La izquierda, unida, no debe vivir sin ideas, sin ideología alguna

Sevilla, 16/VI/2024

Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio

Abate Dinouart. Principio 1º, necesario para callar.

Dejo de callar hoy en este cuaderno digital, después de unos días de silencio, como aprendí hace ya muchos años del Abate Dinouart, porque considero que mi empeño es decir algo que considero más valioso que este silencio autoimpuesto. Lo hago porque, a diferencia del famoso aserto de Groucho Marx, vuelvo hoy a hablar de mis principios políticos, sabiendo que si no gustan, no tengo otros. Han pasado unos días desde la jornada electoral europea del domingo 9 de junio y a tenor de los resultados globales, incluidos los de nuestro país, hay que aceptar que algo está ocurriendo en el mundo, en Europa, en nuestro país, en mi Comunidad, Andalucía, donde la derecha hace estragos y la izquierda se ahoga en un mar de siglas, dividida como siempre, sobreviviendo a duras penas frente a una derecha y su más allá, organizada más que nunca , ¿Qué pasa en la izquierda en este país? Recurro de nuevo a lo que llamaba Saramago, la cuestión hormonal, la ideología política, recordando lo escrito en este cuaderno digital hace ya años sobre la crisis estructural de la izquierda, trayéndolo a nuestro presente a tenor de los resultados de la izquierda en Europa, en nuestro país, en mi Comunidad Autónoma, situación que se debe abordar por la llamada «izquierda» y su más allá, sin tapujo alguno. Un examen profundo y sosegado, eso así con la ardiente paciencia de Neruda, sobre la situación actual de la denominada “izquierda” (para entendernos) y no quedarnos solo en lanzar ataques furibundos sobre todo el espectro del centro y de las derechas, como una mal entendida defensa para justificar lo ocurrido el pasado 9 de junio y en convocatorias electorales anteriores, con resultados también adversos y sin paliativos. La democracia nos enseña que hay que respetar de forma casi reverencial el resultado de las urnas. Otra cosa es conformarnos con lo ocurrido y dejar que todo siga igual. Decían los clásicos que evaluar es emitir juicios bien informados. Salvo error por mi parte en el rastreo técnico que he efectuado para evaluar lo ocurrido con la izquierda, creo que todavía no se ha hecho un examen a fondo de las circunstancias de texto y contexto en torno a las pasadas elecciones. La crisis de la izquierda data ya de hace varios años, quizá demasiados, donde se han ignorado continuamente las señales de falta de identidad de la militancia activa y pasiva en torno al espectro de la denominada izquierda. Lo ocurrido el día 9 de junio en las pasadas elecciones europeas, ha sido la crónica de un desastre anunciado por el rebosamiento de la grave fractura de la izquierda en nuestro país y, por extensión en bastantes países del continente europeo. ¿Por qué un absentismo de la izquierda tan abrumador y lejano del derecho a votar, con una sangría de votos tan preocupante?

¿Razones? Muchas y de variadas procedencias, pero la más importante es la falta de identidad de creencia en la ideología que debería sustentar la opción citada. Muchas veces he indicado en este blog que las ideologías no son inocentes, ninguna de ellas, pero ahora me centro en la izquierda (para seguir entendiéndonos). Todo lo que no sea cuidar la razón de por qué somos, existimos y vivimos dignamente, por medio de la política entendida en su justo sentido aristotélico, de la defensa de la ciudadanía en sus derechos y deberes, como garantía de la democracia, que solo se consigue a través de los programas políticos convincentes (que no todos son iguales y es donde la izquierda debe mostrar siempre su sensibilidad especial hacia todas las personas por justicia social y principios de equidad en la accesibilidad a la dignidad humana para todos, sin excepción alguna), es participar en conformismo diletante que es lo peor que le puede ocurrir a la izquierda (para entendernos de nuevo). Y la izquierda, digámoslo sin tapujos, se ha instalado en ese conformismo atroz. Decía en tal sentido Lukács, mi maestro en el neomarxismo de juventud, que “no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1). Las razones de la izquierda deben ser expuestas siempre de forma muy clara y de la forma más homogénea posible, impulsando sobre todo la transformación social, no solo los cambios, cuidando con esmero a los más débiles para alcanzar entre todos otro mundo posible. La fractura de la izquierda no ha hecho otra cosa en los últimos años que entorpecer con su división esta noble tarea de transformación. Así de claro y alto.

Además, me preocupa mucho el conformismo de la izquierda en nuestro país, en mi Comunidad, Andalucía, que se extiende como una mancha de aceite. El conformismo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los mediocres, tibios y tristes, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que la mediocracia me dan pánico, pero sus allegados crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa de la izquierda que lidera este país, gobernándolo de forma espuria, dicen, está fatal. Pero ¿qué es la cosa?, ¿su cosa, nuestra cosa?

La cosa de la izquierda es la vida misma, con su parafernalia personal e intransferible en cada persona que vive rodeada de cosas que cosifican, es decir, a la corta, más que a la larga, reducen a la condición de cosa a las personas, con un abandono y olvido cómplice de la ideología que la deberían sustentar, porque se la busca y, lo que es peor, no se la encuentra ni se la espera. Porque ahí radica su peligro extremo: reducen a las personas a una cosificación inaceptable por medio del conformismo brutal que nos invade y que suele diseñarse muy bien por el enemigo, un artista de la mercancía política en hipermercados de la indignidad y de su economía propia y asociada. Muchas veces he ensalzado la figura de Papageno, el protagonista de la ópera de Mozart, La flauta mágica, porque su profesión es un modelo a seguir en muchas ocasiones para los inconformistas de cuna, encantador de pájaros, aunque no sepamos casi nunca a qué tipo de pájaros, con perdón, tenemos que encantar. Cada uno que lo aplique a quien corresponda. A mayor abundamiento ideológico, Saramago manifestó en cierta ocasión, en una entrevista especial con Jorge Halperín, periodista de Le Monde Diplomatique, que las izquierdas son campos en ruinas y padecen una crisis de ideas, que es la peor de todas: “No hay ideas que reúnan a la gente y no se puede hacer nada si no hay una idea donde la gente se encuentre, alrededor o compartiéndola. Entonces, cuando se trata de la derecha no tiene mucha importancia, porque la derecha no necesita ideas. Pero tiene consecuencias graves para la izquierda porque no puede vivir sin ideas. Y la verdad es que algunas de ellas se agotaron” (2). 

Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo y sentimiento de clase no importaba sentirse parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de sus «utopías», como los de siempre -para tranquilizar sus conciencias- han llamado y quieren seguir llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general y de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero).

La izquierda necesita gritar a los cuatro vientos que hasta aquí hemos llegado en este país, que la izquierda tiene que organizarse urgentemente, olvidar rencillas y disputas cortesanas, y dedicarse a formar una alternativa de progreso y cambio que devuelva a través del Gobierno y del Congreso, del Parlamento de Andalucía en estos momentos, el sentido de la vida y de la dignidad humana a todo el país y a la Comunidad Autónoma de Andalucía por extensión, sobre todo a millones de personas que malviven por el paro o la pobreza extrema y que a pesar de todo piensan que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar. Los agoreros mayores del reino piensan que fuera de la derecha y de la ultraderecha ahora no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad.

Ha llegado el momento de actuar. Con independencia de lo que puedan hacer los partidos de izquierda o de abajo, los de toda la vida al final, en la resaca de lo ocurrido el pasado 9 de diciembre o en la convocatoria de las generales, el 23J de 2023, salvados por la campana democrática de última hora, deberíamos aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, desde las bases ciudadanas de la izquierda popular, como ha hecho Francia ante el avance de la ultraderecha en este país, para luchar por un futuro digno, propio y ajeno, como aprendimos de la voz de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique y que no me avergüenza citarla todavía hoy. Deberíamos celebrar encuentros en la calle, tomarla en el sentido más democrático del término, inundar las redes de mensajes solidarios de la izquierda digna, publicar artículos en blogs y mensajes en redes sociales, plantear debates en el tejido asociativo en el que estemos insertos, estar presentes en todos los medios de comunicación y celebrar actos en la Universidad, entre otras muchas actividades, para demostrar y demostrarnos que todavía hay una solución a la gobernabilidad de este país y de esta Comunidad sin tener que esperar pacientemente y en silencio cómplice a que todo siga discurriendo con conformismo indigno.

Aprendí de Víctor Jara que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”. La mejor forma de no olvidarlo es atender estas palabras en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no han perdido valor alguno al recordarlas en estos momentos cruciales para esta Comunidad, para este país, en definitiva, porque el problema de la izquierda activa es general. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra.

La izquierda, unida, jamás será vencida. Quizá sea la única forma de entonar a partir de ahora una canción alegre de la izquierda en nuestro país, en Andalucía. Como la Cantata de Quilapayún.

NOTA: el vídeo se ha recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=LWlkWPXfvXc

(1) Lukács, G., El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4 s., 1976; Cobeña Fernández, J.A., Necesidad de crisis y necesidad de religación. El Correo de Andalucía, 12/VII/1977, pág. 3; Cobeña Fernández, J.A. El cerebro necesita ideología, cada díahttps://joseantoniocobena.com/2012/03/19/el-cerebro-necesita-ideologia-cada-dia/.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Neveras vacías y comedores escolares cerrados: una realidad a erradicar en las vacaciones de verano

Sevilla, 15/VI/2024

Una vez más volvemos a tropezar con la misma piedra: la situación lamentable en verano de miles de niños y niñas de este país que tienen vacías las neveras de sus casas, los comedores escolares cerrados y el aburrimiento garantizado en un tiempo libre complejo y no tutelado en muchas familias. Así lo atestigua el reciente informe publicado por la ONG Educo, Los derechos de la infancia no se van de vacaciones. Infancia en riesgo y alimentación saludable en verano, que deberíamos leer con atención casi reverencial, como uno de los documentos de obligado conocimiento para un verano ético, que también existe.

El fenómeno con el que nos encontramos cada verano, el olvido vacacional de miles de niños y niñas de este país, se demuestra con datos objetivos en citado informe: “Es lógico pensar que, para los niños y niñas, las vacaciones de verano son uno de los mejores momentos del año. Casi tres meses por delante para disfrutar con la familia, en la playa o en la montaña, en el pueblo o en la ciudad, yendo a pasear, a comer helados y a jugar con los amigos y amigas. Sin embargo, esta idílica imagen se aleja, y mucho, de la realidad de miles de niños y niñas en España. En 2014, Educo denunció que los más de 500.000 niños y niñas perceptores de las becas comedor se quedaban sin este tipo de ayuda al terminar las clases. Hoy, 10 años después, son más de 850.000 quienes reciben este apoyo durante el curso escolar. Es decir, en una década casi se han duplicado las becas públicas para acceder al comedor. Este aumento es debido a una mayor preocupación a nivel social y por parte de las administraciones de asegurar la alimentación de niños, niñas y adolescentes en el espacio educativo. Sin embargo, cuando llega el verano y cierra la escuela, dejan de recibir esta ayuda, poniendo en riesgo su derecho a la alimentación. Y solo son la punta del iceberg. Estos niños y niñas forman parte de los 2,7 millones que viven en riesgo de pobreza y exclusión».

Junto a estas cifras tan elocuentes, también se informa que «poco se sabe de lo que pasa durante casi tres meses la infancia vulnerable, que sufre “olvido vacacional”. De hecho, según los datos recabados en los centros educativos con los que Educo trabaja sabemos que solo 1 de cada 7 escuelas encuestadas afirman que los niños y las niñas que
tienen beca comedor tendrán la alimentación asegurada todo el verano». Además, «no solo está en riesgo su alimentación, sino también su bienestar. Para la infancia más vulnerable, las vacaciones equivalen a estar prácticamente todo el día dentro de un piso. Y, a veces, dentro de una habitación, porque el piso lo comparten varias familias. Probablemente formen parte del 19,90% de niños y niñas que viven en hogares mal acondicionados, en los que se pasa frío en invierno y calor en verano. Sus padres y madres pasan el día fuera trabajando porque es ahora en verano cuando encuentran empleo haciendo substituciones. Además, a veces se quedan a cargo de sus hermanas y hermanos pequeños, y con la televisión, la tableta o el móvil como única distracción».

Más adelante señalan en el informe unos puntos críticos de vital importancia:

  • Hay más becas comedor pero siguen siendo insuficientes y «según el Instituto Nacional de Estadística, el 34,5% de los menores de 18 años está en riesgo de pobreza o exclusión social; es decir, uno de cada tres, dato que nos sitúa, tristemente, en los primeros puestos de Europa en cuanto a pobreza infantil […] De hecho, la pobreza infantil en España parece estar estancada».
  • En relación con la alimentación en las familias más vulnerables, «En España, el 6,9% de los menores de 18 años no comen carne, pollo, pescado o su equivalente proteico cada dos días. Es decir, no comen la cantidad adecuada para su edad» y lo verdaderamente importante y razonable es que «No se trata solo de comer y de que las cantidades sean suficientes, sino que se coma de manera saludable, algo que puede ser difícil para las familias de los 2,7 millones de niños y niñas en riesgo de pobreza y exclusión».
  • Lo anteriormente expuesto cobra especial importancia en el periodo vacacional de verano: «Poco se sabe de lo que pasa con la alimentación de la infancia vulnerable en verano. No hay un único registro, las iniciativas y las ayudas dependen de comunidades autónomas, ayuntamientos, barrios, entidades sociales o centros educativos y asociaciones de familias. Ante esta situación, una encuesta realizada a 200 centros educativos que participan en los programas de Educo ha mostrado que solo 1 de cada 7 escuelas (14,3%) afirman que los niños y niñas con beca comedor durante el curso tienen asegurada su alimentación todos los meses de verano. Y 1 de cada 15 (6,7%) detalla que esa continuidad es parcial y no cubre todo el periodo estival. El resto de centros respondió que no lo sabían (28,6%), que no había ninguna continuidad en su alimentación o muy poca (25,7%) o que había oferta de actividades con comida, pero que no todos accedían (24,8%)».
  • La realidad de las vacaciones veraniegas es casi un imposible para miles de familias en nuestro país, siendo los niños y jóvenes los principales perjudicados: «En España, el 34,1% de los menores de 18 años no pueden irse ni una semana de vacaciones al año con sus
    familias, aunque es justo reconocer que la situación ha mejorado desde el dato amargo de 2014, con un porcentaje abrumador, el 48,20%, siendo preocupante un dato más: desde 2017 se observa un estancamiento en las cifras, dado que en ese año se alcanzó la mejor cifra en este indicador, el 32,30%, que se ha visto superado desde entonces hasta alcanzar la cifra actual.
  • Otro dato a tener en cuenta, las altas temperaturas que se registran en el país, que tienen que ver mucho con el cambio climático, también se recoge en el informe: «Es la realidad del 19,90% de niños, niñas y adolescentes, que viven en hogares en los que no se puede mantener una temperatura adecuada. La cifra se ha ido incrementando significativamente en los últimos años. En el caso de los hogares monoparentales, se encuentran en esta situación 1 de cada 3».
  • La realidad en este verano es que ante lo anteriormente expuesto, no tienen alternativas al alcance de la mano: los «niños y niñas en situación de vulnerabilidad no tienen garantizadas ayudas para campamentos de verano». Además, «Es difícil saber qué ayudas reciben las familias vulnerables para que sus hijos e hijas puedan disfrutar de colonias o campamentos de verano. También es complicado saber si incluyen las tres comidas (desayuno, almuerzo y merienda) en este periodo no lectivo. Si bien sabemos que existen muchos actores que ofrecen becas, cuesta mucho ver la complementariedad entre las que dan comunidades autónomas, diputaciones provinciales, ayuntamientos o entidades sociales. Tampoco hay claridad sobre cómo se dan estas ayudas (de forma directa a las familias o a través de otras entidades), el presupuesto destinado o el total de beneficiarios. Por lo que cuesta mucho saber cuántos niños, niñas y adolescentes pueden disfrutar de un espacio de ocio de calidad y de una alimentación garantizada cuando termina la escuela».

En las conclusiones del documento se afirma algo importante: «[…] el tejido local se activa para asumir el liderazgo y poder ofrecer espacios protectores con actividades de ocio educativo y alimentación a la infancia más vulnerable. Se trata de iniciativas para “pasar la antorcha sin que se apague” y garantizar el derecho a la alimentación y a la educación durante el verano para todos los niños, niñas y adolescentes en riesgo de pobreza y exclusión social. Entidades y ayuntamientos junto con ampas, ONG, centros deportivos, y otros agentes locales son quienes proponen y organizan campamentos y colonias. El verano es un espacio interesante para generar red por la infancia, conexiones de las instituciones del entorno, el tejido asociativo y la Administración local. Sin embargo, hace falta activar una mayor coordinación, apoyar con recursos técnicos y económicos a las redes locales para que puedan ofrecer más plazas en campamentos y colonias. Con actividades que aseguren la alimentación y también la nutrición equilibrada. Actividades que les permitan desarrollar conocimientos, habilidades y actitudes, conectar con la naturaleza y con nuevas amistades. Actividades en espacios protectores, con referentes adultos que les guíen hacia nuevas aventuras. Así, en septiembre, el verano se reflejará en relatos infantiles llenos de aventuras, de nuevas amistades y experiencias. Con gran entusiasmo todo el alumnado se verá en igualdad de condiciones para hablar sobre sus alegrías, aprendizajes, convivencia, naturaleza y buena alimentación durante las vacaciones. El mejor comienzo para un nuevo curso escolar».

Ante lo expuesto anteriormente, vuelvo a recordar algo que me conmueve a diario y que resalté este año cuando abordé en el mes de febrero, en este cuaderno digital, los resultados definitivos de la Encuesta de condiciones de vida (ECV) de 2023, elaborados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), aplicados a Andalucía, donde finalizaba mi exposición diciendo que es imprescindible conocer con datos científicos que 3.185.308 ciudadanos y ciudadanas en Andalucía (INE, padrón continuo a 1 de enero de 2022), es decir, un 37,5% del total de población en esta Comunidad, están viviendo la pobreza en sus vidas y, de forma más aguda, la pobreza severa, en un porcentaje del 11,9% del total, más de un millón de personas en Andalucía, arrojando cifras lo suficientemente elocuentes para confirmar que algo no estamos haciendo bien en esta Comunidad, porque contra datos no valen argumentos. Lo digo una vez más: ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una  contraescuela del mundo al revés en nuestro país, un mundo magistralmente descrito por Eduardo Galeano, en mi Comunidad Autónoma.

Personalmente, lo tengo claro: debemos compartir datos para poder emitir juicios bien informados, porque sólo ante un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, se deben denunciar estas cifras que afectan a tantas personas, a tantos niños, a tantas niñas, a tantos jóvenes, con un objetivo claro: que se aprueben leyes y disposiciones con urgencia para solucionar esta situación. Es la única vía para que se transforme la sociedad española, permitiendo que la igualdad, solidaridad y justicia social permita a todos avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas también, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies, tantas veces citados en este cuaderno digital, que procuro no olvidarlos aunque a veces yo sea un pájaro herido por el principio de realidad de la pobreza severa y exclusión social que nos asola, con cifras -desde mi punto de vista- insoportables para atender como merece la dignidad humana.

Por último. el documento de EDUCO se cierra con un mensaje breve y bueno, que es muchas veces «muy bueno», porque de lo que se trata es de alcanzar «un verano con derechos. ¡Esto sí son vacaciones!».

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Europa siempre ayuda a levantarnos ante la adversidad

Sevilla, 9/VI/2024

Sigo defendiendo la tarea diaria de cumplir un sueño: ser andaluz en Europa, no sin ella, construyendo un mundo local diferente, basado en el respeto a los derechos sociales para compartir educación, salud, servicios sociales e ilusiones íntimas en igualdad, es decir, sueños. Con la ayuda de Europa, a la que Andalucía debe tanto, porque con el dinero europeo compartido hemos podido construir y mantener, por ejemplo, la historia de salud mejor contada en mi Comunidad, la historia digital de Salud, “Diraya”, conocimiento en nuestra lengua, una palabra que aprendí de Averroes cuando la defendió hace ya varios siglos, desde Andalucía, frente a la tradición, riwaya, que nunca frecuenta el futuro.

Hace diez años, en un día en el que también se celebraban las elecciones europeas, escribí un artículo, Europa se levanta, que tiene hoy todo su sentido, cuando sólo faltan unas horas para saber si Europa se puede levantar con nuevos programas políticos, urgentes y necesarios, que llevarán a cabo las personas que tendrán el encargo, por mayoría, de ejecutarlos. Es una oportunidad de iniciar ahora un camino diferente al actual, donde tenga cabida el cumplimiento de objetivos para una Europa diferente, donde los valores educativos y sociales, con el denominador común de trabajo para todos, dando acogida a la inmigración desesperada tal y como lo contemplamos a diario en los medios de comunicación, permita vislumbrar una forma diferente de ser en Europa, en España, en Andalucía. 

En aquella ocasión, recordaba una película maravillosa, El viento se levanta, dirigida por Hayao Miyazaki, un maestro de la animación, que culminaba su carrera con el Oscar que le otorgaron en la edición de 2014. Está basada en una obra homónima del escritor japonés Kaze Tachinu(The Wind Has Risen (風立ちぬ?), 1936–37), que da vida a un poema de Paul Valéry, Le cimetière marin (El cementerio marino), que comienza con esta frase:

“Le vent se lève! . . . il faut tenter de vivre!
L’air immense ouvre et referme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!
Rompez, vagues! Rompez d’eaux réjouies
Ce toit tranquille où picoraient des focs!” 

El mensaje de la película se centra en la posibilidad que tiene el ser humano de lograr que se cumplan los sueños, siempre que se actúe de forma consecuente con tales deseos, a base de constancia, con esfuerzo diario, sorteando dificultades, pero sobreponiéndose a las mismas, en una dialéctica permanente de amor/odio, alegría/tristeza, superación, caídas… Es lo que ocurre al ingeniero Jirō Horikoshi, el niño protagonista de esta bella historia que sueña con ser piloto, pero ante la miopía que sufre y que le impedirá serlo, busca la alternativa a su realidad física, utilizando su inteligencia para construir aviones, no pilotarlos. Y aviones para un doble uso, donde el ser humano tiene que decidir sobre su función final, con la paradoja de que también pueden destinarse para hacer la guerra, no el amor, como le sucedió a él.

Ya se lo dijo en sueños un día Giovanni Battista Caproni, el gran diseñador italiano de aviones: «Escúchame, muchacho japonés. Los aviones no son una herramienta para la guerra, ni un negocio para ganar dinero. Los aviones son hermosos sueños y los ingenieros hacemos realidad esos hermosos sueños».

Me gustaría hoy soñar con una Europa diferente, porque es posible, siempre que seamos conscientes de que el voto particular de cada europeo, siendo más de 360 millones de votantes, es necesario para que se pueda seguir construyendo un mosaico de dignidad humana, en el que tengan cabida los sueños de cada uno, superando invasiones, migración, falta de trabajo diario, problemas agrarios, altibajos de la economía, contrapuntos en el amor y en la familia, fracasos personales y colectivos, equivocaciones y mezquindad humana. De esta forma, hoy, 9 de junio de 2024, día de las elecciones europeas, podríamos entender mejor el poema de Valéry, el hilo conductor de la película de Miyazaki y la vida de su estrella invitada: Jirō Horikoshi:

Me atrevería a decir hoy, con el espíritu de Valéry, que:

¡Europa se levanta…! ¡hay que intentar vivir en ella!

El viento de la crisis ha abierto y cerrado muchas páginas
en los libros de nuestras vidas.

¡Aprovechemos la fuerza del viento de las elecciones, en esta nueva etapa, para levantarnos e iniciar una nueva vida!

Es verdad: Europa es un hermoso sueño.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La jornada de reflexión es una pausa que hermosea el voto

Izal, Pausa

De vez en cuando hay que hacer / una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

Mario Benedetti, Pausa, en Poemas de otros, 1974

Sevilla, 8/VI/2024

Mañana, como quien espera siempre el alba de la democracia, se votará en las elecciones europeas. En tal sentido, en España está declarada hoy esta jornada antecedente como de reflexión. Por ello, recupero lo que he escrito en varias ocasiones en este cuaderno digital sobre el fondo y forma de esta jornada, sobretodo para comprender este día tan importante en democracia, viviendo en un mundo y en un país al revés, como se ha demostrado de forma reiterada en esta campaña electoral por parte de los partidos de derecha extrema y ultraderecha, con rezos de rosario incluidos, porque para algunos, los políticos que rezan unidos, permanecen unidos, a modo de seguidores de un padre Peyton redivivo, que en mi infancia hizo estragos en una de las dos Españas de este país. Todo tiene su tiempo y su momento, pero hoy, especialmente, el tiempo de reflexionar y el de votar en las elecciones que se celebrarán mañana.

En este contexto, vuelvo a leer con detalle las diferentes acepciones del lema “reflexión” y sus derivados en el Diccionario de Autoridades (RAE A 1737, 536, 2) que tanto aprecio y en su contexto vuelvo a valorar una palabra vinculada con el adverbio de modo “reflexivamente”, que recupero de nuevo para festejar esta jornada tan democrática. Se trata del verbo “hermosear” que vinculo hoy a la democracia porque ésta se hermosea con la reflexión que podemos llevar a cabo antes de acudir al acto de votar. Votar enriquece la democracia, la hermosea que decían los clásicos, porque mediante el voto responsable se considera y se da una segunda oportunidad a nuestro acto de decidir porque, en definitiva, se piensa más cuidadosamente todo.

Así reflexionaban nuestros antepasados del siglo XVIII en este país y así lo recogió el Diccionario de Autoridades para la posteridad, enriqueciendo ese acto tan sencillo, aparentemente, de reflexionar. La calidad intrínseca que contiene el verbo «hermosear» también lo recoge el citado diccionario con una acepción preciosa: “Hacer vistosa, perfecta y hermosa una cosa”. Quizá está ahí su encanto, porque si reflexionamos hoy sobre lo que va a ocurrir mañana a través de nuestro voto responsable, con sus consecuencias obvias, hacemos vistosa, perfecta y hermosa la democracia.

Para que no se olvide hoy a los millones de electores en el país, en Europa, ni siquiera un momento, en esta jornada tan vistosa de reflexión. Mañana…, tampoco. Como me está permitido reflexionar en mi alma de secreto, he pensado por un momento que la política elige al que la ama, cuando la decencia es ideología estructural de la persona en su vertiente aristotélica en estado puro. Si la vida elige al que la ama, la muerte no existe, es decir, si la política elige al que la ama, el fracaso político en sí mismo no existe. ¿Acaso borra lo que una persona política puede hacer en vida, durante una legislatura? ¿Borra sus méritos, su legado, su trabajo bien hecho, que siempre merece la atención de los otros, como nos recordaba admirablemente Luis Cernuda cuando se dirigía con estas palabras a sus paisanos sevillanos? No. Así que… Fracaso político, ¿qué eres? No eres nada. Te gustaría ser tan importante como la Política o Vida de conciencia de clase. Pero la auténtica Política dura una Vida, amiga mía. Y tú, Muerte/Fracaso Político, solo duras un instante, el instante en el que llegas.

Es verdad que esta jornada es una pausa especial entre las que necesitamos hacer de vez en cuando y no tanto rebobinar la existencia, porque no debemos perder el sentido de la vida como ciudadanos que ostentamos algo maravilloso: la soberanía popular. Es lo que Herman Hesse llamaba obstinación, una virtud, a la que admiraba mucho, una sola, porque es obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Fundamentalmente, algo que necesitamos con urgencia en esta ocasión: cantarnos las verdades, pisando las baldosas que vamos poniendo en nuestra vida a modo de solería, que es lo único que justifica nuestros actos éticos en cada voto para no tener que llorar después las mentiras. Sin prisa, con pausa.

En el día después de estas elecciones europeas, los líderes políticos de este país que triunfen y que tendrán la responsabilidad (conocimiento de la situación, más libertad de decidir) de ser eurodiputados o eurodiputadas en las instituciones más representativas de Europa, deberían pensar que la verdadera política solo elige al que la ama y no se aprovecha de ella. Eso es lo que esperamos cariacontecidos las personas de buena fe política, que hemos crecido con conciencia de clase más que con sentimiento de ella, porque no es lo mismo. La conciencia permanece, pero el sentimiento suele morir porque es pasajero. Les aseguro que todo lo expresado anteriormente, hoy, es lo que, mañana, llevará mi voto dentro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La impaciencia digital nos lleva a vivir deprisa, deprisa, sin pausa alguna

Sevilla, 7/VI/2024

Hoy celebro mi cumpledías, matusalénica edad por cierto, simbolizando con estas palabras, que aún me quedan, la gratitud plena a la posibilidad que me ha ofrecido la vida para recorrer el mundo, un peregrinaje yendo del timbo al tambo, que decía Gabriel García Márquez, porque me acogió el siglo pasado, pocos años después de la finalización de la guerra civil en este país y con sus consecuencias familiares. En este contexto tan especial, recuerdo hoy un comentario que hice en 2016, en este blog, sobre un libro que no olvido, Gratitud, una recopilación breve de las últimas publicaciones de Oliver Sacks antes de su fallecimiento en 2015, autor al que he dedicado ya algunas palabras en este cuaderno de inteligencia digital, en la búsqueda incesante de islas desconocidas no ciegas al color.

Gratitud, según la última versión del Diccionario de la lengua española (RAE, edición 23, del Tricentenario, en la actualización de 2022), un sentimiento que obliga a una persona a estimar el beneficio o favor que otra se lo ha hecho o lo ha querido hacer, y a corresponderle de alguna manera.

Gratitud hoy, especialmente, a las personas que como tú, abrís este cuaderno digital casi a diario, para acompañarme con la lectura de estas palabras, sólo para buscar islas desconocidas de dignidad humana en tiempos difíciles para la democracia. Gracias, junto a un regalo hoy, las palabras que siguen a esta dedicatoria, como símbolo de agradecimiento a la Noosfera, la malla pensante de la humanidad, que me alienta cada día a escribir, cavando el pozo de mi alma con una aguja, tal y como lo aprendí del Premio Nobel de Literatura en 2006, Orhan Pamuk, cuando explicó al mundo qué significaba en su vida un dicho de su tierra, Turquía, con un valor especial.

La impaciencia digital nos lleva a vivir deprisa, deprisa, sin pausa alguna

Cuando me enfrento a la pantalla en blanco, al escribir estos artículos, recuerdo siempre a Gonzalo de Berceo, en una frase icónica para nuestro momento digital histórico, Quiero fer una prosa en román paladino en el qual suele el pueblo fablar a su veçino. Lo he manifestado en alguna ocasión en este cuaderno digital: aún aprendo porque sólo sé que no sé nada y aún escribo cavando cada día el pozo de mi alma con una aguja, tareas ambas que necesitan su tiempo, mucho tiempo, que en estos tiempos modernos cuenta poco y en el que necesito escribir palabras justas y benéficas, para expresar lo que siento en ese momento mágico de llevar al teclado lo que mi cerebro prepara a través de la palabra, que aún me queda.

Sé, además, que el saber no ocupa lugar, pero tengo que reconocer que cada vez queda menos sitio en mi cerebro, aunque la ciencia, en la que creo firmemente, me dice que no es verdad, porque cien mil millones de neuronas están viajando constantemente en nuestro cerebro, en un viaje perpetuo, para responder a un programa de vida genético que luego tiene que modularse con el medio en el que cada ser humano nace, crece, se multiplica y muere. La estructura del cerebro al nacer “ya está instalada” que diría Gary Marcus. Antes, incluso, de la mejor mudanza existencial que existe: nacer a la vida, en el esquema de frase del cómico americano Steven Wright, al afirmar que escribía un diario desde su nacimiento y como prueba de ello nos recordaba sus dos primeros días de vida: “Día uno: todavía cansado por la mudanza. Día dos: todo el mundo me habla como si fuera idiota”. Pero estamos obligatoriamente obligados a viajar constantemente hacia alguna parte, a seguir aprendiendo cada día, cada segundo de hálito vital. Hacia dónde, solo merece la pena (yo diría la alegría…) cuando es hacia adelante. Lo manifiesto así por coherencia con lo que vivo diariamente en una mudanza cerebral, personal e intransferible, como determinadas nieves: perpetua. Porque no lo sé todo, porque no tengo garantizado casi nada, porque cada vez voy más ligero de equipaje, porque no me gusta mirar atrás y menos con ira, porque este siglo tiene horizontes de grandeza que no coinciden con mis patrones de educación para ser un buen ciudadano, porque el trabajo público está cada vez más “tocado” respecto del bien común y el interés general, porque se confunde habitualmente valor y precio, porque la ética está en horas bajas, porque el sufrimiento de las personas que quiero sigue haciéndome preguntas que no sé contestar, y porque constantemente me adelantan las personas maleducadas por la izquierda y por la derecha, en el pleno sentido de las palabras. A pesar de todo, les aseguro que aún aprendo.

En este contexto acabo de leer un artículo que no me sorprende en su contenido, La generación que no puede esperar: por qué los resúmenes triunfan en las redes sociales, en el que se afirma algo muy representativo de esta ardiente “impaciencia digital”: “Nada está a salvo de ser resumido. De hecho, ya han aparecido nuevos “impacientes digitales” a los que incluso un vídeo de TikTok les parece demasiado largo” o algo muy clarificador: “El espíritu resumidor no es completamente nuevo. En la Antigüedad se creaban epítomes, versiones abreviadas de obras extensas. En la Edad Media se compilaban florilegios y antologías con partes esenciales de libros. Antes los resúmenes preservaban y transmitían conocimientos; hoy también combaten la sobrecarga de información. En una era previa a YouTube, Google o Instagram, en España existió una web con excelentes resúmenes: El Rincón del Vago”. Todo lo digital es válido si se escribe, lee, escucha y se practica deprisa, deprisa, en una brevedad perpetua.

Ante este marco incomparable de impaciencia digital, tengo presente junto a la prosa cercana de Gustavo de Berceo, a Baltasar Gracián, precisamente por su famoso aforismo sobre la brevedad, “lo breve, si bueno, dos veces bueno”, aunque ignoramos su texto real y contexto, como aprendí también de un autor dedicado en cuerpo y alma a este género literario, Jorge Wagensberg, un divulgador de la ciencia muy necesario para este país, al que he seguido de cerca en una tarea muy inteligente de aprehender el mundo a través de los aforismos. Me gusta comprenderlos en el sentido que ya se definió por primera vez, en el siglo XVIII, en el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí: “Sentencia breve y doctrinal, que en pocas palabras explica y comprehende la esencia de las cosas” (RAE A 1726, pág. 338,1). Y vuelven a estar de moda, quizá porque la velocidad que se imprime a la vida diaria necesita de estos “pretextos para textos fuera de contexto”, como lo definió Jorge Wagensberg en un artículo de opinión, extraordinario, que se publicó en el suplemento Babelia, de El País, en 2012 (1).

En relación con el aforismo anterior o acierto para vivir, en referencia a la brevedad, Gracián lo une al “plato prudencial” de no cansar, concretamente en el que ocupa el número 105 de su obra, Oráculo Manual y el Arte de la Prudencia (2): No cansar. Suele ser pesado el hombre de un negocio, y el de un verbo. La brevedad es lisonjera, y más negociante; gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno, y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos; y es verdad común que hombre largo raras veces entendido, no tanto en lo material de la disposición cuanto en lo formal del discurso. Hay hombres que sirven más de embarazo que de adorno del universo, alhajas perdidas que todos las desvían. Escuse el Discreto el embarazar, y mucho menos a grandes personajes, que viven muy ocupados, y sería peor desazonar uno de ellos que todo lo restante del mundo. Lo bien dicho se dice presto”.

Cumplo con la indicación de Baltasar Gracián y finalizo hoy esta reflexión, tomando conciencia de que su libro de la prudencia es más necesario que nunca a la hora de vivir deprisa, deprisa, a pesar de que contiene trescientos aciertos (platos) para vivir dignamente y uno final que no deja títere con cabeza en un mundo descreído como el nuestro, cuando lo resume todo en una solo plato vital, como postre espiritual para alcanzar el cénit de la prudencia, una característica existencial muy llamativa a la hora de calificar a una persona prudente y de costumbres breves: “En una palabra, santo, que es decirlo todo de una vez. Es la virtud cadena de todas las perfecciones, centro de las felicidades. Ella hace un sujeto prudente, atento, sagaz, cuerdo, sabio, valeroso, reportado, entero, feliz, plausible, verdadero y universal héroe. Tres eses hacen dichoso: santo, sano y sabio. La virtud es el sol del mundo menor, y tiene por hemisferio la buena conciencia; es tan hermosa, que se lleva la gracia de Dios y de las gentes. No hay cosa amable sino la virtud, ni aborrecible sino el vicio. La virtud es cosa de veras, todo lo demás de burlas. La capacidad y grandeza se ha de medir por la virtud, no por la fortuna. Ella sola se basta a sí misma. Vivo el hombre, le hace amable; y muerto, memorable”.

Visto lo visto en la fugacidad digital, estoy convencido de que la impaciencia que lleva dentro nos lleva a vivir deprisa, deprisa, sin pausa alguna. Por este motivo, recurro de nuevo a Mario Benedetti para comprender mejor lo que está pasando y estamos viendo, sobre todo por la ardiente impaciencia digital, porque siempre supo poner hermosura a la vertiente más compleja de la vida, ofreciéndonos una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

(1) Wagensberg, Jorge (2012, 12 de mayo), Pretexto para un texto fuera de contexto, en Babelia (El País).

(2) Gracián, Baltasar, El arte de la prudencia, Barcelona: Ariel (Planeta), edición de Emilio Blanco, 2012.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Las elecciones europeas deberían garantizar que la política no haga daño a nadie

Elecciones europeas

Sevilla, 6/VI/2024

No espero milagros en las elecciones europeas del próximo domingo, en las que elegiremos los 720 diputados que formarán parte del Parlamento Europeo, que representan a cerca de 450 millones de habitantes en este territorio, en mi convencimiento de que no existen políticas inocentes, neutras, porque siempre llevan ideología dentro y todas no son iguales. Personalmente, defiendo la política del socialismo democrático que garantice las bases del Estado de Bienestar, que no todos los partidos defienden en sus programas, mucho menos en la situación actual de polarización política llevada hasta las últimas consecuencias por las máquinas de fango que manejan a su antojo las derechas de este país y de Europa, en su amplio espectro de siglas, junto a sus aparatos mediáticos apoyados por el poderoso caballero don dinero.

Sólo en los gobiernos democráticos, sobretodo en los de la izquierda de este país y ahora, por el contexto electoral, en Europa, es donde se hace posible la transformación de la sociedad de la mejor forma posible, por su capacidad legislativa, donde hay una palabra mágica que no hay que traicionar: unidad y consenso para no ser vencidos. Eso sí, sin esperar milagros, porque es suficiente con que la política no haga daño a nadie, ahora en Europa, que es el principal ´milagro´, terrenal y cercano, como decía mi admirado escritor Manuel Rivas en su columna del domingo electoral europeo, de 26 de mayo de 2019, en el diario El País, cuando hablaba de lo que hace verdaderamente daño a la política, nacional y europea: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.

Personalmente, no espero milagros en la nueva Legislatura de la Unión Europea, que salga de las urnas democráticas, pero sí la continuidad del blindaje del Estado de Bienestar Europeo, que garantice la solidaridad económica que tanto bien hace a nuestro país desde hace décadas y que tanto he defendido a lo largo de los años de vida de este cuaderno digital, sólo posible a través de un gobierno en la Unión que frecuente un presente y un futuro más amables para el territorio sobre el que tiene responsabilidades públicas de gran calado institucional, sin discriminación alguna, pero con la imprescindible salvaguarda de la equidad en todo los terrenos posibles, sin dejar a nadie atrás, fundamentalmente a los que menos tienen, a los nadies señalados y defendidos por Eduardo Galeano, como los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida…  

Igualmente y como utopiano de pura cepa, sigo pensando que las ideologías progresistas son las que seguirán marcando el curso de la historia, frecuentando el futuro, tal y como lo expresó de forma excelente el filósofo George Lukács en El asalto a la razón: “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

La mediocracia, es decir, el gobierno de los mediocres, está haciendo estragos por donde pasa y ya está instalada también en Europa como actitud política, siendo conscientes del daño que hace, atendiendo a lo expuesto por Jorge Wagensberg en un aforismo que no olvido, en el que decía que lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud, dado que todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir. Por esta razón concreta y visto lo visto con las derechas y ultraderechas europeas y nacionales, cerriles y mediocres por definición, me corresponde como ciudadano que defiende el Estado de Bienestar Europeo a ultranza, para todos y sin discriminación alguna, descubrir y desenmascarar las maniobras oscuras de la mediocracia con poder, especialistas en hacer daño, sin esperar que vengan los demás a solucionarnos los problemas que nos rodean y, para decirlo bien alto y claro, porque todos no somos iguales y porque estoy convencido de que la política europea no debería hacer daño a nadie. Sólo debe existir esta igualdad ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, como dice el Artículo 14 de nuestra Constitución. Aunque dentro de unos días, cuando la mar política tras las elecciones europeas esté en calma y la dirección de la mina democrática en la que vivimos no sufra más sobresaltos, tengamos que volver con la cabeza bien alta a la contramina o a la sala de máquinas en la que tanto nos gusta trabajar a los utopianos, para seguir navegando y cavando en la igualdad que tanto necesitamos todos para alcanzar la libertad, sin excepción alguna. De lo contrario sucederá lo que ya nos advirtió Benedetti sobre los peligros del conformismo y la mediocridad: sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos // la mente se acostumbra a ese vacío / no sabe ya de nortes ni de sures / no sabe ya de invierno ni de estío (2).

Ante lo anteriormente expuesto, comprendo mejor que nunca lo manifestado por Manuel Rivas en 2019, en un contexto idéntico al del próximo domingo electoral: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.

(1) Lukács, G, El asalto a la razón, Barcelona: Grijalbo, pág. 5. 1976.

(2) Benedetti, Mario, Soneto del pensamiento, en Testigo de uno mismo. Madrid: Visor Libros, pág. 122, 2014 (2ª ed.).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Piedad Bonnett nos ha enseñado que las cicatrices son las costuras de la memoria

Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951)

Sevilla, 4/VI/2024

En 2021 publiqué en este cuaderno digital unos versos sobrecogedores de la escritora y poeta colombiana Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951), extraídos de un poema, Cicatrices (1), con motivo de la celebración del Acto de Estado de Reconocimiento y Memoria a todas las Víctimas del Terrorismo, celebrado el 11 de marzo del citado año en el Palacio Real de Madrid, en el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo, recordando también a todas las personas que de una forma u otra lo han sufrido durante tantos años en nuestro país y con una fecha de referencia: el 11 de marzo de 2004, día del atentado de Atocha:

No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.

Si las recupero hoy en este artículo, es a modo de pequeño homenaje a esta escritora colombiana por haber obtenido ayer el XXXIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, concedido por la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional, conjuntamente. En unas bellas palabras del poema citado, se recuerda lo que significan las cicatrices del terrorismo, por lo que representan como historia puntual en la vida de quienes lo han sufrido, aunque también pretenden simbolizar un fin de algo que pasó. Sin embargo, hay algo que perdura en el tiempo a modo de costuras de la memoria, que nos sana dañándonos, en una contradicción existencial que nos hace sufrir mucho. El tiempo, que huye a veces, nos permite recordar siempre las heridas del terrorismo, de cualquier acto -en definitiva- que prive la vida de los demás en nombre de nada y de nadie.

En el acto citado, envuelto con los versos de Piedad Bonnett, hubo momentos especiales que, transidos de la música y la danza, dejaron un recuerdo imborrable de cómo la cultura sana cuando la contemplamos como compañera de situaciones difíciles, para curar heridas también aunque dejen siempre cicatrices. Mas allá de los discursos, música y representaciones oficiales, quise reflejar en breves palabras el mensaje anterior sobre las costuras de la memoria, a través de la música interpretada por la Orquesta Nacional de España, dirigida por David Afkham, de una obra excelente como Lacrimosa, del Réquiem por Doña Bárbara de Braganza, reina de España, de José de Nebra (1758), con la participación del Coro Nacional de España.

Quizás, el momento más emocionante fue la actuación de Rubén Olmo, director del Ballet Nacional de España, como coreógrafo e intérprete de la danza “Resurgir del ave fénix”, con la música de fondo de “Amorosa”, una melodía vasca preciosa que forma parte de las “Diez melodías vascas”, de Jesús Guridi, interpretada también por la Orquesta Nacional de España. Vuelvo a ver aquellas imágenes, guardadas en mi memoria de secreto, sobretodo el gesto de dolor permanente de Rubén Olmo, en la interpretación maravillosa del ave fénix y sus sombras, blanco sobre negro, que sabe resurgir de las cenizas en las que nos convierte a veces la vida. Inolvidable su proyección al dolor humano por los actos de terrorismo.

Hoy, junto a la satisfacción por haber otorgado este país a Piedad Bonnett el XXXIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2024, comprendo mejor que nunca sus hermosas palabras: Las cicatrices, pues, son las costuras / de la memoria, / un remate imperfecto que nos sana / dañándonos. A ellas me debo ahora y siempre para respetarlas como ciudadano que ama la unidad y la paz en nuestro país. También, su memoria democrática.

(1) Bonnett, Piedad, Cicatrices, en Explicaciones no pedidas, Madrid: Visor de Poesía, 2011.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

Jamás desaparece lo que nunca se va de nuestras vidas

Sevilla, 2/VI/2024

Estamos viviendo en momentos decisivos y de continua mudanza del alma, en la historia de nuestro país, por qué no del mundo que nos rodea, en los que necesitamos aferrarnos a creencias, las que por ejemplo aprendí en su día del filósofo español en el exilio, José Ferrater Mora y a las que tantas veces he recurrido en este cuaderno digital, recogidas en un libro precioso, El hombre en la encrucijada. Él decía que necesitamos tener creencias, que no podemos vivir sin ellas, y a lo largo de las páginas del libro citado expone su tesis existencial, demostrando que el mundo ha evolucionado hacia adelante gracias a que nuestros antepasados y muchas personas contemporáneas han tenido y tienen creencias en cuatro ámbitos, juntas o por separado da igual, de una forma u otra, da igual, pero siempre relacionadas con las Personas, la Naturaleza, Dios/dioses o la Sociedad. Así durante muchos siglos. Las necesitamos y juntándolas cuando nos juntamos sabemos que podemos hacer camino al andar, porque con el amor y el sufrimiento se aúnan las voluntades, tal y como aprendí también de la Cantata de Santa María de Iquique. Puede ser una buena forma de encontrarnos cara a cara con el niño o niña creyente que fuimos, que nunca partió, que nunca se fue, y que nunca debemos abandonar para resolver el enigma de vivir dignamente.   

En un mundo con carencia de valores humanos, reivindico una vez más las creencias, que día a día los envuelven, porque soy consciente de que si se tienen, nunca desaparecen si no las olvidamos. Si creemos en el ser humano, las personas, porque nunca nos son ajenas, siguiendo a Terencio, sin dejar de lado a la Naturaleza, a la Sociedad o a Dios o dioses, encontramos el sentido de la vida, porque así nos lo ha contado la historia a lo largo de los siglos, en la interpretación más libre y progresista de la Creación, cuando Dios, después de haber creado los cielos, la tierra, toma conciencia de que la creación del hombre y de la mujer era muy bueno (qué importante el adverbio “muy”, meod en hebreo), sobre lo escuetamente “bueno” de todo lo demás creado, según el relato cananeo transmitido de padres a hijos por los siglos de los siglos.

En este contexto, he recordado que hace dos años compartí con la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, que no me es ajena, el hallazgo de una isla desconocida, que es la misión principal de este cuaderno digital, una obra que según mi leal saber y entender debíamos escuchar y ensalzar en este tiempo tan complejo y lleno de sobresaltos del alma humana. Se trataba de una publicación musical llevada a cabo por el cantor Antonio Orozco (cantante es el que puede y cantor, el que debe hacerlo, que no es lo mismo, según Facundo Cabral), gestada a lo largo de dos largos años, que narra la vida de otro cantor José Mercé, con un título en caló, El Oripandó, el sol, el amanecer de cada día, que el propio Mercé interpreta de forma muy sentida, con una canción que sobresale sobre las demás y con un título siempre sugerente: Jamás desaparece lo que nunca parte, dedicada a su hijo, que falleció cuando tenía tan solo 14 años, por un problema congénito de corazón.

Aquél día de 2022, me quedé con la letra y música de la canción guía de este proyecto de vida de Mercé, Jamás desaparece lo que nunca parte, porque estoy de acuerdo con algo muy importante para caminar despiertos en este mundo tan desabrido y lleno de sobresaltos cada día: jamás desaparece lo que nunca se va de nuestras vidas o lo que es lo mismo, jamás desaparecen nuestras creencias cuando nunca se olvidan:

Día y noche rugía
El fuego encendido de un sol que no mira
Del cielo el desprecio de un fin que avecina
La siembra y la ruina de un Dios que no afina

Duelo y enjambre de espinas
Cruzando el umbral de la puerta encendida
Haciendo del aire una amarga salida
Regando de nardos la calle sin vida

El juez cerró lo nuestro
La sala se apagó
No queda nadie

El baile se termina
Y el dragón se lo llevó
Y ahora arde

Y ahora arde
El tímido consuelo ahora arde
Ahora arde
La fe destartalada y el recuerdo arde

Un despertar bajo nía
Y un rumbo trenzado con almas vacías
Las niñas los palios que aguantan la rima
Y el mundo despierta con cruel letanía

Sentencia sostenida
Y el ángel susurró: ¡Que empiece el baile!
Lánguida sonrisa emocionada por saber que a veces aire

Y ahora aire
Sabiendo que mi todo está en el aire
Ahora aire
Jamás desaparece lo que nunca parte
Ahora aire

Si hoy he recordado de nuevo a José Mercè, es porque lo he escuchado hace unos minutos en una intervención personal suya en televisión, en la que ha pronunciado de nuevo esta frase mágica, tan sentida por la pérdida de su hijo: Jamás desaparece lo que nunca parte. Las personas que vivimos en Andalucía respetamos su identidad flamenca y a sus cantoras y cantores, porque llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él, aprendiendo cada día a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante. Luis Cernuda hizo un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos. Creencia en las personas, porque nunca nos son ajenas.

Lo he manifestado muchas veces en estas páginas digitales: el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. Recordar hoy a Mercé me ayuda una vez más a comprender el dolor actual de esta tierra como un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años, en el primer concurso de cante jondo celebrado en 1922: «A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos». 

Es lo que Mercé me ha recordado de nuevo y lo he llevado a mi terreno de creencias, con profundo respeto hacia él: jamás desaparecen los valores y creencias cuando nunca se van de nuestras vidas.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

Francisco cree, de forma equivocada, que el cotilleo sólo es cosa de mujeres

Francisco, en el encuentro con 72 sacerdotes jóvenes de la Diócesis de Roma, el pasado 29 de mayo / Silere non possum

Sevilla, 31/V/2024

El Papa Francisco ha vuelto a crear un gran revuelo mediático, en una reunión con jóvenes sacerdotes, a puerta cerrada, celebrada el miércoles pasado, a los que animó a que dejaran de lado los cotilleos y los chismes porque “son cosa de mujeres” (Il chiacchiericcio roba da donne, en Silere non possum), porque “nosotros llevamos pantalones, tenemos que decirnos las cosas a la cara”, insistió, pidiéndoles que así es como deben afrontar determinadas cuestiones, entiendo que “como hombres que somos”.

En este contexto, he recordado que hace quince años publiqué un artículo en este cuaderno digital, El cerebro cotilla, para divulgar qué significa “ser cotilla” como algo estructural en cualquier cerebro desde la perspectiva científica, sin identificación alguna de género, dicho con profundo respeto ante las desacertadas palabras de Francisco en referencia al cotilleo como “cosa de mujeres”. Es verdad que vivimos una época resplandeciente de cotilleos, chismes, bulos, cuentos y máquinas de fango. Basta repasar las programaciones de los medios de comunicación y, básicamente, de revistas y cadenas de televisión, para concluir que el cotilleo campa a sus anchas. También, en el mundo de la política indecente, que sabemos bien quién forma parte de ella. Muchas veces me he preguntado a qué se debe tal éxito social y desde mi pre-ocupación científica principal, es decir, cómo se comportan las estructuras del cerebro en la vida diaria, me he preguntado qué mecanismos se desencadenan en el cerebro de las personas cotillas, de las cotilleras y cotilleros, para que se obtenga tanto beneficio personal, familiar y social. 

Diccionario de Autoridades. Real Academia Española, 1729 (pág. 645,2)

Para reforzar la salida de tono De Francisco al hablar del cotilleo, como “cosas de mujeres”, deseo aclarar en este artículo mi aventura investigadora al respecto, centrada en averiguar cómo se fijó, limpió y dio esplendor a la palabra “cotilla” en la sociedad española, en su modo de hablar, sabiendo que cuando se construyen palabras es porque se introyectan en el lenguaje de una sociedad por aceptación popular. La primera vez que se encuentra la definición oficial de “cotilla” es en el Diccionario de Autoridades de la Real Academia, de 1729 (pág. 645,2), como diminutivo de la “cota”, es decir, un jubón sin mangas, una especie de armadura que se usaba en principio de cueros y después de mallas de hierro o de alambre gordo [sic], y que después se “suaviza” como una casaca de tela, embutida con barba de ballena y pespunteada, recogiendo en esta primera acepción un poema de la Autoridad de la época:

Éste, pues, por sus pecados,
Quiere a una niña de plata,
De esas de cotilla de oro,
Y de tabí de enaguas.

Es en 1927 la primera vez que se introduce en el Diccionario de la Real Academia (RAE Manual 1927, pág. 593, 1-2) un dibujo de la cotilla. Y hay que esperar hasta 1936 a que se introduzca, por primera vez, una segunda acepción del lema “cotilla” como mujer chismosa y parlanchina (RAE U 1936, 365,1). Asimismo, se introduce también una segunda acepción en el lema “cotillero”, con la siguiente definición: persona amiga de chismes y cuentos (RAE Usual 1937, pág. 365, 1). Creo que las fechas no son inocentes y coinciden con una etapa histórica del país, la II República, que permitía estas libertades no asociadas per se a un género determinado, el femenino por definición, aunque con un severo toque machista, que todo hay que decirlo y que fija definitivamente el Régimen, manteniendo la acepción sin cambio alguno en sucesivas ediciones. En la edición de 1956, es la última vez que se incluye la acepción de “cotilla” como mujer chismosa y parlanchina. Es en la edición de 1970 cuando se introduce por primera vez en masculino y femenino la definición de cotilla (segunda acepción), como persona amiga de chismes y cuentos, que se ha mantenido hasta la última edición de 1992 (22ª). Es en esta edición donde se consagra también el lema “cotilla” como segunda acepción de la palabra “cotillero”, introducida en 1937, como persona amiga de chismes y cuentos.

Esta intrahistoria del vocablo traduce la actividad cerebral de la persona cotilla, como una acción vinculada en principio a mujeres, cotilleras, de por sí chismosas y parlanchinas, pero que posteriormente se reconoce a toda persona que es amiga de chismes y cuentos, sin olvidar que al unirse la palabra “cotilla” al vocablo cotillero, se puede deducir claramente que la actividad de cotilleo se llevaba a cabo, fundamentalmente, en los talleres de los cotilleros, artesanos nada inocentes y siempre rodeados de mujeres a las que hacían los ajustadores de ballenas. Me quedo con la última acepción extendida a toda clase de personas, para intentar dilucidar por qué el cerebro construye este rasgo de personalidad, de tanto éxito en el momento actual. Y los sucesivos diccionarios de la Real Academia son implacables desde el siglo XVIII con los chismes y con las personas chismosas, como identificador de este rasgo tan peculiar: persona que es cuentista, enredadora y que se ocupa en meter cizaña entre amigos y parientes y persona que es pesquisidora de cuanto pasa, y aún de lo que no pasa, inventora, parlera y chismosa (RAE A 1729, 325,1), ésta última definición atribuida a Fray Luis de León, en La Perfecta Casada §.9. Porque el chisme es murmuración o cuento con que alguno intenta descomponer una persona con otra metiendo cizaña, y refiriendo lo que no tiene necesidad de que se sepa. Chisme viene del latín Schisma, por ser este el efecto del chisme, la separación, el cisma, que siempre causa discordias y malas avenencias.

¿Por qué construye el cerebro chismes y cuentos, como perfecto cotilla? Sin lugar a dudas porque esta actividad produce bienestar y satisfacción en muchas personas, a través de neurotransmisores amables para determinadas estructuras cerebrales. Porque el cerebro, a través del sistema límbico, siempre busca el mejor camino para la satisfacción, porque garantiza el bienestar diario, aunque sea momentáneo, a ráfagas. El cerebro, que aprende perdiendo y ganando, agota el conocimiento de lo que pasa, como “pesquisidor” de cuanto sucede a nuestro alrededor, aunque no seamos conscientes de ello, sea o no verdad. Siempre está grabando por diversas “pistas” e intenta recuperar aquello que causa satisfacción, recuperando lo que ha guardado en el hipocampo. Y en esta actividad frenética interviene el aprendizaje respecto de lo que acontece en cada vida, desde la preconcepción, donde el adiestramiento en este tipo de actividades, fabricar chismes y cuentos, puede ser una actividad perfectamente asumida en entornos familiares, laborales y de amigos. Si además, socialmente hablando, causa reconocimiento e hilaridad, por lo que se dice y se comenta, el bienestar está servido. Multiplicando el bienestar oculto o expreso, por cien, si estos chismes o cuentos se fabrican por periodistas científicos, que es como se denominan hoy determinados cotillas profesionales, como patente de corso de lo que ocurre en los entornos cotillas de papel cuché o de la alta definición. Multiplicando los cachés de chismosos y cuentistas, de las marcas comerciales, de las empresas de publicidad, de determinada clase política. Con el dinero de todas y todos los cotillas, al comprar y consumir aquellos productos que se introducen en la cadena de anuncios del programa de cotilleo, como descanso en el papel investigador de la vida de los demás, a cualquier precio, porque a mayor audiencia, mayores ingresos, a costa de los pesquisidores de cuanto pasa, y aún de lo que no pasa, inventores, parleros y chismosos

En 2009 leí un post en el blog de un periodista muy querido, Juan Cruz, que llevaba por título “El gen del cotilleo”. Sus palabras resumen muy bien hasta donde puede llegar el cerebro humano, cotilla y cotillero, que no puede con ese gusano de la aparente felicidad: “El cotilleo es como el gusano inservible de las frutas, lo quitas y parece que la fruta ya no está contaminada por la actividad modesta e insistente del gusano. Pero el gusano, en el mundo de la información malsana, es decir, del cotilleo, el rumor y la difamación, que muchas veces están juntos, es como un gusanillo, intriga su cuerpecillo, lo vemos deambular en torno nuestro y no nos decidimos a matarlo; creemos que es, tan solo, una sombra, y termina apoderándose de la fruta. Este contagio del cotilleo está afectando a la conversación cotidiana, daña a la esencia de lo que nos decimos y abre la puerta para aventuras aún más arriesgadas, en las que se pone en peligro la estima de los otros, y, aunque eso no se note en la superficie, nuestra propia autoestima. También lo dijo ese año, 2009, en sede parlamentaria, el recordado diputado Gaspar Llamazares, hablando de “las mentiras de destrucción masiva, porque hay mentirijillas que si se ponen juntas, y se animan a través del cotilleo, destruyen masivamente no sólo la conversación sino la reputación de las personas, generan un bicho bochornoso del que se tendría que prevenir la sociedad, y no sólo la sociedad de la cultura, la política o el espectáculo, sino la sociedad entera, que un día va a encontrarse que no halla otro tema de conversación que la que propone el cotilleo como materia informativa. El gen del cotilleo está excitadísimo, no le demos tregua”.

Ante lo anteriormente expuesto, sólo me quedaría aportar, humildemente, a Francisco, clarificación suficiente para superar el error en la calificación del género femenino como la sede de la “actividad cotilla” por excelencia, según sus palabras, al recomendar a los sacerdotes jóvenes reunidos en Roma, que “dejen de lado los cotilleos y los chismes porque “son cosa de mujeres”, porque “nosotros llevamos pantalones, debemos decir las cosas”, insistió, pidiéndoles que vayan de cara para afrontar determinadas cuestiones, entiendo que “como hombres que somos”. Hoy, como hombre que soy, tomo conciencia de nuevo de que “cotillas” podemos ser todos, sin distinción de género, como personas cuentistas, enredadoras y que se ocupan en meter cizaña entre amigos y parientes y personas pesquisidoras de cuanto pasa, y aún de lo que no pasa, inventoras, parleras y chismosas (RAE A 1729, 325,1). Protagonistas, a veces, de las máquinas de fango que tanto daño hacen en estos momentos tan complejos en nuestro país, porque entre cotillas, cotilleros y cotilleras, anda el juego.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

La democracia ha aprobado hoy, en el Congreso, la normalización institucional, política y social en Cataluña

Pleno del Congreso de los Diputados, el 30 de mayo de 2024, día de la aprobación de la Ley de Amnistía

¿Qué hacer? Comprender (no tenemos nada mejor que hacer). ¿Comprender qué? Comprender la realidad (no tenemos nada más a mano).

Javier Wagensberg, La interdisciplinariedad en aforismos

Sevilla, 30/V/2024

De acuerdo con la comunicación oficial del Congreso de los Diputados emitida hoy, el Pleno “ha aprobado la Proposición de Ley Orgánica de amnistía para la normalización institucional, política y social en Cataluña por 177 votos a favor y 172 votos en contra. La iniciativa, que llegó a la Cámara a través de una iniciativa del Grupo Socialista, comenzó su tramitación el 12 de diciembre, con la toma en consideración. Al aprobarse el texto, han quedado amnistiados, tal y como se expresa en el artículo primero, los «actos determinantes de responsabilidad penal, administrativa o contable, ejecutados en el marco de las consultas celebradas en Cataluña el 9 de noviembre de 2014 y el 1 de octubre de 2017, de su preparación o de sus consecuencias, siempre que hubieren sido realizados entre los días 1 de noviembre de 2011 y 13 de noviembre de 2013». 

Creo que ha sido un momento especial, democrático por excelencia, en el que la máxima representación de la voluntad del pueblo español ha refrendado por mayoría una Ley necesaria para reforzar la unidad de España y su más allá, tal y como lo he escrito en este cuaderno digital en varios artículos a lo largo de la accidentada tramitación de la misma, que vuelvo a resaltar en sus principales aspectos políticos, éticos y legales. Lo hago porque es verdad lo que he manifestado en varias ocasiones sobre mi aversión a los silencios cómplices, donde la traída y llevada “amnistía” no escapa de ser un auténtico asunto de interés parea nuestra democracia. Por esta razón ética de fondo, entiendo que Ley de amnistía para la normalización institucional, política y social en Cataluña, así, desarrollada en todo su enunciado, es un camino para ordenar políticamente este país en estos momentos y con vocación de futuro, tal y como lo planteé también en un artículo de este cuaderno, que considero relevante, Amnistía significa esfuerzo coral democrático, comprensión y olvido, como antesala de estas palabras. Lo que expongo a continuación, forma parte de una reflexión profunda de pedagogía política sobre la amnistía, tan necesaria en este día tan importante para la democracia en este país.

En primer lugar, entiendo la amnistía como un paso más en el proceso de reconciliación política con Cataluña, que no judicial, que se inició con los indultos en el 2021, momento en el que publiqué también unas palabras en favor de esta medida política, como la mejor forma de seguir reconstruyendo un país dividido en relación con el independentismo, en una trayectoria personal de compromiso intelectual con el proceso de Cataluña, a lo largo de los años, en este cuaderno digital. Expliqué entonces el auténtico sentido de la palabra “indulto”, en todas sus variables, comprobando que todo lo expuesto anteriormente tiene su valor ético, porque demuestra que brotan estas palabras de un suelo firme que he ido poniendo a lo largo de la vida en mi alma, a modo de solería que justifica todos mis actos humanos. Indultar es perdonar y así se transmitió a lo largo de los siglos en el leal saber y entender de las palabras. Es lo que afirmó Rafael Alberti, hace ya muchos años, cuando nos regaló unas palabras bellísimas sobre el sentimiento humano nacido en el corazón: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso. O lo que es lo mismo, el indulto sin con-cordia [así] con Cataluña, sin corazón compartido, sin perdón y comprensión, no es nada, sólo indulto.

En segundo lugar, conociendo el texto de la Proposición de Ley Orgánica de amnistía para la normalización institucional, política y social de Cataluña, documento que se registró el 13 de noviembre de 2023, en el Congreso de los Diputados por parte del Partido Socialista Obrero Español, creo que es necesario recordar los contenidos de un programa real como la vida misma, de Primero de Democracia, teniendo como telón de fondo la Constitución, para analizar bien el citado texto, en un hipotético Curso impartido con la urgencia que merece, en la escuela de España al revés (Eduardo Galeano, dixit). Creo, por tanto, que a partir de hoy la amnistía quiere poner el contador político a cero en el problema de Cataluña, perdonando y sin dejar huella alguna de lo sucedido con valor actual, porque la historia no se olvida ni se borra, con objeto de que se pueda seguir avanzando en reconstruir lo que hasta ahora estaba hecho añicos, algo que expliqué en este cuaderno digital cuando hice una analogía del procés con el trencadís catalán, parafraseando una frase de Gaudí en relación con ese símbolo cultural muy querido en Cataluña: “A puñados se tienen que poner [las piezas rotas de cerámica], si no, no acabaremos nunca”, es decir, creo que es urgente recordar de nuevo esta técnica catalana como metáfora en estos momentos tan difíciles para el país, salvando lo que haya que salvar, para unir de una vez por todas a las partes implicadas en el proceso catalán e intentar buscar la mejor argamasa para unir piezas rotas hoy, pero que en un futuro pueden brillar en todo su esplendor. Trencadís político en estado puro, porque si no, “no acabaremos nunca” con esta situación política de ruptura civil del pueblo catalán y, por extensión, de este pueblo con España, sin necesidad de “embates definitivos para desbordar los límites autonómicos”.

En tercer lugar y último, por hoy, vuelvo a expresar alto y claro que creo firmemente en la reconciliación con Cataluña y en la sana utilización de una palabra de esencia lingüística catalana, seny, que recoge muy bien un sentir que deberíamos adoptar todas las personas que creemos en la comprensión, el perdón, el indulto, la amnistía y en la regeneración de la sociedad. Ha llegado el momento, con la aprobación hoy de esta proposición de Ley Orgánica de Amnistía, de seguir avanzando en ese difícil proceso de entendimiento con Cataluña, algo que ya he manifestado anteriormente en este cuaderno digital, situando en el centro de todos los próximos encuentros de Estado el diálogo político con espíritu machadiano, con las preguntas necesarias de las partes intervinientes y su correspondiente actitud de escucha, con un objetivo claro: hablar de la nueva y posible configuración territorial y federal de España en la que Cataluña tenga la cabida que busca en alternativas independentistas que hoy día no tienen viabilidad en un Estado Constitucional de Derecho.

Recuerdo hoy de nuevo, en este momento político tan trascendental, un aforismo de Jorge Wagensberg, entresacado entre otros dedicados a la interdisciplinariedad (1), que lo considero de especial interés para los que necesitamos viajar imaginaria y diariamente a la búsqueda de islas desconocidas para solucionar problemas de este país y no tener problemas al elegir qué llevarnos para meditar en la persona de secreto, que cada uno, cada una, llevamos dentro, cuando se queda sola ante la comprensión, el perdón, el indulto y la amnistía. Dice exactamente así: ¿Qué hacer? Comprender (no tenemos nada mejor que hacer). ¿Comprender qué? Comprender la realidad (no tenemos nada más a mano). Es verdad. Sobre todo, cuando la comprensión es fruto del perdón por lo que no acabamos de comprender, en una tautología de términos que se confunden casi siempre en estos tiempos tan modernos. Porque perdonar es comprender y a veces comprendemos tanto que no hay nada que perdonar. Vivimos momentos desconcertantes, porque no sabemos lo que nos pasa a los de alma inquieta. Nos rodea una mediocridad política galopante y una desvergüenza de lo corrupto que casi todo lo invade de forma silente, mucho más allá del territorio de la política profesional porque están instaladas en la sociedad. Solo nos queda comprender el comportamiento humano que nos rodea, porque nada nos puede ni debe ser ajeno, tomando conciencia de que no tenemos nada mejor que hacer si queremos comprender lo que nos pasa. Y lo que pasa es que la realidad nos rodea, porque la tenemos a mano en cualquier ámbito en el que nos movemos al despertar cada día. Y hay que comprenderla, caminando por las aceras de la vida que nos llevan al interesante Club de las Personas Dignas.

Un aforismo de Jorge Wagensberg precioso y útil, sobre todo en una sociedad de mercado que en este aquí y ahora de la comprensión no necesita recurrir al poderoso caballero don dinero. Es el deber de vivir con los demás y el derecho a comprenderlo para aprender a perdonar a los que hacen cosas que no nos gustan y seguir luchando por transformar la sociedad (la que no es digna, justa y equitativa), no sólo cambiarla (Feuerbach, dixit). Aunque, repito, estamos advertidos: perdonar es comprender y a veces comprendemos tanto que no hay nada que perdonar. Incluso, a las personas condenadas por el traído y llevado proceso catalán de independentismo.

Necesitamos recordar siempre que durante las veinticuatro horas del día este país necesita rescatar segundos de preguntas, comprensión y perdón si el acontecer diario abre heridas de amor y muerte, que para unas y unos puede ser entregar por cansancio existencial lo más querido y para aquellas y aquellos, alcanzar el sueño más esperado, ir siempre hacia adelante. Así recuperamos, al mismo tiempo, la dignidad, como cualidad de lo más digno, es decir, aquello que nos hace merecedores de algo tan importante como la comprensión de los demás. Además, sin necesitar el perdón, porque todas y todos aprendemos a comprender nuestras propias limitaciones, llevándonos de la mano al necesario tiempo de silencio nacional preconizado por Azaña: si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar. También, comprender la realidad para no tener que perdonar tanto: ¿Qué hacer? Comprender (no tenemos nada mejor que hacer). ¿Comprender qué? Comprender la realidad (no tenemos nada más a mano). Y ¿por qué no?, indultar y amnistiar con espíritu de concordia recordando a Alberti: que se escuche la concordia mucho más fuerte que el viento, porque si el indulto y la amnistía no tienen eso, concordia, comprensión y perdón, no es indulto ni amnistía que valgan.

Lo he dicho en este cuaderno digital en varias ocasiones y lo repetiré hasta la saciedad: nada catalán -por humano- me es ajeno y suspiro por una Cataluña integrada en España, cuestión que sigo defendiendo hoy con ardor guerrero y con la ardiente paciencia de Neruda. En ese sentido vuelvo a leer una y otra vez el discurso dedicado a las floristas de La Rambla de Barcelona, que Federico García Lorca leyó en una cena en el hotel Majestic de esa ciudad, el 22 de diciembre de 1935, porque se estaba representando allí su obra “Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores”, junto a la compañía de Margarita Xirgu. Todo es un símbolo, pero se me antoja necesario pensar en Cataluña, incluso cuando llegue la amnistía, como una calle larga, una Rambla rodeada de flores, “que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros y antigua de sangre”. ¡Qué mejor reconocimiento a una extraordinaria Comunidad, con palabras de un andaluz universal que supo cantar la quintaesencia de un pueblo al que tanto amamos!

(1) Wagensberg, Javier (2017, 26 de abril). La interdisciplinariedad en aforismos, en Babelia (El País.com).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!