María Magdalena fue una mujer envuelta en su melancolía

Teatre Nacional de Catalunya, María Magdalena

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Pablo Neruda, Me gustas cuando callas.

Sevilla, 25/I/2026 – 08:45 h UTC (CET+1)

María Magdalena es una mujer que sigue haciendo historia en la Humanidad, en una larga travesía desde que tuvimos conocimiento de su difícil existencia vital, real o no, pero contada siempre de forma no inocente. Si escribo hoy sobre ella, aunque ya la he citado muchas veces en este cuaderno digital, es porque la he recuperado en mi memoria de secreto al haberse estrenado el pasado 22 de enero, en el Teatro Nacional de Cataluña, una obra en torno a esa mujer excepcional, María Magdalena, con texto de Michael De Cock, dramaturgia de Carme Portaceli e Inés Boza, bajo la dirección de Carme Portaceli, cuya sinopsis oficial nos aproxima al hilo conductor de este abordaje teatral: “Miriam, una profesora, viaja de Bruselas a Barcelona para dar una conferencia sobre Magdalena. Deja atrás a su hija pequeña y toma la importante decisión de divorciarse de su marido. Cuando llega al aeropuerto de Barcelona, el taxista que la espera dice que es Jesús. Después de Mrs. Dalloway de Virginia Woolf y de Madame Bovary de Flaubert, Carme Portaceli y Michael De Cock se centran en el personaje de María Magdalena, el símbolo —con diferencia— de las mujeres borradas. Le dan la importancia que se merece, y que se merecen tantas y tantas mujeres, convirtiendo este relato bíblico en mágico”.

Estoy plenamente de acuerdo en la operación rescate de esta figura femenina tan controvertida. Personalmente, me llamó siempre la atención su silencio impregnado de melancolía, como he escrito en anteriores ocasiones en estas páginas digitales, rescatando igualmente a una pintora barroca, Artemisia Gentileschi, que comprendió el maltrato histórico y religioso dado a María Magdalena, representándola siempre envuelta en melancolía, a través de maravillosas pinturas.

En un artículo excelente publicado hoy en el diario.es sobre esta representación teatral tan necesaria y oportuna en los tiempos que corren, se afirma algo de importancia vital: “Maria Magdalena huye de las conclusiones unívocas. No hay una intención de sentar cátedra sobre nada, insisten las responsables. La obra no busca demostrar si la Magdalena fue o no prostituta, ni caer en revelaciones efectistas al estilo de El Código Da Vinci. Mientras Portaceli y De Cock preparaban el texto, tenían en mente una frase que en la Biblia pronuncia Poncio Pilato: Quod scripsi, scripsi. Lo que está escrito, está escrito. Frente a esa sentencia, Maria Magdalena propone un gesto radicalmente opuesto: reescribir, revisar, imaginar de nuevo. Porque poseer la narrativa es tener el poder”.

Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654): María Magdalena como la melancolía (Ca. 1622) – Museo de la Catedral de Sevilla, antes (izquierda) y después de la restauración en 2022 (derecha) / JA COBEÑA

Siento muy cerca a María Magdalena, porque una obra de Artemisia Gentileschi dedicada a ella, María Magdalena como la melancolía (ca. 1622), puedo contemplarla en la Catedral de Sevilla desde diciembre de 2022, siempre que necesite encontrarme con ella. Recuerdo que el comunicado oficial de la Catedral de Sevilla sobre este evento, informó que coincidiendo con el 400 aniversario de su ejecución, se había llevado a cabo una intervención en la pintura, habiéndose realizado «en los talleres del Museo Nacional del Prado por la restauradora Almudena Sánchez», que ha permitido «recuperar su aspecto original tal y como fue concebida ya que la composición fue alterada en fecha desconocida y transformada al añadir elementos ajenos a la obra y a la intención de la artista». Cuando la contemplé personalmente desde diferentes ángulos, comprendí perfectamente qué significaba el poder reparador de su melancolía. El cambio llevado a cabo en la restauración le había devuelto su aspecto original, que coincide con la copia que en la actualidad se puede contemplar en el Museo Soumaya (Ciudad de México) y que data de tres años después del original (ca. 1625), como detallé en el artículo en el que comenté la existencia del original de Sevilla y la copia, Artemisia Gentileschi pintó la melancolía, con las diferencias que con la restauración se han salvado, tal y como informaba oficialmente el comunicado citado de la Catedral: “la particularidad que presentaba esta obra radicaba en la presencia de un repinte antiguo, realizado con fines morales para ocultar el pecho y parte del hombro de la Santa con ánimo de lograr una imagen más púdica. Este fue el principal motivo por el que se decidió llevar a cabo la restauración de la obra, que tendría como finalidad la eliminación del repinte y la recuperación de la imagen original de María Magdalena tal y como fue concebida por su autora. Esta restauración se ha realizado en el Museo del Prado debido a que la obra llegó a dicha institución como préstamo para una futura exposición que no llego a realizarse. A pesar de ello se mantuvo el acuerdo de intervención en la pintura con el objetivo de eliminar el falso chal de gasa que cubría esa parte del cuerpo».

Como afirmé en el artículo de 2020 citado anteriormente, me consuela históricamente pensar que puedo estar cerca de Artemisia y María Magdalena, tanto monta monta tanto, habiendo comprendido siempre qué significa el poder reparador de su melancolía en tiempos tan difíciles, tan modernos.

Artemisia Gentileschi, Autorretrato como alegoría de la pintura, (Ca. 1638-1639) Palacio de Buckingham (Reino Unido)

La figura de María Magdalena fue muy querida por Artemisia, a la que llegó a representar en sus cuadros hasta en cuatro ocasiones (incluyendo también su cuestionada María Magdalena Penitente, ¿arrepentida o melancólica? Si tuviera que elegir entre sus interpretaciones de esta mujer, representada siempre como mujer sola y libre ante Jesús de Nazareth, me quedaría -por admiración y respeto a su obra melancólica- con la titulada María Magdalena en éxtasis, sola, sin ropajes especiales ni ungüento divino, de la que se ha conocido su existencia hace muy poco, concretamente en 2014, ya que solo se tenía una referencia de ella por una fotografía en blanco y negro tomada a principios del siglo XX, que se conservaba en el fondo artístico de un marchante de arte italiano. Más de ochenta años después, el óleo de 81 x 105 centímetros, descubierto en una colección antigua del sur de Francia, fue subastado por la Galería Sotheby’s, adjudicándose finalmente por 850.000 euros, cuando el precio de salida estaba entre 200.000 y 300.000 euros.

Artemisia Gentileschi, María Magdalena en éxtasis

El mensaje del cuadro no deja duda alguna sobre la autoría de Gentileschi y puedo dar la razón en este momento a la expresión ya citada de Víctor Hugo: la melancolía es la felicidad de estar triste, porque no creo tanto en la situación de éxtasis de la Magdalena como en la de su auténtica melancolía, es decir, un estado de soledad y tristeza que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Contemplando esta María Magdalena, suenan muy bien las palabras de Neruda en este recuerdo de hoy: Mariposa de sueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía.

oooooOOOooooo

🕵️‍♀️ Yo apoyo el periodismo que exige transparencia. 🔎 Conoce Civio: https://civio.es/ #TejeTuPropioAlgoritmo

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

 

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.