Un cuento para una nochebuena laica, según Luisa Carnés

TRECE CUENTOS

Luisa Carnés, Sin brújula, en Trece cuentos

Sevilla, 23/XII/2019

La historia de Jesús, María y José es un relato histórico cuyo protagonismo lo asume una mujer ante una situación difícil, incomprensible, una historia de silencios donde la relación de la madre y el hijo es un acontecimiento de dolor, soledad, misterio y compromiso. Así lo expresaba recientemente en este cuaderno digital: “Recuerdo en este momento el óleo de Georges de La Tour, El recién nacido, un pintor desconocido durante siglos para la historia del arte, donde no aparece José por ningún sitio porque realmente nunca fue protagonista de esta historia mágica. Sobrecoge el silencio y austeridad en este cuadro tan realista en los últimos años del pintor: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes”. Sola la familia de Nazareth, sin nada, con el regalo precioso del silencio sonoro de la noche y contemplando ella a su niño. Se repite esta historia a diario entre los que menos tienen, los que viven un exilio permanente, no ya en los países subsaharianos o en conflicto armado, sino mucho más cerca, en los barrios marginados, en los soportales de las ciudades, en los comedores sociales.

Durante esta serie dedicada a la navidad laica y alternativa a la Navidad oficial, que he tratado de interpretar con respeto reverencial a través de las aportaciones históricas, literarias y poéticas de autores comprometidos con la sociedad más débil, hay una ausencia del protagonismo de estas interpretaciones por parte de mujeres poetas o escritoras que a través de su obras han contado historias narrando el papel de la mujer en la historia de este país, en la soledad de la guerra, el desarraigo de los hijos, el desamparo de los mismos, el desconcierto en definitiva cuando en la vida caminamos sin brújula, como un barco a la deriva. Luisa Carnés, escritora de la generación del 27, aunque no se la haya reconocido nunca así, a la que dediqué un artículo en este blog en el pasado mes de abril, escribió un cuento, Sin brújula, que pueden escuchar en el enlace que encabeza este post, en el que un grupo de mujeres embarcan hacia el exilio durante la guerra civil con sus hijos y con lo puesto, dejando a sus maridos en la retaguardia del país, en la costa que cada vez está más lejos o más cerca, según se mire, para intentar llegar a Francia y escapar de la tragedia de la guerra civil en España. Durante el trayecto, contemplan la soledad acusadora de Benitín, un niño solo que enferma a los pies del capitán, del que dudan en un determinado momento porque no saben que el barco no tiene brújula y, finalmente, desean que el niño, enfermo, desaparezca de sus vidas por temor al contagio de una enfermedad que intuyen como letal. Hasta que una buena mujer sola se acerca al niño y lo toma en su regazo para que deje este mundo en la paz de un Dios desconocido.

Es un relato muy próximo al de Belén y al del Gólgota, salvando lo que haya que salvar. Maria y José, confundidos por lo que les está pasando y no logran entender, tienen que huir y emprender camino al exilio. Saben que los están buscando y tienen que salir de Belén en unas condiciones de precariedad absoluta. Así nos lo ha contado la historia que, como no aprendemos de ella, se repite a diario en su fondo y forma. María siempre estará cerca de su hijo, que sufre la soledad hasta la muerte y muchos niegan haberlo conocido, renegando de su compañía y, por supuesto, de atenderlo como es debido. No hay brújula social, solo divina, pero tienen que buscar caminos de salvación para todos, aunque la realidad triste es que Jesús muere solo en los brazos de su madre. Así nos lo contaron también muchos pintores y escultores durante muchos siglos porque era la única forma de comprender la iconografía de aquella historia, jamás contaba bien, para asumir la tremenda soledad y miseria en la que a veces se encuentra el ser humano. La que se sentía en el portal de Belén, en el Gólgota, en el barco sin brújula de Luisa Carnés, en los barrios más pobres de Sevilla en la navidad de 2019. Sin brújula.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La navidad de los nadies, según Eduardo Galeano

[…] Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
[…]

Eduardo Galeano, Los nadies

Sevilla, 22/XII/2019

Desde que conocí el poema de Eduardo Galeano, he comprendido la profundidad de sus palabras en referencia a los nadies en su mundo de sueños, de días mágicos, de espera en la buena suerte, aunque cuando llega el momento ansiado de aproximarse al día mágico de la suerte constaten que todo sigue igual, que nada cambia en la vida. La lotería, la noche de paz, la fiesta de fin de año, el día de los Reyes Magos, con el ritual de la buena suerte en la sacrosanta Navidad, son solo momentos prefabricados para que los nadies descubran que no son dueños de nada, que siguen siendo ningunos y ninguneados por la vida.

Galeano expone un catálogo de etiquetas sociales a título de ejemplo, para reconocer a los nadies, demostrando que estamos profundamente equivocados al ignorar a determinadas personas dignas en su forma de ser y sentir diferente porque, aparentemente, tienen menos aunque más son. Bastaría repasar las etiquetas que ponemos a las personas cercanas para descubrir que las estamos calificando a veces como nadies. Esta Navidad podría ser diferente si repasáramos este cuestionario ético y descubriéramos que determinados nadies próximos son alguien o algunos en nuestras vidas.

Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer,
ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La navidad desierta de Miguel Hernández

MIGUEL HERNANDEZ JOSEFINA MANRESA

Sevilla, 21/XII/2019

La solidaridad de Miguel Hernández no tenía límites. Lo demostraba por sus colaboraciones en publicaciones durante la guerra civil, como la que apareció en la revista Ayuda del Socorro Rojo, el 2 de enero de 1937. El objetivo del poema Las abarcas desiertas junto a otras colaboraciones era “recabar ayuda para donativos y juguetes en beneficio de la infancia necesitada. Interesante la nota aclaratoria ofrecida en primera página: Los niños de la España libre y en armas tendrán este año, merced a la generosidad de millones de personas, lo que la casta que nos dominaba había hecho privilegio exclusivo de sus hijos: juguetes y libros con que estimular su espíritu y crear sus castillos imaginativos de una sociedad mejor” (1).

El poema resume muy bien la realidad dura y contemporánea de los que menos tienen. Miguel Hernández hace un recorrido de ilusiones maltrechas desde la colocación de su calzado cabrero en la ventana fría, como cualquier niño, pero con la conciencia de clase muy clara: Nunca tuve zapatos, / ni trajes, ni palabras: / siempre tuve regatos, / siempre penas y cabras. Me parece maravillosa la expresión de que “Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería”.

Recomiendo la lectura pausada del poema completo. Nada más. Es verdad que muchas veces los reyes coronados del siglo XXI no tienen pie ni ganas para ver el calzado de las pobres ventanas. Una aclaración final: salvando lo que haya que salvar, no solo me refiero hoy a la pobreza económica en esta navidad rediviva según Miguel Hernández. Es peor la del espíritu de reyes magos que van de paso por la vida de muchas personas sin observar abarcas vacías. A pesar de que solo puedan tener dentro sueños de juguetes y libros con que estimular el espíritu y crear castillos imaginativos de una sociedad mejor.

LAS ABARCAS DESIERTAS

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rio con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

(1) https://algundiaenalgunaparte.com/2009/01/05/versos-olvidados-las-abarcas-desiertas/

 

 

Los juguetes en la navidad laica, vital, de Pablo Neruda

PABLO NERUDA

Sevilla, 20/XII/2019

Este año he estado muy cerca de Pablo Neruda y sus juguetes, sus mascaronas y mascarones de proa en Isla Negra, porque les tenía un cariño especial y muchas veces soñaba con ellos y con sus barcos navegando en botellas imposibles. Eran sus juguetes preferidos. Hay una tradición multisecular de que los juguetes son un asunto, sobre todo, de la Navidad, de los Reyes Magos de Oriente, hasta que vinieron los americanos de Berlanga y establecieron la competencia con Papá Noel, como nos lo ha recordado en alguna ocasión Gabriel García Márquez dado que los niños del mundo pueden terminar “[…] por creer de verdad que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos”, a modo de aviso para navegantes extraviados en la navidad actual. Más aún, los juguetes son, si queremos, un asunto de todos los días, de cada carpe diem particular. Vemos ahora por qué.

Todos llevamos un niño o una niña dentro. Neruda sabía que sus mascarones, los juguetes más grandes de su casa, le acompañaban siempre para seguir contándoles historias increíbles vividas durante sus singladuras azarosas: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.

Los juguetes juegan un papel muy importante en la navidad actual. El ejemplo de Neruda puede ser un regalo de palabras que nos hagan reflexionar sobre su sentido y lo que transmitimos a quienes regalamos juguetes pequeños o grandes, aunque lo importante es seguir siendo niños porque si no seguimos jugando perdemos para siempre el niño que vive en nosotros o que quizá se fue. Es lo que expresa maravillosamente Pablo Neruda en un poema, Al pie de su niño, que puede ser un auténtico regalo de navidad laica: “El pie del niño aún no sabe que es pie, / y quiere ser mariposa o manzana. / Pero luego los vidrios y las piedras, / las calles, las escaleras, / y los caminos de la tierra dura / van enseñando al pie que no puede volar, / que no puede ser fruto redondo en una rama. / El pie del niño entonces / fue derrotado, cayó / en la batalla, / fue prisionero, / condenado a vivir en un zapato […] (Estravagario, 1958).

En esta navidad laica que estoy analizando en la voz de diversos escritores y poetas, resuenan de forma especial unas preguntas inquietantes de Pablo Neruda, preguntas para ese niño o niña que todos llevamos dentro: ¿Dónde está el niño que yo fui, / sigue adentro de mí o se fue? / ¿Sabe que no lo quise nunca / y que tampoco me quería? / ¿Por qué anduvimos tanto tiempo / creciendo para separarnos? / ¿Por qué no morimos los dos / cuando mi infancia se murió? / ¿Y si el alma se me cayó / por qué me sigue el esqueleto? (Libro de las preguntas, XLIV).

Comprendo ahora, mejor que nunca, que su casa de Isla Negra fuera una navidad permanente, vital, laica, y que jugara en ella con sus juguetes preferidos de la mañana a la noche, mirando el pie del niño que siempre fue.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://fundacionneruda.org/biografia/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La Navidad de los felices, según Juan Ramón Jiménez

JR JIMENEZ
Joaquín Sorolla, Retrato de Juan Ramón Jiménez, 1916

Sevilla, 19/XII/2019

No es la primera vez que me aproximo a Juan Ramón Jiménez en este cuaderno digital, que cada día sale hacia la alta mar de la vida para buscar islas desconocidas, ahora en una tarea de búsqueda de su dios deseado y deseante en la navidad laica. Escribo este post como regalo para todos los días, no sólo en Navidad, para los que desean ser felices con lo que tienen, día a día, pero sobre todo para que seamos mucho más felices todavía siendo y no solo teniendo. Por esta razón vuelvo a utilizar palabras sobre la Navidad de Juan Ramón Jiménez que siguen en mi conciencia de búsqueda, la que él expresaba maravillosamente en su poema “Conciencia plena” (en Animal de fondo, 1949), escuchando su voz y para que no se olvide:

El título de hoy no es mío, pertenece al niñodiós de nombre Juan Ramón Jiménez, aunque él se refería expresamente a la Nochebuena de Moguer, de Platero y yo, una elegía que sigue siendo un libro preferido por niños, niñas y adultos en general, una elegía andaluza a la que siempre quería agregar capítulos el poeta de Moguer, el gran embajador mundial de ese pueblo precioso, que me entregó su alma secreta durante años.

Moguer me ofreció siempre una acogida de día y noche que no puedo olvidar. Por las mañanas, porque preparaba mis clases en la casa de Juan Ramón, gracias a Pepito, su guardián celoso y servicial, muy atento a que mi estancia allí fuera tranquila y segura, alejándome a veces del clamor infantil en las visitas de la mañana a la sala-biblioteca que existía en la planta baja de aquella época. Además, en el arco de la escalera del patio principal, leía todos los días un mensaje alentador y programático: Amor y poesía, cada día… Por las noches, porque me ofrecía conocimiento y libertad para comprender en sus recónditos bares, uno de ellos muy querido, La Parrala, lo que significaba tomar algo a modo de cena, siempre acompañado por personas que conocí a pie de barra. Sobre todo, Mateo, un hombre tosco y aguerrido, que hablaba todos los días con su caballo, en conversaciones imposibles, probablemente porque Platero lo había marcado de por vida, haciéndome partícipe de sus ilusiones y frustraciones diarias. Después, en un paseo iluminado siempre por los mensajes de personas y paredes, me alojaba en el Hotel situado junto al Ayuntamiento, en una habitación que me asignaba el encargado, Pepe, que en su soledad sonora y amable, procuraba proteger mi estancia para que la vida me permitiera descansar como caminante que siempre pretendía hacer camino al andar.

Llega la Navidad, la Nochebuena, sobre todo para los felices. Y he vuelto a leer en Platero y yo el capítulo dedicado a la Navidad (CXVI), cuya lectura casi recuerdo de forma íntegra cuando llegan estos días de forzados recuerdos y que reproduzco completo como homenaje a Platero, para que siga trotando libremente en mi memoria de hipocampo, agregando años a su vida real en la mente sana de los que apreciamos conocerlo tal y como era, porque no nos importa seguir siendo niños sin Nacimiento, como los de Juan Ramón:

Navidad

¡La candela en el campo!… Es tarde de Nochebuena, y un sol opaco y débil clarea apenas en el cielo crudo, sin nubes, todo gris en vez de todo azul, con un indefinible amarillor en el horizonte de Poniente… De pronto, salta un estridente crujido de ramas verdes que empiezan a arder; luego, el humo apretado, blanco como armiño, y la llama, al fin, que limpia el humo y puebla el aire de puras lenguas momentáneas, que parecen lamerlo.

¡Oh la llama en el viento! Espíritus rosados, amarillos, malvas, azules, se pierden no sé donde, taladrando un secreto cielo bajo; ¡y dejan un olor de ascua en el frío! ¡Campo, tibio ahora, de diciembre! ¡Invierno con cariño! ¡Nochebuena de los felices!

Las jaras vecinas se derriten. El paisaje, a través del aire caliente, tiembla y se purifica como si fuese de cristal errante. Y los niños del casero, que no tienen Nacimiento, se vienen alrededor de la candela, pobres y tristes, a calentarse las manos arrecidas, y echan en las brasas bellotas y castañas, que revientan, en un tiro.

Y se alegran luego, y saltan sobre el fuego que ya la noche va enrojeciendo, y cantan:

…Camina, María,
camina José…

Yo les traigo a Platero, y se lo doy, para que jueguen con él.

Abro de nuevo el libro y sigo andando por la calle de la Ribera en Moguer, situada en mi conciencia plena de secreto, interpretando los sentimientos de Juan Ramón ante la casa que le vio nacer, invitando a Platero a que mirara por la cancela la verja de madera, negra por el tiempo…, intentando compartir con él, como solo él sabía hacerlo, una buena noche para ser feliz.

NOTA: Se puede hacer una audio-lectura de este capítulo de Platero y yo, accediendo a la siguiente URL: http://albalearning.com/. El archivo de audio se ha recuperado hoy de http://www.poesi.as/jrj44080foto.htm

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El Niño Jesús proletario, según Saramago (II)

JOSE SARAMAGO

Es la segunda vez que escribo en este cuaderno sobre los recuerdos de Saramago de su navidad en el pueblo que lo vio nacer, Azinhaga. Al igual que hice en 2017, dedico especialmente estas palabras sentidas a los niños y a las niñas de los seis barrios más pobres de Sevilla (entre los 15 más pobres de España), por este orden: Polígono Sur, Pajaritos-Amate, Torreblanca, Cerro-Su Eminencia, La Oliva y Polígono Norte-Villegas, donde viven niños y niñas proletarios, como se demuestra en los estudios recientes a nivel europeo y de España, según datos estadísticos irrefutables que publico a continuación, actualizados de acuerdo con el último informe elaborado por la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN de Andalucía).

Sevilla, 18/XII/2019

Cuando se acerca la Navidad recuerdo siempre lo que contaba Saramago sobre el Niño Jesús de su época (1): “En ese tiempo, los Reyes Magos todavía no existían (o soy yo quien no se acuerda de ellos), ni existía la costumbre de montar belenes con la vaca, el buey y el resto de la compañía. Por lo menos en nuestra casa. Se dejaba por la noche el zapato (“el zapatinho”) en la chimenea, al lado de los hornillos de petróleo, y a la mañana siguiente se iba a ver lo que el Niño Jesús habría dejado. Sí, en aquel tiempo era el Niño Jesús quien bajaba por la chimenea, no se quedaba acostado en la paja, con el ombligo al aire, a la espera de que los pastores le llevasen leche y queso, porque de esto, sí, iba a necesitar para vivir, no del-oro-incienso-y-mirra de los magos, que, como se sabe, solo le trajeron amargores para la boca. El Niño Jesús de aquella época era un niño Jesús que trabajaba, que se esforzaba por ser útil a la sociedad, en fin, un proletario como tantos otros”.

La imagen del niño Jesús proletario no la olvido. Me parece que coincide con la de miles de niños y niñas en Andalucía, que siguen viviendo en umbrales de pobreza, según los datos facilitados por la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN de Andalucía), en su Informe sobre pobreza en Andalucia (2019), con un título que sobrecoge: La pobreza olvidada.

EAPN 2019

Los datos más relevantes del estudio demuestran la gravedad de la situación en Andalucía: “El 38,2% de la población de Andalucía está en riesgo de pobreza y/o exclusión social en el año 2018. Esta cifra es casi un punto porcentual superior a la del año anterior, lo que supone una ruptura de la tendencia descendente de los últimos dos años, marcando una subida considerable en el número de ciudadanos andaluces que están en riesgo de pobreza y exclusión social”.  Es decir, la tasa de pobreza marca en Andalucía una subida respecto a la tendencia descendente de los dos últimos años (2016-2017), alcanzando a más de 3,2 millones de andaluzas y andaluces, que equivale a un total de crecimiento en 2018 de unas 75.000 personas.

Es importante señalar también en relación con la media estatal que, la llamada tasa AROPE (2) de Andalucía “alcanza 12,1 puntos por encima de la media estatal, siendo la segunda Comunidad con mayor tasa en España, sólo inferior a la de Extremadura, situación que empeora respecto al año 2018, dónde era la tercera comunidad con mayor tasa”. Otro dato de interés es que el incremento del AROPE “se debe exclusivamente al empeoramiento de la situación de las mujeres, cuya tasa crece casi dos puntos porcentuales mientras que la masculina se mantiene”.

La conjunción de riesgo de pobreza y pobreza severa se distribuye de la siguiente forma: “En el año 2018 la Tasa de pobreza severa (medida con un umbral del 30% de la mediana) en Andalucía es del 9,9 %, cifra que es 4,2 puntos más elevada que la media nacional y la más alta de todas las comunidades autónomas. Además, la tasa es 3,7 puntos porcentuales superior a la que tenía en 2008, lo que hace un incremento del 61% en la totalidad del período. Este incremento es consistente con el aumento del número de personas de la región que están entre el 10% más pobre de la población nacional”.

Según datos del citado informe, en relación con la pobreza infantil proletaria, “{…] es decir, aquella que se registra entre los chicos y chicas menores de 18 años, mantuvo hasta hace dos años los valores más elevados de todos los grupos de edad. En 2018, la tasa de pobreza infantil se ha reducido 1,5 puntos; sin embargo, alcanza todavía al 26,8% del grupo, cifra que es 5 puntos, es decir, un 23%, más elevada que la tasa del resto de población adulta (de 18 a 64 años). Todos los hogares con NNA (Niños, Niñas y Adolescentes) tienen tasas de pobreza notablemente más altas con respecto a las de aquellos compuestos sólo por personas adultas”.

Recomiendo leer atentamente en esta navidad este informe para poder evaluar lo que está ocurriendo en Andalucía en este ámbito, porque para evaluar estas situaciones es necesario emitir juicios bien informados. Puede ser un buen ejercicio para tomar conciencia de lo que está pasando en esta tierra y para que se puedan elevar todas las consideraciones posibles mediante propuestas críticas a los responsables políticos que corresponda.

Todas las Navidades vuelvo a abrir el libro de las pequeñas memorias de Saramago por las páginas 107 y 108, buscando el final de esta microhistoria navideña del Nobel portugués, aplicado a nuestra navidad en Andalucía. Y no me sorprende su reflexión de cierre y recuerdo de aquellos días: la ansiada presencia de los ángeles, una recreación de sus mayores, a los que nunca divisó en su cocina real, aunque los adultos que le rodeaban en aquella Nochebuena se empeñaban en demostrar que “lo sobrenatural, además de existir de verdad, lo teníamos dentro de casa”. Y Saramago niño, incluso ya mayor, aun dejándose llevar por el niño que siempre fue, nunca los vio, “ni uno como muestra”, porque el Niño Jesús que llevaba dentro estaba en otras cosas más mundanas, yendo del corazón a sus asuntos proletarios… Los que un día, no muy lejano, atendería como compromisos sociales el Niño-Ciudadano Jesús, un Niño especial que deberíamos recordar siempre en la historia actual y real de Andalucía, la de los niños y niñas, proletarios, en situación de riesgo o viviendo en pobreza extrema. Están, en Sevilla, más cerca de lo que parece.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.eldiario.es/cultura/libros/diario-oculto-Saramago_0_828017469.html

(1) Saramago, J. (2008). Las pequeñas memorias. Madrid: Punto de Lectura, p. 107.

(2) El índice AROPE (At Risk Of Poverty and/or Exclusion) mide el porcentaje de la población que se encuentra incluida en al menos una de las tres categorías siguientes (riesgo de pobreza, carencia material severa y baja intensidad laboral).

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Detalles en la navidad de Rafael Alberti

RAFAEL ALBERTI1

Sevilla, 15/XII/2019

No olvido un poema precioso de Rafael Alberti que me sobrecogió cuando lo leí siendo casi un niño. Se titula El platero, formando parte de un libro excelente, El alba del alhelí, que en cada navidad laica de mi vida resuena como si fuese la mejor lectura en un ayer cercano:

A la Virgen, un collar
y al niño Dios, un anillo,

Platerillo,
no te los podré pagar,

¡Si yo no quiero dinero!

¿Y entonces qué? di.
Besar al niño es lo que yo quiero.

Besa, sí

Todo un detalle por parte del platerillo, entendiendo el detalle como rasgo de cortesía, amabilidad y afecto en cualquier momento de nuestra existencia. José no puede pagar el collar de María y el anillo para el niño Jesús: yo no quiero dinero, besar al niño es lo que yo quiero. Porque José conocía muy bien a María y no confundió nunca, como todo necio, valor y precio. Le regalaba todos los días sus silencios, sus dudas, su honradez y su vida, sin saber a veces qué pensaba ella sobre su delicada y confusa historia. Comprendo mejor que nunca al leer a Alberti que José era una persona buena, en el buen sentido de la palabra “bueno”, amante de sus silencios y maestro en el arte de callar. También, que José estaba bien casado, título de un villancico del compositor francés Michel Corrette, en pleno siglo XVIII, que estoy ensayando en el clave en estos días de navidad laica de 2019.

No olvido el detalle del platero, no confundiendo valor y precio en aquél pequeño gesto hacia la virgen y el niño. Cualquier detalle de nuestra vida es solo un pormenor, una parte o un fragmento pequeño de la verdad que buscamos todos los días en la trastienda de la vida. Esa es la razón para dejar la estela de cualquier regalo que buscamos para la persona que queremos o apreciamos, porque sabemos lo que se entrega, pero no lo que se recibe. Ese es su gran misterio. El gran detalle que nos contó hace años Rafael Alberti y que hoy sigue vigente en un mundo cada vez más vacío y descreído.

Esta noche vuelvo a leer en El alba del alhelí el poema 4, precioso, que me ayuda a comprender mejor el sentido de estos días próximos a la navidad, en unas palabras inolvidables de María a Jesús:

¡Sin dinero, Buen Amor!
¡Y tu padre carpintero!
¿Cómo vivir sin dinero?

¡Vendedor,
que se muere mi alba en flor!

¡Sin pañales mi lucero!
Y sin manta abrigadora,
temblando tú, Buen Amor!

¡Vendedora,
Que se muere mi alba en flor!

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://leedor.com/2018/12/16/rafael-alberti-entre-los-grandes-poetas-espanoles/

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La Navidad según Gabriel García Márquez

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Sevilla, 12/XII/2019

En los días previos de la Navidad de 2019 no he olvidado todavía el artículo que Gabriel García Márquez publicó en el diario El País, el 24 de diciembre de 1980, que llevaba un título harto preocupante: Estas navidades siniestras. Es verdad que hacía un retrato demoledor de la celebración de la navidad en los países latinoamericanos, pero salvando lo que haya que salvar, sigue teniendo vigencia absoluta en nuestro país.

Comenzaba de forma implacable: “Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tantos estruendos de cometas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca distancia de donde había nacido, unos mil años antes, el rey David. 954 millones de cristianos creen que ese niño era Dios encarnado, pero muchos lo celebran como si en realidad no lo creyeran”.

El artículo sigue describiendo una realidad irrefutable: la navidad ha perdido su relato histórico para dar paso a la interpretación de una historia brillante por parte del mercado americano. García Márquez reconoce que la navidad latinoamericana era de factura española, con su candidez sencilla y fea a veces: “Antes, cuando sólo teníamos costumbres heredadas de España, los pesebres domésticos eran prodigios de imaginación familiar. El niño Dios era más grande que el buey, las casitas encaramadas en las colinas eran más grandes que la virgen, y nadie se fijaba en anacronismos: el paisaje de Belén era completado con un tren de cuerda, con un pato de peluche más grande que un león que nadaba en el espejo de la sala, o con un agente de tránsito que dirigía un rebaño de corderos en una esquina de Jerusalén. Encima de todo se ponía una estrella de papel dorado con una bombilla en el centro, y un rayo de seda amarilla que había de indicar a los Reyes Magos el camino de la salvación. El resultado era más bien feo, pero se parecía a nosotros, y desde luego era mejor que tantos cuadros primitivos mal copiados del aduanero Rousseau”.

Después analiza el desplazamiento de los regalos del día de Reyes por los del día 25 de diciembre a través de Santa Claus, Papá Noel, San Nicolás y otras metamorfosis imposibles de impecable factura gringa, nórdica o inglesa: “Todo aquello cambió en los últimos treinta años, mediante una operación comercial de proporciones mundiales que es al mismo tiempo una devastadora agresión cultural. El niño Dios fue destronado por el Santa Claus de los gringos y los ingleses, que es el mismo Papa Noel de los franceses, y a quienes todos conocemos demasiado. Nos llegó con todo: el trineo tirado por un alce, y el abeto cargado de juguetes bajo una fantástica tempestad de nieve. En realidad, este usurpador con nariz de cervecero no es otro que el buen San Nicolás, un santo al que yo quiero mucho porque es el de mi abuelo el coronel, pero que no tiene nada que ver con la Navidad, y mucho menos con la Nochebuena tropical de la América Latina”.

Finaliza el artículo con palabras muy duras afirmando que la fiesta de la Navidad “[…] es la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones”. Y continúa con una premonición a modo de profecía, dado que los niños del mundo pueden terminar “[…] por creer de verdad que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos”.

En este contexto recuerdo siempre la película que marcó mi infancia en tierras de Castilla, Plácido (Siente un pobre en su mesa, su título original), dirigida por Luis G. Berlanga, porque me ayuda a comprender mejor los fastos navideños que nunca me supieron levantar, al igual que la música militar que cantaba Paco Ibáñez o la navidad contada por Gabriel García Márquez. En aquella película el guion no tenía desperdicio y Rafael Azcona lo sabía. Con motivo de la promoción de las ollas Cocinex, la burguesía -donde reside la clave del dinero y el buen hacer- se puede llevar a casa por una noche a grandes artistas, como el lote de “la más prometedora promesa de nuestro cine, Maruja Collado y el niño cantor Paquito Yepes”. Además, por la buena causa de “cene con un pobre”, la gente de clase media y alta puede elegir entre los ancianos del asilo o los pobres de la calle. Y se retransmite en directo una cena en la casa de la presidenta de la Comisión de Damas que es la que organiza esta campaña “de maravillosa hermandad, de magnífica caridad o de hondo significado, que une a pobres y a ricos en todos los hogares de la ciudad”. Inconmensurable. Tan real como la vida misma.

Aprovechando la dolorosa ausencia de un maestro del cine de autor, Azcona, comprometido con la vida y la muerte, con la auténtica Navidad de cualquier año, publiqué en 2008 que “hoy, pueden cambiar los actores, el decorado, incluso los pobres, y seguro que no habrá problema alguno de patrocinadores. Menos, probablemente, la nueva clase de nuevas ricas y de nuevos ricos que asola el país, en todas las proyecciones de supuesta riqueza posible, dispuestos a sentar a los nuevos pobres en sus mesas, como maravillosa y nueva hermandad, pero sin que cambie un ápice su patrimonio mental, personal, familiar y social, asentado todo en la falta de educación ciudadana y en la mayor de las pobrezas: la autosuficiencia basada en el des-conocimiento [sic]. Pero Rafael Azcona, desde donde quiera que esté, puede volver a escribir un guion utilizando el mismo discurso porque la doble moral sigue campando por sus respetos. Digo moral y no ética, porque esta última sigue, con perdón, sin saberse qué es, como gran desconocida que fundamenta todos los actos humanos, constituyéndose en el suelo firme de la vida, la solería de nuestra existencia. Berlanga y Azcona lo resumieron maravillosamente en la letra desgarradora y trucada (¿dónde estaba el censor de turno?) del villancico final de la película: en esta tierra nunca ha habido caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá.

Canté este villancico en muchas navidades blancas y con noches de paz y de amor sin darme cuenta de lo que decía. García Márquez tenía razón.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Realmente, mañana será otro día

Sevilla, 11/XII/2019

Se han cumplido en estos días 80 años del estreno en Estados Unidos de la película Lo que el viento se llevó, que llegó a España diez años más tarde por imperativo del Régimen, ante la lascivia pertinaz [sic] de la protagonista. A pesar de la férrea censura de la época, no hemos olvidado la frase final pronunciada por Scarlett O´Hara como un símbolo de lo que está ocurriendo estos días en este país, “realmente, mañana será otro día”, porque estamos viviendo una película política que en términos de la época es para mayores (3R), con reparos y a un paso de declararse gravemente peligrosa (4) para la democracia constitucional. El viento se ha llevado ya muchas ilusiones y expectativas políticas si nos atenemos a los resultados electorales de los últimos años, pero mañana puede ser otro día muy importante para el país. Hoy termina la ronda que efectúa el Rey con los representantes políticos en el Congreso de los Diputados y de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 99.1 de la Constitución, propondrá un candidato o candidata para presidir el Gobierno: “Después de cada renovación del Congreso, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno”. Realmente, nunca mejor dicho, mañana puede ser otro día.

Este país necesita con urgencia absoluta estabilizar la legislatura con un Gobierno que responda a las expectativas legítimas de todos los ciudadanos que habitan en el Estado. Ya han corrido ríos de tinta sobre lo que se debe hacer con carácter inmediato en grandes áreas de responsabilidad política, que nunca es inocente y que obliga ahora a establecer un gobierno de coalición por razones obvias de segmentación política en el Congreso y en el Senado. ¿Podemos hacer algo los ciudadanos de a pie? No olvido lo que Scarlett O´Hara se preguntaba también en esos momentos finales de la película más famosa de todos los tiempos: ¿qué puedo hacer yo?

Ya lo he manifestado de forma alta y clara en este blog, en repetidas ocasiones: “¿tengo yo que hacer algo en esta situación o sigo confiando en que esta situación la resuelvan solo los políticos, los de arriba?, ¿no tendré yo alguna parte de esa responsabilidad en lo que está pasando por acción u omisión? ¿Qué hacer? Para empezar, exigir diálogo político sin descanso alguno, pero de forma celular, activa y ejemplar, con generosidad absoluta y amplitud de miras hacia los que tienen la mayor pobreza que existe: no ser dueños de su inteligencia para pedir, denunciar y obtener lo que es legítimo para ser personas, para exigir ese diálogo de nuestros mayores políticos a los que hemos confiado nuestro voto. Porque si hay dignidad personal y colectiva, pública y privada, habrá trabajo, control de la corrupción, programas políticos sensatos y que den respuesta a las problemáticas sociales actuales, dado que las ideologías y las economías no son inocentes y los Gobiernos tampoco. Hay que tener claro también y defenderlo a los cuatro vientos que no todos somos o son iguales en el Gobierno en la calle más próxima y que no se debe confundir valor y precio, como hace todo necio. Lo que hay que hacer con urgencia es desenmascarar a las personas indignas, cualquiera que sea el lugar que ocupen en la sociedad, arriba o abajo, en la derecha, en el centro o en la izquierda de cada persona”.

Sinceramente, confío en que mañana, realmente, pueda ser otro día para este país.

 
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

El síndrome Greta

GRETA THUNBERG

Sevilla, 8/XII/2019

Greta es un nombre que resuena en la filmoteca de mi vida. Cuando era pequeño y soñaba como pequeño, siempre se recordaba en casa a una excelente actriz sueca, Greta Garbo, de la que se contaban maravillas: que si era enigmática, que nunca reía, que interpretaba la mujer misteriosa tal y como se podrá contemplar próximamente en la Fundación Juan March por la reposición de una película interpretada por Greta Garbo (La Divina), Bajo la máscara del placer, estrenada en 1925, en una de sus primeras apariciones cinematográficas en plena euforia del cine mudo de contenido reivindicativo: “Al finalizar la Primera Guerra Mundial, Viena se ha convertido en una ciudad que esconde, tras una fachada de lujo y elegancia, una realidad de barrios enteros sumidos en la miseria. Es en uno de estos barrios donde las jóvenes Greta y Maria tratan, cada una a su manera, de escapar del hambre y la pobreza”. Todo un símbolo de una joven de nombre Greta, nacida en Suecia.

Hoy está presente en nuestras vidas una nueva Greta, de apellido Thunberg, que también sale de su familia y de su parentela para transmitir al mundo que tenemos que buscar una nueva vida luchando contra el cambio climático, en una actitud ejemplar para todas las personas de buena voluntad que quieran comprenderla. Todo el mundo habla de ella y la mercadotecnia sobre el cambio climático no pierde el tren de la popularidad en esa mezcla de todo vale con tal de vender productos a cualquier precio. Siempre confundiendo valor y precio.

Intento comprender el mensaje alto y claro de Greta Thunberg, sin disimular nunca su síndrome de Asperger. El pasado viernes participó con otros jóvenes activistas en una rueda de prensa en Madrid con motivo de la celebración de la COP25, en la que resaltó la importancia en que todo el mundo se ponga a trabajar ya en luchar contra el cambio climático porque es una realidad inexorable: “Creo y espero de todo corazón que la COP25 lidere y llegue a algo concreto y que produzca más concienciación de la población en general, y que los responsables políticos se den cuenta de la crisis climática, porque actualmente creo que no son conscientes de la magnitud que tiene”.

Admiro a Greta por su valentía y arrojo, transmitiendo también un mensaje sobre su propio síndrome de Asperger, que científicamente está encuadrado dentro del trastorno del espectro autista, de acuerdo con la última clasificación internacional de enfermedades (DSM-V). En este sentido, hay un pronunciamiento científico y diferenciador entre Autismo y Asperger, en el sentido de que teniendo ambos síndromes denominadores comunes de alteración social y de lenguaje (que deben ser examinados siempre de forma individual), en el síndrome de Asperger existe en relación con la alteración social un interés social (que no existe en el autismo) pero con falta de habilidades sociales y con limitaciones en el lenguaje porque es directamente pragmático, no estructurales como ocurre con el Autismo. Greta ha desarrollado un lenguaje de comunicación en relación con el cambio climático excelente que se va enriqueciendo día a día y que defiende con el ardor guerrero que refleja en su expresión facial tan criticada por sus detractores que no entienden casi nada de lo que está pasando. Una gran lección que tampoco deberíamos olvidar.

Nos está permitido soñar, como tantas veces he manifestado en este blog. Hoy lo hago con Greta Garbo, Greta Thunberg, ambas suecas, ambas “divinas”, ambas soñadoras, ambas portadoras de un síndrome de mujeres valientes, enigmáticas, cargadas de palabras que denuncian el amargo silencio de ser diferentes a la hora de enfrentarse a la vida y para comprender un mundo diseñado a veces por el enemigo, aunque todavía su cambio (no climático), es posible.

NOTA: La imagen se ha recuperado hoy de https://www.teenvogue.com/story/attacks-greta-thunberg-climate-deniers

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.