Cuando nos faltan las pequeñas y simples cosas

Amaia Romero interpreta ‘Las simples cosas’, en Amarga Navidad

Sevilla, 4/IV/2026 – 14:18 h CET (UTC+2)

Anoche salí sobrecogido y pensativo de mi cinema paradiso habitual, al finalizar la proyección de la última película de Pedro Almodóvar, Amarga Navidad, en la que el director manchego vuelve a profundizar en asuntos personales de hondo calado existencial. Me gustó mucho y sentí el dolor que encerraba el hilo conductor de su guion, cantado por la voz cálida de Amaia Romero, versionando con su gusto habitual un clásico de Chavela Vargas, Las simples cosas:

Uno se despide
Insensiblemente
De pequeñas cosas
Lo mismo que un árbol
En tiempo de otoño
Se queda sin hojas

Al fin, la tristeza es la muerte lenta
De las simples cosas
Esas cosas simples
Que quedan doliendo
En el corazón

Uno vuelve siempre a los viejos sitios
Donde amó la vida
Y entonces comprende cómo están ausentes
Las cosas queridas

Por eso, muchacha, no partas ahora
Soñando el regreso
Que el amor es simple
Y a las cosas simples las devora el tiempo

Uno vuelve siempre
A los viejos sitios
Donde amó la vida

Como dice la canción, uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida. He abierto este cuaderno digital por el año 2017, porque recuerdo un post que escribí en memoria del “cantor” Daniel Viglietti, Cuando nos faltan las pequeñas cosas, como homenaje a las “pequeñas cosas, aparentemente simples, que amamos a lo largo de la vida”, cantadas admirablemente por Joan Manuel Serrat.

Conocí a Daniel Viglietti en 1969, un referente de mi universo musical, a través de Víctor Jara, por la letra de una canción, A desalambrar, que resuena muchas veces en mi cerebro de secreto, recordando con cierta nostalgia cómo enseñaba a mis alumnos y alumnas, a descifrar su letra en tiempos de la dictadura franquista: 

Yo pregunto a los presentes
si no se han puesto a pensar
que esta tierra es de nosotros
y no del que tenga más.Yo pregunto si en la tierra
nunca habrá pensado usted
que si las manos son nuestras
es nuestro lo que nos den.¡A desalambrar, a desalambrar!
que la tierra es nuestra,
tuya y de aquel,
de Pedro, María, de Juan y José.Si molesto con mi canto
a alguien que ande por ahí
le aseguro que es un gringo
o un dueño del Uruguay.

He vuelto a escuchar ese dúo fantástico y ejemplar, Viglietti-Serrat, cantando Aquellas pequeñas cosas, las simples ahora de Chavela Vargas, Amaia Romero y las de Pedro Almodóvar, porque en Amarga Navidad muestra su desnudez vital extrema en cada plano con excelente color, nunca inocente.

Resuenan hoy en mi interior, ambas canciones, volviéndome a reencontrar con Joan Manuel Serrat y sus palabras sobre el hombre nuevo, el canto nuevo, el mundo nuevo, la sociedad nueva, la política nueva, gracias a lo que dibujó con palabras Daniel Viglietti y que Serrat cantó junto a él con su compromiso habitual. Son pequeñas cosas que me enseñó también Serrat, en momentos transcendentales para desalambrar este país, que era conveniente valorarlas en su justo sentido: Uno se cree / Que las mató / El tiempo y la ausencia. / Pero su tren / Vendió boleto / De ida y vuelta. Palabras cantadas también por Viglietti, que tanto agradezco hoy recordando su ausencia en momentos especiales de este país, para desalambrarlo del neofascismo que nos rodea, aunque ahora esta realidad y lo que está pasando y estamos viendo a diario, no nos permitan disfrutar de las pequeñas cosasQue nos dejó un tiempo de rosas / En un rincón, / En un papel / O en un cajón.

Y en este rincón de pensar y meditar sobre las cosas pequeñas y simples, que / el viento arrastra allá o aquí / que te sonríen tristes y / nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve, confieso que a veces me quedo llorando —como finaliza la cancióncuando haciendo un alto en el complejo camino de la vida, nadie me ve

Es la razón y no otra de por qué vuelvo siempre a los viejos sitios donde amé la vida.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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No olvido la ejemplaridad de Jesús de Nazaret, según Pier Paolo Pasolini

Primer plano de Jesús de Nazaret (Enrique Irazoqui), en Il vangelo secondo Mateo (1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini

Sevilla, 4/IV/2026 – 07:06 h CET (UTC+2) – Actualizado

Las manifestaciones artísticas en procesiones y oficios varios, en esta Semana tan especial, Santa para algunos, Laica para otros, están basadas en una tradición histórica sobre la pasión y muerte de un personaje histórico, Jesús de Nazareth. Desde el Domingo de Ramos y hasta mañana, el de Resurrección, se condensa en una semana trágica la vida y obra de uno de los personajes imprescindibles de la Humanidad, que me gusta tratar como ciudadano Jesús. Lo escribí el martes pasado, cuando me refería a él, en su ataque continuo de humanidad, recogido así por los cronistas de la época, cuando se cansaba y se dormía en el cabezal del barco porque estaba hecho polvo, (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema La Saeta: ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar! Lo digo con un gran respeto a la fe de mis mayores.

En este contexto, también es verdad que recuerdo siempre una película clásica y de culto sobre la vida de Jesús de Nazareth, El evangelio según Mateo (Il vangelo secondo Mateo, 1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini (1922-1975), que me sigue emocionando en el recuerdo personal, transferible hoy, por su mensaje humano y tan cercano a la vida cotidiana de las personas. Pasolini hizo con esta película un cine diferente, singular, diverso: “Jesús (interpretado por Enrique Irazoqui) es mostrado continuamente caminando entre el desierto o entre pueblos en ruinas. Su mirada, como la de Pasolini, no evita a los leprosos ni a los cojos, sino que se detiene en ellos; la cámara, por su parte, se complace, por ejemplo, en la mano del mesías que acaricia los rostros marchitos de quienes acuden a él para encontrar salud. El contacto entre dos cuerpos alivia, de ahí la alegría del rostro de la adolescente María (Margherita Caruso) al ver regresar a José, al saber que, sin importar lo que digan los demás, él ha decidido estar con ella” (1). José demostró siempre que fue un gran compañero.

Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta

Me emocionó esta película cuando la vi de nuevo en Roma en 1976, sabiendo como sabía que aquella ciudad era un peligro para caminantes (Alberti, dixit) que hacen camino al andar. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Por ejemplo, sé que una obra espléndida de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ganadora del XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022, el año en el que se cumplía el centenario del nacimiento del director italiano, sirve para conocerlo en profundidad, como “último profeta”. Hay que leerla en estos días santos o laicos, según se crean, sientan o miren.

En el fondo, estas palabras son un nuevo homenaje personal al cineasta italiano, del que tanto aprendí a comprender el valor de la vida alternativa y de compromiso político y social, con la pasión dentro (nunca mejor dicho), como él la mostró en una obra también excelente, Teorema, tan incomprendida por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto, hasta el punto de haberse arrepentido de haberle entregado un premio por ella, en 1968, cuando descubrió cuál era su auténtico mensaje y no la posibilidad de que el Espíritu Santo entrase en cada uno de nosotros, que fue lo que constituyó el móvil del premio. Cuando se descubrió que Pasolini volaba más bajo que el espíritu, la institución se arrepintió y explicó a los cuatro vientos su voto. El anatema estaba servido. En definitiva muy poca gente había entendido el mensaje real de la película: no es necesario invocar a los espíritus para llenarse de amor en vida, cualquier amor. 

Desgraciadamente, no le salvó nunca su magistral interpretación laica de la vida del ciudadano Jesús de Nazareth, en su forma de leer para el siglo XX el evangelio según Mateo. Quizás tampoco hoy día, en pleno siglo XXI, en un universo tan descreído y alejado del espíritu del bien humano, a pesar de que seguimos sufriendo mucho con la intolerancia y ausencia radical de valores que nos asola a diario.

Comprendo hoy, mejor que nunca, unas palabras de Pasolini que no olvido, hilo conductor de su gran película: “Me interesa el extremismo de Cristo, su modo tajante de cerrarse en banda, su radicalismo total y absoluto. Cristo perdona fácilmente los pecados individuales, pero es intransigente con los sociales”. Palabra de Pasolini.

(1) https://cinedivergente.com/el-evangelio-segun-san-mateo/

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