Auschwitz, 75 años después

LA VIDA ES BELLA1

La vida es bella (1997)

Sevilla, 27/I/2020

Hoy se celebra el 75ºaniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz. Sobrecoge pronunciar este nombre por su significado para la historia. En un silencio compartido con millones de  personas dignas, anónimas, que dignifican el trabajo de cada día, contribuyo a este evento -de cuyo nombre no quiero acordarme- con la publicación de nuevo de un post que dediqué en 2016 a la visita de Francisco a ese lugar de los horrores, sin cambiar una sola palabra de aquellas palabras que nacieron en mi rincón de pensar y que no han perdido actualidad al pasar por el túnel del tiempo.

El trabajo libera

Esta es la leyenda (Arbeit macht frei) que figura todavía hoy en la entrada del campo de concentración en Auschwitz (Polonia), donde murieron en el siglo pasado más de un millón de personas, mayoritariamente judíos. Ayer, los medios de comunicación solo pudieron recoger imágenes del silencio que acompañó al papa Francisco durante su visita al campo de los horrores, sobre todo al entrar bajo el arco en el que figura esta leyenda, que posteriormente le llevó a escribir en español en el libro de visitas una frase transida de dolor: “Señor, perdón por tanta crueldad”, ante el exterminio que se vivió allí, en el contexto de una guerra mundial sin sentido.

En 2002 visité Berlín en un viaje profesional, que incluía un tour por la ciudad con una parada programada en las ruinas de lo que fue el cuartel general de la Gestapo (1934-1945). Fui incapaz de entrar en lo que quedaba de aquella locura y me senté en un montículo de césped, solo, a reflexionar en el horror del III Reich. Volví al autobús con múltiples preguntas que todavía hoy sigo sin resolver, no olvidando nunca ese retazo de la historia, sobre todo para ayudar, salvando lo que haya que salvar, a que jamás se vuelva a repetir la barbarie humana a través de la violencia y el terrorismo de cada día. La nueva guerra mundial.

También, a través de una película maravillosa, La vida es bella, inspirada en una historia real de un prisionero en Auschwitz, pude constatar que el protagonista, Guido Orefice (Roberto Benigni), quería mostrar a su hijo Josué el lado mágico de la belleza de vivir a pesar del horror del nazismo en estado puro. Cuando él y su familia son capturados y llevados a un campo de concentración, el padre se inventa un juego para proteger a su hijo: tiene que conseguir 1.000 puntos para conseguir un carro blindado. Lo demás, hasta el final, lo recordamos con tristeza, aunque el mensaje de Guido Orefice a lo largo de la película es simple y grandioso, porque nos muestra metafóricamente que podemos ser inteligentes, extremadamente humanos, si soñamos como él en tres proyectos, a pesar del sinsentido a veces de cada día: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, cuidando de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Trabajando en el lado amable de la vida hasta el último momento, como él, compartiéndolo siempre con los demás, sobre todo con los que menos tienen.

ARBEIT MACHT FREI

No quiero alterar el deseo expreso del papa Francisco de vivir en silencio sepulcral su experiencia personal e institucional en la visita a Auschwitz, pero al verlo avanzar solo bajo la leyenda “El trabajo libera”, he recordado un poema precioso de Rafael Alberti, Basílica de San Pedro, que figura en su obra “Roma, peligro para caminantes”, porque creo personalmente que ayer podría haberlo recitado también en su persona de secreto, constatando su soledad en una Iglesia institucional y especialmente romana, no católica ni cristiana, que no le da facilidad alguna para ser solo pescador de personas buenas que creen solo en la fe que libera, que es lo suyo:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?
Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Sevilla, 30/VII/2016

Goya pintó la fragilidad de vivir

Sevilla, 26/I/2020

Anoche se entregaron los Premios Goya en su 34ª edición. Estuve muy atento a su desarrollo porque tenía mi película favorita, O que arde, del director gallego Oliver Laxe. Nada que objetar a la gran triunfadora de la noche, Dolor y Gloria, multipremiada y con un reconocimiento de la Academia del Cine a una trayectoria muy digna del universo Almodóvar. Esto es así, pero me emocionó el momento de la recogida del premio a la mejor actriz revelación otorgado a Benedicta Sánchez por su interpretación en “O que arde”, dirigida por Oliver Laxe, que también obtuvo el premio a la mejor dirección de fotografía.

Para entender la clave de esta emoción personal y no sé si transferible, publico de nuevo el post que escribí en el pasado mes de octubre de 2019 sobre esta película, porque al conocerla comprendí perfectamente lo que significa la fragilidad de vivir. Si se encuentran en esta situación les invito a leerlo. Para mí, el mejor premio y con la alegría de saber que Goya también pintó, en su tiempo y anoche, la fragilidad de vivir.

La fragilidad de vivir

DEDICATORIA MANUEL RIVAS

Sevilla, 16/X/2019

Manuel Rivas me ha devuelto la ilusión por romper silencios, leyendo una columna suya de cuyo título quiero ahora acordarme: Toda la fragilidad del mundo, dedicada a Oliver Laxe, un director gallego que hace cine de compromiso activo, que tanto aprecio: “Escribo sobre fragilidad después de conversar con Oliver Laxe. Él me habló de “cine frágil”. Y la palabra no se me va de la cabeza. La fragilidad de lo que surge fuera de un previsible canon comercial. Del cine indómito, no clonado, también en peligro de extinción. Pero “frágil” tiene un doble sentido. Un cine que quiere ser arte y no se sonroja al decirlo, no para idolatrar al “arte”, sino como “tabla de salvación”, como una “isla de lo sagrado”. Y lo consigue. Sus películas parecen filmadas en vidrio. Frágiles y duras. El vidrio solo se puede cortar bien con la punta del diamante. Sus personajes son también frágiles, muy humanos, pero con un nimbo que trasciende, con “un no sé qué de eterno”, que decía Van Gogh. Humildes y sublimes. Lo eran en Todos vós sodes capitáns (2010) y Mimosas (2016), premiadas en el Festival de Cannes, y lo son en especial en O que arde, la película que se estrena en España en estas fechas”.

Todo es frágil en un mundo que se rompe a pedazos. Y este loco mundo no está hecho para las personas de alma frágil, que no tiene que ver nada con la frase hecha de “seres de piel fina” que tanto incomoda a los que hacen de la mala educación su bandera de personas hechas y derechas. Lo dice Rivas de forma magistral: “Lo duro es constatar tanto espacio de fragilidad. La fragilidad en que vive gran parte de la infancia, con hambre y enfermedades de la edad de la peste. La fragilidad de tantas personas que viven al día. La fragilidad de los que tienen que alquilar su trabajo por horas y a un precio irrisorio, digamos un dólar por hora, sean las manos en talleres sórdidos o el cerebro para los gigantes tecnológicos. La fragilidad máxima de los inmigrantes y refugiados en ruta, en pateras por mar o siguiendo los osarios que jalonan los desiertos. La fragilidad de las periodistas que apuestan la cabeza por contar la verdad en la geografía del miedo, donde gobierna el neofeudalismo y la economía criminal”.

La palabra “fragilidad” es ambigua en el diccionario de la Real Academia Española, tomada como “cualidad de frágil”, entendiendo frágil en sus cuatro acepciones, siempre como adjetivos: “1. Quebradizo, y que con facilidad se hace pedazos; 2. Débil, que puede deteriorarse con facilidad. Tiene una salud frágil; 3. Dicho de una persona: Que cae fácilmente en algún pecado, especialmente contra la castidad; 4. Caduco y perecedero. Tiene una historia, como palabra, muy vinculada a la moral más estricta y caduca que podamos pensar, como lo atestigua su primera aparición en el Diccionario de Autoridades en 1732: “En lo moral se toma por la propensión que la naturaleza humana tiene en caer en lo malo”. Sin comentarios.

Vuelvo a la lectura de libros útiles, que me reconforta en medio de tanta fragilidad. Abro las primeras páginas de un libro de Manuel Rivas que tengo como de cabecera, ¿Qué me quieres amor? y me recreo viendo la dedicatoria que nos hizo en una visita a Sevilla en 2016, con una propuesta deslumbrante para tiempos frágiles: puso título a un libro que tengo que escribir sin falta, Por el derecho a soñar, que no olvido a pesar de la fragilidad que me rodea y que, a veces, me destroza el alma.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La flauta mágica suena en Madrid

LA FLAUTA MAGICA MADRID

La flauta mágica / Teatro Real (Madrid)

Sevilla, 25/I/2020

Se ha estrenado recientemente en el Teatro Real de Madrid, una versión de La Flauta Mágica inspirada en el cine mudo, una ópera de Mozart que me acompaña siempre en mi viaje interior cerca de Papageno, el protagonista cuya profesión es la de encantador de pájaros, sin conocer a veces a qué pájaros hay que encantar porque así es la vida. Mozart escribió esta partitura a modo de testamento espiritual, atendiendo al fondo y a la forma de la misma, entregando al mundo, junto al libreto de Schikaneder, un mensaje de iniciación al espíritu masónico y a toda su simbología. Recomiendo la visualización de un vídeo muy esclarecedor sobre esta ópera que animo a escuchar con la atención que merece José Luis Téllez un experto musicólogo al que respeto y sigo desde hace ya muchos años en Radio Clásica.

La Flauta Mágica permite muchas interpretaciones como pasa en la mayor parte de las situaciones en las que podemos optar en libertad sobre lo que un autor nos quiere transmitir con su obra, ya sea literaria, musical o artística en general. Mozart nunca fue inocente en sus composiciones, muchas veces aceleradas por su situación económica, muy frágil siempre por la enfermedad de Constanze, compañera fiel hasta su muerte. Muestra de ello son los innumerables conciertos a beneficio que organizaba en su casa habitualmente. Por ello, La Flauta Mágica, una composición musical sobre el libreto de Schikaneder, fue un auténtico testamento espiritual de lo que amaba sobre todas las cosas que contemplaba en el mundo, la libertad, un libelo de repudio contra el poder constituido, ya fuera religioso o político y un canto a la libertad de la vida ordinaria, sin negar en ningún momento el alimento espiritual que le brindaba la logia masónica en la que estaba inscrito y que es un trasunto permanente en el libreto que le inspiró siempre esta partitura esplendorosa. Las tríadas de sacerdotes, damas y “muchachos”, presentes en la obra, es una trasposición masónica del número 3.

PAPAGENO3

Puerta de Papageno. Teatro sobre el río Viena / Marcos Cobeña Morián

He vuelto a leer el libreto que conservo de la versión de La Flauta Mágica dirigida por Sir George Solti, publicada por Decca, en una grabación efectuada en septiembre/octubre de 1969 en la Sofiensaale de Viena, con la Orquesta Filarmónica de Viena, acompañada por el Coro de la Ópera del Estado de Viena. Es maravilloso volver a escuchar a Pilar Lorengar en el papel de Pamina, al famoso barítono Dietrich Fischer-Dieskau en el de antiguo sacerdote y a Hermann Prey en el de mi admirado Papageno.

En el libreto figura un recitativo a tres (siempre el tres masónico) de las Damas, Tamino y Papageno, como una primera declaración de intenciones después del episodio del cierre de la boca de Papageno con un candado, por haber mentido a Tamino y haberse atribuido la muerte de la serpiente que estaba cerca del príncipe: “¡Si todos los mentirosos tuviesen sus labios cerrados con candado, en lugar de odios, calumnias y mentiras, sólo habría amor y fraternidad!”. Creo que tiene una actualidad extraordinaria como mensaje ante las noticias falsas y cotilleos políticos que tanto daño hacen. A continuación figura la escena de la entrega de la flauta mágica al Príncipe Tamino que será la que ayudará en todo momento al protagonista hacia el encuentro con Pamina, la hija de la Reina de la Noche secuestrada por orden de Sarastro y bajo el control de Manóstatos.

La flauta mágica entregada a Tamino y el carillón de Papageno junto a su jaula de pájaros a la espalda, serán a partir de ese momento la expresión más fiel de la dialéctica de ambos protagonistas de la ópera, la de la realeza y la de la plebe, para poder interpretar la obra dignamente. También, sobre la importancia de la fraternidad en el mundo. Más adelante, siempre me ha fascinado el dueto entre Pamina y Papageno en el que ambos comentan el motivo de su encuentro en el palacio de Sarastro, en el que intercambian sus deseos más legítimos de encontrar a personas a las que amar, como bien expresa Pamina: “Debemos disfrutar del amor. Vivimos solamente para el amor”. La tarea de salvar a Pamina se refuerza en los siguientes sucesos de la ópera, hasta llegar a sus escenas finales, en las que Tamino y Pamina se unen en su amor verdadero así como Papageno y su querida Papagena, que se comprende aún más cuando se escucha el dueto que lleva sus nombres.

Escribiendo estas palabras recuerdo mi viaje a Viena en 2007 a través de la mirada de Papageno en su puerta del teatro sobre el río Viena (mi querido Teatro de barrio), sintiéndose cómplice del movimiento de la Secesión, a escasos metros de su deteriorada figura, cubierto de plumas y con su inseparable jaula para meter/sacar los pájaros encantados sin saber nunca a qué tipo de pájaros –uccellaci o uccellini, pasolinianos- se estaba refiriendo en su larga andanza. Lo contemplé durante bastantes minutos y cerrando los ojos imaginé el día del estreno de su maravillosa ópera, el 30 de setiembre de 1791, dos meses antes de su fallecimiento, dirigiéndola en un teatro muy sencillo, de un barrio alejado del Anillo Real y de la Iglesia Oficial de Viena. Así, hasta hoy en Madrid.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

El alma blanca de un actor “negro”, Antonio Banderas

ANTONIO BANDERAS

Sevilla, 16/I/2020

Hemos leído recientemente, en medios de comunicación norteamericanos, que la Academia de Hollywood había nominado a dos actores “de color” a los Oscar de 2020: la actriz afroamericana Cynthia Erivo y el español Antonio Banderas. Es verdad que han rectificado posteriormente, pero les traiciona el supremacismo blanco americano que todavía existe. Inmediatamente, he recordado por la cercanía de la ceremonia de los Oscar y por el hilo conductor de la dialéctica blanco y negro, el artículo que escribí el año pasado con motivo de la concesión de tres Oscar a la película El libro verde del conductor negro, porque refleja lo que esconde el alma americana de la Academia en representación de un país.

Leyéndolo de nuevo encuentro explicaciones a la acromatopsia americana, es decir, a la ceguera al color: “Vuelvo a publicarlo hoy como homenaje al hilo conductor de la película: la necesaria comunicación entre millones de personas diversas (con color de raza incluido) en un mundo diseñado, a veces, por el enemigo. Un relato real y que merece todos los elogios posibles para que Estados Unidos salga de la acromatopsia [la ceguera al color] a la que a veces quiere someter al mundo, donde es verdad que hay algo más que los grises permanentes, que suelen utilizar sus líderes políticos actuales y sus temibles asociados a los que eufemísticamente llamamos “hombres de negro”.

Espero que Antonio Banderas, comprenda con dolor y gloria este equívoco nada inocente y que consiga el Oscar tan merecido por su brillante carrera como actor. Escribo hoy estas palabras como homenaje al actor malagueño, andaluz, porque respondo a la inquietud que ya intuí en aquella ocasión: “¡Ay, América de Trump! Próximamente, seguiré escribiendo en este salón virtual… sobre el impacto de esta película en mi vida, convencido de la importancia extrema de la dignidad humana, de que los solitarios deben dar de una vez por todas el primer paso en cualquier momento complicado de la vida, de que lo fundamental en tiempos revueltos de la política es cambiar corazones sin violencia y de que es necesario descubrir el alma blanca que está detrás de todas las personas que pasan cerca de nuestras vidas. Aunque muchas veces no sepamos por qué pasan o qué nos pasa. Mientras, escucho a Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, cantantes de mi infancia rediviva. Y a Don Shirley [el pianista negro protagonista de El libro verde del conductor negro], porque era un pianista magnífico del que todavía puedo seguir aprendiendo muchas cosas”.

También, porque en aquella película oscarizada “Tony descubre el alma blanca de un hombre negro, porque le enseña a decir cosas preciosas a su mujer que está muy lejos. Le asombra cómo toca el piano y descubre que a Shirley le enseñó a tocar el piano su madre, en una pequeña espineta, viajando por circuitos imposibles de Florida”.

Al fin y al cabo, hablamos ahora del alma blanca de un hombre blanco, Antonio Banderas, de Salvador Mallo, el protagonista de Dolor y gloria.

NOTA: la imagen es un fotograma de la película Dolor y gloria.
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El libro verde del conductor negro, en un país ciego al color

GREEN BOOK
Tony “Lip” Vallelonga (Viggo Mortensen) y Don Shirley (Mahershala Alí), en Green Book (2018)

El Dr. Don Shirley lo dice en la película “Green Book” a su fiel y controvertido escudero y conductor blanco: “No se gana con violencia, Tony, se gana cuando… mantienes tu dignidad. La dignidad siempre prevalece. Y esta noche, por tu culpa, no lo hicimos” (1). Es el hilo conductor de la trama interna de esta entrega americana al mundo comercial del cine. Se trata de la dignidad humana que atraviesa todos los siglos, pero que se tuvo que emplear a fondo en la segregación racial americana. Dignidad de dignidades, solo buscaban los negros la dignidad, a pesar de que tuvieran que viajar con la insoportable levedad del Libro Verde para Conductores Negros.

Tony representa el principio de realidad que tanto tememos en nuestras vidas y que se instala en ella con bastante frecuencia. Vivimos en un mundo de personas solas, que solo hablan con ellas mismas, lo vemos por la calle con el disimulo que hoy ofrecen los teléfonos inteligentes para este menester: “[…] El mundo está lleno de gente solitaria que teme dar el primer paso”.

El relato completo de Green Book es muy interesante y no inocente. Narra las vivencias reales de un músico afroamericano, Don Shirley, que tuvo una vida azarosa por cuna y color de piel. Fue un músico extraordinario que un día decidió viajar a un mundo casi imposible en su propio país, el Sur de América del Norte, para ofrecer conciertos con su Trío a blancos ricos y nada respetuosos con el color de la piel del artista. Se viven diversos episodios donde se palpa la transformación ideológica del conductor y guardaespaldas de Shirley, Tony Vallelonga, quien no comprende el porqué de este viaje hacia ninguna parte según él, tal y como lo expresa uno de los componentes de los músicos del famoso Trío, de nombre ruso, Oleg: “¿Me preguntaste una vez [Tony], por qué el Doctor Shirley hace esto? Te lo diré. Porque el genio no es suficiente. Se necesita valor para cambiar los corazones de la gente”.

THE GREEN BOOK
La contradicción de Shirley es constante en un mundo americano del Sur que es incapaz de aceptar la diversidad racial: “¡Sí, vivo en un castillo! Tony. ¡Solo! Y los blancos ricos me pagan por tocar el piano para ellos, porque los hace sentir cultos. Pero tan pronto como me bajo del escenario, vuelvo a ser sólo otro negro para ellos. Porque esa es su verdadera cultura. Y yo sufro ese desaire solo, porque no soy aceptado por mi propia gente, ¡porque yo tampoco soy como ellos! Así que, si no soy lo suficientemente negro, y si no soy lo suficientemente blanco, y si no soy lo suficientemente hombre, entonces…, dime Tony, ¿qué soy?

Tony descubre el alma blanca de un hombre negro, porque le enseña a decir cosas preciosas a su mujer que está muy lejos. Le asombra cómo toca el piano y descubre que a Shirley le enseñó a tocar el piano su madre, en una pequeña espineta, viajando por circuitos imposibles de Florida. En una ocasión -le cuenta- un hombre que le había escuchado le ofreció la oportunidad de estudiar en el Conservatorio de Música de Leningrado, siendo el primer negro que aceptaban allí. Aprendió a tocar, básicamente, música clásica, interpretando a compositores de la talla de Brahms, Franz Liszt, Beethoven, Chopin…, “todo lo que siempre quise tocar”. Pero el poderoso caballero don dinero de las compañías discográficas, la suya en concreto, Cadence, le aconsejó que tocara otras cosas más populares. La todopoderosa América de los años sesenta no aceptaría nunca que un músico negro tocara música clásica, sino la que le adjudicaban como algo suyo, el jazz: “Querían convertirme en otro “animador de color”. Ya sabes, del tipo que fuma mientras toca, pone un vaso de güisqui en su piano y luego se queja porque no es respetado como Arthur Rubinstein”.

Tony, admirador de Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, a los que no había escuchado nunca Shirley (aparentemente), creía que hubiera sido un gran error continuar con su carrera de corte clásico, algo que Shirley no comprendía para nada: “¿Un error? ¿Interpretando la música en la que estuve entrenando toda mi vida para tocar?, a lo que responde asombrado Tony: “¿Entrenado? Qué eres, ¿una foca? A la gente le encanta lo que haces. Cualquiera puede sonar como Beethoven o Joe Pan o los otros tipos que dijiste. Pero tu música, lo que tú haces… Sólo tú puedes hacerlo”. Shirley da las gracias a Tony por su cumplido, pero le manifiesta que “No todo el mundo puede tocar a Chopin… no”.

Lullaby of Birdland, de la banda sonora de Green Book (The Don Shirley Trio) – Kris Bowers

Tengo que confesar que no conocía a Don Shirley, pero sí a los cantantes de la época a los que admiraba Tony “Lip”, el pendenciero conductor cuentista y admirador progresivo de su pasajero negro en un coche azul de ensueño, en un país ciego al color negro.

¡Ay, América de Trump! Próximamente, seguiré escribiendo en este salón virtual… sobre el impacto de esta película en mi vida, convencido de la importancia extrema de la dignidad humana, de que los solitarios deben dar de una vez por todas el primer paso en cualquier momento complicado de la vida, de que lo fundamental en tiempos revueltos de la política es cambiar corazones sin violencia y de que es necesario descubrir el alma blanca que está detrás de todas las personas que pasan cerca de nuestras vidas. Aunque muchas veces no sepamos por qué pasan o qué nos pasa. Mientras, escucho a Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, cantantes de mi infancia rediviva. Y a Don Shirley, porque era un pianista magnífico del que todavía puedo seguir aprendiendo muchas cosas.

Sevilla, 17/II/2019

(1) Las frases, con ligeros cambios, las he recuperado de http://frasesdecineparaelrecuerdo.blogspot.com/2019/02/frases-pelicula-green-book-peter-farrelly.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Solo os pedimos, nuevo Gobierno de Coalición…

Sevilla, 12/I/2020

Hay una canción en mi banda sonora vital que me llena siempre de emoción ante momentos difíciles. Se trata de una canción preciosa de Pablo Milanés, Solo te pido, que resuena hoy con más fuerza que nunca cambiando lo que haya que cambiar en referencia a renunciar a los personalismos y abrir los tiempos verbales a una conjugación de todas las personas que confiamos en el nuevo Gobierno de Coalición.

Ante el momento histórico que vamos a vivir a partir de mañana, me tomo la licencia de adaptar la letra a estos tiempos actuales de la política en España y creo que acaba sonando igual esa canción tan bella, pidiendo al nuevo Gobierno de Coalición que llenen nuestros espacios vitales, personales y colectivos, con su luz política, que no se queden los proyectos en papeles grises, que saben que millones de personas de este país creemos que otro mundo es posible, que nos llenen de razones para respirar en el clima tan contaminado en la actualidad; que no se hagan las cosas por complacer a unos y a otros sino como reconocimiento a unos derechos como personas y que no hablen solo por hablar.

De verdad, que llenen nuestros espacios vitales con su nueva luz:

No os pedimos
que nos bajéis una estrella azul
solo os pedimos
que nuestro espacio llenéis con vuestra luz

No os pedimos
que nos firméis diez papeles grises para confiar
solo os pedimos
que queráis las palomas que solemos mirar

De lo pasado no lo vamos a negar
el futuro mejor algún día llegará
y del presente qué le importa a la gente
si es que siempre van a hablar

Seguid llenando este minuto
de razones para respirar
no nos complazcáis solo, no os neguéis a los cambios,
no habléis por hablar

Nos os pedimos
que nos bajéis una estrella azul
solo os pedimos
que nuestro espacio llenéis con vuestra luz

Se lo debo hoy a Pablo Milanés: seguir confiando en que otro mundo es posible en beneficio de todos. Sus canciones y su ideología me han llenado siempre de ganas de seguir viviendo dignamente. Esa es la razón de compartirlo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

 

La fábula del camaleón

CAMALEON

Sevilla, 10/I/2020

En los tiempos políticos que vivimos en la actualidad, he recordado la fábula del camaleón que finalmente no sabía de qué color ponerse, que nos dejó como metáfora escrita Augusto Monterroso (1), aunque cada uno, cada una, tiene que saber identificar y atribuirse el papel y el color que le corresponde en la actualidad, según lo narrado en la misma:

En un país muy remoto, en plena Selva, se presentó hace muchos años un tiempo malo en el que el Camaleón, a quien le había dado por la política, entró en un estado de total desconcierto, pues los otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado de sus artimañas y empezaron a contrarrestarlas llevando día y noche en los bolsillos juegos de diversos vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía, de manera que cuando él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento necesitaba volverse, digamos, azul, sacaban rápidamente un cristal rojo a través del cual lo veían, y para ellos continuaba siendo el mismo Camaleón morado, aunque se condujera como Camaleón azul; y cuando estaba rojo y por motivaciones especiales se volvía anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual.

Esto sólo en cuanto a los colores primarios, pues el método se generalizó tanto que con el tiempo no había ya quien no llevara consigo un equipo completo de cristales para aquellos casos en que el mañoso se tornaba simplemente grisáceo, o verdiazul, o de cualquier color más o menos indefinido, para dar el cual eran necesarias tres, cuatro o cinco superposiciones de cristales.

Pero lo bueno fue que el Camaleón, considerando que todos eran de su condición, adoptó también el sistema.

Entonces era cosa de verlos a todos en las calles sacando y alternando cristales a medida que cambiaban de colores, según el clima político o las opiniones políticas prevalecientes ese día de la semana o a esa hora del día o de la noche.

Como es fácil comprender, esto se convirtió en una especie de peligrosa confusión de las lenguas; pero pronto los más listos se dieron cuenta de que aquello sería la ruina general si no se reglamentaba de alguna manera, a menos de que todos estuvieran dispuestos a ser cegados y perdidos definitivamente por los dioses, y restablecieron el orden.

Además de lo estatuido por el Reglamento que se redactó con ese fin, el derecho consuetudinario fijó por su parte reglas de refinada urbanidad, según las cuales, si alguno carecía de un vidrio de determinado color urgente para disfrazarse o para descubrir el verdadero color de alguien, podía recurrir inclusive a sus propios enemigos para que se lo prestaran, de acuerdo con su necesidad del momento, como sucedía entre las naciones más civilizadas.

Sólo el León que por entonces era el Presidente de la Selva se reía de unos y de otros, aunque a veces socarronamente jugaba también un poco a lo suyo, por divertirse.

De esa época viene el dicho de que

todo Camaleón es según el color
del cristal con que se mira.

Vivimos en un caleidoscopio político muy complicado. Lo importante ahora es identificar a los camaleones que se tiraron del barco de la dignidad al mar en tiempos difíciles, porque ya va faltando mar para recoger a tanto camaleón tibio y mediocre que nos rodea sin piedad. Lo verdaderamente complicado es constatar que a partir de ahora va a faltar barco digno para recoger a todos los que se tiraron al mar en tiempos revueltos. Sobre todo, porque habrá que identificar su color auténtico de origen, que lo tienen, para que las personas que creemos que otro mundo es posible no nos equivoquemos al elegir compañeros de viaje cuando se inicia una singladura política nueva e ilusionante en este país.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.bioenciclopedia.com/camaleon/

(1) Monterroso, Augusto. La oveja negra y demás fábulas, 2002 (4ª ed.), Madrid: Santillana, p. 37-39.

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Gobierno de coalición e interés general (II)


Juan Genovés, El abrazo, 1976

Sevilla, 3/I/2020

El pasado 14 de noviembre escribí un artículo en este cuaderno digital que llevaba el título que encabeza estas líneas. Hoy, vuelvo a utilizar aquellas palabras actualizándolas en este aquí y ahora político, porque creo que son los principios que deben regir la nueva legislatura tan próxima ya atendiendo a los últimos acontecimientos que propician un gobierno anunciado. El principio de realidad que expuso magistralmente Sigmund Freud, se ha impuesto finalmente como consecuencia del resultado político de las elecciones generales celebradas el pasado 10 de noviembre. El anuncio posterior del gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos reflejaron esta asunción del principio freudiano aplicado a la política. Solo es viable la instauración de este tipo de Gobierno si se respetan dos palabras de enorme contenido constitucional: interés general. El abrazo de Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (UP) me recordó el cuadro de Genovés, El abrazo, símbolo de la Transición, que está cerca de donde se produjo ese momento político del anuncio de gobierno de coalición, porque merecería la pena que quienes ostentan la representación política de todos los españoles observaran con detenimiento el cuadro y pensaran, aunque fuera solo por un momento, que este símbolo de los abrazos no se debe olvidar porque fue una lección democrática reflejada fantásticamente por Genovés durante la Transición en un país que ahora los necesita más que nunca.

Efectivamente, en la situación política actual creo que la solución de Gobernanza de Estado pasa por respetar el interés general de la ciudadanía, del pueblo, de la gente. Y con la sombra de aquella enigmática frase de Lenin, ¿qué hacer?, en la que crecí en tiempos de una España difícil, creo que cada líder político llamado a poder presidir y gobernar este país, como símbolo de la auténtica democracia, debe mantener durante toda la legislatura diálogos permanentes con otros partidos ideológicamente próximos a la izquierda constitucional y con los alternativos, democráticamente hablando, porque no todo vale en política, para llegar a consensos que permita iniciar la legislatura con acuerdos programáticos viables y representativos de una España diferente, que ya no es de dos sino de muchos. De esta forma, cada persona, sola o acompañada, siguiendo el ejemplo de sus políticos de cabecera o sensatos hasta límites insospechados, podrá trabajar por otro mundo mejor, porque es posible, dialogando sin límite alguno, sin esperar que el telediario, las noticias a través de diferentes medios o las opiniones de barra de café y sillón, vengan a solucionar los problemas acuciantes que atraviesan España, Andalucía, las familias andaluzas, sin ir más lejos, por hablar de lo más próximo en el espacio y tiempo postelectoral. Pero ¿qué hacer?

Ante un programa de gobierno de consenso, tal y como lo han ordenado las urnas en las elecciones generales últimas de 10 de noviembre de 2019 y que podrá empezar su singladura la semana próxima, surge una pregunta obvia: ¿tengo yo que hacer algo en esta situación o sigo confiando en que esta situación la resuelvan solo los políticos, los de arriba?, ¿no tendré yo alguna parte de esa responsabilidad en lo que está pasando por acción u omisión? ¿Qué hacer? Para empezar, exigir este diálogo, pero de forma celular, activa y ejemplar, con generosidad absoluta y amplitud de miras hacia los que tienen la mayor pobreza que existe: no ser dueños de su inteligencia para pedir, denunciar y obtener lo que es legítimo para ser personas, para exigir ese diálogo de nuestros mayores políticos a los que hemos confiado nuestro voto. Porque si hay dignidad personal y colectiva, pública y privada, habrá trabajo, control de la corrupción, programas políticos sensatos y que den respuesta a las problemáticas sociales actuales, dado que las ideologías y las economías no son inocentes y los Gobiernos tampoco. Hay que tener claro también y defenderlo a los cuatro vientos que no todos somos o son iguales en el Gobierno en la calle más próxima y que no se debe confundir valor y precio, como hace todo necio. Lo que hay que hacer con urgencia es desenmascarar a las personas indignas, cualquiera que sea el lugar que ocupen en la sociedad, arriba o abajo, en la derecha, en el centro o en la izquierda de cada persona.

¿Qué hacer? Creer en el interés público, el general, en el que tanto insiste la Constitución actual, por encima del personal o el de partido con siglas concretas: es la única solución, aunque haya que cambiar cuestiones vitales en el desarrollo actual de la misma, porque si nos podemos salvar todos, siempre será mejor que uno solo, o unos pocos, sobre todo aquellos que mueven los hilos de la marioneta mundial de la economía de mercado, a través del rating, de las primas de riesgo, de los bancos malos de remate, etcétera, etcétera. Solidaridad frente a codicia. Interés público, general, para salvar la situación del empleo, de la educación, salud y servicios sociales para todos los que lo necesiten, no solo para los que puedan acceder a ellos con privilegios o porque puedan pagarlos.

En definitiva, frente a los mercados implacables, simbolizado en aquellas palabras de la campaña de Clinton y sus adláteres actuales, ¡Es la economía, estúpido!, hay que gritar muy fuerte: ¡Es el diálogo, el interés general!. Sin más. Y sin insultar como lo hicieron ellos, como lo hacen todavía en el momento actual, creyendo que la malla mundial de personas que habitan el planeta Tierra o, por extensión, España, es tonta. O estúpida, como creían en 1992 y creen muchos todavía hoy.

Hablamos del principio de realidad, pero también de confianza política, en términos constitucionales y de profunda raíz democrática. Confío en que a partir de la semana que viene tengamos un Gobierno de Coalición solvente y creíble. El interés general de los ciudadanos y ciudadanas de este país así lo esperan. Ese debería ser su lema de legislatura. Es lo que esperaba Genovés cuando pintó el cuadro que encabeza estas líneas, no inocente por cierto, haciendo camino al andar y no disimulando nunca que la izquierda sabía mejor que nadie de abrazos y comprensión sin límites al tener que ponerse a hablar las dos Españas de Machado durante la Transición, porque todos no somos iguales en conducta social e igualitaria desde las ideologías, aunque sí ante la Ley. Es lo que deberían recordar ahora las señoras diputadas y los señores diputados a la hora de hablar del nuevo Gobierno y del interés general: olvidar momentáneamente lo que nos separa es comprender lo que buscamos entre todos y a veces se comprende tanto que ya no hay casi nada que olvidar o perdonar y mucho por hacer en lo que nos une. Incluso con un abrazo especial al que piensa de forma diferente, mirando de frente a las diferentes caras de los que se sentarán a partir de mañana, en días clave, en la urna de cristal que se llama ahora Congreso de los Diputados, “la casa de los demócratas” tal y como lo llama Genovés.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Alocución de fin de año

ANGEL GONZALEZ

Sevilla, 31/XII/2019

Ángel González escribió un poema cargado de historia reciente en este país y en el mundo que nos rodea. Llevaba por título “Alocución a las veintitrés” (1). Hoy, cuando quedan muy pocas horas para que finalice un año controvertido desde la perspectiva política de un país que ha mantenido un gobierno en precario por falta de visión de Estado por parte de muchos responsables políticos, lo he recordado porque, salvando lo que haya que salvar, me ha sonado como muy cercano en su fondo y forma.

Lo traigo a colación porque estas palabras de Ángel González son un símbolo de lo que a veces no queremos ver aunque es evidente lo que está pasando, aplicando el principio de realidad de Freud cuando finaliza este año. Las preguntas serias son las que enuncia metafóricamente el poeta: ¿quién se dirige a quién? ¿quién, con poder suficiente, sean reyes, presidentes o ministros, se dirige así a sus subordinados con un discurso paradigmático de doble moral? ¿lo pronuncian solo los políticos o todas las personas que no quieren ver lo que miramos todos, solo por ejercer cierta prepotencia sobre los demás? ¿afecta solo a los de arriba o solo a los de abajo, a los de izquierdas o a los de derechas? ¿a todos?

Alocución es un discurso o razonamiento breve por lo común y dirigido por un superior a sus inferiores, secuaces o súbditos [sic, según la RAE]. Lo que sí tengo claro es que cuando cambie el año, suenen las campanadas y nos enfrentemos a las uvas, esta alocución va a ser un revulsivo a las veinticuatro horas para que aprendamos del valor de la libertad de la palabra que aún nos queda y que, afortunadamente, no está a la venta en Amazon ni en los mercados porque, seamos sinceros, interesa escucharla solo a unos pocos.

ALOCUCIÓN A LAS VEINTITRÉS

Ciudadanos perfectos a estas horas,
honorables cabezas de familia
que lleváis a los labios vuestra servilleta
antes de pronunciar las palabras rituales
en acción de gracias por la abundante cena:

vuestra responsabilidad de sólidos pilares
de la civilización y de Occidente,
del consumo de bicarbonato sódico
y del paternalismo hacia la servidumbre,
exige de vuestra parte
cierta ignorancia de hechos también ciertos,
un esfuerzo final en bien de todos,
la tozuda incomprensión de algunas realidades,
la fe más meritoria, en resumen,
que consiste en no creer en lo evidente.

Yo podría jurar que la tierra está fija
–ya lo juré otras veces–
y que el sol gira en torno a ella;
yo podría negar que la sangre circula
–lo seguiré negando, si hace falta–
por las venas del hombre; yo podría
quemar vivo a quien diga lo contrario
–lo estoy quemando ahora–.

No es que sean importantes los asuntos
objeto de polémica:
lo importante es la rígida
firmeza en el error.
Pues las mentiras viejas se convierten
en materia de fe, y de esa forma
quien ose discutirnos
debe afrontar la acusación de impío.
Con esto, y una buena cosecha de limones,
y la ayuda impagable de nuestros coaligados,
podemos esperar algunos lustros
de paz como ésta de hoy,
en una noche semejante a ésta de hoy,
tras una cena lo mismo que ésta de hoy.

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra, 2018. Barcelona: Austral, p. 176s.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

¡Abrazaos, millones de personas!

Sevilla, 30/XII/2019

Estamos expectantes ante el concierto de año nuevo que se celebrará en Viena el próximo 1 de enero de 2020, interpretado por la Orquesta Filarmónica de Viena y dirigido por primera vez por Andris Nelsons, nacido en Riga en 1978, un discípulo del director también letón Mariss Jansons, que ha fallecido recientemente y muy querido por los componentes de la citada orquesta. Es un homenaje también a Jansons que dirigió este concierto por última vez en 2016. Andris Nelsons no es un desconocido en Viena porque ha dirigido esta afamada Orquesta en más de sesenta ocasiones desde que lo hiciera por primera vez en 2010.

Este año se va a recordar especialmente a Beethoven en el 250 aniversario del nacimiento del compositor, que amó Viena y fue su refugio durante 23 años para canalizar los aires de libertad que trasladó siempre a su obra y porque deseó conocer bien a Mozart para aprender de él su maestría en la composición musical y en su forma de entender la vida. En concreto, se interpretará en la segunda parte del concierto el vals de Johann Strauss hijo (1825-1899), Opus 443, que lleva un título y un mensaje emblemáticos para comprender la fortaleza de la unión de las personas en el mundo, ¡Abrazaos, millones de personas!, en cada territorio en el que se nace, vive o muere cada persona, basada en la obra escrita por el poeta Friedrich von Schiller (1759-1805), publicada por primera vez en 1786 y que años después se transformó en un movimiento final de la novena y última sinfonía, en Re menor, Op. 125, de Beethoven, sobre un extracto de la versión definitiva de la “Oda a la Alegría” de Schiller. Strauss, a la hora de componer esta obra, no entró en la profundidad del mensaje de Schiller. Solo aprovechó la atracción del título y porque quiso hacer un regalo especial a su amigo Johannes Brahms, nada más. Habría que esperar a la maravillosa composición citada de Beethoven para entrar de lleno en el fondo y forma de esta gran obra: la novena sinfonía, en su movimiento final. Sin quitar mérito a Strauss, por supuesto, pero dando a cada uno lo suyo.

En la actualidad, este movimiento de Beethoven es el himno oficial de Europa y debería hacernos reflexionar sobre el contenido de lo que Schiller quiso comunicar a su generación y a las siguientes que poblarían Europa y el planeta Tierra. El homenaje que la Orquesta Filarmónica de Viena va a hacer al poema de Schiller, a través de Strauss y con el telón de fondo de la composición de Beethoven al respecto, bajo la dirección de Nelsons, puede ser una oportunidad para leer detenidamente el libreto que Beethoven interpretó magistralmente para llevarlo a una orquesta y coros donde resuena con gran fuerza el mensaje de libertad y creencia en un mundo nuevo, donde la alegría nos puede llevar a entender que todos podemos ser hermanos, porque la naturaleza ofrece cobijo incluso a quienes no logran disfrutar de ella: ¡Abrazaos millones de criaturas! / ¡Que un beso una al mundo entero! / Hermanos, sobre la bóveda estrellada / debe habitar un Padre amoroso. / ¿Os postráis, millones de criaturas? / ¿No presientes, oh mundo, a tu Creador? / Búscalo más arriba de la bóveda celeste / ¡Sobre las estrellas ha de habitar!:

ODA A LA ALEGRÍA

¡Oh, amigos, dejemos esos tonos!
¡Entonemos cantos más agradables y llenos de alegría!
¡Alegría! Alegría!

¡Alegría, hermoso destello de los dioses,
hija del Elíseo!
Ebrios de entusiasmo entramos,
diosa celestial, en tu santuario.
Tu hechizo une de nuevo
lo que la acerba costumbre había separado;
todos los hombres vuelven a ser hermanos
allí donde tu suave ala se posa.

Aquel a que la suerte ha concedido
una amistad verdadera,
quien haya conquistado a una hermosa mujer,
¡una su júbilo al nuestro!
Aún aquel que pueda llamar suya
siquiera a un alma sobre la tierra.
Más quien ni siquiera esto haya logrado,
¡que se aleje llorando de esta hermandad!

Todos beben de alegría
en el seno de la Naturaleza.
Los buenos, los malos,
siguen su camino de rosas.
Nos dio besos y vino,
y un amigo fiel hasta la muerte;
lujuria por la vida le fue concedida al gusano
y al querubín la contemplación de Dios.
¡Ante Dios!

Gozosos como vuelan sus soles
a través del formidable espacio celeste,
corred así, hermanos, por vuestro camino alegres
como el héroe hacia la victoria.

¡Abrazaos millones de criaturas!
¡Que un beso una al mundo entero!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
debe habitar un Padre amoroso.
¿Os postráis, millones de criaturas?
¿No presientes, oh mundo, a tu Creador?
Búscalo más arriba de la bóveda celeste
¡Sobre las estrellas ha de habitar! (2)

NOTAS:

(1) En la imagen del primer vídeo, Johann Strauss II (izquierda) y Johannes Brahms (1894).

(2) En cursiva las estrofas que incorporó Beethoven al libreto del movimiento final de su novena y última sinfonía, en Re menor, Op. 125.

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El rabel de los santos inocentes

Sevilla, 28/XII/2019

Muchas personas recordamos la película Los santos inocentes, dirigida por Mario Camus, basada en una obra homónima de Luis Delibes, a través de una frase icónica, ¡Milana bonita!, pronunciada de forma repetida con la voz profunda e inconfundible de Paco Rabal en su papel de Azarías. Lo que no recordará casi nadie es que la banda sonora de la película está interpretada por Pedro Madrid, un rabelista de Cantabria, un músico inocente de extracción rural, que no vio la película porque estaba dedicado en cuerpo y alma a su tierra, Polaciones, y a su parentela, nada más, muy lejos del bullicio mundano.

El rabel es un instrumento de cuerda frotada, tres cuerdas concretamente, que Pedro tocaba con destreza: “Éste -y muestra el que tiene en esos momentos en sus manos- está hecho de madera de tejo. Es un árbol milenario cargado de leyendas, pero es muy difícil encontrarlo. También los hago de serval, que es un árbol sagrado de los antiguos celtas” (1). Tiene raíces árabes, el rabáb, según el diccionario de la RAE: instrumento musical pastoril, pequeño, de hechura como la del laúd y compuesto de tres cuerdas solas, que se tocan con arco y tienen un sonido muy agudo. Desde 1505 tenemos registrada la existencia de este instrumento en el diccionario de Fray Pedro de Alcalá, matizada posteriormente en el de Autoridades, en 1737: “instrumento músico pastoril, de hechura como la del laúd”.

La aportación de Pedro Madrid a la película es un símbolo del argumento de la misma, porque desprende sabiduría rural a manos llenas, es decir, la exposición desnuda de las relaciones amo-sirviente durante la posguerra en España, donde el desprecio al que menos tiene y, además, te sirve, era una seña de identidad de la burguesía cortijera de la época. Delibes escribió una denuncia social descarnada, continua, en formato de novela, con una trama en la que los santos inocentes son aquellas personas que viven con dignidad el hecho de ser diferentes, singulares, casi sin darse cuenta, casi siempre ignorados por la sociedad.

Hoy, día de los santos inocentes, he recordado la película y un instrumento humilde, el rabel, tocado con destreza por Pedro Madrid, un gran desconocido para la historia de la música en este país. Lo escucho en los títulos de crédito de la película, llevándome en volandas como la grajilla de Azarías. Es solo un homenaje a su colaboración en la historia de la literatura y el cine en este país, en un día del calendario muy especial.

(1) https://elpais.com/diario/1985/09/06/ultima/494805604_850215.html

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