Luces en mi ciudad

Hace tan solo unos días viví una experiencia en mi ciudad que me aportó luces con tiempo dentro, como gustaba describir a Juan Ramón Jiménez su querido Moguer. Estaba cenando en un restaurante de comida rápida y como por arte de magia comencé a ver en un televisor de grandes dimensiones una de mis películas preferidas, Luces de la ciudad, de Charles Chaplin. La pregunta era obvia: ¿qué hacía Chaplin en un lugar como ese?, que también la hice extensiva a mi realidad sonora de ese momento, ¿qué hacía un chico como yo contemplando esa maravillosa película con un ruido infernal de fondo, en un sitio como ese?, con decoración americana florida y no hermosa, como queriendo poner sonido a una película que burló los avances de la época en los albores del cine sonoro, en la que Chaplin simboliza que el sonido solo es ruido en determinadas ocasiones. Nada mejor para comprenderlo que la escena inicial de la inauguración de un monumento a la paz y prosperidad. Sin comentarios. Chaplin se burla de lo que simbolizan a veces las inauguraciones oficiales de obras públicas en las que se suelen pronunciar frases que mejor que no pasen a la historia. Escuchando el vídeo que encabeza estas palabras sobran todo tipo de comentarios.

La cena transcurrió con la compañía inseparable de Chaplin, de su personalidad desdoblada en el día y la noche, su proximidad a otra persona desdoblada, el millonario que cuando está ebrio entrega a Chaplin lo que le pida, pero cuando vuelve a la sobriedad lo expulsa siempre de su entorno. Destaca, sobre todo, el hilo conductor de la película, el amor a una florista ciega que tarda tiempo en reconocer la verdadera personalidad de su benefactor. Ocurre muchas veces en la vida verdadera, sobre todo en el discreto encanto de la burguesía que se preocupa de ocultar siempre la verdad de la trastienda de la vida que siempre existe a través de oscuros objetos de deseo, que no es el caso del protagonista. La película está llena de tics y gags inolvidables, como en las escenas del combate de boxeo, volviendo a recordar en la banda sonora de mi vida, La violetera, canción de autoría española que hizo famosa Chaplin.

No hizo falta banda sonora alguna para contemplar maravillado esta película, porque era muda. La comida se hizo más amena porque tenía cerca a un perdedor que ganaba todos los días el combate de vivir dignamente, no hurtando algo tan especial como es encontrar al menos una vez el amor de su vida. De vez en cuando lo miraba de reojo. En los postres llegaron las escenas finales, que son preciosas. La ciega que ya ve lo había reconocido siempre por el tacto, algo tan humano que a veces despreciamos como algo pasado de moda. Su amor verdadero no era el millonario virtual que le había pagado su deuda para seguir viviendo, sino que era alguien que le había entregado todo a cambio de casi nada, embobado siempre al verla. Es lo que tiene no ser un necio, es decir, saber distinguir siempre valor y precio en todos los órdenes de la vida.

Cuando nos levantamos, Chaplin todavía estaba allí, despidiéndose de nosotros. Nos dimos cuenta de que era solo El Fin (The End) de una película de mis sueños, aunque me recordó que todavía existen luces especiales de dignidad en mi ciudad.

Sevilla, 22/V/2018

¿Qué vida es esta?

EL ROTO EL PAIS 20052018

El Roto tiene una especialidad en la que marca diferencias: una viñeta suya puede alojar un tratado de filosofía. La de hoy en el diario El País, no tiene desperdicio, aunque considero que la pregunta es un clásico popular ante el continuo fluir de las cosas. Estoy de acuerdo desde hace ya muchos años con Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química en 1977, cuando defendía que estamos instalados en la inestabilidad, afirmación derivada de su actividad científica. Ya lo vaticinó también Heráclito de Éfeso, muchos siglos antes, en su clásico discurso sobre “todo fluye, nada permanece”, pero sin que todavía se hubiera impregnado del magma de la miseria social, cuando la ausencia de democracia tomó el control férreo del rumbo social de la humanidad. Por cierto, sin enterarse la Iglesia a lo largo de los siglos de lo que en realidad le pasaba al mundo inestable, al interpretar que aquello era la constatación más plena de que hay tiempo de todo en la existencia y que la precariedad de precariedades es solo precariedad total. O lo que es lo mismo, vanidad de vanidades, todo es vanidad.

¿Qué vida es esta? Precariedad de precariedades, todo es precariedad. La precariedad es la anti-dignidad en estado puro, porque no se tiene nada por la vía del derecho o del deber, sino como préstamo y a voluntad de la autoridad competente (sin suponer que tenga por ahora tics militares). Estoy convencido de que falta la autoridad ética suficiente en quienes tienen que ejercerla y se legisla de una forma que no es tolerable para muchas personas de este país, refiriéndome en concreto y para que se entienda bien, como un ejemplo entre otros, a la situación de paro y trabajos en precario que asolan el país. Cualquier respeto a la política está también en precario, porque casi nadie se fía del orden y poder político establecido, porque lo único a lo que se puede acceder, salvo honrosas excepciones, es a un trabajo que no tiene correspondencia casi nunca con los conocimientos o títulos universitarios que se posean y por tolerancia de una legislación complaciente. Lo que ocurre con el trabajo precario es solo una manifestación de la precariedad que se extiende como una gota de agua o un mar en el que falta “majestad ética ejemplar” para exigir la obediencia debida en todos los órdenes de la vida. Ya lo decía anteriormente: precariedad de precariedades, todo es precariedad. Falta ejemplaridad política y eso es lo que nos pasa, como siglos atrás pasaba con la falta de Majestad de los Reyes, como analiza el Diccionario de Autoridades el término “precariedad”, tal y como se entendía en el siglo XVIII en este país: ““Que el respeto de los Consejos se apoya en la Majestad de los Reyes, y es el espíritu que los anima, que cuando esta falta, como sucedía en aquella ocasión, era precaria cualquier obediencia”.

De ahí a la obediencia precaria universal en todo lo que se mueve, solo hay un paso. El que quiera entender que entienda. Estamos avisados por la Historia. Y por El Roto.

Sevilla, 20/V/2018

En el Beaterio de San Antonio…

BEATERIO DE SAN ANTONIO

Acababa de visitar esta mañana el “El Jueves”, el mercadillo que instalan en Sevilla en la calle Feria desde tiempo inmemorial, buscando un libro que anhelo para identificar mi apellido en la mejor historia posible. Todavía en la calle Feria, he tenido que sortear una pizarra en un caballete de pintura, situado en la acera (las aceras de Jacobs…) junto a la entrada de una librería, con un mensaje muy interesante: “En el Beaterio de San Antonio hay mujeres recogidas -arrecogidas las llama la gente- que se ponen tristes al caer la tarde. Algunas no”. Son palabras de Francisco Gallardo, de su obra “Áspera seda de la muerte”, novela ganadora del premio “Ciudad de Badajoz 2017”, en la categoría de novela.

Me ha parecido muy original la forma de presentar una novela, a modo de llamada a la puerta de nuestra habitación interior para ofrecernos una lectura, en principio enigmática. ¿Por qué algunas arrecogidas no se ponían tristes? No me queda más remedio que entrar a comprar el libro y hojearlo de forma vergonzante para intentar descubrir el misterio del Beaterio de San Antonio. He recordado inmediatamente que las arrecogías tenían siempre una historia muy triste detrás, perfectamente narrada por José Martín Recuerda en una obra que hizo furor en la Transición: El beaterio de Santa María Egipciaca, porque su historia “gira en torno a la figura de Mariana Pineda, un personaje ya tratado por Federico García Lorca, a cuyos últimos días asistimos en la obra. El marco político está constituido por el enfrentamiento entre liberales y absolutistas durante el reinado de Fernando VII (primer tercio del siglo XIX), sobre el que Martín Recuerda construye una clara referencia a las dos Españas. El Beaterio de Santa María Egipciaca es una institución-reformatorio donde las Arrecogías -mujeres “perdidas” y presas políticas- viven en un clima de angustia y tensión a la espera de saber qué va a ser de ellas. Cada una de ellas representa vidas distintas, con sus experiencias, desgracias, miedos y desengaños. Mariana se encuentra en el Beaterio por sus actividades políticas. El alcalde del crimen en Granada y juez de incidencias, Ramón Pedrosa, le propone la libertad a cambio de la delación de sus amigos liberales o la muerte en caso contrario. Mariana se resiste a ello confiando en que sus amigos la sacaran del beaterio. Su dignidad y arrogancia contrastan con la tristeza de quien pierde la esperanza de que sea así, pero mantiene hasta el final sus ideales políticos y patrióticos.” (1)

Francisco Gallardo, el autor de Áspera seda de la muerte, es un médico sevillano. Me ha pre-ocupado [sic] el título y he sabido que él ha explicado recientemente la trama de su novela, que tiene como protagonista a una mujer sevillana: “En esta ocasión es una mujer también la protagonista, aunque el contexto histórico es 1813. Un documento que le entregó un amigo historiador, Bibiano Torres, fue el punto de partida para adentrarse en la Sevilla de principios del siglo XIX y en un pleito muy singular por una separación matrimonial. Él es un teniente ilimitado (de carrera), un héroe de guerra que ha conseguido echar a los franceses. Ella, Flora de Letona, una sevillana de clase media alta, que decide recurrir a los tribunales de justicia para separarse, cansada de sufrir malos tratos que describe literalmente así: “mi marido me pega más de lo normal”. Suceden después muchas cosas que son propias del guion contextual de la época, hasta que “es depositada” en un beaterio hasta que se resuelve su caso” (2).

Queda mucho por saber de Flora de Letona y de tantas mujeres anónimas que siguen viviendo experiencias de nuevas arrecogías del siglo XXI. Hoy, un cartel de tiza y pizarra de toda la vida me ha invitado a conocer sus historias y he pensado que podría compartirlas con quienes me acompañan en la lectura de este cuaderno digital que también busca historias desconocidas. Como pensaba esta mañana al entrar en la calle Feria y en tantas mujeres -ahora- que claman a su cielo para ser felices. Nada más.

Sevilla, 17/V/2018

(1) http://fundacionjosemartinrecuerda.es/index.php?module=obra&tipo=1&view=159

(2) http://www.chipionanoticias.com/2018/05/01/marina-bernal-escribe-sobre-aspera-seda-de-la-muerte-tercera-novela-de-francisco-gallardo/

 

¡Que nadie duerma! (Nessun dorma)

MELANI NESSUN DORMA

Melani García, Nessun dorma

Es un aria fantástica de la ópera Turandot de Puccini. Quizá es el identificador claro de una obra grandiosa que anoche se hizo todavía más grande escuchando la interpretación de esta por parte de una niña de 10 años, Melani García, que la llevó en volandas al triunfo en el programa La Voz Kids.

La letra del aria es paradigmática en estos tiempos convulsos de nuestro país, del mundo. ¡Que nadie duerma! Es un grito simbólico ante lo que está ocurriendo en nuestros alrededores y ante los que debemos estar alerta. Ayer murieron 60 palestinos en Gaza, habiendo resultado heridos 2.400, como resultado de la respuesta de Israel a las protestas en la frontera de la Franja por el traslado de la Embajada estadounidense a Jerusalén. Ayer, también, fue elegido un presidente por encargo en Cataluña, que en su manual personal de insultos a los españoles sabemos que no tuvo contención alguna en su intrahistoria supremacista al comparar a determinados ciudadanos con bestias, según he leído en catalán y en español en un artículo suyo escrito en 2008, con un título que no deja lugar a dudas, La lengua y las bestias: “[…] “Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana, sin embargo, que destilan odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con moho, contra todo lo que representa la lengua. Están aquí, entre nosotros. Les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay algo freudiano en estas bestias. O un pequeño bache en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos! Viven en un país del que lo desconocen todo: su cultura, sus tradiciones, su historia. Se pasean impermeables a cualquier evento que represente el hecho catalán. Les crea urticaria. Les rebota todo lo que no sea español y en castellano. Tienen nombre y apellidos las bestias. Todos conocemos alguna. Abundan las bestias. Viven, mueren y se multiplican. Una de ellas protagonizó el otro día un incidente que no ha llegado a Catalunya y merece ser explicado, como un ejemplo extraordinario de la bestialidad de estos seres. Pobres bestias, no pueden hacer más […] Pero ¿por qué hay que movilizarse cada vez? ¿Cuándo acabarán los ataques de las bestias? ¿Cómo podemos en 2008 aguantar tanta vejación, tanta humillación y tanto desprecio?”. […] (1).

Vuelvo a escuchar a Melani cantando Nessun dorma, porque ella nos muestra una forma de ensalzar al ser humano, con tan solo diez años, mostrando la cara más amable de la vida que tanto necesitamos escuchar en todo momento. Viéndola actuar tomé conciencia de por qué Dios creyó que la creación del ser humano era lo más bello que había hecho. A pesar de lo que ayer estaban haciendo, salvando lo que haya que salvar, Benjamín Netanyahu con su ejército en Gaza, Trump con sus órdenes irresponsables de bloqueo de la declaración de la ONU para investigar lo ocurrido en esa matanza y Torra en Cataluña, que no duda en llamar “bestia” a toda aquella persona “española” que cuestione las llamadas señas de identidad catalanas a través de su lenguaje. ¡Que nadie duerma!, porque me han dicho que Torra, en relación con Andalucía, dijo en 2012 que “El catalanismo ha de basarse en una defensa encarnizada de nuestra identidad y nuestra cultura y del orgullo de ser catalanes. ¿O es que ustedes jugarían a una Catalunya independiente convertida en una inmensa Feria de Abril?” (2). Mirando siempre hacia el Norte, porque para él el Sur ya no existe y no es de fiar: “Hay gente que ha dejado de estar en la luna -española- y hacen de su vida un ejercicio diario de compromiso. Ante tanto nacionalista de regional preferente, catalanistas al baño maría, tibios y sensatísimos, masoquistas de España en la que se dan una vez y otro, aquí hay gente que ha dicho basta y, cada uno a su manera, combate por unas ideas y un país. Gente que ya se ha olvidado de mirar al sur y vuelve a mirar al norte, donde la gente es limpia, noble, libre y culta. Y feliz” (3).

Escucho las palabras finales del aria, cantadas por Melani con su encanto especial: venceré, venceré (vinceró, vinceró). Si estamos despiertos… y eso me consuela. ¡Que nadie duerma!

Sevilla, 15/V/2018

NOTA: quiero agradecer de forma expresa la publicación de un artículo del diario “El Periódico”, El pensamiento antiespañol de Quim Torra, a través de sus artículos, sumamente esclarecedor para conocer lo que llamo “intrahistoria supremacista” de Quim Torra.

(1) http://elmon.cat/opinio/5052/elcinefil.cat

(2)  http://elmon.cat/monterrassa/opinio/5192/l_rsquo_ltim_nadal_sense_papers_de_salamanca_de_teresa_rovira_31189

(3) https://web.archive.org/web/20090116010049/http://www.elsingulardigital.cat:80/cat/notices/gabancho_sostres_i_joel_joan_l_rsquo_orgull_de_ser_catal_29425.php

Memoria del olvido

LAS MODERNAS

Carmen Gª de la Cueva, Amparo Rubiales y Nuria Capdevila-Argüelles / JA COBEÑA

No podía poner un título mejor, o peor, según se mire. Ayer fui a la Feria del Libro y comprendí mejor que nunca el terrible silencio y olvido de mujeres extraordinarias que permanecieron durante muchos años en el olvido más cruel de la dictadura franquista. Me refiero a las “modernas” o “garzonas”, una pléyade de artistas y creadoras en todas las ramas posibles del saber y del arte que hemos recuperado en parte durante los últimos años de democracia. Aquellas primeras décadas del siglo pasado vieron nacer a mujeres extraordinarias que seguían el patrón contextual de la época y que hoy, gracias al esfuerzo de mujeres investigadoras en la especialidad del olvido histórico tan español, podemos conocer a través de su obra.

Asistí al acto programado por la Feria, una charla-coloquio dedicado a Las Modernas, en el que intervinieron Carmen García de la Cueva y Nuria Capdevila-Argüelles, moderado por Amparo Rubiales y organizado por la Editorial Renacimiento y el Consejo Social de la Universidad Pablo de Olavide. Fue un encuentro muy grato y aleccionador donde puede conocer de primera mano una visión progresista de determinadas mujeres “modernas” que tanto han aportado a la literatura de este país. Deseo destacar las intervenciones de Nuria, por su forma vehemente de exponer con claridad científica sus investigaciones en torno a la historia del pensamiento feminista y la autoría femenina en España. Obviamente, también fueron muy oportunas las de Carmen y la moderación sensata y moderna de Amparo. Especialmente interesante fue la defensa que hizo Amparo de la desconocida “Reformica”, una reforma del Código Civil llevada a cabo por Mercedes Fórmica, sorprendentemente en 1958, que sustituyó el concepto «casa del marido», con el que se definía la vivienda común del matrimonio, para transformarlo en el «hogar conyugal», constructo propuesto por Mercedes: “Desde entonces los jueces pudieron decretar que fuese la mujer la que se disfrutase de la vivienda conyugal tras la separación. También eliminó la figura degradante del «depósito de la mujer», ese derecho-obligación del marido de «depositarla» en casa de los padres o en un convento. Además se limitaron los poderes casi absolutos que tenía el marido para administrar y vender los bienes del matrimonio, y permitió que las mujeres viudas que contrajesen nuevo matrimonio pudieran mantener la patria potestad sobre sus hijos” (1).

Los cuarenta y cinco minutos que duró la charla-coloquio pasaron con una rapidez inusual. Junto a la Pérgola estaba la editora de los libros (Renacimiento) de una moderna desconcertante en este país, Elena Fortún, como siempre la habían llamado en mi casa de Madrid, donde tuve el primer contacto con ella a través del hermano de Celia, Cuchifritín. Muy lejos de su realidad extraordinaria en un libro oculto y en el mayor de los olvidos, Oscuro sendero, que compré con la ilusión de conocer mejor a su autora. También, opté por empezar a leer a otra “moderna”, Luisa Carnés, a la que ya dediqué unas palabras en este cuaderno no hace tanto tiempo. Compré un libro suyo que lleva por título Rojo y Gris, una primera recopilación de sus cuentos completos, que voy a leer con la ilusión de un niño que dejó de ser Cuchifritín hace ya muchos años.

Se cumplió el objetivo de mi visita. Ayer escuché de viva voz a mujeres de letras tomar y me presentaron a mujeres modernas que las recuperan afortunadamente del olvido. Nuria Capdevila me dio su tarjeta de visita y me dijo que cuando leyera Oscuro Sendero le comentase qué me había parecido el libro de Elena Fortún. Mejor, de Encarnación Aragoneses Urquijo, el verdadero nombre de la autora que me introdujo en la vida de un héroe de mi infancia, de nombre imposible. El hermano de Celia. Para que no la olvide ahora en su persona de secreto, caminando por un oscuro sendero.

Sevilla, 13/V/2018

(1) http://www.abc.es/hemeroteca/historico-07-11-2003/abc/Sociedad/la-reformica-de-mercedes_218921.html

Las mujeres que escriben son de letras tomar

FERIA DEL LIBRO 2018

Mujeres de letras tomar

Parece que hoy he encontrado el eslabón perdido con la Feria del Libro del año pasado, en un día que estoy preparando la visita al espacio en el que se celebra la de este año. Tiene un título programático, Mujeres de letras tomar, como hilo conductor de la Feria, que me parece paradigmático en los momentos actuales y que enlaza con el artículo que escribí el día después de la Feria anterior, en un pequeño homenaje que hice a las mujeres que escriben y que son de letras tomar.

Esta tarde quiero encontrarme con dos mujeres a las que he dedicado palabras de reconocimiento en este blog a lo largo del año, Carmen de Burgos y Luisa Carnés, no olvidando nunca a otras dos que me han marcado pasajes especiales de mi intrahistoria, María Teresa León y Zenobia Camprubí, como se puede comprobar repasando algunas hojas de este cuaderno de ayuda para encontrar escritoras olvidadas por culpa de nuestra desmemoria histórica.

Sevilla, 12/V/2018

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Son imprescindibles las mujeres que escriben

Creo que a María Teresa León apenas se la conoce en España, no más allá de haber compartido una larga vida con Rafael Alberti. Ayer, en la Feria del Libro de Sevilla, la vi en muchos mostradores de librerías que enseñaban sus cartas de identidad, entre las que se encontraban las portadas de varios libros de y sobre María Teresa León. Me alegré al reencontrarme con ella, haciéndose justicia al rescatarla del olvido porque creo que, al igual que el título de un libro sobre el que escribí en este cuaderno digital en 2007, las mujeres que escriben (y leen) son peligrosas imprescindibles, es más, han aportado y aportan una riqueza incuestionable a la literatura.

PALABRAS CONTRA EL OLVIDO

Conocí más de cerca a María Teresa León durante mi estancia en Roma en 1976, cuando vivía junto a Rafael Alberti en Via Garibaldi, 88, en el Trastévere, no a ella directamente sino a la persona que la cuidaba en los primeros atisbos de la enfermedad que la alejaría después del mundo real. Supe de sus viajes en tren hacia Milán, para que atendieran su situación compleja. Aun así, tengo que reconocer que solo conocía bien a Alberti, pero María Teresa fue un descubrimiento que tardé muchos años en atender y leer con el detalle y respeto que mereció siempre.

Hay una anécdota en mi historia reciente que me ha marcado mucho, porque quizá fue una forma simbólica de devolver a María Teresa León lo que este país le había robado durante muchos años, por el exilio y algo más duro todavía, el olvido. Sucedió en una gran superficie localizada en Sevilla capital. Había ofertas de libros con precios de saldo y cerca de la caja donde me situé para pagar me encontré con una torre de diez libros iguales de María Teresa León, Memorias de la melancolía, a un euro el ejemplar. Los compré todos con gran asombro de la cajera que, entre productos frescos de diverso origen, se encontró de pronto con diez libros iguales, una mercancía casi desconocida, sobre los que me pidió una sencilla explicación por aquella forma de proceder. No conocía a la autora y aproveché para explicarle quién era y la melancolía que me producía verla en aquella situación. Fue una operación rescate in extremis como pequeño homenaje de respeto y para sacarla del olvido. A día de hoy, solo conservo un ejemplar, porque los nueve restantes los regalé a personas que aprecio y que saben tratar bien a María Teresa. Es verdad, salvando las distancias obviamente, que se volvió a reproducir en mí una memoria de la melancolía.

TRECE CUENTOS

En este contexto, he leído hoy un artículo precioso, Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida (1), que me ha parecido fascinante y que ha dejado al descubierto la ignorancia que tenemos en este país sobre la pléyade de mujeres escritoras que fueron silenciadas durante el régimen franquista. Me emociona conocer esta operación rescate de mujeres que escribieron maravillosamente bien, pero desde el exilio en el mayor número de casos. Luisa Carnés escribió dos obras señeras, de alto voltaje político, Tea Rooms y Trece cuentos, que por lo narrado en el artículo parecen apasionantes. Leerlas será el mejor homenaje a esta mujer, olvidada durante tantos años de desidia y desprecio a las mujeres escritoras de este país durante la posguerra y pertenecientes también a la denominada Generación del 27.

Al igual que los santos, la Feria del Libro de este año, que se clausuró ayer, tiene también su octava y este pequeño homenaje es como poner un broche de oro personal a este acontecimiento literario en esta ciudad, que tanto aportó para el controvertido descubrimiento de América y que todavía está por descubrir en su realidad actual. Mujeres escritoras, como Zenobia Camprubí, María Teresa León, Simone de Beauvoir y Luisa Carnés, entre otras muchas, merecen nuestro aprecio y respeto todos los días, porque sencillamente lo dedicamos hoy, especialmente, a sus libros.

Baste un ejemplo final de lo que escribí en 1976 sobre una mujer escritora citada anteriormente, Simone de Beauvoir, después de un análisis de su magnífica obra El segundo sexo, ignorada en España en los años de autos por su texto y contexto: “Es indudable que el análisis de Simone de Beauvoir sobre la infancia, no pasa de ser un análisis monocolor de su infancia, que era también la infancia de la época, década de los años diez y veinte del Siglo XX. Paradójicamente, acepto que muchas reflexiones de ella podrían aplicarse a décadas posteriores, donde la educación sexual (no olvidemos que es su preocupación fundamental en esta obra) ha brillado por su ausencia. Hoy, asistimos a un momento diferente, donde los jóvenes han hecho periclitar el edificio clásico de las inhibiciones y frustraciones sexuales. Bastaría citar el fenómeno registrado en Italia, con la publicación del libro “Porci con le ali”, donde Rocco y Antonia viven una experiencia sexo-política muy similar y donde el vocabulario utilizado para sus expresiones dialécticas, desde el principio y hasta el fin del libro, darían que pensar incluso a Simone. Junto a esta realidad, la formación real hoy es una formación de la calle, de los diferentes clubes, de la filmografía, donde el lenguaje desenfadado manifiesta un epifenómeno muy curioso: la insatisfacción por saturación (…). El problema radicó en que la lectura de “El segundo sexo”, a escondidas, por ser manzana prohibida, facilitó un curso acelerado de formación y de satisfacción de curiosidad, con todos los problemas que podría acarrear a las mujeres lectoras. Hoy, su obra, aporta datos de interés a nivel histórico, pero cualquier manual o revista “avanzada” abre ya los ojos a muchas realidades. Aun así, hay que reconocer la valiente realización de Simone de Beauvoir, su desesperada lucha por encontrar su libertad…” (2). También, lo que aportó a los hombres y mujeres de muchas épocas, lectores y lectoras de relatos basados en la libertad intelectual, la que amó María Teresa León, a quien tanto aprecio.

Sevilla, 29/V/2017

(1) Franch, Ignasi (2017, 28 de mayo). Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida.
(2) Cobeña, J.A. (1976). La personalidad frustrada de Simone de Beauvoir. Trabajo de doctorado realizado en mayo de 1976, en Roma (sin publicar).

Merece la pena vivir

JOSE JIMENEZ LOZANO

En los momentos de turbación nacional que estamos viviendo, he leído con atención reverencial una entrevista a José Jiménez Lozano, larga, profunda, emocionante y esclarecedora, con un título que comparto en su más profundo sentido: “José Jiménez Lozano: «Merece la pena vivir porque hay personas, hay pájaros, hay cosas que están excelentemente bien»”. Me ha llamado la atención porque hace referencia a un texto del Génesis muy esclarecedor para comprender qué ha significado en la historia de la humanidad la creación del ser humano, un relato que ha pasado de padres a hijos durante miles de años.

Jiménez Lozano iguala a personas, pájaros y cosas, que están “excelentemente bien”, pero creo que cuando se conoce la lengua hebrea en profundidad, hay un matiz diferenciador, un adverbio no inocente que da una transcendencia especial al ser humano frente a cielos, tierra, fuego, pájaros y cosas cercanas a la humanidad, que siempre son útiles. Veamos por qué. En el Génesis, el Primer Libro, en su capítulo I, versículo 31, corroborado con la musicalidad del texto hebreo en su escritura primigenia, el relato de la creación dejaba muy claro que lo mejor que había ocurrido en aquellos días mágicos fue la creación del ser humano, porque a diferencia de los cielos, la tierra y el agua, que sólo eran buenos, en la del hombre y la mujer vio Dios que era muy bueno lo que había hecho. Un adverbio, meod, que en hebreo significa “muy” dejó claro para siempre que la existencia de los seres humanos justificaba por sí misma la creación del mundo, el evolucionismo o el punto alfa y omega de la vida. Son sólo creencias de siete días especiales, singulares, en los que había ocurrido algo muy bueno para la existencia humana, para cada uno (con su cadaunada).

Merece la pena vivir porque lo mejor que le ha ocurrido al mundo es contar con la presencia del ser humano.  Pesar de todo lo que ocurre en el mundo actual por la intervención de la mano humana y su inteligencia. Decía Jesús Ruiz Mantilla en 2014, que el fotógrafo Sebastião Salgado, autor del proyecto Génesis, había salido a buscar en 2005 el paraíso terrenal y fotografiarlo durante ocho años: “¿Para qué? Para emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

Es una delicia leer la entrevista completa a José Jiménez Lozano. He comprendido bien por qué es muy buena su existencia, porque me ha entregado con sus sabias palabras serias razones para seguir viviendo. Se la recomiendo.

Sevilla, 11/V/2018

 

La democracia y la esperanza han derrotado a ETA

PRINCIPIO ESPERANZA

He leído el último comunicado de ETA en el que anuncia su disolución. Quiero quedarme con este punto final porque ha triunfado en democracia el principio esperanza del que hablé en un artículo que escribí el 23 de marzo de 2006, cuando solo faltaban tres horas para que se iniciara un alto el fuego de ETA. Entresaco de aquella reflexión algunas ideas que mantienen hoy vigencia plena. Cambio solo tiempos de verbos porque entonces hablaba sobre todo de futuro y hoy, afortunadamente, lo convierto en presente. Cambio de texto y contexto.

Desde que tuve conocimiento de aquella noticia del alto el fuego, sentí la necesidad de aprovechar este foro para contribuir, con mi ilusión personal y mi creencia en el ser humano como factor determinante, a que la paz fuera posible en Euskadi y en los sentimientos y emociones del pueblo español en general y vasco, en particular. A pesar del sufrimiento de casi 900 víctimas, a lo largo de 50 años de desesperanza real, dura, triste, desgarradora, espantosa, en todos sus términos. A pesar de los que tuvieron que incorporar a su vida diaria la rutina de cualquier protección, incluso la más dura: la de sacar fuerzas de flaqueza para seguir viviendo.

Hoy, desde el momento de la difusión del comunicado de disolución, he escuchado voces de toda procedencia y color, posicionándose sobre el anuncio de ETA. En casi todas las intervenciones públicas que he escuchado he podido apreciar una tímida creencia sobre la auténtica razón de ser del comunicado. Y he recordado cómo hace doce años se hablaba, en todas las acepciones posibles, del término esperanza. Efectivamente, era tiempo de esperanza que, con el anuncio definitivo de hoy, se sella como un recurso muy importante en democracia. Aprendí de Ernst Bloch y así lo escribí hace muchos años, que el gran valor de la esperanza es el ofrecimiento de ser activos en la búsqueda de lo que deseamos, porque lo que esperamos todavía no ha llegado y, además, nos interesa, nos hace libres. En cualquier nivel, en cualquier proyecto, en cualquier deseo: frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia del hombre, Bloch presenta a la conciencia individual de cada persona como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, cada persona lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta “hambre cósmica” se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida. Es como la ilusión que yo tenía cuando era niño y construía los juguetes en mi pensamiento hasta que llegaba el día señalado y lo alcanzaba. Vivimos en momentos en los que manifestamos siempre que tenemos hambre de paz.

Un escritor del que aprendo permanentemente el lenguaje de la concisión, autor del cuento más breve del mundo, Augusto Monterroso, lo diría así: cuando despertamos, después de conocer la disolución de ETA, la esperanza estaba allí… La realidad actual en España nos permite creer en que la paz duradera, ahora, sí es posible. Porque la esperanza, junto a la democracia, han derrotado a ETA.

Sevilla, 3/V/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado de https://elpais.com/elpais/2016/02/15/opinion/1455542289_018135.html

Elogio de las personas corrientes y singulares

Algún día tenía que hacerlo, porque lo habitual es que hable en este cuaderno de personas y situaciones especiales. Hoy quiero dedicar unas palabras de alabanza a los miles de millones de personas corrientes, mejor que normales, que poblamos este planeta, a través de sus cualidades y méritos. Para ello he elegido una obra musical, Fanfarria para el hombre corriente, compuesta por Aaron Copland, porque simboliza algo muy especial: el canto a los grandes artífices de la vida diaria en paz, que la modelan con su anonimato activo, su trabajo cotidiano, su forma de ser y estar en el mundo, que es personal e intransferible, que corren con su vida a cuestas. Lo más grandioso estriba en que lo que hacen es único, singular, irrepetible, a pesar de ser corrientes. Tenemos que llegar hasta la acepción 10ª del Diccionario de la Lengua Española de la RAE para comprender bien qué significa ser corriente cuando aplicamos este adjetivo a personas: “dicho de una persona: De trato llano y familiar”.

Algo tiene esta Fanfarria cuando Bob Dylan, premio Nobel de Literatura 2016, la eligió como composición que abría siempre sus conciertos. Todavía podemos dar un paso más, porque es probable que sea más apropiado hablar de personas singulares, tal y como lo expliqué en un post que escribí en este cuaderno en 2015, Elogio de la singularidad, a través de un diálogo inolvidable extraído de una película encantadora, diferente, singular, necesaria. Requisitos para ser una persona normal, un canto a la ruptura de patrones sociales, que se sintetiza en un diálogo entre Alex, con síndrome de Down, y María de las Montañas, los dos hermanos protagonistas de una familia rota, en la búsqueda de identidad normal y verdadera:

– ¿Por qué quieres ser normal?, pregunta Álex a su hermana.
– Porque todo el mundo quiere serlo.
– Yo no, responde Alex.

Y el patrón de la normalidad se circunscribe, en el pequeño mundo de la protagonista, a cumplir con una lista convencional para el mercado de estar en el mundo, más que ser en él: tener trabajo, casa, pareja, vida social, aficiones, vida familiar y ser feliz. Se trata de ir tachando todos los ítems que engloban el estándar de la normalidad y que cuando se cumplen permite la integración de una persona en la sociedad. Si falla alguno, la sociedad te expulsa con una facilidad clamorosa. Peor aún, no te admite.

Creo que más que de personas normales o corrientes, deberíamos hablar también, mediante una conjunción, de personas singulares, porque es la realidad de lo que somos, dado que no nos repetimos (por ahora…). Cuando pretendemos ajustarnos a patrones, la experiencia suele ser nefasta, porque dejamos a un lado la inteligencia y la capacidad de hablar, como primeras señas de identidad humana que nos hacen ser personas y de identidad intransferible, por mucho que se empeñe la sociedad de mercado en pasarnos a todos por la máquina de conversión en personas-patrón-para-triunfar-en-el-mundo, empaquetándonos como producto expuesto para que lo compre el mejor postor en todos los ámbitos posibles. Pura mercancía que traspasa los límites de personas corrientes.

Además, con una uniformidad insoportable, porque el patrón de la normalidad pasa por tener trabajo, casa, pareja, vida social, aficiones, vida de familia y felicidad, según el estándar de la sociedad en la que nace, se crece y se multiplica cada ser humano si puede. Tener, pero no ser. Ahí está la diferencia, en la singularidad que tan bien comprendía Alex, el protagonista de la película, porque es la única razón del corazón y de la razón que nos permite ser felices, que es el principal objetivo de la inteligencia en su misión posible de resolver problemas. Personas corrientes y singulares, tal como ya definía el lema singularidad el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución de nuestra propia vida, siendo personas corrientes, es decir, de trato llano y familiar [sic, según la RAE]. Impecable definición, mientras corremos con la vida a cuestas, porque miles de millones de personas somos corrientes y singulares. Afortunadamente. Quizá comprendamos ahora, mejor que nunca, el sentido de la Fanfarria para el hombre corriente, con la seriedad que imprime Jesús López Cobos a la orquesta, en un homenaje explícito a millones de personas que se esfuerzan a diario en ser personas corrientes y singulares. Para que siempre se les escuche en su silencio sonoro de paz y armonía.

Sevilla, 2/V/2018

Sinfonía de una sorpresa

La Sinfonía nº 94, en sol mayor, llamada “de la Sorpresa”, es una obra fantástica de Haydn, muy conocida sobre todo por su segundo movimiento, Andante, con un golpe de timbal sorprendente al finalizar una de sus frases que conmueve al auditorio. Es lo que necesitaba al finalizar una semana especialmente dura para el país. Estoy aprendiendo a tocar en el violín este maravilloso movimiento y tengo el encargo de mi profesora de que procure memorizarlo y, sobre todo, sentirlo en todos sus matices.

Puestas las manos en el violín y en el arco, detecto la dificultad de pasar del piano al mezzo forte para volver “a tempo” y finalizar la primera frase disminuyendo el sonido en las notas finales. Contemplo varias veces a Mariss Jansons dirigiendo la Filarmónica de Berlín en una interpretación especial de este movimiento. Me fijo una y mil veces en los primeros violines, en su spiccato continuo (golpes saltarines del arco sobre las cuerdas) de las primeras notas, muy suaves, medio piano (mezzo piano), para finalizar en el compás 8 de mi partitura en el que no se recoge el famoso golpe de timbal. Cuando lo toco, traduzco en mi mente, como si de una losa se tratara, lo que ha ocurrido en la vida ordinaria de esta semana: comenzamos el lunes con la rutina diaria de un país que vive momentos difíciles, para finalizar el jueves con la sentencia de Pamplona que nos ha despertado a todos de un largo letargo de ciudadanía responsable.

Vuelvo a tocar este movimiento varias veces hasta perfeccionar algo especial en música, los matices, no dejando de pensar en los que tiene la desdichadamente famosa sentencia, que he leído detenidamente en sus más de trescientas páginas. Me duelen decenas de ellas que jamás se deberían haber escrito y con un final, a mi parecer, muy injusto. Me encantaría, como miembro de una sociedad activa, que sirviera esta realidad tan cercana para despertar las conciencias durmientes de este país, como si del timbal sorprendente de Haydn se tratara, porque necesitamos cambios urgentes en la educación para ser mejores ciudadanos responsables de la ética individual y colectiva que justifica todos los actos humanos, mediante valores que son el suelo firme de nuestra existencia, a modo de solería de nuestras conciencias. Porque otra España es posible.

Sevilla, 29/IV/2018