
El Después nos espera / con las brasas y los brazos abiertos / ah pero mientras tanto / vemos pasar con su cadencia/ la muerte meridiana de los otros / los más queridos y los no queridos
Mario Benedetti, El Después (1)
Sevilla, 2/XI/2026 – 17:11 h CET (UTC+1)
Este artículo lo quise publicar el día del accidente ferroviario en Urda (Toledo), el pasado 28 de octubre. Cuando iba a pulsar “publicar”, saltó en mi pantalla la primera noticia del trágico choque de trenes. Lo que ocurrió ya se sabe y lo hemos visto repetidas veces. Nos quedaba el silencio atronador, la conmoción nacional y asumir que siempre está el después que cada uno, cada una, tiene que asumir como pueda y sepa hacerlo o vivirlo.
Pasado el luto oficial, vuelvo de mi corazón herido a mis asuntos democráticos. Soy muy consciente de que en este Después, me queda la palabra.
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Los árboles de las tragedias humanas tan recientes en el país han impedido —por una actitud personal y colectiva, política y ética sobre todo—, ver el bosque en el que nos adentramos en estos días preelectorales. Este después tan desconcertante, me ha llevado a entrar en mi clínica del alma, mi biblioteca, donde ocupa un lugar preferente desde 2021 un libro que releo con frecuencia, El ocaso de la democracia, con un subtítulo preocupante, La seducción del Autoritarismo.
Lo he recuperado en estos días, recordando su sinopsis oficial, como hago siempre, porque considero necesario animar a los demócratas a leerlo en profundidad, en este caso porque necesitamos hacerlo ahora en nuestro país, más que nunca, por el auge de la derecha extrema vestida con piel de cordero y de la ultraderecha: “Las democracias occidentales modernas están bajo asedio y el auge del autoritarismo es una cuestión que debería preocuparnos a todos. En El ocaso de la democracia, Anne Applebaum (premio Pulitzer y una de las primeras historiadoras que alertó de las peligrosas tendencias antidemocráticas en Occidente) expone de forma clara y concisa las trampas del nacionalismo y de la autocracia. En este extraordinario ensayo explica por qué los sistemas con mensajes simples y radicales son tan atractivos. Los líderes despóticos no llegan solos al poder; lo hacen aupados por aliados políticos, ejércitos de burócratas y unos medios de comunicación que les allanan el camino y apoyan sus mandatos. Asimismo, los partidos nacionalistas y autoritarios que han ido tomando relevancia en las democracias modernas ofrecen unas perspectivas que benefician exclusivamente a sus partidarios, permitiéndoles alcanzar unas cotas de riqueza y poder inigualables. Siguiendo los pasos de Julien Benda y Hannah Arendt, Applebaum retrata a los nuevos defensores de las ideas antiliberales y denuncia cómo estas élites autoritarias utilizan las teorías de la conspiración, la polarización política, el terrorífico alcance de las redes sociales e incluso el sentimiento de nostalgia para destruirlo todo y redefinir nuestra idea de nación. Escrito de forma magistral, y de lectura urgente y necesaria, El ocaso de la democracia es un brillante análisis pormenorizado del terremoto que está sacudiendo el mundo y una apasionante defensa de los valores democráticos”. Literal y real, como la vida misma.
Estamos viviendo unos momentos muy difíciles para la democracia, de norte a sur y de este a oeste del mundo, obviamente también de nuestro país, sin ir más lejos. Se constata por el avance de partidos que basan su ideología en autoritarismos clásicos y de nuevo cuño, porque todo vale en su ideario versátil y acomodaticio con los vientos que soplen en cada momento, que da miedo. De ahí la necesidad de estar bien informados para tomar decisiones en democracia, la del voto sobre todo, para no llamarnos después a engaños.
Este libro de Anne Applebaum puede servir a modo de manual para tiempos convulsos y para defender la democracia por encima de todo. En la página web oficial de la autora, también se informa sobre el hilo conductor de este libro, en el sentido de que las personas no sólo tienen ideologías: “[…] también son prácticas, pragmáticas, oportunistas. Los partidos autoritarios y nacionalistas que han surgido dentro de las democracias modernas ofrecen nuevos caminos hacia la riqueza o el poder para sus seguidores. Al describir a políticos, periodistas, intelectuales y otros que han abandonado los ideales democráticos en el Reino Unido, Estados Unidos, España, Polonia y Hungría, Applebaum revela los patrones que vinculan a los nuevos defensores del antiliberalismo y describe cómo utilizan la teoría de la conspiración, la polarización política, la medios de comunicación y nostalgia por cambiar sus sociedades”.
La democracia peligra ahora más que nunca, porque impera la teoría del mundo al revés y la de que fuera de la nación a ultranza y del autoritarismo único no hay salvación social. Se acabó la diversidad y la singularidad, en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, porque el patrón de vida y convivencia tiene que ser único. De ahí la necesidad de defender la democracia, cada uno en su sitio, por tres razones que ya he expuesto a lo largo de la vida de este cuaderno digital, centradas sobre todo en el poder que cada persona tiene a través del voto, situación muy próxima por la convocatoria de elecciones generales, concretamente el próximo 29 de noviembre.
La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota, sabiendo que las ideologías no son inocentes y que todos los partidos no son lo mismo. De ahí la necesidad de recurrir a una información veraz y objetiva de los programas y del conocimiento de los líderes que los representan, con objeto de que cada persona pueda emitir juicios bien informados, no sólo en el momento de introducir el voto en la urna, sino también en la convivencia diaria en los días después, tratando de huir siempre de silencios cómplices.
La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en libertad de conciencia y acto del día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio.
La tercera razón, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, ya que detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco o sepia, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político, como el campo, es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no, a pesar del negacionismo que impera sobre todo lo que suene o huela a “política”.
Lo que no se comprende en democracia es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que el país viaje hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública y ciudadana, no fuera cosa de todos. El Partido Abstencionista prepara ya los resultados de las próximas elecciones generales, con su mejor encuesta previa. Estamos avisados de nuevo y sabemos que está muy interesado en fomentar la abstención a cualquier precio, porque según sus miembros, “la política y todos los políticos no sirven para nada, todos son iguales, van a lo suyo, a forrarse”.
El autoritarismo tiene así campo libre para imponer su visión de la vida, que también es visión de la muerte, especialmente la de la democracia. Al buen entendedor con pocas palabras basta. Necesitamos defender a toda costa el sentido de la vida y de la dignidad humana en todo el país, sobre todo para millones de personas que malviven por el paro, sin vivienda asequible, también por el dolor de la pobreza extrema y exclusión social en la que malviven a diario, sin techo alguno en el que refugiarse y que a pesar de todo piensan y sueñan en que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar.
Los agoreros mayores del reino de España, piensan que fuera de la derecha, en todas sus extensiones posibles, no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial: extra Ecclesiam nulla salus. Pero no es verdad. Si grave es esto, lo que verdaderamente peligra con gravedad extrema es la democracia, algo mucho más profundo todavía. Estamos avisados.
En estos tiempos tan modernos, rescato a Chaplin y vuelvo siempre a mi rincón de pensar y de escuchar la banda sonora de mi vida, con una fuerte carga ideológica porque la música tampoco es inocente al igual que las ideologías, según Lukács. Aprendí de Víctor Jara en mis años jóvenes, por ejemplo, que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”, en su Plegaria a un labrador, fundamentalmente porque estoy avisado de algo grave: la democracia peligra y los autoritarismos acechan en forma de partidos políticos de ultraderecha y líderes políticos autócratas, que manejan el mundo desde un portátil o un teléfono móvil, a través de algoritmos indecentes en redes sociales que funcionan como altavoz de forma ininterrumpida.
La mejor forma de no olvidarlo es atender esta reflexión sobre la democracia en peligro en su hoy, que ahora debe ser el nuestro, porque no ha perdido valor alguno al recordarla en estos momentos cruciales para este país. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Eso se llama movilización ante el voto para sostener democráticamente la socialdemocracia, el Estado del Bienestar.
Merece la pena, porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasen las personas libres para construir una sociedad mejor para todos. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra. Para quien la quiera seguir escuchando y practicando a pesar del autoritarismo que sobrevuela sobre nuestras vidas, en pleno ocaso de la democracia mundial y ya instalado en nuestro país casi sin darnos cuenta. Estamos avisados.
(1) Benedetti, Mario, Biografía para encontrarme, 2011. Madrid: Alfaguara.
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