
Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos.
Manuel Rivas, Lo que hace daño
Sevilla, 8/IV/2026 – 07:45 h CET (UTC+2)
No espero milagros en las elecciones al Parlamento de Andalucía del próximo 17 de mayo, en mi convencimiento de que no existen políticas inocentes, neutras, porque siempre llevan ideología dentro y todas no son iguales. Personalmente, defiendo la política del socialismo democrático que garantice las bases del Estado de Bienestar, que no todos los partidos defienden en sus programas, mucho menos en la situación actual de polarización política llevada hasta las últimas consecuencias por las máquinas de fango que manejan a su antojo las derechas y ultraderechas de este país y de esta Comunidad, en su amplio espectro de siglas, junto a sus aparatos mediáticos apoyados por el poderoso caballero don dinero.
Sólo en los gobiernos democráticos, sobretodo en los de la izquierda de esta Comunidad, es donde se hace posible la transformación de la sociedad andaluza de la mejor forma posible, por su capacidad legislativa, donde hay una palabra mágica que no hay que traicionar: unidad y consenso para no ser vencidos. Eso sí, sin esperar milagros, porque es suficiente con que la política no haga daño a nadie, que es el principal “milagro”, terrenal y cercano, como decía mi admirado escritor Manuel Rivas en su columna del domingo electoral europeo, de 26 de mayo de 2019, en el diario El País, cuando hablaba de lo que hace verdaderamente daño a la política, nacional y europea: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.
Personalmente, no espero milagros en la nueva Legislatura Andaluza, que salga de las urnas democráticas, pero sí la continuidad del blindaje del Estado de Bienestar, que garantice la solidaridad social que tanto bien hace a nuestra Comunidad desde hace décadas y que tanto he defendido a lo largo de los años de vida de este cuaderno digital, sólo posible a través de un gobierno en Andalucía que frecuente un presente y un futuro más amables para el territorio sobre el que tiene responsabilidades públicas de gran calado institucional, sin discriminación alguna, pero con la imprescindible salvaguarda de la equidad en todo los terrenos posibles, sin dejar a nadie atrás, fundamentalmente a los que menos tienen, a los nadies señalados y defendidos por Eduardo Galeano, como los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida… Concretamente y a título de ejemplo, no haciendo daño a los pacientes en esta Comunidad en unas insufribles listas de espera en atención especializada y quirúrgica, con un sumatorio total de 1.060.095 pacientes, según datos de 2025, en una situación verdaderamente lamentable desde la perspectiva de servicios públicos de primera necesidad en el ámbito de salud, que no responden a garantías mínimas exigibles a un Estado de Bienestar.
Igualmente y como utopiano de pura cepa, sigo pensando que las ideologías progresistas son las que seguirán marcando el curso de la historia, frecuentando el futuro, tal y como lo expresó de forma excelente el filósofo George Lukács en El asalto a la razón: “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).
La mediocracia, es decir, el gobierno de los mediocres, está haciendo estragos por donde pasa y ya está instalada también en Andalucía como actitud política, siendo conscientes del daño que hace, atendiendo a lo expuesto por Jorge Wagensberg en un aforismo que no olvido, en el que decía que lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud, dado que todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir. Por esta razón concreta y visto lo visto con las derechas y ultraderechas autonómicas, cerriles y mediocres por definición, me corresponde como ciudadano que defiende el Estado de Bienestar a ultranza, para todos y sin discriminación alguna, descubrir y desenmascarar las maniobras oscuras de la mediocracia con poder, especialistas en hacer daño, sin esperar que vengan los demás a solucionarnos los problemas que nos rodean y, para decirlo bien alto y claro, porque todos no somos iguales y porque estoy convencido de que la política no debería hacer daño a nadie. Sólo debe existir esta igualdad ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, como dice el Artículo 14 de nuestra Constitución. Aunque cuando la mar política tras las elecciones al Parlamento de Andalucía esté en calma y la dirección de la mina democrática en la que vivimos no sufra más sobresaltos, tengamos que volver con la cabeza bien alta a la contramina o a la sala de máquinas en la que tanto nos gusta trabajar a los utopianos, para seguir navegando y cavando en la igualdad que tanto necesitamos todos para alcanzar la libertad, sin excepción alguna. De lo contrario sucederá lo que ya nos advirtió Benedetti sobre los peligros del conformismo y la mediocridad: sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos // la mente se acostumbra a ese vacío / no sabe ya de nortes ni de sures / no sabe ya de invierno ni de estío (2).
Ante lo anteriormente expuesto, comprendo mejor que nunca lo manifestado por Manuel Rivas en 2019, en un contexto idéntico al del próximo 17 de mayo: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.
(1) Lukács, G, El asalto a la razón, Barcelona: Grijalbo, pág. 5. 1976.
(2) Benedetti, Mario, Soneto del pensamiento, en Testigo de uno mismo. Madrid: Visor Libros, pág. 122, 2014 (2ª ed.).
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