Teletrabajo, en cualquier momento, en cualquier lugar

Sevilla, 24/IX/2020

Ayer se publicó en el Boletín Oficial del Estado, el Real Decreto-ley 28/2020, de 22 de septiembre, de trabajo a distancia, realidad sobre la que ya publiqué una serie en una fase avanzada de su tramitación legal en el pasado mes de junio, donde afirmé que el teletrabajo había venido para quedarse con ocasión de la pandemia. Analicé en cuatro artículos (1) diversas perspectivas del proyecto de ley que se estaba tramitando en ese momento, abordando cuestiones de alto interés general laboral y social, como es el ámbito estratégico en el que se debe desenvolver la implantación de esta legislación actual que entrará en vigor en veinte días a partir de la fecha de publicación del texto legal.

Vuelvo a insistir en la necesidad de acercarse con información técnica solvente a la problemática actual del teletrabajo, siendo muy recomendable la atenta lectura del documento de trabajo más reciente elaborado por la OIT, que lleva por título “Trabajar en cualquier momento y en cualquier lugar: consecuencias en el ámbito laboral”, que considera el impacto del teletrabajo/TICtrabajo móvil (T/TICM) en el mundo laboral, sintetizando la investigación llevada a cabo por la red de corresponsales europeos de  Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo (Eurofound) y consultores de OIT.  T/TICM se puede definir como el uso de tecnologías de la información y las comunicaciones –como teléfonos inteligentes, tabletas, portátiles y ordenadores de sobremesa– para trabajar fuera de las instalaciones del empleador. Hago esta referencia para tener una perspectiva amplia del asunto que estamos tratando, con altura de miras y para profundizar en los “hallazgos” que el informe presenta, así como los siete indicadores políticos de suma importancia a considerar, que traté con detalle en mi primer artículo sobre el teletrabajo citado anteriormente y que según mi criterio se deberían revisar concienzudamente en una evaluación continua de la nueva norma, con objeto de que se puedan emitir juicios bien informados.

Abordando directamente el texto publicado, creo conveniente hacer las siguientes observaciones al mismo:

1. El Real Decreto-ley, un logro de la cooperación del Gobierno con las fuerzas sociales, que hay que reconocer, está desdibujado al figurar en el mismo múltiples disposiciones que nada tienen que ver con el objeto contemplado en su título, al aprovechar con misión bus de acompañamiento, regulaciones importantes en las más diversas materias legislativas, tal y como se señala a partir del apartado V de la Exposición de Motivos de la disposición. De esta forma, se estructura en cuatro capítulos, veintidós artículos, siete disposiciones adicionales, cuatro disposiciones transitorias y catorce disposiciones finales, acompañándose de un anexo, correspondiendo al título exacto de la disposición la totalidad de los capítulos, las disposiciones adicionales primera y segunda, las disposiciones transitorias primera, segunda y tercera, siendo las disposiciones finales primera, segunda y tercera las que provienen del Acuerdo sobre Trabajo a Distancia.

2. Es importante destacar que no hay que confundir trabajo a distancia con teletrabajo o con trabajo remoto excepcional y obligatorio, es decir, esta norma va más allá de la legislación centrada en el teletrabajo, que se declara como “una subespecie que implica la prestación de servicios con nuevas tecnologías”. En la exposición de motivos se explica el camino recorrido por la legislación internacional, europea y española de las aproximaciones tímidas al trabajo a distancia, siendo el apartado III el que aborda curiosamente la superación del concepto clásico de trabajo a distancia por el de teletrabajo: “El trabajo a distancia, en su concepción clásica de trabajo a domicilio, como aquel que se realiza fuera del centro de trabajo habitual y sin el control directo por parte de la empresa y vinculado a sectores y ámbitos geográficos muy concretos, se ha visto superado por la realidad de un nuevo marco de relaciones y un impacto severo de las nuevas tecnologías. En la actualidad, más que trabajo a domicilio lo que existe es un trabajo remoto y flexible, que permite que el trabajo se realice en nuevos entornos que no requieren la presencia de la persona trabajadora en el centro de trabajo”. Me preocupa por tanto que no se haya contemplado en el título de la norma la palabra teletrabajo, tal y como se define ya en el marco europeo en la actualidad.

3. Se aborda un constructo muy interesante, la virtualización de las relaciones laborales, donde la presencia de las tecnologías es definitoria de esta norma, es decir, el teletrabajo es la base del trabajo a distancia dado que sin el poder de las tecnologías no sería factible llevarlo a cabo en los términos expuestos en el Real decreto-ley, como lo asevera la propia norma: “Esta virtualización de las relaciones laborales desvincula o deslocaliza a la persona trabajadora de un lugar y un tiempo concretos, lo que sin duda trae consigo notables ventajas, entre otras, mayor flexibilidad en la gestión de los tiempos de trabajo y los descansos; mayores posibilidades, en algunos casos, de una autoorganización, con consecuencias positivas, en estos supuestos, para la conciliación de la vida personal, familiar y laboral; reducción de costes en las oficinas y ahorro de costes en los desplazamientos; productividad y racionalización de horarios; fijación de población en el territorio, especialmente en las áreas rurales; compromiso y experiencia de la persona empleada; atracción y retención de talento o reducción del absentismo”. Todo ello gracias a que “La figura del teletrabajo como forma de trabajo a distancia está cogiendo auge frente a la organización empresarial tradicional, lo que sin duda trae consigo prácticas novedosas y más flexibles, lo que estimula cambios organizativos en las empresas y fortalece la formación y empleabilidad de las personas trabajadoras”.

4. No todo son ventajas, pero el trabajo a distancia en su sentido más estricto se desdibuja en favor del teletrabajo en sí mismo, con sus ventajas e inconvenientes, que también se señalan: “Sin embargo, también presenta posibles inconvenientes: protección de datos, brechas de seguridad, tecnoestrés, horario continuo, fatiga informática, conectividad digital permanente, mayor aislamiento laboral, pérdida de la identidad corporativa, deficiencias en el intercambio de información entre las personas que trabajan presencialmente y aquellas que lo hacen de manera exclusiva a distancia, dificultades asociadas a la falta de servicios básicos en el territorio, como la conectividad digital o servicios para la conciliación laboral y familiar, o traslado a la persona trabajadora de costes de la actividad productiva sin compensación alguna, entre otros”.

5. En cualquier caso, lo afirma el legislador en una frase que resume la situación en muy pocas palabras, “El teletrabajo se ha instalado en nuestro país como respuesta a las restricciones y medidas de contención de la pandemia aún vigentes, en un contexto legal caracterizado por la casi total ausencia de regulación específica”, situación que se aborda en el articulado del texto. Como abordaje de esta situación de improvisación funcional, más que legal, “El objetivo es proporcionar una regulación suficiente, transversal e integrada en una norma sustantiva única que dé respuestas a diversas necesidades, equilibrando el uso de estas nuevas formas de prestación de trabajo por cuenta ajena y las ventajas que suponen para empresas y personas trabajadoras, de un lado, y un marco de derechos que satisfagan, entre otros, los principios sobre su carácter voluntario y reversible, el principio de igualdad de trato en las condiciones profesionales, en especial la retribución incluida la compensación de gastos, la promoción y la formación profesional, el ejercicio de derechos colectivos, los tiempos máximos de trabajo y los tiempos mínimos de descanso, la igualdad de oportunidades en el territorio, la distribución flexible del tiempo de trabajo, así como los aspectos preventivos relacionados básicamente con la fatiga física y mental, el uso de pantallas de visualización de datos y los riesgos de aislamiento”.

A partir de aquí, es imprescindible leer con detalle el real decreto-ley para conocer en profundidad el desarrollo del mismo, que se atiene a lo contemplado en el Acuerdo de Trabajo a Distancia, fruto de la concertación social, basado en tres aspectos mínimos, que ya aparecen recogidos en el Acuerdo Marco Europeo sobre Teletrabajo: la definición de trabajo a distancia, su carácter voluntario para la persona trabajadora y empresa, así como la salvaguarda de la equidad de las personas que desarrollan trabajo a distancia “con los derechos garantizados por la legislación y los convenios colectivos aplicables a las personas comparables que trabajen o, de existir, trabajasen, en los locales de la empresa”.

La publicación de este Real Decreto-ley es una oportunidad extraordinaria para que el Estado tome la iniciativa urgente para legislar sobre el teletrabajo en la Administración Pública, en el marco de una estrategia digital de carácter público. En relación con la Administración es ya una tarea urgente, entendiéndose la citada estrategia como proceso organizativo mediante el cual el Gobierno Digital, a través de la Política Digital colectiva y sectorial, incorpora a sus funciones directivas y funcionales los sistemas y las tecnologías digitales de la información y comunicación, como escenario y motor de su progreso, y como modelo de integración tecnológica orientada a la ciudadanía.

Los empleados públicos, probablemente y con la nueva legislación prevista de teletrabajo, estarán muy pronto “deslocalizados” de sus tradicionales sedes de trabajo, conciliando vida personal y laboral de forma normal y rutinaria. La vida laboral será, a partir de ese momento, más amable para todos. El nuevo paradigma sobre el teletrabajo público y privado será muy pronto una realidad social en la clave que propugnaba Thomas S. Kuhn (1970), en su obra “The Structure of Scientific Revolutions”, cuando abordaba la realidad del nacimiento de un paradigma, entendido como una completa constelación de creencias, valores y técnicas, compartidas por los miembros de una determinada comunidad: “[…] un nuevo candidato a paradigma posee pocos adeptos. Con el tiempo, si son competentes, los mejorarán, explorarán posibilidades y mostrarán lo que sería pertenecer a la comunidad guiada por él. Aumentará el número y la fuerza de argumentos de persuasión. Gradualmente aumentarán los experimentos, libros, instrumentos; artículos y libros basados en el paradigma se multiplicarán”. En cualquier caso, queda mucho por hacer pero estamos viviendo momentos muy especiales que se deberían aprovechar para desarrollar con carácter urgente esta realidad laboral del teletrabajo, que afectará a millones de personas y familias en este país.

(1) El teletrabajo ha venido para quedarse / 1. Estrategia digital de Estado; El teletrabajo ha venido para quedarse / 2. Participando, nos quedará siempre la palabra; El teletrabajo ha venido para quedarse 3. En la Administración Pública es urgente su implantación legal; El teletrabajo ha venido para quedarse / 4. Estadísticas actuales en España.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Lluviosos y otoñabundos

Sevilla, 23/IX/2020

Le ocurrió a Neruda cuando volvió a Chile después de haber andado muchos caminos y abierto muchas veredas, navegando en cien mares y atracando en sus riberas, regresando a su casa de Isla Negra para encontrarse con sus juguetes grandes, los mascarones y mascaronas de proa. Allí nacieron los sesenta y ocho poemas de Estravagario, en lo que él llamó su periodo otoñal, representado por su Testamento de Otoño, donde escribió que él era un hombre lluvioso y alegre / enérgico y otoñabundo.

Iniciando esta estación, en la que navego siempre con mi cuaderno de “derrota”, en lenguaje marino, en busca de islas desconocidas que localizo de vez en cuando en mi vida, encuentro a modo de guía este testamento de Neruda, que me aproxima a realidades de un otoño muy particular que se llueve y se moja como los demás. Esta estación me lleva a pedir silencio, en la clave de su poema, Pido silencio, abriendo su Estravagario, en el que descubrimos que necesitamos estar tranquilos, repasando las cinco cosas o raíces que él quería, el amor sin fin, el grave invierno, la lluvia, los ojos de Matilde y poder ver el otoño: No puedo ser sin que las hojas / vuelen y vuelvan a la tierra, porque los días de esta estación se caen también como esas hojas amarillas y seca que ahora nos acompañan y suenan al pisarlas sin compasión, como quejándose del trato humano. Era cuanto quería, casi nada y casi todo.

El Testamento de Otoño es un conjunto armónico de versos, que cierran el Estravagario creado en su Isla Negra, en un momento de su vida adulta en la que reconsidera cuanto ha hecho y sentido. Así lo formula en su poema, marcando unas pautas a modo de confesión por lo vivido, lo que deja y lo que espera a través de su condición y predilecciones, identificando a sus enemigos y anunciándoles su herencia, declarando otros sectores a los que también incluye, contestando a algunos bien intencionados, preguntándose también a quién destina sus penas y cómo se olvida de sus penas y tristezas al triunfar sobre el odio, haciendo una declaración impecable de cómo se puede triunfar sobre él, dirigiéndose finalmente, con arrobamiento, a su amada, Matilde Urrutia.

Hay que leer el poema completo para comprender su momento existencial al escribir palabras que son una lección de cómo podemos hacer un alto en el camino en este Otoño y preguntarnos qué huellas estamos dejando en nuestra vida. Utilizo a modo de guion existencial sus palabras y descubro sugerencias maravillosas para saborearlas como persona lluviosa y otoñabunda que soy, porque a veces navegamos en mares procelosos como vagabundos de alma inquieta. Siguiendo la estructura de su Testamento de otoño, me quedo con las siguientes declaraciones de principios: mi corazón no tiene tregua, porque donde menos me esperan / yo llegaré con mi equipaje / a cosechar el primer vino / en los sombreros del Otoño. Me acomodo como el viento en este otoño con las hojas más amarillas:

A lo largo de los renglones / habrás encontrado tu nombre, / lo siento muchísimo poco, / no se trataba de otra cosa / sino de muchísimas más, / porque eres y porque no eres / y esto le pasa a todo el mundo, / nadie se da cuenta de todo / y cuando se suman las cifras / todos éramos falsos ricos: / ahora somos nuevos pobres.

En relación con nuestros probables enemigos, Neruda nos enseña a identificarlos en la vida diaria porque cada uno vive su exilio interno y externo: Dejo pues a los que me ladraron / mis pestañas de caminante, / mi predilección por la sal, / la dirección de mi sonrisa / para que todos lo lleven / con discreción si son capaces: / ya que no pudieron matarme / no puedo impedirles después / que no se vistan con mi ropa / que no aparezcan los domingos / con trocitos de mi cadáver, / certeramente disfrazados. / Si no dejé tranquilo a nadie / no me van a dejar tranquilo, / y se verá y eso no importa: / publicarán mis calcetines.

Sobre todo, me interesan sus palabras a los bien intencionados, a los que cuesta a veces identificar entre los más próximos: Me preguntaron una vez / por qué escribía tan oscuro, / pueden preguntarlo a la noche, / al mineral, a las raíces. / Yo no supe qué contestar / hasta que luego y después / me agredieron dos desalmados / acusándome de sencillo: / que responda el agua que corre / y me fui corriendo y cantando. Continúa con una declaración de su herencia, precisamente a los que más le odiaban por su ideología: Al odio le dejaré / mis herraduras de caballo, / mi camiseta de navío, / mis zapatos de caminante, / mi corazón de carpintero, / todo lo que supe hacer / y lo que me ayudó a sufrir, / lo que tuve de duro y puro, / de indisoluble y emigrante, / para que se aprenda en el mundo / que los que tienen bosque y agua / pueden cortar y navegar, / pueden ir y pueden volver, / pueden padecer y amar, / pueden temer y trabajar, / pueden ser y pueden seguir, / pueden florecer y morir, / pueden ser sencillos y oscuros, / pueden no tener orejas, / pueden aguantar la desdicha, / pueden esperar una flor, / en fin, podemos existir… (con unas palabras finales que no reproduzco para no herir la sensibilidad del lector o lectora).

Finaliza con unas palabras de amor hacia Matilde Urrutia, una compañera de vida en momentos difíciles, que resumo en versos inolvidables: Mi amor es un niño que llora: / no quiere salir de tus brazos, / yo te lo dejo para siempre: / eres para mí la más bella, recordándonos que él era un hombre lluvioso y otoñabundo: Es el alto otoño del mar / lleno de niebla y cavidades, / la tierra se extiende y respira, / se le caen al mes las hojas. / Y tú inclinada en mi trabajo / con tu pasión y tu paciencia / deletreando las patas verdes, / las telarañas, los insectos / de mi mortal caligrafía. Más adelante, pronuncia la declaración de la deuda eterna: Te debo el otoño marino / con la humedad de las raíces / y la niebla como una uva /y el sol silvestre y elegante […].

Leer este poema nos ayuda a comprender mejor esta estación que invita a la reflexión y algo mágico en nuestras vidas: analizar las huellas que dejamos e identificar lo que más amamos. Al fin y al cabo, nos damos cuenta de que somos seres lluviosos y otoñabundos, sobre todo cuando contemplamos cómo se le caen a este otoño las hojas vivas, los días, casi sin darnos cuenta.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://fundacionneruda.org/biografia/


CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN
José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Otoñar también se puede

Sevilla, 22/IX/2020

Hoy, a las 15:31, se igualan el día y la noche, en una ceremonia temporal y puntual que nunca falla y que los sabios del lugar llaman equinoccio. Es un aviso para los que nos gusta otoñar, porque también se puede humanizar este tiempo y su momento si somos capaces de aprehenderlo en su justo sentido. Por ejemplo, acudir prestos a compartir esta estación con el poeta Ángel González, aunque él me acompaña siempre a lo largo del año y sus otras estaciones. Vuelvo a leer sus poemas dedicados a los Otoños, en plural, porque existen millones de otoños, los que vive cada ser humano a su forma y manera: mi otoño, tu otoño, su otoño, nuestro otoño, vuestro otoño, el otoño de ellos, de ellas…, el otoñar de todos. De todas formas, los otoños de González me inspiran otra forma de comprender la vida y me gusta compartirlo para hacer más llevadero ese ser y estar en el mundo de todos y cada uno, otoñando la vida.

Comienza su entrega de sentimientos y emociones con un poema precioso, El otoño se acerca, que vuelvo a compartir hoy:

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

Lo he manifestado en otoños anteriores: hoy, busco el ángel que se llamaba luz, fuego, o vida, y no lo encuentro, rodeado de malas noticias por todas partes, en un país con desasosiego permanente desde hace ya varios años, en este otoño que ha entrado con el ruido del coronavirus que nos asola, que nos distancia. Al menos, podemos encontrar un ángel, en medio de tantos demonios, de apellido González. Lo agradezco, porque necesitamos momentos amables en esta azarosa vida, en este otoño en el que estamos obligatoriamente obligados a otoñar de una forma diferente, para no perder para siempre ángeles que necesita este país, que necesitamos todos, con nombres preciosos: luz, fuego y vida.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Isabel Coixet: una mujer ejemplar, de ego frágil, que sabe abrazar la niebla

Sevilla, 20/IX/2020

El discurso que pronunció ayer la directora de cine Isabel Coixet en el marco del Festival de San Sebastián, al recibir el Premio Nacional de Cinematografía de este año, otorgado el pasado 4 de septiembre por el Ministerio de Cultura, me pareció excelente y a modo de presentación oficial de lo que podría ser un guion sugerente de su próxima película. Treinta años después de su fracaso rotundo en la presentación de una película suya, Demasiado viejo para morir joven (1989), presentada en el año 1990 en el apartado de directores noveles,  en el Festival que ayer arropaba la entrega de su premio en su 68ª edición, volvía al mismo lugar, próximo a la cafetería de su llanto de frustración al leer las crónicas lacerantes sobre su primera película fallida en San Sebastián, todavía con el ego frágil, para pronunciar un discurso que recomiendo leer atentamente porque es una narración preciosa de su película vital y profesional.

Comenzó con una indicación programática: “Me gustaría pronunciar unas palabras dedicadas a todas las personas que quieren hacer lo que yo hago. Voy a invertir el premio en echarles una mano y estaría bien que, antes de nada, escucharan las cosas que me hubiera gustado que alguien me contara cuando empecé”. Amo tanto el cine, que comprendí en su justo sentido que también debía escuchar “estas cosas” en pleno rodaje de la película de mi vida. No voy a repetir nada, porque conviene leerlo en su texto y contexto, pero comprendiendo que es un homenaje a la cultura íntegra, quiero resaltar un hilo conductor que se descubre de forma mágica en la “cosa” 11: “La falta de dinero, equipo, presupuesto nunca puede ser una excusa. Nunca. Crécete ante las limitaciones. Adáptate. Vivimos en una ola de incertidumbre como pocas veces se han visto en la historia de la humanidad. A falta de certezas, abraza la niebla. No queda otra. La niebla”. Salió el título de su mejor película, La Niebla, que alguna vez he simbolizado en este cuaderno digital, porque a pesar de que la vida está llena de nieblas y tinieblas, sólo sé que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, atravesándolas siempre.

En las palabras finales de este discurso-guion, en la “cosa 12”, vuelve a las andadas de la niebla, con una visión de género que no olvido: ”Este último punto está dedicado a las mujeres cineastas que empiezan. Todo lo que he dicho antes se aplica por supuesto a vosotras, pero tengo dos noticias: la mala noticia es que todo lo que he apuntado tendréis que multiplicarlo por mil, tendréis que observar mil veces más, tendréis que fijaros más, que esforzaros más, que ser mil veces más fuertes, estar mil veces más serenas, más centradas, más curtidas. Os insinuarán una y mil veces que todo lo que obtenéis es por ser mujeres, y perversamente los obstáculos que os pondrán serán por serlo. La buena noticia, creedme, es que, por fin, en los últimos años siento que esto está cambiando, que hay un interés real por nuestra mirada, por nuestra manera de filmar y de estar en el mundo. Ha costado llegar hasta aquí. Recordad siempre a las que han abierto camino. Nunca os creáis la última coca-cola en el desierto, el último huevo duro del picnic. Si queréis rezar a alguien, rezad a Agnès Varda. Ayudaos todo lo que podáis entre vosotras, ese es hoy por hoy, nuestra mayor responsabilidad. Yo me esforzaré en apoyaros hasta que llegue un día en que no haga falta. Hasta ese día, abracemos juntas la niebla”.

Isabel Coixet va a destinar el dinero de este premio, 30.000 euros, a ayudar a las mujeres que empiezan en el mundo del cine. Impecable decisión, aunque creo que la mejor ofrenda personal la ha hecho a la humanidad, con su recomendación mágica de abrazar la niebla, porque “Vivimos en una ola de incertidumbre como pocas veces se han visto en la historia de la humanidad”. Tengo grabada en mi cámara de secreto o memoria de hipocampo, la imagen que descubrí -un día ya lejano- de un ciclista en medio de una espesa niebla, mirando a cámara, mientras no detenía su avance en una calle muy pobre de Srinagar, en India. Todo un símbolo.

Como pequeño homenaje a esta directora ejemplar, publico hoy de nuevo el artículo que escribí en 2018, La mejor librería, con motivo de la entrega a Isabel Coixet de tres premios Goya de ese año, a la mejor dirección, al mejor actor revelación y al mejor guion adaptado, por su película La librería. Va por ella, porque sabe que la cultura es el futuro para la sociedad, incluso para quienes la desprecian.

La mejor librería 

Anoche entregaron tres premios Goya 2018 a la “La librería”, como mejor película, dirección y guion adaptado. Junto a “Verano 1993” han sido dos películas a las que dediqué un sitio en este blog de inteligencia digital, porque fueron dos experiencias que quise compartir con las personas que hojean este cuaderno y hacen conmigo camino al andar digital. Vuelvo a publicar el post dedicado a “La librería”, disfrutando hoy de forma especial estos premios. Es un símbolo por los momentos especiales que están atravesando miles de mujeres del cine. Me alegra especialmente este reconocimiento porque en este país es importante que se valore el papel de la mujer premiada en el día a día. Al fin y al cabo es el mensaje que han intentado llevar a sus películas Carla Simón e Isabel Coixet, en las que una niña (en el caso de Verano 1993) y una mujer libre de prejuicios (en La librería), nos enseñan por caminos diferentes que otro mundo es posible para quienes piensan en libertad. Tres mujeres y una niña premiadas por enseñarnos a ser diferentes en un mundo diseñado a veces por el enemigo.

Sevilla, 4/II/2018

La librera

Hubo un momento en mi vida, de cuyo año quiero hoy acordarme, en el que soñé con poner una librería. Fue un momento ave fénix que recuerdo siempre con especial cuidado en mi memoria de hipocampo. No lo hice porque surgió otro sueño de compromiso social que me deslumbró y que hoy agradezco también, aunque ya he comentado muchas veces en este blog que me reconcilié con la ilusión de aquél giro copernicano y libresco cuando me reconocí en Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella, en las confidencias con su amigo Ferruccio, al comentarle que quería abrir una librería para ser feliz junto a otras dos razones de importancia extrema. Me ayudó a comprender también que la inteligencia es bella, cuando ayuda a resolver problemas del día a día. Guido Orefice o Roberto Benigni, tanto monta-monta tanto, el protagonista, explicaba bien cómo podíamos ser inteligentes al soñar en proyectos: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica permanente del bien y del mal en la vida y, por último, sabiendo distinguir el norte del sur, porque éste también existe. Además, porque cuidaba de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta, hasta el último momento.

Traigo a colación esta reflexión porque ayer vi una película extraordinaria, La librería, dirigida por Isabel Coixet, que me trajo sentimientos y emociones muy gratas y llenas de recuerdos de aquel compromiso no cumplido. La experiencia de Florence, la librera, cumpliendo su sueño de abrir una librería, era luchar permanentemente y con coraje contra el enemigo enmascarado en personas que no soportan comprender que el mundo solo tiene interés cuando va hacia adelante. Mucho menos, si a alguien se le ocurre abordar iniciativas sobre placeres inútiles, como es leer y disfrutar con los libros queridos. Temen en el fondo que al leer se abra la inteligencia para comprender mejor qué significa ser y no tanto tener. En un momento de la película escuché una voz que recordaba algo esencial en la vida: la lectura es un alimento de primera necesidad.

La película me pareció impecable por la interpretación de los artistas invitados, su guion, escenarios, color, fotografía, mensajes explícitos y subliminales y, sobre todo, por sus silencios cuando solo hablaban las miradas y las manos, por ejemplo. Comprendí lo que un día no tuve la osadía de acometer como proyecto vital. Aunque también me di cuenta de que, a veces, hay que renunciar a determinados proyectos cuando los demás los hacen imposibles y embarcarse en la aventura de leer o navegar hacia islas desconocidas. La metáfora de Jose Saramago en su Cuento de la isla desconocida, es útil cuando ante el fenómeno de la hoja o pantalla en blanco, teniendo alguien la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Es la única forma de abrir la Puerta del Compromiso, como nos recuerda el autor. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar).

Gracias, Isabel Coixet, por tu coraje y por indicarnos cómo se llega a esta isla…, desconocida hasta hoy.

Sevilla, 26/XI/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.lavanguardia.com/cultura/20200919/483564132710/isabel-coixet-premio-nacional-cine-san-sebastian.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Los clásicos deberían ser populares

Sevilla, 18/IX/2020

Fernando Argenta era hijo de Ataúlfo Argenta, un director de orquesta extraordinario de mediados del siglo pasado, que falleció el 21 de Enero de 1958, una muerte que cogió por sorpresa al discreto encanto de la burguesía de Madrid, porque no le querían dados sus antecedentes “rojos” y donde yo crecía amando la música y la soledad sonora de mis diez años. He admirado siempre a Fernando Argenta, por el trabajo encomiable que ha desarrollado a lo largo de su vida y de la forma tan didáctica que lo presentó en sociedad, para que este país saliera de su catetez musical extrema y comenzara a conocer y sentir la música clásica a través de programas memorables en radio y televisión, Clásicos populares y El conciertazo, aunque él amaba sobre todo su Radio, la Nacional de España, llegando a afirmar con cierta sorna que “A los que trabajamos en radio no nos deberían poner cara jamás”. Hizo muy populares a los músicos clásicos y gracias a él hay varias generaciones en este país que hoy día aman la música de los clásicos.

Traigo a colación esta reflexión porque frecuento mucho la lectura de los clásicos en la literatura, la poesía, el teatro, la música, la pintura, la religión y otras artes y creencias clásicas dignas de guardar. Se lo debo a profesores y profesoras que he tenido a lo largo de mi vida, auténticos maestros y maestras, que me enseñaron la forma de aprehender la belleza de su pensamiento, de su pintura, de su capacidad de representación escénica de la vida, de su forma de componer obras musicales inolvidables, de sus creencias. Clásicos a veces no populares, por supuesto. En años de juventud y madurez clásica, tengo que reconocer que tuve la suerte de encontrar una referencia literaria de un gran autor, Ítalo Calvino, del que ya no me he separado y del que sigo aprendiendo a diario. En esta ocasión y cuando nos insisten de forma machacona en que nos instalemos en la “nueva normalidad”, de la que ignoro su quintaesencia, me encuentro de nuevo con una obra suya preciosa, ¿Por qué leer los clásicos? (1), sobre todo sus catorce “definiciones”, que deben ser leídas sin dejar ninguna atrás. Lo recomiendo encarecidamente como se decía en mi casa ante misiones culturales aparentemente imposibles e inútiles.

Hoy he elegido tres definiciones que justifican la lectura de este libro de Calvino, concatenadas siguiendo su docto criterio, que al final son cuatro y verán por qué, en un mes de septiembre que acaba de llegar, con su efecto halo académico que nunca abandono y que en mis años jóvenes esperaba entusiasmado con una canción de Bobby Darin, Cuando llegue septiembre, que pasó la censura del Régimen sin problema alguno: Y la noche sin final será el encanto de septiembre para mí, / porque así más tiempo habrá de oscuridad, de intimidad, de estar muy solos.

Les dejo ya con Ítalo Calvino en estado puro:

1. Los clásicos son esos libros de los cuales suele oírse decir: «Estoy releyendo…» y nunca «Estoy leyendo…».

Es lo que ocurre por lo menos entre esas personas que se supone «de vastas lecturas»; no vale para la juventud, edad en la que el encuentro con el mundo, y con los clásicos como parte del mundo, vale exactamente como primer encuentro. El prefijo iterativo delante del verbo «leer» puede ser una pequeña hipocresía de todos los que se avergüenzan de admitir que no han leído un libro famoso. Para tranquilizarlos bastará señalar que por vastas que puedan ser las lecturas «de formación » de un individuo, siempre queda un número enorme de obras fundamentales que uno no ha leído. Quien haya leído todo Heródoto y todo Tucídides que levante la mano. ¿Y Saint-Simon? ¿Y el cardenal de Retz? Pero los grandes ciclos novelescos del siglo XIX son también más nombrados que leídos. En Francia se empieza a leer a Balzac en la escuela, y por la cantidad de ediciones en circulación se diría que se sigue leyendo después, pero en Italia, si se hiciera un sondeo, me temo que Balzac ocuparía los últimos lugares. Los apasionados de Dickens en Italia son una minoría reducida de personas que cuando se encuentran empiezan enseguida a recordar personajes y episodios como si se tratara de gentes conocidas.

Hace unos años Michel Butor, que enseñaba en Estados Unidos, cansado de que le preguntaran por Émile Zola, a quien nunca había leído, se decidió a leer todo el ciclo de los Rougon-Macquart. Descubrió que era completamente diferente de lo que creía: una fabulosa genealogía mitológica y cosmogónica que describió en un hermosísimo ensayo. Esto para decir que leer por primera vez un gran libro en la edad madura es un placer extraordinario: diferente (pero no se puede decir que sea mayor o menor) que el de haberlo leído en la juventud. La juventud comunica a la lectura, como a cualquier otra experiencia, un sabor particular y una particular importancia, mientras que en la madurez se aprecian (deberían apreciarse) muchos detalles, niveles y significados más. Podemos intentar ahora esta otra definición:

2. Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.

En realidad, las lecturas de juventud pueden ser poco provechosas por impaciencia, distracción, inexperiencia en cuanto a las instrucciones de uso, inexperiencia de la vida. Pueden ser (tal vez al mismo tiempo) formativas en el sentido de que dan una forma a la experiencia futura, proporcionando modelos, contenidos, términos de comparación, esquemas de clasificación, escalas de valores, paradigmas de belleza: cosas todas ellas que siguen actuando, aunque del libro leído en la juventud poco o nada se recuerde. Al releerlo en la edad madura, sucede que vuelven a encontrarse esas constantes que ahora forman parte de nuestros mecanismos internos y cuyo origen habíamos olvidado. Hay en la obra una fuerza especial que consigue hacerse olvidar como tal, pero que deja su simiente. La definición que podemos dar será entonces:

3. Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.

Por eso en la vida adulta debería haber un tiempo dedicado a repetir las lecturas más importantes de la juventud. Si los libros siguen siendo los mismos (aunque también ellos cambian a la luz de una perspectiva histórica que se ha transformado), sin duda nosotros hemos cambiado y el encuentro es un acontecimiento totalmente nuevo. Por lo tanto, que se use el verbo «leer» o el verbo «releer» no tiene mucha importancia. En realidad podríamos decir:

4. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.

¿Les ha gustado? Recuerdo que faltan diez definiciones para completar esta guía de lectura elaborada por Calvino, que pueden leer aquí facilitada por la editorial Siruela. No les va a defraudar y comprenderán por qué hay que leer a quienes tanto han aportado a la humanidad a través de sus textos y contextos. Nuccio Ordine, en Clásicos para la vida (2), hace una introducción extraordinaria al respecto en su pequeña pero densa obra, que me conmueve en su justo sentido y de la que próximamente hablaré en este salón virtual: Si no salvamos los clásicos y la escuela, los clásicos y la escuela no podrán salvarnos. Aviso para navegantes virtuales.

(1) Calvino, Ítalo, ¿Por qué leer los clásicos?, 2012. Madrid: Siruela.

(2) Ordine, Nuccio, Clásicos para la vida, 2017. Barcelona: Acantilado-Quaderns Crema.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El surrealismo vital de Lee Miller

Autorretrato de Lee Miller

Sevilla, 17/IX/2020

Conocí a esta excelente fotógrafa y fotoperiodista cuando me acerqué a la obra de Man Ray, en una imagen que no olvido, Le somneil, realizada en 1937 y en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry (esposa-rosa del autor de El principito, tan de actualidad siempre) y Germaine Huguet, que figuraba en el programa oficial de una exposición sobre El surrealismo y el sueño, celebrada en Madrid, en 2014 en el Museo Thyssen-Bornemisza.

Recientemente se ha publicado un excelente artículo sobre la vida y obra de Lee Miller, Lee Miller: mucho más que la musa de Man Ray o la mujer en la bañera de Hitler, que recomiendo en una lectura atenta, en el que se reivindica el papel tan importante que jugó como mujer comprometida con su oficio de fotografiar la vida, reinterpretándola en determinados momentos de su carrera vital y profesional con toques surrealistas ante un mundo tan adverso con ella, sobre todo en su niñez americana. Con tan sólo 24 años saltó de América a París, un centro artístico mundial y en permanente ebullición para acercarse a Ran May: “Pensé que la mejor forma era empezar estudiando con uno de los grandes maestros en la materia, Man Ray”, recordaba la propia Miller en una entrevista en In Town Tonight en 1946. “En aquel tiempo estaba en París, así que me acerqué a él y le dije: ‘Hola, soy tu nueva alumna y aprendiz’. Él respondió: ‘Yo no tengo alumnos ni aprendices’. Y yo le dije: ‘Ahora sí”. Aquel desparpajo le valió un puesto como ayudante en su estudio. Ella tenía 24 años y él, 40; pronto se hicieron amantes”. Gracias al trabajo desarrollado en el cuarto oscuro de Man, descubrió la técnica de la solarización, de la que se conservan imágenes extraordinarias realizadas en solitario por ella. Picasso y Dalí también estuvieron presentes en esta fase de reinterpretación de su azarosa vida.

Lee Miller (Man Ray)

Lee Miller, en su trágico mundo existencial se reinventó continuamente, dando un paso transcendental en su vida, olvidando el pasado en Vogue como modelo, para inmiscuirse en el difícil arte del fotoperiodismo de guerra, contribuyendo en las revistas Vogue (edición británica) y Life (edición mundial), con su testimonio gráfico, en mostrar al mundo su cara menos amable, terrible en ocasiones: “En abril de 1945, con unas ojeras inmensas, la bella Lee llega al campo de concentración de Dachau junto a los aliados. Así se lo contaba poco después a Withers [ editora de la edición británica de Vogue] en un telegrama: “Te ruego que creas que esto es cierto. Generalmente no hago fotos de horrores, pero creo que abundan en cada pueblo y en cada zona. Espero que Vogue sienta que puede publicar estas fotos”. Acordaron sacarlas en las ediciones americana e inglesa, junto a un reportaje que titularon Believe It, Lee Miller cables from Germany. Por primera vez las brillantes páginas de la revista se abrieron a las atrocidades y el espanto. Las fotografías de Miller sin duda se encuentran entre los contenidos más cruentos que ha publicado la cabecera en más de 125 años de historia”.

Mi amor por la fotografía me lleva hoy a hacer un pequeño homenaje a la aportación profesional que Lee Miller hizo a la memoria histórica del mundo. Sigo creyendo que hay fotógrafos y fotógrafas que retratan almas especiales, en blanco y negro, como Ran May, Lee Miller, Marc Riboud,  Robert Capa, Kati Horna, Sebastião Salgado o Ramón Masats en España, que valoramos hoy de forma especial porque muchas veces estamos ciegos ante el color que dio al mundo la creación transcendental del hombre y la mujer, que tuvieron la oportunidad de ver durante un tiempo el paraíso de sus almas, como nos recuerda de forma magistral Salgado en su obra Génesis. Gracias, hoy, a ellos y a tantos profesionales anónimos que aun jugándose a diario la vida nos han aportado y entregan tanta verdad a través de sus enfoques de momentos transcendentales de la vida, de sus ojos en definitiva, como aprendimos un día de Machado, ya que no son ojos porque los veamos, sino que son ojos porque a través de sus fotografías, nos ayudan a contemplar y amar mejor la vida. Incluso la vida compleja y atormentada de Lee Miller.

NOTA: la fotografía de Lee Miller realizada por Man Ray, se han recuperado hoy de https://www.lavanguardia.com/cultura/20200508/481015871276/el-reto-man-ray-lee-miller-suicidio-surrealismo.html

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Viaje al alma de un violín, de una orquesta

Sevilla, 16/IX/2020

¿Cómo debe ser situarse en el interior de un violín y escuchar desde ahí su sonido? “Symphony” trata de dar respuesta a estas fantasías acústicas y sensitivas. Esta pregunta, junto a su respuesta, resume en pocas palabras el alcance de un proyecto digital soberbio, Symphony, que va a permitirnos viajar al interior de una orquesta, de todos sus instrumentos, de su dirección: “Symphony es una experiencia inmersiva audiovisual que ofrece un viaje a través de las emociones y la música con el objetivo de acercar la música clásica a todos los públicos. El espectador podrá vivir y entender la música clásica sintiéndose como un músico más dentro de una orquesta. A través de esta experiencia única, disfrutará de las composiciones de Beethoven, Mahler y Bernstein, de la mano del gran director de orquesta Gustavo Dudamel y de los más de 100 músicos integrantes de la prestigiosa Mahler Chamber Orchestra”.

Ayer se presentó el proyecto por parte de la Fundación La Caixa junto al director venezolano Gustavo Dudamel, una experiencia digital al servicio de la divulgación de la música clásica: “[…] un maravilloso experimento tecnológico, el cual va a ser conectar el arte con el alma del pueblo, el alma de la ciudad, el alma de las ciudades, el alma de un país, el alma del mundo”, en palabras de Dudamel. El director y guionista del proyecto, Igor Cortadellas habla con ilusión desbordante de cómo ha sido la experiencia de crear los equipos necesarios para abordar un proyecto de estas características, “creando alianzas, complicidades, compartiendo la ilusión de hacer crecer este proyecto, pero que al final tiene la fragilidad y la delicadeza de una pequeña caja de música”.

Admiro la carrera artística de Dudamel ese hace ya muchos años y creo en su palabra de músico que respeta el acceso colectivo a la cultura: “Cuando nos sentamos con mis amigos en la Fundación ”la Caixa” para soñar sobre qué queríamos conseguir con este proyecto, vimos muy claro desde el principio que compartíamos tres creencias principales: que la música puede transcender nuestras diferencias, propiciar el empoderamiento individual y promover la integración social”, afirma Dudamel. “Este proyecto es una encarnación perfecta de aquellos valores compartidos, una exposición móvil que ofrecerá a decenas de miles de personas acceso a la música sinfónica y, espero, suscitará una mayor apreciación de esta forma de arte. También deseo que enriquezca e inspire las personas que estuvieron implicadas en la preparación e interpretación de esta maravillosa, y un poco alocada, producción” (1).

Gustavo Dudamel piensa siempre en el alma humana. Recuerdo ahora una frase suya sobre la “perfección imperfecta” que pronunció unos días antes de dirigir el Concierto de Año Nuevo, en Viena, el 1 de enero de 2017, después de un ensayo de la Suite Escita, opus 20, de Serguéi Prokófiev, con la Filarmónica de Los Ángeles: “No se trata solamente del performance perfecto. Les estaba diciendo que quería una perfección imperfecta. El riesgo, aquel punto donde tú miras y da vértigo, donde tienes el control de todo y al mismo tiempo, no lo tienes. E inspirar a los demás. Porque, fíjate, tú técnicamente puedes conocerlo todo, pero si no inspiras al grupo no vas a hacer nada especial. Nadie quiere escuchar algo completamente limpio, perfecto, pero que no tenga ningún tipo de alma”. Y el proyecto Symphony la tiene, porque piensa en el pueblo, las ciudades, viajando como en este caso al interior del alma del violín, de una orquesta. Es un momento en el que será posible acercarse, por ejemplo, a ese alma real, quizás la pieza más importante de su estructura, sabiendo que ha sido colocada allí por las manos de un lutier utilizando una herramienta sorprendente, el “medidor de almas”. Apasionante, porque Symphony nos brindará la oportunidad de medir las nuestras.

NOTA: la imagen de Gustavo Dudamel con las gafas de realidad virtual de Symphony en la mano, es un fotograma extraído del Making of que acompaña a este texto.

(1) https://www.lavanguardia.com/musica/20200915/483493091401/symphony-realidad-virtual-dudamel-caixa-musica.html

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El tamarindo

Celebración de la fundación de Santa Clara el 15 de julio de 1907

Sevilla, 15/IX/2020

El pasado mes de mayo, en pleno confinamiento, participé, con espíritu olímpico, en un concurso de microrrelatos organizado por el Club Santa Clara, al que pertenezco, agradeciendo desde este cuaderno digital una iniciativa cultural de marcado interés social. Conocido el resultado final, no resulté ganador en su sección “Senior”, pero continuando con lo aprendido de las olimpiadas griegas y el ideario de Pierre de Coubertin, lo importante para mí era formar parte de un grupo de personas de todas las edades, que dedicaban un tiempo precioso del confinamiento a escribir microrrelatos donde deberían aparecer dos palabras: “ventana” y “lectura” y con una extensión máxima de 200 palabras, con un objetivo final que siempre tuve muy claro: compartir conocimiento, sentimientos y emociones en un contexto personal, familiar y social muy difícil.

Una vez resuelto el concurso, se han publicado todos los microrrelatos participantes en una recopilación muy cuidada y, en el prólogo, a modo de invitación a su lectura, se dice que “[…] la lectura nos conecta con un tiempo y un especio siderales, con una inmensidad que, sin embargo, no da miedo, al revés, nos ayuda a entender mejor nuestro entorno cotidiano. Leemos para aprender (estudiar es leer con intensidad), leemos para conocer, leemos para disfrutar. También, como tantas veces aparece en el Quijote, la lectura pude ser colectiva, en voz alta. Y, la lectura, como se ve en todas las religiones, también puede cumplir una función trascendente de vinculación con el misterio o lo absoluto”.

El relato que presenté, llevaba un título paradigmático, El tamarindo, vinculado estrechamente con la fundación de la ciudad de Santa Clara en Cuba, nombre de mi barrio y de mi club. Me interesó en un momento determinado conocer su intrahistoria, que me pareció preciosa, porque la actual Santa Clara es una ciudad perteneciente a la provincia de Villa Clara (antiguamente Las Villas), con rango de capital, que se constituyó por unas familias en torno a un árbol, el tamarindo. Este hecho tuvo lugar el 15 de julio de 1689 y participaron en él 175 personas. Allí fue llevada su semilla en los años posteriores del descubrimiento de América. Este contexto me inspiró el microrrelato que presento hoy a la Noosfera, la malla pensante de la humanidad.

El tamarindo

Una mañana, al amanecer, la niña abrazó el tamarindo del patio. Desde la ventana de su habitación lo veía crecer sin intuir el secreto que escondía. Todos los días regaba su alcorque y dedicaba tiempo a la lectura para comprender su preciosa historia de árbol solitario.

Una tarde, a la hora malva, encontró un fruto que había caído de sus ramas. Estaba cubierto de hojas secas. Sabía que esta semilla había viajado durante siglos desde África a Santa Clara de Cuba y que allí se había quedado para siempre. Ahora, estaba en sus manos como un tesoro que podía guardar hasta verlo crecer de nuevo, sin decir nada a nadie.

Una noche, a la luz de la luna, salió al patio y vio que el tamarindo ya no estaba allí. Le contaron que se lo habían llevado para curarlo de unas heridas que tenía en su corazón porque su dueño era un esclavo que hace muchos años salió de África para entregar su semilla al mundo a cambio de libertad.

Era ya de madrugada y se durmió profundamente. Soñó que el tamarindo, ya libre, se había quedado para siempre en su alma, su pequeña caja de cristal.

Así ocurrió y así lo he contado.

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Una propuesta de un Concierto para la nueva normalidad

Sevilla, 14/IX/2020

Esta semana nos brinda la Fundación Juan March una oportunidad fantástica para conocer a Salvador Bacarisse (1898-1963), compositor español que tuvo que marchar al exilio como consecuencia de la  guerra civil, al que tanto admiro y al que profeso un gran respeto cada vez que me aproximo al teclado de mi piano o del clave para interpretar su maravillosa Romanza, el segundo movimiento del Concertino en La mayor, sobre el que ya he comentado mi parecer sentido en este cuaderno digital. En esta ocasión podemos escuchar dos obras preciosas de Bacarisse, accediendo al contenido del vídeo que encabeza estas palabras: “La claridad de su escritura, intensificada durante el exilio por su deseo de establecer una comunicación fluida con la audiencia, se hace patente en su Concerto pour le jour de l’an (1954) y en la breve pieza Chant de l’oiseau que n’existe pas (1963):

00:00 Chant de l’oiseau que n’existe pas, Op. 131

03:48 Concerto pour le jour de l’an, para arpa y vientos Op. 92 (estreno en España)

Ambas obras sintetizan una forma de componer con la delicadeza que acompaña a sus títulos programáticos, porque La canción del pájaro que no existe es una forma de expresar la belleza pasajera en la vida a través de dos flautas que intercambian un canto imaginario. En relación con la segunda, un Concierto para el Año Nuevo, se me antoja como una posible forma de interpretar y aprehender la “nueva normalidad”. Al menos así lo he sentido en cada compás y fraseo de sus tres movimientos, que se pudo escuchar por primera vez en España en esta interpretación, en la sede la Fundación, el 8 de noviembre de 2017, formando parte de un ciclo dedicado a Bacarisse y el exilio, del que se puede disfrutar de su contenido completo en la citada Fundación: “En este enlace puedes bucear en el legado de Bacarisse, que incluye 290 partituras originales y 164 grabaciones. En noviembre de 2017 programamos este ciclo dedicado a su obra y a la de otros músicos del exilio. En este enlace puedes volver a escuchar esos conciertos, que incluyen estas canciones populares interpretadas por Sonia de Munck y Aurelio Viribay”.

En estos momentos tan difíciles en los que vivimos el asedio de información preocupante sobre la pandemia, viene bien este remanso de paz que nos ofrece Bacarisse en su obra, desgraciadamente muy desconocida en nuestro país, atendiendo el fondo y forma de las palabras que he escrito sobre este compositor, centradas en la Romanza citada: “Cada vez que me aproximo a esta partitura busco comprender mejor qué quiso transmitir el autor en ella. Hace años dediqué unas palabras especiales a Ataúlfo Argenta, gran amigo de Bacarisse y creo que me acerqué a su verdadero sentido: “Buscando esta verdad de Ataúlfo Argenta, he seguido de cerca a Fernando Argenta [Clásicos Populares] en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. El mismo que él tenía hacia su padre cuando nos presentaba el Concertino para guitarra y orquesta en La menor, de Salvador Bacarisse (sobre todo su Romanza), nada apreciado por el Régimen franquista por su deriva republicana y que dirigió en un concierto memorable en París el día de su estreno [15-X-1953, París (Théatre des Champs-Élysées), interpretado por Narciso Yepes (guitarra) y L’Orchestre National, en un concierto publico organizado por la Radio Televisión Francesa)], del que guardo un recuerdo entrañable en mi memoria de hipocampo, de secreto”.  

Siempre que puedo y además quiero, ofrezco mi pequeño homenaje a Salvador Bacarisse, un músico de alma republicana que tuvo que abandonar este país y morir en el exilio. Cruzar unos correos con su hijo, hace muy poco tiempo, pidiéndole autorización para que la Fundación Juan March, depositaria actual de su legado, pudiera entregarme una copia de la partitura de su famoso Concertino en La menor, donde figura en su segundo movimiento la maravillosa Romanza que tanto me emociona escuchar e interpretar modestamente al clave o piano, me proporcionó un sentimiento de agradecimiento a su memoria que no olvido. Hoy tampoco y creo que quien lea estas líneas comprenderá el sentido profundo de este pequeño homenaje a la memoria histórica de un compositor extraordinario, de cuyo nombre quiero acordarme hoy expresamente: Salvador Bacarisse. Gracias, Maestro.

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Las preguntas de Moria

Sevilla, 13/IX/2020

Moria (isla de Lesbos) está lejos, muy lejos, pero no lo que encierra en su campo de refugiados desaparecido por un pavoroso incendio el pasado martes 8 de septiembre: la pobreza más absoluta, la que molesta al primer mundo. Los datos de la Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, ofrece datos escalofriantes: “El incendio ha destruido la práctica totalidad del Centro de Identificación y Registro de Moria, en la isla griega de Lesbos. Hay más de 12.000 solicitantes de asilo afectados, 4.000 son niños y otras personas vulnerables. Además, hay 407 menores no acompañados, mujeres embarazadas y personas mayores”. Las imágenes que hemos visto estos días pasados de los niños encabezando las protestas, reprimidas por el ejército griego, son escalofriantes.

Estamos distraídos con muchas cosas, algunas de ellas importantes, como la epidemia del coronavirus. Pero no nos debería llevar al olvido de personas que necesitan ayuda urgente en todos los sentidos. Ahora mismo hacen falta kits de emergencia y refugios para todas las familias que se han quedado sin nada en Moria: “En el momento del incendio, 35 personas del centro de recepción se encontraban en cuarentena por haber dado positivo por COVID-19. ACNUR ha pedido a estas personas que restrinjan sus movimientos y permanezcan cerca del centro mientras se busca una solución con carácter temporal para poder alojarlos. Se necesita ayuda urgentemente. Miles de personas han perdido lo poco que tenían y no tienen un techo en el que cobijarse”.

Desde este blog quiero servir de altavoz para tomar conciencia de lo que pasa en una isla desconocida para muchos, pero con una realidad lacerante. La realidad de Moria nos lleva al terreno de las preguntas importantes de la vida acerca de cómo ayudar a los que sufren todos los días la pobreza severa en su condición de refugiados, sin abandonar la atención urgente a la pobreza extrema que nos compromete también en nuestro propio país como he expuesto en varias ocasiones en este cuaderno digital y que está tan cerca de nuestras conciencias.

No es la primera vez que cito a Lesbos en este blog. Hace cuatro años, cité la proximidad de Sevilla con esa isla tan acogedora para los refugiados que casi nadie quiere atender: “Sobran palabras y falta toma de conciencia para solidarizarnos con lo que ocurre en esta diáspora humana que continúa y que ya ha dejado de ser noticia desgraciadamente. Nos emocionamos con Manuel Blanco [el bombero sevillano que se arriesgó a salvar vidas en aquella ocasión tan cercana a la isla] cuando él se emocionaba contando su experiencia. Fue un ejemplo maravilloso de cómo podemos estar cerca de estas realidades solo con querer hacerlo. Gracias a todos los que seguís prestando este trabajo solidario, imprescindible. Desde Sevilla”.

Es posible que la solución ética esté en ponernos en el lugar de los refugiados e intentar comprender sus vivencias, buscando cada uno su forma de colaborar con este desastre de tan variadas raíces inhumanas. Hoy, me refugio en mi patera vital, sin quilla, que tantas veces cito en este blog y que suele ir a la deriva cuando vamos del corazón a nuestros asuntos personales y sociales, porque nos sentimos solos en un mundo diseñado por el enemigo de la concordia (¡qué palabra tan bonita!) humana. Como he escrito en este cuaderno digital, en una reflexión íntima, Los que vamos en patera, tiene sentido solidario con estas realidades de refugiados, de cualquiera que busca refugio en espacios más amables de la vida, seguir viajando en las pateras éticas que hacen singladuras difíciles y comprometidas con la sociedad que menos tiene, con un cuaderno de derrota (en lenguaje del mar) que lleva a localizar las islas desconocidas que tanto amaba Jose Saramago: si no salimos de nosotros mismos, nunca nos encontraremos. Lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba su cuento de la isla desconocida, buscando siempre puertas de compromiso más que las de regalos o peticiones sin causa, viajando en pateras de dignidad, aunque vayamos muchas veces a la deriva de la vida.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://es.euronews.com/2020/09/11/los-refugiados-del-campo-de-moria-claman-por-su-libertad

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.