Monterroso y Galeano asumirían hoy las palabras de Felipe VI sobre los “muchos abusos” en la conquista de América

Augusto Monterroso / Eduardo Galeano

El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.

Eduardo Galeano, en Ser como ellos y otros artículos.

Sevilla, 19/III/2026 – 08:00 h UTC (CET+1)

Durante una visita a la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, que se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional desde el pasado 3 de diciembre de 2025 y próxima a clausurarse, el Jefe del Estado, Felipe VI, manifestó durante una conversación informal con el embajador de México en España, Quirino Ordaz, que “hubo mucho abuso” y “controversias éticas” en la colonización de América por parte de los conquistadores españoles: “Hay cosas que, cuando las estudiamos, las conocemos, dices: bueno, en nuestro criterio de hoy en día, con nuestros valores, pues obviamente no pueden hacernos sentir orgullosos, pero hay que conocerlo y en su justo contexto, no con excesivo presentismo moral, sino con un análisis objetivo y riguroso”.

Museo Arqueológico Nacional – Exposición sobre “La mujer en el México indígena”

Estas palabras han levantado una polvareda incomprensible en la derecha extrema y en la ultraderecha de este país, con frases como las del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, en total desacuerdo con lo expresado por el Rey, porque lo que había que respetar era el “legado español” en América y que “hacer ahora un examen en el siglo XXI de las cosas que ocurrieron en el siglo XV es un disparate”. Palabras seguidas por las de la presidenta de la Comunidad de Madrid, en su tono habitual, que se resume en las siguientes palabras como botón de muestra de su verborrea indigna: “Llegamos los de la cruz y pusimos un nuevo orden. Y, sobre todo, una forma de entender que la vida es sagrada y que había que civilizar y trasladarle al Nuevo Mundo una forma diferente de vivir. Es de lo que estoy muy orgullosa y he reivindicado siempre”. Hasta aquí los hechos, sin obviar el nuevo calificativo de desprecio absoluto al Rey, por parte de representantes de la ultraderecha, llamándole “Felpudo VI”.

Visto lo visto ante este ardor celtibérico y nacionalista casposo, hay que señalar que México ha reaccionado bien, entendiendo que estas palabras de Felipe VI significan un acercamiento a la petición de perdón que en 2019 pidió el expresidente mexicano López Obrador al rey, mediante una carta que no obtuvo respuesta.

Estos son los hechos que me han recordado a un escritor de la brevedad, Augusto Monterroso, maestro por excelencia en expresar la síntesis de la vida con sus palabras y prosa poética, a través de un relato que no olvido, El eclipse, que recojo hoy como símbolo de lo que verdaderamente ensombrece el furor actual de la Hispanidad en la conquista de América:

Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.

Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras o los aztecas en México. No les hacía falta la insolencia divina y humana del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos. Al buen entendedor, pocas palabras bastan, porque la inculturación es la que sabemos que ocurrió y no con las mejores artes por parte de la Corte y la Iglesia del siglo XV y siguientes, es decir, el proceso de integración de muchos territorios “conquistados” para la Hispanidad, en la cultura y en la sociedad de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con la que entró en contacto desde el descubrimiento de América por los españoles, cuando no se respetaron las culturas y creencias propias que ya estaban allí desde hacía muchos siglos antes de que llegara la evangelización a sus tierras y parentelas. También por reyes que asolaron tierras fértiles y con personas dentro.

Al final, un eclipse acabó con aquella aventura de Guatemala, por la insolencia del poder divino sobre el rey Sol de toda la vida. Nada que censurar hoy al comentario de Felipe VI, por tanto, adhiriéndonos, junto a este texto iluminador de Monterroso, a las bellas palabras de denuncia pública de Galeano, sobre una Hispanidad y Colonización de América muy mal entendidas.

(1) Galeano, Eduardo, Ser como ellos y otros artículos, 1992. México: Siglo XXI Editores.

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