Falta mar para los que se tiran del barco político

Costa Concordia

1. A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…
2. A veces, falta barco para recoger a todos los que se tiran a ese mar…

Aforismos

Sevilla, 6/V/2021

Los aforismos de Jorge Wagensberg (1948-2018), un divulgador de la ciencia ejemplar y que siempre fue y seguirá siendo muy necesario para este país, me han permitido abordar frecuentemente una tarea inteligente de aprehender el mundo, sobre todo para resolver problemas, entendiendo esta capacidad humana como la mejor definición de la inteligencia. Me gusta comprenderlos en el sentido que ya se definió por primera vez, en el siglo XVIII, en el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí: “Sentencia breve y doctrinal, que en pocas palabras explica y comprehende la esencia de las cosas” (RAE A 1726, pág. 338,1). Y vuelven a estar de moda, quizá porque la velocidad que se imprime a la vida diaria necesita de estos “pretextos para textos fuera de contexto”, como lo definió Jorge Wagensberg en un artículo de opinión, extraordinario, que se publicó en el suplemento Babelia, de El País, en 2012 (1). Esta definición última, en términos de ciencia, lo fundamentaba en tres argumentos: la objetividad, la inteligibilidad y la dialéctica. Objetividad, porque el sujeto de conocimiento debe distorsionar lo menos posible al objeto de conocimiento. La inteligibilidad, porque hay que despejar a la esencia de todos sus matices, alcanzando la mínima expresión de lo máximo compartido. Ejemplo: Vivir envejece. Y, por último, la dialéctica, como tensión continua entre sujeto y objeto: La realidad es inteligible porque no hay bosques con más árboles que ramas.

Cuando estamos viviendo todavía la resaca de los resultados de las últimas elecciones en la Comunidad de Madrid, constato que se extiende como una mancha de aceite la tentación de grandes líderes políticos, perdedores y soberbios, así como de muchos militantes anónimos y ciudadanos de a pie, frustrados por la debacle del frente popular de la izquierda, de abandonar el barco político de cada cual y arrojarse al mar esperando que algún día alguien los recoja, momento crucial que completa la primera parte del aforismo personal que da título a este artículo, porque quizás ya no haya sitio en el nuevo barco para tantos desertores, en el que presuntamente piensan que pueden volver a idear un mundo mejor en política, barco que se llama “Tiempos mejores”.

Es una realidad que navegamos en plena pandemia en mares procelosos de miedo a lo desconocido, nuevos modelos de convivencia, corrupción, cansancio existencial y desencanto, en los que cunde el mal ejemplo de abandonar el barco metafórico de la dignidad, con la tentación de que el mundo se pare para bajarnos o arrojarnos directamente al otro mar de la presunta tranquilidad y seguridad existencial. Se constata a veces, en esa situación, que falta ya mar para acoger a todos los que se tiran a él. Lo expresaba en 2012 en un post dedicado a los aforismos, porque en ese momento apreciaba que eran numerosas las deserciones en el barco político de aquella legislatura, siendo testigo directo del abandono apresurado de los que tenían la obligación de mantenerse en el puente de mando de la responsabilidad política que se le había encomendado, arrojándose a un mar repleto de desertores de la dignidad.

Recuerdo perfectamente un hecho que ocurrió en aquellos días, al difundirse la triste noticia de cómo el capitán Francesco Schettino abandonaba de forma vergonzante el crucero Costa Concordia, que chocó el 12 de enero de 2012 por una maniobra indebida con una roca junto a la isla del Giglio (Italia), en un ejemplo patético de irresponsabilidad y cobardía. Todavía resuena en mis oídos la grabación en italiano de los gritos del jefe de guardacostas cuando le conminaba a que volviera al barco del que se había tirado de forma tan lamentable e indigna: “Suba a bordo. Es una orden. No ponga más excusas. Ha abandonado el barco, ahora estoy yo al mando. ¡Suba a bordo!”. Decía que se había “caído” por la popa cuando lo que constataron es que cuando llegó a la costa su ropa no estaba mojada. Nadó y guardó la ropa de la indignidad, nunca mejor dicho.

Lo he recordado especialmente desde la noche del pasado domingo cuando la tempestad política arreciaba y ya se oían las primeras voces de las deserciones y lanzamientos al mar. Creo que es urgente pedir a los dirigentes políticos que no abandonen sus barcos de dignidad, especialmente aquellos que demuestran los auténticos valores de la política decente, que existe, porque son millones de personas las que con su voto les han dado respaldo en la buena fe política, aunque también compromete diariamente a los ciudadanos de a pie. Porque cuando depositamos nuestro voto confiamos en un programa, en unas personas, en una ideología, en un progreso, etc. Queremos ser escuchados en el silencio, a veces, de los sin voz. Porque el silencio de la urna existe ante los ruidos propagandísticos. En pocos centímetros de papel una persona se proyecta y proyecta la sociedad. Soñamos con unir muchos papeles y así, casi pegados, afirmar conjuntamente que se cree en la posibilidad de ser pueblo y ser escuchado. El voto es, en definitiva, un compromiso activo.

Por ello, alerto contra la tentación de tirarnos al mar de la burbuja personal de confort, de la presunta seguridad, ante el hartazgo por el acoso diario de la política mal entendida. Fundamentalmente, porque siguiendo con el aforismo, es probable que cuando un día quizá lejano queramos volver al barco de la dignidad, falte ya barco, es decir, el sitio decente que teníamos asignado en la vida y que en ese momento nos correspondía asumir. Porque también es verdad que nadie se baña dos veces… en los ríos que van a dar a la mar digna.

Para finalizar y como pequeño homenaje a Jorge Wagensberg, del que tanto he aprendido, recojo de nuevo un precioso aforismo suyo en el que nos entregaba unas respuestas inteligentes para tiempos de crisis y de abandonos: ¿Qué hacer? Comprender (no tenemos nada mejor que hacer). ¿Comprender qué? Comprender la realidad (no tenemos nada más a mano). Espero que sirvan estas palabras para construir una forma diferente de ser en el mundo en este país tan cainita, intransigente y maleducado. Fundamentalmente, porque necesitamos tiempo de silencio para pensar y comprender la realidad tal y como es en plena pandemia. Para transformarla y no solo cambiarla. Cada uno en su sitio y como pueda hacerlo, porque es posible y sin necesidad de tirarnos al mar de la indignidad y de los silencios cómplices.

(1) Pretexto para un texto fuera de contexto | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

NOTA: la imagen se recuperó el 3 de marzo de 2018 de: http://www.theatlantic.com/photo/2012/01/the-wreck-of-the-costa-concordia/100224/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La corrupción de la mente: una enemiga política ya presente

Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida

Emilio Lledó

Sevilla, 5/V/2021

Los medios de comunicación social nos han inundado hoy de noticias en relación con los resultados de las elecciones a la Comunidad de Madrid. Es el momento de no hacer juicios precipitados, pero estoy sorprendido por los resultados en el contexto actual de una Comunidad que siento como mía, porque allí crecí desde niño y le profeso un gran respeto y agradecimiento por lo que allí aprendí. La polarización derecha-izquierda ha sido una realidad, con altas cotas de crispación y desasosiego, pero la campaña ya dejaba entrever por lo manifestado por determinados líderes de la ultraderecha y derecha ultramontana que lo que menos importaba, a veces, era el electorado, si nos poníamos a analizar lo que ha ocurrido en esa Comunidad en los últimos catorce meses de pandemia. Para mí es inconcebible que con los datos estadísticos de muertes de personas mayores en residencias, escasez de profesionales y recursos sanitarios de todo tipo, caso omiso casi constante de las directrices del Consejo Interterritorial de Salud y gasto incontrolado en recursos hospitalarios que podían haberse empleado en dotar mejor a los ya existentes, se premie esa gestión con una consolidación de la misma a través de las urnas. Datos democráticos, sí, pero al César lo que es del César. Es verdad también, que la llamada “izquierda” ha demostrado hasta casi el último momento que sigue tan “desunida” como habitualmente viene pasando en las últimas décadas y de aquellos polvos de sopa de siglas vienen estos lodos. La realidad es que la mesa política de la democracia está servida, pero creo que hay un serio problema en los miles de comensales que nos sentamos en ella: la corrupción de la mente.

Me he retirado al rincón de pensar, visitando previamente mi clínica del alma, es decir, mi biblioteca, para intentar reabsorber lo ocurrido con lecturas clarificadoras como las de Emilio Lledó, a través de un libro que leo con frecuencia, Sobre la educación, en el que figura un artículo precioso, Juan de Mairena, una educación para democracia, en el que hace una advertencia sobrecogedora sobre la corrupción de la mente: “Sorprende que con el enorme y tal vez desmesurado retumbar de las noticias sobre corrupción, no se haya entrevisto la peor de las corrupciones, mucho más grave aún que la de la supuesta apropiación de bienes ajenos o la utilización de la venta de los bienes públicos para engordar los privados. Me refiero a la corrupción de la mente, a la continua putrefacción de la conciencia debida, entre otras monstruosidades de degeneración mental, a la manipulación informativa. Estas corrupciones no son instantáneos desenfoques de la visión. Al cabo del tiempo esos manejos en nuestras inermes neuronas acaban por distorsionarlas, desorientarlas y dislocarlas. Difícilmente podrán hacer ya una sinapsis, una conexión pertinente y correcta” (1).

El daño al denominado principio de confianza debida en democracia representativa, es un ejemplo muy clarificador de la corrupción mental por la manipulación informativa que se pueda recoger en letra impresa en los programas políticos y en las intervenciones públicas de sus líderes en mítines, tertulias, comparecencias en ruedas de prensa y en mensajes explícitos en redes sociales, como hemos podido constatar en la campaña de las elecciones últimas a la Comunidad de Madrid. La manipulación permanente mediante compromisos falsos acaba “distorsionando, desorientando y dislocando” las creencias de los votantes. Es por lo que en pleno retiro voluntario pido, con profundo respeto ciudadano, que se ponga una especial atención a no corromper la mente de las personas que pertenecemos al club ciudadano de las personas dignas, que somos millones en este país. Estamos acostumbrados a votar sin conocer con detalle el contenido de los programas políticos y luego vienen los escándalos farisaicos cuando denunciamos que no se cumplen determinados aspectos de los mismos, porque lo que allí se prometía no era verdad, se falseaba su auténtica razón de ser y estar en el programa político correspondiente. Es imprescindible conocerlos al detalle con anterioridad al voto, para conocer la posibilidad real de cumplimiento de su verdad o mentira intrínseca, pero también acusan un desgaste en su formulación, porque la participación real e identitaria en la redacción de los mismos, casi siempre es delegada en las siglas y en representantes que desconocemos. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben y pueden tener ahora un papel fundamental en estas formulaciones, es decir, en la participación real y efectiva de los militantes y de los llamados “simpatizantes” o personas en general con creencias.

En el marco de lo expuesto anteriormente sobre corrupción de la mente, hago de nuevo una llamada de atención a los partidos de izquierda sobre todo, pero también a todos los que participen en los próximos comicios, que vendrán en democracia antes de lo que muchas veces está escrito y previsto, porque hasta que cambien las leyes actuales hay que blindar la defensa constitucional actual de la democracia representativa que debe cuidar hasta extremos insospechados la participación de la ciudadanía. Para ello, es necesaria la educación en valores ciudadanos, que no se improvisan sino que son el resultado de una educación personal, familiar y social, constantes en el tiempo. Por extensión, educación política. La participación ciudadana, organizada, es la respuesta, pero dejando abierta la posibilidad de generar liderazgos que arrastren conciencias humanas bien informadas, a veces en minorías o mayorías silenciosas o ruidosas, que después se llamarán votos. La educación política es la única fuerza capaz de contener la corrupción política de la mente.

Comprendo muy bien por qué Emilio Lledó adjunta una referencia de Juan de Mairena, el heterónimo de Antonio Machado, al texto recogido al comienzo de estas palabras: “Por debajo de lo que se piensa está lo que se cree, como si dijéramos en una capa más honda de nuestro espíritu. Hay personas [hombres, en el original] tan profundamente divididas consigo mismo, que creen lo contrario de lo que piensan. Y casi -me atrevería a decir- es ello lo más frecuente. Esto debieran tener en cuenta los políticos. Porque lo que ellos llaman opinión es más complejo y más incierto de lo que parece. En los momentos de los grandes choques que conmueven fuertemente la conciencia de los pueblos se producen fenómenos extraños de difícil y equívoca interpretación: súbitas conversiones, que se atribuyen a interés personal, cambios inopinados de pareceres, que se reputan insinceros, posiciones inexplicables, etc. Y es que la opinión muestra en su superficie muchas prendas que estaban en el baúl de las conciencias”.

En los momentos que vivimos de tanta corrupción mental, nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerden que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (2).

(1) Lledó, Emilio (2018). Sobre la educación. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, p. 127.

(2) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.

NOTA: la fotografía de Emilio Lledó se ha recuperado hoy de Emilio Lledó: ‘Nunca he sido un hombre importante’ | Crónica | EL MUNDO

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Es hora de cambiar y abandonar el martillo de oro

Sevilla, 4/V/2021

Recuerdo como si fuera ayer el día que descubrí la teoría del martillo de oro aportada a la psicología por Abraham Maslow (1908-1970) en su Libro de la ciencia. Un reconocimiento, publicado en 1966 (1), también definida como la teoría del “martillo de Maslow”. Lo expresaba de forma muy didáctica con un aserto muy conocido por experimentado, sobre todo en épocas de dictaduras férreas y de pensamiento único que tiemblan ante todo lo que se mueve: “Supongo que es tentador pensar que, si la única herramienta que tienes es un martillo, puedes tratar cualquier cosa como si fuera un clavo”. En tiempos de coronavirus, una recomendación plausible ha sido descubrir la necesidad imperiosa de cambiar la caja de herramientas psicológicas y éticas para abordar con ciertas garantías la “nueva normalidad”, constructo paradójico porque el mundo sigue estando mucho más al revés que nunca. Una nueva edición, actualizada, del famoso libro de Eduardo Galeano, homónimo, pero con dos palabras antecedentes, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, nos demostraría que seguir utilizando el martillo de oro para solucionar los problemas actuales, derivados de la gran hecatombe de la pandemia, ya no sirve para nada.

Maslow es muy conocido por su famosa teoría piramidal de las necesidades y motivaciones humanas, la pirámide de Maslow, teoría también muy controvertida en la sociedad actual por la nueva concepción de sus escalables niveles de motivación humana para cubrir las necesidades fisiológicas, de seguridad, sociales, de reconocimiento y autorrealización. Hoy, me interesa más ahondar en el texto y contexto de su famoso martillo dorado, porque la situación actual del mundo y sus circunstancias obliga a un giro copernicano en la utilización de herramientas conductuales para abordar esta nueva situación de normalidad anormal.

Desde el comienzo de la pandemia hemos estado escuchando a modo de aviso para navegantes, un nuevo constructo como si fuera el oráculo de Delfos: estamos instalados en la “nueva normalidad”. Desentrañar estas palabras sigue siendo un dilema necesario para que nos enfrentemos a él de la mejor forma posible. El problema surge cuando escudriñamos qué es lo normal en la vida y su derivada, la normalidad, en un mundo que se nos presenta lleno de incertidumbres y con un enemigo público número 1 llamado COVID-19, un clavo que ha necesitado un martillo de oro llamado vacuna y su correlato en cómo influye en nuestra forma de ser y estar en el mundo cuando ya tomamos conciencia de que estamos “vacunados” y nuestra vida nos permite seguir haciendo lo que hacíamos antes o no, visto lo visto. Es el momento estelar en el que recurrimos al célebre martillo de oro porque para empezar nos da seguridad, lo incorporo a mi kit de persona vacunada y a seguir haciendo lo mismo de antes… o no. Ahí está el dilema, porque el mundo cambia, porque todo ha cambiado y los clavos ya no son iguales sino que todos, absolutamente todos han cambiado su forma y tamaño.

Las mudanzas han sido una constante en mi vida, porque he aceptado siempre con buen talante que en la vida se producen variaciones del estado que tienen las cosas, “pasando a otro diferente en lo físico ú [sic] lo moral” (Diccionario de Autoridades, RAE, 1734). Las he vuelto a revivir al leer una frase de un cómico americano Steven Wright, al afirmar que escribía un diario desde su nacimiento y como prueba de ello nos recordaba sus dos primeros días de vida: “Día uno: todavía cansado por la mudanza. Día dos: todo el mundo me habla como si fuera idiota”. Es una frase que simboliza muy bien las múltiples veces que hacemos mudanza en el cerebro porque cambiamos o nos cambian la vida (el estado que tienen las cosas), muchas veces, a lo largo de la vida. Y el cerebro lo aguanta todo y…, lo guarda también a modo de caja de herramientas. Es una dialéctica permanente entre plasticidad cerebral y funcionamiento perfecto del hipocampo (como estructura que siempre está “de guardia” en el armario cerebral de la vida).

Suelo acudir siempre a la historia, la ciencia y a la filosofía para intentar buscar razones de la razón y del corazón con objeto de abordar de la mejor manera posible la “nueva normalidad”, un clavo ardiendo que se atisba con la nueva mudanza. También he localizado en mi memoria de hipocampo, esa estructura cerebral encargada de ordenar de la mejor forma posible la memoria personal e intransferible, una canción que salta como un resorte en mi cabeza cada vez que se habla de cambiar algo porque en el fondo esta palabra, cambio, es una constante en nuestras vidas desde que nacemos. Sobre todo, en la versión última del músico chileno Julio Numhauser, uno de los fundadores de mi querido grupo Quilapayún y autor de la letra y música de Todo cambia. Vivimos porque todo cambia en nuestra forma de ser y estar en el mundo. Gracias a los cambios diarios, segundo a segundo, en nuestro organismo, vivimos, estamos y somos. En definitiva, enfrentarnos al cambio en nuestra vida es el resultado de aunar conocimiento, habilidades y actitudes ante algo inexorable que tenemos que saber integrar a la mayor brevedad posible: todo cambia y que yo cambie no es extraño. El martillo de oro para golpear siempre el mismo clavo ya no sirve. La nueva normalidad es un muestrario de nuevos “clavos” metafóricos que hay que atender y desarrollar con ellos nuevas formas de utilizarlos en nuestra nueva vida ordinaria.

Por otra parte, estamos ante la nueva realidad de la geopolítica del coronavirus COVID-19, porque hay que recordar que ya nos hemos enfrentado históricamente a otros desastres similares en la historia mundial, lo que nos lleva a pensar que casi ocho mil millones de personas que hoy poblamos el planeta Tierra, con un crecimiento demostrado cada 0,38 segundos, tenemos que abordar la nueva normalidad e integrarla sin un manual claro de supervivencia mientras no ganemos esta batalla por vivir esa normalidad que, repito, siempre es cambiante si nos remitimos a la historia de la humanidad y a sus avances científicos. Tampoco disponemos, con la inmediatez deseada, de la caja de herramientas psicológicas para abordar estos cambios de la mejor forma posible. El principal problema está en nosotros, en identificar ese conjunto de conocimientos de qué es lo que va a cambiar o ya ha cambiado, la disciplina de adquirir nuevas formas de comportamiento ante los cambios de escenarios para vivir que se ordenen y, lo mejor de todo, educar la actitud para enfrentarnos a una nueva forma de ser y estar en el mundo. Ya no podemos ni debemos utilizar ese martillo de oro al que siempre hemos recurrido en momentos difíciles, como bálsamo de Fierabrás para solucionar nuestros problemas de todo tipo en tiempos complejos y difíciles.

Ante un clavo próximo de la vida que nos rodea, tampoco olvido lo que dijo en su momento Abraham Kaplan, en 1964, en su conocida “ley de la herramienta”: “Si le das a un niño un martillo, le parecerá que todo lo que encuentra necesita un golpe”. Pero ya hemos visto que no es eso y que tampoco un clavo difícilmente saca otro clavo. Entre nuevos martillos y nuevos clavos anda el juego de la “nueva normalidad”.

(1) Maslow, A. H. (1966). The Psychology of Science. An Reconnaisance. New York: Harper and Row.

(2) La imagen de Abraham Maslow se ha recuperado hoy de 75 frases de Abraham Maslow (y las necesidades humanas) (psicologiaymente.com). La fotocomposición con el texto es una elaboración personal.

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Hay que aprender a decir que no

Actuación en directo de Rozalén en el acto de entrega de los Premios CYGNUS de Cine Solidario y Valores. Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares – 21 de enero de 2021

Sevilla, 3/V/2021

Desde que finalizó la gala de los premios Goya de este año, he querido dedicar en este cuaderno digital unas palabras de homenaje y reconocimiento a una cantora diferente en el mercado musical actual, Rozalén, sabiendo que cantante es quien puede cantar y cantora quien debe hacerlo. Tiene una trayectoria impecable por aunar arte y cultura sin exclusión alguna, por su permanente preocupación en hacer llegar a una parte de la población afectada por la diversidad de sordera su voz y sus palabras con letras que penetran hasta el fondo del alma, ayudada por el lenguaje de signos que lo hacen todo más accesible. En sus conciertos suele estar acompañada por Beatriz Romero, técnica especialista en interpretación de la lengua de signos y guía de interpretación de personas sordociegas.

La cantora Rozalén recibió un Goya en la 35ª edición de los Premios Goya 2021, en la categoría de “Mejor Canción Original” con “Que No, Que No”, una cumbia que figura como tema principal de La boda de Rosa, película dirigida por Icíar Bollain y protagonizada por Candela Peña. La canción ha sido compuesta junto a la formación de música tropical mexicana La Sonora Santanera y como se declara en la sinopsis oficial de la misma, en la página web de Rozalén, la canción “suena a vida y color, a mestizaje y a satisfacción. La satisfacción de quien ha aprendido a amarse a sí mismo sin necesidad del reconocimiento de los demás. Es un tema con un elevado contenido autobiográfico que pudo haber nacido en el diván de la propia Rozalén. “Habla de mí”, reconoce sin tapujos. La letra encajó como un guante en el proyecto de Bollain. El mensaje consiste en poner límites. “No se puede decir que sí porque sí, es algo que tiene que salir del corazón, porque si no existe un compromiso lo que se da carece de valor”, explica la cantante y compositora: “Muchas veces decir que no, ponerse límites, es un gran primer paso”. Es, claramente, lo que le pasa al personaje de Candela Peña, protagonista de la película”.

Es muy importante conocer a fondo la letra de esta canción porque es un mensaje esperanzador para las personas singulares que necesitan luchar por su autoestima y respeto a sí mismos:

Llevo un tiempo que no descanso, que como poco, cuesta sonreír… He pasado por el aro y he hecho cosas que no me hacen feliz. Tengo la bandeja llena de peticiones, de mil favores, y absolutamente nadie pregunta por mí. Lo pienso y me enciendo un incienso, y despliego todo el arsenal de velas. Me paro, respiro, sonrío, me fío, descorcho una botella. Si elijo ser mi prioridad no es cuestión de egoísmo. El tiempo de calidad parte dedicado a uno mismo.

Y si no me sale del corazón, voy a aprender a decir que no. Quien bien me quiere lo va a comprender, yo no nací solo pa`complacer. Y si no me sale del corazón, voy a aprender a decir que no. Si quiero mejorar el mundo, primero voy a mimarme yo (Que no, que no…).

Me he vestido con ropa a la moda, me he puesto muy mona pa´gustarme a mí. He comprado un ramito de rosas y, nerviosa, me he pedido salir. Tengo la cabeza llena de mil razones que me aseguran que el amor más verdadero está más cerca de lo que creo. Ay, qué tontería, María, si te quedas sola pa´toda la vida, vistiendo los santos con cientos de gatos, llorando sin compañía. Si elijo ser mi prioridad no es cuestión de egoísmo. El tiempo de calidad parte dedicado a uno mismo.

Y si no me sale del corazón, voy a aprender a decir que no. Quien bien me quiere lo va a comprender, yo no nací solo pa`complacer. Y si no me sale del corazón, voy a aprender a decir que no. Si quiero mejorar el mundo, primero voy a mimarme yo.

Una vez escuchada la canción ganadora de un Goya este año, quiero dedicar también unas palabras finales a la explicación de la idea base del guion por parte de una productora de la película, Cristina Zumárraga, partiendo de un planteamiento atrevido que se comprende mejor al escuchar de fondo la canción de Rozalén: “La película la empezamos a desarrollar Icíar (Bollain) y yo hace varios años […] Era un tema que le inquietaba y le apetecía explorar a ella. Se enteró de que en Asia se estaban produciendo matrimonios de mujeres consigo mismas. Estuvo en un festival en Japón con una película anterior y decidió ir con la guionista Alicia Luna a investigar y a entrevistar a los responsables de una agencia que se dedicaba a organizar este tipo de bodas. El espíritu de estas bodas era diferente y obedece a la presión social que existe con las mujeres que no se casan. La idea es tener un gran día aunque no se casen con nadie, vestirse de novia, tener su ceremonia, su tarta, álbum de fotos… Tirando de ese hilo descubrió que también se estaban produciendo matrimonios de personas en solitario en Europa y Estados Unidos, aunque con un matiz diferente, porque aquí, en Occidente, funciona como un símbolo de que ante todo lo primero es quererse uno mismo y de que no hay que poner la felicidad de uno en manos de terceros. Hay que quererse y respetarse uno mismo para poder querer a otros. Con esa idea central se construyó el guion”.

Y si no me sale del corazón, voy a aprender a decir que no. Si quiero mejorar el mundo, primero voy a mimarme yo. Rozalén lo ha tenido muy claro: “No se puede decir que sí porque sí, es algo que tiene que salir del corazón, porque si no existe un compromiso lo que se da carece de valor”, aunque el sí o no de cada día quedará siempre en nuestra persona de secreto a pesar de todo, recordando al poeta ítalo-argentino Antonio Porchia cuando escribió brevemente sobre una duda existencial de nuestra autoestima que siempre resulta inquietante: “sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido”.

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Nos queda el poder de la palabra

Fotograma de la película “El poder de la palabra

Sevilla, 2/V/2021

Dedicado a mis “paisanos del alma” de la Comunidad de Madrid, en el último día de su campaña electoral, porque aquella tierra me permitió crecer desde mi niñez rediviva en un modo de pensar diferente, que me enseñó a hablar con un acento democrático especial que no olvido. Para que se entienda bien, viajando siempre en la amura de babor, la de la izquierda del barco imaginario de Saramago que nos descubrió en su cuento de “La isla desconocida”.

En el mes de junio de 2010 escribí en este cuaderno digital un artículo sobre el poder de la palabra. Vuelvo a recordarlo hoy, íntegramente, porque me duele especialmente el descrédito que sufre la palabra en los momentos actuales, por la utilización espuria de la misma en todos los ámbitos de proyección posibles, siendo el bien más preciado del ser humano desde el momento en que sabemos por la ciencia que fuimos capaces de hablar para entendernos entre nosotros mismos y con la gente.

He crecido en la cultura solidaria de la lucha social para el beneficio del bien común y del interés general, fielmente aferrado a la palabra revolucionaria que transforma el desorden social, tal y como lo aprendí de determinadas ideologías y por una clase magistral de Blas de Otero. Antes, apoyado en una creencia religiosa, porque me dijeron que en el principio era la Palabra. Muchos años después, creyendo que nos queda su poder, porque aunque la historia y ahora la pandemia se hayan llevado muchas vidas por delante, el tiempo y todo lo que vamos abandonando poco a poco, incluso alzar la voz en nombre de los que menos tienen, sigo estando convencido y defendiendo con ardor guerrero, que nos queda la palabra. Además, si a veces sufrimos mucho por lo que está pasando políticamente en este país, a modo de un perfecto mundo al revés, sé que me queda la palabra.

Ahora, cuando veo la crispación en la campaña electoral de la Comunidad de Madrid, sigo abriendo mis labios como puedo y transcribiendo lo que me gustaría decir alto y claro a través de estas palabras, sintiendo más que nunca que, aplicando el principio de realidad, me sigue quedando la fuerza de la palabra. Porque todos no dicen ni decimos lo mismo y la palabra, al fin, para bien o para mal, nos delata. Lo sabemos porque la sabiduría popular nos ha transmitido, a lo largo de los siglos, que por la boca muere el pez. Aprendamos la lección.

Nos queda la palabra (FoxP2)

¡Primero que nada, quisiera pedirles disculpas, por la interrupción!

Así empezaban los vendedores ambulantes de los autobuses de Santiago de Chile, en los primeros años de este siglo, elevados a un pedestal humano, afortunadamente, a través de una película que siempre busqué desesperadamente: El poder de la palabra, en defensa de su trabajo digno cuando estaba a punto de desaparecer. Poco a poco, avanza la vida de cada una, de cada uno, vamos perdiendo ilusiones, pequeñas cosas, seres queridos, proyectos, salud, dinero en tiempos de crisis, el amor auténtico, y la realidad es que encuentro a muy pocas personas que valoren este recurso inagotable hasta que un día desaparece el control que tenemos sobre el mismo y que mientras vivimos nos puede devolver libertad humana: la palabra. Para una persona, como en mi caso, que tantas veces ha investigado por qué somos inteligentes, por qué hablamos, el asombro, del que hablaba Aristóteles que solo nos corresponde a los seres humanos, estriba en conocer cada día mejor el poder de la palabra.

¡Pero vengo a ofrecerles un estupendo producto para la sociedad en su conjunto!

Con estas maravillosas palabras de los vendedores en los autobuses chilenos, quiero hablarles de la palabra, un producto de la evolución humana que solo se encuentra en las personas, como resultado de un trabajo de relojería suiza en el cerebro, porque estamos programados para hablar, desde nuestra concepción. Así lo analicé en un post que escribí en este cuaderno, ¿Por qué hablan las personas?, el 13 de abril de 2008: “Sin lugar a dudas, entre otras razones entrelazadas entre sí, por culpa de FoxP2, el gen que, con un juego de palabras más o menos acertado, mejor se expresa. El cerebro vuelve a maravillarnos de nuevo hoy, a través del conocimiento científico del gen FoxP2, que me permite volver a centrar el foco de interés cerebral en la génesis y desarrollo de la habilidad del lenguaje humano, gracias a la expresión correcta y ordenada de este gen”. Y citaba también a Gary Marcus, “que está en los cielos de la investigación actual más solvente, mi autor de los últimos meses, por su interesante aportación a la investigación del cerebro desde la genética, con una reflexión impresionante: “lo que hace interesantes a los humanos no es el hecho de las palabras en sí mismas, sino poder aprender y crear nuevas palabras”. Y revolucionó el auditorio con una sentencia espectacular: el lenguaje es un parche similar a la columna vertebral, un mal diseño de la evolución para soportar el peso del cuerpo. Y lo que señalaba anteriormente como anécdota también es una preocupación para Marcus: el rol de la memoria en los procesos lingüísticos y del habla, sobre todo en los bebés y en la primera infancia, como presunta contaminante de estos maravillosos procesos, aunque el equipo fonador de la niña de Dikika (su pequeño hueso hioides) nos demuestre de forma terca que el punto alfa de la inteligencia que se expresa mediante el gen FoxP2 ya estaba allí”.

¡Se trata de un práctico y útil recurso indispensable para alcanzar la ansiada modernidad!

He forzado un poco la frase del vendedor habitual chileno, pero solo quiero dejar constancia del valor de la palabra, porque la realidad es que es de los pocos recursos que nos quedan en nuestros ecosistemas personales e intransferibles, para mucho tiempo, si sabemos cuidarlo. Algunos, como los Académicos de la Lengua, todos los días la limpian, la fijan y le dan esplendor. Otros, la pronuncian solo para ofender a sus seres más queridos o a los ciudadanos de calle. Los de aquí y allí la utilizan para alcanzar diálogos a veces imposibles. Pero todos y todas anhelamos pronunciarlas alguna vez en la vida para que sepan los demás que existimos y que vivimos desesperadamente. Queremos que nos escuchen los demás, aunque sea recomendable cuidar el arte de callar, cuando no tenemos casi nada que decir (Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio. El Arte de callar, Abate Dinouart. Principio 1º, necesario para callar). Y aunque anuncié la palabra como un práctico y útil recurso indispensable para alcanzar la ansiada modernidad, es verdad que podemos ser modernos gracias a que nuestros antepasados evolucionaron para que hoy tuviéramos este recurso maravilloso: “Todavía me sobrecoge el descubrimiento de Selam (paz), la niña de Dikika [1], al que dediqué un post específico, cuando se valoró la localización de su hueso hioides como un hallazgo trascendental para conocer el origen del lenguaje en el “equipo” de fonación pre-programado en los seres humanos, a diferencia de los chimpancés y macacos más próximos en nuestros antepasados (siempre se ha dicho -desde el punto de vista científico y hasta con cierto desdén- que los monos no hablan): “Y lo que me ha llamado la atención poderosamente, desde la anatomía de estos fósiles, ha sido el hallazgo de un hueso, el hioides [Hueso impar, simétrico, solitario, de forma parabólica (en U), situado en la parte anterior y media del cuello entre la base de la lengua y la laringe], que es el auténtico protagonista, porque su función está vinculada claramente a una característica de los homínidos: el hioides permite fosilizar el aparato fonador, es decir, hay una base para localizar la génesis del lenguaje, aunque tengamos que aceptar que el grito fuera la primera seña de identidad de los australopitecus afarensis”. Nunca sabremos si Selam, que cumpliría hoy tres mil millones, trescientos mil años, dijo alguna vez ¡mamá!, aunque su hueso hioides nos permite vislumbrar que sí habló”.

Por ello, siempre puedo repetir unas palabras que aprendí de Blas de Otero en el principio de los tiempos revueltos de nuestro país, antes de vivir en democracia, que tengo grabadas en mi cerebro para poder expresarlas en la actual crisis global y existencial de la ansiada modernidad que nos prometen determinados charlatanes de turno, que no aquellos vendedores chilenos:

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

(Publicado el 5 de junio de 2010 y actualizado hoy con pequeñas modificaciones)

(1) Selam, la niña de Dikika – “El mundo sólo tiene interés hacia adelante…”, Pierre Teilhard de Chardin (joseantoniocobena.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ganarás la luz con el dolor de tus ojos

He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

León Felipe, en El dolor (Ganarás la luz, 1975)

Sevilla, 1/V/2021

Dedicado, en la celebración del Día Internacional del Trabajo, a todas las personas que crecimos con el mensaje bíblico de las primeras palabras de Dios sobre el trabajo humano, aquello de conseguir el pan con el sudor de la frente, para que comprendamos junto a León Felipe, de nuevo y con sus palabras llenas de exilio interior y físico, que una de sus razones laicas es que se puede ganar con el trabajo digno la luz para iluminar el sentido de nuestras vidas. También lo dedico a todas las personas que siguen afectadas en su trabajo diario por la pandemia, que son millones. Las que la sufren, la atienden de mil formas y las que la controlan de la mejor forma posible. Por último, a los niños y niñas del mundo, pobres y nadies, que con su trabajo visten y distraen al primer mundo, por ejemplo, gracias al coltán de la telefonía móvil, que extraen siendo eso, niños, sin que puedan ver a su corta edad la luz de otro mundo posible.

Vuelvo a publicar, contextualizándolo en la realidad actual, las palabras que dediqué el año pasado a la celebración del día internacional del trabajo. Hoy, siguen teniendo el mismo valor, es más, no sólo hoy por ser fiesta laboral nacional, sino porque cada día que pasa en cada hoja de calendario personal o familiar, sin que tengamos que esperar a celebrar nada, sí debemos recordar con cierta amargura la situación de miles de personas y hogares españoles que siguen en el paro y con un horizonte muy complicado para encontrar trabajo y la dignidad asociada.

“Las palabras que siguen, en un poema desgarrador de León Felipe, El dolor, siguen teniendo hoy un sentido especial en el contexto de los efectos de la pandemia, por el dolor que ha llevado a las familias de las personas que han fallecido, sobre todo personas mayores que vivieron tiempos difíciles de la posguerra y que con su trabajo ayudaron a ganar la luz de la libertad con el dolor de sus ojos. También por los efectos en miles de personas que han sufrido la enfermedad y se han recuperado con secuelas. También por lo que ha supuesto la ardiente impaciencia ante los efectos benéficos de las vacunas que finalmente han llegado en beneficio de todos. Obviamente, por su alcance en miles de trabajadores, en este día tan especial, profesionales sanitarios y de servicios esenciales que nos han atendido de forma ejemplar. La lectura de este poema simboliza también el mejor homenaje a las personas que desean dar un nuevo sentido a la vida a través del trabajo digno, bien remunerado y desarrollado con todas las garantías de realización personal, más allá de reconocerse como recursos humanos, tal y como nos recordaba Eduardo Galeano, porque somos seres humanos, mucho más que nadies que necesitan trabajar a diario. Con ojos que son fuentes del llanto y de la luz.

El dolor

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube…
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre…

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

Todo lo expuesto tiene hoy un sentido especial, sin quitar un ápice de importancia a la luz que este tiempo tan complejo lleva dentro, cuando el trabajo de cada día, de cada uno, de todos, es digno.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de México recuerda a León Felipe como símbolo del exilio español (eluniversal.com.mx)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ñ de Cobeña

Doodle de la letra Ñ, publicado por Google el pasado 23 de abril de 2021, con motivo de la celebración del Día del Idioma Español impulsado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU)

Sevilla, 30/IV/2021

A mis 12 años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: “¡Cuidado!” El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: “¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?” Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor que tenían un dios especial para las palabras.

Gabriel García Márquez, en Botella al mar para el Dios de las palabras. Zacatecas (México), 7 de abril de 1997.

Se comentó el pasado 23 de abril, con motivo de la celebración del Día del Idioma Español junto al Día Internacional del Libro, porque tenemos una seña de identidad de nuestro idioma que nos hace peculiares, en este caso, por la grafía de la letra ñ: “Es la única letra que se originó en España y que a pesar de su excepcionalidad, ya que es muy poco frecuente y suele aparece apenas 0,3 veces de cada 100 palabras, encierra con personalidad, tanto en su grafismo como en su pronunciación, una parte importante de la identidad cultural hispana en el mundo” (1). Mi apellido la lleva y es un motivo textual y contextual que estoy analizando en la actualidad sobre la genealogía de mi apellido, publicación que compartiré en su momento con la Noosfera.

Convivo -no sin dificultad a veces- con la letra eñe (Ñ) de mi apellido desde que nací y por su identidad autóctona en España. Se puede comprobar esta marca de idioma español y de territorio, con respeto a la cultura maya, acercándonos al cura que salvó a García Márquez porque era un señor [sic] cura, no un “sennor”. Siempre he querido conocer con detalle el origen de esta letra, un elemento autóctono del castellano según lo reconoció en el siglo XV un andaluz por cierto, el lebrijano Antonio Martínez de Cala y Xarava (Lebrija, Sevilla, 1441 – Alcalá de Henares, 5 de julio de 1522), más conocido como Elio Antonio de Nebrija, de Nebrixa o de Lebrija, al no tener precedente ni en griego, ni en latín, ni en árabe. En otras lenguas romances de este país, su sonido se representa mediante dígrafos: en catalán se hace con las letras NY, en portugués con NH, mientras que en gallego se usa la grafía del castellano Ñ, aunque en los últimos diez años existe una vacilación entre la grafía Ñ y la portuguesa NH. En otras lenguas románicas, como el francés o el italiano, es el dígrafo GN el que representa el mismo sonido.

Es la decimoquinta letra del alfabeto español, consonante nasal palatal sonora y su grafía actual procede de la consonante “n”: “La virgulilla que lleva en la parte superior tiene su origen en la escritura de los copistas medievales, que la emplearon desde el siglo XII como signo escrito sobre una letra y que significaba carácter repetido, es decir, ñ = nn, õ =oo. Dos siglos más tarde este uso quedó restringido para la letra N” como premonición de lo que García Márquez dijo en aquél contexto en el que contó su salvación mediante una palabra: “Simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros”.

La consolidación de la letra surgió en 1993 en España mediante un Real Decreto de 23 de abril, acogiéndose al Tratado de Maastricht de la UE, que admite excepciones de carácter cultural, por la propuesta que hizo la Comunidad Europea para eliminarla por razones estrictamente comerciales, uniéndola hasta que la muerte la separe, a las tecnologías de la información y comunicación, atendiendo al título de la citada disposición: Real Decreto 564/1993, de 16 de abril, sobre presencia de la letra “ñ” y demás caracteres específicos del idioma castellano en los teclados de determinados aparatos de funcionamiento mecánico, eléctrico o electrónico que se utilicen para la escritura. Esta medida se completó el 2 de octubre de 2007 a las 6 de la madrugada, con la iniciativa de Red.es, entidad del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio de España que tiene asignada en España la autoridad de registro de dominios, al posibilitar que la letra la “ñ” junto con las tildes o las diéresis pudieran formar parte del nombre de un dominio «.es», cumpliendo con la medida contemplada por Ley de Medidas de Impulso de la Sociedad de la Información.

Gabriel García Márquez intervino con su maestría escrita en la intromisión de la Comunidad Europea citada anteriormente: “Es escandaloso, por decir lo menos, que la Comunidad Económica Europea se haya atrevido a proponer a España la eliminación de la letra eñe de nuestro alfabeto, y peor aún, sólo por consideraciones de comodidad comercial. Los autores de semejante abuso y de tamaña arrogancia deberían saber que la eñe no es una antigualla arqueológica, sino todo lo contrario: un salto cultural de una lengua romance que dejó atrás a las otras al expresar con una sola letra un sonido que en otras lenguas romances sigue expresándose todavía con dos letras. Por consiguiente, lo lógico no es que España tenga que renunciar a nada menos que a una de las letras de su propio nombre, sino que otras lenguas del paraíso europeo se modernicen con la adopción de la eñe”.

Sobre la “eñe” nunca planteó García Márquez un problema especial, es más la defendió con ardor guerrero como hemos citado anteriormente, ni hizo preguntas especiales, aunque en 1997 estaba preocupado por una lengua extraordinaria rica pero que “desde hace tiempos no cabe en su pellejo”. Es más, planteó revisar la gramática y la ortografía compleja con ejemplos clarificadores que levantaron en su momento un gran revuelo: “[…] Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver, y ¿qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?”. Menos mal que todo quedó en un amago del mercado y hoy podemos seguir utilizando esta letra sin problema alguno en España desde el 2 de octubre de 2007, junto con las tildes o diéresis, pudiendo formar parte del nombre de un dominio .es.

No ocurre esto con la “eñe”, según sus propias palabras, porque hubo un momento histórico en que se produjo un salto cultural de una lengua romance que dejó atrás otras al expresar con la “ñ” un sonido que en otras lenguas necesitan dos. Incluso en la lógica interna de los teclados en español, tan presumidos ellos, cuando sin darnos cuenta escribimos dos enes juntas de la palabra “sennor” que sabe que se escribe con eñe y basta que pulsemos la tecla de retorno para sacarnos de un apuro ortográfico. Hagan la prueba. Aunque estoy de acuerdo con el Nobel colombiano en que sus preguntas son “al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que les lleguen al dios de las palabras”. En concreto, a las que contienen la letra “eñe”, que cabe en el pellejo de España aunque Catalunya se empeñe en necesitar dos letras para sonar igual -¡por una vez y que se repita!- que cuando la citamos utilizando el castellano que nos ha unido durante tantos siglos, gracias a unos copistas medievales anónimos a los que engrandeció un andaluz, Nebrija, poniendo la letra eñe en su sitio para deleite de muchos. Mientras…, el dios maya de la eñe sigue vigilando esta letra para que no se pierda en un mar de lenguas.

En este breve análisis de la letra “Ñ”, hay que señalar (no “sennalar”) que aparece por primera vez en el grupo 1 de diccionarios de los siglos XV al XVIII, donde figura una obra atribuida a Francisco del Rosal, que se describe con el siguiente detalle y literalidad en el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española (NTLLE, ROS M 1611, Pag: 451s.): “Origen y etymología de todos los vocablos originales de la Lengua Castellana. Obra inédita de el Dr. Francisco de el Rosal, médico natual de Córdova, copiada y puesta en claro puntualmente del mismo manuscrito original, que está casi ilegible, e ilustrada con alguna[s] notas y varias adiciones por el P. Fr. Miguel Zorita de Jesús María, religioso augustino recoleto”. Este dato es de indudable interés porque habría que esperar hasta la edición de 1803 del Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia Española, “reducido a un tomo para su más fácil uso”, para recoger el lema referido a la letra “eñe”:

Como decía anteriormente, la ñ es la decimoquinta letra del alfabeto español y la duodécima consonante, en un conjunto hermoso de 27 letras y 5 composiciones de dos letras (o dígrafos): ch / ll / gu / qu / rr. que me permiten componer palabras con alma. Más de 15.700 palabras en castellano la contienen y más de 350 comienzan por esa consonante con sonido nasal palatal. La intrahistoria de la letra “ñ” está situada cronológicamente en la Edad Media, según se recoge en el artículo citado anteriormente: “Ni la letra ni el sonido eñe existían en latín, pero a medida que este evolucionó y empezaron a surgir las lenguas románicas como el castellano, el francés o el italiano, apareció este sonido nasal palatal, que significa que el aire sale por nariz al pronunciarla y el dorso de la lengua se apoya contra el paladar, y que identificamos como eñe. En la Edad Media, los monjes eran los eruditos de la sociedad. Los monasterios eran los grandes centros de la sabiduría, donde ejercían de copistas y escribanos y tenían grandes bibliotecas. La teoría del origen de la letra ñ la sitúa la tradición en este momento histórico por la falta de pergaminos por su elevado coste y para ahorrar tiempo. Al parecer los monjes se vieron obligados a abreviar algunas letras duplicadas para encajar el mayor número de palabras en cada línea. De hecho, una de las primeras letras ñ de la historia la encontramos en un texto fechado en 1176. La explicación de esta teoría es que sobre la letra duplicada que no se suprimía se escribía un trazo horizontal, conocido en la actualidad como virgulilla (~) porque parecía una serpiente. Es decir, que lo que conocemos como la letra ñ es en realidad el resultado de la abreviatura de dos enes consecutivas: así, por ejemplo, de donna surgió doña”.

En 1869 es la primera vez que el Diccionario de la lengua castellana (RAE, 11ª edición) cita la virgulilla refiriéndose concretamente a la tilde de la “ñ”. Una pequeña varita sinuosa, que no serpiente, para ser respetuosos con la historia, que tiene una marcada identidad en este país. Mi apellido la muestra y estoy cada vez más cerca de conocer en qué momento de la Edad Media mis antepasados comenzaron a cambiar su apellido toponímico – eso es seguro- de Covenna a Cobeña. Esa es la cuestión. Estoy investigando ya el siglo XII y creo que estoy muy cerca. Les aseguro que es apasionante leer el Tumbo Menor de Castilla, un códice del siglo XIII que conserva la literalidad de un Acuerdo llevado a cabo en 1180 “cuando Cobeña entra en la historia escrita. Una tal doña Elvira, esposa de don Ramiro, acordó con el Abad don Fernando intercambiar la heredad que éste último tenía en Santa María de Tajadura (en Burgos) por la heredad que ella tenía en Cobeña, y que estaba valorada en cincuenta maravedís. Doña Elvira nombra a don Pedro Pérez de Ruenga su apoderado en el negocio” (2). Fundamentalmente, porque es probable que en este Acuerdo esté la clave de la doble “n” de Covenna, que después sería “Cobeña” para la posteridad. Apasionante la intrahistoria de la letra “Ñ” en mis antepasados que hace ya muchos siglos salieron de una sede castellana para trasladarse a Santander, Córdoba y Colombia para asentarse allí y llevar la toponimia de Cobeña a diversos territorios de este país e incluso allende los mares.

Antes se decía, “próximamente en este salón”. Ahora, “… en este blog”. Mientras, siguiendo atentamente el consejo de Gabriel García Márquez, el dios maya de la eñe sigue vigilando esta letra para que no se pierda en un mar de lenguas.

(1) La letra ‘ñ’, la identidad del español en el mundo | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

(2) http://iehco.eu/1180-cobena-entra-en-la-historia/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Una imagen para mil preguntas

El buque de Salvamento Marítimo, guardamar Talía, remolcando el cayuco en dirección al puerto de Los Cristianos (Tenerife) / EFE

Sevilla, 29/IV/2021

Desde anoche mantengo en mi mente la imagen del Guardamar Talía, una embarcación de Salvamento Marítimo remolcando a babor el cayuco descubierto en altamar el pasado lunes, con 24 cadáveres a bordo (22 adultos y dos menores), en el que viajaban 27 personas de origen subsahariano, de las cuales sólo tres pudieron ser rescatadas con vida por un helicóptero del Servicio Aéreo de Rescate (S.A.R.) y trasladadas a un hospital de Valverde en la isla de El Hierro (Canarias). 

Nunca mejor dicho, esa imagen vale más que mil palabras, aunque creo que vale también para hacernos más de mil preguntas en este mundo al revés de la migración, sobre la que tantas veces he escrito en este cuaderno digital de búsqueda de islas desconocidas. Hoy, cuando ya ha llegado al puerto de Los Cristianos, en Tenerife, vuelvo a hacerme más de mil preguntas, porque siguen faltando respuestas.

Lo he manifestado en estas páginas recientemente: Sigue faltando la respuesta veraz y contundente de una política europea para afrontar y erradicar definitivamente el problema de la migración que se concentra ahora, concretamente, en las otras orillas desde las que provienen estos migrantes, territorios de muerte en vida, donde la mafia hace estragos a diario. Mientras no exista una acción comunitaria bien armada y en todos los frentes posibles, acción directa económica y social en los países de origen de los migrantes, acción conjunta y solidaria ante la acogida que se pueda producir en el tránsito hasta la solución final y legislación que respete ante todo los derechos humanos en todas y cada una de sus manifestaciones, siempre serán necesarios los símbolos de servicios públicos de rescate como el de este cayuco y solidaridad pública a través de ONG que recojan del mar a personas que necesitan ser atendidas en su desesperación humana, como lo simboliza esta semana el cayuco atendido por el SAR y por el Guardamar Talía, con el triste resultado que conocemos ya de forma detallada.

Una vez más necesito encontrarme, como Benedetti deseaba cuando ya era mayor, con el Después de cada rescate que lleve a cabo el barco de Salvamento Marítimo, frustrado parcialmente en este caso, o de cualquier ONG, mientras no se aborden los problemas migratorios de Europa, que continúan en plena pandemia, en una Cumbre Especial y Urgente del Después, como ya denuncié en agosto del año pasado“¿y qué dirá el Después / después de todo? / tengo la impresión de que sus brazos / empiezan a cerrarse / y es ahora mi muerte meridiana / la que en silencio está diciendo ven / pero yo me hago el sordo”. Es lo que pasa cuando conjugamos el verbo “callarse” ante cualquier injusticia por pequeña que sea, en silencios cómplices vergonzantes de un presente de indicativo muy triste: yo me callo, tú te callas, él se calla, nosotros nos callamos, vosotros os calláis, ellos se callan… Incluso cuando navegamos por el mar abierto de la vida y vemos que se cruzan con nosotros personas con miradas y peticiones de aliento para seguir viviendo. Como las de las 27 personas a bordo de este cayuco que ha sido noticia esta semana que, una vez más, será una noticia efímera, en un mundo efímero, que trata a la ética hacia los migrantes el mar como algo legal y escandalosamente efímero.

He necesitado 705 palabras para plantear algunas preguntas, en el gran teatro del mundo, que representa hoy, paradójicamente, el nombre de la Guardamar Talía, la musa del teatro griego. Entre las que podamos hacer todos, quizá podamos salir de determinados silencios cómplices y encontrar respuestas concretas a más de mil preguntas, cada uno en su aquí y ahora, para ayudar a estas personas migrantes que están mucho más cerca de nosotros de lo que a veces creemos. Por ejemplo, cuando nos quieren vender unos pañuelos por la ventanilla del coche y quizás no las abrimos ni les decimos siquiera “buenos días, adiós o gracias”, algo más allá de la moneda que les podamos entregar incluso a cambio de nada. Los situamos, como al cayuco de la foto, a babor en nuestras vidas.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de elconfidencial.com: Se eleva a 24 el número de fallecidos del cayuco remolcado a Los Cristianos (elconfidencial.com)

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Los cómicos de la Feria

Somos pobres con iPhone, Netflix, Tinder y Glovo

Ana Iris Simón

Sevilla, 27/IV/2021

En el “discreto encanto de la burguesía” madrileña de mediados del siglo pasado, hablar de cómicos y feriantes era como hablar de la peste y de mala educación, porque se daba por hecho que no eran gentes de bien. Craso error que tuve que sufrir durante muchos años, sobre todo cuando se asociaba mi apellido a la gran actriz de finales del XIX y principios del XX, Carmen Cobeña, emparentada probablemente con nuestra familia, hecho genealógico que estoy estudiando en la actualidad: “¿qué quieres ser, cómico como ella?”, me preguntaron en alguna ocasión. De esta forma, cualquier sueño de hacer cosas diferentes al guion oficial establecido por el Régimen en el ámbito de la cultura, quedaba finiquitado para siempre. Las ferias…, ni verlas.

A mayor abundamiento, he recordado en este cuaderno digital una película de culto, inolvidable, El viaje a ninguna parte (1986), porque muchas veces la reproducimos, salvando lo que haya que salvar, como un guion de película sempiterno en el gran teatro del pequeño mundo de cada uno. Aquella hermosa película de Fernando Fernán-Gómez quiso mantener el mensaje de respeto a los cómicos de la legua, que viajaban siempre hacia una misión posible para el alma humana, aunque a veces fuera a ninguna parte de la sociedad de consumo: hacer felices a quienes los veían, sabiendo que venían de lejos, interpretando la vida y la muerte de la mejor forma que habían aprendido a hacerlo: viajando por esos caminos de Dios hacia el mejor destino humano: el corazón de las personas. Y con una dolorosa transición histórica de medios y público, del teatro al cine, como suele pasar en la vida de cada uno, de todos.

Feria, Ana Iris Simón / Círculo de Tiza

He recordado este viaje hacia la parte de los cómicos y su presencia en las ferias de los pueblos y ciudades, al conocer la publicación de una periodista manchega, Ana Iris Simón, nacida en Campo de Criptana, con un título que refleja el mundo de secreto de la vida, Feria, como si quisiera recordarnos cómo era la bella misión de aquellos feriantes que intentaban siempre hacer felices a los que acudían a ellas durante el tiempo que durara aquello. De esta forma, como su proyecto ferial era muy bueno, era dos veces bueno. La gran contradicción es que aquella forma de hacer felices a los demás en el mundo de las ferias ha ido desapareciendo poco a poco, aunque tengo que reconocer que el mejor viaje hacia ninguna parte que conozco es el que se desarrolla en la novela de origen y, después, en aquella hermosa película del mismo nombre. Quizá porque cualquier parecido de lo allí expuesto con la realidad no es pura coincidencia.

La sinopsis del libro son tres trazos extraordinarios para animar a que leamos este libro: “Ana Iris creció escuchando a sus abuelos el relato de dos mundos que se desvanecen. Unos, feriantes, quejándose de que cada vez tenían más trampas y menos perras, porque a medida que la vida se convertía en una feria —la de las vanidades—, la auténtica feria dejaba de tener sentido. Los otros abuelos, campesinos, le transmitieron el arraigo mágico de la tierra. Y fue ese abuelo el que la llevó un día a un almendro y le dijo que lo había plantado él, así que pa ella era su sombra” (1).

El texto se desarrolla en un contexto que la autora refleja muy bien utilizando un lenguaje llano y muy accesible para todos: “Feria es una oda salvaje a una España que ya no existe, que ya no es. La que cabía en la foto que llevaba su abuelo en la cartera con un gitano a un lado y al otro un Guardia Civil. Un relato deslenguado y directo de un tiempo no tan lejano en el que importaba más que los niños disfrutaran tirando petardos que el susto que se llevasen los perros. También es una advertencia de que la infancia rural, además de respirar aire puro, es conocer la ubicación del puticlub y reírse con el tonto del pueblo. Un repaso a las grietas de la modernidad y una invitación a volver a mirar lo sagrado del mundo: la tradición, la estirpe, el habla, el territorio. Y a no olvidar que lo único que nos sostiene es, al fin, la memoria”.

Finalmente, por hoy, un entrecomillado mágico que encierra la quintaesencia de su obra para volver inexorablemente a la tierra que nos vio nacer: “Tendré que llevarte al cerro de la Virgen y tendré que decirte que eso es La Mancha y que es de esa tierra naranja de donde venimos, que ese manto de esparto que no acaba nunca es lo que eres. Tendré que explicarte lo que es un Pueblo y sabrás que el nuestro está atravesado por tres realidades: la ausencia total de relieve, el Quijote y el viento. Tendré que recordarte que eres nieto de familia postal, bisnieto de campesinos y feriantes, tataranieto de carabinero exiliado y de quincallera, y que sientas entonces que eres heredero de una raza mítica”.

Con esta tríada literaria sobre Feria, no me queda otra que viajar hacia esta obra, sabiendo que voy a encontrar allí lo que de verdad nos sostiene: la memoria. Gracias Ana Iris Simón por regalarnos vida y a la editorial, Círculo de Tiza, por publicarla. No olvido quienes son en esta editorial, no inocente, ni por qué hacen lo que hacen: “En el mundo de los libros hay ejemplares singulares, libros sensibles, bien escritos, que llegan al corazón de quien se atreve a leerlos. Son textos que no entran en el circuito de las grandes editoriales. Se desestiman porque no interesan a la mayoría. Esos son los libros que deseamos compartir con quienes queráis formar parte de Círculo de Tiza. Un círculo de tiza es una órbita que podemos ampliar o reducir sencillamente, con solo el gesto de una mano. Pero es también una ficción y un juego que implica comunidad, intereses compartidos”. Todo ello, amparados por una cita preciosa de Bertolt Brecht: “¡Como nadie te quiere, tengo que quererte yo! (en El círculo de tiza caucasiano)”.

(1) Simón, Ana Iris (2021). Feria. Madrid: Círculo de Tiza.

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Arte mural y rural en Andalucía

Caballo, de Sergio Romero, obra más votada del certamen de pinturas murales convocado por el Ayuntamiento de Villanueva de San Juan, Sevilla

Sevilla, 27/IV/2021

No es la primera vez que escribo en este cuaderno digital sobre el arte urbano reflejado en murales, porque hace unos años dediqué unas palabras al museo al aire libre de pinturas murales realizadas en el Polígono de San Pablo, en Sevilla, un barrio humilde que acogió en 2010 una iniciativa maravillosa, Arte para todos. Hoy, merecen nuestra atención cinco obras murales pintadas en un pequeño pueblo de la sierra sur de Sevilla, Villanueva de San Juan, en la que varios artistas, gracias a una interesante iniciativa cultural de su Ayuntamiento,  han dado vida a la intrahistoria de esta población de apenas 1.100 habitantes, que cada año se vacía en una proporción preocupante. Un museo al aire libre con una memoria histórica de gran interés social, en alta disponibilidad para verlo y comprenderlo desde sus aceras como le hubiera gustado hacerlo a la gran urbanista Jane Jacobs.

Son solo cinco obras pero que condensan diversas perspectivas de la vida diaria en este enclave rural, simbolizando una forma diferente de interpretar la vida a través de la cara de Juan, un rostro surcado de arrugas como si representara el mimetismo con la tierra arada durante tantos años por las personas mayores de Villanueva de San Juan, de Andalucía, de nuestro país; la de una abuela peinada con inmenso amor por su nieta desde un patio interior, realizada sobre la imagen de una mujer auténtica que guarda secretos rurales de incalculable valor; una cabeza de caballo de estilizada figura, que nos lleva la mano a nuestro pecho al observarlo con detalle; un bodegón con predominio del amarillo albero tan característico de esta tierra y, finalmente, un mural que a modo de collage de memoria histórica interpreta la larga historia que encierran las paredes de sus casas, oficios y trabajos ordinarios con un guiño especial al duro mundo del trabajo doméstico y rural de las mujeres, nunca bien reconocido por este país, a través de la dura tabla de lavar.

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Mural, Alberto Montes / Sergio Gambín

Pase y vean. Arte en estado puro, según manifiesta Alberto Montes, unos de los artistas participantes en esta brillante tarea artística, nacido en un pueblo próximo, Los Corrales, cuando diferencia el grafiti y el muralismo contemporáneo, porque este último -en el que trabaja últimamente- es un esfuerzo “por explorar y establecer un diálogo con el entorno en el que se ejecuta la obra, algo que va mucho más allá del ego de dejar una firma visible sobre la pared entre colores llamativos” (1). Impecable definición sobre estas obras de una belleza especial, sobre todo cuando hablamos de arte para todos, como el de la iniciativa, también en esta tierra, que llenó en 2010 de alegría y color unas calles de esta ciudad, Sevilla, territorio “en el que se puede ser feliz”, en una expresión maravillosa de Stefan Zweig en una visita a esta tierra, en la que hoy podríamos sustituir su referencia a “ciudades” (Sevilla) por “pueblos” (Villanueva de San Juan), porque sería los mismo: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades puedes ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así” (2). Villanueva de San Juan, también.

Juan, Ángel Caballero Rioja (Xolaca)

Desde un patio interior, Virginia Bersabé

Amarillo albero, Marta Lapeña

(1) El arte ‘urbano’ también se hace rural (diariodesevilla.es)

(2) Stefan Zweig se enamoró de Sevilla – “El mundo sólo tiene interés hacia adelante…”, Pierre Teilhard de Chardin (joseantoniocobena.com)

NOTA: las imágenes se han recuperado hoy de El arte ‘urbano’ también se hace rural (diariodesevilla.es)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.