernuda Bidón (Sevilla, 21 de septiembre de 1902 – Ciudad de México, 5 de noviembre de 1963) 

Sevilla, 5 de octubre de 2024, un día especial en el que dedico estas palabras a Loli, en el tercer aniversario de la entrada en su cielo particular

Frecuento la obra de Luis Cernuda, porque soy uno de “sus paisanos”, sevillanos por más señas, que cada día reconoce su trabajo con amor hecho, para curar su herida en el exilio, por el comportamiento que tenían con él algunos paisanos suyos (suponemos quienes eran), sentimiento que dejó escrito en Desolación de la quimera, con palabras cargadas con un dolor especial de su alma poética.

Es una de las razones por las que recurro siempre a determinados poetas, entre otras fuentes de inspiración -sobre todo a los que olvidaron durante la dictadura franquista, incluso mataron sin compasión alguna-, para interpretar la vida presente de forma diferente, porque muchas veces, en su cada día, lo que llamamos «vida» es sólo un ensayo personal y colectivo en el gran teatro del mundo y porque nos llevan de la mente, no sólo de la mano, a pensar en símbolos que nos ayudan a soñar en la libertad mental, lejos de la presión de los mercados, a abrir sueños. Conservo también en mi persona de secreto versos de Juan Ramón Jiménez, inquietantes, bajo el nombre de “Octubre”: Pensé arrancarme el corazón, y echarlo, / pleno de su sentir alto y profundo, / al ancho surco del terruño tierno, / a ver si con romperlo y con sembrarlo, / la primavera le mostraba al mundo / el árbol puro del amor eterno. Son palabras profundas que crean desasosiego ante lo que está pasando porque, a veces, lo que sentimos es que nuestro corazón, hecho trizas, puede servir a propios y extraños para descubrir una nueva semilla que transforme la sociedad a pesar de todo. Hecho trizas por la muerte de Loli, también.

Si vuelvo de nuevo a encontrarme hoy con Luis Cernuda en este quinto día de Octubre, en este tercer aniversario íntimo al que dedico estas palabras a una persona querida, mientras avanza el Otoño y como hago siempre a esta altura del año, es para conocer mejor qué pensaba mi “paisano” de este equinoccio, en su mente tan abierta a la vida. Abro Ocnos, título que encontró en Goethe, como “un personaje mítico que trenza los juncos que han de servir como alimento a su asno”, como símbolo del tiempo que todo lo consume, o del público igualmente inconsciente y destructor”, dedicando una reflexión intimista, la tercera, al otoño en su tierra, que la vuelvo a leer de forma pausada con la ilusión y expectativa de la primera vez, porque me aporta otra forma de vivir con encanto esta estación tan mágica y controvertida, enseñoreada por una palabra mágica, Octubre, el octavo mes del calendario romano, con una asignación ordinal y temporal diferente, desde hace muchos siglos, gracias a la “gracia” de la Iglesia de Roma:

Encanto de tus otoños infantiles, seducción de una época del año que es la tuya, porque en ella has nacido.

La atmósfera del verano, densa hasta entonces, se aligeraba y adquiría una acuidad a través de la cual los sonidos eran casi dolorosos, punzando la carne como la espina de una flor. Caían las primeras lluvias a mediados de septiembre, anunciándolas el trueno y el súbito nublarse del cielo, con un chocar acerado de aguas libres contra prisiones de cristal. La voz de la madre decía: “Que descorran la vela”, y tras aquel quejido agudo (semejante al de las golondrinas cuando revolaban por el cielo azul sobre el patio), que levantaba el toldo al plegarse en los alambres de donde colgaba, la lluvia entraba dentro de casa, moviendo ligera sus pies de plata con rumor rítmico sobre las losas de mármol.

De las hojas mojadas, de la tierra húmeda, brotaba entonces un aroma delicioso, y el agua de la lluvia recogida en el hueco de tu mano tenía el sabor de aquel aroma, siendo tal la sustancia de donde aquél emanaba, oscuro y penetrante, como el de un pétalo ajado de magnolia. Te parecía volver a una dulce costumbre desde lo extraño y distante. Y por la noche, ya en la cama, encogías tu cuerpo, sintiéndolo joven, ligero y puro, en torno de tu alma, fundido con ella, hecho alma también él mismo.

Al igual que el año pasado y el otro y el otro, cuando finalizo su lectura, recupero el sentimiento de otoño que tenía Cernuda, expresado también en otro poema con palabras bellas: Llueve el otoño aún verde como entonces / Sobre los viejos mármoles, / Con aroma vacío, abriendo sueños. / Y el cuerpo se abandona. Me consuela saber que puedo abrir sueños, abandonando todo lo que hoy nos sobra para comprenderlos este otoño, este quinto día de octubre tan especial para mí y que comienza hoy, porque el tiempo consume todo lo que ocurre y hay que saber alimentarlo, como sabía hacer Ocnos, el personaje mítico de Goethe que hace muchos años entusiasmó a Cernuda. También, a Juan Ramón Jiménez, cuando pensaba sembrar su corazón hecho trizas para que nacieran árboles puros del amor eterno.

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¡Paz y Libertad!

Ochubre, ochubrio, ochubro, otubre, octubre, el mes del corazón dorado

Detalle del Retrato de don Juan Manuel. Retablo de la Virgen de la Leche. Catedral de Murcia.

A la piadosa luz de octubre vuelvo / y entre la tibia cuenca de mis manos / como un niño dormido mi corazón levanto. / Vivir es retornar a cada Octubre / para sentirse el corazón dorado.

Leopoldo de Luis, Poema de Octubre

Sevilla, 4/X/2024 / actualizado del original de 16/X/2023

Damos la razón al Quijote para comprender la razón de ser de este mes, en el que somos y estamos: ¡con la iglesia hemos dado, Sancho! Significante y significado están en juego, porque siempre hablamos de “estar en el mes de octubre”, sin deparar que la palabra ´octubre´ tiene una historia laica, como tantas otras, cuyo significado en roman paladino era muy claro: ochubre era el octavo mes del calendario romano, que comenzaba en marzo. La evolución en el tiempo, es decir siglos, sobre todo por el respeto al latín español consonántico por parte de los cuidadores de los cultismos en el Siglo de Oro, ha llevado a que hoy se sigan reconociendo las tres variaciones sobre el mismo lema, ochubreotubre y octubre, aunque los dos primeros, según el propio diccionario de la lengua española (RAE), están en desuso, manteniéndose hoy sólo como de uso correcto el tercer lema ´octubre´: Del lat. Octōber, -ris, derivado de octo ‘ocho’. Décimo mes del año, que tiene 31 días, sin más explicación histórica en sus raíces romanas. En relación con la acepción “otubre´, la Real Academia dice lo siguiente. “Se recomienda evitar su uso. La variante antigua otubre —en el diccionario desde 1803— hoy se considera vulgar (impropia del habla culta) y está marcada en el DLE como desusada”. Más interesante es revisar la utilización del lema ´ochubre” en el tesoro lexicográfico español, donde aparece en primer lugar en 1846, junto a dos lemas más, ´ochubrio´y ´ochubro´, con la misma acepción: Octubre, en el Nuevo diccionario de la lengua castellana, que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas […]. París, publicado por Vicente Salvá. Posteriormente y hasta llegar al diccionario de la Academia Usual, de 1992, última aparición de este lema en el diccionario de la lengua española de la RAE (según el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española), se mantuvo en los diccionarios de 1885, de Gaspar y Roig; de 1869, de Ramón Joaquín Domínguez; de 1970, del Suplemento del diccionario de la lengua española (RAE) y de 1984, en el diccionario Usual, también de la Real Academia Española de la Lengua. Finalmente y con este largo camino histórico y lexicográfico, octubre, hoy día, es el ´décimo´ mes del año, no el octavo, como su nombre indica, por la modificación que se introdujo en el llamado calendario gregoriano, promulgado en 1582 por el papa Gregorio XIII que, a su vez, modificó el existente hasta entonces, denominado calendario juliano, que introdujo Julio César en el año 46 a.C.

En este contexto, el infante de Castilla, don Juan Manuel (1282-1348), sobrino del rey Alfonso X el Sabio, que mandó escribir la Estoria de España, comenta en el capítulo ciento veinticuatro (CXXIIII) de la Crónica abreviada, una de sus versiones de la citada Estoria, transcribiendo de forma clara y concisa el origen e intrahistoria de la palabra ‘ochubre’ en el primitivo calendario: “por que los rromanos, quando conquerieron toda la tierra, pusieron le nombre ‘agosto’, que quier tanto dezir commo acrescentador; e al otro, setienbre, porque hera seteno del mes de março; e al otro ochubre por que hera ochauo; e noviembre por que era noveno; e al otro dezienbre por que hera dezeno del mes de março en que solian començar el anno segunt auedes oydo”. La justificación que narra el infante Juan Manuel de por qué el calendario romano constaba de diez meses, tiene un marcado interés de respeto a la naturaleza, porque en marzo se sale de un tiempo de mucho frío (la grant friura del ynvernio) y entra el calor (la grant calentura del verano). Bajo esta premisa, va desgranando posteriormente uno a uno la interpretación de cada mes, que en algunos casos es asombrosa, hasta llegar a octubre, vinculado estrictamente al mero orden cronológico del calendario romano, ´por que era ochavo´.

Procuro ser muy cuidadoso con las palabras que pienso y traslado al papel o a la pantalla en blanco, sobre todo cuando quiero decir algo ´especial´, recordando a Ítalo Calvino, en su arte de saber empezar y acabar en el momento mágico de escribir palabras, precisamente en la semana en la que se cumple el centenario de su nacimiento. No olvido tampoco que el 3 de octubre de 1714, “el rey Felipe V de España, sucesor del último monarca de la Casa de Austria y primer monarca Borbón en el trono español, firmó la cédula real para la constitución de la Real Academia Española (RAE) con una dotación de 60.000 reales anuales para la publicación de obras. El objetivo, recogido en el Estatuto Único, era “cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua Castellana, defenestrando los errores que, en sus vocablos, en sus formas de hablar o en su construcción, ha introducido la ignorancia”. Si recuerdo bien esta cita es porque propició que se editara por primera vez mi querido Diccionario de Autoridades, que tanto aprecio y aplico: “Entre 1726 y 1739, la RAE publica seis volúmenes en el que se recogen más de 69.000 acepciones. La diferencia respecto a otros diccionarios es la utilización de nombres relevantes de la literatura castellana (sobre todo del Siglo de Oro) para avalar las diferentes descripciones. Por ello, recibe el nombre de “Diccionario de Autoridades”. “Se han puesto los autores que ha parecido a la Academia han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia”, recoge el Prólogo del Tomo I del Diccionario. Lope de Vega, Luis de Bávia, Luis de Góngora, Santa Teresa de Jesús… son algunas de las firmas que, a través de ejemplos, referenció la RAE para explicar el significado de los más de 69.000 términos recopilados entre los seis volúmenes”. Extraordinario trabajo, que hoy disfrutamos las personas que amamos nuestra lengua.

Hoy, sólo he pretendido limpiar, fijar y dar esplendor a una palabra, octubre, tan aparentemente neutra, aunque no inocente, porque en estos momentos vivimos en ella y porque sólo me queda ella, la palabra en este aquí y en este ahora, en octubre, para expresar lo que pienso, siento y escribo, siguiendo muy de cerca a Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra.

Lo que está ocurriendo en este octubre tan especial, hoy mismo, sobre todo con la guerra de Israel y el brazo armado de Hamás en Gaza, también en Líbano, con otro brazo armado, Hezbolá, pero que lo están sufriendo centenares de miles de personas inocentes, trae a mi alma de secreto una sola palabra: ´paz´, porque en Andalucía somos escuchaores de esta palabra, nunca ´guerra´, que sólo pronunciarla o escribirla produce en sí misma un dolor inmenso. Es nuestra obligación ética en relación con la palabra ´paz´: fijarla, limpiarla y devolverle todo su esplendor. Este es hoy, en octubre, el octavo mes del año, mi mensaje especial.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad

La pequeña mosca de la fruta nos enseña cómo funciona el cerebro humano

Cabeza de la Drosophila Melanogaster

El hombre debería saber que del cerebro, y no de otro lugar vienen las alegrías, los placeres, la risa y la broma, y también las tristezas, la aflicción, el abatimiento, y los lamentos.

Hipócrates, (Cos, 460 a.C.- Larisa, 377 a.C.), Sobre la enfermedad sagrada (Perì hierēs nousou).

Sevilla, 3/X/2024

Ayer se publicó en la prestigiosa revista Nature, un avance científico espectacular para conocer cómo funciona el cerebro humano, gracias al trabajo en laboratorio sobre el cerebro de una “laureada” mosca de la fruta, hembra por más señas, para obtener el primer mapa completo de sus conexiones neuronales. Se ha llevado a cabo por científicos del Consorcio FlyWire, cortando el pequeño cerebro de esta mosca, en unas siete mil rebanadas de 40 nanómetros de espesor y cartografiando después, mediante microscopía electrónica, los 54,5 millones de conexiones de sus 139.255 neuronas. Una vez más, podríamos repetir hoy la frase que nos conmovió al pisar por primera vez la luna un humano, el astronauta Neil Armstrong, el 20 de julio de 1969: “Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”. No en vano, no hay que olvidar tampoco que esta mosca fue el primer animal enviado al espacio, una experimentada “astronauta” en toda regla.

En el artículo citado de Nature, su resumen científico aclara los objetivos pretendidos: «Las conexiones entre neuronas se pueden mapear adquiriendo y analizando imágenes cerebrales obtenidas mediante microscopio electrónico. En los últimos años, este enfoque se ha aplicado a fragmentos de cerebros para reconstruir mapas de conectividad local que son muy informativos pero, sin embargo, inadecuados para comprender la función cerebral de manera más global. Aquí presentamos un diagrama de cableado neuronal de un cerebro completo que contiene 5 × 10 sinapsis químicas [54,5 millones de conexiones] entre 139.255 neuronas reconstruidas a partir de una hembra adulta de Drosophila melanogaster. El recurso también incorpora anotaciones de clases y tipos de células, nervios, hemilineajes y predicciones de identidades de neurotransmisores. Los productos de datos están disponibles para descarga, acceso programático y navegación interactiva y se han hecho interoperables con otros recursos de datos de moscas. Derivamos un proyectoma (un mapa de proyecciones entre regiones) a partir del conectoma e informamos sobre el rastreo de las vías sinápticas y el análisis del flujo de información desde las entradas (neuronas sensoriales y ascendentes) hasta las salidas (neuronas motoras, endocrinas y descendentes) a través de ambos hemisferios y entre el cerebro central y los lóbulos ópticos. El rastreo desde un subconjunto de fotorreceptores hasta las vías motoras descendentes, ilustra cómo la estructura puede descubrir supuestos mecanismos de circuitos subyacentes a los comportamientos sensoriomotores. Las tecnologías y el ecosistema abierto que se describen aquí preparan el terreno para futuros proyectos de conectomas a gran escala en otras especies».

El artículo publicado ayer en elDiario.es, Publican el primer atlas completo del cerebro de la mosca, un ‘Google Maps’ de las conexiones neuronales, es una excelente exposición del contenido principal del artículo citado y hace más accesible el lenguaje técnico de la sinopsis expuesta anteriormente.. Ánimo a leerlo para comprender el alcance de sus resultados, en beneficio del conocimiento exhaustivo del cerebro humano, al que personalmente he dedicado centenares de páginas en este cuaderno digital. Se pueden verificar a través del buscador y de una publicación de divulgación científica que hice en 2007, bajo el título Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital. en el que recogí una cita maravillosa de Hipócrates de Cos, en la que ensalzaba el significado y significante del cerebro, palabras que suenan hoy como actuales y programáticas en el siglo del cerebro: “El hombre debería saber que del cerebro, y no de otro lugar vienen las alegrías, los placeres, la risa y la broma, y también las tristezas, la aflicción, el abatimiento, y los lamentos. Y con el mismo órgano, de una manera especial, adquirimos el juicio y el saber, la vista y el oído y sabemos lo que está bien y lo que está mal, lo que es trampa y lo que es justo, lo que es dulce y lo que es insípido, algunas de estas cosas las percibimos por costumbre, y otras por su utilidad…Y a través del mismo órgano nos volvemos locos y deliramos, y el miedo y los terrores nos asaltan, algunos de noche y otros de día, así
como los sueños y los delirios indeseables, las preocupaciones que no tienen razón de ser, la ignorancia de las circunstancias presentes, el desasosiego y la torpeza. Todas estas cosas las sufrimos desde el cerebro» (Hipócrates, Cos, 460 a.C.- Larisa, 377 a.C.), Sobre la enfermedad sagrada (Perì hierēs nousou).

La participación española en la investigación del cerebro humano ha sido y está siendo esencial en este siglo, al que denomino “siglo del cerebro”. Basta recordar al profesor Rafael Yuste, director actualmente del Centro de NeuroTecnología de la Universidad de Columbia (Nueva York)., cuyo querido proyecto “Brain”, auspiciado por Barak Obama durante su mandato presidencial, ha marcado un hito trascendental en la investigación del cerebro humano. Así lo contaba recientemente el profesor Yuste en unas declaraciones al Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC): «En septiembre de 2011 enviamos a la Administración Obama (Barak) una propuesta para llevar a cabo un proyecto similar al genoma humano, pero para el cerebro, a larga escala, con una duración de 15 años, y con una financiación parecida o mayor que la del Proyecto Genoma Humano. El objetivo era desarrollar técnicas para medir y mapear la actividad cerebral. Y el mismo día que le mandamos la propuesta, se la leyeron, y nos la devolvieron. ¡Les había encantado! Obama lo escogió como el proyecto estrella de ciencia de su Administración y se lo presentó y vendió al Congreso de Estados Unidos dos años más tarde, en 2013, con el objetivo de desarrollar métodos para avanzar la investigación cerebral, prosperar en la clínica y también para progresar en la economía. Este último argumento fue el que convenció a los congresistas». Personalmente, recuerdo con emoción las palabras que pronunció el presidente Obama, el 2 de abril de 2013, en el Discurso sobre el Estado de la Unión, liderado científicamente por el profesor Yuste, que le acompañaba en dicho acto, en una tarea ardua de dibujar el mapa del cerebro humano. La Administración de Estados Unidos programó una inversión de más de 120 millones de dólares para iniciar una investigación que permitiría conocer las causas de enfermedades como el Alzheimer, la epilepsia y el Parkinson. Esta inversión se estimó que se llevaría a cabo a un ritmo de aportación de 300 millones de dólares por año durante la vida del proyecto. En aquél acto oficial, Obama dijo que: “Hoy podemos identificar galaxias a años luz, o estudiar partículas más pequeñas que el átomo, pero todavía no hemos desvelado el misterio de las tres libras [unos 1.300 gramos] de materia que tenemos entre las orejas. […] La nuestra es una nación de soñadores, de gente que se arriesga. Los ordenadores, internet y otros avances germinaron con la financiación del Gobierno, y el próximo gran proyecto de Estados Unidos es la iniciativa del cerebro”. Brain es un proyecto que cuando nació tenía un horizonte de quince años, hasta el año 2028 en el que se estimaba que ya se podrá cartografiar con éxito total el cerebro y los circuitos neuronales. hecho que se confirma ahora, parcialmente pero como un gran avance sobre el proyecto general, con el cartografiado del cerebro de la mosca de la fruta, expuesto anteriormente. Se sabe que el proyecto nació anecdóticamente en un congreso en Chicheley, un pueblo entre Londres y Birmingham, en septiembre de 2011, en un debate entre Yuste y George Church, genetista del mapa del genoma humano. En ese encuentro científico Yuste afirmó que le gustaría registrar la actividad de todas las neuronas a la vez, capturar todos los impulsos eléctricos con los que se comunican entre ellas, para dibujar el mejor mapa posible del cerebro en movimiento (1).

En la actualidad, el proyecto Brain tiene un marcado carácter público por su financiación y directrices científicas, aunque la colaboración de grandes empresas ha sido siempre obvia, como se decía ya en 2011, por tener recursos suficientes para el tratamiento ingente de la información que, asombrosamente, procesa el cerebro todos los días: “La obsesión de que el plan sea público es para compartir, sin patentes, el mapa completo de toda la actividad neuronal en la web para que neurólogos, físicos y químicos investiguen. En enero, un grupo de científicos se reunieron con Google, Amazon y otras empresas para asegurarse de que habrá capacidad suficiente para almacenar en “una nube” los datos obtenidos. Cada millón de neuronas puede necesitar tres petabytes (tres millones de gigas) con lo que un cerebro entero puede ocupar hasta 300.000 petabytes. Los expertos californianos en datos ya han tranquilizado a los científicos: no hay problema y menos dentro de 15 años” (2). Una muestra de esta voluntad científica de carácter público y privado, es su participación económica y técnica en la investigación llevada a cabo sobre el cartografiado expuesto anteriormente. Lo expuesto hasta aquí es tecnología exponencial digital en estado puro, aunque como manifiesta el profesor Yuste las capacidades del cerebro siguen siendo desbordantes para las maquinas actuales y la inteligencia humana y artificial que las utilizan: los 100.000 mil millones de neuronas que ocupan el cerebro humano, en una superficie que pesa 1 kilo y 300 gramos, aproximadamente, contiene en la actualidad tres Internet mundiales en su capacidad de nodos intercomunicados, sinapsis digitales, podríamos llamar, con un gasto de potencia mínima, unos 20 watios por cerebro que, comparado con el gasto de energía actual de los granes centros de computación, no es ni siquiera imaginable como solución de futuro. ¡Cuánta inteligencia humana y cuánto sufrimiento humano también, en tan pequeña superficie y con un gasto de energía tan bajo! ¡Qué gran misterio por descubrir!. Este ejemplo real, es una gran lección de humildad investigadora ante el gran reto para la ética digital, que también existe y que avalo, en los avances espectaculares de la inteligencia artificial y el peligroso doble uso que la acompaña siempre..

Deseo resaltar, igualmente, que el profesor Yuste ha sido el gran promotor de que España participe de forma activa en el proyecto Brain, hecho que se materializó con la firma de un protocolo en diciembre de 2022, para la creación del Centro Nacional de Neurotecnología, Spain Neurotech, entre el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, la Comunidad de Madrid y la Universidad Autónoma de Madrid, donde estará ubicado el centro. Entre sus objetivos está avanzar en el entendimiento del cerebro humano, desarrollar métodos diagnósticos y terapias para​ enfermedades del sistema nervioso, fomentar un ecosistema de innovación y emprendimiento, desarrollar reglas éticas y jurídicas necesarias para la aplicación de las nuevas tecnologías centradas en las personas, incorporando a la sociedad en las actividades científicas y, por último, atraer talento y formar nuevas generaciones de líderes en neurotecnología.

Una cosa más…, que decía Steve Jobs al finalizar sus intervenciones públicas. Con este artículo, deseo hacer un pequeño homenaje a la Naturaleza, que tanto maltratamos los humanos, concretamente a una gran protagonista, la mosca de la fruta, con un nombre científico que la engrandece, Drosophila melanogaster, muy conocida en el universo científico, porque ha sido esencial en la entrega de cinco premios Nobel, por diversas investigaciones en las que su participación ha sido crucial. Creo que es de justicia reseñarlos hoy, porque esta pequeña heroína ha entregado a la humanidad grandes avances científicos para el bienestar humano, gracias a investigadores que han entregado su vida para conocerla a fondo y en beneficio de la Humanidad: Thomas Hunt Morganen, premiado en 1933 por demostrar en la mosca de la fruta que los cromosomas son los portadores de los genes; Herman Muller, alumno de Morganen y Nobel en 1946, por descubrir que los genes de la mosca de la fruta podían mutar con la radiación; George Beadly y Edward Tatum, Nobel en 1958, por descubrir que los genes actúan regulando determinados eventos químicos; Edward B. Lewis, Christiane Nusslein-Volhard y Eric F. Wieschaus, también Premios Nobel en 1955, por el descubrimiento del rol de genes clave en el desarrollo del embrión de la drosophila, que también juegan un rol crucial en el desarrollo del embrión humano y, por último, Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young, en 2017, por la identificación de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano, es decir, nuestro reloj biológico, a través de la investigación llevada a cabo con esa mosca tan laureada.

(1) Cobeña Fernández, J.A., El mundo digital es exponencial.

(2) Ramírez, María (2013, 2 de abril). Obama presenta con el español Rafael Yuste su proyecto para estudiar el cerebro. El Mundo, ed. digital.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad

La guerra está talando y derribando el cedro del Líbano

Bandera oficial de Líbano

Sevilla, 2/X/2024

Las personas que hojean este cuaderno digital, que busca siempre islas desconocidas, dejando de serlo al referirme a personas y situaciones cuando salen de sí mismas, es decir, se exponen al escrutinio humano, saben que al enfrentarme a la página en blanco, en este caso a la pantalla de mi equipo digital, también en blanco, defiendo siempre con ardor guerrero el círculo virtuoso de lo que en él ya está escrito, a modo de reutilización de los grandes principios que rigen mi vida y que de una forma u otra siempre figuran en cada artículo. Agrego hoy a esta situación, además, un aviso para navegantes virtuales: si no gustan estos principios, no los cambio, porque confieso que no tengo otros.

Declaro la intencionalidad no inocente anterior, porque hace dieciocho años escribí en este cuaderno un artículo, El cedro del Líbano, que rescato hoy en su esencia, al tener una actualidad que personalmente no me agrada recuperar, es decir, preferiría no haber tenido que hacerlo. Pero la ética ciudadana me obliga a reutilizarlo, como literatura circular en mi caso. Verán por qué. Dije entonces que hacía muchos años, en pleno catolicismo apostólico y romano en este país, había leído con sumo interés un texto del libro de Ezequiel en el Antiguo Testamento (Ez 31, 1-18), que encumbraba de forma prodigiosa el cedro del Líbano, como ejemplo controvertido y alegórico del orgullo de Egipto, de cualquier mandatario mundial asimilado al Faraón del libro profético, y anunciaba cómo podía llegar el día en que el Señor Yahvéh podía castigar la maldad del Faraón asimilada a un árbol gigante y desmedido que no ha lugar frente a Él. Hoy he vuelto a leerlo, de forma pausada, para contextualizarlo en la actual guerra abierta de Israel contra el Líbano, para no andarnos por sus ramas. El texto decía así:

«¿A quién compararte en tu grandeza?
Mira: a un cedro del Líbano
de espléndido ramaje,
de fronda de amplia sombra
y de talla elevada.
Entre las nubes despuntaba su copa.
Las aguas le hicieron crecer,
el abismo le hizo subir,
derramando sus aguas
en torno a su plantación,
enviando sus acequias
a todos los árboles del campo.
Por eso su tronco superaba en altura
a todos los árboles del campo,
sus ramas se multiplicaban,
se alargaba su ramaje,
por la abundancia de agua que le hacía brotar.
En sus ramas anidaban
todos los pájaros del cielo,
bajo su fronda parían
todas las bestias del campo,
a su sombra se sentaban numerosas naciones.
Era hermoso por su talle,
por la amplitud de su ramaje
porque sus raíces se hundían
en aguas abundantes.»

Los cinco versículos finales, son un símbolo de lo que la tradición ha querido reflejar sobre la historia de esta realidad bíblica, donde todo son palabras de acogida, mestizaje, pluralidad de culturas, sintetizadas en la siguiente expresión. “Y a su sombra habitaban muchas naciones”. La realidad de hoy es terca y contumaz. Entre la cerrazón de Hezbolá y la ley del talión de Israel, con el coro guerrero a voces diferentes de Irán y sus aliados, se está destrozando segundo a segundo la convivencia pacífica de familias enteras, sobre todo niñas y niños libaneses que son los grandes sufridores de la masacre humana que todos los días está pasando y estamos viendo, en lenguaje televisivo mundial. Vemos a través de las pantallas el gran funeral mundial por el fracaso del diálogo político, sin capacidad de que la sombra del cedro los cobije más, a pesar de que la tradición les decía que se multiplicaban sus ramas, que todas las aves del cielo podían caber en su ramaje y, sobre todo, que a su sombra se podían sentar todas las niñas y niños del mundo como símbolo de una nación que solo desea la paz.

El mismo profeta, Ezequiel, interpretando la voz de Yahvéh dice en el mismo capítulo: cuidado con lo que le puede pasar al Faraón, hoy simbolizado en cualquier poder maltratador, porque los que se han refugiado en la sombra del cedro malinterpretando las palabras de Dios y de las personas, acaban “como el común de los hombres”, porque los extranjeros, los más bárbaros entre las naciones, lo han talado y derribado. Creo que así se entiende mejor el contenido de la letra del himno libanés,  que contempla esta realidad como pueblo, porque “su cedro y su orgullo, son símbolo eterno”. No se le debería olvidar a Israel, en estos delicados días, ni siquiera un momento.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad

Elogio de las bibliotecas públicas

Cartel en la Biblioteca Pública “José Manuel Lara”, en Alcalá de Guadaira (Sevilla) / JA COBEÑA

Sevilla, 1/X/2024

He visitado, recientemente, la excelente Biblioteca Pública “Editor José Manuel Lara”, rural, en Alcalá de Guadaira (Sevilla), con el objetivo de consultar una obra necesaria para un trabajo de investigación que estoy llevando a cabo. Ocupé un sitio de la misma, que me permitía contemplar un cartel con una fotografía de María Moliner y una frase suya paradigmática, que figura en el Prólogo  de Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas, publicadas en Valencia en 1937, en plena guerra civil española, en el que resaltaba dos funciones primordiales de los bibliotecarios. La primera, «conocer los recursos de tu biblioteca y las cualidades de tus lectores de modo que aciertes a poner en sus manos el libro cuya lectura les absorba hasta el punto de hacerles olvidarse de acudir a otra distracción. La segunda cosa que necesita creer el bibliotecario es en la eficacia de su propia misión. Para valorarla, pensad tan sólo en lo que sería nuestra España si en todas las ciudades, en todos los pueblos, en las aldeas más humildes, hombres y mujeres dedicasen los ratos no ocupados por sus tareas vitales a leer, a asomarse al mundo material y al mundo inmenso del espíritu por esas ventanas maravillosas que son los libros. ¡Tantas son las consecuencias que se adivinan si una tal situación llegase a ser realidad, que no es posible ni empezar a enunciarlas…!».

El tiempo dedicado a mis consultas en aquella biblioteca, estuvo iluminado constantemente por este mensaje de María Moliner, que en su contexto histórico en nuestro país cobra todavía hoy más fuerza. El Prólogo citado era en su fondo y forma una carta dirigida a los bibliotecarios rurales, «una de esas joyas de la literatura que andan escondidas en archivos casi olvidados. Su prosa sencilla y ordenada está llena de la belleza funcionalista que consigue el autor pulcro que no pretende nunca ser artista, pero que escribe a golpe de latido de su corazón, sin mediar artificio alguno y cumpliendo, además, con el precepto sagrado de respetar la inteligencia del lector, aun en los momentos más duros de la vida» (1).

Lo manifestado anteriormente se refuerza aún más en la breve y buena, por ello dos veces buena, presentación a sus Instrucciones: «Cuando el ejército insurrecto del general Franco avanza contra las milicias leales al gobierno legítimo de España, María Moliner —mujer y bibliotecaria valiente— alienta a su pacífica tropa de bibliotecarios rurales para que reafirmen su compromiso con los lectores y con los libros, porque piensa que la locura colectiva que asola a su querida España es fruto de la ignorancia y de la injusticia —también cultural— que discrimina secularmente a gran parte del pueblo. El entusiasmo de su palabra nace del ayuntamiento moral entre la ciencia posible de médico rural que María Moliner aprendió de su padre y la fe en «la capacidad de mejoramiento espiritual de la gente», y su mensaje suena como un emocionante canto de confianza en el ser humano y de esperanza en medio del horror de los horrores, esa guerra absurda y fratricida que desangró a España y que marcó a una y más generaciones de españoles. María Moliner sufrió la represalia del ostracismo porque se comprometió con la República constitucional, pero su espíritu, como el de todos aquellos que lucharon por una causa justa y perdieron, no ha muerto ni morirá jamás, porque renace en el corazón de cada humilde y pacífico encargado de biblioteca que cumple su misión de ayudar al usuario despistado, o incluso al airado, a encontrar su propio mejoramiento espiritual a través de «esas ventanas maravillosas que son los libros».

María Moliner, Instrucciones para el servicio de las pequeñas bibliotecas / Ali Smith, Biblioteca Pública

Lo expuesto anteriormente lo traigo a colación con motivo de la publicación en estos días de un libro, Biblioteca Pública, de la escritora escocesa Ali Smith (Inverness, 1964), cuya sinopsis oficial nos ayuda a comprender el hilo conductor de esta obra, necesario, aunque yo agregaría «imprescindible», para sobrevivir en los tiempos que corren, siempre con la ayuda de un libro al que puedo acceder en una Biblioteca Pública: “En Biblioteca pública Ali Smith vuelve a demostrar que el lenguaje es algo vivo y brillante y que la literatura nos ayuda a vivir. ¿Por qué los libros son tan poderosos? ¿Qué significa conocer a un escritor a través de sus libros? La voz única de Ali Smith nos trae una colección de historias inteligentes, unidas por la literatura y el amor por el lenguaje, y que constituye una defensa muy elocuente de las bibliotecas públicas, esos lugares de alegría, libertad, comunidad y descubrimiento. Como en el resto de sus obras, Ali Smith nos muestra en este volumen su amor por los libros y la pasión por sus autores favoritos, sosteniendo que uno puede conocer a un escritor mejor que a un amigo y que leer es pedir prestado sin culpa».

Hoy recuerdo también a la excelente escritora Irene Vallejo, a través de unas palabras suyas en el pregón que pronunció en el acto inaugural de la Feria del Libro de Zaragoza, en 2019, cuando afirmó que «Hoy hemos quitado los cerrojos a los libros y les hemos calzado zapatos cómodos. Los hemos traído a la plaza, donde nadie tiene negado el acceso. Esto no ha sucedido por arte de magia. Es la cosecha de años de educación y transformaciones sociales. En escuelas. En institutos. En universidades. En bibliotecas ciudadanas y rurales. Desde las Misiones Pedagógicas a los clubs de lectura. Desde las instituciones públicas a los dormitorios donde los niños cierran los ojos acunados por un cuento de buenas noches. Ha sido un gran esfuerzo colectivo». Esa es la auténtica proyección también de una Biblioteca Pública y Rural, por más señas, con su política abierta de préstamos posibles.

La magnífica atención profesional que recibí en ese espacio público, la Biblioteca Pública “Editor José Manuel Lara”, en Alcalá de Guadaira (Sevilla), pagado con dinero público y ofreciendo tiempo público, creo que era una aplicación al pie de la letra de lo expresado por María Moliner en su esplendoroso cartel, con fondo azul, que presidía una estantería repleta de libros, muy cerca de mi puesto de lectura. Durante el tiempo que trabajé allí sobre las páginas de un libro «prestado» temporalmente y que pertenecía a su fondo, encontré «mi propio mejoramiento espiritual a través de esas ventanas maravillosas que son los libros». Así lo deseó siempre María Moliner, trabajando para construir espacios y tiempo de paz a través de los libros y de la lectura, en tiempos del sinsentido de la guerra civil española. Es justo y necesario que le devuelva, hoy y siempre, el agradecimiento por su compromiso personal y colectivo para salvaguardar el interés general de la ciudadanía. Por tanto, ¡cuidemos hoy y siempre, con esmero, las bibliotecas públicas!

(1) Bermejo Larrea, J.I., María Moliner, el espíritu de una bibliotecaria comprometida, en Centro Virtual Cervantes. Lengua.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad