Cuando un libro nos cambia la vida

Sevilla, 27/XI/2023

Leer un libro bien elegido y no sólo por estar recomendado como best seller por la industria que lo controla, no es un bálsamo de Fierabrás para nuestra vida, por mucho que lo indicara el Quijote, con cierta sorna, en algunas ocasiones especiales, pero sí nos puede cambiar la vida si atendemos a la función del lector que nos enseñó Eduardo Galeano en su Libro de los abrazos (1): “Cuando Lucía Peláez era muy niña, leyó una novela a escondidas. La leyó a pedacitos, noche tras noche, ocultándola bajo la almohada. Ella la había robado de la biblioteca de cedro donde el tío guardaba sus libros preferidos. Mucho caminó Lucía después, mientras pasaban los años. En busca de fantasmas caminó por los farallones sobre el río Antioquía, y en busca de gente caminó por las calles de las ciudades violentas. Mucho caminó Lucía, y a lo largo de su viaje iba siempre acompañada por los ecos de los ecos de aquellas lejanas voces que ella había escuchado, con sus ojos, en la infancia. Lucía no ha vuelto a leer ese libro. Ya no lo reconocería. Tanto lo ha crecido adentro que ahora es otro, ahora es suyo”.

Es verdad lo que le pasó a Lucía, porque existen libros leídos a lo largo de la vida que se convierten en algo nuestro, lo más íntimo de nuestra propia intimidad, que decía en un latín perfecto San Agustín: intimior intimo meo. Soy consciente de que en un modo de vivir tan rápido como el actual, la lectura pausada y continua es un estorbo para muchas personas, donde el libro supone además un reto casi inalcanzable para el interés humano de supervivencia diaria. De lo que estoy convencido es de que también nos quedan palabras en los libros, como lo aprendí de Blas de Otero de la vida compleja y difícil de cada día. En estos momentos tan delicados para la humanidad, por los estragos de las guerras externas e internas, de todo tipo, que asolan el mundo y, algunas veces, nuestro país, tenemos la obligación ética de hacer una operación rescate de placeres útiles como el de la lectura, proclamándola como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer cuando vamos siendo mayores, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer, ni hay un compromiso de Estado para que España lea: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (2).

Mi función de lector se refuerza día a día recordando a una escritora extraordinaria, Irene Vallejo, en su libro canónico “El infinito en un junco”, que recomiendo leer en un acto de agradecimiento reverencial a la historia de los libros y a la función del lector: “Hablemos por un momento de ti, que lees estas líneas. Ahora mismo, con el libro abierto entre las manos, te dedicas a una actividad misteriosa e inquietante, aunque la costumbre te impide asombrarte por lo que haces. Piénsalo bien. Estás en silencio, recorriendo con la vista hileras de letras que tienen sentido para ti y te comunican ideas independientes del mundo que te rodea ahora mismo. Te has retirado, por decirlo así, a una habitación interior donde te hablan personas ausentes, es decir, fantasmas visibles solo para ti (en este caso, mi yo espectral) y donde el tiempo pasa al compás de tu interés o tu aburrimiento. Has creado una realidad paralela parecida a la ilusión cinematográfica, una realidad que depende solo de ti. Tú puedes, en cualquier momento, apartar los ojos de estos párrafos y volver a participar en la acción y el movimiento del mundo exterior. Pero mientras tanto permaneces al margen, donde tú has elegido estar. Hay un aura casi mágica en todo esto” (3).

Es excelente la descripción anterior de la función de leer, pero tengo que pensar que en la historia de los libros, leer no siempre ha sido así. Esta es la grandeza actual que se me transfiere en mi función de lector de ese libro, como un ejemplo especial, porque tanto ha crecido adentro de mí, que ahora es otro, ahora es mío.

(1) Galeano, Eduardo, El libro de los abrazos. Madrid: Siglo XXI, 1993.

(2) Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7.

(3) Vallejo, Irene, El infinito en un junco. Madrid: Siruela, p. 60s, 2020.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cavo con una aguja el pozo de vivencias lejanas

Escribo porque solamente modificando la realidad puedo soportarla, […] escribo para ser feliz.

Orhan Pamuk, en el discurso del acto de entrega del Premio Nobel de Literatura 2006

Sevilla, 26/XI/2023

Estoy convencido de que el pintor que siempre ha vivido en la persona de secreto del premio Nobel de Literatura en 2006. Orhan Pamuk, nunca ha muerto: “Tengo que escribir sobre el placer que siento al escribir por encima de un dibujo. Esto es lo que hay que decir: entre los 7 y los 22 años pensé que iba a ser pintor. A los 22, murió el pintor que había en mí y empecé a escribir novelas. En 2008, entré en una tienda y salí con dos enormes bolsas llenas de lápices y pinceles; luego, entre el placer y el temor, empecé a dibujar en pequeños cuadernos. No, el pintor que había en mí no estaba muerto». Es lo que le ha llevado a la publicación de su última obra, Recuerdos de montañas lejanas, cuya descripción oficial nos ayuda a comprender su hilo conductor: “Desde hace quince años, Orhan Pamuk escribe y dibuja a diario en sus cuadernos. Anota sus pensamientos sobre la actualidad, dialoga con los personajes de sus novelas, confiesa sus miedos y preocupaciones, narra sus encuentros y viajes y reflexiona sobre el amor y la felicidad. Por primera vez, el escritor que soñaba con ser pintor nos muestra una cuidada selección personal de sus dibujos, una bellísima aproximación a la íntima y prolífica lectura que hace Pamuk del mundo y de la vida a través de un conmovedor mosaico de paisajes y reflexiones. Recuerdos de montañas lejanas se convierte así en un verdadero espacio artístico alejado del diario o las memorias tradicionales, dando lugar a un libro singular e inimitable”.

Si publico hoy este acontecimiento literario es por mi profunda admiración de este escritor, con el que comparto la justificación de por qué escribo, tal y como lo he reflejado en páginas de este cuaderno digital, en numerosas ocasiones, entre las que destaco una, fundamental, cuando recordé unas palabras suyas en el acto de entrega del citado Premio Nobel de Literatura, publicadas después en un libro con un título muy sugerente, La maleta de mi padre (1), en el que nos explicó qué significaba en su vida un dicho de su tierra con un valor especial: “escribir es como cavar un pozo con una aguja”, expresión fantástica a la que dediqué un artículo en este cuaderno digital con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro en el año 2017. Es verdad que la vida de un escritor se hace poco a poco, horadando la persona de secreto que todos llevamos dentro, aunque no todos lo descubran, es decir, cavando el pozo del alma con una aguja virtual a imagen y semejanza de cada uno. Esa es la razón de que existan pocos escritores que aporten al mundo sus pozos con agua, porque es su misión, no la de estar secos clamando solos en su desierto personal. Y sigo buscando cada día las razones de Orhan Pamuk cuando hablaba de la maleta que un día le entregó su padre y que reflejaba lo que había aprendido de él y de una premonición hecha hacia él después de un abrazo de silencio: “…me dijo de repente y como si tal cosa que algún día me darían el premio [Nobel de Literatura] que hoy recibo con gran alegría”.

En aquella ocasión dediqué aquellas palabras a las personas que desde que comencé a escribir por primera vez las páginas de este blog, en diciembre de 2005, se acercan cada día a este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, a cuantos sienten el placer de leer libros y palabras unidas en otros formatos, que dan sentido a sus vidas; a quienes descubren el sentido de la existencia a través de autores concretos, a las personas que se sienten acompañadas por libros de cabecera que nunca les abandonan, a quienes con fían en que quienes escriben tienen la paciencia turca de cavar pozos con un a aguja, porque solo desean transformar la realidad poco a poco para poder soportarla. Hoy, sigue teniendo el mismo valor esta dedicatoria, que reafirmo en todos sus términos, porque doy mucho valor a los recuerdos de vivencias lejanas, a esas montañas existenciales que tan sabiamente dibujaba Orhan Pamuk en sus libros de notas.

Después de muchos años de oficio vital, creo que comprendí qué significa escribir cuando leí a Pamuk en su memorable discurso en el acto de recepción del premio Nobel: “[…] el secreto del escritor no es la inspiración, pues nunca se sabe de dónde viene, sino la obstinación y la paciencia. Hay una hermosa expresión turca, “cavar un pozo con una aguja”, y a mí me parece que fue inventada pensando en nosotros, los escritores. Para mí, ser un escritor significa observar con atención las heridas que llevamos dentro, sobre todo las heridas secretas de las que no sabemos nada o casi nada, descubrirlas con paciencia, estudiarlas y sacarlas a la luz para luego asumirlas y hacer de ellas una parte consciente de nuestra escritura y nuestra identidad. Ser escritor es hablar de cosas que todos conocen sin saberlo. Descubrir este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo, ofrece al lector el placer del asombro en el recorrido de un mundo que le es familiar”.

Estos son determinados principios existenciales a la hora de escribir, que tantas veces he reiterado en estas páginas y que hoy, al conocer la última publicación de Pamuk, me vuelvo a reafirmar en ellos, con el hilo conductor de transmitir una idea circular en este blog desde su primer día de vida literaria, utilizando de nuevo aquellas palabras que debo a él, “escribir es como cavar un pozo con una aguja”, salvando lo que debo salvar, simplemente por la actualización temporal, aspecto de forma que no de fondo, recordando a José Manuel Blecua, ex director de la RAE, cuando dijo en una ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. En esta ocasión, lo hago copiando de él, porque estos siguen siendo mis principios y, si no gustan, no tengo otros, separándome por un momento de mi admirado Groucho Marx. En un tiempo en el que se arrojan valores por la ventana desde nuestro desvencijado vehículo vital, vuelvo a hacer una declaración de principios sobre por qué escribo en este blog, en una etapa de jubilación en la que sigo asumiendo, cada día que pasa, que lo nuestro es pasar, con ardiente impaciencia personal y social, sabiendo que ahora tengo un compromiso intelectual con la sociedad en la que vivo. A veces, siguiendo tan solo la ruta de un pájaro herido, leyendo de nuevo a Pamuk para no sentirme así, por no vivir así, perdido. Gracias anticipadas si está interesado o interesada en leer unas palabras necesarias en mi vida, casi imprescindibles para seguir escribiendo, porque escribo por tres razones.

En primer lugar, porque es la forma de expresar de forma especial, con palabras, la esencia de mi persona de secreto, interpretando la realidad que rodea permanentemente mi vida de forma voluntaria pero no inocente. Ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, aunque genere en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. En segundo lugar, porque considero que escribir es un acto de militancia activa en el compromiso intelectual, por varias razones: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea como privilegiada zona de confort y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera por imperativos del mercado. Desgraciadamente. Además, porque al escribir se hace patente el compromiso con uno mismo y con los demás, fundamentalmente con los más desfavorecidos por la vida. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretando la responsabilidad como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad al escribir (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. En tercer lugar, porque me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada, pero si le falta alma, no es nada: Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora.

Vuelvo a Orhan Pamuk, del que me gusta “copiar” sus sentimientos, afectos y palabras, como dije anteriormente y citando a José Manuel Blecua, ex director de la RAE. Quizás, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado también una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo del alma con una aguja, recordando nuestras vivencias, que algunas veces aparecen como montañas lejanas.

(1) Pamuk, Orhan, La maleta de mi padre. Barcelona: Random House Mondadori, 1997.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Palomar, la última obra de Ítalo Calvino

Sevilla, 24/XI/2023

Dedicado de nuevo a Ítalo Calvino, en el centenario de su nacimiento, el 15 de octubre de 1903, en Santiago de las Vegas (Cuba), como recuerdo agradecido por haber aprendido de él, en su conferencia póstuma ´El arte de empezar y el arte acabar´, lo que expresaba como algo esencial cuando escribimos, ante el momento mágico de enfrentarnos a la página en blanco, porque “… es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (1).

Estoy muy cerca de Ítalo Calvino, como saben bien los que hojean este cuaderno digital donde, siguiéndole de cerca, procuro siempre “decir algo especial”, pero ahora, todavía más, con motivo de la celebración de su nacimiento en Cuba, hace exactamente cien años, concretamente el 15 de octubre de 1903. Ante este acontecimiento, estoy interesado en conocer dos obras suyas a fondo, Ermitaño en París (2) y Palomar (3), por una razón muy clara. Ambas suponen aproximarme a su vida y obra, contadas por él en su esencia vital, para conocerlo como merece, siendo la primera una ´autobiografía´ publicada de forma póstuma, aunque ya contemplada por él en una carpeta guardada durante muchos años en su casa, con el detalle que figura en la sinopsis oficial de la misma: “La publicación de estas páginas autobiográficas inéditas aclara y precisa muchos de los aspectos más importantes de la vida y la personalidad de Italo Calvino: su infancia, su lucha partisana durante la Segunda Guerra Mundial, su militancia política en el comunismo, luego su alejamiento y decepción, las relaciones con los escritores de su época y el camino que le llevó a la literatura. La primera parte del libro pertenece a una carpeta guardada hasta ahora y que, con el título Páginas autobiográficas, llega hasta 1980. Lo completan dos textos entrañables y reveladores: Ermitaño en París y Diario norteamericano (1959-1960). El primero es una delicada dedicatoria llena de amor a París, ciudad de la que no se apartaría a lo largo de toda su vida, y de la que se iría apropiando a través de la lectura de muchos libros inolvidables: Los tres mosqueteros, Los miserables, Baudelaire, Balzac, Proust… Aparentemente el Diario norteamericano es una serie de cartas enviadas a un amigo sobre las impresiones y experiencias de su viaje. Pero no es sólo eso: la curiosidad, la sensibilidad, la ironía, el análisis ilustrado, benévolo y severo a la vez, se vuelcan en la mirada lúcida de Calvino sobre aquella sociedad de hace más de treinta años, ofreciendo al lector un fresco divertido, crítico y, en muchos aspectos, muy actual de una sociedad tan variada y contradictoria como era –y es– la norteamericana”.

La segunda, Palomar, la traigo a colación porque fue la última obra publicada por él, en 1983, dos años antes de su repentino fallecimiento en 1985, que interpreto como una lectura ´descriptiva´ del mundo que le rodeaba, en primera persona, a través del señor Palomar, tal y como se adelanta en la sinopsis oficial de esta obra: “Del mismo modo que el observatorio que lleva su nombre, el señor Palomar mira y analiza el mundo. El señor Palomar observa y piensa mientras parece no hacer nada, pero una actividad incesante, que se traduce en una evolución de su pensamiento acerca del mundo, bulle en su interior. Las experiencias de Palomar consisten en concentrarse en pequeños objetos y fenómenos a través de cuyo minucioso análisis encontrará una relación entre el objeto y el universo, o entre el yo y el universo, porque este se refleja, se verifica y se multiplica en todo lo que nos rodea. Todo es lo mismo y todo forma parte de lo mismo. El mar, el cielo, las estrellas, un prado, un pequeño queso en la estantería de un supermercado, el mármol ensangrentado de una carnicería, encierran las preguntas sobre la existencia. El itinerario de Palomar hacia la sabiduría recrea una historia en la que la anónima vida del protagonista se eleva como ejemplo del vertiginoso viaje interior que muy pocos osan realizar”. Calvino lo resume perfectamente en la Nota Preliminar de la edición en Cátedra (2023), en la que afirma como frase final de la misma que “la historia de Palomar puede resumirse en dos frases: Un hombre se pone en marcha para alcanzar, paso a paso, la sabiduría. Todavía no la ha alcanzado”.

Es lo que me ocurre en la actualidad con ese alcance de la sabiduría esencial, a esta altura de mi matusalénica edad, de la que soy consciente, en la soledad existencial de un ermitaño en Sevilla, que sólo sé que no sé nada. Hoy, he tenido especial cuidado de decir algo especial sobre este maestro de la literatura universal, al que tanto debo. La lectura de nuevo de estas dos obras, me entregan una perspectiva diferente de la vida, describiéndola, como él tan sabiamente hizo. También…,  admirándola.

(1) Calvino, Italo, Seis propuestas para el próximo milenio. Madrid: Siruela, 1989, págs. 45-67.

(2) Calvino, Italo, Ermitaño en París, Madrid: Siruela, 1994.

(3) Calvino, Italo, Palomar, Madrid: Cátedra, 2023.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Publicadas, por fin, las listas de espera en el Sistema Sanitario Público de Andalucía

Sevilla, 23/XI/2023

Finalmente, en la página de Transparencia del portal web del Servicio Andaluz de Salud, que oficialmente “ofrece información relevante para garantizar la transparencia de la actividad que se realiza en el Servicio Andaluz de Salud, dando respuesta a los requerimientos por la normativa en forma de publicidad activa”, se publicaron el pasado martes 21 de noviembre, las listas de espera de Andalucía, a 30 de junio de 2023, tanto en consultas externas como en respuesta quirúrgica, que han sumido en tanto desconcierto a la ciudadanía de esta Comunidad, por su demora en hacerse públicas, desde que se hiciera por última vez en junio de 2022, justificada una y otra vez por la Consejería de Salud y Consumo por problemas técnicos en su elaboración. La citada página, mediante la que se puede acceder a toda la información por diferentes búsquedas y filtros, pero no formalizada en un documento fácilmente accesible para su análisis y evaluación pública, facilita información y datos sobre los tiempos de respuesta global en Andalucía, en ambas situaciones:

LISTA DE ESPERA QUIRÚRGICA

 – Total de pacientes pendientes en lista de espera quirúrgica, el mismo total por provincias y, finalmente, por hospital.

Fuente: Servicio Andaluz de Salud: Pacientes inscritos en lista de espera quirúrgica. Junio 2023

LISTA DE ESPERA DE CONSULTAS EXTERNAS

– Total de pacientes pendientes inscritos en lista de espera de consultas externas por provincias,  por hospitales y, por último, por especialidad.

Fuente: Servicio Andaluz de Salud. Pacientes pendientes inscritos en lista de espera de consultas externas por provincias. Junio 2023.

He cotejado inmediatamente esta información pública con los datos que publiqué el pasado sábado en este cuaderno digital, mediante un artículo, Andalucía amarga, triste, por las listas de espera en su Sistema Sanitario Público, en el que abordé las listas de espera en el Sistema Nacional de Salud, una cuestión “amarga” para Andalucía, porque hasta el citado día 17 de noviembre no se sabía nada al respecto en esta Comunidad, cuestión que se pudo despejar al hacer públicos el Ministerio de Sanidad los indicadores de la situación sobre las listas de espera en el Sistema Nacional de Salud, a 30 de junio de 2023, “fecha a la que corresponden los últimos datos enviados por las comunidades autónomas, de acuerdo con lo establecido en el Real Decreto 605/2003, por el que se establecen medidas para el tratamiento homogéneo de la información sobre las listas de espera en el Sistema Nacional de Salud”.

Del cotejo citado surgen discrepancias en los datos que figuran en ambos informes, dado que según el Ministerio, el total de pacientes en lista de espera quirúrgica en Andalucía, a 30 de junio de 2023, eran 192.561, mientras que en los datos facilitados ahora por el Servicio Andaluz de Salud figuran 203.375 pacientes, un desajuste de 10.851 pacientes más sin explicación alguna por parte de esta institución andaluza. Igualmente, la demora media pasa del dato del Ministerio, 139 días, a 144 en el informe del SAS. Curiosamente, en referencia a las lista de espera de consultas externas, en los dos informes figuran un total de 841.731 pacientes, sin que se produzca en estos indicadores desajuste alguno.

Siendo una noticia muy importante para la Comunidad de Andalucía conocer con detalle la situación de las listas de espera tanto en relación con las consultas externas de diferentes especialidades, como las de respuesta quirúrgica, reitero de nuevo lo que manifesté en el artículo citado, en el sentido de que los datos son muy preocupantes, en ambas proyecciones, pero sobre todo los de las listas de espera en consultas de especialistas, donde es verdad que Andalucía ha mejorado en relación con el año anterior, pero con unas cifras todavía muy alarmantes, elevándose a un total de 841.731 pacientes, con diferente distribución en función de las diez especialidades más relevantes, destacando sobre ellas las de Traumatología y Oftalmología, por este orden, con cifras elevadísimas también en número de pacientes por 1000 habitantes, 101,57, tiempo media de espera, 121 días, con situaciones muy desiguales, que alumbran un problema grave en algunas especialidades, como Neurología, 213 días o Dermatología y Traumatología, con 147 y 135 días de espera, respectivamente, así como porcentajes de pacientes que esperan más de sesenta días, muy elevados y que agravan la situación descrita en general, un 40,8% del total. Obviamente,  dejo atrás el análisis de los principales datos en relación con la espera quirúrgica, que se ha incrementado en un 11% más que hace un año, superando todas las medias del país, tanto en la tasa por 1000 habitantes, 24,23%, como en porcentaje de espera que supera los seis meses, el 25,0%, y en tiempo medio de espera, que se eleva a 144 días, ocupando la Comunidad y, obviamente, su Sistema Sanitario Público, puestos de cola del país en esta estadística tan relevante para los habitantes de Andalucía.

Creo que los datos anteriormente expuestos, que se pueden enriquecer con una consulta detallada tanto del informe general elaborado por el Ministerio de Sanidad, como de los datos publicados por el Servicio Andaluz de Salud esta semana, bajo el epígrafe de “Tiempos de respuesta asistencial. Listas de espera”, traducen una realidad en Andalucía muy preocupante, junto a los indicadores principales en relación con estas listas de espera, una situación que se debería abordar con un plan de emergencia sanitaria a corto plazo, preferentemente con recursos propios, antes de seguir la senda de externalización continua de estos compromisos ineludibles mediante recursos privados, porque se ha convertido en un problema estructural que requiere una estrategia pública de amplio espectro. En estos momentos, hablamos de una realidad lacerante: más del 12% de la población andaluza, 1.045.106 pacientes, está en una lista de espera sanitaria, algo que se puede constatar con los datos anteriormente expuestos de forma sucinta.

Si vuelvo a exponer hoy el drama de las listas de espera en el Sistema Sanitario Público de Andalucía, es porque insisto en que se debería hacer un estudio urgente, riguroso y profundo para conocer las causas estructurales, no sólo económicas, que provocan estos graves desajustes de atención a los pacientes andaluces, algo que llama la atención por el silencio oficial de la Junta de Andalucía al respecto, con permanentes evasivas de origen técnico para justificar que desde hace más de año y medio no se facilitaran datos, hasta el pasado martes, que debería ofrecer de forma transparente la Consejería de Salud y Consumo, en tiempo y forma y sin que tuviera que mediar al respecto petición ciudadana alguna. Es la única forma de que las ciudadanas y los ciudadanos de esta Comunidad pudiéramos emitir juicios bien informados sobre la situación real del Sistema Sanitario Público de Andalucía, que acusa daños estructurales, organizativos y económicos de importancia extrema, en un proceso paulatino de demolición de los principios públicos del Estado de Bienestar que lo sustentan.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.larepublica.net/noticia/defensoria-contabiliza-mas-de-siete-mil-recursos-de-amparo-por-listas-de-espera

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La concordia debería seguir siendo posible en esta legislatura

Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia.

Federico Garcia Lorca, en la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, septiembre de 1931.

Sevilla, 22/XI/2023

Creo, ahora más que nunca, que es urgente pedir a los dirigentes políticos que conforman el nuevo Gobierno de coalición que, a pesar de la tempestad política en la que estamos instalados, no abandonen sus barcos de dignidad, especialmente aquellos que demuestran los auténticos valores de la política decente, que existe, porque son millones de personas las que con su voto les hemos dado respaldo en la buena fe política, aunque también nos compromete diariamente como ciudadanos de a pie, que hacemos ciudad (polis) y país a diario, como auténtico significado de la palabra «política». Porque cuando depositamos nuestro voto confiamos en un programa, en unas personas, en una ideología, en un progreso, etc. Queremos ser escuchados en el silencio, a veces, de los sin voz. Porque el silencio de la urna existe ante los ruidos propagandísticos. En pocos centímetros de papel una persona se proyecta y proyecta la sociedad. Soñamos con unir muchos papeles y así, casi pegados, afirmar conjuntamente que se cree en la posibilidad de ser pueblo y ser escuchado. El voto es, en definitiva, un compromiso activo a lo largo de una legislatura.

En este contexto, me acuerdo ahora, tal y como lo expresé en 2014, del epitafio que figura en la tumba del presidente Adolfo Suárez, “La concordia fue posible”, porque nos lleva siempre a una reflexión del pasado político de nuestro país, sintiendo de nuevo una cierta nostalgia al recordarlo, porque me gustaría pensar que esa concordia debería seguir siendo posible en el momento político actual, como el mejor homenaje que se puede tributar, en estos momentos cruciales para el país, a una persona que fue clave en la llamada transición política de España y para seguir avanzando en la democracia minada que estamos viviendo día a día. Hay que hablar mucho de concordia y pasar a la acción teórica y práctica de lo que significa en la realidad actual de España. En el diccionario de la lengua española de RAE, en su edición del Tricentenario (2022), cualquiera de las tres primeras acepciones del lema podría ser una buena proyección de cómo se debe entender en la política cotidiana y por políticos actuales responsables de llevarla a cabo: “1. f. Conformidad, unión. 2. f. Ajuste o convenio entre personas que contienden o litigan. 3. f. Instrumento jurídico, autorizado en debida forma, en el cual se contiene lo tratado y convenido entre las partes, junto con la locución adverbial, “de concordia”, con un significado rotundo: De común acuerdo y consentimiento. Para ser justos y benéficos con nuestra lengua, hay que reconocer el significado de «concordia» que ya aparece en el siglo XVII (1616), en el Suplemento al Thesoro de la lengua castellana, de D. Sebastián de Covarrubias, «unanimidad y consenso de partes. Su contrario es discordia», resaltando un texto de Salustio, historiador romano y republicano, por ideología, del siglo I a. C,, que dejó escrito en el capítulo 10 de la Bellum Iugurthinum, algo que no deberíamos olvidar tampoco en estos momentos en los que se esperan decisiones de gran importancia para la democracia en este país, cuando probablemente hay que ir paso a paso, intentando todos no cometer errores: concordia res parvae crescunt (las cosas pequeñas florecen en la concordia).

Es importante rescatar el sentido primigenio de la concordia, porque el país no está para muchos trotes y la desafección política es clamorosa. Probablemente, el recuerdo en estos días de la concordia practicada por el presidente Suárez, puede devolvernos la esperanza de que tenemos una necesidad urgente de recuperar actitudes imprescindibles y hacerla presente en estos momentos de tanta crispación política. Dicho sea de paso, la concordia no sólo fue, sino que debe ser, porque no hay otra salida en el momento actual. Una vez más, insisto en que necesitamos recordar siempre que durante las veinticuatro horas del día este país necesita rescatar segundos de preguntas, comprensión y perdón si el acontecer diario abre heridas de amor y muerte, que para unas y unos puede ser entregar por cansancio existencial lo más querido y para aquellas y aquellos, alcanzar el sueño más esperado, ir siempre hacia adelante, siempre con con-cordia, expresada en instrumentos jurídicos de común acuerdo y consentimiento, que se aprueben en el Congreso y en beneficio de todos. Así recuperaremos, al mismo tiempo, la dignidad política, que también existe, como cualidad de lo más digno, es decir, aquello que nos hace merecedores de algo tan importante como la comprensión de los demás. Además, sin necesitar el perdón, porque todas y todos aprendemos a comprender nuestras propias limitaciones, llevándonos de la mano al necesario tiempo de silencio nacional preconizado por Azaña: si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar. También, comprender la realidad para no tener que perdonar tanto, como nos recordaba Javier Wagensberg en un aforismo de concordia impecable: ¿Qué hacer? Comprender (no tenemos nada mejor que hacer). ¿Comprender qué? Comprender la realidad (no tenemos nada más a mano). Y ¿por qué no?, respetar siempre ese espíritu de concordia recordando también a Rafael Alberti, cuando nos decía que deberíamos escuchar la poesía mucho más fuerte que el viento, en este caso, la concordia mucho más fuerte que el viento porque, por ejemplo, si el indulto y la amnistía no tienen eso, concordia, comprensión y perdón, no es indulto, ni amnistía, por complicado que nos parezcan esos instrumentos jurídicos en este momento.

Como vivo en una democracia en la que todavía está permitido soñar, sobre todo porque cada día me aferro más a un Libro, con mayúsculas, transcendental en mi vida, la Constitución, a modo de noray en mis singladuras de secreto y, también, en las de todos, he localizado una maravillosa interpretación de la concordia en Federico García Lorca, tal y como me lo recordó hace unos años la escritora Irene Vallejo, en un libro que es una pequeña joya literaria, Manifiesto por la lectura (1), en uno de sus capítulos caligráficos dedicado al estremecimiento de agua, trayendo a colación unas palabras de Federico García Lorca en el contexto de la alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, un discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros en el mes de septiembre de 1931, sobre el que ya he tratado algunos de sus párrafos, en varias ocasiones, en este cuaderno digital: “Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia” (2).

Si la referencia que hace García Lorca a los libros en general, la llevamos ahora al mejor libro de la democracia en este país, la Constitución de 1978, nos daremos cuenta que, coincidiendo con el gran poeta granadino, ella [la Constitución] nos puede estremecer todavía, inquietarnos y enseñarnos nuevos horizontes de superación y concordia, llevándolos al Congreso de los Diputados para mayor gloria legislativa de este país, que a veces duerme como el agua en un estanque en un día sin viento, salvando obviamente lo que haya que salvar en estos momentos, en los que cada uno, con sus cadaunadas, debe rebajar la tensión  en su forma de conducirse a diario, porque la violencia política, física y verbal, que ya vivimos en la calle, en familia, incluso con los amigos, en debates políticos imposibles, no es problema y responsabilidad sólo de los políticos en liza, sino de todos, y somos esos “todos”, sin excepción alguna, los que estamos obligatoriamente obligados a entender la concordia a diario, en beneficio de la democracia, es decir, del interés general, de todo y de todos. Repito, sin excepción alguna, porque creo que nos va la vida en ello.

(1) Vallejo, Irene, Manifiesto por la lectura, Madrid: Siruela. 2020.

(2) Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros. Discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931) / Federico Garcia Lorca | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (cervantesvirtual.com)

NOTA: en la fotocomposición de la cabecera de estas palabras, figura una imagen de Federico García Lorca junto a su hermana Isabel, con un libro en sus manos (1914).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

La cultura Disney, no inocente, cumple cien años

Sevilla, 21/XI/2023

Desde que era niño, haciendo las cosas de niño y pensando también como un niño, he vivido de cerca la cultura Disney en todas sus proyecciones posibles. He dibujado todos los protagonistas de mis años de infancia, con especial atención al pato Donald, Mickey Mouse, Minnie Mouse, Pluto y Goofy, imágenes que guardo en mi memoria de hipocampo. Es verdad que mí personaje preferido era Peter Pan, el de Disney (1953) y su mundo de nunca jamás. Este año, se cumple el centenario del nacimiento de esta factoría de sueños y deseos no inocentes, fundada en 1923 por Walt Disney junto a su hermano Roy, celebrándolo con la presentación de una nueva película, Wish. El poder de los deseos, rodada con tecnología de última generación, con algún guiño a las anteriores, en la que han intentado hacer un repaso visual a su intrahistoria y que, leyendo entre líneas, se puede atisbar en su sinopsis oficial: ”En Wish: El poder de los deseos, Asha, una optimista con mucho ingenio, pide un deseo tan potente que le responde una fuerza cósmica, una pequeña bola de energía ilimitada llamada Estrella. Juntas, Asha y Estrella se enfrentan a un imponente enemigo, el Rey Magnífico, gobernante de Rosas, para salvar a su comunidad y demostrar que cuando la voluntad de una persona conecta con la magia de las estrellas, pueden ocurrir cosas maravillosas. Con las voces en versión original de la actriz ganadora del Premio de la Academia,Ariana DeBose como Asha, Chris Pine como Magnífico y Alan Tudyk como Valentino (la cabra favorita de Asha), la película está dirigida por el ganador del Óscar, Chris Buck (Frozen. El reino del hielo, Frozen II) y FawnVeerasunthorn (Raya y el último dragón), producida por Peter Del Vecho (Frozen. El reino del hielo, Frozen II) y coproducida por Juan Pablo Reyes (Encanto). Jennifer Lee (Frozen. El reino del hielo, Frozen 2) es la productora ejecutiva y Lee y Allison Moore (Night Sky, Manhunt) son las guionistas del proyecto. Con canciones originales de la cantante y compositora nominada al Grammy, Julia Michaels y del productor/compositor/músico ganador del Grammy, Benjamin Rice, además de música del compositor Dave Metzger”.

El hilo conductor, una vez más, el poder de los deseos y cómo interviene la magia de una estrella para conseguirlos, frente al poder omnímodo de un rey malvado, porque de ellas, las estrellas, vienen casi siempre las soluciones a los grandes problemas de la vida, establece una dialéctica rey malo/ heroína buena, con la ayuda misteriosa de una estrella. Esto sucede porque los humanos no podemos hacer las cosas bien solos, lo que nos lleva a analizar este relato con detalle, para dejar a cada personaje en su sitio en este loco mundo, porque el mundo real no funciona así, a pesar de que la película se anuncia como portadora de “una historia que lleva un siglo esperando a ser contada”. Ha pasado ese siglo y visto lo visto, los reyes siguen estando desnudos, a la manera de Andersen, dejando mucho que desear en algunos casos; las princesas de toda la vida, que lo consiguen todo aunque vengan de extracción social pobre, ya no son tales, porque la mujeres han dado pasos de gigante por sí mismas, gracias a sus creencias de empoderamiento y no a Disney, huyendo despavoridas de esta representación sempiterna de la mujer “princesa rescatada”, de ese nombre; los sueños ya no necesitan de estrella alguna para ser alcanzados y para encontrar el auténtico sentido de la vida no es necesario seguir llamando a las puertas del castillo del rey, de cualquier patriarca, sobre todo a la de los regalos para ser felices, porque el secreto está en buscarnos a nosotros mismos para saber quiénes somos.

Exactamente, lo que nos recomendó José Saramago en su “Cuento de la isla desconocida”, donde la mujer que zurcía en palacio cerca del filósofo del rey, sabía cuál era la fórmula mágica para ser felices y dignos en la vida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

Un día, hace ya muchos años, a modo de una película íntima, sin factoría Disney alguna que me alumbrara la vida, decidí ampliar el horizonte de miras de este cuaderno de bitácora, con nuevas y blancas letras: cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas… Es lo que hicieron los protagonistas del cuento de Saramago al finalizar su microhistoria y, quizá, la tuya y la mía, la vuestra, queridos tripulantes digitales: “Después, apenas el sol acabó de nacer, el hombre y la mujer fueron a pintar en la proa del barco, de un lado y de otro, en blancas letras, el nombre que todavía le faltaba a la carabela. Hacia la hora del mediodía, con la marea, La Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la búsqueda de sí misma”.

Les aseguro que, con profundo respeto a las historias de Disney, convertidas en guiones no inocentes para aprehender la vida, cualquier parecido de lo que he contado en este cuaderno digital, con la realidad de sus casi dieciocho años de vida, no es pura coincidencia. Sólo me viene a la cabeza, en el momento de escribir estas líneas, una petición a la vida, un “deseo”: ojalá llegue el día en el que se pueda rodar una película sobre el cuento de Saramago, como guion mágico, lejos de Disney, que nos permita descubrir la principal isla desconocida que existe en elmundo, la que cada persona lleva dentro, para que se cumpla el deseo más digno de cada uno, cada una, con sus cadaunadas: ser felices, sin estrellas que nos digan lo que tenemos que hacer en los momentos más difíciles, cuando en la penumbra vital hacemos camino al andar.

Es verdad lo que decía al principio: cuando era un niño, hacía las cosas de niño y me aferraba en algunas ocasiones a Peter Pan, tan niño como yo, porque deseaba ser como él y no crecer en un mundo al revés, de cartón piedra, diseñado por el enemigo (o por la factoría Disney, la de toda la vida). Era mi deseo (wish) íntimo, sin estrella alguna que iluminara este sentimiento, que todavía perdura en mi niñez rediviva.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

La Romanza de Salvador Bacarisse, música de fondo para un nuevo 20 de noviembre en libertad (V)

Sevilla, 20/XI/2023

Hoy, 48 años después de la muerte del dictador, de cuyo nombre no quiero acordarme ahora, se hace pública la composición del nuevo GOBIERNO DEMOCRÁTICO de este país, Gobierno Legítimo, con mayúsculas, a pesar de los esfuerzos de las derechas y su más allá (por su amplio espectro) para impedirlo de todas las formas posibles. La democracia ha triunfado una vez más y se abre un periodo de esperanza fundada en el progreso del país de la mano de un Gobierno que afianzará los derechos y libertades de todos, sin excepción.

Es una ocasión especial que no quiero perder en esta escritura circular y diaria que vuelco en este cuaderno digital, porque estoy convencido de que si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, también en nuestro país, se calla la vida y la palabra. Repito que hoy es un día muy especial para España, que no olvido al cumplirse el 48º aniversario del fallecimiento de Franco, el dictador de este país que tuvo helado el corazón, durante muchos años, de una de sus dos Españas.

Como conocí bien lo ocurrido, al ser una persona que nació sólo ocho años después de finalizar la guerra civil, pero no sus daños colaterales, vuelvo a publicar hoy las palabras que escribí hace cinco años en este cuaderno digital, al igual que en años anteriores, como pequeño homenaje a la memoria histórica de hombres y mujeres de este país que entregaron su vida durante la dictadura por la ansiada libertad para todos. Para que no se olvide y para lo que sirva, mucho más indicado hoy por lo que está ocurriendo estos días en relación con el clamor insaciable de las derechas para demoler el gobierno votado en la sede del pueblo, el Congreso, compartiéndolo en el club digital de las personas dignas, libres y buenas, en el buen sentido de la palabra «buenas», como lo aprendí en mis años jóvenes de Antonio Machado, un hombre bueno y ejemplo de lo que significa hoy día la dignidad del exilio interior, que también existe y en el que, a veces, seguimos viviendo, siendo consecuentes con una ideología pre-ocupada (así, con guion) por el ansiado bienestar personal y social de todos.



La Romanza de Salvador Bacarisse: música de fondo para un 20 de noviembre en libertad

Una romanza es una composición de aire tierno y sencillo, un aria que solo quiere transmitir sentimientos. Estos días estoy experimentando una emoción especial tocando en fase de aprendizaje la Romanza de Salvador Bacarisse, el segundo movimiento de su preciosa obra Concertino en La menor. Mis profesoras de piano y violín han hecho los arreglos necesarios porque la versión original de 1952 es para guitarra y orquesta. Creo que les ha quedado preciosa.

Navegando por la memoria, entre lo que somos, tenemos y hemos perdido, he recordado al pintor Joe Brainard porque encontró una fórmula maravillosa para navegar por ella, los Me acuerdo…”. Así es y hoy me he acordado de la persona que ha colgado en Youtube el vídeo de la cabecera de este post, cuando decía que “Con este vídeo, hago un pequeño y humilde homenaje a Bacarisse y a los que fueron víctimas de sus propios días, sobre todo, a los que tras perder la guerra, por si fuera poco, tuvieron que marcharse. Murieron, perdieron y se marcharon, la gran mayoría lo hizo para siempre, y nunca han tenido el reconocimiento que también ellos merecen. Jamás olvidemos la historia, y aprendamos siempre de ella. Es por eso que, sin demonizar ni buscar culpables, sólo emito un reflejo más de esa época que, espero, al menos nos haya servido para aprender y no volver a cometer los mismos errores nunca más. Sé que este es un tema no superado en España y tenemos que buscar todos los medios para que así sea. Han pasado más de ochenta años y no veo que haya habido un perdón de verdad. Sólo tratando esta época sin rencores podremos avanzar como sociedad, y este país podrá ser algo mucho mejor. Hay que encontrar algún nexo de unión, porque, aunque siempre existan divergencias políticas, la herida de la Guerra Civil española nunca se cierra porque nunca nadie parece querer curarla, sobre todo los que tan malamente nos gobiernan hoy día”.

Cuando toco de forma incipiente la Romanza en sus dos versiones, para piano y violín, con fallos lógicos por mi parte en su ejecución y en este momento de aprendizaje, siento estas palabras como si fueran la letra de esta composición que representa el dolor de la España que ha tenido helado el corazón durante muchos años. No me importa repetir los compases una y otra vez porque es una forma de comprender mejor qué quiso transmitir el autor en ellos. Ya la recordé el año pasado en este cuaderno digital, cuando dediqué unas palabras especiales a Ataúlfo Argenta, gran amigo de Bacarisse: “Buscando esta verdad de Ataúlfo Argenta, he seguido de cerca a Fernando Argenta en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. El mismo que él tenía hacia su padre cuando nos presentaba el Concertino para guitarra y orquesta en La menor, de Salvador Bacarisse (sobre todo su Romanza), nada apreciado por el Régimen franquista por su deriva republicana y que dirigió en un concierto memorable en París el día de su estreno [15-X-1953, París (Théátre des Champs-Élysées), interpretado por Narciso Yepes (guitarra) y L’Orchestre National, en un concierto publico organizado por la Radio Televisión Francesa)], del que guardo un recuerdo entrañable en mi memoria de hipocampo, de secreto. Escuchen esta versión de la Romanza con la pasión de Ataúlfo Argenta en su dirección musical.

Recientemente, he localizado un tesoro musical: la obra compilada de Salvador Bacarisse en la Fundación Juan March, con un prólogo emocionante de su único hijo, Salvador Bacarisse Cuadrado: “Yo me fui a vivir a Inglaterra pero mis padres siguieron en París, en el pisito del 7 de la rue Cassette que ocuparon más de treinta años. Cuando murió mi madre en 1976, trece años después que mi padre, yo quité el piso de la rue Cassette, y me llevé a Escocia todos los papeles y libros de mi padre. Desde aquel día permanecieron a salvo, y yo creía olvidados, hasta la fecha memorable en que llamó a la puerta de mi casa Emilio Casares, quien venía a pedirme autógrafos y otros materiales para una exposición de «La música en la Generación del 27» que estaba organizando y que tuvo lugar en Granada en julio de 1986. Esa exposición y el magnífico catálogo que publicó el Ministerio de Cultura fue el primer reconocimiento de aquellos músicos olvidados durante el franquismo, entre los que figuraba mi padre. En Granada, durante la exposición y hablando con Rodolfo Halffter, que había venido de Méjico, y con otros, decidí hacer lo que en realidad ya sabía que tenía que hacer: mandar los manuscritos de Salvador Bacarisse a su tierra, a España. Por muy hijo de francés, emigrado a España, que fuera mi padre, nunca se sintió sino español. Vivió treinta años en París, desarraigado y triste lejos de su querido Madrid”. Me ha permitido conocer su obra a través de esta publicación extraordinaria, que está al alcance de quien desee conocer de cerca a este gran compositor olvidado durante la dictadura franquista. Ha sido un hallazgo que me permitirá conocer a fondo a Bacarisse, en su vida y en su obra. En la Fundación está el legado completo del compositor, llevado a cabo por su hijo en 1987, que incluía todas las partituras que obraban en su poder.

Cuando comienzo hoy mi ensayo de violín, he sentido la necesidad de compartir este sentimiento de respeto y agradecimiento a un autor muy desconocido en su país, pero que tuvo el reconocimiento mundial fuera de él alternando su labor de composición y de dirección de orquesta con el trabajo que desarrolló en el exilio en París, en la Radiodifusión-Televisión Francesa, como productor de programas en español para Hispanoamérica.

No lo olvido…, en un día próximo de infeliz memoria. Para lo que sirva, compartiéndolo en el club de las personas dignas y libres de este país.

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UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

Cuando el cine nos ayuda a soñar y mirar de otra forma la vida

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo: ¡la gente va allí a bañarse! Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo de que me voy a ahogar.

Lucía Carranza, una alumna de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba (Burgos), en el cuaderno El MarVisión de unos niños que no lo han visto nunca, enero de 1936.

Sevilla, 19/XI/2023

Anoche cumplí un sueño en el cine de gran pantalla, al contemplar, sentir y mirar detenidamente la mar imaginaria en una película imprescindible en los tiempos que corren, El maestro que prometió el mar, sobre la que ya he escrito en este cuaderno digital, donde se cuenta una historia que me conmovió al vivirla de cerca, la de un maestro, Antoni Benaiges Nogués, nacido en un pueblo de Tarragona, Mont-roig del Camp, en 1903, que ejerció su preciosa tarea en un destino rural desde 1934, concretamente en la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, de infeliz memoria por su trágico fusilamiento, llevado a cabo el 25 de julio de 1936, recién iniciada la guerra civil, siendo enterrado en una fosa común que todavía no se ha podido localizar, para mayor escarnio de sus familiares y allegados más directos, así como para la memoria histórica y democrática de este país.

Hoy, recordando esta trágica historia en mi memoria democrática y como muestra de respeto a tantos maestros y maestras de este país, que también fueron fusilados y vejados durante la guerra civil y años posteriores de la dictadura, he recuperado un relato de Eduardo Galeano en El libro de los abrazos, con un título programático, La función del arte, I, que también podría ser la del cine, porque resume bien lo que sentí durante toda la proyección:   

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.  Viajaron al sur.  Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas dunas de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedo mudo de hermosura.  Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:

– ¡Ayúdame a mirar!

Es lo que aquellos niños y niñas de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, sintieron en los meses preparatorios para conocer ese mar que soñaban de diferentes formas y que dejaron plasmadas en su cuaderno monográfico elaborado artesanalmente en su pequeña imprenta artesanal, bajo la atenta mirada de su querido maestro, Antoni, a secas. Les ayudó a saber cómo era el encanto de su vida diaria y… el del mar, antes de verlo por primera vez, porque él les enseñó desde el primer momento a mirarlo. Ese cuaderno concreto tenía una fecha de edición: enero de 1936. Seis meses más tarde, la locura de la guerra civil acabó con todas las ilusiones de esos niños y niñas, forjadas durante días y meses de trabajo arduo y eficaz de su maestro. El 25 de julio de 1936, unos días después de su apresamiento infame, fue asesinado de un tiro en la nuca, de la manera más vil que se pueda imaginar, gracias al terrible silencio cómplice, que tanto detesto, de los salvadores de aquella patria y su bandera rojigualda, que no hicieron nada por evitarlo.

He recordado hoy estos hechos verdaderos, para que no se olviden ni siquiera un momento, en días aciagos para este país, en los que parece que no hemos aprendido nada de los trágicos sucesos de la pasada guerra civil, en un país tan dual y cainita por definición. Los niños y niñas de aquél pueblo, que fueron alumnos y alumnas de un maestro extraordinario, imprescindible para la historia de este país, como símbolo de otros muchos durante la guerra civil y los años posteriores de dictadura, que los ayudó a mirar la vida de otra forma, sintieron la necesidad de saber mirar el mar de la vida, porque soñar lo hicieron de forma expresa a través de sus redacciones en el cuaderno mágico que sus pequeñas manos imprimieron, uno a uno, sin descanso alguno y para la posteridad democrática de este país. En definitiva un ejemplo extraordinario para aprender a mirar, soñar y vivir democráticamente en común, en libertad y sin hacernos daño.

Tal y como finalizaba en mi artículo anterior, En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible, escribo de nuevo estas palabras, con alma, para que no se olvide la maravillosa obra didáctica de este maestro rural, ni siquiera un momento, porque hay que decirlo alto, claro y fuerte: estamos avisados. Como ejemplo a secundar, podemos aprender y reforzar la historia democrática de este país, viendo esta película y leyendo una obra monográfica que ha servido para elaborar el guion de la misma,  El maestro que prometió el mar, una publicación coordinada por Francesc Escribano, difundiéndolas a los cuatro vientos para reforzar nuestra democracia, en momentos cruciales como los que estamos viviendo en la actualidad ante la legislatura progresista y de su futuro alentador, ya iniciada, cargada también de legítimas esperanzas. Como las que transmitió el maestro Benaiges a tantos niños y niñas de un pueblo burgalés, Bañuelos de Bureba, recordados hoy gracias a la magia del cine y de la memoria democrática, que nos enseñan hoy, una vez más, el arte de soñar y mirar.

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UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

Andalucía amarga, triste, por las listas de espera en su Sistema Sanitario Público

Rótulo de la calle Andalucía amarga, en el barrio de El Cerro del Águila, en Sevilla, al que tanto amó Salvador Távora (Sevilla, 1930-2019)

No te creas si te dicen que ya no sufre mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro.

Ricardo Cantalapiedra 

Sevilla, 18/XI/2023

No me refiero ahora de manera formal a la obra que Salvador Távora (Sevilla, 1930-2019) hizo famosa en 1979, Andalucía amarga, de feliz recuerdo ideológico por su acerado trato de la emigración en general y andaluza en particular, sino a una realidad lacerante en Andalucía, de fondo, desde hace ya bastantes años, en concreto, las listas de espera en atención especializada, que agregan mucha ansiedad a pacientes andaluces, al haber alcanzado porcentajes imposibles de asumir en muchos casos, afectando a la vida presente y futura, todavía más, a la vulnerabilidad física, psíquica y mental de muchas personas y familias en esta Comunidad. Abordo hoy esta cuestión “amarga” para Andalucía, porque ayer publicó el Ministerio de Sanidad los indicadores de la situación sobre las listas de espera en el Sistema Nacional de Salud, a 30 de junio de 2023, “fecha a la que corresponden los últimos datos enviados por las comunidades autónomas, de acuerdo con lo establecido en el Real Decreto 605/2003, por el que se establecen medidas para el tratamiento homogéneo de la información sobre las listas de espera en el Sistema Nacional de Salud”.

Como una imagen vale más que mil palabras y los datos, a veces, no dejan ver el bosque del problema latente y manifiesto que intentan expresar, adjunto la tabla siguiente que aparece en el citado informe, donde a modo de resumen se puede comprobar la situación de Andalucía en la realidad manifiesta de su situación preocupante en relación con las listas de espera quirúrgica, a 30 de junio de este año: 192.561 pacientes, un 11% más que hace un año, superando todas las medias del país, tanto en la tasa por 1000 habitantes, 23,24%, como en porcentaje de espera que supera los seis meses, el 25,0%, y en tiempo medio de espera, que se eleva a 139 días, ocupando la Comunidad y, obviamente, su Sistema Sanitario Público, puestos de cola del país en esta estadística tan relevante para los habitantes de Andalucía.

Fuente: Ministerio de Sanidad – Sistema de información sobre listas de espera en el Sistema Nacional de Salud – SISLE-SNS – Junio 2023

Si preocupantes son en sí mismos los datos anteriores, todavía tienen más relevancia, por la incertidumbre que llevan implícita para los pacientes, las listas de espera en consultas de especialistas, que también tienen su reflejo en la siguiente tabla, donde Andalucía ha mejorado en relación con el año anterior, pero con unas cifras todavía muy alarmantes, elevándose a un total de 841.731 pacientes, con diferente distribución en función de las diez especialidades más relevantes, destacando sobre ellas las de Traumatología y Oftalmología, por este orden, con cifras elevadísimas también en número de pacientes por 1000 habitantes, 101,57, tiempo media de espera, 121 días, con situaciones muy desiguales, que alumbran un problema grave en algunas especialidades, como Neurología, 213 días o Dermatología y Traumatología, con 147 y 135 días de espera, respectivamente, así como porcentajes de pacientes que esperan más de sesenta días, muy elevados y que agravan la situación descrita en general, un 40,8% del total.

Fuente: Ministerio de Sanidad – Sistema de información sobre listas de espera en el Sistema Nacional de Salud – SISLE-SNS – Junio 2023

Creo que los datos anteriormente expuestos, que se pueden enriquecer con una consulta detallada del informe general elaborado por el Ministerio de Sanidad, del que he extraído estos datos referidos a Andalucía, traducen una realidad en Andalucía muy preocupante, junto a los indicadores principales en relación con estas listas de espera, una situación que se debería abordar con un plan de emergencia sanitaria a corto plazo, preferentemente con recursos propios, antes de seguir la senda de externalización continua de estos compromisos ineludibles mediante recursos privados, porque se ha convertido en un problema estructural que requiere una estrategia pública de amplio espectro. En estos momentos, hablamos de una realidad lacerante: más del 12% de la población andaluza, 1.034.292 de pacientes, está en una lista de espera sanitaria, algo que se puede constatar con los datos anteriormente expuestos de forma sucinta. Contrasta esta realidad con el silencio oficial de la Junta de Andalucía al respecto, con permanentes evasivas de origen técnico para justificar que desde hace más de año y medio no se faciliten datos que debería ofrecer de forma transparente la Consejería de Salud y Consumo, sin que tuviera que mediar al respecto petición ciudadana alguna. Es la única forma de que las ciudadanas y los ciudadanos de esta Comunidad pudiéramos emitir juicios bien informados sobre la situación real del Sistema Sanitario Público de Andalucía, que acusa daños estructurales, organizativos y económicos de importancia extrema, en un proceso paulatino de demolición de los principios públicos del Estado de Bienestar que lo sustentan. Con situaciones como las descritas anteriormente, tengo que reconocer que me entristece transitar por las calles de la Andalucía amarga, a las que no olvido, ni siquiera un momento.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La política no debe hacer daño a nadie

¿Cuántas iglesias tiene el cielo?
¿Por qué no ataca el tiburón a las impávidas sirenas?
¿Conversa el humo con las nubes?
¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, IV

Sevilla, 17/XI/2023

En política, como en casi todos los órdenes de la vida, unos ganan y otros pierden, pero de lo que estoy convencido es de que la política no debe hacer daño a nadie, porque la función principal de la democracia, de la que derivan las estructuras y funciones políticas, es hacer posible la convivencia y la consecución de objetivos que permitan llevar a cabo los principios de libertad, equidad y justicia social para todos, sin excepción alguna. El bienestar común, en definitiva. Lo dije el día después de las elecciones del pasado 23 de julio, donde hubo un hecho claro y contundente mediante el resultado obtenido en las urnas: el conjunto de la llamada izquierda progresista sacó un número mayor de votos que las derechas juntas y en unión, ´defendiendo la bandera de la santa tradición´ y, por tanto, de lo que se trataba a partir de ese momento es de que, de verdad, la política no hiciera daño a nadie.

Han pasado casi cuatro meses y los resultados se concretaron ayer con la elección del nuevo Presidente del Gobierno, legítimo, por mayoría absoluta, gracias a los votos emitidos en el Congreso de los Diputados. Por esta razón, a partir de ese momento estamos todos obligatoriamente obligados a aceptar el resultado, porque así lo ordena la democracia y la Constitución de nuestro país. Una vez más, sigo recordando una canción muy breve interpretada por Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo (1975), con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, que procuro aplicarla todos los días, en democracia, por su mensaje final: todos, sin excepción, estamos obligatoriamente obligados a entendernos: partidos políticos y ciudadanía, casi por igual, tanto monta monta tanto, porque los votos son de los ciudadanos que votan a sus representantes legítimos, diputados y diputadas, en este caso. Sobre todo, porque hay una finalidad casi sagrada: pretendemos, con nuestro voto, ser dueños de nuestro destino, algunos con más ensoñación democrática de su destino que otros, a pesar de todo: […] El tema 83, la democracia, / el ácido sulfúrico, los ceros, el tacón, / las hambres, el casamiento / orgánico. / De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo. 

Al vivir en un país en el que funciona la democracia representativa, ahora toca de nuevo a los representantes a los que hemos delegado nuestros sueños y deseos más legítimos, tomar la responsabilidad de entenderse entre ellos, a pesar de lo que hemos visto y vivido en estos cuatro meses hasta llegar a la elección del nuevo Presidente del Gobierno -vuelvo a insistir que de forma legítima– por si cabe alguna duda, que la hay. Están obligatoriamente obligados a hacerlo en beneficio del país, de todos. La izquierda sabe que con el triunfo obtenido ayer, porque en los gobiernos es donde se hace posible la transformación de la sociedad de la mejor forma posible, por su capacidad legislativa, hay una palabra mágica que no hay que traicionar: unidad, para no ser vencidos. Eso sí, sin esperar milagros, porque es suficiente con que la política no haga daño a nadie, que es el principal ´milagro´, terrenal y cercano, como decía mi admirado escritor Manuel Rivas en su columna del domingo electoral de 26 de mayo de 2019, en el diario El País, hablando de lo que hace verdaderamente daño a la política, nacional y europea: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.

No espero milagros en esta nueva Legislatura, pero sí la continuidad del blindaje del Estado de Bienestar, que tanto he defendido a lo largo de los años de vida de este cuaderno digital, a través de un gobierno progresista que frecuente un presente y un futuro más amables para el país, sin discriminación alguna, pero con la imprescindible salvaguarda de la equidad en todo los terrenos posibles, sin dejar a nadie atrás, fundamentalmente a los que menos tienen, a los nadies señalados y defendidos por Eduardo Galeano, como los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida…  Igualmente y como utopiano de pura cepa, sigo pensando que las ideologías progresistas seguirán marcando el curso de la historia, tal y como lo expresó de forma excelente el filósofo George Lukács en El asalto a la razón: “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

La mediocracia, es decir, el gobierno de los mediocres, está haciendo estragos por donde pasa y ya está instalada en el país como actitud política, siendo conscientes, atendiendo a lo expuesto por Jorge Wagensberg en un aforismo que no olvido, que lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud, dado que todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir. Por esta razón concreta y visto lo visto con las derechas y ultraderechas, cerriles y mediocres por definición, me corresponde a partir de hoy, el día después, como ciudadano que defiende el Estado de Bienestar a ultranza, para todos y sin discriminación alguna, descubrir y desenmascarar las maniobras oscuras de la mediocracia con poder, especialistas en hacer daño, sin esperar que vengan los demás a solucionarnos los problemas que nos rodean y, para decirlo bien alto y claro, porque todos no somos iguales y porque estoy convencido de que la política no debería hacer daño a nadie. Sólo debe existir esta igualdad ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, como dice el Artículo 14 de la Constitución. Aunque dentro de unos días, cuando la mar política esté en calma y la dirección de la mina democrática en la que vivimos no sufra más sobresaltos, tengamos que volver con la cabeza bien alta a la contramina o a la sala de máquinas en la que tanto nos gusta trabajar, para seguir navegando y cavando en la igualdad que tanto necesitamos todos para alcanzar la libertad, sin excepción alguna. De lo contrario sucederá lo que ya nos advirtió Benedetti sobre los peligros del conformismo y la mediocridad: sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos // la mente se acostumbra a ese vacío / no sabe ya de nortes ni de sures / no sabe ya de invierno ni de estío (2).

Una cosa más. Hoy, en el día después, con el triunfo progresista de ayer, al salir adelante un proyecto progresista para el país, que sólo se podrá llevar a cabo mediante el nuevo Gobierno de coalición, pienso, junto a Pablo Neruda y soñando despierto como utopiano irredento, dar una respuesta clara y objetiva a una de sus preguntas, en su libro de referencia (3): con el compromiso social activo de cada uno, de cada una, se puede regar todos los días con rocío la esperanza de vivir en este país, formando parte de un mundo diferente, equitativo, solidario y perfectamente posible.

(1) Lukács, G, El asalto a la razón, Barcelona: Grijalbo, pág. 5. 1976.

(2) Benedetti, Mario, Soneto del pensamiento, en Testigo de uno mismo. Madrid: Visor Libros, pág. 122, 2014 (2ª ed.).

(3) Neruda, Pablo, Libro de las preguntas, Barcelona: Seix-Barral, 2018.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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