Que todo en belleza acabe / 4. Abracadabra

Abracadabra, en Preceptos Médicos, de Serenus Sammonicus

Tengo las manos vacías / de tanto dar sin tener; / pero las manos son mías

Dos escaleras de vidrio yo llevo en mi corazón / por una suben las penas, por otra baja el dolor

Soleá de Triana

Sevilla, 5/IX/ 2026 – 10:29 h CET (UTC+2)

Como “escuchaor” de lo que sucede en mi tierra (Antonio Mairena, dixit), también de lo que pasa fuera y estamos viendo a diario, este artículo de la serie primitiva lo escribí en 2021, siguiendo instrucciones de Eduardo Galeano: “intento mirar el universo por el ojo de la cerradura, desde lo pequeñito, lo que puede parecer insignificante. Cada historia es una baldosita cuyo color se incorpora al gran mosaico de la historia que entre todos hacemos cada día, aunque no lo sepamos”.

Es lo que hago a diario en este cuaderno digital y hoy rescato una historia preciosa, no olvidando que procuro cada día, si es posible, que todo en belleza acabe, “enviando mi fuego hasta el final” (abracadabra).

Pasen y lean.

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El buscador de historias / 4. Abracadabra

Sevilla, 27/VIII/2021

Cuando me enfrento hoy al fenómeno de la hoja en blanco en esta serie, recuerdo especialmente a Eduardo Galeano, durante una entrevista en este país, cuando dijo que cada día “intento mirar el universo por el ojo de la cerradura, desde lo pequeñito, lo que puede parecer insignificante. Cada historia es una baldosita cuyo color se incorpora al gran mosaico de la historia que entre todos hacemos cada día, aunque no lo sepamos”. Es la gran misión de los buscadores de historias y el motor que ayuda a localizar y compartir experiencias ajenas que pueden ser útiles en la sociedad de lo inútil. Hoy abordo la historia de cómo Galeano compendió la palabra mágica de nuestros cuentos y juegos infantiles, Abracadabra, que para él era algo más que un simple juego de letras.

Luis Caballero, Soleá de Triana

Conocí a través de D. Pedro Laín Entralgo, a quien seguí muy de cerca en mis años jóvenes siguiendo las indicaciones de una persona a la que estoy muy agradecido, el profesor Diego Gracia Guillén, una reflexión muy interesante sobre una conmovedora soleá (Soleá de Triana) que había oído cantar cierta noche de San Silvestre y luego enseñó a José Menese, que finaliza así: «Tengo las manos vacías / de tanto dar sin tener; / pero las manos son mías». Me sorprendió, un día ya lejano, encontrar de nuevo estas palabras en un artículo publicado por Eduardo Galeano el 17 de marzo de 2006, en el que rememoraba la celebración del Día del Liberado, en homenaje a los desaparecidos por la dictadura uruguaya en el pasado siglo,  ensalzando la memoria de la dignidad y la dignidad de la memoria, con un título que justifica hoy mi búsqueda de historias, Abracadabra, en el que explica lo siguiente: “Tarde o temprano nosotros, caminantes, seremos caminados, caminados por los pasos de después, así como nuestros pasos caminan, ahora, sobre las huellas que otros pasos dejaron. Ahora que los dueños del mundo nos están obligando a arrepentirnos de toda pasión, ahora que tan de moda se ha puesto la vida frígida y mezquina, no viene nada mal recordar aquella palabrita que todos aprendimos en los cuentos de la infancia, abracadabra, la palabra mágica que abría todas las puertas, y recordar que abracadabra significa, en hebreo antiguo: “Envía tu fuego hasta el final”.

Si me detengo precisamente en este discurso, leyéndolo hasta el final y recordando al profesor Laín Entralgo, es porque Galeano tiene también tiene un recuerdo especial hacia Andalucía, en unas emocionantes palabras de aquella soleá preciosa: “Porque en las horas más difíciles, en aquellos tiempos enemigos, en los años de mugre y miedo de la dictadura militar, ellos supieron vivir para darse y se dieron enteros, se dieron sin pedir nada a cambio, como si viviendo cantaran aquella antigua copla andaluza que decía, y dice todavía, y por siempre dice: «Tengo las manos vacías, …pero las manos son mías”. Magnífica referencia a la manera de sentir la vida el pueblo andaluz.

Efectivamente, me consta que Galeano, cada vez que pudo, citó Abracadabra en textos y contextos diferentes. En Los hijos de los días (1), dedica una reflexión profunda sobre el viaje de esta palabra a través de la historia: “En el año 208, Serenus Sammonicus escribió en Roma un libro, Asuntos secretos, donde revelaba sus descubrimientos en el arte de la sanación. Este médico de dos emperadores, poeta, dueño de la mejor biblioteca de su tiempo, proponía, entre otros remedios, un infalible método para evitar la fiebre terciana y espantar la muerte: había que colgarse al pecho una palabra y protegerse con ella noche y día. Era la palabra Abracadabra, que en hebreo antiguo quería decir, y sigue diciendo: Envía tu fuego hasta el final”.

Su amor a esta palabra queda reflejado de nuevo en un discurso que pronunció en el Obelisco de Montevideo, en el cierre de la campaña contra la ley de impunidad, la noche del 20 de octubre de 2009: “Yo suelo invocar una palabra, una palabra mágica, una palabra abrepuertas, que es, quizá, la más universal de todas. Es la palabra abracadabra, que en hebreo antiguo significa: envía tu fuego hasta el final. A modo de homenaje a todos los fuegos caminantes, que van abriendo puertas por los caminos del mundo, la repito ahora: Caminantes de la justicia, portadores del fuego sagrado, ¡abracadabra, compañeros!”.

Galeano me ha llevado de la mano a verificar la verdadera historia de esta palabra acudiendo a la obra de Serenus Sammonicus, en la que aparece por primera vez en documento escrito esta palabra cabalística, Abracadabra, comprobando que se trata de Preceptos Médicos, en la que se dice textualmente en el capítulo LII dedicado a la fiebre terciana que “La fiebre que los griegos llaman hmitritaion [terciana] es más peligrosa. El nombre griego de esta fiebre no se ha traducido al latín, ya sea porque la genialidad de esta lengua se opone a ella, o porque los padres y las madres, por temor a traer mala suerte a sus hijos, no se han atrevido a ponerle un nombre. Escriba en una hoja de papel ABRACADABRA; luego repita esta palabra tantas veces como letras haya en la palabra, pero cada vez quitando una letra, de modo que el conjunto tenga forma de cono. Hecho esto, cuelgue la hoja de papel alrededor del cuello del paciente con un hilo de lino”.

Hoy, leyendo de nuevo a Galeano, he recordado otra estrofa de la Soleá de Triana, que recordó en aquella conmemoración de la libertad en Montevideo, para comprender bien cómo podemos enviar fuego de vida hasta el final de nuestros días, en su interpretación de Abracadabra, en una dialéctica posible para convertirnos en fuegos caminantes en otro mundo posible: “Dos escaleras de vidrio yo llevo en mi corazón / por una suben las penas por otra baja el dolor”, que nos deberían ayudar a ser siempre solidarios y tener las manos vacías de tanto dar sin tener, pero sabiendo siempre que las manos son las nuestras, la tuya y la mía. Abracadabra nos suena hoy como la gran oportunidad de abrir puertas en este mundo hostil, sabiendo también que como “caminantes, seremos caminados, caminados por los pasos de después, así como nuestros pasos caminan, ahora, sobre las huellas que otros pasos dejaron”.

NOTA: La imagen de cabecera figura en una nota a pie de página, en el libro citado, sobre el precepto dedicado a la fiebre terciana, explicando la palabra ABRACADABRA, cuyas letras se podían ordenar de las dos formas. Esta figura se compone principalmente de las letras de la palabra ABRACA, igual que ABRACAX, porque se creía que era el más antiguo de los dioses, siendo ella misma referida como una especie de divinidad (véase en Préceptes médicaux de Serenus Sammonius (texte bilingue) (remacle.org).

(1) Galeano, Eduardo. Los hijos de los días, 2012. Madrid: Siglo XXI de España.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

EDUCO informa: alrededor de 1,2 millones de estudiantes en situación de vulnerabilidad (54,7 %) queda fuera del sistema de becas y ayudas en España

Vuelta al cole, ¿vuelta al comedor? Informe sobre el acceso escolar en España 2026

Sevilla, 4/IX/2026 – 12:24 h CET (UTC+2)

La ONG Educo, a la que sigo de cerca en sus actuaciones benefactoras en este país, en el ámbito, entre otros, de la realidad de los comedores escolares en España, tratado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital, ha presentado un nuevo informe Vuelta al cole, ¿vuelta al comedor? Informe sobre el acceso escolar en España 2026, donde según su resumen ejecutivo oficial, «analiza la situación del comedor escolar en España a partir de los datos más recientes sobre acceso, cobertura, ayudas económicas y precios. Sus resultados muestran que, pese a los avances registrados en los últimos años, el sistema actual sigue dejando fuera una parte importante de la infancia y la adolescencia, especialmente a quienes viven en situación de vulnerabilidad y al
alumnado de educación secundaria obligatoria». El comedor escolar «es mucho más que un servicio de alimentación. Forma parte de la jornada educativa y, cuando cuenta con recursos y condiciones adecuadas, puede contribuir al bienestar, la protección, el aprendizaje, la convivencia y la participación de niñas, niños y adolescentes», tal y como se ha manifestado siempre en informes anteriores.

El inform recoge los principales hallazgos encontrados en el estudio llevado a cabo, referidos al Curso 2024/2025, destacando una realidad cuantitativa muy significativa: «2.567.858 niñas, niños y adolescentes utilizan el comedor escolar en España, el 40,03 % del alumnado matriculado en las etapas analizadas, desde Educación Infantil hasta
Educación Secundaria Obligatoria. Es decir, cuatro de cada diez estudiantes acceden al comedor escolar. Sin embargo, esta media estatal oculta grandes diferencias según la etapa educativa, la titularidad de los centros y la comunidad autónoma de residencia. El uso del comedor disminuye a medida que avanza la trayectoria educativa. Mientras que en el primer ciclo de educación infantil utiliza el comedor más del 70 % del alumnado, en educación primaria lo hace aproximadamente la mitad. La situación cambia de forma muy acusada en la ESO. En los centros públicos, solo el 3,03 % del alumnado accede al comedor, frente al 28,21 % en los centros concertados y privados. Esta diferencia de 25,18 puntos porcentuales es la mayor registrada entre las diferentes etapas analizadas».

Los datos anteriores descubren la desigualdad en el uso del comedor que tiene una relación directa con ls dispomibilidad, con un grave desequilibrio en favor de los centros concertados y privados: «En los centros públicos que imparten ESO, únicamente el 18,44 %
dispone de comedor escolar, frente al 75,79 % de los centros concertados y privados. Esta carencia en educación secundaria pública constituye una barrera estructural que limita las posibilidades de acceso durante una etapa educativa obligatoria y decisiva para el desarrollo de la adolescencia.

También se abordan las barreras económicas como determinantes de esta situación tan preocupante: «En España, el 33,8 % de la población menor de 18 años se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Para una familia formada por dos personas adultas y dos menores situadas en el umbral de riesgo de pobreza, el coste anual del comedor para sus dos hijas o hijos supondría, como mínimo, el 7,6 % de sus ingresos anuales. Este esfuerzo aumenta en los hogares con menores ingresos o con un mayor número de hijos e hijas que utilizan el servicio.

Ante lo expuesto anteriormente, se refuerza todavía más algo que es el hilo conductor de la acción educativa en EDUCO: «Las becas y ayudas al comedor son actualmente el
principal instrumento para reducir estas barreras. La inversión pública alcanzó los 659,4 millones de euros en el curso 2024/2025, un 2,6 % más que el curso anterior. Asimismo, entre 2019/2020 y 2024/2025, la inversión por estudiante pasó de 43,21 a 102,79 euros, un incremento del 137,9 %, superior al aumento del precio medio del comedor en el mismo periodo. No obstante, el aumento de la inversión no ha resuelto los problemas de cobertura ni garantiza la gratuidad efectiva para las familias que más lo necesitan. Las ayudas alcanzaron al 15,30 % del alumnado, una proporción muy inferior al 33,8 % de niños, niñas y adolescentes en riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE). De acuerdo con la estimación realizada, alrededor de 1,2 millones de estudiantes en situación de vulnerabilidad (54,7 %) quedarían fuera del sistema de becas y ayudas.

Los datos expuestos llevan a urgir a las autoridades educativas de este país a implantar un modelo universal que garantice el comedor para todo el alumnado, lo que » exige avanzar hacia la universalidad y la gratuidad, en el marco del derecho a la educación. El informe estima que ofrecer gratuitamente el comedor escolar al alumnado de educación infantil,
primaria, educación especial y ESO tendría un coste anual de 6.165,9 millones de euros, equivalente al 0,37 % del PIB español. Con este incremento, el gasto público en educación en España pasaría del 4,34 % al 4,71 % del PIB, acercándose a la media europea del 4,65 % en 2023. Esta estimación evidencia que avanzar hacia un comedor escolar universal y gratuito supone un esfuerzo relevante, pero asumible dentro del conjunto de la inversión
pública en educación y protección social. Además de su impacto sobre la alimentación, esta medida contribuiría a reducir desigualdades, reforzar la equidad educativa y garantizar que el tiempo de mediodía sea un espacio de cuidado, bienestar y aprendizaje para toda la infancia».

Los datos reflejados en el informe correspondientes a la realidad de los comedores escolares en Andalucía, la Comunidad por la que lucho y pervivo, que decía Antonio Machado, Quizás sea el gráfico siguiente el que refleja la realidad más dura para el país y, en este caso, para Andalucía, donde se aprecia el gran desajuste que se produce entre el porcentaje de alumnado en riesgo de pobreza o exclusión social y porcentaje de alumnado beneficiario de becas y ayudas al comedor, por Comunidad Autónoma:

Finalmente, el in forme culmina con conclusiones y recomendaciones que recomiendo leer íntegramente, destacando en este momento dos esenciales, «los resultados del informe apuntan a una conclusión clara. Mientras el acceso al comedor escolar dependa de la etapa educativa, de la titularidad del centro, del territorio y de la renta de las familias, seguirá siendo una oportunidad para algunos niños, niñas y adolescentes y una barrera para otros. Reconocer el comedor escolar como parte del derecho a la educación implica garantizar que ninguna niña ni ningún niño quede fuera por motivos económicos, por la falta
de plazas o por la ausencia de infraestructura en su centro». La segunda recomendación que destaco es que hay que impulsar definitivamente «políticas de mirada amplia y estratégica que reconozcan el comedor escolar como parte del derecho a la educación, dejando atrás la concepción de servicio complementario. Esto se debe concretar garantizando que pasa a formar parte del proyecto educativo, y por tanto que todo el
alumnado pueda disfrutar del comedor escolar, y asegurando que es un espacio de aprendizaje, protección, alimentación saludable y bienestar. Este camino implica garantizar la infraestructura necesaria y que no haya barreras económicas para el acceso: poner las bases hacia la universalización, y mientras tanto establecer sistemas de becas y ayudas robustos que aseguren que ningún niño, niña o adolescente en situación de vulnerabilidad
se queda fuera del comedor escolar».

Para que no se olvide: más de dos millones y medio de niños y niñas de nuestro país, en riesgo de pobreza y exclusión, merecen nuestra atención, la que corresponda a cada uno, porque hoy, sin esperar a mañana, es una obligación ética dar visibilidad a esta situación y denunciarla, ofreciendo alternativas. Fundamentalmente, porque existe otra forma de atender esta situación tan dolorosa e inhumana y porque es un deber hacerlo y una responsabilidad pública del Gobierno correspondiente. El dato es escalofriante: 1,2 millones de estudiantes en situación de vulnerabilidad (54,7 %) queda fuera del sistema de becas y ayudas o lo que es lo mismo, 1.200.000 niños y niñas seguirán este curso escolar, tan próximo, sin disfrutar de un derecho combinado de educación y alimentación necesarias para desarrollar una vida digna.

NOTA PARA LECTORES Y LECTORAS DE ESTE ARTÍCULO: si te preocupa la situación descrita, divúlgala. La acción ciudadana de conocer datos reales, verdaderos, sobre lo que está pasando y estamos viendo, es la que permite emitir juicios bien informados que sirvan para la transformación social en nuestro país. Eduardo Galeano nos lo recordó hace ya muchos años: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Gracias por haber llegado hasta aquí.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Que todo en belleza acabe / 3. Todos somos extranjeros en la Aldea Mundial

El Faro de Ceuta

Tu dios es judío, tu música es negra, tu coche es japonés, tu pizza es italiana, tu gas es argelino, tu café es brasileño, tu democracia es griega, tus números son árabes, tus letras son latinas.

Yo soy tu vecino. ¿Y tú me llamas extranjero?”

Eduardo Galeano, Extranjero, en El cazador de historias.

Sevilla, 4/IX/2026 – 09:20 h CET (UTC+2)

Hoy abordo un problema real y muy actual en nuestro país por la tragedia de Ceuta, con muertes incluidas, la llegada de migrantes como denuncia de que el mundo se rompe por sus costuras de pobreza, marginación, persecuciones, paro, hambre y hastío. El tercer artículo de esta serie, publicado en 2021, sirvió de base al que escribí recientemente en este cuaderno digital, Todos somos extranjeros y migrantes en la Aldea Mundial.

Lo vuelvo a publicar hoy, en su versión de agosto de 2026, porque la actualidad es terca y a pesar de haber transcurrido cinco años de aquél artículo de denuncia, la situación se ha agravado en nuestro país y en el mundo, porque nos invade una ola de neorracismo y de rechazo a todo “extranjero” no turista, que busque un horizonte de su vida en nuestra tierra para quedarse en ella, sólo por el hecho de una calificación sospechosa de “irregular” por su forma de entrar en nuestro territorio, extranjero a palo seco, invasor, aprovechado, sin pensar que las leyes internacionales humanitarias los protegen hasta límites insospechados y que estamos obligados a respetarlas por imperativo legal.

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Todos somos extranjeros y migrantes en la Aldea Mundial

Tomé nota hace años de la frase de Eduardo Galeano y no la he olvidado. Buscando historias propias y asociadas junto a él, en mi calidad de averiguador de la vida digna, tal y como lo pensaban los mayas, encontré una de título muy breve, Extranjero, que me suena muy próxima en estos días de la tragedia humana por la entrada masiva de migrantes en Ceuta. Me refiero a la que este autor, al que tanto aprecio, cuenta en una experiencia personal, probablemente durante su estancia en Barcelona como consecuencia de su exilio:

“En un periódico del barrio de Raval, en Barcelona, una mano anónima escribió:

Tu dios es judío, tu música es negra, tu coche es japonés, tu pizza es italiana, tu gas es argelino, tu café es brasileño, tu democracia es griega, tus números son árabes, tus letras son latinas.

Yo soy tu vecino. ¿Y tú me llamas extranjero?”

Creo que sobran palabras para demostrar que una cosa es ser extranjero y otra muy diferente sentirlo como algo propio en esta aldea global en la que hemos convertido el mundo al revés. Por si nos quedaba alguna duda, todavía es más lacerante opinar sobre los extranjeros como diablos responsables de los males de este mundo o de este país, como si se tratara del Infierno de Dante y Ceuta también es parte de este mundo.

Es Galeano el que reflexiona de nuevo sobre esta realidad en El diablo es extranjero (1), en una historia con nombre propio que no admite paliativos:

El culpómetro indica que el inmigrante viene a robarnos el empleo. Y el peligrosímetro lo señala con luz roja. Si el intruso, el venido de afuera, es joven y pobre y no es blanco, está condenado a primera vista por indigencia o inclinación al caos o portación de piel. Pero si no es joven ni pobre, ni oscuro, de todos modos merece la malvenida porque ha venido a trabajar el doble a cambio de la mitad.

El pánico a la pérdida del empleo es uno de los miedos más poderosos en estos tiempos del mundo gobernado por el miedo.

Y la verdad es que el inmigrante está siempre situado a primera mano, ahí no más, a la vista, a la hora de encontrar culpables del desempleo, de la inseguridad y de otras muchas temibles desgracias.

Antes Europa derramaba sobre el mundo, sobre el mundo entero: soldados, presos, campesinos muertos de hambre… que eran protagonistas de las aventuras coloniales y han pasado a la historia como mensajeros de Dios. Era la civilización lanzada al rescate de la barbarie.

Ahora el viaje ocurre al revés. Eso quiere ser la invasión de los invadidos. Los que llegan o intentan llegar desde el sur al norte son protagonistas de las desventuras coloniales que pasan a la historia como mensajeros del Diablo. Es la barbarie lanzada al asalto de la civilización.

Tenemos a miles de “migrantes” en Ceuta, por llamarlos así de una forma digna, porque mejor es no recordar ahora los calificativos que se publican a diario, casi siempre vejatorios como personas. Llegaron a Ceuta el pasado 30 de julio, cada uno como pudo y con mil historias detrás. Creo que deberíamos hablar con ellos “de extranjeros a extranjeros”, buscar las mejores atenciones humanas posibles, con respeto al Derecho Internacional que los protege, porque de eso sabemos mucho a través de la Historia, que -por cierto- se nos olvida en este país muy pronto.

Como decía Galeano, los humanitos somos contradicciones que caminan, extranjeros de cuerpo y alma, en cualquier lugar o en alguna parte de la gran Aldea Global en la que se ha convertido el mundo al revés en el que vivimos. Lo que les puedo asegurar es que detesto el culpómetro y el peligrosímetro hacia los extranjeros, hacia los migrantes que permanecen hoy en Ceuta, porque reconozco que también lo soy en este mundo al revés diseñado a veces por el enemigo.

(1) Galeano, Eduardo. Espejos. Una historia casi universal, 2008. Madrid: Siglo XXI España.

NOTA: la imagen de cabecera se recuperó el 21 de agosto de 2026, de El Faro de Ceuta

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¡Paz y Libertad!

Que todo en belleza acabe / 2. Las huellas que no se borran

Sevilla, 3/IX/2026 – 17:42 h CET (UTC+2)

Continúo hoy con la serie iniciada ayer, abordando una realidad incuestionable en nuestra vida, las huellas vitales, porque todo lo ocurrido no se borra en nuestro cerebro, un disco duro con una capacidad sólo limitada por el tiempo que cada uno viva hasta la muerte o por borrados no queridos por accidentes o problemas de salud mental, entre otras causas vitales.

Galeano plantea cuestiones existenciales de calidad indudable, en torno a lo que denomino “huellas vitales”, porque nuestras vidas no deben ser “travesía de la nada o pasos de nadie o del olvido”, donde el amor y el dolor nos enseñan a comprender y querer el camino humano de cada uno, de cada una, que recorremos todos los días y que nunca es indiferente, porque queda grabado para siempre en nuestro cerebro. Sin olvidar su impacto en nuestros sentimientos y emociones.

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El buscador de historias / 2. Las huellas que no se borran

Sevilla, 25/VIII/2021

Esta es una historia breve y dos veces buena de Galeano en el libro de mi cabecera en estos días (1), de una sola palabra en su título, Huellas, donde el amor y el dolor tienen un protagonismo especial:

El viento borra las huellas de las gaviotas.
Las lluvias borran las huellas de los pasos humanos.
El sol borra las huellas del tiempo.
Los cuentacuentos buscan las huellas de la memoria perdida, el amor y el dolor, que no se ven, pero no se borran.

Es lo que nos dejó escrito, para demostrarnos que hemos nacido para caminar y volar, para contar nuestros viajes particulares buscando historias propias o asociadas, porque somos pies y bocas del tiempo y porque nuestros pensamientos, deseos y sueños también pueden volar si nos deja hacerlo la propia vida. Su mensaje es claro y circular: los años son los que vuelan, porque nosotros permanecemos un tiempo, el de cada uno, porque cada día tiene su afán y cada tiempo su momento, sabiendo como sabemos y nos lo transmitieron los sabios del lugar histórico de cada cual que, vanidad de vanidades, todo es vanidad, porque somos los pies y bocas del tiempo, porque de tiempo somos y sabemos que nos habla: Los pies del tiempo caminan en nuestros pies. A la corta o a la larga, ya se sabe, los vientos del tiempo borrarán las huellas. ¿Travesía de la nada, pasos de nadie? Las bocas del tiempo cuentan el viaje (2). Sólo sabemos que el amor y el dolor permanecen en «nuestro» tiempo.

Hablando de huellas siempre resuena Antonio Machado en mi memoria de hipocampo, como un referente en mi caminar diario, en un poema que nunca olvido, sobre todo cuando reconozco errores en mi vida de todos y en la de secreto, así como cada vez que me levanto después de una caída, una decepción o un fracaso: “Caminante, son tus huellas /el camino, y nada más / caminante, no hay camino: / se hace camino al andar. / Al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante, no hay camino, / sino estelas en la mar” (Proverbios y Cantares (XXIX). También recuerdo unas palabras de Rebecca Solnit, “Lo ideal sería caminar en un estado en el cual la mente, el cuerpo y el mundo estén alineados, como si fueran tres personajes que por fin logran mantener una conversación, tres notas que de pronto alcanzan un acorde” (Wanderlust. Una historia del caminar), sobre todo para hacernos más fácil este deambular por la vida no de forma lineal sino yendo muchas veces del timbo al tambo.

¿Será que lo que traducen mis huellas en mi caminar diario, es que mi fin es mi principio y mi principio mi fin? Este palíndromo ha recorrido siglos desde el aserto presocrático del “todo fluye, nada permanece”, entregado a la posteridad por Heráclito de Éfeso. Es la circularidad vital como hilo conductor de las personas que solemos caminar volviendo sólo la vista atrás para ver la senda que nunca se ha de volver a pisar, aunque descubramos con el tiempo que solo hay camino siguiendo las estelas de la mar. O cruzando ríos que van a dar a esa mar, por sitios que nunca van a ser los mismos cuando se vuelven a cruzar. Esta es la razón que justifica el mito del eterno retorno simbolizado en esta frase enigmática: mi fin es el principio y mi principio mi fin. Lo conocía por haber escuchado hace muchos años un rondó de Guillaume de Machaut (Ca. 1370), Ma fin est mon commencement, que todavía resuena en territorios lejanos.

Esas huellas de caminos que nunca más he de volver a pisar es lo que cantó excelentemente Leonard Cohen en Steer Your Way, cuando decía: Dirige tu camino a través de las ruinas del altar y el centro comercial, dirige tu camino a través de las fábulas de la Creación y la Caída, dirige tu camino más allá de los Palacios y elévate por encima de la podredumbre, año tras año, mes a mes, día a día, pensamiento a pensamiento. Es la tarea que cuido todos los días, porque si no, creo que es difícil avanzar en la creencia de que otro mundo es posible, buscando también historias de cuentacuentos, porque sé que buscan las huellas de la memoria perdida, el amor y el dolor, que no se ven, pero no se borran.

Galeano no se equivocó al escribir esta preciosa historia, porque me enseña que mi vida no debe ser travesía de la nada o pasos de nadie o del olvido, donde el amor y el dolor me han enseñado a comprender y querer el camino humano, que no me es indiferente y que recorro todos los días.

(1) Galeano, Eduardo. El cazador de historias, 2016. Madrid: Siglo XXI.

(2) Galeano, Eduardo. Tiempo que dice, en Bocas del tiempo, 2004. Madrid: Siglo XXI.

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¡Paz y Libertad!

Que todo en belleza acabe / 1. Caminantes del mundo

Que en belleza camine.
Que haya belleza delante de mí
y belleza detrás
y debajo
y encima
y que todo a mi alrededor sea belleza
a lo largo de un camino de belleza
que en belleza acabe.

Eduardo Galeano, Quise, quiero, quisiera, del «Canto de la noche», del pueblo navajo, en «El cazador de historias»

Sevilla, 2/IX/2026 – 09:07 h CET (UTC+2)

Vuelvo a publicar a partir de hoy, una serie que escribí en 2021, con el título de El buscador de historias, que hace honor al subtítulo de este blog, Cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, siempre con el viento a favor del mensaje principal de El cuento de la isla desconocida, de José Saramago.

He cambiado el título en esta ocasión, porque la quintaesencia de lo que escribí entonces y reproduzco hoy, es esa cuestión, resumida en cinco palabras que sintetizan mi hilo conductor vital en estos momentos: que todo en belleza acabe.

Confieso que necesito compartirlo en un mundo al revés, lleno de fealdad, que pone en peligro la democracia, el bienestar y la felicidad legítima de todos.

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El buscador de historias / 1. Caminantes del mundo

Sevilla, 24/VIII/2021

Inicio hoy una nueva serie, El buscador de historias, inspirada en una obra póstuma de Eduardo Galeano, El cazador de historias, que su editorial de cabecera, Siglo XXI, cuidó con él hasta el último detalle, pero sobre la que decidió esperar el mejor momento para publicarla en 2016, dado el delicado estado de salud del escritor que falleció en 2015. Creo que es un auténtico testamento espiritual en el que a través de innumerables historias nos entrega su alma convertida en palabras recogidas en cuatro capítulos de su vida, «Molinos de tiempo», «Los cuentos cuentan», «Prontuario» y «Quise, quiero, quisiera», que agrupan palabras sentidas y sintientes para él y para todos, en un ejemplo de su generosidad literaria y de compromiso activo a través de la palabra. El último, «Quise, quiero, quisiera», corresponde al poema navajo que escogió personalmente para abrochar su obra, con tres tiempos verbales que encierran en sí mismos toda su vida y que he elegido para abrir el largo caminar de estas líneas.

La sinopsis oficial del libro nos deja algunas pistas sobre lo manifestado anteriormente: “El siglo XXI no está resultando ser un gran siglo. Los abusos de un sistema formado por ricos cada vez más ricos y jodidos muy jodidos están a la orden del día. Siguen soñando las pulgas con comprarse un perro y los nadies con salir de pobres. En esta obra, que terminó un año antes de morir, Eduardo Galeano sale a cazar en esa jungla para mostrarnos con crudeza, con humor, con ternura, el mundo en que vivimos, desnudando ciertas realidades que, pese a estar al alcance de la mano, no todos llegan a ver. Pero, como sugiere su título, El cazador de historias devela también al narrador que acecha detrás de todos los relatos. Y así, aunque siempre fue reticente a hablar de sí mismo, Galeano cierra este libro con un puñado de bellas y poderosas historias que sorprenden tanto porque ofrecen pistas de su biografía, de sus años de infancia y juventud, de los primeros viajes por América Latina, de las personas que marcaron su vida y su escritura, porque expresan sus ideas sobre la muerte. Lejos de cualquier lamento, con el puro impulso de la curiosidad y la imaginación, se pregunta cómo será el final, qué deseos, afectos o necesidades aparecerán entonces. Eduardo Galeano creó una obra que no pasó inadvertida, que culmina con este libro. Varias generaciones la han leído con fruición y seguramente seguirán haciéndolo, porque algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende”.

Con este espíritu que arde en mi vida, inicio esa serie deteniéndome en un relato, Las Estrellas, del que he escogido sus palabras finales, porque representan lo que me ha sucedido a lo largo de la vida, fundamentalmente porque soy un caminante del mundo. Es más, incluso en algunas orillas he decidido iniciar singladuras para buscar islas desconocidas, algo que vengo haciendo en los últimos veinte años en este cuaderno de bitácora digital. Nadie mejor que Galeano para hacer este camino o singladura, tanto monta monta tanto, cuando pasado el ecuador de este verano tan especial nos acercamos a una estación que suele inspirar también mi alma de secreto y, a veces, la de todos. Otoño.

Aquella historia de la tribu Pawnee contada por Galeano, junto al río Platte, un río que baña tres estados americanos, Colorado, Wyoming y Nebraska, permitió descubrir creencias sobre el origen de la vida a través de las estrellas del amanecer y del atardecer, que no son las mismas y cómo al intentar su encuentro la luna les jugó una mala pasada. A pesar de todo siguieron en su empeño, consiguiendo finalmente abrazarse hasta confundirse entre ellas. De ahí nació nuestra historia humana de encuentros, desencuentros y guerras, hasta que un día descubrimos que esa era nuestra tarea diaria, caminar por este mundo hasta conseguir lo que pasó con nuestras estrellas guía. Algo precioso:

A orillas del río Platte, los indios pawnees cuentan el origen.
Jamás de los jamases se cruzaban los caminos de la estrella del atardecer y la estrella del amanecer.
Y quisieron conocerse.
La luna, amable, las acompañó en el camino del encuentro, pero en pleno viaje las arrojó al abismo, y durante varias noches se rio a carcajadas de ese chiste.
Las estrellas no se desalentaron. El deseo les dio fuerzas para trepar desde el fondo del precipicio hasta el alto cielo.
Y allá arriba se abrazaron con tanta fuerza que ya no se sabía quién era quién.
Y de ese abracísimo brotamos nosotros, los caminantes del mundo
.

Los pawnee tienen una historia que conviene conocer con detalle. He leído estos días bastantes reseñas de ellos y he comprobado cómo sufrieron la huella del hombre blanco: “Dicen, y he escuchado de viva voz, que los primeros Pawnees llegados a Oklahoma murieron de melancolía, de la tristeza más profunda de abandonar la tierra que los amamantó, más importante aún, los Hopis, por ejemplo, llegaron a la actual Arizona tras un conjunto de migraciones y quehaceres más que fantásticos y mitológicos. Los Pawnees, rompen la regla. Ellos bajaron de las estrellas, y es a ellas a donde retornan cuando mueren. Cuando Tirawa, dios supremo, decidió ponerlos en la tierra los bajó directamente a lo que hoy en día es Nebraska: su tierra sagrada par excellence. Por ello, cuando partieron hacia esa otra tierra desconocida por mandato y amenaza del gobierno, estaban acongojados al ver que no volverían a su cuna natal. No fue un viaje fácil, sino terrible. Mucha gente iba a pie, otros en tren hacinados como judíos en la Alemania nazi. Mucha gente murió en el trayecto” (1).

Me considero caminante del mundo aunque sé que gran parte de mi recorrido se ilumina por las estrellas, gracias al abrazo que en un momento determinado de la Historia decidieron hacer algo importante en favor del mundo descreído. En este camino, he escogido un libro para orientarme: Cuentos de los indios Pawnee, que he leído atentamente, dedicado a un Jefe Solitario, donde la madre ocupó un papel muy especial en su vida: “Jefe Solitario era hijo del jefe de la banda Kit-ke-kahk’-i. Su padre murió cuando el muchacho era muy niño, apenas de un año de edad. Hasta que fue lo bastante mayor como para ir a la guerra, su madre se ocupó de su manutención cultivando maíz, judías y calabazas. Ella enseñó al muchacho muchas cosas, y le aconsejó acerca de cómo vivir y cómo actuar para tener éxito en la vida: “Cuando llegues a ser un hombre, recuerda que es su ambición la que hace al hombre. Si sales de campaña, no te vuelvas cuando hayas andado parte del camino, sino continúa hasta que llegues a donde te diriges, y entonces regresa. Si yo pudiera vivir para verte hecho un hombre… Quiero que te conviertas en un gran hombre. Quiero que pienses en los duros momentos que hemos atravesado. Ten piedad de la gente que es pobre, porque nosotros también hemos sido pobres y la gente ha tenido piedad de nosotros” (2).

Creo que he comprendido por qué Eduardo Galeano se detuvo a reflexionar sobre la bella historia de las estrellas y su abrazo, contada por los Pawnees. Fundamentalmente, porque de allí nacimos nosotros y porque sé, como él, que “las palabras caminan latiendo” en un mundo que sólo tiene interés hacia adelante, explorando su belleza en un camino que en belleza acabe.

(1) Consideraciones Filosóficas sobre los Pawnee. (mec.es)

(2) Bird Grinnell, George, Cuentos de los indios Pawnee, 1986, Madrid: Miraguano.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¿A quién preocupa la angustia vital en nuestro país y a escala mundial?

Edvard Munch, El grito, 1893

Es el tiempo del miedo […] Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar. Miedo a la soledad y miedo a la multitud. Miedo a lo que fue. Miedo a lo que será. Miedo de morir. Miedo de vivir.

Eduardo Galeano, El miedo global

Sevilla, 1/IX/2026 – 11:22 h CET (UTC+2)

Me preocupa el sufrimiento humano en sus múltiples manifestaciones y lo que está pasando y estamos viendo a diario en el mundo y en nuestro país, son una clara muestra del dolor humano sin límites de edad, raza o creencias. Sobre todo, el sufrimiento de los nadies.

¿Quién no ha visto alguna vez en su vida el cuadro de Munch más robado en la historia de la cleptomanía pictórica, El grito, en cualquiera de sus versiones? Me ha impresionado siempre esta expresión del grito que, según el artista, surgió como reflejo plástico de lo que escribió en su diario personal hacia 1892: Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.

En este contexto de un loco mundo al revés en el que estamos viviendo día a día, donde apenas podemos gritar nuestro dolor interno, nuestra angustia vital, es una realidad incuestionable que la gran damnificada, en millones de personas de todo el planeta, es la salud mental, la hija pobre del Estado de Bienestar, a tenor de la atención pública que se le presta en la actualidad. La revista PNAS publicó en 2023 un artículo muy interesante, Global trends in emotional distress (Tendencias mundiales en la angustia emocional), en el que se demostraba científicamente que la angustia vital se había incrementado en todo el mundo durante la última década, concretamente desde la gran crisis económica de 2009 hasta 2021, dando lugar a que las personas con pocos recursos sufren más un empeoramiento de esta vivencia, atribuible obviamente a las sucesivas crisis económicas, la pandemia de la COVID-19 y el aislamiento que ha generado soledad no deseada.

El resumen de lo analizado en esta publicación expone lo siguiente: “En este estudio, examinamos la angustia emocional utilizando datos de encuestas representativas anuales de 1,53 millones de personas encuestadas en 113 países entre 2009 y 2021. Los participantes informaron si habían experimentado preocupación, tristeza, estrés o ira durante gran parte del día anterior. Las estimaciones dentro del país mostraron que la prevalencia de sentimientos de angustia emocional aumentó del 25 al 31 % entre 2009 y 2021, y aquellos con bajos niveles de educación e ingresos experimentaron los mayores aumentos de angustia. A nivel mundial, el período pandémico se caracterizó por un aumento inicial de la angustia en 2020 seguido de una recuperación en 2021”.

Lo que interesa resaltar fundamentalmente en este estudio, es conocer con detalle qué ha significado el estrés emocional, la angustia vital, en los encuestados: “La angustia se evaluó utilizando cuatro ítems que preguntaban si los participantes experimentaron diferentes sentimientos negativos el día anterior: estrés, preocupación, tristeza e ira. Estos elementos se alinean con los componentes más destacados de la angustia emocional que se evalúan típicamente, que incluyen ansiedad, depresión e ira. Primero se pidió a los participantes que “piensen en el día de ayer, desde la mañana hasta el final del día. Piensa dónde estabas, qué estabas haciendo, con quién estabas y cómo te sentías”. Luego se les preguntó a los participantes: «¿Experimentó los siguientes sentimientos durante GRAN PARTE DEL DÍA, ayer?» e indicaron si experimentaron cada emoción (codificados como 1 = sí y 0 = no). Las puntuaciones se escalaron como porcentaje de las puntuaciones máximas posibles (POMP) para obtener una puntuación que indica el porcentaje de sentimientos angustiantes experimentados (que van de 0 a 100%)”.

Igualmente, se exponía el alcance de la muestra del estudio en relación con los participantes en el mismo: “Gallup encuestó a 1,76 millones de personas de 165 países entre 2009 y 2021. La población objetivo de la Encuesta mundial de Gallup (GWP) es la población civil no institucionalizada del mundo, de 15 años o más. Se utilizó la marcación aleatoria de dígitos de una lista de números de teléfono representativos a nivel nacional para realizar encuestas telefónicas en países donde la cobertura telefónica representa al menos el 80% de la población. Las encuestas se administraron en persona en regiones con cobertura telefónica menos extensa, incluida la mayor parte de Asia, Medio Oriente y África. Durante la pandemia, se realizaron entrevistas telefónicas en la mayoría de las naciones. En todos los países, los hogares se seleccionaron al azar y se encuestaron aproximadamente 1.000 personas cada año. Las naciones se incluyeron en nuestros análisis si los datos estaban disponibles para más de la mitad de las oleadas de encuestas entre 2009 y 2021, incluso durante la pandemia. Esto produjo un tamaño de muestra de 1.527.616 personas de 113 países”. Asimismo, el estudio ofrece información detallada de cada uno de estos pasos dados para la obtención de los resultados.

Desde mis años jóvenes, la llamada angustia vital ha sido claro objeto de estudio en la filosofía existencial y en la psicología y psiquiatría humanista y también existencial. He estudiado en profundidad esta realidad humana en mis años de investigación profesional, porque he creído que era algo que ocurría a diario en la vida ordinaria de las personas, marcando una hoja de ruta preocupante en el acontecer diario de cada persona. Desde aquellas incursiones universitarias hasta el análisis de esta realidad existencial que detalla el estudio citado, han pasado muchos años y la realidad es que el estrés emocional, en sus variadas manifestaciones, se ha recrudecido a nivel mundial. Con independencia de la influencia que tuvo la pandemia en su primer año de presencia efectiva en la vida de millones de personas, ha sido curioso constatar que no ha sido la principal causa de ese estrés emocional progresivo en la población mundial, porque se supo reaccionar adecuadamente y de forma generalizada. Lo que ha resultado importante constatar en la correlación de causas en la década analizada, expresado en los siguientes términos: “Sobre los motivos de la tendencia negativa de la salud mental en todo el planeta, Daly [uno de los firmantes del estudio] cree que “pueden influir muchos factores que varían por países y periodos”. Entre otras cosas, el investigador apunta a las consecuencias de la crisis financiera de 2008, que provocó “inseguridad laboral y problemas de deuda en mucha gente”, y a la inestabilidad política en muchos lugares del mundo. Daly menciona también la “preocupación por el declive de la cohesión social en algunas naciones, reflejada en aislamiento y soledad que pueden contribuir a la sensación de angustia”. Por último, el investigador señala al posible papel del “entorno tecnológico, con el incremento asociado de información, demandas de productividad o comparación con los demás” como otra fuente de malestar, y reconoce que la mayor conciencia de los problemas de salud mental puede estar visibilizando problemas que antes ya existían aunque no se midiesen”.

Ante lo expuesto con crudeza en este estudio panorámico mundial, surge la gran pregunta: ¿preocupa a las autoridades mundiales y a las de nuestro país, directamente involucradas en las políticas sociales del planeta, la angustia vital mundial que se está viviendo en la actualidad? Una vez más, estamos avisados, aunque con una mirada cercana a nuestra realidad más próxima en nuestro país, sabemos, objetivamente, que la salud mental sigue siendo la pariente pobre del Sistema Nacional de Salud y, por extensión, de los Sistemas Sanitarios Públicos de las Comunidades Autónomas, obviamente en Andalucía. El miedo a vivir sobrevuela sobre nuestras cabezas con resultados muy preocupantes para la sociedad, de ahí la urgencia para que se tomen las medidas adecuadas de Estado de Bienestar ante el Estado de Malestar que impera a nuestro alrededor.

En este contexto, quiero hacer hoy una reflexión especial sobre esta angustia de vivir, que no es inocente porque se propaga a diario en el ocaso de la democracia, auspiciada por los personajes siniestros que difunden continuamente miedo y desesperanza sobre todo lo que se mueve en nuestro país, a través de noticias manipuladas, redes sociales mentirosas, políticos y partidos impresentables. Muchos de sus protagonistas son mediocres de profesión y lo repito hoy de nuevo hasta la saciedad: lo que representan sólo es mediocridad de mediocridades, porque (casi) todo es mediocridad. Lo que proclaman estos agoreros mayores de su reino, es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda y hacen sufrir a muchas personas de buena fe y voluntad. Lo digo una y mil veces: los mediocres que operan el miedo están haciendo de cada día su día, su mes, su año, de forma silenciosa. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres!, porque no quiero seguir con angustia vital, además de pandemias, guerras incomprensibles y bancarrotas en cadena por la eterna avaricia de los más poderosos. Es probable que los mediocres y profesionales del miedo salgan huyendo para esconderse en paraísos sin ética alguna, no sólo fiscales, porque no soportan dignidad alguna que les pueda hacer sombra, si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, hacedores de miedo, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan.

Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna, que azuza el miedo continuamente, el efecto halo que rodea a la angustia vital. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social del miedo instaurado por mediocres y la mediocridad que los acompaña siempre, convirtiéndose casi sin darnos cuenta en sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos de esperanza en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.

Lo que de verdad temo en este contexto de angustia vital generalizada es tener miedo a perder la libertad, no el que aprendí de Erich Fromm, en su precioso libreo El miedo a la libertad, que guardo en mi clínica del alma, sobre todo en un texto introductorio de este libro, presentado bajo el epígrafe de “El discurso de Dios al hombre”, que corresponde a la Oratio de hominis dignitate, un texto de Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494) que recoge en las 900 Tesis (Conclusiones Filosóficas Cabalistas y Teológicas) que presentó a la Iglesia de Roma en 1486, en las que buscaba una confluencia sincrética entre diversas creencias y postulados religiosos de la época, con una trazabilidad importante de filósofos y teólogos latinos y árabes. Es importante conocer este contexto histórico, que le costó finalmente la excomunión al poner al hombre (como ser humano primigenio) en un puesto muy importante en la vida humana gracias a su libertad. Tras este breve análisis, comprendo mucho mejor por qué Fromm lo eligió como texto introductorio de su libro, de su miedo personal a la libertad y por qué ha pasado a la posteridad como el Manifiesto del Renacimiento:

No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obtengas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de ti mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás —de acuerdo con la decisión de tu voluntad— regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas”.

Igualmente, tengo miedo a no comprender bien qué quiso exponer Eduardo Galeano en su declaración del miedo global (1), fundamentalmente porque en él se dice algo verdaderamente sobrecogedor y porque reconozco que lo que está pasando y estamos viendo, por ejemplo en Ucrania, en Irán, da miedo, sintetizado en uno de sus versos: Las armas tienen miedo a la falta de guerra y un corolario anterior: Los militares tienen miedo a la falta de armas, porque la realidad es que estamos viviendo en un mundo al revés presidido por el miedo interesado que muchos meten en nuestras vidas:

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerra.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones y miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura.
Al tiempo sin relojes.
Al niño sin televisión.
Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar.
Miedo a la soledad y miedo a la multitud.
Miedo a lo que fue.
Miedo a lo que será.
Miedo de morir.
Miedo de vivir.

Lo más trágico que dice Galeano es tener “miedo de vivir”, la auténtica angustia vital. Es verdad que en su ocaso actual, la democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir que estamos muy preocupados por la angustia vital mundial y que en España es una realidad que debemos atender de forma urgente. Estamos avisados y el estudio analizado hoy lo corrobora. 

(1) Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 1998. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

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¡Paz y Libertad!

¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión en nuestra memoria de secreto

Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: estoy donde debo estar.

Isak Dinesen (seudónimo de la baronesa danesa Karen Blixen), en su obra cumbre, Memorias de África (1937)

Sevilla, 31/VIII/2026 – 17:42 h CET (UTC+2)

Amo el cine y ayer volví a ver por enésima vez “Memorias de África”, como si fuera la primera vez, porque sigo teniendo muy presente en mi vida la gran pregunta de Isak Dinesen (1885-1962), la autora de la obra homónima sobre la que está basada la película, que me permite contextualizarla hoy en este loco mundo al revés en el que vivimos a diario, en pleno ocaso de la democracia: “¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión”… en estos tiempos revueltos.

Isak Dinesen (1885-1962)

El 17 de septiembre del año pasado, la vi de nuevo, con motivo del fallecimiento del gran actor Robert Redford, recordado siempre por películas de gran valor cinematográfico como Dos hombres y un destinoEl hombre que susurraba a los caballos o Memorias de África, que obtuvo siete premios Óscar en 1986. Quizá sea esta última la que aquel día tuve presente en ese momento tan especial, por mi asociación mental de Redford junto a Meryl Streep y la extraordinaria banda sonora compuesta por John Barry, con un fondo musical excelente de Mozart. La química exhibida por la pareja formada por Streep y Redford, por entonces quizá los dos actores más aclamados en Hollywood, ha marcado una impronta inolvidable en muchas memorias de todos y en la de secreto. En la mía, también.

La banda sonora de la película, bajo la batuta de John Barry, sigue viva en mi discoteca de secreto, haciendo incursiones en la memoria de hipocampo que, como caballo de mar, sigue surcando historias de búsqueda de islas desconocidas para contarlas en este cuaderno digital. Lo que me sobrecoge verdaderamente es asociar siempre esta película y su trama con Mozart, a través de su maravilloso adagio compuesto para el Concierto para clarinete y orquesta (K. 622), acompañando los recuerdos de Karen. No desmerece esta puntualización, en absoluto, el tema nuclear que suena lentamente en los títulos de crédito que ayudan a comprender mejor los tesoros ocultos para el alma en Kenia. El segundo tema, se hace presente en momentos difíciles para la protagonista en su penoso matrimonio de conveniencia, salvado por un cazador profesional, Denys George Finch Hatton, un papel desempeñado de forma impecable por Redford.

W. A. Mozart: Adagio del Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Orquesta Sinfónica de Islandia / Oboe: Arngunnur Árnadóttir, Harpa Concert Hall – Reykjavík, 10 de septiembre de 2015

Memorias de África está asociada siempre, en mi vida, con Mozart, sin desmerecer el trabajo fantástico de John Barry. También, con la inteligencia humana, mientras escucho atentamente su banda sonora de hoy, de siempre. Vuelvo a recordar que la inteligencia, hoy por hoy, no tiene color. La conjunción de blancos, grises y algunas veces, negros, atribuida a las materias que conforman el cerebro, sigue dándonos muchos quebraderos de cabeza. Sobre todo, porque tenemos que estar muy agradecidos al continente africano y doloridos al mismo tiempo por la muerte letal que les rodea entre enfermedades (sida), esclavitud histórica y de nuevo cuño en pateras, guerras fratricidas y con una deuda histórica mundial.

Meryl Streep y Robert Redford interpretaron la conciencia del deber estar cinematográfico, a la perfección, en Memorias de África, recordando una reflexión que vuela sobre la película como hilo conductor, Estoy donde debo estar, que reproducía fielmente la que figuraba en el comienzo de la obra homónima de Isak Dinesen (1885-1962), seudónimo de la baronesa Karen Blixen, publicada en Dinamarca en 1937. Por la magia del cine, hoy lo he recordado de nuevo, dejándonos una pregunta en el aire que respiramos a diario y que nos ofrece seguridad y ligereza de corazón: ¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión.

Doscientos mil años de memoria de la inteligencia humana, desde el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia (1), nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de nuevo de Memorias de África, de la memoria de Mozart en su precioso adagio, de cómo nos contaron una bella historia Meryl Streep y Robert Redford, para que no olvidemos África y su alma, todavía desconocidas para muchos en agosto de 2026.

No olvido el papel estelar de Meryl Streep y lo que significa en la intrahistoria del cine. Lo dijo el director de cine John Ford, que conocía muy bien a Henry James Fonda, respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?: “Es ver caminar a Henry Fonda”. Hoy, me atrevería a decir, emulando humildemente al gran director americano, ídolo de mi infancia, que “el cine es el semblante de Meryl Streep”, en el sentido que el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí, da al lema “semblante”: «La representación exterior en el rostro de algún interior afecto del ánimo, […] de lo que se siente en el corazón» (RAE A, 1739). Quizá ha sido uno de los elementos humanos principales para haberle otorgado en 2023 el Premio Princesa de Asturias de las Artes, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia. A lo largo de cinco décadas, Meryl Streep ha desarrollado una carrera brillante encadenando interpretaciones en las que da vida a personajes femeninos ricos y complejos, que invitan a la reflexión y a la formación del espíritu crítico del espectador. La honestidad y responsabilidad en la elección de sus trabajos, al servicio de narrativas inspiradoras y ejemplarizantes, traspasan la pantalla y los escenarios con una impecable técnica interpretativa, armada únicamente con su gestualidad, voz y mirada. Activista incansable a favor de la igualdad, con su talento y rigor ha posibilitado que diferentes generaciones disfruten de interpretaciones inolvidables, conquistando el respeto que este gran arte merece”.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, p. 15-28.

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¡Paz y Libertad!

Ante la Inteligencia Artificial, se deben proteger espacios vitales reservados exclusivamente para humanos

Bill Gates: La turbulenta era de la IA está aquí. Las decisiones que tomamos ahora son críticas

Sevilla, 30/VIII/2026 – 13:54 h CET (UTC+2)

Bill Gates ha publicado recientemente en su página web un artículo que recomiendo leer, con un título que es todo un aviso premonitorio para navegantes digitales: La turbulenta era de la IA está aquí. Las decisiones que tomamos ahora son críticas, junto a una entradilla no menos inquietante: Necesitamos un plan para garantizar que lo bueno supere a lo malo.

Creo que estábamos avisados desde hace tiempo sobre algo irrefutable: la Inteligencia Artificial (IA) iba a ser una nueva revolución histórica, que haría tambalear los cimientos de la sociedad actual, hasta límites insospechados. Por esta razón he leído atentamente las reflexiones de Gates, porque pienso que es una autoridad mundial en la visión digital del presente y del futuro. Además, lo quiero compartir con las personas de la Noosfera que les preocupa esta realidad digital, existencial por supuesto.

Todo el mundo tiene asociado el nombre de Bill Gates a Microsoft, que nadie duda de lo que supuso en su presentación mundial en sociedad desde su fundación en 1975, aunque me quiero quedar hoy con su labor filantrópica mundial que él mismo reconoce una vez finalizada su etapa directiva en Microsoft: “En mi segundo [trabajo], que comencé a tiempo completo en 2008, estoy devolviendo la riqueza que hice en Microsoft con el objetivo de hacer del mundo un lugar más saludable, mejor educado y más equitativo. Este es el trabajo que tendré por el resto de mi vida”.

En esta segunda etapa de su vida, hoy se centra en su artículo en poner ribetes de acero a la IA. Comienza su «manifiesto» con una reflexión inquietante: «En términos de equidad, la IA será o bien el mayor igualador [social] jamás inventado, o bien la peor fuente de injusticia. El desafío es monumental. Incluso en las mejores circunstancias, la transición a esta nueva era de la IA será uno de los periodos más turbulentos de la historia de la humanidad. ¿Cómo utilizaremos esta tecnología para construir un mundo más justo y evitar que se amplíe la brecha entre ricos y pobres? ¿Cómo protegeremos a las personas más vulnerables a los daños causados ​​por la inteligencia artificial, incluyendo a quienes pierden su sustento y la sensación de control sobre su futuro? Creo que responder a estas preguntas y actuar en consecuencia debería ser la máxima prioridad mundial. Si el mundo toma las medidas adecuadas, la IA será una fuerza positiva y beneficiará a todos».

A ello responde que «no existe un plan para facilitar la transición a la era de la IA» y que hay varias razones para que esto ocurra; «Una de ellas es que los modelos de IA aún cometen errores. Es difícil imaginar que alguno de ellos pueda reemplazar la cognición humana cuando, no hace mucho, no podían resolver un simple Sudoku ni calcular cuántas «r» tiene la palabra «fresa». Pero el problema de la fiabilidad se está solucionando rápidamente, ya que los investigadores crean modelos que pueden verificar su propio trabajo y mejorarse a sí mismos. Pronto serán sustancialmente mejores que los humanos en muchas tareas. Otra razón por la que se subestima la IA es que las analogías con los efectos de innovaciones pasadas son engañosas. No tenemos experiencia con una tecnología que pueda adoptarse rápidamente o que pueda pensar y moverse como un ser humano. Cuando llegó el PC, se necesitaron veinte años para que nuestra forma de trabajar cambiara significativamente, ya que hubo que desarrollar el software, reducir su precio y enseñar a la gente a usar las herramientas e integrarlas en sus procesos de negocio. La IA, en cambio, funciona con los dispositivos que ya tenemos y utiliza el lenguaje natural. No tenemos que adaptarnos a ella, porque ella se adapta a nosotros. Puede ver el mismo vídeo de formación que se usa para capacitar a los trabajadores humanos y aprender de los datos existentes».

Continúa su exposición, con un epígrafe didáctico: «Esta vez es realmente diferente», porque en esta ocasión tan revolucionaria se necesita tiempo «para prepararnos para la agitación social, política y económica» en la que ya estamos instalados: «Las personas que necesitan más tiempo son las que tienen menos: el trabajador contable que es reemplazado por un robot o el trabajador que gana 20 dólares la hora que pierde su trabajo por un robot que gana 10 dólares la hora». Ya nada será igual y no pasará como en las revoluciones anteriores, en las que el ser humano se benefició mirando por el espejo retrovisor de la historia. El gran drama que se avecina es que, según Bill Gates, «la tecnología puede sustituir la cognición humana. Debido a que puede ver, escuchar, hablar y razonar y eventualmente realizará el trabajo físico con la misma fluidez que cualquier ser humano, no afectará solo a un sector. La IA asumirá trabajos en derecho, servicio al cliente, medicina, software y fabricación. Afectará rápidamente a estas industrias, en el transcurso de una década y no de unas pocas generaciones. Habrá algunos empleos nuevos, pero sin las políticas adecuadas habrá muchos menos de los que existen hoy».

Con este pronóstico tan desalentador, Gates se pronuncia de manera firme: «Si alguien tuviera un plan creíble para frenar los avances de la IA a nivel mundial, probablemente lo apoyaría. Sin embargo, no creo que eso vaya a suceder. Los incentivos geopolíticos y económicos están presionando demasiado para avanzar a toda velocidad». A partir de aquí, comienza a analizar los riesgos y beneficios de la IA, por este orden, comenzando por el primero de indudable impacto para la Humanidad:

  1. Muchos empleos desaparecerán para siempre.

Aquí señala algo que ya estamos viviendo directamente en la sociedad española: «Los empleos más vulnerables son los de nivel inicial e intermedio, y los nuevos empleos que se creen requerirán principalmente habilidades que requieren muchos años de aprendizaje. Los empleos de oficina ya se están viendo afectados, aunque de forma moderada. Tras la adopción generalizada de la IA generativa, el empleo disminuyó significativamente entre los trabajadores jóvenes en puestos especialmente vulnerables a la sustitución, pero no entre sus colegas de mayor edad». Seguirá con «los empleos en ventas y atención al cliente (en línea y por teléfono), ingeniería de software y asistencia jurídica podrían ser los primeros afectados, pero la disrupción se extenderá mucho más a medida que la IA asuma tareas que hoy en día aún requieren trabajadores capacitados: como evaluar solicitudes de préstamos, realizar análisis de datos e incluso clasificar pacientes. Algunas áreas, como la ingeniería de software, generarán nueva demanda a medida que los costos disminuyan, por lo que la pérdida neta de empleos en esos sectores será menor que en otros, siempre y cuando algunas tareas, como el diseño, sean mejor realizadas por humanos». También se verán afectados los trabajos manuales, a través de la evolución en el diseño y construcción de robots, donde China ejerce ya un gran liderazgo mundial.: «Creo que los robots «inteligentes» comenzarán a competir con las personas en algunas tareas físicas, por ejemplo, en las industrias de la construcción y la hostelería, para finales de la década». Llegados a este punto, Gates expresa su preocupación por los jóvenes «que se incorporarán a un mercado laboral con menos oportunidades para principiantes. Comprenden el desafío porque son los usuarios más activos de la IA y ven tanto sus capacidades como el ritmo de mejora. No es de extrañar que muchos tengan una visión negativa de la IA. El mayor cambio para los trabajadores se producirá cuando la IA realice un trabajo prácticamente sin errores. En ese momento, podrá funcionar de forma autónoma sin supervisión humana, y las empresas tendrán todos los incentivos económicos para permitirlo. Esto conllevará un cambio fundamental en nuestra concepción del trabajo, los ingresos y la seguridad económica. ¿Cómo funcionará una economía basada en el empleo si menos personas trabajan o si muchas trabajan menos horas?».

A partir de este punto se centra en explicar qué significa la pérdida de empleos que supondrá la irrupción de la IA en el mercado laboral y una derivada que quizá sea la más preocupante, el daño social que puede llegar a ocasionar al no tener control alguno en estos momentos, bajo el denominador común del la ciberdelicuencia y terrorismo digital : «La IA representa un desafío estructural para la organización de nuestra economía y exige reflexión y acción inmediatas. La IA empoderará a las personas (y quizás a otras IA) para causar más daño. Mucho antes de que la IA se generalizara, existía información en línea sobre cómo crear armas como bombas, armas biológicas e incluso virus informáticos. La IA facilitará enormemente no solo el acceso a esta información, sino también su puesta en práctica. Incluso los delincuentes con habilidades muy limitadas podrán atacar a víctimas de todos los niveles: individuos, empresas y gobiernos. El fraude, la desinformación, los deepfakes y la vigilancia impulsados por la IA son los daños que muchas personas sentirán con mayor intensidad en su vida diaria». Gates nos abre los ojos sobre las repercusiones sociales por el mal uso de la IA: «Pensemos en la infraestructura que será vulnerable: hospitales, instituciones financieras, sistemas de agua, redes eléctricas, sistemas de gestión de prestaciones gubernamentales. Cuando estas instituciones son atacadas, son los pacientes, los clientes y los beneficiarios quienes tienen más que perder. Lo mismo ocurre con el bioterrorismo. Si bien la IA propiciará avances que salvarán vidas en medicamentos y vacunas, también facilitará el diseño de nuevas enfermedades mortales. Una vez más, es difícil distinguir entre las capacidades positivas y las peligrosas. Este es un problema global». Tampoco olvida cómo la IA puede monitorear y manipular la opinión pública, que «será más sencillo, económico y efectivo», algo que ya estamos experimentando.

Junto a otros asuntos tratados en el capítulo dedicado a los riesgos de la IA mal aplicada, destaco uno que me intersa sobremanera, el impacto sobre los niños, niñas y jóvenes en general: «Apenas estamos empezando a comprender los peligros que internet —especialmente las redes sociales— puede suponer para el desarrollo de los jóvenes. Estamos presenciando un uso compulsivo, trastornos del sueño, ciberacoso y exposición a contenido dañino. La IA podría magnificar muchos de estos riesgos al hacerlos más persuasivos y difíciles de evitar, y no deberíamos esperar a otra generación para empezar a tomarlos en serio. Países como Australia, el Reino Unido y Noruega están adoptando medidas de protección para los niños en línea. China ha ido más lejos. Sus normas restringen ampliamente las aplicaciones de IA complementarias, prohíben los diseños que fomentan la dependencia emocional y prohíben los familiares y parejas románticas virtuales para menores». Una derivada importante es el impacto de la IA en la educación: «Una encuesta preliminar sugirió que un mayor uso de la IA se asociaba con un pensamiento menos crítico. El efecto fue más fuerte entre los más jóvenes. Este sería el peor momento posible para que los humanos pierdan sus habilidades de pensamiento crítico. En una era de deepfakes y desinformación que se puede adaptar a cada individuo, la capacidad de distinguir lo que es verdad de lo que no lo es se convierte en una habilidad esencial para la vida. No está claro dónde trazar el límite sobre estos problemas psicosociales. En algunos casos, la IA puede ayudar a las personas a comprender cómo mejorar sus relaciones humanas. Puede que sea el único contacto con el mundo exterior para las personas mayores aisladas y con movilidad limitada, y será mejor que nada. Dondequiera que terminemos trazando la línea, debería ser nuestra decisión, tomada intencionalmente».

2. Las cosas buenas que hacemos con la IA podrían ser muy, muy buenas.

Junto a los numerosos riesgos expuestos por Gates en este «manifiesto», también dedica un amplio espacio a las cosas buenas que aporta, que son muchas. «Maximizar los beneficios es tan importante como minimizar los daños. Si la gente ve cómo la IA les facilita la vida, ayudará a generar la confianza pública necesaria para gestionar las partes más difíciles de la transición. Si lo primero que hace la IA en la vida de la mayoría de las personas es quitarles el trabajo, aquellos que ya se muestran escépticos al respecto la rechazarán rotundamente. Esto hará que sea más difícil obtener los beneficios y es otra razón por la que los gobiernos, las industrias, incluida la médica, y las empresas de inteligencia artificial deberían trabajar juntas ahora». A partir de aquí, declara los grandes principios digitales sobre la IA: «Con su capacidad para sintetizar conocimientos de todos los campos científicos, la IA puede acelerar la innovación en los desafíos técnicos más difíciles del mundo: proporcionar energía limpia y confiable para todos, combatir el cambio climático, cultivar suficientes alimentos, erradicar enfermedades y más. Los investigadores que trabajan en tratamientos contra el cáncer o en energía nuclear pueden utilizar la IA para buscar en cantidades masivas de literatura científica. Puede ayudarlos a identificar patrones que un humano podría pasar por alto y decidir qué experimentos ofrecen más promesas. Cuando la inteligencia ya no sea el factor limitante que es hoy, las empresas más pequeñas podrán competir con organizaciones que tienen presupuestos de investigación mucho mayores. La I+D y la innovación se verán potenciadas». Destaca el extraordinario impacto de la IA en la atención sanitaria: «Muchos hospitales estadounidenses pequeños carecen de especialistas en el lugar que puedan diagnosticar rápidamente a un paciente durante una emergencia que pone en peligro su vida. En esos lugares, la IA podría garantizar que un ataque cardíaco se detecte a tiempo y que una familia evite los enormes gastos de una emergencia médica. Viz.ai es un ejemplo. Analiza exploraciones para detectar accidentes cerebrovasculares y otras emergencias y ayuda a los equipos médicos a coordinar la atención de sus pacientes. Se utiliza en casi 2.000 hospitales de EE. UU.».

Gates ve en la agricultura el impacto más rápido de la IA en los países de bajos ingresos, porque «en la mayoría de estos países, los agricultores no reciben pronósticos meteorológicos fiables ni asesoramiento sobre qué semillas plantar, cómo proteger sus cultivos y ganado de las enfermedades o cómo mejorar sus suelos. Con el crecimiento demográfico en estos países y los desafíos del cambio climático, estos agricultores necesitan más ayuda que nunca. Gracias a la IA, los agricultores de bajos ingresos pronto podrán obtener mejor asesoramiento sobre todos estos temas que incluso los agricultores más ricos reciben hoy en día, y aumentar su producción sustancialmente. Igualmente importante y a destacar es el impacto de la IA en los servicios gubernamentales para facilitar la vida de las personas: «En Estados Unidos, he conocido familias que, comprensiblemente, se sentían abrumadas por el proceso de solicitud de seguro médico, ayuda estudiantil o asistencia alimentaria. Ante una enorme pila de complicados formularios burocráticos, muchos sentían ganas de rendirse. La IA puede simplificar los trámites drásticamente para que reciban la ayuda que necesitan más rápido y el gobierno pueda operar con mayor eficiencia. Los gobiernos pueden mejorar considerablemente la experiencia de los ciudadanos, empezando por aquellos que más necesitan sus servicios de protección social. También dedica una reflexión sobre la correcta aplicación de la IA en la salud mental: «La mayoría de las comunidades carecen de suficientes consejeros, psiquiatras y especialistas en adicciones. Con las medidas de protección de la privacidad adecuadas, las herramientas de IA podrían ayudar a las personas a reconocer las señales de alerta. Luego, si es necesario, pueden ofrecer estrategias de afrontamiento basadas en la evidencia y colaborar con un profesional humano para brindar un tratamiento más eficaz».

Por la necesaria brevedad científica a exponer en este artículo, destaco también un apartado en el ámbito de los beneficios de la IA en el sentido expuesto por Gates, de que “beneficie a todos y no solo a unos pocos privilegiados»: En todos estos ámbitos, la palabra clave es «puede»: la IA puede mejorar la vida de las personas en todos los niveles de ingresos. Pero no lo hará automáticamente. Como con cualquier nueva tecnología, debemos asegurarnos de que beneficie a todos y no solo a unos pocos privilegiados. Esto requerirá que los gobiernos y la filantropía desempeñen un papel fundamental para que los ciudadanos con menos recursos y los países de bajos ingresos se beneficien plenamente». Obviamente, Gates aprovecha la ocasión para exponer qué significa en estos momentos la IA en su Fundación: «a la Fundación Gates le quedan 19 años de los 20 en los que invertirá sus 200 mil millones de dólares restantes. La IA la ayudará a alcanzar sus ambiciosos objetivos, tanto acelerando el descubrimiento de vacunas y medicamentos para el VIH, la tuberculosis, la malaria y la desnutrición, como ayudando al personal sanitario y a los pacientes a saber cómo utilizar estas herramientas. Entre los objetivos de la fundación se encuentra reducir a la mitad la mortalidad infantil anual, como se logró entre 2000 y 2024. Todas nuestras iniciativas, no solo en salud, sino también en agricultura y educación, aprovecharán al máximo la IA».

Para acabar con lo expuesto en este «manifiesto», Gates proclama que «el mundo necesita un plan» ante la irrupción de la IA, aunque expone que este no debe ser definido por las empresas tecnológicas que en la actualidad lideran la IA, sino que las soluciones que se recojan en un Plan Mundial acordado por la generalidad de las naciones, «deberían desarrollarse a través de un proceso público democrático que incluya a funcionarios electos, formuladores de políticas, educadores, trabajadores de la salud, funcionarios locales y líderes comunitarios. La vida de millones de personas se verá alterada y necesitaremos una red de seguridad social más fuerte y flexible para ayudarles a gestionar la transición. Las comunidades locales ya están expresando su preocupación por la energía y el agua necesarias para los centros de datos. Sin soluciones, algunos grupos presionarán para detener por completo el desarrollo y la implementación de la IA».

Gates va a seguir trabajando en este ámbito y lo hará a través de tres grandes ideas que avanza en el manifiesto: «Construir un nuevo sistema para gestionar la transición.
La máxima prioridad es una tarea monumental: crear un marco nacional e internacional para abordar la IA» y no «podemos darnos el lujo de avanzar lentamente. El lugar para comenzar es con un proceso para construir las instituciones adecuadas antes de que la disrupción obligue a los gobiernos a entrar en crisis. Los líderes nacionales deberían convocar periódicamente a economistas, tecnólogos, expertos laborales, líderes empresariales y a los propios trabajadores para identificar dónde están fallando las instituciones existentes y qué nuevas autoridades pueden ser necesarias. Los países tendrán que aprender unos de otros. Y los países que albergan a los principales desarrolladores de IA y controlan partes críticas de la cadena de suministro deberían comenzar a reunirse ahora para establecer normas compartidas, antes de que la presión competitiva les dificulte la cooperación. Construir el marco del que hablo llevará años, razón por la cual debemos empezar ahora”.

La segunda idea que avanza Gates y que recojo sustancialmente en el título de este artículo, es que debemos reservar algunos trabajos para los humanos: «Creo que, a medida que la IA y los robots mejoren, reservaremos ciertas tareas exclusivamente para las personas. He empezado a llamar a este ámbito «Reservado para los Humanos», y es un ejemplo del tipo de ideas que tendremos que considerar. Me gusta la expresión «Reservado para los Humanos» porque me hace pensar en las reservas naturales: lugares donde podríamos construir edificios y carreteras, pero elegimos no hacerlo porque la pérdida sería demasiado grande. Podríamos reservar algo como «Reservado para los Humanos» por razones económicas. Por ejemplo, podríamos hacerlo porque permitir que las máquinas asuman ciertas funciones desplazaría a un gran número de personas que no pueden cambiar de trabajo fácilmente. No se le puede decir a una persona de 55 años que ha trabajado en la construcción toda su vida que debe trabajar en una residencia de ancianos y esperar que lo encuentre gratificante. A veces, la decisión de que un área esté reservada a la intervención humana estará motivada por otros factores. En el ámbito de la salud, por ejemplo, imaginemos que un robot nos da la terrible noticia de que tenemos una enfermedad incurable. No hay ninguna razón técnica por la que no pudiera hacerlo. Sin embargo, no debería». Ante lo expuesto, Gates reconoce que esta idea de «Reservado para Humanos», plantea numerosas preguntas para las que no tiene respuesta: «¿Quién decide qué reservamos para los humanos? ¿Qué criterios deberíamos usar? ¿Cómo evitar que las empresas hagan trampa y utilicen robots? ¿Qué sucede con el comercio internacional cuando un país permite que los robots fabriquen algo y otro no? Estas cuestiones deberán resolverse públicamente como parte del plan de transición».

Para finalizar su «Manifiesto», Bill Gates declara lo que está haciendo en este ámbito, que a mí me parece importante conocer y divulgar por medio de este cuaderno de inteligencia digital, que no artificial, como tantas veces he explicado en multitud de paginas: «Utilizaré mi voz y mi tiempo para que la IA y la equidad ocupen un lugar más prioritario en la agenda pública. Abordaré el tema con los legisladores cada vez que visite Washington, D.C., y en mis reuniones con líderes de todo el mundo. Será un tema central en mis conversaciones con quienes desarrollan modelos de IA. Defenderé el marco nacional e internacional que describí anteriormente. La Fundación Gates contribuirá a impulsar un uso beneficioso de la IA, incluso en África. Breakthrough Energy, una empresa que fundé, utilizará la IA para ayudar a las empresas a desarrollar energía limpia y asequible y a resolver el problema climático. También escribiré sobre IA con regularidad. Mi mensaje a los líderes es:

Tienen la oportunidad de actuar ahora, antes de que el desempleo aumente drásticamente, las comunidades sufran y la confianza pública se erosione. Pueden asegurarse de que su gobierno aborde el problema de forma integral, en lugar de dividirlo en múltiples feudos burocráticos. Pueden garantizar que la IA beneficie a todos. Y pueden colaborar con otros gobiernos para afrontar este desafío nacional y global».

Comparto sus palabras finales, como tercera idea a desarrollar con urgencia: «Esta tecnología sin precedentes exige una respuesta global sin precedentes. Si lo hacemos bien, el beneficio para la humanidad será extraordinario y el mundo será un lugar más equitativo. Rara vez dejo de pensar en la IA, no porque tenga todas las respuestas, sino porque las preguntas que plantea son demasiado importantes como para dejarlas en manos de un pequeño grupo de tecnólogos. Los líderes del mundo académico, empresarial, gubernamental y de la sociedad civil tienen un papel que desempeñar a la hora de dar forma al futuro».

En este contexto recuerdo hoy, especialmente, a Hipócrates (Cos, 460 a.C.-Larisa, 377 a.C.) en un libro precioso,  Sobre la enfermedad sagrada (Perì hierēs nousou), en el que afirmaba que “El hombre debería saber que del cerebro, y no de otro lugar vienen las alegrías, los placeres, la risa y la broma, y también las tristezas, la aflicción, el abatimiento, y los lamentos. Y con el mismo órgano, de una manera especial, adquirimos el juicio y el saber, la vista y el oído y sabemos lo que está bien y lo que está mal, lo que es trampa y lo que es justo, lo que es dulce y lo que es insípido, algunas de estas cosas las percibimos por costumbre, y otras por su utilidad…Y a través del mismo órgano nos volvemos locos y deliramos, y el miedo y los terrores nos asaltan, algunos de noche y otros de día, así como los sueños y los delirios indeseables, las preocupaciones que no tienen razón de ser, la ignorancia de las circunstancias presentes, el desasosiego y la torpeza. Todas estas cosas las sufrimos desde el cerebro”. Después de veintiséis siglos, hemos llegado a dar al cerebro la dimensión digital a través de la inteligencia humana, la única capaz de resolver problemas mucho más complejos de los que resuelve hoy la IA. Fundamentalmente, porque la inteligencia digital nos permite resolver problemas diarios con la ayuda de las tecnologías de la información y comunicación, cuando sabemos distinguir bien que pueden ser en algún caso de doble uso, porque no son inocentes. El cerebro humano, a través de la inteligencia y de la palabra, es el gran artífice para encontrar respuestas a través de Internet, como ya expuse en 2006, ¡hace veinte años!, en un post dedicado al siglo XXI, como el siglo del cerebro.

Es maravilloso el trabajo que realizan los científicos en torno a la IA, porque nos permiten ser optimistas en el conocimiento profundo del funcionamiento del cerebro, de sus aciertos y de sus errores y, sobre todo, de por qué enferma, con todo lo que supone la enfermedad mental hoy en todas y cada una de sus manifestaciones. Sé que es una cita clásica en este blog, pero siempre la recuerdo para que no olvide la quintaesencia del ser humano, sobre todo la de los que menos tienen, aunque posean el tesoro más preciado de la humanidad: el cerebro humano:  “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital” (Negroponte). Sin olvidar tampoco el mensaje preciso y precioso de Hipócrates de Cos que citaba anteriormente y que todavía hoy resuena en mi mente como algo transcendental en su contenido explícito a través de palabras, que aún nos quedan.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Preparémonos para lo peor, esperemos lo mejor y aceptemos la realidad de lo que venga después

Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

Hannah Arendt

Sevilla, 28/VIII/2026 – 08:43 h CET (UTC+2)

No es la primera vez que abordo esta reflexión de Hanna Arendt, en momentos difíciles de este país. Los últimos acontecimientos de Ceuta y la guerra sin cuartel de la derecha extrema y la ultraderecha contra el Gobierno actual, para ellos “ilegítimo” y que hay que cambiarlo cueste lo que cueste y con malas artes, junto a la descomposición del desorden mundial por las órdenes ejecutivas de Trump, que tanto afectan a la economía de nuestro país, entre otros impactos no inocentes y de gran importancia como es el “ideológico”, que propician el ocaso de la democracia, me llevan a volver al pensamiento central de la afirmación citada de Arendt, agregándole la obligada aceptación del principio de realidad de lo que venga después, porque es el más terco de todos los principiosaunque sin renunciar a ser «inaccesibles al desaliento». 

Por estos motivos enunciados y por otros muchos más en la misma línea, dado que al igual que Benedetti atravieso un pesimismo esencial y existencial, como “optimista bien informado” (Haiku 123, en Rincón de Haikus, 2001), vuelvo a publicar el contenido de un artículo de 2023, en torno a esta cuestión tan inquietante, buscando salidas al túnel de noticias sobre sucesos preocupantes para la salud física, mental y social, en el que nos encontramos en la actualidad.

Ante lo expuesto anteriormente, creo que es necesario agregar un matiz importante. La urgente búsqueda de la esperanza y el aliento de vivir dignamente, no son tareas que se puedan encontrar en el Gran Mercado Mundial, porque no se pueden comprar, no son mercancías. Es la razón de por qué defiendo la teoría de ser «inaccesibles al desaliento», reforzando principios y valores. En el fondo, blindar en la medida de nuestras posibilidades propias y asociadas, la coherencia ética personal y colectiva, como explicaba entonces, preparándonos para lo peor, esperando siempre lo mejor y aceptando el principio de realidad de lo que venga después, que todavía es un gran desconocido. De ahí la necesidad de valorar el carpe diem bien entendido, en su justo sentido: vivamos el día de hoy [Carpe diem]. Capturémoslo. No nos fiemos del incierto mañana.

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Inaccesibles al desaliento

Cuando preguntamos a nuestro alrededor ¿cómo va la cosa?, lo habitual es que te respondan siempre ¿no lo ves? ¡fatal! Y la cosa es un constructo universal que tiene nombres y apellidos de casi todo lo que se mueve. De ahí al conformismo más activo solo hay un paso. No hay pensamiento, aliento, espera, ni preguntas para saber por dónde va la cosa de los vientos del Sur, donde vivo, que también existe, como me recuerda con frecuencia Benedetti en su Soneto del pensamiento: «[…] sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos«. Un antídoto extraordinario, también, es asumir el principio de realidad de unas palabras de Hannah Arendt, que no olvido: Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

A pesar de estos refuerzos éticos, es muy difícil en estos tiempos tan modernos, tan críticos en diferentes frentes de nuestras vivencias diarias, permanecer inaccesibles al desaliento, no inasequibles, porque somos personas, no mercancías, como aprendí hace años de las lecciones magistrales de don Fernando Lázaro Carreter, cuando abordaba el mal uso de este adjetivo en su extraordinaria obra, El dardo en la palabra: […] la confusión no es sólo vulgar; pero es confusión, y debe ser evitada. Se trata, simplemente, de que no se aplica con rigor el adjetivo debido, y se acude a otro que se le parece. Tampoco los precios son asequibles, sino baratos, razonables, ajustados, justos… Son las cosas a que corresponden tales precios las que pueden serlo. O no, en cuyo caso son inasequibles. Lo que no puedo comprar o entender es para mí inasequible. Ténganlo en cuenta quienes se precian de ser «inasequibles al desaliento». Merecen nuestra enhorabuena, pero digan, por favor, inaccesibles y hablarán con propiedad”. Esta aclaración encomiable, viene precedida de un contexto lingüístico que tampoco tiene desperdicio: “Asequibles son sólo las cosas que pueden adquirirse para poseerlas; cosas variadísimas, que van desde las ideas a los garbanzos; y si no, léanse estos dos fragmentos tan dispares: «La gracia abrillanta las ideas, las adorna, las hace amar, las adhiere a la memoria, vierte sobre ellas una luz que las vuelve más asequibles y claras» (W. Fernández-Flórez, 1945). «Entre los garbanzos, tan vulgares y tan asequibles entonces, la carne de morcillo era lo selecto» (A. Díaz Cañabate, 1936). Con tales pasajes a la vista, bien claro está que calificar de asequible a una persona, es prácticamente desacreditarla como venal. ¡Qué distinta cosa hubiera dicho de aquella condesita Bretón de los Herreros [«La condesita, / aunque bocado de prócer, / es humana y accesible» (1838)], llamándola así! Aunque el paso se ha dado: el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón hace pensar de este modo a una dama, en una de sus espirituales novelas: «Era menester mucho aplomo y mucho dominio de sí misma para, sin preferencias por ninguno, ser con todos amable y asequible«. ¡Caramba con la dama! ¡Qué bien hubiese quedado el novelista escribiendo ahí accesible!”.

Aclarado este error histórico en el tratamiento no inocente de las palabras con las que nos relacionamos a diario, lo más importante de resaltar en esta locución es enfrentarse al significado de “desaliento”, lo que verdaderamente preocupa al mundo en este momento por su generalización, que el diccionario de la lengua española tiene claro desde el primer momento,  decaimiento del ánimodesfallecimiento de las fuerzas, llevándonos en directo a la palabra “desalentar” que, personalmente, es la que más me interesa en esta reflexión: quitar el ánimo a alguien. Con este circunloquio de palabras no inocentes, llegamos de nuevo a lo que pretendo analizar hoy: estamos viviendo una época en la que es difícil mantener una conducta inaccesible al desaliento. Si dejamos que las circunstancias actuales, en política por ejemplo, nos quiten el ánimo, es decir, la actitud, la disposición, el temple, el valor, la energía, el esfuerzo, la intención, la voluntad, el carácter, la índole, la condición psíquica de cada uno, de cada persona, es probable que perdamos la última acepción de este lema en nuestro vocabulario diario, porque al final nos quitan el fundamento principal del ánimo, el alma, el espíritu de cada uno como principio de la actividad humana.

Como a estas alturas de mi vida sólo me queda la palabra, sé el inmenso valor que tiene y lo importante que es su adecuado uso, no inocente casi siempre. Sobre todo porque temo un correlato fácil, el conformismo, si permito que cualquier acontecimiento o adversidad acceda a mi aliento, a mi ánimo, a mi alma humana. El conformismo por desánimo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los tibios y tristes, mediocres en definitiva, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa?, que decíamos al principio. Ahí es donde hay que poner las barreras éticas de la vida digna para sí mismo y para todos. Es probable que aquí sí tenga sentido el uso ordinario de la frase en cuestión, permanecer inaccesibles al desaliento, como primer paso, porque el mercado actual puede comprarlo con facilidad. Basta tomar decisiones desde una torre de Manhattan, con una tableta digital o un teléfono inteligente, para hacer sufrir al mundo, quitándole el ánimo para seguir viviendo. Por tanto, hay que luchar para que esta realidad económica mundial, entre otras muchas, que a veces se convierten en guerras incomprensibles, no acceda a mi alma de secreto y a la de todos, porque deberíamos aprender a ser inaccesibles al desánimo colectivoal desaliento.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¿Cómo se llama ese mes que está entre agosto y septiembre?

Pablo Neruda (1904-1973)

¿Y cómo se llama ese mes
que está entre diciembre y enero?
¿con qué derecho numeraron
las doce uvas del racimo?
¿por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
¿no te engañó la primavera
con besos que no florecieron?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, XLVI

Sevilla, 25/VIII/2026 – 11:55 h CET (UTC+2)

Cuando ya finaliza inexorablemente el mes de agosto, recuerdo una pregunta concreta y curiosa de Neruda que siempre me ha sorprendido. Es verdad que la vida está sujeta a un calendario gregoriano, católico, apostólico y romano por más señas. Días, meses y años, uno tras otro, sin parar y sin caminos intermedios. Horas, minutos y segundos, uno tras otro también, perfectamente organizados y sincronizados. Me vuelve a sorprender la primera pregunta del capítulo 46 (XLVI) de la obra de Neruda Libro de las preguntas, porque plantea una cuestión íntimamente relacionada con el tiempo y sus circunstancias: ¿Y cómo se llama ese mes / que está entre Diciembre y Enero? 

Quizás fue un día ya lejano, leyendo a Benedetti, cuando descubrí que él hablaba de cumpledías al referirse al consabido cumpleaños, como siempre, a modo de combate cuerpo a cuerpo con la vida ordinaria, con lo consuetudinario, porque ese cumpledías tiene lugar en un tiempo y en un momento particular de cada uno, “cuando en el instante en que vencen los crueles se entra a averiguar la alegría del mundo y mucho menos todavía se nota cuando volamos gaviotamente sobre las fobias o desarbolamos los nudosos rencores”.

Neruda hace una pregunta inquietante, hilvanada con otras a cual de ellas más interesante, cuando descubrimos que el calendario de nuestra vida es lo más íntimo de nuestra propia intimidad (íntimior íntimo meo, que decía San Agustín), sin casi nada que ver con el almanaque gregoriano que nos invade a través del Mercado, tan medido, tan tirano, aunque todo se presente a veces como una obligación cronológica sin más.

¿Y cómo se llama ese mes
que está entre Diciembre y Enero?
¿Con qué derecho numeraron
las doce uvas del racimo?
¿Por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
¿No te engañó la primavera
con besos que no florecieron?

Todo es tiempo y ya lo he analizado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Casi siempre he enmarcado mis reflexiones en torno a un tratado existencialista, Qohélet (Eclesiastés), donde se detallan veintisiete momentos cruciales del ciclo vital de cualquier persona y su entorno desarrollado con un denominador común llamado “tiempo”, en una dialéctica permanente de contrarios: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Es muy importante destacar que en las diferentes formas de vivir expuestas anteriormente, existen muchas realidades positivas, catorce concretamente: nacer, plantar, sanar, edificar, reír, danzar, abrazarse, buscar, guardar, coser, callar, hablar, amar y vivir en paz. Comprobamos de esta forma que la historia de las experiencias vitales humanas obedece a la búsqueda de un sano equilibrio con los tiempos difíciles de las restantes experiencias que podríamos calificar como negativas (con matices).

Quizás ha llegado el momento de interpretar el tiempo fuera de su encorsetado cronograma y primar esta búsqueda de razones positivas para vivir cada segundo de cada día, de cada mes, para que parezca que el tiempo se detiene en un ciclo que sólo tiene un nombre: felicidad, porque hay que sacar tiempo para disfrutar lo que dice Qohélet (una persona que le gusta vivir en comunidad, compartir), porque era la experiencia de sus antepasados a lo largo de los siglos, aunque para que no se nos suban los humos a la cabeza (todos podemos ser histéricos, palabra derivada de la griega “ústéra”, útero, que explica que los humos se nos suben a la cabeza y así nos va…), él nos dice que seamos prudentes a la hora de valorar las 27 experiencias de los tiempos de cada uno, de cada una, en su totalidad y entender qué significado tiene vivir, aunque sea de forma temporal propia, apasionadamente.

Con esta perspectiva, lo de menos es cuantificar el tiempo en horas y días, por ejemplo, cuando parece que se detiene “como si no pasara o se nos fuera casi sin darnos cuenta” en nuestra realidad más próxima. Comprenderemos mejor las preguntas restantes de Neruda, porque cuando somos felices, durante un tiempo, creemos que los meses duran a veces años y que la primavera de besos y abrazos necesarios puede aparecer en cualquier estación del año. O no. De ahí sus inquietantes preguntas llevadas a este mes de agosto, por ejemplo. La respuesta no está en el viento, que diría Bob Dylan, sino en la forma que tiene cada persona de interpretar el tiempo que nos pertenece y atrapa sine die casi sin darnos cuenta. 

Descubrimos, entonces, una respuesta inteligente a la pregunta de Neruda: lo de menos es el mes que pasa y el que viene. Lo importante es vivir cada carpe diem en estado puro, porque a cada día le basta su propio afán, sin mezcla de calendario alguno, de días de santos y santas, con sus fiestas de guardar o los controlados férreamente por el Mercado. Al fin y al cabo todo se resume en la tercera pregunta de Neruda (capítulo 46 – XLVI), citada al principio: ¿por qué no nos dieron extensos meses que duren todo el año? Roma y la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, no sé si hoy día sabrían responder en su afán de controlar siempre la vida humana, de forma no inocente, no respetando algo “sagrado”: el tiempo individual y colectivo que esa vida concreta lleva dentro.

Para corroborar lo anterior, recuerdo algo que aprendí de Antonio Machado, sin el corsé impuesto por la cronología oficial: Hoy es siempre todavía (Proverbios y Cantares, VIII). Mañana, también y así siempre.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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