
Sevilla, 11/IV/2026 – 08:21 h CET (UTC+2)
Siempre me ha sorprendido el cuadro “El Cuarto Estado”, al que hizo tan famoso la película “Novecento” de Bertolucci. Lo contemplé a diario en los meses que duró la promoción de la película, cuando vivía en Roma en 1976, a través de las ventanillas de los autobuses 881 y 62, camino de mi Facultad. Descubrí entonces que en caminar juntos, con conciencia de clase, está el secreto de la vida.
Caminar juntos en política también es imprescindible. Cuando tenemos por delante el momento sublime de tomar decisiones en política, depositar el voto responsable en las urnas, también es la ocasión de hacerlo para consolidar el Estado del Bienestar. El 17 de mayo, en Andalucía, tenemos la oportunidad democrática de demostrarlo, porque todos los partidos no piensan lo mismo y lo más peligroso es que en plena mediocracia, el gobierno de los mediocres, algunos partidos alcanzarán el poder para hacer daño a la democracia y desunir al pueblo. Estamos avisados.
Ya se sabe, por ejemplo, que en las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, el 17 de mayo, concurrirán veintisiete partidos políticos, de todo tipo, algunos con nombres desconcertantes y preocupantes como «Escaños en blanco para dejar escaños vacíos», junto con tres coaliciones, haciendo un total de treinta formaciones políticas, habiéndose registrado oficialmente como partidos en la Junta Electoral de Andalucía. Este es el panorama electoral para el próximo 17 de mayo en Andalucía, pero hoy quiero manifestar alto y claro mi pre-ocupación (con guion) con el avance real de la derecha extrema y la ultraderecha de nuestro país, obviamente la de nuestra Comunidad.
En este blog he escrito en bastantes ocasiones sobre el drama de la desunión de la izquierda que, para quienes hemos luchado y cantado lo contrario, es una realidad vergonzante en este país, en mi Comunidad, a pesar de los esfuerzos de algunos líderes por unir fuerzas de izquierda ante las elecciones generales y autonómicas que correspondan. Sé, también, que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo y sentimiento de clase no importaba sentirse parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas, que no ocultaban tampoco sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de sus «utopías», como “los de siempre”, para tranquilizar sus conciencias, han llamado y siguen llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general y de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero).
Ante este drama y visto lo visto en las últimas elecciones de Extremadura, Aragón y Castilla y León, y ante las próximas elecciones en Andalucía, creo que la izquierda debe alzar la voz y gritar a los cuatro vientos que hasta aquí hemos llegado en este país, en Andalucía, que tiene que organizarse urgentemente, olvidar rencillas y disputas cortesanas, y dedicarse a formar una alternativa de progreso y cambio que devuelva a través del Gobierno, del Congreso, del Senado y del Parlamento andaluz, en el contexto electoral actual, el sentido de la vida y de la dignidad humana a todo el país y a mi Comunidad, sobre todo a millones de personas que malviven por la pobreza severa y exclusión social, por las insufribles listas de espera en la atención especializada y quirúrgica de la sanidad pública, por la imposibilidad de acceder a alquileres dignos de viviendas, no digamos a la propiedad, las listas de espera también en las prestaciones sociales para las personas mayores con dependencia y que, a pesar de todo, piensan de forma ingenua, porque no les queda otra, que un día no muy lejano se resolverán sus dramáticas situaciones personales y familiares. Mientras, los agoreros mayores del reino de nuestro país, de mi Comunidad, piensan que fuera de la derecha no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad.
Creo que ha llegado el momento de actuar. Con independencia de lo que puedan hacer los partidos de izquierda o de abajo, los de toda la vida al final, deberíamos aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, desde las bases ciudadanas de la izquierda popular, para luchar por un futuro digno, propio y ajeno, como muchos aprendimos de la voz de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique y que no me avergüenza citarla todavía hoy, como hacía recientemente en este cuaderno digital. Deberíamos celebrar encuentros en la calle, tomarla en el sentido más democrático del término, inundar las redes de mensajes solidarios de la izquierda digna, publicar artículos en blogs y mensajes en redes sociales, plantear debates en el tejido asociativo en el que estemos insertos, estar presentes en todos los medios de comunicación y celebrar actos en la Universidad, ¡ay, sus silencios cómplices!, entre otras muchas actividades, para demostrar y demostrarnos que todavía hay una solución a la gobernabilidad de este país, de Andalucía ante las próximas elecciones, sin tener que esperar pacientemente y en silencio cómplice a no se sabe cuándo y qué permitiría la urgente reunificación de la izquierda. Es imprescindible la movilización social y las redes sociales son esenciales para organizarnos y encontrarnos en lugares abiertos, en la Noosfera (la piel pensante que envuelve el mundo), para demostrar que otro país y otra Andalucía es posible. Por mi parte, porque comparto con Luis Cernuda la definición de esta tierra como un sueño que los andaluces llevamos «dentro».
Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras de unidad popular en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para este país, para mi Comunidad, ante las próximas elecciones del 17 de mayo. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena, porque si la izquierda digna y unida adquiere fortaleza electoral que se convierta en votos, permitirá que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasen las personas libres para construir una sociedad mejor. Palabras de Salvador Allende y ¿por qué no?, también nuestras.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
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