Sevilla, 25/III/2026 – 07:51 CET (UTC+1)
Comienzo hoy una nueva serie en este cuaderno digital, como en ocasiones electorales anteriores, al haberse anunciado por el presidente andaluz la convocatoria de las elecciones al Parlamento de esta Comunidad, el domingo 17 de mayo, que a priori no le inquietan como candidato, porque según manifestó ayer en una entrevista radiofónica, lo que le da más miedo de estas elecciones es “el exceso de confianza porque no tengo adversario político”. Con esta autosuficiencia, creo que mal empieza, con un gesto de ninguneo político ante lo que la ciudadanía andaluza tiene que decir ante las urnas.
Poco a poco, nos iremos acercando a una fecha transcendental para el futuro de la democracia en Andalucía y, probablemente, para el país. Sé que se propaga con facilidad pasmosa el pan y circo político para todos, modernizado, incluso utilizando de forma retorcida los medios digitales a nuestro alcance, por tierra, mar y aire, en un jiji, jajá permanente y eurovisivo, para quedarnos instalados -en la dialéctica de Blas Pascal- con el divertimento electoral más que con el compromiso, que en francés suena muy bien: divertissement frente a engagement. Lo que no olvido, es que el próximo 17 de mayo se votará a los representantes políticos de diferentes partidos, que nos representarán durante la próxima legislatura en el Parlamento de Andalucía. En este sentido, deseo tomar partido ya, nunca mejor dicho, participando activamente en este periodo preelectoral mediante el compromiso intelectual y de vida, que también existen, utilizando un medio tan maravilloso como es la palabra, que todavía nos queda (Blas de Otero, dixit), así como el análisis de los verdaderos hechos democráticos cuando son amores y no solo buenas razones.
Sobre una idea forjada en un anuncio inolvidable de Apple publicado en 1997, ante unas elecciones transcendentales en Andalucía, escribo hoy en un acto responsable como ciudadano al que preocupa la deriva política de este país tan dual y cainita, la de mi Comunidad, con visos evidentes de ocaso de la democracia y recuperación manifiesta de la derecha extrema y ultraderecha pura y dura, rememorando tiempos muy tristes para este país.
Es de tanta importancia lo que va a ocurrir en Andalucía a partir del 17 de mayo próximo, con la que está cayendo en este mundo gobernado por un nuevo emperador desnudo, Donald Trump o lo que está sucediendo en nuestra Comunidad, con gravísimos problemas en los pilares del Estado de Bienestar, tan deteriorados socialmente en la actualidad y sobre los que debería sustentarse el devenir diario en Andalucía, que la situación me lleva a reflexionar que pensar y votar de forma responsable es a veces un asunto de locos, inadaptados, rebeldes y de problemáticos. Los que no encajan en ningún sitio. Aquellos que ven las cosas de otra manera, utópicos por definición. No siguen las reglas. Y no tienen ningún respeto por seguir pensando y haciendo solo lo establecido. Es verdad que puedes citarlos, puedes no estar de acuerdo con ellos, puedes glorificarlos o vilipendiarlos, pero la única cosa que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Ellos impulsan la humanidad hacia adelante, porque el mundo solo tiene interés cuando va así, hacia adelante. Y mientras algunos los ven como locos, nosotros vemos genios. Porque la gente que está lo suficientemente loca como para pensar que con su voto pueden cambiar el mundo, Andalucía, transformándola para alcanzar su bienestar común, distribuido, sin ir más lejos, es la que logra hacerlo. En beneficio del interés general, no el de unos pocos, sin dejar a nadie atrás, cuidando especialmente a los nadies, las nadies, en defensa del mejor Estado de Bienestar posible, protegiéndonos del poderoso caballero Don Mercado, porque las personas no deben ser mercancía para nadie. Es lo que me lleva a pensar… y votar de forma diferente.
Espero como agua de mayo, nunca mejor dicho, la publicación inmediata de los programas políticos de los partidos con posible presencia en el nuevo Parlamento de Andalucía que salga de las urnas, con objeto de conocer bien sus objetivos y la ideología implícita o explícita en ellos, porque partimos de la base de que ninguno es inocente, pero no todos transforman de la misma forma la sociedad, porque todos no son iguales. Es la única forma que conozco de emitir posteriormente un voto responsable, bien informado y que responda a mi ideología socialdemócrata, para no llamarme después a engaño.
Recuerdo en este contexto a un político canadiense, Michael Ignatieff, tantas veces citado en este cuaderno digital, que publicó un libro de lectura obligada para personas inquietas en política, Fuego y cenizas (1), cuando afirmaba algo que me parece transcendental en el acto de votar en unas elecciones: “El ideal democrático es la fe, continuamente puesta a prueba, en que los hombres y mujeres corrientes puedan elegir adecuadamente a aquellos que van a gobernar en su nombre, y en que aquellos que elijan puedan gobernar con justicia y compasión”. No he olvidado la experiencia política de Ignatieff en su país natal, Canadá, desde 2008 a 2011, liderando la oposición y con una clara opción a gobernar ese país como Primer ministro. Un profesor universitario en Harvard que fue captado para iniciar una carrera política implacable, tal y como nos la narra él en sus reflexiones cargadas sobre todo de sentimientos y emociones, éxitos y fracasos, fuego y cenizas. Sobre todo, porque expuso también una idea clave para los pesimistas en política, que siguiendo a Benedetti, suelen ser optimistas bien informados: “nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”.
Estamos avisados y sabemos que el acto de votar nunca es inocente. Andalucía merece una transformación social de las estructuras básicas del Estado de Bienestar, sanidad, educación, dependencia y vivienda, por la aplicación de políticas públicas en beneficio de los cerca de nueve millones de habitantes que conformamos esta Comunidad.
(1) Ignatieff, Michael (2014). Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política. Madrid: Taurus.
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